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Criterios de clasificación de los modelos y enfoques teóricos en la historia de la ética.

El esfuerzo filosófico por pensar el fenómeno de la moral ha dado como resultado diferentes éticas
filosóficas en las que las preguntas acerca del bien, de lo que debe hacerse, del origen del mandato
moral, aparecen planteadas de distinta manera (y consecuentemente las respuestas que cada una de
estas éticas nos da son distintas).
A la hora de encarar esta cuestión de los distintos modelos de éticas filosóficas, es importante
entender que no se trata de que los problemas éticos preexistan a sus soluciones, y que simplemente
la Historia de la Ética los va reeditando. Es importante tener en cuenta que un problema filosófico
no puede surgir en cualquier momento histórico (un ejemplo de esto: la exigencia de autonomía en
la moral que aparece recién con la Ilustración y con el pensamiento de la Revolución Francesa no
hubiese podido darse durante la Edad Media o en una cultura tradicional donde no se estimulase el
pensamiento crítico). Por eso no solamente varían las respuestas dadas a preguntas antiguas sino
que la pregunta misma, al reaparecer en otras circunstancias, cobra un sentido diferente. Lo que
quiero decir es que las preguntas y los planteos éticos están en relación con el contexto histórico y
cultural en el que se generan. Si, como ya hemos dicho, hay una historicidad de la moral,
consecuentemente hay una historicidad de la ética.

Pasemos entonces a lo que sería una clasificación de las distintas corrientes éticas. La clasificación
más amplia que puede hacerse de las teorías éticas (y la más usada hoy en día) es la que las divide
en éticas teleológicas y éticas deontológicas. Para realizar esta distinción, lo que se toma en cuenta
es el problema de cuál debe ser el principio fundamental del obrar. Las éticas teleológicas (de télos=
fin, finalidad, aquello hacia lo que algo tiende) son aquellas que hacen consistir lo moralmente
bueno en el logro o realización de un fin supremo, que sería esencial al hombre o a la naturaleza
humana; por ejemplo: el placer para la ética hedonista, la felicidad para la ética eudemonista, la
utilidad para la ética utilitarista. Este tipo de filosofías morales fueron las primeras en aparecer (con
los griegos) y siguen vigentes hoy en día.
Las éticas deontológicas (de deón= deber) consideran que una acción es moralmente correcta
cuando obedece a una máxima o principio moral básico Este tipo de ética aparece por primera vez
con Kant, en el siglo XVIII; estudiaremos también otros ejemplos ya en el siglo XX.
Es decir que, mientras las éticas teleológicas se caracterizan por la persecución de un fin o una meta
(el placer, la felicidad, la utilidad); las éticas deontológicas se caracterizan por el acatamiento de un
deber. En un caso se trata de llegar a algo y en el otro se trata de un punto de partida.

A las éticas teleológicas también suele llamárseles éticas consecuencialistas, y a las deontológicas
no consecuencialistas. Esta denominación se origina en el hecho de que las éticas teleológicas
atienden a las consecuencias o resultados de las acciones, que son tomados en cuenta para calificar
la moralidad de una acción. En cambio, la ética deontológica (kantiana) se caracterizó por
prescindir de la consideración de las consecuencias de las acciones ya que sólo se interesaba por las
motivaciones de la conducta.
Pero más que este tema de las consecuencias, nos interesa entender esta división a partir de la
manera como se articulan los conceptos de lo bueno y lo correcto. En las éticas deontológicas los
conceptos claves son: el deber, lo correcto, lo exigible; en las éticas teleológicas el concepto central
es lo bueno. Para un teleologista, primero se trata de determinar el bien del sujeto que obra y luego
de allí derivar las normas , es decir, lo correcto (ej: si el bien para el hombre es la felicidad, serán
correctas todas las acciones que tiendan a su consecución); el deontologista establece primero lo
correcto dejando al bien en segundo término (ej: si lo correcto, el deber del hombre es no mentir,
será moralmente bueno que yo diga siempre la verdad aún cuando, por ejemplo, me sienta
inclinado a no hacerlo para beneficiar al otro, como en el caso de una mentira piadosa).

