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INVNDACIÓN CASTÁLIDA

REVISTA DE LA UNIVERSIDAD DEL CLAUSTRO DE SOR JUANA � NOVIEMBRE 2016

REVISTA DE LA UNIVERSIDAD DEL CLAUSTRO DE SOR JUANA � NOVIEMBRE 2016


INVNDACIÓN CASTÁLIDA

RULFO 100
C R I ST I N A R I V E R A G A R Z A AN A G A RC Í A B E RG U A
H O R AC IO C A ST E L L A N OS B IB IA N A CA MAC HO
J O RGE F. H E R N Á N D E Z C AR M E N B . L Ó PE Z PO RT IL LO
C H R I STO PH E R D O M Í N G U EZ S A N D R A PA N I
M A R I O B E L L AT IN G E N E Y B E LTR Á N F É L IX
PACO I G N AC I O TA I BO II DA R ÍO J A R A M IL LO
L E OP O LD O L E Z AM A I R E N E SO R IA
A L Í C H U M AC ERO J OS É DE L A CO LI N A
F R A N C I SCO C AR R I L LO M I L ÁN K U N D E R A
RO GE L I O C U É LL A R M ASS IM O R IZ Z A N TE
DAN IEL ROD RÍ G U E Z BA RR Ó N
M OR A M AY H E R R ER A
A RTU RO G . A L DA M A
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Índice
(Una fantasía) 3
“Mi Rulfo es completamente contemporáneo”:
Cristina Rivera Garza; Entrevista con Daniel
Rodríguez Barrón 4
Pedro Páramo o el quejido del muerto; Horacio
Castellanos Moya 6
Juan Rulfo, en algún lugarde la noche, nos
describe; Jorge F. Hernández 8
Juan Rulfo; Christopher Domínguez Michael 9
Rulfo, los perros y la cerámica Talavera;
Mario Bellatin 12
La quemazón de La Cordillera 13
Pedro Páramo. Génesis y naturaleza de una obra
maestra en el centenario de Juan Rulfo;
Leopoldo Lezama 14
Recuerdos de Juan Rulfo. Entrevista con
Alí Chumacero; Leopoldo Lezama 16
Por los caminos de Juan Rulfo; Francisco
Carrillo Martín 19
El arte de la fuga novelesca. Diálogo con
Milan Kundera; Massimo Rizzantetraducción
de Carmen Ruiz de Apodaca 21
El soneto como educación sentimental 24
De cómo Elena cambió su corona por palabras;
Carmen B. López – Portillo Romano 27
Una rama dorada para Sandra Pani; Moramay
Herrera Kuri y Daniel Rodríguez Barrón 29
Gentes profanas en La Merced; Bibiana Camacho 31
La modernidad en La puerta del infierno de Rodin 33

Ilustraciones: Rud tinit laor iure ming etuero eu


facin utpat. Henis alit at. Ut ut augiatio corperos
nulla acin utetue volorpercin utpat prat lore
dolortio od er irit accum quipit, quisim velessequat
ip essim digna conse molesecte dolor suscidunt
nummy nonsenit, sum am, quat praessi.
Unt nostion sequat wisl inci blam, conum ilit
luptate te doloborem do core eugue feu faci et la
autet laore vullutp atismoloreet non vel exer si
enim quatem in ut er sim zzriuscip exerit nonulput
iuscidunt wis num nulputatet prat am.

invndación castálida  |  1
Las revistas en México tienen una larga tradición. Fueron y son germen de genera-
Rectora
Carmen B. López-Portillo Romano
ciones, lugares donde nacieron las ideas necesarias para transformar política y cultu-
ralmente a nuestro país.
Inundación Castálida. Revista de la Universidad del Claustro de sor Juana
Directora de invndación cast á lida
surge con la vocación de ampliar una conversación doble: por un lado, puertas aden-
Moramay Herrera Kuri
tro, entre el Claustro y sus alumnos y docentes, hacerles saber todo lo que hace su
universidad —de la edición de libros a la exhibición de artes plásticas; de la relación
Editores con otras universidades y cátedras dentro y fuera de México, al trabajo de difusión en
Luis Torres Acosta
Daniel Rodríguez Barrón
museos e instituciones locales—; y por otro lado, puertas afuera, creando un diálogo
con lo que pasa en el mundo tanto en las artes como en la academia, en la literatura
como en los derechos humanos. Como a toda universidad, al Claustro de sor Juana
Formación y versión digital le competen los temas sociales, morales, literarios y políticos, y no es ajena a lo que
Ernesto Ramírez
ocurre en el país y el mundo.
Bajo una un verso o título de una obra de sor Juana desarrollamos nuestro índice.
Consejo editorial En Tinta en alas de papel, agruparemos el cuerpo central de la revista, nuestro
Margo Glantz, Adolfo Castañón,
Mario Bellatín, Rafael Tovar López-
dossier dedicado a artistas, obras y conceptos que por aniversario o contigüidad inte-
Portillo, Hernán Bravo Varela, Ana lectual con el Claustro de sor Juana nos resulten pertinentes. En este caso celebramos
García Bergua, Pablo Rafael, Luis el centenario de Juan Rulfo, uno de los más grandes escritores universales. Y conta-
Alberto Ayala Blanco mos con plumas como las de Mario Bellatin, Horacio Castellanos Moya y Cristina
Rivera Garza —entre otros— quien acaba de recibir el Premio Excelencia en las Le-
tras José Emilio Pacheco.
Neptuno alegórico está dedicado a la creación —cuento y poesía— de aquellos
es una
invndaci ó n cast á lida
publicación editada por la
autores relacionados con el Claustro, profesores y autores a los que hemos publicado,
Universidad del Claustro de Sor con un guiño a la crónica, tan necesaria en nuestros días, que estará dedicada al pasado
Juana. y presente del primer cuadro de la Ciudad de México. Aquí cabe destacar un cuento
ISSN: en trámite de Ana García Bergua quien fue merecedora del Premio Bellas Artes de Narrativa
Colima para Obra Publicada por su libro La tormenta hindú de donde sacamos el
cuento “Lotería”.
Diversa de mí misma es la sección que destacará las múltiples tareas del Claustro
Correo electrónico
de sor Juana: la edición, la colaboración con museos, las artes plásticas exhibidas en la
Celda contemporánea, y un vistazo a lo que ocurre en el mundo académico y literario
dentro y fuera de México. En este apartado hay espléndidos textos de José de la Coli-
Universidad del Claustro de Sor na y Carmen López Portillo Romano, y una entrevista con Milan Kundera, quien no
Juana.
Izazaga 92, colonia Centro, había accedido a entrevistas desde hace 20 años.
delegación Cuahutémoc, C.P. De este modo, Inundación Castálida quiere ser un agente activo en la vida cul-
06080, Ciudad de México tural del país, y como hicieran las grandes revistas de nuestra historia cultural, busca
www.elclaustro.edu.mx
avivar con su presencia los esfuerzos por construir, desde la ideas, un México plural
de paz y dignidad para todos.

2  |  noviembre, 2016
(Una fantasía)*
Detente, sombra de mi bien esquivo,
imagen del hechizo que más quiero,
bella ilusión por quien alegre muero,
dulce ficción por quien penosa vivo.

Si al imán de tus gracias, atractivo,


sirve mi pecho de obediente acero,
¿para qué me enamoras lisonjero
si has de burlarme luego fugitivo?

Mas blasonar no puedes, satisfecho,


de que triunfa de mí tu tiranía:
que aunque dejas burlado el lazo estrecho.

Que tu forma fantástica ceñía,


poco importa burlar brazos y pecho
si te labra prisión mi fantasía.

Sor Juana Inés de la Cruz (1651-1695)

* Tomado del libro Del Marqués a la monja. Antología del soneto clásico en castellano. Darío Jaramillo Agudelo, Universidad del Claustro
de Sor Juana/ Museo Soumaya, Fundación Slim. México, 2016.

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TINTA EN ALAS DE PAPEL: RULFO 100

“Mi Rulfo es completamente


contemporáneo”: Cristina Rivera Garza

muy estrechamente con el mundo de las carreteras que propi-


Entrevista con Daniel Rodríguez Barrón ciaban el uso del tiempo libre de las clases medias que estaban
emergiendo en esa época. Es decir, es un trabajo que está ligado
al desarrollo del turismo, que sigue siendo hasta el día de hoy
una de las industrias más importantes para nuestra economía.
Había mucha neblina o humo o no sé qué (Random House, Méxi- Pareciera ser un trabajo menor y sin embargo, en el contexto
co, 2016) es el más reciente libro de Cristina Rivera Garza, un está en el corazón mismo de la modernidad mexicana.
texto de múltiples capas: crónica, ensayo, cuento, donde aborda
la vida laboral de Juan Rulfo —como empleado de la Goodrich-
Euzkadi y como parte de la Comisión del Papaloapan— para
ofrecernos un Rulfo que sin duda modificará las lecturas tradi- Comala es el proceso
cionales de su trabajo, un Rulfo urbano y moderno, un Rulfo de deterioro
para el siglo xxi.
del milagro mexicano
A lo largo de la lectura desarrollas una idea que me gustó
mucho: que el escritor no sólo es escritor cuando escri-
be, cuando está frente al papel o la computadora, sino que Y el segundo es todavía más paradigmático y complejo que es
todo lo que hace, sus trabajos alimenticios, sus viajes, in- un trabajo, no para la iniciativa privada como fue el de Euzkadi,
cluso sus tedios son ya escritura. sino para el Gobierno Federal uno de los proyectos más am-
biciosos del alemanismo que es la Comisión del Papaloapan a
¡Qué bonita manera de empezar! Sí, una idea muy romántica la que se le dedicó una cantidad enorme de presupuesto para
del escritor es que sólo lo pintan leyendo (a veces ni leyendo) “abrir” (con comillas) los recursos naturales de esta región del
y escribiendo. Y la idea romántica es que todo es inspiración, país a la inversión nacional y extranjera. La joya de este pro-
es decir, ni siquiera hay que informarse porque todo te llega de yecto fue y es la Presa Miguel Alemán, y para construirla —el
alguna manera mágica y se transmuta en texto, sale publicado y territorio estaba ocupado naturalmente—, tuvieron desalojar y
se distribuye. Ésa es la idea romántica. En cambio una idea más despojar a los pobladores y muchos de esos casos siguen siendo
apegada a la realidad, es que los escritores hacen muchas acti- hasta el día de hoy causa de tensión.
vidades entre las cuales, publicar un libro es importante, es una Entonces como escritor tienes que hacer una serie de activi-
parada entre las múltiples paradas en que consiste el viaje de ser dades para vivir y para tener tiempo para escribir, pero esos tra-
escritor. Y creo que hay mucho que ganar de todas estas otras bajos te presentan dilemas. Y parte de obra de Rulfo tiene que
actividades que como escritor se llevan a cabo, desde dar char- ver con cómo esos dilemas mutan y se vuelven ficción, gracias a
las, escribir reseñas, hacer entrevistas, porque son cuestiones un tratamiento estético muy especial, muy a lo Rulfo, pero esos
que siguen alimentado el trabajo, ya sea que a uno le guste o no dilemas son parte de lo que palpita en su escritura; desde luego,
ya sea que uno se queje o no de ellas. Pero se convierte en un diseminado y digerido, porque es un gran escritor y por lo tanto
proceso de retroalimentación. Yo no creo que exista una parte no hay una voluntad de reproducción tal cual de la realidad.
de nuestro cerebro que sólo se dedique a escribir, a cuestiones
estéticas y literarias, y que esté completamente separada de la Hay una aseveración muy importante en tu libro y que
que registra quién pagó el último recibo de la luz. cambia por completo la visión romántica que se tiene de
Me interesa el caso el Rulfo porque creo que es uno de los Rulfo —que es aquélla que insiste en verlo como un hom-
casos paradigmáticos en el proceso de modernización de México bre de campo, cuyo trabajo consistió en cerrar el capítulo
a mediados del siglo xx, en donde vemos a un autor, no necesa- de la novela de la revolución mexicana creando el último
riamente de las clases pudientes, sino una persona que tiene que fresco de la vida rural— lo que tú señalas que es Rulfo es
trabajar para vivir, y tiene que dedicarle tiempo a ir a la chamba, un escritor urbano que inventó una ficción.
a veces en trabajos menores, hasta llegar a dos trabajos que me
resultaron especialmente intrigantes. Primero, trabajar para la Es parte de la provocación del libro, porque la conexión que
Euzkadi, pero trabajar allí a mediados del siglo xx, es trabajar acabas de hacer es la doxa rulfiana y por supuesto que hay evi-

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Rulfo tienes que trabajarlo horas y horas en el artificio. A ve-
ces, decir que escribe como hablaban los bisabuelos, no es un
elogio, es poner en duda su inmenso talento, él no reprodujo
un habla: la inventó. Es como decir que simplemente estuvo a
la hora indicada en el momento indicado y cualquiera lo pudo
haber hecho; y no, fue un hombre en estado de alerta que pen-
só, digirió lo que vio, detectó cosas a veces consciente y a veces
inconscientemente y las trabajó en sus libros; es decir, si no to-
mamos en cuenta al Rulfo de la urbe, nos estaríamos perdiendo
de mucho de su obra.

Sobre la construcción formal del tu libro hay que decir


que está llevada sobre varios viajes: los que hace Rulfo a lo
largo de los años debido a su trabajo; el que haces tú para
ver esos lugares donde estuvo el escritor; y uno más, el del
propio texto, que parece ir haciendo paradas, recorriendo
caminos, unas veces aumentando la velocidad y otras ba-
jándose de un auto para ver el paisaje. Más que una road
novel es un road essay.

Me gusta la definición. Yo creo mucho en la experimentación


formal cuando la experimentación formal está orgánicamente
ligada a la materia de trabajo. Tiendo a desconfiar mucho del
artificio por el artificio. Como lectora no es lo que más me in-
teresa y como escritora me gustaría pensar que cualquier ejer-
cicio que implique moverle el tapete a los géneros tiene estar
justificado orgánicamente por la materia del texto. Y creo que
Cristina Rivera Garza Fotografía: Moramay Herrera lo que yo estaba trabajando era lo suficientemente complejo en
sí mismo como para echar mano de todas las estrategias a las
que tengo acceso y de ser posible inventarme otras. Porque cada
dencias y esa lectura me parece pertinente. Pero una de las ma- vez que tratamos de acercarnos a la obra y a la personalidad de
ravillas de los grandes textos es que te permiten varias lecturas alguien siempre habrá esta neblina, este humo, este no sé qué…
y ésta es otra opción, no se trata de optar por una o por otra, es y considerando eso, los viajes y seguir su huella, son como ya
sólo mi lectura: siguiendo la pista de la migración y el trabajo decíamos un intento de dejar atrás esa idea romántica de que los
me daba la impresión de que lo que estamos viendo en su obra intereses del escritor son sólo ideas abstractas o su mundo es so-
son textos urbanos, son textos en movimiento, son textos de un lamente literario, más bien quise hacer lo que comentabas hace
inmigrante a la ciudad que la padece y la disfruta, textos escri- rato, hacer que todo se vuelva escritura, en un sentido amplia-
tos por alguien habituado al consumo cultural, por supuesto do, me interesaba mucho hacer lo mismo que hizo Rulfo: dejar
que nació en provincia, pero como escritor sus textos vienen la casa, abandonar la silla y la pantalla y poner el cuerpo en el
de la ciudad, son textos del milagro mexicano. Comala es la camino. Para mí eso era lo importante y era importante porque
otra cara del milagro mexicano, es el proceso de deterioro del estamos en un momento en que la ficción como tal está pasando
milagro mexicano, y eso lo capta muy bien, pero para captarlo por una crisis, en que estamos leyendo más que por mero gusto
tienes que verlo desde la ciudad. o moda, mucho de la así llamada no ficción. Knausgård dice que
en un mundo en que todo se ha convertido en ficción, la ficción
Tú nos presentas a un Rulfo que no nos gusta ver porque ya no tiene ningún valor. Pero yo no estoy lista para hacer una
no calza con la idea romántica, nos muestras a un Rulfo ofi- aseveración tan dura porque la ficción tiene el valor de sacarnos
cinista y urbano, un Rulfo que toma fotos y compra libros, de nosotros mismos y ponernos a experimentar el mundo de
pero sobre todo, un Rulfo que crea una ficción. Durante acuerdo a la visión de otros. Así que mi libro y sus estrategias
años los lectores pudieron decir cosas como “los perso- responden a esa crisis, hay ficción, hay cuentos, pero hay mu-
najes de Rulfo hablan como hablaba mi abuelita o mi bis- chas otras cosas que exceden el mundo de la ficción.
abuelo”, y no, no se trata de la realidad del campo tal cual,
sino que es un texto de ficción poética muy trabajado. Tu Rulfo es entonces ¿un Rulfo contemporáneo?

Me gustaría pensar que más que oponerme a esa visión román- Mi Rulfo es totalmente contemporáneo, creo que sus libros,
tica, lo que busco es ampliar la conversación acerca de Rulfo. sus textos, sus actividades como editor, como fotógrafo, inau-
Porque es verdad que era un gran lector de antropología y et- guran una figura de escritor para la modernidad del medio siglo
nografía, pero no darle oportunidad a esta otra visión es reducir mexicano. Y es un escritor que sigue haciéndose preguntas que
su complejidad, porque para que algo suene tan natural como son pertinentes para los lectores y los escritores de hoy.

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TINTA EN ALAS DE PAPEL: RULFO 100

Pedro Páramo o el quejido del muerto

2. La primera vez que leí Pedro Páramo, unas tres décadas atrás,
Horacio Castellanos Moya lo hice con mis prejuicios de entonces hacia la literatura regio-
nalista, hacia esos mundos rurales que no me entusiasmaban ni
me decían nada, hacia una obra que reflejaba el México provin-
ciano y postrevolucionario que había sido dejado atrás por la
1. En días recientes he visto de nuevo las entrevistas hechas a pujanza modernizadora, una novela que rememoraba un mun-
Juan Rulfo por la televisión española a finales de la década de do de revolucionarios y cristeros lejano a la estabilidad priísta
los setenta y también en 1983, cuando recibió el Premio Prín- de finales de la década de los setenta, una novela escrita cierta-
cipe de Asturias. Hosco, de pocas palabras, sin ningún interés mente con un alto vuelo poético y una gran libertad narrativa,
por parecer simpático o ganarse a la audiencia, Rulfo habla con pero cuya principal novedad consistía en que sus personajes
desgano, iba a decir, pero es en verdad molestia, fastidio–del eran ánimas y ecos, lo que la hacía diferente de las demás nove-
escritor que fue y de la obra que escribió. La lambisconería las regionalistas que la precedieron en Latinoamérica. Mucha
de los entrevistadores nada más acentúa su mueca de disgus- agua ha corrido bajo el molino desde entonces. Releer Pedro
to. Le hablan de alguien que él ya no es y de algo que él ya Páramo de cara al México actual, desgarrado por la violencia
no hace; sólo expresa visos de emoción cuando se refiere a su y la guerra, es una experiencia impresionante: la primera idea
labor como fotógrafo o como editor en el Instituto Nacional que nos tienta es que la historia es cíclica, que su aparente li-
Indigenista en el que laboró durante las últimas décadas de su nealidad es pura forma: Comala puede ser ahora cualquier pue-
vida. Hubo un momento en que, mientras miraba una de las blo en Tamaulipas o en Chihuahua o en Michoacán, diezmado
entrevistas, se me vino a la cabeza Arthur Rimbaud, un poe- de pobladores por los enfrentamientos armados entre bandas
ta que escribió un par de libros geniales y enseguida dejó de de narcotraficantes, las policías y el ejército, y en el que sólo
ser lo que era y se metamorfoseó. ¿Cómo hubiera reaccionado deambulan las ánimas y los ecos. Comala está profundamente
Rimbaud si en los últimos años de su vida un periodista lo hu- enraizada en la tierra, impregnada del paisaje y del cielo mexi-
biese abordado para que hablase en detalle de su obra y de sus canos, pero también está en un espacio más allá, como suspen-
años literarios? Rulfo no tenía el espíritu de aventura del joven dida en el aire; es un pueblo que pertenece a un tiempo histó-
francés: ni se largó al cuerno de África ni se metamorfoseó en rico preciso, pero también está fuera del tiempo. Y lo mismo
traficante de armas, sino que nada más guardó silencio, aban- sucede con los personajes a los que Rulfo les abre las vísceras:
donó la escritura sin mayor aspaviento, con la estrategia del expresan la mentalidad, la forma de ver el mundo, del mexica-
zorro, tal como lo describe Augusto Monterroso en La Oveja no, pero también están en otro espacio y en otro tiempo. El
Negra. Su recompensa fue ser testigo, al paso del tiempo (unos retrato de época que sin duda hay en la novela es nada más la
1 000 ejemplares tardaron en venderse cuatro años, contaba el envoltura dentro de la cual efervescen los temas inmanentes al
autor), del inmenso éxito de su obra; su calvario fue tener que hombre: el origen del mal, la naturaleza del alma, el enigma de
hablar de Pedro Páramo el resto de su vida, explicar por qué ya la muerte. La ruptura del espacio y del tiempo es lo que hace
no había escrito otra novela como esa y por qué no se dedicaba de Pedro Páramo una obra inusitada, porque esa ruptura no se
a ello. El silencio de Rimbaud y Rulfo tiene que ver, creo yo, da a partir de elaboraciones intelectuales sino a través de lo
con el hecho de que fueron escritores “médium, cuyas obras cotidiano y lo fantasmagórico. Su actualidad es quemante: la
no fueron producto de un proceso de acumulación paulatino actualidad de la muerte.
sino que les fueron “dictadas” y las escupieron como si fuese
un bocado envenenado. “Ignoro todavía de dónde salieron las 3. Que la agonía de la muerte es distinta a la muerte en sí mis-
intuiciones a las que debo Pedro Páramo. Fue como si alguien ma es algo evidente. A la primera tenemos acceso, podemos
me lo dictara. De pronto, a media calle, se me ocurría una idea ser testigos, constatar el proceso, escuchar y ver el dolor y la
y la anotaba en papelitos verdes y azules, explica Rulfo en un desesperación; de la segunda nada sabemos: inventamos las re-
artículo que escribió cuando se conmemoraban los treinta años ligiones para suplir esa absoluta ignorancia, para resignarnos
de la novela. Y agrega: “El mérito no es mío. Cuando escribí ante la contundencia de lo desconocido. Dos grandes novelas
Pedro Páramo sólo pensé en salir de una gran ansiedad. Porque que retratan la agonía de la muerte son Bajo el volcán de Mal-
para escribir se sufre en serio. com Lowry y La muerte de Virgilio de Hermann Broch (que
en verdad debió, con mayor precisión, haber sido titulada “La

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agonía de Virgilio); en muchas otras obras no faltan excelentes
escenas de personajes agonizantes, como en el famoso cuento
de Ambrose Bierce, An Occurrence at Owl Creek Bridge. Pero la
novela de la muerte es Pedro Páramo. Así, a secas. Dante bajó
de la mano de Virgilio a los infiernos de la teología cristiana,
y luego subió a su purgatorio y a sus cielos. Rulfo no necesitó
ningún guía iluminado: puso a un muerto, Juan Preciado, a que
nos contara la muerte. Tampoco necesitó ninguna teología: el
infierno está aquí, es esto, lo único que conocemos, lo cotidia-
no (como le dice Susana San Juan a Justina: “Yo sólo creo en el
infierno), y la muerte también está aquí, en nuestras narices,
aunque no podamos verla o nos neguemos a reconocerla. Y la
gran novela sobre la muerte sólo podía ser escrita en un país
que le rinde un culto insólito y profundo, cuyos más exacer-
bados cultores la llaman la “Santa Muerte. Rulfo fue, pues, su
médium, un novelista bisoño que se proponía escribir una his-
toria sobre el recuerdo de una niña que vio en su infancia, y que
se convertiría en el personaje Susana San Juan, y que terminó
escribiendo la historia que le susurró la propia muerte al oído.

4. La vigencia de los personajes y del mundo creados por Rulfo


asombra. Por un lado, con Pedro Páramo reveló el arquetipo del
cacique mexicano, más allá de las épocas; ahora puede tener el
nombre de cualquier jefe del narcotráfico, o de cualquier pre-
sidente municipal o gobernador perfumado; su esencia pútrida
emana de la impunidad (¿Cuáles leyes, Fulgor? La ley de ahora
en adelante la vamos a hacer nosotros, le dice a su capataz), y
esta impunidad a su vez genera crueldad y cinismo. Por el otro
lado está el arquetipo de las desposeídas, a quienes hasta en la
muerte sólo les queda la resignación; las sirvientas que funcio-
nan como un coro de Esquilo relatándonos la tragedia de Pedro
Páramo y su amor imposible por Susana San Juan, y que ahora
podrían ser las madres de las víctimas de la guerra. El México
que Rulfo retrata es el de ayer y el de hoy. Por eso la influencia genes son implacables: Pedro Páramo era “un rencor vivo; cuando
de la novela rebasa géneros. Si no, ¿cómo entender la película le llevaron a uno de sus hijos, Miguel, recién nacido, “el mucha-
El infierno (2010), esa macabra parodia de la guerra del narco, chito se retorcía, pequeño como era, como una víbora; la voz del
dirigida por Luis Estrada, que desde su mismo título (Me cae ánima que le señala a Juan Preciado la casa de doña Eduviges
que esta vida es el cabrón infierno, dice unos de sus personajes) “estaba hecha de hebras humanas; el reloj de la iglesia da la hora
reproduce tantos símbolos rulfianos? “como si se hubiera encogido el tiempo; cuando Juan escucha a
los hermanos incestuosos cree descubrir que “las palabras que
5. Pero Pedro Páramo es antes que nada un lenguaje, una prosa. había oído hasta entonces, hasta entonces lo supe, no tenían nin-
Rulfo era un escritor con un oído y una vista privilegiados, y gún sonido, no sonaban; antes de esfumarse, Damiana dice que
sobre todo con un sentido de la contundencia y de la concisión “cada suspiro es como un sorbo de vida del que uno se deshace.
que sólo pudo lograr gracias a que cepilló como carpintero fe- Y así, cada página del libro se puede espulgar, y lo que sorprende
brilmente una y otra vez sus frases. Rulfo explicó que la versión es que el lenguaje logra ese altísimo vuelo sin rebuscamientos,
original de la novela tenía trescientas páginas y que finalmente con el habla de todos los días, gracias a una impresionante con-
la dejó en ciento cincuenta. La muerte le habló al oído, cierta- densación de las emociones. Detrás de cada imagen hay una idea
mente, y le contó la historia, pero sin ese oficio riguroso con el o intuición, y detrás de éstas, el sedimento de una emoción: el
lenguaje, sin esa pasión del orfebre, sin ese apretar y retorcer desamparo, el dolor, la crueldad, la impotencia, el rencor. Un
las frases hasta que gotearan las últimas palabras sobrantes, no lenguaje sin adornos, hecho de silencios; un lenguaje con el que
tendríamos esa prosa que avanza a punta de restallidos. Las imá- Rulfo consigue hacernos oír “el quejido de un muerto.

