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LA CORTE CENTROAMERICANA DE JUSTICIA NO TIENE JURISDICCIÓN NI

COMPETENCIA SOBRE LA REPÚBLICA DE COSTA RICA

CONSIDERACIONES PRELIMINARES

1. Mediante cédula judicial entregada en la ventanilla única de la Procuraduría


General de la República de Costa Rica el día 23 de marzo de 2009, el Secretario
General de la Corte Centroamericana de Justicia (en adelante la Corte, la CCAJ o la
Corte Centroamericana de Justicia) dirigió una comunicación a la Procuradora
General de la República de Costa Rica, por la cual se pretende comunicar la
resolución de la Corte Centroamericana de Justicia dictada a las cinco y treinta
minutos de la tarde del día veinticuatro de octubre de dos mil ocho, en la que se da
trámite a una acción interpuesta por la Asociación de Agentes de Aduana de Costa
Rica contra la República de Costa Rica.

2. El Gobierno de la República de Costa Rica considera irregular y nula la


referida comunicación de la Corte, dado que la señora Procuradora General de la
República de Costa Rica NO es la representante legal del Estado Costarricense para
asuntos de carácter internacional. En particular, la ley costarricense no le otorga ese
carácter para que se le notifiquen procedimientos de carácter internacional o que
emanen de instituciones de carácter internacional, como se verá a continuación.
Adicionalmente, el derecho internacional prescribe la forma y por medio de quienes
los Estados se hacen representar, aspectos ignorados en la referida comunicación.

i. Condición jurídica de la Procuraduría General de la República de Costa


Rica

3. La Procuraduría General de la República es un órgano desconcentrado del


Ministerio de Justicia de Costa Rica, al cual el ordenamiento reconoce distintas
competencias para ser ejercidas en el territorio nacional. En ese sentido, el
ordenamiento le atribuye una competencia territorial claramente delimitada.

4. Entre sus competencias está la representación legal del Estado. Pero esa
representación no es general ni absoluta. Dispone el artículo 3 de su Ley Orgánica,
N° 6815 de 27 de septiembre de 1982:

“Son atribuciones de la Procuraduría General de la República:

a) Ejercer la representación del Estado en los negocios de cualquier naturaleza,


que se tramiten o deban tramitarse en los tribunales de justicia”.

5. En primer término, esa representación está referida al plano interno: la


Procuraduría General no asume competencia alguna, incluida la de representación,
fuera del territorio nacional. La competencia que la Ley Orgánica otorga a la
Procuraduría General de la República tiene efectos territoriales claramente
delimitados. En ese sentido, dicha competencia sólo puede ser ejercida en el
territorio nacional. Dada su competencia territorial, la Procuraduría General no puede
asumir la representación del Estado ante las demandas que sean formuladas ante
tribunales extranjeros o internacionales.
2

6. En segundo término, la representación está referida a la actividad judicial que


se desarrolla ante los órganos jurisdiccionales costarricenses. El artículo 3 de la Ley
Orgánica de la Procuraduría General en su inciso a) es muy claro en cuanto que la
Procuraduría ejerce la representación del Estado en los negocios que se tramiten o
deban tramitarse en los tribunales de justicia. Este término debe entenderse
conforme lo dispuesto en los artículos 152, 153, 155 y 156 de la Constitución Política
y según las leyes de organización de los tribunales. En consecuencia, la
representación está referida a los tribunales de justicia que integran el Poder
Judicial. Es frente a esos tribunales que la Procuraduría General puede invocar y
hacer valer las disposiciones que regulan su actuación en juicio (artículos 20 y
siguientes de su Ley Orgánica).

7. En tercer lugar y como consecuencia de lo anterior, la Procuraduría no asume


la representación extrajudicial del Estado costarricense ni de ninguno de sus
repartos. Esta circunstancia explica, además, su incompetencia para representar al
Estado en procesos no jurisdiccionales, incluso tramitados en el territorio nacional.
Así, la Procuraduría General no asume la representación extrajudicial del Estado ni le
corresponde ejercer dicha representación ante procesos alternativos de solución de
conflictos, incluso cuando este es tramitado ante los tribunales de justicia
costarricenses. En estos supuestos, la representación es asumida por el Ministro del
ramo, salvo que se otorgue un poder especial a la Procuraduría.

8. En cuarto lugar, el ordenamiento jurídico nacional no le atribuye en modo


alguno la representación del Estado en el plano internacional. Como órgano interno
que es, la Procuraduría carece de competencia para representar al Estado en el plano
internacional, ya sea en los procesos entablados contra el Estado costarricense ante
jurisdicciones extranjeras, ya sea en relación con arbitrajes internacionales. En
consecuencia, la Procuraduría no puede asumir la defensa de los derechos e
intereses del Estado costarricense en el plano internacional.

ii. La pretendida notificación por parte de la Corte no está a derecho

9. A pesar que el derecho internacional prescribe a quienes compete


oficialmente representar a un Estado, lo cierto es que la Corte Centroamericana,
cuya competencia Costa Rica no reconoce, pretendió notificar a la Procuraduría
General de la República, otorgándole la condición de órgano exterior de la República,
sin tomar en consideración la propia condición de la Corte Centroamericana como
jurisdicción internacional. Asimismo, la Corte dispuso que para notificar el
emplazamiento al Estado se haría mediante “Comunicación Rogatoria dirigida a la
Honorable Corte Suprema de Justicia de Costa Rica”, ignorando las disposiciones de
derecho internacional que regulan los exhortos y cartas rogatorias. Baste recordar
que conforme a la Convención Interamericana sobre Exhortos o Cartas Rogatorias,
éstos deben tramitarse de acuerdo con las normas del Estado requerido, tomando en
consideración la autoridad competente para recibir y transmitir exhortos. En este
caso, el Estado requerido es Costa Rica, por lo que la comunicación de todo exhorto,
incluidas las notificaciones, debe necesariamente hacerse por la vía diplomática
correspondiente.

10. No puede entenderse que la Procuraduría, cuya competencia está circunscrita


al territorio nacional y es representante judicial del Estado para ante los tribunales
costarricenses, se constituya en un agente del Estado a nivel internacional o
3

comunitario. De asumir la Procuraduría esa condición, estaría violentando el orden


jurídico de las competencias.

11. Adicionalmente, la acción que se ha intentado comunicar ha sido presentada


ante una jurisdicción internacional a la cual la República de Costa Rica no se ha
sometido, no es parte y sin que se hubieren agotado las vías que el ordenamiento
nacional reconoce.

12. De forma tal que la Corte ha pretendido notificar a la República de Costa Rica
una acción en su contra por medio de un órgano que no tiene calidad de
representante internacional del Estado y por vías contrarias a lo establecido por el
derecho internacional. Por lo tanto, la República de Costa Rica considera que la
notificación referida es absolutamente nula y no tiene ningún efecto jurídico.

iii. Otras consideraciones relevantes

13. Es imperativo recordar que la Corte Centroamericana de Justicia ha


establecido en diversas resoluciones que el accionante debe declarar si ha agotado o
no previamente la jurisdicción interna del país sobre el cual establece la acción. Ese
agotamiento se requiere a efecto de que no se emitan a futuro sentencias
contradictorias. Permitir al particular acudir directamente ante la Corte sin recurrir
o, en su caso, agotar las instancias nacionales, es dejar sin efecto el principio de la
inmediata y directa aplicabilidad del derecho comunitario en cada Estado signatario y
su derivación de que a cada Estado corresponde aplicar la norma comunitaria e
interpretarla en primera instancia. La Corte, en su premura por establecerse a sí
misma una jurisdicción ilegítima, obvió determinar si el accionante cumplía o no con
el principio de agotamiento de la jurisdicción interna, lo cual en efecto no ha
sucedido. Esto por cuanto si bien el accionante agotó la via administrativa
costarricense, resulta que el presente caso está actualmente bajo conocimiento de la
jurisdicción contencioso-administrativa de este país. Esto reafirma la ligereza y la
violación sistemática de las garantías del procedimiento que, por lo visto,
caracterizan el accionar de la Corte, según se explicará con más detalle
posteriormente.

14. La demanda de la Asociación de Agentes de Aduana de Costa Rica no sólo ha


sido interpuesta ante una jurisdicción incompetente, sino que ha sido incoada sin que
se hubieran agotado los mecanismos jurídicos que el ordenamiento nacional
consagra como garantía del respeto de los Derechos Fundamentales y, en particular,
del acceso a una tutela judicial efectiva.

15. Aparte de lo anterior, y de manera fundamental, la República de Costa Rica


considera que la Corte Centroamericana de Justicia no tiene jurisdicción ni está
legitimada para escuchar casos contra la República de Costa Rica. Este es el tema
principal que será desarrollado en las páginas siguientes.

16. La República de Costa Rica deja establecido enfáticamente que la elaboración


y presentación del presente documento no tiene ni puede ser interpretado como una
aceptación de la jurisdicción o legitimidad de la CCAJ para escuchar el presente caso
o cualquier otro caso contra la República de Costa Rica. Las razones de hecho y de
derecho que emanan del presente documento no pueden ser consideradas o
interpretadas de forma tal que lleguen a constituir una aceptación, ni expresa ni
4

tácita, de un reconocimiento jurisdiccional de la Corte Centroamericana de Justicia


frente a la República de Costa Rica.

17. El único propósito del presente documento es el de ratificar la condición


jurídica actual en la que se encuentra la República de Costa Rica en relación con la
Corte Centroamericana de Justicia, y no tiene como propósito litigar el caso que de
forma arbitraria e ilegal la Corte ha dado curso.

CAPÍTULO I: EL PROTOCOLO DE TEGUCIGALPA NO OTORGA JURISDICCIÓN


A LA CCAJ PARA CONOCER CASOS CONTRA LA REPÚBLICA DE COSTA RICA

18. Al dar curso a la presente demanda, la Corte Centroamericana afirma que el


Protocolo de Tegucigalpa en su artículo 35 establece la jurisdicción obligatoria de la
Corte para los Estados Miembros del Sistema de la Integración Centroamericana, por
lo que al ser Costa Rica parte del Protocolo de Guatemala al Tratado General de
Integración Económica Centroamericana y del Convenio sobre el Régimen
Arancelario y Aduanero, el “Estado de Costa Rica se encuentra sometido a la
jurisdicción obligatoria de la Corte...” Agrega que la Corte en anteriores sentencias
ha establecido que “los Estados Parte del Protocolo de Tegucigalpa están sometidos a
la jurisdicción obligatoria de la Corte, independientemente de que sean o no Parte
del Convenio de Estatuto”. Con base en esos argumentos, esa Corte concluye que es
competente para conocer de la demanda interpuesta por la Asociación de Agentes de
Aduana de Costa Rica en contra del Estado de Costa Rica. Todas esas
consideraciones, como se verá, están erradas y no son jurídicamente válidas.

a. El Protocolo de Tegucigalpa no crea la CCAJ sino que la enuncia

19. El artículo 12 del Protocolo de Tegucigalpa establece:

“Artículo 12.- Para la realización de los fines del Sistema de la Integración


Centroamericana se establecen los siguientes órganos:

a) La Reunión de Presidentes;
b) El Consejo de Ministros;
c) El Comité Ejecutivo;
d) La Secretaría General.

Forman parte de este Sistema:…La Corte Centroamericana de Justicia, que


garantizará el respeto del derecho, en la interpretación y ejecución del
presente Protocolo y sus instrumentos complementarios o actos derivados del
mismo. La integración, funcionamiento y atribuciones de la Corte
Centroamericana de Justicia deberán regularse en el Estatuto de la misma, el
cual deberá ser negociado y suscrito por los Estados Miembros dentro de los
noventa días posteriores a la entrada en vigor del presente Protocolo…” (el
subrayado no es del original)

20. De la lectura de este artículo se observa, en primer lugar, que la CCAJ se


enuncia como una institución que “forma parte” del Sistema de la Integración. Al
contrario de los cuatro órganos que “se establecen” al inicio de dicho artículo (a
saber, la Reunión de Presidentes, el Consejo de Ministros, el Comité Ejecutivo y la
Secretaría General), en el caso de la CCAJ, este artículo únicamente enuncia la
5

futura Corte—pues, como se dijo, aún no había sido creada—como parte del
Sistema.

