Está en la página 1de 12

Psicopatía infanto-juvenil: artículo teórico

Natalia Gómez Camacho

Palabras clave: Psicopatía, infanto-juvenil, trastorno, personalidad, diagnostico.

Definición psicopatía

La psicopatía se define como aquel trastorno en la estructura de personalidad,


producto de una conformación anómala de diversos rasgos del carácter y
temperamento del individuo que pueden expresarse con desajustes en el
comportamiento (Garrido, 2000; citado por Muñoz, 2011) es decir, que la
presencia de un comportamiento anormal y/o atípico puede estar ligado a un
trastorno de personalidad.

Así mismo, Halty (2015) menciona que la psicopatía es uno de los trastornos
psiquiátricos más catastróficos que se presenta en una sociedad, ya que lleva
consigo conductas violentas y representa una gravedad, generando una fuerte
demanda a los sistemas penitenciarios, judiciales, sistemas de salud mental y
bienestar.

Siguiendo por la misma línea, López y Núñez (2008) refieren que la psicopatía
hace referencia a uno de los trastornos de conducta más conocidos a nivel clínico
y entre la población en general, donde se le han dado a lo largo de la historia
múltiples definiciones, sin embargo, se ha empleado para diagnosticar diferentes
tipos de comportamientos que en muchas ocasiones tienen poco en común pero
comparten rasgos de frialdad y crueldad en su ejecución, por ello puede afirmarse
que a pesar de su popularidad, realmente es desconocida en el ámbito de la
psicopatología.

Así mismo Mejía, García, Palacio, Correa, Gil y Arango (2004) manifiestan que los
individuos afectados por dicho trastorno comienzan a presentar características
psicopáticas desde la niñez, convirtiéndose en personas propensas a involucrarse
en conductas criminales pero no a resocializarse con los programas
penitenciarios, y reinciden con más rapidez, violencia y crueldad que los criminales
no psicópatas. Sin embargo, Halty, Martínez, Requena, Santos y Ortiz (2011)
refieren que ni todos los criminales son psicópatas, ni hay solo psicópatas en la
cárceles, puesto que hay más psicópatas fuera que dentro de ellas; dato que
resulta ser peligroso y debería acaparar más la atención de las diferentes
investigaciones en este campo.

Por otro lado, Cleckley (1976; citado por Escobar, 2010) refiere que los rasgos
característicos de la psicopatía no se limitan únicamente al hecho de involucrarse
en actividades ilegales, puesto que también abarca características de
personalidad como el engaño, la manipulación, la falta de sinceridad, el
egocentrismo, la frialdad emocional y la ausencia de culpabilidad.

La noción de psicopatía a juicio de Romero (2001; citado por Vinet, 2010) emerge
desde dos grandes modos: una conductual y otra clínica. La conductual pone su
énfasis en comportamientos trasgresores notoriamente observables presentes en
una historia de conducta antisocial reiterada, teniendo en cuenta que los
indicadores se encuentran mejor conceptualizados en el Trastorno Antisocial de la
Personalidad (TAP) expuestas en algunas variaciones del DSM, desarrolladas por
la Asociación de Psiquiatría Americana. Por su parte, la clínica hace hincapié en
la presencia de rasgos de la personalidad como: falta de déficits afectivos,
egocentrismo, empatía, dificultades de planificación y ausencia de remordimientos.

Por otra parte, es importante agregar lo que significa la terminología de psicopatía


en el ámbito jurídico; para esto Pozueco, Romero y Casas (2011), proponen la
psicopatía, violencia y criminalidad desde un análisis psicológico-forense,
psiquiátrico, legal y criminólogo, deduciendo que el método penitenciario,
penológico y jurisprudencial que ha recibido la psicopatía es un altercado de
opiniones basadas en ilustraciones legalistas pero no empíricas. Por otro lado,
refieren que los psicópatas ven las normas como impedimentos que interfieren en
la consecución de sus ambiciones, ellos responden a dichos obstáculos de
diversas formas, debido a que lo que están ejecutando es correcto de acuerdo a
su valoración de las normas.

