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PET ER M cPH EE

M cPH EE
B IB L IO T E C A « S I D E B O L SIL L O

La Revolución Francesa, 1789-1799


Una nueva historia PET ER M cPH EE

PET ER
D e s d e h a c e u n a s d é c a d a s , y e n e s p e c ia l tr a s e l b ic e n te n a rio d e
1 9 8 9 , l a h i s t o r i a d e la R e v o l u c i ó n F r a n c e s a h a s i d o s o m e t i d a a u n a
o f e n s iv a r e v i s i o n i s t a q u e n i e g a s u c a r á c t e r « s o c ia l» y q u e h a c r e a d o
La R e vo lu ció n Francesa, 17 8 9 - i 799

La Revolución Francesa, 1789-1799


d e s c o n c i e r t o , s i n o f r e c e r u n a v i s i ó n a l t e r n a t i v a s a t i s f a c t o r i a . E s te Una nueva historia
lib r o d e P e te r M c P h e e es la p r im e r a h is to r ia « p o s tre v is io n is ta » d e
l a R e v o l u c i ó n : u n a n u e v a i n t e r p r e t a c i ó n q u e i n c o r p o r a la s l í n e a s
d e in v e s tig a c ió n q u e se h a n d e s a r r o lla d o e n la s ú ltim a s d é c a d a s :
u n a m e jo r c o m p r e n s ió n d e la c u ltu r a p o lític a , d e l p a p e l d e la m u je r
y d e lo s o r íg e n e s d e l T e r ro r, y u n in te r é s m a y o r e n la e x p e r ie n c ia
d e la g e n te c o m ú n , c o n e l p r o p ó s i t o d e « e s c u c h a r la s d iv e rs a s
v o c e s d e la F r a n c ia r e v o lu c io n a r ia » y r e c u p e r a r s u d i m e n s i ó n
s o c ia l. C o m o h a d ic h o e l p r o f e s o r T a c k e tt, d e la U n iv e r s id a d d e
C a lif o r n ia , é s ta es « u n a d e la s m e jo r e s h is to r ia s d e la R e v o lu c ió n
q u e h a n a p a r e c id o e n m u c h o s a ñ o s ; u n e x c e le n te c o r r e c tiv o a
m u c h o s te x to s “ r e v is i o n is ta s ” r e c i e n te s , q u e r e a f i r m a l a i m p o r t a n c i a
d e la d in á m ic a s o c ia l a n te s y d u r a n t e la R e v o lu c ió n » .

PETER McPHEE, catedrático de h istoria en la U niversidad de K M M í


Melbourne, es autor de numerosas publicaciones sobre la historia
de la Francia m o d e ilía , entre las que cabe destacar A Social
History ofFrance, 1780-1880 ( 1 9 9 2 ) y Revolution and Envirott- IV ni.it

ment iti Southern France, 1780-1830 ( 1 9 9 9 ) .


PETER McPHEE

La Revolución Francesa,
1789- 1799
Una nueva historia

T ra d u c c ió n ca stellana de
Silvia F urió

CRÍTICA
B arcelo n a
V. 1111n u í í f n 111t rr 11t w t n i i t
INTRODUCCIÓN

La Revolución Francesa es uno de los más grandes y decisivos momentos


de la historia. Nunca antes había intentado el pueblo de un extenso y po­
puloso pais reorganizar su sociedad en base al principio de soberanía
popular. El drama, el triunfo y la tragedia de su proyecto, y los intentos por
detenerlo o por invertir su curso, han ejercido una enorme atracción en
los estudiosos a lo largo de más de dos siglos. Aunque con ocasión del
bicentenario en 1989 los periodistas de derechas se apresuraron a procla­
Primera edición en B i b l i o t e c a d e B o l s i l l o : febrero de 2007 mar que «la Revolución Francesa está terminada», para nosotros su im­
Quedan rigurosamente prohibidas, sin la autorización escrita de los titulares portancia y fascinación no ha disminuido un ápice.1
del copyright, bajo las sanciones establecidas en las leyes, la reproducción total Desde que unos cuantos miles de parisinos armados tomaron la forta­
o parcial de esta obra por cualquier medio o procedimiento, comprendidos
la reprografía y el tratamiento informático, y la distribución de ejemplares de ella leza de la Bastilla en París el 14 de julio de 1789, no se ha dejado de
mediante alquiler o préstamo públicos. debatir sobre los orígenes y el significado de cuanto sucedió. Todo el
mundo está de acuerdo en la naturaleza trascendental y sin precedentes
Título original: de la toma de la Bastilla y los actos revolucionarios vinculados a ella en­
The Frencb Revolution, 1789-1799
tre los meses de mayo y octubre de 1789. No obstante, las consecuencias
Diseño de la cubierta: Jaime Fernández de aquellos acontecimientos fueron tales que el debate sobre sus orígenes
Imagen de la cubierta: Cover/Corbis
Realización: Átona, S.L. no muestra señales de concluir.
En los años siguientes a 1789 los sucesivos gobiernos revolucionarios
© 2002, Peter McPhee trataron de reorganizar todos y cada uno de los aspectos de la vida de
The Frencb Revolution, 1789-1799, was originally publishcd in English in 2002.
This translation is published by arrangement with Oxford University Press acuerdo con lo que según ellos eran los principios fundamentales de la
La Revolución Francesa, 1789-1799, se publicó originalmente en inglés en 2002. revolución de 1789. Sin embargo, al no haber acuerdo sobre la aplicación
Esta traducción se publica por acuerdo con Oxford University Press
© 2003 de la traducción castellana para España y América: práctica de aquellos principios, la cuestión de qué clase de revolución era
C r í t i c a , S . L . , Diagonal, 662-664, 08034 Barcelona
aquélla y a quién pertenecía se convirtió en seguida en fuente de división,
e-mail: editorial@ed-critica.es
www.ed-critica.es conduciendo a la revolución por nuevos cauces. Al mismo tiempo, los
ISBN: 978-84-8432-866-7 más poderosos oponentes al cambio, dentro y fuera de Francia, forzaron a
Depósito legal: B.5-2007
Impreso en España

2007. -A&M Gráfic, Santa Perpetua de Mogoda (Barcelona) 1. Stcvcn Laurcncc Kaplan, Farewell Revolution: Disputed L egad es, /•'ranee 17H9/
1989 (Ithaca, N.Y., 1995), pp. 470-486.
los gobiernos a tomar medidas para preservar la revolución, que culmina­ decir, esta aproximación sostiene que sólo podemos comenzar a com ­
ron en el Terror de 1793-1794. prender la Revolución Francesa yendo más allá de la Corte y el Parla­
Quienes ostentaron el poder durante aquellos años insistieron repeti­ mento y tomando en consideración una amplia gama de formas de pensar
damente en que la revolución, una vez alcanzados sus objetivos, había y llevar a cabo la política en aquellos tiempos. Relacionada con ésta tene­
terminado, y que la estabilidad era ahora el inmediato propósito. Cuando mos una segunda aproximación que examina el dominio masculino de la
Luis XVI entró en París en octubre de 1789; cuando en julio de 1791 la política institucional y la respuesta agresiva a los desafíos de las mujeres
Asamblea Nacional resolvió dispersar por la fuerza una muchedumbre de frente al poder de los hombres. Como corolario, una tercera aproxima­
peticionarios que exigían que el rey fuera depuesto; y cuando la Conven­ ción ha reabierto los debates acerca de los orígenes del Terror de 1793-
ción Nacional introdujo en 1795 la Constitución del año III, en cada una 1794: ¿hay que buscar las semillas de la política represiva y mortífera de
de estas ocasiones se aseguró que había llegado la hora de detener el pro­ aquel año en los primeros momentos de la revolución, en 1789, o fue el
ceso de cambio revolucionario. Al final, la subida al poder de Napoleón Terror una respuesta directa a la desesperada crisis militar de 1793? Por
Bonaparte en diciembre de 1799 supuso el intento más logrado de impo­ último, y en otro orden de cosas, un renovado interés por la experiencia
ner la anhelada estabilidad. de la gente «corriente» ha hecho posible que los historiadores tengan en
Los primeros historiadores de la revolución empezaron por aquel cuenta y profundicen en el estudio de la experiencia rural de la revolu­
entonces a perfilar no sólo sus relatos acerca de aquellos años sino tam­ ción. Una dimensión de aquella experiencia en la que se hará aquí hinca­
bién sus opiniones sobre las consecuencias del cambio revolucionario. pié hace referencia a la historia del entorno rural.
¿Hasta qué punto fue revolucionaria la Revolución Francesa? ¿Acaso la La década de la Revolución Francesa fue importante también por la
prolongada inestabilidad política de aquellos años ocultaba una estabili­ elaboración y proclamación de ideas políticas fundamentales o ideolo­
dad económica y social mucho más fundamental? ¿Fue la Revolución gías, tales como la Declaración de Derechos del Hombre y del Ciudadano
Francesa un punto de inflexión trascendental en la historia de Francia, e en 1789 y la Constitución Jacobina de 1793. Las descripciones contem­
incluso del mundo, tal com o proclaman sus partidarios, o fue más bien un poráneas de algunos de los episodios más espeluznantes de la revolución,
prolongado período de violentos disturbios y guerras que arruinó millo­ como las «masacres de septiembre» en 1792, son sorprendentemente con­
nes de vidas? movedoras. Por esta razón se reproducen aquí fragmentos clave de una
Este volumen es un relato histórico de la revolución que al mismo amplia gama de documentos para que el lector pueda escuchar las distin­
tiempo trata de responder a las trascendentales cuestiones planteadas más tas voccs de la Francia revolucionaria.
arriba. ¿Por qué hubo una revolución en 1789? ¿Por qué resuító tan difí­ Mi colega Chips Sowerwinc ha concedido a este manuscrito el benefi­
cil lograr la estabilidad del nuevo régimen? ¿Cómo podría explicarse el cio de su visión critica y erudita: le estoy agradecido por ello, como lo
Terror? ¿Cuáles fueron las consecuencias de un década de cambio revo­ estoy por su amistad y aliento. El manuscrito ha sido también mejora­
lucionario? Este libro se inspira en la enorme riqueza de los escritos his­ do gracias a la lectura crítica de Charlotte Alien, Judy Anderson, Glenn
tóricos de las últimas décadas, algunos de ellos forman parte de los reno­ Matthews, Tim Tackett y Suzy Schmitz; por supuesto, ninguno de ellos
vados debates con ocasión del bicentenario de la revolución de 1789, pero es responsable de las deficiencias del presente libro. También a Juliet
en su mayoría están influenciados por los cambios que se han ido produ­ Flesch, Marcia Gilchrist y Kate Mustafa debo su inestimable ayuda.
ciendo en la aproximación al relato de la historia.
Cuatro temas sobresalen entre la rica diversidad de aproximaciones
a la Revolución Francesa de los últimos años. El primero aplica una vi­
sión más imaginativa del mundo de la política situando la práctica del
poder dentro del contexto de «cultura política» y «esfera pública». Es
I. FRANCIA DURANTE LA DÉCADA
DE 1780 A 1789

La característica más importante de la Francia del siglo xvui era la de


ser una sociedad esencialmente rural. La población que habitaba en pue­
blos y granjas era diez veces mayor que la actual. En 1780 Francia tenía
probablemente una población de 28 millones de habitantes: si nos ate­
nemos a la definición de comunidad urbana como aquélla en la que convi­
ven más de 2.000 personas, entonces tan sólo dos personas de cada diez
vivían en un centro urbano en el siglo xvm . La inmensa mayoría estaba
repartida en 38.000 comunidades rurales o parroquias con una media de
600 residentes aproximadamente. Si echamos un vistazo a dos de ellas
descubriremos algunas de las características principales de aquel lejano
mundo.
El diminuto pueblo de Menucourt era típico de la región de Vexin, al
norte de París. Estaba situado entre los recodos de los ríos Sena y Oise,
a unos pocos kilómetros al oeste de la ciudad más cercana, Pontoise, y a
35 tortuosos kilómetros de París. Era un pueblo pequeño: había tan sólo
280 habitantes en sus 70 hogares (pero había experimentado un fuerte
crecimiento desde los 38 hogares de 1711). El «seigneur» o señor del
pueblo era Jean Marie Chassepot de Beaumont, que contaba 76 años en
1789. En 1785 había solicitado y obtenido del rey el permfso y autoridad
para establecer un livre terrier (libro de becerro) para sistematizar los
considerables impuestos feudales que los aldeanos se negaban a recono­
cer. La granja productora de cereales dominaba económicamente el pue­
blo del mismo modo que el castillo dominaba las míseras viviendas de los
aldeanos. Los campos cultivados ocupaban el 58 por ciento de las 352 hec­
táreas de la superficie de la minúscula parroquia, el bosque cubría otro
26 por ciento. Algunos habitantes se dedicaban al cultivo de la vid o Ira
bajaban la madera de los castaños que había al sur del pueblo convirtién
dola en toneles de vino y postes, otros extraían piedra para las nuevas
construcciones en Ruán y París. Esta actividad mercantil se complemen­ Durante mucho tiempo la monarquía había tratado de imponer una
taba con una economía de subsistencia basada en el cultivo de pequeñas uniformidad lingüística en poblaciones com o Gabian obligando a los
parcelas de vegetales y árboles frutales (nueces, manzanas, peras, cirue­ sacerdotes y a los abogados a utilizar el francés. Sin embargo, la mayoría
las, cerezas), en la recolección de castañas y setas en el bosque, y en la de los súbditos del rey no usaba el francés en la vida cotidiana, al contra­
leche y la carne de 200 ovejas y 50 o 60 vacas. Al igual que en todos los rio, podría decirse que la lengua que casi todos los franceses oían regular­
pueblos de Francia, la gente ejercía varias profesiones a la vez: por ejem­ mente era el latín, los domingos por la mañana. A lo largo y ancho del
plo, Pierre Huard regentaba la posada local y vendía vino a granel, pero país el francés sólo era la lengua cotidiana de aquellos que trabajaban en
al mismo tiempo era el albañil del pueblo.1 la administración, en el comercio y en los distintos oficios. Los miembros
Sin embargo, el pueblo de Gabian, 20 kilómetros al norte de Béziers, del clero también la utilizaban, aunque solían predicar en los dialectos o
cerca de la costa mediterránea del Languedoc, era totalmente distinto en lenguas locales. Varios m illones de habitantes del Languedoc hablaban
todos los aspectos. En efecto, gran parte de sus habitantes no podrían variantes del occitano, el flamenco se hablaba en el noreste y el alemán
haberse comunicado con sus conciudadanos de Menucourt porque, al en Lorena. Había también minorías de vascos, catalanes y celtas. Estas
igual que la inmensa mayoría de la gente del Languedoc, hablaban occi- «hablas» locales — o, dicho peyorativamente, «patois»— variaban consi­
tano en su vida cotidiana. Gabian era un pueblo importante, con un cons­ derablemente dentro de cada región. Incluso en la Ile-de-France en torno
tante suministro de agua de manantial, y desde el año 988 su señor había a París había diferencias sutiles en el francés hablado de una zona a otra.
sido el obispo de Béziers. Entre los tributos que debían pagarle figuraban Cuando el Abbé Albert, de Embrun al sur de los Alpes, viajó a través de
100 setiers (un setier eran aproximadamente unos 85 litros) de cebada, la Auvernia, descubrió que:
28 setiers de trigo, 880 botellas de aceite de oliva, 18 pollos, 4 libras de
cera de abeja, 4 perdices, y un conejo. Teniendo en cuenta el antiguo Nunca fui capaz de hacerme entender por los cam pesinos con quienes me
papel de Gabian com o mercado situado entre las montañas y la costa, tropezaba por el camino. Les hablaba en francés, les hablaba en mi patois
tenía también que pagar 1 libra de pimienta, 2 onzas de nuez moscada, y nativo, incluso en latín, pero todo en vano. Cuando por fin me harté de
hablarles sin que me entendieran una sola palabra, em pezaron ellos ¡i
2 onzas de clavo. Había asimismo otros dos señores que ejercían de­
hablar en una lengua ininteligible para m í.3
rechos menores sobre los productos de dicha población. Como en Me­
nucourt, Gabian se caracterizaba por la diversidad de su economía mul­
ticultural, puesto que sus 770 habitantes cultivaban gran parte de los Las dos características más importantes que los habitantes de la Francia
productos que necesitaban en las 1.540 hectáreas del pueblo. Mientras del siglo xvm tenían en común eran que todos ellos eran súbditos del rey,
que Menucourt estaba vinculado a mercados más amplios debido a su y que el 97 por ciento de ellos eran católicos. En la década de 1780 Fran­
industria maderera y sus canteras, la economía efectiva de Gabian estaba cia era una sociedad en la que el sentido más profundo de la identidad de
basada en el cultivo extensivo de viñedos y en la lana de 1.000 ovejas que la gente estaba vinculado a su propia provincia o pays. Las culturas regio­
pacían en las pedregosas colinas que rodeaban el pueblo. Una veintena de nales y las lenguas y dialectos minoritarios estaban sustentados por estra­
tejedores trabajaban la lana de las ovejas para los mercaderes de la ciudad tegias económicas que trataban de acomodarse a las necesidades domés­
textil de Bédarieux en el norte.2 ticas dentro de un mercado regional o microrregional. La economía rural

1. Denise, Maurice y Robert Bréant, Menucourt: Un villaje du Vexin franfais pen­ 3. Fernand Braudel, La identidad de Francia, Gedisa, Barcelona, 1993. (En la traduc­
dan! la Revolution 1789-1799 (Menucourt, 1989). ción inglesa — Londres, 1988— corresponde a las pp. 91-97.) Daniel Roche, France in
2. Peter McPhee, Une communauté languedocicnne dans l'histoire: (¡tibian 1760- tlie Enlightenment, trad. Arthur Goldhammcr (Cambridge, Mass., 1998), caps. 1-2, 6,
1960 (Nimcs, 2001), cap. 1. pp. 488-491.
era esencialmente una economía campesina: es decir, una producción poseían alguna parcela de tierra, como es el caso del huerto del cura. El
agraria basada en el hogar y orientada esencialmente a la subsistencia. campesinado constituía aproximadamente cuatro quintas partes del «ter­
Este complejo sistema multicultural pretendía en la medida de lo posible cer estado» o de los «plebeyos», pero a lo largo y ancho del país poseía
cubrir las necesidades de consumo de los hogares, incluyendo el vestir. tan sólo un 40 por ciento de la totalidad de las tierras. Esto variaba desde
Nicolás R estif de la Bretonne, nacido en 1734 en el pueblo de Sacy, en un 17 por ciento en la región del Mauges en el oeste de Francia hasta un
el límite entre las provincias de Borgoña y Champaña, nos ofrece una 64 por ciento en Auvernia.
visión de este mundo. Restif, que se trasladó a París y se hizo famoso por Por muy paradójico que pueda parecer, la Francia rural era al mismo
sus irreverentes historias en Le Paysan pervertí (1775), escribió sobre sus tiempo el centro de gran parte de los productos manufacturados. La in­
recuerdos de Sacy en La Vie de m on p ére (1779). En ella rememora el dustria textil en especial dependía ampliamente del trabajo a tiempo par
ventajoso y feliz matrimonio que Marguerite, una pariente suya, estaba a cial de las mujeres en las zonas rurales de Normandía, Velay y Picardía.
punto de contraer con Covin, «un fornido payaso, un patán, el gran em­ Esta clase de industria rural estaba relacionada con las especialidades
bustero del pueblo»: regionales ubicadas en las ciudades de la provincia, como por ejemplo la
de guantes de piel de carnero en Millau, la de cintas en St-Étiennc, enca­
Marguerite poseía tierras cultivables por un valor aproximado de 120 li­ jes en Le Puy y seda en Lyon. Existe un estudio reciente sobre la industria
bras, y las de Covin valían 600 libras, unas eran cultivables, otras viñedos rural realizado por Liana Vardi que se centra en Montigny, una comuni­
y otras eran prados; había seis partes de cada tipo, seis de trigo, seis de dad de unas 600 personas en 1780 situada en la región septentrional de
avena o cebada, y seis en barbecho ... en cuanto a la mujer, obtenía los be­ Cambrésis, que pasó a formar parte de Francia en 1677.4 A principios del
neficios de lo que hilaba, la lana de siete u ocho ovejas, los huevos de una siglo xviii, su población, constituida esencialmente por terratenientes y
docena de gallinas, y la m antequilla y el queso que elaboraba con la le­
arrendatarios de subsistencia, alcanzaba tan sólo un tercio de aquel nú­
che de una vaca ... Covin era también tejedor, y su mujer hacía algún tra­
mero. A lo largo del siglo xvm , grandes terratenientes y arrendatarios
bajo doméstico; por consiguiente, debió de considerarse harto afortunada.
monopolizaron las tierras, especializándose en el cultivo de! maíz, mien­
tras que los medianos y pequeños campesinos se vieron obligados a hilar
La gente de la ciudad se refería a la población rural con el término de y tejer lino para escapar de la pobreza y el hambre. En Montigny una
paysans, esto es, «gente del campo». Sin embargo, este sencillo vocablo industria rural floreciente aunque vulnerable era aquella en que los mer­
— al igual que su equivalente español «campesino»— oculta las comple­ caderes «sacaban y mostraban» los productos hilados y tejidos a los dis­
jidades de la sociedad rural que se revelarían en los distintos comporta­ tintos hogares de la población. A su vez, la industria textil proporcionaba
mientos de aquella población durante la revolución. Los braceros cons­ a los granjeros un incentivo para aumentar sustancialmente el rendimien­
tituían la mitad de la población en áreas como la íle-de-France en torno a to de sus cosechas con el objeto de alimentar a una población cada vez
París, dedicadas a la agricultura a gran escala. N o obstante, en la mayoría mayor. Los intermediarios, mercaderes-tejedores de lugares como Mon­
de las regiones el grueso de la población estaba compuesto por minifun- tigny, que hipotecaron las pequeñas propiedades familiares para unirse a
distas, agricultores arrendatarios o aparceros, dependiendo también mu­ la fiebre de ser ricos, desempeñaron un papel fundamental. Estas perso­
chos de ellos de la práctica de un oficio o de un trabajo remunerado. En nas continuaron siendo rurales en sus relaciones y estrategias económicas
todas las comunidades rurales había una minoría de hacendados, a menu­
do apodados coqs du village, que eran importantes granjeros arrendata­
4. Liana Vardi, The Land and the Loom: Peasants and Profií in Northern Frunce
rios (fermiers) o terratenientes (laboureurs). En los pueblos más grandes
1680-1800 (Durham, NC, 1993). Sobre la Francia rural en general, véanse Roche, Fratur
había una minoría de personas — sacerdotes, letrados, artesanos, trabaja­ in the Enlightenment, cap. 4, P. M. Jones, The Peasantry in the French Revolution (Cam­
dores textiles— que no eran en absoluto campesinos, pero que en general bridge, 1988), cap. 1.
mientras que por otro lado hacían gala de un notable entusiasmo y capa­ fia del país eran un constante impedimento para la rápida transmisión de
cidad emprendedora. instrucciones, leyes y mercancías (véase mapa 1). Sin embargo, las me­
Sin embargo, Montigny fue un caso excepcional. Gran parte de la joras en las carreteras realizadas después de 1750 hicieron posible que
Francia rural era un lugar de continuo trabajo manual realizado por los ninguna ciudad de Francia estuviera a más de quince días de la capital;
labradores. Un mundo rural en el que los hogares se enfrascaban en una las diligencias, que viajaban 90 kilómetros al día, podían trasladar en cin­
estrategia ocupacional altamente compleja para asegurar su propia sub­ co días a sus viajeros de París a Lyon, la segunda ciudad más grande de
sistencia sólo podía esperar el inevitable bajo rendimiento de las cose­ Francia con 145.000 habitantes.
chas de cereales cultivadas en un suelo inadecuado o agotado. Tampoco Como muchas otras ciudades, París estaba circundada por una mura­
las tierras secas y pedregosas de un pueblo sureño com o Gabian resul­ lla, principalmente para recaudar los impuestos aduaneros sobre las mer­
taban más aptas para el cultivo de los cereales que el suelo húmedo y cancías importadas a la ciudad. En el interior de las murallas había nume­
arcilloso de Normandía: no obstante, en ambos lugares se dedicó una rosos fa u b o u rg s o suburbios, cada uno con su característica mezcla de
gran extensión de tierras al cultivo de cereales para cubrir las necesida­ población inmigrante y su comercio. La estructura ocupacional de París
des locales. Por consiguiente, muchas comunidades rurales disponían de era la típica de una gran ciudad: todavía predominaba la habilidosa pro­
unos reducidos «excedentes» que podían ser vendidos a las grandes ciu­ ducción artesanal a pesar de la emergencia de numerosas industrias a
dades. No obstante, para los campesinos eran mucho más importantes gran escala. Algunas de estas industrias, las más importantes, estaban en el
las pequeñas ciudades o bourgs de los alrededores, cuyas ferias sema­ fa u b o u rg St.-Antoine, donde la fábrica de papel pintado Réveillon daba
nales, mensuales o anuales constituían una ocasión para celebrar tanto empleo a 350 personas y el cervecero Santerre disponía de 800 obreros.
los rituales colectivos de sus culturas locales com o para intercambiar En los barrios occidentales de la ciudad, la industria de la construcción
productos. estaba en pleno auge puesto que las clases acomodadas levantaban impo­
Las comunidades rurales consumían gran parte de lo que producían nentes residencias lejos de los abarrotados barrios medievales del centro
— y viceversa— , por lo que las pequeñas y grandes ciudades sufrían pro­ de la ciudad. No obstante, muchos parisinos seguían viviendo en las con­
blemas crónicos por la falta de suministro de alimentos y por la limitada gestionadas calles de los barrios céntricos próximos al río, donde la
demanda rural de sus mercancías y servicios. Sin embargo, aunque sólo población estaba segregada verticalmente en edificios de viviendas: a
el 20 por ciento de los franceses vivía en comunidades urbanas, en un menudo, burgueses acaudalados o incluso nobles ocupaban el primer y
contexto europeo Francia destacaba por la cantidad y el tamaño de sus segundo piso encima de las tiendas y puestos de trabajo, mientras los
ciudades. Tenía ocho ciudades de más de 50.000 habitantes (París erá cla­ criados, los artesanos, y los pobres habitaban los pisos superiores y el
ramente la más grande, con aproximadamente unas 700.000 personas; a desván. Al igual que en las comunidades rurales, la Iglesia católica era
continuación le seguían Lyon, Marsella, Burdeos, Nantes, Lille, Ruán una presencia constante: en París había 140 conventos y monasterios
y Toulouse) y otras setenta cuya población oscilaba entre los 10.000 y (que albergaban a 1.000 monjes y a 2.500 monjas) y 1.200 clérigos de
40.000 residentes. En todas estas ciudades grandes y pequeñas había parroquia. Una cuarta parte de las propiedades de la ciudad estaban en
ejemplos de fabricación a gran escala implicada en un marco comercial manos de la Iglesia.5
internacional, pero en la mayoría de ellas imperaba el trabajo artesanal
para cubrir las necesidades de la propia población urbana y sus alrededo­
res, y una amplia gama de funciones administrativas, judiciales, eclesiás­ 5. Daniel Roche, The People o f París: An Essay on Popular Culture in the Eigliteenth
ticas y políticas. Eran capitales de provincia: sólo una de cada cuarenta Century, trad. Maric Evans (Berkclcy, Calif., 1987). Entre los numerosos estudios sobre
Paris, véase David Garrioch, Neighbourhood and Community in París, 1740-179(1 (Cam­
personas vivía en París, y las comunicaciones entre la capital Versal les y bridge, 1986); Arlette Farge, Fragüe Uves: Violence, Power, and Solidarity in Eigliteenth-
el resto del territorio solían ser lentas e inseguras. El tamaño y la topogra- Century Paris, trad. Carol Shelton (Cambridge, Mass., 1993).
F R A N C IA D U R A N T E LA D É C A D A D E 1780 A 1789 19

En París predominaban los pequeños talleres y las tiendas de venta rebelde de com pagnons que disfrutaban con travesuras obscenas, sexo
al por menor: había miles de pequeñas empresas que, como promedio, ocasional, y violencia ritual con otras hermandades. Sin embargo, Mé­
daban empleo a unas tres o cuatro personas. En los oficios en que se nétra proclamaba también haber leído el C ontrato social, Em ilio y La
requería una cierta especialización, una jerarquía de maestros controla­ nueva Eloísa de Rousseau, e incluso se vanagloriaba de haber conocido
ba el ingreso de oficiales, que habían obtenido su título presentando su a su autor.6
obra maestra (c h e f d ’oeuvre) al finalizar su tour de France a través de En las ciudades de provincias predominaban las industrias específicas,
centros provinciales especializados en su oficio. Este era un mundo en el como la textil en Ruán y Elbeuf. En torno a las grandes fundiciones de
que los pequeños patronos y los asalariados estaban unidos por un pro­ hierro y minas de carbón surgieron nuevos centros urbanos más pequeños
fundo conocimiento mutuo y del oficio, y en el que los obreros cualifica­ como Le Creusot, Niederbronn y Anzin, donde trabajaban 4.000 empica­
dos se identificaban por su profesión y también por su situación de amos dos. No obstante, especialmente en los puertos del Atlántico, el florecien­
u obreros. Los contemporáneos se referían a los obreros de París con el te comercio con las colonias del Caribe fue desarrollando un sector eco­
término de «canalla» (menú peu p le): no eran una clase trabajadora. Sin nóm ico capitalista en el ámbito de la construcción de buques y del
embargo, los desengaños que se producían entre los obreros y sus maes­ tratamiento de las mercancías coloniales, com o en el caso de Burdeos,
tros eran harto evidentes en aquellos oficios en los que resultaba difícil donde la población creció de 67.000 a 110.000 habitantes entre 1750 y
acceder a la maestría. En algunas industrias, como en el caso de la im­ 1790. Era un comercio triangular entre Europa, Norteamérica y África,
prenta, la introducción de nuevas máquinas suponía una amenaza para las que exportaba a Inglaterra vinos y licores procedentes de puertos como el
destrezas de los oficiales y aprendices. En 1776 los asalariados cualifi­ de Burdeos e importaba productos coloniales com o azúcar, café y tabaco.
cados se alegraron ante la perspectiva de la abolición de los gremios y de Un sector de este comercio utilizaba ingentes cantidades de barcos de
la oportunidad de poder establecer sus propios talleres, pero el proyec­ esclavos, construidos para este propósito, que trasportaban cargamento
to fue suspendido. A continuación, en 1781 se introdujo un sistema de humano desde la costa oeste de Africa a colonias como Santo Domingo.
livrels, o cartillas de los obreros, que afianzaba la posición de los maes­ Allí, 465.000 esclavos trabajaban en una economía de plantaciones con­
tros en detrimento de los empleados díscolos. trolada por 31.000 blancos de acuerdo con las normas del Código Negro
Las relaciones sociales se centraban en el vecindario y el puesto de de 1685. Este código establecía leyes para el «correcto» tratamiento de
trabajo tanto como en la familia. Las grandes ciudades com o París, Lyon las propiedades de los dueños de esclavos, mientras que negaba a los
y Marsella se caracterizaban por ser abarrotados centros medievales esclavos cualquier derecho legal o familiar: los hijos de los esclavos
donde la mayoría de familias no ocupaba más de una o dos habitaciones: pertenecían a su propietario. En 1785 había 143 barcos participando acti­
muchas de las rutinas asociadas con la comida y el ocio eran actividades vamente en el tráfico de esclavos: 48 eran de Nantes, 37 de ambos puer­
públicas. Los historiadores han documentado el uso que las mujeres tra­ tos, de La Rochela y de El Havre, 13 de Burdeos, y varios de Marsella,
bajadoras hacían de las calles y de otros espacios públicos para zanjar St.-Malo y Dunkerque. En Nantes, el comercio de esclavos representaba
disputas domésticas y asuntos relativos a los alquileres y a los precios de entre el 20 y el 25 por ciento del tráfico del puerto en la década de los
la comida. Los hombres que desempeñaban oficios cualificados encon­ años 1780, en Burdeos entre el 8 y el 15 por ciento y en La Rochela
traban solidaridad en las com pagnonnages, hermandades ilegales pero alcanzó hasta el 58 por ciento en 1786. A lo largo del siglo, desde 1707,
toleradas de trabajadores que servían para proteger las rutinas laborales estos barcos de esclavos realizaron más de 3.300 viajes, el 42 por cicnlo
y los salarios y proporcionaban una válvula de escape para el ocio y la
agresividad tras trabajar de 14 a 16 horas diarias. Uno de estos traba­
jadores, Jacques-Louis Ménétra, recordaba, ya avanzada su vida, sus 6. Jacques-Louis Ménétra, Journal o f My Life, trad. Arthur Goldhammer (Nueva
tiempos de aprendiz de vidriero antes de la revolución, en un ambiente York, 1986); Roche, France in the Enlightenment, pp. 342-346, cap. 20.
de los mismos procedente de Nantes: este comercio fue esencial para el ! tierras altas con una prolongada «temporada baja» en invierno que tenían
gran auge económico de los puertos del Atlántico en el siglo xvui.7 que emigrar hacia las ciudades en determinados períodos estacionales o
No obstante, la mayoría de las familias de clase media obtenían sus | durante años en busca de trabajo. Los hombres abandonaban lo que se ha
ingresos y su posición a través de actividades más tradicionales, como el j denominado una sociedad «matricéntrica», en la que las mujeres cuida-
derecho y otras profesiones, la administración real, y las inversiones en i ban del ganado y producían tejidos.
propiedades. Aproximadamente el 15 por ciento de la propiedad rural Sin embargo, la relación más importante que se estableció entre la
estaba en manos de aquellos burgueses. Mientras que la nobleza se apo­ ! Francia rural y la urbana fue la del suministro de alimentos, especialmen-
deraba de los puestos más prestigiosos de la administración, los rangos | te de cereales. Este vínculo a menudo se quebraba debido a las demandas
inferiores estaba ocupados por la clase media. La administración real en i encontradas de los consumidores urbanos y rurales. En tiempos normales
Versal les era muy reducida, con tan sólo unos 670 empleados, pero en toda los asalariados urbanos gastaban del 40 al 60 por ciento de sus ingresos
la red de pueblos y ciudades de provincias daba empleo a miles de perso­ sólo en pan. Cuando en los años de escasez subían los precios, también
nas en tribunales, obras públicas y gobierno. Para los burgueses que con­ aumentaba la tensión entre la población urbana, que dependía por com­
taban con sustanciales rentas no había inversiones más atractivas ni más pleto del pan barato, y los segmentos más pobres de la comunidad rural,
respetables que los bonos del Estado, seguros pero de bajo rendimiento, o amenazada por los comerciantes locales que trataban de exportar los
las tierras y el señorío. Este último en particular ofrecía la posibilidad de cereales a mercados urbanos más lucrativos. Veintidós de los años que
acceder a un estatus social e incluso a un matrimonio dentro de la noble­ van desde 1765 hasta 1789 estuvieron marcados por disturbios debidos a
za. En los años ochenta, uno de cada cinco señores terratenientes en el | la escasez de comida, bien en los barrios populares urbanos donde las
área de Le Mans era de origen burgués. ¡ mujeres en particular trataban de imponer una tdxation populaire para
La Francia del siglo xvm se caracterizaba por los múltiples vínculos ¡ mantener los precios al nivel acostumbrado, bien en las áreas rurales don-
que existían entre la ciudad y el campo. En las ciudades de provincias j de los campesinos se asociaban para evitar que las pocas existencias fue­
especialmente, los burgueses eran dueños de extensas propiedades rura­ ran enviadas al mercado. En muchas zonas la tensión por el suministro de
les de las que obtenían rentas de los campesinos y granjeros. En contra­ alimentos agravaba la sospecha de que las grandes ciudades no eran más
partida, el servicio doméstico en las familias burguesas constituía una que parásitos que se aprovechaban del esfuerzo rural, puesto que la Igle­
fuente importante de em pleo para las mujeres jóvenes del campo. Las sia y la nobleza obtenían sus riquezas del campo y consumían de forma
muchachas menos afortunadas trabajaban como prostitutas o en talleres ostentosa en la ciudad. No obstante, en este proceso creaban empleo para
de caridad. Otro vínculo importante entre el campo y la ciudad era ía cos­ la gente de las ciudades y prometían caridad para los pobres.8
tumbre que tenían las mujeres trabajadoras de ciudades com o Lyon y La Francia del siglo xvm era un país de pobreza masiva en el que la
París de enviar a sus bebés a las zonas rurales para ser criados, a menudo ¡ mayoría de gente se encontraba indefensa ante una mala cosecha; Esto
durante varios años. Los bebés tenían más posibilidades de sobrevivir en explica lo que los historiadores han denominado «equilibrio demográfi-
el campo que en la ciudad, pero aún así, una tercera parte de aquellos j co», en el que tasas muy altas de natalidad (sobre el 4,5 de cada cien per-
niños moría mientras estaba con el ama de cría (caso contrario es el de la
madre del vidriero Jacques-Louis Ménétra, que murió mientras él se
8. Entre los importantes estudios sobre el comercio de cereales destacan Stevcn
encontraba al cuidado de su nodriza en el campo). Había también otra Kaplan, Provisioning Paris: Merchants and Millers in the Grain and Flour Trade during
clase de comercio humano que afectaba a varios miles de hombres de las the Eighteenth Century (Ithaca, NY, 1984); Cynthia Bouton, The Flour War: Gender,
Class, and Community in late A nden Regime French Society (University Park, Pa., 1993);
Judith Miller, Mastering the Market: the State and 1989), pp. 24, 27. En lo relativo a la
7. Jean-Michcl Dcveau, La Traite rochelaise (París, 1990); Kochc, ¡''ranee in the
Iglesia en el siglo xvm véase también Roche, The Grain Trade in Northern France, 1700-
Enlightenment, cap. 5.
! 1860 (Cambridge, 1998).

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sonas) quedaban igualadas por elevadas tasas de mortalidad (3,5 aproxi­ La Iglesia obtenía su riqueza principalmente del diezmo (normalmen­
madamente). Los hombres y las mujeres se casaban tarde: normalmente te el 8 o el 10 por ciento) que imponía a los productos agrícolas en el
entre los 26 y 29 años y los 24 y 27 respectivamente. En las zonas más momento de la recolección, que le proporcionaba unos ingresos de 150
devotas sobre todo, donde era menos probable que las parejas evitasen la millones de libras al año, y de las vastas extensiones de tierras propiedad
concepción mediante el coitus interruptus, las mujeres parían una vez de las órdenes religiosas y de las catedrales. Con ello se pagaba en
cada veinte meses. Sin embargo, en todo el país, la mitad de los niños que muchas diócesis una portion congrue (porción congrua) o salario al clero
nacían morían de enfermedades infantiles y malnutrición antes de cum­ de parroquia, que éste complementaba con las costas que se recaudaban
plir los cinco años. En Gabian, por ejemplo, hubo 253 muertes en la por servicios especiales com o matrimonios y m isas celebradas por las
década de 1780 a 1790, de las que 134 eran niños menores de cinco años. almas de los difuntos. En total, el primer estado poseía aproximadamente
Aunque no resultase extraña la ancianidad — en 1783 fueron enterrados el 10 por ciento de las tierras de Francia, alcanzando incluso el 40 por
tres octogenarios y dos nonagenarios— , la esperanza de vida de aquellos ciento en Cambrésis, de las que obtenía 130 millones de libras anuales en
que sobrevivían a la infancia se situaba alrededor de los 50 años. concepto de arriendos y tributos. En las grandes y pequeñas ciudades de
Después de 1750, una prolongada serie de buenas cosechas alteró el provincias, el clero de parroquia, monjas y monjes de órdenes «abiertas»
equilibrio demográfico: la población aumentó de unos 24,5 m illones a pululaban por doquier: 600 de los 12.000 habitantes de Chartres, por
28 millones en la década de los ochenta. A pesar de ello, la vulnerabilidad ejemplo, pertenecían a órdenes religiosas. En muchas ciudades provin­
de esta población creciente no era simplemente una función de la eterna ciales, la Iglesia era también uno de los principales propietarios: en
amenaza de las malas cosechas. La población rural, especialmente, sus­ Angers, por ejemplo, poseía tres cuartos de las propiedades urbanas.
tentaba los costes de los tres pilares de autoridad y privilegio en la Fran­ Aquí, com o en todas partes, la Iglesia constituía una importante fuente de
cia del siglo xvm: la Iglesia, la nobleza, y la monarquía. Juntas, las dos empleo local para el servicio doméstico, para artesanos cualificados y
órdenes privilegiadas y la monarquía recaudaban como promedio de un abogados que cubrían las necesidades de los 600 miembros del clero resi­
cuarto a un tercio del producto de los campesinos, mediante impuestos, dentes en una ciudad de 34.000 habitantes: funcionarios, carpinteros, co­
tributos de señorío y el diezmo. cineros y mozos de la limpieza dependían de ellos, del mismo modo que
Los 169.500 miembros del clero (el primer estado del reino) consti­ los abogados que trabajaban en los cincuenta y tres tribunales de la Igle­
tuían el 0,6 por ciento de la población. Según su vocación estaban dividi­ sia procesando a los morosos que no pagaban el diezmo o el arriendo de
dos en un clero «regular» de 88.500 miembros (26.500 monjes y,55.000 sus inmensas propiedades. La abadía benedictina de Ronceray poseía
monjas) de distintas órdenes religiosas y un clero «secular» compuesto cinco fincas, doce graneros y lagares, seis molinos, cuarenta y seis gran­
por 59.500 personas (39.000 sacerdotes o curés y 20.500 vicarios o vicai- jas, y seis casas en el campo en los alrededores de Angers, que proporcio­
res) que atendían a las necesidades espirituales de la sociedad laica. naban a la ciudad 27.000 libras anuales. *
Había también otras clases de clero «seglar». En términos sociales, la En la década de 1780 a 1789 muchas órdenes religiosas masculinas
Iglesia era altamente jerárquica. Los puestos más lucrativos com o los de estaban en vías de desaparición: Luis XV había clausurado 458 casas
responsables de órdenes religiosas (a menudo desempeñados in absentiá) religiosas (en las que sólo había 509 miembros) antes de su muerte en
y com o los de obispos y arzobispos estaban en manos de la nobleza: el 1774, y el reclutamiento de monjes descendió en un tercio en las dos dé­
arzobispo de Estrasburgo tenía una paga de 450.000 libras al año. Aun­ cadas posteriores a 1770. Las órdenes femeninas eran más fuertes, como
que los salarios mínimos anuales de los sacerdotes y vicarios se incre­ la de las Hermanas de la Caridad en Bayeux, que proporcionaba comida y
mentaron hasta 750 y 300 libras respectivamente en 1786, estos sueldos refugio a cientos de mujeres agotadas por sus incesantes labores de enea
les proporcionaban mayor holgura y confort del que disfrutaban la mayo­ je. A pesar de todo, a lo largo y ancho de la Francia rural, el clcro de
ría de sus feligreses. parroquia era el centro de la comunidad: com o fuente de consuelo espiri­
tual c inspiración, com o consejero en momentos de necesidad, como El catolicismo era más fuerte en el oeste y en Bretaña, a lo largo de los
administrador de caridad, como patrono y como portador de noticias del Pirineos, y al sur del Macizo Central, regiones caracterizadas por un
mundo exterior. Durante los meses de invierno, el párroco ofrecía unos reclutamiento clerical masivo de muchachos procedentes de familias
rudimentos de enseñanza, aunque tan sólo un hombre de cada diez y una locales bien integradas en sus comunidades y culturas. Por otro lado, en
mujer de cada cincuenta fuera capaz de leer la Biblia. En las zonas en que la zona occidental las pagas de los sacerdotes estaban muy por enciroa
el hábitat estaba muy disperso, com o sucedía en algunos lugares del del mínimo requerido; además, ésta era una de las partes del país donde
Macizo Central o en el oeste, los habitantes de las granjas y caseríos más el diezmo se pagaba al clero local en vez de hacerlo a la diócesis, facili­
remotos tan sólo se sentían parte de la comunidad en la misa de los do­ tando con ello la tarea de los sacerdotes de atender a todas las necesida­
mingos. En el área occidental los feligreses y el clero decidían todos los des de la parroquia. En todas partes, los feligreses más devotos solían ser
asuntos locales después de la misa, en lo que se ha descrito como diminu­ viejos, mujeres y del ámbito rural. La teología a la que estaban sometidos
tas teocracias. Incluso en estos casos la educación tenía una importancia se caracterizaba por una desconfianza «tridentina» respecto a los placeres
marginal: en la devota parroquia occidental de Lucs-Vendée sólo el 21 por mundanos, por el énfasis en la autoridad sacerdotal y por una poderosa
ciento de los novios podían firmar en el registro de matrimonio, y única­ imaginería de los castigos que aguardaban más allá de la tumba a los que
mente el 1,5 por ciento podía hacerlo de forma que permitiese suponer un mostraban una moral laxa. Yves-M ichel Marchais, el curé de la devota
cierto grado de alfabetización. La mayoría de los parisinos sabía por lo parroquia de Lachapelle-du-Génet en el oeste, predicaba que «Todo
menos leer, pero la Francia rural era esencialmente una sociedad oral. aquello que pueda calificarse de acto impuro o de acción ilícita de la car­
La Iglesia católica gozaba de monopolio en el culto público, a pesar ne, si se hace por propia y libre voluntad, es intrínsecamente malo y casi
de que las comunidades judías, aunque geográficam ente separadas, siempre un pecado mortal, y por consiguiente motivo de exclusión del
40.000 personas en total, conservaban un fuerte sentido de identidad en Reino de Dios». Predicadores com o el padre Bridaine, veterano de 256
Burdeos, en el Condado Venesino y en Alsacia, al igual que los aproxima­ misiones, informaban exhaustivamente a los pecadores acerca de los cas­
damente 700.000 protestantes en ciertas zonas del este y del Macizo Cen­ tigos que les aguardaban una vez excluidos:
tral. Los recuerdos de las guerras religiosas y de la intolerancia que
siguió a la revocación del Edicto de Nantes en 1685 estaban muy arraiga­ Crueles hambrunas, sangrientas guerras, inundaciones, incendios ... inso­
portables dolores de muelas, punzantes dolores de gota, convulsiones epi­
dos: los habitantes de Pont-de-Montvert, en el corazón de la región de los
lépticas, fiebres ardientes, huesos rotos ... todas las torturas sufridas pol­
Camisards protestantes, cada vez más numerosos en 1700, tenían una
los mártires: afiladas espadas, peines de hierro, dientes de tigres y leones,
guarnición del ejército y un señor católico (los caballeros de Malta) para
el potro, la rueda, la cruz, la parrilla al rojo vivo, aceite hirviendo, plomo
recordarles diariamente su sometimiento. Sin embargo, mientras que el
d e r r e t i d o „
97 por ciento de los franceses eran nominalmente católicos, los niveles
tanto de religiosidad (la observancia externa de las prácticas religiosas, Los puestos de élite en el seno de la Iglesia católica estaban en manos de
como la asistencia a la misa de Pascua) como de espiritualidad (la impor­ los miembros del segundo estado o nobleza. Los historiadores nunca han
tancia que los individuos otorgaban a tales prácticas) variaba a lo largo llegado a ponerse de acuerdo sobre el número de nobles que había en
del país. Por supuesto, la esencia de la espiritualidad está fuera del alcan­ Francia en el siglo xvm, en parte debido a la cantidad de plebeyos que
ce del historiador; no obstante, el declive de la fe en determinadas áreas
puede deducirse por el número cada vez mayor de novias que quedaban
9. Ralph Gibson, A Social History oj Frencli Catholicism 1789-1914 (Londres, Frun­
embarazadas (que oscilaba entre el 6,2 y el 10,1 por ciento en todo el
ce in the Enlightcnment, cap. 11; y el extraordinario estudio de John McManncrs, Cliurch
país) y por la disminución de la vocación sacerdotal (la cantidad de nue­ and Society in the Eighteenth-Cenlury France, 2 vols. (Oxford, 1998). El cap. 46 de esta
vos religiosos decreció en un 23 por ciento durante los años 1749-1789). última obra analiza la postura de los protestantes y de los judíos.
reclamaban el estatus de nobleza en un intento por obtener posición, pri­ tasque) que se recolectaban en las tierras pertenecientes al seigneurie;
vilegios y rango, que estaban más allá del alcance de la riqueza. Cálculos esto representaba entre una doceava y una sexta parte, pero en algunas
recientes sugieren que no había más de 25.000 familias nobles o 125.000 zonas de Bretaña y de la Francia central ascendía incluso a un cuarto de
personas nobles, aproximadamente un 0,4 por ciento de la población. la recolección. A todo esto había que añadir otros derechos fundamen­
La nobleza, en cuanto a orden, gozaba de varias fuentes de riqueza y tales, com o el monopolio (banalité) sobre el horno del pueblo, sobre la
poder corporativo: privilegios señoriales y fiscales, el estatus que acom­ prensa de las uvas y las aceitunas, y sobre el molino; impuestos económ i­
pañaba a la insignia de eminencia, y el acceso exclusivo a una serie de cos sobre la transmisión de tierras e incluso sobre matrimonios; y la exi­
puestos oficiales. No obstante, al igual que el primer estado, la nobleza se gencia de trabajo no remunerado por parte de la comunidad en las tierras
caracterizaba por una gran diversidad interna. Los nobles de provincias del señor en la época de recolección. Se ha calculado que el valor de es­
más pobres (hobereaux) con sus pequeñas propiedades en el campo tos tributos constituía el 70 por ciento de los ingresos de los nobles en
tenían muy poco en común con los miles de cortesanos de Versalles o con Rouergue (donde el cham part se llevaba un cuarto de la producción del
los magistrados de los parlamentos (parlem ents) y los administradores campesinado), mientras que, al sur, en la vecina región de Lauragais,
superiores, aunque su estatus de nobleza fuera mucho más antiguo que el alcanzaba tan sólo el 8 por ciento.
de aquellos que habían comprado un título o habían sido ennoblecidos La solución a la paradoja de cómo una sociedad esencialmente cam­
por sus servicios administrativos (noblesse de robe o nobleza de toga). El pesina podía mantener a tantas ciudades importantes se encuentra en las
ingreso de un hijo en una academia militar y la promesa de una carrera funciones que estos centros provincialGS desempeñaban en el siglo xvm.
com o oficial era el trato de favor de que disponían los nobles de provin­ En cierto modo las ciudades del interior dependían del campo, puesto que
cias para conservar su estatus y seguridad económica. Su rango en el seno el grueso de los tributos de señorío, arriendos, diezmos y pagos recauda­
del ejército se vio reforzado por el reglamento Ségur de 1781 que exigía dos por la élite de los dos primeros estados del reino se gastaban en los
cuatro generaciones de nobleza para los oficiales del ejército. Dentro de centros urbanos. Por ejemplo, el cabildo de la catedral de Cambrai obte­
la élite de la nobleza (les Grands), las fronteras familiares y de riqueza nía dinero de sus propiedades sitas en pueblos com o Montigny, donde
estaban fracturadas por intrincadas jerarquías de posición y prerrogati­ poseía el 46 por ciento del área total en 1754. Al mismo tiempo era tam­
vas; por ejemplo, de aquellos que habían sido presentados formalmente bién el señor del pueblo, a pesar de que aquélla era una región en la que el
en la corte había que distinguir entre los que tenían permiso para sen­ régimen feudal tenía un peso relativamente escaso.
tarse en un escabel en presencia de la reina y los que podían montar en Los habitantes del campo habían nacido en un mundo marcado por
su carruaje. Sin embargo, lo que todos los nobles tenían en común era el manifestaciones físicas y materiales del origen de la autoridad y del esta­
interés personal por acceder al sumamente complejo sistema de estatus y tus. La parroquia y el castillo dominaban el entorno edificado y recorda­
jerarquía en el que se obtenían privilegios materiales y prom ociones.10 ban a los plebeyos su obligación de trabajar y someterse. A pesar de que
La mayoría de nobles obtenían de la tierra una parte significativa de su en la década de 1780 los señores ya no residían en sus fincas como solían
riqueza. Aunque el segundo estado poseía en total aproximadamente un hacerlo a principios de siglo, continuaban ejerciendo sus numerosas
tercio de las tierras de Francia, ejercía derechos señoriales sobre el resto prerrogativas que reforzaban la posición subordinada de la comunidad,
del territorio. El más importante de estos derechos era la percepción sis­ ya fuera reservando un banco en la Iglesia parroquial, llevando armas en
temática de un tributo sobre las mayores cosechas (cham part, censive o público, o nombrando a los funcionarios del pueblo. No podemos saber
hasta qué punto la deferencia que exigían era un sincero reconocimiento
de su eminencia; no obstante, hay repetidos ejemplos de animosidad del
10. Vcase Roche, France in the Enlightenment, cap. 12. Un brillante estudio local nos
lo brinda Robert Forster, The House o f Saulx-Tavanes: Versailles and Burgundy 1700- campesinado que desesperaban a los miembros de la élite. En Provenza,
1830 (Baltimore, 1977). por ejemplo, se exigía que las comunidades locales respetasen las muer­
tes que pudiesen producirse en la familia del señor evitando cualquier ba de una cierta autonomía respecto de Roma, pero a su vez dependía de
fiesta pública durante un año. En esta región, un afligido noble se lamen­ la buena voluntad del personal de la Iglesia para mantener la legitimidad
taba de que, en el día de la festividad del santo patrón del pueblo de Saus- de su régimen. A cambio, la Iglesia católica disfrutaba del monopolio del
ses en 1768, «la gente había tocado tambores, disparado mosquetes y bai­ culto público y del código moral. Asimismo, en reciprocidad a la obedien­
lado todo el día y parte de la noche, con gran boato y vanidad».11 cia y respeto de sus semejantes de la nobleza, el rey aceptaba que estuvie­
La Francia del siglo xvm era una sociedad corporativa, en la que el sen en la cúspide de todas las instituciones, desde la Iglesia hasta las fuer­
privilegio era parte integral de la jerarquía social, de la riqueza y de la zas armadas, desde el sistema judicial hasta su propia administración.
identidad individual. Es decir, las personas formaban parte de grupos Jacques Necker, un banquero de Ginebra que fue ministro de finanzas
sociales surgidos de una concepción medieval del mundo en el que la durante el período de 1777-1781 y ministro de Estado desde 1788, fue el
gente tenía la obligación de rezar, de luchar o de trabajar. Era una visión único miembro del consejo de ministros de Luis XVI que no era noble.
esencialmente estática o fija del orden social que no se correspondía con La residencia del rey en Versalles fue la manifestación física de poder
otros aspectos del valor personal, como la riqueza. El tercer estado, el 99 más imponente en la Francia del siglo xvm. Sin embargo, la burocracia
por ciento de la población, incluía a todos los plebeyos, desde los mendi­ estatal era a la vez reducida en tamaño y limitada en sus funciones al
gos hasta los financieros más acaudalados. Los dos primeros estados orden interno, a la política exterior, y al comercio. Había tan sólo seis
estaban unidos internamente por los privilegios inherentes a su estado y ministros, dedicándose tres de ellos a los asuntos exteriores, a la guerra y
por su visión de sus funciones sociales e identidad, pero también estaban a la armada, mientras que los otros se ocupaban de las finanzas, de la jus­
divididos internamente por las diferencias de estatus y riqueza. A la cabe­ ticia y de la Casa Real. Gran parte de la recaudación de impuestos se
za de toda forma de privilegio — legal, fiscal, ocupacional o regional— se «cosechaba» en los ferm iers-généraux privados. Y lo que es más impor­
encontraba siempre la élite noble de los dos primeros estados u órdenes. tante, todos los aspectos de las estructuras institucionales de la vida
Estas antiguas familias nobles e inmensamente ricas en la cima del poder pública — la administración, las costumbres y medidas, la ley, las con­
compartían una concepción de la autoridad política y social que manifes­ tribuciones y la Iglesia— llevaban el sello del privilegio y reconocimien­
taban a través de un ostentoso exhibicionismo en sus atuendos, en sus to histórico a lo largo de los siete siglos de expansión territorial de la
moradas y en el consumo de lujos. monarquía. El precio pagado por la monarquía por la expansión de sus
El primer y segundo estado constituían corporaciones privilegiadas: territorios desde el siglo xi había sido el reconocimiento de «derechos» y
es decir, la monarquía había reconocido ya tiempo atrás su estatus privi­ «privilegios» especiales para las nuevas «provincias». En efecto, el reino
legiado a través, por ejemplo, de códigos legales distintos para sus miem­ incluía un extenso enclave — Aviñón y el Condado Venesino— que conti­
bros y de la exención del pago de impuestos. La Iglesia pagaba tan sólo nuó perteneciendo al papado desde su exilio allí en el siglo xiv.
una contribución voluntaria (don gratuit) al Estado, normalmente no más La constitución por la que el rey gobernaba Francia era consuetuáina-
del 3 por ciento de sus ingresos, por decisión del sínodo gobernante. Los ria, no escrita. Una parte esencial de la misma establecía que Luis era rey
nobles estaban generalmente exentos del pago directo de contribuciones de Francia por la gracia de Dios, y que él solo se hacía responsable ante
salvo del modesto vingtiéme (vigésimo), un recargo impuesto en 1749. No Dios del bienestar de sus súbditos. El linaje real era católico y se transmi­
obstante, las relaciones entre las órdenes privilegiadas y el monarca — el tía solamente a través de los hijos mayores (ley sálica). El rey era el jefe
tercer pilar de la sociedad francesa— estaban basadas en la dependencia del ejecutivo: nombraba a los ministros, diplomáticos y altos funciona­
mutua y la negociación. El rey era el jefe de la Iglesia galicana, que goza­ rios, y tenía la potestad de declarar la guerra y la paz. Sin embargo, al
tener los parlamentos la responsabilidad de certificar los decretos del rey,
11. Alain Collomp, La Maison du pére: Famille et vil¡age en I Íautc-Provence auxhabían ido asumiendo paulatinamente el derecho a hacer algo más que
xvu* et xvm* siécles (París, 1983), p. 286. revisar su corrección jurídica; es decir, los parlamentos insistían en que sus
«advertencias» podían también defender a los súbditos de las violaciones coincidía con el de los parlamentos (parlem ents y conseils souverains).
de sus privilegios y derechos a m enos que el rey decidiese utilizar la se­ El Parlamento de París ejercía su poder sobre medio país, mientras que el
sión para imponer su voluntad. conseil souverain de Aras tenía sólo una pequeña jurisdicción local. Nor­
Los compromisos históricos a los que los monarcas franceses habían malmente, el centro de administración, la archidiócesis y la capital judi­
tenido que sucumbir para garantizar la aquiescencia de las provincias cial tenían sede en distintas ciudades dentro de la misma provincia. Ade­
recién adquiridas a lo largo de los siglos se manifestaban en los compli­ más, rebasando todas estas fronteras aún había otra antigua división entre
cados acuerdos relativos a los impuestos en todo el país. El impuesto la ley escrita o romana del sur y la ley consuetudinaria del norte. A am­
directo más importante, la taille (la talla), variaba según las provincias y bos lados de esta división había decenas de códigos de leyes locales; por
algunas ciudades habían comprado el modo de escabullirse por completo. supuesto, tanto el clero com o la nobleza tenían también sus propios códi­
El principal impuesto indirecto, la gabelle (la gabela) sobre el consumo gos específicos.
de la sal, variaba de más de 60 libras por cada 72 litros hasta sólo 1 libra y Los que se dedicaban al comercio y a los distintos oficios se quejaban
10 céntimos. Olwen Hufton describe grupos de mujeres ostensiblemente de las dificultades que en su trabajo les creaba la multiplicidad de jurisdic­
embarazadas haciendo contrabando de sal en Bretaña, la zona en que los ciones y códigos legales. También la multiplicidad de sistemas moneta­
impuestos eran más bajos, y llevándola hacia el este, a las zonas que rios, de pesos y medidas — las medidas de tamaño y volumen no estaban
mayores impuestos pagaban, para venderla clandestinamente y obtener unificadas en todo el reino— y las aduanas internas suponían obstácu­
ganancias con este producto de primera necesidad.12 los insalvables. Los nobles y las ciudades imponían sus propios peajes
En cuanto a la administración, las palabras clave eran excepción y ipéages) a los productos que se trasladaban por ríos y canales. En 1664
exención. Las cincuenta y ocho provincias de la Francia del siglo xvm casi todo el norte de Francia había formado una unión de aduanas, pero
estaban agrupadas a efectos administrativos en 33 généralités (véase seguía habiendo aduanas entre dicha unión y el resto del país, aunque no
mapa 2). Éstas variaban enormemente en tamaño y raramente coincidían siempre entre las provincias fronterizas y el resto de Europa. Para las pro­
con el territorio que cubrían las archidiócesis. Además, los poderes que vincias orientales era más fácil comerciar con Prusia que con París.
los principales administradores del rey (intendants) podían ejercer varia­ Todos los ámbitos de la vida pública en la Francia del siglo xvm esta­
ban considerablemente. Algunas de las généralités (generalidades), cono­ ban caracterizados por la diversidad regional y la excepcionalidad, y la
cidas como pays d ’état (países de Estado), com o la Bretaña, el Langue­ constante resistencia de las culturas locales. Las estructuras instituciona­
doc y la Borgoña, reclamaban una cierta autonomía en la distribución de les de la monarquía y los poderes corporativos de la Iglesia y la nobleza
los impuestos que otras zonas, los pays d ’élection (países de elección), no estaban siempre implicadas mediante prácticas locales, exenciones y
tenían. Las diócesis se alineaban en tamaño y riqueza desde la archidió­ lealtades. La región de Corbiéres perteneciente al Languedoc nos propor­
cesis de París hasta los «évéchés crottés» u «obispados enlodados», pe­ ciona un interesante ejemplo de esta complejidad institucional y de*las
queños obispados que no eran más que el producto de acuerdos políticos limitaciones con las que se encontraba la monarquía al tratar de ejercer
de siglos anteriores, especialmente en el sur durante el exilio del papado control sobre la vida diaria. Aquélla era una zona geográficamente bien de­
a Aviñón en el siglo xiv. limitada cuyas 129 parroquias hablaban todas occitano, con excepción
El mapa de las fronteras administrativas y eclesiásticas de Francia no de tres pueblos catalanes en su frontera sur. Sin embargo, la región estaba
dividida a efectos administrativos, eclesiásticos, judiciales y contributi
vos entre los departamentos de Carcasona, Narbona, Limoux y Perpiñán.
12. Olwcn Hufton, «Womcn and the Family Economy in Eightccnth-Ccntury Frail­
Los límites de estas instituciones no eran fijos: por ejemplo, los pueblos

!
ee», French Historical Sludies, 9 (1975), pp. 1-22; Hufton, The Prospect before Her: A
History ofWomen in Western Europe, 1500-1800 (Nueva York, 1996), esp. cap. 4; Roche, vecinos administrados por Perpiñán pertenecían a diferentes diócesis. En

!
France in the Enlightenment, cap. 7, pp. 287-299. Corbiéres había diez volúmenes distintos para los que se utilizaba el tér­

I
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H
mino setier (normalmente, unos 85 litros), y no menos de cincuenta me­
didas para definir un área: la sétérée abarcaba desde 0,16 hectáreas en las
tierras bajas hasta 0,51 en las tierras altas.
Voltaire y otros reformistas hicieron campaña en contra de lo que con­
sideraban la intolerancia y crueldad del sistema judicial, especialmente en
el famoso caso de la tortura y ejecución en 1762 del protestante de Tou-
louse Jean Calas, condenado por el supuesto asesinato de su hijo para evi­
tar su conversión al catolicismo. El sistema punitivo que Voltaire y otros
condenaban era una manifestación de la necesidad que tenía el régimen de
ejercer el control sobre su inmenso y diverso reino mediante la intimida­
ción y el temor. Los castigos públicos eran severos y a menudo espectacu­
lares. En 1783, un monje capuchino apartado del sacerdocio acusado de
agredir sexualmente a un muchacho y apuñalar a su víctima diecisiete
veces fue quebrado en la rueda y quemado vivo en París; y dos mendigos
de Auvernia fueron también despedazados en la rueda en 1778 por haber
amenazado a su víctima con una espada y un rifle. En total, el 19 por ciento
de los casos comparecidos ante el tribunal prebostal de Toulouse entre 1773
y 1790 acabaron en ejecución pública (alcanzando incluso el 30,7 por
ciento en 1783) y otros tantos en cadena perpetua en prisiones navales.
Sin embargo, para la mayoría de los contemporáneos la monarquía de
Luis XVI parecía el más estable y poderoso de todos los regímenes. Aun­
que la protesta fuera endémica — tanto en forma de disturbios por la
comida como de quejas sobre los atrevimientos de los privilegiados— ,
casi siempre se desarrollaba dentro del sistema: es decir, contra las ame­
nazas a una forma idealizada en la que se suponía que el sistema había
funcionado anteriormente. Efectivamente, durante los motines populares
más generalizados en los años previos a 1789 — la «guerra de la harina»
en el norte de Francia en 1775— los amotinados gritaban que estaban

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estando a la vanguardia de la iniciativa militante contra los nobles después
y «conciencia de clase» en la Francia del siglo xvm . David Garrioch
de 1789, encontraban apropiado e incluso deseable añadir un prefijo o su­ comienza su estudio de «la formación de la burguesía parisina» afirman­
fijo noble a su apellido plebeyo: de Robespierre, Brissot de Warville, y do que «no había burguesía parisina alguna en el siglo xvm », es decir,
Danton. Por otro lado, hay que señalar que los distintos grupos profesiona­ que los burgueses no se definían a sí mismos como parte integrante de
les que conformaban la burguesía no se definían a sí mismos como miem­
una «clase» con intereses y puntos de vista similares. Los diccionarios
bros de una «clase» compacta, unida a lo largo y ancho de todo el país por
de la época definían el término burgués por lo que no era — ni noble ni
los cargos que desempeñaban y por intereses socioeconómicos similares.
obrero manual— o utilizando «burgués» como término despectivo.
Sin embargo, podría resultar mucho más esclarecedor el considerar a
No obstante, como Sarah Maza nos muestra, ello no equivale a decir
la élite de la burguesía como un grupo que buscaba ingresar en el mundo
que no hubiera crítica de la nobleza: al contrario, las causes célebres que
de la aristocracia trastornándolo al mismo tiempo sin darse cuenta. Los
ha estudiado a través de la publicación de informes judiciales de tiradas
burgueses más acaudalados trataban de comprar cargos y títulos nobles,
de hasta 20.000 en los años 1780 demuestran un frecuente y poderoso
pues éstos les aportaban riqueza y a la vez un puesto en aquella sociedad.
rechazo de un mundo aristocrático tradicional que aparece descrito como
N o es de sorprender que intentasen abrirse camino en un mundo que nun­
violento, feudal e inmoral, y opuesto a los valores de la ciudadanía, racio­
ca habrían imaginado que pudiese terminar. Por ejemplo, Claude Périer,
nalidad y utilidad.3 En el mundo cada vez más comercial de finales del
el adinerado propietario de una fábrica textil de Grenoble, que también
siglo xvm , los nobles discutían acerca de si la abolición de las leyes de
poseía una plantación de azúcar en Santo Domingo, pagó un millón de
dérogeance (degradación) para permitir su ingreso en el comercio resuci­
libras por varios señoríos y el inmenso castillo de V izille en 1780, don­
taría la «utilidad» de la nobleza a ojos de los plebeyos. Lo que todo ello
de construyó una nueva fábrica textil. El rendimiento de sus señoríos
sugiere es que, aunque entre la burguesía no había conciencia de clase
— 37.000 libras anuales— era aproximadamente el mismo que el que po­
con un programa político, sí había sin lugar a dudas una enérgica crítica
dría haber obtenido de haber llevado a cabo otras alternativas de inver­
de los órdenes privilegiados y de las supuestamente anticuadas reivindi­
sión. No obstante, aunque la burguesía más acomodada pusiera todas sus
caciones de las funciones sociales en las que se sustentaban.
esperanzas y fortunas en lograr el ingreso en la nobleza, nunca dejaban de
Si los cambios se manifestaban en la forma en que se expresaba el
ser «intrusos»: sus reivindicaciones por alcanzar prestigio no sólo se basa­
debate público en los años previos a 1789, ¿no es eso indicativo de mayo­
ban en sus distintos logros, sino que su mismo éxito resultaba subversivo
res cambios en la sociedad francesa? Recientemente los historiadores han
para la raison d'étre del estatus de nobleza. A su vez, los nobles que emu­
vuelto al estudio de lo que ellos llaman «cultura material» de la Francia
laban a la burguesía tratando de parecer «progresistas» y se uníán, por
del siglo xvm , es decir, de los objetos materiales y prácticas de la vida
ejemplo, a las logias masónicas, socavaban la exclusividad de su orden.
económica. No obstante, no han dado este paso para recuperar las viejas
Otros historiadores han tildado de «infructuosas» y «zanjadas» las
interpretaciones marxistas de la vida cultural e intelectual como «reflejos»
cuestiones acerca de los orígenes sociales y económicos de la revolución
de la estructura económica, sino más bien para comprender los significa
y afirman que sus orígenes y naturaleza pueden observarse mejor a través
dos que la gente de la época otorgaba a su mundo a través de su conducta
de un análisis de la «cultura política», según palabras de Lynn Hunt, del
y también de sus palabras. De ello se desprende que una serie de cambios
papel de los «símbolos, el lenguaje, y el ritual al inventar y transmitir una
tradición de acción revolucionaria».2 Efectivamente, algunos historiado­
res han puesto en tela de juicio la idoneidad de términos com o «clase» Social Change: Why there was no Middlc-Class Consciousness in Prercvolutiomiiy
France», Journal o f Modern History, 69 (1997), pp. 199-229.
3. David Garrioch, The Formation o f the Parisian Bourgeosie I690-IH3I) (Cambridge,
2. Lynn Hunt, «Prólogo» a Mona Ozouf, Festivals and the French Revolution, trad.
Mass., 1996), p. 1; Sarah Maza, Prívate Uves and Public Affairs: The Causes Célebres <>J
Alan Sheridan (Cambridge, Mass. 1988), pp. ix-x; Sarah Maza, «Luxury, Morality, and
Prerevolutionary France (Berkeley, Calif., 1993); y «Luxury, Morality, and Social Change».
interrelacionados — económicos, sociales y culturales— estaba socavan­ Coincidiendo con la articulación de estos valores y con el gradual,
do las bases de la autoridad social y política en la segunda mitad del si­ prolongado e irregular cambio económico, se produjo una serie de desa­
glo xvm. La expansión limitada pero totalmente visible de la empresa ca­ fíos intelectuales a las formas políticas y religiosas establecidas, que los
pitalista en la industria, en la agricultura de las tierras del interior de París, y historiadores denominan «Ilustración». La relación entre el cambio eco­
sobre todo en el comercio, vinculada al negocio colonial, generaba formas nómico y la vida intelectual se encuentra en el seno de la historia social
de riqueza y valores contrarios a las bases institucionales del absolutismo, de las ideas, y los teóricos sociales e historiadores permanecen divididos
una sociedad ordenada de privilegios corporativos y de reivindicacio­ acerca de la naturaleza de dicha relación. Los historiadores, especialmen­
nes de autoridad por parte de la aristocracia y de la Iglesia. Colin Jones ha te los marxistas, para los que los orígenes de la revolución están inextri­
calculado que el número de burgueses aumentó de unos 700.000 en 1700 a cablemente unidos al importante cambio económico experimentado, han
aproximadamente 2,3 millones en 1780. Incluso entre la pequeña burgue­ interpretado la Ilustración com o un síntoma de una sociedad en crisis,
sía se iba gestando una clara «cultura de consumo», patente en el gusto como la expresión de los valores y frustraciones de la clase media. Por
por los escritorios, espejos, relojes y sombrillas. Las décadas posteriores a consiguiente, para Albert Soboul, que escribió en 1962, la Ilustración era
1750 se revelaron com o una época de «revolución en el vestir», según en efecto la ideología de la burguesía:
palabras de Daniel Roche, en la que los valores de respetabilidad, decen­
cia y sólida riqueza se expresaban a través del vestir en todos los grupos La base económ ica de la sociedad estaba cambiando, y con ella se modifi­
sociales, pero especialmente entre las clases «medias». Los burgueses caron las ideologías. Los orígenes intelectuales de la revolución hay que
también se distinguían de los nobles y artesanos por su cuisine bourgeoise buscarlos en los ideales filosóficos que la clase media había estado plan­
teando desde el siglo xvn ... su conciencia de clase se había visto reforza­
(cocina burguesa), haciendo comidas menos copiosas y más regulares, y
da por las actitudes exclusivistas de la nobleza y por el contraste entre su
por sus virtudes íntimas de simplicidad en sus viviendas y modales.
avance en asuntos económ icos e intelectuales y su declive en el campo tic
Jones ha estudiado las diferentes expresiones de este cambio de valo­
la responsabilidad cívica.5
res en las revistas de la época. En los años ochenta, salieron al mercado el
Journal de santé y otras publicaciones periódicas dedicadas a la higiene y Esta visión de la Ilustración ha sido rebatida por otros historiadores cinc
a la salud, que abogaban por la limpieza de las calles y la circulación del hacen hincapié en el interés que muchos nobles mostraban por la filoso­
aire: la densa mezcla de sudor y perfume que despedían los cortesanos fía. Además, mientras que una generación de historiadores intelectuales
con sus pelucas era tan insoportable como el «hedor» de los campesinos veteranos tendía a mirar retrospectivamente desde la revolución a las ideas
y de los pobres en las ciudades, con su creencia en el valor medicinal de que parecían haberla inspirado, como el Contrato social de Rousseau,
la suciedad y la orina. El contenido de los anuncios y de las hojas de noti­ otros insisten en que el interés prerrevolucionario se centraba en su nove­
cias denominadas A ffiches, que se elaboraban en cuarenta y cuatro ciuda­ la romántica, La nueva Eloísa. *
des y leían unas 200.000 personas, se fue haciendo perceptiblemente cada
vez más «patriótico». En dichas páginas abundaba el uso de términos
of Buying: Medical Advertisemcnt, the Bourgeois Public Sphere, and the Origins of the
com o «opinión pública», «ciudadano», y «nación» en comentarios polí­
French Revolution», American HistóricaI Review, 101 (1996), pp. 13-40; Gcorgcs Viga-
ticos, y al mismo tiempo podía leerse en un anuncio en el A /fiche de relio, Lo limpio y lo sucio: la higiene del cuerpo desde la Edad Media, (Madrid, 1991),
Toulouse de diciembre de 1788 sobre «les véritables pastilles á la Neckre caps. 9-11. Roche trata el teína del desarrollo de una cultura comercial y de consumo de
(sic)»: gotas patrióticas para la tos «para el bien público».4 forma harto atractiva en France in the Enlightenment, caps. 5, 17, 19, y en The Culture o f
Clothing: Dress and Fashion in the «Ancient Regime», trad. Jean Birrell (Cambridge, 1994).
5. Albert Soboul, La Revolución Francesa, Crítica, Barcelona, 1994. (En la traducción
4. Colin Jones, «Bourgeois Revolution Revivificd: 1789 and Social Change», en inglesa — Londres, 1989— corresponde a las pp. 67-74.) En The Enlightenment (Cam­
Colin Lucas (ed.), Rewriling the French Revolution (Oxford, 1991); y «The (¡real Chain bridge, 1995) de Dorinda Outram encontramos una lúcida argumentación sobre el tema.
H15ífíttíTfffftttffífitiiiittiii
L A C R IS IS D E L A N T IG U O R É G IM E N 39

