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ARTÍCULOS

EL ZORRO Y EL CONEJO
Cuentan que un conejo siempre iba a comer a una chacra; comía tanto que la
persona dueña se enojó bastante y prometió matar al conejo; para tal efecto hizo
una persona de Miske.

Un día, el conejo venía por el camino y llegó donde estaba la persona hecha en
miske, le pidió permiso para pasar, pero como el mono no entendía, vino el conejo
y le pegó un palmazo enojado porque no le daba la pasada, pero su mano quedó
pegada en el miske. El conejo se puso a gritar que lo soltara. Como no le hacía
caso, le golpeó con la otra mano y continuó con los pies, el cuerpo y la cabeza,
quedando completamente pegado; justo en ese momento venía el zorro y le dice:
- Oiga compadre, despégame. Un caballero me pidió que me casara con su hija y
como me negué, me tiene pegado; además prometió traerme café juntuma, con
pan y turtillunde; si quieres tú quédate aquí mejor-.
A lo que el zorro responde: -Ya, ningún problema, yo me quedo en tu lugar-. El
zorro se quedó todito pegado en el miske y al rato empieza a gritar -Jinca apánima,
juntumande turtillunde- y aparece un caballero con una olla en sus manos llenita de
agua hirviendo. El zorro al verlo dice: - Menos mal que viene -.

Pero el caballero le echó el agua hirviendo al zorro y éste empezó a gritar, hasta
que salió arrancando.

A todo esto, el conejo se había ido hacia una laguna, pero el zorro siguiéndole el
rastro, lo encontró y le increpa: -Ahora si te comeré-, a lo que el conejo asustado
exclamó: -¡No, no; espérate un rato-; y como era de noche, agrega:
-Saca el queso de la laguna-; el zorro se mete al agua y no lo puede sacar porque
era la luna reflejada en ella. El conejo había logrado huir nuevamente y esperaba al
zorro con una piedra en sus manos; al ver al zorro acercarse le dice:

- No compadre, no me comas, espérate, agarra esta piedra y sujetala arriba de tu


cabeza y yo iré a ver si está listo el cumpleaños de mi primo y sí es así, iremos los
dos y después si quieres me comes, pero no se te ocurra soltarla- el conejo se fue y
no volvió.

El zorro pensaba: -la suelto y voy a ver que pasa-; así lo hizo, y la piedra le cayó
en la cabeza, dejándolo medio atontado. El zorro nuevamente se sintió burlado, y
empieza nuevamente a seguirle el rastro a su presa. Pero a todo esto, el conejo
había pensado la nueva mentira que diría.

Justo había un pozo y se instaló al lado con una botella, haciéndola sonar muy
fuerte como si fuese una guerra. Cuando el zorro llegó hasta el lugar se puso a
gritar muy fuerte -¡Te voy a comer!- y el conejo replica implorando:

-No me comas compadrito-, agregando: -Escucha, parece que alguien viene a


matarnos, mejor metámosnos rápido al pozo, tu primero y yo después-.
Inmeditamente se mete el zorro al pozo y cae a la profundidad, a lo que el conejo
le grita desde arriba:
- ¡Muérete! compadre- y empezó a tirarle piedras hasta matarlo. El conejo se fue
muy alegre y bailando por haber muerto al abusivo de su compadre zorro.

