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CIVILIZACIONES DESAPARECIDAS :

MISTERIO DE CIVILIZACIONES DESAPARECIDAS-CIVILIZACIONES DESPARECIDAS-MISTERIOS DE


CENTROAMERICA-CULTURAS ANDINAS,EL ORIGEN-CULTURAS CENTROMERICANAS,EL ORIGEN-EL MISTERIO
MAYA-MISTERIOS DE LA MITOLOGIA AZTECA-INCAS Y OVNIS-LOS MAYAS Y LA CONSPIRACION DE LA NASA-
RUZO Y LA CRONOLOGIA DE MARCAHUASI-ATLANTIDA,ALGUNAS RESPUESTAS-ATLANTIDA,AMERICA Y
DESCUBRIMIENTOS-ATLANTIDA EN AMERICA Y LA BIBLIA-ATLANTES Y LA HISTORIA SEGUN BRUCE-LA
ATLANTIDA,EL DILUVIO Y OTRAS CUESTIONES-NAZCA RESUELTO-El Misterio de Stonehenge-EL MISTERIO
FAWCETT EN EL AMAZONAS-MISTERIO DE ESFINGE,RESUELTO-PIRAMIDES DE EGIPTO,MISTERIO REVELADO-LA
TEORIA PIRAMIDAL-MISTERIOS DE ELEUSIS-MISTERIOS DE PASCUA,KARNAC,STONENGE Y ZIMBAWE-
MISTERIOS DE COLON Y TIERRAS PERDIDAS-MISTERIOS EGIPCIOS DE PIRAMIDE Y TUTANKAMON-Misterios del
Sahara-LOS LUGARES MAS MISTERIOSOS DE LA TIERRA-MISTERIOS DEL PASADO(CH.BERLITZ)-LEMURIA MONTE
SHASTA EN ESOTERISMO.

MISTERIO DE CIVILIZACIONES DESAPARECIDAS :

Algunos hallazgos arqueológicos sorprendentes, que ya hemos expuesto


en los capítulos anteriores, y tan desligados de nuestra cultura y
técnicas actuales, nos inducen a creer que, de ninguna manera, los
logros de nuestra civilización actual pueden concebirse como resultado
o evolución de aquéllos. Parecen ser productos de distintos
desarrollos humanos, y por lo mismo, de distintas humanidades. Nos
situamos así a las puertas de admitir la posibilidad de distintas
destrucciones sucesivas de los grupos humanos que han ido poblando y
dominando el globo terrestre desde que en él existieron condiciones
favorables para la vida. Probablemente esas destrucciones o
aniquilamientos se han ido debiendo a causas diversas: trastornos en
la rotación de la Tierra, cataclismos, diluvios (de los que existen
numerosas referencias en la historia antigua y en las leyendas y
tradiciones sagradas), e incluso ensayos de apocalipsis con resultados
más o menos totales. Es decir, la humanidad se ha encontrado muchas
veces al borde del abismo de su destrucción, más o menos total, más o
menos definitiva, y ha caído en él.

Solamente restos dispersos y de difícil interpretación son el motivo


para estas consideraciones: ruinas misteriosas que no encajan en los
esquemas de la ar-queología; objetos sorprendentes que evidencian una,
técnica que en nuestra lógica y en nuestra historia del desarrollo
humano -de nuestro desarrollo- no tienen cabida; concepciones
filosóficas del universo y conocimientos asombrosos que han quedado
relegados al rin-cón último del acervo colectivo de los pueblos en
todos los lugares de la Tierra. Todo ello es difícilmente explicable a
la luz de los conocimientos actuales acerca de la verdadera historia y
de los recursos.con que nuestros antepasados contaron. Sin hablar de
la Atlántida y de otros continentes perdidos, que son objeto de otro
libro en esta misma colección, y cuya importancia y realidad ya pocos
ponen en duda, existen innumerables ejemplos, que están ahí, que
podemos contemplar y sobre los que podemos lanzar un poco la
imaginación con el afán de desentrañarlos.

Como si en nuestro planeta existiera una dinámica de extraño


equilibrio, parece que en lapsos de siglos, o de miles de siglos,
desaparecen continentes enteros o gran parte de ellos, a la vez que
emergen desde las profundidades oceánicas tierras nuevas que antes
fueron sólo ocupadas por la oscuridad de los abismos. Pero siempre
queda en pie, sobre la superficie, un ejemplo mínimo de lo
desaparecido; o el grado de conocimiento que alcanzaron los hombres
que dejaron de ser queda diseminado por los demás continentes,
integrado en la parte mágica y legendaria de las otras culturas
sobrevivientes, como si el continente que desapareció hubiera
salpicado en su zambullida al resto del planeta. Es una balanza de
brazos extensos que oscila no sabemos por qué impulso. Y la oscilación
no es solamente real.

Traduzcamos los continentes desaparecidos y empleemos mejor el término


civilización, y pensemos que en este caso no fue el océano quien
engulló una isla con sus

habitantes y cuanto éstos habían conseguido, material e


intelectualmente, durante su propio progreso, sino otra causa poderosa
levantada por los mismos hombres.

La idea es que los grupos humanos van expandiendo su mundo:


´progresando,creando,

descubriendo y descubriendose,hinchando el globo hasta que ya, no cabe


más y se produce el estallido y la desaparición. Los historiadores
suelen ser en muchas ocasiones también filósofos; pero pocas veces
poetas. Parten siempre de

algún hecho real que se puede analizar, aunque no se comprenda. Haría


falta también la fantasía (aceptada en su significado lato de
elaboración de un conjunto de

imágenes aparentemente dispersas) para llegar a los orígenes probables


de los acontecimientos. Hubo otras civilizaciones, de eso no cabe
duda. Se originaron no se

sabe dónde ni cómo; fueron desarrolladas por seres humanos cuyo origen
desconocemos en la mayoría de los casos, y desaparecieron por causas
que para nosotros están sumidas en el misterio.

* Los gigantes de la isla de Pascua :

Quizá el ejemplo gráfico de cuanto venimos exponiendo lo constituya la


isla de Pascua, una mota mínima en la inmensidad del Pacífico, a la
que los historiadores

tradicionalmente no otorgaron más valor que el de ha-ber servido de


punto de escala en unas posibles migraciones intercontinentales. Como
el viaje desde Nueva Zelanda hasta la costa de América del Sur, por
ejemplo, parecía muy largo, convino que la isla de Pascua supu-siera
una escala. Y tal vez eso fue así. Sin embargo, el islote representa
en la historia humana mucho más que un descanso en la navegación,
donde reparar las balsas o los barcos y proveerse de agua y alimentos.

Cuando el holandés Roggeeven descubrió el islote en 1772 (en realidad


ya había sido explorado con anterioridad por algún otro navegante
menos conspicuo, que no se sobrecogió en absoluto ante nada de lo que
allí se encuentra) habitaban Pascua dos comunidades antropológicamente
distintas: una mayoría de los indígenas eran de poca estatura y
morenos, y ,los demás, de piel clara y estatura más elevada. No se
habían mezclado, o por lo menos no de una manera uniforme, aunque
habían sido frecuentes los matrimonios mixtos. De su historia, ambos
grupos conservaban apenas vesti-gios en forma de creencias y leyendas.
Su vida allí resultaba miserable por la escasez de recursos que ofrece
la isla. Por ello, la primera pregunta que se formularía Roggeeven y
desde luego la primera que nos planteamos nosotros es cómo habían
llegado hasta aquel lugar perdido en el Pacífico y por qué, y de qué
grupo o grupos humanos descendían.

La isla es .muy pequeña: 118 km2 rodeados de escollos y de costas


difíciles, cubiertos de rocas volcánicas, sin árboles, inhóspitos y
desolados. Lo más opuesto a un paraíso. Prácticamente inhabitable, una
roca casi desprovista de vegetación, un punto invisible en los mapas a
27 grados de latitud norte y 109 de longitud oeste. Dista 3.600 km. de
la costa de Chile (país al que pertenece), algo más de 3.000 de las
costas de Perú, y más de 6.000 km. de Nueva Zelanda. Su aislamiento
es, por lo tanto, total y dramático. Los pocos miles de habitantes que
halló el navegante holandés fueron muy mermados cuando los piratas
mercaderes de esclavos los rescataron de su encierro en el océano para
ponerles las denigrantes cadenas de hierro del trabajo en el
continente.

Lo que más sorprende en Pascua son los «moais», irnponentes estatuas


de piedra volcánica, fabricadas en una sola pieza y colocadas junto a
la costa, en todo el contorno de la isla, como si de vigías se
tratara. Las figuras representan enormes cabezas de rasgos muy
acusados y grandes orejas, todas iguales, y miden entre casi 4 y 20 m.
de altura. Su peso se calcula entre 10 toneladas (las más pequeñas)
hasta 50 toneladas. En total existen 550 estatuas, erguidas y lejanas
todas (algunas hasta 15 kilómetros) del lugar en que fueron talladas,
unos cráteres en el interior. Se cree que todas ellas debieron estar
tocadas con un amplio sombrero, tallado en piedra distinta a la de la
figura y de peso también considerable. Según los arqueólogos, debieron
ser reálizadas y transportadas cada una al lugar de su emplazamiento
hace sólo cuatro siglos y poco más, en 155;0. ¡550 estatuas, de varias
toneladas de peso. cada una, talladas en un breve espacio de tiempo
con instrumen tos primitivos y transportadas después a través de
kilómetros de territorio accidentado sin medios para ello!

En este punto se nos ocurre el mismo problema con el que se


enfrentaron los egiptólogos, al tratar de explicarse y explicar de qué
procedimiento se valieron para transportar los enormes bloques de
piedra desde las canteras hasta su emplazamiento definitivo en las
pirámides. Si en el caso de Egipto puede pensarse en muchos miles de
esclavos que unieran sus fuerzas en tan colosal trabajo, en Pascua no
es válida esa hipótesis, pues faltó espacio físico y los recursos
naturales de la isla eran insuficientes para alimentar más allá de dos
o tres mil personas. ¿O es que les traían los alimentos de fuera?
Admitiendo que fuera así, ¿de dónde? En cualquier caso resulta absurdo
a nuestro criterio elevar tantas estatuas -tanto esfuerzo- solamente
para que estén allí. En las canteras quedaron abandonadas muchas
figuras sin terminar; a su alrededor se encontraron los instrumentos
de piedra con los que estaban siendo talladas. ¿Qué sucedió,
súbitamente, para que fuera abandonado el trabajo?

Las tradiciones y leyendas de los pascuenses son muy vagas y parecen


referirse a otros anteriores pobladores del islote. Los arqueólogos
proponen que hubo allí, al menos, tres culturas sucesivas. Unas
tablillas con geroglíficos, muy anteriores al tiempo en que fueron
tallados los «moais» no han. podido ser descifradas, pero es seguro
que pertenecen a una cultura distinta. Cuentan los indígenas actuales
que los primeros pobladores del islote llegaron procedentes de otra
isla mucho más al sur, que se hundió hasta desaparecer. Posteriormente
-son datos extraídos de leyendas- vinieron del cielo unos hombres de
grandes orejas, que se asentaron en un extremo de la isla y tuvieron
descendencia con mujeres de «orejas cortas» (los pobladores que habían
llegado antes). Concluye la leyenda que las relaciones no fueron nunca
buenas y, en una guerra, la mayoría de los «orejas grandes» fueron
exterminados. Los que sobrevivieron, un día, desaparecieron tras una
gran explo-sión, en algo que volaba.

Eufemísticamente, lo que las tradiciones vienen a contarnos es ni más


ni menos que las luchas que sostuvieron los dos pueblos, seguramente
por un motivo muy simple y, a la vez, muy poderoso: la escasez de
recursos ante el superpoblamiento del islote. Pero quedan en pie las
incógnitas más importantes: ¿Quiénes fabricaron los «moais»? ¿Cómo los
transportaron hasta su emplazamiento? ¿Qué misión tenían? (No nos
digan qae eran objetos de culto.) Y, si los actuales habitantes nada
tienen que ver con quienes construyeron las estatuas, ¿de dónde, por
qué y cuándo vinieron éstos? Es un enigma reciente. Lo que sucedió en
Pascua tuvo lugar entre 1550 (fecha de antigüedad de los «moais») y
1772 (año en que la isla fue oficialmente descubierta. Desde entonces
ha sido visitada con asiduidad.) 222 años terribles en una diminuta
isla del océano Pacífico, que tal vez supongan un ensayo injustificado
y extraordinariamente cruel del apocalipsis definitivo.

* Esa gran manzana con gusanos :

Pues sí; puede parecer mentira o exageración. Pero nuestro planeta es


como una enorme manzana perforada por una legión de gigantes gusanos
hambrientos. Sus entrañas están surcadas por misteriosas galerías que
recorren el subsuelo de un lado a otro de acuerdo a un plan
determinado que por ahora desconocemos. Ya vimos, al tratar del viaje
fantasma del almirante Byrd al interior de la Tierra, cómo existen
unas creencias en el Tibet, según las cuales una serie de galerías
ponen en comunicación las dos cortezas del globo, la de dentro y la
externa, que es la que conocemos nosotros. En Pascua se encontraron
también unos túneles que desde el interior de la isla llegaban hasta
el mar; pero se cree que, en la época en que debieron desarrollarse
allí los desconcertantes acontecimientos a los que nos hemos referido,
esos túneles debieron poseer alguna utilidad: comunicar la isla de los
«moais» con otra, u otras islas,

por ejemplo. Muchas culturas encierran en su acervo más primitivo


creencias y leyendas de galerías que comunicaban, por debajo de los
mares y las tierras, países y continentes. Por ellas podían viajar
incluso caravanas, y personajes muy significativos de sus mitologías
llegaron o desaparecieron temporalmente o para siempre por allí.

Cuando Francisco Pizarro conquistó Perú y llevó a cabo el transporte


de oro más voluminoso y valioso de la historia de la humanidad, desde
el imperio incaico hasta Sevilla, se supo que, no obstante la inmensa
riqueza obtenida por el rescate del último emperador, Atahualpa, a
quien después mataron ignominiosamente en lugar de liberarlo, lo más
importante de su tesoro y lo de más valor también quedó oculto en un
túnel que comunicaba las dos grandes ciudades del imperio: Cuzco y
lima. El túnel no pudo ser hallado. Nadie conocía sus entradas ni su
recorrido; porque solamente un inca de cada generación era el poseedor
del secreto (en este caso, la esposa de Atahualpa, que se suicidó). El
túnel estaba además taponado con escombros que ocupan algunos
kilómetros y sembrado de trampas mortales. Después, ya en nuestros
días se han descubierto vestigios y se ha obtenido información
suficiente para poder afirmar que en el subsuelo de gran parte de la
cordillera de los Andes se guarda una red de galerías que comunican
Lima con Cuzco, la frontera de Bolivia y las selvas amazónicas. Todos
estos túneles tienen sus entradas taponadas por miles de toneladas de
piedras y camufladas de tal manera que solamente basándose en
referencias muy antiguas se han conseguido encontrar. Los mismos
incas, en la época de su gran imperio, y los indígenas peruanos
posteriormente, afirmaron que las galerías habían sido construidas
miles de años antes por un pueblo de gigantes que desarrolló allí una
impor-tante cultura y que luego, no se sabe cómo, desaparecieron.

También, existen túneles en Asia, y muchos: cerca del Himalaya, en las


inmediaciones del valle de Cachemira y hasta las proximidades del
Tibet, pequeñas aber-turas en las laderas de las montañas dan lugar a
breves galerías que después confluyen formando una principal más
espaciosa que se pierde en las entrañas de la Tierra (Mercedes
Castellanos visitó algunas de ellas y publicó un trabajo muy
interesante en la revista «Mundo Desconocido»). Todas estas entradas
son en la actualidad lugares sagrados para los habitantes de la
región, y ligados a ellas existen multitud de hechos misteriosos en su
recuerdo. La cueva de Bumazuv -se cree- desemboca en el centro de
Asia. Algunos exploradores han penetrado unos kilómetros y, a su
regreso, han contado maravillas indescriptibles; otros no regresaron
jamás, o en-contraron la salida al otro lado. De la cueva de Beru se
cuentan muchas historias extraordinarias, entre ellas la aventura que
corrió el gran filósofo Abhinavagupta acompañado de sus 1.200
discípulos. Un día penetraron todos en la cueva y desaparecieron por
los caminos del infierno; no se sabe si llegaron a algún destino o
perecieron en la oscuridad subterránea, pero 1.201 rostros parecen
mirar a los visitantes desde las aristas del estrecho pasillo. Son
efecto de extrañas formaciones y rotu-ras en los bloques de piedra que
sobresalen de la pared y, con buena voluntad pueden parecer rostros.

En Grecia, y en tiempos del florecimiento de "su gran cultura, ya


existía la creencia de que habían sido unos pobladores primitivos, los
pelasgos, quienes ha-bían construido unos túneles que comunicaban las
islas del Egeo entre sí y con otros países y que ya entonces estaban
taponados. En las islas Baleares, en Menorca e Ibiza sobre todo,
siempre pervivió la tradición de que había túneles que comunicaban a
las islas entre sí y, desde Ibiza, con Malta. También en Rusia, en
California, en Hawai, en Suecia, en España (comunicando la península
con Marruecos), etc. Parece ser que la exis-tencia real de esos
inmensos túneles (inmensos en cuanto a su longitud) corresponde a una
determinada cultura envuelta en el misterio y de la que, si
descontamos las galerías y las vagas referencias guardadas en otras
culturas posteriores, no queda nada.

Pero, si admitimos -y no es tan descabellado que sea un hecho- que el


planeta está perforado por galerías que comunican unos lugares con
otros, unos continentes con otros, podemos explicar que llegaran
hombres y conocimientos idénticos a los sitios más distantes, como en
realidad sucedió. Se arguye que la travesía por túneles tan largos
sería imposible por la falta de aire respirable. Pensemos que si
existía la tecnología capaz de conseguir que las galerías fueran
trazadas (todas son artificiales), el problema de la supervivencia en
su interior debería estar resuelto. Más digna de sorpresa debe ser la
alusión o el testimonio directo a esa raza de gigantes, que es una
constante en casi todas las culturas primitivas, responsables de los
trabajos con las grandes piedras, verdaderos colosos que se
extendieron por todo el mundo. y de los que habla hasta la Biblia. Si
existieron, ¿cuándo y por qué desaparecieron como por encanto? Antes
de su aniquilamiento enseñaron a otros pueblos a trabajar los grandes
bloques de piedra y a transportarlos a su emplazamiento definitivo.
Muy poco más se sabe de ellos, salvo que se ha pretendido siempre, en
la antigüedad y ahora, relacionarlos con otros planetas, con otras
humanidades, con otros destinos. Desaparecieron de súbito, como
respondiendo a una llamada urgente, y abandonaron en la Tierra sus
obras ingentes. Fue como un soplo que borró de la superficie del
planeta a un pueblo entero.

* La Venecia polinésica y la incógnita de Marcahuasi :

Igual que desaparecieron los habitantes de Ponape, capital de un reino


que ocupó numerosas islas de Polinesia hace miles de años. Todavía hoy
se encuentran diseminados restos -ruinas- a lo largo y lo ancho de los
islotes que rodean a la isla principal donde estaba enclavada la
ciudad que hemos nombrado, Ponape, sur-cada por canales, jalonada de
templos de basalto y de grandes palacios, con un sinfín de
subterráneos, restos de viviendas y de lugares públicos y un enorme
arco de' piedra, de una sola pieza, que pesa casi 200 toneladas. La
historia de Ponape es desconocida, así como los que fueron sus
habitantes y sus orígenes. Todo allí es un misterio insondable.

El lugar recuerda a la meseta de Marcahuasi, en los Andes peruanos, a


una altura de 3.600 metros sobre el nivel del mar. En Marcahuasi como
en Ponape reina la soledad y el silencio, se palpa el abandono
fulminante de sus moradores, aunque los restos no ofrecen similitudes.
Ruzo, cuando descubrió el verdadero valor de Marcahuasi, se encontró
ante una incógnita sin solución. Los restos que allí aparecieron son
de una civilización desconocida y distinta a cuanto se puede hallar en
el resto de los Andes, en todo el continente americano y en el mundo.
La meseta está repleta de grandes pie-dras en las que, a simple vista,
no hay nada de particular, salvo la semejanza con determinados
animales por las formas o por unas tallas muy superficiales. Se pensó
que podía tratarse de un capricho de la' naturaleza.

Pero Ruzo las estudió a fondo y descubrió que cada una de las piedras
debía ser observada desde un lugar y una distancia determinados y a
una hora también determinada del día. Incluso, al utilizar cámaras
fotográficas con película infrarroja, aparecieron detalles que a
simple vista pasaban inadvertidos. Y por si esto no fuera aún
suficiente, en algunos de los grabados aparecieron figuras de animales
prehistóricos de los que hace muchos miles de años desaparecieron de
la Tierra. Y todavía más, figuras humanas pertenecientes obviamente a
otras latitudes y a otros continentes. En algu-nos detalles, las
figuras de Marcahuasi recuerdan a las piedras grabadas de Ica, de las
que, juntamente con las fabulosas pistas de Nazca, se habla en otro
libro de esta Biblioteca Básica. Pero, en conjunto suponen una isla de
conocimientos y de técnica dentro de un marco cul-tural totalmente
extraño, y cuyo carácter más acusado fue la economía de medios, porque
todo influye allí para hacer posible la observación de lo que se
repre-

senta:,la luz del sol y de la luna, la orientación y hasta las sombras


completan los trazos elementales que sirven de sustento, y el
resultado es de una perfección que asombra.

Toda la cultura megalítica que llenó los campos de Europa de


monumentos que todavía permanecen de pie y que a veces son tan simples
que sólo constan de una única piedra gigantesca, es sorprendente.. Las
tradiciones también han hecho depender los monumentos megalíticos de
una civilización desarrollada por una raza de gigantes; pero no nos
interesa a nosotros ahora fijar la mirada en esta posibilidad, sino en
el significado y la utilidad que pudieron tener esas enormes piedras
clava-das en el suelo como agujas o dispuestas en forma de mesa o
círculos. El ejemplo más completo es, con toda seguridad, el conjunto
megalítico de Stonehenge, cerca de Salisbury (Inglaterra). Centenares
de grandes piedras se hallan dispuestas de tal forma que siempre se
pensó que debían tener una especial finalidad.

A la hipótesis de lugar sagrado de reunión sucedieron otras más


tendentes a lo práctico. Alguien ha com-parado el trabajo ingente que
tuvieron que desarrollar los constructores de Stonehenge al que fue
necesario para levantar las pirámides de Egipto, proporcionalmente. La
arqueología ha cifrado la antigüedad de su configuración en los
alrededores del año 1500 antes de Cristo, y varios son los misterios
que rodean al conjunto megalítico: en primer lugar, las piedras
pertenecen a canteras que distan del lugar cuando menos una veintena
de kilómetros. Hay algunas piedras volcánicas que debieron ser
transportadas desde mucho más lejos, cientos de kilómetros. Fueron
sobre todo los estudios del profesor Hawkins los que descubrieron el
enigma de Stonehenge.

Para extraer una -conclusión, Hawkins estudió la disposición de los


bloques de piedra en el suelo,. con respecto a ellos mismos entre sí y
con respecto a los astros. Los megalitos estaban situados alrededor de
un foso circular del que la entrada estaba' fijada exacta-mente en el
puñto norte, y formaban esencialmente dos grandes círculos, el externo
de unos 100 m. de diámetro aproximadamente; 56 zanjas en el interior y
una especie de puerta que daba entrada completaban el conjunto.
Existían tantas exactitudes en las distancias, tantas proporciones,
una colocación de las piedras tan sin-gular que, por fuerza, aquello
debía tener una utilidad práctica. Se fue abriendo paso la teoría de
que se trataba de un calendario solar y lunar, que se interpretaba de
acuerdo con la entrada de los rayos a través de las distintas piedras
que componen el monumento. Fue un acierto la teoría y se comprobó
mediante computadoras: se interpreta la situación de los rayos solares
y lunares durante todo el año, se sitúan en el tiempo los eclipses de
luna e incluso está patente el hecho astronómico recientemente
comprobado de que los eclipses lunares acaecen cada cincuenta y seis
años.

¿Cómo pudieron los constructores de Stonehenge tener acceso a unos


conocimientos ~de matemáticas y de astronomía tan completos que les
permitieran plasmar con megalitos un calendario tan perfecto, hace por
lo menos 3.500 años? ¿Cuál fue la causa de que esos co-nocimientos
desaparecieran después sin ser asimilados por alguna de las culturas
que sobrevivieron? La computadora reveló a los investigadores de
Stonehenge un hallazgo asombroso sobre todos: el conjunto megalítico
era ya en sí una comnputadora solar y lanar. capaz de proporcionar a
sus intérpretes datos semejantes a los que elabora una de nuestras
computadoras de hoy.

Otro enigma de grandes piedras se halla situado en el Líbano, en los


restos de la que fue importante ciudad hace miles de años, Baalbek,
rodeada de imponentes murallas en las que se utilizó, cuando todavía
no se había inventado -según la ciencia oficial- el cemento armado. En
Baalbek sorprende todo: desde su origen, que se ignora, a su abandono,
del que no se conocen tampoco las causas ni el momento. Junto a las
ruinas de

la ciudad, los restos de lo queparece haber sido un especialísimo


aeropuerto, enorme, construido con « losetas» de piedra colosales
perfectamente ensambladas. Los habitantes de Baalbek -mejor sería
decir los responsables de aquella cultura misteriosa- fueron capaces
de tallar bloques de piedra de 750.000 kilos y desplazarlos desde las
canteras y colocarlos en donde convino a sus fines. Los bloques que
forman la muralla miden algunos 120 m., son de una sola pieza y llegan
a pesar más de 700.000 quintales. Demasiado para que pueda 'caber en
el cajón de las posibilidades de nuestro cerebro. Ni la técnica actual
más sofisticada es capaz de desplazar bloques de semejante peso.
Solamente una energía desconocida y seguramente mental, que hoy se
está discutiendo en parapsicología, la telequinesis, podría elevar
como una pluma esos pesos increíbles, en el caso de que realmente
exista.

Zimbabwe y Mohenjo-Daro, donde la vida se interrumpió en un instante :

En el interior de Rodesia se hallan las ruinas de lo que debió ser una


ciudad pobladísima y moderna. Levantada según los procedimientos de
disposición más clásicos -más humanos-, Zimbawe contenía varias zonas
bien deferenciadas: en una estaban enclavados los templos y palacios
-siempre hubo ricos y pobres, se dice- y en sus alrededores, las
viviendas comunes de los moradores, seguramente establecidas por
barrios. Todo muy normal en un concepto evolucionado de la vida
comunitaria. Grandes construcciones de piedra y de ladrillo, altas
torres, murallas ciclópeas, confortables casas, todo, absolutamente
todo fue abandonado, que no destruido, por alguna causa desconocida
para nosotros. No sabemos quiénes construyeron la imponente ciudad,
aunque los arqueólogos han determinado su fecha: entre 700 y 400 años
antes de Jesucristo.

Los pueblos indígenas de vida primitiva que todavía y desde siempre


habitan los alrededores no han recibido por tradición ninguna noticia
acerca de tan misteriosos visitantes, si es que se trató de
visitantes, o de que ningún grupo originario de la zona levantara
aquella ciudad,Un caso parecido, aunque de mayores proporciones en lo
que se refiere a su misterio, lo constituyen los restos de la ciudad
de Mohenjo-Daro, que fue edificada en una pequeña isla del río Indo,
en Pakistán. Las ruinas fueron fechadas en algo más de 2.000 años;
pero esa fecha sólo se refiere, a la última de las ciudades que fueron
construidas allí, superpuestas, y que son nada menos que siete.

Los descubrimientos arqueológicos han puesto de relieve que las siete


ciudades que ocuparon la isla del Indo permanecieron habitadas durante
miles de años cada una de ellas y que, probablemente, fueron los
mismos pobladores, el mismo pueblo, los que elevaron de nuevo los
muros y las casas en cada ocasión en que -quien sabe por qué causa- la
ciudad se vino abajo.

Debió tratarse de un pueblo muy sabio, tan evolu-cionado que dejó de


respetar a los dioses y a los aristócratas de sangre o de honor y
dinero: en ninguna de las siete ciudades superpuestas -en ninguna de
las ruinas- se ha hallado rastro de templos o de palacios.
Perfectamente trazadas, todas muestran sus espaciosas avenidas y sus
calles bien dispuestas, racionalmente, facilitando los traslados y los
accesos. Casas de varios pisos en las que se disfrutaba de agua
corriente, y por supuesto, de baño; alcantarillado y desagües que iban
a parar al río, construcciones todas de ladrillo cocido, en

fin, como una urbanización moderna.

Los estudios realizados hasta la fecha parecen de-mostrar que en los


tiempos de la última de las ciudades levantadas, la más moderna, no se
conocían las técnicas de trabajar los metales; pero en las más
antiguas sí (se encontraron restos de materiales de hierro y de
estaño). Como en el caso de Zimbabwe, los pobladores de las márgenes
del Indo no tienen noticias de quiénes eran los habitantes de Mohenjo-
Daro ni de por qué desaparecieron. Y se trató, en efecto, de una
desaparición en masa y súbita, de la que no quedaron ni los cadáveres
ni el rastro dell camino que pudieron seguir. La ciudad

presenta el aspecto de haber visto interrumpida su vida normal de


pironto y de haber sido abandonada a toda prisa. Utensilios de uso
común entre los escombros y

y losas en las calles,afirman que la desaparición de sus habitantes


que no

sabían que deberían marcharse o desaparecer en un instante, que nadie,


en fin, era consciente de la amenaza,cualquiera que haya sido. Es uno
de los enigmas más

grandes que tiene planteados la arqueología y que, tal vez, no tenga,


solución jamás.

Los investigadores más sagaces comienzan a considerar que resulta


extremadamente extraño el hecho de que los moradores de las últimas
ciudades Mohenjo-Daro hubieran olvidado las técnicas del trabajo de
los materiales hasta el punto de no saber utilizar el hierro, técnicas
que desarrollaron y de las que se sirvieron con profusión los
constructores de las ciudades más primitivas. Es muy raro el caso;
'pero hay que comenzar a pensar que las habitantes de esa isla
misteriosa en el interior del Indo detuvieron su marcha en el camino
de la, evolución y comenzaron lentamente una marcha atrás, una
regresión cultural, perdiendo de generación

en generación técnicas y conocimientos hasta llegar a desaparecer


ellos mismos, cuando agotaron los recursos de su herencia.

Una especie de suicidio cultural que obedecerá a alguna dinámica


humana desconocida y que podría explicar, de confirmarse, la
desaparición de muchas culturas y muchos pueblos, incluso de
humanidades que nos Precedieron. Desde unos siglos antes de Cristo
hasta miles y miles de años atrás, la isla del Indo donde se elevaron
los democráticos edificios de Mohenjo-Daro es un misterio impenetrable
por ahora. Uno más de los enigmas en esta larga lista de aconteci-
mientos que el hombre ha vivido a lo largo de su histo-ria en el
planeta, de esta historia nuestra -porque a lo mejor existen otras
historias independientes en el tiempo- ante los que ni usted ni yo, ni
nadie, estamos en disposición de dar respuesta: Grandes enigmas
pendientes.

CIVILIZACIONES DESPARECIDAS.

Cuatro Ciclos Han Pasado Y El Quinto Aún No Ha Terminado."


[El Relato Secreto, Los Megatrones]
LA HISTORIA DE LA HUMANIDAD

¿Cómo se le puede explicar ciertas enseñanzas profundas a personas que no pueden


asimilar ciertas realidades? Hay ciertos asuntos que resultan conflictivos con nuestro
sistema de creencias. Tendemos a rechazar lo que no podemos explicar de manera
satisfactoria. Si deseamos asimilar ciertas verdades debemos proponernos la tarea de
investigar y realizar ciertas exégesis que ayuden esclarecer asuntos nebulosos. Si las
evidencias confirman lo que se presenta, debemos entonces prestar atención a los
nuevos hallazgos. La humanidad ha venido recorriendo un largo camino de atrasos y de
avances. Nuestro planeta junto a nuestra estrella ha realizado ciertas revoluciones dando
nacimiento a ciertas civilizaciones que han desaparecido con el transcurrir de las
edades. Si hemos de estudiar el propósito de nuestra existencia y nuestra presencia en
este planeta; debemos por consiguiente tener una receptividad que nos permita
comprender aquellos misterios que están encerrados en las partes profundas de nuestra
conciencia. Si subimos a la montaña del conocimiento podemos entonces asimilar los
misterios de la humanidad.

CONTINENTE DE PANGEA
1er Ciclo

Los geólogos prominentes y expertos en la materia están deacuerdo que después del
enfriamiento de la superficie terrestre toda la Tierra formaba parte de un gran continente
conocido en Geología como Pangea que estaba rodeado por un gran océano conocido
como Panthalasia. Con el transcurrir de las épocas surgieron convulsiones en la litosfera
causadas por las altas presiones explosivas del magma que causaron el desprendimiento
de este continente en dos partes, Laurasia (Norte América, Europa, Asia) y Gondwana
(Sur América, África, Antártica, India, Australasia). Cambios en los polos afectó el
clima que dio como surgimiento enormes inundaciones debilitando la corteza terrestre.
La alta atmósfera experimentó disturbios por los efectos climatológicos y las tormentas
geomagnéticas aumentaron lo que provocó una inestabilidad planetaria. Gondwana
experimentó los peores terremotos y deslizamientos quedando sobre la superficie
terrestre las partes elevadas. La Tierra siguió su curso hasta que los efectos se hicieron
sentir en el hemisferio occidental, Laurasia ocasionando durante milenios el
desprendimiento de Norte y Sur América de las costas de África.

Los antiguos griegos, babilonios, caldeos, y egipcios creían que en las zonas del lejano
Norte existía una raza de seres superiores. Ellos se referían a estos seres como los hijos
de los dioses, Nephilim. Ellos creían que estos seres habían descendido de las estrellas.
Algunas civilizaciones antiguas creían que algunos seres provenían del sistema estelar
de Sirio, Orión, Ursa Mayor, y la estrella Arturo. Esta creencia perduró en las mentes de
estas y otras culturas durante milenios.
En este ciclo de la historia la composición del ser humano era distinta a como se conoce
hoy en día. Su estatura era superior a la estatura normal de nuestros tiempos. Más aún,
la composición de las coyunturas eran sumamente flexibles. Se cree que su percepción
psíquica estaba refinada y que el subconsciente dominaba gran parte de la personalidad.
En esta época el ser humano gozaba de ciertos privilegios que gradualmente fue
perdiendo. Un desacuerdo con sus Señores produjo la "caída" de su estado de
benevolencia. La Biblia y otras culturas antiguas narran estos sucesos pero debido a que
las religiones están basadas en el fundamento de dogmas exotéricos sus fieles carecen
de un conocimiento claro sobre estos misterios. Fue mediante las experiencias amargas
que el ser humano despertó. Con el transcurrir de las épocas surgieron cambios
climatológicos y en la corteza terrestre. El ser humano supo superarse ante los eventos
catastróficos. En esta época los "Señores" supervisaban la Tierra y la nueva forma de
vida que habían creado, la raza humana. El retroceso de su psiquis lo llevó al sendero de
lo desconocido perdiendo el sentido original y el propósito de su existencia en este lugar
del Universo. El clima del planeta comenzó a enfriarse por lo que el hombre abandonó
su punto de origen y tuvo que emigrar hacia el sur en busca del calor y un clima
adaptable. Con la emigración hacia el sur su composición orgánica experimentó
cambios en la piel, los dientes, y en su estatura. El primer ciclo pasó con grandes
estragos climatológicos y geológicos. La Tierra siguió su curso cambiando
constantemente pero el hombre supo superar las adversidades convirtiéndose en su
propio maestro.
Las culturas antiguas aluden frecuentemente al Norte probablemente por los recuerdos
lejanos de sus antepasados los cuales se referían a este lugar como el hogar y la morada
de los descendientes de seres superiores (los hijos de los dioses) por que creían que al
emigrar hacia el Norte se acercaban más al Espacio debido a la débil presencia de la luz
solar y al enfriamiento del clima terrestre. Para ellos era una señal de que se acercaban a
lo desconocido y lo relacionaban con el Espacio, el lugar de las estrellas. El punto de
origen de donde descendieron sus señores, el Norte.

CONTINENTE DE HIPERBÓREA
2do ciclo

Los estudiosos en religiones y civilizaciones antiguas están deacuerdo con la historia


que los sacerdotes egipcios de Sais relataron al historiador Herodoto, considerado uno
de los historiadores prominentes de la mundo antiguo. Los sacerdotes de Sais revelaron
que con el transcurrir de los tiempos ocurren cambios en los ejes de la Tierra que
afectan el clima y producen ciertas calamidades que afectan la civilización del hombre.
A consecuencia de estos cataclismos, el ser humano debía comenzar de nuevo como si
fueran niños. En los relatos antiguos encontramos que el ser humano medía
aproximadamente unos 12 pies de estatura y se alimentaba mayormente de los frutos de
la tierra. Esto explica porqué el ser humano tenía un ciclo de vida prolongado. La carne
que nos sirve de alimentos contiene propiedades que corrompen con más agilidad el
sistema de digestión. El clima también es un factor determinante para la salud del ser
humano. La inhalación de partículas puras ayuda a la preservación de los tejidos de la
piel, la pureza de la sangre, y la prolongación de las partes internas del cuerpo humano.
Cuando analizamos de cerca los escritos de estos manuscritos antiguos podemos
comprender claramente las realidades presentadas. Con el correr de las edades estos
eventos eran mencionados de forma oral dando surgimiento a los mitos y a las leyendas.
Todo relato que pasa de generación en generación de forma oral, se distorsiona con el
correr de los siglos y caen en un laberinto de confusiones.

A pesar del rechazo que había en años y siglos recientes los documentos antiguos
muestran que lo que relatan tiene su fundamento en hechos verídicos. Muchos eruditos
rechazaban que Troya realmente existió. En su obra La Iliada, Homer narra sobre esta
antigua ciudad. El alemán Heinrich Schliemann creyó en los relatos de esta obra y pudo
restablecer ante la historia la veracidad de la existencia de Troya. Una clara
demostración que el escepticismo no siempre es saludable especialmente si se trata de
estudios e investigaciones. Churchward explica las afinidades que existen entre las
lenguas mayas y griegas. Estas contienen palabras muy similares que provienen de una
lengua más antigua conocida como Mayax, la lengua de Mu un continente que reguló
gran parte del mundo antiguo localizado en el lejano pacífico mejor conocido como
Lemuria. La palabra hiperbórea guarda estrecha relación con plantación. Este es el
segundo ciclo de una gran potencia que reguló el mundo en sus tiempos. Muchos reinos
se levantaron en todos estos ciclos, pero cinco fueron los protagonistas que llevaron a la
humanidad hacia nuevos senderos. Hiperbórea corresponde a uno de estas potencias.

CONTINENTE DE MU [LEMURIA, NAACAL]


3er Ciclo

Las recientes investigaciones de la ciencia están en afinidad con los relatos arcanos que
se protegieron para que no fuesen destruidos por los poderes eclesiásticos del pasado.
Los relatos antiguos narran que la primera civilización del planeta tuvo su origen en el
lejano Norte antes de que ocurriera la era glacial. Hay referencias que se dirigen al
hombre como descendiente de la "tierra de los dioses," Monte Meru." Alude a los
lejanos lugares del Norte. En la antigua China, se creía que los emperadores obtenían su
poder del dios dragón relacionándolo con el norte celestial y por consiguiente con la
estrella Draco, las estrella polar. Esta referencia alude a que los antepasados de los
emperadores eran reyes provenientes del espacio Exterior, esta es la verdad encerrada
detrás de la coordenada del Norte. El templo solar y el trono imperial estaban dirigidos
hacia el Sur mientras que el pueblo y los adoradores estaban orientados hacia el Norte.
Este detalle revela la alta creencia entre los orientales de que los antepasados de los
reyes eran descendientes de razas superiores que una vez descendieron en las zonas del
lejano Norte y por consiguiente los chinos veneraban las constelación de la Osa Mayor.
En el papiro de Ani encontramos varias referencias sobre seres luminosos que se
presentaban ante Osiris. Se hace referencia a su morada en la constelación de la Osa
Mayor en el hemisferio norte del plano celeste. Los habitantes de Hiperbórea habitaban
cerca de la región de los Himalayas. Las convulsiones de la tierra incrementaron y
grandes estragos quebrantaron la corteza terrestre. El suelo estaba sostenido por capas
de hielo las cuales se derritieron lo que produjo el hundimiento de la superficie. El
hombre realizó un éxodo y viajó hacia el Sur en busca de un mejor clima. Se cree que la
estatura promedio del ser humano era de aproximadamente ocho pies.

En los centros académicos se ha enseñado que el ser humano de esta época no era
contemporáneo con las grandes bestias salvajes, dinosaurios. Tal aseveración es
incorrecta como demostraré a continuación. Al viajar hacia el sur a los lugares
tropicales llenos de vegetación el hombre se encontró con algunas de las grandes bestias
del pasado. La ciencia comprobará esto en un futuro no muy lejano. Los estudios de
Charles Fort al igual que los estudios de otros investigadores revelan que se han
encontrado bloques de metales en la parte interna sugiriendo la presencia humana en
estas épocas lejanas y remotas.
En el Gran Canyón en el estado de Colorado, EE.UU. se han descubierto petroglifitos
con dinosaurios impregnados. Se puede apreciar a un Tyrannosaurus Rex erecto con su
boca abierta. Al frente de la bestia aparece un hombre con una vara en las manos en
señal de combate contra el dinosaurio que lo amedrenta. Para la ciencia de nuestros
tiempos aquí existe un grave problema. Estos dinosaurios vivían mayormente en
terrenos pantanosos o llenos de vegetación donde la presencia del agua era
extremadamente abundante. El agua es sumamente necesario para todas las especies
para la supervivencia. La ciencia afirma que esta parte del gran Canyón no ha estado
bajo agua durante los últimos 40 millones de años. ¿Cómo pretenden decir que un
Tyrannosaurus Rex vivía en la región del Gran Canyón cuando es una región árida que
se compone de rocas, carece de vegetación, y carecía de agua abundante? Las pruebas
petroglíficas testifican que debe realizarse una reinvestigación sobre lo que se enseña en
las academias y muestra a la vez un gran error sobre la historia de los dinosaurios y de
los seres humanos.

Los lemurianos creían que los maestros cósmicos habían llegado a nuestro planeta a
través de las estaciones planetarias de Saturno y Venus. Aquí comenzó el culto del "dios
padre" que mora en el cielo confundiendo de esta manera el culto a Dios, el Absoluto, el
Supremo, en el cual vivimos y existimos. La confusión del Dios creador y el dios
cósmico (proveniente del Espacio) ha capturado las mentes de las religiones y se refleja
aún en nuestros tiempos.
El coronel James Churchward quién pasó una gran parte de su vida estudiando los
antiguos templos hindú narra en uno de sus libros:

"Existen dibujos e instrucciones para la construcción de la nave y su


maquinaria al igual que el generador para su poder de propulsión, etc.
El poder de alimentación se absorbe desde la atmósfera en forma simple
e inexpensiva. El generador se parece a una turbina de las nuestras por
que funciona y opera de una cámara hacia otra... el poder es ilimitado, o
puede ser ilimitado por lo que los metales puedan soportar... He encontrado
narraciones de varios vuelos realizados que deacuerdo a nuestros mapas
comprenden una distancia de unas 1000-3000 millas sucesivamente."
[James Churchward Los Hijos De Mu. Neville Spearman Ltd. Londres 1959]

Churchward ha estudiado profundamente los templos antiguos, el manuscrito troyano, y


un libro antiguo maya escrito en Yucatán. Se cree que el libro fue escrito hace unos
2000-3000. Churchward estudió también el código cortesano. Hizo unas referencias
sobre un record antiguo escrito en un templo budista en Lhasa. Todos estos escritos
confirman las narraciones sánscritas acerca del imperio del sol que fue destruido en
tiempos lejanos.

El Popul Vuh libro sagrado de los mayas quichés hace referencia sobre una civilización
antiquísimamente remota que conocía sobre la nébula y todo el sistema solar. Pasar por
alto estos escritos y la información que proveen sería sinónimo de pedir pruebas escritas
y luego que aparecen ignorarlas. Los escritos de los pueblos antiguos nos hablan sobre
la presencia de seres espaciales que interactuaron junto a estas civilizaciones. Estos
pasaron a ser los héroes de la antigüedad que en algunas ocasiones prestaban su ayuda y
en otras nos castigaban con fuego del cielo. Algunas civilizaciones los veneraban como
los Elohim, los dioses que descendieron de las estrellas.

ATLANTIS
4to Ciclo

Atlantis es probablemente el más controversial de estos ciclos o grandes imperios que


dominaron gran parte del mundo conocido. Es el más reciente de los ciclos
mencionados. A lo largo de su historia la humanidad ha sido inspirada por estos cuatro
poderes. Estos influenciaron en el mundo antiguo por que fueron los reinos que lograron
casi el dominio mundial. A lo largo de la historia muchos reinos se han levantado pero
han caído en un lapso de tiempo breve. Los cuatro reinos mencionados fueron ciclos en
que estas civilizaciones predominaron durante el transcurso de varios milenios. A mayor
cantidad de tiempo mayor es la probabilidad tecnológica y científica que una
civilización pueda alcanzar.
La ciencia avanza a pasos agigantados y sus descubrimientos son solo confirmaciones
de lo que encontramos escrito en los manuscritos antiguos. Según algunos escritos, hace
aproximadamente unos 800,000 y 200,000 años una parte occidental de la Tierra fue
dividida en dos grandes islas, Ruta y Daitya. Cerca del 80,000 AC hubo una gran
convulsión que dejó solo parte de Ruta y una gran ciudad llamada Poseidonia, siendo
ésta sumergida cerca del año 9,564 AC. Esta es la narración de la cual hace Platón en su
obra Timeo y Critias: "En una noche de tormentas y terremotos Atlantis fue destruida."
A lo largo de la historia ha existido mucha confusión en relación a la polémica historia
de Atlantis. Los textos secretos narran que Osiris era un sacerdote que llegó de la tierra
de Atlantis. Osiris tenía conocimientos sobre distintas ciencias por lo cual los habitantes
de Egipto lo aceptaron como sacerdote y rey de toda la tierra de Egipto. Osiris dejó unos
escritos que no se conoce en la historia regular. Después de su muerte sus seguidores lo
veneraron y lo elevaron al rango de un dios. La Biblia narra algo parecido. Cuenta que
después de la muerte de Moisés "Dios" escondió su cuerpo. Sin embargo en otro pasaje
bíblico se menciona el lugar donde lo sepultaron. La preocupación por "esconder el
cuerpo de Moisés" era por el temor de que el pueblo lo venerara y éste lo elevase al
rango de un dios. Esto se hizo para evitar el culto a los muertos quienes pasaban a ser
los dioses de estas civilizaciones.

Los relatos esotéricos del Ramayana narran con suma claridad sobre la victoria que
Rama tuvo sobre Ravan, señor de Lanka en Ceilán. La victoria de Rama representa la
victoria de los hijos de Dios sobre los atlantes quienes se rebelaron contra los señores
del firmamento, que son a la vez los señores del fuego. En la cultura oriental éstos eran
vistos como los seres de luz cuya morada se remontaba en el lugar de las estrellas,
extraterrestres. El libro Stanzas de Dzyan escrito en el antiguo idioma de Senzar narra
como los señores del fuego descendieron e inspiraron a la civilización de Lemuria.
Estos relatos son eventos de la historia no escrita que quedaron borrados por la
calamidades y las grandes guerras del pasado donde se destruyeron enormes cantidades
de papiros y manuscritos antiguos.
El iniciado de alto rango conoce sobre los reyes de la luz, soberanos de dinastías divinas
quienes obedecían a la Jerarquía Cósmica conocida en los círculos secretos como la
Federación Solar. En uno de los museos de Europa se encuentran varias pruebas de la
existencia de Atlantis. En un artefacto escrito en idioma antiguo se lee la inscripción;
"de Chronos, rey de Atlantis." Aquí tenemos prueba de la arqueología donde no solo se
menciona Atlantis sino a uno de sus reyes. Uno de los siete sabios más grandes del
mundo antiguo, Solón comenta que en una de sus visitas al templo de Sais en Egipto
pudo ver dos grandes columnas con el relato de la gran isla que se sumergió en
occidente. El nombre de la isla estaba tallado en las columnas, la isla mencionada era
Atlantis.

Otro de los sabios antiguos que nos habla sobre Atlantis es el filósofo griego Philo.
Narra en detalle la magnificencia, religión, leyes, la gloria de Atlantis y su decadencia.
Atlantis era conocida por los aztecas y toltecas como "la tierra donde se levanta el sol."
La razón para esto es que desde Centro América Atlantis quedaba en el este. La
sabiduría profunda se esparció por medio de los antiguos sacerdotes e iniciados de la
India, Babilonia, Persia, y Egipto. El texto del Ramayana habla sobre la estatura elevada
de los Rakshasas. Sus descendientes emigraron del norte hacia el sur en busca de un
mejor clima debido a una calamidad que ocurrió en los lugares fríos del norte.
Como es de suponer, el desarrollo de una civilización incrementa a medida que
transcurre el tiempo. Al llegar a la cúspide del conocimiento de los átomos éstas
civilizaciones desarrollaron armas que sirvieron como herramientas que generaron la
destrucción en masa. El mal uso de estas fuerzas destructivas generó un ciclo de
genocidio que afectó nuevamente la población planetaria. Algunos libros del antiguo
oriente hablan sobre "rayos poderosos" que emanaba de fuerzas enemigas. Con el
transcurrir de las edades estas civilizaciones se degeneraron hasta que llegaron a un
primitivismo por consecuencias de algunas calamidades y el genocidio de varias guerras
que se produjeron a grandes escalas.
Las pirámides y las esfinge de Egipto son más antigua de lo que la historia ha
reclamado. Algunos expertos reclaman que la esfinge se construyó cerca del año 10,000
A.C. Otros proponen que la esfinge se construyó cerca del 15,000 A.C. Esto estremece
los cimientos de la historia académica pues durante mucho tiempo se ha enseñado que la
esfinge se construyó cerca del 4,000 A.C. Los estudios revelarán nuevos hallazgos que
estremecerá los cimientos de la rama educativa. Las evidencias serán presentadas ante la
luz pública en un futuro no muy lejano.

MISTERIOS DE CENTROAMERICA :

MAYAS,INCAS AZTECAS :

CULTURAS ANDINAS-EL ORIGEN

En la altiplanice mejicana se asentaron civilizaciones y pueblos de los que tenemos


suficientes pruebas, aunque no todas las que podrían desearse, relacionadas con los
orígenes de tales civilizaciones. Sin embargo, no ocurre lo mismo con la población
asentada en el Perú, ya que, al decir de todas las corrientes históricas, los propios
protagonistas no reconocieron en ninguna época antepasado alguno. Tal es el caso del
pueblo inca, el cual se sintió, en todo momento, creador de su propia civilización, de su
propia idiosincrasia y de sus propias costumbres.

La cultura denominada "preinca" nunca fue asumida por los conquistadores incas, antes
al contrario, la ignoraron por completo y no guardaron recuerdo ninguno de los
personajes y tribus que hallaron a su paso y que, como la historia nos explica,
sometieron. La prioridad del silencio sobre cualquier otro aspecto ha primado en las
diversas transformaciones históricas que los mismos incas conformaron. Y, de este
modo, existió una época anterior a éstos y que llamaban "el tiempo de las poblaciones
desiertas o bárbaras". Algunos cronistas nos hablan de ello, y explican que esos pueblos
bárbaros practicaban costumbres radías, es decir, eran nómadas, y carecían de normas
sociales; además sus cultivos eran realizados de forma rudimentaria, sus mujeres no
conocían el arte de la confección y, por lo mismo, aparecían desnudos. Así los encontró,
al decir de las diversas leyendas, el "Primer Inca", quien los aleccionó y enseñó hasta el
punto de transformar sus burdas maneras en refinados modos; para ello -continúan
diciendo las diversas crónicas- contó, en todo momento, con la ayuda, realmente
valiosa, de su mujer.

En los primeros tiempos de la historia que nos ocupa no existía aún el pueblo inca como
tal, sino que el concepto "inca" designaba a un soberano, a un único rey, y a su linaje o
alcurnia. Todos los sucesos acaecidos hasta la llegada de este "Primer Inca", y muy
especialmente las formas colectivistas de cultivo, así como los logros artísticos, fueron
en cierto modo subsumidos por la nueva civilización debido, en gran parte, al acierto
que supuso la perfecta cohesión entre las vertientes económica, sociológica y técnica.
No obstante, antes de la llegada de este "Primer Inca" ya se encontraba poblada la
altiplanicie peruana por pueblos de cazadores y pescadores que usaban la madera, la
piedra y el hueso como materiales básicos para construir sus toscas armas.

Ancestrales leyendas describen la patria de los incas y la sitúan a orillas del hermoso
lago Titicaca -en la actualidad se halla dentro de la frontera occidental de Bolivia-, el
cual se encuentra situado a casi cuatro mil metros de altura y del que los cronistas nos
dicen que fue el lugar elegido por el Sol para comunicarse con los hombres. Este
denominado, desde entonces, reino del Sol acoge en sus tierras altas los primeros
amagos del origen presunto de la notoria civilización incaica; sobre una de las planicies
de la aludida zona montañosa de la parte meridional de la región se halla Tiahuanaco,
lugar en el que se funden lo sagrado y lo profano del Perú, ciudad solar y centro de
peregrinaciones. Se hallaba acotada por enormes hondonadas y en su suelo se erigían
diversas edificaciones; entre sus ruinas se han encontrado figuras míticas de grandes
proporciones que constituyen una prueba fehaciente favorable a las tesis que defienden
la relativa veracidad del mito incaico, el cual habrá que reinterpretar de nuevo. La
tradición oral de los pueblos andinos mantiene la creencia de que en Tiahuanaco
habitaban los gigantes que antecedieron a los incas y, al decir de algunos cronistas, será
justo al lado del lago Titicaca donde surgen las primeras representaciones de dioses
como Viracocha, el cual venía acompañado de animales como el puma y el cóndor y en
sus manos llevaba dos cayados; sus ojos aparecían llorosos y su figura alada fue
representada por los artistas y venerada por los incas, que tenían en Tiahuanaco uno de
sus santuarios.

También se erguían en la citada zona grandes figuras de piedra, recintos acotados,


columnatas graníticas y terrazas a distintos niveles.

Sin embargo, antes del denominado Imperio incaico, existieron otras civilizaciones y
culturas de cierta relevancia, entre las que, sin duda, sobresaldrá la cultura "Chavín" que
abrirá un tiempo reconocido como periodo cultural, el cual se hallará dentro de la etapa
denominada "horizonte antiguo", y abarcará desde el año 1000 (a. C.),
aproximadamente, hasta el año 300 (a. C.). Chavín se asienta en uno de los profundos
valles que delimitan el pie de las cordilleras blancas -denominadas así porque en ellas
siempre hay nieve- y contiene monumentos megalíticos, grandes obeliscos y
majestuosos templos, tales como el del "Castillo", levantado en honor del dios Jaguar y
de ciertos seres telúricos.

No obstante, los primeros vestigios humanos sobre el suelo peruano se retrotraen más
allá de una decena de miles de años, aunque sólo se pueda hablar, en puridad, de
civilización y cultura, a partir del año 1000 (a. C.). A partir de esta fecha, y siguiendo
con la anterior descripción de Chavín, se van consolidando las diferentes culturas
antiguas de la región y sus logros o manifestaciones plásticas, artísticas, míticas, rituales
y sociales.

En este sentido, algunos antropólogos e historiadores de renombre apuntan la


posibilidad de que Chavín haya sido el verdadero origen del posterior desarrollo de la
parte meridional andina. Los arqueólogos han hallado en Chavín piezas de incalculable
valor e, incluso, en algunas ruinas -cuyas paredes aparecen revestidas de losas, y
levantadas con materiales tales como piedra apisonada mezclada, a su vez, con piedra
machacada- parece que se plasmó como una especie de pintura mural.

También es importante destacar la homogeneidad de la cerámica monocroma de Chavín


y sus hermosas piezas negras y pulidas, en forma de botella y con un agarradero
denominado "asa de estribo", características que la hacen relativamente notable con tal
que a todo ello se sumen sus asas en forma de tubo y sus grabados tan similares a la
técnica utilizada para trabajar la piedra, y cuyos motivos se refieren a determinados
animales, tales como el jaguar y el cóndor. No obstante, la base iconográfica de la
cultura de Chavín, además de contener figuras de felinos, aves y reptiles, está formada
por la presencia reiterativa del tigre, y su cabeza estilizada se encuentra casi siempre
presente en las diversas composiciones, y, además ocupa, por lo general, el centro de
ellas.

Por lo demás, algunos simbolistas han interpretado los diversos hallazgos de los
investigadores en un sentido mítico; y, así, por ejemplo, se dice de la piedra de tres
caras, clavada en el suelo por su parte aguzada -a la que se suele denominar el
"Lanzón", acaso debido a que tiene forma de un cuchillo gigante, pues mide más de
cuatro metros de largo-, que recoge entre sus tallas, grabados e incisiones, todo el saber,
acerca de lo trascendente, acuñado en el misterio de la cultura de Chavín. El propio
lugar en el que se halla emplazado el "Lanzón" constituye, ya de por sí, uno de los
enigmas que más se prestan a cierto tipo de lucubraciones significativas y simbólicas. El
"Lanzón" se encuentra en una de las galerías subterráneas del templo de Chavín que
tienen forma de cruz; a la manera de un costero va entallado entre el techo y el suelo,
ocupando el centro mismo de la intersección de los largos corredores que configuran la
forma de la cruz.

Las figuras de algunos bajorrelieves mantienen composiciones propias de la cultura de


Chavín, tales como el cóndor, el jaguar y un reptil; también, a veces, tales conjuntos, y
otros similares, se presentan como una manera de jeroglíficos, los cuales se hallan
cargados de connotaciones diversas, derivadas de la complejidad de sus múltiples
formas.

Con posterioridad adviene a la región andina la cultura de "Paracas" ("paracas" =


vientos intermitentes que azotan con gran fuerza y violencia esta región desértica),
cuyos bordados destacan por encima de cualesquiera otras valiosas consideraciones.

Esa superficie árida, donde nunca llueve, alberga en su subsuelo inéditos tesoros; es una
especie de necrópolis que, aunque ha sido sometida a numerosas esquilmaciones a lo
largo del tiempo, aún mantiene lugares recónditos no hallados por los buscadores de
tesoros. La total escasez de lluvia en esta zona costera, la radical sequedad del ambiente
y de la atmósfera a la orilla misma de un gran océano que confiere a la región ese clima
tropical tan característico, ha sido objeto de estudio por parte de numerosos
investigadores y naturalistas. Fue Humboldt quien avanzó la teoría que explica las
razones científicas de la aridez y sequedad descritas. Según explica el propio Humboldt,
una corriente de aire frío que proviene del Antártico forma como una especie de
paraguas gigante que tapona y cercena cualesquiera arcos humectativos y, por lo mismo,
no se produce evaporación, no se forman nubes y, como consecuencia, no habrá lluvia.
La gran franja desértica que mide más de dos mil metros de largo y unos cuarenta de
ancho, es el producto de esa corriente de aire frío (se la denomina "corriente de
Humboldt") y se halla por lo general cubierta de brumas y, aunque sus arenas absorben
el agua de los ríos que las atraviesan para ir a desembocar al océano, sin embargo, se
hallan jalonadas de algunos oasis que producen en el conjunto el espejismo de la
necesidad de vida, cuando lo cierto es que esa región arenosa del occidente del Perú es
un lugar de muerte.

Las numerosas tumbas encontradas en esa inhóspita zona, las denominadas "tumbas de
las cavernas de Paracas", se hallaban incrustadas en las oquedades realizadas en las
duras rocas, de feldespato y cuarzo, que abundan en las elevaciones naturales del árido
terreno.

Tales fosos pertenecientes a la cultura de "Paracas" están construidos de tal manera que
resulta imposible su visión desde el exterior, se componen de tres salas anexas y
desiguales que albergan a gran número de momias. Entre éstas son más abundantes los
cadáveres de mujeres que los de hombres, lo cual afianza la tesis mantenida por los más
prestigiosos arqueólogos, cuando afirman que las mujeres acompañaban a sus maridos
al otro mundo. Semejante costumbre, debida a la cultura de "Paracas", fue asimilada
muchos siglos después por los incas, quienes, con ocasión de la muerte de su
emperador, al cual consideraban rey-dios, y después de momificar su egregia figura
procedían a dar muerte por estrangulamiento a sus mujeres, allegados y servidores; de
este modo, le seguirían atendiendo en el más allá; para ello, y una vez convocados a un
solemne acto festivo en honor del muerto, los emborrachaban.

Muchos de los cadáveres momificados hallados en esa zona desértica del Perú eran, no
obstante, de personas viejas y sus cráneos aparecían deformados y con muestras de
haberles practicado la trepanación.

Los mantos funerarios de la cultura de "Paracas" son de gran vistosidad, y los motivos
de sus tejidos representan personajes adornados y recubiertos de aureolas, cetros, talles,
apéndices que cuelgan de sus bocas y que dan lugar a otras figurillas que se ramifican
de nuevo para formar otro tipo de imaginería cargada de contenido simbólico y, en fin,
todo ello constituirá una prueba de la fuerza creativa de los tejedores de la época
precolombina, así como de la perfección de su arte.

A la cerámica de la cultura de "Paracas", cuyos motivos no ofrecían grandes


variaciones, ya que se limitaban por lo general a representar la faz "compungida" de
ciertos felinos, le sucede la prestigiosa, bella, brillante y clara cerámica Nazca, con lo
cual se inicia la cultura que lleva su propio nombre. Estamos en el siglo III (a. C.), y la
cultura Nazca descuella por encima de cualesquiera otras civilizaciones. En su cerámica
polícroma se reproducen extraños seres míticos y, muy especialmente, las célebres y
simbólicas mariposas humanizadas. La cultura Huari, que se desarrolla en la costa
meridional y septentrional, desplaza a la cultura Nazca y es, a su vez sustituida por los
chimúes, pueblo de destacados urbanistas. De todas estas culturas y civilizaciones se
apropiarán los incas, cuyo imperio se extenderá desde Ecuador hasta Chile y Argentina,
en una gran franja de terreno andino de más de dos millones de kilómetros cuadrados.
Nos hallamos en el siglo Xll (d. C.), y el Imperio inca se va consolidando hasta poseer
el más célebre centro urbano de aquellos tiempos, es decir, la ciudad de Cuzco (palabra
que significa "ombligo", "centro"), la cual poseía un enorme templo cuyas paredes se
hallaban recubiertas de oro.

También en las lejanas alturas de Machu Picchu se erigió una ciudad remota y agreste,
tan apartada que no se descubrieron sus ruinas, ni se supo de su existencia, hasta el
undécimo año de nuestro siglo xx.

La organización del Imperio inca era muy rigurosa y uniforme, la propiedad de la tierra
la ostentaba el Estado, aunque existían grupos, formados por diversas familias -una
especie de comunidades que trabajaban en equipo y vivían en el mismo lugar- que
poseían colectivamente los terrenos labrados y trabajados, en los cuales cultivaban
cereales, patatas -de aquí se exportarán posteriormente a toda Europa-, calabazas, piña,
plantas y árboles medicinales como la coca, arbusto del que se extrae la cocaína; por
toda la región había rellanos y bancales de cultivo.

Para llevar a cabo la labor administrativa, el Estado disponía de miles de funcionarios,


la mayoría de ellos destinados a recaudar tributos y ejercer la justicia. Como no
conocían la escritura, idearon fórmulas contables realmente prácticas, los célebres
"quipus", que consistían en una serie de cuerdas o hilos de colores diversos y surcados
de nudos. Los colores representaban objetos y cosas, los nudos indicaban magnitudes y
cantidades.

La abundancia de metales nobles, como el oro, hacía que se utilizaran como ornamentos
en paredes, tapices y colgantes -pero nunca como moneda, porque la sociedad incaica
no conoció, ni usó, el dinero- e, incluso, los jardines del palacio real aparecían
adornados con figuras de oro, tales como mazorcas y cañas de maíz de tamaño natural,
labradas en oro; también poblaban ese jardín artificial pájaros y animales de oro.

Este pueblo, de unos doce millones de habitantes, desarrolló también la alfarería y,


sobre todo, perfeccionó el arte textil, para lo cual utilizó la lana de sus rebaños de llamas
y alpacas y, además, el algodón que producían sus zonas templadas de la costa.

Con la llegada de Francisco Pizarro, al mando de una expedición española, en los


últimos años de la primera mitad del siglo XVI, el Imperio incaico (que ya se hallaba
bastante debilitado a causa de las luchas internas para suceder al inca Huayna Cápac,
que había muerto en el año 1525, y había dividido su reino entre sus dos hijos, quienes
se declararon una mutua guerra, de la que salió vencedor Atahualpa, precisamente el
hijo ilegítimo de Huayna), que atravesaba por una crisis institucional que había derivado
en una guerra civil, fue sometido; Cuzco, su centro urbano más representativo, fue
tomado por Pizarro, quien ordenó la condena y muerte del inca Atahualpa; poco antes
había obtenido un rescate consistente en una enorme cantidad de oro para poner en
libertad al inca Atahualpa, al cual había tomado como rehén, pero Pizarro no cumplió su
propia palabra y, pese a recibir lo exigido -más de dos mil millones de pesetas en oro y
plata-, mandó ejecutar a su prisionero: "Atahualpa fue condenado a ser quemado vivo y
ya cerca de la hoguera tuvo la debilidad de convertirse al cristianismo para beneficiarse
con el privilegio de la muerte por estrangulamiento."
CULTURAS CENTROMERICANAS-EL ORIGEN

Durante mucho tiempo se fueron configurando opiniones de todo tipo respecto a la


verdadera realidad americana y sus ancestrales culturas, antes de la llegada de los
conquistadores españoles.

Algunas de las teorías acuñadas han resultado falaces, bien porque no se contaba con
suficientes datos cuando se emitieron o, acaso, por la precipitación del historiador
quien, cómodamente, se limitó a transmitir las sistemáticas mentiras de ciertos cronistas
e informantes (siempre que por "informante" se entienda la acepción segunda del
diccionario de la Real Academia, a saber: "El que tiene encargo y comisión de hacer las
informaciones de limpieza de sangre y calidad de uno").

También han existido presiones que han llevado a los investigadores a silenciar los
resultados de sus hallazgos antropológicos, espeleológicos y geológicos; semejante
cúmulo de coacciones se ha erigido en mordaza impuesta a la cultura histórica y a sus
propios protagonistas; aunque, a fin de cuentas, algunos estudiosos (?) lo aceptaron de
buen grado o, cuando menos, sin demasiados escrúpulos.

Casi todo lo que sabemos de América Latina proviene, por tanto, de la pluma de
célebres cronistas que hoy son ya patrimonio de la humanidad; nos referimos, por
ejemplo, a Las Casas, a Bernardino de Sahagún, a Clavijero, a Orozco y Berra, al Inca
Garcilaso, a Fernández de Oviedo y, en fin, a otros cronistas oficiales y por libre.

Hoy se sabe que muchos de los narradores históricos, más que aportar datos y pruebas
fidedignos, con base en la fuente originaria, se valieron para sus aseveraciones de
flagrantes plagios.

Por otro lado, las excavaciones arqueológicas llevadas a cabo, especialmente en toda la
franja oriental del continente sudamericano, han mostrado la importancia y el verdadero
significado de una civilización, la de los Incas, que poseía una cultura hasta entonces sin
parangón posible.

Lo mismo sucede con los datos hallados en el altiplano mexicano y la conformación de


una cultura como la azteca, en el marco de las civilizaciones mesoamericanas, la cual
aparece en el valle de México y representa una herencia de los antiguos toltecas que,
según ciertos datos e indicios, aparecieron en el año 700 (d. C.). Antes de la llegada de
este pueblo, los primitivos teotihuacanos daban culto a los animales, de forma primitiva,
y se regían por un totemismo social y ritual; su antigüedad se remonta al año 300 (a. C.),
a finales del periodo conocido como "preclásico medio".

Claves históricas de las culturas mesoamericanas

Una de las zonas de la parte septentrional de América en la que se habían desarrollado


culturas y civilizaciones indígenas de gran significación fue, sin ninguna duda, México.
Antes del año 1519, fecha en la que Hernán Cortés logró entrar en la capital azteca,
después de que los tlaxcaltecas se le hubieran unido, el pueblo tolteca y el imperio maya
habían poblado mesoamérica.

Grupos de primitivos nómadas, que practicaban la pesca y la caza, y recolectaban


productos naturales, se asentaron en el valle de México. Eran nómadas que conocían el
fuego y se vestían con pieles de animales, algunos de los cuales, por ejemplo el perro,
los habían domesticado.

Estos grupos humanos se extendieron y dispersaron por los territorios de mesoamérica


-zona que en la actualidad comprendería la geografía de México, Guatemala, Honduras
y Belice- y durante más de cuatro milenios siguieron conservando sus costumbres y su
propia idiosincrasia, hasta que en el año 1700 (a. C.), aproximadamente, inician
experiencias nuevas en las tierras de labor, tales como el cultivo de maíz, por mor de las
cuales se vuelven sedentarios, al tiempo que perfeccionan sus técnicas en la, hasta
entonces, rudimentaria agricultura. Se fabrican productos textiles y se realizan objetos
de cerámica decorados con motivos de animales y de seres humanos; en diversas zonas
se alzan grandes núcleos de población y se constituye, a partir del 1350 (a. C.), una gran
civilización que durará, aproximadamente, hasta el siglo III (a C )

El protagonista de semejantes hechos históricos fue el pueblo olmeca, que dejó las
montañas para aposentarse en las selvas tropicales de la zona del golfo.

La historia de los olmecas se halla jalonada de ritualismo mítico y trascendente; la base


de su estructura social era la religión y el culto a los dioses, para lo que se erigían
construcciones cuyas formas arquitectónicas, como el famoso templo redondo de La
Venta, en Tabasco, muestran la fuerza creativa de los olmecas.

Lo mismo sucede con las ciclópeas esculturas de una sola pieza realizadas sobre basalto
y cuyo peso se acerca a los cuarenta mil kilos.

También en la misma zona citada se encuentran objetos diversos, como figurillas y


máscaras, también joyas, aderezos y hachas.

A partir del año 200 (d. C.) y hasta el 800 (d. C.), transcurre el periodo que los
historiadores denominan "clásico" y en el que acaso lo más sobresaliente sea la
cualificada cultura de los pueblos que florecieron en tal época. Se trata de culturas
decantadas hacia la ciencia y su metodología formal, en las que predomina la técnica, el
cultivo de las artes, los conocimientos matemáticos, cosmológicos y astronómicos y la
perfección de los trabajos agrícolas. Durante ese tiempo se erige la grandiosa ciudad de
Teotihuacan ("lugar donde el humán se transforma en Dios"), la cual se había
proyectado para dar cabida a unos cien mil habitantes y cuyo trazado geométrico
estructuraba en torno a sí bellos edificios con sus paredes adornadas por pinturas y
frescos; dos grandes pirámides se levantaban a lo largo de la principal calle de la ciudad
que, según algunas interpretaciones, representaban a las dos luminarias, es decir, a la
Luna y al Sol.

También aparecían templos jalonados por enormes cabezas de piedra, entre las que
sobresale la "Cabeza de Atlante", que se conserva en Tula, la ciudad de los toltecas.

Pero una de las principales civilizaciones indígenas que desarrollan su actividad en el


último tercio del periodo clásico será la de los mayas, que revalorizarán el sistema
numérico y matemático, introdujeron el guarismo del signo cero y ampliaron y
dominaron la aritmética. Con sólo tres signos y sus variaciones de orden y colocación
referencial, los mayas lograron representar el tiempo aritmético, matemático y formal:
una barra simbolizaba el número cinco, cada unidad comprendida hasta el cuatro era
representada por un punto y, por último, para simbolizar al cero, utilizaban una especie
de concha común y convencional.

Representaban una determinada fecha usando el método denominado de "cuenta larga",


el cual consistía en fijar un punto referencial del pasado y, a partir de aquí, ir haciendo
una anotación por cada día transcurrido. Para confeccionar su calendario, los mayas
tomaron como referencia cierta fecha del año 3113 (a. C.) -no se ha dilucidado aún la
razón por la que eligieron tal tiempo y no otro-, y a partir de ahí comenzaron a contar
sus días. Los mayas contaban por periodos de veinte, es decir, que su base no era
decimal, como la nuestra, y el valor numérico aumentaba siguiendo una línea vertical de
abajo arriba; por tanto, las unidades se situaban en el punto más bajo y el lugar
inmediatamente superior nos daba el número de veintenas, a continuación nos
hallábamos ante las triveintenas, después ante las tetraveintenas, y así sucesivamente.

En el siglo IX (d. C.), la civilización maya se extingue sin que se hayan dilucidado,
hasta el presente, las causas de la total desaparición de una cultura que había florecido
durante más de seiscientos años. Templos y palacios se volvieron ruinas y la vegetación
anegó lo que antaño fue lugar de culto y de boato; no obstante, en los territorios situados
más al norte se fue conformando, mediante cambios violentos, un nuevo Imperio maya.

Más adelante, un pueblo invasor, al mando de un conocido caudillo, denominado por los
mayas como la "serpiente emplumada", conquista toda la zona del Yucatán y establece
su centro ritual en los propios lugares hasta entonces ocupados por los mayas. Estos
nuevos pobladores del llano y de la montaña provenían, al parecer, del oeste de
mesoamérica y se les conoce con el nombre de toltecas; tenían una perfecta
organización y su centro de influencia se había formado alrededor de la ciudad de Tula
y, a partir de entonces, contribuirán a la formación de otros centros urbanos de gran
influencia, tales como Chichén Itzá y Tulum, en Yucatán.

Los toltecas, lejos de agostar la cultura maya, se integraron en ella y, al propio tiempo,
aportaron un bagaje arquitectónico, templos circulares de amplios patios de columnas,
hasta entonces desconocidos, aunque la influencia maya, también aquí, no tardará en
aparecer. El acabado de las esculturas, los pormenores de las pinturas y los retoques en
las construcciones, además de otros detalles, muestran hasta qué punto la incidencia
maya se deja sentir entre los toltecas. Por otra parte, los motivos de algunos templos se
componen tanto de elementos mayas como de elementos toltecas y, en definitiva, la
suavidad y el cuidado de las formas mayas prevalecen sobre la aridez y tosquedad
toltecas.

La zona de Yucatán seguirá, sin embargo, hablando de lengua maya y utilizando el


mismo sistema numérico para señalar y medir el tiempo. Este nuevo imperio maya
pervivirá hasta la llegada de los conquistadores europeos, pero la característica más
importante entonces será la división y la desunión; cuando llegaron los españoles, el
Yucatán se encontraba diversificado en cantidad de estados y rivalizaban entre sí y
apenas mantenían algún lazo de unión.

En los albores del siglo Xll (d. C.), el Imperio tolteca, que había fundado Tula, que
había tenido una impronta artística inigualable, que había adorado y rendido culto a
deidades protectoras, ve mermada, a causa de sus divisiones internas, su influencia y
entra en decadencia presionado, además, por numerosas tribus nómadas que provienen
del norte y que van penetrando en el altiplano para fundar pequeños reinos. Una de las
tribus vencedoras en la mencionada lid será la de los aztecas o mexicas, que será el
último pueblo nahua llegado a la meseta. Según se cree provenían de los toltecas,
aunque para muchos historiadores el origen de los aztecas o mexicas permanece aún en
el misterio. Sus propios mitos y leyendas dicen que hacia el año 1100 (d. C.) salieron de
su territorio original, el cual se hallaba situado en una isla -lugar que aún no ha podido
descubrirse- y, desde entonces, permanecieron más de un siglo en la zona de México
como servidores de otros pueblos más poderosos. De este modo se configura el
denominado periodo "mexica", que se inicia en la mitad, aproximadamente, de la era
posclásica, más o menos a partir del año 1325 (d. C.), fecha en la que logran asentarse
de forma permanente en el altiplano central, un lugar aislado, cual isla continental, sobre
el grandioso lago que se extendía, en aquel tiempo, por todo el valle de México.

Allí fundaron la célebre Tenochtitlán, que significa el lugar "donde se halla el nopal
silvestre" -la propia capital mexicana se alza en la actualidad sobre el mismo lugar que
la antigua Tenochtitlán- y se erigió con relativa celeridad en referencia obligada de la
civilización azteca; su extensión era de unos doce o trece kilómetros cuadrados y el
número de sus habitantes, al decir de casi todos los cronistas, ascendía a cerca de
doscientos mil.

Tenochtitlán era el centro del imperio azteca y recogía tributos y cargas e impuestos del
resto de las provincias. Era la destinataria, también, de alimentos, pieles, joyas y otros
productos producidos en la zona costera y en las poblaciones sometidas; merced a ello
se convirtió en un gran centro de transacciones mercantiles y comerciales. Además
detentaba la representación cultural y social de aquellos tiempos; era un centro artesano
y un lugar en el que las edificaciones, templos y palacios, aparecían recubiertas de
esculturas y estatuas, de columnas y de creativos frisos. La joyería y la orfebrería
confeccionaba piezas y tallaba piedras de forma artística; las piedras preciosas que
provenían de todos los rincones del país se transformaban en adornos, pendientes,
collares y brazaletes; se utilizaba, con profusión, el oro, los lignitos y las turquesas, con
lo que el revestimiento de objetos se erigió en el arte de las artes.

El trazado urbanístico de Tenochtitlán era muy hermoso ya que se alzaba, a modo de


isla, en un gran terreno lacustre con canales y calles, con recintos y manzanas
amurallados que albergaban lugares de culto y rito. El agua potable se transportaba por
medio de un acueducto que se extendía desde los manantiales situados fuera de la
ciudad, en tierra firme, hasta los depósitos que la albergaban para su distribución. Los
palacios de los emperadores se alzaban con majestuosidad en los lugares apartados de
los recintos amurallados. También existían templos habitados por los sacerdotes y por
jóvenes pertenecientes a familias pudientes, quienes recibían una selecta formación en
esos centros monástico-pedagógicos. Aquí mismo también se practicaba el juego de la
pelota con ciertas partes del cuerpo para introducirla por un agujero realizado en la
pared lateral de la cancha; ésta se asociaba al cosmos, la pelota simbolizaba las órbitas
de las dos luminarias y de los planetas y todo ello era un claro paradigma de otra cancha
más inmensa, situada en el cielo, y en la que ciertos seres superiores o sobrenaturales
practicaban, sirviéndose de los astros, el juego de pelota.

Pautas míticas y rituales


Los aztecas rendían culto a numerosos dioses y diosas, por lo que se les consideraba,
por parte de todos los cronistas, como un pueblo marcadamente politeísta.

Su Dios supremo simbolizaba al astro rey y lo denominaban Huitzilopochtli.

Los labradores y campesinos dirigían sus peticiones al dios de la lluvia, Tláloc, que con
su vigor lograba que las nubes se unieran para producir las necesarias precipitaciones
sobre sus cosechas.

Los guerreros creían en el dios de la noche, Tezcatlipoca, al que erigían su protector.

También había un dios de la danza y de la música y de las flores cuyos símbolos estaban
constituidos por una rosa, por un pájaro y por una mariposa.

También adoraban a una diosa, a una especie de Venus, relacionada con el amor y
detentadora de aspectos sensualistas; la denominaban Tlazolteotl, y ante ella descubrían
sus culpas y faltas.

El dios Xipe Totec representaba la liberación de la sujeción a los condicionamientos


corporales y a las pasiones carnales y materiales. No está probado que fuera el
destinatario de sacrificio humano alguno, aunque se le conociera como "Nuestro señor
el desollado". Algunos himnos en su honor hablan del Dios que libera la envoltura
terrestre.

