Está en la página 1de 10

Guichard, J. (2016).

Intervenciones en el diseño de vida y trabajo para construir un mundo humano(e)


sostenible. En Studia Poradoznawcze/Journal of Counsellogy, vol. 5. ISSN 2299-4971.
Traducción para uso interno de la Cátedra de Orientación Vocacional y Ocupacional: Lic. Solana Davidzon y Lic.
Gabriel Jiménez Alviso.

Jean Guichard
Conservatoire National des Arts et Métiers, Paris – France
UNESCO Chair on Lifelong Guidance and Counseling, University of Wroclaw – Poland

Intervenciones en el diseño de vida y trabajo para construir un mundo humano(e)1 sostenible

Resumen

Desde sus comienzos, la mayoría de las "intervenciones de diseño de vida" (anteriormente


denominadas orientación vocacional, orientación profesional o educación para la carrera) desarrolladas
en el siglo XX, se han centrado en la facilitación del acceso a las funciones ocupacionales disponibles y,
especialmente, al empleo pago. Sin embargo, las graves crisis que afligen al mundo en la actualidad nos
obligan a indagar en qué medida las formas actuales de organización del trabajo, así como de
organización del intercambio de productos del trabajo, han colaborado para su desencadenamiento.
Estas formas de organización son muy eficaces, pero tienen consecuencias negativas tanto para el
planeta (contaminación, agotamiento de los recursos naturales, etc.) como para la autoconstrucción y la
salud de un número significativo de trabajadores (agotamiento, estrés, sentimiento de inutilidad,
burnout, enfermedades laborales, depresión, suicidio, etc.). Pero el trabajo como tal es mucho más que el
trabajo remunerado. Muchas actividades de trabajo se intercambian de formas distintas a las monetarias
(por ejemplo, trabajo doméstico). El trabajo tiene de hecho una función psicológica de la praxis: las
personas buscan satisfacer su necesidad de logro mediante la participación en la producción de bienes y
servicios. Este deseo de logro y auto-realización a través del trabajo hace posible desarrollar
intervenciones de diseño de vida que aborden la cuestión de construir un mundo humano (Ver nota las
pie 1) sostenible. Dichas intervenciones se diseñarían en torno a la reflexión de los orientantes respecto
a que su inclusión en el mundo actual del trabajo sería secundaria a la preocupación primordial de su
contribución como individuo, a partir de sus actividades de trabajo humano y decente, al desarrollo de
una buena vida, con y para otros, en instituciones justas, para asegurar la sustentabilidad de una vida
humana genuina en la tierra.

Palabras Claves: Construcción del yo, trabajo decente, intención ética, imperativo de responsabilidad,
intervenciones de diseño de vida, desarrollo sostenible, organización del trabajo

1
N.T. El autor escribe “Human(e)”, que remite a dos acepciones de la palabra Humano:
1. Human = Persona, nos diferencia respecto de los demás animales
2. Humane= Adjetivo que muestra los mejores atributos de los seres humanos, tales como la misericordia, la
benevolencia, la simpatía.
Introducción

En los países ricos, las intervenciones específicas para ayudar a las personas a diseñar su vida
profesional comenzaron a ser implementadas sobre finales siglo XIX por un nuevo cuerpo de
profesionales que se formó con ese propósito. Desde entonces, las intervenciones se han desarrollado
considerablemente. Primero llamadas de "orientación vocacional", han sido reestructuradas y
renombradas como "intervenciones de desarrollo de carrera", "educación para la carrera", "orientación
profesional", y sobre finales del siglo XX, "intervenciones de diseño de vida", dado que el trabajo y las
sociedades se han ido transformando y han cambiado los paradigmas en el estudio de la identidad
subjetiva humana. Durante estas intervenciones, como señala Alicja Kargulowa (2016, p.19), los
orientadores y orientantes actúan como "individuos reflexivos integrados en las realidades culturales,
sociales, políticas y económicas [que] crean "proyectos de ser-en-el- mundo.'"

