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Natalia

Fortuny

Chacarita

DR>
Todos tienen algo que envidiarle a los muertos
No trabajan, no se cansan, no les duele más la panza
No se olvidan, ni lastiman, y no tienen que ordenar.

Acorazado Potemkin, Los muertos


Anoche con mis hermanas
decidimos por chat lo que iría
en la lápida de nuestro padre.
Con mensajitos discutimos
si extrañamos en presente
si el amor es igual a la enseñanza
si la cruz, los peces, el mármol.
Pusimos empeño, cada una
en la oscuridad del dormitorio de su casa
hasta que las pantallas
de luz negra revelaron los dientes
y un chiste
será el filo de su herencia
nos estalló en carcajadas.
Cada vez que volvíamos de noche a casa
-vivíamos abajo del pueblo
entre la pendiente y el río;
los faros quebrando la oscuridad
en que copulaban animales-
cuando llegábamos
en el portón del hogar decía siempre
“es la boca del lobo”.
Enero este enero
tendría que ser con nieve, viento, frío
obligarnos a usar capas de ropa y aún sentir
que no es suficiente:
refregar las manos buscando calor
escapar del aliento helado de los otros.
Tampoco estás para ilustrar
qué es la muerte
cómo se vive la marea, justo antes
no pude notarlo ni creerte
y pum! bajá a verlo todavía oye
en pantuflas, con la bata
camino al subsuelo desde el segundo piso
noté muy práctico todo
en camisón
te abrazan más de cerca si llorás.
En el funeral un desconocido
nos ofrendó resignación
-consentimiento a la muerte
lo leí también
en un aviso recordatorio-
desde entonces tarareo el poema
canto lalala en versión de John Cale
no entres manso en la noche quieta
luchá contra la luz agonizante
el tarareo es mi mensaje
al más allá
perdida en la rabia
cuando los niños y el trabajo
lo permiten.
Ese día
mi primera vez en Chacarita
el sol de mediodía daba en la cara
en la tierra
en la cabeza desnuda de mi hija.
Lo increíble, al final
una cosa de salir en los diarios:
sobre cielo celeste de paisajismo
y gigante entre los cipreses
¡un arco iris!
de punta a punta en siete colores
todos lo ven, emocionados con celulares
le sacan fotos.
Es un concierto de arriba y abajo
la física del arco iris en un cielo sin nubes.
Si me preguntan, es la llanura
el agua de río coloreada te despide.
Tu sueño:
hablan de vos en los pasillos de los hospitales
fotocopian el caso para Alemania
ahora sí se acuerdan para siempre
¡cuánta alegría, como querías!
Ojalá los desconocidos que te evocan
usen tu nombre y no una sigla
para preservar el anonimato
tu nombre en mayúsculas con foto
historia clínica, las palabras en terapia
la nueva nieta, las anécdotas, los porfavores
lo que te va mejor
-bálsamo del infinito-
es la fama y el enigma.
La señora notó que era nueva
y se disculpó por vender el ramo.
¿Ah, reciente? ¿Ya tiene cruz?
Te voy a dar una cinta blanca de novia
para que ates los cabitos de las flores
que si no las roban y las venden.
Encontré la tierra revuelta
seca y agrietada.
Tiene huesos de otros encima, protesté
mientras ataba el ramo
a la cruz provisoria.
Para ayudar, cuánta pena
el cuidador desarmó mi nudo antivandálico
puso las flores en una botella
de plástico con agua turbia.
Sin fuerzas para oponerme, las dejé
y salí, desquitándome con el pensamiento
de que las prefería lindas
a duraderas.
No es tanto
las últimas palabras
sino la cantidad, haber dicho
lo nombrado
no las últimas sino las únicas
palabras de una vida
y así, no contarte
de algo que vi en wikipedia
de mis hijos
de lo lindo, etcétera, que es todo.
El sepulturero dice
en cualquier momento esto es Chacarita Hollywood
con luces de colores, un muro adornado
Tinelli compró unos galpones, también los Miranda
y artistas
dice esto y más
mientras las abejas
chupan líquido de las florcitas uña de gato
clavadas en la tierra que alberga a mi padre.
Para que nadie pise barro
armaron un camino de lápidas en desuso
piedras blancas en las que un pie
entra perfecto.
Acá toda decoración hace pensar
en la corrupción de la carne
un agujero en el suelo me pregunto hasta dónde llega
las flores viejas llenas de bichos
los huesos de otros esparcidos por la tierra
los dientes de otros
la bandada de loros que agita los árboles
la babosa y la araña enloquecidas
cuando levantamos el florero
el cielo de mayo cortado a cuchillo.
Siento olor a muerto
al pasar la lengua por los labios
cuando el 42 cruza el túnel de Dorrego.
Lau vino en camioneta
así que paseamos por adentro antes de irnos
conocemos otras zonas
formulamos hipótesis de capas de tiempo y usos del árbol.
Me gusta ir al cementerio con mis hermanas
para recordarlo
somos investigadoras y curiosas
honramos su trabajo, su tiempo
en equipo.
Mi padre se murió de repente
meses después de enseñarle
a mi hijo de cuatro, su primer nieto
el jaque mate pastor
y ahora él
que sabe de enroque y capturas al paso
que sufre por su reina cada vez
parece haberlo olvidado.
Con urgencia, sin saber dictar un recuerdo
pido a otros que le expliquen
peón del rey
alfil del rey
dama en diagonal.
Así las cosas
esto me fue dado
y también la vanidad de la memoria
al verlo, como lo vi después otra noche
dar mate pastor a su adversario.
Ani piensa en él antes de dormir
a propósito, para soñarlo
-aunque el sistema no le funciona
intenta cada noche-.
La última vez que soñé con mi padre
íbamos por las islas del Paraná
le decía “estás re bien vos”
y él miraba para adelante
piloteando el Evinrude 40
los ojos achinados por la resolana.
Para el día del padre los floristas
aumentan el precio de los ramos
y nosotras discutimos
entrando al cementerio
hace frío
y lo único, además de estar acompañada
lo único bueno
es el olor a eucalipto que me llevo
¡bocallito!
después de frotarme las manos
con sus hojas.
En los peores días
no encuentro
música de pajaritos ni viento en el pelo
ni el trabajo manual de separar
flores de hierbas en el ramo.
Frente a mí, la tumba como espejo
un cuaderno de notas que señala
cuánto aprendimos en tan poco.
El ciprés, leo
es árbol de cementerio:
de raíces hasta lo más hondo
y hojas perennes en la copa
la moda europea lo hizo
custodio de tumbas; a mí
me parecen divinos
tan altos, traen paisaje de Heidi
montañas, aire fresco.
Estos cipreses
pueden vivir 300 años
descubro hoy, primer día del invierno.
Nos mandamos fotos
de los ramos y el jarrón nuevo
¡el frío conserva las flores!
A veces busco algo en el teléfono
fotos de mis hijos para mostrar
y cruzan estas imágenes
coloridas, fugaces
no alcanzan para pedir un deseo.
Las paredes del cementerio tienen marcas
negras de humo, cada tanto
los macumberos piensan que cerca de los muertos
todo les va a salir bien.
Hay, lo vimos, restos de velas
picos de gallo, estampas.
Entre eso y los fuegos contra el muro
de noche desde arriba
parece un collar de brillantes.
En este sueño, en cambio
te decía que soñé con vos varias veces
“ya sé, ya me contaste”
y bailabas por el comedor
dabas pasitos
con las manos en alto, muerto de contento.
Natalia Fortuny nació en Buenos Aires en 1977. Publicó
los libros de poesía Hueso (Ediciones En Danza, 2007) y La
construcción (Gog y Magog, 2010).

