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La evolución del hombre: sus necesidades de sobrevivencia y crecimiento

La humanidad es la consecuencia de una progresiva acumulación de hechos, cuyo origen es la


capacidad de generar comportamientos diferenciados originados en nuestros cerebros. La humanidad como
hecho cultural, es la resultante de la evolución de la capacidad cerebral de los seres humanos.

La ingeniería, como actividad humana, tiene un protagonismo esencial en esa evolución.

Sobrevivir, es el primer deseo de una persona y fuente de la existencia de todo ser humano.

Hace 400.000 años para el Homo Erectus, el dominio del fuego fue la base para su alimentación y la
sobrevivencia era una respuesta de carácter biológico.

Hoy la sobrevivencia es de carácter socio-económico, para lo cual el cerebro del hombre se ha ido adaptando
hasta lograr dominar el lenguaje y la tecnología.

Desde el deseo de “sobrevivir” asegurando su alimentación hasta la voluntad de producir e intercambiar


bienes y servicios; el cerebro humano ha ido mutando sus criterios de valor, como consecuencia de complejos
cambios culturales.

El fuego fue un recurso productivo y defensivo; con ello mejoró la capacidad de alimentación y de
perpetuación de la especie, al evitar el ataque de los animales. Al asegurarse esa forma elemental de
sobrevivencia, se abrió la posibilidad de pensar en su crecimiento.

En esta necesidad de crecimiento, el hombre dio origen a la creación de los “artefactos”. Todo aquello que
nace de su imaginación y del pensamiento del ser humano, aquello que no existe en la naturaleza. Hoy
vivimos rodeados de artefactos, creaciones humanas resultantes de su ingenio.

El hombre para crecer, sin saberlo todavía, se transformó en “ingeniero”. Usando su ingenio, su potencial
cerebral. Mostrando su capacidad de crear, de transformar la naturaleza y por ende de desarrollarse en base
a la producción de lo “artificial”.

La creación de “artefactos” actuó como facilitadora de la sobrevivencia. La ropa, la maza, la rueda, la


escritura, la siembra, la construcción de viviendas, el camino, la agricultura, todas son manifestaciones de la
mente humana, trasformadas en artificios creativos que garantizan la sobrevivencia y permiten el
crecimiento.

Estas creaciones como manifestaciones de la vocación ingenieril del hombre primitivo, fueron resultado de
su acción en comunidad. Son muestras de la cooperación y de la acción colectiva.
La sobrevivencia y el crecimiento del hombre siempre han requerido dos cosas: la capacidad para generar
“artefactos” y gente para su construcción. Lo individual y lo colectivo, absolutamente inseparables, explican
la evolución humana.

La Historia de la ingeniería

Se reconoce, que a pesar de las manifestaciones tempranas de la ingeniería en el comportamiento humano


primitivo, su desarrollo se inicia con la era agrícola (Año 8000 a.C.), cuando los hombres dejaron de ser
nómades y vivieron en lugares fijos para poder cultivar la tierra y criar animales que le servían de alimento.
(UNESCO, 2010)

Hacia el año 4000 a.C., con los asentamientos alrededor de los ríos Nilo, Éufrates e Indo, aparecen
poblaciones estables y comunidades en crecimiento. Con ello la primera demanda de ingeniería fue la
protección de las mismas, creando “muros protectores”. Luego la necesidad de asegurar las cosechas,
plantearon la conveniencia de mejorar la “irrigación de los terrenos”. Esas mejoras hicieron atractivas su
conquista por otras comunidades y con ello los primitivos “ingenieros civiles”, personas dedicadas a construir
artefactos que aseguraban la sobrevivencia, se transformaron en “ingenieros militares”; pensando no sólo
en como crecer sino como defender propiedades y poblaciones.

En cada cultura hay numerosas muestras de esas acciones, obras que en muchos casos han trascendido en
el tiempo, y hoy son “maravillas de la humanidad” y lugares turísticos por excelencia.

