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Redes intelectuales, itinerarios

e identidades regionales en Argentina


(siglo XX)

Claudia Salomón Tarquini y María de los Ángeles Lanzillotta


editoras

Rosario, 2015
Índice

Palabras preliminares
Claudia Salomón Tarquini y María de los Angeles Lanzillotta ................................. 09

Prólogo
Ana Teresa Martínez ................................................................................................. 13

PRIMERA PARTE: Espacios de sociabilidad y redes intelectuales en la primera


mitad del siglo XX
Tucumán industrial y moderno. Un discurso “oficial” acerca de la provincia a
comienzos del siglo XX
Soledad Martínez Zuccardi ....................................................................................... 31

La plaza, las calles, los pueblos. Intelectuales, ideas y territorio, Córdoba (1918)
Ana Clarisa Agüero .................................................................................................. 49

Apuntes sobre la vanguardia en Córdoba: un problema, un debate y una asociación


en 1933
Carolina Romano ...................................................................................................... 63

En búsqueda de voces propias. Espacios de sociabilidad intelectual en el Territorio


Nacional de la Pampa 1907-1930
María de los Ángeles Lanzillotta .............................................................................. 79

SEGUNDA PARTE: Instituciones y espacios de sociabilidad intelectual en las


nuevas provincias

Constructores de pampeanidad: grupos de escritores de La Pampa (1957-1983)


Claudia Salomón Tarquini ...................................................................................... 103

Folklore pampeano y folklore nacional. Espacios de legitimación, tensión y disputa en


la búsqueda de una identificación territorial
Ana María Romaniuk .............................................................................................. 123

Instituciones y redes de artistas plásticos pampeanos: el Instituto Provincial de Bellas


Artes, un ámbito de formación y legitimación artística (1960-1984)
Florencia Prina ....................................................................................................... 139
Redes de escritores del siglo XX en Patagonia: Centro de Escritores Patagónicos
Silvia Mellado ......................................................................................................... 157

TERCERA PARTE: Itinerarios y discursos


Las redes intelectuales de Salomón Wapnir: un socialista en la trama político-literaria
latinoamericana durante las décadas de 1920 y 1930
Federico Martocci .................................................................................................. 179

Julián Ripa: escritos y acciones de un intelectual periférico (1916-1995)


Flavia Fiorucci ....................................................................................................... 199

La tiza, la pluma y la palabra. Repertorios para la mediación cultural de un intelectual


patagónico
Lucía Lionetti .......................................................................................................... 221

Intelectuales indígenas en el centro de Argentina: Germán Canuhé y el “largo camino”


en la difusión de la historia del pueblo ranquel
Anabela Abbona ...................................................................................................... 241

Los autores y las autoras ......................................................................................... 257


Palabras preliminares

Claudia Salomón Tarquini y María de los Ángeles Lanzillotta

E
sta obra reúne una serie de trabajos referidos a distintos espacios culturales de
Argentina a lo largo del siglo XX, con particular referencia a su rol en la elabo-
ración de discursos identitarios para caracterizar los ámbitos regionales y sus
actores. El campo de estudios en que se inserta este libro ha crecido notablemente en
los últimos años: se ha avanzado en la consolidación de equipos de investigación y en
formulaciones teóricas apropiadas más precisas. Algunos de esos avances y posibili-
dades son ponderados en el prólogo de esta obra, que agradecemos a Ana Teresa Mar-
tínez. En ese sentido uno de los enfoques específicos que requieren mayor atención y
en el que nos hemos concentrado es el de las redes intelectuales, que se presenta en
forma articulada con otras perspectivas que han examinado ámbitos de sociabilidad,
instituciones, itinerarios personales y circuitos de circulación.
A lo largo del libro, el lector notará que se ha usado el concepto de red en sentido
metafórico. Una vieja disputa en el ámbito historiográfico tenía por un lado investi-
gadores que defendían el uso fuerte del concepto de red,1 es decir, la necesidad de
explorar los vínculos efectivamente tejidos, sistematizando datos de densidad, fre-
cuencia y calidad de los contactos, así como su ubicación espacial y evolución en
distintas escalas. Por otro lado, historiadores como Eduardo Míguez2 alertaban sobre
las dificultades para hacer operativo este modelo con las escasas fuentes con que con-
tamos en nuestros archivos locales. Esta discusión se vinculaba con la transposición
del concepto de red desde la antropología y la sociología hacia los estudios históricos:
antropólogos como Clyde Mitchell señalaban ya en 1969 que, a pesar de todas las
posibles fuentes a utilizarse, la información más confiable para este modelo era la
obtenida a través de la observación directa3 y sostenía que la percepción, registro y
análisis de redes sociales se hacía a través de una interacción participante y no partici-
pante, así como del uso de cuestionarios y entrevistas (es decir, medios de observación

1 RAMELLA, Franco “Por un uso fuerte del concepto de red en los estudios migratorios”, en: Bjerg, María
& Otero, Hernán (comps). Inmigración y redes sociales en la Argentina moderna, CECMLA-IEHS,
Tandil, 1995, pp. 9-21.
2 MÍGUEZ, Eduardo “Microhistoria, redes sociales e historia de las migraciones: ideas sugestivas y
fuentes parcas”, en: Bjerg, María & Otero, Hernán (comps). Inmigración y redes sociales en la Argentina
moderna. CECMLA-IEHS, Tandil, 1995, pp. 23-34.
3 MITCHELL, J. Clyde (ed). Social Networks in Urban Situations. Analyses of Personal Relationships in
Central African Towns, Manchester: Manchester University Press, Manchester, 1969, p.61.
10 Redes intelectuales, itinerarios e identidades regionales en Argentina

directa, recomendada por el autor). En sociología –la otra vertiente importante en la


construcción de los análisis de redes–, también es posible aplicar metodologías de
recolección de datos de manera similar. Pero en el caso de estudios históricos, en
cambio, es necesario contrastar una importante cantidad de fuentes para reconstruir
los itinerarios individuales y para ello en ocasiones es clave poder contar con archivos
de excepcional calidad.
Un segundo aspecto que nos interesa destacar desde el punto de vista metodoló-
gico es la productividad de la perspectiva microanalítica y del concepto de red para
salir del falso dilema de la “representatividad de las muestras”. Cabe recordar que la
reducción de escala –una de las características distintivas de este enfoque– no implica
simplemente buscar la representación de los postulados de un nivel macro en uno mi-
cro. Por el contrario, esta aproximación se aleja de una historia tautológica que da por
supuestas una serie de características que han de encontrarse en escala local, y aspira
a producir efectos de conocimiento acerca del campo de los comportamientos, de la
experiencia social, de la construcción de las identidades de grupos y de las estrategias
sociales desarrolladas por los distintos actores en razón de sus posicionamientos, dispo-
nibilidad de diferentes tipos de recursos y condicionamientos.4 La elección de esta ópti-
ca implica “desnaturalizar –o al menos des-banalizar– los mecanismos de agregación y
de asociación,5 insistiendo sobre las modalidades relacionales que las hacen posibles”.6
En este sentido adquiere importancia la construcción del contexto de desarrollo de las
actividades intelectuales. El objetivo no es individualizar los comportamientos típicos,
ni verificar si en contextos del “interior” de Argentina se replican características del
accionar de intelectuales en centros como Buenos Aires, sino hacer un usufructo inten-
sivo de las fuentes para “...razonar sobre los mecanismos que podrían dar cuenta de la
diferenciación de los comportamientos”.7
Consideramos que la vía de acceso al nivel de exhaustividad propuesto por los mi-
croanalistas en general y por la historia cultural y social de los intelectuales en particular
es la reconstrucción de las redes de relaciones y de los espacios de sociabilidad. Espe-
ramos que para diversos contextos, esta compilación represente un avance en esos
sentidos y nos permita comprender el surgimiento de distintos ámbitos intelectuales
en el país, de los espacios que habilitan las condiciones de producción y la legitimidad
de determinados discursos en diferentes territorialidades de Argentina.
El estudio de las redes, de las biografías y de los grupos intelectuales ha ido co-
brando relevancia en el análisis de la historia de los intelectuales en América Latina

4 REVEL, Jacques Jeux d’échelles. La micro-analyse à l’expérience, Gallimard, Paris, 1996, pp.145-146.
LEVI, Giovanni Sobre microhistoria, Biblos, Buenos Aires, 1993.
5 Sobre la diferencia entre “grupos” y “categorías grupales”, y desde una perspectiva que defiende el
enfoque relacional en el análisis social, ver también GUERRA, Francois-Xavier “El análisis de los
grupos sociales: balance historiográfico y debate crítico”, Anuario del IEHS, Tandil, núm. 15, 2000,
pp. 117-122.
6 REVEL, Jacques Jeux d’échelles, cit., p.149.
7 RAMELLA, Franco “Por un uso fuerte...”, cit., p.13.
Palabras preliminares 11

y en el desarrollo de una serie policromática de estudios,8 que abrevan en particu-


lares abordajes metodológicos, fuentes y archivos. Entre ellos, se ha producido en
los últimos años una gran expansión de trabajos en los que las revistas, la prensa, la
correspondencia, han sido redescubiertas como documentos de extraordinario valor
para el análisis y la caracterización de las formaciones culturales, los movimientos, las
generaciones, los espacios de sociabilidad y las redes intelectuales.
En particular, consideramos que las categorías analíticas y las implicancias me-
todológicas que tiene el análisis centrado en las redes intelectuales son relevantes
para indagar en los alcances y las dinámicas de los espacios y de los campos en áreas
“interiores” o de reciente conformación. Las redes intelectuales aportan elementos
significativos para el estudio de la emergencia y la caracterización de algunas coorde-
nadas de la producción intelectual en espacios abiertos, heterónomos y diferenciados,
ayudan a explicar las particulares conformaciones de la vida cultural en espacios ines-
pecíficos, donde los intersticios con distintas redes políticas y los diferentes círculos
de sociabilidad son relevantes para comprender los matices, los alcances y las con-
diciones de posibilidad de emergencia de la producción intelectual. La tarea resulta
un desafío por la pluralidad de espacios y la dispersión de la producción regional, no
obstante, el libro da cuenta de algunos hilos y tramas comunes que conectan distintos
espacios y figuras.
La organización de esta obra refleja esas diferentes orientaciones: las dos pri-
meras partes se refieren a las formas de construcción de tramas de sociabilidad e
instituciones tanto en la primera mitad del siglo XX como a partir de las provincia-
lizaciones de los antiguos territorios nacionales. Así, Soledad Martínez Zuccardi se
ocupa de explorar las características y discursos del grupo denominado “generación
del Centenario” o “generación de la Universidad” que a inicios del siglo XX cons-
truye y difunde discursos que pretendieron mostrar un Tucumán moderno, basado en
la industria azucarera, y se propusieron convertir a esta provincia en un importan-
te polo económico y cultural a nivel nacional. Para Córdoba, Ana Clarisa Agüero y
Carolina Romano exploran, respectivamente, los espacios de sociabilidad mediante
los cuales se apropiaron las ideas de la Reforma Universitaria de 1918, los agentes
diferenciados, los debates y espacios de la vanguardia artística. En contraposición a

8 Entre los estudios que son de referencia obligada, pueden mencionarse los trabajos de ALTAMIRANO,
Carlos –director– Historia de los intelectuales en América Latina. I La ciudad letrada, de la conquista
al modernismo, Katz, Buenos Aires 2009; ALTAMIRANO, Carlos –director– Historia de los
intelectuales en América Latina. Los avatares de la ciudad letrada en el siglo XX.II, Katz, Buenos
Aires, 2010 ; TERÁN, Oscar “Vida intelectual en el Buenos Aires fin-de-siglo (1880-1910): derivas
de la cultura científica”, en Oscar TERÁN –coordinador– Ideas en el siglo Intelectuales y cultura en
el siglo XX latinoamericano, F.C.E., Buenos Aires, 2000; PITA CONZÁLEZ, Alexandra La Unión
Latinoamericana y el Boletín Renovación. Redes intelectuales y revistas culturales en la década de
1920. El Colegio de México, Universidad de Colima México DF, 2009; CHICOTE, Gloria –editora–
Redes intelectuales en América Latina. Los universos letrado y popular en la primera mitad del siglo
XX, Rosario, Prohistoria, 2014.
12 Redes intelectuales, itinerarios e identidades regionales en Argentina

las provincias más antiguas, María de los Angeles Lanzillotta, Claudia Salomón Tar-
quini, Ana María Romaniuk y Florencia Prina analizan las tramas y redes construidas
entre maestros y otros agentes estatales, escritores, músicos y artistas plásticos en La
Pampa, en distintos momentos del siglo XX. Los últimos tres estudios enfatizan en la
segunda mitad, es decir, en el contexto posprovincialización. Este apartado se articula
con el trabajo de Silvia Mellado, que indaga en las redes y espacios de sociabilidad
intelectual en el contexto patagónico.
La tercera parte se concentra en los itinerarios particulares de algunos intelec-
tuales claves en espacios periféricos a lo largo del siglo XX. Pero no se trata aquí de
compilar datos anecdóticos sino de arrojar luz, a través de los itinerarios intelectuales,
la densidad de las tramas de lo social en las que se insertan nuestros personajes y que
habilitan la circulación de sus discursos. Así, Federico Martocci se ocupa de Salomón
Wapnir, el capítulo de Flavia Fiorucci del maestro y abogado Julián Ripa, Lucía Lio-
netti lo hace con Luis Feldman Josín y Anabela Abbona con Germán Canuhé.
Deseamos agradecer a cada uno de los autores por la excelente predisposición
y compromiso y a las instituciones que hicieron posible esta edición. Entre ellas, al
Instituto de Estudios Socio-Históricos de la Universidad Nacional de La Pampa, en
cuyo ámbito se encuentra la colección Estudios y Problemas que se edita en forma
conjunta entre Prohistoria Ediciones y la Editorial de la UNLPam. Asimismo, hemos
podido contar con el financiamiento otorgado por el Fondo de Publicaciones de la
Facultad de Ciencias Humanas de la UNLPam, y de los proyectos “Modernidades en
los márgenes. Sociedad y cultura en La Pampa (1882-1983)” (PICTO dirigido por la
Dra. Marisa Moroni) y “Configuraciones culturales en La Pampa (1882-1991). Tra-
mas simbólicas, identidades y alteridades en la construcción de un espacio regional
marginal” (Res. N° 145/12, Facultad de Cs. Humanas de la UNLPam).
Con este libro pretendimos, sin ser exhaustivos, hacer algunos aportes para la
comprensión y análisis de algunos hilos de una trama constitutivamente más densa,
que tiene por protagonistas a una cartografía de espacios, sociabilidades y actores
diferenciados.
¿Prólogo o post-scriptum?

Ana Teresa Martinez1

“No hay razón para suponer que el mapa de contextos


relevantes se verá como una matrioska rusa en la cual uno se
sitúe cómodamente en el interior del otro”.2

“Fuimos, en aquellos años y en nuestros queridos pueblos


de tierra adentro, sembradores de ideales y animadores de
belleza. En más de una melga bien roturada ha de germinar
nuestra semilla, lo que ha de bastar para recompensarnos de
las tantas otras que aventó el viento y alzaron los gorriones
[…] me recuerdas nuestras reuniones, nuestra peña, en la
cual pasábamos revista de todos los acontecimientos de la
vida intelectual del país, de América y del universo entero,
afiebrados por un sincero empeño de extender los límites de
nuestra cultura y de nuestros conocimientos.”

E
¿Coleccionando alebrijes o abriendo un campo de indagación?
l texto del segundo epígrafe pertenece a una cita del capítulo 9 de este libro.
Quien escribe es Salomón Wapnir, un socialista que vive de su trabajo para la
exportadora de granos Bunge y Born, en la década de 1930, impulsor de varias
iniciativas culturales, editor, periodista y crítico literario que en un marco a la vez de
activismo político y cultural, se relacionó con reconocidos escritores de Buenos Aires
y gozó de cierto reconocimiento capitalino. En este fragmento de correspondencia,
Wapnir recuerda sus experiencias de una década antes en Ingeniero Luiggi, un peque-
ño pueblo ubicado en el entonces Territorio Nacional de la Pampa, donde ya no vivía,
pero con el que conservaba lazos que hacían presente su experiencia inicial de joven
intelectual en formación, abierto desde ese punto del país –muy “remoto” si lo vemos
desde los centros– a las ideas y problemas ideológicos y literarios que circulaban por
el mundo, del que también eran y se sentían parte. Esta experiencia no parece haber
sido excepcional.

