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Serie:
[^a Historia del Negro
en Latinoamérica
Marcial Apablaza

Lo que no nos ha dicho sobre:

SAN PEDRO CIAVER


5OO Años de Historia Negra em Colombia

VERBO COMUNICACIONES
Apartado Aéreo 3050
Teléfono: 244 20 7A
Santafé de Bogotá, D.C. - Colombia
Agosto de t992
Serie: [-a Historia del Negro en l-atinoamérica
Con esta serie se pretende colaborar en'
* La recuperación de la historia del negro, desconocida y
olüdada.
* Llamar la atención sobre el racismo existente y
discriminatorio del negro.
* Ayudar a los pueblos negros a organizarse.
* Rescatar los valores del pueblo negro y sus aportes a la
historia y a la cultura de Latinoámerica.
La serie está compuesta por los siguientes títulos:
I lo que no nos han dicho sobre:
5OO AÑOS DE HISTORIA NEGRA EN COLOMBIA
2 Lo que no nos han dicho sobre:
LIDERES NEGROS EN AMERICA I.ATINA
3 Lo que no nos han dicho sobre:
SAN PEDRO CLAVER
4 l-o que no nos han dicho sobre:
DEFENSORES DE LOS NEGROS
5 Lo que no nos han dicho sobre:
NINOS NEGROS EN I.A CIUDAD

Diagramación y dirección editorial:


INDO-AMERICAN PRESS SERVICE - EDITORES
Santafé de Bogotá - Colombia

Con las debidas licencias

Verbo Comunicaciones
(c)
Santafé de Bogotá - Colombia
CONTENIDO

Referencias bibliográficas 4

Presentación 5

Capítulo 1 7
EL ANO 1630

Amilkar 9
Los cabildos 10
"Leyes para negros" 11
La inquisición t2
Adios 13
Todos somos iguales t4
Para qué tanto catecismo...? L6
Soñar no cuesta 17
Amilkar escribe 19
Sin la esclaütud Amárica se derrumbarla 20
Carta para Amilkar 22
Magdalena arriba 25

Cqpítulo 2 27
ANO L992
Conoce a Amilkar...? 27
Seguimos construyendo sueños de libertad 28
Para qué organizarnos...? 30
Una Iectura negra de la Biblia 32

Cg:ltulo 3 . 35
ANO L630

3
REFERENCI,AS BIBLIO GRAFICAS

1. Valtierra Angel - M. de Hornedo Rafael, San Pedro Claver".


Esclavo de los esclavos. BAC Popular. Madrid. 1985.

2. Valtierra Angel. S.J: "Pedro Claver". El Santo Redentor de los


negros. Cuarto centenario de su nacimiento. 1580 - 24 de
junio - 1980. Banco de la República. Extensión cultural.
Bogotá. 1980
3. Palacio Preciado Jorge: "La esciavifud y la sociedad esclavista". En
Manual de Historia de Colombia. Tomo I. Capítulo IV.
Instituto Colombiano de Cultura. Procultura S.A. Segunda
edición. Bogotá 1982.

4. Escalante Aquiles: "El negro en Colombia". En Monografías


sociológicas. No. 18. Universidad Nacional de Colombia.
Facultad de Sociología. Bogotá. D.C. Julio de 1964.

5. Gutierrez Azopardo lldefonso: "Historia del negro en Colombia.


Segunda edición. Editorial Nueva Amárica. Bogotá 1980.

4
PRESENTACION

Este libro, no es un libro hístórico en el sentido estricto de la


palabra. Pero sí quiere ualerse de la historia para logror su
finalidad. Es hisforio narrada, a partir de hoy. con la perspectiua
de hoy. Es releer el pasado desde la uiuencia del prásente.
Con esta "historia" queremos rendír homenaje a un gran hombre:
Sqn Pedro Clauer. Es un personaje en estos 500 Anos de
historia del negro, aquí en colombia. Pedro fue importante en su
tiempo, pero sigue siendolo, aún más hoy, para nosofros.
lgual que en los tiempos de la esclauitud, hoy se sigue menospre-
ciando al negro con un rocismo abierto y cruel. Es uerdad que
ahora no se le maltrata como se le destrozaba antes en lot
grandes barcos negreros, en las mínos y haciendos. Sin embargo,
hoy, es despreciado por su color; se le niega su participacíón-en
las decisíones del país; se desconoce el aporte que la rsza negra
ha hecho a lo largo de la historia de Colombia.
Las épocas son distantes y distintas. Pero la situación del negro
sigue síendo casi la misma que antes, cambian /os circuns tancias.
Pero muchas ueces su contenido es el mísmo o peor.
Hoy, qué haúa San Pedro Clauer frente a esta esclaui-
tud?.
aaa
Para escríbir estas líneas nos hemos basado en algunos datos que
encontramos en la bibliograt'ía que se anota en este libro.
Agradecemos o BeatrizToro y a la Fundación de vida, los aportes
que hicieron posíble en este libro.

Edítorial Verbo Comunícaciones


Santafé d.e Bogotá - Colombia
Mi nombre es Pedro; soy catalán de nacimiento; nací en España, en
un pueblo llamado Verdú, ya hace bastantes años.
Estudié con los Padres J_esuitas y cuando pasaba mis2|años, decidí
hacerme uno de ellos. Estudié Filosofía y Letras en España.
A los 30 años dejé a España y me aventuré a tierras lejanas. Esas
nuevas tierras Ias conocí con el nombre de Nueva Granada.

Llegué para hacer estudios de Teología en el colegio de santa Fe de


Bogotá.

oaa
Arribamos a cartagena de Indias; ahí conocí al padre Alonso de
sandoval, también Jesuita. Era eldirector delcolegio fundado en la
ciudad.
Tgdo me irnpresionó mucho. como en todo puerto, había bastante
afluencia de barcos con distintos cargamentos. pero lo que menos
entendÍes que trataran como *nr.unlíu a hombres qun lo único que
tenían distinto era su color.
Después de la visita con el Padre sandoval a los barracones que
estaban cerca.del puerto, quedé más confundido. Ahí descargaban
a los esclavos los capitanes negreros. seguí inquieto mi üaje a"santa
Fe de Bogotá.

Pensé en Ia miseria, el abandono, las enfermedades y tristezas


del
esclavo negro en espera de su muerte. cúantos ,,ngrá. morían sin
ser bautizados?

aoo
Mi ordenación tuvo lugar en cartagena de Indias. Esa primera

7
impresión de los barcos negreros no me dejó tranquilo.
Decididamente me acerqué a la üda de los negros que con mucha
frecuencia traían los barcos a Cartagena.
Eran muchos barcos, muchos. Una especie de mercado grande.
Aquí estaba elcentro de distribución para los Virreinatos de la Nueva
Granada y del Perú. Lei en algunas crónicas que aquí en Cartagena,
desde su fundación, en 1533, hubo esclavos.

Los primeros llegaron como servidores de autoridades, clérigos,


religiosos, religiosas y familias recién establecidas.
Posteriormente aumentaron los cargamentos para proporcionar
mano de obra en minas y haciendas.

aaa
Qué razones tendrán estos capitanes negreros para traer a estos
miserables, alejándolos de sus tierras y sus familias?

Conversando con algunos de ellos dicen que España está muy mal
económicamente y que necesita metales preciosos como el oro y la
plata para impulsar su economía.
Yo tenía entendido que no sólo España, sino otros países europeos
eran abastecidos con metales preciosos desde Africa. Talvez, no era
suficiente.

