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Poder Regional Revista PODER diciembre 2010

El Perú es uno los países más políticamente fragmentados y volátiles de la


región latinoamericana, por lo que lo imprevisible es la norma. Los
recientemente electos presidentes regionales y los diversos candidatos que
participaron en las últimas elecciones para ocupar ese cargo, aparecen desde
Lima como grandes desconocidos, por lo cual dos sentimientos priman frente a
estos supuestos recién llegados. Por un lado, si no los conocemos, entonces
asumimos que la política regional se encuentra en manos de meros
aventureros, hombres y mujeres sin antecedentes en política y que alcanzaron
la posición que hoy ocupan gracias a la “tinka” en que se ha convertido la
política peruana en la última década. Pero si no invade el desconcierto y el
eventual menosprecio a estas autoridades recién electas, aparece el típico y
elemental temor. Aquello que no conocemos pasa a encarnar todo lo cual nos
quita el sueño. En las regiones se habrían posicionado radicales, opositores
recalcitrantes a la inversión, que harán todo lo que esté en sus manos para
detener proyectos mineros y de infraestructura, en marcha en estos momentos.

¿Viejos desconocidos?

Nada como la crudeza de los hechos y las cifras para desafiar esta mitología
en torno a los liderazgos regionales. Empecemos por conocer a estos viejos
desconocidos, que en su mayoría llegaron a la política peruana hace ya
bastantes años y que vienen construyendo su carrera con las restricciones y
dificultades que les impone nuestro ya caótico sistema político. En realidad,
todo parece indicar que las regiones vienen generando una suerte de “proto-
clase política regional” que, nos guste o no, será la que marque la pauta en sus
territorios durante los próximos cuatro años.

En el 2002, luego del improvisado proceso de regionalización toledista, una


cosa quedaba clara al mirar los resultados electorales. Quien resultaba más
claramente beneficiado con esta reforma era el Partido Aprista, que logró 12 de
los 25 gobiernos regionales. Ante la elección de unas autoridades cuyo papel
aún no estaba bien delimitado y cuyas funciones no las tenía claras ni siquiera
el propio gobierno, los electores convirtieron las elecciones en un plebiscito de
aprobación presidencial y le dieron su voto al principal partido opositor del
momento. Sin embargo, cuatro años después los partidos políticos fueron
prácticamente barridos del mapa por los movimientos regionales. El APRA tan
solo conservó La Libertad y Piura en esas elecciones. En ambos procesos, la
mayoría de presidencias se alcanzaron con menos de 30% de los votos
válidos, lo que generó autoridades con escaso apoyo y que se vieron muchas
veces desgastadas y arrinconadas por sus opositores.

En el proceso reciente, la tendencia a la fuga de los partidos políticos se


radicalizó. Temerosos de acumular derrotas antes de abril del próximo año, la
gran mayoría de ellos ni siquiera tentaron la posibilidad de competir por las

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presidencias regionales. Algunos de quienes lo hicieron, optaron por apoyar a
líderes con movimientos propios, esperando ganar algo de presencia a través
del arrastre de aquellos. Quienes optaron por ir con candidatos propios, como
el APRA, sufrieron las más estrepitosas derrotas. En un intento por evadir el
bochorno, la dirigencia aprista señaló que su “especialidad” no está en el plano
municipal y regional, sino en el parlamentario y presidencial. Lo cierto es que
incluso en La Libertad, base del ex “sólido norte”, el APRA volvió a perder la
alcaldía de Trujillo y el aprista Murgia logró mantener la presidencia regional a
pesar del partido, y no gracias a este.

La paulatina desaparición de los partidos políticos en el espacio subnacional


dejó un espacio vacío importante, que ha sido ocupado por otros actores no
necesariamente más débiles que estos. Si bien en algunas regiones los
candidatos de última hora son los que lograron hacerse de los primeros lugares
de votación, la gran mayoría de presidentes regionales pertenecen a liderazgos
y opciones políticas que se vienen cocinando hace varios años y que en
muchos casos están mejorando sus indicadores de fortaleza política. En un
país en el que los principales candidatos a la Presidencia de la República
pasarán a segunda vuelta con 20% de los votos válidos, muchas regiones han
elegido a su presidente en primera vuelta con más de 30% de los votos válidos.
Mientras que solo nueve de ellos fueron elegidos con más de este porcentaje
en las elecciones del 2002, doce lo fueron en el 2006 y quince lo lograron en
las más recientes. Ante el retroceso de los partidos políticos, los líderes
regionales se hacen cada vez más fuertes y logran en sus regiones niveles de
respaldo e influencia con los que los partidos políticos solo pueden soñar.

