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El concepto de historia

El análisis del concepto Filosofía de la historia exige una previa consideración


del concepto de historia porque en lengua española tiene un significado dual,
es decir tiene dos significados relacionados pero que exactamente no son el
mismo. En primer lugar, historia que se podría poner en minúscula, significa
la totalidad del pasado humano, que en inglés se diría story y que se podría
traducir por historia-realidad. Por otra parte, Historia con mayúscula, cuya
traducción al inglés sería History , significa la disciplina académica que
estudia ese pasado a la que se podría denominar Historia-conocimiento.
A estos significados responden las definiciones amplias de la Historia de
historiadores de referencia como la de Henri Marrou (1904-1977), para quien
“la Historia es el conocimiento del pasado humano”[1], la de Marc Bloch
(1886-1944): “El objeto de la Historia es esencialmente los hombres en el
tiempo”[2] o la de Raymond Aron (1905-1983) que introduce la palabra
ciencia en la definición: La Historia es, pues, la ciencia del pasado[3]. Todos
ellos subrayan la dimensión temporal y la dimensión social o humana por lo
que se puede concluir que la historia-realidad sería la sucesión de
acontecimientos mientras que la Historia-conocimiento sería el resultado de la
investigación de los vínculos causales entre dichos acontecimientos.
El origen de la expresión «filosofía de la historia»
Dicho esto conviene recordar el contexto histórico en el que surgió no la
filosofía de la historia, que fue Platón (427-347 a. C) el que la expuso por
primera vez sin usar ese nombre, sino la expresión filosofía de la historia que
se debe a Giambattista Vico (1668-1744). Cuando Isaac Newton (1642-1727)
formuló la ley de la gravitación universal, en realidad unos años después, el
pensador italiano Vico pretendió extender a la historia-realidad los logros
newtonianos en el estudio de la Física sobre la mecánica del Universo. No
importó a Vico la gran diferencia entre la Naturaleza y la Sociedad, de modo
que propone la filosofía de la historia “como un intento de comprender
racionalmente la trayectoria de las sociedades humanas en este mundo”[4]. De
ahí que su filosofía de la historia
 https://www.biografiasyvidas.com/biografia/v/fotos/vico.jpg

no versa sobre la historia ideal y eterna ni sobre la historia en el tiempo,


consideradas separadamente, sino sobre su relación [5].

Punto de partida: la clasificación de gobiernos de Heródoto


Vico no partía de la nada. En el siglo IV a. C., Platón tomaba la clasificación
de regímenes políticos que Heródoto (484-425 a C.) había presentado en su
obra Nueve libros de Historia y construyó la primera filosofía de la
historia avant lettre, antes de que apareciera el nombre. Heródoto clasifica los
regímenes políticos en monarquía o gobierno de uno, aristocracia o gobierno
de una minoría y democracia o gobierno del pueblo o de la mayoría. A través
de los personajes que aparecen en su obra, Heródoto en forma de diálogo,
argumenta a favor y en contra de cada forma de gobierno. Por su parte, la obra
de Platón, que se puede considerar el primer legado completo de Filosofía,
utilizará la clasificación de Heródoto para plantear una explicación cíclica del
funcionamiento de la polis (ciudad-estado).
Platón parte de la afirmación de que el estado perfecto es el aristocrático pero
“si las dos clases superiores (guardianes y auxiliares) se reparten la propiedad
de los demás ciudadanos y los reducen a la esclavitud”[6], ya no es un estado
aristocrático sino timocrático. Convertida la antigua aristocracia en timocracia,
crece el afán de riquezas y se llega al sistema oligárquico. Al acrecentarse
cada vez más el poder de los oligarcas y empobrecerse el conjunto de los
ciudadanos, estos se encuentran cada vez más sojuzgados. Al llegar al límite
de estos abusos, los ciudadanos logran expulsar del poder a los oligarcas y se
establece la democracia; pero el desmesurado afán por la libertad lleva a la
demagogia o anarquía que, por reacción, lleva al poder a  un cabecilla popular
que, sirviéndose de su guardia personal, se convierte en tirano.
Platón y La República

