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Indice de masa corporal y composición


corporal.
Un estudio antropométrico de 2500
deportistas de alto nivel
 
 
Servicios de Apoyo al Deportista del Raúl Pablo Garrido Chamorro  
  Centro de Tecnificación de Alicante Marta González Lorenzo
(España) raulpablo@terra.es
   
 
 
Resumen
    En los reconocimientos tradicionales de salud se utiliza el índice de masa corporal, como valor válido para la
valoración del componente graso de los deportistas a estudio. Nosotros hemos querido verificar esta supuesta
relación, comparando el índice de masa corporal con el porcentaje graso, peso muscular y porcentaje óseo,
obtenido mediante fórmulas antropométricas. Estableciendo el objetivo de nuestro estudio en analizar la relación
existente entre en índice de masa corporal y los distintos componentes corporales analizados mediante cálculos
antropométricos. Material y métodos: Para ello hemos valorado a 2500 deportistas de alto nivel y hemos
comparando su índice de masa corporal con el porcentaje graso obtenido según la formula de Faulkner; el peso
muscular según Martin y el porcentaje óseo según Rocha. Conclusiones: 1) El índice de masa corporal si se analiza
independientemente del sexo, se correlaciona más fielmente con el peso muscular, seguido de una correlación
inversa con el porcentaje óseo y en menor medida con el porcentaje graso. 2) En los varones, el índice de masa
  corporal se correlaciona más fielmente con el porcentaje óseo y en segundo lugar y prácticamente por igual con el  
peso muscular y con el porcentaje graso. 3) En las mujeres, el índice de masa corporal obtiene la mayor correlación
de todas las comparativas con el porcentaje graso de las mujeres. Así también, se correlaciona en menor medida
con el porcentaje muscular y en tercer lugar y de manera inversa con el porcentaje óseo. 4) Para el porcentaje
graso, la mayor correlación la encontramos para el grupo femenino. Seguido de una menor correlación para el
grupo masculino. Y prácticamente sin correlación apreciable cuando realizamos la comparativa sin tener en cuenta
el sexo. 5) Para el peso muscular la mayor correlación se encuentra también en el grupo femenino, seguido de la
comparación independientemente del sexo, y por último y sorprendentemente con el grupo masculino. 6) En el
porcentaje óseo, la correlación más fuerte se encuentra en el subgrupo masculino, seguido del el grupo
independiente del sexo y en menor cuantía para el subgrupo femenino.
    Palabras clave: Indice de masa corporal. Cálculos antropométricos. Deportistas de alto nivel.
 
http://www.efdeportes.com/ Revista Digital - Buenos Aires - Año 10 - N° 76 - Septiembre de 2004

1/1

Introducción

    En las valoraciones médico deportivas y nutricionales se emplea con demasiada


asiduidad en índice de Quetelec o Índice de masa corporal. Este índice,
habitualmente se asocia al componente graso del individuo analizado. En este
estudio vamos a analizar la relación existente entre en índice de masa corporal y
los distintos componentes corporales analizados mediante cálculos
antropométricos.

1. Índice de masa corporal (IMC o BMI)


    Vamos a empezar analizando el índice de masa corporal. Este índice tiene un
antecedente muy claro en las teorías formativo-descriptivas de Quetelet
(considerado por muchos el primer antropometrista), hacia 1883 y más
concretamente, de su conocido índice de masa corporal (IMC) o Body Mass Index
(BMI). El cambio de nombre se produce en 1953, debido a las publicaciones de
Keys y Brozek. También se denomina índice de Kaup.

    Éste índice ha tenido gran incidencia en el ámbito de la Salud Pública (debido a


su facilidad de medida y rapidez de cálculo). Dicho índice corresponde a la
siguiente fórmula:

Donde:
I. M. C: Corresponde al índice de masa corporal.
Peso: Corresponde al peso del sujeto en Kg.
Talla: Corresponde a la estatura del sujeto en metros.

    De este índice se deriva una interpretación de la masa corporal de nuestro


sujeto a estudio. De las muchas clasificaciones, que a lo largo de la historia se han
realizado sobre el índice de masa corporal, nos vamos a quedar con la realizada
por la Sociedad Española para el Estudios de la Obesidad  (SEEDO) 1,2

    En ella y al igual que en la mayoría de los cálculos antropométricos (excepto los
derivados del ideal asexuado del Phantom), utilizamos distintas medidas en función
del sexo. Según el valor obtenido en este índice, dividimos a los sujetos en cinco
subgrupos:
1. Bajo Peso.
2. Peso Normal.
3. Obesidad Leve.
4. Obesidad Severa.
5. Obesidad Muy Severa.