Por cierto, estas elecciones no fueron particularmente gentiles con las opciones
improvisadas. Aunque en general aumentó el número de candidaturas
presentadas por región (de 8,9 listas por región el 2006 a 11,3 el 2010), la
mayoría de electores optaron por opciones que ya habían participado en los
procesos anteriores. Algunos ejemplos de estos candidatos que se fueron
fortaleciendo en el tiempo son Gregorio Santos, en Cajamarca, quien logró la
presidencia luego de una derrota el 2006, cuando postuló por el Movimiento
Nueva Izquierda; Maciste Díaz, en Huancavelica, con el mismo movimiento
regional; o Javier Atkins, en Piura, quien logró la presidencia regional tras
ocupar un expectante segundo lugar en las elecciones del 2006.

Existen, además, presidentes regionales que buscaron la reelección y


alcanzaron un importante éxito. En muchos casos, se reeligieron con un
porcentaje de respaldo equivalente o mayor al que obtuvieron en los comicios
anteriores: César Álvarez (Áncash), César Villanueva (San Martín), Iván
Vásquez (Loreto), José Murgia (La Libertad), Juan Manuel Guillén (Arequipa) y
Jorge Velásquez (Ucayali). Entre aquellos presidentes que enfrentaron la

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segunda vuelta para definir su reelección se encuentran Nelson Chui en Lima-
Provincias y Wilmer Dios en Tumbes, aunque ambos finalmente perdieron.

Entre estos nuevos presidentes regionales y políticos exitosos existen distintos


modelos o tipos. En algunos casos se trata de viejos zorros, políticos con una
larga tradición de poder en sus regiones y que han construido sus redes de
influencia a partir del control de posiciones de gobierno. En otros casos, se
trata de políticos “emergentes”, algunos con un perfil profesional o “técnico” en
sus regiones, y otros, los menos, que intentan llevar a la política su prestigio
ganado como empresarios. Como sea, se trata de personas influyentes,
populares y poderosas en el mundo de sus regiones, que ante la ausencia de
partidos políticos que impongan peldaños a quien aspira a una carrera política,
tratan de dar el salto a la vida pública con mayor o menor éxito. Empecemos a
conocerlos.

El poder norteño

Si existe una zona del Perú en la que se vive un proceso de acumulación de


poder político es el norte del país. Esta acumulación va a la par de lo que
sucede con el fenómeno económico y en algunos casos se deriva de este. Las
abrumadoras cifras de crecimiento en algunas regiones y el acelerado
desarrollo de grupos económicos que se encuentran a su sombra, van
ubicando a la política como un espacio tentador e interesante para ganar en
prestigio e influencia lo que ya se posee en capital. Así como el Club César
Vallejo y el Juan Aurich, ambos equipos financiados por grupos económicos
norteños, son los “nuevos ricos” del fútbol peruano, algunos políticos cobran
creciente influencia desde el norte del país y amenazan con una nueva forma
de hacer política: intensiva en capital, por decirlo de alguna manera.

Pero empecemos por lo conocido y tradicional. En lo político, el norte ha estado


controlado secularmente por el APRA, influencia que subsiste pero que se
encuentra hoy en franca decadencia. El control político que durante décadas
ejerció el aprismo de las principales instituciones públicas del norte peruano, le
otorgó el poder que el Estado trae consigo. Presupuesto, movilización de
personal, puestos de trabajo, influencia política y prestigio han sido recursos
disponibles para este partido durante muchos años, en los que se convirtió, en
la práctica, en la puerta de ingreso al Estado. Las redes de clientela y
padrinazgo funcionaban. Ser aprista era tener una “mano amiga” en el sistema
judicial y daba el empujón necesario para que las obras y recursos llegaran a tu
localidad. Fuera del aprismo, todo era soledad.

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En el corazón de este (¿ex?) “sólido norte” aprista se encuentra La Libertad,
gobernada hoy por el reelecto presidente regional aprista José Murgia Zannier
quien, tras cinco períodos como alcalde provincial de Trujillo (1990-2006), uno
como presidente regional (2006-2010) y una candidatura a la primera
Vicepresidencia de la República en el 2001, ha ganado un peso político propio
en el departamento, que trasciende al de su partido. Carismático, con una alta
aprobación entre los liberteños de a pie y entre el empresariado local, Murgia
es sin duda uno de los políticos regionales más poderosos e influyentes del
país. Es, además, uno de los hombres de mayor confianza del presidente Alan
García en el norte, bastante más cercano a este que a la fragmentada
dirigencia partidaria liberteña. Pese a ello, más temprano que tarde el
septuagenario y reelecto presidente regional llegará a su límite físico, y con ello
quedará descabezado un partido político que hasta el momento no encuentra
una figura alternativa para el necesario recambio generacional. Daniel
Salaverry, candidato a la alcaldía de Trujillo y derrotado en las últimas
elecciones, parece perfilarse como su mejor carta, aunque para ello deberá
ganar el respaldo de las muchas facciones de su partido y sacudirse del
sambenito que le ha caído a raíz de una denuncia por supuestas
irregularidades en el trabajo que su empresa constructora realizó para el
programa estatal Techo Propio. Por ahora, es solo una promesa.

