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Corporación Educacional Colegio Cordillera de Puente Alto E.

D
Depto. Lenguaje y Comunicación
Nivel IV ° Medio Nota: __________
Profesora guía: Valeria Rojas Muñoz
Profesora Practicante: Olga Córdova Aránguiz

Prueba Coeficiente 2 de contenidos IV ° Medio 2019


Lenguaje y Comunicación.
Nombre:_____________________________________ Ptje. Ideal: 50 Ptje. Obtenido:____
Curso: IV ° A - B Fecha: – junio - 2019

Objetivos:
 Identificar conceptos básicos relativos al discurso público.
 Reconocer tipos de discursos públicos y reconocer r perspectivas asumidas por el emisor.
 Identificar la estructura de un discurso público, reconociendo tipos de secuencias textuales presentes en discursos
públicos.
 Reconocer características del ensayo en textos.
 Leer comprensivamente diversos tipos de textos, identificando preguntas de información literal, análisis e interpretación.

INSTRUCCIONES GENERALES:
- Lea atentamente cada enunciado antes de responder.
- Escriba con letra legible.
- Utilice solo lápiz pasta de color negro o azul.
- No use corrector.
- La evaluación no debe tener borrones.
- La exigencia para obtener la nota mínima de aprobación (4.0) es del 60%, lo que significa que deberá tener, al menos, 30 puntos
para aprobar la evaluación.

I.- VERDADERO Y FALSO. Lea el siguiente texto y determine si las siguientes afirmaciones son verdaderas o falsas
(use V y F, respectivamente). Justifique las falsas, de lo contrario NO OBTENDRÁ puntaje. (2 puntos cada una)

A la hora de la batalla final, con el país a merced de las fuerzas desencadenadas de la subversión, Salvador Allende continuó
aferrado a la legalidad.
La contradicción más dramática de su vida fue ser al mismo tiempo, enemigo congénito de la violencia y revolucionario
apasionado, y él creía haberla resuelto con la hipótesis de que las condiciones de Chile permitían una evolución pacífica
hacia el socialismo dentro de la legalidad burguesa.
La experiencia le enseñó demasiado tarde que no se puede cambiar un sistema desde el gobierno, sino desde el poder.
Esa comprobación tardía debió ser la fuerza que lo impulsó a resistir hasta la muerte en los escombros en llamas de una
casa que ni siquiera era la suya, una mansión sombría que un arquitecto italiano construyó para fábrica de dinero y terminó
convertida en el refugio de un Presidente sin poder.
Resistió durante seis horas con una metralleta que le había regalado Fidel Castro y que fue la primera arma de fuego que
Salvador Allende disparó jamás.
El periodista Augusto Olivares que resistió a su lado hasta el final, fue herido varias veces y murió desangrándose en la
asistencia pública.
Hacia las cuatro de la tarde el general de división Javier Palacios, logró llegar hasta el segundo piso, con su ayudante el
capitán Gallardo y un grupo de oficiales. Allí entre las falsas poltronas Luis XV y los floreros de Dragones Chinos y los
cuadros de Rugendas del salón rojo, Salvador Allende los estaba esperando. Llevaba en la cabeza un casco de minero y
estaba en mangas de camisa, sin corbata y con la ropa sucia de sangre. Tenía la metralleta en la mano.
Allende conocía al general Palacios. Pocos días antes le había dicho a Augusto Olivares que aquel era un hombre peligroso,
que mantenía contactos estrechos con la Embajada de los EE.UU. Tan pronto como lo vio aparecer en la escalera, Allende
le gritó: Traidor y lo hirió en la mano.
Allende murió en un intercambio de disparos con esa patrulla. Luego todos los oficiales en un rito de casta, dispararon
sobre el cuerpo. Por último, un oficial le destrozó la cara con la culata del fusil. La foto existe: la hizo el fotógrafo Juan
Enrique Lira, del periódico El Mercurio, el único a quien se permitió retratar el cadáver. Estaba tan desfigurado, que la Sra.
Hortencia Allende, su esposa, le mostraron el cuerpo en el ataúd, pero no permitieron que le descubriera la cara.
Había cumplido 64 en el julio anterior y era un Leo perfecto: tenaz, decidido e imprevisible. Lo que piensa Allende solo lo
sabe Allende, me había dicho uno de sus ministros. Amaba la vida, amaba las flores y los perros, y era de una galantería
un poco a la antigua, con esquela perfumadas y encuentros furtivos.
Su virtud mayor fue la consecuencia, pero el destino le deparó la rara y trágica grandeza de morir defendiendo a bala el
mamarracho anacrónico del derecho burgués, defendiendo una Corte Suprema de Justicia que lo había repudiado y había
de legitimar a sus asesinos, defendiendo un Congreso miserable que lo había declarado ilegítimo pero que había de
sucumbir complacido ante la voluntad de los usurpadores, defendiendo la voluntad de los partidos de la oposición que
habían vendido su alma al fascismo, defendiendo toda la parafernalia apolillada de un sistema de mierda que él se había
propuesto aniquilar sin disparar un tiro.
El drama ocurrió en Chile, para mal de los chilenos, pero ha de pasar a la historia como algo que nos sucedió sin remedio
a todos los hombres de este tiempo, que se quedó en nuestras vidas para siempre.

