Está en la página 1de 36

Psicología Social

Unidad I

Moscovici
¿Qué es la psicología social?
Todo resultaría muy sencillo si pudiésemos decir sin dudar: existe el individuo y existe
la sociedad. Evidentemente esto se nos repite innumerables veces y uno parece
comprender e incluso ver lo que indican estas palabras. Todos aceptamos como algo
indiscutible que estos dos términos estén separados, que cada uno sea autónomo y tenga
realidad propia.
La psicología social se ha ocupado y sigue haciéndolo de un solo y único problema:
¿por qué se produce el conflicto entre el individuo y la sociedad?
a. He aquí una primera fórmula: la psicología social es la ciencia del conflicto
entre el individuo y la sociedad. Podemos añadir: de la sociedad externa y de la
sociedad que lleva adentro.
¿Cuál es el objeto de los psicosociólogos?
“Yo formularía como objeto central, exclusivo de la psicosociología, todos los
fenómenos relacionados con la ideología y la comunicación, ordenados por su génesis,
su estructura y su función”.
Por lo que respecta a los primeros, sabemos que consisten en sistemas de
representaciones y actitudes. A ellos se refieren todos los fenómenos familiares de
prejuicios sociales raciales, de estereotipos, de creencias, etc. Su rasgo común es que
expresan una representación social que individuos y grupos se formar para actuar y
comunicar. Es evidente que son estas representaciones la que dan forma a esta realidad
mitad física y mitad imaginaria que es la realidad social.
Por lo que hace a los fenómenos de la comunicación social, éstos designan los
intercambios de mensajes lingüísticos y no lingüísticos entre individuos y grupos. Se
trata de los medios empleados para transmitir una información determinada e influir
sobre los demás. Empleo intencionalmente la noción global de “comunicación social”
para indicar que incluye tanto los fenómenos de comunicación de masas de influencia
colectiva (propaganda, publicidad, etc.) como los procesos puramente lingüísticos y
hechos semánticos.

b. Ahora ya disponemos de una segunda fórmula: La psicología social se ocupa de


los fenómenos de la ideología y de los fenómenos de comunicación. A los
diversos niveles de las relaciones humanas: relaciones entre individuos, entre
individuos y grupos y entre grupos y grupos.
La visión psicosocial
Una vez comprendido el contenido de una ciencia, también hay que reconocer su
particularidad, saber lo que la distingue de otras ciencias. Una cosa es cierta: ningún
límite preciso separa a la psicología social de otros campos de la psicología. Tampoco
hay frontera precisa entre antropología y psicología social. Todas estas disciplinas
comparten en gran medida un mismo interés por las interacciones humanas y los grupos
humanos. Entonces, ¿cómo se distingue la psicología social de otras ciencias? Se
distingue entonces no tanto por su terreno, sino por el enfoque que se le es propio. Es
ante nada una forma de observar los fenómenos y las relaciones. En este sentido
podemos afirmar que existe una visión psicosocial.

Los psicólogos y los sociólogos a menudo enfocan los hechos utilizando una clave de
lectura binaria. Esta corresponde a la separación del sujeto y del objeto, que son dados
y definidos independientemente uno del otro. El psicólogo pone de un lado el “ego” (el
individuo, el organismo) y del otro el “objeto”.

En sociología encontramos un esquema muy similar. La diferencia radica en que el


sujeto ya no es un individuo sino una colectividad (el grupo, la clase social, etc). Por lo
que se refiere al objeto, éste también posee un valor social, representando un interés o
una institución. Por otra parte, el objeto está constituido a veces por personas, por otros
grupos que forman lo que denominamos un grupo humano

Existe una visión psicosocial que se traduce por una lectura ternaria de los hechos y las
relaciones. Su particularidad consiste en sustituir la relación a dos términos, entre sujeto
y objeto, por una relación en clave de tres términos: Sujeto individual – sujeto social –
objeto. Para expresarme de otra manera: Ego – Alter – Objeto.
Hay dos formas de relación social (relación de sujeto a sujeto con el objeto), que se
traducen en modificaciones q afectan el pensamiento y el comportamiento de cada
individuo. Dos mecanismos:
Co-presencia: es “estática”. Es una relación relativamente armónica. Predominan las
relaciones de similitud; (porque en la socialización se dan procesos de similitud, de
integración, pero también de diferencias, porque nos vestimos todos parecidos pero no
nos gusta q otros vayan vestidos igual q nosotros a una fiesta)
Se da el proceso de Comparación social, porque hay similitud, entonces se da
Facilitación social: la simple presencia de un individuo o grupo hace q el individuo
prefiera o aprenda más fácilmente las respuestas familiares y menos originales. Como si
se inhibiese, el individuo expresa o retiene las respuestas dominantes.
El alter es vivido como un igual à alter ego.
El mecanismo psicosocial de comparación social es observable sobre todo en las
minorías. Moscovici se preguntaba por qué son tan duraderas y resistentes. Entonces se
da cuenta de q hay facilitación social, son todos similares. Por ej.: la mafia (igual no se
puede salir de ella sin la muerte).
Las corrientes teóricas y de investigación se oponen según su concepción del “alter”. La
mayoría tiende a concebir a éste como un “alter ego” similar al “ego”. Por ej.:
el psicodrama, juego de roles, participantes q adoptan la actitud del otro. En
los estudios de conformidad se manifiesta en los individuos una tendencia a compararse
a alguien semejante q nos gustaría parecernos. Los desviados, en principio, que carecen
de opiniones y posiciones propias, intentan juzgar sus opiniones y conductas en función
de la mayoría de los individuos q encaran el poder.
Interacción: acá no hay facilitación, aparece la posibilidad del cambio, porque hay
influencia del alter sobre el ego.
Influencia social: un individuo sometido a presión de una autoridad o grupo adopta las
opiniones y conductas de dicha autoridad o grupo.
El alter es vivido como à alter sin más.
El mecanismo q se da acá es el de reconocimiento social. Las corrientes q conciben a
un alter sin más, son las de innovación, en donde por ejemplo, la minoría, el individuo,
expresa una opinión y un juicio q le son propios. Se confronta a una mayoría o
autoridad q representa la norma o la ortodoxia. Lo q intentan es
hacerse reconocer una identidad particular y una diferencia evidente.
La teoría de la disonancia cognitiva constituye sin duda el ejemplo más brillante. Ahora
daremos un repaso a sus grandes líneas. Según su autor, Festinger, cuando una persona
dispone respecto a un objeto de dos cogniciones o dos representaciones acordes entre sí,
hay consonancia y la persona en cuestión siente satisfacción. Por el contrario,
supongamos ahora dos cogniciones o representaciones que no son acordes entre sí e
incluso son opuestas entre sí. En este caso hay disonancia y la persona es víctima de la
ansiedad. Festinger sostenía que, entonces, las personas sufren una incitación que los
lleva a reabsorber el estado de disonancia que les inquieta y perturba. La disonancia
entre estas dos cogniciones puede ser reducida si esa persona cambia de
comportamiento, y busca trabajo en una industria diferente. Pero otra manera de reducir
la disonancia consiste en cambiar de cogniciones; así, esa persona modifica sus ideas
sobre la energía nuclear.

c. Dos prejuicios, obstáculos, para el q quiera investigar y practicar psicología


social:
La opinión de q hay q agregar un suplemento espiritual a los fenómenos sociales.
Significa q se debe explorar el aspecto subjetivo de los acontecimientos de la realidad
objetiva. Por realidad objetiva debemos comprender la económica y social. las cosas en
general se presentan así: Se comienza por el análisis de diversos aspectos del sujeto
“colectivo”: el poder, desigualdades económicas, etc., una vez constituido este marco
constatamos las diferencias con respecto a lo q debería pensar o hacer ese sujeto
colectivo si obedeciera a los amplios determinismos económicos o sociales: descuida
intereses, no vota a la izquierda, etc., para dar cuenta de estas diferencias se invocan
factores de tipo subjetivo: sentimientos, valores, grado de conciencia social, influencia
de los medios de comunicación, etc. Entonces nos volvemos hacia la psicología social y
pedimos q comprenda lo q la gente “siente y piensa” (de ahí las encuestas) y mida sus
efectos.

El segundo, guarda simetría con el primero. La psicología estudia una suma enorme de
fenómenos: percepción, razonamiento, ansiedad, etc. Pero los estudia en el individuo
aislado, como si fuese autista.
Sabemos y nos damos cuenta q en el laboratorio, el individuo estando aislado y todo, no
deja de pertenecer al grupo, a una clase social. Y sus reacciones más banales son
influenciadas por esta pertenencia. La sociedad está ahí.
Entonces, el psicólogo se ve obligado a volver a estudiar los mismos fenómenos ahora
en el seno de la sociedad. Y obvio, encarga a la psicología social q añada una dimensión
objetiva a los fenómenos subjetivos, q contextualice de nuevo aquello analizado fuera
de la sociedad. Así, se le pide q analice el juicio social, la percepción social, etc.

El hecho es q vemos en la psicología social el medio de satisfacer carencias: por un


lado, llenar al sujeto social de un mundo interior, y por otro, resituar al sujeto individual
en el mundo exterior. Así, su naturaleza seria psicológica para unos y sociológica para
otros. Seria al mismo tiempo un hibrido.
Ahora bien, considerándolo todo, su presente y su pasado, esta imagen de hibrido no es
la suya. El carácter original de la psicología social consiste en cuestionar la separación
entre lo individual y lo colectivo, entre lo psíquico y lo social. Resulta absurdo decir q
mientras estamos solos obedecemos a las leyes de la psicología, q nos movemos por
emociones, valores o representaciones, y q una vez en grupo cambiamos bruscamente
para comportarnos siguiendo las leyes de la economía y de la sociología, movidos por
intereses condicionados por el poder. O al revés.

En realidad, la psicología social analiza y explica los fenómenos q son simultáneamente


psicológicos y sociales. Como las comunicaciones de masas, el lenguaje, las influencias
q ejercemos los unos sobre los otros, las imágenes y signos en general, las
representaciones sociales q compartimos, etc.

Lo individual y lo colectivo son solidarios, indiscernibles.

C. Las diversas teorías que nos ocupan

El enfoque psicosocial se guía por teorías y proposiciones precisas de las relaciones


entre los individuos y los grupos en un medio social determinado.
Por teoría entendemos un conjunto de proposiciones ligadas lógicamente q clasifican y
explican un conjunto de fenómenos. Toda teoría comporta intuiciones e imágenes q a
menudo conservan un carácter implícito. Tienden a la coherencia y a la correspondencia
con una serie de hechos q podemos observar, comprobar.
Lo q impresiona en psicología social es la diversidad desde el punto de vista lógico, el
hecho de q los análisis y las explicaciones no se sitúen en el mismo nivel. Lo q significa
q no podemos emplear un mismo criterio para compararlas. Este rasgo la distingue de
las otras psicologías. Acá usamos tres tipos de teorías:

a. teorías paradigmáticas: su papel esencial es proponer una visión global de las


relaciones y comportamientos humanos.