Junto a Murgia, algunas otras figuras apristas guardan todavía relevancia


política, y la más importante es el congresista Luis Alva Castro. Ex
vicepresidente del Perú, diputado liberteño durante toda la década de 1980,
candidato presidencial en 1990 tras el primer gobierno de García y congresista
de la República desde el 2000, su nivel de influencia en el Partido Aprista en el
norte, y en la sociedad liberteña en general, es muy grande. Pese al paso de
los años, fue el congresista más votado del departamento en las elecciones
parlamentarias del 2001 y el 2006. Además de este importante respaldo
electoral y político, Alva Castro mantiene buenas relaciones con el sector
empresarial minero y agroindustrial del departamento, así como vínculos e
influencia en la policía local. A diferencia de Murgia, quien tiene una imagen
personal de relativa distancia del partido, Alva Castro es un hombre del APRA,
por lo que ha ocupado distintos cargos de importancia dentro de la
organización a lo largo de los años. Sin embargo, su reciente y desafortunado
paso por el gabinete en la cartera del Interior le ha restado proyección.

Esta hegemonía del aprismo, sin embargo, está en decadencia. La situación


del partido se asemeja cada vez más a la del criollismo, que nunca morirá pero
seguirá muriendo. El aprismo no se extinguirá en el norte, pero deberá
acostumbrarse a la competencia, pues ya no se encuentra a sus anchas. Y es
que conviviendo con el “partido del pueblo” se encuentran los miembros de
Alianza para el Progreso (APP), cuya base principal está también en La
Libertad. Este partido político, que va ocupando posiciones cada vez más
importantes en el norte, es resultado de la combinación tan particular que vive
el país, donde el crecimiento económico contrasta con la precariedad de las

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organizaciones políticas. Cesar Acuña, su líder máximo y alcalde reelecto de
Trujillo, es dueño de un consorcio de universidades conformado por la “César
Vallejo”, la “Señor de Sipán” y la “Autónoma del Perú”, con presencia muy
visible en Piura, Chiclayo, Trujillo, Tarapoto, Chimbote y Lima. El poder de este
consorcio crece al ritmo que lo hacen las aspiraciones de las nuevas clases
medias, que ven en la educación superior el pasaporte para el definitivo
ascenso social de sus hijos.

Pero, además, Acuña posee una serie de fundaciones de ayuda privada en


educación y salud para población en situación de pobreza, y un canal de señal
abierta (UCV Satelital) con base en Trujillo. Todo ello le otorga a Alianza para
el Progreso una cantidad de contactos, personal movilizable, influencia
económica y recursos con los que no cuentan hoy la gran mayoría de partidos
políticos del país. Con catorce alcaldías provinciales ganadas y habiendo
logrado en la segunda vuelta la presidencia regional de Lambayeque y
Ayacucho, Alianza para el Progreso es probablemente el partido político más
exitoso del último proceso electoral y constituye un ejemplo de una fuerza
política emergente que llegará, más temprano que tarde, a tener influencia en
la política nacional.

Es el poder de Acuña y el de Alianza para el Progreso el que se ha


manifestado en algunas candidaturas exitosas en provincias y regiones del
norte. En esos casos, antes que candidatos con habilidades o prestigio
particulares, se trata de bendecidos por el favor de este partido-empresa.
Precisamente, el candidato que quedó en segundo lugar en las últimas
elecciones regionales en La Libertad fue Manuel Llempén, aspirante por este
partido. Si bien no tiene una trayectoria particularmente notable —en el 2002
fue candidato a la presidencia regional sin mucho éxito—, su principal cualidad
es ser el brazo derecho de Acuña y haber pasado de gerente general de la
Universidad César Vallejo a gerente municipal durante su administración.

Al igual que Llempén en La Libertad, Humberto Acuña, hermano del alcalde


trujillano César Acuña y gerente general de la Universidad Señor de Sipán, fue
al repechaje electoral en Lambayeque con el candidato del APRA, Manuel
Valverde. Al no alcanzar ninguno el 30% de votos válidos, se vieron las caras
en la segunda vuelta regional. El Acuña “chiclayano”, aunque era un candidato
relativamente gris, sin brillo propio en la región, ni una fuente de prestigio y
poder propia, superó ampliamente al candidato aprista, con 72,5% frente a
27,5% de los votos. Este resultado es reflejo de la enorme influencia que su
hermano y su partido político empresarial vienen alcanzando en esta parte del
país, antes que expresión de su propio poder personal. En todo caso, queda
claro que el alcalde de Trujillo desea avanzar colocando personal de su más
entera confianza, mejor si son sus empleados e incluso sus propios familiares.

