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UNIVERSIDAD SANTO TOMAS

DEPARTAMENTO DE HUMANIDADES

Retos desde el humanismo en las democracias actuales

Trabajo presentado por el grupo base de filosofía política de la USTA(*)

Introducción

La construcción de la democracia en occidente se ha caracterizado por no seguir


una línea recta, sino por sus altibajos. En efecto, hemos presenciado periodos
espléndidos en el reconocimiento y las garantías de libertades individuales y
colectivas; hemos asistido a muchas elecciones legítimas y transparentes;
aceptación de grupos minoritarios y opositores,; prácticas de valores como la
tolerancia y el pluralismo Pero también hemos asistido a fenómenos negativos
como la exclusión social, el recorte de libertades, la marginalidad, la eliminación de
grupos étnicos y políticos, etc.

Este trabajo versa sobre los retos que le atañen al proceso de humanización que
debe caracterizar a la democracia, y que como se mencionó arriba, no ha sido la
constante en ese proceso de construcción histórica. Para lograr este propósito,
acudiremos a cuatro autores de la filosofía política actual: Norberto Bobbio (Italia,
1909-1994), Giorgio Agamben (Italia, 1942-), Giovanni Sartori (Italia, 1924-2017) y
Roberto Dahl.(Estado Unidos, 1915-2014).

Reunir el pensamiento político de cuatro autores contemporáneos que han


reflexionado sobre la democracia desde posiciones diferentes es una tarea que
presenta per se sus dificultades; no obstante, se aceptará el desafío desde una
mirada centrada en el humanismo y para ello, el hilo conductor de esta tarea girará
sobre los siguientes tópicos:

1. Referencia a los autores clásicos.

2. Deshumanización de la política (Ciudadano total).

3. Ciudadano frente al gobernante y el Estado.

4. Educación y ciudadanía.

(*) Alvaro Acevedo, Javier Parra, Luciano Medina y Roberto Dáger


1. Referencia a los autores clásicos
En el mundo intelectual contemporáneo se mira con desdén los aportes del
pensamiento clásico. Existe la errónea idea que somos autosuficientes y que es
poco lo que pueden enseñarnos los autores del pasado. Con respecto a nuestros
cuatro autores, el primer punto de encuentro es que cada uno de ellos, tienen sus
deudas con los clásicos. Es recurrente en cada uno de estos autores, la influencia
ejercida por autores desde Platón hasta Marx, en su formación intelectual,
especialmente en sus teorías políticas.

Sartori, por ejemplo, en lo que se refiere a la igualdad, cita a Aristóteles quien


distingue la igualdad aritmética (lo mismo para todos) de la proporcional (lo mismo
para los mismos), y por lo tanto, cosas iguales para los iguales pero desiguales
para los desiguales.

“Las leyes son iguales en cuanto que son idénticas parea todos, mientras
que los impuestos directos son proporcionales, en proporción a la riqueza, y
por lo tanto iguales para iguales pero desiguales para desiguales”
(Elementos de teoría política, pg. 51).

En ese sentido cabe diferenciar la igualdad jurídico-política que implica iguales


leyes, iguales libertades e iguales derechos; la igualdad social y la igualdad en las
oportunidades que es la típica reivindicación igualitaria de la actualidad: para
Sartori, el núcleo del problema es que iguales tratamientos no producen resultados
iguales, de lo que se deduce es que para que se conviertan en iguales es
necesario que se den tratamientos desiguales; por eso, los estados procuran
promulgar leyes sectoriales que favorecen determinados grupos y realizar
discriminaciones que resultan compensatorias en la sociedad.

“La igualdad que hoy más nos interesa es la igualdad de oportunidades que
se puede entender de dos formas distintas: en una primera acepción, las
oportunidades iguales vienen dadas por un acceso igual y en la segunda,
vienen dadas por puntos de partida iguales” (La democracia en 30
lecciones, pg. 72).