Teoría del campo de Lewin: parte de la idea, tomada de la física, de q el mundo


psicológico puede considerarse como un medio en cuyo seno los individuos constituyen
singularidades, concentraciones de fuerzas q actúan por proximidad. Nada está aislado
ni separado duraderamente. El campo comprende todas las influencias conexas,
afectivas e intelectuales q afectan un comportamiento determinado cuando este se
produce. El campo se compone de regiones interdependientes y sus principales
componentes son el espacio vivido (L), la persona (P), y el medio ambiente físico y
social (E). Lewin sostenía q con la ayuda de estos componentes podemos analizar la
manera psicológica con q las personas se representan su mundo y actúan unos sobre
otros. Gracias a esta imagen del campo, y de sus nociones, Lewin logra trasladar la
psicología de la forma, Gestalt, a los fenómenos sociales y proporciona un lenguaje para
describirlos.

b. teorías fenomenológicas: intentan describir y explicar fenómenos conocidos.


Algunas se ocupan de fenómenos fundamentales como la influencia.
Teoría de Sherif: su meta es comprender por qué los individuos autónomos, con juicio
propio y personal, convergen hacia un juicio común al hallarse en grupo y se conforman
con él mas tarde. Hipótesis fundamental: la mayoría de los objetos sociales son
ambiguos y es esto lo q los distingue de los físicos. Carecemos de criterios claros para
juzgarlos. Así, no tenemos criterios para evaluar la verdad o error en materia de
opiniones, valores, normas. Los individuos son presa de la incertidumbre y no saben q
juicio hacer sobre ellos. Con el fin de reducir esta incertidumbre, unos se apoyan sobre
el juicio de otros y forman una norma común q decide, arbitrariamente, lo verdadero y
falso. Esta norma representa la realidad, adquiere fuerza de ley, y los individuos se
conforman a ella y ya no ven más las cosas a través de sus propios ojos, sino a través de
los ojos del grupo.
c. Teorías operatorias: tratan de llegar a un mecanismo elemental q explica un conjunto
de hechos.
Teoría de la disonancia cognitiva: Festinger. Cuando la persona dispone respecto a un
objeto de dos cogniciones o dos representaciones acordes entre sí, hay consonancia y
siente satisfacción. Cuando no son acordes, o incluso son opuestas entre sí hay
disonancia y la persona es víctima de la ansiedad. Las personas sufren una incitación q
los llevan a reabsorber el estado de disonancia q les inquieta y perturba. Supongamos q
uno tiene un cierto número de opiniones ecológicas, y al mismo tiempo trabaja en una
planta nuclear. La disonancia entre esas dos cogniciones puede ser reducida si la
persona cambia de comportamiento, y busca otro trabajo; o, si modifica sus ideas sobre
la energía nuclear. Los dos tipos de cambio tienen por efecto la consonancia. Este
mecanismo elemental permitió explicar un gran número de fenómenos de cambios de
actitud y comportamiento.

Los tres tipos de teorías coexisten dentro de la psicología social. Ninguna constituye un
tipo puro.

D. Los métodos de verificación de las teorías y de observación de las realidades


El método de observación: El psicosociologo q trabaja sobre el terreno, intenta registrar
precisa y sistemáticamente las actividades realizadas por las personas dentro de su
marco normal. Pero debido al pequeño número de personas o la escasez de las ocasiones
para realizar observaciones no es posible sacar conclusiones fiables. No obstante la
investigación sobre el terreno representa el mejor método comprender la vida del
individuo y del grupo simultáneamente en varios campos (religioso, político, cultural,
etc.) y sus conexiones.
El inconveniente es q las personas generalmente saben q están siendo observadas. No
hablan ni se comportan de manera normal. Para obviar esta deformación, los
psicosociologos aplican instrumentos invisibles q les permiten observar las acciones de
la gente sin q esta los note. Ej.: cámaras ocultas.
Una de las formas de observación más corrientes es sin duda la encuesta. Utilizan el
procedimiento de la entrevista para estudiar los sentimientos, representaciones o
acciones de la gente. También se utilizan cuestionarios, preguntas con redacción
precisa.
Gracias a esta técnica podemos interrogar a amplias muestras representativas de las
poblaciones. Así se obtiene una información fiable sobre casi todos los temas q
interesan al investigador. Pero la interpretación de los resultados de una observación
constituye la parte más delicada, porque depende de la finura de la descripción y del don
de la persona q la lleva a cabo.
El método experimental: Este método intenta provocar una serie de reacciones en
condiciones determinadas de antemano. La hipótesis del experimentador define
simultáneamente estas condiciones y la serie de reacciones esperadas. Así, por un lado
delimita las causas, y por otro, prevé los efectos. De este modo la teoría de Sherif
supone que la influencia del grupo será tanto más fuerte, mientras más ambiguo sea el
objeto sometido a juicio. Entonces, se presentará en una pantalla una serie de puntos y
se pedirá q cada uno diga en voz alta cuantos hay. Mientras más numerosos sean los
puntos más difíciles será contarlos y mayor será la influencia mutua entre los individuos
en sus respuestas.

La investigación experimental requiere dos factores: la variable independiente (que el


experimentador varia), y la variable dependiente (el comportamiento resultante de la
manipulación experimental, la convergencia de juicios en las respuestas).
Particularmente en psicología social se utilizan cómplices: son individuos parecidos a
los q participan en la experiencia y q deben hacer lo q hacen los otros. Pero han recibido
instrucciones con anterioridad. Una experiencia en psicología social es un espectáculo
meticulosamente puesto en escena q permite simular un cierto número de situaciones y
fenómenos corrientes.
Las experiencias en laboratorios pueden completarse mediante experiencias sobre el
terreno en las q el investigador intenta manipular la variable independiente.
Si el primer método marco los inicios de nuestra ciencia, el segundo predomina en su
estado actual. Y posiblemente ha sido la diversidad de métodos la q ha permitido a la
psicología social trabajar a varios niveles de realidad social y comprender fenómenos
diferentes.
Vander Zanden
Primeras raíces de la Psicología Social y la Sociología.
Aunque la Psicología Social es una ciencia antigua (algunos sostienen que sus
fundamentadores fueron Platón y Aristóteles), fue proclamada oficialmente como
campo de estudio separado en 1908, año en que aparecieron los dos primeros textos en
lengua Inglesa: “Introduction to Social Psyckogy” de William Mc Dougall, psicólogo, y
“Social Psyckology” de E. A. Ross, sociólogo. En los años transcurridos hasta la fecha,
la disciplina ha mantenido sus logros interdisciplinarios con la Psicología y la
Sociología. Debido a esto es una disciplina que se dicta tanto en departamentos de
Psicología como de Sociología.
Hasta hace poco tiempo Psicólogos y Sociólogos tendían a seguir caminos separados.
Los Psicólogos se ocupaban de los individuos y de los estímulos sociales que obran
sobre él, y los Sociólogos de la relación mutua entre el individuo y la sociedad,
poniendo de relieve el papel que cumple la interacción social en la vida humana.
Dentro de la Psicología, la Psicología Social se diferencia de otras subdivisiones (como
el estudio del aprendizaje, la percepción, la motivación y la conducta) porque difieren
en su interés primordial.
Teorías de la Psicología Social.
Una teoría es la red que tenemos para atrapar el mundo de la observación, de manera de
que podamos explicarlo, predecirlo e influir en él. Formular una teoría es una forma de
conferir sentido a un conjunto confuso de datos mediante una construcción simbólica.
Ello nos permite reunir una multitud de hechos en forma significativa para
comprenderlos a todos a la vez.
Consecuentemente una teoría es en parte un resumen de hechos conocidos, y en parte
una conjetura de las significaciones de tales hechos y de las probables relaciones entre
ellos.
Una teoría nos permite: 1º) Organizar nuestras observaciones y manejar la información;
2º) Ver las relaciones de los hechos y descubrir asociaciones mutuas que de otro modo
no serían visibles; 3º) Estimular la indagación.
Dentro de la Psicología Social, han surgido varias tradiciones técnicas distintas, lo que
es lógico, ya que un mismo comportamiento puede ser considerado desde diversas
perspectivas.
Teoría Conductista:
Se ocupa de como un organismo aprende, es decir adquiere respuestas; su
enfoque se denomina “conductismo” (Watson). Watson insistía en que la Psicología
debía estudiar el modo en que la gente se conducía en la práctica y que la mejor forma
era emplear los procedimientos experimentales de la psicología animal.
Los conductistas fragmentaron la conducta en unidades llamadas respuestas y
dividieron el ambiente en unidades llamadas “estímulos”. Por eso se hace referencia al
conductismo como la Psicología del “estímulo-respuesta”. La aseveración es que un
estímulo y una respuesta están asociados generando una relación funcional. Subestiman
las estructuras internas o procesos mentales que intervienen entre el estímulo y la
respuesta por el hecho de que no son directamente observables. Ponen el acento en el
papel que cumple el refuerzo en el establecimiento y fortalecimiento de los nexos entre
estímulo y respuesta.

