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Análisis feminista de la novela Puñales Escondidos de Pilar Dughi

En la entrevista otorgada a la revista Caretas en diciembre de 1998 (a propósito del premio


obtenido por su novela Puñales Escondidos en el concurso organizado por el Banco Central de
Reserva del Perú), la escritora Pilar Dughi calificó de “desfasadas” y sin mucho sustento las
aseveraciones del periodista con respecto a lo dicho por ciertos sectores de la crítica, que
insistían en ver en la escritura femenina rasgos sexistas y provocadores de apartados
genéricos. Como respuesta, la escritora puntualizó que el debate se había planteado a partir
de los años sesenta, y que “guardaba relación con la virtual inexistencia de escritoras (...) más
tarde, una dinámica propia de nuestras sociedades hizo sentir sus efectos”. A lo que se refería,
en efecto, era a la reciente apertura de criterios igualitarios en la sociedad latinoamericana que
ayuda a independizar a la mujer. El objetivo de este ensayo es hacer un análisis de dimensión
sociológico, para tratar de establecer como Fina Artadi, protagonista de la novela Puñales
escondidos, equilibró el poder entre los sexos a través de su mejoramiento económico.
La novela se centra en el análisis de la vida de Fina Artadi, de su psicología femenina, de su
intuición, del modo en que operan los recuerdos y de la manera cómo se va ordenando el
rompecabezas de la trama. La sutileza de los detalles previos a cada evento trascendente en
la novela, así como el descubrimiento de los más insignificantes pormenores de la narración
vienen envueltos en un aire de misterio y sensualidad característicos en la escritura de la
mujer, muy distinta de la efectuada por el hombre.
Además del hondo contenido social que posee la obra, Puñales Escondidos trae consigo el
mensaje de una mujer que quiere ser reconocida por sus propios logros, que se cuestiona
incesantemente el ser dependiente de una sociedad patriarcal que la va excluyendo a medida
que se va volviendo “obsoleta” como mujer-objeto, pero que reacciona al encontrar dentro de
ella misma un tremendo potencial para sobresalir.
Fina Artadi tiene un poder: ella escribe, y escribe para sí misma. Hace uso de su inteligencia
para referirse a las cosas cotidianas y las documenta en un diario. Su hábito es placentero
para ella, pero peligroso para aquellos que están en su entorno, pues constituye más una
bitácora de acontecimientos que simples e inocentes anotaciones. Fina verá que todo intento
de progresar estará condicionado a una educación que nunca tuvo. Ella no lo sabe aún, pero
pronto averiguará las desventajas de una mujer con instrucción incompleta en el seno de una
colectividad machista y excluyente.
Sus posibilidades de escalar en esa sociedad serán inferiores con respecto a la de sus otros
compañeros de labores. La sociedad patriarcal de la que Fina formó parte la educó dentro de
los parámetros acostumbrados de subordinación de la mujer al hombre. Trabajando en el
banco ella tiene que enfrentarse a los jefes, los funcionarios del banco, hombres descritos
como: “caballeros de modales educados que trataban a las mujeres con mucho respeto”
(Dughi, 19); pero que no le permiten escalar de posición por el hecho de ser mujer. La
convicción de no tener la oportunidad de acceder a un mejor puesto de trabajo, hará que la
señorita Fina, sin los aspavientos y vanaglorias de sus compañeros Rafael Campina y Pedro
Manzanares, descubra de manera muy sutil, que existe otra manera de ganarse el respeto, el
poder y la ansiada independencia.
Por otro lado, en su vida personal, Fina Artadi es invitada a asistir a un círculo literario, y
aunque aparentemente trata de eludir su participación, hay algo dentro de ella que la
promueve a la lectura “Al principio tuvo reparos de participar en ese taller literario porque de
literatura no sabía nada y prefería comenzar con autores peruanos” (Dughi 38). Tenemos una
lectora en potencia y aunque su campo de preferencia sea limitado, el deseo de leer está
latente en ella. Si bien es cierto que al principio accederá a los libros de manera superficial,
más adelante veremos cómo estos talleres de literatura incidirán en su vida, y en la manera
particular en que, a partir de su feminidad, interpretará los textos.