    La problemática del Índice de Masa Corporal (IMC), se deriva de no ser más
que una manipulación estadístico-matemática de dos variables de distinta
dimensión: Peso (volumen) y talla (altura).

    La otra gran limitación de este método, se debe al hecho de estar basado en un
supuesto sino falso, cuanto menos cuestionable. Dicho supuesto es:

    Como es evidente, dicho sobrepeso (sobre todo en deportes de fuerza) puede


ser debido tanto al aumento de la masa grasa, como al aumento de masa
muscular u ósea.

    Si bien y como se observa en el gráfico 1, que recoge un estudio


previo 3 realizado con 791 deportistas varones. Al agrupar a los deportistas en
función del índice de masa corporal, sí hay una clara relación entre este parámetro
y el porcentaje graso (calculado según la fórmula de Yuhasz modificada por
Faulkner).

    En este gráfico 1, se puede observar como los deportistas de bajo peso según el
IMC, tienen un % graso del 10.38%, es decir por debajo de la media del estudio
(12% de porcentaje graso).

    Los deportistas con un peso normal, tienen una media de porcentaje graso del
11.32%, es decir prácticamente en la media teórica de nuestra muestra (12%).

    Los deportistas con obesidad leve según el IMC, tienen una media de
porcentaje graso del 14.37%, es decir por encima de la media del estudio. Y por
último, los deportistas con obesidad severa según el IMC, tienen un porcentaje
graso del 20.56%.

    De este gráfico, por tanto deducimos que para grandes poblaciones y
asumiendo sus limitaciones, el IMC sí tiene una relación con la adiposidad.
    Pero si observamos el gráfico 2, en el que se representa la relación entre el IMC
y el % graso calculado según la formula de Yuhasz modificada por Faulkner,
observamos como si bien hay una relación entre ambos parámetros: Aumentos del
IMC producen aumentos del % graso. Pero también, se puede destacar en este
gráfico como existen deportistas con un IMC superior a 24 (considerados como
obesidad leve), pero que sin embargo tienen un porcentaje graso cercano al 10%
(valor que nos indica que un deportista tiene su peso graso en las proporciones
adecuadas).

    Vemos como:

1. Tenemos deportistas que presentan un IMC alto y un % graso bajo.


2. Tenemos deportistas con un IMC bajo y un porcentaje graso elevado.
    De estos dos gráficos podemos deducir: que si bien el índice de masa corporal
se relaciona con la adiposidad corporal, no es un parámetro útil para la valoración
de deportistas de élite, ya que podemos estar calificando de obesos a deportistas
que en realidad tienen un aumento de masa muscular, y no de adiposidad.

    En esta línea se encuentran estudios interesantes como los de William D. Ross y
Deborah A. Kerr, quienes con una amplia muestra de mujeres, comprendidas entre
los 20 y los 70 años de edad, demostraron que el IMC tiene solamente una
eficiencia del 15% en la predicción de la suma de los cinco espesores del pliegue
cutáneo, y ligeramente mejor en la predicción de la suma de espesores de los
pliegues cutáneos corregidos.

    Estos mismos autores han estudiado la validez del IMC en el modelo


bicompartimental (basado en técnicas densitométricas).

    Dicho modelo bicompartimetal de composición corporal fue denominado por


Wilmore como el Gold Standard. Este término se podría traducir como "regla de
oro" o "principio básico".

    Este modelo se basa en una suposición muy simple (quizás su mayor defecto).
Este modelo defiende que la densidad es constante para cada uno de los dos
compartimentos (masa grasa y masa magra). Así la masa grasa tendría una
densidad constante de 0,90 g/ml, mientras que la masa magra (el resto de la
composición corporal) tendría una densidad constante de 1,10 g/ml. Para conocer
la densidad corporal total usamos el peso subacuático. Este peso subacuático es el
peso corregido, teniendo en cuenta el volumen residual atrapado en los pulmones,
de un sujeto sumergido en un tanque de agua. De este peso corregido y
suponiendo esa densidad constante el autor predice el porcentaje de tejido
adiposo del sujeto a estudio.