En cuanto al diagnóstico de la psicopatía, Hare (2003; citado por León y Zúñiga,


2012) menciona que constituye un grave trastorno de personalidad caracterizado
por tener alteraciones en cuatro áreas de la personalidad: conductual,
interpersonal, afectivo y conducta antisocial. Su etiología se sitúa en lo biológico y
en la modulación ambiental y se hace énfasis en su diferenciación con el
Trastorno de personalidad Antisocial establecido por el DSM IV, puesto que si bien
son entidades nosológicas similares con alta comorbilidad no se trata de la misma
patología.

Por el contrario, Zúñiga (2008) refiere que entre los conceptos de psicopatía y
trastorno de personalidad antisocial existe una fuerte relación puesto que los
sujetos elaboran de forma particular los eventos, donde se les dificulta incorporar
adecuadamente la norma social. Las diferencias existentes entre el diagnostico de
psicopatía y trastorno de personalidad antisocial se establece de manera empírica
y se observa en diversas características afectivas y de la calidad de los vínculos e
interrelaciones que el individuo establece con las demás personas. (León y
Zúñiga, 2012).

A su vez, Torrubia y Fuentes (2008; citado por López, 2013) mencionan que la
personalidad psicopática pasa a los manuales de clasificaciones psiquiátricas
como un trastorno disocial de la personalidad en el manual CIE (clasificación
internacional de enfermedades) y como trastorno de la personalidad antisocial
para el Manual de Diagnóstico y estadístico (DSM) de la Asociación de Psiquiatría
Americana. Según Oldham (2005; citado por López, 2013) en el DSM I la
psicopatía se encontraba bajo la categoría de disturbio de la personalidad
sociópata, en el DSM II como trastorno antisocial y en el DSM III y IV sigue con la
misma clasificación.

Los autores mencionados anteriormente abordan de manera pertinente los


diferentes criterios de cada uno de los trastornos anteriores, mencionan que el
Trastorno Disocial de la personalidad llama la atención debido a la gran disparidad
entre las normas sociales y su comportamiento; está caracterizado por: a) cruel
despreocupación por los sentimientos de las demás personas e incapacidad de
empatía, b) actitud marcada de irresponsabilidad y despreocupación por las
obligaciones, normas y reglas sociales, c) baja capacidad para mantener
relaciones personales duraderas, d) baja tolerancia a la frustración, teniendo
descargas de agresividad las cuales dan lugar a un comportamiento violento, e)
incapacidad para sentir culpa y aprender de la experiencia, específicamente en el
castigo, f) culpar a los demás u ofrecer racionalizaciones verosímiles del
comportamiento conflictivo; para ello es necesario cumplir un mínimo de tres
criterios.

Por otro lado, en el Trastorno Antisocial de la Personalidad (TAP) el individuo debe


tener una edad mínima de 18 años de edad para ser diagnosticado, la existencia
de un trastorno disocial antes de los 15 y un patrón general de desprecio y
violación de los derechos de los demás que se presenta desde la edad de 15 años
en adelante indicado por 3 o más de los siguientes criterios: a) fracaso para
adaptarse a las normas sociales de acuerdo ámbito legal, b) perpetrar
repetidamente actos que son motivo de detención, c) deshonestidad, estafar a
otros para obtener un beneficio personal, d) impulsividad e incapacidad para
planificar el futuro; agresividad e irritabilidad indicados por agresiones y peleas
físicas, e) irresponsabilidad persistente, indicada por la incapacidad de hacerse
cargo de obligaciones económicas y mantener un trabajo, f) falta de
remordimientos o indiferencia por haber daños, robado o maltratado a otros.

