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LA LUZ MENOR Y LUZ MAYOR

Dr. Alberto R. Treiyer

Algunos pastores me han manifestado su preocupación por el contenido del folleto de la Escuela Sabática
del jueves 30 de abril de 2020, tocante al principio de Sola Scriptura que enfatizó el gran reformador
Martín Lutero, y el papel del Espíritu de Profecía en nuestro medio. Yo estoy de acuerdo con lo que dice
el folleto, pero por ser tan escueto se presta a malas interpretaciones. Según se me escribió, esos pastores
“han hecho fiesta con lo que el folleto dice sobre la luz menor” dada por Dios a E. de White en
comparación con la Biblia. No expondré a nadie en particular sobre las malas interpretaciones que he
visto a menudo especialmente en Europa que deprecian el Espíritu de Profecía por tratarse de una luz
menor. Usan esa ilustración para poner la interpretación particular que cada uno escoge por encima del
don de profecía que se confió a la Iglesia Adventista.

Así, uno de los pastores llegó a afirmar en su comentario de la lección de ese jueves 30 de abril, que el
don de profecía manifestado en E. de White es formativo, pero no normativo, porque según él, sólo la
Biblia es nuestra norma de fe y conducta. Estamos de acuerdo en que la Biblia es nuestra única norma de
fe y conducta pero, ¿qué hacemos con tantas interpretaciones que se han hecho de la Biblia que desvían la
gente de su verdadero sentido? Esto nos lleva a preguntarnos sobre el propósito de esa luz menor que se
nos confió, y sobre la calidad de esa luz.

La luz menor que refleja la luz mayor

En torno a nuestro planeta, la luz mayor es la del sol, y la luz menor que refleja la luz del sol, es la de la
luna (Gén 1:14). Esta figura se aplica en su dimensión espiritual a Cristo quien es el Sol de Justicia, y a su
iglesia que, como la luna, refleja la luz que proviene de él (Apoc 12:1-2; cf. Mal 4:2; Os 6:2-3, etc). “The
church must and will shine forth ‘fair as the moon, clear as the sun, and terrible as an army with banners’”
[Song of Songs 6:10] (RH Nov 18, 1902).

E. de White aplicó esta ilustración también al don de profecía que recibió de Dios, y que refleja la luz de
Cristo en la Palabra de Dios.

“El Señor ha enviado a su pueblo mucha instrucción, línea sobre línea, precepto sobre precepto,
aquí un poco, y allí otro poco. Poca atención se ha dado a la Biblia, y el Señor ha dado una luz
menor para conducir a los hombres a la luz mayor. ¡Oh, cuanto bien se cumpliría si los libros que
contienen esta luz fuesen leídos con una determinación de llevar a cabo los principios que
contienen! Habría mil veces más grande vigilancia, mil veces más abnegación y esfuerzo resoluto.
Y muchos más estarían ahora regocijándose en la luz de la verdad presente” (CEv 37).

Pero muchos malinterpretan el significado de “la luz menor”, de tal forma que la desmerecen al punto de
darle sólo un valor pastoral o espiritual, no como una revelación divina cuya naturaleza es del mismo
carácter que la revelación de la Biblia. Y aunque los escritos de E. de White no tienen ni la función ni la
intención de ocupar un lugar en la Biblia, ni tampoco de ser una añadidura a la Palabra de Dios, son una
fuente de luz verdadera que debe aceptarse para no errar en la interpretación que se hace de ella.

¿Qué entendieron Jesús, los apóstoles, y E. de White por “luz menor” y “luz mayor”?

La calidad de la inspiración y la autoridad del Espíritu de Profecía son las mismas que las de la Biblia
cuando por experiencia personal se ha podido verificar la fuente de su inspiración, que es la misma,
proviene de Dios. Ante el mundo, por supuesto, que no conoce cómo el don de profecía se cumplió
conforme a lo profetizado en la Biblia, en la fundación y desarrollo de la fe adventista, debemos dejar en
claro que la Biblia es el fundamento de nuestra fe: Sola Scriptura. Eso es lo que creemos como
adventistas. No probamos la Biblia por el Espíritu de Profecía (salvo en el cumplimiento de lo que la
Biblia profetizó sobre ese don), sino el Espíritu de Profecía por la Biblia.