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En La República, Platón deduce de este ciclo de regímenes políticos que el


estado aristocrático es el mejor y más feliz de los regímenes políticos, de este
modo formuló por primera vez una filosofía de la historia antes de que
apareciera el concepto, como se ha dicho. Una filosofía de la historia cuyos
tintes deterministas influirán en las siguientes desde de fechas tempranas.
Influyó en Polibio (200-118 a C.) que, en su obra Historia Universal, sostiene
la tesis de que las distintas historias locales desembocan en la historia de
Roma. De manera que la conquista o federación con Roma era el último acto
de la historia local que se integraba en la historia universal, representada en la
incorporación de ese pueblo a Roma. El trasfondo determinista platónico se
aprecia incluso en la conclusión a la que llega Polibio de que Roma, porque su
régimen político es perfecto ya que tiene los mejores elementos de la
democracia (las elecciones a Tribuno de la Plebe), de la monarquía (el poder
del Cónsul) y de la aristocracia (la autoridad del Senado), de ahí que al tener
lo mejor de cada régimen no se ve sometida a los corrupción de los regímenes
políticos expuesto por Platón, está predestinada a regir el mundo.
Giovanni Battista Vico
Vico reconoce expresamente como antecedente La República de Platón ya
que “es la norma para constituir un estado ideal, es el término final al cual
debe encaminarse la historia”[7]. No obstante, Vico critica a Platón por haber
ignorado el llamado por aquél “estado primitivo” de caída de los hombres. 
Por eso, quiere completar la enseñanza de Platón con la de Tácito (55-120) e
indica que “todo el desarrollo ideal de la historia va desde la humanidad caída
y dispersa hasta la humanidad restituida al orden de la razón toda
explicada”[8]. Y de nuevo las fases de la historia, pero en Vico a partir del
concepto que propone de “sabiduría poética”.
Fases de la historia según Vico
Gracias a la “sabiduría poética” los hombres que establecieron la sociedad
constituyeron las repúblicas monásticas, gobernadas por la potestad paterna y
fundadas en el temor a la divinidad, periodo al que denomina “edad de los
dioses”. El concepto de Dios en Vico está impregnado de deísmo, de ahí que
para él, según Cobban, “Dios es algo inmanente al hombre, que opera a través
de causas naturales y no transcendentes”[9].
En la fase siguiente, a la que llama la “edad heroica”, las repúblicas se fundan
sobre la aristocracia que cultiva las virtudes cardinales de prudencia, justicia,
fortaleza y templanza. Finalmente, la reflexión sobre la idea del bien, con la
que todos los hombres deben de estar conformes, lleva a la Filosofía, y esta
Filosofía introduce al hombre en la última fase de la historia, que empezó con
la “sabiduría poética” de los primitivos y concluye con el surgimiento del
pensamiento platónico “dirigido a encontrar, en el mundo de las ideas, la
conciliación de intereses privados y el criterio de justicia común”[10].
Alcanzado el estado perfecto, amenaza a las naciones la decadencia. Una
decadencia que conduce a tres posibles remedios: el restablecimiento del
monarca, la sumisión a una nación mejor o la vuelta al salvajismo. Se
reiniciaría el ciclo si un grupo pequeño de hombres logra el restablecimiento
de un nuevo orden civil[11].
La filosofía de la historia después de Vico
Después de Vico, la filosofía de la historia adquiere tintes cada vez más
especulativos y llega a teorizar sobre el significado de la historia-realidad. De
modo que tanto Voltaire (1694-1778), como Hegel (1770-1831) y Marx
(1818-1883) pretenden explicar la historia universal “de acuerdo con un
principio según el cual los acontecimientos históricos se unifican en su
sucesión y se dirigen a un significado fundamental”[12]. Vico es un precursor
de los que platearán nuevas filosofías de la historia, pero también de las
teorías de la decadencia de las civilizaciones que se prodigaron a finales del
siglo XIX y principios del siglo XX.
La filosofía hegeliana de la historia

 https://www.alianzaeditorial.es/libro/alianza-ensayo/lecciones-sobre-la-filosofia-de-la-
historia-universal-gwf-hegel-9788420645957/

