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Educar para

la sustentabilidad
Reflexiones y experiencias transformadoras

CARLA SABBATIN I
v DAMASIA EzcuRRA (coMPs.)

Sam Crowell, Gloria E. Cruz Sánchez, Damasia Ezcurra,


Edgar González Gaudiano, Niki Harré, Damián lndij, Heidi Mardon,
Luis Méndez Andrade, Carla Sabbatini, Stephen Sterling

~Universidad
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SaliAndrés
de
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Edw:acÜfn
COMENTARIOS ACERCA DE LA EDUCACIÓN
Y LOS OBJETIVOS DE DESARROLLO
SOSTENIBLE
Stephen Sterling'·'

Sinopsis

Los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) son considerados dentro del


marco del trabajo de Johan Rockstréim a cerca de los límites planetarios, en el
Centro de Resiliencia de Estocolmo. Este trabajo establece un doble desafío para
la política y práctica educativa: abrazar y ayudar a alcanzar los Objetivos, pero
también trabajar hacia un cambio profundo en el estado de conciencia que
pueda reconciliar a las personas con el planeta 1 • El rol de la educación es más
profundo y abarcador de lo que se le reconoce en el texto de los ODS en lo que
respecta a su potencial para encarar la implementación de estos. La educación
necesita reinventarse, cambiar su finalidad para que pueda asumir la responsa-
bilidad que estos desafíos demandan, y desarrollar las acciones necesarias para
lograr avances transformadores .
Palabras clave: educación para el desarrollo sustentable, objetivos de desarro-
llo sostenible, medios de implementación, transición sustentable.

•Este artícu lo fue publicado por primera vez en: © 2016 Centro para la Educación Ambiental,
vol. 10(2), pp. 208 -213 / 10.1177/ 097340821666 1886. www.sagepublications.com "En los
casos en que el a utor cita autores e indica que están citados "aquí", se refiere a esta publicación
original. 17
1
Este comentario fue desencadenado por y se refiere a las contribuciones de varios oradores a
la edición especia l de la conferencia del Centro de Educación Ambiental (CEE): "La Educación
como motor de los Objetivos de Desarrollo Sostenible".
La educación y los Objetivos de Desarrollo
Sostenible (ODS): una visita al Doctor Planeta

Primero, una historia


El Mundo va a lo del Doctor Planeta. "No me siento para nada bien", dice y
comienza a describir los múltiples problemas que está padeciendo. "Hum", dice
el Doctor, "este es un caso muy difícil". De hecho, los problemas son tan pro-
fundos, interdependientes y complicados que comienza un período de consulta
entre expertos. A su término, el Doctor le presenta al Mundo una larga lista de
recetas, y le indica marcharse y probarlas. "Si Ud. alcanza cada uno de estos
17 objetivos en los próximos 15 años, estoy seguro de que se va a sentir mucho
mejor", lo alienta el Doctor.
Sin embargo, el Mundo no está del todo convencido y va a buscar una se-
gunda opinión. Otra Doctora Planeta lee la lista de recetas dadas por el primer
doctor. "La lista está muy bien", dice ella, "pero en lugar de preguntar qué pro-
blemas tiene Ud. -que fue la línea de indagación para el diagnóstico del primer
Doctor Planeta-, yo tengo una pregunta muy diferente". "¿De veras?", preguntó
el Mundo, "¿cuál sería?".
"Bueno, piense acerca de esto", respondió la Doctora, "¿qué tipo de Mundo
tiene estos problemas? Porque si no tratamos las causas profundas, los proble-
mas solo podrán ser aliviados por las recetas que mi colega le dio, en lugar de
curarlos en forma definitiva".
Evidentemente, la lista de recetas en esta historia son los ODS. Cada objetivo
·es sumamente importante y, en su conjunto, plantean una potente agenda a la
cual la Asamblea General de las Naciones Unidas (ONU) declara como "de al-
cance y relevancia sin precedentes" (United Nations, 2015: 5) y que "se la nece-
sita de manera urgente para reorientar el mundo hacia un camino sustentable
y resiliente" (ibid., p. 1).
Pero supongamos -tal cual lo da a entender la segunda Doctora Planeta
de ficción- que esta agenda no refleja toda la historia. Resulta evidente para
los lectores de esta publicación que vivimos en una época históricamente fuera
de lo común, caracterizada por la hiperconectividad, la complejidad, los im-
previstos, problemas terribles y cuestiones sistémicas, y cambios acelerados a
18
nivel local y planetario, en su mayoría con trayectorias insostenibles. (Adams
y Jeanrenaud, 2008; Randers, 2012; Steffen, Crutzen y McNeill, 2007; United
Nations Secretary General's High-level Panel on Global Sustainability [UNS-
GHPGS], 2012).
Así pues, y en respuesta a esto, emergió el discurso acerca del desarrollo sos-
tenible -el cual se profundizó y expandió en los últimos 30 años a partir del
Informe Brundtland- y fue presentado, considerado y puesto en discusión por
ofrecer caminos hacia un mundo más seguro. Los ODS pueden ser considerados
la actual culminación de este amplio debate, un hito que estableció una agenda
en un proceso global de monitoreo y acción que se ha a celerado en los últimos
años, el cual incluye la Evaluación de los Ecosistemas del Milenio, los Objetivos
del Milenio y el acuerdo el Futuro que Queremos, resultantes de la Conferencia
de Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas Río+ 20. Los ODS proclaman lo que
todos esperamos que sea un gran y concertado esfuerzo para cambiar nuestro
curso histórico.
El sentido de la historia, o al menos de la importancia de esta época -re-
flejada en el uso del lenguaje de "transformación" y "visión" de la Asamblea
General de las Naciones Unidas-, es destacado por el trabajo de organismos de
investigación, tales como el Centro de Resiliencia de Estocolmo y el Centro de
Vigilancia Mundial en Washington. El primero es conocido, entre otras cosas,
por el trabajo de johan Rockstrom y colegas sobre límites planetarios, y lo que
denominan "un espacio seguro para que la humanidad opere" (Rockstrom y
otros, 2009). En este punto, vale la pena citar en detalle a Rockstrom:

Mientras que la iniciativa humana se torna cada vez más abarcadora e inter-
dependiente, las perspectivas de lograr el bienestar de la humanidad dentro del
paradigma de desarrollo dominante se desvanecen. Sin embargo, un paradigma
de desarrollo sustentable alternativo que persiga objetivos sociales, ambientales
y económicos por separado sería igualmente inadecuado. En su lugar, necesita-
mos una perspectiva integral que calibre el funcionamiento del sistema humano
para que mantenga la estabilidad del planeta. La urgencia de los desafíos que
tenemos por delante demanda una doble estrategia: actuar dentro de nuestro
actual marco de desarrollo para torcer lo más posible la curva de la justicia
ambiental y social, mientras que, simultáneamente, fomentemos una cambio de
conciencia a largo plazo hacia valores e instituciones que integren de manera
equitativa a las personas y al planeta (Rockstrom, 2015: 1).

Evidentemente, los ODS son un paso decisivo en lo que respecta a una pers-
19
pectiva integral que reúna las dimensiones económicas, socia les y ambientales
(tal como señaló Mahesh Pradhan aquí), pero solo hasta cierto punto: un infor-
me del Consejo Internacional para la Ciencia (ICSU) y el Consejo Internacional
de Ciencias Sociales (ISSC) acerca de los ODS sugiere que, sin embargo, los obje-
tivos son presentados con un enfoque fragmentado (ICSU e ISSC, 2015); y que la
reflexión acerca de cómo los objetivos y sus metas pueden fortalecerse mutua-
mente, y hasta incluso entrar en conflicto, ha sido insuficiente.
Dicho esto, los ODS pueden ser considerados una reacción importante hacia
el primero de los desafíos de Rockstrom: el de efectuar un cambio en el "actual
y obsoleto modelo de desarrollo". Esta es la solución recetada por el primer Doc-
tor Planeta en la historia antes relatada y representa un trabajo en el mundo
"exterior" o real y material. Pero, como sugiere Rockstrom en su segundo de-
safío, la receta no será en sí misma suficiente sin el cambio universal en los
valores dominantes, las creencias y los niveles de conciencia. Este es el trabajo
"interior" hacia algo menos expansionista, explotador, de corto plazo e indi-
vidualista; a lgo más integrado, cooperativo, holístico, de mentalidad abierta,
solidaria, comprometida y orientada a l futuro, conforme se refleja, por ejemplo,
en los llamados hacia una "ética global" en La carta de la Tierra. Tal como se lo
pregunta la segunda Doctora Planeta: ¿qué clase de Mundo da origen e impulsa
esta serie de problemas tan intrincados y complejos que hoy amenazan incluso
la existencia misma de la humanidad a largo plazo? Esta es una pregunta acer-
ca de las creencias individuales y colectivas, de valores, de la visión del mundo
y de estilos de vida.
Es bien sabido que el desarrollo sustentable es considerado dependiente de
una mirada integrada de las dimensiones y asuntos económicos, sociales y am-
bientales. Está muy bien. Aun así, ya sea que esta interrelación sea percibida
como un diagrama· de Venn que sugiere una sustentabilidad "débil" o como el
más deseable sistema anidado que sugiere una sustentabilidad "fuerte", la di-
mensión fundamental que está ausente es la personal y cultural. El desarrollo
sustentable, y de hecho los ODS, están formulados como acciones externas en
el mundo biofísico. A lo que Rockstrom y muchos otros autores instan es a un
"cambio de conciencia" en relación con nuestro mundo interior y psicosocial.
Esto nos lleva a l rol y al desafío de la educación. Empecemos por su rol en
relación con los ODS, que fue el foco de la conferencia Ahmedabad. El trasfondo
de esta historia no es tan positivo como algunos educadores podrían imaginar.
Un ejercicio de investigación documental que emprendí para UNESCO en 2014
evidenció que la mayoría de los informes de más alto nivel acerca del desarro-
llo sustentable y asociados a la agenda de desarrollo pos-2015 minimizaron
20
siempre el rol de la educación como vehículo de cambio social (Sterling, 2014).
Los instrumentos considerados necesarios para alcanzar los ODS son conoci-
dos como "los medios de implementación" (MdI) e incluyen medidos políticas,
de asistencia, monitoreo, financiamiento e incentivos, y de legislación y regu-
ladón. Sin embargo, la alusión a la educación como un Mdl estuvo bastante
ausente, o fue considerada de menos importancia en informes y publicaciones
previas al lanzamiento de los ODS (Olsen y otros, 2014). Esto sigue siendo así,
razón por la cual la conferencia de Ahmedabad de enero de 2016 ejerció un rol
inestimable.
¡ Existen dos grandes diferencias entre educación y los demás Mdl. La primera
1
-como se enfatizó en la conferencia-, la educación puede aumentar la efecti-
vidad de Jos Mdl a través del desarrollo de un compromiso informado, la inter-
vención y el empoderamiento de todas las partes interesadas, y por medio del
descubrimiento y Ja promoción de su creatividad, ideas, habilidades y entusias-
mo. La segunda: mientras que los Mdl convencionales solo tienden a ser eficaces
1 siempre y cuando se apliquen, la educación puede construir cambios duraderos,
1

