Está en la página 1de 174

PÁGINA 1

Este documento fue hecho sin ánimo de lucro,


de fans para fans. Todos los personajes y
situaciones recreados pertenecen al autor.

Si el libro llega a tu país, apoya al escritor


comprándolo o apoyando su trabajo
compartiendo tu opinión mediante una reseña y
siguiendo al autor en sus redes sociales y
ayudándolo a promocionar su libro.

Queda totalmente PROHIBIDA la


comercialización del presente documento.

PÁGINA 2
¡Disfruta de la lectura!
SINOPSIS
oman Young, quarterback de los Dallas Destroyers, no espera que
la hermosa pelirroja, Katie Winters, le empuje un arma en su
rostro cuando llega para vender la posada que heredó de su tío en
Wolfe Creek, Utah. Sin embargo, tampoco se sorprende. Esa es la forma en
que su vida ha estado últimamente. Pregúntale a los tabloides que han
reportado felizmente su rodilla destrozada, la aventura de su esposa y el
accidente de auto.

Por desgracia, Katie lleva un anillo de boda. No es que él se diese cuenta. Él no


sabe por qué no le dice sobre el hecho de que está vendiendo la posada,
incluso después de que ella le empuja una lista de demandas de suministros
en su pecho y divaga sin cesar sobre todos los proyectos que tienen que hacer.

Cuando descubre que su marido falleció hace un año, y su hijo de siete años
de edad le pide que vaya a cenar y ver una película por la noche, las cosas
empiezan a cambiar. ¿O es que comenzaron a cambiar cuando Katie lo llevó a

PÁGINA 3
montar trineo? ¿O cuando lo único en lo que podía pensar era en besarla?
Ahora tiene que tomar una decisión: seguir ignorando la verdad o intentar una
última jugada.
CAPÍTULO 1
Traducido y Corregido por katherin

uando Roman Young, el mariscal de campo de los Dallas Destroyer,


abordó el vuelo a Salt Lake, mantuvo la capucha de su sudadera
puesta, sin querer ser reconocido en ese momento, lo que era
inusual para él. Se estaba acomodando en su asiento de primera clase cuando
su teléfono zumbó.

—¿Qué?

—Amigo, no puedes irte. —Jake, su agente y amigo de hacía mucho tiempo,


habló con palabras entrecortadas—. Tu equipo acaba de ganar el partido de
campeonato y hay un montón de celebraciones y sesiones fotográficas.

Roman miró fijamente el nuevo anillo brillante en su dedo y se estremeció.


Debería haber sido él allá fuera, lanzando el touchdown ganador, pero los
entrenadores se habían negado, diciendo que no arriesgarían su rodilla.

PÁGINA 4
Frunció el ceño. Su rodilla estaba bien ahora. Mejor que bien.

—Estaré de vuelta dentro de un par de días.

Jake vaciló y soltó un largo e irritado suspiro.

—¿Sheena te ha liado con algo?

El aliento de Roman se detuvo ante el sonido del nombre de su ex-esposa.

—No, no es Sheena. Es... mi tío.

—¿Quién? —La voz de Jake tenía un filo agudo.


Apretando el puño, Roman exhaló una respiración.

—Murió hace dos semanas, pero al abogado se le dijo que no me contactara


hasta después del partido de campeonato.

Jake suspiró.

—Oh hombre, lo siento.

Abrió el puño, furioso.

—Está…bien.

—Has tenido un par de meses duros.

Déjenle a Jake señalar lo obvio.

—Tengo que colgar.

—¡Espera!

—No estoy de humor.

—Oye, ¿viste los titulares de hoy?

Intencionalmente, no había recogido un periódico ni abierto su aplicación de


noticias ese día. Lo último que necesitaba ver era el rostro traicionero de Sam
Dumont en la portada…con su ex-esposa infiel a su lado.

PÁGINA 5
—No puedo decir que lo haya hecho.

Un suave gemido escapó de Jake.

—No es de extrañar que estés tan molesto.

—Estoy molesto porque mi tío murió. —Lo cual, para sorpresa de Roman, era
en realidad la verdad.

—Lo sé. Lo sé. Pero, los propietarios publicaron una declaración en la que
decía que aún no han decidido si tú o Dumont será su titular para la próxima
temporada.
Eso le llamó la atención.

—¿Incluso después del juego? —¿El juego donde Dumont había superado el
desafío de ser mariscal de campo reciente y llevado a los Destroyers a una
victoria en el partido de campeonato?

Jake se rió.

—Exacto.

El dolor en su pecho se alivió un poco.

»Supongo que atribuyen la mayor parte del trabajo en equipo de los últimos
años a ti. Dijeron que fue tu liderazgo lo que los llevó hasta este punto y
piensan que tu lesión en la rodilla es temporal.

El alivio lo invadió.

—Ya era hora de que se dieran cuenta.

—Ahh, —Jake soltó un suspiro—. Ahí está el maníaco egoísta que conozco y
amo. Has estado ausente últimamente.

Roman jaló hacia atrás la capucha de su sudadera y señaló a la linda azafata.

—¿Puede traerme agua Pierre, por favor?

—Entonces, ¿por qué no saltas del avión y vienes a mi oficina? Hablaremos de

PÁGINA 6
una estrategia.

Roman vaciló, el alivio anterior se evaporó instantáneamente.

—No puedo.

—Roman, no puedes hacer nada loco. Te necesito de vuelta para la reunión


con los dueños en cuatro días.

—No haré nada loco. —Su mente se transportó a cuatro meses atrás, la noche
en que lo habían acusado de un DUI1 después de desviarse hacia el otro carril

1 DUI: Driving under influence o en español, conducir bajo los efectos del alcohol.
y golpear a una mujer y a su hijo. Tomó el agua de la azafata y asintió. Nunca
había estado borracho antes, pero después de esa noche, cuando la mujer y el
niño se habían marchado con un mínimo de lesiones que podrían haber sido
mucho peor, había jurado que nunca volvería a beber. Su tío había sido el
único que lo volvía a centrar. Llevó una mano a su frente y presionó. Tenía
que mantenerse concentrado. Esto podría ser un nuevo comienzo—. No te
preocupes, no voy a arruinar mi oportunidad. Estaré de vuelta.

Jake soltó un silbido bajo.

—Está bien, pero mantén un perfil bajo y fuera de los titulares. Tenemos que
tener a los propietarios completamente convencidos de que Roman Young está
listo para tomar su legítimo lugar como líder del equipo la próxima temporada.

—Estaré de vuelta en un día o dos como máximo.

—Te tomo la palabra. No eres el único que obtiene una ganancia inesperada al
firmar un contrato. —Soltó un grito de ánimo—. Vuelve a la cima, Roman
Young... que es a dónde vas.

Roman se recostó en la silla y cerró los ojos. El torbellino de su carrera


futbolística pasó ante sus ojos. Después de graduarse de T&M había ido
directamente a los Destroyers, promocionado como el mejor refuerzo del año.
Los Destroyers habían pagado grandes cantidades por Roman Young, y él
había pagado por ellos… con creces. Los había llevado a la cima y los había

PÁGINA 7
hecho ganar por tres años consecutivos. Se había sentido imparable durante
ese tiempo. Era como si nada pudiera salir mal. Había sido el favorito de los
medios de comunicación y de todo el estado de Texas.

Había conocido a Sheena, su ex-esposa, en una de las fiestas que los


futbolistas acuden y donde hay muchas mujeres. Especialmente las del tipo
alocado.

A Roman siempre le había gustado las mujeres, pero solo había tenido una
novia en la universidad. Lo curioso era que cuando había firmado con los
Destroyers, ella lo había dejado. Le había dicho que no le gustaba la persona
en la que se estaba convirtiendo.
¿Cómo no le gustaría que se estuviera convirtiendo en un jodido rico? En eso
se estaba convirtiendo. Su ex-esposa, Sheena, le había gustado mucho esa
parte de él. No dolió que hubiera tenido un metro con setenta y ocho y una
carrera de modelaje en construcción. Rubia, curvas en todos los lugares
correctos. Había sido perfecta. Al menos, había pensado que todo era perfecto.
El romance había sido intenso y pesado. Se había encontrado diciendo
"acepto" tres meses después en una playa de Malibu rodeado por su equipo.

Pensar en la boda lo trajo de vuelta a su tío Jim. Agarró la carta certificada en


la mano, la que contenía la voluntad de su tío, y la abrió. El tío Jim había
estado en su boda. Había llegado a la gran recepción de carpas blancas, con
una pista de baile hecha a la medida para la playa y las luces blancas. Sheena
quería una boda muy pública, muy concurrida. Los mejores diseñadores
planearon todo, desde su vestido hasta las servilletas especializadas.

El tío Jim se había destacado como un pulgar adolorido usando sus botas, su
sombrero de rancho y su hebilla de cinturón. Roman había estado tan feliz de
verlo. Su tío era el que realmente había hecho posible su carrera futbolística.
Después de que su padre se fuera, su madre no podía pagar todos los
honorarios necesarios para jugar al fútbol americano en Texas, por lo que su
tío había pagado por ello. Cuando la madre de Roman había muerto durante
su último año de universidad, había sido el tío Jim quien había venido e
insistido en pagar para enterrarla. Había sido el tío Jim quien había sostenido

PÁGINA 8
a Roman en el cementerio. Y el tío Jim había sido el primero a quien Roman
había llamado cuando se enteró de que los Destroyers lo querían.

En la boda, Jim lo había abrazado y le había dicho lo orgulloso que estaba.


Las lágrimas se habían agrupado en sus ojos. Había sido el mejor momento de
la vida de Roman.

Entonces Sheena se había acercado, había conocido a su tío, y lo había


alejado, diciendo que necesitaban "socializar" en el evento.

Mirando hacia atrás, Roman no sabía exactamente cuándo se sintió como si se


hubiera perdido a sí mismo. Todo había sido un borrón. Los medios de
comunicación. El equipo. Su matrimonio. Los eventos de sociedad que Sheena
siempre había insistido que necesitaban ir para construir su "imagen".

Agarró el testamento en su mano. El consejo final de su tío. El tío para el que


no había estado allí.

—Román, recuerda siempre que la vida no es sobre lo que puedes hacer. Se


trata de quién eres.

¿Qué significaba eso? Por alguna loca razón, la humedad llenó sus ojos, pero
parpadeó. Se lo había perdido. El funeral. El entierro. Todo ello. ¿Cómo pudo
el abogado no haberlo contactado? Era simplemente... incorrecto.

Se recostó en el asiento y pensó en los últimos seis meses. Todo se había ido a
la completa mierda. Había comenzado cuando se había lesionado y dislocado
su rodilla. Ese fue el comienzo del fin de su vida de cuento de hadas. El
siguiente golpe había ocurrido después de la cirugía, justo cuando había
comenzado una cantidad insana de terapia. Había llegado temprano a casa y
encontró a Sheena en el acto. En su cama. Con nada menos que su reemplazo
temporal como mariscal de campo, Dumont. Aparentemente Dumont había
decidido ser su plan de respaldo fuera del campo también.

Después de aclararse la garganta y ver a los dos luchar por su ropa, se dio
cuenta de que estaba en shock, pero no sorprendido. Ni siquiera sabía hasta
ese momento que había una diferencia entre esos dos sentimientos.

PÁGINA 9
Sheena se había quedado de pie, mirándolo y luego se dirigió al baño y dijo:

—Bueno, vamos Roman, no puedes esperar que me quede con un jugador en


descenso buscando una reaparición.

Por supuesto, él hizo la cosa del cliché. Lo que la mayoría de los jugadores de
fútbol americano profesional hacen cuando se enfrentan con una lesión
potencialmente fatal y una esposa infiel... fue a un bar. Y ahí fue donde siguió
hasta que casi mató a una mujer y a su hijo.

Eso lo había vuelto más sobrio.


Había llamado al tío Jim. Habían hablado como si no hubieran hablado
durante tres años. Acerca de Sheena. Sobre la lesión. Sobre el accidente.

El tío Jim había sido un salvavidas cuando había estado en un lugar oscuro,
muy oscuro.

El auto-odio y el arrepentimiento lo atravesaron. No había preguntado por el


tío Jim una vez en toda esa conversación. No había preguntado cómo estaba.
Ni siquiera sabía hasta ayer que el tío Jim había estado en medio de su propia
pelea, luchando por su vida.

Agarró el testamento y leyó las líneas finales del mensaje de su tío.

—Roman, no sé si recuerdes muy bien tu viaje a Wolfe Creek, pero te estoy


dando la posada porque sé que fue un lugar donde me sentí el más cercano a
ti y a tu madre por esos dos veranos. Necesita un poco de trabajo, y entiendo
si quieres venderla y acabar con eso, pero no voy a dejártelo tan fácil.

Roman había reservado su boleto anoche. También se había puesto en


contacto con el abogado, Robert Burcher, a cargo del testamento de su tío y lo
había destrozado por no haberle informado sobre el funeral. Luego le dijo que
quería vender el lugar de inmediato. Burcher le había dicho que ya tenía un
comprador en su lugar. El papeleo solo necesitaba ser firmado en persona y en
la posada, de acuerdo con los deseos de su tío.

PÁGINA 10
Apretó el grueso papel. ¿Por qué su tío no quería que fuera al funeral? ¿Y qué
hizo pensar a su tío que él querría una posada de todos modos?

Roman salió del aeropuerto e inmediatamente se maldijo por no pensar en el


clima. No esperaba estar parado en el frío glacial mientras trataba de tomar
un taxi fuera del aeropuerto de Salt Lake City. Se encorvó aún más en su
delgada sudadera mientras se metía en el taxi.

—Wolfe Creek.

El taxista se volvió y frunció el ceño.

—¿Wolfe Creek, pasando Ogden?


Roman no recordaba cuánto tiempo tardaba en llegar de Salt Lake City a
Wolfe Creek, solo había tenido doce y trece durante esas visitas.

—¿Pasa algo con eso?

El conductor alzó las cejas y se rió, señalando la ventana.

—¿Has visto esta nieve? No ha nevado así durante mucho, mucho tiempo, y
ese cañón será desagradable.

Roman suspiró y sacó un billete de cien dólares de su billetera.

—Mira, si me llevas allí, esta es tu propina.

El taxista vaciló y luego arrebató el dinero y negó con la cabeza. Era mayor, y
su cabello negro con mechones grises sobresalía de un gorro de lana.

—Está bien, te llevaré, pero estás pagando por ir de ida y vuelta, y necesito ver
uno más cuando lleguemos.

—Bien. —Roman levantó sus manos para interceptar el aire caliente de las
rejillas de ventilación—. Solo sube el calor.

El tráfico de la hora pico fue denso y lento y una hora más tarde, el conductor
finalmente dejó la autopista y se dirigió a Ogden.

Roman observó la fuerte nieve que caía sobre todo y todos. Los quitanieves

PÁGINA 11
estaban afuera a toda capacidad. Roman escuchó la radio que tenía el taxista,
diciéndole a la gente que se quedara en casa, esta era la segunda tormenta
más grande. La gente manejaba despacio. Pasaron un accidente dejando la
ciudad y tuvieron que esperar veinte minutos para ser redirigidos.

»¿Cuánto tiempo más hasta el cañón?

El taxista se giró y le dirigió una lenta sonrisa.

—¿Por qué? ¿Estás demasiado ansioso?

El hecho de que estaba dudando un poco de cómo llegarían hasta allí lo hizo
mantener la boca cerrada.
El taxista se rió.

»Mira, son otros veinte minutos en un buen día, supongo que probablemente
pasará una hora antes de que lleguemos allí con toda esta nieve... si llegamos
allí.

—¿Qué quieres decir con “si”?

El taxista hizo un gesto hacia la carretera.

—¿Qué quieres decir con qué a qué me refiero? Estas son las Montañas
Rocosas.

Roman frunció el ceño.

—Bien.

El taxista miró hacia atrás y se rió.

—¿Nunca te has quedado aislado por la nieve? ¿De dónde eres?

El hoyo de las tripas de Roman se apretó. No podía quedarse atrapado aquí


arriba. Tenía que estar en la reunión con los dueños del equipo.

—Texas.

—Ahh. —El conductor del taxi pasó por la ciudad y siguió por el cañón en una

PÁGINA 12
carretera de dos carriles—. Espero que tengas familia aquí o conozcas a
alguien porque vas a estar aquí por un par de días.

Las luces intermitentes de adelante mostraban un camión diesel a un lado de


la carretera. Roman se encogió.

—¿Puedes regresar?

El conductor del taxi redujo la velocidad.

—Podría intentar detenerme y regresar si quieres. Probablemente podrías


conseguir al menos un hotel en Ogden.

El rostro de su tío se reflejó en su mente.


—No importa, solo continúe. Hay algo que tengo que hacer.

El conductor del taxi chasqueó la lengua.

—Hombre, debe ser guapa.

Una risa involuntaria surgió de él.

—No, no voy a ir por una mujer.

El conductor del taxi dejó escapar una risa ahogada.

—Frío y solo, esa es una mala combinación.

El Alaskan Inn se veía exactamente como lo recordaba. Dos pisos, piedra


alrededor de la base y troncos largos y redondos enmarcados en el exterior.
Definitivamente era una cabaña rústica. De alguna manera, era claramente
visible a través de la nieve que aún caía. Roman recordaba que era grande y
acogedora, pero no recordaba los grandes pinos que la custodiaban a los
lados. No recordaba la vuelta de la calzada que, sorprendentemente, estaba
sin nieve. Definitivamente no recordaba las luces blancas colgadas alrededor,
lo que hacía que pareciera algo salido de una cursi película navideña, bueno,
excepto por un par de luces que se habían descompuesto.

El taxista se detuvo frente a la posada y suspiró.

PÁGINA 13
—Eso será ochocientos dólares, más propina.

Roman se burló.

—¿Qué?

Él hizo un gesto hacia el exterior.

—He arriesgado mi vida y las extremidades para traerte aquí, y creo que
puedes pagarlo... Roman Young.

Ahh. Por supuesto. El conductor había reconocido quién era, a pesar de que
había mantenido puesta la capucha de su sudadera todo el tiempo en el taxi.
Miró por el espejo retrovisor y se encontró con el rostro sonriente del
conductor.

—¿De Verdad?

Él tendió la mano.

—Lo cargaré bonito y ordenado a su tarjeta de crédito. Que sean unos mil con
propina, y entonces no tendrás que preocuparte porque los medios se
muestren.

Roman puso los ojos en blanco pero cedió, pasándole su tarjeta. No había sido
una buena idea venir hoy. Fue un mal momento, arriesgado para su carrera y
físicamente peligroso en este clima. Agrega el conflicto personal, y no,
definitivamente no quería ninguna atención mediática en este momento.

—Está bien, pero si se escapa esto, estoy demandándolo.

El taxista le pasó su tarjeta y se la devolvió.

—¿Se escapa qué? No sé de qué estás hablando.

Roman puso los ojos en blanco y salió del auto.

—Lo digo en serio. —Lo último que necesitaba era que apareciera un equipo de
reporteros. Su tío Jim odiaba a los medios. Desde el principio le había dicho a

PÁGINA 14
Roman que le iría bien si se mantenía lejos de los problemas y con un perfil
bajo, pero Roman no lo había escuchado entonces. Lamentablemente, había
escuchado a Sheena y su estrategia para llevarlos a la cima.

Aunque el exterior estaba iluminado y el camino de entrada estaba despejado,


no parecía que nadie estuviera en casa. Estaba completamente oscuro. Roman
abrió la puerta del taxi.

»¿Puedes esperar y llevarme a un hotel si nadie está aquí?

Pero el conductor del taxi salió disparado, cerró la puerta con el impulso y
gritó por la ventana:
—Buena suerte, pero este paseo tiene que volver a la ciudad antes de que las
carreteras cierren. ¡Gracias por la propina!

Roman lo observó irse y la irritación lo atravesó. La nieve ya estaba


agrupándose en la punta de su nariz. Se volvió e instantáneamente las luces
titilantes parpadearon. Él giró en un círculo rápido. La luz que iluminaba la
carretera también se había apagado.

—Perfecto. —Caminó hacia la puerta principal, teniendo cuidado de no


resbalarse. Metió la mano en el bolsillo y sacó el sobre. Lo inclinó boca abajo,
dejando caer la llave en su mano. La insertó en la puerta y la abrió.

Lo primero que notó, además del hecho de que estaba muy oscuro, era que el
interior también estaba frío. Dejó la valija e intentó recordar algo de esos dos
viajes sobre dónde estarían los muebles. Nada. Sacó su celular y levantó la
aplicación de la linterna. Dos segundos más tarde, su teléfono murió. Había
estado jugando juegos en su teléfono durante todo el vuelo. Él gruñó y volvió a
guardarlo en el bolsillo. Tuvo que confiar en la pequeña cantidad de luz de la
luna para distinguir los muebles y dirigirse hacia la chimenea.

Palpó un interruptor para encenderlo, esperando que una agradable chimenea


de gas se iluminara al instante. Sin suerte. ¡Pero sí encontró una caja de
fósforos!

Después de abrirla, su corazón se hundió, la caja estaba vacía. Maldijo y

PÁGINA 15
golpeó el puño contra el costado de la chimenea.

»¿De verdad?

Roman respiró profundamente y trató de controlar su frustración. Sintió como


si intentara lanzar un pase por primera vez sin receptores abiertos.

»¡Tío Jim! —gritó y giró alrededor, buscando cualquier cosa que pudiera
usarse como combustible.

Se tambaleó, palpando las paredes, tratando de encontrar el camino a la


cocina. Necesitaba entrar allí, encender una luz y encontrar algunas cerillas.
Parte de un muro cedió, y empujó una puerta hacia la cocina. Palpó a lo largo
del lado de la pared y encontró un interruptor de luz. Lo volteó.

Nada.

Lo volteo rápidamente hacia delante y hacia atrás y palpó buscando otro.

»¡Hombre!

Manteniendo su mano contra la pared, se dio la vuelta, esperando poder


encontrar los armarios y hurgar en algo. Una luz suave se vertió desde las
ventanas exteriores de la cocina. La luna brillaba en el cielo, visible incluso a
través de la nieve que caía en grandes copos. Toda la escena parecía sacada de
un libro de cuentos: todo suave, acogedor y blanco. Bueno, menos la parte
cálida de acogedor. La parte cálida y muy importante que lo impulsó a ir a los
enormes armarios y abrirlos, buscando algo útil.

Pensó que vio una caja de fósforos y alargó la mano, estirándose lo más que
pudo para sacar la caja, pensando que quienquiera que se metiera en estos
armarios superiores debía ser un gigante.

La caja quedó apenas fuera de su alcance. Parecía que cada vez que casi la
tocaba, la caja se deslizaba hacia atrás, evadiéndolo.

Sin previo aviso, la puerta de la cocina se abrió de golpe, e incluso el aire más
frío se precipitó por la habitación.

PÁGINA 16
»¿Quién está ahí? ¡Muéstrese! —Roman trató de obtener una vista de esta
persona.

El sonido de una escopeta siendo amartillada lo puso en alerta. Luego


apareció el cañón de una escopeta. Su ritmo cardíaco se disparó.

»Baje el arma —dijo con calma.

Si hubiera anticipado que el agresor bajaría la escopeta con calma, había


estado más o menos en lo cierto. La escopeta cayó al suelo y el intruso corrió
directamente hacia él, metiéndole un buen empujón en las costillas de Roman
y haciéndolo perder el equilibrio. Se tambaleó hacia atrás y luego tropezó con
una silla y cayó.

En este punto, todo lo que Roman sabía era que este tipo lo pagaría.

El asaltante se abalanzó sobre él, llevándolo hasta el suelo.

Roman estaba agradecido de haber entrenado tan duro para recuperar su


fuerza y su agilidad. Utilizó fácilmente el ímpetu de su oponente para rodarlos
a ambos. Se detuvo cuando estuvo en la parte superior y rápidamente aseguró
las dos manos de su agresor por encima de su cabeza, notando que no era
muy grande, incluso con todo el traje de nieve que tenía.

»Si te metes con el toro, te corneará.

—¡Ay!

Cuando la adrenalina se desvaneció, Roman se dio cuenta de que el cuerpo


que estaba sometiendo era definitivamente femenino. Reaccionó como si
hubiera mordido un pedazo de pastel esperando chocolate y darse cuenta de
que era pastel de sal en su lugar.

Inmediatamente retiró su agarre y se levantó.

—Qué dem…

—Lenguaje. —La mujer se levantó rápidamente y le dirigió una mirada que le

PÁGINA 17
dijo que deseaba que todavía tuviera la escopeta. Ella buscó algo y luego
encendió una linterna.

Lo primero que notó, además del hecho de que parecía enojada, era que sus
ojos eran verdes. Verde de gato, como habría dicho su madre. Su madre había
sido fanática de los gatos. A menudo se burlaba de ella por ser la señora de los
gatos, pero le había traído a cada gatito perdido que había encontrado hacia el
final del cáncer, con la esperanza de que algo la alegrara.

El cabello rojo con rizos suaves caía por sus hombros. Era del color de las
hojas arremolinadas en el otoño. Casi no pudo respirar por un segundo. Se
veía tan hermosa y feroz y como si le fuera a arrancar la cabeza si pudiera.
Había visto esa clase de ferocidad en solo unas pocas personas: sobrevivientes
de cáncer y tacleadores defensivos de trescientas libras que se les pagaba un
montón de dinero para ponerlo en su trasero. Sin una buena razón, lo hizo
reír.

Evidentemente fue la respuesta equivocada. Hizo aumentar su ferocidad. Pudo


distinguirlo por la forma en que sus ojos verdes de gato se estrecharon antes
de que se inclinara para recoger la escopeta.

»No me reiría.

Él ondeó la mano.

—Whoa. Creo que ya hemos tenido suficiente de armas por esta noche,
¿verdad?

—¿Quién es usted? —Ella soltó ambas manos para apoyar la escopeta contra
su hombro y colocó un pie detrás como si se estuviera preparando para
disparar.

Si solo hubiera tenido más tiempo para apreciar de verdad a la mujer


despeinada, enojada y aún hermosa que tenía delante.

—Mira, solo relájate, ¿quieres?

Esta vez ella sonrió, realmente sonrió, hacia él.

PÁGINA 18
—Disculpe, ¿quién crees que eres? Puedo tener a la policía aquí en dos
segundos. —Ella cambió su postura y puso la escopeta abajo y apoyada contra
la mesa. Sacó un teléfono.

La forma autoritaria en que lo decía, como un guardia de la prisión, le hizo reír


de nuevo.

Con el pulgar, pasó la pantalla del teléfono y presionó un código.

»Al parecer, te gusta ir por ahí invadiendo lugares de la gente. ¿Qué? ¿Has
escuchado hablar de Jim y crees que podrías estar aquí a hurtadillas o algo
por el estilo? —Ella apretó los labios—. Bueno, no puedes. —Presionó un
botón y se llevó el teléfono al oído, apretando los labios con satisfacción.

Acto reflejo, le quitó el teléfono y presionó terminar. No necesitaba este tipo de


publicidad para empezar y romper con el momento. Su agente definitivamente
no estaría contento con algo así.

—Ahora, espera.

Uñas le arañaron la mano mientras ella intentaba recuperar lo que había


tomado.

—¡Oye!

Cambiando su postura, mantuvo el teléfono fuera del alcance.

—Dije espera. —Aparentemente, realmente no iba a matarlo, así que eso era
un alivio.

Implacable era como llamaría a sus payasadas para recuperar el teléfono.

—¡Dame mi teléfono!

No era que pensara que fuera peligrosa o que no le debía una explicación, pero
la manera agresiva por la que buscaba su teléfono lo hizo desear mantenerlo.
Fácilmente fingió llevarlo a la derecha y lo movió a la izquierda.

PÁGINA 19
Ella cayó rápido. Claramente había planeado apoyar el peso de su cuerpo para
golpearlo, pero terminó aterrizando en el piso.

Le sorprendió que actuara como un adolescente. Ella claramente conocía a su


tío y estaba tratando de proteger su propiedad.

—Lo siento —dijo rápidamente, pero sinceramente. Extendió una mano para
ayudarla a levantarse.

La mujer frunció el ceño a su mano y se levantó por su cuenta. Tomó una


larga bocanada de aire, arrancando su teléfono de su mano.
—Será mejor que me digas quién eres y qué quieres. —Sus ojos estaban
ardiendo. Él no pudo evitar pensar que hacía juego con su cabello.

Él dejó escapar un suspiro y contuvo una carcajada.

—Soy el dueño.

Las palabras flotaron en el aire, y ella lo estudió por un segundo,


examinándolo de la forma en que examinaría una nueva táctica que el
entrenador había agregado al libro de jugadas. Intensamente.
Cuidadosamente.

—¿Eres el sobrino de Jim? —No fue tanto una declaración como algo que salió
de su boca con el mismo poder desconcertante que él sentía. Lo miró de arriba
abajo, esta vez con los ojos entreabiertos—. El gran Roman Young.

Esta vez, se rió.

—Supongo que la descripción es precisa. —No podía decir que no le gustara la


forma en que "gran" sonaba frente a su nombre.

Sin previo aviso, ella se echó a reír, con fuerza y sin humor. Sacudió la cabeza
y tomó la escopeta, colocándola detrás de la puerta de la cocina.

—Egoísta. Egoísta. Egoísta.

PÁGINA 20
Estaba confundido.

—¿Qué?

Ella chasqueó su lengua.

—Por supuesto que no quieres que llame a la policía con la cobertura de los
medios que has tenido últimamente. —Se acercó arrastrando los pies hasta el
mismo armario que había buscado antes y lo abrió de golpe, sacando una caja
de fósforos—. ¿Sabes cuántas cosas hay que hacer aquí? ¿Cuántas veces he
tenido que venir corriendo hasta aquí para mantener a la chusma fuera de la
noche y revisar las cosas? ¿Tienes alguna idea de cuánto hay que hacer para
que las personas puedan quedarse aquí, y se supone que debemos abrir en
dos meses? —Ella negó con la cabeza y levantó la caja de fósforos. Su
expresión pasó de la ira a la exasperación—. En serio, ¿por qué no encendiste
un fuego? Aquí hace frío.

Se pasó la mano por la barba en el rostro. Antes de que pudiera moverse para
ayudar, ella ya había entrado en la habitación principal y estaba haciendo
ruido. La siguió y observó cómo encendía un fuego de manera experta,
intentando desahogarse de su pequeño discurso sobre su egoísmo. La gente
nunca lo entendió.

—No pude encontrar un interruptor o fósforos. —La respuesta tardía a su


despreciable observación sobre el fuego sonó coja, incluso para él.