1 Agradezco las lecturas de versiones previas de este texto, así como sus sugerencias, a Claudia Salomón
Tarquini, María de los Ángeles Lanzillotta y Ana Clarisa Agüero.
2 JAY, Martin “La explicación histórica: reflexiones sobre los límites de la contextualización” en
Prismas, núm. 16, 2012, p. 145.
14 Redes intelectuales, itinerarios e identidades regionales en Argentina

Como tampoco son excepcionales en originalidad y relevancia –hay que admitir-


lo– la mayoría de los intelectuales que vemos aparecer en estas páginas. En muchos
casos, ni sus trayectorias ni sus obras lo son. El objetivo del libro no es el de ofrecer-
nos una galería nueva de autores a descubrir, de textos a salir a buscar para enriquecer
nuestra biblioteca literaria. Más bien, es un texto que desafía nuestra imaginación
internándonos en una historia “otra” que las consagradas por las academias de la lite-
ratura y el arte. Más que a una galería de obras maestras, el libro nos hace entrar a un
laberinto, una especie de subterráneo que recorre la Argentina de Tucumán a la Pata-
gonia, desembocando a veces en un salón prolijo, en alguna universidad o en una ga-
lería de arte, pero abriendo ventanas con más frecuencia sobre aulas de escuelas, pe-
ñas folklóricas, festivales del cordero, estaciones de tren, plazas públicas, bibliotecas
populares, redacciones de diarios u oficinas del estado. Y desde esa multiplicidad de
espacios explora la producción, reproducción y circulación de cultura en Argentina.
No se trata aquí tampoco de confrontar universos letrados y populares, de anali-
zar el movimiento de uno a otro que realizan escritores, ideas, textos, narraciones, en-
tre la oralidad y la escritura, en universos disímiles, que por momentos se encuentran,
se traducen, se distorsionan y enriquecen.3 Esta distinción queda más bien desdibuja-
da, porque algunos textos y autores que pasan por “alta cultura”4 en un horizonte no
serían tenidos por tales en otro, pero también porque el volumen y la densidad de los
espacios considerados dificultan realizar distinciones netas en ámbitos de producción
o circulación diferenciados y porque la embrionaria presencia de instituciones dife-
renciadoras –en términos de formación del “gusto” y de discriminación de objetos–
habilita una convivencia más fácil y homogeneizadora.
En suma, en la mayoría de los casos, no se trata de carreras reconocibles ni de
intelectuales habituales, formados en universidades, escribiendo libros y artículos en
procesos ascendentes, circulando de Buenos Aires a París o Madrid, desafiando los
modos de escribir consagrados para imponer nuevos cánones y desarrollar su excelen-
cia. No se trata mayormente de escritores cuya patria sea la lengua. Aquí la “patria”
parece tener más bien la concisión y la contundencia del lugar inevitable de enuncia-
ción, con sus límites y sus posibilidades.
Este libro se inserta más bien en una continuidad con otros esfuerzos anteriores
realizados en conjunto por grupos de investigación de diversas regiones5 para moverse

3 CHICOTE, Gloria (ed.) Redes intelectuales en América Latina. Los universos letrado y popular en la
primera mitad del siglo XX, Prohistoria, Rosario, 2014.
4 No entraremos aquí en el complejo debate entre alta cultura, cultura letrada, cultura legítima, cultura
popular, que supone discernimientos y tomas de posición teóricas que no vienen al caso. Además de
la reciente compilación citada, ver PASSERON, J-C y GRIGNON, C. Lo culto y lo popular, Nueva
Vision, Buenos Aires, 1991 entre otros.
5 AGÜERO, Ana Clarisa y GARCIA, Diego (Ed.) Culturas interiores. Córdoba en la geografía
nacional e internacional de la cultura, Entreculturas y Ed. Al Margen, La Plata, 2010; LAGUARDA,
Paula y FIORUCCI, Flavia (Ed.) Intelectuales, cultura y política en espacios regionales de Argentina
(siglo XX), Prohistoria y UNLPam, Rosario, 2012; “Dossier, los otros intelectuales. Curas, maestros,
Prólogo
15

fuera de los grandes centros de producción intelectual y descubrir confrontándolas,


otras densidades históricas. Junto a algunos pocos reconocibles en los cánones de la
historia intelectual, aparecen intelectuales de pueblo, de provincia, productores cul-
turales ligados al periodismo de circulación local, maestros e inspectores de escuelas
primarias y secundarias, líderes políticos y sociales, escritores o artistas que en la
mayoría de los casos no circularon por los espacios de la consagración nacional. ¿Por
qué sería interesante estudiarlos? El hecho que nadie haya reparado en ellos no es
razón suficiente para dedicarles tiempo de investigación, papel y tinta de impresión.
Si así fuera, deberíamos analizar todo y en todas partes y tiempos... es decir, la para-
doja de Funes el memorioso. Es una obviedad, pero parece importante recordarla en
este momento de constitución de este nuevo campo de investigación. La inminencia
de lo que aparece en el horizonte cultural de espacios a los que con frecuencia per-
tenecemos los mismos analistas, parece darle a nuestro “locus” la misma relevancia
que tiene el “locus” capitalino. Y puede hacernos olvidar la diferencia: el “locus”
capitalino es un centro de producción cultural que atrae y absorbe recursos, inicia-
tivas, talentos, los concentra y genera la sinergia que surge de ese contacto. Buenos
Aires lo era claramente al menos desde fines del siglo XIX. Como centro acumulaba
atributos y organizaba un campo intelectual con dinámica propia, es decir, con lo
que hoy llamamos “masa crítica” suficiente como para que los debates y la crítica
mutua habilitaran deslindes de posiciones, dinámicas de consagración y expulsión,
renovación y especialización, mercado de bienes culturales, críticos especializados
y progresivamente espacios académicos y de profesionalización reglada. Luego de
décadas en que historiadores y especialistas en letras de Argentina han venido recons-
truyendo estas dinámicas y volviendo a consagrar a los consagrados, construyendo el
panteón de escritores y artistas –muchísimos de ellos nacidos fuera de Buenos Aires–,
analizando matices e inventando nuevos modos de enfocar este campo intelectual y
cultural, reconstruyendo sus condiciones de producción, así como la influencia que
ejercieron sobre la historia nacional y trabajando y retrabajando sus obras en busca
de nuevas claves interpretativas ¿qué significa volverse ahora hacia el “interior” del
país, hacia la dinámica de sus centros menores, pero también hacia sus pueblos, hacia
productores ignotos, escritores ocasionales, maestros de escuela, asociaciones fuga-
ces, revistas de pequeñísima circulación donde escribieron estudiantes de la escuela
normal, maestros rurales o líderes indígenas? Esta búsqueda podría convertirnos en
coleccionistas de alebrijes. Esas bellas tallas de madera de animales fantásticos por su
forma –pero sobre todo por la diversidad y libertad enorme con que están pintadas–
son presentadas por sus artesanos oaxaqueños como únicas cada una en su especie.
Son similares, pero todas son diferentes, y la belleza de cada una justifica el precio-
sismo minucioso de su pintura. De Ripa a Wapnir, de la creación de la Asociación
Pampeana de Escritores a la historia de Feldman Josín, no podemos dar por supuesto

intelectuales de pueblo, periodistas y autodidactas” en Prismas, núm. 17, UNQ, Bernal, 2013.
16 Redes intelectuales, itinerarios e identidades regionales en Argentina

que estas historias merezcan ser contadas en sí mismas o lo merezcan porque son las
nuestras. Y sin embargo, en el contexto de este libro, aparecen llenas de sentido.
La muy interesante acumulación de casos y fragmentos de historias que viene
produciéndose en los citados libros y encuentros académicos, no crece como un agre-
gado, sino que viene articulándose desde perspectivas y debates teóricos más o menos
explícitos. Avanzar en esta línea de análisis requiere continuar trabajando esta justifi-
cación teórica, que nos permita seguir pensando cada caso como inserto en un proble-
ma mayor, como “caso de lo posible” si lo miramos desde la definición de un contexto
de producción, en el estatuto de “ejemplificación controlada y sistemática”, es decir,
sabiendo que al mundo histórico nunca lo podremos reducir a un lenguaje formal ni
sistematizaremos completamente sus ocurrencias.6 Es decir, supone continuar aproxi-
mando los análisis en el campo de indagación colectiva, donde las preguntas y las hi-
pótesis que van surgiendo del debate y los intercambios, se multipliquen en torno a ló-
gicas que, sin pretender de ningún modo unificarlo, permitan identificar los problemas
que nos ayudan a debatir sobre las cuestiones estructurantes del campo problemático,
que suponen entre otras cosas discutir sobre su razón de ser para explicitar sus impli-
cancias. Las diversas iniciativas y grupos que se ocupan de estos intelectuales y de
estos procesos, se vienen articulando por ahora desde Quilmes, Córdoba, Tucumán,
Santiago del Estero, Salta, La Pampa, Neuquén, La Plata, intercambiando en semina-
rios, coloquios, workshops, simposios y mesas temáticas de congresos más generales,
y comienzan a desplegar un universo de análisis que por momentos se presenta como
nuevo, no sólo por sus referentes empíricos, sino por las cuestiones teóricas que abre
y necesita seguir desplegando, si es que verdaderamente aspira a consolidarse; pero
sobre todo, si tiene sentido para el desarrollo científico y disciplinar de nuevos cono-
cimientos sobre la historia y el presente de nuestras sociedades. Por eso vale la pena
la pregunta por el coleccionista de alebrijes, como un ejercicio que nos empuje a dar
un paso más en esta perspectiva. La tentación de acumular personajes pintorescos
y acontecimientos inesperados ocurridos en lugares imprevistos, cede siempre a las
interrogaciones sobre el cómo y el para qué de la investigación, a la toma de distancia
para sacar conclusiones parciales, extrayendo consecuencias de la fecundidad de los
instrumentos teóricos y metodológicos de investigación, o cuestionando y compleji-
zando su utilización a fin de vislumbrar otras estrategias y preguntas, al modo como
este libro permite hacerlo. Entre el coleccionismo y la pretensión de estar abriendo
un campo nuevo, existe la posibilidad de estar detectando un filón que nos permita
aportar un punto de vista para reorganizar en parte la mina ya existente de la historia
y la sociología de la cultura en Argentina. En lo que sigue nos pondremos en diálogo

6 Ya nos lo recordaba en estos mismos términos Gustavo Sorá en el prólogo a AGÜERO, Ana
Clarisa y GARCIA, Diego Culturas interiores... cit., p. 11, remitiendo implícitamente a desarrollos
epistemológicos ocasionales de Bourdieu y más sistemáticos en PASSERON, J-C La raissonement
sociologique, Nathan, 1991, LAHIRE, Bernard El espíritu sociológico, Manantial, Buenos Aires,
2006, entre otros.
Prólogo
17

especialmente con introducciones y prólogos de los trabajos anteriores y con los ca-
pítulos de este libro, a fin de intentar dar un paso más en esta tarea teórica colectiva.

Unidades de análisis y relacionalidad


Una cuestión de las varias que sería importante seguir trabajando a medida que conoz-
camos más de lo que pasaba en la Argentina no-porteña, es la de la escala, es decir, las
dimensiones espaciales a partir de las cuales definimos las unidades de análisis en su
imbricación compleja y variable con las temporalidades. Desde una multiplicidad de
ámbitos, disciplinas y propuestas –desde la microhistoria, a los análisis de sistemas-
mundo, los estudios postcoloniales, los de subalternidad, etc.– desde mediados del
siglo XIX se viene poniendo en cuestión la unidad “nacional” como supuesto no te-
matizado de las ciencias sociales. Esto no significa dejarla de lado como “superada”,
sino recordar que no es la única posible, que es objeto de una decisión metodológica
y, cuando se la toma, explicitar lo que supone y articularla en el juego de escalas
múltiples en que se inserta y cobra sentido. Reflexionando a partir de Braudel, Ana
Clarisa Agüero y Diego García se detenían también en este punto en la Introducción
de Culturas Interiores, y Ricardo Pasolini apuntaba en la misma dirección en la de
Intelectuales, cultura y política en espacios regionales de Argentina. Es que, como
los primeros nos recordaban, trabajar escalas y unidades de análisis es trabajar con-
textos, no como predefiniciones sino con la atención puesta en la pertinencia de los
principios de clasificación que los definen en cada caso y en cada paso de los análi-
sis, que nos obligan a movernos de los pueblos a las ciudades, a las configuraciones
provinciales, nacionales, regionales, internacionales, según el momento y el aspecto
a considerar. Pasolini por su parte, se pregunta qué significa el quehacer intelectual
cuando, reduciendo la escala, lo analizamos fuera de los centros, y alude al clásico
trabajo de Castelnuovo y Ginzburg,7 de cuyo planteo recupera sobre todo esta misma
necesidad de no dar por supuesta la pertinencia del análisis en centros y periferias en
todos los casos y, sobre todo, de no convertirla en categorizadora de situaciones fijas,
portadora de valoraciones y jerarquías características. En este sentido Pasolini nos
recuerda que los universos locales no podrían convertirse ipso facto en “regiones”
que se explicarían a sí mismas fuera de toda influencia. La “región” es, en términos de
Agüero y García, un contexto que no puede darse por supuesto, a riesgo de discurso
autocelebratorio o miserabilista, sin el juego de relaciones que lo constituyen. Y éste
es el punto de partida en la reflexión introductoria de los dos libros que referimos, y
que quisiéramos prolongar.
De hecho, los estudios que buscan salir de Buenos Aires podrían no poner en
duda el carácter “nacional” sin más de los estudios del centro capitalino. Es decir, dar
por sentado que lo que ocurre en su centro cultural más importante es estudiar lo que

7 GINZBURG, Carlo y CASTELNUOVO, Enrico “Centro e periferia” en Storia dell’arte italiana, Parte
I, Vol 1, Einaudi, Turin, 1979.
18 Redes intelectuales, itinerarios e identidades regionales en Argentina

ocurre en la nación. Y acto seguido dar por supuestas también unidades como las pro-
vincias y los pueblos, o las regiones constituidas por provincias. Pero este nivel sub-
nacional respondería así a la misma lógica de la delimitación de fronteras políticas,
sólo que en un nivel más pequeño. Y portaría sobre todo una lógica clasificatoria im-
plícita y ambigua. ¿De qué “regiones” se trataría? ¿Qué tipo de delimitación supone?
¿O acaso podría ocurrir que todo lo que no es “nacional”, en el sentido de “consagrado
en la capital”, debería ser entonces “regional”? ¿Y qué sería “regional”? ¿Consagrado
en un centro menor? Quedaríamos en la misma confusión que cuando usamos la vaga
denominación cargada de valoraciones, tan usada en la Argentina, de “el interior”,
que no se sabe a qué “exterior” corresponde, porque si éste fuera el contorno del mapa
nacional, entonces la capital, o formaría parte del “interior”, o quedaría fuera de toda
espacialidad.
Como advierten Agüero y García, cambiar de escala es siempre moverse entre
escalas, es decir, entre centros y circulaciones que descentran. El único modo de no
seguir introduciendo vaguedades de filosofías de la historia clandestinas parece con-
sistir en poner el foco del análisis en las redes, las circulaciones, los vínculos inter y
supra-provinciales, así como los inter y supra-nacionales. Este enfoque, fundamental
–como lo muestran los capítulos de este libro–, nos permite descubrir la multiplicidad
de pequeños y medianos centros que constituyen la verdadera trama de la producción
y la circulación, así como la densidad de lo que ocurre en los distintos puntos de la
red centrada en Buenos Aires y la diversidad de tramas transversales, que se consti-
tuyen en torno a otros polos de atracción y de intercambio, muchas veces para temas
específicos, como la importancia de la ciudad de Paraná para las redes de normalistas
y su influencia en todo el país, las gestadas en torno al Colegio Nacional de Concep-
ción o el peso específico de la ciudad de Córdoba en los procesos relacionados con
la reforma universitaria de 1918, para hablar de tres casos conocidos que asoman
en este libro. Estos circuitos transversales permiten circunscribir áreas de influencia
específicas, diversas y cambiantes, más interesantes que las “regiones”; en algunos
casos percibir las tensiones y la complejidad de intercambios cuando es posible optar
entre centros múltiples –como en el caso de Santiago del Estero, mirando siempre a
la vez o alternativamente a Buenos Aires, a Córdoba y a Tucumán–. Estos análisis
relacionales nos permiten escapar de las lógicas esencialistas que delimitan regiones
cerradas, centros fijos, circulaciones rígidas. La estabilidad de las redes es siempre
precaria y cambiante, aunque pueda tener momentos de mayor persistencia. En este
sentido, imaginar el país como una trama en movimiento, donde a cierta circulación
centralizadora dominante en general, se superponen y entrelazan otros circuitos tam-
bién de estabilidad provisional, muchas veces centrales para una dimensión específica
pero no para otra, parece ser el modo de análisis más ajustado a los hechos y abierto
a integrar una pluralidad de experiencia que dé cuenta a la vez de las difusiones y de
las recreaciones y cambios de significado de lo que circula. En cada caso habrá que
analizar cómo se generan esos movimientos y qué los estabiliza, cómo se consolidan y
Prólogo
19

se deshacen, a partir de los vínculos de determinadas personalidades mediadoras, del


intercambio de correspondencia, de bibliografía; a partir de procesos de institucionali-
zación multisituados, con un centro orgánico o sin él –no funcionaba igual el Instituto
Libre de Estudios Superiores o las asociaciones de Amigos de la Educación que el Mi-
nisterio de Educación de la Nación–; a partir de viajes de animadores culturales, como
los de Gargaro al interior de Córdoba, o de traslados por razones de trabajo, como los
de Wapnir o de Ripa. Y en este sentido, así considerados, se vuelve imprescindible
para hacer una historia, sociología y antropología de la cultura nacional, explorar de
Jujuy a Tierra del Fuego y de Buenos Aires a Mendoza, no para agregar piezas de
rompecabezas, sino para entender procesos realmente nacionales.