Yo se que aquí a Cartagena traen una variedad de productos de


España y que deben pagarse con oro y plata.

Se justifica tanta miseria humana sólo por tener mano de obra?

Por qué de España darían licencia para comerciar negros y mandar-


los a las colonias?

oaa
A algunos de los compradores se les llamaba Encomenderos. Eran
los dueños de las minas; inicialmente el indio trabajaba en su
expiotación, pero esta población indefensa era muy hostily además
yaempezaba a escasear. Por eso las minas pasaron a ser explotadas
por esclavos negros.

8
Yo mismo conocí a los que se marchaban de cartagena de Indias a
los distintos centros mineros.
Otros compradores eran los dueños de las haciendas.
Amilkar
Estas haciendas abastecían las ciudades y los centros mineros
cercanos a ellas.
Unos se dedicaban principalmente al cultivo de la caña de azúcar,
con trapiches para la elaboración de la miel, y otros, a la cría dá
ganado.

Amilkar, esclavo ladino (1), erd uno de esos negros que yo aprendí
a apreciar y a querer . Pertenecía a una de esas tribui africanas: los
Carabalí.
Aprendió el español con mucha facilidad y me ayudaba en la
catequesis explicando a sus compañeros en su propiá lengua.
Yo no entendía eso de las cuadrillas. un día Amilkar me explicó:
"Padre, en las haciendas o en las minas, hay un número determinado
de esclavos y esclavas. Ellos se casan entre sí y por eso son parientes.
Se unen en eltrabajo y todos pertenecen a un solo amo.
se venden generalmente sin ser separados. y usted sabe, padrecito,
cómo están organizadas estas cuadrillas?
Mire, hay un señor que es elamo o propietario de la mina o hacienda.
Está el capatazde la cuadrilla que es eladministrador y maneja a los
esclavos, y el capitán, capitana o cabo de cuadrillu qú" es el'¡efe de
cada grupo de esclavos."

Amilkar me sorprendió con esa explicación y me contó de otros


-cartagena
esclavos que venían con ál cuando liegaron a de Indias.
Unos estaban como serüdores domésticos en la ciudad, otros habían
partido hacia elinterior y regresaban cada cierto tiempo porque eran
remeros o bogas.

(1) ladino = esclavo de habla español.

9
Con otros se saludaba en eldía porque eran cargueros en el puerto
y en el mercado.
Por la tarde, ya cansado, cuando en el convento todo era silencio,
escribí algunos apuntes:
En nuestra sociedad hay muchas dif erencias socioles; esfos
diferencias están creadas por los priuilegios que conceden
las autoridades y para ellos es muy importante el origen
racial.

Existen los hidalgos y caballeros que estón conformados


por los españoles o chapetones. Los descendientes de los
conquistadores y encomenderos que son /os nobles, estón
los letrados, los capitones y generales, los terratenientes y
comercianfes, /os artesanos, jornaleros y esclauos.
En una sociedad jerarquizada en forma piramidal, donde
los esclauos negros y los indios conforman la base.
Me quedé dormido imaginando la pirámide.

ooa
Los Cabildos
como siempre desperté muy de madrugada. Esta veznoescuchaba
las campanas del reloj ni las de la iglesia. Los sonidos y los ritmos eran
distintos; se me hacían familiares. Recordé la cuadrilla de la última
hacienda que üsitamos. Mientras trabajaban entonaban ritmos
parecidos a estos.
Qué será? Me asomé a la calle y no distinguí a nadie.
Más tarde cuando amanecía me encontré a Amilkar. Ya había
desayunado y se preparaba para un trabajo de carpinteria en el
convento. Lo ü como apresurado.
- "Por qué tan apresurado, Amilkar?"
- "Padre, es que no sabe? Los artesanos de la ciudad nos hemos
estado preparando para la festiüdad del domingo. Usted sabe que
para nosotros los negros esta fiesta es importante."
Amilkar salió sin dejarme oportunidad para preguntarle otras cosas.

10
Recordé que el Padre sandor¡al me había comentado algo de los
cabildos.
"Son agrupaciones de negros artesanos. Celebran algunas fiestas
católicas, pero en el fondo siguen siendo fiestas tradicionales de
origen africano."
El Padre sandovalalguna vez dijo que estos cabildos tenían sus reyes
y sus reinas, las princesas, los gobernadores y alféreces, los alguaciles
y alcaldes.
Ahí había una mezcla e imitación de nuestra sociedad y las organi-
zaciones tribales africanas.

Amilkar más tarde me contó de varios cabildos que existían en


Cartagena.

oaa
"Leyes para Negros"
Hoy estoy preocupado, muy preocupado.
un amigo de Amilkar, que bautizamos en estos días con elnombre
de carlos, se unió a los cimarrones (2). Trabajaba muy bien en el
serücio doméstico. Yo mismo conocí a su amo y lo trataba muy bien.
El nos permitió que lo bautizáramos.
con éste ya son cerca de 25los escapados a estas zonas boscosas.
Esta tarde conversé con el amo de carlos. Habló de que en otras
regiones se están escapando muchos esclavos. Lo ví temeroso.

contó de un amigo de é1, dueño de haciendas que los fugitivos


estaban asaltando, causándoles graves daños. Además me d¡o que
temen un levantamiento general de negros. sabían que eran
superiores en número a los blancos.

A la semana siguiente una nueva legislación contenía prohibiciones


y castigo para los negros:

(2) cimarrón; animal doméstico, huido al monte. Más tarde se emplea la palabra para los esclavos
fugitivos.

11
No podían portar armas, ni vestirse como blancos. Se les prohibió
reunirse con esclavos de otras haciendas.
No podían bailar en público, ni jugar, ni üajar.
Los castigos iban desde los azotes, hasta la pena de muerte.
A los jefes de rebeliones les darían garrote hasta causarles la muerte
o el descuartizamiento.
Tienen relación las huidas de los cimarrones con esta legislación para
los negros?

aoo
[-a Inquisición
Amilkar llegó enfermo esta noche.
Por la mañana estuümos en los barracones, y por la tarde, en las
cárceles de la Inquisición acompañando a los condenados a muerte.
No me habló en el camino de regreso a casa; tampoco quise
preguntarle nada.
Esta es la primera vez que vamos juntos a la cárcel. A mi me pasó
lo mismo cuando los üsité la primera ve z. Quésentirá Amilkar üándo
en estas condiciones a sus propios hermanos?
Se murieron cinco negros, no alcanzaron a recibir las golosinas ni
elüno que llevamos. sólo les pude rezar ünPadre Nuestro y un Ave
María para que murieran enpazcon Dios. Amilkar estará pensando
lo mismo que yo cuando üsité por primera vezlacárcel.
Fsto que llaman Inquisición tenía al negro bozal(3) "como sujeto de
alta peligrosidad en lo tocante a la fe y a las buenas costumbres."
cómo arrancar de los negros estas curaciones, actiüdades mágicas
religiosas, uso de amuletos, agüeros, brujerías, etc., si el negro todo
lo traía en su sangre?
Sin embargo, todo esto era motivo para ser castigados por eltribunal

(3) bozal = esclavo recién traido del Alrica

72
del santo oficio de la Inquisición. Los castigos iban desde los azotes
hasta la muerte en la hoguera o la horca.
Y hoy con Arnilkar, nos habíamos despedido de cinco que habían
muerto por azotes! Hermanos de Amilkar, sangre de su sangre. El
también estaba golpeado. Muy golpeado.
Espero que esta noche descanse y mañana se sienta más tranquilo.

ooo
Adios
Mellevé una dura sorpresa esta madrugada. Alguien había lanzado
una nota por debajo de mi puerta.
Alacercarme para recogerla, vi la firma de Amilkar. Me asusté y sentí
una corazonada.
Comencé aleer:
Estimado Padre Pedro Clauer:

Amigo, espero que no se sorprenda mucho con todo lo que


le uoy a contar. Ya que a Usted le debo mucho, le debo
parte de mi libertad. Porque mi libertad comienza uerda-
deramente hoy. Sé que puede ser muy duro para Usted,
pero también sé que me comprenderó.

