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Matilde Pettengill

EL LENGUAJE FEMENINO EN VALOR, AGRAVIO Y MUJER, DE ANA CARO

Para analizar la obra teatral de Ana Caro hay que tener en cuenta su vida y la época en

que vivió ya que su obra refleja de alguna manera la sociedad de su tiempo con sus variadas

clases, a través de personajes que simpatizan o luchan entre sí. Dentro del marco histórico, Caro

vivió en una España gobernada por Felipe III, quien llevó a España a su máximo esplendor y

luego por Felipe IV, que le tocó reinar en tiempos de epidemias.1 En el marco literario, España

de los siglos XVI y XVII se distingue por su abundante producción en todos los géneros, poesía,

prosa y drama.2 El drama sobresale con la creación de corrales de comedias y los carros en donde

se representan los autos sacramentales. Debido a las guerras, epidemias y otros malestares que

aquejaban a la población, como por ejemplo las desigualdades sociales, va a influir en la

literatura. La actitud de los escritores será de evadirse, satirizar, moralizar y quejarse. Para ello

relatan éxitos, critican vicios y alaban virtudes. El lenguaje tendrá tendencias conceptistas y

culteranas, ya sea haciendo juego de palabras o complicando el sentido. La estética está inspirada

en los cánones y la mitología greco-latina. Los temas más comunes tienen que ver con el Beatus

Ille, el Carpe Diem, el Locus Amoenus y la belleza femenina. El teatro como género literario se

populariza en sus formas de comedia, auto sacramental y entremés. La comedia, drama escrito en

tres jornadas, combina situaciones cómicas y también serias, en donde existen intrigas, disfraces

y luchas.

Entre las dramaturgas españolas que se destacan en el siglo XVII figuran María de Zayas

y Sotomayor que publicó La traición en la amistad en 1632, Angela de Azevedo que escribió El

1
Para más información, véase Historia de España, de Luis Enrique Otero Carvajal.
2
Para más información, véase ¿Qué es literatura?, de Raúl Castagnino.
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muerto disimulado3 y Ana Caro de Mallén, de la que nos llegaron Valor, agravio y mujer, sin

fecha de publicación y El conde Partinuplés, también sin fecha de publicación.4 Además de las

comedias, Ana Caro también escribió ‘relaciones’ o comentarios de fiestas públicas como así

también autos sacramentales para las fiestas del Corpus de Sevilla.5 Por lo tanto, es de imaginar

que Ana Caro mantuvo una vida activa en los círculos políticos-cortesanos y literarios. Los

escritos de Caro reflejan la estética y el lenguaje descritos anteriormente y también presentan un

abundante simbolismo de la naturaleza y de la mitología greco-romana. Los críticos literarios del

siglo XX ahondaron en el estudio de las comedias de Caro llegando a conclusiones dispares.

Algunas críticas se inclinan en considerar que son obras feministas6 en donde la protagonista

reclama los mismos derechos sociales que los hombres, como por ejemplo Amy Williamsen, al

decir “At first glance, Caro’s work may appear to be a traditional rendition of the mujer vestida

de hombre theme; nonetheless, as the action progresses, spectators and readers alike are forced to

question social conventions most often perceived as ‘natural” (citado en Delgado, 13) y otras,

como por ejemplo Lola Luna, cataloga a uno de los personajes en El conde Parinuplés, Gaulín,

de misógino, “Gaulín es un misógino, como se deduce de los parlamentos contra Rosaura y las

mujeres” (22).