Los discursos de identidad provincial


Del presente libro, sin embargo, surge otra reflexión: para algunos temas parece tam-
bién especialmente relevante el análisis a escala provincial. El desarrollo de discursos
sobre identidades colectivas a lo largo del siglo XX en Argentina, tanto en provincias
de antigua raíz histórica, como Tucumán, Córdoba, Salta o Santiago del Estero, como
en nuevos territorios nacionales, parece haber tenido un lugar privilegiado en las capi-
tales de provincia en tanto centros productores de imágenes, textos, héroes, aconteci-
mientos performativos, siempre portadores de politicidad y atravesados por intereses
económicos y simbólicos de las élites locales, no pocas veces en asociación con las
porteñas y procurando irradiar en las dos direcciones –con sentidos diferentes– esos
discursos sobre el qué y el cómo de ser tucumano o pampeano. Este libro nos permi-
te ver además un aspecto nuevo: los procesos de provincialización de los territorios
nacionales aparecen como observatorios particularmente interesantes, al dejarnos ver
cómo se vinculan estos discursos con las construcciones de la “imaginación” –en el
sentido de Anderson– del territorio como lugar del arraigo, con la consolidación de
determinados grupos sociales y sus proyectos modernizadores, con el modo como
estos grupos una vez conquistado su espacio en detrimento de los habitantes pre-
existentes, tienden a reivindicar como propia la identidad y el destino común, la his-
toria y la cultura de los grupos sometidos. Así de pronto la imaginación histórica
comienza a poblar lo que hasta entonces había sido un “desierto”. Los análisis de las
publicaciones relacionadas al Centenario en Tucumán que hace Martínez Zuccardi y
los trabajos de Lanzillotta, Salomón Tarquini, Romaniuk y Mellado sobre La Pampa
y la Patagonia, nos muestran que las delimitaciones estatales implicaron estrategias
respecto del encuadramiento territorial de la población, pero sobre todo las maneras
en que trató de operarse este encuadramiento, no sólo a través de las instituciones
administrativas, políticas y educativas, sino también de las dinámicas culturales más
informales, menos institucionalizadas, vinculadas a las élites respectivas. Y aquí es
donde también comienzan a aparecer las dinámicas diferenciales, entre otros, respecto
de las poblaciones originarias, según hayan sido sometidas e integradas temprana-
mente al mercado de trabajo (y entonces parezcan aún potencialmente amenazantes
20 Redes intelectuales, itinerarios e identidades regionales en Argentina

como trabajadores y marcadamente presentes como mayorías de las que hay que di-
ferenciarse) o sean percibidas como minorías localizables o disueltas, pero en estado
de indefensión (y así disponibles para la reapropiación de una cultura a “rescatar” que
permita construir una idea de nacionalidad que –a través de ese “otro” convertido en
origen– ligue al suelo al inmigrante pioneer que acaba de llegar). Ser “pampeano” o
“tucumano” puede cumplir una función homogeneizadora y excluyente de otras iden-
tidades, como ser “argentino”.
Por otra parte, este libro también nos muestra el rol particular que cumplieron los
maestros e inspectores de escuelas como productores de esos procesos y discursos,
especialmente en los territorios nacionales, donde algunos de ellos formaron parte –a
veces en segunda línea, pero también en lugares centrales– de las elites intelectuales,
y fueron así no sólo difusores de los mismos, sino productores. Al mismo tiempo,
la mirada sobre estos pasajes del territorio a la provincia, con todo lo que supone de
autonomía política, permite ver también que los discursos de identidad no sólo son
un elemento de encuadramiento y clasificación, sino además una herramienta estraté-
gica –en términos fundamentalmente pre-reflexivos– para la fundamentación de esa
autonomía y el reclamo político subsecuente.

Provincias viejas y nuevas


Este tema de las identidades provinciales nos lleva a otro no menos interesante y
novedoso: el de la comparación entre ámbitos de sociabilidad y constitución de es-
pacios y formaciones intelectuales en provincias viejas y nuevas. En este sentido, lo
primero que aparece a la vista es la existencia en las provincias “viejas” de una elite
de notables en el sentido más propio de la palabra8 y también los diversos recursos que
despliegan las provincias “nuevas” donde una porción importante de las elites están
en proceso de constitución a partir de comerciantes y nuevos propietarios de tierras
recién llegados al territorio. En estos casos, el estado, cuyo papel ya Dalmaroni (2006)
nos había enseñado a ver para la conformación de las élites culturales que se concen-
traron en la capital a fines del siglo XIX, cumplió hasta mediados del siglo XX un rol
muy similar, pero diferenciable en su modalidad, a causa del conjunto de relaciones
en que en cada caso se insertan los procesos. En las provincias “viejas”, como nos
muestran los ejemplos de Córdoba o Tucumán, las redes de sociabilidad intelectual
habían sido constituidas desde fines del siglo XIX sobre todo por notables que finan-
ciaban sus actividades de su peculio o mediante apoyos puntuales de los gobiernos
provincial o nacional, en los que tenían influencia por ser quienes eran, contando con
frecuencia con estratégicos lazos de familia que les permitían obtener prestigiosos en-
cargos y financiamientos del estado para realizar sus propios proyectos intelectuales,
resultando finalmente el estado como el gran mecenas de sus carreras. En el caso de

8 Cfr. MARTINEZ, Ana Teresa “Intelectuales de provincia: entre lo local y lo periférico” en Prismas.
Revista de Historia Intelectual, núm.17, Bernal, 2013, pp. 171-172 y LANZILLOTTA, María de los
Ángeles, nota 44 de este libro.
Prólogo
21

los territorios, a partir de los años 30, el estado nacional y sus implantaciones locales
tienen ya una densidad mayor y el fomento de la cultura es concebido como una de
sus tareas más o menos naturales en el conjunto de las provincias, que cuentan desde
los años 40 con secretarías u otras entidades a tal efecto, pero donde además el Mi-
nisterio de Justicia e Instrucción Pública –luego Ministerio de Educación– es el gran
financiador a través de la provisión de maestros, inspectores y otros funcionarios del
sistema educativo. Esta diferencia nos pone durante esas décadas, en estos territorios
recientemente organizados por la estatalidad, frente a otros tipos de intelectuales que,
a condición de no entenderlos como tipología realista, sino teniendo en cuenta la
diversidad de puntos de vista clasificatorios que ponemos en juego,9 enriquecen y
complejizan una fenomenología de “intelectuales de provincia”. Esto supone estar
atentos a los procesos de refracción del discurso entre espacios sociales de pertenen-
cia, a los “malentendidos” surgidos de desplazamientos de encuadres, porque ni Ripa
ni Wapnir, ni Canuhé ni Feldman Josín son comprensibles sin estos deslizamientos
entre pertenencias cotidianas, socializaciones específicas y los desplazamientos tar-
díos, ocasionales o disruptivos en términos de encuadre de su producción intelectual.
La formación de maestros, originarios generalmente de familias de obreros o
comerciantes, ajenas al mundo intelectual, socializados como reproductores, con su
dosis de veneración y temor reverencial por la cultura, con su preocupación pedagógi-
ca y su habitus paciente y repetitivo, los acostumbra al ritual de la efemérides, y hace
que tiendan a atreverse a la escritura más tardíamente, como en el caso de Julián Ripa,
y a poner en juego más lugares comunes, de intencionalidad propagandística, gene-
ralmente atravesados en la época por la convicción de su misión civilizadora. Una
pléyade de maestros rurales en distintos espacios de Argentina nos dan su percepción
–a veces las únicas que tenemos para la época, con frecuencia mediadas por el recuer-
do de décadas atrás– sobre las poblaciones originarias y mestizas: Ripa, Washington
Ábalos, Andrónico Gil Rojas. Como nos muestra Fiorucci aquí para el caso de Ripa
(el abogado que se parece tan poco a los hijos de notables que llegaron a la profesión
“naturalmente”, y que como abogado sigue siendo maestro), son los diversos encua-
dres, que se suceden en su trayectoria y cristalizan en el momento de la escritura, los
que operan como performadores de una palabra sobre un “otro” que oscila entre la
piedad, el paternalismo y la inevitable condena por su inadecuación a la expectativa
civilizatoria.
Otro tipo, en general más libre en sus tomas de posición, es el periodista, que
vive o no de este oficio, como un intermediario, difusor y polemista, que se mueve en-
tre las cuestiones de la cultura y las de la política. Feldman Josín ofrece en este sentido
un caso fascinante de maestro, político y periodista, que alerta frente a las tipologías
realistas y pone en evidencia matices y ambigüedades, tanto en su figura como en sus
prácticas. Por otra parte, la notable profusión de la prensa en estos territorios nuevos

9 MARTINEZ, Ana Teresa “Intelectuales de provincia...”, cit, p. 173.


22 Redes intelectuales, itinerarios e identidades regionales en Argentina

contrasta también con los espacios periodísticos más concentrados y hegemónicos de


las provincias viejas, tendencialmente más unificados en torno a las elites de notables.
En este punto, tal vez la figura de las elites territorianas responda más a la idea de una
“dirigencia” que a la de una élite propiamente dicha.
Finalmente, vemos aparecer en los territorios provinciales, transidos en su eta-
pa naciente por la necesidad de autodefinirse para alcanzar su autonomía política, a
los funcionarios del estado, políticos a veces procedentes de provincias viejas, con
frecuencia recién llegados a los territorios para ejercer sus funciones, mandados por
la nación –no elegidos por sus poblaciones– pero debiendo hacer suya la causa de la
provincialización, que paradójicamente los desplazaría de sus funciones. Desde sus
diversas disposiciones y experiencias, unos y otros hacen causa común en el proceso
de consecución de autonomía política, y para eso necesitan darse y dar a la provincia
un discurso sobre sí misma. Varios capítulos de este libro nos muestran perfiles y con-
figuraciones análogas en este sentido, tanto en Pampa como en Patagonia.

De centros y periferias
A riesgo de repetir fundamentaciones y críticas ya muy remanidas, y también de auto-
repetirme, me parece importante recordar también que no ha dejado de ser útil la
perspectiva de análisis que señala centros y periferias en las redes y circulaciones que
analiza. Si la estrategia ha parecido a veces fácilmente desechable es porque preci-
samente no ha sido analizada lo suficiente su posibilidad más interesante: el carácter
relacional de la noción y lo que éste aporta a la comprensión de la densidad propia
que también se desarrolla en las periferias. Como lo vio con claridad la llamada “es-
cuela de Nueva York”10 detrás de los estudios de redes clásicos, con sus sofistica-
ciones matemáticas, y las posibilidades y límites que presentaban, se desarrollaba
una posibilidad que también Bourdieu había visto mucho antes en el estructuralismo
de Lévi-Strauss: la de producir instrumentos de análisis para salir del esencialismo
sustancialista11 que acecha siempre a las ciencias sociales, obligadas a hablar con la
mediación no formalizable del lenguaje natural. El desliz “del sustantivo a la sustan-
cia” es siempre una posibilidad que nos lleva a tratar lugares, personas, instituciones,
como “cosas”, no en el sentido durkheimiano de la exterioridad metodológica, sino en
el del sentido común, de la cosa como entidad sólida y autónoma, de límites definibles
y definible ella misma por rasgos característicos. Así suelen funcionar las naciones,
las provincias y las regiones, pero también los grupos y las instituciones culturales
en algunos de nuestros análisis. Evidentemente, como adelantan las compiladoras de