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TINTA EN ALAS DE PAPEL: RULFO 100

Juan Rulfo, en algún lugar


de la noche, nos describe

Hace veinte años cortejaba una ilusión de ojos azules y me


Jorge F. Hernández sentía el dueño del mundo. A la espera de volver a verla para
seguir la construcción de una utopía común, me acerqué a la li-
brería El Juglar con el destino cifrado en una tarde cuyo presu-
puesto solamente garantizaba dos cafés y un postre compartido.
Como si pudiera abrazar a Juan Rulfo, dedico la madrugada a A la espera de mi ilusión, se me apareció un milagro: entró Juan
leer mi Pedro Páramo, en conversación íntima con su autor para Rulfo, sonriendo. Llevaba un sol adentro del cuerpo, como si
escuchar a sus personajes. Recuerdo con precisión la primera trajera luces bajo la piel, con un saco en tweed que me propuse
vez que leí esa novela sin entender nada, creyendo entenderlo imitar al instante y el nudo de su corbata perfectamente atado
todo. Apenas la terminé, dejé pasar unas horas para volver a bajo el semblante. Decidí invertir el dinero de mi noviazgo en
leerla y confirmar que el primer temblor sucede entre las pri- un ejemplar de Pedro Páramo (el mismo que releo veinte años
meras líneas, que cada párrafo contiene escenas inusitadas cam- después) y con el pretexto de su autógrafo lo bombardeé con
biantes, pues creyendo haber agarrado el hilo, aparecen sor- un rollazo imperdonable sobre mi propia teoría en torno a su
presas como ventanas sin cristales. Ahora la leo con un sosiego novela, los personajes, el tiempo, la nada y el infinito. Es más,
desconocido, sin la prisa de antes, con canas pero con el mismo incluso escupí que yo era escritor, aunque sólo había logrado
asombro y la adrenalina intacta. publicar unos cuentitos y dos reseñas insinceras.
Los sabios son pacientes, los hombres buenos perdonan
al instante y los verdaderos genios no esgrimen pretensiones
absurdas ni soberbia aplastante. Juan Rulfo me dejó hablar y
luego me dijo que había escrito su novela “hace treinta años
y no la he vuelto a leer”, por lo que todo lo que yo pensara de
ella, así como lo que ponderaba la crítica especializada, lo tenía
sin el menor cuidado. Habló de paisajes y de personas reales,
mas no de escenarios ni de personajes ficticios. Dijo que me
preguntara con sinceridad si podría vivir sin escribir y, luego de
reembolsarme el dinero que pagué por su libro para restituirme
el plan de los cafés con postre y novia, me preguntó si de veras
la amaba, que cómo le haríamos para estar juntos siempre, que
es muy difícil vivir sin oficio ni ingresos fijos, encontrar vivien-
da que se vuelva hogar, pues luego vienen los hijos, y hasta del
agua caliente.
Ahora entiendo lo que en ese momento ni percibí: el len-
guaje de los afectos también se habla en silencio; la distancia,
aunque cruel, no borra cercanías que han quedado marcadas
en la piel; todos los olvidos, juntos, no trastocan todo lo que
recuerdo intacto y, efectivamente, no se puede vivir sin escribir
o, por lo menos, leer, a quien como Juan Rulfo, en algún lugar
de la noche, nos describe.

Testimonio recopilado por Ezra Alcázar

8  |  noviembre, 2016
TINTA EN ALAS DE PAPEL: RULFO 100

Juan Rulfo

del completo dominio de Rulfo sobre sus poderes artísticos,


Christopher Domínguez Michael ese método cuyo “inquietante enigma” obsesionaba a Salvador
Elizondo, su viejo colega. Pero la suspicacia ha provocado que
algunos de sus exégetas —Alberto Vital entre ellos— se des-
placen hacia el otro extremo, proponiendo un imposible Rulfo
¿Quién fue Rulfo, el escritor condenado a protagonizar uno de angélico, etérea creatura rilkeana con una relación apenas acci-
los casos más equívocos y polémicos de la literatura contem- dental con la vida literaria, supuesto dueño de virtudes intelec-
poránea? ¿Fue el burro que tocó la flauta, una suerte de idiota tuales de las que careció y que su obra no necesita. Esta hipó-
en estado de gracia a quien la inspiración poética tomó con tesis, paradójicamente, convierte a Rulfo, otra vez, en el “burro
virulencia para arrojarlo exhausto, una vez escritas dos breves que tocó la flauta”, según la expresión de Federico Campbell, la
obras maestras, hacia la esterilidad? ¿O más bien fue un mo- fuente más inteligente y comprensiva entre los amigos de Rul-
derno excepcional cuyo atormentado temple ético le impidió fo. Puesto que se había dudado de que fuese capaz de culminar
volver a publicar, sabedor de que su mensaje había sido trans- Pedro Páramo, es natural que el propio Rulfo —como lo señala
mitido de una manera tan perfecta que cualquier redundancia Reina Roffé— se obsesionase con la leyenda de su propia origi-
hubiera ido en demérito de su posteridad? ¿Desde fines de los nalidad, llegando a asegurar —contra toda evidencia biográfica
años cincuenta del siglo pasado Rulfo continuó escribiendo no- y estilística— que ni a Faulkner había leído antes de publicar El
velas y cuentos que acabó por destruir, insatisfecho, antes de Llano en llamas en 1953.
su muerte, o en realidad no volvió a redactar más que escasos Yo prefiero un Rulfo real, sometido a la determinante in-
y vacilantes borradores, aplastado por la fama, requerido con fluencia epocal de Faulkner lo mismo que al venturoso acci-
urgencia por el mundo? dente de haber conocido y leído a la chilena María Luisa Bom-
Al reino de Rulfo, clásico en vida, van llegando los bió- bal, la autora de La amortajada (1938), su hermana en el estilo
grafos sólo para corroborar que no hay soluciones definitivas y el espíritu. Ese Rulfo, un joven escritor arropado por buenos
al esquivo misterio que entraña su obra. Leyendo las biogra- amigos como Alatorre y Arreola, un lector voraz que en Gua-
fías de Nuria Amat, Reina Roffé y Alberto Vital, queda claro dalajara y en México va construyendo su obra con milimétrica
que el caso Rulfo se compone de tres problemas, íntimamente precisión, me parece más lógico y simpático que aquella re-
relacionados, pero distintos: la inspiración, la recepción y el construcción romántica que privilegia al genio sobre el hom-
silencio. En el primer caso, la trayectoria de Rulfo, antes de bre. Rulfo formaría parte de la legión de los poetas videntes,
la publicación de Pedro Páramo (1955), provocaba una irritan- como yo lo creo, siempre y cuando se acepte que su inspiración
te suspicacia, como si hasta ese momento, su bien conocida proviene no sólo de la tierra nativa y de su ordinaria rotación,
biografía —no otra que la de un discreto escritor provinciano sino de ese mundo de los libros donde se alimentó profunda-
que triunfa en la metrópoli— fuese a todas luces insuficiente mente de Halldor Laxness, Knut Hamsun o Jean Giono.
para explicar la genialidad de su obra. Las discusiones sobre la Muchos años después, en el cenit de su fama, Rulfo volvió
composición de Pedro Páramo exhibían la embarazosa sospe- a poner en duda de manera caprichosa o jocoseria, su propia
cha de un Rulfo que en 1954 no habría sido capaz de culminar autoría, declarando en la Universidad Central de Venezuela,
la novela sin recurrir al auxilio de Antonio Alatorre y Juan José en 1974, que su ya largo silencio literario se debía a la muerte
Arreola o a la talacha del poeta Alí Chumacero, su editor en el de su tío Celerino, quien le contaba las historias. Lo curioso es
Fondo de Cultura Económica. Mientras que Arreola se des- que la boutade de Rulfo dio en el blanco y de inmediato apa-
dijo de la famosa sesión en que él y Alatorre habrían resuelto recieron los previsibles gramatólogos dilucidando la tradición
el acertijo de las cuartillas rulfianas, Chumacero, quien hizo oral como fuente del milagro rulfiano. Ningún tío Celerino,
pública en 1955 su reticencia ante Pedro Páramo, ha preferido de este mundo o del más allá, podría haberle dictado nada a
dejar correr la especie de que él fue para Rulfo lo que Pound Rulfo, un escritor, si se lee bien, escasamente anecdótico. Pero
para Eliot. el asunto viene a cuento de la insistencia de Nuria Amat y de
La investigación sobre el mecanuscrito de Pedro Páramo ar- Reina Roffé en relacionar a Rulfo con Bartleby, el escribiente
chivado en el Fondo de Cultura Económica ha demostrado que de Melville, ocurrencia, justo es recordarlo, de Arreola antes
la versión entregada por Rulfo fue por entero obra suya y que que de nadie. Creo que Rulfo sólo fue Bartleby en un sentido:
los editores sólo corrigieron minucias. Creo que ya nadie duda él prefirió no hacerlo, es decir, prefirió no volver a escribir aun-

invndación castálida  |  9
Fotografía: Rogelio Cuéllar

que se presentó rutinariamente, hasta su muerte, a la oficina de a la Guerra Cristera de 1926-1929, que al posterior fracaso del
la literatura mundial. reparto agrario.
El problema de la recepción, o de “la construcción de la A la necedad sociológica de identificar al sujeto rulfiano con
fama pública”, como la llamó Leonardo Martínez Carrizales alguna de las creaturas de la Revolución mexicana, se sumó la
en Juan Rulfo, los caminos de la fama pública (1998), se ha ido dicotomía propuesta por Emmanuel Carballo en 1954, en la
resolviendo de manera satisfactoria. Es mentira que Rulfo haya que Rulfo representaría el realismo mientras que Arreola, su
sido ignorado y a la distancia resulta sorprendente la rapidez paisano y rival, encarnaría el polo fantástico en nuestras letras.
con que la radical novedad de su obra se impuso, gracias a los Esa oposición, que hoy nos parece elemental y desencaminada,
empeños, justamente reconocidos por los biógrafos, de perso- es consecuencia de esa angustia taxonómica que padecemos los
nalidades como Mariana Frenk, su traductora al alemán, o de críticos. Si bien es inexacto decir que Pedro Páramo es una no-
Carlos Fuentes, que lo dio a conocer en Francia. vela fantástica, hoy día es leída como la obra de un vidente, el
En un principio, a Rulfo se le consideró como la coda o el fragmento mítico que narra el trasiego entre el mundo de los
holocausto del viejo realismo novelesco de la Revolución mexi- vivos y el mundo de los muertos, donde Comala aparece como
cana, cuyos hijos predilectos, los campesinos, gemían como al- el limbo o una forma de paraíso infernal.
mas en pena gracias al arte de Rulfo, prueba del fracaso y de Ninguno de los biógrafos de Rulfo, demasiado atentos
la inconsecuencia del régimen posrevolucionario. Y entre los al peso desquiciante que la fama internacional tuvo sobre el
gafes propios de las primeras lecturas rulfianas destaca aquel escritor, se aventura a investigar la historia de su recepción
que hacía creer que en su obra “era el indio el que hablaba”. universal. Pedro Páramo, a diferencia de otras obras hispano-
Suponer que los personajes de Rulfo pertenecían a una genera- americanas, pronto cesó de ser asociada a alguna de nuestras
lidad llamada “indios” es una nota ilustrativa de lo poco que en- ontologías nacionales. La novela se impuso universalmente,
tonces sabían los universitarios de la ciudad de México (para no atravesando la historia y sus lenguas, pues Pedro Páramo, como
hablar de los extranjeros) de ese mundo indígena del que todos lo advirtió Juan García Ponce en 1971, es un personaje de la
los letrados, cincuenta años después, nos sentimos especialis- familia homérica y, como Ulises, al ser Nadie, reúne a un crisol
tas. Los seres rulfianos son rancheros de viejo linaje castellano, de arquetipos. Y los excesos de una interpretación que despo-
como lo subraya hasta Nuria Amat, tan dada en su Juan Rulfo jase a Rulfo de toda particularidad se mitigaron al plantearse,
(2003) a caer en los habituales tópicos mexicanistas. Y pronto como yo lo creo, que la universalidad de Rulfo proviene de
se supo, dada la frecuencia con la que Rulfo era encuestado, su capacidad, sólo comparable a la de Faulkner, de retratar el
que los saldos bélicos de su narrativa correspondían más bien mito del patriarca y de la destrucción de la comunidad agraria,

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herida del cuerpo civilizatorio que hizo legible el mensaje rul- se respeta a sí mismo y respeta, y quizá teme, a los demás”.
fiano en el mundo. Todas las explicaciones son buenas para justificar su silencio:
Abierta a todas las interpretaciones, la recepción de la obra la inseguridad psicológica, la autocrítica feroz, el doble temor
de Rulfo plantea un problema biográfico que sólo Reina Roffé, al fracaso y al éxito, la pereza, el alcoholismo y las desintoxi-
en Juan Rulfo, las mañas del zorro (2003), toma en cuenta. Ni caciones… Puede creerse (en el fondo da igual) en un Rulfo-
más ni menos que otros escritores célebres, Rulfo se sintió per- Penélope que destejía durante el día la escritura de la noche, o
seguido e incomprendido en la misma proporción en que se en un Rulfo-Sísifo que arroja la piedra de sus esfuerzos una vez
multiplicaba astronómicamente la rulfología. En su caso, pare- llegado a la cima. Hay testimonios en ambos sentidos: algunos
ciera que Rulfo se ninguneaba a sí mismo, hipersensible ante la aseguran haber visto los borradores de La cordillera y de Días
angustia que le causaba la infertilidad. La vanidad herida, que sin floresta, las míticas novelas desaparecidas, y hay quien dice
en otros autores se cura (y se cura a medias) a través de la escri- que todo aquello está en Los cuadernos de Juan Rulfo (1994). La
tura compulsiva y la publicación incesante, en Rulfo se ahogaba realidad es el silencio, la renuncia y cada lector de las biografías
en “rencor vivo”. puede sacar sus conclusiones. Yo prefiero combinar el testimo-
Reina Roffé pone los puntos sobre las íes al denunciar la nio de la familia Rulfo con las palabras de Monterroso: Rulfo,
santurronería y el delirio persecutorio que ha caracterizado al pese a sus fantasías y a sus vacilaciones, supo ser esencialmente
entorno de Rulfo, recordando que “ante la idea de que los otros fiel a su convicción de que en El Llano en llamas y en Pedro
lo perseguían para señalarle sus fallos o se cebaban en él para Páramo había dicho lo esencial. Esa atormentada reticencia es,
mortificarlo y no dejarle vivir en paz, se fue alimentando la con- más allá de las contingencias existenciales que la motivaron,
cepción, en cierta forma paranoica, de que existía una suerte de una lección de higiene moral.
complot contra Rulfo para perjudicarlo. Todavía hoy se habla De las tres biografías sólo la de Roffé cumple con la distan-
de la existencia de una recua de conspiradores que quieren da- cia ideal que, entre la admiración y la desconfianza, caracteriza
ñar su memoria e impiden una auténtica valoración crítica de al género biográfico. Al contrario de Roffé, para quien Rulfo,
su obra, como si ésta no se hubiera realizado suficientemente. como cualquier gran escritor, administró su fama, escogiendo
Sus panegiristas no hacen más que propagar la leyenda de un las mañas del zorro a la manera de la fábula de Monterroso,
Rulfo víctima de la maledicencia, que tanto dolor le causó a él y Alberto Vital prefiere enlistar acontecimientos que, no siendo
a su familia, pues hizo de Rulfo un hombre angustiado, infeliz, desdeñables en lo absoluto, tienden a la construcción hagiográ-
cada vez más solitario […]” (Roffé, Juan Rulfo, las mañas del fica propia de las biografías autorizadas.
zorro, 2003). El caso de Nuria Amat es, en cambio, alarmante por la inep-
El silencio es el tercero de los problemas rulfianos y la meta titud con la que ella y sus editores prepararon un libro donde
ineludible de toda biografía. Rulfo es una de las víctimas más hasta los datos del orden turístico aparecen equivocados. Amat
famosas de lo que Julien Gracq llamó “el escándalo Rimbaud”, confunde el tequila y el mezcal, ignora que Agustín Yáñez,
esa insuperable superstición moderna que vuelve mistérico el como España, se escribe con ñ, deforma las ortografías de Popo-
voto de silencio de un escritor o casi delictiva su imposibilidad catépetl y de Ixtaccíhuatl, habla de una “universidad de Mascaro-
de seguir alimentando las prensas. En otros tiempos no era in- nes” queriendo referirse a la Facultad de Filosofía y Letras de
frecuente que el hombre de letras, como el cortesano o el hom- la Universidad Nacional Autónoma de México (unam) o hace
bre de fe, abandonase el siglo para morir en el monasterio o en creer al lector que los Contemporáneos escribían novelas urba-
el retiro campestre. Pero es inevitable que nuestra época, ávida nas, entre otras perlas que incluyen recurrentes equivocaciones
en transformar al creador en una periclitable máquina publici- en nombres propios y fechas. Junto a la supina ignorancia de
taria, se escandalice doblemente ante la renuncia rulfiana, pues México de la que Amat hace gala, en su Juan Rulfo menudean
desde el romanticismo estamos condenados a sufragar por la las opiniones semicultas, como la que convierte a su biografia-
tríada maldita que Maurice Blanchot localizó en el silencio, la do en Kafka y a su mentor Efrén Hernández en su Max Brod,
locura o el suicidio como destinos fatales del escritor. o aquella en que relaciona a Rulfo con el infortunado Sebald,
Rulfo no fue un Rimbaud, el adulto joven que se desentien- por la relación de ambos con la fotografía. Queriendo dar de
de de la poesía y va a ganarse la vida peligrosamente al desierto; alta a Rulfo entre los grandes escritores planetarios, Amat sólo
tampoco fue un Hölderlin asilado en una torre a la buena mer- exhibe una golosa frecuentación del catálogo editorial vigente.
ced de un carpintero, ni un Salinger herméticamente protegido Algún valor tiene, en cambio, el esfuerzo de Nuria Amat por
de la codicia de una plebe de admiradores. El silencio literario desentrañar el historial psiquiátrico de Rulfo, su estancia en el
de Rulfo fue un silencio mundano, ocurrido en una escena se- manicomio de La Floresta y el efecto que la terapia electrocon-
cular por cuyos aeropuertos y salas de conferencias se paseaba vulsiva pudo haber tenido en él. Pero ese y otros episodios de la
el alma afligida del ex escritor, atento a los murmullos de una vida de Rulfo deberán aguardar la confirmación documental.
clientela (entre la que se encontraba Juan Rulfo) que le exigía Como a Dostoievski, a Rulfo le mataron a su padre antes de
una perversa confirmación del milagro. llegar a la madurez. Ese hecho capital hace suponer a Campbell
Nunca sabremos si Rulfo hubiese cambiado ese agridulce que, una vez narrado y mitificado ese episodio en Pedro Páramo,
peregrinaje por una obra de buey (las cien novelas de Balzac se- Rulfo decidió detenerse, interpretación con la que concuerdo.
gún Jules Renard) sumada a los anticipos millonarios y la buena Pero entre los acontecimientos recabados por sus biógrafos,
prensa pública del escritor contemporáneo. A cambio y acaso tanto los legendarios como los inéditos, fueron pocos los que
en contra de su voluntad, Rulfo se convirtió en la mala concien- me interesaron, lo cual no deja de inquietarme en mi medida
cia ambulante de una literatura mundial cebada en dólares y en de lector asiduo de biografías. Quizá la respuesta esté en el des-
causas justas, e impresionada, como dijo Augusto Monterroso, canso proporcionado por las Noticias sobre Juan Rulfo (2003), de
por el “gesto heroico de quien, en un mundo ávido de sus obras, Vital, una iconografía que nos permite volver una y otra vez a

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Fotografía: Lourdes Almeida

las hoy célebres fotografías de Rulfo, ese regalo envenenado desperdigadas por el llano o autorretratándose en la alta mon-
que el escritor legó para contrariar la impaciencia de las gene- taña, donde Rulfo se reconcilió con las vivencias de la guerra
raciones. de religión, del Génesis y del Apocalipsis. Al dejar miles de
Es imposible no mirar la obra fotográfica de Rulfo como negativos, ese hombre casi secreto abrió su mundo interior y
una manera suprema y metafísica de responder al apremio del nos permitió el raro privilegio de observar los paisajes del alma
siglo con una dosis aún mayor de silencio. Esas fotos no des- de un vidente.
criben ni ilustran su obra: nos permiten escuchar el silencio
rulfiano. Rulfo, según el testimonio de uno de sus hijos, vivió
atemorizado por el daño que sus propias palabras, dichas o es- Domínguez Michael, Christopher, Diccionario crítico de la litera-
critas, pudieran ocasionarle. Fue en la geografía, en las iglesias tura mexicana (1955-2011); fce, México, 2ª ed., 2012

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TINTA EN ALAS DE PAPEL: RULFO 100

Rulfo, los perros y la cerámica Talavera

un aspecto en el que muy pocas personas han reparado. En la


Mario Bellatin época en la que Juan Rulfo tomó sus fotografías, quien se dedi-
cara a un oficio semejante debía por fuerza ser un eximio pro-
fesional. Estaba obligado a medir las distancias y las variaciones
de luz con una mezcla de técnica e intuición que sólo alguien
El murmullo de querer escribir suele aparecer apenas uno se que pasaba largas horas seguidas estudiando un arte semejante
acuesta a dormir, afirmaba un extraño Juan Rulfo. Un Rulfo era capaz de conseguir. Otra de las facetas que se ha preferido
ajeno a la imagen que se suele tener sobre su persona, donde se mantener oculta de su biografía es su interés desmedido por los
acostumbra presentar a un hombre callado, hosco, quien culti- perros. Por unos animales que siempre –por distintas razones–
vaba la lectura de curiosos libros escandinavos, quien buscaba estuvo impedido de poseer. Cuando era niño y adolescente en
como tema de conversación el debate de textos que nadie ha- casa de sus padres le dijeron más de una vez que estaban impo-
bía leído. Un Juan Rulfo que más que escritor era un eximio sibilitados para mantener una mascota, y cuando formó su pro-
fotógrafo. Esta faceta de hacedor de imágenes fotográficas es pio hogar su mujer era alérgica a cualquier tipo de mascota.

