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Situación del sistema prestador privado ante Covid-19

Contexto

El escenario actual de Chile y el mundo frente a la pandemia de Covid-19 ha puesto a prueba al


sistema de salud de nuestro país.

Los prestadores privados somos parte fundamental e integral del sistema de salud.

● Anualmente atendemos a más de 10 millones de pacientes, de los cuales un 43% pertenecen


al FONASA.
● Entregamos el 50% del total de prestaciones de salud de mediana y alta complejidad que se
realizan en el país.
● El 36% de las camas de UCI del país son aportadas por nuestro sector.
● Actualmente entregamos puestos de trabajo a más de 210.000 personas.
● El 52% de los médicos se desempeña en el sector prestador privado.

Por ello, la sostenibilidad de nuestro sector -como actor relevante en la salud nacional y como
respaldo y colaborador del sistema público de salud- es de interés general.

La crítica situación actual del sistema prestador privado frente al Covid-19

Actualmente, en el sistema prestador privado estamos enfrentando con todos nuestros recursos
materiales, humanos y profesionales la pandemia de Covid-19. Así, hemos establecido un
mecanismo expedito de colaboración con el Ministerio de Salud para apoyar y aplicar los protocolos
dispuestos por la autoridad.

Sin embargo, hay diversos factores que considerar:

● Al día de hoy tenemos ocupada solo parcialmente nuestras infraestructuras de atención.


Esto debido a que los establecimientos del sistema privado están casi completamente
enfocados a la atención de Covid-19. Por ello, las intervenciones quirúrgicas no urgentes
(electivas), fueron postergadas por la autoridad mientras dure la emergencia sanitaria,
principalmente para disponibilizar las camas críticas y no afectar los bancos de sangre.
Además, la autoridad ordenó restringir las atenciones ambulatorias, lo que sumado a la
campaña de autocuidado, #quedateencasa, y la restricción de la libertad de movilidad de las
personas, ha derivado en una disminución considerable de la actividad.
● Existe una falsa percepción ciudadana en cuanto a que el sistema prestador privado está
funcionando a plena capacidad y generando más actividad de lo habitual. Ello no se condice
con la realidad.
● Lo anterior, sin contar con que son muchos los médicos y profesionales de la salud han
debido cerrar sus consultas, como consecuencia de la baja demanda de pacientes.

Efectos para la salud de la población

La disminución de atenciones en nuestros establecimientos representa, en primer término, una


amenaza importante para la salud de nuestros pacientes que no ha sido debidamente considerada.
La drástica caída de la actividad ambulatoria, procedimientos y cirugías electivas, puede tener en el
corto y mediano plazo, severas consecuencias para la salud de quienes se atienden en nuestros
establecimientos. Lo anterior, porque una falta de consulta o un diagnóstico tardío puede implicar
incluso poner en riesgo la vida de las personas, quienes, por temor o inseguridad al contagio de
COVID 19, prefieren no atenderse o diferir sus consultas en el tiempo.

Sólo para ilustrar lo anterior, la detección temprana de cánceres mamarios, hepáticos, pulmonares,
de estómago o de colón; emergencias de salud como accidentes cardiovasculares u otros; y
procedimientos relevantes para un diagnóstico, son solo algunas de las situaciones que quedan en
evidencia al postergar las atenciones, lo que nos puede conducir a lamentar incluso más muertes
que las provocadas por Covid-19.

En consideración a lo anterior, creemos necesario conciliar una visión que permita la reapertura
progresiva de atenciones ahora suspendidas, con todos los protocolos de seguridad y resguardando
siempre, la disponibilidad de espacios y recursos dispuestos para enfrentar el Covid-19.

Implicancias económicas

La actividad electiva de nuestros prestadores privados ha disminuido considerablemente,


estimándose una baja, hasta el momento, de un 80%. Operar con el 20% de la capacidad o menos,
y con todos los recursos disponibles, según lo ha solicitado la autoridad, tiene consecuencias muy
complejas para el funcionamiento de nuestros establecimientos, y en el mediano plazo podría hacer
inviable su operación por las siguientes razones:

- Se ha estimado que por cada mes que se mantengan las actuales condiciones de
operación, en el sistema prestador privado veremos disminuidos los ingresos en
MM$245.000, de los cuales MM$58.000 corresponden a los honorarios profesionales de
los médicos.

- Esta situación genera una crisis de liquidez muy profunda, que muy pocos
prestadores están en condiciones de solventar.

- Aproximadamente 60% de los gastos y costos de nuestros prestadores corresponden


a los recursos humanos, los que hoy han sido denominados la “primera línea” en la lucha
contra el Covid-19.