    El problema de este método radica en la suposición de que la grasa (definiendo


ésta como el lípido extractable con éter) que posee una densidad constante de
0,90 g/ml, que es válida sólo para una parte del tejido adiposo corporal, la
compuesta por los triglicéridos. Esta densidad no tiene en cuenta al resto de los
lípidos del cuerpo, como son los fosfolípidos y el colesterol. Debiendo decir que
estos lípidos poseen una densidad superior al 0,90 g/ml de los triglicéridos.

    Aún dando por cierta la suposición de que la densidad del componente adiposo
es constante, resulta difícil asumir que el compartimiento magro en los humanos,
tenga una densidad constante y que ésta sea de 1,10 g/ml.

    Algunos autores como Martin en 1986, probaron la falta de consistencia de esta


suposición. Demostrando que la masa libre del tejido adiposo (valorada tras la
disección de cadáveres) no es constante en cuanto a su proporción de tejido óseo,
muscular o masa residual. Y esto se debe a que estos tres componentes no se
hayan en proporciones fijas.

    A este dato hay que añadir que la densidad de cada uno de estos componentes
no es constante (como suponía Wilmore). Y podemos añadir que estas variaciones
de densidad son más evidentes en el tejido óseo.

    Estas aseveraciones de Martin fueron corroboradas por Maszes en 1984, quien


demostró variaciones en la densidad de los tejidos mediante la técnica de
absorción de fotones.

    Martin además en 1986, criticó la falta de validez de la suposición de


densidades constantes para los dos compartimentos, ya que debían de al menos
cumplirse otros cinco supuestos, que Martin no compartía:

I. Una compresibilidad constante de la piel y el tejido adiposo.


II. Un valor despreciable para las dos capas de piel.
III. Una estructura fija de deposición del tejido adiposo.
IV. Una fracción constante de grasa en el tejido adiposo.
V. Y una proporción fija de grasa interna y externa.

    Actualmente en el ámbito epidemiológico se está utilizando el IMC como índice


de riesgo de mortalidad. La interpretación que debe de hacerse de dichos valores
es solamente a un nivel individual, y teniendo en cuenta que esta apreciación es
muy relativa.
    Más aún, si se cae en el error de extrapolar una valoración del IMC como índice
de adiposidad, dado su baja correlación con la densidad corporal, dato éste que
confirma dichas aseveraciones.

    Estos datos nos hacen considerar la baja fiabilidad de este índice.

    Pero como se puede observar en la práctica diaria y en la literatura médica, no


deja de ser uno de los índices más usados en la actualidad.

    Como hemos visto previamente, este índice se suele emplear en estudios


epidemiológicos como indicador de obesidad. Pero su uso como procedimiento
exclusivo para la valoración de la obesidad, conduce inevitablemente a errores: ya
que si bien, el índice de masa corporal disocia el tamaño, dando correlaciones
insignificantes con la estatura de los sujetos, y ésta se relaciona con otras medidas
de composición corporal, se puede clasificar a un sujeto de figura delgada como
"obeso" si su índice de Quetelet es superior a 24 (tomando en cuenta, que se
presume, que altos valores de este índice se corresponden con altos niveles de
adiposidad, al no tomar en cuenta el desarrollo muscular).

    Aún aceptando, que éste índice de masa corporal fuera aplicable a las muestras,
y tuviera algún valor a la hora de identificar los factores de riesgo relacionados con
la obesidad, resultaría inapropiado para el diagnóstico individual, sin evidencias
que corroboren sus resultados.

    El principal problema de este índice, se basa en que es una medida tanto de
masa muscular como de la masa grasa. Y a su vez, es una relación de las
proporciones corporales en la que la longitud de las piernas influye
considerablemente.

    Por tanto, creemos que el índice de masa corporal debe emplearse en


combinación con otros procedimientos.

    Los valores normales oscilan en el adulto entre 19 y 27, pero varían de forma
importante a lo largo del crecimiento.

    Este índice, tampoco usa las medidas adecuadas, porque compara un volumen
con una superficie.

    Este índice, también se utiliza para valorar la desnutrición calórico-proteica, de


acuerdo a la siguiente clasificación de la tabla 2:
    El IMC también varía con la edad, así obtenemos unos valores de referencia
para distintas edades (Vargas y Casillas en población mejicana) en la tabla
3 siguiente:

2. Porcentaje graso según Faulkner

    A principios de los años 1980 y coincidiendo con el nacimiento de la moderna


Cineantropometría Española, se desarrollaron dos nuevas propuestas basadas en
el modelo de los 4 componentes de Mantiegka, la de Rose y Guimaraes y la de
Drinkwater.

