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Tramas del pasado reciente argentino

Florencia Levín (compiladora)

Tramas del pasado


reciente argentino
Historia, memoria y transmisión

Gustavo Aprea, Yésica Billán, Ernesto Bohoslavsky,


Maximiliano Catoira, Jorge Cernadas, Juan Pablo Cremonte,
Juan Gandulfo, Blanca Gauto, Gabriela Gomes,
María Paula González, Federico Iglesias, Nancy Mariana Juárez,
María Florencia Osuna, Laura Graciela Rodríguez,
Mariana Saraniti y Martín Vicente
Hist

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Tacuarí 123 (C1071AAC), Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentina,
en el mes de marzo de 2018.
Tirada: 500 ejemplares.
Índice

Introducción
Florencia Levín............................................................................................. 9

Los intelectuales liberal-conservadores y las perspectivas de la


“desperonización”: del problema de las masas al problema de las
formas democráticas
Martín Vicente ........................................................................................... 21

Contra el dexamil, las camisas naranjas y el comunismo.


La Federación Argentina de Entidades Democráticas Anticomunistas
(1963-1969)
Ernesto Bohoslavsky .................................................................................... 43

El sistema de participación comunitaria y el bienestar social bajo


el onganiato
Gabriela Gomes .......................................................................................... 63

El Partido Comunista ante la “Revolución Argentina” (1966-1973):


una aproximación documental
Jorge Cernadas ........................................................................................... 85

El regreso de la democracia a General Sarmiento en 1973.


Entre la unidad básica, el comité y las instituciones vecinales
Blanca Gauto ........................................................................................... 105

Imágenes de la presidencia de María Estela Martínez de Perón en la


fotografía de prensa. Clarín, 1975-1976
Nancy Mariana Juárez.............................................................................. 121
La Federación Juvenil Comunista frente al “Proceso de Reorganización
Nacional”: la construcción de un discurso legitimador del régimen
Mariana Saraniti ..................................................................................... 147

Familia y dictadura. Un análisis de los discursos y las acciones del


Ministerio de Bienestar Social (1976-1979)
María Florencia Osuna ............................................................................. 165

Continuidades y rupturas en el área educativa nacional entre


1966 y 1983
Laura Graciela Rodríguez ......................................................................... 185

Dictadura y sociedad en General Sarmiento: entre la coerción y la


búsqueda de consenso (1976-1983)
Maximiliano Catoira ................................................................................ 203

Vale más revista literaria en mano que escritor volando.


El Ornitorrinco: literatura y política durante la última dictadura
Federico Iglesias ........................................................................................ 219

Los organismos de derechos humanos y la denuncia por las


desapariciones en la temprana transición democrática.
El caso del cementerio de Grand Bourg
Juan Gandulfo.......................................................................................... 239

Los modos de reconstruir el pasado en los documentales dedicados


a las trayectorias de Montoneros y el prt
Gustavo Aprea y Juan Pablo Cremonte ....................................................... 257

Historia reciente y enseñanza: entre las prescripciones y las prácticas


María Paula González y Yésica Billán ........................................................ 279

Los autores .............................................................................................. 297


Introducción
Florencia Levín

Hacia fines del siglo xx, el pasado cercano no era una preocupación para la
historiografía académica, ni tampoco para las ciencias sociales en general, aun
cuando desde los años ochenta en adelante se produjeron algunas obras nuclea-
res que fundaron los primeros mojones de una disciplina todavía inexistente.1
Mientras este era el panorama en el campo académico, a pesar de las políticas
de indulto y olvido impulsadas por el gobierno menemista, durante los años
noventa el pasado cercano comenzó a ser ampliamente revisado y re-discutido a
la luz de la manifestación política de los hijos2 de sus protagonistas, que expresa-
ron puntos de vista novedosos con respecto a los discursos predominantes sobre
ese pasado, así como también a la luz de una explosión de literatura testimonial
sobre los años setenta y de la aparición de varias investigaciones periodísticas,
algunas obras literarias y el estreno de un ciclo de films documentales sobre la
militancia armada. En 1993, por otro lado, la reforma educativa convertía al
pasado cercano en contenido escolar obligatorio que desde entonces se ha ido
afianzando como tal.
Quince años después el panorama es radicalmente otro. Mientras el pasa-
do cercano sigue siendo objeto de disputas políticas, simbólicas y jurídicas, la
1
Tomo la noción de disciplina de Michel de Certeau (2010: 73), para quien esta comporta la
ambivalencia constitutiva de ser al mismo tiempo la ley de un grupo y la ley de una investigación
científica (sin por ello suponer una derivación directa ni mecánica entre una y otra). De ahí que
la breve historización que se presenta a continuación refiera exclusivamente a la constitución del
campo disciplinar de la historia reciente como tal y no al abordaje erudito de aspectos de ese pasado
a partir de marcos teórico-metodológicos tradicionales. De este modo, se elude el malentendido
o la confusión entre historización del campo y evaluación de aportes que contribuyeron al
conocimiento y reflexión sobre ese pasado.
2
Utilizo la palabra en itálicas para señalar que no se trata del uso corriente sino de una noción
que recorta un sujeto político. Muchos de ellos, además, integran la agrupación hijos (Hijos e
Hijas por la Identidad y la Justicia, contra el Olvido y el Silencio).

9
Florencia Levín (compiladora)

historia reciente se ha constituido como una nueva disciplina del conocimiento


histórico a la cual se le reconocen rasgos teóricos y metodológicos específicos
que rompen en varios sentidos con los preceptos de la historiografía tradicional.3
Asimismo, a lo largo de esos años la historia reciente ha ido conquistando y
afianzando espacios institucionales propios en la estructura científico-académica,
con cantidades crecientes de investigadores y recursos asignados. Para tener
una rápida idea de la magnitud del salto cuantitativo que se ha producido,
podemos tomar como parámetro a las Jornadas Interescuela / Departamentos
de Historia, organizadas cada dos años por los departamentos de historia de las
universidades nacionales del país, para observar que en el año 2015 las mesas
sobre historia reciente constituyeron el 18% del total general4 mientras que en
1999 únicamente figura en actas un trabajo referido al pasado cercano en la
mesa “Teoría de la Historia e Historiografía”.5
Estos números, aunque parciales y relativos, dan cuenta de un impactante
crecimiento académico que tiene sus propios rasgos y condiciones de posibi-
lidad. Sin ánimo de explicar ni abarcar el fenómeno, me gustaría referirme
brevemente a algunos de ellos. En primer lugar, debe advertirse que el veloz
crecimiento del campo no se produjo de la nada ni sobre la nada: aun cuando
la historia reciente no existía como espacio académico diferenciado ni como
una disciplina con rasgos epistemológicos propios, hacia mediados y fines de
los años noventa comenzaron a producirse crecientes y significativos aportes
sobre aspectos de ese pasado elaborados en el marco de la historia intelectual,
la historia de las izquierdas, del movimiento obrero, la historia económica,
etcétera, que se extendieron para abarcar períodos más cercanos que luego se
constituyeron como objeto de la historia reciente. Algo similar ocurrió con los
estudios sobre la memoria social, que se afianzaron durante los años noventa

3
Incluso, en una dimensión sociológico-descriptiva, podemos decir que como campo académico
la historia reciente es interdisciplinaria ya que muchos de los investigadores que producen
conocimiento sobre el pasado cercano no son historiadores y, a su vez, muchos historiadores
utilizan marcos teóricos y metodológicos que no son ortodoxos para la historiografía tradicional.
4
Datos propios elaborados en base a la información subida en la Red Interdisciplinaria de
Estudios sobre Historia Reciente (riehr). Se trata de 21 mesas de un total de 114. Ver la lista
de mesas sobre historia reciente en http://www.riehr.com.ar/detalleNota.php?id=537&cat=1.
5
Se trata de un trabajo de Carlos Pescader, de la Universidad Nacional del Comahue, titulado
“Historia del presente: dimensiones cognitivas y pragmática”. Ver actas de las VII Jornadas
Interescuelas realizadas en la Universidad Nacional del Comahue.

10
Tramas del pasado reciente argentino

convirtiéndose en un campo que ha permanecido relativamente autónomo


aunque íntimamente relacionado.6
Hay que señalar además que su emergencia hubiera sido imposible sin los
procesos de renovación teórica y metodológica que se produjeron hacia me-
diados y fines de los años noventa y que permitieron superar desde adentro las
reticencias tradicionalistas que durante mucho tiempo la historiografía acadé-
mica había impuesto a la posibilidad de historizar el pasado cercano. Asimismo,
su emergencia coincidió con la profesionalización académica de una nueva
generación de historiadores que se formaron en el marco de esa renovación y
que pudieron establecer un tipo de vínculo con ese pasado distinto al de la gene-
ración anterior que pertenecía, ella misma, a la de sus protagonistas.7 De modo
similar, la gran expansión de la historia reciente no podría entenderse sin referir
a la enorme atracción que ese pasado ejerce sobre las nuevas generaciones de
historiadores que lo interpelan a partir de preguntas propias de su propia época.
Es preciso considerar asimismo que la extraordinaria expansión de la his-
toria reciente formó parte de un crecimiento general del sistema académico y
científico, producto del aumento de la proporción del gasto público invertido
en el sector por los gobiernos kirchneristas en el marco de un proceso general de
expansión de la economía. Para tener una idea amplia y general, de acuerdo con
un documento elaborado en 2013 por el Consejo Nacional de Investigaciones
Científicas y Técnicas (Conicet), la creación de nuevos cargos de investigador
científico pasó de 160 en 2001 a 400 en 2004 y a 606 en 2012, mientras que
la cantidad de becas doctorales y posdoctorales otorgadas ascendió de 30 en
2001 a 1.300 en 2004 y a 3.900 en 2012 (Conicet, Treinta años de democracia,
23/9/2013).
Ahora bien, si intentáramos visualizar imaginariamente cómo se traducen
estos comportamientos estadísticos en términos de distribución geográfica, ob-
servaríamos que la conformación académico-institucional de la historia reciente
se ha dado de modo descentralizado y reticular, fundamentalmente a partir de
iniciativas desarrolladas en diversas universidades nacionales asentadas en dis-
tintas regiones del país, como las del Litoral, de Rosario, de La Plata, de Buenos
Aires, de La Pampa, de La Patagonia, de San Martín y de General Sarmiento

6
Esta diferenciación en el terreno del espacio académico resulta problemática en tanto y en
cuanto desde el punto de vista de la definición disciplinar de la historia reciente ambos aspectos
(los sucesos y los problemas de su elaboración) forman parte de un mismo fenómeno.
7
Por una cuestión de simplifcación de la escritura, estoy subsumiendo bajo la figura abstracta del
historiador a las y los historiadores y las y los cientistas sociales que se dedican al pasado reciente.

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Florencia Levín (compiladora)

(estas últimas dos asentadas en el conurbano bonaerense).8 Aun cuando se trata


de un mapa parcial e incompleto, podemos afirmar que en las mencionadas
universidades se ejecutan y desarrollan buena parte de los subsidios, proyectos,
investigaciones, cursos, posgrados y eventos académicos que explican en parte
el crecimiento cuantitativo del campo disciplinar.
Y es precisamente de uno de esos puntos del mapa académico de la historia
reciente argentina que este libro da cuenta. En efecto, se trata de una obra que
expone algunos resultados de investigaciones desarrolladas a lo largo de varios
años (coincidentes con los del auge de la disciplina) en la Universidad Nacio-
nal de General Sarmiento (ungs) y más particularmente en el área de historia
del Instituto del Desarrollo Humano (idh).9 En términos más específicos, el
volumen compila el resultado de algunas investigaciones que maduraron en el
marco de un proyecto picto titulado “Genealogías, continuidades y fracturas en
el pasado reciente argentino: historia, memoria y transmisión”, que fue dirigido
por Daniel Lvovich entre 2011 y 2014.10 El objetivo general de ese proyecto
8
Apaza (2010: 68) ofrece un primer mapeo que destaca: la Escuela de Historia / Centro
Latinoamericano de Investigaciones en Historia Oral y Social de la Facultad de Humanidades
y Artes de la Universidad Nacional de Rosario; el Centro de Investigaciones Socio-Históricas
de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación de la Universidad Nacional
de La Plata; el Centro de Estudios Sociales Interdisciplinarios del Litoral de la Facultad de
Humanidades y Ciencias de la Universidad Nacional del Litoral; el Instituto del Desarrollo
Humano de la Universidad Nacional de General Sarmiento; el Centro de Documentación e
Investigación de la Cultura de Izquierda en Argentina (cedinci); la Asociación de Historia Oral
de la República Argentina; la Asociación Civil Memoria Abierta; la Comisión Provincial por
la Memoria de la Provincia de Buenos Aires; el Departamento de Historia de la Universidad
Nacional de la Patagonia (sede de Trelew); el Grupo Mujer, Política y Diversidad en los setenta
del Instituto Interdisciplinario de Estudios de Género de la Facultad de Filosofía y Letras de la
uba, el Programa de Historia Oral de la misma institución; el Núcleo Memoria del Instituto del
Desarrollo Económico y Social (ides), a lo que habría que agregar el grupo de historia reciente
de la Universidad Nacional de La Pampa y el Programa de Estudios en Historia Reciente de la
Universidad Nacional de San Martín, entre otras que seguramente se me escapan.
9
Titulada “La historia: problemas del campo disciplinar y su enseñanza”, el área cuenta con
distintas líneas de investigación que abordan de modo diverso los problemas del pasado reciente
argentino: “Problemas de historia política y sociocultural de la Argentina del siglo xx”, “Historia
reciente y memoria: problemas teórico-metodológicos y análisis de casos en la historia argentina”,
“Problemas teóricos, metodológicos y didácticos de la Historia” e “Historia política de América
Latina en el siglo xx”. Más información en www.ungs.edu.ar/
10
El picto (2008 00099) estuvo integrado por Ernesto Bohoslavsky, Jorge Cernadas, María Paula
González y Florencia Levín como equipo responsable, y por María Valeria Galván, Juan Pablo
Cremonte, Gustavo Aprea, Felipe Bouilly, Yésica Billán, Gineth Andrea Álvarez Satizábal, Juan
Sebastián Califa, Guido Casabona, Juan Patricio Gandulfo, Emilce Geoghegan, Blanca Gauto,

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Tramas del pasado reciente argentino

era el de contribuir a la generación de nuevos conocimientos sobre la última


dictadura militar argentina y su génesis prestando atención a las continuidades
y rupturas respecto del período precedente y a las formas de construcción y
transmisión de las memorias y representaciones sobre la etapa dictatorial desa-
rrolladas a partir de 1983. A partir de la hipótesis de que la última dictadura
militar no solo significó una ruptura y por lo tanto una novedad sino también
la rearticulación de elementos preexistentes en la sociedad argentina sobre los
que imprimió la potenciación de los elementos coercitivos y el despliegue de
la violencia estatal, el proyecto se proponía estudiar las transformaciones de las
culturas políticas en la Argentina durante la segunda mitad del siglo xx aten-
diendo particularmente a sus expresiones ideológicas, estatales, intelectuales y
políticas; estudiar el impacto de la dictadura militar en distintos ámbitos de la
sociedad atendiendo a las complejas relaciones entre civiles y militares y dando
cuenta de las llamadas actitudes sociales y analizar los procesos de construcción
y transmisión de las memorias sociales sobre el pasado reciente. A lo largo de los
años en que tuvo vigencia, el proyecto funcionó como núcleo para la discusión
colectiva de los avances de las investigaciones en marcha, algunas de las cuales
refieren a aspectos de la historia del ex municipio de General Sarmiento en
cuyo territorio se emplaza no solo la ungs, que lleva su nombre,11 sino también
la guarnición militar de Campo de Mayo.
La edición del libro, que me fue encomendada, demandó un largo proceso
de trabajo que se extendió más allá del período de vigencia del proyecto picto.
Compuesto de modo heterogéneo por aportes de investigadores formados y en
formación, su armado y edición demandó en muchos casos un intenso proceso
de lecturas, devoluciones y relecturas, sin por ello atentar contra la autonomía
teórica, metodológica y política de cada uno de sus autores.12 Ahora bien, sí he
puesto especial atención a algunos deslizamientos del lenguaje con la intención
de contribuir al desprendimiento entre categorías nativas y eruditas, caracterís-
ticas confundidas en la historia reciente.13

Gabriela Gomes, Karin Grammatico, Florencia Osuna, Mariana Saraniti, Francisco Teodoro y
Martín Vicente como integrantes. No todos ellos han participado en este volumen.
11
Situado al noroeste del Gran Buenos Aires, el partido de General Sarmiento fue disuelto en
1994 por una Ley Provincial que en su lugar creó los partidos de José C. Paz, San Miguel y
Malvinas Argentinas (donde queda actualmente emplazada la ungs).
12
Como puede advertirse, entre otras cosas, en algunas preferencias terminológicas: última
dictadura o dictadura militar, dictadura cívico-militar, Proceso de Reorganización Nacional, etc.
13
Como he argumentado en otro lugar (2017), en cuanto disciplina del conocimiento, la historia
reciente tiene la peculiaridad de ser parte de su propio objeto de estudio, por lo que la dimensión

13
Florencia Levín (compiladora)

En cuanto al contenido y la estructura, el libro aborda de modo diverso


y a partir de variados marcos y escalas de análisis distintos objetos del pasado
reciente argentino trabajados en cada uno de los artículos. En conjunto, los
textos incluidos despliegan un arco temporal que se inicia con el golpe de
Estado de 1955, recorre aspectos de la dinámica intelectual, cultural, política
e institucional de las décadas del sesenta y setenta con un fuerte énfasis en
la última dictadura militar, y concluye con los procesos de rememoración y
transmisión del pasado cercano. Debido a las características generales de la
obra, he decidido organizar el índice de acuerdo con un criterio cronológico,
progresivo y lineal. Sin embargo, las tramas que se fueron entretejiendo en el
marco del proyecto picto y del proceso de armado del libro ameritan una breve
recapitulación historiográfica. Es por ello que, en lo que sigue, haré primero
una sintética presentación de los trabajos de acuerdo con el recorrido propuesto
por el índice, para detenerme muy brevemente, al final, en la reconstrucción
de algunos hilos de esas tramas.

Los artículos

Los dos primeros artículos del libro ofrecen al lector una imagen panorámica
de las ideas e imaginarios de las derechas argentinas en diversas coyunturas
históricas. En primer lugar, el trabajo de Martín Vicente analiza el balance
de la experiencia peronista realizado por un grupo de jóvenes intelectuales
liberal-conservadores inmediatamente después del golpe militar de septiembre
de 1955. Vinculados con la prensa liberal, la renovación universitaria e impor-
tantes espacios culturales, estos jóvenes elaboraron y reelaboraron lecturas de
la experiencia clausurada por el golpe que pasó de un moderado optimismo
inicial acerca de las posibilidades de encauzar democráticamente a las masas
peronistas a un compartido desencanto que terminó en un cuestionamiento a
las formas democráticas mismas hacia finales de la década. En segundo lugar,
el trabajo de Ernesto Bohoslavsky reconstruye la dimensión ideológica de las
prácticas represivas y violentas de otros grupos de derecha en el período inme-
diatamente posterior, particularmente las llevadas a cabo por la conservadora
y católica Federación Argentina de Entidades Democráticas Anticomunistas
(faeda). El autor muestra cómo en los primeros años sesenta los dispositivos

autorreflexiva es inherente a la posibilidad de su escritura, que requiere un permanente trabajo


de discernimiento entre objeto y sujeto del conocimiento.

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Tramas del pasado reciente argentino

represivos fueron desbordados por actores que participaron de las acciones


anticomunistas por fuera de la coalición gobernante y de las acciones de las
Fuerzas Armadas, entre las que se cuenta faeda que, en su cruzada contra el
hippismo y el comunismo, combinó acciones de prensa con prácticas clandestinas
y criminales como golpizas e intimidaciones.
A continuación, los dos siguientes artículos abordan de manera diversa los
años de la llamada “Revolución Argentina” (1966-1973). El primero de ellos,
de Gabriela Gomes, ofrece un estudio de las políticas de Estado durante el
onganiato, con el objetivo de complejizar la extendida interpretación según la
cual la “Revolución Argentina” se propuso despolitizar, desmovilizar y excluir
política y económicamente a los sectores populares. Es así que la autora analiza
los discursos y políticas de la Secretaría de Estado de Promoción y Asistencia
a la Comunidad (sepac) dependiente del Ministerio de Bienestar Social y de-
muestra que los sectores “marginales urbanos e indígenas” formaron parte de
la agenda estatal argumentando que las políticas estudiadas dan cuenta de que
el régimen autoritario buscó apoyo entre los sectores populares. El siguiente
artículo, de Jorge Cernadas, aborda la “Revolución Argentina” desde una mirada
externa, estudiando las posiciones del Partido Comunista Argentino (pca) con
respecto al gobierno de Onganía. Recurriendo a diversos documentos partida-
rios, el autor analiza los cambios y las continuidades del posicionamiento del
comunismo en las diversas coyunturas históricas atravesadas por el régimen
hasta el final de esa dictadura.
Los dos trabajos que siguen a continuación abordan de modo diverso
coyunturas de quiebres y transiciones institucionales. El primero de ellos, de
Blanca Gauto, se centra en las elecciones que pusieron fin al régimen de la
“Revolución Argentina” a partir de la reconstrucción de la trama política en
la escala municipal, estudiando los procesos de reorganización partidaria del
peronismo y el radicalismo en el ex municipio de General Sarmiento. La autora
demuestra la importancia que tuvieron las redes de sociabilidad local vinculadas
a clubes, sociedades de fomento, asociaciones barriales, etcétera, que tendieron
a desbordar el ámbito partidario institucional y fueron fundamentales a la hora
de reinstitucionalizar partidariamente la política. El segundo, de Nancy Juárez,
se coloca en el proceso de derrumbe del gobierno peronista encabezado por
María Estela Martínez de Perón y se propone analizar el problema de la des-
legitimidad del poder político a través del estudio de las fotografías de prensa
presidenciales publicadas por el diario Clarín durante los meses previos al golpe
de Estado del 24 de marzo. Indagando en las herramientas de la semiología y
tomando como presupuesto la existencia de una autonomía relativa entre los

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Florencia Levín (compiladora)

distintos espacios de la producción discursiva dentro del diario, en este artículo


la autora estudia las estrategias representacionales de un conjunto de fotografías
concluyendo que si bien estas últimas contribuyeron al proceso de deterioro de
la imagen presidencial, se convirtieron al mismo tiempo en canales de difusión
de prácticas y espacios propios de la institucionalidad democrática.
Los siguientes seis artículos abordan distintos aspectos del Estado, la
sociedad y la cultura durante los años del autodenominado “Proceso de Reor-
ganización Nacional” (1976-1983). El primero de ellos, de Mariana Saraniti,
se concentra en el posicionamiento del ala juvenil del Partido Comunista ante
el régimen militar a través del estudio de Vamos! Al Tiempo Joven..., revista co-
mercial publicada desde mayo de 1976 por la Federación Juvenil Comunista.
En su análisis, la autora demuestra la existencia de importantes confluencias
entre las representaciones sobre la subversión difundidas por la revista para
alentar a los jóvenes a no sucumbir a sus riesgos, y el discurso legitimador
del golpe de Estado, difundido principalmente por las Fuerzas Armadas aun
cuando, como argumenta, estas no lograron impedir su clausura en diciembre
de 1976. El siguiente artículo, de María Florencia Osuna, retoma las miradas
sobre la juventud pero desde el punto de vista de la política de Estado, parti-
cularmente del Ministerio del Bienestar Social, durante los primeros años de
la dictadura militar (1976-1979). La autora argumenta que en su objetivo de
erradicar la enfermedad subversiva del cuerpo social, la dictadura militar no solo
implementó el terrorismo de Estado sino que además diseñó algunas políticas
sociales orientadas a recuperar y reinsertar a los jóvenes rescatables. En estrecha
relación con este trabajo, el artículo de Laura Rodríguez que sigue a continuación
estudia las continuidades y rupturas en el área de educación nacional entre los
años 1966 y 1983, lo que le permite recorrer distintos gobiernos y regímenes.
Mediante el estudio de los proyectos de Ley de Educación que se presentaron
en los tres períodos institucionales, la autora demuestra la importante conti-
nuidad de funcionarios e ideas en el mediano plazo señalando asimismo las
crecientes tensiones entre la política educativa y el catolicismo nucleado en el
Consejo Superior de Educación Católica Argentina (consudec), dependiente
de la jerarquía eclesiástica.
Los dos siguientes trabajos bordean desde perspectivas, escalas y objetos
diversos el problema de los vínculos entre el gobierno militar y la sociedad civil.
El primero de ellos, de Maximiliano Catoira, se enfoca en la escala municipal
para estudiar de cerca esos vínculos a través de la normativa estatal y los dis-
cursos de los funcionarios del ex municipio de General Sarmiento. A través del
análisis de la normativa municipal y de declaraciones de los funcionarios locales

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Tramas del pasado reciente argentino

difundidas por la prensa local, el autor muestra que las medidas aplicadas, que
incluyeron tanto la coerción como la promoción social, tendieron a buscar la
reconfiguración material y simbólica de la comunidad local. Asimismo, muestra
cómo el gobierno municipal se valió de instrumentos normativos propios de
la democracia que fueron resignificados en el nuevo contexto en pos de lograr
un acercamiento a los habitantes del municipio y cómo continuó con una serie
de políticas de fomento iniciadas en el período previo. El trabajo de Federico
Iglesias, que viene a continuación, centra su mirada en El Ornitorrinco, empren-
dimiento literario del escritor Abelardo Castillo aparecido durante la última
dictadura militar y que reabre la pregunta por las llamadas actitudes sociales
con respecto al régimen. El autor aborda de este modo la polémica entre Liliana
Heker y Julio Cortázar sobre literatura, exilio y política que se dio a través de
las páginas de la revista, así como los posicionamientos editoriales en algunos
contextos clave, para concluir que en el marco represivo en que salió a la luz, el
emprendimiento editorial de Abelardo Castillo puede ser interpretado como el
ejercicio de una libertad posible en el marco de la censura y represión vigentes.
El último trabajo de esta serie, de Juan Gandulfo, funciona como bisagra
entre los artículos sobre historia y los trabajos sobre memoria y transmisión
que vienen inmediatamente a continuación ya que aborda, a partir de los des-
cubrimientos de enterramientos colectivos y tumbas NN que comenzaron a ser
denunciados inmediatamente después de la derrota en la guerra de Malvinas,
el problema de la construcción de conocimiento social sobre la experiencia
del terrorismo de Estado. Estudiando el caso del cementerio de Grand Bourg,
ubicado en las cercanías de Campo de Mayo, Gandulfo reconstruye cómo,
mediante la estrategia de la denuncia judicial, los organismos de derechos
humanos configuraron un discurso que planteó por primera vez de modo ar-
ticulado y público la responsabilidad de las Fuerzas Armadas en el crimen por
la desaparición de personas. Su trabajo, construido a partir del análisis del caso
judicial, visibiliza el rol estratégico de la justicia como espacio de legitimación
de los discursos sociales sobre acontecimientos históricos.
Los dos últimos trabajos que integran el libro plantean de hecho una ruptura
con respecto a los anteriores ya que abordan el pasado reciente a partir de los
procesos posteriores de elaboración y transmisión de memorias. El primero de
ellos, de Gustavo Aprea y Juan Pablo Cremonte, estudia los modos de reconstruir
el pasado cercano en la serie de films documentales dedicados a Montoneros
y al prt estrenados entre 1994 y 2014. Analizando los recursos con los que se
construye la historia, la memoria, el punto de vista del narrador y la distancia
tomada con respecto a los acontecimientos narrados, los autores se proponen

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Florencia Levín (compiladora)

reconstruir lo que entienden son dos memorias grupales diferenciadas. El


argumento de fondo permite reponer un hilo que articula, de alguna manera,
las viejas prácticas de la militancia armada con los mecanismos y modalidades
de su rememoración.
Por último, cerrando el libro, el artículo de María Paula González y Yési-
ca Billán estudia de qué modo el pasado reciente ha sido incorporado como
contenido escolar, centrándose particularmente en el nivel secundario de la
Provincia de Buenos Aires. Las autoras ofrecen un detallado análisis del marco
normativo nacional y provincial mostrando de qué modo, desde 1993 a esta
parte, la historia reciente fue asentándose como contenido curricular y de qué
modo ese proceso se vincula con las disputas por la memoria, ofreciendo una
taxonomía de la terminología empleada en la normativa educativa. Asimismo,
las autoras ofrecen un análisis de las prácticas docentes en el aula poniendo la
atención en las lecturas y recortes que realizan. Con esta doble mirada, norma-
tiva y etnográfica, discuten la noción de transposición didáctica para enfatizar
la compleja articulación de factores diversos que intervienen en la transmisión
del pasado traumático.

El libro

A lo largo de sus artículos, el libro recorre distintos aspectos y marcos espa-


ciotemporales sobre la historia argentina de la segunda mitad del siglo xx que
permiten romper con las miradas complacientes sobre el pasado y propone
una lectura más compleja sobre la historia. Es así que los trabajos muestran
las mixturas, contaminaciones y confluencias entre las prácticas y políticas
estatales y no estatales; las continuidades de ciertas dinámicas estatales tanto
nacionales como municipales con respecto a los cambios en los regímenes
políticos; las ambivalencias en los sentidos sobre la experiencia histórica; la
existencia de cierta libertad en el marco de la censura y la represión del último
régimen militar; las confluencias ideológicas entre izquierdas y derechas; la
autonomía relativa de algunas dinámicas y políticas estatales con respecto a
los regímenes políticos; los problemas y contradicciones en los procesos de
construcción de memoria y transmisión del pasado. Asimismo, a través de los
estudios de caso del ex municipio de General Sarmiento, el libro da cuenta de
la fertilidad de los estudios localizados para acercar el foco a la dimensión de
la vida cotidiana, en donde es posible advertir las porosidades entre lo público
y lo privado, las mixturas y continuaciones, las rupturas y novedades. Por otra

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Tramas del pasado reciente argentino

parte, la obra permite aumentar la profundidad de campo de la historia reciente


a partir de la mirada retrospectiva implicada en la formulación del proyecto
picto que nos conduce, por ejemplo, de la Triple A y el terrorismo de Estado
a las prácticas represivas clandestinas implementadas espontáneamente por
grupos de derecha en los primeros años sesenta, y de la categoría de subversivo
que justificó la persecución y represión paraestatal y estatal de los setenta a la
de hippie, que operó de modo similar más de diez años antes, ofreciendo una
genealogía del amplio descrédito de la democracia que formó parte del consenso
legitimador del golpe de Estado de 1976 a partir del desencanto demostrado
por los jóvenes de la derecha letrada hacia fines de los años cincuenta. Es así
que en su conjunto la obra ofrece importantes aportes al conocimiento y los
debates sobre el pasado reciente argentino. Producto y exponente del proceso
de crecimiento y expansión de la historia reciente en el espacio académico, el
libro es asimismo un hito importante para el área de historia del Instituto del
Desarrollo Humano de la Universidad de General Sarmiento, de la que todos
sus autores hemos sido y/o somos parte. Agradezco mucho a todos los autores
la paciencia que me han tenido a lo largo del trabajo compartido.

Buenos Aires, noviembre de 2015

Revisar
Bibliografía
Apaza, Hernán (2010). “Para una historia de la historia reciente”. En Bresciano,
Juan Andrés (comp.), El tiempo presente como campo historiográfico.
Ensayos teóricos y estudios de casos, pp. 65-80. Montevideo: Cruz del Sur.
De Certeau, Michel (2010). “La operación historiográfica”. En De Certeau,
Michel, La escritura de la historia, pp. 67-118. Veracruz: Universidad
Iberoamericana - Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de
Occidente.
Levín, Florencia (2017). “Escrituras de lo cercano. Apuntes para una teoría de
la historia reciente (argentina)”, en Nuevo Mundo Mundos Nuevos,
Cuestiones del tiempo presente, puesto en línea el 6 de junio de 2017,
consultado el 9 de junio de 2017. Disponible en: http://nuevomundo.
revues.org/70734.

19
Los intelectuales liberal-conservadores y
las perspectivas de la “desperonización”:
del problema de las masas al problema
de las formas democráticas
Martín Vicente*

El golpe de Estado que en setiembre de 1955 derrocó al segundo gobierno de


Juan Domingo Perón abrió en los espacios intelectuales argentinos una doble
problemática, expresada en la reconsideración de la década justicialista que se
cerraba y la plasmación de propuestas para la Argentina futura. Las diversas
posiciones, marcadas por la dicotomía peronismo-antiperonismo y los modos
de articulación del propio espacio intelectual antiperonista, definieron el sitio de
los actores en los debates del momento, en tanto los diversos proyectos de país
aparecieron vinculados de modo inseparable con las lecturas de la experiencia
justicialista. Entre los diversos núcleos político-intelectuales que por entonces
intervinieron de manera polémica, la bibliografía académica ha prestado aten-
ción a las manifestaciones de la reconstrucción universitaria durante la reorga-
nización de las casas de altos estudios (Neiburg, 1998), al “tiempo de hablar” de
los espacios liberales vinculados con las revistas culturales (Fiorucci, 2011), a las
pautas del nacionalismo opositor al peronismo (Galván, 2013), a las lecturas del
humanismo católico (Zanca, 2006 y 2013) y a las transformaciones del discurso
liberal entre figuras político-intelectuales de diversos espacios (Nallim, 2014a y

*
El artículo se realizó en el marco del proyecto doctoral para la fsoc-uba, con sede en el idh-
ungs, financiado por becas doctorales de tipo I y II del conicet. Dicha investigación fue dirigida
por los doctores Alejandro Blanco (conicet-unq) y Daniel Lvovich (conicet-ungs). En dicho
marco, fue integrante del grupo del picto correspondiente.

21
Martín Vicente

2014b).1 Estas obras han analizado la relación entre la evaluación del peronismo
y los proyectos para consolidar un nuevo orden sociopolítico, la representación
del pasado justicialista como clave de construcción de figuras intelectuales y
el cambio conceptual en las interpretaciones de la realidad política a medida
que la década terminaba, desde la centralidad de un problema clave hacia lo
venidero: “Qué hacer con las masas” (Altamirano, 2001).2
El problema de las masas, clave articulatoria de diversos debates durante el
peronismo, generó en la intelectualidad opositora al justicialismo un consenso
basado en interpretaciones negativas sobre estas, desde una óptica genéricamente
elitista y orteguiana imbricada con la crítica al justicialismo (Svampa, 2006;
Adamovsky, 2009; Nallim, 2014). En este artículo abordaremos las lecturas
de un grupo de intelectuales liberal-conservadores3 sobre las posibilidades de
la “desperonización” en tres momentos: primero, una etapa marcada por un
moderado optimismo sobre las posibilidades de cambio identitario de las masas
identificable hasta los comienzos del gobierno de Arturo Frondizi; luego, un ciclo
en el que la visión previa comienza a mostrar un agotamiento y la aparición de
nuevos usos categoriales, que dará paso al tercer momento, de cuestionamiento
de las formas democráticas sobre el filo de la década. La apertura de un tenso
paréntesis de expectativa sobre la politización de las masas, representativo del
optimismo con el cual el espacio liberal-conservador recibió el golpe de Estado,
dio lugar posteriormente a intervenciones que vincularon el rol de las masas
con la modalidad democrática para, finalmente, llevar a un cuestionamiento
de las mismas formas democráticas como conclusión al problema del vínculo
entre masas y democracia. El enfoque analítico de este trabajo está basado en

1
Esta lista no agota una bibliografía amplia pero aún insuficiente en tanto parte de ciertos tópicos
plausibles de revisión, sino que se concentra en aquella que ofrece mayores líneas de vinculación
con el problema abordado en el artículo.
2
Pueden verse las instancias del mismo proceso en el amplio espacio del antiperonismo a partir
de 1955 en Spinelli, 2005. Para distintas lecturas de estos clivajes durante el peronismo, ver
García Sebastiani, 2006.
3
Este artículo retoma y reformula un segmento de mi tesis doctoral, Una opción, en lugar de
un eco. Los intelectuales liberal-conservadores en la Argentina, 1955-1983 (fsoc-uba, 2014). El
recorte de actores analizados en ella incluye a los economistas Álvaro Alsogaray, Alberto Benegas
Lynch; los abogados-economistas Horacio García Belsunce y José Alfredo Martínez de Hoz;
los juristas Germán Bidart Campos, Juan Segundo Linares Quintana y Mario Justo López; el
abogado y periodista Mariano Grondona; los abogados-ensayistas Jaime Perriaux y Ambrosio
Romero Carranza; los ensayistas Carlos Sánchez Sañudo y Ricardo Zinn; los filósofos Jorge Luis
García Venturini y Víctor Massuh (cfr. Vicente, 2014). Pueden verse aproximaciones al sitio del
liberal-conservadurismo entre las derechas argentinas en Bohoslavsky y Morresi, 2011.

22
Los intelectuales liberal-conservadores y las perspectivas de la “desperonización”

las coordenadas de encuentro entre historia intelectual e historia de los inte-


lectuales: el abordaje de los usos político-conceptuales que, realizados por un
conjunto de actores de la intelectualidad, son entendidos como intervenciones
intelectuales (Dosse, 2007).
En los intelectuales liberal-conservadores, el sentido instrumental de la
citada fórmula “qué hacer con las masas” era representativo de las formas que
tomaba la problemática: una lectura basada en la cuestión de las masas en la
vida sociopolítica fue la primera gran articuladora de las preguntas y respuestas
de estos actores ante el escenario abierto por el golpe setembrino. En dicho
contexto, fueron emergentes del momento posperonista los jóvenes nucleados
en torno a la renovación universitaria, los medios de la gran prensa liberal (La
Prensa y La Nación) y las revistas culturales consagradas (Criterio, Sur) o las
noveles experiencias fundadas por ellos mismos (Demos, El Príncipe); la parti-
cipación en instituciones académicas no universitarias (las diversas academias
nacionales); el vínculo con los gobiernos de la “Revolución Libertadora”. Estas
instancias marcaron el ascenso en la esfera pública de un conjunto de autores
articulado tanto por una serie de ligazones con la tradición liberal (la centralidad
del imperativo institucional, el conflicto con las formas nacionalistas y populis-
tas, la apelación republicana) como con diversos planos de renovación teórica
(la recepción del neoliberalismo, los abordajes al nuevo humanismo católico, la
apertura hacia las ciencias sociales). Espacios múltiples, entonces, donde estos
actores configuraron un repertorio de intervenciones intelectuales marcado por
la pugna por las clasificaciones posibles del fenómeno peronista como disputas
por el sentido político (Neiburg, 1998: 26-34).4 Clasificar la etapa peronista era
parte de un complejo sentido de intervenciones que colocaba a la experiencia
justicialista como objeto de abordajes múltiples: libros académicos, ensayos,
columnas de opinión, textos polémicos, conferencias. Esas lecturas formaban
parte inescindible de los proyectos que este espacio buscaba ver concretados
a partir de setiembre de 1955 y, como se verá, tuvieron un marcado acento
teórico-político e ideológico que particularizó el sitio de estos jóvenes autores
en el universo intelectual local.
La ruptura de “la unidad antiperonista” de un amplio arco de la intelectua-
lidad argentina a medida que se desarrollaba el proceso iniciado en 1955 (Sigal,
2002: 115-125; Fiorucci, 2011: 175-210) tuvo escasos ecos en los intelectua-
les liberal-conservadores. El paso del gobierno “sin vencedores ni vencidos”
4
Neiburg basa su propuesta analítica en la teoría de Pierre Bourdieu. Para el sociólogo francés, las
luchas de clasificación se definen como luchas por el monopolio de imponer divisiones legítimas
de lo social y de interpretar la sociedad a través de los principios de la división (Bourdieu, 2008).

23
Martín Vicente

liderado por Eduardo Lonardi a la etapa radicalmente antiperonista de Pedro


Eugenio Aramburu e Isaac Rojas y de allí a la transición democrática limitada
que acabó en el triunfo del radical intransigente Arturo Frondizi, encontró a
nuestros autores bajo posiciones irreductibles pero no idénticas. A diferencia
de los conflictos teóricos, políticos e incluso identitarios que atravesaron a
diversos sectores intelectuales, el espacio de estos actores apareció no solo aje-
no sino contrario a dicho proceso, sus debates e implicancias. Entre ellos no
surgieron polémicas interesadas en reformular las lecturas sobre el peronismo
sino que las posturas sobre el decenio justicialista mantuvieron una línea recta,
incluso militante, que no hizo sino profundizar su virulencia con el correr de
los años. Por consiguiente, la propia configuración de ese paréntesis sobre las
masas apareció como un momento peculiar en el ciclo aquí analizado, que
se cerró abordando no ya el problema de lo masivo sino el de la democracia
misma, implicando por ello un tránsito complejo dentro de una interpretación
férreamente antiperonista.

Una tensa espera: el paréntesis interpretativo sobre las masas

Como ha mostrado la bibliografía especializada, en la intelectualidad antipero-


nista un consenso analítico sobre el decenio justicialista identificó la experiencia
bajo rótulos negativos como autoritarismo, dictadura e incluso totalitarismo,
pero separando en su análisis el liderazgo de Perón del sustrato masivo de la
experiencia y considerando a las masas como víctimas de la manipulación del
líder. Ello apareció tanto en intervenciones ideológico-políticas como en la
renovación académica y teórica de la otrora oposición al peronismo (Neiburg,
1998; Fiorucci, 2011). Dentro de ese contexto, el espacio liberal-conservador
expresó una particular concepción sobre el rol de las masas en el peronismo y
su posible configuración a futuro, marcada por la construcción de un paréntesis
de expectativas sobre la posible “desperonización” popular, que silenciaba de
momento las concepciones virulentas presentes durante la etapa justicialista.5
En el artículo que el filósofo Víctor Massuh publicó en el número de la revista
Sur editado tras el derrocamiento del segundo gobierno de Perón, aparecían
una serie de tópicos clave en el pensamiento de nuestros actores a partir del
5
La bibliografía sobre el antiperonismo ha marcado una serie de diferencias interpretativas
generales. Pueden verse algunas de las problemáticas presentes en la generación liberal-
conservadora previa a la de los intelectuales aquí considerados desde el caso de Federico Pinedo
(Vicente, 2013a).

24
Los intelectuales liberal-conservadores y las perspectivas de la “desperonización”

golpe setembrino: la postulación de una sociedad partida por el eje peronismo-


antiperonismo y la esperanza colocada en superar esa dicotomía como modo
de construcción de la democracia. Dividiendo entre “ellos” y “nosotros”, el
filósofo tucumano señalaba: “Hasta ayer no más, triunfantes, creían que no
existíamos”, y plasmaba una interpretación del peronismo en la cual tanto las
masas como el liderazgo se fundían en un cuerpo unívoco en el que “[e]llos
habían confundido su propio desenfreno con la realidad del país” (Massuh,
1955: 107).
Esta construcción agonal de la dicotomía política marcaba, sin embargo, un
resquicio de esperanza ante el futuro.6 En efecto, era en esa simbiosis donde es-
taba la pequeña rendija de luz: para el filósofo, las masas, aun bajo la concepción
de otredad, podían romper con la relación con el líder, que entendía propia de
los mitos y de un gobierno manipulador como el justicialista. Superar el mito
e ir hacia la razón era, así, el eje pedagógico-político de este sector intelectual:
Pero la verdad se restituye. Ellos podrán, ahora, deshacer el hechizo de
la plaza pública, acallar el grito que los extravía y retrotraer a un pasado
impulsivo. Sin sus delincuentes y torturadores, sin la coerción de una
infernal propaganda, ellos podrán recuperar la propia dignidad. Lo que
conocieron con el nombre de justicia social no fue más que una trampa
para olvidar la justicia y olvidar la dignidad (Massuh, 1955: 107-108).

Las ideas de sujeto racional y de civismo se unían al proponer el tipo de corte


que las masas debían ejercer con el pasado populista (concepto utilizado en este
sector como categoría analítica pero también como calificativo denigratorio),
por medio de la tutela de aquellos que conformaban el “nosotros”. Es decir,
una experiencia de direccionamiento elitista sobre las masas, entendidas como
el conglomerado impersonal propio del tópico orteguiano del “hombre masa”
que fue clave en los debates de la década justicialista (Graciano, 2008: 318-330;
Fiorucci, 2011: 123-174) y que, con sus reformulaciones, se prolongó desde
el golpe setembrino.

6
Si bien existe un consenso historiográfico en torno del clivaje peronismo-antiperonismo, que
Altamirano (2001: 23) ha llamado “dicotomía antagónica”, pueden verse análisis de su status entre
la intelectualidad en Neiburg (2008), García Sebastiani (2006), Svampa (2006), Fiorucci (2011).
La concepción agonal, es decir, la que interpreta la división política en términos de una dicotomía
absoluta y conflictiva, era asumida como una continuación de las posiciones antifascistas y
antitotalitarias de estos actores, reconvertidas en antiperonismo, muchas veces por medio de
operaciones de posicionamiento dentro del propio espacio antiperonista (Fiorucci, 2011).

25
Martín Vicente

Si para Massuh la democracia era un camino largo y sinuoso, la educación


del pueblo peronista constituía un ejercicio de pedagogía racional sobre el
fondo de los mitos, parte central del derrotero de la democracia: “En su mun-
do espiritual debe encontrar ciudadanía estable aquel conglomerado humano
flotante siempre dispuesto a ceder al hechizo de los caudillos” (Massuh, 1955:
108). Entre la antropología negativa y el iluminismo paternalista, el ensayista
proponía una relación entendida como urgente pero cargada de las salvedades
de un deber en terreno pantanoso.7 La intervención del joven filósofo en el
luego famoso número 237 de Sur, postulado como un eje de la intelectualidad
antiperonista desde el lema “Por la reconstrucción nacional”, marcaba las di-
versas modalidades en las que los intelectuales liberal-conservadores aparecían
en el contexto posperonista.8 El lugar de enunciador de Massuh en la revista
lo colocaba, pese a su juventud, en un sitio central de la intelectualidad liberal
y antiperonista, como quedó claro en el homenaje que el Fondo de Cultura
Económica le realizó apenas dos meses más tarde, en diciembre, junto a autores
de la relevancia de Jorge Luis Borges, Adolfo Bioy Casares, José Luis Romero
y Ezequiel Martínez Estrada.
La apelación a las masas como “conglomerado humano flotante” trazaba
los límites que, de allí en adelante, el liberal-conservadurismo daría a sus in-
terpretaciones sobre la condición de vacancia identitaria de las masas. En tal
sentido, la idea de que las masas se hallaban en un vacío ideológico se asentaba
en los caracteres de sus apariciones en el espacio público, donde las interpreta-
ciones podían variar desde subrayar su cariz repentino hasta entroncarlas con
antecedentes históricos del siglo pasado, pasando por las diversas maneras de
entender y enfatizar la manipulación. Pero hasta allí, sin embargo, las masas
no eran entendidas como una negatividad absoluta sino como una serie de
posiciones de mayor o menor complejidad (espontaneísmo, manipulación,
sedimentación del pasado) pero carentes de densidad autónoma. Justamente
esa interpretación permitía los resquicios de esperanza en la transformación y
al mismo tiempo marcaba, en el triunfo o fracaso de tal cambio, sus límites y
las pautas del tiempo venidero.

7
Es sugestiva la interpretación de Fiorucci sobre el desencuentro del proyecto pedagógico
peronista y la intelectualidad liberal: para la autora, el fracaso del peronismo en “cooptar e
intervenir” sobre estos llevó a que el gobierno tomase, desde 1950, una postura de “enfrentamiento
directo” (Fiorucci, 2011: 29-63).
8
Se ha señalado la existencia de diversas posturas en Sur durante el posperonismo, basadas en
diferencias políticas e interpretativas entre los articulistas de la publicación (Cernadas, 1996;
Fiorucci, 2011).

26
Los intelectuales liberal-conservadores y las perspectivas de la “desperonización”

En las interpretaciones liberal-conservadoras se patentizaba una lectura sobre


lo masivo que entendía que sobre ese sujeto popular había actuado el aparato
doctrinario peronista. En un contexto donde se estaba ante la puja de modelos
formativos de masas, estos jóvenes intelectuales interpretaron con agudeza
cuál era el desafío que el peronismo había supuesto a la tradición liberal: la
apropiación de un proyecto pedagógico que estaba en las bases formativas de
nuestros actores, pero reinterpretado desde el populismo. 9 Con el peronismo
fuera del Estado, el momento de la “Revolución Libertadora” se ofrecía como
marco de posibilidad de desandar aquello que se había construido en la década
justicialista. De ahí el equilibrio que trataba de llevar a cabo el jurista Segundo
Linares Quintana al señalar, en plena “Revolución Libertadora”:
[E]l Gobierno Provisional ha reconocido que el único y exclusivo titular o
sujeto del poder constituyente es el pueblo. Pero ello no obsta a que dicho
gobierno, en su carácter de gobierno revolucionario y al objeto esencial que
resume todas las finalidades de la revolución que lo llevó al poder, pueda
convocar al pueblo de la Nación para que por medio de sus representantes
libremente elegidos y reunidos en una Convención Reformadora, consi-
dere la introducción en el texto de la ley suprema de las modificaciones
encaminadas al cumplimiento de aquel propósito cardinal: la vuelta del
país al orden jurídico y evitar que la Patria vuelva a ser sojuzgada por el
despotismo (Linares Quintana, 1957: 28).

