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A raíz de los últimos episodios que registraron grandes obras civiles desplomadas o paralizadas en

Colombia, la capacidad de la ingeniería local ha quedado en entre dicho a la hora de materializar


grandes proyectos de construcción. Para algunos miembros del gremio, la profesión no se puede
convertir en el objetivo de una persecución mediática generalizada, ni se pueden emitir juicios
anticipados ante colapsos estructurales que están siendo investigados.
Para otro sector de los especialistas, aunque puede haber un lío de ética profesional, también existen
otros factores que conllevarían a un desenlace poco exitoso en los trabajos de edificación, entre
esos, los tiempos de ejecución, que someten a los encargados de proyectos a trabajar a un ritmo no
recomendable para garantizar una obra.
En este contexto, los más frescos antecedentes para las firmas constructoras conducen al siniestro que
aconteció sobre el viaducto del Chirajara, ubicado en la vía Bogotá-Villavicencio, los expertos aseguran
que es muy pronto para responsabilizar a los contratistas, dado que como todo proyecto ambicioso, no
solo de ingeniería, sino también científico o médico, tiene de por medio a toda una lista de actores y
situaciones particulares que podrían haber incidido en el suceso ya conocido por la opinión pública.

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Latina
“Aquí habría que discutir muchas cosas, no solo los modelos de contratación. Desde la óptica ética hay
varios puntos a considerar. Se puede redactar un contrato que fije un costo para la obra, entonces
en última instancia si se utilizan materiales de mala calidad, le va a quedar más plata al
contratista. Ese modelo se puede prestar para bajar las especificaciones con el ánimo de obtener
mayores utilidades, ahí ya existe un problema que debería subsanarse”, explicó el profesor del área de
estructuras de la Universidad Eafit.
“En este momento lo que se debe observar son los tiempos de ejecución. El constructor en ocasiones
tiene la presión de vender el proyecto, por consiguiente comenzará a decirle al diseñador que necesita el
trabajo de inmediato. Entonces los tiempos que se le dan al diseñador no son acordes a la calidad del
proceso”, expuso.
En Colombia hay un problema de corrupción global y la ingeniería civil no es ajeno a él, según
consideró el arquitecto Jorge Pérez Jaramillo, quien resaltó que en este campo, como en cualquier otro,
hay grandes riesgos. “La ciencia no es infalible ni perfecta. No estoy justificando los innegables
vacíos técnicos y éticos que en algunos casos se presentan. Nada garantiza que al ejecutar trabajos
ambiciosos no habrá dificultades, en ese sentido la sociedad se ha vuelto muy intolerante con el nivel
de incertidumbre presente en las mega obras civiles”.
“Ahora, yo si creo que hace ya más de 50 años, cuando el sector de la construcción se asoció al capital y
a agendas de negocio, el valor económico se volvió más importante que cualquier otro valor, y muchos
de estos proyectos tienen esa dificultad. En ocasiones el afán del lucro supera el aspecto científico y
técnico, así como al rigor de conocimiento que se debe aplicar para estos trabajos”, consideró Pérez
Jaramillo.

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“La misma legislación colombiana lleva a situaciones que eticamente son censurables. A veces los
legisladores sentados en el congreso toman decisiones golpeando los principios. El marco jurídico para
la construcción ha mutado, legalizando prácticas inadecuadas amparadas por ley. Quienes
tenemos más años en el sector lo entendemos claramente, pero preocupa que los ingenieros jóvenes
solo conocen este modelo”, replicó el director ejecutivo de la Cámara Colombiana de infraestructura,
seccional Antioquia, José Fernando Villegas.
Villegas dejó en firme su preocupación por las nuevas generaciones de ingenieros civiles, quienes a su
juicio, han crecido rodeados de una legislación y una idea errónea de contratación. “Esto es producto del
trabajo de unos señores con dudosa reputación que han influido para que a las normas se les dé la
interpretación que a ellos les conviene. Estamos tratando de corregir ese marco legal, para enseñarle a
los jóvenes que así no se hace empresa”. 
El inconveniente del modelo contractual con el Estado, de acuerdo a la explicación del director ejecutivo
de la Cámara, está en las licitaciones, puesto que es allí donde peligran los principios profesionales,
sacrificados para poder ganarse el proyecto. 
“Yo creo que uno tiene que tasar sus honorarios, usted no puede contratar por $90 una obra que en
realidad vale $100. Eso es un juego de lotería, yo me gano esa lotería y después miro cómo saco
ganancias a través de otrosís, ampliaciones o de negociar obras extras. Esto es lo que lleva a esos
comportamientos que no son para nada saludables”, enfatizó Villegas.
Sin embargo, según el profesor Botero de Eafit, lo que ha sucedido recientemente no es motivo para
emitir juicios descalificadores en contra de todos los ingenieros. Recordó que en el territorio nacional
hay muchas grandes obras realizadas por colombianos. “No podemos convertir todo esto en una cacería
de brujas, aquí hay gente mala, pero también hay gente muy buena”