No puedo seguir acompañóndolo en su tarea. Es suya, no


esmi tarea.
No puedo uer a mis hermanos siendo descargado.s de /os
barcos y después lleuados a la uenta como qnimales. No
pudo seguir uiendo los enfermos que ilegan. yo ro admiro
a Usted, Padre, y admiro su labor.
Lo de ayer en la córcel de ra lnquísición fue decisiuo. cómo
uoy a seguir contemplando a mi sangre que se ua
extin_
guiendo, lentamente se ua extinguiendo.

No, Padre, se lo dejo a lJsted y que su Dios le dé


fuerzas.
Usted sabe que yo he estado en contacto con Carlos,
recuerda?, aquel que bautizó hace poco. yo siempre he

13
sabidó dónde está y sé d6nde hay muchas hermanos
nuesfros libertos.

Carlos me cuenta que hacia el sur hay seluas impenetra-


bles.

Ahí podemos refugiarnos y rehacer nuestras uidas en


l¡bertad, autonomfo, hacer esastiertas nuestras para traba-
jar. Son espocíos nuestros, espocios negras.
Sabe que hemos nacido libres y libres debemos seguir
siendo.

Tiene que saber, Padre, que muchos omos que Usted


conoce de cerca han lanzado perras de presa y hambres
armados para capturarnos.
An t e est o, n osotros
t en emo s qu e d ef en dern os. Ro ba rem os

armas y mataremos si es necesario.

Padre, me uno al grupo de los cimarrones. Serernos l¡bres.


y defenderemos esfo libertad, aún a costa de nuesfra uida.
Le hasfo pronto, porque nos encantraremos con
di,go
nuestras antepasadas g me despido como Usted me
enseñó a despedirme de un herrmano:

Que Dios lo bendiga.


Amilkar.
Cuando terminé deleer, mi corazón palpitaba aceleradamente.
Guardé la carta y me fuí a la capilla. Ahí estuve toda la mañana
escuchando. Sólo tenía a Amilkar en mi corazón.

oaa'
Todos somos iguales
Después de dos semanas el dolor por la partida de'Amilkar había
mermado. l-as obligaciones y Ia lecfura llenaban el vacío que él había
dejado.
En esas do'S semanas hablé mucho con elPadre Sandoval. Me contó

l4
muchas cosas novedosas.. Por ejemplo, que para cumplir mejor
su
labor espiritualcon los esclavos que llegaban ai puerto, És clasiiicaba
según su procedencia en bautizados, no bautizádos y los que estaban
en duda de haber quedado bien bautizados.

con sorpresa para mí, me presentó varios intárpretes en las distintas


lenguas africanas. con algunos de ellos inier.u-tiu.r,os ideas
mientras almorzábamos.

Por la tarde me sentí satisfecho alüsitar los barcos negreros y a los


esclavos nuevos que habían llegado. Muchos de e[Js se sentían
acompañados y aliüados. A algunos les parecía gracioso la medallita
que les dejábamos.

Para nosotros era importante, pues si la conservaban después


, de ser
vendidos y enviados a distintas regiones, serían identificados como
cristianos.

Antes de acostarrne, mirá por segun da vez el fichero de todos los


enfermos que tengo que üsitar mañana, y reüsé mi bolso. Todo
estaba.completo: medicinas, frutas, dulces y vestidos, tabaco, vino,
aguardiente y ünagre. Por la mañana fuí a ver enfermos. Ellos
son
los primeros catequizados. Hay que reconfortarlos con üno y
aguardiente, lirnpiarlos con ünagre-o con elmismo üno, darles dá
comer, cubrir sus cuerpos desnudos y una vez atendldos, entonces
a bautizarlos.
Mientras regreso a casa, recuerdo a Amilkar - recordé cuando
preparábamos la entrada al armazón y decíamos:
"Vamos a sonreír a todos los escravos que encontremos."
Amilkar era intérprete-y les decía que íbamos a ser compañeros de
todos; les dábamos la bienvenida á lu tie.r, de los blancos.
Preguntábamos quiénes estaban enfermos y qué niños habían
nacidos durante el üaje.
I- os acompañábamos a las negierías donde los tenían hasta la
hora
de_ venderlos. Repartíamos úzcochos bañados un JÁo y otras
golosinas. Los instruíamos en las verdades cristianas.
Después de almuerzo, me fuí a la capilla, ahí me quedépensando:

15
el negro no es inferior a nadie. Todos los hombres somos iguales.

aaa
Para qué tanto catecismo...?
A la mañana siguiente elPadre Sandovalse me acerc6, me tomó del
brazo y me dijo que camináramos un rato.
Lo sentí muy inquieto; primero me preguntó si había sabido algo de
Amilkar. Le dije que no (y era la verdad, desde que se fue, no había
tenido noticias de él).
Continuó diciendo que hay algunos dueños de esclavos que se han
quejado con é1.
"Padre Pedro, ellos se quejan de que usted está volviendo a los
esclavos haraganes. Dicen, que para qué tanto catecismo y tanta
confesión. Además, que con tantos regalos que les hace, se vuelven
briosos e insolentes.
Y que usted los trata con mucha delicadeza. Les molesta que case a
los amancebados; dicen que eso es perjudicial para la servidumbre.

Y algo más, Padre, no solo se me han acercado los dueños de


esclavos, sino también algunas autoridades. Tienen algunas sospe-
chas con respeto a usted. Están desconfiando, Padre. Ellos se
preguntan por qué usted y sus intérpretes no se han preocupado por
la reducción de los cimarrones.

Yo sé, Padre, que Dios no quiere esta suerte para estos negros
miserables y usted está empeñado en seguir la voluntad de Dios.
Cuídese, Padre, cuídese..."

El Padre Sandoval me dejó solo. Ni siquiera esperó que le hiciera


algún comentario. Me dejó solo.
Y esa mañana me quedé solo. Intentaba comprender todo lo que el
Padre Sandoval me había dicho.

Pensé en los Padres José de Jaca y Epifanio de Borgoña (a),


(4) La historia de los dos se encuentra en, Angel Valtjerra. Pedro Claver, Bogotá, 1980.

t6
capuchinos defensores de los esclavos a quienes conocí hace algún
tiempo aquí en Cartagena.

oao
Soñar no cuesta
Algunos meses después ya me había enfrentando duramente con
algunos dueños de esclavos. Yo no podía aceptar el maltrato y la
ignominia a la que los sometían.
Por la noche en mis manos estaban unos apuntes que el padre
sandoval me había entregado. Se preguntabá si es válido o no la
esclavitud del negro africano y afirmabá que no es legítima. Nunca
será legítima. Decía que ellos no son pris-ioneros de
f,uerra justa.
Por otra parte, estaba preocupado por la forrna como bautizan a los
negros antes de embarcarlos para América.

Me dorrní pensando en que somos muy pocos para librar la gran


batalla de asistir a los esclavos negros tan necesitados y miserables.