El autor presidía la Asociación Argentina de Ciencia Política y había sido di-


rector de Asuntos Jurídicos del Ministerio del Interior durante 1955 y 1956, es
decir, se trataba de una voz calificada al punto de permitirse dar propuestas al
gobierno en momentos en los cuales se trataba la reforma de la Constitución de
1949. En su lectura, el pueblo era el sujeto del poder político por antonomasia,
el constituyente, pero el gobierno de facto bien podía convocar a la renovación
constitucional, puesto que el diagnóstico que vertebraba esta posición era la idea
de que la Carta Magna peronista formaba parte de la manipulación a la cual las
masas populares habían sido sometidas. Se imponía, señalaba el constituciona-
lista a la “Libertadora”, recrear el basamento social incluyendo a las masas en un
movimiento no ya solo posperonista sino propiamente desperonizador. Pero,
como el propio catedrático de Derecho Constitucional señalaba, “la próxima

9
Svampa (2006: 293-294) ha señalado las continuidades del modelo peronista con la
representación sarmientina de las masas, distante del modelo que el antiperonismo le endilgaba.
Coinciden en ciertos puntos de esta caracterización Altamirano (2001) y Fiorucci (2011).

27
Martín Vicente

constitución será reformadora y no constituyente” (Linares Quintana, 1957:


31), acción reservada, en el amanecer de la República, a los padres fundadores.10
La democracia aparecía leída desde la cruda propuesta de la “desperoniza-
ción” y sus posibles implicancias, así como llevada a planos que comprometían
al propio concepto: tras las experiencias de la Segunda Guerra Mundial, la iden-
tificación del clivaje fascismo-antifascismo con el de peronismo-antiperonismo
y la articulación de estos en la oposición totalitarismo-democracia, se imponía
en los intelectuales liberal-conservadores un examen dinámico del vocablo, en
línea con los debates internacionales de la hora (Traverso, 2001). Precisamente
el influjo de la renovación conceptual que se experimentaba a nivel internacional
estaba en las bases de movimientos interpretativos que, como analizaremos en
los siguientes apartados, imbricaban las relecturas de las tradiciones claves en
estos actores con nuevas influencias que comenzarían a llevar el problema de las
masas hacia pautas que comprometían a las propias definiciones de democracia.

Un tránsito particular: entre las masas y la democracia

La idea de democracia formaba parte central de las transformaciones teóricas


y conceptuales internacionales que, de la mano de los ecos de la crisis liberal y
las consecuencias de la Segunda Guerra Mundial, tuvieron un influjo central
en la intelectualidad local, en especial en áreas vinculadas con nuestros actores,
como el nuevo humanismo, el antifascismo y la renovación liberal (Zanca, 2013;
Bisso, 2005; Nallim, 2014). El filósofo José Luis García Venturini se encargaba
de destacar esta problemática: “Pareciera que en los últimos años (después de la
guerra en Europa, después de la tiranía entre nosotros) se hubiera producido un
nuevo desplazamiento en el significado y, como consecuencia, en la aceptación
de este término” (García Venturini, 1958: 944). La concepción que presentaba
al peronismo como un fenómeno identificable con los fascismos aparecía en
la postulación del autor, según la cual la Argentina estaría, así, realizando un
proceso equiparable a la reconstrucción de las democracias europeas.11 Es por

10
Las posiciones en torno a la idea constituyente colocan a los intelectuales liberal-conservadores
en un sentido fundacionalista que debe leerse no desde el ángulo de las prioridades liberales
y/o conservadoras, sino en torno al tipo de concepciones sobre la idea de la posibilidad, o
no, de la fundación política (Requejo Pagés, 1998). Muy por fuera de los cánones del liberal-
conservadurismo, puede verse Marchant, 2009.
11
Ver un contexto para las equiparaciones entre nazismo y peronismo en Klich y Buchrucker,
2009. Ciertos planes sobre la “desperonización” pueden verse en Neiburg, 1998 y Spinelli,

28
Los intelectuales liberal-conservadores y las perspectivas de la “desperonización”

ello que en el momento de escrito el artículo debía incluirse dentro de la demo-


cracia la aceptación de las situaciones de facto como la “Libertadora” tanto como
repensarse los diferentes modelos históricos. Por lo tanto, el autor planteaba
una lectura evolucionista del concepto y analizaba tres concepciones. Primero,
la democracia ateniense, cuyo origen situaba en Platón, para quien “está lejos
de expresar el gobierno ideal”, y donde “a partir de Aristóteles el término co-
mienza a complejizarse” (García Venturini, 1958: 943). Luego, la concepción
de Jean-Jacques Rousseau, quien “no busca otra cosa [que] lo que hoy llamamos
‘república representativa’”, ante la que García Venturini elegía una estrategia
de relectura y tomaba posición destacando que “Rousseau es aristócrata y no
demócrata. Pero, en tal sentido, ¿no lo somos nosotros también?” (1958: 943).
Esta pregunta tautológica exponía las características implicadas en el comien-
zo del fin del breve paréntesis sobre las masas. Tras abordar la repregunta por
la democracia y trazar una genealogía complejizada por el abordaje al rol del
pueblo y los sentidos conceptuales de la República, García Venturini terminaba
de dar forma a su lectura abordando la clásica definición de Abraham Lincoln:
la democracia como “gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo”:
Pareciera, entonces, que el más actual sentido de democracia fuese “gobier-
no o sistema por y para el pueblo” y esto en dos alcances: implicando solo
los llamados “derechos políticos” o incluyendo la “justicia social”. Claro
que tal significación no excluye que pueda ser también un “gobierno del
pueblo”, pero esto no es, por lo visto, una exigencia” (García Venturini,
1958: 944).

Por medio de esta formulación, se anulaban las ideas de democracia directa y/o
popular que funcionaban en el liberal-conservadurismo muchas veces bajo una
doble operación de sinonimia: como sinónimos entre sí y al mismo tiempo
ambas como homólogas al populismo. La respuesta republicana, leída como
idéntica al modelo liberal-conservador, era la alternativa que trazaba las líneas
por las cuales comenzaría a cerrarse el modelo democrático propugnado por
nuestros autores.
Preguntas tautológicas, refutaciones coloquiales, levedad de las formas: esta
retórica de la banalidad ejercida por García Venturini comenzará, lentamente,
a ocupar mayor lugar en el conjunto de estrategias intelectuales de nuestros
actores, por medio de posicionamientos sobre nociones que, presentadas como

2005. Sobre la “desnazificación” puede consultarse la problematización propuesta por Kershaw


(2004: 15-38 y 309-348).

29
Martín Vicente

evidentes e indiscutibles, aparecían por fuera del plano de las pujas denotadas.12
Nuevo sentido de las formas expresivas, el hueco explicativo marcaba una suerte
de externalidad a la lucha política pero, a idéntico tiempo y por ello mismo, se
constituía en uno de los modos más notables de ella. Este tipo de construcción
discursiva suponía un “nosotros” familiar dirigido a los sectores comprendidos
como resistentes al peronismo, como había marcado ya Massuh, y por ello
habilitados para la intervención en los debates en torno a la democracia: las
máculas de peronismo depositaban a todo actor ligado a la experiencia popu-
lista en el sitio de lo anómalo.13 Nuevamente, los paralelismos con los períodos
de reconstrucción europea tras los fascismos se imponían en las operaciones
de estos intelectuales, en tanto el contexto dictatorial de la “Libertadora” se
interpretaba como un necesario ciclo ordenancista.
Un abordaje de similares características era utilizado por Mariano Grondo-
na pocos meses después, también desde Criterio. Allí analizaba los factores de
poder en el país apelando también, como García Venturini, a una genealogía
del concepto de democracia, en este caso por medio de la lectura de dos clásicos
modernos de la teoría democrática: el mismo Rousseau y Charles de Montes-
quieu. El autor alertaba que la visión del primero había sido “tan falseada” y
alababa “el genio sagaz y prudente” del segundo, cuyas ideas eran claves en el
liberal-conservadurismo: su lectura de la forma republicana como esquema de
moderación del orden sociopolítico era una fórmula a la cual apelaba el propio
Grondona. En efecto, en el marco temporal que tramó las teorías de ambos
pensadores de la Ilustración, destacaba el abogado y periodista: “se trataba, por
una parte, de aceptar el credo democrático: la voluntad general manda. Por la
otra, se procuraba que ese mando fuera lo más limitado posible, y se creaba el
mecanismo apto para paralizar abusos” (Grondona, 1959: 904). Tal mecanis-
mo era calificado por el articulista como liberal, en la línea de las lecturas que
entienden a Montesquieu como un continuador de las ideas de John Locke y
al mismo tiempo ingresan en un balance con la obra de Rousseau.14 “Sin ese
elemento liberal, la democracia amenaza entonces con convertirse en un tota-
litarismo más”, enfatizaba Grondona, por lo cual se estaría en un totalitarismo

12
Agradezco a José Casco el señalamiento sobre una “retórica de la banalidad” en operaciones
como las que damos cuenta en esta página.
13
Para lecturas sobre el peronismo como anomalía, ver Vicente, 2013.
14
Si se postula la centralidad de una concepción de libertad negativa (Berlin, 1988) que está
presente en los intelectuales liberal-conservadores en torno a este tipo de tópicos, podemos ver
que el modelo propuesto por (Skinner, 2004) amalgama la idea de República con esa forma
de libertad.

30
Los intelectuales liberal-conservadores y las perspectivas de la “desperonización”

de masas. Así, “el régimen de la dictadura peronista fue estrictamente demo-


crático y legal. Pero no fue liberal sino totalitario” (Grondona, 1959: 904). Las
masas como sustento y objeto del gobierno eran una parte inescindible de la
democracia, pero como sujeto efectivo en la experiencia reciente conformaban
la desviación totalitaria.
El autor realizaba, entonces, una operación sobre los centros y los límites
del modelo democrático similar a la de García Venturini pero, a diferencia
del filósofo, ingresaba en la particularización explícita de la desviación. No
se trataba ya de un modelo teórico sino de su plasmación en la experiencia
concreta del período peronista, que además reaparecía como fantasma durante
la experiencia presidencial de Arturo Frondizi. Tales pautas evidenciaban las
lecturas de Rousseau como teórico de un tipo de democracia antiliberal y como
paralelo al movimiento que daba por agotado el paréntesis sobre las masas.
Si el paréntesis de optimismo sobre estas esperaba la “desperonización”, estos
abordajes señalaban los peligros de la democracia identificados con los de las
propias masas como actor social y político.
Los casos de García Venturini y Grondona mostraban las particularidades
de dos jóvenes autores que adoptaron durante el peronismo posiciones liberal-
conservadoras. Habiéndose formado en ámbitos ligados al catolicismo político,
sus giros fueron marcados por los conflictos entre el humanismo cristiano y los
nacionalismos, dentro de los cuales ubicaban al peronismo, haciendo de ellos
una clave de posicionamiento dentro del amplio universo liberal (Zanca, 2006
y 2013; Nallim, 2014). Sin embargo, mediante otro tipo de registro, centrado
en las cuestiones económicas como claves sociopolíticas, Alberto Benegas Lynch
llegaba a similares conclusiones. El economista, que había fundado el Centro de
Estudios para La Libertad tras ser enviado a los Estados Unidos por el gobierno
de la “Libertadora”, era un activo promotor de la renovación intelectual liberal.
En una conferencia en la Bolsa de Comercio de la ciudad de Córdoba, sin ape-
lar a las formulaciones genealógico-modélicas de los autores recién analizados,
exponía su concepto de democracia por medio de una lectura dicotómica entre
el sujeto y las masas que conducía a conclusiones análogas. Para el autor, la
democracia debía ser democracia liberal y representativa, por lo cual advertía
sobre los riesgos tanto de la masificación como del abuso del poder político,
peligros que presentaba como asimilables pues ambos partían de la negación
de la libertad del sujeto (Benegas Lynch, 1959: 10). De allí, entonces, el uso
estratégico de una definición seguida por un ejemplo dramático mediante el
cual señalaba lo siguiente:

31
Martín Vicente

Para que la libertad realmente tenga vida, pues, es de fundamental impor-


tancia el logro en los hechos de las efectivas limitaciones de los poderes
gubernamentales. Negarlo, en razón de que éstos han surgido del voto
popular, es como admitir la licitud de la omnipotencia de las mayorías;
cuya omnipotencia puede conducir a cualquier extremo en materia legis-
lativa, por absurdo que parezca. Como podría ser, por ejemplo, si se le
ocurriera a una mayoría circunstancial decidir el exterminio de la minoría
de ese momento, valiéndose para el caso de una ley que así lo resolviera
(Benegas Lynch, 1959: 12).

En este párrafo, el economista trazaba una clara delimitación entre un tipo


de democracia con límites sustantivos y formales taxativos, y otra populista.
Lo hacía articulando su definición con las connotaciones de una situación
hipotética que estará muy presente luego en el liberal-conservadurismo como
ejemplo característico, pero de una forma explícita y no connotada como en
el caso de Benegas Lynch: la apelación a una presunta ley que, respondiendo
a una mayoría, se ejercería contra de las minorías. Remitiendo a los fenóme-
nos totalitarios europeos, el ejemplo trazaba un paralelismo con la reciente
experiencia peronista. De ahí la construcción argumentativa acerca de que “la
acción compulsiva y el poder de policía son aplicados con gran celo y rigor
para velar por la observancia y cumplimiento de leyes tiránicas, que coartan
y desvirtúan libertades fundamentales del hombre”. Dicha postulación era
graficada al postular que “la acción estatal compulsiva suele ser utilizada para
exigir el cumplimiento de medidas de gobierno que no son otra cosa que la
legalización del despojo, como ha ocurrido con ciertas expropiaciones practi-
cadas” (Benegas Lynch, 1959: 13-14). El arco trazado por el economista partía,
entonces, de una definición que proponía marcar límites entre diversas formas
de democracia, destacando los peligros de la democracia populista y el inter-
vencionismo desarrollista por medio de una identificación entre los fascismos
y el populismo, lo que articulaba las derivaciones, ya tempranas, de la teoría
democrática de estos autores.
En momentos en que el paréntesis construido sobre las masas aún estaba
en los inicios de su final, la lectura asimiladora no era explicitada, tal como
vimos también en el caso de Grondona. Sin embargo, la centralidad de la
pregunta por la democracia comenzaba a mostrar la incipiente clave de lectura
que configuraría una nueva etapa y cerraría las expectativas sobre la transfor-
mación identitaria de las masas: una centrada en el problema de las formas
democráticas en cuanto tales.

32
Los intelectuales liberal-conservadores y las perspectivas de la “desperonización”

Más allá de las masas: el problema de las formas democráticas

El movimiento hacia la lectura de las masas como un problema democrático en


sí mismas apareció atravesado por un nuevo punto de debate, como demostra-
ba la intervención de Benegas Lynch: la cuestión del Estado. La aparición de
esta problemática acababa de completar el plano de un cruce de significados
donde se apelaría a las experiencias de los fascismos, con el agregado ahora de
las experiencias de los “socialismos reales”, a la hora de encontrar las formas
políticas enfrentadas al modelo liberal-conservador y asimilables al populismo.
Desde la segunda mitad de los años cincuenta, el proyecto sociológico de Gino
Germani implicó en las ciencias sociales argentinas una nueva centralidad con
eje en la pregunta por la sociedad de masas, vinculada con la pregunta por
el totalitarismo.15 En nuestros actores, por el contrario, había una inquietud
centrada en la relación entre las masas y la democracia así como una pregunta
complementaria en torno a las relaciones entre el Estado y el totalitarismo.
El tipo de lecturas que el impulso germaniano comenzaba a motorizar en los
espacios intelectuales argentinos demostró un interés por la cuestión de la
psicología de las masas y su vínculo con el totalitarismo. Ambas se interpre-
taban especialmente desde la sociología y la relectura de la psicología desde la
teoría crítica, ejes teóricos ausentes en nuestros autores, quienes prolongaban
en estas áreas las implicancias de una batalla política.16 Efectivamente, si en
amplios sectores de la intelectualidad se buscó reformular las visiones previas
sobre el peronismo por medio de una fuerte renovación tanto metodológica
como teórica, en el liberal-conservadurismo fue central la preeminencia de
un proceso de profundización de las concepciones negativas sobre las masas,
fuertemente dependiente de las construcciones agonales de las pujas políticas.
En estas diferencias, se centraban gran parte de las particularidades del sitio
de los intelectuales liberal-conservadores en los espacios de la intelectualidad
argentina. La pregunta por las relaciones entre la sociedad de masas y las formas

15
Sin embargo, y si bien las preguntas por la cuestión democrática eran parte central de las
preocupaciones del programa del sociólogo romano, el eje de sus preocupaciones estaba colocado
en la cuestión del totalitarismo, enfocado desde las masas (Blanco, 2006: 133-160).
16
La agenda de investigación del germanismo, asimismo, consideraba central la pregunta por
el pasaje de la sociedad tradicional a la moderna y creaba en torno a ella diversas respuestas
sobre el fenómeno peronista (Neiburg, 1998: 204-216; Blanco, 2006: 154-160). Resulta
curiosa la ausencia de esta preocupación en nuestros autores, salvo como reminiscencia de las
consideraciones sobre la modernización que entendían genéricamente en torno al proceso de la
Organización Nacional.

33
Martín Vicente

de la democracia comenzaba a ocupar un sitio axial en los tópicos con los cuales
nuestros autores construían sus lecturas de los años posperonistas.17
En 1959 Mario Justo López publicaba La representación política, un libro
breve que partía de la idea de la identificación de la democracia representativa
con el ideario constitucional. Allí señalaba:
Es elemento esencial, inseparable, del “régimen democrático”, en su genera-
lizada y prácticamente única manifestación contemporánea: la “democracia
indirecta” o sea la forma “representativa-republicana” de gobierno, según
reza el artículo primero de la Constitución de la Nación Argentina. Y,
además, la representación política es, simultáneamente, la teoría que explica
y la doctrina que justifica esa forma de gobierno (López, 1959: 7-8).

En la postulación de una identidad entre representación y orden constitucional


se comenzaba a promover un debate no solo sobre los centros y los límites de
la democracia, sino que el liberal-conservadurismo retomaba la experiencia de
la Argentina de masas y construía una argumentación, indirecta en este caso,
sobre su adecuación al modelo de la Constitución, entendida como articuladora
del vínculo político de la sociedad. Aquí, sin embargo, el punto nuclear para
nuestro interés reside en las prolongadas notas a pie de página que el abogado
colocaba en su exposición. En ellas se procedía sobre las figuras de Rousseau
(nuevamente) y Carl Schmitt para realizar un cercamiento del concepto de
democracia con sus límites en los modelos sustancialistas.18 Del ginebrino decía
López que era un “enemigo declarado” de la idea representativa y que entendía
a la democracia como sinónimo de democracia directa, de la cual sin embargo
“reconoce expresamente su impracticabilidad”. Al prusiano, por su parte, lo
destacaba como ejemplo de que “no faltan, en pleno siglo xx, quienes insisten
en atribuir a la democracia su sentido primigenio” (López, 1959: 8-9). A estas
figuras les oponía a los autores de El federalista, “quienes reservan la palabra
‘república’ para designar la manifestación ‘indirecta’ de la democracia”, es decir,
la conjunción entre democracia representativa y República, que sería la misma

17
Lo cual no obstaba que existiera una recepción indirecta de la obra de Germani en el liberal-
conservadurismo. El ejemplo más claro aparece en torno a la idea de disponibilidad de las masas,
donde la no reconocida lectura del trabajo del romano se tramaba con autores totémicos para los
liberal-conservadores, centralmente Ortega y Gasset (cfr. Ortega y Gasset, 1992).
18
Las menciones a Rousseau y especialmente a Schmitt fueron centrales a la hora de ciertos
análisis centrados en la cuestión del totalitarismo en estos años, a nivel occidental (Traverso, 2001).

34
Los intelectuales liberal-conservadores y las perspectivas de la “desperonización”

adoptada por la Argentina en su texto constitucional (López, 1959: 8).19 Si en el


modelo de Rousseau López hallaba que “la mayoría de sus argumentos no son
válidos contra una doctrina cuya exposición sistemática no llegó a conocer”,20 en
el de Schmitt, en cambio, aparecía un abordaje distinto. En efecto, en una suerte
de desvelo de la lectura liberal-conservadora profunda, el abogado recriminaba
al autor de Concepto de lo político haber “puesto de relieve el carácter doctrinario
y hasta ideológico de la representación política”: “Carl Schmitt ha señalado que,
en la argumentación de los ‘doctrinarios’ (exponentes del liberalismo francés
durante la primera mitad del siglo xix), la idea de representación era utilizada
como freno o contrapeso frente al pueblo” (López, 1959: 21-22). El constitu-
cionalista tomaba, así, una de las ideas constitutivas del liberal-conservadurismo,
como la representación, para relevar negativamente a sus críticos.21
Si en los años previos las masas eran el problema que obligaba a repensar
la democracia, la puesta en claro de la concepción representativa como freno
a la democracia popular expresaba que el concepto “pueblo” comenzaba a ser
disputado por fuera de las apelaciones populistas, y que en ese terreno se jugaba
una puja por el sentido de la democracia. García Venturini, posteriormente, re-
tomaba la problematización de López y se encargaba de subrayar, desde Criterio:
“En el oscuro laberinto de la semántica contemporánea sobresale –justamente
por su oscuridad– el vocablo pueblo, quizá el más empleado del léxico político”
(García Venturini, 1961: 297). El filósofo destacaba uno de los ejes centrales
desde los cuales el liberal-conservadurismo leía la noción de pueblo en cuanto
sujeto político ajeno a la praxis política como totalidad:

19
López tomaba nuevamente el ejemplo norteamericano en 1961, cuando proponía la centralidad
del ideario republicano-constitucional en la construcción de los sistemas políticos modernos:
“Sea como fuere, lo que ha existido y existe como democracia –en la medida todo lo relativa que
se quiera–, inclusive con su pesada carga de pecados, ha sido la democracia constitucional y no
otra” (López, 1961: 237). Es decir, la única real democracia era la constitucional.
20
Pese a lo cual, López señalaba luego que las ideas de Rousseau habrían un sendero teórico para
aquellos autores que “se enfrentan contra la representación política no por su adjetivación sino
por su substantividad, es decir, por ser representación” (López, 1959: 24).
21
Como ha demostrado Dotti, en este período las lecturas sobre Schmitt son negativas en todos
los ámbitos políticos salvo el de recepción original: el nacionalismo. Esto comienza a cambiar a
partir de la década del sesenta, cuando comienzan a circular en diversos ámbitos lecturas en tono
de “aceptación”, “moderación”, “distanciadas” o “técnicas”. Algunas de ellas, incluso en autores
liberal-conservadores, como el autor señala en torno a Linares Quintana y Bidart Campos (Dotti,
2000: 441-485). La prevalencia de las lecturas tecnicistas obedece centralmente a los formatos
técnicos de las obras de estos constitucionalistas y a un distanciamiento de la experiencia peronista.

35
Martín Vicente

Y así como “el pueblo” (considerado como totalidad) no protagoniza un


hecho tampoco protagoniza una idea. “El pueblo” nunca es tal cosa o tal
otra, de este o aquel credo religioso o político. Por eso, la connotación más
certera del vocablo pueblo, es decir, la totalidad de personas humanas que
integran un cuerpo político (hablamos un lenguaje mariteniano) nunca
puede ser sujeto de una acción, solo puede funcionar como objeto pasivo
y aun esto potencialmente (García Venturini, 1961: 297-8).
La idea de pasividad, clave para las lecturas de las masas como sujetos sin
capacidad de agencia real, se complementaba con la visión del filósofo de la
problemática presente en el posperonismo: el lugar del pueblo en la democra-
cia. En primer término, apelaba a los usos desviados del concepto de pueblo
como sujeto político; en segundo lugar, abordaba la idea populista de que en
el pueblo (definición, para el autor, ya fallida) anidaba la razón: “El equívoco
de nuestra época –quizá de otras también– no se limita al uso promiscuo del
término ‘pueblo’ sino que con alarmante frecuencia y generalidad se atribuye al
pueblo la posesión de la verdad, a veces de la verdad política, otras de la verdad
total” (García Venturini, 1961: 298). De ahí que debiera reformularse la idea
de popular: “Popular no significa solo ‘del pueblo’; más aún, según vimos, eso
solo sería posible muy relativamente. Popular es, fundamental y fácticamente,
para y también por el pueblo”. Esa redefinición, señalaba el autor, era clave para
poder salir de las ideas míticas propias del populismo: “Nos parece fundamen-
tal, entonces, ceñir el concepto pueblo a su verdadera dimensión, dimensión
humana –lo mismo diríamos de la historia– despojándolo de la dimensión
mítica en que, violentándolo, se le ha instalado” (García Venturini, 1961: 298).
En las intervenciones liberal-conservadoras, la conceptualización aparecía
entonces entre dos planos interpretativos: por un lado, se buscaba reformular
los contornos del término, en una clara lucha política con los usos populistas,
llevando a redefiniciones que, como la de García Venturini, se encargaban de
leer al pueblo en sentido social extenso y advertir sobre lo que se entendía como
un peligroso reduccionismo; por el otro lado, se enfatizaban ciertas caracte-
rísticas muy presentes en las tradiciones que tramaban las lecturas de nuestros
autores, en un sentido en el cual la idea extensa de pueblo se equiparaba a la
totalidad de la sociedad y no al clivaje populista entre el pueblo y su/s otro/s.
No había aún, en ese sentido, teorizaciones plenamente antipopulares en el
liberal-conservadurismo, sino que en torno de las formas definitorias del con-
cepto “pueblo” se entablaba esta batalla sumada a las implicancias de la cuestión
de las masas. El punto de antagonismo acabaría colocándose, tras el cierre del
paréntesis que hemos analizado previamente, sobre la dicotomía entre masas y

36
Los intelectuales liberal-conservadores y las perspectivas de la “desperonización”

élites, pero en este momento el vocablo “pueblo” estaba incorporado no solo


positivamente en nuestros autores, sino que se convertía en un coto de lucha
conceptual y política.
Este pasaje por diversas posiciones marcó cómo el espacio liberal-conser-
vador procesó el problema de las masas, de maneras que recuperaban debates
previos pero que tramaban sobre ellos nuevas problemáticas, influjos teóricos
y perspectivas políticas. Durante la experiencia peronista las lecturas intelec-
tuales sobre la problemática de las masas se habían desarrollado con grados de
importante densidad y virulencia, y fueron la base para las reformulaciones
posteriores a setiembre de 1955. Por otra parte, las propias implicancias de
la idea del sujeto masivo y de su disponibilidad ideológica llevaba a que los
programas liberal-conservadores necesitaran apelar a una serie de inflexiones
del todo novedosas, como lo patentizaron las tensiones del arco de espera en
torno de la “desperonización” y su consecuente deriva hacia las pujas sobre las
formas democráticas. En tal sentido, lo que comenzó por una pregunta espe-
ranzada por la “desperonización” acabó develándose como una interrogación
por la democracia y la constitución del pueblo, con las masas como problema
central. Allí, las respuestas fueron de un talante muy distinto al del optimismo
de setiembre de 1955.

Conclusiones

Con el golpe de Estado que acabó con la experiencia peronista iniciada en


1946 no solo se reorganizó el tablero político nacional, sino que los espacios
intelectuales fueron afectados de manera profunda. En ellos, los intelectuales
liberal-conservadores fueron protagonistas de un ascenso en la esfera pública
marcado por la intransigencia de sus posturas antiperonistas. Justamente ante
esta radicalidad se hacían relevantes sugestivas apuestas a una “desperonización”
popular, que al mismo tiempo acabarían desnudando el grueso del problema
que el momento nacional presentaba para estos autores: la potencialidad
disruptiva de los fenómenos de masas como problema para la democracia. El
movimiento que hemos analizado plasma un arco donde, en las intervenciones
de estos actores, encontramos dos posiciones en tránsito. En primer término,
la lectura sobre las masas partió de las interpretaciones optimistas sobre su
posible “desperonización” tras la caída del segundo gobierno de Juan Perón.
Luego comenzó a mostrar, en un segundo punto, cómo el fin del paréntesis
sobre las masas dibujó en estas lecturas un desplazamiento hacia la repregunta

37
Martín Vicente

por lo masivo que implicaba la democracia. Aquí no se la cuestionaba como


un sistema unitario sino para describir las posiciones opuestas entre las formas
políticas populistas y liberales, ambas en los sentidos en los cuales estos actores
leían tales esquemas. La democracia de equilibrio propuesta por nuestros autores
descansaba aquí sobre la construcción del pueblo como un sujeto sociopolítico
subordinado en esos años aún a los modos de la democracia que se conside-
raba auténtica: aquella capaz de subsanar el problema de las masas en cuanto
cuestión de la democracia.
El momento posperonista, por lo tanto, tuvo en este colectivo intelectual dos
grandes líneas interpretativas sobre la cuestión de las masas, que interactuaron
en tensión. Por un lado, una construcción donde el peronismo se transformó
en la clave de un diagnóstico de tono apesadumbrado sobre la era de la masi-
vidad. En segundo término, sin embargo, dicha lectura no impidió una serie
de inflexiones de un tenso optimismo que hacían eje en la posibilidad de lograr
una transformación en la identidad política de los sectores populares peronistas.
El pesimismo con el cual se entendía el siglo xx como era de la masividad y el
tenue optimismo ante la expectativa de la “desperonización” marcó un paréntesis
interpretativo donde las concepciones negativas sobre lo masivo se morigeraron
en pos de la expectativa generada por su posible transformación identitaria.
Efectivamente, el hiato que mediaba entre la concepción de las masas y las
ligeras esperanzas tendientes a una transformación de su cariz político, definió
la pregunta de qué hacer con ellas, centrada en las perspectivas de la “despero-
nización”, y llevó luego a una serie de inflexiones en torno a las formas de la
democracia. El devenir de esta transformación se vinculó profundamente con
las percepciones que la temática de lo masivo había tenido en este espacio: el
inmediato posperonismo implicó la construcción de un paréntesis esperanzado
en la transformación identitaria de las masas peronistas que se mantuvo hasta
finales de la década, pero que ante el fracaso del proyecto “desperonizador” cerró
dicho paréntesis y abrió una pregunta sobre las formas de la democracia, que sin
embargo no fue inmediato sino, como vimos, tuvo un momento transicional en
el cual apareció la pregunta por la democracia bajo nuevas claves interpretativas.
El problema de las masas en la vida pública se había transformado, durante
el peronismo, en un eje analítico que daba cuenta de las reconversiones del
concepto de multitudes y de las lecturas de la época entendida como situada
“bajo el signo de las masas” (Altamirano, 2001). En efecto, así como el tér-
mino “multitudes” estaba presente en los debates político-intelectuales desde
su recepción a fines del siglo xix, su reemplazo por el de “masas” marcaba la
centralidad de las lecturas que entendían el momento peronista como el de

38
Los intelectuales liberal-conservadores y las perspectivas de la “desperonización”

una democracia masiva.22 El momento posperonista, en tanto, articuló como


inescindibles la cuestión de las masas con la de la democracia: ese lazo apare-
ció, para los intelectuales liberal-conservadores, inseparable del problema de la
“desperonización”. El limitado paréntesis que estos actores abrieron en 1955,
por lo tanto, estaba tramado justamente sobre dichas pautas, al tiempo que
pendiente de la respuesta acerca de qué hacer con las masas.
Aquello que fue primero un proyecto “desperonizador” devino, con el fra-
caso de esta estrategia y la persistencia de la identidad peronista popular, una
pregunta por la democracia y su contenido masivo. Respuesta desencantada,
marcaría para finales de la década una reformulación de las expectativas abier-
tas en setiembre de 1955 y el despliegue de una constatación oscura donde la
sociedad real y el modelo político buscado no eran plausibles de articularse.

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42
Contra el dexamil, las camisas naranjas
y el comunismo
La Federación Argentina de Entidades Democráticas
Anticomunistas (1963-1969)*

Ernesto Bohoslavsky

Un punto que marca el cambio en el imaginario y las prácticas anticomunistas


en la Argentina en la década de 1960 es la definición del actor estatal al que se le
asignaba la misión de controlar y combatir al comunismo. Bajo los gobiernos de
Juan Domingo Perón (1946-1955) eran secciones específicas de las policías las
que tenían las tareas de registrar, intimidar y reprimir a los comunistas: se creía
que se trataba de un problema nacional que podía ser enfrentado sirviéndose
de aquellas herramientas de las que el Estado disponía para restaurar el orden
(Marengo, 2012). Después de todo, era claro hasta 1959 que el comunismo
controlaba enormes recursos y dirigía gobiernos, pero todos ellos pertenecían
a espacios geográficos alejados del americano: Rusia, Europa del Este y luego

*
Este artículo fue producido en el marco del proyecto “Genealogías, continuidades y fracturas
en el pasado reciente argentino: historia, memoria y transmisión”, Proyecto de Investigación
Científico-Técnico Orientado 99/2008, financiado por la Agencia Nacional de Promoción
Científica y Tecnológica, Fondo para la Investigación Científica y Tecnológica (foncyt) y
dirigido por Daniel Lvovich. Ana Sánchez Trolliet tuvo la gentileza de acercarme algunos de
los registros que realizó de revistas culturales y políticas de la década de 1960 como parte de su
investigación sobre los inicios del rock en la Argentina. Gabriela Gomes y Martín Vicente me
ofrecieron algunas orientaciones cuando comencé con esta investigación. Florencia Levín actuó
como una sagaz lectora de la primera versión de este texto. A todos ellos, muchas gracias. En
este artículo no han podido incluirse las referencias documentales provenientes del archivo de
la ex dipba (Dirección de Inteligencia de la Provincia de Buenos Aires).

43
Ernesto Bohoslavsky

China. Sin embargo, tras la revolución cubana –y los temores a su exportación–,


las cosas cambiaron.
A partir de entonces las Fuerzas Armadas argentinas asumieron (y se les
concedieron) nuevas funciones, ligadas al mantenimiento del orden social. En
este nuevo planteo, el problema era presentado como de orden global más que
nacional. Sobre eso insistieron mucho los docentes de la Escuela de las Américas,
que el Pentágono tenía en Panamá. Hasta allí viajaron muchos hombres de las
Fuerzas Armadas de países sudamericanos, que recibieron cursos dedicados a
la teoría y la acción contrarrevolucionaria y luego a la doctrina de la seguridad
nacional. Esa formación castrense hacía centro en una definición del enemigo
alejada de los tradicionales alineamientos territoriales e imbuida de la idea de
unas “fronteras ideológicas” que podían encontrarse tanto entre países como
dentro de las aulas universitarias. El comunismo vino a quedar recortado no
solo como un enemigo temible, sino como el único responsable de todos los
males de las naciones occidentales, y entre ellas las latinoamericanas. La primera
opción que fue sistemáticamente desarrollada por Washington en previsión del
“contagio” del comunismo de La Habana al resto del continente fue la Alianza
para el Progreso. Esa vía fue dejada de lado tras el asesinato de John F. Kennedy
y dio paso a posturas más vinculadas con la seguridad que con la generación
de desarrollo. A partir de allí, la contención del comunismo se convirtió en
un asunto de los agregados militares más que de los economistas y de las ong
promotoras y estudiosas del (sub)desarrollo.
Ese cambio en la definición del agente encargado de reprimir al comunismo
(de la policía a las Fuerzas Armadas) fue acompañado en la Argentina por una
intensificación del hostigamiento a las izquierdas (fueran o no comunistas)
después de 1959. El decreto 4965 de ese año, firmado por el presidente Arturo
Frondizi, creó una comisión encargada de “planificar, dirigir y supervisar la ac-
ción del Estado en materia de comunismo y otros extremismos” (Padrón, 2012:
165). Al año siguiente se organizó otra comisión (Decreto 12681) destinada
a investigar las actividades comunistas, que tenía entre sus integrantes a repre-
sentantes del Ministerio del Interior, de las secretarías de Guerra, de Marina
y de Aeronáutica, la Secretaría de Inteligencia del Estado y la Policía Federal.
De hecho, durante la presidencia de Frondizi el Partido Comunista Argentino
(pca) fue reprimido, especialmente tras la implementación del Plan de Con-
moción Interna del Estado (conintes), que parecía dirigido a perseguir tanto
a peronistas como a comunistas. El pca fue ilegalizado en 1961 y se habilitó el
juzgamiento de sus miembros en el fuero militar si participaban en actividades
de conmoción pública o en atentados contra la autoridad.

44
Contra el dexamil, las camisas naranjas y el comunismo

Ese combate a la penetración del “castro-comunismo” fue asumido en la


década de 1960 por múltiples actores, por fuera de la coalición gobernante y
de las Fuerzas Armadas. Entre ellos se contaba, previsiblemente, a los grupos
vinculados con orientaciones católicas y nacionalistas como Tacuara y sus de-
rivaciones, pero también con partidos más tradicionales como la Unión Cívica
Radical del Pueblo, así como a varias agrupaciones que se reconocían como
peronistas. Entre todas las organizaciones involucradas en la lucha por evitar
la infiltración comunista en la Argentina en ese período, cabe mencionar a una
que hasta hoy ha recibido muy escasa atención académica a pesar de la fuerte
repercusión pública que tuvieron algunas de sus acciones en su momento. En
efecto, este artículo se propone reconstruir el accionar y los discursos de la Fe-
deración Argentina de Entidades Democráticas Anticomunistas (faeda), una
organización conservadora y católica que desarrolló diversas intervenciones
políticas en la década del sesenta. Para ello, en una primera sección ofrezco una
caracterización de faeda y expongo algunas de las dificultades para estudiarla
a partir de las fuentes disponibles. En la segunda sección muestro algunas de
las prácticas llevadas adelante durante la década del sesenta por los faedistas,
especialmente aquellas vinculadas con la persecución de lo que en la época
se llamaban “hippies”. Intentaré mostrar que faeda produjo una serie de
actividades de difusión en la prensa así como actos públicos (conferencias de
prensa, entrevistas, volanteadas e intervenciones callejeras) destinados a expresar
públicamente su rechazo al comunismo y el hippismo, y que esas prácticas se
combinaron con otras, clandestinas y criminales, como golpizas e intimidaciones
a quienes consideraban indeseables por sus opciones estéticas y/o ideológicas.
El estudio de faeda y los faedistas tiene que ser colocado en el marco de
análisis del anticomunismo argentino en la década del sesenta. Se trata de un
campo en pleno desarrollo, que ha permitido saber mucho sobre organiza-
ciones políticas como las diversas agrupaciones que a izquierda y derecha se
desprendieron del Movimiento Nacionalista Tacuara (Goebl, 2007; Galván,
2008) o aun menores (Senkman, 2001), agrupaciones católicas anticonciliares
como Tradición, Familia y Propiedad (Ruderer, 2012) o el sindicalismo “libre”
promovido por Estados Unidos (Bozza, 2009 y 2012), pero también sobre
diversas ideologías y creencias unidas en su anticomunismo: la doctrina de la
seguridad nacional, el liberalismo proempresarial, el catolicismo integralista y el
sindicalismo peronista. Muchos de los enfoques sobre el anticomunismo parten
de la convicción de que el dinero o el miedo fueron los únicos estímulos para
constituir organizaciones contrarias a las izquierdas. Así, la militancia basada
en causas ideológicas sería un patrimonio de los grupos embanderados en las

45
Ernesto Bohoslavsky

causas revolucionarias, mientras que sus adversarios no dispondrían de niveles


comparables de convicción. Este artículo aspira a morigerar esta percepción,
en un intento de mostrar la existencia de un corpus ideológico compartido por
diversos integrantes de faeda, cuya participación en las actividades grupales
difícilmente puede reducirse a un mero rol de matones a sueldo. En todo caso,
también está testimoniando la expansión de la intolerancia cultural y política,
así como una tendencia a que grupos civiles realizaran aquellas tareas que el
Estado –por lo menos hasta 1976– no parecía dispuesto a realizar y a aceptar
explícitamente, como eran la estigmatización, persecución y coacción física
dirigida contra los disidentes.

FAEDA: el anticomunismo civil

faeda hizo su aparición pública en 1965 a través de un conjunto de solicitadas


aparecidas en diversos medios de prensa porteños, en los que acusaba a decenas
de personas y de organizaciones sociales, estudiantiles y políticas de ser títeres
del comunismo internacional (Padrón, 2012: 167). Cuando Juan Carlos On-
ganía, todavía comandante del Ejército del presidente Arturo Illia, sugirió en
octubre de 1965 la necesidad de desarrollar mecanismos de cooperación entre
las Fuerzas Armadas argentinas y brasileñas para combatir al comunismo, fae-
da hizo llegar su voz de apoyo a través de declaraciones enviadas a la prensa.1
Tras los hechos represivos recordados como “La noche de los bastones largos”,
el episodio en el que la dictadura encabezada por Onganía en julio de 1966
ocupó la Universidad de Buenos Aires, faeda no se privó de señalar que esa
intervención tenía por “finalidad acabar con la subversión” en las casas de altos
estudios (Bra, 1985). Sabemos que estaba activa en 1968 puesto que envió una
carta al presidente de Bolivia rechazando el posible intercambio de prisioneros
que podría conducir a la liberación de Régis Debray.2 Ese mismo año tuvo
participación en la campaña de hostigamiento y golpes contra hippies que se
desarrolló en la Capital Federal y la costa atlántica bonaerense. En agosto los
jóvenes faedistas lanzaron huevos, bombas de estruendo y panfletos contra la
embajada rusa en Buenos Aires, en repudio a la invasión soviética a Checoslo-
vaquia. Al día siguiente atacaron con igual metodología el Instituto Di Tella,
que desde 1966 venía siendo objeto de persecuciones e intimidaciones por parte
1
Massa, Pedro, “Las declaraciones del general Onganía sobre acuerdos militares levantan una
tempestad de opiniones adversas en Brasil”, ABC, Madrid, 8 de septiembre de 1965, p. 36.
2
“Noticias de todo el mundo”, ABC, Madrid, 10 de enero de 1968, p. 26.

46
Contra el dexamil, las camisas naranjas y el comunismo

de la dictadura (Oteiza, 1997: 98).3 Sabemos que en noviembre de 1972 faeda


fue una de las organizaciones de derecha que repudiaron el regreso de Perón al
país y la apertura política lanzada por el general Lanusse.4
Para caracterizar mejor a faeda he seleccionado dos aspectos sobre los
cuales es posible ofrecer alguna información: a) su naturaleza organizativa y sus
vínculos con intereses sociales identificables y b) sus integrantes, o al menos los
de su comisión directiva. ¿Qué era faeda? Su caracterización ideológica parece
más sencilla que su identificación tipológica: eran voceros del conservadurismo
católico, favorables a la libre empresa y reacios a la modernización cultural.
Pero, ¿era un ateneo?, ¿un caballo de Troya de las Fuerzas Armadas, de la in-
teligencia y/o del dinero norteamericano o de empresarios?, ¿un movimiento
anticomunista?
Responder a estas cuestiones no es sencillo. La hipótesis de vínculos con
asociaciones empresariales no puede descartarse completamente.5 De igual
manera, la relación de hombres de faeda con el Ejército parece cosa proba-
da. José Schulman denunció que Fernando Mántaras, presidente de faeda a
finales de la década del sesenta, participó en las sesiones de tortura llevadas a
cabo en la seccional 4ª de la policía de la ciudad de Santa Fe mientras fue juez
federal durante la última dictadura (Meyer, 2009). De hecho, bajo ese régi-
men faeda, la Liga de la Decencia y la Corporación de Abogados Católicos
fueron usinas de propaganda a favor del régimen y sus valores tradicionales,
así como proveedores de contenidos para la enseñanza de la historia argentina
(Risler, 2010; Rodríguez, 2009: 35 y 40). También hay algunas evidencias
de que faeda era el brazo político de Tradición, Familia y Propiedad. Según
un exdetenido-desaparecido (Schulman, 1999), era la “tapadera institucional
de la tenebrosa Tradición, Familia y Propiedad” (tfp). Un dato que va en ese
sentido es que en noviembre de 1964 Corrêa de Oliveira, el fundador de tfp,
visitó Buenos Aires para dictar un conjunto de conferencias por invitación
de faeda en el Colegio Lasalle.6 Los vínculos internacionales de faeda con
organizaciones anticomunistas parecen cosa cierta: su pertenencia o cercanía a

3
“Reacciones”, Primera Plana, 27 de agosto de 1968, nº 296, p. 15.
4
“Perón considera positiva la declaración de Lanusse”, ABC, Madrid, 25 de noviembre de
1972, p. 37.
5
Daniel Plotinsky (2008: 13-14) ha señalado que las “denuncias” de faeda contra los bancos
cooperativos por ser “financistas” del comunismo local deben ser entendidas en el marco de una
campaña más general de representantes del capital financiero para alejar al cooperativismo del
mercado de los préstamos.
6
La Prensa, 3/11/1964.

47
Ernesto Bohoslavsky

la World Anti-communist League se prueba por las referencias explícitas a su


actividad en la primera conferencia de esta institución, realizada en Taiwán en
1967. El presidente de faeda, Apeles Márquez, está explícitamente señalado
como miembro de la League (World Anti-communist League, 1967: 2).7
Para complicar las cosas, la información relevada sobre los miembros de su
comisión directiva es muy escasa, salvo en el caso del vicepresidente de faeda,
Francisco Antonio Rizzuto (h).8 Sobre esta figura se ha podido reunir un poco
más de datos debido a su trayectoria en el campo cultural y periodístico hasta
hace muy pocos años. Se desempeñó durante mucho tiempo en la revista
económica Veritas¸ que fundó su padre en 1931. Una casa de informes comer-
ciales, del mismo nombre, le brindó importantes ingresos (Rouillon, 1999).
La revista Veritas fue clausurada en 1950 por decisión del Congreso Nacional,
pero volvió a editarse tras el golpe de Estado que derrocó a Juan Domingo
Perón en 1955. Rizzuto (h) dirigió la revista durante veinte años tras la muerte
de su padre en 1965.
Gracias a sus numerosos viajes, Rizzuto (h) obtuvo contactos con la Sociedad
Interamericana de Prensa, entidad en la que participó desde 1956 y en la que
ocupó diversos cargos directivos. Asimismo, Rizzuto participó de la creación
de diversas instituciones vinculadas a su área de desempeño profesional, como
la Academia Nacional de Periodismo, el Consejo Publicitario Argentino y la
Asociación Argentina de Editores de Revistas. Fue secretario del International
Press Institute, con sede en Viena. Tras participar en una asamblea de la Sociedad
Interamericana de Prensa en Chile en octubre de 1962, Rizzuto fue uno de
los creadores de la Asociación de Entidades Periodísticas Argentinas (adepa),
organismo que agrupa a los principales medios de comunicación privados del

7
En esas mismas actas se señala el beneplácito de la League por la aprobación en la Argentina de
la ley 17401 que equipara al comunismo con otras actividades delictivas (World Anti-communist
League 1967: 149). Ese decreto del dictador Onganía habilitaba a la persecución de quienes
expresaran (o escondieran) alguna simpatía por el comunismo, y en el caso de que el denunciado
tuviera un cargo público, podía perderlo (Padrón, 2012).
8
Del presidente de la institución Apeles Márquez, sabemos solo que fue autor del libro Doctrinas
económicas, editado en 1927. Alguien llamado Apeles Márquez von Pelesonn se casó en 1933
con Graciela Muñoz Cabrera Albert (1912-1987), según informa un sitio web dedicado a la
genealogía de familias patricias argentinas. Del resto de la comisión directiva hemos reunido
hasta la fecha aún menos información: Basilio Ivanyteky (vicepresidente 2º), Víctor Ernesto
Rabufetti (secretario general); José Antonio Sollazzo (secretario de actas), Mehtmetali Shaban
(tesorero). Padrón (2012: 168) sostiene que algunos de los firmantes de las solicitadas eran “ex
miembros de la Alianza Libertadora Nacionalista y colaboradores de grupos de emigrados croatas
dirigidos por Ante Pavelic”.

48
Contra el dexamil, las camisas naranjas y el comunismo

país. Incluso la asamblea constitutiva se realizó en las oficinas de la propia re-


vista Veritas: Rizzuto fue el novel secretario general de la institución, primero
conducida por Alberto Gainza Paz, director de La Prensa, y luego por Juan
Valmaggia, subdirector de La Nación (Rouillon, 1999). Rizzuto, un hombre
de marcada fe católica,9 podía jactarse de tener muy aceitados vínculos nacio-
nales e internacionales. En el momento de su muerte había acumulado unas
sesenta distinciones, entre las que se destacaban la de Caballero Gran Cruz de
la Soberana Orden Militar de Malta y otra otorgada por el rey Juan Carlos de
España (Moreno, 2004). En el momento de participar de faeda era presidente
de la Liga Pro Comportamiento Humano, una institución creada por su padre
en 1960 y vinculada con el Instituto Americano de Investigaciones Económi-
cas, Jurídicas y Sociales, que todavía funciona en la ciudad de Buenos Aires
(Anónimo, 2004).10 La Liga Pro Comportamiento Humano ha distribuido
por decenios decálogos de buena conducta redactados por el propio Rizzuto
(Moreno, 2004).