LOS COMPADRES
Un día visita el puma al zorro y se hacen compadres. El puma le dice al zorro:
-Compadre, le voy a enseñar a cazar-.
-¡Cómo no, compadre!, que a mí siempre me cuesta cazar!-.
-Compadre, usted va a vigilar mientras yo descanso, cada animal que veas me
avisas y trato hecho-.
El zorro se sienta en una roca alta para mirar mejor; mientras tanto el puma se tira
a la sombra a dormir.
Primero viene entrando una tropa de alpacas; el zorro corre a avisar al puma.
-¡No compadre!, son animales muy chicos, contesta el puma.
El zorro desganado vuelve a subir a la roca y el puma sigue echadito a la sombra.
Rato después se ve bajar del cerro unos llamos, y el zorro se puso a gritar:
-¡Compadre, allá vienen otros animales!-
El puma se levanta, mira y dice: -¡No compadre, esa es carne mala!-.
Nuevamente el zorro va a sentarse en la roca. Al poco rato aparecen unos mulares
y el zorro pregunta:
-¿Estos sí, compadre?-
Se levanta el puma y contesta: -¡Esta es la carne que quiero comer!-
El zorro tenía bastante miedo a los animales porque eran muy grandes, pero el
puma le da confianza diciéndole:
-Compadre, usted se va a lanzar a la cola y yo a la cabeza, pero tenemos que
acercarnos con mucho cuidado-.
Comenzaron a arrastrarse a ras del suelo, el puma adelante y el zorro atrás.
-Cuando yo diga ¡YA! nos lanzamos-, le susurra el puma al zorro.
Cuando estaban al alcance el puma dice ¡¡YA!! y se lanzan sobre el pobre burro,
uno a la cabeza y otro a la cola.
EL animal se espanta y comienza a patear y correr, pero el zorro estaba bien
agarrado de la cola y el puma de la cabeza y éste aprovecha de soplar por la nariz
del animal con su tufo venenoso cayendo ahí mismo la presa.
Que contento se encontraba el zorro, que pensaba para sí:
-Sin mi ayuda,tal vez no habría caído-.
-¿Aprendió a cazar compadre?- preguntó el puma.
-Si, muy fácil, uno a la cola y otro a la cabeza-, dice el zorro.
-Asi es compadre-, contesta el otro.
Ambos animales se pusieron a comer y después cada cual decide llevar carne para
su familia.
El puma decide marchar y le dice a su amigo:
-Compadre yo me voy, usted ya sabe cazar, sólo le faltaría un compañero-
-No se haga problemas compadre, tengo mi hijo como ayudante-contesta el zorro.
Dichas estas palabras, el puma se va muy lejos, no volvieron a verse más. Pasó
bastante tiempo y el hijo del zorro ya era grande. Papá zorro decide enseñarle a
cazar y le cuenta a su hijo todo lo que su compadre puma le había enseñado. El
zorro chico se puso muy contento.
Los dos salen a cazar al mismo potrero donde aprendió el padre, el que enseñó a su
hijo del mismo modo como lo había hecho su compadre.
-¡Ya!, tú te sientas a mirar desde aquella roca mientras yo descanso en la sombra,
cada vez que aparezca un aninal me avisas-.
Primero aparecen unos llamos...
-¡Papá, unos animales!- le gritó el hijo.
-Esos no, hijo, es carne mala- contestó el padre.
El zorro chico sigue atento a todos lados y luego aparecen unas alpacas.
-Papá, allá vienen otros animales-
-Esos tampoco hijo, la carne es igual que las otras, sigue mirando no más-
Al rato vienen bajando del cerro unos burros.
-¡Papá, allá vienen unos animales muy grandes!-
El zorro se levanta y mira:
-Esos son los que estamos esperando hijo-.
Le da las últimas instrucciones diciéndole:
-Tú, te agarras a la cola y yo a la cabeza-. Y comienzan juntos a arrastrarse por el
suelo y llegado el momento en que están al alcance, se lanzan y cada uno hace su
tarea.
El caballo se puso a saltar y patear, y ellos bien agarraditos; el caballo corría hacia
una ladera donde hay piedras, espinas, quebradas, lomadas, etc. El animal brinca
unas quebradas y el zorro chico se cae en un barranco y se quiebra una pierna.
-¡AY,AY,AY!. ¿Cómo dijiste que habías aprendido a cazar?- ¡Maldito sea ese puma!-,
gritaba el zorrito chico
Y sale rengueando apenas, hacia arriba, teniendo la esperanza que su padre
pudiera haber cazado al caballo. Lo rastrea por una loma, pero más allá estaba su
padre, totalmente muerto y desarmado.
EL ZORRO QUE FUE A MISA
El cóndor subía todos los domingos al cielo, iba a celebrar misa.
Un día el zorro fue a visitarle y le dijo:
-¿Compadre, para dónde vas?-
-Voy al cielo a celebrar la misa- contestó el cóndor.
-¿Por qué no me llevas?-
-No hay problemas compadre, preparese rápido que ya me voy.-
Al zorro le faltaron patas para ir a prepararse y llegó a la hora convenida. Pero vena
con cara de tristeza y le dice al cóndor:
-Compadre, pienso que me puedo caer-.
-Usted lo único que tiene que hacer es afirmarse fuerte y no se caerá-, contesta el
cóndor.
Y se prepararon para el viaje. El zorro se subió a la espalda del cóndor y
emprendieron el vuelo. Y asi fue hasta que llegaron al cielo.
El cóndor se sentó en la parte más plana y dice:
-Bajese compadre, ya llegamos-
A lo que el zorro se bajó más contento que el diablo. Y los dos animales pasaron a
la misa y encontraron que había montones de aves y de cóndores.
Después de misa todas las aves comenzaron a regresar, pero el zorro no podía
bajar ya que no sabía cuál era el compadre que lo había traído. Y así se quedo por
varios días con la cara muy triste.
El angel de Dios que andaba por ahí le pregunta:
-Por qué estás tan triste-
-Un compadre me trajo a escuchar la misa, pero no pude distinguir quien fue el que
me trajo, y ahora no tengo como bajar a la tierra- contestó el zorro.
El angel le dice:
-Yo te tengo una buena idea, te daré pajas para que trenzes una soga, pero ese
trenzado tiene que ser muy fuerte para que no se corte-.
El amigo zorro, muy apuradito se puso a trenzar hasta que tuvo una soga fuerte. El
angel fue a comprobar que en realidad la soga era fuerte, y al ver que era cierto le
dice:
-Amigo zorro, tienes que afirmarte muy bien que yo te voy a bajar, te amarraré la
soga a la cintura y la iré soltando hasta que llegues a la tierra-.
Y partió el zorro con destino a la tierra, con la cara muy contento.
Cuando venía por la mitad del camino se encuentra con un picaflor, que le
pregunta:
-¿Amigo zorro, de dónde tu vienes?-
-Vengo del cielo, de celebrar la misa. Y tú, para donde vas amigo picaflor?-
-Yo voy viajando hacia donde tu vienes-
Y así fue que se cruzaron los dos animales. Cuando se habían alejado un poco, el
zorro le grita:
-Hey, laika amachí, loro sin dientes, cuidadito con cortar mi trenzado-.
El Picaflor se enojó porque encontró muy insultante al zorro y pensó:
-Ahora te voy a demostrar si tengo o no dientes- y se puso a cortar el trenzado del
zorro. Este animal viendo lo que hacia el pájaro se puso a gritar y a insultarlo como
loco, pero el picaflor no hacía ni caso.
Hasta que la soga se cortó y el zorro comenzó a caer rápidito.
Pobre zorro, caía igualito que un trapo viejo, gritaba y gritaba pero nadie lo
escuchaba.
Cayó en una tremenda roca, todo hecho tiras.
EL ZORRO QUE QUERIA SER COMO EL PUMA
Cuentan los abuelos que una vez había un zorro que siempre paseaba solitario,
gruñendo de hambre y de envidia; de hambre porque comía muy poco y las veces
que lograba comer algo era carne podrida, que ni siquiera él la había cazado, eran
restos dejados por otros animales; y era envidioso del malko Puma, porque éste
era fuerte y nunca pasaba hambre.
En cierta oportunidad, en uno de sus paseos el zorro se da cuenta que el alcamare
se viene acercando y decide conversar con él:

-¡Puchas, el malko Puma siempre come carne fresca y gorda y nosotros nada!; pero
voy a trenzarme una soga para lacear y así será mas fácil cazar y poder comer
harta carne fresca-.
-Yo te puedo ayudar a cazar-, contestó muy contento el alcamare.
Enpezó el zorro a arrancar las raíces de la paja y cuando tuvo lo suficiente se
dispuso a trenzar la soga. Mientras trenzaba la soga pensaba lo difícil que era hacer
una soga firme y buena, y envidiaba a los pastores que hacían lindas sogas y que
tenían harta lana y ganado.
Al día siguiente, a mediodía salió el zorro y su amigo el alcamare a cazar llamas.
Subieron a una loma bien alta para tener una buena vista de la hoyada, y el zorro
que se creía muy inteligente y buen cazador le preguntaba a su amigo:

-¿Allá lejos, qué es lo que se ve?...¿llamas?-


-Voy a echar una carrerita para ver-, responde el alcamare.
El zorro observa impaciente el regreso del alcamare y piensa que va a tener buena
suerte porque tiene un amigo que le ayudará a cazar.
El alcamare regresa cansado y cuenta que es sólo una piedra blanca. Desilusionado
el zorro continuó mirando para todos lados, sentía cada vez más hambre; pero de
pronto, se puso muy contento y exclamó:

-¡En aquella majada parece que hay una llama asomando su cogotito!. Iré a ver
qué es, después vas a ayudarme-.
Como se alegró el zorro cuando llegó al barranco y vio lapare en el suelo; por ese
detalle se dio cuenta que muy cerca había una llama que recién había parido. El
zorro con sus patas flacas y sus orejas agachadas comenzó a caminar muy
despacio hacia el lugar en que se encontraba la llama.
La ambición del zorro era tan grande que creía que podía cazar a la llama y el
calunchito.