Fotografía: Moramay Herrera

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TINTA EN ALAS DE PAPEL: RULFO 100

La quemazón de “La Cordillera”

un rato nos fuimos. Desde entonces, ver un manuscrito que-


Paco Ignacio Taibo II marse siempre me ha sacado de onda.
Pero aquella noche no se me olvida. Rulfo estaba en pijama.
Recuerdo muy bien su rostro desencajado. Al paso del tiempo,
le cuento la anécdota a Juan Antonio Asencio, que por entonces
Mi experiencia con Juan Rulfo es muy rara. Yo nunca tuve re- acababa de publicar una biografía de Juan Rulfo, y yo le dije que
laciones con Rulfo, pero mi padre sí. Una vez, por azares del lo que había estado quemando era el libro que nunca terminó
destino —porque el destino se dedica a producir estos azares—, de escribir, y del que se hablaba mucho, un libro mítico: La Cor-
yo regresaba de pintar consignas en bardas y cuando llegué a la dillera. Pero yo no tenía ningún sustento para probarlo, nunca
puerta de mi casa me encontré a mi padre que iba de salida, de- vi el título del manuscrito que se estaba quemando, aunque lue-
bían ser las dos de madrugada o algo por el estilo, me dijo “ven” go en mi memoria falsificaba el recuerdo y hasta pensaba que
y nos fuimos caminando. Primero llegamos a un departamen- había leído su título. Pero bueno, ese es el problema de cómo se
to y allí estaba este hombre de apellido Cossío que era amigo van transformando los recuerdos, de forma muy rara. Aquella
de mi padre y de Rulfo; un hombre al que yo le tenía mucho vez, Asencio me preguntó “¿en qué época fue eso, Paco?” Y
cariño, un hombre muy inteligente que dirigía una agencia de calculando, ubiqué que fue antes del movimiento del 68 y antes
encuestas. Creo que la relación que tenía con Rulfo era cercana del 70 cuando me casé y me fui de casa de mis padres que estaba
porque habían estado juntos en Alcohólicos Anónimos. muy cerca de la de Rulfo. Y entonces él, absolutamente sor-
El caso es que los tres nos fuimos a la casa Rulfo. Lo encon- prendido, me decía: “¡En la madre, asististe a la quemazón de
tramos solo, me senté en una salita y me quedé de invitado de La Cordillera!”. Nunca lo hablé con mi padre, y por tanto nunca
piedra, no abrí la boca ni una vez. Había una chimenea falsa pude preguntarle qué era lo que Rulfo estaba quemando.
y en esa chimenea estaba quemando un manuscrito de un par Ahí lo tienes, esa es mi historia con Rulfo. Nunca volví a ver
de centímetros de grueso engargolado en metal como se hacía a encontrar, nunca lo vi antes de aquella vez, excepto por una
en aquellos años. Lo estaba quemando en aquella chimenea y ocasión en una feria del libro y de lejos, pero me gusta pensar
estaba muy alterado. No recuerdo con precisión si estaba muy que asistí a la quemazón de La Cordillera. Eso es todo lo que
bebido o no lo estaba, pero estaba muy alterado, yo estaba a puedo aportar: un enigma cuyo componente mítico es grande.
unos metros y no me atrevía a acercarme a lo que estaba ocu-
rriendo. Mi padre y Cossío lo intentaron calmar y después de Testimonio recogido por Ezra Alcázar

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TINTA EN ALAS DE PAPEL: RULFO 100

Pedro Páramo
Génesis y naturaleza de una obra maestra
en el centenario de Juan Rulfo

llevarse el día. Después salió la estrella de la tarde y más tarde


Leopoldo Lezama la luna”, y poco más adelante vuelve a mencionarla: “Como si
hubiera retrocedido el tiempo. Volví a ver la estrella junto a la
luna. Las nubes deshaciéndose. Las parvadas de los tordos. Y
en seguida la tarde todavía llena de luz”. Sin embargo, a pesar
El 16 de marzo de 1985, el periódico Excélsior de México pub- de tener la referencia al menos del título en 1947, no tenemos
licó un artículo titulado “Cumple 30 años Pedro Páramo”, don- ningún registro documental concreto de esa obra, la cual, bajo
de Juan Rulfo explica con sus propias palabras sus recuerdos este supuesto, Rulfo habría retomado en 1953-1954. Además,
de la génesis de la novela mexicana más bella y más celebrada si añadimos que la luna es una imagen recurrente a lo largo de
hasta el día de hoy: “En mayo de 1954 compré un cuaderno la escritura rulfiana, bien podríamos pensar en “La Cuesta de
escolar y apunté el primer capítulo de una novela que, durante las Comadres”, cuento rescatado por Efrén Hernández y publi-
muchos años, había ido tomando forma en mi cabeza”. Esto no cado en la revista América en febrero de 1948, donde leemos:
es exacto (como no lo era mucha de la información que Rulfo Esto sucedió como en octubre. Me acuerdo que había una luna muy
vertía en torno a la construcción de su novela), si nos remitimos grande y muy llena de luz, porque yo me senté afuerita de mi casa a
al primer número de la revista Las Letras Patrias, revista trimes- remendar un costal todo agujerado, aprovechando la buena luz de la
tral del Departamento de Literatura y Editorial del inba, con luna, cuando llegó el Torrico.
fecha Enero-Marzo de 1954, donde aparece bajo el título “Un Ha de haber andado borracho. Se me puso enfrente y se bambo-
cuento” la primera secuencia de lo que el Fondo de Cultura leaba de un lado para otro, tapándome y destapándome la luz que yo
Económica publicaría el año siguiente bajo el nombre de Pedro necesitaba de la luna.
Páramo. Este “cuento” comienza: “Fui a Texcacuexco porque En rigor no tenemos registro de ese proyecto con el que
me dijeron que allá vivía mi padre, un tal Pedro Páramo”, y lle- Rulfo habría batallado a mediados de 1947. No sabemos si se
va una nota al pie con una información relevante: “Fragmento trataba de un conjunto de cuentos, y aunque en efecto parece
de una novela en preparación, Una Estrella junto a la luna”. Al más un proyecto de novela, no tenemos material manuscrito o
respecto, pareciera ser un aporte la anécdota de Víctor Jimé- mecanuscrito para saber de qué se trataba. Tampoco hay que
nez, estudioso de la obra de Rulfo, publicada el pasado 20151, perder de vista el agudo sentido autocrítico de Rulfo que le
donde según esto, el jalisciense le habría contado que la novela hizo destruir una novela ambientada en la ciudad de México
estaba ya en su cabeza desde años antes: “En cierta ocasión, (en las colonias San Rafael y Santa María según Arreola) por
sin que pueda ahora recordar el contexto en el que Rulfo pro- haberle parecido “muy mala retórica y alambicada” según dijo
nunció esta frase, pero no desde luego porque yo le hubiese en entrevista a Joaquín Soler.
dirigido una pregunta al respecto, me dijo: ‘yo tenía ya com- Por otra parte, si diéramos al testimonio de Jiménez el cré-
pletamente escrito Pedro Páramo —y lo veo tocándose la frente dito como una prueba documental, también tendríamos que
con la mano— antes de cumplir los 30 años’”. Este comentario dárselo a Juan José Arreola, quien vio de cerca la construcción
se apoya en un par de cartas que Juan Rulfo escribió a Clara de Pedro Páramo como compañero del Centro Mexicano de Es-
Aparicio fechadas en julio y agosto de 1947, donde menciona critores y conoció la obra de Rulfo desde 1945, cuando éste
una obra en construcción, “algo que no se ha podido, y que si publicó en la revista Pan de Guadalajara sus primero cuentos.
lo escribo se llamará ‘Una estrella junto a la luna’”. Es cierto Y para hacer un estudio completo tendríamos que remitirnos
que en el impreso de 1955 hay diversas alusiones importantes de nueva cuenta a la ya mítica entrevista para Proceso de 1986,
a la estrella junto a la luna, sobre todo en la hermosa escena cuando más allá de haberse adjudicado un papel importante en
donde Juan Preciado está acostado en el suelo de la choza de el ordenamiento de la novela (cosa que hoy nos resulta intras-
los hermanos, y entre la confusión del sueño, observa por el te- cendente), dice cosas importantes referentes al probable estado
cho descubierto: “vi pasar parvadas de tordos, esos pájaros que primero de la novela. En esa charla Arreola afirma que Rulfo
vuelan al atardecer antes que les cierren los caminos. Luego, pensaba ya en la novela desde la época de sus primeros cuentos,
unas cuantas nubes ya desmenuzadas por el viento que viene a es decir, desde mediados de los años cuarenta, y que entonces le
había leído lo que originalmente era el inicio de Pedro Páramo:
¿Y sabes qué me había leído en Guadalajara, ahí en Maestranza y
1  Víctor Jiménez, “Una estrella para la muerte y la vida”, en
Pedro Páramo 60 años, Editorial RM, México, 2015.
Ramón Corona? El monólogo de Susana San Juan en la sepultura…

invndación castálida  |  15
La Amortajada de María Luisa Bombal:
E. C. …Estaba haciendo Pedro Páramo
(Rulfo). Yo corregía pruebas para alcanzar
a redondear mi presupuesto en el Fondo de
Cultura Económica. Y me tocó corregir las
páginas de Anderson Imbert, la Historia
de la literatura hispanoamericana, y co-
rrigiendo me encontré una escritora chilena
Maria Luisa Bombal, de 1920. Y el señor
Anderson Imbert no te analiza los libros, te
cuenta las historias que cuenta cada libro, y
gracias a eso vi que lo que estaba haciendo
Rulfo era lo que hizo Maria Luisa Bombal.
El personaje era Susana San Juan, era muy
importante... no era un plagio y puedo ase-
gurarlo, no era plagio, Rulfo no conocía la
novela. Pasamos un día entero en la libre-
ría Robredo, donde está el centro (L. L. De
los Porrúa), si, de los Robredo, eran Porrúa,
Jerónimo y Rafael Porrúa, ahí estaba la li-
brería... en Guatemala y Argentina. Por fin
lo encontramos. Rulfo se metió a su casa, lo
leyó, no siguió adelante con el plan que tenía.
Enloquece a Susana San Juan y surge, poco
a poco, poco a poco, Pedro Páramo, hasta que
es el personaje central de la obra. Y la otra
es una loca; perdió la razón, la adora Pedro
Páramo pero no puede desposarla siendo una
loca. Cambia totalmente...

La coincidencia de Arreola y Carba-


llo en cuanto al inicio original de Pedro
Páramo y el protagonismo de Susana San
Juan ya no pareciera tan fortuita y tam-
poco se trata de información expresadas
con el ánimo de demeritar de forma al-
Fotografía: Rogelio Cuéllar guna el trabajo de Rulfo. Estamos ante el
recuerdo de dos testigos presenciales del
Empezaban “Los murmullos” con la mujer dormida en la tumba estado primero de la novela, que ayuda a posibles estudios filo-
diciendo: “¿Te acuerdas? —fíjate, otra vez “te acuerdas” —. Así em- lógicos y comparativos. Ahora bien, la influencia de La Amor-
pezaba… Eso ya no existe […] Era una voz de mujer, una auténtica tajada en el autor mexicano no sólo la percibió Carballo, sino
voz de mujer, una auténtica voz de mujer que salía del centro de escritores como José Bianco, Jorge Edwards y Gabriel García
la tierra… Entonces empezaba a hablar esa mujer: “Sí, yo te quise. Márquez. Si lo que dice Carballo es cierto, tiene mucho sen-
Yo quise entender qué era lo que tú querías. Si me querías a mí, si tido también lo que cuenta Arreola, y en este caso, el inicio de
querías la tormenta… ¿Qué querías Pedro Páramo?”… Ella era un La Amortajada y el de la obra que llevaba por nombre Los Mur-
monólogo. Era una mujer así, totalmente horizontal, en el fondo de mullos, era más que un parecido: una mujer muerta que piensa,
la tierra, con la tierra encima, y hablando así: “Bueno, estoy muerta, siente y recuerda desde la tumba.
pero qué querías, dime qué querías de mí”. Era una cosa muy bella, Más allá de los testimonios, tenemos los tres textos publi-
muy tremenda. Una semilla hablando, una matriz hablando a través cados en el año de 1954 previos al ordenamiento final de la
de los labios de la tierra. novela, el ya mencionado de Las Letras Patrias de enero-marzo
Según Arreola el inicio de Pedro Páramo habría sido un mo- de 1954, el correspondiente al número viii de la Revista Uni-
nólogo de Susana San Juan desde la tumba y no el “Fui a Tex- versidad de México de julio de 1954, y el que respecta al número
cacuexco” que luego se convirtió en “Vine a Comala porque me 6 de la revista Dintel de septiembre del mismo año. Los textos
dijeron que acá vivía mi padre, un tal Pedro Páramo”. Lo dicho aparecidos en revistas el año previo a la publicación de la no-
por Arreola puede o no ser verdad pero coincide con el testi- vela, así como los publicados bajo el título de Los cuadernos de
monio de otro jalisciense, Emmanuel Carballo, quien también Juan Rulfo, aportan luz a lo más importante de todo: la natu-
fue compañero de Rulfo en la promoción de septiembre de raleza poética y esencialmente fragmentaria de la escritura de
1953-1954, periodo de redacción de la novela. Hace una déca- Juan Rulfo. Una serie de segmentos con una poderosa fuerza
da, en el contexto de los 90 años de Rulfo, pregunté a Carballo estética pero sin una necesaria correspondencia unos con otros
sobre la construcción de la novela y recordó el encuentro con a la manera de la novela tradicional. ¿Era originalmente el pro-

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yecto de Rulfo algo semejante a un agrupamiento de escenas la novela desde el comienzo de su redacción fue así, fragmen-
cinematográficas sueltas? La novela en sí pareciera complacer taria, segmentada, y que Rulfo era completamente consciente
esta hipótesis: Pedro Páramo es una obra fragmentaria, es un de ello. Esto es importante porque anula una posible voluntad
relato donde se mezclan los espacios, las voces, los tiempos. de organizarla cronológicamente como afirmó Arreola. No hay
No es una novela con una estructura lineal y está compuesta de aquí algo como una falta de unidad, y más bien estaríamos ante
estratos intercalados, mediante los cuales, se logra a su manera, una cohesión particular, rota no por la falta de sentido sino por
un cuerpo unitario. Es una novela hecha a la manera de los una concentración del mismo. Un transcurrir entre el sueño
sueños, un episodio, otro que se conecta vaporosamente con el y la vigila, entre lo estático y lo huidizo, y en síntesis, entre la
siguiente. Sin embargo en Pedro Páramo hay ejes primarios: la realidad y lo propiamente imaginario. Cuando se recuerda un
historia de Juan Preciado que va a buscar a su padre a Comala sueño, los pedazos llegan aparentemente deshilvanados, pero
y la historia de amor de Pedro Páramo y Susana San Juan, todo su secuencia corresponde a un orden secreto que se va forman-
sucediendo en el devenir funesto de Comala y sus habitantes do según la carga de significado que cada imagen sugiere. Pedro
extintos. ¿Fue esto un propósito estructural, estético de Rulfo, Páramo es una obra que se teje de instantes de un profundo
o fue una contingencia causada por la prisa de cumplir con la sentido poético: un hombre recordando la noche en que murió,
beca del cme? un niño mirando la lluvia mientras su abuela lo llama, una loca
Si atendemos a los propios archivos del Centro Mexicano merodeando por el pueblo vacío cargando en brazos a un niño
de Escritores y ponemos atención a los primeros informes de inexistente, un cielo celebrando la muerte de un hombre con
Rulfo correspondiente al segundo semestre de 1953, leemos: una lluvia de estrellas.
“durante el periodo comprendido entre el 15 de agosto y 15 A un siglo del nacimiento de Juan Rulfo, su única novela es
de septiembre, he escrito varios fragmentos de la novela, a la uno de los ejemplos más altos de la poesía narrada. Sus cuentos
que pienso denominar Los desiertos de la tierra”, y posterior- perfectos fueron el presagio y el ejercicio previo para la obra
mente, el primero de noviembre informa: He realizado ya los mayor. En estos trazos y en estas ráfagas donde Rulfo llegó a
primeros dos capítulos de la novela, aunque no en forma definitiva, un lugar muy hondo del dolor y la compasión de un pueblo,
pues algunas cosas tienen que ser rehechas para dejarlas por termi- también tenemos uno de los momentos más altos de la imagi-
nados. Tengo también formados varios fragmentos de partes que irán nación literaria. Una imaginación solitaria, fracturada, herida,
en los capítulos subsecuentes. Lo importante en sí, es que al fin he tal como esencialmente es la condición del ser humano.
logrado dar con el tratamiento con que se irá realizando el trabajo.
En realidad, estos documentos nos dicen que la naturaleza de

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TINTA EN ALAS DE PAPEL: RULFO 100

Recuerdos de Juan Rulfo

Es, diríamos, el último libro de un tema en que lo local, lo


Alí Chumacero regional hace su aparición, se desarrolla y tiene una gran im-
portancia. El personaje que apenas aparece, que casi no apare-
ce, es un gran personaje. Ésa es la magia de la evocación que
Rulfo hace de la figura de Pedro Páramo. No es un personaje
Yo conocí a Juan Rulfo apenas y muy ligeramente en Guada- que actúe mucho en la novela, pero es una figura sensacional
lajara. En 1929 sería imposible porque nací en 1918 y yo tenía dentro de los personajes que ha creado la literatura mexicana.
once años entonces, y él tenía doce. Yo nunca lo vi en Gua-
dalajara sino hasta el cuarenta y dos. Después lo conocí en 
México e hicimos una gran amistad, sobre todo con la gente
de Jalisco, con Carballo, con José Luis Martínez, con Arreola. Rulfo y yo estuvimos juntos en la beca en 51-52. Él presentó
Como yo me formé en Guadalajara, y ellos eran todos de por los cuentos y yo le hice alguna crítica; él la acogió con mucho
allí, pues hicimos una gran amistad. Yo trabajé junto con Juan cariño, y le dije: Mira esto, y parece que esto otro está desmedido, y es
en el Instituto Indigenista en el departamento de ediciones. necesario que lo veas con más cuidado. Y él me dijo que sí, que tenía
Estuve ahí con él durante un año y llevamos una buena amis- yo razón. Cuando lo publicó no le había cambiado ni una coma,
tad. Cuando yo me vine a trabajar al fce, él hizo los libros, y ja, ja, ja. Él estaba convencido de su capacidad, de su calidad, de
luego me los dio para entregarlos al director del Fondo. Fue- su forma expresiva, que no tenía que ver nada con la mía. En-
ron aprobados en seguida e hicimos la edición en la colección tonces a mí me dio mucha risa y lo felicité, le dije: Hiciste bien,
Letras Mexicanas. Allí aparecieron los dos libros, el libro de porque un escritor en lo posible, si está muy convencido, debe respetarse
cuentos y la novela célebre. La novela inicialmente tuvo muy a sí mismo y no respetar a los demás. Pero nuestras opiniones eran
poco éxito, pero después se desató cuando la traducción que todas justas; no había de ninguna manera una lucha, una vio-
se hizo a algunos idiomas europeos tuvo un éxito tremendo. lencia, una grosería, sino una camaradería. Éramos escritores
Entonces pasó a ser la gran novela del siglo xx y yo creo que jóvenes que nos sentábamos a la mesa a discutir la literatura,
de cierta manera lo es. Es una novela en que la imaginación de manera ques no había en estas reuniones una oposición, una
se confunde con lo que es propiamente la literatura, en que separación o una controversia. Había una cooperación; eran
la imaginación es poesía, en que la imaginación alcanza los opiniones, correctas además, de gente profesional, de mucha-
más altos momentos de un hombre solitario, callado, discreto, chos enterados de lo que es la literatura, de gente que se iba a
decente, limpio, bueno, que tenía una soledad muy viva. Era dedicar y que se dedicó siempre a la literatura.
un verdadero incendio por dentro y lo supo emitir, transfor-
mar en palabras, y hacer esa novela que para mí es una novela 
cumbre; un texto que no sólo revela la imagen de un pueblo,
la imagen de un rincón, el rincón de su tierra, sino que revela Seguí viendolo normalmente, él estuvo por aquí, en el Fon-
una de las imaginaciones más violentas, más hermosas, más do, y un tiempo fue compañero mío de trabajo en el Instituto
vivas, de la Literatura mexicana. Juan Rulfo, es, pues, una de Indigenista. Yo por razones diazordacistas salí del Fondo una
las figuras que quedarán entre los muy grandes escritores que temporada y me fui a trabajar en las ediciones del Instituto y él
llevan la batuta, el mando en nuestra literatura. Él quedará al estaba allí, de manera que yo lo veía todos los días. Nos dedi-
lado de los mayores; más aún, su escasa obra, su pequeñísima cábamos a conversar y compartimos mucho el tiempo: nueve,
obra, es mayor a la de muchos escritores que han hecho veinte diez meses y después yo volví al Fondo de Cultura cuando pasó
o treinta libros. Juan Rulfo no sólo tenía mi cariño, sino mi la ola de persecución. Y aquí estoy todavía, donde llegué hace
respeto. No era un escritor pulido en el sentido exagerado cincuenta y seis años.
de la palabra. Era un escritor imaginativo, un escritor que se
proyectaba con genio más que con técnica, que sabía que la 
belleza es una forma inexplicable que solamente la sensibili-
dad y la intuición pueden explicar. Él lo hacía maravillosa- Nadie participó en la formación final de la novela de Rulfo. Ésa
mente y ahí está la prueba de su libro que deben leer todos es una de las grandes mentiras que se inventan siempre en torno
los mexicanos. de una obra maestra. Arreola se juntó con él, y me lo contó aquí

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en el Fondo de Cultura, y me dijo que habían visto la novela, valorados, digo que no se les ha dado el reconocimiento que
la habían manejado entre los dos, para armarla debidamente, se merecen, pues porque están a la sombra de ese monstruo
para hacer que funcionara y que caminara, porque como estaba tenebroso que es Pedro Páramo, que acalla todo lo que pueda
hecha en corrientes, en estratos diferentes, había que ver cómo sobresalir de lo normal.
intercalarlos a fin de que fuera efectiva. Yo creo que lo lograron
muy bien, y digo lo lograron en plural exagerando un poco. 
Pero no, no tuvo absolutamente nada que ver Arreola en la
producción de la novela. También se ha dicho que yo le corregí Juan era un hombre muy poco afecto a ir a espectáculos, a ir
la novela. Eso es simplemente una graciosa estupidez. Yo no le a pasear; nada de eso. Él era más bien un hombre solitario, un
corregí ni una coma a lo escrito por Juan Rulfo, absolutamente hombre al que le gustaba leer, le gustaba estar con una perso-
nada. Yo hice la edición como tipógrafo, yo soy más que un na o dos, conversar con poca gente, evitar el rumor, el ruido,
escritor, un tipógrafo, un hombre de libros, que hace libros, el voceo, en fin: era un hombre sin amor por la fama. Que la
que sabe o que supo hacer libros, pues ya se me está olvidando. fama también lo condujo probablemente a dejar de escribir, y
Pero no soy una persona que corrija a nadie, y menos a Juan la gente lo molestaba siempre con la pregunta: “¿y cuándo vas
Rulfo, a pesar de que un día le dije yo que cambiara algo en un a escribir otra novela?” Eso a él francamente lo molestaba mu-
cuento y no me hizo caso. Yo creo que hizo muy bien. cho, lo ponía de mal humor. “¡Qué les importa!,” me decía a
mí, y en realidad pues sí, ¡qué les importa! La literatura no se
 da porque yo quiero hacer ahora esto; sale de manera natural
y no es un propósito nada más, es también una capacidad, una
Rulfo era un hombre muy callado, muy serio, muy tranqui- forma de situarse frente a las cosas, frente a lo que uno piensa, y
lo; yo pienso que era un hombre muy decente, pienso que era de ninguna manera se hace para darle gusto a los demás. Es una
un hombre muy responsable, un hombre magnífico, un amigo forma de la satisfacción personal. Y él estaba, si no satisfecho,
magnífico. Y tenía, claro, como toda persona, sus diferencias, y por lo menos consolado con lo que había escrito. Y creo que es
las decía con cierta claridad y con cierta malicia. Porque tam- más que suficiente. Lo que él escribió ya lo quisieran muchos.
poco era un hombre que permitiera que le inventaran cosas feas Es un autor maestro, es un autor que tomando unos temas re-
y se quedara silencioso. Él sabía responder, como todo hombre gionales, muy de su pueblo, los levanta a ser figura dentro de la
en el mundo, pero nunca tuvo en su conducta un momento literatura mexicana. Es pues, el gran escritor.
de maldad, de mala intención, de desprecio. Fue siempre un
hombre honesto, decente, correcto, a la vez que un gran artista. 
Generalmente no se llevan los dos conceptos: el gran artista
con el hombre correcto. Pero en este caso coinciden: él fue un La muerte de Juan, aparte de lo lamentable, fue para los amigos
hombre muy decente y muy buen artista. muy dolorosa y muy molesta. Para la literatura fue nefasta; y yo
pienso que desde el punto de vista puramente literario, lo que
 hizo es suficiente para perdurar, para estar dentro de la gran
literatura mexicana. Era un autor muy elogiado, muy reconoci-
Decía bromas, como las decimos todos, pero no había en su ha- do en todo el mundo. Él hubiera sonado incluso, con esa poca
blar, en su opinar, en su rumorear, una cosa grave, sucia. Eran obra, para el Premio Nobel. Entonces para nosotros fue una
bromas que divierten, que además son ciertas siempre y que pérdida muy notable; fue la pérdida que nos hizo pensar que
ayudan a comprender a la persona a la cual van dirigidas. algo faltaría en la literatura mexicana. Faltaba nada menos que
Juan Rulfo.
 Nunca fue un hombre poderoso económicamente, fue un
hombre modesto. Viajaba porque le pagaban los viajes. Juan
Nosotros no hablábamos de literatura. Hablábamos un poco de no tenía propiedades, no tenía nada, tenía simplemente genio,
fútbol, un poco de lo que pasaba en la calle, de lo que sucedía pero el genio no se transforma en dinero generalmente, sino
en el narcotráfico, en la política. Él era un hombre de ideas, no que se transforma en creación. Y no era un hombre que tenía
revolucionarias en el sentido fácil de la palabra, pero no era re- una gran casa, ¡vivía en un departamento! Vivía con sus hijos,
trógrado. Él pensaba en el desarrollo de la sociedad; en política con su mujer, y tenía chambitas modestísimas. Vivía al lado de
no pertenecía a un partido, no se lanzaba a luchar. Siempre fue un joven escritor bárbaro y gran amigo mío, que se llamaba
un hombre liberal, un hombre de izquierda, sencillo, que no se Fernando Benítez. Vivían juntos y se comunicaban con un apa-
arriesgaba a que lo metieran a la cárcel. rato de esos que están de moda. Eran una pareja muy simpática.
Fernando era un hombre genial, todo lo contrario de Juan: era
 un hombre hablador, ocurrente, y la discreción de Juan Rulfo
se contradecía con la súper habladuría de Fernando.
Nunca me comentó que quisiera publicar más, eso es muy di-
fícil saberlo. Eso es un fenómeno psicológico que se puede dar 
en escritores que han tenido éxito desde un principio; no hay
que olvidar que su libro de cuentos es un libro magnífico. Su Juan no leía mis poemas, sin embargo él sabía poesía. Cuando
Pedro Páramo vino a sofocar el libro de cuentos, que es un libro entró a la Academia de la Lengua, él hizo su discurso sobre
muy bueno, con algunos cuentos excepcionales que algún día Pepe Gorostiza, que ya es decir, porque escribir sobre José Go-
se van a recoger con más ánimo. No digo que no hayan sido rostiza, pues no es muy fácil. José Gorostiza es el poeta más di-

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Fotografía: Moramay Herrera

fícil que ha dado México, y él leyó su discurso refiriéndose a su en Juan Rulfo domina la intuición, la poesía. Juan Rulfo logró
poesía, de modo que era un hombre que sabía poesía. Lo que él crear una literatura que hace difícil buscar los pasos para llegar
conocía era la prosa, sobre todo novela; era un hombre claro, y a ella, es decir, los antecedentes. No es el escritor que imita a.
cuando lo nombraron académico, pues a mí me extrañó mucho No se descubre a primera vista el maestro de Juan Rulfo, por lo
que hablara sobre poesía. Pudo haber hecho un ensayo sobre menos yo no lo descubro.
Martín Luis Guzmán, sobre Mariano Azuela, sobre Federico
Gamboa, en fin. Y no, él eligió a José Gorostiza, cosa que a mí 
me dio mucho gusto: que un prosista que era muy poético, muy
lírico, escribiera sobre un poeta. Con la muerte de Rulfo, perdimos a un escritor que está dentro
de una veta importantísima, pero son muchas las vetas. Cuando
 murió Reyes, por ejemplo, pues era el gran monstruo terrible,
el gran viejo, que era mucho menos viejo que yo. Y pues nunca
Juan era uno de los grandes escritores universales. Es muy di- se trastorna la literatura. Hay muchas otras formas de escribir:
fícil encontrar en su prosa los antecedentes. Es verdad que ahí se murió Rulfo, se murió Arreola, se murió Villaurrutia, otro
está el Surrealismo, está un tipo de literatura que es la contraria gran escritor. Se van a morir todos los demás. De aquí a cien
a Borges, sin que yo quiera decir que Borges no es el monstruo años todos calacas, ¡ni uno vivo!
que es, el gran escritor. Pero Borges es otro tipo de escritor; él
va más por el lado de Arreola, una escritura donde domina la
agudeza, la inteligencia, a veces la maldad, a veces la razón. Y Testimonio recopilado por Leopoldo Lezama.

