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GDFTC
En la angustia de la ignorancia—de lo porvenir, saludemos - la barca llena de fragancia - que tiene de marfil los remos.
Kubén Daíio

DIRECTOR _ , REDACTOU-JEFÜ
T M I , , TT,, Revista Quincenal de Literatura. ,, • . , ,r „
isaac del Vando - Villar Adriano riel Valle
Redacción: Amparo, 20

Poemas desde lejos

HIJO DEL MEDIODÍA


i AJO el ciclo áspero y duro de esta ser el hijo de la blanca ciudad, llenn de
| ciudad que no es la íuyá—tal la flores, blanca tic antiguo marino!, roja de
frente sombría de una madrastra nuevas rosas, que tiene M I amplio pedio
adusta—mira, oh corazón, qué secreta desgarrado por In k-nuiro fluyente ú¿ un
alegría hay para ti en haber nacido de «ron río fabuloso, que liega hasta la ¡n..¡\
una madre tan bella y tan pródigo en do- Verdaderamenle es im orgullo ei HIT
nes, en ser el hijo de la olra ciudad tan t i hijo de una ciudfid florida, como t:-; el
clara que tiene en su regazo el surco de serio de una madre IÍITÜIOSC: y ;u !re¡;!e
un gran río y alza en la tarde, parn el hermana de ios marinóles citiro'-- ¡;-i:ede
adiós del sol floridas azoteas. erigirse con un gesto soberbio.
Hijo del mediodía, semejante al hijo de Oh tü, que t<¿ h¿i-; ufado con la mara-
una madre hermosa ¡qué espléndida ri- villa; oh tú que hos visto !<-s ncirfii\j¿;s
queza no es la tuya .y con que íntima de oro de la !á!>i¡!a anligiia colmarse de
alegría no debes saltar sobre las duras su áurea plenitud sobre lú tierna rania y
piedras, entre los coros tristes de estos abrir las rosas en los b<;lcc.!'es; íú que
hombres del Norte! has cabalgado infantilmente sobre los
Hijo del mediodía, con la mirada pues- flancos de las sirenas de un bronce d¡:i-
ta en los astros del sur, que brillan aquí cemente dorado, tibio per el sol de labios
tímidos, exalfa locamente la alegría de amorosos; tú que has visto tiilaiEIr--<-
GlJECtA

hacia el mar un amplio río, de aguas ri- dorado y de óleo, tu gesto será siempre
fadas, .cargado de frutos magníficos y del desdér^ más magnífico.
flpres delicadas; oh tú-, que has conoci- Sobre.(uspjps habrá siempre,una,yen- .
do.^ Ja, prjmavera en, su morada y has da-de hastíp, y,.en fus manos una indo-
vjsto las. más áureas estrellas abrirse en lente dejadez; njda habrá, capaz de. fas-
el azul más.deusp ¿qué cosa ha,brá que cinarte y pasarás con un sueño ,de, már-
p^ueda ya turbarte? mpl y d e pro,. s,pbre esta tierra árida.
. Hijo, del, mediodía, fastuoso país, que Par.a.jfí,nunca.el cielo será bastante
e^nvía sus^dones a las. regiones más dis- azul, ni las estrellas lanzarán dardos do-
tantes, hermano en tierna gracia de las rados, suficientemente: y el airernás loco
á^uc&as.jnar.ariias. y de Ia.s frescas rosas de la primayera, §erá para tí como el be-
q,u,e-llegan a estos tristes lugares y for- .sosde unos. labj©s descploridos.
ina,n ía alegría de toda esta primavera ¡Entre lqs hombr.es que; festejan un ra-
¿qué cosa podrá ya turbarte con el tem- y ó l e sol p,.una .sola rosa, .:tu estarás
blor mágico del asombro? soñador y nostáAgicp; oh,.tú que has
Oh tú, que has unido tu propia prima- sentido crepitar las hogueras solares y
vera a la primavera más loca de la tie- has visto recogidas en un haz inmenso
rra, lú que has conocido la juventud más todas las guirnaldas de que forman una
mágica, en la tierra más joven, hijo del a una las pobres primaveras del Norte!
mediodía, eterna primavera, que llevas Semejante al hijo de una madre her-
en lí para siempre una embriaguez fran- mosa, en .tu rostro habrá siempre como
ganíe de azahares, de violeta y reseda un deslumbramiento: y toda la abundan-
¿cuándo volverás a extremecerte lírica- cia de la tierra palidecerá ante la magni-
mente sino por el recuerdo? ficencia de tu recuerdo.
Entre los hombres que no son tus her-
Hijo del mediodía, dilección de la tie-
manos, tú, oh hermano de la golondrina,
rra, lú que lias aspirado tanto tiempo el estarás triste y soñador como el hombre
aire embalsamado que trastorna a los que ha perdido un tesoro: y parecerás
extranjeros y has fijado tus ojos en el más pobre que ellos.
azul que causa vértigo, y has contado Pero por el recuerdo, tu alma de-des-
los astros que lanzan dardos rectos a terrado, se ornará de una magna rique-
los corazones; hijo del mediodía, que te za: y contemplando las estrellar I sur,
has criado en la más maravillosa abun- podrás decir—¡oh estrellas m.. dora-
dancia, sobre el regazo más henchido y das, oh estrellas fraternales!
más tibio, de láctea dulzura y de vino R. CANSINOS-ASSÉNS.

