Está en la página 1de 16

Confesiones de un asesino de Eta y otros sobre Eta, El País, 2001 08 14

El ex etarra Kandido Azpiazu cuenta en su casa de Azkoitia, ante una


taza de café con pastas, por qué mató a quien, siendo un niño, le salvó
la vida

ERWIN KOCH

El periodista de Der Spiegel Erwin Koch buscó mucho tiempo sin resultado al ex etarra
Kandido Azpiazu. Al fin, contactó desde Alemania con la viuda de Ramón Baglietto,
quien le dio la dirección del asesino de su marido. Así fue como Koch logró hablar con
el etarra que en 1980 mató a tiros al hombre que un día le salvó la vida. EL PAÍS ofrece
un extracto de la entrevista.

El hombre mira sus manos, la derecha acaricia la izquierda, casi turbado; el hombre
calla. Bebemos en unas tacitas con bordes dorados sobre platitos de bordes dorados.
Es verano y de noche en el pueblo de Azkoitia, y el hombre, de 41 años, está sentado
debajo de la foto de boda de sus padres. El sudor aflora por su piel.

-Yo no soy un asesino.

-Pero usted ha matado.

-Porque tenía que hacerse -dice Kandido Azpiazu desde su sofá rojo- ¿Lo entiendes?
¿Nos llamamos de tú?

María Nieves Beristain y su marido, José Azpiazu, que era carpintero, pusieron a su
segundo hijo el nombre de Kandido. Y en la calle en la que comenzó a gatear vivía El
Pintor, un señor agradable. Su nombre era Ramón Baglietto.

¿Cómo te convertiste en asesino? -Yo no soy un asesino. Maté por necesidad


histórica

MÁS INFORMACIÓN
 El fiscal se querella contra los organizadores de los homenajes a los cuatro
etarras muertos
 El PP pide al PNV que no haga política en la lucha contra ETA y le diga a la
Ertzaintza '¡A por ellos!'
 Muere a los 69 años Segundo Marey, secuestrado por los GAL en 1983
 Foro:: Opine sobre este tema

-¿Le conocías?

-Sí -dice.

-¿Sabías lo que había hecho?

Baglietto estaba delante de su tienda. Era 21 de septiembre de 1962, un viernes.


Baglietto estaba aburrido. Vio cómo María Nieves, la mujer del carpintero Azpiazu,
cruzaba con sus dos hijos la avenida de Calvo Sotelo, que hoy se llama Xabier Munibe
kalea. El mayor, José Manuel, tenía dos años; el menor, Kandido, 11 meses y un día. A
uno lo llevaba la mujer de la mano; al otro, en sus brazos. Eran las cuatro de una tarde
clara y calurosa. Entonces al mayor se le fue la pelota que llevaba en las manos y fue
rodando hasta la carretera; el pequeño salió detrás. Y luego se oyó el estrépito de un
camión que se acercaba. María Nieves chilló, salió corriendo. Ramón Baglietto, que sin
motivo alguno se encontraba al borde de la calzada, le arrancó al pequeño Kandido de
los brazos, que todavía no sabía andar. La mujer siguió corriendo para salvar a su
primogénito, tropezó y cayó debajo del camión. Quedó sin vida junto a su hijo muerto,
José Manuel. Pero Kandido, abrazado por un desconocido, no llora. Baglietto se agacha
hacia María Nieves Beristain, de 30 años, que nunca había abandonado su pueblo de
Azkoitia, le aprieta en la mano un pequeño crucifijo que siempre llevaba consigo El
Pintor, prometido de María Pilar, la hija del viejo Elías, propietario de la única
gasolinera en la carretera que va hacia Elgóibar.

-No -dice el hombre-, yo no me acuerdo de mi madre.

-Pero ¿tú sabías que Ramón Baglietto te había salvado la vida?

-Mi padre nunca me lo contó.

Azpiazu añade:
-Padre se casó por segunda vez. Éramos una familia pobre normal, éramos muy
normales.

-¿Se hablaba de política?

-Raramente. Cuando se hablaba me hacían salir de la habitación.

-Tu padre ¿odiaba o quería al general Franco?

-Padre sólo conocía una frase: con la política no se sacia el hambre.

