Está en la página 1de 18

UNIVERSIDAD NACIONAL DE COLOMBIA

FACULTAD DE DERECHO, CIENCIAS POLÍTICAS Y SOCIALES


TEORÍAS DE LA GLOBALIZACIÓN, 2019-2
GABRIELA MARTÍNEZ POVEDA, SOFÍA JAIMES BELTRÁN, SAMIR ARIAS SUAREZ
RAFAEL HERNÁNDEZ PÉREZ, SERGIO ANDRÉS URREA ARGÜELLO
JAIME ANDRÉS GONZÁLEZ MURCIA
ENSAYO FINAL / PROBLEMA DE INVESTIGACIÓN

INTRODUCCIÓN

La globalización, como proceso multidimensional que transforma y reorganiza la vida en


sociedad, ha consolidado nuevas formas de discriminación que producen diversas
configuraciones de desigualdad. En Colombia, por ejemplo, se ha impulsado la
implementación de regímenes de tecnificación laboral que responden a estándares
internacionales, en función de acceder a la formalización en trabajos que venían siendo
desarrollados históricamente en base de la organización comunitaria, como es el caso de las
Madres Comunitarias. En concordancia con esta situación, se ha desarrollado un proceso
investigativo que busca arrojar luces sobre la posible configuración de una forma de
desigualdad laboral y de género sobre las premisas de la tecnificación laboral exigidas por el
Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, a partir del año 2014. Para ello, se estudiarán las
variables del problema, es decir, la tecnificación del trabajo y los lineamientos específicos en
relación con las propuestas internacionales, las labores de cuidado en una perspectiva de
género, y el caso específico de las madres comunitarias de Bogotá; enfocado al proceso de
globalización y su influencia en la configuración de la desigualdad específica, que se
encuentra, evidentemente, relacionado con los estándares de tecnificación internaciona. Así
mismo, este proceso investigativo será trasladado a una pieza comunicativa que sintetice los
alcances logrados, y la información obtenida.

PREGUNTA PROBLEMA - PROBLEMATIZACIÓN

El trabajo asalariado como forma de organización social implica que la totalidad de la


población puede acceder a un trabajo remunerado, pues el capital es la forma de participación
social existente1, con esto en cuenta, el Estado Social de Derecho, en el caso colombiano,
debe cumplir con la tarea primordial de garantizar los derechos al trabajador y proveerle de
las protecciones necesarias para el efectivo disfrute de los mismos. En el marco de la
globalización y las relaciones internacionales multilaterales, viene la destacada necesidad de
generar, o mejor dicho, acogerse a lineamientos globales de tecnificación, sobre todo en los
países del llamado ‘Tercer Mundo’ y capacitación del trabajo que son exigidos sin considerar
las condiciones diferenciadas existentes y lo excluyente en todo caso, que resulta una
organización social que tiene como pilar fundamental el desarrollo a partir de lógicas del
trabajo asalariado y su relación con otras variables que generar nodos críticos de
desigualdades.

1 GODIO, Julio. El paradigma de la sociedad del trabajo.


Entre estas se identifican situaciones, en nuestro caso, de desigualdad laboral en razón de
género, como un factor principal de diferenciación en el acceso y desarrollo de las
actividades laborales. Esta exclusión afecta a las madres comunitarias y resulta en muchos
sentidos ignorado por estos lineamientos internacionales y que han evidenciado una respuesta
institucional insuficiente por parte del Estado colombiano, incluso la invisibilización, como
es el caso. A partir de lo anterior se han generado condiciones de vulnerabilidad, desigualdad
y gran afectación para las Madres Comunitarias en Bogotá y el resto del país, situación que al
enfocarse en una localidad específica de la ciudad se sintetiza en la pregunta problema
¿Cómo se configura la desigualdad laboral de las madres comunitarias de la localidad
de Barrios Unidos, Bogotá, durante el periodo 2016-2019, con base en los procesos
globales de tecnificación y capacitación del trabajo y los rezagos históricos de la
desvalorización de las labores de cuidado?

JUSTIFICACIÓN

Como se ha mencionado, la sociedad actual está atravesada por las lógicas del trabajo
asalariado, el cual a su vez responde a una serie de parámetros para su “adecuada”
realización, en función de que sirvan para la reproducción del sistema capitalista. Estos
parámetros especifican la cualificación, el tiempo y las tareas a realizar, además de las
características que el trabajador o la trabajadora debe cumplir.

Ahora bien, esta sociedad asalariada se desarrolla en un ambiente que ya no pertenece a los
Estados en solitario, sino que se desarrolla en un ámbito transfronterizo e internacional que
ha sido promovido por los diversos procesos de globalización; la globalización económica,
entendida como la creciente interdependencia de países del mundo generada por el aumento
de transacciones transfronterizas de bienes, servicios y la difusión acelerada y generalizada
de la tecnología, ha influido en la transformación del mercado laboral, por medio de la
inserción en la economía de estas nuevas dinámicas y la promoción de nuevos empleos para
la sociedad.
Ante lo que surge la necesidad de aplicar las normas y lineamientos internacionales del
trabajo de carácter universal e instituciones sociales que formen parte del desarrollo mundial
y cumplan con su función de otorgar principios y directrices, así como de regular las posibles
faltas. Surgen de este proceso también cooperativas que buscan garantizar la justicia social
mediante la creación de empleos y cumpliendo la función de conductos para la población en
general buscando reducir la pobreza a nivel mundial.

Colombia no representa ninguna excepción, al ser Estado miembro de varias organizaciones


internacionales, parte de diversos tratados bilaterales y multilaterales y, al ser socio comercial
de distintos países, se impulsan reformas y arreglos institucionales que logran coincidir con
las directrices internacionales; se han impulsado, por ejemplo, reformas que van en sentido de
la implementación de regímenes de tecnificación laboral que respondan a estándares para el
acceso a trabajos que venían siendo desarrollados históricamente en base de la organización
comunitaria, también mencionado con antelación.
La articulación e implementación de estándares internacionales no representa un problema en
primera instancia, sin embargo, se vuelven problemáticos cuando estos estándares y
directrices no se adaptan al contexto socio-económico del país en que se instalan, en
Colombia estas reformas de tecnificación laboral perpetúan modelos de desigualdad no solo
salarial y social, sino también de género, pues ignoran las múltiples actividades que
históricamente han estado diferenciadas de acuerdo al mismo; un claro ejemplo de población
afectada es el de las Madres Comunitarias, pues estas mujeres han sido y continúan siendo
discriminadas en cuanto a ingresos salariales y acceso a oportunidades laborales por no
cumplir con requisitos de “capacitación” adecuados.

En una sociedad tradicionalista y patriarcal como la colombiana se evidencia bajo el ojo


investigador la gran desigualdad que en cuanto al género existe, la división sexual del trabajo
relega a las mujeres a las labores de cuidado, reproducción y el hogar, presentándose como
una división necesaria para la construcción histórica del orden social determinado. En este
sentido, se genera un problema de desigualdad en base a la naturalización de estos roles, es
aceptado que los cuidados se configuran como un aspecto fundamental para la existencia,
sostenibilidad y reproducción de la vida humana, pues estos cuidados son necesarios para el
grueso de la población en el transcurso de la vida, sin embargo, esta naturalización de la
relación cuidado-mujer trae como consecuencia que estas actividades no sean reconocidas
bajo ninguna de las categorías laborales traduciéndose como tiempo carente de valor.