Gabriel García Márquez, La verdadera muerte de un presidente

1. ______ El texto anterior no es un ensayo porque relata hechos verídicos de forma objetiva.

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2. ______ Es posible inferir que el autor es un admirador de Allende.

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3. ______ Para el autor Allende era un hombre simple.

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4. ______ La tesis del texto es que Augusto Olivares era un traidor de la patria.

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5. ______ Todos los sectores políticos apoyaban a Allende.

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6.- ______ Para el autor Allende era un presidente con una gran poderío y carisma.

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7.- ______ El carácter reflexivo del texto se puede ver cuando menciona el signo zodiacal de Allende.

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8.- ______ Para el autor Salvador Allende fue un guerrero violento.

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9.- ______ Para el autor lo sucedido con Allende es relacionable porque todos somos socialistas.

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10.- _____ Los burgueses y las instituciones fueron culpables de la muerte de Allende.

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II.- DESARROLLO. Lee el siguiente texto y justifica o ejemplifica las características del ensayo presentes en el
siguiente cuadro (12 puntos).

"Yo siempre tengo razón"

"Quien no opina como yo está equivocado". Éste es el convencimiento secreto de todas las personas que discuten. Y es
lógico que así suceda, porque tener una opinión significa creer que se tiene una opinión acertada; de donde resulta que
quienes no tengan la misma opinión tendrán forzosamente una opinión errónea.

El que las propias opiniones sean siempre acertadas se basa en un hecho ya señalado en un pequeño librito de cincuenta
páginas escrito por el señor Descartes. Comienza diciendo, ese librito, que la inteligencia es la cosa mejor repartida del
mundo, pues cada uno está conforme con la que tiene. Es decir: con la mucha que tiene; a lo cual puede, agregarse que
cada uno esta conforme, también, con la poca que tienen los demás. Gracias a la mucha inteligencia que uno tiene y a
la poca que tienen los demás, resulta que quien siempre está en lo cierto es uno mismo, y quienes siempre se equivocan
son los demás.

Como opinar es tener razón, lo terrible es que a uno no lo dejen opinar y le griten: "¡Usted se calla!". Así los padres le
amargan a uno la adolescencia, y de la misma manera se la amargan los profesores de matemáticas pues en matemáticas
resulta que tampoco lo dejan a uno opinar, que es no dejarlo tener razón. Y lo mismo sucede en la comunidad, cuando
uno les grita a todos: "¡Ustedes se callan!", después de lo cual ese uno puede, justamente, decir: "¡Yo siempre tengo
razón!"

En el famoso librito del señor Descartes se aconseja no discutir y conformarse con la generosa dosis de inteligencia que
Dios le ha dado a cada uno, sin regocijarse por la poca que le ha dado a los demás. Pero sería falso sostener, sin embargo,
que las discusiones son inútiles, porque de ellas no surge ninguna verdad. Surge, por lo menos, la reafirmación de dos
verdades: precisamente las que se refieren a la mucha inteligencia de uno mismo y a la poca ajena. (Con la ventaja de
que de esas dos verdades se convencen las dos personas que discuten). Como, en definitiva, toda discusión tiende a
reafirmar ese convencimiento, no conviene invocar razones que compliquen una cosa tan sencilla. Las razones se
invocan para demostrar la propia inteligencia, pues tener razón en algo es ser inteligente en la apreciación de ese algo.
De ahí que cada uno se resista a aceptar las razones ajenas, y de ahí, también, que cada uno diga que el otro no quiere
entender razones. El que discute no acepta razones, y hace bien, porque aceptar razones es reconocer que quien está
equivocado es uno mismo y no el otro. Y para llegar a eso no valía la pena discutir. Lo mejor, pues, cuando alguien
desconocedor de la técnica de la discusión, invoca razones, es recurrir al argumento clásico y definitivo y decirle: "¡A
mí no me va a convencer con razones!" (De otra manera, más popular, pero menos sabia: "¿Usted me quiere trabajar de
palabra?").

