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DIPLOMADO EN VALUACIÓN E INTERVENCIÓN EN PSICOLOGIA CLÍNICA

TUTORA: JULIANA VÁSQUEZ MOSQUERA

El paciente se describe como una persona inteligente, que le gusta estar solo, tiene una sensación de
comodidad estando así. Ante los motivos de consulta dice que Los problemas con los docentes son
porque muchos de los temas que están en clase ya los sabe, ya los ha indagado con anterioridad, hasta
en algunas ocasiones, dice JF, los profesores cometen errores y ante ello se pone los audífonos en
clase y no atiende, esto ocasiona la reacción del docente. JF afirma no sentirse motivado en el colegio,
aunque dice que al principio de año si lo estaba.
Frente a las relaciones sociales y familiares no tienen gran interés. En una de sus relaciones
sentimentales, manifiesta que no tienen una mayor importancia para él, puede terminar una chica y
continua tratándola como si no hubiera pasado nada, dice “la verdad no siento nada, si le dije a la
niña que le ayudaba con mi amigo que percibía que a ella le gusta…. Por eso le digo no me hace
nada”.
En las relaciones interpersonales JF, expone que aquellos tiene son compañeros, no tanto amigos, se
adhiere a ellos en tanto le puedan con ayudarle en algo como por ejemplo en dibujo, la cual tiene un
compañero que tiene habilidades entonces se acerca a él, no tanto para que lo ayude, sino
“persuadiéndolo para que lo haga”, de igual forma el aporta respuestas y explicaciones a aquellos que
se lo solicitan, no como forma de ayudar sino como una forma de subir su ego. JF manifiesta que le
interesan aquella interacciones donde él pueda expresar a modo intelectual sus ideas, lo menos que
desea es estar como un tonto, por eso lee constantemente para mantener una posición intelectual
dentro del grupo social, para el lo importante es defender su criterio “no se deja de nadie” como
manifiesta su madre.
Las relaciones familiares afirma que como él tiene un horario nocturno, no puede compartir mucho
con su familia, pero tampoco le interesa, “si salen, que vallan solos, pero que me traigan algo”, ante
esta situación afirma que no le interesa mucho estar con ellos, se siente aburrido.
En consulta, JF manifiesta a modo personal realizó consulta sobre en qué clasificaría según los
trastornos de la personalidad, lo cual con mucha claridad afirma que es tiene un trastorno de la
personalidad esquizoide, ante ello justifica su falta de afecto por las personas y una desconexión de
las relaciones interpersonales. Sin embargo, no se puede establecer con certeza que sea padezca de
un trastorno de personalidad esquizoide.
DIPLOMADO EN VALUACIÓN E INTERVENCIÓN EN PSICOLOGIA CLÍNICA
TUTORA: JULIANA VÁSQUEZ MOSQUERA
CASO CLINICO 2
La situación aquí presentada obedece a un caso real, por cuestiones de confidencialidad se omitirá
el nombre del paciente.
María G. Es una joven de 29 años de clase socioeconómica media, trabaja de administrativa en una
multinacional, aunque actualmente, desde hace cuatro meses, mantiene una interrupción laboral
transitoria. Vive sola en un estudio de alquiler desde que se separó de su pareja hace un año Orientada
en el tiempo y en el espacio y con aspecto adecuado (aparente buen cuidado de sí misma). Durante la
entrevista, se sienta en una postura decaída, distantes de la terapeuta, habla con voz apagada y muestra
una fuerte labilidad emocional, por la que constantemente pide disculpas (“lo siento mucho, no puedo
hablar de ello sin ponerme fatal, lo siento…”).
Cuando se le pregunta por el motivo de su consulta, refiere “estoy en un pozo del que no sé cómo
salir, me siento muerta en vida”. Este sentimiento le acompaña desde hace aproximadamente un año
y medio, en relación con conflictos en su pareja, de la que finalmente acabó separándose por iniciativa
de él. “durante seis meses estuve intentándolo todo para que nuestra relación saliera adelante”. A
partir de la ruptura se sintió “hundida”, se encerró en su casa, no cogía el teléfono porque no sabía
cómo explicárselo a su familia y amigos, manteniendo, sin embargo, su actividad laboral, aunque con
dificultades, hasta hace aproximadamente cuatro meses, cuando, con motivo de su aniversario, llamó
a su expareja y percibió “nada más que frialdad por su parte. Desde entonces, prácticamente no sale
de casa, llora constantemente, no siente ganas de nada – “sólo de morirme”-, no puede evitar darle
vueltas a los errores que cometió en su relación, a qué hizo mal para que su relación fracasara;
“algunas veces no entiendo por qué ocurrió, otras pienso que es normal: cómo me iba a querer”.
Continuando con la exploración de síntomas, encontramos que el estado de ánimo triste y la falta de
motivación se acompañan de un estado de irritabilidad manifiesto en sus relaciones interpersonales