Cualquiera sea su nombre, las intervenciones se basan en la misma noción de que el trabajo es
fundamental para la vida de la mayoría de las personas. De hecho, el trabajo desempeña un papel central
en las transformaciones del mundo, en los cambios de la humanidad en general y en la construcción de
las subjetividades individuales. Pero desde hace ya algunas décadas, el trabajo (o al menos ciertos tipos
de actividades de trabajo que parecen cada vez más comunes) ha atraído una sostenida atención como
objeto de duda y preocupación, por los efectos que produce en quienes trabajan y sobre el mundo que
contribuye a crear. Por otra parte, el mundo contemporáneo experimenta crisis muy graves, como el
escalonamiento del crecimiento demográfico, el calentamiento global, el agotamiento de los recursos
naturales, el aumento de la contaminación, la extinción de múltiples especies naturales, etc. (para una
revisión, véase Guichard, 2016). En este contexto, surge una importante pregunta: ¿Qué tipo de
actividades de trabajo deben estar en el corazón de las intervenciones de diseño de vida para ayudar a las
personas, en primer lugar, a afrontar estas crisis y, en segundo lugar, a construirse a sí mismos y a
nuestro mundo a la vez, en conformidad con los principios fundamentales de la ética universal?
Para dar algunas respuestas a esta pregunta fundamental, este argumento se desarrolla en tres
partes. En la primera parte, se discuten dos conceptos que ofrecen una perspectiva crítica sobre el
trabajo: los de trabajo decente y de trabajo humano [humane]. En la segunda parte, se examina la
literatura sobre el trabajo para distinguir las dimensiones pertinentes para pensar sobre el tipo de
actividad laboral que debería estar en el centro de las intervenciones de diseño de la vida. En la tercera
parte, basándonos en Hans Jonas y Paul Ricoeur, se propone un principio ético general que apuntale la
definición de actividades de trabajo que satisfagan todos los desafíos enumerados anteriormente y que
puedan ayudar a desarrollar, de manera correspondiente, preguntas y reflexiones en intervenciones de
diseño de vida.

1. Dos conceptos para un escrutinio crítico del trabajo: Trabajo decente y trabajo humano[humane]

A principios del siglo XX, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) propuso un
concepto de trabajo decente. Según la OIT (2001, 2008), el trabajo decente se refiere a las oportunidades
de trabajo productivo y que proporciona ingresos justos, seguridad en el lugar de trabajo y protección
social para las familias, mejores perspectivas de desarrollo personal e integración social, libertad a las
personas para expresar sus preocupaciones, organizar y participar en las decisiones que afectan sus
vidas, así como la igualdad de oportunidades y de trato para todas las mujeres y los hombres. Para la
OIT, el concepto de trabajo decente tiene un objetivo estratégico, que consiste en definir criterios claros
para la eliminación de las condiciones laborales perjudiciales para la salud y el desarrollo personal de las
personas que trabajan en tales deplorables lugares, de sus familiares y vecinos y, de manera más general,
de las comunidades en las que estas personas interactúan.
En el mundo actual, esta agenda política es fundamental. Pero puede ser considerada
insuficiente por aquellos que exploran los factores a ser ponderados por las personas mientras diseñan su
vida laboral. Las consideraciones de la OIT sobre el trabajo decente parecen centrarse principalmente en
los costos de intercambio de los productos del trabajo. En este modelo, el trabajo decente significa
fundamentalmente un ingreso justo, la seguridad en el lugar de trabajo, la protección social para las
familias y la igualdad de trato entre hombres y mujeres. Uno de los correlatos de esta definición es
obvio: los costos de producción en entornos de trabajo decente son más altos que los costos de
producción en condiciones de trabajo indecentes, cuya eliminación parece un prerrequisito para
desarrollar una regulación global para el establecimiento de una saludable competencia empresarial. Por
lo tanto, el concepto de trabajo decente de la OIT también puede entenderse como resultado de un
compromiso alcanzado por los socios de una organización internacional tripartita (representantes de
gobiernos, de sindicatos de trabajadores y organizaciones de empleadores) cuya prioridad es la
regulación del comercio internacional actual.
Durante décadas, una preocupación similar a la de "trabajo decente" ha informado estudios de
psicólogos y sociólogos del trabajo, psicólogos vocacionales, ergónomos y algunos psicoanalistas. Sin
embargo, estos investigadores han considerado el trabajo desde perspectivas distintas al punto de vista
de la OIT. Su posición está encapsulada en el título de un libro publicado en 1950 por el sociólogo
Georges Friedmann: Où va le travail humain?, que se traduce aproximadamente como "¿A dónde se está
dirigiendo el trabajo humano [humane]?". Le Travail Humain (el trabajo humano(e)) es también el
nombre de la principal revista francófona de psicología del trabajo fundada en 1933 .
En este cuerpo de investigación, en lugar de "trabajo decente", el concepto central ha sido, y
sigue siendo, el de "trabajo humano [humane]": trabajo humano [humane] en oposición de trabajar en
condiciones inhumanas. Una de las preocupaciones compartidas por estos investigadores es, de hecho,
qué efectos tienen los diversos tipos de organización del trabajo en los trabajadores: ¿Algunos de ellos
fomentan la autorrealización de los trabajadores (por ejemplo: al permitirles utilizar y desarrollar sus
competencias) mientras que otros los deshumanizan como seres humanos, reduciéndolos, por ejemplo, a
una condición cuasi-animal? ¿Qué representaciones del mundo, de otras personas, y de sí mismos,
construyen los trabajadores cuando se comprometen en una determinada forma de organización del
trabajo? ¿Cómo hacen frente a las demandas producidas por su situación de trabajo? ¿Desarrollan
mecanismos de defensa? Etc. Tales cuestiones de las condiciones de organización del trabajo humano
[humane] abren una perspectiva crítica acerca del trabajo, que complementa el punto de vista de la OIT,
en el que las relaciones entre los marcos organizacionales de trabajo y la construcción de aspectos
individuales se quedan sin examinar.
Estos dos puntos de vista críticos sobre el trabajo ponen de relieve algunas características
principales de esta actividad humana. Pero en el contexto de la crisis global que afecta hoy en día a la
humanidad, parece importante ir más allá de estas consideraciones y examinar con más detalle que es lo
que caracteriza al trabajo fundamentalmente. Éste es, precisamente, el propósito del siguiente argumento
que busca identificar las características fundamentales del trabajo sobre las que basar posibles
definiciones de trabajo que contribuyan a resolver estas crisis y desarrollar un mundo humano [humane]
mediante el trabajo humano [humane].