EL MISTERIO MAYA :

Surgieron de las profundidades del misterio y al misterio volvio


su singular cultura al decaer. Los eruditos los llaman mayas, pero ellos se
designaban a si mismos con otros nombres. En el cenit de su potencia, sus
ciudades-estado se extendian desde Mexico y la reseca peninsula de Yucatan
hasta Belice y Honduras y las torridas tierras bajas del Peten, en Guatemala.
Durante unos 15 siglos florecieron en aquellas inhospitas extensiones, y
durante la edad de las tinieblas en Europa, entre los años 250 y 900 de
nuestra era, dieron forma a una magnifica civilizacion de majestuosas
piramides y esplendidos palacios. Cultivaron una astronomia tan precisa que su
antiguo calendario era mas exacto que el que empleamos hoy; trazaron el curso
de los cuerpos celestes y, ante el asombro de los fieles, sus sacerdotes
predecian los eclipses lunares y los solares. Asimismo desarrollaron un
complejo sistema de escritura y alcanzaron el concepto matematico del cero.
Pero de pronto, misteriosamente, el periodo clasico llego a su
fin. Las ciudades fueron abandonadas y la selva no tardo en volver a cubrir
los imponentes monumentos. Y, hasta hace poco tiempo, el esplendor de la
civilizacion naya y sus logros no traspasaron sino muy raramente las tinieblas
en que quedaron envueltos.
Ahora, sin embargo, la luz de las investigaciones ha empezado a
esclarecer las vetustas sombras con la ayuda de descubrimientos arqueologicos
de edificios e inscripciones. Ciudades-Estado, dinastias, guerras largamente
olvidadas, han empezado a cobrar mayor consistencia. Se ha desvanecido para
siempre la imagen de los mayas pacificos, pueblo de agricultores primitivos
entregados a esotericos ritos religiosos en la quietud de su selvatico
refugio. Lo que emerge hoy es el retrato de una raza de gran vitalidad,
guerrera y numerosa hasta un punto que no se habia sospechado.
Por ejemplo, en las ruinas de Becan, aprisionadas en el verde
abrazo de la selva feraz, en la base de la peninsula de Yucatan, hay pruebas
de conflictos mayas desde eras tempranas. Un foso seco, del siglo II o III de
nuestra era cristiana circunda a Becan. "Esto demuestra que los mayas,
descritos siempre como un pueblo apacible, guerreaban desde tiempos muy
remotos", asegura Joseph Ball, de la Universidad Estatal de San Diego,
arqueologo que ha hecho excavaciones alli. "Los depositos de restos quemados y
huesos inclinan a pensar que la poblacion fue atacada hacia el año 450 de
nuestra era".
Durante toda una tarde explore el foso de Becan, de casi dos km
de circunferencia, bajo el espeso dosel del bosque tropical. En aquella sombra
sofocante no hay brisa. El sudor brota del cuero cabelludo y corre hasta los
talones en riachuelos que enervan, en pocos minutos la ropa se pega al cuerpo.
Por dondequiera que uno va, inhala el olor putrefacto de la descomposicion,
pues se avanza sobre una capa de arboles y ramas muertos. Hay serpientes
agazapadas en la sombra, garrapatas que infestan la vegetacion; de ramas
colgantes se desprenden aludes de punzantes hormigas. Una de las muchas
paradojas de la historia maya estriba en que haya podido florecer en tan
hostil ambiente. Hasta hace poco muchos eruditos creian que los mayas
dependian plenamente de una primitiva agricultura de desmonte y quemas. Sin
embargo, las sucesivas excavaciones han revelado que existieron centros
densamente poblados, a la par que una gran poblacion rural. Dzibilchaltun, en
el norte de Yucatan, estuvo ocupado ininterrumpidamente cuando menos desde el
año 500 antes de Cristo hasta la epoca en que llegaron los españoles, o sea,
un lapso de 2000 años. El analisis intenso de fotografias aereas y de los
lugares mismos ha dado pie a un erudito para concluir que en su mejor momento,
esta region tuvo una poblacion de unas 40000 personas. En la parte meridional
de la peninsula de Yucatan se ve la prueba de que los mayas usaban refinadas
tecnicas agricolas: en aquella region, en efecto, se han reconocido restos de
bancales abiertos en gran escala en las laderas.
Hace una generacion se hablaba de un "imperio maya", pero pocos
creen hoy que haya existido una entidad asi. El lenguaje maya se fragmento muy
pronto en muchas variantes. La arquitectura y el arte siguieron caminos
distintos. Las alianzas cambiaban; se alzaron y cayeron dinastias. Sin
embargo, hubo un elemento que unifico al mundo maya: su religion. Desde un
principio los mayas manifestaron preocupacion por las fuerzas divinas. Sir
Eric Thompson, el mas grande estudioso de los mayas, ya desaparecido,
manifesto: "Si llevaron bien lejos su capacidad de observacion astronomica fue
porque necesitaban dar una solida base a la astrologia, elemento fundamental
de sus creencias religiosas". Sus grandes centros ceremoniales, como Tikal y
Palenque, son monumentales actos de fe, considerando que fueron obra de un
pueblo que se vio obligado a labrar las piedras de sus construcciones sin
herramientas de metal.
El panteon maya comprendia un sinnumero de dioses, en varias
manifestaciones. El mas grande era quiza Itzamna, señor de los cielos,
representado por lo comun como un sabio anciano. Kinich Anau, el dios Sol,
presidia el dia, y Ah Puch reinaba en el pais de los muertos. Chaac, el dios
de la lluvia, desempeñaba un papel importante en la supervivencia, pues cuando
se retrasaba la temporada de lluvia, las cosechas se perdian, y en
consecuencia, el hambre asolaba a la tierra. Para ser benevolos, los dioses
exigian sangre humana que los mayas les brindaban mediante sacrificios.
Prisioneros de guerra, quiza campesinos escogidos entre las masas agricultoras
o incluso algunos voluntarios devotos saciaban los apetitos divinos. En la
culminacion de una complicada ceremonia, un sacerdote abria el pecho de la
victima con un cuchillo de piedra y le arrancaba el corazon todavia
palpitante.
Tales sacrificios humanos escandalizaron a los españoles cuando
conquistaron el pais, y destrozaron los idolos, quemaron los textos sagrados,
demolieron las piramides y utilizaron sus piedras para construir iglesias.
Atrapados entre la antorcha y la espada, los indigenas se convirtieron. Pero
al cabo de cuatro siglos de cristianismo forzoso, los mayas, esto es, los 2
millones que lograron sobrevivir en aldeas desparramadas por todo el
territorio, no han desertado todavia de las antiguas deidades. En la primavera
de 1975 las lluvias no llegaron puntuales. El maiz estaba marchitandose y los
campesinos se inquietaron. Por ultimo, algunos volvieron la vista hacia el
dios de la lluvia. Yo asisti a una ceremonia secreta para invocar su ayuda.En
el plazo de una semana los cielos se abrieron y derramaron la vida sobre los
agostados campos de Yucatan.
En la gran epoca de la civilizacion maya, la poblacion
campesina, los labradores, sostenian toda la superestructura de la sociedad.
Dice el profesor Adolfo Barrera Vasquez: "Entre los antiguos mayas habia una
profunda dicotomia cultural. Por una parte existia una clase privilegiada, un
grupito de sacerdotes y jefes encargados de preservar el saber. Conocian la
astronomia, la arquitectura, la ingenieria, el arte. Solo ellos sabian
planificar la construccion de los grandes monumentos. Ellos eran quienes
conocian el significado de todo lo que contenian los templos. Podian predecir
los eclipses y elaborar horoscopos. Como compensacion, vivian esplendidamente.
Ciertos articulos de lujo, como el jade, las plumas y las pieles de jaguar
estaban reservados para su uso exclusivo. El resto de la poblacion tenian como
finalidad proporcionar a los señores esos lujos y satisfacer sus necesidades
diarias. Por su parte los plebeyos labraban la tierra, cortaban la madera,
cazaban y al final llevaban los frutos de su trabajo a los centros
ceremoniales. Cuando la clase privilegiada viajaba, era incluso obligacion del
pueblo llevarlos en andas."
Las magicas ruinas de Palenque, centro maya situado entre los
cerros del Estado mexicano de Chiapas, y que alguna vez fue el puesto mas
avanzado de los mayas hacia el oeste, son muestra de la grandeza de esta clase
social. Los templos y las piramides de Palenque se extienden once km sobre un
monte recubiertode selva. La pequeña seccion de Palenque excavada hasta la
fecha ha entregado ya tesoros artisticos sin igual en Mesoamerica. Entre las
estructuras liberadas del verde abrazo del bosque, en Palenque, figura la
sombria y majestuosa tumba de un desconocido soberano que murio en el año 694
de la era cristiana y que esta enterrado en el corazon de una piramide llamada
Templo de las Inscripciones, la mas compleja tumba piramidal del Nuevo Mundo.
Son sorprendentes las semejanzas entre esta tumba y las criptas de los
faraones egipcios que gobernaron en tiempos muy anteriores a orillas del Nilo.
En uno y otro caso se erigieron piramides sobre el lugar de la sepultura, y
los constructores tomaron grandes precauciones para ocultar las entradas.
En el interior de las tumbas se colocaron articulos funerarios para que
acompañaran al muerto en el mas alla. La tapa del sarcofago ostentaba la
imagen del rey difunto. Y sin embargo, la camara mortuoria en Palenque es mas
austera y barbara; seis jovenes victimas fueron sacrificadas fuera de la
puerta para que sirvieran al poderoso en el mas alla. Su piramide es muestra
de una salvaje grandeza.
Todo su esplendor no salvo a la ciudad de Palenque. Murio de
pronto, al principiar el noveno siglo de nuestra era. Poco tiempo despues
siguieron su misma suerte las otras ciudades estado en el centro del mundo
maya. La convulsion empezo en las fronteras y siguio hacia el centro. Algunas
generaciones mas tarde la civilizacion maya clasica habia desaparecido. Los
campesinos encendian fogatas en los templos abandonados; los centros
ceremoniales, antes grandiosos, estaban vacios y desolados.
Casi todos los investigadores de los mayas han propuesto
hipotesis para explicar el subito colapso de la cultura clasica. Lo han
atribuido, por ejemplo, a una decadencia del comercio, al agotamiento de los
recursos agricolas, a terremotos, a huracanes, invasiones y enfermedades.
Sir Eric Thompson ha escrito que la revuelta de las masas campesinas desempeño
un papel importante en el colapso. El profesor Barrera esta de acuerdo con su
teoria: "El distanciamiento entre la clase privilegiada y los campesinos se
ahondo mas y mas con el paso del tiempo", explica, "Llego un momento en que
las crecientes exigencias de la aristocracia resultaron insoportables. El
pueblo se rebelo. Su unica arma era su numero arrollador. Es muy probable que
hayan estrangulado a todos los señores con sus propias manos." El surgimiento
y la decadencia de los mayas iluminan no solo la capacidad del hombre para la
grandeza, sino tambien su terrible afinidad con la destruccion.
Hoy solo quedan las ruinas. Pero revestidas de un poder que les
es propio, de una inmortalidad compuesta de piedra, silencio y soledad. En lo
alto de los cielos, las constelaciones, tan familiares a los sacerdotes-
astronomos de los mayas, siguen girando en sus orbitas eternas. Pero nuevos
hombres en otros paises, con instrumentos insolitos, observan ahora su
desplazamiento. Los sacerdotes-astronomos dejaron de existir. Chichen Itza y
Bonampak duermen vacias bajo la luz plateada de la Luna; el rugido del jaguar
resuena por los templos desiertos de Tikal y Yaxchilan. Los profetas mayas
sabian que esto habria de suceder. Hace mucho tiempo uno de ellos escribio:
"Todas las lunas, todos los años, todos los dias, todos los vientos siguen su
curso y desaparecen."

MISTERIOS DE LA MITOLOGIA AZTECA :

Aztecas :

Junto con la llegada de los primeros conquistadores al Nuevo mundo, se presentaron los
primeros misioneros, conjunto de santos y rebeldes, llenos del santo espíritu de Dios y
con la idea fija de transformar al cristianismo y llevar la salvación que la Santa Iglesia
Católica tenía preparada para todos los infieles.

Soldados, aventureros y diversos grupos de sacerdotes y religiosos, cayeron en el


continente recién descubierto por Colón. Grande fue su sorpresa al percatarse y conocer
las diferentes religiones de las tierras que iban siendo descubiertas y conquistadas.
Quedaron asombrados no sólo de la riqueza de ciertos panteones ( Aztecas de México,
Mayas de Yucatán, Incas del Perú), sino de encontrar en las múltiples religiones de este
Nuevo Continente insospechado poco antes e incluso aislado del mundo antiguo, no
solo creencias y prácticas semejantes a otras de la mitología clásica, sino leyendas y
tradiciones, como por ejemplo, las relativas al diluvio, que no sabían que existiese fuera
de la Biblia. Y su asombro llegó al colmo al enterarse de que ciertas particularidades
que ellos creían exclusivas del culto católico que con tanto celo se disponían a
implantar, particularidades que estaban seguros de haber sido inventadas por la Iglesia,
por ejemplo, la confesión, eran cosa establecida y practicada hacía siglos en el nuevo,
inmenso, desconocido y misterioso continente. También conocían la existencia de
Vírgenes - Madres: como la Coatlicue, que había concebido por obra de la divinidad, y
la Mujer Blanca, de Honduras.

Sin contar que existía por todas partes el sistema dualista, es decir, el de dioses y
demonios, seres, espíritus, principios o entidades diametralmente opuestas, y por ello
enemigos, productores del bien y otros del mal, como entre los persas estaba Ariman y
Ormazd o Dios y el Diablo entre los cristianos.

¿ Cómo podía ocurrir cosa tan insólita y sorprendente ? Respecto a ciertas leyendas, eco
lejano de inmensos acontecimientos planetarios o de cataclismos acaecidos en nuestro
globo en épocas remotas, aún, bien que no sin sorpresa, podía explicarse la
coincidencia. Para justificar otras, hubiera habido que admitir, cosa muy improbable,
que un grupo relativamente reducido de individuos, pero ya con una base sólida y un
abundante caudal de mitos, habíase extendido por el mundo llevando con ellos sus
creencias y leyendas, que había ido luego transformándose de acuerdo con los climas,
los lugares, las necesidades y los tiempos.

Mas esta hipótesis, aunque pudo pasar por un momento por la mente de alguno de
aquellos celosos y admirables misioneros, sería desechada al punto. ¿ Cómo hubieran
podido los hombres primitivos , inermes ante los grandes obstáculos naturales, cruzar
un mar que en pleno siglo XVI ofrecía aún tantos peligros, riesgos y dificultades ?.

En cuanto al aspecto relativo a la identidad de ciertas prácticas que creían exclusivas de


la religión que ellos se proponían implantar, de esto ni trataron de hallar la causa, como
es muy probable. Debieron limitarse a hacer un razonamiento mental semejante al de
Simón de Monfort, al hacerle la observación, pues había mandado pasar a cuchillo a
todos los habitantes de Béziers: hombres, mujeres y niños ( hecho ocurrido el 2 de julio
de 1209), que algunos de ellos no eran herejes, respondió lleno de celo: "Que mueran
todos. Dios en el cielo separará los católicos, si los hay, de los malditos albigenses".
Pues bien, ellos se dirían más o menos lo mismo.

No obstante, el problema no era difícil de resolver reduciéndole a su expresión más


natural y sencilla. Descontando que, como en muchos otros lugares de la Tierra, el
totemismo era la base, por así decirlo, de todas las religiones americanas, hubiera
bastado considerar cómo han nacido las creencias religiosas para comprender que la raíz
de todas es la misma. Y que luego sus variaciones, sus prácticas, sus leyendas y sus
mitos no son sino producto del medio y de los siglos. de la geografía y del progreso. Así
como que el unguento de ilusiones, leyendas, mitos y fantasías de tipo religioso en todas
partes es igual: la fe destinada a aliviar temores y crear esperanza.

Por ello considero oportuno revisar lo que la fantasía americana, en función de la


necesidad y del tiempo, han producido como tradiciones en este continente. Es decir, las
variaciones introducidas por los años en ese fondo común constituido allí, como en
todas partes, por los grandes fenómenos de la naturaleza y por los cataclismos
primitivos, primeras causas, en todas partes, del miedo a lo desconocido, y con ello del
sentimiento religioso.

Iniciemos pues con el estudio de los Aztecas. . .

Podemos decir que un hecho que se considera común en todas las religiones politeístas
fue siempre la tolerancia respecto a los dioses extranjeros, por lo que cada vez que un
pueblo dominaba a otros, asimilaba a los dioses de los vencidos en su panteón, con
objeto de que le fuesen propicios en el suelo que acababan de conquistar. terreno que
creían, pensando con buena lógica, que antes que a ellos pertenecía a los dioses que allí
dominaban. Las religiones monoteístas, por el contrario, al creer que el único dios
verdadero era el suyo y todos los demás invenciones de la fantasía, o de los demonios,
lógicamente también ( este lógicamente es según su lógica ) tenían que perseguirlos. A
causa de lo cual las atrocidades, violencias y crímenes cometidos en nombre de los
dioses únicos fueron siempre monopolio, no hay más remedio que confesarlo, de las
religiones tenidas como más perfectas. ( Como ejemplo tenemos la forma en que se
extendió el islamismo a sangre y fuego o las cruzadas católicas de los siglos XI al XIII).

Así las cosas, los Aztecas mexicanos, aunque era un pueblo esencialmente conquistador,
no era fanático exclusivo de sus dioses, sino más bien anexionador de divinidades,
natural es que ofrezca en su religión, tal como se le conoce, o sea, tal cual estaba cuando
Cortés se presentó en el siglo XVI, una extremada complejidad. No obstante pueden
distinguirse de un modo general en su panteón dos grandes series de divinidades: unas
en relación con la caza y con la guerra y las otras en relación con la agricultura.

El gran dios mexicano de la guerra era Huitzilopochtli ( "El dios de la guerra de los
chichimecas era Mixcoatl, dios cazador y guerrero. El de los tlaxcaltecas, Camastli, así
cada tribu tenía su dios. Xipe era el dios de los sacrificios por excelencia, bien que todas
las divinidades guerreras fuesen sanguinarias y exigiesen sacrificios humanos. Xipe era,
no obstante, un dios intermedio: mitad guerrero, mitad agrícola."). Este dios era la
divinidad tribal de los aztecas. La tradición decía que por orden suya su pueblo había
emprendido la migración que les condujo al borde del lago de Texcoco, donde fundaron
su capital.

Se le conocía también con el nombre de Mexitl, de donde la palabra México, lugar


dedicado a Mexitl. Solía representársele esquemáticamente mediante un águila, símbolo
azteca de la fuerza y de la intrepidez guerrera, así como del Sol mismo. Por ello la
abundancia de estos animales en los blasones y escudos de armas de los guerreros.
Huitzilopochtli, etimológicamente quiere decir pájaro mosca izquierdo. Debe tenerse en
cuenta que el lado izquierdo , en la concepción cósmica de los aztecas correspondía al
Sur. Sin duda, además Huitzilopochtli era una forma del sol, puesto que cuando se le
sacrificaban víctimas los corazones eran expuestos al sol.

Lo de pájaro mosca venía de la siguiente leyenda, la cual parece indicar que antes de
llegar a ser el dios de la guerra fue un dios totémico, un colibrí:

Huitzilopochtli había sido concebido por la Virgen - Madre Coatlicue ( la del traje tejido
con serpientes), que era ya madre de una hija y de numerosos hijos, llamados los
Centzon-Huitznahuas ( los cuatrocientos meridionales). Coatlicue, estando un día
orando en el templo del Sol, recibió del Cielo una corona de plumas de colibrí. La puso
sobre su seno y quedó encinta del dios de la guerra. La hija, furiosa, pues creía
deshonrada a su madre, instigó a los Cuatrocientos Meridionales ( es decir, las estrellas
meridionales, enemigas del Sol) para que la matasen. Pero Cuatlicue pudo librarse de
ellos y dar a luz a Huitzilopochtli, que por cierto, nació enteramente armado, como la
Atena griega; revestido con una armadura azul, con la cabeza y la pierna izquierda
adornadas con plumas de colibrí y una jabalina azul también en la diestra ( signo de
habilidad). Al punto, precipitándose sobre su hermana, la mató; luego y sirviéndose de
Xiuhcoaltl, la serpiente de fuego, su atributo distintivo, exterminó a los Centzon-
Huitznahuas y a cuantos habían complotado contra su madre.

Se solía representar a este dios como un guerrero con la parte alta de la cara pintada de
negro, cubierto con una armadura de plumas y llevando en la mano izquierda un escudo
y en la derecha el xiuhcoaltl. En su calidad de dios tribal, le estaba dedicado el templo
de México. Los corazones de las víctimas que eran sacrificadas en su honor, eran
puestos en recipientes de piedra llamados quanhxicalli, "recipientes del águila", alusión
a una de las formas del dios. Tal vez una divinidad más antigua que él ( cuyo hermano
era Tezcatlipoca, "espejo brillante", dios del invierno y no se sabe el porqué, también de
la justicia) era sin duda Quetzalcoaltl, la serpiente emplumada, que los aztecas debieron
de encontrar ya al conquistar México. Decíase que esta serpiente había tenido que
retirarse ante el ataque de los aztecas, acabando por embarcarse para ir hacia los países
del Este, al otro lado del Atlántico. Pero que un día volvería a tomar el desquite. Esta
antigua creencia no dejó de ayudar mucho a Cortés, que al tener noticia de la tradición,
la empleó y la explotó para sus alianzas con las tribus enemigas de Moctezuma cuando
su prodigiosa conquista de México.

Tezcatlipoca( espejo humeante) era el dios del Sol; personificaba el sol del verano, que
madura las cosechas, pero que trae también la sequedad y la esterilidad. Como dios de
la tarde, era asimilado a la Luna. Recibía diversos nombres, según las fiestas en que era
invocado , algunas de las cuales le estaban consagradas en su calidad de dios de la
música y de la danza. Era invisible e impalpable, apareciendo, a veces, a los hombres,
bajo la forma de una sombra fugitiva, de un monstruo espantoso o de un jaguar. Según
una leyenda, Tezcatlipoca erraba por las noches bajo la forma de un gigante, envuelto
en un velo ceniciento y llevando su cabeza en la mano. Cuando los temerosos le veían
morían, pero el hombre bravo le agarraba y le decía que no le soltaría hasta por la
mañana. El gigante suplicaba que le soltase y maldecía. Si el hombre conseguía retener
al monstruo hasta el alba, éste entonces cambiaba de humor, le ofrecía riquezas y
poderes invencibles con tal de que le dejase partir antes del amanecer. El hombre
victorioso recibía entonces del vencido cuatro espinas como prenda de su victoria.
Luego el hombre valiente le arrancaba el corazón y se lo llevaba a su casa. Pero al
desdoblar la tela en que lo había metido no encontraba sino plumas blancas o una
espina, o ceniza, o harapos. Los aztecas le temían más que a todo otro dios y le ofrecían
también sacrificios sangrientos. Cada año, el más hermoso de entre los jóvenes cautivos
era escogido para personificarle. Le enseñaban a cantar, a tocar la flauta, a llevar flores
y a fumar. Le vestían suntuosamente y ponían ocho pajes a su servicio. Durante todo el
año le prodigaban toda clase de honores y placeres. Veinte días antes de la fecha
dispuesta para el sacrificio le daban como mujeres a cuatro jóvenes, que personificaban
a cuatro diosas. Luego empezaban una serie de fiestas y danzas. Llegado el día fatal, el
joven dios era conducido con gran pompa fuera de la ciudad y sacrificado en la última
plataforma del templo. De un solo golpe con un cuchillo de obsidiana, el sacerdote le
abría el pecho y le sacaba el corazón palpitante, que ofrecía al Sol.

Tezcatlipoca era el gran enemigo de Quetzalcoatl, cuyo mito parece evocar una gran
lucha étnica. Tezcatlipoca no pensaba sino en la destrucción de los de Tulla, es decir, de
los tolteques, de los que Quetzalcoatl era el dios más importante antes de llegar a ser,
luego de la caída de los tolteques, una de las principales divinidades aztecas.

Un día los de Tula vieron entrar en la ciudad tres brujos, uno de los cuales no era otro
que Tezcatlipoca bajo la apariencia de un hermoso joven. Este consiguió seducir a la
sobrina de Quetzalcoatl, hija del rey Uemac, lo que le permitió extender el Tula el gusto
a la desobediencia a las leyes y el vicio. En una gran fiesta bailó y entonó un cántico
mágico. Pronto fue imitado por un gran número de tolteques, a los que condujo a un
puente, que hundiéndose bajo su peso, hizo caer a la mayor parte al río, donde fueron
convertidos en piedras. Poco después se mostró a los tolteques haciendo bailar
mágicamente en su mano a un muñeco. Maravillados se amontonaron de tal modo para
ver mejor el espectáculo prodigioso, que muchos murieron asfixiados. Entonces les dijo
que debían matarle por los males que había ocasionado. Le mataron, en efecto, mas al
punto su cuerpo empezó a exhalar tal olor, que muchísimos de los tolteques morían. En
fin, tras muchas pérdidas, consiguieron sacarle fuera de la ciudad cuando ya casi la
había arruinado.

Tezcatlipoca era representado con cabeza de oso y ojos muy brillantes. Llevaba en la
cara rayas amarillas y negras. Su cuerpo era negro también y sus tobillos estaban llenos
de campanillas. provocaba discordias y la guerra. Pero también era dispensador de
riquezas. Los aztecas le atribuían el poder de destruir el Mundo si le placía. Como la
mayor parte de los otros dioses, resucitó y volvió del cielo a la tierra.

Quetzalcoatl ( serpiente - pájaro), dios del viento, amo de la vida, creador y civilizador,
patrón de todas las artes e inventor de la metalurgia, era en un principio una divinidad
del Chilollán; pero expulsado por las maquinaciones de Tezcatlipoca, resolvió irse a
Tlapallán, tras la ruina de Tulla. Quemó sus casas, hechas de plata y de conchas, enterró
sus tesoros y se lanzó por el mar del Este, precedido de sus servidores, transformados en
pájaros de vivo plumaje, tras prometer a su pueblo volver. Desde entonces, centinelas
colocados en la costa acechaban la llegada del dios.

Quetzalcoatl era representado como un viejo de larga y blanca barba y vestido con un
traje muy amplio. La cara y el cuerpo pintado de negro. En la cara una careta de hocico
puntiagudo de color rojo.

Al estar preparando este trabajo llegó a mis manos un artículo periodístico publicado en
el periódico Reforma en su suplemento dominical " El Ángel".

" Quetzalcoatl ocupa un lugar único en la historia y la imaginería mexicanas. Su figura


múltiple recorre todas las épocas y en cada una brilla con luz propia. Su primera
aparición es imborrable: nace con la actual era del mundo y es uno de sus creadores. Un
mito hecho de mitos.

Según las cosmogonías más antiguas, Quetzalcoatl nació cuando no había luz ni
movimiento ni vida en el mundo, e instauró un orden fundamental en el cosmos. Separó
el cielo de la tierra, y él mismo se convirtió en uno de los árboles que sostenían la
bóveda celeste. En la tradición maya es el Primer Padre, el ordenador del cosmos y el
dios del maíz, la deidad que creó el alimento de los seres humanos y produjo la vida
civilizada. Varios textos y pinturas describen su maravilloso viaje a la Primera
Verdadera Montaña, el lugar donde se guardaban los alimentos fundamentales. Cuentan
cómo Quetzalcoatl, armado de un hacha con forma de relámpago, golpeó la montaña de
los mantenimientos y de la abertura que hizo brotó el maíz y los bienes que desde
entonces alimentan a los seres humanos.

En los testimonios mayas que narran la saga de Quetzalcoatl, los principales


acontecimientos de su vida están vinculados con el ciclo vegetal de la planta del maíz.
Siguiendo la práctica de los campesinos cuando inician la siembra y remueven la tierra
para depositar en ella la simiente. Quetzalcoatl fue primero sembrado en la tierra; es la
primera semilla que se introdujo en el seno de la tierra. Pero como los dioses creadores
no advirtieron a los señores del inframundo de esta intromisión en sus dominios, no
acordaron con ellos los sacrificios que habrían de recibir a cambio de procrear la vida en
su interior, éstos retuvieron la semilla y se negaron a que fructificara en la superficie
terrestre. El Popol Vuh, libro sagrado de los mayas, narra que al observar esa resistencia
los dioses celestes enviaron al inframundo a dos héroes dotados de poderes
sobrenaturales, los Gemelos Divinos. Los gemelos descendieron al interior de la tierra,
enfrentaron a los temibles señores del Xibalbá, los vencieron e hicieron retornar al dios
del maíz a la superficie terrestre. El episodio más dramático del mito es el renacimiento
glorioso del dios del maíz, quien brota del interior de la tierra llevando con él las
mazorcas preciosas, con cuya masa los dioses modelaron a las mujeres y a los hombres
de la nueva era del mundo. Como se observa, en su versión más antigua, el mito de
Quetzalcoatl es una cosmogonía agrícola, un canto a los poderes reproductores del cielo
y de la tierra, y una apología de la agricultura como sustento de la vida civilizada.

En la tradición del área del Golfo de México, Quetzalcoatl asume otra apariencia: es
Ehécatl, el dios del viento, la potencia que barre los cuatro rumbos del cosmos para que
por ellos corran los aires que provocan la precipitación de la lluvia. Su aparición ordena
el cosmos, el espacio terrestre y el tiempo. Sus templos eran redondos y por ellos
viajaban los diferentes vientos. En Cholula, sus seguidores edificaron un templo
altísimo y la fiesta que lo conmemoraba reunía peregrinos de las regiones más apartadas
de Mesoamérica.

En los códices y relatos mixtecos, Quetzalcoatl aparece bajo la advocación de Ehécatl,


el soplo vital que le infundió movimiento al cosmos. Su calidad divina se manifiesta al
nacer; pues brota de un pedernal y una de sus primeras tareas es separar el cielo y las
aguas de la tierra. Su aparición se asocia con el surgimiento de la tierra mixteca, el
nacimiento de los primeros linajes en la legendaria región de Apoala, el descubrimiento
de las plantas útiles y del fuego, y la celebración de las ceremonias dedicadas a
reverenciar a los dioses y los ancestros. Es un héroe cultural de naturaleza divina, un
dispensador de los bienes fundamentales y el ancestro tutelar del pueblo mixteco.

Varios siglos más tarde, cuando ya habían desaparecido los reinos de la época Clásica
que contaban que la creación del cosmos había sido obra del dios del maíz, se fundó un
estado poderoso en el norte de Mesoamérica, poblado por gente nómada y guerrera y
por antiguos habitantes del Altiplano Central. Ese reino tuvo por capital Tula o Tollan,
la celebrada ciudad gobernada por el rey y supremo sacerdote Quetzalcoatl. Los relatos
toltecas le atribuyen a Quetzalcoatl la creación del legado cultural que fundó la vida
civilizada en Mesoamérica: la invención de la agricultura, el calendario, la escritura, la
astronomía, la astrología, la medicina y las artes y oficios útiles. Es decir, este mito
legitima el asentamiento de los guerreros norteños en las tierras de los antiguos
agricultores y transforma sus creaciones culturales en legado tolteca.

La celebración del dios y héroe cultural de Tula se confundió con la imagen de un


personaje llamado Ce Ácatl Topiltzin Quetzalcoatl, que quiere decir Uno caña ( su fecha
de nacimiento), nuestro señor Quetzalcoatl. Su legendaria biografía señala que llevó el
mismo nombre que el dios y sacerdote, hizo hazañas guerreras, gobernó Tula en su
máximo esplendor, perdió el trono y por último, abandonó su reino, huyendo con una
parte de sus fieles hacia el oriente.

La literatura más extensa sobre Topiltzin Quetzalcoatl se refiere a su gobierno en Tula y


celebra la fundación de un reino que ejercía el poder sobre innumerables pueblos. Los
textos narran que Tula era la metrópoli donde abundaban las riquezas y confluían los
bienes de la civilización. En ese reino el poder político estaba unido al religioso en la
persona de Topiltzin Quetzalcoatl. A Tula acudían los señores de las provincias vecinas
y ahí Topiltzin les asignaba su rango y les imponía las insignias del poder. En signo de
acatamiento, los jefes de los distintos reinos le ofrendaban tributos muy ricos y regalos
suntuosos.

Repentinamente, este reino feliz fue abatido por los poderes malignos del dios
Tezcatlipoca, quien hizo que Quetzalcoatl huyera hacia oriente. Unos textos dicen que
al llegar a un lugar de la costa del Golfo de México, Quetzalcoatl se incendió y más
tarde renació convertido en Estrella Matutina o Señor del Alba. Otros cuentan que al
salir de Tula inició una dilatada peregrinación por las regiones de Puebla, Oaxaca,
Tabasco, Chiapas y Yucatán, y se internó en las tierras de Guatemala, El Salvador y
Nicaragua. En cada uno de esos lugares dejó una huella inolvidable de su presencia.

Múltiples testimonios registran la penetración en el sur del País de grupos de


ascendencia tolteca, junto con el arribo de un personaje que reproduce los rasgos del
legendario rey, supremo sacerdote y héroe cultural de Tula. En muchas ciudades su
emblema, la Serpiente Emplumada, adorna los monumentos más significativos. En
Chichén Itzá es el emblema que identifica a los personajes que encabezan acciones
bélicas. En Cacaxtla, la Serpiente Emplumada identifica a los dirigentes de esa ciudad.
En Xochimilco, la Serpiente Emplumada ondula en el monumento que se levanta en la
plaza central. Asimismo, diversos textos yucatecos, quichés y cakchiqueles dan cuenta
de invasiones procedentes del Altiplano Central dirigidas por personajes que ostentan el
nombre de Kukulkán, Gucumatz o Nacxit, que son otras tantas apelaciones del
legendario Topiltzin Quetzalcoatl. Como se advierte, el mito de la Tula maravillosa y
del legendario Quetzalcoatl legitiman la expansión de un pueblo conquistador, que
desde el siglo IX al XII impuso su dominio en Tula y en la Península de Yucatán, donde
grupos toltecas y mayas fundaron Chichén Itzá, la metrópoli sureña.

Cuando Hernán Cortés llegó a las playas de Veracruz, buena parte de las diversas
imágenes que a lo largo del tiempo se habían reunido en Tenochtitlán, la ciudad
edificada en medio de la laguna, que era entonces una metrópoli cosmopolita y un
centro receptor de múltiples tradiciones. En el panteón mexica, Ehécatl -el dios creador
de los códices mixtecos- tenía un alto lugar, aunque crecientemente disputado por
Tezcatlipoca y Huitzilopochtli, deidades nahuas. Su extraño templo redondo ocupaba un
lugar privilegiado frente al Santa santorum de Tenochtitlán, el Templo Mayor.

En el centro ceremonial de Tenochtitlán, los mexicas habían construido un templo para


albergar las efigies de los dioses conquistados, de tal manera que la variedad de
deidades nahuas se imbricó con los dioses, símbolos y discursos teogónicos de otros
pueblos y culturas. Así, a las propias relaciones de Quetzalcoatl con otros dioses del
panteón nahua, se agregaron nuevas conexiones con deidades de panteones diferentes.
El Quetzalcoatl mexica recibió los atributos y significados del Quetzalcoatl venerado en
Cholula y particularmente la rica simbología de la Estrella Matutina y la Estrella
Vespertina que estaba en uso en diferentes regiones, de modo que, Xólotl,
Tlahuizcalpantecutli y otros avatares de Venus se sumaron al Quetzalcoatl de los
aztecas.

En la cosmogonía nahua, Quetzalcoatl es uno de los dioses que intervienen en la


creación del cosmos y del sol, y es asimismo el dios que desciende al inframundo,
rescata los huesos de la antigua humanidad y forma con ellos a las mujeres y a los
hombres del Quinto Sol. Como sus antecesores mayas y mixtecos, es el dios
dispensador de la civilización, el reciclador del tiempo, el discernidor del movimiento
de los astros y de los destinos humanos. El calendario y la Escritura, los dos saberes
supremos que ordenaban los conocimientos fundamentales de Mesoamérica, eran
actividades vinculadas al dios Quetzalcoatl y estaban a cargo de los dos más altos
sacerdotes, quienes llevaban asimismo el título de Quetzalcoatl.

Al lado de las representaciones del dios, los testimonios mexicas destacan la imagen de
Ce Ácatl Topiltzin Quetzalcoatl como el fundador del reino soñado. Del mismo modo
que en la mitología mexica Tula es el arquetipo de la ciudad y el reino ideal, Topiltzin
Quetzalcoatl es el paradigma del gobernante, el creador de las insignias, investiduras y
símbolos reales, el primer rey de la legendaria Tula, el fundador del poder tolteca,
antecesor del poder mexica.

La conquista española y la invasión de nuevos dioses y símbolos religiosos no segaron


la vida de Quetzalcoatl. Por el contrario, la multiplicaron. Con las cenizas y los
recuerdos de los antiguos dioses, los sobrevivientes indígenas compusieron un nuevo
mito de Quetzalcoatl: el antiguo héroe cultural fue transformado en un mesías redentor.
Varios testimonios relatan la historia de un Quetzalcoatl que había prometido regresar
de su exilio, formar un ejército indígena dotado de armas invencibles, hacer la guerra a
los invasores blancos y restaurar el antiguo reino de los señores naturales.

Por su parte, los frailes evangelizadores y los nacidos en México de ascendientes


europeos, crearon el mito de un Quetzalcoatl cristiano. Fray Toribio de Benavente, el
célebre Motolinía, inició esta transformación cuando aseveró que Quetzalcoatl era
"hombre honesto y templado", y dijo que fue él quien "comenzó a hacer penitencias y
ayuno y disciplina". Bartolomé de las Casas dio un paso más en esta conversión cuando
afirmó que Quetzalcoatl, el dios de Cholula, era un hombre blanco, de ojos grandes,
largo cabello negro y barba redonda. El dominico Diego Durán completó esta
identificación en su Historia de las Indias, donde escribió que Quetzalcoalt había sido en
realidad un mensajero de Cristo, puesto que había difundido los signos de la verdadera
religión y había profetizado la llegada de los españoles.

La interpretación de Durán no admitía la idea de que los indios de la Nueva España


pudieran haber sido olvidados por los señalados para propagar la palabra de Cristo.
Según su interpretación, el apóstol de los indios había sido Topiltzin, " el cual aportó a
esta tierra, y según la relación [ que] de él se da [...] también sabemos haber sido
predicador de los indios". Así, por medio de esta transmutación, Quetzalcoatl adquirió
los rasgos de un apóstol de Cristo, mientras que otros pensaron que Dios había utilizado
ese engaño para atraer a los indios a la verdadera fe. Como lo ha mostrado Jacques
Lafaye, la "idea que pronto tendió a imponerse fue que Quetzalcoatl era el apóstol Santo
Tomás y que todas las analogías [ de las ] creencias del antiguo México con el
cristianismo derivaban de una pretérita evangelización de América y de la degradación
ulterior de la doctrina". Sobre estas bases se afirmó la idea de que Quetzalcoatl fue un
dios blanco, procedente de un país remoto, cuyo mandato era difundir la civilización en
las incultas tierras de América.

Desde entonces, Quetzalcoatl se convirtió en la presencia más ubicua y carismática de la


mitología mexicana. Adquirió las cualidades de la metamorfosis, la resurrección y la
multiplicación sin límites. Su figura, radiante o premonitoria, pudo atravesar
simultáneamente diferentes tiempos o viajar por múltiples espacios. En los años críticos
de indefensión o quebranto, asumió los rasgos del profeta: anunció regresos triunfales y
la instauración de un nuevo reino. En las épocas de construcción y estabilidad se
convirtió en símbolo de civilización y en emblema de una identidad ancestral.

Poco antes de que estallara el movimiento de independencia, fray Servando Teresa de


Mier revivió la leyenda del apóstol y del héroe legendario. A su vez, muchos indígenas
y mestizos entendieron que en esos años se cumplía un ciclo más de las revoluciones del
tiempo y que esa anudación de los años anunciaba el regreso de Quetzalcoatl. A lo largo
del siglo XIX su figura invadió los terrenos de la poesía, la música, el drama, la
literatura y la pintura. En estas artes, como antes en el mito, adquirió otros perfiles y
vivió nuevas reencarnaciones. Con el triunfo de la Revolución de 1910 y la eclosión de
la pintura mural, Quetzalcoatl se convirtió en uno de los personajes predilectos de los
muralistas. José Clemente Orozco y Diego Rivera plasmaron dos interpelaciones
poderosas de Quetzalcoatl, y más tarde cada pintor construyó su propia versión de este
personaje.

En la segunda década del siglo actual, Manuel Gamio, el fundador de la arqueología


mexicana, exhumó en la ciudad sagrada de Teotihuacán el templo más antiguo que se
conoce dedicado a la Serpiente emplumada. Nunca imaginó que con esa obra iniciaría
otro interminable debate sobre esa entidad prodigiosa, y abriría la puerta a una sucesión
de cambiantes interpretaciones. las encontradas y fantásticas elecubraciones que cada
generación de arqueólogos produjo de esta figura, pronto fueron superadas por las
fabricadas por historiadores, escritores, practicantes de ciencias ocultas, astrólogos,
periodistas, antropólogos de las más variadas escuelas y aficionados a la historia y la
arqueología.

En las últimas décadas, la literatura sobre Quetzalcóatl adquirió dimensiones


inabarcables. Los psicólogos encontraron nuevas versiones del complejo de Edipo al
analizar la personalidad incestuosa y esquizofrénica de Quetzalcóatl. En la iconografía
popular, aun cuando la Virgen de Guadalupe y el Enmascarado de Plata mantienen el
primer lugar en cuanto al número de veces que su imagen se reproduce, Quetzalcóatl se
imbricó con las imágenes de los santos, vírgenes, profetas, héroes culturales, videntes y
ancestros de toda laya.

Como ocurre con otros grandes mitos, el de Quetzalcóatl se ha vuelto un mito universal,
imposible de reducir a una sola explicación, irrefrenable y polisémico. Cada nueva
interpretación da pie a nuevas hipótesis y suscita otras réplicas que a su vez conducen a
nuevas disquisiciones. Al reencarnar en cada época bajo nuevas apariencias y
simbolismos, y al reproducirse con la máxima plasticidad, adquirió la libertad suprema:
la de ser cada vez una personalidad distinta y mudable."

Entre los dioses de la agricultura, el más importante era Tlaloc ( pulpa de la tierra), dios
de las montañas, de la lluvia y de los manantiales. Pertenecía originariamente a los
otomíes, y era representado también pintado todo de negro, pero llevando una corona de
plumas blancas empenachada de otra verde. Entre sus atributos estaba la careta de
serpiente con dos cabezas. Habitaba en la cima de las montañas, y su casa, Tlalocán,
estaba llena de alimentos. En ella habitaban las diosas de los cereales, muy
particularmente del maíz. Tlaloc, antiguo dios de Teotihuacán, se caracterizaba por sus
ojos inmensos y por sus largos dientes. Era el dios de la lluvia, de las aguas, del trueno,
y de las nubes y por ello habitaba en la cima de las montañas.

Otro dios de la lluvia era Xipe, invocado con el título de el Bebedor Nocturno. Para que
concediese la lluvia se le sacrificaban cautivos, que eran atados a postes y acribillados a
flechazos. Su sangre, que caía en tierra, como la lluvia, debía de atraer a ésta. Tlaloc por
su parte, tenía cuatro grandes artesas de las que sacaba cuatro diferentes clases de agua:
una buena ( la útil al campo), la de la primera artesa. La de la segunda hacía nacer las
telas de araña y provocaba las enfermedades de los cereales; la de la tercera se
transformaba en granizo y la de la cuarta hacía morir todos los frutos. Era, pues, un dios
bueno y malo a la vez. Y precisamente porque era temido, era venerado. Su culto era el
más bárbaro y sanguinario de todos. Incontables niños de pecho le eran sacrificados.
Cuando eran sus fiestas los sacerdotes iban en busca de víctimas tiernas, compraban los
bebés a sus madres y los echaban a un lago donde los dejaban que se ahogasen. Luego
los cocían y se los comían. Si los niños lloraban, los espectadores se regocijaban, pues
las lágrimas anunciaban según decían, la lluvia. De las veinte grandes fiestas, cinco eran
dedicadas a Tlaloc y a su mujer, Chalchiutlicue (la que tiene una falda de piedras
verdes), que simbolizaba el agua en movimiento, los torrentes y los ríos. Durante estas
fiestas, los sacerdotes se zambullían en el lago e imitaban los movimientos y el croar de
las ranas, con objeto de atraer ellos mismos a la lluvia. Era asociada también a Tlaloc su
hermana Chicomecoatl ( Siete Serpientes), a la que representaban con espigas de maíz
en las manos. Era diosa de la fertilidad. La serpiente, cuando no tenía plumas,
correspondía siempre al agua y a la fertilidad agraria.
Otra diosa agraria adorada especialmente en Cuohnahuac ( hoy ciudad de Cuernavaca),
era Xochiquetzal, esposa del dios del maíz, Centeotl. Presidía la aparición de las flores y
las fiestas musicales. Aún hay que citar, entre los dioses del maíz y de la tierra, a
Tlazolteotl, la Venus mexicana, por la posesión de la cual los Olímpicos mexicanos se
hicieron una guerra terrible. Y lo curioso era que además de presidir el amor sexual,
presidía también la confesión y la penitencia. Porque uno de los aspectos religiosos de
los aztecas que más sorprendió a los conquistadores españoles, como ya he mencionado
líneas arriba, fue la existencia en México de las mortificaciones en expiación por las
faltas y la confesión. Esta confesión se hacía en un día determinado. El sacerdote con el
que se practicaba absolvía al que se confesaba no solamente ante dios, sino ante la
justicia humana. Pero esta absolución total no podía ser dada sino una vez. No solía ser
solicitada, además, sino por los ancianos. En cuanto a mortificaciones, además de
ayunos rigurosísimos, se extraían sangre de diversos órganos ( lengua, orejas, piernas) y
se atravesaban las carnes con espinas de maguey. decíase que Tlazolteotl habíase casado
con Tlaloc, el dios de la lluvia, pero luego le había dejado para irse con Tezcatlipoca,
divinidad del invierno. La significancia de este mito es clara. Sobre la Venus mexicana
hay la siguiente leyenda: Un cierto Jappán, queriendo llegar a ser el favorito de los
dioses, abandonó a su familia y todos sus bienes, decidido a llevar, en el desierto, vida
de eremita. Allí, sobre una roca muy alta permaneció día y noche entregado a la
devoción. Los dioses, queriendo poner a prueba su virtud, ordenaron a un demonio
Yaotl ( el enemigo), que le tentase y, de sucumbir, que le castigara. Yaotl hizo desfilar
ante él a las criaturas más hermosas, invitándole a descender de su roca, pero todo fue
en vano. La diosa Tlazolteotl, interesada en aquel juego, mostróse a Jappán, que ante su
mucha hermosura quedó todo turbado. -"hermano Jappán, le dijo la diosa- maravillada
de tu virtud y contristada a causa de tus sufrimientos, quiero reconfortarte. ¿ Cómo
llegar hasta ti con objeto de poder hablarte más cómodamente ?" El eremita, no dándose
cuenta de que era un lazo que le tendía, bajó de su roca y ayudó a la diosa a subir en
ella. Y al hacerlo la virtud de Jappán cayó. Al punto acudió Yaotl, que pese a todas sus
súplicas, le cortó la cabeza. Los dioses le cambiaron en escorpión y avergonzado corrió
a esconderse bajo la piedra teatro de su derrota. Luego el demonio-verdugo fue a buscar
a la mujer de Jappán, Tlahuitzin ( la inflamada), la trajo junto a la piedra donde estaba
escondido su marido, le contó lo que había pasado y le cortó también la cabeza. De ella
nació otra variedad de escorpión color de fuego. Uniéndose a su marido bajo la piedra,
dieron nacimiento a escorpiones de diferentes colores. En cuanto a Yaotl, estimando los
dioses que se había excedido le transformaron en saltamontes.

Uno de los últimos dioses citados en este apartado será, saltándome otros dioses que
podrían parecer más importantes a los entendidos, a Xiuthtecuhtli, dios del fuego,
representado como un viejo lleno de arrugas; Mictlán, el Plutón americano, rey de los
muertos; a Ixliltón, el Asklepios azteca, y al Mercurio Mexicano, Yacatecuhtli, dios de
los comerciantes.

Las concepciones de los aztecas, relativas al Universo reflejaban sus gustos trágicos y
su inclinación a los sacrificios y prácticas sangrientas. La creación del Mundo había
empezado por el sacrificio voluntario del dios Nanahutzin ( dios de la sífilis, como
Amimitl lo era de la disentería), que se arrojó a una hoguera. Quetzalcóatl había
sacrificado a su hijo, que tras ello tornóse en Sol. Cuatro edades o soles se habían
sucedido, cada una de ellas terminaba por un cataclismo. Al final de la primera los
hombres habían sido destruidos por los jaguares. la segunda, por el viento. La tercera
acabó mediante una lluvia de fuego. la cuarta, en diluvio. Nuestra Era, colocada bajo el
signo de Nahui Ollín ( Cuatro Movimientos), perecerá mediante temblores de tierra. Los
primeros sacrificios los habían hecho los dioses para alimentar al Sol con sangre de
corazón.

El mundo subterráneo comprendía nueve pisos; los cielos, trece, superpuestos. En fin,
práctica esencial en la religión de los aztecas eran, como ya he indicado varias veces,
los sacrificios humanos, costumbre que fue en aumento a medida que la civilización
progresaba. Esto, la abundancia de dioses y su complicado ritual dio nacimiento a un
cuerpo sacerdotal muy numeroso, a cuya cabeza estaban dos grandes sacerdotes, que
llevaban el nombre de Quetzalcóatl. A sus órdenes se escalonaban una jerarquía
complicada y una escuela encargada de la formación de novicios. Había, además, brujos
y magos que, mediante remuneración, predecían el porvenir, curaban las enfermedades
y hacían otros servicios análogos.

En fin, otra religión - mitología más, que prueba también en qué modo estas dos
palabras son difícilmente separables, pues como se puede dar uno cuenta, no solamente
hasta la aparición de las llamadas grandes religiones ( las debidas esencialmente a los
místicos geniales), las creencias estaban constituidas por puros amontonamientos de
mitos, sino que estas mismas doctrinas imaginadas por un hombre ( o por un cuerpo de
ellos, como el judaísmo, obra de los levitas judíos) tuvieron como base y fundamento
mitos, milagros y dogmas; es decir, toda suerte de fábulas y mentiras tejidas pronto en
torno de sus figuras centrales. Las dos más personales de ellas, el budismo y el
islamismo, la primera fue al punto prostituida por los discípulos y continuadores de su
fundador. En cuanto a la segunda, ¿ no empieza acaso con una tremenda fábula: las
famosas entrevistas de Mahoma en una cueva del monte Ira con el arcángel Gabriel, que
por encargo de Dios ( Alá) le decía lo que tenía que enseñar a sus compatriotas ?.

Pero esto será tema de otra reflexión. . .

Trabajo realizado por:


Dr. Angel Ricardo Guevara Hdz.

CIVILIZACIONES ANTIGUAS
- INCAS Y OVNIS -

Cómo a todas las personas que nos interesa el fenómeno Ovni, no puede dejar de
asombrarnos los grandes misterios que encierran las antiguas civilizaciones terrestres en
su posible relación con una cultura extraterrestre.
Hay una amplia bibliografía al respecto y es mi intención en esta página no analizar los
hechos sino solamente mencionarlos y ocasionalmente transcribir textualmente lo que
nos ofrecen los distintos investigadores sobre el tema; que muchas veces por no poder
conseguir sus obras y/o por los costos que ello insume, no se tiene acceso a tan valiosa
información. Es por ello que quiero brindar en este espacio un resumen de hechos y
pasajes. Pues estoy seguro que el lector interesado en el tema, agradecerá esta
informacion y los atesorará, porque la misma está extraída de distintos libros y autores,
varios de ellos desaparecidos del mercado, y que por este medio y resumidos llegan a su
conocimiento.
Iniciaremos el camino, sabiendo que es lo que se dice de las antiguas culturas de nuestro
continente, especialmente de América central y América del sur, ustedes recuerdan a los
Incas, a los aztecas, mayas, etc. De todos ellos existen aún (y esto no es necesario
demostrarlo) muestras de sus antiguas culturas, mitos y leyendas de las cuales no se
conoce todavía el límite de las fantasía y la realidad.

Cerca del lago Titicaca, en Bolivia, cuna de la antigua civilización Incaica, a unos 4000
metros de altura sobre el nivel del océano pacífico, se encuentran las ruinas de
construcciones ciclópeas constituidas por gigantescos bloques de piedra. Son los restos
de varias ciudades superpuestas una a una, vestigios de una civilización muy
desarrollada que hace unos 300.000 años estaba establecida en la Cordillera de los
Andes. Y como es sabido, según la leyenda de los indígenas, la misteriosa ciudad de
Tiahuanaco fue levantada en una noche, y el antiguo estado de los Incas fue fundado por
unos extranjeros misteriosos, unos gigantes de piel blanca, barbudos de cabellos rubios
y ojos azules, que llamaban "hijos del sol" ¿..quiénes eran..?.

La leyenda dice que llegaron del cielo para difundir allí su civilización e impartir sus
conocimientos a los nativos. Los conquistadores españoles que sometieron a los Incas,
refieren en sus memorias que ellos se atenían a antiguos principios no religiosos: trabajo
obligatorio para todos (el mismo soberano trabajaba el campo que se le había
adjudicado), pena de muerte para los que no trabajaban, desprecio por las riquezas, uso
del oro con fines exclusivamente técnicos, pan gratuito para todos... y puede agregarse
que aquellos que llegaban a cierta edad, podían retirarse y la comunidad se encargaba de
su subsistencia.

Los Incas eran, pues civilizados. Además, en su lengua figura la palabra "hierro" y hay
motivos para pensar que tenían "altos hornos", de todos modos conocían numerosas
aleaciones de bronce.

Las piedras de las ruinas antes mencionadas presentan pruebas técnicas de trabajo que
no se encuentran en ninguna otra parte del mundo y que la humanidad no ha vuelto a
conocer. Una de las estatuas, tallada de una sola pieza, tiene más de siete metros de
altura y pesa 10 toneladas. Hay otra piedra de casi nueve toneladas, es un monolito de
tres metros de altura, en cuyas seis caras están talladas inexplicables muescas.

Asimismo, existen docenas de estatuas monolíticas de similar estructura, y resulta difícil


concebir la forma en que fueron transportadas a una altura semejante, ya que por
aquellos alrededores no hay canteras.
El modo de trabajar la piedra es también único. Hay pórticos de 3 metros de altura, 4 de
anchura, medio metro de grosor, y tallados en una sola piedra, en la que la puerta y las
falsas ventanas han sido cortadas con el cincel , y las esculturas del friso esculpidas en
la misma roca, su peso es de más de 10 toneladas.

Otra estatua esculpida también en una sola piedra, tiene 8 metros de alto y uno de
espesor, pesando 20 toneladas. Hay otras partes de la muralla que pesan sesenta
toneladas, y para sostener otros muros formados por piedras más pequeñas, hay bloques
de granito de más de 100 toneladas hundidos en la tierra.

Pero, ¿qué sentido tienen esas construcciones y monolitos ciclópeos?, realmente es un


gran enigma. Muchos estudiosos de las civilizaciones antiguas, aventureros y/o
historiadores han destacado en innumerables oportunidades, los enigmáticos aspectos
que tienen estas misteriosas civilizaciones indígenas.

De algunas de sus crónicas se puede extractar lo siguiente: don Diego de Alcobaca


describe: "entre los edificios de Tiahuanaco a orillas del lago existe una plaza de 24
metros cuadrados, tiene adosada a uno de sus lados una sala de 14 metros de longitud.
Tanto la sala como plaza están formadas de una sola pieza. Una verdadera obra maestra
tallada en la roca... hay también muchas estatuas de hombres y mujeres, los cuales son
de rasgos tan perfectos que parecen vivos".

Dice Jiménez de la Espada, que uno de los edificios de la ciudad es una de las
maravillas del mundo. Grandes bloques de piedra de 37 pies de largo por 15 de ancho,
estaban unidos sin cal ni mortero, con precisión tal que sus límites apenas se advertían a
simple vista. Los hombres que habitaron Tiahuanaco eran también peritos en la
instalación de canalizaciones, la ciudad más antigua del mundo disponía de una
complicada red de traída y recogida de aguas por la que se abastecía de agua fresca de
las alturas, y disponía de otras canalizaciones que se supone servían para regar jardines.

Además, los Incas conocían como fabricar cobre puro con el que modelaban clavos que
les permitían sujetar bloques de las construcciones, lo que hoy llamamos remaches.
Sabían también pulir y bruñir el metal, conocían la fundición de molde perdido, la
soldadura y el plateado, el martilleo y el repujado. Todo lo que se encontró en
Tiahuanaco y lo que se conserva en museos, prueba plenamente que la gigantesca
ciudad fue un centro técnico y artístico de importancia.

El norteamericano Hyatt Verrill , que ha consagrado 30 años de su vida a estudiar las


civilizaciones desaparecidas de la América Central y de la América del Sur, dice: "la
altiplanicie de Bolivia y del Perú evoca otro planeta... aquello no es la Tierra, es Marte.
La presión del oxígeno es allí la mitad de la del nivel del mar. Algunas precisiones
recientes se inclinan a pensar que allí vivían hombres hace treinta mil años. Seres
humanos que sabían trabajar los metales, que tenían observatorios y poseían una ciencia
que les capacitaba para efectuar obras que son casi imposibles con los medios actuales;
algunas de las obras de irrigación serían a duras penas realizables con nuestras
perforadoras eléctricas. Y ¿porqué unos hombres que no utilizaban la rueda
construyeron grandes carreteras pavimentadas?. Creo que los grandes trabajos de los
antiguos no fueron realizados con útiles de tallar piedra, sino con una pasta radioactiva".

También el gran marino Cristóbal Colón , en uno de sus escritos que está fechado 6 de
noviembre de 1492, detalla lo siguiente: "contaron mis mensajeros que después de una
marcha de doce millas habían llegado a una aldea como de unos mil habitantes. Los
indígenas los recibieron con grandes muestras de afecto y los hospedaron en sus más
bellas nabsuibes; los llevaron en hombros, les besaron las manos y pies e intentaron
hacerles comprender que ya sabían que los hombres blancos eran los enviados de los
dioses. Hasta cincuenta hombres y mujeres insistieron en regresar con ellos al cielo de
los dioses eternos".

Esta fue la general acogida que dispensaron a los conquistadores españoles los
habitantes del nuevo mundo. El buen recuerdo del dios blanco allanó el camino de los
descubridores. Los indios de la América central y de la América del Sur, tenían un
recuerdo común: el de que en la lejana prehistoria unos hombres blancos, altos , rubios,
barbudos , y de ojos azules, se unieron a los indígenas y les enseñaron la ciencia, la
técnica y las sabias leyes de su avanzada civilización.

Un día desaparecieron repentinamente, pero prometieron volver. No es, pues, extraño


que los nativos que vivían con la esperanza puesta en el regreso del dios blanco, vieran
en los españoles su representación, y que tomándoles por los auténticos dioses blancos
les colmaran de atenciones.

El Inca Garcilaso de la Vega en el año 1560 nos cuenta que las tradiciones andinas de
América del Sur refieren que hace muchos miles de años, "una nave del espacio más
brillante que el sol", aterrizó cerca del lago Titicaca; de dicha nave salió una mujer que
venía de la gran "estrella esplendorosa" (¿Venus?) Y que se llamaba orejona. Tenía los
pies como los humanos, pero las manos palmípedas, con solo cuatro dedos, y la cabeza
en forma ovoide, casi puntiaguda, con grandes orejas. Los "orejones" eran considerados
entre los Incas como los iniciados en los misterios del culto. Los dioses de la antigüedad
tenían siempre orejas grandes, las mujeres aún llevan pendientes, que originariamente
tenían la misión de agrandar el lóbulo de la oreja, como los dioses antiguos. Según la
tradición, orejona, con piedras negras traídas de su planeta, construyó el primer templo
de la isla del sol.-

Fuente:
- Platillos Volantes en la Antigüedad - Eugenio Danyans - Editorial Pomaire - pag.
31/35 y 38/44
- Enciclopedia "CICLOPE"- tomo I

LOS MAYAS Y LA CONSPIRACION DE LA NASA :

El siguiente texto fue extractado del libro "El Zodíaco Maya" de Hugh Harleston Jr.,
Editorial Diana, tercera edición, 1993, páginas 148 a 154.

Mi análisis de las características dimensionales de las grandes pirámides de México se


estructuró sobre la suposición de que al menos uno. y tal vez tres genios mayas vivieron
en Teotihuacán cuando se concluyó el diseño (considerado alrededor del año 200 a.C.
por consenso de las opiniones oficiales). En la época del análisis. de 1971 a 1974, no
estaba al tanto de lo que los números dimensionales me estaban diciendo. Había
mantenido una metodología estadística que confinaba el diseño con restricciones
suficientes como para que resultara aceptable que el sistema de medidas de los
diseñadores y constructores mayas olmecas estaba basado en una unidad lógica. Esto se
confirmó después por medio de piedras esculpidas.

Para 1972 me había dado cuenta de que los datos en Teotihuacán estaban
correlacionando medidas del sistema solar que no habían sido todavía medidas con
precisión. incluso por nuestros modernos astrónomos. Tales avances vendrían más tarde
en la década de los setenta y en la de los ochenta.

Con la información conocida dada por tablas astronómicas estimé las distancias entre
dos objetos celestes: las "lunas" que orbitan a Marte llamadas Fobos y Deimos. Parecían
confirmar muy de cerca un número importante en el sistema de medidas teotihuacanos.

Fobos es un asteroide pequeño y alargado, cuyas dimensiones son cerca de diecinueve


por veintisiete kilómetros. En unidades teotihuacanas estandarizadas (UTE) de 1.06
metros el pequeño satélite mide unas 18,000 UTE de ancho por 26,000 UTE de largo.
un tamaño que permite a los vehículos espaciales posarse cómodamente y establecer
una base. La distancia de Fobos al centro de Marte es de 9.000,000 UTE, tres-cuartos
del diámetro polar de nuestro planeta que mide 12,000,000 UTE. Como Marte tiene un
diámetro de 6,800 kilómetros. esta pequeña luna gira a unos 6.000 kilómetros por
encima de la superficie de Marte.

Deimos es aún más pequeño. Tiene como 9-1/2 por 16 kilómetros o 9,000 UTE de
ancho por 15,000 E de largo. girando al doble de la distancia de Fobos. Esto significa
que vuela a unos 20,000 kilómetros por encima de la superficie de Marte en una órbita
no sincrónica, porque Marte gira más lentamente que la Tierra. Por ejemplo. el satélite
Morelos I de México se halla sobre nuestro ecuador a 36,41952 kilómetros para poder
moverse al mismo ritmo que un punto de la superficie a 113.5 grados de longitud oeste.

Mis correlaciones de esos datos basados en las dimensiones maya-teotihuacanas


yacieron dormidas por dieciocho años.

Pero en 1985. durante un viaje a Nueva York conocí a una persona que me hizo ver que
sus descubrimientos en números antiguos y datos arcaicos se relacionaban con mis
propios hallazgos. Lo mismo ocurrió cuando me encontré con Buckminster Fuller en
varias reuniones entre 1976 y 1981. Ambos reconocimos que nuestros datos coincidían
aun cuando habíamos trabajado de fuentes independientes para la investigación.

La conexión de Nueva York colocó mi libro de 1984 (The Keystone) en librerías en


Alemania y Rusia en 1986. Entonces los contactos entraron en hibernación hasta finales
de 1989 cuando una llamada telefónica desde Nueva York me alertó. Un individuo cuyo
nombre debe permanecer confidencial, había fotocopiado parte de mis datos en
Alemania. Ahora me pedía el libro completo. así como un trabajo técnico sobre
arqueología geodésica que yo había publicado en 1984.

Se los envié. De nuevo el silencio.

Hasta febrero de 1990, fui contactado desde Nueva York, esta vez por una llamada
telefónica de cuarenta minutos. Entre muchos datos intercambiados (demasiado
numerosos para detallarlos aquí) había una nueva serie de confirmaciones.

Primero, mi informante me proporcionó datos confirmados por Jet Propulsion


Laboratories (JPL) en Pasadena, California. Los Laboratorios de Propulsión a Reacción
organizaban los vuelos Ranger y Voyager a Marte. Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno.
Especialistas técnicos manejaban temas tales como geodesia planetaria, la medición de
las características de la superficie de nuestros compañeros del sistema solar y sus lunas.
Escuché fascinado conforme la información que me daban empezó a confirmar que las
unidades de medida maya-teotihuacanas eran exactas y producían correlaciones que yo
sospechaba desde 1972.

Se me dijo que antes de que JPL llegara a Marte. el hombre que yo había conocido en
1985 había dado a la NASA datos mostrando que la órbita de Fobos de 9,380
kilómetros. se define en la Tierra por la distancia entre dos colinas que tienen las
mismas inscripciones grabadas en África y Costa Rica. Aún más, en una inscripción
olmeca de piedra serpentina que se encuentra en el museo Smithsoniano de Washington,
D.C.. le había mostrado a la NASA que la información maya-olmeca codificada
proporcionaba las órbitas de Fobos y Deimos en torno a Marte.

Además antes de llegar a Marte, las coordenadas fueron indicadas como la localización
de tres pirámides tetraédricas en la superficie marciana. fotografiadas después por la
NASA. El subdirector del vuelo orbital a Marte del JPL me había enviado copias de
estas fotografías en 1976. Las dimensiones del mayor de los tetraedros marcianos al ser
medidas con una U'TE marciana de 56.46 centímetros de longitud, muestran que la base
tiene 216 UTE de largo. lo cual coincide con la longitud terrestre de base de la gran
pirámide de México en Teotihuacán y la gran pirámide de Egipto en Kufú (Gizé), al ser
corregidas mediante la curvatura parabólica que tenía esta pirámide.

Mi amigo continuó proporcionando su mensaje. Cuando el vuelo del Voyager se


aproximó a Urano. los oficiales del JPL ya habían recibido información del asesor
neoyorquino sobre cómo localizar exactamente la órbita de Miranda. uno de los satélites
más desconcertantes jamás estudiados a corta distancia por la NASA.

La órbita de Miranda. a una distancia de 122.400 kiloUTE de Urano, es igual a 17 veces


7200. el Katun maya. El diámetro de Miranda es de 225.000 UTE (238 kilómetros). El
número 225 aparece en Teotihuacán como la distancia desde el centro de la pirámide del
Sol al centro de la Gran Avenida (actualmente mal llamada Calle de los Muertos).

Se encontró que la superficie de Miranda exhibe un gran rectángulo. una configuración


no encontrada en otras lunas o planetas. La luna también tiene un risco vertical que
mide 37 kilómetros de alto. Comparé eso con los Himalayas en la Tierra. cuyos puntos
más altos se elevan a sólo 9 kilómetros sobre el nivel del mar. Además la NASA había
sido informada de que había glifos esculpidos en hielo sobre la superficie de Miranda,
hecho confirmado por el Voyager, una nave espacial que continuó su viaje hasta
alcanzar la órbita de Neptuno en 1989.

Pero antes de que nuestra tecnología llegara a su destino. el neoyorquino había


publicado previamente dos datos.

En la Enciclopedia Británica, las órbitas exactas de las dos lunas de Neptuno se


presentaron hasta nueve cifras decimales:

Tritón 5.876832770 días terrestres.

Nereida 359.36366350 días terrestres.

Ambas fueron confirmadas por las computadoras a bordo del Voyager.

Mi informante misterioso ahora me pidió que sumara ambos periodos orbitales mientras
esperaba a larga distancia. Casi podía yo adivinar el resultado:

3ó5.242199120 días terrestres.


exactamente el año tropical de nuestra órbita alrededor del 501, proporcionado por el
Códice de París maya ¡con una diferencia de 0.000001 días!

Al terminar la suma. mi interlocutor me preguntó que si me daba cuenta de lo que me


había comunicado: de hecho se sabe que al menos cinco lunas del sistema solar son
"eventos arreglados". Sin titubeo le repliqué que los "eventos arreglados" deben ser al
menos siete. Hace casi veinte años Alfred Schlemmer, otro amigo especial, había
concluido que nuestra propia luna había sido volada a la órbita terrestre, y que la Tierra
misma había sido bajada desde Júpiter. donde era una "Luna Azul".

Esto coincidía con opiniones que había escuchado de otros investigadores dentro de la
NASA en los años sesenta, quienes me habían dicho que no podían explicar la presencia
de agua en la Tierra de acuerdo con nuestra distancia al Sol, pero que sería posible si
nuestro planeta hubiera orbitado Júpiter alguna vez.

La esencia de los datos combinados era que habíamos llegado a una conclusión
adicional: los así llamados mayas debían ser gente que vivió antes de la última
catástrofe mundial, el diluvio, documentado por civilizaciones antiguas en múltiples
lugares por todo el globo. El marco temporal aparenta ser 15,000 años a.C., con
evidencia que muestra que los mayas conservaron información prediluviana sin
deformación. ya sea por tradición. intuición u otro tipo de fuentes de información. una
de las cuales podrían er los "visitantes" que Whitley Strieber describe en sus dos últimos
libros: Comunión y Transformación (ambos publicados por Editorial Diana).

En estos dos libros Streiber ha presentado escenarios que duplican experiencias vividas
por algunos de mis conocidos. Pero ellos se han resistido mucho a revelarse ante el
mundo exterior en vista del escepticismo despectivo que hasta hace poco ha prevalecido
entre aquellos que se consideran a sí mismos preparados "científicamente". (Léase en
muchos casos "con el cerebro lavado" por negaciones sofisticadas basadas en que los
datos son imposibles o son una farsa, o incluso condenaciones abiertas del informante
como un loco, ebrio o drogado.)

La larga cadena de evidencias se incrementa poco a poco. Se ha vuelto cada vez más
difícil negar las experiencias. las predicciones confirmadas y las interpretaciones
modificadas que los estudiantes de arqueología pueden empezar a deducir con
herramientas modernas que incluyen prácticas de carácter multidimensional, estados
que promueven la autoconciencia y la conciencia expandida en un número suficiente de
individuos preparados que pueden escuchar con oídos entrenados su evolución interna
hacia una investigación con la mente realmente abierta. libre de prejuicios.

Nuestra experiencia es que ha resultado más productivo asumir que los antiguos mayas
tenían acceso a más inframundos de los que aparentemente se nos permite a nosotros.
Una palabra más aceptable para inframundo puede ser multidimensional o incluso
universos paralelos. Poco a poco nos vamos dando cuenta de que muchos somos
neófitos en estas áreas del conocimiento. y que necesitamos abrir nuestra conciencia
ante fenómenos antes inexplicables. Esto podrá aclararse cuando nos embarquemos en
un programa disciplinado de atención controlada.

Conforme esto ocurre. nuevos maestros y portadores de información empezarán a


aparecer en nuestras vidas. para darnos el apoyo que nos permite resistir los choques
psíquicos que un cambio total en la estructura de nuestras creencias impone sobre
nosotros. Debemos vivir cada experiencia consciente. darnos cuenta de que cada vez es
siempre la primera vez, no permitir que nuestra "sabiduría" o nuestra memoria cerebral
que nos hace decir: "¡Esto. ya me lo sé!". puedan bloquear el acceso a nuestra verdadera
meta: la verdad objetiva. "Objetivo" significa "multidimensional".

El zodiaco maya y sus ramificaciones para nuevas investigaciones arqueológicas deben


fundirse con un paradigma revisado, que representa toda una nueva estructura de
creencias en la ciencia. y que sería:

Vivimos en un sistema solar modificado, cuyos planetas y sus lunas nos están diciendo
claramente que no somos los primeros. En algún momento en el pasado (¿acaso
realmente no existe el pasado?) una gran civilización jugaba al fútbol cósmico con lunas
y planetas. No estamos seguros de cuándo pudo haber ocurrido esto. pero podemos
hacer una suposición basada en hechos.

RUZO Y LA CRONOLOGIA DE MARCAHUASI :

Desde las primeras investigaciones de 1952, en la meseta peruana de Marcahuasi, a


3.600 m de altura, en el corazón del macizo de los Andes, Daniel Ruzo no ha dejado de
obtener confirmaciones de la existencia en aquella meseta de un conjunto de esculturas
y de monumentos que bien podría ser el primero y más importante del mundo.
Este descubrimiento no se debió a la casualidad. Ya en 1925, Daniel Ruzo había llegado
a la conclusión de que habían de existir vestigios de una antiquísima cultura qué se
extendió por la América Central y la América del Sur, principalmente entre los dos
trópicos. El estudio de la Biblia y de las tradiciones y leyendas de la Humanidad, y el
análisis de los relatos de los cronistas españoles de la Conquista, le habían llevado a esta
convicción. En 1952, al enterarse de la existencia de una roca excepcional en la meseta
de Marcahuasi, organizó una expedición y pudo ver que se trataba, no de una piedra
aislada, sino de un conjunto de monumentos y esculturas distribuido en una superficie
de tres kilómetros cuadrados. Después, daría el nombre de «Masma» al presunto pueblo
de escultores, En efecto, desde tiempo inmemorial se conocen con este nombre un valle
y una población de la región central del Perú, donde habitaron los huancas hasta la
llegada de los españoles.
Lo primero que chocó a Ruzo fue la existencia de un sistema hidrográfico artificial,
destinado a recoger el agua de las lluvias y distribuirla por toda la región circundante
durante los seis meses de sequía. De doce antiguos lagos artificiales, sólo dos continúan
en estado de servicio, pues los diques de los otros fueron destruidos por la acción del
tiempo. Unos canales servían para conducir el agua hasta 1.500 metros más abajo,
irrigando de este modo los vastos campos agrícolas escalonados entre la meseta y el
valle. Hoy podemos ver aún un canal subterráneo que termina en una abertura, a media
altura de la meseta. Estos vestigios atestiguan la prosperidad de una región aislada que
debía de alimentar a una población muy numerosa.
Para la defensa de este centro hidrográfico vital y de esta rica comarca, toda la meseta
había sido convertida en fortaleza. En un punto, dos enormes rocas fueron
profundamente ahuecadas en su base, a fin de hacer imposible la escalada directa, y, por
su parte de atrás, fueron enlazadas con un muro de grandes piedras. Nos encontramos
frente a una inmensa fortificación, cuya técnica revela la experiencia militar de sus
constructores. Encontramos restos de caminos cubiertos y bien protegidos, e incluso, en
ciertos lugares, fortines cuyos techos han desaparecido. Podemos ver también las
grandes piedras que formaban el muro, y la columna central que sostenía el techo. En
todos los puntos que dominan los tres valles, podemos ver aún los puestos de
observación para los centinelas. En algunos de ellos, afloran del suelo una especie de
grandes dientes de piedra, que nos hacen pensar en antiguas máquinas de guerra
concebidas para arrojar bloques de piedra sobre los asaltantes.
Poco a poco, Daniel Ruzo descubrió, en el recinto fortificado, una importante cantidad
de esculturas, de monumentos y de tumbas. Los cuatro centros más interesantes, cada
uno de los cuáles está dominado por un altar monumental, aparecen situados en los
cuatro puntos cardinales.
Los altares levantados al Este, están orientados hacia Levante. Frente a ellos, hay un
campo lo bastante vasto para contener un ejército o la población entera de la comarca;
cerca de allí, una pequeña colina fue modificada para que pareciese, si se la mira desde
un ángulo determinado, un rey o un sacerdote, sentado en un trono, con las manos juntas
y rezando.
Hacia el Sur, a una altura de unos 50 ó 60 metros, se levantan, por todos lados, figuras
esculpidas. Un altar, orientado hacia el Este, sobresale 15 metros del nivel del llano
circundante. Partiendo de su base, y descendiendo hasta el llano, hay una pendiente de
superficie lisa, que parece haberse realizado con alguna especie de cemento.
Esta pendiente, parecida a la de los otros altares, está cruzada por unas rayas que
permiten conjeturar que el revestimiento se efectuó por partes, para prevenir los efectos
de la dilatación. El cemento, que imita la textura de la roca natural expuesta a los
elementos, parece revestir también ciertas figuras. Al levantar una primera capa de este
material, los investigadores descubrieron que, inmediatamente debajo de ella, había
unos botones redondos y salientes, que parecen haber sido colocados al objeto de
impedir el deslizamiento de aquella capa durante el tiempo necesario para su
endurecimiento.
Dos esculturas, a cierta distancia una de otra, representan la diosa Thueris, protectora de
las parturientas en Egipto. Era la diosa de la fecundidad y de la perpetuación de la vida.
Su aspecto es muy original: un hipopótamo hembra, de pie sobre las patas traseras y con
una especie de casco redondo en la cabeza. Con su morro prominente, su panza enorme
y el signo de la vida en la mano derecha, es imposible que esta figura convencional
fuese reproducida por casualidad en Marcahuasi. Después del descubrimiento de varias
figuras parecidas a esculturas egipcias, una de ellas a medio ejecutar, Daniel Ruzo opina
que se puede considerar la posibilidad de antiquísimos contactos entre las dos culturas.
En el borde oeste de la meseta, a unos cien metros del abismo, un conjunto de enormes
rocas forma un altar orientado hacia Poniente. Se llama a este lugar «las mayoralas»,
nombre moderno que se aplica a las jóvenes que cantan y bailan, siguiendo la tradición,
en las fiestas rituales que se celebran durante la primera semana de octubre. El nombre
antiguo de este grupo de cantoras era «Taquet», y también se aplica a la masa rocosa.
Sin duda alguna, se trata de un altar construido con vistas a cánticos religiosos y
dispuesto en forma de concha acústica con objeto de amplificar el sonido.
La fiesta comienza cerca de San Pedro de Casta, en la carretera que sube a la meseta, y
en un lugar llamado Chushua, a los pies de un gran animal de piedra, parecido a los
animales fabulosos creados por la imaginación de los artistas asiáticos: el huanca
Malco. Siguiendo la tradición, los hombres solos, una noche de primeros de octubre,
antes de que empiece la estación de las lluvias, celebran la primera ceremonia alrededor
de la escultura, inaugurando la semana de fiestas en honor de Huarí. Las otras fiestas se
celebran, con el concurso de las mujeres y de las cantantes, en los alrededores y en el
recinto de la ciudad. Estas festividades son testimonio, incluso hoy en día, de la
asombrosa vitalidad de los sentimientos religiosos de la antigua raza, conservada a
través de los siglos, a pesar de las encarnizadas persecuciones y del olvido de la fuente
religiosa original.
En el extremo norte de la meseta, dos enormes sapos aparecen sentados sobre un altar
semicircular orientado hacia el Oeste. Una vez al año, en el solsticio de junio, los
sacerdotes veían elevarse el Sol exactamente sobre la figura central.
Este altar pertenece a un conjunto casi circular de monumentos que tienen en su centro
un mausoleo, en muy mal estado, pero en el cual un centenar de fotografías, tomadas en
diferentes épocas del año, revelaron la estatua de un hombre yacente, viejo, velado por
dos mujeres, y de algunas figuras de animales, que tal vez representan los cuatro
elementos de la Naturaleza.
La proyección directa, en la pantalla, del negativo de una de estas fotografías, hizo
aparecer una segunda figura. Vemos, en el sitio donde se encuentra la cabeza del primer
personaje, el rostro esculpido de un hombre joven, con los cabellos caídos sobre la
frente, que nos contempla con noble y orgullosa expresión. ¿Cómo explicar este
misterio escultórico, que solamente descubre la fotografía?
El monumento más importante, por la perfección del trabajo, es una doble roca de una
altura de más de 25 metros. Cada una de sus partes parece representar una cabeza
humana. En realidad, hay al menos 14 cabezas de hombre esculpidas, que representan
cuatro razas diferentes. Su nombre más antiguo es «Peca Gasha» (la cabeza del
colador). Hoy la llaman, en la comarca, «La cabeza del inca». Como no se parece en
nada a la cabeza de un inca, es probable que le diesen este nombre para situarla en los
tiempos «más antiguos». Considerando los relatos de los cronistas españoles de la
Conquista, y de acuerdo con sus observaciones personales, podemos afirmar:
* Que las esculturas antropomórficas y zoomórficas de piedra existieron en diferentes
regiones del Perú, y que el inca Yupanqui tuvo conocimiento de esas esculturas.
* Que estas esculturas fueron atribuidas a hombres blancos y barbudos, pertenecientes a
una raza legendaria.
* Que los huancas, que cuando llegaron los españoles habitaban toda la región central
del Perú, donde se encuentran Marcahuasi y Masma, fueron siempre considerados como
los obreros más hábiles del Imperio inca para los trabajos en piedra.
* Que esta antigua raza de escultores había dejado inscripciones. En Marcahuasi, dos
rocas, desgraciadamente estropeadas por los años, parecen caber estado cubiertas de
inscripciones.
Existen también «petrografías» diferentes de las ya conocidas: gracias a una hábil
combinación de incisiones y relieves, el escultor ejecutó imágenes que deben ser
contempladas desde un cierto ángulo; a veces, el efecto se consigue cuando la luz del
sol incide en determinado ángulo; otra, las figuras sólo se manifiestan al mediodía. El
estudio de estas imágenes es muy difícil. Para captarlas bien, conviene fotografiarlas en
diversas épocas del año. Entonces percibimos estropeadas reproducciones de estrellas
de cinco y seis puntas, círculos, triángulos y rectángulos.
La inscripción más notable está situada en el cuello y la base del mentón de la figura
principal de la «Cabeza del inca». Imaginaos unas líneas dobles y hechas con puntitos
negros, grabados en la roca de manera indeleble. Parece casi increíble que estos puntos
hayan podido desafiar el tiempo; quizá fueron grabados en profundidad. La inscripción
reproduce la parte central de un tablero de ajedrez. Una cuadrícula análoga a la que los
egipcios grababan sobre la cabeza de sus dioses.
Lo mismo que las inscripciones, los recuerdos del pasado se han ido borrando poco a
poco. La idea corriente, en la región, es que la meseta es un lugar hechizado. Se dice
que hubo un tiempo en que los mejores hechiceros y curanderos se reunían allí, y que
cada una de las rocas representa a uno de ellos. Si algunas figuras pueden ser
reproducidas fotográficamente, la mayoría tienen que ser observadas sobre el terreno, en
ciertas condiciones de luz y por escultores o personas familiarizadas con este trabajo.
Las esculturas sólo parecen perfectas cuando se miran desde un ángulo dado, partiendo
de puntos bien determinados; fuera de éstos, cambian, desaparecen o se convierten en
otras figuras, que tienen también sus ángulos de observación. Estos «puntos de visión»
aparecen casi siempre indicados por una piedra o una construcción relativamente
importante.
Para la ejecución de estos trabajos, hubo que apelar a todos los recursos de la escultura,
del bajorrelieve, del grabado y de la utilización de las luces y las sombras. Algunos son
visibles solamente durante ciertas horas del día, ya en cualquier día del año, ya
únicamente en uno de los solsticios, si requieren un ángulo extremo del sol. Otros, por
el contrario, sólo pueden apreciarse durante el crepúsculo, cuando ningún rayo de sol
incide sobre ellos.
Muchos están relacionados entre sí y con los «puntos de visión» correspondientes,
permitiendo trazar líneas rectas que reúnan tres puntos importantes, o más. Si
prolongásemos algunas de estas líneas, señalarían, aproximadamente, las posiciones
extremas de declinación del sol.
Las figuras son antropomorfas o zoomorfas. Las primeras representan, al menos, cuatro
razas humanas y, entre éstas, la raza negra. La mayoría de las cabezas están
descubiertas, pero algunas de ellas aparecen tocadas con un casco de guerrero o con un
sombrero.
Las figuras zoomorfas ofrecen una extraordinaria variedad. Hay animales originarios de
la región, como el cóndor y el sapo; animales americanos, tortugas y monos, que no
podían vivir a tanta altura; especies -vacas y caballos- que trajeron los españoles;
animales que no existían en el continente -y tampoco en los tiempos prehistóricos-,
como el elefante, el león de África y el camello; y una gran cantidad de figuras o
cabezas de perro, tótem de los huancas, incluso en la época de la Conquista.
Los escultores realizaron también sus figuras utilizando juegos de sombras, que pueden
apreciarse sobre todo durante los meses de junio y diciembre, cuando el sol envía sus
rayos desde los puntos extremos de su declinación. También aprovecharon las sombras
cincelando cavidades en la roca, a fin de que los bordes de éstas proyectaran siluetas
exactas en cierto momento del año, para formar o completar una figura.
Todo esto induce a creer en la existencia de una raza de escultores en el Perú, que hizo
de Marcahuasi su más importante centro religioso y que, por esta razón, lo decoró
profusamente. Podríamos comparar esta raza de escultores con los artistas prehistóricos
que decoraron, con pinturas murales, las cavernas de Europa. Encontramos, además,
«petrografías» obtenidas con el empleo de barnices indelebles: rojos, negros, amarillos
y castaños, parecidas a otras que se descubrieron en el departamento de Lima, pero
menos antiguas que las grandes esculturas.
Existe un parentesco muy próximo entre las esculturas de Marcahuasi y las que sirven
de decoración, en muy gran número, a la pequeña isla de Pascua: la técnica escultórica
es la misma; los escultores representan las cabezas sin ojos, tallando las cejas de manera
que produzcan una sombra que, en un momento dado del año, dibuja el ojo en la
cavidad.
Estas obras, de tipo extraordinariamente arcaico, parecen haber sido concebidas por una
mentalidad humana intermedia entre la de los paleolíticos o mesolíticos antiguos -cuyo
último vestigio está constituido por los australianos- y la tan conocida de los grandes
imperios, cuyos rasgos más esenciales son la talla de las piedras, la geometría, la
aritmética de posición, con inclusión del cero, y la construcción de las Pirámides.
Al parecer, Marcahuasi, más que centro de lugares habitados, fue lugar de reunión de
los hijos de un mismo clan. El conjunto de monumentos y esculturas, en los tres
kilómetros cuadrados de la meseta, constituye una obra sagrada, como las alineaciones
de Carnac o las grutas de las Eysies.
Cuatro mil fotos en negro y en colores, estudios químicos sobre la piedra,
comparaciones con los bajorrelieves descubiertos en Egipto y en el Brasil, demuestran
que la escultura de la meseta de Marcahuasi es, quizá, la más antigua del mundo, más
antigua que la de Egipto, más antigua que la de Sumer. ¿Qué pasó en América del Sur,
entre este período y la llegada de los españoles?

La tercera cuestión se refiere, pues, a los métodos de establecimiento de las cronologías.


Los arqueólogos, cuando se les habla de América del Sur, se vuelven agresivos y cortan
el diálogo, después de algunos improperios contra la «superstición», la «mentalidad
prelógica», etcétera.
En cambio, los etnólogos suelen mostrarse más corteses. Por ejemplo, el profesor danés
Kaj Birket-Smith, doctor en ciencias de las universidades de Pensilvania, Oslo y
Basilea. Su libro The Path of Culture, traducido del danés por Karin Fennow, fue
publicado por la Universidad de Wisconsin en 1965. En él encontramos, con referencia
a las civilizaciones sudamericanas, la frase siguiente: «Al parecer, nos enfrentamos con
un enigma sin solución, y hay que confesar que todavía no se ha encontrado la respuesta
definitiva.»
Tanto si suponemos que América del Sur fue colonizada por hombres procedentes de
Polinesia, de una misteriosa Atlántida o incluso de Creta (esta última tesis se defiende
en la obra de Honoré Champion, El dios blanco precolombino), como si partimos, por el
contrario, de la hipótesis de una cultura autóctona, se multiplican los enigmas y se
acumulan las contradicciones. Consideremos la ciudad de Tiahuanaco, en el Perú.
Comparemos dos cronologías relativas a esta ciudad: la de los arqueológicos clásicos y
la de los arqueólogos románticos.
Cronología clásica:
* 9.000 años antes de J. C.: Hombres bastante parecidos a los indios de nuestros días
cazan animales actualmente desaparecidos en América del Sur.
* 3.000 años antes de J. C.: Estos mismos hombres descubren la agricultura.
* 1.200 años antes de J. C.: Nace la técnica, particularmente con la invención de la
cerámica.
* 800 años antes de J. C.: Aparición del maíz, como base de la alimentación.
* Entre 700 años antes de J. C. y 100 después de J. C.: Tres civilizaciones aparecen y se
derrumban.
* 100 a 1.000 años después de J. C.: Aparición de importantes civilizaciones y
construcción de la ciudad ciclópea de Tiahuanaco.
* 1.000 a 1.200 años después de J. C.: Una laguna, en la que, bruscamente, no se
encuentra ningún objeto, sin que ninguna tradición pueda ilustrarnos sobre lo ocurrido.
La civilización más antigua durante este período, y cuya fecha no puede establecerse, es
la de Chanapata. Alfred Métraux, arqueólogo cuya seriedad no ofrece dudas, escribirá
acerca de ellas: «Una cosa permanece cierta: entre esta civilización arcaica y la de los
incas, cuya iniciación se sitúa alrededor del año 1.200 de nuestra Era, hay una solución
de continuidad. Nada permite aún llenar este vacío».
* 1.200 a 1.400 años después de J. C.: ¡Una serie de emperadores incas, que no sabemos
si realmente existieron! Prudentemente, los arqueólogos serios los califican de
semilegendarios.
* 1492 después de J. C.: Descubrimiento de América.
* 1532: Destrucción del Imperio inca por la invasión española.
* 1583: Por decisión del Concilio de Lima, se quema la mayoría de las cuerdas con
nudos, o quipus, en las que los incas habían registrado su historia y la de las
civilizaciones anteriores. El pretexto de la quema fue que se trataba de instrumentos
diabólicos. Así desaparece la última oportunidad de saber la verdad sobre el pasado del
Perú. En la actualidad, todo lo que pueden hacer, tanto los clásicos como los
románticos, es formular hipótesis.