10 EMIRBAYER, Mustafa “Manifest for a Relational Sociology” en The American Journal of Sociology,
Vol. 103, núm.2, 1997; MISCHE, Ann “Relational Sociology, Culture and Agency” en SCOTT, John
and CARRINGTON, Peter Sage Handbook of Social Network Analysis, Sage, London-Thousand
Oaks, Calif., 2011.
11 BOURDIEU, Pierre Structuralism and Theory of Sociological Knowledge. Social Research. XXXV,
1968, pp. 680-706.
Prólogo
23

este libro en las Palabras preliminares, distinguiendo usos “fuertes” y “metafóricos”,


lo que los estudios matemáticos de redes, con sus formulaciones de modelos abstrac-
tos puede ofrecernos, no es idéntico a los análisis artesanales de tipo indiciario, que
siguen pistas para reconstruir vínculos no siempre exhaustivos entre intelectuales y
entre instituciones. La reconstrucción de las densidades y configuraciones de vínculos
es en este caso más lenta y, sobre todo, más fragmentaria y falible, porque como Salo-
món Tarquini y Lanzillotta también señalan, nuestras fuentes suelen ser escasas y los
archivos dispersos. Pero al mismo tiempo, este tipo de aproximación tiene la fortaleza
que proviene del trabajo cualitativo, de poder calibrar la constancia y el carácter de
cada uno de los vínculos, que tienden a quedar invisibles en las exploraciones cuanti-
tativas sincrónicas, al menos hasta el momento de su interpretación en lenguaje natu-
ral, y allí su posibilidad depende de la “triangulación” cualitativa y de una cuidadosa
vigilancia en la interpretación.
Por otra parte, nos interesa señalar que la reconstrucción “artesanal” de redes
–complementada o no con estudios cuantitativos– permite percibir no sólo las circula-
ciones, los flujos centrales y transversales, oblicuos o superpuestos, sino que al mismo
tiempo permite visualizar los lazos efectivos –y sus modalidades– de dependencia y
subordinación que constituyen las relaciones de desigualdad en términos de poder
consagratorio y legitimador, entre centros y periferias. La mirada relacional supone
prestar atención por igual y a la vez a los márgenes y a los centros –porque no hay uno
sin el otro–; a la historicidad y por lo tanto al carácter construido y no permanente de
las configuraciones de relaciones; a los procesos que sostienen o modifican esa moda-
lidad en un momento dado; al carácter productivo de lo que ocurre en cada espacio,
central o periférico en el momento y bajo el aspecto considerado; al conjunto de rela-
ciones que, constituyendo su historia y su presente, dan carácter a esa productividad,
en su condición de locus de dinámicas propias en condición periférica.
Tal vez sea útil, en este sentido, incorporar al pensar la “escala” como articula-
ción de espacio y tiempo, la idea que el espacio que estamos analizando no es sólo
un espacio físico, ni siquiera un espacio geográfico ni un paisaje, sino un espacio so-
cial, es decir, un espacio humano cualitativo, de indefinidas –no infinitas– diferencias,
donde las posiciones no están libradas al azar sino que se organizan según configura-
ciones valorativas más o menos jerarquizadas (hay agentes-individuos, instituciones,
grupos– consagrados, consagradores, ignorados...). Así, cuando desesencializamos
las capitales, los pueblos y las regiones, la atención a centros y periferias se vuelve
particularmente fecunda para visibilizar estas dinámicas.
Ni los centros son nunca sólo eso, ni lo que en algún respecto resulta una peri-
feria acaba achatada en su originalidad y productividad propia al ser analizada como
tal. Mas bien el análisis en estos términos permite reconstruir una especie de “geopo-
lítica” y “geoepistemología”, con sus relieves, sus mares y sus montañas, sus caminos
y sus selvas. Por eso, no perder de vista estas configuraciones se vuelve particular-
mente interesante para nuestros casos, que implican provincias y áreas de producción
24 Redes intelectuales, itinerarios e identidades regionales en Argentina

cultural extra-capitalinas. Una vez más: ni la capital ni las provincias son explicables
por separado.
La acumulación que se produce en los centros tiene algo de despojo en un doble
sentido: en cuanto absorbe recursos de otros espacios (la migración de escritores,
intelectuales y artistas, con su historia y su deseo) y en cuanto subordina al tender a
imponer principios de clasificación legítimos –“teoría es lo que hace el centro”, sen-
tencia Raewyn Connell.12 Decir que en la cultura, como en el conjunto del proceso de
acumulación, librado a su propia lógica “el capital va al capital”, no es una “denun-
cia”, sino sólo el intento de descripción de una tendencia relevante para comprender
los modos de circulación. De todos modos, tal vez la contrapregunta –que nos libera
de la regla para habilitar la interrogación heurística– sea si alguna vez, en el campo de
la cultura, la acumulación queda “librada a su propia lógica”, incluso en el caso de las
industrias culturales. Porque esta articulación, por otra parte, es productiva tanto en el
centro como en la periferia. Said lo mostró al poner en evidencia la productividad del
orientalismo. La productividad cultural no está sólo en el centro, y la de la periferia
está hecha de su historia particular, de su negociación y de sus resistencias a los cen-
tros, así como del particular modo en que los significados de todos los otros espacios
con que se vincula, se desplazan y reconstruyen.
En nuestro caso, es claro cuando analizamos la diversidad de periferias. Diver-
sidad porque hay tensiones en la producción de centros diferentes, pero también si
tenemos en cuenta el centro hegemónico del último siglo en el espacio argentino:
Buenos Aires. Como decíamos párrafos antes, las provincias –y aquí conviene cam-
biar de escala– las regiones o áreas culturales transversales que podríamos marcar
en Argentina –y que en buena medida aún están por estudiar–, nos permiten en una
primera aproximación, diferenciar otra vez a las viejas provincias del NOA y el Cen-
tro respecto de las áreas más jóvenes en su occidentalización, como parte del NEA,
Pampa y Patagonia, tierras de pueblos originarios no integrados ni al virreinato ni a la
nación hasta fines del siglo XIX. Como vimos, la construcción del estado, el desarro-
llo y papel cultural de sus dirigencias, nos remite en estos casos a procesos recientes,
correlativos a la implantación de un estado dotado de capacidades y misiones propias
de los dos últimos tercios del siglo XX. Continuar analizando estas diversidades tem-
porales y poniéndolas en relación puede ser una tarea clave de los próximos años.
Otro aspecto interesante cuando hablamos de centros y periferias es tener en
cuenta lo que aporta a la reflexión sobre las vanguardias, como se ve tan bien en el
texto de Carolina Romano. Si las vanguardias se proponen desde las metrópolis “con
un lenguaje universal” es porque los centros tienden a ser metonímicos, a tomarse por
el todo, pero también porque aspiran desde allí a la comunicabilidad absoluta a la que
aspira la idea misma de humanidad desde la ilustración. Pero al mismo tiempo, como

12 Cfr. CONNELL, Raewyn. Southern Theory. The global dynamics of knowledge in social science,
Polity Press, Cambridge-Malden, MA, 2007.
Prólogo
25

Romano deja ver, las vanguardias son reapropiadas, matizadas y resignificadas en las
periferias. La idea misma de vanguardia supone un carácter relacional que la vincula
a esta estructura jerarquizada. La metáfora bélica de la vanguardia supone una reta-
guardia que la sigue y un oponente al que debe enfrentarse porque le cierra el paso,
es decir, zonas de influencia donde sus ideas y productos culturales deberían circular
y ganar adeptos, así como lugares específicos donde se da la verdadera batalla, que
define su posibilidad. Tal vez por eso los momentos de “irrupción” de una vanguardia
capitalina en un espacio periférico puedan convertirse en un “acontecimiento”, un
momento denso de particular riqueza para observar las dinámicas de intercambio y
circulación, con su productividad propia.
Por último, los análisis de redes en estos términos, especialmente si mantenemos
la sensibilidad hacia las jerarquías que las configuran, no son de ningún modo incom-
patibles, aunque no sean necesariamente convergentes con los análisis en términos
de campo en el sentido bourdiano. Estudiar un campo intelectual es analizar un tipo
particular de configuración de red, donde el juego de relaciones que constituye el es-
pacio social se ha complejizado lo suficiente como para diferenciar capitales, cosas en
juego, reglas, complicidades, jerarquías, tipos de agentes específicos del juego serio
de la producción cultural. La conceptualización se vincula claramente a la idea de
división del trabajo social durkheimiana y a la de diferenciación de esferas de valor
de Weber, aunque no se identifica con ellas. Tal vez lo que más las vincule sea su par-
ticular pertinencia para sociedades modeladas por el capitalismo moderno, o al menos
analizadas en esos términos. Dicho esto, la organización de un espacio social nacional
en proceso de modernización cultural, donde desde fines del siglo XIX o inicios del
XX es posible diferenciar un campo intelectual con un centro de producción y consa-
gración en la capital del país, que absorbe recursos y también propone reglas, abre la
pregunta sobre la definición de los límites de ese campo. Bourdieu solía responderla
así: hasta donde haya efectos de campo. En este análisis de centros y circulaciones
del que venimos hablando, ¿cuál sería la pertinencia y la utilidad de ponderar estos
efectos de Tucumán a la Patagonia? ¿Y en qué consistirían, dadas las refracciones
múltiples y los embrionarios campos locales con sus propios nomos y collusiones,
que también formarían parte de un espacio intelectual nacional? ¿En qué medida los
análisis de campo se suponen sincrónicos o pueden introducir –como hace Bourdieu
en Las reglas del arte– dimensiones diacrónicas, y en el caso que nos ocupa, éstas
contribuirían a ponderar espesores diferentes en un mismo corte temporal, en la me-
dida que los efectos de campo están cargados del retardo propio de las disposiciones
que generan y la pervivencia de efectos de los productos culturales que circulan en
tiempos diversos? Espacios culturales complejos como los que podrían resultar de
nuestros análisis de centros, periferias y circulaciones en sentidos diversos, con sus si-
multaneidades multi-temporales, tal vez podrían también beneficiarse de un uso libre
aunque coherente de estas conceptualizaciones de origen bourdiano.
26 Redes intelectuales, itinerarios e identidades regionales en Argentina

Sociabilidades, redes, espacios periféricos


Como también las compiladoras marcan en las Palabras preliminares del libro, estos
estudios de los espacios no capitalinos, se vienen beneficiando en los trabajos que
mencionamos antes y especialmente en este libro, de la aplicación del zoom, produ-
ciendo enfoques microanalíticos que permiten ver las relaciones interpersonales, los
espacios de sociabilidad y sus dinámicas.
Como la “microhistoria”, los estudios de sociabilidad, tanto en la historiografía
como en la sociología se proponen recuperar aspectos invisibles para los análisis que
sólo prestaban atención a las grandes regularidades, a las repeticiones que parecían
las únicas que podían permitir cernir lo “propiamente social”. Fue esa la preocupación
de Agulhon13 y la que siguió inspirando algunos trabajos de sociólogos de la cultura14
inquietos por recuperar experiencias subjetivas y miradas de actores.
Como decíamos antes, la indagación de las redes en este sentido metafórico y
artesanal, es apto para visibilizar, aunque sea en forma fragmentaria, los espacios de
circulación vistos desde los vínculos, las trayectorias individuales, ciertos momentos
“reveladores” –como el modo en que en la Fiesta Provincial del Cordero se inicia un
proceso que conduce al Centro de Escritores Patagónicos– o el conjunto de institu-
ciones, amistades, comunicaciones, que se encadenan y solapan en una trayectoria
específica, como la de German Canuhé (los itinerarios, las trayectorias, esos modos
sociológicamente armados de “seguir el nombre” –lo más irrepetible– para indagar el
entramado en el que se va enredando). Es en una lectura que advierta estos cruces me-
todológicos mientras decodifica los textos, que se percibe que vamos de la biografía
al itinerario, a la trayectoria y de la anécdota al acontecimiento revelador.15 ¿Cómo
pensar así los análisis de espacios de sociabilidad que componen los capítulos de este
libro y de los otros a los que nos referimos?
En primer lugar, el uso de la idea de sociabilidad es en estos textos amplio, pero
generalmente utilizado como categoría analítica y no como noción de sentido común,
tan general y multi-aplicable que dejaría de aportar al análisis. Tampoco se confunde
con la categoría de actor, en tanto particular manera de entender las relaciones sociales
cara a cara respecto de los procesos civilizatorios.16 Dicho esto, siempre cabe pregun-
tarse en qué medida la integración o creación de espacios de este tipo por parte de
escritores aficionados, periodistas o maestros, no implicaba para ellos un pasaje que
los alejaba de la barbarie y el salvajismo que estigmatiza(ba?) a las provincias y terri-
torios nacionales; sin olvidar que el estigma es una marca que porta el estigmatizado,

13 AGULHON, Maurice El Círculo burgués. La sociabilidad en Francia, 1810-1848, Siglo XXI, Buenos
Aires, 2009 [1977].
14 Cfr. por ej. BENZECRY, Claudio “Apuntes hacia una comprensión de la sociabilidad en las
presentaciones de libros” en Apuntes de Investigación del CECYP, Año III, núm. 4, Buenos Aires,
1999, pp. 57-83.
15 JAY, Martín "La explicación…", cit.
16 Cfr. GONZALEZ BERNALDO, Pilar “La sociabilidad y la historia política” en Nuevo Mundo. Mundos
Nuevos [en línea] https://nuevomundo.revues.org/24082 [consulta: 11 de noviembre de 2015].
Prólogo
27

no sólo a los ojos del estigmatizador, sino a los suyos propios. Esta línea de indaga-
ción tal vez sería otra a prolongar desde esta perspectiva.
De todos modos, la idea de sociabilidad, incluso remitiendo al trabajo de Norbert
Elias, conserva lo mejor de éste: su convicción de que lo social es relacional, y al
mismo tiempo su particular estrategia de buscar en la descripción de configuracio-
nes específicas –como fue la corte de Luis XIV– las claves interpretativas de formas
sociales y procesos históricos. Detrás de esta elección metodológica hay apuestas
teóricas, como varias veces se ha mostrado.17
Ya desde Simmel la sociabilidad apuntaba a matizar su idea bastante monádica
de individuo, y en Elias –más allá de la sospecha de evolucionismo que pesa sobre su
idea de proceso civilizatorio– lo importante es que las relaciones entre los individuos
son reales, que no hay homo clausus, y que los ámbitos de sociabilidad entonces no
pueden ser pensados sino como configuraciones o formaciones más o menos estables
cuya organización dice algo sobre la sociedad en que se inserta.18 Y entonces vol-
vemos sobre la pregunta: los ámbitos de sociabilidad que se describen en este libro,
lugares de producción, intercambio y reproducción cultural, como las redacciones de
diarios, asociaciones de escritores, grupos informales que editan revistas culturales,
¿qué significaban para sus protagonistas, y qué nos dicen sobre las sociedades en que
surgían?
Si los espacios de sociabilidad suponen relaciones activas e interconocimiento
–a diferencia de las redes, que pueden simplemente hablar de contactos formales o de
los campos, que se construyen en el nivel de relaciones que pueden ser perfectamente
ignoradas por los sujetos– entonces, la reconstrucción de redes de relaciones interper-
sonales y de los espacios de sociabilidad, como dicen Lanzillotta y Salomón Tarquini,
se conectan aquí con la exhaustividad de la microhistoria para que la recuperación de
este mundo cultural extra-capitalino, pueda moverse entre contextos e ir más allá de
la agregación de espacios clausurados, regionales o provinciales, sin perder por eso su
densidad propia y significativa.

Como decía nuestro primer epígrafe, “no hay razón para suponer que el mapa
de contextos relevantes se verá como una matrioska rusa en la cual uno se sitúe có-
modamente en el interior del otro”. Quijano y Wallerstein19 nos enseñaron a ver que
en los procesos de acumulación de capital la modernidad no era sólo lo que estaba en

17 Cfr. CHARTIER, Roger “Formación social y economía psiquica” en El mundo como representación,
Gedisa, Barcelona, 1996; GONZALEZ BERNALDO, Pilar “La sociabilidad...”, cit.,. entre otros.
18 ELIAS, Norbert Qu’est-ce que la sociologie? Ed de L’Aube, Paris, 1991 [1970]
19 Cfr. entre otros QUIJANO, Aníbal “Colonialidad del poder, eurocentrismo y América :Latina” en
LANDER, Edgardo (ed.) La colonialidad del saber, eurocentrismo y ciencias sociales, UNESCO-
CLACSO, Caracas, 2000, pp. 201-246; WALLERSTEIN, I. “El itinerario del análisis de los sistemas-
mundo o cómo resistirse a la construcción de una teoría” en WALLERSTEIN, I. Las incertidumbres
del saber, Gedisa, 2005 [2004] pp. 75-93; WALLERSTEIN, I. El capitalismo histórico, Siglo XXI,
Madrid, 2014 [1988], entre otros.
28 Redes intelectuales, itinerarios e identidades regionales en Argentina

el centro, ni siquiera su paradigma en el sentido de una especie de sumo analogado


medieval. Por eso desconfiaron también de la idea –sospechosamente multiculturalis-
ta– de “modernidades múltiples” sin más. También son parte del sistema de la moder-
nidad capitalista el trabajo esclavo, servil y otras modalidades no asalariadas como la
reciprocidad, en la medida en que están articuladas en los márgenes, en las periferias,
como funcionales y necesarias al sostenimiento del conjunto. Aunque haya que levan-
tar la guardia frente a una idea de articulación del poder demasiado simplificadora20 y
ser prudentes frente a transposiciones fuertes de estas ideas al campo de la sociología
de la cultura, también puede ser interesante utilizarlas como herramientas heurísticas
para introducir matices y hacernos preguntas. Si hay un tema que vemos aparecer
reiteradamente en estos trabajos es precisamente el policéfalo de la civilización y
la barbarie. Los aportes que los estudios sobre estos mundos culturales del interior/
provincias/regiones/periferias/espacios extracéntricos de Argentina harán a nuestra
comprensión de su historia y su presente, se verá sobre la marcha, si trabajamos por
no perder la complejidad del conjunto.