2. Principales características seleccionadas del trabajo

Sobre la base de la impresionante literatura académica sobre el trabajo (producida en historia,


sociología, psicología, economía, ciencias políticas, ciencias de la gestión, etc.; con los siguientes
estudios que representan las contribuciones francesas recientes: Clot, 1999, Dejours, 2009, Dubar, 1998;
Lallement, 2007, Linhart, 2015, Méda, 2007, Méda & Vendramin, 2013, Rolo, 2015, etc.), se puede
proponer la siguiente definición sintética: El trabajo es una actividad que cada ser humano debe realizar
para producir algo (Bienes, servicios, etc.) que (1) es necesaria para satisfacer directa o indirectamente
una o más necesidades humanas ("necesidades", como define ampliamente Abraham Maslow [1954] e
incluye el deseo de desarrollo personal y autorrealización); y (2) es intercambiable por otros "productos"
de la misma naturaleza, desarrollados en condiciones similares. La actividad laboral - a la que los seres
humanos se comprometen notablemente para satisfacer su deseo de realización personal - desencadena
el desarrollo de técnicas de producción, de organizaciones de trabajo y de sistemas de intercambio de
trabajo y sus productos, todos los cuales transforman profundamente al mundo y los seres humanos.
En el trabajo, la producción y el intercambio están intrínsecamente interconectados. Debido a
que el sistema monetario de intercambio de trabajo por dinero y dinero por los productos del trabajo ha
sido tan predominante, tendemos a equiparar el "trabajo" con el "trabajo remunerado". Aunque parece
obvia, esta es una actitud errónea. El atributo de "proporcionar un ingreso monetario" es, de hecho, un
importante atributo cuando formamos la categoría de trabajo en nuestras mentes. Por lo tanto, "trabajo
remunerado" es, para nosotros, un ejemplo prototípico de la categoría "trabajo". Pero esto no significa
que todo el intercambio de trabajo suceda necesariamente sobre una base monetaria. Este intercambio
puede ser informal, como es el caso de las personas que se ocupan de las tareas del hogar, que cuidan de
la educación de sus hijos y de sus hogares sin ser oficialmente "pagados" por hacerlo. El trabajo también
puede ser intercambiado sólo por reconocimiento, como es el caso de los creadores de obras de arte que,
aunque percibidas como tales en sus comunidades, no encuentran compradores. El trabajo puede ser
parte de intercambios recíprocos de regalos en las sociedades tradicionales. Esto no es más que un
puñado de ejemplos. El trabajo, así, se refiere a empleo, artesanía, auto-emprendimiento, sistemas
locales de intercambio/comercio, actividades domésticas, etc.
El intercambio de productos de trabajo no es extrínseco a la producción ni posterior a ella. Por
el contrario, la forma de intercambio juega un papel decisivo en la producción. Es parte de los bienes y
servicios producidos. Si bien ciertos bienes y servicios pueden intercambiarse en un determinado tipo de
intercambio, también ocurre lo contrario: una forma específica de intercambio (por ejemplo, el
intercambio monetario dentro del capitalismo financiero globalizado) implica producir tales y no otros
bienes y servicios.
Como ya se ha dicho, en las sociedades industrializadas de hoy en día, el sistema monetario de
intercambio de trabajo y sus productos es dominante. Una propiedad distinta del dinero, que no es más
que un trabajo objetivado, es que es acumulable. La acumulación de dinero ha llevado a cambios
considerables en la organización del trabajo, al surgimiento de industrias gigantescas y, recientemente,
en conexión con el desarrollo de nuevas herramientas de comunicación, a la globalización de muchos
intercambios. Además, la misma acumulación ha engendrado la búsqueda de beneficios y la
maximización del capitalismo financiero, que ha afectado poderosamente (y continúa afectando) la
organización del trabajo, así como el intercambio de trabajo y sus productos.
Para producir bienes y servicios que satisfagan diversas necesidades humanas, la actividad
laboral genera también herramientas, técnicas de producción y organizaciones de trabajo para potenciar
los procesos de trabajo. Las técnicas de producción y las formas de organización del trabajo se
transforman gradualmente a través de descubrimientos tecnológicos y organizativos que aumentan la
eficiencia del proceso de producción. Las tecnologías y las formas de organización del trabajo están
estrechamente relacionadas. Por lo general, los avances tecnológicos -relacionados con la preocupación
por la productividad y el retorno de la inversión- permiten diseñar nuevos tipos de organización del
trabajo (por ejemplo, Internet ha hecho posible el teletrabajo).
En las sociedades occidentales contemporáneas, coexisten diversos tipos de organización del
trabajo. Por ejemplo, todavía existen industrias (por ejemplo, corte de piedras) que corresponden a una
forma tradicional de organización del trabajo, aunque utilizan nuevas tecnologías ahora. Sin embargo, en
nuestras sociedades, las formas más comunes de actividad laboral son los trabajos de línea de
producción (de tipo Henry-Ford o U-line-Toyota) y las funciones profesionales en redes de trabajo de
diversos grados de efemeridad que deben lograr colectivamente un objetivo de producción, donde la
función de cada trabajador de la red es específica y relacionada con la de los otros.