Al igual que la Ilustración no fue una cruzada intelectual unificada Para muchos filósofos esta crítica quedaba restringida por la aceptación
que socavara por sí sola los supuestos fundamentales del Antiguo Régi­ del valor social de los sacerdotes de parroquia com o guardianes del orden
men, tampoco la Iglesia católica fue un monolito que sustentara siempre público y de la moralidad. También los intelectuales, resignados por lo
el poder de la monarquía. Algunos de los filósofos más prominentes fue­ que consideraban la ignorancia y superstición de las masas, se volvieron
ron prelados: Mably, Condillac, Raynal y Turgot, entre otros. Por su parte, hacia los monarcas ilustrados com o la mejor manera de garantizar la libe-
Dale Van Kley insiste en la importancia del legado religioso de las no­ ralización de la vida pública.
ciones protestantes y jansenistas de libertad política y los desafíos a la Semejante liberalización propiciaría necesariamente el desencadena­
jerarquía eclesiástica. Si hacia 1730 la policía calculaba que el respaldo miento de la creatividad en lá vida económica: para los «fisiócratas»
a las críticas jansenistas de las jerarquías eclesiásticas ascendía a tres como Turgot y Quesnay, el progreso del mundo residía en liberar la ini­
cuartos de la población en los vecindarios más populares de París, ¿cuá­ ciativa y el comercio (laissez-faire, laissez-passer). Al suprimir obstácu­
les podrían haber sido las consecuencias a largo plazo? A pesar de la los a la libertad económica — gremios y controles en el comercio de los
supresión del jansenismo a lo largo del siglo, su valores sobrevivieron en­ cereales— y fomentar las «mejoras» agrícolas y los cercados, la riqueza
tre los «richeristas», seguidores de un canónigo jurista del siglo xvn que económica que se crearía sustentaría el «progreso» de las libertades civi­
aseguraba que Cristo no había nombrado «obispos» solamente a los doce les. Dichas libertades habían de ser sólo para los europeos: con escasas
apóstoles, sino también a los setenta y dos discípulos o «sacerdotes» excepciones, los filósofos desde Voltaire hasta Helvetius racionalizaron
mencionados en Lucas.6 la esclavitud en las plantaciones justificándola com o el destino natural de
Sin embargo, había una conexión fundamental entre los temas princi­ los pueblos inferiores. En 1716-1789 el volumen de com ercio a través
pales de la nueva filosofía y la sociedad a la que ponía en tela de juicio. de los grandes puertos se multiplicó por cuatro, es decir, creció en un 2 o
La vibrante vida intelectual de la segunda mitad de siglo era producto de 3 por ciento anual, en parte debido al tráfico de esclavos. Marsella, con
aquella sociedad. N o es de extrañar que los objetivos principales de la 120.000 habitantes en 1789, estaba económicamente dominada por 300
literatura crítica fueran el absolutismo real y la teocracia. En palabras de grandes familias de comerciantes que constituían la fuerza que apoyaba a
Diderot en 1771: la Ilustración y al mismo tiempo representaban el crecimiento económ i­
co. Una de ellas dijo en 1775:
Cada siglo tiene su propio espíritu característico. El espíritu del nuestro
parece ser la libertad. El primer ataque contra la superstición fue violento,
El comerciante al que me refiero, cuyo estatus no es incompatible con la
desenfrenado. Una vez que el pueblo se ha atrevido de alguna manára a
más rancia nobleza o los más nobles sentim ientos, es aquel que, superior
atacar la barrera de la religión, esta misma barrera que es tan impresio­
por virtud de sus opiniones, su genio y su empresa, añade su fortuna a la
nante y a la vez la más respetada, ya es im posible detenerlo. D esde el
riqueza del Estado ...8 *
m om ento en que lanzaron miradas amenazadoras contra la celestial
majestad, no dudaron en dirigirlas a continuación contra el poder terrenal.
La cuerda que sujeta y reprime a la humanidad está formada por dos En estos términos la Ilustración aparece com o una ideología de clasc.
ramales: uno de ellos no puede ceder sin que el otro se rompa.7 Pero ¿cuál era la incidencia social de sus lectores? Los historiadores se han
acercado a valorar los cambios culturales de los años setenta y ochen­
ta, precisamente en el ámbito de la historia social de la Ilustración. Par­
6. Roche, France in the Enlightenment, cap. 11; Dale Van Kley, The Religious Ori- tiendo de la premisa de que la edición es una actividad comercial múltiple,
gins o f the French Revolution: From Calvin to the Civil Constituíion, 1560-1791 (New
Haven, 1996).
7. John Lough, An Introduction to Eiglueenth-Century France (Londres, 1960), 317;
Roche, France in the Enlightenment, caps. 18, 20. 8. Roche, France in the Enlightenment, pp. 159, 167.
Robert Darnton ha intentado descubrir, mediante el análisis del comercio El tono irreverente aunque moralista de dichas publicaciones y can­
suizo clandestino de libros, lo que quería el público lector. En un régimen ciones hacía mofa de la Iglesia, de la nobleza y de la propia familia real
de fuerte censura, las ediciones pirata baratas de la Enciclopedia entra­ por su decadencia e impotencia, socavando al mismo tiempo la mística de
ban de contrabando en el país procedentes de Suiza y se llegaron a vender aquellos que habían nacido para gobernar y su capacidad para hacerlo.
unos 25.000 ejemplares entre 1776 y 1789. A pesar de que las autori­ Poco importaba que la hija de Luis hubiese nacido en 1778, y sus hijos en
dades del Estado toleraban el com ercio de ediciones baratas de obras 1781 y 1785. Incluso en las ciudades de provincias dominadas por los
como la Enciclopedia o la Biblia, existía al mismo tiempo un comercio órdenes privilegiados, como Toulouse, Besangon y Troyes, la Enciclope­
sumergido de libros prohibidos que resulta harto revelador, pues toda una dia y la osadía de la literatura clandestina encontraron un mercado ham­
amplia red de personas, impresores, libreros, vendedores ambulantes y briento. A partir de 1750, esgrime Arlette Farge, la clase obrera de París
arrieros, arriesgaba la cárcel para obtener beneficios de las demandas se implicó mucho más en los debates públicos, no porque las obras de
del público. Los catálogos suizos ofrecían a los lectores de las distintas los intelectuales de la Ilustración se hubiesen filtrado hasta el pueblo,
capas de la sociedad urbana una mezcla socialmente explosiva de filoso­ sino en respuesta a lo que éste consideraba el gobierno arbitrario de la
fía y obscenidad: las mejores obras de Rousseau, Helvetius y Holbach monarquía.
competían con títulos com o Venus dans le cloitre, ou la religieuse en La Ilustración no fue simplemente un movimiento cultural con con­
chem ise, y La Filie de jo ie . L ’A m our de Charlot et Toinelte empezaba con ciencia propia: se vivió de manera inconsciente, con valores cambiantes.
una descripción de la reina masturbándose y de sus intrigas amorosas Inventarios de propiedades realizados en París en 1700 evidenciaron que
con su cuñado, a la vez que ridiculizaba al rey: los libros estaban en manos de un 13 por ciento de asalariados, un 32 por
ciento de magistrados y un 26 por ciento de nobles de espada: en la se­
Es de sobra sabido que el pobre Señor
gunda mitad de siglo, las cifras eran del 35, 58 y 53 por ciento respectiva­
tres o cuatro veces condenado ...
mente. David Garrioch, el historiador del J'aubourg St.-Marcel, ha compa­
por absoluta impotencia
no puede satisfacer a Antoinette. rado los testamentos de dos acaudalados curtidores. A su muerte en 1734
De esta desgracia estam os seguros dejó N icolás Bouillerot 73 libros, todos ellos de religión. Jean Auffray,
puesto que su «cerilla» que murió en 1792, era menos rico pero dejó 500 libros, entre los que
no es más gruesa que una brizna de paja había obras de historia y clásicos en latín, así com o una serie de mapas
siempre blanda y siempre encorvada ... , y panfletos. Obviamente, esto podría no ser más que un ejemplo de los
gustos literarios de dos individuos, pero para Garrioch ilustra más bien
El tono subversivo de estos libros y panfletos era imitado en las cancio­ los valores e intereses cambiantes entre la burguesía para quien la Ilustra-
nes populares. Un empleado del departamento encargado de regular el •/ * 1 0 A
ción era «una forma de vida».
comercio de libros acudió a su superior para pedirle que impusiese una Otra aproximación a la Ilustración se inspira fundamentalmente en el
censura más severa: «Observo que las canciones que se venden en la calle trabajo del sociólogo alemán Jürgen Habermas, que escribió en la década
para entretenimiento del populacho les instruyen en el sistema de la liber­ de los sesenta de nuestro siglo en el contexto de la historia reciente de su
tad. La chusma de la más baja ralea, creyéndose parte del tercer estado,
ya no respeta a la alta nobleza».9
1989 de la novela de Choderlos de Lacios, Las amistades peligrosas, Planeta, Barcelo­
na, 1991, de 1782, y en la película de 1997 Ridicule.
9. Robert Darnton, The Literary Background o f the Oíd Regime (Cambridge, Mass., 10. Garrioch, Formalion o f the Parisian Bourgeoisie, 278; Roche, France in the
1982), pp. 200; Roche, France ¡n the Enlightenment, 671. Los orígenes culturales de la Enlightenment, p. 199; Arlette Farge, Subversive Words: Public Opinión in Eighteenth—
Revolución Francesa se analizan de forma convincente en la versión cinematográfica de Century France, trad. Roscniary Morris (Oxford, 1994).
llllllllllí nitlüíífitit'mnn
país y de los emergentes conocim ientos de la Rusia de Stalin. Para «propiedades», y «corporaciones». Daniel Roche hace hincapié en la
Habermas, la Ilustración tenía que ser entendida com o la expresión inte­ importancia de la «crisis cultural» evidente en una nueva «esfera pública
lectual de la cultura política democrática. Historiadores recientes han de razón crítica» en los salones de París, sociedades eruditas y logias
desarrollado las nociones de Habermas sobre cultura política y espacio masónicas: «En algunos aspectos la ruptura con el pasado ya se había
público yendo más allá de la historia de la élite intelectual hasta los producido: la censura no conseguía nada, y un reino de libertad estaba
«espacios» en los que las ideas se articularon y defendieron. Por ejemplo, emergiendo a través de un consumo de productos cada vez más intenso,
a diferencia de las corporaciones, el mundo privilegiado de las academias rápido y elocuente».12 En el mundo del arte existía también la misma
aristocráticas era mucho más abierto, las logias masónicas de librepensa­ relación compleja entre el público lector y el escritor, ilustrada por la aco­
dores eran una forma de sociabilidad masculina y burguesa que proliferó gida que el público dispensó a la obra de David El ju ra m en to tic los
abundantemente después de 1760: a pesar de los mandamientos de varios H oracios en 1785, con su exaltación de la conducta cívica percibida
papas (que no evitaron que 400 sacerdotes se unieran a ellas), había unos como virtuosa. Este tema halló resonancia entre la audiencia de la dasi-
210.000 miembros en 600 logias en la década de 1780. La expansión de media educada en los clásicos. El autor de Sur la peinlurc ( 1782) atacaba
la francmasonería era en parte la expresión de una cultura burguesa la pintura convencional y la decadencia de la élite social, exhortando .1

característica fuera de las normas de la élite aristocrática. Los hombres los críticos de arte a comprometerse «en consideraciones do ca r a d a
de negocios, excluidos de las academias de los nobles, constituían del 30 moral y político».
al 35 por ciento de las logias, que atraían también a los soldados, a ios El inquieto mundo de la literatura en la década de los ochenta era
funcionarios públicos y a los hombres que ejercían profesiones liberales. esencialmente una fenómeno urbano: en Paris, por ejemplo, había una
En París, el 74 por ciento de los francmasones procedían del tercer esta­ escuela primaria para cada 1.200 personas, y la mayoría de hombres y
do. Sin embargo, Dena Goodman arguye que la francmasonería fue un mujeres sabía leer. En las zonas rurales, la principal fuente de palabras
espacio masculino opuesto al mundo de los salones parisinos donde las impresas que los pocos alfabetizados podían leer de vez en cuando en voz
mujeres desempeñaban un papel fundamental en la creación de espacios alta en las reuniones nocturnas (veillées) era la Biblia, los almanaques
feminizados y en los que se ejercía el libre pensamiento." populares de festivales y estaciones, y la Bibliothéque b leue.'1 Esta última
La verdadera importancia de la Ilustración, pues, es la de ser el sínto­ la constituían ediciones rústicas y baratas producidas en cantidades masi­
ma de una crisis de autoridad y parte de un discurso político mucho más vas, que ofrecían a los pobres del campo un escape a su miseria cotidiana
amplio. Mucho antes de 1789, los términos de «ciudadano», «nación», para adentrarse en un mundo medieval de maravillas sobrenaturales,
«contrato social» y «voluntad general» ya circulaban por la sociedad vidas de santos y magia. Aunque parece que se produjo una seculariza­
francesa, en claro enfrentamiento con el viejo discurso de «órdenes», ción del tipo de información contenida en los almanaques, no hay prueba
alguna de que los temas de lectura vendidos en el campo por los colpor-
teurs (buhoneros) estuvieran imbuidos de preceptos «ilustrados».
II. En lo relativo a los «espacios» de la vida en sociedad, véase Thomas E. Crow, N o obstante, la Francia rural estaba en crisis en la década de 1780. En
Pintura y sociedad en el Paris del siglo xvm (Nerea, Madrid, 1989); Joan B. Landcs,
Montigny (véase capítulo I), el tratado de libre comercio con Inglaterra
Women and the Public Sphere in the Age o f the French Revolution (Ithaca, NY, 1988), cap. 1;
Jack Censcr y Jeremy Popkin (eds.), Press and Politics in Pre-Revolutionary France
(Bcrkelcy, Calif., 1987); Dena Goodman, The Republic o f Letters: A Cultural History o f
the French Enlightenment (Ithaca, NY, 1994); Margaret C. Jacob, Living the Enlighten- 12. Roche, France in the Enlightenment, p. 669.
ment: Freemasonry and Politics in the Eighteenth-Century Europe (Oxford, 1991); y 13. Emmet Kennedy, /I Cultural History o f the French Revolution (New llaven,
Roche, France in the Enlightenment, cap. 13. En la Introducción de Prívate Lives and 1989), pp. 38-47. Roger Chartier duda de la práctica de la lectura en voz alta en Cultural
Public Affairs, de Maza, encontraremos una lúcida exposición del uso que los historiado­ History; Between Practices and Representations, trad. Lidia Cochrane (Cambridge,

V
res han hecho de Habermas. 1988), cap. 7.
en 1786 fue un duro revés para la industria textil; también los productores comunidad. Gradualmente, el sistema de señoríos se fue convirtiendo en
rurales se vieron sacudidos por la triplicación de los arriendos de las poco más que una estafa. La respuesta de los señores a este desafio a su
tierras propiedad de la Iglesia en los años ochenta y por las malas cose­ autoridad y riqueza — desde arriba y desde abajo— hizo que parecieran
chas de 1788. En Borgoña, por lo menos, el discurso mediante el que los especialmente agresivos. Algunos historiadores que argumentan que el
pueblos ponían en tela de juicio los derechos de señorío estaba salpicado feudalismo ya había dejado efectivamente de existir a finales del s i­
de nociones de ciudadanía y de llamamientos a la utilidad social y a la glo xvm tienen razón sólo en la medida en que el concepto de noblesse
razón. Hay abundantes pruebas de nobles que empleaban abogados feu- oblige parecía haber perdido toda validez frente a señores ausentes que
distas para controlar o forzar la exacción de los tributos como medio de obtenían su superávit de un campesinado reticente. Si en el Rosellón y la
aumentar los ingresos en tiempos de inflación, cosa que más tarde se Bretaña el régimen señorial era relativamente permisivo y bastante dis­
denominó «reacción feudal». En 1786, por ejemplo, la familia de Saulx- creto, en otros extremos del país no era en absoluto así, como ocurría en
Tavanes en Borgoña utilizó su ascenso al ducado para doblar todos sus zonas del centro de Francia o del Languedoc. Este resentimiento hacia
tributos durante un año, resucitando así una práctica que no se usaba des­ los señoríos hizo que las comunidades rurales se uniesen en contra de sus
de el siglo x i i i . Sus inversiones en la mejora de las granjas, nunca por señores.15
encima del 5 por ciento de sus ganancias, disminuyeron hasta desapare­ Los campesinos no se sometían incondicionalmente al poder de aque­
cer a finales de la década de los ochenta, mientras que los arriendos se llos a quienes habían aprendido a respetar. En las tierras bajas del Lan­
duplicaron para que los nobles pudieran pagar sus deudas. Un funciona­ guedoc, en especial, tenemos evidencias de la «mentalidad» que Olwen
rio de Hacienda que viajaba por el suroeste de Francia quedó asombrado Hufton y Georges Fournier nos describen, de jóvenes que con frecuencia
al ver que había nobles que imponían «derechos y tributos desconocidos rebaten la autoridad del señor, del c u r é , y de los funcionarios locales,
u olvidados», como una ta lla extraordinaria que un noble magistrado del exhibiendo una terquedad que las autoridades tachaban de «espíritu repu­
Parlamento de Toulouse hacía pagar cada vez que compraba tierras. Esta blicano». Examinemos algunos ejemplos de la región de Corbiéres en el
reacción se produjo en el contexto de una prolongada inflación en la que Languedoc, al sudeste de Carcasona. Un jornalero de Albas comentó a
el precio de los cereales sobrepasó el de los salarios de los labradores, y sus compañeros mientras pasaba su señor: «Si hicierais lo que hago yo
las malas cosechas de 1785 y 1788 doblaron los precios. Todas estas cir­ pronto pondríamos en su sitio a esta clase — de señoritos». Luego le dijo
cunstancias juntas explican la escalada de conflictos en el campo: unas a un herrero: «Si todos hicierais lo que hago yo, no sólo no os descubri­
tres cuartas partes de las 4.400 protestas colectivas registradas en los ríais la cabeza cuando pasáis por delante de ellos, sino que ni siquiera los
años 1720-1788 se produjeron después de 1765, casi todas en forma de reconoceríais como señores, porque por lo que a mí respecta, nunca me
disturbios a causa de la comida y en contra de los señoríos.14 he descubierto la cabeza ni nunca en mi vida lo haré, no son más que un
Esto concuerda con las tesis de Tocqueville de una ingerencia estatal enorme montón de escoria, ladrones, jóvenes ...» . En la localidad cercana
cada vez mayor y más poderosa que convertía a la nobleza en un colecti­ de Termes, un hombre llevó a su cuñado a los tribunales en los años pre­
vo «disfuncional» socavando la justificación teórica de sus privilegios. vios a la revolución por haber dicho «que se comportaba como un señor,
Los tributos de señorío no podían ya legitimarse com o el precio que con su tono arrogante». Aquellos que los sacerdotes, nobles y personas
tenían que pagar los no privilegiados para el alivio de los pobres, o la pro­
tección y la ayuda de sus señores, que raramente estaban presentes en la
15. El argumento de que el «feudalismo» estaba muerto lo plantea de forma contun­
dente Alfred Cobban, La interpretación social de la Revolución Francesa (Narcea, Ma­
14. Hilton L. Root, Peasant and King in Burgundy: Aguarían Foundatíons o f French drid, 1976; en 1999 se publicó una segunda edición en ingles con una introducción a
Absolutism (Berkeley, Calif., 1987); Forster, The House ofSaulx-Tavanes, ca|>. 2; Jones, cargo de Gwynne Lewis); y Emmanuel Le Roy Ladurie, en Georges Duby y Armand
Peasantry, pp. 53-58. Wallon (cds.), Histoire de la France rurale (Paris, 1975), vol. 2, csp. pp. 554-572.
acomodadas del lugar describían com o «libertinos» y «sediciosos» eran Obviamente, resulta comprensible que un hombre en semejante posición
en una abrumadora mayoría jóvenes campesinos, y las tres cuartas partes lamente el desmoronamiento de las pautas de comportamiento idealizadas,
de los incidentes en que estaban implicados tenían que ver con su negati­ pero hay indicios de que no estaba equivocado respecto a la erosión del
va a mostrar «signos de sumisión». En 1780 un joven de Tuchan se mofó respeto y la deferencia.
del señor del lugar con una canción harto provocadora en occitano, acu­ La advertencia de Bazin de Bezons fue escrita el mismo año en que
sándole de ir «detrás de las faldas» y aludiendo a una de sus conquistas: las colonias norteamericanas de Gran Bretaña declararon su indepen­
dencia, provocando la ingerencia francesa a su favor y haciendo estallar
Regardas lo al front Mírala, tiene la cara una crisis financiera. Es posible que el triunfo de la guerra de la indepen­
sen ba trouba aquel homme de ir a buscar a aquel hombre
dencia sufragada por Estados Unidos apaciguara de alguna manera las
jusquos dins souns saloun. en su propio salón.
hum illaciones sufridas por Francia a manos de Inglaterra en la India,
Bous daisi a pensa Os dejo que imaginéis
Canadá y el Caribe; no obstante, la guerra había costado más de mil mi­
se que naribara. lo que allí sucederá.16
llones de libras, dos veces las rentas del Estado. Cuando después de 178.1
el Estado real se tambaleó en una crisis financiera, las cambiantes cstna­
Georges Fournier distingue signos claros de creciente fricción en el Lan­ turas económ icas y culturales de la sociedad francesa provocaron res
guedoc en el seno de las comunidades rurales y entre ellas y sus seño­ puestas conflictivas a las demandas de ayuda de Luis XVI. Los costes dr
res en la segunda mitad del siglo xvm . Los antiguos resentimientos hacia la guerra cada vez mayores, el mantenimiento de una corte y una buró
el sistema de señoríos se vieron agravados por la consistencia con que el cracia en expansión, y el pago de los intereses de una enorme deuda obli
rígido y aristocrático Parlamento de Toulouse defendió los derechos de garon a la monarquía a buscar el modo de reducir la inmunidad do la
los señores contra sus comunidades por el acceso a las accidentadas lade­ nobleza en lo relativo a los impuestos y la capacidad de los parlamentos
ras (garrigues) utilizadas como pastos para las ovejas. En aquellos tiem­ de resistirse a los decretos reales. La arraigada hostilidad de gran parte de
pos los miembros de la élite sabían también que las relaciones sociales la nobleza respecto a la reforma fiscal y social se generó a causa de dos
estaban cambiando. En 1776, hacia finales de su prolongado y activo antiguos factores: primero, por las reiteradas presiones del gobierno real
período como obispo de Carcasona, Armand Bazin de Bezons advirtió a que redujeron la autonomía de la nobleza y, segundo, por el desafio de
sus superiores en Versalles que: una burguesía más rica, más numerosa y más crítica y de un campesinado
claramente descontento de los conceptos aristocráticos de propiedad,
desde hace algún tiempo el espíritu de rebelión y la falta de réspeto por jerarquía y orden social.
los mayores se ha vuelto intolerable ... no hay remedio alguno para ello
Los sucesivos intentos de los ministros reales por convencer a las
porque la gente cree que es libre; la palabra «libertad», conocida incluso
Asambleas de Notables de que eliminasen los privilegios fiscales*del se­
en las más recónditas montañas, se ha convertido en una irrefrenable
gundo estado fracasaron debido a la insistencia de aquélla en que sólo
licencia ... Espero que esta impunidad no nos lleve al final a cosechar fru­
tos amargos para el gobierno. una asamblea de representantes de los tres órdenes como los Estados Ge­
nerales podía aceptar dicha innovación. Al inicio, Calonne trató de con­
vencer a una asamblea de 144 «Notables», de la que sólo diez miembros
no eran nobles, en febrero de 1787, ofreciendo concesiones com o el osla
16. Peter McPhee, Revolution and Environment in Southern France: Peasants,
blecimiento de asambleas en todas las provincias a cambio de la intro­
Nobles and Murder in the Corbiéres, 17X0-1830 (Oxford, 1999), 36-39; Olwen Hufton,
«Altitudes towards Authority in Eighteenth-Century Languedoc», Social History, 3 ducción de un impuesto territorial universal, de la reducción de la tulla
(1978), pp. 281-302; Georges Fournier, Démocratie et vie municipale en Languedoc du y la gabela, y de la abolición de las aduanas internas. Sus propuestas li a
milieu du xvm*' au début du xixr siécle, 2 vols. (Toulouse, 1994). casaron principalmente a causa del impuesto territorial. Tras la dimisión
de Calonne en abril, su sucesor Loménie de Brienne, arzobispo de Toulouse, Por último, que el poder legislativo reside en la persona del soberano,
tampoco logró convencer a los Notables con propuestas similares, y la depende de él y no es compartido con nadie.
Asamblea fue disuelta a finales de mayo. Éstos, señores, son los principios inalienables de la monarquía francesa.
Brienne prosiguió con su amplio programa de reformas; esta vez, en
julio, fue el Parlamento de París el que se negó a registrar un impuesto «Cuando nuestro rey estableció los parlamentos», les recordó, «éstos
territorial uniforme. La tensión entre la corona y la aristocracia llegó a su querían nombrar funcionarios cuyo deber fuera el de administrar justicia
punto álgido en agosto, con el exilio del Parlamento a Troyes. Sin embar­ y mantener los edictos del reino, y no el de fomentar en sus organismos
go, el apoyo popular y de la élite al Parlamento fue de tal calibre que el rey un poder que desafiase la autoridad real.»17 No obstante, esta contundente
se vio forzado a restaurarlo. El 28 de septiembre regresó a París en medio afirmación de los principios de la monarquía francesa no intimidó a los
de un gran bullicio popular. El principio de una contribución universal súbditos más eminentes del rey ni hizo que se sometieran.
quedó arrinconado. Coincidiendo con el agravamiento de la crisis entre la En mayo, Lamoignon publicó seis edictos encaminados a socavar el
corona y los parlamentos en septiembre de 1787, llegaron noticias de que poder político y judicial de los parlamentos, provocando sublevaciones
el día 13 tropas prusianas habían cruzado la frontera para prestar apoyo en París y en los centros provinciales. Incluso los más arraigados intere­
a la princesa Hohenzollern de Orange contra el partido «patriótico» de la ses de la nobleza fueron redactados en el lenguaje de los filósofos: el Par­
República Holandesa. La suposición de que la intervención francesa para lamento de Toulouse aseguraba que «los derechos naturales de los muni­
respaldar a los patriotas era inminente quedó desmentida cuando el go­ cipios, comunes a todos los hombres, son alienables, imprescindibles, tan
bierno anunció que los militares no estaban preparados. eternos com o la naturaleza que los conforma». Este lenguaje de oposi­
La resistencia de los parlamentos se expresaba mediante la exigen­ ción a la realeza, los llamamientos a la autonomía provincial en centros
cia de la convocatoria de los Estados Generales, un cuerpo consultivo provinciales como Burdeos, Rennes, Toulouse y Grenoble, y los vínculos
compuesto por representantes de los tres estados, que se habían reunido verticales de dependencia económica fomentaron la alianza entre la gente
por última vez en 1614. En noviembre de 1787, Lamoignon, el garde des obrera urbana y los parlamentos locales en 1788. Cuando en junio de
sceaux o ministro de Justicia, pronunció un discurso en una sesión real 1788 el Parlamento de Grenoble fue desterrado por su desafio al golpe
del Parlamento de París. Este antiguo presidente del Parlamento recordó ministerial propinado al poder judicial de la nobleza, las tropas reales
a sus pares la preeminencia de Luis XVI rechazando su demanda de con­ fueron expulsadas de la ciudad por una rebelión popular el llamado «Día
vocar los Estados Generales: de las tejas». El propio interés oculto tras las nobles invocaciones a la
«ley natural», a los «derechos inalienables» y a la «nación» demostró que
Estos principios, umversalmente aceptados por la nación, ratifican que el semejante alianza no podía ser duradera. De una reunión de notables
poder soberano de su reino pertenece sólo al rey; locales en julio de 1788 en el recientemente adquirido castillo de Claude
Que el rey tan sólo es responsable ante Dios por el ejercicio de su
Périer en V izille surgió otro llamamiento para que se convocasen los
poder supremo;
Estados Generales, pero esta vez para que el tercer estado tuviera re­
Que el vinculo que une al rey y a la nación es indisoluble por natu­
raleza; presentación doble respecto a los otros órdenes en reconocimiento a su
Que los intereses y deberes recíprocos del rey y de sus súbditos garan­ importancia en la vida de la nación. Aquel mismo mes, Luis decidió, des­
tizan la perpetuidad de dicha unión; pués de todo, convocar los Estados Generales en mayo de 1789, y La­
Que la nación tiene sumo interés en que los derechos de su gobernan­ moignon y Brienne dimitieron.
te permanezcan invariables;
Que el rey es el gobernante soberano de la nación, y Jornia con ella
una unidad; 17. Archives parlementaires, 19 de noviembre de 1787, serie 1, vol. 1, pp. 265-269.
L A C R IS IS D E L A N T IG U O R É G IM E N

En septiembre de 1788, el agrónomo inglés Arthur Young se encontra­ cas entre mayo y diciembre de 1788 y durante los primeros cuatro meses
ba en el puerto atlántico de Nantes justo seis semanas después de que de 1789 dichos panfletos fueron seguidos por una avalancha de 2.639 tí­
Luis XVI anunciase la convocatoria de los Estados Generales. Young, tulos. Esta guerra de palabras se vio estimulada por la indecisión de Luis
agudo observador, anotó en su diario que: respecto a los procedimientos que había que seguir en Versalles. Dividido
entre la lealtad hacia el orden corporativo establecido de rango y privilegio
Nantes está tan inflam ada por la causa de la libertad com o cualquier otra y las exigencias de la crisis fiscal, el rey vacilaba ante la cuestión política
ciudad de Francia; las conversaciones de las que fui testimonio muestran crucial de si los tres órdenes debían reunirse por separado, como en 1614, o
el importante cam bio que se ha efectuado en las m entes de los franceses,
en una cámara común. En septiembre, el Parlamento de París decretó que
por lo tanto no creo posible que el presente gobierno pueda durar ni
se seguiría la tradición en este asunto; a continuación, la decisión de Luis
medio siglo más en su puesto a menos que los más preclaros y eminentes
talentos lleven el tim ón.18
el 5 de diciembre de duplicar el número de representantes del tercer esta­
do sólo sirvió para desvelar la cuestión crucial del poder político, pero no
Nantes era un bullicioso puerto de 90.000 habitantes que había experi­ se pronunció en cuanto a la forma de llevar a cabo las votaciones. En ene
mentado un rápido crecimiento gracias al comercio colonial con el Cari­ ro de 1789, un periodista suizo, Mallet du Pan, comentaba: «el debate
be a lo largo del siglo xvm. Los comerciantes con los que Young conver­ público ha cambiado por completo en su énfasis: ahora el Rey, el despo
saba le habían convencido de los derechos de los que tenían «talento» a tismo y la Constitución son sólo cuestiones secundarias, el debate se lia
participar de forma plena en la vida pública. Además, el entusiasmo de convertido en una guerra entre el tercer estado y los otros dos órdenes».''"
aquéllos por la reforma revela hasta qué punto la crisis de la Francia El hermano menor de Luis, el conde de Provenza, estaba dispuesto a
absolutista iba más allá de la fricción entre la nobleza y el monarca. Esta consentir una mayor representación del tercer estado, pero su hermano
conciencia política tampoco se limitaba a las élites. El zapatero remen­ más pequeño, el conde de Artois, y los «príncipes de sangre» pusieron de
dón parisino Joseph Charon recordaba en sus memorias que antes de los manifiesto su contumacia y temor en una «memoria» dirigida a Luis en
disturbios de agosto y septiembre de 1788 el fermento político había des­ diciembre:
cendido «desde los hombres de mundo de los más altos rangos a las cla­
¿Quién puede predecir dónde terminará la temeridad de opiniones? Los
ses más bajas a través de distintos canales ... la gente adquiría y dispensa­ derechos del trono han sido cuestionados, los derechos de los dos órde­
ba un conocimiento e ilustración tales que en vano se hubieran podido nes del Estado enfrentan opiniones, pronto será atacado el derecho a la
buscar en años anteriores ... y tenían nociones acerca de las constitucio­ propiedad, la desigualdad de riquezas será objeto de reforma, la supresión
nes públicas de los últimos dos o tres años».19 de los derechos feudales ya ha sido planteada, al igual que la abolición de
La convocatoria de los Estados Generales facilitó la manifestación un sistema de opresión, los restos de barbarie ...
de las tensiones en todos los niveles de la sociedad francesa y reveló Por lo tanto, que el tercer estado deje de atacar los derechos de los dos
divisiones sociales que desafiaban la idea de una sociedad de «órdenes». primeros órdenes, derechos que, no m enos antiguos que la monarquía,
El considerable dinamismo del debate en los meses anteriores a mayo deben permanecer tan invariables com o su constitución; que se limite a
de 1789 se debió en parte a la suspensión de la censura en la prensa. Se
calcula que se distribuyeron unos 1.519 panfletos sobre cuestiones políti- 20. Soboul, La Revolución Francesa, Crítica, Barcelona, 1994. (En la traducción in­
glesa — Londres, 1989— corresponde a la p. 120.) Jercmy Popkin, Revolutlonary Nvws
The Press in France (Londres, 1990), pp. 25-26. Para contrastar con mayor detalle las
18. Arthur Young, Travels in France during the years 1787-1788-1789 (Nueva York, historias políticas de 1788-1792 véase también, Doy le, Oxford History o f the i'rcnth
1969), pp. 96-97. En la actualidad el antiguo castillo de Périer en Vizille alberga el musco Revolution', Simón Schama, Ciudadanos: Crónica de la Revolución Francesa (Huellos
de la Revolución Francesa. Aires, 1990). Ningún relato evoca de forma tan efectiva la dinámica social que siisli-iitn In
19. Roche, France in the Enlightenment, pp. 669-672. política como el de Soboul.
buscar la reducción de los impuestos con los que se ve agravado; enton­ generación» nacional y por lo tanto podía ser excluida del cuerpo polí­
ces los dos primeros órdenes, reconociendo en el tercero ciudadanos que
tico. Hay que destacar también que Sieyés aludía tan sólo a un orden pri­
le son gratos, renunciarán, por la generosidad de sus sentimientos, a aque­
vilegiado, asumiendo evidentemente que el clero estaba también dividido
llas prerrogativas que tengan un interés financiero, y consentirán en so­
portar las cargas públicas en perfecta igualdad.21 entre la élite noble y los párrocos plebeyos.
El desapacible invierno de 1788-1789, seguido de las devastadoras
En aquellos mismos días, un sacerdote de cuarenta años de origen bur­ granizadas en el mes de julio que arrasaron las cosechas en la cuenca de
gués, Emmanuel Sieyés, escribió el panfleto más significativo de cuantos París, no contribuyó a que los campesinos pudieran pagar sus impuestos.
difundió, titulado ¿Q ué es el tercer estado?22 Al censurar la obsesión de Aquel invierno supuso también una extrema penuria en las ciudades: los
la nobleza con sus «odiosos privilegios», Sieyés hizo una enérgica decla­ contemporáneos hablan de 80.000 desempleados en París y la mitad de
ración de la capacidad de los plebeyos. No obstante, Sieyés no era ningún los telares o más estaban parados en la ciudades textiles como Amiens,
demócrata, pues aseguraba que no se podían confiar responsabilidades Lyon, Carcasona, Lille, Troyes y Ruán. La respuesta a la crisis en el sumi­
políticas ni a las mujeres ni a los pobres, pero su desafío expresaba una nistro de alimentos adoptó las formas «tradicionales» de acciones colec­
intransigencia radical: tivas por parte de los consumidores para rebajar por la fuerza el precio
del pan. Sin embargo, había informes de oposición al sistema señorial en
Memos de plantearnos tres cuestiones.
muchas regiones del norte, especialmente en lo relativo a las leyes de la
1. ¿Qué es el tercer estado? — todo.
caza y a sus restricciones. En las propiedades del príncipe de Conti cerca
2. ¿Qué ha sido hasta ahora en el orden político? — nada.
de Pontoise, no lejos de Menucourt (véase capítulo 1), los campesinos y
3. ¿Qué es lo que pide? — ser algo ...
los granjeros ponían trampas a los conejos desafiando el privilegio seño­
¿Quién, pues, se atrevería a decir que el tercer estado no contiene todo rial. En Artois, los campesinos de una docena de pueblos se juntaban en
lo necesario para formar una nación com pleta? Es un hombre fuerte y cuadrillas para apoderarse de la caza del conde d’Oisy.
robusto que todavía tiene un brazo encadenado. Si se elim inasen los órde­ En la primavera de 1789, se pidió a todos los habitantes de Francia
nes privilegiados, la nación no perdería, sino que estaría mejor. Por lo tan­ que formulasen propuestas para la reforma de la vida pública y para ele­
to, ¿qué es el tercer estado? Todo, pero un todo encadenado y oprimido.
gir a los diputados de los Estados Generales. Especialmente las parro­
¿Qué sería sin el orden privilegiado? Todo, pero un todo libre y próspero
quias y las asambleas de los grem ios, y las reuniones del clero y los
... el temor de ver reformados sus abusos inspira más m iedo en los aristó­
nobles se enfrascaron en la elaboración de sus «listas de quejas» para
cratas que el deseo de libertad que sienten. Entre ésta y unos pocos privi­
guiar a sus diputados en el consejo que debían ofrecer al rey. La confec­
legios odiosos, eligen estos últimos ... Hoy temen a los Estados Generales
a los que un día convocaron con tanto fervor. ción de estos cahiers de doléances (cuadernos de quejas, o libros de re­
clamaciones) en el contexto de una crisis de subsistencia, de incertidum-
El panfleto de Sieyés se nutría del lenguaje del patriotismo: que la no­ bre política y de caos fiscal constituyó el momento decisivo de fricción
bleza era demasiado egoísta para comprometerse en un proceso de «re­ social en la politización de las masas. Por lo menos en la superficie, los
cahiers (cuadernos) de los tres órdenes muestran un considerable nivel de
coincidencia, en particular en lo que se refiere a las circunscripciones
21. Archives parlementaires, 12 de diciembre de 1788, serie 1, vol. 1, pp. 487-489.
22. Emmanuel Sieyés, ¿Qué es el tercer estado? (Aguilar, Madrid, 1973). Véase
judiciales, es decir a las senescalías o bailías (sénécliaussée o bailliage).
también Jay M. Smith, «Social Categories, the Languagc o f Patriotism, and tile Origins of En primer lugar, a pesar de las expresiones de gratitud y lealtad hacia el
the French Revolution: The Debate over noblesse commerfante», Journal o f Modcrn llis- rey indudablemente sinceras, los cahiers de los tres órdenes daban por
lory, 72 (2000), pp. 339-374; William Sewell, A Relhoric o f Bourgeois Revolution: The sentado que la monarquía absoluta estaba moribunda, que la reunión de
Abbé Sieyés and «What is the Third Estate?» (Durham, NC, 1994).
los Estados Generales en mayo iba a ser la primera de un ciclo regular. Si
no hay razón para dudar de la sinceridad de las repetidas expresiones de tributos de señorío o que por lo menos fuesen amortizables, la nobleza
gratitud y devoción hacia el rey, sus ministros en cambio fueron dura­ reafirmaba su creencia en un orden social idealizado de jerarquía y de­
mente censurados por su ineficacia fiscal y sus poderes arbitrarios. Se le pendencia mutua, reconociendo los sacrificios que los nobles guerreros
exigió al rey que hiciese público el nivel de endeudamiento del Estado y habían hecho por Francia. En general, la nobleza buscaba un papel polí­
que cediese a los Estados Generales (llamados también «asamblea de la tico de mayor envergadura para sí misma en el seno de una monarquía
nación») el control sobre los gastos y los impuestos. constitucional limitada, con un sistema de representación que garantizase
En segundo lugar, también había consenso en que la Iglesia necesitaba la estabilidad del orden social concediendo sólo un papel restringido a la
urgentes reformas para controlar los abusos en el seno de su jerarquía y élite del tercer estado.
mejorar la suerte del clero de parroquia. En tercer lugar, parecía que entre Un mecanismo retórico típico de los nobles de toda Francia era el de
muchos de los nobles, sacerdotes y burgueses había ya una aceptación hacer declaraciones grandilocuentes argumentando que estaban dispues­
general de los principios básicos de igualdad fiscal, que los nobles y el cle­ tos a unirse al tercer estado en el programa de reformas aceptando debe­
ro renunciarían a su inmunidad contributiva, o por lo menos en parte. Los res comunes, pero al mismo tiempo añadían cláusulas sutiles y matizadas
cahiers de los tres estados mostraban acuerdos similares en cuanto a la que negaban de forma efectiva la generosidad inicial. Así, por ejemplo,
necesidad de una reforma judicial: en que las leyes deberían ser uniformes el segundo estado de la provincia de Berry reunido en Bourgcs expresó
en toda la sociedad y entre las distintas regiones, en que la administración su satisfacción por el hecho de que «el espíritu de unidad y acuerdo, que
de justicia debería ser más expeditiva y menos costosa, y en que las leyes siempre había reinado entre los tres órdenes, se ha puesto de manifiesto
fueran más humanas. Por último, las ventajas del libre comercio interno y por igual en sus cahiers. La cuestión de la votación por cabeza en la
las facilidades de transporte y comercio fueron ampliamente aceptadas. asamblea de los Estados Generales fue la única que dividió al tercer esta­
No obstante, en diversos asuntos fundamentales de orden social y po­ do de los otros dos órdenes, cuyo constante deseo era el de que se delibe­
der político, divisiones insalvables socavarían las posibilidades de una rase allí por órdenes». De hecho, había una serie de asuntos en los que no
reforma consensuada. Los contrastes más agudos de los cahiers residían había acuerdo alguno. Por ejemplo, en la parroquia de Levet, 18 kilóme­
en las visiones del mundo tan encontradas que sostenían el campesina­ tros al sur de Bourges, donde había nada menos que diecisiete eclesiás­
do, la burguesía y los nobles de provincias. Incluso los burgueses de las ticos y nueve personas laicas que reclamaban derechos señoriales, una
ciudades pequeñas hablaban abiertamente de una nueva sociedad carac­ reunión de cuatro granjeros y treinta jornaleros decidió:
terizada por «profesiones abiertas a los talentos», por el estímulo empre­
sarial, por la igualdad contributiva, por las libertades liberales, y por la Artículo 1. Que el tercer estado vote por cabeza en la asamblea de los
abolición de los privilegios. La nobleza respondió con una visión utópica Estados Generales ...
de una jerarquía reforzada de órdenes sociales y obligaciones, de protec­ Artículo 4. Que queden abolidas todas las exenciones, especialm ente
ción de las exenciones de los nobles y renovada autonomía política. Para las relativas a la talla, la capitación, el hospedaje de soldados, etc., sopor­
los nobles provinciales, los derechos de señorío y privilegios de la noble­ tadas totalmente por la clase más desfavorecida del tercer estado ...
Artículo 9. Que la justicia señorial sea abolida y que aquellos que
za eran demasiado importantes para ser negociables, y de ahí surgió la
estén reclamados por la justicia puedan apelar ante el ju ez real más pró­
intransigencia de la mayoría de los 270 nobles diputados elegidos para
xim o.23
Versalles. Para los funcionarios orgullosos, para los profesionales y terra­
tenientes, tales pretensiones resultaban ofensivas y degradantes, opinión
que quedaba reflejada en la repetida insistencia en los cahiers a nivel de
23. Cahiers de doléances du bailliage de Bourges et des bailliages secondaires de
baillage que los diputados del tercer estado no deberían reunirse por se­ Vierzon et d'Henrichment potir les Etats-Généraux de 17X9 (Bourgcs, 1910); Archives
parado. Ante la insistencia de los aldeanos para que se suprimiesen los parlementaires, États Généraux 17X9. Cahiers. Pwvince du Berry.
En calidad de miembros de una corporación, cuerpo privilegiado, los zación y la competencia, y control en el comercio de cereales. «No llame­
sacerdotes de parroquia imaginaban asimismo un orden social rejuvene­ mos egoístas a los ricos capitalistas: son nuestros hermanos», admitían
cido bajo los auspicios de un monopolio católico de credo y moralidad. Sin los sombrereros y peleteros de Ruán, antes de exigir la «supresión de la
embargo, siendo plebeyos de nacimiento, sentían inquietantes simpatías maquinaria», así «no habrá competencia ni problemas en los mercados».
por las necesidades de los pobres, por la apertura de puestos — incluyen­ El cahier del pueblo de Normandía, Vatimesnil, suplicaba también a «Su
do la jerarquía eclesiástica— a «hombres de talento», y por las peticio­ Majestad por el bien del pueblo la abolición de las máquinas de hilar por­
nes de contribución universal. No obstante, a diferencia del tercer estado, que causan un gran daño a la gente pobre». Un argumento semejante se
el clero era comprensiblemente hostil a la cesión de su monopolio de esgrimía elocuentemente en uno de los escasos cahiers de mujeres, el de
credo religioso y moralidad pública. El primer estado de Bourges apeló a las floristas parisinas, que se lamentaba de los efectos de la falta de re­
«Su Majestad» «para que ordenase que todos aquellos que mediante sus gulación en su oficio:
escritos tratasen de divulgar el veneno de la incredulidad, de atacar a la
religión y sus misterios, la disciplina y los dogmas, fuesen considerados La multitud de vendedoras está lejos de producir los efectos beneficiosos
que al parecer deberíamos esperar de la com petencia. Al no aumentar el
enemigos de la Iglesia y del Estado y por ello severamente castigados; que
número de consum idores de forma proporcional al de los productores,
se prohibiese de nuevo e inmediatamente a los editores la publicación de
estos no hacen otra cosa que perjudicarse unos a otros ... Hoy en día que
libros contrarios a la religión». Aseguraba que «la religión católica apos­
todo el mundo puede vender flores y hacer ramos, los modestos benefi­
tólica y romana es la única religión verdadera». Mientras que los cahiers
cios quedan divididos hasta tai punto que ya no procuran el sustento ... y
de los nobles fueron aprobados por consenso, los del clero revelan una puesto que la profesión ya no puede alimentar a tantas vendedoras, estas
genuina tensión entre el clero de parroquia y los cabildos catedralicios y buscan los recursos de que carecen en el libertinaje y la depravación más
monasterios de las ciudades. El clero de Troyes insistía en la tradicional vergonzosa.25
distinción de los tres órdenes que debían reunirse por separado, pero
hacía una excepción fundamental en lo relativo a la contribución: en este La autenticidad de los 40.000 cahiers de doléances rurales como muestra
tema exigían que una asamblea común adoptase un impuesto «que fue­ de las actitudes populares ha sido a menudo cuestionado: el número de
se asumido proporcionalmente por todos los individuos de los tres ór­ aquellos que participaron en su confección no sólo variaba considerable­
denes».24 mente, sino que en muchos casos circulaban cahiers modelo por el cam­
Los cahiers de la canalla (menú peu p le) urbana se elaboraron en las po y las ciudades, aunque frecuentemente se ampliaban y adaptaban a las
reuniones de maestros artesanos, en la asambleas parroquiales y, muy necesidades locales. A pesar de todo, constituyen una fuente incompara­
ocasionalmente, en encuentros de mujeres dedicadas al comercio. La ma­ ble para los historiadores. John Markoff y Gilbert Shapiro han realizado
yor parte de la clase obrera era demasiado pobre como para reunir los un análisis cuantitativo de una muestra de 1.112 cahiers, de los que 748
requisitos mínimos de propiedad necesarios para poder participar: en proceden de comunidades rurales. Sus análisis demuestran que en 1789 los
París sólo uno de cada cinco hombres mayores de veinticinco años era campesinos estaban mucho más preocupados por las cargas materiales
elegible. Los cahiers de los artesanos, al igual que los de los campesinos, que por las simbólicas, que ignoraban por completo las trampas del esta-
revelaron una coincidencia de intereses con la burguesía en cuestiones
fiscales, judiciales y políticas, pero manifestaron una clara divergencia en
lo relativo a regulación económica, pidiendo protección contra la mccani- 25. JcíTry Kaplow (ed.), France on the Eve o f Revolution (Nueva York, 1971), pp. 161-
167; Richard Cobb y Colin Jones (eds.) Voices o f the French Revolution (Topsfield,
Mass., 1988), p. 42; «Doléances particulieres des marchandes bouqueliéres flcuristes
chapclicrcs en fleurs de la Ville et faubourgs de Paris», en Charlcs-Louis Chassin, Les
24. Paul Beik (ed.), The French Revolution (Londres, 1971), pp 56-6.1 Élections et les cahiers de Paris en 1789, 4 vols. (París, 1888-1889), vol. 2, pp. 534-537.
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tus señorial, como la exhibición pública de armas y los bancos reservados de la ira del campesinado, tal com o se ponía de manifiesto en el artículo
en las iglesias, que poco les abrumaban en términos materiales. La hosti­ ampliamente repetido de los cahiers parroquiales en la zona de Amont,
lidad hacia las exacciones señoriales solía ir acompañada de fuertes críti­ en el este de Francia, que insistía en que «todas las forjas, fundiciones y
cas relativas al diezmo, a los tributos y a las prácticas de la Iglesia; es hornos establecidos en la provincia del Franco Condado en los últimos
decir, se consideraban interdependientes dentro del régimen señorial. treinta años sean destruidas, así com o las más antiguas cuyos propieta­
Los cahiers de los campesinos variaban en extensión desde muchas rios no poseen un bosque lo suficientemente grande como para mantener­
páginas de detalladas críticas y sugerencias hasta tres únicas frases escri­ las en funcionamiento durante seis meses al año». Otros mostraban su
tas en una mezcla de francés y catalán en los diminutos pueblos de Serra- descontento a causa de las aguas residuales de las minas, «cuyo pozo
bone en las pedregosas estribaciones de los Pirineos. En los distritos de negro y sumidero desaguan en los ríos que riegan los campos o en los que
Troyes, Auxerre y Sens, una análisis de 389 cahiers parroquiales realiza­ bebe el ganado» provocando enfermedades en los animales y matando a
do por Peter Jones muestra que los tributos señoriales y las banalités se i los peces. Desde Bretaña, la parroquia de Plozévet expresaba un punto de
criticaban de forma explícita en el 40, el 36 y el 27 por ciento de los mis­ vista frecuentemente repetido:
mos respectivamente, dejando a un lado otras quejas harto comunes sobre
los derechos de caza y las cortes señoriales. Inevitablemente, los cahiers El pobre vasallo que tiene la desgracia de cortar la rama de un árbol de
compuestos por la burguesía urbana a nivel de circunscripción (bailia) poco valor, pero de la que tiene gran necesidad para su casa, para un carro
o para un arado, es condenado y doblegado por su señor por el valor de un
eliminaron muchas de las quejas rurales por considerarlas demasiado
árbol entero. Si todo el mundo tuviera derecho a plantar y cortar para sus
provincianas y estrechas de miras; sin embargo, el 64 por ciento de los
necesidades, sin poder vender, no se perdería tanto bosque.
666 cahiers a nivel de distrito en toda Francia clamaban por la abolición de
los tributos de señorío. Cabe señalar el fuerte contraste del 84 por ciento Muchos cahiers rurales hacían hincapié en que la monarquía estimulaba
de los cahiers de los nobles, que ni siquiera mencionaban el tema.26 la deforestación de las tierras. Decretos reales de 1764, 1766 y 1770 ofre­
En el campo, las tensiones acerca del control de los recursos provoca­ cían exenciones de todos los impuestos estatales y diezmos durante quin­
ban permanentes fricciones. Tal com o nos muestra Andrée Corvol, mu­ ce años por tierra desbrozada, informando debidamente a las autoridades.
cho antes de 1789 la administración y conservación de los bosques era Aunque el decreto estipulaba que el Código forestal de Colbcrt de 1669
objeto de fuertes tensiones debido a la creciente presión por el cre­ seguía en vigor y prohibía la deforestación de terrenos boscosos, márge­
cimiento de la población y de los precios de la madera, así como por las nes fluviales y laderas, las parroquias se lamentaban amargamente de la
actitudes comerciales de los propietarios de los recursos forestales.’27 Los erosión que causaba semejante desbrozo. En sus críticas apuntaban no
cahiers redactados en las asambleas parroquiales se preocupaban por la sólo a sus semejantes campesinos, sino también a los señores que eran
conservación de los recursos, especialmente de la madera, y tachaban demasiado mezquinos o negligentes como para replantar las zonas defo-
de contrarias al entorno local las excesivas demandas de la industria de la restadas. Así, desde Quincé y otras parroquias cerca de Angers se articu­
zona y de los señores. Especialmente en la Francia oriental, la prolifera­ laba la demanda de que se exigiese a los grandes terratenientes y señores la
ción de industrias extractivas alimentadas con madera constituían el foco replantación de árboles en determinados sectores de las laudes; el cahier
de la localidad de St.-Barthélcmy insistía en que se exigiese la reforesta­
ción a todo aquel que talase árboles «siguiendo el prudente ejemplo de
26. Sobre las limitaciones de la utilidad de los cuadernos, véase Jones, Peasantry,
los ingleses».
pp. 58-67; John Markoff, The Abolilion o f Feudalism: Peasants, Lords, and Legislators in
the French Revolution (Filadelfia, 1996), pp. 25-29. Tal como afirma Markoff, los cahiers son una guía imperfecta de lo
27. Peter McPhee, «“ The misguided greed of peasants”? Popular Attitudes to the En- que a continuación había de suceder en el campo, no sólo por las circuns­
vironment in the Revolution o f 1789», French Histórica! Studies, 24 (2001), pp. 247-269. tancias en que fueron redactados, sino debido al contexto cambiante de la

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política nacional y local una vez reunidos los Estados Generales. En cual­ industria y agricultura orientada a la obtención de beneficios. Sin embar­
quier caso, el pueblo estaba siendo consultado sobre propuestas de refor­ go, en el seno de esta élite noble y burguesa había una clase dominante de
ma, no sobre si quería una revolución. Las exigencias de los campesinos nobles con títulos heredados que gozaba de los más altos escalafones
acerca de cómo debía ser el mundo — que previamente había existido en de privilegio, cargo, riqueza y rango. Mientras que el ennoblecimiento era
el reino de la imaginación— se convirtieron más tarde en el foco de una la ambición de los burgueses más adinerados, las recherches de noblesse
acción organizada. En las comunidades rurales, los económicamente del segundo estado, establecidas para investigar las peticiones de noble­
dependientes se daban perfecta cuenta de los costes que podía representar za, guardaban minuciosamente los límites. Y dentro del segundo estado
el hablar francamente acerca de los privilegios de los nobles. No obstan­ había, en palabras de un contemporáneo, una «cascada de desprecio»
te, algunas asambleas parroquiales se atrevieron a criticar abiertamente hacia aquellos que descendían en su estatus.29
el diezmo y el sistema señorial. En el extremo sur del país, las escasas Mientras que los más altos escalafones de la nobleza y la burguesía
líneas remitidas por la pequeña comunidad de Perillos expresaban su hos­ estaban fundidos en una élite de notables, el grueso del segundo estado
tilidad sin reservas al sistema señorial que permitía que su señor les trata­ no estaba dispuesto a ceder sus privilegios en aras de un nuevo orden
se «como esclavos».28 social de igualdad de derechos y obligaciones. Los intentos de reforma
De todas formas, lo más notorio era que los nobles y los plebeyos no institucional posteriores a 1774 fracasaron siempre en los escollos de esta
podían llegar a ningún acuerdo sobre los procedimientos de voto en los intransigencia y en la incapacidad del rey de dirigir los cambios básicos
Estados Generales. La decisión de Luis del 5 de diciembre de duplicar el hacia un sistema en cuya cúspide se encontraba él mismo. Desde 1750 los
número de representantes del tercer estado, mientras guardaba silencio en cambios sociales habían ido agravando las tensiones entre esta élite y la
cuanto a la forma de llevar a cabo la votación en Versalles, sólo sirvió menos eminente mayoría de las órdenes privilegiadas mientras que, por
para poner de manifiesto la importancia del poder político. Existía el com­ otro lado, alimentaban concepciones opuestas sobre las bases de la auto­
promiso compartido por los tres órdenes de la necesidad de cambio, y un ridad política y social entre los plebeyos. Nombres fraudulentos com o de
acuerdo general sobre una serie de abusos específicos en el seno del apa­ Robcspierre, Brissot de Warville, y Danton no engañaban a nadie, líl (ra­
rato del Estado y de la Iglesia; sin embargo, las divisiones acerca de las to de celebridad que recibieron en París e incluso en Versalles Benjamín
cuestiones fundamentales del poder político, el sistema señorial, y las exi­ Franklin, Thomas Jefferson y John Adams — representantes de un gobierno
gencias a los privilegios corporativos eran ya irreconciliables cuando los republicano elegido por el pueblo— indica lo profunda que era la crisis
diputados llegaron a Versalles. de confianza en las estructuras jurídicas del Antiguo Régimen. La dis­
Durante largo tiempo los historiadores han debatido si realmente ha­ cusión sobre las disposiciones específicas para la convocatoria de los
bía causas profundamente arraigadas de fricción política que emergieron Estados Generales había servido para centrar con dramática claridad las
en 1788, y si había líneas claras de antagonismo social. Algunos insisten en imágenes de la nobleza, la burguesía y el campesinado de una Ft'ancia
que el conflicto político era reciente y evitable, y señalan la coexistencia regenerada.
de nobles y acaudalados burgueses en una élite de notables, unidos como
terratenientes, funcionarios, inversores e incluso por su implicación en la

28. McPhee, Revolution and Environment, 49. El cuaderno está reproducido en Cobti
y Jones (eds.), Voices o f the French Revolution, 40. Para un análisis detallado de los cui­
demos rurales, véase Markoff, Abolition o f Feudalism, cap. 6; Gilbcrt Shapiro y Johi
Markoff, Revolutionary Demands: A Content Analysis o f the Cahiers de Doléances o/
1789 (Stanford, Calif., 1998). 29. Roche, France in the Enlightenment, 407.
III. LA REVOLUCIÓN DE 1789

Más de 1.200 diputados de los tres estados se reunieron en Versalles a


finales de abril de 1789. Las expectativas de los constituyentes eran ili­
mitadas com o se desprende de la publicación por parte de un sedicente
rolurier (plebeyo) de Anjou, en el oeste de Francia, de un opúsculo de
siete páginas titulado Ave et le credo du liers-état, que concluía con una
adaptación del Credo de los Apóstoles:

Creo en la igualdad que D ios Todopoderoso, creador del cielo y de la


tierra, ha establecido entre los hombres: creo en la libertad que fue con­
cebida por el coraje y nacida de la magnanimidad; que sufrió bajo Brienne
y Lamoignon, fue crucificada, muerta y sepultada, y descendió a los in­
fiernos; que pronto resucitará, aparecerá en plena Francia, y se sentará a
la diestra de la Nación, desde donde juzgará al tercer estado y a la no­
bleza.
Creo en el Rey, en el poder legislativo del Pueblo, en la Asamblea de
los Estados Generales, en la más justa distribución de los impuestos, en la
resurrección de nuestros derechos y en la vida eterna. A m én.1

Por supuesto, resulta difícil discernir con certeza si el autor estaba siendo
deliberadamente satírico y sacrilego o si creía genuinamentc que la refor­
ma ilustrada era el evangelio de Dios. No obstante, sea cual fuere el caso,
el «Ave» muestra hasta qué punto los intentos por articular un nuevo
orden simbólico estaban en deuda con el lenguaje eclesiástico.
La formulación de los cahiers de doléances en el mes de marzo se había
completado con la elección de diputados de los tres estados para los Es­
tados Generales que habían de reunirse en Versalles el 4 de mayo de 1789.

1. Ave el le credo du tiers-état (s. p., 1789).

JL
Los sacerdotes se apresuraron a sacar el máximo partido de la decisión de fue Michel Gérard, un campesino de la zona de Rennes que apareció en
Luis de favorecer al clero de parroquia en la elección de los delegados del Versalles con su indumentaria de trabajo.
primer estado: para elegir a sus diputados en las asambleas tenían que Una vez en Versalles, el primer y segundo habrían de vestir el atuendo
votar individualmente, mientras que los monasterios tendrían tan sólo un apropiado a su rango particular dentro del orden al que pertenecían,
representante y los cabildos catedralicios tendrían uno por cada diez ca­ mientras que el tercer estado vestiría uniformemente trajes, calzas y ca­
nónigos. Esta decisión respondía a las propias convicciones religiosas de pas de tela negra: en palabras de un doctor inglés que a la sazón vivía en
Luis, y al mismo tiempo ejercía una mayor presión sobre la nobleza. «Como París, «peor incluso que la clase más baja de togados en las universidades
sacerdotes tenemos derechos», exclamaba un párroco de la Lorena, Henri inglesas». «Una ley ridicula y extraña se ha impuesto a nuestra llegada»,
Grégoire, hijo de un sastre, «en doce siglos por lo menos no hemos tenido comentaba un diputado, «por parte del gran maestro de puerilidades de la
una oportunidad tan favorable com o ésta ... aprovechémosla.» Su alegato corte».2 Dejando constancia de su estatus inferior en la jerarquía de aque­
fue escuchado: cuando el clero se reunió para elegir a sus diputados a lla sociedad corporativa desde la misma inauguración de los Estados
principios de 1789, 208 de los 303 elegidos pertenecían al bajo clero; Generales, aquellos hombres, mayoritariamente de provincias y acauda­
solamente 51 de los 176 obispos fueron escogidos delegados. La mayo­ lados, no tardaron en mostrar una actitud común. Se trataba de una soli­
ría de los 282 diputados nobles pertenecían a los más altos rangos de la daridad que, al cabo de seis semanas, había de alentarles en la organiza­
aristocracia, pero eran menos reformistas que Lafayette, Condorcet, Mi- ción de un desafio revolucionario al absolutismo y a los privilegios. El
rabeau, Talleyrand, y que otros que ejercían su actividad en la Sociedad resultado inmediato fue el de los procedimientos de votación: mientras
Reformista de los Treinta en París, que eran lo suficientemente ricos y que los diputados del tercer estado se negaban a votar por separado, la
mundanos para comprender la importancia de ceder por lo menos en los nobleza abogaba por ello (por 188 votos a 46) al igual que el clero, por un
privilegios fiscales. estrecho margen de votos (134 a 114). Por último, la aquiescencia de Luis
En las pequeñas parroquias rurales, las reuniones de contribuyentes a la demanda de la nobleza de que la votación se efectuase en tres cáma­
masculinos mayores de 25 años del tercer estado debían elegir dos dele­ ras separadas agravó el ultraje de los diputados burgueses. Sin embargo,
gados por los 100 primeros hogares y uno más por cada centenar extra; a se vieron alentados en sus demandas por disidentes de los órdenes privi­
su vez, los delegados tenían que elegir diputados por cada una de las 234 legiados. El 13 de junio tres sacerdotes de Poitou se unieron al tercer
circunscripciones electorales. La participación fue significativa en to­ estado, seguidos de otros seis, incluyendo a Grégoire, al dia siguienle.
das partes, pero variaba sustancialmente desde la alta Normandía, en cuyas El día 17 los diputados del tercer estado insistieron en sus pretcnsio­
parroquias oscilaba entre el 10 y el 88 por ciento, hasta Béziers donde iba nes y proclamaron que «la interpretación y presentación de la voluntad
del 4,8 al 82,5 por ciento y Artois, que abarcaba del 13,6 al 97,2 por cien­ general les pertenecía a ellos ... El nombre de Asamblea Nacional es el
to. Un rasgo que había de convertirse en una característica común del único adecuado ...». Tres días más tarde, tras ser excluidos de la sala
* de
período revolucionario era que en las comunidades más pequeñas con un sesiones por cierre, los diputados se trasladaron a un local interior próxi­
mayor sentido de la solidaridad los niveles de participación eran más ele­ mo, el trinquete del Juego de Pelota, y, bajo la presidencia del astrónomo
vados. Para el tercer estado había un sistema indirecto de elecciones Jean-Sylvan Bailly, juraron su «inamovible resolución» de continuar sus
mediante el cual las parroquias y los gremios elegían delegados .que a su deliberaciones donde fuera necesario:
vez votaban a los diputados de la circunscripción. Esto garantizaba que
prácticamente todos los 646 diputados del tercer estado fueran abogados,
2. J. M. Thompson (ed.), English Witnesses o f the French Revolulion (Oxford, 1938),
funcionarios y hombres acaudalados, hombres de fortuna y reputación en p. 58; Aileen Ribciro, Fashion in the French Revolution (Londres, 1988), p. 46. En lo rela­
la región. Tan sólo 100 de aquellos diputados burgueses procedían del tivo a las elecciones de 1789, véase Malcom Crook, Elections in the French Revolution:
comercio o la industria. Una rara excepción en las filas de la clase media An Apprenticeship in Democracy, 17X9-1799 (Cambridge, 1996), cap. 1.
LA R E V O L U C IÓ N D E 1789 67

Habiendo sido convocada la Asamblea Nacional para elaborar la consti­


tución del reino, regenerar el orden público y mantener los verdaderos
sin alterar los señoríos. No obstante, el tercer estado se mantuvo inamovi­
principios de la monarquía, nada podrá impedir que continúe sus delibe­ ble y su resolución se vio reforzada por la llegada a la Asamblea, dos días
raciones en cualquier em plazam iento en el que se vea obligada a esta­ después, de cuarenta y siete nobles liberales conducidos por el primo de
blecerse, y por último, en cualquier sitio donde se reúnan sus miembros, Luis, el duque de Orleáns. El 27 de junio Luis pareció capitular y ordenó
éstos constituirán la Asamblea Nacional. a los diputados que quedaban que se uniesen a sus colegas de la Asam­
Queda decidido que todos los miembros de esta Asamblea pronuncia­ blea. Sin embargo, a pesar de su aparente victoria, los diputados burgue­
rán ahora el solem ne juramento de no separarse nunca, y de reunirse cada ses y sus aliados no tardaron en ser desafiados por un contraataque de la
vez que las circunstancias lo exijan, hasta que se haya elaborado la consti­ corte. París, a 18 kilómetros de Versalles y crisol del entusiasmo revolu­
tución del reino y consolidado en una base firme, y que una vez efectuado cionario, fue sitiado por 20.000 mercenarios y, en un acto de desafío sim­
el m encionado juramento, cada uno de los miembros ratificará esta inque­
bólico, Luis destituyó a Jacques Necker, el único ministro que no proce­
brantable resolución con su firma.3
día de la nobleza, el 11 de julio.
Los miembros de la Asamblea se salvaron de una destitución sumaria
Hubo sólo una voz discordante, la de Martin Dauch, elegido por Castel-
gracias a la acción colectiva de la clase obrera parisina. A pesar de que les
naudary, en la zona sur.
estaba vetado por sexo o pobreza participar en la formulación de los cua­
La resolución de los diputados del tercer estado se vio respaldada por
dernos o en la elección de los diputados, desde el mes de abril la canaIIa
el constante goteo a sus filas de nobles liberales y de muchos párrocos
había demostrado su convicción de que la revuelta de los diputados bur­
reformistas que dominaban numéricamente la representación del primer
gueses se hacía en nombre del pueblo. En efecto, una observación hecha
estado. El voto que el 19 de junio dieron 149 diputados del clero de unir­
a la ligera sobre los salarios por parte del acaudalado fabricante Réveillon
se al tercer estado, contra 137, fue lo que liberó a la política del punto
en una reunión del tercer estado el 23 de abril había provocado una rebe­
muerto en que se encontraba. El motivo clave de su decisión fue su enojo
lión en el fa u b o u rg St.-Antoine durante la cual, imitando a Sieyés, se oye­
por el abismo que les separaba de sus compañeros episcopales. El Abbé
ron gritos de «¡Larga vida al tercer estado! ¡Libertad! ¡No cederemos!
Barbotin escribió a un sacerdote compañero suyo:
(véase mapa 4). La revuelta fue sofocada por las tropas a costa de varios
centenares de vidas. Numerosos panfletos manifestaban la ira de la cana­
Al llegar aquí todavía me sentía inclinado a creer que los obispos eran
también pastores, pero todo lo que veo me obliga a pensar que no son más lla ante su exclusión del proceso político. Una escalada en los precios de
que mercenarios, políticos m aquiavélicos, que sólo se preocupan de sus las barras de pan de cuatro libras de 8 a 14 céntimos sustentó este m ales­
propios intereses y están dispuestos a desplumar — incluso a devorar si es tar, que se asumió mayoritariamente como consecuencia de una retención
necesario— a su propio rebaño antes que apacentarlo.4 deliberada de las existencias por parte de los nobles terratenientes. El
librero parisino Sébastien Hardy, cuyos diarios constituyen una incompa­
El 23 de junio, Luis trató de suavizar aquel desafío proponiendo una mo­ rable fuente de información acerca de los primeros meses de la revolu­
desta reforma contributiva que mantenía un sistema de órdenes separados ción, escribió que el pueblo aseguraba «que los principes estaban acumu­
lando trigo deliberadamente para poner la zancadilla a M. Necker, a quien
3. Gazette nalionale ou le Moniteur universel, n.° 10, pp. 20-24 de junio de 1789,
estaban ansiosos por derrocar».5
vol. 1, 89. Charles Panckoucke, editor de la Encyclopédie, era el propietario de este perió­ La destitución de Neckcr, que fue sustituido por el favorito de la reina,
dico, que vinculaba la Gazette prerrevolucionaria al Moniteur «patriótico». Su reedición el barón de Breteuil, supuso la señal de partida de la acción popular.
en la década de 1840 resulta una inestimable fuente para los debates parlamentarios.
4. Dale Van Kley, The Religious Origins o f the French Revolution (New Haven,
1996), p. 349.
5. George Rudé, The Crowd in tile French Revolution (Oxford, 1959), p. 46.
Entre los oradores en torno a los que los parisinos se arremolinaban en parte de los miembros burgueses del tercer estado quedó institucionaliza­
busca de noticias e inspiración se encontraba Camille Desmoulins, ami­ do mediante un nuevo gobierno municipal a cargo de Bailly y una milicia
go del diputado del tercer estado por Arras, Maximilien Robespierre, a civil burguesa dirigida por el héroe francés de la guerra americana de la
quien había conocido durante su época escolar en el C ollége Louis-le- Independencia, Lafayette. A primera hora de la mañana del 17 de julio, el
Grand en la década de 1770. Durante los cuatro días posteriores al 12 de hermano más pequeño de Luis, el conde de Artois, abandonó Francia as­
julio, cuarenta de las cincuenta y cuatro aduanas que circundaban París queado por el desmoronamiento del respeto propiciado por el tercer esta­
fueron destruidas. La abadía de Saint-Lazare fue registrada en busca de do. Un goteo constante de cortesanos descontentos se uniría a su emigrada
armas; las sospechas del pueblo de que la nobleza trataba de doblegarlo corte en Turín. Aquel mismo día, Luis aceptó formalmente lo ocurrido
mediante el hambre quedaron confirmadas cuando se descubrieron reser­ entrando en París para anunciar la retirada de sus tropas y llamando de nue­
vas de trigo allí almacenadas. Los insurrectos se apoderaron de las armas vo a Necker para devolverle el cargo. Días después, Lafayette añadiría el
y munición que había en las armerías y en el hospital militar de los Invá­ blanco de la bandera borbónica al rojo y el azul de la ciudad de París:
lidos, y se enfrentaron a las tropas reales. El objetivo final era la fortaleza acababa de nacer la revolucionaria escarapela tricolor.
de la Bastilla, sita en el faubourg St.-Antoine, porque disponía de exis­ Sin embargo, el asalto a la Bastilla planteó también a los revoluciona­
tencias de armas y pólvora y porque esta poderosa fortaleza dominaba los rios un dilema acuciante y espinoso. La acción colectiva del pueblo de
barrios populares del este de París. Además, era también un imponente París había sido decisiva en el triunfo del tercer estado y de la Asamblea
símbolo de la autoridad arbitraria de la monarquía. El 14 de julio, unos Nacional; no obstante, algunos de los participantes en la exultante multi­
8.000 parisinos armados pusieron sitio a la fortaleza; el gobernador, el tud que tomó la Bastilla respondieron violentamente matando al goberna­
marqués de Launay, no quiso rendirse y, viendo que la multitud se abría dor de la fortaleza, De Launay, y a seis soldados de sus tropas. ¿Fue éste
camino a la fuerza hacia el patio, ordenó a sus 100 soldados que dispara­ un comprensible — e incluso justificable— acto de venganza popular
sen a la turba, con un saldo de 98 muertos y 73 heridos. Sólo accedió a la ejercido en la persona cuya decisión de defender a toda costa la prisión
rendición cuando dos destacamentos de Gardes Franpaises se unieron a había provocado la muerte de un centenar de asaltantes? ¿Fue acaso un mo­
los sublevados y situaron su cañón frente a la entrada principal. mento de locura profundamente lamentable y retrógrado, el acto de una
¿Quiénes fueron los que tomaron la Bastilla? Se hicieron varias listas turba demasiado habituada a ios castigos espectaculares impuestos por la
oficiales de los vencedores de la Bastilla, como se les llamó después, in­ monarquía a la violenta sociedad que la revolución pretendía reformar?
cluyendo una elaborada por su secretario Stanislas Maillard. De los 662 ¿O bien se trató de un acto de barbarie totalmente imperdonable, la
supervivientes que figuraban en la lista, había quizá una veintena de bur­ antítesis de todo aquello que la revolución debía significar? En la primera
gueses, incluyendo fabricantes, comerciantes, el cervecero Santerre, y 76 edición de uno de los nuevos periódicos que se apresuraron a informar
soldados. El resto pertenecían a la canalla: tenderos, artesanos y asalariados acerca de los recientes acontecimientos sin precedentes, Les Révplutions
de unos treinta oficios distintos. Entre ellos había 49 carpinteros, 48 ebanis­ de Paris, Elysée Loustallot consideraba el asesinato de Launay repugnan­
tas, 41 cerrajeros, 28 zapateros remendones, 10 peluqueros que también te pero legítimo:
confeccionaban pelucas, 11 vinateros, 9 sastres, 7 canteros, y 6 jardineros.6 Por primera vez, la augusta y sagrada libertad ha penetrado finalmente en
La triunfal toma de la Bastilla el 14 de julio tuvo importantes con­ esta morada de horrores [la Bastilla], en este temible refugio de despotis­
secuencias revolucionarias. En términos políticos, salvó a la Asamblea mo, monstruos y delincuencia ... el pueblo que estaba tan ansioso de ven­
Nacional y legitimó un brusco cambio de poder. El control de París por ganza no permitió ni a de Launai, ni a los demás funcionarios llegar al tri­
bunal de la ciudad; los arrancaron de manos de sus conquistadores y los
6. Sobre el asalto a la Bastilla, véase ibid., cap. 4; y Jacqucs Godechot, The Taking o f pisotearon uno tras otro; de Launai fue atravesado por innumerables esto­
the Bastille: July I4tli, 1789, trad., Jean Stcwart (Londres, 1970). cadas, decapitado, y su cabeza clavada en la punta de una lanza, su sangre
manaba por todas partes ... Este glorioso día debe sorprender a nuestros La toma de la Bastilla fue tan sólo el ejemplo más espectacular de
enem igos, y presagiar por fin el triunfo de la justicia y la libertad. conquista popular del poder local. En toda Francia, desde París hasta la
más remota y diminuta aldea, la primavera y verano de 1789 supusieron
Loustallot, un joven abogado de Burdeos, debió de pensar que aquel inci­ el desmoronamiento total y sin precedentes de siglos de gobierno de la
dente sería único, pero lo peor estaba aún por llegar. El día 22, el gober­ realeza. En los centros provinciales se produjeron «revoluciones munici­
nador real de París desde 1776, Louis Bertier de Sauvigny, fue apresado pales», en las que los nobles se retiraban o eran obligados a marcharse
cuando trataba de huir de la ciudad. Él y su suegro Joseph Foulon, que por la fuerza, como sucedió en Troyes, o en las que nuevos hombres ac­
había sustituido a Necker en su ministerio, fueron apaleados hasta la cedían al poder, com o en Reims. El vacío de autoridad causado por la
muerte y decapitados, y sus cabezas exhibidas por todo París, al parecer caída del Estado borbónico se cubrió temporalmente en los pueblos y ciu­
en merecido castigo por presunta conspiración para empeorar el largo pe­ dades pequeñas por m ilicias populares y consejos. Esta toma de poder
ríodo de hambruna que atravesaron los parisinos en 1788-1789. Supues­ fue acompañada en todas partes por un rechazo generalizado de las rei­
tamente Foulon había declarado que si los pobres estaban hambrientos vindicaciones del Estado, de los señores y de la Iglesia, que exigían el
que comieran paja. El informe de Loustallot acerca de aquel día «terrible pago de los impuestos, tributos y diezmo; por otro lado, al confraternizar
y aterrador» estaba ahora marcado por la angustia y la desesperación. abiertamente las tropas con los civiles, el poder judicial no tenia fuerza
Tras la decapitación de Foulon, alguna para hacer cumplir la ley.
Paralelamente a la revolución municipal, la toma de la Bastilla tuvo
Tenía un puñado de heno en la boca, una explícita alusión a los sentim ien­ otra consecuencia todavía de mayor envergadura. Las noticias de este
tos inhumanos de aquel bárbaro ... ¡la venganza de un pueblo comprensi­ desafío sin precedentes al poder del Estado y a la nobleza llegaron a un
blemente furioso! ... Un hombre ... ¡Oh D ios! ¡El bárbaro! arranca el
campesinado en plena efervescencia, se respiraba en el campo un am­
corazón [de Berthier] de sus entrañas todavía palpitantes ... ¡Qué horrible
biente de conflicto, esperanza y temor. Desde diciembre de 1788, los
visión! ¡Tiranos, contem plad este terrible y espeluznante espectáculo!
campesinos se habían negado a pagar los impuestos o los tributos seño­
¡Temblad y ved cóm o se os trata! ... Conciudadanos, percibo cóm o os afli­
gen el alma estas espantosas escenas; al igual que vosotros, estoy conm o­
riales, o se habían apoderado de las reservas de comida, en Provenza, en
cionado por todo lo sucedido, pero pensad cuán ignom inioso es vivir el Franco Condado, en Cambrésis y Hainaut en el noreste, y en la cuenca
com o un esclavo ... Sin embargo, no olvidéis que estos castigos ultrajan a de Paris. Arthur Young, en su tercer viaje por Francia, plasmó las deses­
la humanidad, y hacen que la Naturaleza se estremezca. peradas ilusiones depositadas en la Asamblea Nacional, al conversar con
una mujer campesina en la Lorena el 12 de julio:
Simón Schama insiste en que esta violencia punitiva estaba en el corazón

t ? f r r f f f f f r r t
Mientras subía a pie por una empinada colina, para aliviar a mi yegua,
de la revolución desde el principio, y que los líderes de la clase media
una pobre mujer se unió a mí y com enzó a quejarse de aquellos tiempos
eran cómplices de tales barbaridades. Según Schama, Loustallot, que se que estábamos viviendo, y de lo triste que era el país; al preguntarle yo las
convertiría en el periodista revolucionario más importante y admirado, razones de su lamento, dijo que su marido no tenía más que un pedazo de
había escarnecido el horror causado por la violencia para condonarla y tierra, una vaca, y un pobre caballo, y sin embargo tenían que pagar un
alentarla: «mientras fingía sentirse estremecido por la extrema violencia fra n c h a r (42 libras) de trigo y tres pollos por el arriendo a un señor, y
que estaba describiendo, su prosa se revolcaba en ella». El afligido repor­ cuatro J,ranchares de avena, un pollo y una libra a otro señor, además de
taje de Loustallot plantea argumentos difíciles de justificar.7 las gravosas tallas y otros impuestos ... Ahora decían que algunas perso-