Contrariamente a su participación en el taller literario, la vida de Fina continúa su rumbo
monótono. La agencia bancaria, las operaciones financieras, los malabares diarios para
contentar a ese monstruo institucional omnipresente que es el banco en sí la mantienen
ocupada y alejada de ella misma. En sus oficinas, lidia a diario con una gran cantidad de
personas, ancianos en su mayoría, que ella conoce a fuerza de verlos por mucho tiempo y que
guardan una estrecha vinculación socio-económica con la institución. Ella los ha visto llegar
uno a uno durante años, acumular riquezas muy lentamente, mientras el banco lo hacía
rápidamente con el dinero de ellos. Ellos poseen una cuenta bancaria en soles o dólares, y
aunque sus cuerpos decrépitos proyecten una imagen desvalida ella sabe que en el fondo
gozan del poder que les brinda la solvencia económica. Su animadversión contra el Banco va
empezando a crecer, no solo porque progresa a costa de personas que han sufrido para tener
esos ahorros, sino también porque a pesar de la lealtad que ella le ha demostrado, se ha
empeñado en mantenerla en un modesto puesto de administradora de agencia. Fina sabe que
los ascensos están destinados a sus colaboradores Campina y Manzanares, quienes sí han
tenido una buena educación, son jóvenes, y sobre todo, son hombres.
Otro aspecto de su vida que pronto sufrirá un remezón será el sentimental. La señorita Fina
tiene un amante. Esta situación de mujer de segunda clase la tiene al borde de de la irritación,
pues aparte de las connotaciones sociales y personales que acarrea este tipo de relación, está
el agobiante sentimiento de poseer lo ajeno o, dicho de otro modo, de no poseer nada. A
Humberto solo la ata algunos recuerdos de un pasado lleno de promesas y tal vez el temor a
una espantosa soledad. Ya se ha cuestionado a sí misma aquella relación sin futuro, pero ha
seguido insistiendo quizás más por costumbre que por necesidad. Fina llega al fin de ese amor
de cansancio sin pena ni gloria, solo para corroborar lo solitaria que fue al lado de ese hombre
a quien le dedicó casi toda una vida, y de quien recibió solo humillaciones.
Después de tantas humillaciones en su vida profesional y personal, Fina Artadi está dispuesta
a utilizar el poder liberalizador del dinero. Para desarrollar este tema es preciso marcar ciertas
pautas importantes para la comprensión de su conducta. Fina ha estado viviendo los últimos
años de su vida bajo la salvaguardia de una institución financiera: “el banco”. El banco le ha
robado su juventud, su oportunidad de crecer estancándola en un puesto mediocre. Luego de
años de fiel servicio, y como irónica recompensa, ha visto a otros subalternos ascender
meteóricamente en los escalafones de la empresa, haciéndola sospechar que muy pronto ella
será desechada como un accesorio vetusto hacia una jubilación con un cheque de caridad.
Ese banco que por mucho tiempo constituyó para ella el símbolo de la solidez y la confianza se
preparaba a asestarle una artera puñalada.
En su vida personal, Humberto también la había traicionado. Fina se percata por fin que vive
en el seno de una sociedad patriarcal en donde el valor de una mujer está resumido única y
exclusivamente a su biología, y que cualquier intento por demostrar que ella es algo más que
eso no gozaría del respaldo ni la simpatía de nadie. Por otro lado, está convencida de que el
dinero obtenido por la riesgosa operación, que pondrá en marcha, actuará como bálsamo que
la aliviará de cualquier dolor antiguo, y que a su vez se constituirá en el símbolo de su
vindicación. Es entonces que se decide a golpear al banco en su propia esencia; a lo largo de
sus años de trabajo ha visto cómo Campina y Manzanares, en forma abierta y burda, van
desarrollando sus propias operaciones ilegales, mezcladas con actividades de blanqueo de
dólares y apropiaciones ilícitas. Esto le causa malestar, pues confirma con tristeza que ese par
de truhanes son los preferidos de una institución que a ella margina.
El banco, su amante, los empleados y esa sociedad complaciente con los hombres, pero
desmoralizadora para con las mujeres, son su detonante. Así, como trabajadora del banco, se
da cuenta de ciertas irregularidades en la contabilidad de las libretas de ahorros de sus
clientes más importantes, por lo que intentará descubrir a los verdaderos culpables, castigando
a sus opresores.
Rafael Rivera-Mundaca (Adaptado)