Veamos ahora la cronología romántica:


50.000 años antes de J. C.: En la meseta de Marcahuasi, nace la civilización masma, la
más antigua de la Tierra.
30.000 años antes de J. C.: Fundación del Imperio megalítico de Tiahuanaco.
De 10.000 años antes de J. C. a 1.000 años después de J. C.: Cinco grandes imperios,
separados por catástrofes sucesivas.
1.200 años después de J. C.: Mánco-Cápac funda el Imperio inca. A partir de aquí, la
cronología romántica coincide con la clásica.
Para el profano, los argumentos sobre los que se fundan ambas cronologías parecen
igualmente buenos. ¿Se puede resolver el debate, recurriendo a uno de los métodos
físicos de fijación de antigüedad: radio-carbono, termoluminiscencia, relación argón-
potasio, etc.? ¡Ay! Todos estos métodos son discutibles en su principio y delicados en
su aplicación. En particular, el radio-carbono.
La teoría de la determinación de la antigüedad de los objetos por el radio-carbono es
muy simple. La atmósfera de la Tierra es constantemente bombardeada por rayos
cósmicos que vienen del espacio. Por efecto de estos bombardeos, una parte del ázoe de
la atmósfera se transforma en carbono. Pero este carbono es pesado, con un peso
atómico de 14, y radiactivo. Este carbono radiactivo forma, con el oxígeno, un gas
carbónico radiactivo que es absorbido por las plantas. Las plantas a su vez, son comidas
por los animales, y en definitiva, todo organismo vivo contiene cierta proporción de
carbono 14. Cuando el organismo muere, cesan los intercambios con el exterior. El
carbono 14, presente en el momento de la muerte, se desintegra con una periodicidad de
5.600 años, es decir, que, en este tiempo, el objeto pierde la mitad de los átomos de
carbono 14 que tenía. Al cabo de otros 5.600 años, sólo quedará la mitad de esta mitad,
o sea la cuarta parte de los átomos de origen. Y así sucesivamente... Con instrumentos
de precisión, se pueden contar los átomos que quedan y determinar así la fecha en que
un animal fue muerto, o en que un árbol fue cortado para hacer carbón vegetal, o en que
una momia fue depositada en su féretro.
Tal es la teoría. Esta presupone que la radiación cósmica es igual en todas las épocas y
en todos los países, que la muestra utilizada no ha sido contaminada por microbios u
hongos recientes, que no hubo realmente ningún intercambio con el medio exterior. En
la práctica, jamás concurren todas estas condiciones. Particularmente en el Perú, ciertos
fenómenos aún mal conocidos y que tal vez se deben a la altura o a la radiactividad
local, alteran los datos obtenidos por el radio-carbono, hasta el punto de que el
arqueólogo clásico J. Alden Mason, en su libro sobre las antiguas civilizaciones del
Perú, escribió: «De un modo general, si la fecha obtenida por medio del radio-carbono
parece completamente ilógica al arqueólogo experto, y si no concuerda con los datos
adyacentes, aquél tiene perfecto derecho a no aceptarla y a insistir en que se efectúen
comprobaciones por otros métodos:»
Esto quiere decir que no se puede contar con el radio-carbono para solventar
definitivamente el misterio peruano, y que está justificado el aceptar la cronología
romántica, cuando ésta se funda en la experiencia. En lo que atañe a la meseta de
Marcahuasi, Daniel Ruzo hizo algunas pruebas de envejecimiento con pedazos de
granito virgen expuestos al clima de la meseta. De este modo obtuvo una fecha del
orden de 50.000 años. Pero convendría observar, además, la decoloración del granito, y
no a simple vista, sino con la ayuda de células fotoeléctricas.
En términos generales, la tendencia actual es aceptar el carbono 14 como medio de
comprobación de una fecha ya establecida, pero no fiarse excesivamente de él cuando
no hay otro recurso. Lo propio puede decirse, de momento, de los demás métodos
físicos.

* EXTRAIDO DEL REGRESO DE LOS BRUJOS (PAUWELLS-BERGIER)

ATLANTIDA :

ATLANTIDA,ALGUNAS RESPUESTAS ...

¿QUE ES LA ATLANTIDA?

Desde que Platón escribió sus misteriosos diálogos llamados "Timeo" y "Critias", cuya
extensión no es más que de unas 20 páginas de un libro actual, la leyenda de la
Atlántida ha fascinado a muchos. El filósofo señalaba que en ese misterioso lugar
moraba un pueblo extraordinariamente civilizado y rico, y que un día sobrevino en el
mundo un cataclismo de tales magnitudes que en un lapso de 24 horas lo hundió en el
mar, con todas sus riquezas y esplendores. Esto ocurrió, dice Platón, 9500 años antes de
que él lo escribiera.
Según el investigador Otto Muck, la Atlántida era un paraíso templado-cálido, de
fértiles llanuras, en cuyas cordilleras abundaban los bosques de maderas valiosas. Era
una tierra rica en cobre, estaño, oro y plata. Era tanta la riqueza de aquellas tierras y tal
la excelencia de su clima, que su población se multiplicó rápidamente, llegando a los 60
millones de habitantes; una cifra portentosa, más si se estima que Egipto (unos de los
países más densamente poblados del mundo antiguo) no pasó jamás de los 15 millones.
También parece haber sido una civilización muy avanzada para aquellos tiempos, en los
que Europa recién entraba al periodo neolítico. Pero dice la tradición que los atlantes se
alejaron de su dios, de sus antiguos líderes, y extraviaron el propósito de sus vidas; y
que por esa causa el dios Zeus había decidido castigarlos.

¿DONDE ESTABA LA ATLANTIDA?

El sacerdote jesuita A. Kirchner, investigador de la obra de Platón, afirmó en el año


1665 que el continente perdido habría estado en el océano Atlántico, entre España y
América, dato que es compartido por la mayoría de los investigadores actuales.
Cuentan las leyendas antiguas, que entre los siglos XII y I antes de Cristo, era imposible
alejarse de la costa europea más allá de las Columnas de Hércules ( hoy estrecho de
Gibraltar) pues se encontraban aún flotando enormes masas de lodo procedentes del
cataclismo que hundió a la Atlántida. ¿Cómo sería posible esto? Una respuesta muy
seria la dan los vulcanólogos, especialmente aquellos que tuvieron la opurtunidad de
estudiar los efectos de grandes erupciones. Nos indican que las cenizas volcánicas son
lanzadas a gran altura mezcladas con ácido carbónico, nitrógeno, agua y anhídrido
sulfúrico. La lava en estado de cenizas es porosa y los ácidos y el agua extraen de ella
gran cantidad de compuestos minerales hasta dejar sólo los materiales más inertes y
duros; estos constituyen la piedra pómez, una piedra tan liviana que flota sobre el agua
hasta que, poco a poco, se impregna y se hunde.

EL CATACLISMO

A comienzos de la decáda de los 60, un grupo de geólogos alemanes desarrolló una


teoría que parece confirmar la posibilidad de que haya habido un cataclismo bien
determinado, capaz de hundir un subcontinente de 200 mil kilómetros cuadrados en el
fondo del mar dejando afuera sólo sus montañas más elevadas, como por ejemplo las
islas Azores. Tomaron en consideración 3 factores:
Primero, el deslizamiento de las placas continentales. Según estas teorías, el continente
americano se separó de Europa, Africa y la Antártida por el deslizamiento de las placas
sobre las capas más profundas y viscosas del planeta. Si miramos un mapa, veremos que
sus formas calzan casi como las piezas de un rompecabezas. La excepción la constituye
la zona correspondiente al Caribe y España, donde queda un espacio vacío.
En segundo lugar, el hueco que se produce coincide con la extensión tradicionalmente
atribuida a la Atlántida.
Tercero, han comprendido que ninguna erupción volcánica habría podido producir un
efecto suficiente como para hundir una masa tan grande de tierra firme.
De acuerdo a esto desarrollan la tesis de que el cataclismo que, sí podría haber
provocado tal hundimiento, sólo podría originarse en una perforación tan profunda en el
suelo submarino que alcanzó las materias fundidas que hay debajo de la corteza
terrestre, a las que llamamos "magma". Este cráter habría proyectado gigantescos
chorros de materia incandescente haciendo que al mismo tiempo se hunda el fondo
oceánico, con lo que en unas 24 horas toda la Atlántida habría podido sumergirse hasta
una profundidad de 3 mil metros. La masa enorme de cenizas volcánicas, millones de
metros cúbicos de lava porosa y piedra pómez, se habría precipitado pronto sobre el mar
en el mismo lugar donde antes se alzaba la hermosa isla de los atlanes.
Se cumplirían así los detalles más dudosos del relato de Platón. Por supesto que hay
muchos más indicios que indican que el fondo del mar inmediato a los Azores estuvo
antes emergido. Por ejemplo, se han detectado allí grandes extensiones de fondo marino
arenoso, y es sabido que la arena sólo se produce en las superficies por la acción del
agua sobre las piedras; y todo esto sin mencionar las ruinas submarinas descubiertas en
la región conocida como Triángulo de las Bermudas.

LA MUERTE VINO DEL ESPACIO

Finalmente, este grupo de geólogos encabezado por el investigador Otto Muck,


concuerda en que el único acontecimiento que podría haber provocado tales efectos
estaría relacionado con el espacio exterior. Observando la zona de Carolina, en Estados
Unidos, donde hay una concentración notable de cráteres ocasionados por meteoritos de
masa relativamente grande, se preguntaron si tales meteoritos no habrían sido
fragmentos de uno mucho más grande que habría caído sobre el océano.
Si dicho meteoro hubiera golpeado la superficie marina en el ángulo apropiado, su masa
habría penetrado hasta el magma como un perdigón que atraviesa un huevo.
Queda algo por preguntarse: ¿Qué dioses quisieron castigar a esos atlantes que "se
alejaban de su dios"? Platón estaba a punto de escribir la serie de conceptos con que
Zeus justificaba su decisión de condenar a los atlanes, cuando la muerte le arrebató el
burril y el pensamiento.

**********************************************************************
*

* Los Primeros Comentarios sobre la Atlántida :

Las primeras referencias de una tierra llamada Atlántida (o Atlantis) se le atribuyen a


Platón, un filósofo y profesor griego que vivió hace años. Según los comentarios de
Platón, algunos de ellos incluídos en su obra "Crítias":

"Hacia el año 590 a. C. el sabio griego Solón visitó una ciudad egipcia llamada Nelth,
en el Delta del Nilo. Allí preguntó a unos sacerdotes, quienes asentaban en libros
sagrados los acontecimientos más destacados del mundo en aquellos tiempos, sobre
hechos del pasado. Uno de ellos le narró que hacia unos 9,000 años (lunares), frente a
las Columnas de Hércules, opuesto al estrecho, se alzaba una hermosa y fructífera isla
en el Océano Atlántico, en cuyo centro se levantaba una montaña inaccesible. "

Platón nació en Atenas probablemente en el año 427 a.C. y pertenecía a una familia
noble. En el año 407 ocurrió el acontecimiento capital de la vida de Platón: su encuentro
con Sócrates. El maestro tenía 63 y el alumno 20 años. Platón debió seguir las lecciones
de Sócrates durante ocho años. Poco después de la caída de los Treinta, tres delatores
acusan a Sócrates de corromper a la juventud y de no creer en los dioses de la ciudad;
condenado a muerte, rehúsa evadirse y bebe la cicuta en el 399. Platón no estuvo
presente en los últimos momentos de su maestro, relatados en el Fedón; pero esta
escandalosa injusticia debió ser para él el prototipo del acto inicuo contra cuya
repetición debía luchar todo filósofo.

Sin embargo, las líneas que dejara sobre aquella tierra llamada Atlántida después que se
convirtieran en comentarios de la época, crearon una continua controversia que hasta en
la actualidad existe. ¿Existió ese continente? ¿Existió bajo otro nombre?¿Es sólo una
leyenda? Mucho se ha escrito y se ha visto en películas sobre este tema. ¿Cuál es la
verdad? ¿Qué hay detrás de todo esto?

Luego que varios especularan sobre este tema, Aristóteles, uno de los discípulos de
Platón, comentó que "la historia de la Atlántida era una ficción, un cuento, inventado
por su maestro." Otros autores antiguos como Estrabón, Plinio el Viejo o Plutarco,
decían no estar seguros, pero tampoco se atrevieron a apoyar su existencia. Conforme
los años pasaron, sobretodo en la Edad Media, se puso en duda la opinión del gran
Aristóteles, con lo que comenzó una discusión que dura hasta estos años.
Quienes estan del lado de Aristótles, sobre que la Atlántida era una historia inventada
por Platón, opinaban que era "un mito creado por él para ilustrar su teoría de la
república ideal."
Sin embargo, muchos dicen que, "durante cientos de años se pensó que la Troya de la
que Homero nos hablaba en la "Ilíada" era una ficción, hasta que Heinrich Schliemann
la desenterró en 1871 siguiendo los textos al pie de la letra."

Así, teniendo el hecho de Schliemann como evidencia, algunos se atreven a pensar que
los mitos tienen un valor histórico, y que no pueden ser tomados como meras fantasías.
De esta manera siguiendo esta corriente de desentierro de mitos, se han venido
produciendo descubrimientos que otorgan una base histórica a muchas leyendas.
Tenemos por ejemplo al descubrimiento del hogar del Minotauro, Cnosos, por Sir
Arthur Evans; el encuentro de los restos de los grandes reinos minoicos; los hallazgos
en Ítaca; el palacio del rey Néstor, entre otros.

Decíamos pues que Platón hablaba mucho sobre esta supuesta isla que los egipcios
dieron a conocer a Solón y éste se lo hizo saber a Sócrates, aunque sea a Platón al
primero que se le atribuyen estos rumores. En este punto los rumores se mezclan con la
mitología griega de esos tiempos: "Dicha isla fue gobernada por Neptuno (Poseidón,
dios del mar), quien tomó por esposa a Clito, una mujer terrestre, con la que tuvo 10
hijos y fortificó la colonia en que vivían, formando una increible dinastía. Esta isla era
como del tamaño de un verdadero continente."

Las isla por donde cruzaba un canal que colectaba agua de los rios. El clima era
estupendo, y había toda clase de hierbas y frutas, asi como existían numerosas especies
de animales, incluído el elefante.
Por generaciones, los atlantes vivían una "simple y virtuosa vida". Pero poco apoco
comenzaron a cambiar. El poder los corrompió. Cuenta entonces la leyenda que cuando
Zeus vió esa decadencia de los atlantes, se reunió con otrso dioses para determinar su
castigo.
Pronto, una violenta y misteriosa catrástofe se originó, la isla, su gentes, y toda memoria
que hubo de la gran Atlántida fue borrada de la faz de la tierra y del mar.

ATLANTIDA,AMERICA Y DESCUBRIMIENTOS :

LA ATLANTIDA, SIN LUGAR A DUDAS, CONSTITUYE EL MISTERIO MAS


GRANDE DE LA HISTORIA DE LA HUMANIDAD, Y AL DECIR DE CHARLES
BERLITZ "CREAMOS 0 NO EN ELLA YA FORMA PARTE DE NUESTRA
CULTURA".

EL MISTERIO
DE LA ATLANTI.DA

por Sotero Caraballo (ONIFE-CEP)


Pero... ¿existió en realidad la Atlántida, o sólo fue una leyenda platónica?... Lo cierto es
que como resultante del estudio de la Prehistoria y la Proto'historia se demuestra que
una gran catástrofe conmovió a ambos hemisferios terrestres formando un gran
archipiélago cuya isla principal- Poseidonia o Atlántida -figuraba en los mapas y
archivos más antiguos de que se tenga idea.

En su descripción de la Atlántida, Platón seiíala que esta enorme isla, "era mayor que
Libia y Asia juntas, (cabe destacar que con el nombre de Libia se designaba a la parte
norte del Africa conocida), y podía pasarse a través de ella al continente opuesto, que
bordeaba el verdadero océano".

Se ha llegado a comprobar también que la Atlántida fue la verdadera cuna de la


civilización y el lugar específico donde el hombre salió de la barbarie.

Se dice que desde esta superpoblada isla sus habitantes llegaban, (a través de este
puente" intercontinental), tanto a las costas de América como a las de Europa y más aún
a las de Africa.

Es pueril pensar pues que la mitología egipcia y la mesoamericana no reflejan la cultu-


ra atlántida. También es dable imaginar. que esta cultura "atlante" haya sido "impuesta"
-digámoslo así- por civilizaciones superiores, sin duda extraterrestres. Respaldando esta
última aseveración acotamos qu e en la mitología de ambos pueblos existen
innumerables historias que hablan de la visita a la tierra de seres inteligentes
provenientes del espacio exterior.

Un claro ejemplo lo constituye la pirámide dedicada al Sol, que se alzaba en


Teotihuacán, (México), cu as características no pueden fiyacer más que alimentar la
hipótesis de que existieron estrechas relaciones entre las civilizaciones americanas y
Todo esto da como resultante que sean pasmosas las coincidencias que se establecen
entre las civilizaciones mesoamericanas y egipcias, en el orden de la linguistica, en lo
cultural, en lo religioso y hasta en lo arquitectónico. Y esta última similitud está
representada por la edificación de sus templos, sus tumbas, sus construcciones
piramidales.

La base de este extraordinario monumento mexicano, tiene las mismas medidas que la
de la pirámide de Keops. (225 x 220 metros, y su altura: 73 mts. corresponde a la mitad
de esta última).
Pero detengámonos a pensar en un detalle muy particular: Los materiales con que se
construian semejantes portentos. Es decir, los inmensos bloques pétreos que -Según se
dicese acarreaban desde grandes distancias. He aquí otro profundo interrogante, que
sólo tiene respuesta si lo relacionamos a la influencia y ensefianza cósmica.

Como es sabido, transportar y labrar bloques tan pesados y darle a sus caras fortnas
perfectas que permitieran un justo encastre con las maximas garantías de solidez,
constituía un gran problema.
También la colocación de los bloques sigue constituyendo un enigma indescifrable para
la ingeniería actual, ya que para 'dicho trabajo se requeriría entre otras cosas, el empleo
de plataformas de cemento armado capaces de soportar el peso de unos vagones de
ferrocarril de cuarenta ruedas. Se ha hablado (y se sigue hablando), de planos
inclinados, de rodi]los hechos con troncos de árboles, pero se trata de suposiciones poco
consistentes. tos medios de ninguna manera hubiesen podido excluir la obra humana.
Pues bien, si admitimos entonces que mil manos sean suficientes para mover o
acompaiíar a uno de estos Dedruzcos: mil manos pertenecen a quinientas personas, que
no cabrían alrededor de la piedra. Todo esto nos lleva a pensar en máquinas o "técnicas
desconocidas" de alzamiento, utilizadas por los egipcios y los antiguos americanos y
que recibieron de manos de los atlantes.

Otra hipótesis incomprensible, con respecto a la misteriosa manera de llevar a cabo


estas imponentes construcciones es la que cuenta una antiquísima anécdota de la his-
toria incaica y es la que se refiere al supuesto líquido que tenía la poderosa propiedad de
"ablandar" las rocas haciéndolas así más maleables y fáciles de manipular.

Pero vayamos al hecho en sí,que es el siguiente: A la llegada de los conquis-


tadores a América y más precisamente a Ollantayparubo (Perú), éstos se sorprendieron
ante la presencia de ciudades fuertes, y palacios incas, como asimismo murallas que
indicaban claramente la existencia de anteriores civilizaciones.
Los misteriosos antecesores de los incas no solamente eran capaces de tallar y colocar
enormes monolitos, sino que los trasladaron a veces luego de caminar más de 2000 krri.
para depositarlos.
Se han llegado a encontrar bloques de andesita Y granito que pesan de 150 hasta 200
toneladas. Las leyendas incas afirman que han sido llevados allí por el aire, por lo tanto
se llega a la siguiente conclusión: Ningún ser humano terrestre podría haber llevado a
cabo el tallado de las piedras utilizando las rudimentarias herramientas que se
encontraron en las excavaciones allí realizadas. No se trata pues de una cuestión de
paciencia ni de tiempo.

Es un hecho imposible de llevar a cabo por un ser humano.

Pero un descubrimiento real¡zado por un arqueólogo da muestras de que ello es posible


mediante la utilización de cierto poderoso líquido que tenía la propiedad de malear las
piedras y que era conocido por los indios de la zona.
El coronel P. H. Fawcett, famoso explorador de las selvas sudamericanas, en uno de sus
libros hace alusión a un hecho cruel y asombroso ocurrido en el Perú. En el relata que
unos ingenieros en minas estadounidenses se encontraban efectuando trabajos de
exploracion en uno de los incontables cementerios indígenas situados en los terraplenes,
denominados "huacas". Durante la tarea, encontraron un recipiente cerrado llamado
igualmente huaca,en la zona de la selva amazonia peruana,en una zona inexplorada,en
la zona de Gran Pajaten,a 250 edificios de un civilizacion y en asentamiento hallaron
una extraña jarra en forma de cabeza humana y al mover el recipiente con sorpresa
notaron que en su interior contenia cierto extraño liquido

cuando los ingenieros intentaban explorar 30 construcciones. Ellos descubrieron y


forzaron a uno de los indios en el lado que trabajaban en el lugar para que lo bebiese.

El pobre hombre, dominado por el terror,se resistió violentamente y logró huir en medio
del forcejeo, pero la vasija se rompió contra las piedras.
Al regresar los ingenieros al campamento, luego de haber intentado inútilmente atrapar
al indio, observaron con asombro, que la roca sobre la cual se había derramado el
misterioso liquido contenido en la "huaca", se tornaba blanda y maleable.
Numerosas anécdotas y leyendas con respecto a este líquido maravilloso escuchó
Fawcett entre los naturales de la región, luego de este hecho.
Incluso trató de denodadamente de encontrar cierta planta selvática de la cual,
supuestamente, se extraía el poderoso líquido. Fawcett nunca pudo hallarla y con este
fracaso en la búsqueda se desvanecieron todas las esperanzas de localizar el líquido
mágico.

DESCUBRIMIENTO DE NUEVOS ENIGMAS ARQUEOLOGICOS

A pesar de lo ya expuesto el ser humano continúa en su búsqueda incansable por tratar


de dilucidar de dónde provenimos y hacia dónde vamos, y sus ansias por lograrlo hace
que siga investigando el pasado por medio de la Arqueología y sus ramas afines,
encontrándose día a día con nuevos y asombrosos descubrimientos como el que se
transeribe a continuacion:

Una reciente noticia da cuenta de que arqueólogos y científícos de la NASA y de la


Un¡versidad de Colorado, "guiados" por las imágenes de los satélites, descubrieron en
esta zona ,una serie formaciones artificiales y De acuerdo con el relevamiento por
satélite, el parque arqueológico, llamado "del rio Abiseo", se extendería por más de
2.600 Kms. cuadrados. Según las primeras imagenes difundidas por la NASA, los
edificios presentan características únicas en la arquitectura andina: Estructuras
circulares con representaciones humanas y animales en relieve o con dibujos. Todo ello
permite suponer que deben atribuirse a una civilización desconocida preexistente o
contemporánea de la incaica en Perú, desde el 1400 al 1500.

Este descubrimiento abre una nueva página en el estudio de la cultura andina hasta
ahora conocida y a pesar de que es una zona geográfic a casi inaccesible los
arqueólogos y científicos siguen trabajando utilizando imágenes tomadas por
el satélite.
Todo ésto nos reafirma una vez mds que los enigmas arqueológicos que existen a ambos
lados de lo que fue la Atlántida siguen alimentando nuestra capacidad de asombro y
afán de investigación.

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* EXTRAIDO DE CUARTA DIMENSION

ATLANTIDA EN AMERICA Y LA BIBLIA :

LA ATLANTIDA

La leyenda de la Atlántida es Universal y todos los pueblos del mundo


aceptan como un he-cho la existencia hace milenios y milenios, de este
maravilloso continente, cuya cultura deja-ron escrita en vagos relatos
Homero y los grandes escritores e historiadores de la antigüedad.

El Océano Atlántico se conecta con la Atlántida, porque se dice y


asegura que allí existió este enorme continente hundido para siempre;
Atl, que significa agua en lengua náhuatl, se identi-fica con ese
nombre fabuloso Atl-Atlántida y se cree que de allí vino su voz.
Sin embargo, nadie hasta ahora ha podido ubicar con certeza el lugar
del mar o de la tierra en donde estuvo La Atlántida, que aseguran fue
un país de maravillas, de gran cultura y adelan-tos científicos.

Se dice que la raza atlante desapareció para siempre tragada en forma


inmisericorde por las aguas, en medio de un cataclismo espantoso, tan
tremendo y destructor como el mismo dilu-vio y sin embargo, relatos y
leyendas aventuradas hacen suponer que algunas de las razas y pueblos
que llegaron a Mesoamérica - especialmente la maya -, fueron
originarios del conti-nente perdido.

Esta aseveración se presta a discusiones y agrias polémicas puesto que


asegura que los teoti-huacanos fueron también atlantes y que los
olmecas y que los mixtecos y que muchos otros habitantes de América,
antes de la conquista, llegaron de La Atlántida.

El obstáculo principal para aceptar esta teoría, la presenta el


lenguaje, pues la lengua hablada por mayas, toltecas, mixtecos,
zapotecas, totonacas, teotihuacanos y olmecas eran y siguen siendo
distintas y sus culturas también, aunque se han encontrado ciertas
semejanzas tanto en sus cuestiones políticas como religiosas. Pero es
que tanto el antropólogo, como el arqueólo-go, como el investigador,
piensan en La Atlántida como un solo continente, con una misma cultura
y un mismo idioma, unas mismas costumbres y una sola religión y no hay
una cosa más equivocada, puesto que La Atlántida fue un continente
inmenso que se sumergió en las aguas pero en el cual estaban asentadas
varias naciones que hablaban distintas lenguas y te-nían varias
costumbres y culturas.

Pueden ser entonces descendientes o supervivientes de aquellos


atlantes, los pueblos que arribaron a Mesoamérica trayendo sus
pasmosas culturas que aún hoy asombran a los más eruditos y los llenan
de interrogantes con respecto a cómo pudieron hacer esto y como lograr
a aquellos prodigios de edificios, de tallado escultórico, de
transporte de pesadísimos mono-litos y de material de construcción.
Cómo llegaron al conocimiento de la astronomía y la aritmética, el
calendario, las artes y la orfebrería.

Aceptado esto, debe echarse por tierra la idea de que los cultos y
maravillosos pobladores de Mesoamérica, no fueron producto de la
evolución, que no saltaron de las chozas o de las tri-bus nómadas a un
asentamiento cultural asombroso, pues tal cosa no se logra en unos
miles de años.

¿En dónde estuvo y existió pues la Atlántida?

Cuentan los más viejos que los viejos, que allá en los tiempos
remotos, cuando el mundo y el mar tenían otra forma floreció, por el
lado Poniente o sea el Mar Pacífico, una formidable cultura que se
localizaba en el Continente de Lemuria. Los lemures fueron tipos que
habían llegado a una casi perfección en leyes, artes, cultura,
religión, sociedad, etc.

Por el lado del Oriente o el pavoroso Mar Atlántico, estaba el inmenso


continente de La Atlántida, en donde también se había alcanzado un
alto grado de madurez cultural, artística, política y de organización
social y religiosa. Se trabajaban los metales preciosos y las piedras
finas.
Entonces ocurrió el más formidable cataclismo de que se tenga memoria.
Se levantaron los mares, se revolvieron las montañas, se hundieron los
continentes y surgieron otras tierras y en medio de ese caos
espantoso, algunos lograron sobrevivir, escapar entre los océanos tor-
mentosos a bordo de bajeles abordados a última hora y con gran
premura.

Como es lógico suponer, los lemures arribaron a las costas de lo que


hoy es América, en sus costas del Océano Pacífico, que desde entonces
yace quieto y azul. Llevaron sus costumbres y cultura y se asentaron
en tierras que fueron de Incas, en la Isla de Pascua, a lo largo de
las costas que les brindaron asilo y protección, lugar para un nuevo
asentamiento.

Por el Golfo de México que es hoy, arribaron varios grupos de La


Atlántida, hombres miem-bros de pueblos de la misma tierra pero de
distintas naciones y esos pueblos se llamaron ol-mecas, procedentes de
Olman, tierra del hule, los mayas, los totonacas, los mixtecas o zapo-
tecas. De allí ciertas diferencias étnicas y de lengua y de
costumbres, de cultura. Los teoti-huacanos se adentraron hasta el
altiplano, por temor a un nuevo cataclismo que pudiera ba-rrer las
costas, buscando la seguridad de una altura que los mantuviera al
margen de un nue-vo desastre.

Tal dicen los más viejos que los viejos, que no dejaron crónicas
escritas ni talladas de este suceso, porque todos estos pueblos lo
sabían y conocían. No hay detalles de éste arribo de gentes
procedentes de La Atlántida y todos son atlantes como hoy pudieran ser
europeos los alemanes, franceses, ingleses, italianos, etc., que no
son idénticos ni en lenguas, ni en cos-tumbres, ni en sangre.

De allí la divergencia también de las dos culturas correspondientes a


las costas americanas, la peruana, la inca, los viricochas, los
gigantes del Machu Pichu, la cultura del valle de Nazca, los colosales
monolitos y construcciones de Tiahuanaco, en fin.

Dicen los más viejos que los viejos que todo esto sucedió mucho antes
de que los chichime-cas, los otomíes y esas tribus nómadas se unieran
en un plan belicoso y destructor, para apo-derarse de los grandes
centros culturales y religiosos y destruir esas asombrosas
civilizacio-nes de las que por fortuna aún nos quedan vestigios
sorprendentes.

Esta puede ser la explicación de las grandes incógnitas de los


calendarios, de los numerales, de las cuestiones astronómicas de cómo
pudieron trasladar enormes piedras, bloques, mono-litos y construir
altos edificios, haciendo uso de su gran conocimiento de la
hidráulica, de la física, de la mecánica y de todos esos elementos que
les facilitaron esas obras titánicas.

Todo esto cuentan los viejos más viejos que los viejos y aseguran que
lo contaban los olme-cas, única raza de la cual no se conservan
escritos, de la que se desconoce su lenguaje y sus caracteres
ideográficos, porque decían con gran razón, que todos los pueblos
sabían su ori-gen, su tragedia y nadie olvidaba el gran cataclismo que
los arrojó a estas playas.
Eran tiempos en que el mar no estaba en donde está y la tierra tenía
diversas formas, unas formas distintas a las actuales. Esta es la
leyenda que se va deformando y olvidando al paso de los siglos...

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La Atlántida

¿Ha existido esta isla misteriosa de la que Platón nos ha dejado la


enigmática descripción? Cues-tión difícil de resolver, en vista de la
pobreza de medios con que cuenta la ciencia para penetrar el secreto
de las regiones abisales. Sin embargo, ciertas comprobaciones parecen
dar la razón a los partidarios de la realidad de la Atlántida. En
efecto, unos sondeos efectuados en el océano Atlántico han permitido
remontar a la superficie fragmentos de lava cuya estructura prueba de
manera irrefutable que ha cristalizado en el aire. Parece, pues, que
los volcanes eyectores de esa lava se elevaban en otro tiempo en
tierras aún no sumergidas. Se ha creído descubrir también un argumento
propio para justificar el aserto de los sacerdotes egipcios y la
narración de Platón, en la particularidad de que la flora de América
central se muestra semejante a la de Portugal: las mismas especies
vegetales, transmitidas por el suelo, indicarían una relación
continental estrecha entre el viejo y el nuevo mundo. En cuanto a
nosotros, nada vemos de imposible en que la Atlántida haya podido
ocupar un lugar importante entre las regiones habitadas, ni que la
civiliza-ción se haya desarrollado allí hasta alcanzar ese elevado
grado que Dios parece haber fijado co-mo tope del progreso humano. «No
irás más lejos». Límite más allá del cual los síntomas de de-cadencia
se manifiestan, la caída se acentúa hasta que la ruina se precipita
por la súbita irrupción de un flagelo imprevisto.

La fe en la veracidad de las obras de Platón entraña la creencia en la


realidad de los cataclismos periódicos, de los que el diluvio mosaico,
como hemos dicho, constituye el símbolo escrito y el prototipo
sagrado. A los negadores de la confidencia que los sacerdotes de
Egipto hicieron a So-lón, tan sólo les pediremos tengan a bien
explicarnos qué se propone revelar el maestro de Aris-tóteles con esta
ficción de carácter siniestro. Pensamos, en efecto, que está fuera de
dudas que Platón se ha convertido en el propagador de verdades muy
antiguas y que, en consecuencia, sus libros encierran todo un
conjunto, un cuerpo de conocimientos ocultos. Su número geométrico y
su caverna tienen su significado; ¿por qué el mito de la Atlántida no
habría de tener el suyo?

La Atlántida tuvo que correr la suerte común, y la catástrofe que la


sumergió proviene, eviden-temente, de una causa idéntica a la que
anegó, cuarenta y ocho siglos más tarde, bajo un profun-do manto de
agua a Egipto, el Sahara y las regiones del África septentrional. Pero
más favoreci-do que la tierra de los atlantes, Egipto se benefició de
un levantamiento del fondo submarino y volvió a la luz tras cierto
tiempo de inmersión. Argelia y Túnez, con su chotts o lagos de las re-
giones meseteñas, desecados y tapizados con una espesa capa de sal, y
el Sahara y Egipto, con su suelo constituido en su mayor parte por
arena marina, demuestran que las olas invadieron y recu-brieron vastas
extensiones del continente africano. Las columnas de los templos
faraónicos pre-sentan huellas innegables de inmersión; en las salas
hipóstilas, las losas aún existentes que for-man los techos, han sido
levantadas y desplazadas por obra del movimiento oscilatorio de las
olas; la desaparición del revestimiento exterior de las pirámides y,
en general, la de las junturas de piedras (colosos de Memnón, que en
otro tiempo cantaban); las huellas evidentes de corrosión por las
aguas que se advierten en la esfinge de Gizeh, así como en muchas
otras obras de la es-tatuaria egipcia, no tienen otro origen que el
señalado. Es probable, por otra parte, que la casta sacerdotal no
ignorase la suerte que le estaba reservada a su patria. Acaso sea ésta
la razón por la que los hipogeos reales estaban profundamente
excavados en la roca, y sus accesos, hermética-mente sellados. Tal vez
pudiera, incluso, reconocerse el efecto de esta creencia en un diluvio
futuro en la obligada travesía que el alma del difunto debía realizar
tras su muerte corporal, y que justificaba la presencia, entre tantos
otros símbolos, de esas barquitas aparejadas, flotillas a es-cala
reducida que forman parte del mobiliario fúnebre de las momias
dinásticas.

Sea como fuere, el texto de Ezequiel (1), que anuncia la desaparición


de Egipto, es formal y no puede prestarse a equívoco alguno:

«Al apagar tu luz velaré los cielos y oscureceré las estrellas.


Cubriré de nubes el sol, y la Luna no resplandecerá; todos los astros
que brillan en los cielos se vestirán de luto por ti, y se extende-rán
las tinieblas sobre la tierra, dice el Señor, Yavé. Llenaré de horror
el corazón de muchos pue-blos cuando lleve al cautiverio a los tuyos,
a tierras que no conocen; dejaré por ti atónitos a mu-chos pueblos y
sus reyes, que temerán por sí cuando comience a volar a su vista
contra ti, ni es-pada, al tiempo de tu ruina... Cuando tornaré en
desierto la tierra de Egipto y asolaré cuanto la llena. Cuando heriré
a todos cuantos la habitan, que sabrán que yo soy Yavé. »

1) XXXII Lamentación sobre Egipto (v. 7, 8, 9 y 15).

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Fuente: Leyendas Mexicanas de antes y después de la Conquista Carlos


Franco Sodja Edit. EDAMEX

ATLANTES Y LA HISTORIA SEGUN BRUCE

BRUCE FUE GENIAL...

MIREN qué novedad lo que vengo a escribir en el título! ¡Claro que el


Gran Sifú, Pequeño Dragón, fue un verdadero genio! Yo me pregunto qué
hubiera sucedido si Bruce no hubiese sido asesinado cruelmente cuando
apenitas tenía treinta y tantos años de edad ... ¿Se lo imaginan a
Bruce en el año 2000 ó 2010, con lesenta o setenta años de edad, pleno
de poder mental, con la serena sabiduría que dan los años, con un
gesto aún más que paternal, gesto de abuelo amoroso ... ?
Estoy seguro de que si esto hubiese Podido suceder, el mundo se
hubiera detenido para reverenciar a ese anciano glorioso. Pero Bruce
no está. Nos lo mataron los h ... de
p - - - que lo odiaban porque él era una fuente inagotable de amor por
los semejantes y de tremenda sabiduría.

Hace más o menos quince días, en Katiavar (lugar de la India en el que


Bruce estuvo en 1969 dando un breve pero conciso curso sobre el Tao
del Jeet Kune Do a estudiantes de filosofías orientales) tuve
oportunidad de leer una página de una especie de diarito o revistita
local. Me informaron que esa publicación, hecha por los estudiantes de
aquel entonces, dejó de aparecer hace más de diez años.

Allí pude leer, y traducir, un raro artículo que, supongo, escribió el


mismísimo Bruce, aunque la nota no lleva firma. Sin embargo me atrevo
a afirmar que lo escribió Bruce por el estilo claro, puro, que era tan
propio del Pequeño Dragón. Lo que me llamó la atención fue la
"soltura" con que Bruce se refería a cosas muy difíciles. El profesor
Eilas Masmar, un hombre que hoy tiene la joven edad de ochenta y un
años y tiene una lucidez mental que más de un sabio occidental
querría, me conto algo fantástico: -Mire, Gongi,oyo lo conocí muy bien
a Bruce Lee aunque estuve con él nada más que nueve días. Antes de que
él llegara a Katiavar, yo sabía muy poco de él. Nunca veo ni vi
televisión porque me parece algo muy tonto. No voy al cinematógrafo
porque prefiero quedarme en mi estudio leyendo, escribiendo,
preparando clases para mis alumnos (el profesor es titular de la
cátedra de historia de los pueblos antiguos, una materia deliciosa y
llena de datos sorprendentes). Por lo tanto yo casi no sabía nada de
ese actor kungfuteca. Pero un conocido común, que fue quien nos
presentó una tarde en su casa a la que nos había invitado para una
comida, me habló del señor Lee antes de que él llegara. Me dijo que me
iba a encontrar con un chino exquisito, que, lejos de sentirse una
estrella cinematográfica o un artista marcial incomparable, era un
humilde, sencillo, sabio muchacho que sabía mucho sobre orientalismo.
Yo, que como buen ser humano, soy un perfecto tonto, pensé que mi
amigo exageraba y que me iba a encontrar con un chinito ambicioso,
criado en los Estados Unidos, muy pagado de sí mismo debido a su fama
mundial que por aquel entonces iba creciendo día a día.
Para resumir: a las seis de la tarde, más o menos, llegó el señor Lee
y tras los saludos de estilo nos sentamos a tomar refrescos señor Lee
no ¡aceptó ni siquiera probar una sola copa del delicioso whisky
escocés que se servía en casa del amigo-..Voy a ser muy sincero:
nosotros tenemos la costumbre de no quedarnos despiertos hasta muy
tarde. Normalmente se come a las siete y media de la tarde ... o noche
... se tarda un par de horas en comer, en hacer los honores a la dueña
de casa, que es la que siempre agasaja a los isitantes preparando las
muy diversas y exquisitas comirlas, se habla, se bebe té caliente o
frío, se beben algunas copas ... insisto: el señor Lee ni siquiera
olió el alcohol y en cambio sí tomó mucha infusión fría hecha con
flores de té ceylandés, algo sumamente exquisito y de muy buen
gusto ... Yo le juro que a pesar de ¡a costumbre de retirarnos
temprano, le pedí a mi amigo y a su esposa que prolongáramos la
velada: es que
el señor lee era un. ser tan excepcional, tan culto, tan delicado, tan
parlanchín pero con muchísimo fundamento, que yo no quise desperdiciar
un solo instante. En otras
palabras: me deslumbró. Y siempre con una humildad envidiable...
Charlamos ese primer día hasta más allá de la medianoche. Y los ocho
días siguientes, en los que asistí puntual y devotamente a su curso
sobre filosofía del Jeet Kune
Do, me los pasé muy pegado a él.

Sucede que en ese casi chiquilín de veintiocho o veintinueve


años,había encontrado a un maestro- ¡nigualable.
¿-Por qué le cuento esto? Ah, sí...por lo que él hizo. Dio un curso
incomparable. Le hicieron varios reportajes en diarios y revistas
estudiantiles y en una de esas revis-
tas apareció una especie de 'salpicon de curiosidades" que, estoy casi
seguro de ello, escribió el mismo señor Lee, ya que a él le gustaban
esas cosas que le permi-
tían evadirse de la seriedad de los cursos ...

Hasta aquí lo que me relató el profesor Eilas Masmar. Y lo que sigue


es la nota más profunda de ese "salpicón" que, estoy seguro de ello, a
mis lectores les va a gustar muc o por su contenido y por provenir del
querido Bruce lee.

LA LUNA EN EL ARTICO :

Si se lograra vaciar toda el agua que llena el Mar Artico nos


encontraríamos con un espectáculo sorprendente: un gigantesco cráter
igual a los grandísimos cráteres
que hay en la Luna.
¿A qué se deben estos cráteres en nuestro satélite natural? A un
constante "bombardeo" que sufre. las 'bombas" son asteroides errantes
de mayor o menor tamaño, que caen sobre la superficie lunar provocando
gigantescos hoyos, algunos de los cuales tienen centenares de
kilómetros de diámetro.

Algo exactamente igual sucedió en nuestra Tierra en el año 2193 antes


de Cristo.

Hay casi mil setecientos asteroides registrados. Todos andan dando


vueltas alrededor del Sol y unos pocos tienen órbitas "locas" que los
hacen aproximarse de vez en cuando -y muy peligrosamente- a la Tierra.
Caso concreto: en 1937 uno de esos asteroides, el Hermes, se acercó a
500.000 kilómetros de nuestro planeta.

En 2193 antes de Cristo un asteroide se "metió" dentro de la órbita


lunar y fue apresado por el campo gravitacional de nuestra Tierra.
Entonces ese asteroide empezó a describir círculos en tirabuzón
acercándose a una velocidad fantástica a nuestra superficie. Se
produjeron terribles cambios en los campos electromagnéticos y
gravitacionales.

Era como si la superficie terrestre de pronto la empujaran hacia abajo


y de pronto tironearan de ella hacia arriba. Enormísimas nubes oscuras
escondieron al Sol, Todo el planeta quedó envuelto en una niebla
espesa y sofocante. Hubo temblores espantosos hasta que el asteroide
hizo impacto en los territorios que ahora ocupa el Océano Artico,
Quedó un crácter brutalmente enorme cuyo borde hoy está rodeado de
islas de rocas destrozadas y de tierras desgarradas, fisuradas. la
Tierra, golpeada así, bestialmente¡ casi fue movida de su órbita y el
eje terrestre se inclinó. Los hielos que cubrían los territorios en
los que impactó el asteroide, se derritieron por la enorme ola de
calor. Después esas aguas volvieron a congelarse en parte. Por eso hoy
se pueden ver miles de témpanos moviéndose en ese Océano que se formó
hace hoy casi cuatro mil años. Hoy a centenares de kilometros de
distancia, pueden hallarse grandes masas de piedra que corresponden a
la zona del Artico. La información común dice simplemente que son
piedras "que fueron arrastradas por los glaciares". Pero no es cierto.
Las rocas arrastradas por los glaciares fueron rodando como pelotas y
adquirieron formas lisas, casi esféricas. Estas piedras tienen formas
agudas. No rodaron, saltaron por los aires hechas pedazos y fueron a
caer, como una espantosa lluvia de piedra y hielo, sobre el norte de
Europa.
Toda la exquisita civilización que ocupaba esa zona desapareció ya que
las aguas lo cubrieron todo. En Toiutak, Alaska, fueron descubiertos,
hundidos en el mar, los restos de una ciudad diseñada de manera más
moderna que las grandes capitales de hoy día. Edificios perfectos y
completamente instalados, calles amplias para un tránsito muy intenso.
Pero hay algo que no sólo llama poderosamente la atención sino que,
hace pensar que este asunto de asteroide pudo haber sido otra cosa.
Por ejemplo, una poderosa explosión nuclear. ¿Y el cráter en el
Artico? Puede ser el brutal hoy. que produce la explosión de cualquier
bomba y mucho más si ésta es un brutal artefacto atómico.
¿Por qué puede llegar a pensar se esto? Poraue en diversas partes del
planeta pueden hallarse restos de edificios o simplemente piedras o
arenas totalmente vitrificadas. Y para que esto suceda, para que la
piedra se convierta en vidrio, es preciso que la temperatura se eleve
a miles de grados. Y esto no lo logra un asteroide sino una explosión
nuclear.
¿Pudo haber habido una especie de "guerra mundial"? Claro que sí.
Supongamos que hace miles de años pasó lo que está sucediendo ahora
(Nota de la Redacción. no olvidemos que este artículo que nos está
relatando o copiando Gongi- Dahr fue escrito, seguramente por Bruce,
allá por 1969), o sea que las grandes potencias mundia-. les se están
armando hasta los dientes, llenando sus depósitos nucleares con miles
y miles de bom-. bas que, de estallar, reducirían a la Tierra a un
montón de polvo y matarían sin excepción a todos los seres vivos ya
sean humanos, animales o vegetales. La temperatura subiría a miles de
grados. Por eso moriríamos todos horrendamente quemados. Y solamente
algunas rocas, algunos edificios superfuertes podrían quedar en
pie ... pero totalmente convertidos en vidrio verdoso.
Pero, claro está, la onda expansiva de calor no llegaría a todas
partes. Pero las consecuencias sí. Veamos lo que sigue y que podría
ser la gran verdad sobre las civil¡zaciones avanzadas y desaparecidas.
Un asteroide gigantesco (o una bomba nuclear descomunal) estalla en el
norte de la Tierra. Se produce una terrible explosión con calores
abrasadores. Se evaporan las aguas y los hielos que, en seguida, al
subir a las altas capas de la atmósfera, se congelan y caen, en
contados instantes, como una aterradora tormenta de nieve y hielo. Al
mismo tiempo, y bruscamente, el eje de la Tierra se inclina y aquellos
lugares que eran trópico se convíerten en polos y los polos pasan a
ser trópico. Todo eso en un abrir y cerrar de ojos, como suceden las
grandes catástrofes (un terremoto "borra" una ciudad entera en tres
segundos, por ejemplo).
Toda vida desaparece, las ciudades costeras se hunden en las aguas,
Hasta los animales, que estaban pastando mansamente, son ,cubiertos
por toneladas de nieve y quedan allí como en un congelador.
gigantesco. Hace poco se hallaron en Siberia, que hace miles de años
era zona tropical, enormes mamuts muertos hace cuatro mil años. Sus
carnes estaban perfectamente frescas y comestibles. En sus tripas se
halló todo tipo de vegetales sin digerir, o sea frescos, como recién
masticados.
¿Suposiciones? Puede ser. Pero quiero releer la colección de libros
épicos hindúes agrupados bajo el nombre de "Mahabarata". Allí se dice
que no menos de seis miliones- de seres humanos murieron en una noche
terrible. Pero además de esto hay clarísimas referencias a una
hecatombe mundial debida a la radiación: "Durante días hubo total
oscuridad. A. las personas que no habían muerto súbitamente se les
caían las uñas y los cabellos. La comida se convirtió en veneno. Los
pájaros primero se pusieron blancos, las patas se -les llenaron de
ampollas. Después los pájaros se volvieron rojo-est:arlata. ¿No es
todo esto una descripción de una tremenda explosión nuclear en cadena?

Pero vearnos más todavía. Un oro sagrado de los antiguos frisones


atirma que "el desastre duró tres años". ¿Una guerra de tres años?
¿Por qué no?,Y agrega que
el sol, el cielo y las estrellas permanecieron ocultos durante todo
ese tiempo. Parecía que había venido el fin de¡ mundo".
Otros testimonios de la lejana antigüedad dan más pautas y hacen
pensar en algo más tremendo: en una guerra nuclear entre los
terrestres y habitantes de otros mundos. En el libro de 'Ritos
Druídas" se habla de que antes de empezar todo (quiere decir que no
fue repentino sino planificado, tal como si hablara de una
"declaración de guerra") "el patriarca y sus compa e: ros selectos fue
puesto en una ea p sula de fuerte puerta. La cápsula se elevó salvando
a los justos del daño. Luego empezó una tempestad de fuego. la tierra
se partió en grandes grietas hacia la profundidad. El mar salió de sus
límites y lo cubrió todo. Lo que no cubrió el mar fue inundado por la
lluvia que cayó sin cesar". ¿Una cápsula? ¿Una nave interestelar? ¿Una
nave de combate proveniente de Marte o de Júpiter?

Todos estos misterios, por ahora sin respuesta, o por lo menos con
respuestas que todavía no podemos comprobar, son los que nos apasionan
a partir del descubrimiento de un cráter en el Océano Artico.

Esto sucedió hace cuatro mil años. Son i-nuchos los que escribieron
que después de la catástrofe e¡ mundo tardó más de mil años en
restañar sus heridas.
Un historiador inglés afirma que todo esto tuvo como dantesco
escenario toda la zona que hoy conocemos como Atlántico Norte y que lo
que en realidad desapareció fue una gran isla-continente denominada
"la Tierra Antigua". El nombre, en lengua frisona' era AtLand' No se
debe confundir este nombre con Atlántida, otra isla-continente que
existió en pleno Océano Alantico y que desapareció por un gantesco
cataclismo hace más de doce mil años. At-Land estaba ubicada al norte
de lo que hoy es Gran Bretaña, la gran península escandinava. Estas
"tierras antiguas" empezaron a ser analizadas luego que Inmanuel
Velikovsky dio a conocer sus teorías proféticas sobre el mundo. El que
más las estudió fue el profesor Robert Scrutton quien seguramente en
los próximos años publicará sus efusiones (Nota de la Redaccíon es
evidente que este artículo que nos envía Gong¡ fue escrito en 1969 por
Bruce Lee. Hemos investigado y sabemos que el profesor Scrutton
publicó su libro "The Other Atiantis" en 1977, cuatro anos después de
la muerte de Bruce).

Es posible que haya sido así. Lo que sí hoy puede afirmarse es que, si
bien At-Land desapareció y la mayor¡a de sus habitantes murieron,
algunos de ellos, grandes navegantes, poseedores de conocimientos
insólitos, sobrevivieron -y sus descendientes siguen aún habitando
algunos lugares de la Tierra- y conservaron testimonios de su
nacimiento, historia civilizas vida cotidiana, leyes, religión. Por
esos testimonios podemos tener nueva visión de la historia
"tradicional" que nos enseñaron en escuelas y colegios.
Ya me ocuparé de escribirles algunas notas más. Pero ahora, a manera
de curiosidad, les dejo estos datos que invitan a meditar mucho, a
leer, a estudiar.

La ley de At-Land era el "Tex". Y esa ley es la base de la democracia.

Muchos héroes de la vida real, navegantes y sacerdotes de AtLand,


todos ellos seres de carne y hueso, que recorrieron o conquistaron o
civilizaron otras regiones, ahora son conocidos como "dioses". Por
ejemplo Minerva, diosa romana, no fue otra que Min Erv. una princesa
de At-Land que fundó el estado ateniense.
Odín, o Wotan, parte de la mitología germana, no era otro que un
navegante de At-Land que las gentes del centro de Europa luego
edificaron. El nombre del navegante era Wodin.
Uno de los más admirables almirantes de la marina de At-Land se
llamaba Inka. El, con sus naves, dio la vuelta al mundo y llegó a ¡as
tierras andinas que hoy son el Perú.

Grandes trabajadores del oro, los frisones tenían sus puertas y


cíudades emplacadas en ese metal (que no tenía el vi¡ valor de hoy día
sino que era admirado por su belleza y porque era el que mejor
reflejaba al Sol, fuente de vida), y por esa razón lnka y sus gentes,
que podían detectar la presencia de metales preciosos en las entrañas
de la Tierra (¿qué detectores electrónicos hoy desconocidos tenian?
¿De qué computadoras se valían para hacer sus cálculos que tenían que
ser perfectos?) fueron a esas tierras a extraer el metal. Allí lnka
fundó una dinastía de hombres-dioses, los incas.

El templo de la diosa romana Vasta derivó de Fasta, una sacerdotisa


frisona de At-Land, que fue la primera "madre-tierra", y que tenía
cualidades mágicas y mantenía la lámpara del fuego perpetuo.

Ulises, el héroe del relato 'La Odisea", el poeta Homero, era un


hombre de carne y hueso, descendiente de frisones, que luego del
asedio de Troya fue a Europa para tratar de rescatar la lámpara
"mágica" de los frisones (la lámpara que había cuidado siempre Fasta)
y que tenía en su poder otra sacerdotisa llamada Kalip, que no es otra
que la Diosa Calipso.

Mínos, el gran legislador de la Isla de Creta, no fue otro que un


navegante frisón, que desarrollaba actividades piratas, llamado Minno.
Los romanos tienen a su dios del mar, Neptuno. No fue un dios sino un
capitán frisón de barcos que.en el año 2000 antes de Cristo, 193 años
después de haberse producido la catástrofe, llevó a su pueblo hasta
Fenicia. Este capitán se fíamaba Neef Teunis.

Los inventores de la escritura fueron los frisones, que se la


enseñaron a los fenicios y éstos, a su vez, a los griegos.

Los números modernos, que todo el mundo cree que fueron inventados por
los árabes, ya los escribían los frisones miles de años antes de que
los árabes empezaran a hacerlo. Y esto es todo lo que escríbo ahora,
tras haber empezado hablando de un cráter lunar en la Tierra.

Hasta aquí, hermanos, esta apasionante nota que he leído y traducido


en Katiavar, India, hace pocos días.

Y estoy seguro de que la escribíó Bruce. Hay que saber mucho, hay que
tener mucha cultura y nianejarla con absoluta soltura para condensar
en pocas páginas todo lo que allí se dice. Y sólo Bruce era capaz de
eso.
(GongI Dahr)

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* EXTRAIDO DE UNA NOTA DE SUPLEMENTO ESPECIAL DE REVISTA


BRUCE LEE NRO 123 (JULIO DE 1987).

NOTA DEL COPISTA : "TE SORPRENDE...,AUN COMO A MI...BUENO DE DONDE


VINO ESTO HAY MUCHAS NOTITAS ASI Y GRACIAS A DIOS ESTOY TRATANDO DE
PUBLICARLAS...,ESTAMOS INDAGANDO Y REVELANDO EL SABER PROHIBIDO...
NO NOS ABANDONES Y APOYANOS EN NUESTRA TAREA,DIFUNDIENDONOS Y
LEYENDONOS,PUES NECESITAMOS EL APOYO Y HACEN QUE VALGA LA PENA EL
ESUERZO UNICO."
FABIO RAMIREZ
WEBMASTER GRUPO TRABAJO ESOTERICO.

LA ATLANTIDA,EL DILUVIO Y OTRAS CUESTIONES :

por CARLOS A. BENEDETTO

LA GEOLOGIA Y LOS MITOS :

La Tierra viene sufriendo períodos fríos (glaciares), y cálidos (interglaciares) desde hace
varios cientos de miles de años. Los últimos glaciares se derritieron hace
aproximadamente 12.000 años. Es decir, que hoy estamos en un período interglacial. Es
muy probable que en unos miles de años más. el planeta (o gran parte de él) vuelva a
estar cubierto por capas de hielo de centenares de metros de espesor.
Los glaciares eran hielo formado por nievs (es decir, lluvia), que se a cu mulaba durante
los períodos fríos, y que no llegaba a derretirse, pues las desviaciones del eje terrestre
provocaban no sólo una fuerte disminución de las temperaturas medias sino también el
acortamiento de los veranos.

Esas lluvias provenían de la aveporación del agua del mar. Quiere decir que en las
épocas frías ¡a superficie del mar se reducía, pues el agua estaba en tierra firme, en
forma de hielo.

Con el calor intergiacial el hielo se derretía y el mar volvía a tener el caudal original. Y
muchos sitios que en época fría eran tierra firme (donde incluso vivió el hombre) están
hoy bajo las aguas.

Se sabe de culturas prehistóricas que yacen bajo el mar, Hasta ahora se presume que
ninguna de ellas fue lo suficientemente desarrolada como para hacernos pensar que se
trataba de "civilizaciones". En Arqueología e Historia está consagrada la idea de que el
proceso de formación de las grandes culturas de la Humanidad se inició hace no más de
7.000 años. aproximadamente.

Y aquí empiezan las dudas. Pensamos en el Diluvio, un mito que lo hallamos en todas
las culturas del mundo, desde tiempos inmemoriales. ¿Una fantasía pura? ¿Un
simbolismo religioso? ¿Una manera de explicar con un mito la rotura de la bolsa de las
aguas durante el parto, según alguna escuela psicoanalítico? Hay muchas explicaciones
y podríamos decir que todas tienen algo de validez.
Por nuestra parte, nos sumamos a quienes tienden a ver en los mitos una fantasía con
componentes extraídos necesariamente de la realidad concreta.
Las fantasías puras no existen. Existe la capacidad del hombre para hacer infinitas
combinaciones de los datos de la realidad; pero esos datos no son inventos.

Entonces, si hubo un mito del Diluvio o inundaciones que cubrieron


la Tierra (o lo que la Tierra era para quienes relataron esas leyendas) y, junto a ella, a
culturas enteras, es porque algo de cierto debe haber. La Arqueología sabe que hay
zonas del planeta antes habitadas por el hombre, 'hoy cubiertas por las aguas. Entonces.
el relato del Diluvio ya no es tan mitico.
¿EXISTIO LA ATLANTIDA?

Tal vez el tema sea demasiado trillado, pero el enigma sigue en pie. Aún hay quienes
creen que hace varios miles de años existíó, en el Atlántico Norte, una Isla-continente
con una poderosa civilización, que un día se hundió en el mar, en un lugar que podría
ser el actual Mar de los Sargazos.

Platón cuenta, en sus diálogos Timeo y Critias, que en el año 11.500 a.C. la Atlántida se
hundió en el mar, más allá de las columnas de Hércules" (estrecho de Gibraltar).
También describe el poderio de la civilización que habría vivido allí, logrando
expandirse militarmente hasta Italia. Algunos recuerdan el alfabeto de los etruscos (la
no menos misteriosa civilización prerromana), aún indescifrado, y piensan que puede
tener relación con los atlantes.

Al otro lado del océano, en América, los aztecas e incas conservaban mitos según los-
cuales habían sido "civilizados" por agentes que provenían del Este.
Los aztecas, por ejemplo decían ser "gente que viene de Aztlán". Recordemos que al
norte del Africa existe una cadena montañosa llamada Atlas; que Atlas, en la mitologia
griega, es quien sostiene el mundo sobre sus hombros. El dios azteca Quetzalcóatl es
representado muchas veces de la misma manera; y ¿no, nos indica nada la terminación
ATL del nombre de esta divinidad? ¿Y la denominación que Platón le da a la isla-
continente desaparecida? ¿Simples coincidencias lingüísticas? Es probable que sí, pero
quedarnos con esta explicación sería autolimitamos.

El Misterio de la Atlántida, que hace 500 años, cuando los portugueses llegaron a las
islas Canarias, se encontraron con los últimos sobrevivientes "cro-magnones" (luego
exterminados por los europeos), que creían ser los únicos seres vivos del mundo, luego
de la "catástrofe". Ese pueblo. a pesar de vivir en una isla, no se animaba a salir al mar,
pues le temian, pero, entonces. ¿como habían llegado allí?; vivían en la Edad de Piedra,
adoraban al Sol (igual qué incas y egipcios antiguos), momificaban a los muertos (como
en Perú y Egipto) y escribían. Eran los guanches.

¿Cuál fue esa catástrofe? Porque, al hablar de "catástrofe" nos referimos a algo
repentino, brusco. Y antes habíamos señalado lluvias o inundaciones, pero ello en un
proceso lento, no, "catastrófico". ¿Qué pudo haber sucedido?

La Geología nos dice que el peso de los glaciares provoca un hundimiento de la Tierra,
y que su derretimiento, al dejar de ejercer peso, 'permite un levantamiento del nivel del
suelo. Pero también sube el nivel del agua, ya que el mar recupera su antiguo caudal; y a
todos estos procesos se- los conoce como "movimientos eustáticos o isostáticos". que
son lentos. Pero, ¿debemos descartar la posibilidad de que se haya producido, alguna
vez, un movim¡en t o brusco de levantamiento de una zona y hundimiento de otra tal
vez con la intervención de otros factores, además del derretimiento glacial?.

La fecha del derretimiento del último glaciar coincide con la fecha de la "catástrofe" que
relata: Platón, Y con las fechas de la hipótesis que señalan que Tiahuanaco, en Perú, se
levantó bruscamente de su nivel. Antes habría sido un puerto marítimo, hoy está a
centenares de metros sobre el nivel del mar. ¿Delirios? ¿Fantasías?
Hay qu¡enes sostienen que la Atlántida existió, que fue el centro universal de difusión
de la cultura. un paraíso terrenal, una tierra con hombres progresistas,, emprendedores,
que habían llegado a dominar el mundo. e incluso que mantenían contactos con
civilizaciones extraterrestres.

Otros, más cautos, dicen que fue una cultura humana del mismo nivel que otras culturas
prehistóricas que están bajo las aguas, pero algo más. desarrollada. y que mantuvo
contactos a ambos lados del Océano.
El tema sigue siendo investigado seriamente. Recientemente fue descubierta por sonar,
a 900 metros de profundidad, en la zona de las Bermudas, una pirámide de 150 metros
de altura, en la misma latitud geográfica que la de Kheops, en Egipto. El hallazgo
interesó a Charles Berlitz, quien sostiene que podría llegar a probar la existencia Y
desaparición de una civilización antigua muy avanzada, fuera o no la Atlántida. Berlitz
encaraba, para mediados de julio de 1977 una expedición submarina al lugar.
La importancia de esto radica en que, si se prueba que realmente existió una civilización
atlántica hace 14.000 años, ello obligarla a reformar todas las escalas cronológicas hoy
aceptadas por los estudiosos
El hombre no dejará nunca de intentar ver más allá de, sus límites.

**************************************************************

NOTA DEL COPISTA : EN EFECTO SE HAN DESCUBIERTO MURALLAS


SUMERGIDAS EN EL FONDO DE BIHIMI EN BAHAMAS,CUMPLIENDOSE ASI
LAS PROFECIAS DE EDGAR CAYCE SOBRE EL DESCUBRIMIENTO DE LA
ATLANTIDA,HAY UN PAR DE LADRILLOS BIEN PULIDOS POR MANOS
HUMANAS DESCUBIERTOS EN FONDO MARINO,O VARIAS ANFORAS
(JARRONES) CON SUGESTIVOS Y EXTRAÑOS GRABADOS,PERO
IGUALMENTE EL PROBLEMA DE INVESTIGAR LA ATLANTIDA NO ES LA
ALTA DE PRUEBAS,ESO SOBRA,SINO QUE EL OBSTACULO PRINCIPAL ES
LA NEGACION DE LOS CIENTIFICOS,QUE SE NIEGAN A ADMITIR QUE
HAYA EXISTIDO Y COMO DICEN NO HAY PEOR CIEGO QUE EL QUE NO
QUIERE VER,IGUAL VOLVEREREMOS SOBRE EL TEMA EN OTRAS NOTAS.

* EXTRAIDA DE SUPLEMENTO CUARTA DIMENSION

NAZCA RESUELTO ...

Finalmente, el misterioso mensaje que encerraban los geoglifos de la desértica planicie


de Nazca, en el Perú, ha sido interpretado por la estudiosa
Jadwiga Pasenkiewicz. Ahora sabemos que esos trazados reproducen un texto de
antiquísima memoria, proveniente de una civilización muy desarrollada que habitó en
nuestro planeta entre dos cataclismos que, a su turno, destruyeron casi todo vestigio de
vida humana (esto ocurrió en los años 36576 y 9792 antes de Cristo, siendo este último
conocido como el Diluvio Universal).*
Los hombres que grabaron los cientos de dibujos geométricos y zoomórficos en suelos y
serranías de Nazca serían descendientes de aquella civilización predilúvica, aunque con
toda seguridad, y según las investigaciones históricas realizadas por la señora
Pasenkiewicz, su vinculación más directa habría que buscarla en el floreciente imperio
de Tíahuanaco, aquel que, luego de verse varias veces destruido, alcanzó su máximo
esplendor 12.000 áños antes de Cristo.
En efecto, Tiahuanaco fue habitado en ese periodo por numerosos pueblos unidos por
una misma fe religiosa: creían en un único Dios, creador del mundo, y no levantaban
ninguna edificación sin dejar por todas partes el dibujo pintado, la incisión o el grabado
de sus símbolos sagrados. Entre éstos estaba el huevo cosmogónico, que les recordaba
la materia inerte primigenia que un buen día, por la voluntad de Dios, estalló cargada de
energía dando origen al universo. O la serpiente, que encerrada en un circulo que se
dilata hasta el infinito simboliza ese universo. También la cruz, como eje del mundo y
freno a la actividad pecaminosa del diablo. Y el Sol, testimonio de la voluntad puesta
por el Señor en el mantenimiento de la vida sobre la Tierra.
El último gran cataclismo, aquel del año 9792 a.C., más terrible que los anteriores, puso
fin definitivamente a la vida del Imperio de Tiahuanaco, borró de la faz de la tierra a
todos los otros reinos esparcidos por el mundo y extinguió al 80 por ciento de sus
habitantes. Y como consecuencia de las potentes fuerzas telúricas desatadas, se levantó
toda la región andina, elevándose muchas montañas hasta los 7 y 8 mil metros de altura.
Así, los restos de Tiahuanaco que hoy conocemos fueron arrojados a la. inhóspita altitud
de 4.000 metros.
De aquel entonces cuenta la crónica oral de los indígenas: "Las tierras, antes calientes,
bien cultivadas, llenas de frutas y pájaros multicolores, se transformaron, en sólo cinco
días, en un páramo silencioso bajo un manto de hielo."
Tanta desolación dejó a salvo algunos grupos humanos que, habiendo perdido todo
poder material, sólo guardaban en la memoria y en lo profundo del espíritu el recuerdo
de sus creencias religiosas, a las que se aferraron a la hora de comenzar la
reconstrucción.
Justamente, la investigación en torno de esas creencias, y de su testimonio en los nuevos
monumentos que levantaba la civilización renaciente, fue lo que permitió que la
estudiosa Pasenkiewícz pudiera descifrar los geoglifos de Nazca.
Miles de años transcurrieron, sin dudas, hasta que el Dr. Paul Kosoc, de la universidad
neoyorquina de Long Island, descubriera en junio de 1939 los geoglifos del Valle de
Nazca. Los vio desde un avión en el que sobrevolaba casualmente la región, y allí
asentó su vida de investigador científico hasta el año 1946, cuando entregó la posta a la
famosa arqueóloga y matemática alemana María Reiche Neuman, quien durante más de
40 años se dedicó al estudio, relevamiento gráfico y conservación de ese enorme museo
al aire libre, que cubre una superficie de 100 kilómetros cuadrados.
Desde luego, hubo mucha gente que se ocupó con anterioridad de este documento
arqueológico, incluso algunos cronistas españoles de los tiempos de la conquista. Ahí
está el caso de Cieza de León, que ya en 1537 dio cuenta de la existencia de estos trazos
en la planicie de Nazca, sin atinar a comprender las formas que definían sus dibujos.
Además, sabido es que el buen escriba no tenía tiempo para verificaciones
arqueológicas mientras corría, presuroso, detrás de las huellas de Pizarro, camino de
Cuzco, en busca del codiciado oro de los incas.
Pero sólo con el uso de aviones y helicópteros se alcanzó a captar en su real magnitud y
belleza las enigmáticas grafías que, por su gran tamaño, imponen la necesidad de su
observación a distancia. Como es el caso del colibrí que fotografiamos desde el aire
para la apertura de esta nota: tiene 110 metros de largo. Su solo pico mide 40 metros, de
modo que si un caminante tropieza con esas dos rayas o canaletas paralelas, trazadas en
el suelo pedregoso, es imposible que pueda imaginar el resto de la figura en su forma y
tamaño reales.
El "mono", que también ilustramos en estas páginas y que, como se verá, no es un mono
precisamente, mide entre las manos y la espiral que hace las veces de cola nada menos
que 80 metros. El "lagarto" del esquema 15, que tampoco es animal, alcanza los 187
metros, mientras que el pájaro de cuello en zigzag supera los 280 metros de largo.
También reproducimos en estas páginas la fotografia aérea de una araña, muy prolija en
su diseño, que mide 46 metros. Esta es una pieza importante a la hora de descifrar la
simbología de estos diseños, ya que se trata de una gigantesca "firma", al pie de la obra
de arte, que los creadores de aquella civilización predilúvica acostumbraban grabar en
sus monumentos y esculturas.
Así es como también desde el aire se observa el despliegue de centenares de sendas
rectas (de hasta 10 kilómetros de largo, figuras geométricas y espirales de doble hélice
que se interconectan y forman un hermoso y enigmático tramado que va enlazando la
serie de siluetas zoomórficas, entre las que se destacan 18 tipos diferentes de aves.
"Las líneas trazadas en la planicie de Nazca indican las relaciones recíprocas entre las
estrellas fijas y las errantes -nos adelanta Jadwiga Pasenkiewicz-. También el
movimiento de los planetas, del Sol y de la Luna, el
desplazamiento de 12 constelaciones de la eclíptica ecuatorial celeste y la posición de
Orión, usada como punto de referencia para estos cálculos. Es posible pensar que este
mapa del cielo tome como punto de partida el año 9972 a.C., fecha del Diluvio,
representando una suerte de calendario astronómico".
También se pueden ver figuras humanas en este sorprende museo arqueológico, pero
sólo grabadas en las laderas de los cerros de Nazca. Los investigadores encuentran que
estas figuras trazadas en bajorrelieve presentan un diseño de menor calidad gráfica que
las de la planicie.
En este sentido, vale la pena llamar la atención sobre la armonía estética de las formas y
la gracia de los trazos de las figuras zoomórficas, lo que habla de gentes que al grabar
estos mensajes antediluvianos sobre el suelo pedregoso lo hacían con devoción, amor y
elevado espíritu; de allí la belleza resultante.
Pero los menos estetas, más pragmáticos quizás, no quedan en paz hasta que sueltan la
pregunta filosa: ¿cómo se logró que todo esto llegue intacto hasta nuestros días?
Respuesta: gracias a la famosa corriente de Humboldt, que recorre por allí cerca la costa
del Pacífico. Lo cual provee al Valle de Nazca de un microclima ideal, donde se supone
que nunca hubo huracanes ni tempestades y ni siquiera lluvias torrenciales, durante
miles y miles de años.

Por esa planicie, de unos 60 kilómetros de largo, sólo corre un viento constante, intenso
por momentos, conocido como virazón, que sopla desde el océano con dirección SO-
NE.
También suelen caer lloviznas y son muchas las jornadas neblinosas. La temperatura
promedio oscila, a lo largo del día, entre los 8 y los 35 grados centígrados.
El suelo donde se realizaron los famosos grabados está formado por una espesa capa de
piedras doradas por el sol, con alto contepido de óxido de hierro. Este pedregal se
asienta sobre un sedimento muy firme y adherente (arcilla y yeso). De esta forma, los
trazos, que calan entre 20 y 30 centímetros, lucen claramente por el contraste entre el
pavimento rojizo y los canales amarillentos.
Para el Dr. Kosoc, estaríamos tan sólo ante un gran calendario celeste, que sirve para
fijar en la memoria movimientos astrales y que cumple a la vez otros fines prácticos,
como el señalamiento de los tiempos de siembra y cosecha (si es que alguna vez pudo
haberlas en ese desierto), de pesca también y de festividades religiosas.
Maria Reiche, quien coincidía en todo ello con su maestro, dio un paso más adelante y
definió: "Los dibujos geométricos dan la impresión dé ser una escritura simbólica".
Y acertó: son una escritura simbólica, ideada para que permanezca a través de los
tiempos, porque el mensaje que se deseaba transmitir contenía enseñanzas eternas.
Faltaba tan sólo la correcta interpretación, que hubiera sido imposible de descubrir sin
dar con la clave principal: conocer el pensamiento y las creencias del pueblo que
concibió la idea de realizar esos geoglifos. Es decir: conocer su historia.
Es aquí donde interviene Jadwiga Pasenkiewicz, quien tras doce años de estudios sobre
estas civilizaciones antediluvianas encontró la justa llave de lectura para interpretar los
dibujos de Nazca, tal como ahora lo estamos publicando en MUY INTERESANTE con
carácter de primicia mundial.
Pero antes de pasar a descorrer el velo de la gran incógnita, veamos brevemente quién
es esta científica que hoy accede a brindarnos toda esta información.
Nació en Kiróv, Rusia, en el seno de una tradicional familia polaca. A su tiempo, y ya
de vuelta a Polonia, se graduó en historía y sociología, en la Universidad de Varsovia, y
frecuentó, además, la Escuela Superior de Periodismo durante cuatro años.
Enviada a Roma en 1960 como corresporsal de los más acreditados diarios, representó a
la vez a la Agencia de Prensa Polaca (PAP). Desde entonces, además de sus tareas
periodísticas, mantuvo estrecha colaboración con la Academia Polaca de Ciencias,
escribiendo para sus revistas. En Italia obtuvo por matrimonio la ciudadanía de ese país
y estudió historia antigua en Roma. Ahora, temporariamente, vive en Montevideo,
donde continúa su investigación sobre civilizaciones predilúvicas de Mesoamérica y
Sudamérica.
Jadwiga nos mira con sus ojos penetrantes y sonríe. Es mucho más joven que los años
que tiene. Trae en sus manos el texto que ella llama "La proclama de Nazca" y un
escrito con la descripción interpretativa de cada uno de los geoglifos que se ilustran en
estas mismas páginas. Pero antes de entregarnos tan interesante documentación prefiere
meternos en escena mediante una charla personal.
Nos habla de la historia del gran pueblo de "Los hijos de Dios", la que ella ha logrado
reconstruir tras largos años de investigación. Aquellos hombres se establecieron en
tiempos inmemoriales en la zona andina de Sudamérica, donde alcanzaron un alto grado
de civilización. Tenían grandes conocimientos astronómicos, los que reflejaban en sus
escritos sagrados que no sólo anotaban en telas y papeles especiales, sino que
acostumbraban grabar en los muros de sus templos.
"Tenían su propia Biblia", nos confirma la señora Pasenkiewicz.
La vida de los antiguos habitantes del continente americano se desarrolló en tres épocas
diferentes: primero, aquella de los reinos e imperios prediluvianos, cuando fue escrita la
"Biblia". La segunda se inicia con el gran cataclismo del año 9792 a.C., que destruyó
civilizaciones y dio origen a un larguisimo período de insegura soledad y terribles
sufrimientos para los pocos sobrevivientes.
Al término de esta época de difícil reencuentro con lo mejor de su herencia (su fe
religiosa y sus conocimientos científicos), lograron ir creando condiciones de vida
similares a las que habían arrasado las aguas, terremotos y erupciones volcánicas.
Llegaron incluso a reconstruir antiguos emplazamientos según planos "sagrados" que
habían heredado de la patria desaparecida, guiados por la casta sacerdotal, verdadera
artífice del renacimiento de esos pueblos.
Nos cuenta Jadwiga que fue retomada la construcción de templos y pirámides y
comenzaron a celebrarse nuevamente las fastuosas liturgias de antaño, que volvían a
moldear la existencia cotidiana de los habitantes según los eternos mandamientos
religiosos. Siempre a la cabeza de todo el Sol, considerado como símbolo y
manifestación de la voluntad del Creador, dispensador de la vida.
La tercera época es ya conocida por muchos. Es la que vio asentarse las maravillosas
civilizaciones de los Mayas, los Olmecas y los Toltecas. Y también aquellas andinas y
subandinas preincaicas todavía poco estudiadas, descendientes de las que habitaron
Tiahuanaco.
La casta sacerdotal, preservadora no sólo del conocimiento sagrado sino del científico,
tuvo la constancia de transmitir sabiduría hacia el futuro mediante dos medios de
comunicación eficaces: la memoria colectiva de las gentes y la piedra esculpida.
Fue inventado, entonces, un sistema de recitado de letanías, durante los cultos religiosos
y las festividades, en las que se narraba lo esencial de las crónicas históricas y sagradas.
La piedra tallada fue usada con idéntica finalidad documental.
Es así como en Sudamérica, Centroamérica y México han sido descubiertos kilómetros
de dichos textos, escritos en diferentes alfabetos, muchos de ellos aún no descifrados
dejados por los pueblos desaparecidos durante los últimos quince milenios.
El más famoso, segun asegura nuestra entrevistada, es el de Nazca.
"Con este mensaje, nuestros olvidados predecesores nos vienen a informar sobre sus
descubrimientos científicos y sus dogmas de fe".
Así concluye Jadwiga Pasenkiewicz, y nos entrega el texto de Nazca, que no es otro que
la historia del Génesis, concebida por "inspiración divina" en tiempos antediluvianos y
transmitida fielmente por infinitas generaciones.

"Dios creó el Universo dentro de un circulo en expansión hacia el infinito. Después de


forjar el nacimiento de los mundos estelares, el Omnipotente se preocupó por crear la
vida. Primero formó la célula vegetal que dio origen a las plantas. Después un ser
orgánico, esbozo simbólico de un pez, del cual tras una larga cadena de
transformaciones, habrian de generarse los animales y el hombre.
"La vida nació del cosmos, desde donde fue transportada a la Tierra dentro de un arca
que contenía la progenie de la flora, de la fauna y de diversas razas de seres humanos.
Estos últimos, con el correr de los tiempos, poblaron el globo, pero cayeron en la
corrupción y la ingratitud, olvidando al Creador y la obediencia que le debían, lo que
desató Su terrible ira. A causa de esto, para castigara la humanidad pecadora, el Eterno
desencadenó un pavoroso cataclismo que dio vuelta al globo terrestre extinguiendo casi
todo vestigio de vida" (36576 a. C.)
"Los sobrevivientes de aquel desastre procrearon la nueva estirpe que habría de habitar
la tierra, conscientes del castigo recibido y respetuosos de la voluntad del Señor. Quien
para guiara aquel pueblo dilecto envió a la Tierra a su Hijo, el que eligió vivir en la
Ciudad de las Tres Montañas, reuniendo en su sagrada persona Cielo y Tierra, y
tomando posición en el centro del Eje del Mundo que, en línea recta, une los puntos más
importantes de la existencia humana: el Zenit, en lo alto; luego el asentamiento terrestre
donde reside el Hijo de Dios y sus descendientes, y por último el Nadir, en el corazón
del planeta, donde queda el reino de los muertos. Estos tres espacios unidos por el Eje
del Mundo, tienen como símbolo al Arbol de la Vida, que con sus raíces penetra en la
profundidad del suelo, con el tronco se yergue sobre la super-
ficie y con las ramas se proyecta hacia el Cielo.
"La vida del hombre dura un instante en contraposición a la existencia inmortaL Para
conseguirla, es llamado a cumplir un difícil viaje espiritual dentro de si mismo, con el
desafio de alcanzar la comprensión de la voluntad del Altisimo y a la vez, tomar
conciencia. del hecho de que toda la materia penetrada por el espiritu divino.
"El género humano consiguió levantar vuelo sobre máquinas impulsadas por energía
cósmica, similares a las aves, capaces de aterrizar con la velocidad del rayo.
"Este mensaje fue grabado por el Pueblo de Dios, bajo la dirección de los grandes
sacerdotes, para la gloria eterna del Omnipotente y para confrontación de sus hijos
dilectos".
Tras dejarnos este texto, Jadwiga Pasenkiewicz nos cuenta que toda la historia de este
gran imperio antediluviano -cuyos sacerdotes fueron depositarios del texto que
acabamos de conocer-, así como la vida de algunas de sus dinastías, la organización
estatal y la administración de aquel país, los usos y costumbres de su población, sus
conquistas, sus grandes descubrimientos científicos y, por último, su reencuentro con la
vida civilizada luego de los grandes cataclismos los ha terminado de exponer
documentadamente en un libro que acaba de escribir y que se propone editar en el curso
de los próximos meses.

El Misterio de Stonehenge

En 1740, el anticuario William Stukeley advirtió que el eje de las grandes piedras grises
de Stonehenge, en la llanura de Salisbury, estaba alineado hacia el noroeste. Sin
embargo, la creencia popular de una relación entre Stonehenge y el pleno verano se
remonta mucho tiempo atrás.

Fue el llamado padre de la arqueoastronomía, Norman Lockeyr el que comenzó la


evaluación científica de este lugar complejo en 1901. Lockeyr había estudiado ya
alineaciones astronómicas en templos egipcios y griegos. Intentó datar Stonehenge
calculando cuando había estado en línea recta el primer rayo del Sol en el solsticio de
verano con el eje del monumento. Esta alineación le dió un margen entre 1600 y 2000
a.C. Observó que dicha línea se podía prolongar por el campo más allá de Stonehenge
hacia Salisbury Hill por un lado y hacia Castle Ditches por otro; dos colinas que
presentan movimientos de tierras prehistóricos. Calculó así mismo que la diagonal a
través del rectangulo formado por las llamadas Station Stones darían salidas y ocasos en
días significativos, como por ejemplo el 1 de Mayo.

Pero para llegar a unos estudios de astronomía más complejos en Stonehenge hay que
esperar hasta las decada de los 60, en la que las cuidadosas mediciones de Newham
mostraron que los lados del rectangulo formado por las Station Stone proporcionaban
alineaciones con salidas y ocasos claves del Sol y la Luna. Así, Newham llegó a creer
que en su etapa más antigua Stonehenge fue fundamentalmente un lugar para la
investigación de los fenómenos lunares. Hoy parece probable que se erigiera sobre un
eje lunar, y que en fecha más tardía se lo realineara premeditadamente en 4º para formar
un eje solar.

En 1979 se descubrió el hueco de un piedra a unos pocos metros al oeste de la Heel


Stone. Si este hueco marcara la posición de una piedra hoy perdida, entonces el Sol del
solticio de verano habría estado limpiamente enmarcado por las dos grandes piedras, de
las que sólo sobrevive hoy Heel Stone.

Geral Hawkins también se interesó por dicho monumento. Efectuó una observación que
habrió nuevos caminos: observó que el anillo de hoyos conocido como "agujeros de
Aubrey", exactamente dentro del foso circular que contiene las piedras, daba un número
de 56. Dado que la Luna tarda 56 años en completar su ciclo eclíptico, Hawkins propuso
la idea de que los hoyos habían de ser los restos de un predictor de eclipses.

En 1963 Newham y Hawkins advirtieron que las alineaciones astronómicas clave de


Stonehenge se cruzaban formando practicamente ángulos rectos, permitiendo así que las
Station Stones formaran su disposición casi perfectamente rectangular. Hawkins
descubrió que había que ir mucho más al sur, descender hasta el paralelo de latitud 30ºN
para poder colocar en forma de figura rectangular las piedras que reflejan las mismas
alineaciones astronómicas. Y ésta es la misma en la que se encuentra la gran pirámide
de Gize en Egipto. ¿ Se trata de una mera coincidencia o este curioso hecho revela que
los constructores de Stonehenge conocían las dimensiones de la Tierra ?

En 1973 el ingeniero y astrónomo escocés Alexander Thom y su hijo dirigieron su


atención hacia Stonehenge. Los Thom realizaron una nueva y precisa medición del
monumento y buscaron alineaciones más largas de las que hasta entonces se habían
observado. Para hacerlo dieron por hecho que los accidentes del terreno más alejados en
el entorno se habían utilizado, junto con los puestos de observación, para señalar las
posiciones importantes de la salida y ocaso del Sol y la Luna. Los Thom por tanto
tenían un concepto de Stonehenge como centro de alineaciones cósmicas a escala
natural.

Después de todos estos datos sigue siendo un misterio cómo hombres de dicho período
tenían la capacidad científica para observar y plasmar dichos acontecimientos
astronómicos con semejante precisión y usando como base unas piedras de tan
impresionante tamaño. Hay quien piensa que este monumento tiene en su origen una
relación directa o indirecta de tipo extraterrestre.

EL MISTERIO FAWCETT EN EL AMAZONAS.

EXPLORACION FAWCETT EN AMAZONAS

Por CARLOS DANIEL FERGUSON

Pocos saben que la hasta ahora leyenda de los gigantes y las extrañas construcciones
gigantescas llevaron al explorador Percy Fawcett a una de las mas interesantes
aventuras y exploraciones del presente siglo.

Percy Fawcett nació en 1867 y como él mismo expresara: "Quizá haya sido mejor que
mi infancia en Torquay se haya deslizado sin afecto materno y paterno, porque esa
circunstancia de huérfano me hizo más circunspecto. Hubo también años escolares en
Newton Abbot que en nadg alteraron mi visión del mundo. Vinieron después los años
de cadete en Woolwich y en 1880 a los diecinueve, fui destinado a la Artillería Real en
la guarnici6n de Tricomalee, Ceylan".
Mas tarde Fawcett regresa a Inglaterra y luego a Falmouth cuando en enero de 19Ql se
casa. Pero él mismo advirtió que ni la vida de casado había desterrado su sentimiento de
Lobo Solitario. Así recorrió Africa del Norte, Malta, donde aprendi6'topograf fa,
Oriente y el regreso a Ceylán donde en 1903 nacería su hijo mayor. Su intenso trajinar
lo llevó a Irlanda y en 1906 surgió el ofrecimiento de delimitar las fronteras de Bolivia.
Allí su destino queda ligado a Sudamérica y ese mismo encantamiento lo llevaría a las
desconocidas selvas amaz6nicas donde finalmente desaparecería en 1925. Ese "encanto
Irresistible" lo atrajo desde un primer momento cuando delimitaba a Bolivia, en un
continente donde sólo Argentina poseía los límites ya fijados. En 1906 parte hacia
Nueva York, Panamá, Guayaquil, Perú, Bolivia y Brasil. En 1908 se embarca hacia
Buenos Aires siguiendo hacia Rosario hasta Asunción del Paraguay. En todos estos
países y ciudades Fawcett vive intensas experiencias, en especial entre la frontera de
Bolivia y Brasil, que mas tarde, un año antes de su desaparición publica en un libro (1).
Los peligros y aventuras se jalonaron en su vida y él demostraba valor y temeridad.
Siguiendo con el itinerario, en 1910 regresa a Inglaterra para buscar acompañantes en su
próxima expedici6n. Así regresó a la "atrapante" Sudamérica en 1911 y en 1915 fue
incorporado ejército para la Primera Guerra Mundial. En su interior termino convencido
que Gran Bretaña como potencia mundial estaba en decadencia, según sus propias
palabras, y veía a Europa como un lugar que era preferible evitar. Así llevó a su familia
a Jamaica y él se embarcó a Río, llegando en febrero de 1920.
Después vendría su última expedición antes de la fatídica de 1925.
Pero, ahora veamos algunos de sus pensamientos y aventuras que P. Fawcett vivió en
todo ese recorrido, como asimismo las causas que lo llevaron a adentrarse en zonas
inexploradas del Amazonas.