Ella lanzó la cabeza hacia atrás. Los rizos rojos y sus ojos verdes parecían
encantadores retroiluminados por la llama. Sonrió, y, en ese momento, sabía
que era tan hechizante como lo había pensado por primera vez, pero no del
todo indefensa.

—No hay energía, genio. Oh, y no te preocupes. No le diré a nadie que


golpeaste a una chica.

Incómodo. Después de todo, ¿quién era ella? Ladeó la cabeza y la calibró.


Probablemente un metro con setenta y dos, definitivamente menuda de
cuerpo. Debajo de ese traje de nieve no podía imaginar que fuera demasiado
grande. Sin pensarlo, comprobó su mano izquierda. Miro el dedo que

PÁGINA 21
importaría. Por alguna razón, estaba decepcionado de que una banda lo
rodeara.

—Lo siento. —Lo dijo en serio.

Ella se rió, y esta vez fue rica y maravillosa. Se dijo a si mismo que dejara de
pensar en su risa.

—El sobrino de Jim. —Sacudió la cabeza—. Guau. Quiero decir, sabía que
eras el dueño del lugar, pero yo... Jim dijo que no eras del tipo que vendría.
Dijo que probablemente tendría que comunicarme por correo electrónico. —
Hizo una mueca y se dirigió a un pequeño armario desde las puertas
principales—. Bueno, tengo que irme. —Tiró de un saco de dormir—. La
energía está apagada. Aquí hay un saco de dormir. Tendrás que dormir en el
suelo frente al fuego esta noche si quieres mantener el calor. —Lo arrojó a sus
pies y luego se detuvo.

No podía creer esto.

—¿Qué quieres decir? ¿No volverá a encenderse pronto?

Ella se fue hacia la cocina y ondeó una mano.

—Uh... no contengas la respiración. —Cruzó la puerta giratoria de la cocina y


la siguió. Tomó un pedazo de papel de la mesa y lo empujó en su pecho,
tomando una cerilla e iluminando otra linterna—. Lo bueno es que estás aquí,
aquí hay una lista de todas las cosas que deben arreglarse. Me has ahorrado
tener que enviártela por correo electrónico. —Se dirigió a la puerta de la cocina
y le lanzó una sonrisa—. Te veré por la mañana si sobrevives a la noche.

No podía decidir si le gustaba o no. Se apresuró hasta la puerta de la cocina y


abrió la puerta de par en par.

—Oye, ¿no hay un hotel o algo así?

Ella se movió en busca de una motonieve, pero se volvió.

—Tal vez deberías haber venido al funeral y podrías haber conocido a alguien

PÁGINA 22
que podría estar dispuesto a ayudarte. —Sus ojos parecidos a los de un gato
se abrieron de par en par.

Él retrocedió, sin estar preparado para el golpe emocional directo.

Ella levantó la pierna y la subió a una motonieve.

»Estás en un bed and breakfast2.

Él se movió hacia atrás en el porche, alejándose, sus ojos se encontraron.

2 Bed and breakfast: o en su forma abreviada B&B, es un establecimiento hotelero que


ofrece precios moderados.
Ella sonrió y el rugido de la motonieve resonó en el aire. Le guiñó un ojo y
Roman supo que estaba destinado a burlarse de él.

Funcionó. La ira se encendió en su interior y maldijo. Volvió a entrar en la


casa, cerró la puerta de la cocina, la bloqueó y dio pisotones hasta la sala de
estar. Mientras miraba el fuego, abrió el saco de dormir y pensó que este saco
de dormir era probablemente el mismo que había usado todos aquellos años
cuando su tío lo había llevado a acampar. Hurgó en su mochila y encontró el
cargador de su teléfono, tomo la precaución de enchufar el teléfono y esperar a
que volviera a encenderse la energía para que pudiera cargarse

Se recostó en el saco de dormir, mirando el fuego y sacudió la cabeza.

—Bueno, tío Jim, aquí estoy. —Parpadeó—. Pero no estás aquí para contarme
una de tus historias de fantasmas. —Su mente giró de nuevo a la pelirroja y
en la forma en que le había guiñado un ojo. No le gustaba, decidió.

Incorporándose, se metió en el saco y a regañadientes la jaló en su lugar


alrededor de su cabeza. Se obligó a respirar profundamente y tratar de
relajarse. Dormiría un poco y luego se reuniría con el abogado mañana y
descubriría cómo vender este lugar. Luego, se iría tan lejos de Alaska como
pudiera.

PÁGINA 23
CAPÍTULO 2
Traducido por katherin & Bella´
Corregido por katherin

la mañana siguiente, Roman despertó con el sonido de un clic. Se


incorporó, traído bruscamente de vuelta a la realidad en la que
yacía acurrucado en un saco de dormir, en la ropa de ayer, con la
nariz fría. Anoche se había quedado dormido molesto con la loca pelirroja, y se
había despertado igual de molesto. ¿Cómo se atrevía a decirle que debería
haber venido al funeral? Ella no sabía nada sobre él y su vida. Ni siquiera
había sabido sobre el funeral. ¿Quién era ella para actuar toda superior y
juzgarlo? Intentó jalar de la cremallera hacia atrás, pero anoche había hecho
frío, y había cerrado con cremallera el saco de dormir tan fuerte como pudo.
Luchó por unos segundos. Luego escuchó el clic de nuevo.

—¡Oye! —gritó. No fue un problema rodar hasta el frente y maniobrarse para


ponerse de pie en un movimiento de ajusté básico.

PÁGINA 24
Click, click, click.

Saltó hacia la cocina y el sonido.

»¡Hola! —Todo lo que necesitaba era otro invitado indeseable. ¿Cómo había
llamado la loca pelirroja a la gente que tuvo que mantener a raya anoche?
¿Chusma? Él no pensaría que esta pequeña ciudad tuviera mucha chusma.

Antes de que pudiera llegar a la puerta giratoria de la cocina, se abrió de


golpe, golpeándolo directamente en la cabeza.
Cayó hacia atrás, cayendo de frente mientras se desplomaba. Se sostuvo antes
de golpear demasiado fuerte.

—Oh, por Dios, ¿qué es esto? —gritó una voz audiblemente.

Roman giro hacia su costado, sin saber qué esperar, y se encontró mirando al
rostro de una dama mayor que parecía débilmente familiar.

Sostenía una sartén en la mano con algo dentro. Ya tenía una carcajada que
salía de ella. Llevaba jeans y botas altas y negras. Tenía el cabello recogido en
un moño en la parte superior de la cabeza y gafas de montura metálica en el
rostro. Ella miró hacia abajo.

—Escuché que estabas aquí, pero no me di cuenta de que Katie te había


encerrado en un saco de dormir. —Levantó la sartén—. Te hice unos
panqueques.

La expresión juguetona, pero severa, de su rostro no puso a Roman


completamente a gusto.

—Oh. —Fue todo lo que se le ocurrió decir en este momento—. Mi cremallera


está atascada.

Ante esto, ella le dio una palmadita en la pierna y soltó una carcajada,
haciendo que un mechón de cabello cayera del endeble moño.

PÁGINA 25
—Bueno, si tuviera un centavo por cada vez que escuche a un hombre decir
eso. —Dio dos pasos hacia la mesa y dejó la bandeja sobre una almohadilla
caliente gastada—. Bueno, veamos si podemos arreglarlo, Sr. Roman.

Sr. Roman. Se acordó de tener once y burlarse de cuantos panqueques podía


comer.

—¿Sra. K? —No podía creer que recordara eso.

Se inclinó sobre él, oliendo a harina y huevos. Ella se apartó y sonrió,


intentando destrabar la cremallera.
—Así es. Que buen chico. —Ella guiñó un ojo—. Los muchachos siempre
recuerdan a las ancianas que los alimentan.

Mientras la destrababa y finalmente le ganaba a la cremallera, se preguntó


exactamente cuántos años debía tener. Se sentó y salió del saco de dormir,
emergiendo como una serpiente de su piel.

—No tienes idea de cuánto mejor se siente eso. Gracias.

La Sra. K solo hizo una pausa por un segundo y lo estudió.

—Bueno, has crecido, Roman. —Sus ojos lo recorrieron de arriba abajo, no


como una mujer lo miraba, sino más bien como una abuela que lo examinaba.
Era la misma manera en que su propia madre solía mirarlo. Entonces ella lo
acercó a sus brazos.

Por un segundo, no reaccionó, pero cuando no lo soltó, la abrazó. No sabía


que decir.

—Eh, ¿gracias?

Con un leve encogimiento, ella caminó hacia la mesa y recuperó los


panqueques.

—Vamos, cariño, vamos a sentarnos a la mesa y hablar.

PÁGINA 26
A pesar de que tenía un dietista que vigilaba todo lo que comía para
asegurarse de obtener las cantidades correctas de proteínas, carbohidratos y
grasas, definitivamente probaría sus panqueques. Si recordaba bien, los
panqueques de la Sra. K eran algo así como una experiencia. Su estómago se
quejó.

—Voy a volver pronto, solo tengo que hacer una llamada rápida.

Recuperó su teléfono del cargador contra la pared y presionó el número del


abogado.

—Hola.
—Es Roman Young. Estoy en Wolfe Creek, necesito que me veas por aquí a lo
largo del día de hoy y firmar el papeleo.

—Oh, querido…

—Sr. Burcher, tengo que hacer esto hoy.

—Lo siento, Sr. Young. Las carreteras del cañón se han cerrado. Parece que va
a ser por un par de días.

—¿Días?

Él suspiró.

—Estas tormentas tienen mente propia. Pero le prometo que tan pronto como
se abran las carreteras, estaré allí.

La cocina se veía diferente a la luz del día. Los armarios de caoba no estaban
tan pulidos como recordaba. Parecían desgastados. La gran mesa coincidía
con los armarios y Roman recordaba vívidamente lo mucho que amaba esta
cocina. Tomó nota de la decadente decoración manzana, desde las pequeñas
cortinas de la ventana del fregadero hasta la decoración de las paredes. Pero
aún estaba limpio y ordenado. La Sra. K dejó los panqueques al lado de un
humeante plato de huevos y le indicó que se sentara.

PÁGINA 27
—Ha pasado casi un año desde que he cocinado para cualquier persona,
excepto tu tío en esta cocina. —Su rostro se puso triste—. Durante mucho
tiempo quiso que siguieran viniendo grupos de personas para su disfrute,
¿sabes? Disfrutaba de la compañía. Le gustaba ver a otras personas apreciar
las comodidades que Wolfe Creek tiene para ofrecer: los lagos, el esquí. Pero
este lugar quedó tan deteriorado que no pudo competir con esos nuevos
desarrollos en la colina, ya sabes. —Ella coloco un montón de huevos y dos
panqueques en su plato sin preguntarle qué quería. Colocó jarabe en la parte
superior antes de que pudiera hacerlo él mismo. Ella cruzó los brazos—.
¿Quieres dar las gracias, Roman?
Le golpeó que habían pasado casi tres años desde que había dado las gracias.
Tres años desde que había estado casado y tres años desde que había
inclinado la cabeza. Pero, como dice el refrán, "es como andar en bicicleta".
Las palabras salieron de sus labios con la rapidez de su yo de once años que
había estado hambriento y quería tomar un bocado de los panqueques
caseros.

Ella se sentó y señaló los papeles sobre la mesa.

»¿Veo que Katie te dio una lista?

Roman asintió con la cabeza y empujó un bocado de panqueque. El sabor del


jarabe de arce relleno de azúcar y la suavidad se derritieron en su boca.

—Hmm.

Su teléfono zumbó en el bolsillo del pantalón, y lo alcanzó, olvidando


momentáneamente la lista de Katie. Era su agente, preguntando cuándo
volvería. Guardo el teléfono y se preocupó por la reunión con los propietarios.
Pero tenía tres días. Seguramente la tormenta desaparecería para entonces.
Resignado al hecho de que estaría atrapado aquí por un tiempo, asintió con la
cabeza a la Sra. K, pensando que había peores lugares donde quedarse
atrapado. Recordó cómo el equipo se había quedado atascado en Minnesota la
última vez que habían jugado allí. Por supuesto, habían estado en un hotel

PÁGINA 28
agradable. Habían pedido plato tras plato de comida, pero la comida no había
sido así de buena.

La Sra. K sonrió.

—Los panqueques son mi especialidad.

—Están deliciosos. —Le devolvió la sonrisa y tomó otro bocado.

Cuando Katie entró, estaba mirando la lista por encima y desayunando.

Ella lo ignoró e hizo café.

—Hola, Sra. K, ¿cómo estás hoy?


—Estoy bien, chica Katie, estoy bien. —Ella la atrajo en un medio abrazo—.
¿Cómo está tu chico?

Sirvió como un claro recordatorio para Román de que estaba casada. Tratando
de echar un buen vistazo a ella, sin ser obvio, levantó la vista de su lista. Su
pelo rojo yacía en rizos suaves hasta la mitad de su espalda. Llevaba un abrigo
negro robusto, pero comenzó a bajar el cierre. Cuando finalmente se volvió
para mirarlo, lo atrapó mirando.

Por alguna razón, el hecho de que lo había atrapado mirándola lo puso


nervioso. Alcanzó su café y terminó tirándolo, derramándolo en la lista de
suministros.

—Mierda. —Trató de pararse demasiado rápido y golpeó sus muslos con fuerza
contra la mesa, haciendo que la mesa se sacudiera y el jarabe fresco se
derrumbara también.

—¡Cielos! —La Sra. K buscó una toalla de cocina.

En un abrir y cerrar de ojos, Katie recogió el jarabe, evitando que se mezclara


más con el café. Alzó la lista, y una línea de café goteaba desde la mesa hasta
el lavabo del mostrador.

—¿Crees que puedes escapar de las tareas si arruinas la lista?

PÁGINA 29
—¿Tareas? —La forma en que lo dijo lo hizo sonar como un adolescente
después de que su madre le exigiera que cortara el césped. No sabía por qué
reaccionaba de esta manera a esta mujer. Se aclaró la garganta y usó su mano
para echar el café y el jarabe en su plato. Luego usó su servilleta para limpiar
el lío restante—. Quiero decir, pensé que esa lista era para suministros. —
Maniobró hacia el fregadero.

Katie agitó la lista sobre el fregadero. La expresión de su rostro le dijo que lo


encontraba divertido.

—Pensé que querrías ayudar a hacer las cosas hoy.

Captó un destello de su anillo. En su mano izquierda. Definitivamente casada.


»Quiero decir, —ella se detuvo, mirando por la ventana—, no hay a dónde ir.
Incluso las estaciones de esquí necesitan tomar precauciones para controlar
las avalanchas. —Hizo una pausa y se lamió los labios—. ¿Estás aquí para
esquiar?

Sabía que no estaba lamiendo sus labios por ninguna otra razón que no fuera
porque probablemente estaban agrietados, pero al instante notó lo cerca que
estaban juntos. Los platos cayeron al fregadero. La tasa que usó para el café
se rompió. Se echó hacia atrás.

—¡Por Dios! —exclamó la Sra. K, entrometiéndose entre ellos y buscando los


pedazos rotos. Ella le frunció el ceño—. Katie, ¡saca a este chico de mi cocina,
ahora!

Se odiaba a sí mismo en este momento, no era de él comportarse como un


completo torpe, Roman salió del camino de la Sra. K.

Katie se cubrió el rostro y soltó una pequeña carcajada. Hizo un gesto hacia
la puerta.

—¡Diría que es mejor que te pongas las botas y vengas conmigo!

—¿A dónde podemos ir con toda esta nieve? —En este momento no estaba
seguro de si quería ir a ninguna parte con esta mujer. Lo ponía un poco
nervioso. Había pasado mucho tiempo desde que Roman había estado tan

PÁGINA 30
nervioso.

Sacudiendo la cabeza, Katie levantó una ceja.

—¿Qué? ¿Tienes miedo de la pequeña vieja yo?

La forma en que lo dijo fue un poco seductor. Al menos, lo consideró seductor,


y no era alguien que se echaba hacia atrás ante un desafío. Salió de la sala de
estar, recordando que cualquier tipo de equipo estaba guardado en el gran
armario delantero de la puerta principal.

—Voy por botas.


Después de que la puerta se abrió con un crujido, encontró una variedad de
cosas y sacó lo que parecían ser botas de montaña. Lo más probable es que
hayan pertenecido a su tío. Encontró un abrigo Carhartt y una gorra de los
Dallas Destroyers en un gancho. La emoción lo embargó mientras se ponía un
par de guantes a juego. Se los había dado a su tío el primer año que había
firmado con el equipo.

Caminando a través de la cocina, no dijo ni una palabra mientras se dirigía a


la puerta. Podía ver a Katie ya sentada en una motonieve, con un remolque
atado a cuestas.

—Pórtate bien, jovencito.

Roman sonrió a la Sra. K, que estaba lavando los platos.

—Ah, gracias por el desayuno.

Ella le guiñó un ojo.

—Que te diviertas.

Cuando Roman bajó los escalones hacia Katie, ella volteó la cabeza y sonrió.

—Ponte en la espalda, mariscal de campo.

Por un segundo, se detuvo.

PÁGINA 31
—¿Lo sabías? —La noche anterior estaba seguro de que cualquiera que lo
tratara tan groseramente no debía saber exactamente quién era él.

Una gorra rosa con un pom pom en la cima estaba sobre su cabeza, a juego
con cuerdas de punto que estaban trenzadas por los lados sobre sus orejas. El
lado de su labio se estiró hacia arriba.

—¿Crees que tu tío dejó que alguien en esta ciudad NO supiera sobre el gran
Roman Young?

Tentativamente, se puso detrás de ella, completamente desconcertado y


confundido por el hecho de que, a pesar de que sabía quién era, todavía lo
trataba de esta manera. Ligeramente puso sus manos en sus caderas. Tenía
una pequeña cintura y se preguntó si al apretar su agarre, podría tocar sus
dedos.

Ella se rió y se sobresaltó cuando arrancó.

Se agarró con más fuerza.

Ella se rió de nuevo.

—Cielos, por amor de Dios no me romperás, solo pon tus brazos alrededor de
mi cintura.

Volaron a través del camino cubierto.

—Hombre, hay mucha nieve, esto se parecía a un camino de entrada anoche.

Katie se burló.

—Wolfe Creek obtuvo alrededor de cuarenta y tres centímetros solo anoche y


sabes, no se supone que amaine por un tiempo.

Frunció el ceño, pensando en el señor Burcher.

—Eso he escuchado.

Inclinándose hacia adelante y encorvándose, pudo obtener un mejor agarre. El


olor a limón lo asaltó. Se agachó detrás de ella, deseando haber usado gafas

PÁGINA 32
de sol para bloquear el rocío de nieve. Levantó la cabeza y vio que estaban en
lo que parecía ser una carretera principal, a toda velocidad hacia un pequeño
grupo de tiendas que, a pesar del clima, tenían clientes que iban y venían.

Otras motonieve pasaron por allí. Katie saludó a cada uno de ellos, a veces
gritando un hola. Roman estaba desconcertado de que esta ciudad siguiera
funcionando como si la nieve no importara.

Entraron en la Ferretería de Henry y aparcaron al lado, Roman contó otras


cinco motonieve con remolques adjuntos.
Katie apagó el motor y esperó a que bajara. Sus ojos tenían un brillo malicioso
mientras recogía despreocupadamente un puñado de nieve y se lo arrojó
cuando pasó.

—Vamos, mariscal de campo, ¿alguna vez has visto una tormenta de invierno?

Parte de la nieve cayó ligeramente sobre su mejilla, y se sintió aún más


confundido mientras seguía a Katie en la ferretería. ¿Estaba coqueteando con
él? Estaba acostumbrado a la aproximación más directa, como las mujeres
escasamente vestidas que se envolvían con su cuerpo y se pegaban como
plástico en un plato de cristal. Se sintió mareado con Katie.

Katie se quitó la gorra y asintió hacia un carrito.

»¿Te molestaría empujarlo? Podemos conseguir provisiones, —hizo una pausa


y sacó su teléfono de un bolsillo con cremallera en la parte delantera de su
propia chaqueta Carhartt—. Me imagino que podemos terminar con arrancar
la alfombra en el piso de arriba antes de que tenga que ir a buscar a mi hijo.

La idea de que ella pensaba que iba a arrancar la alfombra fue eclipsada
rápidamente por el hecho de que había mencionado a un hijo. Parpadeó. Está
casada. Está casada. Tenía que dejar de pensar que tenía algún tipo de
atracción hacia él o algo por el estilo.

Con ese recordatorio, agarró un carrito y trotó un par de pasos para

PÁGINA 33
alcanzarla.

Ella ya tenía una caja de clavos y los arrojó dentro del carrito. Escaneó los
estantes.

»También necesitamos asegurar las escaleras. Estoy pensando en arrancar la


alfombra y aporrearlas con la mano y ver cuáles están sueltas. Tu tío, Dios
guarde su alma, amaba el lugar, pero seamos sinceros, dejó mucho trabajo
por hacer para lograrlo. —Ella lo miró—. Y ponerlo en forma antes de que
llegue la multitud de la primavera va a ser difícil.

Se le ocurrió a Roman que probablemente debería decirle que estaba aquí para
firmar el papeleo y conseguir que se vendiera el lugar, pero, pensó que con la
tormenta no se iría por un día o dos, y cualquier mejora no podría dañar la
venta. Sin mencionar que Katie se veía tan feliz de estar planeando. Tal vez
trataría de conseguir en el contrato que ella pudiera seguir siendo la
cuidadora, o lo que sea que fuera.

»¿Qué? —Dejó de moverse y lo miró a la defensiva.

¿Se había quedado mirando fijamente? Aclarando su garganta, se volvió hacia


la pintura.

—Nada. Nada. —De repente, notó que la música de Navidad zumbaba en el


fondo—. ¿Qué pasa con la música?

Al instante, ella frunció el ceño y sacudió su dedo hacia él.

—Simplemente no menciones nada sobre la música. —Hubo un brusco borde


en su tono—. Henry tiene suficientes problemas para pensar en la salud de la
Sra. K y todo lo demás en este momento. La música es la menor de sus
preocupaciones —espetó.

Esa no era la razón que había estado esperado.

—¿A qué te refieres con… la salud de la Sra. K? —El hecho de que no supiera
quién era Henry no parecía tener importancia en este momento—. ¿La Sra. K
que me dio panqueques hoy?

PÁGINA 34
Su rostro se suavizó.

—Sí. —La humedad llenó sus ojos. Sus ojos verdes brillaron aún más—. La
Sra. K tiene cáncer. —Ella negó con la cabeza—. Y me contó el otro día que
después de haber visto morir a tu tío, no puede creer que pueda haber un
milagro.

El centro de su pecho se apretó con emoción. Pensó en su tío y, por alguna


razón demente, sintió que sus propios ojos se humedecían, lo que lo
desconcertó. Se apartó de ella y tragó saliva. No ella también.

Escuchó a Katie soltar un suave suspiro.


—Lo siento. Supongo... supongo que todo esto suena demasiado familiar con
tu tío y todo. —Una mano tocó su hombro—. No te dije cuánto lo siento por
Jim. Fue un buen hombre.

Volviéndose, sus ojos se encontraron con los de ella y sintió que una onda de
calor se movía a través de él. Aquí había algo que le faltaba a la gente de su
vida: sinceridad. Todo lo que pudo hacer fue asentir de nuevo. Jim era
probablemente la única persona que le importaba, al menos en este momento
de su vida, y se había ido.

—Gracias, eso significa mucho.

Ella retiro la mano y se volvió hacia los estantes. Tomó dos latas de pintura y
las metió en el carrito, buscando de inmediato dos latas más de pintura.

—El gris es el gran color en este momento. —Ella se aclaró la garganta


nuevamente y le lanzó una sonrisa tentadora—. Estaba pensando que
podríamos acentuar con almohadas rojas y adornos blancos. Tal vez algunas
alfombras que tengan un poco de azul profundo y también algunas lámparas
decorativas desgastadas chic y lámparas de araña. Creo que agregaría una
sensación moderna a la cabaña. —Ella tiró del carrito detrás de ella, volteando
en un nuevo pasillo. Sacó alguna clase de soporte de gabinetes de la
estantería—. Los armarios rústicos en la cocina pueden quedarse. No he
decidido si debemos pintarlos de blanco. Ya sabes, para alegrar la cocina. Miré

PÁGINA 35
un video de YouTube sobre cómo hacer que se vieran un poco antiguos
utilizando un marcador negro permanente para trazar las líneas. —Ella ladeó
la cabeza hacia un lado, estudiando una serie de asas. Tomó un grupo de ellas
y las dejó caer en el carrito—. Pero, tendremos que poner el soporte de
cualquier manera, así que vamos a seguir adelante y obtener estos. —Ella se
volvió para confirmar—. ¿Está bien?

Todo lo que Roman sabía en este momento era que no quería decepcionar a
esta mujer que había tocado su hombro y mostró una respuesta más amable
de corazón a la muerte de su tío que nadie en su vida. Pasar un par de días
remodelando la cabaña podría no ser una mala manera de pasar el tiempo.
Especialmente si podía gastarlo con ella. La irritación se apoderó de él.
Casada. Tenía que recordarlo. Estaba casada.

Sus ojos verdes se estrecharon, haciéndola parecer más una "Kat" que una
"Katie".

»¿Qué?

—Nada —espetó—. ¿Qué?

Poniendo una mano en su cadera, se acercó a él, escudriñando sus ojos.

—Lo que realmente estoy pidiendo es la aprobación del presupuesto.

Su pulso se aceleró, y dio un paso atrás, tratando de llegar lo más lejos que
podía de la fragancia de limón que flotaba de ella.

—Por supuesto. Absolutamente. Lo que quieras.

Levantando las cejas, ella sonrió.

—¿De verdad? ¿Cualquier cosa que quiera?

No solo era que su mente se sintiera revuelta. ¿El gerente mantenía el calor
aquí? Se quitó el abrigo.

—Consigue todos los suministros que necesites. —Dobló el abrigo y lo colocó

PÁGINA 36
en la parte delantera del carrito.

La forma en que ella giró sobre sus talones y le lanzó una amplia sonrisa le
dijo que iba a lamentar vehementemente darle esa clase de permiso.

Ella parloteó sobre las diferentes personas que se encontraron en la tienda.


Estaba la Sra. Harper, la maestra de la vieja escuela. Cuando Katie lo presentó
como el sobrino de Jim, la Sra. Harper lo abrazó y le dijo cuanto lo lamentaba.
Procedió a hacer hincapié el presentarle a su hija que había quedado atrapada
en la ciudad durante el fin de semana y sugirió que la invitara a salir. La idea
de que la Sra. Harper le lanzara descaradamente a su silenciosa hija fue solo
el quid de la cuestión. Su hija no era desagradable, pero parecía
dolorosamente tímida en su presencia, por lo que la sugerencia de su madre
fue simplemente extraña. Pero definitivamente había tenido encuentros más
extraños con madres que querían que saliera con sus hijas, así que
simplemente asintió cortésmente.

Ante esto, Katie rápidamente se cubrió el rostro y apartó el carrito de ellos,


dejándolo para excusarse y describir los proyectos en los que se encontraban
hasta la rodilla. Por supuesto, dejó de lado el hecho de que se había
comprometido realmente a hacerlos esta mañana. Se alejó de todo el
encuentro y soportó más risas y golpes suaves en el hombro de parte de Katie.

—El gran mariscal de campo en la ciudad, señoras. Es El Soltero3 viniendo a


Wolfe Creek. ¿Quién recibirá una rosa?

No muy divertido, fingió seguir jugando de todos modos.

—Bien, tal vez en lugar de repartir rosas, le daremos herramientas eléctricas a


las chicas que saben cómo reparar la mayoría de los proyectos en la posada.

Ella chasqueó los dedos con deleite.

—Exactamente, y podrías pavonearte con un cinturón de herramientas y


mostrarles cómo hacer las cosas.

Él se rio.

—El problema es que no sé cómo hacer muchas cosas.

PÁGINA 37
Ella puso los ojos en blanco.

—Está bien, M.C4. Como lanzar una pelota es todo lo que necesitas saber,
¿verdad?

Aunque en realidad no debía ser un insulto, de alguna manera sonó como


uno.

—¿Qué significa eso?

3 The Bacherlor o el Soltero: es un espectáculo de telerrealidad estadounidense en el


que varias mujeres o hombres compiten por ganar el corazón del soltero(a), quienes
reciben una rosa continúan en el programa.
4 M.C.: Abreviación de Mariscal de Campo.
Ella siguió paseando por los pasillos, agregando cosas al carrito.

—Nada. —Se concentró en un taladro—. Necesito un taladro. ¿Estás bien con


comprar esto?

El taladro no estaba en su radar.

—Sí, lo que sea. ¿Qué querías decir con que los mariscales de campo solo
tienen que lanzar una pelota?

Ella lo obligó a detenerse cortándolo mientras se movía al otro lado del pasillo
y agregaba algo más al carrito. Estaba frunciendo el ceño cuando respondió:

—Suenas ofendido.

—No lo estoy —dijo un poco demasiado rápido.

Lo estudió por un segundo y luego giró su carrito hacia la línea de la caja.

—Relájate, M.C., muchas mujeres quieren un hombre que pueda lanzar una
pelota. —Ella levantó una ceja—. Y lo admito, lo haces bien.

Una vez más, el cumplido sonó como un insulto.

—Hago muchas otras cosas bien —respondió.

Ella comenzó a descargar todas las cosas en la línea de caja.

PÁGINA 38
—No dije que no.

Los recuerdos de su madre enseñándole cosas le vinieron a la mente.

—Puedo cocinar.

Una esquina de su labio se elevó.

—Estoy feliz por ti. —Ella empujó el carrito y asintió con la cabeza al cajero.

Angustiado, sin saber por qué debería sentirse enojado, sacó su tarjeta de su
billetera y ni siquiera miró el total, sus ojos clavados en ella.
—¿Alguna vez has visto el entrenamiento de primavera o un documental de
fútbol americano sobre todas las cosas que tenemos que hacer para
mantenernos a nosotros mismos?

Firmó un recibo, y ella ya estaba sacando algunas cuerdas elásticas del carrito
junto con una lona, llevándolos a la nieve.

Se cerró la cremallera y caminó más rápido, tratando de mantenerse al día con


ella. Ella se colocó de golpe su gorro de pompones en la cabeza y siguió con la
tarea de organizar todo en el tráiler de la motonieve. Por unos segundos se
preguntó si había escuchado su pregunta.

»¿Sabes por lo que tienen que pasar los jugadores de fútbol americano?

Ella consiguió acomodar todo y le dio la mitad de la lona, ignorando la


angustia en su voz.

—En realidad, he estado demasiado ocupada durante los últimos años para
honestamente importarme. —Terminó de sujetar la última correa y luego
sostuvo su mirada.