-¡Ah, es carne rica!- dijo cuando estuvo cerca de la llama, mirándola muy
escondido atrás de unas piedras, se siguió acercando, preparó la soga, tomó aire
y...la laceó.
Y ahí comenzaron los problemas para el pobre zorro, porque la llama se asustó,
después se enfureció y comenzó a saltar, patear, correr y escupir; era tanta la furia
y la rabia que tenía la llama, que arrastró al zorro contra un piscallo.

-¡Ata ta tai!-, gritaba muy fuerte el zorro. Y hay que decir que sus gritos se
escuchaban muy lejos.
Mientras la llama se defendía y el zorro atacaba, el alcamare muy instalado en una
peña, miraba como el pobre zorro era arrastrado por los piscallos, por los cardones,
por los montes y la paja brava. Era tanta la rabia de la llama, que el zorro quedó
lleno de espinas y con todo el cuerpo pelado. Tenía la cola pelada, el chuño pelado,
las patas peladas y todito el cuerpo pelado.
La lucha entre la llama y el zorro duraba harto rato, mientras tanto la noche había
comenzado a caer, el sol estaba ocultándose atrás de los cerros.
El zorro estaba muy maltrecho, pero de tan porfiado no quería soltar la soga,
pensaba que la llama debía rendirse primero, y que él era más fuerte y más
inteligente.
LLegó un momento en que el zorro se dió cuenta que su amigo alcamare se había
ido, se sintió traicionado, muy cansado y agotado; se dio cuenta que no podía
vencer la fuerza de la llama y en ese momento comenzó a aflojar el lazo. Cuando lo
hubo soltado, la llama corrió muy rápido en busca del calunchito preocupada por
protegerlo, ya que en la noche podía ser atacado por otros animales.
¿Y qué pasó con el zorro, que creyó tener mucha fuerza y mucha inteligencia?.
El pobre zorro se tuvo que ir muy hambriento, con su cuerpo herido, muy cansado
y triste. Mientras corría buscando una cueva para pasar la noche, soportaba el dolor
de las peladuras, se sentía humillado y vencido por la llama, y pensaba:
-Muy mala es mi suerte, estoy condenado a tener hambre. Todo esto me pasa por
querer ser igual que el malko puma. Pero algún día voy a comer tanta carne fresca
y gorda como él-.

