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"Perfil De Mujer En La Obra De Anais Nin"

(junio 1994)

Mariel Alderete De Weskamp

Hace muchos años una amiga, con quien había compartido muchos avatares de mi vida, me
sugirió leyera el diario de Anäis Nin. Algo en su tono me señaló algo precioso y me llevé los 7
tomos a mis vacaciones.

Hace unos pocos días me recordó que a mi regreso le dije: leyendo estos diarios aprendí más
de lo femenino que en todos mis años de Freud.

Traigo este fragmento de mi vida a cuenta de que pienso que las mujeres se pasan de boca
en boca el secreto del objeto de deseo, lo señalan, y allí acudimos presurosas a la cita.

En la lectura de Anäis Nin encontré otra: una mujer que dice una mujer que escribe. No
siempre ocurre.

En su infatigable escribir, leemos su deseo, el objeto que la anuda y que la causa, pero
también su goce.

En su escritura podemos leer las marcas que el psicoanálisis dejó en ella; y también las
marcas que ella transmite¨a las mujeres; y al psicoanálisis en relación a las mujeres.

En este entrecruzamiento, encuentro su Diario ejemplar para este espacio: múltiple interés del
psicoanálisis.

Ella comienza a escribir su Diario, a los 11 años, como una carta para sus padres, una larga
carta que no encontró el destinatario que buscaba.

Buscando al padre, descubre que lo que buscaba no existía.

Este diario no era para ser publicado. Como tal, en él escribe lo que las mujeres mantienen en

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reserva y solo cuentan en parte, no toda, cuando están frente al espejo: retocando el
maquillaje, probándose un vestido.

El diario no era para ser publicado, y aunque amigos, escritores, le insisten, solo lo hace
cuando encuentra el destino mortal: sabe que está enferma y quizás va a morir.

Para publicarlo debe hacer encubrimientos, veladuras. No es posible mostrar todo.

La tachadura principal cae sobre el marido. Aparentemente, porque el marido no quería figurar
en el Diario, según dicen en el prólogo. Hay otras versiones que dicen que así el diario sería
más atractivo. Para quién?

Formulo la hipótesis que ella no habla del marido, no necesita hacerlo; pues él está siempre
allí; la anuda, la sostiene durante toda su vida. La sostiene con tal amor, que ella puede
danzar salvaje, locamente, vivir, crecer, escribir y obtener su goce.

El, que era banquero, termina siendo grabador de los libros que ella edita manualmente y
luego cineasta.

En vida, la obra de él tuvo suceso, mientras la de ella era casi desconocida ,"underground".
Sin embargo es la obra de ella la que trasciende, y la figura de él termina casi escondida
detrás de ella, sosteniendo.

Hija de artistas, criada entre artistas.

El padre abandona a la madre y la desprecia. En ese episodio ella se sitúa como si fuera la
madre, abandonada y despreciada.

Desde Barcelona, en donde vivían, la madre lleva a ella y a los hermanos a EEUU, para
separarlos del padre, y en ese viaje nace este Diario.

La versión que conocemos, es una re-escritura de los numerosos cuadernos que escribió
durante años.

Es esta re-escritura, ella descubre que el diario es la novela de su vida.

Y escribiendo se sitúa de la siguiente manera:

Me parece interesante leerles de qué manera se sitúa ella en relación con la mujer: "Lo que
tengo que decir -escribe- es algo completamente distinto de lo que sean el arte y el artista, es

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la mujer que quiere hablar. Y no solamente la mujer que se llama Anaïs Nin, tengo que hablar
en nombre de un gran número de mujeres.

A medida que me voy descubriendo siento que soy solamente una más entre muchas otras,
un símbolo. Empiezo a comprender a las mujeres de antes y a las de ahora, las del pasado
privadas de la palabra, mujeres que buscaban refugio en meras intuiciones. Y las de ahora,
entregadas a la acción, mujeres que copian a los hombres. Y yo entre unas y otras".

En relación a su madre dice: me unía a ella un absorvente y aniquilador amor.