Sin duda el fenómeno que impacta a Fawcett es el documento que él mismo vio en
Brasil sobre el extraño relato de Francisco Raposo. "Yo mismo di con ese documento
-dice Fawcett- que aún se encuentra en Río. La historia comienza en 1743 cuando un
nativo de Minas Gerais cuyo nombre no se ha conservado decidió buscar las minas
perdidas de Muribeca". "Francisco Raposo -tengo que identificarlo con algún nombre
-partio con sus intrépidos compañeros, 18 colosos, quizás éste fue el secreto de su
supervivencia, existe un informe de una Bandeira de 1400 hombres de los cuales
ninguno regresó". "Descubrí el sitio exacto muy hacia el norte --continúa Fawcett--
vagabundeando durante 10 años pero el grupo se encontro viajando otra vez al Este
desanimados por este peregrinaje sin fin, y desmoralizados por el fracaso de las Minas
Perdidas. Más allá de los pantanos aparecieron unas montañas dentadas". "Al escalarlas
observaron unas llanuras y más allá selva virgen. La exploraci6n de los indios del grupo
los llevó a contemplar una ciudad completamente solitaria. Sin embargo el grupo de
Raposo no prendió fogatas esa noche y nadie durmió por la intensa espectacion. "Muy
temprano Raposo envió una vanguardia de 4 indios y avanzó hacia la ciudad con el
resto de sus hombres. Llegaron a una endrme estructura cícl6pea de 3 arcos de enormes
losas, similar a las de Sacsahuaman, en el Perú. En lo alto del arco central se veían
inscripciones gastadas desconocidas y Raposo tuvo que hacer un esfuerzo para guardar
orden a sus hombres. Avanzaron por una calle rodeada por edificios de dos Pisos, con
bloques de piedra sin juntura ni mezcla, de una perfección increíble." Atemorizados
como un rebaño de ovejas temerosas llegaron calle abajo hasta una gran plaza. En el
centro se alzaba una columna colosal de piedra negra y sobre ella la efigie de un
Hombre con una mano descansando en la cadera y la otra apuntando hacia el norte. Los
portugueses quedaron impresionados por la magnificencia de la estatua y se persignaron
en siléncio. Obeliscos esculpidos a las esquinas de los cuatro lados de la plaza se
hallaban parcialmente deteriorados. En uno de esos costados se alzaba un magnífico
edificio que era posiblemente un palacio. La figura de un adolescente se hallaba
esculpida a la entrada principal con caracteres e inscripciones Parecidos a los de la
Antigua Grecia.

Más allá de la calle y la piaza la ciudad se hallaba en completa ruina, hundida en


algunos lugares. No era difícil presentir el terrible terremoto que asoló a ésta magnífica
ciudad. Las grietas se abrían aquí y allá." Mas allá parecieron encontrar una especie de
monasterios con quince aposentos que se comunicaban con un vestíbulo central, Uno de
los hombres encontró una moneda de oro. En una de las caras mostraba una efigie de un
joven arrodillado y en la otra un arco, una corona y un instrumento desconocido.
Raposo no tenía idea de dónde se encontraba, pero siguió 50 millas más abajo.
Entretanto una partida expedicionaria fue enviada a investigar río abajo y después de
nueve días percibieron
una canoa impulsada por "dos hombres blancos" con pelo negro y vestidos con una
especie de tela. Por fin Raposo y sus hombre se dirigieron al Oriente y después de
algunos meses de dura travesía llegaron al banco del Sao Francisco, de allí a Paraguassu
y por fin a Bahía. Desde allí envió el documento al Virrey don Luis Peregrino de
Carvalho Menezes de Athaide. Nada hizo el virrey y no se supo nada más de Francisco
Raposo.

"Se que la ciudad perdida de Raposo -afirmaba Fawcett- no es la única en su género."


"Un eminente brasileño, hombre de letras escribe que los autóctonos de América vivfan
en edades más remotas en un estado de civilización superior que por una causa
desconocida, degeneró y tendió a desaparecer pero Brasil aún posee los vestigios."
Fawcett era un convencido total de la existencia de las ciudades, sus afirmaciones
respecto a otras ruinas y las posíbilidades de su existencia, son aventuradas pero basadas
en su tenaz búsqueda y en algunos indicios que él mismo Poseía. Fawcett poseía una
imagen de cerca de 10 pulgadas de alto que le fue entregada por Sir H. Ríder Haggard,
encontrada en Brasil. Representaba una figura con una placa en el pecho con un gran
número de caracteres.
"Creo firmemente --decía P.F.- que procede de una ciudad perdida".
"Cuando alguien la sostiene en sus manos es como si una corriente eléctrica le subiera a
uno por los brazos. Solo se me ocurrió un secreto para descubrir el secreto de la imagen:
conocerlo gracias a la Psicometría y aunque ésto puede provocar mucha burla por parte
de mucha gente puede ser aceptado por aquella que mantiene su mente libre de
prejuicios. Admito que la Ciencia de la Psicometría está aún en su infancia aunque se ha
desarrollado ampliamente en Oriente. De todas maneras yo voy a contar los hechos: Yo
era absolutamente desconocido para el Psicómetro que sostuvo la figura en la mano y
que en completa oscuridad escribió: "Veo un continente grande de forma irregular,
desde el norte de Africa a Sudamérica. La vegetación es prolífica. Veo ciudadas y
signos que revelan avanzada civilizacion.me parece que me transportan al lado
Occidental del país. Procesiones de seres que parecen sacerdotes entran y salen de
templos, y un alto jefe usa una placa en el pecho semejante a la que tengo en mis manos.
Sobre el altar veo la invocación a un gran ojo por parte de los sacerdotes. La numerosa
población de las ciudades occidentales es dueña absoluta del mundo. Oigo una voz que
dice: Contemplen el destino de los presuntuosos, entonces veo volcanes en violenta
erupción, el mar se levanta como un huracán, la mayoría de los habitantes han sido
aniquilados. El sacerdote a quien se le dio esta efigie huye a las colinas. La voz dice: La
sentencia de Atianta será el destino de todos los que pretendan alcanzar poder divino.
No puedo obtener fecha exacta de la catástrofe pero fue muy anterior al espiendor de
Egipto y ya ha sido olvidada excepto en los mitos".

Otros psicometros -continúa P. F- concordaron estrechamente con lo que acabo de


trasmitir. En todo caso cualquiera sea su historia yo la miro como posible llave que
descubra el secreto de la Ciudad Perdida. La conexión de Atianta con actuales regiones
del Brasil no debe ser mirada despreciativamente."
Por uno u otro medio la inquietud del explorador aguijoneaba su espíritu en busca de la
verdad. Así Fawcett era un convencido de la existencia de los gigantes que tanto nos
hablan diversas culturas. "Tiahuanaco fue construida como Sacsaihuaman y gran parte
de Cuzco, por una raza que manipulaba rocas ciclópeas y que las esculpía para ajustar
tan perfectamente que es imposible introducir'una hoja de un cuchillo entre las junturas.
Contemplando estas ruinas no es difícil creer en la tradición que relata que fueron
levantadas por gigantes". En 1907 Fawcett recibió la confesión de un administrador de
una dependencia de colectores de calcio, de origen francés que le dijo:

"Mi hermano subio por el Tahuamanu en lancha y un día oyó decir que estaban cerca de
los indios blancos. De improviso él y sus hombres fueron atacados por salvajes,
completemente blancos, apuestos, de pelo rojo y ojos azules y que luchaban como
demonios, y cuando mi hermano mató a uno de ellos los -demás
robraron el cadáver y huyeron con él", la gente dice que no existen tales indios, que son
mestizos pero quienes los han visto piensan de manera diferente".
Pocos días después Fawcett llegó a la confluencia del Rapirrar, en la barraca del indio
Tumurasa llamado "Medina", quién poseía una hija que "era una de las indias más
hermosas que el explorador había visto, alta, de rasgos delicados de cabellos rubios y
sedosos. Cada nueva exploración de P. F deparaba nuevos peligros y aventuras, pero a
la par, nuevos misterios que intrigaban al intrépido explorador.
Así las historias y pruebas que Fawcett encontraba en sus viajes, lo acercaban
inevitablemente al destino incierto del último viaje. A principios de 1913, Fawcett se
hallaba en Antofagasta cuando su imaginación fue excitada por seis misteriosas figuras
de metal que un indio había traído para la venta. Eran de seis pulgadas de alto, y
recordaban "el antiguo Egipto". Respecto a ellas, nuestro hombre exclamó: "Sin lugar a
dudas eran muy antiguas y probablemente se relacionaban con los objetos que nosotros
íbamos a buscar".

Una de las más peligrosas aventuras que le tocó vivir a P. F. ocurrió en 1913, y veremos
en propias palabras del explorador lo ocurrido: "En cuanto llego de la paz, mi antiguo
amigo Manley, nos despedimos y partimos hacía la frontera brasileña". Atravesamos la
región de los índios "Yanaiguas" que a veces atacan a los viajeros pero no nos topamos
con ninguno. En las selvas bajas, más allá de San Ignacio,caminamos seis días seguidos
a través de bañados de lodo y agua .
Pasamos la estancia "San niego", luego la Selva San-Matías -Villa Bella. Después de
bogar 11 días por el río "Meuqens", nos encontramos con el Barón Eriand Nordenskiold
quien en compañía de su valerosa esposa investigaba las tribus indias del Guapore. A
doce millas hacia el este había unas colinas que el Barón consideraba imprudente
visitar, es seguro que alli hay tribus salvajes -observó todos hablan de caníbales grandes
y velludos. Me reí y afirmé: pronto lo sabremos pues vamos allá. Cargados con pesados
bultos dejamos el río Mequens y días después arribamos a unas llanuras pastosas, las
primeras colinas de "Serra dos Parecis".

Posteriormente entramos a una selva y tres semanas después llegamos a un camino


ancho que denotaba mucho tránsito.

Salvajes -dije- y nos encaminamos por el camino nuevo. Después de varias plantaciones
llegamos a un claro, había dos cabañas en forma de colmena. Mientras observábamos
salió un niño de color cobrizo con una nuez en la mano y un hacha de piedra en la otra.
Se sentó de cuclillas y comenzó a martillar la cáscara. Se había corrido para mi el velo
del tiempo, para revelar un aspecto del lejano pasado, una ojeada a la prehistoria. La
nuez se partió, el niño lanzó un gruñído de satisfacción y se echó la semilla en la boca".

Fawcett silbó y advirtió gran alboroto en la tribu, e instantes después fue rodeado por
los hombres con arcos y flechas. El jefe trató de ser convencido por las señas de
Fawcett, de la amistad de los exploradores. Y así sigue relatando P.F.: "Por fin habían
aceptado nuestra amistad y el jefe mismo compartió nuestro alimento. Poco después
supe que este era el pueblo de los "Maxubis", creo que este pueblo al igual que muchos
otros de¡ Brasil descendía de una civilización más elevada. En una de sus aldeas había
un hombre peligroso de ojos azules que no era un albino. Adoran al sol y uno o dos
hombres tienen la obligación de saludar todos los amaneceres al Sol con voces
musicales. Era la música de un pueblo desarrollado, no de salvajes. Tenían nombres
para todos los planetas y llamaban a las estrellas ¡las Vira-Vira, curiosamente sugestivo
--afirma Fawcett
con los Viracocha de los Incas al Dios Sol. En todo sentido indicaban un estado de
retroceso de estado superior más que evolución al salvajismo. Los Maxubis nos
advirtieron sobre los "Maricoxix", tribu de caníbales que habitaban más al Norte". Los
exploradores continuaron viaje y advirtieron pronto por el ruido de cuernos y el barullo,
que eran perseguidos por salvajes, quizás los Maricoxis. Se refugiaron así en una
especie de tacuara desde donde podían oír los gritos de los salvajes. Al amanecer, éstos
se habían alejado pero al continuar viaje Fawcett y sus hombres advirtieron una especie
de garita de centinela.

Entonces repentinamente -sigue P.F.- llegamos a Selva Abierta, veíamos una aldea de
guaridas primitivas donde se agazapaban unos salvajes de aspecto más ruin que he visto
jamás. Brutos con aspecto de orangutanes parecían haber evolucionado poco de las
bestias. Silbé y un enorme ser peludo como un perro, saltó, puso una flecha en su arco y
se nos acercó bailando de una pierna a otra hasta llegar a cuatro yardas. Emitían sonidos
que sonaban como "luf, luf, luf," y de repente la selva se llenó de esos hombres
gruñendo todos y colocando las flechas en sus arcos. Estábamos en una situación
delicada y yo pensé que este sería nuestro fin. Hice proposiciones amistosas en Maxubi
pero ellos no prestaron atención. El jefe alzó y apuntó a mi pecho, miré de frente a sus
ojos y supe que no iba a disparar. Bajó su arco y comenzó a danzar de nuevo. Por
segunda vez levan-' tó el arco y apuntó otra vez, supe que no iba a disparar. Continuó
sus movimientos hasta que alzó su arco y apuntó, esta vez sí supe que iba a disparar,
entonces saqué mi "Mauser". Disparé al suelo y el hombre con expresión de terror se
escondió detrás de un árbol. Entonces comenzaron a volar flechas, disparamos unos
pocos tiros y nos retiramos. No nos siguieron pero continuó el clamoreo largo tiempo".

En otra expedición más adelante, en 1920, P.F. llegó al rancho del Coronel
Hermeregildo Galvao, allí le contaron que un jefe indio de la tribu Nafaqua, cuyo
territorio quedaba entre los ríos Xingu y Tabatinga aseguraba conocer la ciudad que
vivían los indios que hablaban de "casas alumbradas con estrellas que nunca se apagan".
Sobre ésto Fawcett afirmó: "Esta fue la primera pero no la última vez que oí hablar de
las luces permanentes, encontradas en antiguas casas por esa civilización olvidada"/.
"Este medio descubierto por los antiguos aún no ha sido redescubierto por los
científicos hoy en día".

Poco después de éste. hecho se refirió a la región de Congugy en donde se habían


descubierto inscripciones en las rocas. Cerca de la Conquista un anciano que perdió su
buey siguió sus huellas por el "Matto" y se encontró de pronto en una plaza de una gran
ciudad. Alli vió en un centro de la plaza una gran estatua de un hombre, y aterrorizado
huyó. Según Fawcett ésta podría ser la misma ciudad que vio Raposo aunque no
encajaba con la de 1 753. La estancia Morro Da Gloria fue el nuevo lugar donde
Fawcett oyó otra historia sobre la ciudad perdida: "Se hablaba de un mestizo del río
"Peixe", que se perdió en las selvas de "Serra Geral", al este. Subió una colina y vio al
llegar una planicie con una ciudad con entrada en forma de arco". La diferencia aquí es
que éste indio vio habitantes en la ciudad dado lo cual se alejó rápidamente. Pero ¿cuál
era la opinión de Fawcett sobre el posible origen de estas ciudades?. Sus conjeturas eran
las siguientes:

"La tradición mexicana nos cuenta que en el pasado llegó desde Oriente un pueblo
Tolteca que se transformó en grande y próspera Nación, a quien se le atribuye las
construcciones ciclópeas que precedieron a los Aztecas. Eran por ejemplo los
"Oimecas" y los "Xicalancas" quienes pretendían ser raza muy antigua y se jactaban de
haber destruido al último de los gigantes". Para mayor simplicidad - agrega Fawcett- los
llamaré Toltecas. "Quetzacoatl también venía de Oriente y una rama de esa gente ocupó
una isla al sur. Todos estos pueblos Toltecas eran de rasgos finos, ojos azules, color
cobrizo, pelo color castaño rojizo, (Véase la obra de Short, "North Americans of
Antiquity') y acostumbraban a usar túnicas sueltas. Entre los Maxubis he visto
miembros de esa tribu con ojos azules y pelo rojizo, para los salvajes, los Toltecas eran
pueblos avanzadísimos".

"Luego vino un gran cataclismo en la tradición de estos pueblos, la civilización Tolteca


quedó en ruinas. Tiahuanacu debe haber sido una vez una ciudad sobre una isla. En
épocas de la conquista -sigue P. F.- los nativos atribuían la construcción de Tiahuanacu
a hombres blancos barbudos que vinieron mucho antes del imperio lnca. En esa época
ocurrieron las migraciones por el norte y la Polinesia." Respecto a los sobrevivientes del
Brasil Fawcett afirmaba: "Muy pocos pudieron escapar al Norte, crónicas que datan del
tiempo de la conquista se refieren a la apariencia de esos pueblos, de raza hermosa,
preservaban la tradición de descender de la raza blanca. Los "Molopaques" descubiertos
en Minas Gerais en XVII eran de tez clara y barbudos y también los "Mariquitas", cuyas
mujeres luchaban como las amazonas. No es improbable -arriesga Fawcett- que estas
sean las tan nombradas y legendarias amazonas". Y también en la época del gran
cataclismo la isla Brasileña estaba habitada por Trogloditas Negroides de los cuales
podemos hallar restos de ellos aún hoy en el interior, los cuales son temidos por su
ferocidad".

Percy Fawcett iba más allá y afirmaba 'que los lncas: "Heredaron fortalezas de una raza
anterior, y oí decir que ellos unían las piedras por medio de un líquido que suavizaba las
superficies hasta que tenían la consistencia de arcilla". Evidentemente con éstas ideas, el
espíritu de Fawcett se hallaba inquieto y espectante pero su seguridad era total: "No
dudo en ningún momento de la existencia de las ciudades. ¿cómo podría dudarlo?. Yo
mismo he visto parte de una de ellas y lo que allí observé ha hecho imperativo mi
regreso. Los restos parecen ser como los puestos de avanzada de una ciudad grande.
Estoy convencido que podré descubrirlas. lnfortunadamente no puedo inducir a los
científicos a aceptar esto, he viajado y una y otra vez y los indígenas me han hablado de
las cosas que hay más allá. Un hecho es cierto. Entre el mundo exterior y los secretos de
la antigua sudamérica, ha descendido un velo y el explorador que ansíe descorrerio,
deberá estar preparado para sostener peligros que pondrán a prueba su resistencia a un
límite increíble. Es probable que no pase pero si lo logra estará en situación de ampliar
nuestro conocimiento histórico".
Evidentemente sabía a lo que se atenía en las desconocidas selvas amazónicas. Brian
Fawcett el hijo que quedó de la familia recuerda sobre la última expedición de su padre
que: "en 1924 parecía que los fondos de la expedición nunca llegarían, desengaños
seguían a desengaños". "Lo vi por última vez en marzo del 24 cuando el tren de
Liverpool partió de la estación St. David, en Exeter y su alta figura se perdió a través de
la ventanilla del coche". La expedición tendría tres integrantes principales, Percy
Fawcett, su otro h.ijo Jack, un gigante de seis pies y tres pulgadas que ejercitaba y hacía
un culto al vigor físico.

El tercero, Rateigh Rimell amigo de Jack, hijo de un Dr. de Seaton, Brian lo describe
como un "payaso innato, companero perfecto del grave Jack y entre ambos nació una
amistad íntima que los condujo a la aventura de 1925. Percy Fawcett reunió el dinero
para financiar la expedición despertando el interés de varias sociedades científicas y
también por la venta de los derechos de sus relatos a la North American Newspaper
Alliance. (1).
En ese tiempo que Percy y su hijo Brian ya no se verían, la comunicación epistolar
continuó entre ellos. En Enero de 1925 escribía Percy F.: "Desapareceremos de la
civilización hasta el año próximo, sitúanos con tu imaginación a más de 1000 millas al
Oriente de ti, en selvas jamás holladas por el hombre". "Nuestra ruta comenzará en el
campamento de Caballo Muerto, a 11 g 43'' Sur y 54g 35' Visitando en nuestro camino
la torre de piedra que es terror de los indios vecinos pues de noche sale luz de sus
puertas y ventanas. Nos adentraremos luego entre el río Xingu y el Araguaya y
seguiremos el lecho del río hasta el norte a 10' latitud Sur/. Enseguida iremos a Santa
María de Araguaya y desde allí cruzaremos el río Tocatins en "Pedro Alfonso". Nuestro
camino quedará entre la latitud 10g 30' y 11 g hasta el terreno alto en los estados de
Goyaz y Bahía región totalmente desconocida habitada por salvajes. Allá espero hallar
vestigios de las ciudades, visitaremos la ciudad de 1753 que queda aprox. 1 1g 30' Sur y
42' 30' Oeste. "Respecto a esta ruta, Brian sostiene que "esta es la ruta que mi padre
proyectó seguir en 1925, sin embargo los expertos afirman que era imposible hacerlo y
ya que jamás regresó deben tener razon. La región que mi padre creía estaba "Z" ha sido
sobrevolada en los últimos años pero no hay vestigios de ciudades".
"Eso sí en sus cercanías se encontraron ruinas de edad incalculable pero he investigado
personalmente las orientaciones que da para la ciudad de 1753 y puedo asegurar
autorizadamente que no se encuentra allí." Los expedicionarios se alojaron en Enero del
25 en el Hotel Internacional de Río, el equipo fue probado y en febrero partieron hacia
Sao Paulo.

Jack escribía por ese entonces: "Nuestro viaje fluvial hasta Cuyaba demoraba 8 días,
dejaremos Cuyaba el 2 de abril y demoraremos cuatro meses hasta llegar a "Z" y quizás
la localizemos el día del cumpleaños de papá (31 de Agosto). El 14 de abril Percy F
decía: "Los tres nos sentimos bien, tenemos dos perros bravos, Pastor y Chulirn, dos
caballos y ocho mulas" "Un ranchero amigo me co m entó que desde niño él y su
familia a seis días de camino de este lugar escuchaba extraños sonidos que venían de las
selvas del Norte, los describe como siseos similares a los de los cohetes, o de. grandes
bombas elevándose al aire y luego cayendo a la selva. Otro horibre que vive en
"Chapada" me cuenta que ha visto esqueletos de grandes animales y arboles petrificados
e incluso construcciones prehistóricas." "Veremos la famosa torre que los indios temen
por la luz en puertas y ventanas y yo sospecho - decía P. F.- que se trata de la famosa
luz que nunca se apaga . "Poco tiempo atrás un Brasileño bien educado, y un oficial del
Ejército ocupados en levantar topografía supieron por los indios que había una ciudad al
norte, los indios se ofrecieron llevarlos allá siempre y cuando ofrecieran la protección
contra salvajes, la ciudad --según los indios- tenía edificios de piedra, con muchas
calles, un gran templo, y parece ser "Z" aunque su ubicación no concuerda con mis
cálculos". Mi amigo el ranchero me contó que llevó a Cuyaba a un indio de una tribu
remota y para impresionarlo lo llevó a recorrer las iglesias de este pueblo. "Esto no es
nada -replicó el indio- cerca de¡ sitio donde yo vivo, pero a cierta distancia de viaje, hay
construcciones más grandes y elevadas que estas, con grandes puertas y ventanas y un
gran pilar que sostiene un enorme cristal cuya luz ilumina y hace parpadear los ojos".
En esos días Rimmell
fue mordido gravemente por las garrapatas, herida que se complicó con el correr de los
días. Percy escribía en Mayo 20: "Jack soporta todo bien, Raleigh me tiene nervioso, no
se si podrá soportar la parte más difícil del viaje, porque tiene la pierna ulcerada e
hinchada por las garrapatas". Y terminaba: "Enviaremos una carta desde el último
puesto en donde regresen nuestros dos peones, espero llegar en agosto al objetivo
principal, en todo caso nuestra suerte está... en manos de los Dioses...

Su última carta fechada en 29 de mayo: "Continuaremos con 8 animales, Jack está en


perfecto estado, pero siento ansiedad por Raleigh, no quiere regresar, calculo que
entrarer-nos en contacto con los indios en 10 días, estamos en Caballo Muerto, no temas
que fracasemos"...
Numerosos fueron años más tarde los encuentros con "Fawcetts" perdidos en la selva o
historias de hombres blancos masacrados por salvajes. Pero Brian examinó los casos y
está seguro completamente que ninguna descripción concuerda con la de su padre.
Algunos opinan que Rimel¡ murió a causa de la fiebre y Percy y Jack fueron muertos
por los salvajes. Brian piensa que "sería más razonable pensar que fueron aniquilados
por los salvajes Morcegos (tribu temible) que por indios sernicivilizados. Quizás hallan
atravesado la tribu salvaje y llegado a su objetivo, pero si la tradición que refiere que los
sobrevivientes de las ciudades se han rodeado de salvajes... Qué probabilidades tenían
de regresar? Mi padre conocía los riesgos mas que ningún otro hombre. Si no
regresamos --decía-- no deseo que se organicen partidas de salvamento si yo con mi
experiencia fracaso, no queda esperanza del triunfo de los otros". Fawcett comprendía
que el riesgo bien valía la pena correrse, en amazonas nos esperan grandes secretos que
el futuro nos develará con sorpresas. El lo sabía y lo intentó, pero eso si ... seguro de sus

convicciones. "Ya sea que pasemos y que volvamos a salir a la selva o que dejemos
nuestros huesos para podrirse en ella, una cosa es indudable, la respuesta al enigma de
la Antigua Sudamérica -y quizás del mundo Prehistórico- será encontrado cuando se
hayan encontrado las Antiguas Ciudades y queden abiertas a la investigación científica,
porque las Ciudades existen, de eso estoy seguro". - -

P. Fawcett

(1) Todos los extractos de diálogos de Favvcett fueron sacados de notas de ese libro con
el fin de elaborar el presente artículo.

"A través de la selva Amazónica" (Exploración Fawcett) de Editorial Rodas S.A.


(Madrid) y zig-zag (Chile).

"una voz tan insistente como ta conciencia, creaba matices infinitos en el sempiterno
murmullo de la noche y del día que repetían: hay algo oculto. --- ve y descúbrelo... anda
Y explo- detrás de las montañas. - . hay algo perdido tras las montañas.. está perdido y
te espera... ve en su busca..." - -

RUDYARD KIPLING:
"THE EXPLORER"

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*

* EXTRAORDINARIA NOTA,CABAL MUESTRA DE LO GRANDE QUE FUE


FAWCETT,UN HOMBRE AL CUAL AUN LLORO,PUES ES DE ESOS QUE
HACEN FALTA PARA DESENTRAÑAR TODO,PARA DESCUBRIR Y LLEGAR
MAS ALLA,ALGUIEN DIFERENTE A LA COMODA Y CHATA
MAYORIA,ADEMS FAWCETT COMO HOUDINI Y UNOS POCOS PUDO
VOLVER DE LA MUERTE PARA COMUNICARSE CON EL MEDIUM Y
PROFETA EDGAR CAYCE Y CON OTROS;
OBVIAMENTE VOLVEREMOS SOBRE ESTE TEMA,POR AHORA ES OBVIO
QUE LA RELACION DE LA CIUDAD MISTERIOSA QUE HALLO FAWCETT SE
RELACIONA CON LAS QUE DESCRIBE KARL BRUGGER EN CRONICA DE
AKKAKOR Y CON LOS PERSEGUIDOS MISTERIOS DE LOS MUNDOS
SUBTERRANEOS,DE LO QUE HABLAREMOS MAS TARDE;

* EXTRAIDA DE CUARTA DIMENSION.

MISTERIO DE ESFINGE,RESUELTO...

LA ESFINGE :

yo soy la esfinge. La Creacion de piedra perfecta que señala el


camino de la Luz, hacia la que deben orientarse los humanos
conjuntamente con las tres piramides Guias del Cielo formamos
el enigma del Gran Arquitecto, pata cuando llegue el tiempo elegido por la Mente
Cosmica, junto con los testigos ,el que esta sentado en el Trono, Los cuatro Seres
Espirituales que represento para formar el Uno planetario de la tierra ,su expresion
eterna; La Naturaleza; los 24 ancianos del dia
þs 12 tribus o nativos del año humano; las 12 puertas o perlas de las casas astrologicas;
los 4 puntos cardinales enfilados al espacio cosmico, desþndado por los espiritus
planetarios y las constelaciones maravillosas.
Todos juntos, reverenciaremos cuando se cumpla el plazo al Cordero Redentor o la
Conciencia Humana y Universal, y el hombre pueda encontrarse
con la sabiduria suprema de la Creacion Perenne.
se alejan ma s de la concepcion original y el fin esperado,el Universo Mental. El Gran
Arquitecto efectivizo exactamente el esquema cuaternario de mi division:

CABEZA DE ANGEL-HUMANO
ALAS DE AGUILA
BUSTO DE MUJER
PATAS DE TORO

Juan de Doctrinas Hermeticas, me fijaron realmente con forma cuaternaria, rodeando al


que esta sentado en el trono planetario.
muy pocos creeran en mi, tan solo uno solo, tal como lo dice
el : "Solo al cordero redentor de la tiribu de Judas, entendio
la verdad oculta y por eso el merece abrir los siete sellos....'

he visto desfilar por toda la superficie planetaria al animal


humano avasallando mi cuatriplicidad, destruyendola.
Esta criatura demente ha deformado mi rostro, atacandome sin darse
cuenta algunas veces, conscientemente las mas, con premedi-
tacion y suicidio de las especies venideras. El ideal del pensante
que domina la superficie planetaria, es la destruccion de la
turaleza. Asi, el simbolo oculto del planeta representado en
maravillosa obra de la Creacion, señala la destructibilidad del
Humano, al atacar mi cuerpo de Toro (Tierra) mi cabeza
humana (Aire), mis garras de Leon (Fuego) y mis alas de
uila (Agua). Los cuatro espiritus ante el 'trono de la Con-
ciencia Cosmica, del Espiritu del Sol y los espiritus planetarios.
soy el principio y el fin de Toda vida sobre el pIaneta, el
arquetipo del Gran Arquitecto, para que el hombre me entienda
y conozca porque soy la eterna Naturaleza,rehago todas las
cosas; el germen del Universo, aqui abajo en el planeta viviente
tierra, igual que arriba donde esta mi Creador.
el futuro hombre superior, que descubra mi esencia, idolatrara 
imagen y las guias del Cielo, ya que estos lugares sagrados,
pisoteados y hollados por los extranjeros, resurgiran el dia fija-
do por la mente Superior para adoracion eterna en el Templo
de arena desierto, tal cual fue la necesidad del hombre mediocre, que olvido de penetrar
la verdad eterna de mi simbolo y de las tres piramides de Gizeh.
Solo ven desierto en su alma y en su porvenir, por ignorar
el mensaje de su creador el espiritu terrestre.
Solo muy pocos se salvaran de la destruccion, a que esta
condenados por su propia muerte.
El pequeño rebaño que penetro mi misterio recibira la vida
eterna y ya no habra mas sombra porque la luz divina alumbram
brara "in eternum" las hasta ayer oscuras mentes.
Yo hago nuevas todas las cosas en mi enorme cubeta planetaria y
aquellos que hicieron mal, desapareceran por no haber
entendido y por haber renegado de la madre Cosmica, de
la Creacion Toda.
Doy la vida para solaz de mis hijos y mis corderos que reciben
las vanidades terrenales, y que amen mi creacion.
Soy el venerado emblema esculpido en la piedra viviente en
el primer elemento de piedra con alma.Soy la luz espiritual y
El Genesis, recopilaciones escritas que poseen los hombres
dice :
"Y el espiritu de Dios, se movia sobre la superficie de
aguas.."
Soy ademas el simbolo perfecto de la luz celestial que despierta
en lo mas hondo de la conciencia, cuando el hombre entre
a ellos con su corazon y su mente.
PROFESOR BAUVIER

La Gran Esfinge

 
La Gran Esfinge de Giza tiene cuerpo de león y cabeza de hombre, llevando el tocado
real nemes. Si bien el antiguo término griego esfinge significaba estrangulador, se ha
mencionado que el origen de la palabra sería la frase egipcia shesep ankh (imágen
viviente), que era un epíteto aplicado a las esfinges.
El significado del simbolismo de la Esfinge es motivo de algunos debates, mas todos
coinciden en que es un símbolo solar. Los Egipcios no reverenciaron al Sol visible
como un dios. El Sol era el ojo de Ra; es decir el órgano de percepción de la divinidad y
la manifestación física de la Causa Invisible. La Esfinge refleja en cierto sentido esa
significación: el cuerpo de león simbolizando el poder y la fuerza de lo espiritual en su
forma física; la cabeza de hombre simbolizando la inteligencia y la conciencia, la
participación con lo divino. Como síntesis
artística, la Esfinge es un trabajo de maestría consumada; tan perfecta es la fusión entre
el león y el hombre que parece orgánica.
 
La Esfinge está excavada de un único montículo de roca viva de 73 m de largo y 20 m
de altura. La cabeza, que tiene una textura diferente del cuerpo y muestra una erosión
mucho menos severa, es un afloramiento natural de una piedra más dura.
Un relevamiento reciente ha evidenciado tres estratos separados de roca. La formación
extremadamente dura de la cabeza no ha sufrido daños por la exposición natural. Los
severos daños de la cara se deben a que la Esfinge fué utilizada como blanco por la
artillería mameluca en el siglo XVIII. El grueso del cuerpo está formado por piedra
caliza mucho más blanda. Esta parte está conformada por capas alternadamente blandas
y duras, siendo esta la razón de su desgaste en forma corrugada, con entradas de hasta
60 cm. La base es de una piedra caliza más dura.
  Frente a la Esfinge podemos observar un templo en un estado ruinoso, es el Templo de
la Esfinge, que sería supuestamente de la IV dinastía, hecho aparentemente de la misma
piedra.
Fué probablemente dedicado al culto de las tres formas del Sol: Khepri por la mañana,
Ra al mediodía y Atum al atardecer. Durante el Reino Nuevo, la Esfinge fué
identificada con Horemakhet (Harmackis, Horus en el horizonte), y un nuevo templo
dedicado a él fué construído al norte del viejo edificio. Curiosamente Herodoto, quién
describió a las pirámides con tanto detalle, no la menciona; aunque cabe acotar que si no
se la mantiene libre de arena, en apenas veinte años queda cubierto su cuerpo leonino,
dejando la cabeza a nivel de la arena.
 
En muchas ocasiones a lo largo de la historia fué cubierta por las arenas y luego
despejada, siendo la más conocida de dichas instancias la que se halla registrada en la
“Estela del Sueño”,
erigida justo frente a ella por Tutmosis IV (1401-1391 AC), describiendo la promesa
hecha a él en un sueño de que si despejaba la arena que la cubría sería ungido rey.
En uno de los registros menos legibles de este texto, aparecía el nombre de Kefrén
(Khafre) en jeroglífico. Mas el texto asociado a él era ilegible, habiendo desaparecido
enteramente hoy día.
Posteriores excavaciones del Templo del Valle, al sur y contiguo al templo de la Esfinge
y a la misma Esfinge, mostraron una serie de estatuas de Kefrén incluyendo una en la
forma de esfinge. Esto llevó a los estudiosos a atribuir la Esfinge y su templo a Kefrén,
aún a costa de dejar de lado evidencia con respecto a la mayor antigüedad de la
Esfinge .
Sin embargo, una deducción mucho más dramática respecto a la edad de la Esfinge ha
sido formulada por Schwaller de Lubicz, basada en consideraciones geológicas. Si
dichas observaciones pueden ser confirmadas, no solamente la edad de la Esfinge
debería ser revisada sino toda la historia entera de la evolución de la civilización.
Para comprenderlas se hace necesario efectuar una disgresión. Los escritores griegos y
romanos de la antigüedad, basando sus reseñas en informaciones recibidas de primera o
segunda mano de fuentes egipcias, otorgaban una antigüedad mucho mayor a la
civilización egipcia que la establecida por los egiptólogos. Estas fuentes egipcias
mencionaban antigüedades del orden de los 24.000 a 36.000 años durante los cuales
Egipto fué gobernado por los dioses mismos y por los Shemsu Hor, los compañeros o
seguidores de Horus. Mas
ante la falta de concreta apoyatura y evidencias los académicos terminaron por atribuir
estas versiones a la fantasía y la leyenda.
Por lo menos uno de estos antiguos relatos puede ocultar un hecho cierto. Herodoto
relata que los sacerdotes le informaron que el sol se puso dos veces donde actualmente
se eleva, y que se elevó dos veces donde actualmente se pone. Esta aseveración es
generalmente descartada como sin sentido. Sin embargo, como señala Schwaller de
Lubicz ella puede hacer referencia a los ciclos precesionales, por lo que los sacerdotes
egipcios referirían su historia a por lo menos un ciclo y medio, unos 39.000 años. Esto
se halla de acuerdo con antiguos relatos y tablas cronológicas fragmentarias, sin que
hubiera hasta ahora evidencia científica que lo soporte.
Schwaller de Lubicz observó que la severa erosión del cuerpo de la Esfinge no pude ser
el resultado de la acción del viento y la arena, como generalmente se menciona, sino
debida al efecto del agua. Si ello fuera posible deberíamos concluir que debió ser
esculpida antes de que Egipto fuera cubierto por las aguas, lo que supondría aceptar que,
de acuerdo a las teorías históricas aceptadas, es anterior a las civilizaciones conocidas, y
que pertenece a una época en
que el hombre se hallaba en el estadio rudimentario de vivir de la caza y la pesca.
 
En 1989, el egiptólogo John A. West se contactó con el Dr. Robert M. Schoch, un
estratígrafo y paleontólogo de la Universidad de Boston, quien quedó intrigado por
estos argumentos y evidencias, no queriendo arriesgar su opinión hasta no haber
examinado el sitio personalmente.
Ambos viajaron para efectuar un relevamiento no oficial. Si bien no pudieron conseguir
permiso para entrar a la Esfinge para estudiar de cerca los detalles del desgaste, éste es
tan considerable y claramente demarcado que Schoch se convenció que se debía a la
acción del agua. Luego de una recorrida por la planicie de Giza, Schoch coincidió con
los siguientes
argumentos:
     1. Solamente la Esfinge, las paredes de la construcción que la circunda y otras
estructuras elacionadas a ella arquitecturalmente o estilísticamente exhibían estas
características marcas de desgaste por agua. Todo aquello otro que data del Egipto
dinástico ha sido desgastado por el viento y la arena.
     2.Las estructuras que muestran el típico desgaste por viento y arena, que se hallan
esparcidas por el área, fueron cortadas de las mismas capas de roca que la Esfinge
misma, y por lo tanto no pueden datar del mismo período, como creen los egiptólogos.
     3.La Esfinge y los templos del Valle han debido ser construídos en dos etapas
teniendo en cuenta los desgastados bloques de piedra caliza del núcleo ubicados detrás
de los de granito.

Si bien provisionalmente satisfecho con la teoría, Schoch no la podía presentar al


mundo geológico sin haber tenido acceso directo y oficialmente permitido a la Esfinge.
Habiendo obtenido finalmente el permiso, el equipo de investigadores incluyó, aunque
de manera no oficial, a dos geólogos adicionales, un oceanógrafo y a Thomas L.
Dobecki, un geofísico
acreditado. Entonces, ya dentro de la cubierta de la Esfinge se hizo claro que las
causantes del
profundo desgaste fueron las fuertes lluvias y no las crecientes ni las aguas surgentes,
como en
principio se suponía. Esto también explica la presencia de los mismos perfiles de
desgaste en
lugares tales como el Templo Mortuorio situados unos 30 m. más arriba, en un lugar
donde
ninguna crecida, por extraordinaria que fuera, podría llegar.
Los sismógrafos de Dobiecki mostraron perfiles de desgaste debajo de la superficie y
más
impresionante aún, revelaron varias cavidades subterráneas en el área inmediata a la
Esfinge, en
particular un gran espacio rectangular de unos 12 por 15 metros, a unos 5m de
profundidad,
entre las patas de la Esfinge. Esta cámara ha producido sorpresa en determinados
círculos. El
famoso psíquico norteamericano Edgar Cayce ha predicho estando en trance, que entre
las patas de la Esfinge se encontraría la Sala de los Registros, conteniendo la historia del
perdido continente de la Atlántida. Es innecesario remarcar que estas y otras lecturas
inpiradas en trances han producido muy poca impresión en los círculos de los
egiptólogos
académicos. Mas los sismógrafos no operan en trance, y aquí han mostrado una
evidencia que coincide con lo predicho por Cayce, al menos en parte. ¿Qué es lo que
contiene la cámara? Todavía no lo sabemos y el permiso para posteriores estudios
todavía está en espera de ser concedido.
El hecho comprobado de que el desgaste se debe a la acción de fuertes lluvias sólo
puede
significar que la Esfinge es mucho más antigua de lo que se supone.
Extensos estudios paleontológicos coinciden en afirmar que Egipto se convirtió en
desierto
alrededor del 10.000 A.C.  Antes del 15.000 A.C. esta región así como el resto del norte
de
Africa fueron una fértil sabana. Coincidiendo con la irrupción de la última edad glacial,
Egipto
experimentó un largo período de fuertes lluvias. Cuando lo peor de dicho período tuvo
fin
alrededor del 10.000 A.C., Egipto se convirtió en desierto, y siguió siendo desierto
desde
entonces, si bien gozó de ciertos períodos de lluvias en los cuales algunas regiones que
hoy son
un árido desierto todavía eran verdes. Entre el 10.000 y el 4000A.C. Egipto fué
aumentando
su aridez llegando al final de dicho período a ser lo que es actualmente. En la zona de
Giza la
precipitación anual es de alrededor de unos 25 mm.  Bajo ninguna circunstancia puede
esto
producir el desgaste observado en la Esfinge. Tomando las estimaciones más
conservadoras
que permiten los datos combinados, Schoch estimó la talla de la Esfinge como mínimo
en el
5000 al 7000 A.C.
Las culturas neolíticas conocidas de dicha época no han mostrado evidencias de
disponer del
tipo de tecnologías necesarias para la realización de la Esfinge y de los asombrosos
templos
que están frente a ella.
La noción de una civilización Atlante es ignorada y ridiculizada por los círculos
académicos
modernos. Sin embargo, si bien este desprecio puede silenciar y suprimir buena
evidencia, nada
hace en cuanto a su negación. Hay una creciente evidencia proveniente de distintos
campos que
soporta la antigua y extendida creencia de que ha existido esta hoy perdida alta
civilización,
doquiera pudiera estar ubicada. Dicha evidencia es también congruente con las antiguas
afirmaciones respecto a que dicha civilización desapareció rápidamente bajo
circunstancias
catastróficas.
Sucesivas investigaciones llevadas a cabo por Schoch y John A. West, han dado nuevos
apoyos a la teoría desde varios otros puntos de vista.
En Saqqara, a unos 16 km al sur de Giza, se encuentran las tumbas de barro de los
primeros
reyes del Egipto dinástico, hallándose estas en condiciones reconocibles y estables.
Estas
fueron erigidas alrededor del 3000 AC, unos quinientos años antes de que la Esfinge
fuera
supuestamente construída por Kefrén. Si como afirman algunos egiptólogos para
preservar la
datación actual de la Esfinge, hubieran caído suficientes lluvias para desgastarla a su
actual
condición inmediatamente después de su construcción, deberíamos concluir que las
mismas
lluvias debieran haber caído en Saqqara dada su inmediata cercanía. Dado que aún la
piedra
caliza más blanda es mucho más resistente que el barro, sería lógico concluir que dichas
tumbas
de barro debieran haberse disuelto bajo dichas condiciones. Sin embargo ellas están allí
hoy día
sin mostrar prácticamente signos de haber sido afectadas por el agua.
 
También se hizo necesario investigar la atribución de la Esfinge a Kefrén bajo una
perspectiva
diferente. Siempre fué un artículo de fé para los egiptólogos que la desgastada cara de la
Esfinge representaría al faraón Kefrén, si bien al ojo desnudo no se encuentra semejanza
entre
ambos. En un artículo del National Geographic de 1989, el arqueólogo Mark Lehner
describió
sus intentos de reconstruir la dañada cara de la Esfinge mediante computadora. La cara
reconstruída guardaba estrecha semejanza con la cara de una estatua de Kefrén.
Mas para lograr su reconstrucción, Lehner alimentó a su computadora con datos
provenientes de una de las estatuas de Kefrén, la que en consecuencia, reprodujo la cara
del faraón. Esta fué entonces superpuesta sobre la Esfinge “probando” de esta forma que
la cara de la Esfinge fué la de Kefrén. Usando el mismo método también habría sido
posible “probar” que la cara de la Esfinge sería la de Diego Maradona. Sin embargo
dicho trabajo tuvo una amplia aceptación y fué difundido por la prensa.
Para hacer frente a estos resultados, West buscó ayuda de un experto en reconstrucción
y comparación de rostros, el detective Frank Domingo, experto forense del
Departamento de Policía de Nueva York. Domingo viajó a Egipto, y utilizando las
prácticas normalizadas de la policía, reprodujo las caras de la Esfinge y de Kefrén y las
comparó, llegando a la conclusión de que ambas son totalmente diferentes y nunca
pueden haber representado a la misma
persona. Dado que las otras evidencias utilizadas para atribuir la Esfinge a Kefrén son
circunstanciales, quedó en claro que dicha atribución solamente puede persistir como
artículo
de fé y no puede ser considerada evidencia científica.
La controversia respecto de la Esfinge ha dado lugar a numerosos artículos, en especial
en la
revista norteamericana KMT dedicada especialmente al Antiguo Egipto. En el número
de
verano del '94 se publica un artículo del Dr . James Harrell, profesor y uno de los jefes
del
Departamento de Geología de la Universidad de Toledo, Ohio, cuestionando las
afirmaciones
de West. En el mismo número se publica la réplica de West donde rebate punto por
punto los
cuestionamientos de Harrell.
 
Recientemente, en un papiro hasta ahora desconocido, el arqueólogo Zahi Hawass, jefe
de
excavaciones en el Valle de los Reyes, descubrió un plano que muestra la existencia de
un tunel
que recorre el flanco interior izquierdo de la Esfinge. Estudios con sondas de resonancia
magnética confirmaron que el tunel existía. Según sus afirmaciones, posiblemente el
túnel nunca
haya sido violado, ya que su entrada se encontraría intacta.
 
Según una versión que menciona P. Christian en su “Traité des Mystéres”, la Esfinge
servía de
entrada a las sagradas cámaras subterráneas en las cuales se llevaban a cabo las pruebas
de
iniciación. Esta entrada que hoy estaría obstruída por arena y escombros, habría estado
cerrada por una puerta de bronce cuya apertura sólo podía ser operada por los magos.
En el
vientre de la Esfinge existirían galerías que llevan a las partes subterráneas de la Gran
Pirámide.
Estas galerías tendrían un trazado tan intrincado que al tratar de recorrerlas sin la debida
guía
inevitablemente hacían retornar al punto de partida.
La Esfinge está estrechamente ligada a la leyenda de Edipo, quién resolvió el enigma
propuesto
por la misteriosa criatura compuesta por el cuerpo de un león alado y la cabeza de una
mujer,
que aparecía en las encrucijadas del camino a Tebas (en Grecia). A cada viajero que
pasaba le
formulaba la pregunta: “Cuál es el animal que en la mañana camina en cuatro pies, al
mediodía
en dos y al atardecer en tres pies ?” Aquellos que no podían responder eran devorados
por la
Esfinge. Edipo contestó que era el hombre mismo quién en la infancia gateaba apoyado
en sus
manos y pies, en su juventud caminaba erguido en sus dos pies y que en su vejez lo
hacía
ayudado por un bastón. Al escuchar la solución al enigma se dice que la Esfinge se
precipitó
desde lo alto de una roca para así perecer.
Habría otra interpretación para dicho enigma, emparentada con una consideración
pitagórica
de los números. El 4, el 2 y el 3 suman 9 que es el número atribuído al hombre y
también a los
ciclos de tiempo. El 4 representa el hombre ignorante, el 2 el hombre intelectual y el 3
el
hombre espiritual. La humanidad infantil camina en cuatro patas, la humanidad
evolucionante en dos, y al poder de su propia mente agrega el iluminado el bastón de su
sabiduría. La Esfinge es por lo tanto el misterio de la Naturaleza, la personificación de
la Doctrina Secreta. Pasar la Esfinge es alcanzar la inmortalidad.

MARCOS LEWIN

PIRAMIDES DE EGIPTO,MISTERIO REVELADO :


¿Las pirámides de Egipto fueron construidas por una civilización más antigua? No
¿Fueron construidas por seres de otras dimensiones con un propósito específico
relacionado con el planeta? Sí

Para que entiendas bien el propósito de la creación de las pirámides, es importante que
conozcas las razones por las que fueron creadas para posteriormente, explicarte como
fueron construidas y su significado para nosotros el día de hoy.

Así como la vida humana tiene un ciclo de vida, que coincide en todos los humanos, la
vida en el planeta obedece a ciclos de vida cósmicos ya establecidos.

A este ciclo de vida cósmico se le conoce como precesión de equinoccios, también


conocido como “gran año”.

¿Qué es eso?

En la astrología, hay 12 signos del zodiaco. A cada año, corresponde un periodo de 2,


160 años en la vida del planeta.

Por lo que, si multiplicas 12 x 2,160 te da 25, 920 años

A este período de 25,920 años se le conoce como precesión de equinoccios o “Gran


año”.

Y el planeta recorre los 12 signos del zodiaco.

Durante la primera mitad de este ciclo de 25, 920 años es cuando el nivel de conciencia
se expande al máximo.

Y en la segunda parte de este ciclo, la conciencia va a decreciendo gradualmente, hasta


llegar a su punto máximo de oscuridad, para después pasar a otro nivel de conciencia u
otra dimensión.

Hay dos puntos clave durante el “El Gran Año”, en los cuales se dan cambios profundos
y trascendentales en el planeta, y que afectan los valores humanos y la historia de
manera espectacular.

Estos dos puntos están situados justo antes del punto medio, y poco antes del inicio de
un nuevo ciclo o “Gran Año”.

Si divides el periodo de 25,920 años entre 2, te da 13,000 años aproximadamente,


verdad?

¿De que te sirve saber esto?

La Atlántida se hundió hace 13, 000 años. La causa de su hundimiento, fue llegar al
punto medio del “Gran Año”. En este punto, se alcanzó el punto máximo de la
conciencia.
Llegar a este punto clave dentro del ciclo, ocasionó cataclismos y ocasionaron cambios
en el planeta que afectaron la vida.

Alguien sabía que esto iba a suceder en la Atlántida antes de que pasara? Sí.

Los Maestros Ascendidos de ese continente, seres que habían alcanzado la conciencia
crística y la inmortalidad, lo sabían, y se prepararon 200 años antes, para recibir el
cataclismo.

¿Qué hicieron?

Para empezar, la memoria humana y su existencia como especie está ligada al campo
magnético del planeta.

De hecho, cada especie animal tiene su propio campo magnético planetario que se
relaciona con ellos.

Es una especie de red electromagnética que se extiende por toda la Tierra.

Cuando una especie desaparece, lo hace automáticamente el campo magnético que se


relaciona con ellos.

Cuando se llega al punto medio dentro del “Gran Año”, el campo magnético del planeta
llega al punto cero y se destruyen los campos magnéticos.

Con ello, se destruye la memoria también y se desaparece como especie.

Los Maestros Ascendidos de la Atlántida lo sabían. Necesitaban hacer algo, para que la
raza humana no despareciera.

Solicitaron permiso a las Jerarquías superiores para construir un nuevo entramado


crístico.

Así, cuando pasara el hundimiento de la Atlántida y se destruyera el campo magnético


relacionado con los humanos, el nuevo entramado crístico tomaría el lugar
inmediatamente ¡y los humanos podrían seguir existiendo como especie!

Aunque la memoria sí desaparecería. Los atlantes que sobrevivieran ya no recordarían


quienes eran y empezarían de cero.

Eso no pasaría con los Maestros Ascendidos. Ellos sabían como crear campos
magnéticos internamente, para conservar su memoria.

Bien, ahora empezamos a ver el propósito de la creación de las pirámides de Egipto.

Los Maestros Ascendidos Toth, Ra y Araamagot decidieron construir las pirámides,


para construir esa nueva red electromagnética.

Eligieron a Egipto, porque justo debajo de la zona en que están construidas, estaba el eje
del entramado de conciencia crística, que en esos momentos todavía existía.
Por lo que las pirámides tienen una antigüedad aproximada de 13,000 años.

Las pirámides, según Toth le platica a Drunvalo Melquisedec, fueron construidas con la
mente y el corazón, en un período de 3 días de la cuarta dimensión. Debo aclarar que
nosotros nos encontramos actualmente en la tercera dimensión. Por lo que el
equivalente en tiempo en nuestra dimensión debió de ser mucho mayor

Los Maestros Ascendidos, también construyeron una nave espacial, de 3 a 5 átomos de


grosor, plana en su base y techo. Con una longitud equivalente a dos edificios de
extremo a extremo.

Dicha nave tenía forma circular. Fue colocada kilómetro y medio debajo de la Esfinge,
en un supertono electromagnético más alto que le permitía no ser vista y atravesar la
Tierra sin problema alguno.

Regresando a la precesión de los equinoccios, los cambios en cualquiera de los dos


puntos clave de “El Gran Año” ocasionan grandes cambios en el eje gravitacional de la
tierra y pueden dar lugar a glaciaciones, hundimiento de continentes, terremotos, etc.

Eso es lo que iba a sucederle a la Atlántida.

Y entonces sucedió el cataclismo.

Toth tomó la nave donde se encontraba debajo de la Tierra y se dirigió a la Atlántida,


para salvar a los Maestros Ascendidos.

Casi inmediatamente después de haber despegado unos cientos de metros de la


superficie con los Maestros Ascendidos, se hundió la última isla de la Atlántida, Undal.

Se dirigieron a una pista de aterrizaje situada en la punta de la Gran Pirámide.

Los Maestros Ascendidos conservaron su memoria, al crear su propio campo


electromagnético.

Después de tres días y medio, se llegó al punto cero en el campo magnético y se


emergió en el mundo de la tercera dimensión, en el que nos encontramos ahora.

Pasado esto, los Maestros Ascendidos penetraron en la Gran Pirámide por un tunel
circular que los conducía a la ciudad subterránea.

Ra y un tercio de los Maestros Ascendidos se quedaron en esa ciudad subterránea. Entre


esos maestros se encontraba Tat, el hijo de Toth.

En esa ciudad subterránea se formó la hermandad de Tat.

Después, volaron al lago Titicaca. Toth y otro tercio de los Maestros fundaron el
imperio de los incas.

Finalmente, la nave viajó al Himalaya y desembarcó Araamagot.


El resto de los Maestros regresaron a la Esfinge.

La razón de que se escogieran la ciudad subterránea, la Isla del Sol y el Himalaya, fue
para establecer la red de circuitos energéticos de una conciencia crística sintética de la
Tierra.

Egipto es el punto masculino de la red, los Mayas-Incas el femenino y el Himalaya el


punto neutral.

En términos científicos, esta red de conciencia crística, es un campo electromagnético


que se extiende por toda la tierra y tiene formas geométricas.

Posteriormente, los Maestros hicieron miles de pirámides en la cuarta dimensión, que no


son visibles para nosotros.

También, esta vez con la ayuda de los humanos, construyeron pirámides y catedrales
para ayudar a la red de conciencia crística.

En el complejo religioso de Teothiuhacán, México, hay dos grandes pirámides, la del


Sol y de la Luna.

¿Que crees?

La pirámide del Sol, que es la mayor, tiene lados de 215 metros, por lo que su base es
semejante... ¡a la de la Gran Pirámide de Egipto!

Esta coincidencia se explica, por ser los Maestros ascendidos de la Atlántida los
creadores de estas pirámides, ya sea físicamente o intelectualmente con la ayuda de los
humanos de las culturas locales.

Así como en Egipto, que la historia oficial dice que las Pirámides y la Esfinge fueron
construidas de repente, sin ningún conocimiento importante de las culturas anteriores...

¿Que crees? La historia oficial dice que en Teotihuacán pasó EXACTAMENTE LO


MISMO.

Y en un pueblo, que no conocía herramientas de metal, ni utilizaba maquinas simples


para la construcción...

Y así como Toth parece ser la persona histórica concreta que enseñó a los egipcios todo
lo que aprendieron en aquellas lejanas épocas, en Teotihuacán existe la historia de que
Quetzalcóatl llegó con esta cultura, y fue un Dios civilizador que dio a los hombres
cultura y sabiduría.

Te hago notar que, antes del hundimiento de la Atlántida, se había llegado a una
conciencia de la unidad con el universo y del valor del amor, por haber llegado al punto
máximo de despertar de la conciencia, en el punto medio del "Gran año".

Los atlantes eran extremadamente intuitivos y desarrollados del lado derecho de su


cerebro, el lado femenino.
Por eso, los Maestros ascendidos tenían valores muy diferentes y sabiduría desconocida
por los pobladores locales a los que llegaron.

Y su función, repito, fue insertar nuevamente algunos conocimientos de la Atlántida, así


como construir con la ayuda de los humanos, Pirámides y lugares energéticos, para
ayudar a la nueva red de conciencia crística del planeta.

En los Mayas, se habla de Pakal, un Dios que tenía una apariencia blanca, alta... muy
parecida a la de Quetzalcóatl.

Y en los Incas, está la leyenda de Manco Capac.

Hay una enorme coincidencia la apariencia física de estos personajes: blancos, altos, en
algunos casos barbados y con unos conocimientos astronómicos y sabiduría
infinitamente superior... y que lo enseñaron a los pobladores locales.

¿Conclusión lógica? Estos seres: Toth, Quetzalcóatl, Pakal, Manco Capac, fueron...

LOS MAESTROS ASCENDIDOS DE LA ATLANTIDA.

Se nota que la construcción de pirámides y lugares místicos, tiene lugar principalmente


en una franja a lo ancho del trópico de cáncer.

Su función, es ser una especie de batería que almacena la energía del cosmos y alimenta
a la red de conciencia crística, cuyo eje está debajo de la Gran Pirámide de Egipto.

Se sabe que, en esa franja, es más fácil captar la energía que viene del Cosmos.
También, se ha descubierto que la terminación en punta de las pirámides facilita la
absorción de dicha energía.

Y como la red de conciencia crística es una red de energía electromagnética, entenderás


porqué se ubicaron las pirámides y catedrales en esta franja.

He hablado de que hay una ciudad subterránea debajo de la Gran Pirámide ¿Hay
pruebas?

Sí.

En 1996, Larry Hunter y otros investigadores descubrieron una red de túneles bajo el
complejo de Gizeh.

Hunter afirma que esta red lleva a una enorme ciudad subterránea, 13 metros de
superficie y 12 pisos de profundidad, que abarca un área de 10.5 x 12 km.

Cómo la ves?

Regresando al hundimiento de la Atlántida, se originó por entrar al punto medio en “El


Gran Año”, y esto se vio acompañado de una enorme inundación, y un cambio en los
campos magnéticos y eje gravitacional de la tierra, que ocasionó cambios geológicos
importantes e inundaciones.
West afirma que la erosión que hay en la Esfinge fue provocada por agua, no por el
viento, como afirman los egiptólogos tradicionales.

Dice que esta erosión por agua, se dio al final de la última era glacial, hace 12,000 años
aproximadamente.

¿Es una coincidencia que casi cuadre con el periodo del hundimiento de la Atlántida y
construcción de las pirámides hace casi 13,000 años?

Recuerda que la Esfinge fue construida hace unos 13,000 años antes del cataclismo de
la Atlántida.

Es lógico suponer que sufrió por un periodo fuerte de lluvias que la erosionaron durante
el desastre. De hecho, en el diluvio de Noé, se dice que las lluvias no cesaron durante
varios días.

¿Qué significa todo esto para nosotros, hoy en día?

Te recuerdo que el “Gran año”, que es la precesión de equinoccios, comprende 25,920


años y hay dos puntos clave en el ciclo: el que le pasó a la Atlántida… y el que está a
punto de sucedernos.

Los puntos se dan, uno, poco antes de la mitad del periodo de 25,920 años (cuando se
hundió la Atlántida) y el otro, poco antes de finalizarlo.

Y nos estamos acercando… al segundo punto. Estamos cerca de finalizar el período de


25,920 años.

En los últimos 2,000 años hemos estado en el signo de Piscis. Y estamos a punto de
pasar a la Era de Acuario. Los cambios de signo significan cambios culturales y de
valores muy profundos.

El cambio de signo… coincide con la finalización del Período del “Gran Año”.

Estamos acercándonos al punto más bajo de conciencia. Y a punto de pasar a otra


dimensión, la cuarta.

¿Cómo se refleja esto actualmente? En las guerras, terremotos, suicidios, etc.

Eso tiene que ver con el campo magnético de la Tierra. El sistema nervioso humano está
íntimamente ligado al campo magnético.

Y éste se está desestabilizando, como debe ser por su acercamiento al fin del “Gran
Año”.

Gradualmente, el campo magnético se está acercando a cero… como le pasó a la


Atlántida.

Es por eso, que los seres humanos nos volvemos un poco desmemoriados y
desequilibrados emocionalmente en esta época.
Y es por eso que gradualmente hay más terremotos, por estar siendo desequilibrado el
campo magnético y el eje gravitacional del planeta.

Al acercarnos más al punto cero… la memoria se vuelve más volátil.

Porque cuando se llega al punto cero, se pierde la memoria por completo.

Y emergeremos… a la cuarta dimensión. En esta dimensión, los pensamientos se


vuelven realidad al instante.

Y es importante que aprendas a activar tu campo magnético, conocido esotéricamente


como campo merkaba, para que conserves tu memoria, como hicieron los Maestros
Ascendidos en la Atlántida.

Por eso hay tantos seres de otros mundos y otras dimensiones en estos momentos en el
planeta para guiarnos.

Por eso has estado escuchando de OVNIS, Pleyadianos, Arturianos, Saint Germain,
Sirios, etc. abruptamente en este siglo, cuando en los anteriores se había dado con
menor intensidad.

Algunos seres de otras dimensiones están como simples espectadores, porque saben lo
que va a venir al planeta y quieren presenciar tan notable acontecimiento.

Otros, saben que está a punto de suceder un acontecimiento de carácter universal al


planeta, y desean ayudarnos a pasar sin mucho dolor, de la tercera a la cuarta dimensión.

Por eso, tienes que ser impecable con tus palabras y con tus pensamientos. Por eso estos
amigos cósmicos insisten tanto en la pureza de pensamientos y la fuerza del amor.

No hay cabida para sentimientos no positivos en la cuarta dimensión.

Aparte de que, por el acercamiento al punto cero, el campo magnético te está afectando
en tus emociones, y fácilmente puede hacer que te desesperes por pequeñas cosas y
pienses negativamente.

Los terremotos tienen que seguir y las guerras también. Pero el gran cambio de
dimensión está muy cercano. Parece que se daría en el 2,012 según las profecías mayas,
que como afirma el Dr. Ronald Bonewitz, no son mayas ni son profecías.

Este investigador menciona que los mayas heredaron estos conocimientos de otra
cultura.

Hay un códice maya, el códice Madrid, que habla del continente Mu.

Como su destrucción es casi idéntica a la de la Atlántida, se presume que Mu… era la


Atlántida.

Y es probable que estas “profecías” son heredadas de los atlantes. Se dice que los mayas
fueron sobrevivientes del cataclismo de la Atlántida.
Y no son profecías.

Es como si nosotros sabemos que una mujer, a determinada edad empieza a menstruar, a
determinada edad desarrollarsele las caderas, los senos, etc.

No es una profecía de la mujer, verdad?

Simplemente, se conocen los ciclos naturales de la vida de una mujer, por lo que se
puede saber con cierta anticipación cuando va a tener sus cambios físicos.

De la misma forma, el conocimiento de los mayas, corresponde al conocimiento de este


ciclo natural de la vida del planeta, conocimiento heredado de los atlantes.

Tenemos el destino en nuestras manos. Con nuestros pensamientos positivos de amor


hacia los demás, podemos crear nuestro futuro y nuestra ascensión sin dolor.

Hay muchas opiniones encontradas entre los esotéricos, seres de otros planetas y aún
entre los Maestros Ascendidos, en que la transición a la cuarta dimensión se puede dar
sin tantos cataclismos, como es usual.

Lo que sea, lo único que puedes hacer es:

Se impecable con tus pensamientos.

Se impecable con tus palabras.

Se impecable en tu amor hacia ti y hacia los demás.

Aaaahhh… se me olvidaba algo. Las pirámides también son lugares de iniciación, en los
que en la época del Rey Akenatón, se enseñaba a las personas como obtener la
conciencia crística y ser inmortales.

Akenatón era un ser que provenía de la estrella de Sirio y vino a cumplir una misión
específica. No era humano.

El gran sarcófago que hay en la Gran Pirámide, no era para sepultar a nadie. Era el lugar
en el que los iniciados en los conocimientos perdidos descansaban por tres días, después
de “morir” y resucitar nuevamente, pero ya con la conciencia crística, después de pasar
por todo el proceso de iniciación dentro de la Gran Pirámide.

Estos seres que adquirieron la conciencia crística convivieron muy de cerca con la
hermandad de Tat y vivieron en la ciudad subterránea por un tiempo.

Posteriormente, éstos seres inmortales salieron a la superficie y se fueron a Masada,


donde se les conoció como los esenios.

Se dice que María, la madre de Jesús, fue uno de éstos seres inmortales.

Bueno, me despido, estos temas son apasionantes, y probablemente he dicho cosas que
no son correctas y he cometido algunas imprecisiones.
Pero también se que muchas cosas aquí expuestas sí son ciertas.

Encajan perfectamente como piezas de un rompecabezas que explican muchas cosas del
planeta y del universo mismo.

También explican porque hay pirámides con funciones tan parecidas en culturas y
lugares tan distantes.

Explica porque en varias culturas hay huellas de "dioses" de constitución física diferente
a la población promedio de las regiones a las que llegaron.

Y explica porque hay un conjunto complejo de conocimientos astronómicos y


científicos muy parecidos... en lugares totalmente alejados.

Y explica porque, abruptamente, culturas con ningún antecedente cultural importante,


empezaron a mostrar conocimientos muy difíciles de alcanzar para nosotros en nuestra
época.

El Dr. Ronald Bonewitz dice, que pareciera que culturas como Egipto, Sumer, Mayas,
etc, hubieran heredado un conjunto similar de conocimentos de una cultura anterior a
ellos... y que las pequeñas diferencias que hay, se deben a las diferencias culturales
locales.

¡Creo que Bonewitz a dado en el clavo!

Yo apoyo rotundamente esta teoría.

¡Suerte!

Bibliografía:

Frisell, Bob, La Cuarta Dimensión, Ediciones Robin Book, Barcelona.

Frisell, Bob, La Cuarta Dimensión 2, Ediciones Robin Book, Barcelona.

Perala, Robert, El Proyecto Divino, Grupo Editorial Tomo, México.

Bonewitz, Ronald, Profecía Maya, Editorial Diana, México.

Bigliano, Marcelo, Misterios Egipcios, Grupo Editorial Tomo, México.

Colaboración de Edgar Martínez


México

LA TEORIA PIRAMIDAL
LAS PIRAMIDES DE GIZEH
Y EL DECUBRIMIENTO MAS IMPORTANTE
DE TODA LA HISTORIA DE LA HUMANIDM,

La teoría pirarnidal de Héctor H. Moracci Bauvier

Desde hace mfles de años se habla de un fabuloso tesoro escondido en las pirámides
egipcias. Diversos autores egipcios. judíos, árabes, etc. se refirieron al tema. incluso al
sultán Al Mamun en el siglo X de nuestra Era, viajó expresamente para tratar de
encontrarlo, la entrada al turismo que se encuentra en la cara Norte de Keops, se le
atribuye a este Sultán con la finalidad' de los tesoros como botin. Sin embargo el
enigma sigue aún hoy y es por eso que gracias a la TEORIA PIRAMIDAL, se
encontrará el fabuloso tesoro, que cambiará la historia de la Tierra.
Siempre se estudió a Keops dejando de lado a las otras dos pirámides, pero la maqueta
astronómica de nuestro sistema solar que representan las únicas maravillas de la
Humanidad que aún se conservan, necesitaba el estudio de las tres juntas.
Los constructores quisieron legar un tesoro que fuera revelado por la razón.
Conocedores de los ciclos destr-uctivos del planeta, esto . es un cambio brusco en la
posición ante el Sol y la salida de las aguas oceánicas en una enorme ola y que cualquier
construcción humana desaparecería llevada por las aguas; idearon las tres pirámides
planetas, con los exactos tamaños a los planetas que representan, sus exactos colores tal
como los ve el ojo humano a través del telescopio y a nuestra tierra como la moderna
astronáutica y sus fotos nos ofrece cotidianamente, y también las exactas órbitas y
distancias en escala llevadas del plano astronómico al geográfico.

Así tenemos que:

KEOPS ES LA TIERRA
KEFREN ES VENUS
MICERINO ES MERCURIO

Lo único que falta en esta maqueta astronómico es su centro, o sea el mismísirno SOL.
La escala la dan las piránúdes entre sí, por eso es que partiendo desde KEOPS hacia el
Sur, siguiendo por el meridiano que corta a la pirámide que los antiguos elipcios
llamaban EL PLAN DE LA ARMONIA DIVINA y dirigiéndonos 1470 metros (la
distancia Tierra - Sol es de 147 millones de km.) nos encontramos sobre el fabuloso
tesoro de una Era anterior, cuando el Sahara era un enorme lago rodeado de vegetación.
Las pirámides son Mojones indestructibles. El hombre, destruyó su recubrimiento
óptico y fue molido por las canteras para los palacetes de El Cairo. De lo contrario
podríamos apreciar su belleza.

La órbita Tierra-Venus es de aprox. 40 millones de Km.

La distancia Keops Kefren es de 400 metros.

U distancia Kefren Micerino es de 500 metros.

La distancia Venus-Mercurio es de 50 millones de Km.

Además de la entrada indicada anteriormente para hallar el tesoro, se encuentra otra que
comunica con las otras pirámides y el tesoro. La misma se encuentra en la cara Norte a
la
altura del actual OJO DEL HORIZONTE por donde se ingresaba durante los ritos
iniciáticos, exactamente en la fila 1 7 pero 7,35 metros de la línea del meridiano hacia el
Oeste, con lo que nos queda un rostro bien definido. Retirando las piedras que ocultan
esta verdadera entrada a la galería, ge mela de la que se conoce en la actualidad y visita
al turista, ya que las galería y cámaras que conocemos son falsas, fueron selladas al
mismo momento que se las construyó y esto de doble cámara es común en los egipcios,
ya que tenían todo doble: doble esposa, doble trono, doble imperio, etc. retirando,
repito, las piedras descubrirnos el sendero, las galerías que nos llevarán al más allá, que
nos llevará a conocer que los constructores vivían en la Antártida que no es otra cosa
que la mitológico Atlántida, cuando la Tierra enfrentaba al Sol con lo que es hoy el
continente helado. En aquella época era un clima tropical y se desarrolló una
civilización del Espíritu, las pruebas son diversas: Cada vez más las expediciones a la
Antártida descubren vegetación tropical bajo los hielos, vegetación tropical gigante en
nuestra pata gonia (hoy petrificada en Chubut y Santa Cruz). Además y para un rechazo
total de que la Atlántida estaba en el Atlántico con sólo recortar los continentes Europeo
y Americano y de igaul forma a un rompecabezas, uniendo sus partes no falta ninguna
isla o continente.

El tesoro nos llevará -a conocer las leyes de los ciclos biológicos, nos llevará a conocer
la energía magnética que circula en el Cosmos y en nuestro planeta y no sabemos
utilizar, como la que utilizan las naves tipo plato volador. Conoceremos que los platos
voladores, no son extraterrestres, sino guardianes casi inmortales que nos vigilan y que
descienden de los constructores piramidales.
Sabremos también que la Torre de Babel no es otra cosa que KEOPS, que el pueblo y
las razas que huyeron hacia el nuevo Ecuador la construyeron con amor y no como
esclavos, como un legado religioso, que hablaban el mismo idioma espiritual.
Sabremos también que la Montaña de Dios de Moisés no es otra cosa que KEOPS,
etcétera, etcétera.

El complejo piramidal de Gizeh, aguarda aún a los hombres que ingresarán al pasado
remoto y que transformará la mente y el espíritu y terminará con la civflizaicón de los
Caínes, para que Abel y el Bien se restablecido en nuestra Tierra.

El Tetragrama inscripto en el "Ojo del horizonte" de Keops corresponde a la


Identificación de nuestro sistema solar y al simbolIsmo cuaternario de la Natura cza de
acuerdo a la escritura del Gran Arquitecto

MISTERIOS DE ELEUSIS :

Oriundos de Atenas, donde tenían su único santuario situado a poco más de veinte
kilómetros de su recinto urbano, se tiene noticia de los cultos eleusinos al menos desde
el siglo VII a.C. Pisistrato (560-527) hizo levantar su sede más emblemática, que fue
destruida por los persas, y Pericles encargó la reconstrucción de su templo, el
Telesterión, a Ictinio, el mismo arquitecto que erigió el prodigio del Partenón. Este lugar
profundamente sagrado se mantuvo siempre abierto a la devoción de todos los pueblos,
con excepción de los enemigos naturales de Grecia, los persas, hasta los tiempos del
emperador Justiniano, en que lo devastaron definitivamente los godos arrianos de
Alarico en el año 396. Aún así, con el santuario derruido, todavía se tiene noticia de que
el filósofo gnóstico Sinesio se hizo iniciar en sus misterios cien años despues.
De esa sede sagrada escribiría Arístides: "Eleusis es el santuario común a toda la Tierra;
entre las cosas divinas concedidas para los hombres no hay una sola más grandiosa ni
más brillante. ¿Dónde han sido cantados mitos más admirables, Aunque ni dramas más
importantes han embargado a los espíritus?
¿Dónde se ha visto el espectáculo rivalizar más felizmente con las palabras oídas, ni ser
contempladas escenas tan admirables, en medio de apariciones indecibles por
incontables generaciones de hombres bienaventurados?".
Ninguna devoción como la despertada por Eleusis prendió tan profundamente en el
núcleo de la cultura clásica. Ningún otro conocimiento marcó de forma más indeleble el
espíritu de la antiguedad. Ninguna esperanza creó doctrinas esotericas más firmes y
serenas que aquella transmisión misteriosa
y esencialmente secreta de evidencias salvadoras que acompañó a los mensajes emitidos
por el centro de poder espiritual más respetado y venerado de cuantos surgieron por
tierras del mundo mediterráneo. Ningún culto se enfrentó a los mitos olímpicos con más
fuerza y mayor fe que el que se revelaba en los Grandes Misterios que tenían lugar en el
Telesterión. Aquel fervor sólo podía deberse a una realidad más allá de la fe: la de un
conocimiento transmitido con tanta fuerza como para afirmar sin lugar a dudas en el
espiritu de sus adeptos la Realidad desconocida de un universo de certezas que los mitos
y los símbolos de

Roma, nían al alcance de quienes se

tregaban a la magnitud de su misterio, por encima de cualquier racionalidad. Para


penetrar en el misterio de los cultos eleusinos, tendremos que asumir que todo el mito
simbólico que los rodeó tiene como protagonista central a Démeter, personificación de
la Magna Mater originaria que marcó las creencias ancestrales de la humanidad.
Démeter no descendía de ninguna divinidad nacional, como podría ser el caso de Zeus
en la Hélade, y su culto surgió aquí con este nombre del mismo modo que apareciera
con los más diversos apelativos en todas las culturas primitivas del planeta, en tanto que
divinidad planetaria y telúrica a la vez, en contacto asiduo con el ser humano,
generadora y conservadora de todas los aspectos de la vida: Gaia.
Un himno homérico del siglo V, dedicado a la diosa y a sus misterios, cuenta que su hija
Core -o Perséfone-, a quien encargara la enseñanza del arte agrícola a los humanos, fue
raptada por Plutón y conducida al mundo de las profundidades del Hades, donde el
hermano de Zeus la hizo su esposa.
Desesperada Démeter por esta pérdida, decidió no regresar a los cielos, sino que
comenzó a vagar por el mundo hasta llegar a Eleusis, donde, sin ser reconocida,
permaneció sentada junto al Pozo de las Vírgenes. Los reyes de aquel lugar la invitaron
a convertirse en nodriza de Demofón, su hijo recién nacido. La diosa aceptó, cuidó del
infante y, viéndole como a un hijo, trató de transmitirle la inmortalidad y hacer que
fuera eternamente joven, lo mismo que los dioses. Para ello, cada noche lo pasaba en
secreto sobre las llamas, sin que nadie se percatase. Hasta que la madre, Metanira,
descubrió aquel rito y, creyendo que la nodriza pretendía quemar al niño, se lo arrebató
violentamente, rompiendo el hechizo. Démeter se descubrió entonces a si misma como
la gran diosa que era y, rodeada de una luz cegadora, reclamó que se le construyera en
aquella ciudad "un templo con un altar debajo", donde ella misma transmitiría su
sabiduriz a los humanos. Esta transmisión del conocimiento superior fue la que ordenó
el ritmo y la naturaleza de los rituales mistéricos reservados a los iniciados y que tenían
lugar lejos de la curiosidad de quienes se conformaban con ser devotos fieles de la
Madre primigenia.
Sigue contando el mito que, cuando el templo estuvo terminado, la diosa se refugió en
su interior, sin más pensamiento que recuperar a su hija perdida y abandonando a los
seres humanos a su propia ignorancia. Por esta actitud, la tierra comenzó a secarse, sin
que ningún ruego valiera para hacerla volver a su actividad. Zeus, atisbando el desastre
-reconociendo, pues, la superioridad de la Gran Diosa-, pidió a Plutón que devolviera a
su esposa y éste accedió al fin, pero antes de hacerlo le introdujo en la boca un grano de
granada, lo que significaba que Coré nunca podría abandonar el Hades y tendría que
regresar con su esposo cuatro meses al año, mientras los ocho restantes permaneceria
junto a su madre. Démeter aceptó esta condición, regresó a sus cielos y la tierra volvió a
ser fértil y a dar frutos. Pero antes de marchar, reveló a los primeros iniciados de su
culto, Triptolemo, Diocles, Eumolpo y Keleo, "los ritos gloriosos que no pueden ser
transgredidos, penetrados ni divulgados, pues el temor a las diosas es tan poderoso que
acalla la voz". Así explica el himno la fundación de los Misterios. Ellos fueron sus
primeros adeptos y Triptolemo fue considerado el primer hierofante de aquellos cultos;
montado en un carro de fuego tirado por serpientes (recordemos la naturaleza simbólica
de la serpiente como energía emanada de la tierra), recorrió incansablemente el mundo
para enseñar a los mortales la agricultura y fomentar la devoción por la gran diosa que
aguardaba en el templo de Eleusis.

Una fiesta para los iniciados

La historia de Demofón y el fracaso sufrido por Démeter al pretender hacerle inmortal


es, en el mito sagrado, el trasunto de ese error divino que surge en tantas creencias y que
explica simbólicamente por qué el ser humano nunca pudo alcanzar la inmortalidad a la
que estaba destinado, pero que cabe aún enseñarle el camino oculto para alcanzarla y
salvarse de la muerte. Ese fue el núcleo rector de los Misterios, en los que, según se
desprende de los escritos que nos han llegado sobre su naturaleza, los iniciados no
lograban acceder a la inmortalidad, pero se les mostraba la imagen de lo que esa
inmortalidad podría llegar a ser si obraban conforme a las enseñanzas que la iniciación
les transmitía.
Este gran misterio, cuyo secreto consiguieron guardar tan celosamente quienes se
sometieron a los ritos sagrados de Eleusis, era la gran esperanza en pos de la cual
acudían al santuario miles y miles de adeptos en las grandes fiestas que se celebraban
anualmente en dos ocasiones, llamadas respectivamente los Pequeños y los Grandes
Misterios. En ambos casos, todo comenzaba a desarrollarse con una peregrinación
masiva desde Atenas al santuario, pasando los peregrinos por lugares clave que les iban
descubriendo los motivos más profundos del culto: el bosquecillo de laureles
consagrado a Apolo (hoy se levanta allí un monasterio ortodoxo), el puente sagrado, las
ciénagas que anunciaban la entrada al Averno y el paso junto a los campos de gramíneas
de la llanura Rariana. Todo en el camino despertaba en los iniciados la memoria del
mito que revivían paso a paso. En los misterios menores, celebrados durante la
primavera, se rememoraba la larga marcha solitaria de Démeter en busca de su hija
perdida y su desarrollo era más bien una memoria de la tristeza de la diosa y una
comunión de los creyentes con su dolor y con la tragedia que representaba para la vida
de la Tierra.
Los Misterios Mayores se celebraban en el mes de septiembre y comenzaban el día 14
con la misma procesión peregrina de los fieles desde Atenas a Eleusis, precedidos por
los mystai (los hombres pelados), que eran los iniciados encargados del culto y de
enseñar a los peregrinos los pasos sagrados del mito y el significado inmediato de los
lugares sagrados por los que iban pasando a lo largo de un camino que se prolongaba
durante toda la jornada.
El día 16, tras el recogimiento de una jornada de descanso que sucedía a la larga
marcha, el rito que debían cumplir todos los fieles consistía en un baño litúrgico en las
aguas de la bahía de Eleusis, en la playa situada frente a la isla de Salamina. Durante el
día 17 se celebraban los sacrificios y los asistentes mantenían el ayuno, acompañado de
juegos deportivos en honor a la diosa. Y el día 18 tenía lugar un ágape en el cual el
consumo de bebidas psicotrópicas introducía a los asistentes en un estado alterado de
conciencia que, como en un drama alucinado desarrollado en su propio interior, les
ponía en contacto con otros esquemas absolutamente diferentes de los que constituían la
experiencia cotidiana. Este primer grado iniciático, al que tenían acceso muchos
adeptos, se completaba con la llegada, el 19, de una comitiva de jóvenes que venían de
Atenas durante la noche, alumbrándose con antorchas y portadores de una imagen del
dios Yacco (hijo de Démeter y Zeus), que se unía a las celebraciones eleusinas
añadiéndoles características propias de las bacanales dionisiacas, en las que participaban
todos los asistentes.
Finalmente, a partir del día 20, ya lejos de la asistencia masiva de los celebrantes, tenían
lugar las reuniones secretas de los iniciados. En ellas, los mystai eran invitados a
acceder al grado de epáptai, ("los hombres que han visto"), dirigidos por las enseñanzas
de los hierofantes, llamados así porque se les consideraba "reveladores de lo sagrado".
Lo que tenía lugar en estas reuniones, sumamente restringidas, fue tomado durante
mucho tiempo por primitivas representaciones dramáticas en las que iniciados de los
grados superiores asumirían los papeles de los personajes sagrados del mito y aclararían
su significado ante el resto de los adeptos. Sin embargo, si se leen cuidadosamente los
escritos que revelan lo que sucedía en aquellos rituales, puede llegarse a la conclusión
de que, más que de funciones dramáticas, se trataba de visiones provocadas por
auténticas alteraciones místicas de la conciencia debidas a la ingesta de sustancias
alucinógenas que se invitaba a consumir a los elegidos.

La bebida sagrada

Desde que los estudiosos comenzaron a penetrar en el significado que pudieron tener los
Misterios eleusinos, se tuvo conciencia de que los ritos iniciáticos que en ellos tenían
lugar se ayudaban de algún tipo de bebida o de comida a la que se añadían componentes
psicotrópicos de un tipo más o menos parecido al haoma de los cultos mitríacos.
Finalmente, la aparición de numerosas referencias, siempre discretas, a los alimentos
que se consumían en los ágapes, llevaron a la conclusión de que esta sustancia procedía
de un minúsculo hongo alucinógeno que se desarrolla en las espigas del trigo y del
centeno, el cornezuelo que, consumido en cantidades no controladas, es el responsable
de las epidemias que tan corrientes fueron en la Edad Media y que se conocieron como
el fuego de San Antón. El descubrimiento científico que ha llevado a esta conclusión es
relativamente reciente, porque, al igual que sucede con muchas otras clases de hongos
considerados popularmente como venenosos, el efecto de su veneno depende en gran
medida de la cantidad que se consuma. En este sentido, cabe suponer que los hierofantes
de los Misterios eleusinos conocían perfectamente estos efectos, pues eran ellos los que,
al parecer, preparaban las pócimas que se bebían y hasta los panecillos sagrados que se
consumían en aquellos ágapes, tal y como hoy los chamanes centroamericanos cuidan
de quienes acuden a ellos para experimentar los estados alterados de conciencia que
producen sus plantas enteógenas. Así, aquellas sustancias estaban en condiciones de
transportar a los neófitos a la comprensión de las verdades trascendentes que se les
transmitían o que se les habían sugerido a través del nuto. Lo curioso de estas sustancias
es que en nuestra Edad Media, precisamente cuando comenzó a expandirse el llamado
Fuego de San Anton por toda Europa como epidemia mortal, se constituyó una orden
monástica, la de los antonianos, que estableció sus conventos por todo el mundo
cristiano y se erigió en protectora de los afectados por este mal. En España tuvieron
varios cenobios a lo largo del Camino Jacobeo y, entre ellos, se encontraba el de San
Antón de Castrojeriz, ubicado precisamente en la Tierra de Campos, que fue conocida
desde
tiempos romanos como el granero de la Península, porqué de ella salía casi todo el trigo
y el centeno que se consumía en la España cristiana. Los antonianos, una orden con
profundas implicaciones esotéricas, plantean aún hoy la incógnita de si trataron el
cornezuelo únicamente como sustancia venenosa que convenía combatir, o si llegaron a
experimentar con sus efectos psicotrópicos en sus capítulos secretos.