Los que, después de haber visto por experiencia propia la naturaleza de la inspiración de los escritos de E.
de White, deprecian o rechazan esa inspiración, deprecian o rechazan también la Biblia que anunció el
don de profecía para el tiempo del fin (Apoc 12:17; 19:10). En otras palabras, los tales no creen en la
profecía bíblica. Por eso E. de White advirtió que no debe imponerse el Espíritu de Profecía como prueba
de discipulado para poder bautizarse. Pero aclaró también que, si después de haber comprendido la
importancia de su ministerio, algunos rechazan ese don, no corresponde entonces ni bautizarlos ni darles
parte activa en la iglesia. A nadie debe requerírsele aceptar el Espíritu de Profecía para bautizarse si no
tuvo tiempo para conocerlo; otra cosa es haber tenido la oportunidad de conocer ese don manifestado en
la Iglesia Adventista, y rechazarlo. El don de profecía es una de las doctrinas de la Iglesia Adventista.

Todo el Antiguo Testamento era una luz menor que debía guiar a la luz mayor que es Cristo

¿Qué es la luz menor, y quiénes fueron anteriormente la luz menor? Muchos no prestan atención al hecho
de que todo el Antiguo Testamento fue una luz menor que debía guiar a la luz mayor de Cristo revelada
en el Nuevo Testamento. Los símbolos rituales de sacrificios y todo el oficio del santuario, señalaban al
gran cumplimiento del sacrificio y sacerdocio de Cristo en el santuario del nuevo pacto. ¿Significa eso
que esa luz menor de las sombras rituales del AT que señalaban al Redentor del mundo debía depreciarse,
y que debíamos quedarnos únicamente con la luz mayor que es Cristo? Eso hacen muchos evangélicos
que se quedan sólo con el NT. Pero si se descarta esa luz menor del AT, el cumplimiento de la luz mayor
de la expiación de Cristo no puede beneficiar a nadie.

“Con la primera venida de Cristo se introdujo una era de luz y gloria mayor; pero de hecho sería
una ingratitud pecaminosa despreciar y ridiculizar la luz menor porque una más completa y
gloriosa luz había alboreado. Los que desprecian las bendiciones y la gloria de la era judía no están
preparados para beneficiarse de la predicación del evangelio. La brillantez de la gloria del Padre, y
la excelencia y perfección de su sagrada ley, se entienden sólo por la expiación hecha en el
Calvario por su querido Hijo; pero aún la expiación pierde su significado cuando se rechaza la ley
de Dios” (TDG 246).

Juan el Bautista era una luz menor que debía guiar a la luz mayor que es Cristo

Este concepto que resalta E. de White sobre la misión de Juan el Bautista, lo expuso con antelación el
mismo apóstol Juan y Jesús mismo en su evangelio.

“Vosotros habéis enviado a preguntar a Juan, y él ha dado testimonio de la verdad. Pero


el testimonio que yo recibo no es de hombre; mas digo esto para que vosotros seáis
salvos. Él era la lámpara que ardía y alumbraba, y vosotros quisisteis regocijaros por un
tiempo en su luz. Pero el testimonio que yo tengo es mayor que el de Juan; porque las
obras que el Padre me ha dado para llevar a cabo, las mismas obras que yo hago, dan
testimonio de mí, de que el Padre me ha enviado” (Jn 5:33-36). “Si recibimos el
testimonio de los hombres, mayor es el testimonio de Dios; porque este es el testimonio
de Dios: que Él ha dado testimonio acerca de su Hijo” (1 Jn 5:9). “Juan… no era la Luz.
Él vino para dar testimonio de la Luz” (Jn 1:6-8).

