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TÍTULO: Los Cronopios como subversión estética rebelde en el Mayo del 68 y la poética

del muro: asedios a propuestas textuales concretas


AUTOR: Enrique Ortiz Aguirre
EMAIL: enrortiz@ucm.es
DATOS BIOGRÁFICOS: Doctor en Lengua española y sus Literaturas por la
Universidad Complutense de Madrid, en España, ha obtenido el D.E.A. en Literatura
hispanoamericana y es Profesor Asociado en la misma Universidad (Facultad de
Educación-Centro de Formación del Profesorado), además de ser funcionario de carrera
y jefe de Departamento en un IES de la Comunidad de Madrid. Ha participado y
organizado Congresos y Seminarios Internacionales en distintas Universidades y ha
publicado ediciones críticas, artículos y monografías (Literatura hispanoamericana,
Literatura Universal y comparada).

“Si perdemos la imaginación, perdemos todo”.


Julio Cortázar a Tomás Eloy Martínez durante el Mayo del 68

Sin lugar a duda, los Cronopios de Julio Cortázar supusieron una directa inspiración para
la estética del Mayo del 68 en múltiples órdenes1. Además de tratarse de unos personajes
que representan por antonomasia el antimaterialismo/antiutilitarismo/antipragmatismo,2
encarnan la subversión, la creatividad, la imaginación, lo políticamente incorrecto, el
intelectualismo contrario a la solemnidad, la desacralización, el desenfado, la
provocación, lo lúdico…
Todo ello unido a un tejido cortazariano único para una estética de la rebeldía como la
que nos ocupa (la publicación en la década de los 60 de Rayuela3, junto a las misceláneas
creativas y transversales de La vuelta al día en ochenta mundos y Último round,4 la
colección de cuentos Todos los fuegos, el fuego5 y otras dos novelas: Los premios y 62,
modelo para armar6), incardinada inconfundiblemente en el antiautoritarismo. En este
sentido, el Cronopio en sí mismo se identifica con el collage, con el mestizaje de artes,
de registros y con la inclusión de todos los ámbitos expulsados de lo artístico/estético por
la tradición biempensante. Este dibujo, además, se enraíza desde el punto de vista estético
con cierto espíritu subversivo vanguardista que, al indagar en la naturaleza de la obra
artística, desacraliza los materiales para incidir en la autonomía respecto de una
funcionalidad (su autorreferencialidad) y los incorpora todos, sin exclusión, en simbiosis
con todas las técnicas, al dotar al receptor/destinatario con las claves para concederle a