Solicitadas: “escrache” y respuestas

El mes de octubre de 1965 fue muy activo en lo que se refiere a prédicas y


prácticas anticomunistas. Por entonces el ejército de Indonesia barría con cual-
quier rastro del comunismo en su país a través de una masacre de centenares
de miles de personas y el Pentágono comenzaba a relevar con intensidad a las
tropas francesas en Vietnam. El gobierno de Illia en la Argentina se deterioraba
ante su incapacidad para lanzar procesos políticos que consiguieran a la vez
incorporar y derrotar electoralmente a las fuerzas peronistas. Pero una de las
noticias que generaron alguna repercusión en esos días en Buenos Aires fue la
publicación en varios diarios de la Capital Federal de un conjunto de solicitadas
9
En una crónica sobre su último año de vida se indicaba que en su casa tenía una foto
autografiada de Paulo vi (“Soy el único periodista que lo entrevistó; los papas no dan entrevistas”),
otra de Juan Pablo ii (que lo recibió en la Capilla Sixtina) y una de la madre Teresa de Calcuta
(Moreno, 2004). En la nota necrológica aparecida tras su defunción a los 95 años, se señaló que
todos los días “asistía a la misa de 8 en la parroquia del Socorro”.
10
“Falleció el periodista Francisco A. Rizzuto”, La Nación, 13 de junio de 2004. La Liga Pro
Comportamiento Humano ha distribuido por decenios los decálogos de la buena conducta
producidos por el propio Rizzuto. En memoria del día del fallecimiento de Rizzuto padre (31
de marzo de 1965) se instituyó el “día del comportamiento humano” para poner de relieve los
valores espirituales y la armonía entre las personas. Cfr. “Efemérides culturales argentinas” en
http://www.me.gov.ar/efeme/index.html?mes=3&dia=31

49
Ernesto Bohoslavsky

de una ignota Federación Argentina de Entidades Democráticas (faeda)


que aparecieron en forma simultánea en Clarín, Crónica, La Nación y La
Razón, pero fueron rechazadas por los diarios El Mundo y La Prensa (Pa-
drón, 2012: 167). A modo de entrega en capítulos, la Federación publicó
con un día de intervalo revelaciones sobre la estructura del comunismo en
la Argentina, sus organizaciones colaterales y de “fachada”, sus actividades
en las universidades y en la economía. La primera de las solicitadas apa-
reció el 7 de octubre y ocupaba una sorprendente página entera.11 Allí se
indicaba que en las sucesivas solicitadas se darían a conocer a la opinión
pública siete cuestiones acuciantes: “Las fuerzas del imperialismo rojo”; “El
Partido Comunista Ruso-Argentino”; “La Federación Juvenil Comunista”;
“Las colaterales y los organismos de fachada comunistas”; “La infiltración
en las universidades”; “La infiltración en el campo económico”; “Quién
financia las actividades comunistas”. Y efectivamente, el plan se cumplió:
aparecieron las solicitadas sobre esos temas los días 10 de octubre,12 13 de

11
La Nación, 7/10/1965, p. 11.
12
La Nación, 10/10/1965, p. 17. Solicitada nº 2. Allí se diferencia entre cuatro “comunismos”:
a) comunismo “oficial” realizado a través de las embajadas rojas; b) comunismo impulsado
desde Moscú, que incluye 1) agrupaciones políticas (pc, fjc, psa-Tiffenberg, Partido Pueblo
Unido, Unión Cívica Argentina, Partido Principista, Vanguardia Revolucionaria, Movimiento
Popular Argentino, Partido Unidad y Progreso, pdp-sector latorrista, Movimiento Intransigencia
Nacional de la ucrp-sección Del Castillo; c) comunismo impulsado desde Pekín: Partido del
Trabajo, Vanguardia Comunista, Movimiento Acción Revolucionaria Unida, Asociación Amigos
del Pueblo Chino, Partido Izquierda Revolucionaria Argentina (Mendoza); d) comunismo
“independiente”, dividido entre “marxismo nacionalista” (Movimiento de Liberación Nacional,
Tercer Movimiento Histórico, Tacuara-Baxter, Juventud Universidad de Izquierda Nacional,
Partido Vanguardia Popular, Vanguardia Revolucionaria) y “trotskistas” (Partido Obrero
Trotskista, Partido Socialista de la Izquierda Nacional, Fuerza Argentina de Liberación; Instituto
de Estudios Argentinos, Movimiento de Izquierda Revolucionaria Argentina-mira, Partido
Obrero Revolucionario Argentino-por; Partido Revolucionario de los Trabajadores; Movimiento
de Izquierda Revolucionaria-mir, Concentración Obrera, Partido Unificado de la Revolución;
Palabra Obrera, Partido Socialista Popular).

50
Contra el dexamil, las camisas naranjas y el comunismo

octubre,13 14 de octubre,14 15 de octubre,15 19 de octubre,16 20 de octubre17


y 21 de octubre.18
El formato de las solicitadas se repitió siempre. Incluía:
a) la numeración de la solicitada, de manera de generar la impresión de que se
trata de un despliegue organizado y sistemático de información;
b) el encabezamiento (“Que la Argentina lo sepa”);
c) una caracterización general (“Una siniestra confabulación se cierne sobre
la Patria. Una organización internacional y nacional se ha dado cita en el país
pretendiendo destruir nuestro sistema de vida y nuestra civilización. Aspiran a

13
La Nación, 13/10/1965, p. 10. Solicitada nº 3. Incluye los 31 nombres del Comité Central del
pc, detalles sobre el comité Capital, los comités provinciales y el “aparato clandestino terrorista”.
14
La Nación, 14/10/1965, p. 11. Solicitada nº 4. Incluye los 36 nombres del Comité Ejecutivo de
la Federación Juvenil Comunista, el detalle del Frente Estudiantil, los teatros infiltrados, el comité
nacional de organizaciones juveniles, los círculos de la Capital Federal y los comités provinciales.
15
La Nación, 15/10/1965, p. 13. Solicitada nº 5, titulada “Las colaterales, movimiento de
fachada y organizaciones que gravitan en la órbita comunista”. Incluye la Liga Argentina por los
Derechos del Hombre, Movimiento Unidad y Coordinación Sindical, Unión Mujeres Argentinas,
Consejo Argentino por la Paz y “otros movimientos de frente y fachada propulsados por el Partido
Comunista” como el Movimiento por la Autodeterminación de los pueblos, Movimiento de
solidaridad con Cuba, con Vietnam o el pueblo congoleño, el paraguayo, el brasileño, con el
frap chileno, la Comisión Pro Reforma Agraria, la Comisión Pro Defensa de la Escuela Laica,
del Petróleo Argentino, el Movimiento Unificador Vecinal y el Congreso Nacional contra la
Carestía de la Vida.
16
La Nación, 19/10/1965, p. 3. Solicitada nº 6, titulada “Instituto Movilizador de Fondos
Cooperativos”.
17
La Nación, 20/10/1965, p. 10. Solicitada nº 7, titulada “Los elementos marxistas y de
agitación izquierdista enquistados en los consejos directivos de la Universidad de Buenos Aires y
agrupaciones que los apoyan”. Incluye el listado de miembros del Consejo Superior, de consejos
de facultades y de organizaciones estudiantiles infiltradas y Eudeba (José Babini, Humberto
Ciancaglini, Thelma Recca de Acosta, José Boris Spivacow). Ese mismo día apareció otra solicitada
de faeda, pero no estaba numerada y no formaba parte de la serie de denuncias. En este caso, se
criticaba la doble moral existente en un sector de la prensa y la política argentina, que condenaba
la intervención norteamericana en la vida de los países del tercer mundo, pero hacían la vista
gorda frente a declaraciones en igual sentido del bloque soviético: “Indudablemente se exhibe
una firmeza agresiva contra los Estados Unidos y una debilidad cómplice respecto a la Unión
Soviética y sus satélites”. La Nación, 20/10/1965, p. 8. “Solicitada. La ley pareja no es rigurosa”.
18
La Nación, 21/10/1965, p. 17. Solicitada nº 8. Allí se denuncian 1) “La infiltración
marxista en el campo artístico cultural” (radio y TV, escritores e intelectuales, publicaciones y
editoriales). Incluye decenas de nombres de artistas y de publicaciones; 2) “Cómo se financian
las actividades comunistas” (teatro, sade, Instituto Nacional de Cinematografía y directores,
colectas y cooperativas).

51
Ernesto Bohoslavsky

reemplazarlos por el sistema de esclavitud del mundo rojo: de ese mundo del
terror y de ignominia”);
d) una descripción de la organización denunciada, integrantes, puestos ocupa-
dos, responsabilidades, etcétera;
e) un cierre o convocatoria a la acción (“No permitiremos que se cumplan los
deseos de los ideólogos comunistas que decían ‘solo seremos felices cuando
la bandera comunista flamee a través de todo el planeta…’ Porque a nuestra
bandera, la azul y blanca, ¡ningún trapo rojo podrá reemplazarla!”);
f ) el autor institucional de la solicitada: F.A.E.D.A. Federación Argentina de
Entidades Democráticas Anticomunistas.19
Sin embargo, el ambicioso plan de desenmascaramiento del comunismo
comenzó a tener algunos problemas, puesto que algunas de las personas sindi-
cadas como cripto-comunistas o infiltradas comenzaron a exigir públicamente
una rectificación de esa denuncia. Es por eso que en la solicitada nº 8 las
autoridades de faeda se sintieron en la obligación de expresar una aclaración:
En nuestra solicitada No. 4 entre los teatros infiltrados se consigna por
un lamentable error el Teatro Astral. En vez de Astral debía figurar Agon.
Rogamos a la empresa de espectáculos Gallo Teatro Astral quiera discul-
par este involuntario error. Asimismo destacamos que la Liga de Amas de
Casa, entidad democrática con sede en Paraguay 1252, personería jurídica
10791/57, no debe ser confundida con la Liga Amas de Casa, integrante
de los movimientos de Frente del Partido Comunista.20

Incluso en la siguiente solicitada se vieron forzados a ampliar las rectificaciones,


puesto que se habían suscitado ciertas confusiones debido a la presencia de
homónimos o personas con nombres parecidos:
El Dr. MAURICIO BENJAMÍN HELMAN (C.I. 608245), Profesor de
la Facultad de Agronomía y Veterinaria, no es la persona nombrada en
nuestra Solicitada No. 6. Se trata del Dr. Mauricio Federico Helman de
actuación en la Agrupación Intelectuales, Artistas, Periodistas y Escritores
(aiape), Comisión Sanitaria de Ayuda a la Democracia y Liga Argentina por
los Derechos del Hombre (conocidas colaterales del Partido Comunista).
Fue detenido a disposición del Poder Ejecutivo Nacional por Decreto
No. 17751.

19
Estos seis elementos figuran en todas las solicitadas. Cfr., por ejemplo, la aparecida en La
Nación, 7/10/1965, p. 11.
20
La Nación, 21/10/1965, p. 17. Solicitada nº 8.

52
Contra el dexamil, las camisas naranjas y el comunismo

La Señora VIOLETA ANTIER, artista argentina, de clara trayectoria


democrática, incluida en la Solicitada No. 8, no debe ser confundida con
Violeta W. LANTIER, activista promotora de giras artísticas vinculadas
a las misiones “culturales” con acción en América latina
LA COMPAÑÍA GENERAL FABRIL EDITORA SOCIEDAD ANÓ-
NIMA con sede en Hipólito Yrigoyen 1582 no debe ser confundida con
FABRIL EDITORA, que apareció en la Solicitada No. 8, impresora entre
otros del folleto titulado “La Lucha en el Caribe”.
JOSÉ IÑIGO CARRERAS, ex militante socialista, redactor de “La Van-
guardia”, Prosecretario y Secretario del mismo, no debe ser confundido
con JOSÉ IÑIGO CARRERAS (C.I. 3949492) que actuó en el Comité
de Relaciones Obrero Estudiantiles de la fuba y como Secretario General
del Movimiento Universitario Reformista.
El Movimiento Universitario de Agronomía (mua) y el Movimiento de Uni-
dad Estudiantil de Agronomía (mue) no son movimientos izquierdistas.21

Pero junto con las rectificaciones ofrecidas por la comisión directiva de faeda,
tenemos casos en los que los propios acusados hicieron llegar notas a las redac-
ciones de los periódicos en los que habían aparecido las solicitadas. En otros
casos se realizaron declaraciones de desagravio, como fue el caso del médico
Julio Dassen, a quien profesores de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales
de la Universidad de Buenos Aires “le han hecho llegar en una breve nota su
solidaridad y simpatía”.22 También Gregorio Selser se puso en contacto con
La Nación para anunciar que había recurrido a la justicia “en procura de una
reparación por tal injuria”. Asimismo, recordó que
se ampara en la libertad de pensamiento de nuestra Constitución y que
hace ya tiempo que en países que se distinguieron por las persecuciones
ideológicas, en varias etapas de su historia, se ha reaccionado contra se-
mejante índole de irracionalidad, intolerancia y falta de espíritu liberal y
democrático.23

21
La Nación, 27/10/1965, p. 8. Solicitada nº 9.
22
“Con respecto a las acusaciones de comunismo”, La Nación, 28/10/1965, p. 8. Tulio Halperíin
Donghi, José Luis Romero, Gilda de Romero Brest y Gregorio Klimosky también señalaron que
iniciarían acciones legales contra faeda. “En torno de las imputaciones de una ‘solicitada’”, La
Nación, 26/10/ 1965, p. 8.
23
“Con respecto a las acusaciones de comunismo”, La Nación, 28/10/1965, p. 8.

53
Ernesto Bohoslavsky

Similar decisión de recurrir a la justicia tomaron otros profesores universitarios,


como Julio Aranovich, Luis Aznar, Ana María Barrenechea, Tulio Halperín
Donghi, José Luis Romero, Gilda de Romero Brest y Gregorio Klimosky.
Otro docente universitario señalado como comunista, el Dr. Julián Somma,
escribió: “la campaña de esta organización parece ser el preludio de un intento
de perturbar el orden público; la confusión creada servirá, de prolongarse, para
cimentar la unión de los demócratas genuinos en defensa de la patria y de sus
reales intereses”.24
En el mundo de la cultura, el dramaturgo Agustín Cuzzani, autor de las
reconocidas piezas Una libra de carne y El centroforward murió al amanecer,
declaró: “Jamás admitiré tener que rendir cuentas de mis opiniones a otro
tribunal que no sea el público, único juez al que los hombres de bien debemos
presentarnos tal y como realmente somos”.25 Por otro lado, señaló “no lamentar
ni desmentir” la acusación de ser comunista. De igual manera, el gerente general
de la Editorial Universitaria de Buenos Aires, Boris Spivacow (Gociol, 2010),
envió una nota a la redacción en la que señalaba: “la afirmación de que integro
una confabulación siniestra que persigue aquellos designios es injuriosa y falsa.
No creo necesario detenerme a demostrar algo que salta a la vista”.26 También
dirigentes y representantes de la Unión Cívica Radical del Pueblo como José
Blanco, Esteban Bicondo y Héctor Merlini iniciaron querellas por injurias a
la faeda.27 El Instituto de Historia Leandro Alem, vinculado a la ucrp, apro-
vechó la ocasión para recordar que la historia de este conglomerado político
estaba “llena de grandeza en su lucha permanente en defensa de libertad y del
bienestar del pueblo argentino”. Hasta tal punto era profundo el compromiso
de los radicales con la defensa de la libertad que podía rastrearse en sus inicios:
Defender la libertad, la justicia social, combatir al despotismo fue la ban-
dera que levantó Alem cuando se fundó el partido el 17 de noviembre
de 1892. Por eso, luego de firmarse el acta de fundación del partido, sus
integrantes fueron hasta la Plaza de Mayo y frente a la Pirámide entona-
ron el himno de la Patria. Anunciaron así al mundo que la Unión Cívica
Radical combatiría sin descanso a todo despotismo y privilegio. Y esto es
una profunda verdad.28

24
“En torno de las imputaciones de una ‘solicitada’”, La Nación, 26/10/1965, p. 8.
25
Ídem.
26
“Con respecto a las acusaciones de comunismo”, La Nación, 28/10/1965, p. 8.
27
Ídem.
28
“En torno de las denuncias sobre el comunismo”, La Nación, 26/10/1965, p. 8.

54
Contra el dexamil, las camisas naranjas y el comunismo

Contra el hippismo

A diferencia de otras organizaciones explícitamente políticas que concentra-


ban su anticomunismo en sede política, faeda desarrolló una agenda de tinte
más “cultural” y de mediano plazo. Su negativa percepción de algunas de las
implicancias del proceso de modernización cultural desarrollado en Buenos
Aires en la década del sesenta, así como de algunas formas de consumo sim-
bólico ligadas a la cultura norteamericana, le dio una impronta particular. En
ese sentido, la lucha contra el hippismo apareció como una marca registrada
de la organización, tanto en sus prácticas públicas como las clandestinas. Pero
asimismo, es importante tener en cuenta que dentro de la organización existió
una suerte de división de tareas entre los mayores y los jóvenes. Mientras que
los primeros le daban una dimensión formalizada e institucional a su accionar
(conferencias, publicaciones pagas en los periódicos, encuentros con agrupa-
ciones con intereses similares), los segundos se abrazaron a una agenda menos
solemne y más interesada por la acción directa. Así, para los jóvenes de faeda
el combate contra el comunismo tenía unas implicancias muy concretas, como
la de impedir o sabotear la realización de eventos políticos o culturales a los
que se consideraba “decadentes”, y por lo tanto, funcionales a la expansión de
la ideología soviética.29
Así, en el verano de 1967-1968 algunos faedistas se dieron a la tarea de
“limpiar” la costa bonaerense de hippies. Mediante procedimientos express
con cobertura policial, algunos faedistas se desplazaban entre Valeria del Mar
y Villa Gesell para intimidar y golpear a los jóvenes con pelo largo, entre los
que se contaba Mario Rabey.30 La práctica de la policía porteña no era muy
distinta, pues las razzias de varones de pelo largo estaban a la orden del día,31
según cantaban Pedro y Pablo en Yo vivo en esta ciudad.32
El accionar de la juventud faedista también se desarrolló en la Capital Fede-
ral. Según Primera Plana, a finales de 1967 bandas de faeda asumieron como

29
Curiosamente, también a inicios de la década de 1960 la Federación Juvenil Comunista
entendía que el rock y el hippismo eran expresiones de decadencia social y de una debilidad
cultural alentada por el imperialismo norteamericano (Manzano, 2010).
30
En la entrevista realizada a Rabey, este señaló que se bajaron de un Ford Falcon sin patente: “Es
difícil saber cuánto de eso es recuerdo de algo ocurrido hace 45 años y cuánto es una reconstrucción
tomando como dato mitificado a la modalidad represiva utilizada en la última dictadura entre
1976 y 1983” (entrevista realizada por el autor en Buenos Aires el 4 de junio de 2013).
31
“Festival para delirantes”, Primera Plana, nº 264, 1968.
32
“Aunque guadañen mi pelo a la fuerza/ en un coiffeur de seccional”, cantaba en 1971.

55
Ernesto Bohoslavsky

parte de sus tareas liberar a Buenos Aires de los hippies. Para ello convocaron
a una conferencia de prensa en la que se denunció que los hippies formaban
parte de una conjura diabólica detrás de la cual asomaban, una vez más, las
garras del comunismo.33 Los dos jóvenes que parecían actuar como líderes de
la juventud faedista eran Aníbal Tedesco y Luis Dragani. Ambos señalaban
que los hippies eran o podían ser guerrilleros. Dragani afirmó que “merced a la
astucia de algunos jóvenes de faeda infiltrados en las filas hippies, ahora se sabe
que sus líderes pretenden convertirlos en guerrilleros y servir a los intereses de
Pekín. Aclaró que esos jóvenes de faeda habían aprobado cursos de detectives
por correspondencia”.34
Asimismo, señaló: “Los hippies se proponen anular la voluntad de la ju-
ventud, mediante el uso de drogas como la Dexamil Spansule 2, recetada por
médicos a los que ellos, a su vez, proveen de menores para satisfacer sus vicios”.35
Sabemos de algunos actos callejeros organizados por faeda en la calle Florida
al 300, frente a la sede del Instituto Di Tella en 1968.36 Por entonces, como
señala Oteiza (1997: 99), el Instituto fue atacado por “grupos de ultraderecha,
presumiblemente parapoliciales, que rompían vidrios e instalaciones o tiraban
gases lacrimógenos o vomitivos en el museo”. En uno de esos encuentros
quemaron un muñeco que representaba al ex diputado socialista Juan Carlos
Coral (al que denominaban “rey de los hippies”).37 En ese acto se repartieron
folletos en los que se indicaba que la falta de respeto a los preceptos religiosos
“ha favorecido los últimos progresos del comunismo y del materialismo ateo”.
Según Primera Plana, el número de asistentes era escaso, y entre ellos predomi-
naban los jóvenes de faeda. En esa ocasión, Aníbal Tedesco, de veinte años y

33
“FAEDA vs HIPPIES. Las cartas sobre la mesa”, Primera Plana, 6 de febrero de 1968.
Disponible en http://rvarchivo.blogspot.com.ar/2012/08/hippies-maria-jose-cantilo-pipo-
lernoud.html
34
Ídem.
35
Ídem.
36
En la entrevista Mario Rabey afirmó recordar los actos de faeda en la calle Florida,
probablemente frente al Instituto Di Tella. Enrique Oteiza (1997) brinda un recuerdo de primera
mano sobre las actividades que se desarrollaron en el Instituto antes y después de 1966.
37
¿Por qué al diputado Coral lo reconocen como un enemigo en 1968? Las razones pueden
ser dos. La primera es que en marzo de 1964 este diputado presentó un proyecto para que se
informara a la Cámara la nómina de los militares argentinos que estaban en Panamá haciendo
cursos de guerra contrarrevolucionaria (Tcach, 2006: 138). La segunda razón es que Coral había
intercedido por la libertad de diversos hippies cuando fueron detenidos por la Policía Federal en
la Capital durante la dictadura de Onganía.

56
Contra el dexamil, las camisas naranjas y el comunismo

“jefe del Comando Juvenil de faeda”, vivaba al general Juan Carlos Onganía, al
cardenal Caggiano y a Mario Fonseca, el jefe de la Policía Federal Argentina.38
Probablemente uno de los episodios más llamativos en los que participaron
integrantes de faeda fue un diálogo al que convocó Primera Plana en el verano
de 1968. En esa ocasión la redacción reunió a representantes de la organiza-
ción y a un “grupo de hippies”, quienes debatieron por tres horas. Por faeda
asistieron José Manuel Casals, Jorge Scorciaficco, Ezio Favetta, Aníbal Tedesco
y Luis Dragani (todos entre 20 y 28 años), mientras que por los “hippies” se
hicieron presentes Javier Chiquito Arroyuelo, Mario Rabey, Rafael López Sán-
chez y José Alberto Iglesias (posteriormente conocido como Tanguito), todos
de entre 18 y 22 años.39 Las críticas formuladas por los faedistas a los hippies
eran el consumo de drogas, el abuso sexual a menores y la irresponsabilidad
moral. Según reseñaba el debate publicado en Primera Plana:
Nosotros los caracterizamos por el uso de drogas y la educación ideológica
y práctica que los lleva a la destrucción de la familia, la moral, los senti-
mientos y la tradición (Dragani).
¿Por qué el trabajo es considerado una hipocresía por ustedes? (Favetta)
Los hippies se agrupan, toman drogas y abusan de menores de edad. Lo
he visto en una reunión; una chica de 12 años pidió pastillas y entró en
un sopor; a esa edad no es responsable de sus actos, eso es lo que combato
en los hippies (Favetta).
Nuestra tarea [...] es alertar a los padres de familia acerca de los problemas
que está viviendo la juventud arrastrada por otros jóvenes a lo que nosotros
llamamos “La Carrera del Vicio”. También alertamos a las fuerzas del orden
y de seguridad de que hay un problema a punto de estallar (Dragani).

El anticomunismo servía para expresar de una manera maniquea muchas de


las tensiones sociales, culturales, generacionales y políticas que atravesaban a la
Argentina en esos años. En el caso de los jóvenes de faeda puede pensarse que
daban cuenta, precisamente, del amplio número de conflictos que se deseaban
enfrentar de manera simultánea. Así reproducía Primera Plana supuestas de-
claraciones de Aníbal Tedesco, el joven dirigente de faeda:

38
“Vade retro, hippie!”, Primera Plana, nº 264, 1968.
39
Mario Rabey recuerda ese “debate” en Primera Plana: “Me parecieron policías, servicios, que
querían tirarnos de la lengua”. Señala que los jóvenes de faeda usaban anteojos negros todo el
tiempo.

57
Ernesto Bohoslavsky

… llevan adelante la teoría de que “lo mejor es amarse entre personas del
mismo sexo” […] Los hippies no son comunistas, pero están auspiciados
por ellos. […] Se volverán guerrilleros comunistas –acota Tedesco– cuando
se acostumbren a vivir al aire libre y a comer lo menos posible.40

Es por eso que su definición de lo que los hippies o los comunistas eran apuntaba
a una hidra monstruosa, puesto que contenía en sí todo aquello que asociaban
con lo malvado o lo indigno: homosexualidad, izquierdismo, consumo de dro-
gas, contracultura, abuso sexual, corrupción de menores, holgazanería, etcétera.

Conclusiones

Un aspecto que resulta interesante del episodio ocurrido en la redacción de


Primera Plana es que se ponían en pie de igualdad tanto el ser hippie (el tér-
mino solía aparecer entrecomillado) como el ser un militante de una pandilla
anticomunista. Se entendía que era posible sentar a dialogar a esos dos actores,
dado que ambos eran considerados un poco alejados de la juventud deseable
o normal. Desde la mirada que hacía circular Primera Plana, un hippie y un
anticomunista eran modelos de juventud más irrisorios que preocupantes, y en
todo caso, lo que testimoniaban era una situación de anomia o de alienación
(un término al que el libro de Juan José Sebreli Buenos Aires, vida cotidiana y
alienación, de 1964, había contribuido a generalizar) más que un peligro social
de peso. Para Primera Plana era más noticia la existencia de anticomunistas
un poco exagerados y ridiculizables que la organización de células guerrilleras.
Esa postura se alejaba de la que sostenían los actores identificados con el
anticomunismo. Este tuvo diversas expresiones políticas y sociales, que excedie-
ron por mucho a los sectores encumbrados. He argumentado en otro lado que
los sectores sociales altos eran los más interesados en eliminar la posibilidad de
cambios radicales en la distribución de los bienes de la sociedad, pero su prédica
alcanzó a –y en no pocos casos fue asumida por– actores que difícilmente se
podrían caratular como “acomodados” (Bohoslavsky, 2013). La acogida del
anticomunismo entre trabajadores sindicalizados en la Argentina en las décadas
de 1960 y 1970 no fue forzada, aunque tampoco fue estrictamente el resultado
de una manifestación espontánea de las bases.

40
“Festival para delirantes”, Primera Plana, nº 264, 1968.

58
Contra el dexamil, las camisas naranjas y el comunismo

El anticomunismo de los faedistas es de un tipo particular aunque no


fueron los únicos que lo profesaban: es obsesivo y se expresa con la forma de
la teoría del complot. Esto es, supone que el enemigo que está enfrentando es
una figura ubicua, presente en todas partes, camuflado o disfrazado. La conjura
comunista apunta a hacerse del Estado, de los medios de comunicación, de las
costumbres, de las escuelas, de las familias, de la Iglesia y para ellos sus hombres
saben cómo manejar diversas herramientas a su disponibilidad: “la corrupción,
el envilecimiento de las costumbres, el desmoronamiento sistemático de las
tradiciones sociales y los valores morales” (Girardet, 1999: 38-39). Es por ello
que ciertos consumos culturales (música, ropa, jerga, estilo de vida, peinados,
etcétera) fueron estigmatizados por faeda por considerar que eran funcionales
a la expansión del comunismo: en su comprensión del mundo, percibían que la
adopción de esas prácticas y esas opciones formaban parte de un proceso más
general de abandono de patrones de conducta normalizados (heterosexuales,
católicos, gerontocráticos) que iban de la mano del comunismo y que en teoría
estaban en boga en la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas.
Por eso jóvenes y mayores de faeda creían ver avances del comunismo no
solo donde previsiblemente podía estar (el Partido Comunista Argentino y aque-
llas organizaciones que este promovía) sino también en asociaciones gremiales
y partidos políticos a todas luces ajenos a cualquier influencia soviética, como
los integrantes del radicalismo del pueblo o los demócrata-progresistas, pero
también en historiadores como José Luis Romero o Tulio Halperín Donghi e
incluso en jóvenes como Tanguito, aspirantes a vivir de su música más que a
promover una agudización de la lucha entre las clases. Para comprender esta
percepción quizás hay que revisar cuestiones más ligadas a la cultura política
de esta “otra juventud” y no percibirlos meramente como actores al servicio
de causas ajenas.

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Contra el dexamil, las camisas naranjas y el comunismo

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61
El sistema de participación comunitaria
y el bienestar social bajo el onganiato*
Gabriela Gomes

A mediados de los años cincuenta comenzó a difundirse en América Latina un


nuevo paradigma de desarrollo comunitario. Los principios de descentraliza-
ción política, territorial y administrativa del Estado, junto a la transferencia de
los servicios sociales como la educación y la salud, comenzaron a circular por
recomendación de organismos internacionales como la Organización Mundial
de la Salud, la Organización Panamericana de la Salud y la Organización de
Naciones Unidas.1 Se consideró que los gobiernos tenían estructuras excesiva-
mente centralizadas y burocratizadas, por lo que el tradicional “centralismo”
latinoamericano era presentado como un “obstáculo” para el desarrollo (Véliz,
1984). Asimismo, los sectores marginales constituían “cinturones de atraso
y miseria” con un bajo nivel de participación en los beneficios sociales como
educación, asistencia médica, seguridad social y vivienda. Se promovió la idea
de que el desarrollo socioeconómico requería el esfuerzo del gobierno, de los
técnicos y de la comunidad. Para ello era necesario promover la participación
social de los sectores marginales con el objetivo de superar los efectos negativos
del subdesarrollo (Golbert, 1996; Golbert y Roca, 2010).

*
Este trabajo es resultado de la investigación desarrollada en el marco de la tesis de maestría
titulada: “Un estudio comparativo de la presencia de ideas corporativistas en regímenes
dictatoriales latinoamericanos: Argentina (1966-1973) y Chile (1973-1988)”, dirigida por el
doctor Ernesto Bohoslavsky para obtener el título de magíster en Estudios Latinoamericanos.
Dicha investigación fue financiada por el Programa de Beca para Graduados Recientes de la
ungs (2011-2012).
1
Por ejemplo, en 1957 bajo el argumento del déficit fiscal en la Argentina, se justificó la
transferencia de los hospitales a las provincias bajo el decreto nº 1375 (Campana, 2011).

63
Gabriela Gomes

La descentralización aparecía ligada a la idea de participación. Los organis-


mos internacionales, con su discurso tecnicista y modernizante, difundieron
una visión del desarrollo centrado en “la acción sobre las comunidades tradi-
cionales retrasadas en pro de un cambio cultural capaz de impulsar el desarrollo
nacional a partir de una férrea creencia en que los valores tradicionales de los
pobres constituían la principal limitación para las supuestas mejoras que traería
aparejada la ‘modernización’” (Campana, 2011: 131). Las comunidades serían
el objeto de la implementación de las políticas sociales, a través de una forma
de concebir el trabajo social diferente del asistencialismo tradicional. De este
modo, el desarrollo comunitario se convirtió en una estrategia social y en un
instrumento político al que distintos gobiernos echaron mano para paliar los
efectos de la marginalidad y promover la participación popular en los procesos
de desarrollo local y regional.
En América Latina tuvo lugar una nueva forma de concebir el desarrollo
a partir de las propuestas del economista Raúl Prebisch y del surgimiento del
cepalismo.2 En los años sesenta, la Revolución Cubana se erigió como un ca-

2
La Comisión Económica para América Latina (cepal) nació en 1947 a instancias del Consejo
Económico y Social de las Naciones Unidas. La cepal promovió el paradigma modernizador
basado en una serie de conceptos e ideas como la industrialización, el deterioro de los términos
de intercambio, la relación centro-periferia, el desarrollo hacia adentro, la planificación, el
proteccionismo, la sustitución de importaciones. Todos ellos configuraron un nuevo léxico
económico que se nutrió de los aportes de la economía del desarrollo. Raúl Prebisch –uno
de los principales ideólogos del cepalismo– consideró que “la condición periférica” de los
países latinoamericanos limitaba su progreso económico, por lo que propuso el reemplazo del
sistema de crecimiento hacia afuera, por un modelo de desarrollo hacia adentro basado en la
industrialización, lo que requería de la planificación y de la iniciativa estatal para la protección
de algunas manufacturas. Prebisch criticó la teoría económica clásica y neoclásica referente al
papel del comercio internacional, que afirmándose en las ventajas comparativas tanto como en
la diversificación y en la especialización de las economías, contribuiría tanto al crecimiento de las
economías nacionales como a la igualdad entre las naciones. En cambio, destacó que el comercio
internacional no fomentaba ni el crecimiento ni la igualdad de determinadas naciones como las
periféricas. Prebisch trató de entender la desigualdad entre los productores y exportadores de
bienes manufacturados y los productores de bienes primarios mediante el estudio de “la disparidad
de la elasticidad de la demanda de importaciones entre centros y periferia y la tendencia hacia
el deterioro de las condiciones del intercambio” (Devés Valdés, 2003: 33). Respecto de los
antecedentes ideológicos de la cepal, Devés Valdés (2000: 292-302) sostuvo que el cepalismo
seleccionó, dentro de la “oferta ideológica” existente, un conjunto de propuestas y les otorgó una
articulación coherente como un proyecto de modernización que recogió una serie de elementos
identitarios de las décadas de 1920 y 1940, presentes en la obra de Adolfo Dorfman, Pedro
Aguirre Cerda, Raúl Scalabrini Ortiz, Raúl Simón, Rómulo Betancourt, etcétera.

64
El sistema de participación comunitaria y el bienestar social bajo el onganiato

mino posible para superar los problemas del “atraso” de Latinoamérica.3 Con
el objetivo de estimular el reformismo económico en el subcontinente y evitar
la propagación del modelo cubano, el gobierno de John Kennedy propuso un
programa de cooperación para el desarrollo conocido como Alianza para el
Progreso.
En varios países latinoamericanos se crearon organismos centrales de pla-
nificación económica para atender los programas de desarrollo comunitario
como el Consejo Nacional de Desarrollo (Argentina), la Consejería Nacional
de Desarrollo Social (Chile), la Dirección General de Integración y Desarrollo
de la Comunidad (Colombia), la Central de Coordinación y Planificación
(Venezuela), la Comisión de Inversiones y Desarrollo Económico (Uruguay),
etcétera. Dichos organismos fueron promovidos por la Alianza para el Progreso
y asesorados por organismos como el Banco Mundial, el Banco Interamericano
de Desarrollo (bid), la Organización de Estados Americanos (oea), la Comisión
Económica para América Latina (cepal) y el Instituto Latinoamericano de
Planificación Económica, estos dos últimos dependientes de la onu (Aguirre,
2010). Estos organismos se encargaron de brindar asesoramiento sobre la pl-
anificación del desarrollo económico y social de los distintos países a partir de
la promoción de reformas agrarias, la erradicación de asentamientos informales,
programas de saneamiento comunitario, recreación, deporte y promoción co-
operativa, etcétera.4 En ese contexto se conformaron los consejos económicos
y sociales tanto en los países centrales como en los países “en vías de desarrollo”
y se estimuló la creación de los consejos comunitarios, para complementar
los órganos políticos de representación. Esos consejos constituirían nuevos
canales de comunicación entre el gobierno municipal y la comunidad. Para ese
entonces, existía un cuerpo de técnicos capacitados en métodos de educación
comunitaria, técnicas de acción y desarrollo social, etcétera.
La cuestión del desarrollo fue particularmente importante para el Ejército
argentino. En el marco de la Doctrina de la Seguridad Nacional y el Desarrollo,

3
En el campo católico, a partir del Concilio Vaticano ii (1962-1965) el problema del desarrollo
se instaló en el seno de la Iglesia, la cual reconoció las injusticias sociales generadas por el sistema
capitalista que estimulaba la brecha entre los países ricos y pobres. Esto motivó a ciertos grupos
católicos a emprender una nueva reflexión teológica y promover el desarrollo comunitario en
el Tercer Mundo. Las encíclicas papales Mater et Magistra (1962) y Pacem in Terris (1963)
inauguraron una nueva etapa en el magisterio social de la Iglesia.
4
Sobre el movimiento cooperativista que promovió la oea en el marco de la Alianza para el
Progreso como instrumento de desarrollo para la Argentina y América Latina ver Ministerio de
Bienestar Social, 1969a.

65
Gabriela Gomes

la autodenominada Revolución Argentina preconizó un “cambio de estructu-


ras” para corregir los “vicios de la democracia” generados por el populismo,
favoreciendo un proyecto de modernización por vía autoritaria.
Este artículo tiene por objetivo complejizar las tesis que sostienen que la
Revolución Argentina tuvo como propósito despolitizar, desmovilizar y excluir
política y económicamente a los sectores populares, a través de la represión y el
control (Cardoso, 1985; Collier, 1985; O’Donnell, 1972 y 1982).5 La hipótesis
que se pretende demostrar es que los sectores populares, principalmente los
marginales urbanos e indígenas, formaron parte de una agenda estatal preo-
cupada por reeducarlos y resocializarlos (Gomes, 2011 y 2013). Esa tarea fue
asumida por funcionarios de la Secretaría de Estado de Promoción y Asistencia
a la Comunidad (sepac) dependiente del Ministerio de Bienestar Social (mbs),
quienes simpatizaban con una sociedad orgánica basada en la representación de
los cuerpos intermedios.6 Cabe señalar que el discurso de dichos funcionarios
estuvo estrechamente ligado al modelo del “desarrollo comunitario” impulsado
por organismos internacionales, que recomendaban la “integración” de los
sectores populares con bajos recursos, urbanos y rurales.

Modernización y participación social: una apuesta autoritaria


por el desarrollo comunitario
Buena parte de los funcionarios ministeriales que acompañaron la gestión de
Juan Carlos Onganía provenían de la derecha católica, principalmente del
Ateneo de la República, la Ciudad Católica (cc) y el Opus Dei (Selser, 1973;
Rouquié, 1982).7 De acuerdo con su orientación política conservadora, católica
5
Una versión anterior de este trabajo fue publicada en Gomes, 2014.
6
En trabajos anteriores hemos reconstruido las trayectorias de los funcionarios que denominamos
nacional-corporativistas que ocuparon las diferentes carteras en el onganiato. Asimismo, hemos
abordado la pluralidad de tradiciones ideológicas presentes en la “política social” desde la
dimensión proyectual de la dictadura y las tensiones que dispararon dentro de las Fuerzas Armadas
y de los funcionarios civiles (cfr. Gomes, 2011: 297-298; 2012 y 2013: 55-75).
7
La Cité Catholique fue fundada en 1946 por Jean Ousset, un católico integrista que se
inició en la Acción Francesa como secretario de Charles Maurras. Se trató de una organización
anticomunista, antiprogresista y antiliberal de origen francés, cuyo órgano de difusión era
la revista Verbe. El 19 de mayo de 1959, por obra del padre George Grasset, se fundó en la
Argentina la Ciudad Católica. George Grasset militó como laico en la Cité Catholique francesa.
Posteriormente, ingresó a su congregación y se hizo sacerdote. Grasset estuvo vinculado con
grupos carlistas y fue guía espiritual de la Organisation Armée Secret, agrupación armada de

66
El sistema de participación comunitaria y el bienestar social bajo el onganiato

y tecnocrática, la mayoría de los funcionarios pretendía sustituir a los partidos


políticos por un sistema de participación comunitaria. En la concepción cor-
porativista, los partidos políticos representaban intereses particulares y facciosos
que atentaban contra la “unidad nacional” y promovían el desorden. En ese
marco se inscribe el intento de Onganía de eliminar la política y reorganizar
la sociedad sobre la base de un Estado jerárquico y apolítico, suprimiendo las
estructuras partidarias como intermediarias entre la sociedad civil y el Estado.
Funcionarios como Guillermo Borda, Mario Díaz Colodrero, Roberto
Gorostiaga, coronel (R) Juan Francisco Guevara, Enrique Martínez Paz y Raúl
Puigbó encontraron en el proyecto del “desarrollo comunitario” la posibilidad
de encuadrar la participación de las comunidades y las asociaciones interme-
dias sin recurrir a los partidos políticos, tal como lo sugerían los organismos
internacionales (Golbert, 1996; Golbert y Roca, 2010). El coronel Guevara fue
uno de los principales promotores de los planteos que realizó Jaime María de
Mahieu en El Estado comunitario.8 Guevara le había propuesto a Onganía que
entregara el manejo de las comunas a núcleos de vecinos “respetables” y el de
las provincias a federaciones de vecinos, hasta constituir un Consejo Asesor del
Presidente que incorporara a las instituciones representativas de la producción.
Entre los objetivos de la Revolución se perseguía la modernización de las
estructuras económico-sociales para alcanzar un “desarrollo nacional, integrado
y armónico”.9 El principio de participación social fue concebido como el punto
de partida para una verdadera integración, reordenamiento y transformación
social organizada. Onganía consideró que la comunidad era la destinataria de
ultraderecha que brindaba resistencia armada al gobierno de Charles De Gaulle (Scirica, 2010).
Entre los fundadores de la Ciudad Católica en la Argentina se destacan Roberto Gorostiaga, Juan
Carlos Goyeneche, Roberto Pincemin y el coronel (R) Juan Francisco Guevara. Su objetivo era
difundir la doctrina de la Iglesia y formar dirigentes. Se dedicaba al reclutamiento de oficiales
mediante la práctica de implantar “células” en los regimientos (Rouquié, 1982). Otro de los
grupos cercanos al catolicismo reaccionario fue el Ateneo de la República, creado en septiembre de
1962 por Mario Amadeo y Máximo Etchecopar. Dicha organización reivindicaba el nacionalismo
hispanista y católico de orientación antiliberal y anticomunista.
8
Jaime María de Mahieu, sociólogo francés que participó junto a las potencias del Eje en la
Segunda Guerra Mundial, en la división Carlomagno (la única de su país en las fuerzas ítalo-
germanas). Se desempeñó como profesor de la Escuela de Altos Estudios Corporativos, donde lo
ubicó Pétain. Con la llegada de Charles De Gaulle en 1945 debió abandonar su país y se trasladó
a la Argentina. Fue autor de numerosas obras: Evolución del porvenir del sindicalismo (1954), La
naturaleza del hombre (1955), El Estado comunitario (1962 y 1973), La economía comunitaria
(1964), etcétera (Primera Plana, nº 210, 3/01/1967, pp. 19-20).
9
Mensaje de la Junta Revolucionaria al pueblo argentino, 28 de junio de 1966 (La Nación,
29/06/1966). Sobre los sentidos de “modernización” durante el onganiato, ver Osuna, 2012.

67
Gabriela Gomes

las medidas transformadoras que pondría en marcha la Revolución Argentina.


La comunidad fue definida como un conjunto de individuos o familias en ha-
bitaban en un determinado espacio, unidos por lazos culturales, de los cuales
emanaban costumbres, un vocabulario compartido y un particular sentido de
sus vivencias y necesidades (Ministerio de Bienestar Social, 1968b: 14-16).
Según el secretario Raúl Puigbó (1966: 9) lo que validaba su existencia era la
“conciencia de la comunidad” sin la cual no podía haber vivencia comunitaria.
Por tanto, los valores culturales de la “argentinidad” operaban como una suerte
de espíritu que animaba y unificaba al cuerpo social. Asimismo, el proceso de
transformación social se gestaría en el seno de las comunidades mediante la
socialización de los intereses individuales orientados hacia un interés mayor
que era el bienestar de la nación.
El “bienestar social” fue entendido como una permanente actividad de me-
joramiento de la situación integral del individuo, de la familia y de la población
a través la satisfacción de necesidades, junto a la solución de problemas mediante
la participación de la comunidad en conjunto con el gobierno (Ministerio
de Bienestar Social, 1968a: 14-16). Se apuntaba a que el hombre tuviera un
“nivel de vida integral”, entendido como el equilibrio entre los valores cultu-
rales, espirituales, intelectuales y el acceso a salud, educación, vivienda digna y
trabajo. Esto exigía del individuo la toma de conciencia de la importancia de
su responsabilidad en el autodesarrollo. La “promoción comunitaria” sería la
principal responsabilidad política del Estado, pero era una tarea en la cual debía
actuar en conjunto con la comunidad, más que sobre la comunidad (Ministerio
de Bienestar Social, 1968a: 14 y 20).
Se consideró imprescindible no solo la disponibilidad de bienes sino tam-
bién su distribución equitativa, para que contribuyera a la satisfacción de las
necesidades básicas. Esta concepción de bienestar social contemplaba aspectos
objetivos y subjetivos. Los objetivos eran aquellos que definían al bienestar
social mediante criterios técnicos y científicos (disponibilidad de los recursos
físicos, humanos y sociales), mientras que los subjetivos indicaban los grados
de satisfacción que los individuos poseían de acuerdo al acceso y consumo de
bienes (Ministerio de Bienestar Social, 1968a: 52).
Desde el mbs se publicó el Manual de Acción Comunitaria (1968: 19) donde
se plantearon los beneficios de la participación comunitaria para la transforma-
ción social que preconizaba el régimen.10
10
La Ley 16956 Orgánica de Ministerios Nacionales de 1966 redujo los ministerios de ocho
a cinco. Junto con ello se creó el Ministerio de Bienestar Social con sus respectivas Secretarías
de Estado: de Promoción y Asistencia a la Comunidad (sepac), de Seguridad Social (sess), de

68
El sistema de participación comunitaria y el bienestar social bajo el onganiato

Sus objetivos no son las obras o los servicios en sí mismos […] Los fines
son otros; los señalados en la definición: la interacción comunitaria y la
dignidad humana. Un ejemplo aclaratorio: cuando se nuclea un grupo de
familias en un consorcio de ayuda mutua, naturalmente que el principal
papel motivador de los interesados es la perspectiva de una “solución al
problema de la vivienda” –la casita propia–: pero si todo el esfuerzo pro-
mocional queda en ello –aun cuando el resultado físico sea brillante– no
se habrá hecho desarrollo de comunidades: en todo caso, lo que habrá
sucedido es el desprecio de una magnífica oportunidad de hacerlo. El de-
sarrollo solo se producirá si la solución, además de exitosa materialmente,
implica un cambio de actitud comunitaria y personal.

El bienestar social como política de Estado no suponía “paliar” los problemas,


sino “atacar” sus causas mediante el accionar de instituciones públicas. El
“bienestar social” y la “promoción comunitaria” como pilares fundamentales
de la programática del onganiato implicaron no solo la vigencia del principio
de subsidiariedad del Estado, sino además la responsabilidad del individuo en
la participación y en el autodesarrollo de las comunidades menores. Mediante
el proceso de transformación social se buscaba romper con el paternalismo
estatal, el electoralismo, el asistencialismo y la demagogia: “Bienestar social
implica caducidad del paternalismo estatal; y del divorcio pueblo-gobierno e
institucionaliza la participación, creciente y ampliada, haciendo a todos partí-
cipes del destino común” (Onganía, 1967: 52).

El plan comunitarista de la Secretaría de Estado


de Promoción y Asistencia a la Comunidad
La sepac se creó mediante la Ley nº 17271 en octubre de 1966, pero su es-
tructura definitiva quedó aprobada recién en 1968.11 Fue concebida como
Salud Pública (sesp) y de Vivienda (sev) (Rouquié, 1982: 268). Entre 1966 y 1970 se sucedieron
cuatro ministros de Bienestar Social: Roberto Petracca (junio 1966-enero 1967), Julio E. Álvarez
(enero 1967-marzo 1967); Conrado Bauer (abril 1967-junio 1969) y Carlos Consigli (junio
1969-junio 1970).
11
La sepac estuvo ocupada por Roberto Gorostiaga (1966-1967), tras su renuncia Raúl Puigbó
fue el nuevo titular, quien permaneció en el cargo hasta abril de 1969, junto al subsecretario
Adolfo Critto. Cuando Puigbó se alejó de la sepac lo sucedió Pedro J. Martínez Segovia por un
breve período, quien fue remplazado por Santiago de Estrada hasta junio de 1970. La Secretaría
de Seguridad Social fue ocupada por Samuel Medrano. Santiago de Estrada se desempeñó como
subsecretario de dicha Secretaría (1967-1970) (Gomes, 2011: 289).