es decir, "cambios sustentables" porque es propiedad de y se ve afectada por las


partes interesadas y Jos estudiantes.
Sin embargo, estos a spectos clave no fueron reflejados en Ja redacción de
los ODS . Más bien, y como he argumentado en mi contribución (en el Objetivo
de Educación 4) para el informe de Ja ICSU/ISSC acerca de Jos ODS (Sterling,
i 2015: 27):

Actualmente, el Objetivo hace hincapié en los potenciales beneficios económicos


1
y sociales de la educación; no se reconoce que a través de la sensibilización, el
1
entrenamiento y el desarrollo de capacidades, la educación puede ayudar a pro-
teger la calidad ambiental y orientar hacia el uso más prudente de los recursos:
1
' únicamente la meta 4.7 menciona al desarrollo sustentable como tal.
Este Objetivo se beneficiaría enormemente de la ampliación de su redacción
para reflexionar sobre el hecho de que la mayoría de los programas educativos aún
no reflejan los propósitos y metas del desarrollo sustentable, y algunos pueden incluso
1

agravar cuestiones relativas a la sustentabilidad.


1

' Por esta razón, la Declaración de Aichi-Nagoya sobre Educación para el De-
1
sarrollo Sostenible (EDS) -cerrando el Decenio de las Naciones Unidas de Ja
\ Educación para el Desarrollo Sostenible- es decisivamente importante (como lo
manifiesta Charles Hopkins), donde invita a los Estados miembro de Ja UNESCO
1 a "Revisar los propósitos y valores que sirven de fundamento a la educación,
21
evaluar en qué medida las políticas educativas y el currículum están alcanzan-
do los objetivos de la EDS" (UNESCO, 2014: 2).
En otras palabras, Ja educación puede hacer una contribución de vital im-
portancia para avanzar hacia los ODS, pero esto no es en absoluto inevitable.