Kandido Azpiazu tenía casi siete años de edad cuando ETA mató por primera vez.

-De niño ¿te golpeó alguna vez un policía?

-No.

-¿Pegó alguna vez un policía a tu padre?

-No.

-¿Cómo te convertiste en asesino?

-Yo no soy un asesino.

-Has matado.

-Por necesidad histórica -el hombre agita sus grandes manos-, por responsabilidad
ante el pueblo vasco, que es magnífico, que tiene una magnífica cultura, que habla una
de las lenguas más antiguas de Europa, que nunca fue vencido por los romanos, ni por
los visigodos, ni por los árabes. Un pueblo muy distinto al de los españoles.

-Kandido, el País Vasco nunca fue independiente, nunca fue un Estado. Y el País Vasco
es bilingüe desde hace muchos siglos.

-Los vascos, estábamos aquí antes que nadie.


-Kandido, tan sólo una cuarta parte de las personas que viven en el País Vasco
dominan el vasco, sólo una décima parte lo utiliza.

-A mí me torturaron -dice Azpiazu- con descargas eléctricas; los españoles me


sujetaron la cabeza debajo del agua, casi hasta ahogarme; me introdujeron una bolsa
de plástico por la cara hasta casi estrangularme.

-¿Cuándo ocurrió eso?

-Después de mi detención.

-¿Qué fue lo más bonito de tu infancia?

- Todo era bonito. Era bonito mirar a mi padre mientras trabajaba. Él me hizo a mí
carpintero. Y era bonita esa sensación de ser vasco. Desde que tengo uso de razón he
luchado por la independencia de los vascos.

Kandido Azpiazu, que entretanto había cumplido 15 años, conocía la cólera de su


padre, que solo quería la tranquilidad y la madera, y, por ello, cuando el muchacho se
escabullía para las citas secretas con los abertzales siempre inventaba nuevas
mentiras.

-Uno siempre era consciente -dice Azpiazu- de que algún día haríamos lo que después
realmente hicimos. Era un largo proceso. Uno no se dice de repente: 'Hoy me
convierto en autor de atentados', ¿entiendes?, ¿entiendes? Uno madura hasta que...

Ahora se calla, se restriega la cara con la mano izquierda.

-Cómo era la lucha en aquel entonces?

-Yo colgaba la ikurriña, que estaba prohibida, en las farolas, escribía pintadas en los
muros, me arriesgaba a ir a la cárcel, alborotaba y gritaba contra el Estado español.

Luego, con 16 años, Kandido quiso entrar en la organización. Quiso hacerse un gudari.

-Fue la voluntad del pueblo la que me llevó hasta ETA.


-¿Aprendiste a disparar?

El hombre sonríe, se pone tenso, se desliza en el sofá.

-Pregunta otra cosa.

-¿Visitas con frecuencia el cementerio?

-Sí.

-¿La tumba de tu madre?

-Sí.

-¿También la de Baglietto?

Al terminar la escuela, Kandido Azpiazu trabajaba en una pequeña tienda de maderas


en Azpeitia; en el taller de su padre no había trabajo para un segundo carpintero.
Franco estaba muerto y había pasado a la historia. El nuevo Gobierno soltó a los
terroristas presos en las cárceles, casi 600, y permitió a los vascos colgar su bandera
por las calles. El 25 de octubre de 1979, votaban la aceptación de un estatuto de
autonomía que el Estado de los españoles estaba dispuesto a concederles. Kandido
Azpiazu acababa de cumplir los 18 años. Sin embargo, ETA y su prolongación en los
ayuntamientos, HB, llamaron a la abstención. De entre aquellos que no se dejaron
arredrar (60% de los que tenían derecho a voto), un 90% ratificó la propuesta.

-Ese estatuto -refunfuña Azpiazu- no puede paralizar nuestra voluntad.

-Ese estatuto, Kandido, os permite a vosotros, los vascos, tener vuestra propia lengua,
una administración propia, policía propia, periódicos propios, estaciones de televisión,
universidades y escuelas, que están subvencionados por Madrid.

-Ese estatuto -dice el hombre- sirve al Estado español para dividirnos y esclavizarmos.
Ese estatuto no nos puede detener.

-¿Qué es lo que quieres?