69
Gabriela Gomes

una institución que asumiría la “promoción social” de los sectores y regiones


postergadas, con el objetivo de revertir “la orientación centrípeta característica
del centralismo, por la acción centrífuga tendiente a crear condiciones dignas
a la población de todas las zonas del país” (Puigbó, 1967a). Su estructura
orgánica se dividió en dos direcciones generales: Promoción Comunitaria y
Asistencia Comunitaria (Ministerio de Bienestar Social, 1969b: 47). De la
primera dependían cinco departamentos, denominados Servicios Nacionales:
de Desarrollo de Comunidades, de Cooperativas, de Deporte, Recreación y
Turismo Social y de Asuntos Indígenas.12 La segunda comprendía los Servicios
Nacionales: de la Minoridad,13 de la Familia y la Mujer,14 de Asistencia Social,
de Mutualidades y Obras Sociales. Entre los objetivos propuestos se destacó la
creación de escuelas primarias y centros culturales, mejoras en el nivel sanitario,
perfeccionamiento y regulación del mercado de trabajo, mejoramiento de la
distribución del ingreso y construcción de viviendas dignas para impedir la
formación de nuevas “villas” (Junta de Gobernadores de la Región de Desarrollo
Área Metropolitana, 1967). Sin embargo, nunca quedó claro cómo se llevarían
a cabo estos objetivos.
La sepac actuaba en coordinación con las municipalidades, las provincias
y otros organismos públicos y privados. Por tal motivo, requería la formación
de comisiones y consejos coordinadores que actuaran como intermediarios con
los municipios, ya que estos serían los encargados de elevar directamente los
proyectos. Las autoridades municipales presentarían los proyectos únicamente
en los casos en que no se hubieran conformado los Consejos de la Comunidad.
Por tanto, “se constituyó toda una red nacional que iba desde el Departamento

12
El Servicio Nacional de Asuntos Indígenas tenía como “misión” proteger e integrar a los
grupos “aborígenes” para mejorar su nivel de vida y promover su participación activa en su
bienestar social (Boletín Oficial, nº 21.461, 21/06/1968, p. 7). En 1969 el Servicio Nacional
de Asuntos Indígenas se convirtió en el Departamento de Asuntos Indígenas, dependiente de la
misma Secretaría. En 1970 pasó a depender de la Dirección General de Protección Comunitaria
(Lenton, 2005). La autora señala que esta incongruencia en la localización organizativa representó
la indefinición que ocuparon los indígenas dentro de la estructura institucional de la dictadura.
13
Sobre el problema de la “vagancia” en los adolescentes, ver Ministerio de Bienestar Social, 1970.
14
El Servicio Nacional de la Familia y la Mujer tuvo por objetivos particulares: “a) la
educación familiar en escuelas y colegios; b) la preparación para el matrimonio; c) consultorios
matrimoniales; d) educación de la opinión pública acerca de las familias; e) crear procedimientos
de reconciliación, brindar asistencia financiera directa a la familia, atender especialmente la
reeducación y adaptación de la madre soltera, elevar a la superioridad los proyectos de leyes
especiales relativas a la represión de nuevas formas de prostitución” (Boletín Oficial, nº 21.461,
21/06/1968, p. 9).

70
El sistema de participación comunitaria y el bienestar social bajo el onganiato

de Desarrollo de Comunidades de la Dirección General de Promoción Comu-


nitaria, dependiente de la sepac, hasta varias subsecretarías a nivel provincial
y municipal” (Golbert y Roca, 2010: 123).
Las funciones de la sepac pueden resumirse en dos grandes tareas. La pri-
mera corresponde a las actividades de asesoramiento técnico y financiero para
cooperativas y mutuales, uniones vecinales, escuelas (excursiones, campamentos
turísticos, construcción de campos de deporte y recreación, etcétera). Los pro-
yectos de “inclusión social” eran de vital importancia ya que abarcaban desde
el diseño de obras de infraestructura y servicios asistenciales, el diagnóstico de
los problemas y necesidades de la comunidad, formación de las comisiones
vecinales, detección de líderes comunitarios, gestión de los recursos, organiza-
ción del servicio asistencial de menores y de la mujer y construcción de hogares
para ancianos y niños hasta el diseño de programas asistenciales destinados a
los sectores más vulnerables como menores, ancianos, “disminuidos físicos o
mentales” y los grupos indígenas. La segunda función corresponde al apoyo
económico y financiero. La sepac podía financiar directamente una obra por
medio de un subsidio o facilitar el trámite de un crédito para obras de interés
comunitario como guarderías infantiles, escuelas, dispensarios, servicios de
agua potable, etcétera.
En la sepac existía la Comisión Nacional de Erradicación de Villas de Emer-
gencia, que en 1967 elaboró un Plan de Erradicación para la Capital Federal
y el Gran Buenos Aires, el cual contemplaba el desalojo de aproximadamente
280.000 personas (Comisión Municipal de la Vivienda, 1966; Ministerio de
Bienestar Social, 1968b). El Plan de Erradicación se propuso la construcción
de viviendas “baratas” destinadas a los sectores de bajos recursos (Guaia, 1968).
Se intentaba no solo la reubicación de los “villeros” sino también su “readap-
tación social” (Yujnovsky, 1984). Según Gazzoli, ese fue el primer proyecto
gubernamental nacional que planteó construir complejos habitacionales para
sustituir las villas de la ciudad de Buenos Aires. El programa se basó en una
prueba piloto que se concretaría en dos etapas. La primera era de “adaptación”:
se consideró que las familias no estaban “capacitadas” para vivir en un depar-
tamento, por lo que serían trasladadas a pequeños conjuntos habitacionales,
llamados Núcleos Habitacionales Transitorios (nht), pensados como espacios
de “adaptación” para la nueva vivienda. La segunda etapa contemplaba el tras-
lado de las familias “adaptadas” a las viviendas definitivas. Sin embargo, “estas
nunca se construyeron y las familias quedaron alojadas en forma definitiva en
esas precarias unidades que aún subsisten y que actualmente no se diferencian
de las villas que se pretendían eliminar” (Gazzoli, 2007: 52-53). Cabe señalar

71
Gabriela Gomes

que tras la Alianza para el Progreso varios gobiernos de la región se vieron en


la necesidad de formular planes de construcción de vivienda para los sectores
marginales como forma de acceder al crédito externo.

La Directiva de Participación: la puesta en marcha


del “plan comunitarista” en la región bonaerense
En la Junta de Gobernadores celebrada en marzo de 1967, el secretario Mario
Díaz Colodrero señaló la necesidad de obtener “la participación del sector
privado en el planeamiento y acción para el desarrollo nacional” (Ministerio
de Bienestar Social, 1968a: 26-27). Dicha participación se daría mediante
un sistema de integración de las instituciones menores del municipio en los
Consejos de Sector, que a su vez integrarían los Consejos de la Comunidad
Municipal. El sistema se orientaría hacia una racional y organizada participa-
ción de cada grupo organizado. Raúl Puigbó consideró que la administración
descentralizada donde las funciones de los organismos centrales fueran delegadas
en los funcionarios locales alentaría la participación activa de la comunidad ya
que tendría un amplio poder de decisión y control para planificar y ejecutar sus
proyectos. Se apuntaba a una revitalización del municipio y al fortalecimiento
del régimen federal (Puigbó, 1967a: 10-11).
En abril de 1967 el secretario de gobierno Mario Díaz Colodrero le en-
comendó a José Luis de Ímaz la tarea de diseñar la Directiva de Participación
para el ámbito municipal y provincial (De Ímaz, 1977: 211). La Directiva de
Participación se difundió en abril de 1968 tras la Reunión de Gobernadores
realizada en Alta Gracia, donde comenzaron a circular las primeras versiones del
“anteproyecto corporativista”: se analizó la regionalización, se discutió sobre la
integración regional, el régimen municipal, la organización de los municipios
como célula de integración de la comunidad y la participación e intensificación
de la acción comunal.15
Hubo dos propuestas formuladas por la sepac que impulsaron el desarrollo
comunitario mediante el fortalecimiento de los municipios. La primera fue un
proyecto de ley conocida como Ley de Desarrollo Comunitario (octubre de
1966). El objetivo principal era reunir comisiones vecinales para que identifi-
caran las necesidades sociales y económicas locales y propusieran un conjunto
de soluciones a las comisiones primarias, que respondían a una Junta Central

15
Primera Plana, nº 276, 9/04/1968, pp. 14-16; Primera Plana, nº 279, 30/04/1968.

72
El sistema de participación comunitaria y el bienestar social bajo el onganiato

(una por cada provincia).16 La segunda consistió en promover el mutualismo y


el desarrollo de cooperativas, pensadas como entidades capaces de contribuir
a la solución de problemas de ocupación, producción, consumo, comerciali-
zación y crédito a nivel local (Puigbó, 1967b; Ministerio de Bienestar Social,
1968c: 49-58).
Las cooperativas serían apoyadas técnica y económicamente mediante
organismos provinciales de fomento cooperativo, coordinando con el ente na-
cional respectivo.17 Para ello se proponía que en todos los niveles educativos se
enseñaran los beneficios de la economía comunitaria y solidaria y se fomentara
el mutualismo. La Secretaría de Gobierno propuso transformar el sistema impo-
sitivo para que las comunas pudieran formar sociedades anónimas con mayoría
estatal de capitales, aportados por las provincias y el gobierno nacional.18 El
resto de la financiación sería generada por los vecinos a través de la cotización
de acciones, pudiendo acudir a las instituciones internacionales de crédito.
La apuesta al cooperativismo no fue una originalidad de los funcionarios de
la Revolución Argentina, sino que se puede interpretar como una transcripción
casi literal de lo que recomendaba la oea. Por ejemplo, se aconsejaba que los go-
biernos promovieran la capacitación de dirigentes y administradores de empresas
cooperativas y se incorporara la enseñanza de los principios cooperativos en la
educación básica, media y superior, para propiciar el cooperativismo escolar. La
oea alentaba a que los gobiernos incentivaran la vinculación del cooperativismo
con el sindicalismo como “antídoto” contra los conflictos sociales (Ministerio
de Bienestar Social, 1969a: 84-86). En base a esas recomendaciones, la sepac
les asignó un destacado rol a la escuela, los maestros y autoridades escolares en
la promoción de las lógicas del desarrollo comunitario (Ministerio de Bienestar
Social, 1969b: 75-83).
A fines de 1966 Onganía y Puigbó recorrieron regiones marginales para pro-
mover el “plan comunitarista” de la sepac hacia las provincias e intendencias.19
En Buenos Aires el gobernador Francisco Imaz promovió la implementación del
“comunitarismo” y el “fomentismo” en algunas intendencias. Desde el mbs se
promovió un Plan Trienal (1968,1969 y 1970) de Investigación Social y Análisis
Estructural de la Provincia, a fin de determinar la estructura económico-social,
16
Primera Plana, nº 250, 10/10/1967, p. 15.
17
Sobre el movimiento cooperativista como instrumento de desarrollo para Argentina y
América Latina que promovió la oea en el marco de la Alianza para el Progreso, ver Ministerio
de Bienestar Social, 1969a.
18
Primera Plana, nº 258, 5/12/1967, p. 14.
19
Primera Plana, nº 228, 9/05/1967, p. 12.

73
Gabriela Gomes

los problemas y necesidades urgentes de la población y analizar los planes de


promoción social propuestos por la comuna o la provincia (Ministerio de Bie-
nestar Social, 1968d). La función del plan era brindar información estadística,
cartográfica, demográfica y asesoramiento técnico para que los municipios
realizaran trabajos de acción social comunitarios. En enero de 1967 se creó la
Dirección General de Asuntos Municipales de la Provincia de Buenos Aires
para asesorar y controlar a los municipios, instruir a los jefes de las comunas
para que buscaran el consenso de la comunidad y propusieran al Poder Eje-
cutivo la designación o destitución de intendentes (Rodríguez y Barbarito,
2011). En julio la Junta de Gobernadores del Área Metropolitana sostuvo
que si bien la región de mayor concentración demográfica donde se registraba
el nivel de vida más elevado era la metropolitana, la falta de previsiones y de
ordenamiento adecuado para el crecimiento de la región ocasionaba trastornos
a la comunidad. Se propusieron una serie de objetivos orientados a elevar “el
nivel espiritual, cultural y educacional de la población”. Para ello se consideró
prioritario: la instalación y manutención de escuelas para niños y adultos, la
creación de nuevas escuelas técnicas y de oficios, el impulso a la investigación
científica, la utilización de la medicina preventiva, la promoción de conciencia
sanitaria, planes de higiene y profilaxis. Se planteó un mejor funcionamiento
del mercado de trabajo y una justa distribución de los ingresos. Para impedir
la formación de nuevas villas de emergencia o la ampliación de las existentes,
se propuso facilitar el acceso de todos los habitantes a una vivienda digna y
se proyectó mejorar las condiciones para la recreación con el aumento de la
dotación de espacios deportivos.
La Junta de Gobernadores planteó incrementar la producción y productivi-
dad del sector industrial y agropecuario, la realización de mejoras urbanísticas
para la Capital Federal y el aprovechamiento de los recursos del delta del río
Paraná como lugar de turismo y esparcimiento. Desde el mbs se determinó
que el principal obstáculo para el desarrollo del país era la notable asincronía
entre las provincias y dentro de ellas, ya que se evidenciaban zonas con alto
desarrollo industrial y zonas de bajo o mínimo desarrollo, lo que determinaba
zonas marginales propensas a conflictos sociales. Esta situación alentaba los
movimientos migratorios de la población en búsqueda de la “modernización”
hacia los centros de urbanización que operaban como focos de atracción cultural
(Ministerio de Bienestar Social, 1968a:49).
El gobernador Imaz alentó la constitución de los Consejos de la Comunidad
en la provincia como forma de subsanar las asimetrías regionales. Dada la hete-
rogeneidad de los municipios, Imaz consideró que la sectorización (división de

74
El sistema de participación comunitaria y el bienestar social bajo el onganiato

los municipios en sectores según criterios específicos) permitiría a los Consejos


de la Comunidad fomentar la participación de la comunidad en el desarrollo.
La función de la sectorización era facilitar la representatividad de los individuos a
través de las organizaciones intermedias. Respecto de la concepción del sistema
que integraría estos consejos Imaz sostuvo: “Entendemos según lo expresado
por el Señor Presidente ‘que las comunas son la célula institucional del país’.
Si ellas se fortalecen, si dejan de ser solo entes burocráticos para convertirse en
verdaderos foros de la comunidad, estaremos construyendo una democracia
sana y auténtica, rica en contendido” (1968: 27).
En la Directiva nº 3 sobre los Consejos de la Comunidad, Francisco
Imaz estableció que la función de dichos organismos era crear un sistema de
participación comunitaria que contribuyera al bienestar social. Su objetivo no
era la canalización de intereses políticos ni la preparación de condiciones para
una futura organización partidista. Tenían facultades consultivas y de asesora-
miento, mientras que el poder de decisión quedaba reservado exclusivamente
al intendente (Ministerio de Bienestar Social, 1968a: 26-37).
En algunos partidos se puso en marcha el “fomentismo”. En San Martín, el
intendente coronel (R) César C. Fragni dividió su territorio en doce sectores,
cada uno con un delegado proveniente de núcleos de fomentos, encargados de
canalizar las peticiones de los vecinos. En Moreno el alcalde comandante (R) de
Gendarmería Augusto Dodero delegó la facultad de recaudación de impuestos
en las sociedades de fomento mediante el pago de un 10% de la tasa que las
entidades reinvertirían en obras de bien público.20 En la ciudad de La Plata,
se crearon dos instituciones con características comunitaristas. El primero fue
el Consejo Vecinal de la Zona Sud, cuyo principal objetivo era coordinar la
acción de todas las sociedades de fomento. El otro fue el Centro de Estudios
Municipales integrado por expertos en servicios sociales, psicólogos, econo-
mistas, arquitectos y abogados, que estuvo a cargo del doctor José Luis Pollola,
discípulo de Guevara. Estas instituciones fueron las primeras representaciones
de los cuerpos intermedios (Selser, 1973: 221).
En los partidos de Vicente López y Berisso se crearon los Consejos de la
Comunidad y los Consejos de Sector.21 En la ciudad de Pergamino la implemen-
tación del “comunitarismo” se puso en marcha bajo la gestión del intendente
nacionalista Alberto Federico de Nápoli (1967-1973), apoyado por la Ciudad
Católica. El gobernador Imaz saludó con beneplácito la creación de un Consejo
20
Primera Plana, nº 256, 21/11/1967, p. 16.
21
Decreto nº 347, Vicente López, 20/12/1967. Sobre el reglamento y constitución de los
Consejos de la Comunidad en Berisso, ver Ministerio de Bienestar Social, 1968d.

75
Gabriela Gomes

de Promoción de la Comunidad integrado por las cámaras locales del comercio,


la industria y el agro, las cooperadoras escolares, las comisiones de fomento y las
juntas vecinales de campaña.22 Ese consejo era de carácter consultivo y estaba
presidido por el intendente. De Nápoli promovió la creación de comisiones
vecinales y la elección de delegados municipales, quienes fueron asesorados e
instruidos de acuerdo a los principios comunitaristas. También organizó una
Junta para la Promoción Industrial con representantes de los propietarios
rurales, profesionales, comerciantes, sindicatos y juntas vecinales.23 Meses más
tarde constituyó la Asociación de Comisiones de Fomento, la Asociación de
Entidades Culturales, la Asociación de Cooperadoras Escolares, la Caja de
Crédito de Pergamino, la Junta de Radicación de Industrias, la Cooperativa
de Pavimentación; todas ellas eran asociaciones de segundo grado que tenían
representación en el Consejo de Promoción de la Comunidad (Rodríguez y
Barbarito, 2011: 7-15).24

Conclusión

Durante el onganiato se difundió una nueva concepción de la “participación


social”, presentada como un instrumento que apuntaba a construir una
“verdadera” democracia sustentada en “fuerzas vivas” como las asociaciones
profesionales, sindicales y empresariales. La idea de “participación” apuntaba a
canalizar armónicamente la “cosa pública” a través de los cuerpos intermedios,
sin comprometer a ninguna fuerza política, de manera que la democracia no
resultara proclive ni al peronismo ni al marxismo. La insistencia en la “parti-
cipación” a través de la creación de los Consejos de la Comunidad (ensayos
que los opositores tildaron de “consejalismo”, “comunitarismo” y “fascismo”)
demuestra que el régimen autoritario buscó el apoyo popular. Los sectores mar-
ginales y las villas miserias fueron concebidos como el “caldo de cultivo” para
la subversión. Bajo esa lógica, para evitar que fueran cooptados por prácticas
demagógicas y electoralistas, el régimen buscó reeducarlos a través de valores
como la solidaridad y el cooperativismo.
Se postuló a la “comunidad” como el sujeto destinatario de las intervencio-
nes del Estado. Consideramos que el principio de subsidiariedad del Estado,
22
Primera Plana, nº 256, ob. cit.
23
Primera Plana, nº 320, 11/02/1969; Primera Plana, nº 323, 25/03/1969, pp. 80-83.
24
Para un análisis exhaustivo sobre cada una de las organizaciones que constituyeron la experiencia
“comunitarista” y los “pergaminazos”, ver Barbarito, 2012; Rodríguez y Barbarito, 2011.

76
El sistema de participación comunitaria y el bienestar social bajo el onganiato

junto con las medidas que apuntaban a la descentralización, la regionalización


y la municipalización, legitimadas por el recurso al mutualismo y al coope-
rativismo, también difundidos por organismos internacionales, apuntaban a
crear un “nuevo orden” que se centraría en los municipios. Esto tendió a insti-
tucionalizar una lógica que había comenzado a operar desde fines de la década
del cincuenta: el rol supletorio del Estado en el área social era visto como el
punto inicial para la rápida “modernización” económica. Bajo este principio, se
fomentó la promoción de capacidades culturales y participativas de los sectores
marginados y su integración a una “comunidad” que debía hacerse cargo de
sus obras y servicios.
El “plan comunitarista” impulsado por los funcionarios de la sepac fue
el resultado de la mixtura entre el corporativismo de cuño católico y el credo
desarrollista. La promoción del desarrollo comunitario mediante el intento
de organizar a los sectores populares a través del fomentismo, las asociaciones
vecinales y diversos consejos (promotores, asesores, económicos, sociales, con-
sultivos, etcétera) demuestra no solo que la dictadura no se limitó a la represión
y exclusión de los sectores populares, sino que estos fueron concebidos como el
pilar fundamental del “nuevo” Estado que apuntaba a reemplazar a los partidos
políticos, como intermediarios entre la sociedad civil y el Estado (Gomes, 2011).
Cabe señalar que existió una importante distancia entre el plano discursivo
y la práctica política del régimen. Desde fines de 1966 el “tiempo social” fue el
principal objetivo de los nacional-corporativistas.25 En los discursos Onganía
le otorgaba importancia al fomento de la participación social, al ordenamiento
de la vida comunitaria y a la sepac, sin embargo el mbs se caracterizó por su
bajo presupuesto desde los tiempos de Roberto Petracca. Durante su gestión,
el desempeño del ministerio fue pobre y las propuestas de la sepac práctica-
mente nulas. Con el reemplazo de Salimei, el modelo económico impulsado
por Adalbert Krieger Vasena exigía una reducción drástica del gasto público
por lo que las partidas asignadas a la Secretaría de Salud Pública, Vivienda y

25
Según Onganía su gobierno no tenía un plazo definido, sino que se articuló en una planificación
organizada en tres tiempos en el siguiente orden: el económico, el social y el político. En el tiempo
económico se llevaría a cabo la transformación y modernización de los sectores económicos,
dado que el Estado garantizaría la libertad de empresa y contaría con la participación del capital
internacional. Onganía lo anunció como una etapa de crecimiento y sacrificio para los asalariados
(La Nación, 7/07/1967). El tiempo social sería el momento de redistribuir el ingreso y atender
a los reclamos de los trabajadores. Por último, el tiempo político, que no estaba claramente
diseñado, se implementaría luego de haber alcanzado la integración social, cuando el Estado y
la sociedad conformaran una “comunidad orgánica”.

77
Gabriela Gomes

Seguridad Social se redujeron notablemente.26 Si bien la Secretaría de Vivien-


da propuso una serie de planes orientados a la promoción de viviendas para
sectores de bajos recursos, estas resultaron insuficientes frente a la demanda.
La sepac tampoco disponía de fondos para cubrir sus ambiciosos objetivos,
por lo que Puigbó tuvo que aceptar donaciones de la entidad caritativa Emaús
para sostenerla. Con la llegada de Julio Álvarez a la conducción del ministerio,
el Presidente le cedió la administración de loterías, casinos e hipódromos para
paliar la falta de recursos.27
Si bien la cuestión social ocupó un lugar destacado en el ámbito discursivo
de la Revolución Argentina, fue desplazado por la preocupación de la planifica-
ción casi obsesiva y un “comunitarismo” que “no pasaba de ser un contacto con
delegados de organizaciones intermedias sin tocar el ámbito de la economía ni
el de la justicia social. O, en el mejor de los casos, asistencia a las comunidades
necesitados” (Laguado Duca, 2011: 227). El Cordobazo y la serie de “azos” que
se extendieron a Corrientes, Rosario, Mendoza, Neuquén, Alto Valle de Río
Negro, Pergamino, etcétera, desencadenaron un clima de protestas y radicali-
zación de los discursos que no solo desestabilizó al gobierno de Onganía, sino
que demostró que para perpetuarse en el poder no alcanzaba con el control de
las agencias administrativas y del aparato de coacción, sino que era crucial la
adhesión de los “gobernados”.28 También les recordó a las clases dominantes la
imposibilidad de construir un proyecto de dominación con pretensiones hege-
mónicas excluyendo al sindicalismo. Luego del 29 de mayo, Onganía solicitó
la renuncia a todos los ministros y secretarios de Estado.

26
La política económica de Krieger Vasena estuvo orientada a promover la modernización y
tecnificación. Durante su gestión (diciembre de 1966-mayo de 1969), el proyecto “modernizador”
se realizó mediante la asignación forzosa de recursos al sector moderno y transnacional de la
economía con el supuesto objetivo de producir un salto cualitativo. Su política fue ampliamente
aplaudida por los círculos empresarios y financieros del país y del exterior –principal base de
sustentación del régimen–, pero criticada por la burguesía industrial, la terrateniente y los
asalariados. Promovió la llegada masiva de capitales extranjeros, renovó los contratos con las
compañías petroleras extranjeras, eliminó los controles de cambio, la protección arancelaria y
los créditos a los pequeños y medianos empresarios. Su política se orientó a ganar la confianza
de los organismos internacionales de crédito, principalmente ponderó los acuerdos con el Fondo
Monetario Internacional.
27
Primera Plana, nº 223, 4/04/1967, p. 12.
28
Sobre los “azos” que se sucedieron a partir del Cordobazo y el contexto de protesta social, ver
Barbarito, 2012; Crenzel, 1997; De Riz, 2000; Gordillo, 2007 y Ramírez, 2008.

78
El sistema de participación comunitaria y el bienestar social bajo el onganiato

En marzo de 1969, el gobierno recurrió al “tiempo social” como recurso


para recuperar el control y contener las demandas de los obreros.29 En junio
de ese año Onganía declaró que se iniciaba una “nueva etapa” de verdadera
“participación social” y una auténtica democracia representativa.30 En sep-
tiembre Onganía redefinió el tiempo social como aquel que modificaría las
estructuras para una justa distribución de la riqueza. De este modo, las es-
tructuras sociales pasaron a ocupar un lugar prioritario en la agenda pública.
El cambio de gabinete implicó el reemplazó a Krieger Vasena por Dagnino
Pastore (junio de 1969 a junio de 1970), ex ministro de Economía de la
provincia de Buenos Aires y presidente ejecutivo del Consejo Nacional de
Desarrollo, quien simpatizaba con la Doctrina Social de la Iglesia. Durante
su gestión apostó a la descentralización de la actividad económica y la coo-
peración entre el empresariado y el sindicalismo. Sin embargo, su política
económica no fue muy distinta a la tendencia monetarista que representaba
su predecesor. El Plan Nacional de Desarrollo y Seguridad (1970-1974),
formulado a principios de 1969, asignaba mayor importancia a lo social. Allí
se evidenció que la economía debía estar al servicio de los hombres y no a
la inversa (Consejo Nacional de Desarrollo, 1970). En el plan se mencionó
el incremento de la inversión en materia de salud pública, educación, pro-
moción cultural y el desarrollo comunitario. Allí se resaltó la preocupación
por equilibrar las zonas de desarrollo, principalmente las de frontera, poblar
la Patagonia, erradicar los asentamientos informales, reestructurar el sistema
previsional y sancionar la Ley del Deporte. Asimismo, estableció una polí-
tica de pleno empleo y de mejora de la participación de los asalariados en el
ingreso nacional. Para lograr el apoyo de los sindicatos y unificar a la cgt,
no se derogó la Ley de Asociaciones Profesionales y se sancionó la Ley de
Obras Sociales (Ley nº 18610), medidas que fortalecieron al poder sindical.
Se decretaron aumentos de sueldos para 1970, los cuales debían ser absor-
bidos por las empresas y que establecería el control de precios. Estas últimas
medidas generaron serias discrepancias con los liberales y con la principal
base de apoyo de Onganía, los grupos financieros y las grandes corporaciones
empresariales, principalmente la uia y aciel, quienes hicieron uso de todos
sus recursos para boicotear el “tiempo social”. Sin embargo, los beneficios
otorgados en el campo de la seguridad social no fueron suficientes para reducir
29
La Nación, 29/03/1969; Primera Plana, nº 267, 6/02/1968; nº 290, 23/07/1968; nº
293, 6/08/1968; nº 295; 20/08/1968; nº 308, 19/11/1968; nº 309, 26/11/1968; nº 324,
11/03/1969.
30
La Nación, 21/06/1969.

79
Gabriela Gomes

la alta conflictividad política y social. Al descontento empresarial, sindical y


la movilización social en general, se sumó la violencia guerrillera. El asesinato
de Pedro Eugenio Aramburu selló el destino final del onganiato.

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83
Gabriela Gomes

84
El Partido Comunista ante la “Revolución
Argentina” (1966-1973):
una aproximación documental*
Jorge Cernadas

Introducción

Tras el derrocamiento de Juan Domingo Perón en 1955, los principales partidos


de la izquierda de entonces (Socialista y Comunista) ensayaron variadas estra-
tegias para revertir la masiva “transferencia de lealtades”1 políticas operada una
década antes en las clases populares. No obstante, no solo no lograrían erosionar
sustancialmente la identidad política de estas, sino que se verían afectados por
fuertes debates internos, escisiones y fracturas, al tiempo que las múltiples for-
maciones de la emergente “nueva izquierda” (ni)2 les disputaban su pretensión
del monopolio del marxismo legítimo y la orientación de esos mismos sectores
sociales, a su vez intensamente activados en los años sesenta. Quizá la novedad
y radicalidad de esos desafíos opacaron la construcción de una mirada histórica
sobre partidos que, como el Comunista (pca), conservaron sin embargo –al
menos hasta 1976– peso dentro del “margen izquierdo” cultural y político, tanto

*
Este artículo se basa en el trabajo presentado en las XIII Jornadas Interescuelas / Departamentos
de Historia, Catamarca, 2011.
1
Según el concepto acuñado, para otros contextos históricos, por Anderson (1984).
2
Cfr. Tortti, 1998, p. 13. Adoptamos aquí su noción de “nueva izquierda”, que remite a un
vasto “conglomerado de fuerzas sociales y políticas que, desde fines de los años sesenta, produjo
[un] intenso proceso de protesta social y de agitación política, por el cual la sociedad argentina
pareció entrar en un proceso de contestación generalizada”. Cfr. también Tortti, 2014.

85
Jorge Cernadas

por su envergadura institucional y organizativa, como por su anclaje en sectores


medios y profesionales, estudiantiles, obreros, del empresariado “nacional” y
cooperativista, e incluso estatales (fuerzas armadas, justicia, etcétera). Y ello
pese a que la propia comprensión del desarrollo de la ni requiere una revisión
–apenas iniciada para los años 1966-1973 por la literatura académica– de este
actor de la izquierda, que por entonces comenzaría a ser denominada como
“tradicional”.3 Aquí procuramos una primera aproximación a las posiciones del
pca ante la autodenominada “Revolución Argentina”, analizando sus compi-
laciones anuales de “resoluciones y declaraciones” y –en menor medida– otros
documentos partidarios, para identificar continuidades y cambios en las diversas
coyunturas que aquella atravesó: instauración y apogeo del onganiato (1966-
1969), Cordobazo y crisis del “Estado burocrático-autoritario”4 (1969-1971),
intento de recomposición del poder estatal y de apertura política bajo control
militar (1971-1973) en la presidencia de Lanusse. Se trata de un texto explo-
ratorio, que deberá ser profundizado mediante la ampliación y diversificación
del corpus abordado aquí.

El Partido Comunista Argentino en la primera década


posperonista
Al ser derrocado el peronismo, el pca se hallaba “en cautelosa oposición a él
para ensayar una vez más el acceso a la plena respetabilidad política” (Halperín
Donghi, 1986: 100), ensayo que no abandonaría –aunque con variaciones
tácticas– en los siguientes veinte años. Desde hacía décadas, el partido bre-
gaba por articular un amplio “frente democrático nacional” antioligárquico
y antiimperialista –con inclusión de sectores “progresistas” de la “burguesía
nacional”–, destinado a consumar una “revolución democrática, agraria y an-
tiimperialista” considerada históricamente necesaria y previa al socialismo en
países atrasados y dependientes como la Argentina. Esta línea –inscripta en una

3
Entre las excepciones que remiten (aun parcialmente) al objeto y recorte temporal propuesto
aquí, cfr. Campione (2005) y Bonvillani (2015), y textos académicos que refieren a la sociabilidad
y la “cultura política” partidarias (por ejemplo, Pasolini, 2000 y 2013) o bien a “figuras-faro” de
la intelectualidad comunista entre los años treinta y sesenta (por ejemplo, Massholder, 2014).
Dentro de la literatura testimonial o periodística, cabe destacar los trabajos de Gilbert (1994,
2009). Para una aproximación sintética a la entera historia del pca, cfr. Campione, 2007.
4
Según la caracterización acuñada por O’Donnell (1982) para el onganiato y otros regímenes
autoritarios.

86
El Partido Comunista ante la “Revolución Argentina” (1966-1973)

perspectiva “etapista” de la revolución, de larga data en el comunismo local–


resultó remozada (y legitimada) con la estrategia global promovida por la urss
desde el XX Congreso del pc soviético (1956), que oficializó la “coexistencia
pacífica” entre el “campo del socialismo y de la paz” encabezado por la urss y el
supuestamente declinante “campo del imperialismo y de la guerra” liderado por
Estados Unidos, el apoyo a las burguesías “nacionales” en la periferia capitalista
y la transición pacífica al socialismo (Marcou, 1981: 47). El pca, temprano
y cálido receptor de estas tesis,5 redoblaría entonces la insistencia en su línea
histórica, empresa plagada de contrariedades, pues muchos hipotéticos socios
“progresistas” y “democráticos” interpelados para integrar el “frente”–excluido
el liderazgo peronista6– mostrarían frecuente renuencia a esas convocatorias,
cuando no validaban o promovían las reiteradas persecuciones sufridas por los
comunistas entre 1955 y 1966, años profundamente signados por la irresolución
de la “cuestión peronista” (Smulovitz, 1991) y la vigencia de un inestable y
deslegitimado sistema político “dual” (Cavarozzi, 1983). Ya en octubre de 1955,
un alto dirigente había imaginado que la desarticulación del “aparato de Estado
corporativo-fascista creado por Perón” abría una “brecha” democrática, a ser
ensanchada con la formación de una amplia coalición de idéntica orientación,
con el propio pca en papel protagónico.7 Tras el fugaz y frustrante apoyo al
candidato de la ucri Arturo Frondizi, en 1958, y su derrocamiento en 1962,
el pca procuró “terciar” en el conflicto militar entre “azules” y “colorados” (a
favor de sectores supuestamente “nasseristas” de los primeros), para luego apo-
yar “críticamente” al débil gobierno de la ucrp inaugurado por Arturo Illia en
octubre de 1963. El XII Congreso del pca (el primero desde 1946), celebrado
clandestinamente a comienzos de ese año 1963, consagró la línea vigente en
la siguiente década, resumida en la consigna “por la acción de masas hacia la
5
Cfr. Codovilla, Victorio: “La nueva relación de fuerzas en lo internacional y nacional y el
camino argentino hacia la democracia, la independencia nacional y el socialismo”, informe al
Comité Central (cc) del pca (julio de 1956). En Codovilla, Victorio, Una trayectoria consecuente,
Buenos Aires: Anteo, 1964, tomo iii, pp. 172-177.
6
Exclusión que no impidió luego de 1955 el llamado al “trabajo unitario” con los peronistas
en el mundo obrero o la convergencia en el voto en blanco en diversas ocasiones –por ejemplo,
bajo la presidencia de Frondizi–, tendientes a persuadir a la clase obrera de la conveniencia de su
“desperonización” y el acercamiento a su “verdadero partido de vanguardia”. Cfr. Tortti (2002a,
2002b, 2003) y Camarero (2014).
7
Codovilla, Victorio, “Perspectivas de desarrollo de la situación política argentina después del
reciente golpe de Estado”. En Codovilla, Victorio, Una trayectoria consecuente, tomo iii, Buenos
Aires: Anteo, 1964, pp. 166-167. Lejos de ello, la “Revolución Libertadora” persiguió temprana
y enérgicamente al pca.

87
Jorge Cernadas

conquista del poder”, y postuló la existencia de un “giro a la izquierda” de las


masas que las llevaría “a posiciones coincidentes con la de los comunistas y a la
asimilación de la doctrina marxista-leninista”.8 Para entonces, no obstante, la
persistente distancia con las clases populares y el impacto –difícil de exagerar– de
la Revolución Cubana, tan contrastante en su veloz radicalización con la mode-
ración del comunismo local, fueron conformando –junto a otros elementos– lo
que Tortti (2002a, 2002b) denominó “el ‘malestar’ dentro del pc”, manifestado
en el alejamiento o expulsión de cuadros y militantes, especialmente juveniles
e intelectuales, como los que sustentarían a los colectivos Pasado y Presente y
La Rosa Blindada e imprimirían su sello a la escisión de 1967/68, origen del
“pc Revolucionario” de ulterior orientación maoísta.

El Partido Comunista Argentino frente a la instauración


y consolidación de la “Revolución Argentina”
Meses antes del promocionado golpe de Estado de junio de 1966, el pca denun-
ciaba la agresividad de Estados Unidos (en particular hacia el Vietnam y Cuba),
el rol de la dictadura brasileña instalada en 1964 como base de su política en
el Cono Sur y el “escisionismo” chino en el movimiento comunista (tópicos
habituales en el partido en esos años). En lo interno, reseñaba las “flaquezas”
del gobierno de Illia, que facilitaban “los constantes rumores de golpes que se
anuncian y preparan realmente”,9 y llamaba –con poca posibilidad real de ser
escuchado– a “ganar la calle, unificar en la acción a las fuerzas civiles y milita-
res progresistas, y derrotar el golpe de Estado reaccionario”.10 Ya consumado
el golpe, el pca –a diferencia de otros actores– lo condenó frontalmente como
un “crimen de lesa Patria”, desalentó cualquier expectativa en el nuevo régimen
y trazó una dura caracterización de este último (que recién se desdibujaría en
1971): “una dictadura militar de tipo fascista, al estilo de Castelo Branco en
el Brasil, destinada a servir […] los intereses del imperialismo yanqui, de la

8
Codovilla, Victorio, El significado del giro a la izquierda del peronismo, Buenos Aires: Anteo,
1962, p. 20.
9
“Cómo detener los avances de la reacción internacional y nacional”, resolución cc ampliado
del 26 y 27/2/66; “Por un 1º de Mayo de unidad obrera y popular”, llamamiento del cc, 1/5/66,
ambos textos en Resoluciones y Declaraciones del Partido Comunista de la Argentina, año 1966 (en
adelante se cita RD y el año correspondiente), Buenos Aires: Anteo, 1967, pp. 56-57.
10
“Unidad contra el imperialismo y el golpe de Estado”, 8/6/66. Ibíd., p. 69.

88
El Partido Comunista ante la “Revolución Argentina” (1966-1973)

oligarquía terrateniente y de los grandes capitalistas”.11 También reclamaba la


vuelta de los militares a los cuarteles, la formación de un gobierno de coalición
democrática con participación de peronistas y comunistas y la convocatoria a
una asamblea constituyente. En el segundo semestre de 1966, el pca condenó
la intervención del pen a las universidades nacionales (parangonada con “los
métodos empleados en su tiempo por el fascismo y el hitlerismo”12), la orien-
tación política y económica “reaccionaria” del gobierno, y a los sectores sindi-
cales y políticos que –ante los cambios en el gabinete y el ejército a fines de ese
año– alentaban expectativas de “enmienda” y “cambio de rumbo” del régimen.13
El año 1967 suele considerarse el de consolidación del “onganiato”: derrota
de la huelga de la cgt y merma de la conflictividad laboral, hibernación de
los disueltos partidos políticos, aplicación plena del plan económico de Krie-
ger Vasena, endurecimiento de la legislación represiva14 (Portantiero, 1977;
O’Donnell, 1982; De Riz, 2000). En tan adverso contexto, el pca celebró
en abril su vii Conferencia Nacional, que ratificó la línea adoptada en el xii
Congreso y alentó la formación de “centros coordinadores de la acción común”
de las “fuerzas democráticas y progresistas” contra la dictadura. No obstante,
gran parte del pequeño volumen anual remite a la coyuntura internacional:
la crítica al maoísmo y la “revolución cultural” china y la demanda de unidad
del movimiento comunista,15 la denuncia de la escalada bélica estadounidense
en Vietnam y del riesgo de guerra nuclear,16 la solidaridad con las víctimas de
represión en varios países de América Latina y el ataque al rol del imperialis-
mo y el “sionismo de derecha” en el conflicto árabe-israelí. También dedicaba
amplio espacio al cincuentenario de la Revolución Rusa –incluido el melifluo

11
“¡Otra vez el golpe de Estado!”, declaración del cc, 29/6/66. Ibíd., pp.71-72. Cfr. Bonvillani,
2015.
12
“¡Bárbaros, las ideas no se matan!”, llamamiento del pca, 2/8/66. Ibíd., p. 81. Desde entonces,
la restauración de la autonomía universitaria figuraría regularmente entre las demandas políticas
del pca.
13
“Declaración del P. Comunista sobre el reciente golpe de Estado palaciego”, cc, 31/12/66.
Ibíd., pp. 133-137.
14
Por ejemplo, mediante la ominosa “ley anticomunista” 17401, para el pca epítome de la
condición “corporativo-fascista” del régimen y objeto de denuncia sistemática por su vigencia
hasta 1973.
15
“Ni revolución cultural ni proletaria”, declaración del cc, 23/1/67. En RD 1967, Buenos Aires:
Anteo, 1968, pp. 17-19.
16
“¡Hoy más que nunca hay que intensificar la solidaridad con el pueblo de Vietnam!”, resolución
de la vii Conferencia Nacional del pca, 16/4/67. Ibíd., pp. 42-43.

89
Jorge Cernadas

saludo transmitido por Orestes Ghioldi en Moscú–,17 a las luchas por los dere-
chos civiles de la población negra en Estados Unidos y a la ya ritual defensa de
Cuba, esta vez ante la política exterior “pentagonista” atribuida a Juan Carlos
Onganía (defensa que, no obstante, ocultaba mal las tensiones entre los mo-
derados pp.cc. latinoamericanos pro soviéticos –como el pca– y el castrismo,
en momentos en que este promovía la Conferencia Tricontinental, la olas y la
lucha armada en la región).18
También el volumen sobre 1968 asigna gran espacio a la situación in-
ternacional19 y a varias efemérides. Su primer documento es, precisamente,
un “manifiesto” en ocasión del 50º aniversario de la fundación del pca, que
ratificaba –y en gran parte se autoadjudicaba– el “profundo giro a la izquierda
que se viene operando en las masas peronistas y no peronistas, y en los más
diversos sectores progresistas del país” y reiteraba la necesidad de un “centro
coordinador” para derrocar a la dictadura y dar paso a un gobierno provisional
y una constituyente. La caracterización de la dictadura misma y de sus políticas
aparecía estabilizada en los parámetros de 1966.20 En el contexto que venimos
describiendo, el congreso sindical de marzo de 1968 y el surgimiento de la
combativa cgt de los Argentinos, síntoma de la crisis del sindicalismo peronista
tradicional frente a un gobierno posperonista “fuerte” (James, 2003), concitó
la inicial adhesión y entusiasmo del pca, que si en vísperas del golpe de 1966
bregaba por una amplia “unidad” de la cgt (“vandorismo” incluido), había
pasado luego a posiciones críticas de las vertientes gremiales más burocráticas
y conciliadoras (vandoristas y, más aún, “participacionistas”). El “llamamiento”
17
“Saludo del P. Comunista de la Argentina en la sesión solemne realizada en Moscú en el 50
aniversario de la Revolución Rusa”, 6/11/67. Ibíd., pp. 93-95.
18
Ver, por ejemplo, el reportaje de la agencia cubana Prensa Latina a Victorio Codovilla,
quien rechazaba una vía única para los movimientos revolucionarios de América Latina (“En
el aniversario del asalto al cuartel de Moncada”, 8/8/67, ibíd., pp. 68-69) o el tratamiento del
asesinato del Che, que apenas motivó un telegrama del cc a Fidel Castro expresando “profundo
pesar” por la novedad –sin siquiera referir a las circunstancias del hecho– en solo ocho líneas,
la mitad de las asignadas a felicitar al pcus por un logro espacial (“Con motivo de la muerte
de Ernesto ‘Che’ Guevara”, telegrama del cc, 18/10/67, y “Con motivo del descenso suave en
Venus de una nave espacial soviética”, 3/11/67, ibíd., pp. 91 y 92, respectivamente). Según
Gilbert (2009: cap. xvi), ese tratamiento contribuiría a la ruptura de amplios sectores juveniles
disconformes con la dirección partidaria en 1967/68.
19
Destaca –por la vasta repercusión mundial que el hecho suscitó– la invasión a Checoslovaquia
por la urss y sus aliados, que el pca valoró como “ayuda fraternal, incluida la ayuda con fuerzas
armadas” [sic]. “Sobre la situación checoslovaca”, 21/8/68. RD 1968, Buenos Aires: Anteo, 1969,
pp. 105-108.
20
“Con motivo del 50º aniversario de su fundación”, cc, enero de 1968. Ibíd., pp. 13-25.

90
El Partido Comunista ante la “Revolución Argentina” (1966-1973)

del cc con motivo del 1º de mayo instaba a “rodear y apoyar con las masas de
trabajadores a la auténtica cgt […], impulsando el cumplimiento del progra-
ma de lucha que aprobó el congreso [de marzo]”.21 El llamado de la cgt-a a
conformar un Frente de Resistencia Civil antidictatorial fue bienvenido por el
pca, aunque en su visión debía ampliarse rebautizándolo Frente de Resisten-
cia Popular y Democrática (pues ello permitiría “la incorporación de algunos
sectores militares que puedan coincidir total o parcialmente con sus programas
y planteos”).22

El “mayo argentino” y la crisis del “onganiato”

Como es sabido, 1969 se revelaría crucial para la arrogante “Revolución Argenti-


na” (y para el curso ulterior de la historia argentina reciente).23 La nueva coyun-
tura fue bien percibida –y saludada esperanzadamente– por el pca, aunque ello
no motivó cambio sustantivo alguno en sus orientaciones políticas centrales.24 Su
xiii Congreso –reunido clandestinamente en marzo– ratificó la “corrección” de
la línea adoptada en el xii Congreso y en la vii Conferencia, y sus resoluciones
ocupan buena parte del volumen anual. La escalada de conflictos que desem-
bocaría en la huelga general del 30 de mayo y en el Cordobazo del 29 y 30 de
ese mes fue saludada por el pca como “una página ejemplar de nuestra historia
y de las luchas populares argentinas”, que produjeron “un cambio radical en
todos los órdenes –político, económico, social– del país […]. Fue un verdadero
plebiscito popular, cuyos resultados no dejan lugar a dudas: la dictadura de los
monopolios debe irse”.25 Días después, su cc difundió una “Carta abierta” a

21
“1º de Mayo. ¡Luchemos unidos para abatir la dictadura y por un gobierno verdaderamente
democrático y popular!”, 23/4/68. Ibíd., p. 60. Cfr. también la “Carta del pc a la cgt” del
3/5/68, en pp. 66-68.
22
“Respuesta del pc a la cgt de los Argentinos”, septiembre de 1968. Ibíd., p. 113.
23
Para la mayoría de los analistas, el Cordobazo implicó una “herida de muerte” para el régimen
instaurado en 1966 y el comienzo de un novedoso y potente ciclo de protesta popular (Gordillo,
2003).
24
En el prólogo al volumen de RD 1969, Buenos Aires: Anteo, 1970, pp. 5-6, se afirmaba que
“los sucesos de 1969 […] han significado un nuevo momento en la vida nacional, la culminación
de un largo proceso, y la iniciación de otro”. El pca reivindicaba para sí haber “combinado
una táctica amplia y flexible y una firme posición de principios tanto frente a las posiciones
derechistas como ultraístas”.
25
“Con motivo de la xxiii campaña financiera”, junio de 1969, en RD 1969, pp. 36-37, y “El
viernes 27, nueva jornada de lucha obrera y popular contra la dictadura y Rockefeller”, ibíd.,

91
Jorge Cernadas

“todos los partidos políticos democráticos, a todas las organizaciones obreras y


estudiantiles, a todas las entidades populares”, en la que exhortaba a organizar
de inmediato un “centro nacional de la resistencia”, proponía un “programa
mínimo de coincidencias” y advertía –en un mensaje con variados destinata-
rios– que “el pueblo ha mostrado en las calles que el pasado está enterrado. Y
en este pasado sepultado están incluidos los remedios del golpe de Estado, del
salvador extraordinario o del monopolio de un partido”.26 Al mes siguiente,
ante un nuevo paro general, se ratificaba la disposición popular “a continuar
la contraofensiva antidictatorial iniciada en el memorable mes de Mayo”, al
tiempo que se condenaba el asesinato del líder metalúrgico Augusto Vandor,
atribuyéndolo al “pistolerismo sin principios alentado desde siniestros servi-
cios de informaciones” y a la promoción gubernamental de “divisiones” en el
movimiento sindical.27 Al finalizar ese turbulento 1969, el habitual documento
conmemorativo de la Revolución Rusa, tras revistar la situación internacional
y los logros del régimen soviético, destacaba “la fragilidad de la dictadura, que
si se mantiene en el poder es debido a la ausencia de un CENTRO COOR-
DINADOR DE TODAS LAS FUERZAS ANTIDICTATORIALES”. Según
el cc, “el giro a la izquierda se acentúa y penetra en todos los poros de la socie-
dad argentina” (obreros, campesinado, estudiantes, graduados y profesionales,
intelectuales, fuerzas armadas e Iglesia Católica), lo que tornaba urgente la
“construcción de un poderoso FRENTE DEMOCRÁTICO NACIONAL,
antioligárquico y antiimperialista”.28
El año 1970 corresponde no solo al del ocaso político de Onganía y su
destitución por los jefes militares en junio, sino también al de la creciente
actividad de organizaciones armadas, espectacularmente ilustrada en mayo
con el secuestro y muerte del expresidente Aramburu por el grupo peronista
Montoneros. A partir de entonces, varias declaraciones del pca denuncian la
profundización (y progresiva clandestinización) de la represión estatal y a la vez
advierten sobre la ineficacia e inconveniencia políticas de “la vía del foquismo
aislado o del terrorismo individual”, que, “en última instancia, hace el juego a
la reacción”.29 Las crecientes disidencias en el seno de la dictadura y los mandos

pp. 62-64.
26
“Carta abierta”, 3/6/69. Ibíd., pp. 46-49.
27
“Con motivo del paro del 1ro. de julio”, declaración del cc, 1/7/69. Ibíd., pp.62-64.
28
“7 de noviembre / 1917-1969. Llamamiento del pc a la clase obrera y el pueblo”, noviembre
de 1969. Ibíd., pp. 110-111 (mayúsculas y destacados en el original).
29
“Síntomas anunciadores de acontecimientos de suma gravedad”, Comité Ejecutivo (ce),
30/3/70, en RD 1970, Buenos Aires: Anteo, 1971, p. 20. Cfr. asimismo “Por un 1º de mayo de

92
El Partido Comunista ante la “Revolución Argentina” (1966-1973)

militares también llevaron a alertar “al proletariado y al pueblo sobre los falsos e
inoperantes discursos y programas de Onganía, de Lanusse y de otros militares
y civiles, repentinamente ‘enamorados de la democracia’”, destinados a “detener
el avance de las masas hacia la conquista del poder”.30 La forzada renuncia de
Onganía fue calificada como “un nuevo golpe de Estado”, aunque el Comité
Ejecutivo advertía que la puja entre diversas “camarillas” del régimen no había
finalizado y atribuía la imposibilidad de sustituirlo por un gobierno provisional
de coalición democrática al hecho de que las fuerzas antidictatoriales –aunque
poderosas– no habían plasmado aún el “centro coordinador” de sus acciones
aconsejado por el pca.31 Entretanto, al calor de la sostenida hostilidad popular
y la rápida erosión de la gestión del general Levingston, la reanimación de la
actividad político-partidaria se expresaría en la articulación, a fines de 1970,
de la llamada Hora del Pueblo (integrada por el peronismo, el radicalismo
y otras fuerzas políticas tradicionales), orientada al reclamo de elecciones.
Apenas días después, el pca reaccionó constituyendo el Encuentro Nacional
de los Argentinos (ena), “convocado por personalidades de diversa manera de
pensar y sentir (peronistas, radicales del pueblo, comunistas, socialistas, demo-
progresistas, democristianos, independientes), sindicatos, centros estudiantiles,
organizaciones populares, [que] da la posibilidad de crear en nuestro país la gran
fuerza capaz de abrir la esperanza de una Argentina nueva, renovada, renacida”.32
Desde entonces, el pca, advertido del progresivo deshielo de la vida política y
de la eventualidad de alguna apertura electoral por iniciativa del régimen, se
dispuso a dar batalla en este terreno. Así, presentó el ena como un embrión
del ansiado “frente democrático” (e incluso como una versión in nuce de la
unidad obrera y popular y de combate contra el imperialismo, la oligarquía y la dictadura que los
sirve”, llamamiento del cc, s/f, ibíd., p. 27. Por otra parte, se enfatizaba que “la línea divisoria no
pasa entre peronistas y antiperonistas, sino entre patriotas antimperialistas y antidictatoriales, de un
lado, y representantes de los monopolios internacionales y del corporativismo, del otro” (destacado
en el original). La posición ante el caso Aramburu –como en otros actores del momento– no
estuvo exenta de ambigüedades: aunque reprobaba el hecho, vacilaba en atribuirlo con certeza
a “provocadores a sueldo de algún servicio nacional o extranjero”, pues “los atentados también
suelen ser consumados por grupos desesperados e impacientes que pretenden sustituir la acción
del pueblo organizado por acciones de tipo individual”. Cfr. “Sobre el secuestro del general
Aramburu”, declaración del ce, 3/6/70, ibíd., pp. 61-62.
30
“Por un 1º de mayo de unidad obrera y popular”, en RD 1966, Buenos Aires: Anteo, 1967,
pp. 29-30.
31
“Sobre el golpe que destituyó a Onganía”, declaración del ce, 9/6/70, en RD 1970, Buenos
Aires: Anteo, 1971, pp. 64-65.
32
“¡Viva la gloriosa Revolución Rusa!”, cc, noviembre de 1970, ibíd., p. 104 (destacado en el
original).