EL ZORRO Y EL GRILLO
Dicen que una vez el zorro se paseaba muy tranquilo por las orillas de las chacras,
dándoselas de muy importante.
En eso andaba el grillito, que siempre vive en las pircas de las chacras y andaba
muy contento. Esta vez, el grillo estaba cantando entre medio de la grama. En eso
estaba, cuando el zorro lo pisó y éste se puso a reclamar.
-Zorro, ¿Qué te pasa? ¿Qué no me tomas en cuenta?.-
-¡Qué te figuras bicho!-, dijo el zorro de manera muy despectiva y nuevamente lo
vuelve a pisotear.
El grillito se enoja y le dice:
-¿Qué te crees muy importante? ¡Zorro tal por cuál! Soy un ser vivo igual que tú,
tengo la misma importancia y a lo mejor soy más importante que tú-.
El zorro al verse desafiado se enoja y comienza a perseguirlo, pero el grillito se
escabulle y se mete en una pirca, y desde allí le comienza agritar:
-Zorro sinvergueza, hambriento, flojo, ¿por qué no trabajas?, siempre andas
buscando lo que está botado. ¡Zorro sucio!-.
El grillo estaba muy escondido, por eso, el zorro no podía hacerle nada y aunque
trató de desarmar la pirca y botar las piedras, nada pudo hacer.
Al final el zorro se cabrea y le dice al grillo:
-No te pillo ahora, pero ya te pillaremos entre todos-.
-Entre todos no van a poder nunca- contestó riéndose el grillito.
-¿Cómo que no? Entre todos somos muchos-, dice el zorro.
-¡Y nosotros también!- le grita el grillo.
-¡Así que tú quieres la guerra!, bueno pues, ¡hagamos la guerra!-, dijo el zorro
completamente enfurecido.
El grillito y el zorro se ponen de acuerdo en pelear con sus ejércitos el día domingo.
El zorro partió a buscar otros compañeros para formar su propio ejército. Total,
había una semana para preparar la guerra.
El zorro se puso en contacto con todos los animales grandes que podían formar su
ejército y conversó con las vizcachas, los tites, los pumas, quirquinchos, añazos,
ratones; todos ellos formaban parte del ejército del zorro peleador.
Por otra parte, el grillito se preparaba con todos los insectos, se reunió con
zancudos, moscas, hormigas, arañas, lombrices, etc.
El grillo y el zorro habían acordado pelear en un lugar que estaba cerca de una
laguna, allí debía comenzar la guerra. Ambos ejércitos reunían fuerzas y se
preparaban para la lucha.
El grillito y sus amigos estuvieron varios días cortando tubos de caña, los que
llenaban con zancudos y luego los tapaban. En eso estuvieron toda la semana.
LLegó el día domingo y tempranito, en la madrugada, tenían que encontrarse los
dos ejércitos en la ladera cerca de la laguna.
LLegó el zorro con un gran ejército de animales grandes de todos los tamaños. El
más prepotente era el zorro peleador.
Al otro lado se puso el grillito con su ejército de insectos, eran todos chiquititos.
¡Qué parecían al lado de los otros!
Y comenzó la guerra...
El zorro echó a los demás animales a pelear. Hay que ver como corrían estos
animales. En tanto, el grillo solamente se puso a destapar los tubos de caña y en
eso se la llevó, destapando tubos de caña. Y de esos tubitos, comenzaron a salir los
zancudos, que se fueron rápidamente sobre los animales, y se les metían por el
pelo, por los ojos, por la cabeza, las orejas, por la boca. Era para la risa ver como
los animales trataban de morder a los zancudos, pero nada podían hacer; no
agarraban a ninguno.
Todos los animales del ejército del zorro tenían picazones y mucha fiebre; quedó la
espantadera. El zorro se dio cuenta que estaba perdiendo la batalla y que todos sus
animales estaban cansados, además que los zancudos eran muchos y no morían
nunca.
El zorro vio que su ejército estaba derrotado y allí fue cuando dio la orden:
-¡Al agua compadres, todos tirarse a la laguna!-
El zorro dio esa orden pensando que sus animales se salvarían y para ver si morían
los zancudos. Todos los animales se tiraron al agua, había que ver como los tites,
los zorros, los quirquinchos pataleaban en el agua, ya que no sabían nadar.
Al final, murieron todos los animales ahogados.
Cuenta la historia que el grillito ganó la guerra y que el zorro, quien organizó la
batalla, tuvo que irse derrotado, vencido y eso le pasó, por creerse importante y
por ser tan prepotente.

EL ZORRO Y EL QUIRQUINCHO
Mi abuelo don Ruperto Mamani, me contó un cuento que dice así:

El zorro con el quirquincho se encontraron en la cordillera y el quirquincho toma


asiento en una piedra y comienza a tocar y cantar con la guitarra. Una canción de
matrimonio, le canta en aymara.
-Imilla guagua y yocalla guagua ... mi vida siendo guagua y todavía mi vida-, le
cantó el quirquincho.
-¿Le toco yo la guitarra compadre?
-Como no compadre zorro-, dice el quirquincho.
El quirquincho engañando al zorro le dice:
-Mi primo está de matrimonio, yo voy a acompañarlo, cuando yo salga de la Iglesia
voy a partir con muchos cuetes, y cuando tú escuches la bulla de los cuetes te
pones a tocar la guitarra sin mirar de frente, tú tienes que mirar sólo a la guitarra-,
y el zorro se quedó bien convencido.
Pero el quirquincho lo que prometió no era verdad, no había ningún matrimonio,
dejó bien engañado al zorro.
El quirquincho va a un cerro hacia abajo y ahí quema la paja, pero empieza a hacer
un incendio grande, una tremenda viyacha, la sonadera de paja se escuchaba en
todo el pueblo como cuete . El zorro apenas escuchó el sonido de los cuetes se puso
a tocar su guitarra sin mirar de frente, pero la viyacha se acercaba poco a poco,
hasta que en un momento el fuego ya estaba quemando al zorro y cuando se da
cuenta que su brazo ya estaba pasando el fuego, se arranca el compadre zorro y se
salva, aunque totalmente quemado por el fuego, la guitarra quedó botada entre
medio del fuego, no se salvó.

