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TEMA 4

RESTAURACIÓN, LIBERALISMO Y NACIONALISMO

1. El sistema de la Restauración: el Congreso de Viena


Tras la derrota de Napoleón las monarquías trataron de volver a la situación anterior al proceso
revolucionario francés. Con la Restauración se trataba de retornar a los principios tradicionales
y a la situación del Antiguo Régimen, rechazando las ideas que habían surgido en la Revolución
Francesa y que el imperialismo napoleónico había difundido. Para articular la paz, el canciller
(primer ministro) austriaco Metternich reunió a las grandes potencias, incluida la derrotada
Francia, en el Congreso de Viena (1815), donde se pusieron las bases políticas del nuevo orden
internacional y se reorganizó el mapa europeo.

ASPECTOS RELEVANTES DEL CONGRESO DE VIENA

Protagonistas

• Alejandro I de Rusia

• Metternich, canciller de Austria.

• Castlereagh, primer ministro del Reino Unido.

• Hardenberg, canciller de Prusia.

• Talleyrand, ministro de Exteriores de Francia.

Principios

• Legitimidad: derecho divino de la monarquía.

• Patrimonio: fronteras marcan las propiedades de los príncipes.

• Equilibrio: nuevo orden internacional sin hegemonías.

• Intervención para atajar ideas liberales o nacionalistas.

• Congresos para resolver los conflictos que surgieran.

Cambios territoriales

• Francia volvió a las fronteras de 1792.

• Austria recuperó Lombardía y el Véneto.

• Prusia recuperó Renania.

• Rusia se anexionó Polonia, Finlandia y Besarabia.

• Reino Unido incorporó islas estratégicas en diferentes mares para apoyar su imperio
colonial

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1.1. La Santa Alianza y las revoluciones de 1820

Para garantizar los acuerdos del Congreso de Viena, y a iniciativa de Alejandro I de Rusia, se
creó la Santa Alianza. El zar contó con el apoyo de Metternich y a ella se sumaron Francisco I de
Austria y Federico Guillermo II de Prusia. A la iniciativa no se adhirió el Reino Unido, por motivos
ideológicos, ya que los británicos eran partidarios de la monarquía parlamentaria, pero también
estaban interesados en el equilibrio europeo y formaron, junto a las tres potencias absolutistas,
la Cuádruple Alianza, a la que en 1818 se adhirió la Francia de los Borbones formando la
Quíntuple Alianza.

La Restauración había pretendido acabar con las ideas revolucionarias y nacionalista, había
consolidado la posición de los imperios multinacionales, como Rusia, Austria o el Otomano, que
eran considerados verdaderas “cárceles de los pueblos”. Muy pronto surgieron sociedades
secretas, muchas de ellas apoyadas por la masonería, que conspiraron para acabar con el viejo
orden. Los antiabsolutistas y nacionalistas también encontraron apoyos entre ciertos sectores
del ejército dispuestos a emprender golpes y pronunciamientos para acabar con las monarquías
absolutas.

En 1820 se inició la primera oleada revolucionaria a la que tuvo que hacer frente la
Restauración. Comenzó en España con el pronunciamiento del general Riego contra el
absolutismo de Fernando VII y se extendió a Portugal y algunos estados italianos. E incluso, más
tarde, en 1825 hubo un intento similar en Rusia, el levantamiento decembrista, aunque fue
rápidamente aplastado. La Santa Alianza reaccionó de forma enérgica y sus tropas restauraron
el poder absolutista en España y la península italiana. No obstante, pese al fracaso, las
revoluciones de 1820, resultaron decisivas para la definitiva independencia de Iberoamérica y
de Grecia. Los griegos habían estado sometidos al Imperio Otomano desde el siglo XV e iniciaron
una sublevación que derivó en un prolongado conflicto (1821-1829). La causa griega contó con
la simpatía de occidente y de Rusia, aunque atentara contra los principios de la Santa Alianza.
Finalmente, gracias al apoyo ruso y británico, Grecia obtuvo la independencia en el Tratado de
Adrianópolis (1829), pero mediante el Protocolo de Londres (1830) no lo hizo como una
monarquía parlamentaria, sino en forma de monarquía absoluta.