20 CASTRO GOMEZ, Santiago “Michel Foucault y la colonialidad del poder”, en Tabula Rasa, núm. 6,
Bogotá, enero-junio 2007, pp. 153-172.
PRIMERA PARTE

Espacios de sociabilidad y redes intelectuales


en la primera mitad del siglo XX
Tucumán industrial y moderno
Un discurso “oficial” acerca de la provincia a
comienzos del siglo XX

Soledad Martínez Zuccardi

U
n artículo publicado en septiembre de 1912 en la revista porteña Fray Mocho
consignaba con cierta nostalgia el paso de un Tucumán colonial a un Tucu-
mán “industrial y abigarrado”:
“El viejo Tucumán de la leyenda y de la vida apacible, hace largo
tiempo que ha cedido su puesto a otro Tucumán industrial y abiga-
rrado. La mecánica y el cosmopolitismo se han encargado de dar el
último golpe a los pocos restos coloniales que hasta hace dos déca-
das prolongaban recuerdos seculares. La vieja carreta arrastrada por
bueyes o por mulas obedientes a las voces sonoras del indígena, ha
sido sustituida por el tranvía eléctrico con su ruidosa campana y su
cable amenazante. […]

La arquitectura de tejas rojas cocidas, de las puertas anchas y hospi-


talarias y de las rejas salientes, se va esfumando y va siendo humi-
llada por el esqueleto mecánico de Norte América. Ya le queda muy
poco de florido y de aquel carácter de selva tropical descripto por los
poetas. Ya no le sienta el nombre de San Miguel de Tucumán, jardín
de la República. Los azahares de los limoneros y de los naranjos, han
caído donde se yerguen los postes industriales de electricidad, y ha
progresado victoriosamente su gran industria azucarera…”1
Dejando de lado el tono nostálgico del fragmento, interesa destacar que en la época
se articula una representación de Tucumán directamente identificada con la actividad
azucarera, actividad percibida además como la responsable de una transformación
radical del rostro de la provincia. En efecto, desde fines del siglo XIX, y amparada
en el proteccionismo estatal, la industria azucarera tucumana experimenta un creci-

1 TENA, Alberto “Gentes de tierra adentro. Figuras intelectuales de Tucumán. Juan B. Terán, Jaimes
Freyre y el presbítero Tula”, Fray Mocho, 13 de septiembre de 1912. Agradezco a Carlos Páez de la
Torre (h) por haberme facilitado una copia de este artículo.
32 Redes intelectuales, itinerarios e identidades regionales en Argentina

miento vertiginoso, que impulsa la rápida y temprana modernización socioeconómica


de la provincia y supone su incorporación al mercado mundial –fenómeno que la
distingue de muchas otras provincias del denominado “interior” de la Argentina–.2 Al
mismo tiempo, Tucumán se moderniza también en el plano cultural, en buena medida
a partir de la acción de un grupo –muy ligado a la elite azucarera– que en el marco
de la historiografía local ha sido denominado como “generación del Centenario” o
“generación de la Universidad” y que se propuso convertir a la provincia en el centro
de la región del Noroeste argentino y en un importante polo económico y cultural a
nivel nacional.3
Entre los integrantes de este grupo puede mencionarse a Juan B. Terán (1880-
1938, fundador de la Universidad de Tucumán), Ernesto Padilla (1873-1951, goberna-
dor de Tucumán en 1916 y último mandatario conservador de la provincia), el filósofo
Alberto Rougés (1880-1945), el naturalista Miguel Lillo (1862-1931), los abogados
José Ignacio Aráoz (1875-1941) y Julio López Mañán (1878-1922), el poeta moder-
nista boliviano Ricardo Jaimes Freyre (1868-1933). Ellos revelan una hasta entonces
inédita inclinación por la labor cultural y se abocan, entre otras tareas, a la creación de
publicaciones (como la significativa Revista de Letras y Ciencias Sociales, que apare-
ció regularmente entre julio de 1904 y diciembre de 1907),4 a la conducción de insti-
tuciones ya existentes como la Sociedad Sarmiento (principal asociación científica y
literaria de la época, que había sido fundada en 1882),5 y a la gestación de una nueva
institución: la Universidad de Tucumán, proyectada en 1909 e inaugurada en 1914.

2 Sobre la industria azucarera tucumana, pueden verse, entre otros, los siguientes trabajos: GUY, Donna
J., Política azucarera argentina: Tucumán y la generación del 80, Fundación Banco Comercial
del Norte, Tucumán, 1981; HEALEY, Mark Alan, “El interior en disputa: proyectos de desarrollo
y movimientos de protesta en las regiones extrapampeanas”, en JAMES, Daniel -ed.-, Violencia,
proscripción y autoritarismo (1955-1976), Nueva Historia Argentina, vol. 9, Sudamericana, Buenos
Aires, 2003; BRAVO, María Celia, Campesinos, azúcar y política: cañeros, acción corporativa y
vida política en Tucumán (1895-1930), Prohistoria, Rosario, 2008; BRAVO, María Celia y CAMPI,
Daniel, “Aproximación a la historia de Tucumán en el siglo XX. Una propuesta de interpretación”,
en ORQUERA, Fabiola -ed.-, Ese ardiente jardín de la república. Formación y desarticulación de un
“campo” cultural: Tucumán, 1880-1975, Alción, Córdoba, 2010.
3 Esta “generación” es estudiada como tal en PERILLI DE COLOMBRES GARMENDIA, Elena y
ROMERO, Elba Estela Un proyecto geopolítico para el Noroeste argentino. Los intelectuales del
“Centenario” en Tucumán, Centro Cultural Alberto Rougés, Fundación Miguel Lillo, Tucumán, 2012.
Por su parte, en su historia general de la provincia, Carlos Páez de la Torre (h) se refiere prácticamente
al mismo conjunto de figuras con el nombre “generación de la Universidad”. Cfr. PÁEZ DE LA
TORRE, Carlos (h). Historia de Tucumán, Plus Ultra, Buenos Aires, 1987.
4 Para un estudio específico de esta revista y del grupo realizador, puede consultarse MARTÍNEZ
ZUCCARDI, Soledad Entre la provincia y el continente. Modernismo y modernización en la Revista de
Letras y Ciencias Sociales (Tucumán, 1904-1907), IIELA, Facultad de Filosofía y Letras, Universidad
Nacional de Tucumán, Tucumán, 2005.
5 Sobre esta institución puede verse el libro reciente de VIGNOLI, Marcela Sociabilidad y cultura
política. La Sociedad Sarmiento de Tucumán, Prohistoria, Rosario, 2015.
Tucumán industrial y moderno 33

Dicha labor cultural es, quizás –y más allá de los lazos de parentesco y de amis-
tad que vinculan entre sí a una parte de sus miembros, o de los intereses económicos
y políticos compartidos por algunos de ellos– el punto de cohesión más fuerte de este
grupo, rasgo que, entiendo, permite a su vez reconocerlo como tal.6 Se trata de un
elenco de figuras que puede ser pensado como un “grupo social”, según entiende esta
noción François-Xavier Guerra, esto es, como un conjunto estructurado de individuos,
factible de ser captado como grupo por la acción que despliega en un momento y en
un lugar determinados. Como advierte Guerra, este concepto no entraña “univocidad
ni automaticidad” y si bien presenta un carácter problemático y paradójico –en tanto
la “unidad elemental de todo análisis social” sería, a su entender, el individuo, y cada
individuo presenta una pluralidad de pertenencias y tiene otras identidades además de
la pertenecía a un grupo dado–, resulta punto de partida obligado de todo estudio, en
la medida en que las acciones individuales movilizan a otros actores según redes de
vínculos preexistentes.7
El presente trabajo se ocupa de dos publicaciones que considero como parte de
la acción cultural de este grupo y que surgen en el marco de los festejos oficiales
del Centenario de la Independencia Nacional en Tucumán: las compilaciones Álbum
del Centenario y Tucumán al través de la historia. El Tucumán de los poetas. La
realización de ambos volúmenes, aparecidos en 1916, es gestionada por la Comisión
Provincial del Primer Centenario de la Independencia Argentina, constituida en 1915
por el entonces gobernador Ernesto Padilla –ya mencionado como integrante de di-
cho grupo– con el objeto de organizar la celebración de la fiesta patria y colaborar al
respecto con el gobierno nacional. Uno de los encargados de “concursos y celebra-
ciones intelectuales” en el seno de la comisión es, según consta en el ya mencionado
Álbum…, Juan B. Terán, figura central del grupo del Centenario. El análisis que sigue
explora las representaciones de la provincia ofrecidas por estas publicaciones y pro-
pone pensarlas como parte de un discurso “oficial” sobre Tucumán. Un discurso que,
pese a la fuerza que tal carácter oficial le confiere, debe convivir, no obstante, con
otras visiones, como se verá más adelante.

1. El Álbum del Centenario


Así como la “febril competencia por levantar estatuas y monumentos, por colocar
placas conmemorativas y piedras basales de edificios públicos”, la publicación de
ediciones lujosas constituyó, de acuerdo con Elena Perilli de Colombres Garmendia,

6 Me he detenido en el análisis de este grupo desde el punto de vista de su labor intelectual y cultural
en el primer capítulo de MARTÍNEZ ZUCCARDI, Soledad En busca de un campo cultural propio.
Literatura, vida intelectual y revistas culturales en Tucumán (1904-1944), Corregidor, Buenos Aires,
2012; así como en Entre la provincia y el continente, cit.
7 GUERRA, François-Xavier “El análisis de los grupos sociales: balance historiográfico y debate
crítico”, Anuario del IEHS, núm. 15, Tandil, 2000, pp. 117-122.
34 Redes intelectuales, itinerarios e identidades regionales en Argentina

una práctica frecuente en la Argentina del Centenario.8 Entre 1910 y 1916 se publican,
sobre todo en Buenos Aires pero también en Tucumán, numerosos álbumes, de gran
tamaño y cuidada encuadernación, que, para la autora, buscaban dar cuenta de la pu-
janza y opulencia que vivía entonces el país.9
El Álbum General de la Provincia de Tucumán en el Primer Centenario de la
Independencia argentina –tal su título completo, aunque suele designárselo como Ál-
bum del Centenario– es un grueso volumen de más de 400 páginas y gran formato
(38 por 25 centímetros), impecablemente impreso en papel ilustración, con lomos de
cuero, y plagado de ilustraciones y fotografías, varias de ellas a todo color.10 En las pá-
ginas iniciales se consigna que se trata de una “Publicación aprobada por la Comisión
oficial del Centenario”, a la que me he referido antes, y se menciona como encargado
de la recopilación al pintor Domingo Villarrubia Norry. La elección de un pintor para
la tarea se vincula quizás con la relevancia concedida al aspecto gráfico del volumen.
Editado por la casa Rodríguez Giles de Buenos Aires, la llegada de los ejempla-
res a Tucumán parece haber sido un acontecimiento muy esperado, como se deduce
de la consulta de las ediciones de 1916 de El Orden, principal diario local en la época.
Durante los primeros meses de ese año aparece prácticamente todos los días un recua-
dro en cuerpo de letra destacado que anuncia que el Álbum del Centenario “aparecerá
el 1º de julio”. En la edición del 1º de agosto se indica ya, también mediante un recua-
dro, que “se ha comenzado a repartir entre los suscriptores la magnífica edición del
Álbum del Centenario”, y se ensayan a continuación grandes elogios de la obra. Poco
después, el 17 de agosto se anuncia que se agotaron los ejemplares del Álbum traídos
para la venta a Tucumán.
El contenido del volumen da cuenta de un claro afán abarcador, de un intento por
cubrir los más variados aspectos de la vida local. Así, pueden leerse en el Álbum textos
referidos a la historia de la provincia (con especial referencia al congreso de 1816),
a su administración, su geografía, sus escuelas y hospitales, sus ingenios azucareros,
congregaciones religiosas, cuarteles militares, bancos, líneas ferroviarias, también
textos referidos a la Universidad, a la prensa tucumana, a clubes sociales como “El
Círculo”, a la Sociedad de Beneficencia. Hay además reseñas biográficas de los su-
cesivos gobernadores, mapas de la provincia y planos de la ciudad, reproducciones
de diversos paisajes, fotografías de las “señoritas de sociedad” y de los principales
edificios de la capital. Todo ello se sucede sin un criterio evidente de ordenación en un
volumen que además no presenta índice y cuyas páginas no están numeradas.

8 PERILLI DE COLOMBRES GARMENDIA, Elena “Una extendida moda editorial: los álbumes”,
La cultura en Tucumán y en el Noroeste Argentino en la primera mitad del siglo XX, Centro Cultural
Alberto Rougés, Fundación Miguel Lillo, Tucumán, 1997, p. 84.
9 PERILLI DE COLMBRES GARMENDIA, Elena “Una extendida…”, cit., pp. 84-85.
10 El volumen parece haber sido poco estudiado como publicación en sí, más allá de breves referencias y
alusiones. En PERILLI DE COLOMBRES GARMENDIA, Elena “Una extendida…”, cit., se le dedica
un par de páginas que describen su aspecto y contenido.
Tucumán industrial y moderno 35

Me interesa detenerme en dos textos del Álbum. El primero de ellos, y sin duda
uno de los más importantes por cuanto inaugura el tomo, se titula “Tucumán” y cons-
tituye una suerte de presentación de la provincia. Está firmado por Francisco Padilla,
entonces subsecretario del Ministerio de Hacienda en el gobierno de Ernesto Padilla.11
En el texto se perfila con fuerza, y desde un comienzo, una imagen de Tucumán iden-
tificada con el azúcar. De hecho, las primeras líneas ya definen a la provincia como
“emporio” de la industria azucarera argentina:
“Al pie del Aconquija y cruzada por el Salí, recibiendo el cálido beso
del sol de los trópicos y la caricia bienhechora del alisio del Sudeste,
se extiende en suave declive hacia el oriente la campiña tucumana,
emporio de la industria azucarera de la República”.12
A continuación se presentan ciertos rasgos, como la alta densidad de población pese a
la estrecha superficie de la provincia, y sus atractivas “condiciones físicas”, que harían
que Tucumán acuse un carácter excepcional y se distinga de otras provincias:
“Tucumán, la provincia argentina más reducida en superficie, es la
más densamente poblada de la Confederación y a este respecto cons-
tituye una excepción a la ley según la cual el incremento de la pobla-
ción sigue las líneas de menor resistencia.

Situada al norte del territorio, separada del litoral por enormes exten-
siones casi desiertas, como lo son los bosques de Santiago y de la mi-
tad septentrional de Santa Fe, estaría hoy como sus vecinas Santiago,
Catamarca y Salta reducida a una población que no llega a dos ha-
bitantes por kilómetro cuadrado, a no mediar las condiciones físicas
que hacen de ella un foco de atracción para hombres y capitales”.13
Dichas condiciones físicas estarían dadas, según continúa desarrollando el texto, por
la variedad de climas y paisajes que condensa la provincia. Tales factores harían de
ella una verdadera “tierra de promisión” para el desarrollo exitoso de diversas activi-
dades:
“Tierra de promisión para quien al servicio de ella ponga sus acti-
vidades, no entregará los tesoros de su fecundidad ni realizará las
promesas con que incita al esfuerzo, sino a cambio de una labor

11 Agradezco a Carlos Páez de la Torre (h) el dato sobre las funciones ejercidas en la época por Francisco
Padilla.
12 Álbum General de la Provincia de Tucumán en el Primer Centenario de la Independencia argentina,
Buenos Aires, Publicación Oficial, 1916. No consigno número de la página de la que el fragmento fue
tomado por cuanto el Álbum, según lo indicado antes, no está foliado. Valga esta aclaración para los
fragmentos que cito a continuación.
13 Álbum…, cit.
36 Redes intelectuales, itinerarios e identidades regionales en Argentina

perseverante e intensa. A esa condición, la realidad excederá a las


promesas y las esperanzas más optimistas se verán superadas por los
resultados”.14
Entre tales actividades se destaca ante todo la vinculada con el cultivo y la industria-
lización del azúcar, en la que se condensarían las esperanzas de los tucumanos: “Hoy
puede decirse que todo el interés de los pobladores se resume en el cultivo de la caña y
de la industria azucarera. Alrededor de las chimeneas se concentra la población y ellas
condensan todas las esperanzas […]” se dice en el texto, y luego se afirma: “Vigorosa
y sana es la industria azucarera de Tucumán”. Se alerta, no obstante, sobre el “gravísi-
mo peligro” del monocultivo y la sobreproducción, y del hecho de que prácticamente
toda la economía provincial dependa de esa actividad:
“Y esta alarma permanente de la industria azucarera repercute en to-
das las esferas de la actividad y constituye la constante preocupación
de todos los habitantes, porque de ella dependen todos los demás
factores de la riqueza pública y privada de la Provincia. Los inge-
nios absorben todos los recursos y de los ingenios surge la fuente
de riqueza que dividida en multitud de raudales da vida al comercio,
forma la renta pública, mueve la propiedad territorial y constituye la
sabia [sic] que nutre y da vida a todo el organismo social”.15
Se alienta, por lo tanto, a desarrollar otros cultivos. Incluso se indica que el propio go-
bernador aconseja abrir otros campos de actividad, aunque él mismo es propietario de
uno de los ingenios más importantes de la provincia, como reconoce el propio texto.
Además del protagonismo concedido al azúcar en esta presentación que encabe-
za el volumen, el Álbum del Centenario contiene un texto dedicado exclusivamente
a la materia, titulado “La gran industria azucarera”. El texto, que no lleva firma, está
acompañado por una fotografía, en colores y de gran tamaño, de un cañaveral en flor.
Se propone allí a la industria azucarera tucumana como un factor “principalísimo” de
prosperidad y prestigio para el país. Sería no sólo una industria regional sino “una de
las grandes industrias argentinas” que tiene su centro en Tucumán:
“El estudio del desarrollo de las industrias nacionales, que han con-
quistado para la república el concepto de país y (sic) próspero, revela
la gran importancia de la industria azucarera, que figura como factor
principalísimo en esa consagración.

