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EL IMPERIO ROMANO

PARCIAL

JOSE AUGUSTO RINCON GALVIS


CODIGO 11820181191

HISTORIA DEL DERECHO Y DE LAS IDEAS


POLITICAS
DR. ANDRES FELIPE PARRA RIVERA
2020
1. Explique brevemente las fases de la república y el imperio en Roma

La República

Las Instituciones

Durante la República se crearon de forma gradual una serie de instituciones de gobierno


representativas.

Patricios: Eran la clase dominante que poseía todos los privilegios tanto fiscales como
judiciales, políticos y culturales.

Plebeyos: Pagaban impuestos y servían en el ejército, fueron exigiendo y


consiguiendo derechos políticos y participan en el gobierno de la ciudad. En el siglo V.
a. C. lograron que un representante, el tribuno de la plebe, defendiera sus intereses en
el Senado y un siglo después los plebeyos podían ser magistrados y senadores.

Las instituciones principales fueron: los Comicios, las Magistraturas y el Senado.

Los Comicios: 

Eran asambleas en las que se reunían los ciudadanos romanos para votar las leyes, elegir,
los cargos públicos y decidir la guerra o la paz. Estas asambleas populares se reunían
siguiendo distintos criterios y con funciones distintas:

a. Comicios de las centurias: elegían los


magistrados superiores (cónsules pretores y
censores) y declaraban la guerra.
b. Comicios de las tribus, la unidad de voto era la
tribu (distrito territorial), eligen a ediles curules y
cuestores, y legislaban.
c. Comicios de las curias, administra justicia
d. Comicios de la plebe, elige el tribuno de la plebe
y el edil de la plebe.

Las Magistraturas:

Eran cargos políticos con funciones específicas y que suponían toda una carrera política.
Estos cargos eran:
a. Colegiados: a fin de equilibrar el poder y evitar la corrupción, todos los cargos se
compartían con, al menos, otra persona.
b. No se cobra un sueldo.
c. Elección Anual, de forma que todos los años había votaciones.
d. Electos, excepto el cargo de senador, reservado para los antiguos cónsules y con
carácter vitalicio.

Todas las magistraturas eran ordinarias, sólo el cargo de dictador era extraordinario, propio
de épocas difíciles; se encargaba así, durante seis meses, de gobernar Roma y su ejército, y
su poder estaba por encima del de los cónsules. El dictador tenía, además, un ayudante,
el jefe de caballería.
Seis eran las magistraturas, ordenadas de mayor a menor importancia política:

 Cónsul, siempre elegidos de dos en dos, y tan importantes que


daban nombre al año en el que gobernaban. Jefes máximos del
ejército, presidían las sesiones del Senado y se turnaban diariamente
en el ejercicio del poder.
 Pretor, en número de ocho, se encargaban de
los tribunales de Roma.
 Edil; eran elegidos de cuatro en cuatro (dos
patricios y dos plebeyos) y se encargaban del
gobierno de las ciudades.
 Cuestor: se encargaban de las arcas y gastos
del Estado.
 Censores, eran dos y su cargo duraba cinco
años. Su trabajo era elaborar las listas de
ciudadanos (censos) y dictaminar quién podía
pertenecer o no a una clase social. Establecer
la lista de senadores y tachar de ella (nota
censoria) a los que no fueran dignos.
 Tribuno de la plebe. Era una magistratura especial, ocupada
siempre por plebeyos. Tenían derecho de veto sobre las decisiones
del Senado, de forma que se encargaban de que estas no
perjudicaran los derechos de los plebeyos.

El Senado 

Era la institución más importante. Era un consejo supremo encargado de asesorar a los
magistrados. Además, establecía leyes y dirigía la política exterior. Sus miembros eran
vitalicios, unos 300, y eran antiguos cónsules y magistrados, y personas que sobresalían por
sus cualidades, su fortuna y su posición social.