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Por su parte, el joven candidato del APRA, apenas empezando los treintas, es
en realidad un “ahijado” del político aprista más poderoso de Lambayeque en la
actualidad: Javier Velásquez Quesquén. Resulta común escuchar que este es
una invención de García, que eligió a un Primer Ministro sin perfil propio, que
resultaría un operador suyo con poca autonomía y completa lealtad. Después
de todo, muy pocos habían puesto los ojos sobre ese congresista norteño que
—aunque usted no lo recuerde— mantenía una curul en la célula parlamentaria
aprista desde 1995, gracias al voto generoso de sus paisanos lambayecanos.
Sin embargo, Velásquez Quesquén aprovechó muy bien el afortunado salto y
se posicionó como una de las figuras más importantes de su partido en el
presente gobierno. Su persistencia como Primer Ministro en viabilizar el
proyecto de irrigación Olmos en Lambayeque lo llevó incluso a amenazar con
dejar el cargo en caso de que el Ministerio de Economía y Finanzas no le diera
su visto bueno. Si bien en algún momento pareció considerar como alternativa
postular a la presidencia de Lambayeque, sus aspiraciones se incrementaron
hasta volverse precandidato a la Presidencia de la República. Con ello, dejó la
postulación en manos de su protegido Valverde, quien finalmente obtuvo
menos de 20% de los votos válidos en primera vuelta. Como sea, el poder
ganado por el ex Primer Ministro en Lambayeque no se diluirá fácilmente en los
próximos años, y además de ser una carta segura a la reelección en el futuro
Parlamento, se perfila como uno de los políticos más influyentes de esta región.

La dicotomía entre el poder partidario del APRA y el poder económico de


Acuña acaba al llegar a Piura. Quien viene acumulando poder político en esta
región es el hoy electo presidente regional Javier Atkins, ex gerente del Banco
de Crédito en Piura y ligado al sector bancario desde hace más de dos
décadas. Quedó segundo en las elecciones pasadas con el movimiento
regional “Obras + Obras”, que perdió por menos de 20.000 votos ante César
Trelles del Partido Aprista. En esta ocasión, Atkins postuló por “Unidos
Construyendo”, una alianza bastante sui géneris, pues congregaba tanto a
sectores afines al empresariado piurano como a liderazgos vinculados a
sectores de la izquierda regional, contra quienes el actual presidente regional
compitió el 2006. Atkins pertenece a una de las familias tradicionales de la urbe
piurana, próximas al Partido Popular Cristiano, con alto reconocimiento,
prestigio y contactos en las ciudades más importantes del departamento. Su
buena gestión en el sector bancario lo ayudó a ganar una imagen pública de
profesional de éxito entre las clases medias, incrementando aun más su
reputación. La candidatura de Atkins era una carta fuerte en el sector urbano,
pero le era esquivo el sector rural.

Su alianza con otras agrupaciones regionales y con el electo vicepresidente


regional Maximiliano Ruiz, una de las figuras más prominentes y respetadas de
la izquierda piurana, que postuló en las elecciones pasadas como invitado del
Partido Nacionalista, le permitieron llegar a ese sector. Ruiz tiene peso y

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relevancia propios. Si bien fue alcalde distrital izquierdaunidista durante los
noventa, su poder no viene de una carrera política dentro del Estado ni
tampoco de liderar una izquierda fuerte y movilizada, que por lo demás se
encuentra bastante desarticulada. Su influencia proviene principalmente de una
gestión profesional exitosa de más de veinte años en el Centro de Investigación
y Promoción del Campesinado (Cipca), una ONG bastante bien posicionada en
el norte y con importante reconocimiento entre la población rural piurana.

Esta combinación tan peculiar ha llevado a que diversos sectores


tradicionalmente identificados con la derecha y la izquierda reivindiquen esta
victoria como suya. Con miras al 2011, personalidades tan disímiles como Luis
Castañeda, Alejandro Toledo o Javier Diez Canseco han intentado acercarse a
Atkins para buscar su apoyo en la región. Lo cierto es que este, al ser liberal y
pluralista, parece ser también muy pragmático, por lo que no se lo puede ubicar
con facilidad en el eje derecha – izquierda. Antes que un presidente que
expresa el poder del sector empresarial en Piura o del sector izquierdista que lo
apoya, se trata de alguien que tuvo la capacidad para vincular a sectores de
ambos campos en una propuesta práctica de gobierno, por lo que el
incremento de su poder e influencia estará vinculado al éxito de su futura
gestión.

