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Frank Ostaseski, maestro budista: "La muerte es la mejor maestra para vivir"

En víspera del Día de Todos los Santos, hablamos con este neoyorquino que enseña cómo escuchar a la
muerte y aprender, a través de ella, a disfrutar más y mejor de la vida
¿Qué es más bonita, la flor del cerezo que vive un solo día o una flor de plástico que dura para siempre?
Éste es uno de los símiles preferidos por el maestro Ostaseski para explicar que el más alto valor de la vida
es su precariedad o la inexorable finitud del tiempo; la muerte sin ambages o el sentido transitorio de la
realidad: un segundo nace cuando el anterior muere.
Frank Ostaseski (Nueva York, 1951), maestro budista de 'mindfulness', fundador del Zen Hospice Project
y el Metta Institute (California), primeros centros de cuidados paliativos para enfermos terminales en
Estados Unidos, empleó un curioso método para que su hijo perdiera el miedo a los monstruos escondidos
en el armario. En lugar de sentarse en el cabecero de su cama y tratar de convencerle de que los
monstruos no existen y que nada debía temer, se metía con él bajo el embozo de las sábanas y le
preguntaba, ¿dónde está?, ¿crees que sigue ahí? "Sí, detrás de esa puerta", decía el niño. Vamos, ¿te
atreves a acercarte un poquito conmigo? Y juntos reptaban por la moqueta en dirección a la temida
puerta. ¿Qué, un poco más? Y, toda vez alcanzada la proximidad: ¿qué, abrimos la puerta y lo abatimos
con almohadazos? ¡Bumba, bumba, bumba! De este modo el niño no negaba su miedo, que hubiera surgido
por cualquier otro lugar, sino que aprendía a conocer el objeto de su temor, que era inexistente, y,
conociéndolo, éste (o sea el monstruo) dejaba de controlar sus noches. Es exactamente la misma teoría
que aplica a sus enseñanzas para aprender a afrontar la muerte: "Hay que sacar a la muerte del armario.
La gente está ansiosa de hablar y saber de la muerte; pues habla y afróntala ahora, no esperes al último
momento". Por ello recorre los hospitales del mundo enseñando al personal sanitario cómo cuidar a sus
pacientes terminales, y por ello ha escrito el maestro Las cinco invitaciones (ed. Océano), para animarnos
a vivir con la muerte como maestra, "porque nada como la muerte enseña cómo es la vida y cómo vivirla
plenamente".
Pregunta. Maestro, ¿qué ha aprendido esencialmente de su relación con más de un millar de personas
a las que ha acompañado en sus últimos días?
Respuesta. Que lo más importante al final de la vida se resume en dos preguntas: ¿me siento amado?, y
¿he sabido amar? Todas las reflexiones de un moribundo automáticamente se dirigen a estas dos
cuestiones, por tanto es bueno no esperar al final de la vida para hallar estas repuestas. Y lo segundo que
me han enseñado es que todos somos completamente dependientes entre nosotros, y cuando lo reconoces,
la vida adquiere mayor sentido y se vuelve más apacible. De ahí surgen las cinco invitaciones, yo no he
inventado nada, sólo lo he aprendido.
P. ¿Cuán importante es conocer la muerte para apreciar la vida?
R. Es esencial: la muerte es la gran consejera que nos enseña a no dar por hecho la vida, a valorarla y
aprender a disfrutarla a conciencia. La vida es algo absolutamente precario, puede cambiar por completo
en un segundo, y por ello precisamente es tan valiosa, su brevedad es su belleza, como la flor del cerezo:
yo no quiero perderme ni un momento de la vida. Si la vida durara para siempre, como una flor de
plástico, sería aburrida y carecería de sentido: yo quiero vivir y amar plenamente, como si la vida fuera
una aventura. Y cuidar a los que quiero, ahora, porque nadie estará aquí para siempre. La muerte no es
algo que sucede al final de un camino o una enfermedad, sino que es parte del camino, está aquí con
nosotros tomando el té; tu pelo, tus células, los segundos nacen y mueren constantemente. Y es la muerte
quien nos enseña qué importa y qué es prescindible, pero hay que saber escucharla.
P. Lejos de ser romántica, su visión de la muerte puede llegar a ser terrorífica...
R. Sí, la muerte puede ser dolorosa y temible, pero también bella.
P. ¿Cómo ha enseñado usted a cientos de moribundos a relacionarse con ese miedo en lugar de
reaccionar contra ese miedo?
R. Si uno se queda en la reactividad, termina por ser una víctima, atrapada. Para llegar a tener otras
oportunidades, explorar otros caminos, lo correcto es acercarse a lo que tememos y aprender a
relacionarnos con él. Hay que tomar conciencia del miedo, presenciarlo, para liberarse parcialmente de él
y no bloquearse o perderse en él.
P. ¿Para dejar de sentir miedo?
R. No, no se trata de deshacerse del miedo, sino de conocerlo e impedir que nos controle. Porque si te
deshaces de él, aparece por cualquier otro lugar.
P. Ah, ¿como las fobias, según los psicoanalistas?
R. El miedo no es un error, a veces está ahí para protegernos, pero no debemos permitir que controle
nuestra vida. Entenderlo, sí, pero evitarlo, no.
P. El acercamiento y la visibilidad de la muerte, ¿no es justamente lo opuesto a lo que pretende hoy
la civilización occidental, que la oculta y le aplica una gran asepsia?