Mi madre era puritana, o bien el comportamiento de mi padre la había puesto en contra del
sexo. Para ella el sexo era algo secreto. Se convirtió en madre por encima de todo, Asexuada,
toda ella maternidad, maternidad devoradora que nos envolvía.

En relación a su padre dice: mi padre nunca quiso una niña. Cuando me vió enferma me dijo:
eres fea, eres fea.

Y tiene el siguiente recuerdo en su primer análisis:

"Hablé de la pasión de mi padre por la fotografía, y le conté que siempre me estaba


fotografiando. Le gustaba hacerme fotos cuando me bañaba, quería que siempre estuviera
desnuda. Toda su admiración se canalizaba a través de la cámara, sus ojos quedaban
parcialmente ocultos tras los gruesos cristales de sus gafas, era miope, y luego tras el objetivo
de la cámara. Era adorable, adorable"

El desprecio y el abandono del padre la sitúa, entonces, en ese lugar en donde no tuvo la
mirada del padre sino a través de la cámara y de los anteojos de una mirada miope.

Cuando reencuentra al padre, siendo adulto, descubre que el padre tenía para ella un amor
narcisista, que solamente le interesaba ella como reflejo de si mismo.

"No nos amaba humanamente, por nosotros mismos. No veía sino un reflejo de si mismo en
tres seres humanos que lo reproducían y perpetuaban sus actitudes".

Quería de ella una imágen congelada, fotografiada.

Ella comienza a interrogarse acerca de lo femenino y sitúa magistralmente un punto central, la


relación vacilante con su imágen, cual espejo, su yo siempre evanescente y la necesidad de
ser reconocida por la mirada de los hombres y también de las mujeres:

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"A los seis años la perfección del lazo azul en forma de mariposa que llevaba en el pelo ya me
preocupaba, e insistía en que fuera mi abuela quien lo anudara por que lo hacía mejor que
nadie. Posiblemente vi entonces este lazo en el espejo. No recuerdo si veo una niña con un
vestido blanco, muy corto, ribeteado, de encaje, o una fotografía tomada en La Habana con
todas mis primas puestas en fila por orden de estatura, todas con vestidos blanco cortos y
enormes lazos".

"En el espejo ese no hubo nunca una niña. El primer espejo tenía marco de madera blanca.
En ese espejo no está Anais Nin, sino María Antonieta con un gorro de encaje blanco, un
vestido largo de color negro, de pie sobre un montón de sillas, el carro camina hacia la
guillotina".

"Ninguna Anaïs Nin. Una actriz que interpreta todos los papeles de la historia de Francia. Soy
Carlota Corday que hunde su puñal en el cuerpo del tirano Marat. Soy naturalmente Juana de
Arco".

"El primer espejo en el que aparece el yo es muy grande. Está empotrado en una pared de
madera marrón, en una habitación de una casa de piedra oscura. A su lado la ventana deja
entrar una luz tan fuerte que el resto de la habitación no se refleja en el espejo".

"La imágen de la chica que se acerca a él queda vigorosamente iluminada en relieve, contra la
neblinosa oscuridad la muchacha de 15 años mira con ojos asustados. Se mira el vestido. Un
vestido de brillante srga azul muy gastada, que le arreglaron para ella y ha pertenecido
anteriormente a una prima. No le sienta bien, es muy pobre, le da un aspecto de pobreza. La
muchacha mira avergonzada su vestido de sarga; ese mismo día le han dicho en el colegio
que tiene dotes de escritora, han ido a su clase especialmente para decírselo. Aunque es
extranjera, aunque tiene que usar el diccionario, ha escrito la mejor redacción de toda la
clase".

Precisamente a ella que siempre estaba callada y prefería pasar inadvertida, la llamó el
profesor de inglés, tuvo que subir a la tarima y delante de todos recibió sus alabanzas. Y la
alegría, la deslumbrante alegría que la llenaba en el primer momento, desapareció
instantáneamente cuando tuvo conciencia del vestido que llevaba. No quería levantarse, no
quería que notaran que llevaba aquel vestido, le daba vergüenza su apariencia pobre, su
brillo, su aspecto usado, su aspecto de ropa de huérfano, de vestido usado anteriormente por
otra niña.