2. Las revoluciones liberales: 1830 y 1848


El intento de sostener la Restauración estaba basado en una ideología conservadora para la cual
las ideas revolucionarias trataban de destruir las instituciones tradicionales: la monarquía, la
organización eclesiástica, la familia, el sistema de privilegios o las corporaciones profesionales,
que eran legado divino y que la autoridad debía defender, “alianza entre el Altar y el Trono”.
Frente a ella las corrientes liberales y nacionalistas consideraban básicos los derechos
individuales y la soberanía nacional. Los hombres no eran súbditos, sino ciudadanos con
derechos y los Estados no eran patrimonio de los monarcas, sino comunidades humanas unidas
por lazos culturales e históricos.

2.1. El liberalismo político

El liberalismo político tiene sus bases en las ideas ilustradas y en los teóricos políticos británicos
del siglo XVII y XVIII, así como en la práctica política y parlamentaria inglesa. Su principio básico
era la libertad del individual como derecho esencial del ser humano, en todos los aspectos de la
vida: políticos, económicos, sociales y culturales. Sus principales características son:

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-La libertad individual que se traduce en libertad de pensamiento, religiosa y de opinión. Así
como la igualdad jurídica, aunque no económica, y garantía de la propiedad privada.

-Estado constitucional, soberanía del pueblo, división de poderes y leyes fundamentales que
controlen y equilibren los poderes del Estado.

-Participación ciudadana, mediante las elecciones ya fuera ejerciendo el sufragio o pudiendo


ser elegido como representante. Sin embargo, no existió un acuerdo claro, entre los liberales,
de quién debía ser considerado ciudadano de pleno derecho, basculando entre el sufragio
censitario y el universal.

El liberalismo fue la ideología burguesa por excelencia y fue evolucionando a la largo del siglo
XIX con pensadores tan destacados como Jeramy Bentham o John Stuart Mill. No obstante, el
liberalismo con el paso del tiempo se fue dividiendo en dos corrientes: el liberalismo moderado
o doctrinario, cercano a los postulados conservadores; y el liberalismo progresista, más
próximo a las corrientes que defendían una democracia más radical.

RASGOS DEL LIBERALISMO

Liberalismo doctrinario: liberales moderados

• Soberanía compartida entre Cortes y rey.

• Sufragio censitario.

• Limitación de derechos políticos.

• Igualdad ante la ley.

• Defensa de intereses de las clases altas.

• Monarquía constitucional.

Liberalismo democrático: liberales progresistas

• Soberanía popular y poder del Parlamento.

• Sufragio universal.

• Derechos políticos para todos.

• Igualdad y justicia social.

• Apoyo a los intereses de las clases medias.

• Defensa de la república como forma de gobierno.

2.2. Las revoluciones de 1830

Entre 1825 y 1829 se produjo una crisis económica que afectó a la producción agrícola, con
escasez de alimentos básicos, y que también se extendió a los sectores industriales, financieros
y comerciales, creando un fuerte malestar tanto a la burguesía como a las clases populares.

En Francia, en 1830, la situación política se volvió cada vez más tensa por la política intransigente
de Carlos X. Este Borbón había heredado el trono de Luis XVIII quien, teniendo en cuenta los
episodios revolucionarios, había promulgado una Carta Otorgada, que había permitido cierto
desarrollo de las libertades individuales y del parlamentarismo. No obstante, su sucesor había

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recortado esos derechos al proclamar las Cuatro Ordenanzas, lo que desató las revueltas de
julio. Los revolucionarios tomaron los centros de poder parisino y el rey tuvo que abdicar. La
burguesía para evitar otra deriva revolucionaria proclamó a Luis Felipe de Orleans como nuevo
rey. Francia se dotó de una Constitución y se readaptó la bandera tricolor como símbolo
nacional. Con la nueva monarquía la alta burguesía vivió una época dorada hasta el punto de ser
considerado Luis Felipe como el “rey burgués”.