Roman la miró fijamente. Por alguna razón, le gustaba la forma en que Katie
lo trataba. Normal. Era mala con él, pero podía decir que era normal.
Probablemente solo sintió que era una mujer mala porque la mayoría de la
gente caía a sus pies a su alrededor, razonó. Pero, no creía que lo respetara y

PÁGINA 39
eso no estaba bien con él. Roman rápidamente tomó las llaves de la motonieve
de la mano de Katie. Se subió primero.

—¡Oye! —protestó ella, intentando alcanzarle y sacar las llaves de su mano.

Se rió, agradándole la sensación de mantener algo alejado de ella.

—¡Oh, no! —Se le ocurrió una idea—. ¿De quién es esta motonieve de todos
modos?

Una sonrisa tímida se asomó por su rostro. Ella lo señaló.

—Tu tío.
Deslizando la llave en el arranque, sonrió.

—Exactamente.

Después de vacilar y luego cruzar los brazos, levantó las cejas.

—Bueno, mariscal de campo, no siempre te puedes salir con la tuya. —


Sacudió la cabeza de un lado a otro y se alejó rápidamente de él, dirigiéndose
hacia el Restaurante Lunch Lizard—. Tengo hambre.

El corazón de Roman estaba acelerado, y quería pisar el acelerador. Rápido.


Simplemente quería salir volando del estacionamiento y lejos de esta
increíblemente mujer GROSERA, pero no lo hizo. No tenía nada que ver con el
hecho de que realmente no sabía lo que haría con todos estos suministros. La
nieve seguía cayendo, pero habían usado una lona para cubrirlos. Estaba
dividido entre querer irse y querer enfrentarla. Finalmente, decidió que esta
mujer, casada o no, necesitaba un poco de lo que pensaba. No dejas a alguien
que es nuevo en la ciudad solo, sentado en una motonieve con los suministros
que quería comprar. ¡Era grosero!

Bajó de la motonieve y se dirigió hacia el Restaurante Leaping Lizard. Abriendo


la puerta hacia atrás, la encontró en una cabina al lado de la ventana. Una
mujer mayor con un vestido rojo y grandes botas negras se encontraba delante
de ella, dejando dos vasos de agua. Él puso su rostro severo. El que guardó

PÁGINA 40
para los entrenadores que le dijeron que su rodilla no estaba lista para jugar.
El que guardó para ex-esposas que se sentaron frente a él con su abogado y
exigieron la mitad de todo.

Katie lo vio y le dedicó una gran e inocente sonrisa y lo saludó con la mano.

—Lee Ann, conoce a Roman… el sobrino de Jim. Del que siempre habló.

Inmediatamente, la gran dama de las botas, que tenía que ser medio metro
más baja que él, lo abrazó, poniendo su cabeza contra su costado.

—Amaba a tu tío Jim.


Una vez más, Roman fue tomado por sorpresa. Lo único que podría haberlo
derribado, además de ser golpeado por un apoyador de trescientas libras, era
este tipo de afecto abierto y preocupado. La emoción no deseada se atascó en
su garganta. Él le dio unas suaves palmaditas en la espalda. Era
completamente extraño estar en una ciudad donde la gente sabía algo real
sobre él. Algo más que la interpretación de los medios que su gente trabajaba
tan duro para producir.

Lee Ann se apartó y dio unas palmaditas en la parte de la mesa frente a Katie.

»Siéntate ahora con nuestra Katie, les conseguiremos dos especiales y algunas
papas fritas de Marv.

No parecía que Roman tuviera una elección. Se deslizó en la cabina, se


desabrochó el abrigo y se quitó el gorro, completamente desconcertado por
esta ciudad.

Lee Ann frunció el ceño, estudiándolo.

»Pero probablemente no comas comida frita, ¿verdad? —Se tocó el mentón y


luego, sin previo aviso, extendió su mano para tocar la barba de su barbilla.
Luego dejó escapar una risa y retiró su mano—. Oh, cariño. —Un rubor
apareció en su rostro—. Lo siento. Lo siento mucho. Es solo que siempre has
sido mi favorito, y he estado esperando todos estos años para finalmente
conocerte. —Se rió de nuevo. Contuvo la respiración y luego se palmeó el

PÁGINA 41
cabello contra la parte superior de la frente—. Oh querido. Lo que ustedes,
jóvenes, y sus encantos pueden hacernos a las mujeres mayores.

Roman no tenía idea de qué decir. Entonces simplemente sonrió.

—Un placer conocerla, Lee Ann, gracias por todo tu apoyo.

Ella suspiró.

—¡Ahh, tal vez puedas hacer una excepción de tu dieta tan estricta porque
ustedes acabaron de ganar el gran juego! —Ella levantó su mano para darle
un choca esas cinco—. Entonces, ¿quieres papas fritas?
Parpadeó y devolvió el gesto.

—Tráeme papas fritas Lizard.

Otra risa tintineante y ella se alejó a toda prisa, antes de retroceder a medias.

—Pero ni siquiera voy a preguntarte si quieres un refresco porque


definitivamente no necesitas toda esa carbonatación. —Ella asintió con
severidad y siguió caminando.

La miró irse y luego se volvió para mirar a Katie.

La mirada traviesa en su rostro le dijo que creía que todo el intercambio fue
gracioso. Ella comenzó a carcajearse.

—El Soltero de Wolfe Creek. Voy a comenzar a filmar.

Lo extraño era que había venido a este lugar completamente preparado para
darle un poco de lo que pensaba a este demonio pelirrojo. Esta chica que
pensó que podría conseguir que comprara todas estas cosas y luego insistir en
que ella manejara la motonieve. Y luego, irse como si supiera que la seguiría.
Pero no pudo contenerse, también, y se frotó la mejilla, sintiendo el rubor
deslizándose por su cuello.

—¿Fue raro que ella tocara mi rostro? Porque eso se sintió raro.

PÁGINA 42
Sus ojos verdes brillaron, y tomó su agua.

—Guau. —Ella tomó un sorbo.

Él tomó un sorbo de su agua y le sonrió.

—¿Qué?

Cerrando los ojos por un segundo, ella mantuvo su vaso entre sus manos.

—¿Así es como es para ti todo el tiempo?

Él sabía a lo que se refería, pero no sabía cómo responder.

—No lo sé.
—¿No lo sabes? —Ella lo enfrentó con una mirada seria.

Incómodo, sin realmente tener una razón para estarlo, se encogió de hombros.

—Es... —pensamientos de su ex-esposa y las otras mujeres que


constantemente se arrojaron sobre él inundaron sus pensamientos. Los
últimos meses se habían vuelto muy pesados. Evitó sus ojos—. Es complicado.

Ella se rió, tomó una cuchara, sacó un cubito de hielo del agua y se lo metió
en la boca.

—Estoy segura —dijo con la boca llena de hielo.

Él la vio tratando de morder el pedazo de hielo demasiado grande en su boca y


no pudo evitar sonreír.

—¿Es un buen pedazo de hielo?

Por un segundo se detuvo, y luego sus mejillas se volvieron rojas. Tomó un


pedazo de hielo de su vaso y se lo tiró.

—Cállate. —Finalmente mordió el hielo, tragándose una carcajada.

Esto naturalmente lo llevó a actuar como un niño de secundaria, y tomó un


pedazo de hielo de su vaso, tirándolo hacia ella.

Mientras trituraba su hielo y esquivaba el hielo que le tiraban, ella seguía

PÁGINA 43
riéndose. Entonces la risa se convirtió en asfixia.

Al principio él pensó que ella estaba fingiendo. Entonces se dio cuenta de que
sus ojos estaban ligeramente abultados y todo el golpeteo que ella estaba
haciendo en su pecho no era una broma.

Entró en pánico y se puso en pie, pensando en su entrenamiento —como de


hace mucho tiempo— sobre RCP, primeros auxilios y el Heimlich. Se levantó y
se acercó a ella.

Tosiendo y tosiendo, sus ojos lloraban con intensidad.


Tirándola de la cabina, puso sus brazos alrededor de ella, esperando que el
hielo no le hubiera cortado la garganta o que no la hiciera vomitar. El
problema de hacer estas cosas era que él era fuerte. Sin mencionar la
adrenalina que está al tope en ese momento. La rodeó con los brazos y la
apretó.

Ella tosió, balbuceó y luego levantó las manos.

—Estoy bien. Estoy bien.

Cada parte de él estaba con los nervios de punta. La soltó y la giró para verla
por sí mismo.

El momento fue lento y bochornoso y exactamente lo que recordaba la primera


vez que besó a su primera novia en el décimo grado después del baile de
graduación. Su corazón latía a un ritmo irrazonable, y sin previo aviso estaba
perdido en sus ojos.

Las mejillas de ella estaban enrojecidas y respiraba pesadamente. Era


totalmente tonto para él pensar en el hecho de que ella era mucho más alta de
lo que su primer beso Becky Mueller había sido en décimo grado. Ella era más
bajita que su ex-esposa por cinco o diez centímetros. Se concentró en sus
labios ligeramente hinchados. Entonces notó la sangre en su labio.

Inmediatamente, se acercó al labio de ella y lo tocó con el pulgar.

PÁGINA 44
—¿Estás sangrando?

Ella intentó retroceder, pero solo tropezó de nuevo en la cabina.

Él la agarró por los hombros.

»Respira, está bien.

Después de tomar una respiración, ella se estabilizó.

—Lo siento —dijo ella, tocando su labio—, supongo que todo lo de tocar el
rostro se siente raro.
Al instante, se apartó de sus hombros, aun luchando contra el loco impulso de
besarla. Dio un paso atrás y agitó la cabeza, cubriendo su vergüenza con una
sonrisa.

—Lo siento, eso fue... ¿estás bien? —Se deslizó de vuelta a la cabina.

Ella se sentó y luego se rio.

—Lo siento. Cielos, qué vergüenza.

Él miró a su alrededor.

—No creo que nadie lo viera.

—No, quiero decir para ti.

—¿Yo?

—Sí, me tocaste el rostro. —Un malvado destello brilló en sus ojos.

Roman se dio cuenta de que se estaba burlando de él. Sonrió de lado y se


recostó en la cabina.

—Bueno, ¿es así para ti todo el tiempo?

Sin perder un latido, se puso una servilleta en el labio.

—Solo cuando los fans se descontrolan.

PÁGINA 45
Antes de que cualquiera de ellos tuviera la oportunidad de decir otra palabra,
Lee Ann reapareció. Llevaba dos enormes sándwiches, que Roman notó que
llevaban una especie de pan de centeno casero. Las papas fritas se apilaban
tan alto, que un par se cayó del plato mientras ella las colocaba.

—¡Vaya! —Lee Ann le sonrió a él y luego guiñó el ojo—. De acuerdo, la famosa


ensalada de pollo de Marv. —Palmeó el hombro de Katie suavemente—. Que
disfruten. Les traeré algo de agua.

—Gracias. —Katie palmeó su mano


—Gracias —dijo Roman. Se concentró en el plato y decidió que Marv tenía
talento. Eso olía celestial.

Al principio ambos comieron y Roman no tenía ni idea de qué decir, pero luego
Katie llenó el silencio hablando sobre su hijo de siete años, Josh, y su proyecto
científico con veinte ranas viviendo juntas en un acuario. Después de que
terminaron de comer, se llevaron los suministros a la posada, y Katie de buen
corazón le dio órdenes, diciéndole que llevara varios suministros a diferentes
partes de la cabaña. Algunos incluso fueron llevados a lo que ella se refirió
como el "granero", que terminó siendo una enorme tienda detrás de la cabaña.

Antes de que se diera cuenta, ambos estaban retirando la alfombra en las


escaleras y llevando el relleno y la alfombra al granero. Katie le mostró el
proceso de hacer funcionar el viejo calentador. El calentador, junto con la
chimenea, proporcionaba mucho calor. Él tomó la señal de que Katie estaba
más enfocada en su trabajo que en cualquier otra cosa, así que trató de hacer
lo mismo, enfocarse en el trabajo, no en mirar a Katie tanto como él quería.
Debajo del traje Carhartt llevaba pantalones de yoga y una camiseta
Thunderbirds de Filadelfia. Por supuesto que no era lo suficientemente
mezquino como para hacer una broma sobre lo horrible que era el equipo,
pero definitivamente pensó que la camiseta era un buen elemento disuasorio
para no mirarla.

PÁGINA 46
Finalmente ella preguntó:

—Entonces ¿estás vendiendo el lugar o qué?

Él no respondió de inmediato.

—No estoy seguro. —Lo que era cierto desde hace unos dos segundos.

Ella se levantó y tiró hacia atrás un mechón de cabello que se había


desprendido de la coleta que se había hecho antes de empezar a trabajar en
serio.

—Deberías reconsiderarlo porque el Alaskan Inn significa algo aquí.


—¿Qué? —Se sacó los guantes de cuero que ella había insistido en que le
compraran antes y agarró una botella de agua.

La forma en que Katie Winters puso los ojos en blanco y le dio un ligero
destello de su nariz le hizo reír.

Qué raro fue encontrar a una mujer que lo trataba como… un hombre. Solo
un hombre. No un jugador de fútbol americano, ni alguien a quien manipular
o engañar por alguna publicidad que quisieran publicar. Resopló.

Ella agitó la cabeza de un lado a otro.

—Tu tío convirtió este lugar en un legado. Hizo que significara algo, que las
familias volvían cada año. ¿Sabías que me han estado llamando familias que
vinieron a este lugar cuando eran niños? Ahora tienen nietos y quieren
traerlos aquí.

Roman asintió de nuevo.

—¿En serio? Este lugar es un basurero. —Incluso antes de dejar que las
palabras llegaran hasta el final, quiso recuperarlas.

Los labios de ella se apretaron y le miró fijamente, sacudiendo la cabeza. Si


fuera una caricatura, le saldría humo por las orejas.

—¿Acaso te das cuenta de lo que significa tener un hogar? —escupió—. Algún

PÁGINA 47
lugar que signifique algo.

Él no respondió. Ella parecía que acababa de empezar.

—Tu tío te dio este lugar porque le encantaba, y obviamente te amaba a ti.
Ahora, puedes ignorar algo que es viejo porque crees que no queda vida en él,
o puedes trabajar y moldearlo y darle una nueva vida. Esa es tu elección. —
Ella lo señaló y luego bajó las escaleras—. Pero si yo fuera tú, me aferraría y
daría gracias a Dios todos los días porque tienes algo a lo que aferrarte.

La observó alejarse y sintió cómo la adrenalina le atravesaba. Esa mujer le


hacía querer rasgar algo. Así que continuó arrancando la alfombra.
Escuchando sus pasos desvanecerse, murmuró para sí mismo:
—No hay nada a lo que valga la pena aferrarse que no te haga daño.

Dos horas después, la alfombra estaba fuera y empezaron a arreglar el


subsuelo.

Katie se agitó bruscamente hasta ponerse de pie.

—¡Oh Dios mío! ¡Tengo que ir por Josh! —Dejó caer su martillo en las
escaleras y se apresuró a buscar su ropa de invierno.

El pánico surgió dentro de él. Roman no sabía qué hacer con la estúpida
sensación de cachorro perdido que repentinamente le invadió. Había estado
con ella todo el día, y cuando se fue corriendo, de repente volvió al presente. El
presente donde ella estaba casada con otra persona con un hijo. Él bajó por
las escaleras apresuradamente para alcanzarla antes de que se fuera.

— ¿Cuándo volverás?

Empujando el gorro con pompones rosa,, ella se volvió hacia él y le hizo un


guiño.

—No luzcas tan desesperado, mariscal de campo, no te librarás de mí tan


fácilmente. Mañana. Misma hora, mismo lugar.

PÁGINA 48
CAPÍTULO 3
Traducido por Coral Black
Corregido por Light Feather

l resto de la tarde y la noche fueron ocupados con dos cosas


impresionantes. Roman terminó de llevar todo el relleno y la
alfombra al establo e incluso golpeó o reemplazó los clavos, según
fuese necesario. En dos de los escalones tuvo que arrancar la superficie y fue
al granero y encontró restos para reemplazarlas. Los llevó a la casa para
mostrárselas a Katie mañana por la mañana y luego limpió el espacio de
trabajo, sintiéndose muy satisfecho consigo mismo.

Un golpe sonó en la puerta de la cocina, y rápidamente fue hacia allí para


encontrar a la Sra. K sonriendo a través de las ventanas de cristal. Abrió la
puerta, dejando espacio para que entrara.

Ella no se movió, mirándolo de arriba abajo.

PÁGINA 49
—Te puso a trabajar, ¿no?

—De seguro es una maestra de las tareas. —La preocupación lo inundó por el
cáncer que Katie le había mencionado.

La Sra. K sonrió y entregó un recipiente caliente que parecía tener sopa y


papel de aluminio que contenía algún tipo de pan caliente.

—Ve a descansar un poco, jovencito. Te veré por la mañana.

Inmediatamente, Roman se apresuró a sacar su billetera.

—Aquí, déjame pagarte.


—Oh, cielos —ya estaba bajando los escalones y se encaminó hacia el pequeño
sendero entre sus casas—. Tu abuelo me pago bastante bien. Solo supuse que
no habría nadie que cuidara de ti, así que pensé en ayudarte un poco.

La calidez creció en Roman y agitó la mano.

—Gracias, Sra. K.

Ella se detuvo y se volvió.

—Sube a la nueva habitación. Me adelanté y la preparé para ti.

Después de tragarse la sopa y el pan suntuoso, no pudo sacarse la idea de la


Sra. K luchando contra el cáncer. Lo cual era extraño para él. No podía
recordar la última vez que se había preocupado por la salud de otra persona.
Sacudió la cabeza. Tendría que averiguar más sobre eso.

Pero lo que necesitaba ahora era una buena y larga ducha. Agarró su valija
mientras subía las escaleras para encontrar la habitación de la que hablaba.
En el pasillo, las cabezas de los animales lo asaltaron. Ganso. Ciervo. Oso. Oh,
Dios… ¡paloma! Se dio cuenta de que los recordaba a todos de sus visitas
anteriores. Sacudió la cabeza mientras pasaba junto a una horrible habitación
de los años setenta con un arco iris afgano en la pared.

Llegó al extremo del vestíbulo y vaciló. Esta era la habitación de su tío Jim.

PÁGINA 50
Cuando Roman habló por primera vez con el abogado, el Sr. Burcher le había
dicho que debía quitar todos los efectos personales de su tío que quisiera
conservar. Roman había respondido que no quería efectos personales y el
abogado le había dicho que un equipo de limpieza los sacaría antes de la
venta.

Echó un vistazo a la puerta abierta y se sorprendió al ver un edredón de color


blanco ultra brillante en una cama de matrimonio, con almohadas de color
azul real y blanco por todas partes. Las cortinas estaban abiertas y Roman vio
lo que parecía ser un cuarto de baño recién pintado y remodelado. Todo el
espacio era completamente diferente de las otras habitaciones. Había
mostradores de granito modernos en el baño y una ducha de azulejos que
tenía rociadores procedentes de cada lado.

Una pequeña nota estaba apoyada en la cama de matrimonio: Quédate aquí.

Dejó caer su valija en la cama y se aventuró hacia la puerta corredera que se


abría a una gigantesca terraza. Román empujó la puerta hacia atrás y vio
nuevos tablones de madera y vapor procedente de una bañera de hidromasaje,
rodeada de modernos muebles de terraza.

Sin pensar mucho en ello, se despojó de la ropa e inmediatamente fue a la


bañera de hidromasaje. Recordaba vagamente cómo lucía esta habitación,
pero calculó que su tío había comenzado la remodelación de la posada unos
meses antes de su fallecimiento.

Tiró de la parte superior y se deslizó en el jacuzzi. Se sentía celestial para sus


músculos doloridos. Con el apagón, habría esperado que el agua solo estuviera
caliente, pero en realidad estaba un poco demasiado caliente, de la manera
que le gustaba.

La nieve seguía cayendo rápida y furiosa, pero el balcón estaba protegido por
un techo que se extendía más allá de la terraza. Roman observó la nieve caer y
primero sintió toda la tensión en sus piernas y espalda relajarse antes de que
fuera finalmente capaz de dejar que sus hombros se relajaran. Le encantaban
los baños calientes.

PÁGINA 51
Desconectando. Se recostó contra la bañera de hidromasaje y se empapó en el
hecho de que nadie estaba tratando de llamarle, entrevistarlo o fastidiarlo
sobre cómo manejar su carrera. Sobre su terapia física. Sobre mantenerse en
los medios lo suficiente para vender cosas, pero no lo suficiente como para
meterse en problemas.

Sonrió al pensar en Katie llamándolo mariscal de campo. Recordó la forma en


que su voz tenía esa cadencia provocativa y sus ojos se estrechaban. Pensó
que podría tratar de llamarla Kat, pensando que sería gracioso, pero al
instante supo que ese nombre no le pegaría. No. Estaba seguro de que era
irlandesa con ese pelo rojo. Katie era probablemente la abreviatura de
Katherine. Inclinó la cabeza hacia un lado. Su abuela había sido una
Katherine. La madre de su madre. Él parpadeó. No estaba pensando en su
abuela, muriendo poco después de que su madre muriera. No estaba
pensando en su madre. Se pasó la mano por los ojos. Definitivamente no
estaba pensando en el tío Jim. Respiró hondo y observó cómo caía la nieve.

—¿Por qué no me dijiste que te morías, vejestorio?

PÁGINA 52
CAPÍTULO 4
Traducido por Bella & katherin
Corregido por Dai’

n fuerte golpeteo lo despertó a la mañana siguiente, pero no


fueron los sonidos alegres de las ollas dentro de la cocina
mientras preparaban el desayuno. Era el bam, bam, bam de un
martillo golpeando clavos. Trató de ignorarlo, se giró de lado y se cubrió la
cabeza con una almohada. No funcionó.

Cuando el golpeteo se convirtió en serruchado se rindió por completo.


Abandonó las mantas, se deslizó en unos jeans y salió de la habitación,
sabiendo muy bien quién era. Si fuera el jefe de este proyecto, por muy
benigno que fuera, se negaría a dejarla empezar tan temprano. Por el amor de
todo lo que era bueno y santo, no recibía a menudo unas vacaciones como
estas en las que no cumplía con las exigencias de los entrenadores que lo

PÁGINA 53
despertaban cada maldita mañana.

La vio en los escalones inmediatamente. Hoy llevaba una camiseta roja con los
mechones rojos trenzados en la espalda, solo unos ligeros mechones de
cabello fluyendo sueltos. Diferentes pantalones de yoga, no es que deba
prestar atención a eso. Supo que iba en serio porque usaba botas de trabajo,
del tipo que te protege los dedos de los pies. Antes de que su enojo pudiera
sacar lo mejor de él, fue distraído por los músculos en los brazos de ella.

Ella levantó los ojos y le dio una mirada. El tipo de mirada que le recordaba a
un corredor listo para correr a toda velocidad en cualquier momento.

Otra ronda de golpes comenzó.


—¡Espera! —Levantó las manos—. ¡Basta ya!

Katie se quedó en su pose. Tenía una especie de cosa femenina de Thor.

—¿Finalmente te levantaste, perezoso?

Sus manos revisaron sus bolsillos en busca de su teléfono. Nada. Escaneó el


pasillo. Sin relojes.

—¿Qué hora es?

Con media sonrisa, Katie golpeó otro clavo.

—Alrededor de las siete y media. —Hizo un gesto hacia la ventana, que todavía
mostraba una gruesa manta de nieve cayendo—. Pensé que ustedes los atletas
profesionales tendrían que levantarse temprano para hacer todos sus
entrenamientos. Ya sabes, todas esas cosas importantes y ocupadas que
haces.

De acuerdo. Roman sabía que desde el momento en que se conocieron, tenía


una especie de problema con los futbolistas, pero no se había dado cuenta de
que era tan malo. No podía dejar que se saliera con la suya.

—¿El hecho de sobresalir en un deporte brutal tan hábilmente que te


conviertes en uno de los mejores jugadores de América, incluso uno de los
mejores del mundo, significa que eres perezoso? —Levantó las manos y se

PÁGINA 54
rindió—. Entonces supongo que me has descubierto.

Ella le miró fijamente durante un segundo y luego volvió a los golpes.

—Si no quieres escuchar los golpes, entonces vete a otro bed and breakfast
porque me dieron instrucciones directas para rehabilitar este lugar antes de
que abramos para los clientes de nuevo esta primavera. Eso es en menos de
sesenta días, y cada día voy a estar presionando más y más fuerte.

Maldita sea. Aunque su actitud lo molestó, Katie era hermosa cuando se


enojaba. Sonrojada. Ojos brillantes, cada parte tensa y comprometida.

»¿Bien? —Le dio toda su atención y pidió una respuesta.


No sabía qué decir. Así que se conformó con sacudir la cabeza.

—No te estoy pagando unas horas extras locas, ¿verdad?

Después de esto puso los ojos en blanco y volvió a martillar.

—Me pagas veinte dólares la hora por treinta horas a la semana. —Golpeó otro
calvo. Sus ojos se volvieron hacia él—. Solo para que lo sepas, tu tío siempre
me daba una cantidad de diez dólares para almorzar, y siempre contaba mi
almuerzo como una hora de trabajo.

—No lo creo. —Realmente no le importaba. Solo quería discutir.

Los siguientes pasos que ella dio, subiendo los escalones, le hicieron tropezar
por el pasillo para mantenerse centrado. Estaba sobre su rostro, moviendo su
dedo.

—Solo para que lo sepas, aunque lamento tanto la incomodidad del gran
calendario futbolístico de Roman Young, soy madre soltera. Me levanto a las
cinco, corro en mi caminadora, hago dos cargas de ropa sucia, preparo el
almuerzo, limpio, me aseguro de que Josh tiene la tarea terminada, lo llevo a
la escuela y luego vengo aquí. Me aseguré de que…. —temblaba visiblemente
cuando finalmente recuperó el aliento antes de continuar—. De que el
dormitorio de tu tío fuera rehabilitado antes de que muriera y llegaras aquí.
Que el jacuzzi estuviera instalado. Que una manta de plumas estuviera sobre

PÁGINA 55
la cama con colchón ajustable. Que los mejores rociadores de la línea
estuvieran en el baño. —Su rostro se puso triste—. Y luego iba a visitarlo a ese
centro de cuidado desamparado en Ogden dos veces por semana. —Agitó la
cabeza—. Tu tío era un hombre amable y bueno. Deberías estar agradecido de
haberlo tenido. Y... estoy tratando de terminar todo esto como él quería.

Se despertó y se hallaba lucido. Rápido.

—Sí, lo era. —De repente se sintió avergonzado. Hizo todo eso. Todo eso por...
él. Su tío quería eso para él. La vergüenza corrió a través de él. Vergüenza,
rabia y dolor porque su tío no le dijo. Pero lo que realmente sobresalió de esta
lección fue un hecho—. ¿No estás casada?
Levantó su mano con el anillo puesto.

—No, idiota, estoy casada.

—¿Entonces por qué te llamaste madre soltera?

Su rostro palideció, y retrocedió, bajando las escaleras.

La siguió.

—¿Qué?

—Es una historia larga, cliché y aburrida. —Rápidamente, tomó su ropa de


invierno y reemplazó sus botas.

Se encontraba confundido. El bulldog que lo aterrorizaba de repente quería


irse.

—¿Qué está pasando?

Su rostro seguía pálido. Se puso su gorra de pompón rosa y tiró de una de sus
botas y guantes.

—Yo… solo tengo que irme.

La sospecha se movió dentro de él.

—¿Qué le pasó a tu esposo?

PÁGINA 56
Una abrumadora urgencia de saber lo asaltó. Se detuvo frente a la puerta
lateral para que no pudiera irse. No sabía por qué sonaba tan fiero. Por qué
pensar en ella, llevando un anillo y no viviendo con su esposo, hizo que su
aventura en el matrimonio y el divorcio pareciera real de nuevo.

Ella parpadeó unas cuantas veces y luego le miró fijamente, desafío sus ojos.

—No es asunto tuyo.

Toda la angustia y la preocupación de su propio matrimonio se desbordaron.

—¿Te engañó?
La mirada en su rostro pasó rápidamente de desafío a ira total. Lo abofeteó.
Duro.

Luego se cubrió el rostro y apareció aturdida.

—NUNCA digas eso. Lo siento. Lo siento. Tengo que irme. —Lo empujó,
quedando casi completamente atascada en la suave capa de nieve por las
escaleras. Pero se recuperó y se dirigió a una de las motonieve.

No era que a Roman le dieran una buena bofetada de vez en cuando. No le


importaba si se lo merecía. Pero no creía que se lo merecía. Estaba de su lado.
Antes de saber lo que hacía, se colocó su ropa de invierno y tomó las llaves de
la otra motonieve. Se fue detrás de ella, ajustando sus gafas de sol en su
rostro para evitar que la nieve entrara en sus ojos. El tiempo no se aclaró ni
un poco.

La siguió y finalmente la alcanzó cuando se detuvo frente a un campo rocoso.


Cuando estuvo un poco más cerca, vio el sencillo arco metálico de piedra
torcida que simplemente decía Cementerio. Se detuvo detrás de su motonieve.
Ella se arrastraba a un lado del cementerio y caminaba por la nieve, algunas
partes llegando a su cadera.

Aunque probablemente era completamente inapropiado, y aunque no sabía


por qué lo hacía, la persiguió.

PÁGINA 57
Ella levantó la mirada cuando se hallaba a dos pasos de distancia, como si no
lo hubiera escuchado estacionarse.

—¿Por qué estás aquí?

Frunció el ceño y miró la tumba que ella limpió.

—No lo sé.

Sus respiraciones eran pesadas, y luego gradualmente se nivelaron. Ambos se


quedaron allí. La nieve caía en oleadas a su alrededor, haciéndolo sentir como
si fueran casi las dos últimas personas en la tierra.

—¿Qué pasó?
Ella no respondió durante un par de minutos, pero esperó.

—Otra historia cliché… accidente de auto. —Se encogió de hombros, y las


lágrimas cayeron por sus mejillas—. Se habrá ido un año mañana. —Parecía
hueca, triste y cansada.

Roman quería acercarse a ella, atraerla hacia él, protegerla de este dolor. Pero,
por supuesto, no lo hizo. Eso sería una locura. Apenas la conocía.

—¿Un chico local?

Ella cerró los ojos por un segundo y luego los abrió.

—¿Cómo es que lo haces sonar tan... tan... trillado?

—No quise decirlo de esa manera. —Y no lo hacía—. Lo siento. Solo me


preguntaba si crecieron juntos. —Honestamente, no sabía qué decir. Todo lo
que sabía era que sentía que si dejaba de hablar, sería peor.