Teorías Cognitivas y de la Gestalt:


Estas teorías ven al organismo como un agente activo en la recepción, utilización
y transformación de la información. Las personas piensan, resuelven problemas y toman
decisiones; vale decir, manipulan mentalmente imágenes, símbolos e ideas. Se emplea
el término “cognición” para referirse al conjunto de procesos mentales que transforman
los aflujos sensoriales, confiriéndoles algún significado. Los pensamientos son factores
causales de la conducta; las personas pueden, son capaces de intervenir en el campo de
sus acontecimientos en forma consciente y deliberada. Les interesa como utilizamos la
información procedente de nuestro medio ambiente y de nuestros recuerdos para tomar
las decisiones que tomamos.
Los Gestaltistas hacen hincapié en que las partes o elementos no existen aislados, sino
organizados en totalidades. Por lo tanto se supone que el cerebro procesa, organiza e
interpreta los estímulos recibidos de los órganos receptores, relaciona una experiencia
con otra en términos de un contexto más amplio e inclusivo.
Estas orientaciones se reflejaron en diversas teorías sobre la “coherencia actitudinal”:
las personas tienden a organizar sus actitudes de manera armoniosa, para que no haya
conflicto entre ellas, y también en la “teoría de la atribución”, que se ocupa del proceso
por el cual las personas adjudican causas a la conducta.
Teoría del Campo:

Kurt Lewin (1890-1947) formó parte del grupo del Gestaltistas pero luego avanzó en
nuevas direcciones como para diferenciar su “teoría de Campo” de la Gestaltista.
Se basó en el concepto de “campo o espacio total”; supuso que todos los sucesos
psicológicos son función del espacio vital de la persona, vale decir, del espacio formado
por la persona y su ambiente, como una conjunción de fuerzas interdependientes,
Integran el espacio vital todos los acontecimientos pasados, presente y futuros, ya que
en una situación cualquiera estos tres aspectos de la vida pueden influir en la conducta.
Lewin subrayaba que la comprensión de la conducta requiere conocer no solo
las experiencias pasadas, actitudes actuales y experiencias futuras de una persona, sino
también su contexto o situación inmediata.
El interés de Lewin por el espacio vital lo llevó a estudiar la dinámica de grupos.
Hizo desarrollos en cuanto a los tipos de liderazgo y la influencia sobre los miembros
del grupo. Su último trabajo fue el desarrollo de lo que hoy se conoce con el nombre de
“entrenamiento de la sensibilidad”, los “grupos T” (Training groups). Estos fueron la
primera fase de un movimiento más tarde caracterizado por los “grupos de encuentro”.
Teoría del Intercambio social (Beninger y Savory, 1981):
Constituye un intento de integrar la Teoría Conductista con los principios de la
economía clásica. De acuerdo a ésta, la gente entra en relaciones de intercambio porque
le brindan determinadas recompensas. Los teóricos del intercambio social, ampliaron el
concepto económico del “intercambio de mercaderías” para incluir en el comercio de
aprobación social, amor, gratitud, seguridad, reconocimiento, etc. Ampliaron también la
teoría conductista del aprendizaje de modo de incluir el proceso por el cual las personas
satisfacen sus mutuas necesidades y se recompensan y castigan unas a otras.
Para la teoría del intercambio social, las personas practican una suerte de
contabilidad psíquica, registrando las retribuciones, costos y utilidades que la relación
implica para ellas. Las “retribuciones” son todas aquellas cosas que para obtenerlas los
seres humanos incurren en costos; los “costos” todo aquello que tratan de evitar, y las
“utilidades” las retribuciones deducidos los costos.
La conducta social así es un intercambio de actividades entre dos personas
como mínimo, que se percibe como más o menos retributivo o costoso para una u otra.
Esa actividad puede ser laboral, amoroso, conyugal, amistosa y solo continuará en la
medida en que sea redituable para ambos bandos.
Los teóricos del intercambio social entienden que las personas son en esencia
seres racionales, pero no afirman que estén siempre bien enfocadas, o que sus
elecciones produzcan necesariamente los mejores o más sabios resultados. Describen a
la vida como una “empresa social” porque en la mayoría de los casos los individuos
solo pueden satisfacer sus necesidades merced a la cooperación de los demás. Este
hecho, exige la reciprocidad y genera la interdependencia social, pero como todo
comportamiento implica costos, y se mostrarán dispuestos a comprometerse en
relaciones duraderas y a “invertir” en ellas en forma continua sin rendimientos
inmediatos, en la medida en que supongan que a la larga lograrán resultados más
favorables.

Interaccionismo Simbólico:
Es un amplio enfoque sociológico y psicológico social que alcanzó su desarrollo en los
estados Unidos de América, bajo la influencia de filósofos pragmáticos, como William
James y Jhon Dewey. Fue luego elaborado por sociólogos como Charles H. Cooley,
George H. Mead y William Thomas. Hay variantes de éste movimiento interaccionista,
es Herbert Blumer (1969) quien resume sus elementos esenciales en tres supuestos
básicos: 1º) Los seres actúan respecto a las cosas sobre la base de los significados que
tienen para ellos; 2º) El significado de tales cosas deriva o proviene de la interacción
social que cada sujeto mantiene con sus semejantes, y 3º) Estos significados son
manejados y modificados a través de un proceso interpretativo utilizado por la persona
en su abordaje de las cosas.
Los “interaccionistas sociales” afirman que los hombres son seres sociales que viven
una existencia grupal, pero que a diferencia de las hormigas o abejas, poseen pocos
mecanismos instintivos innatos mediante los cuales pueden vincularse entre sí y
modelar su vida dentro de las sociedades que forman.
En el hombre en el curso de su evolución, en vez de desarrollar adaptaciones
orgánicas frente a ambientes particulares, su organismo permaneció relativamente
generalizado y capaz de adaptarse a ambientes muy diferentes. Hizo adaptaciones
culturales por medio de mecanismos producidos socialmente.
Los símbolos verbales y no verbales son la clave para comprender la vida
humana. Los símbolos, en especial el lenguaje, permiten a los individuos comunicarse
entre sí y transmitirse conocimientos, habilidades, ideas y creencias.
El significado es asignado por el perceptor, por lo tanto los individuos deben
interpretar el mundo que los rodea, y en esto son importantes los símbolos. Ellos
permiten que desarrollemos diálogos internos con nosotros mismos, funcionando como
importantes vínculos del pensamiento. A través de la manipulación interna de símbolos,
llegamos a definir conductas y situaciones atribuyéndoles significado.
Los interaccionistas sociales rechazan la idea de que las personas reac-cionan de manera
automática frente a determinados estímulos; afirman, que los indi-viduos constituyen
creatívamente sus actos de acuerdo con los significados que le atribuyen a una
situación. Piensan que ensayan mentalmente dichos actos antes de ejecutarlos,
funcionando luego como experimentadores de sus propias acciones. Cierto grado de
impredecibilidad es inherente a la conducta humana, pues las personas deben
continuamente crear significados y procedimientos para adecuar sus actos.
Los individuos negocian la interacción al amoldar sus cursos de acción a los ajenos; por
ello consideran que las instituciones y grupos construidos por los seres humanos, son
ordenamientos dinámicos en continua evolución, negociación y reelaboración. Conciben
la vida social como un proceso de devenir.

Etnometodología:
Harold Garfinkel (1974) y sus discípulos crearon un enfoque de los fenómenos sociales
al que denominaron “etnometodología”. Etno deriva del griego y significa gente o
pueblo, mientras que la palabra metodología designa los procedimientos mediante los
cuales algo es analizado. Por lo tanto en sentido literal, etnometodología se refiere a los
procedimientos que emplea la gente para hacer que la vida social y la sociedad le
resulten comprensibles.
El foco central de esta teoría, está constituido por las actividades prácticas cotidianas de
la gente, en especial los métodos que emplean para generar y manejar asuntos.
Intenta responder a la pregunta ¿de qué manera se efectúa la actividad social? Procura
echar luz sobre las actividades comunes, “presupuestas” o “sobreentendidas” que
caracterizan la vida de todos los días; “esas cosas que todo el mundo sabe” pero que se
pasan por alto casi siempre en el examen. Aunque influyen en el comportamiento,
ponen el acento en los métodos por los cuales se constituye la interacción y su imagen
en la vida social.
Afirman que revelar los supuestos y procedimientos subyacentes de las personas, es
revelar el mundo social; atender particularmente al modo en que las personas se las
ingenian para producir y mantener un sentido de orden social. En este sentido, el orden
que yo como persona encuentro en el mundo, no es solo un orden para mí; ni siquiera
un orden para ti, sino un orden para nosotros.

Los métodos de la psicología social


El método de observación:

La mejor manera de aprender algo sobre la vida del individuo y del grupo
consiste en una investigación llevada a cabo sobre el terreno. El psicólogo social que
trabaja sobre el terreno, como el clínico, intenta registrar de manera precisa y
sistemática las actividades realizadas por las personas dentro de un marco normal. Toma
notas o emplea el grabador de sonidos, de vídeo, el cine. Estas investiga-ciones han sido
llevadas a cabo durante manifestaciones de masas, en viviendas particulares, en aulas,
comunidades rurales, etc. Debido a las pocas oportunidades de efectuarlas no es posible
sacar conclusiones fiables. No obstante resultan muy valiosas hipótesis, para iniciar un
trabajo y un desarrollo.

La investigación sobre el terreno es el mejor método para comprender la vida del


individuo y del grupo simultáneamente en varios campos (religiosa, político, cultural,
etc.) y sus conexiones. Sus conclusiones aplicadas rigurosamente proporcionan
esquemas de relaciones y acciones no vistas con anterioridad. El inconveniente es que
las personas sometidas saben que son observadas; no hablan ni se comportan como lo
harían entre ellas. Para obviar esta deformación se utilizan instrumentos invisibles que
permiten observar sin que los observados lo noten (cámaras ocultas).
La forma de observación más frecuente es la encuesta, realizada mediante
entrevistas o sondeo de opinión.
La interpretación de los resultados de una observación constituye la parte más
delicada, pues depende de la calidad de la descripción y del don de la persona que la
lleva a cabo. Las nociones de una teoría permiten una interpretación más o menos
fecunda.
El método experimental:

Este método intenta provocar una serie de reacciones en condiciones


determinadas de antemano. La hipótesis del experimentador definen simultáneamente
estas condiciones y la serie de reacciones esperadas. Delimita las causas y prevé los
efectos.
La investigación experimental requiere dos factores. El factor que el
experimentador varia sistemáticamente recibe el nombre de variable independiente. El
comportamiento resultante de la manipulación experimental es denominado variable
dependiente. Para dominar la relación entre las dos variables es necesario trabajar en un
laboratorio. A menudo emplea un asistente que conduce la experiencia y que no está al
tanto de las hipótesis ni de los resultados esperados para disminuir los riesgos de
orientar a los sujetos.
En algunos casos se utilizan cómplices, parecidos a los participantes, que deben
hacer lo que hacen los otros, pero siguiendo instrucciones recibidas con anterioridad.
De esto se deduce que una experiencia de Psicología Social es un espectáculo
meticulosamente puesto en escena que permite simular situaciones y fenómenos
corrientes. Siempre es necesario utilizar un ardid, porque si supieran de ante mano la
verdadera finalidad no actuarían de manera espontánea.
Las experiencias de laboratorio pueden completarse con experiencias sobre el
terreno en las que el investigar intenta manipular la variable independiente; aunque
tratando en un marco normal, estas experiencias son difíciles de organizar y ejecutar.