AI amanecer me sentí contento. Recordé uno de los sueños que


había tenido durante la noche. Eramos un gran equipo, todos eran
esclavos. Unos servían de intérpretes, otros recogían limosnas para
los enfermos y leprosos, ótros amortajabár-, y enterraban
cristianamente a los muertos abandonados. Entre toáos ellos había
algunas mujeres. Me sentí contento pensando en eso.

El Padre de Jaca y el Padre de Borgoña me hicieron llegar algunas


notas que me causaron alegría porque los escritos denu-nciabán las
injusticias que se estaban cometiendo contra los esclavos. primero
porque los esclaüzaban y segundo porque los maltrataban.

Ya no éramos dos, sino tres y cuatro a los que nos dolía Ia suerte de
estos infelices!

Entre los esclavos teníamos un buen número que nos acompañaban.


Recordé a Amilkar y lo añoré.

uno de los delgrupo nos habló de los padres de Jaca y de Borgoña.


Dijo que en las pa'oquias habían comenzado una.u*punu contra
la esclavitud por medio de Ia predicación. contó qunio, señores

t7
amos de los esclavos y las autoridades los mandaron para Cuba y los
recluyeron en el convento de San Francisco de la Hábana mientras
lo remitían a España.
Por la noche les escribl unas notas de aliento, les decía que no
perdieran elánimo. Que mientras ellos estaban recluidos, nosotros
seguíamos trabajando. Les mandé mi bendición.

Dos meses después recibl carta de la Habana. Los Padres José de


Jaca y Epifanio de Borgoña me contaban algunas actitudes decididas
que habían tomado:

Negamos la absolución s los que tienen esclauos y solimos


a predicar a los ingenios y estancias cerconas al conuento.

A los omos les decimos que /os esclauos son libres y que en
buena conciencia no los deben tener.

Sí usfed üiera, Padre Clauer,los arnos están atemorlzados


y los esclauos se alegran.
Por todo esto, nos hon rnandada presos al conuento de
Son Juan de Dios. Pera hemo.s seguido nuestra labor, y
muchos de los t'railes que nos^ sehan conuencído
de todas las injusticias que se""rurhan
cometen con /os esclauos.

Ahora nos enuían a España. Rece par nosof ros, Padre, rece
mucho!

Aquí en Cuba seguimos escribiendo y seguiremos hacién-


dolo en cualquier lugar donde nos enuíen. lJsted sabe que
Dios nuestro Señar g Creador, adarnó a sus criaturas con
el señorío de su líbertsd y que la esclauitud africana es
injusta porque ua contra la naturaleza racional. No encon- ,r .. .l
tramos ninguna razón para esclauizar niños g niñas peque-
ños. IVosof ros creemos que el negocio de la esclauitud es
tremendamente injusto, parque tado es engaño, trampa, d
uiolencia. IJsted nos contabá .n
", últimlycart'a
dmos en América apremian, uilipendian
que los
tiranizan a
muchísimos hijos de la lglesio, g los tienen por utle* e
ínfames esclsuos. Nosotá to hiwgs consfutádo aqul.en
Cuba.

18
Amilkar escribe
Esta misma noche les contesté. Me sentía bien compartiendo con
ellos las arduas jornadas que üümos. Les conté de la alegría que sentí
al saber de Amilkar. Precisamente esta semana no sé por qué
ntedios, me hizo llegar una extensa carta. [-es transcribí apartes de
la misma:
Padre, -me dice- ahora somos libres, todos trabajamos esta
tierra, donde nos sentimos dueños. Es por eso que nos
hemos propuesto defenderla aún a costa de nuestra uida.

El poblado en el que estamos, lo defendemos con empali-


zadas de estacas puntiagudos. Sé que en las ciudqdes los
llaman palenques.

Aquí renacen expresiones culturales de nuestra lejana


Af rica.

En esfos díos los hacendados hon emprendido una feroz


persecución contra nosofros organizando uarias expedi-
ciones r¡tilitares. En los primeros enfrentamientos los
hemos derrotado.

Tamb¡én hemos emboscado una tras otra las incursiones


militares. Nuesúros ataques son esporódicos y sorpresiuos
repliegues ordenados.

En estos meses, Padre amigo, te he recordado mucho.


Cómo me gustaría uerte!

Aquí en nuest:ras empalizadas /os mós ancionos nos uon


contando la historia y la tradición. En la memoria del
pueblo estó uiua la imagen y la presencia del jouen Euerrero
Benkos B¡ohA. Noció en Guinea (Bisau), región del Africa
occidental. Fue capturado por esc/ouisfos eurapeas cuan-
do era Rey de /os úribus de los Bi¡agaos. Fue uendido al
hacendado español Juan Gómez.

B¡oh1 es el lider deuna de nuestras tribus guerreras. Logró


huir de sus omos en compañía de otros esclauos. Se
organizaron de tal manera que, unos años atrás, los
españoles derratados of recieron tregua a los cimarrones.

19
Usted debe recordar el palenque de Son Basifio. Ahl los
címarrones podlan entrar y sallr a la cludad, llbremente, sln
ocosos paliciales. A los españoles no les qued6 atra
po síbil i dad si n o recono c er I o i n depen den ci a del p al en qu e.

Por qué nos ocultaba tantas cosos, Padre? Todos esfos


años desde que Usted regreú a Cartagena de Indias para
su ordenación lo he acompañado en sus labores y en la
carpintería del conventa.
Nunco escuché de sus labios lo del palenque de San
Basilio, ni mucho menos de Benkos Biohó.
Por qué he tenido que sahr de la ciudad,escapado, y en
esfos bosques y empalizadas encontrar hermanos que me
han hablado la uerdod? St Usfed sabía de Biohó y sus
palenques, por qué no me habl6 de ello? Esúas y otras
preguntas me he hecho durante este tiempo.

A Biohó lo he uisfo dos ueces. Es un homb,re grande,


impetuoso y fuerte. Es un Rey. Lo respetamos porque nos
ha deuuelto nuestra Africa.
Padre arnigo, espero que esté bien. Me han d¡cho que por
acompañar y ser solícito con las esclauos ha tenido muchos
problemas con los omos y las autoridades. Cuídese, mi
Padre, cuídese.

Padres José y Epifanio, quisiera seguir trans;cribiendo,


pero, Amilkar mepidequeseadiscreto con estacarta. Hay
otros aspectos qae no puedo hacerles conocer.
Cordial saludo g abrazos desde Cartagena de lndios.

aaa
Sin la esclavitud América se derumbaría
Pasó mucho tiempo. Eltrabajo cada día era más arduo y diflcil. Solía
recorrer por las tardes todo el puerto, quería caminar.
caminaba sinfatigarme. cada día llegaban más barcos con capita-
nes negreros. Mi paso era lento, mi pánsamiento ágil, mi espíritu se
tranquilizaba en elatardecer, la brisa¡ugueteaba con mi piel. EI mar

zCI
suave tocaba mi alma como Dios, elPadre.

Era. mi hora predilecta. Pensé en Jesús cuando pasaba horas a la


orilla del mar en Galilea. Pensé en sus amigos, un lo hermoso que
debe haber sido estar con El.
Tengo el corazín abundante y estoy solo. pensé en lasoledad de
Jesús; tanta gente a su alrededor y ál mis-o tiempo solo.