—Sí, crecimos aquí. Solíamos ser dueños de la granja de camino a la ciudad.


Fue vendida tres meses después de su muerte. —Se encogió de hombros—. No
pude mantenerme al día con los pagos.

Todo se deslizó en su lugar.

—¿Entonces es por eso que sabes cómo arreglar todo?

PÁGINA 58
Asintió y se mordió el labio.

—Tu tío vino a verme en el funeral de Josh y me pidió que ocupara su lugar.
Todavía vivía allí, pero dejó de recibir huéspedes. La Sra. K solamente
cocinaba para él. Todavía podía moverse bien, y sabes que no necesitaba el
dinero del negocio. En ese momento le dije que no podía hacerlo, pero todo lo
que hizo fue darme una llave y decirme que el Señor proveería. Luego comenzó
a aparecer un cheque todos los meses por treinta horas a la semana a veinte
dólares la hora.

Una lágrima lenta se le escapó, y ella le dio un manotazo enojado.


»Sabes, así es como son las ciudades pequeñas. Se ayudan entre si hasta
donde pueden. Y tu tío era una de esas personas que simplemente ayudaba a
las personas, sin esperar nada a cambio.

De la nada, Roman sintió sus propias lágrimas surgir y luego caer. Su tío
siempre habló acerca de cómo en la biblia decía que tu mano izquierda no
debería saber lo que hacia la mano derecha. Era desinteresado. Sirvió, no para
ganar un lugar en los medios, sino para ser el mejor hombre que podría ser.

Una punzada de remordimiento cayó sobre Roman. Quería ser ese hombre.
Quería ser un hombre al que alguien lloraba cuando muriera. Realmente llorar
y no porque no ganarían en el fútbol americano. No. Quería hacer algo real.
Algo que cambiara la vida de las personas.

»Entonces, después de perder la granja, utilicé mis ahorros para alquilar una
pequeña casa en la ciudad. Tomé las llaves del lugar y me puse a trabajar. Él
fue llevado al centro de cuidado en Ogden por ese tiempo, pero dejó la lista de
lo que quería hacer. Iba a charlar con él sobre cómo se estaban haciendo las
cosas. Tomé fotos para mostrarle. Obviamente, la lista seguía creciendo. —Se
encogió de hombros y le sonrió—. Me gusta hacer nuevas listas.

Vaciló, limpiándose ásperamente el rostro.

—Me di cuenta.

PÁGINA 59
Su rostro se iluminó.

—¿Usaste el jacuzzi? —Realmente se veía esperanzada y feliz de que estuviera


satisfecho con eso.

No pudo evitar sonreír.

—Fue el toque perfecto.

—¿Y te gustó la cama con colchón ajustable? La conseguí en una súper oferta.

Tocando su espalda baja, se maravilló.

—La espalda no duele en absoluto.


Manteniendo su sonrisa en su lugar, asintió.

—Bueno, me alegra escuchar eso.

Roman dejó escapar un suspiro, tratando de absorber toda esta nueva


información.

—Entonces, ¿es algo bueno que no apareciera antes cuando era un verdadero
basurero?

—Exactamente. —Se rio. Ella miró a su alrededor y luego volvió a mirarlo—.


Así que ahora sabes más de lo que siempre quisiste saber sobre Katie Winters.
Soy una residente de Wolfe Creek. Madre soltera. Viuda.

Sacudió su dedo hacia ella.

—Te refieres a la gran Katie Winters.

Con melancolía, ella levantó una ceja.

—No sé acerca de eso.

Algo se movió dentro de él mientras estudiaba la vulnerabilidad en sus ojos.


Algo que no podía entender. Perplejo, intentó aclarar su mente y pensar en
algo que decir.

—No sé, Katie Winters, creo que podría querer saber más.

PÁGINA 60
Sus ojos se mantuvieron fijos, sosteniendo la mirada por unos segundos,
luego miró hacia la lápida.

Con cautela, dio un paso adelante y leyó:

—Joshua Winters, amado esposo y padre.

Katie tocó la parte superior.

—Sé que amado es un cliché, pero es verdad.

Un dolor inexplicable surgió a través de Roman. Quería quitarle toda la


angustia a Katie, esta cosa que obviamente la mantenía corriendo, impulsada
a mantener las cuentas pagadas. Sus ojos se abrieron repentinamente a sus
problemas. Problemas reales… no solo cuántos gramos de proteína tomaba en
un día.

Miró la tumba y luego se inclinó para trazar las iniciales.

—No creo que amado sea un cliché en absoluto. Llamé a mi madre amada. —
Su voz era tranquila.

—Oh. —Su voz era suave, y se volvió para mirarlo—. ¿Lo hiciste?

Asintió.

—No fue rápido... fue largo. Cuatro años. Muchos tratamientos. Era la mejor
madre que un niño podría tener.

—¿Tu padre? —preguntó.

Se burló.

—Se fue cuando tenía dos años. No miró hacia atrás. No podría preocuparme
menos sobre él. El único hombre que realmente me importaba, y que se
preocupaba por mí, era Jim. —Más tristeza presionó su pecho y la humedad
llenó sus ojos—. Pagó los gastos médicos de mi madre. —Se secó los ojos—.
Me amaba antes de ser una estrella, después de perderme en mi carrera, e
incluso cuando no me hallaba seguro de quién era. —Cerró los ojos.

PÁGINA 61
Sin previo aviso, Katie tomó su mano enguantada con la suya y lo llevó hacia
abajo por las filas de lápidas. Señaló. La de su tío parecía fresca, nueva. El
mensaje era: "Para todas las personas de esta ciudad, ha sido un viaje
divertido. Para R... Te amo. ¡Vamos Destroyers!”

Una risa salió de él, antes de poder controlar sus emociones encontradas.
Sacudió la cabeza.

»Siempre fueron su equipo favorito. —Un río de lágrimas recorrió sus mejillas
y luego la ira burbujeó. Apretó su puño—. ¿Por qué no me llamó? ¿Por qué le
dijo a ese abogado que NO me llamara para el funeral?
Hubo silencio, y luego Katie respondió:

—No me di cuenta de que le dijo al abogado que no te llamara. Yo solo... no


importa lo que pensé. —Vaciló—. Pero sabes cómo era. Sabía que tenías los
partidos de desempate y el partido de campeonato. Sabía que trabajaste tanto
para volver a tener tu rodilla en forma, y sabía que podrías tener una
oportunidad. Estoy segura de que no quería decírtelo y que lo abandonaras
todo.

Más lágrimas cayeron por sus mejillas.

Esta vez, la mano desnuda de ella buscó su rostro y suavemente le limpió las
lágrimas.

Antes de saber lo que hacía, se quitó el guante y tomó su mano.

Lo que pasó después solo podría llamarse una mezcla de tiempo, aliento y un
poco de magia. Cuando Roman la miró a los ojos, supo que lo que sentía por
Katie Winters era algo que nunca sintió por nadie más en toda su vida.

PÁGINA 62
CAPÍTULO 5
Traducido por SoulOfRainbow
Corregido por Dai

o podría haber imaginado cuanto tiempo permanecieron allí,


sosteniendo sus manos, mirándose a los ojos. Todo lo que sabía
era que era demasiado pronto cuando Katie alejó su mano
cuidadosamente y volteó hacia la motonieve.

—Tengo que regresar al trabajo.

Podría ser demasiado pronto esperar que reconociera lo que acababa de pasar
entre ellos. De hecho, a decir verdad, no tenía idea de lo que acababa de
pasar, pero, vamos, algo pasó. La alcanzó y trató de no sentirse como un
adolescente.

—¿Por qué no vamos a desayunar algo?

PÁGINA 63
Ella se deslizó en la motonieve, muy seria.

—Hay cosas que debo terminar hoy. —Encendió el motor.

Esta abrupta actitud era más de lo que podía manejar. Se estiró y apagó la
motonieve.

—Soy tu jefe, y digo qué hacer hoy. —Así. ¿Ves? También podía ser mandón.

Levantando su barbilla, ella le dio su distintiva mirada desafiante. Una mirada


sexi-desafiante de alguna forma, pero no la notó, se dijo a sí mismo. Sí,
importaba que no estuviera... emparejada... pero, por el amor de Dios, ahora
no era momento de comenzar algo. La culpa empujó dentro de él por siquiera
pensar en ello. Ni siquiera estaría aquí por más tiempo del que tomaría limpiar
los caminos y el Sr. Burcher regresara para hacer el papeleo con él.

Apretando sus labios, ella se encogió de hombros.

—Bien.

Su resignación no era lo que esperaba.

—¿Qué?

—Ordéname, oh, jefe mandón.

Puso los ojos en blanco.

—¡No soy mandón! Psss, de ninguna forma. ¿No te viste a ti misma dándome
ordenes aquí y allá ayer?

Ella alzó sus manos al aire, completamente exasperada.

—Deja de hablar, M.C., y sube a la motonieve. —Señaló detrás suyo—.


Volveremos por la otra luego.

Esperando un segundo, la miró fijamente, confundido de que pudiese sentir


esta mezcla de ira y atracción hacia ella.

Después de encender la motonieve, ella le sonrió.

PÁGINA 64
—Supongo que puedes comprarme el desayuno en lugar del almuerzo.

Cuando finalmente obedeció y subió detrás, ella arrancó, acelerando.

Esto lo forzó a sostenerse con más fuerza, y podía inhalar su ligero aroma a
limón.

Ella rio mientras bajaba la velocidad y giraba hacia Main Street.

La nieve todavía caía en un manto. Pero se calmó un poco. No podía imaginar


que el clima se calmara lo suficiente para que pasaran los quitanieves.
Secretamente, no le importaba pasar otro día con Katie.
Pasaron la ferretería, y pensó que ella estacionaría en Leaping Lizard, pero
tomó un rápido giro a la derecha y subió la velocidad mientras se dirigía hacia
lo que lucía como un enorme centro de esquí.

Roman estudió el monstruoso complejo que no se había dado cuenta, estaba


ubicado en la base de esta montaña. Claro, no había tantos autos en el
gigantesco estacionamiento, pero se encontraba seguro de que los habría
durante las horas pico de esquí. Nunca fue un esquiador. Nunca vivió en un
sitio que ofreciera esa oportunidad y realmente nunca se interesó por
comenzar. Su exesposa le dijo que sería bueno para su imagen, pero nunca
entendió por qué eso importaría. Dijo que lo haría lucir atrevido.

Se preguntó si Katie lo llevaría al complejo. Parecía que había muchas tiendas


y lugares para comer. Algunas parecían abiertas y otras lucían vacías, pero
ella dio una vuelta al lado del complejo y fue por un pequeño camino, un
camino que tenía un viejo cartel colgando de un enorme árbol sobre el camino.

The Wolfe’s Haven.

Estacionó frente a una casa que de alguna manera lucía todavía más antigua,
que tenía un montón de motonieves en frente, y el olor a café llenaba el aire.

El estómago de Roman retumbó. Mientras caminaba, tomó nota del pintoresco


porche que tenían mesas cubiertas de nieve y sillas apiladas encima de la otra,

PÁGINA 65
en hileras.

La puerta chirrió mientras entraban. El sitio tenía una sensación de tienda


familiar antigua, con una barra con fuente de soda y el espejo trasero
salpicado. Todo el sitio era rojo y negro desteñido, con enormes posters de
Elvis, Marilyn Monroe, James Dean y otros que no reconoció, pero sabía que
su madre los habría reconocido. La música country sonaba de la rocola al lado
de la puerta y Roman miró fijamente a los hombres sentados en el mostrador,
hablando y sosteniendo periódicos. Se imaginó que el café nunca se acababa
aquí.
Katie sonrió y dijo hola a algunas personas. Se detuvo cuando un hombre con
un delantal envuelto alrededor de su cintura apareció desde la puerta
giratoria, y salió con sus manos llenas de platos.

—Lou, este es el sobrino de Jim.

El hombre se detuvo por un segundo. Roman supuso que probablemente tenía


su misma edad, al final de los veinte. Roman lo midió como haría con
cualquier otro jugador en el campo. El hombre se hallaba en forma, con un
metro ochenta y dos de altura. Probablemente jugó pelota en la secundaria.
Debía ser rápido. Lucía italiano y tenía un bigote y ojos cafés. Observó a
Roman por un segundo y luego asintió.

—Regreso de inmediato con ustedes.

Katie lo guio a través del restaurante que se abría a una enorme ventana de
cristal al otro lado, al frente de la montaña. Podía ver una de las telesillas
justo al lado del edificio, con un operador ayudando a los esquiadores a subir.

Katie se sentó junto a la ventana y Roman en frente de ella.

Se hallaba cautivado por la nieve. Por la forma en que la ciudad continuaba


moviéndose incluso cuando se sentía que nada debía continuar. En Texas,
esta clase de nieve los paralizaría.

PÁGINA 66
Katie se sacó su Carhartt. Sus delgados miembros fueron revelados en su
camiseta de tirantes y pantalones de yoga. Sacó una bufanda azul de su
bolsillo y la envolvió alrededor de su cuello, acomodando su cabello hacia
atrás. Incluso cuando a Roman le parecía divertido que hiciera eso, abrió su
menú.

—Hmm. —Katie abrió su menú—. Los waffles son los mejor de aquí, e incluso
los sustituyen por panqueques cuando pides un omelet.

Roman pretendió leer el menú, ligeramente molesto consigo mismo por sentir
una puntada de celos por la forma en que Lou la miró.

Ella pasó las páginas.


»Este restaurante ha estado en la familia de Lou por generaciones. Esta tierra
en realidad, le pertenece a su familia. Solo la rentan al centro de esquí. Eso
era en el pasado, cuando los centros hacían esa clase de cosas, compartir con
familias. Ahora, la mayoría de ellos solo quieren ser dueños de la tierra y abrir
sus propias cosas corporativas.

Tratando de no preocuparse por cuánto hablaba sobre Lou, se decidió por un


omelet de jamón y queso con waffles. Su nutricionista podría regañarlo luego.

—Eso es genial.

Una camarera se acercó y se presentó.

—Bueno, hola a ti. —Se detuvo mientras estudiaba a Roman—. ¿Puedo decir
que la televisión te hace lucir exactamente tan bien como siempre imaginé que
serías? —Roman podía sentir el rojo trepando en sus mejillas. Parpadeó.

—Bueno, tú luces bien también. —Le salió secamente, pero, Roman notó que
la chica, con la etiqueta que decía "Tiffany", quien era rubia y probablemente
en sus veinte con una figura esbelta, sí lucía bien.

Ante su cumplido, la sonrisa de Tiffany se amplió. Golpeó ligeramente el


hombro de Roman.

—Cielos, Roman Young, sí que sabes cómo hacerle un cumplido a una chica.

PÁGINA 67
Le devolvió la sonrisa, sintiéndose cómodo de repente.

—Hmm. —Katie aclaró su garganta—. También estoy en la mesa, Tiffany.

De inmediato, Tiffany arrancó su mirada lejos de Roman. Un ceño fruncido


tocó sus labios.

—Katie Winters, no me sorprende que estés sentada aquí, con el hombre que
reclamé hace mucho tiempo. —Curvó una mano sobre su cadera—. Hace
mucho, mucho tiempo. —Sacudió un dedo hacia Katie—. Su tío solía venir
aquí y decirme todo sobre Roman, y le dije a su tío que si alguna vez venía a la
cuidad, tendría que tener una cita conmigo. He sido la primera en la fila desde
el divorcio.
Si Roman hubiese sabido que esto pasaría, definitivamente hubiese evitado
venir aquí y esta pequeña telenovela en la que acababa de ser una especie de
estrella.

Katie apretó sus labios y entornó sus ojos.

—Yo. No. Estoy. Interesada. En Roman.

Las palabras rebotaron dentro de la cabeza de Roman.

Tiffany devolvió la sonrisa a su sitio y puso un bolígrafo hacia un anotador de


papel.

—Bien. —Le dio una mirada significativa a ella, y Roman sabía que,
cualquiera que fuera la rivalidad de pequeña ciudad que existía entre ellas,
probablemente sería una historia interesante—. Bueno —dijo Tiffany,
recuperándose—, ahora que toda la situación desagradable está fuera del
camino, ¿qué pedirán para desayunar?

Pasaron los siguientes minutos ignorando el pequeño estallido de Tiffany.


Katie parecía molesta y Roman no sabía qué decir.

Roman miró a las personas subir en la telesilla. La mayoría de ellos lucía


locales o esquiadores experimentados. Podía decirlo por su ropa y el desgaste
de su equipo. Dejó salir un suspiro, incapaz de seguir con el silencio.

PÁGINA 68
—Supongo que quedarse atrapado en un centro de esquí por un par de días
solo podría ayudar a las personas a mejorar en el esquí, ¿verdad?

Katie pretendió que no lo escuchó. O, si lo hizo, no lo reconoció.

Si existía algo que a Roman no le gustaba, era ser ignorado.

»Mira, si prefieres no hablarme porque temes hacer enojar a tu némesis de la


secundaria, entonces bien; haz eso. Pero no me ignores. Eso es descortés.

Los ojos de ella destellaron ira mientras sacudía su cabeza, y sus miradas se
encontraron. La emoción hizo que los ojos de ella se volvieran de un intenso
verde. La clase de verde que luce casi azul. Verde océano. La clase que había
visto en varios viajes a Hawaii, cuando fue a hacer submarinismo y a bucear
con Sheena. Ante el recuerdo, separó su mirada.

Ella todavía no decía nada.

Giró de regreso a ella.

—Y, por cierto, no aprecio que anuncies que soy el sobrino de Jim a cada sitio
que vamos. —No volteó a mirarla. Le molestaba que sintiera que tuviese que
decirle a todos, para explicar la única razón por la que sería vista con él o algo
así.

—Pero eres el sobrino de Jim. —Su voz era un susurro.

La pierna de él rebotó con energía nerviosa. Puso su mano sobre ella para
detenerla.

—Bueno, lo descubrirán pronto, no necesitas decirle a todos como si... como si


esa fuera la única razón por la que estás conmigo... porque te encuentras
atascada conmigo. —Era exactamente como se sentía, pero sonaba ridículo, la
vulnerabilidad saliendo de sus labios.

Por un segundo, ella no dijo nada. Luego, dejó salir un suspiro dramático.

—¿No crees que toda esta ciudad te reconocerá de inmediato? Espera, podrían
estar confundidos de que no estés con tu esposa. ¿Sara, Sheila...?

PÁGINA 69
—Sheena —terminó por ella.

Volteó para enfrentarlo.

—Te refieres a la supermodelo. —El sarcasmo inundó su rostro.

¿Estaba celosa? Frunció el ceño.

—Mira, no necesitas compararte con ella.

Por la mirada en su rostro, podía decir que las palabras que dijo para
tranquilizarla, solo sirvieron para ponerla peor. Se inclinó hacia el frente.
—No te eches flores, M.C. Hay una sola cosa a la que puedes apostar en una
ciudad pequeña: las personas hablan. Y, bueno, he tenido suficiente de que
hablen de mí por un largo, largo tiempo. Y mi hijo no necesita eso, tampoco.
Así que, sí, soy directa y honesta con las personas sobre las cosas porque
supongo que lo descubrirán de cualquier forma. Podría también ser sincera.

La forma en que el feroz orgullo llenó cada palabra lo hizo sonreír.

Ella titubeó.

»¿Por qué sonríes?

No quería admitir que encontraba atractivo su orgullo y ferocidad, así que le


preguntó sobre su hijo.

—¿Cómo fue el reporte de ciencias de Josh ayer?

Obviamente, no esperaba este giro en la conversación.

—Bien —respondió rápidamente.

—Genial. —Giró mientras Tiffany regresaba a la mesa y dejaba sus bebidas.

Le guiñó a Roman antes de alejarse.

—Su comida estará en un segundo.

PÁGINA 70
Tomó un sorbo de agua y mantuvo su rostro inocente, sintiéndose culpable
por alguna razón.

Katie se relajó, apoyándose hacia atrás. La esquina su labio se elevó.

—De alguna forma, las ranas saltaron hacia afuera y se apoderaron del
corredor. Les tomó veinte minutos recogerlas a todas.

Roman dejó salir una risa.

—No.

Una sonrisa se extendió a través de sus labios, y todo lo que Roman podía
pensar era sobre cuán bonita era. Alcanzó su vaso.
—Su pobre maestro me envió una nota a casa, que pedía que por favor no
enviara a la escuela proyectos de ciencia que pudieran saltar.

Más risas salieron de Roman, e imaginó un montón de niños de segundo


grado persiguiendo veinte ranas alrededor de la escuela. Pensar en el caos que
debió seguir trajo más risas.

Sacudiendo su cabeza, ella sonrió.

»Ahh, los maestros deben ser unos santos. —Tomó su cuchara y reunió un
poco de hielo.

La mano de él salió disparada e interceptó el hielo.

—¿Puedo confiar en que no te mates hoy?

Nivelándolo con una mirada mortal, arrugó su nariz y sacó el hielo de su


cuchara, metiéndolo en su boca.

—Pobre Sr. Hansen, es un buen maestro.

Feliz por el terreno neutro, Roman asintió.

—Suena a que lo es.

Ambos sostuvieron la mirada del otro y Roman pudo haber jurado que Katie
se sonrojó. Sintiendo una corriente de calor en su propio rostro, volteó la

PÁGINA 71
mirada.

Tiffany llegó con su comida, llenando la mesa con platos extra de waffles. Fue
a una mesa cercana y tomó una jarra de agua, llenando los vasos. Se enfocó
en Roman.

—¿Hay algo más que pueda hacer por ti?

Asintió hacia Katie.

—Katie, ¿hay algo más que necesites?

Katie encontró su mirada y luego le dio una sonrisa burlona a Tiffany.


—No.

Tiffany le devolvió la sonrisa y luego puso una ligera mano sobre Roman.

—Entonces, ¿has tenido a alguien que te muestre las vistas desde que has
llegado aquí? Sé que ha estado nevando bastante, pero la vista desde la cima
de esta montaña es impresionante. Si no lo has hecho, podría mostrártelos
después del trabajo.

Incómodo, pero sin bajar la guardia, Roman dejó salir un suspiro.

—Cielos, desearía poder —dijo, levantando un tenedor para señalar a Katie—.


Pero Katie me tiene ocupado por un par días.

Tiffany le dio a Katie una mirada acusatoria.

Katie le siguió la corriente a Roman.

—Estamos terminando varias cosas en la cabaña, pero quizás ustedes, chicos,


pueden salir la próxima semana.

Tiffany sostuvo la mirada de ella y luego se encogió de hombros, alejándose.

—Regresaré en un momento.

Cavando en su comida, Roman dejó salir un suspiro divino.

PÁGINA 72
—Tenías razón. Estos waffles son bastante buenos.

Katie tomó un mordisco de waffle y le destelló una sonrisa.

—Te lo dije.

Cuando terminaron, Roman sorbió su agua y miró por la ventana. Imaginaba


que la vista desde la cima de la montaña era gloriosa.

—Quieres saber cuál es el problema con Tiffany, ¿verdad?

El hecho de que sacara eso a colación le dijo que quería hablar al respecto.

—Nop.
—Es incómodo, ¿cierto?

—No.

—Dijiste no demasiado rápido —acusó ella.

—¿Lo hice?

—Lo hiciste.

—De... acuerdo.

Los ojos de ella brillaron.

—Si no quieres que las personas sepan que mientes, tienes que fingir que
piensas en ello. No pensaste en ello.

—Vaya, mírate, estudiando mentiras.

—Tengo un título en comunicaciones.

—¿En serio?

Sonrió.

—Una maestría. Mi tesis se basó en relaciones, como al estar saliendo.

De repente, se sintió nervioso.

PÁGINA 73
—¿En serio?

Golpeó la mano de él y rio.

—Pero nosotros no estamos saliendo, así que no tienes que preocuparte, ni


siquiera pienso en ti de esa forma. Eres mi jefe, ¿correcto?

—Correcto —respondió rápidamente. Entonces, trató de fingir que pensaba en


ello—. Quiero decir, por supuesto, es por eso que estamos aquí, porque tienes
una comida al día incluida.

Asintió.

—Solo eres el nuevo firmante de los cheques.


—Muy cierto. —La comida se sintió dura en su estómago—. Sí. —Se preguntó
si respondió demasiado rápido.

—Así que, eso me recuerda. —Bajó su tenedor—. Pensaba que podrías


adquirir espacio publicitario para la posada en el centro de esquí y el sitio de
renta de botes en el puerto deportivo junto al lago.

El lago. Recuerdos surgieron a través de él. Recordó ir en un bote que su tío.

—El lago.

Los ojos de ella brillaron.

—Sí, el lago.

Sacudió su cabeza.

—Olvidé el lago. El tío Jim me llevaba en su bote cuando estaba aquí. —


Sonrió, pensando en la sensación del agua rociando su rostro y la quemadura
de sol que tuvo al día siguiente. Pero la mejor parte fue ver a su madre
resbalar en el agua. Verla tan viva y feliz. Comieron emparedados de jamón y
queso para almorzar, recordaba al tío Jim enterrándolo en la arena—. Ese fue
uno de los mejores días de mi vida.

Ella aclaró su garganta.

PÁGINA 74
La miró y la atrapó estudiándolo. Parpadeó.

»¿Qué?

Ella parpadeó también.

—Nada. Quiero decir, tú... luces tan triste algunas veces.

Decidió ser honesto con ella.

—El tío Jim me dio todo, y le di nada. Su…supongo que estar aquí me
recuerda qué imbécil me he vuelto.

El tiempo pareció detenerse, y ella se estiró a través de la mesa para tomar su


mano.
—Tu tío te amaba.

El dolor que intentó alejar llegó precipitadamente con todas sus fuerzas, como
un geiser natural en Yellowstone, que explotaba con aire caliente. Las lágrimas
se empujaron solas fuera de sus ojos.

—No, yo... —No sabía por qué le decía esto, pero todo salió torpemente—. Fui
un tonto. Sheena tenía esta imagen que quería proteger, y ahora veo cuán
atrapado me hallaba en eso que no noté todas las cosas importantes que me
quitó.

Sus ojos eran tan comprensivos.

—Lo siento. —Mantuvo su mano sobre la de él.

—Me lesioné hace varios meses y eso, combinado con...

—Con descubrir que tu esposa te engañaba. —El rostro de ella se volvió una
piedra helada.

Se encontraba sorprendido.

—¿Lees los tabloides?

Sacudió su cabeza.

—Tu tío me dijo que lo llamaste.

PÁGINA 75
La esperanza brotó fuera de él.

—¿Lo hizo?

Ella sonrió.

—Realmente era feliz de tenerte de regreso en su vida.

Más lágrimas se derramaron por sus mejillas.

—Entonces, ¿por qué no me dijo que moría?

Apretó gentilmente su mano.


—No sé, pero como te dije antes, apuesto que fue porque quería que
regresaras a ese campo. No quería arruinarte eso.

Un torbellino de emociones se arremolinó a través de él. Su tío siempre lo


protegió. Ayudó. Incluso lo protegió cuando necesitó de Roman. Apretó un
puño y bajo su cabeza, dejando que más lágrimas salieran.

—No puedo estar aquí.

—Roman. —Sostuvo su mano.

Levantó la mirada.

Los ojos de ella eran brillantes, y una lágrima cayó por su mejilla.

—Aquí es exactamente donde debes estar, ¿no ves eso? Jim quería que
vinieras.

La culpa aumentó dentro de él.

Ella tragó y asintió.

—Está bien. Estás bien.

Cuando dijo esas palabras, una cosa extraña pasó, la seguridad que sentía se
filtró en él. Tenía razón. Estaba bien. Respiró profundo.

PÁGINA 76
—Tienes razón.

Sacando su mano, ella asintió.

—Bien.

Ambos se sentaron, sin decir nada.

Entonces, ella sonrió.

—Entonces, ¿pensaras en eso?

—¿Qué?

—El espacio publicitario.


Odiaba mentirle, pero no sabía cómo decirle la verdad. Miró por la ventana.

—Seguro.

—¿Por qué no me miras?

Volteó de regreso.

—Estoy mirándote.

—No lo harás. —Suspiró y sacó su teléfono.

—¿Qué haces?

—Estoy añadiéndolo a mi lista.

—No —protestó—. Lo haré.

—¿Lo harás? —Su voz era dudosa.

No sabía por qué, pero sabía que si le decía que lo haría, entonces realmente
lo haría.

—Lo haré.

—Bien.

Dejando salir un suspiro exasperado, ella sorbió lo último de su agua.

PÁGINA 77
»Pensarías que no eres el dueño.

—Detente. De acuerdo. Yo... Solo has estado siendo así desde que te conocí.
Hombre, deberías haber sido entrenadora, eres implacable.

—¿Implacable? —Lucía complacida ante esta descripción suya.

—Sí.

Lanzó sus manos al aire.

—Solo estoy tratando de dejar que seas el jefe.


Oh, no. Esto sonaba demasiado castrante para él. El mariscal de campo de los
Dallas Destroyers no necesitaba su permiso para nada.

—¿Dejar que sea el jefe? —Sonrió.

Ella rio.

—¿Eso hiere tu ego, M.C.?

A regañadientes, admitió que le gustaba la forma en que ella decía "M.C."

—No, no hiere mi ego.

—Lo hace, bastante. —Lo señaló.

Movió su dedo lejos con su tenedor.

—No lo hace.

Ambos se sonrieron.

Él bajó su tenedor.

—Bien, si soy el jefe, entonces digo que nos tomemos el día libre y vayamos a
andar en trineo hoy.

—¿Eso dices?

PÁGINA 78
—Siempre viví en Texas, y un año vinimos a visitar a tío Jim por navidad, y...
fuimos a andar en trineo. Fue lo más divertido que he hecho en mi vida.

Se burló.

—¿Quieres montar en un trineo? —No lucía divertida.

Roció jarabe sobre el tenedor, razonando que si no se hallaba "saliendo" con


Katie, no importaría si sorbía el jarabe como un adolescente, ¿cierto? Se sentía
bien no preocuparse sobre cuantos carbohidratos tenía el jarabe. Sonrió.

—Quiero montar en trineo.

Ella sacudió su cabeza.


—Bien, M.C., iremos a montar en trineo.

Pero antes de que pudiera pagarle a Tiffany y salir de allí, Lou, el hombre de
antes, caminó hacia su mesa. Palmeó a Katie en la espalda.

—¿Cómo estás? —Su mano se movió a su hombro.

Ella sonrió y cubrió la mano de él con las suyas.

—Hola, estoy bien. —Su rostro se volvió más suave cuando miró a Lou.

Inesperadamente, Roman se tensó.

Lou volteó hacia Roman, dándole una mirada de arriba abajo.