"Ha habido otro espejo enmarcado en madera marrón. La chica mira el nuevo vestido que la
transfigura, qué cambio tan extraordinario. Se inclina sobre el espejo para ver de cerca los
ojos, la boca, húmedos y luminosos gracias al cambio de vestido. Camina muy despacio hacia

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el espejo, como si quisiera evitar que el espejo se asustara y huyera".

"Varias veces a los 15 años caminará despacio hacia el espejo. Todas las chicas de 15 años
se han hecho la misma pregunta hacia el espejo: soy guapa?."

"La cara es como una máscara, no sonríe, no quiere seducir y engañar al espejo, no quiere
obtener una respuesta falsa, no quiere asustar a su imágen. Alguien a dicho que es muy
pálida. Se acerca al espejo y se que da muy quieta como una estatua, inmóvil, ligera,
sorprendida, ¿sonánbula?. Sólo se mueve para interpretar a Sara Bernhardt, Melisande, la
Dama de las Camelias. Madame Bovary, Thais, nunca es Anaïs Nin, la chica que va al colegio
y cultiva flores y verduras en el jardín. Está inmóvil como una figura que perteneciera a una
sueño. Ante el espejo se despompone en cien personajes, se recompone regresando la
palidez y la inmovilidad".

"Silencio. Busco una expresión que traicione el espíritu. Es imposible atrapar la cara en un
momento vital, en la risa, en el amor".

"A los 16 años se mira al espejo con el pelo recogido en un alto por primera vez. Siempre hay
una pregunta, el espejo no va a contestarla, tendrá que buscar la respuesta en los ojos y en
las caras de los muchachos que bailan con ella, más tarde en la de los hombres, y sobre todo,
en la de los pintores".

Y no solamente por los ojos de los pintores, digo yo, sono también de las mujeres.

Ella había conocido, en ese París intelectual, en su refugio de Lauveciernes, la casa que era
su creación. casi su cuerpo, a Henry Miller.

El la fascina intelectualmente. Pero solo llega a él a través de una mujer, una mujer que él
amaba y que sentía que lo destruía.

Relata así su encuentro con June:

"Cuando June caminó hacia mi desde la oscuridad del jardín hacia la zona ilumnida por la
puerta abierta ví por primera vez la mujer más bella de la tierra, un rostro sorprendentemente
blanco, unos ardientes ojos negros, un rostro con tanta vida que sentí como si fuera a
consumirse ante mis ojos".

"Hace años traté de imaginar la auténtica belleza, creé en mi mente la imágen de una mujer
así, sólo la pasada noche la ví. Su belleza me inundó".

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Ella era muy amiga de Henry Miller, la tenía muy impresionada, pero cuando conoce a June
"Henry se desvaneció repentinamente", la que interesaba era June. "Ella era color, brillantez,
rareza".

"Por la noche soñé con ella, y no aparecía magnífica y abrumadora como es, sino muy
pequeña y frágil. Y la amé. Amé una pequeñéz, una vulnerabilidad que me parecía disimulada
por su orgullo, por su.arrogancia.."

"Vive de los reflejos de sí misma en la mirada de los otros. No se atreve a ser ella misma. No
hay una June que pueda ser captada y reconocida, ella lo sabe. Cuando más se la ama más
lo sabe.".

"Con su cara, impresionantemente blanca, al retirarse hacia la oscuridad del jardín representó
para mí el papel de irse. Yo quise correr y besar su fantástica belleza y decirle: June, has
matado también mi sinceridad, ya no sabré nunca quién soy, qué amo, qué quiero. Tu belleza
me ha ahogado, inundado hasta el fondo de mi ser; te llevas contigo una parte de mi reflejada
en tí. Cuando tu belleza me tocó me disolvió. Te soñé, desee en tu existencia, tú eres la mujer
que yo quiero ser. Veo en tí esa parte de mi que es como tú".