21. Precisamente, la creación de la CCAJ necesariamente va ligada a la


“integración, funcionamiento y atribuciones” (competencias) que según este artículo
12 “deberán regularse en el Estatuto de la misma, el cual deberá ser negociado y
suscrito por los Estados Miembros dentro de los noventa días posteriores a la
entrada en vigor” del Protocolo de Tegucigalpa. A diferencia de la Reunión de
Presidentes, del Consejo de Ministros, del Comité Ejecutivo y de la Secretaría
General, órganos cuya integración, funcionamiento y atribuciones (competencias)
son definidos en el propio Protocolo de Tegucigalpa—y que por lo tanto son
“establecidos” en dicho Protocolo—en el caso de la CCAJ no se va más allá de decir
que “forma parte” del Sistema.

22. No es posible concebir la creación y establecimiento de la jurisdicción de la


CCAJ sin la definición precisa de su integración, funcionamiento y atribuciones o
competencias, lo cual, tal como lo establece el artículo 12, se haría en el Estatuto de
la misma, es decir, en un instrumento posterior. Si un tribunal de derecho por
definición tiene una función jurisdiccional, no es posible aceptar que este tribunal sea
creado sin el establecimiento de su jurisdicción y competencias específicas. Tampoco
puede pretenderse que un Estado se haya comprometido de antemano a aceptar
someterse a la jurisdicción y competencias de un tribunal cuya integración,
funcionamiento y atribuciones son desconocidos, y la propia institución sea
inexistente jurídicamente, al no haberse incorporado como persona jurídica.
Asimismo, como se demostrará más adelante, la creación de la Corte como persona
jurídica, sólo tiene lugar en el Estatuto de ésta.

23. Nótese que lo único que hace el Protocolo de Tegucigalpa es la enunciación de


una sola atribución, en el sentido que “garantizará el respeto del derecho, en la
interpretación y ejecución” del Protocolo de Tegucigalpa y sus instrumentos
complementarios o actos derivados del mismo -artículo 12-. El artículo 35 del
Protocolo, como se verá más adelante, tampoco atribuye jurisdicción contenciosa
compulsiva a la CCAJ. En ningún lugar del Protocolo de Tegucigalpa se menciona
que la Corte tendrá jurisdicción contenciosa, sea para dilucidar casos entre Estados
ni de particulares contra Estados, pues esto se hace únicamente en el Estatuto de la
CCAJ. El Protocolo tampoco establece las reglas de la competencia de la CCAJ. Por
ello, no puede derivarse la jurisdicción y competencias de la CCAJ del Protocolo de
Tegucigalpa porque éstas nacen del Estatuto, al igual que la propia Corte como
persona jurídica.

24. Al ratificar el Protocolo de Tegucigalpa el 26 de junio de 1995, Costa Rica


estuvo de acuerdo que el sistema de integración comunitario tendría un órgano
jurisdiccional con el propósito de garantizar el respeto del derecho en la
interpretación y ejecución del Protocolo de Tegucigalpa e instrumentos
complementarios o actos derivados del mismo. Empero, del reconocimiento de la
existencia futura de un órgano judicial parte del Sistema de la Integración no puede
derivarse que Costa Rica haya consentido o se haya sujetado a la jurisdicción
obligatoria de dicha Corte. El derecho internacional confirma exhaustivamente esta
situación, y la Corte Internacional de Justicia ha determinado este punto con suma
claridad.1

1
Ver párrafo 80.
6

25. Dado que la Corte gusta de hacer análisis comparativos con el Tribunal de
Justicia Europeo, valdría la pena recordar algunas de las enormes diferencias que
existen entre ambas instituciones. Sobre los temas de la creación y la jurisdicción
obligatoria, algo muy diferente sucedió con el Tratado de Roma de 25 de marzo de
1957, mediante el cual se creó la Comunidad Económica Europea. Este Tratado le
dedica veinticinco artículos (del 164 al 188) 2 a el Tribunal de Justicia Europeo, en los
cuales su existencia, integración, organización, funciones, jurisdicción y
competencias son extensamente desarrolladas. Es interesante que las disposiciones
del Tratado de Roma sobre la Corte de de Justicia inician con un enunciado similar al
del artículo 12 del Protocolo de Tegucigalpa:

“Article 164 The Court of Justice shall ensure observance of law and justice
in the interpretation and application of this Treaty.”

26. Sin embargo, el Tratado de Roma, a diferencia del Protocolo de Tegucigalpa,


no se queda ahí, sino que en los artículos siguientes define que el Tribunal de Justicia
estará compuesta por 7 jueces (art. 165) quienes serán asistidos por 2 abogados
generales (art. 166); que jueces y abogados generales tendrán nombramientos por 6
años, habiendo una renovación parcial de ambos cada 3 años, con posibilidad de
reelección (art 167); y que la Corte nombrará su Secretario (art 168). Asimismo, el
Tratado de Roma establece la jurisdicción del Tribunal de Justicia para conocer casos
presentados por la Comisión contra Estados partes que no cumplan sus obligaciones
derivadas del Tratado (art. 169) o bien presentados por otros Estados partes previa
remisión del asunto a la Comisión (art. 170). De particular relevancia es el artículo
171, que establece el compromiso de los Estados partes de acatar las decisiones del
Tribunal de Justicia:

“Article 171 If the Court of Justice finds that a Member State has failed to
fulfill any of its obligations under this Treaty, such State shall take the
measures required for the implementation of the judgment of the Court.”

27. Más aún, el Tratado de Roma establece también la plena jurisdicción del
Tribunal de Justicia para imponer sanciones que sean establecidas en regulaciones
que emanen del Consejo (art. 172). Asimismo, establece la competencia del Tribunal
de Justicia para emitir fallos sobre la legalidad de los actos de la Comisión y del
Consejo luego de apelaciones por los Estados partes, o bien de las personas físicas o
jurídicas hacia quienes sean dirigidos esos actos o bien sean afectados por los
mismos (art. 173). Otros artículos establecen reglas de competencia (177, 178, 179,
180 y 181), de apelaciones (185) y hasta de ejecución de las sentencias (187).

28. Se observa que, al contrario de lo que sucedió con el Protocolo de


Tegucigalpa, en el caso del Tratado de Roma el Tribunal de Justicia Europeo es
efectivamente creado en el instrumento mismo. Su integración, funcionamiento,
atribuciones son claramente establecidos en dicho Tratado. Todo esto fue aceptado
por los Estados partes del Tratado de Roma. No es posible, por lo tanto, contender
que la CCAJ fue creada en el Protocolo de Tegucigalpa si en este instrumento tales
elementos están ausentes.

29. De igual forma, en el Tratado de Roma se establece claramente la función


jurisdiccional del Tribunal de Justicia Europeo, así como las reglas concretas de su

2
Articulado original del Tratado de Roma de 1957, previo a sus reformas posteriores.
7

competencia y atribuciones. Todo esto fue igualmente aceptado por los Estados
partes del Tratado. En el caso del Protocolo de Tegucigalpa, por el contrario, nada de
esto está presente, salvo una referencia general a la enunciación de una función de
la futura CCAJ de garantizar “el respeto del derecho, en la interpretación y ejecución”
del Protocolo de Tegucigalpa y sus instrumentos complementarios o actos derivados
del mismo, lo cual, como se ha visto, está lejos de establecer la jurisdicción
contenciosa de la CCAJ.

30. En este punto, es imperativo examinar el carácter de los instrumentos que


gobiernan la integración. El centro medular de la integración son los tratados, que,
en el caso de Centroamérica, son de dos clases: los primeros, los de carácter
institucional, que articulan y estructuran el sistema y sus instituciones; y los
segundos, que son aquellos que desarrollan dichas instituciones de una manera
uniforme, clara, concreta y que usualmente contienen las normas en las que los
Estados transfieren competencias a la organización comunitaria, para el
cumplimiento de los fines que les resultan de interés, y siempre que haya existido
una manifestación de voluntad expresa por parte del Estado que se trate, según lo
dispuesto por el derecho internacional. Se sigue entonces que la transferencia de
competencias al ordenamiento jurídico comunitario debe ser expresa y éstas deben
estar establecidas mediante un tratado internacional, de modo que la atribución de la
potestad reglamentaria -que en este caso se hace- a órganos comunitarios, sólo
puede ejercerse sobre materias expresamente definidas o trazadas en un tratado
internacional. En los tratados de naturaleza institucional, aquella potestad no podría
ejercitarse en tanto no se produzca una transferencia expresa de competencias
mediante convenio con las formalidades que establece la Convención de Viena sobre
el Derecho de los Tratados. En el caso de Costa Rica, la Sala Constitucional ha
establecido que un instrumento con estas características debe ser aprobado por
votación no menor de los dos tercios de la totalidad de miembros de la Asamblea
Legislativa (artículo 121 inciso 4 de la Constitución Política), y sometido a consulta
preceptiva de constitucionalidad de acuerdo a lo estipulado en el artículo 10 de la
referida Constitución.

31. En el caso del Protocolo de Tegucigalpa, éste es un instrumento de carácter


institucional, perteneciente al primer grupo, y en él no aparecen, estrictamente
hablando, delegaciones concretas de competencias. Por el contrario, en el caso
específico de la Corte, el artículo 12 establece claramente que su Estatuto es del
segundo grupo, cuya adopción por los países se haría de manera posterior al
Protocolo de Tegucigalpa.

32. En conclusión, el Protocolo de Tegucigalpa ni crea la CCAJ, ni establece su


función jurisdiccional ni sus competencias. Lo único que el Protocolo de Tegucigalpa
hace es enunciar una futura CCAJ, que nacerá a la vida jurídica a partir de un
Estatuto que establecerá su integración, funcionamiento y atribuciones, el cual
deberá ser “negociado y suscrito por los Estados Miembros dentro de los noventa
días posteriores a la entrada en vigor” del Protocolo.

b. La CCAJ, al igual que su jurisdicción y competencias, nacen a partir de


su Estatuto

33. El hecho de que la CCAJ no es creada por el Protocolo de Tegucigalpa, sino


meramente enunciada, queda confirmado por el propio Estatuto de la Corte
Centroamericana de Justicia. El artículo 1 del Estatuto dice que la CCAJ “queda
constituida y funcionará conforme a las disposiciones del presente Estatuto,
8

ordenanzas, reglamentos y resoluciones que emita ella misma”. Se observa


claramente que es a partir del Estatuto—y no del Protocolo—que la CCAJ queda
constituida, es decir, sólo el Estatuto crea la Corte. Nótese en particular la expresión
“queda constituida”. Nótese igualmente que se utiliza el verbo en tiempo futuro
“funcionará”, lo cual claramente indica que la Corte no podía funcionar antes de la
existencia de las disposiciones establecidas en el Estatuto.

34. En el párrafo siguiente del mismo artículo se dice que “La Corte
Centroamericana de Justicia es el Órgano Judicial principal y permanente del
‘Sistema de la Integración Centroamericana’, cuya jurisdicción y competencia
regionales son de carácter obligatorio para los Estados”. Se aprecia nuevamente que
es únicamente en el Estatuto que se establece el papel de la CCAJ como “Órgano
Judicial principal y permanente” del SICA, y donde se menciona por primera vez su
jurisdicción. Si la CCAJ hubiese sido creada y constituida en el Protocolo, al menos
esta atribución básica debería haber sido enunciada, que como se demostró, no
ocurre.

35. Por ello, el papel de la CCAJ como “órgano judicial principal y permanente del
SICA”—y por lo tanto su función jurisdiccional y sus competencias—nacen a la vida
jurídica únicamente a partir del Estatuto, no antes. De hecho, es en el artículo 28 del
Estatuto donde se establece la personalidad jurídica de la CCAJ.

“ARTÍCULO 28. La Corte tendrá personalidad jurídica, y gozará en todos los


Estados miembros de los privilegios e inmunidades que le corresponden como
Órgano del Sistema de la Integración Centroamericana y que le aseguren el
ejercicio independiente de sus funciones y la realización de los propósitos de
su creación….”

36. Evidentemente el nacimiento de la Corte va ligado al establecimiento de su


personalidad jurídica. Lo mismo sucede con el nacimiento de su jurisdicción: no es
sino en el artículo 3 del Estatuto donde se establece la jurisdicción de la CCAJ:

“Artículo 3. La Corte tendrá competencia y jurisdicción propias, con potestad


para juzgar a petición de parte y resolver con autoridad de cosa juzgada y su
doctrina tendrá efectos vinculantes para todos los Estados, órganos y
organizaciones que formen parte o participen en el ‘Sistema de la Integración
Centroamericana” y para sujetos de derecho privado”.