La travesía mística

Los testimonios de quienes pasaron por aquellas iniciaciones, a pesar del secreto en el
que lograron mantener sus experiencias, dejan entrever los efectos de las drogas
alucinógenas que allí se consumían. Todos coinciden en sus parcas explicaciones
diciendo que alcanzaban la visión de algo sublime y que, quien llegaba a percibirlo, se
convertía en epopte o iniciado superior. Igualmente coinciden en las descripciones de
tales experiencias diciendo que no se trataba de tener visiones de personajes palpables,
sino de phasmata, es decir, de figuras fantasmagóricas que, como iniciados, debían
interpretar de acuerdo con las enseñanzas que recibian.
También cuentan que a las visiones acompañaban otros síntomas físicos muy concretos,
tales como temblores, mareos, náuseas, escalofríos y profundas alteraciones de la
visión, lo que coincide con las experiencias relatadas por quienes se han sometido a la
ingestión experimental de este tipo de sustancias enteógenas. En este caso, a la
prohibición de relatar la visión fantasmagórica se unía su radical incomunicabilidad a la
hora de describir la naturaleza de la experiencia en la que se involucraban.
Y todavía nos encontramos con una anécdota muy sugerente,
pues citan los textos históricos que se produjo un gran escándalo en Atenas cuando,
contraviniendo pecaminosamente los preceptos emanados de Eleusis, que especificaban
que sólo en el Telesterión podían practicarse los ritos iniciáticos de los misterios, se
descubrió que un gran número de aristócratas habían comenzado a celebrar en sus
residencias tales ritos de manera privada. Las descripciones que nos han llegado del
proceso iniciático eleusino son oscuras, deliberadamente crípticas. Quienes las llevaron
a cabo en sus escritos eran conscientes de su obligación de guardar el secreto, por lo
que, lo mismo que sucedió con otras iniciaciones, todos se abstuvieron de ser explícitos
y las narraron recurriendo a imágenes que nunca sabremos si eran reales o sólo poéticas.
Si cabe interpretar, sin embargo, que tales iniciaciones se planteaban como una
auténtica sincronía del ser humano con el Cosmos, que se manifestaba a través de la
peregrinación espiritual a una isla simbólica, para llegar a la cual había que atravesar las
aguas en las que el neófito seria previamente lavado y purificado de todas las taras que
arrastraría de su experiencia cotidiana. En la isla, el adepto emprendía el ascenso a la
cumbre -como la subida mística al Monte Carmelo cantada por san Juan de la Cruz-, en
la que caminaría unos trechos solo y otros acompañado por los dioses de los Misterios,
con los que terminaría confundiéndose, convertido en parte integrante de la divinidad.
Iluminado por el Conocimiento, el iniciado regresaba al mundo. Y entonces, según
describe el gnóstico cristiano Sinesio, "los sacerdotes, con adornos en la cabeza y
tañendo flautas sagradas, venían a su encuentro".

MISTERIOS DE PASCUA,KARNAC,STONENGE Y ZIMBAWE :

NOS LLENA DE ORGULLO,PRESENTARTE EN EXCLUSIVO ESTE


TEXTO,COMPARTELO CON OTROS,SIN FINES DE LUCRO. (F.Ramirez-
GPO.TRABAJO ESOTERICO)

(* EXCLUSIVO LOS TRABAJOS DE ROGER MAY,PARA NUESTRO GRUPO.)

* LAS INSOLITAS ESTATUAS DE LA ISLA DE PASCUA :

TRES teorías que conciernen a cómo se poblaron las islas del Pacífico se han tornado
clásicas:

1. Fueron pobladas por hombres venidos del Asia.

2. Por hombres venidos de América.

3. En fin, una teoría mixta según la cual Indonesia habría sido poblada a la vez por el
oeste y por el este.

Desgraciadamente, no explican los gigantescos monolitos encontrados a menudo en el


Pacífico.

Entonces se buscó otra cosa y se encontró la historia del continente Mu. Haciendo vivir
en él a gigantes, todo se explica; pero esto sólo lo creen algunos soñadores, ya que los
demás prefieren no investigar el misterio.

Las más curiosas de esas enigmáticas estatuas son, sin duda, las de la isla de Pascua.
Las hay a decenas. Iluminadas por una luz crudísima, adquieren durante el día, con el
juego de las sombras, un relieve sobrecogedor que parece darles nueva vida y hacer de
ellas unas irónicas esfinges.

Este ejército de fantasmas surgido del pasado es único en el mundo ... Son doscientos
noventa y tres en un minúsculo islote triangular de ciento ochenta kilómetros cua-
drados.

La más pequeña tiene tres metros cincuenta centímetros. Llevaban densas barbas. Como
las estatuas de la isla, tenían la nariz recta y los labios delgados.
Se han encontrado, junto a varias estatuas inconclusas, todavía tendidas en el suelo, los
utensilios de los artistas. Son vulgares hachas de piedra. Esos hombres extraños ig-
noraban, pues, los metales. ¿Estaban ahí desde la edad de piedra, o bien vivían como en
la edad de piedra? Matiz y . misterio siempre.

En cuanto al sentido profundo de las estatuas pascuenses, se les pueden encontrar unas
diez. Monumentos funerarios (se han encontrado esqueletos a sus pies), homenaje
tributado a ídolos o a jefes... A menos que sus autores ha-yan emprendido esos trabajos
titánicos sólo con la esperanza de ver, una vez muertos, que su espíritu venía a habitar
su "doble" de piedra.

* UNA CIVILIZACION RECIENTEMENTE PERDIDA :

Hace sólo un siglo la civilización pascuense estaba intacta, con su rey, sus nobles y sus
sacerdotes. Pero desde mediados del siglo XVII, la escultura de los grandes ídolos de
piedra fue abandonada.

Cuando el almirante holandés Jacob Roggeveen descubrió la isla el domingo de Pascua


de 1722, ya había estatuas abandonadas, otras apenas esbozadas en la pared rocosa.

El taller de los artistas se hallaba. simplemente en el cráter del volcán Rano Rarakoa, en
el centro de la isla, donde aún se encontraban instrumentos abandonados. Se conjeturó
largamente la razón de una deserción tan brutal.

Una invasión de piratas peruanos, en diciembre de 1862, reveló los dramas de la isla de
Pascua. Ese año, cuatro mil habitantes fueron hechos prisioneros y, entre ellos, mil
fueron deportados a los yacimientos de guano del Perú, donde constituyeron una mano
de obra baratísima.

Fue la última invasión.

Unos veinte sobrevivieron y regresaron a la isla, portadores de microbios, e hicieron


brotar una epidemia.

Las hambrunas y las querellas intestinas terminaron de aniquilar rápida y


definitivamente la civilización pascuense. Casi la hemos visto morir. Pero el misterio de
su nacimiento permanece y sólo muy recientemente se han propuesto nuevas hipótesis.

Con su expedición de la "Kon-Tiki", Thor Neyerdahl ha demostrado muy poco acerca


de cómo se pobló Polinesia; pero hizo ver, no obstante, que la navegación era posible
con medios primitivos entre la América del Sur y las islas del Pacífico.

Podemos escoger, por lo tanto, entre una civilización venida de Melanesia, de Indonesia
o de América del Sur.

Los arqueólogos y los antropólogos parecen, por una vez, estar de acuerdo. La actual
hipótesis quiere que Polinesia, y luego la isla de Pascua hayan sido pobladas por
hombres venidos del sudeste asiático a través de Indonesia.

Hay, efectivamente, numerosas semejanzas entre los pueblos de Polinesia e Indonesia,


especialmente en el lenguaje. Esta migración hubo de efectuarse lentamente, en el
transcurso de siglos.

Se ha tratado de reconstituir las rutas seguidas por esta invasión lenta y duradera.

La rama inicial parte de Java-Sumatra y por Borneo, las Filipinas y las Carolinas, a
través de Micronesia, llega a las islas Marshall.

De allí, los audaces navegantes han ido hacia las islas Hawaii al norte, y hacia Samoa y
Tahití al sur. Luego, de Tahití han bajado algunos hacia Nueva Zelandia al sudoeste,
mientras otros han ido más al este, hacia las islas Tuamotu y la isla de Pascua. No
estamos seguros, por lo demás, de que algunos de ellos hayan ido más hacia el este

aún tratando de llegar a América del Sur. Si es así, Cristóbal bal Colón llegó atrasado.

¡Cuánta más sencillo sería todo si supiéramos traducir los jeroglíficos de la isla de
Pascua, grabados en tablillas de madera siempre más largas que anchas, y que alcanzan
a veces dimensiones respetables! Algunas tienen más de un metro cincuenta de largo.

Se trata de madera en que los pictogramas fueron grabados con dientes de tiburón o, a
veces, con cuchillos de obsidiana.

Un misionero europeo, el padre Eugenio Eyraud, queriendo evangelizar la isla, se creyó,


¡ay!, en la obligación de hacer quemar las tablillas. Parece, por lo demás, que hasta el
principio del siglo XVIII, al descubrir la isla los europeos, los autóctonos ignoraban esa
escritura.

En varias ocasiones, sin embargo, los insulares se va, nagloriaban de saber leer esas
inscripciones misteriosas.

* UNA ESCRITURA EXPULSA EL MISTERIO :

El primer obispo de Tahití, monseñor Jaussen, se inclinó sobre las extrañas tablillas de
madera cubiertas de dibujos y de signos.

Sólo los chantres pertenecientes a familias nobles o a la familia real parecían conocer el
sentido de esas tablillas. Eran los "rongorongos". Sólo ellos conocían las genealogías y
las tradiciones orales. Las enseñaban a discípulos escogidos, en cabañas especiales.

Monseñor Jaussen descubrió en Tahití a un antiguo alumno de los "rongorongos".


Creyó ganada la partida.

El hombre se llamaba Metoro. Era un mocetón recio. Había salido de la isla para
escapar de sus enemigos.

No se hizo de rogar, para "leer" las tablillas que le presentaron. El obispo, con emoción,
anotaba las preciosas palabras.

Pero pronto advirtió que no tenían sentido alguno; Metoro se contentaba casi siempre
con describir los signos y glosarlos a su modo.
Otros investigadores renovaron la experiencia. Los pascuenses interrogados dieron
versiones totalmente distintas de una misma tablilla. Era imposible, pues, confiar en
ellos.

Los últimos discípulos de los "rongorongos" se extinguieron y el secreto de la escritura


pascuense pareció para siempre perdida.

Especialistas como los profesores Hevesy y Heine-Geldem se obstinaron a pesar de


todo. El primero relacionó los caracteres con los encontrados en las tablillas de
Mohenjo-Daro en el Indus, que databan de tres mil años a. C. El segundo los comparó
con los de la escritura china antigua.

Es de preguntarse si los signos pascuenses eran una escritura y no simples dibujos, una
especie de procedimiento mnemotécnico.

Sólo a partir de 1953 empezaron a aclararse las cosas, con el antropólogo alemán
Thomas S. Barthel.

Reunió más de diez mil signos y los clasificó. Así halló centenares de signos diferentes.
Eran demasiado numerosos y, por lo tanto, no podían corresponder a un alfabeto, ni si-
quiera a sílabas. En tal caso, un centenar hubiese bastado.

Para Barthel no hubo la menor duda: cada signo representaba una palabra o bien una
idea.

Por suerte, encontró en el monasterio de Grottafenata, en Italia, la transcripción que el


obispo de Tahití juzgara -con mucha rapidez, al parecer- incoherente.

Barthel, por otra parte, conocía perfectamente las len-guas polinesias. Esto le prestó el
mayor de los servicios. Pudo establecer relaciones estrechas entre los signos por
descifrar y las lenguas polinesias habladas.

Y esto trajo dos certezas.

Los caracteres de las tablillas eran ideogramas, cada uno representando una idea. Una
flor, por ejemplo, figura-ba una mujer. Ya se ve que los pascuenses eran poetas ga-
lantes. Al leer esa escritura, Metoro no había engañado, pues, al obispo. Los signos eran
para él lo que debían ser, es decir, simples puntos de partida. Y, lógicamente, él les
añadía los matices del pensamiento.

Segunda certeza: la civilización pascuense provenía de la cultura polinesia.

Las tablillas han permitido establecer la genealogía de los reyes. El primer monarca de
la isla de Pascua se llama-ba Matahau.

Los arqueólogos piensan que la isla fue abordada ha-cia fines del siglo XIII de nuestra
era por polinesios veni-dos del oeste en embarcaciones sin remaches ni clavos, uni-das
las tablas únicamente por fibras de nuez de coco.
Su jefe, si se ha de creer a la leyenda, era un cierto Hotu-Matua. ¿Fue el primer rey
pascuense, o lo fue uno de sus descendientes? ¿Pero por qué dejó su país para lanzarse a
una aventura fantástica para la época: mil ochocientos kilómetros a través del Pacífico?

La respuesta a tal pregunta está aún en las leyendas polinesias. Durante unas luchas
intestinas, los jefes vencidos armaron un navío y huyeron en busca de nuevas tierras.
Era una manera como otra cualquiera de evitar la deshonra.

Barthel encontró en las tablillas de la isla de Pascua los nombres de ciertos dioses
polinesios y también el signo del árbol del pan.

El gran misterio de la isla de Pascua ya no existe.

¿ES CARNAC UN CALENDARIO DE PIEDRA?

EXISTEN en el mundo antiquísimas piedras, tan enormes como misteriosas, que desde
hace siglos intrigan a los hombres.

Es así cómo las famosas hileras de Carnac, en Bretaña, muy cerca de la bahía de
Quiberon, plantean aún a los especialistas en prehistoria problemas difíciles de resolver.

Carnac, parece haber sido en otro tiempo uno de los parajes santos de Europa
occidental, una especie de Lourdes de los antiguos tiempos a que los hombres
prehistóricos acudían en peregrinación desde muy lejos.

Se encuentran allí vestigios de épocas que se extienden por milenios y que van del
paleolítico más remoto a la edad de hierro, que justamente precedió el período histórico.

Del fin del paleolítico datan dos necrópolis situadas en las islas de Téviec y de Hoedic.
La primera contenía veintidós esqueletos espolvoreados de ocre amarillo y rojo; la
segunda, trece. Armas, utensilios y vestimentas variadas ha-bían sido colocados junto a
los muertos, y en algunos de ellos -sin duda, sacerdotes o jefes- se encontraron cuernos
de ciervos.

Esos hombres eran de talla pequeña, pues su estatura casi nunca superaba el metro
cincuenta y cinco. Eran cazadores y pescadores, y bien puede ser que los trofeos
(cornamentas de ciervos) colocados sobre ciertos muertos designaban solamente a los
mejores cazadores.

Gracias a estas necrópolis y a los objetos en ellas contenidos se tiene bastante buena
información acerca de la vida privada de esos hombres. Los numerosos collares y

brazaletes de conchas y de dientes de ciervos o jabalíes hablan claro de la coquetería de


las mujeres.

De su religión nada se sabe. El hecho que se hayan encontrado armas con utensilio junto
a los esqueletos deja suponer la creencia en otro mundo. Simple conjetura.

De la posición de los esqueletos nada se puede deducir. Si algunos están sentados,


adosados a la pared del foso, otros están, al contrario, recostados en el suelo, ya de
espaldas, ya de bruces.

Los menhires -la palabra significa, en bretón, "piedra larga"-, esas gigantescas piedras
erguidas hacia el cielo, no aparecen sino después, en tiempos de la piedra puli-mentada.
Tienen por lo general de cinco a siete metros de alto. Los hay hechos trizas y que
sobrepasaban los veinte metros y pesaban más de trescientos mil kilos.

Generalmente se hallan en banda. Cuando están aislados, muy a menudo se encuentran


junto a un montículo que contenía varias sepulturas. A veces se levantan sobre el
montículo. Señalaban desde lejos el lugar de sepultura a los que traían las osamentas de
sus muertos al refugio consagrado. Pero también podían servir de límites, de hitos in-
dicadores de yacimientos de agua, de santuarios, o de listas catastrales. El misterio
está.intocado.

Hacia fines del neolítico, esa edad de la piedra pulimentada que vio erguirse tantos
menhires, aparecieron los dolmenes, otro nombre bretón que significa: "mesa de pie-
dra".

Esos dolmenes son simplemente sepulturas. Bloques de piedra colocados verticalmente


sostienen una o varias losas.

Eso forma una pieza a modo de cámara mortuoria y a la que se entra ya directamente, ya
por una galería formada tam-bién de piedras verticales que soportan un techo de losas.

Los más antiguos de estos monumentos funerarios, de una extremada simplicidad, están
recubiertos de tierra.

En el interior de los dolmenes se han encontrado objetos familiares, como vasos,


almiares, hachas, raspadores, colgajos...

Subsisten también rastros de raras aldeas o campos en que esas poblaciones debían
refugiarse cuando surgía algún peligro, especialmente invasores venidos ya del norte o
del este de Europa. Allí, al amparo de un doble talud, la vida proseguía inquietamente.

Esos campos, u "oppida", eran muy vastos. Uno de ellos, casi intacto, está situado a
orillas del río bretón Crach. Se extendía unos treinta y tres mil metros cuadrados y podía
contener varios centenares de hogares.

A la edad de la piedra tallada, luego de la piedra pulimentada, sucedió la edad de los


metales. El primer metal conocido fue el oro, que por su aspecto brillante atrajo la
atención del hombre. Carente de dureza, se reservó para adorno, y le sucedió el cobre,
más resistente. El hombre ad-virtió que mezclándolo con el estaño se formaba un metal
más maleable, el bronce. Con él hizo adornos, pero también hachas, puñales, corazas.

* EL MISTERIO DE LAS CUATRO MIL PIEDRAS DE CARNAC :

En la edad de los metales comienza verdaderamente el misterio de Carnac.

Los menhires, hasta entonces aislados, se juntan para formar un vasto recinto circular, o
semicircular, o bien un cuadrilátero, o, a veces, líneas de varios kilómetros.
En,Carnac, precisamente, más de cuatro mil monolitos erguidos hacia el cielo forman
seis hileras considerables, junto a otros mucho menos importantes. ,

Estas hileras no están constituidas por una línea única, sino por varias líneas paralelas
-generalmente diez, once o trece- y cada una cuenta con unos mil menhires.

El campo de Ménec contiene mil noventa y nueve menhires repartidos en once líneas, y
el campo de Kermario, novecientos ochenta y dos menhires repartidos en diez líneas.
Otros campos, en cambio, no agrupan sino algunas decenas de menhires.

En Carnac, los tres campos de Ménec, de Kermario y el más pequeño de Kerlascan no


están separados sino por dis-tancias que nunca van más allá de los cuatrocientos metros.
Lo que es como decir que se siguen. Y como otros campos menores son la prolongación
del de Ménec, uno se pregunta si no se está en presencia del más fantástico conjunto
lítico de la prehistoria, ya que se extendería alrededor de ocho kilómetros.

En algunos campos, las filas paralelas de menhires llegan a un vasto hemiciclo. Es así
cómo los quinientos cuarenta menhires del campo de Kerlascan, formados en trece
líneas, terminan en una agrupación semicircular de treinta y nueve menhires.

Uno no sabe a qué atenerse acerca del destino de esos monumentos. Si es casi seguro
que los dolmenes eran sepul-turas, reina el mayor misterio sobre el sentido que puede
darse a tales hileras.

Su orientación no parece deberse a un puro azar. Se realiza según ciertos azimuts que
corresponden a venidas y puestas de sol en el momento de los equinoccios (21 de marzo
y 23 de septiembre: los días son iguales a las noches, encontrándose ambos polos de la
Tierra a una igual distancia del Sol) y de los solsticios (21 de junio y 21 de

diciembre: el Sol se halla entonces a su mayor distancia del Ecuador).

Los hombres del neolítico (principio de la edad de los metales) no sólo habrían, pues,
advertido la sucesión regular de las estaciones, sino conocido, además, su duración.

¿No serían, pues, las hileras de Carnac sino un inmenso calendario de piedra?

Esta hipótesis tiene sus partidarios, como asimismo sus adversarios numerosos.

Bien puede ser que el papel de "calendario de las estaciones" desempeñado por las
piedras de Carnac sea secundario, no constituyendo éstas, ante todo, sino un
monumento religioso. Y los ritos sagrados, las ofrendas a los dioses habrían podido
desarrollarse en las fechas indicadas por esas hileras de piedra.

Esas fechas no son únicamente las que indican el comienzo de las estaciones. Otras
corrísponden a nacimientos intermedios entre los equinoccios y los solsticios, o sea el

8 de noviembre, el 4 de febrero, el 6 de mayo y el 8 de agosto.

Se llega a pensar, por consiguiente, sea cual fuere el fin esencial del monumento, que
posee relaciones estrechas con una astronomía precisa. ¿Basta esto para establecer un
vínculo con una religión de culto solar?

Otros problemas se plantean. En esa época seguían los hombres levantando dolmenes,
pero mientras que en el neolítico las piedras sólo excepcionalmente tenían escultu-ras,
como las serpientes erguidas del menhir de Manio, cer-ca de Carnac, éstas estaban
grabadas ahora con numerosas figuras.

Habría que saber descifrar esos signos grabados en los monumentos megalíticos. ¡Ay!,
no lo sabemos. Casi siempre, la percusión se hizo con instrumentos de cuarzo. Los
signos son casi siempre simples. ¿Se deben únicamente a la inspiración de los artistas o
son símbolos representativos de objetos que siempre ignoraremos?

Para que se comprenda la dificultad de su interpretación, he aquí dos dibujos hechos en


la misma piedra, en la región de Carnac.

No puede tratarse de una escritura a la manera de los jeroglíficos egipcios. ¿Se trata de
una decoración? Quizás... Si es así, parece estar en directa relación con ritos religiosos
que desconocemos.

Ciertos especialistas de la prehistoria han creído ver en ellos traducciones concretas de


ideas y estos signos grabados en los dolmenes contarían, simplemente, la vida del
difunto. Acaso sea posible. Pero como se trataba de un pueblo de cazadores y
pescadores, podríamos esperar formas elementales de peces o de pájaros, y no las
encontramos.

En algunas piedras, dibujos geométricos ocupan a menudo el vacío entre los símbolos,
lo que parecería confirmar la finalidad sagrada de tales signos. Su estilo, por lo demás,
evolucionó en el curso de los siglos, recibiendo a ratos influjos extranjeros.

Los animales, más que las plantas, inspiraron a los artistas de ese tiempo. La línea
ondulada de la serpiente se encuentra a menudo, como el buey, domesticado desde hacía
tiempo.

Existe la "querella del pulpo Para algunos son cefalópodos los que pueblan las paredes
lisas de piedra de Loc mariaker. Para otros, se trataría sencillamente del símbolo de un
hombre entero.

Con los bueyes, las serpientes y numerosas figuraciones geométricas variadísimas, los
únicos signos que no se prestan a confusión son hachas con mango o sin él, carros más
que rudimentarios, representaciones del Sol con sus rayos.

Felizmente se encontraron en los dolmenes de esa época numerosos objetos de


cerámica, vasos decorados con motivos geométricos, objetos de piedra (flechas,
raspadores, hachas, etc.... ), armas de cobre y alhajas de oro martillado.

* CORCEGA TIENE ESTATUAS-MENHIRES :

Existen otros megalitos en Córcega y Cerdeña. El gran público los ignora y sólo desde
hace poco han comenzado a estudiarlos los especialistas.
Como en Bretaña, Córcega tiene menhires en hileras, aunque de menor importancia, es
cierto. La mayoría de las piedras está más o menos hundida en el suelo.

Son casi siempre estatuas-menhires, cuya cima es una cabeza groseramente esculpida,
pero en la que se distinguen nítidamente el cuello, los ojos, la nariz, la boca. Tienen po-
co más de dos metros de alto y alrededor de medio metro de ancho.

Se cuentan en total unas cuarenta, repartidas en diversos puntos de la isla, la mitad de


ellas agrupadas en el valle de Taravo, al norte de Sartene, a sólo unos kilómetros de la
costa, cerca del villorrio de Filitosa. Es curioso que en algunas de estas estatuas de
granito haya armas, puñales o espadas esculpidos.

Roger Grosjean, que en 1955-1956 dirigió las excava-ciones en el valle de Taravo,


reveló un lugar prehistórico y descubrió en un túmulo un altar todavía lleno de cenizas y
materias orgánicas calcinadas. Allí, sobre esta superficie de arcilla cocida, sostenida por
un muro de piedras secas, los escultores de las estatuas corsas incineraban a sus
muertos.

¿De cuánto datan las piedras corsas esculpidas? Es imposible decirlo con precisión.
Pero, sin duda, son de comienzos del segundo milenio antes de Cristo, como los templos
prehistóricos de Malta y las tumbas megalíticas -tumbas de los gigantes- de Cerdeña.

Existen monumentos megalíticos desde España e Italia hasta Dinamarca y Suecia. Hay
un vínculo evidente entre ellos. Los más gastados, por lo tanto los más antiguos, se
encuentran en Europa meridional, mientras que los más recientes se hallan en
Escandinavia.

Córcega, pues, parece adquirir naturalmente su sitio en esta cadena de influencias que
lleva del Mediterráneo oriental hacia las gigantescas hileras de Carnac o del sur de
Inglaterra.

El contagio de una civilización marina es casi evidente. Se ha propagado más y más con
los siglos. No se sabría, ciertamente, fijar los límites exactos de ese movimiento; pero se
le puede seguir su huella, como se podrá poco después seguir la ruta del bronce que,
partida a comienzos del tercer milenio antes de nuestra era del Medio Oriente, puso
cerca de mil años en llegar a Galia, y casi dos veces más en llegar a los países
escandinavos.

¿Un pueblo mediterráneo habría subido hacia el norte durante el tercer milenio antes de
Cristo? Si la respuesta es afirmativa, ¿cuál?

Las hachas grabadas en los bloques de Stonehenge se parecen extrañamente a las armas
cretenses arcaicas de la civilización minoana. Lo mismo ocurre con las armas esculpidas
en el granito corso.

Se ha lanzado una gran hipótesis: los cretenses,navegantes infatigables, ¿habrían traído


consigo las piedras de Stonehenge?

Esta tesis es difícil de sostener.


Se piensa, en efecto, que la rioleta azul de Stonehenge viene de las canteras del monte
Preseley, del País de Gales, a más de doscientos kilómetros de ahí; y la greda, de las
colinas de Marlborough, sesenta kilómetros más al norte. ¿Cómo se transportaron
bloques que pesaban hasta ocho mil kilos?

En la escala planetaria se hace una comprobación aún más turbadora. No sólo se


encuentran dolmenes en la Europa del Norte, en España, Córcega, Cerdeña, sino
también en el Medio Oriente -en Palestina y Jordania-, como asimismo en la India y
hasta en las islas de los mares del Sur.

Podría preguntarse, entonces, si en tiempos de la piedra pulimentada una gran migración


humana se habría producido de Indonesia hacia el norte de Europa.

Otro misterio...

* LAS PIEDRAS MISTERIOSAS DE STONEHENGE :

PIEDRAS tan misteriosas como las de Carnac y aún más colosales son las de
Stonehenge, que se levantan en Inglaterra, en el llano de Salisbury.

Se trata de un gigantesco crónlech, es decir, de un círculo de piedras erguidas, o mejor,


de varios círculos concéntricos que rodean una ancha piedra lisa, sin duda un al-tar dé
sacrificio.

Los tres primeros círculos del interior no están completos. Las piedras de riolita
azuladas o de gres son bajas y están dispuestas en herradura. La herradura intermedia
tiene dólmenes de gres elevadísimos, que hacen las veces de puertas monumentales.

Luego está el círculo exterior, en parte hoy arruinado. Se trata de enormes bloques de
gres erguidos, que soportan otros bloques paralelepípedos colocados horizontalmente de
manera que forman un pórtico circular continuo. Cinco arcos de ese pórtico están hoy
intactos.

Alrededor, otros círculos, pero formados ahora de fosos, entre los cuales se encuentra un
círculo de piedras que apenas asoman del suelo.

De creerle a la leyenda, sería el mago Merlín quien habría transportado esas piedras
desde Irlanda hasta Stonehenge .. por los aires.

Se sabe de modo más o menos cierto en qué fecha se terminó el recinto de Stonehenge.
Esto no debe sorprendernos, pues gracias al carbono 14 -verdadero calendario atómico
para remontarse en el tiempo se puede encontrar fácilmente la edad, no de una piedra,
sino de restos orgánicos como maderas, huesos, etc... .

Por suerte, al pie de una de las enormes piedras erguidas de Stonehenge se han
encontrado algunos restos de madera fosilizada, a los que el fuego no consumió del
todo. Esa madera, con una proximidad de cincuenta años, databa de 1850 a. C.; así,
pues, de comienzos del segundo milenio anterior a nuestra era.
Cosa curiosa: sin ayuda del átomo, el astrónomo inglés Norman. Lockyer encontró la
misma fecha, suponiendo que el conjunto de Stonehenge había sido orientado hacia el
punto en que el Sol se alza en su solsticio de verano.

Estas piedras erguidas hace cerca de cuatro mil años entregan, pues, parte de su secreto.
Se encontraron grabadas en ellas algunas docenas de hachas y puñales de un tipo de la
edad de bronce, que corresponden más o menos a la misma época, en el sur de
Inglaterra.

En la misma llanura de Salisbury se hallaron varias tumbas de la misma época. Y es de


preguntarse si los hombres que ahí dormían su postrer sueño no fueron sacrificados en
la piedra central del monumento.

Ciertamente que Stonehenge debía ser un paraje sagrado. ¿Pero a qué divinidad se había
consagrado el conjunto? Si el astrónomo británico Lockyer tiene razón, se trata de un
templo solar.

En otras partes del globo existen monumentos primitivos erigidos para gloria del astro
hecho dios. Recordemos la puerta de Tiahuanaco (1). ¿Habría un vínculo entre todos
esos constructores? Misterio ... Si la respuesta es afirmativa, ¿dónde buscar el punto de
partida común de todas esas civilizaciones? ¿En algún continente desaparecido (si lo
hay) o en otra parte? Acaso, simplemente, en el Oriente; y se ha dicho que algunos
navegantes partidos de esa región habrían descubierto América milenios antes de
Cristóbal Colón. Ya volveremos sobre esto.

Pero aunque las civilizaciones no hayan tenido una cuna única, es natural que los
hombres de la edad de piedra, en diversos puntos del globo, creyendo en la
supervivencia, en un "más allá" (los accesorios encontrados junto a esqueletos de la
época parecen probarlo), hayan sentido la necesidad de un Ser Supremo, acogedor de
las almas de los difuntos.

En la edad de piedra, el hombre no osaba o no sabía representar la imagen de ese Ser


Supremo; pero en la edad de bronce los atributos del Sol comienzan a aparecer, como
esa rueda del menhir del Montecito, en Bretaña, con sus dieciocho rayos rectilíneos.

El culto solar se celebraba en las fiestas de los solsticios con ceremonias al aire libre o
en recintos consagrados, como en Stonehenge o en Carnac. Se pueden imaginar, en
medio de esos decorados grandiosos, las solemnes procesiones de los sacerdotes que
llevaban sobre los hombros pequeños carros de bronce, símbolos del carro solar.

¿Ha entregado Stonehenge todos sus secretos? No, sin duda.

¿Fue construido por una sola generación o fue engrandecido poco a poco durante los
siglos?

1) Leer del autor: "Cinco mil siglos de misterios" (Edition La Palatine) .

Nada sabemos; pero la segunda hipótesis prevalece por lo general. La disputa de los
sabios comienza en cuanto se trata de precisar la parte más antigua del monumento.
Se cree -al menos de parte de la mayoría de los especialistas- que el primer Stonehenge
se limitó al círculo irregular de piedras a flor de tierra, colocado más allá del

gran pórtico circular.

El resto sería posterior en dos o tres siglos,. acaso menos, y habríase construido en dos
etapas. La parte más reciente estaría constituida por el gran pórtico circular y por las
"puertas" de gres situadas en el interior y dispuestas como herradura. Las hachas
grabadas son de esta última época.

Esas etapas en la construcción del monumento explicarían las diferencias en la


naturaleza de las rocas. Cuanto está en riolita azul sería parte del segundo Stonehenge.

* LAS CURIOSAS RUINAS DE ZIMBABWE :

CUANDO el explorador Adam Renders descubrió en 1868 otra "ciudad perdida" del
Africa austral, al norte de Limpopo, en Rhodesia del Sur, no se le creyó en seguida.

Sin embargo, fue necesario aceptar la evidencia: las ruinas de Zimbabwe (se dice
también Zimbaue) existían. Se hallaban en lo alto de una pequeña colina, sin que se
hubiera de temer la sepultación bajo las arenas.

Son las ruinas de una fortaleza gigantesca imposible de datar. Los espesos muros de
varios metros están formados de enormes bloques de granito reunidos sin la menor
huella de cemento. Las murallas han resistido a los milenios y algunas tienen todavía de
ocho a diez metros de altura.

El primero que habló de Zimbabwe fue el portugués De Goes, en el siglo XVI. Los
indígenas le habían contado que una gran fortaleza hecha de pesadas piedras se erguía
en el corazón de la zona. Le agregaron que no era la única y que todas esas "ciudades"
habían sido construidas hacía muchos siglos para custodiar las minas de oro.

De Goes habla, en su relato, de una inscripción grabada en la piedra por encima de la


puerta de entrada. Nunca se ha encontrado tal mensaje.

Las ruinas de Zimbabwe forman, en realidad, tres grupos de edificios, entre los cuales
debía extenderse la metrópoli. De ésta no queda sino una infinidad de callejuelas,

monstruosos bloques de piedra, bóvedas y pilares, donde aún pueden verse dibujos
geométricos.

Un primer grupo de ruinas, conocido bajo el nombre de "ruinas Maud", está constituido
por lienzos de muros elípticos, macizos y discontinuos. Los bloques de granito están
posados simplemente los unos sobre los otros. Hay, así, veintinueve segmentos de muro
en elipse, dispuestos sin orden. No se explica esta discontinuidad, a la que es imposible
dar un sentido. Miss Caron-Thompson, que ha estudiado bien tales ruinas, piensa que
esa disposición caótica con una veintena de entradas servía para separar las chozas y
formar patios interiores. ¿Qué valor tiene esta explicación?

En esas mismas ruinas, bajo un pavimento de granito, se han encontrado vasijas


groseras, sin adornos, armas y herramientas de hierro. Es verosímil que haya habido
varias ocupaciones sucesivas. ¿Hay que admitir que esas superestructuras de granito
estaban en otro tiempo unidas por construcciones de arcilla apisonada o de madera? Es
muy posible. Esa disposición de los muros interiores que se halla en las ruinas de
Nanatali evoca la de los "kraal" actuales del Transvaal.

Otra sorpresa: los trozos de muro son unidos, sin razón aparente, por "daga", cemento
de arcilla roja, pedazos de granito y excrementos. ¿Significaría esto que en el Zimbabwe
ya en ruinas, y en época más cercana, se habrían instalado hombres? Negros venidos
quién sabe de dónde y harto menos civilizados que los primeros ocupantes... O sim-
plemente traficantes blancos de oro o esclavos... O bien comerciantes vinculados con la
China y Persia. En toda la región se han exhumado fragmentos de porcelanas chinas y
perlas importadas de China y de Persia en la Edad Media.

En Zimbabwe, los templos estaban construidos en un acantilado granítico a pique, de un


centenar de metros de altura. Se les llama "Acrópolis" y a ellos se trepaba por un
sendero escarpado. ¿Era un lugar sagrado? Se desconoce el destino de esos templos en
cuyas ruinas se han encontrado vasijas muy finas y bellísimas, utensilios de hierro, falos
de terracota y muchas perlas de vidrios de todos los colores. Esos falos encontrados
alrededor de un bloque de granito que podía servir de altar hacen suponer a ciertos
arqueólogos que allí se adoraba a un dios de la fecundidad. ¿O bien tal Acrópolis no era
sino una fortaleza destinada a contener a las hordas bantúes que atravesaban la región?

En el valle se ve aún el "Templo Elíptico", que ha dado también una gran cantidad de
perlas negras, amarillas, rojas o azules pertenecientes a épocas diversas y de origen muy
variado, como Egipto, India, Malasia. Está hecho con el mismo granito que se encuentra
en la región. Por error se ha dicho a menudo que sus bloques fueron traídos de muy
lejos.

La "Torre Cónica" de Zimbabwe, también erguida en el valle, plantea los más


complejos problemas. ¿Estaba dedicada, como puede creerse por su forma, al dios de la
fecundidad que acabamos de evocar? ¿Se erguía en homenaje al rey del país? Se ha
dicho que es de construcción relativamente reciente y de su subsuelo se han sacado
utensilios de la edad de piedra, lo que no simplifica la cuestión.

Hace ocho mil años, ciertos hombres vivían ya en Zimbabwe.

Tras un estudio profundo de las perlas de vidrio, Miss Caron-Thompson piensa que el
esplendor de Zimbabwe podría situarse en los contornos del octavo o noveno siglo de
nuestra era. Desgraciadamente, las perlas de vidrio no constituyen base suficiente de
discusión para la mayoría de los arqueólogos.

Y el misterio permanece... Estos monumentos típicamente negros no parecen haber sido


construidos por negros.

Zimbabwe encierra acaso todo el misterio del Africa negra. Las otras ruinas de
Rhodesia pertenecen al parecer a la misma civilización: la de Chiwona Kopje en los
llanos de Sabi, la de Dhlo-Dhlo en el Matabeleland, la de Hubvumi en el distrito de
Bikita.. .
No parece que los bantúes que hoy pueblan la región puedan reivindicar para sus
antepasados esas construcciones de piedra.

Entonces, ¿quiénes construyeron esas fortalezas? ¿Los fundadores de Monomotapa?


¿Los hombres de la prehistoria? No, por cierto... ¿La hipótesis de Balsan (1)
concerniente a la ciudad perdida de Farini es válida para Zimbabwe? Los moros
acudieron a menudo a buscar oro, marfil y esclavos en esas regiones, a cambio de seda y
perlas de las Indias.

Mucho antes de nuestra era comenzaron a venir pueblos a los bordes orientales del
Africa, al golfo de Aden. Veinte siglos ante de Cristo, el océano Indico tenía sus
navegantes, y desde esa época nunca dejó de existir entre las costas africanas, por una
parte, y, por otra, los países mediterráneos, digamos hindúes y chinos, una corriente
comercial.

Cuando en el siglo XII de nuestra era ocuparon los árabes la isla de Zanzíbar a lo largo
de las costas de la actual Tanganyka, habían tenido ya antecesores. No hicieron más que
seguir las rutas ya trazadas. Bajaron muy al sur del cabo Delgado y, cuando a
comienzos del siglo XVI se establecieron los portugueses en esos parajes, los árabes es-
taban aún ahí.

(1) Ver el capítulo ¿Existen ciudades perdidas?

Sofala, en la desembocadura del Zambeze, daba en otro tiempo su nombre a toda la


costa comprendida entre él delta del río y la bahía de Lorenzo Marques. Allí arribaban
de las Indias las grandes naves cargadas de sederías, algodón y perlas de mil colores.
Los moros, instalados en la región ocupada por el Kenya y el Tanganyka, llevaban a
cabo un comercio floreciente. Con sus pequeñas embarcaciones conocían todos los
recovecos de la costa hasta Limpo.

Eran ellos los que traficaban con los negros de Monomotapa. Tenían de rivales a los
chinos, mas rara vez a los hindúes. La finalidad común consistía en llevarse la mayor
cantidad posible de oro y marfil.

¿De dónde venía ese oro? Verosímilmente, de las minas de Zimbabwe y de Rhodesia.

Es muy posible que, con ayuda de la avidez, algunos de estos mercaderes se hayan
aventurado por el interior de las tierras para ver el lugar de donde los negros sacaban el
oro. Acaso hayan tomado la dirección de tales minas, utilizando la mano de obra que se
les ofrecía prácticamente por nada...

¿Eran moros? Pudieron servirse de una ciudadela todavía en buen estado y que allí
existía desde hacía siglos. También es posible que ellos mismos la construyeran para
defender las minas inapreciables.

Sin embargo, las ruinas de Zimbabwe parecen mucho más antiguas.

Es posible, pues, hacer responsables a todos los antiguos pueblos mediterráneos y, entre
ellos, el mejor lugar corresponde a los árabes preislámicos y a los fenicios. Durante las
excavaciones, ¿no se han encontrado símbolos fenicios, especialmente la rueda solar?
Algunos han querido encontrar el origen de Zimbabwe en el Antiguo Testamento. La
confunden con Ofir, a que enviaba en busca de oro el rey Salomón. Ofir era el Perú de
la Antigüedad y nadie podrá situarla nunca con exactitud. Estaba tal vez en el Yemen,
tal vez en Africa. ¿Pero por qué tal teoría inesperada? Simplemente porque no lejos de
Zimbabwe se han encontrado antiquísimas minas de oro abandonadas.

En muchas leyendas africanas, tanto en Rhodesia como en otras partes, no sólo se habla
de gigantes negros sino de "hombres rojos".

¿Hay que creer en la existencia de esa nueva raza desaparecida desde hace mucho
tiempo?

Se lo preguntaba cualquiera, cuando se descubrió en Mapungabwe una serie de tumbas


aún intactas, con su mobiliario funerario y numerosos objetos de oro.

Los arqueólogos se sorprendieron muchísimo al ver que los esqueletos de esas


sepulturas no pertenecían ni a los bantúes, ni a los hotentotes, ni a los bosquimanos. En
la tradición negra, Zimbabwe se hallaba unida a Mapungabwe. El mismo rey habría
reinado en ambas ciudades. Se puede preguntar, pues, si los veintisiete esqueletos
encontrados allí en posición sentada no son los de esos extranjeros "hombres rojos" y, al
mismo tiempo, de los constructores de Zimbabwe. La abundancia de vasos, de collares
y otros objetos de oro hallados en esas tumbas haría pensar que esos "hombres rojos"
explotaban las minas de oro de la región para nutrir las viejas civilizaciones antiguas del
mundo mediterráneo, cuya necesidad de metales preciosos era siempre grande.

¿Es Rhodesia el misterioso país de Punt de que hablan los jeroglíficos egipcios y a
donde se iba a buscar mucho oro en tiempos de la reina Hatkepsut, quince siglos antes
de Cristo?

¿O bien era, como lo ha sugerido el arqueólogo alemán Karl Mauch en el siglo pasado,
el verdadero reino de la reina de Saba que habría traído arquitectos fenicios cuando su
visita al rey Salomón?

Ante las ruinas de Zimbabwe todo puede imaginarse... Zimbabwe, ¿antigua capital del
oro? ¿Necrópolis de un pueblo negro? ¿Residencia real? ¿Ciudad de esclavos? ¿Ciudad
sagrada?

Zimbabwe guarda su secreto.

(* EXCLUSIVO LOS TRABAJOS DE ROGER MAY,PARA NUESTRO GRUPO.)

MISTERIOS DE COLON Y TIERRAS PERDIDAS :

NOS LLENA DE ORGULLO,PRESENTARTE EN EXCLUSIVO ESTE


TEXTO,COMPARTELO CON OTROS,SIN FINES DE LUCRO. (F.Ramirez-
GPO.TRABAJO ESOTERICO)

(* EXCLUSIVO LOS TRABAJOS DE ROGER MAY,PARA NUESTRO GRUPO.)

CRISTOBAL COLON LLEGO DEMASIADO TARDE

En todos los libros escolares se dice que Cristóbal Colón, célebre navegante genovés
que ingresó al servicio de España en 1492, obtuvo de Isabel de Castilla tres barcos con
los que partió de Palos a descubrir un nuevo mundo, el 3 de agosto de ese año.

Tras haber luchado con el desaliento de su tripulación que deseaba regresar, Cristóbal
Colón percibió tierra, por fin, el 12 de octubre de 1492.

Era Guanabani (San Salvador), una de las islas Bahamas. Así,Cristóbal Colón acababa
de descubrir América.

Este es, no obstante, un grosero error. América estaba descubierta desde mucho antes.

* CUANDO LOS VIKINGOS DESCUBRIAN AMERICA :

PARECE más o menos seguro que desde el octavo o nove-no siglo de nuestra era los
marinos noruegos llegaron hasta Groenlandia y, de allí, probablemente alcanzaron la
costa oriental de América del Norte. El descubrimiento pasó inadvertido porque no tuvo
ninguna influencia en la civilización.

¿Cómo llamaban los normandos esa nueva tierra? El Vinland, lo que quiere decir: tierra
dé la viña.

COLON Y OTRAS En la segunda mitad del siglo XI -en los alrededores de 1070- el
cronista alemán Adam de Bréme, que vivía en la corte de Dinamarca, recogió por
primera vez indicaciones acerca de esa misteriosa Vinland. Parecía, más o menos, un
paraíso terrestre donde el maíz, el arroz y la viña brotaban, silvestres, en amplias
llanuras.

Las crónicas islandesas de comienzos del siglo XII hablan igualmente de la lejana
Vinland y señalan que un obispo groenlandés, llamado Gnupson, habría ido allí.

¿Pero cómo se hizo el descubrimiento?

De creerles a las "Sagas" noruegas (relatos o leyendas redactados en su mayoría en


Islandia desde los siglos XII a XIV), Vinland habría sido descubierta por el mayor de
los azares. Los relatos no concuerdan, por lo demás, ni sobre el nombre del feliz
explorador, ni sobre el sitio exacto de su encuentro con el Nuevo Mundo.

Todos, no obstante, están de acuerdo en fijar esta aventura en tiempos de Eric el Rojo,
jefe noruego que descubrió Groenlandia a fines del siglo X de nuestra era. Desterrado
de Islandia por un asesinato, Eric el Rojo llegó a Groenlandia en 981 y allí se estableció
con sus compañeros, en la costa occidental del país, en Brattahlid. Su hijo Leif, que
vivía en la corte de Noruega, no se le juntó sino dieciocho años después.
En casa de su padre trabó amistad con cierto Bjarni Herjulfson, que había navegado
largo tiempo por todos los mares nórdicos. A Leif le gustaba oír los relatos de Bjarni.
Un día atrajo su atención una descripción maravillosa.

-Ante mí se extendían las costas azuladas de un país desconocido. Adiviné, inmensos


llanos cubiertos de vegetación.

-¿Y por qué no desembarcaste? -le preguntó Leif,

muy sorprendido.

-Tenía prisa en encontrar a mi padre. No olvides que yo había salido de Noruega para
venir a Groenlandia; pero una tempestad, alejándome, me hizo perder esa tierra. No

me di cuenta y seguí navegando. Entonces, una buena mañana pude percibir las costas
maravillosas ...

-¿Y volviste a Groenlandia?

-Sí, a Herjulfness, donde me aguardaba mi padre. -En tu lugar...

-¿Qué habrías hecho en mi lugar?

-Me habría quedado allí. .. ¿Sabes que, sin darte cuenta, descubriste un país nuevo?
Tendré que ir allá, pues tal vez te hayas engañado.

-Imposible.

-Iré a cerciorarme.

Y Leif mantuvo su promesa. Reunió algunos compañeros y en la primavera del año


1000 se lanzó sobre las olas. Durante semanas y semanas navegó sin ver nada. Impa-

ciente, a menudo iba a la proa de la nave. Luego, una mañana, mientras aún dormía, oyó
gran bullicio en el puente. -¡Tierra! ¡Tierra!

Ni siquiera se dio tiempo para vestirse y se encontró en seguida junto al hombre de


guardia.

-¡Tierra! ... Aquí está por fin la tierra de Bjarni. Ya estaba creyendo que ese hombre
había soñado o bebido demasiado alcohol.

Horas después, Leif sentaba el pie en el Nuevo Mundo. Era, según los relatos nórdicos,
una región sobremanera salvaje, absolutamente desierta. De modo que los viquingos no
se quedaron mucho tiempo y se echaron de nuevo al mar en dirección del sur.
Terminaron por encontrar una costa hospitalaria. El país estaba colmado de bosques.

-Es el país de los bosques --dijo Tyrbir, un marino alemán que se había embarcado con
ellos.
-Ya tenemos su nombre -dijo Leif-. Se llamará Markland. Pero tengo la impresión de
que este bosque terminará por ahogarnos. Tenemos que ir más al sur todavía.

Así se hizo y el paraíso con que soñaba Leif desde ha-cía meses terminó por asomar.
Los groenlandeses permane-cieron ahí cinco meses, construyendo tres habitaciones con
madera y piedra.

Ahí fue donde Tyrbir, el alemán, hizo un asombroso descubrimiento: vides silvestres.
De todos ellos, era el único que viera uva y saltaba de alegría gritando:

-Compañeros, éste es el hermoso país de las viñas...

-¡Viva el Vinland! -replicó el coro de marinos-. ¡Viva el Vinland!

Y durante todo el siglo XI siguieron los marinos gro-enlandeses yendo a esas tierras
nuevas tan ricas en madera y uvas.Del año 1000 al 1120 se han encontrado huellas, en
los textos, de unas seis expediciones. Los navíos regresaban siempre cargados de
madera, material precioso que escaseaba en Groenlandia.

En seguida, las crónicas no hablan más de esto, o muy raras veces. ¿Esto significa que
los viquingos interrumpieron sus expediciones? No, ciertamente. Pero los viajes, cada
vez más frecuentes, ya no llamaban la atención de los cronistas.

Mucho se ha discutido para saber dónde deben situarse el Markland y el,Vinland. Basta
mirar un mapamundi para saber que Leif desembarcó por primera vez en las costas
hostiles del Labrador. La tierra boscosa que encontró más al sur el Markland-no puede
ser sino Terranova.

En cuanto a saber dónde se halla exactamente el Vinland, el problema es más delicado.


La ciudad de Boston reivindica aún hoy el honor de haber sido la primera en acoger al
hijo de Eric el Rojo.

Boston es el gran puerto del Estado de Massachusetts, al norte del Estado de Nueva
York. En esa región crece la vid silvestre, que trepa por los árboles. Es ile un vigor
asom-broso y da una uva de pequeños granos duros y azucarados, a cuya madurez llega
en la misma época que en Francia. Mucha gente, aún en nuestros días, hacen con ella
vino que, hay que decirlo, no es de muy buena calidad.

Los especialistas del pasado de los normandos están casi todos de acuerdo en situar el
Vinland en Massachusetts,o al menos entre Boston y Nueva .York.

Esta tesis no se gana, sin embargo, todos los sufragios.

* UNA PIEDRA QUE HABLA :

A fines del siglo pasado se descubrió en Minnesota,un Estado de los Estados Unidos
situado en la frontera del Canadá, al oeste de los grandes lagos, más o menos a 1.500
kilómetros de Boston, una piedra que se tornó célebre con el nombre de Piedra de
Kensington.
Ya hemos visto que hay piedras que no hablan; pero ésta fue, felizmente, muy
charlatana. Tenía un texto en caracteres rúnicos, caracteres de los más antiguos
alfabetos

Para algunos, habría que situar Vinland en una de las islas que pueblan el golfo de San
Lorenzo - o en Nueva Escocia, o bien en la costa sur del Labrador. En todas esas
regiones se encuentran vides silvestres. De manera que es difícil decidirse.

En la segunda hipótesis, Leif habría tomado el estrecho de Bellelle, situado entre


Labrador y Terranova. Les he preguntado a navegantes que conocen bien esas regiones
si, colocados en las condiciones de Leif, habrían perci-bido el estrecho.

-Todo depende de la época del viaje -,me han respondido.

-¿Cómo así?

-En el invierno, el estrecho se halla perdido en la bruma y un navío que lo ignorara no


podría verlo sino acercándose mucho a la costa... En esa época es muy difí-cil cruzarlo,
pues está colmado por los hielos.

Pero Leif pasó el invierno en Vinland y regresó a Groenlandia en primavera. Es


probable que llegara allá a fines del verano. Prácticamente, nada parece oponerse a la
utilización del estrecho. Pasa por ser peligroso entonces.

Un historiador me ha opuesto, no obstante, el siguiente argumento:

-Los normandos eran excelentes navegantes. Estaban acostumbrados a navegar en alta


mar y es poco probable que se divirtieran siguiendo las costas de muy cerca.

Para zanjar la cuestión, se necesitaría tal vez un sicólogo. La curiosidad en presencia de


esas regiones totalmente desconocidas, ¿no les induciría a navegar muy cerca de la
costa? Tanto más cuanto que buscaban un lugar hospitalario.

Las dos tesis son, por lo tanto, admisibles y ambas tienen sus posibilidades:
Massachusetts o la desembocadura del San Lorenzo.

Existen también hipótesis fantásticas. Una coloca a Vinland en la tierra de Baffin, la


otra en Florida, en plena región tropical. Inmediatamente quedan descartadas, pues los
relatos escandinavos dan una descripción bastante minuciosa de la flora y la fauna de
Vinland. Esos mismos relatos dan algunas ideas acerca del clima durante la estación del
invierno. Ese período fue, al parecer, particularmente suave. Ese pequeño detalle
inclinaría la balanza en favor de Massachusetts ...

Hay un hecho cierto: cinco siglos antes de Colón, los viquingos conocían América. Se
ha hecho la pregunta si se limitaron a ir allí como simples exploradores y pasaron una
estación o dos, o bien si fundaron, una verdadera colonia, a ejemplo de los griegos en
las costas mediterráneas. Lógicamente debió haber sido así, pues Vinland podía
representar para ellos una especie de paraíso terrestre de clima dulce y de abundante
vegetación.
Ciertos autores justifican esta hipótesis con el viaje a Vinland del obispo Gnupson. Ese
viaje no se sitúa en torno al año 1000 sino a comienzos del siglo XII. La colonia
groenlandesa del Vinland había podido prosperar y un obispo podía entonces
preocuparse de aportar la religión cristiana.

* UNA PIEDRA QUE HABLA

A fines del siglo pasado se descubrió en Minnesota,un Estado de los Estados Unidos
situado en la frontera del Canadá, al oeste de los grandes lagos, más o menos a 1.500
kilómetros de Boston, una piedra que se tornó célebre con el nombre de Piedra de
Kensington.

Ya hemos visto que hay piedras que no hablan; pero ésta fue, felizmente, muy
charlatana. Tenía un texto en caracteres rúnicos, caracteres de los más antiguos
alfabetos

germánicos y escandinavos, y, además, estaba fechada: 1362.

¡Una piedra rúnica en médio de América! Era casi increíble y se habló de falsedad. Hoy
día, la Piedra de Kensington se encuentra en el Museo Nacional de Washington, donde
todo el mundo puede verla.

¿Qué dice exactamente? He aquí una traducción:

"Ocho godos y veintidós noruegos han explorado el interior de las tierras al oeste del
Vinland. Establecimos nuestro campamento a dos jornadas de marcha de esta pie-dra.
Permanecimos un día y hemos regresado. Entonces hemos encontrado muertos a diez de
nuestros hombres. Otros diez nos esperan en la costa en que está anclado nuestro navío,
a 14 jornadas de aquí. Virgen María, haz que se hallen vivos. 1362".

Los escandinavos suecos y noruegos habían sido atacados por los indios.

La Piedra de Kensington confirma la existencia de Vinland; pero desgraciadamente no


nos da precisión alguna sobre su ubicación. Al contrario, añade un nuevo misterio.

Minnesota está a mil quinientos kilómetros del Massachusetts y de las orillas del
Atlántico. La piedra indica que los escandinavos se encontraban a catorce días de
marcha de su nave.

Hay que creer que su nave estaba anclada no cerca de Boston, sino en las orillas
occidentales de los lagos superiores, o Michigan. ¿Acaso había allí una segunda colonia
del Vinland que les hubiera podido servir de base de partida? Pues no es dable imaginar
un barco que remonta el San Lorenzo y cruza las cataratas del Niágara. Y en catorce
días, en un país desconocido, a lo sumo se pueden recorrer quinientos kilómetros.

* ¿EXISTEN CIUDADES PERDIDAS? :

ANTE los invasores españoles, en el siglo XVI, los mayas se retiraron a los macizos
montañosos atravesados por el río Chiapas.
Hasta hoy es de preguntarse si en esa zona de acceso difícil y prácticamente inexplorada
no intentaron los mayas la reconstrucción de sus ciudades o, al menos, sus templos
principales.

Entre los indios de América Central se ha propagado desde siempre el rumor de que
existen en la selva ciudades perdidas.

Hombres valerosos intentan, regúlarmente, encontrarlas, a pesar de la maldición maya


que ya ha hecho muchas víctimas. El americano Charles Frey, en 1949, pereció en la
ruta del misterio, naufragando en una corriente. El inglés Edward Montaigu, cinco años
después, murió de agotamiento en la selva maya antes de alcanzar su objetivo.

Dana y Ginger Lamb, una pareja yanqui, tuvo más suerte. Logró domesticar a los
últimos descendientes de los mayas y encontrar la "ciudad perdida", una de las ciudades
perdidas.

Hicieron cuatro tentativas en doce años. La última tuvo éxito.Justamente antes de la


guerra, llegaron a Tehuantepec,de ahí volaron sobre la selva en la frontera de México y
Guatemala y ubicaron los vestigios de la ciudad perdida.

Luego se internaron a pie por la selva. Les detuvo un inmenso acantilado que se
extendía por varios kilómetros. Descubrieron, abajo, una gruta en que se metía un río.
Siguieron su curso subterráneo y se hallaron al otro lado. Para su sorpresa, la selva
estaba habitada: se encontraban entre los indios lacandones.

Son seres simples, pero muy sociables. Trabaron amistad con Chan, jefe de la tribu, y
con el indio Kintun, y así se iniciaron en la vida y la religión de la tribu, intactas tras
cinco siglos de la conquista del Nuevo Mundo por los españoles.

Chan y Kintun conocían, sin duda, la ubicación de la ciudad perdida; pero no había
llegado aún el tiempo de darla a conocer a los hombres blancos. Dos años después de su
partida, los Lamb volvieron a los Estados Unidos para renovar su provisión de películas.

Después de la guerra iniciaron nuevas tentativas, vanas al principio. Durante una de


ellas supieron la muerte de su amigo Charles Frey, que mantenía un sueño similar y al ir
a estudiar las ruinas de Bonampak pereció con un grabador mexicano que le
acompañaba, al volcarse su embarcación en el río Lacanja.

¿Caería también sobre ellos la maldición maya? Los Lamb estuvieron a punto de ser
arrastrados en su jeep por un torrente súbitamente crecido.

Regresaron por cuarta vez, en 1950, en dirección de la selva maya; tres expediciones se
habían organizado ya para buscar la ciudad perdida. Esta vez su punto de partida no fue
Comitan, en el Estado mexicano de Chiapas, sino Tenosique, más al norte, en la
provincia de Tabasco.

Visitaron las fabulosas ruinas de Yaxchillan, donde, a orillas del Usamacinta, los indios
lacandones hacen todos los años una peregrinación y donde quedan aún importantes
ruinas del palacio del "Halac Vinic" (príncipe a la 'vez dirigente político y religioso),
luego pasaron por Bonampak y hallaron a los lacandones. Uno de ellos, llamado Céron,
les contó la muerte de Charles Frey, la cual presenció.

La ciudad perdida tan buscada se les apareció, por fin, un día de junio de 1950. Habían
vencido la maldición maya (1).

* UN DOCUMENTO DE 1753 :

Como América Central, América del Sur posee también su ciudad perdida, en el
corazón del inmenso bosque amazonico.

Registrando los archivos brasileños, el coronel Fawcett, que debía desaparecer en 1925
durante su última expedición por los bosques vírgenes, encontró documentos fecha-dos
en 1753 que dejaban adivinar la existencia de una ciudad perdida. Se trataba de un
relato del portugués Francisco Raposo. Este había oído decir que un tal Roberto Díaz
había comparecido hacia 1610 ante el rey de Portugal Pedro II para proponerle cambiar
su mina de plata por el título de marqués Das Minas. Roberto Díaz nunca llegaría a ser
marqués, pues el asunto le resultó adverso. Siglo y medio más tarde, Francisco Raposo
pensó encontrar la mina en la selva.

Para el efecto, reclutó en Bahía una "bandeira" de unos veinte hombres y se internó a lo
desconocido, hacia el oeste, en dirección del río San Francisco, que cruza el territorio de
Bahía y va a dar al Atlántico.

El pequeño grupo experimentó todas las aventuras po-

(1) "En busca de la ciudad perdida": en este libro, publicado por Julliard, los Lamb
cuentan sus aventuras,

sibles e imaginables. Vagó unos diez años por los bosques sin encontrar huellas de la
mina. Los hombres se decidieron a partir al este. Una tarde, después de haber caminado
el día entero a través de pantanos, se hallaron frente a extrañas montañas. Agotados,
acamparon en un paraje infestado de crótalos, pues un ancho precipicio les separaba de
su objetivo; grietas y rocas habían superado todos sus esfuerzos.

Mientras buscaban la madera necesaria para hacer fuego, divisaron un ciervo. Para ellos
fue una suerte e inme-diatamente comenzaron la caza. De este modo, por puro azar,
encontraron el camino de la ciudad prohibida. Se sorprendieron al advertir que esas
montañas asombrosas, "en donde el sol, al ponerse, se reflejaba en las. rocas húmedas,
ricas en cristales y en cuarzo, tan abundante en esa parte del Brasil", escondía
simplemente las ruinas de una ciudad inmensa de seis o siete kilómetros.

A sus pies había un valle cerrado, lleno de brillantes charcas por aquí y por allá.

Los hombres de Raposo creyeron soñar. El jefe del grupo envió a seis hombres en
incursión de reconocimiento. Estos bajaron, cautos, por el flanco de la montaña y no tar-
daron en encontrarse en el curioso valle. Sin hacer ruido, llegaron junto a las primeras
construcciones. Allí les aguar-daba una nueva sorpresa: la ciudad estaba desierta.
Aterra-dos, los indios enviados a explorar regresaron al campamento.

* LA CIUDAD PERDIDA DEL AMAZONAS :


Al día siguiente, Raposo quiso saber a qué atenerse. Comenzó la visita de las ruinas. Se
encontraron sus hombres ante tres colosales arcos de piedra. Grabados en el arco central
veíanse unos caracteres misteriosos. Pero dejemos la

palabra a Brian Fawcett (1) y no nos asombremos del en-tusiasmo de su padre a, la


lectura de semejante descripción:

"Los arcos se hallaban en buen estado de conservación, pero uno o dos de los colosales
montantes habían girado levemente sobre su base. Los hombres los cruzaron y entra-ron
en lo que fuera en otro tiempo una ancha calle, ahora cubierta de pilares rotos y de
bloques de albañilería sumidos bajo la vegetación parásita de los trópicos. A cada lado
se alzaban casas de dos pisos, construidas de grandes bloques ensamblados sin mortero,
con una increíble precisión, y cuyos pórticos angostosarriba ensanchaban abajo,
decorados con complicadas esculturas ...

"Siguieron los hombres la calle hasta una vasta plaza. En medio se alzaba una
gigantesca columna de piedra negra con la efigie perfectamente conservada de un
hombre que tenía un hacha en la mano, mientras con la otra señalaba al norte. En cada
esquina de la plaza alzábanse obeliscos esculpidos en piedra negra y en parte ruinoso,
mientras todo un costado estaba ocupado por un edificio de un estilo y una decoración
tan magníficos que debió haber sido un palacio. En muchos puntos se habían hundido
los muros y los techos; pero esas grandes columnas cuadradas permanecían intactas.
Una ancha escalera de piedra en ruinas conducía a un vasto vestíbulo en que vestigios
de color per-manecían adheridos a los frescos y las esculturas...

"Frente al palacio se hallaban las ruinas de otro edificio que, según toda evidencia, era
un templo. Dañado por la erosión, esculturas de personajes, de animales y de pája-ros
cubrían los muros que subsistían y, por encima del pórtico, veíanse otros caracteres...

"Más allá de la plaza y de la calle principal, la ciudad no era sino ruinas que, a trechos,
estaban positivamente en-terradas bajo montículos en que no brotaba la hierba ni ve-

(1) "Memorias", por el coronel Fawcett (Amiot-Dumont, 1953).

getación alguna. Aquí y allá se abrían abismos a los que los exploradores lanzaban
piedras sin que ruido alguno indicara'el fondo. No había por qué dudar mucho acerca de
la causa de tal devastación. Los portugueses sabían lo que son los terremotos y los
destrozos que pueden ocasionar. Edificios enteros habíanse venido al suelo, no dejando
sino algunos bloques esculpidos para señalar el sitio en que se alzaran. No costaba
mucho hacerse una idea del cataclismo que devastó esa magnífica ciudad, volcó
columnas y piedras de cincuenta toneladas y más, y que, en pocos minutos, aniquiló el
asiduo trabajo de un millar de años.

"Un costado de la plaza estaba bordeado por un río de unos treinta metros de ancho, que
transcurría derechamente y sin obstáculo desde el noroeste y desaparecía a lo lejos en la
selva. Del otro lado del río se extendían campos en otro tiempo cultivados, todavía
cubiertos de hierbas y ta-pizados de flores. El arroz se desarrollaba en pantanos po-co
profundos de los alrededores y las aguas estaban pobladas de patos..."
Desde Raposo, esta ciudad perdida del Amazonas ha hecho soñar a muchos aventureros.
Numerosos son los que partieron en su busca; pero ninguno ha hecho el hallazgo
mágico. Ni siquiera el río ha sido encontrado.

Puede conjeturarse si el relato de Raposo es o no una ficción. Digamos en seguida que


Raposo no existe. Este nombre fue inventado por Brian Fawcett por exigírselo así su
libro. ¿Es verdadero el relato? En la descripción, todo parece lógico: una ciudad
destruida por un terremoto presentaría un aspecto semejante. Una cosa es curiosa, sin
embargo: el arroz.

Pero nada indica que la ciudad haya sido devastada mu-cho antes de la llegada de los
aventureros y el arroz perfec-tamente pudo continuar creciendo en ese medio pantanoso,
cálido y húmedo.

El misterio se complica por el hecho de que un miembro del grupo, Joao Antonio, que
es el único cuyo nombre aparece mencionado en el documento de 1753, encontró entre
las rocas una monedita de oro. Esta hubiera podido dar con precisión la nacionalidad de
los ocupantes de la ciudad. ¿Españoles, portugueses o indios?

Nada de eso. En una de sus caras, la moneda tenía la efigie de un adolescente


arrodillado, y en la otra, un arco, una corona y algo así como un instrumento musical.

Según el documento de 1753, esa ciudad representaría los restos de una civilización
desconocida, que desapareció para siempre. Sin embargo, está situada a menos de
trescientos kilómetros de Bahía, en el Estado del mismo nombre, en un repliegue de la
Sierra que, al oeste del río San Francisco, resbala entre el río y las fuentes del río
Paraguassu.

No está, pues, al fin del mundo. Un avión que volara sobre la jungla entre Bahía por el
Atlántico y Barra por el río San Francisco, debería percibir unas ruinas tan importantes,
si las buscara bien.

¿Entonces?

* LA CIUDAD PERDIDA DEL CORONEL DEARE :

Hay otras ciudades perdidas no divisadas sino una vez en el Amazonas. Y esto no deja
de ser extraño.

En los alrededores de 1913, el cónsul inglés en Río siguió por curiosidad a un mestizo
que deseaba mostrarle un espectáculo extraordinario. Cuando después de varios días se
encontró en pleno bosque, en una región completamente lisa, hallóse en presencia de
una ciudad en ruinas que to-davía conservaba, en medio de una plaza, un pedestal negro
que sostenía una estatua. Debido a una tempestad que hizo perecer a su bestia de carga,
el cónsul tuvo que volver a Río y allí contó su aventura.

Se trata del coronel O'Sullivan Beare. No era hombre bromista. Cuando su relato se
ponía en duda, le entraban unas furias locas. Lo sorprendente es que el coronel no
pensara en tomar una foto de la asombrosa visión que tuvo a doce días de camino de
Bahía.
Como la ciudad perdida de Fawcett, la del coronel Beare se encontraba en la región del
río San Francisco; pero al este del río.

Los que conocieron a Fawcett están convencidos de que el explorador británico volvió
al Amazonas en 1925 nada más que para descubrir la ciudad perdida. Creía en

ella firmemente. No puede tratarse de una impostura de su parte.

Si hay impostura, ésta remonta a dos siglos atrás: el documento de Río sería falso. Y
esto es muy posible.

Cosa harto curiosa: el documento ya no existe en los archivos de Río. ¿No es de


preguntarse si ha existido realmente o si los datos de Fawcett no provienen sino de un
simple relato de un indio?

De creérsele a Brian Fawcett, ese documento fue enviado por Raposo, personalmente, al
virrey don Luis Peregrino de Carvalho Menezes de Athayde; pero éste se desinteresó
por completo. El documento permaneció durante más de un siglo en los archivos de Río.
En el siglo XIX, el gobierno se preocupó bruscamente y encomendó a un sacerdote que
hiciera las investigaciones. Estas no condujeron a resultado alguno; pero esto nos
tranquiliza un tanto acerca de la existencia del documento.

En Río de Janeiro, historiadores y arqueólogos muy conocidos no niegan la existencia


de las ciudades. El Insti-tuto de Historia anima a los exploradores, convencidos es-tos
de que la selva esconde las ruinas de antiguas ciudades.

* LA CIUDAD PERDIDA DE KALAHARI :

¿También el Kalahari tiene su ciudad perdida?

El explorador G. A. Farini, en su libro "Ocho meses en el Kalahari aparecido en 1887,


en las Ediciones Hachette, cuenta un viaje que hizo al lago N'Gami, al norte del
desierto.

Yendo hacia el sur, mientras contorneaba el río Nosop, y después de extraviarse hacia el
este, descubrió unas ruinas muy sorprendentes. He aquí lo que dice:

"Nuestra ruta se orientaba ahora hacia el sur; los árboles se tornaban cada vez más raros.
El segundo señaló una alta montaña, que Jan creyó era el Kiki, a orillas del río; . pero
todavía estábamos muy lejos, en el norte. Al final de la etapa llegamos a palparla; pero
ninguno de los bastardos la había visto jamás ni oído hablar de ella. Paramos cerca de
una ruina inmensa que hubiéramos podido tomar por la Gran Muralla China después de
un terremoto. A trechos, los escombros estaban hundidos en el suelo; por lo demás, eran
muy nítidos. La recorrimos más de 1.600 metros; casi por todas partes, las piedras se
amontonan en enormes cantidades; aquí y allá, entre dos capas, se ve la argamasa muy
bien conservada. Las piedras son talladas y de facetas perpendiculares; las que se hallan
en lo alto de los montones, gastadas poco a poco por el roce de las arenas o por las
intemperies, han tomado las formas más singulares: algunas parecen una mesa de una
pata.
"El perfil general de la muralla toma la forma de un arco en cuyo interior se ven, a
intervalos de una docena de metros, estanques ovalados o elípticos, de un pie y medio
de profundidad, de fondo liso, pero rotos en los contornos hasta treinta centímetros del
borde. Algunos estaban talla-dos en la roca viva; otros eran de albañilería ajustada con
gran precisión. Hice quitar con pala la arena que cubría a los más grandes, faena que no
gusta nada a bosquimanos ni bastardos; las junturas eran perfectas allí donde los vientos
del desierto amontonaran arena. Este trabajo nos tomó un día, con gran escándalo de
Jan, que no podía perdonarnos esa pérdida de tiempo, ese trabajo echado al aire para
mirar, tan sólo, esas grandes piedras.

"-¿No comprendes le dije- que nos encontramos en la ciudad o en un gran templo, acaso
la necrópolis de una nación poderosa, muerta hace millares de años ... ?

"Al otro día los descubrimientos de la jornada nos re-compensaron ampliamente. Más o
menos en medio del arco, encontramos un espacio de una veintena de metros de ancho,
pavimentado con grandes losas, mucho más largas las del exterior y colocadas en
ángulo recto con las del interior. Este empedrado estaba cortado por otro semejante, que
con él formaba una cruz de Malta, en cuyo centro debía levantarse un altar, una
columna, un monumento cualquiera; las bases estaban ahí aún, compuestas de
fragmentos es-parcidos de albañilería acanalada. Lulú, que en vano había buscado
jeroglíficos o inscripciones, se contentó con hacer algunos esquemas o tomar
fotografías; algunos más expertos en esas materias dirán tal vez cuándo y por quién fue
habitado. este lugar.

"Sólo tres días después de haber dejado atrás las ruinas, y por una pendiente muy suave,
llegamos a los montes Ki-ki..."

Desde 1885, muchos exploradores han partido en bus-ca de la ciudad perdida de' Farini
al norte de los montes Kiki; ninguno la ha encontrado. ,

¿Cometió un error Farini? ¿Tomó por construcciones humanas unas vulgares


formaciones rocosas? Claro está que no, pues en su relato se habla de argamasa y de
bloques de albañilería. Además, si hubiese cometido ese error, luego

se habrían encontrado esas formaciones rocosas que podían prestarse, a equivocación.

Pero en el paraje que indica, a tres días de los montes Kiki, no hay sino vastas
extensiones de arena en que brotan raros arbustos.

¿Quiso Farini hacerles una jugada a sus compañeros de exploración? No era su


costumbre. De haberlo sido, puede creerse que habría insistido más. Y la ciudad perdida
no ocupa sino dos páginas de su libro y casi la señala como un incidente sin
importancia.

Farini vio, ciertamente, la "Lost City". Entonces, ¿qué se hizo? Las tempestades de
arena bien pueden haberla cubierto en parte. Los más conscientes exploradores pueden
haber pasado a escasos kilómetros de ella, sin verla, pues no posee construcción alguna
elevada.
Muchos hombres, en el curso de los siete últimos dece-nios, se han sentido intrigados
por tal misterio, tratando de resolverlo. Pero parece que la mayor parte dirigieron sus
búsquedas en una zona más al norte. Todos han vuelto con las manos vacías.

Pero en las tabernas del Cabo habrá siempre gentes dispuestas a apostar mil dólares por
la ciudad perdida. Están seguros de que existe por haberla atravesado varias ve-

ces durante su comercio con los bosquimanos.

Francisco Balsan recibió muchas de esas confidencias antes de lanzarse a la aventura. Y


la expedición "Panhard-Capricorne" también falló en la busca de la ciudad perdida.

Francisco Balsan no ha negado, no obstante, su existencia (1):

"¿Qué puede significar una ciudad antigua en medio de tal desolación?, se pregunta.. .
Las ciudades muertas del Zambeze y del Monomotapa están muy al este para haber

(1) La expedición Panhard.Capricorne", por Francisco Balsan (Amiot-Dumont), pág.


29.

dejado aquí una hermanita de avanzada. Por lo demás, al oeste, en el sudoeste africano,
nunca se ha encontrado, en parte alguna, una ruina de piedra. ¿Hay que admitir, por lo
tanto, la hipótesis que la "Lost City" sería una antigua "escala" de los traficantes
berberiscos que escalaban, en los siglos XV, XVI y XVII, en Santa Elena y visitaban la
cos-ta Atlántica? Desde el litoral se va fácilmente a Nosop, muy cerca de Windhoeck, y
gracias a ella se encontró lue-go un excelente camino de penetración hasta esos sitios,
en las fronteras del pequeño reino Bakalahari. ¿Fue explota-da una base de trueque? Las
esculturas acanaladas y los estanques descritos por Farini evocan la arquitectura
morisca. ¿Servían esos estanques para recoger las raras lluvias? Con un poco de
imaginación, vense perfectamente emisarios norafricanos que una vez al año acuden a
"Farina" con abalorios y armas para negociar con los enviados de Lehu-tutu marfil y
mujercitas bosquimanas destinadas a los harenes de los sultanes. Pero me parece que
comenzamos a soñar-..."

Tal vez, mi querido Balsan, sin quererlo siquiera, con eso dice la verdad. Tu hipótesis
me agrada mucho.

(* EXCLUSIVO LOS TRABAJOS DE ROGER MAY,PARA NUESTRO GRUPO.)

MISTERIOS EGIPCIOS DE PIRAMIDE Y TUTANKAMON :

NOS LLENA DE ORGULLO,PRESENTARTE EN EXCLUSIVO ESTE


TEXTO,COMPARTELO CON OTROS,SIN FINES DE LUCRO. (F.Ramirez-
GPO.TRABAJO ESOTERICO)

MISTERIOS DE LA PIRAMIDE Y OTROS :

* LA PIRÁMIDE EXTRAÑA :
* colocar PLANO INTERIOR PIRAMIDE,GRAFICOS Y EXPLICACION DE
DRUMVALO SOBRE PIRAMIDES

LOS jeroglíficos egipcios han hablado desde hace largo tiempo; pero en la vieja tierra
de los faraones hay muchos monumentos que guardan aún sus secretos.

Entre ellos, las famosas pirámides de Gizeh siguen intrigando a los hombres. Para
situarlas en el tiempo, recordemos que fueron construidas hace mas de cinco mil años
por los reyes constructores de la cuarta dinastía que reinó en el antiguo imperio de 2895
a 2360.

Esos reyes se llamaban Snefru, Cheops, Quefrén y Micerino. Las pirámides de Gizeh
son las tumbas de los tres últimos reyes citados. Pero como ninguna inscripción de esos
faraones se ha encontrado, los acontecimientos de sus reinados son casi del todo
desconocidos.. Unicamente las pi-rámides, como asimismo sus estatuas, dan testimonio
de su poderío.

La más grande pirámide construida hacia 2620 a. C. es la del rey Cheops. Echada a sus
pies, la enigmática Esfin-ge sonríe extrañamente como si fuese la única conocedora del
secreto de ese geométrico monumento de piedra cuyo peso supera 'largamente los seis
mil millones y medio de kilos. Intacto, el monumento tendría ciento cuarenta y siete
metros ochenta centímetros de alto. Hoy tiene ciento treinta y siete, pues la punta ha
sido mellada por los siglos.

Cuando Napoleón -que también se decía grande llegó ante el monumento, no pronunció
la famosa frase histórica que le atribuyen; dijo simplemente:

-Lindo trabajo. ¿Cómo pudo hacerlo esa gente?

Hoy nos hacemos la misma pregunta. El primer misterio de la pirámide es el de su


construcción.

Se calcula generalmente el número de bloques que constituyen la gran pirámide en


2.300.000, lo que represen-a más de 2.800.000 metros cúbicos de piedra.

¿De dónde venían los materiales? La piedra blanca calcárea fue tomada de las canteras
de Tura, frente a Gizeh, al otro lado del Nilo. En cuanto al granito, proviene de las
canteras lejanísimas situadas al sur del país, especialmente en Asuán, que está a
ochocientos kilómetros. Los enormes bloques, que pesaban hasta quinientas toneladas,
eran trabajados primero a cincel, luego aislados de su lecho, tal vez por cuñas húmedas.

Los bloques eran amarrados en barcos de fondo plano, y en el verano, en el momento de


la crecida del Nilo -es decir, de julio a septiembre-, llegaban a Gizeh.

¿Pero cómo se ensamblaron esos bloques inmensos? ¿Cómo se levantaron sobre las
pirámides en construcción?

La pirámide no tiene fundamentos. En su base, cada lado tiene doscientos veintisiete


metros de largo y el primer cimiento de bloque está colocado simplemente en el suelo
apisonado. Este cimiento soporta doscientos veinte bloques, de altura decreciente hasta
cincuenta y cinco centímetros en la cima. Allí, en el cuadrado forjado, se posó el último
bloque en forma de pirámide. Este bloque último, llamado "piramidión", ha
desaparecido hace mucho tiempo.

Herodoto nos da indicaciones sobre la construcción de la obra:

"La pirámide fue construida en forma de peldaños.

Cuando se comenzó a construir de. esta manera, se alzaban las demás piedras con ayuda
de máquinas hechas de cortas piezas de madera y se las subía sobre la primera fila de
los fundamentos. Cuando se lograba esto con una piedra, se la ponía en otra máquina
que se hallaba en el peldaño anterior; de ahí se la subía por medio de otra máquina, pues
había tantas como peldaños. Tal vez los obreros no tuvieran, sin embargo, sino una sola
máquina, fácil de transportar de escalón en escalón cada vez que se movía la piedra.
Cuento la cosa de las dos maneras en que la he oído contar. Se comenzaba en seguida a
revestir y perfeccionar lo alto de la pirámide; luego bajaban a las partes vecinas y
después a las inferiores y a las que tocaban la tierra..."

Herodoto, que vivió en el siglo V a. C., se hallaba obligado, como vemos, a conjeturar
simplemente.

Es verosímil que se emplearan rampas. Consolidadas por vigas y ladrillos, eran alzadas
a medida que progresaban los trabajos, permitiendo así levantar los bloques hasta la
altura deseada. El arqueólogo Holscher ha encontrado algunos vestigios en la fachada
sur de Quefrén, demostrando que la rampa era perpendicular a la cara de la pirámide. El
problema parece, pues, resuelto; pero con tales aparatos de alzamiento sería falsa la
hipótesis de Herodoto. Acaso los dos procedimientos se utilizaran a la vez...

El interior de la pirámide está formado de cubos calcáreos amarillos de Gizeh. Están


amontonados los unos so-bre los otros sin mezcla alguna.

Se ha dicho erradamente que no había un solo gramo de mortero en toda la pirámide.

La inmensa escalera de piedra fue en seguida "vestida" por bloques de revestimiento de


piedra calcárea blanca en número de ciento quince mil y de altura variable según los
espacios ocupados. Estos bloques perfectamente lisos eran levantados con el mayor
cuidado, mientras los bloques interiores sólo eran escuadrados. La faz visible era tallada
ahí mismo, haciendo un ángti lo exterior de cincuenta y dos grados. Un mortero
extremadamente líquido los ligaba con asombrosa precisión que alcanzaba al cuarto de
milímetro. Así revestida, la pirámide parecía perfectamente lisa.

Tras el problema de las piedras, el de los hombres. Herodoto nos dice que se emplearon
cien mil hombres durante tres meses. Se ha interpretado mal su frase y a menudo se
escribe que un, ejército de, cien mil hombres, renovado cada tres meses, trabajó en esa
obra titánica. No. Cien mil hombres trabajaban sólo tres meses en el año, en la época de
la crecida del Nilo, que permitía disponer de mano de obra. Eso duró treinta años.

Cheops, también llamado Kufu, pasa por haber sido un tirano que despobló las
provincias, reclutando hasta viejos y niños. ¡Nuevo debate! ¿Habrá de creérsele a
Weigall que asegura que los egipcios cumplieron su obra con buena voluntad,
orgullosos de trabajar en la edificación del templo destinado a su rey-dios?

¿Fecha de la construcción? Muy imprecisa. Sólo se la puede situar entre 3100 y 2700 a.
C.

Cuando terminó la gigantesca faena, los artesanos se retiraron por un pozo secreto y
tapiaron la entrada con el mayor cuidado.

En el año 820 d. C., o sea unos 2.000 áños después, el califa Al Mamun, movido por la
curiosidad, quiso visitar el interior del enorme monumento. En verdad, pretendía
encontrar algún tesoro. Sus hombres empezaron a cavar inmediatamente en la piedra un
túnel en dirección al sur. Al cabo de varias semanas de trabajo habían avanzado unos
treinta metros. Entonces oyeron la caída de un bloque del lado del este. Trabajaron en
esa dirección y terminaron por llegar, al pasillo descendente que conduce a la cámara
subte-rránea, situada bajo el nivel del suelo.

En este pasillo descendente parte el corredor ascendente que lleva a la cámara del rey y
fue la losa que ocultaba la abertura de ese corredor la que, al caer, llamó la atención de
los trabajadores.

Estos no se dedicaron a trabajár en los bloques de granito que obstruían el corredor


ascendente. Prefirieron con-tornearlo cavando en las piedras calcáreas. Y de este modo
llegaron al corredor ascendente y a la cámara del rey.

¿Qué encontraron? Se adivina. ¿Y el tesoro? Nada se sabe, salvo el que la operación


debió costarle una buena fortuna al califa Al Mamun. Nadie puede decir si ésta fue
rentable. Los arqueólogos que vinieron mucho más tarde a la cámara del rey no
encontraron sino un sarcófago de granito rosa.

El segundo enigma de las pirámides, después del de la construcción, es el de la


iluminación. En techo alguno, en ningún muro se ha encontrado la menor huella negra
de humo, que revele el paso de una antorcha o de una lámpara de aceite; tampoco se ha
hallado esto en ninguna tumba. Entonces, ¿cómo se alumbraban los hombres que pe-
netraban en los monumentos funerarios, los artistas que los decoraban?

Acerca del misterio de la manera de alumbrarse se han emitido las ideas más peregrinas:
cuerpos hoy desaparecidos y que tenían la propiedad de brillar en la obscuridad, un
juego de espejos capaz de traer la luz solar hasta el corazón del monumento, una especie
de electricidad natural domi-nada por los sacerdotes... Confesemos que no sabemos
nada.

Tampoco sabemos si las pirámides fueron erguidas por los reyes de la cuarta dinastía
para dejarnos un mensaje...colocado antes de la construcción de los pasillos? Esto nos
parece imposible.

¿Y para qué sirve esa cámara subterránea situada bajo el nivel del suelo de en torno, al
extremo del corredor des. cendente?
Confesemos que los arquitectos de la cuarta dinastía nos plantean, a cuarenta y siete
siglos de distancia, muchos problemas.

¿Conocían ya el número pi (3,1416), sólo descubierto cuatro mil años después? Ese
número, como se sabe, indica la relación entre el círculo y su diámetro.

¿O es que somos demasiado imaginativos?

Las unidades empleadas por los constructores egipcios eran el "codo sagrado" que valía
0,635ó m. y el "pulgar piramidal" de 0,0094 m. El abate Moreaux calculó que mul-
tiplicando el pulgar piramidal por cien mil millones se obtiene la extensión del recorrido
de la Tierra sobre su órbita en veinticuatro horas, o sea, novecientos cuarenta mil mi-
llones de kilómetros. Y el codo sagrado representa la diez millonésima parte del radio
polar terrestre.

¿Son realmente las pirámides un libro de aritmética?

