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Limitaciones a la tutela judicial efectiva en la doctrina ecuatoriana

La tutela judicial efectiva es aquella garantía que otorga el estado a los ciudadanos,

la cual no se agota en el acceso al orgánico jurisdiccional, por parte de estos en

procura de una pretensión determinada, sino que a la par conmina a los juzgadores

a observar el debido proceso en la sustanciación de la causa, dicha causa deberá

finalizar con una decisión motivada, la cual explique razonadamente los argumentos

que llevaron al juez a tomar una decisión (Corte Constitucional del Ecuador, 2016, p.

6).

Al respecto el profesor Zambrano Pasquel (2011) indica: “La tutela efectiva puede

ser considerada como un sinónimo de protección efectiva de los derechos.” (p. 249).

En el mismo sentido, otra sentencia de la Corte Constitucional ecuatoriana respalda

lo indicado en el párrafo anterior:

“el derecho a la tutela efectiva, imparcial y expedita de los derechos de las

personas tiene relación con el derecho de acceso a los órganos

jurisdiccionales para que, luego de un proceso que observe las garantías

mínimas establecidas en la Constitución y la ley, se haga justicia; por tanto, se

puede afirmar que su contenido es amplio y en éste se diferencian tres

momentos: el primero relacionado con el acceso a la justicia, el segundo con

el desarrollo del proceso en un tiempo razonable, y el tercero que tiene

relación con la ejecución de la sentencia, esto es, acceso a la jurisdicción,

debido proceso y eficacia de la sentencia.” (Corte Constitucional del Ecuador,

2014, p. 10)

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Este derecho se encuentra contenido el artículo 75 de la Constitución de la

República del Ecuador que establece:

“Art. 75.- Toda persona tiene derecho al acceso gratuito a la justicia y a la

tutela efectiva, imparcial y expedita de sus derechos e intereses, con sujeción

a los principios de inmediación y celeridad; en ningún caso quedará en

indefensión. El incumplimiento de las resoluciones judiciales será sancionado

por la ley.” (Constitución de la República del Ecuador, 2008)

Podría parecer que hablar de límites cuando se estudia un derecho –mucho más si

se trata de un derecho de protección- es un contrasentido, pues por expresa

disposición de la Constitución (artículo 11 numeral 6) todos los derechos son

inalienables e irrenunciables, pero en el caso concreto no se trata de una limitación

sin más, sino una que apunta a viabilizar la buena marcha de la administración de

justicia.

Si bien como indica el brocardo qui jure suo utitur nominen loedit (RAE, 2019),

podríamos entender que al ser un derecho contenido en la Constitución el ejercicio

de este es absoluto, pero veremos que no es así, pues este derecho encuentra

limitaciones jurídicas y fácticas que condicionan su ejercicio.

La Corte Constitucional en sentencia N° 005-16-SEP-CC ha establecido el contenido

del derecho a la tutela judicial efectiva por medio de tres parámetros, que son: a) el

acceso gratuito y efectivo al órgano jurisdiccional; b) la observancia de las reglas

debido proceso; y, c) motivación de la decisión. (2016, p. 7). Es decir, se hace

referencia a la protección de los derechos ciudadanos desde la presentación de la

acción, pasando por la sustanciación hasta la resolución y ejecución de la sentencia.

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En atención al párrafo precedente, podemos deducir de la sentencia citada que las

limitaciones a la tutela efectiva serán de dos tipos: jurídicas y de hecho (Quispe,

2016), las primeras son aquellas que el legislador ha establecido en las diversas

normas que conforman el ordenamiento jurídico nacional –limitaciones que como

veremos más adelante deberán seguir determinados parámetros-; y, las segundas

producidas por el inadecuado actuar de los operadores de justicia, las cuales

acarrean la nulidad del proceso.

Antes de tratar las limitaciones legales a las cuales la tutela judicial está sujeta,

debemos recordar que como indicó la Corte Interamericana de Derechos Humanos –

en opinión consultiva OC-6/86 del 9 de Mayo de 1986- existen directrices sobre la

forma de limitar derechos: “(i) la limitación legal debe estar constitucionalmente

aceptada; (ii) la limitación debe realizarse mediante una ley en el sentido formal

respetando los lineamientos constitucionales; y, (iii) la limitación debe obedecer a un

fin constitucionalmente protegido.” (1986).