Quiero resaltar dos puntos. Esta mujer era la expresión de la belleza que siempre había
soñado como la perfecta: "Amé una pequeñez -en ella-, tu eres la mujer que yo quiero ser".

A través de esta mujer, no cualquiera, la de un brillo muy especial, la que le transmite algo,
llega a Henry.

Este encuentro marca en ella el descubrimiento del erotismo.

Al respecto, quiero recordar que Anais comienza la carrera de escritora con un ensayo de
D.H. Laurence, aquel escritor que conmocionó a la Inglaterra victoriana (1920) escribiendo
acerca del goce sexual en la mujer en "El amante de Lady Chaterly".

Es solamente el hombre el que disocia entre el objeto de amor y el objeto de deseo?

Parece que Anaïs, posicionada tal vez en este punto como ella dice: yo me convertí en mi
padre, nos dice otra cosa en su libro: Henry Miller, su mujer y yo, libro publicado sólo después
de su muerte:

"Anaïs Nin quería que se conociera la verdad de ésta relación", dice en el prólogo.

Y en ésta verdad, es donde vuelve a aparecer el marido, Hugo.

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Mientras se relaciona eróticamente con Henry, ama a su marido, y allí comienza un juego, en
donde una relación enciende la llama en la otra, y el amor de Hugo la sostiene en la búsqueda
de ese erotismo que una mujer le indica,le transmite.

Esta relación tan intensa produce en ella la necesidad de analizarse, análisis que proseguirá
en su búsqueda incesante, "como quien está en un laberinto", a lo largo de toda su vida, con
cuatro analistas, dos hombres y dos mujeres.

Uno de ellos, el segundo, fue Otto Rank, discípulo predilecto de Freud, quien la inicia en el
análisis, lo ejerce durante un tiempo, y luego abandona, pues siente le pone trabas a su
creación.

En esta etapa tan importante de su vida, ella y Henry escriben mucho. Ella sin publicar, y
Henry publica "Trópico de Cáncer".

Esta relación con Henry, que luego devendrá amistad, se continuó a través de la
correspondencia nutrida que intercambiaron casi toda la vida.

Sin embargo esta amistad tuvo matices, muy especiales, pues él devino protegido de ella -su
hijo- demandando siempre. Y terminó agriamente casi al final de la vida de ella.

En esta época de París, 1934, ella queda embarazada por primera y única vez. Y dice así:

Ella descubre que está embarazada. "El martes ví a un médico que me dijo que soy
demasiado pequeña para tener un hijo sin que tengan que hacerme una cesárea, de momento
todo es normal". Sigue: "Me siento en el estudio a oscuras y hablo a mi hijo: no deberías ser
arrojado a este negro mundo donde incluso las mayores alegrías están teñidas de dolor, en el
cual somos esclavos de las fuerzas materiales".

Sigue hablándole al hijo y dice: "Ya ves por lo que en el mundo ocurre que no tenemos en él
un padre que cuide de nosotro, todos somos huérfanos. Serás un niño sin padre, del mismo
modo que yo fuí una niña sin padre; por eso tuve que cuidarme yo misma de todo, cuidé al
mundo entero".

Habla de la mujer que es ella y dice: "Pero todavía hay un niño dentro de esta mujer. Hay ahí
dentro el fantasma de una niñita que llora constantemente la pérdida del padre. Vas a ir por
ahí como yo llamando a las ventanas y observando las caricias y la protectora ternura de que
son objeto otros niños".

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Habla de que ella no cree en la paternidad, que los hombres no se hacen cargo de la
paternidad.

"No hay padre en la tierra. Fuimos engañados por esa sombra de Dios padre proyectada
sobre la tierra, una sombra más grande que el hombre. Adorarías y querrías tocar esa
sombra, soñando día y noche en su calor, en su grandeza, soñando que te cubría y te
acunaba, enorme, tan grande como el cielo, lo bastante grande para contener tu alma y todos
tus terrores, mayor que un hombre y una mujer, que una iglesia y que una casa. La sombra
del padre mágico que no puede ser hallado en parte alguna. Es la sombra de Dios padre"

"Sería mejor que murieras dentro de mi, suavemente en el calor y la oscuridad".