93
Jorge Cernadas

recientemente triunfante Unidad Popular chilena o del flamante Frente Amplio


uruguayo, coaliciones con participación comunista), en competencia con La
Hora del Pueblo y con los sucesivos “frentes” articulados por el peronismo (De
Amézola, 2000: 37-43). Bajo esta luz pueden leerse –junto con el repudio del
“plan político” anunciado por Levingston en diciembre de 1970– la crítica a
la tibieza de un documento de La Hora del Pueblo y la exaltación del primer
acto público realizado por el ena en Rosario.33

Lanusse, el Gran Acuerdo Nacional y el fin de la “Revolución


Argentina”
“Ajenos a toda actitud cabalística, bien podemos afirmar que 1971 abre para
nuestro país y toda América latina la década de las revoluciones democráticas,
agrarias y antiimperialistas, hacia el socialismo. Cuba y Chile ya emprendieron
ese camino. Los restantes países lo seguirán”. Con estas palabras optimistas
–aunque carentes de capacidad de prognosis– prologaba el pca su compila-
ción documental de ese año, inaugural del último bienio de la “Revolución
Argentina”.34 En enero, el ce, tras atacar el “plan político de tipo corporativo
fascista” y la política económica de Levingston, alertaba “contra la posible
maniobra de la Junta de Comandantes de sustituir un equipo por otro para
que todo siga igual”, insistiendo en la necesidad de “abatir a la dictadura y
sustituirla por un gobierno provisional de amplia coalición democrática”.35 La
“maniobra” cristalizó –tras el “segundo Cordobazo”– dos meses después, y el
pca inscribió la destitución del presidente en “una profunda crisis de poder”,
solo soluble a través de “la constitución de un nuevo tipo de poder, democrático,
nacional, popular”.36
Los primeros gestos “aperturistas” del nuevo presidente, el general Alejandro
Agustín Lanusse, fueron recibidos con repudio y escepticismo por el cc, que
aconsejaba “no dejarse atraer por el canto de sirena de la dictadura antinacional
y antipopular, no alimentar ninguna ilusión en las promesas seudodemocráticas
de los servidores del imperialismo, promesas de las que se hacen cómplices al-
gunos sectores de derecha del radicalismo, del peronismo y de otros partidos”.
33
“Reaccionario y antipopular el plan político del gobierno”, cc, 9/12/70, ibíd., p. 119.
34
Prólogo de RD 1971, Buenos Aires: Anteo, 1972, p. 8.
35
“Es hora de poner fin a tanto desborde”, 15/1/71, ibíd., p. 12.
36
“Con motivo del golpe militar que destituyó a Levingston”, cc, 24/3/71, ibíd., p. 30 (destacados
en el original).

94
El Partido Comunista ante la “Revolución Argentina” (1966-1973)

Al contrario, exhortaba a impulsar “las formidables luchas que agrietaron a la


dictadura, [y] la obligaron a enmascararse con promesas engañosas de elecciones
y de ‘democracia representativa’” y a fortalecer al ena, “alternativa de un nuevo
poder”.37 En julio, el cc –en una extensa y enérgica declaración– denunció el
“plan político” del nuevo gobierno como “pieza principal de una vasta ma-
niobra de la dictadura, orquestada con el fin de consolidar la misma política
proimperialista y prooligárquica que ha venido desarrollando desde 1966”. La
iniciativa lanussista del Gran Acuerdo Nacional (gan) era denominada como
“el Gran Enganche Nacional, entre la dictadura y la derecha de los partidos
políticos”, sobre todo los agrupados en La Hora del Pueblo, con la anuencia
de la burocracia sindical y el buscado consentimiento de Perón, “a fin de que
el peronismo en su conjunto acepte el acuerdo, silencie la estafa y sabotee las
luchas obreras y populares”. También rechazaba el nuevo “estatuto de los par-
tidos políticos” por “inconstitucional, policíaco y fascista” y exhortaba otra vez
a “no escuchar los cantos de sirena de Lanusse y [su ministro] Mor Roig y a no
alimentar ninguna ilusión en la gran estafa de la dictadura”, la cual temería “el
crecimiento y consolidación del Encuentro Nacional de los Argentinos […], que
por el camino argentino […] se produzca un nuevo Chile en nuestra patria”.38
Solo un mes más tarde, sin embargo, la percepción del pca sobre el dinámico
proceso político parece haber introducido algunos ajustes, ponderando tanto
ciertos cambios en el contexto regional y en la política exterior adoptada por
Lanusse, como la fragilidad de su posición frente a sectores militares y civiles
juzgados “ultrarreaccionarios”. Ante el golpe de Estado derechista del general
Banzer en Bolivia, el partido interpretó que
… los imperialistas yanquis tratan de revitalizar la teoría del “frente inter-
no” y de las “fronteras ideológicas” a fin de hacer posible la constitución
de una fuerza continental de policía que pueda ser manejada por el Pen-
tágono. Es conocida la alarma del gobierno [estadounidense] de Nixon
ante la “Declaración de Salta”, cuya aplicación consecuente puede poner
en peligro las “fronteras ideológicas” del Departamento de Estado y sus
sirvientes en América Latina.

El cc concluía convocando a la “unidad de acción para desbaratar la


conspiración antinacional de las fuerzas reaccionarias que se inspiran en las
llamadas “fronteras ideológicas” y en el “frente interno”, sin hacer referencia

37
“Con motivo del 1º de Mayo”, 1/5/71, ibíd., pp. 48-49.
38
“El llamado ‘Plan Político’ de la dictadura y la posición del pc”, 20/7/71, ibíd., pp. 72-80.

95
Jorge Cernadas

directa alguna a la dictadura argentina (aunque sí a “la colaboración de gorilas


brasileños, paraguayos y argentinos” en tal “conspiración”).39 Al mes siguiente,
los pp.cc. del Cono Sur denunciaban los planes de la cia contra el “régimen
avanzado” peruano de Velasco, el Pacto Andino y la “Declaración de Salta”,
dirigidos a instalar en la Argentina “una dictadura propicia a ensamblar sus
planes con los imperantes en el Brasil, para servir los designios de los monopo-
lios yanquis; y, por sobre todo, contra el proceso revolucionario chileno”.40 En
octubre, el pca asignó al alzamiento militar antilanussista reprimido en Azul
y Olavarría “el propósito [de] instalar en nuestro país una dictadura fascista,
a la brasileña, y restablecer el eje Río-Buenos Aires sobre el principio de las
‘fronteras ideológicas’” concebido por Onganía y Castelo Branco en 1964.41 Y
una semana más tarde, su ce –tras resaltar la importancia política de los dos
documentos previamente citados– enfatizaba que “actualmente el enemigo
principal para las libertades públicas y la independencia nacional es el golpe
ultra reaccionario [para] erigir en nuestro país una dictadura a la brasileña”,
mientras creía descubrir una “contradicción existente entre la política exterior
del gobierno Lanusse, más realista en el último tiempo, y el desarrollo de su
política interna, que sigue basándose en la concepción macartista del ‘frente
interno’”.42 El alto riesgo de una “brasileñización” orientada a “contener el
curso revolucionario liberador en el Cono Sur de América Latina y minar la
política exterior argentina que se proyecta desde la Declaración de Salta”, asume
ya plena centralidad en una declaración de los comités provinciales del litoral
argentino, al punto de exhortar al pueblo a “contener y derrotar al golpismo
en todos los terrenos, confraternizando en la acción con las Fuerzas Armadas
que se dispongan a enfrentar un nuevo alzamiento golpista reaccionario”.43

39
“Solidaridad con el valiente pueblo boliviano”, 23/8/71, ibíd., pp. 92-95. La Declaración de
Salta refiere al documento emanado de la entrevista entre el presidente socialista chileno Allende
y Lanusse en esa ciudad argentina (julio de 1971), donde este último instó a guiar las relaciones
exteriores sin restricciones impuestas por “prejuicios o tabúes ideológicos”. El encuentro se
repitió poco después en la ciudad chilena de Antofagasta, donde el gobierno trasandino otorgó
a Lanusse la Orden de Bernardo O’Higgins.
40
“Declaración de los Partidos Comunistas de la Argentina, Brasil, Bolivia, Chile, Paraguay,
Perú y Uruguay”, septiembre de 1971, ibíd., pp. 102-104.
41
“Aplastar el golpe de Estado ultraderechista”, declaración del pca, 8/10/71, ibíd., p. 105.
42
“Sobre la situación nacional”, 15/10/71, ibíd., pp. 107-109. Agregaba que “la política externa
es inseparable de la política interior, y si hay contradicciones entre ambas, el equívoco no puede
prolongarse”.
43
“Ante la grave situación nacional. Declaración de los Comités Provinciales del pc del litoral
argentino”, octubre de 1971, ibíd., pp. 114-115. Ver similares consideraciones en “¡Viva la gran

96
El Partido Comunista ante la “Revolución Argentina” (1966-1973)

La aceleración del “tiempo político” durante 1972 parece haber lanzado


plenamente al pca a una compleja disputa en varios frentes. Por un lado, de
cara a la dictadura, en la ansiosa búsqueda de restitución de su legalidad, que
le sería negada hasta 1973, pero cuya expectativa de consecución parece haber
atenuado en ocasiones la profundidad de sus ataques al régimen.44 Por otro lado,
ante la recomposición de los partidos tradicionales en la escena política y la
creciente centralidad del peronismo (y de Perón) en su dinámica, que opacaron
las iniciativas comunistas –como el ena– orientadas a reconfigurar esa escena
según clivajes diferentes a los de civiles/militares o peronistas/antiperonistas.
Por último, frente a la proliferación de vertientes de izquierda –fuera y dentro
del peronismo, armadas o no–, cuya mera existencia y expansión, imposibles
de ignorar, cuestionaban el (auto)proclamado rol del pca como vanguardia
“natural” de un eventual proceso revolucionario y amenazaban capitalizar, tanto
o más que los propios comunistas, el “giro a la izquierda” anunciado por estos
una década antes. Varias declaraciones en la primera mitad de 1972 ilustran
estos dilemas: al despuntar el año, tras citar las promesas oficiales de “ejercicio
pleno y cabal de un sistema verdaderamente representativo”, el cc se interroga-
ba retóricamente: “¿Así son las cosas? ¿Acaso con la vigencia de la infame [ley
anticomunista] 17401, del Estatuto [de los partidos políticos] discriminatorio
y de la ley electoral antidemocrática se eliminarán las trampas y exclusiones?”.
El documento concluía resaltando que “el ena, por su consigna […]; por su
Programa de transformaciones de fondo; por su voluntad militante de conquistar
el poder; por su decisión para ampliar siempre más el frente antimperialista, se va
revelando como el instrumento idóneo para el cambio”.45 En abril, en ocasión de
los asesinatos del general Sánchez (jefe del Cuerpo de Ejército II) y de Oberdan
Sallustro (ejecutivo de FIAT) en acciones guerrilleras, el cc alertaba sobre el
usufructo político que de esos hechos haría el gobierno, aunque aseguraba que
“nada ni nadie podrá paralizar la acción de masas. Ni el terrorismo de derecha,
que se debate en la impotencia, ni los métodos de lucha no proletarios de grupos

Revolución Socialista Rusa de 1917 en su 54 aniversario!”, llamamiento del cc, 7/11/71, ibíd.,
pp. 120-127. El riesgo de “brasileñización” solo sería opacado –desde fines de 1973– por el de
“pinochetazo”.
44
Como adelantamos arriba, la caracterización de “dictadura corporativo-fascista” acuñada en
1966 prácticamente desaparece de los documentos partidarios desde mediados de 1971. A ello se
sumó, como hemos visto, la ponderación positiva de la política exterior del gobierno y el riesgo
periódicamente denunciado de “golpe ultrarreaccionario” contra el propio Lanusse.
45
“Plataforma del pc para luchar contra la carestía de la vida”, 24/1/72, en RD 1972, Buenos
Aires: Anteo, 1973, pp. 30 y 34.

97
Jorge Cernadas

ultraístas”.46 También fustigaba al gan (“tamaña mistificación, a la que hace coro


‘La Hora del Pueblo’, [que] se presenta como proceso de institucionalización o
restablecimiento del derecho del pueblo a elegir sus gobernantes… previamente
negociados, convenidos, digitados”), la “inconsecuencia democrática” de los
dirigentes que “aceptaron someterse a las condiciones draconianas del Estatuto
de los partidos políticos” y el “nihilismo programático de Perón” al constituir el
Frecilina (Frente Cívico de Liberación Nacional).47 Este era (des)calificado como
“un apéndice del justicialismo” (y no un auténtico frente de liberación nacional),
en una declaración que desmentía al “señor Cámpora, personero de Perón en la
Argentina”, respecto de una supuesta invitación cursada al pca para asistir a un
encuentro en el porteño Hotel Savoy, en mayo de 1972.48 Una semana después,
el pca, aunque aceptó otra invitación del discretamente rebautizado “delegado
personal del general Perón, Dr. Héctor J. Cámpora” a una reunión de fuerzas
políticas, no suscribió los documentos emergentes del encuentro, por entender
que Cámpora había incumplido compromisos en torno a acciones comunes
–mediatas e inmediatas– contra la dictadura.49
En julio de 1972, frente a las peripecias del gan, Lanusse pronunció un
discurso clave, en el que ratificó la realización de elecciones para comienzos
de 1973, insistió con la exigencia de acuerdos previos entre gobierno y fuerzas
políticas y formalizó indirectamente tanto su renuncia a una eventual candida-
tura presidencial como la proscripción de Perón a cargos electivos. Ante estos
anuncios –que aceleraron notablemente el timing político–, el cc diagnosticó
que “la salida a la situación actual […] ya no admite soluciones intermedias
ni terceras posiciones […]. La confrontación será entre la salida reaccionaria
y la salida democrática y progresista”. También criticó las condiciones de con-
vocatoria a elecciones, la aceptación por los partidos de “las ‘reglas del juego’
de la dictadura” y la creación del Frecilina, nacido “sin programa de liberación
nacional y en calidad de apéndice táctico del justicialismo”. Aun así, manifestaba
disposición a dialogar con otras fuerzas para constituir “un verdadero Frente
de liberación nacional, antioligárquico y antiimperialista”, y aunque admitía la
heterogeneidad de vertientes actuantes en el peronismo, concluía que en este “la
manija nunca estuvo en manos de la izquierda” y que “el policlasismo común
46
“Por la democratización de la vida nacional. Por la liberación nacional y social del pueblo
argentino”, cc, 14/4/72, ibíd., p. 48.
47
Ibíd., pp. 49 y 51. Sobre el “Frecilina”, cfr. Bozza, 1999.
48
“Sobre la reunión del Hotel Savoy”, declaración del Secretariado Político del pca, 29/5/72, ibíd.,
pp. 67-69. También criticaba que en el temario no figurara la abolición de la “ley anticomunista”.
49
“Reunión de partidos políticos”, comunicado de la delegación del pc, 7/6/72, ibíd., pp. 92-93.

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El Partido Comunista ante la “Revolución Argentina” (1966-1973)

a las diversas variantes del nacionalismo burgués […] se propone oscurecer la


conciencia de la clase obrera para someterla al cautiverio espiritual”.50 La con-
dena de los crímenes de Estado perpetrados en Trelew en agosto de 1972 y una
situación económica y política juzgada “caótica” parecen haber incitado al ce a
intentar reinstalar extemporáneamente en el debate político –ya enhebrado a las
cercanas elecciones– la necesidad de formar “un Gobierno Provisional de amplia
coalición democrática, integrado por civiles y militares”, que adoptara medidas
“apremiantes” en lo económico y político y convocara a asamblea constituyen-
te.51 Que no se trató de un exabrupto al calor de aquella anticipatoria muestra
de brutalidad represiva, lo sugieren documentos ulteriores que insistieron en el
mismo sentido: la “declaración” emitida ante una nueva reunión convocada por el
Partido Justicialista en el Hotel Savoy el 12 de septiembre,52 el “llamamiento” del
cc en el aniversario de la Revolución Rusa,53 la declaración del Secretariado del
cc en vísperas del primer retorno de Perón54 y la carta a Cámpora del secretario
general del pca, Arnedo Álvarez, rechazando su invitación al encuentro del 20
de noviembre en el restaurante Nino de Vicente López, dadas “la imprecisión
de su objetivo y […] la heterogeneidad de los invitados”.55
A esa altura de los acontecimientos, sin embargo, debió resultar evidente al
pca –como al resto de los actores políticos– que las elecciones, convocadas para
el 11 de marzo de 1973, se realizarían efectivamente, incluso con los condicio-
namientos que –aunque distantes de los previstos originalmente en el gan– la
dictadura había logrado preservar (De Amézola, 1999: 108-115). En enero de
1973, el pca difundió su apoyo a la fórmula presidencial de la Alianza Popular
Revolucionaria (apr, integrada por el intransigente Oscar Alende y el democris-
tiano Horacio Sueldo), argumentando que la participación en los comicios era
conforme a “la posición tradicional del marxismo-leninismo”, que la abstención
o el voto en blanco –impulsados por buena parte de la ni revolucionaria– “solo
favorecería a las corrientes que propician la brasileñización total del país”, que
la plataforma de la apr contenía “aceptables postulaciones concretas a favor de
los intereses populares” y que su consolidación crearía mejores condiciones para

50
“Unidad y lucha contra la dictadura, y por una salida democrática, popular y antimperialista”,
18/7/72, ibíd., pp. 94-105.
51
“La gravedad de la hora exige la unidad”, 25/8/72, ibíd., p. 115.
52
“Declaración comunista”, 12/9/72, ibíd., pp. 118-119.
53
“7 de noviembre. La gloriosa Revolución Rusa cumple su 55 aniversario”, noviembre de
1972, ibíd., pp. 134-135.
54
“Sobre versiones calumniosas”, 13/11/72, ibíd., p. 137.
55
“Por qué el P. Comunista no fue a la reunión del 20 en Vicente López”, ibíd., pp. 139-140.

99
Jorge Cernadas

constituir un auténtico “frente de liberación”. No obstante, a la luz de sus críti-


cos pronunciamientos previos (y también, quizá, de sus debates internos y sus
prospectivas acerca de los posibles resultados electorales), el cc debió considerar
oportuno consignar que “no disimula [el] carácter fraudulento y espurio [de
la campaña], patentizado por las normas proscriptivas, el Estado de sitio y los
centenares de presos políticos y gremiales, ni mucho menos pretende insinuar
al pueblo que habrá de alcanzar su libertad y soberanía a través de elecciones
condicionadas”. A la vez, reivindicaba para sí “el honor de haber sido el único
[partido] que denunció desde su inicio el plan de la dictadura y que exhortó a
todos los demás a repudiar los instrumentos del fraude”.56

Coda: el triunfo de Cámpora y la posición del PCA

A partir del corpus documental analizado, es difícil aseverar que el pca, a través
de su apoyo a la apr, apostó a “terciar” entre las fuerzas mayoritarias –peronismo
y radicalismo– en un eventual ballottage, como señalaron entonces algunos de
sus críticos.57 Como fuere, la segunda vuelta, para desazón del gobierno de facto
y sus simpatizantes, nunca se produjo, despejando el camino de Cámpora a la
presidencia. En 1946, poco después de la inesperada victoria electoral de Perón, el
xi Congreso del pca acuñó una fórmula de compromiso frente al nuevo gobierno
–“apoyar lo positivo y criticar lo negativo”– y procuró resignificar las adhesiones
políticas emergentes de la contienda, argumentando que las fuerzas “populares y
progresistas” se encontraban tanto en la coalición triunfante como en la derrotada
Unión Democrática apoyada por el partido (Altamirano, 2001: 18-22). Un eco
de esa postura parece discernirse en su colocación frente a los comicios de 1973:
valoró sus resultados como una neta derrota de la dictadura (aunque alertaba
sobre conspiraciones “para desconocer la voluntad popular” mediante un golpe
o autogolpe de Estado) y fijó su posición ante el nuevo gobierno:
[El] Partido Comunista asumirá […] una actitud positiva. Apoyará todas
aquellas medidas […] que tiendan a materializar los aspectos progresistas
56
“El Partido Comunista apoya a la Alianza Popular en las elecciones presidenciales”, declaración
del cc, 6/1/73, en RD 1973, Buenos Aires: Anteo, 1974, pp. 9-12. Ver similares consideraciones
críticas sobre los condicionamientos establecidos por la dictadura (pero también sobre la
complicidad de diversos sectores políticos en su aceptación), en “Ante la acción judicial promovida
contra el Frejuli y la amenaza de un golpe preventivo”, pp. 27-28 del mismo volumen.
57
Por ejemplo, Ernesto Giudici (1973), veterano dirigente del pca, renunciante al partido a
fines de ese año.

100
El Partido Comunista ante la “Revolución Argentina” (1966-1973)

enunciados por el Frejuli durante la campaña electoral, sobre todo en las


“Pautas programáticas” leídas por el Dr. Cámpora […]. Decimos también
francamente que criticaremos cualquier acto negativo para los intereses de
la clase obrera, del pueblo y de la Nación.58

Asimismo, advertía sobre la heterogeneidad del Frejuli y sus potenciales con-


flictos internos en el gobierno y reafirmaba que “ninguna fuerza popular puede
resolver por sí sola los graves problemas del país”, tarea cuyo éxito dependería
de “la unión de todas las fuerzas progresistas: las que votaron por el Frejuli y
las que votaron por otros lemas”.59 Con estas coordenadas, enmarcadas en una
siempre declamada confianza en la naturaleza inexorable del avance planetario
del socialismo, el pca ingresaba a la breve, turbulenta y políticamente crucial
experiencia del tercer peronismo60.

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58
“El pc asumirá frente al nuevo gobierno una actitud positiva. Criticaremos cualquier acto
negativo para los intereses de la clase obrera, del pueblo y de la Nación. Entregar el gobierno a
Cámpora. Levantar una muralla antioligárquica”, declaración del cc, 18/3/73, ibíd., pp. 35-38.
59
Ibíd., pp. 38-41. El pca comprometía sus esfuerzos para fortalecer las perspectivas estratégicas
de constitución del “Frente Democrático Nacional” y –una vez más– convocaba a “la unidad de
acción entre comunistas y peronistas en todos los niveles” para asegurar el cumplimiento de las
“pautas programáticas” e impedir “que el Frejuli se convierta en dique de contención del proceso
necesario e inevitable de liberación nacional y social del pueblo argentino”.
60
Abordé sintéticamente las posiciones del pca entre 1973 y 1976 en Cernadas, 2013.

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103
El regreso de la democracia a
General Sarmiento en 1973
Entre la unidad básica, el comité y las instituciones vecinales*

Blanca Gauto

Con las elecciones del 11 marzo de 1973, el peronismo regresaba a la política


nacional después de dieciocho años de proscripción y el sistema de partidos
volvía a tener vigencia. Luego de los intentos de desperonización primero y
finalmente de despolitización de la sociedad argentina, la salida electoral cons-
tituyó la peor de las derrotas para la Revolución Argentina en retirada. A su vez,
presentaba a los partidos políticos el desafío de orientar institucionalmente la
crisis del país y salir definitivamente del “empate”1 que había caracterizado la
política nacional desde 1955 en tanto los grupos económicamente dominantes
no eran capaces, en palabras de Marcelo Cavarozzi, de imponer su hegemonía
en la dimensión política. El clima de crisis política y social que los sectores

*
La presente investigación se desarrolló en el marco de la maestría en Ciencias Sociales ungs-
ides, con aportes de la Beca profor otorgada por el Ministerio de Educación de la Nación y de
una Beca de Formación en Investigación y Docencia otorgada por la Universidad Nacional de
General Sarmiento. El artículo forma parte del primer capítulo de la tesis de maestría en proceso de
escritura, cuyo título es “La actividad política de radicales y peronistas durante la última dictadura
(1976-1983), en el ex municipio de General Sarmiento”, dirigida por el doctor Daniel Lvovich y
codirigida por el doctor Sergio Morresi. Los aspectos principales de la investigación y el capítulo
en cuestión fueron discutidos en el marco del picto “Genealogías, continuidades y fracturas en
el pasado reciente argentino: historia, memoria y transmisión”, del cual formaba parte como
colaboradora. Quiero agradecer a Florencia Levín porque con su estimulante lectura me alentó
a mejorar mi trabajo y sus aportes fueron imprescindibles para darle forma definitiva al artículo.
1
Siguiendo a este autor, esto se debía en gran parte a la capacidad de los sectores populares de
vetar los planes de los sectores dominantes que de este modo no podían imponer a la sociedad
sus intereses, (Cavarozzi, 1987: 70 a 73)

105
Blanca Gauto

dominantes intentaron neutralizar con la apertura democrática y el fin de la


proscripción del peronismo no fue superado. En este contexto los dos parti-
dos más importantes del país debían comprometerse a respetar las reglas del
juego democrático y, a través de este, canalizar las demandas de toda índole
que realizaban las variadas tendencias políticas, desde la derecha más extrema,
como la Alianza Popular Federalista liderada por Manrique o grupos cercanos
al poder militar, que pedía el disciplinamiento de los sectores radicalizados
hasta aquellos que interpretaban que había llegado la hora de la revolución
socialista en la Argentina.
En el presente artículo intentaremos dar cuenta de la forma que adquirió
la reorganización de los partidos radical y justicialista2 en el ámbito local, más
precisamente en el ex municipio de General Sarmiento,3 mostrando que el
desarrollo de los enfrentamientos a nivel nacional y provincial no se replicó
exactamente del mismo modo en el orden municipal.4 Este planteo se debe a
que consideramos que hacer foco en un espacio reducido y particular como un
municipio nos posibilitará poner de relieve algunos aspectos que permitan ver
cuáles fueron las estrategias y los canales a través de los cuales los militantes de
la ucr y el pj construyeron lazos con los miembros de la comunidad y cómo
dichos lazos resultaron fundamentales a la hora de su proyección política. Esto
nos proporcionará la posibilidad de matizar aquellos trabajos que dan cuenta del
proceso de reorganización de los partidos en función de las prácticas desplega-
das por la élite, sin considerar las desarrolladas por las bases. Nos proponemos
mostrar tanto las tácticas que se encuadraron dentro del ámbito partidario
como aquellas que trascendieron ese espacio y que en algunos casos fueron

2
Peronismo, PJ y justicialismo se utilizarán en forma indistinta.
3
El municipio de General Sarmiento se fundó en 1889, en el oeste del conurbano bonaerense,
sobre los pueblos de Bella Vista y San Miguel, esta última ciudad fue la cabecera de la comuna.
Su rasgo distintivo fue la presencia de Campo de Mayo desde su fundación en 1905. Formaba
parte de la primera sección electoral, estaba emplazado dentro del distrito militar número 68, a 88
km de La Plata. El censo de 1980 revelaba que unas 500.000 personas conformaban la población
del distrito. Dicha población estaba compuesta por profesionales y empleados de comercio, que
se concentraban en la zona de Bella Vista, un gran número de empleados de servicios y obreros
de industrias locales como laboratorios, metalúrgicas (la más emblemática fue la fábrica Eaton),
fábricas de materiales de construcción, de comestibles y dedicadas a la manufactura del cuero.
Los trabajadores de estas empresas se instalaron, en principio, en el centro de San Miguel y más
tarde en San Miguel Oeste (Munzón, 2007: 538).
4
El presente trabajo forma parte de una investigación mayor que indaga acerca de la actividad
política de los miembros de los partidos radical y justicialista, en el mencionado distrito, durante
la última dictadura (1976-1983).

106
El regreso de la democracia a General Sarmiento en 1973

cruciales para las carreras de los políticos locales. Haremos foco, especialmen-
te, en aquellas actividades que consideramos tradicionales en la construcción
del capital político de los dirigentes locales. Nos proponemos demostrar que
estas constituyeron el capital político de los militantes de General Sarmiento
y que se mantuvieron vigentes tanto en los períodos dictatoriales como de
semidemocracia, que precedieron al período abordado en el presente artículo.
De este modo, mostraremos que más allá de lo que las dirigencias nacionales
propusieron y llevaron a cabo en el ámbito nacional, en el orden local, si bien en
muchas ocasiones se intentó responder a dichas directivas, en variadas ocasiones
como en el armado de listas, la elección de un candidato, etcétera, se resolvió
en función la dinámica local.

Los militantes de General Sarmiento se reorganizan

La reapertura política fue definitivamente instaurada en julio de 1971 con la


sanción de la Ley Orgánica los Partidos Políticos nº 19102. Esta reglamentaba
el funcionamiento de los partidos y establecía los parámetros en los cuales se
desenvolvería la reorganización de estos en el plano nacional. Para el mismo
fin, pero en el espacio provincial, Buenos Aires sancionó en enero de 1972 la
ley nº 7818, que brindaba el marco legal de las estructuras partidarias en todos
sus municipios, incluyendo a General Sarmiento. De este modo, las agrupa-
ciones comenzaron primero su reorganización y afiliación para luego encarar
las elecciones internas en todo el país.5
En este apartado nos proponemos mostrar cuál fue la dinámica que adquirió
la política desde una mirada que pretende comprender la actividad poniendo
el foco en lo realizado por las bases. Estas actividades se desplegaron tanto
dentro de las estructuras partidarias como por fuera de ellas. Estas últimas se
desarrollaron en función de la pertenencia o relación de los militantes con las
organizaciones civiles de diversa índole.

5
La ley nº 19102 (a la que se ajustaba la ley provincial) reglamentaba cuestiones de la vida
interna de los partidos. Establecía un mínimo de afiliados para ser reconocido como tal, al menos
cinco distritos por provincia para tener carácter de partido nacional y una de las cuestiones que
en este apartado más nos importa es que la primera minoría tendría acceso a cargos dentro de
la conducción partidaria, aunque fuera en puestos de vocales. Para ampliar sobre este punto ver
Ladiux (último acceso: 24/02/2012).

107
Blanca Gauto

Con respecto a las tareas de carácter netamente partidarias, podemos decir


que la actividad dentro de los comités6 y unidades básicas fue intensa desde el
momento en que se promulgaron las leyes que reglamentaban el funcionamiento
de los partidos. El protagonismo de estas entidades se debió, en parte, a que la
afiliación se llevó a cabo a partir del trabajo de los miembros nucleados en sus
sedes y en función de sus trayectorias en las comunas. En General Sarmiento
la actividad se desarrolló tanto en las sedes partidarias como fuera de ellas. Al
respecto, un entrevistado describe su labor en los siguientes términos:
Hacíamos el trabajo barrial, [el] que se puede hacer tratando de llevar los
principios. Hablar de doctrina con la gente que se acercaba, porque tampoco
había una participación –en principio– netamente masiva. Más allá de que
había [...] mucha movilización, que es cierto. Vos ibas a los barrios y no era
que en el barrio salía y te venía la gente al local. Había sí un activismo, en
general (entrevista a H. G., militante de la Juventud Peronista, 2011).

De acuerdo con lo expuesto, en este testimonio podemos empezar a ver


un panorama en el cual, si bien se había creado expectativa y movilización por
parte de la sociedad civil ante la apertura democrática, no resultaba menor el
trabajo de los militantes en el logro de la afiliación. En este sentido debemos
agregar que el proceso requirió un gran despliegue por parte de los políticos
locales y fue, en muchos casos, logrado a partir del prestigio personal de estos:
“A mi papá lo venían a buscar porque lo conocían, sabían de su militancia y de su
trabajo en el barrio, de una unidad básica [de la Juventud Peronista], era como un
líder del barrio” (entrevista a V. B., militante peronista, miembro de ufo, 2012).
Sobre la actividad dentro del partido radical, es necesario tener en cuenta
que su número de afiliados y militantes era mucho menor al del pj y algunos
de sus miembros tenían cierta reticencia a la activa participación. En palabras
de un entrevistado:
Siempre fui simpatizante del radicalismo, afiliado pasivo. La militancia […]
[de] la que hablamos, de San Miguel, prácticamente habría mil afiliados en
ese momento, es decir, que había poca afiliación y poca militancia [por el]
proceso de las dictaduras y del cierre de los partidos políticos (entrevista a J.
C. L., militante de ucr, 2010).

6
Si bien el foco de la investigación se centra en el Comité de General Sarmiento, es necesario
aclarar que en algunas localidades existían subcomités, pero todos respondían en última instancia al
comité de distrito (entrevista a L. V., militante radical de la línea de Renovación y Cambio, 2012).

108
El regreso de la democracia a General Sarmiento en 1973

Ahora bien, entre aquellos que tuvieron una participación política activa, las
tareas descritas abarcaron tanto reuniones dentro del comité distrital, una vez
por semana, como por fuera de la estructura partidaria realizando seminarios
y charlas (entrevista a A. C., militante de la ucr de la línea de Renovación
y Cambio, 2008, y L. V., militante de la Juventud Radical de Renovación y
Cambio, 2008). Pero señalan como central la labor dentro del comité ya que
“se abren los comités [y], por supuesto, se empiezan a perfilar las líneas internas
que había” (entrevista a A. C., militante de la ucr de la línea de Renovación
y Cambio, 2008).
Estos testimonios dan cuenta de la gran actividad de los miembros de
ambos partidos, durante la estructuración y las elecciones generales, además
muestran que se desarrolló tanto en las sedes partidarias como por fuera de
ellas. Asimismo, aportan algunos datos que permiten un acercamiento al clima
político de ese momento en la comunidad: que la afiliación no fue espontánea
sino que demandó un gran trabajo por parte de los políticos locales y que la
dificultad en este proceso podría haberse debido al hecho de que estaban sa-
liendo de reiteradas dictaduras. Es preciso tener en cuenta que, a pesar de que
políticos y ciudadanos compartieron las mismas experiencias dictatoriales, hubo
–como era histórico dentro del distrito– una gran diferencia en la cantidad de
afiliados entre la ucr y el pj. Si bien los números no son muy precisos ya que
no se cuenta con los registros de afiliación, es posible calcular una cantidad
aproximada en función de los testimonios y los resultados de las elecciones
internas. Las cifras van desde los trescientos a mil en el caso del radicalismo y
de más de tres mil en el del justicialismo. De este modo, podemos señalar que
en este municipio, aunque la explícita adherencia a un partido fue costosa el
predominio del justicialismo no se modificó.
Ahora bien, si la actividad partidaria fue importante y fundamental para los
políticos locales, la labor y las relaciones que desplegaron con las instituciones
vecinales fue igual o más trascendente aún, como nos proponemos mostrar en
esta parte del trabajo.

Sociabilidad y construcción de capital político

Para analizar la dinámica de la construcción del capital político por fuera de


las estructuras partidarias es preciso hacer foco en la relación que los militantes
tenían con las instituciones civiles de todo tipo (clubes, sociedades de fomento,
asociaciones profesionales, de ayuda mutua, etcétera).

109
Blanca Gauto

En principio debemos tener claro cuál era el papel de dichas instituciones en


la vida comunal, para comprender la importancia que adquiría la participación
de los personajes públicos en las entidades locales, tanto para ellos como para
su comunidad de referencia. Prácticamente todas las organizaciones vecinales
habían surgido con objetivos vinculados a mejoras para la comuna, desde obras
fundamentales como el asfalto del barrio, hasta el simple propósito de brin-
dar lugares de esparcimiento y socialización. El peso de estas relaciones entre
políticos y organizaciones civiles se ponía de manifiesto cuando, por ejemplo,
asumían un cargo, ya fuera dentro del municipio o en una de las mencionadas
instituciones. En esos momentos se recurría, entre otras cuestiones, a su trayec-
toria dentro de la localidad en relación con alguna asociación de bien público,
como modo de justificación del mérito para asumir las funciones para las que
había sido convocado.
Un gran número de los miembros del radicalismo y del pj eran parte o esta-
ban vinculados con instituciones de carácter social y profesional. Al analizar las
prácticas de los políticos, se puede señalar que la relación de estos con distintas
instituciones civiles y profesionales constituía una forma de hacer política que
era histórica dentro del municipio.7 Los militantes de ambos partidos eran
miembros de distintas asociaciones vecinales, en muchos casos las presidían
o fueron socios fundadores. Las trayectorias de estos políticos muestran una
relación de larga data con las asociaciones vecinales desde principios de siglo xx,
en muchos casos tanto la pertenencia política como la pertenencia institucional
constituía una tradición familiar que se pasaba de padres a hijos.
Esta práctica se debía a que en estos espacios vecinales se desplegaban los
vínculos e intercambios sociales más significativos para la comunidad. Estas
organizaciones participaban de los distintos actos políticos.8 También fueron
instrumentos eficaces para concretar la mediación entre la sociedad y el Estado.
Por lo tanto, para aquellos que formaban el grupo de hombres públicos de
General Sarmiento estos lugares de sociabilidad eran fundamentales para la
proyección en el ámbito político y social de la comuna.

7
Adriana Sánchez, en su tesis de maestría sobre la política en General Sarmiento en las primeras
décadas de 1900, plantea que “los miembros de los distintos partidos políticos que actuaban en
el distrito interactuaban con los miembros de las instituciones sociales o formaban parte de ellas,
generando así vínculos de sociabilidad que podían ser aprovechados en el terreno de la disputa
política”. Sánchez, Adriana, “Donde nace la política. Política y sociedad en General Sarmiento
(1900-1930)”, tesis de maestría, Universidad de San Andrés, Escuela de Humanidades, 2009.
8
Ejemplo de estas actividades eran aniversarios del partido, reuniones del grupo cultural
sanmartiniano, aniversario de las sociedades de fomento, etcétera

110
El regreso de la democracia a General Sarmiento en 1973

Además de lo expuesto, es preciso tener en cuenta otros rasgos que permiten


describir las principales características de política local y la forma en que los
modos de socialización incidieron en su dinámica. En principio, es necesario
comprender que las instituciones no realizaban sus actos en forma aislada sino,
todo lo contrario, unas estaban presentes en las actividades de las otras, es decir,
tenían una gran proyección sobre la comuna. Además, la relación que tenían con
el palacio municipal era sumamente estrecha (los funcionarios estaban presentes
en las diferentes celebraciones), esto comprendía tanto a los que desempeñaban
cargos públicos como a los miembros del Honorable Concejo Deliberante. Por
supuesto, esta interacción tenía en el centro de la escena a la sociedad de General
Sarmiento, no solo porque los acontecimientos contaban con la participación
de los socios de estas entidades y de la comunidad –en general– sino porque,
además, eran difundidos por los periódicos locales, logrando –de este modo–
interpelar a la mayor parte de la población.
En las filas radicales podemos encontrar tanto a quienes se desempeñaron
como funcionarios en el período 1973-1976,9 como a aquellos que no ejercie-
ron cargos pero eran reconocidos como miembros del partido.10 Por su parte,
los integrantes del movimiento peronista, aparentemente, se concentraron en
la actividad en los barrios. Varios de los entrevistados coinciden en señalar
que gran parte de su labor se concentró en tareas realizadas en función de las
necesidades de los vecinos, un ejemplo de ello es el siguiente relato:
Mi papá tenía una unidad básica, en el centro de Bella Vista, que se llamaba
Perón Cumple, [en la] que se daban servicios, por ejemplo, se enseñaba [...]
corte y confección, […]. Los chicos iban a aprender matemática o si se llevaban
alguna materia... Iba alguna maestra que les enseñaba danzas. Había hasta
una bolsa de trabajo (entrevista a L. C., militante peronista, 2008).
9
Guillermo Kaufman, primer secretario de Gobierno, y Ángel Tesi, segundo secretario de
Gobierno, ambos dueños de inmobiliarias en la zona; Luis Laforcade, secretario de Obras y
Servicios, arquitecto; Raúl Horacio Bugallo, director de Relaciones Públicas, martillero, miembro
del Centro de Corredores y Martilleros Públicos de General Sarmiento; Juan Carlo Lema, jefe de
compras, presidente del club San Miguel; Francisco Mugnolo, asesor legal del municipio, Colegio
de Abogados de San Martín; Carlos A. Migliora, secretario de Bienestar Social, miembro de la
Cámara de Comercio. Esto mismo puede señalarse con respecto a los concejales: José Lorenzo
Bugallo, presidente, Asociación Sanmartiniana de General Sarmiento; Enrique J. Martínez Sosa,
Asociación Sanmartiniana de General Sarmiento; Juan Ángel Fagliano, Cámara de Comercio.
10
Francisco Olachea, Cámara de Comercio, Industria y Bienes Raíces de General Sarmiento;
Luis De Cul, Círculo de Periodistas de General Sarmiento y Asociación Cultural Sanmartiniana;
Mugaburo, miembro de lalcec; Domingo Fiori, escribano, miembro del Colegio de Escribanos
y dueño de una escribanía en San Miguel.

111
Blanca Gauto

Otra entrevistada relata que su padre, militante de jp, fundador de la ufo


(Unión Familia Obreras), en 1956, desarrollaba su actividad dentro de esta
sociedad de fomento atendiendo a los problemas del barrio pero en carácter
de vecino. Su militancia peronista, aunque era bien conocida por todos, la
desplegaba dentro de la unidad básica. Los relatos expuestos destacan ciertas
características de la militancia, que o bien se concentró dentro de la unidad
básica o bien se desplegó entre la pertenencia a esta y la participación en so-
ciedades de fomento, instituciones locales y civiles. Esto pudo deberse a varias
razones: la primera es que estas pertenencias pueden rastrearse en períodos
anteriores a 1973 (como mencionamos, ufo fue fundada en 1956); segundo,
que los militantes estaban excluidos de la conducción de la comuna, pero al
mismo tiempo –probablemente– constituían una forma de ejercer presión sobre
los funcionarios radicales, porque su trabajo estaba relacionado con aquellos
espacios donde el municipio estaba “ausente” o con reclamos en contra de
medidas que el gobierno comunal tomaba o pretendía tomar. Por ejemplo,
los vecinos de José C. Paz, se opusieron a la instalación del cementerio en su
localidad, la resistencia, según los entrevistados, fue organizada por el grupo de
peronistas de esa ciudad (entrevista a A. L. C., ex militante del pc, secretario
general del Sindicato de Trabajadores Municipales, 2012). Por lo expuesto, es
posible pensar que la pertenencia de algunos de los miembros de la ucr y del
pj a las instituciones locales fue una forma de hacer política anterior al período
que abarca este trabajo y que tendría una importancia decisiva en el próximo
período, el de la última dictadura (1973-1976).