A todo esto el quirquincho estaba matándose de risa en la otra banda.

EL RATON Y EL ZORRO
En el campo vivía un campesino, un pastor. En las noches un ratoncito siempre
entraba a su casa buscando lo que el pastor había hecho de comida. Como el pastor
llegaba tarde a su casa, acostumbraba dejar la comida preparada y hay que decir
que salían ricos olores a carne.
El ratón olía desde lejos y se le hacía agua la boca. Desde otro lugar, también el
zorro miraba y olfateaba.
El ratoncito entraba por la noche a la casa del campesino y se acercaba a los platos
y a la olla, comía un pedacito y llenaba su guatita.
El zorro solamente se acercaba hasta la orilla de la casa, no se atrevía a entrar por
miedo al campesino, desde lejos olía los ricos platos y se resignaba a mirar como el
ratoncito salía contento y bien comido. El zorro estaba muerto de hambre y de
envidia. Hasta que una vez este animal se puso a pensar:
-A este ratón lo voy a asustar para que me traiga carne-.
A la otra noche iba el ratón saliendo de la casa, cantando y bailando, cuando de
repente el zorro que andaba por ahí cerca lo agarró con sus tremendas patas y le
dice:
-¡Oye ratón! ¿Para dónde vas tú?-
-Estoy contento de alegría porque he comido carne- contesta el ratoncito.
-Si, ya veo que has comido carne, todo el tiempo comes harto-.
Y acto seguido, lo aprieta entre sus dedos. Había que ver al pobre ratoncito, como
sacaba su cabecita entre las manos del zorro.
-¡Me traes carne o te arranco la cabeza ahora mismo!- amenazó el zorro.
-Te traeré carne-, dijo el ratoncito.
Desde ese momento, el ratoncito entraba a la casa del campesino y sacaba
pedacitos de carne y se los daba, así fueron muchas veces. Hasta que el zorro,
siempre ambicioso, le dice:
-¿Por qué no me traes un pedazo de carne más grande?-.
-Es que no puedo traer algo más grande-, dice el ratón.
Al llegar la madrugada, el zorro se tenía que ir igual de hambriento, porque con
esos pedacitos no llenaba su guata.
A la otra noche, otra vez el rico olor, y muy contento se había puesto el ratoncito.
En eso andaba, cuando aparece el zorro y lo vuleve a amenazar. El pobre ratón
seguía sacando pedacitos de carne para dárselos a este mal amigo.
Un día el ratón se puso a pensar:
-¿Cómo me voy a deshacer de este zorro?-
La situación era angustiante, porque el animalito tenía miedo de salir y se quedaba
adentro de la casa, esperando la madrugada para que el zorro se fuera. Pero como
el ratoncito era muy inquieto, a veces tenía ganas de jugar y salía de la casa
y...¡¡¡ZAS!!! que lo agarraba el zorro, lo aplastaba y humillaba, y le pedía más
carne.
Ocurrió que un día el campesino cocinó, el ratoncito entró a la casa y como era su
costumbre llenó su guatita, después salió a jugar, en una de esas aparece el zorro
y le dice:
-Esta es la última vez en que te permito te burles de mí, tú siempre andas bien
comido y yo ando hambriento, si no me traes carne grande te voy a comer a ti-. El
ratoncito responde:
-Porqué no vas tú, así podrás comer tranquilo y llenar tu barriga, yo te indico donde
está la olla-.
Entraron con mucho cuidado a la casa. El ratón iba adelante y le mostró donde
estaba la cocina y la olla. El zorro se acercó rápidamente y se puso a comer, porque
tenía mucho hambre.
Pero resulta que esta olla tenía una varilla que servía para agarrarla y el zorro
había metido la cabeza adentro; cuando había comido lo suficiente e iba a levantar
la cabeza, le cayó la varilla por sobre la nuca, y el zorro hambriento quedó preso,
con toda la nariz dentro de la olla y su cuerpo afuera, el pobre zorro no veía nada.
-¿Cómo hago para salir?. No tengo que meter mucho ruido, porque puedo
despertar al campesino, me agarra y me mata-, pensaba muy asustado el zorro.
El ratón se acerca y le pregunta:
-¿Qué te pasa zorro?-
-¡Mira como estoy!... Necesito que me ayudes-, contesta el animal.
Pero el ratoncito nada podía hacer y lo único que se le ocurrió decir fue:
-Ven por acá, yo te voy a indicar el camino de salida- y con mucho cuidado le indicó
un camino para no meter ruido y poder salirde la casa.
-Por favor, amigo ratoncito, ayuda a sacarme esta olla-, suplicaba el zorro.
-¡Tengo una idea mejor!-, dice el ratón; -vamos a ir a una peña grande y a golpes
vas a pegar a la olla hasta que se rompa-.
El ratón lo toma de la mano y lo lleva por un camino lleno de piedras y piscallos;
hay que ver como caminaba el pobre zorro, andaba dos pasos y caía, pegándose en
todo el cuerpo. Chocaba con los montes, con las piedras, se pegaba en la cabeza,
en las patas y no podía sacarse la olla de la cabeza.
LLegaron a un descanso. En eso el ratoncito se acordó de las tantas veces que este
zorro lo había torturado y hecho sufrir, y pensó:
-Si a este zorro lo dejo ir, toda la vida me va a seguir molestando, tengo que
deshacerme de este animal-.
El ratoncito, más inteligente que el zorro, se acercó y lo llevó por un camino.
-¿Por donde vamos ahora amigo ratón?- preguntó muy asustado el zorro.
-Por esta lomita donde hay peñas grandes- le dijo el ratón riéndose.
Pero la verdad es que el ratón lo estaba llevando junto al borde de un barranco, se
acercaron hasta la misma orilla y el ratoncito le dice:
-Espérame aquí, voy a buscar una piedra grande para que puedas romper esa olla-.
El zorro se quedó esperando, mientras el ratón comienza a retroceder y a tomar
distancia, de pronto empieza a correr y le pega al zorro un tremendo empujón, el
animal cae por el barranco. -¡¡¡CATAPLUM!!!-
-¡Nunca más me harás sufrir!. ¡Nunca más me molestarás!-