Psicopatía infanto-juvenil

Vinet (2010) menciona que el surgimiento de dicho constructo se remonta en el


año 1940, cuando el doctor Cleckley reconoce que la psicopatía posiblemente
tiene sus raíces en edades tempranas (niñez o adolescencia). Karpman (s.f) dirigió
dos mesas redondas consecutivas donde discutió la aplicabilidad de dicho
concepto a los niños, teniendo en cuenta aquellos elementos que definen la
psicopatía, su etiología y posibilidad de tratamiento o intervención. Una década
después, McCord y McCord (1960) hacían énfasis en la importancia de identificar
y así mismo tratar la psicopatía en población juvenil como un trastorno especifico
diferente a los demás problemas de conducta, señalando que únicamente el 14%
de jóvenes con dichos problemas de conducta cumplían con las características de
un trastorno psicopático, por lo cual se hacía necesario practicar intervenciones
tempranas y tratar de manera adecuada dicha problemática. Al igual, una figura
clave en la investigación de la clasificación de la psicopatología infantil fue Quay
(1986; citado por Salekin y Frick, 2005) quien se refirió a los jóvenes psicópatas
como “infrasocializados agresivos” intentando proveer un diagnostico menos
peyorativo.

Por otro lado, Pardini, Stepp, Hipwell, Stouthamer-Loeber y Loeber (2007; citado
por Vinet, 2010), mencionan que la psicopatía infanto-juvenil es un constructo que
debe ser centro de atención de diferentes investigadores en psicología del
desarrollo, psicología jurídica y psicopatología para poder caracterizar a niños y
jóvenes que presentan problemas de desadaptación social, predecir una
trayectoria a nivel delincuencial y al igual definir estrategias interventivas o de
tratamiento del problema para poder así prevenir diversos inconvenientes a futuro.

Así mismo, la psicopatía infanto-juvenil es un tema que genera grandes debates,


debido a que no es considerado un constructo válido para los jóvenes que están
en etapas sensibles del desarrollo. Por ello, algunos autores refieren que las
características psicopáticas que se generan en la etapa de la adolescencia son
aspectos normales del desarrollo que tienden a desaparecer en la adultez Sin
embargo, Johnstone y Cooke (2004; citado por Halty y Prieto, 2015) consideran
que varios síntomas presentes en el diagnóstico de psicopatía son detectables en
niños y resultan ser algo más que manifestaciones normales de una etapa del
desarrollo. Igualmente, numerosos investigadores, clínicos, y profesionales de la
esfera psico-legal han supuesto durante años que los rasgos psicopáticos no
aparecen repentinamente después de los 18 años sino que podrían manifestarse
en etapas más tempranas del ciclo vital (Forth y Burke, 1998; citado por Romero,
Luengo, Gómez-Fraguela, Sobral y Villar, 2005).
Características psicopatía infanto-juvenil

Según Sánchez (2009) existen diversas características conductuales en la primera


infancia que determinan una desviación social tales como mentira, robo,
absentismo escolar, hurto, abuso de sustancias psicoactivas, alcoholismo, huidas
de casa, sexualidad precoz, mal comportamiento en clase, entre otros.

Por otro lado, Seagrave y Grisso (2002; citado por Halty y Prieto, 2015) mencionan
que se presentan diferentes factores asociados a las características de psicopatía
infanto-juvenil. Con respecto a lo interpersonal o afectivo, refieren que la falta de
empatía, remordimiento, grandiosidad e incapacidad para aceptar la
responsabilidad de las transgresiones son características presentes en los
adolescentes y en cuanto al aspecto comportamental, se encuentra como
denominador común la impulsividad y la búsqueda de riesgo que se va perdiendo
poco a poco en la adultez. La tarea del profesional se debe centrar en distinguir
cuándo hay un problema de conducta propio de la etapa evolutiva y cuándo se
está frente a un precursor de un trastorno en la edad adulta.

Uno de los factores de riesgo más trabajados en muestras infantiles y juveniles ha


sido el aspecto de rasgos relacionados en la dimensión Dureza/Insensibilidad de
la psicopatía. De acuerdo a esto se destaca un estudio longitudinal propuesto por
Frick y colaboradores (citados en Vinet, 2010), donde se deja entrever en un
primer momento que la estabilidad de los rasgos psicopáticos se encuentra en
relación con el contexto psicosocial del niño (estatus socioeconómico, y la calidad
de las estrategias parentales del cuidado). En segundo lugar se notaron altos
niveles de agresión y más aún en la agresión instrumental, y reportes altos de
delincuencia. Por consiguiente se plantea que es posible que el involucramiento
en conducta antisocial, criminal y agresiva, a través del tiempo desensibilice a los
jóvenes sobre las secuelas de su conducta en ellos mismo y en los otros,
generando que sus rasgos de dureza sean más estables.