Bobbio, por su lado, realizó todo un estudio sobre el pensamiento político de


tomas Hobbes, su autor predilecto. Adicionalmente en un artículo que escribió
sobre las posibles relaciones entre la filosofía política y la ciencia política, analizó
los siguientes cuatro aspectos:
a. La filosofía política tiene como objeto la descripción, proyección, y teorización
de la óptima república. Es lo que desde Platón se ha denominado las “Utopías al
revés”. En ese sentido, la relación entre filosofía política y ciencia política es de
oposición neta por cuanto la última es descriptiva o explicativa y la filosofía política
es prescriptiva.

b.) La filosofía política también se ha encargado históricamente de la búsqueda


del fundamento último del poder. En tal sentido, ella responde a la pregunta “¿a
quién debo obedecer?”y “¿por qué?”. Por lo tanto la filosofía política se ha
encargado de analizar el problema de la legitimidad del poder. Problema abordado
por Hobbes, Locke, Rousseau, Kant , Hegel y Marx.

c) La filosofía política estudia la distinción entre moral y política; entre razón


individual y razón de Estado. Se interroga si el fin justifica los medios, un
problema abordado por Maquiavelo. Esto conlleva que entre la filosofía política y
la ciencia política exista una relación estrecha que exige a la ciencia política partir
de un presupuesto sobre la teoría general del poder. Relación de continuidad.

d) La Filosofía política como metaciencia; estudio del a política como segundo


nivel. La ciencia política es el discurso sobre el comportamiento humano y la
filosofía política es el discurso sobre el discurso del científico; en este sentido la
filosofía política se vale de los aportes de la filosofía del lenguaje. La relación entre
las dos es de de integración recíproca o de servicio mutuo.

Con respecto al pensamiento de Agamben, es preciso resaltar que la inclusión


del concepto de “La Nuda Vida”, es ante todo la desterritorialización de la vida-
dignidad, para dar paso a una vida- nutricia, en el sentido de Aristóteles. La
biopolítica contemporánea, como ejercicio del poder y el control sobre la vida
humana, busca que el hombre pierda su esencia de sujeto y sea considerado
exclusivamente como un cuerpo vivo, desprovisto de humanidad.

El esfuerzo de Agamben por mostrar como desde la estructuración política de la


monarquía autocrática y el establecimiento de la democracia occidental, las
características centrales del biopoder se han centrado en el control del sujeto. La
“Nuda Vida”, cosiste precisamente en deshumanizar y eliminar del hombre su
evolución – humano y dejarle únicamente su evolución-homínida, es decir su parte
como Zoè1.

1
Agamben, Giorgio. Homo Saccer. El poder soberano y la nuda vida. Pre-textos. Valencia. 2003. P. 9
El norteamericano Roberto Dahl, por su parte sostendrá con Hobbes que el
hombre es por naturaleza un tirano, un tirano en potencia, es decir, ante ausencia
de límites y controles externos, sus apetitos lo llevan inconteniblemente a someter
y dominar despóticamente a sus semejantes. De esta manera y en concordancia
con el pensamiento hobbesiano, considera que el gobierno es necesario para
mantener el orden social, pero que por el otro lado, sus ocupantes amenazan
constantemente a sus miembros mediante la extralimitación de sus funciones. En
consecuencia, la tarea más importante de la política es establecer diques y
contenedores sociales y constitucionales que controlen y limiten la actividad de los
gobernantes.

2. Qué se debe entender por democracia y los posibles riesgos


deshumanización desde la política.

Las reflexiones de Giovanni Sartori sobre el tema conllevan a plantearse


interrogantes sobre el qué es y cuáles son las condiciones necesarias para hacer
posible la democracia; así como por qué se debe preferir la democracia y cuál es
su relación con el desarrollo económico y social dentro del Estado.

Su análisis comienza con referencia a la concepción clásica del término


democracia; plantea que sólo desde hace dos siglos la palabra tiene una
connotación positiva. De hecho en la antigüedad griega Platón y Aristóteles no la
consideraron como forma válida de gobierno y su utilización estuvo asociada a
regímenes negativos. Para Giovanni Sartori, la democracia de los modernos, la
que adquiere un sentido elogioso después de la Revolución Francesa, no es la
misma que practicaban los antiguos.

“La democracia alude, a grandes rasgos, a una sociedad libre, no oprimida


por un poder político discrecional e incontrolable ni dominada por una
oligarquía cerrada y restringida, en la cual los gobernantes respondan a los
gobernados”.(¿Qué es la democracia?, pp 23 y 24).