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TINTA EN ALAS DE PAPEL: RULFO 100

Por los caminos de Juan Rulfo

rar las maravillas que éste encierra. La dedicamos también


Francisco Carrillo Martín a los extranjeros que no sólo vienen a buscar un clima más
benigno y una naturaleza rica en contrastes, sino que desean
acercarse al corazón de este país y llevar al suyo el mensaje
de original belleza que puede darle.
Mientras escribe El llano en llamas y los primeros borra-
dores de Pedro Páramo, Juan Rulfo se dedica a recorrer y Los caminos de México se abren en nuestro horizonte como
fotografiar el interior del país como “agente viajero” de mil incitaciones. Vayamos a ellos con el ánimo abierto a to-
una marca de neumáticos: ¿Cómo influiría esta experien- dos los finos matices que hacen de cada región, de cada lugar
cia en la conformación de su universo narrativo? de México algo peculiar y único. Salgamos de nuestro mun-
do para ponerlo en comunicación con esos otros mundos
Entre 1947 y 1952 Juan Rulfo trabajará para una empresa de que, aunque diversos, se integran a la unidad de la Patria.
neumáticos, la Goodrich-Euzkadi, en la que ejerce de “agente
viajero” por las delegaciones de todo el país. Al estilo de las Prioridades del viaje Goodrich: explorar las regiones ocultas
afamadas Guías Michelín, Goodrich-Euzkadi editaba una guía de de México, reconocer su singularidad, integrar al cuerpo de
viajes, Caminos de México, y una revista, Mapa: revista de auto- la nación el paisaje descubierto, abrirlo tanto al relato de lo
movilismo y turismo, donde Rulfo publica sus primeras instantá- propio como al conocimiento extranjero. Y así, los itinerarios
neas. Se trata de un periodo en que nuestro escritor compagina propuestos señalan, en su propio dibujo sobre el mapa, el obs-
la escritura y la fotografía sin establecer una clara preferencia tinado recorrido entre la Ciudad de México, punto de salida
por ninguna de ellas: Sus “11 fotografías” publicadas en febrero para casi todos ellos, y esas “otras regiones” que el viajero tiene
de 1949 en la revista América afianzaban su colaboración con el encargo de visibilizar. El viaje Goodrich presupone, además,
un medio en el que ya había publicado algunos de los relatos todo un aparato moderno de exploración, desde viajar a bordo
que incluiría en El llano en llamas, mientras las primeras anota- de un automóvil con neumáticos Goodrich a proveerse de una
ciones y escrituras de lo que sería Pedro Páramo coinciden con cámara de fotos, participar del espíritu de aventura o portar
una intensa actividad reporteril que toma cuerpo en sus series una guía de viaje como la que Goodrich proporciona.
fotográficas de escritores (Arreola, Octavio Paz, Efrén Her- Aunque la fecha no ha podido ser precisada, se estima que a
nández o José Gorostiza), entornos naturales, arquitecturas del este periodo corresponde una de las pocas instantáneas en que
interior del país o motivos urbanos, todas ellas realizadas desde Rulfo se fotografía a sí mismo. En ella, nuestro escritor aparece
un evidente afán profesional. Hablamos de unos años en que sobre el cráter del Nevado de Toluca, de espaldas a la cámara
Rulfo aún no ha definido su identidad creativa, si fotógrafo o y ataviado con mochila, pipa y botas de explorador, toda una
escritor, algo que no sucederá hasta la década de los sesenta, construcción de personaje que replica el estereotipo del explo-
cuando el alcance de su literatura desplace otras facetas a las rador moderno, cuya visión panorámica le permite contemplar
que dedicó un empeño similar. esos “otros mundos” desde una lejanía abarcadora.
Así que Rulfo dedica los años de constitución de su lengua- Situados frente al corpus de instantáneas rulfianas se elevan
je literario a recorrer y fotografiar el interior del país, lo que ciertas preguntas: ¿por qué su fijación en aquello que expresa
nos obliga a preguntarnos de qué modo los paisajes que regis- tiempo detenido, lo que permanece inmóvil?, ¿por qué las rui-
tra con su cámara se relacionan con su obra escrita, cómo se nas precolombinas, los tipos populares, las arquitecturas colo-
construye una mirada compartida entre ambos lenguajes. Para niales, los parajes desolados, las naturalezas incontaminadas?,
abordar estas preguntas podemos servirnos de la dedicatoria ¿por qué su rechazo de la anécdota, es decir, de todo aquello
que incluye la edición de Caminos de México de 1958, la guía que en su carácter irruptivo expresa historia en curso, movi-
de viajes donde aparecen algunas imágenes de nuestro autor, miento? Y es que los elementos que Rulfo retrata excluyen, casi
todo un ilustrativo resumen de los elementos esenciales del via- por principio, toda referencia al instante en que son captados,
je moderno: como si su primer propósito fuera evitar el acontecimiento y
provocar una sutil despersonalización. Las figuras retratadas
Dedicamos esta guía a todos los mexicanos que quieran co- aparecen así como elementos inmóviles del paisaje, motivos
nocer su Patria saliendo a los caminos de México para admi- que pueden reducirse a su más inmediata caracterización: “un

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niño”, “una mujer campesina”, “unos músicos”, “un templo”, una estética personal en la que el paisaje fotográfico se eleva
“unas pirámides” o “una iglesia”, imágenes que se concentran como el decorado inmóvil sobre el que disponer sus historias
en sus rasgos intemporales (la esencia “montaña”, “valle” o literarias. Podemos leer Pedro Páramo o los relatos de El llano
“ruina colonial”) y desprecian los circunstanciales. en llamas como puestas en escena de unas políticas del paisaje
El uso de ciertas técnicas sugiere el propósito explícito de demarcadas en los archivos fotográficos de su autor.
Rulfo por abundar en esta característica, desde el empleo del Y así, a los conocidos fragmentos y cortes “fotográficos”
blanco y negro al formato de negativo, propio de su Rolleiflex, que caracterizan la narrativa rulfiana, se suman otros motivos,
de 6x6cm cuyas ampliaciones ofrecen un cuadrado perfecto, sin como las paradojas o las imágenes surrealistas, que hacen de Pe-
cortes ni intervenciones del autor. Las perspectivas evitan cual- dro Páramo todo un catálogo de instantáneas a partir de las cua-
quier estridencia, las tomas adoptan ángulos asépticos, las am- les su autor (Rulfo), su narrador (el desgraciado Juan Preciado)
plias panorámicas transmiten una serenidad documental que y nosotros (los lectores) adoptamos una mirada fotográfica, es
insinúa una ausencia total de intromisión, como si se tratara de decir, nos convertimos en actores incapaces de interpretar lo
un fotógrafo que ni añade ni quita a lo que está ahí, o mejor, lo que vemos, demasiado ocupados en registrar los hechos, des-
que siempre ha estado ahí. concertantes y mágicos, que se suceden a nuestro paso. Así es
La fotografía rulfiana participa de la circularidad de tiempos como, desde un lenguaje eminentemente visual, nos abisma-
de su escritura, donde pasado y destino se enlazan en una suerte mos por el vacío de sentido de Comala.
de esencia inmutable, a la vez que introduce al espectador en

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TINTA EN ALAS DE PAPEL: RULFO 100

La complicidad en un diálogo
de silencios

tratos —o sea uno si no se apoya en algo no sale—él me preguntó


Rogelio Cuéllar “¿Para qué?”, no le gustaban mucho las fotografías, “No, pues
para el Centro Mexicano de Escritores”. Me dijo que fuera un
día a las cinco de la tarde, después de su tutoría. Llegué con una
camarota, una 6x6 que seguramente pedí prestada porque era
A finales de 1968 yo frecuentaba mucho las galerías de la Zona una cámara muy costosa para mí, de doble lente y todo, bien
Rosa: Misrachi, Juan Martín, Pecanins, y la Librería Dalí, por- complicada la fregada cámara. Llevaba dos rollos de 120 mm y
que me dejaban abrir libros de arte. Eran los lugares donde me le hice los dos, como 20 fotografías. Retratos. Tímido él, tímido
podía nutrir artísticamente siendo un joven sin mucho dinero. yo. Él se presentó, como si necesitara presentación, “Hola, soy
Y muy cerca de ahí, en la calle de Hamburgo, estaba el Institu- Juan Rulfo”, le dije mi nombre y ya. No hablamos una palabra
to Cultural México-Norteamericano de relaciones culturales, más, pero la conversación se dio en las miradas. Desde enton-
en donde además de clases de inglés y esas cosas, se impartían ces busco la mirada del creador para sacar lo que yo considero
cursos de pintura y hacían exposiciones de fotografía y escul- como un verdadero retrato. La complicidad de la mirada.
tura. No sé si ahí vi fotos de Juan Rulfo, seguramente no, por- Después le volví a tomar fotos en encuentros y presentacio-
que cuando lo conocí yo no sabía que también era fotógrafo. nes, en la librería El Juglar en la sección de discos, pero como
Pero como yo ya era un visitante frecuente, me conocían bien yo ya sabía que no le gustaba que le tomaran fotos, no le volví
y regalaban unos catálogos muy buenos. El director era un a pedir una sesión de retratos. La última foto que le hice fue
hombre llamado García Beraza, que al mismo tiempo dirigía cuando vino Borges, estábamos en la Capilla Alfonsina, Rulfo
el Centro Mexicano de Escritores (cem), que era muy recono- se quedó en los barandales de arriba, siempre de lejos, y al fi-
cido porque todos los escritores importantes de la época, Gus- nal bajó a saludar a Borges, ahí les hice una foto regular, pero
tavo Sainz, Salvador Elizondo, José de la Colina, todos ellos, nunca más retratos.
o eran tutores o eran becarios. Ahí yo ya tenía la inquietud del De todas las fotos que le tomé, sin duda la que más me gusta
retrato, ya hacía fotografía como freelance para publicaciones es la primera, la del Centro Mexicano de Escritores, porque sin
como la Revista de la Universidad, o sea que sí tenía un contacto hablar nada, sin saber que era fotógrafo, se dio una complici-
con los escritores y el movimiento cultural, y sabía que Rulfo dad inexplicable para dos extraños. Si hubiera sabido que era
era tutor en el cem. Ahora, con la distancia, veo que era muy fotógrafo quizá hubiéramos hablado de algo, le habría sacado
fácil acercarte a esos personajes. Yo le dije a García Beraza que una sonrisa, algo, pero no, y no fue necesario. Dentro de la
quería fotografiar escritores y él me invitó al Centro para ver frialdad de su semblante solemne se dio esa complicidad. No
quiénes me interesaban. Viendo la lista encontré a Rulfo, y le hablé de Pedro Páramo, el cual yo ya había leído y no entendí
con dudas pedí el teléfono, para mi sorpresa me lo dieron sin nada; pero yo tenía 19 años, tímido y preocupado por si estaba
ningún problema. diafragmando bien… y bueno, sabía lo importante que era, sabía
Hablé con Juan Rulfo y le dije que le quería hacer unos re- que era ya el gran escritor. Eso impone.

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NEPTUNO ALEGÓRICO

Lotería

Ana García Bergua

Martín Izunza no es Martín Izunza, sino el hombre que perdió


la lotería. Le parece escucharlo todo el tiempo, mientras sirve
las mesas ya encorvado, envejecido, en el Café La Habana. Ese
mesero tenía un yate, oye que susurra la anciana señorita Ro-
dríguez a otra como ella que sorbe su té asombrada. Vestía con
trajes de casimir inglés y lana australiana, le cuenta el doctor
Barbosa a otro parroquiano, bebiendo su combinación de jugos
multivitamínica. Llegó a viajar a París en avión privado con
cinco mujeres, le sugiere el dueño del café a su nueva amante
desde el teléfono del mostrador. Tuvo todas esas cosas hasta
que se gastó por completo el dinero y regresó, con los brazos
caídos, a este café, donde laboraba desde joven. Yo lo vi, el día
en que vino a despedirse de todos, trajeado y perfumado como
un gentelman, ese mesero por el que nadie daba un peso, un
holgazán engreído. Nos presumía que se había sacado el gordo
y nunca lo volveríamos a ver. Y ahora mira…
La tarde de hace muchos años en que regresó derrotado a
pedir trabajo de nuevo, el dueño, que siempre ha sido un hom-
bre avaro, lo miró con una mezcla de lástima y alegría cruel.
Martín sintió que esa mirada lo seguiría siempre en los ojos de
todas las personas que lo conocieran un poco pues la historia
no tardaba en saberse y los parroquianos se enteraban, tarde o
temprano, de que tuvo la lotería en sus manos y la dejó ir, y se
lo contaban a otros. Llegó a pensar en irse a otro sitio donde Ilustración: Giovanni Rodríguez
nadie supiera de él, pero se dio cuenta de que no aguantaría
mucho tiempo sin contarlo él mismo. El ser humano es así: una
mujer, un nuevo amigo y con ellos regresaría la tentación de viajó a esos lugares? Recuerda que vendió la limosina y la man-
compartir su historia, a sabiendas de que el otro, sorprendido, sión para pagar a varios sastres, criados y organizadores de
se la diría a alguien más. Ya le pasó cuando, antes de regresar fiestas. Muchos viajes los ha olvidado porque los hizo comple-
al café, trató de quedarse en una playa lejana a la que había ido tamente borracho, producto de impulsos irrefrenables. Y tam-
de vacaciones cuando vivía como magnate: al final, hasta los bién que, en cuanto perdió la lotería, los nuevos amigos que
pescadores lo miraban con lástima. Por eso prefierse seguir en había ganado como millonario lo volvieron a tratar como a un
el Habana, donde a fin de cuentas todo el mundo sabe lo que mesero, igual que en la novelas. Y que su joven esposa se asus-
ha hecho y tiene esa impresión de él que es de toda inutilidad tó de caer en la pobreza y se fue. Algunas de estas cosas se las
y estupidez, una impresión fija y sin sorpresas. El muy idiota contó al dueño a su regreso. Pero yates, orgías interminables,
perdió la lotería, se la gastó en un par de años y quedó igual rentar una isla para hacer una bacanal, como hace poco escuchó
que siempre, y es como si todos, al saberlo tanto, la hubieran que contaba el abogado Garmendia a su tertulia, esas cosas son
perdido un poco junto a él. exageradas. De hecho, le hubiera gustado hacerlas, o si acaso
Se le ha ido borrando todo lo que hizo con la lotería cuando las hizo, recordarlas bien. Hay noches en que piens que debería
la tuvo y las historias que cuentan los parroquianos le suenan cobrar por por prestar su nombre a esas fantasías. Su nombre
cada vez más delirantes: ¿de verdad tuvo todas esas mujeres, y su persona, porque saben que comienzan señalándolo: ¿ves

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a ese mesero, el tipo chupado, medio sucio, con el copete y parando el nudo cuando escucha fuertes gritos de entusiasmo.
la joroba? Pues ése tuvo la lotería y la perdió. Ya hace mucho Martín se asoma un poco a ver lo que sucede: es el diueño,
tiempo que Martín no se afana en desmentir las fantasías y ve el hombre avaro, que ha ganado la lotería y salta de felicidad,
la bola de nieve crecer como una planta delirante que ni agua rodeado de meseros y parroquianos entusiastas. Entonces se le
necesita. ocurre que bien puede posopner un poco el suicidio para salir
Por supuesto todas las semanas compra un número que re- a felicitarlo. Cuando se le acerca y le da un gran abrazo, los
vierta su suerte y alimente aquellas imágenes con algo real. No parroquianos empiezan a pensar y decir toda suerte de ironías
lo dice a nadie porque le da vergüenza y jamás se lo comprará a malvadas: a ver si no le pasa lo mismo que a Martín al calvo
la mujer de la boca pintada que entra a vender todas las tardes presuntuoso, él sí es capaz de organizar fiestas en las islas y
al Café La Habana y lo evita como a una enfermedad conta- comprar yates sin pensar en las consecuencias. Y las miradas
giosa. Quién querría comprar lotería y ganarla para terminar anticipan ya la lástima y la crueldad que el dueño no puede evi-
como él, sirviendo café y pan dulce. Él prefiere buscarla en los tar percibir entre los abrazos y la champaña que algunos des-
portales del zócalo, pero nunca le ha vuelto a tocar ni un reine- corchan con aire de apuesta: Vamos a ver en cuánto se la gasta,
gro. Mira la lista por las mañanas, antes de empezar, y rompe el a que en un año lo tenemos de regreso, ya no como dueño,
cachito a escondidas en mil fragmentos que van a parar al basu- sino como mesero. ¿Quién contará entonces las anécdotas del
rero del café. El pinche Bermúdez, tan distraido lavando platos, dispendio, quién censurará el derroche entre sorbos de café y
no se da cuenta. Y Martín deja de creer en el futuro. Mientras mordidas de pan dulce? Martín se da cuanta de que la maldi-
más coloridas son las historias que se dicen de él, su vida se ción de gastar la lotería se ha trasladado al dueño y por fin se
ennegrece progresivamente, como emborronada de tinta, hasta han olvidado de él. Entonces abandona la soga en el baño y
que llega el día en que todo pierde sentido. brinda por su libertad.
Una mañana, luego de servir treinta omelettes de espinaca
a un club de damas que comentan por lo bajo la gran fiesta que
hizo en Nueva York cuando tuvo la lotería y miren cómo acabó, Ana García Bergua. La tormenta Hindú y otras historias, Textofilia /
decide colgarse de una soga en el baño de caballeros. Está pre- conaculta, México, 2015.

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NEPTUNO ALEGÓRICO

Gentes profanas en La Merced

semanas después, su fuga y anduvo perdido y hambriento por


Bibiana Camacho las del Centro de la Ciudad de México. Tras un breve periodo
de indigencia y vagancia sin saber muy bien qué hacer y con
delirios de persecución. Atl logró instalarse al fin en uno de
los lóbregos y abandonados cuartuchos del ex convento de la
En una época en la que las viviendas se reducen cada vez más, Merced, gracias a que encontró una persona que militó bajo sus
en la que los materiales son más endebles y los espacios as- órdenes en los Batallones Rojos y que se había convertido enel
fixiantes, resulta sorprendente saber que un hombre habitó uno portero del ex convento de La Merced. Ahí, instaló su estudio
de los conventos más antiguos y hermosos del Centro de la y evitó que se completara la demolición. En ese mismo atrio,
Ciudad de México. El esplendor de esta magnífica construc- en 1927, se creó la Escuela Libre de Escultura y Talla Directa
ción que data de principios del siglo xvii y que fue fundada por donde, además del Dr. Atl, la pintora NahuiOllin, el escultor
frailes mercedarios, hoy está prácticamente oculto. Sus puertas Guillermo Ruiz y otros profesores, impartían cursos para tra-
han sido tapiadas y si uno pasa por ahí, la vorágine del comercio bajadores, obreros y niños, partiendo de la idea de que el arte
formal e informal parece haber absorbido al hermoso claustro. debía practicarse como un oficio y modus vivendi. Testimonio
En efecto del magnífico convento sólo queda el claustro, el res- de la escuela son las puertas con motivos revolucionarios, que
to fue destruido en 1862 debido a las contiendas entre el clero fueron dirigidas por Guillermo Ruiz, diseñadas por Gabriel
y el Estado laico. Sin embargo el claustro ostenta su magnífi- Fernández Ledesma y elaboradas por los alumnos.
ca arquitectura al estilo barroco mudéjar, decorado con flores,
puntas de diamante y arcos dentados, que floreció en España
desde el siglo xii.
La historia de esta construcción inició con la llegada de Her-
nán Cortés, pues el primer religioso que lo acompañó fue fray No nací pintor; nací caminante,
Bartolomé de Olmedo, capellán de la expedición de Cortés. y el caminar me ha conducido al amor
Los mercedarios se instalaron primero en Guatemala y sólo al-
gunos viajaron a la capital del Virreinato para realizar estudios. por la naturaleza y el amor
Para facilitar su estancia, el vicario de la orden de la Merced, por representarlo
fray Francisco Jiménez compró en 1595 un terreno en el en-
tonces extremo oriente de la ciudad. Pero fue hasta siete años
después, el 8 de septiembre de 1602 que el Virrey Conde Mon-
terrey colocó la primera piedra del Convento Nuestra Señora Más tarde resumiría de este modo lo ocurrido en el edificio
de la Merced. Por desgracia el 30 de mayo de 1861 se planificó desde que éste quedó en poder del brazo de la Reforma:“Los
la demolición del edificio, misma que iniciaría un año después, soldados del Benemérito de las Américas […] desalojaron a
como resultado de la instauración de las Leyes de Reforma. los rollizos mercedarios de su viejo convento, se convirtieron
Pero la demolición de prolongó durante mucho tiempo debido en los primeros profanos que pisotearon la santa morada, que
a los conflictos del país. ocupaba un área de casi cuarenta mil metros cuadrados y fue,
Como la mayoría de los edificios de la época Virreinal, el durante centurias, un centro de intensa propaganda religiosa.
Convento de la Merced, a medio destruir, albergó a todo tipo Cuando el gobierno la incautó, las construcciones de la parte
de huéspedes. Fungió como cuartel, mercado, vecindad, pros- norte fueron demolidas para hacer un mercado público, y la
tíbulo; de forma aleatoria, a veces al mismo tiempo. Sobre todo mayor parte de las celdas se convirtieron en casas para habita-
durante la Revolución Mexicana, la ciudad se convirtió en un ción y locales para comercios, quedando en pie el gran patio,
caos. Justo en 1915, el peor año de la revuelta Gerardo Muri- la escalera monumental, dos salones, un refectorio, la iglesia en
llo regresó a la Ciudad de México, pero antes viajó de la Ciu- ruinas y algunas celdas aisladas. Antiguamente, los tonos rosas
dad de México acompañando al presidente Carranza hacia a y azules, verdes y grises, resaltaban sobre el fondo rojo oscuro
Veracruz, luego intentó entablar negociaciones de paz con el de los corredores. Pero los soldados del Benemérito no fueron
general Obregón a nombre del propio Carranza; fue captura- partidarios de los colores chillantes, y se dedicaron a limpiar los
do, interrogado y encarceladoen la prisión de Tlatelolco. Dos complicados labrados hasta dejar la cantera viva. Largos años

invndación castálida  |  27
ocuparon el edificio, y cuando lo abandonaron, el convento de En Gentes profanas en el convento, el Dr. Atl narra sus pe-
la Merced, mutilado, despintado y deshabitado, se había con- ripecias reales y muy ficcionadas de su vida en ese recinto. Afir-
vertido en una ruina”. ma por ejemplo que: “Por allí he oído los rezos de los frailes
Murillo sobrevivía gracias a la venta de sus dibujos, a cinco y he sentido el viento helado que dejan cuando pasan. Muchas
pesos cada uno, a las marchantas que iban a hacer el manda- noches los niños se sienten sofocados como si tuvieran un peso
do y a los peones que trabajaban por ahí. El artista bañándose encima… Una vez traté de cambiarme a otro cuarto de los co-
empezó de cero, y lo primero que compró en cuanto tuvo algo rredores de arriba, pero había más espantos que aquí abajo”. Lo
de dinero fue material para pintar. Quizá el hecho de haber cual no fue impedimento para que permaneciera en ese lugar
escapado de las cruentas batallas de la Revolución, le dieron la durante varios años, incluso intervino ante Venustiano Carran-
suficiente alegría y entereza para iniciar una vida colmada de za para que el edificio fuera rescatado. Logró que se le hicie-
belleza y de búsqueda personal. ran tímidas mejoras y él mismo pintó un mural en las paredes.
En 1921 el Dr. Atl conocería a Carmen Mondragón en una Empezó la redacción en 1920 cuando tenía cuarenta y cinco
fiesta, los ojos profundos de la mujer le causaron una honda años; estaba justo a la mitad de su vida, moriría a los ochenta y
impresión, los llamaría “un abismo verde como el mar”, en el nueve años; y estaba en su etapa más productiva. En este libro,
cual cayó irremediablemente. Al otro día se la encontró en la el Dr. Atlnarró con muchos pincelazos de fantasía su estancia
alameda acompañada por Manuel Rodríguez Lozano y los in- en el convento de la Merced, sus amoríos con Nahui Olin, los
vitó sin dilación a que fueran a su estudio. Rodríguez Lozano fantasmas que los acechaban, además hizo un retrato certero
se negó, pero Carmen aceptó y al poco tiempo Carmen Mon- de los personajes que rondaban por el barrio: desde amas de
dragón hizo sus maletas y se fue a vivir al convento. Y así como casa, hasta peones, empleados, vagos y delincuentes. Si uno lee
Leopoldo Lugones habría bautizado a Gerardo Murillo como con atención ese libro y luego pasea por los alrededores del ex
Dr. Atl; Murillo bautizó a Carmen Mondragón como Nahui convento se dará cuenta de que el panorama no ha cambiado en
Olin (“Cuatro movimiento”, en nahua), para que ambos pudie- su esencia, quizá sólo en su forma.
ran amarse “como seres míticos”. El antiguo convento se convirtió en un espacio en el que
En cuanto Nahui Olin se instaló bajo el techo del convento, se reunió una nueva comunidad de gentes profanas: sencillas
ella y el Dr. Atl iniciaron un tórrido romance que escandaliza- familias de muy modestos recursos y también por jóvenes se-
ría a los vecinos de amplio criterio, pues disfrutaban de bañarse cretarias y muchachas de las escuelas cercanas quienes entu-
desnudos en los tinacos de la azotea prácticamente a la vista de siasmadas por tener un espacio diferente y un guía espiritual y
todos. artístico, ayudan al Dr. Atl a mecanografiar sus textos, apren-