Diagnóstico
Para considerar el trastorno de psicopatía infanto-juvenil el diagnostico se centra
en el Trastorno de Conducta (TC) que de alguna u otra forma es una categoría
heterogénea, que otorga patrones de comportamientos antisociales persistentes y
extremos para el nivel evolutivo del niño, que por ende entra en conflicto con las
normas y derechos de los demás (Vinet, 2010). Por otra parte y a juicio de Quay
(1986; citado por Vinet, 2010) propone el tipo Infra-socializado el cual expone a
niños con problemas para establecer lazos afectivos, falta de remordimiento,
egocentrismo, conducta arriesgada y agresiva, mientras que, el tipo Socializado
Agresivo, acoge a niños que ejercen conductas antisociales en pandillas, como
parte de una subcultura en la que se viven grandes importantes vínculos grupales.
De esta manera y de acuerdo con Moffitt (1993; citado por Vinet, 2010) los niños
en los cuales la conducta problema aparece temprano poseen una trayectoria
evolutiva persistente y un alto riesgo de desarrollar una psicopatía en la etapa
adulta.

Cabe mencionar que en la psicopatía infanto-juvenil se generan dos


aproximaciones diferentes que se acercan de manera diferente al TC. La primera
involucra una subcategoría de TC asentado en la comorbilidad con la
hiperactividad e impulsividad; dicha aproximación expone que los niños con los
comportamientos anteriormente mencionados y problemas de conducta tienden a
mostrar un alto riesgo de conductas antisociales severas, que aquellos niños que
solo presentan una de las dos condiciones (Lynam, 1996; citado por Vinet, 2010).
La segunda aproximación hace referencia a características asociadas a los rasgos
de frialdad emocional y crueldad que se expone en un subgrupo de niños con
impulsividad/hiperactividad y TC (Frick, Barry y Bodin, 2000; citados por Vinet,
2010).

De acuerdo a lo anteriormente mencionado, es importante agregar los diferentes


factores en la psicopatía y para esto Farrington (2005; citado por vinet, 2010)
afirma que diferentes elementos familiares pueden afectar a niños y jóvenes. Así
mismo, Paris (2005; citado por Vinet, 2010) menciona que existen factores
biológicos y características Neuropsicológicas como el problema para desarrollar
respuestas condicionadas a estímulos relacionados con el miedo y temperamento
desinhibido pueden llevar a una psicopatía en la adultez; de igual forma hace
relevancia en la comorbilidad que se presenta con el TDAH y la diferenciación de
género en la prevalencia psicopática la cual podría relacionarse a factores
genéticos. Siguiendo por la misma línea en los factores psicológicos se presentan
los factores familiares y según McCord y McCord (2005; citado por Vinet, 2010)
destacaban dicho factor como antecedente para una psicopatía., debido a que, el
rechazo parental, un padre antisocial, la supervisión parental pobre y la disciplina
errática, intervenían en el desarrollo de la psicopatía .También es importante
resaltar que la pertenencia a familias uniparentales, hogares desintegrados y
experiencias de abuso sexual, serian componentes de riesgo influyentes para el
desarrollo de características psicopáticas (Vinet, 2010 ).

Por esta razón, es importante tener en cuenta que los antecedentes de la


psicopatía adulta se deben buscar en etapas tempranas del ciclo vital, debido a
que es allí donde aparecen las características de relaciones interpersonales
problemáticas, disfunción neuropsicológica y conducta antisocial crónica
asociadas a la psicopatía. (Moffitt, 1993; citado por Romero, 2001). Sin embargo,
McBurnett y Pfiffner (1998; citado por Romero, 2001) señalan que probablemente
no todos los niños con trastorno de conducta temprano desarrollaran psicopatía a
futuro.