Un procedimiento eficaz para evitar que la discusión se complique con razones es emitir la propia opinión lo más
oscuramente posible. Es el consejo que hace veintitantos siglos daba el señor Aristóteles, que de estas cosas entendía
una barbaridad: "Es necesario presentar oscuramente la cosa, pues así lo interesante de la discusión queda en la
oscuridad". Si el otro no entiende, tendrá que confesarlo, y confesar que no se entiende algo es confesar que la
inteligencia no le da para tanto. (Con este procedimiento se evita, además, que aprendan gratis los curiosos atraídos por
la discusión).

Lo molesto, en una discusión, es que cuando uno está exponiendo sesudamente sus opiniones, el otro lo interrumpa para
preguntarle: "Me permite, ahora, hablar a mí?" O sea: ¿Me permite opinar? Pero, ¿cómo se lo va a dejar al otro que
opine? ¿Cómo se lo va a dejar que, opinando, se forme el prejuicio de que tiene razón? A veces, el otro, pasándose de
vivo, lo interrumpe a uno para decirle: "¡Yo no opino lo mismo!" Y con eso cree tener razón, sin darse cuenta de que
precisamente porque no opina lo mismo está equivocado. De ahí que, para abreviar la discusión y demostrarle
rápidamente al otro que está equivocado, conviene preguntarle: "¿Usted no opina lo mismo? Si contesta que sí,
reconocerá que quien tiene razón es uno; y si contesta que no, estará perdido, pues habrá confesado que quien no tiene
razón es él. Por eso, quienes saben qué está en juego en una discusión, si se les pregunta: "¿Usted no opina lo mismo?",
contestan evasivos: "Mire, yo francamente... ". El "francamente" es para despistar. Los que así contestan son los que no
tienen interés en ponerse de acuerdo con nadie. Y, si se mira bien, se verá que en las discusiones nadie puede tener
interés de ponerse de acuerdo con nadie. Si después de discutir dos horas es necesario admitir que se estaba de acuerdo,
se produce una doble decepción, porque cada uno se ve obligado a estar conforme con la mucha inteligencia que al otro
le ha tocado en suerte, que es una manera de no estar conforme con la poca inteligencia que le ha tocado a uno. Y para
llegar a eso, tampoco valía la pena discutir.

Como se ve, una buena discusión es toda una técnica de higiene mental; en las discusiones conviene que hable uno sólo
y que el otro sea quien confiese que no opina lo mismo. En rigor, cuando se discute no interesa decir qué opina uno
mismo ni averiguar qué opina el otro. Lo que interesa es decirle, al otro, que está equivocado, como se asegura que hacía
Unamuno. Unamuno entraba en una reunión y preguntaba: "¿De qué se trata? ¡Porque yo me opongo!" Y les demostraba
enseguida, sin dejarlos chistar, que todos estaban equivocados. Y si a alguien se le preguntaba después: "¿Qué dijo
Unamuno?", ese alguien contestaba: "¡No sé!" ¡Pero tenía toda la razón del mundo!"

Y ahora algún lector podrá sostener que no, que todo esto es falso, que la técnica de la discusión no es ésa. Pero ese
lector, por el simple hecho de confesar que no opina como nosotros, reconoce, sin quererlo, que está equivocado.