    La primera de ellas de Rose y Guimaraes, tiene una gran importancia en el


ámbito Español, porque en general ha sido la única que se ha estado utilizando
hasta la actualidad, para el cálculo de los diferentes componentes corporales.

    Se sirve de las siguientes fórmulas y para la masa grasa se utiliza la ecuación de
Faulkner4 derivada de la de Yugasz.

Donde:

% Graso: % graso según la fórmula de Yugasz, modificada por Faulkner.


4 plg: Sumatorio de 4 pliegues cutáneos:
t: tríceps.
se: Subescapular.
si: Suprailíaco.
a: Abdominal.

3. Peso muscular según Martin

    La fórmula para valorar el tejido muscular derivada de la disección de cadáveres


de Bruselas, es la diseñada por el Dr. Martin (1964) 5.

    Estas fórmulas son las únicas ecuaciones validadas con un método directo de
estudio de cadáveres, el de Bélgica 6,7. y además sus resultados coinciden con
otras determinaciones procedentes de disecciones anatómicas.

Donde:
MM; masa muscular (gr).
Ga: Perímetro antebrazo-pliegues cutáneos (cm).
Gb: Perímetro pierna-pliegue cutáneo (cm).
Gc: Perímetro Brazo-pliegues cutáneos (bíceps+triceps).
Gd: Perímetro muslo -pliegue cutáneo.

    Posteriormente en 1989 Martin 8 y cols modificaron la ecuación para la


predicción de masa muscular:

    Ésta es la fórmula que vamos a usar en nuestro estudio.

4. Peso óseo según Rocha


    En 1956 Von Doblen desarrolló una ecuación para el cálculo del peso óseo,
modificada en el año 1974 por Rocha 9,10,11 , y dando lugar a un modelo de los 3
componentes.

Donde:
Peso Óseo: Peso óseo en Kg.
T: Talla o estatura
D E: Diámetro estiloideo
D F: Diámetro bicondíleo del fémur

Material y métodos

    El objetivo de este estudio es valorar la relación existente entre el índice de


masa corporal y los componentes corporales hallados siguiendo los cálculos
antropométricos descritos en la introducción. Para ello vamos a realizar 2500
antropometrías a deportistas de élite de la provincia de Alicante. Considerando
élite aquellos deportistas que forman parte de los listados de élite de la Generalitat
Valenciana. Y que son publicados anualmente en el Dogv. La última resolución se
publico en el Dogv número: 4744 del 03/05/04. Las normas actuales para entrar a
formar parte de estas listas se encuentran publicadas en el Dogv 4766 del
02/06/04.

    En nuestro estudio vamos a analizar los siguientes valores:

1. PORCENTAJE GRASO (Según la fórmula de Faulkner).


2. PESO MUSCULAR (Según la fórmula de Martín).
3. PORCENTAJE ÓSEO (Según la fórmula de Rocha).
4. ÍNDICE DE MASA CORPORAL.

    Se va a realizar un análisis de los valores de estos parámetros y posteriormente


su relaciones tanto globalmente como subdivididos en función del sexo.

    En el Gráfico nº 3 observamos la representación de estos deportes de mayor a


menor frecuencia, ordenados según el número de deportistas que aportan a
nuestro estudio. En ella vemos como la mayoría de los deportistas de Élite son
futbolistas; seguido de los jugadores de baloncesto y en tercer lugar de los atletas,
para en cuarto lugar encontrar a los jugadores de bádminton. Este hecho podría
sorprender a un observador ajeno a la realidad deportiva de nuestra región. Su
lugar viene dado porque Alicante es sede de un centro de tecnificación nacional de
bádminton. Esto explica que en nuestra muestra el bádminton ocupe un lugar tan
importante. En quinto lugar encontramos otro deporte muy arraigado en nuestra
zona como es el fútbol sala. Y para acabar de enumerar posiciones en un sexto y
notorio lugar encontramos un deporte con una importante tradición en nuestro
entorno como es el balonmano.