Quien quedó en segundo lugar en las elecciones regionales es César Trelles,


ex diputado aprista entre 1985 y 1992, ex alcalde de la provincia piurana de
Morropón en los noventa y dos veces presidente regional de Piura. Al fracasar
en su intento de una segunda reelección, Trelles es una más de las figuras en
descenso del Partido Aprista en el norte del país. Políticamente hablando, su
poder proviene de una fuente tradicional: se trata de un político con muy
antigua militancia aprista y con una carrera política de larga data en el partido.
Como Murgia en La Libertad —aunque sin la proyección de este—, se trata de
un político de carrera, una especie en peligro de extinción. De realizar una
gestión exitosa en Piura, la influencia de Atkins y el avance de César Acuña
desde Trujillo irán desplazando al APRA y a políticos como Trelles, cuya fuente
de poder se va extinguiendo poco a poco.

Liderazgos sureños: entre vacíos de poder y un necesario radicalismo

En el sur, el proceso de formación de poder político se encuentra menos


estructurado. Salvo por algunas excepciones, no existe un proceso continuo y
sostenido de acumulación de poder político por actores que, por lo demás, son
poderosos mientras duran sus cargos. Como en el norte, algunos de estos
políticos provienen de una vieja tradición partidaria —aunque muchos ya no
pertenecen a partidos políticos—; otros provienen del mundo empresarial o, por
lo menos, intentan proyectar la imagen de “emprendedores”.

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Como sabemos, Ica es uno de los departamentos que lidera el crecimiento
económico fuera de Lima. Sin embargo, acaso porque se encuentra muy cerca
de la capital y de su influencia política, y al mismo tiempo muy lejos del sur y de
sus liderazgos más radicales y autónomos, el departamento no ha desarrollado
claramente élites políticas con peso propio. Los poderes económicos en la
región se encuentran más vinculados a Lima que al destino de Ica, lo mismo
que muchas de las figuras influyentes desde otros ámbitos. Como resultado,
esta región se mueve entre independientes y grupos satélite de influencia
limeña. Esto queda reflejado en su historia. Ica fue un bastión del aprismo
durante los ochenta —del que subsisten figuras como Luis Gonzáles Posada—,
un reducto del fujimorismo en los noventa, y hoy se encuentra gobernado por
independientes que en algún momento coquetearon con el PPC. En todo caso,
la relevancia económica de Ica no se condice con una representación política
de equivalente importancia, y constituye un buen ejemplo de una región en la
que existen “poderosos de turno”, sujetos al cargo público que ocupan.

La falta de un liderazgo de peso suficiente se evidenció en las últimas


elecciones, en las que los dos candidatos que pasaron a la segunda vuelta
rebasaron apenas el 20% de los votos válidos, en uno de los resultados más
fragmentados a nivel nacional. Luego de que el APRA ganara la región en el
2002 y quedara en segundo lugar el 2006, sufrió una aplastante derrota en las
últimas elecciones, al acumular apenas 7% de los votos válidos. El actual
mandatario regional, Rómulo Tribeño, ganó la presidencia en el 2006 tras
abandonar Unidad Nacional, partido con el que cuatro años antes había
alcanzado el segundo lugar. Su movimiento regional, Partido Regional de
Integración, ocupó el tercer lugar en las últimas elecciones y fue desplazado
por el Frente Regional Progresista Iqueño (Frepoi) y Fuerza 2011, que
disputaron la segunda vuelta en diciembre.

El candidato del Frepoi fue Alonso Navarro, un joven de 30 años con formación
inicial en el Partido Popular Cristiano y cercanía a Lourdes Flores Nano. Fue
parte de la gestión de Tribeño como vicepresidente, cargo al que llegó como
invitado tras participar sin éxito en las elecciones parlamentarias del 2006,
entonces con la camiseta de Unidad Nacional. Si bien recibió el apoyo del
movimiento regional de Tribeño para la segunda vuelta, las bases de apoyo de
su candidatura no eran tan evidentes. Acaso la mayor fuente de su poder e
influencia sea la figura de José Navarro, su padre, alcalde provincial chinchano
hasta en tres oportunidades entre los noventa y los dos mil. Viejo político
iqueño, Navarro fue dirigente acciopopulista durante los sesenta y ministro de
Educación del primer gobierno de Belaunde. Durante el primer gobierno de
García fue senador por el Partido Popular Cristiano, pero siguió su carrera
política en Ica como independiente a partir de los noventa. Se trata de un
empresario agroexportador, en general cercano al sector empresarial
agroindustrial iqueño.