1
Arias, Julio Cortázar: de la subversión literaria al compromiso político.
2
Durán, «Julio Cortázar y su pequeño mundo de cronopios y famas», 33-46.
3
Premat, «Dar el salto. Los comienzos de Rayuela», 1-17.
4
H. Puleo, Cómo leer a Julio Cortázar.
5
Rama, «Julio Cortázar, constructor del futuro», pp. 14-23.
6
Montoya, «Julio Cortázar y la revolución», pp. 53-65.
un determinado objeto su dimensión artística.7 El Cronopio como personaje ficticio se
debe más a un tú que a un yo (órbita inconfundible del Fama), surge de lo urbano y
representa la liberación irracional e imaginativa. Frente a él, significativamente, el fama
se convierte en su oposición semántica, en el antagonista que combatió el Mayo del 68:
el pragmatismo, la racionalidad convencional y calculadora, lo políticamente correcto, el
conservadurismo y la tradición, los marchamos sin mala conciencia, el espíritu previsor,
la reiteración, la globalización, la estabilidad y el canto a todo lo previsible.8 El Cronopio
tiene ese valor extraordinario de conjugar per se el hiperónimo y el hipónimo, la
representación de otra manera de crear con la que podría identificarse un grupo y, al
mismo tiempo, la defensa innegociable de cada individuo como único. Todo ello, en
verdad, ha de conducir a la exploración y la subversión estéticas desde un sentir urbano,
arraigadamente citadino, que incluyen el muro y el grafiti como una reivindicación
individual que proclama lo colectivo, como una escritura íntima que escoge la difusión
pública del muro para ensalzar los intersticios y las grietas, las barreras que hay que
derribar a golpes de imaginación y de espíritu carnavalesco.
Pero hay, además, otras coincidencias evidentes entre estos entrañables personajes
ficticios del escritor argentino y las revueltas sesentayochistas, un magma estético
compartido:9
Como, por ejemplo, la exaltación del desorden como demiurgo (enmarcadas en las
incipientes teorías del caos, que encontrarán su eclosión en los 70); la decidida apuesta
por la irracionalidad y la subversión, vehiculadas a través del inconsciente freudiano y la
estética surrealista/dadaísta, que llega a incorporar cierto adanismo y tendencia naíf; la
carnavalada antiplatónica, en tanto en cuanto negación de una realidad apariencial: los
cronopios, los estudiantes, los obreros y parte de los intelectuales se revuelven frente a
las falsas imágenes de la caverna (el engaño y la manipulación del poder) y pretenden
llegar a lo prístino desde lo tangible (¿en un paradójico brindis con el materialismo
marxista?); la desacralización del arte, en el lábil territorio que acaba propugnando la
relatividad de todo, el cuestionamiento permanente y generalizado; el Situacionismo
(asumiendo la crítica de los situacionistas, que consideran este sustantivo como
utilización característica e identificativa de los antisituacionistas, precisamente), que
devendría tabula rasa del pasado (los Cronopios solo tienen instante, al que privilegian
por intensidad); o el Juvenilismo, es decir, la juventud como valor inmutable (así, los
famas representan la sensatez, el carácter metódico, la previsión permanente, el
conservadurismo propios de la edad adulta (seres definidos más por su experiencia, por
su pasado, que por su porvenir, seres ‘lastrados’; frente a ellos, los Cronopios representan
la frescura, la subversión).
Una vez que hemos tratado de abordar, siquiera sucintamente, la incidencia de Julio
Cortázar en el Mayo del 68 a través de sus apuestas estéticas, incorporadas después por
el movimiento estudiantil y obrero francés de aquel entonces, conviene puntualizar que
esta influencia es recíproca, cuando no poligenésica, ya que el genial escritor argentino
no solo se identifica con su activa participación ilusionada en el espíritu subversivo de las
revueltas, sino que las representa casi por antonomasia. El propio Julio Cortázar, tal y
como reza la cita en el encabezamiento, vino a expresar que “si perdemos la imaginación,
lo perdemos todo”, al calor de los acontecimientos sesentayochistas, en los que se
involucró con auténtico entusiasmo, convirtiéndose en una representación tan dinámica

7
Burgueño, «Una Vanguardia llamada Collage», pp. 113-114.
8
Vinen, 1968: el año en que el mundo pudo cambiar.
9
Ídem.; Glucksmann, Mayo del 68: Por la subversión permanente.
como elucidadora del impacto que un rabiosamente actual 1789 en Europa tuvo en
América Latina, singularmente en los autores conocidos como del fenómeno del boom.10
Pero es que el creador de los Cronopios se convierte en excepcional trasunto de aquel
mayo, tanto en su carácter imaginativo enraizado en la subversión como en cierto
buenismo ideológico, basado en generalidades algo vagas (como, por otra parte, él
siempre reconoció. No en vano, además de admitir las enormes dificultades que le suponía
una discusión ideológica, dejó claro que prefería el ámbito de la ficción incluso para
expresar sus ideas políticas, mejor que el territorio del ensayo de ideas, en el que se
encontraba mucho más incómodo).11 De suerte que el propio autor se identifica con
sorprendente exactitud con el movimiento que nos ocupa.
Sin olvidar que, por añadidura y en virtud de la intertextualidad bajtiniana, la estética del
68 no solo es compartida por el enormísimo Cronopio, sino que también tiene reflejo
directo en su propia obra, que encuentra su fulcro en el collage, en el hibridismo, en el
mestizaje. De hecho, podemos imaginar sin esfuerzo a Julio Cortázar anotando
afanosamente en su libreta las expresiones que acompañaron al mayo del 68 desde los
grafitis, a modo de una auténtica poética del muro.
A más a más, dejó muestras concretas de ello en algunas obras como “Noticias del mes
de mayo”, en Último round,12 un conjunto de textos inspirados por inscripciones
incorporadas a los muros sesentayochistas; por su brevedad y carácter elucidador,
reproducimos el primero, que integra precisamente un mensaje en los muros de la
Facultad de Letras de París y que responde a la demostración textual concreta de este
artículo:
“Ahora estas noticias
Este collage de recuerdos.
Igual que lo que cuentan
Son obra anónima: la lucha
de un puñado de pájaros contra la Gran Costumbre.
Manos livianas las trazaron
con la tiza que inventa la poesía en la calle,
con el color que asalta los grises anfiteatros.
Aquí prosigue la tarea
de escribir en los muros de la Tierra:

EL SUEÑO ES REALIDAD. EXAGERAR ES YA UN COMIENZO DE INVENCIÓN


(Inscripción en la Facultad de Letras de París, mayo de 1968)

10
Quijano, «“Noticias del mes de mayo”: el graffiti y la estética del antiautoritarismo cortaziano», pp. 47-
59.
11
Entrevista de Joaquín Soler Serrano a Julio Cortázar en el programa A fondo (1977).
12
Cortázar, Último Round.
Como esto durará tan sólo un día,
como esto durará tan sólo un tiempo o dos,
como esto o lo demás se acaba, le guste o no al Estado
o al individuo (ese pequeño Estado) esto se acaba porque
ya está naciendo el tiempo abierto el tiempo esponja
(Ya está naciendo: hipótesis de trabajo.
Sí esta naciendo con la Revolución. Pero
ésta no ha cesado todavía de nacer; para
ayudarla a existir e inaugurar lo abierto,
la edad porosa, estas noticias y todo mayo
del 68, la juventud entera contra la Gran Polilla)
y así como esto durará tan sólo un día o dos
para ceder su sitio a nuevos juegos”13

Y es que esta poética del muro que escoge el 68 como estética participa de la concepción
literaria, y artística por extensión, del autor que nos ocupa. Si antes relacionábamos el
caldo de cultivo de los Cronopios con el magma ideológico del Mayo del 68, ahora es
momento de tratar la poética del muro, la estética de la subversión, en la obra de Cortázar,
coincidente y en recíproca alimentación respecto de la de las revueltas, tal y como
demuestra la inclusión misma de los textos del muro en un texto literario del argentino
universal. En este sentido, una vez mostrada/demostrada la perfecta simbiosis entre los
textos del muro y los cortazarianos, descubrimos las concomitancias: la
contemporaneidad, la exaltación del instante, la tabla rasa respecto del pasado, la
desacralización del arte (nunca solemne), la subversión como respuesta a la tradición
represiva o el carácter urbano de denuncia que supone la poética del muro, que no en vano
se convierte en la voz de la calle y en la aportación original, novedosa. Y es que Cortázar
se identifica con la poética del muro, desde que llega a París en torno a los años 50, y lee:
“En una sociedad que ha abolido toda aventura, la sola aventura que resta es abolir la
sociedad.”
Sin olvidar que el propio escritor argentino encuentra en los grafitis un reflejo fiel de la
estética subversiva que inspira sus textos;14 una estética en la que poesía y subversión
confluyen como expresión de la calle y, todo ello aparece concitado en la poética del
muro. En palabras de Julio: “Escucha, amor, escucha el rumor de la calle, / eso es hoy el
poema, eso es hoy el amor”
Así las cosas, la poesía y la subversión se identifican para enfrentarse a la Gran costumbre,
al mundo codificado y sistematizado de la cultura occidental. Y es que el mismo espíritu
carnavalesco, lúdico, provocador y contestario que muestran los grafitis en los muros se
convierte en demiurgo de la creación literaria de Cortázar que, huyendo de la Literatura