Y el niño muere en el vientre de ella. Está embarazada de 6 meses, no escuchan el latido y la


lleban al quirófano, tratan de hacerlo nacer. La llevan, la traen. Intentan que nazca, no nace.

"Empuje, empuje con todas sus fuerzas -le dicen-".

"Parte de mí permanecía pasiva, no quería sacar a nadie, ni siquiera a este fragmento muerto
de mí, al frío de afuera. Todo lo que en mí prefería guardar, acunar, abrazar, amar, todo en lo
que en mí llevaba conservaba, protegía, todo lo que en mí quería aprisionar al mundo entero
en su apasionada ternura, esta parte de mí no quería echar afuera ni al niño, ni a este pasado
que había muerto dentro de mí. Aunque amenazara mi propia vida no podía echar, arrancar,
separar, entregar, abrirme, dilatarme y ceder aquel pedazo de vida, como un trozo del pasado,
una parte de mí se revelaba contra el hecho de empujar aquel niño, o a cualquiera, al frio
exterior, para que unas manos extrañas lo recogieran".

En el momento en que están por colocarle los forceps pega un aullido y dice que la dejen sola.
Dice "quiero recordar constantemente qué razón puedo tener para desear vivir, soy todo dolor,
sin memoria. Estoy demasiado agotada para moverme, incluso hacia la luz o para girar la
cabeza o mirar el reloj. Dentro de mi cuerpo hay llamas y golpes, mi carne está dolorida. El
niño no es un niño, es un demonio tendido, semiahogado entre mis piernas que me impide
vivir, me estrangula, asomando sólo su cabeza hasta que yo muera asida por él. El demonio
yace inerte en la puerta de mi vientre, bloqueando la vida, y no puedo librarme de él. Les digo
déjenme sola, me pongo las manos sobre el vientre y muy lentamente, suavemente, con la
punta de los dedos, tamborileo, tamborileo, tamborileo, en un círculo sobre él".

"Dando vueltas y vueltas suavemente, con los ojos abiertos, completamente sola. El doctor se
acerca y mira sorprendido, las enfermeras se han callado. Tamborileo, tamborileo, en suaves
círculos, en suaves círculos, como una salvaje. Ojos abiertos, nervios tranquilos, tamborileo
suavemente en mi estómago durante un rato largo". Entonces dice: "ahora puedo empujar, y

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empujo violentamente".

"Empuje, empuje, ya sale, ya sale. Oigo voces, abro los ojos, les oigo decir: era una niñita,
mejor no enseñársela. Recupero todas mis fuerzas, me siento. El doctor grita:'por Dios, no se
siente, no se mueva'".

"- Enséñeme la niña".

"- No se la enseño", dice la enfermera...

"-Enséñemela".

"El doctor la levanta, parece muy pequeña, como un hombre en miniatura, pero es una niñita.
Tiene largas pestañas sobre sus ojos cerrados. Está perfectamente hecha y todo su cuerpo
brilla con las aguas de la matríz. Era como una muñeca. O como una india en miniatura. Tenía
20 cm. de longitud, piel y huesos, sin carne, pero completamente formada"

"El doctor me diría después que tenía los pies y las manos exactamente iguales a los míos. La
cabeza era mayor de lo normal".

"Cuando me dieron la niña muerta durante un momento la odié por todo el dolor que me había
causado. Y sólo después de este estallido de ira regresó en forma de una inmensa tristeza.
Lamentos, prolongados sueños de lo que ésta niña pudiera haber sido, una creación muerta,
mi primera creación muerta".