Y se quedó muy contento de no tener ese mal amigo que siempre lo hacía sufrir.

EL ZORRO Y LAS DOS PASTORAS

En un campo solitario vivían dos pastoras, las que pastoreaban todos los días sus
llamos y alpacas.
Una noche apareció el zorro, pero apareció bajo la forma de un ser humano, de una
persona; llegó convertido en una persona muy elegante y vestido con un terno de
color café. LLego este hombre donde estaban las pastoras y se presentó muy
amablemente. Apenas las pastorcitas lo vieron, de inmediato se enamoraron.
Se pusieron a conversar de cualquier tema y ellas le dicen:

-Pase y tome asiento-, a lo que el hombre accedió gentilmente.

Al ratito el hombre invita a las dos mujeres a efectuar una pequeña fiesta, y les
mostró un instrumento llamado bandolina y en eso el hombre se pone a tocar el
instrumento y las dos pastoras comienzan a bailar junto a él.
Las dos mujeres estaban tan enamoradas del recién llegado que le regalan como
recuerdo una faja cada una. Recibiendo el regalo el hombre se puso más contento.
Ese día, ya un poco tarde él les dice:

-Oye pastoras, ya yo me voy, porque estoy en la hora de retirarme, pero mañana


en la noche estaré de nuevo con ustedes-, y así se despidió el hombre.
Cuenta la historia que las dos mujeres quedaron felices y llenas de alegría.

La segunda noche volvió el hombre y nuevamente las pastoras lo recibieron muy


contentas y le dicen:

-Pase mi amor, tome asiento- a lo que el hombre entra y se sienta.


-Yo quiero nuevamente invitarlas a efectuar una pequeña fiesta-, les dice el recién
llegado.

Las dos pastoras aceptan muy entusiasmadas por el hecho de estar con él, y así
sucesivamente empezó la fiesta, baila que baila. Formaban redondela.
En eso las dos pastoras conversaban entre ellas y se decían:

-¿Por qué siempre viene de noche, y por qué nunca viene de día?-
-¿Te propongo que lo tengamos hasta la amanecida, y no lo soltemos hasta ver que
pasa?-.

Entonces una lo toma de la mano derecha y otra de la izquierda, el hombre


bailando entre medio de las dos, y bailaron harto rato, hasta que llegá un momento
en que el bailarín comienza a cantar:

-Anturpaypa cullaquita, huaj lalalin, huaj lalalin, tata mama jauquire, huaj lalalin,
huaj lalalin (*)-, y así repetía a cada rato.
Las dos pastoras nunca lo soltaban, y se acercaba el momento en que el Tata Inti
comenzaría a alumbrar por los cerros más altos.
El hombre trataba de soltarse para irse, pero lo tenían agarrado con tal fuerza que
no podía. Al final el hombre elegante se comenzó a transformar en un animal
llamado zorro.

