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Señales del nuevo nacimiento

"Examínense a ustedes mismos si están en la fe; pruébense a ustedes mismos. 


¿O no se conocen a ustedes mismos, que Jesucristo está en ustedes?
- si no acaso están desaprobados."
(2 Cor.13:5)

El apóstol Pablo nos exhorta a examinarnos a nosotros mismos. Nadie debe asumir a la ligera que es un cristiano;
debe examinarse. Desafortunadamente, la mayoría de las iglesias hoy tienen una práctica diferente. Cuando alguien
ha dicho su "oración de entrega", le dicen: "Ahora eres un cristiano, ahora has nacido de nuevo, y nunca más dudes
de ello."
- ¡Esto no es lo que la Biblia dice! Si leemos el Nuevo Testamento, encontramos que el nuevo nacimiento es un
cambio tan radical de la vida, que va mucho más allá de decir una simple oración. (Puede en algunas
oportunidades expresarse en una tal oración; pero esta no es su esencia.) Estamos engañando a nosotros mismos y a
todo el mundo, si llamamos "cristiano" a cualquiera que ha "hecho la oración". El Nuevo Testamento nos da unas
pautas claras acerca de lo que sucede cuando alguien nace de nuevo. Son estas pautas bíblicas que debemos usar
para examinarnos; no lo que enseña la iglesia X o el pastor Z.

Ahora fijémonos que el apóstol dice: "Examínense a ustedes mismos"; no dice "Examínense unos a otros." Yo no
puedo ver el corazón de nadie. Yo no puedo decir de nadie con seguridad si es un cristiano o no (en el sentido
bíblico). Si a continuación menciono señales bíblicas del nuevo nacimiento, no es para que nos miremos
críticamente: "¿Será éste cristiano o no?" Pero es para que cada uno pueda examinarse a sí mismo.

Hablaré entonces de cuatro señales bíblicas, de que alguien ha nacido de nuevo. Uno podrá encontrar otras pautas
más, aparte de éstas, pero estas son las que me parecen las más importantes.

1. El que ha nacido de nuevo, tiene "hambre y sed" de las cosas de Dios.

"... Deseen, como niños recién nacidos, la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcan para salvación,
si es que han gustado la benignidad del Señor."
(1 Pedro 2:2-3)

Para un bebé nacido de nuevo, es lo más natural clamar por leche. A un bebé no hay que persuadirlo ni obligarlo a
tomar leche; lo hace por sí mismo. Excepto si tiene una enfermedad grave. De la misma manera, para un cristiano
nacido de nuevo es lo más natural, clamar por Dios. El contexto de la cita arriba habla sobre todo acerca de la
palabra de Dios (vea 1:23-25). El que ha nacido de nuevo, tiene un deseo natural de escuchar y leer lo que Dios le
dice. Si alguien no tiene este deseo, o tiene una enfermedad espiritual grave, o no ha nacido de nuevo en absoluto.
Podemos entender con "leche espiritual" también algunas otras cosas: la comunión con Dios en la oración; la
comunión con otros cristianos; y todo lo que podemos hacer para servir a Dios. Un cristiano nacido de nuevo tendrá
un deseo natural por estas cosas, y no es necesario persuadirlo u obligarlo a ello.