ICONOGRAFÍA
Vaíl©- Inclém
A través de sus amplios anteojos Desconcierta su busto cual su arte...
que se afianzan detrás de las orejas, Parece que, cuando su so1» mano
bajo los arcos breves de las cejas, inquieta, hostil, desesperada ,escarba
fulguran plenos de altivez sus ojos.
los densos matorrales de su bar.ba,
Sobre el marfil pulido de su cara, van a estallar las iras de un tirano.>.
de una blancura cegadora y rara Si no, es un monje visto en cualquier
en que la luz, a su pesar se alegra,
CÉSAR A. COMKT.
brilla la seda de su barba negra...
ANTOLOGÍA

Un idilio de Mosco
OMO su amigo y maestro Bión aunque malvadas las entrañas, pues no
de Esmirna, el siracusano Mos- dice lo mismo que discurre. Como la
co, compatriota e imitador de miel es su palabra; mas, cuando se eno-
Teócriío, es uno de los poetas más no- ja, es feroz su pensamiento. Mendaz es
tables del período alejandrino. el niño, nunca sincero, doloso, de crue-
Aunque la emoción eclógica de sus les juegos. Bien trenzada tiene la cabe-
versos no se muestre ya tan pura y ge- za; pero desvergozado el rostro. Aun-
nuína como en lqs de su inmortal mode- que son paqueñas sus manitas, desde
lo, Mosco, menos ingenioso que Bion, lejos hiere; hiere al mismo Aqueronte y
pero más .delicado y sentimental, sobre- al rey del Hades. Desnudo lleva el cuer-
sale por su fina y amable gracia, por su po, pero el pensamiento oculto. Alado
exquisita dulzura y por el encanto de su como un pájaro, vuela de uno a otro,
estilo impecable. El rapto de Europa, sobre hombres y mujeres, y en su cora-
Los funerales de Bión y El amor fu- zón se establece. Tiene un arco muy pe-
gitivo son aus mejores poesías. queño, y sobre el arco colocada la fle-
Publicamos la mejor versión literal cha, la cual, aunque diminuta, hasta el
que de la última existe en castellano, al éter alcanza; ciñe su espalda áureo car-
que también ha sido trasladada en verso caj, y dentro hay amargas saetas, con
por Conde, Montes de Oca, Ángel Las- las que frecuentemente a mí misma me
so de la Vega y otros. hiere. Todas sus obras son atroces, to-
MIGUEL ROMERO y MARTÍNEZ. das, y más que ninguna su antorcha,
que, con ser tan pequeña, enciende al
EROS FUGITIVO. mismo sol.
Ciprina llamaba a voz en grito a su »S¡ le prendes, tráelo atado, no fe
hijo Eros:—«Si alguien le vio errante apiades; si le ves llorar, ¡guarda!, no te
por una encrucijada, sepa que es mi fu- engañe; si ríe, arrástrale; y si quiere be-
gitivo; quien lo denuncie, será recom- sarte, huye; pernicioso es su beso y en
pensado. Tendrás por galardón, ¡oh fo- sus labios hay veneno. Si dijere: Toma,
rastero!, el beso de Afrodita; y, si lo fe regalo todas mis armas, no foques los
traes, algo más que el beso solamente. falaces presentes, que todos han sido
»EI niño es señalado, y le conocerás templados en el fuego.
entre veinte: su cuerpo no es blanco, si- (Trad. de LuisNicoIau de Olwer, publicada
no parecido al fuego; tiene los ojos vi- en la Biblioteca de Autores (¡riegos y Latinos,
vos y centelleantes; el hablar suave, de Segalá y Parpal.)
y con su voz más pura, me ha Mamado
,hjA VENIDO MI AMADA.. por los más dulces nombres...
Ha venido mi amada pero se ha estremecido bajo mi beso helado,
en un soplo de brisa perfumada... y ha hundido en la tristeza de mis ojos,
sus dulces ojos claros...
Ha venido mi amada,
y el aire se ha llenado He sentido temblar
de su dulzura!... el suelo en mis manos, sus manos...
ha florecido en rosas a su paso, Le he dicho:
y se ha hecho más agudo —Tú no sabes
el perfume del campo. del horror de los llantos solitarios.
Ha venido .mi amada, PEURO GARFIAS.
GRECIA

Lírica italiana.

Doña Clara.

Crece aún. hundida en su natal aroma, En d palio marmóreo, entre las altas
junto al mar, una selva de naranjos, columnas donde abrázanse las plantas
donde el pavo real abre en las sombras conamorosos .vínculos de flores,
la pompa de sus fúlgidos plumajes. calla la Bella Fuente, inanimada?
En otro tiempo, cuando en ocios claros Aún Baco joven sobre sus racimos
callaba el mar, y en el cénit brillaba sentado, rie de su propio rostro,
el Sol (¡con qué dulzura lo recuerdo!) y candido vendimia entre las aguas,
nos gustaba dormir en la áurea selva. a las luces del Sol y de la Luna?
En el silencio descender oíamos Descendían ladrando, sus lebreles
la fruta al agua, y a los pavos reales blancos, al alba; y ella les seguía
tendernos la cabeza entre las ramas... sujetando en el puño las cadenas.
Dormíamos así, y del agreste Los llevaba a la fuente... ¡oh qué dulzura
perfume como del calor de un vino, era mirarla, semejante a Delia,
nutríanse nuestros sueños deleitosos. dándole de beber a sus lebreles!

Doña Francesca
Al mediodía, cuando en la campiña Entra un gélido albor por los cristales,
reinaba un gran silencio, y entre mieses en la sombra del lecho donde duerme,
loshombresde la gleba un himno alzaban rendida de placer, medio cerrados
a la santa abundancia del pan nuevo/ los labios, donde tiembla una sonrisa.
de su palacio la marmórea escala La Luna, al alumbrar el cofrecillo
solía descender; y los lebreles. de las joyas, labor maravillosa
de África, en torno de ella, le pedían ¡de sutiles aurífices, ilustra
seguirla, con sus saltos prodigiosos. diamantes, esmeraldas y zafiros.
Sonriendo mirábame, y segura Esplenden los collares, como espiras
desde la grada última azuzaba de algún reptil de fábula, enroscado;
a los lebreles de lg rósea fauce, parecen ojos vivos los rubíes...
candidos cazadores que, cansados Y en una copa languidece un lirio,
del ocio, en torno de ella le pedían en su virginidad tan noble y puro
seguirla, con sus saltos prodigiosos. como un vaso litúrgico de plata!

GABRIEL D'ANNUNZIO
GRECIA

No sé que es esto
A Rafael Cansinos-Asséns.