“Juan era la luz menor que debía ser seguida por una luz mayor” (RH, April 8, 1873). “El profeta
Juan era el eslabón que conectaba las dos dispensaciones. Como representante de Dios se levantó
para mostrar la relación entre la ley y los profetas, y la dispensación cristiana. Él era la luz menor
que debía ser seguida por la luz mayor. La mente de Juan fue iluminada por el Espíritu Santo, de
tal manera que podía derramar luz sobre su pueblo; pero ninguna otra luz había jamás brillado o
aún brillará tan claramente sobre el hombre caído como la que emanaba de la enseñanza y
ejemplo de Jesús. Cristo y su misión habían sido vagamente entendidas en las sombras tipificadas
de los sacrificios. Aún Juan no había comprendido el futuro, la vida inmortal mediante el Salvador”

Juan el Bautista fue, en la preparación para la primera venida del Señor:

1. “Más que un profeta”: “el mensajero del Señor” (Mat 11:9).


2. “Una luz menor” para guiar a “la luz mayor” (Jn 1:6-8; 5:33-36; 1 Jn 5:9).
3. Misión: preparar un pueblo para la primera venida del Señor (Mat 3:1-3,11-12).

Se le dio la misma misión a E. de White, la de preparar un pueblo para la segunda venida del Señor.
Como ella lo expresó, la misión que Dios le dio fue mayor que la de ser profeta. Dios la llamó para ser “la
mensajera del Señor”. El testimonio que ella dio fue una “luz menor” como lo fue el testimonio de Juan,
que debía guiar a Cristo y su Palabra.

¿Para qué fue dado el don de profecía según el testimonio de E. de White?

Algunos piensan que la Biblia o “luz mayor” es la única regla de fe y conducta, y eso es correcto. Pero la
Biblia anuncia que Dios daría, en el tiempo del fin, el don de profecía (Apoc 12:17; 19:10). Rechazar ese
don una vez que llegase, implicaría rechazar la Biblia que lo anunció. La misión de ese don de profecía es
claro. Debía llevar la gente a la Biblia, según ya vimos. Siendo que se multiplicarían los engaños en ese
tiempo, Dios confirmaría la fe del pueblo de Dios, del último remanente que guarda los mandamientos de
Dios y la fe de Jesús, mediante el don de profecía.

“Recomiendo al amable lector la Palabra de Dios como regla de fe y práctica. Por esa Palabra
hemos de ser juzgados. En ella Dios ha prometido dar visiones para los ‘postreros días’; no para
tener una nueva norma de fe, sino para consolar a su pueblo, y para corregir a los que se apartan de
la verdad bíblica” (PE 78 [1851]).

“No he tenido pretensiones que hacer, solo que soy instruida que soy la mensajera del Señor; que
El me llamo en mi juventud para ser su mensajera, recibir su palabra, y dar un mensaje claro y
decidido en el nombre del Señor Jesús. ‘...Tu obra’, me dijo El, ‘es de llevar mi palabra. Se
levantarán cosas extrañas, y en tu juventud te aparte para llevar el mensaje a los que yerran, llevar
la palabra ante los incrédulos, y con pluma y voz reprender de la Palabra las acciones que no son
correctas. Exhorta de la Palabra...” (1 MS 32).

Alguien a quien despidieron en el Centro White de Washington DC años atrás por querer introducir sus
ideas particulares sobre el don de profecía, introdujo un pensamiento que ya mencionamos y que todavía
persiste. Dijo que el Espíritu de Profecía no es normativo, sino formativo. Digámoslo de una vez. Ese es
un error que todavía se repite de tanto en tanto. No podemos limitar la dimensión del Espíritu de Profecía
a una frase que a primera vista parece muy significativa. Porque su misión consistiría también en
denunciar las interpretaciones erróneas. ¿No es eso normativo también? ¿Debemos anteponer nuestras
interpretaciones particulares a la interpretación que Jesús mismo da a través de su testimonio? (Apoc
12:17). Eso es lo que quieren hacer muchos para salirse con la suya. Pero eso es malinterpretar el
significado del “Testimonio de Jesús” a través del “Espíritu de Profecía” (Apoc 12:17; 19:10).