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den a dibujar y a pintar bajo su supervisión, preparan banquetes en francés, debajo de una de las losas sepulcrales en la iglesia
en el claustro para sus numerosos amigos políticos, escritores, del convento, junto a las cenizas de una pareja y dos retratos de
trabajadores, periodistas, artistas, banqueros; lo ayudan a orga- ella, una pintura y un dibujo. Y aunque en las cartas no se espe-
nizar exposiciones de su obra plástica, la promoción y venta de cifica su destino, el Dr. Atl no augura otro que no sea trágico. Y
sus cuadros y fraguar sus ambiciosos y descomunales proyectos, no estaba equivocado al recrear la historia de estos amantes con
desde la exploración y explotación de minas de oro hasta nada la propia; pues reflejó la tormentosa relación con Nahui Olin,
menos que una reurbanización de la Ciudad de México. En quien era un espíritu libre que bordeaba la locura y que un
algún momento realiza una alucinante expedición a la cumbre buen día terminó por abandonarlo, con la misma ligereza con
del Popocatépetl, otro terreno predilecto de Atl, con su ayu- la que se había instalado en la Merced. De hecho, una tarde,
dante favorita. Nahui Olin dejó una nota en el buró: “Te he puesto los cuernos
La estructura del libro incluye un breve prólogo y setenta y con veinte enamorados de verdad”. Se marchó con sus cosas
tres capítulos, algunos de los cuales están construidos por me- para no volver jamás.
dio de la interposición de poemas y cuentos suyos. Los cuen- Gerardo Murillo, el Doctor Atl; siempre desarrollo su obra
tos incluidos son: “El hombre y la perla” (también incluido en la frontera de la realidad y la ficción; y al decir obra, me
en Cuentos de todos colores, volumen ii, 1936), “El orador refiero tanto a su obra plástica, las letras, la geología, la vulca-
mixteco” (también incluido en Cuentos de todos colores, volu- nología, el montañismo, la minería; y por supuesto la movili-
men iii, 1941), “La muchacha del abrigo” (también incluido en zación obrera y la militancia política. Fue un enorme paisajista
Cuentos de todos colores, volumen i, 1933) y “El cuadro mejor y un gran aventurero, le encantaba escalar con frecuencia el
vendido” (también incluido en Cuentos de todos colores, vo- Popocatépetl y el Iztaccihuatl, mismo que además represento
lumen iii, 1941). en soberbias pinturas.
El primero de ellos relata, básicamente, la misma historia de Escribió y publicó, libros de poesía, de cuentos, una novela,
La perla, la novela corta de John Steinbeck, publicada en 1945. una monografía sobre las iglesias en México en seis tomos, otra
Hay también cartas y otros textos en prosa del propio Atl co- sobre las artes populares mexicanas, un proyecto nacional para
mentados irónicamente por él mismo. Uno de los cuentos que la exploración y la explotación de yacimientos de oro y una
más impacto causa es “El fantasma y elcoronel”, pues se trata la biografía sobre el nacimiento del volcán Paricutín, Cómo nace
historia del asesinato de un coronel, por nada más y nada me- y crece un volcán. El Paricutín, cuyo desarrollo atestiguó du-
nos que un fantasma, que vivía en elconvento. Atl asegura que rante los primeros años y que plasmó en algunas de sus pinturas
además fue testigo de dicho asesinato. En general, los capítulos más célebres. También impulsó a artistas plásticos y literarios,
son breves salvo los dedicados al largo relato epistolar de la de hecho fue un apoyo fundamental para que Nellie Campobe-
apasionada historia de amor entre Eugenia y Pierre, personajes llo sacara su primer libro. Pero sin duda su obra literaria más
de ficción situados a mediados del siglo xix. Supuestamente el entrañable es Gentes profanas en el convento (1950).
Dr. Atlencontró más de seiscientas cartas, escritas en español y

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NEPTUNO ALEGÓRICO

Elena Garro y los tiempos


de la fabulación

su fresca y compleja percepción —nunca antes apreciada en


Geney Beltrán Félix las letras mexicanas con la vehemencia de esos rasgos— de los
mundos de la infancia y la familia.
El segundo tiempo literario de Elena Garro viene después
de una larga pausa, la impuesta por su salida del país debido a
La dramaturgia, la novela y el cuento: he aquí la tríada de gé- su equívoco involucramiento en hechos referentes a las protes-
neros con que Elena Garro (1916-1998) irrumpió entre finales tas estudiantiles de 1968. No es sino hasta 1980 que un nuevo
de la década de 1950 y principios de los años sesenta en las filas tomo firmado con su nombre se acerca a los estantes de las
más notables de la literatura mexicana. Son estas tres vertien- librerías; se trata del volumen de relatos Andamos huyendo Lola,
tes —más la novela corta, habitual en sus publicaciones de los al que pronto seguirán las novelas Testimonios sobre Mariana
ochenta y noventa— las que se hallan consideradas en la pre- (1981) y Reencuentro de personajes (1982). Vemos en esta segunda
sente antología; aunque, eso sí, no está de más consignar que la Garro una mutación reveladora: su expresión se vuelve menos
autora no perseveró con la misma profusión en los tres caminos pródiga de brillos y danzas poéticas y más virada por las pre-
de su juventud literaria: hubo un momento en que la escena rrogativas de la eficacia dramática, mientras que el tema de las
mexicana casi perdió por entero a la audaz dramaturga. relaciones mujer-hombre se ve enfilado con mayor tenacidad,
El conjunto aquí reunido permite apreciar por qué Elena aunque, ni cómo negarlo, desde variados acercamientos. Con
Garro es la más brillante autora mexicana del siglo xx, una voz los arsenales de la narrativa realista psicológica, el universo de
original y renovadora, dotada de un fogoso poderío verbal y la pareja es asediado dando un más espeso relieve a la percep-
una imaginación lúdica y crítica a partes iguales que se acer- ción femenina. Así se forja una representación de la persisten-
có con una inusitada, incluso retadora perspectiva a los temas cia de prejuicios machistas y conductas opresivas del varón, si
de la infancia y la inocencia, la violencia social y política y los bien el enfoque difícilmente podría ser tildado de uniforme o
vínculos mujer-hombre en una sociedad y un país dominados maniqueo. Un filoso don de inmersión psicológica deja ver una
por la injusticia, la discriminación y las pautas del dominio pa- dinámica llena de matices y complejidad; el examen ficcional
triarcal. de los estados de paranoia, terror, sumisión, crueldad, remor-
Aunque en distintos pasos de su trayectoria también saltó al dimiento y encono echa luz sobre lo interiormente arduo que
periodismo, la autobiografía y el ensayo histórico, Elena Garro deviene para sus protagonistas femeninos evadirse de vínculos
es ante todo una imaginadora de historias. Ya sea en sus piezas amorosos funestos.
teatrales o en su narrativa, su escritura se abre siempre a las vías Con todo y que esta segunda etapa es más pródiga en títulos,
de libertad, juego y crítica intrínsecas de la ficción moderna. el tiempo final no le confirió a Elena Garro el sitio de reconoci-
La autora nacida en Puebla en las fechas finales de la lucha re- miento que en su vejez habría merecido. Sus postreras obras no
volucionaria amalgamó en sus páginas un aliento diáfanamente despertaron en buena parte de la crítica el mismo entusiasmo
fabulador con una concepción heterodoxa de los ires y venires que las de sus años jóvenes. Esta antología busca ir en contra
de la realidad y la Historia, que se avala en el punto de que mu- de esa apreciación ciertamente parcial, y por tal causa se han
chas de sus obras rescatan el devenir de personajes vulnerables incluido una novela y tres nouvelles emblemáticas de su último
llevados a un estado de sufrimiento y precariedad por afrontar tiempo creativo, sobre las que me permito un análisis más cer-
fuerzas poderosas. cano y profuso.
Si bien no tenemos una claridad exacta sobre las fechas de
escritura y corrección de sus manuscritos, el amplio continen- El viento, la lluvia, el cogollito fresco de una lechuga…
te literario de Garro puede verse dividido en dos franjas. Un
primer periodo es el de su aparición y mayor cosecha de aplau- Existe en la obra de Elena Garro una concepción del tiempo
sos, y contempla la reunión de piezas teatrales Un hogar sólido que se aparta de la que, con bases tanto cristianas como racio-
(1958), publicadas poco después de su estreno en el ciclo Poesía nalistas, en Occidente ha presidido. En vez de aprehenderlo
en Voz Alta, organizado por la unam; la novela Los recuerdos del como una entidad que avanza del pasado al presente al futuro
porvenir (1963), una manifestación altísima de talento y aplo- (cada instante enlazado pero distinto del que le precede y le
mo literarios reconocida con el Premio Xavier Villaurrutia; y sigue), la autora mexicana afirma en diferentes instancias de sus
la compilación de cuentos La semana de colores (1964), ricos en libros una visión regida por la simultaneidad y la convivencia:

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que se nutrió Rulfo en Pedro Páramo—,
así como en una persistente cuota de hu-
mor negro nada alejada de las premisas
surrealistas, la autora traza una hermosa
fábula de temple holístico. Cuando llega
el toque de queda, a cada muerto le es
dado asumir otros perfiles de la materia.
“Me voy. Soy el viento que abre todas
las puertas que no abrí”, avisa el soldado.
“Ah, la lluvia sobre el agua!”, exclama
otro de ellos un segundo antes de asumir
la forma líquida. “¡El cogollito fresco de
una lechuga!”, elige ser la anciana.
El poder de mutarse y de trasfigurar
el entorno se halla también en El rey
mago (1958), una breve pieza que exhibe
el conflicto entre la realidad y la fanta-
sía, otra de las líneas discernibles en la
literatura de Garro. El protagonista, Fe-
lipe Ramos, está preso por haber mata-
do a un hombre que pretendía a su no-
via Rosa. Su celda se halla en un balcón
enrejado en una casa colonial, frente a
la plaza de un pueblo. En una banca se
halla sentado un niño, quien tiene a su
lado un caballito de cartón y mira al reo
con insistencia. “¿Qué me ve? ¿Tengo
monos en la cara?”, lo interpela Felipe,
quien tras las rejas querría más bien ver
y ser visto por Rosa antes que por ese
insistente mocoso.
“Pues yo estaba mirando al Rey Mago
Felipe Ramos”, el niño responde.
Desde este punto, sus palabras abren
Cortesía: Editorial Cal y Arena el drama hacia la sugerencia de una rea-
lidad paralela, de cariz maravilloso, en la
que el preso, y el niño también (“¡Yo soy
“todos los tiempos son el mismo tiempo”, resume un personaje el Rey Mago Cándido Morales!”, se presenta), tendrían la vida
de Andamos huyendo Lola. extraordinaria de un mítico monarca de Oriente.
No se trata de un artilugio gratuito, sino de una forma de ¿Es sólo el afán de recreo de un niño latoso? Felipe no acep-
ver la existencia —suscitada, aunque no solamente, a partir de ta obedecer las pautas del juego infantil que según él se le pro-
lecturas de literatura fantástica y de pensamiento oriental—, pone: “¡Ora sí! ¡Eso le faltaba ¡Usted el Rey Mago! ¡Váyase a
desde la que todas las percepciones, deseos y experiencias de su casa! ¡Mariguano! ¡Desperdicio de los hombres!” La acota-
todos los seres se hermanan en cuanto a validez y relevancia. ción abre entonces una fisura fantástica en la escena, hasta ese
Es la ambición de una artista moderna por, superándolos, frac- momento, de sólido tenor realista: Cándido arrea su caballito
turar los esquemas de razonamiento propios de la modernidad, de cartón… y este se eleva por los aires. La pieza parecería
si bien no con tratados o arengas sino con los trabajos y días de desarrollar el choque de dos personajes —uno serio y el otro
su imaginación. juguetón, aquel racional y este idealista— que conviven por
Esta visión atípica se advierte en Un hogar sólido, una de las unos instantes en la misma zanja temporal; pero la subversión
farsas que señalaron el debut de Garro en los tablados y las im- de lo real que se da con el surgimiento de una brecha onírica
prentas. El escenario es el interior de una cripta familiar en la instruye una lectura diferente: el Felipe sensato queda como
que una variedad de personajes se ven obligados a convivir para un personaje vencido por su incredulidad, literalmente preso
siempre… o hasta el Día del Juicio Final. Uno de ellos es un jo- en una cárcel mental que le impide huir hacia los abiertos rei-
ven soldado juarista; otra, una niña fallecida a los 5 años, quien nos de una entidad imaginaria mucho más libre. Ha anotado
coexiste ahí con su hermana, fallecida muchos años más tarde, con acierto Patricia Rosas Lopátegui en su prólogo del teatro
ya en su vejez. Aunque cada uno vivió en un turno diferente completo de Garro editado por el fce: “Garro demostraba que
de los años, separados por lustros o décadas, residen ahí, en el escenario teatral (sinónimo del escenario de la vida) sigue la
un borde congelado del suceder en que se disuelven las edades ‘lógica’ de los sueños, de la suprarrealidad onírica”.
aunque no los temperamentos. Reposando en los ecos del ima- Si El rey mago, de acento fársico, se desarrolla con las con-
ginario religioso de las poblaciones rurales de México —de los secuencias de un hecho sangriento —el asesinato del preten-

invndación castálida  |  31
diente de Rosa—, Los perros (escrita en 1956) se aproxima a la habla y el hombre escucha, el hombre muere”). Adrián se cree
violencia con un desafío más franco, en dos líneas distantes que exigido a sostener una suerte de lealtad incestuosa a la madre
convergen. Los perros es una pieza concentrada y claustrofóbica fallecida (“Gloriosa Teófila Vargas, ayúdame a golpearla hasta
en la que una madre, Manuela, ve repetirse en su hija Úrsula, que no resuelle”), y exhibe una camaradería de signo homo-
de 12 años, el devenir que a ella la destruyó de adolescente. sexual con los compañeros de parranda (“Por eso vas a morir
Manuela prepara los aparejos para salir a un día de fiesta y ven- tú, para que yo me vaya a cantar con mis amigos”). El tiempo
dimia; sin embargo, mientras cuenta la historia que ha ocultado luce una consistencia doble: los hechos son primero amenaza-
por muchos años —fue raptada y violada por el padre de Úr- dos y luego cumplidos, de forma tal que Adrián es el relator del
sula—, su hija se adentra en ese mismo destino a manos de un feminicidio antes de cometerlo.
hombre que la ha estado asediando. La pluralidad del tiempo se halla también entrevista en la
Los perros es un ejemplo del tratamiento que da Garro a las pieza La señora en su balcón (1959). Clara, de 50 años, reúne tres
relaciones mujer-hombre en el contexto rural mexicano. Se versiones previas de sí misma en un solo tablado temporal. Una
trata de vínculos resueltos por el maltrato y la violación, y a los niña, una joven y una mujer que llega a los cuarenta van com-
que un atavismo nunca nombrado fortalece; la reiteración de la pareciendo ante la Clara madura, quien desde el inicio desea
misma precisa violencia hace convivir en el interior de la choza aclararse —no es gratuita la elección de su nombre— el origen
el pasado adolescente de la madre con el presente igualmente de su desdicha existencial: “¿Cuál fue el día, cuál la Clara, que
bisoño e indefenso de la hija. La narración del ayer convive con me dejó sentada en este balcón, mirándome a mí misma…?” La
su actualización esa noche. ¿Qué le queda a la víctima? ¿Callar constante en su vida han sido los desencuentros con los varo-
para que el atropello no reincida, o contar el dolor de sus ayeres nes. Más exactamente: el conflicto entre Clara y los hombres se
esperando que así el testimonio sea lo suficientemente previsor define por la dicotomía excluyente que se da entre la imagina-
y consejero? Señala Antonio Magaña Esquivel en el prólogo ción y el pragmatismo, la libertad y el dominio, el vuelo y la ru-
de Teatro mexicano del siglo xx —en un apunte aplicable a esta y tina: “¿Por qué cuando yo te propongo el viaje, tú me propones
obras piezas de Garro— que “los personajes son quienes crean el puerto, la casa?”, pregunta una de las versiones de Clara a su
y fecundan los acontecimientos”. La víctima no tiene salvación, prometido, quien desea matrimonio, casa y familia.
pues parecería que Manuela con su recuento deviene la invo- No es difícil advertir en La señora en su balcón cómo el arbi-
cadora de la realidad que espera a su hija; es una dramaturga trio de reunir todos los tiempos en uno solo tiene repercusio-
dentro de la tragedia que había callado por temor a que, con sus nes enemigas. Clara no recurre a la memoria; cada experiencia
palabras, los sucesos se repitieran: “La suerte no se hereda si no de su pasado es, más que evocada, nuevamente vivida ante sus
se nombra”. La pieza termina luego de que Úrsula es raptada, ojos, lo que espolea su trágica decisión final: entiende que el
pero su historia posterior, aún sin suceder, ha sido resumida ya varón no está instruido en el respeto a la libertad y el deseo de
por voz de su madre. Con un brutal recurso ha dado Garro una la mujer, que el peso cultural del machismo es incuestionado,
representación de los ciclos perpetuos que cobijan la violencia y que esta dinámica se halla inscrita en el tiempo. Hechos así
machista en el México más escondido. nunca terminan de suceder y siempre están sucediendo todos
El rastro (escrita en 1957) es una instancia no menos bru- juntos; siempre se están repitiendo todas las instancias de in-
tal. El protagonista, Adrián Barajas, ha estado bebiendo alco- comprensión y rechazo.
hol para envalentonarse: viene decidido a asesinar a su mujer,
a quien acusa de ser “deleite de los cabrones, revolcadero de
machos”. Con una dicción de extraordinaria altura lírica, la tra- Fragmento del prólogo del libro Elena Garro. Antología recién
gedia recapitula los modos de una virilidad herida en su orgullo publicada por Ediciones Cal y Arena en su colección Esenciales
por una mujer de fibra fuerte y seductora (“Cuando la mujer del XX.

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DIVERSA DE MÍ MISMA

De cómo Elena cambió


su corona por palabras

tenía los ojos tristes y que conducía una ambulancia algo rá-
Carmen B. López–Portillo Romano pido cuando era voluntaria de la Cruz Roja, la que vio morir
pasmada a un soldado llamando a su madre, la activa y jubilosa,
el torbellino de ocurrencias, la amiga de Orozco y la escritora
de nomeolvides, la madre que amó con un amor que estuvo ahí
(…) nunca la vida es nuestra, es de los otros, la vida no es todo el tiempo a su hija apenas le hubo sonreído con esa sonrisa
de nadie, todos somos la vida —pan de sol para los otros, inolvidable.
los otros todos que nosotros somos—, soy otro cuando soy, Ella es Hélène Elizabeth Louise Amelie la princesa de Po-
los actos míos son más míos si son también de todos, para lonia, la pequeña de Vouvray y de Mougin, que vivía en Rue
que se pueda ser he de ser otro, salir de mí, buscarme entre Berton y que no podía acercarse a las orillas del Sena, la niña
los otros, los otros que no son si yo no existo, los otros que de los ojos de sus abuelos, la que cruzó el mar océano en el
me dan plena existencia, no soy, no hay yo, siempre somos barco de refugiados Marqués de Comillas porque parecía que
nosotros, la vida es otra, siempre allá, más lejos, fuera de ti, la guerra no acabaría nunca, y pisó las tierras de América, la
de mí, siempre horizonte, vida que nos desvive y enajena, hermana de Kitzia, la sobrina de Pita, la excéntrica poeta que
que nos inventa un rostro y lo desgasta, hambre de ser, oh posara desnuda para Diego, y de Inés la dueña de la Galería
muerte, pan de todos (...)” de Arte Mexicano donde conoció a Leonora Carrington quien
Octavio Paz desde entonces le dedicó una sonrisa siempre hasta la última
que le lanzó desde las escalinatas del Palacio de Minería.
Ella es Hélène Elizabeth Louise Amelie Paula que llegó a la
Es la admiración a tres mujeres la que hoy nos convoca. Tres Ciudad de México y se sorprendió de que hubiera naranjas en
Elenas que brillan como el sol con luz propia, como lo define su forma de pirámides en las esquinas de las calles, y que la gente
nombre, tres luchadoras que desde su conducta y la palabra, han anduviera descalza sin saber todavía lo que era la pobreza
enriquecido nuestra vida y la vida de nuestro país, tres mujeres Ella es Hélène Elizabeth Louise Amelie Paula Dolores la
de excepción que supieron tomar la palabra cuando muchas de que aprendió español de la mano de su nana, en la cocina y
nosotras éramos sólo silencio, tomaron la palabra y abrieron en la calle, la de mirada de gatito, la que se columpiaba con su
para nosotras el espacio del ágora y la polis. hermana y flotaba dejándose llevar por el viento, la que estudió
Hoy, gracias a la invitación de Sara Poot Herrera, y a pesar en el Sagrado Corazón en Pensilvania, la que en México bailó
de no pertenecer con título propio y de buen derecho al ámbito chachachá y la raspa, la bamba y el mambo, la amiga de Fuen-
de los escritores, desde esta mirada foránea quiero hablar de tes, la alumna de Benítez, la asistente de Oscar Lewis quien le
Elena Poniatowska. He escrito estas líneas desde la simpatía y inspirara la vocación por los testimonios, la becaria del Centro
el gozo, desde el asombro y la admiración, a partir de un guiño a Mexicano de Escritores, la curiosa incontrolable, la metiche
uno de los autores cuya valoración ambas compartimos; es inspi- la entrevistadora de María Izquierdo y de Juan Rulfo a quien
rándome, qué atrevimiento el mío, en el monólogo de Carlota bombardeó de preguntas a boca de jarro; la que alguna vez le
de Fernando del Paso que escribí este texto. preguntó a Diego Rivera si sus dientes eran de leche y a María
Ella es Hélene Elizabeth hija de Jean Joseph Evremont Po- Félix si tenía voz de sargento, la joven graciosa e implacable
niatowski, descendiente de la casa real de Savoya, condecorado que con ingenuidad aparente lanzaba bombas disfrazadas de
por el ejército francés, quien tantas veces se tirara en paracaídas preguntas.
al campo enemigo, el viajero, el bello ejemplo de valor y de Ella es Hélène Elizabeth Louise Amelie Paula Dolores Po-
modestia como lo supiera Charles de Gaulle, que llegó a Méxi- niatowska Amor la que se salió de su mundo para pintar de rojo
co después de terminada la Guerra. su corona y cambiarla luego por palabras, y se interesó por los
Ella es Hélène Elizabeth Louise, pariente del Rey de Po- otros, los desfavorecidos, para ayudarlos a atravesar el desier-
lonia e hija de María de los Dolores Amor Yturbe, Paulette, to aferrados a un pedacito de esperanza, la que ha recuperado
quien viajó de París a Biarritz y de regreso, y bailó en la Pla- para ellos la voz y su imagen dolorosa y usurpada; la que con
ce de la Concord hasta enamorarse; que se dejó retratar por voz pausada habla del mundo de los vencidos, de los expulsa-
Edward Weston, ese fotógrafo que captaba las imágenes de lo dos, de las minorías, de las mujeres, dimensión simbólica de la
que lo eludía, de lo oculto, de lo apacible. Paulette que a ratos alteridad.

invndación castálida  |  33
la amiga de Monsiváis y para recordar-
lo, a uno de sus gatos le puso Monsi y
al otro Vais, así lo nombra dulcemente
todo el día; ella es la viajera incansable,
la que sabe que la felicidad es como el
chorrito de la fuente a veces grande a ve-
ces chiquito, nunca dura mucho, es de a
ratos; la que toma en sus manos las lu-
ciérnagas para aprender cómo emitir su
luz propia; la que pone su vida a cachitos
en sus textos y nos confiesa que estamos
llenos de retratos interiores y de paisajes
no vividos, la que sonríe y escucha con
atención las miradas de la gente y sus
historias.
Ella es Elena de México la que se
sirve de la palabra como arma de trans-
formación y como bálsamo, la que nos
aguijonea y nos despierta; la que ante
nosotros se pone como espejo para que
seamos capaces de mirarnos de cuerpo
entero, como Estefanía la compañera de
Palinuro.
Ella es Elena la que ha preferido
permanecer con la cabeza descubierta y
elaborar a la intemperie la verdad de su
historia y de su compromiso, y escuchar
al otro para interpretar el sentido de su
peregrinar, para darle voz y crear un
mundo posible, la que sabe dar respuesta
ante la realidad que le es presente, ante
el llamamiento urgente unas veces, ca-
llado y marginal las más, del otro; la que
vive emplazada por la mirada de esos
otros requerientes y que es más sensible
aun a las voces femeninas ante las cuales
ha acreditado con su vida que no es, que
no puede, que no sabe, que no quiere ser
indiferente.
Ella es Elena y ha quebrado los es-
pejos de la apariencia, de la convenien-
cia, ha desenmascarado esta realidad
que duele e indigna. Contener el mal
Fotografía: Moramay Herrera del mundo ha sido su única certeza. Es
desde el abismo desde donde ha hecho
emerger su voz para traernos noticias,
Ella es Elena, la mujer de Guillermo Haro, el que descubrió como aquel mensajero del imperio. Ella es un pájaro como di-
que la tierra jamás se acaba, que el Universo es infinito, que hay jera Paz, y con plumas ha hecho un nido para entibiar la reali-
dos tipos de amistades las que son fugaces como los cometas dad cuando todo enfría, para brindarnos ese pedacito de íntimo
y las que acompañan nuestra vida como las estrellas y que el recogimiento y cobijar un rato nuestra alma.
amor nace de la admiración. Ese científico que creía que todo Hoy ha venido a recordarnos que desde hace años nos ha
libro es un acto de fe, que a veces la ciencia es cuestión de ho- traído noticias del desierto, un puñado de arena trae entre las
nor y no de laureles, que venimos del limo, que hay planetas sin manos para que tengamos presente la suerte de los tibios, de
redentor, que reconoció la vitalidad de las estrellas por su color, aquellos seres que vivieron sin merecer alabanzas ni vituperio,
por su brillantez, y la insignificancia humana en el Universo; que no fueron rebeldes ni fieles, sino que vivieron sólo para sí,
quien lloró el día que su hijo nació quizás porque sabía que la de ellos, como lo anuncia el Canto iii, el mundo no conserva,
eternidad es una invención del hombre. no conservará ningún recuerdo; la misericordia y la justicia los
Ella es Elena, la madre de tres hijos generosos y la abuela desdeñan.
de diez nietos que la acompañan orgullosos y la cobijan con su Hoy ha venido Elena a contarnos que es el habla uno de los
amor, Luna con sus once años inspiró hoy sus palabras; ella es principales campos de batalla de este mundo, que hay que res-