7. Schama, Cilizens, 446; Les Révolulions de Paris, n.° 1, 12-18 de julio de 1789, pp. periódico nos la brinda J. Gilchrist y W. J. Murray (eds.), The Press in the French Revolu-
17-19, n.° 2, 18-25 de julio de 1789, pp. 18-25. Una excelente colección de artículos de tion (Melbournc, 1971).
LA R E V O L U C IÓ N D E 1789 73

ñas importantes iban a hacer algo por los pobres, pero ella no sabia
títulos de arrendamiento y concesiones de señorío, y derruido sus palo­
quién ni cómo, pero D ios nos favorecerá, car les tailles et les droits nous
mares: a continuación le dejaron una nota informándola del robo con la
écrasent. Esta mujer, vista no de muy lejos, aparentaba unos sesenta o
firma La Nación,9
setenta años, su figura encorvada y su rostro ajado y endurecido por el
arduo trabajo, pero ella aseguró tener sólo veintiocho.8
La noche del 4 de agosto, en un ambiente de pánico exacerbado, abnega­
ción y extrema excitación, una serie de nobles montaron la tribuna de la
El miedo a la venganza de los aristócratas sustituyó tales esperanzas a
Asamblea para responder al gran miedo renunciando a sus privilegios y
medida que llegaban noticias de la Bastilla: ¿acaso las pandillas de men­
aboliendo los tributos feudales. No obstante, una semana más tarde, hi­
digos que merodeaban por los campos de cereales eran agentes de los ven­
cieron distinciones entre «servidumbre personal», que fue abolida en su
gativos señores? La esperanza, el temor y el hambre convirtieron el campo
totalidad, y «derechos de propiedad» (tributos de señorío pagaderos en
en un polvorín al que imaginarias visiones de «bandidos» prendieron fue­
cosechas) por los que los campesinos tenían que pagar una indemniza­
go. El pánico se extendió a partir de unas pocas chispas aisladas causando
ción antes de dejar de pagar definitivamente:
incendios de violentos rumores, diseminándose de pueblo en pueblo a
varios kilómetros por hora, e invadiendo todas las regiones a excepción Artículo 1. La Asamblea Nacional aniquila por completo el régimen
de Bretaña y el este. Al no materializarse las represalias de los nobles, las feudal y decreta la abolición sin indemnización de los derechos y debe­
milicias de los pueblos apuntaron con sus armas al mismo sistema seño­ res, tanto feudales como censuales, derivados de manos muertas reales o
rial, obligando a los señores o a sus agentes a entregar los archivos feu­ personales, y de la servidumbre personal, así como de aquellos que los
dales para ser quemados en la plaza del pueblo. Esta revuelta tan extraor­ representan; todos los demás son amortizables, y el precio y la manera de
dinaria se dio a conocer con el nombre de «gran pánico». Se eligieron amortizarlos serán establecidos por la Asamblea Nacional. Aquellos dere­
también otros objetos a los que dirigir el odio: en Alsacia se ejerció la vio­ chos que no sean abolidos por este decreto seguirán siendo recaudados
lencia contra los judíos. En las afueras del norte de París, en St. Dcnis, un hasta nuevo acuerdo.
funcionario que se había burlado de una multitud que se quejaba de los
Así pues, la Asamblea abolió por completo la servidumbre, los palomares,
precios de la comida fue arrastrado desde su escondrijo en el chapitel de
los privilegios señoriales y reales de caza, y el trabajo no remunerado.
una iglesia, apuñalado hasta causarle la muerte y decapitado; sin embargo,
Quedaron también suprimidos los tribunales señoriales: en el futuro, la
éste fue un caso poco frecuente de violencia personal en aquellos días. Al
justicia iba a ser administrada desinteresadamente de acuerdo con un con­
igual que la canalla de París, los campesinos adoptaron el lenguaje de la
junto de leyes uniformes. El diezmo, al igual que los impuestos estatales
revuelta burguesa para sus propios fines; el 2 de agosto, el mayordomo del
existentes, serían sustituidos por modos más equitativos de financiar al Es­
duque de Montmorency escribió a su señor en Versalles que:
tado y a la Iglesia, pero mientras tanto habría que continuar pagando.
El populacho, culpando a los señores del reino de los altos precios del tri­ Más tarde, el 27 de agosto, tras concienzudos y largos debates, la Asam­
go, ataca ferozmente todo lo que les pertenece. N o hay razonamiento que blea votó una Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano.
valga: este populacho desenfrenado tan sólo atiende a su propia furia ... Lo fundamental de dicha Declaración era la insistencia en que «la igno­
Justo cuando estaba a punto de terminar mi carta, me enteré de que rancia, el olvido o el menosprecio de los derechos del hombre son las
aproximadamente trescientos bandidos procedentes de todos los rincones,
unidos a los vasallos de la marquesa de Longaunay, hablan robado los
9. Armales historiques de la Révolution franfuise (1955), pp. 161-162. La revuelta
rural constituye el tema del estudio clásico de 1932 de Georges Lefcbvrc, El gran pánico
de 1789: la Revolución Francesa y los campesinos (Paidós, Barcelona, 1986). Existe un
8. Arthur Young, Travels in France during the Yearx / 7.V7-/7<V.V 1789 (Nueva York,
estudio reciente de Clay Ramsay, The tdeology o f the Greal Fear: The Soissonnais in
1969).
1789 (Baltimore, 1992).
únicas causas de las desventuras públicas»; la Asamblea rechazó la suge­ Los Decretos de Agosto tuvieron también gran importancia por otra ra­
rencia por parte de los nobles de que se incluyese junto a esta declaración zón: porque estaban basados en la presunción de que a partir de aquel
una declaración de deberes para que el pueblo llano no abusase de sus momento todos los individuos de Francia gozarían de los mismos dere­
libertades. En su lugar, se establecía la esencia del liberalismo, que «la li­ chos y estarían sujetos a las mismas leyes: la edad de los privilegios y
bertad consiste en poder hacer todo lo que no dañe a otro». Por con­ excepciones había terminado:
siguiente, la Declaración garantizaba los derechos de libre expresión y
asociación, y de religión y opinión, limitados tan sólo — y de forma más Artículo X ... todos los privilegios especiales de las provincias, principa­
lidades, condados, cantones, ciudades y com unidades de habitantes, ya
bien ambigua— por «la ley». Aquélla iba a ser una tierra en la que todos
sean financieros o de cualquier otro tipo, quedan abolidos sin indemniza­
serían iguales ante la ley, y estarían sujetos a las mismas responsabilida­
ciones, y serán absorbidos dentro de los derechos com unes de todos los
des públicas: era una invitación a convertirse en ciudadanos de una
franceses."
nación en vez de súbditos de un rey.
Los Decretos de Agosto y la Declaración de los Derechos del Hombre
La Declaración, así com o los Decretos de Agosto, afirmaba de forma
representaban el fin de la estructura absolutista, señorial y corporativa de
explícita que todas las carreras y cargos estarían abiertas al talento, y que
la Francia del siglo xvm . Eran también una proclamación revolucionaria
en lo sucesivo «las distinciones sociales se basarían solamente en la lili
de los principios de una nueva edad dorada. En sí misma la Declaración lidad general». Por consiguiente, se consideró político excluir cláusulas
era un documento extraordinario, una de las más poderosas afirmaciones de un borrador inicial que trataba de explicar los límites de la igualdad de
de liberalismo y de gobierno representativo. Aun siendo universal en su forma más directa:
lenguaje y rebosante de optimismo, no dejaba por ello de ser ambigua en
su redacción y en sus silencios. Es decir, mientras proclamaba la univer­ II. Para garantizar su propia conservación y encontrar el bienestar, todo
salidad de derechos y la igualdad cívica de todos los ciudadanos, la hombre recibe facultades de la naturaleza. La libertad consiste en el com ­
Declaración era ambigua respecto a si los desposeídos, los esclavos y las pleto y pleno uso de dichas facultades.
mujeres gozarían también de igualdad política y legal, y silenciaba el V. Pero la naturaleza no ha dotado a todos los hombres de los m ismos
modo en que se pretendía garantizar el ejercicio del propio talento a medios para ejercer sus derechos. La desigualdad entre los hombres nace
aquellos que carecían de educación o propiedades. Esta cuestión se había de ello. Así pues, la desigualdad se encuentra en la propia naturaleza.
planteado ya en la primavera de 1789 en un cahiers de mujeres’ del País VI. La sociedad está basada en ia necesidad de mantener la igualdad
de Caux, una región situada al norte de París: de derechos en plena desigualdad de m edios. 12

A
V t ses p'x TEZOT) c por necesitam. i b ; itonrorEV psrmiKr> aut ;¡ü muiarís Puesto que tanto los Decretos de Agosto como la Declaración constituían
compartan su trabajo, que cultiven el suelo, que aren los campos, que se un conjunto profundamente revolucionario de principios fundamentales
hagan cargo del servicio postal; otras emprenden largos y arduos viajes
de un nuevo orden, ambos documentos se encontraron con el rechazo de
por m otivos com erciales ...
Luis. Los Estados Generales habían sido convocados para ofrecerle con-
N os han dicho que se está hablando de liberar a los negros; el pueblo,
casi tan esclavizado com o ellos, está recuperando sus derechos ...
¿Seguirán los hombres insistiendo en querer hacernos víctim as de su
11. Moniteur universel,n.°40, 11-14 de agosto de 1789, vol. I, pp. 332-333.
orgullo e injusticia?10 12. Moniteur universel, n.° 44, 20 de agosto de 1789, vol. 2, pp. 362-363; Archives
parlementaires, 2 de septiembre de 1791, pp. 151-152. En Dale Van Kley (ed.), The
10. «Cahier des doléances et réclamations des femmes par Mme. B... B..., 1789», en French idea o f Freedom: The Oíd Regime and the Declaration o f Riglits o f 1789 (Stan-
Cahiers des doléances des femmes et aulres lexles (París, 1981), pp. 47-59. ford, Calif., 1994) encontramos una detallada reflexión sobre la Declaración.
scjo sobre el estado de su reino: ¿acaso la aceptación de la existencia de regresó al Ayuntamiento de París con el señor Maillard y otras dos mu­
una «Asamblea Nacional» le obligaba a aceptar las decisiones de esta jeres, llevando consigo los decretos que les fueron entregados en la
Asamblea Nacional.
última? Además, a medida que la crisis empeoraba y se multiplicaba la
evidencia de un desprecio manifiesto por la revolución por parte de los
oficiales del ejército, la victoria del verano de 1789 parecía de nuevo dis­ El alcalde Bailly recordó que cuando las mujeres regresaron a París el
cutible. Por segunda vez, la canalla de París intervino para salvaguardar día 6, iban cantando «cancioncillas vulgares que al parecer mostraban
una revolución que había hecho suya. Sin embargo, esta vez fueron las poco respeto por la reina». Otras se vanagloriaban de haber traído consi­
mujeres de los mercados quienes la abanderaron: en palabras del obser­ go a la familia real tildándolos de «el panadero y su esposa, y el aprendiz
vador librero Hardy, «estas mujeres dijeron a voces que los hombres no del panadero».14 Con esto las mujeres explicitaban públicamente la anti­
sabían de qué iba todo aquello y que ellas querían intervenir en el curso gua creencia de la responsabilidad real ante Dios de proveer comida. Una
de los acontecimientos».13 El 5 de octubre, 7.000 mujeres emprendieron la vez sancionados los decretos clave, y la corte totalmente desorganizada,
marcha hacia Versalles; entre sus líderes espontáneos figuraba Maillard, el triunfo de la revolución parecía asegurado; y para dar cuenta de la
un héroe del 14 de julio, y una mujer de Luxemburgo, Anne-Josephe Ter- magnitud de lo conseguido, el pueblo empezó ahora a referirse al antiguo
wagne, que se hizo famosa con el nombre de Théroigne de Méricourt. régimen.
Más tarde fueron secundadas por la Guardia Nacional, que obligó a su En toda Europa, la gente estaba impresionada por los dramáticos
reacio comandante Lafayette a «acaudillarlas». Una vez en Versalles, las sucesos de aquel verano. Pocos fueron los que no se entusiasmaron con
mujeres invadieron la Asamblea. Una delegación se presentó ante el rey, los acontecimientos: entre las cabezas coronadas de Europa, sólo los
que inmediatamente consintió en sancionar los decretos. No obstante, no reyes de Suecia y de España y Catalina de Rusia se mantuvieron decidi­
tardó en hacerse evidente que las mujeres sólo se contentarían si la fa­ damente hostiles desde el inicio. Otros quizá sintieran cierta satisfacción
milia real regresaba a París. Así lo hizo el día 6 y la Asamblea siguió sus al ver humillada por su propio pueblo a una de las mayores potencias de
pasos. Europa. No obstante, entre el populacho europeo general el respaldo a la
Aquél fue un momento decisivo en la revolución de 1789. La Asam­ revolución era mayoritario, aunque también había unos pocos «contrarre­
blea Nacional debía de nuevo su existencia y su éxito a la intervención volucionarios» como Edmund Burke. Mientras que en Inglaterra muchos
armada del pueblo de París. Convencida de que ahora la revolución era empezaron a sentirse incómodos con los informes acerca de los brutales
completa y estaba asegurada, y de que el pueblo llano de París nunca más derramamientos de sangre o cuando la Asamblea Nacional desestimó sin
volvería a ejercer semejante poder, la Asamblea ordenó una investigación dilación la posibilidad de emular el sistema británico de dos cámaras, con
acerca de los «delitos» del 5 al 6 de octubre. Entre los cientos de partici­ su Cámara de los Lores, otros muchos mostraron abiertamente su entu­
pantes y observadores entrevistados se encontraba Madelaine Glain, una siasmo. Poetas como Wordsworth, Burns, Colcridge, Southcy y Blake se
encargada de la limpieza de 42 años, que estableció una relación entre los unieron a sus semejantes alemanes e italianos en el mundo artístico y
imperativos de garantizar el suministro de pan a precio razonable y el filosófico (Beethovcn, Fichte, Hegel, Kant y Herder) en la celebración de
destino de los decretos revolucionarios clave: lo que se interpretaba como un momento ejemplar de liberación en la his­
toria del espíritu europeo. Lafayette mandó un juego de llaves de la Basti-
acudió con las demás mujeres a la sala de la Asamblea Nacional, donde
irrumpieron en tropel; tras haber exigido algunas de aquellas mujeres
panes de 4 libras a 8 céntim os, y carne por el mismo precio, la.testigo ... 14. Réimpression de l'Anden Moniteur, seule histoire authentique et inaltérée de la
Revolution frangaise, depuis la reunión des Etats-Généraux jusqu ’au Consulat, 32 vols.
(París, 1847), vol. 2, 1789, p. 544; Cobb y Jones (eds.), Voices o f the French Revolution,
13. Rudé, Crowd in the French Revolution, p. 69 y cap. 5, p. 88.
n n u u u u mu u u u n n n H¡ u
lia a George Washington en calidad de «tributo que debo como hijo a mi
padre adoptivo, com o ayudante de campo a mi general, y como misionero
de la libertad a su patriarca». A su vez, Washington, elegido presidente de
listados Unidos seis meses antes, escribió a su enviado en Francia, el go­
bernador Morris, el 13 de octubre: «La revolución que se ha llevado a
IV. LA RECONSTRUCCIÓN DE FRANCIA,
cabo en Francia es de tan maravillosa índole que la mente apenas puede 1789-1791
reconocer el hecho. Si termina como ... [yo] pronostico, esta nación será
la más feliz y poderosa de Europa».
Junto con el potente sentido de euforia y unidad en aquel otoño de 1789
se abría paso la conciencia de cómo se había alcanzado la revolución y la
La Asamblea Nacional o Constituyente de 1789-1791 fue el parlamento
magnitud de lo que quedaba por hacer. La revolución de los diputados
más numeroso de la historia de Francia, con más de 1.200 miembros del
burgueses había triunfado sólo por la intervención activa de la clase
clero, de la nobleza y del pueblo llano, que previamente se habían reuni­
obrera de París; los recelos de los diputados se pusieron de manifiesto
do en los Estados Generales en mayo de 1789. A lo largo de los dos años
en la proclamación temporal de la ley marcial el 21 de octubre. Por otro
posteriores, los diputados se enfrascaron con extraordinaria energía en la
lado, el hecho de que Luis consintiera en cambiar a regañadientes, quedó
tarea de remodelar todos los aspectos de la vida social. El trabajo de su s
parcialmente disfrazado por la invención de que su obstinación se debía
treinta y un comités se vio facilitado por la presteza con que colaboraron
únicamente a la maligna influencia de la corte. Pero lo más importante de
muchos nobles, denominados «patriotas», por las abundantes cosechas
todo, la declaración revolucionaria de los principios del nuevo régimen
de 1789 y 1790 y, sobre todo, por la inmensa reserva de buena voluntad de
presuponía la remodelación de todos los aspectos de la vida social. Y a
que hizo gala el pueblo. Sin embargo, la tribuna y los comités de la Asam­
esta tarea se dedicaron.
blea estaban dominados por una décima parte de los diputados aproxi­
madamente, circunstancia que nos lleva a deducir que las semillas de los
posteriores recelos del sur sobre la revolución fueron sembradas en la
Asamblea por hombres del norte desde el inicio.
La reconstrucción de Francia se basaba en la creencia de una identi­
dad común a todos los ciudadanos franceses independientemente de su
extracción social u origen geográfico. Esto constituía un cambio funda­
mental en la relación del Estado con sus provincias y ciudadanía. En
todos los ámbitos de la vida pública — la administración, la judicatura,
las fuerzas armadas, la Iglesia, el orden público— las tradiciones de dere­
chos corporativos, nombramientos y jerarquía cedieron a la igualdad
civil, a la responsabilidad y a las elecciones en el seno de las estructuras
nacionales. La estructura institucional del antiguo régimen se había ca­
racterizado por el reconocimiento de la extraordinaria diversidad provin­
cial controlada por una red de personas nombradas por el rey. Ahora la
situación se invirtió: en todos los niveles los funcionarios habían de ser
elegidos, y las instituciones en las que trabajaban tenían que ser las m is­
mas en todas partes.
Las 41.000 nuevas «comunas», en su mayor parte formadas por las La Declaración de los Derechos del Hombre ya había adelantado la
parroquias del antiguo régimen, se convertirían en la base de una jerar­ promesa de que a partir de aquel momento todos los ciudadanos tendrían
quía administrativa de cantones, distritos y departamentos. Los 83 depar­ el mismo derecho a la libertad de conciencia y a la práctica externa de su
tamentos anunciados en febrero de 1790 fueron diseñados para facilitar fe. A finales de 1789, se había otorgado la plena ciudadanía a los protes­
la accesibilidad de la administración, la distancia desde cualquier comu­ tantes y, en enero siguiente, a los judíos sefarditas de Burdeos y Aviñón
na a la capital no había de ser mayor a la de un día de viaje (véase mapa 3). (por sólo 374 votos contra 280). Sin embargo, la Asamblea dudó frente al
La creación de este nuevo mapa de Francia fue resultado de la labor de antisemitismo de los diputados de Alsacia, como Jean-Frangois Reubell de
las élites urbanas con una clara visión de la organización espacial y la Colmar, que se oponía a la concesión de la ciudadanía a los judíos del
jerarquía institucional. El propósito que con ello se perseguía era el de este (pero no a los del sur) con la misma vehemencia con que defendíá
hacer realidad dos palabras clave: «regenerar» la nación mientras se los derechos de la «gente de color». Esto provocó una enérgica adverten­
cimentaba su «unidad». Había un fundamento geográfico válido para cia por parte de los judíos askenazíes orientales en enero de 1790:
cada departamento, pero también representaba una importante victoria
del nuevo Estado sobre las renacientes identidades provinciales mani­ Francia tiene el deber, por justicia c interés, de garantizarles los derechos
festadas desde 1787. Sus mismos nombres, extraídos de ríos, montañas y de ciudadanía, puesto que su hogar se halla en este imperio, viven aquí
com o súbditos, sirven a su patria en la medida de sus posibilidades, con­
otros accidentes naturales, cortaron de raíz las pretendidas lealtades
tribuyen al m antenimiento dd las fuerzas públicas igual t|ue los demás
a otras etnias y provincias: el territorio vasco se convertiría en «Basses-
ciudadanos del reino, con independencia de los onerosos, degradantes y
Pyrénées», no en el «Pays Basque», y no habría ninguna clase de recono­
arbitrarios impuestos que las antiguas injusticias y prejuicios del antiguo
cimiento institucional de regiones como Bretaña o el Languedoc.
régim en acumularon sobre sús hombros: ellos afirman que sólo puede
La Asamblea tenía también interés en acelerar «desde arriba» la sin­ haber dos clases de hombres en un Estado: ciudadanos o extranjeros, y
cronía de la nueva nación de ciudadanos franceses extendiendo el uso de demostrar que no som os extranjeros es demostrar que somos ciudadanos;'
la lengua francesa. La investigación del Abbé Grégoire realizada en 1790
resulta aleccionadora para los legisladores que asumieron erróneamente En las últimas sesiones de la Asafnblea Nacional en septiembre de 17‘>1
que el dominio del francés era indispensable para la condición de patrio­ quedó garantizada la total igualdad y elegibilidad de los judíos orientales.
ta. Tan sólo quince departamentos, con tres millones de habitantes, pudie­ El complejo conjunto de tribunales reales, aristocráticos y eclesiásti­
ron ser genuinamente calificados de francófonos. En Lot-et-Garonne, en cos y sus variaciones regionales fue sustituido por un sistema nacional
el suroeste, donde se hablaba gascón, los sacerdotes se quejaban de que mucho más accesible, humano e igualitario. La introducción de jueces de
los campesinos se dormían durante la lectura de los decretos de la Asam­ paz electos en cada cantón resultó inmensamente popular puesto que pro­
blea, «porque no comprenden ni una sola palabra, por más que se lean en porcionaba una justicia barata f accesible. Por ejemplo, los delitos capita­
voz alta y clara y que se expliquen». Por consiguiente, en posteriores les experimentaron una notable reducción, y quienes los cometieran se­
asambleas se acordó traducir los decretos a las lenguas locales, y en gran rían castigados en adelante mediant; la indolora máquina presentada por
parte de Francia los nuevos aspectos de la vida política se dieron a cono­ el presidente del comité de sVnidadde la Asamblea, Dr. Joseph Guillotin.
cer a través de la traducción.1 El principio de libertad individual se extendió también a la prostitución:

2. Moniteur universel, n.° 46; lí de febrero 1790, vol. 2, pp. 368-369; Gary Kates,
1. Jones, Peasantry, 209. Martin Lyons comenta la investigación de Grégoire en «Jews into Frenchmen: Nationality and Rcprcsentation in Rcvolutionary France», en
«Politics and Patois: The Linguistic Policy of the French Revolution», Auslralian Journal Ferenc Fehér (ed.), The French Kevolilion and the Birth o f Modcrnily (Uerkeley, Calif.,
oj French Studies, 18 (1981), pp. 264-281. 1990), pp. 103-116.
en julio de 1791, nuevas regulaciones municipales eliminaron toda referen­ La Asamblea Nacional tuvo que abordar la urgente necesidad de llevar
cia a la prostitución y su vigilancia. Con estas medidas muchas mujeres a cabo importantes reformas en tres áreas fundamentales: la reforma fis­
quedaron libres de la represiva coacción que ejercían los reformatorios cal para poner en práctica el compromiso de la Asamblea respecto al
religiosos a los que eran enviadas bajo el antiguo régimen, y al mismo principio de una contribución proporcional y uniforme; la reforma admi­
tiempo se reconoció que la prostitución y sus efectos secundarios eran nistrativa para establecer la práctica de la soberanía popular en el seno de
elección y responsabilidad individuales. La «libertad» alcanzada en 1789 las estructuras institucionales reformadas; y medidas para resolver las
era por lo tanto una espada de doble filo en sus aplicaciones prácticas. ambigüedades relativas al feudalismo dentro de la legislación de Agosto.
Las unidades de ciudadanos «activos» de la Guardia Nacional de cada La Asamblea había heredado la quiebra financiera de la monarquía,
comuna elegían a sus líderes. Sin embargo, mientras que los puestos de agravada por la negativa popular a pagar impuestos, y tuvo que adoptar
oficiales en las fuerzas armadas estaban también a disposición de los que medidas para poder afrontar la crisis. En todo el país la gente respondía a
no eran nobles, la Asamblea rechazó la aplicación de la soberanía popular las peticiones de «contribución patriótica» o donaciones. En noviembre
para su elección. El ejército y la armada se vieron sumidos en conflictos de 1789, las tierras de la Iglesia fueron nacionalizadas y, a partir de no­
internos entre los oficiales de procedencia noble y los soldados acerca del viembre de 1790, subastadas. Estas tierras sirvieron para respaldar la
control de los fondos del regimiento y el papel del ejército en la represión emisión de asignados (assignats), papel moneda que pronto empezaría a
de las protestas civiles. Hubo graves rebeliones en diciembre de 1789 en depreciarse convirtiéndose en auténtico poder adquisitivo. La necesidad de
la flota de Tolón y en septiembre de 1790 en la de Brest. Uno de los moti­ un sistema de impuestos radicalmente nuevo y universal tardó mucho
nes que se produjo en la guarnición de Nancy en agosto de 1790 fue cruel­ más en abordarse. El 25 de septiembre de 1789, la Asamblea decretó que
mente reprimido por el comandante Bouillé, primo de Lafayette, comandan­ la nobleza, el clero y otros sectores que hasta entonces habían gozado de
te en jefe del ejército. La Asamblea respaldó las acciones de Bouillé. Para inmunidad fiscal pagasen una parte proporcional de impuestos directos,
Elysée Loustallot de Les Révoluíions d e Paris, abatido por la violencia con efectos retroactivos para cubrir la segunda mitad de 1789. Sin embar­
que se había instalado desde julio de 1789, la noticia de la masacre resul­ go, las dificultades relativas a la elaboración de nuevas listas tributarias y
tó inconcebible: estimaciones de ingresos para cada comunidad requerían demasiado
tiempo, y la Asamblea se vio obligada a continuar con el sistema tributa­
¿Cómo puedo relatar lo sucedido con el corazón apesadumbrado? ¿Cómo rio del antiguo régimen durante 1790. El anuncio hecho por la Asamblea
puedo reflexionar cuando mis sentimientos están desgarrados por la de­ el 14 de abril de 1790, de que el diezmo quedaría abolido a partir del 1 de
sesperación? Les veo allí, !od )s aquellos cadáveres esparcidos por las enero del año siguiente com o parte de una reforma fiscal general, signifi­
calles de Nancy ... ¡Aguardad, rufianes, la prensa que descubre todos los caba que todavía tendría que seguir pagándose al estado durante 1790.
crímenes y desvela todos los errores os privará de vuestro gozo y de vues­ No obstante, el decreto fue interpretado por todas las comunidades de
tra fuerza: qué dulce sería ser vuestra última víctima! Francia com o algo que no era lógico seguir pagando en aquellos momen­
tos. Las comunas se negaron rotundamente a pagar el diezmo y recolecta­
Loustallot moría poco después, jtsto a jo s 29 años. La oración en su
ron las cosechas sin esperar al recaudador del diezmo. Finalmente, a prin­
funeral fue ofrecida por otro proitúnpnU periodista y revolucionario,
cipios de 1791 se introdujo un nuevo sistema contributivo basado en el
Camille Desmoulins.3
valor estimado de las propiedades y de las rentas obtenidas de aquéllas.

3. J. Gilchrist y W. J. Murray (cds.), The Preqswüie French Revolution (Mclbournc,


1971), p. 15. Sobre el impacto de la revolución en lasfuerzas armadas, véase Jean-Paul
Bcrtaud, The Army o f the French Revolution: ¡tan Citizen-Soldiers to Instrument o f Revolution (Durham, NC, 1990), cap. 2 ; William S. Cormack, Revolution and PolíticaI
Power, trad. R. R. Palmer (Princcton, 1988), cap I; Atan Forrest, Soldiers o f the French Conflict in tlie French Navy, 17X9-1794 (Cambridge, 1995).
Los nuevos impuestos eran considerablemente más elevados que los que de reformar y uniformizar los gobiernos locales en todo el país, aunque
habían gravado a la población durante el antiguo régimen y, para los era mucho más democrática. El alcalde, los funcionarios municipales y
agricultores arfendatarios, a menudo se añadían al alquiler. En Bretaña, los notables debían ser elegidos por contribuyentes con propiedades. La
donde el régimen feudal y los impuestos habían sido relativamente bajos ley del gobierno local representaba un cambio significativo en la autono­
y los arrendatarios habían gozado de alquileres a largo plazo (llamados mía y el electorado de los concejos municipales de los pueblos. Ahora las
dom aine congéable), la revolución aumentó sustancialmente las cargas municipalidades quedaban libres del control de los señores. La nueva ley
contributivas sin tener en cuenta las demandas de los agricultores arren­ supuso un pesado gravamen en la responsabilidad de los aldeanos: ahora
datarios relativas a la seguridad de ocupación. Sin embargo, para la ma­ eran ellos los encargados de asignar y de recaudar los impuestos directos,
yoría de campesinos el aumento de un 15 o 20 por ciento en impuestos de llevar a cabo las obras públicas, de supervisar las necesidades ma­
estatales fue más que una compensación por la supresión de los diezmos teriales de la iglesia y de la escuela y de mantener la ley y el orden. En las
y, finalmente, de los tributos de señorío. comunidades más pequeñas estas responsabilidades resultaban abruma­
La segunda y extensa área a la que la Asamblea debía prestar inmediata doras, incluso imposibles. Por otro lado, en el oeste, la ley de gobierno lo­
atención era la relativa al ejercicio del poder y de la soberanía popular. cal creó una desconcertante separación entre la municipalidad y la parro­
A la vez que rechazaban el sistema inglés de dos cámaras debido a la pro­ quia excluyendo a muchos hombres y a todas las mujeres acostumbrados
funda desconfianza que sentían hacia la nobleza, dotaban a Luis de am­ a discutir los asuntos de la comunidad después de misa.
plios poderes ejecutivos como, por ejemplo, el de nombrar a sus minis­ La tercera área que requería atención urgente era la relativa al señorío.
tros y diplomáticos. Tenía también derecho de veto, lo cual le permitía Las comunidades rurales de toda Francia estaban a la espera de transcri­
suspender una legislación inaceptable durante varios años (aunque no en bir un decreto en especial. Desde el comienzo de la revolución, la Asam­
asuntos relativos a finanzas o a la constitución). La ambigüedad acerca blea Nacional se encontraba entre la espada y la pared en cuanto a las exi­
del significado de ciudadanía en la Declaración de los Derechos del gencias radicales de la revolución campesina y sus compromisos con los
Hombre quedó resuelta con la exclusión de las mujeres y de los ciudada­ principios de la propiedad privada y su apoyo a ios nobles liberales. Ade­
nos masculinos «pasivos», aquellos, aproximadamente un 40 por ciento más, el rey, a quien las comunidades de campesinos consideraban su pro­
de los hombres adultos, que pagasen menos de tres jornadas de trabajo en tector en el momento de la elaboración de sus cahiers, se había negado
impuestos, e imponiendo complicados requisitos de propiedad a quienes a dar su consentimiento para equilibrar la comprometida ley sobre el feu­
podían ser elegidos electores y diputados. Habiendo como mínimo cuatro dalismo. Hubo que aguardar hasta el 20 de octubre, después de la marcha
m illones de ciudadanos activos, sólo unos 50.000 pagaban suficientes de las mujeres a Versalles, para que la legislación feudal del 4 al 11 de
impuestos com o para ser electores; los 745 diputados de la Asamblea agosto se convirtiera en ley. Incluso entonces estaba plagada de ambigüe­
Legislativa tenían a su vez que pagar el «marco de plata», equivalente a la dades relativas al alcance de la abolición del señorío. «
contribución de cincuenta y cuatro jornadas de trabajo. En su periódico No obstante, los campesinos sólo aceptaron sin cuestionarla la frase
Les Révolutions de France et d e Brabant, Camille Desmoulins denuncia­ inicial del Decreto de Agosto, que rezaba: «la Asamblea Nacional destru­
ba el nuevo «sistema aristocrático»: «Pero ¿qué significa esta palabra tan ye por completo el régimen feudal». Durante los cuatro meses siguientes
repetida de ciudadano activo? Los ciudadanos activos son los que toma­ a diciembre de 1789, campesinos procedentes de 330 parroquias del sur­
ron la Bastilla».4
oeste invadieron más de cien castillos para protestar contra el pago obli­
La Asamblea Nacional aprobó la ley municipal el 14 de diciembre de gatorio de los tributos sobre las cosechas. Otras protestas similares, tanto
1789. Ésta se inspiraba en gran medida en el intento de Calonnc de 1787 mediante acciones violentas como mediante el no cumplimiento de la ley,
se sucedieron en los departamentos de Yonne, Loiret, Aisne, y Oíse, y en
4. Doyle, Oxford History o f ¡he French Revolution, p. 124. las regiones del Macizo Central, Bretaña, Dauphiné y la Lorcna. Muchas
LA R E C O N S T R U C C IÓ N D E F R A N C IA , 1789-1791 87

de estas rebeliones fueron acompañadas por lo que Mona O zouf denomina


no había prueba alguna de un contrato de aceptación de su existencia:
«fiestas silvestres» en las que los aldeanos empezaron a inventar nuevas
éste podía adoptar la forma de un documento original o de documentos
formas de celebraciones espontáneas en torno a improvisados «árboles
de la libertad». En Picardía, las exigencias de una revolución más radical se Iposteriores aceptando dicho contrato. Finalmente, el 3 de mayo un decre-
i to establecía el valor de la amortización de los derechos señoriales. Para
centraron en los impuestos y en el señorío. Por ejemplo, en el pueblo de
I lallivillcrs (en el departamento del Somme), la mayoría de los habitantes las corvées, banalités y todos aquellos tributos pagados con dinero, el
interés de amortización quedó fijado en veinte veces el valor anual y, para
decidió que había llegado el momento de «poner fin al pago del champart
y de forzar a los demás terratenientes para que se uniesen a ellos y se | los impuestos pagaderos en especie, en veinticinco veces.
negasen a pagar dicho impuesto». La difusión de tales protestas dio lugar No tardó en hacerse notorio, a través de inquietantes informes proce­
a un contexto propicio que favorecería el activismo del joven autodidacta dentes de los nuevos departamentos y de la correspondencia personal
Fanpois-Noél Babeuf (nacido en 1760). Babeuf había trabajado para el recibida por los diputados, que en gran parte del país las leyes pactadas
sistema señorial antes de 1789 com o «feudista», y fue allí, aseguraba, ® en marzo y mayo de 1790 habían encontrado una obstinada y a veces
donde aprendió los más oscuros secretos del sistema. Ahora abogaba por incluso violenta resistencia. Esta acción adoptó dos formas. Primero, ya
la distribución de las tierras a los pobres («ley agraria»), por la total abo­ | que la legislación de 1789-1790 consideraba que las exacciones señoria-
lición del señorío, y por un impuesto sobre las rentas más que sobre la ; les eran una forma legal de arriendo de la que los campesinos sólo podían
propiedad. En 1790 empezó a llamarse a sí mismo Camille, en honor a desvincularse indemnizando al señor, muchas comunidades decidieron
Camilo, que en el siglo iv a.C. defendía una paga igual para todo el ejér­ iniciar acciones legales para obligar a los señores a presentar sus títulos
cito romano.5 feudales para ser verificados judicialmente. Esta acción era absolutamen­
El 15 de marzo de 1790 comenzaron los debates en el Comité sobre el te legal, pero refleja hasta qué punto las pequeñas comunidades rurales
feudalismo de la Asamblea Nacional relativos a una propuesta de ley estaban dispuestas a cuestionar la legalidad del sistema señorial bajo el
integral sobre la aplicación de las decisiones de agosto de 1789. Los que habían estado viviendo, pues eran ellos quienes corrían con las costas
comunes fueron advertidos no sólo de que el pago de tales derechos no legales derivadas de la verificación. Este desafío legal iba a menudo
podía suspenderse mientras se discutían legalmente, sino también de que acompañado de un segundo tipo de acción, ilegal esta vez: la negativa a
las pruebas aceptables que justificaban el pago de los mismos parecían seguir pagando mientras tanto los tributos feudales. En la región de Cor­
decantarse hacia los antiguos señores, que requerían sólo la evidencia biéres del Languedoc, por lo menos 86 de las 129 comunidades estaban
que se desprendía de «los estatutos, costumbres y normas observadas implicadas en acciones legales contra sus señores o se negaban abierta­
hasta la actualidad». En otras palabras, la tarea de demostrar la arbitrarie­ mente a pagar tributos en 1789-1792. Por otro lado, la nación se había
dad de aquellos tributos recaía en los que pagaban. La Asamblea votaría colocado en una incómoda posición debido al simultáneo y parcial des-
también a favor de la abolición de las banalités sin indemnización sólo si mantelamiento del régimen señorial y a la nacionalización de las propie­
dades de la Iglesia, porque ahora se descubría propietaria de todos aque­
llos tributos de señorío no abolidos todavía y pertenecientes a antiguos
5. Bryant T. Ragan, «Rural Political Equality and Fiscal Activism in the Rcvolutio-
señores eclesiásticos.
nary Somme», en Ragan y Elisabcth A. Williams (cds.), Re-creating Authority in Revolu-
lionary France (New Brunswick, NJ, 1992), p. 46; Ozouf, Feslivals and llie French La revolución era, y continuó siéndolo durante largo tiempo, abruma­
Revolution, pp. 37-39; R. B. Rose, Gracclius Babeuf 1760-1797, the First Revolutionary doramente popular: el alcance de los cambios en la vida social no puede
Communist (Stanford, Calif., 1978), caps. 5-7. La continua revolución en el campo es comprenderse más que en un contexto de optimismo y respaldo de las
analizada por Jones, Peasantry, pp. 67-85; Markoff, Abolition o f Feudalism, caps. 5-7; y
masas. Michael Fitzimmons, por ejemplo, hace hincapié en la buena
Anatoli Ado, Paysans en Revolution: Terre, pouvoir et jaequerie 1789-1794, trad. Scrgc
Abcrdam y otros (París, 1996), caps. 4-6. voluntad nacional en cuanto a las perspectivas de armonía social y «rege­
neración» (palabra clave a lo largo de toda la revolución) cuando después
de 1789 la Asamblea Nacional se enfrascó en su ardua tarea. Aquellos que legiada relación comercial con Santo Domingo (la exclusiva)— que La
accedieron a llenar el vacío de poder que dejó el desmoronamiento del Rochela. En este lugar, la revolución fue celebrada con entusiasmo, espe­
antiguo régimen y aquellos que figuraron entre los principales beneficia­ cialmente por los protestantes, que no eran más que el 7 por ciento apro­
rios de la revolución eran burgueses. La dramática reorganización de las ximadamente de los 18.000 habitantes de la ciudad, pero que dominaban
estructuras institucionales supuso la pérdida de puestos de trabajo, vena­ lodos los ámbitos de la economía y la sociedad, excepto el poder político.
les o no, de miles de funcionarios y abogados. Sin embargo, éstos no sólo En 1789 accedieron también a él. Nueve de los doce hombres que consti­
lograron ser elegidos para importantes cargos en las nuevas estructuras, tuyeron el primer concejo municipal de La Rochela eran comerciantes, y
sino que también fueron indemnizados por la pérdida de sus anteriores cinco de ellos protestantes. Dichos comerciantes construyeron con asom­
puestos. Así pues, el coste final del pago de indemnizaciones a los pro­ brosa rapidez una iglesia protestante y pusieron sus recursos a disposi­
pietarios de puestos venales ascendió a más de 800 millones de libras, ción de la nueva nación. Daniel Garesché, propietario de seis buques de
cosa que creó la apremiante necesidad de emitir asignados precipitando esclavos (negreros), y alcalde en 1791-1792, donó 17.000 libras, y des­
la inflación. Esta compensación llegó en un momento ideal para invertir pués otras 50.000 más, en concepto de «contribución patriótica».
en la inmensa cantidad de propiedades de la Iglesia puestas al mercado El entusiasmo de los comerciantes por la revolución era tan pragmático
desde noviembre de 1790. Subastadas en grandes lotes, estas ricas pro­ como apasionado. Los habitantes de La Rochela siempre habían sido
piedades fueron adquiridas por la burguesía urbana y por adinerados capaces de reconciliar sus principios con su propio interés. El cahier del
campesinos, así como por un ingente número de nobles. En el distrito de tercer estado de dicha localidad era un largo y elocuente alegato a la liber­
Gras, en el sureste de Francia, por ejemplo, donde tan sólo el 6,8 por tad y a la humanidad: se condenaba el uso del látigo con los esclavos
ciento de las tierras cambiaron de manos, fueron los burgueses del lugar como contrario a la piedad, como «irreconciliable con la ilustración y la
quienes dominaron las subastas. Las tres cuartas partes de las propieda­ humanidad que distinguía a la nación francesa». No obstante, no se hacía
des fueron a parar a manos de una cuarta parte de los compradores; 28 de mención alguna al tráfico de esclavos. Los comerciantes sabían que los
los 39 compradores más importantes eran comerciantes de Gras.6 africanos eran seres humanos que anhelaban vivir en libertad: así pues,
No obstante, había pequeños grupos dentro de la burguesía que la­ los esclavos eran liberados automáticamente una vez pisaban la costa fran­
mentaban la caída del antiguo régimen porque amenazaba su sustento. Es cesa, por lo que había 44 negros libres en la ciudad en 1777 (y unos 750 en
decir, aquéllos cuya riqueza procedía del sistema esclavista como negre­ París). Uno de los observadores de La Rochela en los Estados Generales,
ros o dueños de plantaciones coloniales temían que los principios que Picrre-Samucl Demissy, cometió el error de unirse a los Amis des Noirs y
sustentaba la Declaración de los Derechos del Hombre se extendiesen a de pedir la abolición de la esclavitud en 1789. Al año siguiente se percató
las colonias caribeñas. Un encarnizado debate enfrentó al grupo de pre­ del error de sus actos. Se puso de acuerdo con su compañero observador
sión colonial (el Club Massiac) con la Société des Amis des Noírs, entre Jcan-Baptiste Nairac, que deseaba siempre que «los aspectos políticos que
cuyos miembros figuraban Brissot, Robespierre y Grégoire. son tan importantes triunfen sobre las consideraciones morales». Cuando
No había otra ciudad más vulnerable a las vicisitudes de las relaciones por fin la Asamblea decidió no modificar nada en su decreto del 8 de marzo
internacionales — o más dependiente del comercio de esclavos y su privi­ de 1790, Nairac estaba exultante: «Sin llamar a las cosas por su verdadero
nombre, mantiene el comercio de esclavos, la esclavitud y el régimen
exclusivo». Sólo cinco diputados votaron en contra del decreto.7 La subsi­
6. Aimé Coiffard, La Vente des biens nalionaux dans te district de Gras (1790-1X15) guiente reacción de la Asamblea, en mayo de 1791, garantizaba el estatus
(París, 1973), pp. 94-103; William Doylc, Venality: The Sale o f Offices in Eigliteenth-
Cenlury France (Oxford, 1996). Sobre el respaldo popular a la regeneración de Francia:
Michael P. Fitzsimmons, The Remaking o f France: The National Assembty witli the Cons- 7. La revolución en La Rochela tan sólo ha sido investigada por historiadores locales.
titution u f 1791 (Cambridge, 1994). Vcasc Claudc Lavcau, Le Monde rochelais des Bourbons a Bonaparte (La Rochela, 1988);
de ciudadano «activo» a los negros libres de padres libres y con las propie­ miento hacia la revolución surgía de numerosas decepciones, com o la
dades requeridas, pero evitaba el tema de la esclavitud: de la pérdida de estatus según la reorganización administrativa, como
sucedió en Vence (departamento de Var), donde ni siquiera con una enér­
La Asam blea Nacional decreta que nunca tomará en consideración la
gica campaña lograron conservar su obispado, trasladado a la cercana
posición de la gente de color que no haya nacido de padre y madre libres,
sin el expreso deseo libre y espontáneo de las colonias; que las asambleas población de St.-Paul. Como muestra Ted Margadant, la ubicación de las
coloniales existentes en la actualidad seguirán funcionando; que la gente capitales (chefs-lieux) de departamento, de cantón o de distrito abrumaba
de color nacida de padre y madre libres será admitida en toda parroquia y a los legisladores con una avalancha de quejas y rivalidades que podían
asamblea colonial, siempre que cumpla con los requisitos necesarios. (La hacer replantear el apoyo a la revolución en ciudades que anteriormente se
sala se deshace en aplausos.)8 mantenían gracias a la presencia de un laberinto de tribunales y oficinas
del régimen borbónico.
El ejemplo de La Rochela hace hincapié en la enorme importancia de los En los lugares donde las lealtades de denominación coincidían con ten­
asuntos exteriores. Los historiadores coinciden en que, antes de 1789 y siones de clase, la revolución desencadenaba hostilidades manifiestas. En
después de 1791, los temas relativos a la política exterior y a la estrategia algunas zonas del sur, donde la burguesía protestante había alcanzado la
militar dominaron la agenda de las reformas internas; en general conside­ libertad religiosa y la igualdad civil, allanándoles el camino hacia el poder
ran que los dos años de arrollador cambio revolucionario, 1789-1791, político, la negativa de la Asamblea a proclamar el catolicismo como reli­
fueron una época en que la Asamblea estaba sumida en profundos y radi­ gión estatal en abril de 1790 proporcionó el pretexto para actos violentos a
cales cambios internos. Por el contrario, Jeremy Whiteman argumenta gran escala en Montauban y Nimes. Aquí, com o en otras comunidades
que el principal impulso de aquella reforma revolucionaria fue el deseo protestantes del sur del Macizo Central, los recuerdos del antiguo régimen
de «regenerar» la capacidad de Francia para actuar como pieza comercial acentuaron el respaldo de los protestantes a una revolución que les había
y militar clave en Europa y el Caribe. Una parte esencial del espíritu aportado la igualdad civil. En Nimes, la hostilidad popular de los católicos
reformador de la Asamblea Nacional era la creencia de que la nueva por el papel político y económico de los ricos protestantes fue salvajemen­
nación quedaría así «regenerada» y recuperaría el estatus internacional te aplastada cuando pandillas de campesinos protestantes de las regiones
del que había gozado antes de las sucesivas humillaciones en los asuntos cercanas de Cévennes y Vaunage entraron en la ciudad. La violencia de
exteriores desde 1763. Como en los años anteriores a 1789, tres de los Nimes se dio a conocer como la reyerta o bagarre de Nimes, un nombre
seis ministerios eran el de la Guerra, la Marina y Asuntos Exteriores.9 inapropiado para cuatro días de luchas que se saldaron con 300 católicos
A pesar de la preocupación por su futura prosperidad, La Rochela muertos, pero muy pocos protestantes. Las noticias de la matanza alimen­
apoyaba firmemente la revolución. En las demás localidades el resenti- taron las sospechas de que los protestantes estaban manipulando la revo­
lución; ¿acaso no había sido elegido presidente de la Asamblea un pastor
protestante llamado Rabaut de Saint-Etienne? La gravedad de tales divi­
J.-M. Dcvcau, La Traite rochelaise (Paris, 1990); y Le Commerce rochelais face á la
Revolution: Correspondance de Jean-Baptiste Nairac (1789-1790) (La Rochela, 1989). siones religiosas se puso de manifiesto de forma alarmante en la primera
8. Moniteur universel, n.° 136, 16 de mayo de 1791, vol. 8, p. 404; Robert Forstcr, muestra de descontento popular con la revolución, cuando, a mediados de
«Who is a Citizen? The Boundarics o f ‘La Patrie’ : The French Revolution and the Peoplc 1790, de 20.000 a 40.000 campesinos católicos de 180 parroquias estable­
ofColor, 1789-1791», French Politics & Society, 7 (1989), pp. 50-64.
cieron el efímero «Camp de Jales» en Ardéche.
9. Jeremy Whiteman, «Trade and the Regeneration o f France 1789-1791: Liberalism,
Protcctionism, and the Commercial Policy of the National Constituent Assembly», Euro- Sin embargo, la coalición popular del tercer estado y sus aliados entre
pean History Quarterly, 31 (2001), pp. 171-204; Orville T. Murphy, The Diplomatic el clero y la nobleza «patriótica» seguía, hasta bien entrado 1790, inspi­
Retreat o f France and Public Opinión on the Eve o f the French Revolution, 1783-1789 rándose en un poderoso sentido de unidad nacional y regeneración. Dicha
(Washington, DC, 1998). unidad fue representada en París por la gran «Fiesta de la Federación»,
coincidiendo con el primer aniversario de la toma de la Bastilla. En el Muchos sacerdotes resultaron materialmente beneficiados por la nue­
Campo de Marte, que había sido allanado mediante trabajos voluntarios, va escala salarial, y sólo el alto clero lamentaría la drástica reducción de
Luis, Talleyrand (antiguo obispo de Autun), y Lafayette proclamaron el los sueldos de los obispos. No obstante, la Asamblea redistribuyó los
nuevo orden ante 300.000 parisinos. Esta ceremonia se llevó a cabo de límites de jurisdicción de las diócesis y las parroquias, provocando una
distintas formas en toda Francia, un ejemplo del uso de las fiestas como avalancha de quejas por parte de las comunidades más pequeñas y de las
elemento de la cultura política revolucionaria. En una sociedad repleta de parroquias urbanas que ahora tenían que asistir a los oficios religiosos
rituales religiosos y exhibiciones del esplendor real, las ceremonias desti­ en iglesias de los alrededores. Sin embargo, el tema de cómo se realiza­
nadas a ensalzar la unidad revolucionaria se inspiraban en las viejas cos­ rían los nombramientos del clero en el futuro fue mucho más conflictivo.
tumbres, aunque diferían de ellas en su sustancia e imaginería. Los mine­ Ante las mordaces protestas de los diputados del clero en la Asamblea
ros de Montminot adaptaron una fiesta tradicional jurando por «el hacha que esgrimían que la jerarquía de la Iglesia estaba basada en el principio
siempre levantada para defender, aun a riesgo de la propia vida, el más de la autoridad divina inspirando a sus superiores en los nombramientos,
bello edificio que jamás existió, la Constitución Francesa». En Beaufort- diputados com o Treilhard replicaron que aquella práctica había condu­
en-Vallée, en el valle del Loira en la Francia occidental, ochenta y tres cido al nepotismo. Sólo el pueblo tenía potestad para elegir a sus sacerdo­
mujeres se escabulleron durante los festejos y regresaron vestidas como tes y obispos:
los nuevos departamentos. Para las mujeres acomodadas que seguían la
moda, el Journal de la m ode et du gout parisino estaba repleto de vesti­ Lejos de socavar la religión, al garantizar que los fieles tengan los m inis­
dos recomendados para la nueva era, deliberadamente más simples y con tros más honestos y virtuosos, lo que se hace es rendirle el mayor de los
motivos patrióticos como estampados con diminutos gorros frigios de la homenajes. Aquel que crea que eso significaría dañar a la religión, se ha
libertad.10 formado verdaderamente una idea falsa de la misma."
La Fiesta de la Federación celebraba la unidad de la Iglesia, de la mo­
narquía y de la revolución. Dos días antes la Asamblea había votado una Sin embargo, al aplicar la soberanía popular a la elección de sacerdotes y
reforma que había de convulsionar a estos tres elementos. El amplio obispos, la Asamblea cruzaba la delgada línea que separa la vida tempo­
acuerdo alcanzado en los cuadernos respecto a la necesidad de reformas ral de la espiritual.
hizo posible que la Asamblea consiguiese aprobar la nacionalización de Muchos historiadores consideran que la Constitución Civil del Clero
las tierras de la Iglesia, el cierre de las órdenes contemplativas y la conce­ fue lo que precipitó la fatal fractura de la revolución, y se preguntan poi­
sión de libertad religiosa a los protestantes en 1789, y a los judíos en qué la Asamblea no parecía dispuesta a negociar ni a comprometerse. AI
1709-1711. La creciente oposición clerical a estos cambios dio lugar final resultó imposible conciliar una Iglesia basada en una jerarquía de
finalmente a la Constitución Civil del Clero, votada el 12 de julio de ordenación divina, un dogma y la certeza de una fe verdadera con una re­
1790. La separación de la Iglesia y el Estado era inadmisible: las funcio­ volución basada en la soberanía popular, la tolerancia y la certeza de la
nes públicas de la Iglesia se consideraban parte integrante de la vida dia­ satisfacción mundana mediante la aplicación de la razón secular. Pero, so­
ria, y la Asamblea aceptaba que las rentas públicas sustentasen cconómi bre todo, mediante la aplicación de la práctica de la ciudadanía «activa»
camente a la Iglesia tras la abolición del diezmo. Por consiguiente se
argumentaba que, al igual que antes la monarquía, el gobierno tenía dere
cho a reformar la organización temporal de la Iglesia. 11. Moniteur universel, n.° 150, 30 de mayo de 1790; n.” 151, 30 de mayo de 1790,
pp. 498-499. Acerca de la Constitución Civil del Clero, véase Timothy Tackett, Religión,
Revolution and Regional Culture in Eightecnth- Century France (Princeton, 1986); Jones,
10. Ozouf, Festivals and the French Revolution, 51; A i leen Klbciio, Fasliion in llit
Peasantry, pp. 191-204; Dale Van Kley, The Religións Origins o f the French Revolution
French Revolution (Londres, 1988). (New 1laven, 1996), pp. 349-367.
a la elección del clero, la Asamblea excluía a las mujeres y a los pobres 7 y la Declaración de los Derechos del Hombre como enemigas del cristia-
de la comunidad de fieles, incluyendo teóricamente a los protestantes, | nismo. Incluso aconsejó al clero de Francia que considerase herejes a los
judíos y no creyentes lo suficientemente ricos como para poder votar. No i clérigos constitucionales:
se pudo tampoco alcanzar ningún compromiso porque, con la abolición
de las corporaciones en 1789, la mayoría de los miembros de la Asamblea Tened mucho cuidado de no prestar oídos a las voces insidiosas de esta
insistían en que solamente ellos podían elaborar leyes que afectasen a la secta seglar, pues sus voces traen la muerte, y evitad así a todo usurpador,
ya se llame arzobispo, obispo o párroco, para que no haya nada en común
vida social: no se podía consultar al sínodo eclesiástico sobre si estaba de
entre vosotros y ellos, especialmente en asuntos divinos ... porque nadie
acuerdo con las reformas votadas por los representantes del pueblo.
puede ser miembro de la Iglesia de Cristo a menos que esté unificado con
Frente a la oposición de la mayoría de diputados del clero, pero forza­ la propia cabeza visible de la Iglesia ...n
da por la creciente impaciencia por la intransigencia de la mayor parte de
los obispos, la Asamblea trató de imponer su criterio exigiendo la cele­
bración de elecciones el 1 de enero de 1791, y haciendo que los elegidos i A mediados de 1791 surgieron dos Francias, que destacaban las diferen­
jurasen lealtad a la ley, a la nación y al rey. Este juramento supuso para cias de las zonas prorreformistas del sureste, la cuenca de París, Champaña
los sacerdotes de parroquia un tremendo problema de conciencia. La | y el centro con el «refractario» oeste y suroeste, y el sur del Macizo Cen-
Constitución había sido sancionada por el rey, pero ello no les libraba de tral. La fuerza del clero refractario en las zonas fronterizas hizo sospe­
la angustia que suponía el pensar que aquel juramento traicionaba la leal­ char a los parisinos de que los campesinos que no comprendían el francés
tad al papa y a las antiguas prácticas. Muchos sacerdotes intentaron resol­ ; podían ser presa de las «supersticiones» de sus sacerdotes «fanáticos».
ver el dilema haciendo un juramento con reservas, como el que hizo el Los marcados contrastes regionales en cuanto a la disposición para
párroco de Quesques y Lottinghem al norte del departamento de Pas-de- prestar juramento sugiere que no sólo era una cuestión de elección índivi-
Calais: dual, sino también de cultura eclesiástica local. En amplios distritos
regionales, el clero refractario se consideraba siervo de Dios, mientras
Declaro que mi religión no me permite prestar un juramento com o el que que el clero constitucional se consideraba siervo del pueblo. Para los pri­
exige la Asamblea Nacional; estoy contento e incluso prometo atender lo meros, sustentados por una fuerte presencia clerical, la Constitución
mejor posible a los fieles de esta parroquia que me han sido confiados, ser Civil era un anatema para la estructura corporativa y jerárquica de la Igle­
fiel a la nación y al rey y observar la Constitución decretada por la Asam­ sia y el liderazgo del papa; para los últimos, en zonas donde la Iglesia se
blea Nacional y sancionada por el rey en todo lo que esté en mis /nanos, en
había acomodado a desempeñar un papel temporal en la vida cotidiana, la
todo lo que a ella atañe en el marco de lo puramente civil y político, pero
Constitución era la voluntad del pueblo de Dios y reforzaba el galicanís-
en lo relativo al gobierno y a las leyes de la Iglesia, no reconozco ningún
mo a expensas de la jerarquía eclesiástica. „
superior ni ningún otro legislador que no sea el Papa y los obispos ...l2
La reacción del clero ha de considerarse como reflejo de las actitudes de
Al final, tan sólo un puñado de obispos y quizá la mitad del clero de parro­ una comunidad mucho más amplia, pues tan sólo una minoría de sacerdo­
quia prestó juramento. Muchos de estos últimos se retractaron cuando en tes se sentía lo suficientemente independiente de su comunidad como para
abril de 1791 el papa, contrariado por la absorción que la nueva nación hizo hacer caso om iso de la opinión pública. En las ciudades grandes como
de sus tierras en Aviñón y sus alrededores, condenó la Constitución Civil París, los sacerdotes que se oponían a la Constitución Civil se arriesga­
ban a hacer el ridículo. El revolucionario e incisivo observador Louís-

12. Marcel Coqucrcl, «Le Journal d’un curé du Boulonnais», Annales historiques de
la Revolution frarifaise, 46 (1974), p. 289. Sobre el tema de la reacción de los sacerdotes 13. Augustin Thciner, Documents inédita rélatifi aux affaires retigieuses de la Frati­
en general, véase Tackett, Religión, Revolution, and Regional Culture, caps. 3-4. ce (París, 1857), p. 88.
Sébastien Mercier describió cómo el cura de la parroquia de St.-Sulpice nobles paguen impuestos com o cualquier otro plebeyo, éstas fueron las
intentaba predicar contra las reformas de la Asamblea: palabras que pronunció el día 11 del pasado marzo, cuando se retractó,
conforme a su conciencia, de todo lo que afectaba al mundo espiritual.
Un clamor universal de indignación reverberó por los arcos de la iglesia Por otro lado, declaró que estaba dispuesto a jurar sostener a la p a trie con
... De repente, el majestuoso órgano llenó la iglesia con su armoniosa todas sus fuerzas y que no desea otra cosa que permanecer entre nosotros
música y resonó en todos los corazones la conocida melodía: A h ! f a ira! hasta el fin de sus dias para seguir ofreciéndonos su buen ejemplo y bue­
f a ir a ! ... el instigador contrarrevolucionario fue invitado a cantar f a ira. na instrucción todos los dom ingos y días festivos ...l5
D escendió de su pulpito humillado por las risas, y cubierto de sudor y
vergüenza.14
En agosto, m iles de comunas se encontraron sin sacerdotes y sin las ruti­
En la Francia rural, el juramento se convirtió en una prueba popular de la narias costumbres de la vida parroquial.
aceptación global de la revolución. En el sureste y en la cuenca de París, La radical descentralización del poder crcó una situación en la que las
donde la vida social se había «secularizado» desde hacía tiempo y los leyes revolucionarias de París se interpretaron y se adaptaron a las nece­
sacerdotes tan sólo proporcionaban un servicio espiritual, la aceptación sidades locales. En todas partes, el nacimiento de nuevos sistemas admi­
de la Constitución Civil y de la revolución en general fue masiva. Sin em­ nistrativos en el seno de un contexto de soberanía popular y agitada acti­
bargo, en las regiones en las que había prominentes minorías protestan­ vidad legislativa formaba parte de la creación de una cultura política
tes, como en Cévennes, el juramento suscitó grandes temores acerca de revolucionaria. En este proceso, el medio millón de hombres o más que
hipotéticos ataques a una forma de vida en la que el ritual y la caridad fueron elegidos en los gobiernos locales para puestos dentro de la admi­
católica eran fundamentales. En la pequeña ciudad sureña de Sommiéres, nistración y la judicatura desempeñaron un papel clave en el vacío que
una multitud de mujeres pobres y niños dirigieron su rabia no sólo contra existía entre el programa nacional de la Asamblea y las exigencias de la
los protestantes del lugar sino también contra los administradores católi­ situación local. El considerable volumen de leyes que llegaba de París,
cos prorrcvolucionaríos que, según ellos, estaban destruyendo las formas así como la esperanza de que las comunas participasen en su ejecución,
establecidas de la vida religiosa. contrastaba profundamente con la situación vivida bajo el antiguo régi­
La retractación del juramento por parte de los sacerdotes populares men. En su empeño por ejecutar leyes cuyo contenido resultaba extraño y
alarmaba a las comunidades. En las estribaciones de los Pirineos, en Mis- cuya lengua era desconocida para mucha gente, los ciudadanos «activos»
sége, unos funcionarios municipales informaron con evidente disgusto en —profesionales, campesinos acaudalados, empresarios y terratenien­
abril de 1792 que su párroco se había retractado: tes— derrocharon un inmenso caudal de tiempo y energía, aun carecien­
do a menudo de recursos. En los casos en que una ley en particular era
M. Lacaze, nuestro cura, no se retractó en absoluto de su juramento en lo impopular, especialmente en lo relativo a la amortización de los tributos
concerniente a los asuntos temporales. Muy al contrario: nos exhorta a de señorío o a la reforma religiosa, el empeño de estos ciudadanos les
obedecer y mantenernos fieles a la ley, a la nación y al rey, y no desea otra granjeaba incluso rencor y aislamiento.
cosa que el bien, la paz y la felicidad del pueblo. N os anima también con El trabajo de la Asamblea era inmenso en cuanto a posibilidades y
firmeza a seguir la religión cristiana, cosa que nos causa una profunda de­ energía. Se habían instalado los fundamentos de un nuevo orden social,
sazón cuando pensamos en las grandes y loables cualidades de esta perso­ sustentados por la creencia de la unidad nacional de una fraternidad de
na que bien conocem os. Renuncia al diezm o y dice que quiere que los
ciudadanos. Pero al mismo tiempo, la Asamblea caminaba por la cuerda

14. Laura Masón, Singing the French Revolution: Popular Culture and Politics,
1787-1799 (Ithaca, NY, 1996), p. 50. 15. McPhee, Revolution andEnvironment, pp. 77-78.
floja: ¿a quién pertenecía aquella revolución? Por un lado, había una cre­ vidad económica, ambas apuntaban también a las prácticas «contrarrevo­
ciente hostilidad por parte de los nobles y la élite de la Iglesia furiosa por lucionarias» y a los privilegios del antiguo régimen. Ya no había órdenes
la pérdida de estatus, riqueza y privilegios, reforzada por un clero de concretas del clero o de la nobleza, ni gremios, ni provincias, ni ciudades
parroquia desilusionado y sus feligresés. Por el otro, la Asamblea se esta­ que pudieran reclamar m onopolios particulares, privilegios o derechos.
ba alejando de la base popular de la revolución por su compromiso con El viejo mundo corporativista había muerto.
los tributos feudales, su antipatía hacia el clero que no había prestado En el campo, la frustración por los nuevos impuestos coincidió a
juramento, la exclusión de los «pasivos» del proceso político, y su aplica­ mediados de 1791 con un renovado malestar por la cuestión todavía sin
ción del liberalismo económico. resolver de los tributos de señorío. Mientras que las constantes negativas
La Declaración de los Derechos del Hombre no mencionaba los asun­ a pagar se manifestaron a lo largo de 1791, el nuevo año se distinguió
tos económicos, pero en 1789-1791 la Asamblea aprobó una serie de me­ porque las comunas, a pesar de su pobreza, tuvieron que aumentar los
didas que revelaron su compromiso con el liberalismo económico. Supri­ impuestos locales para poder iniciar una serie de litigios y acciones lega­
m ió las fronteras internas y los controles en el comercio de los cereales les mediante las cuales requerían a los antiguos señores que pusiesen a
con el fin de estimular el mercado nacional y alentar las iniciativas. Des­ disposición de la comunidad sus títulos de propiedad para ser verificados.
de este punto de vista, todas las estructuras corporativas del antiguo régi­ Además, el asunto más candente de la revolución, en el sur especialmente,
men — desde los órdenes privilegiados hasta los teatros y gremios— se no sólo concernía a los derechos señoriales, sino al acceso a las tierras.
consideraban un atentado contra la libertad individual. Los obstáculos a Durante largos siglos las tierras yermas (vacants) marginales habían sido
la libertad de ejercer una profesión fueron suprimidos con la abolición usadas por las comunidades locales como pastos a cambio del pago de
de los gremios (la ley de D ’Allarde, de abril de 1790) y, lo más importante, una cuota al señor. Por su parte, los señores habían permitido que se des­
la ley de Le Chapelier del 14 de junio de 1791 impuso un libre mercado de brozase una pequeña porción acotada de los terrenos baldíos, aunque
trabajo ¡legalizando las asociaciones de empresarios y empleados: dicho desbrozo estaba limitado por la necesidad de pastos para las ovejas
y porque sabían que las tierras cultivadas serían inmediatamente someti­
Artículo 1. El desmantelamiento de toda clase de corporaciones de ciu­
das al pago de tributos de señorío.
dadanos del m ism o oficio y profesión es una de las bases fundamentales La preocupación acerca de las acciones directas sobre las tierras per­
de la Constitución francesa, se prohíbe bajo cualquier concepto volver a
tenecientes al Estado y a los señores respaldaba las medidas de la Asam­
crearlas sea cual fuere su forma.
blea para tranquilizar a los antiguos señores y poner freno a la iniciativa
11. Los ciudadanos del m ism o oficio o profesión, empresarios, dueños
popular en el campo. En octubre y noviembre de 1789, las noticias de
de tiendas, obreros y artesanos de cualquier ramo, no pueden, cuando
están juntos, nombrar presidente, secretario o síndico, llevar registros, múltiples invasiones en los bosques suscitaron proclamas reales advir­
promulgar decretos o tomar decisiones, ni imponer normas en su propio tiendo que semejantes infracciones serían duramente castigadas. El 11 de
interés com ún.16 diciembre, la Asamblea aprobó otro decreto anunciando que ahora los
bosques estaban bajo el control de la nación y reiteraba la advertencia
Le Chapelier, abogado ennoblecido, había presidido la sesión del 4 de del rey. Preocupada por la masiva «destrucción» de todo tipo de bosques,
agosto de 1789 en la Asamblea Nacional, y era uno de los diputados bre­ la Asamblea avisó también a las comunidades de que no podían asumir el
tones radicales que habían fundado el Club Jacobino. Mientras que su ley, control de los bosques o de las tierras yermas por las buenas en lugar de
junto con la de D ’Allarde, fueron decisivas en la creación de una permisi­ «iniciar acciones legales contra las usurpaciones de las que tenían razón
de lamentarse».
No tardó en ponerse de manifiesto que tales advertencias no surtían
16. Moniteur universel, n.° 166, 15 de junio de 1791, p. 662. efecto alguno. En enero de 1791 Raymond Bastoulh, el procureur-général-
syndic o administrador general del departamento del Aude, expresaba sus I- su propiedad, los derechos de uso comunales — de pastos y bosques en
inquietudes a la administración de su departamento manifestando que: i particular— debían ser respetados. Inevitablemente la legislación gene-
; raba todavía más confusión.y protestas sobre lo que constituía una prueba
el pueblo se queja insistentemente y por todas partes de la torpe avaricia ' válida de anterior propiedad. Los pobres y desesperados aldeanos que
de los cam pesinos que se pasan día tras día desbrozando los bosques y las I nada tenían se apoderaron de estas tierras marginales y no cultivadas,
tierras baldías de las laderas de los m ontes sin darse cuenta de que este | que sustentaban una rica fauna y flora, y las desbrozaron para hacerlas
suelo sólo podrá ser productivo durante un año o dos ... Este pernicioso aptas al cultivo. El alcance de los desbrozos posteriores a 1789 creó ense-
desbrozo ha acelerado la destrucción del régimen feudal porque la gente | guída el mito de que la revolución había dado rienda suelta a la rapacidad
del campo imagina que los plebeyos se han convertido en los dueños de | más arraigada de los campesinos respecto a su entorno, de que la revolu-
las tierras baldías, que los antiguos señores han sido despojados de ellas I ción era un desastre ecológico. La realidad era mucho más compleja.
al igual que lo han sido del poder judicial ...l7
Los legisladores de la Asamblea Nacional se vieron atrapados entre su
>; compromiso frente a la inviolabilidad de la propiedad privada, su con-
Señalaba también que, como ya era evidente, la grava y las piedras habían | ciencia intranquila del fuerte apego de los campesinos a las prácticas
sido arrastradas hasta los arroyos congestionando sus lechos y haciendo £ colectivas, y su horror frente al daño ambiental que se estaba causando en
que se desbordasen y provocasen inundaciones en las mejores tierras. í muchos lugares de Francia. Esta confusión se hizo patente en dos leyes
Tanto las autoridades locales como las posteriores asambleas revolucio­ E aprobadas a finales de septiembre de 1791. En primer lugar, el 28 de sep-
narías fracasaron en sus intentos por detener la extensiva tala de árboles ■ tiembre, la Asamblea votó el Código Rural. En este decreto «sobre la pro-
en los bosques y la ocupación de los eriales. A pesar de las constantes * piedad y las prácticas rurales y su control», los diputados revolucioná­
misivas procedentes de París recordando a las municipalidades las leyes is rios, en una de las últimas leyes de la Asamblea Nacional, impusieron su
de protección de los bosques con fecha de 1669 y 1754 y ratificadas en ; proclamación del individualismo agrario. En ella se afirmaba que las
1791, la tala ilegal de árboles prosiguió con total impunidad. E prácticas colectivas de derecho de paso (que permitía al ganado acceder a
En respuesta a una plétora de informes similares procedentes de nu­ | los bosques a través de tierras privadas) y de pasto com unal (envío de
merosas regiones de Francia, la Asamblea Nacional, con su decreto del ! ganado a tierras privadas en barbecho) no podía obligar a los propietarios
22 ele febrero de 1791, trató de resolver el asunto de la propiedad de las \ de las ovejas a considerarlas parte del rebaño comunal, ni podía impedir
tierras baldías. En este tema la Asamblea tuvo dificultades para solventar | que los individuos cercasen sus tierras para uso privado. No obstante,
la contradicción entre su política sobre las tierras de acuerdo con los prin­ > reconocía la tradicional existencia de prácticas colectivas. Al día siguien-
cipios de la propiedad privada y los antiguos supuestos populares de ; te, la Asamblea aprobó su largamente esperado Código Forestal, que en
derechos colectivos de uso. La legislación dejaba claro que los antiguos i esencia no era más que un replanteamiento de las principales disposicio-
señores ya no tenían derecho a apropiarse de las tierras yermas: a partir de f; nes del código de Colbert de 1669, con una reorganización administrativa
entonces serían tierras de la comunidad a menos que el señor pudiese : que se ajustase a los nuevos departamentos. No obstante, fiel a los princi­
demostrar la adquisición de las mismas antes de 1789, bien habiéndolas pios proclamados en 1789, la Asamblea insistía en que los bosques de
hecho productivas durante cuarenta años antes por lo menos, bien «por propiedad privada estaban a la entera disposición de los propietarios
virtud de las leyes, costumbres, estatutos o usos locales existentes en la «para hacer con ellos lo que quieran».
época». Aun así, en el caso de que los antiguos señores pudieran justificar La visión que tenía la Asamblea de una nueva sociedad era ambiciosa
y arrolladora, y su compromiso con la libertad política favoreció una dra­
17. Peter McPhee, «‘The misguided greed o f peasants’? Popular Altitudes lo llic mática revelación de los nuevos supuestos acerca de la ciudadanía y los
Environment in the Revolution of 1789», French HistóricaI Stuihcs, 24 (2001), p. 247. j derechos. Puestos ya de m anifiesto en algunas áreas urbanas y rurales
r