La Psicología Social es probablemente la única ciencia social que recurre de


manera predominante a la experimentación. Muchos psicólogos sociales se rebelan
contra esta tendencia, han buscado métodos de recambio a fin de no estar sujetos al
laboratorio. Se ha dicho que la experiencia sobre el terreno ofrece la principal solución
de recambio pues permite conciliar una descripción rigurosa de los fenómenos con la
riqueza de lo real. También se ha propuesto el juego de roles, pero hasta ahora estas
soluciones de recambio no se han impuesto.
UNIDAD II

Vander Zanden – Orden Social


¿Qué es el orden social? Al observar varios aspectos de la vida en sociedad podemos
observar que ésta se nos presenta organizada y focalizada, no como azaroso y fortuito.
Experimentamos gran parte de la vida como algo estable y predecible. Es este “orden”
en el que estamos inmersos diariamente al que denominamos el orden social. La
Etnometodología estudia en detalle cómo llegamos a construir este orden social, es
decir, estas pautas de comportamiento establecidas y compartidas por los miembros de
una sociedad, en especial las más cotidianas o comunes (como hacer cola en un
supermercado).
Es este orden social el que nos permite poder desenvolvernos sin mayores tropiezos en
una sociedad. Nos permite experimentar el mundo como algo estable y predecible.
Normas
Una de las formas en que adquirimos este sentido de orden social es a través de las
expectativas que compartimos con los demás. Nuestro comportamiento nos es
prescripto en términos de lo que debemos y no debemos hacer. Estos requerimientos
sociales son normas, vale decir, patrones de conducta compartidos por los miembros
de un grupo social, a los que se prevé que ellos han de ajustarse, y que son puestos
en vigencias en formas de sanciones positivas y negativas.
Las normas nos suministran perfiles y pautas orientadoras que nos dicen qué acciones
son apropiadas para determinadas circunstancias.
En su mayoría las normas no están enunciadas en ningún código oficial. Son más bien
una síntesis abstracta de los aspectos aislados sobre los cuales los miembros de una
sociedad enuncian su parecer acerca de una determinada cuestión
Orden Negociado

Formación de la norma
Experimentos de Sheriff y Asch – Teoría de la rotulación
Obediencia – Milgram
Moscovici
La noción de representación social
En tanto que fenómenos, las representaciones sociales se presentan bajo formas
variadas, más o menos complejas. Imágenes que condensan un conjunto de
significados; sistemas de referencia que nos permiten interpretar lo que nos sucede,
e incluso, dar un sentido a lo inesperado; categorías que sirven para clasificar las
circunstancias, los fenómenos y a los individuos con quienes tenemos algo que ver;
teorías que permiten establecer hechos sobre ellos. Y a menudo, cuando se les
comprende dentro de la realidad concreta de nuestra vida social, las representaciones
sociales son todo ello junto. Pero en los ejemplos que hemos citado, pasando del
laboratorio a contextos sociales o históricos, de datos recopilados mediante
procedimientos codificados al análisis de los discursos institucionales o espontáneos,
vemos perfectamente que siempre se trata de lo mismo. A saber: una manera de
interpretar y de pensar nuestra realidad cotidiana, una forma de conocimiento social.
Y correlativamente, la actividad mental desplegada por individuos y grupos a fin de
fijar su posición en relación con situaciones, acontecimientos, objetos y
comunicaciones que les conciernen. Lo social interviene ahí Je va rías maneras: a
través del contexto concreto en que se sitúan los individuos y los grupos ; a través de
la comunicación que se establece entre ellos ; a través de los marcos de aprehensión
que proporciona su bagaje cultural; a través de los códigos, valores e ideologías
relacionados con las posiciones y pertenencias sociales específicas.

Así pues, la noción de representación social nos sitúa en el punto donde se intersectan
Lo psicológico y lo social .Antes que nada concierne a la manera cómo nosotros, sujetos
sociales, aprehendemos los acontecimientos de la vida diaria las características de
nuestro medio ambiente, las informaciones que en él circulan, a las personas de nuestro
entorno próximo o lejano. En pocas palabras, el conocimiento «espontáneo», «ingenuo»
que tanto interesa en la actualidad a las ciencias sociales, ese que habitualmente se
denomina conocimiento de sentido común, o bien pensamiento natural, por oposición al
pensamiento científico. Este conocimiento se constituye a partir de nuestras"'
experiencias, pero también de las informaciones, conocimientos, y modelos de
pensamiento que recibimos y transmitimos a través de la tradición, la educación y la
comunicación social. De este modo, este conocimiento es, en muchos aspectos, un
conocimiento socialmente elaborado y compartido.

Objetivación y Anclaje
Al estudiar cómo penetra en la sociedad una ciencia, el psicoanálisis,
S. Moscovici puso de manifiesto dos procesos principales que explican cómo lo social
transforma un conocimiento en representación y cómo esta representación transforma lo
social.
Estos dos procesos, la objetivización y el anclaje, se refieren a la elaboración y al
funcionamiento de una representación social, pues muestran la interdependencia entre la
actividad psicológica y sus condiciones sociales de ejercicio.

Objetivización

En este proceso, la intervención de lo social se traduce en el agenciamiento y la forma


de los conocimientos relativos al objeto de una representación articulándose con una
característica del pensamiento social, la propiedad de hacer concreto lo abstracto, de
materializar la palabra. De esta forma, la objetivización puede definirse como una
operación formadora de imagen y estructurante.

1 / El proceso de la objetivización. - La representación permite intercambiar percepción


y concepto. Al poner en imágenes las nociones abstractas, da una textura material a las
ideas, hace corresponder cosas con palabras, da cuerpo a esquemas conceptuales.
Procedimiento tanto más necesario en cuanto que, en el flujo de comunicaciones en que
nos hallamos. sumergidos, el conjunto demasiado abundante de nociones e ideas se
polariza en estructuras materiales. «Objetivizar es reabsorber un exceso de significados
materializándolos. »

2 Implicaciones del paradigma de la objetivización. - el modelo de a objetivización en


su triple carácter de: construcción selectiva / esquematización estructurante /
naturalización, resulta tener una gran importancia. Por una parte, se lo puede generalizar
a toda representación. El propio Roqueplo demostró de forma magistral que la
vulgarización científica sigue, en tanto que proceso, las mismas fases que la
objetivización. Por la otra, implica importantes prolongaciones desde el punto de vista
de la lógica y del funcionamiento del pensamiento social.

La estabilidad del núcleo figurativo, la materialización y la especialización de sus


elementos les confieren el status de marco e instrumento para orientar las percepciones
y los juicios en una realidad construida de forma social. Y otorga sus herramientas al
anclaje, segundo proceso de la representación social.
El anclaje: la representación en lo social

Este segundo proceso se refiere al enraizamiento social de la representación y de su


objeto. En este caso, la intervención de lo social se traduce en el significado y la
utilidad que les son conferidos. Al menos así son los dos aspectos que han retenido con
mayor frecuencia la atención, debido a la función social de la representación que llevan
aparejada.
Ya no se trata, como en el caso de la objetivización, de la constitución formal de un
conocimiento, sino de su inserción orgánica dentro de un pensamiento constituido.

1 / El anclaje como asignación de sentido.

La jerarquía de valores que se impone en la sociedad y sus diferentes grupos contribuye


a crear, alrededor del psicoanálisis y su representación, una «red de significados» a
través de la cual son situadas socialmente y evaluadas como hecho social
Este juego de significados externos tiene incidencia sobre las relaciones establecidas
entre los diferentes elementos de la representación. Dependiendo de que un grupo sitúe
la práctica analítica en una perspectiva política o científica mostrará una tendencia a
prestarle diferentes usuarios

2 / El anclaje como instrumentalización del saber.


  Esta modalidad permite comprender cómo los elementos de la representación no solo
expresan relaciones sociales, sino que también contribuyen a constituirlas. En el
caso del psicoanálisis, esta modalidad transforma la ciencia en saber útil para todos
confiriéndole un valor funcional en la comprensión e interpretación de nosotros mismos
y de aquellos que nos rodean. Alguno verá. en el sonrojamiento y la cortedad, un
complejo de timidez; otro, ejecutivo de, profesión, atribuirá la agresividad de sus
subordinados al hecho de que él encarna la imagen del padre.
Este proceso tiene lugar inmediatamente después de la objetivización. La estructura
gráfica de convierte en guía de lectura y, a través de una. «generalización funcional», en
teoría de referencia para comprender la realidad.

3 / Anclaje y objetivización. - La relación existente entre la cristalización de una


representación en torno a un núcleo figurativo, por una parte, y un sistema de
interpretación de la realidad y de orientación de los comportamientos, por la otra, queda
perfectamente ilustrada en la relación establecida con los enfermos mentales por parte
de los habitantes de la comunidad rural que hemos estudiado.
La observación de los enfermos y el bagaje de saberes y experiencias acumuladas por la
tradición y transmitidas por la comunicación, hacen que se imponga en toda la
comunidad una concepción que relaciona el estado del enfermo con la disfunción de un
sistema tripartito, especie de teoría ingenua sobre la «estructura del organismo».
Estos diferentes ejemplos muestran cómo operan estas estructuras significantes y
gráficas de la representación.

4 / El anclaje como enraizamiento en el sistema de pensamiento


Unidad III
Van der Zanden

Capítulo 6

Actitud

Una actitud es una tendencia o predisposición adquirida y relativamente duradera a


evaluar de determinado modo a una persona, suceso o situación y actuar en consonancia
con dicha evaluación. Constituye, pues, una orientación social, o sea, una inclinación
subyacente a responder a algo de manera favorable o desfavorable.

Elementos componentes de las actitudes


Los psicólogos sociales disciernen tres elementos componentes en una actitud: el
cognitivo, el afectivo y el conductal.

El componente cognitivo es el modo en que se percibe un objeto, suceso o situación; los


pensamientos, ideas y creencias que un sujeto tiene acerca de algo. En su forma más
simple, el elemento cognitivo es una categoría que empleamos para pensar. Así, la
categoría "automotor" incluye los camiones, camionetas, autos de diversas marcas
(Ford, Cadillac, Honda, etc.) y así siguiendo. Enunciados de la forma "los automotores
son esto o aquello" y "los automotores· tienen esto o aquello" expresan ideas que
forman parte de este componente (Triandis, 1971). Cuando el objeto de la actitud es un
ser humano, el componente cognitivo con frecuencia es un estereotipo, vale decir, un
cuadro mental que nos forjamos de una persona o un grupo de personas.

El componente afectivo de una actitud consiste en los sentimientos o emociones que


suscita en un individuo la presentación efectiva de un objeto, suceso o situación, o su
representación simbólica.

El componente conductal de una actitud es la tendencia o disposición a actuar de


determinadas maneras con referencia a algún objeto, suceso o situación. La definición
pone el acento en la tendencia, no en la acción en sí. El mero hecho de que un individuo
quiera actuar en cierta forma no implica necesariamente que lo haga: quizá no logre
traducir sus inclinaciones. en una acción manifiesta. Por ejemplo, ciertos sujetos
prejuiciados tal vez no lleven a la práctica su intento de discriminación al ·conocer las
penalidades que la ley prevé para ella.