-Independen cia.

-¿De quién?

Gira su cabeza mirando al vacío.

Era abril de 1980 cuando Kandido Azpiazu, el tímido comerciante de maderas, recibió
de sus dirigentes la orden de matar.

-¿Te asustaste?

-Nosotros no sentimos el deseo de matar.

-¿No te pudiste negar?

-No quise.

Ahora se revuelve en su sofá, su cara está blanca y tensa, Azpiazu tiembla. Dice:

-Ese momento... Ese momento fue duro.

-¿Tuviste miedo?

-No. Uno estaba preparado para entregar su vida.

-¿Conocías a la persona?

-Sí.

-¿Sabías que él te había salvado la vida en otro momento?

-Mi padre nunca me lo dijo, nadie me lo dijo.

-¿Y si lo hubieras sabido?

-¿Qué quieres? Si lo hubiera sabido... Tuvo que ser así.

-¿Por qué?
-Ese hombre formaba parte del aparato opresor, era conocido de Marcelino Oreja, el
entonces ministro de Asuntos Exteriores del Estado español.

-¿Y eso bastaba?

-La decisión vino de arriba.

-Era un vasco como tú.

Durante un mes entero, cada mañana, cada tarde, Kandido Azpiazu y dos ayudantes
más estuvieron observando los movimientos de Ramón Baglietto, en otro tiempo
teniente de alcalde y entonces miembro de UCD.

-¿Cómo le mataste?

El hombre mira sus manos grandes y se sube los calcetines. Calla, tiembla. Se pone la
mano en la cara.

-Una acción armada no se hace con globos. Lo que ocurrió fue la acción de un miembro
consecuente... Nada más.

-¿Te arrepientes?

-Tuvo que ser así -dice Kandido Azpiazu bajo y claro-. Uno no se sentía orgulloso de
ello, no se sentía ni odio ni alegría.

Las lágrimas brillan en sus ojos grises.

-¿Estás orgulloso de tu vida?

-No.

-¿Sigues estando con ellos [con ETA]?

El hombre busca las palabras.

-No -dice.
-¿Por qué no?

-Porque... Es que... No es que uno renuncie a sus objetivos, ¿entiendes? Es quizá que
se finalice un capítulo, pero no el libro.

-¿No tienes ningún contacto con ETA?

-Pregunta otra cosa.

-¿Es verdad que la mujer de Baglietto, María Pilar Elías, se metió en política después de
la muerte de su marido y actualmente es concejala en Azkoitia, la única representante
del PP?

-Sí.

-¿Y que hace dos años encontró una bomba en su cajetín de correos?

Azpiazu sonríe.

-Pero no explotó, responde.

-¿Ves a veces a la viuda cuando pasa por el pueblo con sus guardaespaldas?

-De vez en cuando.

-¿Y qué sientes?

-Nada. Ella tiene su vida y yo la mía.

-Pero, ¿cómo es que te han puesto ya en libertad al cabo de 12 años?

El hombre suda.

-Bueno... entonces... había la posibilidad... el Gobierno del Estado español... el


Gobierno socialista... se daba la posibilidad de que te liberaran antes ...

-¿Firmaste que no ejercerías nunca más la violencia?


-Yo no revelé nada -dice el hombre.

Gira la cabeza hacia la ventana, la vergüenza se refleja en sus ojos.

-¿Que si todavía sueño con eso? -dice.

El hombre mira sus manos, casi turbado; luego, las tacitas de bordes dorados.

-¿Otro cafetito? -pregunta.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 14 de agosto de 2001

Víctima y verdugo, puerta con


puerta, El País, 2005 12 04
El terrorista de ETA que mató en 1980 a Ramón Baglietto compra una
cristalería en los bajos de la casa de Azkoitia donde vive su viuda, Pilar
Elías, actual concejal del PP

La mujer de la fotografía se llama Pilar Elías. Está a punto de llegar a su casa de toda la
vida, el número 14 de la calle Ibai-Ondo, en Azkoitia, un pueblo de 10.000 habitantes
en la provincia de Guipúzcoa. El 13 de mayo de 1980, a las nueve menos cuarto de la
noche, su marido, Ramón Baglietto, dueño de una tienda de muebles y simpatizante de
la UCD, la llamó para decirle: "Ve preparando la cena, que voy para casa". En el
camino, un terrorista de ETA lo acribilló a tiros. Unos días después, Nieves Baglietto,
hermana de Ramón, madre de 10 hijos y dirigente local del partido de Adolfo Suárez,
empezó a recibir llamadas sucesivas de una voz que siempre decía lo mismo: "Si no
quieres ser la próxima, vete de Euskadi". Antes del verano, Nieves se marchó a un
exilio del que todavía no ha vuelto. Pilar, en cambio, optó por quedarse.