Ya hemos visto que tienen vínculos evidentes con la astronomía. Pero no convendría
llevar mucho más allá las cosas. Coincidencias extrañas, seguramente, pero simples
coincidencias...

Ni eso siquiera. Las longitudes medidas hoy -no hay que olvidarlo- no son las
longitudes iniciales, pues la gran pirámide perdió su revestimiento. ¿Cuál era su exacto
espesor? Se ignora. ¿Por qué todos esos cálculos, entonces, si un centímetro de más o de
menos basta para invalidarlos?

Admiremos a los egipcios y la perfección de su obra y pensemos tan sólo que no tenían
otro fin que el de conservar sus cuerpos durante milenios, después de la muerte,
para"que el "alma" eterna pueda encontrarlos en cualquier momento y en buen estado.

* UN HONGO DESTRUYE UNA MALDICION :

Aprovechemos nuestra estada en Egipto para dar una vuelta por el famoso Valle de los
Reyes, donde, en 1922, se encontró la tumba de.Tutankamón, el yerno de Amenofis

IV, que fue el último representante de la decimoctava dinastía, hacia 1350 a. C.

Desde hacía más de treinta años se hablaba de la maledición de los sacerdotes de Amón.
El suegro de Tutankamón no se interesaba por los asuntos públicos. Prefirió convertirse
en el propagandista de una religión nueva que substituía el culto de Atón a la divinidad
tebana Amón, figurada ya con cabeza de carnero, ya con rostro humano que poseía
cuernos de carnero.

Ante el influjo creciente del clero de Amón, Ameno-fis IV fundó El-Amarna y


entronizó como dios imperial el disco solar Atón.

Preteridos los sacerdotes de Amón, juraron, parece, vengarse y, en efecto, bajo el


reinado de Amenof is IV se preparó la ruina del imperio egipcio. Pero los sortilegios de
los sacerdotes no se detuvieron allí. La maldición debía burlarse de los siglos y cuando.
un cálido día de 1922 el "fellah" que alquilara sus servicios a Lord Carnavon percibió el
sello de Tutankamón en la puerta de granito que trataba de abrir a golpes de pico,
comenzó a temblar, dejó su instrumento y subió diciendo:

-No deseo morir ahí...

En todo el Valle de los Reyes, y más allá, la tumba pa-saba por maldita. Carnavon, que
terminaba las excavacio-nes, se había asegurado la ayuda del egiptólogo Howard Carter.
Durante dieciséis años, ambos hombres habían cavado en vano todo el barranco y
cuando ya Carnavon iba a renunciar, vino la victoria el 6 de noviembre de 1922.

Los dieciséis peldaños de la tumba llevaban a una sala que debía escombrarse. De ahí
partía un corredor que llevaba a una segunda puerta de piedra con dos sellos, uno de los
cuales estaba intacto. La tumba debía haber sido profa-nada por saqueadores, como
tantas necrópolis egipcias; pero el sello intacto -el del "Príncipe del Oeste", guardia de
las tumbas reales- atestiguaba que nadie había puesto allí el pie desde hacía dos
.milenios.

Al reconocer el sello roto de Tutankamón, el fellah dio media vuelta. Otro tomó su
lugar. Impaciente, Howard Carter le ayudó y tomó un pico minero.

¡Estos fellahs son estúpidos! --.exclamó-... Le temen a un cadáver de treinta y tres


siglos...

Por el orificio que se logró hacer, Carter percibió por fin las dos inmensas estatuas de
madera que llevan en la frente la serpientesagrada y que custodian una tercera puerta
sellada, tras la cual se encuentra la tumba del faraón, muerto a los dieciocho años.

El 17 de febrero de 1923 la puerta fue derribada en presencia de veinte personas.


Alguien había leído en voz alta esta inscripción a la entrada: "La muerte rozará con sus
alas a quien perturbe el sueño del faraón".

Un sepulcro de oro ocupaba casi toda la pieza. Lord Carnavon y Howard Carter
levantaron la pesada cubierta.

Apareció ante ellos un segundo cofre y cuando vieron intacto el sello no pudieron
ocultar su dicha. Eso les compensaba los dieciséis años de esfuerzos. Había sido por
milagro cómo Carter había encontrado las gradas de piedra de la tumba, justamente bajo
la cabaña en que los fellahs amontonaban sus instrumentos.

Se dejó para más tarde la apertura del segundo cofre. Cuando salía de la sala, Lord
Carnavon fue picado por una mosca en la mejilla izquierda. Esa misma noche, con
fiebre, se echó a la cama. Seis semanas después moría a la edad de cincuenta y siete
años repitiendo la frase leída en la última puerta.

¿Proseguía la maldición de los sacerdotes de Amón? Meses después, el hermano menor


de Lord Carnavon moría también, y luego la enfermera que lo había cuidado.

La prensa de todo el mundo se preocupó del asunto. Howárd Carter, sin embargo, había
seguido valientemente su tarea. Había abierto el segundo cofre y en el tercer ataúd, en
que el rostro del faraón estaba modelado en oro puro, encontró el sencillo ramillete de
flores silvestres que la viuda del muerto cogiera treinta y tres siglos antes en los campos
de Tebas. Las flores, secas, cayeron hechas polvo en cuanto sus dedos las tocaron.

Carter abrió el segundo ataúd y retiró la momia. En la mejilla izquierda, exactamente


donde Lord Carnavon había sido picado, Tutankamón tenía las huellas de una herida.
¿Acaso de eso había muerto?

Cuantos en ese instante se inclinaban. sobre la momia no pudieron impedirse el


recuerdo de la maldición. Y to-dos murieron después más o menos trágicamente.

Esto comenzó -o más bien, continuó- por Richard Bethel, el secretario de Howard
Carter, y luego con otros colaboradores de éste. El sabio Arthur Mace hubo de echar-se
a la cama para morir, tras haber horadado el muro de la cámara mortuoria. Otro, Evelyn
White, se ahorcó. Lord Westbury, que participó en las excavaciones, se acostó un día
lleno de salud y no despertó más; su padre saltó desde un séptimo piso a la calle.

Archibald Douglas Reid murió súbitamente en Londres en los precisos momentos en


que radiografiaba una momia.

Así perecieron veintitrés sabios. Unicamente Howard Carter, para sorpresa de todos,
escapó a la maldición. Nunca había creído en ella y murió de muerte natural en

1939...

¿Qué se ha de pensar ante tal hecatombe? ... ¿Coincidencia? ... ¿Maldición?.... Todavía
sería cosa de preguntarlo si el doctor Dean, en Rhodesia del Sur, no hubiera si

do llamado a cuidar a un geólogo que cayó gravemente enfermo tras un reconocimiento


en una.caverna donde se hallaban enormes depósitos --de guano de murciélagos. 'Pudo
diagnosticar una enfermedad muy rara:, la histoplasmosis que mata lentamente.

El doctor Dean relacionó esto con el asunto, del Valle de los Reyes. En la tumba de
Tutankamón no había murciélagos; pero había gérmenes de ese mal, y son sin duda

los hongos subterráneos muy numerosos los que lo transmitieron a los sabios.

¿Pero cómo escapó Carter?

-Simplemente -explicó el doctor Dean- porque también contrajo la enfermedad, pero en


forma benigna. Y eso le inmunizó.

Todo el mundo no está de acuerdo. Esa herida en la mejilla derecha, idéntica en el lord
y el faraón, ¿cómo explicarla?

¿No se cuenta que en 1939, para celebrar el nuevo año mahometano, la radio de El
Cairo tuvo la idea de valerse de las trompetas guerreras de Tutankamón que yacían
hacía diecisiete años en el museo de la capital? El vehículo que las transportaba cayó en
un barranco y el chofer se mató... Poco después, el músico que, ante el micrófono, se
apres taba a tocar la trompeta real, no alcanzó a lanzar una sola nota. Cayó fulminado en
el preciso instante en que sus labios tocaban el instrumento.
Misterios del Sahara

Pocos occidentales han tenido el privilegio de ser recibidos en audiencia por


Oulol Moma, cheij (o sheik) de Atar. Este hombre santo, considerado una
autoridad en el mundo islámico, es venerado por miles de musulmanes. Antes que a
ANO/CERO, había recibido en audiencia a los reyes de España, Don Juan Carlos y
Doña Sofia, quienes solicitaron audiencia para conocerlo en ocasión de una
visita a Mauritania.
También Hassan II, el anterior monarca de Marruecos, fue recibido por el cheij,
tras esperar durante un día a que acabase sus oraciones para atenderlo. Tuvo
mucha suerte, puesto que el de Mauritania debió aguardar dos días enteros. El
cheij no se deja impresionar por las coronas. Su trato con titulares de tronos,
presidentes o jeques del petróleo es el mismo que dispensa a camelleros,
pescadores o mendigos. La tarde anterior a nuestra entrevista con el cheij, el
comandante Enrique Amau compañero de aventuras en mis tres viajes a esta región
desde 1997 -me había pedido una tarjeta para entregársela a su secretario. Él se
la facilitaría al "hombre santo" quien, a pesar de no saber castellano,
"percibiría" si era conveniente recibirme o no. Por la mañana, Enrique, Miguel
Ángel -un médico español voluntario en Mauritania que llevaba años esperando
esta oportunidad-, y yo, nos dirigimos al palacete del cheij, en las afueras de
Atar. Entramos por la parte trasera, ya que la puerta principal estaba llena de
devotos que hacían guardia con la esperanza de verlo. En el Sahara, los
seguidores de un santón llegan a utilizar puñados de la arena que éste ha pisado
para aplicarlos directamente sobre sus heridas, convencidos de los poderes
milagrosos que adquiere el suelo tocado por un elegido de Alá.
Atravesamos los establos, rodeados de ovejas, camellos y vacas. En tan
pintoresco escenario, tuvimos nuestro primer encuentro con el cheij. Aparentaba
entre 65 y 75 años. Vestía completamente de blanco, salvo sus calcetines color
crema y las sandalias marrones. Su piel oscura, quemada por el sol del desierto,
contrastaba con una enorme sonrisa y la profundidad de su mirada, aquejada por
unas incipientes cataratas que conferian mayor misterio a sus ojos.
Inmediatamente, Miguel Ángel le ofreció la posibilidad de acompañarnos al
hospital para hacerle una revisión ocular. Sin dejar de sonreír ni un instante,
aquel hombre nos respondió que no era necesario, ya que él no nos contemplaba
con los ojos del cuerpo, sino con los del espíritu. En el desierto del Sahara,
tanto los cheijs como los marabús (curanderos-hechiceros) y otros muchos
personajes del mundo mágico musulmán, mantienen que el espíritu posee otros ojos
y oídos con los que percibir el mundo invisible. Algunos, como el cheij de Atar,
presuntamente tienen el don de "ver" el alma de sus visitantes, pero otros
utilizan sistemas de adivinación cuyo origen se pierde en la noche de los
tiempos.
En varios pueblos y ciudades del Sahara, a un lado y al otro de la fronte-ra
mauritano-marroquí, hemos podido ver y fotografiar a hechiceros y curanderos que
emplean distintas técnicas de predicción. Algunos de estos sistemas mánticos
fueron en su día exportados desde África al Nuevo Mundo con el esclavismo.
Todavía perviven en Cuba, República Dominicana o Haití, utilizados por santeros,
paleros o houngáns del vudú. Para comprender la brujería y la magia en el Sahara
es muy importante subrayar este sincretismo entre el Islam y el animismo
tradicional, cuya memoria pervive entre las dunas del desierto.
Como en el resto de países del Magreb, en esta región conviven dos formas de
entender la fe musulmana. Por un lado están los saberes ortodoxos de los que
deriva la teología y el derecho; por otro, las creencias populares. En estas
últimas, nos encontramos con las prácticas rituales y mágicas, los tabúes
alimenticios, el mal de ojo y otros fenómenos atribuidos a los espíritus, que
explican la difusión de amuletos específicos como antídoto contra los males o
con función protectora. Por ejemplo, para obtener seguridad se utiliza un cuadro
con nueve cifras mágicas, cuya suma equivale al nombre de Dios. Si se trata de
favorecer el desarrollo de la inteligencia de los alumnos se inscriben cuadrados
mágicos en sus pizarras. Si se desea que el entendimiento presida la convivencia
entre quienes habitan una tienda, se coloca otro cuadrado de este tipo en la
jaima (tienda de campaña típica de los beduinos). Para obtener seguridad y
atraer al amado las mujeres utilizan la alenha, una tintura con la que se tatúan
caracteres más mágicos que estéticos en el cuerpo. Además, los marabús se valen
de todo tipo de talismanes confeccionados con semillas, huesos animales, conchas
marinas, etc. Dichos objetos son "cargados" mediante rituales secretos que, con
frecuencia, combinan fórmulas del Africa Central y oraciones de El Corán. En las
costas de Nuadhibou nos encontramos con uno de esos extraordinarios personajes.

Tradiciones mágicas preislámicas

A Nuadhibou llegamos desde Nuakchott utilizando una ruta conocida como


"autopista del Atlántico". Ésta consiste en una franja de arena que se extiende
a través de casi 200 km de litoral. Para cruzar dicha "autopista" nuestros
vehículos debían ponerse en marcha al salir el sol, cuando comienza a bajar la
marea, ya que de lo contrario la subida de las aguas nos sorprendería antes de
alcanzar nuestro destino. Las dunas del Sahara mueren justo en la playa,
convirtiéndola en una trampa para los rezagados.
Cuando llegamos a la exótica Noadhibou nos entrevistamos con Mohamed Datta. A él
acuden los nativos que buscan una solución para sus problemas. Este marabú
senegalés no sólo utiliza las hojas del libro sagrado del Islam como elemento
mágico de sanación, como hacen otros curanderos en el Sahara, sino todos los
conocimientos heredados de la tradición preislámica. Sin embargo, para un
europeo judeocristiano resulta difícil comprender las pautas éticas que rigen
los actos de hombres como él.
"Mi abuelo era un famoso marabú conocido en toda la región -nos explica a través
de nuestro traductor-. Viajaba por todo el Sahara con su camello, su fusil y su
esclavo. Su nombre era Ken Kou. Y tanto servidor como señor tenían un compromiso
de por vida. A cambio de su trabajo, mi abuelo le daba techo y comida y cuidaba
de él. No se trata de una esclavitud tal y como vosotros la entendéis".
"Mi abuelo me enseñó -prosiguió Dattaque un cheij o un marabú, o cualquier
hombre que quiera dedicar su vida a Alá, debe tener sus necesidades humanas
satisfechas. Porque si tiene hambre, estará pensando en su estómago y no en Alá.
Por eso debe comer bien antes de orar. De la misma forma, un hombre que esté
cansado no podrá centrar su mente en Alá. Por ello, debe dormir bien, descansar,
y así estará en disposición de concentrarse en sus oraciones. De igual modo, un
hombre excitado sexualmente no puede pensar en Alá. Su mente se dispersa por el
deseo. Por esa razón, el hombre debe tener una o varias esposas que le ayuden a
pacificar su deseo".
Esta particular concepción sobre lo moral y lo inmoral, sobre el bien y el mal,
es extrapolable a la concepción sobrenatural del Islam sahariano.

Ángeles y demonios

Chinguétti, situada en la frontera mauritano-marroquí, fue una de las Ciudades


Sagradas del Islam. Según nos aseguró el alcalde de esta población, de allí
salieron algunos de los guerreros que lucharon con Mahoma para recuperar la
santa ciudad de La Meca, tras su exilio en Medina. Al llegar nos alojamos en una
antigua fortaleza abandonada por los franceses. Actualmente ha sido reconvertida
en hotel por el alcalde de Chinguetti, quien vive la mitad del año en Las Palmas
de Oran Canaria y el resto en la villa que gobierna.
En esta localidad visitamos un depósito de libros que constituye un auténtico
tesoro bibliográfico. Esas joyas de valor incalculable se encuentran en una
especie de casa-museo. El encargado de cuidarlo heredó la misma función que
antes habían cumplido su padre y su abuelo. Nos mostró algunas de aquellas
maravillas: biografías de Mahoma y ejemplares de El Corán de más de 1.000 años
de antiguedad, piezas de artesanía religiosa, objetos rituales, etc.
Entre esos textos hallamos las primeras referencias de la literatura islámica a
unos duendes llamados djinns (genios) o "los invisibles". Walt Disney y sus
dibujos animados nos han transmitido una imagen amable de los míticos genios que
pueblan los relatos árabes de Las mil y una noches. Sin embargo, su apariencia
cordial difiere de la creencia popular que tiene la cultura islámica sobre estas
legendarias criaturas.
Según dichas tradiciones, los djinns son una especie de criaturas invisi-bles,
capaces de interferir, para bien o para mal, en nuestras vidas. Algo simi-lar a
los ángeles, diablos y demás criaturas sobrenaturales del cristianismo. El Corán
se refiere en varias de sus suras (capítulos), sobre todo en el 72, a estos
enigmáticos seres dotados de extraordinarios poderes.
AÑO/CERO tuvo la oportunidad de recoger en el Sahara, como antes habíamos hecho
en otros países islámicos, relatos absolutamente extraordinarios sobre la
intervención de los djinns en la vida de los mortales: desarrollando en ellos
poderes sobrenaturales, curando enfermedades terminales, protegiendo o
arreba-tando la vida a sus enemigos.
Cuando el almuecín llama a la oración desde el minarete de alguna mezquita,
mezclando su voz con el sonido de la ghembá (guitarra tradicional de tres
cuerdas), y nos dejamos envolver por los aromas de pimienta, azafrán, dátiles y
menta que se disputan el aire en la plaza de cualquier pueblo del Sahara,
podemos empezar a comprender lo que suponen los genios en la vida de
los nómadas: representan una esperanza y un temor ancestral que, durante
generaciones, sirvió para mantener el respeto a las tradiciones y el orden
social.
Resulta sobrecogedor escuchar, de los labios de los niños más pequeños relatos
de sus encuentros con unos djinns que son idénticos a los "ángeles de la guarda"
de los niños europeos. A esos espíritus del desierto se atribuye la autoría de
todo tipo de prodigios, incluidos algunos enigmas arqueológicos de difícil
explicación, como las denominados moscas y boomerangs.
Durante los años 60 y 70 los pilotos de combate que sobrevolaban el Sahara
español descubrieron extrañas formaciones existentes en estos territorios. Las
bautizaron con estos curiosos nombres debido a su forma, trazando los primeros
planos de su situación. Juan José Benítez, que describió estas "pistas de Nazca
del Sahara" en su libro Mis enigmas favoritos, afirma que "las dimensiones de
las moscas en ningún caso sobrepasan los 50 metros, mientras que los boomerangs
alcanzan 1,5 km de longitud. En las fotografías tomadas desde los aviones se
observa una zona central oscura y casi triangular de la que parten líneas
estre-chas y muy largas. Inexplicablemente, todos los boomerangs se hallan
orientados hacia el oeste. En cambio, las moscas no guardan un orden aparente".
Desgraciadamente, la situación de conflicto bélico permanente que sufren esas
regiones del Sahara hace imposible su exploración. Por esta razón, nada sabemos
sobre el origen de esos dibujos, hechos presuntamente para ser vistos desde el
aire. Algunos autores sugieren que tales formaciones podrían estar relacionadas
con la mitología nómada del Sahara, que habla de reinos perdidos y extraños
dioses tutelares llegados de las estrellas. Leyendas como la del origen de los
misteriosos "hombres azules del desierto" -los tuareg-, descendientes de la
princesa Tin Hanin y de su hermana Takanat. Una tradición -posiblemente adoptada
por los tuareg de los colonizadores franceses- dice que éstas eran las últimas
reinas de los atlantes. Los defensores de esta teoría sahariana argumentan que
hace miles de años este desierto era un inmenso vergel, con una importante red
fluvial llena de lagos, alguno de los cuales fue tan grande como el Mar Caspio.
Tal vez los boomerangs y moscas del Sahara sean uno de los últimos legados de
aquella civilización.
Todo es posible. La magia impregna la cultura del desierto y nada sabemos de su
remoto pasado. En todo caso, es cierto que en estos parajes lo excepcional se
convierte en cotidiano. Cuando visitamos el palacio del cheij de Atar, había-mos
sido agasajados con leche fermentada de camella, dátiles con mantequilla y
keríy. Compartía viandas con nosotros un caudillo que había acudido a Atar para
presentar sus respetos al cheij. Los tuareg todavía sienten muy cercana la
presencia de los djinns y describen con naturalidad las misteriosas luces que
algunas noches atraviesan los cielos del Sahara y que cualquier europeo
calificaría como OVNIs. Sin embargo, esas esferas luminosas son un fenómeno más
complejo para ellos. Además de estar relacionadas con los "genios invisibles",
también pueden ser consideradas como "el espíritu luminoso" de algunos santones,
brujos o marabús.
Personajes carismáticos como el cheij de Atar son objeto de todo tipo de
leyendas. En su caso, esa mitología está directamente relacionada con su
asce-tismo. A pesar de ser un hombre inmensamente rico, duerme sobre una
esterilla extendida sobre una capa de arena del desierto, en una de las torres
de su palacio. Su extrema delgadez es fruto de su parca alimentación y su
inquietante don de clarividencia, acaso debido a un estricto entrenamiento
psíquico, desarma al visitante más escéptico, como tuvimos ocasión de comprobar.

Antes de despedirnos, y sin perder la sonrisa en ningún momento, nos invitó a


tomar cordero. "Esta mañana desayunasteis huevos y pescado, y os vendrá bien
comer ahora un poco de carne...", nos dijo con tranquilidad y sin dar ninguna
importancia a nuestro asombro, dado que él no podía saber lo que habíamos
desayunado aquella mañana, a solas y en otra ciudad.
Cuando finalmente abandonamos el Palacio del cheij, seguíamos sin explicarnos
cómo lo había adivinado. Tal vez, como sugirió Miguel Ángel -nuestro óptico-,
seamos nosotros los que necesitemos revisar nuestros ojos... pero los ojos del
espíritu.

Los lugares mas misteriosos de la Tierra

Stonehenge

Quienes fueron los constructores de Stonehenge? ¿Para qué servía éste monumental y
ordenado conjunto circular de enormes piedras? ¿Era un templo consagrado al Sol,
como pretenden los miembros de las sectas druídicas? ¿O era un observatorio
astronómico, según tratan de demostrar algunos investigadores como Samuel Langley y
Gerald Hawkins? ¿O se trataba de una estación de extraterrestres, donde aterrizaban
aeronaves de otros mundos? ¿Estos megalitos son contemporáneos de Homero o, como
se sostiene ahora, serian muy anteriores a la civilización micénica? Pese a los esfuerzos
de los estudiosos, no todas estas preguntas tienen respuesta.
Desde un remoto pasado -algunos arqueólogos creen que los megalitos del famoso
monumento fueron plantados allí a mediados del III milenio anterior a Jesucristo,
mientras otros lo alejan hasta el año 35000, las piedras de Stonehenge enfrentan al
observador con sus enigmas desde la campiña meridional inglesa, en el condado de
Wiltshire, a 130 kilómetros de Londres y cerca del río Avon meridional. En antiguo
sajón su nombre significa "piedras colgantes", pero en la Edad Media recibieron la
denominación de Danza del Gigante, de acuerdo con la leyenda que atribuía la obra a
los míticos colosos que habitaban la también mítica Atlántida. Aunque hace 30 ó 40
siglos no se conocía el compás ni existía la ciencia de la geometría, los constructores de
Stonehenge ubicaron las piedras de 4 metros de altura y un peso de 25 toneladas
formando un circulo perfecto. Lo lograron después de haberlas trasportado, sobre
rodillos y mediante la sola fuerza humana, desde canteras ubicadas en el norte de
Wiltshire, a 50 ó más kilómetros. El ignoto pueblo que durante 1500 años realizó una
titánica tarea de construcción, demoliciones y reconstrucciones desapareció sin dejar
rastros escritos. Los únicos testimonios son los monumentos megalíticos desparramados
por las islas británicas y el norte de Francia, además de piezas arqueológicas, como
hoces y guadañas de piedra pulida, que identifican a una comunidad de agricultores
neolíticos.
Sin embargo, las piedras mayores que forman los trilitos, o pórticos de tres piedras, no
son las únicas. Entre ellas existen otras, más pequeñas, de color azulado, que provienen
de los montes Presell, en Gales, a casi 400 kilómetros de allí, y que fueron transportadas
en duras etapas que los arqueólogos tratan de reconstruir. Al parecer, una vez extraídas
de la roca, las piedras habrían sido llevadas sobre rodillos, luego cargadas en balsas a lo
largo de la costa galesa hasta el canal de Bristol, después río arriba por el curso del
Avon de Bristol o septentrional y, nuevamente sobre rodillos, hasta el sitio definitivo.
Stonehenge fue construido en varias etapas, a lo largo de 1.500 años. En los primeros
tiempos fue colocada la llamada Piedra Talón, que hoy aparece pegada a la ruta que va
hacia la cercana ciudad de Salisbury, y se excavó la gran zanja circular con terraplén,
con un diámetro de 100 metros. En esa misma época se hicieron los hoyos conocidos
como "orificios de Aubrey", denominados así por John Aubrey, quien estudió los
monumentos megalíticos de la zona en el siglo XVII. En esos huecos, que siguen un
círculo concéntrico e interior a la zanja, se encontraron huellas de cremaciones
humanas, una forma de entierro común en las culturas neolíticas de Europa.
La etapa siguiente, cumplida 200 años más tarde, fue la instalación de los 80 bloques de
piedra azulada traídos desde Gales (de los cuales sólo quedan 30). Estos formaban un
círculo de 50 metros de diámetro, dentro del cual fueron erigidos posteriormente los dos
círculos actuales de trilitos: uno exterior, de metros de alto pero derruido en su mayor
parte, y uno interior, compuesto por cinco trilitos de 4 metros de alto. Cerca de los
trilitos se levantan cuatro grandes piedras colocadas en cruz, cuyo centro virtual
coincide con el punto central de Stonehenge, y en las proximidades de la zanja hay dos
monolitos que marcan, con exactitud, el Este y el Oeste. La primera etapa representó un
gran esfuerzo técnico en cuanto a la extracción, el tallado y el trasporte de las piedras a
lo largo de cientos de kilómetros. Pero la construcción de los trilitos puso aún más de
manifiesto la capacidad de los artesanos prehistóricos para tallar las piedras y
encastrarías con precisión. Como también es asombroso el método para instalar las
grandes piedras planas, que forman el "techo" de los
trilitos, en la parte superior de las anchas columnas monolíticas. Cada una de éstas era
arrastrada sobre rodillos hasta un hueco cavado en el suelo y luego, con sogas tiradas
por cientos de hombres, era colocada verticalmente. Después, levantaban un terraplén
provisorio de tierra y piedras hasta la cima de las columnas y arrastraban el "techo"
sobre rodillos hasta su sitio. ¿Cuál fue el impulso para que todo un pueblo -hombres,
mujeres y niños- realizara tan inmensos esfuerzos durante tal cantidad de años? ¿Cómo
una cultura que no conocía la escritura pudo transmitir durante 15 siglos, de generación
en generación, las motivaciones para mantener viva la llama de esa labor titánica? Los
astrónomos dicen que Stonehenge es un extraordinario observatorio solar y lunar,
mediante el cual aquellos antiguos ancestros de William Shakespeare, Winston
Churchill y los Beatles podían establecer con precisión el comienzo y el fin de las
estaciones. Y así graduar el tiempo de la siembra y la cosecha. Ya lo había adelantado
en 1781 el físico Henry Wasey. Pero fue el norteamericano Samuel P. Langley,
destacado astrónomo y pionero de la aviación, el primer científico contemporáneo en
estudiar Stonehenge como observatorio astronómico, en 1889. Su conclusión fue que
"sin conocer nada de física, esos hombres primitivos pudieron descubrirla mecánica por
medio de la cual el Sol se alza, cumple su ciclo y se pone, día tras día, año tras año".
Hacia 1960, el astrónomo norteamericano Gerald Hawkins, profesor en las
universidades de Harvard y Boston, siguió los pasos de Langley y sus conclusiones
fueron coincidentes. Mediante cálculos auxiliados por computadora, pudo determinar
las posiciones del Sol y la Luna desde el punto de vista de Stonehenge y comprobó que
la disposición de las piedras coincidía con ángulos precisos: la salida y la puesta de
ambos cuerpos celestes al empezar y terminar los respectivos ciclos de las estaciones
anuales, los equinoccios y solsticios.
Por su parte, el investigador inglés del esoterismo, John Michell, propuso que se
concibiera a Stonehenge como "un templo místico, dedicado a los doce dioses del
zodiaco, que representa la cosmología ideal, la imagen perfecta y completa del
universo". Una explicación no contradice necesariamente la otra. Para los antiguos
pobladores del noroeste europeo la necesidad de conocer las épocas de siembra y
cosecha no era sólo una cuestión práctica. En ella se conjugaban sus creencias y sus
mitos, sus conocimientos técnicos y sus costumbres. Conocer cuándo la Luna se ponía
sobre el horizonte más al sur o más al norte significaba para esos hombres "dominarlas
fuerzas naturales, adquirir un poder que los aproximaba a la potencia superior de los
dioses o los antepasados", como sugiere Michell. Hubo explicaciones fantasiosas como
las manifestadas por el reverendo Hugh Grover durante el siglo XVIII: sostuvo que el
gran monumento pétreo era obra de cíclopes, quienes habrían habitado la región antes
de que apareciera el hombre. O la especulación de W.S. Blacket, en 1833, para quien
Stonehenge había sido erigido por los habitantes de la Atlántida, el presunto continente
perdido en las profundidades del mar. Siglos antes, en 1620, el arquitecto Iñigo Jones
recibió el encargo del rey James l de estudiar los antiguos monumentos megalíticos
ingleses. Según afirmó, las piedras de Stonehenge eran las ruinas de un templo romano
del siglo I de nuestra era. Hacia esa misma época, el escritor John Gibbons dijo que era
un templo anglosajón y Aylett Sammes atribuyó su construcción a los fenicios. El
escritor Samuel Pepys visitó el lugar en 1688 y en su célebre Diario escribió: "Al
acercarme, encontré el lugar tan prodigioso como me habían dicho. Valía la pena hacer
el viaje para verlo. Sabe Dios para qué serviría!" Y John Aubrey pensó que los
constructores pudieron haber sido miembros de la casta de los druidas, los misteriosos
sacerdotes del pueblo celta. Aunque los druidas no tienen nada que ver con Stonehenge
ni con sus constructores -los separan miles de años-, la leyenda que los vincula empezó
en el siglo XVI II, cuando el anticuario William Stuckeley (los anticuarios fueron los
antecesores de los arqueólogos modernos) afirmó que se trataba de un templo de esta
antigua corporación sacerdotal céltica. Posteriormente apoyaron esta idea el reverendo
Henry Rowlands y el arquitecto John Wood. La leyenda se convirtió, según el
historiador Stuart Piggot, en "una de las más arraigadas del folklore inglés".
Los antiguos druidas conformaban una colectividad religiosa altamente ilustrada, propia
de las poblaciones celtas instaladas en el norte de Francia y las islas británicas desde
algunos cientos de años antes de Jesucristo. Sus miembros eran "ciudadanos del
mundo", que viajaban entre los distintos poblados del extenso territorio ocupado por los
celtas portando el conocimiento y la sabiduría.
Se dividían en varías clases: druidas o sacerdotes supremos, ovates o sacerdotes
encargados del culto y los sacrificios humanos, videntes, que se ocupaban de adivinar el
porvenir y bardos o cantores. La importancia de los bardos era muy grande, pues los
conocimientos druídicos eran transmitidos a los discípulos oralmente, mediante
extensos poemas rimados. La escritura sólo fue utilizada por
los celtas después de la irrupción de los romanos en sus tierras, cuando incorporaron
documentos escritos en griego y latín. La llegada del cristianismo dio fin a esta religión
de los pueblos celtas, que sólo sobrevivió en Irlanda hasta muy avanzada la Edad
Media.
La imponencia de Stonehenge inspiró a los artistas durante las últimas décadas del siglo
XVIII y principios del XIX. Pintores y escritores se inspiraron en las ruinas megalíticas,
incluyéndolas en sus obras. Hacia 1780, Thomas Rowlandson mostró el conjunto a
través de un tranquilo paisaje en tonos suaves. Pero la visión romántica del mundo
alimentó aún más la leyenda de un Stonehenge druídico. Las acuarelas de dos artistas
menores como Thomas Hearne y Thomas Girtin, como también las dedos grandes de la
pintura inglesa, John Constable y James Turner, muestran los trilitos inmersos en
inquietantes paisajes de
fuertes contrastes y enmarcados por cielos tormentosos. Otros pintores y grabadores
-Henry Thompson, James Barry, Samuel Palmer, Thomas Jones- ubicaron en los
alrededores del monumento escenas de dramas como la muerte de Cordelia, personaje
de El rey Lear, de William Shakespeare, una madre con sus hijos sorprendida por la
tempestad o sacerdotes druidas en misterioso ritual.
Hacia esa misma época, los anticuarios se dedicaron a excavar numerosos túmulos que
salpicaban la llanura de Salisbury, cerca de Stonehenge, y los grandes megalitos de
Avebury. Hallaron en su interior urnas de cerámica, dagas y cuchillos de hueso, bronce
y hierro, monedas de oro y restos de seres humanos. La mayor parte de estas piezas
fueron vendidas, por lo cual fue imposible seguir su rastro y realizar una interpretación
arqueológica de cada túmulo. Sin embargo, el erudito Thomas Leman, experto en
caminos romanos de Inglaterra, señaló con acierto que las armas despositadas en los
túmulos

EL PODER DE LOS MEGALITOS

Una antigua leyenda bretona, recogida en el siglo XIII por Geoffrey de Monmouth, dice
que las inmensas piedras que salpican la tierra inglesa fueron colocadas allí por el mago
Merlín. Y que tienen poderes mágicos y curativos. Esta fue una de las razones para la
constante destrucción de los monumentos por centenares de personas que se acercaron
en busca de trozos que podían llevar consigo como amuletos. Inclusive, en la cercana
ciudad de Amesbury se llegó a alquilar picos para que los visitantes pudiesen extraer
con más facilidad porciones de piedra. La magia del lugar atrajo a los adoradores del
Sol. Desde 1833 sirvió como centro de reunión para una secta masónica, conocida como
Antigua Orden de los Druidas. Todos los años, al amanecer del solsticio de verano (21
de junio en el hemisferio norte), se congregaban en Stonehenge para entonar cánticos,
quemar incienso y esparcir hojas de roble.

Avanzado el siglo XIX, Stonehenge se convirtió en un lugar de moda, apto para


acampar, "hacer un picnic, dibujarlas piedras y leer algún poema", como aconsejaba en
1853 la revista The Leisure Hour, una publicación "para la recreación de la familia".
Una foto de la época muestra a la reina Victoria durante una excursión a los trilitos y
otra a un grupo de jóvenes encabezados por el príncipe Leopoldo, su hijo menor. En la
planicie cercana se hicieron carreras de caballos y competencias de cricket (hasta la
década de 1920), mientras grandes caravanas de hombres, mujeres y chicos se
acercaban a conocerlos megalitos y llevar algún guijarro de recuerdo, gracias al alquiler
de picos en la vecina Amesbury. Entre los más asiduos visitantes estaban los miembros
de las sectas masónicas que se consideraban así mismos descendientes de los antiguos
druidas. Todos los años realizaban ceremonias en el marco de cultos esotéricos. Sin
embargo, la aproximación a Stonehenge desde el ángulo del misterio no se limitaba a
los ritos druidicos. Diversas explicaciones alternativas para su origen fueron expuestas
durante el siglo pasado y el actual, una más fantástica que la otra. Desde las
interpretaciones del monumento como símbolo sexual hasta la de entenderlo como una
base para visitantes extraterrestres, pasando por la creencia de que es el escenario para
un misterioso drama masónico en siete actos que empezó a ser representada el 14 de
octubre del año 3373 antes de Cristo. No falta la sugerencia de que las grandes piedras
fueron instaladas allí por levitación. Y así como Stonehenge fue analizado por los
astrónomos como un observatorio celeste, a partir de estridas reediciones, la
numerología esotérica produjo numerosas interpretaciones del monumento. Entre ellas,
la de John Michell, que propone comprenderlo como "un símbolo de las mayores
dimensiones de la Tierra", a partir de cáiculos que remiten a un plan sustentado en el
número 666, el número de la Bestia en el Evangelio. Asimismo, según Michel, el plan
de Stonehenge representa en miniatura las distancias entre los planetas del sistema solar,
mientras que los grandes túmulos de la planicie de Salisbury marcan un mapa de las
grandes constelaciones celestes. Druidas y extraterrestres, calendarios neolíticos y
escenarios masónicos, la reina Victoria y el pintor Turreer, carreras de caballos y
cricket: alrededor de Stonehenge se unen fantasía y realidad en forma inextricable.
Pasaron siglos y milenios. Sin embargo, como dijo lord Byron en su poema Don Juan,
aunque ya "los bosques de los druidas han desaparecido... Stonehenge sigue allí, pero
¿qué demonios es?"

TEOTIHUACAN

Nadie conoce su origen. Ni aún los mas sabios arqueólogos saben como empezo su
historia. Lo unico cierto es que el corazon del Valle de Mexico hay una cadena de
construcciones monumentales, adornadas con perfiles de seres monstruosos, donde se
destacan dos enigmaticas y altas piramides, dedicadas a la adoracion del Sol y de la
Luna. Las ruinas son tantas, y tan grandes, que los especialistas han calculado que alli
trabajaron -para construir todo el complejo- mas de 3 mil hombres durante 30 años. Por
eso parece raro que esos operarios, artistas e ingenieros no dejaran ninguna traza,
ningun indicio, que sirva al menos para conocer el nombre original del lugar y
desentrañar cual era la lengua que hablaban. Ahora, solo habitan alli los fantasmas de un
pasado secreto, empeñados en guardar celosamente los comienzos de esa ciudad
misteriosa, donde los hombres vivian al lado mismo de los dioses. La escritura que
utilizaron los habitantes de Teotihuacan da una pista, pero es por ahora inescrutable: se
trata de rayas y puntos, semejantes a los que utiliza otra gran cultura de la region, la
olmeca. Pero todavia no se han podido descifrar sus mensajes.
En el siglo XIV, cuando los aztecas dominaron el valle de Mexico, esta ciudad, que
ellos denominaron Teotihuacan ("el lugar de los que siguen el camino de los dioses"),
hacia ya 700 años que habia sido abandonada por sus primitivos moradores. Eso
constituye un segundo interrogante, ya que nadie puede explicar, tampoco, la razon de
ese exodo masivo. Porque la urbe no se fue degradando de a poco sino que la gente se
esfumo de golpe, como si un rayo los hubiera aniquilado, despues de un ataque de
pueblos enemigos que incendio el norte de la ciudad. Luego vivieron alli, durante 200
años otras tribus de la zona, que convirtieron la ciudad en un objeto de culto. Tal vez
porque esos grandes monumentos los sorprendian hasta el delirio. Por otra parte, para
que eran esas piramides de dimensiones colosales, tan altas como las de Egipto?.
Silencio...la pregunta no tiene respuesta. Sólo se pueden hacer conjeturas o escudriñar
viejas tradiciones orales en busca de algo que asemeje a una contestacion. Una leyenda,
por ejemplo, afirma que el valle estaba habitado, en tiempos remotos, por una raza de
gigantes llegados del espacio. Fueron ellos los que erigieron esas pirámides, que no
parecen hechas a medida del hombre. Otros mitos dejan de lado a los antiguos,
presuntos ciclopes y afirman, rotundamente, que son obra de los viejos dioses de
México. Una de esas deidades se llamaba Nanahuatzin y era enfermo y humilde.
Fue el quien un día levantó su pirámide, que dio origen al Sol, que antes de eso no
existía. Otro de los dioses se llamaba Tecuciztecatl y era altanero y orgulloso. Para
satisfacer su vanidad, celoso del primero, erigió la otra pirámide. Cosa que enojó a
todos los otros dioses de ese particular Olimpo. Para demostrale su desprecio, los
inmortales le arrojaron al rostro un conejo muerto. Sí uno se fija bien en la cara de la
Luna llena, se puede distinguir la sombra de un conejo. Ese, y no otro, fue el origen del
satélite de la Tierra. Mitología o leyenda, lo cierto es que este centro religioso es algo
indescifrable.
Tiene algo menos de 24 kilómetros cuadrados y está enclavado sobre una meseta de
2.300 metros de alto, a dos kilómetros de la ciudad Teotihuacán de Ariota. La
espectacular pirámide del Sol fue descubierta en 1906 por el arqueólogo Leopoldo
Baties, quien calculó que había sido construida en el siglo 1 de nuestra era. Se eleva a
unos 66 metros y su base tiene 225 metros de lado. Un monstruo sólo comparable a la
gran pirámide de Keops. Se estima que se necesitaron 2 millones y medio de toneladas
de ladrillos cocidos para construida. Una labor, en efecto, digna de gigantes.
Cuando los aztecas ocuparon la meseta de Anahuac, atribuyeron la construcción de esas
pirámides a los toltecas, que vivían allí desde hacía varios siglos. Pero no fueron ellos
los responsables, ya que se asentaron en el sitio alrededor del año 648 dC. Esta otra gran
civilización ocupaba el altiplano Central de México y tenía su cabecera en Tula
Xicocotitlan, en el actual estado de Hidalgo y a 80 kilómetros de Ciudad de México.
Ellos, igual que los olmecas, solían tallar en roca basáltica monumentales cabezas y
efigies de guerreros, como las cuatro estatuas que pueden admirarse en la cima de la
pirámide de Tula. Teotihuacán se hallaba a menos de un centenar de kilómetros de esa
dudad capital del Imperio Tolteca. Por tanto, parecía natural vincular ambas
civilizaciones. Pero hoy se cree que no fue así. Ante todo, hay un dato irrebatible: la
cultura teotihuacana se resquebrajó alrededor del año 700, bajo el incendio y la
destrucción desatados a su paso por huestes enemigas procedentes del norte. Por otra
parte, Teotihuacán había culminado entre los años 150 y 600 d.C. un desarrollo y
poderío propio cimentados, casi seguramente, en los numerosos yacimientos de piedra
obsidiana, un minera muy codiciado proveniente de la lava volcánica. Es posible que
esa riqueza natural fuera la base sobre la cual se desenvolvió una admirable maestría
arquitectónica y artística, además de un bienestar material que aseguraba la subsistencia
a sus más de 200 mil ciudadanos. La antigua Teotihuacán ocupaba el sexto lugar en el
planeta por su volumen poblacional.
Aquellos teotihuacanos cuyos orígenes y derrumbe permanecen sumidos en un mer de
sombras, brillaron como una de las mas sofisticadas civilizaciones del globo. Leían y
escribían, sin duda redactaron libros y códioes, sabían regodearse con exquisitos
refinamientos gastronómicos, conocían el hilado, ejecutaban las más variadas artesanías.

No asombra que esos adelantos se conjugaran con intenciones orientadas hacia una
concepción esotérica-simbólica, hacia una cosmovisión surcada por guiños cómplices a
las grandes fuerzas desconocidas que laten detrás de la vida cotidiana. Por ejemplo, la
pirámide del Sol o Tanotíuh ltazcuati se dispone en un eje esteoeste, acorde con el
itinerario aparente del astro rey; y se ha hecho notar que muy probablemente, la
pirámide fuera construida para señalar el centro del Universo; que las cuatro esquinas
simbolizaran las cuatro direcciones de aquél, y la cúspide el corazón de la vida. La
pirámide de la Luna, Mextíl lztacual, que data del siglo II y fue restaurada en fecha
reciente, es algo más pequeña con sus 44 metros de altitud y su base rectangular de 130
metros por 156 metros. Se compone de tres plataformas o gradas, distantes una decena
de metros una de otra. Ya un millar y medio de metros de la pirámide de la Luna, otra
ciudadela Texcapam o constituida en tres de sus lados por un murallón de 300 metros de
longitud, 32 de ancho y 8 metros de alto; esos muros alojan a diez torres. El cuarto
frente o lado está formado, en cambio, por un escalonamiento de pirámides desiguales.
Todo ello rodea al centro de la ciudadela, donde se alza el misterioso tlaltel, un túmulo
de tierra y piedras de 28 metros de altura.
Y hacia el sur de la pirámide de la Luna, a lo largo de unos ocho kilómetros, está la
llamada Avenida de los Muertos, que lleva hasta la cúspide del cerro de Tlaginga. Las
plataformas que se observan en esta calle en realidad, un encadenamiento de patios
abiertos dispuestos uno a continuación del otro fueron tomados por los aztecas como
nichos o tumbas. Estaban equivocados: los difuntos en Teotihuacán eran cremados y
enterrados debajo del suelo de las casas en las que habían vivido, envueltos en mortajas
a las que se untaba con aceites y pócimas rituales.
A lo largo de esta Avenida se encuentran las ruinas de la antigua ciudad. El pasado vive
con fuerza insospechada en esos restos de calles, plazas y pirámides de lO a 12 metros
de altura; esos templetes erigidos en homenaje a Tíaculteutí, a Chicomecoatl, a
Chalchiuhtlicue, Xluhtecutli, Vacatecutli. La Avenida cruza la Ciudadela cuadrangular,
en cuyo sector oriení perdura el templo al dios Quelzaicostl, una pirámide con seis
terrazas o niveles escalonados. Allí hay una serie de cabezas fantasmagóricas relieves
que hacen perder el aliento: entre ellos que representa al propio Ouetzalcóatl o Serpiente
Emplumada, dios de la Sabiduría y d Viento y símbolo del matrimonio entre el Cielo y
la Tierra, y el alusivo a esa Serpiente de Fueg que guía al Sol alo largo de su viaje astral.
Fauces abiertas, dientes amenazadores. Y junto ellos Tláloc, divinidad que encarna a la
Lluvia. Antiguo dios de los toltecas (que la mayoría de los arqueólogos creen estaban
emparentados estrechamente con los constructores de Teotihuacán), el dios Oueztalcoátl
fue compartí por las culturas posteriores. Paralos aztecas, que dominaron la región
siglos después de la caída de Teotihuacán, la "serpiente emplumada" era el dios del
saber y patrón de los sacerdotes. Expulsado mediante traición por el dios
Huitzilopochtli, huyó hacia oriente por el mar, mientras juraba que volvería para
vengarse de su derrota en el año de Ceacatl. Según el calendario azteca, tal año podría
haber sido 1363, 1467 o 1519. Y justamente al acercarse esta última fecha se produjo la
llegada de los españoles comandados por Hernán Cortés, a quien los súbditos del
emperador Moctezuma creyeron, por lo tanto, la reencamación dé Quetzalcoátl.
En 1971 se produjo, casi por casualidad, un descubrimiento teñido por las creencias en
esas divinidades cósmicas: varios metros por debajo de la pirámide del Sol se extiende
una caverna de grandes dimensiones, que debió servir como centro ritual. Los indígenas
que poblaban México antes del arribo español, tenían a tales cavidades como vientres de
gestación en cuyo seno habían sido concebidos el Sol, la Luna y también los mítícos
antecesores del ser humano. Pero, a no dudarlo, lo más llamativo de esta magna
pirámide es que en los dos días del año en que el sol alcanza el cenit esto es, cuando no
produce ninguna sombra se oculta precisamente detrás del frontispicio de esta Tanotiuh
Itazcuatl. ¿Cómo explicar tanta coincidencia, como no sea porque los constructores de
estas construcciones descomunales, hayan sido gigantes, dioses u hombres, disponían de
nociones astronómicas bien afiladas?

Otro dato en favor de ese bagaje de conocimientos astronómicos: en medio de la baja


plataforma, de unos cuatrocientos metros de lado, que sustenta el cuadrángulo de la
Ciudadela, se yergue una elevación a la que debe accederse mediante cuatro escalinatas
de trece peldaños cada una: una clara referencia a los 52 años del "siglo" indígena...
Toda la legendaria ciudadela, esta misteriosa Ciudad de los Dioses separada del fértil
valle de Texcoco por una serie de eminencias que forman uno de los contrafuertes de la
Sierra Nevada, y no muy lejos de la población de Otumba que parece conservar aún el
recuerdo de la sangrienta batalla librada entre españoles y aztecas, debió resultar mucho
más espectacular aún cuando el basálto negro o verde empleado en la construcción los
monumentos se encontraba pintado con todos los colores imaginables. Y cuando las
esculturas dispersas aquí y allá exhibían todo el esplendor de sus máscaras repujadas en
jadeo basalto, con ojos de mejillón y de obsidiana.
El misterio no sólo perdura, sino que parece acrecentarse día a día entre estos vestigios
que atraen a millares de turistas y estudiosos. Baste citar que cuando la comisión
cientifica encabezada por el arqueólogo Batíes puso al descubierto la pirámide del Sol,
encontró en cada uno de sus ángulos el esqueleto de un niño pequeño que miraba en la
dirección señalada por esos vértices. ¿Oué sentido último tuvo la inmolación de aquellas
criaturas? También trascendió, del relato de los conquistadores españoles, que sobre la
pirámide Solar se elevaba una inmensa estatua de piedra monolítica, totalmente
recubierta con láminas de oro. Representaba al Dios de la Luz, Tenocatencitli. Los
soldados de Hernán Cortés la secuestraron, y más tarde el ídolo fue hecho destruir por el
obispo de México, monseñor Juan de Zumárraga, que temía a las malas influencias" de
esa deidad pagana. Los indígenas mexicanos están persuadidos de que los daños
infligidos al Dios de la Luz acarrearon su decadencia, y que tanto mal ha de ser expiado
todavía, a lo largo de incontables generaciones.

DIOSES SABIOS EN ASTRONOMíA

La pirámide del Sol, en Teotihuacán, reviste mayores dimensiones que su contraparte


"femenina", esa pirámide de la Luna construida un siglo más tarde y a partir de cuyo
cuadrante meridional se extiende la estremecedora Avenida de los Muertos. Y resulta
por lo menos curioso -mejor dicho: intrigante, y sugestivo- que esa disparidad de
magnitudes entre los monolitos solar y lunar se reitere a muchos miles de kilómetros de
allí y a una gran distancia cultural y religiosa: en la catedral de Chartres, también
estudiada en esta edición y de cuyas dos aguias la coronada por un sol se alza a bastante
mayor altura que aquella rematada por una luna. Por lo demás, la insistencia en los
símbolos que aluden al astro solar y al satélite natural de la Tierra es una constante en
civilizaciones aparentemente desconectadas entre sí.
Este es sólo uno de los parámetros, y no el menos fascinante, de ese centro
arqueológico-teológico que representó una de las más brillantes creaciones del Nuevo
Mundo. Una civilización que destelló en todo su apogeo hacia la misma época en que
Europa era presa de las invasiones bárbaras. Y que supo lo suficiente de los enigmas
celestes, como para edificar la pirámide lunar en una orientación coincidente con el
Meridiano magnético, y que además se las ingenió para que la línea entre los centros de
ambas pirámides brinde, con absoluta exactitud, la dirección del Meridiano
astronómico...

A partir de su mención en el Antiguo Testamento, la Torre de Babel adquire una


dimension superior a su fastuoso valor arquitectonico Se convierte
en símbolo de la confusión que invade al hombre cuando no puede comunicarse con sus
semejantes, porque cada uno emplea su propio idioma. Esta situación
inicialmente caótica fue -según el relato bíblico- deliberadamente provocada por Dios,
para castigar el orgullo ilimitado de los seres humanos que pretendían llegar a tocar el
cielo con sus manos.
"Todo el mundo era de un mismo lenguaje e idénticas palabras. Al desplazarse la
humanidad desde Oriente hallaron una vega en el país de Senaar y allí se establecieron
(...) Después dijeron: "Vamos a edificarnos una ciudad y una
torre con la cúspide en los cielos (...)". Y descendió el Señor a verla ciudad y la torre
que edificaban los hijos de Adán y dijo:
"-He aquí elpuebo es uno solo y todos tienen el mismo lenguaje; y han levantado esta
fábrica; y no desistirán de sus ideas hasta llevarlas a cabo. Descendamos pues a
confundir su lenguaje de manera que uno no entienda al otro.
Y de esta suerte los esparció el Señor desde aquel lugar por todas las tierras, y cesaron
de edificar la ciudad. De donde se dio a ésta el nombre de Babel, porque fue allí
confundido el lenguaje de toda la tierra (Génesis Xl, 1 a9).
Para tratar de desentrañar el misterio generado alrededor de la torre babióníca
hay que partir de la aseveración de su existencia. Sin duda alguna fue un monumento
concreto. Cobró gran trascendencia hasta el punto de integrarse al folklore de los
pueblos, como respuesta a la inquietud por el empleo de tantas lenguas.
Etimológicamente el nombre "Babel" nace dedos raíces. La babilónica "Bab-ííu" (puerta
de Dios) y la hebrea "balal" (confusión). Las dos perfectamente aceptables dentro de su
valor contextual.
La famosa y siempre buscada torre se elevaba en la ciudad de Babilonia,
al surde Bagdad, en el curso medio del río Eufrates. Allí, en la región denominada
Mesopotamia (país de Senaar), se desarrolló a lo largo de 26 siglos (2900 a.C/330 a. C),
una civilización que conoció épocas de gran prosperidad y sabiduría, decisivas para el
desarrollo de las poblaciones del cercano Oriente. El pueblo sumerio es considerado el
elemento civilizador de esta región.
La tradición dice que los sumerios llegaron por el este. Según los estudios arqueológicos
se afirma que constituyen una rama de la raza indoeuropea. Parece que su país
originario era montañoso. Esto resulta verosímil y es deducido por el hecho de que sus
dioses están siempre representados de pie sobre una montaña. Los sumerios les rendían
culto en lugares elevados. Cuando emigraron al valle del Eufrates, no encontraron
elevaciones naturales aptas para el culto religioso. Todo era llano. De allí su afición a
las construcciones elevadas, ya que creían que cuanto más alto llegaban, más cerca de
dios se encontraban. Así, a estas edificaciones con propósito religioso las llamaron
"zigurats" (colina del cielo o montaña de Dios). Eran torres piramidales escalonadas con
un santuario en la terraza y orientadas hacia los cuatro puntos cardinales por sus
ángulos. Servían de templos y observatorios a la vez. En cada ciudad importante había
por lo menos una de tales torres.
El primer zigurat de Babilonia fue construido por Hamurabi (1792-1750 a.C), sexto rey
de la dinastía semita. Dominó toda la Mesopotamia y bajo su reinado Babilonia vivió un
gran florecimiento cultural. Al comienzo, el mismo Hamurabi
promulgó un codigo legal que inspiró la famosa ley hebrea del talión: "Ojo por ojo.
Diente por diente".
Una de las descripciones más fabulosas de la ciudad de Babilonia es la del historiador
griego Herodoto. "Sobrepasa en esplendor a cualquier ciudad del mundo conocido",
escribía Herodoto hacia el 460 a.C. Pero no es la ciudad de Hamurabí ante la cual él se
asombra. Se trata de la Babilonia de Nabucodonosor II, que le dio a esta legendaria
ciudad su mayor magnificencia dentro del imperio babilónico, en el 604 a.C. El templo
más grande de Babilonia era el Esagíl, dedicado a "Marduk", la principal deidad de la
ciudad. Con sus dependencias formaba un cuadrilátero de 550 m por 450 m. Se accedía
al Esagil (casa de alta cima) por la "calle de las Procesiones", avenida ancha de 19
metros y pavimentada con baldosas de caliza blanca y brecha roja.
Cerca del templo se erigía el zigurat, de 90 m de altura, denominado
"Etemenanki" (casa de la fundación del cielo y de la tierra), rebautizado por los hebreos
como la torre de Babel. Más allá de la alusión al hecho material de unión de cielo y
tierra por medio del zígurat, existe una unión espiritual entre las dos partes organizadas
del mundo, según la creencia de la época.
Pero la torre de Babilonia fue destruida por completo. Aunque hoy, gracias a
descripciones recogidas en textos antiguos, se puede efectuar una delineación de su
arquitectura.
Herodoto la describió como del tamaño de un estadio, en su parte inferior. Sobre ésta se
superponen siete terrazas, a las cuales se accede por un camino exterior en espiral. Cabe
recordar que lo que vio el filósofo griego no es el edificio original, que había sido
destruido previamente por orden de Jerges (479a.C.), sino la construcción remodelada al
sufrir deterioros por las distintas guerras e invasiones. Durante las excavaciones
realizadas en 1899-1917, por una expedición alemana, dirigida por el arquitecto Robert
Koldewey, se encontraron los pisos inferiores de la torre. En la tabla de Esagil figuran
las dimensiones de la misma. Dice este documento que la base media un poco más de
89 m (los arqueólogos midieron 91,50 metros); que la altura, el ancho y el largo eran
iguales; las terrazas, de dimensiones desiguales, eran siete en total. Según las cifras de
la tabla, la altura debió ser de 90 metros. El edificio estaba coronado por un santuario en
el cual se le dijo a Herodoto había una cama y una mesa de oro. Nadie dormía allí, salvo
una mujer del país elegida por el dios. Este santuario habría estado destinado a la
hierogamia del dios.
La tradición histórica reconoce este zigurat como el prototipo de la biblica torre de
Babel. Cuando éste estuvo prácticamente desaparecido, algunos pensaron situar la
famosa torre en la vecina ciudad de Borsippa. Pero esta teoría fue desechada por la
distancia que separa Borsíppa de Babilonia, 17 kilómetros, lo que constituye una
superficie muy grande para una ciudad de esa época. El zígurat de UR-NAMU, que
sirve de referencia, es el mejor preservado de estos monumentos en nuestros días, se
alza al lado del templo de Nannar, deidad lunar, con el cual se comunica.
Sir Leonard Woolley, arqueólogo inglés, es quien después de varios años de exploración
en la Mesopotamia, halló las ruinas de los "zígurats".
El los clasificó como creación de la arquitectura sumeria. La altura de las plataformas
era hábilmente calculada, explica Woolley. La ligera comba de las paredes de ladrillo
cocido llevaba la vista hacia arriba y hacía el centro de la imponente mole. La
pendiente, más empinada, del último tramo de la triple escalinata exterior, atraía la
atención sobre el santuario conque culminaba la obra.
Los planos arquitectónicos se destacaban por sus zonas de color. La parte
más baja estaba pintada de negro (región de las tinieblas), la estructura intermedia era
roja (tierra habitada) y el santuario de la cúspide estaba cubierto de tejas azules
(espacios celestes). La bóveda del santuario era de metal dorado (el sol). En las terrazas
circundantes relucía el verde de los "jardines colgantes" de Babilonia. Hasta aquí, la
historia de la tradición babilónica. Pero, ¿por qué su torre más famosa íntegra también la
tradición y creencia judeo cristiana?
Esto se debe a que el libro del Génesis fue redactado durante el cautiverio de los
hebreos Babilonia a partir del año 597 a.C. Octavio Paz considera la historia de Babel
como "la respuesta a la perplejidad que produce en el hombre la existencia de muchas
lenguas". Babel -afirma Paz- "es la forma hebraica de Babilonia y la condenación de esa
ciudad, probablemente la primera urbe cosmopolita de la historia". Explica autor
mexicano que todas las sociedades presentan un relato como ej de Babel, simbolizando
la quiebra de una unidad original. "La pluralidad aparece como una maldición (...)es una
falta contra el Espíritu". Por eso mismo apárecen luego acontecimientos
compensatorios. Para los cristianos, es el descenso del Espíritu Santo sobre los
Apóstoles. "El Pentecostés visto como la redención de Babel... la unión en el
entendimiento".
Más allá de toda teoría filológica, Babel quedó como referente y causa de la confusión
entre los distintos idiomas. Resulta casualmente paradójico, puesto que el principal
centro de enseñanza de Babilonia estaba en Babel. Lugar de reunión de sabios y sitio de
una biblioteca riquísima. Además se cree que el edificio sirvió de observatorio
astronómico. Es que la actividad científica adquirió gran auge en la ciudad babilónica.
Se analizaron la significación de los solsticios de verano y de inviemo, de los
equinoccios, la relación de los oráculos con la luna llena, el sentido del nacimiento y de
la puesta de Sirio y de la estrella Sugí. Es probable que la división del mes lunar en
períodos de siete días se originase en Babilonia. Mientras que la división de la hora en
sesenta minutos pertenece al sistema sexagesimal de notaciones de los babilonios.
Se sabe con certeza cómo fue la torre mas irreverente y presumida de la Antiguedad.
Más que el desafio de las feyes divinas y de gravedad, en esa época los hombres quizás
intentaban comprender el funcionamiento del universo, el misterio de la vida. Tarea
infinita, que en su evolución tropieza con explicaciones mágicas que satisfacen, hasta
que pasan a integrar
el terreno de la fantasía.

AYERS ROCK
Surge de la nada. Despues de recorrer kilómetros y kilómetros de territorio desierto, el
extraño monte combado se presenta ante la vista del viajero como si acabara de emerger
de las profundidades del magma terrestre. Con un perímetro de 9 kilómetros y 335
metros de alto, pura arenisca erosionada por el viento, Ayers Rock, la rojiza Uluru de
los aborigenes australianos, domina el paisaje en una región donde la prehistoria
sobrevivió hasta nuestros días. Es el mudo testimonio del Tiempo del Sueño, de cuando
los hombres-serpiente y los hombres-canguro se enfrentaron con feroces enemigos en
combates sin cuartel.
En esa arcana época del Tiempo del Sueño, el cielo y la tierra aún no se habían separado
por completo. Las rocas, por entonces, eran blandas y el agua sólo surgía de las entrañas
de la tierra a través de hondos pozos cavados por esos seres -mitad hombre, mitad
animal-, los mismos que trazaron una red invisible de extensas sendas que atraviesan el
desierto y cuyo centro es la misteriosa Uluru.
Desde el distante pasado mítico resuenan los ecos de las crueles batallas que hoy
reviven los habitantes del desierto australiano cuando se enfrentan para dirimir
discusiones o responder a insultos. No son combates simbólicos: pronto salen a relucir
lanzas y flechas, se agregan contendientes a cada bando, la batalla es campal y no se
detiene con la primera sangre. Una y otra vez, el rito hace realidad la leyenda. Ayers
Rock fue llamada así por el explorador William Gosse en homenaje al entonces primer
ministro de Australia en esa época colonia inglesa-, sir Henry Ayers. Gosse llegó allí en
1873, cuando descubrió también otros dos accidentes que interrumpen la monotonía de
la planicie de Australia Central: los montes Conner y Olga (este último, llamado
Katatjuta o "muchas cabezas" por los indígenas, parece mostrar una serie de caras
mirando al cielo). Los tres son de arenisca roja, los tres son muy distintos entre sí pero,
para los herederos de los hombres-animal, los tres son lugares cargados de múltiples
significados, a muchos de los cuales es imposible acceder desde la mentalidad
contemporánea.
Cada grieta, cada recoveco, cada saledizo, cada cueva, cada mancha de Uluru quiere
decir algo para los aborígenes desde hace miles de años. Por medio de ceremonias
rituales, danzas y cánticos, pinturas en el cuerpo y en la piedra, estampado de manos y
dibujos grabados en la roca, todas las complicadas historias del pasado fueron
transmitidas generación tras generación hasta llegar a los descendientes actuales de los
hombres-serpiente, los hombres-canguro, la Pitón Sagrada, el Gran Lagarto y sus
enemigos, el Demonio Dingo y los hombres-víbora, Hasta llegar a la pubertad, los
jóvenes aborígenes desconocen los secretos mayores de sus ancestros. Pero llega un día
cuando los jovencitos se reúnen y mutuamente decoran su cuerpo con figuras totémicas
en ocre rojizo, tiza blanca y caroón. Se preparan para la ceremonia del Demonio de la
Montaña, representado por un lagarto de feroz aspecto. A través de una precisa mímica,
los jóvenes narran cómo pájaros y lagartos se reunieron para una fiesta, cómo los
sorprendió un gran incendio y cómo, desde entonces, el cuerpo de unos y otros aparece
con manchas de distinto color y tamaño. Poco después, esos jovencitos son separados de
sus madres y entran en el largo período de iniciación, durante el cual una noche serán
cubiertos con sangre humana, otra se les arrancará un diente y después se les cubrirá el
pecho con brasas.
Terminado el tiempo de la iniciación, sólo entonces podrán conocer
los grandes relatos del Tiempo del Sueño. Sabrán de los pitiantiara, los hombres-
canguro, y de los yakuntlantjara, los hombres-serpiente, que vivían al norte y al sur,
respectivamente, de la roca Uluru. Sabrán que ciertos orificios de la roca son los ojos de
un enemigo muerto por la Pitón Sagrada y que una saliente es la nariz de un ancestro
entregado al sueño eterno. También, que las diversas cavernas son paralos hombres o
para las mujeres, y que no es posible infringir impunemente la regla, pues sólo mirar las
pinturas realizadas en la caverna del sexo opuesto puede acarrear terribles castigos por
parte de Kandju, el Gran Lagarto. Los mayores les contarán cómo fue que en el Tiempo
del Sueño se enfrentaron cerca de Uluru los hombres-canguro con el Demonio Dingo,
un monstruo salvaje creado por una tribu enemiga. Gracias a sus enormes saltos, los
hombres-canguro pudieron escapar del Demonio Dingo y dejaron sus huellas impresas
en la roca alrededor de Uluru. Y conocerán la historia de los hombres-serpiente y la
tremenda batalla contra los hombres-víbora, en la cual fueron ayudados por Buían, la
madre tierra, la cual los exterminó lanzando sobre ellos nubes de dolor y muerte. Y para
cada una de esas narraciones habrá un cántico, una pintura, una señal en la piedra o un
animal dibujado sobre la roca que permitirá fijar para siempre el recuerdo del mito.
En los pliegues más altos de la roca, los jóvenes verán al Gran Lagarto Kandju que
busca su bumerang perdido, una más de las figuras de sueño que vuelven a vivir cada
vez que un aborigen mira a Uluru. Se produce así una comunión mágica con la gran
roca, que también alcanza a los ojos occidentales que atraviesan el desierto desde Alice
Springs, la ciudad más cercana. La viajera australiana de origen inglés Robyn Davidson,
que llegó hasta Uluru en camello, dijo que "el indescifrable poder de aquella roca me
aceleró los latidos del corzón; no esperaba algo de una belleza tan extraña y primitiva".
Y en la película La última ola, dirigida por Peter Weir, el espectador occidental se
estremece ante el tremendo poder generado por los herederos del Tiempo del Sueño,
seres dotados de una extraordinaria capacidad telepática.
Los antropólogos franceses Jacques y Betty Villeminot narran que estando cerca de
Ayers Rock, rodeados de un bullicioso grupo de chicos aborígenes no iniciados se
sorprendieron por el repentino silencio de éstos. "Estos chicos no pueden estar en
contacto con adultos iniciados, lo tienen prohibido -dice Villeminot-. Podían estar
conmigo porque no soy un iniciado. De pronto, enmudecieron y se alejaron
rápidamente, asustados. Pensé que habían visto algún animal peligroso.
Sin embargo, no pasó nada durante un largo rato. Más de 20 minutos después,
aparecieron a la distancia varios adultos de la tribu, a quienes nadie podía haber visto ni
oído, ya que el terreno es bastante quebrado en ese lugar. ¿Cómo hicieron los chicos
para saber que los iniciados venían hacia donde estábamos? No lo sé."
La coexistencia entre las reliquias vivientes del pasado un pasado que se remonta cerca
de 20 mil años atrás, cuando los primeros hombres poblaron Australia y el presente
occidentalizado presenta un desafío constante a ambos mundos. El Parque Nacional
Uluru, donde se encuentran Ayers Rock y los montes Olga y Conner es el terreno donde
esa convivencia se presenta diariamente: son cada vez más numerosos los contingentes
turísticos que se acercan a una zona donde sólo habitan pequeños grupos aborígenes, la
mayoría de los cuales nunca se apartó del desierto. Incluido entre los monumentos
naturales del Patromonio Mundial de la Unesco, Uluru conserva pese a todo y para
siempre, entre los pliegues de la roca, los secretos mejor guardados del Tiempo del
Sueño, un tiempo que no pasó.

CHARTRES

Todos los que llegan a Chartres, inevitablemente, preguntan por esa losa rectangular,
ubicada en el crucero surde la catedral. Sobre ella, al mediodia del solisticio de verano,
un rayo de sol se proyecta después de atravesar una cristal transparente de la vidriera
polícroma de San Apolinario. Ilumina, exactamente, una visible saliente de la piedra.
Nadie sabe bien cuál es la señal que quisieron dejar aquellos hombres, hace miles de
años. Pero los especialistas en el estudio de la catedral de Chartres no dudan que para
hacerio debieron ponerse de acuerdo astrónomos, geómetras y arquitectos. ¿Por qué
tanto esfuerzo en dejar ese "dedo" de luz señalando ese punto? ¿Cuál es el extraño
mensaje que quisieron dejar allí, justo en el punto donde -dice la leyenda- los druidas o
"sacerdotes-magos" del pueblo celta provenientes de la Baja Sajonia, entre los siglos X
y VIII a. de C., tallaron la imagen de una virgen con un niño en sus rodillas sobre el
tronco de un peral? Sin embargo, éste es sólo uno de los tantos misterios que encierra
esta gigantesca, majestuosa catedral gótica, quizá uno de los más estremecedores
monumentos de la Edad Media.
Su edificio actual, conduido en el siglo XIII y que se yergue sobre un promontorio
rocoso a 90 kilómetros de París -el mismo sitio dorole antes se habían alzado media
docena de iglesias paganas y cristianas, devoradas sin excepción por el fuego, no se
conforma tampoco con ser el más imponente en toda Francia y uno de los más
admirados en Europa. No; la catedral de Chartres ostenta sobre todo otra clase de
prestigio. En primer término, el enigma mas absoluto envuelve aún lo relativo a los
secretos de su diseño y construcción, un operativo que se llevó a cabo (lo que parece
poco menos que milagroso) en apenas tres décadas. En segundo lugar, los estudiosos del
globo entero coinciden en una condusión: Chartres ha heredado, tanto de las primeras
capillas celtas edificadas allí, como de San Bernardo de Claraval y de los Caballeros de
la Orden Templaria que alentaron el auge de la arquitectura religiosa gótica a su regreso
de Tierra Santa en 1128 d.C., un conjunto de propiedades que permiten hablar de una
geometría sagrada; de una alquimia espiritual capaz de elevar, en una corriente mística
inexpresable, a los miles de peregrinos que recorren sus naves año a año.
En efecto, la suma de pequeños y grandes misterios que todavía hoy constituyen la
clave profunda y más perturbadora de esta catedral, orgullo de la ciudad que es capital
del departamento de Eure-et-Loire, junto al río Eure, hizo suponer que sus constructores
se habían beneficiado con algún secreto aportado por los misioneros del Temple:
aquellos nobles juramentados a partir de allí para la defensa de la Cristiandad, y muy
especialmente de Jerusalén, habrían hallado en sus correrías la mítica Arca de la
Alianza; la caja legendaria, conducida y custodiada por los levitas, dentro de la cual
supuestamente se atesoraban la mosaicas Tablas de la Ley, el maná y la vara de Aarón.
Y, muy en especial, esa Arca habría atesorado la Regla Aurea de Armonía que -se
afirma- tutela las "divinas proporciones" entre todo lo que pueda ser pesado, medido y
numerado.
A lo largo de tres decenios, y en medio de una fiebre religiosa hoy difícilmente
imaginable, centenares de albañiles, escultores y fabricantes de vitraux de alta escuela
trabajaron bajo la guía inapelable de astrónomos y astrólogos, filósofos, geómetras y
sacerdotes. Un corte horizontal en los planos de esta catedral coima de asombro a los
arquitectos de nuestra época: las medidas de la nave, coro y cruceros, así como las
separaciones entre los pilares que la enmarcan, son en todos los casos múltiplos del
llamado número de oro: 1.618. Una símbología que acaso resulte hermética pero que,
sin duda, estimula un hondo sentimiento de ascensión psíquico espiritual en cuantos
visitan este célebre centro mundial de peregrinación.
Es la "Reina Increíble" cantada por Charles Peguy. O "La Acropolis de Francia"; como
la definió el insigne escultor Auguste Rodin. En tanto que para el afamado historiador
Emile Mále "nada hay en Italia, España, Alemania o Inglaterra que pueda compararse a
la catedral de Chartres: en ninguna parte es dable hallar tal riqueza y elevación de
pensamiento..."
Tal vez la llave de tamaña fascinación radíque, ante todo, en la regla áurea que algunos
estudiosos identifican con la sabiduría numerologica y combinatoria de la Cábala,
gracias a la cual, por ejemplo, la nave catedralicia irradia gracia y luminosidad, sin dar
en ningún momento impresión de monotonía o pesantez. Y eso, a pesar de que dicha
nave es la más ancha de Francia con sus 16,47 metros; la catedral misma, edificada
según el plano de una cruz latina en el sentido Oeste-Este, cubre la friolera de 130,20
metros de longitud y 64 metros en su anchura máxima. La altura es de 37 metros: tanto
como un edificio de diez pisos! En cuanto a los campanarios, con 105 y 155 metros,
parecen querer dialogar con los ángeles. Por lo menos uno de ellos, el famoso Angel del
Cuadrante Solar, aterrizó en la fachada del templo; más exactamente, en su ángulo
sudeste. Este ángel que tanto sedujo a Rodin pertenecía en su origen a la fachada Oeste
o Portalí Royal, y representaba a San Juan Evangelista; pero en el siglo XVI se lo
proveyó de las alas que transformaron su identidad.
Las inmensas columnas, las bóvedas góticas que cubren todas las naves y el
deambulatorio; los vítraux, entrelos que sobresalen los tres de la fachada y el llamado
Note-Dame de la Belle Verriére, milagrosamente salvado del incendio que en el año
ll94 acabó con una anterior catedral cristiana, y que resaltan por sus colores rojo rubí y
azul ultramar: todo ello "evoca un bosque encantado entre el cielo y la tierra", como dijo
el arquitecto Eugenio Viollet-le-Duc. El citado Portal Royal conserva aun un grupo
escultórico esculpido entre 1145 y 1155 cuyas figuras son verdaderas estatuascolumnas
que sorprenden e inquietan por la singular intensidad de los rostros. Lo cierto es que,
según innumerables testimonios, aquellos que trasponen el enorme pórtico occidental
sienten el irrefrenable deseo de erguirse, alzar la cabeza y mirar a lo alto: las ojivas
cruzadas allí arriba, en el pináculo de la bóveda gótica, desafían la ley de la gravedad y
parecen volar como encarnando esas fuerzas a las que se refirió Louis Charpentier, uno
de los más conocidos estudiosos de los enigmas de Chartres: las corrientes telúricas, y
las fuerzas de distinto tipo, sólo pueden irrumpir en nosotros a través de una columna
vertebral erecta y vertical. El hombre sólo puede ascender a un estado superior
manteniéndose erguido". Que es lo que
sucede en Chartres a los visitantes que, por legión, llegan hasta la nave central luego de
atravesar un laberinto circular de 13 metros de diámetro; otro número acorde con las
ecuaciones pitagóricas y esotéricas manejadas por aquellos Caballeros del Temple. Una
orden condenada y erradicada por el rey galo Felipe el Hermoso, bajo la acusación de
practicar el ocultismo y cuyos misterios y ritos iníciáticos fueron absorbidos luego,
precisamente, por el gremio de "albañiles libres" o Francs Masons, arquitectos y
escultores en piedra que construían las grandes catedrales, como Chartres. Y esos
caballeros medievales habrían sido los auténticos difusores del Tarot; los mismos que
encerraron en veintidós Arcanos Mayores y cincuenta y seis Arcanos Menores la
quintaesencia del Libro de Thot, dios egipcio que los griegos llamaron Hermes.
Toda esta símbología y sabiduría muchas veces contradictoria proveniente de Asia
Menor, Egipto, Persia, Constantinopla y Alejandría, continuada en las herejías gnósticas
y cátaras y bebida por los Templarios, están también en cada losa de esta catedral
alabada por todos los poetas. Seis iglesias, construidas una después de la otra,
desafiaron sucesivamente a los incendios intencionales o casuales y a una inexplicable
fatalidad, en el montículo donde se yergue desde 1233 la actual catedral de Chartres. La
primera iglesia fue presa del fuego en el año 743, por orden del duque de Aquitania; una
segunda fue incendiada por los normandos; curiosamente, debe recordarse que los ritos
célticos, cuyas divinidades y fechas rituales, como la del 25 de diciembre o solsticio de
invierno, se impusieron por toda Europa inclusive hasta hoy, aunque recubiertas por la
pátina cristiana, fueron desde la época de los héroes celtas Medin y el rey Arlús los
grandes defensores de todos aquellos pueblos ~aleses, escoceses, irianoese~, opuestos al
normando Guillermo el Conquistador y a sus antecesores. Es decir: los normandos se
habrían vengado del espíritu céltico aún vigente en Chartres. Una tercera iglesia,
basílica o catedral, resultó consumida por las llamas en el 962; la que le síguio cayó por
el impacto de un rayo en el año 1020. Incansables, obstinados, los chartrenses pusieron
mano a la obra y una nueva catedral nació bajo las directivas del obispo Fulberto, en
1037. Pero en la noche del l0 al 11 de junio de 1194, un feroz incendio arrasó con una
parte de la ciudad, el palacio obispal y la catedral. Sólo escaparon al siniestro la fachada
occidental y la túnica de la Virgen que preside el mágico vitraux Notre-Dame de la
Belle Verriére, túníca que había sido donada en el 876 por el nieto de Carlomagno. En
1233 fue concluida la nueva catedral, casi por completo en estilo gótico. Y en ella tiene
su sede la celeberrima Escuela de Chartres fundada por Fulberto, en la que son moneda
corriente los estudios de las grandes enseñanzas de Aristóteles, Platón y Pitágoras, así
como de la geometría de Euclides. Una suerte de homenaje a toda la espiritualidad y el
conjunto de ideas-fuerza que Chartres conjuga, enigmáticamente, aún desde antes de
nacer en el siglo XIII como una fervorosa prolongación del cielo.

LOS REINOS PERDIDOS

LA ATLANTIDA

En el año 1644, el místico alemán Atanasius Kircher publicó un libro que


hacía estremecer a sus lectores. Se llamaba Mundos subterráneos, y en él se narraban las
historias de insondables misterios rechazados por la razón y sólo aceptados por la
creencia. En sus páginas aparecía un mapamundi inquietante, más cercano a las
fantasiosas cartas medievales que a los elaborados planisferios científicos del siglo
XVII. En el mapamundi de Kircher figuraba un territorio oscuro y enigmático: el
continente "perdido" llamado Atlántida. Kircher retomaba, mucho tiempo después, una
leyenda generada por el filósofo griego Platón en el siglo IV antes de Cristo. En dos de
sus obras dialogadas cuyo protagonista principal era otro filósofo, su maestro Sócrates,
Platón narra un presunto enfrentamiento, ocurrido miles de años atrás, entre Atenas, su
ciudad, y un gran imperio lejano. A este agresivo y feroz reino lo llama Atlántida y dice
-en el diálogo titulado Timeo- que estaba ubicado en el océano, más allá de las
columnas de Hércules, como llamaban los antiguos griegos al estrecho de Gibraltar que
une el Mediterráneo con el Atlántico.
En otro de los diálogos, denominado Critias, Platón narra la historia del imperio atlante,
crónica que, según uno de sus discípulos, justamente el llamado Critias, había sido
transmitida a su bisabuelo por el sabio Solón. Este, a su vez, la había escuchado de unos
sacerdotes egipcios. De acuerdo con esa leyenda, presentada como hecho verídico por
Platón, los atlantes eran los descendientes de Poseidón, el dios de los mares, y de una
mortal. Vivían en una inmensa ciudad formada, en anillos concéntricos, por canales y
franjas de tierra. Poseían una flota de mil barcos de combate y su ejército contaba con
10 mil carros armados. La codicia de los atlantes los empujó a querer dominar el
mundo, pero Zeus, el dios supremo del Olimpo griego, los castigó y la gran isla llamada
Atlántida fue tragada por el océano.
La creencia en el continente perdido volvió a emerger en distintos momentos de la
historia posteriores a Platón. Los geógrafos árabes que conservaron los conocimientos
de la antiguedad clásica donde después de la caída del Imperio Romano transmitieron la
creencia en la Atlántida a los escritores medievales. Se mencionaron entonces, las islas
Afortunadas, la isla de las Siete Ciudades Encantadas y la isla de San Brandán, lugares
misteriosos y paradisíacos para llegar a los cuales había que emprender arduas travesías.