3
Valerie Hegstrom encontró el manuscrito en la Biblioteca Nacional de Madrid en 1993.
4
Se incluyó en una publicación de 1653, en Madrid, Laurel de comedias: Cuarta parte de

diferentes autores.
5
Para más información, véase Historia de la Literatura Hispánica.
6
Para más información sobre feminismo, véase Lo femenino y lo sagrado, de Julia Kristeva.
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Este trabajo es un análisis de la comedia Valor, agravio y mujer de Ana Caro en cuanto a

su lenguaje y lo que contiene de femenino. Para ello se da una descripción de la estructura y se

mencionan algunos aspectos de la narrativa para abordar el lenguaje que utiliza Ana Caro en su

obra ya que se pueden encontrar palabras, metáforas y simbolismos que destacan el mundo

femenino. Se trata de la percepción del mundo a través de la mirada de una mujer nombrando,

por ejemplo, los fenómenos de la naturaleza con palabras correspondientes al cuerpo femenino.

La lectura de las obras de teatro de Ana Caro sigue la teoría feminista desarrollada por

Judith Butler. Según esta última, en su libro Gender Trouble: Feminism and the Subversion of

Identity7 (1990) cuestiona las categorías de femenino y masculino popularizadas por el

construccionismo social8 y distingue el sexo de género, “el género no es a la cultura lo que el

sexo es a la naturaleza; el género también es el medio discursivo/cultural a través del cual la

‘naturaleza sexuada’ o ‘un sexo natural’ se forma y establece como ‘prediscursivo’, anterior a la

cultura, una superficie políticamente neutral sobre la cual actúa la cultura” (Género en disputa,

55-56). Seleccioné a Judith Butler porque sus estudios sobre género, sexo e identidad son

famosos dentro de la crítica norteamericana. Butler si basa en la teoría feminista de Julia

Kristeva y en las ideas de Simone de Beauvoir. Por eso las lecturas que vienen a partir de las

ideas de Butler se basan en una lectura de cómo se hace la mujer, por ejemplo con todo lo que

tiene que ver de productos culturales, como el vestuario, las actividades, los quehaceres, etc.

7
En este trabajo uso la versión traducida en español por M. Antonia Muñoz.
8
Para más información sobre construccionismo social, véase Introducción a la epistemología

genética, de Jean Piaget.


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Al comienzo de la primera jornada, la condesa Estela y su prima Lisarda están vestidas de

cazadoras y bajan de un monte en medio de una tormenta con relámpagos y truenos. Comentan

el mal tiempo y en determinado momento Estela se refiere a la naturaleza y al fenómeno

meteorológico regente con palabras que representan un cuerpo femenino que se encuentra en

estado de gravidez en trabajo de parto. Un fragmento del romance dice:

¿No ves cómo, airado Eolo,

la intrépida cárcel rompe

al Noto y Boreas, porque,

desatadas sus prisiones

estremeciendo la tierra

en lo cóncavo rimbomben

de sus maternas entrañas

con prodigiosos temblores?

¿No ves vestidos de luto

los azules pabellones,

y que las preñadas nubes,

caliginosos ardores

que engendraron la violencia,

hace que rayos se aborten?9 (v.v. 37-50)

9
Todas las citas de los diálogos de la comedia Valor, agravio y mujer son de la edición de María

José Delgado de 1998.


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La referencia a la naturaleza con palabras de la anatomía femenina lleva a pensar que la

dramaturga escribió tratando de poner en relieve la presencia de la mujer en el mundo

circundante. Además, este romance viene a ser un anticipo de que algo va a suceder pero no va a

prosperar debido a una tormenta con efecto destructor.

Cuando Estela habla nos damos cuenta que es una dama culta porque menciona la

mitología griega; el hecho de mencionar la mitología griega es una característica del cultismo

que utilizaban los autores para un público selecto. Nótese que en el verso 37 figura “Eolo” que es

el dios de los vientos y en el verso 39 “Noto” y “Boreas” se refieren a la dirección benéfica que

traen, viento sur cálido y viento norte frío respectivamente. Esto pareciera ser una comparación

entre el viento invisible que sopla y Estela que camina en diferentes direcciones sin saber a

ciencia cierta qué dirección tomar. También, los versos 38 y 40 hablan de una “cárcel” la cual el

viento la rompe. La cárcel que se rompe puede tratarse alegóricamente del momento en que se

rompe la fuente de agua en una parturienta y esto puede referirse también a la situación político

social en que se encontraba la mujer en esos tiempos, presa del sistema patriarcal, pero que trata

de empujar o ‘pujar’ su condición de mujer a nivel de la del hombre. Luego, las palabras

“cóncavo” en el verso 42 y “maternas entrañas” en el verso 43, nos dan una vaga idea de un

lugar interior, simbolizando tanto la matriz de la mujer como el recinto hogareño que era el lugar

apropiado de vivencia cotidiana de la mujer en el siglo XVII.