En los círculos donde yo me movía hasta hace algunos años, era una práctica normal, "exhortar" y hasta obligar a los
miembros de iglesias a que cumplan sus "deberes cristianos".
Por ejemplo, existía la idea de "ganar puntos ante Dios": "Si quieres ser un buen cristiano y alcanzar un buen lugar en
el cielo, entonces tienes que asistir a cada culto de la iglesia, tienes que dar todos tus diezmos, tienes que colaborar
en la iglesia, y lo mejor que puedes hacer es volverte pastor o misionero." (Aclaro que las actividades mencionadas
no son malas en sí mismo. Pero si se hacen con esta motivación, tengo que poner un gran interrogante.)
También existe la idea del "seguimiento pastoral": El pastor o uno de sus colaboradores recoge al "nuevo
convertido" cada domingo para llevarlo a la iglesia, hasta que después de unos meses el "convertido" se ha
acostumbrado a venir por sí mismo. Lo involucran en una célula donde se controla semanalmente su asistencia. El
pastor lo interroga acerca de su vida privada y lo advierte tajantemente acerca de cualquier área donde podría caer
en alguna tentación: "Nunca hables a solas con una mujer." - "Aléjate de todos tus amigos que de vez en cuando
toman alcohol." - etc.
También existen las amenazas directas con culpabilidad y castigo: "Si no das el diezmo de todos tus ingresos a la
iglesia, estarás bajo una maldición." - "Si sigues cuestionando al pastor, serás expulsado de la iglesia." - etc.
Todos estos métodos contradicen directamente el espíritu y carácter de Jesucristo. En una comunidad de verdaderos
cristianos nacidos de nuevo, no hay necesidad de aplicar la manipulación y la obligación. Al contrario: Donde se usan
tales métodos, allí tenemos que concluir que la mayoría de los miembros, o la mayoría de los líderes (o ambos), no
son cristianos en el sentido bíblico. De la misma manera como daría mucho que pensar, si una madre tuviera que
aplicar técnicas de manipulación y fuerza para que su pequeño bebé tome leche.

Repito: Un cristiano nacido de nuevo tiene una "hambre y sed" natural por las cosas de Dios. Si alguien tiene que ser
obligado a ello, entonces no ha nacido de nuevo. Y si alguien cree que tiene que obligar o manipular a los demás,
entonces todavía no ha entendido lo que es el nuevo nacimiento (y por tanto, posiblemente él mismo tampoco ha
nacido de nuevo).

2. El que ha nacido de nuevo, ama a sus hermanos cristianos.

De esto habla Pedro poco antes de la cita anterior:

"Habiendo purificado vuestras almas por la obediencia a la verdad, mediante el Espíritu, para el amor fraternal no
fingido, ámense unos a otros entrañablemente, de corazón puro, siendo renacidos..."
(1 Pedro 1:22-23)

Notemos el orden de las cosas: Pedro no dice: "Para ser purificados (resp. para ser renacidos), tienen que amarse
unos a otros." - Mas bien dice: "Puesto que ustedes  ya son purificados y renacidos, ámense ahora unos a otros con
el amor fraternal no fingido que Dios ya les ha dado." El amor fraternal y el corazón puro no son cosas que un
cristiano tuviera que buscar con muchos esfuerzos forzados. Son cosas que Dios ya puso dentro de él con el nuevo
nacimiento. Entonces, si uno encuentra estas cosas dentro de sí, puede concluir con bastante seguridad que ha
nacido de nuevo - y si no, tiene que suponer que no ha nacido de nuevo.

Dos puntos me parecen importantes aquí:

- El amor fraternal es sin fingir. Entonces no se refiere a las sonrisas y los abrazos después del servicio dominical. El
amor no fingido actúa para el bien de su hermano, sin intenciones ocultas y sin preocuparse por lo que los demás
pueden ver o pensar. Un corazón puro no aparenta algo que no es; es abierto y transparente. Esto se expresa no
siempre en "amabilidad". El amor no fingido puede también de vez en cuando decir: "Mi hermano, ¡estás muy mal
en esto!" - si es para su bien decirlo.