—Así que Roman Young regresa para reclamar lo que es suyo.

Por la forma en que Lou mantenía su mano sobre el hombro de Katie, se


sentía como si estuviese avisándole a Roman que podría estar reclamando la
posada, pero no podría reclamarla a ella también. Roman le dio una sonrisa
tranquila.

—Sip, solo revisando el sitio y ayudando a Katie a terminar algunas cosas.

Lou volteó hacia Katie, manteniendo su mano en la del él.

—Querida, ¿por qué no me dijiste que necesitabas ayuda?

PÁGINA 79
Si Roman no lo hubiese sabido mejor, pensaría que Katie realmente se
sonrojaba.

—Oh, no, está bien. Roman se ofreció y ya que se encuentra atascado aquí por
un rato... —Señaló a la nieve cayendo—. Acepté su ayuda.

—Hmph. —Roman no tenía intenciones de contradecir a Katie. Pero, ¿en


serio? ¿Ofrecerse a ayudar? Pensó en tener una lista empujada en su rostro y
que le dijera que ya era hora de que llegara.

Lou giró de regreso a él, dándole la misma evaluación que Roman le dio a Lou
más temprano.
—¿Tienes algo que decir, sobrino de Jim? —Lo miró de nuevo con furia—.
Pensé que fue una buena decisión ir con Dumont en el gran juego. Hizo un
excelente trabajo.

Los músculos en la mandíbula de Roman se flexionaron y la adrenalina se


disparó a través de él. Una cosa que un mariscal de campo reconoce
fácilmente cuando ve a un hombre, es cuando ese hombre quiere golpearlo. Ve
esa mirada en el campo todo el día, casi cada día. Cada parte de Roman se
relajó, justo como cuando se encontraba a punto de lanzar el mejor pase del
juego. Instantáneamente, lo supo. Supo que Lou, ciertamente, planeaba
marcar su territorio con Katie Winters. Roman puso su mejor sonrisa de chico
famoso en acción y rio.

—Tienes razón. Él sí que lo ganó por nosotros —concedió.

Tocando el lado de su bigote con su otra mano, Lou tragó.

—Supongo que estaría más en el equipo Roman si hubieses tenido la decencia


de presentarte al funeral de tu tío.

El piso chirrió cuando Roman se empujó fuera de la cabina y la mesa se movió


sobre el suelo de cemento. Se hallaba cansado de que todos asumieran que
tuvo opción en el asunto.

—¡Roman!

PÁGINA 80
Él y Lou se enfrentaron. Ambos tenían sus puños apretados. Roman sabía que
su agente no sería feliz cuando esta historia llegase a primera plana: Mariscal
de campo de los Destroyer ataca a camarero de pequeña ciudad.

»¡Roman!

Giró para enfrentarla, reteniendo su temperamento en su interior.

—¿Qué?

Ella salió de la cabina y se movió entre él y Lou. Su rostro lucia desesperado.

—¿No recuerdas que ibas a llevarme a andar en trineo?


Roman titubeó entre rendirse a su temperamento y ser mejor que eso.
Finalmente, sacó su billetera y dejó caer un billete de cien dólares sobre la
mesa. Volteó y empujó a Lou para pasar.

—Entonces supongo que mejor nos vamos.

PÁGINA 81
CAPÍTULO 6
Traducido por Bella’
Corregido por Light Feather

a colina a la que lo llevó era... grande. En Texas se consideraría una


montaña. Aquí, se consideraba una colina. Ninguno de los dos
había hablado de lo que había pasado.

Katie había ido rápidamente al armario delantero de Jim y los equipó a ambos
con el mejor equipo para andar en trineo. Había intentado hacer chistes, pero
él simplemente sonreía. Sabía por qué los comentarios de Lou le molestaban
tanto... porque eran la verdad.

Estacionaron en la cima, y luego ella le dio el deslizador.

—Tú primero.

No se movió.

PÁGINA 82
—¿Por qué hiciste eso?

—¿Qué?

—Allí atrás, con Lou.

Su rostro se puso serio. No podía dejar de notar que, aunque su cabello se


veía rizado por el gorro, su piel era impecable y algunas pecas salpicaban su
nariz. Podría decir honestamente que era una de las mujeres más hermosas
que jamás había conocido.

—No pensé que valiera la pena.

Tomó un respiro.
—¿Quieres decir yo perdiendo los nervios? —La cobertura mediática había
mostrado algunas escenas no tan bonitas de él después del accidente,
borracho y asustado, que se había traducido en un puño al costado de su
Ferrari. La marca de abolladura había estado en todas las noticias.

—No. —Su voz fue cortante y levantó su barbilla—. No creo que valga la pena
defender algo de lo que sabes la verdad.

Frunció el ceño.

Ella lo señaló.

»Sabes que habrías venido si lo hubieras sabido. —Le tocó suavemente el


pecho—. Ya sabes. No importa lo que yo pensé, lo que todos los demás
piensan porque tú sabes la verdad.

Un escalofrío lo invadió. Su certeza lo llenó de esperanza. Orgullo. Algo que no


había sentido en mucho tiempo. Le gustó. Parpadeó y miró a su alrededor. No
recordaba andar en trineo en una colina tan grande. Los nervios lo
congelaron.

—Es un largo camino hacia abajo.

Ella alzó una ceja.

—Ven aquí, ¿te importaría si te tomo una foto para mi hijo?

PÁGINA 83
Podía decir que a ella no le gustaba pedir cosas. Esto le hizo querer dárselo.

—Solo si estás en esto conmigo.

Vaciló.

Él hizo señas para que se acercara.

—Vamos, soltera, finge que quieres una rosa esta noche.

Eso la hacía reír. Posaron y tomó una foto.

—Gracias.
Le gustaba ser capaz de hacer algo por ella, aunque fuera tomarse una foto.

—De nada.

Ella señaló hacia abajo por la montaña.

—Ahora, ¿vas a ser un marica, o vas a tomar la colina como un hombre?

Dándole una mirada aburrida, le arrancó el deslizador y lo tiró al suelo. Gruñó


y se golpeó el pecho. Dejó salir un grito de guerra y saltó sobre el deslizador.

—¡Yo. Hombre! —gritó. Entonces estaba volando. Su velocidad aumentó, y


neblinas de nieve volaron a su alrededor. Podía escuchar rastros de su risa
detrás de él.

Cuando llegó al fondo, ella estaba chillando y gritando.

—¡Oh, sí! ¡Eso es de lo que estoy hablando, eso fue increíble!

Él estaría mintiendo si no sintiera satisfacción por su alabanza. Sabía que lo


decía en serio. Ella no era una de esas bailarinas que se colgaban de cada
palabra suya, tratando de ser algo que él quería que fuera, para que ella
pudiera gastar todo su dinero y luego engañarlo con su mejor amigo.

Sonrió y le devolvió otro grito de guerra.

Ella aplaudió y se rio.

PÁGINA 84
Se quedó inmóvil, mirándola con su gorro de pompones rosado y su cabello
rojo ondeando por sus hombros. Entonces hizo algo que nunca debió haber
hecho. Se preguntó cómo se sentiría tenerla en los partidos, mirar hacia arriba
y verla sonreír y animarlo.

Él resopló hasta la cima de la montaña, dándose cuenta de que no importaría


cuántos carbohidratos comiera hoy. Esta espesa nevada lo quemaría todo.

Cuando llegó a la cima, ella tenía los brazos cruzados, una ceja levantada.

—¿Qué? —preguntó, tomando aire y dándole el deslizador.

Ella entrecerró los ojos.


—¿Todavía la amas?

Esta pregunta no la esperaba. Por alguna razón lo hacía sentir incomodo que
se lo preguntara, como si no pudiera mentirle, pero no podía decirle la verdad.
Intentó pensar en ello a propósito.

—No.

Ella ladeó la cabeza.

—No puedes intentar hacer una pausa. Entonces sé que estás mintiendo.

Levantó las manos.

—Soy tu jefe. Eres un empleado. ¿Por qué te importa si la amo?

Ella lo miró de arriba y abajo. Luego se encogió de hombros.

—Tienes razón. No lo sé. —Sonrió—. ¿El trineo sigue siendo tan divertido
como recuerdas?

Sonrió.

—Lo mejor.

—¿Vale la pena pagarme veinte dólares la hora? Porque estoy cobrando, M.C.

Sacudió la cabeza.

PÁGINA 85
—Vale cada centavo.

Ella bajó el deslizador.

—¿Quieres que vayamos juntos?

La confusión nubló su mente.

—¿Por qué?

Una sonrisa inocente llenó su rostro.

—¿Por qué no?


Sentada en medio del deslizador, se dio palmaditas en el regazo.

—¡Sube jefe!

—Espera. —Ella le hizo un gesto para que se pusiera de pie—. Ponte boca
abajo. Voy a retroceder y darnos un empujón mientras salto encima.

Aceptó, pensando que era una distancia corta. Cayó al suelo, y antes de que él
supiera lo que había pasado, ella estaba empujando sus pies hacia el borde de
la colina y luego saltando sobre él. Por supuesto, ella no pesaba mucho y a él
no le importaba absorber su peso. Lo que no había anticipado era cómo el
peso extra los aceleraría.

Ella dejó salir un grito a su lado.

—¡Yuju!

Su corazón saltó en su pecho, e hizo eco de ella

—¡Yu-ju!

La nieve voló en sus rostros, pero la miró a ella. Su cabello se había soltado y
rizos rojos caían sobre su rostro junto con la nieve. Él podría decir
honestamente que esta era la primera vez en mucho tiempo que se sentía
como un niño.

PÁGINA 86
Llegaron al final, y ella se levantó rápidamente, riéndose.

—¡Dios mío, eso fue divertido!

Se puso de pie.

—Eso fue divertido.

Ella se puso de pie y sonrió.

—Gracias por preguntarme. —Lo dijo en serio.

Un resplandor malvado apareció en sus ojos, y se echó hacia atrás


comenzando a correr por la colina.
—Llevas el deslizador, ¿verdad? Vamos, M.C. Te llevaré a la cima.

Ahora lo entendía. La vio correr. Se lo había preguntado porque quería que


fuera la mula de carga. Pero nunca había sido de los que se apartaban de un
desafío. Agarró el deslizador y salió. No fue difícil pasarla. Al hacerlo, se dio la
vuelta y se burló de ella:

—Vamos, jefe, nunca te detengas. Nunca renuncies.

Solo sonrió más y le guiñó un ojo.

—En serio, ¿estás orgulloso de ti mismo por golpear a una chica? Eso es
patético.

Con eso, se rio. Esta mujer lo estaba volviendo loco. Esta vez, antes de que ella
supiera lo que estaba pasando, tiró el deslizaor hacia abajo y la agarró,
sujetándola mientras se tiraba de lado en el deslizador.

—Te mostraré lo patético.

Un chillido más fuerte que una sirena de niebla salió de ella.

—¡Suéltame! —Se rio.

Luego se fueron, volando cuesta abajo. Cuando llegaron al final, se bajó


suavemente del deslizador y se metió con su cabello.

PÁGINA 87
—¡Eso es, jefe! ¡Estoy orgulloso de pegarle a una chica!

De ella brotaron más risitas. En este momento se veía... tan joven. Como una
niña. Le gustó.

—¡Para! —gritó.

Se detuvo, colapsando en un montón junto a ella en el deslizador.

Ella se agitó con fuerza y se giró de un lado para enfrentarse a él.

—Maldición, estás en buena forma. ¿Qué haces… ejercicios todo el día en el


trabajo?
Levantó un puñado de nieve y se lo lanzó en el cabello.

—No, aparentemente, dirijo una posada.

Tratando de recoger la nieve que él lanzó a su cabello, ella movió su cabello


hacia atrás.

—¿Qué hay de la herida? ¿Volverás a salir ahí afuera?

—Si por volver a salir ahí fuera, quieres decir si voy a seguir jugando al fútbol
americano, la respuesta es sí. —La conversación había tomado un tono serio.
Cierto, los medios de comunicación no pudieron dejar de hablar de qué
mariscal de campo debería tener la oportunidad—. Si me dan una
oportunidad, la tomaré.

—Mmm. —Lo miró de arriba a abajo.

—Mmm, —la imitó, acercándose a ella y limpiándole un montón de nieve del


cabello.

Risitas salieron de ella por segunda vez.

No importaba lo que alguien le dijera después de este punto. Ahora mismo,


sabía que tenía que estar con esta mujer. De repente dejó de sonreír,
preocupado por esta realización.

PÁGINA 88
Viéndolo volverse serio, ella también dejó de reírse.

—¿Qué está mal?

El martilleo en su pecho le recordó la primera vez que lanzó un touchdown


ganador en el primer partido del campeonato que ganó.

—Nada —dijo demasiado rápido.

Entrecerrándole los ojos, sonrió. Ella se levantó.

—Vamos, M.C., no seas perezoso. ¡Podemos hacer unos cuantos


deslizamientos más antes de que tenga que recoger a Josh!
CAPÍTULO 7
Traducido por katherin
Corregido por Light Feather

oman había insistido en ir con ella después de haber dejado el


deslizador en la posada, diciendo que quería conocer a Josh. La
había seguido en una motonieve diferente a través de Main Street,
pasando por la ferretería y bajando en la dirección opuesta al centro de esquí.
El camino conducía a una pequeña escuela primaria y secundaria combinada.

La nieve había disminuido sustancialmente. Roman se preguntó cuánto


tiempo pasaría antes de que el abogado pudiera llegar a la posada para hacer
los trámites necesarios para vender el lugar. Estaba sorprendido de que
realmente no quisiera pensar sobre eso. Apartó el pensamiento porque lo
ponía triste.

Esperaron con otras motonieves o vehículos de cuatro ruedas bastante

PÁGINA 89
poderosos, a que los niños salieran. No tuvieron que esperar mucho antes de
que una gran cantidad de niños saliera del edificio. Observó que Katie
saludaba con la mano a un niño con una mochila de Batman y un gorro y
guantes de Batman.

El niño corrió rápidamente hacia la motonieve. Roman notó que tenía la forma
del rostro y nariz de su madre, pero su cabello era rubio.

—¡Mamá! —Levantó una hoja de papel—. ¡Mira, hoy pinté esto para ti!

Primero, Katie lo abrazó. Luego mantuvo su brazo alrededor de él y estudió la


imagen con un rostro serio.
—¡Me encanta!

Alegría pura iluminó el rostro del niño.

Katie asintió con la cabeza hacia él y luego lo jaló de la mano.

—Quiero que conozcas a alguien.

Nervioso parecía ser una subestimación de cómo se sentía Roman. Las


mariposas golpearon sus entrañas. Conocer al hombre más importante en la
vida de una mujer era un paso importante y de repente se preguntó si
realmente estaba preparado para esto.

Katie hizo un gesto hacia Roman.

—Josh, conoce a Roman. Este es el sobrino de Jim. Es dueño de la posada


ahora. Ha estado... ayudándome los últimos dos días.

Josh arrugó el rostro, como si conocer a Roman fuera una especie de proyecto
científico.

—Te ves como ese jugador de fútbol americano.

Roman extendió su mano.

—Roman Young, encantado de conocerte.

PÁGINA 90
Tentativamente, Josh puso su guante de Batman en la mano de Roman.

—¿Podría hacer que firmes algo?

—¡Josh! —Katie negó con la cabeza.

Roman sonrió. Los fanáticos jóvenes eran los mejores.

—¡Por supuesto! —Soltó la mano de Josh.

Después de lanzar la mano al aire, Josh se rio. Una risa fuerte y juvenil.

—Ahora puedo decir que he conocido a alguien famoso.

Katie hizo un gesto hacia la otra motonieve luciendo nerviosa.


—Josh, no importa si alguien es famoso o no, cada persona es importante. Por
favor, di adiós, y vámonos a casa para calentarte.

El chico no se movió, todavía estudiaba a Roman.

—Juegas para los Destroyers, pero te lastimaron el año pasado. Jim me contó
todo sobre ti.

El centro del pecho de Roman se tensó por un segundo. Sonrió.

—Bueno, verás, tu madre me contó todo acerca de que tus ranas se escaparon
ayer, así que supongo que ambos sabemos cosas el uno del otro.

El chico rio tontamente y señaló a Roman.

—Te vi jugar en la gran pantalla de la posada el año pasado.

Otra oleada de emoción imposible.

—Bueno, gracias por mirar.

Katie ya estaba en la motonieve.

—Vamos, hijo. Vámonos.

Josh frunció el ceño.

—Mamá, ¿podemos invitarlo a cenar?

PÁGINA 91
Esto tomó a Roman completamente por sorpresa.

—Mmm, no, no puedo.

Katie parecía estresada.

»Josh, probablemente tenga planes para esta noche. Hagámoslo en otro


momento.

Josh le sonrió.

—¿Tienes planes?

Roman miró a Josh y a Katie.


Ella se encogió de hombros.

Él sonrió.

—Estaré allí.

PÁGINA 92
CAPÍTULO 8
Traducido por Coral Black
Corregido por Light Feather

ed, ¿qué quieres decir con que no podrás llegar aquí en dos

— días? —Roman se pasó la mano por el cabello. Su agente


iba a tener un ataque.

—Roman, lo siento. Me he lastimado la espalda, y apenas puedo moverme. Me


estoy quedando en la casa de mi hermano en Salt Lake. Estaba estable ayer,
pero podría tomar una inyección de esteroides para poner mi zona lumbar
bajo control.

Agitación atravesó la boca de su estómago y pensó en pasar más tiempo con


Katie.

—Está bien.

PÁGINA 93
Ned suspiró.

—Desearía que pudieras venir aquí o poder usar a mi socio para formalizar
estos documentos, pero el testamento de tu tío me pedía específicamente que
te entregue los documentos a ti, en la posada.

Roman sabía esto.

—¿Quién va a comprar el Inn?

Ned vaciló.

—¿Qué quieres decir?


—Quiero hablar con los nuevos dueños. Tengo a alguien en mente que podría
ocuparse del lugar por ellos. Ella no cobra mucho. Está arreglando el lugar.

—¿Estás hablando de Katie?

Roman se relajó. Bien. Ned la conocía.

—Sí, quiero asegurarme de que ella se ocupe de esto.

—Uhh…

—¿Qué?

—A decir verdad, no sé lo que han planeado y no creo que sea inteligente


poner ese tipo de estipulación en el contrato. Quizás quieran anularlo o algo
así.

—Oh. —Su mente dio vueltas a las repercusiones que eso traería a Katie.

—No pensé que te importaría. Dijiste que solo querías deshacerse de él rápido.

Se sintió atrapado.

—Bueno…

—¿Todavía quiere venderlo, cierto Sr. Young?

—Sí. —Dijo rápidamente, de inmediato recordando lo que dijo Katie cuando

PÁGINA 94
respondía demasiado rápido—. Quiero decir…. —Por supuesto que quería
venderlo. ¿Qué demonios haría con una posada en Wolfe Creek?

—¿Sr. Young?

Frustrado, Roman agarró el teléfono con más fuerza. Tenía que ir a la casa de
Katie. No quería llegar tarde.

—¿Puedo llamarte luego, Ned?

Ned dejó escapar otro suspiro.

—Sabía que esta tormenta era una maldición. El comprador realmente quiere
este trato. Dime ahora si estás teniendo dudas.
Ser forzado a hacer algo que no quería hacer nunca había sido el estilo de
Roman.

—Te llamaré mañana, Ned.

Sacudió la cabeza y se miró en el vapor del espejo del baño principal. Solo
había estado aquí dos días y ya se sentía diferente. Cambiado. Pensó en su tío
y en la última conversación que tuvo con él: "Recuerda, eres bueno en el
juego, pero el juego de la vida también es importante. La gente es importante
No te rindas con el amor. No te rindas con la familia. Es lo único importante
que hay en esta vida”. ¿Podría Wolfe Creek ser más? ¿Podría Katie ser más?

Como realmente no había lugar para parar y comprar flores, se detuvo en la


estación de servicio para comprar... algo.

—Encontrarme con Roman Young dos veces, debe ser mi día de suerte. —
Detrás del mostrador vio a Tiffany, la camarera de antes.

Sintiéndose atrapado, dio un paso más lejos de ella, hacia el pasillo de dulces.

Ella dejó escapar un silbido bajo.

—Guau, te aseaste bien. —Dejó caer un hombro y le dio una mirada


seductora.

A decir verdad, Tiffany no era una chica de mala apariencia. Guapa incluso,

PÁGINA 95
pero la personalidad de cazadora no le atraía.

—H-hola —dijo sin convicción, examinando los estantes de dulces, pensando


en lo que a Katie y a Josh les gustaría como regalo.

Tiffany salió de detrás del mostrador.

—¿Qué estás haciendo?

Cogió un poco de goma de mascar y un par de barras de dulce.

—No mucho. —Rápidamente, fue al siguiente pasillo, tomando rosquillas y


palomitas de maíz de los estantes.
Ella se estaba acercando a él.

—Me preguntaba si podría volver a verte, pero si hay algo con lo que puedes
contar en Wolfe Creek es que siempre te vuelves a encontrar con la gente.

—Ya sea que quieras o no —susurró en voz baja. Se movió al mostrador para
pagar.

Ella estaba detrás de él.

—¿Qué fue eso?

Roman dio un paso más para acercarse al mostrador, y ella dio uno más cerca
de él. Lo único entre ellos era la comida chatarra, y se la tendió como escudo.

—Um, nada. ¿Podría comprar esto? Se me hace tarde.

Resopló cambiando su mirada a toda la comida chatarra.

—¿Comes estas cosas todo el tiempo?

Diablos no.

—Sí. —No quería involucrarse más de lo necesario en esta conversación.

Antes de saber lo que estaba pasando, sacó un teléfono y tomó una foto de él
con toda la comida chatarra.

PÁGINA 96
—¡Eso es una locura!

Ahora estaba enfadado.

—¿Qué estás haciendo?

Ella tomó otra foto, y tuvo que resistir el impulso de arrancarle el teléfono de
la mano y tirarlo al suelo como lo hacía normalmente con cualquier paparazzi
que se burlara de él. En verdad, esta había sido la parte más difícil de ser
famoso: las cámaras. Pensó en el hecho de que no había tenido a nadie
acechándolo para tomarle una fotografía los últimos dos días y lo agradable
que había sido.
—Tiffany —dijo apretando los dientes—, necesitas guardar tu teléfono y
dejarme pagar por estas cosas, por favor.

Su rostro se volvió preocupado.

—Está bien. —Se movió para ir detrás del mostrador y comenzó a marcar—.
Sabes que no voy a publicar esas fotos ni nada. Solo quiero mostrárselo a mi
madre y a mi padre cuando llegue a casa. Mi padre ama a los Destroyers. Eres
su jugador favorito. Nunca perdió la fe en ti, incluso después de ese horrible
golpe en la rodilla.

Esto lo ablandó.

Ella pasó su tarjeta y le dio un recibo para firmar y luego el recibo real.

—Lo siento. De Verdad. Yo… yo borraré esas fotos ahora mismo. —Le guiñó
un ojo—. Pero, para que conste, yo también he sido siempre del equipo Roman
—susurró—: Eres mucho más guapo que Dumont. No sé lo que tu ex esposa
estaba pensando.

Él la miró. Tomó la bolsa de comida chatarra y suspiró.

—¿Por qué no borras esas fotos, y te hago una mejor?

—¿Qué?

PÁGINA 97
Él asintió.

—Ven aquí, y nos tomaremos una selfie juntos. Entonces tendrás una foto real
para mostrarle a tus padres.

—¡Sí! —Corrió alrededor del mostrador, con su teléfono ya fuera—. ¡Oh Dios
mío! —Se golpeó contra su costado, ya sosteniendo el teléfono y colocándolo.

Él puso una risa suave y la rodeó con su brazo, poniendo su sonrisa


mediática.

Sin previo aviso, y sin ningún tipo de malicia, solo interés propio, en el último
segundo, Tiffany se acercó y le dio un beso en la mejilla antes de tomar la
fotografía.
—¡Guau! —Se escabulló y soltó una risita—. ¡Lo siento! ¡Tenía que hacerlo!

Él negó con la cabeza y fue hacia la puerta.

—¡Que tengas una buena noche, Tiffany!

PÁGINA 98
CAPÍTULO 9
Traducido por Coral Black
Corregido por Light Feather

intiéndose extremadamente soso con una bolsa de comida chatarra


en su mano, tocó el timbre de la pequeña y linda casa en la que
Katie vivía. Estaba a un par de calles detrás de Main Street. La
casa en sí parecía un poco vieja, pero notó las cortinas nuevas y la corona de
primavera que colgaba en la puerta principal.

Josh abrió la puerta de par en par. Estaba en su pijama de Superman, y su


cabello parecía húmedo.

—Hola. —Se volvió hacia él—. No puedo creer que hayas venido —dijo sin
aliento.

Roman se agachó y le devolvió la sonrisa.

PÁGINA 99
—No puedo creer que me hayas invitado. —Copió la respiración sin aliento con
la que Josh había hablado.

Josh soltó una risita y agitó su brazo para que él entrara.

—Vamos, mamá hizo su famosa lasaña, y ella hizo una ensalada de espinacas
y fresas, e incluso hizo su pan casero después de la escuela. —
Dramáticamente, se pasó la lengua por los labios y se frotó la barriguita.

Siguiendo a Josh, el estómago de Roman gruñó. Lasaña y pan fresco, sonaba


delicioso. No podía recordar la última vez que había comido pan fresco. O que
alguien lo hubiese hecho para él. Tuvo el recuerdo de estar de pie en la cocina
con su madre. Probablemente tenía quince años. Antes de que ella recibiera la
noticia del cáncer. Tenía este recuerdo repentino y vívido de que le ofrecía
masa de pan blanda.

—Oye. —Katie estaba en su cocina decorada con manzanas. Llevaba un jersey


de cuello alto negro con pantalones vaqueros, y su cabello estaba largo y recto
en su espalda. Su aliento se detuvo por un segundo. Se había puesto
maquillaje, y sus ojos se veían un poco exóticos.

—H-hola. —Tenía la boca seca y no sabía por qué su cerebro parecía


dispersarse por completo.

Se quitó el delantal de manzana que llevaba y se enjuagó las manos,


sonriéndole.

—Me alegra que pudieras venir.

Por un momento, se sintió como si ella estuviera un poco desconcentrada y tal


vez no pudiera recuperar el aliento. Pero no tuvo mucho tiempo para pensarlo.

Josh tiró de la bolsa en su mano.

—¿Qué trajiste? —Trató de mirar dentro.

—Josh. —Katie se movió alrededor del mostrador y tomó su hombro—. Cariño,


eso es grosero.

PÁGINA 100
Todo lo que Roman podía hacer era sonreír, deleitado por la crudeza de los
niños. Amaba a los niños, aprovechó todas las oportunidades que había tenido
para hacer trabajos promocionales en las escuelas. Se puso en cuclillas y
sostuvo la bolsa abierta para él.

—Bueno, ya que no tengo las habilidades para hornear de tu madre, esto es lo


que se me ocurrió en un apuro.

Los ojos de Josh se agrandaron.

—¡Santa vaca! ¡Esa es mucha comida chatarra! ¡Mamá nunca me deja comer
todo eso!
Roman y Katie se miraron a los ojos, ambos sonrieron ante la reacción de
Josh. Roman le tendió la bolsa a Katie.

—Tu madre puede ser la encargada de esto. —Le dio un guiño coqueto,
reconociendo la broma interna.

Ella arqueó una ceja, pero mantuvo una sonrisa en su rostro. Puso la bolsa
sobre el mostrador.

—Vamos a sentarnos a cenar.

—No puedo esperar por el postre. ¡Vamos a tomar el postre primero! —Suplicó
Josh.

Katie gentilmente lo sostuvo por el hombro y comenzó a moverse hacia la


mesa iluminada con velas en la parte posterior de la cocina.

—No arruines tu cena, como dijo Roman: es para el postre.

Josh dio mini saltos.

—¿Podemos comerlo en la noche de cine, mamá? —preguntó, deslizándose en


su silla. Él se echó hacia atrás. Sus ojos se iluminaron—. Espera, ¿ Roman se
puede quedar para la noche de cine?

Katie le indicó a Roman que tomara asiento y luego lució atrapada. Se sentó.

PÁGINA 101
—Josh, Roman probablemente no quiere quedarse para ver Buzz Light Year.

Inmediatamente, Josh se desvió hacia él.

—¿Quieres?

Si Josh no hubiera querido que se quedara tanto, se habría preguntado, por la


reacción de Katie, si era querido en absoluto.

»¡Por favor! —Él juntó sus manos en una posición de oración.

Roman no sabía qué decir. Él, una vez más, miró a Katie en busca de
aceptación.
Ella alisó su ropa y luego se encontró con su mirada.

—Roman, ¿te gustaría quedarte para la noche de cine?

Asintió.

—Me encantaría.

—¡Sí! —Aplaudió Josh.

Katie puso los ojos en blanco.

—Lo siento.

La idea de que ella debería pedir disculpas por lo mucho que Josh lo quería
allí, era lo más alejado de lo que estaba sintiendo.

—No te preocupes.

Su rostro se puso rojo.

—No… no eres tú. Quiero decir. No es porque seas famoso. Él solo ha


estado…. —siguió y se miró las manos.

De repente, lo golpeó. Un año. Mañana. El pobre niño había perdido a su


padre hacía un año.

—Es mi papá. —La voz de Josh era triste, y miró hacia abajo—. Murió, ya

PÁGINA 102
sabes.

El centro del pecho de Roman se tensó. Parpadeó.

—Lo siento.

Josh lo miró, con lágrimas en los ojos.

—Sé que perdiste a tu tío Jim. ¿Eran cercanos?

En este momento, Josh no parecía ser un niño normal de siete años. Roman
se acercó y puso una mano en el hombro de Josh.
—Sí. Yo… desearía haber sido aún más cercano…. —Se perdió por un
segundo. Una súbita lágrima se filtró. Roman no podía creer que realmente lo
estuviera perdiendo. Antes de llegar a Wolfe Creek, no había llorado en mucho
tiempo. Incluso cuando había atrapado a Sheena engañándolo. Estaba
enojado, triste, deprimido, pero no había llorado. Ahora él estaba llorando en
un abrir y cerrar de ojos. Se pasó una mano por el rostro—. Mi madre también
murió hace unos años.

El rostro de Josh se llenó de preocupación.

—Bueno, creo que los dos tenemos padres que extrañar.

Roman retiró la mano y se inclinó sobre la mesa, volviéndose para mirar a


Katie. Ella tenía un río completo de lágrimas corriendo por sus mejillas. Se
tragó el resto de su emoción y sonrió a este niño de siete años que parecía
mucho más mayor que su edad.