En cuanto a Bobbio, existe en su pensamiento político una concepción de


ciudadano que se expresa en una constante tensión en su relación con el Estado.
Este tema fue parte de su interés y de su análisis político en la medida que alertó
especialmente en su trabajo El futuro de la democracia, los problemas de un poder
creciente del Estado moderno que controla cada vez más al ciudadano y las
implicaciones éticas y políticas del ciudadano no educado en sus incidencias con
respecto a las decisiones colectivas y públicas.

Al filósofo de Turín, le preocupa la forma como el Estado total reduce todos los
intereses humanos a los intereses del Estado, lo que crearía un “ciudadano total”,
que desnaturaliza esa relación y deshumaniza al ser humano al reducirlo solo a
expresiones políticas

Bobbio establece la definición procedimental o formal de la democracia; el no


aborda la definición sustancial de ella. En efecto, en su definición mínima de la
democracia, sostiene que ella es: “Un conjunto de reglas (primarias o
fundamentales) que establecen quien está autorizado para tomar las decisiones
colectivas y bajo qué procedimientos”. En tal sentido, el respeto a las reglas
establecidas en la democracia es fundamento de legitimidad, como también la
cultura de legalidad que se debe construir a su alrededor.

En la definición de democracia de Bobbio, se desprenden varios aspectos:


a) Todos los ciudadanos que hayan alcanzado la mayoría de edad sin
distinción de raza, religión, condición económica, sexo, etc., debe gozar de
los derechos políticos a elegir y ser elegido.
b) El sufragio universal de cada individuo debe tener un peso igual al de los
demás.
c) Cada individuo pude escoger con su voto entre diversos grupos políticos
organizados y opciones diferentes.
d) Las decisiones se toman por mayoría numérica.
e) Ninguna decisión de la mayoría puede limitar los derechos de la minoría.
f) La democracia también tiene un fundamento en la legalidad; es preferible el
gobierno de las leyes al gobierno de los hombres, para evitar la
arbitrariedad.
g) La democracia también se sustenta en determinados valores: la libertad y la
igualdad; el diálogo para dirimir controversias y conflictos. Y el
reconocimiento de la tolerancia para garantizar el respeto de las ideas
diferentes

Bobbio, también aborda la temática de la guerra y la paz; las analiza


especialmente en su libro “El problema de la guerra y las vías de la paz”. En
ese texto realiza un examen interesante al diferenciar conceptualmente la
“paz interna” del término “paz externa”. El primero pertenece al mundo
psíquico y moral de las personas y el segundo al campo de enfrentamiento
entre los individuos y los grupos. Este último pertenece al mundo del
derecho.

"La guerra, afirma Bobbio, activa un estado de necesidad que, en cuanto


tal, siendo una ley en sí misma, se coloca por encima de cualquier otra ley.
La guerra es la guerra: no respeta la vida: "Figurémonos si puede respetar
a los otros derechos fundamentales" (Bobbio,1991:p.32)
La guerra impone restricciones, e incluso, supresiones de los derechos
fundamentales, principalmente los derechos de libertad. Para Bobbio, la
prueba de ello son los llamados "estados de excepción" que se encuentran
consagrados en todas las constituciones. Los "estados de excepción"
restringen o suprimen los derechos colectivos de un país, cuando enfrentan
situaciones de peligro.
 El respeto al derecho a la vida exige al mismo tiempo, que se reconozca a
los individuos el mínimo indispensable para vivir. Se trata para Bobbio de
derechos sociales y económicos que a diferencia de los otros llamados
negativos, porque requiere que el Estado no los interfiera (actuación
negativa estatal: no matar, no limitar o constreñir libertades), necesitan de
una actitud positiva del Estado a través de políticas económicas específicas
para su atención, que tienen que ver con asuntos presupuestales.

A partir del análisis de Agamben sobre el concepto de “Nuda Vida”, se hace una
reflexión sobre la exclusión y la cosificación de la vida humana. Exclusión en el
ámbito de una vida con valor jurídico, pero eliminada de su subjetividad y
humanidad. Cosificada, como “mercancía” de intercambio o de desecho.