Pruebas

El interés por la evaluación de la psicopatía infanto-juvenil tuvo un incremento por


la necesidad de diseñar una herramienta que pudiera ser aplicada a dicha
población, debido a que la mayoría de instrumentos de evaluación fueron
diseñados para adultos (Halty y Prieto, 2015). Dichos autores, mencionan que
Hare desarrollo un instrumento de evaluación llamado PCL-R (Psychopathy
Checklist – Revised) excelente para la psicopatía adulta, el cual consiste en una
entrevista semi-estructurada conformada por 20 ítems y posteriormente una
recolección de información colateral del sujeto a partir de expedientes del centro
penitenciario con el fin de reflejar el grado en el que el individuo se aproxima al
prototipo de psicópata.

Conviene subrayar que para población infantil el PCL-R resulta inapropiado debido
a que no pueden aplicarse a jóvenes gran número de ítems, tales como: “estilo de
vida parasito”, “varias relaciones maritales breves”, entre otros (Halty y Prieto,
2015). Por ello, Forth se vio motivado para desarrollar la PCL-YV (Psychopathy
Checklist: Youth Version) la cual a partir de su creación ha sido respalda por
múltiples investigación empíricas. (León y Zúñiga, 2012).

Partiendo de lo anterior, la PCL-YV es la adaptación directa del PCL-R a población


adolescente, incluyendo los mismos ítems, salvo los mencionados anteriormente
que no pueden ser aplicados a muestras de jóvenes y también la recolección de
información que no solo es brindada por los informes del Centro de Menores sino
que ponen especial interés en la información brindada por su familia, sus pares y
el ajusta escolar. En cuanto a la estructura factorial aparecen dos factores, el
primero de ellos está relacionado con los aspectos interpersonales/afectivos y el
segundo con un estilo de comportamiento desviado. (Stockdale, Olver y Wong,
2010; citado por Halty y Prieto, 2015).

Por otra parte, Halty y Prieto (2015) refieren que se han desarrollado alternativas
de evaluación al PCL-YV que permiten identificar jóvenes con características
psicopáticas, tales como:

1. Cuestionario APSD (Antisocial Process Screening Device) es un


instrumento de auto-informe más utilizado para evaluar las características
psicopáticas en población infanto-juvenil. Contiene 20 ítems parecidos a los
expuestos en el PCL-R, existe una versión para padres, otra para docentes
y otra para los niños. Está conformada por tres factores divididos por
subescalas, la primera subescala de narcisismo formada por 7 ítems, la
segunda subescala evalúa impulsividad formada por 5 ítems y la última
evalúa el componente de Callous unemotional (CU) formada por 6 ítems
(Frick, Bodin y Barry, 2000; citado por Halty y Prieto, 2015). Aunque es un
instrumento fácil de administrar no está exento de limitaciones.
2. CPS (Child Psychopathy Scale) dicho instrumento se ha empleado en
ocasiones muy limitadas, requiere más investigación sobre sus propiedades
psicométricas y en jóvenes aporta una medida de la psicopatía muy
sesgada hacia el factor del comportamiento antisocial; es recomendable
emplear este instrumento a mayores de 12 años de edad (Kothler y
McMahon, 2010; citado por Halty y Prieto, 2015).
3. YPI (Youth Psychopathic Traits Inventory) es un auto-informe basado en el
modelo de tres factores del PCL-R, el cual consta de 10 escalas que
evalúan 10 rasgos específicos de la psicopatía como grandiosidad, encanto
superificial, manipulación, mentira, ausencia de remordimiento,
impulsividad, irresponsabilidad y búsqueda de sensaciones. Diseñado para
ser aplicado en jóvenes de 12 años en adelante, aunque se han encontrado
datos psicometricos satisfactorios en niños de 9 a 12 años (Cauffman,
Kimonis, Dmitrieva y Monahan, 2009; citado por Halty y Prieto, 2015).
4. PCS (Psychopathy Content Scale) es una escala que incluye ítems de
verdadero/falso y aunque varios de los ítems representan características
afectivas, del comportamiento e interpersonales consistentes con el
constructo de psicopatía, la escala no encaja dentro del modelo factorial de
la misma. Los estudios realizados muestran grupos de adolescentes entre
12 y 18 años de edad (Kothler y McMahon, 2010).