—Sip.

Katie sorbió por la nariz y le sonrió.

Roman dejó escapar un suspiro, su corazón latía en su pecho.

—Está bien extrañarlos. Es bueno extrañarlos.

Josh se limpió el rostro.

PÁGINA 103
—Está bien, vamos a comer, mamá.

Ella inclinó la cabeza y alcanzó las manos de ambos.

—Está bien, recemos, y luego comamos.


CAPÍTULO 10
Traducido por Bella’
Corregido por Flor

an pronto como Josh se había tomado en serio el hecho de extrañar


a su padre, se puso a pensar en otras cosas y continuó la
conversación durante la cena con preguntas sobre la infancia de
Roman, su madre, su padre y por qué no tenía hermanos.

Roman respondió con preguntas en iguales cantidades sobre el maestro de


Josh, sus amigos y por qué no estaba jugando al fútbol aún.

En esto. Josh puso los ojos en blanco y miró con vergüenza a su madre.

—No me dejará hasta que tenga doce años.

—Bueno —Roman recordó que su propia madre tenía esa regla. También
recordó haberla juntado con el tío Jim. Ella no se había rendido hasta que él

PÁGINA 104
cumplió once años, después de mucho convencimiento. Sonrió risueño—.
Entonces escucharás a tu madre. Tienen razón la mayor parte del tiempo. —
Le guiñó el ojo a Katie.

Josh pareció pensarlo. Luego se volvió hacia su madre.

—¿Puedo tener una dona, por favor mamá?

Se había comido la mayor parte de su cena.

Katie terminó de masticar y luego tomó un sorbo de agua.

—Sí. —Sus ojos brillaban de felicidad mientras Josh saltaba de la silla y corría
hacia la bolsa.
Ambos se rieron.

El teléfono de Katie sonó. Se levantó y lo revisó.

—¿Todo bien? —preguntó Roman.

Dándole su teléfono, ella le miró fijamente.

—Veo que ya te ha reclamado tu soltera en Wolfe Creek.

Aunque a Roman no le sorprendió ver su selfie con Tiffany, sabía que se


sonrojó.

—Arg. Dejé que tomara una selfie conmigo en la gasolinera.

Colocando los ojos en blanco, Katie le devolvió el teléfono.

—Bueno, supongo que tu imagen puede manejar a Tiffany.

Estaba confundido.

—¿Cómo es que obtuviste tweets de Tiffany?

—Yo no. Tiffany me envió un mensaje para asegurarse de que lo viera y agregó
el enlace.

Una risa sacudió a Roman.

PÁGINA 105
—Por supuesto que lo hizo.

Ella negó.

Roman terminó de comer.

—Bueno. Gracias por la cena. Y puedes enviar un tweet de nuestra foto de


trineo en cualquier momento que quieras. —Se aclaró la garganta cuando ella
le volvió a mirar fijamente—. Ya sabes, por si quieres enfrentarte a Tiffany.

Se burló.

—Yo no haría eso.

Él sonrió, le gustaba el hecho de que ella aún miraba fijamente la foto de él.
—Bueno, no tienes que llamar mi atención así.

—¿No? —lo retó.

Le dio un guiño y se levantó.

—No, Sra. Winters, usted tiene toda mi atención.

Katie parecía sorprendida y también se paró.

—No te vas a ir, ¿verdad?

El hecho de que pareciera molesta hizo feliz a Roman. Recogió sus platos y los
de Josh.

—En mi casa, quien cocinaba nunca lavaba los platos. —Esa había sido la
regla de su madre, y ella se aferraba a esa con fuerza y premura, incluso
cuando él crecía. Por supuesto, Sheena nunca había cocinado, así que nunca
había sido nada.

—Oh no. —Ella empezó a levantar sus propios platos y a poner el aderezo de
la ensalada en el gancho del codo—. No podría dejarte.

Nivelándola con el ceño fruncido, Roman caminó hacia el fregadero.

—No creo que tengas elección. Soy un invitado.

PÁGINA 106
—Exactamente —dijo, insistiendo—. Los huéspedes no lavan los platos. —Se
metió entre él y el fregadero justo cuando estaba poniendo los platos.

Tiró de su brazo hacia atrás y luego puso los platos en el fregadero con ella
delante de él. Se sentía íntimo estar tan cerca. Respiró su ahora familiar
aroma a limón. Su latido del corazón se detuvo un poco. Se estaba inclinando
un poco, y sus labios estaban justo ahí. Al nivel perfecto.

Cuando la miró a los ojos, se dio cuenta de que estaban en sus labios, y
parecía que ella respiraba igual de fuerte.

—No vas a lavar los platos. ¿Por qué siempre tienes que presionarme?

No pudo evitarlo. Se acercó, estudiando sus ojos.


—No es presionar. Son modales. —Su voz era baja.

Su aliento se atascó, y sonrió rápidamente girando hacia un lado y poniendo


los platos en el fregadero. Ella abrió el grifo.

—Demasiado tarde, ya he empezado.

En retrospectiva, se preguntaba por qué se había sentido obligado a recogerla


y llevarla a la habitación de enfrente.

Ella luchó contra él, pero él era demasiado fuerte.

—¡Roman, bájame!

—¡Sí! ¡Vaya! —Josh estaba junto a ellos, una dona en cada mano—. ¡No hay
platos para ti, mamá!

La puso en el sofá, pero mantuvo los brazos atados a los lados durante un
segundo antes de soltarla y volver corriendo a la cocina. Escuchó risas de
fondo.

—¡Te atrapó, mamá! —gritó Josh.

Ella se rio más.

—Sí, lo hizo.

PÁGINA 107
Roman apenas había empezado a llenar el lavavajillas cuando ella volvió. Con
su barbilla en alto, se fue directamente a la mesa, una sonrisa en su rostro.

—Eres el invitado más educado que he tenido.

Una risa se le escapó ante su halago torpe.

—Gracias. —Se concentró en limpiar los platos y ponerlos en el lavavajillas.

Ella guardó toda la comida y tarareó.

—Mamá, ¿puedo encender la película?

—Ve a cepillarte los dientes y luego puedes. —Abrió la nevera y metió las
sobras—. Saldremos en un segundo.
Era ridículo, pero estando en la cocina con ella y viéndola guardar alegremente
las sobras, estaba lleno de más que felicidad. Se sentía satisfecho y en casa.
Entonces ella había terminado. Tomó una toalla, deslizándose junto a Roman.

—Disculpa, necesito algo de agua.

Sintiéndose tonto, tomó unas burbujas y se las puso en la nariz.

—Supongo que puedo darme un poco de tiempo. —Empujó el grifo hacia


arriba.

Desafiante, ella se quitó las burbujas de la nariz y luego, suavemente, le


colocó a él un oco más arriba y sobre su nariz.

Sus ojos se encontraron, y todo lo que Roman quería hacer en ese momento
era besarla. Esta sencilla tarea, compartir una comida en una noche fría, y
luego hacer esta tarea normal lo dejó sin aliento. Cómo había querido algo así
con Sheena. Cómo lo había deseado. Pero, ella había sido una mujer que
nunca habría tenido una herramienta, y mucho menos le había hecho hacer
pan en casa. Caray, Katie había hecho cosas más sinceras por él en dos días
que las que su ex-mujer había hecho en su matrimonio de tres años.

—Katie —susurró.

Por un segundo, creyó que se besarían.

PÁGINA 108
—Mamá.

Los dos fueron arrancados de vuelta a la realidad.

Josh puso las manos en los lados de su cadera.

—¿Cuándo vendrán a ver la película? —preguntó.

Katie lo hizo callar y lo llevó de vuelta al cuarto delantero.

Acabando los platos y limpiando los mostradores, Roman se preguntó cuánto


tiempo podía estar en la habitación con ella y no besarla.
CAPÍTULO 11
Traducido por katherin & Cat J. B
Corregido por Flor

comodarse en el sofá había sido una tarea fácil.

—Ven y siéntate a mi lado, —insistió Josh cuando la cocina estuvo


fuera de su alcance según las especificaciones de Katie. Él sacó
una vieja pelota de fútbol americano y un marcador.

—¿Firmarías esto?

Roman tomó la pelota.

—¿Qué tal si hacemos un trato?

—Está bien. —Josh lo miró expectante.

—¿Qué tal si te doy una pelota de Cowboy firmada mañana?

PÁGINA 109
Él saltó en su asiento.

—¿De verdad?

Había visto una pelota que su tío había guardado junto a su cama, con la
firma de Roman en ella. Estaba seguro de que a su tío no le importaría si Josh
lo tenía.

—La enviaré a casa con tu mamá.

Él sonrió.

—Trato.
Katie se sentó al otro lado de Josh, y todos cayeron en una camaradería
silenciosa mientras miraban la película.

Cada dos minutos Josh señalaba la película, se reía y le preguntaba a Roman


si había visto esa parte. Roman realmente no la había visto. Se relajó en una
cómoda posición de espectador, cruzando el tobillo sobre su rodilla.

No pasó mucho tiempo antes de que Josh se recostara y comenzara a dormitar


contra el costado de su madre.

Al principio, Roman intentó no mirar a Katie. Entonces, no mirarla terminó


siendo lo único en lo que podía enfocarse. Finalmente, cedió.

Para su inmenso placer, ella ya lo estaba mirando, su mano estaba en la


cabeza de Josh y tenía una sonrisa en su rostro. Sus ojos eran tan brillantes,
casi de color turquesa.

—¿Qué? —susurró, sintiéndose atrapado.

Ella miró a Josh por un segundo. Sus ojos estaban cerrados, y su respiración
era constante.

—No eres lo que esperaba, Roman Young.

Un calor repentino lo inundó, y sonrió. Solo podía imaginar lo que había


pensado de él desde la cobertura de los medios. Levantó las cejas.

PÁGINA 110
—Creo que mi única respuesta es... nunca te esperé, Katie Winters.

Ante esto, ella le devolvió la sonrisa.

Él asintió hacia Josh.

—¿Quieres que lo cargue?

Ella asintió rápidamente.

Se puso de pie y luego, con cuidado extra, jaló a Josh suavemente de los
brazos de su madre.

Katie se adelantó a él, encendiendo las luces de las escaleras.


La siguió hasta una habitación decorada con superhéroes con cortinas azules
y un cubrecama de los Destroyers. No pudo resistirse.

—Este niño es claramente un buen chico.

Ella apartó las mantas y suspiró.

—¿Qué puedo decir? A él y a su padre siempre les gustaron los Destroyers.

Roman lo metió en la cama y luego retrocedió mientras ella terminaba de


arroparlo. Josh se despertó un poco.

—Mamá, acuéstate a mi lado.

—¿Quieres apagar la luz? —preguntó Katie mientras se deslizaba junto a Josh


en su cama.

Roman retrocedió, apagó la luz y bajó las escaleras suavemente. Su mente


estaba llena de ella. Sus rizos largos y suaves y con olor a limón… como
limonada en un día de verano en el porche con su madre. Las emociones se
arremolinaron en su interior que no supo cómo manejarlas, pero se sentían
bien. Real. Todo lo que su vida en Texas no era.

La escuchó cantarle una canción suave a Josh. Sí, eso era lo que le gustaba de
Katie. Ella era real. El tipo de mujer que un hombre puede mantener abrazada
en una noche fría, sin preocuparse si él le revuelve el cabello. El tipo de mujer

PÁGINA 111
que un hombre podría burlarse y alzarla. El tipo de mujer que lo pondría en
su lugar, por las razones correctas, le gustaría decirle que sea amable porque
Henry y la Sra. K estaban lidiando con mucho.

Se sentó en su sofá y observó Buzz Light Year. Lo desconcertó que


repentinamente había encontrado todo lo que siempre había deseado. Aquí
mismo. En Alaska Inn.

¿Sabía su tío que se enamoraría de Katie? ¿Cómo podría haberlo hecho? ¿Tal
vez lo había esperado? El calor lo llenó.

Katie bajó por la escalera y Roman sintió que su pulso aumentaba de nuevo.
Maldición, ¿cómo es que no podía acostumbrarse a estar cerca de ella? Había
estado en los eventos más elegantes, en sesiones de fotos, en las mejores
fiestas y nunca, nunca, se había sentido nervioso con esas mujeres. Pero aquí,
en medio de un pueblo en ninguna parte, había una mujer, vestida con un
cinturón de herramientas y gorros de pompón, que lo apartó de su juego.

Ella se puso de pie junto al televisor y cambió los canales, poniendo las
noticias. Inmediatamente, aparecieron los deportes y su imagen salpicó la
pantalla. Se sentó junto a él.

—Esta noche, en el show de Dumont / Young, nuestras fuentes dicen que


Young se fue de la ciudad para salir de los ojos de los medios. Las fuentes
dicen que el dueño Ty Halstad todavía quiere que Young regrese y ocupe el
lugar que le corresponde este año, pero después de la gran victoria de la
semana pasada hubo rumores de que Young podría haber terminado su juego.
Ese…

Katie tomó un control remoto y apagó la televisión.

No se había dado cuenta de que sus manos se habían convertido en puños y


que estaba en el borde del sofá.

Katie bajó el control remoto.

—No debería haber puesto las noticias.

PÁGINA 112
Él dejó escapar un suspiro. Se sentía tonto por admitirlo, pero casi, durante
unos pocos días en Wolfe Creek, había olvidado todos los problemas que lo
esperaban en casa.

—¿Cómo es posible que la palabra casa de repente suene mal? —Se puso de
pie y caminó en círculo, un pequeño círculo en su linda sala de estar que tenía
dos grandes paneles magnéticos llenos de imágenes de arte de Josh. Él se
acercó para estudiarlos. Ella ya había agregado la imagen de antes.

—Lo siento, Roman.


Estudió las imágenes de animales, de ella y Josh juntos, de pequeñas cosas de
la naturaleza. Su corazón dolió. Los dos parecían felices. Se detuvo cuando
llegó a la repisa de la chimenea y vio una foto de ella, Josh y su marido, John.

—Esa es la última foto que tenemos de todos nosotros juntos. —Se puso de pie
a su lado.

Sin pensarlo, tomó su mano.

—Es hermoso. —Estudió algunos otros en la repisa de la chimenea, y luego se


dio cuenta de que su mano se había quedado inmóvil.

Él miró hacia abajo a sus manos juntas. Al instante, dejó caer su mano.

»Lo siento.

Ella parpadeó y lo miró con esos tristes ojos verdes de gato. Los hermosos ojos
que tenían tantos matices y emociones en ellos.

—Tengo una pregunta para ti.

Él estudió su espalda, sintiendo la química entre ellos.

—Solo si puedo hacer una pregunta también.

Una lenta sonrisa se extendió por su rostro.

PÁGINA 113
—Tal vez.

Levantó una ceja.

—Tal vez, ¿eh?

Su rostro se puso rígido.

—Tengo una pregunta real.

Él dejó escapar un suspiro.

—Dispara.
En su favor, tomó aliento y retrocedió, jugueteando con una de las imágenes
de su hijo.

—Puedo entender por qué juegas fútbol americano. La carrera, la emoción... el


dinero.

—Sí, sí, y sí.

Ella dio un paso atrás.

—Y, créeme, probablemente sé más sobre tu ex esposa y sobre lo que Jim


pensaba de ella que tú.

Él no había estado esperando eso.

—Bien.

—Y sé acerca de la rodilla y los meses que llevas en rehabilitación.

Increíblemente, esta conversación se volvía cada vez más molesta.

—Bien.

—Aquí va mi pregunta…

—Ya era hora.

Ella era intensa.

PÁGINA 114
—¿Por qué no renuncias?

Eso lo confundió. Dio un paso atrás.

—¿Qué?

—Renunciar. Quiero decir… los has llevado a dos campeonatos. Estuviste en


el equipo este año así que has sido parte de tres campeonatos. Has ganado
millones de dólares. Tu tío me dijo que has hecho buenas inversiones, y sé que
tu ex se llevó la mitad, pero todavía tienes otros negocios…

Él no apreciaba ser atacado por sorpresa en el campo, o en los negocios, y


mucho menos con los amigos. Su espalda se puso recta.
—Verás, tienes un poco de ventaja sobre mí, Katie. Yo no tengo idea de tu
estado financiero.

Ante esto, Katie soltó una risa ligera.

—Tengo una pensión por fallecimiento y un cheque que me manda la finca de


la posada. —Rodó los ojos—. Tengo mi título, y podría conseguir un trabajo a
tiempo completo, pero me gusta la flexibilidad que tengo con Josh ahora. —Se
encogió de hombros—. ¿Piensas que soy estúpida? Creo que todos a mi
alrededor piensan que soy estúpida por no mudarme a una ciudad y conseguir
un trabajo a tiempo completo, así no tengo que vivir en este lugar de mala
muerte. Mis padres incluso me preguntaron por qué sigo aquí. Quieren que
me mude a Salt Lake y me haga más vendible. —Volvió a encogerse de
hombros—. Pero me gusta vivir aquí. Me gusta conocer a Henry, a la Sra. K y
a todas las personas de esta ciudad. Me gusta que la gente me conozca a mí,
aunque sea difícil. Aunque me den trabajos que no quiero. —Las comisuras de
sus labios se alzaron—. Me gusta que Josh se sienta a salvo.

—No creo que seas estúpida —dijo él rápidamente—. Créeme, eso no es ni de


cerca en lo que estoy pensando.

—¿Entonces en qué estás pensando?

No le contestó. En cambio, dijo:

PÁGINA 115
—Creo que tengo una pregunta.

Sus miradas se encontraron, y toda la actitud bromista se detuvo. Katie


parpadeó con rapidez.

—Adelante.

De repente, él tenía las palmas sudorosas, y se las secó a los costados de las
piernas como lo haría en una reunión del equipo previa a una jugada. Su
corazón latía acelerado, y aún no podía entender cómo Katie podía empujarlo
al borde.
—Creo que eres una de las mujeres más hermosas, fuertes y asombrosas que
he conocido en mi vida.

Los ojos de Katie se agrandaron.

—Eso no fue una pregunta.

Una sonrisa se formó en los labios de Roman.

—Estaba guardándomela.

Ella alejó la mirada.

—¿Crees que soy hermosa?

La certeza lo inundó. Dio un paso más, acercándose a ella.

—Lo eres. Y que no alardees de ello te hace aún más hermosa.

Katie se sonrojó.

—Ni siquiera sabría cómo hacerlo. Pero —dijo, volviendo a mirarlo—, no


deberías decir eso.

Aprovechando la oportunidad, él tomó su mano.

—Sé que has pasado por un montón de cosas.

PÁGINA 116
Ella frunció el ceño y bajó la mirada a su rodilla.

—¿Cómo sabes que la próxima vez que te golpees no será tu cuello el que se
rompa?

Se alejó de ella. No necesitaba escuchar esto.

—¿Estamos de vuelta con esto?

Ella dejó salir un profundo suspiro.

—Roman, no me importa. Yo solo… creo que tu vida es más importante que el


fútbol.
Ese era el argumento usado por todas las madres que observaban a sus hijos
jugar al fútbol, la suya incluida.

—¿No crees que conozco los riesgos? —Él estaba enojándose y no sabía
exactamente por qué. Escuchaba acerca de los riesgos todos los días, en las
noticias y en redes sociales—. ¿No crees que sé las probabilidades de sufrir
conmociones cerebrales y todo lo demás?

Los ojos de Katie se entristecieron. Se tomó un segundo, y luego alzó la mirada


hacia él.

—Mi punto es que ya tienes suficiente dinero. Renuncia. Aún estás en muy
buena forma y tienes una vida por delante. Como tu amiga, te pido que no
vayas allá afuera para lastimarte o dejar que algo más te suceda. Una rodilla
no es nada, pero otras cosas son algo. —Ella alejó la mirada y luego volvió a
posar sus ojos en él—. No me gustan los hombres que se mueren antes de lo
que deberían.

La lamparita se encendió en su cabeza. Por supuesto. Su marido. Dudó un


momento, pensando en cómo ella lo había llamado su amigo. La analizó. La
única cosa que sabía con seguridad en ese momento era que quería ser más
que su amigo. Pero a pesar de que ella acaba de decir que pensaba en él como
un amigo, se había dirigido a él con más honestidad y cariño que nadie más
en un largo tiempo. Su agente, por supuesto, nunca querría que él renunciara.

PÁGINA 117
Sheera ni por asomo había querido que él lo dejara. El fútbol americano había
sido su vida, su sueño, todo lo importante. Representaba todo lo que le
importaba. Por supuesto, también quería otras cosas. Quería una esposa que
lo amara y a quien él pudiera amar. Quería niños, un montón de niños.

—Ni siquiera sabría qué ser si no fuera… esto.

—Cualquier cosa.

—¿Cualquier cosa? —Roman no podía imaginarse a sí mismo haciendo


cualquier otra cosa.
—Bueno, conozco una posada genial. —Ella sonrió—. Podrías quedarte a
ayudar a hacer algún trabajo de remodelación. —Volvió a sonreír—. Unirte a
las filas de sobre- capacitados y mal- pagados.

Toda la adrenalina de antes se drenó de su sistema. Lentamente, alargó una


mano para tomar la de Katie.

—¿Tendría que trabajar para ti?

Ella dejó salir una risa ligera.

—Estoy acostumbrándome a que me llames jefa.

—También está eso. —El corazón de Roman se aceleró, y no pudo contener la


tentación de mirar sus labios. Sus labios perfectamente formados que no
llevaban maquillaje. Luego la miró a los ojos. Todo lo que quería hacer era
besarla. Que ella se derritiera contra él.

Pero no haría eso. No esa noche. No de ese modo. Mañana era el aniversario
de la muerte de su esposo. No. No. No.

Se miraron fijamente a los ojos. A un suspiro de besarse.

—Cobarde.

—¿Qué? —Dejó salir un suspiro, el trance roto.

PÁGINA 118
Ella se alejó.

—Bueno, he estado aquí, sosteniendo tus manos, mirándote a los ojos,


dándote todas las señales de que una chica quiere besarte. Pensaba que el
gran Roman Young se daría cuenta.

Ahí estaba. Ahí estaba ella. Él rio. Justo cuando pensaba que Katie era
vulnerable, lo tomaba por sorpresa.

Señalándola con el dedo, la atrajo hacia él.

—Si vamos a besarnos, voy a dejarte estar a cargo.

Katie alzó la comisura de los labios.


—¿Ah, ¿sí?

Se acercó aún más a ella.

—Sí.

Ella le soltó las manos, para recorrer su muñeca izquierda, su brazo, y luego
deslizarse sobre su hombro.

—Primero tengo una pregunta.

Roman estaba bastante seguro de que la velocidad de su corazón podría


romper una de sus costillas.

—¿Otra pregunta?

—¿Cuántas mujeres has besado?

No había esperado eso.

Ella hizo una mueca.

—Así de mal, ¿eh?

—Yo…

Ella lo interrumpió poniendo un dedo gentil en sus labios.

PÁGINA 119
—Olvídalo, no quiero saber.

—¿Cuántos chicos has besado tú? —susurró.

—Trece —contestó ella de inmediato.

Eso lo hizo reír.

—Supongo que estabas lista para la pregunta.

—Nunca debes preguntar algo que no estás listo para responder tú mismo. —
Inclinó la cabeza hacia un costado—. Pero eso incluye a Jimmy Smith, mi
primer beso cuando era niña.
Ella estaba sonriendo, y él no pudo contenerse e inhaló su esencia a limón,
alargando el momento. Por supuesto, aún estaba mirando sus labios.

Katie le dio un empujoncito.

—¿Quieres una pregunta?

No. Quería besarla, pero había prometido que la esperaría. Su mente aturdida
buscó una pregunta.

—¿Te gusta Dallas?

Ella soltó una risa suave.

—Los Destroyers.

—Quiero decir, en general.

—Bueno, de hecho, nunca he estado en Dallas. Lo más lejos que he llegado es


a Orlando. John y yo fuimos ahí en nuestra luna de miel. —Ella rio—. Agh, lo
siento. Siempre terminamos volviendo al pasado, ¿cierto?

Él rio, su mente repasando su vida anterior con Sheena. Katie era tan
diferente. Roman se sentía una persona completamente distinta estando con
cada una de ellas.

—Un penique por tus pensamientos.

PÁGINA 120
Roman se tocó el bolsillo.

—No tengo peniques.

Ella le acarició gentilmente la mejilla y acomodó su cabello.

Él estaba ardiendo. Cerró los ojos.

—¿Todavía la amas, Roman? ¿A tu ex?

Abrió los ojos, el fuego se congeló ante la mención de Sheena.


—Honestamente, no creo que lo que teníamos Sheena y yo pudiera clasificarse
como amor. Pensé que lo era, pero mientras más lejos estoy de ella, más lo veo
por lo que en realidad era.

—¿Qué era?

—Era diversión. Diversión todo el tiempo, y yo estaba encantado con lo que


significaba ser un jugador de fútbol americano profesional. Pero era vacío.
Recuerdo pensar, una vez, que se sentía como si viviéramos solo para las
cámaras. Para construir su carrera de modelaje, para construir mi imagen. —
Se encogió de hombros—. Era vacío. Muy, muy vacío.

Luego la otra mano de Katie subió por su muñeca derecha, su brazo, y su


hombro. Se escuchó suspirar, y entrelazó las manos detrás de la espalda de
Katie, acercándola más a él, disfrutando su olor.

—Mmm.

Ella rio.

—Suenas como si quisieras comerme.

Él inclinó la cabeza hacia un costado.

—Creo que tu sabor será a tarta de limón.

PÁGINA 121
Ella se rio por lo bajo, echó la cabeza hacia atrás y se acercó más a él.

Roman no podía seguir resistiendo sus labios por mucho más tiempo. Le
gustaba estar así de cerca. A centímetros, milímetros. Justo allí. Todo lo que
tenía que hacer era poner sus labios sobre los de ella.

Ambos respiraron, el aire eléctrico entre ellos.

—Roman —susurró ella.

—Sí —contestó susurrando, alzando una mano y deslizándola por el cabello de


Katie que caía por su espalda—. Me encanta tu cabello, por cierto.
—¿En serio? —Sonrió, sus dientes perfectamente blancos, sus labios
perfectamente besables.

—En serio. —Él esperó.

Los ojos de Katie se cerraron por un momento.

—¿Puedo decirte algo?

—Mmm… Mmm. —Aún estaba acariciando su cabello.

Ella parpadeó.

—Mi terapeuta dijo que, si tengo sentimientos por otro hombre, en algún
momento, es algo normal. Algo bueno.

Su mano se quedó inmóvil sobre su cabello. De repente, ella lucía asustada. Él


se derritió por dentro.

—Katie, no tenemos que besarnos. Podemos tomarnos las cosas tan lento
como quieras.

Las comisuras de sus labios se alzaron.

—¿Alguna vez estás nervioso cuando juegas de mariscal de campo, cuando


tienes que mantener el control de la pelota?

PÁGINA 122
Roman podría jurar que sentía el latido del corazón de Katie contra él. Un
estremecimiento la atravesó.

¿O lo había atravesado a él? Dudó.

—La última jugada.

Ella se inclinó hacia atrás para mirarlo más directamente.

—¿Qué?

—Mi tío Jim solía decirme, incluso cuando estaba en la pequeña liga de fútbol,
que debes realizar cada jugada como si fuera la última. Como si fuera la
última jugada para conseguir el touchdown que haría que ganaras el partido.
Si juegas así, luego cuando sea la última jugada, no estarás nervioso.

Ella sonrió.

—¿Esta es la última jugada?

Roman sonrió.

—Contigo, Katie Winters, estoy teniendo que dar todo de mí en cada jugada,
pero espero que esta me lleve al touchdown.

Ella alzó una ceja.

—¿Touchdown?

Él suspiró.

—Bueno, al menos al primer intento.

Ella rio y miró sus labios.

—Averigüémoslo.

Un golpe repentino se sintió en la puerta.

Katie se alejó de un salto, como si hubiera despertado de un trance. Fue


rápidamente hacia la puerta.

PÁGINA 123
—Oh, Dios. —Abrió la puerta, el aire frío que entró hizo que la habitación se
sintiera incómoda—. Lo olvidé por completo.

Lou estaba allí de pie. Con el equipo de Carhartt, un gorro de lana en su


cabeza y grandes guantes negros, sus ojos fueron de Roman a Katie.

—Oh, no me di cuenta de que interrumpiría algo.

—Está bien. Pasa. —La voz de Katie había pasado de susurrar


vulnerablemente un segundo antes a sonar calmada.

Lou dio un paso adentro, manteniendo sus ojos en Roman. Él se enderezó, sin
ser grosero, pero sin ofrecerle ningún tipo de conformidad a Lou. Su cabeza
daba vueltas. ¿Había algo entre Katie y Lou? Creía haber detectado algo entre
ellos en la cena, pero ella no había dicho nada acerca de su posesividad.

Lou paseó la mirada por la habitación, soltando un largo resoplido.

—¿Cena? ¿Le preparaste una cena la noche de películas?

Román observó el ceño fruncido que oscureció el rostro de Katie, y, cuando


ella se giró de vuelta hacia él, vio que sus mejillas habían enrojecido.

—Basta, Lou. Somos amigos, está bien. Y tú y yo también somos amigos.

—Amigos. —Lou hizo una mueca—. Yo estaba ahí cuando tu marido murió. —
Apretó la mandíbula—. Caramba, Katie, yo era su mejor amigo. Y tú estás
aquí con él cuando mañana… —Su voz se apagó y Roman vio la emoción en
sus ojos.

Ahora las mejillas de Katie no estaban solo enrojecidas, estaban color bordó.
Se giró para enfrentar a Roman.

—Lo siento.

Yendo a buscar su chaqueta, Roman asintió con la cabeza.

—No hay problema. Gracias por la cena, y dile a Josh que le daré esa pelota
mañana.

PÁGINA 124
Ella abrió la puerta y le susurró al pasar a su lado:

—Supongo que a veces es mejor no saber cómo termina esa última jugada.

Él se detuvo, encontrando su mirada.

—No, siempre es mejor hacer la jugada.


CAPÍTULO 12
Traducido por Bella’
Corregido por Cat J. B

e acostó en la cama de colchón ajustable y observó la noche por la


ventana. La Sra. K había pasado por aquí antes con una bandeja
cubierta de papel aluminio. Cuando admitió que había cenado en
casa de Katie, ella solo respondió con un guiño y luego puso la comida en la
nevera para el día siguiente.

Se había quedado veinte minutos, y se habían sentado en la gran mesa de


roble hablando sobre Henry y sus hijos. Se dio cuenta de lo normal que se
sentía todo eso.

Como un… hogar.