En tal sentido, a partir del siglo XVI, el hombre americano aparece en el contexto
histórico como un “zoè”, provisto del simple hecho de vivir como los otros seres
vivos. Se le desconoció y eliminó su “historia pasada” para poder someterlo como
“naturaleza “de posesión y propiedad. Por Bula del Papa Pablo III, se le otorgó la
doble dimensión de “bios politikòs” y “Bios humanus”, pero la situación real de
exclusión de toda subjetividad se manifestó durante los siglos posteriores.

Bajo la legitimidad del poder divino encarnado en el Patronato Regio del monarca
español, el aborigen, el africano y el blanco pobre y sus descendientes, fueron
condenados al silencio, so pena de perder privilegio político alcanzado por medio
de la señalada Bula. Durante los trescientos años de colonia, la “nuda vida” y su
respectiva pérdida de sus derechos se le aplicó a aquellos que intentaron afirmar
su subjetividad.

Con el proceso de formación republicano y el desarrollo de la democracia, la


condición de súbdito colonial, sometido a la legitimidad de los poderes divinos,
presentó un cambio semántico por el de ciudadano sometido a la ley, pero
igualmente desprovisto de su singularidad humana.
Zoè como voz y bìos como lenguaje, que forman la esencia entre el hecho de vivir
y el hecho de pensar, entre la hominización y la humanización, en el camino de la
construcción de un hombre latinoamericano como sujeto de vida y sujeto jurídico,
han encontrado una barrera de oposición desde un modelo biopolìtico 2 construido
desde dos legitimidades manipuladas por el poder.

La “nuda vida”, donde se excluye la legitimad natural del derecho a la vida ha sido
una constante. El que se opone al poder establecido y legitimado por la biopolítica
de la fuerza, la violencia y la manipulación, en palabras de Agamben y en la norma
jurídica del derecho romano, es sencillamente un “homo sacer”. Al hombre
provisto de alma, se le asesina el cuerpo. De esta manera, se le deslegitima su
naturaleza jurídica y humana.

Para el mercado, el hombre es una mercancía “desechable”, la cual


fácilmente se puede eliminar o cambiar. El hombre y la naturaleza que lo
rodea se ha convertido en objeto de ganancia. El bien común y la felicidad,
bases históricas de la filosofía política han sido desplazadas por la lógica de
la ganancia. Frente a la biopolítica impuesta por el liberalismo económico,
se hace necesario el establecimiento de una bioética que se fundamente en
el respeto del hombre y de su dignidad.

Para Robert Dahl, “la teoría democrática se relaciona con los procesos por medio
de los cuales los ciudadanos comunes ejercen un grado relativo de control sobre
los dirigentes”. Es una idea antigua, que para el caso de Montesquieu, lo
expresaba en términos similares, en sus famosas Cartas persas: “Todo poder
que no tenga límites no puede ser legítimo”.

Dahl señala que existen una serie de características que deben cumplirse para la
existencia de un orden plenamente democrático.

1. Que cada miembro exprese su preferencia, es decir, que pueda votar.

2. Que influya por igual cada preferencia, cada voto.

3. Que triunfe la opción con mayor número de votos.

4. Que los individuos puedan insertar y elegir la opción preferida.


2
Foucault, Michel. Nacimiento de la biopolìtica: curso en el Collège de France (1978-1979). Buenos Aires.
Fondo de Cultura Económica. 2007. Traducción de Horacio Pons. El neologismo es acuñado por el filósofo
francés en el señalado curso. Hace referencia al modo en que en el modelo neoliberal se ejerce un control
sobre el cuerpo, sobre todo a partir del Renacimiento.
5. Que todos los individuos posean la misma información sobre todas y cada
una de las alternativas propuestas.

6. Que las alternativas con mayor votación desplacen a las otras.

7. Que se ejecuten las órdenes de los representantes designados os e lleven


a cabo las acciones elegidas.

8. Que todas las elecciones que se realicen cumplan con estas siete
condiciones o que se subordinen a ellas (Dahl, 1987).