“El Señor me ha dado mucha luz que quiero que tenga la gente; porque es una instrucción que el
Señor me ha dado para su pueblo. Es luz que su pueblo debía tener, línea sobre línea, precepto
sobre precepto, aquí un poco y allí otro poco. Esto debe ahora ser presentado ante el pueblo, porque
ha sido dada para corregir los errores engañosos y para especificar qué es la verdad. El Señor ha
revelado muchas cosas que señalan la verdad, para decir: ‘Este es el camino, andad por él’” (Letter
127, 1910; 3 SM 32).

“Además de la instrucción de su Palabra, el Señor ha dado testimonios especiales a su pueblo, no


como una nueva revelación, sino para que pudiese establecer ante nosotros plenamente las
lecciones de su palabra, para que los errores pudieran ser corregidos, para que el camino correcto
pudiese señalarse, y para que cada alma pudiera quedar sin excusa” (Letter 63, 1893; véase
Testimonies, vol. 5, 665; 3 SM 31).

Es cierto que no debemos anteponer el Espíritu de Profecía como normativo para un mundo incrédulo, o
para teólogos que introducen principios de interpretación erróneos. Debemos hacer resaltar la Biblia, y
para no errar, Dios delineó a través de los escritos de E. de White, principios de interpretación en forma
sencilla que se basan en la Biblia. En el “Testimonio de Jesús”, debemos mirar lo que Jesús mismo nos
dice con respecto a la interpretación de la Biblia en forma sencilla, para que hagamos como los bereanos,
que escudriñaron las Escrituras para ver si lo que Pablo decía, quien tenía el testimonio de Cristo o don de
profecía (1 Cor 1:6), era verdad.

El papel del Espíritu de Profecía en el establecimiento de las doctrinas de la Iglesia Adventista

Algunos están comentando el folleto de la Escuela Sabática, también erróneamente, diciendo que E. de
White no formó parte del grupo de gente que fundó las doctrinas adventistas, sino que éstas provinieron
de un estudio de la Biblia de nuestros pioneros. ¡No, por favor, no digan eso! Es cierto que la fe
adventista provino de un estudio de la Palabra de Dios. Pero no pongamos a un lado el papel fundamental
del don de profecía para unir a nuestros pioneros en el establecimiento de las verdades vitales de nuestra
fe. En efecto, ella formó parte fundamental en la formación de las doctrinas de la Iglesia Adventista, un
papel que ejerce a través de sus testimonios hasta hoy. Entre los varios testimonios de E. de White,
comparto aquí el siguiente:

“En aquel tiempo [después del chasco de 1844] un error tras otros nos agobiaba; ministros y
doctores traían nuevas doctrinas. Debíamos investigar las Escrituras con mucha oración, y el
Espíritu Santo iba a traer la verdad a nuestras mentes. Algunas veces noches enteras íbamos a
consagrar a la investigación de las Escrituras y pedir concienzudamente la dirección de Dios.
Compañías de hombres y mujeres devotos se reunían con este propósito. El poder de Dios venía
sobre mí, y era capacitada para definir claramente la verdad y el error …
“A medida que los puntos de nuestra fe eran así establecidas, nuestros pies se paraban sobre un
sólido fundamento. Aceptábamos la verdad punto por punto, bajo la demostración del Espíritu
Santo. Yo era tomada en visión, y se me explicaba la verdad. Se me daban ilustraciones de las
cosas celestiales, y del santuario, de tal manera que podíamos ponernos donde estaba brillando la
luz sobre nosotros en rayos claros y distintos” (Gospel Works, 302; 3 SM 31-32).

El “testimonio de Jesús” que Jesús y su Padre dan

El “testimonio de Jesús” no es el testimonio que dan los hombres acerca de Jesús, sino el testimonio que
Jesús mismo da de sí mismo, corroborado por el testimonio de su Padre.