37. Se observa claramente que es en el artículo 3 del Estatuto donde se establece


expresa y literalmente la función jurisdiccional de la CCAJ. En ningún lugar del
Protocolo de Tegucigalpa se enuncia siquiera dicha función jurisdiccional, mucho
menos el valor de cosa juzgada de sus resoluciones. Por ello, la función jurisdiccional
de la Corte sólo es extensiva a los Estados que la aceptan, y esa aceptación nace
únicamente a partir de la ratificación del Estatuto, y no del Protocolo, como se
demostrará más adelante.

38. Algo similar ocurre con las competencias de la CCAJ, pues únicamente nacen
a partir de lo establecido en el artículo 22 del Estatuto. Por ello, antes del Estatuto,
la CCAJ carecía de competencias, al igual que de jurisdicción.

39. En conclusión, la jurisdicción y competencias de la CCAJ se derivan del


Estatuto y no del Protocolo. Por este motivo, la jurisdicción y competencias son
aplicables únicamente a los Estados partes del Estatuto. Costa Rica, como se verá
9

más adelante, no es Estado parte del Estatuto y por lo tanto no es ni Estado


miembro ni sujeto procesal ante la CCAJ.

c. La Ordenanza de Procedimientos y el Reglamento de la CCAJ


confirman que Costa Rica no es parte de la CCAJ y por lo tanto no es
sujeto procesal

40. De conformidad con lo establecido en la Ordenanza de Procedimientos de la


CCAJ, Costa Rica no es sujeto procesal para la CCAJ. El artículo 3 de la Ordenanza
establece claramente quiénes son los sujetos procesales:

“ARTÍCULO 3. Serán sujetos procesales:


a. Los Estados miembros y, en su caso, cualquier otro Estado;
b. Los Poderes u órganos fundamentales de los Estados Miembros en los casos
contemplados en el Estatuto de La Corte;
c. Los Órganos u Organismos del Sistema de la Integración Centroamericana; y,
d. Los particulares, sean personas naturales o jurídicas.” (el subrayado no es del
original)

41. Se observa que se hace referencia a los Estados miembros y a cualquier otro
Estado. “Estado miembro”, de conformidad con lo que establece el artículo 1 de la
Ordenanza, se refiere a “Estados que suscribieron el Convenio del Estatuto de la
Corte Centroamericana de Justicia; y para quienes se encuentra vigente.”
Precisamente, como se verá más adelante, para Costa Rica el Estatuto de la CCAJ no
se encuentra vigente. Por ello, Costa Rica ni es Estado miembro de la CCAJ, ni está
sometida a su jurisdicción y competencias, ni puede ser sujeto procesal para la CCAJ.

42. Tampoco se puede considerar a Costa Rica “cualquier otro Estado”, pues
evidentemente un Estado que no es parte del Estatuto tendrá que manifestar
expresamente su aceptación de la jurisdicción de esta Corte, ya sea en general o
para un asunto concreto, tal como lo ha establecido la propia Corte Internacional de
Justicia. Esto se desarrollará más adelante, pero por ahora se deja establecido que
Costa Rica no es parte del Estatuto de la CCAJ, por lo que no está sujeta a lo que se
establece en ese instrumento.

43. Adicionalmente, el propio Reglamento de la Corte prescribe la forma como se


integra la Corte:

“Artículo 2. La Corte Centroamericana de Justicia se integra actualmente por


dos Magistrados Titulares y dos Magistrados Suplentes, electos por las
Cortes Supremas de Justicia de los países respecto de los cuales están
vigentes tanto el Protocolo de Tegucigalpa a la Carta de la Organización de
los Estados Centroamericanos, ODECA, como el Estatuto de La Corte
Centroamericana de Justicia. Tendrá un Presidente y un Vicepresidente
electos por ella misma con acatamiento a lo dispuesto en el Estatuto y en
este Reglamento, que ejercerán sus cargos por un año..." (El subrayado no
es del original)

44. Es decir, la Corte solo puede integrarse con aquellos Magistrados que hayan
sido electos en países para quienes estén vigentes tanto el Protocolo de Tegucigalpa
como el Estatuto de la Corte Centroamericana de Justicia. Los países que no han
ratificado el Estatuto no pueden integrar jueces a la Corte, así como tampoco se les
puede aplicar el Estatuto.
10

CAPÍTULO II: EL CONVENIO DE ESTATUTO DE LA CCAJ NO ES APLICABLE A


LA REPÚBLICA DE COSTA RICA

a. Costa Rica no ratificó el Estatuto de la CCAJ, por lo que no es parte de


este instrumento ni está obligada por su contenido.

45. Sobre la necesidad de sujeción a los procedimientos establecidos por el


derecho interno para la ratificación de los tratados, a fin de que éstos puedan ser
vinculantes bajo el derecho internacional, procede recordar que el Estatuto no es
parte integrante del Protocolo de Tegucigalpa ni del Tratado General de Integración
Económica Centroamericana (TGIE), por lo que su vigencia, validez y eficacia no
derivan de la validez y eficacia del Protocolo de Tegucigalpa o del Tratado General. El
Convenio de Estatuto no constituye un simple protocolo derivado. Estos instrumentos
(Protocolo y TGIE) que son la base del Sistema de Integración Económica
Centroamericana, no modifican la regla relativa al carácter discrecional de la
ratificación, por la cual los Estados que han firmado un tratado no están obligados a
ratificarlo, y la negativa a ratificarlo no genera responsabilidad.

46. Por otra parte, del artículo 12 del Protocolo se deriva que el Estatuto de la
Corte Centroamericana de Justicia no constituye un instrumento derivado que pueda
entrar en vigencia mediante un simple acuerdo ejecutivo a tenor del artículo 34 del
Protocolo.

47. A fin de explicar la decisión soberana del Estado costarricense de no formar


parte de la Corte Centroamericana de Justicia, es relevante conocer los antecedentes
de la decisión que rechazó, formalmente, la ratificación del Convenio de Estatuto
referido.

48. El 28 de enero de 1994, el entonces Ministro de la Presidencia, Lic. Rolando


Laclé Castro envió la nota respectiva a la Asamblea Legislativa donde se hace llegar
el Proyecto de Ley de Aprobación del Estatuto de la Corte Centroamericana.

49. El día 05 de diciembre de 1995, este Proyecto recibió dictamen negativo de


mayoría por parte de la Comisión de Asuntos Jurídicos, que fue la Comisión
Permanente encargada de su estudio. Dentro de las razones dadas en este dictamen
destaca el debate que se dio en torno al inciso f) del artículo 22 del proyecto, el cual
la Comisión consideró como inconstitucional, “…por cuanto mediante la misma se
estaría delegando competencias que constitucionalmente han sido asignadas a la
Sala Constitucional…”

50. Asimismo, según se menciona en ese Dictamen negativo:


11

“…El articulado constitucional, según el cual Costa Rica es una República


Democrática, Libre e independiente, así como, que la Soberanía reside en la
Nación, imponen una limitante a la Política exterior en general…imponen
obligaciones al Poder Ejecutivo, pues en el contexto de la dirección de las
relaciones internacionales ambas estipulaciones deben ser acatadas, pues de
lo contrario, los otros poderes, o sea el legislativo y el Judicial han de entrar
en actividad para controlar o sancionar el quebranto del mandato, según
corresponda…De ello se deriva que las normas constitucionales que consagran
la jurisdicción (potestad que emana de la soberanía del Estado) y las legales
que prescriben la competencia (dentro de cada Estado), no pueden venir a
ser modificadas por el Tribunal…El problema que hemos encontrado los
Diputados miembros de la Comisión de Asuntos Jurídicos que suscribimos el
presente Dictamen estriba en que el mismo Estatuto impone una limitante,
pues de conformidad con el articulo 48, que no admite reserva alguna, por lo
que nos hemos visto obligados a dictaminarlo negativamente y optar de esta
forma por velar del Principio de supremacía Constitucional…” (el subrayado no
es del original)

“Por las razones expuestas, sometemos a la consideración del Plenario


Legislativo, el presente Dictamen Negativo de Mayoría, para que sea acogido
por los señores diputados. Dado en la sala de Sesiones de la Comisión
Permanente de Asuntos Jurídicos, a los cinco días del mes de diciembre de mil
novecientos noventa y cinco.”

51. En la opinión rendida por la Corte Suprema de Justicia de Costa Rica con
fecha 23 de octubre de 1995 en relación con el Estatuto de la CCAJ, la Corte expresó
las siguientes consideraciones:

“…esta Corte entiende que el Estatuto consultado ha de estar dentro de los


supuestos concretos a que se refiere el párrafo 2, del inciso 4) del artículo
121 de la Constitución Política, y por lo tanto ha de ser aprobado por votación
no menor de dos tercios de la totalidad de los Diputados que integran la
Asamblea Legislativa y que, para los efectos, su contenido normativo ha de
estar, necesariamente, contemplado bajo el supuesto de atribución o
transferencia de determinadas potestades y de ciertas competencias, a un
organismo jurídico comunitario, con el propósito claro, expreso, y concreto
de que se puedan realizar objetivos regionales y comunes; y entonces
cualesquiera otros propósitos sería, de acuerdo con el criterio de la Corte
Plena, significativamente inconvenientes…” (el subrayado no es del original)

“…para el supuesto de que, de manera subyacente, se pretende ir más allá de


lo que nuestra Constitución Política permite, cabe indicar, en esencia, no
parece conforme a Derecho que a la Corte Centroamericana de Justicia se le
atribuyan competencias que se salgan de lo estrictamente Regional y
Comunitario, para llegar hasta el campo que corresponde propiamente al
Derecho Internacional …dado que ‘la Corte tiene facultad para determinar su
competencia en cada caso concreto’ sería conveniente excluir toda indicación
a ese Derecho Internacional y hacer una exclusión como la que se hizo en el
artículo 25…”

“…Aspectos (sic) de suma trascendencia es el que contempla el inciso f), del


artículo 22, del Proyecto de Estatuto y que concierne a una de las
competencias de la Corte Centroamericana de Justicia; el cual dispone …Ese
12

inciso, por lo que significa su atribución competencial, con características


jurisdiccionales, parece ser también altamente inconveniente…”

“Más allá de lo que textualmente prevé nuestra Carta Magna, en el artículo 29


se estipula una exención de responsabilidad, respecto de los actos u opiniones
de los Magistrados, realizados en el cumplimiento de sus funciones oficiales,
no sólo en el tanto en que las produzcan durante el ejercicio de su cargos, o
por algún tiempo adicional después de haber cesado en sus funciones. Se
estima que debe analizarse también la conveniencia de esa exención perpetua
de responsabilidad…”

“Especialmente delicado por sensible, es el tema, en Costa Rica, de las


pensiones para los señores Magistrados… en la forma en la cual se estipulan
al final del artículo 44, dado que, esos beneficios a no dudarlo tendrán un
carácter privilegiado…”

“…no obstante que en el artículo 48 se expresa que “Este Estatuto no admite


reservas”, antes de que se produzca la eventual aprobación por parte de la
Asamblea Legislativa, es de trascendencia tener presente la normativa que
aquí se ha comentado, achacándole aspectos de inconveniencia…”

52. Por las incompatibilidades señaladas entre el Convenio de Estatuto de la CCAJ


y el ordenamiento constitucional costarricense, la República de Costa Rica no ratificó
este instrumento. Por consiguiente, no sólo no forma parte de esta Corte, sino que
las disposiciones jurídicas establecidas en el Estatuto y en cualquier otro documento
derivado del mismo no le pueden ser aplicadas.