En la siguiente pregunta de Estela que abarca los versos 45 a 50 compara el cielo con un

estandarte cuando dice “azules pabellones” los cuales se tornaron de negro por la tormenta

desencadenada. Para referirse a lo oscuro no dice negro sino “vestidos de luto”, esto presagia una

muerte inminente, que sucede cuando dice en el verso 50 “hace que los rayos se aborten”. Estos

rayos surgieron de unas nubes que describe como “preñadas” en el verso 47. Cabe notar que hay
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una inversión de versos en la descripción ya que “aborten” está en el verso 50 y “luto” en el

verso 45. Este romance que pronuncia Estela está cargado de sonoridad y de imágenes que se

refieren a los efectos de la tormenta en la tierra pero que también puede interpretarse como un

embarazo que no ha llegado a término. De todas maneras se percibe que la mujer ya existe como

generadora de vida y no se hace, como dice Butler según la idea de Simone de Beauvoir.

No hay mucho discurso de las imágenes alrededor del cuerpo de los diversos personajes,

porque como afirma Butler, el género no se inventa por el vestuario sino por la biología y la

mentalidad de los personajes.

Otro ejemplo en la obra que se puede tomar para demostrar el lenguaje que realza el

mundo de la mujer es la escena del diálogo entre Leonor cuando recién se viste de hombre para

vengarse de Don Juan que la deshonró y su criado Ribete. La versificación está hecha en

redondillas y dice así:

Leonor: En este traje podré

cobrar mi perdido honor.

Ribete: Pareces el dios de amor.

¡Qué talle, qué pierna y pie!

Notable resolución

fue la tuya, mujer tierna

y noble. (v.v. 465-472)

Leonor se viste de hombre, pero sigue siendo mujer, porque el contorno de su cuerpo es

revelador bajo la ropa entallada. Ribete acentúa la belleza física de la mujer al piropear a Leonor,

con la exclamación “Qué talle, ¡qué pierna y pie!”.


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Ahora cabe la pregunta de por qué un criado se toma tal libertad de decir cumplidos a una

dama de la sociedad aunque se trate de su propia ama. Se podría alegar que pareciera que Leonor

habla a través de su criado y lo hace porque ella como mujer no podía decir lo que dice Ribete ya

que tenía que guardar el decoro de la verborragia. El nombre Ribete, curiosamente, se refiere a

una pieza de costura, según la definición de la Real Academia Española es tanto una “cinta o

cosa análoga con que se guarnece y refuerza la orilla del vestido” como “añadidura, aumento,

acrecentamiento”. Entonces, es como si Ribete fuera una continuación del personaje de Leonor,

la cual, dadas las circunstancias de su condición femenina en esa época no puede hablar de

ciertos temas, como por ejemplo los relacionados con el cuerpo de la mujer y lo hace a través del

personaje masculino afín a ella, su criado. También, Ribete representa algo más que un simple

criado para Leonor ya que según las palabras de los versos 537-539 le dice a Ribete “[…] no en

vano/ te he elegido por mi amigo, / no por criado.” Nuevamente, recurriendo al diccionario para

determinar con exactitud el sentido de la palabra “amistad”, nos encontramos en el Diccionario

Academia Autoridades del año 1726 la siguiente definición de amistad: “Amor, benevolencia y

confianza recíproca. De tres maneras se entiende la amistad, honesta, deleitable y provechosa.”