En este sentido, las madres comunitarias son sujeto de desigualdad, en cuanto se encuentran
en el vórtice que se ve reflejada en la labor que venían desempeñando, sin el reconocimiento
pertinente, y ahora, la imposición de determinadas condiciones de tecnificación, para
continuar ejerciendo su trabajo; condiciones que, inicialmente no suponen un problema, pero
debido a la falta de respuesta oportuna por parte del Estado Colombiano, de garantizar las
herramientas necesarias para la transición de las madres a un modelo tecnificado; supone la
discriminación de ellas para ejercer una labor reconocida y protegida, por un
desconocimiento explícito de las experiencias de vida, así como un desprecio, esta vez no
muy explícito, del aprendizaje adquirido a partir de años de trabajo, o por la misma herencia
de una generación a otra, u otras formas de conocimiento que no se enmarcan en la técnica
que se propone desde la occidentalización.

Con la finalidad de lograr un acercamiento a la configuración de la desigualdad que afecta a


las madres comunitarias y dar luz a posibles soluciones, la siguiente investigación aborda la
forma en que los procesos de tecnificación y capacitación afecta esta labor, en razón de lo
que ya se mencionó: el género, el desconocimiento de las condiciones materiales de vida que
generan unas diferenciaciones claras al momento de poder o no acceder a procesos de
cualificación para el ejercicio de una labor en concordancia con los márgenes establecidos
por el Estado.

ESTADO DEL ARTE

Comunidad Mujer, es una organización independiente y políticamente transversal que


promueve los derechos de las mujeres e impulsa la generación de políticas públicas en pro de
la igualdad. Esta organización instiga su visión públicamente a través de foros, debates e
instancias consultivas, también encaminado a la creación de alianzas con diferentes
organismos internacionales. Una de sus tareas es la implementación de una serie de
publicaciones para la difusión de diagnósticos y propuestas que se dirijan a sus objetivos de
impulso de la participación de las mujeres en el espacio laboral y en los espacio de poder;
para ello, en cada publicación se analiza una diversidad de temas relevantes en la agenda de
género y facilita información para el impulso del debate.

En el 2018, la serie Comunidad mujer, lanza el documento Mujer y trabajo: Cuidado y


nuevas desigualdades de género en la división sexual del trabajo. 2 En este documento se
expone la existencia natural de diferentes periodos de la vida de las personas, en que estas
son dependientes para satisfacer sus necesidades, y como, históricamente, el mecanismo para
suplir estas necesidades se ha basado en la concepción tradicional del hombre como
proveedor y la mujer como dueña de la casa y cuidadora, naturalmente. Dadas las
circunstancias de la actualidad y sus cambios, esta estrategia es cuestionada. En este
documento se resalta la responsabilidad que asumen las mujeres chilenas (grupo focal),
enfocándose en los costos personales y el peso psicológico que cargan estas mujeres a causa
de la ausencia de corresponsabilidad y el rol que naturalmente se les otorga como cuidadoras.

Se afirma que es natural que en la sociedad siempre existan personas dependientes y que
requieran de cuidado y atención, como lo son los niños, niñas y adolescentes, los y las adultas
mayores, enfermas, personas en situación de discapacidad, etc. Es decir, que la resolución de
las labores de cuidado de dichas personas es una tarea que toda sociedad debe resolver, tarea
que no ha sido debidamente tratada, pues históricamente ha sido ocultada en la privacidad de
la familia, naturalizando el quehacer doméstico y la no remuneración del mismo, dentro de
una sociedad salarial. Es decir, las labores de cuidado son completa e históricamente
feminizadas y desvalorizadas, a pesar de que son estas labores, realizadas por las mujeres, las
que han subsidiado siglos de desarrollo desde el sustento en base del espacio doméstico de la
unidad de producción económica que es la familia.

En consonancia, Corina Rodríguez Enríquez, economista de la universidad de Buenos Aires,


sostiene que “la división sexual del trabajo, es la asignación de tareas específicas y
particulares a hombres y mujeres, y se encuentra en la raíz de las inequidades de género, que
se manifiestan en el mundo del trabajo, productivo y reproductivo, remunerado y no
remunerado”3. En su ensayo Economía del cuidado, equidad de género y nuevo orden
económico internacional, se propone contribuir a la reflexión sobre el espacio de lo
reproductivo, a lo que ella se refiere bajo la expresión de economía del cuidado, y su
interrelación con los procesos económicos que se desarrollan en el contexto internacional, y
como considerar un nuevo modelo de desarrollo alternativo desde el sur.

2 COMUNIDADMUJER. Mujer y trabajo: Cuidado y nuevas desigualdades de género en la división sexual del
trabajo. Serie Comunidadmujer. Chile. Junio 2018.
3 RODRÍGUEZ ENRÍQUEZ, Corina. Economía del cuidado, equidad de género y nuevo orden económico
internacional. Buenos Aires. Octubre 2007.
En este mismo texto grupa, dentro del concepto de economía del cuidado, los bienes,
servicios, actividades, relaciones y valores relativos a las necesidades básicas e imperantes
para el desarrollo de la existencia y reproducción humana en la sociedad determinada, es
decir, los elementos que otorgan a las personas los elementos imprescindibles para el
desempeño en la sociedad. Se le asigna el concepto de economía, pues implica que dichos
espacios contribuyen a la generación de valor económico, la relación entre el cuidado y el
funcionamiento de la macroeconomía de la sociedad.
Es necesario hacer específica la relación existente que existe entre estas labores del cuidado
ya mencionadas (por su subvalor), la asociación histórica de las mujeres con las mismas y la
informalidad laboral que es un fenómeno que se ha venido presentando cada vez más en
nuestro país y ha afectado de manera profunda a quienes ejercen en ella, principalmente a las
mujeres, quienes además de estar encargadas de las labores de producción y reproducción de
la vida, se ven enfrentadas a situaciones en donde están cada vez más vulneradas. Esto ha
venido presentándose a partir de la profundización de la flexibilización laboral con la
presencia del neoliberalismo en nuestros territorios y demás lógicas provocando que, debido a las
condiciones precarias que vivencian las personas, se acceda al trabajo informal en búsqueda de una
solución inmediata para la generación de ingresos y la subsistencia, así no se cuente con condiciones
laborales dignas y no tenga garantías para acceder al seguro social.
Así mismo, la informalidad laboral (la cual puede ser asociada el trabajo que durante muchos
casos ejercieron las madres comunitarias) es una de las características principales del
mercado laboral latinoamericano. Esta informalidad tiene como consecuencia que para el
2013 el 55% de los salarios de la región no cuenten con acceso a salud y pensiones. Sin
embargo, el capítulo plantea que el vínculo existente entre desigualdad salarial e informalidad
no ha sido lo suficientemente estudiado, a pesar de su notoria preponderancia en el
continente.4 De esta manera, Rodrigo Arim y Verónica Amarante señalan que los procesos
de formalización del empleo no tienen necesariamente como consecuencia un aumento en la
igualdad salarial, por el contrario, el impacto de las políticas de desarrollo puede generar
grandes brechas salariales, como en el caso del Brasil, donde se encuentra una economía con
índices de desarrollo y formalización, pero altos niveles de desigualdad. De tal manera que la
formalización y la vinculación laboral no tiene efectos si no se hace con un enfoque de
desarrollo humano, donde los sujetos de derechos son fines en sí mismos, mas no
herramientas para la eficiencia gubernativa.
En el orden de la relación de las mujeres con la informalidad laboral, se puede evidenciar en
el mundo hoy, un fenómeno que se reconoce como “feminización de la pobreza” en donde,
las personas, principalmente mujeres en el sector informal están expuestas a bajos ingresos,
lo cual se traduce en precarización laboral, bajo o ningún acceso a seguridad social y,
claramente, una alta movilidad del empleo, que se traduce en inestabilidad laboral y salarial.
Si bien los estudios dan cuenta de que tanto en Colombia como en América Latina se han
reducido los índices de desocupación, la mayoría de los y las trabajadoras se desempeñan en

