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Caldera asume por segunda vez la presidencia en medio de una crisis financiera que había comenzado en el

periodo del gobierno anterior, causada fundamentalmente por la concentración de autocarteras y el otorgamiento
de autopréstamos a los accionistas y testaferros de un importante número de bancos, y que arrasa con la mitad del
sistema de ahorros. Según el Ministerio de Hacienda, «la totalidad de recursos que la Nación debió destinar
durante el año 1994 para asistir a las instituciones financieras intervenidas y estatizadas se elevó a la suma de
1.037.043 millones de bolívares», equivalente al 12% del producto bruto de ese año.
En su gobierno, en el año 1994 se desata una fuerte crisis financiera. Se inicia con la intervención del Banco
Latino, continuó con el derrumbe e intervención de una decena de instituciones bancarias y culminó con la fuga
de capital por concepto de auxilios financieros otorgados por el Estado a la banca, miles de ahorristas afectados y
un grave desequilibrio en la economía de Venezuela. La confianza y credibilidad de venezolanos y extranjeros en
las instituciones bancarias fue afectada gravemente.
Luego de la intervención del Banco Latino ocurrida en enero de 1994, interpretada por el Presidente en su toma
de posesión como un "coletazo" de la crisis moral de los años precedentes, el derrumbe de la banca privada puso
de manifiesto la magnitud de la crisis financiera que afectaba a la economía nacional.
La decisión del gobierno fue auxiliar con recursos extraordinarios del Fondo de Garantías de Depósitos y
Protección Bancaria (FOGADE) a los bancos en problemas. El propósito era contribuir a su estabilización sin
llegar a la medida de intervención y cierre. Esta medida no tuvo éxito. El 14 de junio fueron intervenidos los
bancos Maracaibo, Barinas, Construcción, La Guaira, Amazonas, Confinanzas-Metropolitano y Fondo Fiveca.
Para atender la crisis se creó el 29 de junio la Junta de Emergencia Financiera. No obstante, entre los meses de
agosto y enero los bancos Venezuela, Consolidado, Andino, el grupo financiero Latinoamericana-Progreso, los
bancos Federal, Principal, Italo Venezolano y el Profesional pasaron a manos del Estado. La cantidad de dinero
en auxilios financieros entregados por el gobierno a las instituciones afectadas alcanzó, a mediados de junio de
1994, a más de 6.600 millones de dólares, equivalentes a una décima parte del producto interior bruto venezolano
para ese año.
Unos fueron cerrados, otros estatizados para luego venderlos a nuevos inversionistas, de forma tal que el Estado
quedó en control del 60% de las instituciones financieras del país, en medio de una ola de denuncias en torno a
las irregularidades en el manejo de los auxilios financieros otorgados a las entidades bancarias y como
consecuencia de la huida al exterior de los banqueros responsables de la crisis.
En ese escenario el gobierno intentó adoptar programas sociales que mejoraran un poco la situación de pobreza
extrema en la que ya se encontraban amplios sectores de la población gobierno cuyos primeros meses
transcurrieron en la ejecución de planes económicos poco exitosos, como el Plan Sosa, el Corrales, entre otros.
La principal promesa de Caldera fue que nunca acudiría al Fondo Monetario Internacional (FMI). Su promesa no
fue cumplida y el gobierno atravesó por una de las mayores crisis, en todos los órdenes, se deterioraron todos los
servicios públicos, se rebajó considerablemente el nivel de vida de la población, se generalizó un estado de
inseguridad de las personas y los hogares, se desintegraron los órganos de la comunidad hasta un límite próximo
a la anarquía, se generó una creciente insatisfacción contra el propio sistema democrático.