53. La jurisdicción de un tribunal internacional o comunitario deriva de los


poderes que los Estados que la instituyen le acuerden. Costa Rica no puede otorgarle
a la Corte por medio de un tratado las potestades que la Constitución Política
atribuye a la Sala Constitucional. Por consiguiente, no puede someterse a la
jurisdicción de la Corte Centroamericana. Ello explica que el Convenio de Estatuto no
haya sido ratificado.

b. De conformidad con la Convención de Viena sobre el Derecho de los


Tratados, Costa Rica no está obligada por las disposiciones del
Estatuto de la CCAJ, y la CCAJ no está facultada para aplicar su
Estatuto, Reglamento o la Ordenanza de Procedimientos a Costa Rica

54. Como se ha explicado, Costa Rica no ratificó el Convenio de Estatuto de la


Corte Centroamericana de Justicia y, por consiguiente, no hizo el depósito
correspondiente ante la Secretaría del Sistema de la Integración Centroamericana.
Asimismo, Costa Rica ha rechazado consistentemente ser parte de la Corte, y los
demás Estados centroamericanos y la propia Corte así lo han reconocido. El
resultado es que el Estatuto de la CCAJ y los otros documentos que emanan a partir
de éste, en particular el Reglamento de la Corte y la Ordenanza de Procedimientos,
son inaplicables a Costa Rica.
13

55. Como la Corte debería conocer, Costa Rica presentó una reserva a la
Convención de Viena sobre el Derecho de los Tratados,3 que quedó debidamente
recogida e incorporada a dicha Convención por la Secretaría General de la
Organización de las Naciones Unidas.

56. Dicha reserva establece lo siguiente:

“1. With regard to articles 11 and 12, the delegation of Costa Rica wishes to
make a reservation to the effect that the Costa Rican system of constitutional
law does not authorize any form of consent which is not subject to ratification
by the Legislative Assembly.
2. With regard to article 25, it wishes to make a reservation to the effect
that the Political Constitution of Costa Rica does not permit the provisional
application of treaties, either.
3. With regard to article 27, it interprets this article as referring to
secondary law and not to the provisions of the Political Constitution.
4. With regard to article 38, its interpretation is that no customary rule of
general international law shall take precedence over any rule of the Inter-
American System to which, in its view, this Convention is supplementary.”

57. En conexión con el status jurídico establecido por Costa Rica, relacionado con
la entrada en vigor para sí de todos los instrumentos internacionales por ella
suscritos, dos reglas generales de Derecho Internacional confirman la inaplicabilidad
al Estado costarricense del Estatuto de la Corte, del Reglamento de la Corte y de la
Ordenanza de Procedimientos. Se trata de los artículos 14 y 34 de la Convención de
Viena sobre el Derecho de los Tratados.

58. La primera regla se encuentra en el artículo 14 de la referida Convención, que


establece que las condiciones para que un Estado asuma las obligaciones derivadas
de un Tratado sólo se dan cuando dicho Estado ha consentido esa obligación
mediante la ratificación, aceptación o aprobación de un instrumento. Así, el artículo
14 en su texto auténtico en inglés establece:

“1. The consent of a State to be bound by a treaty is expressed by ratification


when: a) the treaty provides for such consent to be expressed by means of
ratification; b) it is otherwise established that the negotiating States were
agreed that such consent may be expressed by that ratification should be
required; c) the representative of the State has signed the treaty subject to
ratification; or, d) the intention of the State to sign the treaty subject to
ratification appears from the full powers of its representative or was
expressed during the negotiation.

2. The consent of a State to be bound by a treaty is expressed by acceptance


or approval under the conditions similar to those which apply to ratifications.”

59. La situación de Costa Rica se confirma en el artículo 14 por partida doble,


tanto por el efecto del inciso 1, b) como por lo establecido en el inciso 2. No sólo la
reserva de Costa Rica tiene el efecto jurídico de notificar a los demás Estados de la
comunidad internacional la forma y el procedimiento bajo el cual Costa Rica se obliga

3
Ver:
http://treaties.un.org/Pages/ViewDetailsIII.aspx?&src=IND&mtdsg_no=XXIII~1&chapter=23&Temp=mtd
sg3&lang=en
14

por instrumentos internacionales, sino que además la práctica centroamericana es


que los países de la región se obligan por tratados internacionales solamente
después de haber concluido los procedimientos constitucionales de ratificación en
cada Estado.

60. Costa Rica ha demostrado que tanto por lo establecido en su Constitución


Política,4 como por la reserva hecha a la propia Convención de Viena,5 sólo queda
obligada por tratados internacionales una vez que haya concluido el procedimiento
constitucional de ratificación con la aprobación expresa del instrumento
correspondiente por parte de su Asamblea Legislativa y el posterior depósito del
instrumento respectivo de ratificación. En el caso del Estatuto, Costa Rica NO
aprobó el mismo, y por lo tanto, éste nunca entró en vigor para Costa Rica.

61. La segunda regla se establece en el artículo 34 de la referida Convención de


Viena. Dicho artículo, en su texto auténtico en inglés, establece:

“A treaty does not create either obligations or rights for a third State without
its consent.”

62. Denegada la ratificación de un instrumento internacional, un Estado cesa


cualquier ligamen jurídico con dicho instrumento, lo cual tiene el efecto de constituir
a ese Estado en un tercer Estado en relación con el instrumento rechazado.
Asimismo, cesa cualquier obligación de sujetarse a éste bajo la regla de buena fe o
Pacta Sunt Servanda, término, en apariencia, de uso de moda por parte de la Corte.
Bajo las reglas de la Convención de Viena, la República de Costa Rica es, de pleno
derecho, un tercer Estado en relación con el Estatuto de la Corte Centroamericana de
Justicia. El efecto jurídico que ello tiene es que ni el Estatuto ni cualquier otro
documento derivado de éste pueden establecer obligaciones o derechos sin el
consentimiento expreso y por escrito de la República de Costa Rica, tal y como lo
dispone el artículo 34 de la Convención de Viena sobre el Derecho de los Tratados.

63. En adición, la doctrina concuerda que el rango de cualquier instrumento cuyo


objeto sea la transferencia de competencias es el de tratado o convenio
internacional. Así, el jurista Manuel Diez de Velasco, afirma que “los Tratados
comunitarios son convenios multilaterales concluidos en forma solemne, es decir,
sometidos a ratificación”.6

64. La situación jurídica entonces es clara. Costa Rica no forma parte ni tiene
ningún ligamen jurídico con el Estatuto de la Corte Centroamericana de Justicia, y
por consiguiente, con ningún otro instrumento derivado de dicho Estatuto, como lo
son el Reglamento de la Corte y la Ordenanza de Procedimientos.

65. Se desprende de lo anterior que el ámbito de aplicación del Estatuto está


referido a los Estados que lo han suscrito y ratificado. Si como ha dicho la Corte
(resolución de 11:30 hrs. de 5 de agosto 1997), el ámbito de los Convenios de
Integración queda delimitado en cuanto a su aplicación a los Estados que los han
ratificado, la consecuencia lógica es que los Estados que no han ratificado un tratado
no quedan vinculados por éste. De esto que se concluye necesariamente que el
Estatuto de la Corte no es aplicable para Costa Rica. De la misma forma que el

4
Artículo 121 inciso 4, Constitución Política de la República de Costa Rica. Anexo 1.
5
Convención de Viena sobre el Derecho de los Tratados, 1969.
6
Manuel Diez de Velasco Las Organizaciones Internacionales, (Madrid: Editorial Tecnos, 2002) p. 641.
15

Tratado Constitutivo del Parlamento Centroamericano y otras Instancias Políticas,


sus Protocolos y Reglamento Interno no tienen vigencia en Costa Rica porque ese
Tratado no ha sido ratificado por este Estado, tampoco el Estatuto de la Corte puede
considerarse vigente y obligatorio para Costa Rica.

66. De acuerdo con la lógica que recoge la resolución de la Corte que pretende
dar traslado al presente caso, basada en el argumento de que Costa Rica está sujeta
a su jurisdicción porque ratificó el Protocolo de Tegucigalpa, tendríamos que la Corte
se integraría con al menos dos Magistrados titulares por cada uno de los Estados,
incluido Costa Rica, de conformidad con el artículo 8 del Estatuto. Dos jueces por
Estado permite que cuando el Tribunal delibera pueda tener juzgadores
particularmente familiarizados con el sistema jurídico de cada Estado miembro.

67. No obstante, es evidente que la Corte no se integra con ningún Magistrado


nombrado por Costa Rica y de hecho, ningún funcionario costarricense podría
integrar la Corte en representación de Costa Rica, por cuanto el Estatuto no solo no
forma parte de nuestro ordenamiento jurídico, sino que Costa Rica no puede
ratificarlo. De lo anterior se deriva que si Costa Rica fuera parte del Estatuto, la
Corte habría funcionado sin estar debidamente integrada, por lo que todas y cada
una de las resoluciones que ha dictado serían absolutamente nulas. Pero, además, la
Corte está impedida de dictar cualquier resolución que concierne a Costa Rica en
tanto esta está impedida de nombrar un Magistrado ante la Corte. Va de suyo,
además, que ningún costarricense puede pretender invocar la modificación de la
composición del tribunal, de manera que se nombre un juez nacional por cuanto el
Parlamento costarricense rechazó la aprobación al Estatuto de la Corte por los
problemas de constitucionalidad y otras deficiencias manifiestas del instrumento en
cuestión.

68. Costa Rica comparte el voto disidente parcial del Magistrado Presidente
Francisco Darío Lobo Lara en el Expediente N. 2-3-8-2007, que en la solicitud de
Opinión Consultiva referente a la inmunidad de jurisdicción del PARLACEN, y que fue
resuelta por la Corte Centroamericana de Justicia el 16 de julio de 2008 a las once
de la mañana. En su voto razonado, el Magistrado Lobo Lara afirma que el Convenio
de Estatuto de la Corte Centroamericana no ha sido ratificado por todos los Estados,
por lo que sus competencias específicas no pueden ser obligatorias para los Estados
que no lo han ratificado. Es decir, no son obligatorias para Costa Rica, Panamá y
Belice.

69. Por consiguiente, ni el Estatuto de la Corte, ni el Reglamento, ni la Ordenanza


de Procedimientos, ni cualquier otro documento emanado de la Corte pueden ser
aplicados a Costa Rica. El resultado, que será analizado más adelante, es que la
conducción por parte de la Corte de procedimientos en éstas circunstancias es
abiertamente violatorio del derecho internacional y del propio marco jurídico que
regula la jurisdicción, competencias y la actividad procesal de la CCAJ. Es decir, la
Corte no tiene ninguna potestad jurídica para establecer procedimientos contra la
República de Costa Rica, dado que no está legitimada para ello al no existir un marco
jurídico válido y vinculante que pueda gobernar la conducción de dichos
procedimientos en casos donde se pretenda que la República de Costa Rica sea
parte.

c. Debido al principio de atribución de poderes, la base de la jurisdicción


de un Tribunal Internacional es la aceptación expresa de su jurisdicción y
competencia por parte de los Estados.
16

70. La Corte ejerce sus funciones por delegación de los Estados –principio de
atribución de poderes de los Estados-, pero en el caso del Estado de Costa Rica éste
no le ha delegado ningún poder o atribución nacional, porque en ejercicio de su
soberanía no ha aprobado ni ratificado el Estatuto de la Corte. No existe un acto de
libre autodeterminación y consentimiento de Costa Rica de sujetarse al referido
Estatuto.

71. Corresponde a cada Estado, en ejercicio de su soberanía, decidir si reconoce


una jurisdicción internacional, sometiéndose a ésta, ya sea en forma subsidiaria o
concurrente con la jurisdicción de los tribunales nacionales. La decisión de transferir
a un órgano el ejercicio de la potestad jurisdiccional nacional y el sometimiento a ella
constituye una decisión soberana. Por consiguiente, esa decisión debe ser libremente
adoptada y expresamente consentida por el Estado de que se trate.

72. Este principio, reconocido por el derecho internacional, es plenamente


aplicable al Estado costarricense frente a cualquier jurisdicción, incluida la de la
Corte Centroamericana de Justicia. La Corte ejerce sus funciones por delegación de
los Estados, pero en el caso del Estado de Costa Rica éste no le ha delegado ninguna
función, porque en ejercicio de su soberanía no ha aprobado ni ratificado el Estatuto
de la Corte, ni ha consentido expresamente tal condición. No existe un acto de libre
autodeterminación y consentimiento de Costa Rica en sujetarse al referido Estatuto.
Esta decisión de Costa Rica de no someterse a la jurisdicción de la Corte
Centroamericana de Justicia debe entenderse como una manifestación soberana,
conforme a su Constitución y a los principios generales del Derecho Internacional.