4 Arim, R.. Desigualdad de las remuneraciones e informalidad: breve revisión de la literatura y marco analítico.
In: R. Arim and V. Amarante, ed., Desigualdad e informalidad: un análisis de cinco experiencias
Latinoaméricanas. Santiago de Chile: CEPAL, pp.19-35. 2015
la informalidad “en promedio la mitad de los trabajadores ocupados sólo consiguen trabajo en
el sector informal, es decir empleos de mala calidad que se ejercen en condiciones precarias,
sin protección social y generalmente de baja productividad y bajos salarios.” (Rockhas, 2013,
p, 6), siendo Colombia uno de los países con altas tasas de informalidad en América Latina;
además de lo anterior, los trabajos formales están altamente masculinizados dando cuenta de
que habría “relativamente menos oportunidades para el empleo femenino en el sector formal,
ciertamente, la informalidad se convierte para muchas mujeres en una alternativa de empleo e
ingresos, inclusive se puede considerar que se está produciendo una “informalización” del
empleo femenino” (Rokhas, 2013, p. 16).

MARCO TEÓRICO

Lineamientos internacionales sobre la discriminación en el trabajo

La labor de visibilización y lucha contra la discriminación en razón de género contra la mujer


ha contado a nivel internacional con dos manifestaciones normativas importantes, a saber: el
Convenio 111 (OIT, 1958) y la Convención sobre la eliminación de todas las formas de
discriminación contra la mujer (ONU, 1979).

En el Convenio sobre la discriminación (empleo y ocupación), del año 1958, la Organización


Internacional del Trabajo afirma que la discriminación comprende “cualquier distinción,
exclusión o preferencia basada en motivos de raza, color, sexo, religión, opinión política,
ascendencia nacional u origen social que tenga por efecto anular o alterar la igualdad de
oportunidades o de trato en el empleo y la ocupación…”.

Estos convenios representan una necesaria evolución para el entendimiento de las


necesidades y dificultades que en el pasado y el presente afrontan las mujeres en sus puestos
de trabajo. Con la progresiva irrupción de estas en las esferas laborales, surgió, o mejor aún,
se trasladaron formas de discriminación en el hogar hacia los puestos de trabajo.

Este paso del hogar al trabajo, es además uno de varios factores que contribuyó además a la
transformación de una esencia dinámica en el hogar, el manejo del tiempo en el mismo.
Estamos hablando entonces, del problema de conciliar trabajo y familia. La persistencia en la
creencia de que es en la mujer en quien han de recaer las labores del hogar, entonces estamos
hablando de problemas relacionados con la división sexual de trabajo y la perpetuación de un
rol de género; esto ha dado cabida a formas de discriminación contra ellas al no concebir el
empleador que una mujer podría contar con el mismo tiempo que contaría un hombre para la
realización de las labores para las que podría ser contratada; además del obvio esencialismo
de del qué hacer que tienen las mujeres en el hogar y de la no redistribución de las labores
dentro de la familia, pero sí la ‘salida’ de las mujeres al mundo laboral, con lo cual las
obligaciones económicas sí se dividen con el hombre que antes era único proveedor, pero no
hay una redistribución equitativa de los trabajos del cuidado en el hogar.

La OIT, ante esta problemática, celebra el Convenio sobre los trabajadores con
responsabilidades familiares en 1981, en la misma abordan los problemas de la designación
de labores y responsabilidades en el hogar. Conciben ésta como una cuestión que atañe a la
sociedad y que debe ser tenida en cuenta a la hora del desarrollo de políticas nacionales.
Tecnificación del trabajo

El ser humano, como no lo ha logrado hacer ningún otro ser vivo, se ha dado constantemente
a la tarea de transformar la naturaleza que le rodea en pro de su bienestar. Para la realización
de este proceso arduo y consciente de transformación, se vale de la técnica. Los avances
constantes en la técnica alcanzan su mayor auge durante la revolución industrial, época en la
cual se termina por ligar mucho más con el trabajo y el modelo de producción novedoso por
aquel entonces, el capitalismo.

Cuando hablamos de tecnificación hacemos referencia a procesos que transforman tiempos y


formas de realizar una labor, es en general, una mejora y desarrollo de la técnica. Las mejoras
en la técnica suponen cada vez mayor especialización del trabajo. Al respecto, autores como
Donzelot y Lasch asocian el desarrollo de política de “universalistas” con la conformación
de espacios profesionales donde confluyen diversas prácticas y disciplinas.5

El proceso de tecnificación se manifiesta y materializa en la era del neoliberalismo en las


exigencias a cada aspecto ya no solo de producción y transformación material, sino también,
en los frentes propios de la acción social y el trabajo en comunidad. El proceso de
tecnificación del trabajo se hace presente en aspectos tales como la comunicación, el derecho,
y como no podía ser de otra manera, las labores de cuidado. En estas últimas se manifiestan
exigencias y conocimientos especializados, es decir, tecnificados, de tipo educativo, de salud,
organizacional, entre otros.

El caso de las madres comunitarias en relación con los procesos de tecnificación y formación
de estas para el cuidado de los niños y niñas, se da de la mano con el Instituto Colombia de
Bienestar Familiar (ICBF). Este organismo es el encargado de direccionar y canalizar los
esfuerzos para exigir a las madres comunitarias la aprehensión de un abanico de
conocimientos en relación al cuidado.

El ICBF conforma convenios con el ICETEX y organismo educativos para instruir en áreas
como: técnica culinaria, promoción de la lectura, pedagogía infantil, derecho de la niñez,
entre otros. A través de estas exigencias se pretende conformar un modelo de atención y
cuidado holístico conforme a los estándares de cuidado internacionales orientados a la
infancia y la tercera edad.

Labores de cuidado y género

Como se ha mencionado anteriormente, las labores de cuidado, han sido históricamente


atravesadas por una cuestión de género, que genera un problema de desigualdad en base a la
naturalización de estos roles. Se entiende, que los cuidados se configuran como un aspecto
fundamental para la existencia, sostenibilidad y reproducción de la vida humana, pues estos
cuidados son necesarios para el grueso de la población en el transcurso de la vida 6. Uno de
los problemas en torno a la conceptualización de las labores de cuidado, consiste en la
presuposición de este, es decir, que se asume que se comparte una visión general del

5 MARTINO BERMÚDEZ, Mónica. La tecnificación del trabajo asistencial. Algunos puntos actuales de
tensión. Prisma social, núm. 15, diciembre, 2015
6 GÓMEZ RUBIO, Constanza; GANGA LEÓN, Catalina; ROJAS PAILLALEF, Wilson. Desigualdades de
género en trabajos de cuidados familiar y no remunerado: Una revisión Iberoamericana. Revista Punto género n°
7. Chile. Mayo 2017.
concepto, al igual que la necesaria subordinación de las necesidades humanas al mercado
capitalista.

El bienestar cotidiano, en la organización patriarcal, se basa en la institución familiar, sin


cuestionar el papel asistencialista del Estado respecto al cuidado 7. Se configura, entonces, una
cultura del cuidado, que halla su sustento sobre las convenciones de roles de géneros
asentados en la estructura patriarcal, que define a la mujer la obligación innata de la atención
y cuidado, idealizada bajo la concepción del maternalismo, que se le atribuye naturalmente a
la mujer, exaltando la diferencia entre hombres y mujeres en tanto a sus capacidades innatas
para determinadas labores, refuerza la división sexual del trabajo, y se define, como un
maternalismo patriarcal8.

