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CONCEPTO DE BELLEZA

Como el concepto de belleza cambia a través del tiempo, analizaremos esta propiedad a
lo largo de la historia.
Según Tomás de Aquino lo bello es “quae visa placet”, aquello que agrada a la vista, una
teoría que seguía las ideas de los griegos clásicos. Esto se puede extrapolar al resto de
sentidos. En el caso del oído, la belleza de la música es lo que agrada al sentido auditivo.
Con ello nos damos cuenta que la belleza no es una cualidad física, sino que es una cualidad
subjetiva, apreciada por el sujeto a quién se le transmite a través de sus sentidos.
Si nos remontamos a la escuela Pitagórica de la Grecia clásica, encontramos una
relación entre las matemáticas y la belleza. En esta primera parte del ensayo nos referiremos
casi siempre a la belleza natural o física. Esto significa que no analizaremos las cualidades
humanísticas, como pueden ser la expresividad o la belleza inmaterial, a pesar de que en el
análisis histórico no podamos evitarlo.
Considerando la belleza como una propiedad física natural, sin tener en cuenta su
relación con los sentimientos, vemos que la medida de la belleza física para los griegos se
basaba en la armonía de las proporciones, en la imitación de la belleza natural. La simetría
es una propiedad muy importante en la naturaleza. La encontramos en las formas simétricas
de los cristales minerales, en las plantas, en los animales, hasta llegar al hombre.

Las personas cuyos rasgos faciales son simétricos y poseen las


proporciones perfectas son más atractivas. Estas proporciones estaban definidas por los
escultores clásicos griegos, que partían de razonamientos naturales de origen matemático.
Las líneas curvas eran más atractivas que las rectas, pero debían guardar una determinada
proporción, su abuso podía ser peligroso. El hombre buscaba la belleza en la naturaleza e
intentaba idealizarla en sus trabajos artísticos.
Si aplicamos estas teorías naturales al campo de la música llegaremos a la definición de
armonía y al origen de las notas musicales, que guardan relaciones matemáticas perfectas
entre ellas.

El Renacimiento, definido como el renacer de las artes, fue un retorno a la filosofía


clásica grecorromana. Se volvió a la imitación de la naturaleza, se definió el número áureo,
como el que posee diversas propiedades proporcionales, que se pueden encontrar analizando
figuras naturales, como caracolas, o los nervios de algunas hojas de árboles.

Gerolamo Cardano, autor de De subtilitate (1550), opina que las cosas sencillas son más

bellas, debido a su facilidad de percepción. Las cosas complejas pueden llegar a desagradar

por su dificultad de ser entendidas. Pero cuando la mente las puede aprehender, pueden

proporcionar un placer mayor que las cosas sencillas. Con lo cual, la belleza aumenta

cuando es comprendida a pesar de su dificultad. Nacía el arte manierista, comenzando un

arte de tipo moderno, en el cual las cosas no se representan como son, sino tal como las

percibe el artista.

Esta filosofía aplicada a la música, nos dice que las obras sencillas nos gustan o sea las

encontramos bellas, y nos causan placer en su primera audición. La complejidad nos aleja

de ellas al no querer realizar el esfuerzo necesario para entenderlas, lo cual se logra muchas

veces después de repetidas audiciones. Pero cuando finalmente las comprendemos, el placer

que nos proporcionan es mucho mayor y más duradero que el de las obras simples, muchas

veces aborrecidas después de múltiples audiciones.

Giordano Bruno introduce el concepto de la relatividad

en el arte. Nihil absolutum pulchrum, sed ad aliquim

pulchrum. Para él no existe una belleza absoluta, es

indefinida e indescriptible, dependiendo también del


estado de ánimo, pudiendo inspirar diferentes sentimientos, desde la atracción y la

complacencia hasta el amor.

Con la llegada del estilo barroco el arte se vuelve más artificial, más recargado, más

decorativo, buscando formas de expresión más complejas. Según el gran dramaturgo

británico William Shakespeare el arte puede superar a la naturaleza si se añade la

imaginación.

Peter Paul Rubens (1577-1640) es considerado como uno de los grandes pintores de la

época barroca. Demuestra en sus figuras una exagerada sensualidad, una perfecta idea de la

estética barroca. Sus mujeres no expresan una belleza natural, no siguen las proporciones

clásicas. Muestra la voluptuosidad de sus carnes, llegando a una degradación de la belleza

física. Tiene más importancia la imaginación del autor, que la real belleza plástica. El

sentimiento empieza a dominar a la estética.

El empirismo, desarrollado principalmente en el Reino Unido, se oponía al racionalismo

francés. Se introducía el concepto de psicología del arte, dando el mayor relieve a las

sensaciones que producía su contemplación o audición. La estética era relativa, dependiendo

de la interpretación personal del espectador. La belleza se encontraba no en el objeto sino en

la mente del individuo.

Hobbes en su obra "Del criterio del gusto" (1757), busca un estándar de belleza,

encontrando que estaba condicionada por factores subjetivos, como son la cultura, edad y

temperamento del individuo.

Georg Hegel (1770-1831) define la belleza como materialización de la idea. Para él, lo

bello artístico es superior a lo bello natural, debido a que en el primero está presente el

espíritu o sea la libertad, que es lo único verdadero.

Hegel da mucha importancia a la evolución histórica del arte, pues cada época tiene sus

reglas y su verdad. Esta evolución histórica la divide en tres etapas, el arte simbólico, el

clásico y el romántico, como tres maneras diferentes de pasar de la idea a la forma.