102 LA R E V O L U C IÓ N F R A N C E S A , 1789-1799 LA R E C O N S T R U C C IÓ N D E F R A N C IA , 1789-1791 103

antes de 1789, los nuevos supuestos sobre las bases legítimas del poder bino de París fue fundado en enero de 1790 por ciertos diputados radica­
local fueron el cambio cultural más corrosivo — y discutido— del período les pertenecientes a la Sociedad de Amigos de la Constitución, y pronto
revolucionario. Por ejemplo, en la pequeña comunidad de Frai'sse, al sur­ se dio a conocer con el nombre de su local de reunión en un antiguo con­
oeste de Narbona, el alcalde describió en una ocasión el terror de sus vento. Una de las actividades más comunes en los miles de clubes jacobi-
conciudadanos ante la conducta del señor, el barón de Bouisse, y sus so­ §f nos y en otras sociedades populares era el intercambio de cartas con otras
brinos, «que hacen gala de un físico imponente y se pasean por ahí con asociaciones similares a lo largo y ancho del país. Con esta habitual
palos de cuatro libras». En 1790, el barón, de 86 años de edad, se vio a su experiencia de reuniones de hombres para recabar votos en las elecciones
vez amenazado por la conducta de los antaño pacíficos campesinos de quedó establecido el espectro de un nuevo tipo de espacio público.19
Frai'sse: el pueblo se había negado a pagar los tributos de señorío y el Mientras que los clubes jacobinos solían estar limitados a los ciuda­
diezmo. El barón se desesperaba: danos «activos», en París y en otros lugares se crearon foros alternativos
de sociabilidad revolucionaria para los ciudadanos «pasivos». En París, el
Siempre aprecié y sigo apreciando a los habitantes de Frai'sse com o si
Club de los Cordeleros, dirigido por Danton y Marat, estaba abierto a to­
fueran mis propios hijos; eran tan encantadores y tan honestos en sus cos­
dos los participantes. Partiendo de la insistencia en que todos los ciudada­
tumbres, pero qué cambio tan repentino se ha producido en ellos. Todo lo
que oigo ahora es «corvée, lanternes, démocrates, aristocrates», palabras
nos constituían el pueblo soberano se desarrolló la idea de «democracia»
que me resultan bárbaras y que no puedo usar ... los antiguos vasallos se como sistema político global, como en Inglaterra y Estados Unidos, más
creen ahora más poderosos que los reyes.18 que com o parte de un gobierno en equilibrio entre la cámara alta y el po­
der ejecutivo. Los «patriotas» se referían a sí mismos como «demócratas».
La participación electoral era tan sólo una parte de esta nueva cultura También las mujeres eran bien recibidas en algunos clubes. En París,
política. El número de votantes en las elecciones locales era escaso en las la Sociedad Fraternal de Ciudadanos de Ambos Sexos, que reunía hasta
pequeñas comunidades y vecindarios donde de sobra se sabía quién iba a ochocientos hombres y mujeres en sus sesiones, pretendía encarecida­
ganar porque ya se habían hecho públicas las preferencias, tanto en las mente integrar a las mujeres en la política institucional. Los derechos de
tabernas como en los mercados o después de los servicios eclesiásticos. las mujeres eran defendidos también por activistas individuales com o
En el ámbito nacional, la participación electoral era también baja en Olympe de Gouges, el marqués de Condorcet, Etta Palm, y Théroigne de
general, un 40 por ciento en los Estados Generales (aunque alcanzaba el Méricourt, y el Cercle Social, que exigían el voto de las mujeres, la dis­
85 por ciento en los pueblos de la alta Normandía). Estas cifras no impli­ ponibilidad del divorcio, y la abolición de las leyes de herencia que fa­
can apatía alguna: la proporción de votantes que ejercían sus derechos era vorecían al hijo varón primogénito. La última de estas demandas, por lo
generalmente baja debido a un engorroso sistema de votos indirectos en menos, fue rápidamente aceptada, aunque más con la idea de acabar con
el que el electorado votaba a electores, quienes a su vez elegían entre los el poder de los grandes patriarcas nobles que con la intención de reforzar
distintos candidatos. Además, la votación era tan sólo una de las vías por la posición económica de las mujeres. El 15 de marzo de 1790, la Asam­
las que el pueblo francés ejercía su soberanía. Otra vía era el extraordina­ blea decretaba:
rio volumen de correspondencia no oficial que se entrecruzaba por todo
el país. Esta viajaba tanto verticalmente, entre los constituyentes y sus 19. Crook, Elecíions in the French Revolution; Timothy Tackctt, Beconiing a Revolu-
diputados en París, com o horizontalmente, en particular entre los clubes tionary: The Deputies o f the French National Assembly and the Emergence o f a Revolutio-
jacobinos (o sociedades de los Amigos de la Constitución). El Club Jaco- nary Culture 1789-1790), (Princeton, 1996). Esta «cultura política», uno de los ámbitos
más fértiles en la investigación de la historia social, se explora con detenimiento en los
cuatro volúmenes de The French Revolution and the Creation o f Modern Political Culture
(Oxford, 1987-1994); Miehael Kennedy, The Jacobin Clubs in the French Revolution:
18. McPhee, Revolution and environment, p. 60. The First Years (Princeton, 1982); Ozouf, Festivals and the French Revolution.
Articulo 11. Todos los privilegios, aniquilado el sistema feudal y las pro­
piedades de la nobleza, los derechos de nacimiento y de varonía respecto Esta participación de hombres y mujeres en la vida «asociativa» de los
a los feudos de la nobleza, dominios y descendencia, y desigual distribu­ clubes y en las elecciones no era más que uno de los medios por los que
ción por razones de título quedan abolidos. se expresaba la lucha sobre la naturaleza de la revolución. A principios de
Por consiguiente, la Asamblea ordena que todas las herencias, tanto 1789, había unos ochenta periódicos en todo el país; en los años siguien­
directas com o colaterales, personales o patrimoniales, a partir del día de tes surgieron otros 2.000 aproximadamente, aunque cuatro quintas partes
la publicación del presente decreto, sin distinción de antiguos títulos de estas publicaciones no sacaron más de doce ejemplares. El público
nobiliarios de posesiones o personas, sean repartidas entre los herederos lector de periódicos se triplicó en tres años. La prensa contrarrevolucio­
de acuerdo con la ley, los estatutos y las costumbres que regulan el repar­ naria contribuía al desarrollo de las mismas libertades que sus enemigos.
to entre todos los ciudadanos.20
El ultramonárquico Am is du Roi resumía la división acerca del juramento
clerical en estos emotivos términos:
Esta legislación tendría un fuerte impacto en aquellas regiones (en gran
parte del sur de Normandía, por ejemplo) donde la libertad testamentaria El ala derecha de la El ala izquierda, y la
había favorecido siempre a los varones primogénitos; sin embargo, en las Asamblea Nacional, o monstruosa asamblea de
regiones de Maine y Anjou, la herencia compartida era ya una norma. la élite de los defensores los principales enem igos de
La contradicción entre las promesas globales y universalistas de la de la religión y del la Iglesia y de la
Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano y las exclusio­ Trono. Monarquía, judíos,
nes llevadas a cabo en posteriores legislaciones no cayó en saco roto para protestantes, deístas.
las mujeres activistas. En 1791 De Gouges publicó un proyecto de contra­ Todos respetables y virtuosos Todos libertinos, tramposos,
to social para acuerdos matrimoniales relativo a los hijos y a la propiedad ciudadanos judíos y protestantes.
y una Declaración de los Derechos de las Mujeres y de los Ciudadanos:
Este periódico mencionaba aquí de paso una de las más perdurables inno­
Primer Artículo: La mujer nace libre y tiene los m ism os derechos que el vaciones del lenguaje político de la revolución: el uso de «izquierda» y
hombre. Las distinciones sociales sólo pueden basarse en la utilidad «derecha», refiriéndose a la ubicación de los bancos que ocupaban en la
común ... Asamblea Nacional los grupos de diputados con ideas afines.22
VI: La ley debe ser la expresión de la voluntad general; todos los Ciu­ La producción de libros disminuyó: en 1788 se publicaron 216 nove­
dadanos hombres y mujeres deben colaborar personalmente, o a Iravcs de las, pero en 1791 tan sólo 103. Por otro lado, en el mismo período el
sus representantes, en su elaboración; la ley debe ser la misma para todos: número de nuevas canciones políticas aumentó de 116 a 308, incluyendo
todos los Ciudadanos hombres y mujeres, siendo iguales a sus ojos, han el «Ca ira», al parecer cantado por primera vez mientras el Campo de
de poder ser elegidos para cualquier dignidad pública, cargo o puesto
Marte se preparaba para la Fiesta de la Federación en 1790. Aquélla era
según sus capacidades, y sin distinción de ninguna otra clase más que la
una sociedad en la que la opinión más acalorada se expresaba a través de
de sus virtudes y sus talentos.21
la palabra hablada y cantada, o a través de miles de grabados baratos que
circulaban por todo el país popularizando imágenes de lo que la revolu­
ción había logrado. Simultáneamente a la Fiesta de la Federación en julio
20. Archives parlementaires, 15 de marzo de 1790, p. 173.
de 1790, por ejemplo, se celebraron «ritos funerarios por la aristocracia»
21. Olympe de Gouges, Les Droits de lafemm e (París, 1791). Entre lu cada ve/ más como farsas cómicas en el Campo de Marte:
abundante literatura dedicada al movimiento por los derechos de las mujeres, véase I an­
des, Women and the Public Sphere, pp. 93-129.
22. Cobb y Jones (eds.), Voices o fthe French Revolution, p. 110.
Cogieron un leño y lo disfrazaron de sacerdote: faja, solideo, abrigo corto,
no le faltaba detalle. Una larga fila de plañideros seguía el fúnebre cor­
tejo, levantando de vez en cuando las manos al cielo y repitiendo en sollo­
zos con voz ronca y cortante: M orí! M ori! 23 V. UNA SEGUNDA REVOLUCIÓN, 1792
A través de estos medios de expresión, millones de personas aprendieron
el lenguaje y la práctica de la soberanía popular y, en un período de pro­
longada debilidad estatal, llegaron a cuestionar los supuestos más profun­
damente arraigados sobre la santidad y benevolencia de la monarquía y
sobre su propio lugar en la jerarquía social. A mediados de 1791 la Cons­ Desde julio de 1789 la Asamblea tuvo que hacer frente a un doble desafio:
titución estaba casi terminada. Era una ley fundamental que mantenía el ¿cómo salvaguardar la revolución de sus adversarios? ¿De quién había de
equilibrio entre el rey (con el poder de nombrar ministros y diplomáticos, ser aquella revolución? Estas cuestiones se hicieron acuciantes a mediados
de bloquear temporalmente la legislación, y de declarar la paz y la guerra) de 1791. Ultrajado por los cambios infligidos a la Iglesia y las limitaciones
y el cuerpo legislativo (con una sola cámara, con poderes sobre la econo­ a su propio poder, Luis huyó de París el 21 de junio, repudiando pública­
mía y derecho a la iniciativa de la legislación). Para Luis, el dilema con­ mente el rumbo que había tomado la revolución: «la única recompensa por
sistía en cómo interpretar las distintas voces de un pueblo soberano hasta tantos sacrificios es la de presenciar la destrucción del reino, la de ver
entonces súbdito suyo, que cada vez estaba más dividido acerca de los arrinconados todos los poderes, violada la propiedad privada y puesta en
cambios que la revolución había acarreado y sobre la dirección que había peligro la seguridad del pueblo». Luis hizo un llamamiento a todos sus
de tomar en el futuro. súbditos para que recuperasen las convicciones que antaño conocieron:

Pueblo de Francia, y especialm ente vosotros parisinos, habitantes de una


ciudad que los antepasados de Su Majestad se deleitaban en denominar
«la buena ciudad de París», desconfiad de las proposiciones y mentiras de
vuestros falsos amigos; volved a vuestro rey; él siempre será vuestro pa­
dre, vuestro mejor am igo.1

Sin embargo, al extenderse por toda la ciudad la noticia de la huida del


rey, la reacción fue de conmoción más que de arrepentimiento.
La desesperada huida de la familia real a Montmédy, cerca de (a fron­
tera, para ponerse a salvo, fue desde el principio un grave error. La noche
del 21 de junio, Luis fue reconocido por Drouet, el jefe de correos de
Saínte-Menehould, quien acudió apresuradamente a la ciudad de Várennos
para arrestarle. La Asamblea no salía de su asombro: Luis fue suspendido

23. Rolf Rcichardt, «The Politicization of Popular Prints in the French Revolution»,
en lan Gcrmani y Robin Swales (eds.), Symbols, Myths and Images: Essays in Honour of 1. Archives parlementaires, 21 de junio de 1791, pp. 378-383. Dos versiones cinema­
James A. Leilh (Regina, Saskatchewan, 1998), p. 17. El desarrollo del movimiento popu­ tográficas distintas aunque igualmente brillantes de la huida del rey son la película
lar ocupa un espacio prominente en R. B. Rose, The Making o f the «sans-culottes»: 1789, de Ariane Mnouchkine de 1974, una obra del Théátrc du Soleil, y La Nuil de Varen
Democratic Ideas and Institutions in Paris, 1789-1792 (Manchester, 1983). nes, de Ettore Scola (1982).
de su rango de rey, pero se mantuvo firme la decisión de sofocar cual­ En su alocución Barnave aludía a la oleada de huelgas y manifestaciones
quier alboroto durante su regreso a la capital. «Quien aplauda al rey será que había sacudido la capital y en la que habían participado los asalaria­
apaleado,» se advertía, «quien le insulte será colgado.» El retorno de dos y los parados, y al constante malestar que se respiraba en el campo.
Luis fue humillante. En las carreteras se agolpaban colas interminables Por ello, Luis se había convertido en un símbolo de la estabilidad contra
de súbditos resentidos que, según informes, se negaban a descubrirse la las cada vez más acuciantes y radicales exigencias de los ciudadanos
cabeza en su presencia. Durante esta suspensión por parte de la Asam­ «pasivos» y sus partidarios.
blea, diputados jacobinos como el Abbé Grégoire manifestaron que había El día 17, el Club de los Cordeleros organizó una manifestación des­
que obligarle a abdicar: provista de armas en el Campo de Marte para exigir la abdicación de
Luis, en el mismo «altar de la patria» en el que un año antes se había
El primer funcionario público abandona su puesto; se procura un pasaporte celebrado la Fiesta de la Federación. La petición original quedó destruida
falso y, tras haber manifestado por escrito a las potencias extranjeras que en el incendio del Hotel de la Ville de París en 1871, no obstante, gracias
sus más temibles enem igos son aquellos que pretenden sembrar dudas al Révolutions de Paris conocem os la esencia de la misma que instaba a:
sobre las intenciones del monarca, rompe su palabra, y deja a los franceses
una declaración que, si no es delictiva, es por lo menos — se la mire por
tener en cuenta el hccho de que el delito de Luis XVI ha quedado dem os­
donde se la mire— contraria a los principios de nuestra libertad. No podía
trado, que el rey ha abdicado; aceptar su abdicación, y convocar a un nue­
ignorar que su huida exponía a la nación a los peligros de una guerra civil;
vo cuerpo constituyente para que proceda de forma verdaderamente
y por último, en la hipótesis de que sólo quisiera ir a Montmédy, digo yo: o
nacional con el juicio de la parte inculpada, y sobre todo con la sustitu­
bien queda darse la satisfacción de amonestar pacíficamente a la Asamblea
ción y organización de un nuevo poder ejecutivo.’
Nacional en lo relativo a sus decretos, en cuyo caso 110 tenía necesidad
alguna de huir, o bien buscaba el respaldo de las armas para sus reivindi­
caciones, en cuyo caso estamos ante una conspiración contra la libertad. Lafayette, el comandante de la Guardia Nacional, recibió la orden de dis­
persar a los manifestantes peticionarios. Una vez en el Campo de Marte
No obstante, a pesar de su humillante arresto y retorno, la Asamblea ordenó izar la bandera roja en señal de que las tropas abrirían fuego si la
decretó el 15 de julio que el rey había sufrido un «secuestro» mental y muchedumbre no se dispersaba; a continuación, los ciudadanos responsa­
que las disposiciones monárquicas de la Constitución de 1791 seguían en bles de su Guardia Nacional dispararon a los peticionarios matando cerca
vigor. Para la mayoría de los diputados el asunto estaba claro; en palabras de una cincuentena.
de Barnave: Evidentemente, éste no fue el primer derramamiento de sangre a gran
escala de la revolución, sin embargo, por primera vez, era consecuencia
en la actualidad cualquier cambio resultaría fatal: cualquier prolongación
de un conflicto político manifiesto en el seno del tercer estado de París,
de la revolución sería hoy desastrosa ... ¿Vamos a acabar la revolución o
vamos a empezar de nuevo? ... si la revolución da un paso más, sólo pue­
que tan decisivamente había actuado en 1789. La huida del rey y la reac­
de ser un paso peligroso: si avanza hacia la libertad su primera acción ción de la Asamblea habían dividido al país. Varios días después de la
podría ser la de la destrucción de la realeza, si avanza hacia la igualdad su matanza del campo de Marte, una delegación de Chartres que representaba
primera acción podría ser la de un ataque a la propiedad ... Ya es hora de al cuerpo gubernamental del departamento de Eure-et-Loir fue calurosa-
poner fin a la revolución ... ¿queda aún por destruir alguna aristocracia
que no sea la de la propiedad?2
Emanucl Chill (cd. y trad.), Power, Property and History: Barnaves Introduction to the
French Revolution and other Writings (Nueva York, 1971). Sobre esta journée, véase
2. Archives parlementaires, 15 de julio de 1791, pp. 32(> VM l u 1792-1793, Dar- Rudé, Crowd in the French Revolution, cap. 6.
nave escribió el primer análisis de la revolución hasndo on lus i lusi s socinlcs: víase 3. Les Révolutions de Paris, 16-23 de julio de 1791, pp. 53-54, 60-(> 1, 64-65.
mente recibida en la Asamblea. Los delegados expresaron su satisfacción ; laAsamblea para que sin más demora «desterrase al monstruo del feuda-
por la decisión de la Asamblea de mantener a Luis en su trono y de pre­ lismo» a fin de que «el campo, tan desolado hoy en día, se convierta en el
sentarle la Constitución: más firme baluarte» de lo que ya denominaban «la República».5
* La nueva Asamblea Legislativa fue elegida precisamente en este clima
Memos venido a manifestar, con la mayor sinceridad, que este decreto que tan cargado y se reunió en París en octubre de 1791. Estaba formada por
decide el destino del imperio fue recibido con gran alegría y gratitud por
i «hombres nuevos» de acuerdo con la resolución excluyente, propuesta
parte de todos los ciudadanos del departamento; que no ha hecho más que
; por Robespierre a la Asamblea Nacional, que inhabilitaba para su reelec-
añadir a la confianza ya existente la admiración de la que por tantos moti­
vos sois m erecedores. Por últim o, estam os aquí para repetir en vuestra
! ción a quienes habían participado en la elaboración de la Constitución. Al
presencia el solem ne juramento de derramar hasta la última gota de nues­ inicio la mayoría de sus miembros intentaba consolidar el estado de la
tra sangre en el cumplimiento de la ley y en defensa de la Constitución. ‘ revolución tal com o se expresaba en la Constitución y abandonaron el
(A plausos.)4 Club Jacobino por el de los Feuillants, nombre también adoptado del Iu-
’ gar de reunión, un antiguo convento. N o obstante, la creciente hostilidad
El 14 de septiembre Luis promulgó la Constitución que plasmaba el traba­ de los adversarios de la revolución dentro y fuera de Francia concentró la
jo de la Asamblea desde 1789. Francia sería una monarquía constitucio­ atención de los diputados en la contrarrevolución ubicada en Coblenza,
nal en la que el poder se repartía entre el rey, como jefe del ejecutivo, y donde el conde de Artois se había unido a su hermano el conde de Proven-
una asamblea legislativa elegida por un restringido grupo de contribuyen­ ' za, emigrado allí desde el mes de julio. El cuerpo de oficiales del ejército
tes con propiedades. N o obstante, cuestiones como la de la lealtad del rey real empezó a desintegrarse, y más de 2.100 oficiales de la nobleza em i­
y la de si la revolución había terminado no estaban ni mucho menos graron entre el 15 de septiembre y el 1 de diciembre de 1791 y 6.000 cu
resueltas. Los demócratas del Club Jacobino se identificaban cada vez total a lo largo del año. En semejante contexto los cada vez más inquietos
más con las tendencias radicales del movimiento popular, especialmente diputados de la Asamblea Legislativa, que en un principio se habían com­
con las del Club de los Cordeleros. Fuera de Francia, los monarcas expre­ prometido con el proyecto Feuillant de estabilizar la revolución bajo el rey
saron su preocupación por la seguridad de Luis, y sus temores de que la y la Constitución, encontraron harto convincente la retórica de un grupo
revolución se extendiese, en unas amenazadoras declaraciones desde de jacobinos liderados por Jacques-Pierre Brissot, que achacaba las difi­
Padua (el 5 de julio) y desde Pillnitz (el 27 de agosto). En el segundo ani­ cultades de la revolución a conspiraciones internas en contacto con los
versario de la toma de la Bastilla, el 14 de julio de 1791, agitadores par­ enemigos del exterior.
tidarios del «Rey y la Iglesia» destrozaron la casa de Birmingham del Como ha demostrado Timothy Tackett en su análisis de los discur­
químico Joseph Priestley, encarnizado defensor de la revolución y adver­ sos y cartas de los diputados, los temores a posibles «conspiraciones»
sario de Edmund Burke. En el interior de Francia, la Gazette de Paris del aumentaron drásticamente en los meses siguientes a la huida del rey. Su
monárquico De Rozoi pedía «rehenes para el rey», ciudadanos dispuestos retórica reverberaba incluso fuera de la Asamblea. El 16 de octubre de
a ofrecerse a cambio de la «libertad» de Luis. Recibió miles de cartas: más 1791 los partidarios de la anexión de los territorios papales de los alrede­
de 1.400 de París e ingentes cantidades procedentes de Normandía, del dores de Aviñón masacraron a sesenta adversarios encarcelados en el
noreste, de Alsacia y de Guyena. En las ciudades del oeste el marqués de antiguo palacio de los papas. La rebelión de cientos de miles de mulatos
la Rouérie creó comités monárquicos secretos. Por otro lado, en el pueblo y esclavos en Santo Domingo a com ienzos de agosto de 1791 hizo que
provenzal eminentemente protestante de Lourmarin, el cabildo apremió a

5. William Murray, The Right-Wing Press in the French Revolution, 1789-1792 (Lon­
dres, 1986), pp. 126-128, 289; Thomas F. Shcppard, Lourmarin in the Eighteenth Cen-
4. Moniteur universel, n.” 201,20 de julio de 1791, vol. 10, p. 170. tury: A Study o f a French Villagc (Baltimore, 1971), p. 186.
la Asamblea Legislativa extendiera la igualdad civil a todas «las personas que invadían la Asamblea que la mayoría de los diputados se persuadieron
libres de color» en abril de 1792. La importancia de las colonias caribe­ de que los gobernantes de Austria y Prusia en particular estaban prepa­
ñas para la economía francesa acabó de convencer a los diputados de las rando una ostensible agresión contra la revolución. Se vieron alentados en
insidiosas intenciones de sus rivales, Inglaterra y España. su optimismo por la apremiante insistencia de los refugiados políticos
Los partidarios de Brissot soliviantaron a la Asamblea. En un debate en Paris que se habían agrupado en una fuerza de cincuenta y cuatro
sobre los emigrados, Vergniaud declaraba que «un muro de conspiracio­ compañías de voluntarios dispuestos a partir para liberar a sus respectivas
nes» se había levantado en torno a Francia, e Isnard expresaba sus temo­ patrias. El 20 de abril de 1792 la Asamblea declaró que:
res a que «un volcán de conspiraciones está a punto de hacer erupción,
pues estamos adormecidos por un falso sentido de seguridad». El 9 de la nación francesa, fiel a los principios establecidos en la Constitución de
no em prender guerra alguna con el objetivo de llevar a cabo conquistas,
noviembre, la Asamblea aprobó una ley radical que declaraba proscritos a
y de no utilizar nunca sus fu erza s contra la libertad de ningún pueblo, se
los em igrados que no regresasen a comienzos del nuevo año:
levanta en armas sólo para mantener su libertad y su independencia; que
la guerra a la que se ve abocada no es de ningún modo una guerra tic una
Desde este m om ento se declaran sospechosos de conspiración contra nación contra otra, sino la legítima defensa de un pueblo contra la injusta
la patria aquellos franceses que se encuentren más allá de las fronteras del agresión de un rey.7
reino ... Si el 1 de enero de 1792 siguen todavía congregados fuera del
país, serán declarados culpables de conspiración, y com o tales serán pro­ La guerra puso en evidencia a la oposición interna, tal como esperaban
cesados y castigados con la muerte.6 los partidarios de Brissot, pero aquélla no fue ni limitada ni breve. Junto
con la Constitución Civil del Clero, la guerra marca uno de los hitos más
Tres días después el rey utilizó su veto suspensivo para bloquear esta ley. decisivos del período revolucionario, influyendo en la historia interna de
Los afectos a Brissot argumentaban que la revolución no estaría a sal­ Francia durante veintitrés años. A los pocos meses de su estallido, acarreó
vo hasta haber destruido la amenaza externa. El golpe militar en Austria y una serie de consecuencias fundamentales. En primer lugar, alentó inme­
Prusia, de escasa duración debido a la acogida que los plebeyos de aque­ diatamente las esperanzas y los anhelos de la contrarrevolución al añadir
llos países brindaron a sus hermanos liberados, expuso a los contrarrevo­ una función militar a las pequeñas y resentidas comunidades de em igra­
lucionarios internos al caldo de cultivo de un conflicto armado entre la dos en el exilio en Europa, especialmente en Coblenza. En el interior de
nueva y vieja Europa. En su decreto del 22 de mayo de 1790 en el que se la propia Francia no sólo había miembros de la vieja élite, especialmente
ponía en manos de la Asamblea el poder de declarar la guerra o la paz en la corte, que veían la derrota como un medio para aplastar la revolución,
vez de otorgárselo al rey, la Asamblea declaraba que «la nación francesa sino que los primeros reveses que sufrieron los desorganizados ejércitos
renuncia a emprender guerra alguna con el objetivo de llevar a cabo con­ revolucionarios fueron celebrados por los em igrados nobles y por los
quistas, y nunca utilizará sus fuerzas contra la libertad de ningún pue­ oficiales del ejército que pretendían restaurar un rejuvenecido antiguo
blo». A principios de 1792 era tal la inquietud, la exaltación y el miedo régimen.
En segundo lugar, mientras que la contrarrevolución podía alardear de
estar combatiendo en una santa cruzada para restaurar la religión, en el
6. M oniteur universel, n.° 313, 9 de noviembre de 1791, vol. 10, p. 325; Timothy interior de Francia la guerra complicó sobremanera la posición de los clé­
Tackett, «Conspiracy Obsession in a Time of Revolution: French lilites ¡mil the Oiiginsoí rigos que no habían prestado juramento. El 27 de mayo recibieron la orden
the Terror», American Historical Review, 105 (2000), pp. 691-713. Sobre el csclavismo y
las colonias, véanse los capítulos de Carolyn Fick y l’ierre lloulle en I rcderick Krantz
(ed.), History from Below: Studies in Popular Proles! and Popular Itleology in llonour of 7. Proces Verbal (Assemblée législative), vol. 7, 355; Moniteur universel, n.° 143, 23
George Rudé (Montreal, 1985). de mayo de 1790, vol. 4, p. 432.
í' La destitución llevada a cabo por Luis de sus ministros «brissotinos» o
de abandonar el país si eran denunciados por veinte ciudadanos, ley que fue
«patriotas» el 13 de junio provocó una violenta manifestación una sema­
vetada por el monarca. Aquellos que buscaban un blanco fácil al que in­
culpar de las dificultades por las que atravesaba la revolución, hallaron en
■ na después. Entre las pancartas que desfilaron ante el rey había algunas
en las que podía leerse el siguiente eslogan: «¡Tremblez tyrans! ¡Voici les
el clero la diana más evidente. ¿Acaso no estaba el papa bendiciendo las
sans-culottes!» Desde mediados de 1791 los demócratas más activos
tropas extranjeras que mataban a los franceses? Un antiguo sacerdote, que
; entre la canalla se dieron a conocer con el nuevo nombre de sans-culottes,
había estado diciendo misa en Lille para la orden de las monjas ursulinas
I que era a la vez una etiqueta política para el patriota militante y una des-
dedicada a la enseñanza, fue asesinado el 29 de abril en sangrienta ven­
¡j cripción social que designaba a los hombres del pueblo que no llevaban
ganza cuando las tropas revolucionarias se retiraban a la desbandada tras
los calzones cortos ni las medias de las clases altas. Por su parte, a las
su primera batalla contra los austríacos. Pocos meses después, las ursulinas
; mujeres radicales del pueblo, que no llevaban enaguas como las mujeres
fueron expulsadas y su orden clausurada. Mientras que la mayoría atrave­
de clase alta, se las conocía com o las sans-jupons. A sí pues, los elemen-
saron la frontera y entraron en Flandes, trece de ellas, cuyo sentido del
f tos políticamente activos de la canalla no eran la clase obrera asalariada,
deber las indujo a permanecer en sus puestos, fueron posteriormente gui­
I sino una amalgama de artesanos, tenderos y peones. En esta misma época
llotinadas por actividades contrarrevolucionarias de apoyo al enemigo.8
í el uso de los términos «ciudadano» y «ciudadana» se convirtió en un signo
Una tercera consecuencia de la guerra fue la revitalización de la revo­
I de entusiasmo patriótico. Un versificador jacobino definió a los sa n s-
lución popular: tras el llamamiento de ciudadanos voluntarios para com­
batir en tiempos de gran inflación, las exigencias políticas y sociales de la " culotles como:
clase trabajadora se incrementaron hasta hacer imposible su rechazo.
Partisanos de la pobreza,
Entre dichas reivindicaciones estaba la insistencia de las mujeres en cada uno de estos orgullosos guerreros,
poder participar activamente en el esfuerzo bélico. En la Asamblea Legis­ lejos de gozar de excesos,
lativa se leyó una petición de la Société Fraternelle des Minimes con 30 a través de la virtud cívica,
firmas (incluyendo la de la activista Pauline Léon): apenas le alcanza el honor de estar casi desnudo.
Con el nombre de «patriotas»
Nuestros padres, maridos e hijos pueden ser quizá víctim as de la furia de término glorioso que tanto les satisface,
nuestros enem igos. ¿Se nos puede prohibir el placer de vengarles o de se consuelan fácilmente
morir a su lado? ... Deseam os tan sólo que se nos permita defendernos. No de no tener medias ni calzones.
nos podéis rechazar, y la sociedad no puede negarnos este derecho que nos
viene dado por naturaleza, a m enos que se proclame que la Declaración Esta sólida imagen física contrastaba fuertemente con las burlas difama­
de Derechos no se aplica a las mujeres.9 torias del rey y la reina. Tal com o sostiene Antoine de Baecque, el jiuevo
hombre de la revolución se representaba e imaginaba física y politica­
La Asamblea no respondió a la petición.
mente viril, con una imagen radicalmente opuesta a la de la ridicula aris­
Los primeros m eses de la guerra fueron desastrosos para los ejérci­
tos revolucionarios que se encontraban en un estado de auténtico desor­ tocracia, moral y físicamente decadente.10
den debido a la deserción masiva de la mayoría de los cuerpos de oficiales.
10. Rose, Making o f the «sans-culottes», p. 106; Antoine de Baecque, The Body Poli
tic: Corporeal Metaphor in Revolutionary France, ¡770-1800 (Stanford, C alif, 1997).
8. Elisabeth Rapley, «‘Pieuses Contre-Révolutionnaircs’: The Experience o f the Lynn Hunt estudia los orígenes de los injuriosos ataques a María Antonicta en The Family
Ursulincs of Northern France, 1789-1792», French History, 2 (1988), pp. 453-473. Romance o f the French Revolution (Londres, 1992); Chantal Thomas, La reina desalma
9. Elisabeth Roudinesco, Madness and Revolution: The Uves and Legends o f Thé- da: María Antonieta en los panfletos (Muchnik, Barcelona, 1998); y Thomas E. Kaiser,
roigne de Méricourt (Londres, 1991), p. 95.
En los periódicos, las canciones, las obras de teatro y la prensa aman- | sechas? ¿Que arrasasen nuestra patria incendiando y aniquilando? En una
Ha, el período de 1789-1792 constituyó una era de salvajes sátiras y ala- | palabra, que os dominasen con cadenas teñidas con la sangre de aquellos
ques licenciosos especialmente contra los adversarios políticos debido a la j a quienes más am áis.12
abolición de la censura política en una época en que la literatura popular
se distinguía ya por su mezcla de burla obscena, anticlericalismo y difa­ í A principios de agosto llegó a oídos de los parisinos un manifiesto publi-
mación política. N o fueron únicamente los revolucionarios quienes hicie­ | ; cado por el comandante en jefe de los ejércitos prusianos, el duque de
ron uso de las nuevas libertades. Escritores monárquicos como Gautier, | Brunswick. El lenguaje utilizado provocó iras e inquietud puesto que
Rivarol, Suleau y Peltier llevaron al extremo dichos abusos, calificando a ¡¿amenazaba con aplicar justicia sumaria sobre el pueblo de París si se atre-
Brissot de «negro Bis-sot» (amigo de los negros dos veces necio), mofán­ I vían a hacer daño a Luis y a su familia:
dose de la homosexualidad del marqués de Villette, partidario de la revo­
lución, convirtiendo a Pétion en «Pet-hion» (pedo de burro) y tachando a impondrán una venganza ejemplar e inolvidable entregando la ciudad de
Théroigne de Méricourt de prostituta cuyos cien amantes diarios pagaban París para su ejecución militar y total destrucción, y los rebeldes culpa­
cada uno cien céntimos en calidad de «contribuciones patrióticas»." bles de asesinatos serán ejecutados tal com o se m erecen.13
En este mundo febril de ataques satíricos y pornográficos, el rey y la
reina constituían los blancos más vulnerables de los revolucionarios. María : Esta amenaza acabó de convencer al pueblo de que Luis era cómplice de
Antonieta, en especial, fue despiadadamente atacada por sus supuestas las derrotas sufridas por su ejército. En respuesta a ello, las cuarenta y
depravaciones sexuales y su maléfico poder político que había castrado a ; ocho secciones de París, salvo una, votaron la formación de una Comuna
la monarquía. En semejante situación, la crisis militar hizo insostenible la de Paris para organizar la insurrección y un ejército de 20.000 sans-
posición del rey. Al utilizar su veto suspensivo para bloquear ciertas leyes £ culottes a partir de la recién democratizada Guardia Nacional. Los fede­
críticas (la suspensión de la paga a los refractarios, la orden de retorno de rados, voluntarios de distintas provincias de camino al frente, se unieron
los emigrados y de expulsión para los refractarios, la incautación de las a estos sans-culottes que, liderados por Santcrre y comandantes de otras
propiedades de los emigrados y el llamamiento de voluntarios a París), el circunscripciones, asaltaron y tomaron el Palacio de las Tulierías el 10 de
rey parecía estar actuando a favor del sobrino de su esposa, el emperador agosto. Entre las mujeres que participaron en la lucha estaba Théroigne
de Austria. ¿No eran prueba de ello las derrotas militares sufridas desde de Méricourt, conocida junto con Pauline Léon por su defensa del dere­
el m es de abril, así com o, retrospectivamente, su intento de huida en cho de las mujeres a llevar armas.14 Luis se refugió en la cercana Asam­
junio de 1791?
blea mientras 600 guardias suizos, principales defensores de palacio,
El 11 de julio la Asamblea fue obligada a declarar públicamente a la morían en combate o eran masacrados en justa venganza.
nación que «la patria está en peligro» y pidió un apoyo total en un espíri­ Luis pudo haber salvado el trono de haber estado dispuesto a-aceptar
tu de autosacrificio:
un papel secundario en el gobierno o de no haber mostrado tanta inde­
cisión. No obstante, su caída fue debida también a la intransigencia
¿Consentiríais que hordas extranjeras penetrasen en vuestros campos y se
de muchos nobles y a la lógica de la politización popular en un período de
extendiesen com o implacables torrentes? ¿Que destruyesen vuestras co-
crisis y de grandes cambios. La declaración de guerra y las posteriores
derrotas militares hicieron insostenible su situación. La crisis del verano
«Who’s afraid o f Maric-Antoinctte? Diplomacy, Austrophobia and the Queen», French
History, 14 (2000), pp. 241-271.
12. Moniteur universel, n.° 194, 12 de julio de 1792, vol. 13, p. 108.

¡
11. Murray, Right-Wing Press, caps. 11-12; Kennedy, Cultural History, caps. 5,
13. Moniteur universel, n.° 216, 3 de agosto dc 1792, vol. 13, pp. 305-306.
pp. 9-10; Masón, Singing tlie French Revolution.

14. Rudo, Crowd in the French Revolution, cap. 7.


de 1792 fue un momento decisivo para la revolución. Al derrocar a la fue a su vez condenado a muerte por los mismos ejecutores por este «in-
monarquía, el movimiento popular planteó un grave desafío a toda i cívico acto».16
Europa, pero en ¿1 seno de su propio país la declaración de guerra y des­ Restif de la Bretonne, quizá el más agudo e informado observador del
titución de la monarquía radicalizó la revolución. La exclusión política de París revolucionario, presenció las matanzas. R estif quedó horrorizado
los ciudadanos «pasivos» requeridos ahora para defender la república era por lo que vio, e intentó convencerse a sí mismo de que los «caníbales»
insostenible. Si la revolución quería sobrevivir, tendría que apelar a todas í no eran habitantes de su amada ciudad. Le resultó harto difícil describir
las reservas de la nación. la muerte de la princesa de Lamballe, íntima confidente de María Anto-
Las derrotas militares del verano de 1792 volvieron a enfrentar a los I. nieta y arrestada con ella en la prisión de La Forcé:
sacerdotes con la cuestión más fundamental de sus lealtades. Muchos
aceptaron su nuevo papel como ciudadanos sacerdotes cuya tarea consis­ [ Por último, vi aparecer a una mujer, pálida como su ropa interior, sosteni-
tía en reforzar la resolución de sus conciudadanos. Sin embargo, la po­ í da por un funcionario. Con voz áspera le espetaron: «Grita: ¡Larga vida a
sición del clero refractario era ahora insoportable. El 23 de agosto la la nación! — ¡No! ¡no!», respondió. Entonces la hicieron trepar hasta lo
alto de un montón de cadáveres ... Le dijeron otra vez que gritase «¡Larga
Asamblea decretó la deportación de dicho clero en el plazo de siete días,
vida a la nación!». Ella se negó desdeñosamente. A continuación uno de
«considerando que el malestar creado en el reino por los curas que no
los verdugos la asió, le arrancó el vestido y le rajó el vientre. Ella se des­
han prestado juramento constituye uno de los mayores peligros para la
plomó y los demás acabaron con su vida. Nunca mi imaginación habría
patria».15
sido capaz de concebir semejante horror. Intenté huir pero me fallaron las
A continuación, el 2 de septiembre, llegó a París la noticia de que la
piernas. Me desmayé.
gran fortaleza de Verdún, a 250 kilómetros de la capital y el último gran
obstáculo para el avance de la tropas invasoras, había caído a manos de Después de reflexionar sobre estos hechos, R estif dejó muy claro el
los prusianos. Esta noticia generó una inmediata y dramática oleada impulso que se escondía detrás de las matanzas; no era simple e irracio
popular de temor y reacción. Convencidos de que los «contrarrevolucio­ nal sed de sangre:
narios» (tanto nobles, sacerdotes, com o presos comunes) aguardaban en
prisión la llegada de los invasores para ser liberados una vez los volun­ ¿Cuál es, pues, el verdadero motivo de toda esta carnicería? Algunos
piensan que fue porque los voluntarios, al partir hacia las fronteras, no
tarios hubieran partido al frente, se apresuraron a convocar tribunales
querían dejar a sus esposas e hijos a merced de los bandidos a quienes los
populares que sentenciaron a muerte cerca de 1.200 de los presos 2 . 7 0 0
tribunales podían indultar, o a quienes personas malévolas podían ayudar
que comparecieron ante ellos. Entre éstos había aproximadamente unos
a escapar, etc. Yo quería saber la verdad y por fin la he encontrado. Tan
240 sacerdotes. Esta fue la prueba final para el clero refractario de que la sólo querían una cosa: deshacerse de los curas refractarios. Algunos que­
revolución se había vuelto atea y anárquica. Por otro lado, aquellos que rían incluso deshacerse de todos ellos.17
«juzgaron» a los presos estaban totalmente convencidos de la necesidad e
incluso de la justicia de sus acciones. Uno de ellos escribió a su casa el Revolucionarios prominentes como Danton y Marat disculparon las ma­
día 2 diciendo que «la necesidad ha hecho que esta ejecución resulte tanzas, al igual que la Comuna de París: a partir de entonces serían ridicu­
inevitable ... Es triste tener que llegar a estos extremos, pero es mejor lizados por sus adversarios com o «septembriseurs». Nunca antes había
(com o dicen) matar al diablo que dejar que el diablo te mate a ti». Otro
de ellos, que había robado un pañuelo de entre las ropas de un cadáver,
16. Colin Lucas, «The Crowd and Politics between A nden Régime and Revolution in
France», Journal o f Modern History, 60 (1988), p. 438; M. J. Sydcnham, The French
Revolution (Nueva York, 1966), p. 122.
15. Moniteur universel, n.” 241, 23 de agosto de 1792, vol. 13, p. 540. 17. Restif de la Bretonne, Les Nuits de Paris, parte XVI (París, 1794).
[ prácticas que la Asamblea dudaba en suprimir. Esta actitud duró hasta la
contemplado la revolución semejante derramamiento de sangre. Para his­
í total abolición del feudalismo en 1792-1793.
toriadores com o Simón Schama, Norman Hampson y Fran^ois Furet, Las vacilaciones manifestadas en las sucesivas asambleas acerca de la
esta escalada de violencia punitiva fue consecuencia de una intolerancia
inmediata abolición del señorío dieron pie a un complejo diálogo entre
revolucionaria discernible ya en 1789: la contrarrevolución fue básica­
campesinos y legisladores, en el que las comunidades rurales, por medios
mente una creación de la paranoia revolucionaria y de la sed de sangre
legales e ilegales, presionaron y reaccionaron ante las sucesivas asambleas
del pueblo. Schama describe las masacres de septiembre como «la autén­
eligiendo los medios políticos para llevar a cabo las reformas. Fue un
tica verdad de la revolución». Una explicación alternativa, com o la de
proceso en dos direcciones, en palabras de John Markoff: «Así como las
Hampton, hace hincapié en ideologías «milenarias» más que en conflic­
insurrecciones de los campesinos ofrecieron un contexto fundamental
tos sociales com o causa del fracaso en el consenso. Es decir, los revolu­
para la legislación contra el feudalismo, también la legislación contra el
cionarios estaban obsesionados con su visión de una sociedad regenerada
feudalismo ofreció un contexto fundamental para la acción del campesi-
y depurada.18
! nado». Markoff ha calculado que hubo 4.689 protestas o «incidentes»
Estos argumentos minimizan el alcance de los enem igos internos y
j entre 1788 y 1793, entre ellas las protestas relativas al feudalismo ascen-
externos a los que se enfrentaban los republicanos, e ignoran las violentas
j.dian al 36 por ciento del total. Sólo en el mes de abril de 1792, se regis­
amenazas lanzadas por los monárquicos. Mucho antes del 10 de agosto,
traron por lo menos cien ataques de campesinos a castillos en el departa-
la prensa de derechas había estado publicando listas de «patriotas» a los
; mentó del Gard. El 25 de agosto se aprobó en la Asamblea Legislativa
que los prusianos habían de ejecutar cuando entrasen en París, junto con
una moción para acabar con el señorío. Los tributos de señorío quedaron
escabrosas imágenes del Sena infestado de jacobinos y las calles teñidas
abolidos sin indemnización, a menos que pudiese probarse que aquellos
con la sangre de los sans-culottes. En el verano de 1792, era mucho lo
derivaban de concesiones de tierras, con un contrato legalmente válido.
que estaba en juego tanto en Francia como en la Europa occidental, de
En esencia, el régimen feudal estaba muerto.20
manera que una concienzuda purga de los respectivos enemigos parecía a
En otoño de 1792 la revolución había pasado por una segunda revolu­
ambos bandos el único modo de asegurar o de poner fin a la revolución.19
ción más radical. Ahora estaba armada y era democrática y republicana.
La radicalización de la revolución animó también a la Asamblea a
! Sin embargo, el entusiasta sentido de regeneración y resolución que la
resolver por fin el asunto de la indemnización de los tributos señoriales.
habían caracterizado aquellos meses estaba, en fuerte contraste con 1789,
Desde el inicio del debate prerrevolucionario, las cuestiones relativas al
¡ mudo por los horrores de septiembre y la desesperada situación militar.
control de los recursos del campo y a la descarga de los impuestos seño­
Un par de semanas después de las masacres, los ejércitos revoluciona­
riales que las agravaban fueron fundamentales para la política del campo.
rios obtuvieron su primera gran victoria en Valmy, 200 kilómetros al este
En gran parte de la Francia rural la respuesta a la prevaricación de la
de la capital. Cuando llegó la noticia, la Convención Nacional, elegida
Asamblea Nacional en agosto de 1789 sobre la total abolición del señorío
por sufragio universal masculino (aunque en un proceso de voto en dos
fue una extensión de su incumplimiento y una rebelión contra aquellas
etapas), se estaba instalando en París. La crisis militar fue el principal
asunto al que se enfrentaron aquellos 750 diputados, pero tenían también
18. Schama, Citizens, 637; Norman Hampson, Pretude lo Terror. The Constituent
Assembly and the Failure o f Consensus, 1789-1791 (Oxford, 1988); Franpois l'urct, The
French Revolution 1774-1884 (Oxford, 1992). 20. Markoff, Aholilion o f Feudalism, pp. 426, 497-498, cap. 8; Jones, Peasantry,
19. La potencia de la contrarrevolución se destaca de distinta manera en I). M. G. pp. 70-74; Anatolí Ado, Paysans en Revolution (I’aris, 1996), cap. 2. Según Markoff, el de­
Suthcrland, France 1789-1815: Revolution and Coitnterrcvolullon (Londres, 1985), creto de agosto terminó de forma efectiva con la protesta antifeudalista. Sobre el decreto
caps. 4-6; y en Murray, Right-Wing Press, caps. 9, 12. Véase también el estudio de Mona dejunio, véase C. J. Mitchell, The French Legislativo Assembly o f 1791 (Lciden, 1989),
Ozouf, «War and Terror in French Rcvolutionary Diseourse (179.1 1794))*, Journal of
Modern History, 56 (1984), pp. 579-597. cap. 5.
que decidir el destino de Luis y trabajar para alcanzar nuevos acuerdos canción — ahora conocida como la «Marsellesa»— a la capital en el mes
constitucionales ahora que la Constitución de 1791 era inoperante. Los de agosto. A finales de septiembre el Révolutions de Paris informaba:
hombres de la Convención estaban unidos por unos mismos antecedentes
Los ánimos del pueblo son todavía excelentes ... hay que verles, hay que
sociales y por los mismos supuestos políticos. De origen social abruma­
oírles repitiendo a coro el estribillo de la canción de guerra de la Marse-
doramente burgués, se mantuvieron firmes en lo relativo al liberalismo
llesa, que los cantantes les enseñan cada día con un clamoroso éxito fren­
económico y se erigieron en garantes de la propiedad privada. Eran tam­
te a la estatua de la Libertad en los jardines de las Tullerías.
bién demócratas y republicanos: en su primera reunión abolieron la
monarquía y proclamaron la república en Francia. En gran parte del país ¡Adelante hijos de la patria!
esa noticia fue motivo de celebraciones, moderadas siempre por el reco­ El glorioso día ha llegado.
nocimiento de la crítica posición militar de la nación. En Villardebelle, en Contra nosotros se alza
las estribaciones de los Pirineos, el sacerdote constitucional Marcou cele­ el sangriento estandarte de la tiranía.
bró la proclamación de la república el 21 de septiembre plantando un ¿No oís rugir por la campiña
árbol de la libertad, que hoy todavía sigue en pie. En el puerto de Brest, esta turba de feroces soldados?
se colocaron gorros frigios de la libertad de 80 cm de diámetro en los cas­ A nuestro regazo se acercan
tillos de popa y se izaron gorros de madera en lo alto de los mástiles. ¡para degollar a nuestros hijos y esposas!
La composición de la Convención da fe de la transformación social que ¡A las armas, ciudadanos,
formad en batallón!
trajo consigo la revolución. Los antiguos nobles (23) y el clero católico
Marchad, marchad,
(46) eran ostensiblemente pocos; en cambio, la Convención estaba forma­
que la sangre impura riegue la tierra de nuestros surcos.21
da por profesionales, funcionarios, terratenientes y hombres de negocios,
junto con unos cuantos granjeros y artesanos. Uno de los pocos obreros de Fuera de París la «Marsellesa» se utilizaba para propósitos más ambicio­
la Convención era Jean-Baptiste Armonville, un tejedor de Reims que tuvo sos. El 21 de octubre los judíos de Metz, en el este de Francia, se unieron a
el prurito de asistir a las sesiones con su indumentaria de trabajo. Aunque sus vecinos gentiles para celebrar la victoria de los ejércitos franceses en
los diputados eran comparativamente jóvenes (dos terceras partes no Thionville. Uno de ellos, Moise Ensheim, amigo del Abbé Grégoire, había
alcanzaban los 45 años), después de tres años de revolución tenían sufi­ compuesto una versión hebrea de la «Marsellesa» que utilizaba imaginería
ciente experiencia en política local y nacional. Los concejos municipales bíblica y relacionaba la historia de los judíos con la revolución:
eran algo más democráticos en su com posición. En ciudades importan­
tes de provincias como Amiens, Nancy, Burdeos y Toulouse predomina­ ¡Oh Casa de Jacob! Has padecido innumerables sufrimientos.
ban todavía los miembros de la burguesía, pero los artesanos y tenderos Caíste sin cometer falta alguna ...
constituían del 18 al 24 por ciento en las cuatro ciudades. También en las ¡Feliz seas, oh, tierra de Francia! ¡Feliz seas!
pequeñas comunidades rurales los años 1792-1794 fueron años de equipa­ Tus posibles destructores se han convertido en polvo.
ración social, en los que los campesinos más pobres e incluso los jorna­
leros estaba rcpresentados’por primera vez en los cabildos. De este modo la emancipación de los judíos ortodoxos un año antes podía
celebrarse al mismo tiempo que una victoria republicana.22
Precisamente en esta época se hizo famoso el «Chant de guerre pour
l’armée du Rhin» de Rouget de Lisie. Compuesta por este monárquico
oficial del ejército de Estrasburgo para las tropas del rey, esta canción 21. Masón, Singing the French Revolution, pp. 93-103.
se extendió hacia el sur y los patriotas republicanos de Marsella y Mont- 22. Ronald Schechtcr, «Translating the “Marscillaisc”: Biblical Rcpublicanistn and the
pellier la hicieron suya. Los soldados de Marsella llevaron consigo la Emancipation of Jcws in Revolutionary France», Past & Presen!, 143 (1994), pp. 128-155.
La forma organizada más importante de diversión popular en el París humanidad», y habla un perfecto francés. Mathurin, uno de «aquellos
revolucionario era el teatro. Un rico ejemplo de este teatro — y de la ideo­ hombres verdaderamente útiles que Europa solía despreciar», es el héroe
logía política que lo inundaba— en el otoño de 1792 es una obra escrita de la obra. Oziambo lo nombra líder de la colonia: «El amor hacia sus se­
por el «ciudadano Gamas». Em igrados en tierras australes o E l último mejantes, el valor, la integridad, éstas son sus obligaciones. No hay otras
capitulo de una gran revolución, una comedia, fue representada por pri­ más sagradas ... El hombre holgazán es el mayor azote de la sociedad, y
mera vez en el Théátre des Amis de la Patrie en París en noviembre de será para siempre desterrado de la nuestra». El abad Zalamero ve con
1792.23 Anteriormente, había habido en Europa dos siglos de literatura esto frustradas sus maquinaciones para ponerse a sí mismo al frente de
utópica sobre las «Tierras Australes»: un lugar ideal en el que los autores los lugareños, convirtiendo a los nativos en un nuevo tercer estado, y él
podían situar un mundo imaginario al revés. En Francia se había reavivado y los demás emigrados son condenados a ganarse el sustento. La obra ter­
este interés gracias a los relatos del Pacífico recogidos por Bouganville. mina con una clamorosa canción condenando a «la horrible hidra del des­
Ésta era una literatura que hacía referencia a Francia y a su descontento potismo» y prometiendo que «nuestros vigorosos brazos liberarán al uni­
más que cualquier otra acerca de las tierras del sur. La breve obra de verso», cantada con la melodía de la «Marsellesa», que unos meses antes
Marín Gamas, dentro de su género, tiene especial interés porque fue la se había escuchado en París por primera vez.
primera obra teatral de todas las lenguas que versaba sobre la colonia bri­ La Convención tenía la impresión de estar en el centro de una lucha de
tánica de Nueva Gales del Sur. La acción transcurría en Bahía Botánica, trascendencia internacional debido a la presencia, com o diputados elec­
descrita en la obra como «un paisaje no cultivado» tapizado de «rocas y de tos, de dos revolucionarios extranjeros: Tom Paine y Anacharsis Cloots.
unas pocas tiendas». Joseph Priestley fue elegido en dos departamentos, pero renunció a su
La obra hace gala de la apasionada mezcla de virtudes patrióticas y escaño. Estos eran tres de los dieciocho extranjeros «que en varios países
odio hacia la vieja Europa de la aristocracia tan típíca de aquellos meses. han elevado la razón a su actual madurez» que fueron nombrados ciuda­
Describe la lucha de un grupo de emigrados anturevolucionarios exilia­ danos franceses honorarios. Entre los demás figuraban héroes de la Revo­
dos en Australia para adaptarse a la vida en un «estado natural». Los per­ lución y República Americana (James Madison, Alexander Hamilton y
sonajes son estereotipos: entre ellos destacan Ciervoleal, capitán de la George Washington), radicales británicos y europeos (William Wilberfor-
Guardia Nacional, y los emigrados príncipe Fanfarrón, barón Estafa, juez ce, Jeremy Bentham y Thaddeus Kosciuszko) y los educadores alemán y
Metepatas, abad Zalamero, financiero Sanguijuela, y monje Codicia. Los suizo Campe y Pestalozzi:
clérigos y nobles emigrados, vestidos todavía con todo su esplendor y
absolutamente recalcitrantes en sus prejuicios, aprenden a sobrevivir en aquellos hombres que, a través de sus escritos y su coraje, han servido a la
un entorno natural. Oziambo, jefe de los aborígenes, es un hijo idealizado causa de la libertad y colaborado en la emancipación de los pueblos, 110

de la naturaleza, que adora a un Ser Supremo, pero que no necesita sacer­ pueden ser considerados extranjeros por una nación que se ha liberado
dotes: es más, manifiesta un perfecto anticlericalismo parisino cuando gracias a su conocimiento y su valor.2'1
confunde al abad Zalamero vestido con su sotana con una mujer. Oziambo
está ansioso por aprender de Mathurin el labrador, el «benefactor de la
24. Moniteur universel, n.° 241, 23 de agosto de 1792, vol. 13, pp. 540-541. Durante
la revolución no había partidos políticos en el sentido moderno del concepto, y la identifi­
23. En realidad no sabemos apenas nada acerca de Gamas excepto que escribió otrascación de las distintas tendencias políticas y sociales en el seno de la Convención ha sido
tres obras en aquella misma época. El texto fue publicado por la ciudadana Toubon en motivo de debate durante largo tiempo: véase Alison l’atriek, The Men o f the First French
1794. La obra de teatro ha sido editada y traducida por Patricia ( lancy, The First «Austro- Republic: Política! Alignments in the National Convention o f 1792 (Baltimore, 1972);
lian» Play: Les Emigres aux Ierres australes (1792) hy ( ill.u n (¡timas (Melbourne, Michael Svdcnham, The Gírondins (Londres, 1961); y French llistorical Studies, 15
1984). (1988), pp. 506-548.
frea

A pesar del mayoritario consenso, en el otoño e invierno de 1792-1793 la Tras expresa o legal abdicación, el rey podrá ser calificado de ciuda- A gg
Convención tendía a dividirse en tres bloques de votos más o menos igua­ daño, y com o tal puede ser acusado y juzgado por actos posteriores a su
abdicación.25
les. París estaba dominado por jacobinos (20 de sus 24 diputados) de re­
nombre como Robespierre, Danton, Desmoulins y Marat, lo cual dio lugar
a la costumbre de identificar a los jacobinos con París como si de sinóni­ Por su parte, la gran fuerza del argumento de los jacobinos durante este
mos se tratase. No obstante, al igual que sus antagonistas los «girondinos», dramático y elocuente debate era la de que indultar a Luis equivaldría a i ^
eran ante todo una tendencia política de ámbito nacional. En términos admitir su naturaleza especial: ¿no era Luis Capeto un ciudadano culpa-
sociopolíticos, los jacobinos estaban en cierto modo más cerca del movi­ ble de traición? Robespierre, Marat y Saint-Just aseguraban que, como
miento popular, y su hábito de sentarse juntos en los escaños superiores proscrito, sencillamente debería ser ejecutado sumariamente: «el pueblo»
del lado izquierdo en la Convención les valió enseguida el epíteto de la ya le había juzgado. Sin embargo, la mayoría de jacobinos pedía un juicio
«Montaña» y una imagen de republicanismo intransigente. La etiqueta de completo: la huida del rey había invalidado toda protección constitucio-
«girondinos» designaba a hombres cuyas simpatías iban dirigidas a la alta nal y ahora tenía que ser juzgado como cualquier otro presunto traidor. I I
burguesía de Burdeos, capital de la Gironda, de donde fueron elegidos los 16-17 de enero 361 diputados votaron por la pena de muerte; 360 lo hi
diputados Vergniaud, Gaudet y Gensonné, y cuyo comercio colonial y de cieron a favor de otros castigos. Finalmente, los jacobinos lograron venen
esclavos se había visto amenazado por la revolución y la guerra. Un la última petición de clem encia de los girondinos por 380 votos a 310,
nutrido grupo de diputados no comprometido, apodado «Llanura» o Muchas personas apoyaron la postura de los jacobinos: desde Burdeos,
«Pantano», que incluía a Sieyés y Grégoire, brindaba su apoyo a un grupo capital de la Gironda, la Sociedad de Ciudadanas de los Amigos de la
u otro dependiendo de la cuestión discutida. Libertad acusó a Luis de:
Desde el principio, las actitudes adoptadas y la práctica política en
una serie de asuntos cruciales dividía a los diputados. El primero de es­ matar a sus enem igos en secreto, con el m ism o oro que había obtenido de
tos asuntos fue el juicio del rey. El propio Luis se mantuvo digno y conci­ su fortuna, proteger a los sacerdotes facciosos, que sembraban la discoi'-
so durante el proceso. Una y otra vez, mientras sus acusadores repasaban dia en el interior del país ... ¡él, que dirige sus ejércitos contra la patria!
él, que ordena la masacre de sus súbditos! ... ¿y era la reclusión o el des­
la lista de las crisis a las que se había enfrentado la revolución desde
tierro suficiente castigo para aquel que había derramado tanta sangre? ...
1789, como la de las matanzas del Campo de Marte el 17 de julio de 1791,
No: su cabeza tenía que rodar. Representantes, vosotros habéis cumplido
Luis simplemente respondió: «Lo que sucedió el 17 de julio no tiene nada
los deseos de la República, habéis sido justos ...2<’
que ver conmigo». Mientras que los diputados presentes en el juicio del
rey reconocían su culpabilidad, los girondinos se decantaban por que su
destino se decidiera mediante referéndum, argumentaban que no debía Luis subió al cadalso el 21 de enero, con evidente coraje. Avanzó hacia el
ser condenado a muerte ni indultado. Parece que había disposiciones es­ borde de la tarima e intentó silenciar el repique de un tambor para poder
pecíficas en la Constitución de 1791 que respaldaban su postura legalista:
25. Moniteur universel, n." 21X, 6 de agosto de 1791, vol. 9, pp. 312-320, n." 348, I I
La persona del rey es inviolable y sagrada, su único título es rey de los de diciembre de 1792, vol. 14, pp. 720-721. Sobre el proceso del rey, véase l’atrick, Alón
fra n c eses ... ofthe First French Republic, caps. 3-4; David Jordán, The King's Triol: The French Revo
Si el rey se pone al frente de un ejército y dirige sus tropas contra la lution versus Louis XVI (Bcrkcley, Calif., 1979); Michacl Wal/.er (ed.), Regicide miil
Revolution: Speeches at the Trial o f Louis XVI (Cambridge, 1974).
nación, o si, m ediante solem ne declaración, no se opone a cualquier
26. Archives dcpartcmcntalcs de la Girondc. Sobre los clubes provinciales de muje
acción llevada a cabo en su nombre, se considerará que ha abdicado del
res, véase Suzanne Desan, «‘Constilulíonal Amazons’: Jacobin Womcn’s Clubs in the
trono ... French Revolution», en Ragan y Williams (cds ), Re-creating Authority.
de la batalla con las tropas españolas en torno a Perpiñán, el antiguo
dirigirse a la multitud allí congregada. No sabemos a ciencia cierta si su
señor Antoine Viguier, convertido en un auténtico «patriota», no estaba
gesto fue efectivo, pero un relato recoge sus palabras:
convencido de los voluntarios: «Los oficiales que han sido elegidos por
sus compañías saben tanto de asuntos militares como del Corán. Los sol­
Muero siendo completamente inocente de los crímenes de que se me acu­
sa. Perdono a aquellos que son la causa de mi infortunio. Es más, espero
dados no tienen experiencia, se pasan el día buscando ranas en las márge­
que mi sangre derramada contribuya a la felicidad de Francia ...27 nes del río».28 El entusiasmo de los voluntarios de 1792-1793 pronto iba
a ser puesto a prueba.
Los girondinos se sentían cada vez más inquietos por el deterioro de
una guerra que ellos, com o seguidores de Brissot, tan vehementemente
habían reclamado en 1792. La «nación en pie de guerra» había ocupado
en Navidades los Países Bajos, Renania y Saboya (que aceptó convertir­
se en un departamento de Francia), pero la ejecución de Luis el 21 de enero
de 1793 extendió la guerra abarcando Gran Bretaña y España y alterando
los resultados de la contienda. Una serie de derrotas en el sureste, suroes­
te y noreste provocaron la penetración en Francia de fuerzas extranjeras
en el mes de marzo. Las sospechas de que los girondinos eran incapaces
de dirigir la República a través de aquella crisis militar quedaron demos­
tradas por la deserción el 5 de abril de un prominente simpatizante giron­
dino, el general Dumouriez, que había sido el héroe de las primeras gran­
des victorias en Valmy y Jemappes.
La situación militar cada vez más deteriorada exigía medidas deses­
peradas. En las zonas fronterizas especialmente, el llamamiento de volun­
tarios que hizo la Convención estuvo acompañado por la organización de
batallones de voluntarios equipados por las comunidades locales. Los
informes acerca de la formación de dichos batallones constituyen un elo­
cuente testimonio del cambio revolucionario que se había producido en el
ámbito de la cultura política. Mientras que los principios de soberanía
popular nunca llegaron a aplicarse en el ejército profesional, las unida­
des locales de voluntarios eligieron a sus propios oficiales en todos los
niveles en ceremonias de exaltado patriotismo. Su entusiasmo revolucio­
nario no siempre era un buen sustituto del entrenamiento militar. En el
sur del departamento del Aude, desde donde se podía ver y oír el clamor

27. John Ilardman, Louis XVI (New Ilaven, 1993), p. 232. I•n esta simpática y ex­
celente biografía se describe a Luis como «harto inteligente y bastante trabajador»:
p. 234. 28. McPhee, Revolution and Environment, p. 97.
n
n
í
VI. LA REVOLUCIÓN PENDIENTE

t
DE UN HILO, 1793

u
u
i
Antes de 1792 los girondinos habían culpado a Luis de los reveses milita­
res, pero ahora ¿a quién podían acusar? Consiguieron encontrar un ca
beza de turco, los sans-culottes y sus aliados jacobinos, a quienes tilda

u
ron de «anarquistas» y «niveladores». Hacia finales de año, el eminente
periodista y diputado girondino Antoine-Joseph Gorsas se sirvió de unu

i
parodia de la «Marsellesa» como villancico para atacar a los jacobinos:

u
Adelante hijos de la anarquía,
el vergonzoso día ha llegado ...
el pueblo cegado por la ira

m
alza el sangriento cuchillo.
En esta hora de crímenes y horror,

t
para servir a los más inicuos designios,
no cuentan sus infamias,

t
ni el número de sus presas.

t
Para Vergniaud, «la igualdad del hombre com o ser social consiste sola­
mente en la igualdad de sus derechos legales»; Brissot por su parte hizo

u
público un A ppel á tous les républicains de France en octubre advirtién­
doles contra «la hidra de la anarquía», acusando a los jacobinos de «des­

í
organizadores que desean nivelarlo todo: la propiedad, el ocio, el precio
de los alimentos y los distintos servicios prestados a la sociedad».

t
Mientras Brissot exageraba los impulsos «niveladores» de los jacobi­
nos, éstos eran obviamente más flexibles en su disposición por controlar

í
temporalmente la economía, especialmente el precio de la comida. A lina
Ies de 1792 Robespierre respondió a los disturbios a causa de la comida

í
originados en el departamento de Eure-et-Loire insistiendo en que «I I
más fundamental de todos los derechos es el derecho a la existencia I a

í
ley más fundamental de la sociedad es, por consiguiente, aquella que

í
í
í
ü
garantiza los m edios de subsistencia a toda persona: cualquier otra ley sólidos contratos por granjeros relativamente prósperos a través de inter­
está supeditada a ella». Asim ism o, su joven aliado Louis-Antoine de mediarios burgueses. Las exacciones de los señores y del Estado antes de
Saint-Just, elegido para la Convención a la edad de 25 años, procedente 1789 habían sido comparativamente suaves. Un clero numeroso, activo y
del departamento del Aisne, en la frontera norte, declaraba que «en un reclutado localmente desempeñó un papel social preponderante, con la
solo instante se le puede dar al pueblo francés una auténtica patria dete­ riqueza suficiente para llevarlo a cabo: como en otras diócesis de la zona
niendo los estragos de la inflación, garantizándole el suministro de ali­ occidental, la mayoría de sacerdotes recaudaban el diezmo directamente
mentos y relacionando íntimamente su bienestar con su libertad».1 en vez de recibir de la catedral la porción congrua asignada. Para la
A principios de 1793, la retórica girondina sonaba cada vez más hueca mayor parte de la gente que vivía en granjas y caseríos diseminados por
en el contexto de la crisis militar externa, y la mayoría de diputados de la la región, la misa del domingo era la ocasión en que, al acudir al bourg, la
«Llanura» empezaron a secundar las propuestas de emergencia de los ja­ comunidad sentía su identidad parroquial, tomaba decisiones y se entera­
cobinos. La Convención respondió a la crisis ordenando la movilización ba de las noticias que el sacerdote les transmitía.
de 300.000 reclutas en el mes de marzo. Este reclutamiento se puso en Los cuadernos de la región expresaban los innumerables anhelos de la
práctica fácilm ente en el sureste, en el este — dos regiones fronte­ gente del lugar, reclamando el fin de los privilegios y su participación en
rizas— y en los alrededores de París. En el oeste provocó una multitudi­ el poder político. Tan sólo por la falta de críticas a la Iglesia resultaban
naria insurrección armada y una guerra civil, conocida con el mismo extraños aquellos cuadernos. La revolución no aportó ningún beneficio
nombre de la región en la que se produjo, «la Vendée» (véase mapa 5). Al aparente a los campesinos de la Vendée. Los impuestos estatales aumenta­
estallar precisamente en un momento desesperado para la joven república ron y fueron recaudados de forma mucho más rigurosa por los burgueses de
y desembocar en la pérdida de numerosas vidas, la insurrección dejó la localidad, que también monopolizaron los nuevos cargos y los ayunta­
cicatrices indelebles en la sociedad y la política francesa. Todavía hoy mientos, y compraron todas las tierras de la Iglesia en 1791: en el distrito
sigue dividiendo a los historiadores: para algunos, la represión de la rebe­ de Cholet, los nobles compraron el 23,5 por ciento de dichas tierras, los
lión fue equiparable a un «genocidio» mientras para otros fue una reac­ burgueses el 56,3 por ciento y los campesinos tan sólo el 9,3. El desplo­
ción lamentable pero necesaria ante una «puñalada por la espalda» propi­ me en la demanda de tejidos, consecuencia del tratado de libre comercio
nada en el momento de mayor crisis de la revolución. con Inglaterra en 1786 y de las dificultades económicas del período revo­
Las causas de la rebelión hay que buscarlas en las características lucionario, afectó enormemente a los trabajadores del sector. Asimismo,
peculiares de la región y en el impacto específico que la revolución había al suponer que los arriendos a largo plazo característicos de la zona oeste
tenido allí desde 1789. Los departamentos del sur del Loira donde estalló no eran más que otra forma de acuerdo de alquiler, los gobiernos revolu­
la violencia estaban en una región de bocage (granjas diseminadas sepa­ cionarios hicieron más vulnerable a la clase media rural en lugar de reco­
radas por altos setos), con escasa com unicación con el exterior, y una nocerla com o terrateniente d e facto. ,
mezcla de agricultura de subsistencia y cría de ganado, con una produc­ En la zona occidental los sacerdotes eran contrarios a la abolición del
ción textil ubicada en pequeños centros urbanos (bourgs). Las inmensas diezmo y a la imposición de un concepto cívico y urbano de sacerdocio.
propiedades de la nobleza y las órdenes religiosas fueron arrendadas en Estaban respaldados por sus comunidades, decepcionadas con el resul­
tado de la revolución y contrariadas por la minuciosa aplicación de la
reforma de la iglesia por parte de los funcionarios burgueses. En Angers,
1. Estas afirmaciones sobre las actitudes de los girondinos y los jacobinos lian sido por ejemplo, los nuevos administradores burgueses se caracterizaban por
extraídas de Masón, Singing the French Revolution, p. 82; Albert Soboul, A Sliort History
o f the French Revolution 1789-1799, trad. Gcoffrey Symcox (llcrkeloy, C’nlif., 1977),
su hostilidad a las riquezas y propiedades eclesiásticas. También en el
pp. 86-90; Soboul, La Revolución Francesa, Critica, Barcelona, 1994, (En la traducción distrito de La Rochc-sur-Yon los administradores tuvieron pocas dudas a
inglesa — Londres, 1989— corresponde a las pp. 273-282, 303-313.) la hora de cerrar diecinueve parroquias (de un total de cincuenta y dos)
ffffrrffffffikiiumnuMVitll
consideradas de más según las disposiciones de la Constitución Civil del Por consiguiente, los primeros objetivos fueron los funcionarios locales,
Clero. Harto extraña fue la actitud del funcionario de Vitré (departamen­ que fueron asaltados y humillados, y los pequeños centros urbanos como
to de Dcux-Sévres) que, aun creyendo que «desgraciadamente el fana­ Machecoul, donde cerca de quinientos republicanos fueron torturados y
tismo está profundamente arraigado en este distrito», insistía en que «no asesinados en el mes de marzo.
debemos enfrentarnos a él directamente [por temor a] derramar dema­ En un principio, la Vendée no fue ni contrarrevolucionaria ni antirre-
siada sangre. Eduquemos, seamos persuasivos y les convenceremos a volucionaria: la revolución, tan ansiada al inicio, no había traído consigo
todos».2 más que problemas. La posterior participación de los nobles y del clero
La comunidad rural respondió a estos agravios acumulados uno tras refractario le dio un matiz contrarrevolucionario, pero muchos campesi­
otro en 1790-1792 humillando al clero constitucional elegido por los nos no estaban dispuestos a formar un ejército para invadir París ni a vol­
ciudadanos «activos», boicoteando las elecciones nacionales y locales, ver a pagar tributos ni diezmos. El terreno resultaba apto para la guerra de
y mediante repetidos actos de hostilidad hacia los funcionarios locales. El guerrilla, emboscadas y retirada fácil, cosa que provocaba un círculo
decreto del servicio militar obligatorio concentró su odio más que cual­ vicioso de matanzas y represalias en ambos bandos, convencidos de la
quier otra cosa, pues los funcionarios burgueses que lo imponían estaban traición de unos y otros. Para las tropas republicanas, los rebeldes eran
exentos de su cumplimiento. Mientras que los republicanos o «azules» supersticiosos y crueles, manipulados en su ignorancia por los malvados
eran en su mayoría burgueses, artesanos y tenderos, los rebeldes repre­ nobles y clérigos. Para los rebeldes, el alcance de las represalias qur
sentaban una sección transversal de la sociedad rural. Las mujeres desem­ algunos historiadores describen, de forma incorrecta, com o «grnoi'í
peñaron un papel fundamental en la rebelión com o intermediarias entre dio»— reforzaba la imagen sangrienta de París que durante el siglo pos
las comunidades eclesiástica y seglar y en el mantenimiento de sus hoga­ terior perduró en numerosas zonas rurales.
res mientras duró la lucha. Los republicanos despreciaban a los rebeldes Por último, la guerra civil acabaría exigiendo la atroz cifra de 200.000
por ser campesinos ignorantes y supersticiosos bajo el dominio de sacer­ vidas a cada uno de los bandos, tantas como las de las guerras externas de
dotes «fanáticos». A su vez, el lema de los insurgentes ponía de manifies­ 1793-1794. La crudeza de la lucha en momentos de crisis militar nacional
to su apoyo a los «buenos sacerdotes» como esencia de un modo de vida alentó una terrible represión: cuando el general Westermann informó a la
amenazado, y su odio hacia los burgueses: Convención en diciembre de 1793 que «la Vendée ya no existe», admitió
que «no hicimos prisionero alguno: habría sido preciso darles el pan de la
Pereceréis en vuestras ciudades libertad, y la piedad no es revolucionaria». Entre diciembre y mayo de
malditos patanes (burgueses patriotas) 1794, tras aplastar la insurrección, «las columnas infernales» del general
igual que orugas
Turreau llevaron a cabo una venganza de «tierra quemada» en 773 comu­
patas arriba.3
nas declaradas fuera de la ley. Informó al ministro de la guerra que todos
los rebeldes y presuntos rebeldes de cualquier edad y sexo serían ajusticia
dos: «todos los pueblos, granjas, bosques, páramos, todo lo que pueda
2. Michel Ragon, 1793: L ’insurreclion vendéenne el les malentendus de la liberté
(París, 1992), p. 180. Entre los estudios más importantes sobre la Vendce figuran el inno­ arder, será incendiado». Se ha calculado que en estas comunidades mtii ir
vador trabajo de Charles Tilly, La Vendée (Cambridge, Mass., 1964); Tímothy Tackctt, ron unas 117.000 personas (el 15 por ciento de la población).'1
«The West in France in 1789: The Religious Factor in the Origins of the Counterrevolu-
tion», Journal o f Modern History, 54 (1982), pp. 715-745. Un ensayo crítico muy útil es
el de Claude Petitfrere, «The Origins o f the Civil War ¡n the Vendée», French History, 2 4. Cobb y Jones (eds.,), Voices o f the French Revolution, 206; Rcynald Scchcr, Le ( icno
(1988), pp. 187-207. cidefranco-frangais: La Vendée-vengé (París, 1986). La proclamación de genocidio por par­
3. Charles Tilly, «Local Conflicts in the Vendée before the Rebellion o f 1793», te de Sechcr es rebatida por Hugh Gough, «Gcnocide and the Bicentenary: The I;rcncl)
French HistóricaI Studies, 2 (1961), p. 231. Revolution and the Revengc of the Vendée», Historical Journal, 30 (1987), pp. 977-988.

i
En La Rochela, en el extremo sur de la Vendée, la revolución acarreó
incertidumbre y dificultades económicas; no obstante, aquí la frustración Quince días después, tras la ejecución de Luis XVI, Francia e Inglaterra
se manifestó de otro modo muy distinto. La Rochela había vivido siem­ estaban en guerra. El comercio costero, más importante que el comercio
pre de sus relaciones comerciales privilegiadas con Santo Domingo, de colonial y de esclavos, comenzó a declinar. El bloqueo naval de los ingle­
su comercio con el norte de Europa y la costa, de la venta de esclavos ses supuso la ruina de las familias protestantes cuya riqueza estaba basa­
africanos y de sus exportaciones de sal, vino y trigo. La guerra supuso un da en el comercio de ultramar, especialmente en la trata de esclavos y en
desastre para el comercio de esclavos: de veintidós expediciones en 1786, productos coloniales. Entre estas familia se encontraba la de Weis, que
la cifra descendió a dos en 1792. Las refinerías de azúcar cerraron con el partió hacia París tras perder las tres cuartas partes de su fortuna.
derrumbe del comercio colonial. En el mes de junio de 1792, cinco de los En el relato que los rocheleses hacían de sus infortunios, los curas re­
más acaudalados comerciantes estaban en bancarrota, entre ellos el alcal­ fractarios eran los más flagrantes chivos expiatorios, igual que sucedió en
de Daniel Garesché. Lille en abril de 1792 y en Paris en septiembre. No sólo personificaban
A pesar de estas vicisitudes, La Rochela se mantuvo firmemente revo­ las dificultades a las que se enfrentaba la revolución sino que, al menos
lucionaria, en especial la élite protestante. El 16 de enero de 1793 siete para algunos hombres de la ciudad, al parecer fueron acusados también
muchachos y ocho muchachas de unos trece años se presentaron ante el de causar frustraciones sexuales: una turba desenfrenada de aproximada­
consejo municipal de la Rochela para entregar ropas de soldado que mente cuatrocientos hombres irrumpió en los monasterios y conventos
habían comprado reuniendo sus ahorros. Una de las niñas, Nanine Weis, en mayo de 1792 destrozando todo el mobiliario con el pretexto de estar
de una de las familias protestantes más ricas de la ciudad, habló en nom­ buscando sacerdotes refractarios. En pleno alboroto se les oía gritar: «Es
bre de todos los demás: mejor destrozar sillas y ventanas que los brazos y piernas de nuestras
esposas, hace cuatro meses que no gozamos, el diablo se ha instalado en
Ciudadanos magistrados, se presenta ante vosotros un pequeño grupo de nuestros hogares». Esto nos lleva a suponer que los curas refractarios
jóvenes patriotas, que a menudo se reúnen por la necesidad de diversión habían aconsejado a las mujeres que se negasen a practicar el sexo con
que a nuestra edad se tiene, bajo los auspicios de la amistad que une a los maridos patriotas. Por supuesto, en mayo de 1792 Francia estaba en
nuestros padres. El amor por la patria ha arraigado en nuestros jóvenes guerra y el clero refractario había huido.
corazones y nos preocupa enormemente pensar que los valientes volunta­ Cuando estalló la insurrección en la Vendée, la ciudad estaba en un esta­
rios de nuestro departamento que se han alzado en nuestra defensa carecen do de desesperación, resentimiento y hambruna. Los rebeldes de la locali­
de algunos elem entos esenciales de su equipamiento. Iniciamos una co­
dad eran odiados por ser la personificación de la vieja Francia católica y de
lecta entre nosotros m ism os, valiéndonos de nuestros m odestos ahorros:
Europa que, al rechazar la revolución, habían provocado la más absoluta
no tenemos m ucho que ofrecer. Nuestros esfuerzos han alcanzado hasta
miseria y la frustración de todas sus esperanzas. Un grupo de 2.000 volun­
ahora sólo para la compra de 26 pares de zapatos y 29 pares de calcetines,
que les rogamos envíen a nuestros generosos compatriotas en las fronte­ tarios enviados a la Vendée el 19 de marzo fue aplastado rápidamente; a su
ras. N o dejaremos de ofrecer plegarias al cielo por el éxito de nuestros regreso a La Rochela, los supervivientes heridos y humillados encontraron
ejércitos contra los enem igos de la república.5 una válvula de escape para su ira. La mañana del 21, cuatro sacerdotes
refractarios tuvieron que ser trasladados por su propia seguridad de la pri­
sión de la ciudad a otra lejos de la costa. En palabras del juez de paz:

5. El siguiente relato procede de los registros de los Archivos Municipales de La El pueblo, reunido en una gran multitud, se oponía a que fueran embarca­
Rochela y de los Archives Départamentalcs de la Charcntc-Maritimc; y de ( 'luudy Valin, dos cerca de la Tour de la Chaine. La efervescencia llegó a su punto álgido
Autopsie d'un massacre: Les journées des 21 el 22 nuns I7V.I ,i /,,/ lltichcllc (St.-Jean-
d’Angély, 1992).
cuando de repente apareció un gran número de ciudadanos de esta ciudad
heridos durante la desafortunada expedición a la Vendée el día 19 de aquel
mismo mes.
Los sacerdotes fueron rodeados y apuñalados hasta morir. A continua­ La insurrección antijacobina del mes de abril en Córcega, importante
ción, informó el juez de paz, «el pueblo se apoderó de los cuerpos y tras baza para la revolución debido a la popularidad de Paoli y a la larga tra­
decapitarlos desfiló con ellos por todos los rincones de la ciudad». Éste no dición republicana de la isla, supuso otro duro revés para la república. En
es más que un resumen decoroso de los deplorables actos de mutilación calidad de general en jefe de la isla, Paoli había contado con una constitu­
infligidos a los cuerpos, repetidos la tarde siguiente cuando otros dos ción liberal democrática adoptada por la Consulte Generale di Corti en
sacerdotes tuvieron la desgracia de llegar a La Rochela procedentes de la 1755. Más tarde, en 1768, las tropas francesas de Luis XV invadieron la
lle-de-Ré. Los cuerpos fueron literalmente despedazados y los genitales isla y terminaron con la autonomía. No es, pues, de sorprender, que a partir
colgados en el extremo de sendos palos. de 1789 Paoli fuera considerado un héroe por la Asamblea Nacional. No
En cambio, en el rincón más alejado de París, en la pequeña localidad obstante, con la caída de la monarquía y la derrota del federalismo a media­
pirenaica de St.-Laurent-de-Cerdans, la respuesta a la crisis de la prima­ dos de 1793, Paoli estaba cada vez más preocupado por los imperativos
vera de 1793 fue totalmente distinta. Aquí, la revolución, inicialmente centralizadores de la Convención Nacional. La sociedad corsa estaba divi­
secundada por una mayoría empobrecida como preludio al fin de los pri­ dida entre los partidarios de Paoli y los del clan Bonaparte, estos últimos
vilegios, no tardó en deteriorarse debido a las crecientes dificultades del obligados a huir al continente y acusados por la Asamblea corsa de «traido­
comercio legal e ilegal a través de los Pirineos y sobre todo por las refor­ res y enemigos de la patria, condenados a eterna abominación c infamia»,'
mas eclesiásticas percibidas como un ultraje urbano y secular contra el La guerra civil en la Vendée, las pérdidas militares en las fronteras, y
catolicismo ortodoxo. El 17 de abril de 1793 los habitantes de dicha po­ la cada vez más desesperada retórica de los girondinos impulsaron a la
blación recibieron con los brazos abiertos a las tropas reales españolas y «Llanura» a respaldar las propuestas jacobinas de medidas de emergencia
la Guardia Nacional local disparó a los voluntarios franceses en su retira­ en tiempos de guerra. Entre marzo y mayo de 1793 la Convención puso el
da. Las tropas españolas fueron recibidas con una canción en catalán que poder ejecutivo en manos de un Comité de Salud Pública y el poder poli
les pedía «buenas leyes», un código para la Iglesia católica que habían tico en las de un Comité de Seguridad General, y se dedicó a supervisai
conocido: al ejército a través de los «representantes en misión». Aprobó una serie de
decretos que declaraban a los emigrados «civilmente muertos», que pro­
La bonica mozardalla es la deis fusillers bermels, curaban el bienestar público y que controlaban los precios del pan y de
ni ha pas en tot Franca de comparables a els, los cereales.
tots volem ser ab vosaltres, Los girondinos se vieron afectados por su pérdida de poder en la Con­
mentres nos dongueu bonas leys.
vención y por los constantes y crecientes ataques de los sans-culottes.
Respondían tratando de acusar de prevaricación a Marat, «el amigo del
¡Qué herm osos soldados son los fusileros de la casaca roja!
pueblo», amenazando con trasladar la capital a Bourgcs, y atacando al
en toda Francia no los hay comparables a ellos,
todos queremos unirnos a vosotros,
gobierno municipal de París, es decir a la Comuna. Isnard advirtió a los
siempre que nos deis buenas leyes. sans-culottes con estas palabras: «Os aseguro en nombre de Francia que
si estas constantes y repetidas insurrecciones llegan a perjudicar al Parla
Varios centenares de hombres combatieron junto a las tropas españolas mentó elegido por la nación, París será aniquilado, y habrá que buscar en
durante un año hasta que los ejércitos jacobinos reconquistaron la cuenca las márgenes del Sena los desaparecidos vestigios de la ciudad» listas
alta del Vallespir en mayo de 1794.6
7. Dorothy Carrington, «The Corsican Constitution of Pascal Paoli», ICnglish Ilisio
6. Pctcr McPhee, «Counter-Revolution in the Pyrénées: Spirituality, Class and Lithni- rical Review, 88 (1973), pp. 481-503; Jcan Dcfranceschi, La Corséfranfaise, 31) novan
city in the Haut-Vallcspir, 1793-1794», French History, 7 (1993), pp. 313-343. bre 1789-15 juin 1794 (París, 1980).
amenazas, en un contexto de crisis militar y de rápida inflación, resulta­ y la purga de sus representantes electos fue la gota que colmó el vaso.
ban estremecedoras al igual que el manifiesto del duque de Brunswick Los blancos inmediatos de las insurrecciones fueron los jacobinos y m ili­
de julio de 1792, y atentaban contra la clase obrera parisina. Las mujeres de tantes del lugar, que reflejaban la naturaleza clasista de las divisiones
los mercados empezaron a reclamar que se depurase a estos «mandata­ locales. En Tolón, el Comité General que accedió al poder estaba com­
rios del pueblo» no revolucionarios: a mediados de abril, treinta y cinco puesto por 16 comerciantes, 8 abogados, 6 rentistas, 11 oficiales de la
secciones habían elaborado una lista de girondinos para ser expulsados marina e ingenieros navales, 3 funcionarios, 3 sacerdotes y 3 artesanos.
de la Convención y establecieron un Comité Central Revolucionario. La Insistía en afirmar: «Queremos disfrutar en paz de nuestros bienes, de
Comuna de París ordenó la formación de una m ilicia remunerada de nuestras propiedades, del fruto de nuestros esfuerzos y de nuestra indus­
20.000 sans-culottes que rodearon la Convención a finales de mayo y tria ... En cambio, los vemos constantemente expuestos a las amenazas de
obligaron a los diputados reacios a acceder a su petición. Veintinueve aquellos que no tienen nada». También en Lyon la lucha entre jacobinos y
diputados girondinos fueron arrestados.8 girondinos estaba ligada a la militaneia política y sede laboral de los teje­
Al principio la Convención vaciló: ¿acaso no era aquella purga de la dores de seda, expresada a través de los clubes jacobinos a lo largo de los
Convención una afrenta imperdonable al principio de soberanía nacional? años desde 1789. Sin embargo, los «federalistas» no pudieron reunir en
No obstante, actuó para hacer frente a la crisis de una nación en peligro de ninguna parte una fuerza militar bastante poderosa para suponer una
desplome interno y derrota externa. En el verano de 1793 la revolución amenaza seria para los ejércitos nacionales.9
se enfrentó a su más grave crisis, que era al mismo tiempo social, militar La amenaza llegó al centro mismo de la Convención el 13 de julio
y política. Las tropas enemigas estaban en suelo francés en el noreste, cuando Charlotte Corday asesinó a Marat. Corday, procedente del baluar­
sureste, y suroeste, mientras que en el interior del propio país la revuelta te federalista de Caen, era partidaria de los girondinos para quienes
de la Vendée absorbía la mayor parte del ejército de la república. Estas Marat personificaba los excesos de la revolución. Fue procesada el 17 y
amenazas se vieron agravadas por la respuesta hostil que sesenta admi­ ejecutada el mismo día. Junto con Le Peletier, asesinado por un monár­
nistraciones departamentales dieron a la purga de los girondinos. Las ma­ quico la noche en que la Convención votó la muerte de Luis, y Joseph
yores ciudades de provincias cayeron a manos de una coalición de repu­ Chalier, líder jacobino de Lyon asesinado por federalistas el 17, Marat
blicanos conservadores y monárquicos, y el 29 de agosto los propios formaba un triunvirato de mártires revolucionarios. Desde el punto de
oficiales entregaron el arsenal clave mediterráneo de Tolón a la armada vista económico, la grave situación de los asalariados siguió deteriorán­
inglesa que bloqueaba la costa. dose: en el mes de agosto el poder adquisitivo de los asignados había
Las llamadas revueltas «federalistas» tan sólo tenían en común su descendido al 22 por ciento de su valor nominal, de un 36 por ciento en
coincidencia en el tiempo. Sin embargo, todas se inspiraban en fuertes junio. Para entonces la revolución, e incluso la propia Francia, estaba en
tradiciones regionales. Estas revueltas resultaron particularmente podero­ peligro de desintegrarse.
sas en las grandes ciudades del sur (Burdeos, Lyon, Toulouse y Marsella) El objetivo primordial del Comité Jacobino de Salud Pública elegido
y en Normandía (localizada en Caen). En el corazón del federalismo se por la Convención el 27 de julio era el de aplicar las leyes y controles
encontraba sobre todo el rencor de la alta burguesía, especialmente la de
las ciudades comerciales, por el giro radical que había dado la revolución,
9. Malcom Crook, Toulon in War and Revolution: Frorn the A na en Redime to the
Restoration, ¡750-1820 (Manchester, 1991). Entre los numerosos estudios acerca del
X. Soboul, La Revolución Francesa, Crítica, Harcelona, 1994. (lin la traducción «Federalismo», véase el de Alan Forrest, Society and Politics in Rcvolutionary Bordeaux
inglesa — Londres, 1989— corresponde a la p. 309.) Sobre esta journéc, véase Rudc, (Oxford, 1975), cap. 5; Bill Edmonds, Jacohuusm and the Revolt oj Lyon, ¡789-1793 (Oxford,
Crowd in the French Revolution, cap. 8; Morris Slavin, The Makinn o f an Insurrcclion: 1990); Paul Hanson, Provincial Politics in the French Revolution: Caen and Limoges,
Parisian Sections and the Gironde (Cambrigde, Mass., 19X6), 1789-1794 (Balón Rouge, La., 1989).
uü;;uan}i umünni nu;;;i
142 L A R E V O L U C IÓ N F R A N C E S A , 1789-1799 LA R E V O L U C IÓ N P E N D IE N T E D E U N H IL O , 1793 14 3

necesarios para instalar el «Terror» en los corazones de los contrarrevolu­ tropel en la asamblea para dar su consentimiento a la C onstitución».11
cionarios. La Convención consintió que se tomasen las medidas draco­ Similares acontecimientos se produjeron en Laon, donde 343 mujeres
nianas necesarias— como la creación de comités de vigilancia, la deten­ ejercieron el voto, y en Pontoise, donde votaron 175 mujeres y 163 niños.
ción preventiva y el control de las libertades civiles — para asegurar la No obstante, a pesar del alcance de la libertad individual garantizada en
república hasta el límite máximo permitido por la Constitución democrá­ la Constitución, ésta quedó en suspenso hasta conquistar la paz, para evi­
tica y libertaria de junio de 1793. La Constitución, en gran medida obra tar que los contrarrevolucionarios abusasen de dichas libertades.
de Robespierre, era extraordinaria por sus garantías de los derechos A mediados de 1793, la república estaba en guerra con gran parte de
sociales y control popular sobre una asamblea elegida por sufragio mas­ Europa, y las tropas extranjeras estaban en su territorio en el suroeste,
culino directo y universal:
sureste y noreste. El desafio militar supuso un extraordinario despliegue
de los recursos de la nación y la represión de sus adversarios. A esta mo­
Artículo 21. Los socorros públicos son una deuda sagrada. La sociedad
vilización hay que añadir la creación por parte del gobierno jacobino de
debe la subsistencia a los ciudadanos desafortunados, sea procurándoles
trabajo o asegurando los medios de existencia a quienes no pueden tra­ una alianza urbanoruíal a través de una mezcla de intimidación, obliga
bajar. ción y políticas destinadas a solventar las reivindicaciones populares y n
Artículo 22. La instrucción es necesidad de todos los hombres. La poner al país entero en pie de guerra.
sociedad debe favorecer con todo su poder el progreso de la razón pública La Convención tenía que conseguir la victoria en numerosos lientos
y poner la instrucción al alcance de todos los ciudadanos ... en un momento de división interna y guerra civil, y de auténtica desispe
Artículo 35. Cuando el gobierno viola los derechos del pueblo, la ración: unos 35.000 soldados (el 6 por ciento del total) habían desertado
insurrección es para el pueblo y para cada porción del pueblo el más en la primera mitad de 1793, y otros muchos reaccionaron con el robo de
sagrado de los derechos y el más indispensable de los deberes.10 los productos locales a la falta de suministros y provisiones. Durante el
invierno de 1793 un soldado escribió desde el sureste que su batallón «se
El resultado de un referéndum sobre la aceptación de la misma (oficial­ encuentra en la mayor de las penurias, com o auténticos sans-culottes,
mente, un millón ochocientos mil «síes» contra once mil seiscientos votos puesto que todos, del primero al último, carecemos de zapatos, estamos
en contra) se anunció en la «Fiesta de la Unidad» el 10 de agosto, primer invadidos por la sarna, y somos pasto de las sabandijas». Otro batallón de
aniversario del derrocamiento de la monarquía. La cifra final de los votos la zona informó que sobrevivían comiendo raíces.12
a favor del «sí» estaba próxima a los dos millones de los aproximadamen­ Las deserciones fueron mínimas en el año 1793-1794 a consecuencia
te seis millones de votantes masculinos. La participación oscilaba desde de una mezcla de coacción y propaganda, y de la efectividad del Comité
menos del 10 por ciento en gran parte de la Bretaña hasta el 40-50 por Jacobino de Salud Pública y de sus funcionarios que reclutaron un ejérci­
ciento en la cuenca del Rin y en zonas del Macizo Central. En algunas to de un millón de hombres. La exigencia de los sans-culottes de que
■íreas la votación constituyó una auténtica fiesta: en St.-Nicolas-de-la- solamente la total movilización de los ricos y pobres por igual podría sal­
Grave (departamento del Haute-Garonne) un discurso conm ovió a los var a la república insufló energías a la Convención y a sus comités: el 23
presentes hasta el extremo de «ser transportados por el más sublime de de agosto todos los hombres solteros de 18 a 25 años fueron reclutados
los entusiasmos ... y con los ojos inundados de lágrimas de alegría, se
mediante una leva masiva:
arrojaron los unos a los brazos de los otros fundiéndose en un beso frater­
nal». Asim ism o en Lamballe (Cótes-du-Nord), «las mujeres entraron en

11. Crook, Elections in the French Revolution, cap. 5.


12. Alan Forrcst, Conscripts and Deserters: TheArmy and French Society dttrlnn lln
10. Archives parlementaires, 24 de junio de 1793, vol. 67, pp. 143-150.
Revolution and Empire (Oxford, 1989), pp. 94-95.
Los hombres jóvenes irán a luchar; los hombres casados forjarán armas y La «Ley de Sospechosos» (17 de septiembre) tenía por objeto descubrir
transportarán las provisiones; las mujeres confeccionarán tiendas de cam­ y detener a los no patrióticos o intimidarlos por su inactividad. El arresto de
paña y uniform es; los viejos serán trasladados a lugares públicos para los «sospechosos» por parte de los comités de vigilancia se llevaba a cabo
alentar el valor de los guerreros, para difundir el odio hacia los reyes y en aquellos que, de palabra, acción o estatus, estaban relacionados con el
para sostener la unidad de la república.13
antiguo régimen. En Ruán el 29 por ciento de los 1.158 sospechosos arres­
tados eran nobles, el 19 por ciento clérigos, y el 7,5 por ciento antiguos
Las unidades de la Guardia Nacional recibieron la orden de perseguir y funcionarios. Estas personas fueron arrestadas por ser quienes eran, ade­
dar caza a todos aquellos que evadiesen el reclutamiento o desertasen. más de ser sospechosos de incivismo. Pero no eran los únicos detenidos: los
Los reclutas de regiones de habla no francesa recibieron la instrucción burgueses constituían el 16,8 por ciento de los «sospechosos» y entre la
básica en francés y fueron dispersados por todo el ejército para evitar la clase obrera los arrestos ascendían al 27 por ciento. Muchos de estos plebe­
tentación de una fuga colectiva; se distribuyó propaganda de masas, yos habían trabajado para el antiguo régimen, pero los arrestados eran tam­
com o el grosero y obsceno periódico de Hébert Le Pére Duchesne, y los bién acusados de actos y palabras anturevolucionarias: entre los tenderos,
«diputados en misión» de la Convención garantizaron un rápido castigo a estos actos solían ser la especulación y el acaparamiento de mercancías.
los oficiales dudosos y a los soldados rasos poco dispuestos. La creación Significativamente, el 39,4 por ciento de todos los «sospechosos» eran
de un nuevo espíritu en el ejército no fue sólo consecuencia de la coac­ mujeres, especialmente de la nobleza y del clero, cosa que refleja la tenden­
ción: las cartas que los soldados enviaban a sus casas estaban llenas de cia de los hombres de estos grupos a emigrar dejando a las mujeres como
observaciones que ponían de relieve su entusiasmo revolucionario y su centro de sospechas debido a su apellido y a su apoyo a los refractarios.15
compromiso con la patria. El voluntario Pierre Cohin escribió a su fami­ Aquellos meses marcaron el cénit de la implicación popular en la re­
lia desde la Armée du Nord: volución y también de la oposición popular a la misma. Desde 1789 la
representación simbólica de la libertad, y luego de la propia república,
La guerra en la que estamos combatiendo no es una guerra de un rey con­ fue la de una figura femenina, probablemente porque las virtudes y cuali
tra otro rey, ni de una nación contra otra nación. Es la guerra de la libertad dades clásicas en francés son femeninas y debido también a una incons­
contra el despotism o. N o cabe duda alguna de que saldremos victoriosos. ciente imitación de la representación de las virtudes católicas por la virgen
Una nación que es libre y justa es invencible.
María. A finales de 1793 los adversarios acabaron llamando burlonamente
«Marianne» a la diosa de la república, e incluso a la propia república,
La cultura política de la república implicaba nuevas relaciones con la
nombre común entre el campesinado, que significaba «del pueblo». Tal
autoridad. La creación de ejércitos republicanos de masas, con unidades
como sucedió con el epíteto sans-culottes, los republicanos adoptaron el
compuestas por «veteranos» y voluntarios, había engendrado una nueva
nombre de Marianne con orgullo. El 14 de noviembre de 1793 un funcio­
cultura militar que constituía un microcosmos de la sociedad «regenera­
da» que prometía la Convención.14 nario informaba desde Narbona:

13. Moniteur universel, 25 de agosto de 1793, vol. 17, p. 478. 15. Gilíes Flcury , «Analyse informatique du statut socioculturcl des 1.578 personnes
14. Forrest, Soldiers o f the French Revolution, p. 160; véase también Ucrtaud, Army déclarées suspectcs á Roucn» en l’an II, en Autour des mentalités el des pratiques politi-
o f the French Revolution; John A. Lynn, The Bayoneta o f the RcpuMic:Motivation and ques sous la Révolution frangaise (París, 1987), vol. 3, pp. 9-23. La historia del Terror es
Tactics in the Army o f Revolutionary France, 1791-1794 (Urbana, III., 1984). Pala hacerse narrada por Soboul en La Revolución Francesa, Critica, Barcelona, 1994. (En la traduc­
una idea de Le Pére Duchesne véase Cobb y Jones (cds.,), Voiccs o/ lite French Revolution, ción inglesa —Londres, 1989— corresponde a las pp. 259-415.) Hugh Gough, The Terror
pp. 184-185, y J. Gilchrist y W. J. Murray, The Press in the French Revolution (Mclbournc, in the French Revolution (Basingstoke, 1998); y el estudio clásico de R. R. Palmer, Twcl-
1971). ve wlio Ruled: The Year o f the Terror in the French Revolution (Princeton, 1941).
¡i

Las iglesias, con excepción de dos, han sido aniquiladas y esta reforma 7 de julio, durante la primera crisis militar, convenció a todas las facciones
tan sólo ha provocado las quejas de unas pocas mujeres fanáticas. Insisten ( de la Asamblea Legislativa para que se abrazasen (el beso Lamourette).
en negarse a creer en el Dios que los sacerdotes constitucionales han creado En su declaración acerca del gobierno revolucionario del 10 de octu­
para nosotros. Resulta divertido verlas cuando se reúnen y preguntan por bre, el Comité de Salud Pública anunció que «El gobierno provisional de
la revolución. Adoptan un tono elegiaco y retuercen los ojos y los labios Francia es revolucionario hasta que haya paz»; todos los cuerpos del g o ­
en una mueca piadosa: ¿Cómo está Mariannol —Ah, no está muy bien, bierno y el ejército estaban ahora supeditados al control del Comité, que
no durará mucho— o —Está mejorando, está convaleciente.16
tenía que informar semanalmente a la Convención. Aquel mismo mes
María Antonieta precedió en la guillotina a 21 diputados girondinos
Muchas comunidades rurales y vecindarios urbanos utilizaban una rica expulsados en junio, a Bailly y a Barnave. Entre los girondinos ejecuta­
variedad de estrategias para esquivar o para oponerse abiertamente a las dos figuraba el periodista y diputado Gorsas, que había huido de la capital
exigencias del gobierno central y de sus agentes locales. La resistencia a el 2 de junio. Había organizado una insurrección armada en Normandía,
las exacciones del gobierno revolucionario se llevaba a cabo a través del y cuando ésta fracasó se escondió. Fue arrestado cuando regresaba a
impago de los impuestos, eludiendo el m áxim o recaudado en los precios París para visitar a su amante.
de los artículos de primera necesidad y en los salarios, y negándose a uti­ Mientras que desde el establecimiento del Tribunal Revolucionario de
lizar los asignados. Sin embargo, la oposición política en tiempos de París en marzo de 1793 hasta septiembre tan sólo 66 de 260 «sospecho
guerra implicaba la amenaza de la pena capital por traición. En Nantes, sos» habían sido declarados culpables de un delito capital, en los últimos
Carrier fue respaldado por iracundos y vengativos republicanos locales tres meses del año éste fue el destino de 177 de los 395 acusados. Sin eni
cuando ordenó ahogar a unos 1.800 rebeldes de la Vendée, entre ellos bargo, hasta junio de 1794, la mayoría de «sospechosos» minen apaivnó
varios sacerdotes. ante el Tribunal y, de aquellos que si lo hicieron, el 40 por ciento fueron
Como en la Vendée, la represión de las revueltas federalistas fue feroz absueltos. Los demás tuvieron que enfrentarse a la irreversibilidad de una
e intransigente. A pesar de que muchos federalistas eran republicanos muerte prematura y a las despedidas de sus seres queridos. En octubre,
comprometidos, estaban en peligro por dos razones: en primer lugar, por­ Marie-Madeleine Coutelet, que trabajaba en una hilandería de cáñamo en
que habían repudiado la autoridad de la Convención en un momento en que París, fue arrestada a causa de unas cartas halladas en su habitación, y
la república se encontraba en su peor y más grave crisis militar; y, en que criticaban las restricciones del Terror (Coutelet insistió en vano que
segundo lugar, porque el apoyo que habían recibido por parte de los monár­ no se trataba más que de una burla irónica). Su última carta fue para sus
quicos, nobles y sacerdotes había manchado su reputación. A los jacobi­ padres:
nos de la Convención les resultó fácil presentar a los federalistas como
aliados de los ejércitos de la vieja Europa. En Marsella, 499 de los 975 A diós, os abrazo por última vez, yo que soy la más cariñosa de las hijas,
la más afectuosa de las hermanas. Encuentro que éste es el día más her­
sospechosos juzgados por el Tribunal Revolucionario fueron declarados
m oso que el Ser Supremo m e ha concedido. Vivid y pensad en mí sólo
culpables, y 289 fueron ejecutados; en cambio en Lyon 1.880 fueron con­
para regocijaros en la felicidad que me aguarda. Abrazo a mis am igos y
denados por un tribunal menos puntilloso. Collot d ’Herbois, del Comité de
estoy agradecida a todos aquellos que hablaron en mi defensa por ser tan
Salud Pública, ordenó ejecuciones por fusilamiento para purgar la recién
buenos.
bautizada «Ville Affranchie». Entre los ejecutados figuraba Antoine A diós por última vez, que nuestros niños sean felices, este es mi últi­
Lamourette, obispo constitucional de Lyon, que en la famosa sesión del
mo deseo.

16. Mauricc Agulhon, Marianne into Battle: Republican ¡magery and Symbolism in Más afortunado fue el joven empleado de 26 años Jean-Louis Laplane,
France,¡789-1880, trad. Janet Lloyd (Cambridge, 1979), pp. 32-33. que huyó de Marsella hacia el exilio a mediados de septiembre «perse-
guido», según sus propias palabras, «por esta horda de bárbaros que está I pobres del campo dividiendo las tierras comunales o conservándolas?
sembrando Francia de sangre y luto».17 I Una serie de medidas impulsaron el decreto del 25 de agosto de 1792
La movilización masiva de la nación entera requería que la Conven­ i hacia la completa abolición de los señoríos. A partir del 17 de julio a los
ción diese los pasos necesarios para forjar una nueva unidad a través de | antiguos señores tan sólo les quedaron «las rentas y cargas puramente
medidas positivas así com o también por la intimidación. El 5 y 6 de sep­ | sobre las tierras y de carácter no feudal». El régimen feudal estaba muer-
tiembre miles de sans-culottes, ahora en el cénit del poder, invadieron la [•: to ya a mediados de 1793, no por los ataques cada vez más audaces lanza-
Convención Nacional para exigir a sus «mandatarios» que adoptaran ; dos por las sucesivas asambleas sobre las complejas cargas acumuladas por
medidas económicas y militares radicales. La Convención accedió a las ■ un orden social centenario, sino porque se habían visto obligados a res-
demandas de aquella jo u rn é e o insurrección decretando el «máximo f : ponder a constantes oleadas de antifeudalismo en las zonas rurales.
general» del 29 de septiembre, que fijaba los precios de treinta y nueve La prolongada revolución rural contra el feudalismo había unido a las
artículos a los niveles de 1790 más un tercio, y establecía los salarios al ¡ comunidades rurales. Ahora que el régimen feudal estaba muerto, las di­
150 por ciento de los niveles de 1790. visiones internas comenzaron a aflorar en la sociedad rural. Desde los
La Convención se vio también obligada a responder a las oleadas de inicios de la revolución, la fricción sobre la legislación antiseñorial de
disturbios rurales que afectaban a dos terceras partes de los departamen­ 1789 se había visto absorbida por un conflicto mucho más general acerca
tos desde 1789. A pesar de que en marzo de 1793 se consideraba un de­ de la propiedad y control de las «tierras baldías». El régimen señorial fue
lito capital el abogar por la subdivisión de los grandes latifundios o por la finalmente abolido, pero haría falta mucho más tiempo para resolver las
«ley agraria», los jacobinos tomaron posteriormente una serie de medi­ cuestiones asociadas al mismo: el control de los recursos económ icos
das destinadas a ganarse las masas del campo, condición indispensable colectivos, la necesidad de tierras y los desbrozos. A pesar de la buena
para la victoria militar. El 14 de agosto de 1792 la Asamblea Legislativa disposición de los jacobinos por restringir las libertades individuales en
aprobó un escueto pero radical decreto instando a los ayuntamientos a aras del interés nacional, no obtuvieron mejores resultados que sus prede­
dividir las tierras comunales no boscosas. El 10 de junio de 1793 la Con­ cesores liberales. En un informe escrito desde Lagrasse el 8 de diciembre
vención reemplazó dicha ley por otra mucho más radical y contenciosa, de 1793, el funcionario jacobino Cailhava ponía de manifiesto en su ca­
que supuso uno de los intentos más ambiciosos del gobierno revoluciona­ racterístico y contundente estilo que el distrito «estaba antiguamente
rio para solventar las necesidades de los pobres en el campo. La ley exigía cubierto por un espeso bosque de verdes encinas, pero con la revolución
que los ayuntamientos procediesen a la división si éste era el deseo de un todo el mundo actúa como si fueran coles de su propio jardín». Cailhava
tercio de los hombres adultos; en este caso, las tierras se dividían en por­ justificaba estas acciones por el alto precio del carbón vegetal y de la cor­
ciones iguales para todos los hombres, mujeres y niños. No obstante, el teza de árbol, aunque también los pastores tenían su parte de culpa al lle­
coste de los honorarios de los vigilantes redujo la utilización de esta ley var sus rebaños a pacer las más tiernas y suculentas plantas, talando los
que pretendía resolver una cuestión que durante largo tiempo había divi­ árboles más grandes para el invierno. Un noble «tuvo la bondad de dejar
dido a los habitantes del campo: ¿se defendían mejor los intereses de los 760 sétérées (unas 300 hectáreas aproximadamente) de bosque al emigrar;
pues bien, han sido arrasadas, destruidas y saqueadas, las cabras pacen
allí diariamente». En el distrito de Narbona había una terrible escasez de
17. Olivicr Blanc, Last Lettcrs: Prisons and Prisoners o f the Revolution, 1793-1794, madera «debido al desprecio que los habitantes muestran por los árboles
trad. Alan Sheridan (Nueva York, 1987), p. 134; Jean-Louis Laplanc, Journal d'un Mar-
seillais 1789-1793 (Marsella, 1989), p. 177. Laplanc regresó en 1795 y murió en 1845.
que no dan más que sombra». En lo que se refiere a las encinas,
El estudio estadístico clásico del Terror sigue siendo el de Donald ( ii eer, The Incidence of
the Terror during the French Revolution: A Statistical Inlerprehition (Cambridge, Mass., son continuamente víctim as de los estragos, pues la corteza de sus raíces
e s el mejor tinte para la preparación del cuero ... El pueblo está dispuesto
R
a llevar a cabo nuevos desbrozos, y debem os estar alerta ante esta irre­ - a clubes jacobinos y sociedades populares. La Feuille villageoi.se de
flexiva pasión por convertir todas las tierras en cam pos.18
i Cerutti, dirigida especialmente a un público rural, vendió entre 8.000 y
\ 16.000 ejemplares. Se calcula que su audiencia pudo ascender a 250.000
Las vacilaciones de los legisladores acerca del feudalismo y del acceso a [ personas en 1793, puesto que en las comunidades rurales los periódicos
las tierras impulsaron la política rural en los años 1792-1794, exacerban­ I se pasaban de unos a otros y se leían en voz alta. La administración de
do las divisiones causadas ya por las reformas eclesiásticas. La revolución | Gers suscribió un ejemplar de este diario para cada una de sus 599 comu-
rural tuvo su propio ritmo y dinámica interna, generada por la naturaleza l ñas. En el ámbito nacional había unos 6.000 clubes jacobinos y socieda-
específica de la localidad. La forma concreta que adoptó la política rural I des populares creadas durante el Terror, aunque muchas de ellas tuvieron
fue en función de la percepción de los beneficios y las desventajas que la una breve existencia. A pesar de que eran más comunes en las ciudades
revolución trajo consigo, de las actitudes hacia la Iglesia y de las estructu­ | pequeñas, en Provenza el 75-90 por ciento de los pueblos tenía una, sínto­
ras sociales locales. Por lo tanto, mientras que las actitudes políticas varia­ ma de la agitada vida política del sureste que también contaba con con­
ban en todo el ámbito rural, lo que las sustentaba en todas partes era la
trarrevolucionarios activos.
hostilidad tanto hacia el antiguo régimen com o hacia el concepto burgués Entre los años 1792 y 1794 París fue el centro palpitante y tumultuoso
del derecho a la propiedad privada. A las peticiones de la «ley agraria» en t de la revolución, donde gran número de civiles y soldados de paso coexis
el noreste se correspondían alzamientos contra la burguesía en el oeste, tían de forma precaria con las comunidades estables de la vecindad. I I
en Bretaña y en otras zonas. En Neulisse (Loira), unos jóvenes armados caos de una ciudad en el corazón de la revolución apenas podia set m uir
que se habían reunido para votar la movilización de 1793 llevaron a cabo nido por el enérgico servicio de policía. En semejante situación, las noli
su propia elección de los quince hombres que la comuna tenía que aportar: cias difundidas por los mil vendedores de periódicos que pululaban pm
el sacerdote constitucional y catorce «patriotas» burgueses que le habían las calles eran adornadas verbalmente, creando una ciudad que bullía en
sacado harto provecho a la revolución. Por otro lado, la inconfundible una potente mezcla de rumores, optimismo y sospechas. 1.a I .ey de Sos
mezcla de virtudes cívicas que identificaba a los auténticos sans-culottes pechosos iba destinada a sofocar esta inseguridad: en su aplicación, l.i:.
fue expresada por Antoine Bonnet, propietario de un café y secretario del secciones, y sus miles de policías, extraídos de un servicio quincenal de
comité de vigilancia en Belley (departamento de Ain): todos los hombres hábiles, desempeñaron un papel fundamental. Las
mentiras, las enemistades personales y las denuncias hallaron un ambien­
Hombres con más sentido común que educación, virtuosos, sensibles, hu­
manos; hombres ultrajados por el más mínimo atisbo de injusticia; intrépi­ te propicio; sin embargo, las actividades de las autoridades de la sección
dos, hombres enérgicos que desean el bien común, la Libertad, la Igualdad eran tímidamente legales y «correctas».
o la muerte ...l9 En los dieciocho meses transcurridos entre agosto de 1792 y princi­
pios de 1794, la participación política de los obreros de París alcanzó su
Todas las comunidades rurales tenían su correspondiente grupo de fervien­ punto más álgido. Aunque es cierto que tan sólo el 10 por ciento de los
tes jacobinos que leían los periódicos locales y de París o que pertenecían hombres asistía regularmente a las reuniones de la sección y que muchos
sans-culottes militantes eran burgueses de profesión, éste sigue siendo un
índice de participación popular considerable en una época de jornadas la­
18. McPhee, Revolution and Environment, p. 134.
borales prolongadas, de interminables colas por la comida y de preocupa­
19. Giles MacDonogh, Brillat-Savarin: TheJudge and his Stomach (Chicago, 1992),
p. 103; Jones, Peasantry, p. 225. Sobre las tendencias políticas rurales véase David Hunt, ción por la supervivencia. Todo ello se reflejaba en la homogénea com po­
«Pcasant Politics in the French Revolution», Social History, 9 (1984), pp. 277-299; Jones, sición social sin precedentes del gobierno local: en París, por ejemplo, un

mrn
Peasantry, pp. 206-240; R. B. Rose, «The ‘Red Scare’ o f the 1790s: The French Revolu­ tercio de los concejales de la Comuna procedían de la canalla, al igual
tion and the ‘Agradan Law’», Past & Presen!, 103 (1984), pp. 113-130. que las cuatro quintas partes de los «com ités revolucionarios» elegidos
localidad con rapidez, pero las divisiones políticas parisinas no se refleja­
en cada una de las 48 secciones de la ciudad. Los objetivos políticos y ron allí y nadie fue guillotinado. El único incidente político local de im­
sociales de los sans-culottes se expresaban también a través de más del portancia sucedió el 20 de septiembre de 1792. El mismo día en que los
cuarenta sociedades populares (con unos 6.000 miembros, de los que el ejércitos revolucionarios obtenían su primera victoria decisiva, en Valmy, en
86 por ciento eran artesanos y asalariados), y sobre todo en las sesiones de el este de Francia, y que la Convención Nacional se reunía en París, Pros-
las secciones locales.20 Un análisis de los clubes jacobinos provinciales | per Vacher, el jardinero del castillo, respondió al saludo de «¡Vive la
de 1789-1791 comparado con los de 1793-1795 muestra que el número de Nation!» proferido por un grupo de cincuenta «Volontaires de Mort» con
artesanos y tenderos había experimentado un aumento del 38,6 al 45 por un «¡Vive le Roi!» (Sin embargo, el que Vacher fuera liberado tras haber­
ciento y el de granjeros se había incrementado del 1,1 al 9,6 por ciento. se disculpado dice mucho acerca del talante de la vida de aquel pueblo).
El porcentaje de comerciantes y empresarios había descendido del 12,11 Menucourt era pequeño y lo suficientemente distante com o para evitar
al 8,2, mientras que el clero había disminuido del 6,7 al 1,6 por ciento. los episodios más lacerantes de la revolución. Esta situación de equilibrio
Los nobles, que a principios de la revolución constituían el 0,6, habían fue obra del sacerdote, Abbé Thomas Duboscq, que llegó a Menucourt en
desaparecido por completo. febrero de 1789, con 39 años de edad, y se convirtió en fuente de estabili­
A pesar de las dificultades a las que tuvieron que enfrentarse los admi­ dad como sacerdote constitucional (al igual que el 70 por ciento del clero
nistradores al organizar y reclutar un ejército en el campo, los éxitos eclip-1 restante en el departamento) y funcionario público electo. En enero de
saron los fracasos: gran número de voluntarios y reclutas obligatorios : 1794 renunció a su estatus sacerdotal, y al mes siguiente sus antiguos
engrosaron las filas de los ejércitos, y se cubrieron los cupos de comida y | l feligreses cantaban canciones patrióticas que él mismo habia compuesto
carros. N o obstante, la república jacobina de 1793-1794 era un régimen para la plantación de un árbol de la libertad.
exigente: el lenguaje del patriotismo, jacobinismo y ciudadanía estaba ; En Gabian, los años revolucionarios transcurrieron menos pacífica­
mezclado con el de sacrificio, requisición y reclutamiento. Era un régimen mente que en Menucourt, pero el pueblo se hizo famoso por su republi-
en el que sus representantes locales rechazaban todo cuanto oliese a antiguo ícanismo. Una de las razones de ello fue que la abolición del feudalismo
régimen y amenazaban a los recalcitrantes. En palabras de un funcionario | ' supuso el alivio de una pesada carga; otra fue que, a diferencia de la ma-
del sur: «Los tiempos de ridiculas pretensiones han terminado ... La Con- vyoría de sacerdotes del distrito de Béziers, Pierre Blanc, el cura de Gabian,
vención honra y reconoce los talentos y las virtudes ... El árbol de la repú- í hizo juramento de lealtad el día de Año Nuevo de 1791 y se quedó en el
blica será sacudido y las orugas que lo están carcomiendo caerán». ; pueblo. Parece que la rabia por el apoyo de Blanc a la revolución fue la
Los dos pueblos con los que empezó este libro figuran entre les que¡| ¡j rausa c[c un prolongado episodio de transgresiones de la ley que acabó en
realizaron el extraordinario esfuerzo de guerra de 1793-1794. Menucourt ; | contrarrevolución. En 1791-1793, un grupo de hombres y mujeres del
lúe también uno de los miles de pueblos en los que los años de la revolu-1 :|Ugar cometió treinta robos, a menudo con violencia, mientras vivían
ción transcurrieron de forma relativamente pacífica: las reformas déla como fugitivos. Disfrutaban mofándose de los oficiales revolucionarios
Asamblea Nacional fueron aceptadas de buen grado y apoyadas, la requi­ que intentaban arrestarlos. Tras la ejecución de Luis XVI y de la penetra-
sición de hombres y provisiones durante los años de guerra se consintió .ción de las tropas españolas en el sur en 1793, amenazaron abiertamen-
con reticencia; las noticias de la revolución y del Terror llegaban a esta ; iecon que éstas «harían bailar a los patriotas de Gabian ... que ellos se
:unirían a los españoles para ayudarles a hacer bailar a sus compatriotas y
cortarles el cuello ... las cosas marchan a pedir de boca en la Vendce».
20. El estudio clásico sobre los sans-culottes es el de Albert Soboul, l.es Sans-culolta 3
fjarisiens Je l ’An // [1958], algunas partes del mismo fueron traducidas por Gwynne J ' Varios de estos «bandidos» serían guillotinados en 1794. Sin embargo, el
Lewis bajo el título de The Parisian Sans-Cutottes and the French Revolution, 1793-1794 Comité de Vigilancia de Gabian sabía que no le quedaba otro remedio
(Oxford, 1964). que arrestarlos en aquellos tiempos de crisis:
21. McPhee, Revolution and Environment, p. III.
H em os hecho lo correcto tanto com o hem os podido; para nosotros.es diciembre por los ejércitos de Westermann convenció a muchos de que
agradable y glorioso ser parte de la sociedad, con la certeza de que conta­ Ipodían suprimirse algunos de los controles impuestos por el Terror.
m os con la estim a de todos y la confianza de no sentir remordimiento : I Sin embargo, la respuesta del gobierno fue contradictoria. Por un
alguno.22 ' lado, un decreto del 6 de diciembre proclamaba el principio de libertad de
culto: la descristianización se consideraba ahora como una afrenta inne­
Ambos pueblos tuvieron la suerte de que sus sacerdotes permanecieran en cesaria a los religiosos. Por el otro, dos días antes se aprobaba una ley
sus parroquias, pues el papel de la Iglesia católica en la contrarrevolución muy importante sobre los gobiernos locales que declaraba la preeminen­
puso inevitablemente en cuestión la supervivencia de las estructuras reli­ cia del gobierno central a costa de la participación e iniciativa popular. El
giosas en el seno de Francia. Los diputados enviados a las provincias | artículo I de la Ley del 4 de Diciembre insistía en que «la Convención
como «diputados en misión» para poner en práctica el Terror, como Fouché Nacional es el único centro de iniciativas de gobierno». Para muchos el
en Niévre y Javogues en los departamentos en torno a Lyon, tomaron la "gobierno central representaba ahora una represión cada vez más arbitra­
decisión de cerrar las iglesias y de vaciarlas de todo metal para colaborar ria, fuese cual fuese su papel en las victorias militares. El periodista
en el esfuerzo de la guerra. En algunas zonas del país los lugareños esta­ Louis-Sébastien Mercier, elegido al igual que Antoine-Joseph Corsas por
ban predispuestos a unirse a esta «descristianización», o incluso a iniciar­ el departamento del Seine-et-Oise cerca de París, fue encarcelado en oc
la; no obstante, en las demás regiones provocó un amargo resentimiento. tubre de 1793 por manifestarse públicamente contra las purgas de los
Esta campaña coincidió y fue a menudo identificada con las actividades girondinos. Para Mercier, «Dios me libre de vivir jamás en esta Montaña,
de cuarenta y cinco ejércitos revolucionarios (de 30.000-40.000 hombres o mejor dicho en este sulfuroso y fétido cráter donde se sientan hombres
en total) activos en cincuenta y seis departamentos en el otoño de 1793. de sangre y barro, bestias estúpidas y feroces».24 Sin embargo, los jaco
Estas bandas de militantes sans-culottes, junto con hombres fugitivos de binos, a quienes detestaba, no se veían a sí m ismos com o hombres de
la ley y otros que simplemente parecían disfrutar de la tosca camaradería, «sangre y barro», sino más bien com o representantes del pueblo a los que
tenían por misión el requisar comida para las ciudades y los ejércitos, se les había confiado la tarea de salvar a la república y crear una sociedad
exigir el pago de los impuestos, llevar a cabo la purga de los contrarre­ digna de ella.
volucionarios, apoderarse de los metales de las iglesias para la guerra
y mantener el entusiasmo revolucionario. Su tamaño oscilaba desde gru­
pos pequeños de diez hasta ejércitos democráticamente administrados
de 7.000 en Aveyron y Lozére y en París.23
A finales de otoño de 1793, la marea militar parecía estar dando un
vuelco. Las victorias de septiembre y octubre contra los ingleses en Hond-
schoote cerca de Dunkerque y contra los austríacos en Wattignies detu­
vieron la oleada de invasiones en el norte. A continuación, la derrota en
Savenay de los últimos coletazos de la rebelión en la Vendée el 23 de

22. Peter McPhee, Une communauté ¡anguedocienne dans l ’histoire: Gabian 1760-
1960 (Nimes, 2001), cap. 2.
23. Estos ejércitos son el tema de uno de los clásicos de la historiografía de la Francia
revolucionaria, Richard Cobb, The People’s Armies, trad. Marianne Elliott (New I laven,
1987). 24. Ribciro, Fashion in the French Revolution, p. 143.
EL TERROR: ¿DEFENSA
I REVOLUCIONARIA O PARANOIA?
:

Elprincipal objetivo del Terror era la creación de medidas draconianas y


emergencia indispensables en tiempos de crisis militar. Hacia finales de
1793, la amenaza de guerra civil e invasión había sido por fin contrarres-
No obstante, la Convención y el Comité de Saiud Pública aprobaron
tos que iban más allá de la defensa nacional y revelaban la visión
¡na de una sociedad regenerada digna del esplendor de la Ilustración y
revolución. Todo ello se llevaría a cabo a través de un sistema de educa­
ción republicano y secular y de un programa nacional de bienestar social.
La política educativa de los jacobinos, especialmente la Ley Bouquier
del 19 de diciembre de 1793, preveía un sistema de enseñanza obligatoria
y gratuita para los niños de 6 a 13 años con un currículum que hiciera
hincapié en el patriotismo y las virtudes republicanas, en la uniformidad
ingüística, en la simplificación del francés formal, en la actividad tísica,
yen el estudio de campo y la observación, dotando a las escuelas de un
papel preponderante en las fiestas cívicas. Bouquier y su comité no iban a
tolerar la actitud irresponsable ante la instrucción que los curas de parro­
quia habían mostrado bajo el antiguo régimen:

Aquellos padres, madres, tutores o administradores que descuide^ inscri­


bir a sus hijos o pupilos serán castigados, la primera vez con una multa
equivalente a una cuarta parte de sus impuestos, y la segunda, serán des­
pojados de sus derechos de ciudadanía durante diez años ...
Aquellos jóvenes que, habiendo alcanzado la edad de veinte años, no
hayan aprendido una profesión, arte u oficio útil para la sociedad, serán
despojados de sus derechos de ciudadanía durante diez años.1

1. Moniteur universel, n.° 91,21 de diciembre de 1793, vol. 19, p. 6. Sobre la política
ducativa véase Kennedy, Cultural History, pp. 353-362; R. R. Palmer, The tmprovement
Humanity: Education and the French Revolution (Princeton, 1985), caps. 4-5.
;debido a las exigencias financieras de la guerra y a la falta de tiempo. Los
El desmoronamiento de la enseñanza primaria, que bajo el antiguo régimen
ianteproyectos de ley de Saint-Just de febrero y marzo de 1794, que pre­
estuvo en manos de la Iglesia, aceleró la demanda de nuevos materiales de
tendían servirse de las propiedades de los «sospechosos» para «indemni­
lectura: durante la década revolucionaria se publicaron unos 700 nuevos
zara los pobres», y el programa nacional de bienestar social anunciado
títulos, el 41 por ciento de los mismos en 1793-1794. En la primera mitad
el 11 de mayo de 1794 fueron sólo parcialmente aplicados.
de 1794, se enviaron a las escuelas cinco ediciones de «Recopilaciones de
Durante los dieciocho meses desde el derrocamiento de la monarquía
actos heroicos y cívicos de los republicanos franceses», la tercera con
[en agosto de 1792 hasta principios de 1794, una combinación de estas
150.000 copias, en sustitución del catecismo. Sin embargo, los jacobinos ;
reformas jacobinas radicales y de la iniciativa popular dotaron de una ex­
nunca dedicaron el tiempo o el dinero suficiente para mejorar su política
traordinaria fuerza a la «regeneración» republicana. Éste fue uno de los
educativa y, ni qué decir tiene, para preparar a los maestros laicos que ]
pocos períodos de la historia en que gran número de personas actuaron
habían de reémplazar a los sacerdotes; por lo tanto, pocos niños asistie­
como si hubieran recreado el mundo, eran tiempos de «revolución cultu­
ron a la escuela durante el Terror. En la ciudad de Clermont-Ferrand, por
ral». Se inspiraron en las imágenes de las virtudes de la antigua Grecia y
ejemplo, tan sólo 128 alumnos de una población de 20.000 habitantes
Roma, en las que se habían educado los jacobinos de clase media, y en la
acudieron a la escuela.
práctica de muchos obreros del campo y de la ciudad que vivían en una
Los imperativos de la razón y la regeneración forzaron a la Conven­
revolución radical bajo asedio. La política jacobina y la acción popular
ción a aceptar propuestas para la total reforma de los sistemas de medidas
coincidían en el uso oficial y espontáneo de las festividades, juegos, can
de peso, distancia y volumen. Anteriores intentos de aplicación de dife­
ciones, periódicos de gran formato, decoración, vestimenta y ocio. No
rentes sistemas habían sido rechazados por ser desconcertantemente irra­
obstante, a menudo había una cierta tensión entre la representación sim
cionales y por estar contaminados en su origen por las brumas del antiguo
bélica popular de cambio total — la destrucción física de la imaginería
régimen. El 1 de agosto de 1793 la Convención anunció que un sistema
religiosa, de las pinturas y demás signos del antiguo régimen y la preo­
uniforme y decimal de pesos y medidas sería «uno de los mayores benefi­
cupación de los jacobinos por lo que Grégoire denominaba «vandalismo»,
cios que ésta puede ofrecer a todos los ciudadanos franceses». Los «artis­
que condujo a las leyes protectoras de septiembre de 1792. Listo coincidió
tas» de la Academia de las Ciencias serían los responsables del diseño y
con la creación de bibliotecas, archivos y muscos públicos nacionales y
la exactitud de las medidas, mientras que «Las instrucciones sobre las
departamentales a finales de 1793. Por otro lado, los jacobinos descuida-
nuevas medidas y su relación con las antiguas más usadas se incluirán en
rian la aplicación de sus grandiosos planes para levantar sólidos monu­
los libros de texto de aritmética elemental que se crearán par;i las escuelas
mentos revolucionarios en sustitución de los del antiguo régimen.
nacionales».2 Las nuevas medidas tendrían mucho más éxito que las es­
La situación del papa y del clero refractario en el sangriento y amargo
cuelas primarias de la república.
conflicto interno en la zona oeste y en las guerras que se desarrollaban en
La Constitución de 1793 se había comprometido como nunca lo había
suelo francés provocó una airada respuesta que puso en entredicho al
hecho antes con los derechos sociales y la Convención adoptó las medi­
catolicismo e incluso a la cristiandad. El 5 de octubre, la Convención ins­
das necesarias para ampliar los derechos a los niños: el 4 de julio de 1793
tituyó un nuevo calendario «republicano». La proclamación de la repúbli­
los niños abandonados se convirtieron en responsabilidad del Estado y
cael 21 de septiembre de 1792 fue datado retrospectivamente el primer
el 2 de noviembre de 1793 a los niños nacidos fuera del matrimonio se les
dia del año I de la era republicana. El nuevo calendario combinaba la ra­
garantizaban plenos derechos de herencia. Al igual que en la política edu­
cionalidad del sistema decimal (doce meses de 30 días, con tres décadas
cativa, el compromiso de los jacobinos de erradicar la pobreza fracasó
de 10 días cada una) rechazando por completo el calendario gregoriano.
Los días de los santos y las festividades religiosas fueron sustituidos por
sombres extraídos de plantas, de las estaciones del año, de herramientas
2. Moniteur universel, n.° 214, 2 de agosto de 1793, vol. 17, p. 287.
de trabajo y de las virtudes (véase Apéndice). Este calendario se adoptó Sin embargo, para muchos otros sacerdotes — y para sus feligreses—
en todo el país, pero coexistió con cierta incomodidad con el viejo ritmo aquéllos eran tiempos de desesperación en los que las formas institucio­
del culto del domingo y de los mercados semanales. nales de la religión se desmoronaron casi por completo.
Las fiestas populares expresaban una manifiesta hostilidad hacia la La revolución cultural no se expresó a través de los libros: la cantidad
Iglesia a través de burlas de los sacerdotes y de otros contrarrevolucio­
de libros impresos en 1794 fue sólo de 371, comparado con las cifras
narios. En Dormans, localidad por la que pasó Luis de ida y vuelta de prerrevolucionarias de más de 1.000 copias anuales, y en los dos años de
Várennos en 1791, encaramaron la figura del primer ministro inglés 1793 y 1794 solamente se publicaron 36 nuevas novelas. La única excep­
William Pitt a lomos de un burro mirando hacia atrás y la pasearon por ción fue la popularidad alcanzada por el Contrato social de Rousseau, del
toda la ciudad. En Tulle, celebraron el entierro de un ataúd que contenía
que se hicieron trece ediciones entre 1792-1795, entre ellas una versión
los restos de la «superstición» y lo coronaron con un par de orejas de
de bolsillo para los soldados. De modo similar, con las crecientes restric­
burro y un misal; las imágenes de los santos fueron azotadas. Las ceremo­ ciones de la libertad de prensa tras la declaración de la guerra y el derro­
nias de «descristianización», en particular, tenían un ambiente carnava­ camiento de la monarquía, el número de nuevos periódicos parisinos dis­
lesco y catártico, y solían utilizar la prom enade des ánes (paseo de los minuyó de 134 en 1792 a 78 en 1793 y 66 en el año II. En cambio,
asnos), típico de! antiguo régimen, para censurar a los transgresores de 1792-1794 fue la época dorada de las canciones políticas: se calcula que
las normas de conducta de la comunidad, pero ahora sentaban en el burro
el número de canciones nuevas ascendió de 116 en 1789 a 325 en 1792,
y al revés a alguien vestido de sacerdote. La iniciativa popular alentada
590 en 1793 y 701 en 1794. En su mayor parte se trataba de triviales
en ocasiones por los «diputados en misión», clausuró iglesias y forzó al exhortaciones al valor o caricaturas de la realeza:
clcro constitucional a abdicar y a casarse com o muestra de patriotismo.
Hubo grandes variaciones en el número de abdicaciones, desde tan sólo Han regresado a las sombras,
12 en los Alpes-Maritimes y 20 en Lozére hasta 498 en Saóne-et-Loire. aquellos grandes reyes, cobardes y licenciosos,
En los veintiún departamentos del sureste las abdicaciones ascendieron bebedores infames, cazadores famosos,
hasta 4.500. En total, unos 20.000 sacerdotes renunciaron a su vocación y juguetes de las más abominables prostitutas, (repetición)
5.000 de ellos se casaron. En Allier sólo 58 de 426 sacerdotes se negaron ¡Oh vosotros, a quienes nada desalienta!
¡verdaderos amantes de la Libertad!
a abdicar, y a nivel nacional quizá tan sólo 150 parroquias de 40.000
estableced la igualdad
celebraban misas abiertamente en la primavera de 1794. Puede que algu­
sobre los despojos de la esclavitud.
nos clérigos se sintieran como el antiguo sacerdote Duffay, que en enero
Franceses republicanos, conquistadores de vuestros derechos,
de 1794 escribió a la Convención:
doblegad (repetición) a todos estos tiranos, profanadores de la ley.4

Escuché la voz de la naturaleza y cambié mi viejo devocionario por una


Aunque muchas de las obras teatrales que se representaban habían sido es­
joven republicana ... Como siempre he considerado que el sacerdocio es
un estado tan inútil com o el de un jugador de bolos, he utilizado [los títu­
critas antes de 1789, los temas y los protagonistas fueron revisados y adap-
los de mi iglesia] para alimentar el fuego ... Estoy trabajando en una fábri­
ca donde, a pesar del agotamiento al que uno se ve sometido, me siento reflexiones generales de los efectos en la Iglesia: Gíbson, French Catholicism, cap. 2;
muy feliz si mi sudor me saca de la pobreza.1 McManners, French Revolution, cap. 10; Michel Vovelle, The Revolution against the
Churcli: Ftom Reason to the Supreme Being, trad. Alan José (Cambridge, 1991).
4. Les Républicaines: Chansons populaires des révolutions de 1789, 1792 y 1X30,
3 vols. (París, 1848), vol.l, pp. 34-36. Sobre la «revolución cultural» véase Bianchi, Révo­
3. Scrge Bianchi, La Révolulion culture/le de l'an II (París, 1982), p. 119; Ozouf,
lulion culturelle, esp. cap. 5; Aileen Ribeiro, Fashion in the French Révolulion (Londres,
Feslivals and the French Revolution, pp. 89-91. Un las siguientes obnis encontramos
1988); Kennedy, Cultural History, cap. 9, Apéndice A.
mi u u u i n mu i u u i n u i i u u
tados de acuerdo con los principios revolucionarios. Otras extraían su hu­ Vosotros, hombres de poca fe
mor mofándose de la Iglesia: una de las obras más populares de París en que solíais ver y oír al Ser Supremo,
aquellos días, entre 1792 y 1794, era Les Visitandines de Louis-Benoit podéis hacerlo, con la moralidad en el corazón,
Picard, en la que dos granujas borrachos confundían un convento con una pero tenéis que salir al campo,
posada. En enero de 1794, los teatros se subvencionaban si ofrecían una re­ de dos en dos, llevando una flor.
A llí, junto a las aguas cristalinas,
presentación gratis a la semana. También la pintura quedó profundamente
oiréis a un D ios en vuesto corazón,
afectada. Jacques-Louis David contribuyó decisivamente en la apertura
al contemplarlo en la Naturaleza.5
del antes restringido mundo del Salón: mientras que en 1787 tan sólo
63 pintores y escultores invitados habían expuesto 289 obras, en el Salón
Cuatro años de experiencia revolucionaria, de ilimitadas esperanzas, sa­
de 1793, 318 artistas tuvieron ocasión de mostrar 883 obras. El gobierno
crificios y angustias, y de vivir en una cultura política revolucionaria,
concedió 442.000 libras en premios. David contribuyó al esfuerzo de
generaron una ideología característica de los sans-culottes en las ciudades
guerra, sus irreverentes caricaturas satirizando a la contrarrevolución tan
y los pueblos. Aquél iba a ser un mundo sin aristócratas ni sacerdotes,
sólo pudieron ser igualadas a efectos de propaganda al otro lado del canal
libre de hombres ricos y de pobreza: en su lugar se levantaría una Francia
por las representaciones de Gilroy del canibalismo de los sans-culottes,
regenerada de artesanos y de minifundistas recompensados por la digni­
cuyos hijos masticaban satisfechos las entrañas de los sacerdotes.
dad y la utilidad de su trabajo, liberados de la religión, de la condescen
El triunvirato de «mártires de la revolución» (Marat, Chalier y Le
dencia de los nacidos de ilustre cuna, y de la competencia de los empre
Peletier) iba acompañado de la celebración del heroísmo de Fran?ois
sarios. En aquellos años, la exhibición colectiva se manifestaba a través
Bara y Joseph-Agricol Víala, dos muchachos de trece años que murieron
de lo que Michel Vovelle describe como una «explosión creativa», pues
luchando por la revolución. Se propuso que los grandes aniversarios del
las iniciativas populares en lo relativo a la organización de las fiestas y la
14 de julio, 10 de agosto, 21 de enero y 21 de septiembre se conmemora­
remodelación de los antiguos rituales se añadían a los acicates que la ( on
sen con treinta y seis fiestas nacionales, una en cada década. Las fiestas
vención ofrecía para las conmemoraciones cívicas. Cuando llegaban no
nacionales eran un asunto harto complicado. El 10 de agosto de 1793, por
ticias, com o por ejemplo la de la ejecución de Luis o de una victoria mili
ejemplo, el aniversario del derrocamiento de la monarquía se celebraba
tar, pueblos enteros improvisaban celebraciones. Estas celebraciones
com o la Fiesta de la Unidad e Indivisibilidad de la República. En las pla­
colectivas se inspiraban en un simbolismo prerrevolucionario, a menudo
zas públicas de París se quemaban los símbolos de la monarquía y a con­
mesiánico, y en las costumbres colectivas del lugar de trabajo para visua­
tinuación, durante una inmensa comida campestre republicana de pan y
lizar una nueva sociedad.
pescado, miembros de la Convención bebían un líquido que fluía de los
En las ciudades y pueblos, las reuniones de los clubes y las secciones
pechos de una estatua de la diosa de la libertad y que simbolizaba la leche
a menudo se inspiraban en formas religiosas en lo concernicnte a su orga­
de la libertad. Entonces, desde la misma estatua se soltaban tres mil palo­
nización, pero en cuanto a su contenido se basaban en la experiencia
mas, cada una de ellas con diminutas banderitas atadas a las patas en las
revolucionaria. Sus miembros solían llevar el bonnet rouge (gorro rojo) o
que podía leerse: «¡Somos libres! ¡Imitadnos!» Las fiestas organizadas por
gorro de la libertad en señal de que ya no eran galeotes esclavos; desde
el gobierno eran un asunto noble que enriquecía la revolución con invo­
finales de 1793 el uso del gorro frigio, ligeramente diferente, que aludía a
caciones a la naturaleza. A veces eran sólo para aquellos que se levanta­
los esclavos griegos, se generalizó. Las reuniones empezaban normal-
ban temprano, com o ponen de manifiesto los versos compuestos por el
«diputado en misión» Léonard Bourdon, para los patriotas del lugar que
se reunían antes del amanecer para la Fiesta de la Naturaleza en un puen­ 5. Ozouf, Festivals and the French Revolution, p. 117; Michael Sydenham, Léonard
te que cruzaba el Adour en Tarbes: Bourdon: The C areerof a Revolutionary, ¡754-1807 (Watcrloo, Ont., 1999).
mente cantando la «Marsellesa» o el «Ca ira» y con la lectura de cartas sacres de septiembre de 1792 en París tildándolos de «buveurs de sang»
del frente; a continuación se discutían los próximos aniversarios y proce­ («bebedores de sangre») o «septembriseurs».7
siones, se procedía a la.recolección de donativos patrióticos, la denuncia La certeza que tenían los revolucionarios de las ciudades y del campo
de «sospechosos», y la enumeración de las «virtudes republicanas». Para de estar viviendo al borde de un cambio social se manifestaba en los cam­
romper con una vida entera de socialización fundamentada en el vocabu­ bios espontáneos de los nombres que daban a las comunidades y a los
lario de la desigualdad, trataron de imponer el uso familiar del «tú» en recién nacidos. Los partidarios de la revolución — los «patriotas», com o
todos los actos sociales (al igual que en la Comuna y en las reuniones de comúnmente se les denominaba— mostraban su rechazo del viejo mundo
la sección), relegando el «usted» antes obligatorio para dirigirse a sus intentando erradicar todos los posibles vestigios del mismo. Aparte de los
superiores como intrínsecamente aristocrático. Como rezaba en una peti­ cambios de nombres impuestos por los ejércitos jacobinos tras la derrota
ción del 31 de octubre a la Convención: «Con esto habrá menos orgullo, de la contrarrevolución, unas 3.000 comunas se apresuraron a eliminar por
menos distinciones, menos malas intenciones, más familiaridad, un ma­ su cuenta toda connotación cristiana: St.-lzague se convirtió en Vin-Bon,
yor sentido de fraternidad: y por consiguiente más igualdad». La sección St.-Bonnct-Elvert se cambió por Libertc-Bonnet-Rouge, St.-Tropez y
era un microcosmos de una república única e indivisible, reflejada en la Montmartre adoptaron el nombre de Méraclée y Mont-Marat respecti­
práctica de la publicidad, es decir, los votos y las opiniones se emitían vamente, mientras que Villedieu se llamó La Carmagnole y Viliencuve-
abierta y oralmente. Semejante práctica estaba en franca oposición con St.-Georges se autodenominó Villeneuve-la-Montagne. En el distrito de La
las nociones burguesas de derechos individuales y democracia represen­ Rochela, com o en los demás, los pueblos con nombres de santo se cam­
tativa del mismo modo que lo estaba la imposición del control de precios biaron para eliminar los vestigios de la Iglesia: St.-Ouen se llamó Marat,
frente al laissez-faire.6 St.-Rogatien se cambió por Égalitc, St.-Soulc se convirtió en Rousseau,
La práctica de la soberanía popular en un contexto de guerra y con­ y St.-Vivicn en Sans-Culottes. Los habitantes de Montroy repudiaron sus
trarrevolución generó una avalancha de neologismos y cambios respecto connotaciones monárquicas y pidieron modificar su nombre por el de
al significado del vocabulario existente. Un estudio recoge más de 1.350 Montagne. Todas las calles de La Rochela cambiaron de nombre en honor
innovaciones en la década posterior a 1789, originándose la mayoría a héroes coino Benjamín Franklin o Jean Calas.
de ellas en 1792-1794. Obviamente, el neologismo más famoso fue el de Es imposible calcular cuántos padres pusieron nombres revoluciona-,
«sans-culottes»; no obstante, otras apelaciones políticas inspiradas en rios a sus bebés durante aquellos años: en Poitiers, por ejemplo, tan sólo
individuos tuvieron una breve existencia: «robespierrista», «pittista», 62 de los 593 niños nacidos en el año II recibieron nombres de santos al
«maratista». La proliferación de clubes populares se denominó «clubino- estilo del antiguo régimen. A los demás les pusieron nombres que refleja­
manía», y aquellos que los frecuentaban recibieron el nombre de «clubi- ban las distintas fuentes de inspiración política. Un estudio de 430 nom­
neros». Algunas palabras nuevas expresaban una mofa vengativa de las bres de bebés del distrito de Seine-et-Marne muestra que el 55^por ciento
víctimas del Terror, que solían «boire á la grande tasse» («beber en una se inspiró en la naturaleza o en el nuevo calendario (Rose, Laurier, Floréal),
taza grande») y estaban expuestos a la «déportation verticale», en alusión el 24 por ciento en las virtudes republicanas (Liberté, Victoire, La Mon­
al ahogo masivo de sacerdotes en Nantes. Otros términos iban dirigidos tagne), el 12 por ciento en la antigüedad (Brutus, Mucius Scaevola), y
asimismo a los jacobinos que presuntamente habían consentido las ma­ el 9 por ciento en los nuevos héroes (Le Peletier, Marat). Un niño se lla­
maba Travail y otro Fumier. En Hautcs-Alpes, la familia Lacau puso a su
6. John Hardman (ed.), French Revolution Documents (Oxford, 1973), vol. 2,
pp. 132-133. Sobre la ideología popular de París, véase Soboul, Parisian Sans-Culoltes,
caps. 1-3; William Scwell, Trabajo y revolución en Francia: El lenguaje ilel movimiento 7. Max Frcy, Les Transjormations du vocabulaire frangais á l'époquc de Ia Révolu­
obrero desde el Antiguo Régimen hasta 1848 (Taurus, Madrid, 1992), cap. 5.
lion (1789-1800) (París, 1925).
ttllliüitiity
hija el nombre de Phytogynéantrope, que en griego significa mujer que mujeres. En los centros urbanos, la caída del trabajo femenino en las
sólo da a luz hijos guerreros. industrias de artículos de lujo (especialmente los encajes) y en el servicio
La costumbre de poner nombres revolucionarios variaba sustancial­ doméstico se vio en parte compensada por la disponibilidad temporal de
mente a lo largo y ancho del país; sin embargo, resulta difícil determinarlo trabajo mientras miles de hombres partían hacia el frente. Tanto en la ciu­
con exactitud. Por ejemplo, en los distritos al sur de París, de 783 nombres dad com o en el campo, el trabajo de las mujeres cobró más importancia
inspirados en la «naturaleza» en el año II, 226 niñas se llamaban Rose. que nunca para el mantenimiento de la familia; aun así, en los años 1792-
Pero, ¿hasta qué punto era deliberadamente política esta elección? Algunos 1794 una familia de cada diez estaba económica y emocionalmente diez­
no dejan duda alguna al respecto, com o el del pequeño que se llamaba mada por la muerte o incapacidad de un marido, hijo o padre.
Faisceau Pique Terreur de Chálons-sur-Marne. En muchas zonas rurales El rechazo de las fuentes de autoridad más elementales del antiguo régi­
este fenómeno no era habitual: tan sólo el 20 por ciento de los 133 mu­ men cuestionaba inevitablemente la posición de las mujeres en el.seno de
nicipios del distrito de Villefranche-en-Beaujolais tenían nombres por el la familia y la sociedad. Un buen número de leyes trataron de regenerar la
estilo. También entre ciudades habían enormes diferencias: en el invierno vida familiar, hasta entonces considerada cruel e inmoral, como el propio
y la primavera de 1794 por lo menos al 60 por ciento de los niños les antiguo régimen. Se establecieron tribunales familiares para solventar los
' pusieron nombres revolucionarios en Marsella, Montpellier, Nevers y conflictos de familia, por pegar a las esposas se introdujeron multas el
Ruán, mientras que en Riom no hubo ningún caso y en St.-Étienne prácti­ doble de severas que las que se imponían por asaltar a un hombre, y la
camente ninguno. En Rennes, el primer nombre revolucionario del que se mayoría de edad quedó reducida de los 25 a los 21 años. No obstante, resul­
tiene conocimiento data de abril de 1791 (Citoyen Franpais), pero incluso ta harto dudoso que el patrón de violencia masculina cambiase a pesar de
en su momento álgido, en febrero-agosto de 1794 esta práctica afectó tan las exhortaciones de los legisladores revolucionarios en aras de una vida
sólo a uno de cada diez niños.® familiar pacífica y armoniosa como base del nuevo orden polílico.
El entusiasmo de gran parte de los habitantes de Gabian (véase capítu­ Lo que sí cambió fue la posibilidad de que las mujeres protegiesen sus
lo VI) por la revolución quedó reflejado en la elección que muchos padres derechos dentro del núcleo familiar. La Ley de divorcio votada en la últi­
hicieron de los nombres de sus hijos, inspirados en la naturaleza más que ma sesión de la Asamblea Legislativa el 20 de septiembre de 1792 dotaba
en los santos: en 1792-1793 los nacimientos registrados en el ayunta­ a las mujeres de amplios argumentos para acabar con un matrimonio in­
miento fueron Frangois Abricot Alengri, Jaen-Pierre Abeille Canac, Rose feliz y sin sentido: la pareja podía ponerse de acuerdo en la separación
Eléonore Jonquille Couderc, André Aubergine Foulquier, Rose Tubéreuse por incompatibilidad mutua, o bien uno de los cónyuges podía iniciar el
Jougla, Catherine Laurier Thim Latreille, y Marie Étain [Peltre] Salase. divorcio basándose, por ejemplo, en la prolongada ausencia de su pareja
También en La Rochela los padres expresaron sus valores en los nombres o en su crueldad. Las mujeres trabajadoras fueron quienes más se sirvie­
que ponían a sus hijos. Entre el 1 de enero de 1793 y el 21 de septiembre ron de esta ley: en Ruán, por ejemplo, el 71 por ciento de los pleitos de
de 1794 nacieron 981 niños, de los cuales 135 recibieron nombres revolu­ divorcio fueron iniciados por mujeres, y el 72 por ciento de los mismos
cionarios. Los más populares eran Victoire y Égalité, pero había otros más procedían de mujeres del ramo textil con cierta independencia económica,
imaginativos: Décadi, Minerve, Bara, Humain, Ail, Carotte y Cresson. a diferencia de la mayoría de mujeres del campo. En el ámbito nacional,
Los ejércitos revolucionarios no hubieran triunfado — ni la insurrec­ se decretaron unos 30.000 divorcios bajo esta ley, especialmente en las
ción de la Vendée habría sido tan tenaz— sin el respaldo activo de las ciudades: en París hubo casi 6.000 en el período 1793-1795.
En Ruán se producía un divorcio de cada ocho matrimonios, y otros
8. Los detalles de La Rochela proceden de los archivos departamentales y municipa­ tantos se resolvían gracias a la mediación familiar. A pesar de que la vio­
les. Sobre los nombres y lugares revolucionarios, véase la publicación especial de Aima­ lencia solía ser la causa más común esgrimida por las mujeres, la costum­
les historiques de la Révolulion frangaisc 322 (2000); Bianchi, Révolulion cullurelle. bre de los hombres de humillar a sus esposas mediante abusos físicos
(llamada correction m odérée bajo el antiguo régimen) se puso en tela de disponible. Se hacía caso omiso de las restricciones religiosas contra la
juicio en todos los hogares. La ley de divorcio desafiaba las relaciones celebración de bodas en Advento, Cuaresma, en viernes y en domingos.
domésticas en lo más fundamental. Los tribunales familiares trataban Habia ahora buenas razones — la exención del reclutamiento obligatorio
de mediar en posibles divorcios, pero no siempre lo conseguían. Sirva de para los hombres casados— para que las parejas de fa c to y los jóvenes se
ejemplo el caso de Jean-Baptiste Vilasse, un fabricante de clavos de La casasen: comparado con el porcentaje anual del período prerrevolucio-
Rochela, que acusó a su mujer Marie-Victoire Guyon de «ser rebelde y de nario de 240.000 matrimonios, en los años 1793 y 1794 se celebraron
dudosa moralidad», y a su vez ella le acusó de «malos tratos» insistiendo
325.000 bodas.
en que ambos tenían caracteres incompatibles. Jean-Baptiste la había per­ A pesar del desprecio por la «superstición», los jacobinos radicales de
donado por haber hecho el amor con otro fabricante de clavos incluso en
la capital mostraban a menudo una tímida moralidad, condenando lo que
presencia de sus hijos: ella había regresado a su lado, pero insistía en «que
ellos denominaban «moralidad laxa» como reminiscencia de la corrup­
no abandonaría al otro hombre, al que amaba». Ahora le tocaba a Jean-
ción y relajación del antiguo régimen. El 2 de octubre de 1793 la Comuna
Baptiste ser intransigente y pidió el divorcio. Sin embargo, a diferencia
de Paris decretó que
de Ruán, hubo en La Rochela tan sólo 34 divorcios frente a 780 matrimo­
nios en el período del 1 de enero de 1793 al 27 de junio de 1795. Queda prohibido a todas las muchachas y mujeres de baja moral pasearse
En un importante y acalorado debate en agosto de 1793 se abordó la por las calles, avenidas, y plazas públicas, y fomentar allí la depravación ...
cuestión de los derechos de las esposas para dotarlas de igual papel deci­ El consejo general pide ayuda para la aplicación y mantenimiento de
sorio en lo relativo a la propiedad familiar. Los argumentos de Merlin de este decreto a los republicanos austeros y amantes de las buenas costum­
Douai según los cuales «la mujer es, en general, incapaz de administrar y bres, a los padres y madres de famila ... invita a los ancianos, en calidad de
ministros de la moralidad, a velar por que la moral no se vea ultrajada ...l0
los hombres, dotados de una natural capacidad superior, deben protegerla»,
fueron rebatidos por Georges Couthon: «La mujer nace con las mismas
La prostitución se prohibió el 21 Nivoso II (10 de enero de 1794), siendo
capacidades que el hombre. Y si todavía no ha podido demostrarlo, no es
considerada por la Comuna com o una práctica del antiguo régimen y en
culpa de la Naturaleza, sino de nuestras antiguas instituciones». Couthon
cualquier caso innecesaria cuando había trabajo en las industrias de guerra.
recibió el respaldo de Camille Desmoulins, que admitió que «en apoyo de
No obstante, siguió siendo un último recurso clandestino para más de
mi opinión está la consideración política de que es importante hacer que
20.000 mujeres en París.
las mujeres amen la revolución». Vencieron en el debate, pero la ley nun­
Durante la revolución, se produjo un abismo político y de clase entre
ca llegó a aplicarse en su totalidad.9
los que abogaban por los derechos de las mujeres, como Olympe de Gou­
La naturaleza de la ceremonia del matrimonio — al igual que la del
ges y Etta Palm, ahora muertos o desacreditados por su conservadurismo
bautismo y la del entierro— también experimentó cambios. Ahora el
político, y el apoyo de las sans-jupons a la subsistencia y a los objetivos
alcalde introducía estos ritos en un «registro civil», y el sacerdote tan
militares del movimiento popular en su conjunto. En mayo de 1793 Thé­
sólo llevaba a cabo la bendición opcional si es que había algún sacerdote
roigne de Méricourt, que apoyaba a los girondinos, fue objeto de una
paliza por parte de mujeres jacobinas de la que nunca se recuperó. Duran­
te los cinco m eses posteriores a mayo, las Ciudadanas Republicanas
9. Andró Burguiére, «Politiquc de la famille et Revolution», en Michacl Adcoek y
otros (cds.), Révolulion, Soeiety and Ote Politics o f Memory (Melbourne, 1997), pp. 72- Revolucionarias, acaudilladas por Claire Lacombc y Pauline Léon, ten­
73. La ley de divorcio es tratada por Rodcrick Phillips en Family Brvakdown in l.ate- dieron un puente sobre aquel vacío entre los derechos de las mujeres y la
Eighteenth Century France: Divorces in Rouen, 1792-1803 (Oxford, 19X0); y de modo
mucho más general en Putting Asunder: A History o f Divorce in Western Soeiety (Cam­
bridge, 1988).
10. Hardman (ed.), French Revolution Documents, vol. 2, pp. 127-128.
política de subsistencia organizándose com o un grupo de mujeres autó­ Sin embargo, mientras las Ciudadanas atrajeron a 300 mujeres a sus reu­

tlir.
nomo y haciendo campaña por los derechos de la mujer a acceder a pues­ niones, y pedían el apoyo activo de otras 4.000 más, su desafio fracasó
tos públicos y a llevar armas, mientras que permanecían vinculadas al ala frente a la oposición de las dueñas de los puestos del mercado para quie­
radical de los sans-culottes, los Rabiosos. Las reglas de las Ciudadanas nes el control de los precios las amenazaba con la pobreza. El 24 de octu­