- Estar preparados para hacer frente a la emergencia sanitaria ha significado limitar


considerablemente la ocupación de nuestras camas, la que hoy, excepto camas críticas,
alcanza al 30% o menos.

- El valor de los insumos críticos ha sufrido una fuerte alza de los precios, y en muchos
casos riesgo de quiebre de stock, debido a la mayor demanda y escasez mundial, lo que
nos hace enfrentar costos muy superiores por estos conceptos.

- Adicionalmente, la discusión legislativa ha estado planteando una serie de nuevas


leyes que afectan directamente al sector, sin tener en cuenta nuestra situación y
realidad. Tememos que por razones políticas, y no técnicas, se termine legislando
respecto a materias como fijación de precios y/o márgenes de la industria, y compra de
servicios por parte del sistema público bajo los costos de operación.
¿Qué solicitamos?

El Gobierno de Chile ha presentado una serie de medidas que buscan proteger el empleo, proteger a
la pequeña y mediana empresa, e inyectar liquidez vía distintas fórmulas y mecanismos. Nuestro
sector ha sido declarado como actividad esencial, por lo que la mayoría de las medidas no nos son
aplicables, lo que probablemente está asociado al desconocimiento de la realidad que estamos
viviendo. Resulta fundamental que los siguientes puntos sean abordados por la autoridad para poder
asegurar la atención oportuna de la población y la sustentabilidad del sistema prestador privado:

- Permitir la reapertura progresiva de las atenciones ambulatorias, procedimientos y


cirugías electivas, bajo todas las medidas de seguridad que sean necesarias y
resguardando la disponibilidad de la red para enfrentar el Covid-19.

- Generar mecanismos efectivos de protección al empleo del trabajador de salud, ya


que en las actuales condiciones se hace inviable mantener a toda la fuerza laboral, por lo
que se necesitan urgentemente normas que permitan flexibilización en áreas que no
están directamente asociadas a la atención de pacientes en riesgo.

- Reducir significativamente los plazos de pago de las Isapres y de FONASA, por las
prestaciones realizadas. Los seguros hoy tienen la llave para asegurar la liquidez del
sistema, considerando que esta industria maneja un volumen muy significativo de
cuentas por cobrar.

- Proteger al sistema de las especulaciones de precios en insumos críticos y asegurar


el abastecimiento.

- Otorgar garantías estatales a los bancos para asegurar líneas de crédito de capital de
trabajo focalizados en esta industria.

- Garantizar un pago justo por las prestaciones que otorgue el sistema en esta
pandemia. Por ejemplo basado en los valores licitados por GRD actualmente con
FONASA para uso de camas críticas.

- Velar para que las iniciativas legislativas tengan en consideración la crítica situación
en que se encuentra el sector, el que ya está exigido al máximo producto de la
emergencia. Así, proyectos como fijar los precios en arancel Fonasa MLE (bajo el costo)
o que los prestadores deban congelar sus precios nominales -mientras los aseguradores
los reajustan por IPC mes a mes- son medidas nefastas para nuestra subsistencia.

Consideraciones finales

Las Clínicas de Chile hemos propiciado durante años la complementariedad público-privada,


constituyéndonos como un importante apoyo y respaldo del sistema público de salud. Hoy estamos
comprometidos en la lucha contra el Covid-19, y estamos convencidos que podemos aportar en la
solución.

Con todos los antecedentes expuestos, podemos concluir que la industria de la salud está viviendo
una “tormenta perfecta”; su actividad electiva ha caído en promedio un 80%, generando una
disminución considerable en la detección temprana de enfermedades que pueden representar una
crisis de salud pública en el futuro. Por su parte, los costos de los insumos críticos se han
multiplicado por 3 a 4 veces y los stocks cada día se limitan más, los costos de operación se han
mantenido debido a que las clínicas han pasado a ser parte de la red controlada por la
Subsecretaría de Redes Asistenciales y deben poner a disposición del sistema toda su capacidad,
equipamiento y recurso humano. Al mismo tiempo, la derivación de la red pública ha sido nula y
el sector ha quedado excluido de las nuevas leyes de protección del empleo. Nuestro aporte como
red privada a la atención de la pandemia es clave y fundamental, por lo que solicitamos al
Gobierno que considere una ayuda concreta a este sector para poder mantenernos disponibles
con todos nuestros recursos en apoyo a la pandemia.

Sin embargo, ello no puede significar medidas y regulaciones que nos conduzcan a tener un sector
prestador privado que -al final de la crisis- resulte estructuralmente debilitado o simplemente
inexistente. Por ello necesitamos que urgentemente se tomen medidas para evitar la precariedad
a la que se puede conducir nuestra operación.