R. Sí, por supuesto, la esconde en hospitales y geriátricos. Yo quiero sacar a la muerte fuera del armario.
Porque mi experiencia es que cuando se habla de la muerte y se la conoce, se aprende a vivir mejor. Pero
la gente teme la muerte porque la sociedad ha hecho de la muerte el enemigo, relegándola al ámbito de
los curas, los médicos, los abogados... De modo que la mayoría de la gente se enfrenta a su muerte con
miedo y pesar, y ésa es la razón principal por la que he escrito este libro, para los vivos.
P. ¿También consigue aliviar el dolor de dejar atrás a los seres queridos? ¿No es esto lo peor?
R. Lo peor es que a esos seres luctuosos la sociedad los aísla, porque nadie quiere saber de ese dolor que
sufren.
P. No me he expresado bien: ¿cómo evitar el sufrimiento de otros por tu muerte?
R. Preparándolos para ello, hablando con ellos ahora sobre la muerte, para evitar que cuando llegue se
derrumben. Yo hago ver a mis hijos que los quiero y los admiro, conversamos sobre ello continuamente.
P. Tengo entendido que usted mismo pasó por una situación de vida o muerte hace unos siete años,
sufrió una operación a corazón abierto. ¿Cómo confrontó aquel momento con su familia (tiene un hijo
propio y tres de su mujer)?
R. Mi hijo (29 años entonces) me acompañó en todo momento, y conversando la noche anterior me
preguntó: ¿Papá, vas a sobrevivir? Y mi respuesta fue: no tomo partido ni por la vida ni por la muerte. No
estaba tratando de parecer sabio, era la pura verdad de lo que sentía entonces. Primero se sorprendió,
pero enseguida se quedó relajado, porque supo que lo que le estaba diciendo era la verdad, y cuando la
verdad aparece, todo el mundo se relaja. Fue bueno para él ver a su padre tan indefenso, porque me hizo
más humano y vulnerable a sus ojos.
P. Sus padres murieron cuando era usted apenas un adolescente, ¿por ello pronto abrazó el budismo y
se centró en el consuelo a los moribundos?
R. Sí, mi madre murió cuando yo tenía 16 años y poco después nos dejó mi padre.
P. ¿Dónde encontró el consuelo?
R. No lo encontré, me sentí miserable, incapaz de afrontar semejante dolor; y me empeñé en rechazarlo,
como todo adolescente: dolía demasiado. Sólo cuando afronté el dolor fui capaz de empatizar hacia mí
mismo y, a partir de ahí, llegó la compasión, que es el acto de extirpar el dolor, propio y ajeno.
P. ¿Quién se hizo cargo de usted?
R. Yo mismo, de mí y de mi hermano de 11 años. Nos quedamos en casa de mis padres, trabajé para poder
sobrevivir. Fue muy difícil, pero me dio el poder de la empatía para llegar al consuelo de los demás.
P. ¿Y entonces abrazó el budismo?
R. Sí, a los 20 años; tras un año estudiándolo en Asia. Pero no me interesa el dogma religioso, sino la
sabiduría que da el budismo para conocerse a sí mismo.
P. ¿Qué diferencia hay entre la meditación y lo que usted llama "corazón oyente"?
R. La meditación ha de ser comprensible y accesible, y a veces parece algo esotérico, una experiencia
trascendental. Yo no lo veo así, yo puedo meditar mientras hablo contigo, es un error creer que has de
llegar a poner la mente en blanco. La meditación es una acción que bien empleada puede llevarte a un
estado de 'mindfulness', que no tiene nada que ver con una traslación a un lugar más allá, sino que
consiste en centrar la atención en el momento presente, no solo con la mente sino con el sentimiento y el
cuerpo. Y eso es lo que llamo corazón oyente: escuchar al otro con una conciencia 'mindfulness' para
percibir no sólo su historia, sino también su emoción y su energía.
P. Maestro, a ver si le he entendido, ¿la clave de todo está en la no permanencia del tiempo?
R. Del tiempo y de todo en esta vida. Si dejamos de luchar contra esta verdad, si logramos vivir en
armonía con ella, dejará de sorprendernos la precariedad de la vida y viviremos más tranquilos y felices.
Mira, un día acompañaba a una mujer en su lecho de muerte y ella se quejaba: ¡¿Por qué ha venido tan
pronto a por mí?! Tenía 93 años. ¿Qué le sorprende, cómo lo había imaginado?, le pregunté. De ningún
modo, jamás había pensado en la muerte. Te prometo que su sorpresa le hizo sufrir mucho más que el
cáncer que padecía.

Cinco puertas a la vida


Son las cinco líneas maestras para el cuidado de los moribundos y, por tanto, para una vida íntegra y con
verdadero sentido, porque la vida que no contempla la muerte es sólo media vida. Cinco invitaciones a
estar presente en tu propia vida.
1. No esperes, porque mientras esperas el próximo momento estarás perdiendo el presente.
2. Acepta todo, no rechaces nada; nada podrás cambiar si no lo recibes y afrontas.
3. Pon todo tu ser en la experiencia; tendemos a creer que solo el conocimiento nos ayuda, pero
nuestra humanidad o nuestro yo más interno es igualmente necesario.
4. Encuentra un momento de reposo en medio de los acontecimientos; creemos que descansaremos
cuando nos llegue el final o incluso en las vacaciones, pero esto nunca ocurre, y el descanso es
necesario.
5. Cultiva una mente que no sabe, abierta, con capacidad de maravillarse, curiosa: una mente de
principiante donde siempre cabe más conocimiento.
Independentemiente