Hegel escribe sus Lecciones sobre la filosofía de la historia universal en las


que pretende llevar a cabo una síntesis global de la historia de la Humanidad a
partir de la idea que consiste en que “la razón gobierna el mundo y, por lo
tanto, la historia universal es racional”[13]y no de la investigación empírica de
los hechos y procesos del pasado.
Dado que esa historia universal racional se mueve dialécticamente, nos
encontramos que los elementos de esa dialéctica son tanto los pueblos como
las etapas. Esas etapas comienzan con la familia, ámbito de lo universal al ser
un todo, que será la tesis; la sociedad civil, ámbito de lo particular, será la
antítesis y la síntesis de ambas  se encuentra en el Estado, que además, es la
culminación del proceso racional. Por otra parte, los elementos de la dialéctica
a los largo del tiempo son los pueblos, y la historia universal tendrá como
motor la lucha de pueblos, como los invasores germánicos. Cuando los
pueblos se convierten en nación adoptan la forma política de Estado,
culminación de la historia y de la racionalidad, pero se equivoca. Como ha
explicado Manuel García Morente (1886-1942):

 Ahora bien, ese empeño de reducir la realidad histórica a otra realidad no


histórica, está, a su vez fundado (…) en un prejuicio filosófico, que actúa más
o menos explícito en todos los sistemas derivados del idealismo cartesiano. El
prejuicio, a que me refiero, podría llamarse principio de la realidad única.
Consiste en suponer que todos los objetos que se ofrecen a la contemplación y
estudio del hombre, son formas en apariencia diferentes, pero en el fondo
idénticas de una y la misma realidad. [14]