Las formas de organización del trabajo determinan, por un lado, las actividades de los
trabajadores y, por otro lado, modos específicos de relación entre ellos. Estas relaciones abarcan, en
proporciones diferentes según las organizaciones, la cooperación, la competencia, la dominación, el
reconocimiento, etc. Junto con la propia actividad laboral, estas relaciones tienen un impacto importante
en la auto-construcción de los trabajadores: pueden desarrollar nuevas habilidades, nuevos intereses,
autoestima, fuertes identidades profesionales, valores solidarios, etc.
Sin embargo, las actividades de trabajo y las relaciones que ellas implican no siempre ejercen
un impacto positivo en la auto-construcción del trabajador. Algunos modos de organización del trabajo,
que buscan predominantemente un aumento significativo de la productividad, tienen un efecto negativo
en el desarrollo personal de los implicados: afectan profundamente su auto-construcción disminuyendo
su autoestima, generando un sentimiento de estancamiento, etc. Son bien conocidas las huelgas
ocasionadas por la aplicación de la organización científica del trabajo de Henry Ford. Los obreros ya no
ejercían sus oficios; cada uno de ellos se convirtió en un operador que repitió sin cesar una serie de
simples gestos correspondientes a una estación de trabajo. Se puso en peligro la cooperación entre los
trabajadores y el reconocimiento del valor personal de cada uno, basado en la calidad de los productos
de su trabajo. Hoy, algunas formas de organización del trabajo parecen tener efectos psicológicos
perjudiciales. Son observables, por ejemplo, en ciertos equipos de trabajo cuyo principio organizativo es
la máxima flexibilidad. Estos equipos están formados por personas intercambiables y carecen de rutinas
de trabajo, mientras que la carga cognitiva y el temor a un trabajo insuficiente (y probablemente el
riesgo real de errores) aumentan considerablemente. Como resultado, los trabajadores tienden a
desarrollar una sensación de no estar haciendo bien su trabajo.
Además, muchas formas actuales de organización del trabajo se basan en la idea de que se
requiere un aumento de la productividad individual para mejorar la eficiencia del proceso de producción:
cada trabajador/a es responsable de su contribución individual a los resultados del trabajo colectivo. En
tal escenario, todos vienen a ser vistos por todos los demás -y considerarse a sí mismos- como
potenciales obstáculos en el logro de objetivos de producción. En consecuencia, el equilibrio entre la
cooperación y la competencia, que generalmente caracteriza la actividad laboral, se interrumpe, ya que
sólo la competencia importa. Muchos trabajadores están acosados por el miedo y la ansiedad. Temerosos
de fracasar en el trabajo como es esperable, no se atreven a divulgar sus dificultades a sus colegas, que
ahora son, más o menos explícitamente, los jueces de su trabajo. Como resultado, invierten en exceso en
la actividad laboral y se agotan físicamente y/o psicológicamente. Así, aumentan notablemente la
probabilidad de agotamiento y, a veces, suicidio u otras formas de violencia en el lugar de trabajo.
Hoy en día, una serie de funciones de trabajo son físicamente y/o psicológicamente peligrosas
para aquellos que las realizan. Se pueden distinguir tres tipos principales de tales funciones que podrían
ser etiquetados como, respectivamente, "trabajos desagradables", "trabajos de porquería" y "empleos
perjudiciales". Una característica fundamental de los "trabajos desagradables" es que, aunque llegan a
cubrir las necesidades humanas básicas, demandan de manera extrema a las personas que realizan dichos
trabajos, exponiéndolos a esfuerzos físicos, suciedad, riesgos de accidentes, enfermedades laborales, etc.
Esta categoría incluye, por ejemplo, trabajos de desmonte, recogida de residuos, trabajo en mataderos,
minería, labores de cosechado de frutas y hortalizas de temporada, etc. Estos "trabajos desagradables"
suelen ser realizados por personas que no pueden ganar sus medios de vida de otra manera. Así, en el
pasado, se obligaba a los presos a construir carreteras y a trabajar en canteras. Desde principios del siglo
XX, en las economías ricas, los "trabajos desagradables" son típicamente realizados por nuevos
inmigrantes. Muchos de estos puestos de trabajo han sido reubicados en países del Tercer Mundo con
menores costos de producción y leyes laborales primitivas.
Aunque son dolorosos, sucios, cansadores o emocionalmente agotadores para los trabajadores,
los "trabajos desagradables" ofrecen a veces un sentido de orgullo a las personas que, en su mayor parte,
se ven obligadas a aceptarlas. Ellos pueden enorgullecerse de prestar valiosos servicios a la comunidad
en condiciones muy difíciles. El sentimiento de orgullo se manifiesta a menudo en la toma de riesgos
colectivos, como si los trabajadores quisieran mostrar enfáticamente que sólo algunos colectivos de
personas excepcionales son capaces de hacer esas tareas. Una foto famosa de once trabajadores que
almuerzan con los pies en el aire, en una viga metálica que domina toda Manhattan, es una ilustración
perfecta de tal riesgo: un símbolo de la actividad de los inmigrantes (irlandeses) durante la Gran
Depresión de los años 30, fue publicado como un documento de promoción para el Rockefeller Center.