Podemos ver entonces los pros y contras de casa tipo de ética: las deontológicas evitan el exceso de
pragmatismo que inevitablemente contienen las éticas teleológicas (es decir la mera valoración del
caso práctico); éstas últimas parecen tener en cuenta a las personas concretas, con sus aspiraciones
al placer y a la felicidad y no solamente mandatos abstractos y rigoristas. Unas (las teleológicas)
tienden a lo concreto de cada caso, mientras que otras (las deontológicas) apuntan a una total
universalidad y abstracción.

Ver ejemplos de ambas éticas (pp. 69-70 del texto de Brunet)

Vayamos ahora a otra posible manera de clasificar las éticas (manera que no contradice lo dicho
hasta aquí sino que lo completa). La pregunta por el origen filosófico del mandato moral o los
principios morales da lugar a dos tipos básicos de respuestas: las éticas heterónomas que estiman
que los principios morales provienen de una instancia ajena al individuo (Dios, la sociedad, la
naturaleza, etc). Las éticas autónomas, por su parte, afirman que el fundamento de los principios
morales se encuentra en el hombre mismo. En este tipo de éticas, la ley moral se origina en la
voluntad humana, en tanto que en las éticas heterónomas la moralidad le viene al hombre “desde
afuera”. El mejor ejemplo de ética autónoma es la kantiana. Mientras que las éticas teleológicas que
vienen desde la antigüedad son heterónomas. Ver ejemplos de cada una (pp. 71 del texto de Brunet)

Otra distinción que se puede añadir es la que surge a partir de la pregunta por la esencia de lo moral
(aquello que hace que un acto sea moral). Esta pregunta puede responderse apelando al contenido
del acto (éticas materiales) o a su forma (éticas formales). En el primer caso diremos que un acto es
bueno si realiza algún bien o fin (el placer, el amor al prójimo, la felicidad) es decir, algún valor
considerado superior. Este tipo de éticas tienen un fuerte componente normativo: nos dicen qué hay
que hacer al decidir cuál es el contenido de la vida moral. Cabe aclarar que al decir “materiales” no
afirmamos que se trate de un materialismo burdo sino que en este caso, la materia o el contenido de
la vida moral puede ser algo tan espiritual como el amor a Dios o a los valores religiosos, o valores
en gral. Ejemplos de éticas materiales son: la ética aristotélica, la tomista, el utilitarismo, etc.
Las éticas formales en cambio, no se pronuncian acerca del contenido sino que lo dejan indefinido.
En estas éticas no se trata de lo que el agente moral hace sino de cómo lo hace. Por ejemplo, en el
caso de Kant, se tratará de que la máxima de la acción sea universalizable; es decir que mi accionar
(para ser moralmente correcto) debe ser susceptible de universalización. En otras palabras: sólo
obramos moralmente cuando podemos querer nuestra ley se convierta en ley para todos (es decir, no
podemos convertirnos en la excepción). Ej: el mentiroso pretende mentir a los demás pero no quiere
que le mientan a él. Es por eso que no se debe mentir, porque no puedo universalizar la mentira
como máxima o ley para todos. Leamos ejemplos de ambas éticas (pp. 72 del texto de Brunet)

Sinteticemos lo dicho hasta aquí en un cuadro:


Clasificación de modelos éticos:

Éticas teleológicas (télos=meta, fin) Éticas deontológicas (deón= deber)


Postulan un fin último hacia el que las No proponen un fin último para el obrar
acciones morales deben orientarse. moral sino que postulan el cumplimento
del deber.
Éticas consecuencialistas Éticas no consecuencialistas
Para valorar una acción desde el punto de Para valorar una acción desde el punto de
vista moral sí se consideran las vista moral no se consideran las
consecuencias de dichas acciones. consecuencias de dichas acciones.
Éticas heterónomas Éticas autónomas
Los principios morales proceden de una Los principios morales se los dicta a sí
instancia "externa" al sujeto (Dios, la mismo el propio sujeto que obra.
sociedad, la naturaleza...)
Éticas materiales Éticas formales
Proponen determinados contenidos que las No proponen ningún contenido específico
acciones morales deber perseguir (valores para el obrar moral sino que se concentran
como el amor, la felicidad, etc.) en determinar la forma que ese obrar debe
tener.
Ejemplos en la historia de la Ética: Ejemplo en la historia de la Ética: Kant (s.
Aristóteles (s IV aC), Epicuro (s. III aC), XVIII)
Stuart Mill (s. XIX)
Concepto central: el bien (ya sea bajo la Concepto central: el deber, lo correcto
forma de: la felicidad, el placer, la
utilidad...)

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