Por lo tanto se puede concluir que la relación de Leonor con Ribete está basada en una confianza

mutua por la cual pueden establecerse diálogos de toda índole, incluyendo comentarios sobre el

aspecto físico de la mujer.

Otro aspecto a considerar dentro del tópico de la mujer es el que se relaciona con su

personalidad la cual difiere según la vestimenta que lleve puesta, llegando a variar tan

profusamente como si se tratara de un calidoscopio de emociones y de expresiones de

sentimientos. Para analizar esto, nos servimos de otra escena en la cual dialogan nuevamente

Ribete y Leonor que dice así:


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Ribete: Oyéndote estoy,

y — ¡por Cristo!— que he pensado

que el nuevo traje te ha dado

alientos.

Leonor: ¡Yo soy quien soy!

Engañaste si imaginas,

Ribete, que soy mujer.

Mi agravio mudó mi ser. (v.v. 505-512)

Entonces, este fragmento sirve de base para que el crítico Matthew Strout diga que Leonor,

“Como otras mujeres varoniles (Rosaura de La vida es sueño, Gila de La serrana de la Vera y

Juana de Don Gil de las calzas verdes, por ejemplo), ella tiene características de los dos sexos:

hermosura y valentía, ternura y violencia, discreción y osadía” (608). Sin embargo, a pesar de

tener el disfraz varonil, Leonor sigue siendo, como lo expresa la misma Leonor en el verso 511

“Ribete que soy mujere.” Lo que ha cambiado en ella es su ser interior en cuanto toma

prerrogativas sin control y afirma en el verso 512 “Mi agravio mudó mi ser.” Mediante el disfraz

varonil Leonor engaña a todos en persecución de su objetivo de restaurar su honor perdido, para

ello no escatima artilugios, desafía a Juan, corteja a Estela y hasta confiesa a Fernando su

situación de haber perdido el honor. Leonor toma el control de todas las situaciones y resuelve

sus problemas por sí misma. Se reivindica con Estela en un acto de solidaridad femenina

pidiéndole disculpas a Estela por haberla engañado.

Lo más curioso y tal vez lo más interesante para la discusión de algunos críticos es la

exclamación de Leonor en el verso 509 ¡Yo soy quien soy! Se puede apreciar una gran

afirmación de su propia personalidad en el conocimiento de sí misma como ser humano


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simplemente, pero no deja entrever a qué sexo corresponde porque no lo declara explícitamente,

ese “yo” y ese “soy” puede referirse al hombre y a la mujer, independientemente o

conjuntamente, o también ser indefinida, simplemente neutral.

Sin embargo, todo ese derroche de energía y de envalentonamiento del que hace gala

Leonor en su despliegue de estratagemas no le sirven para asumir una personalidad lo

suficientemente decidida en usarla y aprovecharla para lograr objetivos de verdaderos cambios

en su vida emocional y posición social y adquirir así un estatus de vida equiparable a la de un

hombre. Leonor finalmente sucumbe ante los más íntimos deseos de ser solamente una mujer,

formalizar una pareja y casarse. Pero para el crítico Matthew Strout esta decisión final de Leonor

es reprochable ya que afirma que, “Le falta a Leonor la conciencia feminista de que está

luchando por una causa política que tiene importancia para todas las mujeres de la sociedad”

(610). También, Strout hace hincapié en que si bien la mujer se comporta con libertad, termina

subordinándose al hombre que precisamente la deshonró, “la mujer en Valor, agravio y mujer es

un ser humano capaz de ejercer su libre albedrio, pero también es miembro de una sociedad

escénica que exige su sumisión al hombre. Por eso, hay a la vez elementos de la trama que

podemos llamar feministas y otros no feministas” (612). Entonces, vemos que para Strout las

acciones de Leonor deberían de estar encaminadas a resolver y cambiar un sistema político

vigente por otro en donde la mujer pudiera elegir libremente al hombre con quien pasar el resto

de su vida y no constreñirse a las reglas rígidas existentes.