Ahora se sentía solo. Honestamente, incluso cuando estaba casado con

PÁGINA 125
Sheena, se sentía solo. Solo con sus pensamientos. Por supuesto, él y Sheena
habían tenido una relación física increíble, pero... nunca habían sido amigos.

No de verdad.

Cierto, después del divorcio, se había quedado sin nadie con quien ir a cenar,
al cine y a diversos compromisos sociales. Pero no había echado mucho de
menos a Sheena.

Pensó en los últimos dos días con Katie. Habían conectado. Reído. Bromeado.
Jugado. Se sentía como una amiga.

Ella era su amiga, se dio cuenta. Tal vez la única verdadera amiga que tenía.
Sus pensamientos se desviaron hacia Katie otra vez. Cómo lo engañó para que
cargara el deslizador. Cada. Vez. De acuerdo, no siempre lo había engañado, y
había sido divertido.

El sonido de su risa le había hecho hacer las cosas más locas.

Se convertirían en algo más. No era solo que se sintiera atraído por ella.
Principalmente atraído por ella. No. Era algo... se sentó de golpe en la cama.
Estaba enamorado de ella.

No debería ser una sorpresa, pero lo era. No lo esperaba en absoluto.

Empujó las mantas y miró por la ventana. Eran las dos de la mañana, pero no
le importaba. Para eso estaban los agentes. Marcó el número de Jake.

Jake respondió al segundo timbre.

—¿Qué haces llamándome a esta hora?

—Dijiste que podía llamarte en cualquier momento, lloviera o hiciera sol. ¿No
fue esa tu cursi oferta la primera vez que firmé contigo?

Escuchó el sonido de las mantas arrastrándose.

—¿Qué estás haciendo, Jake?

—Oh, bueno, ¡estoy durmiendo! Cielos, pero como te tengo al teléfono,

PÁGINA 126
hablemos. Así que, ¿volverás pasado mañana para la reunión, verdad? Lo
tengo todo arreglado para las cuatro en punto. ¿Tienes tu vuelo reservado?

—No.

—¿No tienes tu vuelo?

—No.

—Bueno, ya te consigo uno.

—No. Espera. No sé.

—¿Qué quieres decir con que no sabes?


Suspiró y pensó en cómo se sentían las manos de Katie en las suyas. Lo
encantadora que olía. Lo mucho que le gustaban las donas a Josh, y el hecho
de que ambos tenían padres que habían muerto.

—Necesitaré un par de días más con esta nieve. ¿Puedes reprogramarlo con
los dueños? —Honestamente, no podía creer que se sintiera tan tranquilo con
esto.

Jake dejó salir lo que solo podía compararse con un grito de guerra de los
klingon5 de Star Trek.

—¿Necesito enviar un helicóptero a este pueblucho? No lo sé. ¿Dónde estás?


Los dueños siguen diciendo que están listos para anunciar quién va a liderar
el grupo el próximo año. Creo que eres tú. Lo siento en mis huesos.

Roman no contestó, solo caminó por el porche congelado.

—¿Y si me salgo? ¿Qué significaría eso?

—¿Salir? Estás en la cima de tu juego.

Miró hacia su rodilla.

—¿Y si la próxima vez es más que una rodilla?

—¿De qué estás hablando? ¿Es sobre tu tío? ¿Sobre la muerte y morir?

PÁGINA 127
¡Vamos, hombre, no vas a morir! Mírate, estás en la mejor forma de tu vida.

Roman escuchó a su agente continuar dando el discurso. El que todos los


jugadores y agentes daban. El de tener tres metros de altura y ser un
superhombre. No pasaría nada. Había cosas en el contrato en caso de que
sucediera. Pero no sucedería.

Fue extraño. Por primera vez desde que leyó la carta de su tío y pensó en cómo
sería su vida sin el fútbol, pudo ver una imagen clara de ese futuro. Y esa
visión involucraba a Katie Winters y al Alaskan Inn.

5Kinglon: son una raza de humanoides del universo Star Trek. Fueron los enemigos
principales en la serie original.
CAPÍTULO 13
Traducido por Walezuca
Corregido por Maga

la mañana siguiente se levantó temprano. Cuando revisó su reloj,


eran las seis treinta. Saltó de la cama. Necesitaba correr, hacer
algo físico. Se puso su ropa de nieve y se fue al granero, el grande
con la radio. Empezó a apilar esa enorme pila de madera donde Katie había
mencionado que necesitaba apilarse.

Por supuesto, una vez que pensó en ella, no podía dejar de pensar en ella.
Katie. Fuerte, como un corredor de maratón con músculos delgados. Muy
femenina. Sus ojos brillaban, pero también a veces eran tristes, especialmente
cuando no sabía que la estaba mirando.

Pensó en la tumba de su marido y en la foto de ellos en la chimenea. Su

PÁGINA 128
familia. Suspiró, sintiendo un poco de tristeza él mismo. Nunca sería ese
hombre para ella. Entonces estaba inmensamente irritado. ¿Por qué siquiera
estaba pensando en eso?

Todos los pensamientos que anoche habían pasado por su mente eran
ridículos. ¿Por qué renunciaría a la oportunidad de terminar su carrera?
Bueno, no lo haría. Estaba aquí para vender este lugar. Cuando el estúpido
abogado atravesara la nieve, él firmaría los papeles. Los deseos de su tío
estarían satisfechos, había venido, había visto, se iría. De vuelta a su vida.

Las fotos de su chimenea se deslizaron de nuevo en su mente. Frustrado, fue


a través de los bolsillos Carhartt, sacó su teléfono, y reprodujo un poco de
música de rock, pero los pensamientos de ella regresaron. No se veía tan
delgada en sus fotos como se veía ahora. Era demasiado delgada en su mente.
No es que no entendiera lo que hacía que las mujeres quisieran ser delgadas.
Sheena había estado obsesionada con ello. Esa es parte de la razón por la que
nunca cocinó, alegando que no quería engordar. Pero no Katie. No, todo lo que
podía decir después de la comida de anoche era que la chica podía cocinar. Su
estómago se quejó mientras pensaba en el pan casero.

Pensó en andar en trineo con ella. Se habían divertido ayer. Hizo una pausa y
se limpió el sudor de su frente. Eso fue más divertido de lo que había tenido
en el tiempo que podía recordar. Un revuelo nervioso lo atravesó mientras
pensó en Lou. Levantó una gran pieza de madera a través del granero y luego
inmediatamente se rio de su comportamiento Neandertal. Estaba celoso de un
hombre del que casi no sabía nada.

Un golpecito en su hombro lo mandó saltando, arrojando madera por todo el


lugar.

—¿Qué pasa, M.C.? —La risa de tono alto sonó a través del aire.

Katie. Se quedó allí, sonriendo como una niña en Navidad.

Mirándola, alzó sus manos.

PÁGINA 129
—¿Es así como logras divertirte?

Ella se rio más fuerte. Saltó hacia arriba y hacia abajo y secó las lágrimas de
los bordes de sus ojos.

—No creo que haya visto algo tan gracioso.

—Oh sí. —Él pensaría que ella se sentiría mal por haberlo asustado hasta la
muerte y arrojando la mitad de la carga que había apilado, pero ella estaba
tan feliz. Y, por alguna razón tonta, eso hizo que el centro de su pecho se
sintiera feliz.
Ella se quitó la ropa de nieve y él vio que estaba vestida como normalmente,
pantalones de yoga, pero esta vez llevaba una camiseta descolorida de los
Destroyers.

—¿Por lo tanto, supongo que estamos trabajando en apilar esta leña hoy?

Él recogió más leña.

—Bonita camisa.

Arrojando un trozo de madera en la pila, ella levantó un hombro.

—Pensé que te daría una oportunidad.

Calor lo llenó. La miró; sin siquiera tratar de detener la sonrisa que estaba
seguro llenó todo su rostro.

—Así que, ¿cómo estuvo Lou anoche? —Él estaba tratando de sacarlo de una
manera muy casual, pero ya se sentía incómodo.

Ella arrugo su nariz y asintió a la madera dispersa.

—¿Podemos trabajar un poco?

Silenciosamente concediendo, él tomó un trozo de madera y lo arrojó hacia la

PÁGINA 130
pila. Ambos trabajaron codo a codo durante unos veinte minutos. Ella trabajó
duro, lo que le hizo trabajar más duro solo para demostrar que no sería
superado.

—Gracias de nuevo, por lo de anoche. —Él hizo una pausa y se limpió la frente
en medio de lo de arrojar cosas.

Ella arrojó otro trozo de madera.

—Me alegro de que hayas venido. Josh tuvo un buen momento.


Por supuesto que él se dio cuenta de que había dicho Josh, no ella. El rostro
de Lou brilló en su mente.

—Josh es un buen chico. —Era verdad. Le gustaba.

Al hablar de Josh, ella sonrió.

—Lo es.

—Has hecho un buen trabajo. —Él arrojó otro trozo de madera en la pila.

Teniendo cuidado de ir alrededor de su camino donde estaba tirando toda la


madera, ella se movió hacia él.

—Gracias por estar interesado en él. No puede esperar para mostrar a todos
los niños su pelota, firmada por el gran Roman Young.

Él se detuvo.

—Está en la mesa del hotel. —No quería olvidarse de dársela.

Ella asintió, alcanzando una botella de agua y luego tomando un largo sorbo.

—Sinceramente, Josh lo ha hecho excepcionalmente bien. Creo que


posiblemente fue porque yo era un desastre después de que su padre... —Ella

PÁGINA 131
se detuvo.

Hoy. El día que murió. Consideró.

—¿Qué pasó?

Ella vaciló.

—Te dije como tu tío empezó a pagarme antes de empezar a trabajar.

Él asintió.
»Bueno, no sé lo que habría hecho sin ese dinero. Yo... estaba perdida, ya
sabes. Durante unos meses solo me moví por inercia… llevar a Josh a la
escuela, limpiar la casa, ir a cenar, luego ir a acostarme y levantarme con mi
alarma para cuando saldría de la escuela. Si no hubiera tenido Josh... no sé lo
que habría hecho. —Lágrimas brotaban en sus ojos y luego negó con la
cabeza—. De todos modos…

Él interrumpió:

—Entonces te lanzaste como una maniática al hotel. —Ahora lo estaba


entendiendo. El por qué este lugar era tan importante para ella.

Ella lo miró fijamente y luego se rió.

—Supongo que sí. —Ella movió su dedo—. Eso es lo que me gusta de ti.

Sin aceptar bien el cumplido, sabía que se estaba sonrojando.

—Gracias, pero no lo digo como es todo el tiempo.

Ella se rio de nuevo.

—Eres bastante honesto para un jugador de fútbol.

PÁGINA 132
Al instante, pensó en el hecho de que le había estado mintiendo, al menos sin
decir toda la verdad, razonó.

—En realidad no.

—No, en serio, ha sido muy bueno tenerte aquí los últimos días. Creo que la
anticipación de algo es siempre más difícil que la cosa real, ¿no? —continuó
ella—. Si puedo pasar hoy, entonces estaré bien. —Parpadeó lejos más
humedad de sus ojos.

Antes de que él pudiera detenerse, la empujó en un abrazo.

—Lo harás. Vas a estar bien, Katie Winters.


Permaneciendo en su contra durante unos segundos, él pudo sentir su
respiración profunda.

Luego se apartó.

—Sabes que he visto las cosas de los medios de comunicación sobre ti, y creo
que todo salió fuera de proporción.

Ahora él sabía que se estaba sonrojando. Arrepentido corrigió.

—No todo era una mentira. He hecho cosas de las que definitivamente no
estoy orgulloso.

Ella frunció el ceño.

—Mi consejo es no tomarlo tan duro sobre ti mismo. Eso es lo que aprendí de
mi terapeuta. Déjate libre de culpa algunas veces. La culpa, la ira y el
arrepentimiento pueden comerte vivo. Solo tienes que bajar la cabeza y
trabajar duro, eso parece ayudar más que nada.

La culpa tiró de su conciencia. Ella pensaba que era un buen hombre. Debería
decirle que estaba planeando vender el hotel, pero, egoístamente, quería pasar
un último día con ella antes de que se enterara.

PÁGINA 133
—Vamos a almorzar.

Ella miró hacia abajo a su reloj deportivo.

—Ni siquiera son las diez.

—Exactamente, hoy no he comido, y tu estas demasiado delgada.

Ella puso los ojos en blanco.

—Lo que sea.


CAPÍTULO 14
Traducido por katherin
Corregido por Maga

l almuerzo fue en un lugar de pizza. Uno que estaba unido al centro


de esquí. Era mucho más elegante que el Café Lizard o Wolfe's
Haven. Este lugar era todas mesas y sillas de acero inoxidable.
Sofás elegantes de cuero negro alrededor de chimeneas de gas. Enmarcado, el
arte en acuarela se alineaba en las paredes. Roman pensó en lo mucho que a
Sheena le gustaba pujar por cosas como esta. Su casa estaba llena de formas
y colores sin sentido. Lo odiaba.

Katie se había girado hacia él de camino a la entrada y se encogió de hombros.

—Este lugar no se siente hogareño, pero tiene la mejor pizza de la ciudad.

Un par de esquiadores estaban sentados, bebiendo café, todavía con las botas

PÁGINA 134
puestas. La mayoría solo tomaban descansos entre carreras.

Fueron a una mesa abierta al lado de una gran ventana que daba al lado de la
montaña. Una camarera tomó su orden y Roman no pudo evitar sentirse
decepcionado cuando el tipo de las noticias en la gran pantalla plana sobre
ellos anunció que los caminos hasta Wolfe Creek estarían despejados para el
final del día y disponibles para los esquiadores.

Ella lo miró y se quitó el abrigo.

—Probablemente estés contento con lo de las carreteras.


Tomó un sorbo de agua y le dedicó una sonrisa.

—¿Por qué dirías eso?

—Así podrás volver. Esta ciudad probablemente se ha sentido... pequeña.

La forma en que el sol golpeaba su cabello y sus ojos verdes se veían tan
abiertos y felices de estar sentada aquí con él, le hicieron desear poder
inclinarse y tomar su mano. Era hermosa. Sin maquillaje. Sin glamour. Todo
en ella era hermoso. Llevaba su cabello atrás en una trenza en la parte
posterior de su cuello. Sentada aquí con su camiseta de los Destroyers,
parecía más joven que la noche anterior. El latido de su corazón cobró
velocidad.

—En realidad, realmente he disfrutado estar aquí. Te ves bien hoy, por cierto.

Inmediatamente, ella frunció el ceño y luego miró por las grandes ventanas de
vidrio a un lado de ellos que mostraban una hermosa vista del centro de esquí.

—Tienes tu gran reunión con los dueños mañana, ¿verdad?

Esto lo tomó por sorpresa. No debería haberlo hecho. De acuerdo, los medios
lo cubrían bastante intensamente.

PÁGINA 135
—Mmm. Sí. —Vaciló—. Pero te ves bien —insistió.

Ella todavía no lo miró.

—Roman, no creo que debas estar diciéndome esos cumplidos. Quiero decir...
especialmente por lo de hoy y todo.

¿Cómo podría ser tan estúpido?

—Lo siento —dijo rápidamente. Estúpido. Estúpido. Estúpido. La estaba


agazapando en el aniversario de la muerte de su marido.

Fue solo incómodo por un par de minutos. Luego ella le devolvió la mirada.
—Entonces, ¿crees que los dueños te volverán a poner como titular?

—Creí que pensabas que ni siquiera debería jugar.

—Yo no. —Ella sonrió—. Pero puedo o no haber revisado Google anoche.

La felicidad lo llenó.

—¿De verdad?

—No veas más de lo que es, M.C. —se burló.

Típico de lo que había llegado a esperar entre ellos, simplemente se miraron


fijamente a los ojos por unos segundos. Le parecía completamente extraño lo
normal que se sentían con ella. Casi como el destino. Como si estuvieran
destinados a encontrarse.

—Todavía no me has contado qué pasó con Lou.

—¿Te gusta ahí? ¿En Dallas?

Sabía que estaba evadiendo la pregunta, pero la dejó. Reclinándose en su silla,


estiró las piernas y sostuvo su vaso de agua.

—Amo Dallas. —Esa fue la respuesta honesta. Evaluándola tomó un sorbo—.

PÁGINA 136
¿Te irías alguna vez?

—¿De Wolfe Creek? —Ella giró bruscamente su atención.

Él sonrió.

—¿O deberíamos decir…La Meca, tu ciudad natal?

Ella dejó escapar un suspiro.

—Mis padres quieren que lo haga. Siguen preguntando por qué sigo aquí. —Se
encogió de hombros—. Ya sabes, todo lo de estar sobrevalorado para ser una
“encargada de la posada”.
En este punto, y por alguna razón desconocida, su respuesta significó mucho
para él. Su corazón se aceleró, y sintió que estaba al margen esperando
regresar al juego.

—Entonces, ¿te irías? —repitió.

El momento fue lento, y sus ojos se encontraron. Algo pasó entre ellos. Algún
tipo de energía que lo dejó sin aliento. Parecía vulnerable y como si la única
cosa que podría querer... podría ser él. Luego miró hacia abajo.

—No.

No. ¿No?

—¿No?

Sus ojos se encontraron de nuevo, y ella apretó la mandíbula.

—Este es el hogar de Josh. Ya no tengo marido con quien tomar las


decisiones. Sobre donde hacer un hogar, pero tengo este lugar. Quiero darle a
Josh esa estabilidad. Así que me quedaré aquí.

Los nervios lo atravesaron. En algún lugar, en el fondo, él lo sabía.

PÁGINA 137
—Puedo entender eso. ¿Es por Lou?

Su comida estaba puesta sobre la mesa. Cada uno de ellos tomó un mordisco
de pepperoni picante caliente.

»Sabe muy bien —comentó Roman.

—Bien —ella estuvo de acuerdo, comiendo con ganas.

—¿Bueno...? —No iba a dejar de escuchar lo que había sucedido con Lou. Se
sentía tonto, pero quería tener la oportunidad de saberlo.

Ella tomó otro bocado.


—Él... él me quiere. Quería hacer conocer sus intenciones “oficialmente”
anoche. —Citó con los dedos.

Eso desconcertó a Roman.

—Guau, eso es…

—Caballeroso —respondió por él y levantó la barbilla.

Soltó un pequeño suspiro.

—Eso es exactamente lo que iba a decir.

Ella rió.

—¿Así que no ha hecho un movimiento sobre ti antes? —inquirió, tomando un


bocado de pizza y preguntándose por qué sentía que estaba compitiendo por
ella.

Ella vaciló y luego dejó escapar un largo suspiro.

—Ha hecho un movimiento antes, pero sinceramente, estaba completamente


desinteresada entonces. Así que decidimos esperar un año. Como él mencionó,
era el mejor amigo de mi esposo. De alguna manera, era natural para él estar

PÁGINA 138
cerca después de todo. Me ayudó mucho. Luego comenzó a venir a veces.

—En la noche de cine, —Roman terminó por ella.

Ella puso los ojos en blanco.

—Debería haber pensado que vendría, lo siento.

Agitando su mano en el aire para desestimar su preocupación, tomó otro


bocado de pizza.
—Hace un par de meses le pedí que me dejase en el “salir conmigo”. Supongo
que miró anoche como una oportunidad para empezar a salir de nuevo.
Oficialmente.

—Oh. —Roman intentó no hacer demasiadas preguntas. Por ejemplo, por qué
tenía que pedirle que la dejase si estaba lista para entablar otras relaciones
ahora. Su corazón seguía latiendo a un ritmo inestable. Maldición, se sentía
como un adolescente.

—Mmm. —Trató de parecer casual, desinteresado. No estaba interesado.


Regresaría a Dallas y ella estaba... aquí.

Un destello travieso apareció en sus ojos.

—¿Qué?

Sorbio por la nariz y se limpió el rostro con una servilleta.

—Nada.

—No estás diciendo algo.

—Nada —respondió rápidamente.

PÁGINA 139
Ladeando una ceja, ella asintió.

—Entonces solo estás preguntando... como un jefe.

Él la señaló.

—Exactamente. Solo quiero saber si él puede arreglar cosas.

La mirada que le dirigió le dijo que no estaba completamente convencida.

—Entonces, ¿me estás manteniendo?

Él la miró, sin comprender por un segundo.


—¿Qué?

—¿Como gerente?

Sus ojos se veían brillantes y esperanzados. Instantáneamente decidió que


solo se lo vendería a alguien que aceptara mantenerla como gerente. Se
aseguraría de que estuviera allí.

—Por supuesto.

Ella asintió.

—Gracias.

Buscando otro tema, señaló el centro de esquí.

—¿Esquías?

Ella se burló:

—Podría avergonzarte, M.C.

Agradecido de que hubiera notado su incomodidad, volvió a caer en la broma


juguetona.

PÁGINA 140
—Hablas en grande, jefe.

Ella le guiñó un ojo.

—Estoy bastante segura de que puedo tomar a un chico de Texas. —Se veía
pensativa—. Pero no tengo esquís... ni pase.

Frunció el ceño, preguntándose la diferencia entre ella y las otras mujeres con
las que había salido. Siempre habían supuesto que pagaría. Siempre
asumieron que no solo pagaría, sino que también les compraría cosas.

—Vamos, vamos a conseguir el equipo. Te diré que. Pagaré si me haces una


apuesta.
Ella rió.

—No creo que tenga mucho que quieras.

Esto era justo lo que él quería.

—Si ganas, cocinaré la cena para ti y Josh. Si gano, cocinas.

Al mirarlo, ella apartó la pizza.

—Diría que solo quieres evadir el trabajo... como si no fueras el dueño del
lugar.

Él sonrió.

—¿Qué dices?

Ella frunció el ceño.

—No puedo esta noche.

El rostro de Lou cruzó por su mente.

—Oh, ya veo.

PÁGINA 141
Su rostro se puso en blanco.

—No es eso. Lou, quiero decir.

—¿Qué? —No había forma de que él se sonrojara. De ninguna manera—. Está


bien.

Ella parecía pensativa. Luego exhaló.

—Los abuelos de Josh le han pedido que se quede a pasar la noche.

—Oh. —Su mente dio un giro—. Bueno, supongo que solo podríamos ser tú y
yo.
Entonces la vio sonrojarse.

—Simplemente necesito estar sola esta noche.

La decepción surgió en su interior.

—Oh. —Intentó recuperarse y se levantó—. Entiendo.

Ella se levantó.

—Lo siento.

Sacó un par de billetes de su billetera y los dejó sobre la mesa, tratando de


cubrir la decepción.

—Está bien. —Todo lo que podía pensar era en el hecho de que se iría
mañana—. No es gran cosa. —Simplemente disfrutaría este momento. Con su
amiga.

Katie sonrió y se levantó.

—Vamos, M.C, puedo darte clases y aun así conseguir trabajar un par de
horas.

El calor surgió dentro de él.

PÁGINA 142
—Vámonos.
CAPÍTULO 15
Traducido por Walezuca

Corregido por Cat J. B

oman se sentó en el jacuzzi en el piso de su tío. Cómo necesitaba el


jacuzzi. Habían pasado la tarde en las laderas. Ella se lo había
puesto fácil en la pista de principiantes. Luego había volado en las
laderas reales, dejándolo atrás. Menos mal que no había aceptado la apuesta.
No sabía cómo habría cocinado esa noche.

Al menos, esa era la mentira que se decía a sí mismo. La nieve se había


detenido por completo, pero la vista del piso de su tío le quitó el aliento. Con el
clima despejado, podía ver la montaña y el centro de esquí. Podía ver un poco,
a la gente esquiando por la montaña. El sol se estaba poniendo, y era
impresionante. En calma. Tranquilo.

Era inusual que no revisara su teléfono a cada rato. O Facebook, Twitter,


algún reportaje de noticias. Pero hoy no lo había hecho. Había apagado su

PÁGINA 143
teléfono en el almuerzo, y no se había molestado en volver a encenderlo.

Se sentía como si hubiera pasado mucho tiempo desde que ansiaba venir a
Wolfe Creek y vender el Alaskan lo más rápido posible. Parecía menos
importante ahora. Era más importante asegurarse de que Katie estuviera
incluida en ese contrato.

Podía conservarlo si tenía que hacerlo.

El pensamiento había cruzado su mente en el último par de días, pero siempre


lo rechazaba. Lo único que sería difícil era si tenía que ver a Katie saliendo
“oficialmente” con Lou cuando viniera de visita. Ella y Lou se casarían,
tendrían hijos.... tenía que dejar de pensar en esas cosas o de lo contrario se
pondría muy deprimido. Además, aunque doliera, lo haría por Katie.

Después de salir del jacuzzi para tomar una ducha larga, comenzó a buscar su
bolsa de ropa.

Bien doblada en la cama estaba toda la ropa que había usado. Había una nota
encima de ella. “Pensé que Katie estaría trabajando contigo. La Sra. K.”

Su cuerpo se llenó de calidez. Esta señora, que estaba luchando contra el


cáncer, le lavaba la ropa solo para ayudarlo. Por alguna extraña razón, sus
ojos se llenaron de lágrimas. Ella había insistido en que no podía pagarle por
cocinar y ahora esto. ¿Qué había dicho Katie sobre ella el otro día? Que la
señora K necesitaba un milagro, y que le rompía el corazón pensar que podría
no llegar a conseguir uno.

Poniéndose la ropa, se aferró a su nota y después la colocó en su billetera,


tomando la decisión de hacerle una transferencia a su cuenta cuando volviera.

—Nunca se sabe cuándo aparecen los milagros, señora K.

Se puso un abrigo y bajó las escaleras. Sabía que había sobras en el


refrigerador, pero quería sentarse junto al fuego un rato. Lo había encendido
antes de meterse en el jacuzzi y ahora puso más leña.

PÁGINA 144
Sentado en el sofá, reflexionó lo agradable que había sido salir de los medios
de comunicación por un momento. Solo... vivir en el momento. Pensó en lo que
Katie había dicho antes, sobre cómo la próxima vez podría ser su cuello. Tenía
razón. Podría serlo. Era el miedo que todos los jugadores de futbol tenían:
lastimarse y no ser capaces de seguir jugando. Ella estaba en lo cierto al decir
que Roman tenía mucho dinero. También había estado comprando
concesionarios de autos y bienes raíces. Algo que había aprendido creciendo
pobre, era que deseaba nunca ser pobre otra vez.

Pero le encantaba el juego. La competencia era lo que lo había impulsado a


salir adelante estos últimos seis meses después de la lesión. Le gustaba ser el
mejor. Le gustaba la atención de los medios. Bueno, pensó en Sheena, tal vez
ya no le gustaba tanto.

Se sentía diferente. No solo por la muerte de su tío, sino también de estar aquí
los últimos días. Se sentía como si hubiera tenido una foto instantánea de lo
normal que podría ser su vida.

Se inclinó hacia delante y tendió las manos al fuego, ignorando los tirones de
hambre dentro de él. Deseaba que Katie estuviera aquí. Entonces se sintió mal
por desearlo. Ella necesitaba estar sola. Le daría eso. Había perdido a su
marido. Extrañaba a alguien que había construido una vida con ella a través
del trabajo, con preocupación y amor. El dolor lo inundó. Ella había tenido
amor. Por eso le había costado tanto levantarse de la cama. Por eso había
tenido que ver a un terapeuta. Porque sabía lo que era el verdadero amor.

Una lágrima rodó por su mejilla. No es que sintiera lástima por su relación con
Sheena. No. Había sido una estupidez por su parte. Sheena nunca había
fingido ser alguien más. Nunca había fingido ser como Katie. Era él quien
había sido diferente. Eso se sentía diferente ahora.

De la nada, hubo un golpe en la puerta.

PÁGINA 145
CAPÍTULO 16
Traducido y corregido por Cat J. B

ientras caminaba lentamente hacia la puerta, su corazón se


aceleró. Podía ser la Sra. K, pero de alguna forma sabía que no
era ella. Estuviera bien o mal, esperaba que fuera Katie. Abrió
la puerta.

Allí estaba ella con su traje de Carhartt y suaves risos de su cabello rojo
escapándose de su gorro. Se señaló los labios.

—No sé por qué me puse lápiz labial, así que no preguntes.

—Hola. —No sabía qué decir, ni cómo actuar. Ella se encontraba


emocionalmente frágil y ese era el día del aniversario de la muerte de su
marido.

Metiéndose adentro, le lanzó una bolsa en sus brazos.

—No deberías quedarte ahí parado con la puerta abierta. ¿No sabes que hace

PÁGINA 146
frío afuera?

Él retrocedió, saliendo de su aturdimiento, y agarró la bolsa.

—Hola.

Ella se quitó la ropa para nieve y la colgó, luego se quitó el gorro. Sus mejillas
estaban rosadas, y él cerró los ojos por un segundo e inhaló su esencia a
limón.

Dudando a su lado, ella alzó una ceja y se encogió de hombros.

—Pensé que podrías necesitar una cena. —Volvió a agarrar la bolsa y se fue
hacia la cocina.
La siguió y observó cómo sacaba un par de recipientes cubiertos con papel
aluminio: ensalada, pollo, y un arroz que olía increíble. No podía negar que
estaba hambriento, pero el hambre que sentía no era solo por la comida. No.
Apenas la vio en la puerta, otro tipo de hambre se había removido en su
interior.

Ello lo ignoró, preparando la mesa para dos. Encendió dos velas. Volvió su
mirada hacia él.

»¿Podrías encender el fuego aquí?

Hizo lo que le pidió con manos temblorosas. No sabía qué estaba pasando,
pero sabía que era algo más grande que él mismo. Eso era lo único que sabía.

Ella esperó en la mesa, y él notó que estaba usando un jersey de cuello alto
verde esmeralda. Con el cabello rojo y el lápiz labial, lucía como una modelo.
No del tipo de modelo que era Sheena —demasiado perfecta, excesivamente
arreglada— no, lucía como una muñeca de American Girl. Linda. Inocente.
Feliz.

»Siéntate —le ordenó.

Él se sentó.

Después de sentarse, ella alzó el tenedor.

PÁGINA 147
»¿No tienes hambre?

Él comenzó a comer, sin saber por qué estaba tan nervioso.

—No has dicho ni una palabra.

Sintió la garganta seca. Tomó un sorbo de agua.

—Gracias, esto luce genial.

Ella sonrió y lanzó su cabello sobre un hombro.

Pensó, otra vez, en lo atractiva que era sin siquiera intentarlo.

»Me alegra que estés aquí —susurró sin saber por qué.
Ella lo observó comer y luego tomó un sorbo de agua.

—Estaba sentada en mi cocina con un plato de cereal. Sin comer. Quiero


decir, ¿para qué debería cocinar si estaba sola? Una noche libre. Luego me di
cuenta de algo.

Él dejó el tenedor sobre la mesa.

—¿Qué?

Ella colocó su mano sobre la suya.