En este sentido, es el ámbito familiar donde se fundamenta el campo más amplio del cuidado,
e igualmente encubierto e invisibilizado. Se presume como una actividad obligatoria y
desinteresada, pues es la expresión de las supuestas virtudes innatas femeninas reforzadas en
los estereotipos, virtudes como el amor y la compasión, que se materializan en la afinidad al
cuidado altruista y desinteresado: rasgos históricamente idealizados al género femenino 9, y
que así mismo, esta carga implicaría des responsabilizarse de los intereses y la creación de
vida propia en función del cuidado.

Siguiendo esta línea, parece lógica la afectación que causa la dedicación de las mujeres al
cuidado dentro de la búsqueda de alternativas laborales, necesarias para la subsistencia social
en la sociedad salarial, donde es el capital el determinante de participación social; entonces,
el proceso social / cultural de especialización de las mujeres en el campo del cuidado, es
paralelo a la discriminación de las esferas de producción, la exclusión y segregación de las
mujeres en el mercado laboral remunerado. En esta discriminación influyen diversos factores,
como lo son la tipificación de determinado tipo de trabajador, con horarios específicos que
ocupan su tiempo completo y que impide destinación adicional a otras labores. Entonces, las
mujeres cuentan con menores posibilidades de cumplir este estereotipo de trabajadora ideal,
dado que asumen mayor compromiso en las responsabilidades domésticas. Estadísticamente,
la mayoría de mujeres no logra constituirse como trabajadoras ideales, siendo relegadas a la
segregación en trabajos de tiempo parcial, configurando un claro límite a las posibilidades de
desarrollo profesional.
En los últimos momentos, si bien es evidente la inclusión de proporción femenina al mercado
laboral, no se trata de la misma proporción masculina a las labores de cuidado, es decir, que
la reducción de la desigualdad de género no ha avanzado, sino que más bien, se ha
transformado, apoyado en el ajuste involuntario de las mujeres reduciendo sus horas de
descanso y de ocio personal. Es importante igualmente, señalar la condición de la provisión
de servicios de cuidado fuera del margen familiar, es decir, aquellos servicios ofrecidos por el
Estado o por sectores privados, configurados por mayoritaria población femenina. Además,

7 Castelló
8 Martínez y Voorend, 2009
9 Beauvoir ,1972
dentro de las familias, la distribución de responsabilidades se encuentra determinada por
relaciones dentro de esta, las cuales, históricamente han sido de carácter asimétrico y
jerárquico en base dos ejes básicos de poder social: el género y la generación.

Madres comunitarias en Bogotá

A partir de los programas del ICBF que rondan del año 1996 para el cumplimiento de los
derechos de niñas, niños y adolescentes se evidencia una transformación en torno a la
concepción del papel de las Madres y por tanto de las mismas Madres Comunitarias siendo
esta transformación evidenciada en la implementación de prácticas propias de la
implementación de un sistema Neoliberal dando paso de un Estado Benefactor a uno
Neoliberal en busca de la menor intervención estatal, transformación clara dentro del
reconocimiento de estas Madres como un agente económico transformador en donde la
concepción de su razón de ser se da entorno a la prestación de un servicio, transformando así
no sólo la relación para con la sociedad sino también el principio del programa, en donde este
en primer momento era con un sentido comunitario y como un elemento de carácter
fundamental para el acompañamiento a la crianza, en donde el proceso educativo de
programa en casos como el Familia, Mujer e Infancia (FAMI) que se da como una alternativa
y también respuesta al cómo hacer una educación transformadora desde la crianza.10

La implementación de estas políticas no se da solamente entorno a la caracterización y


sentido de los programas, también se evidencia demás prácticas que siguen los lineamientos
de este sistema generalizado dentro de la globalización como el entendimiento de un proceso
de focalización de los recursos del gasto público e incluso la misma reducción de estos11 una
cierta modernización, la incorporación de la venta de servicios como prestación de estos
mismos, la privatización de entidades públicas y por tanto la individualización de la razón
social a un entorno de lo público con el paso del reconocimiento de las personas sujetas de
derechos a personas beneficiadas acompañado de una búsqueda de un crecimiento económico
para unas mejores condiciones de vida.12

De igual forma se configura la razón social ya que incluso la problemática pasa a


concentrarse en lxs niñxs desconociendo las necesidades de las demás partes del proceso de
crianza, relegando el carácter histórico, cultural y antológico incurriendo incluso en cierta
violencia simbólica al papel de los padres en tanto sus saberes culturales se ven igualmente
transformados, ya que el nuevo desarrollo humano se da entorno a lineamientos diferentes,
siendo estos últimos serviles a los marcos establecidos por la Globalización, el Capitalismo y
el Neoliberalismo.

Para el correcto desarrollo de esta investigación que aborda el tema de la desigualdad y las
madres comunitarias se ha realizado ademas de revisión documental y teórica un
acercamiento a instituciones y madres comunitarias como tal, específicamente un centro en la
localidad de Barrios Unidos se realizó una enriquecedora entrevista a una madre comunitaria,
quien problematiza y explica su labor.

10 Otálvaro, J., Peñaranda, F., Bastidas, M., Torres, N. & Trujillo, J. (2016). Reformas neoliberales y sus
implicaciones en un programa de apoyo a la crianza: el caso de los hogares comunitarios Familia, Mujer e
Infancia en Colombia. Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales, Niñez y Juventud, 14 (1), pp. 646-649
11Ibíd Pág 654- 655
12 Ibíd. Pág 650.
DESARROLLO DEL TRABAJO

Los programas de madres comunitarias y de acompañamiento a la crianza responden a una


razón evidenciada por la historia, razón relacionada a una necesidad dada a partir de los años
60-70 , en donde con la incorporación de la mujer en el mercado laboral y las labores
productivas hace que tanto madres como padres solteros y en casos donde ambos padres
trabajaban se genera una necesidad para con el cuidado de los hijos, ya que está la constante
necesidad de un acompañamiento, y debido a la relación “naturalizada” y por tanto
normalizada de la relación de la madre para con sus hijos, y en general de la mujer con los
niños y su rol de cuidado y de las labores domésticas entorno al hogar.

Por lo anterior se veían casi que obligados a relegar esta tarea a otras personas, la gran
cantidad de veces a una vecina o mujer conocida para hacer las veces de cuidadora. A ello el
Instituto Colombiano de Bienestar Familiar se da cuenta de la necesidad naciente entorno a
este papel y busca llevarlo a las instituciones a partir de los Programas de Hogares
Comunitarios con un enfoque en las familias vulnerables y/o de escasos recursos.

De esta manera se aprovecha la necesidad de las familias para seguir en línea con lo que
dentro de la institucionalidad se promovía la atención a la primera infancia como una política
de carácter social prioritaria. Incluso dentro de estos programas se replican ciertas prácticas y
conductas características del propio sistema no solo social sino también político y económico
entorno al género, ya que se situaba la posición del hombre como Administrador de los
programas del ICBF debido al reconocimiento de sus capacidades para no solo administrar y
gestionarlos si no también de llevar las riendas del proceso13.

Las madres comunitarias surgen en la década del 70, se trataba de mujeres que pretendían
atender niños ubicados en barrios populares 14, donde existían grandes falencias en términos
de educación y alimentación, aspectos que, entre otras cosas, eran producto de la ausencia o
condiciones críticas de los padres. Esta iniciativa de carácter barrial, comunitario y popular,
se extendió a lo largo de las principales ciudades del país, dado que las condiciones de
vulnerabilidad de la niñez eran palpables en gran parte del territorio. Producto de dicha
extensión, es en la década del 80 donde esta iniciativa cuenta con reconocimiento del ICBF,
puntualmente se materializa con la Ley 89 de 1989, la cual crea los Hogares Comunitarios de
Bienestar Familiar15.

