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Tan obvia que es la vida.

Mientras escribo éste, otro poemario de mierda sobre la vida,


o mientras pienso si la poesía puede tratar de otra cosa,
escucharé una inocente banda de Manchester,
“Love will tear us apart” de Joy Division,
o quizá el transformismo de Peter Burns.
seguiré con “La cucharita” de Jorge Velosa,
y por fin leeré a Beckett hablando sobre la nada,
para así terminar de ver a María Teresa Hincapié saliendo a pasear.
Pues de aquel maestro (al cual nunca le creí),
aprendí a repetirme, a calarme hacia un viaje pretérito.
A destronarme, volcarme, sufrir, huir, volar, violar.
Ser un foráneo, eyaculado del ritornelo de los fundamentos.
Descubrir las bellas coincidencias de la vida,
como un niño medio abrigado y abandonado,
o los lechos de mármol que se confunden
con gaviotas abrazadas y aplastadas.
O el caparazón de las tortugas,
congelados en un solo paso que dura mil años.
A hallar esos paisajes que conectan con Dios,
que no necesitan del salto de la sirena para ser alcanzables.

Solo existe un solo reflejo de los mil aparentes,


pero si solo es un calco, ¿dónde están los otros hombres?

Pero a riesgo de situarme al borde del bisel,


(cosa extraña al tratarse de una sola esquina),
al llegar al espejo, todo se redujo penosamente a lo más simple,
en lugar de reparar más allá de lo obvio.
Llegaron las brunas y lisas telas de Reinhardt,
en vez de la mujer sinfónica de Picasso.
La ceguera del espejo, el infinito que proyecta la nada,
ahora parezco el único ser viviente en el rascacielos.
Hablando como kafka “el bien está en cierto sentido desconsolado”.
No seas vetusto calco sin proverbio dijo el maestro,
deshonra, un bípedo más en la sombra.
¡Todos son el mismo hombre!
¡Todo es dúctil al cuerpo!
pero agreste en la inerme letanía,
pues aquel cínico me decía:
cínico el mundo que nos invita a volar,
bajo el engaño de la gravedad.
Pillo usurpador, usurpado de su gran tesoro.
Endiablada aquella monstruosidad de la que hablaba.
También la usurpé, violenta, como si del dragón se tratara.

¡Antes podrían ser dos penes, tres vulvas,


un solo brazo, un solo deseo posible!

Anoche soñé esa calle al lado izquierdo,


cuando en realidad la viví al lado derecho.
Seguramente para que las franjas blandas de papel,
cayeran con más estilo.
Para que las franjas blandas de papel,
se ludieran en la pared,
y allí mismo encontrar la monstruosidad,
sin un monstruoso nombre.
Bien podría ser un cogollo nacido en el rostro,
como de un rayo saliendo por la fachada.
Sangre con olor a queroseno,
sangre con amarillos violetas, azules verdosos rojizos,
la sangre de un pene verde al masturbarse.
Entonces me reservo el pensar,
¿es el arrebato el primer llamado a la monstruosidad?
¿es deber entonces caminar en vertical?
Ya que para la monstruosidad
¿no es excusa superficie o gravedad?
¿O de que otra manera te lo digo?
¡tú inútil pendejo, vive fuera de tu ley!

¡Newton solo una cosa se te olvidó decirnos:


que la gravedad nos ataca a todos por igual!

Hallamos entonces,
que inclusive se puede amar dentro del mar.
No al lado, no en el delta, no en el peñasco,
sino dentro del purpúreo mar.
Cuando el sufrimiento se convirtió en amor,
solo podía amar dentro del mar.
La única oportunidad de abofetear el océano,
La única oportunidad de respirar bajo el mar.
¡Paradigma de la monstruosidad!
pues cuando alzábamos las manos
la sal entraba por la llaga,
llaga viva y vital,
un ejemplo a seguir,
como la adicción a la maldad.
Ya no son medida los pencos, medrosos o cuadriculados,
sino los insanos, rasgadores y bellacos.
Ya somos dientes, yo soy los dientes.
Al verme, un tiburón pausa la amargura de sus dientes.
Vemos juntos, que ni la gravedad ni la naturaleza,
son paredones para encontrar la monstruosidad.

¡No fue difícil contradecir a Dios,


solo hizo falta acercarme con algunas lágrimas!

Tierra en el aire, terciopelo negro.


Manteles rojos suspendidos,
entre conjeturas y ceros negros.
Se fue el último de los injustos.
Aprendiste a volar, a caminar de la mano,
con fantasmas y ladrones.
¿Emerge de nuevo la poesía?
esa que canta, como si de motetes se tratara.
Lejos de las hormigas, que como ellas andamos
y por las mismas partes paseamos.
Ahora la lluvia seca las gargantas.
Las estrellas, más arriba de los tolmos, se estacionan.
Una debajo de la otra, y otra, un trisito más abajo.
La corteza, un poco más abajo,
de la lluvia, las nubes, el granizo y la neblina.
No sale el sol, porque eso anula todo,
y ahora ni el enano más esquivo,
los vientos solares, las galaxias, los astros
o las alboradas más tristes,
están en tu contra.

¡Malditos seres monstruosos,


que llegan sin ser invitados!

Ya pronto termino, faltan pocas obviedades,


como que la vida te cobra todo con tiempo
y tiempo es lo que menos tenemos.
O que la gracia de morir es morir,
sin pensar si la vida fue hecha para la vida.
¡Infame la falta de sabiduría en la vida,
más infame aún, la falta de una vida!
¡Revelado, no existen los planos,
el encuadre, o los horizontes!
En la apetencia surge la duda.
Las rocas alargan su fuerza telúrica,
por los sedimentos se esparce la vida.
La tierra implora, ¡por favor descubran mí forma!
el mármol deviene agua y mermelada al instante,
y los músicos no devienen música,
la música nace del magín, del estallido de la mente.
Ahora los que habitan con desamparo y terror,
son el centro del mundo y no lo saben.
El cuerpo es el centro y tu epidermis
el mar. Esta vez no se salva ni un solo pez.

Donde el corazón no llega, llega el alma y viceversa,


¡Y qué poco es el exceso de poesía!