Su corazón saltó dentro de su pecho. ¿Qué estaba pasando?

Ella se rio.

—No me mires así, no me estoy lanzado a tus brazos ni nada.

—No estaba pensando en eso —contestó demasiado rápido.

Se rio más fuerte y alejó su mano para tomar un trago de agua y limpiarse la
boca.

—Sí que lo hiciste.

Él también rio.

—Está bien, tal vez lo hice, pero no te habría dejado.

PÁGINA 148
Una mirada de incredulidad cruzó por su rostro.

—¿Tú no me habrías dejado?

Un fuerte dolor se instaló en su estómago.

—No, no te habría dejado esta noche.

Ella recobró la serenidad y parpadeó.

—Gracias. Es que no quería sentarme ahí sola. Pensé que… —se interrumpió
y sacudió la cabeza—. Olvídalo.

Él tomó su mano con gentileza y entrelazó sus dedos.


—Hiciste bien en venir.

Ella sonrió, y él no podría haber sabido por cuánto tiempo estuvieron


mirándose a los ojos. Pero sí sabía que había estado en lo correcto antes. De
alguna forma, por el destino o por suerte, algo lo había traído al Alaskan Inn
para conocer a Katie Winters.

Ella se burló diciéndole que olía muy bien, él se burló diciéndole que olía a
limón.

—Ese es un pequeño capricho, consigo ese perfume cuando voy a Ogden. Me


hace sentir femenina.

Por alguna razón, verla tan vulnerable, tomando su mano, hizo que su deseo
de besarla fuera, en una escala del uno al diez, de un sólido ocho a un once o
doce.

—No necesitas el perfume para ser femenina.

Limpiaron la mesa, y luego él se ofreció a preparar el chocolate que encontró


en la mesada. Sabía que seguramente la había dejado la Sra. K.

—¿El gran Roman Young hace chocolate caliente? —se burló mientras
acomodaba los platos en la alacena.

Él chasqueó la lengua y sacó unas tazas y las llenó de agua caliente del

PÁGINA 149
microondas.

—¿Estás bromeando? Vas a recibir un especial Young.

—Está bien. —Katie rio, y luego agarraron sus tazas y fueron a la sala de
estar.

Él vio la pelota en la mesa.

—No te olvides de llevarle esa a Josh.

Ella la alzó, y sus ojos se llenaron de lágrimas.

—¿La que le diste a Jim?


Asintió.

—Es de mi primera temporada cuando los llevé al campeonato. Es un artículo


de colección.

—Gracias.

El sol se había puesto, y fueron hacia el sofá. Él agarró una de las pesadas
colchas y la colocó sobre las piernas de ambos.

Ella le dio un sorbo a al chocolate.

—Es buena.

Él sonrió y le dio un sorbo al suya.

—Lo es.

Mirando las paredes, ella dejó salir un suspiro.

—Estoy pensando que cuando remodelemos esta habitación, podemos dejar


algunas cosas.

Él se encogió de hombros y señaló con su taza el marco de la chimenea.

—¿Cómo ese viejo rifle? No, yo digo que saques todo. Deshazte de todo y
compra nuevas cosas.

PÁGINA 150
Ella alzó una ceja.

—¿Sabes que esa arma perteneció… veamos… a tu tatara-tatarabuelo que


luchó en la Guerra de Secesión?

El hecho de que ella supiera más acerca de su historia que él mismo lo


sorprendió.

—No sabía eso.

Sacudiendo la cabeza, ella sonrió.

—Además, era importante para Jim. Eso es motivo suficiente para dejarla
aquí.
Él tomó su mano.

—Entonces la dejaremos.

Ella sonrió.

—Entonces estamos de acuerdo.

—¿Qué otra opción me quedaba?

Ella rio.

Roman no podía explicar lo mucho que quería estar con ella, pero cuánta más
importancia tenía para él acompañarla esa noche. Esta era la noche de su
marido. Esta noche, él sería su amigo. Así que le preguntó acerca de él. Acerca
de ellos.

—¿Estás seguro que quieres escuchar esto?

Sí, estaba seguro.

—Por supuesto.

Así que ella le contó. Cómo crecieron juntos. Se enamoraron en el último año
de instituto. Se casaron apenas terminar el instituto y usaron todo el dinero
que tenían para comprar la granja.

PÁGINA 151
Ella suspiró.

—Hacíamos un buen equipo. Yo era buena organizando las finanzas. Él era


bueno con los animales, y ambos trabajábamos duro. —De repente, Katie
lucía triste.

Trató de animarla.

—Puedo ver que eres buena siendo organizada… o mandona. —Tomó otro
sorbo.

Ella luchó contra las lágrimas.


—Lo amaba tanto, pero… —Alejó la mirada de él—. Los últimos días contigo
han sido… —Se detuvo y sacudió la cabeza.

Con cuidado, él dejó su chocolate y alargó una mano para tocar su cabello.

—¿Qué?

Ella dejó su chocolate y tomó la mano que él tenía en su cabello para llevarla a
su mejilla. Roman no haría lo único en lo que había estado pensando toda la
noche. Respiró hondo y cerró los ojos.

—Cobarde.

Abrió los ojos.

—¿Qué?

—Tienes miedo.

Esto era increíble.

—¿De qué?

—De besarme. —Alzó la barbilla de esa forma desafiante.

Él se alejó, riendo.

—No puedo creer que hayas dicho eso.

PÁGINA 152
—Bueno, entonces tú dime, M.C.

El hecho de que su corazón se hubiera acelerado, como si estuviera a punto de


lanzar un pase, no significaba nada.

—Este es su día —susurró él.

Katie permaneció casi nariz contra nariz con él. Lo miró a los ojos.

—Lo sé… y sé que no debería querer esto.

—¿Pero lo quieres?

Ella parpadeó, y una lágrima rodó por su mejilla.


—Quiero que me beses. Eso es todo lo que sé.

Él se inclinó hacia delante. Sus labios tocaron suevamente los de ella. Tan
suavemente que podría haber sido un susurro. Pero se sorprendió cundo ella
puso sus brazos alrededor de su cuello y lo atrajo más cerca, profundizando el
beso. Ella enterró los dedos en su cabello, creando pequeños incendios en
cada lugar donde lo tocaba.

Durante ese beso toda su vida pasó frente a sus ojos. La vida que podría tener
aquí. Con ella. Con Josh. Con, sorprendentemente, un aluvión de niños
rodeándolos. Estaban aquí en la posada, dando la bienvenida a otras familias.
Probablemente esquiando juntos, andando en trineo, saliendo a cenar,
acurrucándose junto al fuego en las noches frías.

Entonces ella se alejó, trayéndolo de vuelta a la vida real.

Katie alzó la comisura de los labios.

—Tienes labial por todo el rostro. —Se levantó de un salto—. Déjame buscar
una toalla.

Poniendo las manos en su cintura, la atrajo de vuelta hacia él.

—Huh…uh.

Ella cayó contra él, riendo.

PÁGINA 153
Volvió a besarla.

—Me gusta tener labial por todo el rostro. —Inclinó la cabeza hacia atrás para
ver mejor su rostro—. Tú también tienes labial por todo el rostro.

Ella rio, y él la besó más, atrayéndola más cerca, deleitándose con la fragancia
a limón.

Lo siguiente que sabía, era que tenía una mano en su mejilla y estaba
delineando su mandíbula.

Ella se alejó un poco.


—Me alegro de no haberte disparado la otra noche.

Él rio y besó su frente con suavidad.

—También me alegro de que no me hayas disparado.

Él se levantó y puso otro tronco en el fuego y luego volvió a acurrucarse en sus


brazos, solamente abrazándola. Se sentía increíble. No quería dejar este lugar
nunca.

—Así que, ¿cómo fue esa jugada?

Vio la mirada burlona de Katie y sonrió.

—Diría que definitivamente logramos un primer intento.

—¿Ah, sí? —lo desafió.

—Bueno... —Acarició su cuello y le dio un pequeño beso en los labios—.


Recuerda que hay que calcular, pensar y luchar en cada jugada. —Volvió a
besarla.

Ella rio.

—Bueno, no piense que va a llevar esa pelota muy lejos, Sr. Young.

Volvió a besarla.

PÁGINA 154
—Lo dices por Lou.

Después de separarse de él, ella se rio aún más fuerte.

—Como sea.

Atrayéndola hacia adelante, le dio otro beso suave.

—Dime, ¿cuántos besos ha conseguido él?

A Katie se le escapó una carcajada.

—Y ahora demuestras ser solo otro deportista competitivo.


—Oye. —Se alejó, un poco ofendido—. No te considero un juego. Esto no es
juego para mí.

Ella se sonrojó.

—Voy a ser muy honesta contigo, Roman. No sé si mi corazón podrá


soportarlo si no es real.

La besó suavemente, colocando su cabello hacia atrás.

—Bueno, entonces hagamos lo que el tío Jim siempre decía. Miremos cada
oportunidad que tengamos de estar juntos como si pudiera determinar el resto
del juego. Hagámoslo bien.

Ella movió un dedo.

—Pero nada de touchdowns, por ahora. —Otro sonrojo.

Él sonrió.

—No, esperaremos para esa parte.

—Eres un buen hombre, Roman Young, aunque me hayas distraído del


trabajo estos últimos dos días.

Él suspiró.

PÁGINA 155
—Lo sé. Lo siento.

Ella suspiró.

—Está bien.

Mientras observaban el fuego con las manos entrelazadas, él se sintió lleno de


más esperanza y amor y alegría en ese momento que en toda su vida.

Luego, llamaron otra vez a la puerta.


CAPÍTULO 17
Traducido por Walezuca
Corregido por Cat J. B

oman se sorprendió al ver a dos hombres en la puerta. Un hombre


sostenía un maletín con un abrigo y un sombrero en la cabeza.
Sabía quién era, y se sentía como si le hubieran dado un golpe en
el estómago.

El hombre se inclinó hacia delante y ondeó al otro hombre para que entrara.

—Sr. Young. —Ofreció su mano para sacudirla, completamente sin aliento—.


Lamento mucho que haya tardado tanto en llegar aquí. El clima aquí es tan
impredecible, y no pude conseguir contactarlo en todo el día para hacerle
saber que estaba trayendo conmigo al nuevo dueño. Le presento al Señor
Stone. Es del este, pero saltó a la oportunidad de conseguir este hotel. —El
hombre estaba claramente nervioso y hablaba demasiado rápido.

PÁGINA 156
Roman no tuvo oportunidad de decir una palabra antes de que Katie se
levantara del sofá, su cabello rojo ya levantándose como un tornado feroz
preparándose para atacar.

—¿Qué?

—Katie…

Roman se movió hacia ella, tratando de tomar su mano, pero ella lo alejó,
enfrentando al abogado y al otro hombre.

—¿Eres el nuevo dueño? —Los acusó y luego se volvió hacia Roman—. ¿Nunca
planeaste mantenerlo?
Si la mirada de traición en su rostro en ese momento pudiera haber sido
embotellada y usada contra un ejército, Roman estaba seguro de que solo una
botella podría haber detenido las Cruzadas.

—¡Espera, solo escucha!

Pero ella ya se estaba poniendo su ropa de nieve y colocándose su gorro con


pompón.

—No. —Su voz tenía ese filo severo. El mismo filo que había usado la primera
vez que se habían visto.

—Katie, solo detente y escucha, por favor.

El Sr. Burcher no captó la indirecta, en lugar de eso comenzó a divagar.

—Bueno, ¿lo entendí bien, Sr. Young? Quería al nuevo dueño aquí lo más
rápido posible, ¿no? Sé que tiene que volver para la reunión de los dueños
mañana, su agente me llamó, insistiendo bastante en que hagamos este trato.

Katie empujó para pasarlos, luego se detuvo y se volteó, sus hermosos ojos
tristes, heridos y vulnerables por un segundo. Miró a Roman.

—Sí, ¿por qué no hacer el trato y luego volver a su vida real, Sr. Young?

Antes de saber lo que había pasado, ella estaba en la motonieve, volando por

PÁGINA 157
el camino.

—¿Sr. Young? ¿Todo está bien? —presionó el Sr. Burcher.

Tardó casi cinco minutos en explicarles la situación al Sr. Burcher y al Sr.


Stone. La verdad sea dicha, Roman sabía que debía sentirse mal por el Sr.
Stone, que había volado hasta aquí para concretar el trato, pero mientras se
ponía la ropa de nieve e iba detrás de Katie, solo podía sentir una cosa...

Remordimiento.

No lo había dicho desde el principio. Egoístamente, quería pasar tiempo con


ella. Luego, cuando decidió que quería quedarse con la posada, no se había
tomado el tiempo para llamar al pobre Sr. Burcher y hacerle saber el cambio
de planes.

Egoísta. Egoísta. Egoísta. Todo lo que Katie había dicho sobre él al principio.
Sí, era exactamente eso. No había tenido la cortesía de ser honesto con
ninguno de ellos.

Dio un giro en la esquina, esperando atraparla antes de que estuviera


demasiado enojada, antes de que las cosas se hicieran demasiado
desproporcionadas.

Solo le explicaría. Sí, había sido un idiota. Sí, había sido egoísta. Sí, ella tenía
razón sobre él.

Pero… él había cambiado. Quería cambiar. Quería estar con ella. Tenía que
tener eso. No sabía cómo, pero lo solucionaría. Podrían resolverlo juntos.

Cuando se detuvo y la encontró besándose con Lou en su porche delantero,


decir que había sido tomado con la guardia baja sería como decir que un
terremoto arrasando una casa era un simple inconveniente.

PÁGINA 158
CAPÍTULO 18
Traducido por katherin
Corregido por Cat J. B

uando las luces de su motonieve alumbraron la puerta, Katie se


apartó de Lou.

Si Roman hubiera podido ver la mirada salvaje y enloquecida en


sus ojos, o la mirada desconcertada en el rostro de Lou, podría haberse
calmado.

Pero no había podido ver nada más que ella besando a Lou.

Ella parpadeó hacia las luces.

—¿Roman?

Pero él ya estaba girando la motonieve para hacer un círculo y regresar a la


calle. Por supuesto, la mujer de la que él creía estar enamorado estaba

PÁGINA 159
besuqueándose con el mejor amigo su exmarido de la pequeña ciudad. Ella
tenía razón, no podría haber más clichés en esta ciudad.

Rojo fue lo único que pudo ver mientras aceleraba.

»¡Roman! —gritó ella detrás de él.

Si hubiera sido un hombre inteligente, habría llamado al Sr. Burcher y lo


habría hecho volver para firmar los papeles de inmediato.

Pero, ¿qué podría decir? Lo único que Roman hizo fue hacer las maletas y
dejar una nota para la Sra. K.

Llamó a su agente.
—Hola, Roman, ¿estás listo para regresar?

—¡Tráeme un taxi y reserva un vuelo que me saque de aquí lo antes posible!

PÁGINA 160
CAPÍTULO 19
Traducido por Walezuca
Corregido por Cat J. B
eis meses después

Le habían ofrecido el puesto.

Como titular.

El gran Roman Young llevaría a su equipo a otra victoria en el partido del


campeonato.

Mientras salía al campo para el primer juego de la pretemporada y observaba


la muchedumbre, la música, y la energía, nada de eso sentía como antes.

Su rostro brilló en su mente.

Una reportera le empujó un micrófono.

PÁGINA 161
—Estamos aquí con Roman Young, el mariscal de campo de los Destroyers.
Sr. Young, después de la rivalidad muy debatida entre usted y Dumont, diría
que el reciente encierro que se ha impuesto, quedándose fuera de los medios
de comunicación, lejos de las fiestas o las aperturas de galería y conciertos,
¿ha hecho que esto sea más fácil en el equipo?

El corazón de Roman latía a toda velocidad. La reportera tenía razón. Se había


aislado de los medios de comunicación y muchos de los otros jugadores,
insistiendo en que necesitaba concentrarse. Esencialmente se aisló del
mundo, eligiendo pasar el verano en su rancho fuera de Dallas. De hecho, era
un rancho en el que nunca había estado antes del verano pasado, pero solo
había regresado a Dallas a tiempo para empezar a entrenar con el equipo.
Había tomado una avioneta de un lado a otro, tomando lecciones y
aprendiendo a volar. Pero cómo podía responder que no le importaba hacer
nada más fácil a nadie, excepto a sí mismo. Su motivación para alejarse de los
medios de comunicación solo había tenido un propósito: tratar de sacar a
Katie de su mente.

Ella había intentado llamar, y él había borrado todos sus mensajes. No quería
escucharla y pensar en lo mucho que había sido herido.

—Sabes que ya no hablo con la prensa. —Trató de no estar tenso. Se


concentró en el campo.

—Lo siento, Sr. Young. Sé que ese es el rumor, pero hay uno nuevo que acaba
de filtrarse sobre Katie Winters.

Esto aumentó su presión sanguínea. Enfrentó a la reportera.

—¿Qué? —La idea de Katie siendo criticada en la prensa no era algo que
tomara a la ligera.

La reportera presionó:

—Se filtró a través de una imagen de Twitter. —Ella levantó su teléfono y le


mostró a Roman la foto de él y Katie en la cima de la colina de trineo, su gorro
de pompón rosa y su gran sonrisa estúpida—. El tweet simplemente decía:

PÁGINA 162
“Ven a casa, M.C..” ¿Puede explicar eso, señor?

Algo surgió dentro de su pecho. Escalofríos se precipitaron a través de él.


Sonrió, e inesperadamente sintió iluminarse todo su ser, que había estado
enojado y desconsolado.

»Sr. Young, ¿puede decirnos qué significa esto? ¿Y quién es Katie Winters?

Tuvo que parpadear, y la electricidad del estadio lo atravesó. Se sentía más


listo para jugar este juego que nunca en toda su vida.

—¿Señor? ¿Está bien?

Tomó el micrófono y apuntó a la cámara.


—Ya voy, jefa. Después de ganar este juego, estaré ahí.

PÁGINA 163
CAPÍTULO 20
Traducido por katherin y Coral Black
Corregido por Flor

sta vez no hubo un viaje frío, helado y costoso en un taxi hasta


Wolfe Creek. Había alquilado su propio auto y se había tomado su
tiempo en el cañón. Después de bajar las ventanas, se deleitó con el
sol del verano, las hojas cambiantes y el aroma floral del aire.

No le sorprendió acercarse al Alaskan Inn y ver una nueva capa de pintura en


el letrero de la cabaña. Los árboles que se cernían alrededor de las paredes
estaban recortados, y había rosas alineadas en el camino hacia la puerta
principal.

Esperó afuera de la puerta, su corazón latía con fuerza. Tenía un regalo para
ella en una bolsa que sostenía a su lado. Hizo una parada especial después del
aeropuerto para llevárselo.

PÁGINA 164
No se sentía bien usar el timbre. Después de todo, el lugar le pertenecía a él.
Sacando la llave de su bolsillo, se permitió entrar, deseando tener la
oportunidad de verla antes de acercarse a ella.

A pesar de que había visto los recibos que venían mostrando los gastos de la
remodelación y mantenimiento del lugar, no tenía idea de que se vería tan
bien. Todo el lugar había sido pintado de gris claro. Había iluminado todo el
lugar, haciéndolo sentir más acogedor. A pesar de que la sensación rústica de
la cabaña se había mantenido como parte de la decoración, también había
muebles nuevos. Una funda alrededor de un sofá grande de cuero marrón
oscuro. La chimenea había sido renovada con un ladrillo rojo que ascendía
hasta el techo. Se veía grandioso. Notó que el rifle de la guerra civil, ahora
estaba en una vitrina.

Sus ojos recorrieron las herraduras rojas acentuadas, que colgaban sobre
todas las puertas. Cuando vio la nueva mesa de comedor negra, con una pieza
central de un emblema de los Destroyers de acero en el medio, cerró los ojos
mientras muchas emociones lo golpeaban a la vez.

Era perfecto. Si estuviera diseñando una casa, un lugar para tener una familia
y una vida, se habría visto exactamente así.

El lugar era mejor de lo que había imaginado que podría ser.

Se acercó y presionó su dedo hacia el emblema del vaquero.

Sin previo aviso, ella salió volando por la puerta que separaba la cocina de la
habitación principal.

El tiempo se detuvo por completo.

Su cabello rojo estaba suelto, y suaves rizos mullidos enmarcaban su rostro.


Sus ojos verdes de gato instantáneamente se llenaron de humedad, y sus
labios se tensaron. Llevaba una camiseta sin mangas de seda verde azulado y
una falda blanca con sandalias. A pesar de que se veía más formal de lo que la
había visto nunca, todavía parecía fresca, joven e inocente. Justo como había

PÁGINA 165
soñado con ella. Pero era la versión de verano. Ella dejó escapar un suspiro.

—Bien.

El hecho de que su corazón casi explotara no lo sorprendió. Lo que le


sorprendió fue que verla de nuevo, hizo que su lengua se sintiera como si no
pudiera moverla y que tenía las palmas sudorosas.

Mirándola, todo lo que sabía era que nunca más quería tratar de sacarla de su
cabeza. Finalmente, levantó la bolsa y sonrió.

—Creo que debería estar agradecido de que esta vez no tengas una pistola
apuntando a mi cabeza.
Vacilante, ella dio un paso hacia él, tomando la bolsa.

—¿Qué es esto? —Abrió la caja dentro, sacando la loción de limón.

—Solo en caso de que salgas —dijo en voz baja. Había sido una de las muchas
cosas que lo habían torturado sobre ella.

Ella sonrió.

—Gracias. Estaba a punto de hacerlo.

Ambos se detuvieron, y luego él retrocedió, asintiendo con la cabeza hacia las


paredes.

—Se ve genial.

Ella lo estudió.

—¿Eso crees?

—Es perfecto. —Sacó el papel doblado en su bolsillo y se lo dio.

Ella tomó el papel.

—¿Qué es esto?

—Un anuncio que saqué para promocionar el lugar.

PÁGINA 166
Lentamente, la comisura de su labio se levantó y sus ojos volvieron a verlo.

—¿Lo hiciste?

—Bueno, te dije que lo haría.

Ella vaciló, luego puso la loción sobre la mesa.

—¿Por qué no lo vendiste, Roman?

La forma en que toda su vulnerabilidad se mostraba en sus ojos hizo que su


corazón se acelerara.

—Porque alguien me dijo una vez que debía guardar un rifle solo porque
pertenecía a mi tío Jim. —Se encogió de hombros—. El tío Jim me dio este
lugar, y después de pensarlo un poco, sentí que también debería ser
importante para mí.

Lentamente, ella asintió. Entonces sonrió.

—Buen juego el de ayer.

Había sido un buen juego. Se había sentido en llamas, como si nada pudiera
detenerlo. Después de cuatro touchdowns por medio tiempo, el otro equipo se
sintió de la misma manera. Los Destroyers los habían pisoteado, treinta y
ocho a siete. Su corazón se sintió aún más lleno, sabiendo que ella lo había
visto.

—Gracias. —Se cruzó de brazos—. ¿Por qué twitteaste esa foto?

Se encogió de hombros.

—No respondías a mis llamadas. Sentí que, si quería competir con las otras
solteras, tenía que sacar todos mis trucos.

—¿Estás compitiendo? —El recuerdo de ella y Lou había sido grabado en su


cerebro.

Rojo subió por su cuello. El rubor se instaló agradablemente en sus mejillas.

—Supongo que sí.

PÁGINA 167
—¿A pesar de que piensas que debería haber dejado de jugar al fútbol
americano? —Se había torturado a sí mismo con su decisión de firmar otro
contrato con los Destroyer.

El centro de su frente se arrugó.

—Si me preguntas si ya no creo que el deporte sea por su propia esencia


peligroso... la respuesta es no. Por supuesto que es peligroso. —Mordiéndose
el labio inferior, negó con la cabeza—. Pero finalmente me di cuenta de que la
vida es peligrosa. En cualquier momento puede suceder un accidente de auto.
En cualquier momento puedes descubrir que tienes cáncer. —Contuvo el
aliento—. Pero no puedes dejar de vivir tu vida. No puedes dejar de hacer lo
que naciste para hacer.

—¿Crees que nací para hacer esto?

Ella sonrió.

—No te hagas el cabeza dura, M. C.

Viendo la forma en que sus ojos se convirtieron en ranuras como las de gato
mientras se burlaba de él, sonrió.

—¿Supongo que decidiste no casarte con Lou?

Ella se burló.

—Estas siendo ridículo.

No pudo contenerse.

—Te vi besarlo. Justo después... —vaciló, sintiéndose como un idiota, pero lo


dijo de todos modos—, justo después de que nos hubiésemos besado. —Se
sentía como en la escuela secundaria. Esto es a lo que ella podría reducirlo.

Negando con la cabeza, ella sonrió.

Él farfulló:

PÁGINA 168
»¿De qué estás sonriendo?

—Estás celoso. El soltero está celoso.

Cerró la distancia entre ellos, uniendo sus dedos fácilmente.

—Maldita sea, estaba celoso, —susurró, y nerviosos aleteos llenaron sus


entrañas.

—No —corrigió ella—. Estás celoso.

Él la miró.

—Tienes una historia con él. No puedo competir con eso.


—Estabas casado con una súper modelo.

Él dejó caer su mano.

—No quiero una súper modelo.

Una lenta sonrisa apareció su rostro. Ella entrelazó sus dedos.

—Bien, porque no quiero a Lou.

Su corazón dio un vuelco. Incapaz de detenerse, miró sus labios.

—¿Qué quieres, Katie?

—Quería saber que podía contar contigo. Quería saber que querías esta
posada. Pensé que la querías.

—La quería… la quiero.

Ella sacudió su cabeza.

—Pero ibas a venderla.

Él apretó su mano sobre la de ella.

—Y lo iba a hacer. Y lo siento. Decidí no hacerlo, pero no le permití al Sr.


Burche conocer el nuevo plan. —Puso su otra mano sobre su pecho—. Y
asumo la responsabilidad de eso. Fue egoísta. Perdí el tiempo y el esfuerzo de

PÁGINA 169
otras personas en mi nombre. —Sintió la cruda emoción dentro de él—. Lo
siento, Katie. Nunca quise… hacerte daño.

Ella parpadeó, y un lado de su labio se tensó.

—Quería dejar de trabajar para ti. Casi lo hice, pero ¿sabes qué me hizo
cambiar de opinión?

Honestamente, él había pensado que ella renunciaría. Había estado


confundido cuando su contador le había dicho que había recibido un montón
de gastos y le había preguntado si quería aprobar su tarjeta para fichar.

—¿Qué?
—La Sra. K.

Nerviosamente, miró hacia abajo.

—Oh, ¿cómo está ella?

Soltando su mano, ella tomó su rostro entre sus manos. Lágrimas ardiendo en
sus ojos.

—¿Sabías que un donante anónimo pagó los tratamientos que necesitaba para
el cáncer?

Él no pudo evitar que sus propios ojos se llenaran de lágrimas, pensando en lo


aliviado que había estado al escuchar que los tratamientos experimentales
habían estado funcionando para ella.

—Estoy muy feliz por ella.

Ella sonrió y se inclinó hacia adelante, tocando suavemente sus labios con los
suyos.

Un nuevo tipo de energía surgió en él, del mismo tipo que había sentido antes
del gran juego de anoche. Él la atrajo más cerca, abrazándola, profundizando
el beso. Sus labios lo habían perseguido durante meses.

—Eres un buen hombre, Román Young. —Ella susurró contra sus labios.

PÁGINA 170
Sin confirmar ni negar nada, la besó suavemente de nuevo.

—Bueno, eso es discutible.

Poniendo los ojos en blanco, ella le dio un suave empujón.

—Si no hubieras sido todo un neandertal y te hubieras ido en un arrebato de


gloria, podrías haberme escuchado explicar cómo Lou pegó su boca contra la
mía sin preguntar.

Escucharlo lo hizo arder. Todo su cuerpo se tensó.

»No hagas eso.


—¿Qué?

—Ponerte todo territorial.

—No lo estaba.

—Sí, lo estabas.

Él la soltó y dio un paso atrás, tratando de aclarar su mente. Había pensado…


había pensado que Katie había estado jugando con él… o… pero él sabía en
este momento que ella le estaba diciendo la verdad. Aun así, no pudo
contenerse.

—Realmente me encanta esa foto que publicaste. No he podido dejar de


mirarla.

Ella se burló e intentó alejarse.

—¿Se te están subiendo los humos? Porque todavía voy a hacer que trabajes
por ello.

Él se rio y la acercó más, deslizando una mano en su bolsillo. Sacó una


pequeña caja.

—Créeme, me preparé para trabajar en ello. —Le tendió la caja.

Las lágrimas llenaron sus ojos y jadeó.

PÁGINA 171
—Oh, Dios mío.

Su reacción hizo que sus ojos también lloraran.

—Me imagino que hemos estado separados el tiempo suficiente como para no
haber avanzado, tal vez no estábamos destinados a hacerlo.

Ella rio y abrió la caja, sacando el anillo de diamantes de dos quilates.

—¿Estás seguro?

Él se dejó caer sobre una rodilla.


—Entonces, ¿qué dices, jefa, tomarás la última rosa? ¿Así podrás mandarme
por el resto de mi vida?

Ella sorbió por la nariz y se rio de nuevo, asintiendo.

—Solo si no lloriqueas cuando te gane en el esquí.

Se puso de pie y tomó el anillo, deslizándolo en su dedo y luego besándola


ligeramente.

—De acuerdo.

—¿Así que esta es la última jugada?

—La jugada que eventualmente me llevará a la victoria, sí. —Se lanzó en


busca de otro beso.

Riéndose, ella le devolvió el beso.

—¿Tú a la victoria?

Él la aplastó en un abrazo y la levantó.

—Aquí es donde te tomaré y correré más allá de los postes de la portería y te


soltaré para el touchdown.

Más risas.

PÁGINA 172
—Oh, esperemos a Josh. Él ama este tipo de cosas.

Él la bajó.

—Está bien, ¿qué tal si te beso entonces?

—Bueno.

Se besaron hasta que ambos tuvieron que alejarse para tomar aire.

Él rio.

—Y solo para que lo sepas. Te amo, Katie Winters.

Suavemente, ella puso su mano en su mejilla y lo miró a los ojos.


—Sin importar si es la primera jugada o la última, te amo, M.C.

PÁGINA 173
CRÉDITOS
MODERACIÓN
katherin

TRADUCCIÓN CORRECCIÓN
Bella' Dai
Cat J. B Light Feather
Coral Black maga
Katherin Cat J. B
Walezuca Flor

SOS SOS
Bella' Katherin
katherin
SoulOfRainbow REVISIÓN
Katherin

DISEÑO
Daniela Herondale

PÁGINA 174

También podría gustarte