Más adelante, planeación nacional se propondría evaluar el efecto de estos hogares en el


desarrollo cognitivo y nutricional de los niños; producto de un proceso investigativo que se

13 Palacios, Juan. (2015). La burocratización del trabajo social de las madres comunitarias en Colombia a partir
de su formalización laboral en el año 2014. (Trabajo de Grado para optar título de pregrado) Universidad del
Rosario. Bogotá. Tomado
de:https://repository.urosario.edu.co/bitstream/handle/10336/10606/PalaciosMahecha-JuanNicolas-2015.pdf?
sequence=1&isAllowed=y

14 Cuero, A., Álvarez, G., Granda., Duque, N. & Jiménez, L. (2014). Acompañamiento formativo a madres
comunitarias para la atención a niños y niñas con discapacidad y/o alteraciones en el desarrollo. (Trabajo de
grado para optar a título de pregrado). Universidad de Antioquia. Medellín, Colombia. Recuperado de:
http://ayura.udea.edu.co:8080/ jspui/handle/123456789/67

15 Pinzón, M. R. (2015). Madres comunitarias: un caso paradigmático de la forma en que el derecho produce
identidades. Revista CS, 111–139. https://doi.org/10.18046/recs.i15.1910
realizó en conjunto con la Universidad de los Andes, se pudo observar que los niños que
asistían al programa si presentaban un leve avance cognitivo respecto a los que no eran parte
de este, no obstante, también se pudo evidenciar que las actividades llevadas a cabo no eran
las más idóneas:

“los resultados indican que las actividades pedagógicas y rutinas de cuidado estaban más
orientadas a actividades básicas y de cuidado físico del niño y menos a orientadas a
actividades formales de aprendizaje”16

Estos resultados trajeron consigo la necesidad de repensar el programa, haciendo especial


énfasis en la capacitación y tecnificación de las madres comunitarias. Si bien las evaluaciones
de impacto daban como resultado la necesidad de otro énfasis educativo en perspectiva de
mejoramiento de la niñez, el papel de las madres fue invisibilizado, de tal manera que su
actuación como agentes activas se convirtió en secundaria. Este aspecto se hace más crítico
cuando se observa que la vinculación de las madres se consideró como netamente voluntaria
hasta el Decreto 289 de 2014, el cual establece una vinculación laboral oficial 17 . No obstante,
el proceso de formalización que comienza en 2014 trae consigo otra serie de incertidumbres,
dado que, antes del Decreto 289 de 2014, si bien se hablaba de un vínculo voluntario, este era
indefinido y remunerado; con el proceso de tecnificación, tal y como señala Pinzón:

“las madres comunitarias empiezan a presentar quejas por el esquema de formalización que
presenta el ICBF. Este nuevo esquema puede acarrear la pérdida de sus labores en un corto
plazo. Aunque el contrato laboral les garantiza un salario mínimo y todas las prestaciones
sociales, tiene un término fijado a ocho meses que les genera la incertidumbre de quedarse sin
empleo si así lo decide el ICBF”18 (Pinzón, 2015. p, 124)

De esta manera, se puede observar cómo el Estado se vale de las iniciativas de la sociedad
civil organizada para salvaguardar sus vacíos de gobernabilidad en diferentes sectores, y una
vez se adquiere la capacidad institucional para responder a las demandas que anteriormente
tenían deficiencias, se pasa a un proceso dual: burocratización, arrancando así el carácter
popular y cierta capacidad organizativa de la sociedad civil; y por otra parte (conforme a
lineamientos internacionales de flexibilización laboral), se procede a la liberalización del
empleo, expresado legalmente mediante la precarización de los contratos, además de
otorgarle a la mujer una posición en el sistema productivo, mas no una reorientación de los
roles estructurales e históricos que le han sido impuestos. Esto se puede evidenciar en la
utilización de las madres comunitarias (voluntarias y populares) por parte del Gobierno de
Belisario de Betancourt, quien se comprometió en su campaña presidencial con brindar
especial atención a la niñez.

De esta manera se presenta una mujer doblemente vulnerada, por una parte, la consolidación
de su rol de género vía derecho, donde las leyes también configuran y estructuran identidades
socialmente asignadas, aspecto que, como ya ha sido mencionado, ayuda a perpetuar a la
mujer como aquella que debe asumir las labores de cuidado, aspecto que fortalece las demás
significaciones de “lo femenino”. El otro aspecto de la vulneración tiene que ver con la
precarización del trabajo; naturalmente, estas dos dimensiones se entrecruzan, la forma más
clara de evidenciarlo es la noción de voluntariado, donde, en primera instancia, la ley define

16 Blanco Vega, M., & Arias Castilla, C. (2016). Rasgos individuales y académicos de madres comunitarias en
cualificación. Horizontes Pedagógicos, 18(2), 39–51.
17 Ibíd
18 Ibíd, p. 124
que este concepto es propio de la mujer en su rol de cuidado, es decir: la ley naturaliza los
roles estructurales; y por otra parte, el cuidado (voluntario) es infravalorado, de tal manera
que el salario (antes del 2014) se encontraba por debajo del mínimo. Es así como el Estado
cumple con la eficiencia neoliberal que demanda la austeridad fiscal; subsane sus vacíos en la
atención de poblaciones vulnerables como la niñez; y finalmente, se posiciona como
estructura patriarcal; en este sentido, Pinzón señala:

Que el trabajo de cuidado que hacen las madres comunitarias, como ya se ha mostrado, sea
realizado únicamente por mujeres y que además se encuentre valorado como voluntariado no
digno de una retribución justa, contribuye en esa construcción de la mujer como madre, a la
que el trabajo de cuidado se la da bien por naturaleza, y que por tanto deben responder por él
como deber, sin derecho a contraprestación económica 19

De esta manera, es necesario señalar que hay una diferencia analítica y categórica entre
trabajo y empleo, donde el segundo hace referencia a la contraprestación económica, ya sea
formal-legal o informal (incluyendo el campo de lo ilegal); en cambio, la categoría de trabajo
es más amplia, esta precisión conceptual la realiza Tunal Santiago20 de la siguiente manera:

Ante las constantes caídas del empleo asalariado y el crecimiento del trabajo no asalariado
que supone el orden global, el concepto de empleo ha sido sustituido por el de trabajo en tanto
que éste es una construcción más amplia que permite incorporar otro tipo de trabajos fuera de
la lógica del empleo. (p, 46)

Esta precisión es importante, debido a que la amplitud del concepto de trabajo permite incluir
en los análisis las labores asociadas a la noción de familia; naturalmente, esta precisión (al
menos la del autor) tiene como fin hacer una propuesta de análisis metodológico en
perspectiva de construcción de índices e indicadores que puedan desarrollarse para entender
mejor la informalidad. Así mismo, el autor afirma que el proceso de globalización ha traído
consigo transformaciones en las relaciones laborales, teniendo como eje la familia como
unidad de producción, además de centro de las labores de cuidado o afectivas, donde la
mujer, si bien sigue asumiendo mayoritariamente dichos roles, también se ve empujada a
transformarse como sujeto que no es ajeno a las relaciones de producción. Por consiguiente,
la globalización implica una relación dialéctica entre ahondamiento de los roles de género
(especialmente en el sector productivo), pero a su vez, un proceso de transformación de estos.
Es así como las madres comunitarias se presentan como producto de dicha metamorfosis del
trabajo, pero del mismo modo, de la perpetuación de las labores de cuidado.