Bebí un poco de vino y me detuve cerca de unas rocas. sentía


fuertemente la brisa. Los arreboles del atarde cer encendieron mi
corazón. Me recosté. Mi bolsa era suficiente cabecera. Me dormí y
soñé:

Mujer, qué haces ahí...


tamb¡én la brisa juega contigo?
Se quedó muda. Me impresionó su mirada.
Parecía que no estaba aquí.
En su mirada me podía transportar.
No era distinta a tantas mujeres negros
a las que me he acercado durante esfos oños.
Tenía facciones finas, de negro intenso.
Y su cuerpo amplio y generoso.
Pero era su mirada la que me transportaba.
Entonces a traués de sus ojos
uí al Padre Sandoual.
Se acercó con un señor
del cual no recuerdo su rosfro.
Se presentó, dijo llamarse Carlos ll.
I Traían un documento é) firmado por los padres
José de Jaca g Epifanio de Borgoña.
El señor Carlos Il estaba muy inquieto y preocupado.
Me inuitaron a que /os siguiero.
Ingresamos al Concejo de Indias en Seuilla.
La palabra la tomó Carlos ll y preguntó:
"Es conueniente traer esc/ouos para América?,,
Su uoz t'uerte hizo temblar las murallas.
Uno del Consejo de lndias respondió al Rey con uoz
temblorosa: "Señor, es escoso la mano de oLra de los

(5) el documento está publicado en: Angel Valtierra,


o.c.

2t
I

indios, son los negros las que labran las hacíendos y


acpl otan los m i n os. C6mo en viqremo s oro y pl ata a España
si ellos no trabajan? Por eso, Señor, es necesario troer
negros esclouos a Amérlca. Sí no los traemos, en España
no tendremas ni aro ni plata."
El Rey se apresurí a hacer otra pregunta:
"Ha habido juntas de teólogos y letrados
a fin de reconocer si el llcito comprar esclauos?"
"Señor, aquí tenemos teólogos y letrados que defienden la
esclauitud, Dicen que es legltima por guerra fuerte o
prabable; por uenta de los hi¡os; por extrema necesidad,
cuando padre eht¡o se uenden o cuando son cogidos para
uenderlos en carniceríaspúblicas o cuando estón candena-
dos por delítos perpetuos.
Señor usted debe saber que sin la esclauitud negra toda
América se derrumbaría.
Toda la economía de nuestra Améríca está basada princi-
palmente en el trabajo de las esclouos negros."
M¡ré al Padre Sandoual y ya no estaba.
Lo busqué g me encantre nueua:mente
con la mirada hermosa de la mujer negra.
Aún seguía muda y quieta.
Despertá de un sobresalto. El agua del mar estaba cubriendo poco
a poco mis pies. El sol se había ocultado. No sá cuánto tiempo
permanecí ahí. L;a luna alumbró mi camino de regreso a casa.

Me quedé hasta después de medianoche en la capilla. Pensé en Ia


mujer negra de la hermosa mirada, en el padre Sandornl y en el
documento.
Elsueño me había dejado un saboramargo.
Toda la ignominia de los esclavos era única y exclusivamente por
razones económicas.

aaa
Carta para Amilkar
Hoy le escribí a Amilkar. Mientras almorzaba pasó un negro
corpulento. Yo sabía a qué venía. En días pasados me habían llegado
noticias de que él pasaría a retirar la carta y que no podía demorarse.
22
[¿ escribl asl:
Teex,traño mucho. Cómo megustarlaabrazarte!. No sobes
el uacío inmenso que ha significado tu partida. Me haces
mucha falta. En esúos días hemos conformado un equipo
de trabajo para realizar con mayor eficacia nuestro trabajo
apostólico. Compartimos con sinceridad y heroísmo todas
las actiuidades que programamos.
Tal uez tu conoces o olgunos,de ellos. Son: Andrés
S acabuche de An gol a, F r an ci sco Y o o 1o, Al f on so de An gol a,
I

lgn acio Sozo, J o sé Monsol o, Manuel Biaf ra y D iego Fol upo.

Todos ellos son intérpretes y uiuen en el Colegio. Sólo


faltas tú.
Además estón lsabel Folupo que es cotequista y Antonia,
responsable de las /imosnos que se recogen para los
leprosos de San Lózaro. Recuerdas a Margarita de Cabo
Verde, la cocinera de la familia Urbina? Bueno, ella
prepara alimentos especiales para los enfermos. Justina y
Martina amortajan y entierran a los esclauos muertos y
abandonados, /o mismo que a los presos de la cárcel de la
lnquisición. Ellas me auison cuando tengo que realizar
oficios religiosos. Bernardina recoge las limosnas para los
enfermos de los hospitales.
Aún conseruo el fichero de los enfermos, tengo que
hacerlo para no oluidar a ninguno en mis uisifos.
Las tareas y las obligacíones no han cambiado mucho
desde que te fuiste. Cuando ooy al hospital, primero barro
Ios salones, tiendo las camas, les doy de comer a los
enfermos.
Tu sobes que es importante que besen el crucifijo y que se
confiesen. Aún les lleoo tabaco y golosinas.
Recuerdas el regreso a casa? Siempre nos quedamos con
algo de tabaco o con algunas golosinos.
En las córceles de la lnquisición ha habido uarios conuer-
tidos al cristianismo. Los acompaño hasta el momento de
su muerte. Ese momento, tu sobes, tiene que ser mug
solemne. Hemos organízado un coro de negros. Tocan

23
pífanos (flautas), bajos y cornetas. El coro canta en la
Catedral durante la misa de requiem. Estoy confesando
todos los días. Acuden muchos negros. y tengo días
señalados especíalmente para la cánfesién de-clegos,
mancos y tullidos.
Sobes, en las horos de descanso, cuando esfobos, nos
íbamos a lss orillas del mar. Ahara reemplazo al portero.
Ahl enseño la doctrina a los pobres y les doy de comer.
Ultimamente estoy uisitando a las familias pudientes de
Cartagena para atender a los esclouos enfermos. Sigo
recriminando a los dmos cuando tratan mal asus esc/ouos.
Por ese motiuo muchos de ellos me cierran las puertas.
Cada cierta tiempo me encuentro con los capitanes negreros
para conuersar. Con algunos de ellos nas hemos hecho
amigos y se arrepienten.
Ami I kar, desde que tu na estás a,quí, m e he uuel to sol itari o,
casi sambrío. Paso largo rato conuersando can Jesús en la
capilla, recordándote y pidiéndole que te proteja. Bien
sabes que aún na comprendo los motiuos de tu partida,
pero te respeto en esa decisión.

Quiera Dios que nos uoluamos d encontrar. Si no es en el


cielo, entonces, como tu declas, con tus antepasados
africanos.
Dios te guarde. (Jn abrazo, tu amigo y hermano.
Pedra Clauer.
P.D. Me oluidaba. Hablaste en tu última carta del jouen
gueruero Biohd. Escuché ayer, aquí en Cartagena, que fue
asesinado. Se escuchan rumores que fue oilmente traicio-
nado. Que nuestro Dios le de el descanso en paz y a ti
fuerza y sabiduría
cuando terminé la carta, observé aljoven que venía por elra. Negro,
majesluoso, fuerte. Me preguntó si los enfermos habian dejado ágo
de tabaco o golosinas...

Sonreí, miré bien quién me hacla esa pregunta y lo reconocí.