Funciones de las actitudes

Daniel Katz (1960) propuso una teoría funcionalista de las actitudes, entendiendo que
éstas se hallan determinadas por las funciones que cumplen para los otros.
Sumariamente, el individuo mantiene ciertas actitudes porque lo ayudan a alcanzar sus
metas básicas. Katz discierne cuatro tipos de funciones psicológicas cumplidas por las
actitudes:
 Función de adaptación. Típicamente, los seres humanos procuran maximizar
las recompensas y minimizar las penalidades. Según Katz, desarrollan actitudes que
los ayudan a cumplir con este objetivo. Por ejemplo, los choriplaneros votaran a la kristi para
tener más planes mientras que los empresarios oligarcas a Macri por favorecer a las empresas.

 Función de defensa del yo. Ciertas actitudes sirven para protegemos de


reconocer variedades básicas sobre nosotros mismos o sobre la dura realidad de
la vida. actúan a manera de mecanismos de defensa, evitándonos padecer un
dolor interior. Uno de esos mecanismos es la proyección: atribuimos a otros
ciertos rasgos nuestros que consideramos inaceptables, y al hacerlo así nos
disociamos de tales rasgos.

 Función de expresión de valores. Si las actitudes defensivas del yo impiden que


se nos revelen realidades displacenteras, otras actitudes nos ayudan a dar
expresión positiva a nuestros valores centrales y al tipo de persona que
imaginamos ser. Estas actitudes refuerzan nuestro sentimiento de
autorrealización y expresión de sí. Tal vez nos imaginemos ser un "conservador
ilustrado" o un "militante izquierdista", Y en consecuencia cultivemos aquellas
actitudes que, a nuestro juicio, ponen de manifiesto ese valor nuclear; o tal vez
nos veamos como una persona "mundana" o "que está en la pomada", y
cultivemos actitudes que refuercen esta visión.

 Función de conocimiento. En la vida procuramos alcanzar cierto grado de orden,


claridad y estabilidad en nuestro marco personal de referencia; buscamos
comprender los acontecimientos que nos afectan y conferirles sentido. Las
actitudes nos ayudan al suministrarnos patrones de evaluación. Ya apuntamos
antes que los estereotipos nos brindan orden y claridad respecto de las complejas
y desconcertantes cuestiones que obedecen a las diferencias humanas.

La teoría funcionalista de Katz ayuda a explicar también el cambio actitudinal: Con


respecto a las condiciones conducentes al cambio actitudinal, la fórmula más general
que puede darse es que la' expresión de la antigua actitud (o su expresión prevista) ya no
satisface el correspondiente estado de necesidad. En otras palabras, no cumple ya su
función y el individuo se siente bloqueado o frustrado. La modificación o reemplazo de
una actitud vieja por otra nueva es un proceso de aprendizaje, y el aprendizaje parte
siempre de un problema o de las dificultades de un sujeto para hacer frente a una
situación.

Relación entre las actitudes y la conducta

Diversos investigadores han intentado resolver estos dilemas sugiriendo que la conducta
es función de por lo menos dos actitudes: una actitud hacia el objeto y una actitud hacia
la situación. De hecho, en determinadas situaciones pueden activarse actitudes
múltiples, diversas y aun contradictorias entre sí.
Icek AJzen y Martin Fishbein (1973, 1977) han propuesto una elaboración ulterior para
conceptual1zar la relación entre actitudes y comportamiento. Sostienen que si bien la
actitud que tenemos hacia un objeto influye en nuestra pauta general de respuestas hacia
él no permite predecir nuestra acción específica respecto del objeto. A estos autores les
ha interesado averiguar las intenciones subyacentes en nuestras acciones, y entienden
que estas intenciones están conformadas por tres factores:
1) la actitud que tengamos respecto de la realización del acto en cuestión;
2) nuestra creencia acerca de la probabilidad de que otros esperen que realicemos ese
acto, y
3) nuestra motivación para satisfacer tales creencias o amoldarnos a ellas.
Es por ello que los psicólogos sociales están viendo en términos cada vez más
complejos la relación entre actitudes y comportamiento, entendiendo que ellas
envuelven múltiples factores y variables mediadoras. Ya no se preguntan si puede
recurrirse a nuestras actitudes para predecir nuestra conducta manifiesta, sino cuándo
puede hacérselo. Sea como fuere, las actitudes ofrecen en cualquier situación un punto
de partida conveniente para el examen de la conducta de la persona en situación, que
empieza a construir sus acciones.

ORGANIZACION DE LAS ACTITUDES


Como sustrato de gran parte de las teorías e investigaciones de la psicología social
encontramos la idea de la coherencia actitudinal, la tendencia de las personas a
organizar sus actitudes armoniosamente, para que no haya conflicto entre ellas.
Del principio de coherencia actitudinal se extrae como premisa básica que las personas
procuran típicamente conciliar sus actitudes conflictivas, vale decir, que su cambio
actitudinal las hace pasar de un estado de incoherencia a otro de coherencia. Hay unas
cuantas variantes de la teoría de la coherencia, y aquí pasaremos revista a tres de ellas:
la teoría basada en el equilibrio, la de la resistencia a las actitudes y la de la disonancia
cognitiva.

Teoría de las actitudes basada en el equilibrio


Fue Fritz Heider (1946, 1958) quien formuló por primera vez el principio de la
coherencia actitudinal con su teoría de las actitudes basada en el equilibrio. Tres
elementos del cambio actitudinal le interesaban a Heider: 1) la persona que es el foco de
atención, a la que llamaremos P; 2) otra persona, a la que llamaremos O; y 3) una
entidad impersonal -objeto, idea o suceso-, a la que llamaremos X. El interés primordial
de este autor consistía en descubrir qué relaciones establece P con O y X.
Teoría de la resistencia de las actitudes
La teoría de la resistencia de las actitudes, que es una consecuencia de la teoría del
equilibrio, fue propuesta por Charles E. Osgood y sus colaboradores (Osgood y
Tannenbaum, 1955). Sostienen estos autores que cualquier persona posee muchísimas
actitudes, algunas coherentes entre sí y otras incoherentes. Estas últimas por lo general
no le plantean un problema: a menos que de algún modo resulten conectadas dentro del
mismo contexto.
Osgood y sus colegas desarrollaron un esquema empleando una escala de evaluación
que va desde bueno hasta malo, o desde + 3 a - 3. El punto + 3 de la escala, vinculado a
un hecho u objeto cualquiera, significa que hacemos una evaluación positiva máxima de
él; el punto -3, que hacemos una evaluación negativa máxima, y el O que nuestra
evaluación es neutral.
La base para las predicciones efectuadas por Osgood y sus colegas respecto de la
dirección y grado del cambio actitudinal reside en la premisa de que ninguna persona
siente con la misma intensidad o intencionalidad acerca de todas las cuestiones.
Comprobaron que cuanto más fuerte es una actitud, menos probable es que se la
modifique al conectarla o aparearla con algo de sentido contrario.
Teoría de la disonancia cognitiva
En esta teoría,
Festinger reemplaza el concepto de coherencia o equilibrio por el de consonancia, y el
de incoherencia o desequilibrio por el de disonancia. Según este autor, existe una
"propensión a producir relaciones consonantes entre las cogniciones y a evitar la
disonancia" (1957:9). Una cognición es cualquier fragmento de conocimiento ("hoy la
temperatura exterior está por debajo de cero grado"), de creencia ("una temperatura
inferior a cero grado provoca la gripe") o de opinión ("me fastidia que la temperatura
sea inferior a cero grado"), que las personas tienen acerca de sí mismas, su conducta o
su ambiente.
Jack W. Brehm y A.R. Cohen (1962) notaron que la teoría de Festinger sólo es válida en
ciertas condiciones. Y dos condiciones clave son el compromiso y la volición.
El compromiso es la situación en la cual el individuo está obligado a actuar de
determinada manera o a mantener determinada posición. Implica que, al cerrar la puerta
a conductas alternativas, la gente debe "convivir” con las decisiones que ha tomado, y
en consecuencia reducir cualquier elemento disonante derivado de su irreversible
compromiso.
La volición alude al grado de libertad que los individuos creen poseer al tomar una
decisión o efectuar una elección. Para que un sujeto experimente disonancia cognitiva,
debe estar convencido de que actúa en forma voluntaria, de que es el responsable de los
resultados de su decisión.
En estrecha asociación con los procesos del compromiso y la volición se encuentra el de
la reactancia, un estado motivacional encaminado a restaurar o salvaguardar esa
apreciada libertad, y cuanto mayor es la importancia que se otorga a la libertad
amenazada, mayor también es la magnitud de la reactancia.
Recompensa y disonancia. Ahondando más en esta cuestión, la teoría de la disonancia
formula una predicción sorprendente, porque contradice el sentido común: cuanto
menor sea la recompensa que recibe el individuo por un comportamiento contrario a su
actitud, mayor será el cambio actitudinal consecuente. Y además, cuanto menor la
coacción empleada para obligarlo a comprometerse, mayor también la probabilidad de
que cambie su actitud. Por ejemplo, el que recibe un dólar y el que recibe veinte por la
tarea aburrida: el de un dólar está en disonancia y debe racionalizar su falsedad
diciéndole que estuvo bueno mientras que los que recibieron veinte no tuvieron esa
disonancia y no les gustó.

Aronson sostiene que Festinger pasó por alto el conflicto entre el concepto de sí que
tiene el sujeto y sus cogniciones acerca de una conducta que lo transgrede. De acuerdo
con este punto de vista, la disonancia no se produce entre dos cogniciones cualesquiera,
sino que sólo surge cuando la conducta del individuo amenaza menoscabar los
sentimientos positivos que tiene acerca de sí.
PERSUASION Y CAMBIO ACTITUDINAL

La persuasión es el intento deliberado de una persona o bando para influir en las


actitudes o conductas de otros, con el objeto de alcanzar algún fin preestablecido. Para
que haya persuasión, hay que ajustar en un orden viable tres elementos: el comunicador,
el mensaje y el destinatario.
El comunicador
Sinceridad: las fuentes de alta credibilidad suelen producir más cambio de opinión que
las de baja credibilidad, pero las fuentes neutrales están a medio camino de producir un
cambio de opinión pero es mayor la captación del contenido del mensaje.
Además, si el comunicador trata de promover sus intereses, su influencia será menor
que si va en contra de aquéllos. A esto se agrega que la rapidez del lenguaje empleado
opera como un indicador de .credibilidad y, como tal, incrementa la persuasión del
mensaje.
Pericia. Ciertas investigaciones revelan que los peritos o expertos en un tema son más
persuasivos que los legos
Agrado. Otros estudios han revelado que cuanto más nos agrada la fuente de un mensaje
persuasivo, más probable es que cambiemos nuestras creencias para armonizarlas con la
defendida por ella

Similitud. Tendemos a dejarnos influir más por las personas similares a nosotros que por
las diferentes. Cabe presumir que, si percibimos que el comunicador es como nosotros,
pensamos que comparte nuestras necesidades y objetivos, y concluimos que aquello que
defiende es bueno para "nuestra clase de personas", acomodando consecuentemente
nuestras actitudes.