Con base en lo anterior, el proceso de formalización no significa restitución de derechos o de


mejores condiciones laborales y sociales; los procesos de formalización del empleo no tienen
necesariamente como consecuencia un aumento en la igualdad salarial, por el contrario, el
impacto de las políticas de desarrollo puede generar grandes brechas salariales, como en el
caso del Brasil, donde se encuentra una economía con altos índices de desarrollo y
formalización, pero con ingentes niveles de desigualdad21.

19 Ibíd, p. 132
20 Tunal Santiago, G.. Mujer, familia y trabajo afectivo: una cara de la informalidad laboral. Rascunhos
Culturais, 1(2), 43. 2010
21 Arim, R. (2015). Desigualdad de las remuneraciones e informalidad: breve revisión de la literatura y marco
analítico. In: R. Arim and V. Amarante, ed., Desigualdad e informalidad: un análisis de cinco experiencias
Latinoaméricanas. Santiago de Chile: CEPAL, pp.19-35.
Colombia, por su parte, como lo evidencia el estudio “Brechas de género y desigualdad: de
los Objetivos de Desarrollo del Milenio a los Objetivos de Desarrollo Sostenible”, entre los
años 2002 y 2014 presentó una significativa reducción en sus índices de pobreza y pobreza
extrema pero trayendo consigo un aumento en las desigualdades de género, es decir, hubo
una disminución de la población en estas condiciones, pero una vez desagregados los datos,
se constata que las mujeres lo hicieron en menor medida respecto a los hombres. El caso más
preocupante es el de la pobreza extrema, los hombres pasaron de un 18.1% en 2002, a un
7.9% en 2014; las mujeres, por su parte, pasaron de un 18.1% tal y como los hombres, a un
8.3%.

Esta desigualdad se ve reforzada cuando las madres poseen un capital cultural más exiguo,
por ejemplo, en el estudio sobre el proceso de tecnificación en la Universidad
Iberoamericana, realizado por María de Jesús Blanco Vega y Carmen Aura Arias Castilla
(2016), se señala que de las madres encuestadas el 89% tienen una formación técnica previa,
y el 10% son tecnólogas; lo cual demuestra implícitamente un capital cultural que es previo al
deseo de formación, ya que las madres que solo han cursado el bachillerato y que, además,
tienen un promedio de edad mayor, tienen una disposición y posibilidades menor (si es que
nula) para el proceso de formación y capacitación. Esto implica que, si bien es necesario que
las madres comunitarias sean instruidas en herramientas y estrategias pedagógicas que
faciliten el proceso de aprendizaje de los niños, también es importante resaltar que estas no
pueden ser vistas como un simple medio o herramienta de política pública, ya que existe un
alto porcentaje de madres que no cuentan con las posibilidades de formación, aspecto que no
solo beneficia el proceso de enseñanza, sino que las empodera y dignifica como sujetas que
en muchas ocasiones también necesitan una restitución de derechos.

En ese orden de ideas, resulta necesario hacer referencia al programa para la primera infancia
que hoy tiene vigencia en Colombia y que, consideramos, sigue reproduciendo las
desigualdades laborales asociadas al género, que no sólo tienen el trasfondo histórico ya
mencionado, que nos remite a décadas o siglos atrás, sino que hoy no ha perdido de ninguna
manera vigencia tanto en la ciudad de Bogotá, como en el contexto de Colombia en general.
Las labores del cuidado han estado asociadas a labores dentro de la informalidad, siendo las
mujeres aquellas que más engrosan estas filas en el mundo. Es así que es también evidente la
masculinización de los empleos formales, haciendo de la venta ambulante, los trabajos por
prestación de servicios, con bajos ingresos, nulo acceso a seguridad social entre otros, los
lugares comunes para las mujeres en una suerte de economía de la subsistencia; con todo
esto, inclusive se puede evidenciar, como menciona Rokhas (2013, p. 16) que se esté
produciendo hoy en el mundo la ‘informalización’ del empleo femenino.

En el mismo sentido, en todo caso, con la transformación que se evidencia desde líneas de
investigación tales como el Trabajo Social, la Sociología y otras, es evidente que, pese a que
la mujer ha salido al campo laboral y se han distribuido las responsabilidades económicas con
el hombre que antes era el único proveedor, dentro de la familia, siguen estando presentes las
distribuciones desiguales de las labores del cuidado, las cuales recaen y de manera gratuita,
sobre las mujeres (Echeverry, 1998). En el marco de esta invisibilización de las labores del
cuidado, es que aparece la labor de Madre Comunitaria; sin embargo, pese a que las labores
del cuidado dentro de la familia, se han asociado predominantemente al ámbito de lo privado,
aparecen estas experiencias en lo comunitario que, pese a que parte del esencialismo de la
‘mujer cuidadora’, puede ser un proceso de empoderamiento para quienes se desempeñan en
ella y de las comunidades mismas en donde se desarrolla la labor.
Pese a lo anterior, en relación con el empoderamiento individual y comunitario que traen
consigo estas labores, se encuentra el desconocimiento del mismo por parte de las
instituciones estatales encargadas de la primera infancia, entre estas, el Instituto Colombiano
de Bienestar Familiar (ICBF) y programas tales como la política ‘De Cero a Siempre’,
impulsada por el gobierno Santos, la cual, siguiendo márgenes internacionales dictados, por
ejemplo, por organizaciones como el Banco Mundial (BM, 2002), donde el trabajo con la
niñez, específicamente, en los primero 6 años de vida, resulta importante, principalmente
porque unx niñx en condiciones ‘óptimas de vida’ podría alcanzar unos altos niveles de
productividad. según sus niveles de desarrollo en la infancia; por el contrario, quienes no
tengan esas ‘buenas’ condiciones de vida, podrían convertirse desde una carga social, hasta
una presupuestaria, lo cual mengua los niveles de productividad y desarrollo de un Estado.
Por lo anterior, el enfoque de políticas de la primera infancia como la ‘De cero a siempre’,
estarían dirigidas casi que exclusivamente a niñxs en condición de vulnerabilidad (con un
enfoque neoliberal que plantea la focalización de la política social), y más que tener un
enfoque social, esta política, busca crear individuos que posteriormente sirvan para la
producción y reproducción del sistema capitalista imperante, no la consolidación de una
educación realmente integral que sirva para la vida y no únicamente para el ejercicio laboral.

Una vez clara la perspectiva de la política, se puede introducir aparte de las desigualdades de
género que se han mencionado y que son evidentes, también cómo éstas se relacionan de
manera intrínseca con las desigualdades laborales a las que han sido expuestas las Madres
Comunitarias en la ciudad de Bogotá, como en el resto del país, por la calidad nacional del
Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF), enmarcando el trabajo que hacen en los
Hogares Comunitarios de Bienestar, en el orden de la discriminación laboral, que según la
Organización Internacional del Trabajo (OIT), sería “Cualquier distinción, exclusión o
preferencia basada en motivos de raza, color, sexo, religión, opinión política (...) que tenga
por efecto anular o alterar la igualdad de oportunidades o de trato en el empleo y la
ocupación” (1958, Convenio 111); en nuestro caso, la discriminación estaría asociada al
género femenino predominante en las labores del cuidado en el país perpetrada,
principalmente por el ICBF, puesto que es la entidad encargada del desarrollo y coordinación
de los programas de primera infancia y, en ese orden de ideas, aquella que debería encargarse
de adelantar lo exigido por la Corte Constitucional tanto a la entidad como el gobierno de
Colombia, de hacer cumplir la sentencia T-628 de 2012 en donde se hace expresa la la
necesidad de modificar los patrones que perpetúan las discriminaciones en razón de género
en contra de las trabajadoras del cuidado.