Otro tipo de puestos de trabajo que ponen en peligro a los que los realizan fue denominado
"trabajos de porquería" (Bullshit Jobs) por David Graeber (2013). Su principal característica es que
consisten en un conjunto de tareas que la mayoría de las personas que las hacen evidentemente perciben
como irrelevantes para el bien común y el desarrollo humano. Estos trabajos son actividades terciarias, a
menudo en la dirección general de grandes empresas, administraciones y organizaciones. Involucran
también a los lobistas2, a los teleoperadores, a los oficiales de comunicaciones, a los redactores de
diversos textos, a los consejeros de todas las clases y a muchas otras funciones del trabajo que son
incluso difíciles de nombrar. Estos empleos, que han proliferado enormemente en las últimas décadas en
las economías ricas, poco a poco hacen que quienes los realizan se sientan socialmente inútiles,
derrumbándolos en una depresión latente.
Además, en las mismas economías existe un tercer tipo de funciones ocupacionales (algunas de
las cuales se tercerizan y subcontratan a empresas en economías emergentes) cuyos efectos perjudiciales
son más graves y más insidiosos. Se trata de actividades de trabajo -en general, correspondientes a
empleos remunerados o subcontratados- que, lejos de atender a la satisfacción de las necesidades
humanas, están explícitamente destinadas a explotar y/o perjudicar al ser humano, característica que
difícilmente puede ser ignorada por quienes las realizan (en general, porque no han encontrado una
alternativa para su vida). Dichos empleos están bien ejemplificados en ciertas posiciones en las
organizaciones de crédito, en las que los empleados eran alentados por sus superiores (generalmente
subcontratistas de organizaciones financieras reconocidas) a proporcionar préstamos hipotecarios a los
consumidores, aunque los empleados se dieran cuenta en primer lugar, que los deudores no podrían
pagar sus préstamos y, en segundo lugar, que ya se habían creado los planes para apoderarse de la
propiedad de los deudores a precios baratos. Hoy en día, un número cada vez mayor de solicitudes de
ventas se asemeja a tales transacciones: por ejemplo, dirigidas a los ancianos o a personas que no
comprenden bien las implicaciones del contrato que firman, estas solicitudes se basan, en muchos casos,
en la falsedad de los empleados (capacitados con esos propósitos, por ejemplo, para presentarse como
ofreciendo asistencia voluntaria) (Rolo, 2015). Otros ejemplos de esas actividades de trabajo podrían
encontrarse en las industrias que diseñan y fabrican armas (minas antipersonas, gases tóxicos, etc.)
prohibidas por los tratados internacionales como enormemente destructivas para las poblaciones civiles.
Los individuos que realizan tales actividades son generalmente conscientes de que violan ciertos
principios éticos universales, como el mandato de no robar o no causar la muerte de personas inocentes.
Las consecuencias a mediano plazo bien documentadas de tales trabajos sobre la salud de esos
trabajadores incluyen variados trastornos psicosomáticos (por ejemplo, eccema crónico grave), trastorno
de identidad disociativo, diversos tipos de adicciones, etc.
2
Un cabildero o “lobbyist” es una persona que trata de influenciar las decisiones de funcionarios electos para asegurarse que
las leyes favorezcan o no perjudiquen a una industria, organización o público en general. En EEUU, el cabildero es una
profesión poco comprendida por el pueblo y lleva un estigma negativo debido al gran número que hay y a los grandes
presupuestos con los que cuentan para lograr sus iniciativas
El trabajo juega así un papel importante en la construcción del yo de los trabajadores y afecta
su salud positivamente o negativamente. Por lo tanto, podría argumentarse que los trabajadores se
construyen "como tales", es decir, como "tales trabajadores específicos y seres humanos",
principalmente debido a sus actividades de trabajo. Obviamente, el trabajo también afecta a sus familias
y a las comunidades en las que viven, sobre todo por sus productos, por los ingresos que proporciona,
por la contaminación y otros daños ambientales que provoca, por las actividades colectivas y/o acciones
que despierta, etc. De un modo más general, podemos decir que el mundo en que vivimos es producto
del trabajo de los que nos han precedido, combinado con nuestra modesta contribución.
Estas consideraciones podrían resumirse sucintamente en dos palabras: "Homo faber" [el
hombre que hace o fabrica/el hombre que sabe]. Al forjar esta expresión, el filósofo Henri Bergson
(1907) quiso enfatizar que, cuando los seres humanos fabrican las cosas, también fabrican su mundo y a
ellos mismos. Bergson consideró el desarrollo tecnológico como profundamente transformador de la
humanidad: hubo una edad de piedra seguida por una edad de hierro, una edad de la rueda, etc.
Correlativamente, estas transformaciones del mundo humano han continuado re-haciendo a la
humanidad generando nuevas formas de pensar, ser y actuar. Pero, como hemos visto, los psicólogos del
trabajo, por su parte, han puesto un mayor énfasis en la actividad de trabajo como siendo - por sí mismo
- un factor consecuente en la auto-construcción. Al mismo tiempo, la actividad laboral puede ser
perjudicial para el bienestar físico o la salud mental de los trabajadores.