73. Debido al principio de atribución de poderes de los Estados, derivado del


principio de soberanía, la base de la jurisdicción de un tribunal internacional sobre un
Estado particular es la aceptación expresa de ésta por parte de ese Estado. Así, es
útil establecer una correlación con la Carta de la Organización de las Naciones Unidas
de 1945. En este sentido, se debe notar que aún cuando el artículo 93.1 de la Carta
de las Naciones Unidas dice que “Todos los Miembros de las Naciones Unidas son
ipso facto partes en el Estatuto de la Corte Internacional de Justicia”, el artículo 36
del propio Estatuto de la Corte Internacional de Justicia (CIJ) requiere además una
declaración de aceptación expresa por parte del Estado de la jurisdicción contenciosa
de la CIJ.

74. Como lo explican Thomas Buergenthal y Sean Murphy:

“In discussing the Court’s jurisdiction, it is important not to equate adherence


by a state to the Court’s Statute with acceptance of its jurisdiction. The doors
of the Court are open to a state which is party to its Statute—that is what
adherence to the Statute signifies. But whether the Court may hear a case
filed by a state party to the Statute against another state party depends upon
whether both have in addition accepted the tribunal’s jurisdiction.”7

75. Una explicación similar la brinda Ian Brownlie:

“The court has jurisdiction in contentious cases between states, on the basis
of the consent of the parties. The Court has often referred to the fact that the

7
Thomas Buergenthal y Sean D. Murphy. Public International Law. (Minnesota: West Publishing Co,
2007), p. 79.
17

jurisdiction of the Court to hear and decide a case on the merits depends on
the will of the parties. This principle, reflected in Article 36 of the Statute,
rests on international practice in the settlement of disputes and is a corollary
of the sovereign equality of states.”8

76. Jean-Pierre Cot, Alain Pellet y Mathias Forteau se refieren a este mismo
principio:

“Il convient, en tout premier lieu, de bien préciser qu’être partie au Statut
ouvre aux Etats la possibilité de soumettre leurs différends à la Cour, mais ne
les y oblige nullement : en matière contentieuse, la compétence de celle-ci ne
peut se fonder que sur le consentement formel des Etats.9 (el subrayado no
es del original)

77. Bruno Simma también se refiere a este punto con meridiana claridad:

“A jurisdictional link established by the parties in the exercise of their


sovereignty is the basis of the jurisdiction of the ICJ. Jurisdiction without the
consent of the parties does not exist.”.10 (el subrayado no es del original).

78. Precisamente el artículo 36 del Estatuto de la CIJ establece las formas como
un Estado puede declarar su aceptación expresa de la jurisdicción de la CIJ. El texto
del Estatuto, en uno de sus idiomas auténticos originales, dice:

“Article 36
1. La compétence de la Cour s'étend à toutes les affaires que les parties lui
soumettront, ainsi qu'à tous les cas spécialement prévus dans la Charte des
Nations Unies ou dans les traités et conventions en vigueur.
2. Les Etats parties au présent Statut pourront, à n'importe quel moment,
déclarer reconnaître comme obligatoire de plein droit et sans convention
spéciale, à l'égard de tout autre Etat acceptant la même obligation, la
juridiction de la Cour sur tous les différends d'ordre juridique ayant pour objet
:
a. l'interprétation d'un traité;
b. tout point de droit international;
c. la réalité de tout fait qui, s'il était établi, constituerait la violation d'un
engagement international;
d. la nature ou l'étendue de la réparation due pour la rupture d'un engagement
international.
3. Les déclarations ci-dessus visées pourront être faites purement et
simplement ou sous condition de réciprocité de la part de plusieurs ou de
certains Etats, ou pour un délai déterminé.
4. Ces déclarations seront remises au Secrétaire général des Nations Unies qui
en transmettra copie aux parties au présent Statut ainsi qu'au Greffier de la
Cour…”

8
Ian Brownlie. Principles of Public International Law, Sexta Edición (Nueva York: Oxford University
Press, 2003), pp. 680-681.
9
Jean-Pierre Cot, Alain Pellet y Mathias Forteau. La Charte des Nations Unies, Commentaire article par
article. Tercera edición. (Paris : Economica, 2005), p. 1968.
10
Bruno Simma (Editor) The Charter of the United Nations, A Commentary, Segunda Edición, Vol. II
(Nueva York: Oxford University Press, 2002) p. 1154.
18

79. Como se ha visto, a pesar de que la Carta de las Naciones Unidas dice que
todos los Estados miembros son ipso facto partes de la CIJ, forzosamente se requiere
además una manifestación expresa de aceptación de su jurisdicción. La
jurisprudencia de la CIJ confirma este principio, como lo demuestran las siguientes
sentencias:

“While the Court derived its power to indicate these provisional measures
from the special provisions contained in Article 41 of the Statute, it must now
derive its jurisdiction to deal with the merits of the case from the general
rules laid down in Article 36 of the Statute. These general rules, which are
entirely different from the special provisions of Article 41, are based on the
principle that the jurisdiction of the Court to deal with and decide a case on
the merits depends on the will of the Parties. Unless the Parties have
conferred jurisdiction on the Court in accordance with Article 36, the Court
lacks such jurisdiction.”11 (el subrayado no es del original)

“The Court cannot decide such a dispute without the consent of Albania. But it
is not contended by any Party that Albania has given her consent in this case
either expressly or by implication. To adjudicate upon the international
responsibility of Albania without her consent would run counter to a well-
established principle of international law embodied in the Court's Statute,
namely, that the Court can only exercise jurisdiction over a State with its
consent”.12 (el subrayado no es del original)

80. En una sentencia más reciente, la CIJ dijo:

“The Court observes that the United Nations Charter contains no specific
provision of itself conferring compulsory jurisdiction on the Court.” 13

81. Los principios y jurisprudencia establecidos por la CIJ no pueden


menospreciarse. Tal como lo explica Bruno Simma:

“The ICJ has special characteristics which distinguish it from other


International judicial institutions. It is the only international judicial body
which is open to all States, first of all to UN members but also to non-
members. It is therefore qualified to become a general court of the whole
international community. The incorporation of the ICJ within the UN Charter
suggests that UN considered itself to be representing the whole international
community on this matter. Furthermore, on the basis of the definition of the
so-called sources of law in its Statute, the ICJ is the only judicial body which
applies generally binding international law without limitation to a defined
treaty system or the restrictions of a specialized legal field (Art. 38 (1) ICJ
Statute). The ICJ is therefore in a better position than any other judicial

11
“Anglo-Iranian Oil Co. case (jurisdiction), Judgement of July 2, 1952: I.C.J. Reports 1952, p. 93” (pp.
102-103).
12
"Case of the monetary gold removed from Rome in 1943 (Preliminary Question), Judgment of June15,
1954: I.C. J. Reports 1954, p. 19” (p.32).
13
“Aerial Incident of10 August 1999 (Pakistan v. India), Jurisdiction of the Court, Judgment, I.C.J.
Reports 2000, p. 12” (pag. 32).
19

institution to contribute through its case law to the development of general


international law.”14 (el subrayado no es del original)

82. Como se observa, en el caso de la jurisdicción de la CIJ, la aceptación de la


jurisdicción de este Alto Tribunal debe realizarse de forma expresa, incluso a pesar
de que la Carta de las Naciones Unidas establece que “Todos los Miembros de las
Naciones Unidas son ipso facto partes en el Estatuto de la Corte Internacional de
Justicia”. En el caso de la CCAJ, este principio, confirmado por la jurisprudencia de la
CIJ, debería aplicarse con aún más razón, pues en el Protocolo de Tegucigalpa no se
encuentra una disposición ni remotamente similar. Y aún cuando la hubiera, de
acuerdo con lo establecido por las Naciones Unidas y sobre todo la jurisprudencia de
la CIJ, se requiere una manifestación de aceptación expresa de la jurisdicción de la
CCAJ por parte de los Estados miembros del SICA. Como se ha demostrado, esta
manifestación expresa de someterse a la jurisdicción y competencias de la CCAJ se
deriva del Estatuto de la Corte Centroamericana de Justicia y no del Protocolo de
Tegucigalpa. Costa Rica no sólo no es parte del Estatuto, sino que además
expresamente ha manifestado su no aceptación de la jurisdicción de la CCAJ. Por
ello, la CCAJ no tiene jurisdicción ni competencia sobre Costa Rica.

d. La propia CCAJ ha reconocido que Costa Rica no es parte del Estatuto


de la CCAJ ni miembro de la CCAJ

83. En realidad existe un reconocimiento universal por parte del Sistema de la


Integración Centroamericana, de los otros Estados Miembros del Sistema, así como
de todas las instituciones del Sistema de la Integración—incluida la propia Corte
Centroamericana de Justicia—de que Costa Rica no forma parte de la Corte.

84. En este sentido, Costa Rica ha reiterado con frecuencia ésta condición.15 La
propia Corte ha reconocido que Costa Rica no forma parte de ella por no haber
ratificado el Estatuto,16 y en su sitio de Internet, inclusive al día de hoy, existe un
documento donde tanto el Presidente saliente de la Corte y el nuevo Presidente de la
Corte expresan que el reto es que Costa Rica y Panamá se integren a ella. Más aún,
en el documento anexo a la nota enviada por la Corte a Costa Rica el 10 de marzo de
2009,17 se reconoce que “no todos los Estados Centroamericanos son miembros de la
Corte Centroamericana de Justicia”18 en clara alusión a Costa Rica y a Panamá. La
nota en cuestión luego afirma lo siguiente:

“En consecuencia, se requiere la quinta ratificación de dicho instrumento [el


Convenio de Estatuto] por parte de Costa Rica para completar la garantía de
la interpretación y aplicación uniformes del derecho comunitario
centroamericano y ofrecer la debida protección judicial comunitaria a las
inversiones, las transacciones comerciales y financieras…”.

14
Bruno Simma, (Editor) The Charter of the United Nations, A Commentary, Segunda Edición, Vol. II
(Nueva York: Oxford University Press, 2002) p. 1146.
15
Ver Notas dirigidas por parte del Ministro de Relaciones Exteriores y Culto de Costa Rica a los Ministros
de Relaciones Exteriores de las repúblicas de Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua, Panamá,
Belice y República Dominicana, así como al Secretario General del SICA. Anexo 2.
16
Ver Nota de Silvia Isabel Rosales Bolaños, en su condición de Presidente de la Corte Centroamericana de
Justicia, al Ministro de Relaciones Exteriores y Culto de Costa Rica, de 10 de marzo de 2009. Anexo 3.
17
Ibid.
18
Ibid.
20

85. Tal y como se expresa en este texto, sólo si Costa Rica llegase a ratificar el
Convenio de Estatuto de la Corte existirá una garantía completa de interpretación y
aplicación uniforme del derecho comunitario centroamericano. Sin la participación
de Costa Rica, ésta garantía no existe, como bien se expresa.

86. La Corte entonces reconoce que Costa Rica no es parte de su Convenio de


Estatuto, único instrumento jurídico por el cual un Estado puede ser parte de la Corte
y para que ésta, a su vez, pueda conocer y conducir casos contra ese Estado. Esta
condición jurídica reconocida a la República de Costa Rica también es reconocida por
la Corte en la propia resolución en que da curso a la presente causa, como se verá
más adelante.

87. Por su parte, todos los Estados centroamericanos han reconocido que Costa
Rica no es parte de la Corte. Así, en la resolución dada en la ciudad de Tegucigalpa
el 30 de junio de 2005, los Presidentes hacen una salvaguarda sobre los países que
en ese momento, incluyendo a Costa Rica, no eran parte del Convenio de Estatuto de
la Corte Centroamericana de Justicia. El texto en su párrafo tercero dice,
literalmente, lo siguiente:

“3. Lo dispuesto en la presente Resolución, no afecta la condición jurídica de


los Estados que no son parte del Convenio de Estatuto de la Corte
Centroamericana de Justicia.”19

88. Esta situación jurídica fue asimismo confirmada por el Ministro de Relaciones
Exteriores de Nicaragua a la vocería centroamericana en conexión con la negociación
de un Acuerdo de Asociación CA-EU, mediante una nota enviada a los demás países
Centroamericanos con fecha de 16 de abril de 2009. La nota expresa un aparente
desconcierto por parte de la República de Nicaragua sobre la supuesta imposición de
una agenda mediática de un país [Costa Rica] pese a que “internamente, nuestros
representados nos reclaman que dicho país no es miembro de la Corte
Centroamericana de Justicia…”20 Es decir, dicho país, coincidentemente sede de la
Corte, reconoce y confirma expresamente esa condición jurídica.