El ejemplo francés se extendió más allá de sus fronteras, como a Bélgica. Los belgas habían
pasado a dominio holandés tras el Congreso de Viena, que había pretendido crear un estado
tapón entre Francia y el espacio alemán. Sin embargo, los belgas de tradición católica y con una
economía en la que empezaba a despuntar la industria, se opusieron al intento holandés de
establecer su hegemonía. El levantamiento de Bruselas unió a flamencos y valones frente a los
holandeses, proclamando la independencia de Bélgica con un nuevo rey, Leopoldo I, y una nueva
Constitución de carácter liberal.

Los nacionalistas polacos intentaron también conseguir la independencia de Rusia e iniciaron


una insurrección en Varsovia. Polonia esperaba ayuda del resto de Europa, pero ésta nunca
llegó. El ejército ruso, tras duras batallas, venció a los polacos que fueron duramente castigados
y sometidos a una intensa rusificación. Del mismo modo, en algunos estados alemanes e
italianos prendieron las revueltas liberales y nacionalistas, pero fueron pronto aplastadas por
Austria, verdadero bastión de la contrarrevolución.

2.3. Las revoluciones de 1848: “La primavera de los pueblos”

De los tres ciclos revolucionarios fue el más importante y aunque el protagonismo siguió siendo
de la burguesía hubo una creciente participación popular. Al igual que en ocasiones anteriores
la crisis económica y financiera e incluso industrial, fue un importante detonante del
movimiento revolucionario. Otra causa esencial fue el debilitamiento definitivo del sistema de
la Restauración, incluido un pilar fundamental como Austria.

2.3.1. La revolución en Francia: la II República

Aunque hubo importantes antecedentes revolucionarios, en Suiza y en algunos Estados


italianos, fue Francia, otra vez, el primer gran foco revolucionario. La crisis económica y la
restricción en las libertades habían socavado la posición de Luis Felipe de Orleans frente al auge
del republicanismo. En febrero, París, se llenó de barricadas y la presión popular logró la
abdicación del denominado “rey burgués” y la instauración de la II República. Por primera vez
en las barricadas aparecieron banderas rojas que representaban al movimiento obrero, junto a
la tricolor de la burguesía.

En el gobierno provisional, el socialista Louis Blanc fue nombrado ministro del Trabajo y desde
ese puesto promovió la jornada de 10 horas y la creación de los talleres nacionales, en un
intento por reducir el desempleo. Sin embargo, en las elecciones de abril los partidos
conservadores obtuvieron la mayoría, lo que significaba una brecha entre el París revolucionario
y el campesinado conservador. Los socialistas radicales no aceptaron el resultado e intentaron
acabar con esta nueva asamblea, pero la insurrección fue aplastada. En noviembre se promulgó
una nueva Constitución de carácter presidencialista. Al mes siguiente, el sobrino de Napoleón,
Luis Napoleón Bonaparte, ganó las elecciones y fue nombrado presidente. En poco tiempo
obtuvo la confianza de los sectores conservadores, católicos y campesinos hasta el punto en
que, en 1852, fundó el II Imperio y se proclamó emperador, con el nombre de Napoleón III:
“Emperador de los franceses por la gracia de Dios y la voluntad de la nación”.

