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COMIENZO DE LA REPÚBLIA VENEZOLANA 1830-1936

La República de 1830 inició su vida independiente en medio de una situación en


medio de una situación económica, social y política muy precaria debido a las
difíciles condiciones en que había quedado el país después de la guerra de
independencia y del proceso de disolución de la Gran Colombia. Esta situación
estaba enmarcada dentro de los siguientes aspectos:

Aspectos demográficos: Venezuela, con un millón de kilómetros cuadrados,


contaba con una población que escasamente llegaba a 800.000 habitantes en
1830 y a 1000.000 en 1840. Era una población rural, dispersa en pequeños
pueblos, haciendas y hatos. Caracas, el centro urbano más importante, apenas
contaba con 50.000 habitantes; y mucho menos las otras ciudades. La escasa
población reflejaba la marginalidad del precio que tuvo que pagar nuestro país por
su independencia. De 900.000 habitantes que tenía en 1810, antes de la guerra,
había descendido a menos de 800.000 en 1830, sin tomar en cuenta el
crecimiento que debió ocurrir en esos 20 años. La despoblación aparecía, pues,
como el primer problema que debía resolver la república.

El crecimiento de población de Venezuela siguió siendo muy lento. Cien años


después, en 1936 era todavía de tres millones y medio de habitantes. Se habían
necesitado 100 años para que se cuadruplicara. En cambio, a partir de 1936 la
población de Venezuela se ha cuadruplicado en solo 40 años. La explicación está
en el cambio de las condiciones económicas, sociales y políticas ocurridas en
estos años de la Venezuela contemporánea.

Aspectos Económicos: La agricultura y la ganadería, cuyos productos eran la


fuente principal del comercio exterior, se hallaban en completa ruina; y los
ingresos fiscales, provenientes en su mayoría de las exportaciones de café, cacao,
añil y otros frutos, eran muy escasos para atender a los gastos de organización y
administración de la república. Al igual que la agricultura, la ganadería presentaba
también serios problemas y se encontraba en franca decadencia. De un rebaño de
5.000.000 de cabeza en 1812, no quedaban más de 2.500.000 reses en 1831.
Además, el gobierno debía responder por las obligaciones que había contraído
Venezuela en el reparto de la deuda exterior de la Gran Colombia y por los
préstamos exigidos a los particulares, todo lo cual montaba, en 1831, a más de 34
millones de pesos. Como consecuencia de estos problemas económicos, la
situación fiscal era igualmente difícil y la república, para organizar debidamente su
aparato administrativo, debía reducir los gastos burocráticos; proteger la
producción agropecuaria; establecer un sistema fiscal equilibrado: regular el
comercio exterior e interior.

Aspecto social: La república de 1830, en lo que respecta a estructura social, no


difería mayormente de la sociedad colonial. En este sentido puede considerársela
como continuación estructural del período de la colonia, cuyo sistema económico
no sufrió modificaciones fundamentales con la guerra de independencia. Continuó,
pues, en la república el predominio de los terratenientes. La propiedad territorial
siguió en manos de los antiguos propietarios blancos y sus descendientes, a los
cuales se agregó, a partir de la guerra de independencia, un sector de caudillos
militares que pasaron a ser también grandes propietarios. Después de 1830 siguió
subsistiendo una sociedad heterogénea, en la cual se mezclaban relaciones
feudales de producción con relaciones esclavistas y formas incipientes de
capitalismo. La oligarquía terrateniente monopolizaba la tierra y en algunos casos,
era, además dueña de la mano de obra esclava. Los terratenientes en las
haciendas esclavistas, concentraban la propiedad de todos los factores
productivos. Fuera de las haciendas esclavistas, en los latifundios, los campesinos
no poseían más que sus propios aperos y útiles de trabajo, pero estaban
sometidos por los latifundistas, a quienes debían pagar rentas en dinero o en
especie, por trabajar la parcela que se les cedía dentro de la propiedad.

Al terminar la guerra, la masa de soldados, en su totalidad de origen campesino,


volvieron a sus lugares de origen; pero allí se encontraron sin hogar ni trabajo,
frente a los antiguos propietarios que mantenía el mismo sistema de explotación a
la población rural. Muchos de estos exsoldados, impedidos por malestar
económico, constituían bandas armadas que “mataban las reses esparcidas en las
sabanas, sin más objetos que apoderarse de los cueros y el sebo, para
venderlos”.

Esta situación predominante en los llanos, era consecuencia directa del malestar
económico que agitaba a las masas rurales después de la guerra; y continúo
siendo un elemento explosivo que con frecuencia dio origen a sublevaciones,
levantamientos y guerras civiles durante todo el periodo de la Venezuela
agropecuaria. “No pocas veces los militares descontentos y ambiciosos
incorporaron bajo sus banderas a la famélica masa humana que vegeta en los
latifundios o deambula “aguerrillada” por los llanos y serranías. “Diversas regiones
del país se hallaban constantemente asoladas por bandoleros, algunos con la
connivencia de las autoridades. Nadie se aventuraba por los caminos sin una
buena escolta. Prácticamente no pasaba día sin que alguien fuese perseguido por
revolucionario o conspirador”.