El Imperio

Durante la fase imperial, Roma se caracterizó por tener un gobierno autocrático en manos de
los famosos emperadores. En este periodo, el dominio de los romanos se extendió hasta
límites impensables.
Estatua de Marco Aurelio

El Imperio es el sistema en el que el poder político real estaba en manos de un solo


individuo, el emperador. Se inauguró con el emperador Augusto. El Senado quedó limitado a
ser un órgano de apoyo de ese poder político.

Se denomina Alto Imperio al periodo que va de Augusto a Diocleciano y Bajo Imperio el que
tiene lugar entre Diocleciano y la caída del Imperio Romano en Occidente.

Durante esta etapa se superan las crisis sociales y políticas que el sistema republicano no
pudo hacer frente.

Está centralizada forma de gobierno tuvo como pilares al ejército, los funcionarios, el ejército,
y el incremento y mejora de las vías de comunicación.

1. Describa el problema de la soberanía en el medioevo (poliarquía).

El único vértice (el Emperador) que organiza coherentemente todas las demás
jurisdicciones que estuvieran por debajo de él.
Es decir, mientras el Emperador fuera reconocido como el pico indiscutido de las
jurisdicciones, no debía darse ninguna superposición de poderes sino una perfecta
armonía entre ellos.

Ahora bien, este esquema, que coloca al Emperador en la cúspide del orden externo a la
“civitas”, se ve obligado a experimentar una transformación cuando irrumpe un discurso
diferente y competidor; “[…] un discurso que tiene que ver con una jerarquía y con un vértice,
pero que identifica la primera [no con el Emperador sino] con el ordenamiento de la Iglesia y
el vértice con la cabeza de la misma, con el papa.” (Costa, 2007, 50).

Es allí cuando dentro del ordenamiento comienzan a surgir choques derivados del
solapamiento de “iurisdictiones”; espacio al que aspiran ahora tanto el Emperador como la
Iglesia.

Desde el momento en que ambas entidades se disputan el vértice de esa organización


jurisdiccional, el resurgido concepto romano de “plenitudo potestatis”, uno de los
antecedentes más importantes de la idea de soberanía, aparece con una fuerza
inusitada. Disputar el vértice de la jurisdicción equivale a disputar la “plenitudo
potestatis”, es decir, los plenos poderes, la capacidad judicial y la creación normativa,
que tanto el Emperador como el Papado se atribuyen a sí mismos pero que se niegan
mutuamente.

La idea implícita de la “plenitudo potestatis” es que sólo una figura puede detentar la
soberanía.

En el combate por hacerse de la “plenitudo potestatis”, el Papado invoca una analogía


bíblica, que será determinante en la historia de la soberanía: así como el poder del hijo
de Dios supera al de la Naturaleza, así también el poder del máximo pontífice, en
calidad de representante de Cristo, se coloca más allá de toda jurisdicción terrenal,
siendo su vértice mismo.

Mientras se llevaba a cabo esta discusión entre la “soberanía papal” y la “soberanía


imperial”, se fue dando un proceso paralelo que prepararía el terreno para la
emergencia de una soberanía no vinculada a ninguna de las dos entidades.

Nos referimos al poder de las nacientes monarquías, que se fortalecían precisamente


mientras el Papado y el Emperador deterioraban gastaban sus energías disputándose
la supremacía.

2. Indique como nació el cristianismo y mencione los dos edictos que lo


implementaron de manera contundente en el imperio romano.

El cristianismo nació en la época del Imperio Romano cuya religión oficial por aquel entonces
era politeísta. En sus primeros años, los cristianos eran perseguidos como criminales puesto
que profesaban una religión contraria a la oficial.

A pesar de que el cristianismo fuera en contra de la propia ley romana, el número de


seguidores crecía día tras día, los cristianos estaban siempre tratando de adquirir nuevos
seguidores. Aunque algunos de los seguidores eran ricos, la mayoría de ellos eran de la
clase media-baja debido a la doctrina de igualdad que profesa el cristianismo.