1
Considerar lo siguiente: la mayoría de los documentos de política, conferencias,
proyectos de investigación y debates acerca de la educación, nacionales o inter-
nacionales, a menudo no ven la crisis de sustentabilidad ni el contexto que afec-
tará directamente las vidas de esta generación y de aquellas por venir. Además
reflejan los supuestos irreflexivos de "aquí no pasa nada".
Como el debate de la conferencia reflejó, es necesario volver a pensar el "pro-
pósito de la educación" si ha de ser una influencia positiva más que negativa
ante la posibilidad de un mundo más sustentable. Entonces, y como he sostenido
antes, la educación necesita de un alto grado de transformación de sí misma,
para poder transformar y no funcionar conforme a la norma . O, como Heila
Sisitka aquí propone, que sea humanista, dialógica, deliberativa, que suponga
creatividad y re-imaginación ... orientada a la acción y asociada al aprendizaje
socia l colectivo que pueda "transgredir la norma".
Desde luego, algunos analistas en el campo de la educación ambiental y
para la sustentabilidad han sostenido enfáticamente que la educación para
cualquier cosa -los ODS o cualquier otro objetivo valioso- es sospechosa
desde el punto de vista educativo. Esto plantea la distinción y la tensión entre,
por un lado, una mirada instrumental y orientada a objetivos de la educación
y de la EDS, y por el otro, una mirada inherente o centrada en el alumno (am-
pliamente analizada en Sterling, 2011). Esta es una dicotomía de poca utilidad
que necesita ser remediada ya que ambas miradas aportan comprensión a
este debate fundamental acerca del propósito de la educación. La mirada de
la educación orientada a objetivos admite la urgencia del contexto y la nece-
sidad de cambios de valores y de conducta acordes. La mirada centrada en el
alumno hace hincapié en el proceso de aprendizaje y tiene como principal
preocupación la necesidad de formar estudiantes con conciencia crítica, re-
flexivos y autónomos. Entendida como una relación complementaria más que
opuesta, juntas estas dos perspectivas albergan la promesa y el potencial para
un cambio en el pensamiento educativo, la política y la práctica, las cuales
generan aprendizajes profundos y transformadores por parte de los individuos
y la comunidad. También albergan la habilidad para cuestionar y promulgar
cambios hacia el bienestar planetario tal cual lo establece la agenda de los
ODS y sus metas asociadas.
Debemos ser "capaces de reinventar la educación", buscando "la acción
22
transformadora que sabemos que tiene que suceder", dice Sunita Narain
(aquí). Esto no es una ilusión. Al momento de redactar este material, estoy
leyendo 120 presentaciones de todo el mundo, como miembro del jurado in-
ternacional para el premio de EDS UNESCO-Japón. Reflejan un esperanzador
nivel de energía, compromiso, inventiva, coraje y determinación para empo-
derar a las personas a marcar una diferencia positiva en sus lugares y ámbitos
de influencia. Esta es una clase de educación auténtica -más que mercantili-
zada- que ya está logrando marcar una diferencia en muchos proyectos e ini-
ciativas globales, sobre todo en la esfera no forma l. Manifiesta una conciencia
floreciente orientada a l bienestar local y planetario, y al bien común, y es qui-
zás una reacción a la preocupante apropiación de la educación por parte de
Jos tendencias gerenciales, tecnocráticas y de mercado de la "Industria Global
de la Educación " (Verger, Lubienski y Steiner Khamsi, 2016), cuyas prioridades
apenas se alinean con la s urgen cias planetarias. Más bien, reafirmemos los
valores humanos en nuestro pensamiento y práctica educativa, como lo propo-
ne Jim Taylor (aquí), "tales como la dignidad, empatía, pasión, el compromiso,
la bondad, el cuidado y el vigor", para llevar a cabo la transformación educa-
tiva hacia la sustentabilidad. Junto a tan revitalizado enfoque humanista de
ta educación, los ODS requieren ser ubicados (Osamu Abe aquí), interpretados
y dotados de sentido tanto dentro del pensamiento educativo como a través de
la práctica educativa.
Rockstrom y otros expertos están presentando un análisis serio acerca de
nuestra casa planetaria y de nuestro futuro compartido. Los ODS presentan
a lgo así como la última oportunidad para lograr lo que a veces se denomina
"la Gran Transición" (Rosen, Electris y Raskin, 2010). Como se ha dicho antes,
esto requiere de trabajo "interior" tanto como de traba jo "exterior" -y es nece-
sario para este último- en el mundo material. Solo quedan 15 cortos años para
marcar una diferencia significativa. Nos enfrentamos a un enorme desafío de
aprendizaje en todos los niveles, que n o tiene precedentes, para el cual es preciso
que la política y práctica educativa jueguen un rol fundamental. ¿Cómo "reo-
rientamos nuestros sistemas de conocimiento, creación y educación"? (Aromer
Reví, aquí). ¿Cómo garantizamos que la educación de esta época tan particular
pueda manifestar una cultura de compromiso crítico, lo suficientemente invo-
lucrada para marcar una verdadera diferencia en la resiliencia socioecológica,
pero reflexivamente crítica para aprender de la experiencia y mantener abiertas
las opciones hacia el futuro?
Si no lo conseguimos, es probable que en un futuro tengamos que visitar a l
Psiquiatra Planeta en lugar de a l Doctor Planeta.
23
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