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El candidato de Fuerza 2011 que ganó la elección regional en la segunda
vuelta, Eduardo Cabrera, postuló en el 2006 con muy poco éxito al mismo
cargo por Sí Cumple. Pese a ello, Cabrera no es militante del fujimorismo, sino
más bien un invitado afín a sectores de este grupo. Se dice que su designación
como candidato provino directamente de Alberto Fujimori, a través de Jaime
Yoshiyama, luego de que fuera desestimada la candidatura de José Luis Elías
Ávalos, uno de los varios ex congresistas que se pasaron a las filas del
fujimorismo tras su elección el año 2000. Cabrera sería apoyado por antiguos
operadores fujimoristas en la región, como el ex congresista Anselmo Revilla,
hombre de confianza de Absalón Vásquez. Además del respaldo recibido de
diversos sectores del fujimorismo, públicamente Cabrera ostenta una imagen
de profesional experto en el manejo de aguas y minería, que le ha granjeado
reconocimiento regional como técnico. Adicionalmente, se dice en la región que
se lo percibe como cercano a distintos empresarios agroexportadores y a la
mina Antapite de Minera Buenaventura.

Entre sus bases de apoyo, Cabrera cuenta con el respaldo del virtual alcalde
de Chincha, Lucio Juárez, hoy alcalde del distrito de Pueblo Nuevo, quien ha
mantenido siempre una profunda rivalidad política con José Navarro, padre de
Alonso Navarro. Juárez ha sido relacionado durante la campaña electoral con
importantes poderes económicos en Chincha, próximos al Fundo La Calera,
empresa importante en la región en el sector exportador. Finamente, Cabrera
es relacionado también con sectores vinculados a la cúpula del fujimorismo que
se encontrarían relacionados con la compra de Cable Canal de Noticias
durante los noventa, la cual antecedió al cambio en la línea editorial de ese
medio a favor de la reelección de Alberto Fujimori en el 2000.

Independientemente del resultado que tuvo la segunda vuelta, y por las


características de las dos principales candidaturas, no queda claro que un líder
o grupo específico acumule poder de manera significativa. Quizá en el caso de
la postulación de Cabrera, se trata de ir calentando la plaza para las elecciones
presidenciales a favor de Keiko Fujimori.

Muy distinta es la situación de Arequipa, donde Juan Manuel Guillén ha logrado


posicionarse como una de las figuras políticas más importantes, reconocidas y
poderosas del sur del país. Ex alcalde provincial de Arequipa y presidente
regional reelecto, Guillén ha recibido en sus dos últimos procesos electorales
un respaldo superior a 30% de los votos válidos en su región, y en ambos
casos se ha ubicado más de 10 puntos por encima de Marco Falconí, quien
ocupó el segundo lugar por tercera vez consecutiva desde el 2002.

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La alianza que llevó a Guillén a la reelección, denominada “Alianza por
Arequipa”, incluye al Partido Nacionalista de Ollanta Humala, al movimiento
Arequipa, Tradición y Futuro del propio Guillén y al movimiento regional
Compromiso, conformado por algunos técnicos y académicos arequipeños de
centro-izquierda. Sin embargo, es evidente que el componente más importante
de esta victoria reside en el liderazgo de Guillén, que viene madurando desde
hace casi dos décadas. Su elección en 1989 como rector de la Universidad
Nacional San Agustín de Arequipa, la más grande y con mayor presupuesto del
sur del país, le permitió desarrollar un perfil público importante y proyectar su
liderazgo más allá del ámbito académico. Tras 10 años de ocupar el rectorado,
fue elegido alcalde provincial con 63% de los votos válidos, y desde entonces
se ha proyectado como uno de los líderes políticos más importantes del sur, en
plena época del fujimorismo.

Sin embargo, no fue sino hasta el “Arequipazo” que Guillén se perfiló como el
líder de mayor influencia en su departamento. Pese a una gestión municipal
más bien modesta, ponerse a la cabeza del movimiento de oposición a la
privatización de Egasa le permitió encarnar la tradición radical y “rebelde” del
sur del país, que se atribuyen particularmente los arequipeños. Si Murgia es un
símbolo de la identidad liberteña en el norte, Guillén ocupa la posición
equivalente en Arequipa. El año 2006, tras un retiro voluntario de cualquier
cargo de elección popular durante cuatro años, ganó por primera vez las
elecciones regionales tras derrotar contundentemente a Daniel Vera Ballón, del
Partido Aprista.

Su liderazgo resulta controvertido para un sector del país, que lo considera


depositario de la radicalidad sureña y “ambiguo” en su posición ante la
inversión privada. Para algunos, forma parte del “eje antiinversión” que
imaginariamente atribuimos siempre a los políticos sureños. Guillén tiene una
llegada importante con frentes de defensa y actores gremiales, de la que muy
pocos políticos gozan, y esta ha sido una de las bases más importantes en el
desarrollo de su carrera política. Sin embargo, son su postura de distancia
frente a los inversionistas y su discurso encendido los que le han permitido
colocarse como una especie de intermediario entre la gran empresa y el ánimo
radical sureño, que de otro modo no lo reconocería como un líder legítimo.
¿Esta posición lo ha vuelto enemigo de la inversión en su región?
Probablemente se trate más bien del mejor enemigo que las empresas del sur
pueden tener. En el momento en que abandone su discurso radical, perderá su
influencia como líder y los inversionistas deberán enfrentar el radicalismo de
algunos sectores sin representación política, sin frenos ni filtro.