La economía estuvo marcada por la política monetaria, se adoptó la paridad cambiaria, una tasa de cambio
controlada y otra flotante, llamada bonos Brady, con devaluaciones crecientes. El 15 de abril de 1996, el
presidente Rafael Caldera anunció la ejecución de un programa de ajuste y se decreta la liberación del régimen
cambiario, de este modo será el mercado el que establezca el valor de la divisa extranjera.
En 1996 anunció el programa llamado Agenda Venezuela que prometía restablecer el equilibrio macroeconómico
y apalear la inflación. Este programa previó el incremento de los impuestos, suspensión de los controles de
cambio, liberación de las tasas de interés y disciplina en el gasto público, entre otros aspectos.
 Sus principales objetivos fueron:

 Control del déficit fiscal. (Se ejecutó una reforma tributaria para tal fin).
 Liberación del precio de los carburantes, permitiendo un aumento de hasta 800%.
 Liberación de las tarifas de los servicios públicos.
 Reducción de la tasa de inflación y establecimiento del IVA, con excepción de alimentos,
medicinas y libros.
 Aumento de las reservas internacionales (Privatización de empresas no prioritarias, tales como
hoteles y centrales azucareros).
 Liberación del tipo de cambio, con la subsecuente devaluación del bolívar.
 Apertura petrolera (retorno a las asociaciones petroleras en el sector gasífero y traspaso de
actividades conexas al sector privado).
 Disminución de la deuda externa.

También en el terreno económico la opinión se vio dividida respecto a la llamada "apertura petrolera" que
determinó la orientación en la gestión de Petróleos de Venezuela (PDVSA). Al comenzar el gobierno de Caldera,
Luis Giusti, presidente de PDVSA, presentó ante el gabinete el sentido y los alcances de lo que debía ser la
reorientación en la política petrolera del Estado venezolano. Básicamente se trataba de convertir al petróleo en un
agente económico activo propulsor directo del crecimiento económico, convertirlo en el motor de la economía
nacional. La inspiración fundamental se sostenía sobre la valorización de las abundantes reservas
de hidrocarburos y su conversión en riqueza para el país. El objetivo era promover un crecimiento gradual y
sostenido del sector que no se limitara al aumento de la producción, de las exportaciones y de los ingresos del
Estado, sino que estuviese acompañado del diseño de políticas y de la instrumentación de estrategias dirigidas a
maximizar los efectos multiplicadores de la economía petrolera sobre la economía del país.
En resumen, tal como lo expresara Luis Giusti, la llamada "apertura" tenía como propósito consolidar la
nacionalización petrolera al permitir que laindustria petrolera venezolana se convirtiese en
una potencia internacional en un ambiente de creciente competencia y de rápida evolución tecnológica,
aprovechar las ventajas comparativas de Venezuela en el negocio petrolero, asegurar los mayores efectos
multiplicadores sobre la economía nacional y lograr de manera definitiva la integración orgánica del petróleo a la
sociedad venezolana.
La apertura generó fuertes polémicas. Su detractores, aferrados a la fuertemente arraigada concepción rentista de
la industria petrolera, estimaban que su orientación era desnacionalizadora y que favorecía claramente a los
inversionistas extranjeros en detrimento de los capitales nacionales; que se entregaba territorio a manos
extranjeras; que el Estado perdía control sobre el negocio nacionalizado y que se reducía la regalía vulnerando
así la soberanía del Estado venezolano. Todas estos reparos fueron respondidos en su momento por quienes
dirigían la política petrolera del Estado; no obstante, las reservas frente al sentido y orientación de la apertura se
mantuvieron y tomaron mayor fuerza en el último año de gobierno con la caída de los precios del petróleo y sus
nocivos efectos sobre la economía venezolana . De una tasa de crecimiento negativa en el año 1994 (-2.3%), que
pasa a ser positiva en 1995 (3.9%) y vuelve a ser negativa en 1996 (-0.2%), llega a un alto nivel en 1997 (6.3%).
Sin embargo, en 1998, la caída de los precios del petróleo impacta negativamente la economía y el ánimo de los
venezolanos (-0.11%).

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