Es así que las Madres Comunitarias pasan a ser reconocidas como trabajadoras (no
voluntarias) desde el año 2012, en donde se les empieza a pagar lo pertinente a 1 SMLMV,
pero la contratación ahora es con los operadores de los servicios y el ICBF pasa a ser
únicamente un garante del cumplimiento de los objetivos de los programas de la primera
infancia, a saber: “conforme lo ordenado por el artículo 36 de la Ley 1607 de 2012, en el
presente año, las Madres Comunitarias deben ser formalizadas laboralmente y devengarán un
salario mínimo mensual legal vigente o su equivalente, de acuerdo con el tiempo de
dedicación al Programa, sin que ello implique reconocerles la calidad de servidoras públicas”
y su formalización empezaría en el año 2014 con los prestadores de los servicios.

Es aquí, en el año 2014, en donde es posible evidenciar una nueva tendencia en el marco de
las desigualdades de orden laboral, una vez ‘superada’ en cierta medida, la asociación del ser
mujer con la de las labores del cuidado en el orden de la gratuidad per se; el cuestionamiento
es en relación con la ‘formalización’ laboral que pretende la política, una vez superada los
primero años de implementación, desde la primera presidencia de Juan Manuel Santos en
2010, donde resultaron importantes las acciones emprendidas por las Madres para su
reconocimiento como trabajadoras importantes, ocurre un viraje de la política en el año 2014,
en donde se promueve el inicio de la formalización laboral de las mismas. Este viraje se da en
el marco de promover la ‘integralidad’ de los Hogares Comunitarios de Bienestar (HCB)
como un proceso de tránsito que permitan generar unas condiciones de ‘calidad’ en el
momento de adelantar la prestación de servicios para la primer infancia, a saber:

“Se diseñará e implementará un proceso de tránsito hacia la integralidad en los Hogares


Comunitarios de Bienestar, que permita que el 50 % de ellos cumpla con las condiciones de
calidad para la modalidad de educación inicial comunitaria en el marco de la atención
integral, que se definan en la Estrategia De Cero a Siempre incluyendo incentivos para la
mejora en la prestación del servicio” (PND, 2014-2018)

En ese orden de ideas, la estrategia a partir de este año, también se plantea “una mayor
preparación de cada uno de los actores involucrados” (Cero a Siempre), lo cual implica
adelantar un proceso de tecnificación y cualificación en el orden del ‘talento humano’ para el
cuidado de la primera infancia, entre las cuales también se encuentran las Madres
Comunitarias, quienes, según el DNP en el marco de la estrategia, realizarán progresivamente
el tránsito de los HCB a los Centros de Desarrollo Infantil (CDI) para adentrarse en los
márgenes del cuidado integral de la primera infancia en el marco del ‘talento humano’
mencionado en el PND tanto del primero como del segundo período del gobierno Santos.
Para adelantar este tránsito se proponen estrategias para llevar a cabo la mencionada
‘tecnificación’ de la labor del cuidado que se desarrollarán en lugares más ‘tecnificados”
como son los CDI’s.

“Los CDI’s, se conciben como espacios de atención cualificados para atender y


promover un desarrollo integral a través de la educación inicial, con el apoyo de
profesionales idóneos en temas relacionados con los diferentes componentes de la
atención integral y cuidado” (DNP, 2013)

Los enfoques de formalización que se presentan, en cabeza del Ministerio de Educación


Nacional (MEN) están principalmente enfocados a una verdadera transformación de “los
saberes y las prácticas educativas, con el propósito de favorecer el desarrollo integral de los
infantes” (Vega, Castilla, 2016, p. 40), lo cual plantea un ultimátum a la labor comunitaria
desempeñada por las madres, en el sentido de que únicamente se privilegia la atención
cualificada y se sale de los márgenes en los cuales se desarrolló y se planteó la labor en un
inicio de la misma, con una vocación social y vecinal. En ese sentido, pese a que si bien se
estimaba la cualificación de las labores ejercidas por las Madres, para hacerlas más técnicas,
desde la experiencia misma de cada una de ellas, es posible vislumbrar distintos aspectos que
quedan por fuera de lo técnico y de los resultados institucionales que muestran los proyectos
y que dan cuenta de ese otro orden de desigualdades que se empezaron a configurar a partir
del inicio del período de formalización, aproximadamente, en el año 2014, además de la
transformación misma de sentires, experiencias y prácticas, que en muchas ocasiones también
ha servido para enriquecer las labores y el ejercicio del cuidado de lxs niñxs.
Si bien no es posible dar cuenta de un proceso homogeneizado de ‘tránsito’ de los Hogares
Comunitarios de Bienestar a los Centros de Desarrollo Infantil, puesto que las experiencias
no sólo son diversas, sino que además ocurren a lo largo y ancho del país, sí es posible
evidenciar, en todo caso, un tratamiento poco diferenciado por parte del Estado Colombiano
y una poca capacidad institucional para lograr darle al tránsito unas condiciones específicas
que permitan el disfrute del derecho al trabajo a estas mujeres, independientemente de poder
acceder o no a la cualificación que, además, debe ser solventada por el Estado Colombiano en
cabeza del ICBF como la organización que propició el mantenimiento de estas desigualdades,
sobre todo de aquellas Madres que se desempeñaron por largos años en esta labor y que, en el
2014, ya eran reconocidas por la ley como ‘adultas mayores’.
Es así que, si bien hubo una población importante de Madres que hicieron el tránsito, hubo
muchas a quienes se les agravó la violación a sus derechos laborales “agravados por la
implementación de la Estrategia de Cero a Siempre, que se ha constituido, como advirtieron
las organizaciones de Madres Comunitarias, en la privatización del cuidado de la primera
infancia, el desmonte paulatino de los Hogares Comunitarios de Bienestar y el
desconocimiento de la labor histórica desempeñada por las más de 85.000 Madres
Comunitarias en Colombia” (Osorio, p. 207). Entre estos casos, es posible evidenciar
tránsitos forzosos a los CDI, así como situaciones en donde se insta a las Madres a renunciar
en función de la obligación de terminar sus estudios de secundaria y/o la necesidad de
técnicos en pedagogía, que permitan el ejercicio efectivo de la labor del cuidado de la primera
infancia; por la llegada al proceso de profesionales en distintas áreas del conocimiento, a
saber: nutricionistas, docentes, psicólogos/as, entre otras, que transforman y tecnifican estas
labores.
En el mismo sentido, hubo un desmantelamiento de los HCB en donde trabajaban las Madres
y aquellas que no pudieron hacer el tránsito por no cumplir por lo exigido desde los
operadores privados que ahora manejan los Centros, en relación con la necesaria
cualificación de la mano de obra que trabaje con la primera infancia, en consonancia con la
estrategia ‘De Cero a Siempre’ a que nivel nacional exige estas condiciones para continuar
con el ejercicio laboral y no tiene la capacidad institucional de generar de manera efectiva y
equitativa estos tránsitos para todas las Madres Comunitarias en el país.