89. Por lo tanto, existe un reconocimiento formal y jurídicamente vinculante por


parte de los demás Estados Centroamericanos miembros del Sistema de la
Integración Centroamericana, en cuanto a que la República de Costa Rica no es parte
de la Corte Centroamericana de Justicia por haber rechazado Costa Rica la
ratificación del Convenio de Estatuto de la Corte Centroamericana de Justicia.

CAPÍTULO III: LA CCAJ ES INCOMPETENTE PARA ESCUCHAR CASOS


CONTRA COSTA RICA

a. La Corte ha actuado de manera contraria a su propia normativa y al


derecho internacional público en general

19
Resolución de 30 de junio de 2005, tomada en la reunión de Presidentes del Sistema de la Integración
Centroamericana. Anexo 4.
20
Nota del Viceministro de Relaciones Exteriores de Nicaragua a la vocería centroamericana para la
negociación de un Acuerdo de Asociación CA-UE, MRE/DVM/0315/04/09, de 16 de abril de 2009. Anexo
5.
21

90. Como se ha explicado, la CCAJ no puede interpretar que su creación y


jurisdicción están establecidas en el Protocolo de Tegucigalpa. El propio artículo 12
del Protocolo definió que la creación, jurisdicción y las competencias de la Corte
serían establecidas en el Estatuto, de posterior negociación entre las partes. En este
sentido, se ha demostrado que el Estatuto de la CCAJ establece con claridad dos
aspectos fundamentales para la operatividad formal de la Corte.

91. En primer lugar, la Corte queda formalmente constituida solamente por


disposición expresa del artículo 1 del Estatuto, en conexión con el artículo 28 del
mismo cuerpo. Es decir, no es sino hasta el artículo 28 que se establece la
personería jurídica de la CCAJ. De forma tal que la entrada a la vida jurídica de la
Corte como institución permanente de derecho, con personería para actuar y con las
capacidades y competencias que se le reconocen como sujeto de derecho
internacional, sólo son eficaces jurídicamente a partir de la entrada en vigencia del
Estatuto. El Protocolo de Tegucigalpa no hace tal cosa.

92. En segundo lugar, la jurisdicción y competencias de la Corte se establecen


únicamente en el respectivo Estatuto. Por ello, la Corte está legitimada para la
conducción de la actividad procesal solamente por lo definido en el Estatuto. Esto se
establece en particular en sus artículos 1 y 3.

93. Ni el Estatuto de la Corte, ni la Ordenanza de Procedimientos dictadas por la


Corte, ni el propio Protocolo de Tegucigalpa establecen que la jurisdicción y
competencias de la Corte estén establecidas en el artículo 12 del mencionado
Protocolo o, como se verá posteriormente, ni en el artículo 35 reformado del
Protocolo. Por el contrario, es claro y notorio que los arreglos para que la Corte
tuviera jurisdicción y competencias se hacen en su Estatuto únicamente y solamente
después que las partes así lo acordaran, ello en estricto cumplimiento de lo dispuesto
por el propio artículo 12 del Protocolo de Tegucigalpa. En reiteración de lo dicho, el
artículo 12, y así recogido en el considerando primero del Estatuto, estableció que la
integración, funcionamiento y atribuciones deberán ser reguladas en su Estatuto, el
cual sería negociado y suscrito por los Estados miembros en fecha posterior.

94. No puede caber ninguna duda entonces que el Protocolo de Tegucigalpa ni


integró, ni puso a funcionar ni le dio ninguna atribución jurisdiccional –incluida la
atribución jurisdiccional ratione personae—a la Corte, y que todas estas acciones y
potestades le fueron conferidas a la Corte en el Estatuto únicamente.

95. Se debe señalar que en la resolución que da curso al presente caso, la Corte
omitió hacer un examen exhaustivo de la situación jurídica de su propio Estatuto en
relación con el presente caso. La Corte tampoco hizo una lectura literal ni da un valor
fiel al artículo 12 del Protocolo de Tegucigalpa. Lo que si hizo fue desconocer y
desaplicar la propia normativa que gobierna, con exclusividad, las actuaciones de la
Corte relacionadas con el procedimiento. Esto se hace aún más evidente en la total
violación de la Ordenanza de Procedimientos, emitida por la propia Corte.

96. En este sentido, y aunque este punto ha sido ya tratado, es relevante


examinar cuales son los sujetos procesales que el marco jurídico de la Corte define.
Así, el artículo 3 de dicha Ordenanza de Procedimientos establece quiénes son los
sujetos procesales –jurisdicción ratione personae- sobre los cuales aplica tanto el
Estatuto de la Corte como la Ordenanza misma, estableciendo en el inciso a) que son
sujetos procesales los Estados Miembros. El artículo 1 de la Ordenanza establece
que Estado Miembro se refiere a los “Estados que suscribieron el Convenio del
22

Estatuto de la Corte Centroamericana de Justicia; y para quienes se encuentra


vigente.”

97. Es claro que Costa Rica no cumple con esa condición, y así lo ha reconocido
reiteradamente la propia Corte.

98. Pero, adicionalmente, el artículo 4 de la Ordenanza de Procedimientos


establece, en concordancia con el principio de legalidad, que la fuente única de las
potestades de la Corte proviene de su Estatuto. Así, el artículo 4 establece:

“La Corte Centroamericana de Justicia tiene en los negocios de su


jurisdicción la autoridad y atribuciones que expresamente le confieren su
Estatuto…”

99. La Ordenanza de Procedimientos contempla cabalmente que las atribuciones


de la Jurisdicción de la Corte fluyen únicamente a partir de su Estatuto. En ningún
punto se menciona, sea en el artículo 4 o en cualquier otro artículo del Estatuto o de
la referida Ordenanza de Procedimientos, que la jurisdicción y las atribuciones que la
Corte tiene emanen del mencionado artículo 12 del Protocolo de Tegucigalpa. Mucho
menos aún que emanen del referido artículo 35 del mismo Protocolo.

100. Se podría alegar, como justificación, que el artículo 4 de la Ordenanza de


Procedimientos deja abierta la potestad de la Corte para determinar su competencia
interpretando tratados y convenciones y aplicando los principios del derecho de
integración y del derecho internacional referentes al punto o puntos en cuestión. No
obstante, el establecimiento de criterios para determinar la competencia de la Corte
sólo se puede dar en el marco de su Estatuto, porque eso precisamente es lo que
manda el artículo 4; pero además, se le exige a la Corte que tales determinaciones
deben hacerse en apego al derecho internacional. Como se ha indicado ya, la Corte
desaplicó principios fundamentales del derecho internacional, como el principio de
soberanía y el principio de que el consentimiento de un Estado para obligarse debe
ser expreso, y ha desconocido la jurisprudencia de la Corte Internacional de Justicia
sobre el tema. Ergo, la jurisdicción compulsiva de un tribunal internacional debe
estar expresada literalmente en el instrumento respectivo, y adicionalmente, aún
cuando tal jurisdicción compulsiva esté literalmente establecida, un Tribunal
Internacional tiene jurisdicción compulsiva frente a los sujetos de derecho
internacional solamente cuando éstos expresamente hayan aceptado esa condición
mediante las formas que prescribe el derecho internacional, que ya fueron
examinadas. En el presente caso, ninguna de esas condiciones se cumple.

101. Adicionalmente, la potestad de la CCAJ para interpretar su propia jurisdicción


tiene otras limitaciones. Así, el artículo 6 de la Ordenanza de Procedimientos ratifica
el principio de legalidad, y condiciona que la jurisdicción y competencia de la Corte
se ejercerá con arreglo a las formas y plazos fijados en el Estatuto de la misma.

102. Es decir, de conformidad con el artículo 6 dicho, la jurisdicción que la Corte


tiene y las competencias que regulan esa jurisdicción, pueden ser ejercidas por la
Corte solamente con arreglo a lo dispuesto por el Estatuto, porque es este
instrumento, y no otro, el único de donde emanan la jurisdicción y las competencias
que la Corte tiene, así como su legitimidad para conducir actividad procesal. Es
evidente, entonces, que como se ha demostrado categóricamente, el Protocolo de
Tegucigalpa NO establece la jurisdicción y las competencias de la Corte. Es
igualmente incuestionable que la fijación de la jurisdicción y las correspondientes
23

atribuciones de la Corte se dan en el Estatuto, y que, en la fijación de estas, la Corte


debe regirse por el principio de legalidad.21

103. La Corte, desafortunadamente, ha caído en la tentación de atribuirse—


mediante interpretaciones contrarias al principio de legalidad y al derecho
internacional—poderes que los instrumentos expresamente no le han concedido.
Esto es contrario a la abundante evidencia sobre la práctica internacional, y al hecho
que Costa Rica no forma parte la Corte, así reconocido por ella misma. Es lamentable
que la Corte no haya hecho un examen jurídico riguroso ni explique, con base en su
propio marco jurídico y con base en la práctica y el derecho internacional, cómo llega
a la rápida conclusión de poder atribuirse jurisdicción para escuchar casos contra la
República de Costa Rica, al mismo tiempo que reconoce que su propio Estatuto, del
cual Costa Rica no es parte, no puede serle aplicado a Costa Rica. Cualquier
practicante del derecho internacional quedaría perturbado si la Corte Internacional
de Justicia, por un lado reconociera que un Estado no es parte de su Estatuto, y por
el otro, le aplicase a ese mismo Estado un procedimiento a partir de dicho Estatuto
sin la existencia del consentimiento expreso de ese Estado. Justo esto es lo que la
Corte Centroamericana de Justicia ha pretendido hacer.

104. La Corte no ha citado un solo caso en que algún otro tribunal de derecho
internacional –salvo ella misma—haya determinado jurisdicción propia a partir de
instrumentos que expresamente y literalmente no lo consignen así (en este caso el
Protocolo de Tegucigalpa), y en condiciones en donde el Estado respectivo nunca ha
transmitido, con arreglo al derecho internacional, su voluntad expresa de obligarse a
tal jurisdicción que sólo otorga el Estatuto de la Corte. La omisión pone de manifiesto
la gravedad de la acción de la Corte, y el peligro que representa el hecho que ésta no
tenga capacidad propia para poder establecer claros límites a su actuar, en violación
de principios básicos de derecho. Esto demuestra síntomas de arbitrariedad, y es una
situación que solo contribuye a la zozobra e inseguridad jurídica del sistema.

105. El resultado, entonces, es que la Corte no puede darse ni jurisdicción ni


atribuciones que no le hayan sido expresamente establecidas en el Estatuto, ni
puede realizar actividad procesal en condiciones en que el Estatuto y la
correspondiente Ordenanza de Procedimientos no lo autoricen expresamente, pues
de lo contrario, se estaría violando el debido proceso y todo el actuar judicial de la
Corte deviene absolutamente nulo, que es precisamente la situación en el presente
caso.

b. La demanda no es de recibo por no ser competente la Corte para su


conocimiento por carecer de la jurisdicción ratione personae

21
El principio de legalidad, también conocido como imperio de la ley es un principio fundamental del
derecho público, el cual también rige las actuaciones de las instituciones de carácter multilateral. Este
principio garantiza que el ejercicio de un poder público debe estar estrictamente sometido a las normas
jurídicas que gobiernan dicho poder. Por esta razón se dice que el principio de legalidad garantiza la
seguridad jurídica. La salvaguarda que establece el principio de legalidad es que la actuación de las
instituciones sometidas a él sólo puede ser realizada de la manera y con los límites que expresa y
literalmente le establecen la norma. Una actuación por parte del ente que se trate, fuera de lo que
expresamente prescribe la norma, anula el acto de manera absoluta.
24