Característica Justificación
Carácter acotado

Carácter reflexivo

Carácter confesional

Intensión dialogante

Libertad formal

Preocupación por el estilo


III.- COMPRENSIÓN LECTORA. Lea el siguiente discurso público y responda las preguntas que se le presentan (1
punto cada una)

Texto 1
1.Utopía es una palabra inventada por Tomás Moro. El título original de su famosa obra es, en realidad, “Del óptimo
estado de la República de Utopía, ahora nuevamente descubierta”.
Es un compuesto de los términos: “U”, negación, y “topos”, lugar; por ello, puede definirse como “lugar que no existe”.
El hallazgo filosófico de Moro fue tan acertado que pronto “Utopía” se convirtió en un sistema, concebido al margen de
la realidad existente y que presenta una situación que no puede traducirse en hechos en forma textual.
2. Existen fundamentalmente dos tipos de utopías: una suele describir una comunidad que ha puesto en práctica una
serie de leyes y costumbres que la han convertido en unaespecie de paraíso terrestre donde reina la armonía social, y
cuyo ejemplo más típico es la citada “Utopía” de Tomás Moro (1516). Son utopías de tipo constructivo, regidas por
leyes justas y en las que sus habitantes son felices y libres.
Dentro de esta línea podríamos considerar innumerables obras, desde “La República” de Platón hasta “La Ciudad del
Sol” de Campanella (1623), la “New Atlantis” de Bacon (1627), “Le Voyage en Icarie” de Cabet (1842) y otras.
3. El segundo tipo de utopía, ha tenido nacimiento principalmente en los últimos tiempos, y basándose en los adelantos
científicos existentes y en la rapidez de los cambios tecnológicos propios de nuestra época, prevé el
establecimiento de una comunidad humana gobernada despóticamente. El pueblo, totalmente masificado, ha
perdido por completo su libertad y vive alienado por una propaganda todopoderosa. Es el tipo de utopía (más bien
distopía) que nos muestra “Un mundo feliz” de Huxley (1932) o “1984” de Orwell (1949), y que también ha sido llevada
al cine en películas como “Farenheit 451” de Truffaut (1965).
4. Por lo general, ambos tipos de utopías intentan, simultáneamente, una denuncia y una mejora de la sociedad,
contrastando, las primeras, lo que podría ser una colectividad ideal con la triste realidad; mientras que las segundas,
exagerando los defectos de la sociedad, para que el hombre se dé cuenta del peligro a tiempo y reaccione.

1. En el texto se señala que la antiutopía opera: 4. Los relatos antiutópicos tienen como tema:
A) contrastando una colectividad ideal con la triste A) las sociedades gobernadas democráticamente.
realidad. B) la pérdida de identidad del individuo.
B) mostrando una comunidad gobernada C) los adelantos científicos.
despóticamente. D) los peligros de la sociedad antigua.
C) describiendo un paraíso terrestre. E) el paraíso terrestre.
D) a partir de los adelantos científicos existentes.
E) exagerando y proyectando los defectos de la 5. Según el texto, el vocablo utopía es:
sociedad. A) una palabra inventada por Tomás Moro.
B) el título original de una obra.
2. ¿Qué factores influyen en el contexto de producción C) un sistema concebido al centro de la realidad.
de la antiutopía o distopía? D) un sistema de tipo constructivo.
I. Los adelantos científicos. E) una exageración de los males de la sociedad.
II. La pérdida de libertad de los gobiernos.
III. Una propaganda omnipotente. 6. ¿Con qué intención se menciona en el texto la novela
A) Solo I. “Un mundo feliz” de Huxley?
B) Solo III. A) Como ejemplo de antiutopía.
C) Solo II. B) Para comprobar que el narrador conoce de lo que
D) Solo I y III. habla.
E) I, II y III. C) Como un relato llevado al cine.
D) Para corroborar el concepto de utopía.
3. Del párrafo tres se infiere que: E) Como ejemplo de un gobierno déspota.
A) la ciencia conducirá al hombre, inevitablemente, a su
destrucción. 7. DESPÓTICAMENTE
B) los adelantos científicos no están exentos de A) agresivamente
consecuencias negativas. B) tiránicamente
C) la tecnología se desarrolla con la llegada del siglo C) duramente
XXI. D) vilmente
D) la publicidad tiene consecuencias negativas en los E) violentamente
hombres.
E) la libertad de los hombres está siendo
constantemente menoscabada.
8. ALIENADO C) alterado
A) separado D) violentado
B) enajenado E) disgregado

IV.- COMPLETACIÓN. Complete el siguiente crucigrama con los contenidos vistos en clases (10 puntos)

*OPCIONAL (5 puntos). Delimite el inicio, desarrollo y conclusión en el discurso de Michelle Obama y subraye dos
estrategias persuasivas utilizadas.