- El amor fraternal cristiano no es lo mismo como el amor al prójimo en general. El amor fraternal cristiano se basa
en un "parentesco espiritual": el Espíritu Santo que vive en mí, corresponde al Espíritu Santo que vive en mi
hermano.
Charles Finney ha descrito muy bien esta distinción en sus "Exposiciones sobre avivamiento":

"Dios ama a todos los hombres con amor benevolente, pero El no siente un amor agradable hacia aquellos que no
están viviendo vidas santas. Los cristianos de la misma manera no podemos mostrar un amor agradable unos a otros
si no en proporción a nuestra santidad. Si el amor cristiano es el amor por la imagen de Cristo en su gente,
entonces nunca puede estar activo excepto donde esa imagen exista. Una persona debe reflejar la imagen de Cristo
y mostrar el Espíritu de Cristo, antes que otros cristianos podamos amarlo con un amor deleitoso.
Es en vano pedir a los cristianos que nos gocemos el uno en el otro cuando no somos espirituales. No encontramos
nada en el otro que produzca este amor. ¿Cómo podríamos (en este estado) sentir algo diferente hacia el otro de lo
que sentimos por los pecadores? Por saber que ellos pertenecen a la iglesia (...) no se producirá amor cristiano - a
menos que veamos en ellos la imagen de Cristo."

3. El que ha nacido de nuevo, no vive en pecado.

"Todo aquel que permanece en él, no peca; todo aquel que peca, no le ha visto, ni le ha conocido. Hijitos, nadie os
engañe; el que hace justicia es justo, como él es justo. El que practica el pecado es del diablo; porque el diablo
peca desde el principio. Para esto apareció el Hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo. Todo aquel que es
nacido de Dios, no practica el pecado, porque la semilla de Dios permanece en El; y no puede pecar, porque es
nacido de Dios."
(1 Juan 3:6-9)
A veces cuando leo estos versículos, la gente no quiere creer que esto está escrito en la Biblia. Aun los evangélicos se
han acostumbrado tanto a decir: "Todos somos pecadores." ¡En realidad no existe ningún pasaje del Nuevo
Testamento donde los cristianos son llamados "pecadores"! Los cristianos verdaderos son "creyentes", "justos",
"santos".

Quizás sea necesario aclarar un posible malentendido acerca del verso 9. Si Juan dice "...no puede pecar", él no
quiere decir que un cristiano no podría nunca más cometer un pecado. El sabía bien que aun los cristianos cometen
de vez en cuando un pecado. Por eso escribe un poco antes: "Y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con
el Padre, a Jesucristo el justo" (1 Juan 2:1). Pero para que a nadie se le ocurra pensar que esto es lo normal, él
escribe en el mismo versículo: "Hijitos míos, estas cosas les escribo para que no pequen."
O sea, el caso normal es que el cristiano no peca. En el verso 9, en el original griego, el verbo está en la forma del
presente continuo, que se traduciría más literalmente: "...no puede pecar continuamente", o: "...no puede vivir en
pecado". De vez en cuando sucede que un cristiano comete un pecado. Pero si alguien puede pecar y no le importa
mucho; o si alguien no está dispuesto a renunciar a algún pecado en particular; o si alguien peca aun estando
consciente de que es pecado - este no es cristiano, según las palabras del apóstol Juan.

Pablo escribe algo parecido:

"¿O no saben ustedes que los injustos no heredarán el reino de Dios? No se engañen: Ni fornicarios, ni idólatras, ni
adúlteros, ni afeminados, ni los que se acuestan con hombres, ni ladrones, ni codiciosos, ni borrachos, ni groseros,
ni asaltantes heredarán el reino de Dios. Y algunos eran tales. Pero fueron lavados, fueron santificados, fueron
justificados en el nombre del Señor Jesús y en el Espíritu de nuestro Dios."
(1 Corintios 6:9-11)

En la vida de un cristiano hay claramente un "antes" y un "después". Algunos de los corintios eran "antes" pecadores
obvios de una de las categorías mencionadas. El pasado "eran" dice que ahora ya no lo son. Fueron liberados del
pecado. Si alguien no experimentó este "antes" y "después" en su vida, no es un cristiano según las palabras del
apóstol Pablo.