Ahora bien, en cuanto a las limitaciones de derecho existen varios ejemplos en la

normativa ecuatoriana que servirán para ilustrar lo expresado hasta ahora, si bien

trataremos de límites debemos recordar que los requisitos que contempla la ley

deben ser un medio para viabilizar el ejercicio y no un óbice al acceso a la justicia:

1. La Ley Orgánica de Garantías Jurisdiccionales:

a) El artículo 60 establece el término de 20 días para la interposición de la

acción extraordinaria de protección, más adelante, en el artículo 61 establece

los requisitos que deberá contener esta acción, lo cual a decir de la doctrina

va en contra de lo establecido en el artículo 86 de la Constitución, en primer

lugar por ser muy reducido el tiempo que se concede para la presentación de

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esta; y, en segundo lugar porque los requisitos que se han determinado para

esta acción la vuelven compleja, lo cual es contrario a la naturaleza de una

acción constitucional que debería ser sencilla (Cordero & Yépez, 2015, p.

159).

b) El artículo 40 numeral 3 establece, como requisito para la interposición de la

acción de protección, que no exista otro mecanismo defensa adecuado y

eficaz para resguardar el derecho que se alega fue o está siendo violado. En

esta disposición podemos señalar el sinsentido que significa que una acción

creada para la expedita protección de los derechos constitucionales pueda

ser utilizada de forma subsidiaria únicamente, lo que realmente configura una

limitación injustificada a la tutela efectiva, pues resulta lógico pensar que por

la naturaleza de determinados asuntos la vía ordinaria no será siempre la

idónea para garantizar la prevalencia de los derechos. Así, para abundar

sobre esto, los doctrinarios opinan:

“Un recurso rápido y sencillo para la protección de los derechos

humanos no puede ser subsidiario de las demás acciones ordinarias,

adoptar el criterio de subsidiariedad de la acción implica una limitación

significativa al acceso a esta garantía que no fue establecida en la

Constitución, por lo que se debe suponer que la Asamblea adoptó la

concepción más amplia, es decir, la no subsidiariedad.” (Cordero &

Yépez, 2015, p. 81).

2. Código Orgánico General de Procesos:

a) El artículo 333 numeral 6 de este cuerpo legal indica que los juicios por

honorarios profesionales –entre el abogado y su cliente- no son susceptibles

de recurso de apelación ni de hecho, es decir solo tienen una instancia, lo

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cual se podría interpretar como una limitación al principio de doble instancia,

lo que a su vez repercutirá en la tutela efectiva, toda vez que se le impide a la

parte vencida que su causa sea revisada por un juez de superior jerarquía y,

por lo tanto, se le estaría privando de sus garantías en la sustanciación del

proceso.

b) El artículo 354 in fine establece que el recurso de casación no es aplicable a

los procesos ejecutivos, aquí, una vez más podría tomarse esto como una

limitación a la tutela judicial efectiva, toda vez que no se permite a las partes

de interponer este recurso de tan especial naturaleza en este particular caso.

De lo expresado en los anteriores literales de este punto cabe hacer la pregunta:

¿qué lleva al legislador a establecer cómo y ante qué circunstancias se puede o no

hacer uso de tal o cual recurso o acción?, la respuesta a esto la encontramos en el

llamado principio de libre configuración legislativa, por medio del cual, el legislador

puede regular aquellas situaciones –que por su especificidad- no se encuentran

previstas en la Constitución, respetando los criterios de razonabilidad, idoneidad,

necesidad y proporcionalidad, de tal manera que no se afecte el contenido protegible

de los derechos (Corte Constitucional del Ecuador, 2012, p. 19).

En el mismo sentido, la doctrina expresa: “los requisitos contemplados en la ley

tienen que ser razonables y tener la finalidad de facilitar el ejercicio del derecho, más

no restringirlo” (Cordero & Yépez, 2015, p. 26).