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guardar en un baúl tricolor el lenguaje para que no se nos vacíe ¿Les he contado que Elena desde una resbaladilla cantarina
de intenciones y principios. Nos ha traído un catalejo hecho de se ha deslizado en la conciencia de nosotros? Elena, Elenita, la
palabras para vislumbrar el horizonte que se asoma más allá del Poni nos ha abierto al tiempo, al ser del otro, al mundo, a lo
desierto, para que reconozcamos lo extraordinario, eso que se que fue, para que con ella busquemos la verdad; con ella hemos
eleva de la superficie, de lo trivial, del espejismo y tiñe el mundo ido a las marchas donde hemos dejado la tristeza y la rabia en el
de otras cualidades, de otras dimensiones y atributos. Ha llega- polvo y las palabras disueltas en el ir y venir del viento; ella ha
do Elena con su presencia a interrogarnos, a mostrarnos que la desplegado sus alas para mostrarnos la desnudez del campo que
pregunta es el primer acto de libertad porque fractura el ámbito no conoce ya intenciones y en sus ojos hemos visto reflejado el
de lo necesario, y abre la realidad a otras maneras de ser. miedo de las mujeres de todo el país que se alarga conforme las
Elena nos ha traído de Chimalistac un ramito de bugambilia sombras habitan el desierto.
y otro de jacaranda, nos ha traído el sonido de las campanas de Hoy ha venido Elena a ofrecernos una tacita de tila, de man-
la iglesia de San Sebastián para alegrarnos la mesa y la tarde, ha zanilla con una pizca de valeriana y dos terroncitos de azúcar
venido con su mirada azul y luminosa y la ternura de sus manos para que archivemos todos los desengaños, para olvidarlos, para
decididas, ha venido sostenida por la columna que vertebra su que empecemos a hacer del futuro, porvenir. Al oído, tomando
vida, esa preocupación por los demás que parece que le sobre- nuestras manos nos ha dicho que basta una pequeña inflexión,
viene constante; como si viviera en la permanente responsabi- una pausa o el cambio de una letra, una mínima reticencia para
lidad del otro. que una palabra transforme el universo.
Elena nos trajo también un mapa para que reinventemos Ella es Elena, la Gran Maestra de México, acogida bajo las
nuestra propia geografía no desde el orden, desde la definición alas del águila republicana, princesa de la lengua que con pa-
impuesta y discriminatoria, no desde una visión rígida, triste y labras ha transformado el universo y conmovido nuestra con-
rutinaria, sino desde la metáfora, el testimonio, desde el guiño ciencia.
y la sonrisa.

invndación castálida  |  35
DIVERSA DE MÍ MISMA

Una rama dorada para Sandra Pani

pico nos recuerda nuestro origen, el mundo vegetal es anterior


Moramay Herrera Kuri a nuestra especie, ellos estaban aquí antes que nosotros: hay
que volver a sus raíces.
y Daniel Rodríguez Barrón
“Cuando a mí me invitan aquí pienso, ¿por qué me invitan al
Claustro?, ¿qué es el Claustro?, ¿qué representa el Claustro en
el proceso creativo y en mi proceso como persona? Y eviden-
Eneas quería ver en a su padre Anquises en el inframundo, que- temente lo primero con lo que me topo también es con Sor
ría pedirle consejo. La Sibila de Cumas le dijo a Eneas que a Juana y me encuentro esta figura femenina que tiene que re-
manera de salvoconducto debía llevar una rama dorada. Esa currir al Claustro, para desarrollarse intelectualmente, es decir
rama le permitiría entrar al Hades y volver sano y salvo. Eneas tiene que explorar una mirada interna para saber quién es, y el
tomó la rama de un roble y descendió a los infiernos, allí su pa- espacio mismo, el espacio cerrado le permite su desarrollo inte-
dre le mostró su gloria futura: sería el fundador de Roma. Para lectual. Entonces sentí una inmediata conexión en el sentido de
ver la obra de Sandra Pani hay que tener un salvo conducto, su la mirada interna y un poco también el claustro como metáfora
obra es una enramada que se fragmenta, se rompe, se astilla y de la noche oscura del alma, como este espacio que necesitas
finalmente se abre para dejarnos ver aquello que buscábamos: para encontrarte.”
encontrarnos frente a un espejo. ¿Somos nuestra propia rama
dorada?

“Esta exposición se llama El espejo de la pintura, es una exposi- La obra de Sandra Pani es un bosque
ción hecha ex profeso para la Celda Contemporánea. Todo esto que nos invita a perdernos, a ser
surgió por una invitación de Carmen López Portillo cuando fue
a ver mi exposición anterior Denudatio perfecta que estaba en la consciente de que somos una rama,
escuela de medicina de la unam, el Palacio de la Inquisición, una sola en un árbol milenario
entonces cuando Carmen la vio, me dijo: tienes que hacer algo
en la Celda y cuando vine con ella a ver la Celda, lo primero
que me impactó fue el reflejo en el piso. Entonces me empezó a
perseguir como esa imagen el reflejo y la primera vez que soñé En La Montaña Mágica de Thomas Mann, Hans Castorp, el
sobre qué iba a hacer aquí, me vino a la mente la imagen de una protagonista se enamora perdidamente de Clawdia Chauchat.
pieza que ahora te voy a enseñar que vino hasta con título en el Después de declararle su amor en un carnaval deciden hacer un
sueño y que se llama “De ser dibujo” y era la idea de meterte intercambio, se darán aquello que más aprecien, lo más íntimo:
adentro de una estructura hecha a base de puros dibujos y de intercambian radiografías, y durante toda la novela, casi 1000
velos y que tú pudieras reflejarte en un espejo y que te diluyeras páginas, Hans lleva en el bolsillo de su saco la radiografía de
un poco, que tu imagen se diluyera en un dibujo”. su amada. Las radiografías intervenidas por Sandra Pani nos
devuelven la mirada, son árboles de ojos y no de hojas que nos
Pero, ¿cómo saber que en medio del diluvio nos espera una invitan a ver hacia el interior, a abrir los ojos bajo los párpados
tierra firme? Al cabo de cuarenta días, Noé abrió la ventana y ver nuestro ser interior, ese que llevamos a todas partes como
del arca y envió a una paloma que no encontró lugar en donde la radiografía de Clawdia Chauchat.
posarse. La paloma volvió y Noé espero siete días más, enton-
ces volvió a echar a volar a la paloma que surcó los cielos, se “Me encantan las radiografías, especialmente en las radiogra-
perdió de vista y luego volvió con una rama de olivo en el pico. fías estoy trabajando con algo que siempre me ha encantado
Entonces Noé comprendió que las aguas habían disminuido que es la cuestión de cómo la naturaleza, nuestra anatomía y la
sobre la tierra. La enramada en la obra de Sandra Pani también naturaleza vegetal están totalmente emparentadas. Yo creo que
nos da la buena nueva, es un bosque que nos invita a perdernos, todas las cosas vivas tienen un mismo diseño y simplemente hay
a ser consciente de que somos una rama, una sola en un árbol cambios y permutaciones pero es el mismo diseño, entonces
milenario. Las ramas de Pani como la que llevó la paloma en el por ejemplo en mis dibujos de ramas sobre radiografías de tó-

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Fotografía: Eduardo Romero

rax, pues estoy hablando de que el tórax es un árbol. Yo trabajo condición necesaria para reinventarte. Si no hay desmembra-
mucho con los contrarios, con la dualidad, la luz y la obscuri- miento, no te transformas”.
dad, lo etéreo y lo concreto, lo espiritual y lo encarnado”.
Dice el escritor, músico y poeta Ramón Andrés en su libro El
Dice que René Girad en La violencia y lo sagrado que el ori- mundo en el oído. El nacimiento de la música en la cultura, que el
gen del mundo hubo un crimen, más específicamente un des- hombre prehistórico busco las grandes cuevas como Altamira
membramiento en el cual los hombres compartieron la culpa, o la gruta francesa de Trois-Frères, no tanto para pintar sino
y entorno a esa culpa surgió la primera sociedad, un grupo de para hacer música, o mejor aún, para ambas cosas: se ha descu-
hombres vinculados y regulados un crimen que repetían en bierto que las pinturas siempre coinciden “con el mayor punto
el sacrificio ritual. La obra de Sandra Pani es un desmembra- de resonancia en las cuevas”. La obra de Sandra Pani busca
miento ritual, sabe que para subsistir, la integridad psíquica de recuperar ese origen donde música y pintura estaban estrecha-
la persona debe ser múltiple, aleatoria, fragmentaria sin temor mente relacionados, creando un espacio que facilita la entrada
a perderse en la dispersión, al contrario, debe saber que está al mundo trascendente.
hecha de pequeños puntos de contacto: todos los días reunimos
las astillas para formar eso que, por mera cortesía, llamamos
identidad.

“Como el espacio está dividido en tres salas, trabajé con eso


“Yo creo que todas las cosas vivas
también, con la división de las tres salas, hay un grupo de piezas tienen un mismo diseño”
que se llaman De fragmentarse y está formada por doce piezas,
la mayoría de ellas polípticos de diferentes materiales con refe-
rencias a mi cuerpo y en esta cuestión muy personal con la que
yo también trabajo pero también es arquetípica y universal, es “Mi idea era crear un espacio meditativo y religioso donde pu-
mi cuerpo pero también soy cuerpo de todos y tiene que ver dieras entrar, ver las imágenes y que la música te arropara y a
con esta idea de fragmentarse. Llevo muchos años trabajando partir de ahí todos los colegas compositores quisieron parti-
con eso, siempre estoy ligada a la fragmentación y al desmem- cipar, lo cual ha sido una cosa muy generosa de su parte y ha
bramiento creativo, porque el desmembramiento puede ser sido para mí fantástico y en esta exposición participaron Geor-
destructivo también. Pero también el desmembramiento es la gina Derbez, Lorenzo Medina, Alejandro Romero y Ricardo

invndación castálida  |  37
Cortés. Entonces entras a la sala y primero se oyen las obras para mí es un puente importante, es casi como repetir el espa-
completas de cada uno de ellos, pero después hizo un progra- cio o las condiciones en las que me voy dentro de mí a través
ma en la computadora para que se oigan fragmentos de la obra de la música y también generosamente el poeta Alberto Blando
de cada uno de ellos aleatoriamente, entonces es muy curioso escribió unos poemas para mí en honor a Sor Juana con refe-
pero auditivamente es lo mismo que está pasando visualmente rencias a mi trabajo”.
en el sentido que se va alterando, se va cambiando “visualmen-
te”. Para mí la música es, una herramienta indispensable para La obra de Sandra Pani en la Celda Contemporánea estará
entrar dentro de mí misma, siempre escucho música clásica y hasta el 10 de diciembre de 2016.

Fotografía: Eduardo Romero

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DIVERSA DE MÍ MISMA

El soneto como educación sentimental

Cetina y está creando exactamente la misma forma que viene


Entrevista con Darío Jaramillo de la poesía clásica, de manera que sí, que la poesía clásica nos
enseñó la manera de sentir, no sólo directamente sino también
por Daniel Rodríguez Barrón a través de los Agustín Lara y los María Grever y los Juan Ga-
briel de este mundo…

Podría decirse, entonces, que el soneto fue nuestra educa-


Profusamente ilustrada con piezas del Museo Soumaya, entre ción sentimental.
las que se encuentran pintores como Artemisia Genteleschi,
Francisco Zurbarán, Auguste Rodin, y Lucas Cranach entre Exactamente.
otros, Del marqués a la monja. Antología del soneto clásico castella-
no, compilado por el poeta colombiano Darío Jaramillo Agu- Y, ¿cómo reaprenderlo en sentido inverso?, es decir, ¿cómo
delo es el rescate de un género que conquistó Europa y que nos olvidarnos de los Agustín Lara y de los Juan Gabriel para
dio ejemplos y maneras de sentir el amor. Desde el Marqués de poder volver a leer a Lope?
Santillana, pasando por Garcilaso, Boscán, Tirso de Molina y
Santa Teresa de Ávila, hasta llegar a Sor Juana Inés de la Cruz, Esta antología no es una antología para especialistas en sone-
este libro invita a las nuevas generaciones a acercarse al soneto to, ni es una antología para profesores aunque se admiten, se
y comprobar que su música y sus goces y lamentos amorosos admiten los especialistas. Es una antología para los chicos que
siguen tan vigentes como en el siglo xv. están circulando por ahí. Y muy deliberadamente en varios
sentidos, el primer sentido es que, si tú coges una antología de
Al leer el libro me dio la impresión de que el soneto ali- las muchas que hay del soneto, vas a encontrar que hay muchos
mentó de muchas formas nuestro imaginario colectivo so- sonetos construidos sobre la mitología griega o latina, y una de
bre amor, es decir que creó las formas en las que amamos: las cosas que yo hice en esta antología fue, no incluir sonetos
en las que le decimos a alguien que lo queremos o que no construidos sobre unas categorías mentales que ya no son las
lo queremos. ¿Mi impresión es cierta? habituales de la gente. Porque es es difícil saber lo que significa
Leda o lo que significa Venus para un ser común y corriente
Es cierta, y de dos maneras cierta, además. La primera, porque de los que circulan hoy por la calle, eso ya no les dice nada.
los sonetos se incorporaron al saber colectivo de una manera Entonces estos sonetos yo los escogí diciendo: “vamos a es-
muy natural porque los hicieron los grandes poetas: Góngora, coger sonetos que tengan referentes que sean inteligibles para
Lope, Quevedo, etcétera; pero hay una segunda manera que cualquier persona”. Con esta búsqueda justamente de eliminar
también es muy interesante que es que del soneto bebieron barreras y mostrar cómo el soneto lo que está expresando ori-
muchos compositores de música popular, entonces uno muchas ginalmente en su forma más pura y más bella y más original
veces está leyendo un soneto y piensa: “pero esto también ya son los sentimientos de cualquiera, llámese Daniel o Darío o
lo dijo Agustín Lara o María Grever”. Yo he hecho un libro así Juana o María.
que se llama Poesía en la canción popular latinoamericana, donde
intento establecer nexos entre las letras de los boleros y de los ¿Y el concepto del amor ha cambiado?
tangos con la poesía en castellano y es muy claro cómo se rela-
cionan. Muchas veces sin conocerlo, yo no creo que Lara fuera Sí ha cambiado, yo creo que sí ha cambiado. Ha cambiado
un hombre muy culto ni que hubiera leído a Lope, pero tenía porque el rol de la mujer ha cambiado. Pero uno puede hacer
la sensibilidad para captarse las cosas y lo que se captaba era búsquedas. Una de las cosas que hay en esta antología es que
el espíritu amoroso en que habían creado los sonetos, enton- además de Sor Juana y fuera de Santa Teresa hay tres o cuatro o
ces también de esa manera indirecta, y a veces directa, bebían cinco mujeres más que escribieron sonetos. De todas maneras
de ellos. Por ejemplo, allí en esta antología hay un soneto de el rol de la mujer hoy en día es muy distinto del que tenía cuan-
Gutiérrez de Cetina que dice exactamente Muñequita linda tal do se escribieron la mayoría de esos sonetos. Ese primer hecho
como el bolero: Muñequita linda/ de cabellos de oro/ de dien- es muy importante. El segundo es que el pudor ha cambiado.
tes de perlas, / labios de rubí… tú lees el soneto de Gutiérrez de Estamos en una sociedad mucho más directa, mucho más sexual

invndación castálida  |  39
Fotografía: Moramay Herrera

de lo que pudo ser una sociedad hace tres o cuatro siglos. No Fue una revolución completa porque el soneto nació en Italia
digo que fueran ellos unos seres castos y nosotros unos peca- y no te puedes olvidar de que el reino de Nápoles, por ejem-
dores, digo que la naturalidad con la que hoy se toma el sexo plo, era dominio español en el siglo xvi, el reino de Nápoles
no era la forma como se tomaba hace tres o cuatro siglos. La era parte de España, inclusive Garcilaso vive en Nápoles como
forma de contar eso es la siguiente: hay un libro de don An- soldado español. El primero que escribe un soneto en español
tonio Alatorre que se llama El sueño erótico en la poesía española fue el Marqués de Santillana, por eso la antología se llama Del
donde muestra los sonetos que se escribieron desde Italia hasta Marqués (que es el Marqués de Santillana) a la monja (que es
la poesía española con el cuento de “anoche soñé que hacíamos sor Juana). Y desde el siglo xvi hasta el siglo xviii, tres siglos, el
el amor, ¿por qué no, en lugar de soñarlo, lo hacemos?”, más soneto como forma se filtra en todos los idiomas europeos, en
o menos ese es el argumento, una forma indirecta de proponer todos. En inglés, Shakespeare escribe sonetos, en alemán hay
a la pareja irse a la cama. Hoy en día la técnica de seducción sonetos, en francés hay sonetos, en italiano, en portugués…
de “anoche soñé que estábamos juntos” no es muy frecuente,
pero era lo habitual en un momento en que esa era la propuesta Todavía incluso Mallarmé escribió sonetos…
amorosa para irse a la cama. Entonces sí hay cambios porque la
cultura ha cambiado, la forma de interrelacionarse de los sexos Claro, y hoy todavía hay poetas escribiendo algunos sonetos.
ha cambiado, el rol del sexo ha cambiado, pero el sentimiento Entonces, en el castellano, ¿qué pasó? Que en determinado
amoroso sigue siendo el mismo, un apego, una locura… Hay momento con esa relación tan cercana que hay entre la España
tres definiciones del amor en esta antología: una de Lope que imperial a la colonia napolitana, los poetas que han sido solda-
comienza con desmayarse y estar furioso; y dos de Quevedo, en dos como Garcilaso, como Boscán, comienzan a hacer sonetos
uno se da cuenta de que la pasión amorosa es contradictoria, ca- en castellano: como resultado, la primera cosa que pasa, es que
lor/frío, cielo/infierno y eso sigue vigente. Quien está enamora- se toma una medida de brevedad en un tiempo en que los poe-
do sigue sintiendo tal como dice Lope o como dice Quevedo. tas que escribían muy largo, y gracias a esa brevedad, uno de
los efectos que produce es que vuelve más fácil aprenderse los
¿Qué fue el soneto en aquella época: una de revolución de poemas, y con ello hace más fácil el acercamiento de la gente a
la forma o de la manera de sentir? los poemas, seducir con poemas, el soneto se convierte en un

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instrumento. Por eso es que se vuelve tan popular creo yo. Por Exactamente, de poder recordar y decirlo donde sea, en
eso es que los poetas a partir de Boscán y de Garcilaso, comien- cambio el verso libre no se puede aprender tan fácilmente.
zan todos a escribir sonetos. Lope tiene más de 800 sonetos.
Bueno, Lope era un monstruo… pero es un buen indicio de Si tiene ritmo, la gente lo aprende.
la forma en que pegó el soneto y como siguió pegando. Yo lo
tomó en la época clásica y termino con el Barroco y Sor Juana, ¿Pero hay gente que aprende poesía todavía, de memoria,
pero sigue después en el Romanticismo hay más sonetos y más gente de a pie?
sonetos… Pero yo paré ahí.
Aparece gente, a mí me pasa. Esto no lo vayas a contar nunca,
¿Cómo surgió la idea de hacer una antología de sontetos apaga la grabadora. Yo tengo un libro de poemas que se ha edi-
editado por la Universidad del Claustro de Sor Juana? tado muchas veces que se llama Poemas de amor y se me aparece
gente repitiéndome los poemas que yo mismo no me sé… los
En realidad era un título que yo ya tenía. Del Marqués a la monja míos.
se hace una edición colombiana por una universidad de allá.
Una colección muy pequeña de poesía que hay en esa univer- ¿Se deberá acaso a que son poemas de amor?.
sidad. Yo vengo a México y le regalo a Carmen López Portillo
ese libro. Ella lo ve y me dice yo quiero hacer este libro aquí, y Sí, porque cuando uno está enamorado no sabe ni hablar, la
apenas me dice eso yo le contesto, es tuyo, te lo regalo, ahí está. mejor manera de hablar es con un poema. Yo creo que es por
Y a partir de allí, comienzan las negociaciones con la Funda- eso. Puede ser eso, no sé, así como se usa una canción, uno
ción del Soumaya para usar las imágenes y hacen esta edición. puede usar un poema.
Pero fue al revés, fue el Claustro de Sor Juana el que vio a la
monja metida en mi antología y por un gesto de generosidad de ¿El soneto tiene futuro?
la Rectora se hizo esta edición.
Yo creo que seguirá escribiéndose el soneto, que el dominio del
Dice W. H. Auden que las formas métricas en lugar de verso libre que viene desde el xix, desde Walt Whitman tal vez,
constreñir, liberan, es decir, que al poeta le ofrece una flui- ha oscurecido un poco la poesía rimada, pero de vez en cuando
dez que el verso libre no… ¿es cierto? aparece gente que sigue rimando. En México hay varios que
siguen escribiendo sonetos, Alberto Blanco escribe sonetos.
En principio no comparto esa idea, porque la rima y la medida
del verso limitan, son un cartabón ya preestablecido. Lo que Pero ya no con la misma popularidad.
sí es cierto, es que quien escribe en verso libre está también
muy limitado y en una manera muy clara por la musicalidad Ya no, pero es cuestión siempre de ese círculo de la moda, volver
del verso, es más difícil hacer música con verso libre que con al mismo punto de antier; ahora los chicos se cortan el pelo por
verso rimado. Es más difícil crear un ritmo determinado en aquí (se toca las sienes), cuando yo tenía diez años uno se cortaba
verso libre que en el verso medido… vaya y póngale música a el pelo así… ahora ha dado la vuelta completa… Yo creo que
un verso libre, hay maneras, pero es más difícil. Por eso es que cambia la forma del sentir pero menos de lo que uno imagina…
hay muchos más poetas ahora, porque creen que es muy fácil el y cambia en la larga duración como cambió por ejemplo, para
verso libre, y el verso libre tiene muchas dificultades. Escribir volver a nuestra conversación inicial, el rol de la mujer. El rol
buena poesía en verso libre que no parezca prosa partida arbi- de la mujer está cambiando desde hace mucho. Uno lee novelas
trariamente, tiene su problema. del siglo xix en que hay mujeres luchando por los derechos de
la mujer, es decir, que hay dos siglos, casi tres, de lucha de la
Y el otro asunto es la memoria… mujer por un nuevo rol, los procesos son de larga duración, las
cosas no cambian de un día para otro, entonces, tal vez un día
Es una forma de nemotecnia. el soneto vuelva a ser una forma popular.

invndación castálida  |  41
DIVERSA DE MÍ MISMA

Pagando el derecho a leer:


el problema del copyright
en las fuentes tipográficas

materia prima de los textos digitales, ya que forman parte fun-


Irene Soria Guzmán damental de la composición de éste; la legibilidad, el carácter y
la comunicación con el lector, se encuentra en gran medida en
las manos de la elección de una buena fuente tipográfica.