3. Principio ético para una perspectiva crítica sobre las intervenciones en el diseño del trabajo
y la vida para el desarrollo sostenible

Como "Homines fabri", vivimos en un mundo de objetos, bienes, servicios, etc., es decir, en un
mundo producido por la obra de nuestros padres, más el nuestro. Al mismo tiempo, como ya se ha
mencionado, nuestro mundo enfrenta graves crisis, como la contaminación, el calentamiento global y el
agotamiento de varios recursos naturales. Estas crisis son igualmente producto del trabajo y de sus
formas de intercambio predominantes. Tales crisis, por lo tanto, ponen en duda el principio fundador del
actual sistema de intercambio dominante del trabajo y sus productos, principio que se resume
generalmente en el concepto de Adam Smith de la "mano invisible" (1776). La acuñación se refiere a la
idea de que los esfuerzos de los individuos para perseguir sus propios intereses pueden beneficiar al bien
común más que si sus acciones estuvieran destinadas directamente a promover el bien común. Hoy en
día, esta "mano invisible" es, a la inversa, percibida como la causa principal de las actuales crisis
mundiales más importantes. A saber, trabajando para avanzar sobre sus propios intereses solamente, las
personas tienden a destruir el único planeta que tiene.
Dadas estas complejas y exigentes circunstancias, es crucial que las personas que diseñan sus
vidas desarrollen una reflexión sobre el trabajo y sus consecuencias individuales y colectivas para evitar
que la "mano invisible" lleve finalmente a la humanidad donde parece dirigirla hoy. Pero ¿en qué
principio debe basarse esa reflexión? Ninguno de los dos puntos de vista críticos presentados en los
párrafos anteriores parece lo suficientemente amplio como para abarcar todos los aspectos del trabajo
descritos anteriormente. El concepto de "trabajo decente" interroga al trabajo principalmente en términos
de competencia económica justa. El concepto de "trabajo humano(e)" lo interroga en términos de sus
posibles efectos nocivos sobre la auto-construcción y la salud. Ciertamente, estos dos aspectos son muy
importantes. Pero ahora el trabajo debe ser examinado en relación a cuestiones mucho más amplias, en
relación a cómo afecta al planeta y a qué tipo de seres humanos y qué mundo contribuye a construir.
Parece que el principio de dicha reflexión sobre el trabajo puede articularse en las propuestas
fundamentales presentadas por dos importantes pensadores del siglo XX sobre la ética: Hans Jonas y
Paul Ricoeur. Hans Jonas (1979) definió un "imperativo de responsabilidad" con el fin de constituir una
"ética para la era tecnológica". Este imperativo es el siguiente: "Actúa para que los efectos de tu acción
sean compatibles con la permanencia de una vida humana genuina” en la Tierra. Por su parte, Paul
Ricoeur (1990) afirmó que la ética apunta a "una buena vida, con y para otros en instituciones justas". Si
combinamos estos dos principios éticos básicos, llegamos a una norma para evaluar cualquier actividad
de trabajo, sus productos y los intercambios a que dan lugar: ¿Esta actividad laboral, sus productos y su
intercambio promueven u obstaculizan el desarrollo de una "buena vida, con y para otros, en
instituciones justas, para asegurar la sustentabilidad de una auténtica vida humana" en la Tierra?".
Esta norma ayuda a plantear una serie de preguntas más específicas, tales como: ¿Qué bienes o
servicios comercializables deben producirse como una prioridad para cumplir con los requisitos de esta
norma? ¿Cuál es el valor de un determinado trabajo y de sus productos en lo que respecta, primero, a la
construcción de la subjetividad del trabajador que la realiza; en segundo lugar, al impacto de este
producto tiene en otros; y, en tercer lugar, al desarrollo humano (sostenible) en general? ¿Qué tipo de
organización del trabajo facilita la producción de tales bienes o servicios? ¿Algunas de estas formas de
organización cumplen mejor los imperativos de una ética del trabajo humano(e) que otras formas? ¿En
qué sistemas comerciales se pueden intercambiar estos bienes o servicios? ¿Algunos de estos sistemas
cumplen mejor los imperativos de una ética del trabajo humano(e) que otros sistemas? En cuanto a la
retribución monetaria, ¿es justa o priva al trabajador (si la remuneración del trabajador es demasiado
baja) u otros (si es demasiado alta), directa o indirectamente, de parte de los ingresos de su trabajo?
Muchas otras preguntas similares podrían hacerse.
Dichos cuestionamientos podrían formar el núcleo y el eje de varias intervenciones de diseño
de la vida, destinadas en última instancia, a ayudar a las personas a encontrar sus propias respuestas a las
preguntas derivadas de las anteriores. Durante estas intervenciones, los orientadores podrían, por
ejemplo, preguntar a los orientantes: "¿Qué bienes o servicios intercambiables que satisfacen las
necesidades humanas, le gustaría producir a través de su actividad laboral? ¿Con qué actividades de
trabajo (= actividades que producen bienes o servicios intercambiables que satisfacen las necesidades
humanas) le gustaría comprometerse? ¿En qué tipo de organización del trabajo se pueden producir estos
bienes o servicios? ¿Existen otros tipos alternativos de organización del trabajo? ¿Cuáles son los efectos
conocidos o potenciales de cada una de estas formas de organización del trabajo sobre quienes están
involucrados en ellas? ¿Y en los cercanos? ¿y en las comunidades en las que están insertos? ¿Sobre el
desarrollo general de la humanidad? ¿Y en el mundo? ¿En qué sistemas de intercambio pueden
adaptarse los bienes o servicios producidos?" Etc.