Fuentes múltiples. El sentido común parece decirnos que las fuentes múltiples de un
mensaje son más persuasivas que una fuente sola. Si· cada comunicador expone
argumentos persuasivos a favor de una cierta posición, los escuchas generarán
típicamente mayores pensamientos positivos acerca de ésta que si esas mismas
argumentaciones meritorias fueran proporcionadas por una única persona. Pero las
fuentes múltiples pueden ser un bumerán y volverse en contra del fin perseguido si cada
comunicador presenta argumentos débiles; en tal caso; los escuchas hallarán sus
mensajes más negativos y falaces que si esos mismos pobres argumentos fueran
presentados por una sola fuente.
El mensaje
El mensaje ocupa un lugar central en el proceso de la persuasión. El comunicador busca
obtener un cambio de actitud o de conducta. Para ser persuasivo, debe dar a sus ideas o
sentimientos una forma tal que puedan transmitirse al destinatario. Los psicólogos
sociales se han interesado por los factores que contribuyen a la eficacia de esta
comunicación.
Apelaciones al temor
Irving Janis y Seymour Feshbach (1953): A medida que iba en aumento el temor
provocado por el mensaje, disminuía la conformidad de los estudiantes con las acciones
recomendadas. Los hallazgos de otros estudios contradijeron los resultados de Janis y
Feshbach: cuanto mayor era el nivel de temor producido por el mensaje, mayor era
también la aceptación de que gozaban las recomendaciones (Leventhal, McGuire,)
Parecería que los mensajes que suscitan gran temor son mucho más persuasivos que los
que suscitan poco temor, siempre y cuando aquéllos contengan recomendaciones para
reducir ese temor, vale decir, para hacer frente al peligro ya sea dejando de fumar,
aplicándose la vacuna contra el tétanos o utilizando un cinturón de seguridad.
Conclusiones explecitadas
Ante públicos relativamente bien informados y sofisticados, o bien cuando la cuestión
que se trata es muy simple, resulta habitualmente más eficaz permitir que el público
extraiga la conclusión por sí mismo
Comunicaciones parciales e imparciales
Los hallazgos de las investigaciones sugieren que depende en parte del público que una
comunicación parcial o imparcial sea más o menos eficaz. La comunicación parcial
parece ser más eficaz si el público está mal informado o tiene un bajo grado· de
instrucción. Exponer ante un público tal las dos caras de la moneda sólo contribuye a
confundirlo y a brindarle argumentos contrarios que de otro modo no se le hubieran
ocurrido. También es más eficaz cuando el público coincide de antemano con el
mensaje, ya que en tales situaciones la unilateralidad del mensaje simplifica la cuestión
y fortalece las actitudes preexistentes en el público. Pero si el público está bien
informado y tiene un buen grado de instrucción, o si en un primer momento tiene una
actitud contraria al mensaje, parece ser mejor la comunicación imparcial
El destinatario
Existe cierta coherencia en la persona en cuanto al grado en que puede ser convencida
por determinadas apelaciones o en determinados temas. La relación entre la
personalidad y la persuasibilidad no puede determinarse sin tomar en cuenta la fuente Y
naturaleza del mensaje así como la índole de la cuestión de que se trata.
- Cuanto más "arraigada" se halla la actitud de una persona, merced a su enlace a
integración con otras creencias lógicamente conexas, más resistencia opondrá a
modificar dicha creencia (Holt 1970), y cuanto mayor es la involucración del
individuo en una cuestión y lo que significa para él, mayor es también su
resistencia a ser persuadido.
- En ciertas circunstancias, los juegos de roles parecen ser artificios eficaces para
modificar las actitudes y el comportamiento. Leon Mano e Irving Janis hicieron
el experimento de las enfermas y el cáncer.
- Si una persona da a conocer públicamente su posición en un tema y luego la ve
atacada, se resiste más a la propaganda contraria y se aplica más a la causa que
defiende.
- Si a una persona se la alerta acerca de una comunicación inminente que contraría
su postura actual, aumenta su resistencia a ser persuadida por dicha
comunicación. Las advertencias motivan a la gente a reconsiderar su postura y a
generar por anticipado réplicas frente al ataque inminente. Una persona
"avisada" es una persona con las armas prestas.
- La exposición voluntaria del individuo a la información tiende a ser sumamente
selectiva. Nos procuramos información que apoye nuestras creencias, y evitamos
la que pone en tela de juicio nuestra posición. Este comportamiento nos permite
reducir al mínimo la disonancia (Festinger, 1957). No obstante, hay excepciones
a este principio. Por ejemplo, nuestra atención es afectada por la novedad y la
utilidad de la información recibida. Además, las normas de honestidad, y
equidad intelectual pueden llevarnos a ponernos en contacto con información
que apoye al "otro bando", pese a la disonancia que dicho material suscite en
nosotros (Olson y Zanna, 1979).
- Las personas con fuertes convicciones relativas a ciertos problemas sociales
aceptan al pie de la letra los datos que confirman sus puntos de vista, y los
recuerdan mejor que a los que se oponen a ellos.

Vander Zanden capítulo 9

LAS RELACIONES SOCIALES Y LA ATRACCION INTERPERSONAL


Gran parte de la vida humana consiste en una interacción social, un proceso dirigido a
otra persona o personas, o estimulado o influido por éstas.
Muchas de nuestras interacciones sociales son de tipo casual, encuentros que suceden
una sola vez.
Esas interacciones por lo general carecen de continuidad a lo largo del tiempo, y es poco
lo que intervenimos de nosotros mismos en ellas. No obstante, precisamos de todos
modos "insertarnos" en el mundo de esos extraños, aunque el único motivo que nos guía
sea reducir al mínimo nuestra participación con ellos.

La creación de relaciones sociales envuelve la ligazón, proceso por el cual los


individuos y grupos se ligan entre sí. Dos tipos corrientes de ligazones son los lazos
expresivos y los lazos instrumentales.
Lazos expresivos. Muchas de nuestras necesidades humanas sólo pueden materializarse
si nos asociamos con otras personas significativas para nosotros sólo en la medida en
que invertimos nuestro ser personal en los demás y nos comprometemos con ellos, en la
medida en que establecemos lazos expresivos, logramos esta suerte de recompensa. Las
interacciones sociales basadas en los lazos expresivos se denominan relaciones
primarias. A estos compromisos emocionales con otra persona -un familiar, amigo o
amante- en una relación profunda los concebimos como un fin en sí, no como un medio.
Dentro de estas ligazones vivenciamos el afecto, la familiaridad Y proximidad, la
esencial unidad que hay entre ambos. Estos lazos nos confieren sentido y nos revelan
nuestra propia riqueza espiritual; ellos nos modelan y sustentan como seres humanos
singulares.

Lazos instrumentales. Independientemente de que nos preocupemos por nuestros


semejantes, la vida nos enfrenta con innumerables circunstancias en que nos
necesita1nos unos a otros para alcanzar ciertas metas. Y sólo cooperando, aunando
esfuerzos -estableciendo entre nosotros lazos instrumentales-, podemos alcanzar tales
finalidades.
Las interacciones sociales que descansan en los lazos instrumentales entre las personas
se denominan relaciones secundarias. Estas constituyen medios para alcanzar
determinados fines, más que fines en sí. En ellas los individuos entran como meros
elementos sociales. Las personas se ven a sí mismas como unidades autónomas
independientes, no como partícipes totalmente comprometidos.

El continuo de lo instrumental y lo expresivo. Si bien algunos de los lazos que


establecemos con las personas son predominantemente expresivos o predominantemente
instrumentales, otros tienen una mezcla de estas propiedades.

SOCIOMETRIA
La sociometría es un método objetivo para evaluar los criterios de atracción, rechazo o
indiferencia que rigen .entre los miembros de un grupo. Esta técnica ha sido
ampliamente utilizada en el estudio de la influencia y el poder, la amistad, la
adaptación· social, la estructura grupal, el espíritu de grupo, las relaciones· raciales, las
discrepancias polítii:as dentro de una comunidad y el status social. Su validez ha
quedado demostrada en estudios realizados en cofradías, estableci.inientos
universitarios y secundarios, asociaciones estudiantiles, campamentos de verano,
unidades de las fuerzas armadas, fábricas y aun en comunidades enteras.
La técnica implica, en lo fundamental, un cuestionario o entrevista sociométrica en que
se le solicita al sujeto que nombre a los tres (o cinco) individuos del grupo a cuyo lado
más le gustaría sentarse (o almorzar con él, o tenerlo como amigo íntimo, o ser su
vecino, o ir con él de campamento, o ser compañeros de equipo, y así sucesivamente).
Otra manera de realizar este estudio consiste en averiguar las pautas de discriminación,
rechazo o antagonismos preguntándole a la persona con quién le gustaría interactuar
menos en un contexto determinado. En todos los casos, se garantiza a los sujetos que sus
elecciones serán manteilidas en estricta reserva. Los datos obtenidos a partir de los
cuestionarios sociométricos pueden representarse en un sociograma, que indica
gráficamente los esquemas de elección entre los miembros de un grupo en un momento
determinado.
Atracción
Proximidad
La proximidad o cercanía física gravita considerablemente en la elección de nuestras
amistades. A igualdad de todos los demás factores, tendemos a simpatizar con aquellas
personas que se hallan geográficamente cercanas a nosotros.
Todos estos hallazgos revelan que la proximidad tiene un papel decisivo en la atracción
entre las personas, al brindarles la oportunidad para interactuar: la proximidad hace que
cada una esté disponible para la otra en mayor grado que si vivieran distantes. Actúa así
como una especie de cedazo físico, determinando la probabilidad del contacto inicial
Quizá la proximidad física sea una condición necesaria para la atracción entre la gente,
pero también puede operar como una condición para el odio.