24
Permanecimos en silencio después de un gran abrazo. Más tarde nos
despedimos cerca del mar, después del atardecer. Desde ese día
regresé siempre a la orilla del mar en el atardecer.,

aoa
Magdalena arriba
[a última vez qve conversé con Amilkar habíamos quedado de
encontrarnos en Santa Fe de Bogotá. Era demasiado arriesgado
vernos en el mismo cartagena. Elüaje hasta Honda duraría 50 o
más días. _Y después en mula hasta santa Fe de Bogotá. Estaba
inquieto. No me imaginaba como sería elreencuentro. Vo no üajaba
desde cuando terminé mis estudios teológicos.
Hoy salí hacia Mompox, el ombligo del Magdalena. Los champanes
llevan pasajeros y carga. Los bogas los hacen avanz;,r upoyuñdo h
palanca contra el pecho.
Paramos en Mompox para cargar y descargar. se sentía un olor
fuerte a coco, naranjas, limones y otras frutas. Los orfebres golpea-
ban el oro para fabricar hermosas prendas.
continuamos elüaje. Nos cruzamos en el río con balsas cargadas de
frutas, champanes que llevaban tabaco, algodón, cacao y metales
preciosos, destinados a Europa.
Me impresionaron las chozas, los hombres tejiendo las redes y las
mujeres moliendo el maiz. En las palmeras conversaban las
guacamayas y micos traviesos trepaban en los árboles.
Las tortugas llegaban a la playa para depositar sus huevos.
Los bogas ya en el atardecer cantaban:
... el boga, boga, sentado boga
el boga, boga, callado boga
el boga, boga, cansado boga.
Al caer.la noche, el enjambre de cocuyos era tan grande que
alumbraba corno una vela. A lo lejos se esiuchaban los támbores'de
una fiesta en alguna aldea tocando un mapalé. Se aproximaba una
tormenta. Aguacero, relámpagos y ráfagas de viento hacían crujir los
árboles.

25
t

Los bogas arrimaron el champán a ra playa. Encendieron una


hoguera para cocinar y mantener los animj"r u airtánáá. e.u
cocinaron plátáno, yuca y pescado. "o.ti"
Teníamos que protegernos de los n:rosquitos y zancudos. Los
bogas
se cubrieron hasta elcuello de arena.

Alamanecer, de nuevo a remar por más de doce horas. conocían


muy bien el río y eütaban los choques con los troncos que Ia corriente
arrastraba

En Honda descansé po.co más de un dla. Tenía que recuperar fuerzas


porque aún me quedaba un trayecto largo, mónhndoen
mula.
aaa

26
Rogamos al lector no sorprenderse si encuentra a pedro
Claaer, a esta altura del relato, en la ciudad de Bagotó,
hoy, campartiendo las uiuencias del negro de ioy y
reflexionando sobre su actualidad.

Nos hemos atreuido a hacerlo llegar hosúo aquí porque


sentimos gue sus ideas nos pueden seruir. Su manera de ser
y su actuar, su comprorniso con el negro, nos estimula y
nos anima en la lucha y en el trabajo de hoy.

Conoce a Amilkar...?

Arribé al aeropuerto a eso de las diez de Ia mañana. Me senfia


confundido. No veía a Amilkar por ningún lado. De pronto r"
-"
acercÓ un policía, era negro. Por un momento me dió la impresión
de conocerlo. Pero no.

sentía las miradas de toda la gente. Parecí más aturdido aún. Me


senté a esperar. Todo ese mundo era extraño para mí. Tanta gente
blanca!

se acercó un muchacho negro. Miró mis zapatos; aún tenían barro


y estaban todos polvorientos. Me preguntó,

"Va a embolar?"

Al principio no le entendí. Elmuchacho insistió:

27
'Quiere que le limpie los zapatos?"
Asentl con la cabeza,arln confundido. Desde que empezó su labor
hasta que terminó permanecimos en silencio.
"Los zapatos quedaron como nuevos", afirmé. "Sólo le cuesta
quinientos pesos."
Metí la mano al bolsillo y Ie pagué.

!4 pregunté si conocla a Amilkar Caraball, un negro fuerte y alegre.


Me miró con extrañezay contestó:
'Vea, señor, aqul.en Bogota son casi cerca de seis millones de
habitantes. Hasta ahora nadie se ha preocupado de saber cuántos
negros üümos aquí.
Pero imagín-esg si fuéramos el 190, seríamos 60,000 negros, y cree
que entre 60.000 yo voy a distinguir a uno? Qué cómo-dijo que se
llama? Amilkar, eso, Amilkar..."
El muchacho se alejé un poco molesto.

oao
Seguimos construyendo sueños de ltbertad
Ya -empezaba a inquietarme. Esos señores que ayudaban con las
maletas se hablan acercado a preguntarme varias veces que para
dónde iba... que si al norte, eu€ si al sur, que si al oriente-o al
occidente.
De pronto, abriéndose pasó por entre la gente, divisé a dos negros
que se acercaban apresuradamente hacia ml. claro! uno erá é1,
Amilkar.
El ab¡azo fue prolongado. Después de los saludos y las preguntas
por los que quedaron en Cartagena, Amilkar rne señaló a su
compañero.
"Padre, no lo conoce? Este es Carlos, es Ararat. Recuerda que
bautizamos aquelamigo mió? uno de los primeros cimarrones áel
grupo."
"Ah! Sí, sí, ya lo recuerdo. Ustedes üajaron juntos?"

28
"sí Padre. La situación está difícil como para andar solo.
Bueno, pero
vamos", dijo Amilkar, "aún elüaje es largo, nos toca viajar do.
buses y en dos horas estamos en elsur, si tenemos suerte. Almedio
"n
día eltráfico está pesado, los trancones son los que demoran."
cuando nos subimos albus, ya me sentía en familia, las conversa-
ciones de Carlos y Amilkar me eran todas familiares.
Me contaron que la situación aquí está muy difícil para los negros.
Los blancos no admiten la presencia del negro ,,, ciudad]Las
posibilidades de trabajo son las más esclaüzantes. "r,
La discriminación
es abierta.

Carlos dijo,
"Seguimos siendo de segunday tercera categoría."

Ya estábamos por llegar.


"Esta es nuestra casa", dijo Amilkar. "Es ra casa de
todos. Es como
nuestra tierra. Aquí reconstruímos nuestra historia, nuestra cultura.
Aquí nos reunimos, Padre. seguimos construyendo sueños libertarios."

uno a uno los fuí saludando. Los niños se abalanzaron sobre mí.
La tambora y los cununos repicaban como las campanas de una
iglesia. Había niños herm.osos que apenas estaban despertando y
ancianos alegres de mirada lejana.
La fiesta era.en grande. La leña había sido reemplazada por el
cocinol. En ollas grandes se prepara un exquisito "tapao', qrn nn
poco tiempo nos disponíamos a devorar. Las fuertes manos'de
las
mujeres trabajaban animosamente con el pescado y el plátano.

una de las mujeres, cornelia, di;o, "padre, yo no se hablar con tanta


gente. Pero le quiero decir que su üsita nos complace mucho.
Estoy
muy agradecida porgu.e se interesa por nosotroi alvenir a BogotL
Padre, aquí en la ciudad se repite la hiitoria de ignominia u qu" fü.on
sometidos nuestros antepasados, escravo. ñngror. Tuvimos que
venir a las ciudades y dejar nuestras tierras poi el abandono y la
pobreza en que están. Aquí encontramos la misma pobrn y
u á
rechazo a nuestro .glor. Pero seguiremos luchando pór el derecho
a que se nos respete. Pensamos mucho en elfuturo de nuestros
hijos.