106. Costa Rica ha demostrado que el Protocolo de Tegucigalpa no reconoce—y


mucho menos establece—la jurisdicción compulsiva de la Corte Centroamericana de
Justicia. Asimismo, Costa Rica ha demostrado que la jurisdicción compulsiva de la
Corte sólo la establece su propio Estatuto, del cual Costa Rica no forma parte por
haber rechazado su ratificación, y que en consecuencia, de conformidad con el
derecho internacional, no le puede ser aplicado éste ni cualquier otro instrumento
que emane de éste. Esta condición ha sido reconocida por la propia Corte.
107. En su afán por justificar una jurisdicción ratione personae que no tiene sobre
Costa Rica, la Corte ha avanzado un criterio contrario a lo que los propios
instrumentos centroamericanos expresan y literalmente han establecido. A saber, la
Corte invocó en éste caso, como lo hizo con los dos casos contra Guatemala,22 que
su jurisdicción proviene del artículo 35 del Protocolo de Tegucigalpa.
Específicamente, en la irregular comunicación a Costa Rica, la Corte señaló en el
considerando tercero que:
“El Protocolo de Tegucigalpa en su Artículo 35, reformado, establece la
jurisdicción obligatoria para La Corte para los Estados Miembros del Sistema
de la Integración Centroamericana al mandar que: “las controversias sobre
la aplicación o interpretación de las disposiciones contenidas en el presente
Protocolo y demás instrumentos a que se refiere el párrafo anterior,
deberán someterse a la Corte Centroamericana de Justicia”.
108. Es muy grave la forma ligera como la Corte hace la ecuación por la cual se
determina para sí misma jurisdicción obligatoria de todos los Estados suscriptores del
Protocolo de Tegucigalpa a partir de lo preceptuado en el artículo 35.
Manifiestamente contrario a lo interpretado por la Corte, el expresado artículo no le
otorga a la Corte jurisdicción obligatoria ratione personae. Es decir, no hay una sola
palabra en el texto del artículo 35 que le dé jurisdicción a la Corte para conocer
casos contra los Estados Miembros del Sistema de la Integración Centroamericana.
109. El artículo 35, a lo sumo, hace una enunciación de una potestad ratione
materiae que, como se verá, adquiere un efecto jurídico a partir del Estatuto (en el
Protocolo de Tegucigalpa los Estados centroamericanos no hicieron ninguna
transferencia de potestades jurisdiccionales a la Corte), y únicamente para los
Estados que son miembros de la Corte, que adquirieron esa condición al haber
ratificado el Estatuto correspondiente. Por el contrario, el artículo 35 no hace
ninguna enunciación –ni una palabra- acerca de cuáles son los sujetos sobre los que
la Corte tendría la pretendida potestad. Es decir, el artículo no enuncia expresa y
literalmente que la Corte tenga jurisdicción obligatoria como tal, ni tampoco
determina literalmente cuáles son los sujetos sobre los que recaería tal jurisdicción.
El resultado evidente es que el artículo 35 no otorga ninguna jurisdicción ratione
personae a la Corte sobre los Estados Miembros del Sistema de la Integración
Centroamericana, y mucho menos se puede determinar que el artículo 35 le
reconozca a la Corte una jurisdicción sobre la República de Costa Rica.
110. La confusión que ha creado la Corte acerca de cuáles son sus potestades
jurisdiccionales ratione personae y ratione materiae, así como una grave confusión
creada sobre cuál instrumento da, por un lado, legitimidad a la Corte para la
conducción de actividad procesal, y cuál instrumento da eficacia jurídica a las
potestades y la jurisdicción de la Corte, por el otro, se manifiesta en la propia

22
Reyes Wyld contra el Estado de Guatemala, sentencia de la Corte Centroamericana de Justicia de 13 de
enero de 2005. Portillo Cabrera contra el Estado de Guatemala, sentencia de la Corte Centroamericana de
Justicia de 5 de mayo de 2008.
25

jurisprudencia de la Corte. Esto por cuanto hay una importante cantidad de


resoluciones de la Corte donde ella claramente expresa que la jurisdicción y
competencias provienen del Estatuto. Algunos ejemplos ilustran este hecho.
111. En “la opinión consultiva con relación a los requisitos de autenticación de los
actos y contratos otorgados en un país centroamericano y su efecto legal en ese
país”, del año 1995, la Corte examinó su jurisdicción únicamente con base en su
Estatuto. La Corte expresó entonces:
“CONSIDERANDO: Que este tribunal tiene facultad para determinar su
competencia en cada caso concreto, interpretando los Tratados o Convenios
pertinentes al asunto en disputa y aplicando los principios del Derecho de
Integración y del Derecho Internacional; POR TANTO, RESUELVE: Declarar
sin lugar la consulta efectuada, por no ser de su competencia, ya que el
Artículo 23 del Convenio de Estatuto de La Corte Centroamericana de
Justicia, la limita a los casos de interpretación de cualquier tratado o
convenio internacional vigente y, también, respecto a conflictos de los
tratados entre sí o con el Derecho Interno de cada Estado…”
112. En la opinión consultiva sobre el “Anteproyecto de Reglamento
Centroamericano sobre Procedimientos para Resolver Controversias
Intrarregionales”, la Corte expresó lo siguiente sobre su jurisdicción:
“Que según el artículo 1 del Referido Convenio de Estatuto, este Tribunal es
el Órgano Judicial y Permanente del Sistema de la Integración
Centroamericana (SICA), cuya jurisdicción y competencia regionales son de
carácter obligatorio para los Estados; que a tenor de lo dispuesto en el
artículo 3 del referido Convenio de Estatuto, La Corte tendrá competencia
para resolver con autoridad de cosa juzgada y su doctrina tendrá efectos
vinculantes para todos los Estados, órganos y organizaciones que formen
parte o participen del “Sistema de la Integración Centroamericana”…”
113. Ambas opiniones reflejan la forma en como la Corte normalmente había
determinado aspectos de jurisdicción y competencia, y en ellas es relevante el hecho
que no hay ninguna mención del artículo 35 del Protocolo de Tegucigalpa. Esta
consideración que hace la Corte se apega a lo dispuesto por el Estatuto, que en
efecto, es el instrumento que le da la jurisdicción ratione personae –artículo 3-, y es
además el que enumera las competencias ratione materiae –artículo 22- que tiene la
Corte. Como se ha dicho, la Corte es creada y adquiere su carácter de persona
jurídica a partir del Estatuto –artículo 28-, y en consecuencia, la legitimidad para
conducir procedimiento y la eficacia jurídica de su jurisdicción y de sus competencias
sólo provienen del Estatuto.
114. Este reconocimiento de la Corte a su Estatuto como el único instrumento que
le da jurisdicción y legitimidad para conducir actividad procesal, es totalmente
ignorado en el texto de la resolución que emite la Corte al darle curso a la acción
contra Costa Rica. Es decir, que la acción judicial iniciada por la Corte contra Costa
Rica se fundamenta únicamente en el artículo 35 del Protocolo de Tegucigalpa. No
hay ninguna referencia en cuanto a que la jurisdicción de la Corte provenga a partir
de su Estatuto, ni mucho menos al hecho que la legitimidad para conducir el
procedimiento proviene también del Estatuto. Más bien la Corte fue cuidadosa en no
darle valor alguno al Estatuto, pues en el considerando IX señaló que la
jurisprudencia de la Corte en los casos contra Guatemala estableció “que los Estados
Parte del Protocolo de Tegucigalpa están sometidos a la jurisdicción obligatoria de la
Corte, independientemente de que sean o no Parte del Convenio de Estatuto”. Con
26

esto, la Corte reconoce, jurídicamente, que Costa Rica no es parte del Estatuto, pero
también dispone y ratifica que el Estatuto no gobierna la actividad procesal en el
presente caso, aunque, contradictoriamente, el proceso se haga a partir del Estatuto.
Como se dijo, esto nunca ocurriría en la Corte Internacional de Justicia.
115. La República de Guatemala, en los dos casos supracitados23, defendió el
hecho que la Corte no podía atribuirse jurisdicción por el Protocolo de Tegucigalpa,
porque éste no dispuso eso ni los Estados lo han reconocido así, ni tampoco podía
conducir una actividad jurisdiccional con base en su Estatuto, pues éste último no
había sido ratificado por ese país. La Corte desestimó de manera ligera estos
argumentos, y se resistió a hacer un examen sobre la base del derecho
internacional. La Corte no estableció, porque evidentemente no puede, que los
Estados hayan consentido una jurisdicción expresa y obligatoria a partir del Protocolo
de Tegucigalpa, pero más grave aún, no determinó cómo podía aplicar el
procedimiento a un Estado que no es parte del Estatuto. La forma en cómo la Corte
aplicó a la República de Guatemala el Estatuto para conducir el procedimiento en los
dos casos mencionados, hacen que el resultado de esos casos y la decisión de la
Corte en ellos sea absolutamente nula.
116. La seriedad de esta situación se evidencia por sí misma, pues la legitimidad
de la Corte para la conducción de la actividad jurisdiccional, la conducción y la
aplicación del procedimiento y la salvaguarda de las garantías del debido proceso –
prácticamente inexistentes en éste caso- son todos preceptos obligatorios para la
Corte que están contenidos en su Estatuto y en los otros instrumentos derivados del
mismo únicamente, como la Ordenanza de Procedimientos; instrumentos que, como
se ha dicho, Costa Rica no forma parte, así reconocido por la propia Corte. Todo
esto ha quedado fuera de la resolución de la Corte, que obviamente no lo podía
invocar, al no ser parte Costa Rica de esos instrumentos.
117. En el presente punto cabe un examen de lo dispuesto por el artículo 3 del
Estatuto en relación con el artículo 35 del Protocolo de Tegucigalpa. El artículo 3 del
Estatuto establece que:
“La Corte tendrá competencia y jurisdicción propias, con potestad para
juzgar a petición de parte y resolver con autoridad de cosa juzgada, y su
doctrina tendrá efectos vinculantes para todos los Estados, órganos y
organizaciones que formen parte o participen en el “Sistema de la
Integración Centroamericana”, y para sujetos de derecho privado”.
118. La lectura sencilla demuestra un resultado claro. El referido artículo cumple
estrictamente con el objeto que persigue el Estatuto, dado que en él, de forma
expresa y literal, se establece la competencia y la jurisdicción (éstas palabras son
usadas en lo literal) a la Corte. Asimismo, es por este artículo únicamente que las
sentencias de la Corte tienen y adquieren el carácter de cosa juzgada, y es también
por éste artículo únicamente que las sentencias de la Corte son vinculantes. La
literalidad de la construcción gramatical utilizada es cristalina.
119. Por su parte, el párrafo segundo del artículo 35 del Protocolo de Tegucigalpa,
tanto en su versión original como en su versión enmendada (los cambios
introducidos no alteraron fundamentalmente el texto), de donde la Corte ahora
pretende establecer su jurisdicción, preceptúa lo siguiente:
“Salvo lo dispuesto en el párrafo siguiente, las controversias sobre la
aplicación o interpretación de las disposiciones contenidas en el presente

23
Ibid.
27

Protocolo y demás instrumentos a que se refiere el párrafo anterior,


deberán someterse a la Corte Centroamericana de Justicia”.
120. Coincidentemente, la lectura sencilla del texto demuestra otro resultado claro.
Este artículo NO le otorga ninguna capacidad jurisdiccional a la Corte. El texto no
incluye palabras clave que denoten esa potestad, tal como “competencia”,
“jurisdicción”, o “jurisdicción obligatoria”. Tampoco establece que las decisiones de
la Corte tengan el carácter de cosa juzgada, ni establece la existencia de la
obligatoriedad en el acatamiento de sus resoluciones, todos preceptos esenciales en
una cláusula que establezca la jurisdicción de cualquier tribunal. Pero quizá lo más
relevante es que el texto no establece a quién aplica la disposición. Como se dijo, el
artículo 3 del Estatuto identifica claramente ante quienes la Corte tiene capacidad
jurisdiccional. No obstante, el presente párrafo del artículo 35 no hace tal cosa.
121. La razón de ser del artículo 35 es una reafirmación de lo dispuesto en el
artículo 12 del Protocolo de Tegucigalpa, y su intención es señalar una pretensión del
deber ser, es decir, la aspiración de que la Corte conozca los temas referidos a los
instrumentos de la integración centroamericana. Eso es todo lo que hace el artículo.
Esto queda totalmente confirmado por lo dispuesto en el propio artículo 12 del
Protocolo de Tegucigalpa que, una vez enunciado que la Corte sería parte del
Sistema de la Integración, mandó a los Estados para que en el plazo ahí indicado,
negociaran un instrumento para “La integración, funcionamiento y atribuciones de la
Corte Centroamericana de Justicia” todo lo cual sólo podía “regularse en el Estatuto
de la misma”. La dialéctica y claridad de lo establecido no admite cuestionamiento en
contrario.
122. La forma en como la Corte determinó que su jurisdicción se establece en el
artículo 35 del Protocolo de Tegucigalpa queda aún en el misterio, pues el artículo 12
del señalado Protocolo es claro y preciso, y literalmente establece que la integración,
funcionamiento y atribuciones de la Corte se regulan en su Estatuto únicamente.
Como se ha dicho, en las disposiciones de la Carta de las Naciones Unidas sobre la
Corte Internacional de Justicia, que van más allá, por mucho, de lo que establece el
artículo 35 del Protocolo de Tegucigalpa, la CIJ ha establecido que su jurisdicción no
se deriva de la Carta, sino de la aceptación expresa de su jurisdicción por parte de
los Estados a partir de su Estatuto.
123. La única conclusión que en apego al Estado de Derecho y al principio de
legalidad puede derivarse del análisis anterior, es que el artículo 35 del Protocolo de
Tegucigalpa no le otorga ninguna atribución jurisdiccional a la Corte Centroamericana
de Justicia, y mucho menos le reconoce una atribución jurisdiccional ratione
personae, pues el artículo referido NO identifica los sujetos sobre los cuales la tan
pretendida jurisdicción recaería. Tampoco establece la condición de cosa juzgada a
las sentencias de la Corte, no establece el procedimiento a seguir por la Corte en
esos casos, ni integra a la Corte.
124. Además, la Corte Centroamericana de Justicia tampoco tiene competencia
para resolver las diferencias surgidas en el Subsistema de Integración Económico de
conformidad con el artículo 35 enmendado del Protocolo de Tegucigalpa, el cual
establece en sus párrafos 2 y 3:
“Salvo lo dispuesto en el párrafo siguiente las controversias sobre la
aplicación o interpretación de las disposiciones contenidas en el presente
protocolo y demás instrumentos a que se refiere el párrafo anterior deberán
someterse a la Corte Centroamericana de Justicia.
28