En la civilización egipcia, el muro de Menfis y la Gran pirámide de Guiza en reconocimiento al faraón Keops,
una construcción de base cuadrada de 230 m de lado y de 146 m de altura. Una proeza de la ingeniería y que
se estima se construyó en un período de casi veinte años.

En la Mesopotamia, región al norte del actual Irán, en el delta de los ríos Tigris y Eufrates, los sumerios
construyeron murallas para ciudades y templos y canales de irrigación de sus tierras. La ciudad de Babilonia,
es el mejor ejemplo de esas construcciones y de esa evolución que se transformó en centro de la civilización.
Luego fue conquistada por los asirios, un pueblo guerrero, que aprovechó esa primitiva capacidad de
ingeniería existente para construir las primeras armas usando el hierro, creando los carros de asalto y el
ariete, una viga gruesa con una cabeza metálica que se usaba para abrir una brecha en las murallas rivales.

Hacia el 1.400 a.C, el foco de la civilización pasó a Grecia, primero en la isla de Creta y luego en Mecenas. Allí
se perfeccionaron las formas constructivas que existían en Medio Oriente. Con el tiempo se mejoró el
conocimiento de la geometría y la construcción de la Acrópolis, donde sus vigas de mármol estaban
reforzadas con hierro forjado, un imponente antecedente constructivo de la historia. El Partenón, primer
templo con sus formas curvas, obra de los “arquitectos” griegos: Fidias, Ictino, Calícrates y Pheidias. Con los
griegos, Platón, Aristóteles y Arquímedes se sientan las bases de la ciencia que luego serán utilizadas tanto
por los físicos como los ingenieros.

Los romanos avanzaron fuertemente en el dominio de los materiales pasando de la argamasa al hormigón y
con ello generaron obras de ingeniería de orden civil: caminos, acueductos, puentes, edificios, construcciones
que en el tiempo le permitieron consolidar un imperio, donde se podían trasladar y vivir con protección y
seguridad, como nunca había ocurrido en el pasado. La manifestación más imponente de esas obras es la Via
Apia, que en su origen tenía una extensión de 212 km, y que conectaba el Foro romano con la ciudad de
Capua, cerca de Brindisi, puerto que conectaba con el Medio Oriente. La infraestructura de caminos fue una
manifestación singular de la civilización romana, pero la más importante representación de su capacidad de
ingeniería, fue la construcción de acueductos. La caída de Roma se describe como el fin de la Era Antigua.
A ella le siguió un largo período, donde la ciencia y la ingeniería fueron presa del “oscurantismo” de la Edad
Media. Esa decadencia occidental, nos llevaría a seguir esta historia mirando a Oriente. Y allí encontraremos
una vez más el esplendor de las construcciones bizantinas de Estambul, los templos de la India y las
construcciones en China. Sólo el aporte del genio de Leonardo Da Vinci, nos reubica en la evolución de la
Ingeniería occidental, ya por el 1500.

Este relato histórico, ¿Qué nos demuestra? Varias cosas. Una, que la evolución de la civilización y la sociedad
siempre estuvieron acompañada de los avances y creaciones del intelecto, entre ellas, las obras de ingeniería.

Segundo, que la ingeniería es emergente y constituyente del desarrollo humano. Esto lo vimos en los
ejemplos de la antigüedad y lo comprobamos en el presente. Cada evolución política, económica y social está
acompañada de “artefactos” que resultan ser manifestaciones de la creación del ingenio humano.

Finalmente, los resultados de la ingeniería son obras del comportamiento humano. No hay obra de
ingeniería, que no sea la resultante de un grupo de hombres. No hay proyectos de la individualidad. Cuando
estos aparecen, son obras de arte, pero no de ingeniería. La ingeniería es una resultante de la labor conjunta
de los hombres.

Por ello, no es viable pensar en un ingeniero que no contemple en su formación y en su desempeño la


imperiosa necesidad de comprender el comportamiento humano, como la esencia de su acción creativa.

Tomado de: LA INGENIERIA Y EL COMPORTAMIENTO HUMANO EN LAS ORGANIZACIONES Ing. José


Luis Roces