Está en la página 1de 1

Doloroso triángulo, como son todos los triángulos amorosos.

La guerra ha separado a un
hombre de su esposa y de su amante. La relación transcurre en dos pequeñas ciudades,
muy distantes entre sí, donde viven las mujeres, y en el frente de batalla, donde él, en la
batalla por sobrevivir, se encontrará consigo mismo, quizás. Se escriben poemas: ellas a
él, él a ellas. La amante, apasionada, sensual, anhelante. La esposa, abnegada, madre,
enamorada, resignada a la ausencia. Él, recíproco con ambas al principio, lidia con la
muerte cada día. Se pregunta sobre el sentido de su vida, si es que sobrevive. Deberá
tomar una decisión : ¿Quién perderá? ¿Ayudará la guerra a resolver un dilema de la
vida? El silencio apagará las dudas.

Robert Brockmann

¿Qué se hace en la espera?, ¿qué en la angustia de la carta dirigida al silencio o al


ausente? ¿Es toda guerra una tachadura que nos borra el sentido dado a una palabra
como Patria, o amor, o enemigo? En esta escritura, cartas-poemas van hilvanando el
reverso de la Guerra del Chaco desde sus nimios lugares de la emoción y el cotidiano.
Quizás porque es desde esos sitios que es posible mirar el horror y el absurdo de toda
ofensa bélica; quizás porque preguntar “¿quién es tu enemigo?” ha llevado siempre al
desastre y el amor lo sabe, el poema lo sabe. La derrota no es la de los gobiernos
firmando la tregua sin avisar a las trincheras, ni la del conteo doloroso de muertos,
heridos, sobrevivientes o desaparecidos… Los derrotados son los lazos, los encuentros
con la vulnerabilidad propia o ajena… los restos que nunca vuelven y piden no volver.
Con todo ello la escritura de Daniela Renjel zurce los pedazos de nuestra herida
histórica, de nuestra herida des-amorosa.

Mónica Velásquez Guzmán