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El yo conectado y fluido

tags: Victor Turner


por Andres Schuschny

La interacción entre las personas en las redes sociales tiene características muy
peculiares: en el ciberespacio los usuarios no necesitan “ver” al otro para comunicarse,
no se tiene ningún indicio de la apariencia física “real” del otro, de su tono e inflexiones
de la voz, de sus gestos, etc. El principal indicador que se tiene de la imagen del otro,
es la descripción que éste hace de sí mismo a través de la comunicación textual. Cada
usuario es lo que decide ser, por eso es muy común que éste se presente como
alguien que en realidad no es (o cree no ser). La identidad de los seres en línea, se
exterioriza en una serie de identidades parciales, yuxtapuestas y situacionales que
surcan numerosas narrativas simultáneas.

Esta condición ontológica del “ser en línea” se asemeja a la persona liminal o


transicional, descrita por el antropólogo inglés Víctor Turner cuando estudió los ritos de
pasaje en culturas tribales.

El ser liminal de Turner tiene un doble carácter: ya no está clasificado, y al mismo


tiempo, todavía no está clasificado; tiene realidad física pero no social, sus atributos,
ambiguos e indeterminados, son expresados por una rica variedad de símbolos.

La “liminalidad” de Turner, el estado experimentado por la persona durante el rito


de pasaje, es la condición de no ser miembro completo de ningún status definido; ya
no se es lo que se era antes (en nuestro caso, de conectarnos a las redes sociales),
pero tampoco se ha alcanzado un nuevo status en forma íntegra.

Según Turner, la instancia liminal


es un estadio de reflexión (entre lo
anterior y lo venidero), donde se rompe
la fuerza de la costumbre, se abre paso
a la reflexión y la idealización, y se
facilita la camaradería y el sentido
igualitario. Este “estado de ser” o
cualidad de la relación es lo que Turner
define como la communitas para
caracterizar las intensas relaciones
individuales de igualdad y fraternidad
que tienen lugar. Turner imagina la
estructura social estandarizada como lo
opuesto del comunitas, ya que esta
última existe fuera del tiempo
estructurado.

Vale pues suponer que la facilidad en la


construcción del “personaje en línea”
puede transformarse en un vehículo de
auto-reflexión, pues motiva la
indagación acerca de cuál es la
conexión entre lo que creemos que es real, la creación virtual y lo real, en definitiva
sobre quién se es realmente.

El impulso auto-reflexivo se refuerza con el silencio casi meditativo, que rodea al


usuario en el instante de comunicación en línea. Por otro lado y por ahora, aunque no
sabemos hasta cuando, la unidad básica de comunicación, en las redes sociales, es la
palabra escrita y los objetos que aparecen en la pantalla de la computadora, no tienen
ningún referente físico. Lo que aparece y se despliega en la pantalla no tiene orígenes
ni fundamentos materiales. Tales formas de comunicación construyen nuevos
parámetros en los cuales la mente y las emociones se pueden reencontrar, a través
del juego de auto-reinvención alrededor del intercambio de la palabra textualizada.
Cabe destacar que, como nunca antes, la gente ha comenzado, a ejercitar el derecho
a expresarse y crearse a sí misma. La oportunidad de crear nuevas identidades es un
hecho cierto de la vida contemporánea, que no sólo se manifiesta en las redes
sociales. Es posible pensar que la demanda de productos de consumo infinitamente
diversa, es una reflexión de millones y millones de decisiones individuales que nos
muestran, que el consumo es un acto de confesión de individualidad, aunque influido
por la imitación. Somos “marcas personales ambulantes“.

No son pocos los estudios que muestran las consecuencias psicológicas de la


comunicación mediada por computadora y, en términos generales, aseveran que
nuestra interacción con el ciberespacio, altera nuestras formas de percepción de lo
que consideramos como lo real. La computadora permite desplegar al ego en, y
desde, diversas posiciones del sujeto, mostrándolo como una entidad situacional multi-
genérica, polimorfa, fragmentaria, coyuntural y fuera de todas las restricciones
normativas y, es por ello, que constituiría un ámbito propicio para dar rienda suelta a la
creatividad y la imaginación, en sí, a la liberación de espacios psicológicos que yacían
ocultos en el encierro de la modernidad.