Atractivo físico
Los psicólogos sociales han comprobado que preferimos la compañía y amistad de las
personas atractivas. Análogamente, aun en los casos en que el aspecto físico parece no
guardar ningún vinculo concebible con las demandas de un empleo determinado, lo
cierto es que la gente de buen aspecto tiene más probabilidad de ser contratada, incluso
por expertos seleccionadores de personal.
Aparentemente, las ventajas del atractivo físico comienzan a muy temprana edad. Se ha
comprobado que los recién nacidos a quienes jueces independientes consideran
atractivos son acunados, mimados y besados más que otros bebés menos atractivos

Similitud
Un buen número de investigaciones revelan que los seres humanos tienden a gustar de
aquellos que se asemejan a ellos. Los sujetos dicen simpatizar con personas que, por lo
que les sugiere el experimentador, tienen creencias y actitudes parecidas a las de ellos; y
a la inversa, se muestran menos inclinados hacia los que discrepan con ellos. Estudios
realizados sobre matrimonios también señalan el efecto de la homogamia, la tendencia a
formar pareja con un individuo "igual a uno".
¿Por qué motivo la similitud nos lleva a gustar de los demás? Los psicólogos sociales
han ofrecido una serie de explicaciones sobre esto.
 Coherencta·cognitiva: Siguiendo a Fritz Heider (véase el capítulo 6), Theodore
Newcomb (1956, 1961, 1963) afirma que las personas se afanan por lograr una
coherencia cognitiva entre sus actitudes y su comportamiento. Este autor
pronostica que las personas que 'concuerdan en asuntos importantes serán
atraídas mutuamente, porque cada una de ellas satisface la necesidad de
coherencia de la otra.
 Previsión de ser apreciado. Además, los sujetos se sienten atraídos hacia los
similares a ellos porque suponen que los apreciarán favorablemente, y ese
aprecio, a su vez, genera simpatía hacia el presunto amigo. Los investigadores
han comprobado, verbigracia, que si un sujeto cree que un desconocido
simpatizará con él, a su vez simpatiza con el desconocido.
 Refuerzo. Según Byme, la atracción que un sujeto siente hacia otro está determinada por
la proporción de refuerzos y de castigos que vincula con aquél. Dice que la percepción
de similitud es en sí una recompensa, en tanto que la percepción de desemejanza, no
sólo no es una recompensa sino que puede incluso constituir un castigo
 Los procesos de la comparación social. Leon Festinger {1954) ha propuesto
una teoría de la comparación social para dar cuenta de la gran conexión que
existe entre la similitud de actitudes y la atracción interpersonal. Sostiene este
autor que nos mueve un "impulso" básico a evaluar nuestras propias opiniones,
actitudes y características de nuestra personalidad, vale decir, a conocer la
verdad sobre nosotros mismos. De hecho, comprobamos que mostrar nuestros
errores o un desempeño deficiente frente a los demás es penoso.
Necesidades complementarias
Más que subrayar las similitudes entre la gente, Winch pone el acento en sus
diferencias, centrándose en el papel que cumplen en dicha atracción las necesidades
complementarias, o sea, aquellos rasgos de personalidad que son uno la contrapartida
del otro, y cuando están presentes ambos brindan un sentido de completamiento a las
personas respectivas: cada una de ellas suministra a la otra aquello de lo cual carece.
Murstein ( 1967, 1972, 197 6) da una versión algo distinta de esta teoría, subrayando el
papel que cumple en la atracción interpersonal la compatibilidad de los roles, vale decir,
la forma en que cada miembro de la pareja satisface las expectativas del rol del otro, y
de qué manera esta "adecuación" de los roles es mutuamente gratificante. Por ejemplo,
un atleta sexual buscará una mujer apasionada y no una intelectual fría.

Richard V. Wagner (1975) ha procurado integrar la teoría de las necesidades


complementarias de Winch con la idea de Murstein acerca de la compatibilidad de los
roles. Sus estudios sobre las relaciones laborales entre los consejeros psicológicos de
tres colonias de vacaciones vinieron en apoyo de su formulación. Pudo demostrar que la
atracción interpersonal dependía del grado en que los individuos gratificaban
mutuamente sus necesidades sociales, y también del grado en que cumplían con las
obligaciones pertinentes al contexto de los roles en que se daba la relación.
En general, aún no se ha establecido cabalmente la utilidad de esta teoría; a todas luces,
es necesario contar con elaboraciones más refinadas.
Intercambio social
Una cantidad de científicos sociales han subrayado que simpatizamos con aquellos que
nos recompensan, y nos desagradan aquellos que nos inflingen alguna clase de castigo o
perjuicio. De acuerdo con este punto de vista, los factores generales que determinan la
atracción están vinculados con las recompensas y castigos mutuos que se materializan
en el intercambio social. En resumen, según esta concepción, una gran cantidad de
nuestros actos se basan en la confianza que depositamos en que de ellos fluya o emerja
una retribución -tal vez algún anhelo de amor, gratitud, reconocimiento, seguridad o
beneficio material-. A menos que nuestras expectativas no se cumplan, las recompensas
que se conceden mutuamente las personas en el curso de la interacción social
mantienen la atracción recíproca y hacen que perdure la asociación entre ellas · (Blau,
1964; Lott y Lott, 1974; Burgess y Huston, 1979). En síntesis, el mutuo intercambio de
recompensas da por resultado el refuerzo recíproco.
En la teoría del intercambio asume importancia crítica la relación entre retribuciones y
costos. Se denomina utilidad al total de retribuciones menos los costos.
Los que propugnan esta teoría afirman que· en nuestra interacción social llevamos
registro de tales utilidades, y que una relación cualquiera sólo persiste en la medida en
que ambos bandos las reciben. Los costos no sólo incluyen los perjuicios o castigos,
sino también los esfuerzos físicos o psíquicos (fatiga, ansiedad, molestia, desazón).
Con5ecuentemente, en esta concepción se cree que las personas practican una suerte de
contabilidad psíquica, registrando las retribuciones, costos y utilidades (retribuciones
menos costos) que la relación implica para ellas.
Todo costo es un valor que se pierde, y por ende el individuo recurre a cierto patrón de
evaluación o nivel de comparación. En suma, la teoría del intercambio social nos
propone que toda díada que participa en una relación mutuamente satisfactoria
intercambiará conductas que tienen para cada uno de los miembros bajo costo y alta
retribución.
Una de las grandes virtudes de la teoría del intercambio es que nos permite identificar
ciertos principios unificadores que subyacen en los otros factores determinantes de la
atracción. Por ejemplo el bajo costo para el feo que quiere a la linda pero el alto costo
que representaría a la linda estar con el feo.
Esta teoría es útil también para explicar otros factores presentes en la atracción. Las
personas que viven geográficamente próximas entre sí han de interactuar con mayor
probabilidad, debido al poco costo que implica iniciar el diálogo. Aquellos que
comparten actitudes y valores pueden brindarse mutuamente, a muy bajo costo, la
retribución de su convalidación actitudinal y apoyo social.

RESUMEN
1. Gran parte de la vida humana consiste en la inte1acción social. Los grupos humanos
se componen de personas que actúan, y la vida grupal está constituida por sus acciones.
2. Algunas de nuestras interacciones sociales son encuentros casuales y esporádicos,
que suceden quizás una sola vez. Otras continúan lo suficiente como para ligar a la
gente por medio de un conjunto relativamente estable de expectativas son las relaciones
sociales.
3. Pueden discernirse dos tipos de lazos que ligan a las personas: los expresivos y los
instrumentales. Los lazos expresivos caracterizan a las relaciones primarias, los
instrumentales, a las secundarias.
4. Aparte de las relaciones bilaterales, la vida humana abarca también múltiples
relaciones organizadas en redes. Concebida como estructura social, una red es una trama
de relaciones que parten de un individuo ligándolo en forma directa a otros y, a través
de· éstos, indirectamente a muchos más. Una manera de abordar el estudio de las redes
ha puesto el acento en los senderos o hilos que unen a las partes en cada una de las
redes; otro enfoque ha subrayado la "trabazón" de las interconexiones que se dan dentro
de ellas.
5. A igualdad de todos los demás factores, tendemos a simpatizar con las personas que
se encuentran geográficamente más próximas a nosotros.
6. A igualdad de todos los demás factores, obtenemos el mayor ".rédito" y el menor
"costo" en las situaciones de cortejo, cuando dirigimos nuestros empeños hacia una
persona cuyo atractivo físico es aproximadamente igual al nuestro.
7. Una cantidad de psicólogos sociales sostienen que el amor apasionado, al igual que
otros estados emocionales, requiere una activación fisiológica y luego la rotulación de
dicha activación. Según este punto de vista, el amor no existe a menos que definamos
como tal nuestras sensaciones interiores producidas por dicha activación. En
consecuencia, no es raro que la gente siga las insinuaciones románticas que abundan en
su entorno y, ateniéndose a ellas, decida que está "enamorada".
8. A igualdad de todos los demás factores, tendemos a buscar personas similares a
nosotros, y esto parece deberse a la coherencia cognitiva, a la previsión de que también
nosotros seremos apreciados y a los procesos de la comparación social.
9. Dentro del campo de las parejas posibles, lo típico es que busquemos la compañía de
alguien que nos brinde la posibilidad de gratificar al máximo nuestras necesidades.
Muchas de estas necesidades se satisfacen en la pareja de manera complementaria.
10. Un buen número de nuestros actos se basan en nuestra confianza en que nos serán
retribuidos. Sopesamos el atractivo de una relación en términos de cierto grado mínimo
de expectativas. En la interacción, las personas parecerían llevar una especie de registro
contable de sus "utilidades"; y la relación tiende a perdurar sólo en la medida en que
ambos bandos las reciben. Esta es la concepción de la teoría del intercambio social
respecto de la atracción entre las personas

El prejuicio es una actitud de aversión y de hostilidad hacia los miembros de un grupo


basada simplemente en su pertenencia a él; y en la presunción de que cada miembro
posee las características objetables atribuidas al grupo (Allport, 1954).
Como ha observado Herbert Blumer (1961), cuatro tipos de sentimientos suelen·
caracterizar los prejuicios del grupo dominante: 1) un sentimiento de superioridad; 2) un
sentimiento de que el grupo minoritario es intrínsecamente diferente y extraño; 3) el
sentimiento de poseer reclamos legítimos al poder, el privilegio y el status; y 4) el temor
y la sospecha de que el grupo minoritario abriga intenciones de apoderarse de ese poder,
privilegio y status detentados por el grupo dominante.

El prejuicio es una actitud, un estado anímico y como cualquier actitud tiene un


componente cognitivo (la imagen o cuadro mental que nos formamos de una persona o
conjunto de personas), un componente afectivo (los sentimientos o emociones que esta
persona o personas despiertan en nosotros) y un componente conductal (nuestra
tendencia o predisposición a actuar hacia ella o ellas de determinada manera).
Así pues, el prejuicio es meramente una predisposición a actuar, una preferencia por
determinados tipos de comportamiento, pero no entraña la respuesta efectiva.

El racismo institucional abarca todos los ordenamientos sociales y pautas de conducta


permanentes con las que las personas pertenecientes a un grupo racial oprimen y
explotan a las pertenecientes a otro. Donde existe esta clase de racismo, una o más
instituciones sociales imponen mayores cargas y brindan menores beneficios a los
miembros de un grupo racial que a los de otro.