    En el gráfico nº 4: observamos el porcentaje que cada deporte ocupa en


nuestra muestra. Deducimos prácticamente en el primer análisis, como el fútbol es
el deporte que más deportistas aporta a nuestro estudio con un 30% de la
muestra. En segundo lugar y con un 16% de la muestra encontramos el
baloncesto. En mucha menor cuantía se encuentra con un 8% de la muestra el
atletismo. Siendo el porcentaje del resto de los deportes inferior al 6%.
Gráfico nº 4: Distribución de los deportes en porcentaje

    Vamos a valorar además del deporte que practican, también el sexo de nuestros
deportistas. Al agrupar a nuestros deportistas en función del sexo (Gráfico nº 5) y
como es normal en nuestro medio observamos como la mayoría de los deportistas
de élite de nuestra provincia son varones (71%); mientras que las mujeres
representan menos del 30% de la muestra. Este dato es un fiel reflejo de la
situación del deporte de base en nuestro ámbito, donde los varones practican
deporte con una mayor asiduidad que las mujeres.
    En la tabla 4 mostramos los deportes divididos en función del sexo. En ella
observamos como en función del deporte practicado, varía la proporción de
hombres y mujeres que lo practican. Existiendo deportes masculinos como el
fútbol y femeninos como la gimnasia rítmica. Los condicionantes socioculturales
también se ven influenciados por el sexo. Así destaca que dada la existencia de
judocas como Miriam Blasco o Isabel Fernández, propicia que un deporte
tradicionalmente masculino y violento como el judo tenga un porcentaje de
mujeres (casi un 63%) superior al de hombres.

    El otro deporte con un mayor porcentaje de deportistas femeninos es la


natación. Deporte donde últimamente las mujeres también están cosechando
éxitos importantes tanto a nivel europeo como mundial. Por tanto de esta tabla
podemos deducir como los factores socioculturales influyen en la elección del
deporte.
    Los valores que vamos a recoger son:

1- Edad.

2- Sexo.

3- Peso.

4- Talla.

5- 6 Pliegues:

a. Tríceps.
b. Subescapular.
c. Suprailiaco.
d. Abdominal.
e. Pierna.
f. Muslo.

6- 3 Diámetros:

a. Biepihúmero.
b. Biestiloideo.
c. Biepifémur.

7- 4 Perímetros:

a. Brazo.
b. Antebrazo.
c. Muslo.
d. Pierna.

    Los datos han sido analizados mediante el paquete de Microsoft Office Access
XP y el paquete estadístico SPSS 11.0. Para valorar la relación entre las variables
se ha realizado una correlación de Pearson, aceptando la existencia de una
correlación positiva cuando el valor del coeficiente de Pearson es superior a 0.4 y
una correlación negativa cuando el coeficiente de Pearson es infiero a -0.4

Resultados

    La edad media de nuestra muestra es de 21,33 años con una desviación
estándar de 6,05 años . En el subgrupo de las mujeres, la edad media fue de
18,54±4,02 años. Y el subgrupo de los varones de 22,48±6,37 años, algo mayor
que para las mujeres.
    En el gráfico 6 podemos observar la distribución encontrada por edades,
destacando que la mayoría de nuestros deportistas tienen menos de 20 años y
además por encima de los 30 años, la muestra aportada es prácticamente
anecdótica.

    En el Gráfico 7 observamos la distribución de los pacientes según su sexo.


Podemos destacar que tanto en el grupo de las mujeres como en el grupo de los
hombres, la mayoría de nuestros deportistas presentan una edad inferior a los 20
años. Un dato llamativo es que mientras que los varones de nuestra muestra
alcanzan edades próximas a los 45 años, en las mujeres no contamos con
deportistas por encima de los 30 años.

    En el Gráfico 8 observamos la distribución de los deportistas en función de la


edad y el deporte practicado. Observando como la mayoría de los deportes tienen
una edad media inferior a 20 años. Encontrando por encima de 30 la motonáutica
y la actividades subacuaticas; mientras que por encima de los 35 años, la pelota.
En el extremo inferior de la gráfica, tenemos a la natación y al patinaje, ambos con
edades medias inferiores a los 20 años, así como otros deportes tradicionalmente
practicados por gente más joven como la gimnasia tanto rítmica como deportiva.
Índice de masa corporal

    El valor medio del índice de masa corporal independientemente del sexo es
22,83 con una desviación estándar de 2,92. Si lo dividimos en función del sexo: En
el grupo de los hombres, la media es de 23,37±2,93. Mientras que es superior en
el grupo de los mujeres, con una media de 21,52±2,93.

    En la tabla número 5 observamos los valores del índice de masa corporal de
nuestra muestra tanto globalmente como divididos por sexo.