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2.3.2. La revolución en el área alemana: Austria y Prusia

Los acontecimientos en Francia tuvieron una gran repercusión en Viena donde un


levantamiento logró, en marzo, la caída de Metternich. El emperador Francisco I tuvo que ceder
a la elaboración de una Constitución de carácter liberal, al reconocimiento del sufragio universal
y al fin de la servidumbre campesina. Al mismo tiempo se produjeron levantamientos
nacionalistas en los territorios italianos del Imperio y en Hungría donde llegó a formarse una
república independiente. Esto supuso la abdicación del emperador, sustituido por Francisco José
I. Sin embargo, fue el inicio de la reacción conservadora que acabó con gran parte de las cesiones
a los liberales y aplastó la revuelta húngara e italiana.

Las noticias del levantamiento vienés prendieron la mecha de la revolución en Prusia y en otros
Estados alemanes. En Berlín, los sublevados consiguieron que Federico Guillermo IV prometiera
libertades y una Constitución, previa convocatoria de una Asamblea Nacional. Otros soberanos
alemanes tuvieron que seguir el mismo camino. Además de la apertura liberal en Alemania la
cuestión nacional, la unificación del país, tomó un carácter prioritario. En mayo se inauguró el
Parlamento Alemán de Fráncfort con graves disensiones sobre el futuro gobierno de Alemania,
monárquico o republicano, y sobre la inclusión o no de Austria. Este organismo fue incapaz de
articular propuestas y no contó con el respaldo de Prusia ya que Federico Guillermo IV, tras la
reacción en Viena, decidió disolver la Asamblea Nacional y dejar de prestar apoyo al Parlamento
de Fráncfort, lo que supuso el fracaso del primer intento de unificar Alemania.

2.3.3. La revolución en el área italiana

En 1847 tanto el Papa Pío IX como el rey Carlos Alberto de Saboya habían iniciado reformas de
carácter liberal. Al año siguiente, la situación se desbordó por los acontecimientos en París y
Viena, e incluso antes, en Nápoles, se había promulgado una Constitución liberal. En el norte
tanto los ducados como los territorios de Lombardía y el Véneto se sublevaron contra Austria.
Carlos Alberto intentó aprovechar este momento para unificar Italia entorno al reino del
Piamonte. Incluso los levantamientos alcanzaron a la propia Roma, donde se proclamó la
Republica, y el Papa tuvo que huir. Sin embargo, la reacción austriaca abortó el intento de
unificación nacional con la victoria de Cuztozza, que provocó la abdicación de Carlos Alberto en
su hijo Víctor Manuel II. Austria volvió a controlar el norte de Italia, mientras las tropas francesas
de Luis Napoleón restablecían el poder papal en Roma.

3. El nacionalismo
Junto al liberalismo, el nacionalismo fue la ideología que luchó contra el orden establecido por
la Restauración. El movimiento nacionalista consideraba a la nación como una comunidad
soberana con derecho a formar un Estado. La vieja lealtad de los súbditos al monarca se
transformó en lealtad de la ciudadanía a la nación. Los ciudadanos pertenecían a una
determinada comunidad nacional en función de su cultura, lengua o costumbres, pero también
por su voluntad de sentirse miembros de la misma. El nacionalismo, fue, al principio, la ideología
de minorías intelectuales influyentes, pero a partir de 1848 se transformó en un verdadero
movimiento de masas.

RASGOS DEL NACIONALISMO

• Sentimiento colectivo de pertenencia a un grupo.

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• Vinculación por la raza, lengua, cultura e historia.

• Expresión en el Romanticismo, opuesto al racionalismo.

• Defensa del derecho a la independencia de los pueblos.

• Reivindicación de los movimientos liberales.

No obstante, el nacionalismo no fue un movimiento homogéneo, sino que se dividió en dos


grandes vertientes:

-El nacionalismo progresista: de raíces liberales, que insistía en la liberación de los pueblos de
las tiranías imperiales, que tenía una concepción subjetiva y voluntarista de la nación, por la cual
eran los individuos de una comunidad los que manifestaban su voluntad de convertirse en
nación y por lo tanto ejercer el derecho de autodeterminación. Esta concepción tuvo especial
predicamento en Francia e Italia, con Mazzini como gran figura.