"El profundo dolor causado por cualquier muerte o por cualquier destrucción. El fracaso de mi
maternidad. O al menos de su encarnación. Muertas todas mis esperanzas de maternidad
real, humana, simple y ante mí solamente la maternidad simbólica. Traer al mundo más
esperanza, pero se me niega el simple florecer humano. Quizás fuí hecha para otra forma de
creación, la naturaleza contribuyó a hacer de mí una mujer, en vez de una madre, para el
hombre. Madre, no para los niños, sino para los hombres. La naturaleza hizo mi cuerpo para
que pudiera amar a los hombres y no a los niños. Este hijo que era una conexión primitiva con
la tierra, una prolongación de mí, se me negaba ahora como para señalar destino que no
estaba en otra parte.

"Amo al hombre como creador, amante, esposo, amigo, pero no confío en el hombre como
padre. No creo en el hombre como padre, no confío en el hombre como padre".

Duerme y al día siguiente dice: "esa noche no pude dormir, me cansé de pensar, caí dormida
con las manos cruzadas sobre el pecho como preparándome a morir. Y volví a morir. igual

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que había muerto otras veces. Mi respirar era un respirar distinto, un respirar interior. Morí y
volví a nacer a la mañana siguiente, cuando el sol dió en la pared que hay frente a mi ventana.
Un cielo azul y el sol en la pared. La enfermera me había incorporado para que viera el nuevo
día. Estuve así tendida sintiendo el cielo, y yo unida al cielo. Sintiendo el sol, y yo unida al sol.
Abandonada a la inmensidad de Dios. Dios penetró en todo mi cuerpo, temblé y me estremecí
con una lucha inmensa. Frio y fiebre, luz, una iluminación, una visita por todo el cuerpo, el
estremecimiento de una presencia".

"La luz y el cielo en el cuerpo, Dios en el cuerpo (y yo fundiéndome en Dios). Me fundí en


Dios. Sin imágen sentí el espacio, el oro, la pureza, el éxtasis, la inmensidad, una profunda e
ineludible comunión".

("Lloré de alegría, sabía que todo lo que había hecho estaba bien, sabía que no necesitaba
dogmas para comunicarme con él, sino vivir, amar y sufrir. No necesitaba ningún hombre, a
ningún sacerdote para comunicarme con Dios. Viviendo mi vida, mis pasiones, mis creaciones
hasta el límite comulgaba con el cielo, con la luz y con Dios").

"A partir de ese momento sentí mi conexión con Dios, una conexión aislada, sin palabras,
individual, plena, que me daba una inmensa alegría y un sentimiento de la grandeza de la
vida, de la eternidad. Nací, nací mujer, para amar a Dios y amar al hombre, suprema y
separadamente, no para confundirlos. (Nací para una gran inquietud, una dicha sobrehumana,
por encima y más allá de todas las penas humanas, trascendiendo el dolor y la tragedia).

"La dicha que encontré en el amor del hombre, en la creación, fue completada por la
comunión con Dios".

No hay un Padre -dice después de la pérdida y de la experiencia mística.

Nací mujer para amar a Dios y al hombre, suprema y separadamente.

Nací para ser madre, no del niño, sino del hombre. Y eso haré.

Henry, Gonzalo, muchos escritores jóvenes son protegidos por ella, seguramente también por
su marido cuando huyendo de la guerra, recalan en New York.

En el intento de ganar dinero, este grupo de escritores comienza a escribir cuentos eróticos
para un coleccionista al que nunca llegan a conocer, y que les paga un dolar por página.

Anaïs escribe para ganar dinero, pero este dinero lo destina a sus protegidos. "Hay que pagar
la cuenta de la luz, hay que ir al médico, etc.".

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Escribe cuentos y el viejo le pide cada vez menos poesía -Sea más específica-.

"No sabe el viejo que las palabras pueden llevar los colores y los sonidos hasta la carne".

Escribe y escribe: "él no sabe que estuvo a punto de hacernos perder todo interés por la
pasión, estuvo a punto de llevarnos a hacer voto de castidad, porque lo que él quería que
excluyéramos era lo que resultaba afrodisíaco para nosotros: la poesía".