Deseo vivir sobre ía montaña,


en una casa chicjuiía, encalada, cort su espadaña;
al lado de la ftlujer que me engaña,
pero que llevó un hijo mío en la entraña.

En este amado exilio


educar a "nuestro Emilio;
no necesitar de nadie el auxilio,
y leer a Fray Luis y al portugués Abilio.

Tener ancha cocina,


huevos frescos, chacina,
un buen saco de harina
y que vuelva, todos los años, la misma golondrina.

El espíritu sereno
para escribir poco y bueno:
que mis libros no tengan veneno
sino el aroma humilde del tomillo y el heno.

Cerca de la casa, un pozo.


Una cabra en un chozo.
Ver a mi hijo mozo,
y que él me vea con gozo.

No beber nunca vino.


Si llega un peregrino,
no preguntarle por qué, ni su destino:
acordarme de lo que sufro ahora en el camino.

Cavar con mis manos mi fosa.


Que, cuando muera, me cubra un rosal y no una losa.
No querer otra cosa
que navega!, sereno, la Laguna espantosa.
PEDRO LUIS DE GALVEZ.
GRECIA

Una poetisa francesa


N la noble tierra francesa siem- monto de intelectualidad que puede ofre-
pre tuvo la palabra del hombre cér el sexo bello.
un eco tierno en la dulce voz de Entre estas figuras insignes, surge la
la mujer. La literatura actual de nuestra gracia juvenil de Cora Laparcerie, tan
hermana y amada Lutecla, está corona- espiritual, tan exquisita, tan plenamente
da por las fosas dé tos más ilustres moderna. La adorable ingenua, la deli-
nombfes femeninos. Las Mardrus, las- ciosá dafflita de la éséena francesa, llega
Pert, las Mendés, las condesas de Noai- a la literatura con un tome de versos,
lies, forman una espléndida guirnalda y Es la poetisa que mejor ha cantado el
alzan sóbrelas frentes varoniles su la- momento. Escuchadla:
bor admirable, como el más alto testi-

Cuando &\ sol muerre...


Cuando el sol muere sobre el lontano horizonte,
cuando ancladas las lanchas reposan en el puerto
y cuando las pizarras de los altos tejados
se argentan tanto como el sonrosado cielo...
Cuando las playas tienen su arena mente* blanca,
cuando la mar es menos azul y el bosque es negro,
cuando se esfuma la colina verde y luenga
desvanecida bajo un fino tul de ensueño...
Cuando el gañán conduce las perezosas vacas
a chasquidos de honda, hacia el abrevadero,
y el campesino en el Ángelus dé la tarde
eleva a Dios el alma y el corazón ingenuos...
Cuando las liebres saltan rápidas y traviesas
junio a los segadores que descienden risueños,
silbando por la larga ruta de los cipreses...
Cuando Juan fuma alegre, acodado en el puerto;
cuando se oye más puro y más claro el ruido,
cuando el eco responde y se prolonga el eco
y en los árboles hay lágrimas de la noche
y en el río se van las luces sumergiendo...
Siento en mi alma toda la voluptuosidad-
de un vivir adorable, apasionado, intenso...
Pero mi corazón que forjó la bondad—
para un amor tan grande me parece pequeño.
CORA LAPARCERIE-RICHEPIN.
(Carmina Colomé.—Tradnxit.)
CjREOlA

Páginas escogidas

Federico Luis Zacarías Werner


tado con los elementos y enlazado a esa
EDERICO Luis Zacarías Werner, Alma de las cosas—corazón del mundo
el románticamente lírico escritor que canta en Tristitiee Rerum, y hubo de
de La Leyenda de Fósforo, na- esperar siete lunas el advenimiento del
ció en Koenigsberg-Prusia oriental-el día Salvador.
18 de noviembre de 1768, en la misma Con su megalomanía cristiana contra-
casa donde ocho años después naciera dice el esencial espíritu de humildad del
Hoffmann. Perteneció al movimiento ro- cristianismo y rebasa el precepto que
mántico, siendo amigo de Jua.i Wolfang manda sencillamente tomar la Cruz y se-
Goethe. Estudió filosofía conKanl, de- guir al Divino Maestro, no asumir sus
sempeñó varios cargos oficiales, marchó estigmas de luminoso dolor. Esta sem-
a Roma, donde abrazó el catolicismo en blanza evangélica deja traslucir las fac-
1811, se ordenó de sacerdote en junio dones del poeta que ha dicho: "Mi arte
de 1814 y obtuvo el curato de Aschafem- es una epopeya de mi propio egoísmo.">
burgo, pasando desde allí a Viena, don- «Werner—dice Weber en su Histoire de
de fue predicador de cierta fama. ¡a Littératurc Allenuinde, •--era una de
esas naturalezas incapaces de orientar-
Sus obras más notables son El veinti- se en la vida y en el arle, a las que un
cuatro de Febrero, tragedia en un acto; sentimiento ciego domina y una desen-
Los hijos del Valle, poema dramático en frenada imaginación conduce más allá de
dos jornadas cuyo argumento está ba toda mesura y de lodíi ley estética.»
sado en la historia der los caballerosTem-
plarios; Martin Lufei o, Aula, Wanda, rei- Todos los misticismos de la imagina-
na de los Sármatas, La Cruz del Báltico ción, todas las nebulosas del espíritu,
y La madre de los macábeos. todos los símbolos obscuros de las in-
Su vida, dramática y agitada, se refle- númeras teogonias filosóficas, parecen
ja, aquietándose como en un remanso, unirse en la obra, como las sierpes en el
en toda su obra, que aspira a verlo to- caduceo de Mercurio, de esíe escritor
que, con Goethe y Schlller, forma una
do, a comprenderlo todo. Fósforo tiene lírica trinidad en el celeste empíreo de
en sí una profunda raigambre esquílea los poetas trágicos alemanes.
al ser aprisionado con las cadenas in-
consútiles al enigma de las cosas. Las A uiii. V.
Oceánidas de La Leyenda de Fósforo
hablan en el verbo impetrante de la dul-
ce hermana Militta.
LG leyenda de Fósforo
El Hefesto mitológico es aquí el Sal- Y cuando el Señor vio el orgullo de
vador bíblico. Y como todo se relaciona Fósforo, lo rechazó, enojado, de sí, y
en el mundo de las cosas a través de in- lo encerró en una prisión que se llama
mensas parábolas de conexiones que Vida—y le dio tierra y agua por vestidu-
son Iris de luces y auroras de bonanzas ra—y lo encadenó estrechamente con
en los obscuros páramos del tiempo, ved cuatro cadenas azules—y derramó de-
lo que dijo el admirable traductor de lante y a su alrededor la (Jopa de fuego.
Werner, Rafael Cansinos-Asséns, al pa- Y el Señor habló: Porque no has queri-
rangonar la egolatría cristiana de este do cumplir mi voluntad, te abandono al
escritor prusiano con la de en alto prín- Elemento y serás su esclavo y no ten-
cipe de la moderna lírica española: drás memoria de mi nombre ni de tu pa-
«Pero al hacerlo así ha incurrido en el tria primera. Y como has caido en peca-
mismo pecado que Fósforo, el simbólico do contra mí por tu orgulloso Pensa-
paradigma gnóstico de La Leyenda de miento de ser Lino y Algo, dejo contigo
Federico Luis Zacarías Werner, que cre- como azote a ese Pensamiento y por
yó ser Uno y Algo y fue por eso precipi- bocado y freno tu flaqueza, hasta tanto
GRECIA