 Podemos observar en la columna número 2: la media del índice de


masa corporal.
 En la columna número 3: la desviación estándar que como
observamos es muy baja en los dos grupos, lo cual nos indica que la
muestra es muy homogénea en cuanto a este parámetro.
 En la columna número 4: observamos la varianza de la muestra,
resultante de 8,57; siendo superior en el grupo de los varones (8,59)
que en las mujeres (6,10).
 En la columna 5: observamos el valor máximo registrado para el
índice de masa corporal y analizamos como el mayor índice de masa
corporal se encuentra en varones y es además muy superior al de las
mujeres.
 En la columna nº 6: En cuanto al mínimo valor registrado siempre es
inferior en el subgrupo de las mujeres, con un valor de 14,13.
 En la última columna mostramos la n de cada grupo.

    En la tabla 6 observamos la distribución del índice de masa corporal tanto


globalmente como en función del sexo. Observando como los varones tienen
mayor índice de masa corporal que las mujeres (dato que contrasta con el estudio
del porcentaje graso donde el subgrupo de los varones tiene menor porcentaje
graso que las mujeres, y su explicación se debe posiblemente al mayor
componente muscular de los varones).
Valoración del porcentaje graso

    El valor medio del porcentaje graso global, independientemente del sexo, es de
12,73 con una desviación estándar de 3,05.

    Si lo analizamos en función del sexo: En el grupo de los hombres la media es de


12.5% con una desviación estándar de 2,78%. Mientras que resulta superior en el
grupo de los mujeres con una porcentaje graso del 14,13± 3,21%.

    En la tabla número 7 observamos los valores del % graso de nuestra muestra
tanto globalmente como divididos por sexo.

 En ella podemos analizar en la columna número 2, la media del


porcentaje graso.
 En la columna número 3 la desviación estándar, que como podemos
observar es muy baja en los dos grupos, los cual nos indica que la
muestra es muy homogénea, en cuanto a este parámetro.
 En la columna número 4 observamos la varianza de la muestra
resultante de 9,31. Siendo superior en el grupo de la mujeres (10,31)
que en el de los hombres (7,76).
 En la columna 5 observamos el valor máximo registrado para el
porcentaje graso y encontrando el mayor porcentaje graso en los
varones y además muy superior al de las mujeres.
 En cuanto al mínimo valor registrado es muy próximo en los tres
grupos y se encuentra próximo al 8%.
 En la última columna mostramos la n de cada grupo.
    En la tabla 8 mostramos los percentiles del porcentaje graso tanto
independientemente del sexo, como en función del sexo. Destaca como los
varones tienen menor porcentaje graso que las mujeres.

Valoración del porcentaje graso en función del índice de masa corporal

    A continuación vamos a valorar la relación entre el índice de masa corporal


(IMC) y el porcentaje graso. Observamos como existe una relación entre ambos
parámetros pero ésta es menor de la esperada (Gráfico 9). De la tabla
9 deducimos que si bien si hay una relación entre ambos parámetros, ésta no es
tan fuerte como la deducida de las extrapolaciones realizadas en los estudios
rutinarios de salud, ya que su coeficiente de Pearson es sólo de un 0,46. Este valor
estadístico significa que si bien hay una correlación entre ambos parámetros, ésta
es muy débil.
Valoración del porcentaje graso en función del índice de masa corporal
en los varones

    En el subgrupo de los varones (Gráfico 10) observamos la misma dinámica que
en el gráfico anterior. Así comprobamos la relación entre ambos parámetros. Pero
esta asociación no es tan clara como generalmente se asume. Así podemos
analizar en la tabla 10 que la asociación entre el porcentaje graso y el índice de
masa corporal para varones, es superior a la encontrada en la comparativa anterior
con un coeficiente de Pearson de 0,53. Es decir globalmente hay más relación
entre el índice de masa corporal y el porcentaje graso en el grupo de los varones
que si analizamos los datos globalmente e independientemente el sexo.
Valoración del porcentaje graso en función del índice de masa corporal
en las mujeres

    En el subgrupo femenino (Gráfico 11) observamos una mayor relación entre
ambos parámetros. Así conforme aumenta el porcentaje graso va aumentando
más el índice de masa corporal. Esta deducción se ve claramente refrendada en
la tabla 11 donde el coeficiente e Pearson alcanza el valor de 0,75. Por tanto el
índice de masa corporal se relaciona con la adiposidad en las mujeres con más
fiabilidad que en los hombres.
    Así, el índice de masa corporal se correlaciona con la adiposidad en el subgrupo
de las mujeres, pero no obtiene valores adecuados en el subgrupo de los varones.
Por tanto el índice de masa corporal se correlaciona con el porcentaje graso con
una mayor efectividad en el subgrupo de las mujeres

Valoración del peso muscular

    En esta sección vamos a relacionar la masa muscular calculada según la formula
de Martín, con el resto de los parámetros de la composición corporal.