U
proclamaban que «Los miembros de la sociedad no son más que una bre un grupo de Ciudadanas fue salvajemente apaleado por las mujeres del
familia de hermanas». En una de sus visitas, una delegación de la sección mercado, ofreciendo a los jacobinos y a la Convención la oportunidad de
de los Droits de l’Homme elogió la sociedad: tomar partido en su contra. Un colega de Robespierre, Amar, del Comité
de Seguridad General, exigió a la Convención que disolviese la sociedad

L
Vuestra sociedad forma parte del cuerpo social y no es una de las menos apelando a los imperativos del orden de la naturaleza:
importantes. La libertad ha encontrado aqui una nueva escuela: madres,
esposas y niños acuden aquí para aprender, para estimularse los unos a los Cada sexo está llamado a desempeñar la clase de ocupación que le es pro­

L
otros en la práctica de las virtudes sociales. Habéis roto uno de los eslabo­

Ü
pia, su acción queda circunscrita en el interior de un círculo que no se
nes de la cadena de los prejuicios. Aquel que confinaba a las mujeres al puede romper, pues la naturaleza, que ha impuesto tales lim itaciones al
angosto espacio de sus hogares, convirtiendo a la mitad de las personas en género humano, ordena imperiosamente ... Si pensamos que la educación
seres pasivos y aislados ya no existe para vosotras. Estáis ansiosas por política del hombre está todavía en sus inicios, que los principios mili lio
ocupar vuestro puesto en el orden social, la apatía os ofende y humilla ..." están desarrollados, y que seguim os tartamudeando con la palabra «llh«‘i
tad», cuán atrasadas y menos ilustradas en aquellos principios oslat'An lm<
Varias secciones de la capital empezaron a admitir mujeres en sus reunio­ mujeres, cuya educación política es prácticamente nula. Su prcM-nciu en
nes, y las secciones de Hommes Libres y Panthéon reconocían su pleno las sociedades populares concederá un papel activo en el gobiei no a aqur

1
derecho al voto. Otras eran más cautas: la Sociedad Popular de la Sección lias personas propensas a pensar de forma errónea y a ser aparlatlim de m i
Luxemburgo admitía a mujeres mayores de 21 años y a sus hijas de más

1
camino.
de 14, pero limitaba la presencia de mujeres a una quinta parte del total de

1
sus miembros. Sin embargo, Robespierre nunca se sintió entusiasmado El 30 de octubre todos los clubes femeninos, incluyendo sesenta de las
por la áspera militancia de las Ciudadanas, y en determinado momento

1
zonas provinciales, fueron clausurados.12
Era inevitable que las desesperadas demandas de movilización nacio­

Íí
anotó en su diario «dissolution des f. r. r.» («clausurar las Mujeres Repu­

1
blicanas Revolucionarias»). nal para la guerra invirtieran la descentralización del poder de los prime­
Cuando las críticas se hicieron oír, Lacombe se enfrentó a la Conven­ ros años de la revolución. Las guerras civiles de 1793 sirvieron también

iliX
ción el 8 de octubre de 1793: para destacar los peligros de la autonomía local, de la misma manera que

5
los ejércitos revolucionarios, la oleada de exigencias radicales de las mu­
Nuestro sexo tan sólo ha producido un monstruo [María Antonieta], pero jeres y la descristianización pusieron en evidencia el desafío de las inicia-
nosotras durante cuatro años hem os sido traicionadas y asesinadas por
innumerables monstruos de sexo masculino. Nuestros derechos son los del

lL
pueblo, y si se nos oprime, sabremos cóm o oponer resistencia a la opresión.
12. Este significativo episodio de la historia de la participación política de las muje­
res es analizado por Desan, «Jacobín Women’s Clubs», en B. T. Ragan y E. A. Williams
11. R. 13. Rose, Tribunas and Amazons: Men and Women o f Revolutionary France (cds.), Re-creating Authority in Revolutionary France (New Brunswick, NJ, 1992); Seoll
1789-1871 (Sydney, 1998), pp. 246-248. El razonamiento de Rose debería compararse H. Lytle, «The Second Sex (Scptember, 1793)», Journal o f Modern llislory, 26 (1955),

H
con el de Olwen Hufton, «Women in Revolution», French Politics and Soeiety, 7 (1989), pp. 14-26; Landes, Women and the Public Sphere, pp. 140-145, 160-168; Marie ( cruti, I •
pp. 65-81; Madelyn Gutwirth, The Twilight o f the Goddesses: Women and Representation Club des citoyennes républicaines révolutionnaires (París, 1966); R. B. Rose, Ihe I nra
in the French Revolutionary Era (New Brunswick, NJ, 1992) cap. 7. gés: Socialists o f the French Revolution? (Melbourne, 1965), caps. 5-6

11
tivas locales. La contrarrevolución reforzó la desconfianza de los jaco­ ¡Queréis deshaceros de todos vuestros enem igos por medio de la guilloti­
binos en las lenguas minoritarias. En enero de 1794, Barére (a pesar de na! ¿Habráse visto alguna vez mayor locura? ¿Creéis posible que un hom ­
ser de la parte de habla occitana de los Pirineos) lanzó vituperios contra bre muera en el cadalso sin crearos otros diez enem igos entre su familia y
amigos? ... Mi opinión es completamente distinta a la de aquellos que os
«la ignorancia y el fanatismo», palabras que la coalición extranjera mani­
dicen que el terror debe seguir estando en el orden del dia.14
puló y convirtió en «gente sin instrucción o que habla una lengua distinta
a la de la educación pública».13 Olvidando los extraordinarios sacrificios
que en las zonas fronterizas habían hecho los patriotas vascos, catalanes, Sin embargo, el peligro no había pasado: en el suroeste, las tropas españo­
las seguían controlando el territorio francés; en Santo Domingo la oferta
flamencos y provenzales, Barére dio por sentado que republicanismo,
civilización y lengua francesa eran sinónimos. De hecho, las reacciones a de libertad en junio de 1793 a los esclavos que luchasen por la república
la revolución fueron muy variadas en las regiones de lenguas minorita­ (seguida de una emancipación general en julio-agosto, ampliada a todas
rias. No obstante, el odio que muchos «diputados en misión» y miembros las colonias francesas mediante la ley del 4 de febrero de 1794) no consi­
de los ejércitos revolucionarios sentían a las lenguas y culturas minorita­ guió vencer la alianza entre los plantadores blancos y la flota inglesa. En
rias exacerbó la desconfianza de París. semejante situación, la Convención respondió manteniendo los comités y
La presión de los grupos más militantes de los sans-culottes revelaron su personal.
Además, com o ya hemos visto, para Robespierre y especialmente
las tensiones en el seno de la alianza popular del año II, aunque los logros
de esta alianza no fueron menos impresionantes a finales de 1793. En para sus correligionarios, el Terror tenía un propósito mucho más elevado
aquellos tiempos, las fuerzas republicanas dirigidas por un joven oficial de que el de ganar la guerra simplemente. La visión de Robespierre de una
artillería, Napoleón Bonaparte, habían vuelto a capturar Tolón y las tropas sociedad regenerada, virtuosa y abnegada era, para él, la única razón de
extranjeras habían sufrido importantes reveses en el noreste y en el sures­ ser de la revolución. «Ya es hora de señalar con claridad el objetivo de la
te. A pesar de que el «máximo general» no se había aplicado del todo, el revolución», manifestó en la Convención el 5 de febrero de 1794:
descenso económico se había invertido y el poder adquisitivo del asignado
Queremos un orden de cosas ... en el que el Estado asegure el bienestar de
permaneció en el 48 por ciento. La rebelión de la Vendée fue sofocada y
todos los individuos, y en el que todo el mundo disfrute con orgullo de la
la revuelta federalista aplastada, ambas con un elevado coste de vidas. Los
prosperidad y la gloria de su pais. ... Queremos sustituir en nuestro pais ...
meses de diciembre de 1793 y de enero de 1794 constituyeron el punto
la tiranía de la costumbre por el imperio de la razón ... un pueblo adorable,
álgido de las ejecuciones: 6.882 de las 14.080 personas sentenciadas por frívolo y desdichado por un pueblo magnánimo, poderoso y feliz: es de­
los tribunales en el año del Terror murieron durante estos meses. cir, todos los vicios y puerilidades de la monarquía por todas las virtudes
En este contexto de triunfo militar, pero también de excesos y de cons­ y m ilagros de la república.15
tantes restricciones a la libertad, tuvo lugar un debate crucial y profético
acerca de la continuación y la dirección del Terror, cuando jacobinos Sin embargo, al final el pueblo francés que Robespierre veía en el espejo
«moderados» como Danton y Desmoulins exigieron el fin de los contro­ no era un reflejo de sí mismo.
les del Terror y la aplicación de la Constitución de 1793. El 20 de diciem­
bre interrogaron al Comité de Salud Pública en Le Vieux Cordelier:

14. Le Vieux Cordelier, n.” 4, 30 Frimario 11 (20 de diciembre de 1793).


13. Citado en Roger Dupuy, De la Revolution á la chouannerie: Paysans en Bretagne 15. R. R. Palmer, Twelve who Ruled (Princeton, 1941), p. 275. lil drama de la con­
(Paris, 1988), pp. 7-8; véase también Patrice Higonnet, «The Politics o f Linguistic Tcrro- frontación entre Robespierre y Danton —y de la lucha por el poder en Polonia a princi­
rism and Grammatical Hegemony during the French Revolution», Social History, 5 (1980), pios de los años 1980— se evoca en la película de 1982 de Andrjcz Wadja, Danton, basa­
pp. 41-69. da en la obra de 1930 de Stanislawa Przybys/.ewska.
En cambio, para la mayor parte de la Convención el objetivo del Terror pervertida por los «malos propósitos» de sus antiguos aliados: el discurso
era la consecución de la paz, y los controles económicos y políticos no eran ' de Saint-Just fue pronunciado tan sólo unos días después de la ejecución de
más que imposiciones temporales y lamentables para alcanzar aquel fin: i los Cordeleros y los «indulgentes» (Danton, Desmoulins, y sus parti-
la habitual extensión de los poderes del Comité era un reconocimiento de ‘ darios), y el día anterior al arresto de Pauline Léon y Claire Lacombe
sus logros y de la persistente crisis de guerra, pero no una medida de apoyo i como simpatizantes de Hébert (la primera fue puesta en libertad en agosto

a la ideología jacobina. Por otro lado, los sans-culottes habían desarrolla­ 1 de 1794 y la segunda un año más tarde).
do una visión radicalmente diferente de una sociedad de pequeñas gran­ Las divisiones entre los «patriotas» desesperaban a los dirigentes
jas y talleres creados mediante la redistribución de la propiedad y susten­ jacobinos. El 20 de abril Billaud-Varenne informó a la Convención en
tada por la educación gratuita, por la purga de las viejas élites y por la nombre del Comité de Salud Pública de que era preciso:
democracia. Por último, las divisiones políticas y sociales en el seno de
la alianza republicana resultaron ser irreconciliables y explican la infame recrear al pueblo que uno quiere devolver a la libertad ... por consiguiente,
política de 1794. es necesaria una acción contundente, un im pulso vehem ente, adecuado
En contraste con los crecientes llamamientos a la disminución del para desarrollar las virtudes cívicas y reprimir los apetitos de avaricia,
Terror, Hébert y sus aliados preconizaron otro alzamiento popular como intriga y am bición.16
la jo u rn é e del 5 y 6 de septiembre de 1793 — cuando los sans-culottes
impusieron su voluntad en la Covención Nacional— para impulsar el * Poco después, también Robespierre entregó un informe sobre la organi
Terror. Con ello proporcionaron al Comité de Salud Pública el pretexto zación de las festividades públicas, tratando a la vez de consolidar su fun
para actuar contra ambas facciones: los «extremistas» y los «indulgen­ ción cívica instructiva y de controlarlas. Las festividades robcspicrrislas
tes». La contención del movimiento popular en París y demás lugares se culminaron en la «Fiesta del Ser Supremo» (7 de mayo), en la que espera
consumó con la ejecución de los Cordeleros (Hébert, Ronsin, Vincent, ba poder reunificar a los patriotas en torno a una creencia común en un
Cloots, y sus aliados) en marzo y la clausura de treinta y nueve socieda­ í ser superior. Fue una espléndida escenografía a cargo de Jacques-Louis
des populares. Esto dejó manos libres a la Convención para favorecer las David, y con Robespierre, entonces presidente de la Convención, dírigíun
ventas en el mercado líbre aumentando el margen de beneficios. Junto do la procesión vestido con su chaqueta azul claro favorita y sosteniendo
con el establecimiento de los salarios máximos a los niveles de septiem­ un ramillete de flores azules. No obstante, la falta de espontaneidad de
bre de 1793, aquella iniciativa supuso un fuerte revés para los asalariados la fiesta confirmó los temores de Saint-Just de que «la revolución se ha
y los asignados volvieron a caer hasta el 36 por ciento en el mes de julio. congelado».
Los partidarios de Robespierre caminaban por un angosto sendero A sim ism o, las funciones policiales del Terror procuraban controlar
entre sus seguidores cada vez más desorientados dentro y fuera de la Con­ cada vez más el contenido de las representaciones teatrales. Desdo finales
vención, y decidieron tratar de moldear la opinión pública en nombre de de 1793, 150 obras fueron censuradas y reescritas o rotundamente prohi­
una voluntad y moralidad revolucionaria que aseguraban monopolizar. bidas; en el mes de marzo, Corneille y Racine habían desaparecido de la
En este contexto, Saint-Just se inspiró en la insistencia de Rousseau de escena y Guillermo Tell tuvo que ser reescrita antes de reaparecer en mayo
que la «voluntad general» no era una simple amalgama de opinión sino un de 1794 con el título de Les Sans-culottes suisses. Se inició un encarnizado
conocimiento no corrompido del interés público: en palabras de Robes­
pierre: «une volonté une» («una sola voluntad»). El 26 Germinal del año 11
(15 de abril de 1794), Saint-Just manifestó sus preferencias por una polí­ 16. John M. Burncy, «The Fcar of the Uxccutívc and the Thrcat o f Conspiracy:
tica de «conciencia pública ... compuesta de una inclinación del pueblo Billaud-Varenne’sTerrorístic Rhctoric in the French Revolution 1788-1794», French His­
por el bien común». Por desgracia, así lo creía, esta «inclinación» estaba tory, 5 {1991), p. 162.
debate sobre si las obras no revolucionarias eran necesariamente «no pa­ Este despreciable hombrecillo que disfruta de unos ingresos de cuarenta
trióticas». En su defensa de la producción de la pantomima Adéle de Sacy mil libras no tiene otro mérito que el de haber puesto cerco a Paris con
frente a la acusación de ser contrarrevolucionaria, el director del Lycce una muralla que cuesta treinta m illones a los pobres. ¡Ojalá lo hubieran
des Arts argumentaba: colgado de la farola más cercana!

El buen republicano no teme las denuncias, pues son la piedra angular de En noviembre de 1793 se presentaron cargos contra todos los antiguos
la ciudadanía, pero cada denuncia debe ser examinada a fondo y compro­ recaudadores de impuestos. Robespierre intervino para salvar la vida de
bada minuciosamente: éste es el deber de la vigilancia, porque sólo en­
uno de ellos. Sin embargo, David, que en septiembre se había incorpora­
tonces la estim a pública hace justicia al acusador.
do al Comité General de Seguridad, y que firmó más de 400 órdenes de
detención, no hizo al parecer ningún esfuerzo por salvar al hombre cuyo
En mayo, Robespierre tomó cartas en el asunto permitiendo que las obras
retrato había pintado él mismo. Lavoisier compareció ante el tribunal
del antiguo régimen se representasen intactas, en un intento por resolverla
revolucionario el 5 de mayo de 1794 y escribió una última carta a su
tensión y utilizar material prerrevolucionario con fines revolucionarios.
esposa antes de ser ejecutado el día 8:
Sin embargo, al mes siguiente el debate continuaba y ahora se discutía si
todas las representaciones habían de ser didácticas y «auténticas».17
He tenido una vida bastante larga, pero sobre todo una vida muy feliz,
La implicación directa de las artes creativas en la política del Terror
creo que seré recordado con cierto pesar y quizá deje también cierta repu­
iba a tener consecuencias trágicas. En 1788 David había pintado un lumi­
tación detrás de mí. ¿Qué más podría pedir? Los acontecim ientos en los
noso retrato de Antoine Lavoisier y de su esposa Marie-Anne. Lavoisier que m e veo envuelto m e ahorrarán probablemente los achaques de la
era hijo de un acaudalado burgués que había comprado un título nobilia­ vejez. Moriré en plena posesión de mis facultades.18
rio, y en 1768 se convirtió en auditor particular. Fue también el científico
más brillante de su tiempo, y su libro más importante fue su Tratado ele­
Por lo que parece, hubo también otras muchas muertes innecesarias du­
m ental de quím ica, publicado en 1789. Negándose a aceptar los antiguos
rante aquel año, aunque ninguna tan desdichada para la humanidad como
supuestos de que el aire, el agua, el fuego y la tierra eran elementos indi­
la de Antoine Lavoisier. Una revolución que había comenzado en 1789
visibles, Lavoisier elaboró métodos cuantitativos para definir los elemen­
con un entusiasmo humanitario y reformista parecía haber evolucionado
tos químicos e inventó un sistema para denominar los compuestos quí­
hacia una pesadilla de ultrajantes afrentas a las libertades individuales y
micos. Descubrió, por ejemplo, que el agua está compuesta de hidrógeno
ala seguridad de las personas. Esta ha sido siempre la principal incógnita
y oxígeno, y los procesos químicos de la combustión. Después de 1789
de la Revolución Francesa: ¿por qué existió el «Terror» en 1793-1794?
Lavoisier, íntimo amigo de Franklin, dedicó sus energías a la revolución,
¿Fue la contrarrevolución la que hizo violenta a la revolución, o fue la vio­
actuando de administrador superior durante la guerra y en la comisión que
lencia revolucionaria de 1793-1794 una reacción desmesurada a la ame­
estableció el sistema métrico, mientras proseguía con sus experimentos.
naza de una contrarrevolución?
A pesar de ello, tenía un poderoso enem igo en Jean-Paul Marat, cuyas
Las respuestas a estas cuestiones han dependido siempre tanto de la
teorías científicas había puesto en evidencia calificándolas de fraudulen­
perspectiva particular de los historiadores como del contexto en el que
tas cuando Marat intentó ingresar en la Real Academia de las Ciencias.
Marat le denunció:
18. Stephen Jay Gould, Bully Jór Brontosaurus (Nueva York, 1991), pp. 363-364,
(hay trad. cast.: Brontosaurus y la nalga de! ministro: Reflexiones sobre historia natural.
17. James H. Johnson, «Revolutionary Audícnces and the Impossiblc Imperativos of Critica, Barcelona, 1993); Arthur Donovan, Antoine Lavoisier: Science, Administration,
Fraternity», en Ragan and Williams (eds.), Re-creating Authoriy. and Revolution (Oxford, 1993).
escribían. El clásico de R. R. Palmer Twelve who ruled, escrito en 1941,
plot aristocrático», que supuestamente pretendía matar de hambre e inacti­
en los días más negros de la segunda guerra mundial, adopta un tono
vidad a los parisinos, había sustentado el asalto a la Bastilla y los Días de
indulgente. Palmer describe a Robespierre com o «uno de los seis princi­
Octubre, y se repetía cada vez que los revolucionarios necesitaban expli­
pales profetas de la democracia»:
car la oposición a sus políticas. William Reddy arguye que «la historia de
Desde 1940 ya no resulta tan cóm ico com o antes decir que la democracia la revolución no puede comprenderse sin una adecuada teoría de las em o­
está basada en la virtud. Cuando leem os en el catálogo de cambios que ciones», que este pueblo extremadamente «sentimental» en aquella época
Robespierre anunció que el gobierno deseaba ver en Francia, percibimos vívía sus sentimientos de dolor, de temor y de envidia en público. Aquel
una cierta sim ilitud con lo que podríamos haber leído en el periódico de «exagerado sentimentalismo» podría explicar, según él, la particular obse­
la mañana. sión que tenían los revolucionarios con conspiraciones casi siempre ima­
ginarias. De acuerdo con Lynn Hunt, la conspiración constituyó «el prin­
En cambio, para Pierre Chaunu, el Terror evocaba las imágenes de Cam-
cipio organizativo más importante de la retórica revolucionaria francesa.
boya y de las prisiones estalinistas características de la época en que
escribía, en 1983: La narrativa de la revolución estaba dominada por los complots».20
Para Simón Schama, la violencia fue «la fuente de la energía colecti
El período jacobino no puede aparecer hoy más que com o el primer acto, va de la revolución ... el Terror fue simplemente 1789 con un mayor ba
la primera piedra fundacional de una larga y sangrienta serie que se ex­ lance de víctimas».21 El acontecimiento fundamental en su narración tío
tiende desde 1792 hasta nuestros días, desde el genocidio franco-francés 1789— y en el que se detiene concienzudamente— fueron los homicidios
en el oeste católico hasta los gulags soviéticos, hasta la destrucción cau­ colectivos de Bertier de Sauvigny y su yerno Foulon el 22 de julio. I’or
sada por la revolución cultural china y hasta el genocidio IChincr Rojo de supuesto, hay una gran diferencia entre estos asesinatos y el Terror di'
Cam boya.19
1793-1794: este último era una represión estatal institucionalizada y no
una venganza popular. No obstante, la supuesta reacción de Antoine Bai
En 1804, Tom Paine, el veterano británico de la Revolución Americana
nave ante la muerte de Foulon — Qué, ¿acaso es tan pura la sangre que se
que en 1792-1794 estuvo en la Convención Nacional y en la cárcel, culpa­
acaba de derramar?— es utilizada por Schama para afirmar que los revo­
ba de aquella «locura» a «la influencia provocadora de las potencias ex­
lucionarios de cualquier formación tenían una insaciable sed de sangre.
tranjeras». Asimismo, la mayoría de historiadores, tanto marxistas como
Obviamente, centrarse com o hace Schama en un incidente horripilante
liberales, consideran que la revolución se basó en sinceras creencjas libe­
como éste no es más que minimizar la importancia y degradar los propó­
rales en la tolerancia y el proceso judicial hasta que se vio forzada por las
sitos de revolución de 1789: su esencia no eran los derechos del hombre
circunstancias de una violenta contrarrevolución a poner en peligro algu­
sino la matanza de inocentes.
nos de sus principios fundamentales. N o obstante, recientemente, histo­
Es cierto que hay indicios en la retórica revolucionaria — y contrarre­
riadores como Frangois Furet, Patrice Gueniffey y Simón Schama argu­
volucionaria— de imágenes verbales que definían a los adversarios como
mentan que la mentalidad del Terror estuvo presente desde el inicio de la
revolución en mayo de 1789 cuando, como asegura Gueniffey, los «patrio­
tas» comenzaron a estigmatizar a sus adversarios como enemigos del nue­
20. Estas distintas opiniones del Terror pertenecen a A. Y. Ayer, Thomas l'aine (I««li­
vo orden social en lugar de considerarlos simplemente como partidarios dies. 1988), p. 177; Patrice Gueniffey, La Politique de la Terrear: Fssai sur la viólem e
de puntos de vista opuestos. La extendida creencia en 1789 de un «com­ révolulionnaire (Paris, 2000); William M. Reddy, «Sentimentalism and ils lirasiuv: l'lie
Role ofEmotions in the Era of the French Révolulion». Journal o/ Modern llisloiy, /.’
(2000), pp. 109-152. Véase también Arno J. Maycr, The Furies: Violence and Terror in llie
19. Palmer, Twelve who Ruled, p. 279; Hugh Gough, «Genocidc and the Bicentc-
nary», Histórica! Journal, 30 (1987), p. 978. French and Russian Révolutions (Princeton, 2000).
21. Schama, Cilizens, p. 447.
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EL TERROR: ¿DEFENSA REVOLUCIONARIA O PARANOIA? 18 1

conspiradores, traidores y enemigos. No es de extrañar en una sociedad Eun héroe de 1789 y 1792, el cervecero Santerre, el marqués de Sade,
en la que hasta 1789 la política estaba dominada por las distintas faccio­ _ Rouget de l’lsle y el mayor poeta de Francia, André Chcnier. Para Jacques
nes de la corte y sus intrigas y en la que la Iglesia expulsaba por herejes a 1 Ménétra, miembro activo de una sección pro Robespierre, aquellos meses
los que causaban problemas. Cuando Jacques-Alexis Thuriot alegó su ; evocaban imágenes de canibalismo, asesinatos, barbarie y muertes inne-
historial revolucionario com o prueba de su inocencia, Hébert replicó: cesarías, por lo menos retrospectivamente.23 En particular, la Ley del 22
«¿Qué clase de prueba son los servicios prestados a la revolución? Los | Pradial del año II (10 de junio de 1794) difundió ampliamente las defini-
conspiradores siempre adoptan este método. Para engañar al pueblo, uno I
ciones de «contrarrevolucionario»:
tiene que haberlo servido: hay que ganarse su confianza para poder abu­ !
sar mejor de él».22 Sin embargo, asumir que la esencia de la revolución i 6. Las siguientes personas son consideradas enem igas del pueblo: aque­
era por consiguiente la violencia en sí misma es no comprender el len­ llos que ... intentan menoscabar o disolver la Convención N acion al... que
guaje mucho más poderoso del liberalismo y la regeneración: el intento intentan sembrar el desaliento ... que intentan confundir las opiniones ...
de escapar de la intolerancia y la violencia del antiguo régimen. Por otro para mermar la energía y la pureza de los principios revolucionarios y
lado, reducir el curso de la revolución a una corriente de intolerancia republicanos ...
emocional y obsesión paranoide con conspiraciones que culminaron en el 7. La pena impuesta para todos los delitos bajo la jurisdicción del Tri­
Terror de 1794 es no comprender las persistentes voces del liberalismo y bunal Revolucionario es la muerte.
la tolerancia y el modo en que el estallido de la guerra transformó las
divisiones políticas en cuestiones de vida o muerte. Como Timothy Tackett I La batalla de Floreal (26 de junio), que terminó por fin con la amenaza de
pone de manifiesto, hasta la huida del rey en junio de 1791, y las sonoras I
las tropas autríacas en suelo francés, puso de manifiesto las contradiccio-
(aunque huecas) advertencias de las demás cabezas coronadas tras su ¡
nes de la alianza popular del año II. La incidencia geográfica de las eje-
captura, en las asambleas se hablaba poco de conspiración. La contrarrevo­ |
cuciones durante el Terror se concentró en departamentos donde la ame-
lución y las emociones encontradas de pánico, agravio, orgullo y temor que s
naza militar había sido mayor (véase mapa 6); ahora, a medida que la
suscitaba propiciaron el surgimiento de una actitud dispuesta a creer í
amenaza retrocedía, el número de ejecuciones por oposición política dis-
que los enemigos eran omnipresentes. El Terror no puede comprenderse :
minuía. La desaparición de la inmediata amenaza militar desveló con
simplemente com o la expresión de una paranoia revolucionaria. f
toda su crudeza el nuevo propósito para el que se estaba utilizando el
Mientras la amenaza militar persistiera, la existencia del Terrpr estaba I
Terror: desde marzo de 1793 hasta junio de 1794, 1.251 personas fueron
justificada. En Pradial II (20 de mayo-18 de junio), 183 de los 608 de­ ; ejecutadas en París; de acuerdo con la ley del 22 Pradial (10 de junio),
cretos del Comité de Salud Pública eran relativos a cuestiones de sumi­ 1.376 fueron guillotinadas en sólo seis semanas. Dichas semanas no fue-
nistro y transporte firmados por Lindet; 114 hacían referencia a municio­ v. ron una época de constante represión, puesto que a mediados dé julio,
nes y fueron introducidos por Prieur de la Cóte-d’Or; y 130 eran decretos ■| 71 diputados girondinos, que podían haber seguido a sus correligionarios
de Carnot relativos al ejército y la marina. No obstante, es cierto que a en la guillotina, fueron rehabilitados en octubre de 1793 como miembros
finales de la primavera de 1794, la ejecución de revolucionarios popula­ de pleno derecho de la Convención gracias a la intervención de Robes­
res a la derecha y a la izquierda de los jacobinos, y la escalada del Terror pierre. No obstante, el talante de aquéllos no conocía el perdón.
en tiempos de triunfos militares, desconcertaba incluso a los más patrióti­
cos de los sans-culottes. Entre los encarcelados por sospechosos figuraba
23. Jacques-Louis Ménétra, Journal o f My Life, trad. A. Goldhammer (Nueva York,
1986), pp. 219-220. Véase también, Nicolás Ruault, Gazette d'un parisién sous la Révo­
22. Citado en un importante articulo de Colin Lucas, «The Theory aiul Practicc of lulion, 1783-1796 (París, 1976) (han surgido no obstante dudas acerca de la autenticidad
Denunciation in the French Revolution», Journal o f Modern History, 68 (1996), p. 784, de estas memorias).
El discurso de Robespierre ante la Convención el 26 de julio ( Termi-
8

dor), con su velada amenaza a ciertos diputados cuyo nombre no se men­


cionó, proporcionó el motivo para la reacción. Entre los que tramaron su
caída estaba Fouché, Collot d’Herbois, Fréron y Barras, temerosos de
VIII.
que Robespierre les llamase para dar cuenta de su sangrienta represión
del federalismo en Lyon, Tolón y Marsella. En su arresto al día siguiente,
no pudo buscar apoyo en el movimiento de los sans-culottes, abrumado
por las medidas impuestas por los propios jacobinos, la muerte de sus lí­
deres y el desconcierto de los asalariados. Tan sólo 17 de las 48 secciones E
respondieron a los llamamientos para salvarle, pero pronto se dispersa­ f Diez días después de la caída de Robespierre el 9 Termidor, Rose de
ron. Robespierre se disparó en la mandíbula, al parecer en un intentó de í Beauharnais fue liberada de la prisión de Les Carmes. Su marido Alexan-
suicidio. Subió a la guillotina agonizante el 28 de julio. Un agente de poli­ dre no tuvo tanta suerte: había dimitido del ejército en agosto de 1793,
cía informó que, mientras caía la cabeza de Robespierre, un grupo de It pero luego fue juzgado, acusado de conspiración con el enemigo, y ejecu
fabricantes de cepillos gritaba: «Allá va, el máximo en el cesto» y al día | lado el 5 Termidor. Rose era una mujer de 31 años, hija del propietario de
siguiente hicieron una huelga para conseguir un aumento salarial de un una plantación de azúcar en la isla caribeña de la Martinica; no obstante,
tercio.
¡ había sido prorrevolucionaria, y se sentía cómoda cuando se dirigían ii
Finalmente, más de ochenta «robespierristas» fueron guillotinados. P' ella tratándola de tú y de ciudadana. A pesar de ello, su nombre la habla
La caída de Robespierre y de sus partidarios en julio de 1794 significó | convertido en sospechosa en la fatídica primavera de 1794.
mucho más que la expulsión de una camarilla instalada en el gobierno Entre los otros «sospechosos» liberados después de Termidor se con
que había sobrevivido a sus objetivos. Representó también el fin de un taban numerosos sans-culottes, entre ellos Franpois-Nocl Babeuf (véase
régimen que había abanderado dos propósitos gem elos, el de salvar la re­ capítulo IV). Babeuf fue encarcelado a com ienzos de 1793 por falsificar
volución y el de crear una nueva sociedad. Había alcanzado el primero de registros de propiedad con el objetivo de repartir las tierras entre los po-
ellos, a muy alto precio, pero la visión del abnegado y virtuoso guerrero i bres. Durante su estancia en prisión cambió el nombre de Camille, que
cívico que sim bolizaba la nueva sociedad había dejado de existir. Los f había adoptado tiempo atrás, por el de Gracchus, un reformista agrario
hombres de la Convención que se alegraron de la caída de Robespierre romano del siglo n a.C. Gracchus Babeuf se movió con presteza y fundó
fueron sus viejos enem igos los girondinos, junto con sus antiguos par­ el Tribun du peuple en el que hacía públicas las demandas de los sans-
tidarios que consideraron conveniente absolver su aquiescencia en el culottes. Fue también uno de los muchos militantes que pensaban que el
Terror vaciando sus conciencias en la tumba de su líder. fin del Terror aportaría una nueva libertad a la iniciativa popular y la apli­
cación de la Constitución de 1793.
La caída de Robespierre fue umversalmente aplaudida, pues simboli­
zaba el final de las ejecuciones a gran escala. La expresión «el sistema
del Terror» fue utilizada por primera vez dos días después por Barére.
Las historias del Terror — es decir, de la propia Revolución— suelen ter­
minar, por lo tanto, con la caída de Robespierre. Para los más acomodados
de toda Francia, el nuevo régimen del Directorio representaba aquello
que todos anhelaban: la garantía de los logros revolucionarios y la con­
tención de la política popular. Así pues, en enero de 1795 el comité de
nal revolucionario, que finalmente quedó abolido en mayo de 1795, al
vigilancia de Lagrasse (departamento del Aude) celebró el fin del Terror
mismo tiempo que se llevaba a cabo la ejecución de Fouquier-Tinville,
en una alocución dirigida a la Convención:
fiscal en el año II, se dio rienda suelta a una violenta reacción social. Este
La Revolución del 9 Termidor ... ha sido testigo del renacimiento de la «Terror blanco» fue una respuesta punitiva de las élites políticas y socia­
calma y la serenidad en los corazones de los franceses, que, liberados dé­ les frente a los controles y miedos que habían padecido. En París, los ja­
los errores a los que el terrorismo les había conducido, y habiendo roto el cobinos activos y los sans-culottes fueron arrestados, en las ciudades de
cetro de hierro bajo el que el sinvergüenza de Robespierre los tenía some­ provincias los militantes fueron asesinados, y el club jacobino, que había
tidos, gozan ahora del fruto de vuestras sublim es obras, recorriendo con sido la espina dorsal de la vida política de la burguesía patriótica durante
alegría el sendero de la virtud ... Antes, hombres sanguinarios mataban a larevolución, fue clausurado en noviembre.
víctimas inocentes por envidia, y el destino envió al patíbulo a infinidad El talante vengativo de esta reacción social quedó reflejado en una
de sufridos y honrados ciudadanos confundidos entre los cupables ... ;
canción de Souriguiéres y Gaveaux «Le Réveil du peuple» («El despertar
Francia es libre, feliz y triunfante.1
del pueblo»), en enero de 1795:
Sin embargo, aquellos que trataban de culpar a Robespierre de los exee- Pueblo francés, pueblo fraternal,
sos del Terror, a menudo habían sido sus instrumentos o cómplices de ¿puedes contemplar sin estremecerte de horror
ellos. Otros que celebraron el levantamiento de las restricciones a la li­ cóm o sostiene el crimen sus banderas
bertad estaban tan amargados por sus experiencias que dieron rienda de carnicería y terror?
suelta a un período de crueles represalias. Obviamente, no resultaba sen­ Tú sufres mientras una espantosa horda
cillo volver a los principios y al optimismo de 1789: la Revolución había de asesinos y bandidos
perdido su inocencia, y los hombres que ahora gobernaban Francia eran ensucia con su feroz aliento
curtidos pragmatistas. Los regímenes postermidorianos tendrían todos la tierra de los vivos.

ellos dos objetivos fundamentales. En primer lugar, serían republicanos, ¿Qué es esta primitiva lentitud?
pero por encima de todo estaba la necesidad de terminar la revolución, ¡Apresúrate, pueblo soberano,
suprimiendo obviamente las fuentes de inestabilidad encarnadas por los a devolver a todos estos bebedores de sangre humana
jacobinos y los sans-culottes. Los termidorianos eran hombres duros, a los monstruos de Tcnarol
muchos de ellos antiguos girondinos que habían sobrevivido al Terror ejer­ ¡Guerra a todos los agentes del crimen!
ciendo una silenciosa oposición, y no estaban dispuestos a que la expe­ ¡Perseguidles hasta la muerte!
riencia se repitiese. En segundo lugar, la justificación de la guerra ex­ ¡Compartid el horror que me invade!
presada por los antiguos líderes Brissot y Vergniaud — de que se trataba ¡Que no escapen!
de una guerra defensiva contra la tiránica agresión que acabaría convir­
En Burdeos esta canción se hizo popular entre los monárquicos, que
tiéndose en una guerra de liberación a la que se unirían los europeos opri­
comenzaban a resurgir. A mediados de 1795, una multitud de jóvenes
midos— evolucionaría desembocando finalmente en una guerra de expan­
sión territorial en nombre de «la grande nation». invadió el Grand Théatre para abuchear y silbar la obra anticlerical Jean
Calas, exigiendo que los actores cantasen «Le Réveil du peuple La » . 2
Al cabo de un mes de la caída de Robespierre, unos doscientos clubes
jacobinos provinciales manifestaron ruidosamente sus quejas por las ines­
peradas repercusiones. Junto con la restricción de los objetivos del tribu­ 2. Alan Forrest, The Revolution in Provincial France: Aquitaine, 1789-1799 (Oxford,
1996), p. 334; Masón, Singing the French Revolution, cap. 5. La referencia a Ténaro alude a un
rabo en el Peloponcso, y es buena muestra de la educación clásica de la clase media parisina.
!
i
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canción fue prohibida un año más tarde, cuando el gobierno se percató de; blanca y golpeando a los sans-culottes con los que se tropezaba por la
que su sangriento llamamiento a la venganza servía de tapadera al resur-' [ calle. Los árboles de la libertad plantados durante el Terror no tuvieron

\\
gimiento monárquico. oportunidad de alcanzar la madurez. La liberación de las restricciones
La revolución cultural del año II había terminado. Los acomodadosj sociales y económicas en la exhibición de la riqueza permitieron el resur­
empezaron a utilizar tímidamente el tratamiento de «Monsieur» y «Ma- gimiento del consumo ostentoso, especialmente bailes en los que los más

n
dame» en vez de «Ciudadano». Aquellos años vieron también de facloA ¿adinerados mostraban su antipatía por el Terror y simbolizaban sus re-
fin de tuteo com o forma política de tratamiento, de los nombres revolu­ i' tientes temores presentándose con el cuello afeitado y con finas cintas

\
cionarios e incluso de las décadas en muchas zonas. Las viejas formas de rojas en torno a la garganta. Reaparecieron las prostitutas en el Palais-

1
comunicación volvieron a instalarse: en 1795 el número de nuevas no­ Royal solicitando a sus ricos clientes.
velas se duplicó — en gran parte relatos sentimentales y de misterio- El punto de vista social de los antiguos girondinos y hombres de la

1
mientras que la cantidad de nuevas canciones políticas descendió de 701 «Llanura» que ahora dominaban la Convención se hizo patente en su po

1
a 137. De forma similar a la historia de la prensa y de la pintura, la histo­ lítica educativa, que dio marcha atrás al compromiso jacobino de una oseo-
ria de la industria editorial lleva el sello de la economía política del pe­ larización universal y gratuita. La ley Daunou del 3 Brumario IV (25 de

í
ríodo. Originalmente «emancipados» de los controles del gremio privi­ octubre de 1795) preveía también que se pagase a los maestros con los

í
legiado de editores parisinos, los autores habían disfrutado de unos años i salarios de los alumnos, que se enseñase a las chicas «habilidades útiles»
de libertad de expresión sin precedentes desde 1789 hasta que la tenaz ' en escuelas separadas, y que solamente hubiese una escuela en cada can
política del Terror les puso freno. Con el derrocamiento del Terror en tónen vez de una en cada comuna. Los termidorianos estaban más inlnr

f i í
julio de 1794, los autores pudieron tratar otra vez con los editores como sados en la educación de élite. En septiembre de 1794, se creó la Escuela
agentes de libre contrato; no obstante, ahora el régimen ofrecía subsidios Central de Obras Públicas (que en septiembre de 1795 se convirtió en
a sus partidarios literarios. El informe de Grégoire del 17 Vendimiario III Escuela Politécnica) vinculada a ingenierías especializadas y a las escul­

!
(5 de octubre de 1794), que Carla Hesse describe como el «Termidor cultu­ las militares. En octubre de 1795, las academias del antiguo régimen,
ral», abogaba por una política deliberada de inculcación de los auténticos abolidas en agosto de 1793 por ser corporativas y elitistas, volvieron a

i
valores culturales y políticos . 3
funcionar como el Instituí de France.

í
Los hijos de los adinerados manifestaban un desprecio por la indu­ Bajo el Terror se conmemoraba el heroico sacrificio de niños como
mentaria «mediocre» de los jacobinos desfilando como muscadins y mer- Bara y Viala; ahora había que reconocer actos de virtud opuestos. En el

í
veilleuses, y aquella je u n e sse dorée (juventud dorada) patrullaba las Salón de París de 1796 se presentó una pintura de Pierre-Nicolas Legrand

f
calles buscando la ocasión de tomar venganza física de los sans-culottes titulada «Una acción piadosa nunca se olvida». Se trataba de la conme­
A pesar de la ley del 2 Pradial II (21 de mayo de 1795), según la cual tan moración de Joseph Cange, el mensajero de la prisión de La Forcé durante

r í
sólo se permitía la escarapela tricolor como signo de afiliación política, el Terror. Conmovido por la miseria de la familia de un prisionero a la que
en Burdeos la je u n esse dorée realista se deleitaba llevando la escarapela tuvo que llevar un mensaje, Cange les dio parte de su dinero fingiendo

í
que lo enviaba el prisionero, y luego hizo otro tanto con el preso. Sólo
después del Terror descubrió éste, reunido ya con su familia, la verdad

í
3. Carla Hessc, Publishing and Cultural Politics in Revolutionary Paris, I789-18Ü sobre lo sucedido; es más, se enteró de que Cange estaba criando a seis
(Bcrkeley y Los Angeles, 1991).
hijos. El de Legrand fue uno de los varios retratos hechos a Cange y, poco
4. Frangois Gendron, The Gilded Youth ofThermidor, trad. James Cookson (Montreal,

1 1 1 1 1 1 1
1993). La mejor visión de conjunto del periodo termidoriano sigue siendo la de Gcorga después de Termidor, com o mínimo ocho obras teatrales contaban esla
Lefebvre, The Thermidorians, trad. R. Baldick (Londres 1965). Vcase también Bronisla» conmovedora historia, una de ellas era de Marin Gamas, el autor de Em i­
Baczko, Ending the Terror: The French Revolution after Robespierre (Cambridge, 1994). grados en tierras australes (véase capítulo V).
Sin embargo, a pesar del vigor de la reacción política contra el Terrot, í Sección de la Cité, advirtió a la Convención: «Los ciudadanos en nombre
el régimen seguía siendo una república en guerra con la vieja Europa. ' de quienes hablo reclaman la Constitución de 1793, están hartos de pa­
Una de las grandes virtudes de Cange era que tres de los seis hijos que sarse las noches a las puertas de los panaderos ... Exigimos la libertad de
estaba criando eran de un cuñado muerto en el frente. Una mezcla similar varios miles de padres de familias patriotas, que están en prisión desde el
de conservadurismo social y republicanismo invadió las fiestas oficiales del 9 Termidor». Las mujeres desempeñaron un importante papel en estas
Directorio, a saber, las Fiestas de la Juventud, de la Ancianidad, de los insurrecciones. En el período inmediatamente posterior al levantamiento
Cónyuges, y de la Agricultura, que reemplazaron a las fiestas jacobinas | de Pradial, la Convención decretó de forma contradictoria que las muje-
de la Razón y la Naturaleza. Estas fiestas oficiales carecían del respaldo ; res habían abusado de la consideración que los hombres sentían «por la
popular, y el Directorio recurrió a la obligatoriedad para imponer su par­ | debilidad de su sexo» y que, a menos que respetasen al instante el toque de
ticular marca al republicanismo. En enero de 1796, un decreto guberna­ $ queda, serían reducidas por las fuerzas armadas . 6

mental exigía que se cantase la «Marsellesa» en todos los teatros antes de t El fracaso de la insurreción de mayo de 1795 dio rienda suelta a una
subir el telón. Esporádicamente, algunas fiestas más espontáneas dieron | reacción de gran alcance. Más de 4.000 jacobinos y sans-culottes fueron
la vuelta a la tortilla contra los jacobinos: en Bcaumont-de-Périgord el 26 arrestados, y 1.700 fueron despojados de todos los derechos civiles. Se
Termidor V (13 de agosto de 1797) unos jóvenes quemaron «un hombre establecieron campos de prisioneros en las Seychelles y en la Guayana.
de paja al que pusieron el nombre de Robespierre»; en Blois, en la con­ i A excepción del «Día de los collares negros» en julio de 1795, cuando
memoración del 10 de agosto de 1792 en el año VI se quemó también una los sans-culottes y algunos soldados aprovecharon el sexto aniversario de
efigie de Robespierre De este modo Robespierre sirvió para personificar
. 5 la toma de la Bastilla para vengarse de la ju ven tu d dorada, el movimiento
las sangrientas imágenes del Terror tanto para los republicanos modera­ í popular parisino quedó silenciado. En el sur del país, las «Compañías de
dos como para los realistas. | Jesús y el Sol» señalaban a los jacobinos.
Mientras que la eliminación de los controles económicos permitióla í' Semejante ambiente alentó las esperanzas de los realistas, si no de una
vengativa exhibición de riquezas, el fin de los precios fijos en diciembre restauración del antiguo régimen, por lo menos de una monarquía consti-
de 1794 desencadenó una desenfrenada inflación. En abril de 1795, el ; tucional. Tras la muerte en prisión del delfín, ahora llamado Luis XVII,
nivel general de precios estaba en torno a un 750 por ciento por encima f víctima de la escrófula en junio de 1795, su tío, el conde de Provenza,
de los niveles de 1790. Esto coincidió con un invierno muy riguroso: el asumió el título de Luis XVIII. El 25 de junio hizo pública desde Verona
Sena se congeló y el suelo se endureció hasta medio metro de profundidad i una declaración en la que aseguraba que no se volvería a la Constitución
En este contexto de reacción política y social, y de privación económica, de 1791, medida que garantizaba la estabilidad de la revolución. En efecto,
los sans-culottes llevaron a cabo un último y desesperado intento de recu­ | aludía a la restauración de los tres estados y a la posición de la Iglesia
perar la iniciativa. Los levantamientos de Germinal y Pradial del año III | católica, com o si la revolución de 1789 no se hubiese producido nunca.
(abril y mayo de 1795) buscaban el retorno efectivo a las promesas de ? Teniendo en cuenta el profundo odio que los republicanos y monárquicos
otoño de 1793, paradigma del movimiento de los sans-culottes. Con la I sentían los unos por los otros en 1795, es harto dudoso que se produjera
consigna de «Pan y Constitución de 1793» clavada en sus gorros, los : un retorno a una variante de la Constitución de 1791 sin una derrota mili­
insurgentes reclamaban la supresión de la ju v en tu d dorada y la liberación tar y otra guerra civil. En cualquier caso, la declaración de Luis ofreció
de los presos jacobinos y de los sans-culottes, exigiendo al mismo tiempo esperanzas solamente a los más intransigentes monárquicos que soñaban
la «abolición del gobierno revolucionario». Van llcck, comandante de la
6. Philip Dawson (ed.), The French Révolulion (Englcwood ClilTs, N.I, 1967),
pp. 152-153. Sobre estas journées, véase Rude, Crowd in the French Revolution, cap. 10;
Bcrtaud, Army o f the French Revolution, cap. 12.
con un retorno al antiguo régimen. El hermano pequeño del conde de bieron las peticiones, los clubes políticos e incluso las manifestaciones
Provenza, el conde d’Artois, todavía más recalcitrante, intentó a finales pacíficas. Los derechos sociales prometidos en la Constitución de 1793
de 1975 que fuerzas británicas penetrasen en Bretaña bajo su mando, fueron eliminados, y el significado del término igualdad quedaba ahora
pero no consiguió ponerse en contacto con Charette, líder de la Vendée, mermado en una sociedad en la que la propiedad era la base del orden
tal com o había planeado . 7 social:
La determinación con la que la Convención resolvió responder a los
desafíos tanto populares como realistas quedó claramente expresada en 4. La igualdad es una circunstancia en la que la ley es la misma para
sus acuerdos constitucionales, pues ahora no podía siquiera plantearse un todos ...
retomo a la democracia igualitaria de la Constitución de 1793. El presi­ . El cultivo de la tierra, la producción, todo tipo de trabajo, y el
8

dente de la Convención, Boissy d’Anglas, dejó muy clara la agenda polí­ orden social entero dependen del mantenimiento de la propiedad
tica de la Convención el 5 Messidor 111 (23 de junio 1795):
Para los termidorianos quedaba claro que sólo aquellos que tuvieran una
Deberíam os estar gobernados por los m ejores de entre nosotros; los participación adecuada en la sociedad podían acceder al gobierno, es
mejores son los que tienen mayor educación, y los que más interés tienen decir, los hombres adinerados, educados, de mediana edad y casados.
en defender las leyes; salvo raras excepciones, esta clase de hombres sólo Mientras que la Constitución de 1795 concedía el derecho de volo a todos
se encuentra entre aquellos que, siendo propietarios, son fieles a las los contribuyentes de sexo masculino, los colegios electorales estaban
tierras en las que está ubicada su propiedad ... Si se concediesen derechos limitados a los 30.000 más ricos de entre estos últimos, aproximadamen
políticos ilimitados a hombres sin hacienda, y si tuvieran que ocupar su
te la mitad de las cifras de 1791. El objetivo era evitar que se produjesen
puesto en la asamblea legislativa, provocarían disturbios, o contribuirían
cambios políticos abruptos: tan sólo un tercio del Consejo de los Qui
a su creación sin temor a las consecuencias; impondrían o permitirían que
nientos sería elegido cada vez, el Consejo de los Ancianos (hombres
se recaudasen impuestos fatales para el com ercio y la agricultura ...8
mayores de 40 años casados o viudos) aprobaría la legislación, y uno de
los miembros del ejecutivo de cinco Directores, electos por los Ancianos
Los diputados que ahora dominaban la Convención buscaban un acuer­ de una lista presentada por los Quinientos, sería sustituido anualmente.
do político que estabilizase la revolución y terminase con las revueltas Un posterior decreto exigía que dos tercios de la nueva legislatura fueran
populares. En palabras de Boissy d’Anglas: «Hemos vivido seis largos elegidos por hombres de la Convención.
siglos en sólo seis años». Fue un personaje decisivo en la elaboración de La Constitución se presentó al electorado: aproximadamente 1.300.000
la Constitución del año III (agosto de 1795), que restringía la participa­ hombres votaron a favor y 50.000 en contra, una cifra considerablemente
ción en las asambleas electorales por razones de riqueza, edad, educación inferior a la obtenida en 1793. Sólo 208.000 se molestaron en votar a favor
y sexo. La vida política quedaba limitada al mero acto de votar: se prohi­ del decreto de los Dos Tercios. Se manifestó enojo porque el precio del
orden social consistía en limitar la democracia. Una sección de votantes
7. Sobre las relaciones internas y externas de la contrarrevolución, véase Maurice de Limoges se quejó de que «Estamos profundamente consternados al
Hutt, Chouannerie and Counter-Revolulion: Puisaye, the Princes and the British Govern­ ver cómo los ricos suplantan todas las demás categorías de ciudadanos».
ment in the 1790s, 2 vols. (Cambridge, 1983); William Fryer, Republic or Restoration in Los votantes de Triel (Seine-et-Oise) insistían en que «Los diputados no
France? 1794-1797: The Politics o f French Royalism (Manchester, 1965); llarvey Mit-
chell, The Underground War against Revolutionary France: The Missions o f William Wic-
kharn, 1794-1S00 (Oxford, 1965).
8. Moniteur universel, n.° 281, p. 11 Messidor III [29 de junio de 1795], vol. 25, pp. 9. John Hall Stcwart (ed.), A Documeníary Survey o f the French Revolution (Nueva
81, 92; Soboul, French Revolution, pp. 453-455. York, 1951), pp. 572-612.
debían llamarse Representantes de la Nación ... no son más que mandata­ Directorio: en palabras de Fournier, refiriéndose al Languedoc, «notables
rios de la sección que los ha elegido y ésta puede destituirlos si lo consi­ de poca monta dominaban cantones desalmados». Este forzado abando­
dera necesario » . 10 no de la vida política formal por parte de campesinos y artesanos no re­
En lo fundamental, esta Constitución era un retorno a las disposicio­ presentó ninguna interrupción en la política popular. En el sur, la política
nes de la Constitución de 1791: Francia iba a ser regida nuevamente por del Directorio hizo que prendieran las ya ardientes animadversiones y de­
un gobierno parlamentario y representativo basado en requisitos de pro­ sembocaran en ataques directos a personas y propiedades de los jaco­
piedad y en la salvaguardia de las libertades civiles y económicas. Obvia­ binos o a agentes locales del nuevo régimen. Aquí y en el oeste, unos
mente, había diferencias entre la Constitución de 1791 y la de 1795. El 2.000 jacobinos fueron asesinados por bandas del «Terror blanco»: las
régimen del Directorio era republicano, no monárquico, y las divisiones víctimas solían ser acaudalados compradores de propiedades nacionali­
religiosas habían de resolverse separando a la Iglesia y al Estado: «No se zadas, y la mayoría de las veces protestantes . 1 1

puede obligar a nadie a contribuir a los gastos de una religión. La repúbli­ Al excluir del proceso político a los monárquicos y a los pobres, y al
ca no paga a ninguna». restringir dicho proceso a la participación electoral, el Directorio trataba
A estas alturas el optimismo de 1789-1791 se había esfumado, y tam­ de crear un régimen republicano basado en la «capacidad» y en la inter­
bién la creencia de que con la liberación de la creatividad humana todos vención en la sociedad. Para evitar un ejecutivo fuerte con tintes jacobi­
podían aspirar al ejercicio «activo» de sus capacidades. Los hombres de nos, se celebraban con frecuencia elecciones parciales al Consejo de los
1795 añadieron a su constitución una declaración de «deberes», exhor­ Quinientos y la autoridad ejecutiva era rotatoria. Esta combinación de
tando a respetar la ley, la familia y la propiedad. En este sentido, la Cons­ estrecha base social e inestabilidad interna hizo que el régimen oscilase
titución marca el fin de la revolución. Por otro lado, al hacer hincapié en formando alianzas políticas entre la derecha y la izquierda con el objetivo
los derechos y responsabilidades individuales, y en el liberalismo político de ampliar su aceptación y se vio obligado a recurrir a una represión dra­
y económico, puede decirse que esta constitución marcó el inicio del si­ coniana de la oposición y al uso de la fuerza militar. De ahí que el régi­
glo xix. No obstante, quedaba la incertidumbre de si después de seis años men declarase que la defensa de la Constitución de 1793 fuese considera­
de conflicto, de participación popular y de sacrificio, las exclusiones y da un delito y en marzo de 1796 coartó drásticamente la libertad de prensa
limitaciones impuestas por aquellos escarmentados republicanos prag­ y de asociación, tras acudir a Napoleón Bonaparte para que clausurase
máticos conseguirían alcanzar la estabilidad en contra del descontento de por la fuerza el Club del Panteón de París que había agrupado a 3.000 ja­
la clase trabajadora urbana y rural y de los realistas. cobinos.
La impopularidad del régimen y el cinismo con el que se hábía exclui­ La insurrección realista el 13 Vendimiario IV (5 de octubre de 1795)
do a la inmensa mayoría del pueblo quitándole voz política efectiva dio pretendía capitalizar la antipatía popular hacia la Ley de los Dos Tercios,
paso a una resistencia de distinta índole, la de negarse a participar: en las pero fue sofocada por el ejército, bajo Napoleón Bonaparte, después de
elecciones parciales de octubre de 1795, sólo el 15 por ciento de los i duros enfrentamientos que finalmente arrojaron un saldo de varios cente­
30.000 electores acudieron a las urnas (y eligieron casi exclusivamente a nares de muertos. El golpe fracasó también porque los parisinos de la cla­
monárquicos). El más amplio electorado para las elecciones locales a me­ se trabajadora, a pesar de su enorme resentimiento hacia la república bur-
nudo boicoteaba las votaciones com o signo de su oposición a la república
burguesa. La consolidación electoral de las comunas en municipalidades
a nivel cantonal todavía agrandó más la distancia entre el pueblo rural y el 11. McPhee, Révolulion and Environment, p. 136. Las políticas populares del campo
son analizadas por Lewis, Second Vendée, cap. 3; Colin Lucas, «Themcs in Southern Vio-
lence after 9 Thcrmidor», en Lewis y Lucas (eds.), Beyond the Terror, pp. 152-194;
Richard Cobb, Reactions lo the French Révolulion (Oxford, 1972), pp. 19-62; Jones, Pea­
santry, pp. 240-247.
194 LA R E V O L U C IÓ N F R A N C E S A , 1789-1799 C O N C L U Y E N D O L A R E V O L U C IÓ N , 1 7 9 5-1799 195

guesa, se negaron a colaborar con los realistas. Sin embargo, en otros . celamiento o ejecución de dichos sacerdotes había favorecido la creación
lugares muchos obreros llegaron a lamentar la desaparecida unión del- de un ejército clerical amargado y vengativo en las fronteras de Francia.
trono y el altar, o incluso la del mismísimo antiguo régimen. En 1795, La En muchas zonas el clero constitucional no fue capaz de vencer el resenti­
Rochela estaba tan empobrecida que el municipio tuvo que suspender el miento local ante la partida de los «buenos curas» y en cualquier caso eran
servicio de diligencia y correo por falta de dinero para comprar comida ¡ muy pocos para poder asistir a las necesidades espirituales: en 1796, había
para los caballos. El comercio comenzó a resurgir lentamente: en 1796 lle­ tan sólo unos 15.000 sacerdotes para las 40.000 parroquias de Francia.
gaban a puerto 99 barcos, comparados con los 25 que lo hacían en 1792,' ¡ | Para los hombres del Directorio, el problema religioso era ante todo un
entre los cuales había que contar el transporte de maíz, tabaco, algodón y problema de orden público: receloso del «fanatismo» pero consciente del
azúcar de los Estados Unidos. Sin embargo, no es de extrañar que, en un anhelo generalizado por la reconstitución de una comunidad espiritual,
contexto de ruina económica debida a las constantes guerras y a la aboli­ el 11 Pradial III (30 de mayo de 1795) el régimen permitió la reapertura de
ción de la esclavitud, haya muchos ejemplos en La Rochela de personas las iglesias cerradas durante el Terror y accedió a que los sacerdotes emi­
que defendían abiertamente en aquellos días el retorno de la monarquía. grados regresasen mediante el decreto del 7 Fructidor IV (24 de agosto
Otros lamentaban la desaparición de las costumbres de la vida prerrevo- de 1796), pero sólo a condición de que prestasen juramento civil. La ob­
lucionaria. El 7 BrumarioVIl (28 de octubre de 1798) veinticinco mucha­ servancia religiosa era una cuestión totalmente privada: se prohibieron
chas de edades comprendidas entre los 16 y los años, empleadas en
2 0 las campanas y los signos externos de religiosidad, y el régimen prosi
una hilandería en el hospicio de La Rochela, se negaron a trabajar porque guió con la separación de la Iglesia y el Estado prevista por la Conven
era domingo. Aquel mismo año, cuarenta y cuatro personas, la mayoría ción. La Iglesia se mantendría con los donativos de sus feligreses.
mujeres entre los 15 y los 75 años de edad, fueron arrestadas tras la cele­ No obstante, aquellos años fueron decisivos para la construcción desde
bración de una misa ilegal dicha por un vendedor de zuecos, Baptiste abajo de un nuevo catolicismo. Este renacimiento muestra la extendida
Chain, de 29 años. Otros protestaron eludiendo la m ovilización o ani­ resistencia de la fe religiosa, pero no es menos significativo por lo que
mando a los demás a hacer lo mismo. En 1798, un cartel en La Rochela reveló en cuanto a las diferencias regionales y de género. En 1796, el cuí n
advertía: de Menucourt, Thomas Duboscq (véase capítulo VI), que había renunciado
al sacerdocio en enero de 1794, se trasladó a la cercana localidad de Vaux
Reclutas, sois unos cobardes si os marcháis. ¿Podéis tolerar que se arre­ para reanudar sus funciones de sacerdote y permaneció allí hasta su
bate a vuestras madres y a vuestros padres los brazos con vuestra partida muerte en 1825, a los 75 años de edad. Sin embargo, el gran resurgimien­
al campo de la gloria, para luchar por quién? Por hombres sedientos de to de la religiosidad popular fue ante todo labor de las mujeres, y alcanzó
vuestra sangre y vuestros huesos. Éstos son los hombres por quienes vais su máximo exponente en ciertas áreas rurales (zonas del oeste, Norman-
a luchar. Sí, unios, pero que sea para exterminar a un gobierno que resul­
día y el suroeste) donde habían emigrado una proporción muy elevada de
ta odioso a todas las potencias europeas, incluso a las más bárbaras.12
sacerdotes, y en las ciudades provinciales (Bayeux, Arles, Mende, Ruán y
Toulouse) donde el colapso de las instituciones del antiguo régimen había
El Directorio había heredado un enorme problema religioso. La mayoría de dejado a las mujeres especialmente vulnerables al desempleo y a la desti­
clérigos no sólo se había negado o retractado de un juramento de lealtad a tución. Por ejemplo, en Bayeux en abril de 1796, una turba furiosa de
la Constitución Civil del Clero de 1791, sino que el posterior exilio, encar- mujeres invadió la catedral — convertida en un «templo de la razón»
durante el Terror— y arrojó un busto de Rousseau al suelo al grito de
«¡Cuando el Señor estaba aquí teníamos pan!». No había una correlación
12. Archives Départamentales de la Charente-Maritime; Jcan-Maric Augustin, Lo necesaria entre este anhelo de ritos religiosos familiares y la antipatía a la
Révolulion frangaise en Haut-Poitou et pays Charentais (Toulouse, 1989). república: en los departamentos de Yonne y del Nord, por ejemplo, los
devotos insistían en que eran republicanos que ejercían las garantía! ¡;; a Saint-Laurent en diciembre de 1800, Sicre bautizó a 331 laurentinos; a
constitucionales de libertad religiosa. Peticionarios de Chablis (Yonne) | fí muchos de ellos los traían sus padres el mismo día de su nacimiento,
reivindicaban que «deseamos ser católicos y republicanos, y podemos ser íI como era habitual antes de la revolución, y celebró 158 casamientos en
ambas cosas». Una petición de novecientos «católicos y republicanos» - ' los que por lo menos uno de los cónyuges era laurentino. Era harto cono-
procedente del distrito de Bousbecque en el departamento del Nord exi- ». cido en aquellas lindes: llevó a cabo 124 bodas y 281 bautizos de gente
gía la reapertura de su iglesia en marzo de 1795 e incluía una amenazado-- } ' de otros pueblos del Vallespir e incluso de las distantes tierras bajas de
ra referencia a la Constitución de 1793: los alrededores de Perpiñán, a 60 kilómetros hacia el noreste . 14

Sin embargo, hacia 1796, la Iglesia católica había sido irrevocable­


Declaramos que ... Celebraremos nuestros misterios divinos en nuestra mente expoliada de sus riquezas territoriales, de sus privilegios, de su
iglesia el 1 de germinal si nuestro sacerdote no huye, y si lo hace, encon­ monopolio y de gran parte de su autoridad social. Fueran cuales fueren
traremos otro. Recordad que la insurrección es un deber para el pueblo, las razones de la religiosidad femenina, los hombres en general no esta­
cuando sus derechos son violados.13 ban dispuestos con tanta vehemencia a volver a la Iglesia : los chicos na­
cidos después de 1785 no habían asistido a las escuelas parroquiales, cen­
En todas partes encontró el pueblo diferentes maneras de mantener las tenares de miles de jóvenes habían servido en unidades militares laicas, y
prácticas religiosas. Cuando los ejércitos jacobinos tomaron de nuevo el calendario republicano legitimaba por sí mismo una actitud hacia el
St.-Laurent-de-Cerdans (véase capítulo VI) de manos de los españoles en domingo com o la de un día cualquiera. De este modo se extendió una
mayo de 1794, se produjo una emigación masiva de laurentinos que ha- • religiosidad distinta según el sexo, que ya se vislumbraba antes de la re­
bían luchado contra la república, y la ciudad escapó por los pelos déla \ volución. Las mujeres, recelosas a menudo del clcro constitucional y har­
destrucción física. El cura Joseph Sicre ya había abandonado Saint-Lau- tas de esperar a que los sacerdotes emigrados venciesen sus escrúpulos,
rent el 24 de septiembre de 1792 en lo que él denominó «las circumstan- ^ : manifestaron una religiosidad populista, profunda y autosuficiente. Las
cias calamitosas de la Iglesia de la Franca»; aunque probablemente regre- í \ autoridades locales se vieron obligadas a reabrir las iglesias, lo mismo
só a su parroquia con el ejército invasor español en 1793-1794, a partir de que aquellos que las habían comprado como propiedad nacional; perso-
entonces y hasta 1796 sus movimientos se desconocen. No obstante, des-1 K ñas laicas venerables decían «misas blancas» mientras las comadronas
de el 11 de septiembre de 1796, fecha en que se celebró la bendición déla bautizaban a los recién nacidos, los domingos volvieron a ser el día de
pequeña capilla de Sant-Cornélis, volvió a desempeñar un papel funda­ descanso en lugar de las décadas, y las arcas vacías de la iglesia se llena-
mental en las vidas de sus feligreses. Construida en un campo que atrave- í- ron de reliquias rescatadas y de venerados objetos de devoción.
saba la frontera junto al río Muga, que en aquel lugar no es más que un \ ;; Conmocionado por la extendida y a menudo violenta reacción de las
arroyo, la capilla se convertiría en un lugar sagrado para cientos de lau- É devotas mujeres de la autoridad cívica de los representantes locales del
rentinos que caminaban durante hora y media por los abruptos senderos ; ? régimen, el Directorio intentó intimidar en 1798 a los sacerdotes «deslea-
de los Pirineos para casarse o para bautizar a un bebé. Hasta su regreso les» para que se pasasen a la clandestinidad, sin tener apenas impacto en
la religiosidad que era menos general pero más intensa que en la década
’ anterior. Junto a la inquietud por el resurgimiento del catolicismo, la preo­
13. Suzanne Desan, Reclaiming the Sacred: Lay Religión and Popular Patitiesa cupación fundamental del régimen era la constante presencia en suelo
Revolutionary France (Ithaca, NY, 1990), pp. 146, 162. Sobre la Iglesia bajo el Directorio
son útiles los estudios generales de McManners, French Revolution, caps. 13-14; Olwcn
Hufton, «The Reconstruction o f a Church 1796-1801», en Ixwis y Lucas (eds.), Ikyond 14. Estas cifras se han obtenido de un registro que Sicre trajo consigo a St.-Laurent y
the Terror, pp. 21-52, y Olwen Hufton, «Women in Revolution», l icnclt Politics and So■ que hoy en día se conserva en los archivos de la parroquia: Peter McPhee, «Counter-
ciety, 7 (1989), pp. 65-81. Revolution in the Pyrenees», French History, 1 (1993).
m
i
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extranjero de gran número de emigrados y los anuncios electorales des­ po de recolección para conseguir salarios más altos. En Attichy, en el este
concertantes que aseguraban que los hombres elegibles para luego votara .■» del departamento del Oise, las cosechas de agosto de 1795 se vieron inte­

i
los diputados estaban abiertos políticamente a un retorno de la monar- ja­ rrumpidas por huelgas provocadas por los recolectores itinerantes que

u
quía. Pues, a pesar de que los ejércitos jacobinos habían logrado expulsar reclamaban pagas mayores . Conocidas desde el siglo xv como «bacana­
a las tropas contrarrevolucionarias del suelo francés, la guerra — y con les» (de las «fiestas de Baco»), estas huelgas a menudo violentas de los

i
ella el problema de los emigrados— continuaba. recolectores muestran la importancia del cultivo comercial del trigo en la

i
Los años más duros del Directorio se caracterizaron por fuertes ten­ cuenca parisina Los campesinos que habían suscrito préstamos para
. 15

siones ocasionadas por el resurgimiento religioso y la desorganización adquirir otra parcela de terreno durante la venta de las tierras de los emi­

s
eclesiástica, por las deserciones del ejército y los intentos de eludir la grados en 1793-1794 se beneficiaron también de la inflación galopante
movilización, por la abstención política y la violenta venganza por la de­ para devolver el capital. Los grandes granjeros pudieron sacar provecho

j
vastadora política del año II. La econom ía política del Directorio, que de los precios que se pagaban por sus productos para comprar tierras,

r
unificaba y al mismo tiempo agravaba otras antipatías hacia la república liquidar impuestos y pagar arriendos.
burguesa, sustentaba dichas tensiones entrecruzadas, que tenían sus oríge­ En 1794-1795 se aprobaron cuarenta y cinco leyes y cincuenta decre­

v
nes en los conflictos religiosos y políticos desde 1790 y en las exigencias tos relativos a los bosques, aunque tuvieron muy poco impacto en la tala

i
de la guerra desde 1792. La economía política del régimen excluía a la gran ilegal de árboles. Hacia 1795 los desbrozos y las talas eran tan evidentes,
masa del pueblo. especialmente en el sur, que se convirtieron en cuestión de importancia

v
En una economía todavía en pie de guerra, el abandono del control de nacional. En una serie de informes, el agrónomo jacobino y antiguo cura
precios en diciembre de 1794 provocó una inflación masiva. En octubre Coupé de l’Oise argumentaba que el sur de Francia estaba ahora tan des­

i
de 1795, el poder adquisitivo de los asignados cayó hasta un 0,75 por nudo como otras zonas de la costa mediterránea, desde España hasta el

u
ciento de su valor nominal; en febrero siguiente, cuando se abandonó el' Cercano Oriente. Informó que el Narbonense, «al que los romanos de­
papel moneda, su valor había descendido al 0,25 por ciento. Las dificul­ nominaban su provincia y también Italia, ya no ofrece más que áridas

i
tades de los asalariados creadas por el desenfrenado aumento de precios montañas en su gran parte»:

i
se vieron agravadas por la mala cosecha de otoño de 1795. Fue aquella
En lo que abarca la memoria, la gente cree que el clima ha cambiado; los
la peor cosecha del siglo, que, seguida de un riguroso invierno, provocó la
viñedos y los olivos sufren heladas, mueren en lugares donde antes solían
gran crisis de subsistencia de 1795-1796 intensificando la inestabilidad
florecer, los lugareños explican la razón: antes las laderas de las colinas y

i
de las respuestas populares al Directorio. El régimen continuó aplicando
las cimas estaban cubiertas de bosques, matorrales y follaje ... llegó la codi­
las principales formas revolucionarias de impuestos — sobre las tierras

j
ciosa furia del desbrozo, todo se ha talado sin miramientos, la gente ha des­
y las riquezas personales— , pero les añadió un impuesto de actividades truido las condiciones físicas que mantenían la temperatura de la región.16

j
empresariales y otro sobre puertas y ventanas. Los efectos sociales de
estos nuevos tributos sobre la riqueza fueron más que una compensación El Directorio, sin embargo, no obtuvo mejores resultados que la repúbli­

J
por la reintroducción de impuestos indirectos sobre los productos de pri­ ca jacobina en la resolución del tema de las tierras comunitarias y de los
mera necesidad, recaudados a las puertas de las ciudades. desbrozos. Definitivamente comprometido con una economía de /inv.vr.