Las diferencias surgidas en el Subsistema de Integración Económica como


consecuencia de las relaciones comerciales intrarregionales, se someterán al
mecanismo de solución de controversias que establezca el Consejo de
Ministros de Integración Económica que contendrá un método de solución
alterno de controversias comerciales, incluido el arbitraje, cuyas decisiones
serán vinculantes para los estados miembros que intervengan en la respectiva
diferencia…” (El subrayado no es del original).

125. Lo anterior deja claro que mediante la enmienda al Protocolo de Tegucigalpa


la voluntad de los Estados centroamericanos, declarada mediante la Reunión de
Presidentes -órgano supremo del Sistema de la Integración Centroamericana-, fue
dejar sin competencia a la Corte Centroamericana de Justicia sobre las diferencias
relacionadas al Subsistema de Integración Económico; y por ende es evidente que de
todas formas la Corte no tiene competencia rationae materiae para conocer de este
caso.
126. La única conclusión jurídicamente válida, por lo tanto, es que el único
instrumento que otorga jurisdicción a la Corte es su Estatuto. De igual forma, es
sólo por el Estatuto que la Corte se encuentra legitimada, como persona jurídica,
para incoar procedimientos contenciosos. Fuera del Estatuto de la CCAJ, la Corte no
está legitimada como persona jurídica para escuchar o conducir procedimientos
contenciosos.
127. En consecuencia, la Corte no tiene jurisdicción para escuchar casos contra la
República de Costa Rica con base en el artículo 35 reformado del Protocolo de
Tegucigalpa, por las razones que se han dicho. Asimismo, como la propia Corte
reconoce, ésta tampoco puede aplicar a Costa Rica el Convenio de Estatuto de la
Corte Centroamericana de Justicia, del cual, como ha quedado establecido, Costa
Rica no forma parte, ni ha expresado su consentimiento expreso y por escrito para
que ningún procedimiento ante la Corte se pueda desarrollar a partir del mismo, ni
ha consentido para que se le aplique los otros instrumentos que emanen del
Estatuto, como es el caso del Reglamento de la Corte y de la Ordenanza de
Procedimientos.

c. El curso dado a la demanda por la Corte y el consecuente inicio de


procedimientos contra Costa Rica es nulo
128. Al no tener jurisdicción la Corte para escuchar casos contra la República de
Costa Rica, por las razones invocadas en los apartados anteriores, el curso dado a la
demanda y el consecuente inicio de procedimientos contra Costa Rica es
absolutamente nulo.
129. Como se ha dicho, no sólo la Corte no tiene jurisdicción con base en el
artículo 35 del Estatuto, pues aún cuando la tuviera -que no la tiene-, el artículo 35
no señala el procedimiento que al efecto la Corte debe desarrollar para escuchar
casos bajo dicho artículo, ni establece las condiciones de cosa juzgada y
obligatoriedad de sus resoluciones. El hecho que la Corte, de forma automática pero
sin que lo haya así dispuesto en la resolución que dio curso a la acción, aplique el
procedimiento establecido en su Estatuto, no da legitimidad al procedimiento, pues
como se dijo, el artículo 35 no señala esa posibilidad, y segundo, la Corte no se
encuentra legitimada para realizar actividad procesal porque ni el artículo 35 del
29

Protocolo le da esa facultad, ni Costa Rica ha consentido que se le aplique lo


dispuesto por el Estatuto de la Corte, del cual no forma parte.
130. Más aún, incluso si el artículo 35 contemplara que la jurisdicción –que
igualmente no se establece en el referido artículo- se ejercerá de conformidad con lo
estipulado en el Estatuto de La Corte, la Corte está inhibida para emplear dicho
procedimiento por cuanto la República de Costa Rica no es parte del referido Estatuto
ni ha consentido que éste se le aplique. A este resultado, en efecto, es al que ha
llegado la Corte Internacional de Justicia en sus resoluciones sobre el tema de la
jurisdicción obligatoria.24 No obstante, ese examen no es necesario, pues como se
desprende de la lectura del artículo 35 del Protocolo de Tegucigalpa, tal potestad no
ha sido otorgada a la Corte.
131. La inexistencia de jurisdicción y la imposibilidad de conducir un procedimiento
válido y vinculante que le permita a la Corte conocer casos contra una parte cuando
ésta no está sujeta al Estatuto de la Corte, refleja que las bases jurídicas invocadas
por la Corte y el establecimiento por parte de ésta de las condiciones, formas y
plazos para la conducción de un proceso en esas circunstancias, son absolutamente
nulas. En consecuencia, dar conducción a un procedimiento sin un sustento legal
válido viola toda garantía procesal e inhibe la legítima defensa de cualquier parte.
132. En el presente caso, la única forma como la Corte pudo haber dado curso a un
procedimiento era si, con base en el artículo 34 de la Convención de Viena sobre el
Derecho de los Tratados, hubiera informado a Costa Rica de la existencia de una
petición para escuchar un caso contra ella, y le hubiera consultado si aceptaba la
jurisdicción de la Corte para escuchar el caso concreto, por un lado, y si aceptaba
obligarse por lo dispuesto por el Estatuto de la Corte, por el otro, a fin de poder
conducir la etapa procesal correspondiente. Ante esto, Costa Rica habría tenido la
facultad de declarar, por escrito, si aceptaba o no. La Corte, como es evidente, no
realizó ninguna de estas acciones.
133. Al carecer la Corte de jurisdicción y legitimidad para conducir casos contra la
República de Costa Rica, toda acción de la Corte relacionado con la República de
Costa Rica es absolutamente nula.

CONSIDERACIONES FINALES

134. El proceso de integración regional centroamericano se reconstituyó en 1991


sobre la base de una construcción regional de la Paz:
“[…] la paz en América Central sólo puede ser fruto de un auténtico proceso
democrático pluralista y participativo que implique la promoción de la
justicia social, el respeto a los derechos humanos, la soberanía e integridad
territorial de los Estados y el derecho de todas las naciones a determinar
libremente y sin injerencias externas de ninguna clase, su modelo
económico, político y social, entendiéndose esta determinación como el
producto de la voluntad libremente expresada por los pueblos. (Declaración
de Esquipulas, Guatemala, 5 de mayo de 1986).

135. Estos principios fueron luego plasmados en la definición del nuevo proyecto
de integración, el Sistema de Integración Centroamericano –SICA-, regido por la
consolidación de la democracia, la justicia social, la libertad, el Estado de Derecho
regional, así como por la gradualidad y progresividad de su avance.

24
Ver párrafos 79 y 80.
30

136. El propio sistema de la integración comunitaria europea enseña que estos


procesos son extensos, y que requieren de sólidas bases para su desarrollo. Entre el
Tratado de Roma y el Tratado de Maastricht se requirieron más de treinta años, y sin
embargo, aun al día de hoy, los gobiernos Europeos todavía tienen claro que ese es
un proceso de los pueblos, por los pueblos y para los pueblos, y también
comprenden que la Unión Europea no es un fin en sí mismo por el cual sus
instituciones deban concentrar un poder absoluto. La experiencia de Europa nos
enseña, entonces, que la solidez de un proceso viene, principalmente, de la voluntad
de los países que participan en él y de la legitimidad democrática de sus acciones.
Estos procesos los construyen, sin duda, los pueblos a través de los Estados, y son
éstos quienes establecen los alcances y los límites del proceso por medio de los
mecanismos democráticos para la toma de decisiones de las sociedades. Las
instituciones que conforman el proceso son medios para el logro de un fin y, como
principio general, están sujetas en todo momento al contenido que los Estados han
decidido darle al proceso a través de un marco jurídico y a la capacidad política,
institucional y social que tenga cada Estado integrante para participar, en mayor o
menor medida, del mismo y para cumplir con sus compromisos.

137. Los principios que gobiernan el objetivo comunitario, así como la atribución
de poderes y competencias, están sujetos –siempre- a los actos soberanos de los
Estados, actos que a su vez fluyen del principio de autodeterminación de los pueblos,
que es “…el derecho de todas las naciones a determinar libremente y sin injerencias
externas…”, su proyecto de nación, como bien lo establecieran los Presidentes
Constitucionales de los países centroamericanos al firmar el acuerdo de Esquipulas
en 1986.

138. En el caso centroamericano, aún se requieren pasos determinantes para


solidificar una cultura institucional arraigada en los valores de la justicia, la
democracia y el derecho. El apego a estos principios por parte de las instituciones
del proceso de la integración es un aspecto fundamental para robustecer los
cimientos del sistema, así como fortalecer la credibilidad y funcionalidad de las
mismas instituciones. Olvidar, en algunos casos, o violentar, en otros, estos
preceptos, no sólo atenta contra las instituciones de manera directa, sino que
indirectamente quebranta las bases del proceso en su conjunto.

139. Este es el caso observado en el accionar de la Corte Centroamericana de


Justicia. Como ha quedado demostrado en el presente documento, esta institución se
otorga, cada vez con más frecuencia y más arbitrariamente, poderes y prerrogativas
que bajo ninguna forma los instrumentos de la integración le han concedido.

140. Las extensivas interpretaciones de normas, que claramente contradicen lo


establecido en ellas, así como la abierta violación a preceptos del derecho
internacional y del propio marco normativo que rige la actividad de la Corte, ponen
en peligro el joven proceso de la integración centroamericana. La fácil
susceptibilidad con que la Corte aprovecha la actividad procesal para legislar y
usurpar el papel del constituyente, revelan que ésta ha dejado de ser una institución
que aporte seguridad jurídica, ha renunciado a su función judicial, la extensión de
sus prerrogativas se convirtió en un fin en sí mismo, por lo que dejó, ya desde hace
algún tiempo, de estar al servicio de los pueblos centroamericanos.
31

141. En estas circunstancias, el pueblo y gobierno de la República de Costa Rica


hacen un llamamiento urgente a la Corte y las demás instituciones del Sistema, y les
invita a la reflexión objetiva que permita un proceso de revisión y cambio profundos.
La existencia de un marco jurídico sólido y confiable, que delimite con claridad los
alcances y los poderes de los órganos e instituciones que conforman el Sistema y la
relación de éstos con el orden institucional democrático de cada país integrante, es
fundamental para que la institucionalidad haga una acción regional que garantice la
evolución del proceso comunitario centroamericano a partir de bases jurídicas
confiables, que beneficien e impulsen el proceso de la integración de los pueblos
centroamericanos. En la medida que a la República de Costa Rica y, por ende, a su
pueblo, se le brinde el respeto soberano que ella merece, con gusto trabajará en el
alcance de los objetivos a los que aspiran los pueblos centroamericanos, a través de
un proceso de integración racional, ordenado, progresivo, gradual, plural, y apegado
a la construcción de un Estado de Derecho regional y, fundamentalmente, a la
legitimidad democrática del proceso. Esto, sin duda, es la aspiración y el objetivo
que debe regir el camino comunitario.

San José, Costa Rica


30 de abril de 2009