Iniciada en Tucumán, donde ha monopolizado, por decirlo así, la


actividad agrícola de la provincia, ocupando las cuatro quintas partes

14 Álbum…, cit.
15 Álbum…, cit.
Tucumán industrial y moderno 37

del área roturada, en una amplitud de cultivo que ha acarreado para


la provincia un definitivo contraste entre el estado actual de su aspec-
to físico y la frase aquella de Sarmiento, que consagraría Tucumán
por la expresión vejetal (sic) de su topografía, “Jardín de la Repú-
blica”, ha alcanzado aquí su mayor desarrollo, figurando también en
Jujuy, el Chaco, Salta, Santiago del Estero, Santa Fe, Corrientes y
Formosa, demostrando así que no es sólo un emporio regional sino
una de las grandes industrias argentinas que concurren a cimentar el
prestigio económico de la nación”.16
Se alude aquí, al igual que en el fragmento de la revista Fray Mocho citado al co-
mienzo de este trabajo, a la transformación operada por los efectos de la industria en
el rostro de la provincia, que dejaría por ello de ser el “Jardín de la República” –mote
que, por otra parte, se atribuye, erróneamente, a Sarmiento–.17 Esta apreciación tal vez
no debe entenderse como un reniego de la exuberancia y prodigalidad de la naturaleza
tucumana en la que se funda la analogía con la idea de jardín, sino más bien como
parte del afán de mostrar que la provincia no es ya tan sólo naturaleza, sino también
un importante polo industrial. Se enfatiza así en el cambio y en la transformación.
Más adelante se afirma que la actividad azucarera “ha industrializado la vida” de la
provincia. El texto continúa luego con el trazado de una historia de la introducción de
la caña en América y en Tucumán. Se detiene en la fundación de la industria azucare-
ra local por obra del obispo José Ignacio Colombres y en el posterior extraordinario
crecimiento de la actividad local, entre fines del XIX y comienzos del XX. El texto
concluye con una nómina de las fábricas azucareras existentes en 1916, que suman un
total de 29 ingenios.
Considero por último en este apartado otro texto incluido en el Álbum del Cen-
tenario que da cuenta, aunque indirectamente, de la identificación de Tucumán con
el azúcar. Referido a la casa de estudios local, el texto se titula “Universidad de Tu-
cumán” y tampoco lleva firma. Sus primeras líneas presentan a la universidad local
como “la más nueva del país” y la definen como “moderna en sus programas y fines” y
aspirante a serlo “efectivamente en sus métodos y resultados”.18 Este carácter moder-
no aparece directamente vinculado con el hecho de que la enseñanza es “estrictamente
experimental”: “se hace en laboratorios y terrenos de experiencia, para lo que se dis-
pone de los laboratorios de bacteriología, de Química, de la Estación Experimental

16 Álbum…, cit.
17 En efecto, en el Facundo Sarmiento no utiliza el término jardín sino que habla de Tucumán como “Edén
de América”. La idea de jardín parece remitirse a un texto de 1827 del capitán inglés Joseph Andrews,
donde se exalta a Tucumán como “jardín del universo”. Cfr., al respecto, MARTÍNEZ ZUCCARDI,
Soledad “El Centenario y la fundación discursiva de Tucumán: proyectos y representaciones”, Prismas.
Revista de Historia Intelectual, núm. 19, 2015, pp. 72-73.
18 Álbum…, cit.
38 Redes intelectuales, itinerarios e identidades regionales en Argentina

Agrícola y el Vivero Subtropical de la Provincia”.19 Se ofrece una nómina de carreras


en la que puede observarse, aunque el texto no lo explicita, el claro predominio de
aquellas orientadas o ligadas a la industria azucarera: se mencionan las carreras de In-
genieros Químicos, Agrícolas, Agrimensores, Ingenieros de Puentes y Caminos, y se
anuncia como carreras nuevas en el momento las de Agricultura Técnica y Maestros
de Agricultura. Asimismo, se menciona la existencia de estudios para las especiali-
dades de Ingeniero Azucarero e Ingeniero Industrial. La única carrera que no parece
ligada a la actividad es la de Farmacia.
Este texto es breve y se limita a consignar escuelas y carreras existentes, pero
entiendo que él debe ser vinculado con uno anterior que analiza los fundamentos del
carácter experimental, moderno y práctico de la Universidad de Tucumán, carácter
que la distingue de casas de estudios más doctorales como las de Córdoba y Buenos
Aires, y la acercan, por el contrario, a la de La Plata, entonces de creación relativa-
mente reciente. Me refiero a “Origen de la nueva Universidad”, la exposición de mo-
tivos presentada por Juan B. Terán en 1909 en la Legislatura provincial para fundar el
proyecto de ley de creación de la casa de estudios, sancionado en 1912.20 Un escrito
que puede considerarse pionero en la reflexión sobre la idea de región en el Norte.21
Terán vincula directamente la necesidad de una universidad en la región con el
desarrollo azucarero de la provincia. El progreso económico de la zona es el principal
argumento a favor de la creación de una casa de estudios en esa parte del país. Afirma
que la fundación de la Universidad, erigida en una “zona azucarera, intensamente
industrial”, constituye una “etapa lógica” en la historia económica de la región, por
cuanto proporcionaría los medios idóneos para desarrollar científicamente la industria
azucarera y evaluar su producción y, de ese modo, permitiría legitimar el proteccionis-
mo del que tal industria gozaba.22 El “carácter genuino” de la institución se fundaría
en el “ambiente industrial” de la provincia y en la presencia de personal científico, li-
gado sobre todo a la química, que los industriales tucumanos habían traído de Europa
para sus fábricas azucareras. Ellos son propuestos como personal docente idóneo para
las áreas de química agrícola e industrial.23 Terán define explícitamente a la casa de
estudios como una “universidad técnica, que nace al amparo de la vida industrial de

19 Álbum…, cit.
20 Publicado originariamente por Terán en 1917 en el libro Una nueva Universidad, el escrito fue incluido
luego en La Universidad y la vida, editado en Buenos Aires en 1921 y recogido posteriormente con el
mismo título en el tomo V de las Obras completas del autor, aparecidas en 1980. En adelante cito por
esta última edición.
21 He trabajado antes este texto en MARTÍNEZ ZUCCARDI, Soledad “El Norte como instrumento de
equilibrio nacional. Juan B. Terán, Ricardo Rojas y la Universidad de Tucumán”, en LAGUARDA,
Paula y FIORUCCI, Flavia -eds.-, Intelectuales, cultura y política en espacios regionales de Argentina
(siglo XX), Prohistoria, Rosario, 2012, pp. 23-38. Allí me detengo en el modo en que Terán conjuga los
intereses regionales con los nacionales y en el “aspecto moral” de la fundación.
22 TERÁN, Juan B. “Origen de la nueva Universidad”, en La Universidad y la vida. Obras completas,
Tomo V, Universidad Nacional de Tucumán, Tucumán, 1980, pp. 11-12.
23 TERÁN, Juan B. “Origen…” cit., p. 12.
Tucumán industrial y moderno 39

una región” y a su vez como la generadora de “nuevos instrumentos de producción,


cada vez más perfectos”.24 Sugiere que es en tal sentido que la institución obedece a
un “concepto moderno”. El fuerte vínculo Universidad-industria se ve también en el
perfil del egresado proyectado por Terán, quien afirma que no egresarán de la Uni-
versidad de Tucumán “togados sin destino”, sino que sus egresados van a llenar “las
plazas vacantes hoy en nuestra organización económica, necesitada de hombres aptos
para interpretar científicamente los fenómenos de nuestra producción y de nuestra
riqueza”.25 Términos como moderno, experimental, práctico, científico, técnico, in-
dustrial, progreso económico, prosperidad económica, proliferan en esta fundamen-
tación de Terán.

2. Tucumán al través de la historia. El Tucumán de los poetas26


La compilación es encargada por la mencionada Comisión Provincial del Primer Cen-
tenario de la Independencia Argentina a Manuel Lizondo Borda (1899-1961), aboga-
do, poeta e historiador proveniente de la clase media y de inclinación radical, quien
–pese a su origen y filiaciones diversos– cultiva una estrecha relación con el grupo del
Centenario, al punto de que su nombre es mencionado cuando se enumera a las figu-
ras jóvenes ligadas a la llamada “generación del Centenario” local.27 Lizondo Borda
parece haber admirado a algunos de los integrantes de este grupo, como sobre todo
Juan B. Terán y Ernesto Padilla, a quienes considera responsables del despertar de su
vocación por la investigación histórica.28 Y es precisamente Terán quien tiene la ini-
ciativa, durante el gobierno de Padilla, de crear la compilación que deriva en Tucumán

24 TERÁN, Juan B.“Origen…”, cit., p. 14.


25 TERÁN, Juan B. “Origen…”, cit., p. 16.
26 He estudiado este volumen de modo específico en MARTÍNEZ ZUCCARDI Soledad, “El Centena-
rio…”, cit. En el presente trabajo sintetizo mucho de lo expuesto allí, aunque focalizando en la cuestión
del azúcar, y poniendo en diálogo esta compilación con el Álbum del Centenario.
27 De tal modo aparece mencionado en PERILLI DE COLOMBRES GARMENDIA, Elena y ROMERO
DE ESPINOSA, Estela Un proyecto geopolítico…, cit., p. 12. No serían infrecuentes las vinculaciones
de este grupo con figuras provenientes de otros sectores sociales o de orientaciones diferentes pero
que tal vez, a ojos de sus integrantes, podían enriquecer o continuar el proyecto de desarrollo cultural
iniciado por ellos. En tal sentido podría pensarse el caso de Lizondo Borda así como los de Alfredo
Coviello (cuyas iniciativas culturales y universitarias son resueltamente apoyadas por Padilla y Rougés
a fines de la década de 1930 y comienzos de la siguiente) o Juan Alfonso Carrizo (cuya vasta labor
de recopilación folklórica es impulsada, en la misma época, por esas mismas figuras). En el segundo
capítulo de MARTÍNEZ ZUCCARDI, Soledad En busca de…, cit., me detengo en los vínculos de
Coviello con la “tradición” cultural del Centenario. Sobre la labor de Carrizo y su relación con Padilla
y Rougés, puede consultarse: CHEIN, Diego, “Provincianos y porteños. La trayectoria de Juan Alfonso
Carrizo en el período de emergencia y consolidación del campo nacional de la folklorología (1935-
1955)”, en ORQUERA, Fabiola -ed.-, Ese ardiente…, cit., pp. 161-190; y CHAMOSA, Oscar, Breve
historia del folklore argentino. 1920-1970: Identidad, política y nación, Edhasa, Buenos Aires, 2012.
28 El propio Lizondo Borda considera Tucumán al través de la historia como su “primera inmersión”
en la investigación histórica, a la vez que el inicio de su vínculo con el grupo del Centenario. Cfr.
LIZONDO BORDA, Manuel “Epílogo”, en FURLONG, Guillermo S. J. Ernesto E. Padilla. Su vida.
Su obra, vol. III, Universidad Nacional de Tucumán, Tucumán, p. 1174.
40 Redes intelectuales, itinerarios e identidades regionales en Argentina

al través de la historia, y quien dirige a Lizondo Borda en su confección, como lo


destaca el propio compilador en el prefacio: “Túvose a bien […] bajo la dirección del
Dr. Juan B. Terán poner en nuestras manos [la compilación]”; “La idea determinante
de este libro ha sido la de un ‘mosaico’, –al decir del Dr. Terán– de cosas y hechos
tucumanos desflocados del paño de su historia”.29 Cabe destacar el importante papel
que se atribuye a Terán en la elaboración de la obra, dato que no aparece mencionado
en los estudios sobre su figura y que confirma a la compilación como un proyecto más
del grupo del Centenario.
¿En qué consiste la compilación? Tucumán al través de la historia se organiza
en dos tomos, publicados ambos en 1916 por Prebisch y Violetto, principal imprenta
local de la época, a la que se encargaban las publicaciones oficiales y, de manera
incipiente en el momento, las universitarias. El primer tomo reúne diversos textos
en prosa: escritos, informes y documentos coloniales que aluden a la región del Tu-
cumán, numerosas crónicas de viajeros que visitaron la provincia, fragmentos de las
memorias de Juan B. Alberdi y Gregorio Aráoz de Lamadrid, escritos de Domingo F.
Sarmiento, páginas literarias de Juana Manuela Gorriti, textos de Paul Groussac, entre
otros. El segundo tomo recoge composiciones poéticas de alrededor de treinta autores,
desde Martín del Barco Centenera (siglo XVII), a escritores y figuras públicas de los
siglos XIX y comienzos del XX (Fray Cayetano Rodríguez, José Agustín Molina,
Marco Manuel Avellaneda, nuevamente Groussac, Esteban Echeverría, Adán Quiro-
ga, Mario Bravo, Leopoldo Lugones, Ricardo Rojas, por mencionar sólo algunos).
Ambos tomos componen un corpus caracterizado por la heterogeneidad, tanto
en lo que atañe a los diversos géneros incluidos como a la variedad de autores invo-
lucrados. Si el segundo tomo está integrado por textos excluyentemente poéticos –en
el sentido de ser composiciones escritas en verso–, el primero abarca textos en prosa
que van desde el documento oficial a los recuerdos más personales. Prevalece, de to-
dos modos, en este primer volumen, una forma discursiva: la de la crónica o el relato
de viajes (de viajeros provenientes de Europa o de distintos puntos de la Argentina),
predominio que implica que la mirada a la provincia presente en muchos de los tex-
tos proviene de ojos externos a ella. En cuanto a los autores, a su dispar procedencia
geográfica se suman los disímiles grados de reconocimiento en el espacio público o,
de modo más específico, en el ámbito intelectual y literario. Lizondo Borda selecciona
textos tanto de presidentes de la República como de viajeros poco conocidos, o bien
de autores relevantes en la historia de la literatura argentina, así como otros de signifi-
cación muy local, relacionada en muchos casos con la participación en juegos florales
u otros certámenes literarios celebrados en Tucumán.
En el prefacio del primer tomo el compilador explica el propósito de la obra, con-
sistente en reunir “todo” cuanto se hubiera escrito sobre la provincia. Tal aspiración se