¿Existe una alternativa a Guillén? Lo natural sería mirar al eterno segundo en


todas las elecciones regionales: el abogado Marco Falconí, candidato
recurrente del extinto partido Fuerza Democrática, de Alberto Borea, por el cual

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postuló a la primera Vicepresidencia de la República en el 2006. Ante la
pérdida de inscripción de esta agrupación, en octubre postuló por el
movimiento regional Fuerza Arequipeña. A diferencia de Guillén, se trata de un
político estrictamente electoral, que no tiene mayor protagonismo público entre
procesos, que se dedica exclusivamente a su actividad privada y en la
actualidad a presidir el Club Internacional de Arequipa, un club privado que lo
liga a los sectores más acomodados de la capital departamental. Aunque ha
tratado de desarrollar vínculos con sectores populares mediante la promoción
de comedores populares apoyado por sus simpatizantes, carece de un equipo
orgánico que lo respalde y de bases sólidas de apoyo.

Dos posibles líderes emergentes en la política arequipeña son el electo alcalde


por la capital regional, Alfredo Zegarra, quien iniciara su carrera política siendo
el exitoso burgomaestre del distrito José Luis Bustamante Rivero, así como
Álvaro Mercado, uno de sus competidores. Zegarra, médico y líder de otro
movimiento regional, Arequipa Renace, ha mostrado importantes capacidades
de gestión y un gran pragmatismo. Aunque se ha cuidado de no enfrentarse
con Guillén, se ha esforzado siempre en diferenciarse. Su futuro estará ligado,
como en otros casos, al éxito de su gestión, pero también a la habilidad que
muestre para convivir con el presidente regional. Mercado, por su parte, fue el
postulante de Fuerza Arequipeña a la alcaldía provincial y obtuvo más de 20%
de los votos válidos. Su candidatura es llamativa porque sigue un modelo muy
extendido y que ha tenido éxito en otras localidades del interior e incluso en
algunas presidencias regionales. Se trata de un locutor radial dedicado a
criticar a las autoridades políticas con verbo encendido y vocación radical, con
muy pocos seguidores entre las clases altas y medias arequipeñas, pero con
mucha influencia en los sectores bajos, usualmente menos satisfechos con el
funcionamiento del sistema político. Muy joven, sin mayores antecedentes
políticos, responde al perfil del aventurero al que se le abren las puertas en
medio de vacíos de poder, como el que con el tiempo podría aparecer ante la
ausencia de Guillén.

A pesar de la debilidad y fragmentación aprista en Arequipa, figuras cercanas


al presidente García mantienen poder en la región. El ejemplo más claro lo
constituye Lourdes Mendoza del Solar, segunda vicepresidenta de la
República, que es hija de una familia tradicional arequipeña con intereses en
distintos rubros empresariales de la región y dueños del canal de televisión de
mayor sintonía en el sur del país: Perú Televisión. Se trata de una familia que
ha logrado posicionar fichas políticas en distintas tiendas en el tiempo: el
hermano de Mendoza fue congresista de Solidaridad Nacional en el 2000, y fue
uno de los tantos que se pasaron a la bancada de Perú 2000 tras la re-
reelección fujimorista. Posteriormente, su hermana Fernanda formó parte de la
plancha presidencial de Carlos Boloña en Solución Popular, agrupando lo que
quedaba del fujimorismo tras la debacle del 2001. Su cercanía con García la
posiciona como una firme candidata a la cabeza de la lista parlamentaria en
Arequipa, por encima de Daniel Vera Ballón y la dirigencia regional del partido,

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que por ahora se encuentra muy entretenida resolviendo sus propios conflictos
internos.

Si Arequipa es desde hace varios años una región pujante desde el punto de
vista económico, una región más bien emergente es Cusco. Sin embargo, este
gran empuje contrasta con la precariedad de sus élites políticas. Si bien cuenta
con algunos políticos con antecedentes en gestión pública y gobierno, no ha
consolidado aún liderazgos con respaldo estable y que acumulen experiencia
política en el tiempo, por lo que parece una sociedad con “poderosos de turno”.
En una frase, se trata de una región sin representación política, pues no es lo
mismo elegir representantes que contar con políticos capaces de representar
los intereses de sus ciudadanos.