Kandido Azpiazu se muestra tranquilo. Dice que el pueblo está con él y no con la
viuda

Nieves Baglietto: "La orden de matar a mi hermano la dio Antxon, hijo de una prima
mía"
Sacó adelante a sus dos hijos, que tenían 13 y 9 años cuando se quedó viuda, y luego
decidió honrar la memoria de Ramón presentándose a concejal de Azkoitia por las
listas del PP. Salió elegida y por eso en la fotografía -tomada el pasado viernes-
aparece acompañada por uno de sus escoltas. Ésta es la historia de los 25 años que
han pasado desde aquel martes lluvioso que nunca olvidará Pilar. Hay un detalle más
en la fotografía que debe tenerse en cuenta: la cristalería que está junto a su portal, y
en la que todos los días se ve reflejada cuando vuelve del mercado, acaba de ser
comprada por Kandido Azpiazu, el hombre que mató a su marido.

"Ramón tardaba. Cuando sonó el timbre, no era él, sino un carmelita tío suyo. Me dijo:
'Ramón ha tenido un accidente'. Y yo le respondí enseguida: no, a Ramón lo han
matado". A Pilar Elías le sobraban motivos para albergar aquel presentimiento. La
organización terrorista, que aquel año mató a 96 personas, se había propuesto
exterminar a la UCD en el País Vasco. Tres de sus dirigentes -José Ustarán, Jaime
Arrese y Juan de Dios Doval- fueron asesinados en el plazo de un mes. Por eso, cuando
la policía se presentó en casa de Nieves Baglietto y le dijo que ella también estaba en
las listas de ETA, no tuvo más remedio que hacerle caso a aquella voz anónima. "Yo he
sido una mujer audaz, valiente y a veces también temeraria, pero tenía 10 hijos. El más
pequeño, de 12 años. No los podía dejar sin madre. El partido también me pidió que
me fuera. A mí y a otros compañeros. Fuimos muchos los que tuvimos que partir hacia
el exilio. Yo llegué a Madrid aquel mismo verano. Tenía 55 años y la necesidad de
empezar desde cero una nueva vida".

A los pocos días del asesinato de Ramón, la policía detuvo al autor de los disparos.
También era vecino de Azkoitia y se llamaba Kandido Azpiazu Beristain. Víctima y
asesino tenían una historia en común. Según el testimonio de Pedro Mari Baglietto,
otro de los hermanos del asesinado, las vidas de Ramón y de Kandido ya se habían
cruzado en 1962. "Mi hermano estaba en la puerta del negocio familiar cuando
observó a una señora que llevaba a un niño en brazos y a otro de la mano, que salió
corriendo justo en el momento en que se acercaba un camión. La señora se lanzó tras
el muchacho con la intención instintiva de protegerlo, y a Ramón apenas le dio tiempo
de quitarle al niño que tenía en brazos y ver con horror cómo la madre y el otro hijo
morían aplastados. Pues bien, el niño que quedó en sus brazos aquel día sería, 18 años
después, uno de los miembros del comando que acabó con su vida. El presunto autor
del tiro de gracia en su sien".

Kandido Azpiazu fue juzgado y condenado a 49 años y dos meses de prisión por el
asesinato de Ramón Baglietto. Sin embargo, redimió pena en las cárceles de Burgos y
San Sebastián y salió en libertad condicional en 1995, apenas 15 años después del
crimen. Pilar Elías recuerda bien aquél día.

"Yo estaba en Zarautz. Había ido al mercado a hacer la compra cuando me llamó mi
vecina Paquita. Me dijo: '¿No sabes que están preparando un homenaje porque
vuelven al pueblo los asesinos de tu marido?' Me llevé tal impresión que me volví a
casa sin hacer la compra".