De la dialéctica de Hegel a la dialéctica marxista


Para enlazar esta filosofía de la historia hegeliana con la de Marx, es preciso
resaltar una cita literal de sus Lecciones sobre filosofía de la historia
universal: “Cada individuo es hijo de su Pueblo en un momento determinado
del desarrollo de este Pueblo. Nadie puede saltar fuera de la tierra”. Si se
cambia la palabra pueblo por clase, se observa que hay un paralelismo total
con las afirmaciones de Marx respecto de la imposibilidad de pensamiento
filosófico, político o religioso autónomo porque todo hombre está
determinado. En Hegel por su pueblo, en Marx por su clase.  De aquí se
deduce que la dialéctica será entre grandes grupos. 
Ambos utilizaron la abstracción, en gran parte de casos de modo abusivo, para
construir sus modelos explicativos de la historia, sus “filosofías de la historia”.
Marx insiste en el carácter “empírico” del supuesto de donde parte, reconoce
que la Historia humana la hacen los “individuos humanos vivientes” que se
encuentran siempre en determinadas “condiciones materiales de vida”. 
Anticipa su tesis fundamental: “el único sujeto de la Historia es la sociedad en
su estructura económica”. 
Las etapas de la historia en clave marxista
Karl Marx sólo tuvo que llevar a cabo una completa inversión de la filosofía
de la historia de Hegel porque “lo verdaderamente valioso del maestro era el
método, no el contenido”[15]. Sostiene Marx en su Manifiesto comunista, y
más extensamente en El Capital, una dialéctica en la que las contradicciones
internas de los periodos, a través de la lucha de clases y no de la lucha de
pueblos, llevará a la síntesis que consiste en el establecimiento del comunismo
gracias al triunfo del proletariado mediante la revolución, que será la
culminación de las grandes etapas de la historia universal. Estas etapas serían
el comunismo primitivo, el esclavismo, el feudalismo y el capitalismo.
Capitalismo en el que se producirá una lucha de clases que acabará con él y
que conducirá a un socialismo previo al comunismo definitivo.
Filosofías influyentes, pero con un defecto metodológico
Las grandes convulsiones políticas del siglo XX estuvieron, en mayor o menor
medida, relacionadas con la aplicación práctica de esta filosofía de la historia,
hasta el punto de convertirse, sin lugar a dudas, en la más influyente de todas.
Sin embargo, todas ellas adolecían de un defecto metodológico de partida, que
consiste en que a través de los hechos, a través del análisis y estudio del
pasado, de la historia-realidad por los métodos que propone la disciplina
académica que llamamos Historia (Historia-conocimiento) no es posible
establecer leyes que se cumplan como ocurre en las ciencias naturales y
experimentales. Este fue el gran defecto de Vico: quedó deslumbrado por
Newton y pretendió seguir su método, pero le resultó imposible llegar a
establecer un conocimiento científico como sí logró el admirado físico. Y le
resultó imposible porque el objeto de conocimiento, el hombre en sociedad a
lo largo del tiempo, no permite la reducción a modelos matemáticos.
De ahí que, visto desde hoy en día, no es cuestión de entrar en un debate con
los pensadores que han planteado algún tipo de filosofía de la historia, sino de
afirmar que sería un debate absurdo por su propio planteamiento, ya que del
conocimiento de los hechos del pasado obtenido con las técnicas del
historiador no se pueden establecer leyes generales de funcionamiento de las
sociedades o de la sucesión de periodos históricos. Es un salto metodológico
en el vacío.
¿Dónde estaba el fallo?
Volviendo a los problemas metodológicos se podría decir que, probablemente,
los repetidos fallos de las filosofías de la historia de los siglos XVIII y XIX, a
la hora de la realización del futuro que anunciaban, derivaron de haber
intentado construir una ciencia social calcada de la ciencia natural, en el
sentido de pretender llegar a un conocimiento universal basado en la exactitud
de las predicciones.
De hecho el conocimiento científico social sin dejar de ser cientifico, tiene un
objeto distinto del de las ciencias naturales, y no es su tarea la de hacer
predicciones exactas. En este sentido, los caminos elegidos para llegar a su
tipo de conocimiento deben ser distintos de los empleados en las ciencias
naturales; y el gran error de las filosofías de la historia ha sido el no haber
visto con claridad la diferencia fundamental que el objeto de la investigación
tiene en los dos tipos de realidad, la natural y la social.
Los hechos confirmaron el error metodológico
 https://www.politicaexterior.com/actualidad/el-aniversario-mas-feliz-25-anos-de-la-caida-
del-muro/