29
Por eso nos estamos organizando. Padre claver, sea bienvenido a
Bogotá!"
Repicaron nuevamente los tambores, los cununos y guasás. Esta vez
para acompañar a unas parejas que se disponían a bailar.

La fiesta duró toda la tarde. A eso de las cinco todo el mundo se


estaba despidiendo. Quedaba arln la jornada de regreso a sus casas.
Me despedl de todos prometiéndoles una visita.

Ya oscureciendo Amilkar se despidió. Iba alcolegio con un grupo de


danzas. Carlos me dijo que me acompañaba en estos-días de
perrnanencia en Bogotá. Esa noche se quedó conmigo. Todo quedó
en silencio.

ooa
Para qué organizarnos...?
Al otro día nos despertó Amilkar. Venía contento. Contó que en
estos días había participado en una reunión donde se habló de una
organización negra a nivel nacional.
"La idea es buena", dijo Carlos. "Pero si no se tiene en cuenta a la
gente de la base, como por ejemplo a las mujeres del servicio
doméstico, a los fruteros, a las vendedoras de iocadas y a los
estudiantes pobres, será otra organización rnás de unos iuantos
intelectuales."
"Por eso", contestó Amilkar, "estamos buscando contacto con
organizaciones populares del Pacífico y del Atlántico."
Me sorprendían estos muchachos. La lucha continuaba y era la
misma de antaño.
Después del medio día subimos a un barrio de invasión. Dos buses
nos dejaron al pie de una loma. La zona estaba bastante contaminada
por el humo de las ladrilleras. En ellas vÍ a varias mujeres trabajando.
Las lomas aledañas al barrio eran de puro barro. La lluüa deldía de
ayer nCI nos permitía ar\ranzar como querlamos.
De arriba se divisaba gran parte de Bogotá. Grandes sectores de
barrios populares conforman el horizonte. Cómo me impresionó el

30
contraste con los edificios altos del Centro y la riqueza üsible
del
Norte.
un grupito de niños negros se fue reuniendo poco a poco. carlos
y Amilkar conocían bienlu situación. Jugaron, ionriuián bailaián.
v
Fue una tarde de intensas emociones encontradas. Los niños
estaban. obligados a crecer, alimentarse y educarrr"oiá..
ü"ülig*
ción de.los padres de buscar elalimento áeldía, los tená sumidos-
n
esta soledad y ábandono.
[a despedida fue muy triste. Vi como se apagaba el brillo de los ojos
de alguno de los niños.

aaa
Llegando a casa, ya estaban reunidas las mujeres. Nosotros llegamos
tarde. Después de que una de ella nos regañ-ó por haber tardad"o,
nái
contaron qué estaban haciendo.
"Yo resumo", dijo una. "Lo que estam_o_s haciendo es pensar
por qué
y para qué nos estamos reuniendo. y las compañeias han dicÁo,
unas para unirnos, otras que para fortalecernos. se dijo también que
para desarraigar elracismo entre nosotros mismos. y
tamuion páia
motivarnos. Ahora seguimos conversando entre todos."
"Eso me gusta"dijo carlcls. "Tenemos que
unirnos para que no nos
humillen y fortalecernos para contrarresiar elracisml párqru
somos
débiles."

uno de.ellos agregó: "A mi me gustaría que aprendiéramos de


nuestra historia. Tenemos que saber lo que han vivido nuestros
antepasados y cómo lo han viüdo. Eso nos ayuda para que
aprendamos lo de hoy."
Permanecí en silencio. Recordé a las mujeres que nos acompañaban
cuando formamos elgrupo de colaborudo.n, en cartagena
de Indias
y üsitábamos los barracones.
Lafuerzade.las mujeresorganizadas logra ser como un huracán que
remueve todo, o como brisa suave, anunciando nuevos
tiempoi.
La noche se apoderó de todos nosotros y para enfrentar el frio

31
tarde
tenlamos una manta y una buena agua de panela caliefite- Más
nos despedimos.
oao

Una lectura negra de la Biblia


Al día siguiente nos encontraríamos en uno de los barrios con el
grupá dá mu¡eres para cgmpartir su reunión semanal de lectura
üiüfi.u. C"unáo [egi¿, todo eimundo estaba comiendo empanadas'
Por supuesto ahí mismo acepté la invitaciÓn'
El viaje de dos horas había absorvido lo poco que me había comido
de afán antes de salir.
"Pensamos que no venía", dijo Miguelina'
,,cómo me iba a perder estas empanadas?" respondí. "Estas son de
las que deben hacer en el cielo."

Sonreímos.
Entre charla y charla llegaban las mujeres y cada una con un cuento
distinto. Quá sus hijos, que su esposo, que la escuela de los niños,
que la maástra, etc.', etc.',y nosfbamos reuniendo. Para mí fue muy
la mano, se
c-urioso. Las mujeres y loi muchachos con su biblia en
áirpo"iun nada Áai i nada menos a escudriñar la Escritura desde
manos negras, mirada negra. Iban a enriquecer esa
"orazbnnegro,
Escritura ion Ia vida de cada una de ellas'
de
Me quedé mudo. Hablaron de salmos. Di¡eron que había algunos
que
meditación, que otros salmistas veían a Dios como su amigo, al
üti";;; .ár,iiurru, y otros que tienen que haber sufrido mucho.

"Quiébralos, que se marchiten como zarza'"


Se referían a los malos gobernantes que merecen su castigo.

Mencionaron tambián a Judith, la üuda, resaltaron el valor de la


mujer y conversron de Susana.
,,Este
ejemplo", dijo Luz Edilma, "a nosotras nos da ánimo. Para
nosotrás también llegara el día de la justicia'"

32
Ya al finalizar, una a una fue leyendo distintas estrofas de Salmos.

"Los pobres gimen y los humildes sufren uiolencia.


Sóluonosj
No hoy quien haga el bien.
Por la tern,ure de tu bondad, por tu misericordia
ten compasión de nosoÉros.
A /os que gobiernan mal,
quiébralos. Que se marchiten!
No fengos piedad de ellos!
^lVo te calles. Te pusiste de parte del pobre.
Pondré mi felicidad en tu palabra.
Sé que el Señor está conmigo.
Te busco de todo corazón.
Meditaré, pensaré.
Abre mis ojos y no ocultes tu uoluntad.,,
Ya pasó una semana y en mi corazón está üva y cercana la
experiencia del grupo, leyendo la Escritura. Hoy, es mi última noche
en Bogotá. Tantas impresiones üüdas. Ayer me despidieron con
una gran fiesta. La casa estaba llena.
Carlos dijo: "Las despedidas siempre son tristes."
Le comenté que mi corazón, por el contrario, estaba alegre,
animoso, sereno. Dije que hay algo aquí que está oculto y que puede
florecer. Tantas manos estrechándose, tantas manos u.,iéndó." no
pueden quedar en elvacío. Hay que destapar mucha trocha todavía
y seguir caminando. La unidad y la organización son trabajos por
hacer.
Aún la noche es larga, con Amilkar nos miramos corno diciendo a
qué nos tenemos que enfrentar. No es primera vez qve con ér nos
despedimos.
"Tu sabes que nuestras jornadas aún tienen que seguir muy duras",
le dije y agregué: "los grandes logros se consiguefcon esiunrror.
Por eso, amigo, un gran abrazo. Estrechemos nuestras manos para
decirnos: hasta pronto. Y recuerda: tiene que haber jornadas muy
duras y los logros se consiguen con esfuerzos.''
Me abracé con Carlos y nos despedimos.
Esta noche quería estar solo.