13
Cortázar, Último Round, pp. 88-91.
14
Reyes, «Graffiti. ¿Arte o vandalismo?», pp. 53-70.
folletinesca u obvia de una literatura ancilar a la causa, hace de la Literatura causa. En
este sentido, define el cuento o el poema como un combate de boxeo, en el que el autor
tumba al lector por k.o., a diferencia de la novela, en la que el autor vence al lector en un
combate de boxeo por puntos.15 Al margen de la lucidez de la metáfora para asimilar
géneros tradicionalmente separados y para explicar contundentemente la naturaleza de
los géneros y la importancia del receptor en su construcción misma, enmarca el hecho
literario en una provocación, en la estética literaria como sacudimiento, como
interpelación a un destinatario que se siente inquirido. Tal efecto resulta del todo
compartido por la poética del muro, que a través de una desautomatización del lenguaje,
del contagio de un extrañamiento, pretende la desautomatización de una sociedad
necrosada por la falta de cuestionamiento habida cuenta de la inercia de la tradición;
pretende también, pues, la provocación del destinatario mediante grafitis como:
SEAMOS REALISTAS, PIDAMOS LO IMPOSIBLE;
DESABOTÓNOSE EL CEREBRO TANTAS VECES COMO LA BRAGUETA;
DECRETO EL ESTADO DE DICHA PERMANENTE;
LAS RESERVAS IMPUESTAS AL PLACER EXCITAN EL PLACER DE VIVIR SIN
RESERVAS;
LA POESÍA ESTÁ EN LA CALLE;
DURMIENDO SE TRABAJA MEJOR, FORMEN COMITÉS DE SUEÑO;
SOY UN MARXISTA DE LA TENDENCIA DE GROUCHO;
LA INTELIGENCIA CAMINA MÁS QUE EL CORAZÓN, PERO NO VA TAN
LEJOS;
LA IMAGINACIÓN TOMA EL PODER.16
Esta carnavalada subversiva estética de la poética de los muros la reconoce Julio
Cortázar como propia y llega a decir: “La pared de ladrillo como una especie de metáfora
del sistema que nos ata y nos envuelve y que [incluso] habría que romper estaba ya en los
Cronopios.”17 De esta manera, recuperamos el arranque de este artículo y descubrimos
los íntimos vínculos entre los Cronopios y la estética subversiva de la poética del muro,
entre la concepción transgresora de los grafitis y la desacralización artística de las obras
de Cortázar, sin olvidar que, junto a esta carnavalada transgresora e inseparablemente de
ella, se inoculan ciertas características de la posmodernidad como el hedonismo, la
desautorización del saber, la opinología, la falta de consideración hacia el pasado (en una
suerte de adanismo un tanto naíf) unida a la exaltación del instante como valor
permanente, lo proteico, el empoderamiento de la juventud, lo heteróclito, el relativismo,
la deconstrucción sistemática o incluso la concepción del individuo per se como sujeto
artístico. Todo ello ha quedado demostrado mediante una fructífera intertextualidad
concebida desde la inserción literal de uno en otro, a modo de mise en abyme.
De la “imaginación toma el poder” a “los Cronopios toman el poder” no hay ni un
paso, sino una absoluta identificación/inspiración en la estética de la rebeldía enraizada

15
Cortázar, Último Round, pp. 59-87.
16
Badenes, «Affiches y pintadas: La ‘verdadera’ revolución del mayo francés del 68», pp. 121-136.
17
Quijano, «“Noticias del mes de mayo”: el graffiti y la estética del antiautoritarismo cortaziano», pp. 47-
59.
en el magma del antiautoritarismo, capaz de asimilar los muros con las páginas literarias
de los libros.

Bibliografía

ARIAS CAREAGA, Raquel (2014). Julio Cortázar: de la subversión literaria al


compromiso político. Madrid, Sílex.
BADENES, Patricia (2008). «Affiches y pintadas: La ‘verdadera’ revolución del mayo
francés del 68», en Dossiers Feministes, nº 12, pp. 121-136.
BURGUEÑO, Eliana Olga (2010). «Una Vanguardia llamada Collage», en Creación y
Producción en Diseño y Comunicación. Ensayos sobre la imagen, pp. 113-114.
CORTÁZAR, Julio (1970). Historia de cronopios y de famas. Barcelona, Edhasa.
- (1980) Rayuela. Caracas, Biblioteca Ayacucho.
- (1967) Último Round. México, Siglo XXI
- (1969) La vuelta al día en ochenta mundos. México, Siglo XXI.

DURÁN, Manuel (1965). «Julio Cortázar y su pequeño mundo de cronopios y famas» en


Revista Iberoamericana, nº 59, pp. 33-46.
GLUKSMANN, André y Raphaël, (2018). Mayo el 68: Por la subversión permanente.
Barcelona, Taurus.
H. PULEO, Alicia (1990). Cómo leer a Julio Cortázar. Barcelona, Ediciones Júcar.
MONTOYA, Pablo (2008). «Julio Cortázar y la revolución», en Universidad Eafit, nº 152,
pp. 53-65.

PREMAT, Julio (2013). «Dar el salto. Los comienzos de Rayuela», en Cuadernos Lírico, nº
9, pp. 1-17.

QUIJANO, Heber Sidney (2008). «“Noticias del mes de mayo”: el graffiti y la estética
del antiautoritarismo cortaziano», en Coatepec, nº 14, pp. 47-59.
RAMA, Ángel (1981). «Julio Cortázar, constructor del futuro», en Texto crítico, nº 20, pp.
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REYES, Francisco (2012). «Graffiti. ¿Arte o vandalismo?», en Pensar la publicidad, vol. 6,


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VINEN, Richard (2018). 1968: El año en que el mundo pudo cambiar. Barcelona,
Editorial Crítica.