Eugène Delacroix (1798-1863) en sus obras

nos muestra un claro ejemplo del arte

romántico. En el cuadro “La muerte de

Sardanápalo” que hemos elegido como

ejemplo, combina el erotismo con la muerte.

Al espíritu romántico no le satisface presentar

una visión fría de la naturaleza, busca contar

una historia que conmueva nuestros sentimientos. El sacrificio de sus bellas esclavas

contemplado por el sátrapa, al parecer indiferente en su lecho de muerte, nos produce un

sentimiento mezcla de perversión erótica y de sensualidad frente a la muerte. Este

sentimiento es lo que quiere reflejar el artista en su cuadro.

El concepto de belleza se aleja de los cánones clásicos, buscando una belleza ambigua

en lo macabro, lo oscuro, lo tenebroso. Esto no supone la negación de la belleza, es otro

punto de vista. La belleza de las muchachas del cuadro va unido a un sentimiento de

desgarro trágico, un sentimiento de destrucción.

La revolución industrial tuvo una gran importancia en la degradación del arte. Como

predecesor del modernismo aparece el esteticismo. Una reacción a los cambios producidos

al principio de la era industrial. Entonces se buscaba el utilitarismo, lo que era consecuencia

del materialismo y aquello producía fealdad.

John Ruskin (1819-1900) denunció la destrucción de la belleza y la vulgarización del arte

llevada a cabo por la sociedad industrial. La clase obrera se estaba degradando y para su

protección defendía la función social del arte. Pidió un arte hecho por el pueblo y para el

pueblo.
William Morris (1834-1896) defendió el arte funcional agregando que el arte además de

satisfacer las necesidades espirituales debe satisfacer las materiales. Un arte utilitario, pero

alejado de la producción industrial en serie, un arte próximo a la artesanía de los gremios

medievales. El objeto no solo debe ser bello, debe ser útil. Con ello empezaba una etapa de

socialización del arte.

En la época Victoriana a finales del siglo XIX, la sociedad industrial además de producir

una clase obrera, hizo aparecer una nueva clase social, la burguesía, que para desafiar a la

nobleza, busco la ostentación como reflejo de su estatus social. Esto provocaría la

mercantilización del arte a principios del siglo XX, con la aparición de las galerías de arte.

El arte se convertía en algo que se podía comprar y vender, con lo cual perdía parte de su

valor ético. Los comerciantes ganaban dinero con el trabajo de los genios artísticos, se

enriquecían con algo considerado inmensurable como era la belleza.

El siglo XX nos presenta la estética contemporánea. Una estética que recogiendo toda la

herencia del pasado intenta romper totalmente con él. Aparecen tendencias contradictorias y

el concepto de belleza parece cambiar radicalmente de uno a otro estilo.

La aparición de las nuevas tecnologías cambia la función del arte. La plasmación de la

realidad la realizan la fotografía y el cine. El artista no necesita copiar la realidad pues de

ello ya se encarga la fotografía, con la cual, debido a sus medios técnicos, no puede

competir. Necesita realizar algo nuevo, algo que no pueda hacer el fotógrafo, la abstracción.

La belleza ya no es figurativa, se presenta en formas abstractas. El sentimiento domina al

objeto, que termina por desaparecer. La forma se desvanece, dando lugar a manchas de

color, a líneas difusas, algo difícil de reconocer por medios puramente visuales. El artista

intenta la plasmación de sensaciones, algo inmaterial.

Los medios de comunicación han cambiado totalmente este estado de cosas, no siendo
necesario un arte formativo, pues la gente sabe leer, además del empleo de todos los medios
audiovisuales, que aumentan constantemente. El artista debe emplear su imaginación para
realizar un arte más profundo pero menos directo, el abstracto, generalmente de libre
interpretación, con lo cual se requiere una colaboración entre el artista y su receptor.
La belleza ya no se encuentra en la obra de arte, en el objeto, en la partitura musical. Lo

debe descubrir el espectador, que le dará su interpretación subjetiva, con lo cual podrá llegar

a reconocer su belleza extrínseca.

Pero esta belleza no tiene una base natural como la clásica. Es cambiante, varía con el

tiempo, con el individuo y con sus diferentes estados de ánimo. Aparece lo que se llama la

moda, una tendencia seguida por una mayoría durante un periodo de tiempo generalmente

corto. Lo que hoy encontramos bello mañana es terriblemente feo, anticuado. Más tarde

volverá lo anteriormente rechazado y lo encontraremos bello.

La escuela psicológica alemana de la Gestalt afirma que estamos condicionados por nuestra

cultura, y que esta cultura condiciona la percepción de la belleza.

Para terminar el análisis de los distintos aspectos de la belleza, consideraremos su aspecto

de fragilidad. Partiendo de las artes plásticas, consideradas como más duraderas al tratarse

de objetos físicos, nos elevamos hacia las artes más sutiles, como son la música y la poesía,

en la que se incluye el teatro. En ellas su representación física se limita a una serie de

garabatos que deben ser interpretados, leídos, cantados o transformados en sonidos. El

momento artístico, su belleza, no reside en el papel. Aparece cuando se produce la acción

escénica o la musical.

Esta belleza es efímera, terminando cuando retorna el silencio. Todo se ha esfumado,

dejando únicamente sus huellas en nuestro interior. Este recuerdo será más profundo cuando

mayor haya sido la capacidad de emocionarnos, cuanto mayor haya sido el placer

conseguido.

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