Desde otro punto de vista, Luengo (2012; citado por Jordá y Besteiro, 2013)
menciona algunas técnicas experimentales de detección de la psicopatía, que
contribuyen a incrementar la fiabilidad y precisión de los diagnósticos psicopáticos
además de las entrevistas y las diversas escalas de medida, distinguiendo entre
“el paradigma del sobresalto potenciado” y “el paradigma de la cuenta atrás”.

Investigaciones
Cleckley, H & Cleckley, E. (1988). The mask of sanity: An attempt to clarify some
issues about the so-called psychopathic personality (5th ed). Estados
Unidos: editorial Emily S. Cleckley.

Escobar, F. (2010). La evaluación diagnostica de la psicopatía. Rev.Fac.Med. 58


(2). 101-102.

Halty, L. y Prieto, M. (2015). Psicopatía infanto-juvenil: Evaluación y tratamiento.


Papeles del psicólogo. 36 (2). 117-124.

Halty, L., Martínez, A., Requena, C., Santos, J. y Ortiz, T. (2011). Psicopatía en
niños y adolescentes: modelos, teorías y últimas investigaciones. Rev.
Neurol. 52 (1). 19-27.

Jordá, C. y Besteiro, I. (2013). La psicopatía en menores infractores: retos para su


investigación e intervención. Revista criminalidad. 55 (3). 265-278.

León, E. y Zúñiga, D. (2012). Características psicopáticas en la adolescencia:


sistematización teórica. Universitas Psychologica. 11 (4). 1197- 1207.

López, S. (2013). Revisión de la psicopatía: Pasado, presente y futuro. Revista


Puertorriqueña de Psicología. 24 (2). 1-16.

López, M. y Núñez, M. (2008). Psicopatía versus trastorno antisocial de la


personalidad. Revista Española de Investigación Criminológica. 1 (7). 1-17.
McCord, W & McCord, J. (1964). The psycopath: An essay on the criminal mind.
New York: Editorial Van Nostrand.

Mejía, C., García, J., Palacio, C., Correa, O., Gil, C. y Arango, J. (2004). Aspectos
neurobiológicos de la psicopatía. IATREIA. 17 (4). 370-382.

Muñoz, J. (2011). La Psicopatía y su Repercusión Criminológica: Un modelo


Comprehensivo de la Dinámica de Personalidad Psicopática. Anuario de
Psicología Jurídica. 21. 57-68.

Pozueco, J., Romero, S., y Casas, N. (2011). Psicopatía, violencia y criminalidad:


un análisis psicológico-forense, psiquiátrico-legal y criminológico. Cuad Med
Forens, 17(4), 175-192.

Romero, E., Luengo, M., Gómez- Fraguela, J., Sobral, J. y Villar, P. (2005).
Evaluación de la psicopatía infanto-juvenil: estudio en una muestra de niños
institucionalizados. Anuario de Psicología Jurídica. 15. 23-40.

Romero, E. (2001). El constructo psicopatía en la infancia y la adolescencia: del


trastorno de conducta a la personalidad antisocial. Anuario de Psicología.
32 (3). 25-49.

Salekin, R. y Frick, P. (2005). Psychopathy in children and adolescents: The need


for a developmental psychopathology perspective. Journal of Abnormal
Child Psychology. 33. 403-409.

Sánchez, F. (2009). Fisonomía de la psicopatía. Concepto, origen, causas y


tratamiento legal. Revista de derecho penal y criminología. 3 (2). 79-125.

Vinet, E. (2010). Psicopatía infanto-juvenil: avances en conceptualización,


evaluación e intervención. Terapia psicológica. 28 (1). 109-118.