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Universidad Nacional de Rosario

Facultad de Humanidades y Artes


Escuela de Filosofía

PARCIAL DOMICILIARIO

Tema: D. Hume, “Del criterio del gusto”, en: De la tragedia y otros ensayos sobre el
gusto, trad. Macarena Marey, Buenos Aires, Biblos, 2003.

Materia: Estética
Prof.: Anabel Henández
Prof.: Pablo Rivas
Martina Mazzoli
Legajo: M-2182/2
Julio de 2019
Consigna: ¿Cuál es el papel que desempeña la experiencia en la conformación y
desarrollo de los juicios estéticos?

Al comienzo de su artículo Of the Standard of Taste (1757), Hume sugiere la


idea de que a primera vista no habría, en materia de gustos, un mecanismo seguro que
sirva para determinar quién tiene razón cuando hay una desavenencia de puntos de vista.
No obstante, este filósofo no está dispuesto a aceptar la tesis relativista de que los
juicios estéticos no puedan ser cuestionados y propone zanjar el problema mediante la
búsqueda de argumentaciones racionales referidas a la cuestión de gustos.
En primer término, Hume sostiene que los seres humanos comparten la misma
estructura mental; en dicha estructura original se constata la presencia de ciertos
principios generales de aprobación o de censura que son de carácter empírico, puesto
que tienen su fundamento en los sentidos. Sin embargo, si bien todas las personas
constan de los mismos principios operacionales, no todas reaccionan de la misma
manera frente a estímulos externos, porque no todas ellas desarrollan de la misma forma
sus respectivos gustos. Por lo tanto, puede decirse que, para Hume, el gusto posee la
peculiaridad de ser desarrollable o perfectible y, por ello, cabe la distinción entre buen y
mal gusto. De acuerdo con esta concepción, surge entonces la necesidad de hallar una
medida, un criterio, de lo que son los juicios estéticos, de tal modo que se pueda
establecer una categorización de los gustos.
Resulta importante destacar que, desde el punto de vista de esta teoría, las
diferencias de gusto no son innatas, sino adquiridas. Es decir, nadie nace con una clase
determinada de gusto, sino que éste se desarrolla en la experiencia por medio de las
siguientes condiciones: la primera de ellas es la delicadeza de gusto, que consiste en el
desarrollo de una sensibilidad capaz de percibir con exactitud los ingredientes más
finos, o sea, los elementos últimos o propiedades físicas de los objetos juzgados. En
tanto que las otras condiciones para la adquisición de una capacidad crítica son la
práctica de juzgar, que perfecciona la delicadeza, las constantes comparaciones de
obras con distinto grado de excelencia y la eliminación de los prejuicios que suelen
corromper el gusto.
Tal como sostiene Hume, aunque los principios del gusto son universales, son
pocos los que pueden enorgullecerse de reunir estas condiciones –a las que habría que
añadir el buen sentido, así como también, un buen funcionamiento de los órganos

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sensoriales– y de emitir un juicio sólido respecto de una obra de arte o de determinar su
sentimiento como norma del gusto.
En este sentido, cabe señalar que es por medio de la experiencia que los seres
humanos adquieren un juicio estético más estricto y adecuado, por lo que se puede
concluir que ésta tiene un papel fundamental en el desarrollo del gusto. Asimismo, el
reconocimiento por parte de Hume de la existencia de normas de composición en la
producción de obras de arte se consuma a partir de principios de carácter empírico, es
decir, que son formulados sobre la base de la experiencia humana, de manera que tales
principios del arte también quedan establecidos gracias a la experiencia. Por tal motivo,
la experiencia puede ser considerada la piedra angular del proyecto humeano acerca del
gusto.
Una modesta crítica que se le puede hacer a esta teoría del gusto es que ha
reducido lo estético a la sensibilidad, equiparando el desarrollo de las facultades
sensoriales con el perfeccionamiento de las capacidades artísticas; respecto de esta
cuestión cabe argumentar que no necesariamente un ser humano normal o sano, con sus
órganos sensoriales en perfectas condiciones, será considerado un eximio crítico de arte.
En virtud de ello, desde la perspectiva humeana, personalidades muy relevantes de la
historia de la cultura como, por ejemplo, Van Gogh o Beethoven no habrían podido
jamás pronunciar juicios de gusto adecuados debido a la condición insana y a la
deficiencia sensorial que padecieron respectivamente estos artistas.