El capital político se pone en juego en las elecciones

Si observamos los procesos previos a las elecciones internas en el plano nacional,


podemos señalar un gran número de conflictos dentro de ambos partidos, que se
reprodujeron tanto en el ámbito provincial como en el municipal. Estos sucesos
tendrían –como veremos– importantes repercusiones en General Sarmiento.
Tanto el pj como la ucr se enfrentaban al desafío de elegir autoridades en un
contexto de gran división interna aunque en ambos casos se sostuvo hasta
último momento la consigna de lista única que, lejos de unificar, contribuyó
a profundizar los enfrentamientos.11

11
Si bien ni en las filas de la ucr ni del pj se hicieron manifestaciones públicas en contra de la
conformación de listas únicas, en la práctica estas no se lograron. La falta de acuerdos demoró

112
El regreso de la democracia a General Sarmiento en 1973

El radicalismo se vio obligado a resolver más variados conflictos: desde la


puja por la denominación como partido radical entre la ucr del pueblo, ucr
bloquista y la ucr intransigente12 hasta la más medular disputa por el liderazgo
del partido entre Ricardo Balbín y Raúl Alfonsín.
Por su parte, dentro del peronismo, la normalización de la estructura par-
tidaria fue muy compleja, ya que Perón, desde su exilio en España, impartía
directivas que debían cumplirse en la Argentina, donde existían cuestiones
netamente locales que rara vez coincidían con sus designios. Algunas obras que
analizan este período (Cavarozzi, Marcelo, 1987; De Riz, Liliana 2000; Ladiux,
último acceso: 24/02/2012; Servetto, Alicia, 2010; Svampa, Maristella, 2000)
señalan algunos aspectos alrededor de los cuales se estructuró dicho proceso y
permiten comprender su desarrollo: primero, el partido comenzó su organiza-
ción bajo la conducción de Jorge Daniel Paladino y terminó de reestructurarse
al mando de Héctor Cámpora; segundo, fue visible la conflictividad que aca-
rreaba la multiplicidad de sectores que componían al movimiento; por último,
y relacionado con el punto anterior, la indicación precisa de Perón de lograr
listas únicas para las elecciones internas implicó una serie de enfrentamientos
entre los mencionados sectores.13
Ahora bien, en mayo de 1972 se llevaron a cabo las elecciones internas para
autoridades partidarias en todo el país. En General Sarmiento, que pertenecía a
la primera sección electoral bonaerense, donde la línea que respondía a Balbín
se había impuesto por casi dos mil votos a la facción de Alfonsín,14 también
resultaron vencedores los candidatos de Línea Nacional.15 Finalmente, la lista
la realización de las elecciones internas o bien las líneas o sectores se presentaron directamente
con su propia lista de candidatos.
12
El derecho a portar la denominación Unión Cívica Radical y la sigla ucr se mantuvo latente
durante las elecciones internas provocando impugnaciones y acusaciones cruzadas entre tres
sectores que se autodefinían como ucr: del pueblo, bloquista e intransigente. Este tema se resolvió
en la justicia electoral. Finalmente, la ucrp conservó ese derecho y eliminó de su nombre la
palabra “Pueblo” (El Día, 15/6/1972).
13
En una reunión llevada a cabo por el peronismo en San Andrés de Giles, en mayo de 1972, se
escuchó una grabación que contenía un mensaje de Perón en el cual instaba a la concreción de
listas únicas: “A cualquier precio hay que mantener la unidad de acción para derrotar a nuestros
enemigos […] la mejor elección será aquella en que el acuerdo presida las decisiones y no la lucha
estéril entre compañeros […]. Todo el que promueva enfrentamientos violentos para dilucidar
cuestiones internas, está perjudicando la marcha del conjunto que, en esta circunstancia, es la
más indispensable” (citado en La Nación, 2/5/1972: 6).
14
Los resultados fueron los siguientes: Balbín: 8.836, Alfonsín: 6.887 (La Nación, 8/5/1972).
15
La Línea Nacional obtuvo 129 y la de Renovación y Cambio 118 (La Nación, 8/5/1972). Las
autoridades partidarias elegidas fueron las siguientes: Fiori, presidente del comité del distrito;

113
Blanca Gauto

que se impuso a nivel provincial, nacional y municipal fue la de la Línea Na-


cional y la de Renovación y Cambio constituyó la primera minoría y, por lo
tanto, sus miembros formaban parte del comité local en calidad de vocales.
Las elecciones internas en el justicialismo para elegir a aquellos que serían
los responsables del establecimiento de autoridades partidarias, también se
llevaron a cabo en mayo de 1972. Los sectores que se reconocían como parte
del movimiento eran tan disímiles y conflictivos que en ciertos distritos fue
difícil o directamente imposible la concertación de una lista única. Esta situa-
ción demoró la realización de los escrutinios que se completaron en junio de
ese mismo año.16 General Sarmiento fue uno de los municipios17 en los cuales
los líderes locales no pudieron deponer sus diferencias políticas; por lo tanto,
la consecuencia inmediata fue que no resultó posible llegar a acuerdos que
permitieran cumplir con el mandato de consensuar una lista. De ese modo,
se presentaron tres listados de candidatos18 resultando vencedora la lista que
respondía a Eduardo Tribulato, quien luego fue electo como presidente del
Concejo de Partido local. En cuanto a la lista que obtuvo el segundo puesto,
ésta ocupó lugares menores –como primera minoría– tal como lo establecía
la ley nº 19210.
Una vez que se realizaron los comicios de las respectivas agrupaciones y
fueron electas las autoridades partidarias, cada una dio a conocer sus candidatos
y quedó establecida la forma que adquiriría la contienda electoral del 11 de
marzo de 1973. En el caso de la ucr, los aspirantes a presidente y vicepresidente
fueron Ricardo Balbín y Eduardo Gamond; a gobernador de la provincia de
Buenos Aires, Juan Carlos Pugliese y Tomás Ido como vicegobernador, y en el
Ángel Tesi, vicepresidente; Lorenzo Bugallo, secretario general, y Ángel de Britos, secretario.
16
La imposibilidad de cumplir con ese mandato fue el principal motivo por el cual el 7 de mayo
de 1972 las elecciones internas para establecer autoridades partidarias del Movimiento Nacional
Justicialista se realizaron en todo el país menos en la provincia la Santa Fe, en diez distritos de
la provincia de Buenos Aires (El Día, 7/5/1972), en Capital Federal (El Día, 21/6/1972) y en
Córdoba (La Nación, 7/5/1972). Finalmente, los comicios se completaron en junio, bajo la
supervisión de interventores. Estos tenían la misión de “evitar que las tensiones internas tuvieran
una escalada ascendente” (Ladiux, último acceso: 24/02/2012: 8).
17
General Sarmiento fue uno de los distritos en los que la gestión de Oscar Bidegain (quien
había reemplazado a Héctor Agustín Sáinz, hombre de Paladino) no logró concertar una única
lista de candidatos para autoridades en las elecciones internas del partido.
18
Las listas fueron las siguientes: la A, que respondía a Eduardo Tribulato, secretario del Sindicato
de Trabajadores Municipales, presentó a Dante Armesto (978 votos); la B, liderada por Héctor
Buraschi y la viuda del general Arnaldo Sosa Molina, tuvo como candidato a José Castro (813
votos); y la C, que representaba a la ultraderecha peronista, presentó a Leonardo Salatto (558
votos) (La Nación, 8/5/1972).

114
El regreso de la democracia a General Sarmiento en 1973

municipio de General Sarmiento, José Antonino Lombardo. Por su parte, el


justicialismo conformó junto con otros partidos el Frente Justicialista de Libe-
ración (Frejuli)19 que postuló a Héctor Campora para presidente y a Vicente
Solano Lima como vicepresidente; a Raúl Oscar Bidegain para la gobernación
de la provincia de Buenos Aires y a Alberto M. Fourage para la vicegobernación.
La lista de candidatos en el municipio de General Sarmiento quedó vacante.
La definición de candidatos que acabamos de mencionar merece un análisis
más profundo en lo que a candidaturas municipales se refiere. Esto no es solo
debido a que el foco de nuestro trabajo está puesto en el quehacer político en
este ámbito sino porque este panorama, si bien no fue exclusivo de General
Sarmiento, constituyó un cambio inesperado dentro del espectro político de
la comunidad. El mencionado enfrentamiento dentro del pj entre el sector
vencedor y perdedor de las elecciones internas, que les había impedido cum-
plir con el mandato de lista única emitido por Perón, se tradujo luego en las
tensiones en el marco del Consejo de Partido, que se conformó con miembros
de ambos grupos según lo establecido por la ley electoral. Estos desacuerdos
resurgieron durante el transcurso de la discusión para acordar la designación de
candidatos a ocupar los cargos en el palacio municipal. El resultado fue que las
negociaciones para construir una sola lista se dilataron y no lograron presentarla
en los tiempos establecidos por la ley electoral, por lo tanto los peronistas no
pudieron presentarse a las elecciones municipales del 11 de marzo de 1973.
Por su parte, el radicalismo local eligió a Antonino Lombardo, cuya
candidatura presentaba ciertas particularidades. Primero, no tenía un gran
peso dentro del comité local; al contrario, era un hombre que venía de otro
municipio (el de Vicente López) y se había incorporado hacía relativamente
poco tiempo a la vida política de la comunidad. Segundo, no poseía el mismo
perfil que los tradicionales candidatos a intendente de la ucr (hombres de larga
trayectoria política y destacada participación en las instituciones locales). En
este sentido, podemos analizar la figura Ángel Tesi,20 quien ya había sido jefe
19
El Frejuli o Frente de Liberación Justicialista fue una alianza entre el Partido Justicialista,
el Movimiento de Integración y Desarrollo (mid) dirigido por Arturo Frondizi, el Partido
Conservador Popular de Vicente Solano Lima, el Partido Popular Cristiano de José Allende y
algunos partidos minoritarios.
20
Los últimos candidatos fueron Carlos Alberto Dasso (1958-1962), ucri, y Ángel Tesi
(1963-1966), ucrp, hombres muy reconocidos y respetados dentro del radicalismo local. De
hecho, Tesi había sido el conductor del partido en varias oportunidades; en la década de 1960
fue secretario general de la Unión Cívica Radical del Pueblo (Síntesis de Oro, s/f ). En 1973, era
considerado el jefe virtual del partido aunque el presidente fuera Domingo Fiori. “En realidad
[el presidente] era Fiori, Tesi era el vicepresidente, pero quien manejaba el comité era Tesi” (entrevista

115
Blanca Gauto

municipal y tenía gran influencia en la estructura partidaria del municipio, al


punto de ser considerado el verdadero conductor del comité local; sin embar-
go, no se postuló. Según algunos entrevistados, los hombres importantes del
radicalismo no querían postularse porque la derrota era segura y lo máximo a
lo que podían aspirar era a puestos en el Concejo Deliberante. En palabras de
un militante de la época:
Lombardo era un hombre de Vicente López, (…) como [venía] de afuera le
tira[ron] el paquete porque lo que le interesaba a los radicales eran los puestos
de primero y segundo concejal porque sabían que más de eso no podían entrar
(entrevista a A. L. C., secretario general del Sindicato de Trabajadores
Municipales de San Miguel, ex militante del pc, 2012).

Desde 1945, todos los intendentes del municipio fueron del pj. La ucr solo
gobernó en los años de proscripción del peronismo (Munzón, 2007). Esta
situación sufrió un cambio fundamental cuando se conocieron los aconteci-
mientos acaecidos dentro del peronismo, ya que a partir de ese momento el
candidato a intendente ya no era el seguro perdedor. La situación dentro del
justicialismo significó, para estos, la imposibilidad de acceder al gobierno local
y el llamamiento a sus seguidores a optar por el voto en blanco pero, a su vez,
generó un cambio sustancial en las aspiraciones de las otras fuerzas partidarias.
Este cambio en el paisaje político implicó luchas de poder dentro de la ucr,
sobre todo en las filas de la Línea Nacional, que se había impuesto en el comité
de General Sarmiento y había elegido a un candidato que no era un referente
tradicional del partido. Asimismo, implicaba que en las siguientes elecciones
el intendente no sería peronista y el radicalismo se enfrentaba a la posibilidad
cierta de acceder al palacio municipal pero con un número muy reducido de
votos. En definitiva, en las elecciones de marzo de 1973, entre los radicales, los
hombres importantes de la agrupación no encabezaban la lista –como había
sucedido en elecciones anteriores– y los justicialistas ni siquiera competían por
el puesto y llamaban a sus afiliados a no votar en el plano municipal.

a A. C., militante radical de la línea de Renovación y Cambio, 2008). Dasso, por su parte, era
un dirigente tradicional del radicalismo, vecino de Bella Vista. Cuando fue electo intendente
podía leerse lo siguiente: “El triunfo de Dasso, marcaba el retorno de un hombre de Bella Vista
al gobierno comunal después de un largo período” (Síntesis de Oro, s/f ). Tanto Tesi como Dasso
participaron activamente en la política local, antes y después del Golpe del 1955. “Después de
la revolución del ‘55 se llama en los municipios a unas juntas consultivas, que era una especie de
cuerpo deliberativo, a los que nuestro partido envió dos ciudadanos, que fueron Carlos Dasso
y Tesi” (citado en Síntesis de Oro, s/f ).

116
El regreso de la democracia a General Sarmiento en 1973

Los resultados de las elecciones generales en todo el país fueron las siguientes:
a nivel nacional un 49,45% para el Frejuli con la fórmula Cámpora-Solano
Lima y para el radicalismo el 21,3%, con la de Balbín-Gamond. En General
Sarmiento el triunfo peronista fue aún más marcado como lo reflejaban las cifras
obtenidas: para presidente, el Frejuli, 73.431; la ucr, 13,530; para gobernador
de Buenos Aires Frejuli, 71.0901; la ucr, 13.138. Para intendente, el Frejuli
no presentó candidato; la ucr obtuvo 15.176 votos.21
En estos resultados podemos observar, en principio, que las coyunturas
locales constituyeron un obstáculo en el acceso a la conducción de la comuna
para los dirigentes peronistas. Asimismo, significó un inesperado triunfo para los
miembros de la ucr en una contienda que consideraban perdida de antemano.
Debemos señalar que, al igual que en veintidós distritos de la provincia de
Buenos Aires, los intereses y conflictos de los dirigentes de General Sarmiento
impidieron a los peronistas acceder a la conducción comunal. Asimismo, que
el reparto del poder político, por lo menos en el aspecto institucional, fue
contrario al resto del país, es decir, los radicales en el gobierno y los peronistas
en la oposición. Estos últimos sin ningún margen de acción dentro del palacio
municipal, ya que ni siquiera tuvieron representación en el Honorable Concejo
Deliberante. Estos fenómenos, si bien no modifican las interpretaciones sobre
la política a nivel nacional, permiten matizarlas y complejizarlas. Al hacer foco
en cuestiones que hacen al quehacer político municipal adquieren relevancia
procesos que suelen quedar subsumidos en el relato construido por una mirada
que solo se concentra en las élites de las estructuras. Es muy difícil dar cuenta
de la relación entre la política nacional y regional o del peso de los conflictos e
intereses de los dirigentes locales en la elección de estrategias si solo se observan
las decisiones y prácticas de la conducciones partidarias.

Conclusiones

El análisis de los procesos desarrollados en General Sarmiento nos ha permitido


hacer visibles algunas cuestiones que los estudios a escala macro invisibilizan.
Como intentamos mostrar, si analizamos el proceso de reorganización de los
partidos podemos señalar que la forma en que las directivas de orden nacional
se plasmaron en el espacio local solo se aprecia cuando hacemos foco en la

21
Elaboración propia a partir de los datos brindados en La Nación (13/3/1973) y Síntesis
(25/4/1973).

117
Blanca Gauto

actividad de los militantes y dirigentes de base. Es decir, que la relación entre


política nacional y regional no se puede analizar sin realizar un abordaje desde
abajo, en el cual actores y dinámicas adquieren una entidad que queda soslayada
en una interpretación realizada desde arriba.
Por último, cabe señalar que la actividad extrapartidaria, aquella que se
desarrolló en los ámbitos civiles, no fue una práctica coyuntural sino una es-
trategia tradicional de construcción de la carrera política de los militantes de
General Sarmiento que se mantuvo independientemente del régimen de poder
que estuviera en vigencia en el país. Por lo tanto, si estudiamos las prácticas de
los militantes del municipio podemos encontrar cómo lo público y lo privado
tienen fronteras porosas y por esto mismo las asociaciones civiles fueron fuente
y refugio de la política en el ámbito local.

Fuentes
Texto partidario

Tesi, Angel (s. f.). Ángel C. Tesi, Ciudadano Ilustre de San Miguel, s. e.

Diarios de publicación local, provincial y nacional

Síntesis (Bella Vista), 1972-1976.


La Voz de General Sarmiento, 1972-1976.
El Día, 1971- 1973
La Nación, 1972-1973
La Prensa, 1972-1973

Archivos

Libro de Decretos de la Municipalidad de General Sarmiento, 1973-1976.


Comisión Provincial por la Memoria, Archivo de la Dirección de Inteligencia
de la Provincia de Buenos Aires (dipba), mesa “Referencias”, legajo
Nº 15979, tomo 2, 14 de junio de 1973.

118
El regreso de la democracia a General Sarmiento en 1973

Entrevistas

A. D. B., militante radical de Línea Nacional, 2008.


A. C., militante de la ucr de la línea de Renovación y Cambio, 2005.
A. C., militante de la ucr de la línea de Renovación y Cambio, 2008.
A. L. C., secretario general del Sindicato de Trabajadores Municipales, ex
militante del pc, 2012.
E. B., militante peronista, 2012.
F. A., militante peronista, 2012.
H. G., militante peronista, ex miembro de Montoneros, 2011.
J. L. L, militante de Línea Nacional, 2010.
L. C., militante peronista, 2010.
L. V., militante de la juventud radical de Renovación y Cambio, 2008.
L. V., militante de la juventud radical de Renovación y Cambio, 2012.
M. P., militante del pi durante la época del Proceso, actual afiliado de la ucr,
2008.
M. D. M., militante de la juventud radical de la línea de Renovación y Cam-
bio, 2011.
R. F., militante peronista, 2012.
V. B., militante peronista, miembro de ufo, 2012.

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119
Blanca Gauto

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Daniel (comp.), Violencia, proscripción y autoritarismo (1955- 1976),
tomo xi de Nueva Historia Argentina, pp. 17-62. Buenos Aires: Suda-
mericana.

120
Imágenes de la presidencia de María
Estela Martínez de Perón en la fotografía
de prensa. Clarín, 1975-1976*
Nancy Mariana Juárez

Introducción

Si de fotografías se trata, aquel 24 de marzo de 1976 quedó asociado en la


memoria colectiva de la sociedad argentina con algunas imágenes concretas.
La foto de Plaza de Mayo vacía, con la pirámide en el centro y los enormes
faroles iluminando un piso de baldosas desierto, es una de las que más resuenan
y aparecen al evocar el momento que marcó el inicio de la última dictadura
argentina. Junto a ella también suelen evocarse las fotos del helicóptero que,
elevándose por la casa Rosada, transportaba a la recién depuesta María Estela
Martínez de Perón, o las de los integrantes de la Junta Militar que acababan de
conformar, por la fuerza, el “nuevo gobierno”. Recurrentemente son las imágenes
*
El presente escrito se desarrolló en el marco de mi proyecto de tesis para la maestría en
Historia Contemporánea de la Universidad Nacional de General Sarmiento titulada actualmente
“Terrorismo de Estado y sociedad: lo (in)seguro en lo cotidiano. Un análisis de los policiales de
Clarín, 1975-1978”, dirigida por la doctora Florencia P. Levín. El desarrollo del capítulo y los
avances en su escritura fueron posibles gracias a la adscripción al proyecto picto-2008-0009.
Cabe mencionar que una primera e incipiente versión del artículo fue presentada como ponencia
“Fotografías de un gobierno en crisis. Clarín 1975-1976” en las II Jornadas de Investigadores
en Formación: Reflexiones en torno al proceso de Investigación en el Instituto de Desarrollo
Económico y Social. Agradezco a los coordinadores de la mesa “Imágenes, discursos e imaginarios:
Fotografía y cine en las ciencias sociales”, Agustina Triquell y Sebastián Russo, y a los demás
ponentes por los comentarios y sugerencias realizados en su momento.

121
Nancy Mariana Juárez

las que entran en movimiento, se funden, se entrecruzan y se bifurcan cada vez


que rememoramos y/o interrogamos nuestro pasado cercano.
De ahí el valor y la importancia de las fotografías al abordar las caracte-
rísticas del proceso de deterioro del Estado de derecho que contribuyó a legi-
timar la intervención militar en marzo de 1976. Por consiguiente, el estudio
de las imágenes no puede desligarse del contexto político, económico, social y
cultural que les dio marco. En ese sentido, cabe señalar que la muerte de Juan
Domingo Perón en julio de 1974 profundizó no solo el desarrollo de mecanis-
mos de control político y social iniciado bajo su presidencia, sino también y
fundamentalmente la crisis y descomposición política que facilitó el aumento
de la presión militar para la intervención del orden constitucional durante el
año 1975. Las continuas reestructuraciones del gabinete se desarrollaron en
paralelo –o junto– a la crisis económica: la derogación de las paritarias, la caída
de la inversión y la producción, la crisis en la balanza de pagos, el desempleo y
la especulación financiera que marcaron la pauta de lo que se debería afrontar,
con mayor fuerza, desde mediados de dicho año. Asimismo, la espiral de vio-
lencia alimentada por las acciones de las organizaciones armadas de izquierda,
las parapoliciales de derecha como la Triple A,1 y el propio sector castrense fue
una constante no solo en la escena política sino también en las páginas de los
periódicos nacionales.
En ese marco, como señala y demuestra Cora Gamarnik (2011) los grandes
diarios –entre ellos Clarín– y las revistas jugaron un rol central a la hora de
crear un clima favorable en la opinión pública de apoyo al golpe de Estado, y
las fotografías fueron una herramienta clave. Es así que las imágenes ridículas
de María Estela –Isabel– Martínez y su gabinete hacia inicios de 1976, refor-
zaron la idea de que la responsabilidad y necesidad de la intervención militar
partían de la propia ineptitud del gobierno. En efecto, el matutino Clarín
ubicó dentro de sus críticas no solo al gobierno sino al conjunto de sectores,
políticas, prácticas, valores y actores que lo enmarcaban, destacando “la inefi-

1
La Alianza Anticomunista Argentina (aaa), también conocida como Triple A, fue una
organización parapolicial de inspiración fascista que nucleó a grupos peronistas de extrema
derecha con el objetivo de asesinar abierta y sistemáticamente a aquellos grupos vinculados con
la Tendencia Revolucionaria del peronismo, así como a funcionarios del gobierno, militantes
sindicales y obreros, políticos y militantes de las diversas izquierdas, intelectuales, periodistas y
artistas. El armado de la organización se realizó desde la sede del Ministerio de Bienestar Social
a cargo de José López Rega desde 1973 (Franco, 2012). El primer atentado que se autoadjudicó
la Triple A fue una bomba colocada en el auto del senador radical Hipólito Solari Yrigoyen en
noviembre de 1973 (Larraquy, 2004).

122
Imágenes de la presidencia de María Estela Martínez de Perón en la fotografía...

cacia de Isabel Perón para afrontar la difícil coyuntura” (Borrelli, 2008: 159).
Al mismo tiempo, durante el año previo al golpe Clarín2 se abocó a plantear la
necesidad de una “solución desarrollista” y una “refundación” de la nación. Y
aunque el matutino optó por no hacer una abierta y “burda campaña golpista”
(Borrelli, 2008: 160), sí demostró su apoyo a la toma de decisiones “drásticas”
y definitivas, siendo parte del bloque que legitimó la intervención militar3 La
descomposición del isabelismo fue representada entonces desde los diversos
espacios discursivos del diario, incluso en el humor gráfico.4
Es así que este escrito se pregunta sobre el rol de las fotografías en la re-
presentación del proceso de desgaste y pérdida de legitimidad del gobierno,
atendiendo a los recaudos metodológicos y teóricos que requiere el objeto de
estudio propuesto. En este sentido, se parte de considerar al matutino como
un espacio intertextual complejo (Steimberg, 1998) en el que las fotografías, si
bien estuvieron subsumidas a los mensajes verbales a los que acompañaron y, en
consecuencia, a los sentidos y posicionamientos del discurso general del diario,
aun así lograron resguardar y mantener un grado de autonomía relativa (Levín,
2013).5 Para dar cuenta de ello, y partiendo del supuesto de que toda imagen es
polisémica y de que en la comunicación de masas las fotografías siempre están
acompañadas por mensajes lingüísticos (Barthes, 1992), el análisis se basará
en el estudio de la relación entre las imágenes y los textos que conformaban la
estructura de la información (titulares, pie de foto, notas, etcétera). Si se trata
de indagar en el conjunto de las representaciones que conforman el mensaje
simbólico de las imágenes es necesario tener presente que los textos funcionan
2
Hacia la década del setenta, Clarín se encontraba instalado como actor político central en la
sociedad argentina y tenía una notable influencia en la opinión pública. Asociado a las clases
medias, era, en ese período, uno de los diarios nacionales con mayor tirada. De unos aproximados
340 mil ejemplares diarios en la década del sesenta, el matutino incrementó su tirada en los
setenta a unos 400 mil, llegando a 500 mil en la década siguiente. Durante dicho período se
mantuvo unido al modelo e ideario desarrollista argentino impulsado por Rogelio Frigerio y
Arturo Frondizi, que nutrió a Clarín en la definición y expresión de sus posiciones políticas y
económicas. Para un estudio de los posicionamientos editoriales del matutino en el período
1975-1976, ver Borrelli, 2008.
3
En cuanto al estudio sobre el rol de la prensa en la construcción de consenso hacia el golpe
pueden consultarse diversos trabajos; algunos de los que incluyen a Clarín en sus análisis son:
Blaustein y Zubieta, 1998; Díaz, 2002; Malharro y López Gijsberts, 2003; Ulanovsky, 2005.
4
Ver, por ejemplo, el capítulo 2, “Último acto”, en Levín, 2013.
5
En este punto, se sigue el desarrollo y la propuesta metodológica realizada por Levín (2013) para
el caso del estudio del humor gráfico y que, con sus recaudos, puede aplicarse para el análisis de la
imagen fotográfica. Para una profundización metodológica en lo que se refiere a los mecanismos
de producción de sentido en el marco de las viñetas y la indagación académica, ver Levín, 2015.

123
Nancy Mariana Juárez

como guía de las interpretaciones, fijando la “cadena flotante de significados”


a ciertos sentidos y evitando otros (Barthes, 1992: 36). En efecto, imagen y
palabra están entrelazadas –en una relación mutuamente constitutiva– en las
prácticas de representación.6
El primer apartado indagará en la construcción de la figura presidencial de
Isabel Perón a partir del uso (y recurso) de las fotografías de prensa. A partir
de allí, el segundo apartado, hará foco en el juego intertextual dado por las
estrategias discursivas habilitadas en la superficie redaccional del matutino y que
contribuyeron a la producción de sentido sobre el proceso de deslegitimación
del gobierno a partir de las fotos. Finalmente, se analizará de qué modo las
imágenes podían, al mismo tiempo, fisurar y superar aquel discurso hegemónico.
De este modo, el interés estará puesto no tanto –o no solamente– en lo que las
imágenes mostraban, como huellas de lo real (Barthes, 1992), sino también
y fundamentalmente en los efectos de sentido propuestos por las imágenes y
los textos.

Las fotografías de prensa de Isabel Perón

La desaparición física del Presidente de la Nación y líder del movimiento pe-


ronista, Juan Domingo Perón, impuso al poder político la necesidad de una
reorganización inmediata. Isabel, su mujer y sucesora en la conducción del
país, heredaba la fragilidad del Pacto Social7 junto con la precaria unidad del
movimiento, pero no así el poder personal de su marido.8 Tal como sostiene

6
El artículo toma la consideración de Feld y Stites Mor (2009), quienes parten de considerar
las imágenes como construcciones que “involucran actores y agentes, reglas y lógicas propias,
contextos sociales y culturales precisos, soportes concretos, elecciones y estrategias” (p. 32). Al
mismo tiempo, siguiendo a Barthes (1992), puede decirse que toda imagen fotográfica –sobre
todo la de prensa– posee dos mensajes, uno denotado (el propio analogon) y otro connotado.
Este último hace referencia a la producción de sentido que se basa en los signos que proceden
del código cultural y que conlleva la utilización de diversos procedimientos de connotación entre
los que Barthes analiza: el trucaje, los objetos, la fotogenia, el esteticismo, la sintaxis y la pose.
Dichos elementos serán tenidos en cuenta en el desarrollo del análisis.
7
Se denominó Pacto Social a los acuerdos de compromiso entre obreros, empresarios y gobierno,
que operó entre la presidencia de Héctor Cámpora en 1973 y la tercera presidencia de Perón
con el objetivo de concertar la política económica entre dichos sectores.
8
Durante sus primeras presidencias, Juan Domingo Perón hizo un uso significativo de la
simbología e iconografía peronista, dentro de la cual la fotografía ocupó un rol central. En efecto,
la Subsecretaría de Informaciones de la Presidencia de la Nación (si) tuvo un área específica

124
Imágenes de la presidencia de María Estela Martínez de Perón en la fotografía...

De Riz (1986), dicho poder constituía una característica intrínseca al líder


peronista y, por ende, carecía de herederos (p. 82). De allí que María Estela
Martínez no solo debía ocuparse de mantener el equilibrio entre fuerzas sino
también de construir su propia figura presidencial.
La personalidad de Isabel estuvo apuntalada, desde los inicios de su man-
dato, por el entorno presidencial en el que José López Rega9 tuvo un papel
dominante. En su rol de ministro de Bienestar Social y secretario privado de
la Presidencia, se abocó a diseñar una estrategia fuertemente simbólica que le
permitiera a Isabel aferrarse al poder y, a través de ella, ejercer su propio do-
minio (Larraquy, 2011). En efecto, el análisis de la imagen de Isabel Martínez
de Perón, así como de su gestión, va unido inexorablemente a la figura de su
secretario. El apodado Brujo se constituyó en una presencia absoluta, que apa-
recía de manera constante junto a la presidente en las fotografías de prensa que
daban cuenta de las acciones de gobierno, al menos durante los tres primeros
meses del año 1975.
La Secretaría de Prensa y Difusión de la Nación pasó a ser una herramienta
clave al servicio de la depuración ideológica, la manipulación estatal y el control
de la derecha (Carnevale, 1999: 175). Tanto José María Villone a cargo de la
Secretaría entre agosto de 1974 y julio de 1975, como Osvaldo Papaleo, su
sucesor hasta el día del golpe, mantuvieron un duro y férreo control de las
comunicaciones basados en una política de censura e intervención de la pren-
sa, fundamentalmente, los medios gráficos.10 De allí que la relación entre la
gestión de María Estela y la prensa, al no ser consecuente con lo que se podía
esperar de un gobierno democrático (Díaz, 2002), se sostuvo bajo un halo de
tensión, sumado a reiterados intentos de desinformación en los que la Secretaría
intentaba sumir al país.
Ahora bien, durante la segunda mitad de 1974 y hasta fines del mismo año
la imagen presidencial de Isabel se construyó a través de la difusión de fotografías
en las cuales primó la seriedad y tenacidad en su rostro, las posturas erguidas y
dedicada a la misma. La División Fotográfica, dependiente de tal Subsecretaría, se ocupó tanto
de registrar la actividad política del gobierno como de documentar las obras públicas del mismo. 
9
Quien ocupaba el cargo de ministro de la cartera de Bienestar Social desde la asunción
de Héctor Cámpora en 1973 y mantenía bajo su absoluto poder las acciones de la Alianza
Anticomunista Argentina.
10
Tal como señala Franco (2012) el acotamiento de las libertades individuales, el ejercicio de la
censura y las formas de silenciamiento sistemáticos por parte del gobierno peronista comenzaron
a darse desde el año 1973. Específicamente durante el período de Isabel, del Estado emanaron
distintas normas que limitaron las posibilidades de comunicación, entre ellas, la Ley 20840 y
el Decreto 1273 (Díaz, 2002).

125
Nancy Mariana Juárez

firmes, con el cabello recogido en forma de rodete emulando las imágenes mas
aristocráticas de Eva Perón (Gamarnik, 2010: 10). La prensa gráfica, entra ella el
diario Clarín, publicó fotos que tendían a mostrarla en poses solemnes, sentada
en el sillón de Rivadavia con la banda presidencial y el bastón de mando, cu-
bierta por una capa, haciendo énfasis en la “entereza” y la “dignidad” (Larraquy,
2011; Gamarnik, 2011). En ese marco, y no por nada casual, la Secretaría de
Prensa publica hacia diciembre de 1974 la revista Construcción Nacional, una
reseña esencialmente fotográfica acerca de la actividad gubernamental en la que
se replica el estilo sobrio, formal y patriótico de Isabel.11
Tras ese período, durante el año 1975, la falta de comunicación oficial
fue una constante. Algunos estudios que han dirigido la mirada hacia la fi-
gura de Isabel Perón y su gabinete han señalado que durante este período la
relación que mantuvieron con la prensa fue casi nula. Las reiteradas licencias
médicas, los viajes personales y los sorpresivos ausentamientos sin causa daban
la sensación de que el poder político y en especial la presidencia se vaciaban
a un ritmo vertiginoso. Sin embargo, y más allá de la incomunicación que el
gobierno pudo mantener con la prensa, este nunca quiso ni dejó de aparecer en
la escena pública. Muchas de esas fotos fueron sacadas en la intimidad misma
de la presidente. Lejos de constituirse en fotografías “robadas” o arrancadas de
una situación personal, íntima y delicada, aparecían claramente preparadas,
haciendo uso de recursos de connotación en los que la pose jugó un rol central.
Así, cada vez que el gobierno lo consideró necesario y útil para la construcción
de la figura presidencial, los límites entre la esfera pública y privada en la vida
de Martínez de Perón fueron desdibujados.
El matutino Clarín fue uno de los periódicos que cedió lugar y, en dicha
acción, puso en juego en el espacio público algunas de aquellas fotografías
originadas en el ámbito privado. La habitación de Isabel y su cama fueron el
escenario escogido exclusiva y directamente por el entorno presidencial para
la construcción de sentidos en torno a la jefa de Estado. Tomadas en diagonal
al lugar de reposo, en plano medio, recostada en una cama, con la mesa de luz
a un costado, acompañada por miembros de las Fuerzas Armadas o tomada
de la mano con miembros de la Iglesia, fueron algunas de las fotografías de
la presidente (ver figuras 1 y 2) publicadas en julio de 1975.12 En uno de los
11
De formato tabloide, la revista actuó como medio de difusión de la actividad del gobierno
durante el primer semestre de la presidencia de Isabel Perón. Se puede acceder a una reproducción
total en el siguiente link: http://www.ruinasdigitales.com/revistas/Construccion%20Nacional.pdf
12
El 7 y 8 de julio se llevó a cabo el histórico paro general declarado por la cgt –el primero de la
historia nacional contra un gobierno peronista– que les permitió a los sindicatos torcer la posición

126
Imágenes de la presidencia de María Estela Martínez de Perón en la fotografía...

momentos más críticos de su gestión, cuando la política de Isabel y su entorno


ya estaban en quiebra, dichas imágenes parecían evocar y simular aquellas que
años antes habían circulado de Eva Duarte de Perón durante su internación en
noviembre de 1951 (ver figuras 3 y 4).13 De hecho, y casualmente, la difusión de
las fotografías de María Estela se correspondió con los actos y misas en memoria
de Eva en torno a la fecha de su natalicio, lo que fue incluso resaltado en el pie
de foto de la portada de Clarín del día 27 de julio (figura 1): “La Presidente
de la Nación guarda reposo. Por orden de sus médicos, la Jefa de Estado debe
permanecer en reposo […] Mañana asistirá a misa en memoria de Eva Perón”.
En ese sentido, cabe señalar que la propia Isabel solía autopresentarse no como
cualquier mujer sino como la mujer de Perón, tal como lo había sido Eva, a
quien públicamente rescataba como ejemplo y como una de sus referentes
(Napal, 2014: 159).
Si bien no es posible afirmar a ciencia cierta en qué medida Isabel y/o su
entorno buscaron la asimilación en términos simbólicos entre ella y “Evita”, sí
puede señalarse que la presidente mantuvo una imagen de sí misma que osciló
entre una mujer débil y una mujer fuerte, lo cual en términos representaciona-
les constituía una semejanza con la imagen de Eva. En efecto, la debilidad se
constituyó en uno de los argumentos que buscaban reforzar al mismo tiempo
la fortaleza de su carácter, su compromiso y la voluntad de cumplir con su tarea (p.
158). En ese marco, su debilidad física fotográficamente representada y públi-
camente difundida a través de un matutino de gran influencia en la opinión
pública, no solo era la contracara necesaria para dar cuenta al mismo tiempo de
su fuerza política sino también un recurso útil para reforzar la identidad –cada
vez más alejada y perdida– con el movimiento peronista.
Paralelamente a la crisis señalada y tras la renuncia del casi omnipresente
ministro de Bienestar Social, López Rega, en julio de 1975, las fotografías
publicadas daban cuenta de una presidente rodeada no solo de los integrantes
del orden castrense sino también de la Iglesia. Curia y militares irrumpían en
del gobierno. Tras la primera jornada de paro, y luego de casi un mes y medio de puja, la presidente
aprobó la homologación de los convenios que decretaban subas salariales de un promedio del
160%, cifra que excedía con creces el límite exigido por el ministro de Economía, Celestino
Rodrigo, y que superaba el reajuste de precios y tarifas que había decretado en junio (Borrelli,
2008). Pocos días después, tanto el ministro como José López Rega renunciaron, profundizando
así la crisis política del gobierno y sumando conflictos al negro panorama económico.
13
Internada tras el desarrollo de una campaña electoral teñida por intentos golpistas, el 11 de
noviembre de 1951 Eva Perón emite su voto –símbolo del sufragio femenino– desde la cama del
Policlínico de Lanús. Las imágenes que se tienen de aquel momento la muestran ligeramente
sentada, tapada y acompañada de dos mujeres.

127
Nancy Mariana Juárez

la escena, acompañando a una Isabel políticamente desolada. En ese sentido,


puede afirmarse que la disolución de su entorno repercutía inmediatamente
en los modos de construcción y sostenimiento de la imagen presidencial. Los
intentos por tapar el vacío de poder en el que se sumía el gobierno encontraron
una rápida salida en la estrategia de “mostrarla” recurrentemente junto a una
fuerza apostada para la batalla.
Ahora bien, el próximo apartado intentará dar cuenta de los modos en que
las imágenes de Isabel fueron puestas en juego dentro de la superficie redaccio-
nal de Clarín, y en qué sentido estas confluyeron con el discurso activamente
crítico del matutino hacia su gestión y de consenso hacia la salida autoritaria.

Confluencias: imágenes y palabras. Clarín y el discurso


del “final inevitable”
El rol activo de los medios de prensa en el desprestigio del gobierno contó con
la participación y anuencia del matutino Clarín. Aunque no formaba parte del
núcleo más abierta y declaradamente de derecha que avalaba la interrupción
militar, sí se encolumnó detrás de las duras críticas que hacia fines de 1975
constituyeron, en gran medida, las bases de legitimación del golpe. La descom-
posición institucional fue una temática recurrente en las páginas y en diversas
secciones del matutino. Las fotografías, aun cuando muchas veces eran tomadas
y entregadas por el propio gobierno a los medios, quedaron subordinadas al
discurso escrito del diario y tendieron a operar como el área “ilustrada” de la
desintegración.
Así, las fotografías de Isabel en su aposento de enferma señaladas anterior-
mente estuvieron acompañadas por textos que hacían foco en la condición de
debilidad física de la presidente. Por ejemplo, el pie de foto de la imagen de
tapa del 25 de julio anunciaba: “La Jefa de Estado debe permanecer en reposo”
y, de modo similar, la fotografía del día 27 de ese mes comentaba: “La Jefa de
Estado comulgó ayer en su lecho de enferma”. Junto a esas imágenes de Mar-
tínez de Perón, Clarín también informaba sobre las posibles renuncias dentro
del gabinete, la conformación de órganos de consulta ante la inminente crisis
política y los anuncios sobre la puesta en práctica de planes de emergencia y la
reducción del gasto público en el marco de una profunda crisis económica.14
La superficie redaccional del matutino en su conjunto daba cuenta de la grave

14
Ver, por ejemplo, las tapas de los días 25, 27 y 31 de julio de 1975.

128
Imágenes de la presidencia de María Estela Martínez de Perón en la fotografía...

situación en la que el país se sumergía, y las imágenes acompañaban. De allí


que –probablemente– este tipo de fotografías no hicieran más que reforzar el
discurso y soldar las bases del imaginario social que reclamaba un poder fuerte
que se hiciera cargo de las riendas del país: el sector castrense (fotografiado
junto a la misma Isabel).
Asimismo, fue cobrando fuerza la idea de que la presidente no solo no estaba
capacitada para brindar soluciones a los graves conflictos desatados por la vio-
lencia sino que, además, se mantenía al margen de los problemas.15 Numerosos
paseos de la presidente fueron fotografiados y publicados por Clarín junto con
informaciones que hacían foco en las consecuencias de la violencia política, los
conflictos dentro del gobierno y los debates en torno a la economía. Incluso,
en algunos casos, las mismas notas acerca de los viajes solían dar cuenta del
difícil contexto político en el cual se realizaban. “La Presidente [...] tras superar
las dificultades políticas que afrontó en los últimos tiempos y que culminaron
con la asunción del nuevo gabinete, viajó ayer a Mar del Plata donde pasará
una semana de descanso” (Pol. 18/08/75), se leía en una noticia acompañada
por una imagen de Isabel saludando y rodeada por “una multitud que se dio
cita en el Hotel Provincial”.
Ya tiempo antes, en ocasión del Operativo Independencia16 –iniciado por un
decreto del Poder Ejecutivo en febrero de 1975–, el diario Clarín también optó
por entramar en sus tapas y páginas de política nacional tanto las informaciones
sobre el operativo antiguerrillero como las noticias del período vacacional de la
presidente. El matutino dedicó amplio espacio a la publicación de fotografías
de Isabel y su comitiva descansando y paseando en la ciudad de Bariloche, al
mismo tiempo que colocaba en tapa el mapa de las operaciones emprendidas en
la provincia de Tucumán o informaba sobre los resultados del accionar militar
en la sección central de política.

15
Tal como afirma Franco (2012) el tema de la violencia política abarca su consideración
como noción y como problema de época de los sectores políticos dominantes. En este escrito
se hará referencia a esta última dimensión, teniendo en cuenta la espiral represiva y violenta
que conformó la acción de la izquierda armada, las prácticas estatales y su articulación con las
acciones paraestatales de los grupos de derecha.
16
Mediante un decreto del Poder Ejecutivo se ordenaba la represión del foco guerrillero rural
montado por el erp en la provincia de Tucumán. El artículo 1º del Decreto 261/75 declaraba:
“El Comando General del Ejército procederá a ejecutar las operaciones militares que sean
necesarias a efectos de neutralizar y/o aniquilar el accionar de elementos subversivos que actúan
en la provincia de Tucumán”. Este decreto, así como otros del período, se encuentran publicados
en la página www.nuncamas.org.

129
Nancy Mariana Juárez

De ese modo, las acciones del gobierno por un lado y la actividad militar
por el otro, no solo se mantenían unidas por un tenso y fino hilo, sino que
además compartían espacio en la superficie del periódico. Los efectos de sentido
producidos a partir de la construcción de unas y otras informaciones fueron
complejizando la mirada sobre el rol y la responsabilidad que cada sector tenía
con el conjunto del país. Mientras los mensajes lingüísticos, a través de titula-
res de mayor tamaño y centralidad, estuvieron reducidos a informar sobre el
Operativo, el espacio de las imágenes y fotografías –quizás a modo de “nota de
color”– se reservaron a la presidente y su viaje.
“Iniciaron un vasto operativo antiguerrillero en Tucumán. Está a cargo del
ejército. Colaboran Fuerzas de seguridad”, titulaba el 11 de febrero el matutino,
junto con la foto del comienzo del “Descanso de la presidente en Bariloche”
(ver figura 5). En los días siguientes, la composición de las tapas se mantuvo: el
titular “Importantes capturas en la lucha contra el extremismo. El ejército detuvo
a elementos ‘clave’ en Tucumán” compartía superficie con “La Presidente visitó
Ushuaia” y su correspondiente imagen, y en la portada del día 15 de febrero, el
titular “Choque con guerrilleros en Tucumán: 4 muertos. Cayeron un militar
y tres extremistas” aparecía junto a la foto de Isabel bajando del avión que la
dejaba de regreso en la ciudad de Bariloche (ver figuras 6 y 7).
Más allá de este caso particular, en reiteradas ocasiones y específicamente en
torno a acontecimientos de relevancia en la escena política y social, las imáge-
nes sobre la jefa de Estado mostraban una clara contradicción con la situación
del país. Así, mientras las fotografías exhibían a una presidente disfrutando
de momentos de ocio, emprendiendo viajes o realizando paseos, el conjunto
de mensajes verbales que componían las páginas configuraban un cuadro por
demás complejo del contexto político y social. Las palabras ayudaban, si no
a fijar una idea a las imágenes, por lo menos a demostrar que para quienes
debían encauzar el destino de la nación la realidad era muy distinta de la que
atravesaba el conjunto de la sociedad.
La ineficiencia de Isabel Perón en su tarea de gobernar fue rutinariamente
alimentada a través de las fotografías que ella misma y su entorno se ocuparon
de producir y difundir. Especialmente, cada vez que sus responsabilidades como
Jefa de la Nación se desdibujaban ante acciones o actividades de índole personal
que nada decían de su “deber ser” como presidente. En ese marco, el diario
operó como catalizador y constructor de opiniones que contribuyeron a crear
en el imaginario social la idea de la necesidad de la intervención militar como
única salida a la crisis. A veces apelando a diversas estrategias comunicacionales

130
Imágenes de la presidencia de María Estela Martínez de Perón en la fotografía...

y a veces simplemente como reproductor de las acciones del gobierno, el diario


sumó su grano de arena en el terreno de preparación del golpe.
En ese ámbito, la construcción de la representación del vacío de poder
adquirió un rol central en el conjunto de la opinión pública. Si bien muchos
periódicos lo utilizaron como tópico en sus intervenciones y diagnósticos so-
bre la realidad política del gobierno de Isabel, Clarín no hizo un uso abierto
y sistemático de esa expresión en su discurso escrito. En ese sentido, la voz
editorial fue utilizada no solo para señalar las falencias económicas sino tam-
bién para interpelar al gobierno sobre la necesidad de recuperar el rumbo y
sobre la urgencia de gobernar (Borrelli, 2008). Lo que parecía importar desde
el conjunto del periódico era, no tanto la utilización de un término, sino mas
bien la creación de un imaginario social sobre dicho término. Incluso tras el
golpe de Estado, Clarín recurrió a señalar que el gobierno, lejos de ser una
fuente de poder, solo mantenía las apariencias formales del poder, como modo
para describir –y justificar– la intervención castrense (Vitale, 2007) en lo que
constituía un “final inevitable”.17

La resistencia del discurso fotográfico

Si bien la desintegración del gobierno se hacía presente con mayor asiduidad


en las portadas y secciones de Clarín a medida que avanzaba el año 1975, no
todos los espacios funcionaron unidireccionalmente hacia la construcción
de ese “final inevitable” anunciado por el editorial. Algunos más que otros
pudieron mantener una cierta autonomía con respecto a la línea editorial que
se declaraba cada vez más opositora y cuestionadora en términos económicos,
y tras ello, políticos. Las fotografías fueron una herramienta dinámica que
ofrecía múltiples posibilidades al vincularse con el discurso escrito y, a la vez,
hegemónico del periódico.
Por ese motivo, más allá de las señaladas confluencias entre discurso escrito
y discurso visual –o fotográfico–, el análisis de las imágenes publicadas por el
matutino también debe tener presente las tensiones en la relación entre ambos.
La pretensión de representar fotográficamente al poder político vacío no solo
encontró su límite en la imposibilidad misma de construir tal representación,
sino también en los sentidos que –en dirección opuesta al discurso desestabi-
lizador– permitieron perturbar la imagen del vaciamiento.

17
Título del editorial de Clarín del día 25 de marzo de 1976.

131
Nancy Mariana Juárez

En este sentido, según Guillermo O’Donnell, el período que precedió al


golpe de Estado se destacó por la ausencia de valores, discursos y prácticas demo-
cráticas en la política (O’Donnell, 1984: 16). Sin embargo, y más allá de los
factores internos del gobierno –con foco en las falencias y la poca capacidad
de gobernabilidad de Isabel–, hubo prácticas y aspectos de índole institucional
que se mantuvieron fotográficamente presentes en el periódico y que daban
cuenta de la gestión cotidiana del gobierno. La actividad gubernamental fue
retratada y publicada de manera continua por el matutino, y aunque tendió a
disminuir en las semanas previas al golpe, nunca dejó de estar presente en las
páginas de Clarín.
Un ejemplo de ello es el modo que Clarín utilizó para anunciar y presentar
la “Nueva reestructuración parcial del elenco ministerial” (ver figuras 8 y 9)
el 12 de agosto de 1975 (la séptima en trece meses). En dicho contexto, los
editoriales de Clarín se abocaron a remarcar negativamente el número de mi-
nistros nombrados en tan corto lapso,18 así como a resaltar las contradicciones
en las medidas económicas propuestas por aquel entonces19 (Borrelli, 2008).
Los ministros por separado y/o el gabinete en su conjunto fueron el blanco y
los protagonistas de las fotos que el diario publicó durante este período. Dicha
reestructuración y sucesión de ministros fue representada el día 12 de agosto
a través de la publicación de cinco fotos en la portada. En los cinco casos la
imagen (plano, toma, enfoque) resultaba exactamente la misma: el momento
preciso en que cada uno de los nuevos flamantes ministros20 prestaba juramento,
es decir, cuando el acto legal y constitucional por excelencia era ejercido.
18
En este punto cabe tener en cuenta lo observado por Borrelli (2008), quien señala que
había cierta ambigüedad en las posiciones del matutino, ya que si bien este apostaba por
la institucionalidad, también dejaba un resquicio argumental que legitimaba una salida no
institucional y salvaguardaba su propia posición editorial. En este sentido, afirma lo siguiente:
“Al mismo tiempo que se postulaba que no tenía ‘sustentación’ una salida por fuera del orden
institucional, se mencionaba que pese a que todos los poderes funcionaban legalmente los problemas
nacionales se habían agravado. Implícitamente se validaba la hipótesis contraria a una resolución
‘institucional’. De todas formas, un punto era claro: si no se escuchaban las advertencias que el
matutino lanzaba públicamente y se cambiaba el rumbo de la economía, entonces la posibilidad
de que se efectivizara una salida no institucional sería responsabilidad directa de quienes no
ejecutaban las medidas específicas para evitarlo. No sería responsabilidad de quien lo estaba
advirtiendo” (p. 103, la cursiva es mía).
19
En ello se incluía el alza del costo de vida en los últimos dos meses, la disminución de las
reservas monetarias y la amenaza de la recesión para las fuentes del trabajo y las empresas.
20
El coronel Vicente Damaso en Interior, Dr. Carlos Ruckauf en Trabajo, el embajador Ángel
Robledo en Relaciones Exteriores y Culto, Dr. Pedro Arrighi en Cultura y Educación y el ingeniero
Carlos Emiery en Bienestar Social.