JJ
El arribo fue en Mompox. El üaje largo y duro. Estaba cansado.
Todos teníamos hambre. Hasta la mula.-Bogotá había quedado
atrás. Los diferentes sentimientos se me acumulaban cerca del
üentre o cerca del corazbn como queriendo estallar.
Aquí descansaríamos talvez poco más de un día hasta ponerme en
marcha hacia cartagena de Indias. Pronto abrazaré al padre
Sandoval y a los compañeros. Ya estaba cayendo la tarde y se
oscurecía. Hermosamente llegaba la noche.
La estadía en Santa Fe de Bogotá me abrió nuevos horizontes para
eltrabajo. Son tantos los esclavos que son llevados hacia elinterior.
Ya ha pasado un mes largo. Mi corazón aún está lejos, con aquellos
que conocí. Amilkar quedó de escribirme pero aún no Io hace.
Espero impaciente noticias de ellos.
Para mi sorpresa no encontréalPadreSandoval. Esto aún hace más
fuerte mi soledad. Me dejó una extensa carta y algunos manuscritos.

Amigo y compañero Pedro Clauer:


Te conté hace mucho tiempo cómo fue el comienzo de
catequizar, bautizar y confesar en nuestra religión a los
negros recién llegados. Recuerdas que mi mayor problema
era la diuersidad de idiomas que hablabon los africanos y
que ya no entendío. Los esclauos procedían de regiones tan
diuersas. Yo sobes que para enfrentar este proLlema, en
mis primeros cuadernos de apuntes empecé a anotar en
orden alt'abético el nombre de las tribus a la que los
esclauos decían pertenecer.

Pude detectar los idiomas más frecuentes g busqué algu-


nos intérpretes.

JJ
Las tareas religiosas se facilitan cuando uno obserua y ua
anotando el comportamíento de los esclouos.
Por ejemplo: Los Biaf ra tenían una señal distintiua que era
un círculo ciñéndoles el uientre; que los Popós tenían un
arco g una flecha totuoda entre los ojos y las sienes; y que
los Uolofes, Mandingas, Fu/os y Berbesíes eron difíciles de
catequizar y conuertir por ser Mahometonos.
Tu ya conoces estos apuntes. Te comento que losheestado
releyendo y completando con nlteuas notas.
Encontré ademós algo de nuestras primeras experiencias
cuando fundamos aquí en Cartagena de lndias el Colegio
para atender principalmente a los esclauos.
Aquí todo era pobrezo. No había qué comer ni dónde
guisor.

Salía todas las mañanas y pedía lo preciso para mantener


aquel día a la comunidad.
Aún conseruo las impresiones cuando fuimos a misionar
con el Padre Diego de Torres, al Urabó @. EI uiaje fue
bastante accidentado. La tierra es toda montañosa, llena
de ríos y quebradas, muchos pantanos y pocqs llanuras; los
caminos cerrados y cursados de muy poca gente. Las
rancherías o poblociones estón /os más en lo alto.

Y cuando fuimos a Zaragoza, Cóceres y Remedios nos


dedicamos a predicar. Estuue a las puertas de la muerte por
couso de un poderoso tabardillo (7).

En estos días, amigo, mehe tomado el tiempo para reunir


estos textos. Son apasionantes y de una gran fuerza. Por
eso, quiero que los leas detenidamente. Estoy pensando
reunirlos en un solo libro (8). JVo sé si aún es prematuro y

(6) Textualmente tomado de la introducción de Angel Valtiena al libro de Alonso de Sandoval. De


instauranda aethio¡rum salute, reedicción Bogotá 1956, p. XII
(7) Fiebre tifoidea
(8) Eltítulo originales' De instauranda aethiopum salute, que fue publicado en Sevilla, 1627. Hay varias
reedicciones.

36
oportuna. Espre que ananda es:tés de regreso, podamos
conaer$fJr.

Te abraza tu compañero,
Alonso de §on{ormf.
[a lectura de los manuscritos de'serdad era apasionante. Hablaban
sobre el Reino de los Etlopes orientales y sus cosfumbres, sobre la
miseria de los esclavos y sobre la exceláncia de este ministerio. y
todo lo relacionado con lo que hay que tener e,n cuenta paratrabajar
con ellos.
Los capítulos más duros y tristes son los que dedica a la esclavitud
en general y más eoncretamente al cautiverio. Las páginas son
terribles. Describe las miserias que padecen los negros, miserias
físicas y morales de toda clase.
Lo deltexto III es admirable. Habla del modo de ayudar a Ia sal,uación
de los negros. Cómo hacer al llegar a los armazones y de la
importancia de los ficheros y de Ios intérpretes.
Lo de los bautismos lo tiene realmente preocupado.
De¡Rués de agradec erleaDios durante un largo rato en la capilla por
todo lo üvido y experimentado en los rlltimos dlas, por fin püde
descansar tranquilo.
Me levanté muy temprano para escribirle a Amilkar.
Amilkar, campañeras y hermanos:
No sobes cuónta nostalgia me da al pensar en usted,es y en
esos dlos que campartimos.

El Padre Sandaual, rni compañero, ya no está aquí en


Cartagena de lndias. Me hace falta su compañía. Con él he
aprendido a amarles a ustedes. Es tanta la admiración que
me inspira! Sus polobros, los tengo siempre cerca y presen-
tes. Acafu de estar en mlsa, se escuchan tantas uoces de
esds que nos don impulso para uoluer nueuo,mente a lo de
siempre Escs uoces que nos aproximan mós y mós a los
atras g que en el dolor y en la tristeza, en el desaliento y
la opresián libmn la batalla, aún si nos encontrombs sin
fuerua.

37
Tengo mucha nostolgia. Qt¡ero abrazarlos, hacerlcls sentir
lo importante que son para mi. Lo importonte que eE
unirse y estrecharse las manos negros. Lo importanteque
es el caminar negro, la mirada negra y el gritar con uoz
negra. Todos estos dlos he leldo algunos manuscritss que
el Padre San dowl me dejó para estudlo r. Son opasíon an tes.
Para miyo son la gula de mi irabajo y de miuído. Se los haré
llegar.

Quiero que los consen)en en la bibl¡oteca de la casa.


Mujeres, hombres y muchachos no pueden ignorar estos
hechos y acontecímientas que ahl se descrtbert.

Saben que la memoria colectiua debe alimentarse con


estos hechos de la historia.

Los recuerdo con mucha satisfacción. Sé que estón hacien-


do grandes esfuerzos para reunirse y lograr una organiza-
ción.
Esúos son caminos forzados para desarraigar el nueuo
sisfemo esclauísúo que estó imperando.

Que Dios los bendiga.


Su amigo y hennano, Pedro Clsuer.

38
Lugares históricos, en Cartagena, en la vida de
San Pedro Claver.

El Templo de San Pedro Claver y el convento En este pequeño aposento del Convento üüó y
donde üvió, trabajó y mwió el santo. murió san Pedro Claver.

Una vista interior del convento Púlpito del Templo


donde üüó San Pedro Claver

Celebración de la Fiesta de San Pedro Claver.


Sagradas reliquias de San Pedro Claver.

39
Este libro fue diagramado y editado para
VEBBO COMUMCACIONES
por INDO-AMERICAN PRESS SERVICE - EDITORES
Apartado Aáreo 53274 - Chapinero - Bogotá

Artes: TecnigÉficas
Impresidn: Editorial Kimpres
Impreso en Colombia - printed in Colombia

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Bogofá - Colombia

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