que te salga un Salvador de las aguas, congeló la sal en hielo: y Fósforo yacía
el cual te rebautice en mi seno; para que transido, arrecido, sin fuerza para mo-
seas Nada y Todo. verse. Y entonces Isis, la Madre, lo vio
Y luego que el Señor hubo hablado, y habló al señor:—Oh tú que eres Padre,
desapareció en su potente cólera. Y e' Fuerza y Palabra y Luz! ¿Habrá de yacer
elemento se levantó en torno a Fósforo el último de mis hijos siempre en tor-
y lo circundó, alzándose hasta el Cielo mento, esclavo de su Hermano?—Y el
como Una torre—y Fósforo quedó ence- Señor se movió a piedad y le envió al
rrado encella, atónito y estupefacto. Heraldo del Salvador de entre las Ondas:
la Copa de Fluidez y en la Copa las go-
Pero cuando su hermana primogénita
tas de la Tristeza y las gotas de la Es-
vio su sufrimiento, se le hinchó el cora-
peranza: y entonces el hielo empezó a
zón de dolor y se volvió al Señor, im- derretirse y el Fuego a extinguirse y
plorante: y velado el rostro, así hablaba Fósforo a respirar. Pero su vestidura
Militta—Ten piedad de mi hermano y de- terrena seguía agobiando sus miembros,
ja que yo lo consuele! y las Cadenas azules se le hundían en
Y entonces el Señor, movido a piedad, la carne y el Recuerdo del Nombre del
abrió un tragaluz en la mazmorra de Señor que se le había borrado del alma,
Fósforo, cuanto era preciso para que no tornaba a él.
este pudiese contemplar el semblante de
la hermana. Y luego que ésta se hubo Entonces se enterneció el corazón de
asomado silenciosamente en la cárcel la madre y llamando así al hijo, le dijo:
del hermano, dejóle para consuelo un — Oh tú, mayor que yó y a quién sin
espejo: y cuantas veces fijaba en él la embargo, he llevado en mis brazos, to-
mirada, otras tantas sentía aligerarse su ma esta vestidura de Tierra y muéstrale
vestidura terrenal: y volvía a su alma un al caido Fósforo en la prisión en que vi-
recuerdo de la primera patria incierta y ve entre cadenas y quebranta esa bóve-
débil como una trémula luz de alborada. da que le disputa la vista de la Luz. Y el
Verbo dijo: ¡Así será! y mandó a la En-
Pero ella no podía romper las cadenas
fermedad mensajera. Y la Enfermedad
azules ni apartar la amarga Copa de
quebrantó la bóveda de la prisión de
Fuego: sin embargo, se volvió a Mitra,
Fósforo que al punto tornó a ver la
su padre, rogándole que salvase a su
fuente de luz: y la súbita luz deslumhró
hijo menor: y Mitra se postró de hinojos
al Elemento: pero Fósforo reconoció al
ante el Señor y adorándole, le rogó: —
Padre. Y cuando el Verbo, en vestidura
¡Ten piedad de mi hijo!—y dijo el Señor:
terrenal, bajó a la Prisión, el Elemento
— ¿No le he enviado a Militta para que
se volvió a él como a su semejante: pero
pudiese ver su primera patria?—Y Mitra
Fósforo, mirándole, le dijo:-Tú eres en-
respondió: - ¿qué aprovecha? Ella no
viado aquí abajo para rescatar del Peca-
puede romper las cadenas ni apartarle
do—más tú no eres el Salvador que ha
la Copa de Fuego. Dijo el Señor:—Yo
de salir de las Aguas. Entonces e¡ Verbo
mitigaré j:on.sal la Copa de Fuego: pero
habló: cierto, no lo soy: pero bebe sin
las Cadenas azules las conservará hasta
embargo la copa de Fluidez y yo te redi-
tanto que no le salgo un Salvador de en-
miré.
tre las aguas. Y luego que la sal fue
aplicada a la lengua de Fósforo, cesó el Entonces Fósforo bebió la Copa de
agudo dolor del fuego: pero el elemento Fluidez, de Esperanza y de Tristeza: y
GRECIA

la Vestidura que le recubría se ablandó ungió la cabeza y el pecho del Pecador:


loda y empezó a rezumar: y en aquellas luego, atravesando el jardín del Padre,
gotas que caían dulcemente, el mensaje- mandó un hálito a la tierra y bajo aquel
ro del Verbo mojó purificándola, toda la soplo brotó una florecilla blanca y rosa
vestidura hasta que desaparecieron sus y él la humedeció con el rocío del Éxta-
dobleces y de rígida que antes era, se sis y con ella ornó la frente del Prisio-
volvió ligera y flexible: y a su tacto, la nero. Luego lo lavaron, él, el Verbo con
prisión Vida se tornó pura y diáfana su diestra y el Arco-Iris con la siniestra:
como un cristal. Pero las cadenas azules y Militla le puso delante el espejo y Fós-
eran recias y resistían:—Y entonces el foro fijó en él los ojos y contempló es-
Verbo le presentó la Copa de Fe y luego crito en el azul de lo Infinito el Nombre
que la hubo bebido, miró Fósforo a lo tanto tiempo olvidado y el Recuerdo de
alto y vio al Salvador, que se erguía so- la primera Patria refulgía con Una ra-
bre las aguas. Y tendió ambas manos diante luz de oro
para apresarle; pero el Salvador se Entonces, le pareció a Fósforo que se
apartó. le desprendía de los ojos un velo de es-
Y Fósforo quedó contristado en su al- camas. Y al punto abandonó el Pensa-
ma; pero el Verbo le susurró al oído miento de ser Uno y Algo. Su naturaleza
palabras de consuelo y le dio la Pacien- se confundió con la Potencia Universal.
cia para que como sobre una almohada Y entre una armonía como de sones y
reposase sobre ella la cabeza. Y Fósfo- suspiros dulcísimos, descendida de lo
ro, un tanto descansado, levantó por se- nlto, sintió un bálsamo en cada llaga y
cunda vez la cabeza diciendo:—¿Y me una inefable bendición lo tornó dichoso.
redimirás tú también de ésta prisión?— Porque no sentía ya el pero de la vesti-
Entonces el Verbo le dijo: espera en dura ni de las cadenas y la Vestidura era
paz todavía siete lunas o acaso nueve, púrpura y las Cadenas gemmas resplan-
pero no más: y sonará tu hora. Y Fós- decientes.
foro repuso:—Hágase la voluntad del Y el Salvador seguía todavía sobre las
Señor! Aguas: pero el Espíritu aleteó sobre su
Y cuando la madre Isis lo supo, se cabeza y el Señor le inclinó hacia él be-
afligió; y llamó al Arco-Iris y le dijo: — nigno e Isis lo acogió entre sus brazos
Ve y di al Verbo que perdone a Fósforo maternales.
las siete lunas; y el Arco-Iris voló adon- Este es el último Evangelio.
de le habían dicho y al batir sus alas, FEDERICO LUIS ZACAPÍAS WHIJNHR.
cayó de ellas el Oleo de Pureza: y el
Verbo lo recogió en una Copa y con él (I?. Cansinos-Asséns.—Traduxit.)

YA EIS MUCHO...
Como estamos rompiendo a duras penas N;o pidas al amor ánforas plenas:
ei cascarón de la animalidad, yaT es mucho si contienen la mitad...
no esperes perfecciones nazarenas N o exijas olas blandas y serenas
Je la antropopi'.eca sociedad: al mar esquivo de la humanidad:
v
a es mucho que haya algunas almas buenas va es mucho que no quiebre las antenas
que irradien un destellode piedad. v el casco del bajel, la tempestad.
AMADO ÑERVO.
10 GRECIA

Arte Mediterráneo
Santiago Martínez
(Breves notas sobre el concurso de carteles Después, vendrán los trémolos de
anunciadores de las fiestas de la Prima-
violín para saludar la dulce sonrisa de
vara.)
la florentina Gioconda; pero, sobre to-
XISTE
realmente un arte pictórico do, tremolará el recio verbo del áureo
que por su luminosidad cromática clarín rubeniano, diciendo:
bien pudiera llamarse arte mediterráneo?
A nuestro sentir, existe realmente. Maestro, Pomona levanta su cesto...
El mare nostrum, leit motiv de todos
¿Oyó acaso este joven aeda de la pin-
los luminismos aristocráticos, de todos
tura la sonora orquestación sinfónica
los refinamientos de la luz, de todas las
de la Salutación a Leonardo, inspirán-
literaturas coloristas; padre fabuloso de
dose en ella para pintar su lienzo?
todas las antiguas civilizaciones orien-
tales, tenebrarium que expande al mun- En él se unen todos los nexos de la
do la luz de sus antorchas míticas, ¿có- luz, todos los rayos solares del numen
mo no habría de ser un símbolo lumino- protector de los latinos, toda la lírica
so y espléndido de ese arle que bien exaltación meridiana de la música del
pudiera coronarse con el adjetivo ruti- color: esa «onda casi luminosa» de que
lante de mediterráneo? Bien se advierten nos hablaba el admirable Luís Mosque-
en la obra de Hermenegildo Anglada ra, es aquí, en este lienzo, un color
Camarasa, en la naturista de Sorolla, casi musical. Aquella Pomona gitana,
en la de Federico Beltrán, el fastuoso morena y zahori, alzando sobre su ca-
emperador latino de la pintura, esos beza, en una ingrávida actitud de cané-
claros orígenes donde se funden, como fora, la cesta pletórica de los maduros
en las arterias fabulosas de los hipo- frutos de la Abundancia; aquella pleni-
centauros mitológicos, todas las savias, tud en la cornucopia áurea, destacada
todos los pólenes dispersos de las anti- sobre el oriflama casi fragante de aquel
guas razas solares, de las afincadas ca- cielo; las moscateles de oro, en racimos
be las arenas de oro de éste mar de las desbordados, atesorando las tembloro-
innúmeras leyendas. sidades de la luz, bajo los pámpanos
de esmeralda; las granadas, las de los
Estas disquisiciones, estas palabras incógnitos tesoros, el agridulce fruto
prefaciales, me las surgiere el arte lu- d'annunziano que se ofreció a la cocci-
minista de Santiago Martínez, con su nela de que nos hablaba el poeta de Tie-
yo maravillosa culminación meridiana rras Solares, como la gruta de un gno-
en el lienzo que ha presentado al con- mo de fábula, deslumbr^*^ por sus
curso de carteles anunciadores de nues- maravillosas estalactitas de rubíes; los
tras fiestas de la Primavera. Para hacer membrillos bien olientes, las naranjas
una exégesis cumplida de ésta obra, ne- hespéricas, y las rosas; el vestido, blan-
cesitaríase decir con el clarín de oro de camente pomposo, de lo canéfora more-
Darío: na, y los erguidos brazos desnudos, y
Maestro, Pomona levanta su cesto...
<3RBCIA 11