Imagínate que estás caminando por la calle, junto con tu mejor amigo. ¿Le golpearías a tu amigo en la cara, así no
más? - ¡Seguro que no! - Piensa ahora: Cada pecado es como un golpe en la cara de Jesús. Si Jesús es tu mejor amigo,
entonces con seguridad no harás eso. Para un cristiano verdadero, la presencia de Jesús es tan real como la
presencia de las personas visibles. Por tanto, se cuidará mucho de ofender a Jesús. No por un "deber", no por miedo
a un castigo, pero porque su amistad con Jesús es realidad.

Por supuesto que tenemos que definir "pecado" de la manera como la Biblia lo define. Sentirse cansado o deprimido
no es pecado. Contradecir a un líder, teniendo razones para hacerlo, no es pecado. Faltar un domingo en la iglesia no
es pecado. Algunas iglesias llaman "pecado" a muchas cosas que la Biblia no llama así. Pero no hay lugar aquí para
ampliar este tema.

4. El que ha nacido de nuevo, tiene dentro de sí el testimonio del Espíritu Santo.

"Porque todos los que son conducidos por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios. Porque ustedes no
recibieron un espíritu de esclavitud para otra vez tener temor, sino recibieron un espíritu de adopción, en el cual
llamamos: '¡Abba, oh Padre!' El Espíritu mismo testifica junto con nuestro espíritu que somos niños de Dios."
(Romanos 8:14-16)

El que ha nacido de nuevo, tiene dentro de sí esta confianza como de un niño: "Dios es mi Padre. El me ha adoptado
y recibido como Su hijo."
No es fácil describir en qué exactamente consiste este "testimonio del Espíritu Santo". No es (normalmente) una
experiencia extraordinaria como una visión o una voz del cielo. (Tales experiencias aun pueden ser falsificaciones
desde el mundo espiritual, para dar una falsa seguridad a alguien que no ha nacido de nuevo.) Pero tampoco es un
producto de la mente propia o de la imaginación propia, como se dice a veces a algunos convertidos: "Ahora
simplemente tienes que creer que eres un hijo de Dios." - No, el testimonio del Espíritu Santo es una seguridad
interior que Dios mismo coloca dentro de Sus hijos. El que tiene este testimonio dentro de sí, sabe que esto viene de
Dios, no de su propia mente. El que lo ha experimentado, sabe de qué estoy hablando.
Entonces, estos son algunos de los criterios del Nuevo Testamento que podemos aplicar para examinarnos a
nosotros mismos:
¿Tengo "hambre y sed" de las cosas de Dios?
¿Tengo en mí un amor no fingido hacia otros hijos de Dios, en quienes Cristo vive igual como en mí?
¿No vivo en pecado; es la presencia de Dios tan real para mí que me retiene del pecar?
¿Tengo en mí el testimonio del Espíritu Santo, de que soy un hijo/una hija de Dios?

Si te das cuenta de que tu vida no corresponde a esta descripción de un cristiano, entonces busca a Dios y no dejes
de buscar hasta que lo hayas encontrado. El nuevo nacimiento no es una cosa "común" que se encuentra botado en
la calle (ni a precio de baratillo en la iglesia). Pero Dios ha prometido que El se deja encontrar por cada uno que le
busca seriamente. Dios dice a través del profeta Isaías:

"A todos los sedientos: Venid a las aguas; y los que no tienen dinero, venid, comprad y comed. Venid, comprad sin
dinero y sin precio, vino y leche. ¿Por qué gastáis dinero en lo que no es pan, y vuestro trabajo en lo que no sacia?
Oídme atentamente, y comed del bien, y se deleitará vuestra alma con grosura. Inclinad vuestro oído, y venid a
mí; oíd, y vivirá vuestra alma; y haré con vosotros un pacto eterno (...) ¡Buscad al Señor mientras puede ser
hallado; llamadle en tanto que está cercano! Deje el impío su camino, y el hombre inicuo sus pensamientos, y
vuélvase al Señor, el cual tendrá de él misericordia, y al Dios nuestro, el cual será amplio en perdonar. Porque mis
pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo el Señor..."
(Isaías 55:1-3.6-8)