En el siglo XVI, cronistas españoles como Francisco López de Gomara y Pedro


Sarmiento de Gamboa, empeñados en demostrar que los territorios descubiertos por
Cristóbal Colón no formaban parte del mundo conocido hasta entonces (es decir, que no
eran las lndias como había creído el Almirante), insistieron en que los habitantes de
América eran los descendientes de los antiguos atlantes. La confusión se acentuó siglos
después cuando el sacerdote francés Charles-Etíenne Brasseur "tradujo" hacia el año
1860 un texto de los indios mayas de manera totalmente errónea; creyó que se trataba de
un lenguaje alfabético en vez de un sistema de jeroglífíco, e incluyó allí la historia de la
Atlántida. Otro francés, Auguste Le Plongeon, vinculó hacía la misma época la historia
americana con la leyenda atíante. Y el inglés John Josselyn aumentó aún más el
embrollo al anunciar en 1865 que América era la Atlántida. Pero el más célebre entre
los fieles creyentes en la realidad de la Atlántida fue el político norteamericano Ignatius
Donnelly, quien vivió entre 1831 y 1901. En un libro famoso, La Atlántida: el mundo
antediluviano, conocido como el "evangelio de los atlantófilos, Donnelly acumuló una
gran cantidad de datos históricos, legendarios, culturales y geográficos que reunió en
forma completamente arbitraria y una carencia de criterio rayana en la ingenuidad. En
sus textos aparecen el texto de la Biblia junto al dato sin importancia, la opinión sin
sustento al lado del antiguo mito, todo puesto en un mismo nivel de certeza. Para
Donnelly, lo que apoyara su teoría era cierto, lo que la negara era despreciable. Después
de la pretendida versión "centífica" de Donnelly aparecieron partidarios de la Atlántida
que no esperaban convencer con razones sino con la fuerza de la creencia. La principal
abanderada fue Helena Blavatsky, célebre espiritista rusa, nacida en 1831 y muerta en
1891, creadora de la fantástica teoría de las "razas-raíz", de las cuales los atlantes serían
la más civilizada antes de la aparición de los seres humanos actuales.
Para justificar la total ausencia de rastros del continente perdido, lmmanuel Velikovsky
adujo, en su libro Mundos en colision, que un cometa gigante rozó la Tierra, destruyó
parte de su superficie y terminó en órbita alrededor del sol como el planeta Venus. Por
su parte, otro autor del siglo XX, Otto Muck, pensaba que un gran asteroide había caído
sobre nuestro planeta y hecho desaparecería Atlántida.
Otro de los grandes profetas del atlantismo fue el fotografo norteamericano Edgar
Cayce (1877-1945), curandero y vidente, quien decía ver en sus sueños una antigua
civilización que había dominado la energía atómica, factor negativo que había puesto
fin a su esplendor a través de varias explosiones catastróficas. La hecatombe había sido
eludida sólo por algunos atlantes, quienes habían podido huir a Egipto y América
Central, donde fundaron nuevas culturas.
Hacia 1912 -amparándose en el prestigio de su abuelo, el descubridor de las ruinas de
Troya, el aventurero Paul Schliemann falsificó documentos y objetos haciendo pasar a
estos últimos por productos de la Atlántida, pero el fraude fue descubierto rápidamente.
Sin embargo, sólo después de la Segunda Guerra Mundial se pudo demostrar
fehacientemente, gracias a las modernas técnicas de arqueología submarino que no
existía en el Océano Atlántico ninguna evidencia del mítico continente sumergido. En
1958 el buque inglés Discovery II dragó una zona del Atlántico conocida como el Bajo
de Galicia, donde muchos sostenían que se encontraban los restos de aquella
civilización narrada por Platón. Pero el resultado fue claro: allí no había nada.
Asimismo, a fines de la década de 1970 los geólogos y arqueólogos submarinos
demostraron que las presuntas construcciones sumergidas de Bimini, en las Bahamas,
eran formaciones rocosas naturales, al contrario de lo que sostuvo Cayce años antes.
A partir de excavaciones arqueológicas efectuadas en 1967 en la isla griega de Santorín,
en el mar Egeo, se piensa haber encontrado los restos de una cultura que pudo haber
inspirado a Platón parte de su narración fabulosa sobre la Atlántida. Se trata de una
ciudad minoica, vinculada ala cultura que se originó en el III milenio antes de Cristo en
la vecina isla de Creta. La explosión de un volcán, alrededor del año 1520 antes de
Cristo, destruyó una isla llamada Tera y enterró por completo la ciudad principal. La
actual isla de Santorín es sólo una parte del cono volcánico a través del cual se produjo
la gran erupción. Los historiadores que se han ocupado del tema piensan quela erupción
que destruyó Tera debió haber sido conocida por los egipcios, que mantenían un fluido
intercambio comercial con la cultura minoica, y transmitida posteriormente a los
griegos. De allí se habría originado la leyenda del continente hundido pergeñada por
Platón para construir a su alrededor sus opiniones sobre el buen y el mal gobierno de las
ciudades, volcadas en los diálogos Timeo y Critias. Y en lo que se refiere a la otra parte
de la narración, la existencia de un imperio agresivo e invasor cuyas fuerzas fueron
rechazadas por los atenienses, los historiadores piensan que se trataría del imperio persa,
efectivamente derrotado por Atenas en el siglo V antes de Cristo. La opinión de muchos
geólogos, arqueólogos e historiadores actuales es coincidente: la Atlántida no existió. Y
Paul Shorey, especialista en el análisis de la obra de Platón, señala que "la Atlántida es
una invención enteramente platónica", utilizada por el filósofo para establecer una
morateja sobre la victoria del bien (la pobre y valerosa Atenas) sobre el mal (la mítica
Atlántida). Sin embargo, otro grupo de expertos tan numeroso como el primero,
continúa la búsqueda de este continente legendario.
LYONESSE

Cuando el día es claro y se disipan las brumas que habitualmente cubren los asperos
farallones del Fin del Mundo -asi llaman los lugareños al extremo Oeste de Cornualles,
en la parte meridional de lnglaterra-, se divisan a unos 30 kilómetros de distancia las
diminutas islas Scilly, barridas por los poderosos vientos del Atlántico. Entre el rocoso
archipiélago y tierra firme se extiende un mar poco profundo en cuyo fondo parejo la
leyenda sitúa al antiguo y misterioso reino de Lyonesse. ¿Allí se alzaba Camelot, la
ciudad dorada del rey Arturo?.
A mitad de camino entre el Fin del Mundo y las islas hay un conjunto de rocas, llamado
"las siete piedras", que delimitan un sector llamado "la vivienda" por los pescadores de
la zona, donde éstos dicen haber extraido del agua trozos de puertas y ventanas. Estos
restos serían la prueba de que la región estuvo emergida a principios de la era cristiana y
que luego el mar la cubrió. Según una antigua tradición, cuando el agua avanzó,
arrasadora, un caballero logró escapar al galope de su corcel (el escudo de armas de la
familia Trevelyan, apellido tradicional de Cornualles, es un caballo blanco saliendo del
mar).
Pero si bien parece posible que una extensa porción de tierra fuera cubierta totalmente
por el mar, la relacion entre ese hecho geológico y la inasible Lyonesse es bastante mas
imprecisa. Zona de mareas de enorme amplitud, muy veloz avance e igualmente rapido
retroceso, el Fin del Mundo fue identificado por el historiador William Carew, en 1602,
como el lugar donde mil años antes había existido Lyonesse, el reino de los siluros de
Caerleon, gobernado por Arturo Pendragón. Un monarca bretón a quien la leyenda
atribuye haber derrotado a los sajones y conquistado Escocia, Irlanda, Noruega,
Dinamarca e Islandia hacia el año 530.
En los umbrios bosques de Cornualles, Arturo levanto la ultima fortaleza de la cultura
celta en las Islas Britanicas y lucho contra los sajones hasta expulsarlos. Pero su poder
fue minado por la traición de su esposa Ginebra, quien huyó con uno de los cabaleros de
la mesa Redonda. Mientras perseguía a los fugitivos, Arturo cayó muerto en una
emboscada tendida por sus enemigos sajones.
Leyenda o realidad?. Los historiadores no se ponen de acuerdo sobre la existencia de
Arturo, pero las narraciones y baladas de los trovadores de los siglos X y XI cincelaron
la leyenda de los caballeros de la Mesa Redonda y sus hazañas. El hada Morgana, el
mago Merlín, los héroes Lanzarote, Percival, Galahad, Tristán, y el mismo Arturo con
su espada mágica Excalibur, poblaron las fantásticas historias de caballería en el
extenso y variado conjunto de cantos denominado Ciclo de Arturo o Ciclo de Bretaña.
El primero en transcribir estas leyendas fue Geoftrey de Monmouth en su Historia de
Bretaña y en La vida de Merlín, escritas en el siglo XII y traducidas al francés por
Robert Wace. Posteriormente, el trovador Christian de Troyes escribió la Novela de
Percival y hasta el siglo XIII se conocieron otras obras del mismo ciclo como Eree y
Enide, Lancelote del lago y El caballero del león. En estas fabulosas narraciones épicas,
y especialmente en Tristán de Lyonesse, ésta es la tierra natal del caballero andante
enarnorado de Isolda, esposa del rey Mark de Cornualles. Al parecer, el historiador
Carew creyó que Lyonesse estaba en Cornualles, pero los estudiosos actuales
consideran que ese termino es una deformación del nombre Loenois o Leonnis
(actualmente Lothian), una región de Escocia de la cual sería originario Tristán. Así se
instaló el equivoco, al cual aportó aún más confusión el poeta del siglo XIX Alfred
Tennyson, cuando decidió ubicar la fantastica Camelot en la mítica tierra de Lyorsesse.
Autores alemanes como Gottfried von Strasburg, Haltmann von del Ane y Wolfram von
Eschenbach aportaron nuevas versiones a la leyenda, que el músico Richard Wagner
tomó como inspiración para componer su monumental tetralogía, el ciclo operístico que
narra la búsqueda del Santo Grial por los caballeros de la Mesa Redonda. Conocida
originariamente como romántico símbolo del mundo céltico, la leyenda tomó otro
camino y se transformó en creencia: Lyonesse iba a resurgir de las aguas y restauraría el
antiguo poderío bretón. Pero, mientras tanto, empezó a formar parte de las visiones
místicas de espiritistas y ocultistas. Desde el fondo de las aguas iban a resurgir el
gigante del monte Saint Michael, el fantasma del temible jabalí Trorch Trwyth, muerto
por Atruro en arriesgada lucha y el mismo rey de los siluros, dormido en la isla de
Avalon bajo la custodia de nueve hadas hasta el día de su resurrección, fecha de la
terrible venganza bretona. Otra leyenda dice que Arturo fue transformado en cuervo, y
que la venganza se cumplirá cuando vuelva a tomar forma humana.
La historia de Lyonesse se repite con características muy semejantes en la región
francesa de Bretaña, también poblada antiguamente por los celtas. Allí, en la bahía de
Douarnenez, cerca de la desembocadura del canal de la Mancha en el Atlántico estaría
sumergida la antigua ciudad de Kerls. La leyenda dice que sólo el rey Gradion pudo
escapar a la invasión de las aguas montado, como Trevelyan, en un caballo blanco. Los
historiadores presumen que los monjes de la abadía del monte Salnt Michel (construida
en la costa francesa del canal de la Mancha, zona celebre por las extensas y veloces
mareas) llevaron consigo la leyenda cuando fundaron otra abadía, de igual nombre, en
una pequeña isla cercana a la costa de Cornualles. ¿Oué evidencias hay de la existencia
de Lyonesse? Aunque en el siglo XVIII el historiador William Borlase dijo haber
descubierto tapias de petra sumergidas en las islas Scilly, los arqueólogos
contemporáneos opinan que se trata de antiguas trampas para peces, construidas de lodo
que quedaran cubiertas por la marea alta. La hipótesis de Borlase es refutada por los
oceanografos, quienes señalan que para que se hubiesen hundido las tierras cercanas a la
islas, el nivel del mar debió ascender 3,7 metros en menos de dos mil años. Los estudios
sobre movimientos tectónicos en la costa británica desmienten tales cifras.

EL REINO DEL PRESTE JUAN

En 1177, el papa Alejandro III escribió una ceremoniosa carta, dirigida a "Juan, el
ilustre y magnífico Rey de las Indias", A quien instaba a incorporarse "a la única y
verdadera Iglesia de Roma". El destinatario era el fabuloso monarca de un igualmente
fabuloso y poderosisimo imperio que se extendía por miles y miles de leguas en las
estepas asiáticas. Casi 100 años después, Marco Polo atravesó esas tierras y en su
célebre relato aludió al mítico rey cristiano de los tártaros, "el Preste Juan, cuyos
descendientes siguen viviendo allí". ¿Un rey cristiano en el desierto de Gobi? Así lo
había afirmado el obispo Gabul, de la iglesia armenia restoriana, al papa Eugenio III, en
1145. Según el obispo, los misioneros nestorianos habían llegado hasta las remotas
comarcas del rey Juan (¿deformación de Wang Khan, como lo llama Marco Polo?) y lo
habian bautizado en la fe cristiana, adjuntando a su poder terrenal la supremacía
religiosa: de allí el nombre de "preste" o sacerdote.
El segundo capítulo de esta misteriosa historia se abre en Etiopía, hacía 1487, cuando el
rey Juan II de Portugal envió a Pedro de Covilhan en busca del Preste Juan para entablar
relaciones comerciales. Covilhan recorrió extensos termonos asiáticos sin ningún
resultado pero, habiendo recalado en El Cairo, llegaron a sus oídos noticias de un
poderoso reino cerca de las fuentes del Nilo. Se dirigió hacia allí y tras esforzada
travesía por tierras inexploradas se encontró con el imperio de Lebna Dengel, el Negusa
Nagast o Rey de Reyes etíope, quien no lo dejó regresar a Lisboa.
Años más tarde, el expedicionario portugués Rodrigo de Lima llegó a la corte de Lebna
Dengel y halló con vida a Covilhan. Los portugueses permanecieron allí durante seis
años y, al regresar a Europa, el capellán Francisco Alvares escribió una Verdadera
relación sobre las tierras del Preste Juan. La leyenda ya estaba asentada en negro sobre
blanco y muy pronto la invención de la imprenta haría circular por toda Europa la
fantástica historia del ubicuo emperador cristiano de Asia y Africa... que nunca existió.

SHANGRI LA

Como esos espejismos que en el desierto siempre están unos pasos delante pero el
viajero sediento nunca alcanza Shangri-La es un mundo escondido al cual parece
imposible acceder. La antigua creencia budista dice así: "Para llegar, no es preciso
contar con un mapa o guias avezados, sólo es necesario estar preparado íntimamente.
Entonces, lo inefable aparecerá ante la vista en todo su esplendor". ¿Es Shangri-La el
paraíso perdido donde habitan hombres perfectos, la Kalapa de los hindúes? ¿Es el valle
oculto de Kun Lun donde, según los chinos, viven seres inmortales? ¿Es la Tierra de las
Aguas Blancas, la Bielovodye rusa, aquella de los santos ermitaños de gran sabiduría?
¿O es Chang Shambhala, el lugar sagrado de los budistas donde se encuentra la fuente
de la eterna sabiduría? Es todos y no es ninguno. Como los espejismos, está y no está.
Sólo espera al peregrino de corazón límpido y espíritu abierto para ofrendarie sus
misterios.
En su novela Horizontes perdidos, el escritor inglés James Hilton construyó un mundo
ideal, al que llamó Shangri-La (un nombre de su invención convertido al poco tiempo
en sinónimo de lugar edénico). Estaba poblado por un grupo de elegidos provenientes
de distintas partes del mundo y eran gobernados por un Dalai Lama muy especial: el
misionero católico Francois Perrault, de la orden de los Capuchinos, que había arribado
al Tíbet en 1734 y seguía vivo hacía 1930, fecha en que transcurre la mayor parte de la
novela. Hugh Conway, joven cónsul inglés en la India, llega con otros tres británicos
hasta un oculto valle tibetano después de un accidentado viaje en avión. Cuando
Conway vio Shangri-La, se enfrentó con "una extraña y casi irreal aparición: un grupo
de coloridos pabellones se agrupaban en la ladera de la montaña, pero no con el
alineamiento barroco de un castillo sino como delicados pétalos de flores
desparramados alazar. Era soberbio y exquisito. Una contenida emoción llevaba la
mirada desde los leves techos azules hasta la tremenda mole gris de la roca.
Más allá, lo rodeaban los picos y pendientes nevados del Karakal. En el antiguo
monasterio budista, Conway y sus compañeros de viaje encuentran un lugar donde la
reducida comunidad de lamas intenta conservar los tesoros de la civilización,
amenazados por la violencia de "una época en que el hombre, al regocijarse con la
técnica del homicidio derramará una rabia tan ardiente sobre el mundo que toda cosa
preciosa estará en peligro". El mundo que acababa de salir de la Primera Guerra
Mundial y advertía la cercanía de nuevas tragedias
-la guerra chino-japonesa, la Guerra Civil Española, la Segunda Guerra Mundial se
trasluce en las páginas de Horizontes perdidos, donde el idílico universo tibetano que
construye Hilton no es una promesa de futuro sino un rescate del pasado ideal, del
paraíso perdido por la civilización de la máquina.
Después de acceder al secreto de Shangri-La, Conway es elegido por el bicentenario
misionero para sucederlo en el gobierno de la extraña comunidad. El anciano le ofrece
una vida muy larga, tanto como la suya, y le promete que vivirá en el monasterio "en un
estado de paz prolongada, durante la cual contemplarás la puesta del sol mientras los
hombres del mundo exterior sólo oirán la alarma del reloj que los reclama para urgentes
obligaciones. Los años vendrán y se irán, pasarás de los placeres materiales a un reino
más austero pero no menos satisfactorio. Y lo más precioso de todo, tendrás tiempo, ese
don tan raro y encantador que los europeos han perdido de tanto perseguirlo..."
Cuando Hilton ubicó a su mítica Shangri-La en el Tibet, los lectores occidentales de su
novela fueron fascinados por ese mundo misterioso que desde antiguo habia atrapado el
interés de misioneros y expedicionarios. Desde principios del siglo XVI, los jesuitas
intentaron llegar a esas altas mesetas cercanas al Himalaya donde se creía existía una
antigua comunidad de primitivos cristianos. Cuando finalmente el padre Antonio de
Andrade logró atravesar mil obstáculos y acceder al prohibido reino de Guge, se
encontró con los lamas, monjes budistas de muy extrañas y crueles costumbres: entre
ellas, el asesinato deliberado de numerosos campesinos elegidos al azar, ceremonia que
se cumplía una vez por año y mediante la cual los muertos alcanzaban "la eterna
felicidad". Asimismo, sorprendió a los misioneros europeos el hábito de los lamas de
adornar sus vestidos con huesos humanos. A lo largo de los siglos siguientes, los
jesuitas enviaron numerosas misiones al Tibet para ser finalmente reemplazados, según
orden papal, por la orden de los Capuchinos. A principios del siglo actual, la escritora
francesa Alexandra David-Néel, gran conocedora de la religión budista, recorrió
caminos escarpados y enfrentó lluvia, barro, nieve, granizo y la hostilidad de tibetanos,
chinos e ingleses hasta llegar a las lamaserías. Libros suyos como Magia y misterio en
el Tíbet contribuyeron a alimentar en Occidente la imagen legendaria de un país
inaccesible y misterioso. A través de sus obras se difundió la capacidad de los monjes
tibetanos para entrar en profundos trances, levitar y dominar las sensaciones corporales,
como también la creencia de que podían predecir el porvenir, virtudes que Hilton
atribuye a los lamas de Shangri-La. En uno de sus relatos, David-Neel describe cómo un
lama se eleva en el aire en forma que parece sobrenatural: "Pude ver su rostro
impasible, perfectamente tranquilo, con los ojos abiertos y la mirada fija en algún lugar
muy elevado. El hombre no corría, parecía elevarse del suelo y avanzaba a saltos. Sus
pasos tenían la regularidad de un péndulo".
Entre los antiguos mitos budistas -ampliamente difundidos desde el Japón hasta la India,
desde Mongolia hasta Ceilán figura un paraíso perdido, conocido como Chang
Shambhala, la fuente de la sabiduría eterna donde vivían seres inmortales en armonia
perfecta con la naturaleza y el universo. En la India, ese lugar maravilloso perdido en el
Himalaya se llama Kalapa, mientras la tradición china lo ubica en los montes Kun Lun.
Asimismo, en a antigua Rusia -adonde no había llegado la creencia budista pero se
alimentaba de leyendas orientales llevadas allí por las invasiones tártaras- se hablaba de
la legendaria Bielovodye, la Tierra de las Aguas Blancas, donde vivían santos ermitaños
de inmensa sabiduría.
La existencia de túneles bajo el palacio del Potala en Lhasa se entreteje con otro mito
tibetano cultivado por escritores europeos. En su novela Shambhala, el espiritista ruso
Nikolai Roerich habla de Agharti (deformación de Aghana, nombre del paraíso
subterráneo budista) como del lugar donde estaba Chang Shambhala, sede del "rey del
mundo". Según Roerich, Agharti estaba relacionado con todos los continentes por
medio de pasadizos secretos. Una creencia oriental que también se entrecruza con la
leyenda creada por el autor inglés Edward Bulwer-Lytton, quien en la novela La raza
futura describe un universo subterráneo poblado por los Vril-ya, una "raza superior" que
aspiraba a dominar "el mundo de arriba", es decir, el habitado por seres humanos. Al
final de Horizontes perdidos, Conway y sus compañeros abandonan Shangri-La, aunque
en el epilogo se revela que el joven inglés trató de volver al monasterio. Hilton describe
así la última mirada: "Sofocados, hicieron alto en una curva del camino y vieron alo
lejos a Shangri-La. Mucho más abajo, el valle de la Luna Azul parecía una nube. Al
emocionado Conway, los dispersos techos le produjeron la sensación de que flotaba
detrás de él a través de la niebla. " Estaba preparado para retornar al paraíso perdido. Si
llegó o no a atrapar el espejismo, es otro de los misterios de Shangri-La.

EL DORADO

Lo dijo Cristóbal Colón: "el oro es el más exquisito de todos los elementos" Los
conquistadores europeos que se volcaron sobre el Nuevo Mundo después de 1492 no lo
desmintieron. En sus expediciones, arrasaron a sangre y fuego los territorios virgenes de
los Andes, el Amazonas y el Orinoco tras las huellas del preciado metal y de los
hombres americanos que eran sus dueños. Poco a poco, el escaso oro arrancado de la
tierra y poseido por los jefes tribales fue conviniéndose en mito abrumador: en la
imaginación europea brotaron lagos repletos de joyas aureas, montes refulgentes,
caciques que todos los días cubrían su cuerpo con pasta de oro y ciudades como Manoa,
donde hasta los calderos eran de metal precioso. Nació asi la leyenda de El Dorado,
cuando los españoles se enteraron del ritual para la proclamación de los jefes entre los
indios muisca, que se cumplía en el oculto y profundo lago Guatavita, en el norte de
Colombia. Según el cronista, al nuevo cacique "lo desnudan hasta dejarlo en cueros,
untándolo con tierra pegajosa, sobre la que aplican polvo de oro, dejándole el cuerpo
enteramente cubierto de este metal" Desde entonces, la búsqueda de oro en el tondo del
lago fue el objetivo de aventureros españoles como Antonio de Sepúlveda, quien intentó
secar el lago en 1580. Hizo abrir una de sus paredes de roca hasta que un derrumbe
mató, al mismo tiempo, a esclavos indios e ilusiones de riqueza. Diez años más tarde, el
expedicionario inglés Walter Raleigh recorrió la región de las Guyanas en busca de
tierras y oro para la corona británica. Al regresar a Inglaterra, afirmó que Manoa, la
mítica ciudad donde reinaba El Dorado, estaba en las tierras bañadas por el río Orinoco.
La búsqueda del reino inalcanzable no terminó con la conquista. Hasta el siglo actual
siguieron apareciendo aventureros que intentaban llegar a las tierras donde el reflejo del
oro amenguaba el brillo del sol. El último fue el inglés Percy Fawcett. Acompañado por
su hijo, recorrió el Mato Grosso hasta encontrar la muerte en vez del oro.

LEMURIA
Un extrañisimo cóctel de hechos reales interrogantes científicos y fantasía desenfrenada
vincula a varios disimiles personajes con la extraña gestacion de Lemuria, el "continente
perdido". Son ellos la ocultista Helena Blavatsky, el biólogo Ernst Haeckel, el periodista
Edward Lanser, el teósofo William Scott-Elliot y un animalito llamado lémur. Todos
ellos participan de una historia que empieza, a mediados del siglo pasado, con una duda
de los zoólogos. El lémur, un carnívoro de Madagascar, también vivía en el continente
africano, en la India y en el archipiélago malayo. ¿Cómo se explicaba que un animal
terrestre hubiese podido llegar a esos diversos territorios separados por el mar? La
respuesta que se le ocurrió al zoólogo Philip Sclater, dado que se desconocía lo que hoy
se denomina deriva continental-fue que debió haber existido un continente sumergido,
al que denomínó "Lemuria". Y Ernst Haeckel, célebre defensor en Alemania de las
ideas de Charles Darwin, propuso que ese continente perdido habría sido la cuna de la
Humanidad. Resolvía así, de un plumazo, el problema que aquejaba en esa época a los
evolucionistas: la ausencia de restos fósiles del famoso "eslabón perdido" en la cadena
de antepasados del hombre. Madame Blavatsky, famosa espiritista, fue una divulgadora
apasionada de temas misteriosos, entre los cuales Lemuria y la Atlántida ocuparon un
lugar destacado. En el Tibet, los mahatmas le revelaron que los lemurianos habían sido
gigantes de cuatro brazos y un tercer ojo en la nuca. Siguió sus huellas otro ocultista,
William Scott-Elliot, quien dibujó un planisferio donde ubicó el continente tragado por
el mar. Además, agregó un rasgo a los lemurianos: tenían talones tan largos que podían
caminar hacia atrás. Finalmente, ya en nuestro siglo, el periodista norteamericano
Edward Lanser creó una gran conmoción en el estado de California. En 1932 pretendió
haber descubierto, en el monte Shasta, una comunidad de lemurianos, que habían
sobrevivido gracias a su invisibilidad y "al poder secreto de los maestros tibetanos".

MACHU PICHU - EL TEMPLO DE LOS DIOSES INCAS

El dios Qoriq'ente, que habita en el paraíso solía tomar la forma de un pájaro de oro Un
día, los incas pidieron su ayuda querían construir una grandiosa ciudadela capaz de
honrar y albergar a sus deidades. Luego de meditarlo, Qoriq'ente instruyó a los incas
para que apresaran a los hombres más robustos que poblaban el valle del río Urubamba,
en el sudeste peruano. Llevados a punta de látigo hasta la cumbre de la montaña,
aquellos esclavos eran convertidos allí en piedras por el despótico dios-pájaro. Aquel
habría sido el origen de Machu Picchu, una de las maravillas más asombrosas no sólo de
América sino de todo el planeta. A tal punto que se hacen imprescindibles leyendas
como la de Qoriq'ente para imaginar cómo los indígenas pudieron -hace centenares de
años- transportar piedras de tan considerable peso y tamaño hasta los 2.500 metros de
altura, y aun más. Y para ensamblarlas con una precisión que supera la de las pirámides
egipcias.
Es que el mito palpita en cada rincón de estas fantásticas ruinas, cuya majestuosidad y
perfección plantea día a día nuevos enigmas en torno de aquel imperio incaico, o
Tahuantinsuyo; un imperio tan grande como el romano y extendido sobre un radio de 16
mil kilómetros cuadrados. Pero, sobre todo, provisto -según diversos indicios- de
enigmáticos conocimientos y poderes ocultos, hoy irremediablemente perdidos. Un dato
sugestivo: esta construcción fantástica e indescifrable se las ingenió para ocultarse
durante siglos a los ojos del ser humano: ninguno de los cronistas españoles o incaicos
la describió; aun en la actualidad las ruinas sólo pueden ser vistas desde arriba. Es
preciso trepar hasta unas escondidas plataformas de la cordillera andina, para asomarse
a esta reliquia prodigiosa que brota entre orquídeas y al pie de montañas impresionantes.
A esta álgebra de murallas, templos, escalinatas y pasadizos que alucinó al joven
investigador norteamericano de la Universidad de Yale, Hiram Bingham cuando, guiado
e instigado por un niño-guía indígena, la descubrió el 21 de julio de 1911. La idea de
estar ante otro mundo vibra sin cesar aquí, a escasos 112 kilómetros del Cuzco y de
Lima, la capital del Perú. Por ejemplo, esos dos enormes morteros de concavidad
insólitamente brillante y perfectamente circulares, que se hallan en el sector militar de
Machu Picchu: ¿habrán sido, como aventuró un equipo de arqueólogos de Arequipa,
espejos astrales tapizados por metales preciosos? ¿O más simplemente, receptáculos
para alojar el veneno con que se untaban las flechas? Cada vestigio da pie a la
incertidumbre.
Los incas no llegaron a forjar herramientas de hierro. Entonces, ¿cómo se las arreglaron
para cortar y pulir estas moles pétreas, tan exquisitamente engarzadas entre si que no
necesitaron de ninguna argamasa? ¿Mediante qué técnica constructiva ya olvidada,
lograron unir férreamente las rocas unas con otras, trabajándolas inclusive hasta en más
de cuarenta facetas inclinadas en distintos ángulos, para dar mayor solidez al conjunto;
y, sin embargo, dotándolo también de un ondulante que deja pasmados a los arquitectos,
y que hizo de Machu Picchu la primera ciudad antisísmica de la historia? Una
explicación esgrimida por científicos nada crédulos en otros aspectos, "resuelve" este
misterio recurriendo a otro: Machu Picchu habria sido, como las pistas de Nazca, el
fruto de antiguos visitantes extraterrestres. Ellos habrían acarreado un instrumental tipo
láser, sin el cual no se entiende cómo todo esto pudo ser erigido. No obstante, en la
región de Sacsahuamán, vecina al Cuzco, pobladores y funcionarios municipales
arriesgan otra hipótesis. Los incas, juran esos lugareños, tuvieron la suerte de que toda
esa zona fuera frecuente blanco de meteoritos; eso les permitió, se dice, fabricar
cortapiedras, fresadoras y pulidoras utilizando como materia prima pedazos flamantes
de hematites, un elemento de procedencia meteórica.
Tanto el origen, como las funciones y el propio final de Machu Picchu continúan
desvelando a los estudiosos: Valcarcel, Lehman y Uhle, la dataron en la edad de oro
incaica, acaso en el siglo XV y antes del arribo español, en tanto que su descubridor
Bingham la confundió con esa ciudad de Vilcabamba fundada por el derrotado Manco
Inca tras huir de Cuzco, la capital del imperio, en 1536. Por su parte, para Cossio,
Machu Picchu se trataba de una urbe pre-incaica jamás sometida por los incas, hipótesis
luego dejada de lado, y el germano Muller llegó a atribuirle nada menos que 4 mil años
de antiguedad.
Bingham, quien casi se desmayó de emoción en 1911 al estallare ante los ojos esta
ciudadela en la cúspide del Picacho Viejo (o "Machu Picchu", en quechua), luego de
haber desempolvado por años archivos soñolientos y de recorrer la selva a través de
frágiles puentes colgantes, con la intención en un principio de reconstruir las rutas de
Simón Bolívar, y más tarde la de hallar la última capital inca, supuso en sus escritos que
"esta bellísima y excepcional ciudad escogida hace más de mil años como refugio de los
últimos amautas, pasó a ser finalmente la morada y refugio de las Vírgenes Sagradas...
Aquí; en un cañón cuya grandeza causa estupor, las Vírgenes del Sol se extinguieron,
una a una, sin dejar un solo descendiente". La gran cantidad de túmulos mortuorios
conteniendo cadáveres femeninos, hallados en la ciudadela, corroboraría tal presunción
estremecedora. Es posible revivir una escena diaria en esta Ciudad Perdida de los
Dioses: capturar la imagen de soldados y nobles mezclándose con los sacerdotes frente
al trono del Inca; de los esclavos cultivando los huertos y jardines florales en las
terrazas de la montaña; de los agricultores sembrando el valle, mientras hornos
rudimentarios pero perfectos para su época fundían el cobre, oro y plata de las minas.
¿Por qué, de golpe, tanta gente se esfumó del lugar? Otro enigma irresuelto,
precisamente, es cómo conseguían los Incas elaborar el cobre dándole una dureza
semejante, o casi, a la del hierro. Al respecto, la leyenda jura que los esclavos a cargo de
tal faena eran cegados y se les cortaba la lengua con posterioridad a la misma, para que
no fueran a revelar el artilugio seguido en esa elaboración. Entre tanto, pocos metros
más allá se levantaba el sector especial donde los jóvenes recién iniciados se
perfeccionaban en sus oficios. Y, muy cerca del Altar del Sol, estaba esa piedra de los
sacrificios que permite visualizar otra sobrecogedora secuencia: la joven virgen tendida
allí, cara al cielo, y el sacerdote que alza el cuchillo granítico con el que ha de extraerle
el corazón, para ofrendarlo a los dioses. Se dijo que Machu Picchu había sido la última
trinchera inca frente a la conquista de Francisco Pizarro a partir del 1530. Luego se
pensó que esos santuarios erigidos sobre el pico truncado de una montaña, entre la
jungla y en medio de una niebla fantasmal que brota del rugiente río Urubamba, habría
sido en verdad un centro ceremonial consagrado al culto solar, y la fortaleza de
Ollantaytambo habría representado su centro político. Pero nada se sabe con total
certeza.
Esta vasta sinfonía pétrea, tallada en granito blanco y cuya belleza corta el aliento,
engloba a más dedos centenares de edificios entre andenes agrícolas y hornacinas
destinadas a los centinelas. Las edificaciones, en múltiples niveles, se comunican entre
sí interna y externamente, en una obra de ingeniería que demuestra un saber hoy
irreproducíble dentro de sus características. Y que fue al parecer la máxima creación de
Pachakuti, noveno emperador cuzqueño de la dinastía solar que se inició con Manco
Capac y concluyó con el asesinado Atahualpa.
Estas construcciones tan extraordinarias que sólo perdieron los techos de caña y paja en
varios siglos de depredación natural, descuellan con el Palacio del Inca y el de la
Princesa, enmarcados por terrazas y escaleras monolíticas; o con la Casa Sacerdotal y el
asombroso Templo de las Ventanas, que dio origen a más de una leyenda y desde cuyas
aberturas trapezoidales puede contemplarse un
paisaje de roquedales y picos nevados. Y está el espléndido Templo de la Luna. Y la
Torre del Sol, en forma de herradura, que permite a través de un ventanuco observar a la
perfección el solsticio de invierno. Debajo de ella se halla la Tumba Real, de gran
magnificencia. Y en el punto más alto, sobre un punto cuadrangular, sobresale la
Intihuatana o piedra sagrada, consagrada al Sol y tallada en un bloque de roca único:
durante la celebración del lnti Raymi, en la que el Inca recibía las primicias de la tierra
de manos de sus súbditos, la piedra Intihuatana aseguraba el retorno del astro rey al año
siguiente. Sin embargo, esta piedra cumplía otra misión que sorprende a todos los
occidentales desde Bingham hasta la actualidad: su disposición y estructura permitía
indicar sin ningún margen de error los movimientos de la Luna, así como los
equinoccios y solsticios. Un ingrediente más en el misterio de Machu Picchu. ¿Por qué
murió en forma repentina esta ciudadela que se cuenta entre una de las maravillas
mayores de todos los tiempos? Una teoría alude a la aniquilación de comunidades
rivales, en el curso de las guerras entre tribus. Otra suposición apunta a la feroz
posibilidad de que algún novicio se haya propasado con una aula o Virgen del Sol, lo
que según narra el Inca Garcilaso de la Vega pudo precipitar una masacre en masa. Hay
quienes especulan con epidemias de paludismo o sífilis capaces de diezmar a la región.
De cualquier modo, se está ante otro misterio macizo, impenetrable: la despoblación
súbita, de una Ciudad Solar edificada en el más absoluto secreto. Claro que el secreto de
su origen también inspiró relatos fascinantes: el propio descubridor, Bingham, acogió la
leyenda de que por el Templo de las Tres Ventanas emergieron un día los fundadores
del Cuzco, los hermanos Ayar Manco, Ayar Kachi, Ayar Aucca y Ayar Ucho, quien era
hábil en derribar los cierros vécinos utilizando su honda de oro. Los otros hermanos,
envidiosos, le dieron muerte, y cuando Ayar Ucho resucitó fue para ordenarles que
erigieran Machu Picchu, transformándose ellos mismos en moles de roca palpitante.
Siguen, hasta hoy, expiando su culpa.
Y como para renovar sin pausa tanto enigma, en 1988 un grupo de arqueólogos
peruanos piloteados por el doctor Manuel Chávez BaIlón, descubrió allí una ignota
tumba inca estimada la de mayor importancia jamás encontrada por su riqueza y diseño
arquitectónico. Se cree que podría ser la sepultura del rebelde Manco Inca que emigró a
Vilicabamba. Este descubrimiento, el más significativo del último medio siglo, obligaria
a modificar algunas teorías sobre las funciones de Machu Picchu y reforzar las que
dicen que en ese lugar vivió, se atrincheró y murió el inca rebelde. Es más: debido a que
no se hallaron huesos ni objetos rituales, se piensa que esta necrópolis fue violada antes
de la llegada de Hiram Bingham, en lo que constituye un novedoso y mayúsculo
rompedero de cabeza de los tantos que enhebran la historia, increíble, de Machu Picchu.

EL MISTERIO DE CARNAC

Cambry, quien sostuvo que las lineas de Carnac se refieren a las estrellas, los planetas y
el zodíaco. Autores posteriores retomaron la idea y, en 1970, el ingeniero inglés
Alexander Thom siguió los pasos de Gerald Hawkins en sus estudios sobre Stonehenge
y los aplicó a Carnac. Según Thom, el gran menhir caído de Locmariaquer -roto en
cuatro partes como consecuencia de un terremoto ocurrido en el siglo XVIII- era el
centro de un inmenso observatorio astronómico apto para predecir eclipses. Sus
mediciones indican que desde el gigantesco menhir era posible observar las ocho
posiciones extremas de la Luna. También propuso que los alineamentos de Carnac eran
calculadoras solares, utilizadas para corregir las irregularidades observadas en los
movimientos de la Luna. El inmenso menhir caído de Locmariaguer, conocido como Er
Grab (la Piedra de las Hadas), media más de 20 metros de alto y se cree que estaba en
combinación con menhires hoy desaparecidos. En la región cercana a Carnac se
levantan otros monumentos megalíticos, menos misteriosos en cuanto a la función que
cumplieron en esos remotos tiempos pero tan enigmáticos como el resto en cuanto a
quiénes fueron sus constructores. No hay dudas de que los dólmenes eran tumbas, pero
la investigación arqueológica muestra que se trata de monumentos elevados sobre otros
anteriores y así sucesivamente hasta tumbas de escaso tamaño formadas por elementales
túmulos de barro y piedras sueltas.
Siglo tras siglo, distintos pueblos fueron acumulando sus muertos en pisos superpuestos,
dando cada vez mayor importancia al monumento fúnebre. Investigadores franceses e
ingleses -en sus paises se encuentran algunos de los más importantes conjuntos de
megalitos del mundo analizaron la forma como estas rocas, a veces inmensas, fueron
transportadas y colocadas en su sitio. Un importante hallazgo fue el de restos de sogas
muy resistentes, trenzadas con fibras vegetales, halladas en el lago Gresine, en Saboya.
En experimentos efectuados en Francia, fue posible mover piedras de 30 toneladas,
montadas sobre rodillos de madera, con el esfuerzo de 200 personas tirando de sogas y
el apoyo de un grupo menor que mantenía la buena dirección con palancas. Sí para
mover un megalito de 30 toneladas hicieron falta 200 hombres. ¿cuántos habrán sido
necesarios para desplazar el menhir de Locmariaquer, que pesa 350 toneladas? Esta
pregunta podría tener una sencilla respuesta aritmética. Pero hay un interrogante que es
mucho más difícil contestar:
¿Qué motivo impulsaba a nuestros antepasados de la Edad de Piedra y los llevaba a
realizar esfuerzos tan desmesurados? Quizás las rocas lo saben, pero
lo conservarán profundamente oculto hasta el fin de los tiempos.

TROYA, NUEVE CIUDADES PARA UNA LEYENDA

"Oid tribus innúmeras de aliados que habitais alrededor de Troya! No ha


sido por el poder ni por el deseo de reunir una muchedumbre por lo que os he traído de
vuestras ciudades, sino para que defendais animosamente de los belicosos aqueos a las
esposas y a los tiernos infantes de los troyanos..."
Las palabras que el gran caudillo troyano Héctor, "el de tremolante casco", dirigió en
vísperas de la batalla a sus aliados que combatían contra el acoso griego es decir, a esos
valientes dárdanos, adrástidas, licios, léleges, cilicios y arisbos, dan vida a uno de los
capítulos de La Ilíada; la obra de Homero donde se da cuenta del sitio y destrucción de
Troya. Pero, ¿qué fue Troya? Nombrarla equivale a evocar una ciudad situada a
horcajadas entre la realidad y el mito; una leyenda cuyos destellos iluminaron la
imaginación de muchas generaciones; una guerra de diez años, tan célebre como feroz,
que dejaría en ruinas a la urbe inmortal.
Sin embargo, hasta el día de hoy continúan alzándose algunas voces que cuestionan
desde el presunto emplazamiento de las ruinas troyanas, en la costa turca del Asia
Menor, hasta la existencia misma de la ciudad legendaria (y de su máximo cantor,
Homero). Inclusive, su destrucción abre aún hoy un sinfín de interrogantes, pese a la
famosa artimaña del Caballo de Troya, en cuyo vientre un puñado de soldados griegos
encabezados por el valeroso Diomedes atravesó sus murallas al despuntar el alba. Y por
si no bastara tanto enigma, se han descubierto varias Troyas, una encima de la otra. A la
que se suma otra teoría, más reciente, de un filólogo mexicano, Roberto Salinas Price,
que se despachó con la sensacional afirmación de que Troya no habría estado en Asia,
en el valle delimitado por los ríos Escamandro y Simois, sino a orillas del Mar
Adriático. Nada menos que en la actual Yugoslavia...
Todo había empezado cuando al apuesto Paris, uno de los cincuenta hijos del rey
troyano Priamo, y hermano de Héctor y de la vidente Casandra, el dios Zeus le ordenó
una engorrosa misión; dictaminar cuál era la diosa más bella entre Hera, Atenea y
Afrodita. Paris se inclinó por esta última, que, dicho sea de paso, lo había sobornado
prometiéndole el amor de Helena de Esparta, la mujer más hermosa del mundo entonces
conocido. Pero había dos factores en contra de tales amoríos: Helena era griega y por
añadidura, estaba casada con el rey espartano Menelao. Lo cierto es que al entregar la
manzana de la discordia a Afrodita, en premio a su triunfo en el primer certamen de
belleza de la historia, Paris se ganaba la venganza de las dos deidades despechadas. Y
daría cumplimiento, así, a la profecía según la cual Troya sería destruida por su causa.
Ocurrió, en efecto, que Atenea y Hera persuadieron a Príamo a que enviara a Paris a la
corte de Menelao: presa de una fulminante pasión por Helena, Paris la sedujo y raptó,
llevándosela a Troya. Menelao, su hermano Agamenón, rey de Micenas, y Ulises, se
asociaron para rescatarla. Primero reclamaron la devolución de la joven, lo que les fue
negado. Todos los príncipes se conjuraron entonces contra la potencia troyana. Se
desató así la Guerra de los Diez Años, en la que hasta aquellos dioses volubles y
rencorosos participaron ayudando o saboteando a unos y a otros.
Pero ni siquiera esa famosísima leyenda se salva de la controversia. Por ejemplo,
Plutarco había recreado una antigua historia ática en la que Helena fue raptada por
Teseo, y recobrada tras un ardoroso combate por sus dos hermanos, los Dióscuros.
Gilbert Murray, en su "Historia de la literatura clásica griega", sugiere que el mito
original de la lucha por recobrar a Helena "fue, sin duda alguna, el enfrentamiento en el
cielo entre la luz y la oscuridad". Además, Murray llega a decir que "el combate por
Helena tuvo su primera localización no en Troya, sino en las fronteras meridionales de
aquellos bardos tesalios que la cantaron".
Otras versiones del mito juran que Zeus estaba harto de tantos hombres sobre la tierra, y
provocó una "guerra depuradora". Hasta hace relativamente poco tiempo no habían
salido a la luz pruebas creíbles sobre la existencia de Troya, o de las varias Troyas
superpuestas. Ni sobre su arrasamiento. Ni su localización geográfica.
Las exploraciones llegarían a contar hasta nueve Troyas destruidas y reedificadas unas
sobre otras: la sexta, de la que aún subsistían las fuertes murallas de piedra
rectangulares, sería la saqueada por los griegos en el siglo XII antes de Cristo. Más
exactamente: hacia el 1260 a. de C. La novena capa
correspondería a una época muy posterior, a los tiempos del Imperio Romano.
El asedio de Troya duró una década. Y aquí hay otro misterio: según Homero, los
griegos en ningún momento bloquearon la urbe sitiada; no interceptaron sus
provisiones; tampoco intentaron derruir sus fortificaciones; acamparon inclusive bien
lejos de la ciudad. Eso si: constantemente los bandos rivales se hostigaban y trenzaban
en salvajes enfrentamientos con mazas, lanzas, espadas, hoces, picas, venablos, flechas
a veces envenenadas. Los carros estremecían la tierra al mando del auriga. Por todos
lados las piras de cadáveres humeaban oscureciendo el día; más allá, una pelea entre
decenas de soldados podía interrumpirse bruscamente para admirar un duelo personal.
Por ejemplo, cuando Aquiles atravesó con su pica el cuello de Héctor, atando luego su
cuerpo al carro cuyos caballos azuzó. Cuenta Homero: "Gran polvareda levantaba el
cadáver mientras era arrastrado; la negra cabellera se esparcía por el suelo; la cabeza,
antes tan graciosa, se hundía en el polvo. Porque Zeus la entregó a los enemigos para
que allí, en su misma patria, la ultrajaran". Zeus, que igual que Atenea se había
entrometido para sellar el fin del comandante troyano. Un fin no muy diferente del que
tendrían otros guerreros como Patroclo, Polidoro y el mismo Aquiles.
En cuanto al fin de Troya, las enciclopedias recuerdan que Ulises aconsejó pactar un
falso armisticio con los troyanos, quienes recibieron alborozados la proposición.
Entonces Ulises, en testimonio de amistad, les ofreció un gigan-tesco caballo de madera
construido según instrucciones de Atenea, explicándoles que era una ofrenda a los
dioses. Para entrarlo a la sitiada Troya fue preciso derribar todo un sector de muralla. En
su entraña aquel caballo alojaba a un puñado de griegos, que al llegar la noche abrieron
las puertas de la plaza: el amanecer vio a los sitiadores dueños de la ciudad. Nacía un
mito, y con él un montón de dudas e interrogantes. Aquí entra en escena un personaje
singularísimo, el arqueólogo aficionado y aventurero alemán Enrique Schliemann. El
llamado "bucanero de la arqueología", que vivió entre 1822 y 1890, fue el hijo de un
humilde párroco que desde los seis años empezó a fascinarse con las sagas homéricas.
Trabajó en una tienda siendo adolescente; se embarcó como peón de limpieza en barcos
mercantes, naufragó, y en Holanda se dedicó a los negocios, incluyendo el de
contrabando de té. A los 36 años había amasado una fortuna. Su descomunal energía se
volcó luego al estudio apresurado de la arqueología. Y ya en 1868 hundió la pala por
primera vez en donde La Ilíada imaginó a Troya: al pie de los manantiales, uno caliente
y el otro helado, que fluyen al río Escamandro. Pero allí no encontró ni rastros de la
metrópolis del rey Príamo. Desde mucho tiempo antes se buscaba con ahinco el
emplazamiento de la ciudadela eternizada por la epopeya homérica. Y el impetuoso
Schliemann sólo consiguió arrancar risas irónicas de los arqueólogos profesionales,
cuando optó por encaminarse a las cercanías de la ciudad de Ilión, poblada por griegos
en el noroeste de Turquía. Fue recién en 1871 cuando este "Sherlock Holmes" de la
antiguedad clavó la zapa en Hisarlik, una pequeña colina a unos cinco kilómetros de la
costa egea. Precisamente, en medio de los ríos Scamander o Escamandro y Simois, y en
la semiárida región más tarde bautizada Troade. El increíble Schliemann comenzó por
abrir una larga zanja con tal ímpetu que, de entrada, arrasó parte del primer nivel: unas
ruinas de la época neolítica, de las que sólo quedaban algunos habitáculos y restos de
hachas y cuchillos de piedra. El arrojado explorador alcanzó a identificar otras cuatro
ciudades, la segunda de las cuales contando desde el plano más profundo pertenecía ya
a la Edad de Bronce. Se la dató aproximadamente entre los años 3300 y 2500 antes de
Cristo. Pero Schliemann quedó convencido de que ésa era la Troya de Homero. Eran
notables los vasos de plata y bronce hallados allí, al lado de diademas, puntas
de lanzas, pendientes, y otras joyas de oro así como lingotes de cobre y plata. El
entusiasmo del incansable germano no tenía límites: cuando descubrió esos adornos
preciosos en 1873, creyó haber hallado "el tesoro de Príamo". Para protegerlo de las
manos de burócratas y ladrones y poder sacarlo clandestinamente de Turquía se lo fue
entregando a su segunda esposa, Sophia Engastromenos, de sólo 17 años.
Se conserva aún una foto de esa bella hija de un tapicero ateniense, engalanada con lo
que ella y su marido creían eran las joyas de la célebre Helena.
Sería Dorpfeld, el ayudante y continuador de la labor schliemanniana, quien identificó
la verdadera Troya homérica como la VI, o más seguro la VII, de las encontradas
sucesivamente. En total, apenas si se trataba de unas pocas docenas de viviendas en una
superficie también irrisoriamente pequeña: sólo 139 metros en su lado menor, y 183 en
el mayor. Dimensiones que, por su vulnerabilidad, tornan todavía más conmovedora
pero también más enigmática e interrogante la serie de acontecimientos allí ocurridos.
Como se ha señalado, el arqueólogo alemán no llegó a enterarse de las rectificaciones
que la ciencia estableció a sus primeras presunciones y continuó su obra con creciente
entusiasmo. En 1876 la emprendió con otro material homérico: las ruinas de Micenas, el
reino de Agamenón. Como reseñó tiempo atrás con alguna ironía un columnista, en esta
ciudad micénica Schliemann desenterró un castillo fortificado y una serie de tumbas en
las que había mascarillas de oro, placas labradas, joyas, dagas cuyas vainas
representaban cacerías de leones. La antigúedad parecía resucitar ante los ojos
asombrados de su descubridor, que en plena exaltación comunicó telegráficamente su
hallazgo al rey de Grecia: "He descubierto los sepulcros de Agamenón, Casandra,
Eurymedón y sus compañeros, asesinados en el banquete ofrecido por Clitemnestra y su
amante Egisto...".
En ese estilo similar al de una noticia policial, uno de los mitos máximos de todos los
tiempos resurgía del polvo. La maravillosa gesta troyana, transcurridos más de treinta
siglos, continúa agitando la imaginación y el espíritu, del mismo modo que todavía agita
sus playas el viento que sopla sin cesar entre las altas hierbas; un viento que no existe en
ningún otro punto de esa zona, y que ya Homero describió. Un viento en cuyo hálito
Aquiles sigue arrastrando el cadáver de Héctor, frente a las murallas de la invencible
Troya.
MITOS DE LA GRAN PIRAMIDE

Es probablemente, el enigma más antiguo de los que siguen intrigando a la


humanidad: la Gran Pirámide, levantada por el faraón Keops (la versión griega. que ha
llegado hasta nosotros, del nombre egipcio Jufui) fue construida nada menos que hacia
el 2600 antes de Cristo. Antes de los tiempos de Pendes o incluso de Hamurabi; antes
también de Moisés y de su Exodo: antes de que floreciera la antigua Nínive, orgullosa y
cruel ciudad de la Mesopotamia. . . Las tres grandes pirámides de la meseta de Gizeh,
cerca de la actual ciudad de El Cairo (la de Keops, la de Kefrén y la de Mikerino) ya
eran viejas. Estas tres más famosas, así como las casi 80 pirámides menores que
coronan la orilla occidental del Nilo, formando una cordillera artificial que a lo largo de
más de 600 kilómetros, entre Abu Roash y El Kula separa el ancho valle del desierto del
Sahara, fueron levantadas en sólo 160 años, desde el 2650, hasta el 2490 antes de
Cristo, cuando los egipcios no contaban todavía con herramientas de hierro, ni con la
rueda, ni con el caballo. ¿Cómo fueron erigidos estos enormes monumentos, y para qué?
A pesar de lo mucho que se dijo y se escribió sobre el asunto; pese a las muchas y muy
elaboradas teorías, el misterio sigue en pie, tan erguido como la indestructible pirámide
de Keops, ya casi un símbolo de la eternidad sobre la Tierra. Y la Gran Pirámide es,
también, el misterio más enorme levantado por los hombres hasta el presente. Este
increíble monumento que está allí, escuchando impávido nuestras preguntas desde hace
casi cinco mil años, cubre más de cinco hectáreas de desierto, más del doble de la
superficie que encierra el imponente Coliseo de Roma. Sus cuatro caras triangulares que
se unen en un vértice allá arriba originalmente a 146 metros con casi 61 centímetros de
altura; apenas 23 metros menos que el elevadísimo Obelisco de Washington, en la
capital norteamericana conforman, además, una abrumadora mole casi maciza: más de
dos millones de bloques de piedra, algunos de los cuales pesan entre 20 y 30 toneladas,
fueron traídos hasta su emplazamiento definitivo desde una cantera de caliza ubicada
del otro lado del Nilo. ¿Cómo fueron estas piedras cortadas, transportadas y erigidas?
Misterio, naturalmente. Pero hay mas: en su construcción intervino también el granito,
piedra muchísimo más dura, para tapizar las cámaras interiores del monumento en
bloques arrancados y transportados desde Asuán, a 800 kilómetros Nilo arriba. ¿Por qué
desde tan lejos? Otro misterio, por cierto.
Y por último: ¿por qué de pronto, alrededor del 2685 antes de Cristo, los egipcios
empezaron a levantar estos monumentos ciclópeos, para mover en poco más de un siglo
y medio unos 30 a 35 millones de toneladas de piedra que vinieron a conformar las siete
pirámides mayores: la escalonada de Saqqara, la de Meidum, las dos de Dahshur y las
tres de Gizeh? Con la misma inexplicable "brusquedad" con que esa época se había
iniciado, unos 160 años después cesó para siempre la construcción de pirámides, y
desde entonces la gran mole de Keops, escoltada por sus hermanas menores de Kefrén y
Mikerino y la fabulosa Esfinge vienen intrigando al mundo.

ANTE TODO, ¿PARA QUE LAS PIRAMIDES?

"Un exasperante deseo de apresar su significado se agita en el corazón de quien las


contempla", escribió sobre ellas un poeta árabe del siglo XIII. Los árabes, que llegaron
al Egipto después de la expansión del Islam -ya en el siglo V de nuestra era- no fueron
por cierto los primeros deslumbrados. El romano Plinio el Joven había llamado a estas
enigmáticas moles "una tonta e innecesaria exhibición de riqueza", proponiendo la
peregrina idea de que los faraones las hubieran levantado para agotar el tesoro real y
despojar así a sus sucesores. Un escritor cristiano del siglo XII las consideró los
graneros construidos por José -el personaje del Génesis, vendido por sus hermanos a
unos mercaderes y que llegó a ser gran ministro del faraón- para prevenirse contra las
famosas "Siete Plagas". En el mismo sentido, los árabes medievales pensaron que tan
inmensas construcciones no podían haber sido más que depósitos de una civilización
desaparecida. En tiempos más recientes, los enigmas quisieron ser explicados como
plataformas de aterrizajes de antiguos astronautas -terráqueos o, mejor aún,
extraterrestres-. e incluso como mojones para redistribuir los campos de cultivo después
de las periódicas inundaciones del Nilo. La explicación más difundida. sin embargo, ha
sido y sigue siendo todavía la de que esas monumentales edificaciones no fueron más
que tumbas reales, moradas eternas para los dioses vivientes del Antiguo Egipto. "Son,
además, simplemente un elemento dentro de un vasto complejo de construcciones, todas
las cuales estaban relacionadas en su finalidad funeraria", sostiene con seguridad el
doctor 1. E. 5. Edwards, que fue Curador de Antiguedades Egipcias en el Museo
Británico de Londres y es el máximo especialista en el tema de las Pirámides.
Estratégicamente ubicadas entre el rio-fuente de la vida-y el horizonte occidental, donde
muere el Sol, algunas otras moradas eternas para "dioses vivientes" ya fueron anteriores
a la época de las Pirámides. Concebidas como lujosos palacios, esas "casas de la
muerte" contaban con depósitos de provisiones, tesoros de alhajas y regalos y lujosas
cámaras funerarias con sus sarcófagos. Estaban rodeadas, además, de residencias
funerarias menores para los cortesanos del faraón.
Las pirámides -también la de Keops, no sólo la más grande sino también la más
compleja, la que suscitó siempre los mayores interrogantes- cumplen en general con
esos requisitos: todas se levantan en la banda occidental del Nilo, la morada tradicional
de los muertos; muchas tienen, o tuvieron, lo que parecen ser sarcófagos de piedra; se
encontraron, en algunas de ellas, unos pocos restos humanos no identificados y sin
fecha, y miles de tumbas perfectamente comprobadas están distribuidas alrededor de las
pirámides mayores como los cortesanos alrededor de su rey. La mayoría de estas
inmensas construcciones tienen un largo pasadizo de entrada, en plano inclinado, que
apunta hacia el norte, hacia el grupo de estrellas que los antiguos egipcios identificaron
con sus dioses principales. Pero, a pesar del exhaustivo trabajo de los arqueólogos, no
ha sido posible hasta ahora encontrar, en los sarcófagos encerrados en el interior de las
pirámides, la momia del faraón. Es claro que surge de inmediato la hipótesis del robo:
¿cómo es posible que, a lo largo de tantos siglos y tantas civilizaciones como pasaron
por encima de las pirámides, pudieran esas grandes tumbas permanecer intactas? Sin
embargo, no sólo el sarcófago vacío de Sekhemkeht apareció inviolado; otros
pesadisimos y monolíticos ataúdes, sellados durante milenios, fueron encontrados sin
mostrar signo alguno de haber contenido un cuerpo, o sus sudarios. Abdullah al-
Mamoun, un califa del siglo XIX que parece haber sido el primero en penetrar los
complejos interiores de la Gran Pirámide, describe con lujo de detalles el sistema de
macizos bloques de piedra -tallados en forma de cuña- que sellaban los inviolados
pasadizos. Con la seguridad de que nadie lo había precedido, AlMamoun atravesó una y
otra barrera hasta alcanzar la Cámara del Rey, para encontrarse sólo con un ataúd de
piedra sin tapa, vacio y sin marca alguna.
Y, Sí NO ERAN TUMBAS, ¿QUE ERAN ENTONCES?

"Es muy extraño -medita John Cooney, el director de la Colección Egipcia del Museo
de Brooklyn-; yo también suponía que las pirámides eran lugares de inhumación. Esta
sigue siendo, todavía, la más fácil y la más racional de las explicaciones. Con todo, la
falta de pruebas nos confunde. Además, los egipcios no nos dejaron crónicas que exp
fiquen cómo o por qué se construyeron las pirámides. Si no estuvieran allí, tan evidentes
como siempre, hasta podríamos dudar de su existencia". Cada vez parecen menos
disparatadas ahora, las atrevidas interpretaciones que sugieren la relación con otras
civilizaciones, provenientes incluso hasta de otros mundos. Los matemáticos del siglo
XVIII ya se maravillaron, por ejemplo, deque las rigurosas proporciones de la Gran
Pirámide de Keops incorporaran -miles de años antes de Pitágoras- los elementos de la
geometría pitagórica. Después, los investigadores de la época victoriana deslumbrados
por la fascinación que sobre su tiempo ejerció todo lo egipcio no dejaron piedra sin
medir. Y buscaron extraños significados cósmicos en las dimensiones de la Gran
Pirámide; en el ángulo exacto de su talud (51 grados 52'); en su ubicación justamente al
sur del paralelo 300 y en el meridiano que es la bisectriz del Delta del Nilo; en sus
rigurosas alineaciones con el polo Norte y con determinadas estrellas.
Charles Piazzi Smith, astrónomo escocés de esa segunda mitad del siglo XIX, demostró
que los constructores de la Gran Pirámide ya conocían el número a Pi (3,1415), que
expresa la relación entre la circunferencia y su diámetro. Y en las medidas de los
pasadizos interiores, Piazzi Smith creyó ver asimismo los planes divinos con respecto al
mundo, con el anuncio incluso del Segundo Advenimiento de Jesucristo.
La Gran Pirámide de Keops, con sus caras orientadas hacia los cuatro puntos cardinales,
pasó a ser considerada también un inmenso calendario de piedra, un almanaque de
fórmulas y medidas regulares y un modelo en escala (reducido a ángulos precisos y a
líneas rectas) del hemisferio terrestre. Los egipcios, quienes hubieran construido este
portento habrían conocido, entonces, la forma y el tamaño de nuestro planeta mucho
antes de que los griegos soñaran con alcanzar esos descubrimientos.
Los fanáticos religiosos se atrevieron a interpretar a la Gran Pirámide, además, como
una Biblia de piedra, considerando sus galerías y ambientes interiores como símbolos de
los más importantes acontecimientos de las Escrituras, desde Adán hasta el Apocalipsis.
Aunque otros investigadores más rigurosos, como el astrónomo británico Richard
Anthony Proctor, desarrollaron la teoría de que la más célebre de las Pirámides había
servido como observatorio astronómico aun antes de su terminación: su Gran Galería,
antes de quedar cubierta, había marcado exactamente el meridiano del lugar para poder
detectar los movimientos del Sol, la Luna, los planetas y las estrellas más visibles en su
marcha por los cielos. "Es que mientras sobreviva la curiosidad del hombre -llegó a
afirmarse allí estará el misterio de la Pirámide para alimentarla."

EXTRAÑOS GIGANTES

Las inmensas figuras parecen haber sido dibujadas sobre el terreno sólo pensando en
quienes podrían verlas desde el aire. Sin embargo, fueron hechas en una época cuando
nadie soñaba, excepto Icaro, en remontarse más allá de unos palmos del suelo. ¿Qué
oscuro afán llevó a los hombres que poblaban las onduladas campiñas del surde
Inglaterra a inscribir en la roca caliza esos gigantes con forma humana, esos
enigmáticos y estilizados caballos? "Se trataba de conjuros mágicos -dicen algunos
investigadores refiriéndose a las figuras humanas-, mediante los cuales los mortales
intentaban con graciarse con sus dioses. " ¿Y en el caso de los caballos? "Quizás, una
forma de rendir pleitesía a un animal que había modificado por completo el arte de la
guerra y el modo de vida de las comunidades de la Edad del Hierro, hacia el siglo X
antes de Cristo. "Sin embargo, pese a las explicaciones de los arqueólogos e
historiadores, el misterio no se desvanece, pues no es fácil entender qué llevó a los
druidas a realizar obras tan colosales.
Cada época intentó su respuesta. Para los campesinos del medioevo, el dibujo de Cerne
Abbas, en Dorset, es el rastro dejado por un gigante malvado que asolaba la región,
devorando niños y ganado, hasta que un día se acostó a dormir y fue sorprendido por los
lugareños. Estos aprovecharon la ocasión y lo mataron, sin darle oportunidad de usar su
garrote. La imagen, que mide 55 metros, está ubicada muy cerca de unos terraplenes
levantados en la Edad del Hierro. En ese lugar, denominado Trendle, se celebraron
durante siglos ceremonias vinculadas con la fertilidad de los seres humanos, el ganado y
los cultivos. Los campesinos se reunían alrededor de un altísimo mástil, llamado el
"poste de mayo" y danzaban rituales de la fertilidad. Tales ceremonias se efectuaron
hasta el siglo XVII en la ciudad de Londres y hasta el siglo pasado y comienzos del
actual en zonas rurales de Inglaterra, Gales e Irlanda.
El ritual es muy antiguo. Todos los años, en el mes de noviembre, cuando
terminaba la época del pastoreo del ganado, los antiguos celtas celebraban una
ceremonia llamada samain, durante la cual se reunían y realizaban sacrificios. Mientras
duraba el samain, el dios Dagda, identificado con los hombres, se unía a una de las
numerosas diosas representantes de las fuerzas de la naturaleza: Morrigan, la reina de
los Demonios, Boann, la deidad del agua que emergía del río Boyne, Nemain, la diosa
terrorífica, o Maeve, que aparecía bajo la forma de una yegua. Dagda era un ser muy
poderoso, de enorme fuerza y apetito insaciable, siempre armado con un gran garrote y
portador de un caldero mágico. Todo lo que introducía en ese caldero se reproducía
eternamente; además, era fuente de juventud y de inspiración.
En 1751, el historiador John Hutchins escribió que el gigante de Cerne Abbas había sido
dibujado en la piedra caliza "en tiempos de lord Holles", es decir, a mediados del siglo
anterior. Pero los estudios más recientes indican que lo más probable es que el
propietario de las tierras durante el siglo XVII, el mencionado lord Holles, hubiese
hecho restaurar la antigua figura inscripta por los celtas mil años antes. Se ha llegado a
sostener que el gigante es una adaptación local del dios grecorromano Hércules, que
también era representado con un garrote en la mano. Refuerza esa idea el nombre dado
desde muy antiguo al grandulón en la zona: Hellth, Helis o Heil (probables
deformaciones del nombre Hércules). Es otra explicación probable para el misterio, ya
que los romanos ocuparon extensas regiones de Inglaterra y su influencia dejó su marca
en la religión y las costumbres locales. Para los celtas, que habitaban el territorio desde
el siglo VI antes de Cristo, el gigante que dibujaron en la llanura de Cerne Abbas
representaba a Dagda. Otro de los dibujos de gran tamaño hallados en Inglaterra es el
"hombre alto " de Wilmington, del que se cree fue tallado en la piedra caliza hacia el
siglo VI antes de Cristo. Aunque se han hecho grandes esfuerzos interpretativos, el
"hombre alto" mantiene intacto el misterio: a diferencia del gigante de Cerne Abbas, no
ha podido ser identificado con ninguno de los dioses del pobladísimo panteón celta. En
especial, porque no se entiende qué representan los únicos elementos ajenos a la figura
humana: dos líneas rectas, sostenidas por cada mano, que van desde la cabeza hasta los
pies. Si fuese una imagen de San Pablo, como se ha dicho, debería ser más tardío,
obviamente posterior a Cristo. Pero también se adujo que podría ser un "agrimensor"
prehistórico, portador de las varas utilizadas para determinar
líneas del terreno. En toda la región abundan los caballos inscriptos en la piedra. El
caballo blanco de Uffington, en Oxfordshire, mide más de 100 metros de largo y su
estilizado diseño llevó a muchos a considerarlo el mítico dragón que fue muerto por San
Jorge, el patrón de Inglaterra.
Esa opinión encuentra apoyo en la cercanía de la colina donde, según la leyenda, el
santo acabó con el monstruo fabuloso. Para los historiadores de la cultura celta, el
caballo de Uffington sería una yegua, representación de
la diosa Epona, también conocida como Maeve o Macha, la madre tierra, emparentada
con la diosa Manu de la India.
Figuras similares se hallan en Alston y en Cherhill, del condado de Wiltshire. Pero
todas ellas sonde difícil datación, ya que no aparecen asociadas con otros elementos de
la época que pudiesen ayudar a ubicarlas cronológica-mente. Menos misterioso es el
célebre caballo blanco de Westbury, en la región de Salisbury. Se sabe que adquirió la
forma actual en 1778, cuando el noble propietario del terreno ordenó "restaurar" una
imagen antigua muy deteriorada. Según un dibujo de 1772, la figura anterior se parecía
bastante en su estilo a los caballos de Uffington, Alston y Cherhill. El folklore británico
conserva
rastros de los antiguos cultos de la fertilidad.

Hasta no hace mucho, las campesinas solían pasar la noche sobre el órgano reproductor
del gigante de Cerne Abbas, seguras de que su influencia les facilitaría la gestación.
Asimismo, las muchachas solteras, en busca de marido, se instalaban toda la noche
dentro del contorno del gigante. Al parecer, la
síntesis entre las creencias druídicas y la religión romana no cedió fácilmente su lugar al
cristianismo. Hasta la época de la reforma protestante, durante el reinado de Enrique
VIII, los monjes católicos se vieron impelidos a aceptar e integrar los mitos y
costumbres lugareños, en particular los ritos referidos a la fertilidad. Quizás ello
explique otro misterio: cómo los dibujos paganos no fueron considerados imágenes
demoniacas -y consecuentemente destruidos- por la nueva religión que se propagó en
las islas británicas después de la muerte de Cristo.

LA CIENCIA QUE ESTUDIA DONDE CONVIENE VIVIR

Sobre una suave colina cubierta de musgo se alza un pino de ramas retorcidas. El sutil
verdiazulado de sus agujas armoniza con el tono esmeralda de una roca opaca cuyos
bordes irregulares aparecen recortados contra el horizonte. Más alía, una esbelta pagoda
se eleva, escalonada, hasta el cielo. Al pie de la colina corren las aguas tranquilas de un
arroyo. Al fondo. entre la niebla, las montañas. ¿Es un paisaje pintado o es un paisaje
verdadero? No importa mucho, ambos son intercambiables. En cualquier caso, es un
lugar donde la armonía entre los elementos naturales y los colocados allí por el hombre
se hace realidad. Es un lugar tocado por la varita mágica del Feng-Shui, el antiquísimo
arte chino de la geomancia. El arte de elegir el lugar apropiado.
Feng-Shui quiere decir "viento y agua", las fuerzas naturales que transcurren entre los
accidentes terrestres y a los cuales debe tener en cuenta el hombre cuando quiere
instalarse, ya sea para vivir, para desarrollar actividades o para el descanso eterno.
Según los principios de la geomancia, la suerte de cada uno, en la vida terrena o en la
celestial, depende de la observancia de ciertas reglas al elegir dónde vivir O dónde
establecer la tumba. Se dice que la ciudad de Hong Kong debe su actual prosperidad a
una localización regida por el Feng-Shui. Antes, mal ubicada, era víctima de ataques de
piratas y conquistadores extranjeros.

Cinco factores determinan el sitio adecuado.


El primero es Loong, el dragón, que corresponde a las necesarias ondulaciones del
terreno, ya que un espacio plano es considerado nocivo. El segundo es Xue, la oquedad,
relacionada con los cimientos, el tipo de terreno y su estabilidad: es el aspecto que el
geomántico considera más difícil de encontrar. El tercero es Sha, la arena, el paisaje. El
cuarto es Shui, el agua. Y el quinto es Xiang, la orientación. Todos estos factores son
combinados por el experto en geomancia con la carta astral de su consultante y puestos
de acuerdo con el horóscopo que resulta. Sólo así se podrá establecer un buen equilibrio,
o Ch'i (el aliento cósmico), entre las fuerzas del yin y el yang, evitando el Sha Ch'i (el
aliento de la desgracia).
Pero la geomancia no sólo se ocupa de determinar la localización. También estudia los
elementos de la decoración y sus colores. El dragón, símbolo benéfico, es una figura
imprescindible en todo edificio chino pues, junto con los espejos y los tigres blancos,
desvía las malas influencias. Asimismo, el color rojo (representa el yang o principio
activo) es muy apreciado, mientras el amarillo es el símbolo de la tierra, vinculado al
yin o principio pasivo.
Y así como el verde significa crecimiento y longevidad, el blanco es símbolo de pureza.
Pero se lo utiliza poco, ya que también es el color del luto y la penitencia.

LA ISLA DE LAS ESTATUAS VIVIENTES

La primera vez que la remotísima isla atrapó la atención del mundo exterior fue el
domingo de Pascua de 1722 -de alli su bautismo occidental-, cuando el holandés Jacob
Roggeveen avistó sus escarpadas costas: descubrió una isla más o menos triangular, con
un volcán en cada uno de sus ángulos. Los isleños se acercaron nadando "como
delfines" hasta los navíos, y con gran destreza y velocidad despojaron de sus gorras a
los marineros. Luego, un grupo de holandeses desembarcó, inspeccionó rápidamente los
alrededores y partió sin más trámite. Roggeveen escribió en su diario que "las figuras de
piedra, notablemente altas, nos intrigaron mucho" y "los nativos, igual hombres que
mujeres, estaban cubiertos de arriba a abajo, por delante y detrás, con elaborados
tatuajes de colores". En 1770, un marino español llamado Aguero desembarcó en
Pascua y dejó apuntado en su diario: "Queda mucho para resolver sobre este tema".
Cuatro años más tarde, el famoso capitán James Cook ancló frente a Pascua y se quedó
algunos días. Uno de sus tripulantes observó que ciertos nativos tenían perforados los
lóbulos de las orejas, y que de ellas colgaban unas chapas metálicas que las estiraban
casi hasta la altura de los hombros; otro informó que los isleños "son expertos ladrones
y sólo con dificultad pudimos conservar loS sombreros sobre nuestras cabezas". La
fragata del explorador francés La Perouse pasó un día entero en Pascua, en 1786.
"Ahora se cuáles son sus ideas sobre si mismos y sobre el respeto que les merece la
propiedad escribió indignado el médico de a bordo; su conducta hacia nosotros
demuestra la poca consideración que tienen hacia la propiedad de los extranjeros, se
aficionaron tanto a nuestros sombreros que en pocas horas nos despojaron de ellos, y
después nos miraban y se reían como escolares traviesos".
Por aquellos primeros exploradores se supo que los primitivos isleños vivían en curiosas
casas con forma de casco invertido.
Cuando Cook y su gente pisaron Pascua, la mayor parte de las colosales y enigmáticas
estatuas estaban derribadas, con sus rostros aplastados contra el suelo, "muchas de ellas
volcadas sobre pozos cavados especialmente con ese fin, como si los nativos hubieran
querido eliminarlas del todo, hacer como si jamás hubieran existido", escribieron en el
diario de viaje. Varias de las estatuas habían sido golpeadas sobre piedras agudas que
quebraron sus delgados cuellos, dejándolas decapitadas. "Los primeros europeos
encontraron un reducido grupo de nativos que vivía entre las ruinas de sus antiguas y
espectaculares obras, ignorándolas olímpicamente", concluía. ¿Qué había ocurrido?
¿Cómo se explica que un pueblo destruya con furia sus realizaciones, su propia cultura?
Estas preguntas, todavía sin definitivas respuestas, contienen y alientan otro de los
grandes misterios de la isla de Pascua. Dice la leyenda que un heroico jefe, Hotu
Matu'a, fue el primer ser humano que puso pie en la isla: venía escapando de su patria,
algún lugar ubicado muy lejos hacia el oeste, en un enorme catamarán cargado hasta el
tope con sus adictos, pollos y rizomas de taro, la planta que les sirvió para alimentarse.
Pero la leyenda no explica de dónde y de qué escapaban Hotu Matu'a y su gente. Unos
creen en una calamidad natural, otros en una guerra civil; la mayor parte de los
investigadores se inclina por suponer que el lugar de origen fueron las islas Hiva -Nuku
Hiva, Fatu Hiva e Hiva Oa, que son parte de las Marquesas y están 3.400 kilómetros al
noroeste de Pascua; pero el arqueólogo noruego Thor Heyerdahl trató de demostrar -no
sin argumentos- que los primeros habitantes de Pascua llegaron desde el este, desde la
Sudamérica preincaica, acarreando en sus balsas la batata y la totora (juncos) que
medran con profusión alrededor de los lagos cráteres de la isla.
Los vínculos que se han logrado establecer entre los nativos de las Marquesas y los de
Pascua son sin duda notables: los idiomas y los artefactos -sobre todo anzuelos y
pequeñas azadas para labrar la tierra son similares, y
el detalle que más intriga- en las junglas húmedas y umbrías de las Marquesas se
encuentran rechonchos hombres de piedra instalados hasta la eternidad; son figuras muy
diferentes a las gigantescas cabezas talladas de Pascua, pero acaso ocultan una misma
línea de tradición escultórica nacida en los orígenes de los pueblos polinesios.

Nadie ignora que fueron y siguen siendo esas estatuas, los moai, la principal atracción y
el supremo enigma de Pascua. Hay unos dos centenares repartidas por la isla, y algo
menos de 30 recuperaron su grandeza original: fueron los arqueólogos los que
reinstalaron las cabezas en sus altares de piedra. Otras yacen todavía de cara a la tierra,
y otras están desparramadas alo largo de caminos, a todas luces abandonadas mientras
se las transportaba hacia algún lugar determinado; muchas más, en fin, se encontraron
en Rano Raraku, el volcán extinguido donde se las esculpía. Las cabezas fueron
entronizadas por los nativos en plataformas con rampas de hasta 150 metros, especie de
templos religiosos llamados ahu, de los que hay unos 250 en la isla.
Hoy día, casi todos los nativos de Pascua viven en la población de Hanga Roa, pero
hasta hace unos pocos años no tenían otra opción: casi toda la superficie de la isla supo
ser arrendada por una empresa de ovejeros chilenos que decidieron, en lugar de cercar
los campos de pastoreo, cercar el pueblo y dejarle a los animales el resto del territorio.
Los pobladores necesitaban un permiso especial para salir de Hanga Roa; la concesión a
los ovejeros cesó en 1952, y la isla fue restituida a sus habitantes.
Hoy la mayor parte de los isleños habla castellano -la isla de Pascua pertenece
actualmente a Chile, pero también el rapa nui, melodiosa lengua de la Polinesia que se
adapta de maravillas al siglo XX: al jeep, por ejemplo, lo llaman sipi, lo que se
pronuncia "sheepy". Ellos no tienen nombre oficial para distinguir su isla de otras
tierras, ya que no conocieron ninguna: han bautizado cada piedra, bahía, colina o cueva,
pero no a la misma isla. Algunos le decían Te Pito o Te Henua, esto es, "Ombligo del
Mundo", pero ahora la llaman Rapa Nui o, directamente, Isla de Pascua, en español. El
paisaje -por momentos- tiene marcada semejanza con esos campos incultos y abiertos de
Inglaterra, los moors: suaves colinas barrida por los vientos, cubiertas de pasto corto y
grueso y manchadas por las sombras fugaces de las nubes que pasan.
Introducidos desde Sudamérica en la década de 1920, los gavilanes prosperaron y
compiten con las aves nativas: se asientan en peñascos y árboles, y planean cerca de los
viajeros mirándolos con ojos cargados de rencor.
Que los nativos fueron consumados constructores, no sólo de moai y ahu, no hay duda:
los caminos de Pascua están sembrados de antiquísimas estructuras de piedra, tumbas,
crematorios, corrales circulares, torres cónicas que señalaban límites terrestres, cuevas
cerradas con muros de mampostería que sirvieron como viviendas, y hasta gallineros.
De lejos, el volcán Rano Raraku parece una ballena encallada a la que le devoraron sus
flancos: generaciones de escultores redujeron notoriamente su masa montañosa. Los
senderos dan vueltas hacía arriba, y desembocan en las estatuas asentadas sobre el
flanco occidental; la mayoría están sin terminar, enterradas entre los escombros de la
cantera, en un clima fantasmagórico que alentó especulaciones sobre la acción de una
civilización desaparecida -la Atlántida-o la visita de extraterrestres. Floyd Thompson,
joven voluntario del Cuerpo de Paz de los EE.UU., que trabaja integrado al servicio
chileno de parques nacionales, asegura que "el misterio no es cómo tallaron las figuras,
sino cómo las bajaron de la montaña una vez terminadas". Hay más de 200 esculturas en
la cantera, la más grande de ellas -sin terminar- de 21 metros de largo; erguida,
superaría a un edificio de seis pisos. "La conclusión más lógica me parece irrefutable
-dijo Thompson- en determinado momento el trabajo, que debió emplear a muchísimos
hombres porque había una cantidad de cabezas haciéndose simultáneamente, se detuvo.
Da la sensación de que un día todos los trabajadores dejaron sus herramientas, se fueron
y no regresaron más." Durante los primeros años de estudios arqueológicos en Pascua,
los isleños se mostraban capaces de responder las preguntas de los investigadores.
Sabían, al parecer, cómo y para qué se habían tallado las estatuas, y hasta podían
explicar ciertos misterios aparentes. Pero cuando les preguntaban de qué manera los
monumentos habían llegado a sus lugares de emplazamiento, contestaban:
"Caminando". Y la respuesta -reiterada sin más agregados, siempre igual quebraba el
entusiasmo de los antropólogos. De tan sugestiva respuesta nacieron, seguramente, las
rebuscadas teorías que van de la "antigravedad" a la colaboración extraterrestre.
Está claro que las estatuas no pudieron ser arrastradas, por su gran peso, ni transportadas
en rodillos hechos con árboles, por su cantidad insuficiente. Alguien sugirió que los
primitivos pascuences lubricaron sus carreteras macerando el taro, cosa difícil de
imaginar. Mulloy elaboró una explicación bastante lógica: las llevaban atadas en unos
trineos formados con grandes troncos de árboles, que se movilizaba alzándose y
cayendo sucesivamente, tirados por delante y detrás por hombres con cuerdas. Es, de
todos modos, una suposición más. El traslado de las enormes y enigmáticas cabezas
sigue siendo un misterio. Sobre la ladera del Rano Raraku que mira hacia el mar, hay
una fila
-parcialmente subterránea- que suma medio centenar de casas de piedra. A un costado,
la pared del cráter cae a pico hasta un lago plagado de totoras; hacia el otro, un
escarpado precipicio de 300 metros se precipita hasta las olas del Pacífico, que se
estrellan con estrépito y sin descanso contra las rocas. Enfrente hay tres islotes. Esto es
Orongo, la sede de lo que fue en la década de 1860 el ritual religioso más importante de
la isla, el Festival del Hombre-pájaro. El culto del Ave, que logró desplazar a la talla de
estatuas como dogma y práctica religiosa, veneraba a un dios-creador llamado
Makemake y se ejercía mediante un extraño ritual: anualmente, cierta cantidad de
voluntarios nadaba hasta el más alejado de los islotes y esperaban, a veces durante días,
escondidos en cuevas, que llegaran a anidar las golondrinas de la primavera; el primer
hombre que encontraba un huevo nadaba de vuelta -a través de aguas infestadas de
tiburones y luego de trepar la escarpada ladera del volcán, entregaba el huevo -intacto- y
era consagrado Hombre-pájaro hasta la siguiente primavera. Al Hombre-pájaro le
afeitaban el pelo, las cejas y las pestañas, lo pintaban de rojo y negro, y lo recluían
durante el año en una choza aislada donde adquiría sabiduría, paciencia y poder. Luego,
pasaba a ser un personaje venerado.
En la parte norte de Pascua está el zanjón de Poike, el sitio donde presumiblemente se
libró la batalla definitiva de la guerra que enfrentó a los dos pueblos de la isla, los
Orejas Largas y los Orejas Cortas.
Parece claro que hubo dos oleadas de inmigrantes que llegaron a Pascua, y que los
dominantes -a juzgar por las alargadas orejas de los moai- fueron los Orejas
Largas, que sometieron a los Orejas Cortas a la esclavitud y cavaron una trinchera
protectora, repleta de madera seca, para protegerse por el fuego de una eventual
rebelión. Cuenta la leyenda que los Orejas Cortas lograron infiltrarse al otro lado del
zanjón y cierto día se sublevaron y derrotaron a sus capangas, arrojándolos a todo,
incluidos niños y mujeres- al ardiente zanjón. Suena a fábula, pero lo cierto es que los
arqueólogos que excavaron el lugar encontraron una capa del suelo oscurecida por el
fuego y con elevada proporción de carbón de leña y las pruebas de carbono 14
determinaron que el incendio se produjo hacia 1680, fecha que coincide con la tradición
oral de los isleños. Haya ocurrido así o no, la batalla del zanjón de Poike desató la
violencia e inauguró siglos de desdicha para la isla. Los nativos se desparramaron en
grupos que tenían ahu y moai propios y combatían entre ellos, desacralizando a los
ídolos de los vencidos. Cultivar el taro se convirtió en tarea insegura, y las cosechas se
redujeron a un mínimo. Pascua es acaso el único lugar donde el canibalismo careció de
un sentido mágico o religioso: se comieron entre ellos por hambre, simplemente. Los
nativos terminaron viviendo -siempre acosados- en la infinidad de cuevas que perforan
la isla como panal de abejas: sólo salían de allí para matar, o -según las crónicas- para
robar sombreros cuando acertaba a anclar algún navío del otro mundo. Y en buena
medida seguían viviendo así a mediados del siglo XIX, cuando llegaron los primeros
misioneros a procurar la paz. Thor Heyerdahl sostuvo -contra la creencia más
generalizada- que los Orejas Cortas y los Orejas Largas no eran dos facciones de origen
polinesio, sino dos grupos humanos de muy distinta procedencia. "Pascua fue
descubierta y colonizada por lo menos dos veces", escribió. La identificación de los dos
bandos -llamados Hanau Eepe y Hanau Momoko en idioma local se complica por un
curioso rompecabezas que surge al traducirlo del rapa nui. "Eepe" significa corpulento,
pero suena epe, que significa lóbulo de la oreja. Es posible dicee Heyerdahl que la
distinción se hiciera entre gentes de distinta contextura física: los delgados polinesios
(Momoko) y los rechonchos sudamericanos (Eepe). Quizás las orejas largas y cortas
sean sólo una pista falsa.
De acuerdo con la leyenda, el catamarán de Hotu Matu'a tocó tierra en el lado nordeste
de Pascua, en una playa llamada Anakena, palabra que significa julio, probable mes de
llegada de los polinesios, ya que los vientos de la época favorecen la navegación desde
las Marquesas. Mulloy acumuló datos para demostrar que se construyeron varías
generaciones de ahu en Anakena, unos sobre otros, y que sin duda "es el lugar más
antiguo de la isla".
Por otra parte, es relativamente reciente (1978) el descubrimiento de trozos de coral
blanco que, al ser unidos entre si, forman un objeto curvo de 35 centímetros con un
agujero en su centro: lo notable es que la pieza ensambla exactamente en las cuencas de
los ojos de las estatuas, dotándolas de una fantástica sensación de vida. Sumados a los
copetes de piedra colorada que algunos moai lucen sobre sus cabezas, como sombreros,
el significado de aringa ora, esto es, "rostros vivientes", como fueron llamadas las
estatuas antiguamente, cobra pleno sentido.
Las enigmáticas y severas cabezas de Pascua no lograron evitar -y acaso provocaron- la
desintegración social de la isla. De una población total que puede estimarse en 10 mil
personas, sólo sobrevivió un puñado. En 1862, los negreros peruanos se llevaron a los
hombres las mujeres útiles a las minas del Perú, donde muchos sucumbieron; los que
lograron regresar, trajeron a la isla la lepra y la viruela. En 1877, la población estaba
reducida a 110 habitantes. En 1888, la isla de Pascua se anexó a Chile, y gracias a
alimentación y cuidados médicos la población nativa logró finalmente sobrevivir. ¿Qué
dicen los signos jeroglíficos tallados en tablillas de madera según el Kohau rongo rongo,
que es el antiguo sistema de escritura de los isleños? ¿Por qué, después de seis siglos de
esculpir moai, los nativos adoptaron de la noche a la mañana el culto del Pájaro? ¿Cómo
se explican las sangrientas guerras civiles que duraron medio siglo y devastaron la isla?
En Pascua, la falta de respuestas sigue vigente.