29 LIZONDO BORDA, Manuel, Tucumán al través de la historia. El Tucumán de los poetas, Tucumán,
Publicación Oficial, 1916, Tomo I, pp. 9-10.
Tucumán industrial y moderno 41

vincula con el afán fundacional que parece caracterizar en el momento la función de


la literatura –entendida aquí en un sentido amplio, no especializado–;30 y, en el ámbito
local, dicha aspiración se inscribe en el marco de una más vasta labor impulsada por el
mismo grupo del Centenario y sustentada en el afán de reunir, elaborar y publicar es-
critos y documentos relacionados con Tucumán. Se trata precisamente de la época en
que comienza a organizarse el Archivo Histórico de la Provincia (tarea que el gober-
nador Padilla encomienda en 1913 a Ricardo Jaimes Freyre), y en que ven la luz im-
portantes publicaciones oficiales o universitarias, ligadas todas a la historia provincial
o a la realidad local, como Tucumán y el Norte argentino (1910) de Terán, Tucumán
antiguo (1916) de López Mañán, los cinco libros de Jaimes Freyre aparecidos entre
1909 y 1916: Tucumán en 1810, Historia de la República de Tucumán, El Tucumán
del siglo XVI, El Tucumán colonial, Historia del descubrimiento de Tucumán, las edi-
ciones oficiales realizadas durante la gestión de Padilla: El Congreso de Tucumán de
Groussac, el propio Álbum del Centenario y la misma compilación de Lizondo Borda.
Se conforma así una suerte de movimiento de investigación en torno a la historia de
Tucumán, que para Leoni Pinto supone el punto de arranque de la “historia científica
en la provincia”.31
El azúcar tiene una presencia importante en ambos tomos, muchos de cuyos tex-
tos presentan un “porvenir brillante” para la provincia basado en la pujanza de la
industria azucarera, un “destino” signado por las ideas de “adelanto” y “progreso”.
Tucumán aparece visualizada así como un rico, activo y promisorio polo económico.
Esta imagen predomina en los textos surgidos en los últimos años del siglo XIX o bien
en los primeros del XX, esto es, en una etapa en la que podían observarse ya los efec-
tos del notable crecimiento experimentado por la actividad azucarera. Cabe considerar
en primer lugar los extensos fragmentos seleccionados por Lizondo Borda de una cró-
nica de Manuel Bernárdez, titulada La nación en marcha y publicada en Buenos Aires
en 1904, que se ocupan con detenimiento de esta cuestión. Allí se ofrece la mirada de
un viajero de Buenos Aires sobre la actividad del Ingenio Santa Ana, propiedad de la
familia Hileret, que contaba con un lujoso chalet y con magníficos jardines diseñados
por el paisajista francés Carlos Thays,32 responsable también del diseño del principal

30 ALTAMIRANO, Carlos y SARLO, Beatriz “La Argentina del Centenario: campo intelectual, vida
literaria y temas ideológicos”, en Ensayos argentinos. De Sarmiento a la vanguardia, Ariel, Buenos
Aires, 1997, p. 188. Para los autores, una de las “misiones” del escritor de estos años es fundar la
tradición del país, pensar los orígenes de la nación.
31 LEONI PINTO, Ramón “Historiografía en Tucumán (1880-1950). Autores, obras y problemas”, La
historia como cuestión. In memoriam Antonio Pérez Amuchástegui, Canguro, La Rioja, 1995, pp.
71ss. Hay que aclarar aquí que algunos años antes de la aparición de estas publicaciones y de la
organización del Archivo provincial, la citada Revista de Letras y Ciencias Sociales había iniciado, de
la mano de Terán y López Mañán, una sistemática labor de producción de escritos y publicación de
documentos ligados al pasado tucumano. Ver MARTÍNEZ ZUCCARDI, Soledad, Entre la provincia y
el continente, cit., pp. 139-165.
32 CAMPI, Daniel “Los ingenios del Norte: un mundo de contrastes”, en DEVOTO, Fernando y
MADERO, Marta -eds.- Historia de la vida privada en la Argentina, vol. II, La Argentina plural:
42 Redes intelectuales, itinerarios e identidades regionales en Argentina

parque de la capital tucumana: el Parque Centenario (hoy 9 de julio). La visita al


ingenio de Hileret comenzaba a convertirse en un ritual casi obligado de los viajeros
que pasaban por la provincia, así como de las visitas oficiales: allí serían agasajados
poco después figuras como el embajador de Francia Pierre Baudin en 1910, el vice-
presidente Victorino de la Plaza en 1911, el presidente Roque Sáenz Peña en 1912.33
La riqueza, la magnificencia, el vigor, el ambiente de trabajo febril, el bienestar
general, e incluso la alegría, son los términos a los que se apela para dar cuenta de la
vida en el ingenio: “Un resuello de actividad, un vigoroso y continuo afán de trabajo
se percibe, sube como un jadeo, del inmenso valle en fiebre todo sacudido por la ráfa-
ga activa, de confín a confín”.34 Se habla del “mugir de los potentes ingenios en mar-
cha” que difunden un “contagio de acción”, “produciendo el espectáculo de la tarea
incesante y fecunda, una alegría sanguínea y fuerte”.35 Como una “buena señal” de la
pujanza del ingenio se llega incluso a decir que “hasta los perros […] están gordos”.36
El texto configura una verdadera alabanza de la industria azucarera, por la que la
provincia es definida como “uno de los centros de producción más activos y fecundos
del país”.37 La industria es presentada como la principal fuente de economía de Tu-
cumán y, al mismo tiempo, como una actividad clave en la economía nacional, dados
factores tales como, entre muchos otros que se detallan, el uso de las vías férreas, la
procedencia dispar de los numerosos peones que se emplean durante la zafra, la com-
pra de leña y de ganado a otras provincias, así como de otros insumos para abastecer
la labor de los ingenios:
“De ella [la industria azucarera] ostensiblemente, vive Tucumán;
pero con su substancia se nutren, además, muchas fuerzas de afuera.
Para algunas provincias la industria azucarera es tan vital como para
la misma Tucumán. Y a poco que se analizase varias veríamos cómo,
por todas las venas de la economía nacional, circula jugo de los ca-
ñaverales tucumanos. Es que ninguna industria tiene tanto poder de
difusión, tanta necesidad de esparramar dinero”.38
Se advierte aquí una valoración similar acerca de la relevancia de la industria tucu-
mana para todo el país a la presente en el texto ya analizado “La gran industria azu-
carera” del Álbum del Centenario. Bernárdez se detiene además en el “trajín” de los
trabajadores azucareros, a quienes percibe casi como parte del paisaje dorado y dulce
de los cañaverales:

1870-1930, Taurus, Buenos Aires, p. 201.


33 PERILLI DE COLOMBRES GARMENDIA, Elena Tucumán en los dos centenarios (1910-1916),
Centro Cultural Alberto Rougés, Fundación Miguel Lillo, Tucumán, 1999, p. 48 et passim.
34 LIZONDO BORDA, Manuel Tucumán al…, Tomo. I, cit., p. 339.
35 LIZONDO BORDA, Manuel Tucumán al…, cit., Tomo. I, p. 341.
36 LIZONDO BORDA, Manuel Tucumán al…, cit., Tomo. I, p. 339.
37 LIZONDO BORDA, Manuel Tucumán al…, cit., Tomo I, p. 362.
38 LIZONDO BORDA, Manuel Tucumán al…, cit., Tomo I, p. 345.
Tucumán industrial y moderno 43

“En el vastísimo mar dorado de los cañaverales, amarillentos por las


heladas tempranas, se ve el avance de las cuadrillas de cortadores
que van, machete en mano, con un canto monótono, acostando a mi-
llares, con golpes cadenciosos, las apiñadas cañas, cuyo dulce humor
salpica las caras atezadas al recibir el machetazo. Brillan al sol las
armas del trabajo; los carros se colman y emprenden pesadamente
el camino del ingenio, se vuelcan y tornan por más, y los cortadores
avanzan sin cesar, y van agrandándose en el manto inmenso y dorado
de los cañaverales sin término visible, los manchones oscuros de los
rastrojos”.39
Se trata de una visión idealizada de la tarea de los trabajadores, cuyas siluetas se
funden en los cañaverales, y de quienes más adelante se destaca la alegría con la que
concluyen la jornada laboral y regresan a sus casas chupando un par de cañas “amoro-
samente” elegidas: “Yo miraba, desde mi alto observatorio, el curioso espectáculo de
la vuelta de los peones a sus casas con las cañas y me resultaba muy atrayente, lindo y
característico”.40 La representación ofrecida por el texto contrasta sensiblemente con
la realidad de explotación y extrema pobreza en la que los trabajadores desempeña-
ban su labor en la época, en especial los obreros temporarios, como los peladores de
caña a los que alude el fragmento, que durante la época de la zafra se asentaban con
sus familias en los alrededores del ingenio en precarias chozas hechas de “maloja”, y
debían cumplir jornadas diarias de doce horas de trabajo.41
Son varios los textos que parecen continuar la línea exaltadora de estas crónicas
de Bernárdez. Se observa en ellos una visión que podría describirse como acrítica y
“naturalizada” de los trabajadores azucareros. Así, en un escrito de 1873 titulado “Los
jesuitas en Tucumán”, Groussac alude a los cosechadores de caña como un compo-
nente más del paisaje configurado por los cañaverales: en el marco de una descripción
de lo que presenta como la tibia atmósfera de la provincia, habla de los “dorados cam-
pos de caña de azúcar donde hormiguea la población cosechera”.42 Tal representación
está también presente en ciertos poemas del segundo tomo de Tucumán al través de la
historia, como canto “A Tucumán”, de Doelia Míguez,43 donde los obreros aparecen
como un enjambre en el trasfondo de un paisaje armónico y dulce, del que se despren-
de cierta sensación de placidez, suavidad, arrullo y rumoreo:

39 LIZONDO BORDA, Manuel Tucumán al…, cit., Tomo I, pp. 338-339.


40 LIZONDO BORDA, Manuel Tucumán al…, cit., Tomo I, p. 348.
41 CAMPI, Daniel “Los ingenios…”, cit., pp. 190 y ss.
42 LIZONDO BORDA, Manuel Tucumán al…, cit., Tomo I, p. 296.
43 Dicho canto, incluido en el poemario de Míguez Desde la sombra, publicado en La Plata en 1910,
obtiene el primer premio (medalla de oro donada por el Gobierno de la Provincia) en los juegos florales
celebrados en Tucumán en 1909, como se consigna en la propia compilación de Lizondo Borda.
44 Redes intelectuales, itinerarios e identidades regionales en Argentina

“Altos cañaverales, donde los vientos


Arrullan a los tiempos con sus canciones,
Prestadme esos flexibles tiernos acentos
Y esas dulces y bajas modulaciones.
[… ]
Del campo hacia el ingenio va, peregrina,
La colonia apiñada de tus obreros;
Y bajo el sol caliente de mediodía,
En torno de los altos cañaverales,
Parecen un enjambre, cuando porfía
Goloso del azúcar de los panales”.44
Más allá de la figura de los trabajadores, el azúcar en general aparece en varios poe-
mas del segundo tomo como un componente más de la belleza de la tierra tucumana
y, al mismo tiempo, como fuente de riqueza y signo del “progreso” de la provincia.
En el texto de Míguez que acabo de citar la construcción de la caña en términos de
paisaje se conjuga con la vinculación del cultivo y el procesamiento del azúcar con el
progreso (“adelanto”) de la provincia: “Los ingenios que pueblan tus extensiones/a la
labor, con ruedas, alzan su canto/y cuentan los productos a las naciones/lo fecundo y
hermoso de tu adelanto”. Y es a causa de la caña de azúcar que el pueblo tucumano es
descripto, hiperbólicamente, como el más dichoso de la tierra:
“Con solo ver tus cañas que se cimbrean,
Y el panal de las mieles que el tallo encierra,
No extraño que al mirarte todos te crean
El pueblo más dichoso que hay en la tierra”.45
En el poema “Tucumán” de Damián Garat46 el azúcar es asimismo asociada a la felici-
dad de la tierra y el pueblo tucumanos. Pero en este caso tal felicidad no se ve ligada
a la belleza y la dulzura de los cañaverales, sino a la pujanza de la industria azucarera,
actividad vista como “promesa de progreso seguro” y como un sinónimo de transfor-
mación de la provincia de cara al tiempo futuro:
“Salve tierra feliz! Todo lo tiene
Para la acción engendradora y ruda
Del transformismo que doquier se espande (sic):
La red de fierro, cota que la escuda
En la contienda del progreso grande;
El motor del ingenio que jadea

44 LIZONDO BORDA, Manuel Tucumán al…, cit., Tomo II, pp. 140-141.
45 LIZONDO BORDA, Manuel Tucumán al…, cit., Tomo II, p. 141.
46 Poema premiado en un certamen literario local de 1897 y publicado el mismo año en Tucumán como
folleto.
Tucumán industrial y moderno 45

Con hervor poderosos,


Y talleres y fábricas que entonan
Al porvenir un himno sonoroso”.47
La pujanza y el dinamismo de la actividad azucarera recorren también, a partir de la
mención del ingenio, las maquinarias, el obrero, el texto “Mi tierra cuna”, de Delfín
Valladares:48
“[…] Los ingenios que aclaman a la industria
Con la afluencia fecunda del obrero.
El trabajo rural y prodigioso
Que traduce el Progreso verdadero
Con el eco estupendo y fragoroso
Que emerge de las grandes maquinarias,
Mientras vagan en voces proletarias
Los cantos entonados al Progreso (…)
Todo es vida y prodigio, fuerza y nervio,
encanto y porvenir, gloria y anhelo
en este bello Tucumán que avanza
soberbio en la potencia de su vuelo”.49
Los versos finales del fragmento contribuyen a la delineación de un Tucumán pujante,
rico, industrioso, activo, que con vigor avanza hacia el futuro; un epítome, en fin, del
progreso.

4. Un discurso “oficial” y las visiones “desde afuera”


En conjunto, en los fragmentos de los dos volúmenes considerados hasta aquí es no-
toria la identificación de Tucumán con la actividad azucarera, alrededor de la cual
giraría toda la vida de la provincia. Se advierte además una especie de conciencia de
la singularidad, el atractivo y la excepcionalidad de Tucumán, aspectos que parecen
ser propuestos como una suerte de fundamento del éxito de tal actividad. Se enfatiza
además en la importancia de la industria para la economía nacional y se visualiza así
a la actividad como un factor relevante para el “prestigio” y la “prosperidad” del país.
La industria –producto de una visión idealizada y “naturalizada”, en los términos an-
tes expuestos– es postulada también como el principal impulso para la creación de una
universidad en Tucumán, institución cuyos rasgos particulares contribuyen a asociar
con lo “moderno” el espacio en el que ella surge. Se diseña así, en suma, la silueta de
un Tucumán industrial, próspero, densamente poblado, un Tucumán científico y mo-
derno que es sede “natural” y temprana de una casa de estudios. Un Tucumán que, por