Los avances tecnológicos en materia de producción de cono- Problemas de las restricciones


cimiento y velocidad con la que las obras son compartidas a
través de Internet, así como la democratización de los medios Las fuentes tipográficas digitales son distribuidas en formatos
de producción, suponen quizá uno de los cambios más radicales de archivo .ttf y .ott, los cuales además de contener los diversos
para la producción editorial desde los tiempos de la imprenta, caracteres, poseen el documento de formación de la misma, es
y con ello se ha dado origen a múltiples debates. Los libros decir, que lo mismo podemos visualizar la fuente en un texto
electrónicos han generado discusiones sobre la posible muerte digital, que separarla del mismo y editarla con un software es-
de los libros en papel y más aún, en cómo se llevará a cabo la pecializado2 y por lo tanto modificarla. Esto quiere decir que
conservación y distribución de dichos materiales que ahora, es- el hecho de tener una fuente tipográfica incrustada en un libro
tán expuestos en soportes “intangibles”1 electrónico, significa necesariamente que el archivo se incluye
en el libro y por lo tanto existe la posibilidad de que el usuario
Muchas posibilidades, una problemática la descargue y la use posteriormente.
Algunas empresas que poseen los derechos de uso de mu-
Los múltiples soportes en los que podemos encontrar un libro chas fuentes tipográficas, ven esto en detrimento a sus intereses
electrónico, representan también muchas formas de interac- y se han dado a la tarea de restringir su uso mediante licencias
ción con el usuario y por lo tanto, una gran variedad de po- basadas en el copyright.
sibilidades creativas y de producción. Lo mismo podemos ver Los software de fuentes tipográficas que dichas empresas
un texto adaptado a la pantalla de un smartphone, de una tablet proveen, poseen una licencia llamada eula, End User License
u ocupando algún otro espacio físico, a través por ejemplo, de Agrement (acuerdo de licenciamiento de usuario final), cuyos
una videoproyección. Diseñar bajo esta premisa, ha conducido términos pueden variar con base al producto que se adquiera y
al nacimiento de tendencias de diseño adaptable a menudo re- el uso que se le vaya a dar.
conocidas como diseño líquido o diseño responsivo. Por ejemplo, la fuente tipográfica Helvética, de linotype.
Para lograr esta flexibilidad y capacidad de adaptación, es com puede ser adquirida con una licencia de uso en la web, en
indispensable el uso de tecnologías basadas en estándares. En el donde, el costo de una sola familia tipográfica asciende a 35
particular caso de la web, estos estándares son especificaciones euros si las vistas de la página son menores a 250 000; el costo
técnicas desarrolladas por la w3c (World Wide Web Consortium), se eleva a 46.67 euros por 500 000 visitas y así sucesivamente. Si
consorcio internacional fundado por Tim Berners Lee, padre se usa en una computadora de escritorio, que incluye la posibi-
de la Worl Wide Web (www), que emite recomendaciones para lidad de imprimirla, entonces el costo es extra dependiendo de
mantener una web abierta y que incluye mejores prácticas de las máquinas en las que se vaya a instalar dicha fuente.
desarrollo tomando en cuenta la interoperabilidad, la accesibi- Cabe señalar que al adquirir la Helvética con linotype.com,
lidad y la usabilidad de sitios web. Estos estándares incluyen los no se compra la fuente tipográfica, sino el permiso de usarla
lenguajes con los que está escrita prácticamente toda la www: el con ciertas limitaciones, lo cual implica que una empresa y/o
html y css. Para que pueda existir esta adaptabilidad, todos los un particular se reserva el derecho de la copia y supedita su uso
dispositivos presentes y futuros deben ser capaces de entender a la compra de esta licencia que, entre otras cosas, impide que
el código fuente, lo que presupone, que éste debe estar abierto la obra sea compartida y usada sin permiso, especificándola en
y que sea posible acceder a él. algunos apartados.
Además del código html y css, las fuentes tipográficas son la La eula no es la única licencia que limita los derechos de los
usuarios finales en materia de contenido digital, también lo es
1  Intangibles en caso del código de programación que hay detrás
de un libro electrónico, las letras ya no tienen el soporte del papel, sino 2  Software para la edición de fuentes tipográficas como Font Lab
ahora, de una pantalla y de los algoritmos para generar un caracter. que es software privativo, o Font Forge, que es software libre.

42  |  noviembre, 2016


el uso de drm (Digital Rights Management) o Gestión Digital de Google hizo algo similar en el 2010 y contrató a Crossland
Derechos, que es un mecanismo de restricción de contenido como asesor del proyecto Google Web Fonts (hoy conocido
digital incrustado en algunas canciones y videos, pero también como Google Fonts). Este proyecto es un directorio con mas
en algunos libros, lo cual impide, en la mayoría de los casos que de 600 fuentes de muy buena calidad y liberadas bajo sil-Open
dicho contenido se comparta en otros dispositivos no asociados Font License y la licencia Apache, compatible también con el
al de quien lo compró. copyleft. De igual forma, la plataforma permite enlazar la fuente
De acuerdo con lo anterior, tanto el eula como el drm son a la página web por medio de código css y que los usuarios
mecanismos basados en un sistema de producción física in- vean dicha fuente sin tenerla instalada en su equipo de cóm-
dustrial, donde se controla la copia y la libre circulación de la puto. Esto ha resultado ser muy beneficioso para algunos dise-
misma y que en muchos sentidos se han visto rebasados por ñadores tipográficos como es el caso de Pablo Impallari, cuya
la naturaleza de la producción de los contenidos digitales in- fuente, Lobster, se ha convertido en una de las mas populares
tangibles. Este excesivo control problematiza severamente la del catálogo.
accesibilidad de las obras generadas con y a partir de recursos The League of Moveable Type es otro ejemplo de un catá-
digitales con licencias restrictivas (como lo puede ser también logo que desde el 2009, alberga fuentes tipográficas libres li-
el software de patente); impide su adaptabilidad a múltiples for- cenciadas bajo sil-ofl y disponibles de manera gratuita. De la
matos y consecuentemente, pone en entredicho la conservación página destaca el manifiesto de los integrantes de esta 'liga' en
digital en el tiempo, ya que no tenemos acceso al código fuente donde invitan a diseñadores tipográficos a compartir sus me-
con el que fue realizado, en este caso, la fuente tipográfica con jores fuentes aclarando que no pretenden que esto represen-
su imposibilidad de estar incrustada. Por otro lado, un libro te no vivir de su trabajo. Proponen que haya más diseñadores
con drm no puede ser compartido ni mucho menos copiado, compartiendo la obra en beneficio de la comunidad sin que eso
limitando así su distribución a quien pueda comprar el permiso les representen pérdidas de dinero y los invitan a explorar un
de leerlo. Para sintetizar lo grave de esta problemática, quizá nuevo modelo de negocio.
cabría hacernos la siguiente pregunta: ¿seríamos capaces de Las fuentes tipográficas libres y modelos de licenciamien-
poner drm a libros de textos escolares digitales? to permisivos basados en el copyleft, no solo permiten la con­
servación de la obra digital, sino que también abren la explora-
Fuentes tipográficas libres ción a nuevos modelos de producción y de comercio que se han
ido adaptando a la tecnología de nuestros tiempos y con ello
Las fuentes tipográficas libres están basadas en un modelo de la formulación de nuevos paradigmas, ya que su principio de
licenciamiento copyleft, el cual busca darle la vuelta al copyright creación colaborativa, permite que no solo expertos especiali-
para permitir el derecho a la copia, uso con cualquier propósi- zados como los diseñadores tipográficos, generen estas fuentes,
to, libertad de estudio, modificación y distribución de las ver- sino también “amateurs” y/o entusiastas de la tipografía.
siones modificadas, siempre que no se añada ningún tipo de Lo cierto es que hacen faltan muchas más fuentes tipográfi-
restricción después (Stallman 2004, p.28). Esto podría ser la cas de calidad que ofrezcan un uso libre y sigan modificándose
posibilidad de que un documento digital circule libremente sin y conservándose en el tiempo, que contrario a lo que se pudie-
necesidad de una restricción al usuario y con ello, garantizar su ra pensar, podría no ser una perdida económica para el autor
permanencia en el tiempo debido al acceso al código fuente. (pues el ingreso por la venta de las licencias no representa una
Existen ya varios casos de éxito en el uso de las fuentes ti- ganancia económica sustancial para el diseñador tipográfico
pográficas libres. En el 2009, Dave Crossland, diseñador tipo- hoy en día), por el contrario, liberar la fuente podría ser una
gráfico de la Universidad de Reading, comenzó a trabajar el estrategia para que un número mayor de personas la usen, para
proyecto Open Font Library, que al 2016 alberga al rededor de dar a conocer su obra y también para explorar otros modelos de
950 fuentes tipográficas libres y está abierto a cualquier perso- negocio derivados de un trabajo en conjunto y no solo del per-
na que quiera subir una fuente y compartirla de manera gratui- miso de usarlo. Por que, a final de cuentas, ¿qué es una fuente
ta. Cada fuente de la colección posee la función para enlazarla tipográfica, si no se usa?, ¿qué es de un libro electrónico
mediante código css a cualquier página web (Suehle 2013). que no se lee?.

invndación castálida  |  43
DIVERSA DE MÍ MISMA

El libro que leía el príncipe Hamlet

José de la Colina

Cualquier libro que aparece en la pantalla cinematográfica y en


la mano de un actor o una actriz, o postrado en una mesa o una
cama del decorado, es siempre para mí un objeto sumamente
inquietante, sobre todo si la cámara no “lee” su título y de este
modo lo mantiene incognito y provocador. (Qué diré enton-
ces de ciertas películas de Vicente Minnelli, particularmente
Tea And Sympaty, que ocurre en un medio universitario, con
estanterías de libros como parte del decorado, y allí los tomos
están generalmente distribuidos de modo que sus lomos dan
buenas combinaciones de color pero jamás revelan sus títulos).
Y es que, a mi parecer, cualquier libro, en cuanto es visible en
el mueblaje teatral o en un espacio fílmico, se convierte en un
personaje por cuanto se supone que interiormente está hecho
de palabras y siempre parece querer decir algo. Lo mismo que
otros libros que son mencionados o inventados, que se les ve en
cuadros, obras de teatro y de cine como meros objetos, partíci-
pes del decorado, esos son libros fantasmas, acaso algunas veces
existentes por el mero título.
Un colmo de esta inquietud causada por los libros fantasmas
se la debo a un Hamlet de película.
Cuando, en la tragedia de Hamlet, Príncipe de Dinamarca, el
protagonista, patético, peripatético y para mí uno de los menos
agradables de la obra de Shakespeare, recorre la galería del pa-
lacio de Elsinor mientras medita cómo armar el aparato de la
venganza prometida al espíritu paterno, y leyendo o fingiendo
leer un libro, el viejo chambelán y charlatán Polonio le sale al
paso y, con la intención de investigar por encargo de los reyes
las intenciones de ese príncipe excesivamente pensieroso y por
tanto inquietante, inicia un dialogo pretendidamente casual:
“¿Qué estáis leyendo, señor?”, pregunta el gentilhombre de Y veremos al príncipe Hamlet comportarse tan pedante y
cámara improvisado en espía palaciego. patán como acostumbra2 y soltar este comentario en el que,
“Palabras, palabras, palabras” (Words, words, words!) respon- con toda la prepotencia de su jerarquía, más parece injuriar al
de lateralmente Hamlet.1 añoso Polonio que reseñar un libro:
“¿Y de qué se trata, Alteza?”, insiste el servidor áulico, cán- “¡Calumnias, amigo mío! Porque el maldiciente satírico dice
didamente astuto.
“¿Entre quiénes?”, inquiere el príncipe, astutamente cándido. 2  Enjareta peroratas filosóficas a sus íntimos amigos, da lecciones
“Quiero decir: ¿de qué trata eso que estáis leyendo, señor?” de actuación a humildes pero curtidos actores profesionales que no se
las han solicitado, insulta a la inocente y querible nínfula Ofelia, hace
1  Sin saber mucho más tarde, hacia los años sesenta del siglo irrespetuosas bromas al angustiado fantasma de su padre y, queriendo
veinte, su línea sería plagiada en una canción best-seller y considera- destruir a un solo hombre, torpemente produce de carambola una
blemente imbécil: “¡Paroles, paroles, paroles! carnicería general en la que sólo le falta morir al apuntador, etc.

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aquí que los viejos tienen la barba gris que sus rostros están insignificante en un drama tan serio, y protagonizado por un
surcados de arrugas, sus ojos destilan espeso ámbar y goma de personaje que a mi juicio no hacía nada de manera espontánea
ciruelo y que adolecen de una cuantiosa falta de juicio, a la vez e irreflexiva, como lo demostraban los quietistas primeros pla-
que de una gran flojera en las nalgas; todo lo cual, señor mío, nos de su rostro, reforzados con una monologante voz off, tan
aunque yo lo creo a pie juntillas, no encuentro, sin embargo, reiterados en el film. ¿Mentía el taimado príncipe y el libro en
decente que lo pongan así en estos términos, porque vos mis- la mano es sólo un pedante simulacro?, ¿o estaba leyendo un
mo, amigo, seriáis como yo si pudiese andar hacia atrás como tratado sobre la eliminación de parientes traidores o la fabri-
los cangrejos.”3 cación de venenos tan mortales como indelebles?, ¿o tal vez se
(Por cierto que más adelante en el drama, Hamlet comple- trataba precisamente de De Principatibus, o Il Principe de Noco-
tará el agravio al desdichado anciano asesinándolo de una es- lo Machiavelli?, ¿y si quizá se trataba de un recetario de cremas
tocada trapera.) de belleza, pues al parecer había en el principesco lector una
Recuerdo que cuando, asistiendo en la adolescencia, y en poderosa veta femenina?7, ¿o acaso repasaba, para aprendérsela
una arrabalera sale de cine ¿fue el Parisiana, o el Rialto, o el y ensayarla, la Tragedia de Hamlet de William Shakespeare, con
Cairo?, un insólito programa doble: Las aventuras de Robin Ho- lo cual podría darse lo que en francés llaman la mise en abîme:
od4 y Hamlet5, me hallé desprevenidamente conociendo la tra- Hamlet que lee un libro en el que Hamlet lee un libro en el que
gedia del príncipe danés filmada en blanco y negro contexturas Hamlet lee un libro y así hasta el infinito?
de grabado al acero o de tinta china por Olivier y actuada por él De cualquier modo, ese libro, en que se fija un drama pare-
mismo con cierta letargia de zombi a tono con el protagonista6, cido a través de años y siglos en la página de las palabras y luego
el cual para mi gusto se veía demasiado inactivo después del en el tablado y luego en la pantalla de cine8, estaba presente
saltarín y sonriente Robin Hood-Errol Flynn (aunque, a decir sólo “virtualmente”. El príncipe Hamlet leía un libro fantasma
verdad, en el duelo final, el súbitamente hiperactivo Oliver- (y lo leerá siempre que leamos o contemplemos su tragedia, y
Hamlet, saltando espada en mano desde una alta terraza hasta que veamos el film: es un desconocido pero ya fijado en una
el piso del salón palaciego, hazaña por la que sufrió la luxación eternidad de celuloide o de cina magnética). Y aun si, para me-
de un tobillo, lograba una performance de atleta circense muy ter un libro en las manos del actor, el departamento de utilería
propia de Flynn y aun de Douglas Fairbanks senior en cual- de los studios cinematográficos británicos habrá contribuido a
quier maravillosa “película de espadazos), me inquietó el hecho la filmación con un tomo de cualquier cosa, lo cierto es que ese
de que no se dijera el título ni el autor del libro en manos del libro “actuaba” el papel de otro libro que en principio no existía
personaje principal (olvido que bastaría infamar hasta al más sino en la imaginación shakespeariana u en la sarcástica reseña
humilde de los reseñistas literarios), y me pareció una especie del príncipe: una obra, pues tal espectral como el puñal mental
de robo que el fotógrafo, Desmond Dickinson, no nos ofrecie- de Macbeth o como el filosófico y acaso filoso objeto también
se, aunque fuera en el tiempo de un parpadeo, un primer plano mental del gran aforista Lichtenberg: el cuchillo sin mango al
del volumen. ¿Qué libro leía le príncipe? El dato no podría ser que le falta hoja.9

7  Esto se hace más sospechable cuando uno se entera de que en el


teatro grandes actrices hicieron el prestigioso papel. Sarah Bernhardt,
desde luego, lo hizo, y hay fotos que dan fe de ese travestismo dizque
sublime. Es verdad que el único papel que le quedó por interpretar
a la eximia actriz francesa debe haber sido el de Dios, pero no está
descartado que un día un historiador de los tablados nos desmienta
con acopio de pruebas.
8  En su documentadísimo Stoffe der Weltliteratur. Ein Lexikon
Dichtungsgeschichlicher Lánngschnitte, vertido al español como Dic-
cionario de argumentos de la Literatura Universal, edición de Gredos,
España, 1976, la doctora Elisabeth Frenkel, registra la evolución del
antipático Hamlet a través de una multitud de escritores, desde el
islandés Snenjörn y los autores anónimos de los Edda, pasando por
3  Hamlet, acto segundo, escena segunda. Traducción de Luis Sxo Grammaticus, Belleforest y otros, y desde luego Shakespeare,
Astrana Marín, Edición de Aguilar S.A. Ediciones, España, 1932. y llegando a todavía otros: Ducis, Dumas Schröder, Turgueniev,
(Pienso que aquí la traducción se confunde y Hamlet más bien habría Bacchelli, Hauptmann, Holthusen, Döblin, etc. Desconozco la gran
dicho: “si pudieseis andar hacia atrás como los cangrejos). mayoría de las obras y por lo tanto no puedo certificar si en alguna
4  The adventures of Robin Hood. Directores: Michael Curtiz de ellas el personaje logra ser tolerable.
Willmann Keighley. Actores Errol Flynn, Olivia de Havilland, Batsil 9  En 1775 Lichtenberg vio en un teatro de Londres al célebre
Rathbone, Claude Rains. EUA, 1938. actor Garrick en el monólogo hamletiano y lo reseño con un minu-
5  Hamlet. Director: Lawrence Olivier. Actores: L. Olivier, Eileen cioso espíritu de observación: “Digno y grave, mira hacia el suelo,
Herlie, Basil Sidney, Jean Simmons. Inglaterra, 1948. luego hacia un lado. Después, retirando la mano derecha de su men-
6  En su adaptación- dice Le nouverau Dictionnaire des Oevres de tón (pero, si recuerdo bien, el brazo derecho no deja de ser sostenido
Robert Lfont, Paris, 1994-Shakespeare le da (a Hamlet) ese carácter por la mano izquierda), pronuncia las palabras To be or not to be en voz
melancólico que estaba de moda en el siglo xvii, justificando así la baja; pero gracias al gran silencio (y no a una cualidad excepcional de
lentitud en ejecutar su venganza. la voz, como han escrito algunos) se hace oír desde cualquier sitio.

invndación castálida  |  45
DIVERSA DE MÍ MISMA

La modernidad en
La puerta del infierno de Rodin

Con más de doscientas figuras inspiradas tanto en las visiones


del infierno de Dante como en algunos textos de Baudelaire, La
puerta del infierno fue para Auguste Rodin una obra donde pudo
verter todos sus conocimientos, pero más que un testamento
artístico, fue una apuesta hacia el futuro. Rodin quería tener
lista La puerta del infierno para la exposición universal de 1889,
pero no consiguió terminarla. En 1900, en torno a una exhibi-
ción individual, decidió mostrarla aunque aún la consideraba
obra en proceso; diecisiete años después, Léonce Bénédite el
primer conservador del Museo Rodin, convence al escultor de
hacer la primera fundición de esta obra maestra, pero Rodin
muere sin haber visto el resultado.
Lo que a primera vista aparece como una representación fi-
gurativa en la tradición del siglo xix, bajo una nueva mirada nos
muestra toda la capacidad de Rodin para llevar su arte hacia el
futuro. Si esas puertas abren a alguna parte es al mundo del arte
contemporáneo. Los motivos principales que serían utilizados
en el arte posterior a Rodin se encuentran ya representados en
La puerta del infierno. Degas y Manet, por ejemplo, experimen-
taron mucho con la fragmentación del punto de vista, sus per-
sonajes ya no tienden al centro del cuadro, sino, como ocurre
en la realidad, los vemos cortados por el mobiliario o por otros
cuerpos, y a veces repetidos por espejos. Lo mismo ocurre en
La puerta del infierno, los protagonistas son brazos, piernas, ros-
tros, pero no tanto figuras completas, como si naufragaran en
el magma de sus propios pecados.
Otro elemento es la multiplicidad, así como veremos mu-
chas imágenes en los collages del siglo xx, veremos apiladas
muchas cajas de jabón en una pieza de Warhol, La puerta del
infierno nos permite ver en un sólo golpe de vista muchos per-
sonajes y desde diversas perspectivas, tal como lo querrían unos
años más tarde los cubistas.
Fragmentación de los protagonistas, repetición de temas y La puerta del infierno, que puede verse en el Museo Soumaya
sujetos, multiplicidad de puntos de vista, estos son los motivos no es sólo otra pieza de Auguste Rodin, es un manifiesto enfá-
que van a experimentar las artes plásticas del siglo xx, lo mismo tico, a veces terrible por su visión de un mundo convulso, del
Mondrian que Picasso, Warhol que Donald Judd, y que Rodin arte que estaría por venir.
ya mostraba en toda su crudeza. DRB

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DIVERSA DE MÍ MISMA

El arte de la fuga novelesca.


Diálogo con Milan Kundera

Massimo Rizzante

De 1992 a 1997 Massimo Rizzante formó parte del «Seminario


sobre la Novela Europea» dirigido en París por Milan Kundera. Ya en
el siglo xxi, tradujo al italiano varias obras del escritor checo: El telón,
Un encuentro, La fiesta de la insignificancia.
Así pues, este diálogo representa ante todo el persuasivo testimonio
de una afinidad y una cercanía muy profundas, que paulatinamente
se convierten en la fértil transmisión de una herencia: el arte de la
conversación «bien templada» de Rizzante le permite recorrer con
originalidad e inteligencia crítica la tupida urdimbre del majestuoso
tapiz literario de su maestro. La partitura a dos voces genera así un
conjunto de penetrantes variaciones sobre el Leitmotiv de una vida y
una obra dedicadas al «gran contexto» de la literatura universal.
El «arte de la fuga» de este diálogo siempre remite a la reivindi-
cación del homo poeticus y a la defensa de la multiforme riqueza y
de la sustancial unidad de la tradición: en su búsqueda de los «últimos
maestros», es decir, de quienes no aceptaron la irremediable «muer-
te del pasado» y se opusieron a la endémica «pérdida de memoria»,
Massimo Rizzante rescata —contra el actual «déficit de escucha»— el
principio dialógico de una crítica literaria destinada a identificar el
heterogéneo susurro de las formas artísticas y a revelar la superviven-
cia de las erráticas facciones de la Weltliteratur.

Fabrizio Cossalter
París, 1 de abril de 2001 – 1 de abril de 2013

“Sobre” La broma nas de la censura que, finalmente, no exigió ningún cambio. La


novela fue publicada en la primavera de 1967 y se sucedieron
La broma fue inmediatamente recibida en Occidente casi como un rápidamente tres ediciones que alcanzaron una tirada global de
modelo de la literatura anticomunista o, como se decía entonces, di- 117.000 ejemplares. En la primavera de 1968 el libro obtuvo el
sidente. Sin embargo, la novela fue publicada de manera totalmente premio de la Unión de escritores checoslovacos. De la novela
legal en la Checoslovaquia comunista un año antes de la famosa Pri- saqué enseguida un guión para mi amigo Jaromil Jireš, quien
mavera de Praga, exactamente en la primavera de 1967… hizo una película que no ha dejado nunca de encantarme. La
crítica literaria se ocupó del aspecto político del libro poniendo
Empecé a escribir La broma hacia 1961, más o menos seguro de relieve, sin embargo, su matriz existencial (Una novela de la
de que se publicaría. Durante los años sesenta, mucho tiempo existencia fue el título de una reseña de Zdeněk Kožmín). Como
antes de la Primavera de Praga, el realismo socialista y toda ves, en los inicios de mi trayectoria como novelista me sentí
la ideología oficial estaban ya muertos, solo les quedaba una perfectamente comprendido en mi patria. Pero fue un momen-
función de fachada que nadie se tomaba en serio. Terminado to que duró poco. Un año después, en 1968, la invasión rusa
en 1965, el manuscrito permaneció cerca de un año en las ofici- instauró de nuevo un estalinismo antediluviano e intelectual-

invndación castálida  |  47
mente opresivo. Fue entonces cuando La broma desapareció de broma, fueron traducidas de manera excelente por otro traduc-
las librerías y de las bibliotecas. tor, mi amigo François Kérel, pero llegado ese punto ya no
podía detenerme, así que empecé a revisar también las demás
Y fue entonces cuando la aventura internacional de tu novela comenzó… traducciones. Imagínate mi situación: mis libros, prácticamen-
te inaccesibles a un público checo, eran conocidos, valorados y
En 1967, justo después de la publicación de la novela, mi edi- comentados solo en traducción. Era absolutamente necesario
torial praguense, eufórica por el éxito del libro, propuso su edi- que pudiera identificarme enteramente, y subrayo identificarme y
ción a Gallimard. Allí, como de costumbre, el manuscrito fue enteramente, al menos en una traducción de mis novelas y, por
entregado a un lector checo que vivía en París. Éste consideró consiguiente (la elección llegó de manera totalmente natural),
que la novela carecía de interés y ahí terminó la historia. La en la traducción de la lengua del país en el que vivía y en el que
casualidad quiso que un intelectual de Praga, Antonín Liehm, quería seguir viviendo. Repensé en francés cada una de las fra-
una especie de emisario del arte checo extraoficial, le hablase ses de todas mis novelas. ¡En todo esto invertí dos años de vida!
de la novela a Aragon quien, por aquel entonces, se mostraba A continuación, estábamos en 1987, pude escribir en todas las
muy solidario con los intelectuales de los países comunistas que ediciones de mis novelas traducidas al francés que estas tenían
se oponían a sus regímenes (esta faceta de Aragon ha caído en «el mismo valor de autenticidad que el texto checo». Desde
el olvido y yo siempre me alegro de recordarla). Sin conocer si- entonces dejo que mis obras se traduzcan a otras lenguas indis-
quiera el texto checo, lo recomendó a Claude Gallimard quien tintamente del francés o del checo.
decidió publicarlo. En este punto intervino de nuevo la casuali-
dad: La broma salió los primeros días de septiembre de 1968, es Una vez que desembarcaste en Francia, comenzaste a escribir en
decir, ¡exactamente tres semanas después de la invasión rusa de francés artículos para distintas revistas, ensayos de los cuales, una par-
Checoslovaquia! Probablemente, ante el shock provocado por te, confluirían en 1986 en el Arte de la novela, en 1993 en Los
aquel suceso, Aragon se lanzó en el último momento a escribir testamentos traicionados, en 2005 en El telón y en 2009 en Un
el prólogo de la novela que se haría tan famoso. encuentro. En 1995 escribiste tu primera novela en francés. Pero el
checo y el francés no son solo dos lenguas, son también dos experien-
En Francia, la acogida del libro fue extraordinaria. Ese momento de cias, dos modos de expresar las propias raíces. Abandonar una lengua
total comprensión que experimentó el año anterior en Praga se repitió por otra, ¿no significa, quizás, romper definitivamente con el propio
también en París… pasado?