132
Imágenes de la presidencia de María Estela Martínez de Perón en la fotografía...

Debajo de ellas un largo texto daba cuenta de quiénes eran esas personas
y a qué ministerio irían; asimismo se informaba la renuncia del ministro de
Economía y la ausencia de su sucesor, al igual que se daban los nombres de otros
ministerios con nueva dirección. La portada se completaba con un importante
titular acerca de la renuncia de Casildo Herreras21 y otros dos títulos de menor
tamaño sobre la designación de un nuevo jefe de policía y la huelga de jugadores
de fútbol. De ese modo, la casi saturación de fotografías referidas al mismo
acto y la repetición de palabras tales como “renuncias” y nuevas “designaciones”
parecían alcanzar para dar cuenta de la crisis política aún sin nombrarla.22
Es en ese marco que cabe preguntarse no solo de qué modo Clarín podía
representar la desintegración del gobierno a través de dichas imágenes sino
también qué representaciones de lo democrático y qué efectos de sentido
podían habilitarse con su publicación. En relación con el primer punto –y en
un análisis inicial–, podría observarse que la estrategia editorial del matutino
era la de producir una banalización de la práctica democrática, marcando no
tanto una “ausencia de valores” sino más bien un poder político que se vaciaba
constantemente. Tal efecto solo podía conseguirse entonces a través de la pu-
blicación acumulada y saturada de imágenes vinculadas a un mismo acto, junto
a una línea editorial crítica que, en su conjunto, acababan por deslegitimar la
práctica observada.
Sin embargo, y en cuanto a las otras dos cuestiones, podría afirmarse que
las fotografías también pusieron en juego y habilitaron representaciones de lo
democrático en un sentido “positivo”. Los actos protocolares, la recepción de
mandatarios extranjeros, asunciones y juras de ministros, firma de decretos,
debates en el Congreso, promulgación de leyes, desarrollo de mesas de diálogo,
entre otras tantas prácticas, constituyeron el foco de la actividad gubernamen-
tal retratada con continuidad. Asimismo, el Congreso, la sala de reuniones
de la Casa Rosada y la quinta presidencial de Olivos se constituyeron en los
escenarios con mayor presencia en las imágenes. Si bien acompañadas por
textos que solían hacer foco en la falta de definiciones concretas tras largas y
extensas reuniones, así como en la delicada situación económica y política,

21
Secretario general de la cgt, finalmente su renuncia no se hizo efectiva. Recién dejó su cargo
al huir a Uruguay en marzo de 1976, antes del golpe.
22
Al respecto, cabe señalar una viñeta de Landrú publicada el 18 de agosto (seis días después
de la tapa a la que aquí hicimos referencia). En dicha viñeta –llamada “Practicidad”– se observa
a dos señores sentados en un bar. Mientras uno fuma, el otro expresa agitando los brazos con
un diario en la mano: “Yo creo que se ahorraría tiempo si los ministros juraran y renunciaran
en la misma ceremonia”.

133
Nancy Mariana Juárez

resaltando en ese marco los cuestionamientos a los niveles de desempleo o las


reestructuraciones del gabinete, estas fotografías en su conjunto permitieron
visualizar –con cierta independencia del texto escrito– un gobierno en actividad.
Si se sigue el principio básico de la fotografía que considera a esta como huella
de un real (el “esto ha sido” de Barthes), puede sostenerse que “la foto llega a
funcionar también como testimonio, ella atestigua la existencia […] de una
realidad” (Dubois, 1986: 50). Aun cuando no pueda aislarse la fotografía de su
contexto de enunciación, las imágenes de la actividad de gobierno permitían
dar cuenta –al menos pragmáticamente– de la existencia y realidad de aquellas
prácticas fotografiadas.
En este mismo sentido, y más allá de las frecuentes ausencias y referencias
a la ineficacia de la presidente, numerosas fotografías tendieron a mostrarla
en posiciones solemnes con una clara connotación de entereza y fortaleza con
mayor frecuencia durante los primeros meses del año 1975. Incluso algunas de
esas fotografías solían mostrarla en el sillón presidencial, uno de los emblemas
y símbolos del ejercicio del poder. Y si bien la construcción del “clima golpista”
por parte de la prensa iba tomando dimensiones cada vez más drásticas frente
a la crisis económica, la violencia y el desorden generalizado, estas imágenes
publicadas en uno de los diarios de mayor influencia en la opinión pública
–aunque reducidas al funcionamiento de la democracia en su aspecto insti-
tucional y estructural– permitieron fisurar ligera pero diariamente el discurso
predominante sobre la crisis política y la pérdida de poder de la presidente.
En esa línea, por ejemplo, tras el conflicto desatado por la sublevación de
un sector de la Aeronáutica liderado por el brigadier Jesús Orlando Capellini
en diciembre de 1975 (ver figura 10), Isabel apareció públicamente –y así era
replicada en las páginas de Clarín– dando una imagen de fortaleza y progresivo
endurecimiento de su rol como jefa de Estado, complementada con discursos
donde enfatizaba que no permitiría que nadie con cualquier pretexto mezquino
pretenda usurpar el poder (ver pie de foto en la figura 10). Del mismo modo,
cuando la violencia política adquirió sus niveles más altos en la segunda mitad
del año (e incluso en las semanas previas al golpe), el diario publicó y puso en
circulación fotografías de la presidente frente a los micrófonos, en plena alo-
cución y haciendo uso de la palabra. Así, durante la festividad de la Navidad,
la presidente apareció retratada con la mirada al frente en el sillón de mando y
frente al escritorio presidencial expresando su solidaridad con las víctimas de la
violencia (ver epígrafe de la figura 11). De este modo, las estrategias discursivas
utilizadas por Isabel para legitimar su rol en el cargo que ocupaba, como lo era
el uso de los discursos públicos (Napal, 2014), se complementó con la puesta

134
Imágenes de la presidencia de María Estela Martínez de Perón en la fotografía...

en juego de este tipo de fotografías, que ocuparon un importante espacio


dentro del matutino.
Por otra parte, en ocasión del día del trabajador, en mayo de 1975, Clarín
apeló a varias fotografías para ilustrar las celebraciones de la tradicional fecha.
Dichas fotos, al igual que los textos, presentaban en su conjunto un perfil
fuertemente democrático del gobierno y su presidente. La portada del día
después se ilustraba con tres imágenes: en la parte superior un plano general de
la Plaza de Mayo dejaba observar a la “multitud” que se había convocado allí,
más abajo una foto de Isabel sonriente saludando desde el balcón de la Casa
Rosada, y finalmente, una fotografía del Congreso nacional visto desde arriba
(ver figura 12). En sintonía con ellas, la sección de política nacional brindó
lugar a imágenes que hacían foco tanto en la presencia del “pueblo” como
en el “enérgico mensaje presidencial” y las “afectuosas muestras de simpatía”
recibidas por la jefa. La llamada “vocación democrática” del gobierno contó,
en esporádicas ocasiones, con el apoyo explícito del matutino. Y si bien puede
objetarse que la crisis general se exacerbó recién un mes después –cuando en
junio de 1975 el ministro Celestino Rodrigo impuso su plan de ajuste– no
debe dejar de atenuarse aquel rol profundamente desestabilizador atribuido al
periódico, en el que las fotografías construyeron su propio camino de sentidos.
Dos días antes de aquel 24 de marzo, Clarín seguía publicando fotografías
referidas a la actividad gubernamental y mucho tiempo antes la actividad del
gobierno estuvo escoltada, acompañada y complementada por la fuerza militar.
Tal como señala Cora Gamarnik (2012), mucho antes de que se concretara
el golpe, los medios de prensa comenzaron a instalar una campaña dirigida
a mejorar la imagen de Jorge Rafael Videla presentándolo como un “militar
profesional, sobrio, honesto y moralista” (p. 71). Esta campaña también se hizo
presente en el diario, a la vez que se extendió al resto de las Fuerzas Armadas.
23
Las fotografías sobre los militares caídos a manos de la subversión, actos de
sepultura, familiares llorando, fueron construyendo la sensación de una insti-
tución “víctima”, al mismo tiempo que se iban publicando imágenes de una
fuerza lista para la batalla. En este último sentido, predominaron las fotografías
de desfiles, de militares portando armas y las tradicionales fotos tres cuartos
perfil de las cúpulas castrenses.24
23
Un valioso análisis sobre el uso de las fotografías de prensa en las campañas mediáticas a favor
de los golpes de Estado, impulsadas por los mismos militares que conformaron las dictaduras del
Cono Sur –Argentina, Uruguay y Chile– en el marco de los “Documentos del miedo” elaborados
entre 1973 y 1974, puede verse en Gamarnik, 2012.
24
Algunas de estas fotografías pueden observarse en Juárez, 2011.

135
Nancy Mariana Juárez

Conclusiones CO
A partir de lo analizado puede afirmarse que las fotografías de prensa, en este F
caso las publicadas en Clarín durante el convulsionado año 1975, constituyen un
espacio dinámico y complejo a la hora de determinar su rol en la construcción
de representaciones sobre los actores políticos y el último gobierno peronista.
Por una parte, las fotografías permitieron vehiculizar y formar parte de la red
que sostuvo la construcción del proceso de desgaste del gobierno habilitando
la toma del poder por parte de los militares, “ilustrando” de algún modo la
descomposición política de Isabel, a pesar de sus intentos de construcción de
imagen presidencial a partir de julio de 1974.
Sin embargo, las fotografías no solo se acomodaron y subordinaron al
discurso escrito, sino que también dieron cuenta de la existencia de prácticas
y espacios propios de la democracia fisurando, de algún modo, el discurso de
consenso hacia la salida autoritaria. Así, mientras las palabras y los mensajes
verbales del diario y la prensa en su conjunto fueron legitimando la inter-
vención golpista frente a la sensación de vacío de poder y de desgobierno, las
fotografías tuvieron un camino zigzagueante y no directa, o connotadamente,
antidemocrático. Quizás, y dado que el propio Clarín evitó formar parte de
burdas campañas golpistas (Borrelli, 2010), la legitimación del golpe adquirió
ciertos matices, especialmente, en aquellos espacios ambiguos y polisémicos
como las imágenes.
Y si de fotos se trata, cabe recordar que la tapa del matutino de aquel 24
de marzo no solo contuvo la imagen de un helicóptero en pleno vuelo, sino
también la de la Plaza de Mayo que, paradójicamente, los lectores no vieron
ni llena ni vacía.

136
Imágenes de la presidencia de María Estela Martínez de Perón en la fotografía...

CONSEGUIR TODAS LAS Anexo


FOTOS EN JPG Y SI ES
POSIBLE EN ALTA Figura 1

Figura 2

137
Nancy Mariana Juárez

Figura 3

Figura 4

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Imágenes de la presidencia de María Estela Martínez de Perón en la fotografía...

Figura 5

Figura 6

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Nancy Mariana Juárez

Figura 7

Figura 8

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Imágenes de la presidencia de María Estela Martínez de Perón en la fotografía...

Figura 9

Figura 10

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Nancy Mariana Juárez

Figura 11

Figura 12

142
Imágenes de la presidencia de María Estela Martínez de Perón en la fotografía...

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145
La Federación Juvenil Comunista frente
al “Proceso de Reorganización Nacional”:
la construcción de un discurso
legitimador del régimen*
Mariana Saraniti

El régimen instaurado en 1976 se hacía cargo del Estado con un ambicioso


plan de gobierno que pretendía “reorganizar” la nación, renovar sus estructuras
económicas, reformar las instituciones políticas y educativas y terminar con
la “oleada subversiva” que amenazaba el orden. Para llevar a cabo tal empresa,
operó a través de un aparato clandestino que utilizó la aplicación del terror
basado en la detención, tortura y desaparición de diversos activistas políticos,
obreros, estudiantes, intelectuales, líderes sindicales, entre otros, con el fin de
“encaminar” los destinos de la nación.
El gobierno militar no admitía la participación de los partidos políticos,
ya que los consideraba en parte responsables de la crisis institucional, social y
económica que había atravesado el tercer gobierno peronista, presidido desde
1974 por María Estela Martínez (Isabel) luego del fallecimiento del presiden-
te Juan Domingo Perón. Para los militares, los partidos políticos eran vistos
como actores incapaces de brindar una solución al “caos”, lo cual provocaba,
proporcionalmente, un importante descrédito en el sistema democrático. Sin
embargo, no prohibieron la actividad político-partidaria sino que le impusieron
importantes restricciones. En efecto, por medio del Decreto nº 6 se dispuso
la suspensión de la actividad de los partidos políticos y se dictaron las leyes
*
El presente artículo se enmarca en la elaboración de una tesis de maestría en Historia
Contemporánea de la Universidad Nacional de General Sarmiento, cuya dirección está a cargo
de la doctora Florencia Levín.

147
Mariana Saraniti

21322 y 21325 por las que se disolvían y/o declaraban ilegales varias decenas
de agrupaciones políticas, sindicales y estudiantiles, casi todas ellas ligadas a la
izquierda peronista y marxista (Águila, 2009: 7).
En el caso puntual de las agrupaciones políticas de izquierda, todas fueron
ilegalizadas excepto el Partido Comunista Argentino (pca), con el que estaba
alineada la Federación Juvenil Comunista (fjc). Esto se explica porque, por un
lado, los militares no consideraban al pc un partido “subversivo” y esperaban
que la juventud insatisfecha se canalizara en sus filas con el fin de evitar que se
volcara a la acción violenta y por ello se decidió suspenderlo pero no ilegalizarlo.
En segundo lugar, también incidió la mirada que los comunistas tenían sobre
las Fuerzas Armadas.
Estos vieron al régimen con beneplácito puesto que lo consideraban apto
para paliar la crisis que aquejaba al país. La aceptación de la intervención militar
fue tal que incluso el pca propuso la creación de una convergencia cívico-militar
para enfrentar la coyuntura de violencia política y crisis económica.
Si bien existen estudios académicos que se basan en el análisis del discurso
de las élites del pca que llevan a conclusiones como las que hemos mencio-
nado (Campione, 2007; Águila, 2009 y Fernández Hellmund, 2012), resulta
llamativo que prácticamente no existan estudios sobre su ala juvenil durante
el período. Frente al clima de terror y censura instaurado por el Proceso, es
interesante preguntarse acerca de qué opciones manejaron las agrupaciones
políticas para “sobrevivir” en tal contexto. En el caso particular de la fjc, me
centraré en una de sus estrategias (acaso la más visible, ya que el trabajo de las
bases fue clandestino durante el período), que consistió en el lanzamiento de
una revista dedicada al público juvenil denominada Vamos! Al Tiempo Joven. En
el presente artículo me remitiré al análisis discursivo de la revista para dar cuenta
de su visión en relación no solo con la dictadura, sino también con el rol que
les cabría a los jóvenes en la nueva coyuntura iniciada el 24 de marzo de 1976.
La metodología de análisis se basa en la articulación entre el discurso de Va-
mos! y las posturas que eventualmente tomaron tanto la fjc, el pca y las Fuerzas
Armadas con respecto a los ejes mencionados. A partir de esto, sostendré que
más allá de que lo “decible” en un contexto represivo es absolutamente acotado
y restringido, la opción por lanzar la revista no deja de ser en sí mismo un acto
político por parte de la Federación, y en este sentido, las distancias entre los
discursos, entre el decir y el hacer y las tensiones que esto genera en relación con
la cuestión del consenso u oposición al régimen no hacen más que enriquecer
el análisis. El discurso político empleado en Vamos! en realidad da cuenta solo
de una lectura posible acerca de la visión que unos pocos miembros de la fjc

148
La Federación Juvenil Comunista frente al “Proceso de Reorganización Nacional”

tuvieron con respecto al régimen, de un discurso atravesado por un contexto


particular que revela la complejidad de analizar publicaciones que quedaron
atrapadas en un sistema enunciativo controlado por un poder desaparecedor,
censurador, vertical y autoritario (Levín, 2013; Sigal y Verón, 2004).
A partir de estas apreciaciones afirmaré que la revista legitimó al Proceso a
través de un discurso que revelaba un imaginario preexistente sobre la realidad
argentina, y en particular sobre la juventud, que era compartido por vastos
sectores, tanto civiles, militares como políticos. Al mismo tiempo, consideraré
que la publicación de la revista no fue únicamente una estrategia de supervi-
vencia frente a la obturación de los espacios de expresión política, sino que al
mismo tiempo, puso en tensión los puntos de confluencia ideológica entre la
fjc, el pca y las Fuerzas Armadas.
Como veremos en el desarrollo del artículo, el discurso legitimador del
régimen que se construyó en Vamos! fue mucho más elocuente del que demostró
públicamente el pca, del cual la Federación dependía. Para dar cuenta de estas
cuestiones, el análisis se estructurará a partir de tres ejes: en el primero de ellos
se dará cuenta de cuestiones generales y descriptivas que atañen a la revista, para
luego examinar los eventuales vínculos entre los comunistas y los militares y el
impacto que causó la publicación de Vamos! en los militantes de la Federación.
El tercer eje del artículo ahondará en la construcción del estereotipo de juven-
tud dominante y las convergencias ideológicas entre la Federación, el pca y las
Fuerzas Armadas.1 Finalmente, en las conclusiones se intentará dar una visión
más acabada de la construcción del discurso legitimador del quincenario y de
las tensiones que esto generó.

La revista Vamos!

La fjc ha sido una institución de gran envergadura no solo por su historia y tra-
dición en la formación de cuadros políticos, sino también por su fuerte presencia
en instituciones educativas, sobre todo en las universidades. En el x Congreso

1
Siguiendo a Cora Gamarnik (2009: 1), se entiende como estereotipo a una representación
repetida frecuentemente que convierte algo complejo en algo simple. Es un proceso reduccionista
que suele distorsionar lo que representa, porque depende de un proceso de selección,
categorización y generalización, donde por definición se debe hacer énfasis en algunos atributos
en detrimento de otros. Simplifica y recorta lo real. Tiene un carácter automático, trivial,
reductor. Los estereotipos son conceptos de grupo, lo que un grupo piensa de otro o de otros.
Lleva necesariamente implícito en su existencia un consenso.

149
Mariana Saraniti

de la Federación celebrado en 1974, se daba cuenta de la existencia de 50.000


afiliados en todo el país.2 Sin embargo, hacia 1976, esta había perdido espacio
dentro del universo juvenil debido al crecimiento de otras agrupaciones políticas
vinculadas con el peronismo, el guevarismo u otras expresiones más extremas
o radicalizadas en las que centenares de jóvenes participaban (Gilbert, 2007).
Con el advenimiento del golpe de Estado, la persecución a las agrupaciones
políticas consideradas “subversivas” se hizo sistemática y, aunque la fjc también
sufrió la detención y desaparición de varios miembros, intentó preservar su
vínculo con la juventud y comprendió al mismo tiempo que la suspensión por
decreto de la actividad partidaria era incapaz de eliminar la existencia de un mer-
cado político latente (Tcach, 1996). Por ello, la estrategia de lanzar una revista
juvenil se convertía en una opción viable, por lo menos en el mediano plazo.
El formato de Vamos! distaba mucho de las estrategias que habitualmente la
fjc había utilizado para comunicar su mensaje a la juventud. Hasta mediados de
la década del setenta, la fjc se dirigía a los jóvenes a través de publicaciones de
folletines y periódicos partidarios en los que se mostraba como una agrupación
conservadora, con reglas morales muy rígidas, en especial aquellas concernientes
a la sexualidad y a la militancia radicalizada, que era tildada de “aventurerismo”
(Campione: 2007; Gilbert: 2009). Cuando la Federación se encaminó en el
proyecto comercial de Vamos!, a pesar de que su estructura estaba alejada de
cuestiones relacionadas con la política (en contraposición con lo que la fjc
habitualmente hacía y debido a la coyuntura de prohibición que reinaba), esas
estructuras rígidas seguían estando en pie.
Vamos! Al Tiempo Joven fue publicada entre mayo y diciembre de 1976,
aunque desconocemos su tirada.3 Fue censurada por una resolución ministerial
de la rama Educación. En 1978 lanzó Vamos a Imaginar Algo Mejor y luego salió
Imagen de Nuestros Días, siempre bajo la dirección del miembro del Comité
Central de la fjc José Antonio Díaz.4 Esta última fue clausurada por el gobierno
militar y, en febrero de 1981, la fjc dispuso editar Aquí y Ahora, luego Aquí y

2
Dato extraído del documento institucional: 10° Congreso de la fjc: forjar ya la unidad de la
juventud argentina por la patria liberada en marcha al socialismo. Inventario: 28688, ubicación
SHB/CPA C3/11-1. cedinci.
3
Lamentablemente, no fue inscripta en el Instituto Verificador de Circulaciones, por lo tanto
se desconoce la tirada que tuvo la revista mientras existió.
4
Díaz había sido electo en ese cargo en el x Congreso de la Federación de 1974, tras una destacada
actividad en el ala juvenil del Encuentro Nacional de los Argentinos, una herramienta política
que impulsó el pca en tiempos de la llamada Revolución Argentina.

150
La Federación Juvenil Comunista frente al “Proceso de Reorganización Nacional”

Ahora la Juventud, como quincenario.5 Cabe destacar que la Federación no fue


la única agrupación de izquierda que se lanzó a tal empresa. El Partido Socia-
lista de los Trabajadores (pst) –aunque con menos éxito y periodicidad– había
lanzado en mayo de 1976 una nueva publicación legal denominada Cambio,
de la cual salió un solo número. Luego, el periódico cambió su nombre por
La Yesca, del cual aparecieron solo dos números: en mayo y julio de 1976. Si
bien Cambio y La Yesca no fueron revistas destinadas a los jóvenes, guardaban
similitudes respecto del tipo de discurso e iconografía que predominaba en Va-
mos!: se eliminaron las imágenes tradicionales de las agrupaciones de izquierda,
se ocultó todo tipo de datos que sugirieran la vinculación de la revista con el
partido y se mostraban concesivas respecto del gobierno militar con el fin de
tener vigencia en el clima de proscripción política existente (Osuna, 2011: 100).
Más allá del ocultamiento de la relación con la fjc, Vamos! se presentaba
como un medio que buscaba la conciliación en tiempos de violencia desmedida
como la que se venía viviendo desde fines de los años sesenta y principios de
los setenta. El propósito aparente era pensar en un futuro mejor, del que los
jóvenes serían los protagonistas. La revista era un medio para canalizar los in-
tereses juveniles y su premisa consistía en la afirmación de que “Vamos a crear
un mundo mejor”. Ocultando todo tipo de dato que reflejara la vinculación
de la revista con la Federación, la conducción de la agrupación juvenil optó
por conquistar los intereses de esa generación a través de la publicación de
entrevistas a músicos renombrados y centraba su atención en el arte, la moda y
en problemáticas sociales como la drogadicción, la sexualidad irresponsable, la
inserción laboral, los avatares de la escuela y hechos delictivos protagonizados,
según sus editores, por organizaciones armadas.

Vamos!, los comunistas y las Fuerzas Armadas

Como afirmamos al principio, el pca y la fjc no eran considerados subversivos


por los militares, quienes incluso les restaban importancia dentro de la gama
de partidos políticos existentes. Por su parte, el pca se pronunció a favor de la
intervención militar ya que consideraba que era “un mal menor” dentro de las
posibilidades existentes para enfrentar la crisis del gobierno de María Estela
Martínez de Perón (Campione, 2007).
5
Pasaron por su conducción José Antonio Díaz, Francisco Álvarez, Alberto Nadra, Jorge
Sigal y Jorge Garrido, prematuramente fallecido, un conjunto de periodistas que llegaron a ser
profesionales destacados.

151
Mariana Saraniti

Según algunas versiones, la relación cómoda de los comunistas con las


Fuerzas Armadas radica en la presunción de que la salida de la revista se debió
a los contactos que el pca tenía con el Ejército. En efecto, se presume que su
edición se negoció con el general Llamil Reston, que era el contacto del Estado
Mayor con miembros del pca y la fjc. Sin embargo, esto fue desmentido por
el director de la revista José Antonio Díaz, quien indicó que en todo caso la
publicación “fue un intento de la dirección de la fjc para ganar legalidad y
no perder contactos, no aislarnos”. Por eso, dice, “le dimos tanta importancia
a la música juvenil y a lo artístico” (Gilbert, 2009: 622).6 Si bien no se puede
establecer la veracidad de estos testimonios, lo cierto es que, por un lado, la
legalidad de la revista condice con la adquirida por el pca. Por otro lado, los
temas abordados en la revista no se agotaban en la cultura o la música, sino
que las noticias relacionadas con el gobierno y los crímenes vinculados con la
“subversión” ocupaban casi más de un tercio del corpus de la misma. Cabe resaltar
que la existencia de este tipo de noticias no solo contribuía a crear un clima
de desestabilización política y terror, sino que también servía para legitimar la
presencia de los militares en el poder, en pos de garantizar la seguridad nacional.
Más allá de constituirse en un acto de “supervivencia” para no perder
vigencia frente a la existencia de un mercado político latente o de los vínculos
establecidos con los militares que pudieron haber propiciado la salida de la
revista, el corpus del quincenario contenía constantes alusiones a noticias vin-
culadas con la actividad presidencial y entrevistas a referentes del gobierno que
emitían mensajes positivos respecto de lo que se esperaba que la juventud fuera.
Vamos! legitimaba la existencia del régimen militar a partir del engrandeci-
miento de la figura de Videla. Y esto se dio en relación con la postura que los
comunistas habían tenido respecto de los militares. En efecto, en 1975 el pca
había declarado la necesidad de llevar adelante una convergencia cívico-militar.
Previo al golpe de Estado de 1976, el Partido Comunista no solo reafirmó la
defensa de la legalidad constitucional, sino que propuso la necesidad de confor-
mar una asamblea multisectorial y un gabinete de amplia coalición democrática.

6
Isidoro Gilbert es periodista y ha sido militante de la fjc en su juventud. Ha escrito varios
libros relacionados con el comunismo, entre los que se destaca La Fede. Alistándose para la
revolución. La Federación Juvenil Comunista 1921-2005. Si bien esta bibliografía es de carácter
periodístico y no académico, se ha hecho uso de algunas interpretaciones del autor y entrevistas
que él ha realizado para sumar información sobre cuestiones que aún no han sido abordadas por
otros trabajos de índole académica. Por lo tanto, la inclusión de la información brindada por el
libro servirá como fuente primaria y no será puesta en discusión con otros textos propios de la
producción histórica/historiográfica.

152
La Federación Juvenil Comunista frente al “Proceso de Reorganización Nacional”

Este posicionamiento sostenido hasta 1982 consistió, básicamente, en el no


enfrentamiento con las Fuerzas Armadas y la división trazada entre pinoche-
tistas o duros representados por Luciano Benjamín Menéndez y Carlos Suárez
Mason, y sectores moderados  o  blandos  representados por Jorge R. Videla y
Roberto E. Viola (Fernández Hellmund, 2012).7 De esta forma, alejando a la
figura de Videla del pinochetismo, se depositaba en él la esperanza de que fuera
capaz de lograr la inclusión definitiva de la juventud en los planes del Estado.
Por otra parte, cabe destacar que el consenso brindado por el pca también se re-
lacionaba con el interés del partido de que continuasen los vínculos comerciales
con la Unión Soviética, que eran sostenidos por el Proceso de Reorganización
Nacional (prn) (Vacs, 1984; Gilbert, 2007).
En Vamos!, la figura del presidente de facto no solo promovía los ideales
de austeridad y seriedad, sino que se le otorgaba a Videla un carácter paternal
mediante imágenes que lo mostraban posando con niños y religiosas con gesto
alegre y amable. Las notas apuntaban a mostrarlo como alguien a quien real-
mente le preocupaba el futuro de la juventud. Alguien que se dirigía a ella como
si fuera su “padre”. En la edición número 15, por ejemplo, se hacía referencia
a un discurso de Videla, quien indicaba lo siguiente:
El peso de grandes errores y duras frustraciones no puede ni debe ser des-
estimado cada vez que nos ocupemos del rol de las nuevas generaciones.
Por eso, no se trata de formular promesas ni caer en halagos pueriles. Por
el contrario, se debe hacer, ante todo, un llamado a la responsabilidad y
una convocatoria al esfuerzo […] Ser joven es vivir, en tensión, hacia fines
idealistas. Es también generosidad, entrega, desinterés, entusiasmo. Es,
en definitiva, querer ser más y, sobre todo, querer dar más. ¿Qué joven
argentino puede sustraerse a esta empresa común? ¿Qué joven argentino
puede rehusar a este desafío o a su capacidad e imaginación? Nuestra
juventud tiene un muy importante y concreto papel que cumplir en esta
hora, un papel sin protagonistas excluyentes junto a todos los sectores de
la comunidad (Vamos! Al Tiempo Joven, nº 15, p. 21, 3/12/1976).8
7
La división entre “duros” y “blandos” o “halcones” y “palomas” dentro del Ejército es una primera
distinción que generalmente se establece. La cuestión que enfrentaba a estos grupos eran los plazos
para dar por concluida la etapa fundacional e instalar la “auténtica democracia”. Como señala
Paula Canelo, Viola y Videla no eran exactamente lo mismo, aunque tuvieron una larga trayectoria
juntos. Viola siempre fue “más político” que su compañero de armas, quien era más bien un
hombre “del Ejército”. El primero se manejó con cierta autonomía del presidente, manteniendo
un espacio para su propio juego (Canelo, 2004).
8
Transcripción de parte del discurso del teniente general Jorge Rafael Videla en la proclamación de los
diez jóvenes sobresalientes de 1976 seleccionados por la Cámara Juniors de Buenos Aires, 1/12/1976.

153
Mariana Saraniti

De acuerdo con la postura de Vamos!, sustentada en el discurso militar, los


jóvenes eran los protagonistas del cambio, y el gobierno iba a darles el lugar
que ellos merecían, claro está, a quienes se adaptaran al imaginario de juventud
que intentaban imponerles.
Como hemos analizado hasta aquí, queda en evidencia que tanto los mi-
litares como los líderes de la agrupación juvenil conjugaban una visión sobre
la realidad nacional. El posicionamiento de la conducción de la Federación
encarnada en Díaz y puesta en práctica en la revista suscitó controversias dentro
de la Federación y abochornó a más de un militante. Esto se debió a que no
se podía desconocer que la represión perpetrada por el gobierno de manera
ilegal ya era visible en sus comienzos. En septiembre de 1976 los comunistas
sostenían que el partido tenía “más de 200 presos injustamente detenidos, an-
tes y después del 24 de marzo, cantidad de asesinados y torturados, y decenas
de secuestrados que no aparecían desde hacía meses, y por cuyas vidas habían
serios temores” (Águila, 2010: 15).
Algunos testimonios indican que los militantes de la fjc no estaban de
acuerdo con la circulación de la revista: “En esta melodía complaciente, la
publicación, aunque no era órgano oficial de la fjc, pretendía con amplitud
impostada […] ser una voz legal, que suponía poder ganar espacios en las calles.
En el sector de los comunistas universitarios se negaron a distribuir la revista, a
pesar de las exigencias de la dirección” (Gilbert, 2007: 623, 624). Jorge Sigal, ex
miembro del Comité Central de la Federación, declaró en una entrevista: “Era
imposible congeniar la situación concreta en las altas casas de estudio donde la
fjc mantenía influencia, es decir, aulas militarizadas o desbordadas de policías,
con desaparecidos o secuestrados a diario, incluso dieciséis miembros de la
Federación, con el mensaje positivo de Vamos!” (Gilbert, 2007: 624).
Como vimos hasta aquí, a pesar del descontento e incomodidad que ge-
neraba el discurso de la revista en las bases, los intereses compartidos ligados
a cuestiones de política exterior (como los vínculos comerciales con la Unión
Soviética), la presunción de que las Fuerzas Armadas solucionarían las cuestiones
más urgentes del país y los eventuales y supuestos vínculos entre los comunistas
y algunos militares de alto rango darían cuenta de las razones por las cuales
se construyó en Vamos! un discurso legitimador del régimen. Sin embargo,
como veremos a continuación, esa legitimidad también estuvo permeada por
la confluencia ideológica entre la visión de la revista representada por el propio
José Antonio Díaz y los preceptos de la dictadura con respecto a la juventud.
Tal como hemos afirmado anteriormente, este tipo de discursos están
permeados por un contexto político particular, en el cual existía un amplio

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La Federación Juvenil Comunista frente al “Proceso de Reorganización Nacional”

consenso no solo respecto de lo que se esperaba de los jóvenes, sino también


con respecto a los problemas que debían resolverse de manera urgente en rela-
ción con el universo juvenil, sobre todo, con aquellos vinculados con actitudes
“subversivas”.

Al Tiempo Joven...
convergencias con el imaginario dominante
En el comunicado número 13 del prn del 24 de marzo de 1976 se llamaba
a la juventud a participar de la “reorganización” que emprendían las Fuerzas
Armadas. Allí se indicaba que el objetivo de los militares radicaba en instaurar
la plena vigencia de los valores éticos y morales que eran “guía y razón de la
conducta de todo joven argentino que merezca el calificativo de tal” y que
“cualquier joven tendría abiertos todos los caminos y metas, sin otro requisito
que su capacidad y concentración al trabajo fecundo”. La juventud era además
“beneficiaria” del futuro de la tarea que emprendían las Fuerzas Armadas y
debían contribuir a la construcción de la patria (Borrelli: 54, 2013).
Por su lado, Vamos! consideraba que los jóvenes tenían un rol de gran
envergadura en el proceso que se iniciaba en 1976. Ellos poseían el potencial
de cambiar el rumbo de la nación. Sin embargo, ese potencial incluía rasgos
peligrosos que a los fines del proyecto nacional debían erradicarse y en tal
sentido la revista proponía un discurso similar al de los militares. Ciertamen-
te, Díaz había indicado: “Hace más de 2000 años Aristóteles dijo que todos
los errores de la juventud se deben a la forma de exagerar cuanto hacen y a la
posición con que lo hacen. Todo lo que hacen lo hacen con exceso; quieren
con exceso, odian con exceso, y lo mismo ocurre con todos sus actos” (Vamos!,
nº 4, p. 10, 2/7/1976).
La utilización de esta cita por parte de Díaz corresponde a una insistente
preocupación por delimitar el potencial positivo de los jóvenes sobre los aspectos
negativos que portarían, los cuales abonaban a presentarlos como sujetos fáciles
de corromper o que actuaban instintivamente sin medir consecuencias. Con el
fin de contrarrestar el peligro potencial que portarían los jóvenes, el director de
la revista escribió una nota que servía de advertencia ante un hecho protagoni-
zado por una joven de 18 años que había asesinado a Cesáreo Cardozo, jefe de
la Policía Federal. En el encabezado podía leerse “Los excesos juveniles”. En el
cuerpo de la noticia se hacía hincapié en lo inhumano del acto y en la presencia
de ideologías foráneas que corrompían a la juventud:

155
Mariana Saraniti

Fue una joven la asesina. Quien armó su mano no desechó la utilización


de la desesperación que esconde la personalidad de no pocos muchachos.
El extremismo puede captar voluntades aprovechando confusiones y el
arrastre de graves carencias socioeconómicas, enancándose en la falta de
integración a la vida activa. Ojo, no lo decimos para quitarle ni un gramo
de responsabilidad a la fría ejecutora de un crimen que repugna en primer
lugar al joven; pero no descuidemos la solución de causas que pueden ser
el asidero para atraer a otros jóvenes a esta cruel aventura (Vamos!, nº 4,
p. 11, 2/7/1976).

En el relato lo importante no era solo el asesinato del oficial, sino que lo que
sobresale es la condición de “joven” de la perpetradora del crimen. Este tipo
de actitudes evidentemente no coincidían con la idea de la consolidación de
una generación juvenil creadora ni mucho menos con el eslogan de la revista
“Vamos a crear un mundo mejor”. Pero al mismo tiempo, no solo es impor-
tante lo que la noticia relata, sino la información que se oculta detrás de ella.
La perpetradora del crimen, apenas nombrada como “Ana María González”,
formaba parte del Pelotón de Combate “Carlos Caride” del Ejército Montonero.
La joven tenía 18 años y era una compañera de clase de la hija de Cardozo. El
16 de junio de 1976, en un encuentro de estudio en lo de la familia Cardozo,
la joven montonera colocó debajo de la cama matrimonial 300 gramos de tro-
tyl escondidos dentro de una caja de perfume Crandall y escapó rápidamente,
antes de la explosión.9
Ahora bien, ¿por qué motivos la revista ocultaría la identidad militante de la
joven, tratándose de una noticia que causó revuelo en todo el país? Una posible
respuesta sería que el hecho de nombrar a una agrupación tan importante como
Montoneros, que había tenido un crecimiento exponencial en su número de
militantes jóvenes en el quinquenio anterior, podría haber operado de alguna
manera como propaganda de un fenómeno que se intentaba “erradicar”. Pero
por otro lado, también pudo haber influido el proceso de censura del propio
régimen militar, que a través de la Secretaría de Prensa y Difusión prohibía a los
medios de comunicación difundir información sobre muertes de “subversivos”,
aparición de cadáveres o desaparecidos, a menos que lo informara una fuente
oficial (Graham-Yooll en Borrelli, 2011).
9
A partir del atentado, Ana María se convirtió en la persona más buscada del país. Su madre
sufrió las represalias en manos de un grupo paramilitar que voló su casa. Ana María falleció en
1977 luego de un tiroteo que protagonizó contra miembros del Ejército. Fuente: Archivo personal
de Roberto Baschetti, “Militantes del peronismo revolucionario uno por uno”, disponible en
http://robertobaschetti.com/biografia/g/179.html.

156
La Federación Juvenil Comunista frente al “Proceso de Reorganización Nacional”

De esta forma, el mensaje que los comunistas transmitían en la revista era


claro: por un lado, los jóvenes eran los protagonistas del cambio que tanto se
anhelaba. Pero al mismo tiempo, en su esencia eran sujetos peligrosos, que sin
la educación adecuada caerían en excesos. Esta idea se emparenta claramente
con el diagnóstico que hicieron los militares respecto de la sociedad argentina: la
“subversión” era una enfermedad, un cáncer que debían extirpar y que afectaba
principalmente a los sectores más jóvenes de la población.
Las explicaciones que se esgrimían respecto de las decisiones “extremistas”
que algunos jóvenes habrían tomado se centraban en los problemas socioeconó-
micos y la falta de integración a la vida activa. Esto podría llevarlos a emprender
caminos equivocados y a tomar decisiones condenables como las que llevó a cabo
la muchacha acusada del asesinato. Además, se trataba de desterrar el estereotipo
de amenaza para la juventud argumentando que “Ana María González puede
haber una” y que los jóvenes eran positivos por naturaleza. Agregaban también
que esos “excesos” deberían ser utilizados en beneficio del país y no en actitudes
que empañarían la imagen que pretendían mostrar de ellos.
La insistencia en publicar este tipo de noticias deja entrever que la preo-
cupación por la opción de la lucha armada que miles de jóvenes habían em-
prendido no era un tema acuciante solo para los militares, sino también para
la fjc. Aquellas actitudes estaban lejos del rol participativo y creador que se
esperaba de los jóvenes. Pero por otra parte, es lícito afirmar que en tanto y en
cuanto la agrupación ya había sufrido una importante escisión en 1968 que
tuvo como consecuencia el viraje de miles de jóvenes hacia organizaciones de
tinte radicalizado (como el Partido Comunista Revolucionario, el Ejército
Revolucionario del Pueblo y las Fuerzas Armadas Revolucionarias) y por lo
tanto una pérdida de capital político importantísimo para la Federación y el
partido, también pudo haber coadyuvado a que se insistiera en las advertencias
sobre tomar esos rumbos equivocados. Y más aún, deja en evidencia que, en
realidad, el estereotipo de juventud como amenaza jugaba un papel primor-
dial en el imaginario de la revista, en detrimento de la idea de juventud como
esperanza, que apuntaba más bien a una construcción simbólica de lo que se
aspiraba conquistar.
Otra de las causas que atentarían contra la constitución de la juventud
“deseada” se relacionaba con la responsabilidad del círculo familiar que los ro-
deaba. En una entrevista publicada en la revista al responsable de la Secretaría
del Menor y la Familia, Dr. Florencio Varela, se mencionaba que las causas de la
delincuencia juvenil devenían de problemas económicos y sociales estructurales

157
Mariana Saraniti

que impactaban fuertemente en los sectores más vulnerables de la sociedad.


También se señalaba que
Otro tipo de delincuencia se da en la clase media, ya no tanto por factores
económicos sino fundamentalmente afectivos, como el resquebrajamiento
de la familia. El joven aparece aquí vinculado a las drogas o la guerrilla. En
este último caso, las ideas o móviles políticos son llevados al extremo, por
un desconocimiento de la realidad o fantasías alimentadas por deficiencias
reales del medio (Vamos!, nº 9, p. 32, agosto de 1976).

La cuestión del “descarrilamiento” de los sectores juveniles formaba parte,


entonces, de su identificación como tales. La carga estereotipada que funciona
sobre ellos es la de ser sujetos que necesitan ser conducidos primero por sus
familias y, al mismo tiempo, por el Estado.
Cabe resaltar que este tipo de argumentaciones eran moneda corriente
en la época. En el período era frecuente el uso de clichés tales como “en algo
andarán”, “algo habrán hecho” y “¿sabe usted dónde está su hijo?”, entre otros.
No olvidemos que desde el discurso militar era frecuente la advertencia a los
padres de que vigilasen lo que sus hijos hacían. En este sentido, es interesante
resaltar que a través de las publicidades oficiales, de los avisos televisivos y con
la colaboración de algunos medios de prensa, el gobierno de facto intentaba
generar un sentido de responsabilidad y culpa en los padres acerca de la con-
ducta de sus hijos.
Para contrarrestar este tipo de imagen sobre lo que los jóvenes no deberían
ser, en la revista se articulaban pequeñas entrevistas a estudiantes y jóvenes
trabajadores donde ellos daban su parecer respecto de cómo debían actuar
(Vamos!, nº 3, p. 26, 18/7/1976). En los testimonios escogidos por Vamos! se
hacía hincapié en las cuestiones de la disciplina, la represión y la política. En la
revista se defendían los ideales de orden y disciplinamiento de las masas juveniles
y se proponía el diálogo, en especial con las Fuerzas Armadas, para lograr la
inclusión de los jóvenes en la vida política cuando los caminos democráticos
se reabrieran.
El estereotipo del joven como disruptor del orden entonces convivía en
la revista con mensajes esperanzadores. Lo que definía a un “buen joven” era
su carácter de estudiante o trabajador. Los que tomaban el buen camino eran
aquellos que apostaban a la consolidación de la juventud como un actor impor-
tante dentro de la sociedad. En la revista se sostenía que era un error mayúsculo
considerar a la juventud como un problema, como un efecto inevitable con el
que tenía que cargar el país. Por ello, la recurrencia a estrategias discursivas que

158
La Federación Juvenil Comunista frente al “Proceso de Reorganización Nacional”

apuntaban sobre el carácter amenazante de una minoría servía como advertencia


para las masas juveniles.
Ante el afán de definir a los jóvenes como los destinatarios de procurar
un futuro mejor, en Vamos! se realizaban encuestas que contenían preguntas
tales como “¿Qué país esperás para el 2000?”, “¿Qué cuestiones te parecen
más urgentes de resolver hoy?”, “¿Cómo puede contribuir la juventud para
concretar el país deseado?” (Vamos! Al Tiempo Joven, nº 15, p. 17, 3/12/1976).
Los resultados publicados son muy interesantes. En primer lugar, a través de
los testimonios más representativos escogidos por los editores –sean verdaderos
o inventados–,10 la cuestión más acuciante que garantizaría un futuro mejor se
relacionaba con lo económico. La preocupación por el acceso al empleo y la
generación de fuentes de trabajo que respetasen los tiempos de estudio y que
proveyeran un salario digno eran lo que más resaltaba en las apreciaciones de
los encuestados. La utilización de frases tales como “Trabajo de lunes a sábado
y el dinero no me alcanza para nada” o “En este país o trabajás o estudiás, no
te queda otra” indicaban, según la revista, cierta disconformidad de este sector
con las medidas económicas del gobierno, sobre todo con aquellas vinculadas
con la suba de precios y el proceso de desindustrialización provocado por el
plan económico del Proceso, lo cual no era novedoso puesto que otros medios
de comunicación ya se habían pronuciado en contra.11 En segundo lugar, otro
de los problemas urgentes para resolver según las encuestas se relacionaba con
la educación: los encuestados solicitaban la modernización de los planes de
estudio y la renovación de los planteles docentes por personal más joven, con
el objetivo de poder compartir intereses con los profesores, ser comprendidos
y contenidos. En esta línea, se podría inferir que estas críticas iban de la mano
con las medidas tomadas desde el Ministerio de Educación, que había conce-
dido, por lo menos en los inicios del gobierno militar, un espacio importante
a los sectores católicos conservadores en el manejo de los planes de estudio y la
gestión educativa, propiciando no solo que los ideales de la doctrina católica se
impusieran, sobre todo, en la educación secundaria y terciaria; sino también que

10
Según los editores de la revista, se realizó una encuesta a 200 jóvenes de entre 15 y 25 años,
todos ellos trabajadores y/o estudiantes, músicos, periodistas y soldados.
11
En esta línea, es importante aclarar que las críticas esbozadas al gobierno militar por los
medios de comunicación en general se vinculaban con el aspecto económico. El diario Clarín,
por ejemplo, desde 1976 enunciaba críticas al ministro de Economía José Alfredo Martínez
de Hoz debido a las medidas económicas anunciadas en diciembre de ese año, en las cuales se
destacaba la participación de capitales extranjeros para reactivar la economía en detrimento de
la industria nacional (Borrelli, 2008).

159
Mariana Saraniti

las fuerzas de seguridad comenzaran a intervenir colegios públicos y privados


católicos dejando cesantes a directivos y docentes “sospechosos” de “subversión”
o de alentar los planes de la “revolución marxista” (Rodríguez, 2010: 9).
Este tipo de opiniones ponían a la revista en una posición al menos incómo-
da. Quienes no adoptaban una actitud contestataria también tenían reclamos.
Las supuestas autorrepresentaciones de los jóvenes probablemente operaron
como un intento “audaz” de los editores en pos de equilibrar el estereotipo de
juventud compartido por las Fuerzas Armadas y vastos sectores de la sociedad
con las preocupaciones y necesidades que ellos entendían que tenía el público
joven, que, en última instancia, era el destinatario de Vamos!
Ahora bien, ¿cómo conciliar las objeciones planteadas al gobierno mili-
tar con la postura conciliadora que la revista hacía de él? Aparentemente, la
operación para los editores era simple: su argumento se basaba en que para
lograr un cambio se debía encarar un proyecto en el que civiles y militares
serían “más que nunca, una misma cosa, unidos por comunes objetivos con la
patria”. Más allá de los intentos conciliadores, podemos inferir que este tipo de
críticas podrían haber coadyuvado a la prohibición de la revista. Sin embargo,
estas apreciaciones aparecían subrepticiamente, rodeadas de mensajes positivos
sobre las Fuerzas Armadas, en especial sobre el “ala blanda” representada por
el general Videla. De todas formas, en entrevistas realizadas a miembros del
gabinete del gobierno de facto, estos reconocían la necesidad de solucionar los
problemas que preocupaban a los jóvenes, adjudicándoles la responsabilidad
de tal situación a los gobiernos anteriores (Vamos!, nº 10, p. 18. 24/9/1976).
Por lo tanto, la posición “incómoda” ante los reclamos de los jóvenes se resolvía
alegando que los problemas que debían solucionarse habían sido heredados de
gobiernos precedentes.