i
Aquellos fueron años muy duros para los asalariados urbanos, aunque

m
no necesariamente para sus hom ólogos rurales. La desaparición de los
15. Jacques Bcrnct, «Les Grcves de moissonneurs ou “bacchanals” dans les cíimpii]’,
controles sobre los precios y los salarios se hizo sentir de formas distintas
nes d’ile-de-Franee et de Pieardie au xvm' siecle», Histoire et sociétés rurales, 11 (1999),
en el campo. Con cientos de miles de hombres todavía en el frente, los
pp. 153-186.
jornaleros pudieron aprovecharse de la escasez de mano de obra en tiem­ 16. McPhee, Révolulion and Environment, p. 132.
fa ire, el régimen trataba de imponer el individualismo agrario y los dere­ entre éstos había 174 nuevas novelas, en comparación con las 99 de 1788
chos de propiedad privada. Desde 1789 ningún gobierno se había atrevi­ y las 16 de 1794. Eran en su mayoría historias de amor pastoril, intrigas
do a enfrentarse abiertamente a la antigua red de controles municipales sentimentales y de misterio, pero también había gran número de novelas
sobre los recursos forestales, la recolección del grano sobrante después de tono específicamente religioso, educativo o moralizante. A finales de
de la cosecha, los ejidos, el uso de tierras no cultivadas, y derechos de la década de 1790 había tres veces más editores e impresores que en la
acceso a través de tierras privadas. Ahora el Directorio se pronunciaba década anterior. Charles Panckoucke, editor del boletín oficial para anun­
legislando a favor de los derechos del propietario individual de la propie­ cios e informaciones parlamentarias, el M oniteur universel, tenía 800 em­
dad privada en bosques y en tierras recolectadas o no cultivadas, y favo­ pleados. No obstante, el número de nuevos periódicos disminuyó a 42
recía la venta de las tierras comunales en subasta. El 21 Pradial IV (9 de (de 226 en 1790 y 78 en 1793) y el de canciones políticas descendió a 90 en
junio 1796), se despachó a toda prisa en el Directorio una medida provi­ 1799 y a 25 en 1800 (de 701 en 1794).18
sional suspendiendo la ejecución del decreto del de junio de 1793 que
1 0 A causa de su política religiosa, militar, económica y social, el Direc­
dividía las tierras comunales entre los habitantes. torio había apartado a una gran cantidad de personas ya excluidas de las
El Directorio revocó también la política de la Convención de hospita­ formas legales de manifestar sus quejas. La respuesta popular frente a
les nacionalizados y la responsabilidad estatal del bienestar; en el año V esta «república burguesa» varió enormemente en forma y contenido polí­
se responsabilizó de la administarción a los consejos de los hospitales, y el tico, pero fue visceral en todas partes. Hacia 1799, las comunidades, los
bienestar volvió otra vez a estar en manos de la caridad privada, a pesar individuos y los movimientos clandestinos utilizaban un amplio abanico
de las súplicas de los hospitales de que necesitaban ayuda estatal porque de formas ilegales de protesta, desde la simple negativa a obedecer hasta
habían perdido el derecho prcrrevolucionario a recaudar tributos en las complicados programas de cambio radical. En la pequeña ciudad de Co-
comunidades locales. La filosofía del régimen de apelar a responsabi­ lliure, en la frontera mediterránea con España, el 13 Germinal del año V
lidad individual aumentó las antipatías de clase de manera mucho más (2 de abril de 1797), una gran multitud de mujeres que regresaba de misa
acuciante que en ningún otro período de la revolución. Sin embargo, en de un pueblecito vecino increpó al funcionario de un almacén de cereales
marcado contraste con esta actitud de laissez-faire, introdujo de nuevo ubicado en una antigua capilla dominica exigiendo a la vez pan y la rea­
los controles del antiguo régimen sobre la prostitución, último recurso, pertura de la capilla. Según Jaeques Xinxet, alcalde y notario local, había
como siempre, de las jóvenes emigrantes a París y a otras ciudades. Las que culpar al «fanatismo, origen de todos nuestros problemas»: «corte­
prostitutas fueron declaradas proscritas, pero se les exigía que dieran par­ mos el mal de raíz si queremos gozar de calma interior». La ciudad esta­
te a la policía y que trabajasen en burdeles cerrados y discretos para con­ ba profundamente dividida por el cisma religioso (los diez sacerdotes y
trolar la difusión de la sífilis y hacer más «respetables» las calles. En monjes de Colliure habían emigrado) y por la ocupación durante seis
cambio, no se impusieron controles a los clientes . 17 meses del ejército español en 1794.19
Los valores culturales dominantes en aquellos años, simbolizados por Durante el mismo mes en que las mujeres de Colliure exigían la reaper­
la construcción de una nueva Bolsa en la capital, se reflejaban en la pro­ tura de la capilla, cientos de kilómetros al norte, en Vendóme, se celebrá­
ducción literaria. Tras el intervalo del Terror, la publicación de nuevos
libros alcanzó los niveles prerrevolucionarios de 815 títulos en 1799;
is. La investigación sobre la «producción cultural» está convenientemente tabula-
da en Colin Jones, The Longman Companion to the French Revolution (Londres, 1989),
17. Richard Cobb, The Pólice and the People: French Popular ProlesI 17X9-1X20 pp. 260-262. Acerca de los cambios en las festividades, véase Ozouf, Festivals and the
(Oxford, 1970), pp. 234-239; Colin Jones, «Picking up the Pieccs: The Politics ¡md the French Revolution, cap. 5.
Personnel of Social Welfare from the Convention to the Consulate», cu Lewis y Lucas 19. Peter McPhee, Collioure 1780-1815: The French Revolution in a Mediterranean
(eds.), Beyond the Terror, pp. 53-91. Community (Melbourne, 1989), pp. 72-73.
mim
ba un juicio. Gracchus Babeuf junto con 48 partidarios suyos fueron acu­ ciones y violaciones de las víctimas perpetradas por la banda y sus consi­
sados de haber conspirado para derrocar mediante la violencia a un go­ guientes orgías horrorizaban a la buena sociedad (al igual que las de los
bierno legitimo El propio desarrollo intelectual de Babeuf desde 1794
.2 0 «chaujfeurs» [calentadores] del sur, llamados así porque asaban los pies
en el contexto parisino de miseria económ ica y represión política le ha­ de sus víctimas para obtener información). Cuando por fin fueron arresta­

uuuüüiiiiiuiJiniiiii
bía llevado a defender la toma del poder por la fuerza para imponer la dos en 1798, veintidós miembros de la banda fueron ejectuados.
democracia política de la Constitución de 1793 y la colectivización de los La arista más afilada de la privación económica se suavizó de alguna
medios de producción, y quizá también del trabajo. El programa se im­ manera gracias a varias cosechas abundantes y a un retorno a la moneda me­
pondría mediante un período supuestamente breve de dictadura a manos tálica en 1798, pero otras fuentes de antipatía hacia un régimen que movi­
de un pequeño grupo de revolucionarios. La ideología y las estrategias de lizaba para la guerra a los jóvenes de tierras distantes mientras negaba al
Babeuf son fundamentales en la historia del socialismo y del comunismo. pueblo los m edios para reconstruir la religión y la economía en líneas
Su «Conspiración de los Iguales» es extraordinaria por la atracción que populistas todavía perduraban. Los mismos hombres que en 1792 habían
su radicalismo político y social ejerció en los soldados, mujeres trabaja­ defendido la guerra de liberación revolucionaria como solución a la ani­
doras y jacobinos. N o obstante, sus seguidores estaban unidos más por su mosidad extranjera y a la división interna ahora dirigían los asuntos exte­
oposición al Directorio que por un comunismo revolucionario, programa riores de forma esencialmente pragmática y expansionista. Un ejército
que en cualquier caso no atraía demasiado a los sans-culottes, que esta­ más reducido (382.000 en 1797 comparado con los 732.000 en agosto de
ban empeñados en la redistribución pero no en la socialización de la pro­ 1794), formado básicamente por reclutas, estaba ahora dirigido por olí
piedad privada. ciales nombrados desde arriba para poder recompensar la pericia técnii;n
Donald Sutherland concluye que en aquellos años gran parte del pue­ y para purgar a los jacobinos y a los simpatizantes de los realistas."
blo francés estaba enfrascado en una forma u otra de rebelión contra la A pesar de la suerte cambiante de la guerra, ésta seguía cobrándose un
república. Sin embargo, no era la república como tal lo que rechazaban, desmesurado precio: 250.000 soldados murieron en 1794-1795, la mayo­
sino más bien la política de clases de su élite que se perpetuaba a sí mis­ ría de heridas y enfermedades en hospitales inmundos. La falta de los
ma. De cualquier forma, no había conexiones de organización ni ideológi­ suministros esenciales provocó motines en Bélgica, Holanda e Italia, y
cas — como no fuera el odio por el régimen y sus partidarios burgueses— llevó a los oficiales a hacer la vista gorda ante los robos de sus tropas.
entre la oposición en 1795-1799: conspiradores realistas y terroristas Mientras que los jacobinos de 1793-1794 habían insistido en la incompa­
«blancos», babuvistas y jacobinos, mujeres protestando por Cristo y re­ tibilidad de la nueva Francia con la vieja Europa, los tratados de paz del
clamando pan, y desertores del ejército. Algunos de los desafíos más Directorio con Prusia (abril de 1795) y España (julio de 1795), y el tratado
inquietantes para el régimen no tenían connotaciones políticas claras. Por comercial y naval firmado con ésta última en agosto de 1796, fueron
ejemplo, en Beauce, al sur de Paris, en 1796-1797 los viajeros estaban redactados en términos que asumían la coexistencia de Estados soberanos.
aterrorizados por la «bande d’Orgéres», una banda organizada y violenta Con la creación de repúblicas «hermanas» en los Países Bajos en 1795,
compuesta por unos 150 hombres y mujeres de todas las edades cuyas
95 incursiones acabaron en 75 asesinatos Historias sobre las humilla­
.2 1
the Beauce during the French Revolution», en Jeffry Kaplow (ed.), New Perspectives on
the French Revolution (Nueva York, 1965), pp. 287-304.
22. Sobre el ejército bajo el Directorio, véase Bertaud, Army o f the French Revolu­
20. R. B. Rose, Gracchus Babeuf i 760-1797 (Stanford, Calif., 1978); J. A. Scott (ed. tion, cap. 10-11. La cuestión de lo «liberadores» que fueron los ejércitos franceses divide
y trad.), The Defense o f Gracchus Babeuf before the High Court o f Vendóme (Amherst, a los historiadores: véanse Robert R. Palmer, The Age o f the Democratic Revolution:
Mass., 1967). A Political History o f Europe and America, 1760-1800, vol. 2 (Princeton, 1964); T. C. W.
21. La violencia ha sido estudiada por Sutherland en France 1789-1815, cap. 8; Blanning, French Revolution in Germany: Occupation and Resistance in the Rhineland,
Cobb, Reactions, cap. 5; Michcll Vovelle, «From Beggary to Brigandage: The Wanderers in 1792-1802 (Oxford, 1983).
estos tratados marcaron la transición de una guerra de supervivencia riviendo y trabajando com o antes y sólo desaparecían cuando se presen­
revolucionaria a otra de expansión y negociación. La aceptación general taba la policía. Los jóvenes trataban también de eludir la movilización
de los «ilustrados» extranjeros en 1792 dio paso bajo el Terror a la vigi­ aediante automutilaciones o matrimonios de conveniencia. En ocasiones
lancia y la sospecha: ahora una serie de leyes, como la de febrero de 1798 incluso hubo intentos de desbaratar la burocracia militar destruyendo los
que dotaba de poder a los oficiales para expulsar a los extranjeros de los registros de nacimiento, como sucedió la noche del 5 Nivoso VII (Navi­
puertos, priorizaba los derechos de estado por encima de los derechos de dades de 1799), cuando el ayuntamiento de St.-Girons (Ariége) fue des­
libre entrada y asilo .2 3 truido por el fuego y con él los registros civiles del distrito. La resistencia
Además, el conflicto con Gran Bretaña y Austria proseguía: mientras era más efectiva cuando gozaba del apoyo general de la comunidad. En
se firmaba una paz con este último país en Campo-Formio el 27 Vendi- las zonas rurales, donde los funcionarios y el menguante número de par­
miario VI (18 de octubre de 1797), las hostilidades se reanudaron en Ita­ tidarios del régimen se dedicaban a la agricultura, las amenazas, los in­
lia en 1798. Esto, junto con la extensión de la guerra con Gran Bretaña en cendios provocados y demás formas de destrucción de la propiedad se
Irlanda y Egipto, convenció al Directorio de que las levas irregulares utilizaban para intimidar a los funcionarios y obligarlos a intervenir.
tenían que ser reemplazadas por un reclutamiento anual de hombres sol­ Hacia 1798, muchas zonas del oeste, del Macizo Central y de los Pirineos
teros de edades comprendidas entre los 20 y los 25 años (la ley Jourdan, eran prácticamente ingobernables.
19 Fructidor VI / 5 de septiembre de 1798). Dicha ley intensificó sobre­ El Directorio se vio obligado dos veces a proteger el régimen contra
manera el resentimiento hacia el servicio militar que desde 1793 habia las resurgentes fuerzas políticas contrarias. Las elecciones de 1797 arro­
estado latente o manifiesto porque incrementaba el número de jóvenes jaron una mayoría de realistas de diferentes matices, resultante de la anu­
sanos sacados de la reserva y del trabajo en sus hogares para luchar en lación de las elecciones de 177 diputados por parte de los directores des­
suelo extranjero y a menudo lejano, y también porque introducía un sis­ pués del llamamiento a filas del 17-18 Fructidor V (3-4 de septiembre de
tema de «suplencias» mediante el cual los reclutas adinerados podían 1797). Se produjo una nueva oleada de represión contra el clero refrac­
comprar un sustituto entre los pobres que habían salido exentos en el sor­ tario, que tras las elecciones había regresado con esperanzas. La Paz de
teo. Aquellas regiones en las que el dominio del Estado monárquico antes Campo Formio condujo la guerra comenzada en 1792 a una paz tempo­
de 1789 había sido débil (como ciertas zonas del Macizo Central, Bretaña ral, excepto con Inglaterra, nación contra la que se envió a Napoleón a lu­
y el oeste) o que habían sido incorporadas al Estado más recientemente char en Egipto en mayo de 1798, con desastrosas consecuencias. A conti­
(los Pirineos y zonas del sureste), se sintieron particularmente ofendidas nuación, el 22 Floreal VI (11 de mayo de 1798) se organizó un golpe de
por la profunda intrusión de las exacciones del Estado. La resistencia al Estado para evitar el resurgimiento del jacobinismo: esta vez se impidió
reclutamiento a menudo se traducía en un conjunto de negativas que evi­ que 127 diputados ocupasen sus asientos.
denciaban antipatías religiosas y étnicas: en Bretaña y en el oeste la Varios años de política exterior plagada de triunfos condujeron al
chouannerie, una potente m ezcla de realismo y bandolerismo, resultó Directorio a desastrosas guerras de anexión territorial. El Directorio esta­
imposible de erradicar En las zonas alejadas de París, la insumisión (la
.2 4
bleció «repúblicas hermanas» en Suiza (enero de 1798) y en los Estados
negativa de los reclutas a servir en el ejército) se hizo endémica, frecuen­ Pontificios (febrero). En abril, la orilla izquierda del Rin fue incorporada
temente con la aprobación tácita de la comunidad: los insumisos seguían a las «fronteras naturales» de lo que a partir de entonces se denominaría
«la grande nation» (véase mapa 3). Las poblaciones locales no siempre
estaban convencidas de que el comportamiento de las tropas expresase
23. Michael Rapport, Nationality and Citizenship in Revolutionary France: The respetuo mutuo. Con la esperanza de desviar la atención de la marina bri­
Treatment o f Foreigners, 1789-1799 (Oxford, 2000).
tánica el Directorio se comprometió con los patriotas irlandeses. Desde la
24. Alan Forrest, «Conscription and Crime in Rural Franco during (lie Dircclory and
Consulatc», en Lewis y Lucas (cds.), Beyond the Terror, pp. 92-120. fundación de la organización no sectaria de los «Irlandeses Unidos» en
Belfast en 1791, las esperanzas de sus miembros se habían depositado en maba: «¡Marat y Robespierre! ¡Éstos son mis santos No obstante, en
! » . 2 5

la ayuda de los franceses para asegurar su independencia de Gran Bretaña. tiempos del Directorio ya se había deshecho de aquella retórica revolu­
Una primera invasión francesa en diciembre de 1796 se vio frustrada por cionaria, y se concentraba en el poder militar. Su posición se vio reforza­
una tormenta. En 1798 un segundo intento de respaldar una insurrección da cuando, a finales de 1796, recuperó Córcega para la república después de
irlandesa — y de incapacitar a los británicos— fracasó miserablemente veintiocho meses de ser el Reino Anglo-Corso.
tras algunos éxitos iniciales. En cuestión de semanas unos 30.000 irlan­ El ascenso de Napoleón en la reputación popular se pone de manifies­
deses murieron en matazas por represalias, la misma cifra que en el año del to en las canciones de la época. Le Caveau era una pequeña sociedad gas­
Terror en Francia, un país con una población seis veces mayor. tronómica fundada en París en 1726 cuyos miembros contribuían con la
En este ambiente de cinismo e inestabilidad política una extraordinaria creación de canciones de «vaudeville» ligeramente satíricas así como su­
pareja acaparaba incesantemente la atención. En 1795 la viuda Rose de fragando el coste de sus comidas. En 1796 Le Caveau resurgió con el nom­
Beauharnais conoció a un joven y brillante oficial del ejército, aunque bre de Díners du Vaudeville y adoptó una constitución que excluía la
de rudos modales. Ambos estaban al margen de las complicadas jerar­ política de las contribuciones de sus miembros. Sin embargo, muchas de
quías de la sociedad aristocrática de la Francia prerrevolucionaria: la hija las canciones se caracterizaban por sus temas nacionalistas y en 1797 una
de un noble sin rango y sin dinero que había llevado con torpeza la admi­ de ellas elogiaba al joven Napoleón:
nistración de sus esclavos en una plantación de azúcar en la Martinica; el
estudioso y ardiente corso Napoleone Buonaparte que se había sentido Salve al caudillo de nuestros soldados,
desesperadamente incómodo en su academia militar francesa. «Napo- que, valiente y sabio al mism o tiempo,
léon» (como él mismo afrancesó su nombre) nació en una familia de la conduce a los franceses al combate
o refrena su coraje.
pequeña nobleza corsa en 1769. Enviado a la escuela militar en Francia
De Europa, el vencedor,
cuando tenía 1 0años, el muchacho meditabundo, irascible y diminuto
y el pacificador.
reaccionaba con inflexible ambición y ocasionales arrebatos violentos a
Gloria al gran guerrero,
las mofas de sus iguales por su acento y nombre.
que sin haber cumplido los treinta,
Ninguno de los dos era físicamente atractivo: ambos eran bajitos conjuga el valor de Aquiles,
cuando la estatura suponía un signo de belleza, y la mala dentadura de y las virtudes de N éstor.26
Rose (un legado de su afición por la caña de azúcar en su infancia) era tan
notoria como la palidez enfermiza de Napoleón. Pero los dos podían ser A pesar de la buena cosecha de 1798, la economía francesa estaba por
encantadores, y estaban unidos por la pasión y un afecto genuino, así como los suelos: el Bas-Rhin tenía solamente 146 maestros tejedores en activo
por una desmesurada ambición. Josephine (como él empezó a llamarla) le en comparación con los 1.800 de 1790, los Basses-Pyrénées tenían sólo
proporcionó el encanto de la elegancia de la vieja nobleza a cambio él, personas empleadas en la industria de la lana en comparación con
1 . 2 0 0

le dio la emoción del poder. La Revolución Francesa y las guerras que


ésta desencadenó ofrecieron a Napoleón y a otros jóvenes soldados ambi­
ciosos la oportunidad de un rápido ascenso: en 1793, su aplaudida recon­ 25. Evangeline Bruce, Napoleon and Josephine: An Improbable Marriage (Londres,
quista del puerto de Tolón de manos de los británicos lo catapultó del ran­ 1995), p. 97. Dos relatos accesibles sobre el ascenso de Napoleón nos los brindan Mal-
go de capitán al de general de brigada. En aquella época Bonaparte, que colm Crook, Napoleon Comes to Power: Democracy and Dictatorship in Revolutionary
France, 1795-1804 (Cardiff, 1998); y Robert Asprey, The Rise o f Napoleon Bonaparte
había recibido de la Convención una generosa compensación com o «pa­
(Nueva York, 2000).
triota jacobino corso» tras la revuelta de la isla, era partidario de los jaco­ 26. De Masón, Singing the French Revolution, p. 199; Brigitte Level, A travers deux
binos. En julio de 1793 publicó el «Souper de Beaucaire» en el que excla­ siécles. Le Caveau: Société bachique et chantante 1726-1939 (París, 1996).
Sin embargo, al cabo de unos pocos años Napoleón había logrado
las 6.000 de com ienzos de la década. El resentimiento económico y el
reducir las principales causas de inestabilidad. Un decreto del 29 Vendi­
masivo incumplimiento por parte del pueblo de las exigencias del Estado
miado IX (20 de octubre de 1800) permitió el regreso de los emigrados
alcanzó su punto álgido en el verano de 1799, cuando se produjeron
que no se hubiesen alzado en armas; a continuación, el Floreal X (26 de
6
levantamientos realistas a gran escala pero sin coordinación alguna en el
abril de 1802) se abría el camino al retorno de todos los demás exiliados.
suroeste alrededor de Toulouse y un resurgimiento de la chouannerie
Ello posibilitó la vuelta del grueso del clero refractario, convencido de la
en el oeste en el mes de octubre. En aquel entonces, las requisiciones, el
locura del llamamiento a la reforma secular del primer estado en 1789 y
anticlericalismo y la represión de los supuestamente liberadores ejércitos
de la ardiente necesidad, tras diez años de merecido castigo divino, de que
franceses provocaba el descontento y la insurrección en todas las «repú­
un catolicismo purificado llevase a cabo la recristianización de Francia.
blicas hermanas». Esto y los éxitos iniciales de la segunda coalición for­
El 15 de julio de 1801 se firmó un concordato con el papado, celebrado
mada entre Rusia, Austria e Inglaterra proporcionaron el pretexto militar
formalmente en una misa de Pascua en Notre-Dame de Paris en 1802. El
para un cuarto desafio al Directorio, esta vez dirigido con éxito por
21 Pluvioso IX (9 de febrero de 1801) se firmó con Austria el Tratado de
Napoleón, el oficial del ejército que había dispersado a los realistas insur­
Lunéville y el 5 Germinal X (25 de marzo de 1802) se selló con Gran
gentes en 1795 y que ahora abandonaba a sus destrozadas tropas en Egipto.
Bretaña la Paz de Amiens. El fin (aunque temporal) de la guerra brindó a
En esta acción estuvo apoyado por su hermano, entonces presidente de
los desertores la oportunidad de ser amnistiados y los emigrados y sacer­
los Quinientos, Sieyés y Talleyrand, dos de los arquitectos del cambio
dotes que habían regresado fueron reincorporados a sus comunidades en
revolucionario en 1789-1791, y Fouché, un antiguo sacerdote de la Vendée
un clima de reconciliación. La soleada calma del verano de 1802 creó las
convertido en descristianizador en 1793. El 18-19 Brumario VIII (9-10 de
perfectas condiciones para el plebiscito sobre la nueva Constitución del
noviembre), los furiosos miembros de los Quinientos fueron expulsados
año X, por la que Napoleón se convirtió en Cónsul vitalicio. Efectiva­
por las tropas y una década de gobierno parlamentario llegó a su fin.
El 24 Frimario (15 de diciembre), los cónsules (Bonaparte, Sieyés y mente, la revolución había tocado a su fin.
Ducos, que se habían sentado en la «Llanura» durante el Terror) anuncia­
ron que una nueva constitución basada en «los sagrados derechos de la
propiedad, la igualdad y la libertad» terminaría con la incertidumbre:

Los poderes que ésta instituye serán fuertes y estables, tal com o debe ser
para garantizar los derechos de los ciudadanos y los intereses" del Estado.
Ciudadanos, la Revolución se ha establecido sobre los principios que
la iniciaron: ahora ha terminado.27

El pronunciamiento se llevó a cabo por esperanza más que por confianza:


muchos jacobinos de provincias compartían el agravio de los diputados de
que una legislatura republicana hubiese sido dispersada por el ejército. En
el plebiscito sobre la Constitución del año VII el hermano menor de Napo­
león, Lucien, casi dobló el número de «síes» desde un millón seiscientos
mil a más de tres millones, supuestamente tan sólo 1.562 votaron «no»,

27. Stewart (ed.), Documentary Survey, p. 780.

. JL
IX. LA TRASCENDENCIA
DE LA REVOLUCIÓN

Una revolución que había comenzado en 1789 con ilimitadas esperanzas


en una era dorada de libertad política y cambio social había terminado en
1799 con un golpe militar. No fue posible estabilizar la revolución des­
pués del derrocamiento inicial del antiguo régimen y de la proclamación de
la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano en agosto
de 1789. Por el contrario, el pueblo francés tuvo que soportar una década de
inestabilidad política, de guerra civil y de conflicto armado con el resto
de Europa.
En 1889, en el centenario de la Revolución Francesa, Samuel Langhornc
Clemens — el autor, bajo el pseudónimo de Mark Twain, de I luckleherry
Finrt y de Las aventuras de Tom Saw yer— publicó Un yanqui en la curte
del rey Arturo. La vigorosa novela imagina la visita de un americano del
siglo xix a la Gran Bretaña del siglo vi como pretexto para analizar el pro­
greso humano e incluye una llamativa justificación de la Revolución
Francesa y del Terror:

Había dos «Reinos del Terror», si queremos recordarlo y reflexionar sobre


ello; uno provocó crímenes con acalorada pasión, el otro con despiadada
sangre fría; uno duró unos cuantos m eses, el otro había durado mil años;
uno causó la muerte de diez mil personas, el otro de cien millones; pero nos
estrem ecem os por los horrores del menor de los Terrores.1

Por supuesto, cualquier juicio sobre si la Revolución Francesa fue, te­


niendo en cuenta todos los factores, beneficiosa para la humanidad ha de
ser más matizado que el de Twain. No cabe duda de que los 300.000 no-

1. Mark Twain, Un yanqui en la corte del rey Arturo (Alianza Editorial, Madrid
2000 ).
212 LA R E V O L U C IÓ N F R A N C E S A , 1789-1799 213
LA T R A S C E N D E N C IA D E LA R E V O L U C IÓ N

i
bles y clérigos considerarían aquellos días com o desastrosos en todos los suelta a una efusión sin precedentes de la palabra escrita: cientos de perió-
aspectos. También opinarían así quienes dependían de los privilegiados dicos, quizá un millar " r de obras de teatro, y miles de folletos y octavillas.
para obtener empleo o caridad, y las familias de decenas de miles de jó­ Pero esta revolución de de ideas fue m
ideas fue mucho
u c h o más_______ allá,, _ya que este material
• * « __ i__ ; _
venes que perdieron la vida prematuramente en el campo de batalla o en .impreso iba acompañado de un florecimiento del arte popular revolucio­
los hospitales. ¿Murieron en vano? Demasiadas veces las discusiones "¡ nario en forma de grabados en madera y pinturas. M illones de personas
sobre las consecuencias de la revolución hañ nñí.H!. ^ . T V “” r ‘‘,v'Ui’,uu” ® í,a n o e n io r n ia u c e ,“uauuow“ ‘'“----- ' K------------- * . 7
nerxnnales a m r * ___ ...i__ ,_____ --------------------
v, educidas — -J-.V.W
ajuicios J se acostumbraron a la idea de que una forma de gobierno sólo podía ser
personales acerca de si fue o no «algo bueno». No es lo mismo que eva­ J legítima si estaba basada eni algún tipo de soberanía
----------- ------ ,.popular.
, Malcolm
luar sus consecuencias para el mundo en el que vivían los franceses. ■ ••* ----- ----- - — 1 im/nlnrrciHnc
1 1
Crook calcula que unos tres m illones de hombres se vieron involucrados
¿Hasta qué punto fue «revolucionaria» la experiencia de veinticinco años í en votaciones a lo largo de la década de la revolución; efectivamente,
de Revolución e Imperio? hubo tantas elecciones (varias por año) e interminables procedimientos
Las respuestas a estas cuestiones van al corazón mismo de las insalva-1 de votación que provocaron un cierto hartazgo. La Constitución de 1793
bles y a menudo mordaces divisiones entre los historiadores. Desde la re- ; estableció disposiciones para realizar elecciones directas, pero nunca se
volución, muchos historiadores han argumentado que, para bien o para |
llevaron a cabo.
mal, aquélla alteró profundamente la mayoría de los aspectos de la vida en Los historiadores también coinciden acerca de la importancia ideoló­
Francia. Sin embargo, en las últimas décadas, algunos estudiosos insisten
que las consecuencias He i» ■ ~7 “T ‘ “ M gica de
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W 8 W 0 de la
la revolución.
revoiucion. Veinticinco
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refiere a un verdadero cambio sochl F ^ 7 mmimas en lo clue se I dejaron un legado de recuerdos, buenos y malos, y de ideologías en
.................J u a , * C,al- Fran«OIS Furct>Por ejemplo, argu- * | ~flicto que han ■ perdurado hasta u— nuestros tiempos. iLa ,, revolución fue fi un
menta que hasta bien entrado el siglo x ix la sociedad fr~a “‘6“' J l quc ,la“ pciuuiam,- — .. ................... ____ «Amiinicmn Cíl TPÍllismO
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r¡co semillero de ideologías que abarcan desde el comunismo al realismo


ció prácticamente igual que bajo el antiguo régimen Según su razona­ ¿ autoritario pasando por ei
.2
el uuiuiuuuiuuaiumu
constitucionalismo liberal jy ------------- la democracia
...
miento, hasta que Francia no pasó por su propia revolución industrial en B social. El pueblo francés permanecería dividido acerca de qué sistema
-- - - - - - - - - - - - - - - - - - I - » n / 'o r f '

la década de 1830, las pautas de trabajo y de vida cotidiana eran muy | | í político podía reconciliar mejor la autoridad, la libertad y la igualdad. ¿El
similares a las de antes de la revolución.
® : jefe del gobierno había de ser un rey, un emperador o un ejecutivo electo?
Evidentemente, estos historiadores «minimalistas» coinciden con sus ¿«Libertad» se refería a las libertades cívicas y políticas o también a la
adversarios en que la vida política francesa sufrió una profunda transfor- • libertad económica (una economía de libre empresa)? ¿Y cómo había que
mación. Por primera vez, un enorme y laborioso país se transformaba entender la «igualdad»: como igualdad ante la ley, de derechos políticos,
siguiendo pautas republicanas y democráticas. Ni siquiera la restauración de estatus social, de bienestar económ ico, de razas, de sexos? Estas cues­
ile la monarquía en 1814 fue capaz de invertir el cambio revolucionario de tiones estaban en el meollo de las divisiones sociales y políticas durante
un absolutismo monárquico a un gobierno constitucional y representati­ la revolución: hoy en día siguen sin resolver. t
vo. Por otra parte, la experiencia de años de debate político, de campañas Ninguna de las ideologías que se desarrollaron durante la revolución
electorales y nuevos derechos políticos significaba que la idea de ciuda­ podía pretender representar las opiniones de la mayoría del pueblo francés.
danía estaba ahora profundamente arraigada. Aquellas nuevas ideas se A pesar de que el bonapartismo y el jacobinismo presumían de estar fun­
habían ido extendiendo de boca en boca, a través de la palabra impresa damentados en la soberanía popular, ambos eran ambiguos acerca de la
y de la imaginería, en lo que podría describirse com o una revolución en forma que había de adoptar el gobierno democrático. La memoria de
«la cultura política». Los años de libertad después de 1788 dieron rienda Napoleón proyectaría una larga sombra del hombre fuerte que restauró el
orden y la estabilidad pero a costa de un gobierno militar y una guerra
casi continua. Retrospectivamente el período de mandato jacobino resul­
2. Fran^ois Furct, The French Revolution 1774-1884 (Oxford, 1992). ta atractivo por su énfasis en la democracia y la igualdad social y por su
mmui un i nui ui i n ni i mi i
defensa heroica de la revolución en 1793-1794, pero al mismo tiempo j una lista de nombres de los muertos en 1793 y ofrece imágenes visuales
evoca imágenes negativas del Terror y los controles sobre las libertades que hasta hoy en día han enseñado a generaciones de lugareños que el
civiles. En zonas del sur con una significativa población protestante las levantamiento por parte de los devotos campesinos fue en defensa de sus
'

terribles divisiones políticas de 1793-1795 siguieron a menudo una línea ' queridos OS sacerdotes.
Süccruuica. rvoiiiíiomw,
Asimismo, > ✓ » vivuvw......--------
el descubrimiento de __ montones de hue-
confesional, dejando un legado de odio que en lo sucesivo garantizó el r — ir— j í„ a] n írm m Hp la iale.sia en 1860 acabó convirtién
apoyo de los protestantes a partidos d o I Y ' 1 ““"“ ™ w * sos en Lucs-Vendée por el párroco de la iglesia en 1860 acabó l
6

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j de
uv izquierdas.
ií,v|Uivi uao. Un
VJU J fose en otro mito, que todavía hoy sigue vigente, el del «Belén de la Ven-
siglo después, un jornalero del campo protestante, Jean Fontane de Anduze ;_ I dée», según el cual 564 mujeres, 107 niños y muchos hombres fueron
(departamento del Gard), recordaba que, «si la mayoría de nosotros fui­ ! ÍBMiiiauuo asesinados en vu un solo día, el
un uv*v 28—de febrero de 1794. En 1804, La Roche-
------
m os republicanos, fue en memoria de nuestra hermosa revolución de sur-Yon, destruida por los ejércitos jacobinos ' en 1794
1794 fue
fue reconstruida
reconstruida
1793, cuyos principios que aún sobreviven en nuestros corazones nos í con el nombre de Napoléonville. La ciudad estaba organizada en torno a
inculcaron nuestros padres. Ante todo, fuimos hijos de la revolución » .3 spacios abiertos: para el mercado, frente a la Prefectura, y
Por otro lado, en cambio, habría cantidad de personas para las que el de las tropas N o hay quizá mejor exhibición de los valores
.4

recuerdo de la revolución evocaba imágenes negativas de sufrimiento y que sustentaban la visión napoleónica del orden social en la Francia pos-
horror. Los numerosos nobles y la gran masa de sacerdotes de parroquia revolucionaria: no obstante, su conquista del espacio no podía borrar los
que se unieron al tercer estado en 1789 experimentaron una interminable ¡ recuerdos de su anterior papel en el corazón de la rebelión de la Vendée.
pesadilla cuando la revolución abolió los privilegios y títulos de los no- j Doscientos años después, la insurrección sigue siendo el elemento cen
bles y llevó a cabo cambios devastadores en la Iglesia. La mayoría de los tral de la identidad colectiva de los habitantes del oeste de Francia.
diputados clericales llegaron a los Estados Generales de 1789 siendo muy Sin embrago, fuera cual fuese la importancia de estos cambios para el
críticos con la monarquía y con sus propios obispos, y estaban ansiosos o, 'Ibs !ideas
J--------1!*:—
p o lítica s ”y *iub
'>■’ ic t u u u u o , los «minimalistas» armu
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por participar en un proyecto de regeneración del país. Sus esperanzas tan que los elementos básicos de la vida cotidiana permanecieron prácti­
fueron barridas por programas de reforma mucho más radicales para la camente invariables: especialmente las pautas de trabajo, la posición de los
Iglesia, que culminaron en la Constitución Civil del Clero. La implicación pobres, las desigualdades sociales y el estatus inferior de las mujeres.
— tanto activa como de complicidad— del clero refractario en la contrarre­ En primer lugar, la gran masa de gente trabajadora en las ciudades y
volución y la consiguiente proscripción y descristianización durante el en el campo continuó trabajando y subsistiendo del mismo modo que lo
Terror acabaría uniendo a Iglesia y monarquía en una ideología realista había hecho antes de 1789. Muchos franceses siguieron siendo, como sus
de derechas, uno de los principales movimientos políticos de Francia de padres, propietarios o arrendatarios de pequeñas parcelas de tierra. La
los 150 años siguientes. abolición de los tributos de señorío, finalmente alcanzada con las refor­
Los recuerdos del Terror, de las levas masivas y de la guerra estaban mas de 1792-1793, y la compra de pequeñas porciones de propiedades de
grabados en los más hondo de la memoria de cada individuo y de cada la Iglesia y de los emigrados hizo posible que m illones de campesinos
comunidad. En el oeste, donde la guerra civil de la Vendée había costado terratenientes permaneciesen en sus tierras. Francia siguió siendo una
unas 400.000 vidas, hubo un rechazo general del republicanismo durante
un siglo o más. En el pueblo de Chanzeaux, por ejemplo, la iglesia cons­
truida en el siglo x ix sobre las ruinas de la vieja destaca en sus vitrales 4. Entre 300 y 500 de los 2.320 habitantes de Luc murieron en las luchas de la insurrec­
ción de la Vendée: Jean-Clémcnt Martin y Xavier Lardiére, Le Massacre des Lucs-Vendée
1794 (Vouillé, 1992). Sobre Chanzeaux, véase Lawrence Wylic, Chanzeaux: A Village in
Anjou (Cambridge, Mass., 1966). Sobre La Roche-sur-Yon, véase John M. Merriman, The
3. Peter McPhee, The Politics o f Rural Life: Political Mobilizalion in the French Margins o f City Life: Explorations on the French Urban Frontier, 1815-1851 (Oxford,
Countryside 1846-1852 (Oxford, 1992), p. 161.
1991), pp. 101-112.
sociedad eminentemente rural dominada por pequeñas granjas en cuyos un importante gravamen, un impuesto indirecto, y se volvieron a erigir
hogares se utilizaban antiguos métodos y técnicas para la propia subsis-'*• las casas de aduanas en torno a las ciudades y pueblos. N o hay duda algu-
tcncia. En las áreas urbanas gran parte del trabajo continuó llevándose a f [ na de que los momentos de poder popular y de esperanza dejaron huellas
cabo en pequeños talleres, donde los maestros artesanos trabajaban junto indelebles en la memoria colectiva de los descendientes de los sans-
1

a tres o cuatro obreros cualificados y aprendices. Tendrían que pasar va- % culottes y en parte del campesinado. A pesar de ello, podríamos discutir
rias décadas antes de que una minoría sustancial de asalariados encontra - que, para los obreros, los recuerdos agradables de 1792-1794 de poco
1

sen empleo en grandes talleres mecanizados como los que A-- empezaban
----1---- a ¡ consuelo iban a servir ante las frustradas expectativas de un verdadero
florecer en las nuevas ciudades industriales del norte de Inglaterra. |f cambio social. Los descendientes de los radicales de la década de 1790
En segundo lugar, fueran cuales fueren los grandes proyectos de los | tuvieron que esperar varias décadas antes de ver realizadas sus esperan­
jacobinos en 1793-1794, los desposeídos continuaron siendo una nutrida s zas: hasta 1848 para la aplicación definitiva del sufragio masculino (para
clase urbana y rural a la que en tiempos de crisis se unían los jornaleros | ¡ las mujeres habría que aguardar hasta 1944), hasta 1864 para el derecho
del campo y obreros urbanos en paro. La posición de los pobres había | , de huelga y veinte años más para el derecho a formar sindicatos hasta
sido siempre espantosa, pues dependían de la asistencia azarosa y a me- j [ la década de 1880 para una educación laica, obligatoria y gratuita, y has­
nudo poco adecuada de la Iglesia. Pero lo peor aún tenía que llegar. En ta bien entrado el siglo XX para la implantación de un impuesto sobre la
1791, la Asamblea Nacional privó a la Iglesia de la capacidad de dispen­ renta y disposiciones de bienestar social para los enfermos, los ancianos
sar caridad al abolir el diezmo y vedar las propiedades eclasiásticas. Al y los desempleados.
darse cuenta de que el gobierno local no podía ofrecer alivio a los pobres, ’ En tercer lugar, Francia siguió siendo una sociedad jerárquica y pro­
el gobierno estableció una serie de programas de trabajo y medidas provi - 1
fundamente desigual, aunque en la nueva jerarquía el mejor indicador de
sionales poco sistemáticas y nunca adecuadamente financiadas por los : mérito personal fuese la riqueza más que el apellido familiar. En el perío­
gobiernos siempre preocupados por la guerra. Después de 1794 la sitúa- í do revolucionario se libraron muchas batallas por la cuestión de qué sig­
ción de los pobres se hizo verdaderamente desesperada cuando los go­ nificaba en la práctica la palabra «igualdad», pero las campañas de los
biernos conservadores eliminaron los controles de los precios y las medi­ sans-culottes y de los campesinos más pobres por conseguir medidas
das de bienestar social de los jacobinos. A ello hay que añadir varias concretas para reducir las desigualdades económ icas fracasaron. La
malas cosechas y rigurosos inviernos. En el invierno de 1795-1796 el río , Constitución de 1793 fue la primera en asumir la responsabilidad pública
Sena se heló hasta solidificarse y, según informes, lobos hambrientps del bienestar social y de la educación, pero nunca se llevó a la práctica.
1

merodeaban por las calles de París entre los cuerpos de los indigentes que i e También en las colonias las jerarquías prerrevolucionarias de raza se
habían muerto de inanición. Incluso después de ser restaurada en su impusieron nuevamente, con una sola excepción. En enero de 1802,
puesto com o religión estatal por parte de Napoleón, la Iglesia católica ■ 12.000 soldados franceses desembarcaron en Santo Domingo para reins-
nunca pudo recuperar sus recursos materiales para administrar consuelo a ;■ taurar el control colonial; tras dos años de sangrientas luchas nacía la pri­
las necesidades de los pobres ni siquiera de la forma limitada en que lo mera nación negra poscolonial, Haití. Sin embargo, Napoleón canceló en
había hecho antes de 1789. todas partes la abolición jacobina de la esclavitud de 1794 y en 1802 vol­
Entre los primeros partidarios de la revolución, quizá la población vió a introducir el «Código Negro» de 1685, que despojaba a los esclavos
obrera urbana fue la que más sacrificó y la que menos ganó. Los sans- de recurso legal y concedía la propiedad de sus hijos al dueño. El comer­
culottes de París, Marsella y otras ciudades constituyeron la espina dorsal cio de esclavos no quedaría definitivamente abolido hasta 1815-1818,
de la revolución pero obtuvieron muy pocos beneficios tangibles. Sus pero la esclavitud persistiría hasta 1848.
exigencias en 1793 por una redistribución de la propiedad no consiguie­ Además, en la nueva jerarquía basada en la riqueza que dominaría el
ron alcanzar resultado alguno, al contrario, en 1789 se introdujo de nuevo , país a partir de 1799, la mayoría de nobles del antiguo régimen siguió
mmnuinuümumuimwi
ocupando puestos preeminentes. Según Donald Greer, 13.925 hombi das por unas treinta mil mujeres, fueron drásticamente recortadas y
pertenecientes a la nobleza mayores de 1 2años habían emigrado; en ' edificadas en 1804 por Napoleón y finalmente abolidas por completo
tal, 1.158 nobles, hombres y mujeres, fueron ejecutados durante el Tei 1816. A pesar de las enérgicas campañas de feministas individuales en
Ahora los historiadores piensan que quizá no había más de 125.000 ng< 1 primeros años de la revolución, de la repetida intervención de las mu-
bles en la década de 1780, muchos menos de lo que antes se pensó. Fui fcres trabajadoras en las acciones colectivas en París y su presencia en
consiguiente, prácticamente todas las familias nobles se vieron direc­ ¿ibes y sociedades, la inmensa mayoría de políticos de cualquier signo
tamente afectadas por la emigración, el encarcelamiento o la ejecuci «oponía firmemente a conceder derechos políticos a las mujeres. Durante
A pesar de todo, queda claro que la revolución no fue un holocausto de dTerror, el periódico del gobierno, La Feuille du salut public, preguntaba:
la nobleza. A quellos nobles que esquivaron los problemas políticos y
conservaron intactas sus tierras durante la revolución pudieron continuar Mujeres, ¿queréis ser republicanas? Amad, respetad y enseñad las leyes
desempeñando un papel económico y político preponderante en el siglo xa.' que conminan a vuestros maridos y a vuestros hijos a ejercer sus derechos
De los 281 hombres que Napoleón nombró como «prefectos» para admi­ ... nunca asistáis a las asambleas populares con el deseo de hablar allí.
nistrar sus provincias, el 41 por ciento procedían de antiguas familias
nobles. En 1830, dos terceras partes de los 387 hombres más ricos de tivamente, la fuerza que representaba el desafío político de las mtije-
Francia eran nobles, y en 1846, el 25 por ciento de los diputados del Par­ Ks puede calcularse por los frecuentes y violentos ataques que sobre
lamento eran nobles de familias del antiguo régimen. se desencadenaban. Todos los políticos desde los monárquicos hasta
El 28 Pluvioso del año VIII (16 de febrero de 1800), sólo tres meses león habrían estado de acuerdo con el jacobino Amar, del Comité de
después de su subida al poder, Napoleón hizo público un nuevo decreto ¡uridad General, que justificaba la prohibición y disolución de la orna
administrativo que reducía drásticamente el gobierno local a un sello de ación de mujeres militantes, Ciudadanas Republicanas Revoluciona
goma. A partir de aquel momento, los consejos tuvieron que limitarse al ante la Convención el 30 de octubre de 1793 describiendo asi a los
manejo de las finanzas comunales y de los recursos en el marco de una hombres
rígida fórmula de administración. Los alcaldes y los tenientes de alcalde
de ciudades con más de 5.000 habitantes habían de ser nombrados direc­ fuertes, robustos, provistos de una gran energía, audacia y coraje ... desti­
tamente por el primer Cónsul, mientras que los demás podían ser nombra­ nados a la agricultura, al com ercio, a la navegación, a los viajes, a la
dos por el prefecto del departamento. De este modo los prefectos tenían guerra ... tan sólo él parece apto para el pensamiento serio y profundo ...
el poder de los intendants prerrevolucionarios, y los consejos locaies, ele­ la mujeres no están hechas para pensamientos superiores ni reflexiones
serias ... más expuestas al error y al júbilo, cosa que sería desastrosa en la
gidos por veinte años teniendo en cuenta requisitos de propiedad, eran
vida pública.5 t
obviamente menos democráticos y tenían menos trabas que antes. Tam­
bién los jueces volvieron a ser nombrados en vez de ser elegidos.
Por último, los «minimalistas» argumentan que el estatus inferior de Las ambigüedades en las actitudes de los hombres respecto a las mujeres
la mujer apenas experimentó cambio alguno, al contrario, se afianzó. Las Aspiradas en arraigados supuestos acerca de la «naturaleza de las mu­
mujeres habían sido siempre el eje de la frágil economía familiar y, como res»— son también evidentes en la iconografía revolucionaria: la imagen
tal, dotaron a la revolución de una extraordinaria fuerza y esperanza rotectora de la Virgen María del antiguo régimen dio paso a la Marianne
durante los primeros años. Sin embargo, como mujeres, parece que obtu­
vieron muy pocos beneficios: sólo el derecho a heredar en términos de § 5. La Feuille du salut public, noviembre de 1793. Sobre la participación de las muje­
igualdad con sus hermanos varones y de firmar contratos legales, si estaban res en la revolución, véase Rose, Tribunes and Amazons; Landes, Women and the Public
solteras, sobrevivió al Imperio. Las leyes liberales de divorcio de 1792, Sphere, cap. 6, Conclusión; Hufton, The Prospect before !ler, cap. 12.
SfH
de la república, ahora vistiendo un atuendo clásico y el gorro de la liber­ f Estos historiadores «maximalistas» aducen que la revolución fue un
tad, pero aun así una alegoría femenina vigilando protectora aunque vttiunfo para la burguesía y para los campesinos terratenientes. Por otro
sivamente a los hombres activos. Lynn Hunt argumenta que a pesar, íbdo, la revolución transformó las estructuras institucionales de Francia;
a causa, del desafío político de las mujeres radicales, la transición del ab­ ¡fesmás, el significado mismo de la propia «Francia». Condujo también a
solutismo — bajo el que todos eran súbditos del rey— a una fraternidad cambios perdurables en la naturaleza de la Iglesia y de la familia,
republicana de ciudadanos varones reforzó la posición política subor í La revolución representó un abrupto cambio en las estructuras de
nada de las mujeres. | identidad cultural e institucional. Francia en 1789 era una sociedad en la
La implicación de esta visión «minimalista» de la trascendencia de 1»| | que las personas expresaban lealtad casi exclusivamente a su propia re-
revolución es que los pocos cambios que implantó en la política y socie-|| fgión: la unidad de Francia se debía tan sólo a la pretcnsión de la rnonar-
dad francesa no merecieron el sacrificio realizado. El terrible legado del» quiade que aquél era su territorio y los habitantes sus súbditos. La mayor
revolución, según Simón Schama, fue la violenta e ingenua certeza de ® parte de la gente no hablaba francés en la vida diaria y recurría a las élites
que «relacionó el desencanto social con el cambio político»; el gran enw | délas ciudades de provincias como Toulouse, Rennes y Grenoble para que
de Luis XVI fue pedir a las masas sus cahiers de doléances en un mo­ e les defendiesen contra las crecientes exigencias de la corona en lo relativo
mento de hambruna y de inestabilidad política. A partir de aquel mome P * impuestos y reclutamientos. La fuerza de las lealtades locales estaba
to la revolución estaba «condenada a la autodestrucción a causa de sus afianzada por prácticas económicas que trataban de solventar las necesi-
desmesuradas expectativas». Para Schama, el único cambio social signi­ [ dades de los hogares intercambiando productos principalmente dentro de
ficativo fue la muerte de inocentes a manos de demagogos sin escrúpulos" I los mercados locales. Desde el siglo xn, el coste que la monarquía había
y de turbas enloquecidas . 5 'ífg f tenido que pagar por el establecimiento de un control territorial sobre
Otros historiadores, com o Albert Soboul y Gwynne Lewis insisten ea'’ Francia había sido la aceptación de un mosaico de privilegios locales y re­
que la revolución fue profundamente transformadora. Aunque recono -5 gionales, exenciones y derechos. En vísperas de la revolución, todos y cada
cen que se produjeron importantes continuidades en la sociedad francfr - I uno de los aspectos de las institucion
sa, aseguran que los «minimalistas» han ignorado otras consecuencias I glistración, en las costumbres y medidas, en las leyes, en los impuestos y
fundamentales. Para Soboul, la perspectiva «minimalista» surgió de una j ' en la Iglesia— estaban marcados por exenciones regionales y privilegios.
antipatía política hacia las posibilidades de la transformación revolucio*| No sólo se beneficiaban de privilegios legales y contributivos el clero, la
naria: «los vanos intentos por negar a la Revolución Francesa — aquel nobleza y ciertas organizaciones corporativas com o los gremios, sino
peligroso antecedente— su realidad histórica». Para Soboul, la revolu­ que las provincias tenían también sus propios códigos legales, grados de
ción fue profundamente revolucionaria en sus resultados a corto y a autogobierno, niveles de contribución, y sistemas de moneda, pesos y
plazo: «Una clásica revolución burguesa, su intransigente abolición del medidas. *
sistema feudal y del régimen señorial hacen de ella el punto de partid*; En 1789-1791 los revolucionarios remodclaron los distintos aspectos
hacia la sociedad capitalista y el sistema representativo liberal en la histo-* de la vida pública e institucional de acuerdo con los principios de racio­
ría de Francia » . 7 nalidad, uniformidad y eficiencia. Un sistema administrativo de departa­
mentos, distritos, cantones y comunas respaldaba esta demoledora refor­
ma. Aquellos 83 departamentos (hoy 96), a partir de entonces, iban a ser
administrados exactamente del mismo modo: tendrían una idéntica es­
tructura de responsabilidades, de personal, y de poder. Las fronteras dio­
cesanas coincidían con los límites de los departamentos, y las catedrales
solían ubicarse en las capitales de los departamentos. La uniformidad de
222 LA T R A S C E N D E N C IA D E LA R E V O L U C IÓ N 223
LA R E V O L U C IÓ N F R A N C E S A , 1789-1799

las estructuras administrativas se reflejaba también en la imposición ¡principal forma de redistribución de la riqueza o excedente era el pago
un sistema nacional de pesos, medidas y moneda basado en las nueva :1«tributo» o «excedentes» de diversa índole al Estado, la Iglesia y a los
medidas decimales. Por ejemplo, el departamento del Lot-et-Garonne lo re s en forma de impuestos, arbitrios o diezmos. Hacia 1800 las pre­

el suroeste abarcaba un área en la que antes de 1789 existían más gones de los órdenes privilegiados estaban irremediablemente muer-
sesenta y cinco formas diferentes de medir la longitud y veintiséis mi tas: ahora el Estado obtenía la riqueza directamente de los productores a
das para pesar el grano: ahora había sólo una forma nacional de medit ivés de estructuras económicas (rentas, mercado y trabajo). Siguiendo
Estas mejoras evidentes para los negocios y el comercio se acentu; [drazonamiento de Eric Wolf, ahora solamente el Estado podía recaudar el
con la abolición de los peajes que se pagaban a las ciudades y a los nobles f § N ° de los imPuestos>reclutar hombres y reclamar obediencia, estable,
y la supresión de las aduanas internas. Antes de 1789, por ejemplo, unco- I S oendo su creciente Poder y preeminencia como agente de control so c ia l"
merciante que transportase una carga de madera desde la Lorena hasta El poder emocional del Estado-nación llevó con frecuencia a los revo­
I
Séte en el Mediterráneo tenía que atravesar treinta y cuatro distintas lucionarios de París a proclamar que solamente el francés era la «lengua
barreras de peaje en veintiún lugares diferentes. A partir de entonces los déla libertad» y que las lenguas minoritarias eran parte del arcaico anti­
gobiernos legislaron en base a un libre comercio dentro de un mercado, guo régimen que habían derrocado. De hecho, las actitudes populares
nacional. respecto a la revolución entre las minorías étnicas que en total constituían
Desde 1789, todos los ciudadanos franceses, fuera cual fuese su ex­ - lamayor parte de la población variaban desde el entusiasmo hasta la más
tracción social y su residencia, serían juzgados según un único y uniforme rotunda hostilidad en todo el territorio y durante todo el período. Pero la
código legal, y obligados a pagar impuestos proporcionales a su riqueza, revolución y el imperio tuvieron en todas partes un profundo impacto un
especialmente sobre sus propiedades en tierras. Éste es uno de los signifi­ la identidad colectiva, en la francisation (afrancesamiento) de los chula
cados clave de la palabra «fraternidad» y «unidad nacional». Los años danos de una nueva sociedad, tanto porque participaban en elecciones y
de la revolución y del imperio intensificaron la unidad administrativa de referendums dentro de un contexto nacional com o porque, durante los
Francia, sustentada por una nueva cultura política de ciudadanía y por la años de las guerras revolucionarias, m illones de jóvenes fueron reelu
veneración de héroes nacionales sacados de la antigüedad o de la propia | lados para luchar por la patrie, para defender a la revolución y a la repii
lucha revolucionaria. La revolución no sólo supuso un punto de inflexión blica. En el año III, el general K.léber pidió que su compatriota alsaciano
en la uniformidad de las instituciones estatales, sino que por primera vez Ney le acompañase al Ejército del Rin «para que ... por lo menos pueda
se entendía el estado com o representante de una entidad enwcional, «la hablar enseguida con alguien que sepa mi lengua». El propio Napoleón,
nación», basada en la ciudadanía. Por esta razón los historiadores consi­ * que no tenía gran soltura en francés, quizá pensaba en ellos cuando dijo
deran que la Revolución Francesa actuó com o semillero del nacionalismo bromeando: «Dejad que estos hombres valientes hablen su dialecto alsa­
moderno, un ejemplo clásico del concepto de Benedict Anderson de ciano; siempre pelean en francés » . 10 *
«comunidad imaginada» como base de la identidad nacional . 8
En sus memorias, el eminente noble catalán Jaubert de Passa recorda­
La unidad nacional no sólo se alcanzó a expensas de los privilegios ba con nostalgia los años anteriores a 1789 cuando «ignoraba por com­
inherentes a los órdenes sociales, puestos y localidades, sino que también pleto el francés e ... incluso sentía una alegre repulsión por esta lengua».
asumió que todos los individuos eran ahora en primer lugar y ante todo Dos parientes cercanos de Jaubert habían sido guillotinados por cola­
ciudadanos franceses, miembros de la nueva nación. Antes de 1789, la borar con los ejércitos españoles en 1793-1794. Ahora, en 1830, escribía

9. Eric Wolf, Europe and the People without History (Berkeley, Calif., 1982), cap. 3.
8. Benedict Anderson, Imagined Communities: Refleclions on the Origin and Spreai 10. Martyn Lyons, «Politics and Patois: The Linguistic Policy o f the French Revolu­
ofNationalism (Londres, 1983). tion», Australian Journal o f French Studies, 18 (1981), pp. 264-281.
sus memorias en perfecto francés." Tanto si los hablantes de lenguas mi­ Sin embargo, a pesar de las dificultades económicas que padecieron
noritarias eran entusiastas com o si eran hostiles a los cambios revolucio­ los empresarios y comerciantes de estas ciudades, hubo otras donde las
narios, los años posteriores a 1789 representaron una aceleración del pro­ i' industrias del algodón, del hierro y del carbón se vieron favorecidas
ceso de francisation, por el que acabaron sientiéndose ciudadanos de la durante el período napoleónico por el papel de Francia en el sistema con­
nación francesa y al mismo tiempo bretones, catalanes o vascos. Sin em­ tinental y por la protección contra los importadores británicos. Una de
bargo, este cambio de identidad no debería exagerarse. Esta «doble iden­ ellas era la pequeña ciudad textil normanda de Elbeuf. Allí la burguesía
tidad» se limitaba a la aceptación de las instituciones nacionales y al fabricante había sido muy precisa en sus quejas en ios cahiers de 1789,
vocabulario de una nueva política francesa. Hay pocas evidencias de que I tronando contra:
las culturas populares y las lenguas minoritarias sufriesen erosión alguna f
por ello. El francés siguió siendo la lengua cotidiana de una minoría de per- ¡ la ineficaz administración de hacienda ... estas limitaciones, estos impedi­
mentos al comercio: barreras que alcanzan hasta el mismo corazón del
sonas y Francia una gran tierra de gran diversidad cultural y lingüística.
reino; interminables obstáculos a la circulación de mercancías ... los
El argumento fundamental para la perspectiva «minimalista» acerca de 3
representantes de las industrias de fabricación y las Cámaras de Comer­
la trascendencia de la revolución es que, como victoria del campesinado cio totalmente ignorados y despreciados; una indiferencia por parte del
terrateniente y a causa de las décadas perdidas de comercio con ultramar gobierno hacia los fabricantes ...
debido a la prolongada guerra, aquellos años retardaron el desarrollo de
P 1
una economía capitalista o de mercado. Del mismo modo podría argüirse La «indiferencia» que tanto dolía a aquellos hombres se refería al tratado
que muchos de aquellos burgueses a los que Soboul considera vencedo­ de 1786 de libre comercio con Gran Bretaña que los había dejado a mer­
■i
res de la revolución de hecho sufrieron mientras duró. ced de una competencia barata. Después de 1789, aquellos industriales
Ciertamente hubo muchos burgueses para los que la revolución y el í en ciernes alcanzaron sus objetivos, incluyendo el nuevo reconocimiento
imperio fueron períodos económicamente difíciles. Éste fue concreta- i de su propia importancia: en el año V, se les pidió por primera vez la opi­
mente el caso de las grandes ciudades costeras donde la incertidumbre nión sobre una serie de tratados comerciales, y en el año IX el papel ase­
causada por las guerras y bloqueos y la temporal abolición de la escla- ¡j sor de la Cámara de Comercio quedó formalmente institucionalizado.
vitud (1794-1802) asestaron un duro golpe al comercio con ultramar: : Aunque Elbeuf experimentó el duro golpe de los bloqueos comerciales y
hacia 1815, el comercio externo francés era tan sólo la mitad del volumen la escasez de alimentos, las décadas posteriores a 1789 marcan una
de 1789 y no recuperó los niveles prerrevolucionarios hasta 1830. Entre ; importante fase en la mecanización y concentración de la industria textil
1790 y 1806, el deterioro del comercio provocó una caída de la población J en la ciudad más que en el trabajo rural a destajo. Hacia 1815 la pobla­
de Marsella de 120.000 a 99.000, de la de Nantes de unos 90.000 a | ción había aumentado un 50 por ciento y el número de empresas se había
77.000 y de la Burdeos de 110.000 a 92.000. En el Languedoc, las ciuda- jj duplicado. El poder político estaba ahora totalmente concentrado en
des textiles de Lodéve, Carcasona y Sommieres habían ya sufrido una manos de aquellos fabricantes locales . 12

crisis en la década de 1780, en gran parte debido a la competencia indus­ La esencia del capitalismo es una producción orientada al mercado
trial inglesa, y los decenios de guerra proporcionaron tan sólo una tregua ■ por grandes y pequeños empresarios en la ciudad y en el campo para ob-
temporal a través de los suministros del ejército antes de que se hundie­ : i tener beneficios. Aunque muchos empresarios, especialmente en los puer-
sen por completo. ; tos de mar, sufrieron verdaderamente durante la revolución, en un sentido

11. Pcter McPhcc, «A Case-Study of Intcrnal Colonizaron: The Francisation of Nor­ 12. JefTrcy Kaplow, E lbeuf during the Revolutionary Periud: History and Social
thern Catalonia», Review: A Journal o f Ihe French Braudel Cenler, 3 (1980), pp. 399-428. Slructure (Baltimore, 1964), pp. 193-209, y caps. 3, 5

J L -.
más general, ésta aceleró cambios fundamentales para la naturaleza de la L, piedades eclesiásticas fueron subastadas lo más pronto que se pudo, y la
economía francesa, cambios que facilitarían las prácticas capitalistas» ¡ansiosa burguesía local pagó el 40 por ciento más de su valor estimado.
Desde 1789 hubo una serie de cambios institucionales, legales y sociales ? Además, a pesar de que la mayoría de nobles conservaron intactas sus
que crearon el ambiente propicio en el que prosperaría la industria y la fierras (Robert Forster calcula que aproximadamente una quinta parte de
agricultura capitalista. La ley de libre empresa y libre comercio (laissez las propiedades de los nobles fueron requisadas y vendidas), su método
faire, laissez passer) de la revolución garantizó a los fabricantes, granje­ de explotación del suelo tuvo que cambiar radicalmente. La abolición
ros y comerciantes el poder dedicarse a la economía de mercado sabiendo final de los tributos feudales en 1793 hizo que los ingresos que los nobles
que podían comerciar sin los impedimentos de las aduanas internas y los obtenían de sus propiedades procedieran a partir de entonces de los alqui­
peajes, ni los diferentes sistemas de medidas y una infinidad de códigos leres que imponían a los arrendatarios y aparceros o de la explotación
legales. La posición de los empresarios se vio fortalecida por la ley de Le directa de las tierras de los nobles por parte de capataces que contrataban
Chapelier de junio de 1791, que declaraba ilegales las asociaciones de jornaleros. Ahora la base de la riqueza rural era el uso eficiente de los
trabajadores, y por el restablecimiento por parte de Napoleón del livret, recursos agrícolas más que el control sobre las personas.
una práctica del antiguo régimen que exigía que los trabajadores lleva­ Los campesinos que eran dueños de sus tierras fueron los beneficiarios
sen una cartilla en la que se detallaba su historia laboral y su conducta. directos y más sustanciales de la revolución. Tras la abolición de los tribu­
El cambio económ ico en el campo pudo verse acelerado por la venta ios feudales y del diezmo eclesiástico, ambos normalmente pagados en
de tierras. Las investigaciones sobre la repercusión e incidencia social de especie, los granjeros se vieron en una posición inmejorable para cuneen
aquellas ventas durante la revolución son poco sistemáticas, pero no hay trarse en el uso de las tierras para cultivos más productivos. Por ejemplo,
duda de que fue significativa en muchas zonas. Un cálculo estimado con­ en el campo de los alrededores de Bayeux, el suelo duro y húmedo l'ue
cluiría que un 2 0por ciento de las tierras cambió de manos a consecuencia rápidamente convertido en pasto una vez concluida la exigencia de la Igle­
de la expropiación de la Iglesia y de los emigrados. En 1786, por ejemplo, sia de obtener un diezmo fijo en grano. En Gabian, los campesinos empe­
la familia Thomassin de Puiseux-Pontoise (justo al norte de Menucourt) zaron a extender sus viñedos a campos antes utilizados para el cultivo de
poseía 3,86 hectáreas y arrendaba 180 más al señor marqués de Girardin. cereales. A consecuencia de la venta de tierras, las propiedades de los
Más tarde compraron grandes extensiones de propiedades nacionalizadas campesinos aumentaron aproximadamente de un tercio a dos quintas par
arrebatadas durante la revolución a la abadía de St.-Martin-de-Pontoise,a tes del total de las tierras de Francia (por ejemplo, del 31 al 42 por ciento
las Hermanas de la Caridad y a otros ocho propietarios eclesiásticos: en en el departamento de Nord estudiado por Georges Lefebvre), y ya no es­
1822 eran dueños de 150,64 hectáreas, el 27,5 por ciento de las tierras del taban sujetas a diezmos ni a los tributos de señorío. El peso de tales exac­
municipio, incluyendo gran parte de las propiedades del marqués. Estas ciones variaba enormemente, pero en el oeste de Francia era habitual que
tierras se utilizaron para el cultivo comercial de cereales y, finalmente, se el peso total alcanzase el 20-25 por ciento del producto de los canjpesinos
dedicaron a la remolacha azucarera y a una destilería de azúcar . 13 ! propietarios (por no mencionar la corvée, ios monopolios señoriales y los
Las tierras de la Iglesia solían ser de primera calidad, se vendían en pagos irregulares). Ahora los productores consevaban una parte extra de
grandes lotes mediante subasta y las compraban burgueses urbanos y su producción que a menudo era directamente consumida por una pobla­
rurales — y muchos nobles—- con capital para así expandir las propieda­ ción mejor alimentada: en 1792, sólo uno de cada siete reclutas del empo­
des ya existentes. En Angers y alrededores, por ejemplo, las extensas pro­ brecido pueblo de montaña de Pont-de-Montvert (Lozére) media más de
1,60 metros; en 1830 ésta era la estatura media de los reclutas . 14

13. Albert Soboul, «Concentrations agraire en pays de grande culture: Puiseux-


Pontoise (Seine-et-Oise) et la proprictéThomassin», en Soboul, Problemaspaysans déla 14. Patrice Higonnet, Pont-de-Montverl: Social Structure and Politics in a French
Révolulion, 1789-1848 (Paris, 1976), cap. 11. Village. 1700-1914 (Cambridge, Mass., 1971), p. 97.
Las reformas y las guerras del período revolucionario tuvieron efectos freno contra la destitución. No obstante, el historiador ruso Anatoli Ado
dispares en las economías rurales. En el extremo norte del país, en Mon- esgrime que las coacciones hacia una transición más rápida al capitalis­
tigny y su región de Cambrésis, este período vio el desmoronamiento de la mo agrario en la Francia posrevolucionaria no provenían tanto de la conso­
característica economía textil rural. El tratado de libre comercio con lidación de la propiedad de los pequeños campesinos como de la supervi­
Inglaterra en 1786 supuso un fuerte revés para la industria textil; ahora las vencia de las grandes propiedades arrendadas en alquileres a corto plazo o
guerras revolucionarias e imperiales de 1792-1815, que barrieron una y por aparceros. Evidentemente, en algunas zonas cercanas a las ciudades
otra vez la región, destruirían también el mercado del lino. Cuando las o con buenos medios de transporte la retención de una mayor parte del
vastas tierras de la Iglesia se vendieron como propiedad nacional después producto incrementaba el margen de seguridad de los medianos y gran­
de 1790, los tejedores comerciantes se apresuraron a comprarlas como un des terratenientes y facilitaba la visión de los riesgos de una espccializa-
refugio de la industria que se desmoronaba por momentos. Así pues, hacia ción de mercado. De este modo la revolución pudo haber acelerado tam­
1815 el campo era nuevamente tan rural como lo había sido un siglo antes, bién la expansión del capitalismo en el campo . 16

y la reconstrucción de la industria textil se centró en las ciudades. En cam­ No todos los sectores de la población rural se beneficiaron del mismo
bio, en el departamento del Aude, en el sur, el fin de las exacciones seño­ modo. Napoleón se sirvió del amplio apoyo que le brindaron quienes
riales y de la Iglesia, junto con la caída de la industria textil, animó a los valoraban tanto la imposición del orden social com o la garantía de los
campesinos a regresar al vino como cultivo comercial. En los treinta años logros revolucionarios. Así, por ejemplo, la familia Chartier de Gonesse,
posteriores a 1789, los cálculos de los viñedos, proporcionados por los al­ justo al norte de París, habían sido terratenientes pero se aprovecharon de
caldes de la zona, en el departamento mostraron un aumento del 75 por la venta de las tierras de la iglesia en 1791 para adquirir grandes ex­
ciento, de 29.300 a 51.100 hectáreas. El volumen de vino producido llegó a tensiones. Uno de los miembros de esta familia fue alcalde en 1802, dan­
triplicarse hasta 900.000 hectolitros en el transcurso de aquellos años. do comienzo a una ascendencia en el cargo que duraría hasta 1940. Apar­
Esta primera revolución del cultivo vinícola «desde abajo» constituye te de aquellos que pudieron beneficiarse de la desenfrenada inflación de
una importante prueba para el debate en curso acerca del alcance y natu­ 1795-1797 para librarse de los arriendos o para comprar tierras, los terra­
raleza del cambio económ ico aportado por la revolución. Haciéndose eco tenientes y aparceros experimentaron con la revolución unas limitadas
de la famosa afirmación de Georges Lefebvre de que el campesinado mejoras materiales. No obstante, como cualquier otro grupo de la comu­
«destruyó el régimen feudal, pero consolidó la estructura agraria de Fran nidad rural, se habían visto afectados por las banalités (monopolios de
cia», Peter Jones concluye que «los sumamente pobres, es decir el cam­ molinos, panaderías y prensas de vino y aceite) y las corvées (trabajo no
pesinado sin tierras o prácticamente sin ellas, casi siempre reclamaban la remunerado) y, junto con los jornaleros, habían sido los más vulnerables
total restauración de los derechos colectivos...» y que «la revolución es­ a los a menudo arbitrarios tribunales de justicia señoriales. El exhaus­
timuló el “peso muerto” o el sector de subsistencia de la economía tivo estudio de John Markoff sobre los orígenes y curso de la revolución
rural» La inexactitud de semejante argumento para un análisis marxista
. 15 campesina le lleva a concluir que los «revisionistas» anglófonos, es­
de la revolución com o momento decisivo en la transformación del feuda­ pecialmente Alfred Cobban, William Doyle y George Taylor, están fun­
lismo al capitalismo resulta evidente. damentalmente equivocados al minimizar o malinterpretar el alcance de
Obviamente, hay muchas evidencias de que los sectores más pobres la iniciativa política campesina y la trascendencia de la abolición del feu­
de las comunidades rurales se aferraban a los derechos colectivos como dalismo.

15. Jones, Peasantry, pp. 255-259; Georges Lefebvre, «La Révolution frimcjaisc ct les 16. Anatoli Ado, Paysans en Révolution (París, 1996), 6, Conclusión; McPhee, Revo-
paysans», Études sur la Révolution franfaise (París, 1954), p. 257. lution and Environment, cap. 7.
Los beneficios directos que la población rural, especialmente los municipio según las asignaciones presupuestarias, y no su antiguo señor
campesinos terratenientes, extrajo de la revolución no fueron solamente dotado de poder feudal, el arbitrario administrador del producto de su
a expensas de la Iglesia y de la nobleza. En muchos aspectos las ciudades sudor . 17

provinciales, centros de las instituciones del antiguo régimen, eran pará­


sitos del campo. En ciudades com o Bayeux, Dijon y Angers los ingresos Estos «principios subversivos» eran habitualmente utilizados por los
procedentes de los tributos feudales y del diezmo los gastaban el cabil­ administradores para justificar su incapacidad para controlar «la torpe
do catedralicio, las órdenes religiosas y los nobles residentes en la con­ avaricia de los campesinos» al apoderarse y desbrozar las inmensas áreas
tratación de criados domésticos, compras a maestros artesanos, especial­ de vacants o «tierras baldías» que pasaron a ser tierras comunales duran­
mente artículos de lujo, y en proporcionar caridad. Como consecuencia te la revolución. En este punto da comienzo la leyenda negra de la revo­
directa de la revolución, el campo se liberó en gran medida de este con­ lución campesina, de que el período revolucionario fue un auténtico de­
trol por parte de las ciudades, manteniendo con ellas tan sólo relaciones sastre para el entorno natural hasta el resurgimiento de una autoridad
de mercado y administración. Esto fue lo que tanto exasperó al conjun­ efectiva bajo Napoleón y la restauración. No hay duda alguna de que se
to de desposeídos en estas ciudades y que causó el empobrecimiento de produjo un desbrozo masivo durante el período revolucionario: en el de­
aquellos que directa o indirectamente dependían de las élites nobles o partamento sureño del Aude, por ejemplo, se desbrozó y limpió el 20 por
eclesiásticas. Por ejemplo, antes de la revolución, el obispo de Mende, al ciento de la superficie de las tierras. Sin embargo, esto no hizo más que
sur del M acizo Central, daba cada año pan a los pobres por valor de acelerar las presiones medioambientales desencadenadas en I7(>0 poi Ion
1 0 . 0libras, procedentes del diezmo recaudado en el campo; después
0 0 decretos de Luis XV animando al desbrozo. En las décadas posteriores .1

de 1789, el campesinado consumía aquella parte de su producto y los 1750, se calcula que se desbrozaron unas 600.000 arpents (250.000 lu í
indigentes de la ciudad se encontraban en una situación mucho más táreas) de suelo francés, un 3 por ciento del total del suelo. Pero tampoco
precaria. fueron solamente los campesinos quienes destruyeron más bosque:, de
Las ganancias del campesinado fueron más allá de los beneficios tan­ los que plantaron: la pérdida de la mitad de la flota francesa en la batalla
gibles. La abolición del señorío favoreció un cambio revolucionario en deTrafalgar acabaría destruyendo unos 80.000 robles de más de 150 años.
las relaciones sociales rurales, expresadas en la conducta política después No obstante, el régimen napoleónico permitió que se promulgase una
de 1789. La autoridad social que muchos nobles conservaban en la comu­ serie de leyes que favorecían la reorganización del personal de la admi­
nidad rural estaba ahora basada en la estima personal y el poder económi­ nistración forestal y el restablecimiento de una política de bosques cen­
co directo sobre los subordinados más que en las pretensiones de defe­ tralizada en una línea muy similar a la de Colbert de 1669. Estas leyes
rencia debidas a un orden social superior. Tampoco se aceptó dócilmente representaban una inversión del liberalismo de los primeros años de la re­
a nivel local el refuerzo del poder de los notables impuesto por Napoleón: volución, cuando los propietarios de bosques privados fueron autorizados
com o el prefecto del Aisne, en el noreste, le escribió en 1811: «los princi­ de forma explícita a utilizar sus recursos a su antojo. Los bosques perte­
pios subversivos de todo orden público tan arraigados en el pueblo duran­ necientes a los municipios fueron sometidos a los mismos controles que
te la revolución no son fáciles de eliminar». En 1822, durante la prolon­ los bosques estatales. Sin embargo, al crear un sistema de controles centra­
gada pelea con el alcalde, que había heredado las propiedades de los lizado y obligatorio sobre los recursos forestales, el Estado se granjeó dé­
nobles en Rennes-les-Bains (departamento del Aude), los lugareños cadas de resentimiento por sus intentos de acabar con el uso colectivo
informaron al Prefecto de que ellos: de los bosques.

consideraban al M. de Fleury sólo como su alcalde, que no puede ostentar


ningún poder especial, siendo únicamente responsable de los gastos del 17. McPhee, Révolulion and Environment, p. 168.
Hay pruebas, por lo tanto, de que la revolución creó los fundamentos restaurantes o «casas de salud» de París databan de antes de la revolu­
institucionales sobre los que se desarrolló el capitalsimo. No obstante, ción: desde la década de 1760 se anunciaban com o lugares para «restau­
¿hasta qué punto representó también el acceso al poder de una nueva clase? rar» el apetito con pequeñas raciones y proporcionaban pequeños espa­
A primera vista, la persistente preminencia económica de la vieja nobleza cios privados para mayor intimidad. Sin embargo, durante la revolución
es significativa: un elemento fundamental de la visión «minimalista» de la empezaron a servir comidas completas en comedores para la clase media,
revolución parece innegable. A pesar de la pérdida de los derechos de una función que ya nunca perderían. La más punzante articulación de un
señorío y de tierras, en el caso de los emigrados, los nobles permanecie­ mundo de «esferas separadas» para hombres y mujeres de la clase media
ron en la cúspide de la posesión de tierras y la posesión de tierras siguió se puso de manifiesto a través de un acusado contraste entre la indumen­
siendo la mayor fuente de riqueza en Francia. Según un estudio recopilado taria masculina y la femenina. Los colores sobrios y el diseño liso del
en 1802, en la mitad del país la mayoría de los terratenientes más ricos eran atuendo burgués masculino representaban un mundo de esfuerzo y serie­
nobles, y dominaban algunas de las regiones agrícolas más ricas, como la dad; los trajes de sus esposas habían de ser ultrafemcninos, mostrando a
cuenca de París, el valle del Ródano, Borgoña, Picardía, Normandía, y través del tejido la riqueza del esposo . 18

partes de Bretaña. Muchos nobles fueron lo suficientemente pragmáticos como para reti­
Sin embargo, los acaudalados supervivientes de la élite de terratenien­ rarse de la vida pública y aceptar, aunque a regañadientes, los cambios
tes del antiguo régimen eran ahora sólo una parte de una élite mucho más institucionales de la revolución. No obstante, a pesar de la importancia
amplia que incluía a todos los ricos, fuera cual fuese su extracción social, que aún conservaba la nobleza más rica, sus pérdidas habían sido consi­
y abarcaba a los burgueses de la agricultura, negocios y administración. derables. La opinión de Robert Forster, si bien basada en un estudio ca­
La rápida expansión de la burocracia después de 1789 derribó barreras en suístico disperso y lleno de contrastes, es que, en términos reales, los
el reclutamiento y ofreció oportunidades a los jóvenes burgueses capa­ ingresos de una familia media noble de provincias descendieron de 8 . 0 0 0

ces. Más que en las décadas de 1780 y 1790, la clase gobernante a princi­ a 5.200 francos. Los tributos señoriales habían representado tan sólo un
pios del siglo xix unió a los que se encontraban en la cima del poder eco­ 5 por ciento de los ingresos de los nobles cerca de Burdeos, mientras que
nómico, social y político. David Garrioch describe a la burguesía parisina inmediatamente hacia el norte, en Aunis y Saintongc, alcanzaban hasta
que surgió de la revolución como mucho más poderosa y orgullosa. Era el 60 por ciento. Mientras que muchas familias nobles sobrevivieron con
una amalgama de los viejos «notables» de parroquia del antiguo régimen sus tierras intactas, unas 12.500 — la mitad del total de familias— perdie­
y de los nuevos hombres que habían aprovechado las oportunidades que ron algunas tierras y unas pocas lo perdieron prácticamente todo. En
la venta de las tierras de la Iglesia les brindó, la disponibilidad de contra­ total, aproximadamente una quinta parte de las tierras de la nobleza cam­
tos con el ejército, y las nuevas libertades que la abolición de los gremios biaron de manos. Hasta cierto punto, la pérdida de tierras y tributos fue
les ofreció. compensada por un aumento en los alquileres a los arrendatarios y apar­
Aquellos que tomaron la iniciativa en la creación de la nueva Francia ceros, pero los nobles ya no podían eludir el pagar los mismos impuestos
después de 1789 fueron los burgueses, ya fueran profesionales, adminis­ que los demás. Mientras que el 5 por ciento como máximo de las riquezas
trativos, comerciales, terratenientes o fabricantes. Para ellos la revolu­ de la nobleza se las llevaba el Estado antes de 1789, a partir de entonces el
ción representó los cambios necesarios en las estructuras políticas y en impuesto uniforme sobre las tierras recaudaba aproximadamente el 16 por
los valores sociales dominantes para que se reconociese su importancia ciento del producto anual estimado de la tierra.
en la vida de la nación. La revolución fue su triunfo. Los valores cultura­
les de la Francia posrevolucionaria se caracterizarían por ser una amalga­
18. Rebccca Spang, The lnveníion o f llie Restauran! (Cambridge, Mass., 2000); Amy
ma de valores burgueses y aristocráticos en una cultura de «notables». Trubeck, Haute Cuisine: llow the Frettch ¡nvented the Culinary Profcssion (l’hiladelphia.
Esto quedó reflejado en infinidad de maneras. Por ejemplo, los primeros 2000); Ribciro, Fashion in the Frencli Révolution, p. 141.
iiiilU
Por otro lado, nada podía compensar a los nobles por la perdida de los mente a las de un ciudadano rico con un ciudadano pobre, no eran ya las
derechos judiciales y de poder — desde los tribunales señoriales hasta de un campesino con su señor; y todo ello debido a la velocidad con que
los parlamentos— o la incalculable pérdida de prestigio y deferencia cau­ los lugareños empezaron a litigar con el «ciudadano Bruny» después de
sada por la práctica de la igualdad legal. El noble emigrado regresó a un 1789. En las décadas posteriores a 1800, libraron una prolongada y victo­
mundo transformado, de litigios'con acreedores y campesinos, de erosión riosa batalla con Bruny por tratar de ignorar los antiguos derechos colee