3. El Ciudadano frente al gobernante y al Estado

Para Sartori, una de las condiciones de la democracia es la posibilidad que se dé


una sociedad abierta en el que el Estado esté al servicio de los ciudadanos y en el
que el gobierno exista para el pueblo, es decir en interés y beneficio de este
mismo. La democracia actual, la liberal – democracia, presenta tres aspectos
importantes:

En primer lugar, sus postulados se legitiman por medio de elecciones libres y


periódicas; son estas las que le dan a la democracia el principio de legitimidad en
el sentido que le da al pueblo la titularidad del poder y el problema del poder no es
sólo de titularidad; es ante todo de ejercicio, es de poder. En su obra Elementos
de teoría política, Sartori plantea que entre los griegos no se hizo esa distinción
por cuanto el ciudadano libre que ejercía el poder era a su vez titular de ese
derecho; claro, se entiende dentro de un contexto en el que el concepto de demos
griego comprendía exclusivamente a los garantes de ese derecho y no al populus
que se hallaba fuera de los muros de la ciudad.

En segundo lugar, la democracia como sistema político llamado a resolver


problemas de ejercicio, en cuanto a la titularidad del poder que tiene todo
ciudadano frente al Estado; poder del que es posible hablar sólo en sociedades
pequeñas y que enmarca las características de la democracia participativa como
tal. El ciudadano participativo es el que ejerce en nombre propio (y proporcional) el
poder del que es titular. Pero, en los estados actuales es imperativo preguntarse
sobre el poder real que ejerce cada ciudadano, en razón a los millones de
personas que tienen la misma titularidad. De ahí que en una democracia grande
no puede hablarse de “participación” sino de “representación” ya que hay una
privación de la titularidad del ejercicio del poder a expensas de la designación del
poder hacia el gobernante.
La democracia como ideal, en la medida en que se pregona el autogobierno
ciudadano, el sistema igualitario y la participación total. Para Sartori no deja de ser
más que una utopía por cuanto es poco factible vincular los ideales con la
realidad, el “deber ser” con lo que “es”; lo que significa que en ningún caso la
democracia como tal (lo descriptivo) coincide con la democracia tal y como se
quisiera que fuera (lo prescriptivo).

Al qué es de la democracia se debe responder con una óptica realista y en ese


contexto se ubica el pensamiento de Nicolás Maquiavelo que defendió la
autonomía de la política frente a los idearios ético-religiosos; cabe recordar la
interpretación que hace de su microcosmos político que comprendía los
principados renacentistas, situación imposible de comparar con la magnitud de los
estados de hoy. Es claro que la democracia funciona mejor en contextos
comunitarios pequeños, lo que el autor denomina microdemocracias, que en lo
que representa todo un país.

En el otro lado de la discusión se encuentra las tesis de un racionalismo político


que plantean el deber ser de la democracia; para el autor, es la línea del
pensamiento francés que postula tesis y se fundamenta en principios abstractos
generales, considerados verdades evidentes; en contraposición a la línea de las
democracias anglosajonas, de tipo empírico-pragmático, que tiende a preguntarse
sobre el cómo funciona la democracia. (La democracia en 30 lecciones, pg. 24-
25).

En el pensamiento de Bobbio, existen algunas promesas incumplidas por la


democracia; encontramos entre otras:

 El nacimiento de la sociedad pluralista. El soberano de la democracia, no


son los individuos, sino los grupos que se dividen en distintos grupos, con
un poder que no tiene un solo centro de poder; lo que conlleva a una
sociedad policéntrica o poliárquica o policrática).
 La reivindicación de los intereses. La democracia moderna a diferencia de
la democracia antigua, surge como democracia representativa de los
intereses del grupo; no obstante se entra en un conflicto por parte del
representante que de una parte debe defender los intereses de sus
representados (electores) y los intereses de la nación, (interés general). El
riesgo de la democracia es el fortalecimiento de los grupos que
menoscaban la reivindicación del ciudadano, propiciando el surgimiento de
un “corporativismo”.