-El nacionalismo conservador: para el que las naciones no se formaban por la voluntad de los
ciudadanos, sino que existían previamente de forma objetiva y se manifestaban en unos rasgos
culturales, lingüístico o incluso raciales singulares. Esta concepción orgánica de la nación fue la
de filósofos ale

3.1. La unificación italiana

A principios del siglo XIX, Italia sólo era un concepto geográfico y cultural ya que estaba formada
por numerosos Estados y buena parte de su territorio estaba dominado por el Imperio Austriaco.
Tras el Congreso de Viena y la vuelta al Antiguo Régimen, aparecieron numerosos grupos que
propugnaban tanto el liberalismo como la unificación de Italia en un solo Estado. Entre ellos
destacaron las sociedades secretas, especialmente los carbonarios de Mazzini. Además, surgió
un movimiento cultural, Risorgimiento, que abogó por la unificación, apoyando las políticas que
condujeran a ese objetivo. Sin embargo, las sucesivas oleadas revolucionarias fueron aplastadas
por las fuerzas de la reacción, sustentadas por Austria.

Tras el fracaso del intento unificador de 1848, el nuevo rey de Piamonte, Víctor Manuel II, junto
a su primer ministro Cavour pusieron las bases de la unificación al convertir al reino en un Estado
liberal, dotarlo de una economía fuerte y conseguir de unas alianzas internacionales y un ejército
capaz de derrotar a Austria. Las fases del proceso unificador fueron:

-La guerra contra Austria de 1859: gracias a la alianza con Napoleón III de Francia (al que
cedieron los territorios de Saboya y Niza) los piamonteses derrotaron a los austriacos en
Magenta y Solferino. Con la paz, el Piamonte obtuvo Lombardía, mientras que los ducados del
norte y centro de Italia, así como parte de los Estados Pontificios (La Marca) se unieron,
mediante referéndum, a la monarquía de Víctor Manuel para formar el Estado italiano.

-El Reino de las Dos Sicilias: el revolucionario Garibaldi, al frente de los mil camisas rojas, partió
en 1860 para apoyar a los campesinos sicilianos frente a los Borbones napolitanos. En una rápida
campaña conquistó el reino y lo cedió al nuevo Estado italiano.

-Alianza con Prusia: los italianos consiguieron el Véneto gracias a la victoria prusiana frente a
Austria en 1866 y Roma (protegida por las tropas de Napoleón III) fue ocupada tras la derrota
francesa en 1870.

En 1870 se había formado definitivamente el Estado italiano, con capital en Roma. No obstante,
la unificación trajo graves problemas: había quedado incompleta, porque los territorios,

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denominados irredentos, de Trento y Trieste seguían en manos austriacas; el Papa no aceptó el
nuevo Estado y se consideró prisionero en el Vaticano; y existían enormes diferencias
económicas entre el norte rico e industrial y el sur atrasado.

3.2. La unificación alemana

Tras la disolución del Sacro Imperio (Reich) y su sustitución por la Confederación germánica, tras
el Congreso de Viena, el espacio alemán quedó dividido en treinta y nueve Estados presididos
por el emperador austriaco. No obstante, la preponderancia austriaca se vio contestada por el
auge de Prusia. El Estado prusiano era el más dinámico de la confederación y había
experimentado un fuerte crecimiento económico, a partir de la década los treinta,
especialmente con la creación del Zollverein. Pese a todo, Prusia seguía siendo un Estado
conservador, donde los junker, nobles terratenientes, dominaban la política y el peso del
militarismo seguía siendo decisivo.