Moscovici
En lugar de emplear el término «prejuicio» para referirse a cualquier tipo de pre-juicio
(tanto favorable como desfavorable), los psicosociólogos tienden a reservarlo para los
juicios negativos, para los casos en que alguien tiene un prejuicio contra otra persona.
Sin embargo, el término de «prejuicio», en el empleo que de él hacen los
psicosociólogos, no se refiere tanto a los prejuicios hacia individuos, como a los
prejuicios hacia grupos enteros. De este modo, la persona con prejuicios es alguien que
tiene una opinión definitiva y desfavorable, por ejemplo, de los norafricanos, los turcos,
los homosexuales, etc, Y cabe esperar que la persona con prejuicios tenga una
prevención contra los miembros individuales de estos grupos simplemente porque son
miembros de un grupo determinado. Podemos considerar que los prejuicios constituyen
opiniones dogmáticas y desfavorables respecto a otros grupos y, por extensión, respecto
a miembros individuales de estos grupos.
No siempre prejuicio y discriminación van de la mano. Por ejemplo, existe un prejuicio
aparente por parte de los hoteleros en cuanto a alojar chinos, pero no discriminaron al
darle sus habitaciones y buena atención, pero luego en el papel (la encuesta )
discriminaron. Así también está el ejemplo del posadero de “el castillo”, que discrimina
al negarle una habitación al forastero, pero alega que es porque a los del castillo no les
gustaría, por lo que entraría en juego el aspecto social del posadero.

Etnocentrismo y autoritarismo
Pisaba fuerte la ideología marxista del manifiesto comunista, pero esto no lograba
explicar por qué el nazismo ascendió al poder. Causas económicas no eran suficientes
para poder explicar el antisemitismo y prejuicios de superioridad racial, así que
investigadores que estuvieron en la Alemania preguerra comenzaron la investigación,
pero fueron obligadores a huir a estados unidos y no pudieron completarla. Después de
la guerra en Estados unidos se hizo un estudio. El objetivo general del estudio consistía
en examinar los diferentes modelos de actitudes, o de ideologías, adoptados por los
norteamericanos, sobre todo a fin de ver si los individuos que tenían prejuicios contra
grupos minoritarios específicos también tenían otro tipo de ideas y si, además, poseían
rasgos de personalidad particulares. Realizaron encuestas a diversas personas de
diversos grupos, culturas, sexo, etc, exceptuando judíos, porque la encuesta tenía una
escala de antisemitismo para judíos y otros grupos étnicos.
Los autores de The Authoritarian Personality emplearon el término de «etnocentrismo»
para describir una disposición general que indicaba« provincialismo o estrechez
cultural». Continuaron definiendo el etnocentrismo como «Una tendencia del individuo
a "centrarse étnicamente", a aceptar de forma rígida a aquellos que son "parecidos" a él
en cultura y a rechazar a aquellos que son "diferentes"» (pág. 102). De esta forma, se
supone que la persona etnocéntrica tiene prejuicios contra todos aquellos que son
extranjeros o diferentes de ella. En tanto que tal, se supone que esta persona tiene
prejuicios no sólo contra miembros de otros grupos, sino también contra los desviados o
determinados individuos de su propio grupo

Tras indicar que existía una actitud etnocéntrica general, los autores fueron más lejos
para ver si dichas actitudes podían ser relacionadas con algún otro aspecto del fascismo.
La escala resultante, F, estaba destinada a distinguir las actitudes democráticas en
general de aquellas que los autores etiquetaban de «antidemocráticas». Una vez llegados
este punto, los autores pretendieron haber descubierto lo que se podría denominar un
«síndrome» de actitudes. Sostenían que no había ninguna razón lógica para que los
individuos con prejuicios contra los negros también tuviesen opiniones rígidas sobre la
disciplina en el interior de la familia o sobre la necesidad de castigar severamente a
quienes infringen las leyes. Avanzaban asimismo que, en ausencia de toda razón lógica
que explique por qué dichas actitudes se asocian entre sí, había factores psicológicos
que relacionaban entre sí los diversos elementos del síndrome. Al desarrollar esta idea,
propusieron una teoría que no sólo reunía al racismo, el antisemitismo y el fascismo
virtual, sino que también relacionaba el etnocentrismo con una forma determinada de
sentir el mundo y con un tipo de personalidad subyacente.
La personalidad y la búsqueda de un chivo expiatorio
Adorno et al. trazaron el perfil de la personalidad autoritaria y prejuiciosa típica. Este
perfil comprendía tanto la manera como el individuo con prejuicios pensaba el mundo
(su estilo cognitivo) como sus rasgos de personalidad subyacentes, en especial sus
motivaciones inconscientes. El estilo cognitivo de la persona con prejuicios se
caracterizaba por el continuo empleo de lo que Adorno denominó «el hecho de pensar a
través de clisés». Esto implica que la persona con prejuicios pensaba en las otras
personas utilizando clisés ya hechos que describían su rol social o su grupo étnico, y no
sus características individuales propias.
Los autores de The Authoritarian Personality realizaron el siguiente descubrimiento:
cuando las personas con prejuicios consideran a otros grupos, su pensamiento está
dominado por dichos estereotipos que funcionan como un tipo particularmente rígido de
prejuicio. De esta forma, la persona con prejuicios tiende a generalizar estos clisés a
todos los miembros del grupo estereotipado; por ejemplo, piensa que todos los judíos
son interesados o que todos los negros son perezosos.
Entonces, Adorno y sus colaboradores se plantearon la pregunta de si la manera de
pensar por clisés que, en tanto que estilo cognitivo, tenía un sentido, más amplio que el
etnocentrismo, tenía sus raíces profundas en la personalidad del individuo con
prejuicios.
Sirviéndose de entrevistas de tipo psicoanalítico, los autores de T he Authoritarian
Personality lograron formular una descripción coherente de la personalidad subyacente
del individuo con prejuicios. He aquí sus proposiciones. Dicho individuo ha sido
educado en una familia muy estricta, generalmente por padres que presentan, a su vez,
las características del autoritarismo. El niño ha sido disciplinado de forma severa y ha
aprendido a dar, en todo momento, muestras de respeto a sus padres. Por consiguiente,
aprende a expresar un excesivo respeto y una admiración sin crítica por sus padres, pero
esto tiene importantes consecuencias psicológicas. Según la teoría de Freud (y
podríamos agregar, según las observaciones realizadas por el sentido común), en
cualquier relación estrecha, los sentimientos nunca son totalmente directos, sino las
secuelas de sentimientos mixtos o ambivalentes. Así, por fuerte que se quiera o respete a
una persona próxima a uno mismo, se experimentan también sentimientos negativos en
mayor o menor medida. Por ejemplo, a veces se percibe a los padres muy queridos
como personas irritantes, irracionalmente coactivas o aburridas.
Según Adorno et al., en el espíritu de la persona con prejuicios se opera una escisión:
los sentimientos ambivalentes normales hacia los padres se dividen según sus aspectos
positivos o negativos. Los aspectos positivos permanecen unidos a los padres, pero los
sentimientos negativos, hostiles, se unen a otros blancos, como pueden ser los miembros
de otros grupos étnicos o aquellas personas que se cree infringen las leyes. Por
consiguiente, las experiencias precoces del niño autoritario engendran un clisé
psicológico del bien y un clisé psicológico del mal.
Se suponía que este estilo cognitivo fundamental dependía del mecanismo psicológico
de represión. Todos los deseos de los que se avergüenza el individuo y que éste niega
tener se desplazan hacia otras figuras. Así, si el individuo se avergüenza de sus propios
deseos sexuales, es posible que se forme una imagen de los grupos externos en la que
éstos manifiesten una fuerte inclinación hacia el sexo, y que exija severos castigos para
las personas que cometan delitos sexuales. Al proyectar sus deseos vergonzantes sobre
los demás, el individuo con prejuicios tiene la posibilidad de pensar en lo que, sin ello,
sería tabú. El estilo de pensamiento que resulta de ello está emparentado con el estilo
que encontramos en la prensa sensacionalista que pretende indignarse ante los casos
sexuales escandalosos, pero que, sin embargo, los busca continuamente y los describe
con todo detalle para deleitar a sus lectores. Al actuar de esta forma, el individuo con
prejuicios puede construirse una imagen del mundo en la que los demás siempre son
personas con deseos perversos que hacen peligrar la decencia, pero sin reconocer nunca
que el propio ser del individuo con prejuicios podría tener los mismos deseos. De esta
manera, los grupos exteriores se convierten en chivos expiatorios inocentes que reciben
los sentimientos nacidos en los individuos con prejuicios y éstos descargan su propia
culpabilidad, creando dichos chivos expiatorios, es decir, transfiriendo
psicológicamente sus propios pecados a otras personas.

En T he Authoritarian Personality existe una teoría unitaria que intenta relacionar los
diferentes niveles del mecanismo psicológico de la persona con prejuicios con
experiencias vividas en la infancia. El etnocentrismo y la admiración por la autoridad,
así como el estilo cognitivo del pensamiento que procede mediante clisés y el empleo de
estereotipos rígidos, todo ello es relacionado con la necesidad infantil de tener imágenes
claras de lo bueno Y de lo malo; imágenes cuya claridad deforma la realidad.
Aparte de lo presentado en the american personality, está Fromm que ponía un mayor
énfasis en el temor de estar solo que experimenta el individuo con prejuicios. Incapaz de
establecer auténticas relaciones íntimas, la persona con prejuicios se vincula con el
mundo exterior de forma artificial, construyendo figuras de héroes, objetos de culto y
figuras de traidores, de grupos étnicos típicos, objetos de odio.
El estudio de Sartre, que al igual que el de Fromm, no se basaba en el análisis
estadístico detallado de resultados recopilados de forma metódica, compartía la misma
presuposición: la persona con prejuicios desplaza sus sentimientos íntimos hacia una
víctima, a la que toma por chivo expiatorio. Según Sartre, el antisemitismo no es una
simple opinión, sino que «es, antes que nada, una pasión» (pág. 10. cursivas de Sartre) y
además, es una pasión que «impregna a la persona entera de antisemitismo» (pág. 38).
Una vez más encontramos la suposición de que el prejuicio particular del antisemitismo,
al tener sus raíces en el interior de la personalidad, no se halla separado de otras formas
de prejuicios y de etnocentrismo. Como afirmaba Sartre, la persona que actualmente es
antisemita probablemente tendrá en el futuro prejuicios hacia otros grupos, si se
presentan otros blancos hacia los que pueda dirigir su hostilidad: «Aquí, el judío no es
más que un pretexto: en otras partes se echará mano del negro, en otras del amarillo. Su
existencia simplemente permite al antisemita ahogar de antemano sus angustias,
convenc1endose de que su lugar siempre ha estado marcado en el mundo, que le
esperaba y que tiene el derecho, por tradición, de ocuparlo.

También podría gustarte