Además, la caída del muro de Berlín, la desaparición de la Unión soviética y,


también, el radical abandono del comunismo en China Popular a pesar de estar
gobernada por un partido comunista, son hechos filosóficos de primera
magnitud. Son el rotundo mentís a la última y más impuesta filosofía de la
historia que ya habían criticado antes de 1989 diversos pensadores, entre ellos
Karl Popper (1902-1994)[16] o Raymond Aron[17], y también historiadores
preocupados por sus carencias en relación con el método histórico-científico;
pero un hecho ahorra muchos argumentos.
La desaparición del comunismo soviético desmentía irremisiblemente la
periodificación de la filosofía de la historia de Marx y, complementariamente,
tuvo que desaparecer la Unión soviética para que se dejara de financiar a los
“filósofos e historiadores comprometidos” que en Occidente la defendían con
toda normalidad académica a pesar de ser científicamente insostenible. Con
todo, no hay que hacerse ilusiones, porque los “historiadores comprometidos”
no se acabaron con el fin de los soviéticos, al contrario se han reproducido con
otros postulados políticos pero con el mismo nulo respeto al conocimiento
histórico. Como afirmaba irónicamente Federico Suárez: “en una historia
comprometida lo difícil no es prever el futuro, sino prever el pasado”[18].
¿Es posible otra filosofía de la historia?
Cabría plantearse si es posible otra filosofía de la historia, como se preguntaba
Cirilo Flórez Miguel en 1990, el año siguiente del hecho filosófico que
desmentía “a la filosofía de la historia de ayer”[19]. Es algo complicado
porque el concepto ya ha quedado ligado a las filosofías de la historia que en
el pasado se formularon desde Platón a Marx, algunas de ellas
extraordinariamente influyentes, aunque caídas en el descrédito[20].
Por otra parte, es totalmente legítima la reflexión del filósofo sobre el pasado
del hombre, es decir filosofar sobre la historia, pero la historia-realidad sólo se
sabe por la Historia-conocimiento. Con sus métodos, lo más rigurosos que sea
posible, nos permite conocer el pasado pero precisamente por sus propios
métodos se queda al margen, como tal disciplina, de la Ética y de otras partes
de la Filosofía. En consecuencia el conocimiento del ser humano se vería muy
enriquecido con la estrecha colaboración de filósofos e historiadores.
Colaboración que consiste en que la reflexión filosófica sobre el pasado no
pretenda sustituir lo averiguado por los historiadores proponiendo una visión
del pasado “racional” que no corresponde con la realidad.
La reflexión debe partir del respeto de lo aportado por el historiador, o si se
quiere, del reconocimiento del estado de la cuestión en temas controvertidos, y
a partir de ahí introducir reflexiones propias de la Filosofía, en materias como
la Ética, el Derecho o incluso la teoría del conocimiento[21]. Pero es preciso
insistir, sin pretender explicar el pasado sin base fáctica. De ahí que ya se haya
propuesto un nuevo nombre para este tipo de reflexión: “filosofía crítica de la
historia”[22], que tiene claros antecedentes en la filosofía española.
Una aportación a la reflexión sobre la historia: Miguel de Unamuno
Miguel de Unamuno (1864-1936) se mostró crítico con la filosofía de la
historia y, sobre todo, con su tendencia al determinismo, pero lo más
interesante de sus planteamientos es que a partir de su preocupación por el
hombre corriente, la intrahistoria[23], es decir, la narración de las pequeñas
acciones, se aproximó a la reflexión sobre la historia sin pretender construir
sus respectivas filosofías de la historia, lo que ha supuesto un enriquecimiento
para ambas disciplinas.
Filósofos españoles del siglo XX
En el siglo XX ha habido otros tres filósofos españoles que han continuado en
esa línea. El primero de ellos, Rafael Altamira (1866-1951), en pleno apogeo
de las filosofías de la historia y de las teorías sobre las civilizaciones afrontó el
tema y afirmó:
 https://dbe.rah.es/biografias/6764/rafael-altamira-y-crevea

Para que la explicación tome el carácter de filosófica, es preciso que


considere causas no temporales sino permanentes, y encaje los hechos dentro
de una impulsión y una causalidad metafísicas, por fuera del campo de la
Historia. [24]