la explosión floral del Yosiwara del —expuestos con más juvenil énfasis lí-
pañolón chinesco, ceñido, como las lia- rico que rancia dogmafización escolás-
nos, a aquel cuerpo fascinante de tica—están exentos de toda pasión y de
Eva paradisíaca, ¿no es una fehaciente prejuicio alguno. Hoy que ya conocemos
justificación de que existe un arte que el peregrino fallo dictado, no hemos de
bien pudiera denominarse arte medite- hacer punto sin dejar de unir nuestra
rráneo? En este lienzo se nos muestra más respetuosa protesta a la que ha de
la luz como en intangibles arcadas lumi- formular todo aquél que tenga cons-
nosas, como en sutiles aspergaciones ciencia de lo que es el arte moderno, en
de diamantes. «Hay un frémito loco en la verdadera acepción de esta palabra.
el ambiente», diría Rogelio Buendía, el Alfonso Grosso, ei artista meritísimo
agreste silvano de Onuba; hay unaque todos admiramos, el Juan Ramón
buena nueva de luz que está para adve- de la pintura, el que guarda los secretos
nir, que se presiente, como en un cor- de la luz apolínea para, en sus «Inferio-
tejo fasluoso que llegase por las rutas res» de capillas monjiles, tenderla, co-
meridianas del cielo; que llega, al fin, mo una escala flamígera, desde los vi-
hasta nosotros, y nos aprisiona y nos trales historiados, hasta el áureo taber-
envuelve con sus múlliples círculos lu- náculo de Cristo; éste artista emérito,
minosos. Y así, de esta forma, en este el que más sabe, a-nuestro entender, de
caminar contemplativo por los claros la clara luz velazqueña, ha quedado sin
senderos de la luz, es como llegamos, premio.
gracias a la maravillosa virtud de sésa- Para no herir respetabilísimas sus-
mo de estos pinceles mediterráneos, an- ceptibilidades profesionales, sólo hemos
te el marmóreo propíleo de los éxtasis. de añadir, como final de estos juicios,
que la regeneración del sentido estético
del pueblo, con fallos tan peregrinos co-
mo el de éste Jurado calificador, se ha-
Escrilas las precedentes palabras an- ce poco menos que imposible.
tes de ser conocido el fallo del Jurado ADRIANO »HL VALLK.
calificador del concurso, hemos de ha-
cer constar noblemente que estos juicios 25 Noviembre 1918.

CUENTO aiTINCENAL

Sofonisbe.
C A tierra, ahita de sangre, semejaba
dormir, fatigada bajo el peso de los ca-
dáveres que cubrían el extenso campo de
nes: encogidas las patas, tenso el
cuello, como en los galopes desen-
frenados; y los elefantes gigantescos,
batalla. Revueltos, en hacinamientos in- acribillados de flechas, con los vientres
formes, yacían, rotas las ruedas, los abiertos por el terrible golpe de las es-
carros de combate; y los caballos, que padas romanas. Al fondo, la plaz fuer-
al morir, adquirieron absurdas posicio- te de Cirta, era una colosal hoguera, ai-
12 GRECIA

zando en la noche el ígneo penacho de El pasado cruzaba ante él en atrope-


sus llamas. Al fulgor del incendio ad- llada avalancha de recuerdos.
vertíanse, tendidos sobre las murallas, La Numidia estaba dividida entre Ma-
torsos desnudos de mujeres, con los sinisa y Sifax, los dos enemigos eter-
senos mordidos por las bocas lascivas nos. El primero servía en el ejército
de ¡os soldados que las violaron antes cartaginés y era el segundo aliado de
de darles muerte; cuervos voraces ba- los romanos. Asdrúbal, para atraerse
tian sus negras alas bajo el "esplendor a Sifax, le dio por esposa a su hija So-
de las estrellas, volando lentamente; las fonisbe, a quién también amaba Masini-
hienas, hundidas las zarpas en las vis- sa. Entonces, este Príncipe, exasperado
ceras desgarradas, los desafiaban au- por los celos, declaró la guerra a su ri-
llando. val, siendo derrotado y perseguido has-
ta las llanuras de Clipea, donde, hallán-
El campamento númida, con sus tien- dose cercado por todas partes, ante el pe-
das negras, evocadoras de los arenales ligro de ser hecho prisionero y llevadoa
del desierto, aparecía formado junto al presencia de la mujer odiada por amor,
romano, y, en ambos, era completo el cargado de cadenas, como un vil es-
silencio. Las tropas descansaban, em- clavo, logró salvarse a fuerza de auda-
briagadas de victoria y de matanza. Úni-
cia: seguido de sus fieles númidas, cur-
camente en la Herida de Escipión y en
vados los cuerpos sobre los cuellos de
la-de su aliado, Masinisa, se notaba bu-
los caballos, avanzan en un quimérico
llir desoldados y siervos. El Príncipe nú-
mida, tendido sobre un lecho que cubría galope, entre las filas enemigas; relam-
unapieldetigre.permanecíaen una extra- paguean bajo el sol las espadas, blan-
ña inmovilidad desdeque terminóel com- didas con salvaje furia; se llena el aire
bate. Los esclavos continuaban entran- de relinchos y de gritos feroces, y ven-
do los vasos y las joyas del tesoro de cida por sorpresa la resistencia, quedan
Sifax, el rey vencido. Pero ni las ban allá, en la lejanía, los pardos alborno-
dejas de oro, ni las ánforas de esbeltos ces, flotantes en el azul suntuoso del
cuellos, parecidos a lises de pórfido, ni cielo del desierto...
las copas panatenáicas, traídas de la Cuando Escipión desembarcó en
Italia durante lasexpediciones de Amil- Buen Promontorio, Masinisa salióle al
car, ni los trípodes'represenfando cuer- encuentro y le ofreció sus servicios.
pos de satirillos, finos como tirsos, Ahora, habían derrotado a Sifax,y este,
bastaban para sacarle de su abstracción. su esposa, sus tesoros, la plaza fuerte
Aún tenía ceñido el coselete que se de Cirta, todo cayó en poder del indo-
ajustaba bajo su ancho pecho desnudo; mable Príncipe. La Venganza le brinda-
unjnanto de púrpura caía sobre uno de ba su copa de odios, mientras él tenía-
sus hombros, sujeto bajo el atlético la asida por la cabellera de sierpes.
brazo, tipto'para manejar el enorme es- Un decurión, presentándose en la
cudo forrado de pieles curtidas;"grandes puerta de la tienda, distrajo la atención
aros de oro pendían de sus orejas, en- de Masinisa.
tre la revuelta cabellera negra, y en las —Te traigo un despacho del Cónsul —
dilatadas órbitas, revolvíanse sus pupi- dijo el romano alargándole una tablilla
las con la fiereza de las de los tigres. de cera.
La leyó a la luz de la antorcha de re-
¿JRECIA 13