Los hijos de Pilar Elías, que ya se casaron y se fueron de Azkoitia, no dejan de pedirle a
su madre que deje para siempre un lugar tan lleno de malos recuerdos, pero ella se
resiste. Sentada en una cafetería, vigilada siempre por sus guardaespaldas, asegura
que seguirá al pie del cañón, pero admite que motivos no le han faltado para jubilarse
de la política y los disgustos. La primera vez que tomó posesión como concejal, lo hizo
también un preso preventivo de ETA. Se le acusaba de haber huido a Suramérica tras
participar en el asesinato de su marido. Tras ser entregado a España, y a la espera de
juicio, había sido elegido concejal en las listas de Herri Batasuna. "Nos sentaron a los
dos juntos, a la víctima y al asesino, y el salón de pleno se llenó de gente para ver aquel
espectáculo. Yo me esforcé en parecer tranquila, pero no sabes cómo me bailaban los
pies". El terrorista fue condenado y desposeído por tanto de su acta de concejal. Pilar
lo perdió de vista, pero el horizonte no tardó en oscurecerse de nuevo.

Se precia Pilar de mantener una muy buena relación con sus vecinos. Eso incluía a
César Boo, un cristalero de origen gallego que hace 20 años compró los bajos del
número 14 de la calle Ibai-Ondo e instaló su negocio. Desde un tiempo a esta parte,
César le venía diciendo a Pilar que tenía ganas de vender el local y retirarse. "No hace
mucho, una vecina me dijo que se había traspasado la cristalería y yo me alegré, la
verdad, por César. Pero enseguida me dijo: 'Espérate, Pilar, que tienes que escuchar la
segunda parte. La ha comprado Candidito'. No me lo podía creer...".
La inscripción registral no deja lugar a dudas. Ante la notaria de Azkoitia Gemma
Fernández, el matrimonio formado por César Boo y Pilar Uranga vendieron el 16 de
marzo a Kandido Beristain y a su mujer, Milagros Altuna, un local de 91 metros
cuadrados en la calle Ibai-Ondo número 14. El importe de la venta, 120.202 euros y 42
céntimos, y un crédito principal de 53.000 euros suscrito por La Caixa y a devolver en
120 cuotas... Pilar se desespera. "No me puedo creer que el asesino de mi marido haya
sido capaz de poner el local a su nombre cuando ni siquiera nos ha pagado a mí y a mis
hijos la indemnización a la que fue condenado".

El viernes, como todos los días, Kandido Azpiazu y su esposa salieron de su negocio,
Aldako Cristalería, a la una de la tarde. Ella admitió a este periódico que el hecho de
que Pilar Elías viva encima le produce malestar y nerviosismo, pero el antiguo militante
de ETA aseguró que no le afecta. "Tuve la oportunidad de comprar este negocio y lo
compré. Sólo quiero trabajar y que me dejen tranquilo". Dijo que no deseaba
entrevistas, pero invitó al periodista a entrar en su tienda para protegerse del frío y
dejar claras varias cuestiones. Según él, es Pilar Elías la que anda buscando el
enfrentamiento -hace unos días coincidieron y sus miradas se cruzaron-. También dijo
estar seguro de que los vecinos de Azkoitia lo respaldan a él y no a ella. Rechazó de
plano la cuestión de si sería admisible que un violador, aun después de cumplir la
condena, se fuese a vivir junto a su víctima. "No tiene nada que ver", dijo, "lo que pasa
es que fuera de Euskal Herria no se entiende lo que pasa aquí. Todos los pueblos han
utilizado en algún momento la lucha armada para conseguir su independencia... Quizás
ahora ya no sea el momento, pero estamos hablando de otros tiempos...".

Nieves Baglietto cumplió el martes 80 años. Ha escrito un libro, aún sin publicar, sobre
su vida tan difícil. Tiene, pese a las tristezas, un humor excelente. Se maneja por
Internet como una adolescente, utiliza ADSL y la última versión de Windows y en su
casa tiene alojados a estudiantes que la ayudan a mantenerse a la última.