También publicó el ensayo Memorias fotográficas. Imagen y


dictadura en la fotografía argentina contemporánea (La
luminosa, 2014).
Otros títulos

Eurhytmics
Pablo Gabo Moreno

Cosas bellas
Matías Matarazzo

Los poemas porteños


Luis Chaves

Fenómenos de animacion bailable


Luis Pereira Severo

Período especial
Florencia Minici

Cosmorama
Alejandro Méndez

Hombre sentado ahí


Martín Armada
Perro negro
Aníbal Chicco Ruiz

Campo afuera
Santiago Pintabona

La cobra rubia
Francisco Garamona

El campeón existencial
Ana Inés López

Currículum vitae
Pablo Cruz Aguirre

A través del liso


Daiana Henderson

Rosa y negro
Paula Trama

Ministerio de Desarrollo Social


Martín Rodriguez

La justicia del suelo


Mauro Lo Coco
Una destrucción muy fina
Fernando Callero

TELEPATÍA
Paula Peyseré

Cuatro paredes
Noe Vera

Tres islas
Mercedes Halfon

El pekinés
Mario Arteca

Pistas
Cecilia Eraso

No existís
Mariano Blatt

After Sangre
Diego Carballar

Elegías
Horacio Fiebelkorn
Descargalos en www.determinadorumor.com.ar
Fortuny, Natalia

Chacarita

2017
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