Tras el fracaso del intento unificador de 1848, un giro decisivo fue la designación de canciller,
por parte del rey Guillermo I, de Otto von Bismarck en 1862. El que más tarde fue conocido
como “canciller de hierro”, tuvo como objetivo la unificación de Alemania, pero bajo la
hegemonía prusiana y sin la participación de Austria. Fue la victoria de los partidarios de la
“pequeña Alemania”, frente a los que abogaban por la “gran Alemania”. Para ello no dudo en
propugnar la unión “con el hierro y la sangre” impulsando la mejora del ya formidable ejército
prusiano. Su objetivo se consiguió en varias fases:

-Guerra de los Ducados: en 1864, una coalición de prusianos y austriacos arrebató a Dinamarca
los ducados de Holstein y Schleswig.

-Guerra con Austria: en 1866, las disensiones en el reparto de los ducados sirvieron de pretexto
a Bismarck para entrar en conflicto con Austria, a la que apoyaron la mayoría de Estados
alemanes. Pero la decisiva victoria de Sadowa sentenció la hegemonía prusiana en el norte del
país, formando la Confederación de Alemania del Norte.

-Guerra con Francia: en 1870, para atraer a los Estados del sur, católicos y vinculados con
Austria, Bismarck buscó una causa común, el conflicto con la Francia de Napoleón III. Una disputa
sobre el trono español sirvió a los objetivos bismarckianos. La guerra fue corta y victoriosa, tras
la batalla de Sedán, los franceses se derrumbaron y tuvieron que ceder Alsacia-Lorena a
Alemania. En medio de la euforia, quedó proclamado el II Reich con Guillermo I como káiser.

4. La Europa romántica
El movimiento artístico y cultural del romanticismo estuvo muy relacionado tanto con el
nacionalismo como con los movimientos liberales y revolucionarios, pero incluso también hubo
un romanticismo conservador que exaltaba la tradición y el legado del Antiguo Régimen. El
movimiento romántico surgió como reacción a los ideales ilustrados y entre sus características
se pueden destacar:

-Rechazo a la razón como el único medio para conocer la realidad. Por el contrario, los
románticos reivindican los sentimientos y la imaginación.

-Visión idealista del mundo que empuja a los románticos a una búsqueda constante de la
libertad, de lo bello, del progreso,… pero que muchas veces, al no verse satisfecho, lleva a la
frustración.

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-Interés por la tradición y la cultura de los pueblos: su lengua, su literatura, su historia
particular. Este fue uno de los elementos esenciales que unió al Romanticismo con el
movimiento nacionalista.

-Puesta en valor del periodo medieval frente a la exaltación de la época grecorromana que
había hecho la Ilustración.

-Búsqueda de lo exótico, lo lejano, lo irracional y lo misterioso, como forma de evadirse de la


realidad.

El romanticismo abarcó todos los ámbitos culturales y artísticos, aunque su fuerza se hizo sentir
sobre todo en la literatura, la música y la pintura. Escritores románticos, como Lord Byron,
llegaron a participar directamente en movimientos nacionalistas, y en su caso murió por la causa
griega. Por otro lado, Goethe impulsó la cultura común alemana y Víctor Hugo se implicó
decididamente en la política francesa. En la música Schumann, Schubert o Chopin canalizaron
perfectamente los sentimientos románticos en sus obras, al igual que en la pintura lo hicieron
Friedrich, Géricault o Delacroix.

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VOCABULARIO

-Autodeterminación: derecho de los pueblos a constituirse como Estado soberano.

-Carta Otorgada: ley fundamental «otorgada» por el monarca. Concedía algunos derechos
ciudadanos y cierta representación parlamentaria. A mitad de camino entre el parlamentarismo
y el absolutismo, sirvió de referente para algunos sectores conservadores y liberales moderados.

-Confederación Germánica. Napoleón había liquidado, en 1806, el viejo Sacro Imperio Romano
Germánico. En 1815, el Congreso de Viena estableció una unión que agrupó a treinta y nueve
Estados alemanes soberanos en una confederación liderada por Austria, pero en la que Prusia
ejercía un pujante peso político, económico y territorial.

-Estado: entidad política, social y jurídica constituida por un territorio, un pueblo y un


ordenamiento jurídico superior (Constitución o Ley fundamental).