    Vamos a empezar haciendo referencia al estudio descriptivo de este parámetro,


observando como el global del valor medio de la masa muscular es de 42,98 kg
con una desviación estándar de 10,58 y una varianza de 112,14. Encontrando un
valor máximo de 98,2 kg y un valor mínimo de 12,5 kg. Vamos a analizar la
muestra en función del sexo:

    Así encontramos que en el subgrupo de las mujeres el peso muscular es menor


que para los varones con 33,67 kg , con una menor desviación estándar de 6,61 y
la varianza se sitúa en el 53,75; además hemos encontrado un valor máximo de
55,62 kg y un valor mínimo superior al del subgrupo masculino con 13,87 kg. Si
nos centramos en el subgrupo masculino encontramos como el peso muscular
medio es el más alto de los tres grupos analizados, con 46,81 kg de masa
muscular, una desviación estándar similar a la del global de 9,48, su varianza es de
89,9 y su valor máximo de 98,2 kg , con un valor mínimo de 12,5 kg.

    En la tabla 13 se muestran los percentiles del peso muscular de nuestros
deportistas encontrando como en el subgrupo de los varones es superior a las
mujeres.

Valoración del porcentaje muscular en función del índice de masa


corporal

    Si relacionamos el porcentaje muscular con el índice de masa corporal (Gráfico


12) observamos como existe una relación entre ambos parámetros, así
observamos como al aumentar el índice de masa corporal aumenta la masa
muscular.

    En la tabla 14 confirmamos esta correlación que nos devuelve un coeficiente de


Pearson de 0,63. Es decir globalmente el índice de masa corporal se relaciona con
una mayor fuerza estadística al peso muscular que al porcentaje graso analizando
los valores independientemente del sexo.
Valoración del porcentaje muscular en función del índice de masa
corporal en los varones

    En el subgrupo de los varones (Gráfico 13) encontramos la misma tendencia


que en el gráfico anterior, así conforme aumenta el índice de masa corporal
aumenta el peso muscular. Pero si contemplamos la tabla 15 comprobamos como
esta tendencia es menos fuerte que en el gráfico anterior al obtener un coeficiente
de Pearson de 0,57, esto supone que el peso muscular y el porcentaje graso se
relacionan prácticamente en la misma proporción con el índice de masa corporal
para el subgrupo de los varones. Es decir en los varones el índice de masa corporal
refleja por igual el peso muscular que el porcentaje graso.
Valoración del porcentaje muscular en función del índice de masa
corporal en las mujeres

    En las mujeres esta tendencia (Gráfico 14) es más marcada, así se relaciona con
mayor fuerza el peso muscular y el índice de masa muscular en las mujeres. Esta
relación (Tabla 16) eleva el coeficiente de Pearson al 0,6 demostrando que hay
una mayor relación entre el porcentaje muscular y el índice de masa muscular en
las mujeres. Es decir en las mujeres el índice de masa corporal se correlaciona en
mayor medida con el porcentaje graso que con el peso muscular.
Valoración del porcentaje óseo

    Vamos a referirnos a continuación a la relación existente entre el porcentaje


óseo y el resto de las variables analizadas en este estudio.

    En global la media de porcentaje óseo de un 17,10 % con una desviación


estándar de 2,09% y una varianza de 4,37%. Teniendo un máximo de 51,54% y
un mínimo de 6,17%. En el subgrupo de las mujeres encontramos con un menor
porcentaje óseo del 16,9%, con una desviación estándar de 2,27% y una varianza
de 5,18%. Siendo el máximo de 46,07%, el mínimo del 10,97%.

    En cuanto al subgrupo masculino encontramos una media de 17,19% con una
desviación estándar del 4,01%, mientras que su varianza es de 6,17%. En máximo
valor encontrado de este parámetro es de 51,54% y el mínimo del 6,17%.