“YO SOY el que doy testimonio de mí mismo, y da testimonio de mí el que me envió, el Padre” (Jn
8:18). Y aunque el testimonio solo de Jesús no alcanza para declarar la verdad (Jn 5:31), su testimonio
acompañado por el testimonio del Padre que se cumple en sus obras, es verdadero. Por eso dijo Jesús:
“aunque yo doy testimonio de mí mismo, mi testimonio es verdadero, porque yo sé de dónde he venido y
adónde voy” (Jn 8:14).
En los días de los apóstoles, los judíos habían preparado los Targumim, que consistían en el Antiguo
Testamento parafraseado que debía leerse en las sinagogas para gente que no manejaba el arameo o
hebreo antiguo. El arameo lo aprendieron durante los 70 años de cautiverio en Babilonia, un idioma muy
parecido al hebreo con una diferencia equivalente tal vez entre el portugués y el castellano. En esos
targumim encontramos el término Espíritu de Profecía. ¿En qué consistía? En el Espíritu Santo que da el
don de profecía a los profetas. Leamos Núm 27:18 parafraseado por los targumim:

“El Eterno dijo a Moisés: ‘Tomen a Josué…, un hombre sobre quien está el Espíritu [de profecía],
y pongan su mano sobre él”.

¿Cómo calificó Jesús su más grande testimonio? “El Espíritu de Verdad” (Jn 14:26). También dijo Jesús
que “las Escrituras (del Antiguo y del Nuevo Testamentos que fueron escritos bajo la inspiración divina),
dan testimonio de mi” (Jn 5:39). ¿Cómo explicó el apóstol Pedro el papel del Espíritu Santo que da el don
del profecía? “Ninguna profecía vino jamás por voluntad humana, sino que los hombres hablaron de parte
de Dios, siendo movidos por el Espíritu Santo” (2 Ped 1:20-21). ¿Cómo calificó el apóstol Pablo su
testimonio divino? Se refirió a sus escritos como “Testimonio de Cristo” (1 Cor 1:6), “Testimonio de
nuestro Señor” (2 Tim 1:8). Y Juan lo llamó también, “Fe [cuerpo doctrinal] de Jesús” (Apoc 14:12).

Y, ¿qué le dijo el Señor a E. de White cuando la llamó al ministerio profético?

“No tengas temor del hombre, porque mi escudo te protegerá. No eres tú la que habla: es el Señor
quien da los mensajes de amonestación y reprensión. Nunca te desvíes de la verdad bajo ninguna
circunstancia. Da la luz que te daré. Los mensajes para estos últimos días serán escritos en libros, y
serán inmortalizados para testificar contra los que una vez se regocijaron en la luz, pero que han
sido inducidos a abandonarla por las influencias seductoras del enemigo” (1 MS 32).

“Al revelarme el Espíritu de Dios las grandes verdades de su Palabra, y las escenas del pasado y de
lo por venir, se me mando que diese a conocer a otros lo que se me había mostrado, y que trazase
un bosquejo de la historia de la lucha en edades pasadas, y especialmente que la presentase de tal
modo que derramase luz sobre la lucha futura que se va acercando con tanta rapidez” (CS 13-14).

Conclusión

Creemos en Sola Scriptura. Pero la Biblia anunciaba el don de profecía para el fin del mundo, de manera
que rechazar ese don una vez que se manifestó, implica rechazar la Biblia que lo anunció. La Biblia es,
por otro lado, su propio intérprete, como lo demostró Jesús al responderle al diablo cuando quiso
engañarlo interpretando mal la Palabra de Dios: “Escrito está también”. Hoy también muchos adoptan
principios foráneos a la revelación divina, y se nos concedió el privilegio de contar con una guía que nos
orienta en nuestra investigación de las verdades bíblicas de una manera más profunda y abarcante. Una
vez que avanzamos en la luz y podemos ver la verdad en la Palabra de Dios, podemos presentar ante el
mundo un mensaje maravilloso profundamente enraizado en la Palabra de Dios.