\ U i i i i U 111 u 11111 n 111111


de la mística de la nobleza, y a la necesidad de gobernar un Estado como tivos en sus bosques: en palabras de Thomas Sheppard, «no trataban con
si fuera un negocio. Lucy de La Tour du Pin, que había huido a Estados su señor sino simplemente con otro ciudadano francés».'"
Unidos en la década de 1790, contemplaba retrospectivamente en 1820 la Una razón del entusiasmo con que los habitantes de Lourmarin ivspiil
abolición del feudalismo durante la revolución. Aseguraba que: daron la revolución — aunque estuvieron temporalmente divididos diir:m
te la revuelta «federalista» de 1793— era que un 80 por ciento de ellos
Este decreto arruinó a mi suegro y nuestra familia nunca recuperó su for­
era protestante. Recuerdos orales de anteriores atrocidades religiosa:,
tuna ... Fue una verdadera orgía de iniquidades ... Desde entonces, nos
hem os visto obligados a buscar un m odo de ganarnos la vida, unas veces
contra ellos todavía seguían vivos en su comunidad. La construcción de
vendiendo algunas de las pocas propiedades que nos quedan, otras acep­ una iglesia protestante en 1805 sería el recordatorio tangible del si|>,niti
tando trabajos remunerados ... Y así, pulgada a pulgada, durante largo cado de la revolución paralas minorías religiosas. También pata los levo
tiempo hem os ido descendiendo gradualmente hasta el fondo de un abis­ lucionarios, la libertad religiosa ejemplificaba sus logros: en umi vcimóii
mo del que no saldremos en nuestra generación. de 1790 del juego «serpientes y escaleras», la emancipación de lo:. |mlloh
se representaba a los niños como una de las escaleras que conducían .i la
La pérdida de los tributos feudales, de las rentas y de los peajes (uno nueva Francia. Para los protestantes y judíos, la legislación de 17H‘> I l'< I
de ellos proporcionaba francos al año) fue enorme: la marquesa
1 2 . 0 0 0
representaba la emancipación legal, la igualdad civil y la libertad d<- cul
calculaba que su familia había perdido 58.000 francos de sus ingresos to. Sólo más tarde algunos de ellos lamentarían que el precio de la enmil
anuales originales de 80.000 francos . 19
cipación hubiera sido la presión para asimilarse a un amplio concepto de
Incluso los nobles que lograron sobrevivir a la revolución con todas «francesismo» subordinando su identidad religiosa.
sus tierras intactas, en sus relaciones con los demás experimentaron un La revolución marca el fin de la práctica casi universal entre los católi­
considerable cambio. En Lourmarin, un pueblo de la Provenza, Jean- cos franceses de ir a la iglesia los domingos. Como muchos sacerdotes se
Baptiste Jéróme de Bruny, antiguo miembro del Parlamento de Aix, con­ negaron a aceptar las reformas de la Iglesia de 1790, miles de pueblos se
servó sus inmensas propiedades pero se convirtió en el mayor contribu­ encontraron sin sacerdote y sin educación eclesiástica. Una vez declarada
yente, sus impuestos ascendían a un 14 por ciento de todas las tasas que la guerra en 1792, el respaldo que el papa dio a los ejércitos contrarrevo­
pagaba la comunidad. Sus tributos señoriales (la tasque de una octava lucionarios hizo que la Iglesia fuera objeto de sospecha, e incluso de
parte de la cosecha de grano y de aceite de oliva), monopolios, y otros odio, por parte de los revolucionarios. La Iglesia católica fue devastada
impuestos habían desaparecido. El valor anual estimado de su señorío en plena guerra y durante el Terror de 1793-1794. Las frecuentes renun­
había llegado a alcanzar las 16.000 libras, pero hacia 1791 la renta impo­ cias diezmaron las filas del clero constitucional, dejando una tierra casi
nible procedente de sus tierras se calculaba en sólo 4.696 libras, una caí­ desprovista de sacerdotes: en efecto, miles de parroquias carecieron de
da del 71 por ciento. Sus relaciones con el pueblo se equipararon rápida­ sacerdote durante una década después de 1791. Entre las 3.000 muelles

19. Felice Harcourt (ed.), Escape from the Terror: The Journal o f Madame la Tour du
Pin (Londres, 1979), pp. 93-94, 243-244. Esta mujer noble es la heroína de la conclusión 20. Sheppard, Lourmarin, p. 211 y cap. 8. El propio Sheppard prefiere hacer hincapié-
de Schama: Citizens, pp. 861-866. en las continuidades de la vida cotidiana en Lourmarin.

j
violentas de clérigos en aquellos años, com o mínimo 920 sacerdotes fue­ Creo que será difícil contener al campo nuevamente en los estrechos cau­
ron ejecutados públicamente acusados de ser contrarrevolucionarios, y ces de la sociedad si no es devolviéndoles sus iglesias y la libertad de
probablemente entre 30.000 y 40.000 (un 25 por ciento) emigraron. El practicar la religión en la que fueron criados y alimentados.21

antiguo primer estado se vio pues más directamente afectado que la no­
bleza: el número de nobles emigrados (16.431) era aproximadamente el Una Iglesia católica reconciliada seria uno de los puntales del nuevo régi­
15 por ciento del segundo estado. La adopción de nombres revoluciona­ men napoleónico, el restablecimiento de la autoridad familiar sería el
rios para las personas y para las comunidades fue temporal, pero expresa­ otro. La simpatía del nuevo régimen por los derechos del padre y de la
ba una corrosiva antipatía hacia el estatus de autoridad eclesiástica. propiedad privada como base del orden social se puso de manifiesto en
En 1789, la gran masa de párrocos apoyó las reivindicaciones del ter­ los intentos por modificar los cambios revolucionarios de la transmisión
cer estado mientras exigía con vehemencia el monopolio católico de la de la propiedad mediante testamento. El derecho de primogenitura en las
moralidad y del culto. En cambio, la Iglesia católica emergió de la revo­ familias nobles había sido abolido el 15 de marzo de 1790 en un intento
lución sin sus vastas propiedades, internamente dividida entre aquellos de socavar el poder económ ico y social de las grandes familias. A conti­
que aceptaron la revolución y los que huyeron al exilio durante años, y nuación, en una ley de herencias aprobada por la Convención Nacional
con varios miles de clérigos muertos prematuramente. La revolución ha­ el de marzo de 1793, este principio se extendió a todos los testamentos,
7

bía creado un estado laico, y aunque la restauración proclamara que el obligando a que todos los hijos heredasen por igual, disposición que a
catolicism o era la religión estatal, un importante legado de la revolución finales de aquel mismo año se hizo extensiva a ios hijos nacidos fuera del
fue la creación de una escala de valores entre los funcionarios según la matrimonio. El régimen napoleónico trató de modificar lo que consideraba
cual su primordial lealtad era para el ideal de un Estado laico que trascen­ una amenaza a la autoridad paterna, así como a las propiedades de tierras
día los intereses particulares. La Iglesia católica ya no podría reclamar económicamente viables. El 4 Germinal VIII (25 de marzo de 1800) se
nunca más sus niveles prerrevolucionarios de obediencia y aceptación aprobó una ley que introducía una «parte disponible» que un padre podía
entre el pueblo. Por consiguiente, la mayoría de sacerdotes — y muchos dejar a su hijo favorito aumentando así su herencia. Esta disposición
feligreses devotos— se opondría implacablemente al republicanismo y al quedó englobada más tarde en el Código Civil napoleónico del mes de
laicism o. Ni tampoco lograría recuperar su antiguo m onopolio de la marzo de 1804, que puso fin a las reclamaciones de los hijos nacidos fue­
moralidad: por ejemplo, Napoleón prosiguió con la abolición revolucio­ ra del matrimonio: a partir de entonces se inscribirían en los registros de
naria de las leyes contra la homosexualidad, aunque la policía continuaba nacimiento como «nacido de padre desconocido» y sin derecho a iniciar
hostigando a los homosexuales con otros cargos, como el de «escándalo reclamaciones de paternidad.
contra la decencia moral». Sin embargo, ningún gobierno — ni siquiera la restauración— interfi­
A pesar de ello, los seglares — especialmente las mujeres— demostra­ rió con el principio de igualdad de herencia. Si un hijo tenía que heredar
ron su compromiso religioso en amplias zonas del campo; y también de ¡ las propiedades familiares, los demás tenían que renunciar a su parte o
las mujeres surgió una corriente cada vez mayor de reclutas para las órde­ 3 recibir compensación por otros medios. El hecho de poder transmitir sus
nes religiosas en el siglo xix. El impacto devastador de la Revolución propiedades en cualquier momento dotaba a los padres de una importante
Francesa en las estructuras constitucionales de la Iglesia católica y la ini­ medida de control sobre su prole. Sin embargo, no podían amenazar con
ciativa que las mujeres tomaron de reconstruir la Iglesia «desde abajo» desheredar a un hijo, por ejemplo, por una elección matrimonial. En cual­
después de 1794 cimentó las bases para unas relaciones menos autorita­ quier caso, la consecuencia social de esta legislación fue la de concentrar
rias entre el clero y el laicado en el siglo xix. En palabras de un ciudada­
no de Sens al Abbé Grégoire en enero de 1795:
21. Suzanne Desan, Reclaiming the Sacred (Ithaca, NY, 1990), p. 225.
la atención en los derechos de los hijos y en la propiedad familiar, espe- cado. Por un lado, el código estaba basado en el supuesto revolucionario
cialmentc en Normandía y en el sur, donde la ley prerrevolucionaria de una sociedad laica de ciudadanos iguales ante la ley: el «talento» se
había concedido plena libertad leulnmciilniin a lo» padre», lín ¡iiiiuiueiü' v&i?. i?. 'a. prrtrruua rvrjat. ; "í'.tci “Ti ‘i íso ia 'a. pro­
bles hogares después de 1790, los derechos de las hijas se convirtieron en piedad privada individual era muestra de dicho talento. Por otro lado. e.
un asunto familiar — al igual que la ley de divorcio atribuía poderes a las ejercicio del talento se convertiría en el dominio del hombre: las mujeres
esposas— y éste es el cambio más significativo en el estatus de las muje­ casadas no tenían ya derecho a firmar contratos legales independiente­
res en aquellos años. Un estudio de 83 casos judiciales de Caen sobre tes­ mente. Estaban sometidas como antes de 1789 a la autoridad del padre, y
tamentos impugnados entre hermanos entre 1790 y 1796 muestra que después a la del marido. En lo sucesivo, las esposas tan sólo podrían so
45 los ganaron las hermanas. La ciudadana Montfreulle declaró en los tri­ licitar el divorcio si la amante del marido entraba en el hogar conyugal.
bunales en 1795: «Me casaron en 1773 ‘por un ramo de rosas’, para usar En cambio, el simple acto de adulterio por parte de la esposa bastaba para
la expresión normanda. Así era cómo casaban entonces a las muchachas. que el marido pudiera presentar una demanda, y la mujer adúltera podía
La avaricia se respiraba en el aire y a menudo se sacrificaba a las hijas por incluso ser encarcelada durante dos años. Esta ideología de la autoridad
la felicidad de un hijo Puede que las mujeres no obtuvieran derechos
» . 2 2 patriarcal se extendía a los hijos, pues los padres estaban autorizados a ir
políticos con la revolución, y tan sólo derechos legales limitados, pero los clamar la detención de los hijos durante un mes si eran menores de 1 6 arto:.,
efectos de la nueva ley de herencias y la abolición del señorío depararon a y durante seis meses, si tenían entre 16 y 2 años.
1

la mujer una mejor alimentación y una posición más fuerte dentro de la Sin embargo, a pesar del conservadurismo del Código, ningún llano ,
familia. Otra consecuencia de esta legislación fue la repentina caída de adulto vivo en 1804 tenía duda alguna de que habían pasado por un
las tasas de natalidad, del 38,8 por mil en 1789 al 32,9 en 1804, pues los levantamiento revolucionario. A pesar de que los historiadores «mínima
padres trataban de limitar el tamaño de su familia y con ello la probabili­ listas» insisten en que estaban equivocados, un examen de las consecurn
dad de que la hacienda familiar se viera subdividida. cias sociales, políticas y económicas de la revolución nos indica que lio
Aunque no hay duda de que la revolución afianzó el poder político a era una ilusión. La vida ya no podía volver a ser la misma. Como ivvo
manos de los hombres, la causa primordial fue el malestar, y luego la lución por la libertad, igualdad y fraternidad, serviría de inspiración a
rabia, que muchos clubes políticos de mujeres en París y en las provincias otras tan distintas com o las luchas por la independencia nacional del Ihlei
provocaron en los hombres. Napoleón también trató de estabilizar esto en latinoamericano, Simón Bolívar (que asistió a la coronación ele Ñapo
el Código Civil de 1804. El Código había de ser la piedra angular de la león en 1804), a uno de los primeros nacionalistas indios de la década de
administración de la sociedad civil del régimen y trataba tantb de garanti­ 1830, Ram Mohán Roy, e incluso a los estudiantes chinos de la plaza
zar los principios revolucionarios básicos com o de consolidar un orden de Tiananmen en 1989.
social basado en la riqueza y el patriarcado. La imposición autoritaria de El mejor indicador de los resultados de la revolución es cpmparar los
Napoleón del orden público quedó equilibrada por el imperio de la ley y cahiers de doléances de 1789 con la naturaleza de la política y sociedad
la tolerancia religiosa en el seno de una fluida jerarquía social de «talen­ francesa en 1795 o 1804. Por último, los cambios sociales que acarreó la
to». En palabras del propio Napoleón, fue «la gran gloria de mí reinado». revolución perduraron porque correspondían a algunas de las más pro­
El Código es extraordinario por la yuxtaposición de los principios fundas reivindicaciones de la burguesía y del campesinado en sus cuader­
básicos de la revolución con la consolidación de la jerarquía y el patriar­ nos: la soberanía popular (aun sin alcanzar la plena democracia), la igual­
dad civil, las profesiones abiertas al «talento», y la abolición del sistema
de señorío. A pesar del resentimiento popular manifestado en relación a
22. Suzanne Desan, «War between Brothers and Sisters: Inhcritance Law and Gcndcr las guerras, al reclutamiento y a la reforma de la Iglesia en muchas regio­
Politics in Revolutionary France», French Hisíorical Studies, 20 ( 1997), p. 628. nes, especialmente en 1795-1799, nunca hubo la menor posibilidad de
que las masas apoyasen un retorno al antiguo régimen. Al mismo tiempo,
las frustradas aspiraciones de la clase trabajadora en 1795, y la potencia
de la tradición revolucionaria que habían creado, hicieron que el nuevo MAPAS
régimen no se instalara sin oposición, como muestran las revoluciones de
1830, 1848, y 1870-1871.
Este libro empezó en el pequeño pueblecito de Menucourt, al norte de
París, y allí es donde debería terminar. Aunque hoy en día Menucourt
haya sido prácticamente absorbido por la extensión de los barrios perifé­
ricos de Cergy-Pontoise, entonces estaba lo bastante lejos de París como
para evitar verse directamente implicado en los alborotos de la capital.
Mientras que el resto de su familia emigró, Chassepot de Beaumont y
su esposa se quedaron en el castillo de Menucourt, aceptando la pérdida
de sus tributos señoriales y prerrogativas, pero conservando intactas sus
tierras. Fueron encarcelados como «sospechosos» en Pontoise a finales
de 1793, pero la voluntad del municipio de responder en favor de su bue­
na conducta fue fundamental para su liberación poco después. Chassepot
murió en 1803, a la edad de 90 años. Sin embargo, la revolución había
cambiado drásticamente la vida en Menucourt. Ya no se pagaban tributos
señoriales, los gastos de la Iglesia se recaudaban de la contribución gene­
ral, y los habitantes de Menucourt ya no pagaban el diezmo a un priorato
de Evecquemont. N o obstante, aun siendo una revolución por la igualdad
civil, no había alterado fundamentalmente la posición vulnerable de la
mayoría asalariada de la población. Igual que antes de 1789, gran parte
de los hogares de Menucourt sobrevivían trabajando com o jornaleros,
extrayendo piedra en las canteras, cortando madera y labrando pequeñas
parcelas. En palabras de tres de sus descendientes, que escribieron la his­
toria de este pueblo para el bicentenario de la revolución en 1989: «Los
jornaleros tendrían que esperar casi dos siglos y vivir otras revoluciones
— políticas, industriales y, sobre todo, culturales— para que las desigualda­
des se redujesen significativamente y para que la libertad tuviese autén­
tico sentido» . 2 3

23. Denise, Mauricc, and Robert Bréant, Menucourt (Menucourt, 1989).


100 millas

DEU x N x / 7 ^

V A LEN C IEN N ES
VeSCAUT^i^MfUS^C
i ^ /B ru selas-, INFj ) Bélgica.
Bélgica,
■* / - v í • v —' / l anexiona
anexionada
en 1795
, n ' ' 95
— -. i —» s a m o r e - K A /\ • (Coblenza
A M I E N S^ / & L-.--- Jp (7 FORÉTSy
SOMME i i l IC Luxembtirgo»
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TOURS ILLE-ET-
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DOUBS
í TERRIBLE
Mulhouse.

™¿.x e vt a-ioii V^-BourgesS niévreA ^ *£ .Besanc anexionada


íiu t t en 1798
. r. r *»—
' \
Ginebra,
anexionada
en 1798

• Saboya.
LA R OCHELA
anexionada
I en 1792

C0RRÉ2E,

* l \V’
f Burdeo'
OOROOGNE
HAUTES
o r ó me '
ALPES /

AVEYRON BASES- \

LANDES
Vtpnoiu ALPES
AUCH V \~ V TARN y¡T Montpelfieft ~ x VAR Niza.
Touloujus / 0^ f c 3 ^ ) " h É R A U lO ^ L>. A»<\ anexionada
en 1793
_ 7 \ Touioo
BASSES- rO V-v.. IM a rs e llí^ n
PO IT IERS N om b re d e las PVBÉNÉES?^V■
,~i —>s
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K 'yyNarbona
^. BOUCHES- Aviñón.
a d m i n i st r a c io n e s DU-RHÓNE
•f’YRÉNÉESj W a r i é g e ¿ < *“ “ !* < anexionada
PO ITO U N om b re d e la s p ro vin cias
>*A^k",X^.-''^*PYRÍNÍEs) en 1793
S e d e d e u n p ar la m en t o

u o t r a co r t e so b e r a n a
PERPIÑ Á N

1789 frontera
CÓRCEGA,

¿ y s s .j,jb P r in cip ales b ar r e r a s in tern as


d e ad u an as

50 100 millas

M a pa 2. Francia prerrevolucionaria con las principales fronteras administi


pa 3. Los departamentos de la Francia revolucionaria de 1790, algunas ciuda-
vas, judiciales y fiscales. Los nombres en mayúscula y cursiva pertenecen a lit|
| «tes importantes, y los departamentos creados tras las anexiones de 1791-1798.
principales provincias.
r —
Caen

F IN IS T É R E
'T E S -D U -N O R D / | L L E _ET_

•Rennes
V IL A IN E
M O R B IH A N
r N olr?
LO IR E - *•-. ET-LOIRE To u r s
f 45 tW S
’> d« Gréve IN F É R IE U R E Í
<•» Sainle-Genevtéve
••.....JPantaón) Nantes^^^^^T

.Thbuars
L a Ro ch e - su r - Yo n ^ A / E N,D É!

Les Sables-d’Olonne*

La Rochela*

M a p a 4. París revolucionario, en el que aparecen los principales lugares

cionados en el texto y las 48 secciones del gobierno local.


Ár ea de op eracion es m ilitares

Secciones de París: Fron t eras de lo s d epart am ent os

1 Tullerías 17 Mercado de los Inocentes 33 Plaza Real


2 Campos Elíseos 18 Lonbards 34 Arsenal . »Burdeos
3 Roulc 19 Arcis 35 íle Saint-Louis
4 Palacio Real 20 Faub. Montmartre 36 Notrc-Damc 100 m illas

5 Plaza Vendóme 21 Poissonniére 37 Henri IV


6 Biblioteca 22 Bondy 38 Inválidos IPA 5. La «Vendée militaire» (obsérvese que no coincide con las fronteras
7 Grange Bateliére 23 Temple 39 Fontaine de Grenelle nento de la Vendée).
8 I.ouvrc 24 Popincourt 40 Quatre Nations
9 Oratoire 25 Montreuil 41 Theatro Francés
10 Halle au Ble 26 Quinze Vingts 42 Croix Rouge
11 Correos 27 Gravilliers 43 Luxemburgo
12 Plaza Louis XIV 28 Faub. Saint-Denis 44 Thermcs de Julien
13 Fontaine Montmorency 29 Beaubourg 45 Sainte-Gcneviéve
14 Bonne Nouvelle 30 Enfants Rouges 46 Observatorio
15 Ponceau 31 Ro í de Sicile 47 Jardín Botánico
16 Mauconseil 32 Ayuntamiento 48 Gobe lilis
CRO N O LO GÍA

22 de febrero de 1787 Reunión de la Asamblea de Notables.


'Junio-agosto de 1787 Negativa del Parlamento de París a registrar las

: * 8 de mayo de 1788

7 de junio de 1788
reformas reales; exilio de los parlamentarios.
Reformas de Lamoignon para reducir el poder
de los parlamentos.
«Journée des Tuiles» (Día de las Tejas) en Gre­
noble.
8 de agosto de 1788 Convocatoria de los Estados Generales para el
1 de mayo de 1789.
* 27 de diciembre de 1788 El Consejo Real decreta que se duplique el nú­
mero de los representantes del tercer estado.
I
Enero de 1789 Sieyés publica Qu ’est-ce que le Tiers Etat?
Marzo-abril de 1789 Elecciones a los Estados Generales.

LOS ESTADOS GENERALES


■ H >10° (5 DE MAYO DE 1789-27 DE JUNIO DE 1789)
V/A 50-100
I l 10- 50 ¿ 5 de mayo de 1789 Apertura de los Estados Generales en Versalles.
I I <10 0
1 17 de junio de 1789 Declaración de la Asemblea Nacional.
0 200 km
20 de junio de 1789 Juramento del Juego de Pelota.
______ 1 I____ I 23 de junio de 1789 Declaración del rey relativa a los Estados Gene­
I------- -------
1 1

0 100 millas rales.

M a pa 6. Número de condenas a la pena capital dictadas por


contabilizar las ejecuciones extrajudiciales). LA ASAMBLEA NACIONAL CONSTITUYENTE
(28 d e j u n i o d e 1789 - 30 d e s e p t i e m b r e d e 1791)

11 de julio de 1789 Destitución de Necker.


14 de julio de 1789 Toma de la Bastilla.
üiuuu
Finales de julio - principios Revoluciones municipales, revueltas campesi- w ^ Ley Le Chapelier.
14 de junio de 1791
--------
ade agosto *- jde
- •1789
'»*>« naS) « g ran pánico»
20 de junio de 1791 La declaración del rey y huida a Várennos.
4-11 de agosto de 1789 Decretos de Agosto sobre el feudalismo. -w 5 de julio de 1791 La circular de Padua.
10 de agosto de 1789 Decreto para el establecimiento de guardias na- Petición y «masacre» del Campo de Marte.
17 de julio de 1791
cionales. La declaración de Pillnitz.
27 de agosto de 1791
27 de agosto de 1789 Declaración de los Derechos del Hombre y del 3de septiembre de 1791 Constitución de 1791.
Ciudadano. Luis XVI acepta la nueva constitución.
14 de septiembre de 1791
1 1 de septiembre de 1789 La Asamblea Nacional concede el veto suspensi­ Anexión de Aviñón y del Condado Venesino.
14 de septiembre de 1791
vo, que no absoluto, al rey. Concesión de igualdad de derechos a los judíos

u i i j i ¡ i i 111 n n i i 11111 n
28 de septiembre de 1791
5-6 de octubre de 1789 Marcha de las mujeres parisinas a Versalles; la askenazies; Código Rural.
familia real es devuelta a París.
2 1 de octubre de 1789 Decreto de ley marcial.
2 de noviembre de 1789 Las propiedades de la Iglesia puestas a disposi­ LA ASAMBLEA LEGISLATIVA
ción de la nación. (1 DE OCTUBRE DE 1791 - 20 DE SEPTIEMBRE DE 1792)
14 de diciembre de 1789 Decreto estableciendo las municipalidades.
19 de diciembre de 1789 Primera emisión de asignados (papel moneda re­ Decreto contra los emigrados (velado por «I ley
de noviembre de 1791
9
volucionario). el de noviembre).
1 2

24 de diciembre de 1789 Garantía de libertad religiosa para los protes­ Los sacerdotes que se niegan a preslm jilliimi'iilii
29 de noviembre de 1791
tantes. a la Constitución son suspendidos de m i s Huí
28 de enero de 1790 Concesión de igualdad de derechos a los judíos ciones.
sefarditas. Decreto de nacionalización de las propiedad*
13 de febrero de 1790 9 de febrero de 1792
Decreto de prohibición de votos monásticos en de los emigrados.
Francia. Declaración de guerra a Austria.
20 de abril de 1792
26 de febrero de 1790 Se decreta la división de Francia en departa­ Decreto de deportación de los sacerdotes reina
27 de mayo de 1792
mentos. tarios (vetado el 19 de junio).
22 de mayo de 1790 La Asamblea Nacional renuncia a las guerras de Destitución de los ministros girondinos.
12 de junio de 1792
conquista. Invasión de las Tullerías por la muchedumbre
20 de junio de 1792
10 de junio de 1790 Petición de Aviñón para anexionarse a Francia. parisina.
19 de junio de 1790 Decreto de abolición de la nobleza hereditaria y Declaración de la «patrie en danger».
11 de julio de 1792
de los títulos. Publicación del manifiesto Brunswick.
12 de julio de 1790 25 de julio de 1792
Constitución Civil del Clero. . Asalto a las Tullerías y suspensión del rey.
10 de agosto de 1792
14 de julio de 1790 Fiesta de la Federación. Deserción de Lafayette a las filas austríacas.
18 de agosto de 1790 19 de agosto de 1792
Primera asamblea contrarrevolucionaria en Jalés. Decreto sobre el feudalismo.
29 de octubre de 1790 25 de agosto de 1792
Revuelta de esclavos y negros libres en Santo Caída de Verdún a manos de los prusianos.
2 de septiembre de 1792
Domingo. «Masacres de septiembre» en las cárceles de
2-6 de septiembre de 1792
27 de noviembre de 1790 Decreto exigiendo el juramento del clero. París.
2 de marzo de 1791 Supresión de los gremios.
13 de abril de 1791 La bula papal Chantas.
15 de mayo de 1791 Concesión de igualdad de derechos a los hijos de
los negros libres en las colonias.
27 de julio de 1793 Robespierre nombrado miembro del Comité de
LA PRIMERA FASE DE LA CONVENCIÓN NACIONAL Salud Pública.
(20 DE SEPTIEM BRE DE 1792 - 2 DE JUNIO DE 1793) 1de agosto de 1793 Se decreta el establecimiento de un sistema uni­
forme de pesos y medidas.
2 0de septiembre de 1792 Primera sesión de la Convención Nacional. 23 de agosto de 1793 Decreto de establecimiento de la levée en masse
20 de septiembre de 1792 Victoria en Valmy. (leva masiva).
6 de noviembre de 1792 Victoria en Jemappes. 27 de agosto de 1793 Toulon se rinde a la marina británica.
27 de noviembre de 1792 Anexión de Saboya a Francia. 5-6 de septiembre de 1793 La «Journéc» popular presiona a la Convención
1 1de diciembre de 1792 Primera comparecencia de Luis XVI ante la a tomar medidas radicales.
Convención. 17 de septiembre de 1793 Ley de sospechosos.
14-17 de enero de 1793 Proceso de rey. 29 de septiembre de 1793 Ley del Máximo General.
21 de enero de 1793 Ejecución de Luis XVI. 5 de octubre de 1793 Decreto estableciendo la Era Francesa (14 Ven-
de febrero de 1793
1
Francia declara la guerra a Inglaterra y Holanda. dimiario II).
24 de febrero de 1793 Decreto de reclutamiento de 300.000 hombres. 9 de octubre de 1793 Represión de la insurrección «federalista» en
7 de marzo de 1793 Declaración de guerra a España. Lyon.
de marzo de 1793
1 0
Creación de un tribunal revolucionario especial. 10 de octubre de 1793 Declaración del Gobierno revolucionario (19 Ven-
10 de marzo de 1793 Creación de comités de vigilancia. dimiario II).
1 0de marzo de 1793
- 1 1
Masacres en Machecoul e inicio de la insurre- 16 de octubre de 1793 Ejecución de María Antonieta.
ción en la Vendée. 31 de octubre de 1793 Ejecución de los líderes girondinos.
19 de marzo de 1793 Decreto de Auxilio Público. 4 de diciembre de 1793 La Constitución del Terror (Ley del 14 Primario
28 de marzo de 1793 Decreto contra los emigrados. del año II).
4 de abril de 1793 Deserción de Dumouriez a las filas austríacas. 8 de diciembre de 1793 Decreto relativo a la libertad religiosa (18 Frima-
6 de abril de 1793 Decreto sobre la creación de un Comité de Salud rio II).
Pública. 19 de diciembre de 1793 Decreto relativo a la Educación Pública (29 Fri-
9 de abril de 1793 Decreto estableciendo los «diputados en mi­ mario II).
sión». 4 de febrero de 1794 Abolición de la esclavitud en la colonias fran­
4 de mayo de 1793 La primera ley del Máximo. cesas.
31 mayo - 2 junio 1973 Invasión de la Convención por las secciones de 3 de marzo de 1794 Los decretos de Ventoso (13 Ventaso II).
París; caída de los girondinos. 13-24 de marzo de 1794 Arresto y ejecución de los hebertistas.
7 de junio de 1793 Revueltas federalistas en Burdeos y en Calvados. 30 marzo - abril 1974
6
Arresto y ejecución de los dantonistas.
de junio de 1794
8
Fiesta del Ser Supremo en París.
10 de junio de 1794 Ley del 22 Pradial (22 Pradial II).
LA SEGUNDA FASE DE LA CONVENCIÓN: EL TERROR 26 de junio de 1794 Victoria en Fleurus.
(3 DE JUNIO DE 1793 - 28 DE JULIO DE 1794) 23 de julio de 1794 Introducción de la regulación de salarios en
París.
10 de junio de 1793 Decreto autorizando a los municipios a dividir 27 de julio de 1794 9 Termidor: derrocamiento de Robespierre.
por cabeza las tierras comunales. 28 de julio de 1794 Ejecución de Robespierre, Saint-Just y parti­
24 de junio de 1793 Constitución de 1793. darios.
13 de julio de 1793 Asesinato de Marat.
17 de julio de 1793 Abolición definitiva del feudalismo.
27 de mayo de 1797 Ejecución de Babeuf.
LA TERCERA FASE DE LA CONVENCIÓN: LA REACCIÓN 4 de septiembre de 1797 18 Fructidor: golpe de estado contra los diputa­
TERMIDORIANA dos realistas.
(29 DE JULIO DE 1794 - 26 DE OCTUBRE DE 1795) 17 de octubre de 1797 Tratado de Campo Formio (27 Vendimiario VI).
11 de mayo de 1798 22 Floreal: destitución de los diputados republi­
12 de noviembre de 1794 Clausura del Club Jacobino. canos extremistas.
17 de noviembre de 1794 Decreto sobre la Escuela Primaria (27 Bruma- 19 de mayo de 1798 Bonaparte inicia la campaña de Egipto.
rio III). 1 de agosto de 1798 Batalla del Nilo: derrota de la Ilota francesa,
24 de diciembre de 1794 Abolición del Máximo General. 5 de septiembre de 1798 Primera ley general de Servicio Militar obligiüo
28 de diciembre de 1794 Decreto para la reorganización del Tribunal Re­ rio (19 Fructidor VI).
volucionario Nivoso III).
( 8 Marzo de 1799 Guerra de la Segunda Coalición.
1 de abril de 1795 Germinal: journée popular en París. Las elecciones legislativas favorecen a Ion ihm>|ii
Abril de 1799
5 de abril de 1795 Tratado de Basilea con Prusia (16 Germinal III). cobinos.
7 de abril de 1795 Decreto sobre pesos y medidas (18 Germinal III). 23 de agosto de 1799 Bonaparte embarca hacia Francia,
Abril-mayo 1795 «Terror blanco» en el sur de Francia. 9 de octubre de 1799 Bonaparte regresa a Francia.
16 de mayo de 1795 Tratado de la Haya (27 Floreal III). Decreto sobre los francos y las Ulnas (.’lt Vendí
í 18 de octubre de 1799
20 de mayo de 1795 Pradial: invasión de la Convención por la mu­ miarioVIll).
chedumbre parisina. 10 de noviembre de 1799 Decreto de Brumario (19 lliuinanu VIII)
8 de junio de 1795 Muerte de Luis XVII; el conde de Provenza pre­ 13 de diciembre de 1799 Constitución del año VIII (21 I nnmiio VIII)
tendiente al trono de Francia (Luis XVIII). 28 de diciembre de 1799 Reapertura de las iglesias para el servicio de lo .
22 de julio de 1795 Se firma la paz con España. domingos.
22 de agosto de 1795 Constitución del año III (5 Fructidor III).
30 de agosto de 1795 Decreto de los Dos Tercios (13 Fructidor III).
29 de septiembre de 1795 Decreto sobre el ejercicio de Culto (7 Vendimia-
rio IV).
5 de octubre de 1795 Vendimiario: levantamiento realista en París.
25 de octubre de 1795 Decreto relativo a la organización de la Enseñan­
za Pública (3 Brumario IV).
26 de octubre de 1795 Disolución de la Convención.

EL DIRECTORIO 'i'K

3 de noviembre de 1795 Se constituye el Directorio.


19 de febrero de 1796 Retirada de los asignados.
2 de marzo de 1796 Bonaparte nombrado General en jefe del ejército
de Italia.
10 de mayo de 1796 Conspiración de los Iguales; Babeuf arrestado. |p v
Diciembre de 1796 Fracaso de la expedición irlandesa de Hoche.
Marzo-abril de 1797 Exito de los realistas en las elecciones legislativas.
El calendario se introdujo para señalar el primer aniversario de la proclamación
de la república el 22 de septiembre de 1792. El 14 Vendimiario 11 (5 de octubre de
1793) fue el día de la introducción del calendario mediante un «Decreto estable-
: ciendo la Era Francesa». Dicho calendario representaba el rechazo del calendario
gregoriano y de todos sus nombres de santos; en su lugar habría meses «raciona­
les» de 30 días, cada uno con tres décadas (por desgracia para los de mentalidad
| | decimal, tenía que haber doce en vez de diez), y cada día tendría un nombre ins­
pirado en la naturaleza: en Frimario, por ejemplo, coliflor, cera de abejas y trufa.
Los décadi o décimos días recibían nombres de aperos de labranza. El calendario
_£ estuvo vigente hasta el de enero de 1806.
1

Otoño: Vendimiario (mes de la vendimia) 2 2 septiembre - octubre


2 1

Brumario (mes de la niebla) 2 2 octubre -2 0 noviembre


Frimario (mes de la escarcha) 2 1 noviembre - diciembre
2 0

Nivoso (mes de la nieve) 2 1diciembre - 19 enero


Pluvioso (mes de la lluvia) 2 0enero - 18 febrero
Ventoso (mes del viento) 19 febrero - marzo
2 0

Primavera: Germinal (mes de los brotes) 2 1 marzo - 19 abril


Floreal (mes de las flores) 2 0 abril - 19 mayo
Pradial (mes de los prados) 2 0 mayo - 18 junio

Verano: Mcssidor (mes de la cosecha) 19 junio - 18 julio ,


Termidor (mes del calor) 19 julio - 17 agosto
Fructidor (mes de la fruta) 18 agosto - 16 septiembre

Sans-culottides: 17-21 de septiembre ambos inclusive más un día extra en los


años bisiestos.
GUIA BIBLIOGRAFICA

La mejor introducción a la Francia del siglo xvm es la obra de Daniel Roche,


France in the Enlightenment (Cambridge, Mass., 1998). Podemos aprender
mucho de la sociedad francesa en su conjunto en John McManners, Church and
Society in Eighteenlh-Century France, 2 vols. (Oxford, 1998). Los estudios loca­
les nos permiten una aproximación más detallada a la sociedad francesa; enlrc
ellos destacan Robert Forster, The Nobility ofToulouse in the Eighteenth Con
tury (Baltimore, 1971), y The Home o f Saulx-Tavanes: Versátiles and líurgundy
1700-1830 (Baltimore, 1977); Daniel Roche, The People o f Paris: An'Essay in
Popular Culture in the 18th Century (Berkeley, Calif., 1987); Tilomas Shcppard,
Lourmarin in the Eighteenth Century: A Study o f a French Village (Baltimore,
1971); Olwen llufton, liayeux in the Late Eighteenth Century: A Social Study
(Oxford, 1967); John MacManners, French Ecclesiastical Society under lite
Anden Régime (Manchester, 1960); Patrice Higonnct, Pont-de-Montvert: Social
Structure and Politics in a French Village, 1700-1914 (Cambridge, Mass., 1971),
y Liana Vardi, The Land and the Loom: Peasants and Profit in Northern ¡■'ranee
1680-1800 (Durham, NC, 1993). El papel fundamental desempeñado por las
mujeres en el trabajo doméstico es analizado en la importante obra de Olwen
Hufton, The Prospect befare Her: A History ofWomen in Western Europe, 1500-
1800 (Nueva York, 1996).
Encontramos buenos resúmenes de los debates acerca de los orígenes de la
revolución desde una perspectiva no marxista o «revisionista» en William Doyle,
Origins o f the French Révolution, 2.a ed., (Oxford, 1980), mientras que Colin
Jones sintetiza un montón de investigaciones recientes en una eficaz réplica en
Colin Lucas (ed.), Rewriting the French Révolution (Oxford, 1991). Los*conti-
nuos intentos de reforma se analizan en Peter Jones, Reform and Révolution in
France: The Politics ofTransition, 1774-1791 (Cambridge, 1995). Paulatinamen­
te se ha ido prestado una creciente atención a los orígenes culturales de la revo­
lución, muy bien sintetizados en Rogcr Charticr, The Cultural Origins o f tlie
French Révolution (Durham, NC, 1991); Emmct Kennedy, A Cultural History o/
the French Révolution (New Haven, 1989); y el merecidamente influyente traba
G U ÍA B IB L IO G R Á F IC A 261

nal Assembly and the Emergence o f a Revolutionary Culture (1789-1790) (Prin­


jo de Robert Darnton, La gran matanza de gatos y otros episodios en la historia
ceton, 1996); C. J. Mitchell, The French Legislative Assembly o f 1791 (Leidcn,
de la cultura francesa (Fondo de Cultura Económica, México, 1987), y The Lite- |
1989); y Alison Patrick, The Men o f the First French Republic (Baltimore, 1972).
rary Underground o f the Oíd Regime (Cambridge, Mass., 1982).
Peter Jones, The Peasantry in the French Revolution (Cambridge, 1988); y
Cuarenta años después de su publicación en francés, el clásico estudio mar­
John Markoff, The Abolition o f Feudalism: Peasants. Lords, and Legislators in
xista de Albert Soboul, La Revolución Francesa (Orbis, Barcelona, 1987), sigue
the French Revolution (Philadelphia, 1996) profundizan el clásico de 1932 de
siendo un análisis enérgico y coherente. En un tono muy distinto destaca la deta­
Georges Lefcbvre, El gran pánico de 1789: La revolución francesa y los cam­
llada historia política de William Doyle, The Oxford History o f the French Revo­
pesinos (Paidós, Barcelona, 1986). Acerca de la resistencia rural a la revo­
lution (Oxford, 1989); en ella se hace hincapié en los asuntos internacionales y
lución, véase la innovadora obra de Charles Tilly, The Vendée (Cambridge,
en la contrarrevolución. Michel Vovelle, La caída de la monarquía, 1787-1792
Mass., 1964); Donald Sutherland, The Chouans: The Social Origins o f Popular
(Ariel, Barcelona, 1979) es un relato fluido de los orígenes y primeros años de la
Counter-Revolution in Upper Brittany, 1770-1796 (Oxford, 1982); y Gwynne
revolución. Una reciente y lúcida visión de conjunto es la de David Andress,
Lewis, The Second Vendée: The Continuity o f Counter-Revolution in the De­
French Soeiety in Revolution, 1789-1799 (Manchester, 1999); incluye una sober­
partment o f the Gard, 1789-1815 (Oxford, 1978). Un estudio de una región
bia recopilación de documentos traducidos de French Revolution Documents,
prorrevolucionaria lo encontramos en Peter McPhee, Revolution and Environ­
vol. 1, ed. J. M. Roberts y Richard Cobb (Oxford, 1966), vol. 2, ed. J. M. Roberts
ment in Southern France: Peasants, Lords, and Murder in the Corbiéres, 1780-
y John Hardman (Oxford, 1973). Richard Cobb y Colin Jones (cds.), Voices of the.
1830 (Oxford, 1999).
French Revolution (Topsfield, Mass., 1988) es una recopilación de documentos
Aparte de los estudios locales citados anteriormente, la faceta urbana y pro­
muy bien escogida e ilustrada. France 1789-1815: Revolution and Counterre-
vincial de la revolución es hábilmente reseñada por Gail Bossenga, The Politics
volution de Donald Sutherland, (Londres, 1985) es una panorámica detallada y
of Privilege: Oíd Regime and Revolution in Lille (Cambridge, 1991); Alan
provocadora que consigue situar la revolución desde una perspectiva nacional
Forrest, Soeiety and Politics in Revolutionary Bordeaux (Oxford, 1975); Bill
más que parisina.
Edmonds, Jacobinista and the Revolt o f Lyon, 1789-1793 (Oxford, 1990); David
Excepto el de Andress, ninguno de estos libros presta mayor atención a la
Garrioch, The Formation o f the Parisian Bourgeoisie 1690-1830 (Cambridge,
participación de las mujeres o a temas de género, para ello véase Dominique
Mass., 1996); William Scott, Terror and Repression in Revolutionary Marseilles
Godineau, The Women o f Paris and their French Revolution (Berkelcy, Calif.,
(Londres, 1973); Paul Uanson, Provincial Politics in the French Revolution:
1998); Joan Landes, Women and the Public Sphere in the Age o f the French
Caen and Limoges, 1789-1794 (Baton Rouge, LA., 1989); Ted W. Margadanl,
Revolution (Ithaca, NY, 1988); R. B. Rose, Tribunes and Amazons: Men and
Urban Rivalries in the French Revolution (Princeton, 1992); y el absorbente
Women o f Revolutionary France 1789-1871 (Sydney, 1998), y el innovador
ensayo sobre el París revolucionario de Richard Andrew en Gene Brucker (ed.),
Revolution in the House: Family, Class and Inheritance in Southern Franci
People and Communities in the Western World, vol. 2 (Homewood, III., 1979).
/ 775-1825 (Princeton, 1989) de Margaret Darrow.
The French Revolution and the Church (Londres, 1969) de John McManners
A Tim Blanning debemos tres sucintas y enérgicas visiones sobre temas de
sigue siendo una introducción perspicaz y amena a los conflictos religiosos del
recientes debates, The French Revolution: Aristocrat versus Bourgeois? (Lon­
período revolucionario, como la obra de Ralph Gibson, A Social History o f
dres, 1989); Alan Forrest, The French Revolution (Oxford, 1995), y Gwynne
French Catholicism, 1789-1914 (Londres, 1989). Análisis recientes y más de­
Lewis, The French Revolution: Rethinking the Debate (Londres, 1993). Una
tallados los hallamos en la esclarecedora Religión, Revolution and Regional Cul­
recopilación de artículos recientes, especialmente desde una perspectiva de la
ture in Eighteenth-Century France (Princeton, 1986) de Timothy Tackett. Colin
historia cultural, la encontramos en Ronald Schechter (ed.), The French Revolu­
Jones estudia la política social durante la revolución en The Charitable Imperati-
tion: Blackwell Essential Readings (Oxford, 2001). La colección editada por
ve: Hospitals and Nursing in Anden Regime and Revolutionary France (1989);
Peter Jones, The French Revolution in Social and Political Perspeclive (Londres, .
Alan Forrest, The French Revolution and the Poor (Oxford, 1981); Antoinette
1996), es más amplia y útil. Colin Jones, The Longman Companion to the French
Revolution (Londres, 1988) es un tesoro lleno de valiosos detalles. Wills, Crime and Punishment in Revolutionary Paris (Nueva York, 1981); y Isser
Woloch, The French Veteran from the Revolution to the Restoration (Chapel Hill,
Las sucesivas asambleas revolucionarias son objeto de estudio por parte de
NC, 1979). Un importante estudio acerca del impacto de la ley de divorcio de
Timothy Tackett, Becoming a Revolutionary: The Deputies o f the French Natio-
1792 es el de Roderick Phillips, Family Breakdown in Late-Eighteenlh Century Isser Woloch, The New Regime: Transformations o f the French Civic Order,
France: Divorces in Rouen 1792-1803 (Oxford, 1980). 1789-1820s (Nueva York, 1994); y Kennedy, Cultural History. Los siguientes
Los trabajos fundamentales sobre el movimiento popular parisino siguen hacen más hincapié en la cultura urbana culta: el más amplio es el estudio de Mona
siendo George Rudé, The Crowd in the French Revolution (Oxford, 1959), y Ozouf, Festivals and the French Revolution (Cambridge, Mass., 1988). Las
Albert Soboul, Los sans-culottes: Movimiento popular y gobierno revoluciona­ manifestaciones musicales de la revolución son tratadas por Laura Masón, Sin-
rio (Alianza, Madrid, 1987), que han sido complementados por William Sewell, ging the French Revolution: Popular Culture and Politics, ¡789-1799 (Ithaca,
Trabajo y revolución en Francia: El lenguaje del movimiento obrero desde el NY, 1996); Malcolm Boyd (ed.), Music and the French Revolution (Cambridge,
Antiguo Régimen hasta 1848 (Taurus, Madrid, 1992). La revolución armada ha 1990); Jean Mongrédien, French Music from the Enlightenment to Romanticism
sido estudiada por Jean-Paul Bertaud, TheArmy o f the French Revolution: From 1789-1830 (Portland, Ore., 1989). Aileen Ribeiro, Fashion in the French Revolu­
Citizen-Soldiers to Instrument o f Power (Princeton, 1988), Alan Forrest, Soldiers tion (Londres, 1988) es un interesante estudio sobre la política de la moda. La
o f the French Revolution (Durham, NC, 1989) y, de forma diferente, por Richard obra de Malcolm Crook, Elections in the French Revolution: An Apprenticeship
Cobb, The People’s Armies (New Haven, 1987). La vida política popular consti­ in Democracy, 1789-1799 (Cambridge, 1996) es especialmente útil. I I trabajo
tuye el centro de interés de R. B. Rose, The Making o f the «sans-culottes»: De- de Maurice Agulhon, Marianne into Battle: Republican Imagery and Symbolism
mocratic Ideas and Institutions in Paris, 1789-1792 (1983) y, desde el punto de in France, 1789-1880, resulta sumamente ameno. El impacto de la revolución
vista nacional, de Michael Kennedy, The Jacobin Clubs in the French Revolu­ en las estructuras del Estado y la identidad nacional es objeto de estudio eci llín,
tion, 2 vols., (1982, 1988). Revolution and the Bureaucratic State: Politics and Army Adminixtration in
El período entre 1795-1799 está relativamente descuidado. Existen algunos France, 1791-1799 (Oxford, 1995), de lloward G. Brown;Clive CIhiicIi, Kevolu
análisis útiles realizados por Denis Woronoff, The Thermidorian Regime and the tion and Red Tape: The French Ministerial Bureaucracy, I770-I8Ü0 (Oxluul,
Direciory ( 1984); y por Martyn Lyons, France under the Directory (1975). Mal- 1981); y John Bosher, The French Revolution (Londres, 1989). El impacto en l.e.
colm Crook relaciona hábilmente el Directorio con el Consulado, Napoleon colonias y en las actitudes raciales ha sido objeto de análisis por parte de Carolyn
Comes to Power: Democracy and Dictatorship in Revolutionary France, 1795- Fick y Pierre Boulle en Frederick Krantz (ed.), History from Below: Sltulitw In
1804 (Cardiff, 1998). Richard Cobb tiene algunos capítulos importantes en The Popular Protest and Popular ¡deology in Honour o f George Rudé (Montrcul,
Pólice and the People: French Popular Protest 1789-1820 (Oxford, 1970), y en 1985).
Reactions to the French Revolution (Oxford, 1972). En cuanto a la historia social
de aquellos años, véase Gwynne Lewis y Colin Lucas (cds.), Beyond the Terror:
Essays in French Regional m ui Social History, 1794-18/5 (Cambridge, 19X3).
l'l im|VWIo social >lo la ivwluoiiM» sijíuo siendo moliw' «lo eoiiHMWism l'uln'
las consideraciones «minimalistas» figura Olwen llutton, «Women in Revolu­
tion 1789-1796», Past & Present (1971); Robert Forster, en Jaroslaw Pelenski
(ed.), The American and European Révolutions, 1776-1848 (1980) y las conclu­
siones a Doyle, French Revolution y Simón Schama, Ciudadanos: crónica de la
Revolución Francesa (Buenos Aires, 1990). Éstas pueden ser comparadas con
los capítulos finales de Soboul, La Revolución Francesa; Jones, Peasantry, y
Bill Edmonds, «Successes and Exesses of Revisionist Writing about the French
Revolution», European Historical Quarterly, 17 (1987), pp. 195-217.
El impacto de la revolución en la «cultura política» es analizado por Lynn Hunt,
Politics, Culture, and Class in the French Revolution (Londres, 1984); Carla
Hesse, Publishing and Cultural Politics in Revolutionary Paris 1789-1810
(Berkeley, Calif, 1991); los colaboradores de los tres volúmenes de The French
Revolution and the Creation o f Modern Political Culture (Oxford, 1987-1989);
ÍNDICE ALFABÉTICO

Academia de las Ciencias, 158, 176 Attichy, en el departamento de Oise,


Adams, John, 61 199
Ado, Anatoli, historiador ruso, 229 Aude, departamento del, 100, 128,228,
Aduze (Gard), 214 230, 231
Affiches, hojas de noticias, 36 Auffray, Jean, 41
Aisne, departamento del, 85, 132, 230 Austria, 204, 208; golpe militar en,
Albert, abbé de Embrun, 13 112-113; tratado de Campo-Formio
Allardc, ley de d’, 98 con (1797), 204, 205; tratado de
Alsacia, 81 Lunéville (1802) con, 209
Amar, del Comité de Seguridad Gene­ Auxerre, 58
ral, 171,219 Ave et le credo du tiers-élat, opúsculo,
Amiens, 53, 122 63
Amiens, tratado de paz con Gran Bre­ Aviñón, 81, 94, 111
taña (1802) de, 209
Antis du R o í , periódico, 105
Amont, zona de, 59 Babcuf, Fran<;ois-Nocl (Gracchus), , 8 6

i Amour de Charlot et Toinette, /.’, 40 183


Anderson, Benedict, 222 Baecquc, Antoinc de, 115
Angers, 23, 133,226, 230 Bailly, Jean-Sylvan, astrónomo, 65, 69,
Anjou, 63, 104 77
Anzin, 19 Barbotin, abbé, 6 6

Arles, 195 Barére de Vieuzac, Bertrand, 172, 183


Armonville, Jean-Baptiste, 122 Barnave, Antoine, 108-109, 147
Artois, 53, 64 Barras, Paul-Frangois, conde de, 182
Artois, conde de, hermano más peque­ Bastilla, fortaleza de la: toma de, 7,
ño de Luis XVI, 51,69, 111, 190 68-69,71,92,179,189
Asamblea Legislativa (1791), 111, 114, Bastoulh, Raymond, 99
121, 148 Bayeux, 195,227, 230
Asamblea Nacional, , 65, , 67, ,
8 6 6 6 8 Bazin de Bezons, Armand, obispo de
71,73,79, 81,83,84,85,88,98, 100- Carcasona, 46-47
101, 107, 110, 120-121, 152,216 Beaufort-cn-Vallée, 92

1
rauiuirsiJTm iiiuium iuui
266 LA R E V O L U C IÓ N F R A N C E S A , 1789-1799 IN D IC E A L F A B E T IC O 267

Beauharnais, Alcxatidtc de, 183 Brissot de Warvillc, Jacques-Pierre, Chahci, Jofccph, lióer \4 . 1
vk S.cy.utuUd General. ?.ll>
Beauharnais, Rose de, 183, 206 34 ,6 1 ,8 8 , 111-112, 113, 116, 128, "M 162 Comité General de Seguí id¡td, 77
1

Bcaumont-de-Perigord, 188 131, 184 Chanzeaux. pueblo de, 214 Comité Jacobino de Salud Pública, 141,
Bédarieux, ciudad textil de, 12 Brunswick, Charles William Ferdinand, Charettc, FranQois-Athanase, líder de 143, 174
Bcethoven, Ludwig van, 77 duque de, 117, 140 la Vendée, 190 Comité sobre el feudalismo de la Asam­
«Belén de la Vendée», 215 Bruny, Jean-Baptiste Jéróme de, 235 Charon, Joseph, zapatero parisino, 50 blea Nacional,8 6

Bélgica, 203 Chartier, familia de Gonesse, 229 Comuna de París, 117, 119, 139, 140,
Burdeos, 24,49,81,122,126,140,186,
Belley (departamento de Ain), 150 224, 233; población de, 16; puerto Chartres, 23 169
Bentham, Jcrcmy, 125 de, 19 Chassepot de Beaumont, Jean-Marie, Concordato con el papado (1801), 209
Berticr de Sauvigny, Louis, goberna­ Burke, Edmund, 77, 110 11,240 Condillac, Étiennc de, filósofo, 38
dor real de París, 70, 179 Burns, Robert, poeta, 77 Chaunu, Pierre, 178 Condorcet, Marie-Jean-Antoinc Cari
Besan<;on, 41 Chcnier, André, poeta, 181 tat, marques de, 64, 103
Béziers, 64 Ciudadanas Republicanas Revolucio­ Consejo de los Ancianos, 19 1
Biblia, 40 Caen, 140, 238 narias, 169, 170-171,219 Consejo de los Quinientos, 191, 19.1,
Dibliothéque bleue,
4 3
Cailhava, funcionario jacobino, 149 Clermont-Fcrrand, 158 208
Billaud-Varenne, Jean-Nicolas, 175 Calas, Jean, protestante de Toulouse, Cloots, 174 Constitución Civil del Clero (1790),
Blake, William, poeta, 77 32, 165 Cloots, Anacharsis, 125 92,94-95,96, 113, 134, 194,214
Blanc, Pierre, cura de Gabian, 153 Calonne, Charles-Alexandre de, 47,48 Club de los Cordeleros, 103, 109, 110 Constitución de 1791, 108, 110, 122,
Blois, 188 Cámara de Comercio, 225
: Club de los Feuillants, 111 126, 189, 192
Boissy d’Anglas, Frangois-Antoine, Cámara de los Lores, 77 Club del Panteón de París, 193 Constitución de junio de 1793,9, 142,
presidente de la Convención, 190 Cambrai, cabildo de la catedral de, 27 Club Jacobino, 98, 102-103, 110, 111 158, 183, 190, 191, 193, 196, 101
Bolívar, Simón, 239 Cambrésis, 23, 71, 228 Club Massiac, grupo de presión colo­ 213
Bonaparte, Lucien, hermano menor de Campe, Joachim Heinrieh, educador nial,
8 8
Constitución del año III (1795), , 19(1,
8

Napoleón, 208 alemán, 125 Cobban, Alfred, 229 191, 192


Bonnet, Antoine, 150 Constitución del año X, 209

i
Campo de Marte, 105, 109, 126 Coblenza, 113
Borgoña, 30, 44, 232 Campo-Formio, tratado de paz (1797) Código Civil napoleónico, 237, 238- Consulte Generalc di Corti, 139
Boudon, Léonard, 162 con Austria en, 204, 205 239 Conti, principe de, 53
Bouganville, Louis-Antoine, conde de, Canadá, 47 Código Forestal, 101 Convención Nacional, , 121, 126, 128,
8

124 Cange, Joseph, 187, 188 i Código Negro de 1685, 19; restableci­ 135, 148, 157, 159, 160, 163, 173-
Bouillé, Frangois-Claude, comandan­ Carcasona, en el Languedoc, 53, 224 miento del, 217 174, 182, 195
te, 82 Corbieres, región de, 3 1,45, 87
Caribe, 47, 50, 90; colonias del, 19 Código Rural, 101
Bouillerot, Nicolás, 41 Carnot, Lazare, 180 Cohin, Pierre, 144 Córcega, 207; insurrección antijacobi­
Bouisse, barón de, 102 Carrier, Jean-Baptiste, 146 Colbert, código forestal de (1669), 59, na en, 139
Bouquicr, 157 Catalina de Rusia, 77 Corday, Charlotte, 141
101,231
Brest, puerto de, 122 Caux, País de, región del, 74 Colcridgc, Samuel Taylor, poeta, 77 Corneille, Pierre, 175
Bretaña, 30, 45, 72, 80, 85, 142, 190, Caveau, Le, sociedad gastronómica, Colliure, 201 Corvol, Andrée, 58
232 207 Collot d’Hcrbois, Jean-Marie, 146, Coupé de l’Oise, agrónomo jacobino,
Breteuil, barón de, 67 Cercle Social, 103 199
182
Bridaine, padre, 25 Cerutti, Joseph-Antoine, 151 Comité Central Revolucionario, 140 Coutelet, Maric-Madeleine, 147
Brienne, Loménie de, arzobispo de Chablis (Yonne), 196 Comité de Salud Pública, 146,147,157, Couthon, Georges, 168
Toulouse, 48, 49 Chain, Baptistc, 194 172, 175, 180 Crook, Malcolm, 213
Danton, Georgcs-Jacques, 34, 61, 103, Ensheim, Moise, 123
119, 126, 172, 175 Gabian, pueblo de, 12, 13, 16, 22, 153, Haití, 217
Escuela Central de Obras Públicas, 166, 227 Hallivillers, pueblo de,
8 6

Darnton, Robert, 40 187


Dauch, Martin, 6 6
Gamas, Marín: Emigrados en tierras Hamilton, Alcxander, 125
España, 77, 128; tratado de paz con australes, 124-125, 187 Hampson, Norman, 120
Dauphiné, 85 (1795), 203 Gard, departamento del, 121 Hardy, Sébastien, librero parisino, 67,
David, Jacqucs Louis, 162, 175, 176, Estados Generales, 47, 48, 49, 50, 53- Gareschc, Daniel, alcalde de La Ro­ 76
177; El juramento de los Horacios, 55, 60, 61, 63, 65, 75, 79, 89, 102, Havre, El, puerto de, 19
43 chela, 89, 136
214 Garrioch, David, historiador, 35, 41, Hébert, Jacques-René, 144, 174, 180
Declaración de Derechos del Hombre Estados Pontificios, 205 Hegel, Georg Wilhelm Friedrich, 77
y del Ciudadano (1789), 9, 73-74, 232
Estados Unidos, 47, 194 Gaudet, diputado, 126 Helvetius, 39, 40
81,88,95,98, 104,211 Eure-et-Loir, departamento de, 109,131 Gautier, Jean-Louis, 116 Herder, Johann Gottfried von, 77
Declaración de los Derechos de las Mu­ Évecquemont, priorato de, 240 Hermanas de la Caridad en Bayeux,
jeres y de los Ciudadanos, 104 Gaveaux, Pierre, 185
Gazette de Paris, 110 23
Decretos de Agosto, 74, 75, 85
Gensonné, Armand, diputado, 126 Hesse, Carla, 186
Demissy, Pierre-Samuel, 89 Farge, Arlette, 41 Hohenzollern de Orange, princesa,
Desmoulins, Camille, , 82, 126, 168, Gérard, Michel, 65
6 8
Feuille du salut public, La, periódico, Gilroy, James, 162 48
172, 175 219
Girardin, marqués de, 226 Holanda, 203
Diderot, Denis, 38
Feuille villageoise, La, periódico, 151 Glain, Madelaine, 76 Holbach, Paul-Henri, barón de, 40
Dijon, 230
Fichte, Johann Gottlieb, 77 Goodman, Dena, 42 Hondschoote, batalla de, 154
Diners du Vaudeville, sociedad gastro­ Fiesta de la Federación (1790), 105,
nómica, 207 Gorsas, Antoine-Joseph, diputado gi­ Huard, Pierre, 12
109 Hufton, Olwcn, 30, 45
Directorio, régimen del, 183, 192-194, rondino, 131, 147, 155
Fiesta de la Unidad e Indivisibilidad de Gouges, Olympe de, 103, 104, 169 Hunt, Lynn, 34, 179,220
195, 197-198, 202; fiestas oficiales la República, 162
del, 188 Gran Bretaña, 128, 204; colonias
Fiesta del Ser Supremo, 175 norteamericanas de, 47; tratado de
Dormans, 160 Filie de joie, La, 40
Doyle, William, 229 Amiens (1802) con, 209; véase tam­ Iglesia católica, 17, 22, 23, 25, 29, 36,
Fitzimmons, Michael, 87 bién Inglaterra 38, 54, 56, 58, 60, 79, 92, 107, 133,
Drouet, Jean-Baptiste, jefe de correos Flandes, 114 158, 189, 196-197, 214, 216, 228,
de Sainte-Menehould, 107 Gras, distrito de, 8 8

Floreal, batalla de, 181 235,237


Duboscq, abbé Thomas, 153, 195 Greer, Donald, 218
Fontane, Jean, 214
Ducos, Pierre-Roger, 208 Grégoire, Henri, párroco de la Lorena, íle-de-France, 13, 14
Forcé, prisión de La, 187 64,65, 80, , 108, 159, 186, 236 Ilustración, 37, 38, 39, 41, 42
Dufiay, sacerdote, 160 Forster, Robert, 227, 233
8 8

Grenoble, 49, 221; parlamento de, 49 India, 47


Dumouriez, Charles-Frangois, general, Fouché, Joseph, 154, 182, 208
128 Guardia Nacional, 76, 82, 109, 138, Inglaterra, 77, 208, 216; tratado de li­
Foulon, Joseph, 70, 179 bre comercio (1786) con, 43-44, 133,
Dunkerque, puerto de, 19 144
Founier, Georges, 45, 46 Guayana, campo de prisioneros de, 189 228
Fouquier-Tinville, Antoine-Quentin, fis­ Gueniffey, Patrice, 178 Institut de France, 187
cal, 185 Inválidos, hospital militar de los,
Edicto de Nantes (1685), 24 Guillotin, doctor Joseph, 81 6 8

Frai'sse, comunidad de, 102 Guyon, Marie-Victorie, 168 Irlanda, 204, 206
Egipto, guerra con Gran Bretaña en, Franco Condado, 71 «Irlandeses Unidos», organización no
204, 205, 208
Franklin, Benjamín, 61, 165, 176 sectaria de los, 206
Elbeuf, industria textil en, 19, 225 Fréron, Louis-Stanislas, 182
Habermas, Jürgen, sociólogo, 41-42 Isnard, Maximin, 112, 139
Enciclopedia, 40, 41
Furet, Frangois, 120, 178, 212 Italia, 203
Hainaut, 71
IN D IC E A L F A B E T IC O 271
Jaubert de Passa, Frangois, noble cata­
lán, 223 Léon, Pauline, 114, 169, 175 ¡ >|
lably, Gabriel-Bonnot de, filósofo, 38 Montmorency, duque de, 72
Javogues, Claude, 154 Le Peletier de Saint-Fargeau, Louis- Montpcllier,
íachecoul, matanza de republicanos 1 2 2
Michel, 162, 165
Jefferson, Thomas, 61 en, 135 Montroy, 165
Levet, parroquia de, 55
Jcmappes, batalla de, 128 Macizo Central, 24, 85, 142, 204 Morris, gobernador de Estados Unidos
Lewis, Gwynne, 220
Jéróme de Bruny, Jean-Baptiste, 234 ■Madison, James, 125 en Francia, 78
Jones, Colin, 36 ley Bouquier (1793), 157
ley Daunou, 187 Maillard, Stanislas, , 76, 77
6 8
f"
Jones, Peter, 58, 228 ;Maine, región de, 104
Journal de santé, 36 ley de Le Chapelier (1791), 226
"«a Mallet du Pan, Jacques, periodista, 51 Nairac, Jean-Baptiste, 89
ley de los Dos Tercios, 193
iMarat, Jean-Paul, 103, 119, 126, 127, Nancy, 122
ley de Sospechosos (1793), 145,151
139,141,162,165,176,207 Nantes, 146; población de, 16,164,224;
Kant, Immanucl, 77 ley del divorcio (1792), 167
Marchais, Yves-Michel, 25 puerto de, 19, 20, 50
ley Jourdan (1798), 204
Kléber, Jean-Baptiste, general, 223 Marcou, sacerdote constitucional, 122 Napoleón Bonapartc, , 172, 193, 205,
8

Kosciuszko, Thaddeus, 125 Lille, 53, 114, 137; población de, 16


Margadant, Ted, 91 206-207, 208, 209, 209, 213, 216,
Limoges, 191
Lindet, 180 María Antonieta, 116, 119, 147 218-219, 223, 226, 229, 230, 236,
Marianne de la república, 145, 219- 238
La Forcé, prisión de, 119 Lodéve, en el Languedoc, 224
220 Napoléonvillc (La Roche-sur-Yon), 2 15
La Peletier, 141 Loiret, departamento de, 85
Markoff, John, historiador, 57, 59, Narbona, distrito de, 149
La Tour du Pin, Lucy de, 234 Longaunay, marquesa de, 72
121,229 Neckcr, Jacques, banquero de Ginebra,
Lorena, 13, 85, 222
Lacombe, Claire, 169, 170, 175 Marsella, 18, 122, 140, 146, 216; po­ 29, 67, 69, 70
Lafayette, comandante de la Guardia Lot-et-Garonne, departamento de, 80,
222 blación de, 16, 39, 224 Nculisse (Loira), 150
Nacional, 64, 69, 76, 77, 92, 109 «Marscllesa», 122-123, 164; parodia Niederbronn, 19
Lamballe (Cótes-du-Nord), 142 Lourmarin, en Provenza, , 234, 1 1 0

235 de la, 131; versión hebrea de la, 123 Nicvrc, 154


Lamballe, princesa de, 119 Maza, Sarah, 35 Nimcs, 91
Loustallot, Elysée, abogado, 69-70,
Lamoignon, Chrétien-Frangois de, mi­ 82 Mende, 195; obispo de, 230 Normandía, 15, 16,64, 195,232,238
nistro de Justicia, 48-49 Ménétra, Jacques-Louis, 18, 19, 20, 181 Nueva Gales del Sur, 124
Lamourette, Antoine, obispo constitu­ Lucs-Vendée, descubrimiento de hue­
sos en, 24, 215 Menucourt, pueblo de, 11-12, 53, 152-
cional de Lyon, 146-147 153,240
Luis XV, rey de Francia, 23, 231
Languedoc, , 13, 30,45, 46, 80, 224
1 2 Mercier, Louis-Sébastien, periodista, Oberkampf, Christophe-Philippe, 33
Laon, 143 Luis XVI, rey de Francia, , 29, 32,
8
96, 155 Oise, departamento de, 85
Laplanc, Jcan-Louis, 147-148 47, 48, 50, 51, 60, 64, 65, , 67, 6 6
Mcricourt, Théroigne de, 76, 103, 116, Oisy, conde d’, 53
Launay, Bernard-René, marqués de, 92, 106, 110, 112, 115, 117, 122,
117, 169 «Orgéres, bande d’», 202 *
69 126, 127, 131,220; arresto, 107-108,
Merlin de Douai, Philippe-Antoine, 168 Orleáns, duque de, primo de Luis XVI,
Launay, marqués de, gobernador de la 109; ejecución de, 127-128, 137,
153, 163 Metz, 123 67
Bastilla,
6 8
Mirabeau, Honoré-Gabriel Riquetti, Ozouf, Mona, 8 6
Luis XVII, rey de Francia, 189
Lavoisicr, Antoine, 176, 177; Tratado conde de, 64
Luis XVIII, rey de Francia, 189
elemental de química, 176 Misségre, 96
Le Chapclier, ley de, 98 Lunéville, tratado de paz con Austria
Moniteur universel, 2 0 1 Paine, Tom, 125, 178
Le Creusot, 19 (1802) de, 209
Montauban, 91 Países Bajos, 128, 204
Lycée des Arts, 176
Lefebvre, Georges, 227, 228 Montfrculle, ciudadana, 238 Palacio de las Tullerías, asalto al, 117
Legrand, Pierre-Nicolas, 187 Lyon, 18, 53, 140, 141; población de,
16, 17 Montigny, 15-16, 27,43, 228 Palm, Etta, 103, 169
Montmartrc (Mont-Marat), 165 Palmer, R. R.: Twelve who ruled, 178
ÍN D IC E A L F A B É T IC O 273

^.Sabcnay, batalla de, 154 St.-Girons (Ariége), 205


Panckoucke, Charles, 201 Racine, Jean-Baptiste, 175
■Saboya, 128 St.-Izague (Vin-Bon), 165
Paoli, Pascal, general en jefe de Córce­ Raynal, Guillaume-Thomas-Fran?oís, St.-Laurent-de-Cerdans, localidad pi­
Sacy, pueblo de, 14
ga, 139 filósofo, 38 renaica de, 38, 196-197
Sade, marqués de, 181
París, 17, 18,41,61,72, 126, 137, 151, Reddy, William, 179 St.-Malo, puerto de, 19
Saint-Just, Louis-Antoine de, 127, 132,
216; aduanas de, ; ejecuciones en,
6 8 Reims, 71 St.-Martin-de-Pontoise, abadía de, 226
159,174,175
181; población de, 16 Renania, 128 St.-Nicolas-de-la-Grave (Haute-Ga-
Saint-Lazare, abadía de,
6 8
Pas-de-Calais, departamento de, 94 Rennes, 49, 166, 221 5 Santerre, Antoine-Joseph, 117, 181 ronne), 142
Peltier, Jean-Gabriel, 116 Rennes-les-Bains, en el Aude, 230 1 Santo Domingo, 89, 111, 136, 173,217 St.-Ouen, 165
Pére Duchesne, Le, periódico, 144 Restif de la Bretonne, Nicolás, 14,119; St.-Paul, población de, 91
Périer, Claude, 34, 49 ; Saulx-Tavanes, familia de, 44
La Vie de mon pére, 14; Le Paysan | Sausses, pueblo de, 28 St.-Rogatien, 165
Périllos, comunidad de, 60 pervertí, 14
f Schama, Simón, 70, 120,178,179,220 St.-Soule, 165
Perpiñán, 31, 197 Reubell de Colmar, Jean-Fran^ois, 81 | Seine-et-Oise, departamento del, 155 St.-Tropez (Héraclée), 165
Pestalozzi, Johann Heinrich, educador Réveillon, fabricante, 67 ■ St.-Vivien, 165
suizo, 125 Révolutions de Paris, Les, periódico, ^ens’ ^
Seychelles, campo de prisioneros de Stalin, Josef, 42
Picard, Louis-Benoit: Les Visitandines, 69, 82, 109, 123
las, 189 Suecia, 77
162 Rin, cuenca del, 142
I ® ' Shapiro, Gilbert, historiador, 57 Suiza, 205
Picardía, 15, , 232
8 6
Rivarol, Antoine, 116
Sheppard, Thomas, 235 Suleau, Fran?ois, 116
Pirineos, 205 Robespierre, Maximilien, 34, 61, , 6 8
¡I'Sicre, Joseph, sacerdote, 196-197 Sur la peinture, 43
Pitt, William, primer ministro inglés, , 111, 126, 127, 131, 142, 170,
8 8
|SÍeyés, Emmanuel, sacerdote, 52-53, Sutherland, Donald, 202
160 173, 174, 175, 176, 177, 178, 181-
Poitou, 65 182, 184, 207
I / 67, 126, 208; ¿Qué es el tercer esta­
Pont-de-Montvert (Lozére), 24, 227 :-í i do?,52
*1
Roche, Daniel, 36, 43 Soboul, Albert, 37, 220, 224 Tackett, Timothy, 111, 180
Pontoise, 143,240 Rochela, La, 89, 90, 136, 137, 138, Sociedad de Amigos de la Constitu- Talleyrand, Charles-Mauricc de, 64,
Priestley, Joseph, químico, 110, 125 165, 194; puerto de, 19
: ción, 103 92, 208
Prieur de la Cóte-d’Or, Claude-Antoi- Roche-sur-Yon, La, distrito, 133, Sociedad de Ciudadanas de los Ami­ Taylor, George, 229
nc, 180 215
gos de la Libertad, 127 Termes, 45
Provenza, 27, 71, 151 Ronceray, abadía benedictina de, Sociedad Fraternal de Ciudadanos de Terror de 1793-1794, 8-9, 147, 151-
Provenza, conde de, hermano menor 23
Ambos Sexos, 103 155, 157-158, 164, 172-182, 183-
de Luis XVI, 51, 111, 189, 190; Ronsin, Charlcs-Philippe, 174 S Sociedad Reformista de los Treinta en 188, 195, 204, 214, 218, 219, 235
véase también Luis XVIII Rosellón, 45
Paris, 64 Terwagne, Annc-Josephe, véase; Méri­
Prusia: golpe militar en, 112-113; tra­ Rouergue, 27
íSociété des Amis des Noirs, , 89
8 8 court, Théroigne de
tado de paz con (1795), 203 Rouget de Lisie, Claudc-Joseph, 122, | Société Fraternelle des Minimes, 114 Thionville, batalla de, 123
Puiseux-Pontoise, 226 181 í Sommieres, en el Languedoc, 96, 224 Thomassin, familia, 226
Rousseau, Jean-Jacques, 40, 174, 195; Souriguieres, Jcan-Maric, 185 Thuriot, Jacques-AIcxis, 180
Contrato social, 19,37, 161; Emilio, [ Southey, Robert, poeta, 77 Tocqueville, Alexis de, 44
Quesnay, Frangoís, 39 19; La nueva Eloísa, 19, 37 Sowerwine, Chips, 9 Tolón, 141, 172
Quincé, parroquia de, 59 Roy, Ram Molían, nacionalista indio, St.-Antoine, faubourg,
6 8
Toulouse, 41, 49, 122, 140, 195, 208,
239 221; Parlamento de, 44, 46, 49; po­
St.-Barthélemy, 59
Ruán, 167, 195; industria textil en, 19, ¡ St.-Bonnet-Elvert (Liberté-Bonnet- blación de, 16
Rabaut de Saint-Étienne, Jean-Paul, 53, 57; población de, 16, 145
Rouge), 165 Trafalgar, batalla de, 231
pastor, 91 Rusia, 42, 208
INDICE
Treilhard, Jean-Baptiste, 93 Versalles, 20, 26, 29, 46, 51, 54, 60,
Tribun du peuple, 183 61,63, 65
Tribunal Revolucionario, 146 Vieux Cordelier, Le, 172
Tribunal Revolucionario de París, 147 Viguier, Antoine, 129
Tricl (Seine-et-Oise), 191 Vilasse, Jean-Baptiste, 168
Troyes, 41,48, 53, 56,58,71 Villardebelle, 122
Introducción............................................................................................. 7
luchan, 46 Villedieu, 165
Tulle, 160 Viilefranche-en-Beaujolais, 166
Turgot, Anne-Robert, barón de, filóso­ I. Francia durante la década de 1780 a 1 7 8 9 ............................. 11
Villeneuve-St.-Georges, 165
fo, 38, 39 Villette, marqués de, 116 II. La crisis del Antiguo R é g i m e n ............................................... 33
Turreau, Louis-Marie, general, 135 Vincent, Frangois-Nicolas, 174 III. La revolución de 1789 ................................................................ 63
Twain, Mark (Samuel Langhome Cle- Vitré (departamento de Deux-Sévres), IV. La reconstrucción de Francia, 1789-1791 ............................. 79
mens): aventuras de Tom Sawyer, 134 V. Una segunda revolución, 1792 .............................................. 107
Las, 211; Huckleberry Finn, 211; Vizille, castillo de, 34 VI. La revolución pendiente de un hilo, 1793 ............................. 131
yanqui en la corte del rey Arturo, Voltaire, Frangois-Marie Arouet, 32, VII. El Terror: ¿defensa revolucionaria o paranoia? . . . . 157
Un, 211 39 VIII. Concluyendo la revolución, 1795-1799................................... 183
Vovelle, Michel, historiador, 163 IX. La trascendencia de la r e v o lu c ió n ......................................... 211
Vacher, Prosper, 153
Vallespir, cuenca alta del, 138, 197 Washington, George, 78, 125 Mapas
Valmy, batalla de, 121, 128, 153 Watignies, batalla de, 154 1. Mapa físico de Francia...................................................................... 243
Van Heck, comandante de la Sección Weis, Nanine, 136, 137 2. La Francia p rer re v o lu cio n a ria .................................................... 244
de la Cité, 188-189 Westermann, Frangois-Joseph, gene­ 3. Los departamentos de la Francia revolucionaria....................... 245
Van Kley, Dale, 38 ral, 135,155 4. París revolucionario............................................................................ 246
Vardi, Liana, 15 Whiteman, Jeremy, 90 5. La «Vendée m ilita ir c» ...................................................................... 247
Vatimcsnil, 57 Wilberforce, William, 125 6. Número de condenas a la pena capital dictadas
Velay, 15 Wolf, Eric, 223
por d e p a r ta m e n to ............................................................................ 248
Vence, departamento de Var, 91 Wordsworth, William, poeta, 77
Vendée, insurrección de la, 132, 135,
137, 139, 146, 154, 172,214,215 C r o n o lo g ía ............................................................................................. 249
Vendóme, 202 Xinxet, Jacques, alcalde de Colliure, Apéndice: el calendario r e v o lu c io n a r io .........................................' 257
Venus dans le cloitre, ou la religieuse 201 Guía b ib lio g r á fic a ................................................................................. 259
en chemise, 40 índice alfabético....................................................................................... 265
Vcrdún, fortaleza de, 118
Vergniaud, Pierre-Victurnien, diputa­ Yonne, departamento de, 85, 195
do, 112, 126, 131, 184 Young, Arthur, agrónomo, 50, 71