El nuevo presidente regional, Jorge Acurio, derrotó en primera vuelta a quien


se presentaba como favorito inicialmente, el ex parlamentario y ex
vicepresidente de la República Máximo San Román. Aunque ambos políticos
con cierta trayectoria proyectaron la imagen de empresarios exitosos durante la
campaña electoral, en un intento por aprovechar el ánimo contrario de la
población hacia los políticos y la renovada imagen con que cuentan hoy los
empresarios bajo el concepto de los “emprendedores”, fue San Román quien
jugó más decididamente esta carta, que finalmente no le alcanzó para hacerse
de la victoria.

Acurio, arquitecto y empresario del sector construcción en el Cusco, ganó con


el rótulo de la Gran Alianza Nacionalista. Su vinculación con el Partido
Nacionalista no era nueva, pues ya había gobernado el distrito de San
Sebastián entre el 2007 y el 2010 con este mismo partido. Su madre, tres
veces alcaldesa de este mismo distrito y vinculada siempre a partidos de
izquierda, le legó sus bases de apoyo e influencia en el Cusco, que este supo
ampliar. Además es representante de las casas de la “Alternativa Bolivariana
para los pueblos de nuestra América” (ALBA) en la región, vínculo que le
habría permitido realizar campañas gratuitas de salud como alcalde, con el
apoyo de médicos cubanos pertenecientes a la “Operación Milagro”. El
congresista Víctor Mayorga, de la bancada nacionalista, pertenece a su círculo
cercano de influencia y es con el hijo de este último con quien trabaja
estrechamente en la comisión de transferencia para asumir el nuevo gobierno
regional.

Con estos antecedentes, la pregunta clave es si su victoria lo es del


nacionalismo de Ollanta Humala. La respuesta no es del todo clara. Si bien
Acurio exhibe hoy vínculos que parecen orgánicos con el nacionalismo,
debemos recordar que quienes poseen el poder en las regiones son, ante todo,

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líderes y no organizaciones. Pese a algunas excepciones, son todavía caudillos
locales o regionales los que acumulan influencia, soporte político y poder,
poder que muchas veces es intransferible. Tanto las agrupaciones a las que
pertenecen, como los eventuales vínculos con otros actores y organizaciones
—como las Casas del ALBA—, tienen un carácter instrumental para su carrera
política antes que uno ideológico o programático. Es probable que por la
historia familiar de Acurio, organizaciones como el Partido Nacionalista sean
más afines a su estilo y discurso, pero de ello no se desprende necesariamente
un vínculo de largo plazo entre ambos. En todo caso, si Acurio formará parte
orgánica del proyecto nacionalista de Humala es algo que se definirá durante
su gestión y con base en los resultados de las próximas elecciones
presidenciales.

En cuanto al candidato derrotado, Máximo San Román, líder y creador del


movimiento regional PAN, alcanzó por segunda vez consecutiva la cuarta parte
de los votos válidos de la región, lo que habla de una cierta base de apoyo que
le puede servir para tentar una candidatura al Congreso de la República, quizá
de la mano de Restauración Nacional, agrupación por la cual postuló a la
vicepresidencia en las elecciones del 2006. Aunque ya es un político con dos
décadas de recorrido, fue uno de los que jugó con mayor entusiasmo la carta
del “emprendedor” que ingresa a la política, con el respaldo de su éxito en el
mundo privado. No es para menos, pues se trata del dueño de la fábrica de
productos de panificación NOVA, que abastece el mercado nacional e
internacional con exportaciones a 31 países. Es de este mundo privado de
donde provienen los apoyos más importantes del ex candidato, entre quienes
destacan Efraín Aller, dueño de la cadena hotelera Royal Inca en el Cusco. Al
igual que en el manejo de su empresa, San Román tiene como mano derecha
a su esposa, Irene Guerra. Desde el mundo político, el hijo del congresista de
UPP Aldo Estrada Choque, Aldo Estrada Peña, ocupa el puesto de asesor legal
del movimiento y tiene un papel gravitante en el círculo cercano a San Román,
aunque no significa un vínculo orgánico con UPP.

Si bien San Román parece haber conseguido el respaldo constante de un


porcentaje muy considerable de los electores, no ha sido capaz de organizar un
aparato político afinado hasta el momento. Una expresión de esta precariedad
fue la temprana división de las bases del PAN entre el grupo de los
“fundadores” y el autodenominado “grupo de los profesionales”. Estos últimos,
expresión de las bases presentes en la ciudad de Cusco, guardan cierto
desprecio por los demás miembros del partido, los “fundadores”, al
considerarlos poco preparados para asumir posiciones de poder. Las rencillas
internas entre estos grupos desestabilizaron la candidatura de San Román y
dispersaron los esfuerzos de la agrupación, que finalmente no pudo alcanzar la
presidencia.

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