En el año 313 d.C. el Emperador Constantino el Grande se convirtió al cristianismo y legalizó


el culto cristiano. Posteriormente durante la época de Teodosio el Grande, el cristianismo se
convirtió en religión oficial de Roma. Incluso tras la desaparición del Imperio Romano de
Occidente, toda Europa estaba convertida al cristianismo.

En el año 313 d.C. Constantino el Grande, de religión cristiana otorga el derecho y libertad a
profesar el cristianismo sin ser castigado en el Imperio Romano por medio del Edicto de
Milán. Más tarde en el año 380 d.C. el Emperador Teodosio el Grande por medio del Edicto
de Tesalónica establece el cristianismo como la religión oficial del Imperio Romano.

El texto del Edicto de Milán rezaba:

“Habiendo advertido hace ya mucho tiempo que no debe ser cohibida la libertad
de religión, sino que ha de permitirse al arbitrio y libertad de cada cual se ejercite
en las cosas divinas conforme al parecer de su alma, hemos sancionado que,
tanto todos los demás, cuanto los cristianos, conserven la fe y observancia de su
secta y religión… que a los cristianos y a todos los demás se conceda libre
facultad de seguir la religión que a bien tengan; a fin de que quienquiera que
fuere el numen divino y celestial pueda ser propicio a nosotros y a todos los que
viven bajo nuestro imperio. Así, pues, hemos promulgado con saludable y
rectísimo criterio esta nuestra voluntad, para que a ninguno se niegue en
absoluto la licencia de seguir o elegir la observancia y religión cristiana. Antes
bien sea lícito a cada uno dedicar su alma a aquella religión que estimare
convenirle.”

El edicto parece más bien querer conseguir la benevolencia de la divinidad en todas las
formas que se presentara, en consonancia con el sincretismo que entonces practicaba
Constantino, quien, a pesar de favorecer a la Iglesia, continuó por un tiempo dando culto al
Sol Invicto.
En cualquier caso, el paganismo dejó de ser la religión oficial del Imperio y el edicto permitió
que los cristianos gozaran de los mismos derechos que los otros ciudadanos. Desde ese
momento, la Iglesia pasó a ser una religión lícita y a recibir reconocimiento jurídico por parte
del Imperio, lo que permitió un rápido florecimiento.

El texto del Edicto de Tesalónica rezaba:

«Queremos que todos los pueblos que son gobernados por la administración de
nuestra clemencia profesen la religión que el divino apóstol Pedro dio a los
romanos, que hasta hoy se ha predicado como la predicó él mismo, y que es
evidente que profesan el pontífice Dámaso y el obispo de Alejandría, Pedro,
hombre de santidad apostólica. Esto es, según la doctrina apostólica y la doctrina
evangélica creemos en la divinidad única del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo
bajo el concepto de igual majestad y de la piadosa Trinidad. Ordenamos que
tengan el nombre de cristianos católicos quienes sigan esta norma, mientras que
los demás los juzgamos dementes y locos sobre los que pesará la infamia de la
herejía. Sus lugares de reunión no recibirán el nombre de iglesias y serán objeto,
primero de la venganza divina, y después serán castigados por nuestra propia
iniciativa que adoptaremos siguiendo la voluntad celestial.»

Con este edicto, el cristianismo niceno pasaba a convertirse en la única religión oficial del
Imperio romano en su totalidad. El Panteón Romano se había complementado a lo largo de
muchos siglos con los dioses, deidades y lares domésticos, con el culto a los propios
antepasados e incluso con divinidades prerromanas que habían sido asimiladas tras el
proceso de romanización en muchos lugares del Imperio, siguió practicándose sin ninguna
traba salvo por la prohibición de hacer sacrificios y porque ya no recibía financiación por
parte del Estado, a partir de ese momento cada culto era sufragado por sus creyentes.
Popular y erróneamente este Edicto se ha asociado con la prohibición de las religiones no
cristianas, pero como se puede observar la prohibición no iba dirigida a ellas, que se
pudieron seguir practicando pero con las limitaciones antes mencionadas, lo que se prohibió
fueron las innumerables versiones del cristianismo que fueron consideradas herejías a partir
del Concilio de Nicea, como el arrianismo.