ciná que ardía clavada en una pica. Es- tamente, semejante a una pantera que se
cipión le ordenaba la entrega de Sofo- despereza, hasta quedar boca abajo,
nisbe para enviarla a Roma como pre- apoyados los codos en el lecho y la
sente de guerra. barba en las manos. Su larga melena,
,,—-Dile al Cónsul que será obedecido. de azulados reflejos, caíale por la es-
El decurión hizo un saludo y salió de palda desnuda, cubriendo las caderas
la tienda. amplias. Su piel oscura, brillaba al roji-
Al quedarse solo, el Príncipe arrojó zo fulgor de la antorcha de reciña.
la tablilla con un gesto de cólera. La Masinisa interrumpió el silencio. Ha-
orden de Escipión no podía cumplirla. bló con voz sorda, entrecortada, adivi-
Sofonisbe, la mujer ensoñada en las nándose el deseo en un hervor de cólera.
noches ardientes de los arenales, a tra- — Ya ha terminado todo—dijo—Ya no
vés de los claros encajes de estrellas, tienes reino, ni esposo, ni joyas... Ya
la deseada de su corazón indomable, la eres mía; ¡*a estás en mi poder...!
que era para él como el agua pura de Sofonisbe inclinó la cabeza bajo el
los oasis y las sombras de las palmeras, pesado manto de sombra de sus cabellos
no podía entregarla a los romanos, que y tornó a quedar inmóvil y silenciosa.
acaso la destinaran para sierva de al- —¿No imploras mi piedad? ¿No te-
gún viejo patricio, borracho y lascivo- mes nada de mí?—continuó el Príncipe —
Hizo una señal a un esclavo negro, Ahora eres más alliva, más audaz que
que desde un rincón espiaba atentamente cuando te conocí, en el palacio de. As-
los movimientos de su amo. drúbal, tu padre, cuando la cadenilla de
—Di que traigan a la cautiva. oro, símbolo de virginidad, enlazaba tus
Partió el esclavo. tobillos... ¡Entonces, tenías la candida
Masinisa tomó una de las copas de gracia de las alondras que canfan al al-
oro, vertió en ella el contenido de un ba! Ahora, no. ¡Has sido reina! Has vis-
pomo que llevaba colgado a la cintura, to los campos de batalla desde la áurea
y esperó, en pié, con los atléticos bra- torre de tu elefante blanco, abanicada
zos cruzados sobre el ancho pecho des- por tus esclavas, al lado de lu esposo,
nudo, erguida la cabeza de la revuelta que te besaba en los ojos. Has presen-
cabellera negra. ciado mis derrotas, has enardecido a-
A poco, llegaron dos soldados tra- las tropas que me perseguían...
yendo a Sofonisbe. La habían despoja- Calló un ¡nstanle. La piel oscura del
do de sus ropas y su joyas, y venía car- cuerpo de la hembra, brillaba al rojizo
gada de cadenas, que le sujetaban las fulgor de la antorcha de reciña.
manos y los pies. Masinisa ordenó que —¿Te acuerdas, te acuerdas, Sofonis-
se las quitasen y con un ademán despi- be? Yo te he conlemplado, yo te he con-
dió a los soldados. Después, brutalmen- templado en la terraza del palacio de
te, arrojó a Sofonisbe sobre el lecho Asdrúbal, tu padre, mientras tus siervas
que cubría una piel de tigre. etiopes te hacían el focado. He visto
Aquella, encogióse como una fiera trenzar lus cabellos con hilos de dia-
herida, dirigiendo una mirada atónita mantes y los he comparado a los sidera-
a su alrededor. Así permanecieron lar- les caminos, fulgurantes de constelacio-
go rato. Ninguno de los dos hablaba. nes. He visto pulir tus uñas, teñirlas de
Luego, ella comenzó a extenderse, len- púrpura y colocar anillos en los dedos
14 QCECÍA

de fas pies; te he visto prender el velo, comprendiendo, la apuró en silencio.