 El espacio limitado. La democracia no ha dado el paso de la democracia


política a la democracia social. En palabras de Bobbio, “cuando se desea
conocer si se ha dado un desarrollo de la democracia en un determinado
país, se debería investigar no si aumentó o no el número de quienes tienen
derecho a participar en las decisiones que les atañen, sino los espacios en
los que pueden ejercer ese derecho”

 El poder invisible. Bobbio considera que esta es la quinta falsa promesa


que la democracia ha incumplido por cuanto el surgimiento de este modelo
político está ligado a la intención de gobernar con transparencia a través del
“poder sin máscaras”. Para ello acude Bobbio a dos autores: a Kant a
través de “La paz perpetua”, cuando expresa el siguiente principio: “Todas
las acciones referentes al derecho de otros hombres cuya máxima no
puede ser publicada, son injustas”. Es probable que a través de este
principio se establezca el reconocimiento jurídico por parte del Estado del
derecho al debido proceso que le asiste a todo ser humano, para conocer
los cargos que se le imputan y de tener un proceso en forma pública, y
evitar de esta manera ser sometido a un juzgamiento en forma secreta u
oculta, propio de regímenes no democráticos.

En Agamben, el llamado “Estado de excepción” 3, no solamente representa una


categoría política de la democracia moderna. La categoría hace referencia, a la
pérdida total de los derechos alcanzados en los últimos siglos. Es la reducción del
hombre a una “mercancía”, objeto de manipulación e intercambio. El “Estado de
excepción” se encuentra presente en las actuales democracias, donde el hombre
se valora como hombre-consumidor y no como hombre-ciudadano desde la

3
Ibid. P. 10. En la obra “Lo que queda de Auschwiitz”, profundiza sobre la categoría utilizada por Adolfo
Hitler en los campos de concentración, donde se ejercía un control total sobre la vida de los prisioneros. La
interpretación actual de dicho concepto, nos lleva reflexionar sobre el enorme campo de concentración
sobre la que descansa la sociedad materialmente progresista moderna pero fatalmente desprovista de la
esencialidad humana.
concepción de un modelo económico entendido como dictadura del mercado 4. En
tal sentido, la reflexión apunta a comprender cuales son el límite entre el
liberalismo del siglo XVIII de avance en los derechos del hombre y del ciudadano y
la construcción de la democracia y el liberalismo como evolución capitalista
decimonónico, fundamentado en la deshumanización y mercantilización del
hombre y su fuerza de trabajo5.

El proceso político de los dos siglos pasados ha representado el afán de


construcción de un modelo biopolìtico de control sobre la vida de los hombres. La
preocupación se encamina por establecer mecanismos de control y represión
social. Convertir a la sociedad en un gran campo de concentración 6. Más que el
pacto dieciochesco de Rousseau, se ha impuesto la teoría leviatánica de Hobbes 7.
La biopolítica y el control de la vida de los hombres privilegia constantemente ese
“Estado de excepción”, donde se fortalece una idea perversa de mantener una
estructura estatal que parte en la nueva lógica del poder de considerar al hombre
con características de ser más dañino que el estado. Para poder controlar la
supuesta afirmación, se crea un estado que mediante sus mecanismos de poder
sea más perverso que el hombre.

En ese proceso, donde ha quedado la democracia como se entendió en sus


orígenes modernos?. Se ha pasado a una autocracia del mercado?. Esta nueva
autocracia ha limitado los derechos ciudadanos e impuesto una biopolítica del
control del sujeto y reducción de la vida humana a simplemente desnudarla.

La aplicación de la “nuda vida” en América Latina ha sido una constante. La vida


como zoè o bìos, es políticamente aceptable, cuando la voz y el lenguaje no
trascienden la oposición a la biopolítica de los poderosos. La legitimidad del poder
se ha construido a partir del silencio y del miedo del otro. El modelo biopolìtico
construido en cinco siglos gira en torno a la afirmación del poder arbitrario de unos
pocos, que han fundamentado su legitimidad a partir del dominio sobre los
territorios y las cosas. Estas últimas, representan millones de seres desprovistos
de dignidad y singularidad humana como lo manifestó el Maestro Tomás, el mismo
Bartolomé de Las Casas en el siglo XVI y todos aquellos que en América Latina
rechazan el desconocimiento de dicha dignidad.