Conclusiones

Desde su inicio, la mayoría de las intervenciones de orientación vocacional, orientación


profesional y/o educación para la carrera diseñadas en el siglo XX se centraron en el acceso a las
funciones ocupacionales disponibles y, especialmente, al empleo remunerado. Estas intervenciones
fueron diseñadas para preparar a los orientantes a convertirse en candidatos ideales para la selección
ocupacional que los incluyera en el mundo del trabajo, un mundo en el que las preocupaciones de las
actividades de trabajo decentes y humanas y de un desarrollo humano sostenible no eran para nada una
prioridad.
Las severas crisis que afligen a nuestro mundo hoy cuestionan la complicidad de las actividades
laborales en su génesis. Como se ha señalado, el trabajo es una actividad que los seres humanos tienen
que realizar para producir bienes, servicios, etc., que satisfagan las necesidades humanas y sean
intercambiables por otros "productos" del mismo tipo. Las formas de organización de la producción y
los sistemas de intercambio de trabajo están estrechamente entrelazados. La forma de intercambio
monetario, que prevalece en el mundo de hoy, ha estimulado el desarrollo de formas de organización de
producción y sistemas de intercambio muy eficientes. Sin embargo, aunque eficaces en muchos sentidos,
tienen ramificaciones particularmente negativas tanto para nuestro planeta (contaminación, agotamiento
de los recursos naturales, etc.) como para la auto-construcción y la salud de una multitud de trabajadores
(agotamiento, estrés, reducción de la autoestima, Burnout, enfermedades laborales, depresión, suicidio,
etc.).
Si se observan tales efectos perjudiciales de las actividades de trabajo sobre la subjetividad y la
salud de los trabajadores, es porque muchas formas contemporáneas de organización e intercambio del
trabajo han abolido una función psicológica importante del trabajo que podríamos llamar praxis. De
hecho, si aplicamos la distinción praxis-poiesis hecha por los antiguos griegos, notablemente por
Aristóteles, se hace evidente que el trabajo no es simplemente reducible a poiesis. No podemos
considerar el trabajo como una actividad dirigida únicamente a producir bienes o servicios. Ciertamente,
trabajar es poiesis, pero también es, enfáticamente, praxis: una actividad productiva conocida por los
trabajadores como propensos a ofrecerles una oportunidad única de construirse y transformarse; en otras
palabras, una actividad a la que legítimamente desean comprometerse para realizar su potencial y
obtener reconocimiento (como alguien competente, por ejemplo) a través de sus logros laborales. Pero,
como ilustran vívidamente la película Tiempos Modernos de Charlie Chaplin, muchas formas
contemporáneas de organización del trabajo simplemente ignoran estas altas expectativas de
autorrealización que son intrínsecas al trabajo. El trabajo se considera sólo en términos del valor de
intercambio de los bienes que produce mientras se niega su función esencial en la construcción de las
subjetividades individuales y del mundo humano(e). Sin embargo, al referirse a estas características
principales del trabajo, se puede diseñar una intervención de diseño de vida (asesoramiento o
educación), basada en la idea de que ciertos tipos de actividades de trabajo producen bienes y servicios
que contribuyen al desarrollo de una "buena vida, con y para otros, en instituciones justas, para asegurar
la sostenibilidad de una auténtica vida humana en la Tierra". Esto implica que estas intervenciones
tienen como objetivo promover el desarrollo de nuevas formas de organización, distribución e
intercambio de trabajo (y de sus diversos productos).
Tales intervenciones de diseño de vida se concentrarían en las reflexiones de los orientantes no
sobre su inclusión en el mundo del trabajo tal como es, sino más bien en su contribución a transformarlo
por su trabajo humano(e) decente. De esta manera, las intervenciones de diseño de vida deberían incluir
la tarea de transformar nuestro mundo expresada en el título de la Agenda para el Desarrollo Sostenible
de las Naciones Unidas para el 2030 aprobada por unanimidad el 25 de septiembre de 2015. Al hacerlo,
seguirían el principio que Jacobus G. Maree formuló en la conclusión de su libro de 2013 sobre
orientación: "Ninguno de nosotros se define por nuestras circunstancias ¡Muy por el contrario! Debemos
esforzarnos activamente por superar las barreras, dominar lo que hemos sufrido o estamos sufriendo y
eventualmente convertir nuestra condición en victoria" (Maree, 2013, p.116).