Por su parte, Manuel García Morente también quiso realizar su aportación en


relación con la tan presente filosofía de la historia en los debates de su
tiempo[25], para concluir que “en la Filosofía de la historia, la verdadera
Historia se desvanece, porque ni la Filosofía es Historia, ni la Historia es
Filosofía”[26]. Finalmente, Antonio Millán Puelles (1921-2005) también
entendió que es posible la reflexión filosófica sobre el pasado, o si se quiere,
sobre el hombre en el tiempo, sin necesidad de construir o inventar un pasado
que no tiene que ver con la realidad, además enmarca esta reflexión dentro de
la distinción entre lo histórico y lo natural. Lo dice de este modo: “Lo
histórico y lo puramente natural son conceptos antitéticos. De ahí que la
afirmación de una historia necesaria, desplegada de un modo estrictamente
natural es en verdad la negación de la historia misma”[27].
En conclusión
Si la crítica a la filosofía de la historia se fundamenta en que el conocimiento
del pasado se lleva a cabo con métodos científico-sociales  y no por
construcciones alejadas de la realidad o tan generalizadoras que no explican
nada o casi nada, también hay que recordar que es necesario realizar síntesis y
contar con las diversas disciplinas para profundizar en el conocimiento del ser
humano, lo que compete a la Filosofía, a la Historia y a otras materias. Como
dice Gunnar Myrdal (1898-1987):

En realidad no hay problemas económicos, sociológicos o psicológicos, sino


simplemente problemas y que regularmente son complejos (…). Todo está
debidamente unido, concatenado y urge solucionar muchos de estos
problemas, pero para ello se necesita plantear acertadamente una serie de
preguntas y después, lo principal, ganar la objetividad en la respuesta [28].

Para finalizar y como problema añadido, hay que poner de manifiesto la


confusión y desorientación que está presente en nuestra época, principios del
siglo XXI, en que permanentemente estamos solicitados por tantos
contradictorios estímulos, puntos de vista, informaciones e interconexiones, y
se prefiere llenar el silencio con ruido a articular una voz que diga cosas,
quizás porque muchos no tienen nada que decir. Ante esta situación de
incertidumbre cabe recordar la enseñanza de José Corts Grau (1905-1995):

No cabe desaliento ante la inestabilidad teórica ni ante las contradicciones


de la hipótesis; la limitación humana deja sentir su incapacidad para llegar a
la verdad absoluta, como no alcanza la paz, ni la belleza. La inestabilidad
filosófica sólo puede escandalizar a quienes hayan olvidado la radical
estabilidad humana. [29]       