4
Garcìa- Canclini, Nestor. Consumidores y ciudadanos: Conflictos multiculturales de la globalización. México.
Editorial Grijalbo. 1995. P. 12 y sig.
5
Bobbio, Norberto. Liberalismo y democracia. México. Fondo de Cultura Económica. 1989. P. 10. El autor
hace una propuesta sobre la fractura del liberalismo en el siglo XIX. Por un lado el avance del capitalismo con
todas las potencialidades y beneficios útiles para la humanidad. Por otra parte, las limitaciones de los
avances de la democracia.
6
Agamben. Op. Cit. P. 222.
7
Agamben. Op. Cit. P. 158.
4- La democracia, la educación y la ciudadanía

En el pensamiento de Sartori, es interesante el análisis que realiza sobre las


características de la democracia. En efecto, para él, la democracia política como
gobierno del pueblo para el pueblo implica que éste a su vez es gobernante y
gobernado. Con lo primero se plantea lo que el autor llama “el gobierno por
consentimiento”, es decir la tesis de que “un gobierno que nace de las opiniones
de los electores y que gobierna en sintonía con estados donde se le da
importancia a la opinión pública, es precisamente, un gobierno fundado sobre el
consenso” ”. (¿Qué es la democracia? P. 57). En este sentido consenso es un
sentir común y compartido que se da, al menos en tres niveles: la aceptación de
valores últimos (comunidad), la aceptación de reglas de juego (régimen) y la
aceptación de formas de gobierno o políticas de gobierno. De estas tres
categorías la que es condición necesaria es el consenso procedimental o el de
convenir las reglas de juego en el que se decide “cómo decidir” en situaciones de
conflicto; en las democracias los conflictos están para que se resuelvan de manera
pacífica y ésta está confinada al criterio mayoritario y por eso el consenso debe
girar en torno a quién tiene el derecho de decidir cómo.

Estas reflexiones sobre el sentido de la democracia deben motivar a la búsqueda


de mecanismos pertinentes para hacer que la democracia sea más participativa de
lo que es en este momento. El voto es el ejercicio democrático por antonomasia,
pero el sistema democrático debe preocuparse por hacer que sus ciudadanos
encuentren mecanismos de veeduría y control de las acciones de sus dirigentes
políticos y que se posibilite que los ciudadanos posean una mayor capacidad para
hacer que sus iniciativas se conviertan en propuestas válidas dentro del Estado.
Como afirma Sartori, sólo hay un marco democrático; algo diferente es que
existan, dentro de ese marco, modos diversos de comprender la democracia.

Este gran reto al que se enfrentan las democracias liberales debe partir de la
comprensión de que hoy la democracia no sólo indica una entidad política,
entendida como igualdad jurídico-política, sino también una entidad democracia
social y democracia económica.

La democracia social, inspirada en el modelo norteamericano del siglo XIX, se


caracteriza por la igualdad de condiciones y se orienta bajo las premisas de
mantener relaciones sociales horizontales entre sus ciudadanos; es un “ethos
igualitario” que exige de sus miembros verse y tratarse como socialmente iguales.
El término hoy se asocia con nociones genéricas de Estado social y de justicia
social, concepción sobre la que se fundamenta el estado de bienestar.
Y tampoco se puede pensar la democracia hoy sin comprenderla desde la
democracia económica que significaría igualdad económica y redistribución de la
riqueza para llegar al bienestar generalizado. Pero adquiere un significado preciso
en lo que se ha llamado “democracia industrial” que es la democracia en el puesto
de trabajo y en la organización- gestión del trabajo; de esta manera al miembro de
la ciudad política le sigue el miembro de una comunidad específica económica
(trabajador), constituyéndose una microdemocracia en la medida en que posibilita
la participación del sector económico en la toma de decisiones claves para la
gestión económica de los Estados.

“La democracia política es condición necesaria de las otras y en tal sentido,


la democracia social y la económica completan la democracia en sentido
político; son democracias más auténticas puesto que son
microdemocracias” (Elementos de teoría política, pg. 34).

Pero para que funcionen es necesario que se dé y se garantice la democracia


política, entendida como el espacio de libertades e igualdades para el ciudadano.
La libertad de la que se habla es la libertad política que es la del ciudadano en el
ámbito del estado. La mayoría de los filósofos se han referido a una libertad última
ubicada dentro del ser humano; no se ha tenido en cuenta la libertad externa,
entendida como la condición de ser libre con respecto a los demás. Para Sartori,
eso es “la libertad política: una coexistencia en libertad con la libertad ajena y una
resistencia a la falta de libertad” (La democracia en 30 lecciones, pg. 67).