47 LIZONDO BORDA, Manuel Tucumán al…, cit., Tomo II, p. 113.


48 Composición incluida en el libro Lumbre auroral de Valladares, publicado en Tucumán en 1910.
49 LIZONDO BORDA, Manuel Tucumán al…, cit., Tomo II, p. 135.
46 Redes intelectuales, itinerarios e identidades regionales en Argentina

todos estos motivos, resultaría excepcional en relación con muchas otras provincias
del “interior” argentino.
Estas representaciones pueden considerarse como parte de un discurso oficial
sobre la provincia, impulsado, según lo indicado ya, por figuras pertenecientes –o bien
muy ligadas– al sector más poderoso de la provincia desde el punto de vista político,
económico y cultural. No se trata, sin embargo, de la única visión articulada en esos
años. Por considerar tan sólo dos ejemplos, pueden tomarse los escritos de los viajeros
franceses que visitan Tucumán en la época: el periodista Jules Huret –de Le Figaro de
París, conocido por sus entrevistas a escritores y sus notas de viaje– y Georges Cle-
menceau, eminente político francés cuya llegada a Tucumán es celebrada con honores
por el gobierno local y por la comunidad francesa.50 Me refiero a La Argentina. De
Buenos Aires al Gran Chaco, de Huret, publicado en París en 1911 –cuyas páginas
referidas a Tucumán están incluidas en la compilación de Lizondo Borda– y Notas
de viaje por la América del Sur. Argentina. Uruguay. Brasil de Georges Clemenceau,
libro aparecido en 1911 en francés y publicado el mismo año en castellano en Buenos
Aires. A diferencia del primero, este último no es incluido en Tucumán al través de la
historia, pese a tener largas secciones dedicadas a la provincia.
Cabe aclarar que la visión de ambos franceses no atenta contra la identificación
de Tucumán con la industria azucarera. Por el contrario, ellos coinciden en otorgar un
lugar protagónico a la actividad. Clemenceau dedica varias páginas al asunto, como
indico a continuación, mientras que Huret comienza sus referencias a la provincia
presentando a la capital tucumana como una “ciudad azucarera”: “Henos pues, en
Tucumán, capital de la provincia del mismo nombre y ciudad azucarera”. Más ade-
lante agrega: “Tucumán es célebre en el resto de la Argentina por su producción del
azúcar”.51 Pero en ciertos aspectos las perspectivas de Huret y Clemenceau impugnan
la imagen que acabamos de describir como “oficial” en la medida en que ellos ponen
de manifiesto elementos que en sus textos aparecen como indicadores de “atraso” y,
sobre todo, en la medida en que introducen un aspecto por completo ausente de la
representación de la provincia construida desde las esferas oficiales: la presencia de
población mestiza e indígena.
Así, Huret da cuenta de una ciudad atrasada en cuanto a la falta de “comodida-
des”: “Para ser sinceros”, afirma, “debemos decir que en cuanto se deja Buenos Aires
hay que despedirse de la vida confortable y de Europa”.52 Se burla, a continuación, de

50 Para organizar su recepción se constituye una comisión integrada por miembros de la colectividad
francesa, a los que se suman luego figuras como Terán, Padilla, López Mañán, Jaimes Freyre,
integrantes del grupo del Centenario. El día de su llegada Clemenceau es recibido en la estación del
tren por el gobernador, el presidente de la Corte Suprema de Justicia, el intendente municipal, junto a
otros encumbrados personajes de la ciudad. Cfr. PERILLI DE COLOMBRES GARMENDIA, Elena
Tucumán en…, cit., p. 48-50.
51 Cito por la compilación de Lizondo Borda. LIZONDO BORDA, Manuel Tucumán al…, cit., Tomo I,
pp. 351, 353.
52 LIZONDO BORDA, Manuel Tucumán al…, cit., Tomo I, p. 350.
Tucumán industrial y moderno 47

la sala de baño que con orgullo presenta el dueño del hotel en el que almuerza, hotel
que, en sus palabras, “pasa por el mejor de la población”. Se queja de las calles de
la capital tucumana por la falta de pavimento y la proliferación de “surcos profundos
y polvorientos”. Sugiere además la imagen de una ciudad de apariencia colonial al
describir la prevalencia del “tipo de las antiguas casas españolas” y de la gran can-
tidad de jinetes mestizos e indios que circula por las calles. Juzga, por último, como
“malísima” la estatua de la Libertad de la plaza principal.53 El texto de Huret es el más
crítico de todos los seleccionados por Lizondo Borda, si bien resulta elogioso en un
solo aspecto, por el que tal vez es elegido en la compilación: la a sus ojos sorprendente
actualización de las “señoritas tucumanas” en materia de moda. Actualización que
parece más ligada a una sociedad que se pretende “moderna” y que contrarrestaría,
quizá, el atraso percibido por Huret en otros planos.
Por su parte, la mirada de Clemenceau es diametralmente opuesta a la ofrecida
por el fragmento de la revista Fray Mocho transcripto al comienzo de este trabajo. Él
afirma que la “primera impresión” de Tucumán es la de una “tierra colonial”, en cuya
población no se habrían atenuado aún “los rasgos del indígena”:
“La primera sensación de Tucumán después de los baches de las
calles, es de tierra colonial. Las medias casas por todas partes, de
aspecto precoz, pero encantadoras por el patio y muy confortables
por la disposición de las habitaciones a la sombra de los follajes. Por
medio de sus mestizos, el indio es el rey de Tucumán, “Jardín de la
República”, donde se dice que las mujeres son más bellas que las
flores. En efecto, por todas partes no se ven más que caras broncea-
das en las que brilla, en dos ojos impasibles, la llama del diamante
negro y una larga y sostenida mirada transmite no sé qué que no es
de Europa. […] Ignoro su algún día la raza dominadora atenuará o
borrará los rasgos del indígena. Hasta ahora nada parece consumir
la huella indeleble de la sangre americana. Algunas mujeres son de
una rara belleza”.54
Pero además Clemenceau se detiene en un aspecto al que no se refiere Huret, tal como
las precarias condiciones de trabajo de los obreros azucareros tucumanos, a quienes
describe como “mestizos en su mayor parte”, y algunos “indios de pura sangre”. Al
referir su visita al ya mencionado Ingenio Santa Ana revela la falta de higiene y como-
didad de los “ranchos” de los trabajadores, “pequeñas casas bajas donde toda noción
de higiene y hasta de la más rudimentaria comodidad parece sin piedad desterrada”.
Agrega que:

53 LIZONDO BORDA, Manuel Tucumán al…, cit., Tomo I, p. 352.


54 CLEMENCEAU, Georges La Argentina del Centenario, Universidad Nacional de Quilmes, Bernal,
1999, p. 160. Cito por esta edición centrada en el espacio dedicado a la Argentina en el más amplio
texto de Clemenceau.
48 Redes intelectuales, itinerarios e identidades regionales en Argentina

“Las leyes de protección obrera son desconocidas en la Argentina


[…]. A despecho de la universal comodidad de vivir bajo un bello
cielo y aunque los jefes de la industria me hayan parecido humana y
hasta generosamente inclinados, no puedo creer que grandes fábri-
cas, como las que he visto, puedan subsistir largo tiempo sin que la
cuestión obrera sea planteada ante los legisladores”.55
Las apreciaciones de Clemenceau sobre la situación de los trabajadores contrastan
sensiblemente con la representación naturalizada, armónica y feliz que al respecto
ofrecen los fragmentos de la compilación de Lizondo Borda considerados en el aparta-
do anterior. Además, es posible pensar que el hincapié en tales condiciones laborales,
que ameritarían la explosión de la “cuestión obrera”, y en la fuerza del componente
mestizo e indígena en la población tucumana en general, y en particular en los tra-
bajadores, puede haber resultado inquietante para la elite azucarera tucumana. Sobre
todo porque tales apreciaciones contradirían los afanes de los industriales locales de
mostrar la actividad azucarera local como una “industria blanca”. Al respecto, Oscar
Chamosa indica que tales afanes se basaban en la presunción de que los consumidores
porteños y sus políticos serían menos reacios a pagar un precio mayor por el azúcar
nacional si se les pudiera convencer de que los trabajadores de la industria no eran ni
indios ni mestizos. Tesis que a su vez descansaba en la visión más o menos extendida
de la Argentina como país blanco.56
En suma, las intervenciones de Huret y Clemenceau muestran que el discurso
acerca de Tucumán que he calificado como “oficial” no era el único en el momento.
Con todo, la visión de ambos franceses tampoco puede considerarse como “contraofi-
cial”, en tanto ellos son de alguna manera reconocidos oficialmente, como lo demues-
tra la inclusión de Huret en la compilación de Lizondo Borda y la honorífica recepción
preparada para Clemenceau en su arribo a Tucumán. De todas maneras, la ausencia
de este último en Tucumán al través de la historia resulta por demás sugerente. Se
advierte, en definitiva, que el proceso de representación de la provincia a comienzos
del siglo XX es complejo y no unívoco. De ahí, quizá, la insistencia de generar, des-
de el gobierno y desde la Universidad, publicaciones que contribuyan a difundir y
afianzar la visión de la provincia que desde esos ámbitos se quiere instalar. Los dos
volúmenes examinados en las páginas precedentes, que se suman, como he indicado,
al más vasto conjunto de escritos sobre la provincia surgidos en la época, pueden ser
pensados entonces como intervenciones estratégicas en relación con los objetivos del
grupo del Centenario.

55 CLEMENCEAU, La Argentina…, cit., p. 162.


56 CHAMOSA, Oscar Breve historia…, cit., p. 76. El autor profundiza respecto al mito de la nación
blanca en “Indigenous or Criollo: The Myth of White Argentina in Tucumán’s Calchaquí Valley”,
Hispanic American Historical Review, vol. 88, núm. 1, 2008, pp. 71-106.
Los autores y las autoras

Anabela Abbona es Profesora de Historia por la Universidad Nacional de La Pampa.


Es becaria doctoral de CONICET y cursa actualmente el Doctorado en Historia en la
Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires. Es integrante del
Instituto de Estudios Socio-Históricos, con sede en la Facultad de Ciencias Humanas
de la UNLPam, y forma parte del grupo editor de la revista Corpus. Archivos virtuales
de la alteridad americana. Sus investigaciones se relacionan con la historia social de
los indígenas en la región pampeana y en particular con los ranqueles en los últimos
años del siglo XX.  

Ana Clarisa Agüero es Doctora en Historia por la Universidad Nacional de Cór-


doba, investigadora asistente del CONICET y docente de la Facultad de Filosofía y
Humanidades de la UNC. En la actualidad dirige el Programa de Historia y Antropo-
logía de la Cultura del Instituto de Antropología de Córdoba (UNC-CONICET), que
integra desde 2006. Es autora de El espacio del arte. Una microhistoria del Museo
Politécnico de Córdoba entre 1911 y 1916 (Editorial de la Facultad, Córdoba, 2009)
y co-editora, junto a Diego García, de Culturas Interiores. Córdoba en la geografía
nacional e internacional de la cultura (Al Margen, La Plata, 2010).

Flavia Fiorucci es Doctora en Historia por la Universidad de Londres e investiga-


dora adjunta del CONICET en el Centro de Historia Intelectual de la Universidad
de Quilmes. Ha dictado cursos en universidades nacionales y extranjeras. Autora de
Intelectuales y Peronismo (Editorial Biblos, 2011) entre otros libros y artículos sobre
cultura e intelectuales en Argentina y América Latina.  

María de los Ángeles Lanzillotta es Profesora de Historia, Especialista y Magister


en Estudios Sociales y Culturales por la Universidad Nacional de La Pampa. Es do-
cente de las Facultades de Ciencias Humanas y de Ciencias Económicas y Jurídicas de
la UNLPam e Investigadora en el Instituto de Estudios Socio-Históricos de la misma
universidad, en temáticas de historia cultural. Co-editora del libro Un Quijote en La
Pampa. Los escritos de Manuel Lorenzo Jarrin 1883-1942 (Santa Rosa, FEP, 2011).

Silvia Mellado es Profesora y Licenciada en letras por la Universidad Nacional de La


Plata y Doctora en Letras por la Universidad Nacional de Córdoba. Docente e investi-
gadora de la Universidad Nacional del Comahue, e investigadora asistente de CONI-
CET. Integra actualmente el proyecto de investigación “Palabra, espacio y escritura
en la literatura actual del sur de Chile y Argentina” (04/H157) dirigido por la Dra.
258 Redes intelectuales, itinerarios e identidades regionales en Argentina

Laura Pollastri y codirigido por la Dra. Gabriela Espinosa (FAHU – UNCo). Entre sus
publicaciones científicas se encuentra La morada incómoda. Estudios sobre poesía
mapuche: Elicura Chihuailaf y Liliana Ancalao (Publifadecs, General Roca, 2014).

Lucía Lionetti es doctora en Filosofía y Letras (orientación Historia y Geografía) por


la Universidad Autónoma de Madrid. Docente de la Carrera de Historia de la Facultad
de Ciencias Humanas de la UNICEN y Directora e Investigadora Titular del Instituto
de Estudios Histórico-Sociales “Prof. Juan C. Grosso” (IEHS). Miembro investigador
del Instituto de Geografía, Historia y Ciencias Sociales (IGEHCS/Unidad Ejecutora
del CONICET). Es autora de La misión política de la escuela pública: educar al
ciudadano de la república (Editorial Miño y Dávila, 2007). Co-editora y compiladora
de varios libros publicados en Argentina y México. Ha publicado más de cincuenta
artículos y capítulos de libros en USA, España, México, Colombia, Brasil, Chile y
Perú, referidos a su línea de estudio sobre educación, género e infancia.

Soledad Martínez Zuccardi es Doctora en Letras por la Universidad Nacional de Tu-


cumán, donde se desempeña como docente. Es investigadora asistente del CONICET
y autora de los libros Entre la provincia y el continente. Modernismo y modernización
en la Revista de Letras y Ciencias Sociales (Tucumán, 1904-1907) (2005) y En busca
de un campo cultural propio. Literatura, vida intelectual y revistas culturales en Tu-
cumán (1904-1944) (2012). Ha publicado además artículos sobre cultura y literatura
de Tucumán, y sobre poesía de diversos autores argentinos. Recientemente ha editado
el epistolario Cartas a Nicandro. 1943-1948 (2015), de la poeta María Adela Agudo.

Federico Martocci es Licenciado en Historia y Magister en Estudios Sociales y Cul-


turales por la Universidad Nacional de La Pampa. Es becario del CONICET y cursa
actualmente el Doctorado en Ciencias Sociales y Humanas en la Universidad Na-
cional de Quilmes. Integra el Instituto de Estudios Socio-Históricos, con sede en la
Facultad de Ciencias Humanas de la UNLPam, y forma parte del Comité Editor de
la revista Quinto Sol. En su tesis de Maestría analizó la política cultural del Partido
Socialista en el Territorio Nacional de La Pampa durante el período 1913-1939. Sobre
esta temática ha publicado artículos en revistas académicas nacionales, capítulos en
obras colectivas y el libro La política cultural del Partido Socialista en el Territorio
Nacional de la Pampa: dispositivos y prácticas de intervención de sus dirigentes e
intelectuales (1913-1939) (EdUNLPam, 2015).

Florencia Azul Prina es Profesora de Historia por la Universidad Nacional de La
Pampa, docente en educación media, investigadora en el Instituto de Estudios Socio
Históricos y actualmente se encuentra cursando la Maestría en Estudios Sociales y
ulturales de esa misma universidad. Su línea de trabajo se enfoca en el análisis del
campo cultural y artístico pampeano.
Los autores y las autoras 259

Ana Romaniuk es Licenciada en Artes y Etnomusicóloga. Es doctoranda en Artes,


de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA. Sus temas de investigación han sido
música y religiosidad popular, improvisación en músicas populares argentinas y mú-
sica de raíz tradicional en la provincia de La Pampa, realizando sus trabajos como
investigadora independiente e integrando diversos equipos de investigación, como
becaria del Fondo Nacional de las Artes y de la Universidad Nacional de Cuyo, y en
su proceso de formación doctoral. Ha publicado y comunicado los resultados de sus
trabajos en revistas y congresos nacionales e internacionales.

Carolina Romano es Magister en Arte Latinoamericano por la Universidad Nacional


de Cuyo. Se desempeña actualmente como Profesora Titular en la Carrera Licenciatu-
ra en Artes Visuales de la Facultad de Artes de la Universidad Nacional de Córdoba.
Integra desde el año 2009 el Programa Antropología e Historia de la Cultura -PAHC-
del Instituto de Antropología de Córdoba -IDACOR-UNC CONICET. Ha publicado
diversos trabajos en libros y revistas que centran su interés en las artes visuales mo-
dernas y contemporáneas desde la perspectiva de la historia cultural.

Claudia Salomón Tarquini es Doctora en Historia por la Universidad Nacional del


Centro de la Provincia de Buenos Aires. Es Investigadora adjunta del CONICET en
el Instituto de Estudios Socio-Históricos de la Universidad Nacional de La Pampa
y docente en la Facultad de Ciencias Humanas de la misma institución. Es autora
de Largas noches en La Pampa. Itinerarios y resistencias de la población indígena,
1878-1976 (Prometeo, 2010), entre otros libros y artículos en revistas nacionales e
internacionales sobre historia social de los indígenas de la región pampeana, construc-
ciones de alteridad e historia cultural.