qué, cdmo él de Tanit, tenía bordados —Ese es mi presente nupcial. Nues-
los sigtios iodiácáleSj y te he visto dan- tras bodas van a realizarse en esta úl-
zar bajo la ¡una, al dulce son de los tima hora de fu vida,
itionócordios. t ü édrrie se adivinaba) Se arrdjó sobre ella y fundiéronse sus
itas los lihos sutiles, del coior dé loa cuerpos éom© dos bronces*
dáiiles en racimos que empavesan1 de ftmahé'cía. Eri el éampá"mento numidd(
oro las copas de las pal reras. ¿Te las tropas entonaban un canto tradicio-
acuerdas, te acuerdas, Sofonisbe? Pa- nal, golpeando a compás los escudos
seábamos entre los arrayanes del jar- con el puño de las espadas.
dín. Un tigre domesticado seguía nues- Masinisa sentía entre sus brazos
tros pasos, mansamente. Yo, entonces, atléticos aquel cuerpo tan deseado, es-
era muy joven; mi puñal, mi precioso tremecido por espasmos de placer y de
puñal de mango de oro, guarnecido de agonía.
gemas, aun no se había manchado de Cuando se alzó, Sofonisbe rodó del
sangre; tus manos, que olían a canela, lecho, muerta ya. Poseído de terrible
acariciaban los laureles-rosa, y lasdesesperación, salió fuera de la tienda,
palomas venían a rozar tu frente con la oyéndose el jubiloso alarido con que le
nieve de sus alas... aclamaban sus soldados. Sacudió con
Interrumpióse, y después, sacudiendo furia la altiva cabeza y los aros de oro
la revuelta cabellera negra, como si des- de sus orejas le azotaron las mejillas.
pertara de un sueño: Señalando hacia Cartago, gritó:
—Va ha terminado todo exclamó—. — ¡Venganza!
Eres prisionera de los romanos y en —¡Venganza! gritaron todos y ¡ven-
breve harás las delicias de algún viejo ganza! repitieron los ecos
patricio. El sol, remontándose en el azul,
Sofonisbe se incorporó y, fieramente, arrancaba destellos cegadores a las in-
le miró a los ojos.» signias militares del campamento roma-
—No temas—prosiguió Masinisa - no que comenzaba a formarse en orden
Toma, esto te salva. de marcha.
Y le alargó la copa del veneno. Ella, Luís MOSQUERA.

DECIR LAS COSAS BIEN...


Decir las cosas bien, tener en la pluma el don forme sin haberlos oído. Pulgarcito es un men-
exquisito de la gracia y en el pensamiento la in- sajero de San Vicente de Paúl. Barba-Azul ha
maculada linfa de luz donde se bañan las ideas hecho a los párvulos más beneficios que Pesta-
para aparecer hermosas, ¿noesuna forma de ser lozzi. La ternura para nosotros—quesólo cuan-
bueno?... La caridad y el amor, ¿no pueden de- do nos hemos hecho despreciables dejamos
mostrarse también concediendo a las almas el enteramente de parecemos a los niños—, suele
beneficio de una hora de abandono en la paz de estar también en que se nos arrulle con hermo-
la palabra bella; la sonrisa de una frase armo- sas palabras. Hablad con ritmo; cuidad de po-
niosa; el «beso en la frente» de un pensamiento ner la unción de la imagen sobre la idea; res-
cincelado; el roce tibio y suave de una imagen petad la gracia de la forma, ¡oh pensadores,
que toca con su ala de seda nuestro espíritu?... sabios, sacerdotes!, y creed que, aquellos que
La ternura para el alma del niño está, así os digan que la Verdad debe presentarse con
como en el calor del regazo, en la voz que le apariencias adustas y severas, son amigos trai-
dice cuentos de hadas; sin los cuales habrá algo dores de la Verdad.
de incurablemente yermo en el alma que se JOSÉ E. RODÓ.
GRECIA 15

La aristocracia y el arte.

Alfredo Aivarez-Daguerre
UIÉN eres tú, tirano y vio- mármol, y los ramos de rosas, en las
lento Príncipe de la aris- manos breves, eran ofrendas de olores
tocracia sevillana? a la belleza femenina.
Tu alma, la estrella que te guía en la Y he aquí, como en medio de tanta
tierra, parece haber existido bajo otros magnificencia, mis ojos te seguían exta-
cielos en que el arte brillara con un es- siados en todas tus actitudes; porque,
plendor inusitado. seguramente, me has hecho vivir, en
Una voz interior me dice que eres, ¡oh unas horas memorables, todo el lejano
divino loco!, descendiente directo de los y áureo siglo XVII.
Médicis, así como también hijo muy Hasta mí, han llegado versiones distin-
amado de Talía. tas de como fuese la figura del Don Juan,
Desde ahora en adelante, por haber pero he aquí, que en tí convergen todas
interpretado el Don Juan como muy con- las cualidades y todas las arrogancias
tados actores lo hayan ejecutado, en tus impregnadas de un lirismo ultraterreno,
cuarteles nobiliarios y sobre campos de de un lirismo que a otro auditorio menos
azur, fulgurarán las coronas de mirtos, aristocrát:co del que te contemplaba, le
las doradas liras, los pavos reales y los hubiese hecho arrancar exclamaciones
cisnes blancos y lunáticos... de admiración y de entusiasmo.
Cabalgarás en el Pegaso blanco de ¡El alma de la aristocracia andaluza
las quimeras y serás anunciado por los se manifiesta fría, como si fuese un blo-
heraldos de la Fama a los sones de los que de mármol de Pharos, y tú eres la
más fervorosos clarines, como no lo estatua hecha carne, vibrante de artísti-
fue hasta nuestros días príncipe alguno. ca pasión!
Zorrilla, ha debido besar tu serena
frente de apolonida y derramar sobre tu * *
cabeza románíica ¡oh divino loco! sus
Acaso un día, en las posibles convul-
más dulces lágrimas.
siones sociales, llegue a temblar en la
** * clepsidra del Tiempo la hora roja de las
grandes reivindicaciones; yo entonces
La sala del isabelino teatro de San
diría al Pueblo: «Respetad a ese Prínci-
Fernando, encontrábase asistida de una
pe, tirano y violento, el de las cetrerías
concurrencia aristocrática. Fulgían las
fastuosas, que tiene la altivez de Don
pulidas cabezas de las damas, las de los
Juan, pero que sabe amar, con todo el
admirables peinados, consteladas de dia-
fuego de su corazón, las claras regiones,
mantes, (aljófares entre el oro de las ru-
fíoridas de mirtos, por donde camina
bias, magas estrellas en Jos negros ca-
Taifa en su carro de tarsa...*
beJlos de las morenas); y los escotes
ofrecían la suavidad de los hombros de ISAAC DEL VANDO-VJLLAR.
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