Es importante recalcar, que si bien la tutela judicial efectiva es baluarte de los

derechos constitucionales, debe estar circunscrita a lineamientos que efectivicen su

ejercicio: términos, órganos competentes, requisitos de forma para las distintas

acciones y procedimientos plasmados en la ley, etc., pues aunque no se pueda

sacrificar la justicia por la sola omisión de formalidades -como reza el artículo 169 de

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la Constitución-, las formas hacen al ser y estas son indispensables para la buena

marcha de la administración de justicia.

Así también, hay que acotar que la expresión tutela efectiva es amplia y no solo

hace referencia a la función judicial –justicia ordinaria-, sino también a los otros

sistemas que administran justicia de forma paralela en el país, de acuerdo con

creencias ancestrales, esta es, la llamada justicia indígena, la cual a pesar de tener

un lugar reconocido en nuestro ordenamiento jurídico no se encuentra sustraída de

las disposiciones constitucionales.

Esta amplitud es la misma que da cabida a interpretar que la tutela efectiva no está

reducida a la protección de derechos fundamentales exclusivamente, sino que se

extiende a todo derecho, siendo así, cualquier persona puede exigir del estado la

protección de sus derechos, teniendo para esto a su disposición un amplio abanico

de acciones y recursos.

De todo lo dicho se colige que el acceso a la jurisdicción puede estar limitado –como

en efecto lo está- con base en criterios de razonabilidad, sin que tales limitaciones

conculquen derechos, sino por el contrario se conviertan en el vehículo que

conduzca a los ciudadanos al efectivo goce y ejercicio de estos. Los excesos traen

consecuencias negativas, por ende, pletóricas restricciones no permite el pleno

desarrollo de los derechos, pero por el contrario, la falta de estas hace incierta su

invocación y prevalencia.

También hemos podido observar, que no en todos los casos las limitaciones legales

impuestas a la tutela efectiva son razonables, pues en determinadas situaciones

desnaturalizan la finalidad de las herramientas que el ordenamiento jurídico pone a

nuestro alcance.

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Quizá podemos atribuir esto al anhelo de alcanzar el fin último del derecho: la

justicia, y en tal sentido “no pudiendo hacer que lo justo sea fuerte se ha hecho que

lo fuerte sea justo.” (Como se cita en Díaz, 1998, p. 218).

Bibliografía:

Asamblea Nacional Constituyente. Constitución de la República del Ecuador. ,


Publicado en el Registro Oficial Suplemento No. 499 del 20 de octubre de
2008.
Cordero, D., & Yépez, N. (2015). Manual (crítico) de garantías jurisdiccionales
constitucionales (Primera edición). Quito: Fundación Regional de Asesoría en
Derechos Humanos, INREDH.
Corte Constitucional del Ecuador. Sentencia N° 019-12-SIN-CC. , (el 26 de abril de
2012).
Corte Constitucional del Ecuador. Sentencia N° 117-14-CEP-CC. , (el 8 de junio de
2014).
Corte Constitucional del Ecuador. Sentencia N° 005-16-SEP-CC. , (el 1 de junio de
2016).
Corte Constitucional del Ecuador. Sentencia N° 015-16-SEP-CC. , (el 13 de enero de
2016).
Corte Interamericana de Derechos Humanos. OC-6/86. , (el 5 de septiembre de
1986).
Díaz, E. (1998). Curso de filosofía del derecho. Madrid: Marcial Pons.
Quispe, E. (2016). Limitaciones a la tutela judicial efectiva en Ecuador. Recuperado
el 11 de diciembre de 2019, de
https://periodicosur.com/blog/2018/02/02/limitaciones-a-la-tutela-judicial-
efectiva-en-el-ecuador/
RAE. (2019). Definición de qui iure suo utitur neminem laedit—Diccionario del
español jurídico—RAE. Recuperado el 10 de diciembre de 2019, de
Diccionario del español jurídico—Real Academia Española website:
https://dej.rae.es/lema/qui-iure-suo-utitur-neminem-laedit
Zambrano, A. (2011). Del estado constitucional al neoconstitucionalismo: El Sistema
Interamericano de DD.HH. a través de sus sentencias. Quito, Ecuador: Edilex.