Ahora que se barrunta la paz en el País Vasco, le da miedo que se olviden los
sufrimientos de tantos como ella. Dice que en su tierra los pasos de víctimas y
verdugos se cruzan sin remedio. Cuenta una historia familiar: "Yo soy vascohablante,
oriunda del caserío Lersundi. La orden de matar a mi hermano la dio el jefe de ETA
Eugenio Etxebeste, Antxon. Su madre era Baglietto, como yo. Es mi prima Conchita, y
todavía vive. Las dos somos longevas. Jugábamos de niñas, pero no nos hemos vuelto a
ver. Qué nos vamos a decir..."

Es la única historia que el jueves hizo llorar a Nieves en su exilio de Madrid. "Parece
que todo está enterrado, pero no".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 4 de diciembre de 2005

ETA asesina a Ramón Baglietto y al policía nacional Máximo García

Kleiner, El País, 2011 05 12


María José Grech 

Pasadas las nueve de la noche del 12 de mayo de 1980 la banda terrorista ETA

asesinaba a tiros en el Alto de Azcárate a RAMÓN BAGLIETTO MARTÍNEZ, simpatizante

de UCD y exconcejal de Azcoitia.


Ramón Baglietto fue asesinado cuando regresaba a su domicilio desde el

establecimiento de muebles que regentaba en Elgóibar. Su automóvil, un Seat 124, fue

ametrallado cuando circulaba por la carretera, a unos tres kilómetros de Elgóibar. A

consecuencia de los disparos, Baglietto perdió el control del vehículo, que se estrelló

contra un árbol. Según parece, los autores del atentado se acercaron al automóvil y, al

comprobar que su propietario seguía con vida, lo remataron disparándole a bocajarro.

Un automovilista que pasó poco después dio aviso a la Policía Municipal de Elgóibar,

creyendo que se trataba de un accidente. La Guardia Civil de Tráfico inició los trámites

del atestado con la misma idea, hasta que se percataron de los orificios de bala en el

cadáver, uno de ellos en un ojo. El cuerpo fue identificado poco después por un
religioso, familiar de la víctima, que transitaba casualmente por el lugar y se acercó a

interesarse por lo sucedido. La Policía recogió varios casquillos de bala del calibre 9

milímetros parabellum, marca SK.

Ramón Baglietto era simpatizante de UCD, íntimo amigo de José Txiki Larrañaga

Arenas, exalcalde de Azcoitia, que hacía unos dos meses había sido herido gravemente

en un atentado en esa localidad. Larrañaga sería asesinado cuatro años más tarde, el

31 de diciembre de 1984, en otro atentado terrorista. Tras el asesinato de Ramón,

Jaime Mayor Oreja, secretario general de UCD en Guipúzcoa, manifestó sentir

impotencia "ante la sensación de que nos están cazando como a conejos".

Uno de los terroristas que asesinó a Ramón era Cándido Aspiazu. Lo trágico de esta

historia es que a ese terrorista, cuando era un niño, lo salvó Baglietto de ser

aplastado por un camión que se llevó por delante a su madre, María Nieves -la mujer

del carpintero de Azcoitia-, y a su hermano, José Manuel, de 2 años.

Así lo contó en 2005 Pedro María Baglietto, hermano de Ramón, en la película Trece

entre mil de Iñaki Arteta: "En el año 1962, mi hermano estaba precisamente aquí, en la

puerta de la tienda que tenía, cuando se dio cuenta de que venía una señora con un

niño en brazos y otro agarrado de la mano. Éste llevaba una pelota y, en un momento
dado, se le escurrió de la mano, por lo que el niño salió corriendo. En ese momento

venía un camión pesado y la madre, instintivamente, fue a proteger al chaval. Mi

hermano, perplejo, no tuvo tiempo nada más que de quitarle el niño que llevaba en

brazos y de observar con horror cómo la madre y el niño morían aplastados por el

camión". Ese niño a quien Ramón salvó la vida fue el que, dieciocho años después, lo

remató con un tiro en la sien. Como contó Pedro María, su hermano tenía la

impresión de que le seguían desde hacía varios días e, incluso, le contó a su mujer,

Pilar Elías, que sabía quién le estaba siguiendo.