Si descuidamos el don de profecía que se nos confió en los escritos de E. de White, no estaremos en
condiciones de ver toda la dimensión tan extraordinaria de las verdades que Dios quiere que
comuniquemos al mundo y que emanan de la Biblia. Tampoco estaremos capacitados para afrontar la
crisis final, porque seremos incapaces de comprender lo que ocurre en el mundo, y lo que está en juego en
esa crisis antes de la venida del Señor.

Citas que resaltan la importancia de los libros sobre el conflicto de los siglos
“The results of the circulation of this book [The Great Controversy] are not to be judged by what now
appears. By reading it, some souls will be aroused, and will have courage to unite themselves at once with
those who keep the commandments of God. But a much larger number who read it will not take their
position until they see the very events taking place that are foretold in it. The fulfillment of some of the
predictions will inspire faith that others also will come to pass, and when the earth is lightened with the
glory of the Lord, in the closing work, many souls will take their position on the commandments of God
as the result of this agency” (Manuscript 31, 1890; CM 128).

“My brethren and sisters, work earnestly to circulate these books. Put your hearts into this work, and the
blessing of God will be with you. Go forth in faith, praying that God will prepare hearts to receive the
light. Be pleasant and courteous. Show by a consistent course that you are true Christians. Walk and work
in the light of heaven, and your path will be as the path of the just, shining more and more unto the
perfect day” (CEv 37).

“How many have read carefully Patriarchs and Prophets, The Great Controversy, and The Desire of
Ages? I wish all to understand that my confidence in the light that God has given stands firm, because I
know that the Holy Spirit’s power magnified the truth, and made it honorable, saying: ‘This is the way,
walk ye in it.’ In my books, the truth is stated, barricaded by a ‘Thus saith the Lord.’ The Holy Spirit
traced these truths upon my heart and mind as indelibly as the law was traced by the finger of God, upon
the tables of stone, which are now in the ark, to be brought forth in that great day when sentence will be
pronounced against every evil, seducing science produced by the father of lies” (Letter 90, 1906; CM
126).
“God would be pleased to see The Desire of Ages in every home. In this book is contained the light He
has given upon His word” (Letter 75, 1900; CM 126). “The Great Controversy should be very widely
circulated. It contains the story of the past, the present, and the future. In its outline of the closing scenes
of this earth's history, it bears a powerful testimony in behalf of the truth. I am more anxious to see a wide
circulation for this book than for any others I have written; for in The Great Controversy, the last message
of warning to the world is given more distinctly than in any of my other books” (Letter 281, 1905; CM
127).
“I was moved by the Spirit of the Lord to write that book, and while working upon it, I felt a great
burden upon my soul. I knew that time was short, that the scenes which are soon to crowd upon us would
at the last come very suddenly and swiftly, as represented in the words of Scripture: ‘The day of the Lord
so cometh as a thief in the night.’ The Lord has set before me matters which are of urgent importance for
the present time, and which reach into the future. The words have been spoken in a charge to me, ‘Write
in a book the things which thou hast seen and heard, and let it go to all the people; for the time is at hand
when past history will be repeated.’ I have been aroused at one, two, or three o’clock in the morning with
some point forcibly impressed upon my mind, as if spoken by the voice of God …”

“God gave me the light contained in The Great Controversy and Patriarchs and Prophets and this light
was needed to arouse the people to prepare for the great day of God, which is just before us. These books
contain God’s direct appeal to the people. Thus He is speaking to the people in stirring words, urging
them to make ready for His coming. The light God has given in these books should not be concealed”
(CM 129).

“Many will depart from the faith and give heed to seducing spirits. Patriarchs and Prophets and The Great
Controversy, are books that are especially adapted to those who have newly come to the faith, that they
may be established in the truth. The dangers are pointed out that should be avoided by the churches.
Those who become thoroughly acquainted with the lessons in these books will see the dangers before
them, and will be able to discern the plain, straight path marked out for them. They will be kept from
strange paths. They will make straight paths for their feet, lest the lame be turned out of the way” (Letter
229, 1903; CM 129).