NOTAS
[1] MARROU, H.I.: De la connaissance historique, Le Seuil, Paris, 1954,
pág. 13
[2] BLOCH, Marc: Apologie pour l’Histoire, Armand Colin, París, (7ª
Edición), 1974, p. 36.
[3]  Vid. ARON, R.: “Postface”. En Dumoulin, J-Moisi, D., eds., The
historian between the ethnologist and the futurologist, París-La Haya, 1971.
[4] REGLÁ, Juan: Introducción a la Historia, Ed. Teide, Barcelona, 1970,
pág. 167
[5] ABBAGNANO, Nicolás: Historia de la Filosofía, Tomo II, Montaner y
Simón, Barcelona, 1973, pág. 278
[6] SÁENZ DÍEZ, J.I. et al.: Síntesis de Historia del pensamiento político, Ed.
Actas, Madrid, 1994, pág. 22
[7] ABBAGNANO, N.: Op. Cit. pág. 276
[8] ABBAGNANO, N.:  Op.Cit. pág. 276
[9] COBBAN, A.: “La Ilustración” en Historia del Mundo Moderno
(Cambridge University Press),  Volumen VII, Ed. Ramón Sopena, Barcelona,
1971, pág. 68. Para el filósofo alemán Josef Pieper, el error en el punto de
partida de la filosofía de la historia se encuentra precisamente en este
momento en el que “parece haberse negado a todo contacto con la meditación
teológica” (Vid. Sobre el fin de los tiempos, título de su obra traducida al
español en 1955)
[10] ABBAGNANO, N.: Op. Cit., pág. 278
[11] ABBAGNANO, N.: Op. Cit., pág. 281 y ss.
[12] LÖWITH, Karl: El sentido de la historia, Ed. Aguilar, Madrid, 1956,
pág. 10
[13] SÁENZ DÍEZ, J.I. et al.: Op.cit., pág. 159
[14] GARCÍA MORENTE, Manuel: Ideas para una filosofía de la Historia
de España, Madrid, 1942, pág. 37. www.educacionyfp.gob.es › revista-de-
educacion › dam
[15] REGLÁ, J.: Op. Cit., pág. 176
[16] Vid. POPPER, K.R.: La miseria del historicismo, Alianza-Taurus,
Madrid, 1973, pág. 39 (Primera edición: The Poverty of Historicism,
Routledge, London, 1961).
[17]  Vid. ARON, Raymond: El marxismo de Marx, Ed. Akal, Madrid, 2010
[18] SUÁREZ, Federico: Reflexiones sobre la Historia y el método de
investigación histórica, Ed. Rialp, Madrid, 1977, pág. 141
[19] FLÓREZ MIGUEL, C.: “La filosofía de la historia ayer y hoy”, Diálogo
filosófico, nº 16, 1990, págs. 52-81
[20] Esta palabra se utiliza textualmente en la presentación de la asignatura
Filosofía de la historia en el grado de Filosofía de la UNED, que además se
siente en la obligación de justificar su inclusión en el currículum del siguiente
modo:
“La Filosofía de la historia ha experimentado en estas últimas décadas
notables alteraciones respecto a la consideración y el interés que ha merecido
como disciplina académica. Da la impresión de haber tenido que pagar la
arrogancia de aquella supuesta superioridad y de aquellas pretensiones
teleológicas e historicistas que la caracterizaron en sus mejores tiempos con
el descrédito, la indiferencia o hasta el desdén que ha tenido que padecer en
fechas más recientes.
Actualmente, sin embargo, parece que ha vuelto a cobrar una gran relevancia.
Se ha convertido en un lugar común vincular este renacido interés por la
filosofía de la historia a ese momento de cesura histórica que supuso la ya
emblemática fecha de 1989 y la serie de acontecimientos que le siguieron.
Qué duda cabe que el derrumbe del “socialismo real” y el subsiguiente final
de la “guerra fría” han transformado radicalmente el contexto histórico y
político de nuestro tiempo. Es precisamente en este nuevo contexto en el que
se inscribe el programa de la asignatura”.
[21] Vid. MUÑOZ, Jacobo: Filosofía de la historia. Origen y desarrollo de la
conciencia histórica, Biblioteca Nueva, Madrid, 2010
[22] GIL, Tomás: “Saber histórico y filosofía de la historia”, Azalea. Revista
de Filosofía (Universidad de Salamanca), nº 13, (Ejemplar dedicado
a: Perspectivas actuales de la filosofía de la historia), 2011, págs. 59-67
[23] FIORASO, Nazzareno: “Unamuno y su filosofía de la historia”, Historia
y Sociedad, Nº. 11, 2005, págs. 81-92
[24] ALTAMIRA, Rafael: Filosofía de la historia y teoría de la civilización,
Ediciones de la Lectura, Segovia, 1915, pág. 20
[25] Después del escepticismo de Ranke frente a Hegel, tal vez el debate de
mayor resonancia europea fue el mantenido, en los años treinta del siglo XX,
entre Jakob Burckhardt, para quién “la Historia es la no-Filosofía; y la
Filosofía es, a su vez, la no-Historia” y Benedetto Croce, italiano como Vico
y, en cierta manera, neo-hegeliano.
[26] GARCÍA MORENTE, Manuel: Ideas para una filosofía de la Historia
de España, Rialp, Madrid, 1957, pág. 179
[27] MILLÁN PUELLES, A.: Ontología de la existencia histórica, C.S.I.C.,
Madrid, 1951, pág. 191
[28] MYRDAL, G.: La objetividad de la investigación social, F.C.E., México,
1970, pág. 15
[29] CORTS GRAU, José: Filosofía del Derecho, I, Introducción
gnoseológica, Editora Nacional, Madrid, 1941, págs. 14 y 15
538

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Federico Martínez

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