-Independencia Iberoamericana. Entre 1810 y 1824 se independizaron los territorios españoles


y portugueses en América. Los criollos, americanos descendientes de europeos, dirigieron un
proceso de independencia en el que destacaron las figuras de «libertadores» como Simón
Bolívar o José San Martín.

-Sufragio censitario: también denominado restringido, limita el derecho al voto y a ser elegido.
Solo los que aportaban una cierta cantidad tenían derecho al sufragio. Aunque, a veces,
también el nivel educativo fue utilizado para restringir el derecho al sufragio. Fue característico
de los primeros regímenes liberales y parlamentarios.

TEXTOS
Art. I. Conforme a las palabras de las Santas Escrituras, que ordenan a todos los hombres mirarse como
hermanos, los tres monarcas contratantes permanecerán unidos por los lazos de una verdadera e
indisoluble fraternidad y se considerarán como patriotas, se prestarán en toda ocasión y en todo lugar
asistencia, ayuda y socorro […].

Art. II. En consecuencia, el único principio en vigor, ya sea entre dichos gobernantes, ya sea entre los
súbditos, será el de prestarse recíprocamente servicio […]

Tratado de la Santa Alianza, París, 1815.

¿Quiénes eran los liberales? Se veían a sí mismos como herederos de la Revolución francesa en su fase
moderada, antes de los espantos del Terror. Nutrían sus filas con la alta burguesía industrial y financiera,
con oficiales de las fuerzas armadas y, sobre todo, con una clase media de universitarios, escritores y
profesionales que, además, irían evolucionando rápidamente hacia actitudes democráticas.

Sánchez Mantero R., Siglo XIX Historia de la Humanidad.

La Joven Italia es la hermandad de los italianos que creen en una ley de progreso y de deber; estos,
convencidos de que Italia está llamada a ser una nación, de que puede hacerse con sus propias fuerzas; de
que el fracaso de las tentativas pasadas proviene, no de la debilidad, sino de la insignificante capacidad
de mando de los elementos revolucionarios; de que el secreto de la fuerza está en la constancia y en la
unidad de los esfuerzos, íntimamente asociados en la gran tarea de hacer de nuevo de Italia una Nación
Unida, Independiente y Soberana de ciudadanos libres e iguales […]. Por nación entendemos la
universalidad de los italianos, establecida por un pacto común y gobernados por las mismas leyes.

G. Mazzini, Manifiesto fundacional de la joven Italia, 1831.

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PERSONAJES

John Stuart Mill (1806-1873) Filósofo, político y economista británico. Por su gran inteligencia
destacó pronto en los negocios e inició una carrera política que le llevó a la Cámara de los
Comunes, en la que defendió los derechos de las mujeres y de las clases más desfavorecidas.
Impulsó la causa de la democracia y el reformismo. En su obra Principios de economía política,
siguió las doctrinas de la economía clásica, pero los reforzó con un contenido más social, ya que
se preocupó de una mejora en el reparto de la renta.

Giuseppe Garibaldi (1807-1882). Revolucionario y militar, participó en numerosas aventuras


bélicas y luchó contra los austriacos en 1848. En 1860, al frente de un ejército, los «camisas
rojas», se apoderó de Sicilia y más tarde, entró en Nápoles. Pese a sus ideas republicanas, cedió
estos territorios a Víctor Manuel II.

Giuseppe Mazzini (1805-1872). Intelectual liberal y nacionalista. Fundó la asociación


nacionalista Joven Italia que propugnaba un Estado italiano de carácter republicano. Participó
activamente en los movimientos antiaustriacos.

Camillo Benso, conde de Cavour (1810-1861). Político liberal y monárquico, primer ministro de
Piamonte. Con su política internacional atrajo a la Francia de Napoleón III contra Austria y apoyó
a Garibaldi en su expedición siciliana.

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