El día del atentado "cuando se dio cuenta de que Cándido [Aspiazu] venía detrás, en el

coche, aceleró y le sacó una gran ventaja". Pero en la siguiente curva de la carretera,

otros dos terroristas ametrallaron el coche, alcanzándole en el pecho y provocando


que el coche chocara contra un árbol. "Entonces Cándido aparcó tranquilamente,

empuñó una pistola (...) apuntó fríamente a la sien de mi hermano y disparó. Era el 12

de mayo de 1980. Eran las nueve de la noche. Llovía torrencialmente".

Cinco días después, el 17 de mayo, detenían a Cándido Aspiazu Beristain y a su amigo

Juan Ignacio Zuazolazigorraga Larrañaga. En 1981 la Audiencia Nacional les condenó a

sendas penas de 49 años de prisión mayor, de las que sólo cumplieron 12. Salieron de

prisión en 1995 al serles aplicadas las redenciones de condena previstas en el Código

Penal de 1973. Además, se tuvo en cuenta que, supuestamente, se habían

desvinculado de la banda terrorista, cosa que posteriormente se demostró que no era

verdad. 

En 2004, Cándido Aspiazu abrió un negocio de cristalería junto a la casa de la viuda de

Baglietto, Pilar Elías, lo que le obligaba a cruzarse con el asesino de su marido a diario,

cada vez que entraba o salía de su domicilio. No era una casualidad. Así lo piensa Pilar:

"Yo nunca lo he visto como casualidad. Es una forma de incordiarme. De

acobardarme. Él era carpintero, como su padre, y trabajaba en una tienda de

decoración de Azpeitia. Y de la noche a la mañana se convierte en cristalero".

El escándalo que suscitó esta situación hizo que la Audiencia Nacional ordenase la

subasta del negocio del asesino para hacer frente a las indemnizaciones que la
sentencia de 1981 le había impuesto (10 millones de pesetas más los intereses desde

1981). En 2008 se procedió a la subasta, quedándose la mujer de Aspiazu con el

negocio y abonando al Estado una cantidad que no cubría el total de esa

indemnización. Por otra parte, en 2006 Tele5 realizó un reportaje con cámara oculta

que demostró que los dos asesinos de Ramón seguían apoyando al entorno

proetarra.

Ramón Baglietto Martínez tenía 42 años y había nacido en Bilbao, aunque su familia se

instaló en Éibar poco después. Propietario de un establecimiento de muebles en

Elgóibar, residía con su mujer, Pilar Elías, y sus dos hijos, de 13 y 9 años, en Azcoitia.

En el momento del atentado colaboraba con UCD, partido en el que militaban dos de

sus hermanas. Ramón Baglietto era íntimo amigo del ministro de Asuntos Exteriores,
Marcelino Oreja. Su viuda, Pilar, recuerda a Ramón como un hombre "bromista,

juerguista también. Maravilloso en todos los sentidos. Jamás, jamás, yo creo que no

encontraré a otro como él. Él tenía 42 años y yo tenía 37. En lo mejor, en lo mejor, en

lo mejor, me lo quitaron... Menos mal que me quedaron dos hijos maravillosos". Pilar,

siguiendo el compromiso político de su marido, fue elegida concejal por el Partido

Popular años después. Mujer valiente, se ha convertido en un símbolo de la

resistencia al terror. En 2001 encontró un paquete sospechoso en el buzón de su casa;

era un libro bomba. Sus hijos le pidieron que lo dejara todo y se marchara de allí, pero

ella decidió quedarse. También lo contó en el documental Trece entre mil: "Yo no me

marcho de aquí... Por José, por Ramón y por muchos compañeros que se han ido, por

todos ellos vamos a luchar".

Un etarra logra retener su tienda junto a la casa de una víctima, El País, 2008 07 17

Kandido Azpiazu ha logrado conservar la cristalería que abrió en 2005 en los bajos del
inmueble de Azkoitia, donde vive la viuda del hombre que asesinó en 1981. El negocio
fue embargado por la Audiencia Nacional para hacer frente a las indemnizaciones que
Azpiazu aún debe a sus víctimas, pero en la puja judicial de ayer fue adjudicado por
46.438 euros a la esposa del etarra.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 17 de julio de 2008