Las dos mujeres no entendían qué estaba pasando, y se miraban entre ellas,
cuando miraron para afuera el zorro había salido de la casa, y desde afuera estaba
parado y mirándolas; la faja que le habían regalado como recuerdo la tenía
colgando en la chilla, que es la parte de la cintura, y la bandolina que tenía se había
transformado en un hueso de burro que es una parte de la paleta llamada tacataca.

(*) Suéltame hermanita, que tu papá y tu mamá me van a pegar.


LA APUESTA ENTRE EL SAPO Y EL ZORRO

El zorro tomaba agua en el río, y se encuentra con un sapo, al que le propone una
prueba que consistía en correr hasta donde termina el río.

El sapo no lo pensó mucho y aceptó la prueba, la que se llevaría a efecto el día


domingo. Sabía además, que el zorro pretendía burlarse ya que corría más fuerte.
Es así que empieza a prepararse y a imaginar alguna manera para ganarle al zorro;
de este modo, reúne a sus familiares y los organiza para que entre todos le puedan
ayudar a vencer al zorro y ganar la carrera.

El truco que utilizaría era que un sapo se ubicaría en el punto de partida, otro sapo
un poco más allá y otro más allá, y así todos los sapos se ubicarían en el trayecto
del río hasta llegar a la meta.

Y llegó el día de la carrera. Ambos animales estaban listos en la partida, para dar
inicio a la prueba.

El zorro estaba muy contento porque tenía la seguridad de ganar y le dice al sapo:

- Tu vas a correr primero, te adelantas media distancia, esa ventaja te daré, ya que
corres más despacio que yo.-

- ¡No!, crooc, crooc, ¡partiremos juntos!. Porque si yo te gano, después tú dirás que
me diste mucha ventaja-, contestó el sapo.
El zorro burlón y sonriendo arguye:
- ¿Cómo vas a ganar tú?, eso nunca lo lograrás.

- ¡Vamos a ver!-, replicó el sapo.

El zorro aceptó la proposición del sapo y se da inicio a la carrera. Cuando el sapo se


zambulle en el río, el zorro se pone a correr tranquilamente y sin apuro. Pasado un
rato, el zorro pregunta:

- ¿Sapito, rana?- -¡Croc, croc!, responde el rival. El zorro exclama: -¡Este sapito ya
me está alcanzando!-

Siguieron corriendo; por la orilla iba el zorro que nuevamente pregunta:


-¿Sapito rana?- , a lo que el sapo contestó - ¡Croc, croc!-, y el zorro exclama muy
preocupado esta vez: -¡Este sapito está casi a mi lado!-

Continúan corriendo un trecho y el zorro vuelve a preguntar: -¿Sapito rana?- y el


sapo replica. -¡Croc, croc!-.

- ¡Huy, este sapo me dio alcance, cómo es posible!-, piensa muy extrañado el zorro
y continúa corriendo, pero cada vez más rápido y decidido a derrotar al sapo.
Al cabo de un rato pregunta nuevamente: -¿Sapito rana?- pero esta vez la voz del
sapo se escucha más adelante; el zorro nervioso decide correr más rápido y para sí
decía:
- Este sapo tonto no me la puede ganar-.

Cuando iban por la mitad del trayecto, el zorro estaba demasiado cansado, pero
corría a todo lo que su cuerpo daba y vuelve a preguntar: - ¿sapo rana?-

- ¡Croc, croc!- escucha la respuesta, pero la voz viene desde muy adelante.

El zorro se espanta de ver que el sapo le va ganando y haciendo un esfuerzo mayor,


intenta correr más fuerte pero.... Ya el sapo había llegado a la meta hacía rato y lo
esperaba tranquilamente en el lugar en que acordaron sería la llegada, con su
cuerpo completamente seco.

El zorro llegó cansado y con la tremenda lengua afuera, derrotado y muy


avergonzado; no se explicaba como había podido perder la carrera.

El sapo estaba dichoso de su triunfo, logrado gracias a todos sus compañeros que
se habían organizado para derrotar al zorro; ya que él solo nunca lo habría logrado.