En ese sentido cabe diferenciar la igualdad jurídico-política que implica iguales


leyes, iguales libertades e iguales derechos; la igualdad social y la igualdad en las
oportunidades que es la típica reivindicación igualitaria de la actualidad: para
Sartori, el núcleo del problema es que iguales tratamientos no producen resultados
iguales, de lo que se deduce es que para que se conviertan en iguales es
necesario que se den tratamientos desiguales; por eso, los estados procuran
promulgar leyes sectoriales que favorecen determinados grupos y realizar
discriminaciones que resultan compensatorias en la sociedad.

“La igualdad que hoy más nos interesa es la igualdad de oportunidades que
se puede entender de dos formas distintas: en una primera acepción, las
oportunidades iguales vienen dadas por un acceso igual y en la segunda,
vienen dadas por puntos de partida iguales” (La democracia en 30
lecciones, pg. 72).

La democracia no se limita al hecho de participar electoralmente en unos


comicios para elegir a ciertos representantes, sino a la posibilidad de favorecer
espacios de discusión pública.
En ese contexto se analiza el tema de las mayorías y las minorías. Se habla de la
democracia como juego y mandato de la mayoría (majority rule) y es regla de las
democracias liberales el que la mayoría gobierne en el respeto de los derechos de
la minoría; respetar a las minorías y sus derechos es, por lo tanto, una parte
integrante de los mecanismos democráticos. Y frente al tema se puede dar o el
principio de mayoría absoluta, en el que los más tienen todos los derechos,
mientras que los menos no tienen derecho alguno; o el de mayoría relativa, en el
que los más tienen derecho a mandar, pero en el respeto de los derechos de la
minoría (La democracia en 30 lecciones, pg. 17).

Por eso, la discusión de si hoy se puede pensar en la vivencia de una democracia


participativa cuando lo que en la práctica se observa es una democracia en lo que
impera es la representativa. El hecho de que la democracia real se aleje mucho
de representar el espíritu de la democracia en su sentido puro, no significa que no
exista la democracia; siempre se debe pensar cuál es el papel que debe
desempeñar el ciudadano para optimizar las condiciones políticas del sistema
democrático en el que vive.

Bobbio, aborda este tema como una de las promesas incumplidas por la
democracia. Es lo que él denomina “El ciudadano no educado”, Esta promesa
incumplida de la democracia, versa sobre el hecho de que ella, surgió con la idea
que a través de la educación se pasaba del súbdito al ciudadano; de una manera
de abordar la política en una forma pasiva a otra para intervenir en forma activa
John Stuar Mill, en su texto “ Sobre la democracia representativa en el capítulo
titulado “Sobre la mejor forma de gobierno”, expresó que en general los
gobernantes prefieren a los ciudadanos pasivos porque es más fácil tener
controlados a súbditos dóciles e indiferentes, pero la democracia necesita de los
ciudadanos activos. La educación a la ciudadanía fue un tema recurrente por la
ciencia política norteamericana de mitad del siglo XX, a través de lo que denominó
“La cultura política”.

Bobbio, también aborda el tema del gobierno de los técnicos. Existe una tensión
entre la democracia y la tecnocracia; la primera se basa en el principio que
establece que “todos pueden tomar decisiones sobre todo” y “la tecnocracia
pretende que los que tomen las decisiones sean los pocos que entienden de tales
asuntos”. La incidencia del gobierno de los técnicos cada día va en aumento y se
tornan más complejos los problemas y sus posibles soluciones en el mundo
moderno: pobreza, inflación, pleno empleo, distribución de la riqueza, que para el
hombre medio, se tornan incompresibles.
.

Finalmente Robert Dahl, afirma que durante el siglo XX, la democracia se


convirtió en un régimen donde además de asegurar la igualdad política, se
persiguió eliminar las desigualdades económicas extremas y se pretendió
conseguir la justicia social. Según él, aun existen tareas pendientes de la
democracia norteamericana, entre otros:

 La eliminación de las desigualdades institucionalizadas por la tradición,


como el racismo contra negros, hispanos y orientales.

 La reducción de las desigualdades en cuanto a la riqueza e ingresos.

 La minimización de las desigualdades para el acceso a la educación y las


diferencias culturales que esto provoca.

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