Referencias

Bergson, H. (1907). L’évolution créatrice [Creative evolution]. Paris: Felix Alcan.

Clot, Y. (1999). La fonction psychologique du travail [The psychological function of work]. Paris: PUF.

Dejours, C. (2009). Travail vivant. 1. Sexualité et travail. 2. Travail et émancipation [Working. Sexuality and work.
2. Work and emancipation]. (2 vols.). Paris: Payot.

Dubar, C. (1998). La socialisation. Construction des identités sociales et professionnelles (2eme edition revue)
[Socialization: The construction of social and professional identities, 2nd edition]. Paris: Armand Colin.

Friedmann, G. (1950). Ou va le travail humain? [Where is human(e) working heading ?]. Paris: Gallimard.
Graeber, D. (2013). On the phenomenon of bullshit jobs. Strike! Magazine. http://strikemag.org/bullshit-jobs/
(Retrieved 2 August, 2016).

Guichard, J. (2016). Career guidance, education, and dialogues for a fair and sustainable human development. In J.
Guichard, V. Drabik-Podgorna, & M. Podgorny (Eds.), Counselling and dialogues for sustainable human
development (pp. 17-43). Toruń, PL: Wyd. Adam Marszałek.

ILO (International Labour Organization) (2001). Reducing the decent work deficit: A global challenge. International
conference 89th session 2001 (Report to the Director General). Geneva: International Labour Organization.

ILO (International Labour Organization) (2008). ILO Declaration on social justice for a fair globalization adopted
by the International Labour Conference at its Ninety-seventh Session, Geneva, 10 June 2008. Geneva: International
Labour Organization.

Jonas, H. (1979). Das Prinzip Verandvwortung. Versuch einer Ethik für die technologische Zivilisation [The
imperative of responsibility: In search of an ethics for the technological age]. Frankfurt, GE: Insel.

Kargulowa, A. (2016). Discourses of counsellogy: Toward an anthropology of counselling. Krakow, PL:


Towarzystwo Naukowe – Societas Vistulana.

Lallement, M. (2007). Le travail. Une sociologie contemporaine [A contemporary sociology approach to work].
Paris: Gallimard (Folio essais).

Linhart, D., (2015). La comédie humaine du travail: De la déshumanisation taylorienne a la sur-humanisation


managériale [The human comedy of work: From Taylor’s dehumanization to managerial over-humanization].
Toulouse, FR: Editions Eres.

Maree, J. G. (2013). Counselling for career building: Connecting life themes to construct life portraits. Turning pain
into hope. Rotterdam, NL: Sense Publishers.

Maslow, A. (1954). Motivation and personality. New York: Harper.

Meda, D. (2007). Le travail [Work]. Paris: PUF (Que sais-je?).

Meda, D., & Vendramin, P. (2013). Réinventer le travail [Reinventing work]. Paris: PUF.

Ricoeur, P. (1990). Soi-meme comme un autre [Oneself as another]. Paris: Editions du Seuil.

Rolo, D. (2015). Mentir au travail [Lying at work]. Paris: PUF.

Smith, A. (1776). An inquiry into the nature and causes of the wealth of nations (1st ed.). London:W. Strahan & T.
Cadell.