Mi mujer me toma muchas veces el pelo diciéndome: «Llegaste Siempre se cree que un novelista tiene sus raíces en un país. No
a París como un vencedor en los tanques rusos». De hecho, es así. Como novelista, éste echa raíces en algunos temas exis-
en aquellas semanas de septiembre de 1968, los periódicos no tenciales que le fascinan y sobre los que tiene algo que decir.
hablaban de otra cosa que de los tanques rusos en Praga y la Más allá del círculo mágico de sus temas, pierde toda su fuerza.
novela de un checo ganó automáticamente la simpatía de los Imagina por un momento que Kafka estuviera obligado a escri-
lectores y de las grandes figuras de la crítica. Yo era para todo bir una saga familiar o una novela histórica sobre María Teresa:
el mundo, sobre todo, un soldado a bordo de un tanque y to- como cualquier mal estudiante, no aprobaría el examen.
dos elogiaban la valentía con la que había luchado contra el
totalitarismo. Pero cuando estaba escribiendo La broma no me De acuerdo, pero te pregunto ¿este círculo mágico de temas existencia-
sentía particularmente valiente. Mi desafío no era político sino les no está ligado a un país, a una lengua, a una concreta experiencia
exclusivamente estético. histórica?

¿Qué clase de desafío te habías propuesto? Sí. El impacto de la revolución comunista me despertó una
curiosidad existencial: me sentí empujado a profundizar en la
Atrapar el contenido existencial inédito de una situación histó- extraña situación en la que las personas de mi alrededor y yo
rica inédita. nos encontrábamos. Sin esta experiencia ligada a mi país natal,
no me habría convertido nunca en novelista. Pero los temas
Sobre las raíces y la lengua existenciales no conocen fronteras. La actitud lírica, que vi en
toda su monstruosidad en la Checoslovaquia comunista, está
Una vez contaste que Alain Finkielkraut te sorprendió preguntándote presente en la vida humana de todos los tiempos y el querido
cómo tu estilo se había transformado radicalmente desde la época de Vincent, uno de los personajes de La lentitud (1995), es el primo
La broma, que a él le parecía fundamentalmente barroco, hasta la de francés de Jaromil, el poeta checo de La vida está en otra parte
Los amores risibles, que estaba escrito, por el contrario, en un estilo (1969). Cuando terminé La identidad (1996), me sorprendí al
clásico. Fue después de aquello cuando leíste La broma en francés. recordar que una de mis primeras nouvelles, El falso autostop, re-
Y fue a consecuencia del shock que te produjo esa lectura cuando, a cogida en Los amores risibles (1963), termina precisamente con
principios de los ochenta del siglo pasado, empezaste a revisar comple- el mismo terror por la pérdida de la identidad. O bien toma el
tamente las traducciones de tus novelas. tema del exhibicionismo. En La broma, Ludvík habla con cruel-
dad (independientemente de merecerlo o no) de Julius Fučik, el
La primera traducción de La broma era un verdadero desastre, héroe nacional asesinado por los nazis, quien, según él, hizo lo
contenía todo lo que detestaba: vocabulario rebuscado, adición que hizo solo para ser admirado y aplaudido. La lentitud, escrito
de metáforas ornamentales, sofisticaciones, exageraciones, no tres años después, es el carnaval de los exhibicionismos y de las
había nada natural. El resto de las novelas publicadas tras La vanidades durante un congreso en Francia. Insisto: el novelista

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tiene algo que decir sólo si se encuentra en el interior del círcu- ¿Y tú los sigues odiando?
lo mágico de esos pocos temas que lo han traumatizado y sobre
los que quiere explorar hasta el fondo. Un día, cuando los haya No, para nada… Pero nos estamos alejando del tema de nuestro
agotado, cerrará el negocio. Pero esto no tiene nada que ver diálogo…
con el lugar en el que vive ni con la lengua en la que escribe.
Hablábamos de tu fama de enemigo de la poesía…
Sobre la poesía
Quisiera aprovechar para corregir tu vocabulario. Lirismo y
A consecuencia del tema principal de La vida está en otra parte te poesía son nociones completamente distintas. Lirismo significa:
has creado una fama de enemigo de la poesía. Sin embargo, tú mismo sentirse fascinado por la propia alma que desea. Según Hegel
escribiste en el pasado algunas colecciones de poesía, has traducido a el arte más lírico no es la poesía sino la música porque es una
Apollinaire y siempre me has hablado con cariño de poetas checos como confesión aún más íntima y más secreta. La palabra lírico (o li-
Nezval, Holan y tu amigo Skácel… rismo) no indica, por tanto, en primer lugar un género literario,
la versificación, sino una postura existencial. De ahí, mi defini-
Esas traducciones se publicaban con una tirada enorme para un ción de la juventud como la edad lírica, que, como sabes, era el
país tan pequeño: ¡60.000 ejemplares! En aquella época, duran- título provisional de La vida está en otra parte…
te los años sesenta, todavía se apreciaba la poesía…
El arte de la novela para ti es esencialmente antilírico. También has
Pero también poetas secretos, casi completamente olvidados como Os- dicho que: «el novelista nace de las ruinas de su mundo lírico». Otra
car V. de L. Milosz (si te acuerdas, hace un tiempo, tuvimos la idea un fórmula que has usado es: «la novela es la poesía antilírica». A propó-
poco loca de hacer juntos una especie de Antología de poetas olvida- sito de esta definición, ¿por qué insistes en la palabra «poesía»?
dos del siglo xx…) a quien me descubriste y algunos poetas rusos…
Flaubert era un novelista violentamente antilírico: objetividad,
Sí, cuando era muy joven, tendría unos quince o dieciséis años, ironía, abandono del «yo» del autor, pero al mismo tiempo fue
los leí en original. La ocupación alemana fortificó en los checos él quien elevó, gracias a su intención de «buscar más allá de
su rusofilia que, en esa época, compartía sin ninguna rémora. todo la belleza», la novela hasta las más altas cotas de la poe-
Estaba completamente fascinado por sus versos: leía en original sía. Según André Breton, la gran meta de la poesía moderna
a Blok y a Maiakovski, sus poemas provocadores e irreveren- era «la fusión del sueño con la realidad». Pero en las novelas
tes, sus largos poemas de amor, La nube en pantalones, La flauta de Kafka este ideal poético ya se había realizado unas décadas
vertebral y otros futuristas hoy olvidados como Burliuk, al que antes. Sin poseer lirismo alguno, Kafka era un gran poeta de
traduje únicamente por placer. En los primeros días de 1945, la novela. Musil fue un novelista extremadamente irónico y,
cuando el país estaba lleno de soldados rusos, yo, un chico de por tanto, antilírico. Pero él es el gran maestro de la metáfora.
apenas quince años, corría a mostrar a la redacción de una re- Esta, en su caso, no quería encantar ni embellecer sino cono-
vista mi traducción de un poema de Maiakovski… cer: definir lo que sin ella sería indefinible. En este sentido, yo
veo en la novela, sobre todo en la novela moderna, una poesía
Es raro. Tienes más bien fama de ser alérgico a los rusos. Con todo lo antilírica.
que has dicho y escrito sobre Europa central quisiste mostrar la profun-
da diferencia entre las pequeñas naciones de Europa central y Rusia… Sobre la sonata y la fuga

Polonia, Hungría, Checoslovaquia son estados que se trans- Siempre he sospechado que de entre todas las novelas del periodo checo
formaron en satélites de Rusia después de la Segunda Guerra La inmortalidad es la que más te importa…
Mundial. Esta fue su desgracia común. Sin embargo, la histo-
ria de las relaciones de cada nación en particular con Rusia es En La inmortalidad veo una síntesis de todas mis novelas escri-
diferente. Los polacos no podían más que detestar a los rusos tas en checo. Después de terminarla, estaba convencido de que
que, desde finales del siglo xviii, no habían hecho otra cosa no escribiría nada más. Cuando, siete años más tarde, escribí
que incorporar territorio polaco a su imperio. Los húngaros con insólita rapidez La lentitud para mí fue una verdadera sor-
fueron aliados de los alemanes durante la Primera y la Segunda presa. ¡Fue como un regalo caído del cielo! Lo que me fasci-
Guerra Mundial. Así, en 1945 el ejército ruso victorioso no naba de La lentitud era que había encontrado inmediatamente
fue demasiado generoso con ellos. Los checos, por el contra- otra forma.
rio, sin ningún tipo de contacto geográfico directo con Rusia,
eran desde siempre y de manera espontánea rusófilos. Esto for- Muchas veces has repetido que pasaste de la forma de la sonata a la
maba parte de su ideología nacional que se oponía al dominio forma de la fuga…
alemán. Cuando en 1945 los rusos liberaron Checoslovaquia,
fueron acogidos con amor. Este amor por los rusos dio mucho Arnold Schönberg habla de una forma donde todo es «creado
poder al Partido comunista checo e hizo que su oposición al por un solo núcleo», donde «los grupos de notas se crean de
régimen estalinista fuese un poco menos dura que la de Polonia manera que sean a la vez acompañamiento y melodía». El tema
y Hungría. Solo después del impacto de la invasión de 1968 y su contratema, en vez de sucederse, están siempre presentes
los checos, como todos los demás pueblos de Europa central, de principio a fin, casi simultáneamente. Este es el ejemplo de
empezaron a odiar a los rusos… una perfección formal válida para todas las artes; el ejemplo de
una perfecta unidad arquitectónica; de una extrema economía

invndación castálida  |  49
de medios, de extrema brevedad, completamente insólita en el inesperadamente, nos encontramos ante lo improbable, ante
arte de la novela. lo fantástico. Y, por fin, la composición del conjunto no está
Sin embargo, a pesar de este gran cambio de la estructura arquitec- determinada por la lógica de la story, sino por el principio del
tónica general, en tus tres novelas francesas permaneces fiel a aquello juego, como si se tratara de una broma enorme.
que escribiste en 1986 en El arte de la novela sobre las cuatro posibi-
lidades de la novela moderna por las que te sientes seducido: primero, Sin ponerlo por encima del resto de tus libros, ves en La inmortali-
el juego que organiza la composición; segundo, la inteligencia que, a dad un compendio, una síntesis de todo tu periodo checo. Me gustaría
través de reflexiones, amplía el campo del conocimiento que la novela decir algo parecido sobre tu periodo francés: para mí, La ignorancia
descubre; tercero, la imaginación que tiene la valentía de encami- representa el compendio de tu ciclo francés y en conjunto, la síntesis de
narse más allá de lo verosímil; finalmente, la confrontación entre todo tu arte de la novela.
las distintas épocas históricas en el interior de la misma novela.
Pienso en La lentitud… De acuerdo. No protesto.

Sí. La lentitud comienza con un ensayo, con largas reflexiones. Traducción de Carmen Ruiz de Apodaca.
Muy pronto hacen su aparición los personajes del siglo xviii y D.R. © 2016, Ai Trani Editores / Universidad del Claustro de Sor
dos épocas históricas se encuentran en el mismo escenario. Así, Juana

50  |  noviembre, 2016


DIVERSA DE MÍ MISMA

Leonard Cohen, la verdad del anhelo

truirse una fe escéptica. Tan contradictorio como suena. La


Arturo G. Aldama mayor virtud de Cohen era unir las puntas del lazo. “Si se fi-
jan en mis canciones antiguerra también son antipaz”, aclaraba
este hijo de militar guiado por la belleza de las armas tanto
como por la rosa. En un poema sugiere que el fuego del amor
I’ve told the truth, I didn’t come to fool you. es la causa de tener un mundo tan desfigurado. Y sobre la me-
“Hallelujah”, L. C. lancolía en sus canciones decía: “yo creo que el buen trabajo se
produce a pesar del sufrimiento, como una victoria sobre él”.
Así se refería Cohen a lo que él hacía, no era arte, era trabajo.
Mientras el mundo lamentaba el triunfo de Donald Trump en Cuando renuncia a sus ambiciones literarias para aventurarse en
las elecciones de Estados Unidos, parecería que Leonard Co- la música, no lo motiva la vanidad o una “búsqueda artística”, es
hen murió para recordarnos lo verdaderamente importante. que el reconocimiento del mundillo intelectual de Montreal no
Durante sus 82 años de vida Cohen fue muchas cosas: poeta, alcanzaba para poner comida en la mesa. De camino a Nashville
músico, monje y mujeriego, pero su principal oficio fue cons- —porque él suponía su futuro en el country con el seudónimo

invndación castálida  |  51
de September Cohen— tropieza con el boom folk de Nueva todo, imaginación. Ni siquiera sabemos si lo apropiado es sen-
York y por accidente se convierte en improbable estrella pop: tirnos tristes o alegres frente al verso “Hasta la condena está
trajeado, con el cabello bien cortado, 33 años encima, deambu- envenenada de arcoíris” de la canción “The Old Revolution”.
laba por los clubs protojipis con un portafolio de piel negra. A En “That Don’t Make It Junk”, la afirmación “Peleé contra la
finales de los 70 su llama parecía extinguirse. A principios de botella, pero tuve que hacerlo borracho” anula cualquier inter-
los 90 realizó una exitosa gira mundial que supuso la última, pretación, es ambigua moralmente, no va en un sentido posi-
al terminarla se refugió alrededor de 6 años en un monasterio tivo ni negativo. Es como si de repente nuestra comprensión
budista. Cuando salió, con setenta y pico años a cuestas, tuvo corriente de la realidad quedara suspendida para devolvernos
que volver al camino, su manager se había llevado todo lo que a la perplejidad de lo que elude toda explicación, dejándonos
tenía. La faena del escritor no difiere del albañil, de manera a cada uno desnudo a solas con nuestra vida —y la imagina-
muy literal —en su caso, también muy literariamente—, se tra- ción inherente a ella— para resolverlo. Esto, que Cave intenta
ta de ganarse la vida. “La poesía es solamente la prueba de que ilustrar con la saudade portuguesa y el duende de Lorca, es lo
hay vida. Si tu vida está quemándose bien, la poesía no es más que yo torpemente quise describir con lo de su “fe escéptica”
que la ceniza”. El único deber del poeta ni siquiera es hacia la y que Cohen llama “anhelo”, algo que si bien por naturaleza
belleza, que sería un derivado natural, es hacia la verdad de vi- es indefinible —“si supieras qué quieres, irías directamente a
vir. Y puesto que se vive de muchos modos, la única verdad de buscarlo”—, con el tiempo puede convertirse en “una energía
la que es posible hablar está en la intensidad de vivir. que te mantiene interesado en las cosas”.
Pero antes de empantanarnos en metafísica, Cohen ofrece
una tranquilidad pragmática: “no es que me interesen mucho
las metas teológicas o religiosas, pero sí me interesa la relaja-
“No me considero un pesimista. Creo ción”. El poeta mayor del rocanrol en realidad es el más prác-
que un pesimista es alguien que está tico. Leonard Cohen importa porque sirve para la vida, porque
constantemente recuerda aquel consejo dado en el cuento “El
esperando que llueva. Y yo me siento silencio de Dios”, de Juan José Arreola: “busca la compañía
empapado hasta los huesos” de otras almas, y frecuéntala, pero no olvides que cada alma
está especialmente construida para la soledad”. Claro que es
recomendable conocer distintas ideologías, políticas, modas,
supersticiones, no así afiliarse a una, exceso de equipaje para el
Nick Cave, uno de sus alumnos más avezados, en la ponen- viaje primordialmente solitario por la existencia.
cia La vida secreta de la canción de amor, afirma que la constante Cuando la gente saltaba de regocijo por la caída del muro
en su obra es actualizar a Dios a través de la canción de amor, de Berlín, como el tipo sombrío que se aparece en la orgía,
inexorablemente triste porque parte de una sensación de pérdi- Leonard Cohen publicó uno de sus mejores discos, The Future,
da. Uno de los primeros nombres invocados en sustento de su donde presagiaba un panorama de homicidio generalizado. La
dicho es el de Cohen, cuya definición de amor era: “estar en la historia le daría la razón. Su Libro del anhelo incluye un auto-
presencia de alguien que te perdona”, de la plegaria: “una ne- rretrato acompañado de la leyenda: “Oh, no les gustará lo que
cesidad que surge, pero que ignoro adónde se dirige” y quien viene después de Estados Unidos”. Para ganarse la vida —para
no estaba interesado en una versión de Dios que no fuese capaz que valga la pena— hay que despellejar al mundo y, será inevi-
de inventar. Por encima de la tristeza, Dios es entonces, sobre table, a uno mismo. Quien tenga oídos, que oiga.

52  |  noviembre, 2016


RECIBIDOS

Novedades editoriales

Umberto Eco Hanya Yanagihara Rubén Gallo


De la estupidez a la locura Tan poca vida Los latinoamericanos de Proust
Lumen, México, 2016 Lumen, México, 2016 Sexto Piso, México, 2016
El título original del esta obra póstuma Se decía que un gran escritor era aquél Rubén Gallo se ha dedicado en los úl-
de Umberto Eco (que pudo revisar y dar que podía crear a un gran personaje fe- timos años a analizar y reconstruir los
a su editor unos días antes de su muer- menino: Tolstoi/Ana Karenina, Flau- momentos en que la cultura mexicana
te) es Papé Satán aleppe, jitanjáfora de la bert/Madame Bovary, Nabovok/Lolita, asimiló y dio su respuesta formal a la
Divina Comedia que hizo las delicias de etcétera. Quizás sea hora de cambiar los modernidad, aquella de la primera hora
Augusto Monterroso en muchos de sus términos y decir que una gran escritora que venía lo mismo de Estados Unidos
textos y nos advierte desde el principio es aquella que sabe moldear espléndidos que de Europa. En Máquinas de vanguar-
que el autor dará cuenta de las cosas ab- personajes masculinos —basta pensar dia analiza la relación entre la revolución
surdas del mundo moderno, como un en el emperador Adriano de Marguerite tecnológica y la producción cultural del
marciano a quien han enviado a estudiar Yourcenar— y Hanya Yanagihara cumple siglo xx mexicano, y reconoce la rapi-
antropología en la tierra. En esta anto- este nuevo ditum con creces. Los perso- dez, la fragmentación, y la repetición
logía de textos originalmente publicados najes de Tan poca vida, son un grupo de que viniendo de la máquina encontraron
en revistas y periódico, Eco descree de hombres jóvenes —un artista, un aboga- su eco en la obra de artistas como Die-
nuestras redes sociales, de la sofistica- do, un arquitecto y un actor— que tienen go Rivera, Martín Luis Guzmán, y Tina
ción de nuestros inventos tecnológicos; que enfrentarse a un mundo de mujeres Modotti entre otros, haciendo de la mo-
está convencido de que andar por la ca- brillantes y exitosas cuyo asenso social dernidad no sólo una herramienta, sino
lle mirando la pantalla de un celular, sin es imparable. Uno de ellos, víctima de una política e incluso una ética nacional.
fijarse por dónde se camina o que hay abusos sexuales en su infancia (descritos En este mismo tenor, Los latinoamericanos
alrededor, es de tarados. Pero quizás su con una insaciable crueldad por la auto- de Proust es la puesta en escena de cómo
mayor acierto es señalar que estamos al ra) pone de cabeza las bases sobre las que un momento liminar en la literatura del
borde de un mundo completamente des- el mundo masculino se sostuvo durante siglo xx —la creación literaria y la vida
conocido, donde las certezas de antaño siglos: la valentía, el honor, la lealtad, la de Marcel Proust— fue recibida, comen-
—ideologías, religión, comunidad, arte, sexualidad, la amistad. Yanagihara inau- tada, y en suma atestiguada como espec-
revolución— se han perdido por com- gura con esta novela a un personaje que tadores de primera fila por el venezolano
pleto y aun no hay nada que las sustituya. sin duda nos resultará muy familiar du- Reynaldo Hahn; el argentino Gabriel
Para Eco vivimos en una suerte de Edad rante este siglo: el hombre que ha perdi- Yturri; el cubano José-María de Heredia,
Media caótica y confusa; sólo esperemos do influencia y ya no reconoce su lugar y los mexicanos Antonio de la Gandara y
que exista un Guillermo de Baskerville, en la sociedad. Ramon Fernandez (quien quitó los acen-
próximo a resolver el misterio. tos de su nombre para volverse interna-

invndación castálida  |  53
cional). El programa de Rubén Gallo a lo
largo de sus libros es revertir esa famosa
observación de Alfonso Reyes —“hemos
sido convidados al banquete de la civili-
zación cuando ya la mesa estaba servi-
da”— para sostener que a la modernidad
no sólo llegamos a tiempo, sino además
nos sentamos con comensales destacadí-
simos en la mesa principal.

William Gaddis Simon Critchley


Su pasatiempo favorito Bowie
Sexto Piso, España, 2016 Sexto Piso, España, 2016
Durante muchos años la obra de Wi- Durante muchos años, la filosofía desde-
lliam Gaddis fue un secreto a voces en- ñó la cultura popular, pero a partir del
tre escritores y lectores mexicanos, pero siglo xx la moda, música, el cabaret, el
gracias a que la editorial Sexto Piso que cine y la fotografía, fueron objeto de la
ha ido reeditando y incluso editando por más arriesgadas reflexiones por parte de
primera vez en español algunos de los tí- hombres y mujeres que, de haber vivi-
tulos de Gaddis —Ágape se paga; Gótico do un siglo atrás se hubieran refugiado
Carpintero; Jota Erre; y la grandiosa Los en la academia, como Walter Benjamin,
Mario Mendoza reconocimientos— este autor norteameri- Susan Sontag, Camille Paglia, Slavoj Zi-
La melancolía de los feos cano se ha convertido en un personaje zek, Michel Foucault y Roland Bartres
Planeta, México, 2016 familiar de nuestra biblioteca. Ahora con para mencionar sólo algunos. En esta
Su pasatiempo favorito, Gaddis nos mues- ocasión, el filósofo inglés Simon Crit-
León Soler es un psiquiatra soltero que tra todo lo que la novela contemporánea chley en Bowie desmonta las estrategias
lleva una vida demasiado tranquila, por puede ser: ensayo y obra de teatro, lega- “oblicuas” de David Bowie para reco-
no decir aburrida. Un día llega a su jo y diatriba, pero sobre todo una mo- nocer en sus canciones, en sus concier-
consultorio un sobre que además de su numental reflexión sobre el sistema legal tos, una manera teatral, extravagante y
nombre lleva un murciélago con el letre- estadounidense, que Gaddis observa con absurda que “puede salvarnos de noso-
ro “Melancolía”. Dentro del sobre en- ironía, y descubre en sus entretelas que tros mismos, del hecho banal de estar en
contrará una carta sin remitente donde el mundo sofisticado y adinerado de las este mundo”. Pero sobre todo, el arte de
le cuentan su propia vida, los días en su élites resguarda las verdaderas pasiones Bowie le permite a Critchley descubrir
infancia donde sin querer le dio a otro de la especie: su voluntad de poder, de y entender la médula del arte contem-
niño la esperanza de poder vivir en una sojuzgar al otro, y de reducirlo a mera poráneo, su “lección de inautenticidad”:
realidad distinta. Escrita con algunos culpabilidad. Feral en sus observaciones “una serie de repeticiones y recreaciones,
tintes detectivescos, esta nueva novela de tanto como en la construcción literaria, imposturas que desmontan la ilusión de
Mario Mendoza demuestra cómo la rea- Su pasatiempo favorito es un ejemplo de realidad en la que vivimos y nos enfren-
lidad no es algo que a uno le toca, sino lo que Gaddis supo hacer como nadie : tan a la realidad de la ilusión”. Critchley
que como en El Quijote, es algo que uno convertir la novela en crítica moral de descubre en Bowie al verdadero artista
elige. La amistad, el deseo, la lealtad y la una sociedad en decadencia. contemporáneo, uno que debe falsificar
memoria son las columnas que sostienen su identidad, llevar hasta el guiñol su
a un hombre deforme que ha sido repu- arte, y reducirlo después a puro énfa-
diado por la sociedad, pero que decide sis, para demostrarnos hasta qué punto
salirse de su realidad para convertirse en nuestra identidad, nuestras creencias y
un héroe de carne y hueso. nuestros sentimientos, son tan teatrales,
inasibles y efímeros como un espectácu-
lo de rock and roll.

54  |  noviembre, 2016


Natalia Toledo Jorge F. Hernández
Deche bitoope, El dorso del cangrejo El dibujo de la escritura
Almadía, México, 2016 Alfaguara, México, 2016
La memoria de la oralidad zapoteca ro- La infancia del escritor Jorge F. Hernán-
dea a Natalia Toledo cada vez que escri- dez es la lenta y dolorosa recuperación
be, educada en un entorno prácticamen- de la memoria de su madre, para lograr
te monolingüe, su trabajo en los últimos eso, su maestra Mrs. Elaine Grabsky le
años se ha expandido entre el imaginario regaló sus primeras libretas con la re-
del dibujo de la lengua zapoteca y la tra- comendación de escribir y dibujar todo
ducción de esa tradición al español. En lo que viera. Así niño Jorge empezó di-
El dorso del cangrejo los poemas de Toledo bujando una jarra con una notita abajo
nos dibujan las enaguas musicales y bos- donde estaban los nombres de las cosas
ques efímeros que intenta borrar la mo- en inglés y español. Sin embargo su ima-
dernidad. Su lírica viaja en un territorio ginación exacerbada lo hace ver más que
que podría parecer lleno de sueños, mi- muchos humanos. Así Hernández carga
tos y leyendas, pero que no son fantasía, siempre con libretas donde hace dibu-
pues existen en la tradición zapoteca. La jos de personajes que se forman en una
infancia y una memoria colectiva inun- puerta para ser parte del próximo cuento
dan cada poema para instalarse en los o novela. En este nuevo libro también
recuerdos entrañablemente falsos que hay homenajes a escritores como Proust,
el lector se inventa con cada lectura de o el dibujo del editor que exige novelas
reflexión y sentimiento. en lugar de cuentos, pues el género de
Chéjov no vende. Hernández, como lo
ha dicho Muñoz Molina, vive infectado
de literatosis, una enfermedad a la que
sucumben siempre los verdaderos escri-
tores, los fervorosos artistas, y en virtud
de la cual uno convierte a la literatura en
su forma de vida.

invndación castálida  |  55
ACERCA DE LOS
AUTORES