Por otro lado, como es bien sabido, el gracioso era un personaje imprescindible en la

comedia del teatro del siglo XVII. En esta obra de Caro, Ribete es el gracioso que con sus

intervenciones jocosas suele revelar verdades de manera casual. Algunos chistes o situaciones

divertidas suelen ser a veces de humor negro o de burla de las capacidades de las personas. En la
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segunda jornada, mientras quedan a solas Ribete, el criado de Leonor, y Tomillo, el criado de

don Juan, tienen un breve diálogo durante el cual Ribete hace un comentario aparte y nos dice en

los versos 1144-1145, “Este es el bufón que a Flora imagina desflorar.” Aquí, la autora eligió el

nombre de Flora para uno de sus personajes de criada, también, originalmente y oportunamente

hace un juego de palabras creando una aliteración con las palabras ‘flora’ y ‘desflorar’ que al

mismo tiempo tienen significado opuesto, ya que desflorar es quitar flores. El humor negro

estaría contenido en el simbolismo que ‘desflorar’ es en realidad ‘desvirgar’ o como define la

Real Academia Española es “quitar la virginidad a una doncella.” En este caso, la naturaleza

estaría dada por la comparación de las flores y del himen de las mujeres. Claro que la manera de

decir jocosamente el desflorar a una mujer, aunque se trate de una mujer de condición social

baja, puede resultar ofensivo para cierto público.

En la jornada tercera, cuando Leonor está interpelando a Don Juan sobre la aventura de

éste con una dama en el pasado y en otras tierras, le muestra el retrato de una mujer para que la

reconozca, que es ella misma, ante lo cual don Juan se asombra y entonces, Leonor le increpa

sobre sus andanzas y ella asegura que va a vengar los agravios y concertar matrimonios, pero la

palabra que utiliza es “himeneo”, una palabra muy sofisticada para decir matrimonio, boda o

casamiento, ya que “himeneo” hace pensar en el himen de la mujer. Como podemos observar, la

autora utiliza una vez más una palabra del cultismo para designar una acción de esponsales, pero

también, una palabra que tiene relación directa con la anatomía femenina.

En conclusión, la comedia Valor, agravio y mujer, es un exponente de la pluma de una

mujer que representa la voz femenina en la colección teatral del siglo XVII. Esta obra es un

ejemplo del papel activo y dinámico de la mujer en la sociedad renacentista-barroca. Su

personaje principal, Leonor, encarna a una mujer prototipo que primero asombra en la manera de
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perseguir sus objetivos de recuperación del honor sin escatimar riesgos para luego disfrutar de

los triunfos obtenidos en un proceso de reinserción de su persona en la sociedad cumpliendo con

los cánones vigentes en ese entonces.

El planteamiento más importante en Valor, agravio y mujer es el del ejercicio de la

valentía o valor de una mujer de atreverse a vengar su agravio, siendo la mujer varonil el

personaje elegido por antonomasia para concretar el restablecimiento del orden.

Primero, la condesa Estela expresa una serie de imaginería con referencias al cuerpo

femenino y al acto de parir para poner en relieve su existencia creadora. Luego, la aparición de

Leonor vestida de hombre revela su naturaleza femenina bajo el disfraz pero genera una serie de

enredos y confusiones con los demás personajes. Finalmente, una vez que don Juan se arrepiente

de haber despreciado a Leonor y confiesa su amor por ella, Leonor se viste nuevamente de mujer

y concreta su matrimonio con Juan repitiendo de esta manera el modelo de vida conyugal en

pareja heterosexual.

Este trabajo por lo tanto contradice la fórmula de Butler que se apoya en la noción de que

la mujer se hace mujer como resultado de la propia adquisición del concepto cultural de género.

Como se ha visto, la obra contiene sólidos argumentos e imaginería donde se puede detectar el

mundo de la mujer a través de su cuerpo y de su sistema biológico. Por tal razón, concluyo que

Valor, agravio y mujer es una obra que exhibe atributos de mujer que incluyen los aspectos

biológicos y de personalidad.
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