ANGKOR VAT

Las elevadas torres con forma de capullo de loto del templo de Angkor Vat dominan,
imponentes, el territorio que circunda a la antigua ciudad imperial de Angkor, la gran
metrópoli jmer. A su alrededor, todo es silencio. La antigua capital de un poderoso
imperio desvanecido en la oscuridad del tiempo descansa de sus glorias pasadas,
poblados sus templos por el recuerdo del dios Siva, el creador. Pero Angkor Vat no
estaba dedicado a Siva sino a Visnú, el dios de la sabiduría y el conocimiento. Porque
no es sólo el templo más grande del mundo. También es un recinto destinado a la
observación astronómica, alineado con el templo de Prasat Kuk Bangro, a mas de 5
kilómetros de distancia, con extremada precisión. Un misterioso santuario cósmico que
resurgió del olvido 150 años atrás. ¿Por qué desapareció de pronto, devorada por la
selva, la deslumbrante civilización jmer que llegó a dominar en sus momentos de
máximo esplendor- lo que después fue Vietnam del Sur, Laos, gran parte de Tailandia y
toda Camboya?
Los misioneros portugueses y franceses que en el siglo XVII se aventuraron por las
impenetrables selvas de la Península Indochina; el sacerdote Charles-Emíle Boullevaux
que se deslumbró ante estas minas en 1850; el naturalista francés Henri Mouhot que las
recorrió diez años después, y finalmente el grupo dirigido por Louis Delaporte que
inició los sistemáticos trabajos de investigación, en 1871-ya se plantearon el enigma:
¿cómo y por qué desapareció, hasta ser olvidado por sus descendientes, el esplendor y el
poder de la gran ciudad de Angkor?
Después de décadas de limpiar la selva y eliminarlos matorrales que cubrían las
estupendas construcciones de piedra; después de estudiarlos bajorrelieves y descifrar las
inscripciones en sánscrito, en chino y en jmer; los especialistas llegaron a conocer
bastante sobre el más brillante período de la historia de Camboya. Pudieron sabor, por
ejemplo, que aunque el Sudeste Asiático había conocido refinadas civilizaciones, ya mil
años antes de Cristo, allí no se levantaron grandes ciudades hasta el siglo VII de nuestra
era. Y que fueron los jmer, precisamente un pueblo trashumante llegado, con toda
probabilidad, desde la India, quienes iniciaron el glorioso período del gran imperio
camboyano.
Llegados a Indochina hacía el siglo V de la era cristiana, los jmers ya habían levantado
ciudades y templos de piedra cuando, en el siglo IX, inicaron la construcción de Angkor
Thom, que llegó a ser el centro de su poder y su cultura. Construida en las
inmediaciones del lago de Tonlé Sap (gran espejo de agua que fonna parte del río
Mekong y actúa como embalse regulador natural del principal curso de agua de
Indochina, ya que su extensión oscila entre los 2.300 y los 10.000 kilómetros cuadrados
de superficie según sea la estación, seca o lluviosa), la nueva ciudad parecía llamada a
florecer eternamente: el Tonlé Sap, extraordinariamente rico en pesca, brindaba y sigue
brindando la mayor parte
del alimento para la abundante población de la zona. Los campos circundantes,
fertilizados durante milenios por los aluviones del río, daban tres y hasta cuatro
cosechas de arroz al año gracias a las importantes obras de riego construidas por los
jmers. Los trabajos de limpieza de la selva permitieron ubicar recientemente los
importantes canales que datan del siglo IX, junto con dos grandes depósitos -al este y al
oeste de la ciudad, cada uno de los cuales podía almacenar más de siete mil millones de
litros de agua para regar los fértiles campos durante los seis meses en que el monzón se
muestra esquivo. Las riquísimas selvas indochinas, además, brindaban las maderas
principalmente la resistente teca con que se construyeron las viviendas para el más de
medio millón de habitantes que hormigueó en las bien trazadas calles de Angkor
alrededor del año 1000. Se calcula que por esa época -plena Edad Medía europea- la
misteriosa ciudad de Indochina tiene que haber sido la urbe más populosa del planeta.
Después de haber conquistado gran parte de la península Indochina, los jmers que
habían llegado de la India siendo devotos del dios hindú Siva abrazaron posteriormente
el budismo, especialmente su nueva variante hinayana. Y que la doctrina de la
renunciación se apoderó de ellos hacía fines del siglo XI II, debilitando las ambiciones
militares de los constructores del imperio.
Las primeras ciudades-estado organizadas por los jmers habían sido unificadas por
Jayavarman II, aparentemente el iniciador de la grandeza de Angkor. Este belicoso
adorador de Siva liberó a su pueblo de los tributos impuestos por los dominadores
javaneses e impuso el culto del rey-dios: él mismo afirmaba ser una suerte de
encarnación de la energía creadora de Siva y como lo siguieron haciendo sus sucesores
se hizo construir un templo especial en el que habría de alojarse su lingham, el símbolo
fálico de su autoridad. Toda esa magnificencia se derrumbo, sin embargo, cuando el
renunciamiento budista se apoderó de los aguerridos jmers. Según esta interpretación,
los ejércitos tailandeses que atacaron Angkor en la primera mitad del siglo XV pudieron
saquear la ciudad y destruir el reino sin encontrar más resistencia que la del ejército
profesional: la gran masa de la población había sido ganada por el pacifismo, el
altruismo y la resignación budistas. El imperio no pudo recuperarse jamás. Pero la
actitud de abandono ante el destino no se había apoderado solamente del pueblo bajo.
Jayavarman VII, sucesor de los anteriores soberanos jmers, constructor de innumerables
monasterios y encargado de finalizar los vastos y complejos edificios de Angkor Vat,
entregó, en la cúspide de su gloría, el reino a su hijo, Indravarman II. En 1201 se
recluyó en un monasterio budista para terminar su vida con el triple cordel que
representa los votos de pobreza, humildad y obediencia.
Durante dos centurias más, Angkor siguió reteniendo su brillo de gran capital, centro
del comercio, las artes y la religión en la península Indochina. No había ciudad que con
ella rivalizara en riquezas. Pero su gloria empezaba a parecerse ya a la de una gran
capital que vive sólo de pasados esplendores. Y a la resignación budista de los ya
envejecidos jmers vino a sumarse el creciente espíritu bélico de los thai, el pueblo que
comenzaba a edificar la actual Tailandia sometiendo a sus vecinos.
"Mil elefantes cargados de oro, joyas, mujeres, lujoso mobiliario, imágenes y piedras",
conformaron el botín que de acuerdo con un testimonio de los vencedores rubricó la
destrucción de Angkor. A partir de entonces, las ruinas pasaron a ser sitio de
peregrinación para brahmanes y budistas que se dieron a visitar los restos de tanta gloria
imperial. Hasta que gradualmente la selva volvió sobre sus derechos: Brahma, Visnú,
Siva; hasta el dulce Gautama cayó también bajo la naturaleza victoriosa.
Las nuevas generaciones camboyanas llegaron a olvidar la vieja historia. Sólo quedó, ya
borroneada en las antiguas piedras, una impresionante profecía jmer: "Entre las selvas
se ocultarán las ruinas de nuestras ciudades -dice todavía-; en los valles y junto a los
ríos se perderán los huesos de nuestra gente. Nuestro reino no será más que polvo,
ceniza y desolación. Pero nuestra gloria volverá. Algún día, desde el otro lado del mar
llegará un hombre de una nueva raza que retomará el hilo de nuestra historia, levantará
otra vez nuestras ciudades y convertirá a Angkor, nuevamente, en la maravilla del
mundo".
Otras interpretaciones, sin embargo, atribuyen la decadencia y el fin de Angkor a causas
internas: a los excesos de organización de una sociedad demasiado estructurada que
llegó en medio del delicadísimo equilibrio de esa jungla tropical- a quebrar incluso las
leyes de una ecología que la humanidad, por aquel entonces, ni siquiera adivinaba. Del
mismo modo -por otra parte- ha llegado a explicarse la no demasiado comprensible
decadencia de Babilonia, de Roma o de las ciudades mayas: al agotamiento de sus
campos agrícolas circundantes.
El diplomático chino Cheu-Ta-Ouan, que llegó a Angkor en el siglo XIII a través de la
Ruta de los Mandarines viajando como embajador del emperador Cheng Song, describió
muchos detalles de la orgullosa Angkor. Con su caravana de camellos, elefantes,
palanquines y guardias, el embajador se encontró de pronto, casi en medio de la selva,
con la imponente Puerta Surde la ciudad. "Cinco grandes rostros del Señor Buda
coronan esa Puerta -escribe-; cuatro de ellos, en cada uno de los lados de la gran torre.
El cuarto, sobre su cúpula de oro."
Después, Cheu-Ta-Quan pasó a relatar las costumbres y la molicie de las clases
privilegiadas de Angkor, comenzando por las de su monarca. "El Gran Rey prosiguió-
tiene una esposa privada que vive en habitaciones contiguas a sus propios aposentos, y
otras cuatro que habitan en departamentos separados, construidos hacia los cuatro
puntos cardinales con respecto a la alcoba del soberano. Sobre sus concubinas no tengo
información; pero he oído decir que
llegan a cuatro mil. Toda la gente de Angkor es muy aficionada a los perfumes -decía-.
Cubren su cuerpo con unguentos de sándalo y almizcle, y son muy cuidadosos de sus
personas. Las clases superiores tienen muchos sirvientes: hombres y mujeres salvajes
que compran jóvenes y educan para realizar todo tipo de tareas. Llaman a esos esclavos
chuang, que quiere decir 'ladrones'. Esos chuang no se atreven a mostrarse solos en las
calles. El término es tan degradante que, usado entre hombres libres, es considerado un
insulto mortal"
Esa sociedad tan duramente estratificada había construido una ciudad perfecta;
rigurosamente cuadrada como Babilonia y además cortada por dos grandes avenidas que
no se unían en el mismo centro del cuadrado porque allí se levantaba el Bayon (un
templo de lineas más pesadas y macizas que las del Angkor Vat), originalmente
dedicado al santo budista Lokesvara y consagrado después a Siva, cuando el hinduismo
volvió a predominar entre las capas superiores de la sociedad. Más de tres kilómetros de
largo tiene cada uno de los lados del cuadrado que formaba la ciudad de Angkor Thom.
Una sólida torre se ubicaba en cada ángulo; en el medio de cada paño de muralla, una
puerta, que coincidía con cada una de las calzadas que llevaban hasta el Bayon. Una
quinta puerta, abierta hacia el río, marcaba el acceso directo al Palacio Real. Impasibles
gigantes de piedra e imponentes serpientes de siete cabezas, erguidas como una cobra
lista para atacar, vigilan todavía las avenidas interiores de la ciudad.
Los recargados estilos de la arquitectura de la India dominan las cons-trucciones
liberadas de la selva; sin embargo, en cada detalle, desde las enormes pilastras
cuadradas hasta los esbeltos balaustres torneados que filtran la luz del trópico hacia las
galerías de los patios interiores se adivina la antigua oonstrucción de madera que
precedió a estos monumentos de piedra puestos allí para siempre.
Es que la orgullosa civilización de Angkor parece haberse apartado de las leyes de su
ambiente también en esto. Nacida en las tierras del monzón, donde la naturaleza impone
rígidamente seis meses de humedad y otros tantos de sequía, la gran ciudad de los jmer
decidió alterar aquellos ritmos para alimentar a la Babilonia del Extremo Oriente
arrancando a las tierras del Mekong una y otra cosecha de arroz, sin solución de
continuidad. Pero saben, ahora, los expertos agrícolas que, sobre todo en las zonas
tropicales donde todo nace y muere mucho más rápidamente y los campos no acumulan
materia orgánica de reserva, el monocultivo sostenido lleva al empobrecimiento de la
tierra. Y las inundaciones del monzón bien pueden haber sido una de las causas de la
decadencia de Angkor. Una vieja leyenda budista lo sugiere con bastante claridad.
Según esta historia, uno de los orgullosos soberanos del imperio condenó a morir
ahogado en el
Tonlé Sap al hijo de un sacerdote que había ofendido a la familia real. El hecho produjo
la irritación de unas de las principales divinidades de Angkor: el dios-serpiente, el
monstruo de siete cabezas cuya esfinge de piedra sigue vigilando las avenidas de la
ciudad. Y el dios ordenó al lago que subiera sobre sus orillas destruyendo a la altiva
capital. Año tras año, el Mekong sigue inundando las fértiles llanuras que alguna vez
alimentaron a la ciudad de Angkor. Ahora nunca llega hasta las ruinas. Pero se cree que
en aquel entonces el lago estuvo mucho más cerca de la ciudad de los canales, y que
alguna inundación extraordinaria bien puede haber arrastrado las frágiles viviendas de
madera habitadas por el conjunto del pueblo.
Se barajan, también, algunas otras hipótesis. Una gran rebelión de los esclavos puede
haber franqueado las fronteras del imperio a los ambiciosos tailandeses, así como los
campesinos endeudados abrieron a los bárbaros las puertas de Roma. La molicie y los
vicios que ganaron a las clases superiores tienen que haber minado, asimismo, el
espíritu nacional de Angkor y la confianza del pueblo en sus dirigentes. Son distintas
causas que podrían haber actuado, por cierto, en forma combinada. Pero el hecho cierto
es que hacia mediados del siglo XV, cuando Europa estaba saliendo de la Edad Media e
iniciando la era de los Grandes Descubrimientos, el gran imperio camboyano no sólo se
extinguió sino que fue hasta físicamente cubierto por la selva, al punto de que sus
mismos descendientes tuvieron que esperar la llegada de los europeos para empezar a
develar parte de su enigmático y glorioso pasado.

GLOSARIO DE LUGARES MISTERIOSOS


AMERICA

El Panecillo
Ecuador. Se encuentra a 183 metros al norte de la antigua ciudad de Quito, la capital. La
obra, edificada por los incas hacia el 1500, es una inmensa atalaya construida con forma
de colmena a la que solamente se puede ingresar por un túnel que penetra en la tierra.
En lo alto del observatorio existe una pequeña abertura que permite el paso de la luz del
sol. Su llamativo diseño y su ubicación, en la segunda ciudad más alta del mundo,
alimentan el enigma.

Monte Alban
México. Con este nombre se identifica el complejo de edificios ceremoniales
construidos seiscientos años antes de la Era Cristiana en una montaña que se levanta al
sur de Teotihuacán. Entre sus antiguos cimientos se puede identificar
a la estructura más extraña del mundo antiguo: una mole que no tiene ni dos ángulos ni
dos lados iguales. Algo más: sus losas exteriores tienen jeroglíficos y símbolos que aún
no han podido descifrarse en su totalidad.

Pucará de Tilcara
Argentina. Es el más importante de los asentamientos prehispánicos de la quebrada de
Humahuaca, en la provincia de Jujuy. En su sector central existe una construcción de
neta filiación incaica en donde se descubrió una serie de talleres que -según
especulaciones científicas pertenecieron a una sociedad estructurada en barrios,
divididos según sus clases sociales. Sin embargo, ninguna de las hipótesis pudo ser
confirmada. El Pucará continúa albergando misterios.

Tenochtitlán
México. Sus fundadores fueron los mexicas o aztecas; se encontraba rodeada por
canales y chinampas, o tierras de cultivo, formadas con el limo del lago, que entonces se
llamaba Texcoco. En el siglo XIV de nuestra era, sus habitantes vivían en espléndidas
casas, tenían suntuosos templos y palacios y se comunicaban con tierra firme a través de
puentes sólidamente construidos. En el siglo XVI, la llegada de Cortés provocó la
destrucción de gran parte de la ciudad y la muerte de la mayoría de sus habitantes,
quienes en cada ceremonia inmolaban a 2.000 víctimas.

Mystery Hill
Estados Unidos. Denominada como la Colina del Misterio, se emplaza en las afueras de
North Salem, al norte de Boston. Se sospecha que fue construido unos dos mil años
antes de Cristo; contiene varios muros de piedra y monolitos de un metro y medio que
rodean cámaras de piedra que parecen dólmenes y una lápida de cuatro toneladas y
media conocida como la Mesa de Sacrificios. Algunos arqueólogos opinan que se trata
de un auténtico monumento megalítico.

Chichen ltzá
México. Construida por los mayas, a 123 kilómetros al sureste de la ciudad de Mérida,
tiene entre sus construcciones más importantes el Templo de los Guerreros, erigido en el
1200 de nuestra era. Uno de los edificios servia como observatorio y otro se utilizaba
como sala de juegos. No se tienen abundantes datos sobre la civilización maya, pero se
sabe que construyeron extensas carreteras que comunicaban todo su territorio y que,
además, practicaban rituales muy extraños. Chichen ltzá es uno de los vestigios más
importantes de las antiguas civilizaciones que poblaron América. El pueblo maya,
adelantado en varios aspectos, conocía el principio de la rueda y sin embargo no lo
utilizó en sus trabajos de construcción.

Figuras de Blythe
Estados Unidos. Las extrañas figuras de la ciudad de Blythe, cercana a Los Angeles, se
reproducen en los riscos que bordean el río Colorado. Se trata de dibujos que
representan hombres de 29 metros de altura y un animal que, curiosamente, es un
caballo que, en el momento del grabado, no existía porque apareció recién en 1540,
cuando los españoles los trajeron a América.

Cueva de las Manos


Argentina. En la ciudad de Los Toldos, provincia de Santa Cruz, se encuentra esta
cueva, uno de los vestigios de arte rupestre más fascinante que existen en la Argentina.
Tiene una antiguedad de 9.300 años y no están pintadas en la roca como mucha gente
cree, sino que fueron estarcidas, una técnica que consiste en reproducir u dibujo
pasando una brocha previamente picado recortada sobre la piedra. Eso denota que los
hombres que trabajaron en las paredes de la gruta conocían las técnicas que utilizaron
otros hombres primitivos de Europa en la misma época. Apoyan la palma de la mano
sobre el techo o la pared luego la cubrían con una pintura. Se cree que el acto tenía
cierto sentido religioso.

Tiahuanaco
Bolivia. Constituido por un templo semi subterráneo, varios monolitos y numerosas
estatuas, se ubica a 97 kilómetros al oeste de La Paz. Se calcula que los restos
pertenecen a la civilización que habitó la zona entre el 600 y el 100 de nuestra era. En el
siglo XVI, con la llegada de los españoles, se destruyó gran parte de los edificios que
conformaban el lugar, pero sus vestigios permiten confirmar que se trató de una cultura
capaz de entronizar en un núcleo la suntuosidad y la gran capacidad de nuevos diseños.
Tiahuanaco fue la gran puerta del Sol que fue venerada, entre otras cosas, por su
estratégica ubicación.

Rueda mágica de Bighorn


Estados Unidos. Se trata de un extraño diseño sobre una piedra que tiene 24 radios y 24
metros de diámetro. Está enclavado a 3.000 metros de altura sobre las montañas
Bighorn, de Wyoming, y se encuentra rodeado de gran cantidad de piedras. Tanto el
dibujo como su extraño entorno tienen un origen desconocido; así como tampoco se
pudo precisar cuándo ni quiénes llevaron a cabo semejante trabajo. Lo que se sabe con
certeza es que el dibujo se parece a los que realizaron los indios cheyenes cuando
efectuaban sus danzas rituales. Tal vez se trate de un observatorio rudimentario.

AFRICA

Cartago
Tunez. Escenario de la derrota de los griegos sobre los cartagineses en el 310 antes de
Cristo y el posterior sacrificio de quinientos niños para obtener el perdón de los dioses
púnicos, alberga los restos de una espléndida ciudad que en su época floreciente fue una
de las más importantes de la costa norte de Africa. Los arqueólogos descubríeron un
recinto sagrado que confirmó la masacre atroz llevada a cabo por esos pueblos antiguos.
Se hallaron allí los huesos incinerados de las criaturas. Cartago, que había sido fundada
en el 814 antes de Cristo, fue destruida por los romanos en el 146 de nuestra era.

Meroe
Sudán. Son los restos de la ciudad que habitaron los cusitas, un pueblo que huyó de
Egipto en el 600 antes de Cristo. En las márgenes del Nilo, pero alejados del desierto,
construyeron pirámides que tenían cámaras funerarias y servían como tumbas a las
familias de los personajes más ilustres de la sociedad cusita. Cerca de ellas se hallaron
restos de varios templos y viviendas. El imperio de esta civilización desapareció en el
350 después de Cristo, cuando los etíopes arrasaron con todos los meroitas que
encontraron a su paso. Además de notables construcciones, estos hombres primitivos se
destacaron en trabajos metalúrgicos.

Karnak
Egipto. El lugar, ubicado estratégicamente en las márgenes del Nilo, entre las ciudades
de Luxor y Tebas, estaba completamente dedicado al culto de Amón Ra. Se trata de un
notable complejo arquitectónico conformado por templos, amplias avenidas de esfinges
y columnas gigantescas. Pese a la lógica erosión que provoca el transcurso del tiempo,
aún se puede distinguir un obelisco de 29 metros de altura con un peso cercano a las
trescientas toneladas. Según las estimaciones, fue construido hacia el 1500 antes de
Cristo, aunque en las proximidades se encuentran ruinas de sólo quinientos años de
antiguedad.

Ife
Nigeria. Son los restos de la primera capital de esta área. Se hallaba al oeste de la selva
tropical y del río Níger. Estaba destinada al culto de Oni, una figura sagrada que
contaba con su propio templo, situado a 160 kilómetros al norte de Benin y al este de
Ibadán. Las investigaciones arqueológicas encon-traron vestigios de notables trabajos en
cerámica, bronce, latón y terracota de importante elaboración. En el 600, la ciudad se
encontraba floreciente y nada hacía sospechar su decadencia, pero, en 1450, el aumento
de poder de Benin la
sumió en la paulatina desaparición.

EUROPA

Micenas
Grecia. Se encuentra a 10 kilómetros de la ciudad de Argos, y es la más antigua de
Grecia. A través de un pasadizo amurallado se puede llegar a las cámaras funerarias con
forma de colmena que guardan un tesoro, el llamado Tesoro de Atreo, y la Puerta de los
Leones, que da paso a una muralla de piedra que conduce a varias tumbas reales. En
realidad, los tesoros encontrados son las máscaras de oro que cumplían fines funerarios
y se hallaron luego de atravesar los complicados pasadizos.

Gruta de las hadas


Francia. Se trata de una de las cámaras más extensas excavadas en la roca. Es una tumba
situada a 4 kilómetros al noroeste de Arlés, que consta de una antecámara de 12 metros
y una gran cámara funeraria de 3 metros de ancho y 24 de longitud. Tiene, además,
otras cámaras laterales más pequeñas. Ubicada en las marismas bajas del Ródano, los
arqueólogos opinan que la antiquísima gruta fue construida entre el 3500 y el 4000 antes
de Cristo.

Callanish
Escocia. Tiene avenidas de piedra que convergen en un circulo en el que se alza un
monolito espectacular que se presenta como lo más sobresaliente del oeste de
Stornoway, en la isla de Lewis, caracterizada por sus áridos terrenos y frecuentes
galerías que le confieren una mística especial. En algunas de sus características se
parece al famoso Stonehenge y su fecha de construcción data de 2.000 años antes de
Cristo.

Ellitoa
Francia. Compuesto por tres monumentos y cinco menhires escultóricos, se encuentra
en Córcega, en el camino de montañas que se extiende sobre Ajaccio y Propriano.
Estuvo habitada entre el 4000 y el 1400 antes de Cristo y fue posteriormente
reconstruida por los componentes del denominado "pueblo de la torre" cuando
efectuaron la ocupación de la isla en el 800 a.C. Los menhires fueron encontrado en
1954, enterrados lejos de su emplazamiento inicial y fueron colocados en su lugar
original.

Biskupin
Polonia. Esta ciudad, enterrada durante más di 2.000 años entre el limo, fue cuna de la
llamada "cultura de las urnas" que floreció desde las montañas de Lusacia hacia el norte
y en la parte occidental de Europa, en el primer milenio anterior al nacimiento de Cristo.
Su ubicación exacta es a 225 kilómetros de Varsovia y se encontraba rodeada de una
gran muralla de piedra cubriendo una extensión cercana a las dos hectáreas.
Filitosa
Córcega. En la isla francesa de Córcega se encuentra un gran conjunto megalítico en el
camino entre Propriano y Ajaccio. La región estuvo poblada entre el V milenio y
mediados del II milenio antes de Cristo. Posteriormente hacia el 800 antes de Cristo se
instaló allí la cultura conocida como "pueblo de las torres". El conjunto megalítico
consiste en cinco menhires y monumentos funerarios de la Edad del Bronce. Ninguno
de los menhires se halla en el emplazamiento original, pues en 1954 fueron hallados
bajo tierra y restaurados.

Cerveteri
Italia. Al noroeste de Roma, junto al lago Bracciano se encuentran los restos de una
antigua ciudad etrusca, llamada Cerveten. En las afueras se hallo el cementerio de
Banditaccia, compuesto por numerosas tumbas, muchas de ellas rodeadas por tapia y
otras dispuestas en hileras y adornadas por bellas esculturas. Ambas ciudades, la de los
vivos y la de los muertos, fueron construidas entre los siglos Vil y VII antes de Cristo.

Monte d'Accordi
Cerdeña. En la isla italíana de Cerdeña, en medio de una extensa llanura costera al sur
de Porto Torres, se hallan los restos de un gran montículo de función desconocida. Mide
doce metros de alto, está rodeado por un muro de piedra y fue construido hacia el año
1700 antes de Cristo. Se desconoce la existencia de cámaras internas y no se pudo
descubrir ningún acceso a su interior, datos que obligan a descartar su uso como túmulo
funerario. Cerca hay un dolmen y un menhir. Un poco más alejada, una misteriosa roca
con forma de huevo.

Rennes Le chateau
Francia. Este pequeño pueblo, ubicado a 32 kilómetros de Carcasone, fue escenario de
un extraordinario hallazgo. Allí, un párroco muy pobre logró en pocos años una fortuna
que no se justificaba con su condición. Tiempo después se supo que el monje había
encontrado unos pergaminos que contenían escritos en latín con mensajes en clave. El
sitio tenía como antecedentes haber servido como fortaleza a los visigodos. Nadie supo
con certeza cómo el sacerdote había acumulado fortuna porque murió en 1977 sin
revelar ningún dato.

Polvo Polje
Yugoslavia. Se encuentra a 48 kilómetros de Dubrovnik; es un lugar que se destaca por
sus figuras pintadas en varios monumentos funerarios que totalizan una zona de
indiscutible misterio. Quienes realizaron investigaciones en la zona sostienen que fue
construida por los bogomilos, una secta que dominaba esa región en el medievo. Se cree
que no realizaban prácticas cristianas, aunque se hallaron dibujos de cruces. Los ataúdes
de piedra encontrados tienen la constitución para tallas humanas y dibujos del Sol, la
Luna y la cruz esvástica.
Talati de Dalt
España. Son los restos de la construcción megalítica más importante de Menorca; está
formada por cinco torres, denominados talayots, círculos de piedra, casas circulares y
algunas cámaras subterráneas. Cerca del talayot principal existen construcciones con
formas de nave que probablemente se construyeron hacia el 1000 antes de Cristo. El
emplazamiento está en una colina de misteriosa arboleda, junto a la carretera de Alayor.

Evora
Portugal. Es un conjunto de siete montículos circulares con cámaras, que se conocen
como antas y constituyen el cementerio más antiguo de Europa. Se levanta sobre las
márgenes del río Guadiana, al este de Evora. Las paredes altas de las tumbas están
conformadas por grandes piedras planas que alcanzan el metro y medio de altura, con
techo de falsa bóveda. Los vestigios encontrados, cuchillos de sílex en las tumbas y
restos de cerámica, hacen suponer que tienen 4.000 años de antiguedad.

Visbek
Alemania. En esta ciudad, ubicada a 50 kilómetros de Bremen, se encuentran dos
dólmenes alargados, llamados la Braut y el Brautigam, la novia y el novio, rodeados por
varios dólmenes alargados. Son superficies cuadriláteras de 80 y 108 metros de
longitud, respectivamente. Ambos poseen cámaras subterráneas y formaciones de
piedras enmarcados por una serie de árboles que salpican un terreno preparado para el
cultivo. Esas condiciones lo tornan parte de un paisaje de indescriptible belleza. Los
estudios sobre los vestigios hacen presumir que se trata de una construcción de más de
tres mil años de antiguedad.

Tustrup
Dinamarca. Enclavado en los bosques del norte de Djursland, muy cercano a la aldea de
Vivild y a la costa, es un sector en el que abundan los monumentos megalíticos, entre
dólmenes, edificaciones cerradas y cámaras con techo de piedra. Datan del 3000 a.C., lo
que pudo averiguarse tras el análisis de varios cucharones, cuencos y vestigios de
cenizas que se encontraron en uno de los recintos. Es casi un paraíso para los
arqueólogos.

Los millares
España. Son restos de otro emplazamiento megalítico, en este caso ubicado en un
espolón sobre el río Andarax, en medio de un terreno árido. El conjunto incluye
viviendas, utensilios varios y un amplio cementerio, además de un gran montículo con
cámara interna. Todo prolijamente rodeado por un gran círculo de piedras. Se sospecha
que el área estuvo ocupado entre el 3100 y el 2500 antes de Cristo.

Santiago de Compostela
España. Este tesoro arquitectónico, repleto de capillas, pinturas, altares y esculturas fue
la primera de las grandes catedrales medievales españolas. Su construcción comenzó en
el 1074, bajo la dirección del obispo Gelmírez. El camino que conduce hacia ella es
recorrido por todos los peregrinos procedentes de Europa. Muchos de ellos le dedican
varios meses al agotador viaje que emprenden en sus bicicletas, a pie y descansando en
los santuarios e iglesias situados a lo largo de la ruta.

Val Camonica
Italia. Así se denominaba a los grabados hallados en una cueva del valle rocoso ubicado
a 100 kilómetros al noreste de Milán. Las representaciones muestran escenas
domésticas, prácticas religiosas y algunas formas agrícolas. Al parecer, pertenecen a un
periodo de 6.000 años que se extendió desde la era Neolítica hasta el 16 antes de Cristo.

Drenthe
Holanda. Se extiende sobre una franja de tierra ubicada entre las ciudades de Assen y
Emmen y alberga un tesoro de 50 dólmenes alargados, conocidos en Holanda como
hunebedeen. Cada uno de ellos tiene una larga cámara formada por una hilera de trilitos
y rodeada por piedras pequeñas dispuestas en círculos. Del análisis de las cámaras surge
la afirmación de su uso para entierros colectivos. Se piensa que este tipo de disposición
megalítica tiene su origen en Polonia o América Central. Data del 3400 antes de Cristo.

Weris
Bélgica. A cinco kilómetros de esta ciudad belga muy cerca de Erezée, se levantan tres
menhires que forman un pintoresco conjunto el mayor tiene una altura de dos metros y
medio El almea miento posee un dolmen que se encuentra semienterrado, en cuya
cámara se encontraron restos de animales y también humanos. Las colinas onduladas
con laderas empinadas, que conforman Las Ardenas, tienen como paisaje imponente
este emplazamiento que tiene una antiguedad de 5.000 años, lo que surge del análisis de
los restos de cerámica encontrados.

Maes Howe
Escocia. Construido tres mil años antes de la era Cristiana, es un conjunto de pasadizos,
túneles y construcciones que se encuentran cubiertos por un montículo de tierra de once
metros de altura y 46 de diámetro. Levantado en la isla de Orkney, fue violado por los
vikingos en el siglo XII. En el XIX una expedición arqueológica encontró huesos de
caballo y también un fragmento de un cráneo humano. El montículo de tierra es una de
las características más llamativas.

King Asgers Hoj


Dinamarca. Atribuido a la llamada "cultura del vaso embudiforme", se trata de uno de
los mejores montículos de tierra con cámara funeraria por su estado de conservación. Se
encuentra en la isla de Mon y se la conoce como la "Casa del Rey de Asger". La cámara
y el montículo tienen más de 10 metros de longitud y se encuentran intactos. Se
construyeron hacia el 3000 antes de Cristo y constituyen uno de los mejores paisajes
frente a Zeala

ORIENTE
Borobudur
Indonesia. Puede considerarse como la joya arquitectónica más valiosa de Indonesia.
Fue construido por la dinastía Shailenda en el siglo VIII después de Cristo. Está
emplazado a 48 kilómetros de la ciudad de Yogyakarta, en la cima de una colina con
restos de cenizas volcánicas. Es uno de los centros de rituales dedicados a Buda más
importantes de esa región. La construcción consta de nueve plantas y en sus niveles más
altos tiene 72 tumbas, denominadas stupas, acampanadas y recubiertas por Imagenes de
Buda. En tanto, sus galerías inferiores tienen 1.300 paneles que se interpretan como
monumentos simbólicos.

Petra

Jordania. A esta ciudad, excavada en una roca del desierto jordano, sólo es posible
acceder a pie o a caballo. Aún se desconoce si esta impresionante obra del hombre, que
se confunde con la erosión de la naturaleza, fue utilizada como templo, tumba o edificio
de un tesoro. Hasta que fue abolida, la costumbre de los beduinos era disparar a lo alto
de la edificación para ver si caía un tesoro, tal como lo relata una leyenda. Se ubica al
este del gran valle que vincula el mar Muerto con el golfo de Akaba.

Sanchi
India. Son los restos de una tumba majestuosa que fue construida en lo alto de una
colina bordeada por un bosque, a 48 kilómetros al nordeste de la ciudad de Bhopal. Un
relato milenario que tuvo su origen en el lugar cuenta que el rey Asoka repartió las
reliquias de Buda en una extensión de 84 mil tumbas ubicadas en toda la India y que
Sanchí sería uno de los ocho lugares destacados que mandó construir para esos fines.
Todo habría ocurrido así, según una leyenda del siglo III antes de Cristo. Su descripción
arquitectónica permite definir cuatro portales rodeados por tallas que representan
singulares historias.

Haftusa
Turquía. Los restos de esta ciudad, que fue la capital de la civilización hitita, se
encuentran en la actual Bogazkoy, unos 150 kilómetros al este de Ankara, la actual
capital turca. La antigua Hattusa tenía una protección imponente. A su alrededor se
levantaba una gran muralla de más de seis kilómetros de longitud. Tenía templos,
santuarios y hasta almacenes, además de una completa biblioteca que constaba de 3.300
tabletas de arcilla. Su
prosperidad duró hasta que fue saqueada en el 1190 a. C.

Persépolis
Iran. Los restos de esta ciudad se encontraron en la elevada meseta que se extiende a 48
kilometros al norte de Siraz. Se trata de una majestuosa edificación que comenzó a
construirse durante el reinado de Darío I, el Grande, y que fue finalizada por su hijo
Jerjes. Se distinguen palacios, imponentes esculturas y columnatas de gran porte. Los
arqueólogos la definieron como sencillamente majestuosa y fecharon los inicios de su
edificación en el 520 antes de Cristo y su finalización en el 470 de la misma era.
Bhubaneswar
India. Este emplazamiento se conoce como la ciudad de los templos, se extiende entre
las costas de la ciudad de Orissa, a escasos veinte kilómetros al sur del delta de
Mahanadí. Los estudios realizados en el lugar permitieron confirmar que allí existieron
varios templos, aunque sólo logró sobrevivir al paso del tiempo junto con otros
veintinueve. El más famoso es el Lingaraja, que se construyó en el 1000 después de
Cristo. Se hallaron además 500 tumbas y se menciona como característica llamativa su
exterior con esculturas importantes.

Nan Matol
Micronesia. Comparable a la Venecia actual, la antigua Nan Matol abarcaba noventa
islas artificiales amuralladas, separadas por canales poco profundos y habitada hace
varios siglos por unas mil personas. Las edificaciones se encontraron en la isla de
Ponape, al sudeste del archipiélago, y entre sus caracteres destacables se puede
mencionar el material de las viviendas: bloques de basalto cristalino, con forma
geométrica y un grosor de casi cuatro metros. Se trata de las ruinas más antiguas de toda
Micronesia y constituye, por su disposición, la ciudad más adelantada de su época.

Hatra
Irak. Esta ciudad, que aparentemente se construyó entre los siglos 1 y II de esta era,
pudo ser identificada en sus orígenes por el hallazgo de varias esculturas y la variada
representación de animales y seres humanos. La gran ciudad se encontraba rodeada por
una extensa y fuerte muralla de piedra y en su anterior tenía una zona rectangular con
templos y notables cámaras abovedadas. Se levantaba a unos cien kilómetros al suroeste
de Mosul, muy cerca de la ribera del Tharthar.

Jerusalén
Israel. La antigua y sagrada ciudad se encuentra en medio de las colinas de Judea, a
unos 64 kilómetros del Mediterráneo y cercana a la frontera de Israel y Jordania. Allí se
alzan los tres santuarios de las tres grandes religiones monoteístas, la Iglesia del Santo
Sepulcro, la Cúpula de la Roca y el Muro de los Lamentos. El edificio más importante
es la mezquita del centro de la ciudad vieja, la Cúpula de la Roca: que debe su nombre a
la gran roca que todavía puede observarse en su interior y que fue la causa principal
para designar a Jerusalén como lugar santo. Esta antigua roca es el monte Moná.

Todai-Ji
Japón. Construido al pie de la montaña del sudeste de Kobe, es uno de los templos
budistas más importantes del mundo. La edificación central, conocida como Daibutsen-
den, contiene a Daibutsi, la mayor estatua de Buda. Su extensión es de 16 metros de
altura y su peso de más de 500 toneladas. Fue erigida por orden del emperador Shomu
en el 748 de nuestra Era. En el 1180, cuando comenzaron los períodos de anarquía, el
templo fue incendiado y la cabeza de Buda fundida, por lo que es único vestigio
faltante.
Alejandropol
Ucrania. Entre el 700 y 400 antes de Cristo, los pueblos nómades escitas construyeron
monumentos funerarios que se destacaron en la estepa como si se tratase de colinas.
Tiempo después, cuando pudieron imponer su dominio en base al miedo de sus vecinos,
lograron su apogeo y erigieron sus mejores obras. Así surgió Alejandropol, y su famoso
túmulo de más de 18 metros de altura. Se ubica al sudeste de Kiev y contiene varias
cámaras funerarias. Durante las excava-ciones en el lugar se hallaron importantes joyas
de oro, entre otras cosas.

Catal Huyuk
Turquía. Son los restos de una ciudad que no poseía ninguna calle. Fue construida entre
el 6250 y el 5400 antes de Cristo. Sus viviendas, edificadas con ladrillos de arcilla y
madera estaban rodeadas por una gran muralla y por varios templos y santuarios
decorados con llamativos relieves, pinturas murales y algunas estatuas.

Anura Dhapura
Sri Lanka. Esta magnífica ciudad que surgió de la imaginación del rey Dutthagamani,
en el primer siglo de nuestra era, fue la antigua capital de Sri Lanka. Fue levantada en
un claro de la jungla ubicada al suroeste de Trincomalee y once al este de Mihintale. En
el 450 se emplazaron los nueve edificios que le dan la majestuosidad que en la
actualidad se pondera. Se trata de edificios públicos decorados con pinturas y esculturas
y un gran depósito. Uno de ellos tenía 900 habitaciones.

Cuevas de Ajanta
India. Estas cavernas, situadas al nordeste de Aurangabad, tienen 4 santuarios y 25
monasterios. Son famosas por sus murales que en episodios relatan la vida de Buda. Se
cree que fueron pintados en el siglo II antes de Cristo por las comuni-dades budistas que
vivieron en el lugar. Todos representan pasajes conocidos de la vida del profeta, aunque
en algunos se intercalan cor escenas en donde aparecen seres sobrenaturales y animales
no menos extraños. Se encuentran exactamente en la garganta del río Waghora.

Pagan
Birmania. Son los restos de una ciudad majestuosa que contaba con más de 800 templos
dedicados al culto de Buda. El Ananda, que comenzó a construirse en el siglo Xl
después de Cristo, es el más importante, especialmente por su ornamentación. Allí se
encontraron cientos de estatuas de Boda, cuatro de ellas de oro y con una altura de
nueve metros. Se ubica al suroeste de Mandalay, a orillas del río Irawadí, que cruza toda
la espesura de la jungla. En el 1287 fue salvajemente destruida por Kublai Kan. Pese al
ataque, permanecen y pueden admirarse todos los detalles arquitectónicos.

Malekula
Melanesia. En el archipiélago de Nuevas Hébridas, en Melanesia, se ubica el vestigio
arqueológico más importante y antiguo de las islas. Está a mitad de camino entre Samoa
y Australia. Malekula se extiende en 2.020 kilómetros cuadrados y está rodeada por
pequeñas islas, en su mayoría volcánicas y frecuentemente sacudidas por temblores. En
medio de su inestabilidad se destacan las obras de sus antiguos habitantes, todos
emparentados con la edad de Piedra. Los restos megalíticos incluyen varios dólmenes,
altares y monolitos.

Karmir-Blur
Armenia Soviética. En la zona cercana a la frontera de Turquía, en las afueras de la
ciudad de Yerevan, se emplaza esta ciudadela construida en su totalidad con ladrillos.
La mitad de ella abarca un gran palacio de 120 habitaciones, que incluía además talleres
y almacenes. La fortificación es prueba de la existencia de una floreciente civilización
que se constituyó en un reino poderoso entre los años 900 y 700 antes de Cristo.
Ubicada exactamente en la región montañosa que bordea el lago Van, dejó como restos
arqueológicos numerosas joyas y marfil.

T'ai shan
China. Algunos la llaman la montaña sagrada. Uno de los rituales más antiguos que
ocurren periódicamente al pie de su ladera es el acto de quemar papeles que representan
dinero. En primavera, además, se celebra la fiesta del Oing Ming, en donde se efectúan
sacrificios para aplacar a quienes administran en el más allá. Se considera ineludible
esta condición antes de realizar viaje alguno. Se encuentra sobre la llanura aluvial del
río Amarillo y está considerada como la cuna -de la civilización china. Constituye,
desde hace cuatro mil años, una de las cinco montañas sagradas del taoísmo. Al pie de
esa montaña se produjo el asesinato de un misionero europeo por los boxers, episodio
que inició un cruento conflicto.

MISTERIOS DEL PASADO ( CH.BERLITZ) :

* El presente material fue extraido del legendario libro TRIANGULO DE LAS


BERMUDAS por CHARLES BERLITZ

Sorpresas de la Prehistoria

VARIOS INVESTIGADORES DEL MISTERIO DEL TRIÁNGULO de las


Bermudas han sugerido que algunas inteligencias extrañas podrían estar interesadas en
examinar la posibilidad de que nuestro desarrollo de la fisión nuclear para fines bélicos
llegue a amenazar la existencia de la civilización en nuestro planeta. Agregan que
dichos
seres inteligentes estarían incluso preocupados, ya que la energía nuclear habría
destruido
anteriormente otras civilizaciones, en éste y en otros planetas.

El período durante el cual ha vivido en este planeta un hombre racional y de


inteligencia comparable a la del que hoy conocemos podría extenderse unos 40.000 o
50.000 años hacia atrás, o incluso más allá. En consecuencia, si consideramos que una
civilización como la actual tardaría alrededor de 10.000 años en progresar hasta el punto
en que la ciencia y la tecnología alcanza la capacidad de consumar su propia
destrucción,
todavía tendríamos un amplio margen de tiempo en que podrían haber existido una o
más
culturas anteriores a la nuestra en este mundo. Cualquier civilización técnicamente
adelantada conseguiría tal vez desarrollar, intencionalmente o por casualidad, el poder
inherente a la fisión nuclear (a la nuestra le costó bastante menos de 10.000 años) y, en
este momento, tendría que decidir si adopta algún sistema para controlar su avance o
prefiere arriesgar su propia ruina. Si semejante cultura hubiese existido y causado su
destrucción, desapareciendo luego, su recuerdo habría quedado tal vez conservado en
las
leyendas, o nos sería sugerido por algunos artefactos anacrónicos de antigüedad incierta,
o por grandes ruinas imposibles de identificar o explicar. Y éstos son precisamente los
elementos que tienden a señalar el emplazamiento de dicha cultura en la zona ahora
cubierta por las aguas del Triángulo de las Bermudas.

En sus conferencias sobre la Atlántida, Edgar Cayce insistió reiteradamente en las


que parecen ser referencias a fuentes de energía nuclear, rayos Láser y Maser
comparables a los nuestros y utilizados en general en los mismos campos en que hoy los
disfrutamos, si es que podemos usar esa palabra. Sus descripciones acerca de los usos
que
les daban y su observación sobre el peligro que encierra su utilización inadecuada
podrían pasar hoy por crónicas y comentarios editoriales corrientes. Pero, ¿cómo sabía
Cayce todo esto, hace más de 35 años?
El vidente describió estas fuentes de energía con bastante detalle. Eran grandes
generadores que producían fuerza para impulsar naves aéreas y submarinas y con
capacidad para producir iluminación, calor y alimentar sistemas de comunicación. Con
ellas se operaban ciertas formas de radio y televisión y se las utilizaba también para
enviar fotografías a larga distancia. Proporcionaban igualmente la potencia necesaria
para
modificar y rejuvenecer tejidos vivos, incluso del cerebro, y eran también utilizadas
para
controlar y disciplinar clases sociales completas.

Sin embargo, debido al mal empleo de las fuerzas naturales que habían creado, y a
trastornos civiles y externos, los Atlantes desencadenaron finalmente ciertas fuerzas
incontrolables de la Naturaleza que fueron la causa de su propia destrucción. Esta
creencia de Cayce aparece también en las leyendas acerca de muchas antiguas culturas
que existieron en el mundo. Según las palabras del "profeta":....El hombre introdujo las
fuerzas destructivas... que, combinadas con las propiedades
naturales de los gases, de fuerzas existentes en la Naturaleza y en su forma natural,
causaron la peor de las erupciones en las profundidades de la Tierra en lento proceso de
enfriamiento, y esa porción (de la Atlántida) que ahora se halla cercana a lo que
podríamos llamar el Mar de los Sargazos desapareció bajo el océano...
En su relato acerca de la prehistoria, Cayce parece haber predicho específicamente el
uso de rayos láser y maser, para cuyo conocimiento faltaban muchos años entonces
(1942). Describió una gigantesca fuente de energía de cristal:
...En la que la luz aparecía como medio de comunicación entre lo infinito y lo finito o
como un sistema utilizado para lograr las comunicaciones con las fuerzas del exterior.
Más tarde llegó a ser un punto de irradiación, así como un centro desde el cual partían
las
señales radiales que guiaban las diversas formas de transición y viaje a través de los
períodos de actividad de los atlantes.

Estaba dispuesto como un cristal, aunque de manera muy distinta a la del primero que
fue utilizado (originalmente) aquí. No deben confundirse estos dos... porque había
muchas generaciones de diferencia. Fue en aquellos períodos cuando se produjo la
orientación de aeroplanos o sistemas de viaje, aunque en aquella época ellos viajaban lo
mismo por aire que por encima o por debajo del agua. Sin embargo, la fuerza desde la
cual estaban dirigidos se hallaba en la estación central de energía; o piedra Tuaoi que
era... y el rayo sobre el que actuaba...

En otra "conferencia" se refirió a un lugar en "Poseidia"; en otras palabras, la zona de


las Bahamas, que entonces se hallaba sobre el agua. La describió así:
...La acumulación de fuerzas motivadoras de la Naturaleza provenientes del gran
cristal que condensaba las luces, las formas, las actividades, de manera de guiar a las
naves no sólo por el mar, sino por el aire, en muchas de las aplicaciones del hombre
ahora conocidas, como la transmisión del cuerpo y de la voz, como el registro de
aquellas
actividades en lo que pronto será algo práctico, creando vibraciones para hacer posible
la
televisión —como se le llama en el presente-. (¡El "presente" en este caso era 1935!)
En una "conferencia" de 1932 hizo una interesante alusión al transporte de cargas y
materiales de gran peso:
... Por medio del uso de... los recientemente descubiertos gases y los de las
formaciones eléctricas y aéreas en la desintegración de las fuerzas atómicas para
producir
energía propulsora de aquellos medios o modos de transporte o viaje, o para levantar
grandes pesos o cambiar las fuerzas mismas de la naturaleza.

El hecho de que los pueblos supuestamente primitivos de la prehistoria hayan dejado


enormes piedras que aún se encuentran en su sitio, tras miles de años, y sobre las cuales
las razas que les siguieron han levantado nuevas construcciones, ha constituido, desde
hace mucho tiempo, un misterio arqueológico. Las piedras colocadas por razas
anteriores
desconocidas son tanto más grandes y difíciles de transportar que las dispuestas por las
culturas subsiguientes, de manera que su presencia y modo de transporte resultan
inexplicables. Uno de los ejemplos que podrían citarse es el de los bloques de pórfido de
Ollantaytambo y Ollantayparubo, en Perú, que fueron transportados a lo largo de
grandes.distancias, sobre montañas y abismos y luego colocados en las cumbres de otros
acantilados de 300 metros de altura. Otro, el de los enormes sillares de piedra de
Sacsahuamán, en Perú, tan grandes y laboriosamente encajados unos con otros, que los
incas atribuyeron su construcción a los dioses. O los bloques de cien toneladas de los
cimientos de Tiahuanaco, en Bolivia, sobre los cuales se construyeron, de alguna
manera,
enormes edificios, a pesar de que la altura es de 4.000 metros sobre el nivel del mar. O
las grandes piedras del calendario u observatorio de Stonehenge, en Inglaterra; o los
bloques masivos de la pared submarina o cimientos o contrafuerte marino; o las piedras
verticales de la Bretaña prehistórica, uno de los cuales pesaba más de 340 toneladas y
tenía una altura de 20 metros, y las enormes piedras de las fundaciones del templo de
Júpiter, en Baalbek, Siria, emplazadas allí mucho antes de la construcción del templo y
una de las cuales pesa 2.000 toneladas. Como casi todas estas construcciones resultan
extremadamente difíciles de explicar en términos de nuestra apreciación de las
habilidades ingenieriles de las culturas que pensamos que las erigieron, se ha sugerido
que una civilización superior fue la autora de su construcción. Esta teoría se ve apoyada
por el hecho de que muchas de estas ruinas inexplicables se parecen mucho.
Cayce señaló específicamente a las Bimini como uno de los diversos puntos donde
podía hallarse información respecto de las supuestas fuentes de energía de la Atlántida:
"... En la posición sumergida de Atlántida o Poseidia, donde aparece una parte de los
templos bajo el limo de épocas enteras de agua oceánica, cerca de lo que se conoce
como
las Bimini, frente a las costas de Florida...".

En 1935 hizo una detallada descripción de estas fuentes de energía (¿o plantas
nucleares?). El hijo de Cayce, Edgar Evans Cayce, ingeniero y escritor, comentando la
paradoja de que los relatos de su padre acerca de la prehistoria hubiesen anticipado en
varias décadas nuestros propios descubrimientos científicos, escribió en su libro Edgar
Cayce on Atlantis: "Un observador profano de nuestra época difícilmente podría
describir
con mayor claridad nuestros últimos adelantos científicos". El relato de Cayce (recogido
en 1933, aunque publicado en 1968), se refiere a un edificio donde estaría guardado un
complejo "refractario" o de cristal:
En el centro de un edificio construido sobre piedra no conductora; algo similar al
asbesto y con... otros no conductores, como los que actualmente se están fabricando en
Inglaterra bajo un nombre que es muy conocido para muchos de los que se ocupan de
esas cosas.

El edificio construido sobre la piedra era oval; o tenía forma de cúpula, dentro de la
cual podía haber... una sección que se desplazaría hacia atrás, de manera que la
actividad
de las estrellas; la concentración de energías que emanan de los cuerpos en ignición y de
elementos que se encuentran y no se encuentran en la atmósfera terrestre.
La concentración a través de prismas o cristales (como se les llamaría hoy) tenía tales
características, que actuaba sobre los instrumentos conectados con los diversos sistemas
de viaje a través de métodos de inducción que llevaban a cabo un control (igual) al que
hoy se llamaría remoto por medio de vibraciones o instrucciones de radio; por medio del
tipo de fuerza emanada de la piedra y que actuaría sobre las fuerzas de motivación de
las
naves mismas.

El edificio fue construido de manera que, cuando la cúpula se retiraba, prácticamente


no había obstáculo para la aplicación directa de la energía sobre varias naves que iban a.
ser impulsadas a través del espacio, ya fuera dentro de su radio visual o dirigidas bajo el
agua o por debajo y a través de otros elementos.
La preparación de esta piedra estaba en mano; exclusivamente de los iniciados de la
época y la entidad se hallaba entre las que dirigían las influencias de la radiación, que se
alzaba en forma de rayos invisibles al ojo humano pero que actuaban sobre las piedras
mismas, según se hubiesen dispuesto en las fuerzas de motivación, aunque la nave aérea
fuese alzada por los gases del período. O bien guiaba a los vehículos de placer que
pudieran pasar cerca de la Tierra, o a las naves submarinas o de superficie.
Estas eran entonces impulsadas por la concentración de rayos de las piedras que
estaban concentradas en el medio de la estación central de energía, o planta generadora
(para utilizar la expresión actual).
Cayce se refiere constantemente al uso inadecuado de las tremendas fuerzas
desarrolladas por esta supercivilización: "... La extracción de los poderes del mismo Sol,
para trasladarlos al rayo que causa la desintegración del átomo... provocó la destrucción
de aquella parte de la Tierra".

En el caso, y sólo en el caso de que ocurriese un cataclismo, o una serie de


cataclismos, la gran fuente energética se habría precipitado al mar, junto con las
populosas ciudades, murallas, canales y otras construcciones de la Atlántida. Es
interesante tener en cuenta que los propios emplazamientos sugeridos por esta teoría
corresponden a los lugares en que se producen muchas de las aberraciones
electromagnéticas características del Triángulo de las Bermudas, la Lengua del Océano,
por ejemplo, o las Bimini.

Aunque resulta difícil suponer que semejantes complejos energéticos puedan seguir
funcionando después de miles de años, es interesante observar lo que sucede con las
misteriosas "aguas blancas" que han sido advertidas por muchos exploradores, desde
Colón hasta los astronautas. Pareciera que los canales o corrientes de agua blanca tienen
su origen en el misino o los mismos puntos de emanación, siguen una dirección similar
y
luego se desvían a lo largo de un kilómetro y medio o más. Las líneas son nítidas al
comienzo y luego se hacen menos precisas, casi como si encerraran algunos gases
liberados bajo presión.

Las desviaciones del compás y las perturbaciones eléctricas podrían ser causadas por
una enorme concentración de metal depositado bajo el agua. Esto ha sido observado en
varios lugares del mundo donde existen conocidos depósitos de hierro que provocan
variaciones en los compases. Las masas del substrato o de la subsuperficie podrían
incluso provocar alteraciones en el oleaje de los mares. En un informe elaborado por la
NASA en 1970, acerca de una "cavidad" en la superficie del océano sobre la fosa de
Puerto Bico, los científicos atribuyeron el fenómeno a una "extraña distribución de masa
debajo del fondo del océano", que sería la causa de la deflección de la fuerza de
atracción
de la gravedad. En el caso del Triángulo de las Bermudas se ha sugerido que algunas
fuentes de energía destruidas han conservado sin embargo algo de su fuerza y que, al ser
accionadas en ciertas oportunidades, podrían ser no sólo la causa de las desviaciones
magnéticas y electrónicas, sino también la fuente de impulsos eléctricos de las
tormentas
magnéticas.

Esta teoría, una de las más extrañas entre las elaboradas para explicar los incidentes
del Triángulo de las Bermudas, es la que se sugiere en las "conferencias" de Cayce. Sin
embargo, cabría preguntar si existe alguna razón por la cual las personas que
sienten.curiosidad
científica deben atribuir seriedad a cualquiera de las declaraciones de Cayce, y
sin que esto obste para que las admiren, como producto de su viva imaginación. Aunque
es cierto que algunas de las fuentes energéticas que él describió hace 35 años no habían
sido aún descubiertas o imaginadas siquiera en el "mundo real" (y otras no habían sido
todavía desarrolladas) debe recordarse que Cayce no era médico, ni historiador, sino
simplemente un curandero clarividente de gran reputación. Sin embargo, algunas de las
profecías que hizo durante sus charlas y que no tienen nada que ver con curaciones, han
resultado perturbadoramente exactas. Por ejemplo, las relativas a la bomba atómica, el
asesinato de presidentes y a disturbios raciales en Estados Unidos e incluso a
deslizamientos de lodo en California.

Además, las "conferencias" de Cayce se basaban en las visiones o recuerdos que sus
personajes conservaron de sus vidas durante pasadas encarnaciones. Esta circunstancia
ha
hecho que aquellas personas que por motivos religiosos, por convicción científica o por
razones de lógica no aceptan la teoría de la reencarnación, nieguen verosimilitud a los
dichos de Cayce. Sin embargo, cabe preguntarse si no habrá otra explicación que
justifique esas descripciones tan detalladas y científicamente válidas sobre las
civilizaciones anteriores y su potencialmente peligroso desarrollo.
En los documentos filosóficos y religiosos de la India, que a menudo contienen
conceptos asombrosamente modernos sobre la materia y el Universo, se encuentran
referencias a lo que suele llamarse "conciencia cósmica"; es decir, la persistente
presencia
de recuerdos de lo que ha ocurrido antes. Hoy, la existencia de la telepatía, la influencia
y
la oculta presencia de la memoria y el poder de las emanaciones psíquicas, lejos de
verse
despreciados por la moderna investigación científica, están siendo seriamente
estudiados,
no sólo en la Tierra sino también en el espacio, y no sólo como fenómenos sino también
como medios de comunicación. Los Estados Unidos y la Unión Soviética, las dos
potencias espaciales más adelantadas, están realizando experimentos que sugieren que
la
ciencia ficción podría estar experimentando una metamorfosis, y convirtiéndose en
ciencia del futuro. Es posible esperar adelantos sorprendentemente novedosos en esta
área, en la que hasta ahora algunos individuos muy bien dotados han tenido la habilidad
de recoger, casi sin estar conscientes de ello, los pensamientos actuales de otros, y tal
vez
también sus escondidos recuerdos del pasado. En este caso, el pasado podría estar
constituido por las memorias heredadas con los cromosomas de nuestros antecesores.
Del
mismo modo como heredamos atributos físicos y tendencias de nuestros padres y
abuelos, así también heredamos esos recuerdos, aunque posiblemente en un grado
menor,
de nuestros ancestros más distantes. Estos cromosomas de la memoria podrían formar
parte de este legado. Dentro del cerebro humano hay amplio espacio (que según se
estima
sólo se utiliza en un diez por ciento para la recolección de un banco de recuerdos
heredados.

Estos explicarían la existencia de memorias incompletas en algunas personas; la


aguda sensación de haber estado antes en un lugar en el que nos consta no haber estado
jamás; la desoladora certeza de haber vivido un largo espacio de tiempo en un sólo
sueño;
el hecho de que algunas personas recuerden en ciertas ocasiones —y no siempre bajo
hipnosis— detalles de vidas pasadas que a menudo suelen resultar históricamente
exactos, cuando se descubren informaciones ignoradas acerca del período en cuestión;
los
casos de repentina capacidad para hablar fluidamente los idiomas de sus antepasados
que
se dan en los niños, en circunstancias que es imposible que los hayan aprendido y que.
posteriormente vuelven a olvidarlos. Estos factores conocidos se suelen atribuir a
menudo
a la reencarnación de las almas, en la que creen los hindúes, los budistas y los devotos
de
la que tal vez es la religión más antigua: la del antiguo Egipto. Sin embargo la
posibilidad
de una memoria heredada ofrece una alternativa que, si bien resulta casi lo mismo, se ve
de alguna manera modificada cuando pensamos que el alma del individuo no sería la de
una persona cualquiera, situada en cualquier época, sino la de nuestros antepasados, que
se reencarnan en nosotros y nos legan sus memorias acumuladas y sus demás atributos.
Es lo mismo que ocurre con las "generaciones" de computadoras, que pueden
programarse de tal manera que la totalidad de sus bancos de datos pueden implantarse
en
las nuevas máquinas que han de sucederías.

En todo caso, ya sea que Edgar Cayce se comunicara realmente con las almas o con
las memorias reencarnadas de la gente a quien servía, el efecto era similar y el interés
por
la Atlántida que despertaron sus "conferencias" dio al tema un renovado atractivo, que
aumentó constantemente, a medida que los descubrimientos inesperados de la última
década parecieron dar notable respaldo a sus alusiones al continente perdido.
Aquellos que se aferran a la teoría de que antes de que aparecieran las primeras
manifestaciones de una cultura en Egipto y Sumeria existió una civilización mundial
altamente desarrollada, han sido considerados durante mucho tiempo cultistas,
sensacionalistas, visionarios, o, sencillamente, tontos. Esta reacción de lo que
podríamos
llamar el "orden establecido" de los estudios arqueológicos y prehistóricos resulta
comprensible cuando tomamos en cuenta que la existencia de una gran civilización
anterior al tercer milenio A.C. trastornaría considerablemente las muy ordenadas etapas
y
sucesivos períodos de la historia, desde sus comienzos en Egipto y la Mesopotamia,
pasando por las culturas de Grecia y Roma, hasta culminar con nuestra propia
"supercivilización" de hoy. Suelen hacerse a menudo referencias agradecidas a otras
antiguas culturas muy poco conocidas, como por ejemplo las civilizaciones
prehistóricas
de las Américas, India, Asia Central y algunas otras zonas que en ningún caso afectaron
nuestra propia "línea directa" de civilización.

En todas las antiguas culturas existe una abundancia de leyendas y documentos


relativos a la repentina aniquilación de una gran cultura anterior al Diluvio, que habría
progresado tanto, que llegó a desafiar al cielo, a los dioses, o a Dios. Estas leyendas,
extrañamente semejantes entre sí, podrían constituir sencillamente relatos atractivos
difundidos por el mundo durante miles de años en los antiguos mercados y a lo largo de
las rutas de las caravanas o de los barcos, y posteriormente conservadas en los
documentos religiosos de casi todos los pueblos de la Tierra. Los conquistadores
españoles comprobaron que ya en las civilizaciones indígenas de América, en la época
de
la primera conquista, existían leyendas acerca de un diluvio universal, de una torre que
los hombres trataron de levantar hasta el cielo, y cuyos constructores se vieron
condenados por una confusión de idiomas que parecía de inspiración divina, y muchas
otras que nos resultan familiares. Las poblaciones indígenas de todo el mundo han
conservado leyendas que viven a la sombra de ruinas enormes, cuya construcción sólo
pudo realizarse gracias a técnicas de transporte y colocación de piedras de una
tecnología
extremadamente avanzada. Dichas leyendas se refieren siempre a una raza de apariencia
divina que desplazaba los enormes bloques de piedra, muchos miles de años antes del
comienzo de su propia historia. Incluso existen rastros de lo que pudo ser un remoto
lenguaje comercial, un antecesor tal vez del griego antiguo, con rasgos arameos, y que
ha.sido localizado en zonas tan remotas del Medio Oriente que pareciera haber sido
extendido por mares y océanos hasta las más distantes playas. Pueden hallarse palabras
de griego arcaico en el hawaiano y en otros lenguajes polinésicos, en el maya de
Yucatán,
en el náhuatl de los aztecas y en el ahora perdido guanche, de las islas Canarias, que era
hablado por una misteriosa raza blanca. Los guanches, descubiertos y rápidamente
exterminados por las expediciones españolas del siglo XV, conservan el recuerdo de
una
gran patria y de una cultura superior que se habría hundido en el océano. Las viejas
lenguas americanas también tenían palabras de claro origen arameo y fenicio y otras
análogas a las de los idiomas sinítico y polinésico del otro lado del Pacífico, lo cual
sugería largos viajes y contactos culturales de enorme antigüedad. Se han encontrado
inscripciones en fenicio, arameo, sinoico, griego y otras lenguas no identificadas, que
aparecen con frecuencia creciente en las selvas de Norte y Sudamérica, conocidas como
zonas de "segundo desarrollo". Pero las leyendas, mitos religiosos y curiosidades
lingüísticas no bastan de por sí para inspirar fe en las afirmaciones hechas en los
documentos de Cayce y en las tradiciones, leyendas e incluso archivos escritos de la
antigüedad que se refieren a un conocimiento científico altamente desarrollado y a la
existencia, en épocas arcaicas, de diversos elementos modernos relacionados con viajes,
comunicaciones y destrucción en escala cósmica.

Sin embargo, es precisamente en esas regiones donde en años recientes, se han hecho
descubrimientos desusados y reevaluaciones de materiales descubiertos con
anterioridad.
Los hallazgos incluyen signos asombrosos de conocimiento muy avanzado y de
inventos
de gran sofisticación, pertenecientes a una era muy anterior a aquella en que según la
historia, habría visto el comienzo de las primeras culturas del Oriente Medio. Es
interesante recordar que tanto las leyendas de Egipto como de Sumeria se referían a
grandes culturas anteriores, de las cuales extraían su propia inspiración e impulso. En
algunas de ellas, como las del antiguo Egipto, Solivia, Perú, América Central, México y
la India, para sólo mencionar algunas, la civilización permaneció estática o incluso
retro-cedió,
en lugar de mantener el ímpetu original.

La sugerencia de que las culturas más antiguas de la Tierra conocieron las "máquinas
más pesadas que el aire" sería normalmente acogida con sorna. Sin embargo, en años
recientes se han estado descubriendo o reexaminando un número creciente de artefactos
y
referencias escritas que indican el conocimiento, e incluso cierta familiaridad con
aviones
y viajes aéreos, en una época muy anterior a lo que consideramos el amanecer de la
historia. Tampoco deben compararse estos informes o modelos con las pintorescas
referencias a la mitología antigua, y a incidentes como los de Icaro y sus alas de plumas
sujetas con cera, o el carro del sol, de Apolo, tirado por cuatro estrellas. Por el contrario,
hay referencias concretas que demuestran un conocimiento de la aerodinámica y de los
elementos relacionados con el despegue, la propulsión, el frenado y el aterrizaje.

Por ejemplo, en la antigua colección de oro de Colombia existe un modelo dorado de


lo que durante mucho tiempo se consideró un ave, mariposa o pez volador, y que fue
encontrado en una tumba junto a otros objetos enterrados cuya antigüedad se estimó en
1.800 años. Posteriormente, este artefacto fue examinado con lentes de aumento por
Ivan
Sanderson, quien sospechaba que no era una réplica de un organismo vivo, sino de un
objeto mecánico de gran parecido a un avión con alas en forma de delta,
compartimiento
de motor, cabina y parabrisas, todo ello situado como en un avión moderno. Estaba
dotado incluso de cola y alerones, o elevadores. Este objeto fue mostrado a varios
pilotos.e
ingenieros, como J. A. Ulrich, profesor de aerodinámica y que luchó como piloto en dos
guerras. Cuando le preguntaron qué era, sin advertirle de dónde provenía, ni de que
antes
había sido considerado el modelo de caza F-102, y que el hecho de que las alas fueran
curvas en los extremos al igual que la forma misma del avión daba a entender que era
un
aparato a chorro. Señaló que algunas de sus características, como la falta de elevadores
traseros (que el F-102 tampoco tiene) eran similares a las de un nuevo aparato Sabré,
recientemente desarrollado en Suecia. Su opinión resulta especialmente interesante,
cuando se toma en cuenta la mención por parte de Cayce de vehículos que podían volar
por los aires y bajo el mar y los informes provenientes del Triángulo de las Bermudas en
que se habla de OVNI que suelen entrar y salir del agua a grandes velocidades. Como
dijo Ulrich:

Su forma es válida sólo para ciertos tipos de vuelo. Esa clase de ala es adecuada para
la atmósfera hasta una altura de 15.000 a 18.000 metros... La curvatura es para prevenir
vibraciones al superar la barrera del sonido... La estructura del ala indica posibilidades
supersónicas... Cuando se vuela a una supervelocidad se forma un colchón...

También podría volar debajo del agua, sin que le fuesen arrancadas las alas. Si se
quisiera
mover un vehículo a gran velocidad en un medio como ése, debería ser (construido)
de esta manera.
Pero este "avión", si de avión se trata,
no es un monstruo arqueológico único.
En distintas tumbas precolombinas se han
encontrado otros ejemplares; algunos con
Dos pares de alas. Sólo cabe suponer que
otros curiosos modelos de aparatos mecánicos
desarrollados en épocas prehistóricas y tal
vez no reconocidos como tales ni siquiera por
sus ulteriores usuarios, se perdieron cuando
los invasores españoles fundieron todos los
artefactos de oro que pudieron hallar para
convertirlos en lingotes de fácil
distribución entre los conquistadores.

En las obras de arte de las antiguas culturas de las Américas se han encontrado
representaciones pictóricas de objetos que han sido identificados o reconocidos de
manera cada vez más insistente como aviones o cohetes. Debido a que la mayor parte de
los documentos escritos y gráficos acerca de aquellas naciones civilizadas fueron
destruidos por los españoles, estas
referencias se Han conservado en otras formas, algunas veces grabadas en roca, o
pintadas en jarrones, o esculpidas en piedras o tejidas en los
lienzos que envolvían a las momias. En Palenque, México, existe un buen ejemplo de
esto: se trata de una figura maya semirreclinada y labrada en piedra sobre la tapa de un
sarcófago que se encontró dentro de una pirámide. No se sabe lo que representa la figura
en detalle. Una persona que es una verdadera autoridad en cultura maya dice que el
fondo
es un monstruo terrestre sobre el cual se inclina una figura, mientras el conjunto
pareciera
estar dominado por un árbol. El escritor científico Alexander Kazantsev ha sugerido una
explicación más revolucionaria. Cree que la figura reclinada está encerrada en un
vehículo espacial muy estilizado, que podría compararse en construcción y diseño a los
cohetes de la actualidad. Incluso la posición del hombre (o piloto) sugiere una postura
similar a la de nuestros astronautas dentro del cohete. Se pueden reconocer todos los
detalles, desde la antena, el sistema de dirección de vuelo, el turbocompresor, el tablero
de control, los tanques de combustible y la cámara de combustión, hasta la turbina y el
tubo de escape, aunque puede que algunos aparezcan modificados, para conseguir
ciertos
efectos estéticos. Se tiene la sensación de que estas réplicas de aviones y cohetes
son.recordatorios o memorias de una era de una civilización superior, cuando tales
naves eran

dibujadas con exactitud más que teniendo en cuenta aspectos estéticos.


En agosto de 1973, mientras los astronautas del Skylab 2 se hallaban en
su órbita espacial, recibieron una misión muy curiosa. Debían fotografiar, en lo
posible, las Líneas Nazca, que son una serie de misteriosas líneas artificiales
en el valle de Nazca, en Perú,para comprobar,si eran visibles desde
el espacio.

Estas enormes señales terrestres están


constituidas por una serie de líneas rectas
y figuras geométricas, grandes dibujos de
animales visibles solamente desde el aire y
lo que claramente parece un conjunto de
pistas de aterrizaje para aviones. Todas
fueron trazadas en la tierra o labradas en
el suelo rocoso del valle, en una
época desconocida. No existían leyendas
locales acerca de ellas y, puesto que
en el nivel del suelo no se las podía
notar, fueron descubiertas solamente
desde el aire, durante una prospección de agua
en los Andes.

Las líneas y los gigantescos dibujos ocupan una gran parte del Valle
de Nazca, que tiene 96 kilómetros de largo y 16 de ancho.

Por momentos desaparecen frente a algunas montañas pequeñas, pero luego


emergen al otro lado, absolutamente rectas. En algunos casos, como ocurre con los
presuntos campos de aterrizaje, los dibujos son extremadamente anchos, y otras,
conforman grandes y muy sofisticadas figuras de animales, peces y pájaros, e incluso
una
enorme serpiente. Aunque existen muchas teorías acerca de su origen, la única cierta es
que fueron trazadas por seres que poseían instrumentos altamente desarrollados para
calcular y que fueron hechas para ser vistas desde el cielo, puesto que es la única
manera
como puede seguirse su diseño. En la bahía de Pisco, en la costa peruana, existe una alta
pared rocosa en la que está tallado un enorme tridente, o candelabro, según la
interpretación que le dé quien lo ve, ya que, a diferencia de lo que ocurre con las líneas
de
Nazca, fue advertido con toda facilidad (mide 250 metros de largo) por los invasores
españoles. Estos lo interpretaron como un signo de la Trinidad para estimularlos en su
obra de conquista y conversión de los bárbaros. Cualquiera que fuese su propósito, lo
cierto es que resulta más fácil de ver desde el aire que desde el mar, y la barra central
del
tridente apunta directamente hacia el valle de Nazca, como si fuera una especie de
señalizador para los supuestos "campos de aterrizaje". Puede que estos fueran, a su vez,
bases para esos aviones cuyos modelos dorados resultan asombrosos.
En diversos lugares de América, existen otras líneas geométricas y algunas figuras
enormes que pueden verse también desde el aire, como por ejemplo las grandes formas
humanoides del desierto de Tarapacá, en Chile, el laberinto Navajo, en California, las
montañas Elefante y Serpiente, en Wisconsin, y otras en diversos lugares del mundo,
que
a menudo no tienen una historia arqueológica anterior.

El Egipto faraónico, ese gran depósito de elementos arqueológicos, ha revelado


recientemente algunos signos sorprendentes relativos a los principios de vuelo de
cuerpos
más pesados que el aire, que se habrían conocido en la antigüedad. A diferencia de los
aviones dorados de Colombia, éstos están hechos de madera y se encuentran en las
tumbas, donde se conservaron al abrigo de la desintegración durante miles de años,
gracias al clima seco de la región. En algunas colecciones de museos se han encontrado
los que parecerían ser modelos de planeadores y que antes, cuando se les descubrió en
tumbas remotas, se creyó que eran modelos de pájaros. En el Museo de Antigüedades de
Egipto puede verse un objeto de madera que fue identificado y estudiado por el doctor
Khalil Messiha en 1969 y que, lejos de ser un pájaro, posee las mismas características
de
los modelos de aviones monoplanos actuales. El timón, o cola, está levantado, y
la.estructura tiene una sección que hace las veces de ala. Al comentar acerca de los
ángulos
diedros que se advierten a cada lado, el hermano del doctor Messiha, G. Messiha, que es
ingeniero de vuelo, observó:

El ángulo diedro negativo cumple las mismas funciones que el positivo: una sección
muestra que la superficie del ala es parte de una elipse que proporciona estabilidad
durante el vuelo; y las formas aerodinámicas de la estructura disminuyen la resistencia
al
aire, lo cual es un hecho que fue descubierto en aeronáutica tras años de trabajos
experimentales.

Después de miles de años, el avión es todavía capaz de volar y, cuando se le lanza


desde la mano, como si fuera un modelo de planeador, se comporta admirablemente,
demostrando que sus antiguos constructores tenían conocimientos de aerodinámica.
Desde el momento en que el doctor Messiha comprobó que la extensión de las alas de
algunos de los modelos de pájaros era idéntica a la del nuevo avión Caravelle, se han
identificado otros modelos potenciales de aviones o planeadores, y en 1972 se abrió en
el
Museo de Antigüedades de El Cairo una exposición de catorce de ellos, como
demostración de que en el antiguo Egipto se tenían conocimientos de vuelo. No
sabemos
si estos artefactos fueron inventados o heredados de otra cultura. Sin embargo, puesto
que
la mayoría de los modelos encontrados en las tumbas egipcias están relacionados con
originales más grandes, es posible que bajo las arenas del desierto exista un avión o
planeador original esperando al excavador.

Los documentos escritos más completos acerca de aviones son probablemente los del
Mahabharata, el relato épico hindú que, aún cuando se estima que fue escrito en su
forma actual en el año 1.500 A.C. aparentemente fue copiado y recopiado desde la más
remota antigüedad. La obra se refiere a los actos de los dioses y de los antiguos pueblos
de la India, pero contiene tal riqueza de detalles científicos que, cuando fue traducido, a
mediados del siglo XIX, las referencias a los aviones y a la propulsión por cohetes no
tenían sentido para los traductores. Los mecanismos descritos hacía miles de años no
iban
a aparecer en la época moderna si no más de un siglo después. Muchos de los versos del
Mahabharata están dedicados a máquinas voladoras llamadas vimanas y encierran una
información detallada acerca de los principios de su construcción, que llenó de asombro
a
los traductores. En otro antiguo texto hindú, el Samarangana Sutradhara, se discuten con
detalle las ventajas y desventajas de distinto tipo que presentan los aviones, así como
sus
capacidades relativas de ascensión, velocidad de crucero y todo lo relativo al descenso.
Incluso se hace una descripción del tipo de combustible a utilizar —mercurio— y se
recomiendan determinadas clases de maderas y metales ligeros y con capacidad de
absorción del calor, que son los adecuados para la construcción de aviones..Además,
hay detalles informativos acerca de cómo tomar fotografías de aviones
enemigos, sobre métodos de determinación de sus características de aproximación,
sistemas para hacer que sus pilotos pierdan el conocimiento y, finalmente sobre cómo
destruir los vimanas enemigos.

En otro antiguo clásico de la India, el Ramayana, existen curiosas descripciones sobre


viajes de aviones realizados hace miles de años. Los detalles que se proporcionan sobre
la
vista aérea de Ceylán y de algunas zonas de la costa están escritos con tanta naturalidad
y
son tan similares a los que ahora se ven —las rompientes de las olas, la curvatura de la
tierra, la altura de las colinas, el aspecto de ciudades y bosques- que llega uno a
convencerse de que algunos seres que viajaron por el aire en la Antigüedad vieron
realmente la tierra desde el cielo, no la imaginaron. En una versión contemporánea del
Ramayana, el Mahariva Chanta, el héroe-dios Rama, a su regreso de Lanka, donde
acaba.de rescatar a su mujer Sita, recibe como presente un vimana, que es descrito así:
"Tiene
completa libertad de movimientos, se desplaza a la velocidad que se desee, totalmente
bajo control, y su accionar es siempre obediente a la voluntad (de quien lo maneje)...
dispone de compartimientos con ventanas y tiene excelentes asientos...", es un caso de
texto clásico que parece un aviso de Air India. En este mismo texto encontramos un
diálogo que resulta particularmente asombroso cuando advertimos que se adelantó en
varios miles de años a los viajes espaciales y a las narraciones acerca del aspecto que
tenían las cosas en el espacio:

Rama: El movimiento de este excelente carruaje parece cambiado.


Vishishara: ... Este carruaje está abandonando ahora su cercanía al mundo medio.
Sita: ¿Cómo es que, siendo de día, aparece... ese círculo de estrellas?
Rama: ¡Reina! Ciertamente, es un círculo de estrellas, pero debido a la gran distancia no
podernos percibirlo de día, ya que nuestros ojos están encandilados por los rayos del sol.
Ahora que ha desaparecido, con el ascenso de este carruaje... (y así podemos ver las
estrellas).

Ya sea que estos relatos constituyan recuerdos de una civilización técnicamente muy
adelantada, o que se trate de simples fantasías, comparables a algunas de las imaginadas
por los actuales escritores de ciencia ficción, algunos de estos relatos del pasado remoto
suenan extrañamente contemporáneos, excepto en lo relativo al material usado como
fuente de poder para el avión (lo cual, naturalmente, podría haber sido mal traducido del
original):

... Dentro de él uno debe colocar el motor de mercurio con su sistema de calefacción
debajo. Gracias a las energías latentes en el mercurio, que hacen funcionar la turbina, el
hombre que fuera sentado en su interior podría viajar a gran distancia por el cielo... debe
haber cuatro depósitos de mercurio en su interior. Cuando son calentados por medio de
un fuego controlado... el vimana desarrolla un poder de trueno por medio del mercurio...
Si este motor de hierro, con uniones adecuadamente soldadas, es llenado de mercurio y
el
fuego se dirige hacia la parte superior, desarrolla una gran potencia, con el rugido de un
león... e inmediatamente se convierte en una perla en el cielo...
Pero los modelos y descripciones de aeronaves y los relatos acerca de cohetes y
vuelos espaciales son sólo una indicación, no una prueba, de un alto desarrollo
científico.
No obstante, hay algunas técnicas y artefactos que fueron reconocidos como lo que eran
muchos años después de su descubrimiento y que proporcionan una prueba más tangible
acerca de las capacidades tecnológicas del pasado remoto, que antes no se sospechaban.

La "computadora estelar" de Antikythera es un buen ejemplo de esto. Se trata de un


pequeño objeto de bronce que consiste en láminas y ruedas o radios soldados por el mar,
que fue recogido hace setenta años junto a otros objetos, estatuas en su mayoría, de un
antiguo naufragio depositado en el fondo del Mar Egeo. A comienzos de la década del
60, cuando fue sometido a un estudio detallado y a la acción de ácidos por diversos
arqueólogos, como Derek de Solía Price y George Stamires, resultó que se trataba de un
aparato para la localización de las estrellas y un computador de órbitas planetarias. Era
un
mecanismo para verificar posiciones por la noche que demostraba un conocimiento
astronómico y de navegación insospechado en épocas remotas. Como decía el doctor
Price: "En ningún otro sitio se conserva un instrumento como éste... Encontrar una
cosa.así es como encontrar un avión a chorro en la tumba del rey Tut...", lo cual es una
posibilidad que tal vez no está del todo fuera de los límites de lo verosímil, dados los
recientes descubrimientos.

En algunos museos podrían hallarse otras pruebas concretas de adelanto técnico,


clasificadas como objetos religiosos, juguetes o sencillamente "sin clasificar". Poco
antes
de la Segunda Guerra Mundial, cuando excavaba en un lugar cercano a Bagdad y de una
antigüedad calculada en 2.000 años, el arqueólogo alemán Wilhelm Kónig extrajo
ciertos
artefactos muy curiosos, que consistían en cilindros cubiertos de asfalto. Se hallaban
dentro de unos jarrones y estaban provistos de un tapón de hierro. En otras palabras,
eran
pilas secas desprovistas del electrodo, que posiblemente se habían evaporado. Cuando
se
les agregó un nuevo electrodo —sulfato de cobre— algunas de estas baterías
funcionaron
perfectamente. Después de su primer hallazgo, Konig identificó algunas partes de otras
baterías que ya se hallaban en exhibición en los museos y que estaban catalogadas como
objetos "de uso desconocido". Desde que las encontró y las identificó, se han hallado
muchos otros ejemplares en Iraq y en otros lugares del Oriente Medio.
Estas pilas eran usadas aparentemente para niquelar metales, pero habría que
preguntarse si este antiquísimo conocimiento de la electricidad, heredado tal vez de una
cultura primitiva y luego olvidado, hasta su redescubrimiento en el siglo XIX, no era
aprovechado para otros fines, aparte del niquelado. En el mundo de Grecia y Roma se
utilizaban antorchas y lámparas de aceite para la iluminación, y en todos los lugares
donde existen pasajes entre edificios de la época pueden hallarse trazas de humo en los
techos. Sin embargo, en el caso de la más remota civilización egipcia, los techos de
túneles subterráneos, bellísimamente labrados y pintados, no muestran señales de
antorchas ni de lámparas de aceite. Tampoco las hay en las paredes ni en los cielos rasos
de ciertas cuevas de Europa Occidental donde los pintores de cavernas de La Madeleine
y
Aurignac realizaron sus obras maestras, con admirable sofisticación, hace 12.000 y
hasta
30.000 años.

En el Templo de Hathor, en Dendera,


Egipto, existe una antigua pared
Tallada Que durante mucho tiempo ha
sido considerada un enigma arqueológico.
En ella se representa una escena en
que dos sirvientes parecen transportar
gigantescos bombillos luminosos con
filamentos interiores en forma de
serpientes muy finas y conectados a una
caja o interruptor con cables trenzados
y que se asemejan poderosamente a
potentes lámparas eléctricas
apoyadas en aisladores de alta tensión.

El doctor John Harris, de Oxford, ha


señalado lo siguiente: Los cables son
virtualmente una copia exacta de las
actuales ilustraciones de obras de
ingeniería. Parecen muy pesados y estriados,
lo que indica un haz de muchos conductores
más bien que un simple cable de alto voltaje.

Existen otras ilustraciones en papiro y en piezas talladas que han sido conservadas
durante miles de años, gracias al clima seco de Egipto y que, al ser examinadas con un
criterio moderno y no comprometido, parecen ilustrar claramente el uso desde antiguo
de
ciertos artefactos contemporáneos. Debe recordarse que en los documentos egipcios se
hace referencia al reino de los dioses anteriores a la I dinastía, que fue una época de
superior civilización y poderes milagrosos, compartidos, según los recuerdos y
documentos existentes, por las más antiguas culturas de la Tierra..‘
Resulta sorprendente comprobar que algunas antiguas culturas, considerablemente
más antiguas que Grecia y Roma, poseían conocimientos de astronomía, matemáticas
superiores, cálculos del tiempo y medidas de la Tierra y el sistema solar, miles de años
antes de que fueran redescubiertos o vueltos a determinar, en la época moderna. Para
obtener esa información, las antiguas culturas tendrían que haber dispuesto de
telescopios
u otros instrumentos suficientemente precisos como para realizar los cálculos exactos.
Al estudiar algunos mapas medievales se han hecho extraordinarios descubrimientos.
El profesor Charles Hapgood, que ha realizado algunos de los más notables, pasó
muchos
años examinándolos y verificó que contenían mucha información acerca de la Tierra
que
suponemos era desconocida en la época en que fueron diseñados. Algunos han sido
copiados y recopiados durante siglos, a partir de originales desaparecidos de la
biblioteca
de la antigua Alejandría, y demuestran un conocimiento asombrosamente exacto de
tierras aún por descubrir (de acuerdo con la historia que se nos ha enseñado) en el
momento en que fueron realizados los originales e incluso las copias. Por ejemplo, se
alude a la existencia de América del Norte y del Sur y a la Antártida, miles de años
antes
de Colón.

El mapa Piri Reís, que es una sección de otra carta mundial mucho mayor existente en
la Antigüedad y que fue hallado en 1929, en medio del desorden del harem del
derrocado
Sultán de Turquía, muestra con toda claridad la costa de la Antártida, tal como habría
sido sin los hielos que la cubren, y describe la topografía del interior, desprovista
de.hielos también. Un examen de los núcleos terrestres de la Antártida hecho en las
proximidades del Mar de Ross, indica que este continente habría estado cubierto de
hielo
durante 6.000 años, como mínimo. Esto significaría que el mapa original fue trazado
mucho antes del comienzo de la historia escrita, durante la era en que se supone existió
la
Atlántida y su famosa cultura mundial.

Otro mapa, el Planisferio del Rey Jaime, que data de 1502 y que es copia también de
mapas muy anteriores, muestra que el desierto del Sahara era en tiempos remotos una
tierra fértil, con grandes lagos, ríos y ciudades. El Mapa Mundial Buache de 1737
muestra la Antártida, según la copia hecha de otro griego antiguo, como si estuviera
compuesta de dos islas muy grandes y separadas por un mar interior. (Anotemos que la
existencia misma de la Antártida sólo era supuesta en el mundo moderno, hasta que se
la
descubrió oficialmente, en 1820.) Si pudiera eliminarse el hielo, el continente Antártico
tendría justamente ese aspecto, cosa que no se supo hasta que lo descubrieron las
expediciones realizadas durante el Año Geofísico de 1958. Otros mapas muestran
algunos de los glaciares de la última era de los hielos y que aún existen en ciertas
regiones de Europa, Gran Bretaña e Irlanda y en otro, todavía, se muestra el Estrecho de
Bering, no como estrecho, sino como el istmo que fue en una época.
Los rasgos salientes de estos mapas recopiados de la Antigüedad son sus exactas
coordenadas; su conocimiento de la longitud (no desarrollada en el mundo moderno
hasta
el fin del siglo XVIII, lo cual quiere decir que sus autores estaban familiarizados con la
trigonometría esférica y usaban instrumentos geodésicos de gran precisión) y su diseño,
realizado posiblemente durante un período que se sitúa hace 8.000 o 10.000 años. Es
decir, muchos años antes del comienzo de nuestra historia escrita.
En los documentos de razas muy antiguas se encuentran datos astronómicos de gran
corrección, pese a que, hasta donde nosotros sabemos, no disponían de telescopios
gigantes ni de ningún tipo para obtenerlos. Por ejemplo, el conocimiento de las dos
lunas
de Marte (y su distancia desde el planeta), los siete satélites de Saturno, las cuatro lunas
de Júpiter y las fases de Venus (llamadas "Cuernos" en los escritos de Babilonia).
Incluso
se habían descubierto aspectos de algunas estrellas distantes: la constelación de
Escorpión se llama así porque tenía una "cola" o cometa dentro. Sin embargo, éste sólo
puede ser observado con un poderoso telescopio. En el otro lado del océano