    En la tabla 18 observamos la distribución del los percentiles del porcentaje óseo
en función del sexo. Encontrando como los varones tienen una mayor porcentaje
óseo que las mujeres.
Valoración del porcentaje óseo en función del porcentaje índice de masa
corporal

    Si relacionamos el porcentaje óseo y el índice de masa corporal (Gráfico 15)


observamos como conforme aumenta el índice de masa corporal disminuye el
porcentaje óseo. Esta tendencia se confirma en la tabla 19 donde el coeficiente de
Pearson es de -0.59.
Valoración del porcentaje óseo en función del porcentaje índice de masa
corporal en los varones

    En el subgrupo de los varones se encuentra este mismo comportamiento


(Gráfico 16) así al aumentar el índice de masa corporal disminuye el porcentaje
óseo. Esta tendencia es más fuerte que en el grupo anterior (tabla 20) obteniendo
un coeficiente de Pearson de -0,68, esto supone que la correlación es menor que
para el peso muscular pero mayor a la obtenida para el porcentaje óseo. Esto
significa que curiosamente el índice de masa corporal en el subgrupo de los
varones tiene una mayor correlación con el porcentaje óseo que las obtenidas
tanto para el peso muscular como para el graso.

Valoración del porcentaje óseo en función del porcentaje índice de masa


corporal en las mujeres

    En el subgrupo de las mujeres (Gráfico 17) se aprecia esta misma tendencia
pero menos marcada que en los subgrupos anteriores. Así al aumentar el índice de
masa corporal disminuye el porcentaje óseo. Pero esta tendencia es menos fuerte
que en los subgrupos anteriores, este dato lo confirmamos en la tabla 21 donde el
coeficiente de Pearson obtiene un valor de -0.56. Este valor supone que en las
mujeres el índice de masa corporal se correlaciona en menor medida con el
porcentaje óseo. Obteniendo su mayor correlación con el porcentaje graso.
Discusión

    Giampietro M 12, estudiando karatecas, deduce que la composición corporal se


correlaciona en mayor medida con el somatotipo que con el índice de masa
corporal. Este autor sostiene al igual que nosotros que el índice de masa corporal
no es un valor útil para la valoración de deportistas.

    Por tanto creemos (al igual que otros autores 13,14 que para la correcta
valoración de un deportista de élite, se debe de realizar una antropometría para
calcular el porcentaje graso, muscular y óseo de nuestros deportistas. Dado que
como demostramos en este artículo las supuestas correlaciones entre el índice de
masa corporal y la grasa corporal resultan más que dudosas.

    El peso aislado tampoco es una buena forma de manejar a nuestros deportistas,
ya que en multitud de ocasiones comprobamos como deportistas que ganan peso
lo hacen de masa muscular y no de masa grasa. Por tanto la mala interpretación
de esta estimación puede llevar a dar informaciones erróneas a nuestros
deportistas y a sus preparadores físicos 15,16,17.

    Andreoli 18 en un artículo propone además que debe de haber unos índices de


porcentaje graso especifcos adecuados al nivel del deportista. Ya que él cree que
el nivel del deportista está relacionado con su composición corporal. Observamos
como en nuestro estudio estos valores de porcentaje graso son de 12 % en
varones y 14% en mujeres. Valores lejanos del 10% y 12% de los estudios
clásicos.

    En conclusión podemos decir que el IMC si bien es una técnica fácil y rápida, no
es una buena técnica para aproximarnos al porcentaje graso de nuestros
deportistas. Por tanto debería dejar de usarse como medida del porcentaje graso
en los reconocimientos tanto médico-deportivos, como de salud.

Conclusiones

1. El índice de masa corporal, si se analiza independientemente del


sexo, se correlaciona más fielmente con el peso muscular, seguido de
una correlación inversa con el porcentaje óseo y en menor medida
con el porcentaje graso. (Tabla 22).
2. Para los varones, el índice de masa corporal se correlaciona más
fielmente con el porcentaje óseo y en segundo lugar y prácticamente
por igual con el peso muscular y con el porcentaje graso. (Tabla 22).
3. En las mujeres, el índice de masa corporal obtiene la mayor
correlación de todas las comparativas con el porcentaje graso para
las mujeres. Y se correlaciona en menor medida con el porcentaje
muscular y en tercer lugar y de manera inversa con el porcentaje
óseo. (Tabla 22).
4. Para el porcentaje graso, la mayor correlación la encontramos en el
grupo femenino. Seguido con una menor correlación con el grupo
masculino. Y prácticamente sin correlación si realizamos la
comparativa independientemente del sexo.(Gráfico 18)
5. Analizando el peso muscular, la mayor correlación se encuentra
también en esta ocasión en el grupo femenino, seguido de la
comparación independientemente del sexo, y por último y
sorprendentemente con el grupo masculino.(Gráfico 18)
6. En el porcentaje óseo, la correlación más fuerte se encuentra en el
subgrupo masculino, seguido del grupo analizado independiente del
sexo y en menor cuantía en el subgrupo femenino.
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