-Y ella de eso sabía-, no quedan dudas.

"Todo el misterio del placer en el cuerpo de una mujer, se debe a la intensidad de su pulso,
justo antes del orgasmo. A veces, la pulsación es lenta, una, dos o tres palpitaciones que
vierten por todo el cuerpo un licor de juego e hielo.

Si la palpitación es leve y tenue, entonces el placer es como una ola de dulce embriaguez.

Cuando llega a su paroxismo, la bolsa revienta con más o menos energía y alcanza cada
miembro del cuerpo, vibrando a través de cada nervio y de cada célula.

Si la palpitación es intensa, el ritmo y los latidos son más lentos y el placer es más duradero.

Unas flechas de carne fulgurantes: una segunda ola de placer descubre la primera, una
tercera toca cada extremidad nerviosa y ahora una última atraviesa el cuerpo como una
corriente eléctrica.

Un arco iris golpéa suavemente los párpados y una música resuena en los oídos. Es el gong
del orgasmo.

Hay momentos en los que la mujer siente que se juega con su cuerpo con ligereza. En otros
momentos, este llega a tal paroxismo que parece imposible su ulterior superación.

Hay días en los que el cuerpo está adormecido o sueña y entonces no se llega al paroxismo.
Hay días en los que el paroxismo ya no es placer, sino dolor, celos, miedo y ansiedad. Hay
días en que solo se produce en la imaginación, y por eso queda incumplido".

En esta época entonces, escribía cuentos eróticos para dar de comer a sus protegidos sin
lujos, como ella los llama.

Al cuidado asfixiante que ella realiza, le reponden con demandas cada vez más locas.

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Genera en ella tal crisis, que le obliga a recurrir a un nuevo análisis, esta vez con una mujer.

El recorrido de este analisis, que hoy no efectuaremos, y que no es indiferente sea con una
mujer, le permite llegar "al dificil acto de dejar en libertad a todo el mundo".

Le permite ser libre, en su creación.

Desprenderse, entonces, dejando en libertad, sabiendo que los frutos son eso: algo a dar, a
donar al mundo.

"Los hombres dicen soy Dios para crear".

Lo que los hombres no entienden es que la creación de la mujer, es una creación humana.

Y este "soy Dios", que hace de la creación un acto de soledad y orgullo, es lo que ha tenido
engañada a la mujer.

La mujer no olvida que necesita al fecundador, no olvida que todo lo que nace de ella los
siembra el hombre.

Lo que será maravilloso contemplar no es su soledad, sino su imágen de mujer visitada de


noche por un hombre y las cosas maravillosas que ella dará luz a la mañana".

Y ella comienza a ser libre para crear. Después de un viaje a Acapulco, en el "que siente y
describe una maravillosa comunión con la naturaleza" , dice: "siento que una nueva mujer está
a punto de nacer en mí; había comenzado el viaje al país desconocido de la Alegría".

En este viaje, comienza a publicar sus libros, comenzando a ser conocida y a tener éxito al
final de su vida.

Siendo ya una mujer sabia, le preguntan por qué escribe, y dice:

"En definitiva, es un mundo para otros, una herencia para otros. Cuando hacemos un mundo
tolerable para nosotros, hacemos un mundo tolerable para los demás".

En este perfil de mujer en la obra de Anaïs Nin que hoy intento dibujar para ustedes y que nos
muestra como, desde la imágen evanescente en el espejo, la búsqueda de una mirada de
reconocimiento, una mujer y otras en nombre de Una, transmite lo agalmático en relación a un
hombre, y un hombre que por amarla la sostiene, puede dar a luz diversos frutos, transitando

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para ello entre el goce y la creación.

Hasta aquí llego, en este perfil de mujer en la obra de Anaïs Nin.

Será un perfil, entre otros, no todo.

Y si este perfil nos muestra algo de una mujer, será en cada una, "sirenas que tienen la cola
de pez hundida en el Inconsciente", que un perfil de mujer será dibujado, a veces, no siempre
el mismo.

Junio de 1994.

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