3. Consulte en que consistió la querella de las investiduras

Consistió en el enfrentamiento entre papas y reyes entre el 1073 y el 1122, fecha que fija su
fin en virtud del Concordato de Worms.

Fue desencadenado por el Papa Gregorio VII y el Emperador del Sacro Impero Romano
Germánico, Enrique IV, en donde ambos se disputaron la supremacía del poder.

En el año 1075, el recientemente nombrado Papa, el monje Hildebrando devenido en


Gregorio VII, emite un Dictatus Papae de características rígidas en el que, a través de 27
puntos, expone el papel que debe regir la iglesia respecto al poder temporal.

En éste determina la absoluta supremacía del Papa, ubicándose por encima de los clérigos,
obispos, fieles e iglesia, ya sean éstas locales o nacionales. Su autoridad está por encima de
la de los concilios. Sólo el Papa tiene el poder de nombrar obispos, como así también
emperadores y príncipes, quienes le deben sometimiento. Asimismo, expone la infalibilidad
de la Iglesia, esto es, “la iglesia no erró ni errará jamás”.

Asimismo, se manifiesta expresamente en contra de la simonía, venta de cargos


eclesiásticos y el nicolaismo, vida no célibe de los clérigos, voto de castidad que se mantiene
en la actualidad dentro de la religión católica.

La razón por la cual se impuso esta condición se debió, en principio, a una razón económica
y al carácter hereditario de los feudos ante una posible descendencia.

La querella se expresó en el deseo de obtener la autoridad imperial por encima de los reyes,
hecho que molestó al emperador Enrique IV quien no estaba dispuesto a ceder su poder,
actitud que demostró al no modificar en nada sus prácticas frecuentes: siguió nombrando
obispos en Alemania, más aún, nombró arzobispos en Milán, territorio que había rechazado
de cuajo las nuevas directivas papales.

La respuesta por parte de Gregorio VII fue al comienzo, un claro llamado de atención hacia la
desobediencia.

Por su parte, el Emperador convocó a un conjunto de obispos en Worms en 1076 quienes lo


apoyaron, negándose a reconocer las nuevas directrices. El resultado fue la excomunión del
Emperador y de quienes lo acompañaban, destituyéndolo de la corona imperial quien, ante la
posibilidad de perder el favor de sus súbditos como así también la bendición de la fe, pidió
perdón al Papa, evento que se conoce como el “Paseo de Canossa”, en virtud al viaje que
hace Enrique IV al castillo de Canossa en donde se encontraba Gregorio VII.

La querella se reaviva cuando, al regresar el emperador a Alemania, se encuentra con que


un grupo de partidarios de su cuñado Roberto de Suabia, lo habían promulgado emperador.
La reacción de Enrique fue, nuevamente, convocar un grupo de prelados en Brixten,
desposeyendo a Gregorio VII y nombrando en su lugar al antipapa, Clemente III.

El papa, en tales circunstancias, confirmó a Roberto de Suabia y pidió ayuda al


normando Roberto Guiscardo, quien se lanzó contra Roma. El resultado fue un conflicto
sangriento con intervención popular en el que perecieron civiles.

Gregorio VII , escoltado por Guisardo, huyó a Salerno en donde este le ofreció asilo hasta su
muerte, un año más tarde, en el 1085.

Sucedido primero por Víctor III y luego por Urbano II, la Querella de las Investiduras se
mantuvo hasta la llegada del Papa Calixto II, quien firmó el Concordato de Worms en
1122 confirmado por el Concilio de Letrán.

Se estableció un acuerdo entre la Iglesia y el Imperio a través del cual la primera se


reservaba el poder de las consagraciones religiosas, en tanto que al poder imperial
correspondía la investidura temporal y los derechos de regalía.
Asimismo, el emperador tenía el poder de asistir a la elección de cargos eclesiásticos y
utilizar su voto cuando el quórum no fuese suficiente.

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