casi constantemente: se siente molesta por cualquier comentario de los demás cuando intentan
animarla, pero también cuando siente que los otros “evitan el tema y no quieren hablar de ello”.
Reacciona con rabia hacia sus amigos, todos con pareja, y se siente incomprendida por ellos cuando
la invitan a salir.
Aunque se siente apoyada por ellos, también percibe un mayor aislamiento progresivo. Explorando
el deseo de morir que manifiesta, refiere que a veces le encantaría dormirse y no volver a despertar.
En ocasiones incluso ha pensado en quitarse la vida, “pero me da demasiado miedo el dolor y, además,
creo que no está bien, no podría hacerlo”. Las dificultades laborales se relacionaban con problemas
de concentración, que se mantienen, provocados, en parte, por pensamientos intrusivos sobre qué hará
él o dónde estará en ese momento.
En cuanto a los síntomas fisiológicos, presentó insomnio de iniciación (entre dos y tres horas) en el
período de conflictos con su pareja y en el mes posterior. Estos problemas para dormir han
reaparecido en los últimos meses. En este mismo período, ha notado que come más de lo habitual, lo
que le ha hecho ganar peso. Se siente peor con ese aumento de peso, si bien no presenta distorsión
alguna de la imagen corporal, ni ningún otro síntoma propio de los trastornos alimentarios. Siente una
casi permanente sensación de inquietud, que en ocasiones ha venido acompañada de vómitos
espontáneos después de las comidas.
Su autoestima se encuentra claramente deteriorada: refiere que con él se sentía segura y su vida tenía
un sentido. Ahora sin él siente que no es nadie. Siente que con esta ruptura ha decepcionado a su
familia, ha sido un golpe para todos, y piensa que, aunque no se lo digan, la ven como la fracasada
de la familia. En cuanto a la respuesta emocional, verbaliza especialmente sentimientos de tristeza,
fracaso, desesperanza, vacío, culpa y un intenso auto desprecio. Con respecto a su ex pareja, encuentra
dificultades para describir lo que siente por él: “sólo ganas de llorar y que le quiero”. En la tercera
sesión, comienza a referir sentimientos de rabia por el daño que le ha hecho, sintiéndose a la vez
culpable por esa emoción.
Analizando parámetros asociados a la sintomatología, María describe cómo sus peores momentos
coinciden con las ocasiones en las que ha intentado comunicarse con él “sin ninguna respuesta por su
parte” y aquellas situaciones sociales en las que, forzándose a salir, se encuentra sola sin él y no sabe
cómo reaccionar. Ha comenzado a evitar estas situaciones especialmente durante los últimos cuatro
meses. María plantea como problema principal que no puede vivir sin él, añadiendo, en segundo
lugar, la incapacidad para concentrarse y trabajar en este momento y, relacionado con ello, los
problemas económicos empeorados por la situación de ruptura.
El estilo de afrontamiento es pasivo, centrado en la emoción y rumiativo, dando vueltas
constantemente a las razones por las que su pareja no funcionó y fue un “absoluto fracaso”. Su modo
de relacionarse es sumiso, y manifiesta una excesiva dependencia con respecto a sus más allegados.
A este respecto, se puede inferir, a partir del discurso de la paciente, la imposibilidad de sentirse
valioso sin el apoyo de personas importantes del entorno. Sus problemas de concentración y la
intensidad de su respuesta emocional le dificultan enormemente resolver cualquier problema por
pequeño que sea, lo cual no hace sino favorecer su sensación de indefensión.
Revisando antecedentes personales y familiares de la paciente, no se encuentran problemas
psicológicos previos (”en mi casa todos somos muy felices, bueno, lo éramos hasta esto”). María
nunca se había sentido así, tampoco ha presentado épocas de una especial activación o euforia que
hagan pensar en un trastorno bipolar. Consultó previamente con un terapeuta cuando comenzó a tener
problemas en la relación, “pero no me sirvió para arreglar mi relación, que era lo que yo quería”.
Durante el período de conflictos con su pareja estuvo tomando ansiolíticos pautados por su médico
de atención primaria, que introdujo un antidepresivo ante la ruptura. Percibió una leve mejoría en su
ánimo, sin cambios en la sintomatología a los seis meses del inicio del tratamiento farmacológico,
cuando le pidió a su médico que le retirara la medicación, lo que se realizó de forma paulatina. No
notó empeoramiento posterior relacionado con el abandono de la medicación. Explorando la
demanda, ante la pregunta de por qué consulta en este momento, María describe cómo en los últimos
cuatro meses ha sentido que “se quedaba sin vida” y no quiere seguir así.

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