Herramienta comunicativa

Con el propósito de generar difusión y concientización sobre la pregunta problema planteada,


se desarrolla una herramienta comunicativa que se piensa accesible y comprensible para la
población a la que está dirigida, esto es, tanto el público universitario, dado que se trata de
dar a conocer la situación de las madres, y a ellas, pues a pesar de ser las afectadas, el
objetivo es concientizar a sí mismas sobre la posible desigualdad que se configura y la
perjudicación existente. Esta herramienta debe dar fe de la materialización de las variables
que el grupo consideró pertinentes para la evaluación de la problemática. Para la consecución
de estos objetivos, se realiza un podcast, es decir la distribución de un archivo multimedia de
audio, de duración media, que sintetiza la configuración del problema y la traslada a la
realidad mediante una entrevista directa a una madre comunitaria. Es decir, se presenta el
problema, y se analiza desde la nueva perspectiva de la madre comunitaria. El podcast, se
realiza con la entrevista a una de las madres, que pone de presente las distintas variables que
el grupo consideró para el análisis del problema, focalizadas mediante las preguntas
realizadas.

CONCLUSIÓN
En cuanto al planteamiento de la configuración de una suerte de desigualdad genérica/laboral,
basada en la asignación automática de labores de cuidado a las mujeres, es claramente
evidente la feminización de la labor de madres comunitarias, es un trabajo maternalizado en
la estructura social, en la cual existen quienes no tiene la posibilidad de dedicar tiempo a las
necesarias labores de cuidado de menores, debido a las altas exigencias de la sociedad
laboral, y, como evidenciamos en la investigación del caso concreto colombiano, la
desigualdad, pues son personas vulnerabilizadas por la sociedad quienes principalmente
acceden a estos servicios anteriormente comunitarios, y prestados bajo la concepción de
maternalidad, como indica la determinación de “madre comunitaria”. Aún así, trasponiendo
esta situación a la voz de una madre comunitaria, es evidente y admirable la vocación de
estas mujeres, al servicio de la comunidad, bajo el entendimiento de la imperancia de su
labor, y el auto reconocimiento del valor de la misma, incluso cuando esta es limitada o
desvalorizada por parte del Estado, que, aunque impulsa las capacitaciones, es
desconsiderada la excesiva tecnificación que se les impone, en pro del cumplimiento de los
estándares requeridos para el desarrollo global de la idea del trabajo; y no tiene en cuenta las
múltiples funciones que debe desempeñar en su trabajo cotidiano, añadiendo, las labores
adicionales de cuidado en sus propias familias.
Se puede evidenciar como las madres comunitarias han sido instrumentalizadas, de tal
manera que estas se observan como un medio (el cual está en función de satisfacer una de las
funciones del Estado: el cuidado y protección de la niñez), y no como sujetos de derechos que
mediante el trabajo se desarrollan, adquieren una resignificacion y transforman la realidad.
De esta manera, y como ya ha sido mencionado, la capacitación aparece como una
imposición, orientada a la prestación eficiente del servicio, más no a la dignificación del
trabajo. También es necesario señalar, cómo las madres comunitarias son una expresión de
los desequilibrios en seno del Estado, donde es la sociedad civil organizada la que suple las
necesidades y dichos desequilibrios; no obstante, estas expresiones autogestionadas terminan
siendo burocratizadas y, finalmente, dirigidas bajo criterios racional-instrumentales que
obedecen, no solo a la posición ideológica de las élites, sino a las imposiciones
internacionales de la globalización.

BIBLIOGRAFÍA

Hurtado Saa, T. Mercados globales del cuidado, parte de la nueva división internacional del trabajo femenino.

GÓMEZ RUBIO, Constanza; GANGA LEÓN, Catalina; ROJAS PAILLALEF, Wilson. Desigualdades de
género en trabajos de cuidados familiar y no remunerado: Una revisión Iberoamericana. Revista Punto género n°
7. Chile. Mayo 2017.

Blanco Vega, M., & Arias Castilla, C. (2016). Rasgos individuales y académicos de madres comunitarias en
cualificación. Horizontes Pedagógicos, 18(2), 39–51. https://doi.org/10.33881/0123-8264.hop.
Martínez, J. (2009). LA GÉNESIS DEL PROGRAMA DE HOGARES COMUNITARIOS DEL INSTITUTO
COLOMBIANO DE BIENESTAR FAMILIAR SARA. CLACSO.

Pinzón, M. R. (2015). Madres comunitarias: un caso paradigmático de la forma en que el derecho produce
identidades. Revista CS, 111–139. https://doi.org/10.18046/recs.i15.1910

Reda, M., Taddele, H., Afera, B., Bsrat, A., Abera, E., Hurrissa and Eshetu, … References, C. (2014).
PRÁCTICAS EDUCATIVAS DE LAS MADRES COMUNITARIAS: ESTUDIO DE CASO DE CINCO
MADRES COMUNITARIAS DEL SECTOR DE TINTALITO DE LA LOCALIDAD DE KENNEDY. (Vol.
6). https://doi.org/10.1590/s1809-98232013000400007

Tunal Santiago, G. (2010). Mujer, familia y trabajo afectivo: una cara de la informalidad laboral. Rascunhos
Culturais, 1(2), 43.

MARTINO BERMÚDEZ, Mónica. La tecnificación del trabajo asistencial. Algunos puntos actuales de tensión.
Prisma social, núm. 15, diciembre, 2015

Osorio Pérez, Viviana: (2015). De cuidados y descuidos : la economía del cuidado en Colombia y perspectivas
de política pública. Medellín.

RODRÍGUEZ ENRÍQUEZ, Corina. Economía del cuidado, equidad de género y nuevo orden económico
internacional. Buenos Aires. Octubre 2007.

Cuero, A., Álvarez, G., Granda., Duque, N. & Jiménez, L. . Acompañamiento formativo a madres comunitarias
para la atención a niños y niñas con discapacidad y/o alteraciones en el desarrollo. (Trabajo de grado para
optar a título de pregrado). Universidad de Antioquia. Medellín, Colombia. Recuperado de:
http://ayura.udea.edu.co:8080/ jspui/handle/123456789/67. 2014

C; Avendaño, N; Blanco: De las experiencias a las exigencias: conversaciones con tres Madres Comunitarias de
la ciudad de Bogotá Arbeláez, A. Pontificia Universidad Javeriana Facultad de Psicología Bogotá, 2017.

Arim, R. . Desigualdad de las remuneraciones e informalidad: breve revisión de la literatura y marco analítico.
In: R. Arim and V. Amarante, ed., Desigualdad e informalidad: un análisis de cinco experiencias
Latinoaméricanas. Santiago de Chile: CEPAL, pp.19-35. 2015

Otálvaro, J., Peñaranda, F., Bastidas, M., Torres, N. & Trujillo, J. (2016). Reformas neoliberales y sus
implicaciones en un programa de apoyo a la crianza: el caso de los hogares comunitarios Familia, Mujer e
Infancia en Colombia. Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales, Niñez y Juventud, 14 (1), pp. 645-658

Palacios, Juan. (2015). La burocratización del trabajo social de las madres comunitarias en Colombia a partir de
su formalización laboral en el año 2014. (Trabajo de Grado para optar título de pregrado) Universidad del
Rosario. Bogotá. Tomado
de:https://repository.urosario.edu.co/bitstream/handle/10336/10606/PalaciosMahecha-JuanNicolas-2015.pdf?
sequence=1&isAllowed=y

Sentencia T-628-12 Corte Constitucional. https://www.corteconstitucional.gov.co/relatoria/2012/T-628-12.htm

C111 - Convenio sobre la discriminación (empleo y ocupación), 1958 (núm. 111): Recuperado de:
https://www.ilo.org/dyn/normlex/es/f?p=NORMLEXPUB:12100:0::NO::P12100_ILO_CODE:C111

Ortegón, Ramos: Ruta hacia la dignificación laboral de las madres comunitarias y sustituts en Villavicencio
Colombia. Universidad de Antioquia, recuperado de:
https://aprendeenlinea.udea.edu.co/revistas/index.php/red/article/view/323339

También podría gustarte