Desde 1830 los gobiernos dieron severas medidas para castigar a los culpables
de estos hechos. La “Ley sobre Conspiradores” de 1831 y la “Ley de Hurtos” de
1836, constituyeron los instrumentos de represión que aplicó el gobierno contra los
jefes y participantes de estas bandas armadas. La mencionada Ley de Hurtos traía
la siguiente disposición:

“Los capitanes o cabezas de gavillas que infesten ciudades o caminos sufrirá la


pena del último suplicio, y los demás cómplices la de ciento cincuenta azotes
distribuidos en tres porciones de quince en quince días y diez años de presidio.
Para los hurtos de cien a quinientos pesos se impondrán al reo cincuenta azotes
de dolor y dos años de trabajo en las obras públicas. De quinientos a mil pesos, el
mismo número de azotes y cuatro años de trabajo forzado; y de mil en adelante
setenta y cinco azotes, con seis años de presidio”.
Estos severos castigos, inspirados por los latifundistas, no alcanzaron nunca a los
caudillos principales que conspiraron y se alzaron contra el gobierno, a los cuales,
con harta frecuencia se les perdonaron sus intentonas y se les ofrecieron indultos
y garantías. Pero sí aplicaron a quienes promovieron la lucha contra el poder local
y las propiedades de los latifundistas. Sin embargo, y a pesar del rigor de estas
leyes, continuó el malestar social y los alzamientos de las masas rurales como
expresión de la lucha contra la oligarquía terratenientes.

El caudillismo:

Caudillismo es un fenómeno social surgido durante el Siglo XIX en


Hispanoamérica, consistente en la aparición en cada país de líderes carismáticos
cuya forma de acceder al poder y llevar el gobierno estaba basada en el
endiosamiento de su persona, al hacer creer a sectores importantes de la
población que el caudillo podía llegar a solucionar todos los problemas existentes.

El poder de los caudillos se basaba en el apoyo de fracciones importantes de las


masas populares. Este apoyo popular se tornaba en su contra cuando las
esperanzas puestas en el poder entregado al caudillo se veían frustradas, y se
decidía seguir a otro caudillo que lograra convencer de su capacidad de mejorar el
país. Este fenómeno se dio en América latina durante prolongados períodos de su
historia Republicana, y desembocó en fuertes dictaduras, represiones a la
oposición y estancamiento Económico y Político.

Las guerras civiles:

Guerra Civil Venezolana. También conocida con el nombre de Guerra Larga,


Revolución Federal o Guerra de los Cinco Años, utilizada esta última
denominación por aquellos historiadores que sitúan el comienzo de la guerra con
los primeros alzamientos ocurridos contra el recién instaurado gobierno de Julián
Castro (mayo-julio 1858). Después de la Guerra de Independencia, es
considerada como la contienda bélica más larga y sangrienta que haya asolado al
territorio nacional, así como la prolongación de los problemas políticos y sociales
presentes en nuestra gesta emancipadora, dejados sin resolver una vez lograda
definitivamente la emancipación de España con la victorias de 1821 y 1823 y la
separación de la Gran Colombia bolivariana en 1830. En términos generales, en la
Guerra Federal se enfrentaron dos bandos políticos que venían luchando por el
poder desde 1846: Conservadores y Liberales.

Las llamadas guerras civiles de Venezuela fueron una larga serie de conflictos que


asolaron dicho país durante la mayor parte del siglo XIX.

Entre 1830 y 1903 hubo un total de 166 revueltas armadas y casi cincuenta años


de guerra. Se estima en un millón de muertos en total, 9 un 70% de ellos no-
combatientes caídos por las pestes, hambrunas, anarquía y represión política que
trajeron las guerras. Otras fuentes rebajan la cifra a 260 0000 muertos en
combates, más 62 0000 por terremotos y pestilencias, sin contar los caídos en la
Guerra Federal. Solo hubo dos períodos en aquel siglo que los gobiernos fueron
estables y duraderos: en 1835 a 1848 y 1870 a 1887.

El período de inestabilidad terminó con la dictadura de Juan Vicente Gómez quien


gobernó Venezuela desde 1908 hasta su muerte en 1935, asegurando así una
base fuerte para el poder estatal, acabando con los caudillos regionales al pasar el
poder al alto mando central de las Fuerzas Armadas de Venezuela.12 Debido a
estas guerras el país se empobreció y sufrió un relativo estancamiento
demográfico.13
Estas guerras civiles eran sobre todo combates entre milicias armadas, cada una
organizada por su localidad de origen, así se reflejaban las alianzas de los grupos
de poder regionales con el gobierno o los rebeldes en cada momento. Se daban
casos en que los habitantes de pueblos vecinos o hasta de un mismo pueblo se
enfrentaban a pequeña escala durante estas guerras civiles. 15 Cada partido
buscaba el apoyo de los caudillos regionales, quienes tenían el verdadero poder
en aquella época.
La desorganización económica de la independencia fue profundizada por las
guerras civiles, una larga anarquía. Páez y Soublette basaron su economía en el
cacao, propia de su región, los llanos. En esos años los orientales, los llaneros y
los corianos se disputaron la hegemonía en rápida sucesión. 17 Guzmán Blanco, un
caraqueño, consiguió mantenerse en el poder gracias al auge del café, al igual
que los andinos Castro y Gómez.