Reflexiones finales

A partir del presente análisis hemos hecho un recorrido que da cuenta de que
efectivamente existió un discurso conciliador por parte de la fjc que se hizo
visible en el ámbito público a través de la publicación de Vamos! y que fue in-
cluso más elocuente que el que demostrara el pca. El partido optó por realizar
intervenciones menos explícitas que revelaban el consenso con la dictadura en
tanto y en cuanto esta fuera capaz de terminar con la crisis social, política y
económica que aquejaba al país. El apoyo y el acomodamiento a los preceptos
del prn fueron explícitos en Vamos!, que aunque no puede ser considerada como

160
La Federación Juvenil Comunista frente al “Proceso de Reorganización Nacional”

la voz oficial de la Federación, al menos demuestra lo que algunos miembros


del Comité Central compartían ideológicamente con el régimen y buena parte
de la sociedad con respecto al rol de los jóvenes, exceptuando algunas críticas
que aparecían subrepticiamente sobre el modelo económico o la educación,
cuestión que fue compartida por otras agrupaciones políticas no alineadas con
el Proceso. A pesar de las controversias que provocó en los militantes de la
Federación, Vamos! siguió su curso por lo menos hasta que las Fuerzas Arma-
das lo permitieron. Los esfuerzos por generar una imagen de aceptación de la
presencia militar en el gobierno fueron finalmente infructuosos, puesto que la
revista fue rápidamente censurada. Probablemente esto se debió a un error de
cálculo de la Federación: el hecho de creer que las masas juveniles iban a tener
un rol fundamental en el Proceso fue más bien un deseo de la dirección de la
fjc antes que un objetivo del gobierno. Los jóvenes militantes, en cambio, sí
pudieron evaluar lo que estaba sucediendo, puesto que la realidad los enfrentaba
con la cara más dura del régimen.
La publicación afectó negativamente a los militantes de la Federación y al
propio pca al contradecir una situación de extrema represión que muchos de
ellos vivían de manera cotidiana, sobre todo en el ámbito universitario, donde
la fjc tenía gran influencia. Usualmente, los argumentos a favor de esta decisión
se sustentan en las ideas de “preservar el partido” y evitar la persecución de sus
miembros. Sin embargo, resulta llamativa la forma en que a través del medio
se intentó generar un consenso abierto a la dictadura, mostrando imágenes y
mensajes positivos, a la vez que se apuntaba sobre los problemas que la juventud
llevaba consigo y lo que el prn esperaba de ella. La revista, que en palabras de
su director apuntaba al arte, la cultura y la música, contenía tanta información
del gobierno militar y de la llamada lucha contra la “subversión” como de cual-
quier otro tema. De esta forma, se podría concluir que los responsables de la
revista aceptaron a rajatabla los valores inculcados por el prn, que consistían
en promulgar la honestidad, la laboriosidad, la aceptación de la moral cristiana
y el alejamiento de cualquier tipo de actividad que pudiera ser considerada
“subversiva”. Estos valores eran los que debían definir a los destinatarios de la
revista, es decir, a los jóvenes. Vamos! también revela la existencia de un imagi-
nario dominante respecto de las cualidades de la juventud argentina que van
más allá de las propias convicciones de los comunistas y que responden más
bien a una mirada que compartían vastos sectores de la sociedad, entre los que
se incluyen, claro está, las Fuerzas Armadas.
Cabría preguntarse, entonces, si existieron otras formas de acercarse a la
juventud y de mantener la legalidad en tiempos de censura y horror como los

161
Mariana Saraniti

que se vivieron en la última dictadura. A pesar de tener una visión afín a ella,
¿era posible para la revista captar la atención de los jóvenes sin hacerle propa-
ganda a la dictadura militar?
Fue recién a partir de 1979, cuando el régimen comenzó a recibir mayor
resistencia desde distintos sectores sociales locales e internacionales, y ya sin la
presencia de Vamos!, que la fjc publicó distintas revistas que se iban poniendo
a tono con las denuncias por las violaciones a los derechos humanos, un tema
que precisaría un análisis de más largo aliento. Sin embargo, el acercamiento
efectivo de la fjc y el mensaje impartido a los jóvenes, sumado al consenso
brindado por el pca al régimen militar desde sus inicios, tuvieron un fuerte
impacto en ambas agrupaciones a partir de la apertura democrática en 1983.
De esta forma, la condena social por el consenso brindado al régimen se hizo
evidente.
Finalmente, en el año 1986 se produjo el llamado “viraje” del pca y, conse-
cuentemente, de la Federación. En el xvi Congreso partidario celebrado durante
ese año, se realizó una “autocrítica” sobre la “desviación” de posiciones políticas
e ideológicas frente a la dictadura. En ese mitin, al igual que lo habían hecho
en relación con la Revolución Argentina instaurada en 1966, los comunistas
se refirieron a la dictadura militar indicando su carácter fascista y represor
(Campione, 2007: 203). Sin embargo, esta vez el precio de haber apoyado a
un gobierno anticonstitucional para luego de pasada la tormenta retractarse
será una de las cuestiones que pesarán sobre la memoria de estas agrupaciones,
que históricamente habían defendido las banderas de la democracia. Como ha
manifestado Gilbert, la Federación “no mereció pasar por esas letras que, leídas
a la distancia, avergüenzan” (2009: 387) .

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164
Familia y dictadura
Un análisis de los discursos y las acciones del
Ministerio de Bienestar Social (1976-1979)*

María Florencia Osuna

Introducción

Los cambios que comenzaron a acontecer en las relaciones familiares desde


mediados de los años sesenta estuvieron presentes, como veremos, en los diag-
nósticos de los funcionarios civiles y militares que se establecieron en el poder
en marzo de 1976.
El “paradigma doméstico” de mediados del siglo xx “basado en la pauta
nuclear, la reducción del número de hijos, la intensidad afectiva, la división
entre la mujer ama de casa y el varón proveedor” (Cosse, 2010a: 13) comenzó
a ser cuestionado en los años sesenta por la juventud que, a su vez, se estaba
consolidando en el plano internacional como un estrato social y cultural dife-
renciado (Hobsbawm, 2001; Manzano, 2010). La ruptura generacional que
se produjo dio lugar a la sociabilidad informal, la flexibilización del cortejo y
el noviazgo, la aceptación y legitimación de la experiencia sexual de las jóvenes
solteras, la disociación entre la sexualidad y el matrimonio, los avances de la

*
Este trabajo fue realizado en el marco del picto del Instituto del Desarrollo Humnao (idh) de
la Universidad Nacional de General Salrmiento (ungs) “Genealogías, continuidades y fracturas
en el pasado reciente argentino: historia, memoria y transmisión”, como integrante del grupo
colaborador, con una beca doctoral de la Comisión de Investigaciones Científicas con sede en el
idh/ungs, dirigida por Daniel Lvovich y codirigida por Laura Graciela Rodríguez.

165
María Florencia Osuna

cultura divorcista (Cosse, 2010a; 2010b) y de las uniones libres, y a los cues-
tionamientos sobre la división de género.
Este conjunto de transformaciones dio lugar a prácticas y discursos que, en
el marco de la “lucha antisubversiva”, fueron considerados amenazantes para
el orden social por parte del último régimen dictatorial. Según los golpistas,
la “subversión” y la “disolución de la autoridad” no solo se materializaban en
el plano estatal y partidario de la política, sino que eran parte de una “enfer-
medad” que existía en cada rincón de la sociedad y de la que la guerrilla y el
“caos” eran los “síntomas” más visibles. Por esto, uno de los objetivos centrales
del terrorismo de Estado fue reorganizar y restablecer las relaciones de autoridad
no solo en el plano estatal sino también en cada microcontexto (la familia, la
escuela, la calle) (O’Donnell, 1984). Según Guillermo O’Donnell, los secto-
res políticos de derecha en esos años reforzaron en sus discursos la tendencia
a la utilización de metáforas organicistas. En este sentido, el diagnóstico del
gobierno era que el “cuerpo social” en su conjunto –también en sus “tejidos”
mas microscópicos– había sido “infectado” por la “subversión”.
En este marco, la familia era representada como “la célula básica de la
comunidad”, su unidad mínima e indisoluble en la conformación del “cuerpo
social”. A su vez, era considerada el lugar depositario de los valores esenciales
de una mítica identidad nacional, relacionada con la moral cristiana (Filc,
1997). Si bien este imaginario se vinculaba con las vertientes tradicionales y
conservadoras del catolicismo,1 en esos años adquirió un sesgo particular ligado
con el propósito de la dictadura de aniquilar al heterogéneo y difuso “enemigo
subversivo”. Este enemigo era representado como un “cáncer” o una “infección”
que se propagaba por el “tejido social” y “contagiaba” a todas las “células”. Era
importante “extirpar”, por esto, las partes “contaminadas” del “organismo”. En
el marco de este discurso, también se procuraba que las “células” del “cuerpo” (es
decir, las familias) se protegieran de esa amenaza para evitar la “propagación”.
En este sentido, frente a los embates de las ideas consideradas “foráneas”, era
importante fortalecer la moral cristiana y reforzar una jerarquía “natural” en
la que el hombre-padre debía ocupar el lugar de la autoridad y la dirección
y la mujer-madre el del amor, el resguardo y la transmisión de la tradición.
Para conservar la integridad de esta unidad moral indisoluble, era necesario
evitar el ingreso de las ideas “disolventes” controlando, particularmente, a las
“secciones débiles” de la pared de la “célula”: los niños y jóvenes de la familia.
Se sostenía que por medio de ellos se propagaba el virus de la “subversión” y

1
Sobre este tema, ver Lvovich y Bohoslavsky, 2009.

166
Familia y dictadura

los responsables de que esto no ocurriera eran el padre y la madre. Los padres
(principalmente, los varones) debían “retomar el mando” para preservar la
seguridad del hogar controlando autoritariamente la conducta de los hijos.
Este discurso apuntaba a robustecer el contenido moral cristiano de la educa-
ción de los menores, ligado al “verdadero” ser argentino. De lo contrario, los
jóvenes se verían seducidos y engañados por el enemigo, por ejemplo, a través
de las drogas y el sexo, recayendo en “desviaciones” como la prostitución, la
homosexualidad, la locura y la delincuencia.
En este trabajo buscaremos demostrar que la “metáfora de la sociedad
enferma” –construida por el gobierno militar– que ubicaba a la familia como
la “célula” de ese entramado, no solo habilitó prácticas estrictamente represivas
ligadas a los dispositivos del terrorismo de Estado, sino que, asimismo, creó
espacios de intervención (prácticos y discursivos) tendientes a “recuperar” y
“reinsertar” socialmente a aquellos niños y jóvenes “víctimas” de la “subversión”.
El estudio del Boletín del Ministerio de Bienestar Social (mbs) en el período
1976-1979 y los discursos de sus principales funcionarios nos permiten realizar
un acercamiento a las políticas del control, pero también de la propuesta de
“recuperación” y “resocialización” de jóvenes.
Aunque en nuestro trabajo busquemos comprender en su especificidad
cada una de estas representaciones, en el discurso de los actores estudiados lo
ideológico, lo sanitario y lo biológico forman parte de una unidad inescindible.
En el mbs se encontraban las secretarías de Salud Pública, Seguridad Social, del
Menor y la Familia, y Promoción y Asistencia Social, y el objeto de muchas de
sus políticas eran en gran medida los problemas mencionados. Por este motivo,
algunas iniciativas y discursos que tuvieron lugar en esa agencia estatal nos per-
mitirán reconstruir otros sentidos sobre algunos de los principales propósitos
de la última dictadura en torno a la construcción del enemigo interno, sobre
el tratamiento que debía recibir esa problemática y algunas características del
orden social imaginado.
Sigal y Santi (1985) han señalado que en este régimen autoritario la legi-
timación no reposó en una ideología movilizadora y la consecuente adhesión
activa de la población, sino que la intervención militar fue justificada, como en
otros momentos del siglo xx argentino, por la propia situación de crisis social,
política e institucional.
A lo largo de este trabajo nos proponemos estudiar la expresión de estos
marcos interpretativos en la faz regenerativa. En primer lugar, analizaremos
el diagnóstico del Ministerio de Bienestar Social sobre el impacto de la “sub-
versión” en la familia y algunas de las principales medidas que desarrolló para

167
María Florencia Osuna

contrarrestarlo. En segundo lugar, nos centraremos en la mirada y los intentos de


control estatal sobre la relación entre padres y niños. Por último, en tercer lugar,
daremos cuenta de la manera en que el mbs abordó el problema de la juventud,
un sector social que el régimen estudiado consideraba potencialmente peligroso.

El impacto de la “subversión” en la familia. Diagnósticos


e iniciativas
El diagnóstico de la “brecha generacional” era un discurso que circulaba am-
pliamente entre los funcionarios civiles y militares de la dictadura y, especial-
mente, entre los agentes de Bienestar Social. Este tópico estaba vinculado con
el surgimiento de la juventud como un estrato diferenciado y su impacto en el
plano de las relaciones intergeneracionales.
Según el discurso oficial, el origen de estas transformaciones se encontraba
en el acelerado desarrollo tecnológico internacional que había repercutido ne-
gativamente en las familias, ya que no habrían podido reacomodarse frente a
la celeridad de los cambios. El secretario del Menor y la Familia, Dr. Florencio
Varela,2 sostenía al respecto: “Venimos de la familia y vamos a la familia pero
hay influencias que interfieren”, haciendo alusión a los cambios en la ciencia y la
tecnología y, en consecuencia, en la forma de vida. En su opinión, los padres no
recibieron la preparación adecuada para formar a los hijos “en el mundo de hoy”:
La familia sufrió el impacto, pues los responsables de ella no fueron prepa-
rados para semejante vorágine y es allí donde nacen las peligrosas brechas
del desfasaje generacional, madre de desentendidos, incomunicaciones y
desviaciones de todo tipo que podemos sintetizar en una palabra: “incom-
prensión” (Boletín mbs nº 10, 4/10/76).

En un boletín del año 1977, se formula la pregunta “¿Qué es lo que ha pasado


con la familia de nuestro tiempo?” y se considera necesario entender lo ocurrido
en ella ubicándola “en nuestro tiempo en el mundo, en esa realidad, tan cam-
biante, tan fascinadora, tan peligrosa de los últimos años”. Según este discurso,
los padres de ese momento fueron formados “en el seno de una familia que
se movía a la luz de ciertos parámetros que respondían a una realidad que en
2
El abogado Florencio Varela fue juez de instrucción durante la autodenominada “Revolución
Argentina” (1966-19773), secretario del Menor y la Familia durante la última dictadura (1976-
1979), director de Radio Argentina (1982). Hasta su muerte en el año 2006, defendió a distintos
oficiales responsables del terrorismo de Estado.

168
Familia y dictadura

buena medida ya no existe”. Frente a esto, se produjo la “brecha generacional”


y las consecuencias fueron negativas ya que
… se confundió la libertad con el libertinaje y en aras de una seudo
liberación que no fue nada más ni nada menos que el camino para una
comodidad muchas veces o para declinar responsabilidades que son irre-
nunciables, o también para volver a un pasado que como tal jamás vuelve,
muchos padres optaron por disfrazarse de jóvenes adoptando las actitudes
y las vestimentas de sus hijos (Boletín mbs nº 37, 9/5/1977).

Frente a este diagnóstico del embate de los cambios sobre la familia tradicional,
se consideraba que la única solución era volver “al seno de todas las familias
para restablecer valores perdidos o apuntalar aquellos que son peligrosamente
atacados”. Esto era percibido como el único remedio posible frente a la crisis,
porque “nosotros podremos desarrollar las técnicas más sofisticadas, los planes
más ambiciosos […] pero jamás vamos a resolver este problema del hombre
que, como tal, es un problema de filosofía” (Boletín mbs nº 37, 9/5/1977).
Este diagnóstico más general sobre la tendencia universal al trastrocamiento
de las relaciones familiares creaba el marco adecuado para entender la prolife-
ración y el impacto de la “subversión”. En una nota del Boletín Semanal del
mbs titulada “El porqué de las doctrinas que no son argentinas para convencer
a nuestros jóvenes de supuestas ventajas de la prematura independencia”, se
señala que la “infiltración subversiva” tenía mucho interés en “convencer a
los estudiantes secundarios y universitarios, principalmente, y a los jóvenes y
adolescentes en general, que a los 16 años el hombre y la mujer debían inde-
pendizarse ‘para formar su carácter’”, ya que la familia coartaba su libertad. La
“subversión”, con ideas que “no son argentinas y sí disolventes y de ideología
extremista” buscaba adoctrinar a los más jóvenes ya que por su supuesta falta
de experiencia no podían reconocer el objetivo de estas ideas:
Los adolescentes y los jóvenes son proclives a escuchar primero la palabra
de otros jóvenes antes que a sus mayores, encandilados con esa supuesta
independencia y con aquel argumento sutilmente canallesco de las “dife-
rencias generacionales” –que existen pero no para agredir– a fin de provocar
el enfrentamiento de los hijos, que creen tener razón y en cambio están
engañados, con los padres (Boletín mbs nº 10, 4/10/1976).

169
María Florencia Osuna

El objetivo de este adoctrinamiento sería romper y desintegrar a la familia


… porque si la familia fracasa, ni la sociedad ni la nación podrán sos-
tenerse ante la acción disolvente de ideologías extremistas. Además, el
joven, varón o mujer, separado de su familia, ya no está en condiciones
de valerse por si mismo, y mucho menos de defenderse de la sugestión y
adoctrinamiento de agentes ideológicos, que los enrolan en misiones que
parecen generosas, pero que utilizan la violencia y la crueldad aun para
con aquellos que intentan luego apartarse. Quedan entonces prisioneros,
con un lavado de cerebro y sin poder diferenciar el bien del mal (Boletín
mbs nº 10, 4/10/1976).

Entonces, según estos discursos, la independencia temprana de los adolescen-


tes y la acentuación de sus diferencias con respecto a los mayores de la familia
tendían a lograr la disolución del núcleo familiar y facilitaban, de esta manera,
el adoctrinamiento de los jóvenes. Bajo el interrogante “¿Diferencias genera-
cionales o amor entre generaciones?”, se sostenía que
Las diferencias generacionales que prédicas extrañas a nuestro sentimiento
argentino han exagerado para separar a la juventud de sus mayores, son,
en cambio, diferencias naturales que no provocan enfrentamientos de
enemigos, sino puntos de vista lógicos que se complementan con amor y
con sentido de protección a quien lo necesita (Boletín mbs nº 9, 27/9/76).

Para contrarrestar estas estrategias, el mbs promovía y difundía actividades en


los distintos geriátricos tendientes al acercamiento de niños, adolescentes y
jóvenes con los ancianos:
En el predio del Hogar Bartolomé Obligado y Casimira López en la pro-
vincia de Buenos Aires, partido de Gral. Sarmiento, cinco patrullas de boys
scouts del agrupamiento Pompilio, integradas por niñas y niños de 10 a
14 años, ofrecieron a las ancianas de este establecimiento una guitarreada
con cantos y bailes folklóricos. La reunión fue muy animada y de la ale-
gría participaron tanto los jóvenes como las ancianas, demostrando que
la integración entre distintas generaciones es verdad y positiva (Boletín
mbs nº 9, 27/9/1976).
En el pabellón residencial de ancianos de José León Suárez, otro grupo
de niños de la parroquia de José León Suárez cantó composiciones mo-
dernas y folklóricas con acompañamiento de guitarra (Boletín mbs nº 9,
27/9/1976).

170
Familia y dictadura

Una semana después la municipalidad de General Rodríguez, División de


Cultura, hizo actuar a un conjunto vocal integrado por jóvenes y niños.
Ofreció un variado programa de canciones modernas y folklóricas, con
asistencia, no solo de los ancianos residentes, sino también de vecinos y
ancianos de la zona (Boletín mbs nº 17, 22/11/1976).
Primera exposición filatélica de acercamiento entre ancianos y niños. […]
Como consecuencia de la iniciativa adoptada en el Hogar de Ancianos
Nuestra Señora de Luján de adoptar la filatelia como actividad recreativa
para las personas de mayor edad, se inauguró en ese establecimiento con
buen éxito la primera exposición que se denominó de “Acercamiento entre
ancianos y niños” (Boletín mbs nº 17, 22/11/1976).

Las citas nos permiten observar que uno de los objetivos de los funcionarios
era, entonces, la defensa de un núcleo familiar indisoluble, hermético y jerár-
quico, en el cual se fortalecieran las relaciones intergeneracionales en desmedro
de las relaciones entre pares. Esta propuesta se inscribía en el universo de las
iniciativas tendientes a “regenerar” un tipo de lazo social y familiar que se creía
corrompido, por medio de actividades recreativas y culturales.
En verdad, la búsqueda de bienestar y unidad de la familia era el objetivo
principal que se había fijado el mbs y que nos permite comprender las distin-
tas iniciativas que analizaremos. En una conferencia de prensa del año 1976,
el ministro de la cartera, Julio Bardi, señaló que el propósito del mbs era el
“fortalecimiento global de la familia a través de las áreas que componen este
organismo”, es decir, que la “la célula básica de la sociedad tenga bases sólidas
en lo que respecta a vivienda, seguridad social, recreación y salud” (Boletín mbs
nº 12, 18/10/1976). La familia, “que es el eje alrededor del cual gira toda la
problemática del bienestar” y no los individuos aisladamente considerados, sería
la destinataria de la política de todas las secretarías del Ministerio de Bienestar
Social. En relación con esto, basándose en los principios de la Doctrina Social
de la Iglesia, se proponía el reconocimiento de la “persona humana”, pero
pensando al hombre
… no como un ente aislado y solitario, sino como formando parte de una
familia, en toda la rica dimensión humana y trascendente que ello implica
[…] ya que el hombre no puede realizarse sino en su familia y la familia es
la que requiere salud, vivienda, promoción social, seguridad y recreación
(Boletín mbs nº 22, 27/12/1976).

171
María Florencia Osuna

En este marco, una de las principales políticas sociales desarrolladas por el mi-
nisterio fue el aumento de las asignaciones familiares. En diciembre de 1976 se
incrementaron en un 35% y el ministro afirmó: “Esta medida firmada por el
Poder Ejecutivo, está encuadrada dentro de la política del ministerio de mejorar
a la familia, es decir que buscamos la protección de la misma, particularmente
si es numerosa” (La Nación, 24/12/1976). En febrero de 1977, las asignaciones
por escolaridad aumentaron un 65% (La Nación, 9/2/1977). Según Bardi, entre
los años 1976 y 1977, el aumento en este beneficio había sido del 550% y el
objetivo era “mejorar la situación del padre de familia que tiene hijos en edad
escolar” y “desarrollar las mejores condiciones posibles para el impulso de la
educación” (La Nación, 9/2/1977). Solo un mes después, en marzo de 1977, por
medio del Decreto nº 704 del Poder Ejecutivo Nacional se elevaron nuevamente
las asignaciones familiares, llegando algunos beneficios a incrementarse hasta
el 100%, y se justificó la medida afirmando que “las asignaciones familiares
cumplen una función fundamental en orden a la protección de la familia” (La
Prensa, 19/3/1977). La misma tendencia de incremento en estos beneficios se
observa en los años 1978 y 1979 (Boletín mbs nº 86, 15/5/1978; nº 105-106,
2/10/1978 y 9/10/1978; nº 119-120, 5-12/2/1979).
Sin embargo, desde la cartera de Bienestar Social también se promovieron
iniciativas que, aunque respondían al mismo diagnóstico, eran de otra naturaleza.
Como veremos en el próximo apartado, algunas intervenciones de esta agencia
estatal tendieron al estricto control de las actitudes de los niños y los padres.

El control de la familia y el Cuerpo de Vigilancia Juvenil

La “situación de riesgo físico y moral” constituyó una categoría para definir


la suerte de los menores de edad y sus familias en diferentes momentos de la
historia argentina (Villalta, 2005). Aunque no fue una invención de la última
dictadura, en esos años se redefinió en función de la lucha contra el “enemigo
subversivo” que fue uno de los principales ejes de intervención de diferentes
agencias estatales. En un contexto en que predominaba la visión conservadora
que describimos anteriormente sobre la sociedad como un “cuerpo” integrado
por “células” (familias) que podían ser contaminadas por un “virus” (la “sub-
versión”) si no lograban una correcta autoprotección, la Secretaría del Menor
y la Familia ocupó un lugar central en esa “campaña”.
La búsqueda del reforzamiento de la vigilancia familiar sobre los niños
y jóvenes que impartió la dictadura a partir de la sospecha y el miedo quedó

172
Familia y dictadura

plasmada en la memoria de amplios sectores de la sociedad argentina a través


de la pregunta “¿Sabe usted dónde está su hijo en este momento?”. Al analizar
los mensajes que esta secretaría destinaba a la familia, es posible observar que
se reforzaba la responsabilidad de los padres frente al comportamiento de los
menores, pero también en el cuidado de su “integridad física”. Por “descuido” o
“negligencia” de los padres, los niños y los jóvenes podían tanto “tejer relaciones
peligrosas” por fuera de la familia, como sufrir accidentes domésticos que podían
lastimarlos o llevarlos a la muerte. Es decir, como señalamos en la introducción,
en su mensaje el mbs constantemente exponía y superponía los riesgos físicos
e ideológicos de las actitudes consideradas negligentes o irresponsables. Por
un lado, entonces, en el Boletín del Ministerio encontramos carteles cortos
de advertencia sobre este conjunto de “peligros” resaltados en letra mayúscula
destinados a evitar los peligros físicos que podían sufrir los niños en el hogar:
Sorprenderá a muchas personas el peligro en potencia de las bolsas de
nylon cuando hay niños. Si estos juegan con ese peligroso elemento, ge-
neralmente tienden a colocar su cabeza dentro de la bolsa. Al respirar la
bolsa se aplica contra la piel y el niño se asfixia porque no puede sacarla
a tiempo. Recuerde: para los menores, la bolsa de nylon es un elemento
inocente pero peligroso (Boletín mbs nº 12, 18/10/1976).
Los accidentes en el hogar son frecuentes si no se toman precauciones
para evitarlos […]. El peligro eléctrico es permanente. Evite por todos los
medios que el niño juegue o toque aparatos eléctricos, sobre todo si juega
con horquillas, destornilladores, pinzas o cualquier elemento de metal.
El niño tiende a introducirlos en los enchufes, si, como ha ocurrido, no
prefiere hacerlo en aparatos de radio o televisión. Las escaleras son un pe-
ligro permanente tanto para grandes como para pequeños. Es aconsejable
no encerarlas, porque provocan el deslizamiento y la caída (Boletín mbs
nº 10, 4/10/1976).
La higiene es uno de los mejores defensores de su niño. Tenga todo limpio
en la casa. Persiga firmemente las moscas y los insectos, porque contaminan
todo lo que rozan (Boletín mbs nº 39, 23/5/1977).

Intercalados con estas advertencias y “consejos” a los padres aparecen los mensa-
jes vinculados con el riesgo “moral” al que exponían a los hijos y a la sociedad,
si frente a “anomalías” familiares los menores se alejaban de su hogar. En este
sentido, además del control estricto de los menores, el reforzamiento de los
roles tradicionales era considerado importante para evitar la desintegración
de la familia y del tejido social y, en consecuencia, la penetración de las ideas

173
María Florencia Osuna

“disolventes” del enemigo. En relación con esta estrategia estatal, el ministro


de Bienestar Social, Jorge Fraga, afirmaba: “El niño es la consecuencia de la
familia […] los males de un niño son, en un 90 por ciento, consecuencia de
una mala familia”.3
Desde el Boletín del mbs, en un tono aleccionador y “pedagógico”, también
se dirigían mensajes constantes a los padres acerca de las actitudes que debían
cambiar o evitar a la hora de educar a los hijos menores:
Algo para recordar: los adultos suelen tener conductas y actitudes lesivas
para la formación de los menores. Usted, padre o madre, tiene hijos. ¿Ha
pensado alguna vez en que los adultos pueden tener conductas o actitu-
des que interfieren o desvían la formación de los menores? Esto es lo que
recuerda la Secretaría de Estado del Menor y la Familia. Y lo recuerda a
los padres, a las madres, para que dediquen mayor atención a la vigilancia
y protección de sus hijos, muchas veces en situación de abandono por las
circunstancias o por la buena fe o ignorancia de los mayores. ¿Ha pensado
alguna vez en qué pasa en la mente, en los sentimientos del hijo de 8, 10,
de 12 años cuando llega del colegio y no hay nadie en la casa? ¿Cuando se
pasa las horas con otros muchachos y toma iniciativas a veces riesgosas y
nadie sabe por dónde anda? (Boletín mbs nº 07, 13/9/1976).
El menor en dificultades generalmente es emergente de la conflictiva
familiar. A veces los padres no reparan en que las discusiones y agresivi-
dad inciden dramáticamente en el niño. Es difícil hallar uno que no se
sienta afectado por esos factores, generalmente comunes en muchos más
hogares de los que podría creerse. Es que algunos padres, por ignorarlo, o
por el estado nervioso frente a las dificultades del momento, o porque no
congenian, no se detienen a pensar en ello. Pero cuando la inconducta,
las amenazas, las agresiones o la separación de los padres se producen,
entonces queda en el niño una cicatriz que solo esos padres pueden borrar,
a veces solo atenuar, con afabilidad, acercamiento entre ellos y sentido de
la convivencia (Boletín mbs nº 25, 14/2/1977).

Si a los niños en el marco del seno familiar no se los escuchaba, se los ignoraba,
no se los contenía, se los dejaba solos o se los lastimaba, según el discurso de
esta secretaría, existía el riesgo de que tejieran vínculos “peligrosos” por fuera
de la familia nuclear.

3
Citado en Filc (1997: 37).

174
Familia y dictadura

El resultado de esos conflictos familiares, pues, los sufre el niño, que a me-
dida que pasa el tiempo va adoptando actitudes y conductas que se vuelven
contra él, y aun contra la sociedad. De ahí al abandono del hogar hay un
solo paso, a través de cualquier circunstancia. Y el abandono del hogar
significa perspectiva de grave deterioro para el niño y de inmediatas posi-
bilidades para el delito y la enfermedad (Boletín mbs nº 25, 14/2/1977).
Los padres deben conocer las amistades de los hijos. Se evitarán muchas
sorpresas, a veces trágicas. Sobre todo hoy, en que por influencias que no
son argentinas, el odio y la crueldad han llegado a lugares insospechados
(Boletín mbs nº 8, 20/9/1976).
¿Sabe qué hace su hijo? ¿Sabe dónde está? Insistimos que estas dos preguntas
deben tener permanencia en todos los hogares. Evitarán posibles disgustos
o posibles grandes dramas. Corresponde tenerlo en cuenta para que los
padres sepan dónde están sus hijos y cuáles son sus compañías (Boletín
mbs nº 24, 7/2/1977).

Por si la propaganda oficial no alcanzaba para que la familia pudiera evitar que
los menores anduvieran solos en la vía pública, el Cuerpo de Vigilancia Juvenil
(cvj), dependiente de la Secretaría del Menor y la Familia, se encargaba de pa-
trullar las calles. Si los padres no sabían qué hacían o dónde estaban sus hijos,
este cuerpo “colaboraba” “en el mismo sentido de protección a los menores. En
lugares de gran afluencia de público ejerce vigilancia diariamente para evitar
el riesgo físico o moral de niños y jóvenes” (Boletín mbs nº 24, 7/2/1977).4
Como vemos, el propósito del cvj de la última dictadura también era, según
su discurso, “evitar el riesgo físico y moral” de los menores.5
El cuerpo de vigilancia juvenil de esta Secretaría de Estado actúa permanen-
temente. Realiza sus tareas recorriendo lugares de acceso público, estaciones
4
El ex secretario del Menor y la Familia, Dr. Florencio Varela, en el año 2004 volvió a proponer
la conformación de “Cuerpos de Vigilancia Juvenil en cada municipio”. Ver http://www.lanacion.
com.ar/650945-denunciaron-a-12-jueces-de-menores.
5
Aunque durante estos años las iniciativas de esta Secretaría estaban alineadas con las políticas
más generales del régimen represivo, en otros momentos de la historia argentina existieron
propuestas similares. Por ejemplo, en 1959, luego de la creación en 1957 del primer Consejo
Nacional de Protección de Menores, se conformó un Cuerpo de Inspectores “para controlar el
‘ambiente’ donde los menores interactuaban y para poner en práctica edictos y otras regulaciones
que prohibían su presencia en ciertos espectáculos” (Manzano, 2010: 34). Como explica la
autora, en una ocasión este cuerpo llevó a un grupo de 73 menores que se encontraban en una
fiesta a una comisaría por considerar que se encontraban en una situación “inapropiada para la
moral juvenil” (2010: 34).

175
María Florencia Osuna

ferroviarias y de subterráneo, calles y plazas, a fin de detectar a menores


abandonados, generalmente por alejarse de su hogar, por maltrato, por falta
de afecto. En la última semana internó a 25 menores que se hallaban en
esa situación, en distintos establecimientos dependientes de esta Secretaría
de Estado. Medite sobre lo que antecede, y prevéngase. Su hijo, alejado de
usted, puede estar en peligro (Boletín mbs nº 7, 23/9/1976).
De esta manera, como podemos leer en la cita, este grupo, semana tras semana,
patrullaba las calles en busca de menores de edad y los devolvía a sus familias,
los llevaba a hospitales o a institutos de menores. Desde el boletín semanal del
mbs el cvj, además de dirigir preguntas a los padres (“¿Tiene conocimiento
de los lugares que frecuenta su hijo? ¿Sabe si su moral e integridad física están
resguardadas?”), publicaba con orgullo el número de menores “rescatados” de
la vía pública y derivados a distintos destinos. Veamos algunos de los tantos
ejemplos que es posible encontrar:
Últimamente tomó a su cargo y envió a distintos institutos a 24 menores
hallados en la vía pública en estado de abandono. Otros 3 fueron entregados
a sus padres (Boletín mbs nº 24, 7/2/1977).
Fueron internados 7 menores en el instituto “San Martín”, 2 en el instituto
“Manuel Roca”, 16 en el centro de prevención y orientación integral y 9
reintegrados a sus domicilios por haber sido encontrado lejos de los mismos.
Se efectuó el operativo en los subterráneos de Buenos Aires, detectando a
tres menores en estado de abandono y con riesgo físico y moral. Fueron
entregados a sus padres (Boletín mbs nº 27, 28/2/1977).
También se realizó un operativo nocturno en la zona comprendida entre
la terminal del ferrocarril “Gral. Roca”, Plaza Constitución y adyacencias,
detectándose 5 menores en la sala de juegos mecánicos, sin ningún control
familiar. Fueron acompañados a sus hogares (Boletín mbs nº 28, 7/3/1977).

Este cuerpo también tenía a cargo algunas otras tareas, por ejemplo, el “se-
guimiento de los jóvenes que obtuvieron empleo”. Al parecer, fiscalizaba el
desempeño de algunos jóvenes que se insertaban en el mundo laboral, pero
también, según la fuente, ayudaban a otros a “realizar tramitaciones de subsi-
dios u obtener registro de conductor y otras gestiones similares” (Boletín mbs
nº 22, 27/12/1976).
Los discursos y prácticas sobre la relación entre padres e hijos son impor-
tantes también para comprender la red de procedimientos y sentidos en los
que se basaría la apropiación de niños en este período. En otros momentos

176
Familia y dictadura

del siglo xx, los discursos sobre la adopción fueron construyendo un esquema
dicotómico que implicaba la valoración positiva de los adoptantes, que actuaban
por impulsos “generosos” y “humanitarios” ya que otorgaban a los menores la
“estabilidad familiar” que necesitaban, y la desvalorización y culpabilidad de los
padres biológicos que habrían “abandonado” a sus hijos por actuar de manera
“negligente” (Villalta, 2009). Si bien este imaginario se consolidó antes de la
última dictadura, en esos años, como explica Ana María Dubaniewicz (1997),
la idea del “menor abandonado” es desplazada por la idea de “población de
riesgo”, haciendo referencia tanto a los niños que vivían en las villas como a
los hijos de los opositores políticos.
Este imaginario y una normativa que agilizaba el trámite de adopción al
otorgar amplias facultades a los magistrados a cargo y al eliminar todos los
derechos de los padres y familiares biológicos en el juicio de adopción, otor-
garon, como explica Carla Villalta (2005, 2009), un barniz de “legalidad” a la
apropiación de bebes en este período. Cabe destacar que varios de estos niños,
hijos de víctimas del terror estatal, antes de ser dados en “adopción” fueron
ingresados en los institutos de menores que dependían de la Secretaría del Menor
y la Familia en calidad de “menores abandonados” y, salvo casos excepcionales,
no fueron devueltos a sus familiares biológicos. En este sentido, como vemos,
el accionar del mbs, a través de esta Secretaría, confluyó con la práctica estatal
de apropiación de niños. Sin embargo, creemos que en las políticas de control
que pretendía llevar adelante esta agencia estatal se pusieron en juego no solo
dispositivos confluyentes con el aparato represivo, sino también estrategias
tendientes a resguardar y “regenerar” el tipo de familia deseable para el régimen.

Sexo, drogas y... “subversión”

Las autoridades del mbs, como decíamos anteriormente, intentaban sembrar


dudas y miedos en torno a las relaciones entre los jóvenes, a partir de la su-
puesta peligrosidad de las enfermedades de transmisión sexual y la adicción
a las drogas. En estos planos también se materializaban representaciones que
superponían lo que denominaban “enfermedades sociales” con el “virus subver-
sivo”. Por ejemplo, en una entrevista que le realizaron al ministro de Bienestar
Social Julio Bardi, ante la pregunta de la periodista “¿De qué estrato provendrían
los drogadictos?”, el ministro respondió: “Lamentablemente yo diría que es más
fácil que los haya entre el ambiente estudiantil que entre el ambiente trabajador.

177
María Florencia Osuna

Normalmente el que trabaja está en procura de un ideal y demás, a veces el exceso


de pensamiento puede motivar estas desviaciones”.6
En el xv Congreso Panamericano del Niño, el secretario del Menor y la
Familia, Dr. Florencio Varela, afirmaba que América se encontraba “bañada en
sangre por una juventud perdida”:
Hace pocos años en nuestros países el único problema de la juventud des-
de el punto de vista de las inconductas, era el de la delincuencia juvenil;
luego, apareció la drogadicción, después la subversión. Así hoy vemos una
América bañada en sangre por una juventud perdida, confundida y de la
cual somos responsables todos nosotros (Boletín mbs nº 43, 20/6/1977).

Su propuesta, en este sentido, era volver al “seno de todas las familias para
restablecer valores perdidos o apuntalar aquellos que son peligrosamente ataca-
dos”. Estas representaciones pueden encontrarse recurrentemente en distintos
boletines:
Los peligros son muchos y graves. Existe una verdadera campaña de extravío
juvenil a través de drogas, del sexo, de la desobediencia, con el pretexto de
ir “formando la personalidad”, según dicen determinados ideólogos que
tergiversan con ese juego de palabras la orientación lógica y noble que debe
cumplir la juventud. Precisamente, para ir formando la personalidad se
debe recurrir a medios lógicos y nobles. Como lo son el trabajo, el estudio,
la unión y dedicación a la familia (Boletín mbs nº 5, 27/12/1976).

Eran frecuentes las superposiciones entre todos estos “males” setentistas: drogas,
sexo, “desintegración de la familia”, “subversión”. Son también ilustrativos de
estos diagnósticos los carteles que aparecían en las páginas del Boletín Semanal
del mbs entreverados con la información relevante de las distintas secretarías:
Las drogas llevan al delito, a la prostitución, a la homosexualidad, a la
impotencia sexual y a la ruina física y moral. Rechace toda invitación
para probarlas. Se es más mujer o más hombre negándose que aceptando
(Boletín mbs nº 109-110, 30/10/1978 y 6/11/1978).
Generalmente las primeras manifestaciones se evidencian a través de cam-
bios de conducta y dificultades de aprendizaje que muchas veces culminan
con la expulsión del adolescente. Esta drástica medida, precisamente, lo
coloca en situación de desamparo cuando más lo necesita. Se pierde así
la oportunidad de una atención médica oportuna, y el adolescente sigue
6
Ver la entrevista en http://www.youtube.com/watch?v=bvW3fd-Y7es, consultada el 9/10/2013.

178
Familia y dictadura

directamente la drogadicción con la perspectiva del delito, homosexualismo


o prostitución (Boletín mbs nº 11, 11/10/76).

Además de las drogas, una de las preocupaciones centrales de la Secretaría de


Salud Pública eran las enfermedades de transmisión sexual que, al igual que
la drogadicción, eran consideradas “enfermedades sociales” diseminadas y
“planificadas” adrede:
La difusión de teorías y conceptos sobre sexo, orientados con evidente
planificación psicológica y con propósitos distintos a los que aparentan
ha traído como consecuencia en una parte de la juventud un desaprensi-
vo desenfreno en detrimento de algo tan sagrado como la intimidad y el
decoro (Boletín mbs nº 12, 18/10/1976).

Esas “teorías y conceptos sobre sexo”, según este funcionario, tenían diferentes
premisas. Por ejemplo, que una mujer a los 16 años “debe saber qué es un
hombre a fin de formar su carácter y su personalidad”, afirmación que “no
deja de ser extraña a nuestra formación ética y, además, y por fortuna no logra
ocultar sus fines de desintegración de la familia mediante la implantación del
‘amor animal’ en lugar del ‘amor humano’”; porque “la simple e indiscriminada
función sexual sin ternura y sin algo superior como es el pensamiento en la
trascendencia del hijo (continuidad de nosotros) no es amor humano” (Boletín
mbs nº 12, 18/10/1976). A raíz del “amor animal” aparecía “el permanente
peligro de las enfermedades de transmisión sexual” y su principal transmisora
era “la amiga promiscua”:
Lo lamentable, además, es que la difusión de estas ideas con el aumento de
estas prácticas ha traído aparejado un aumento también de las enfermeda-
des sexuales, como nunca se ha visto. Y ha resultado que en nuestros días
ya no es la prostituta la más importante transmisora de las enfermedades
sexuales, sino la amiga promiscua, la amiga de circunstancias, en la cual los
jóvenes confían, son contaminados y contaminan luego a su vez (Boletín
mbs nº 12, 18/10/76).

Esta figura de la “amiga promiscua” transmisora de enfermedades, que seducía


a los varones jóvenes, algunas veces “contaminándolos” biológicamente y, tam-
bién, contribuyendo a la “desintegración de la familia” en el plano ideológico
y moral, está representando al “enemigo” en las relaciones entre los jóvenes.
Probablemente, la liberación de la mujer en el plano sexual era más amenazante
para la idea de familia del orden social imaginado por los católicos que las prác-

179
María Florencia Osuna

ticas sexuales masculinas, ya que se depositaba la anomalía en las conductas de


las mujeres jóvenes. Incluso vemos que se resta “peligrosidad” a las prostitutas
y se la deposita en las jóvenes “promiscuas”, que en este discurso acientífico de
la Secretaría de Salud, serían las principales propagadoras de enfermedades que,
como vemos, no solo podemos entender en términos estrictamente biológicos.
Siguiendo a Isabella Cosse (2010a), de hecho, el “paradigma doméstico” impli-
caba la existencia de mandatos que glorificaban la satisfacción del deseo sexual
de los varones y su represión en las mujeres. Como explica la autora, la doble
moral sexual se expresaba en la entronización de la virginidad femenina y de la
temprana iniciación sexual masculina a través del “debut”, en general, con una
prostituta (2010a: 78). Por ello, no es sorprendente que esto se reprodujera aun
a pesar de la moralina pública del “Proceso” acerca de las relaciones familiares.
En otro boletín ministerial encontramos una formulación más explicita
del mismo diagnóstico:
La pretendida libertad sexual junto a nuevas formas de vida, la mayor
desaprensión por la posibilidad de embarazo, alejada por el uso indiscri-
minado de las píldoras anticonceptivas, con riesgos cada vez mayores para
la mujer, han provocado una diseminación de carácter casi explosivo en la
transmisión de este tipo de enfermedades. Se ha visto ahora que la trans-
misión principal ya no se realiza por medio de las profesionales del amor,
sino de las denominadas “amigas promiscuas”, las amigas circunstanciales
o de aquella que con aquel concepto de la libertad en el amor, son las
principales diseminadoras (Boletín mbs nº 35, 28/4/1977).

Utilizando los mismos tópicos, en el boletín del mbs aparecían en letra mayúscu-
la algunos carteles de “advertencia” que sintetizaban estas ideas atemorizadoras:
El uso de anticonceptivos ha favorecido la propagación de las enferme-
dades de transmisión sexual porque lamentablemente rompe los frenos
de la conducta al alejar el temor del embarazo. Pero una cosa es el amor
animal y otra, más digna, el amor humano, con respeto, selección y ternura
(Boletín mbs nº 109-110, 30/10/1978 y 6/11/1978).

En este marco, van a adquirir bastante importancia las instituciones y organi-


zaciones de lucha en contra de las enfermedades de transmisión sexual. Con el
objetivo de combatir este tipo de enfermedades producidas a causa del “decai-
miento de estructuras morales”, el secretario de Salud, Irán Campo, anunció en
1977 la creación de la Comisión Nacional de Enfermedades Sociales, “que ya ha
hecho anteayer su primera reunión, en la que personalidades de la especialidad,

180
Familia y dictadura

con representantes de la Iglesia, de las Fuerzas Armadas, de la Policía Federal


y del Ministerio de Justicia, van a tratar el problema en todo su contexto”.7 Es
ilustrativo del carácter ideológico de esta campaña que la comisión estuviera
integrada en gran parte por miembros del clero y las fuerzas represivas.
El país también se incorporaría a la Unión Latinoamericana contra las En-
fermedades Venéreas.8 El subsecretario de Medicina Sanitaria, capitán médico
Dr. Adolfo Maillié, insistió en que “las enfermedades venéreas constituyen bá-
sicamente un problema de educación”, un “capítulo más de la gran frustración
argentina” y que “disminuirán sensiblemente a medida que aumente el respeto
por sí mismo de cada argentino” (Boletín mbs nº 23, 3/1/1977). A partir de estos
diagnósticos, se puso en marcha un programa de recuperación que constituiría,
según Maillié, “un efectivo aporte a la reconstrucción nacional”. Se resolvió
desarrollar en todo el ámbito nacional una lucha coordinada contra la sífilis en
niños y adolescentes y sífilis congénita. Se consideró que estas enfermedades,
por ser infecciosas, repercutían en la salud física de los individuos, pero al
constituir “enfermedades de la conducta” también afectaban la estabilidad del
núcleo familiar (Boletín mbs nº 23, 3/1/1977).

Reflexiones finales

Distintos autores han señalado que la metáfora de la “sociedad enferma”, a


través de la potente imagen de una infección o cáncer en el tejido social, ha
habilitado prácticas “quirúrgicas”, es decir, represivas (Delich, 1986; Filc, 1997:
55; Novaro y Palermo, 2006). Susan Sontag ha afirmado: “Nunca es inocente
el concepto de enfermedad, pero cuando se trata de cáncer se podría sostener
que en sus metáforas va implícito todo un genocidio” (2012: 98). En el caso
argentino, esto ha sido cierto en gran medida, pero, como hemos observado
en este trabajo, el problema de la “enfermedad social”, con sus connotaciones
ideológicas, físicas, sanitarias y biológicas, no solo implicó “eliminar el tejido
infectado”. Para algunas áreas de la política estatal de la dictadura el diagnós-
tico de la enfermedad también significó aplicar un tratamiento a las partes
7
Ministerio de Bienestar Social, Secretaría de Salud Pública, “Acciones desarrolladas en el
período 1976-1980”.
8
En el año 1977 se creó en el hospital Durand una entidad sin fines de lucro para control de
enfermedades de transmisión sexual que se incorporó luego a la Unión Latinoamericana contra
las Enfermedades Venéreas. En el año 1979 asume la dirección de esta unión internacional el
argentino de adscripción católica Dr. Mario Ambrona.

181
María Florencia Osuna

consideradas “recuperables” y, a su vez, apuntalar ideológica y materialmente


a la familia nuclear.
De esta manera, el análisis del mbs, una agencia estatal cuyo objetivo
central, al menos en los primeros años de la dictadura, era la preservación
del núcleo familiar, nos permite observar que, aun partiendo del diagnóstico
higienista y biologicista señalado, las políticas que se desarrollaron tuvieron
diversos sentidos.
El primer conjunto de prácticas que analizamos tenía como propósito
recomponer un tipo de unidad familiar que se consideraba perdida, a partir de
la integración entre la tercera edad y los jóvenes, y del apuntalamiento material
por medio de las asignaciones familiares.
Luego, observamos que el mbs, a través de la Secretaría del Menor y la Fa-
milia, intentó llevar adelante acciones de control y de advertencia a los padres
con el fin de preservar a los niños de los “riesgos físicos o morales” a los que
podían exponerse por descuido o negligencia de los mayores. Con este propósito
también fue creado el Cuerpo de Vigilancia Juvenil para evitar la presencia de
menores solos en la vía pública. Aunque estas iniciativas, en varios aspectos,
convergieron con los propósitos de la estrategia represiva del gobierno, también
tenían un sentido de protección para evitar, según la lectura de los funciona-
rios, la disolución del tipo de familia deseable. Por último, observamos que en
las iniciativas destinadas a los jóvenes, el problema de la enfermedad adquirió
tintes más acentuados, ya que los aspectos morales, ideológicos y biológicos
del “virus subversivo” se tornaban indisociables en el discurso. Sin embargo,
a pesar de que la drogadicción y las enfermedades venéreas eran colocadas re-
tóricamente junto a la “delincuencia” y la “subversión”, las propuestas del mbs
no eran estrictamente represivas, sino que a través de la Comisión Nacional
de Enfermedades Sociales y el Centro Nacional de Recuperación Social, se
buscaba “reinsertar” a los jóvenes socialmente o “recuperarlos para la sociedad”.
En este artículo, entonces, intentamos reponer las acciones del mbs para
ampliar el conocimiento sobre la complejidad del discurso y de la intervención
estatal en la sociedad durante la última dictadura, más allá de las prácticas
propias del terrorismo de Estado.

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184
Continuidades y rupturas en el área
educativa nacional entre 1966 y 1983
Laura Graciela Rodríguez

En este artículo haremos foco en las continuidades y rupturas que se dieron


en el área educativa nacional durante el período que comprende la dictadura
conocida como la “Revolución Argentina” (1966-1973), seguida por el tercer
peronismo (1973-1976) y el autodenominado Proceso de Reorganización Na-
cional (1976-1983). Seguiremos la hipótesis que sostiene que en el área educativa
nacional existió una importante continuidad de funcionarios e ideas durante
los primeros años de las dos últimas dictaduras (1966-1971 y 1976-1981),
vinculados a los intereses del sector católico.1 Estos actores vivieron como una
interrupción la gestión del ministro Jorge Taiana (1973-74), a quien acusaban
de estar en contra de la educación privada, que en el país era mayoritariamente
católica. Nos concentraremos en los proyectos de Ley de Educación que se
presentaron en los tres períodos y mencionaremos otras medidas relacionadas.
Para elaborar este trabajo revisamos, entre otras fuentes, el periódico Consudec
perteneciente al Consejo Superior de Educación Católica (consudec), depen-
diente de la jerarquía eclesiástica.

Los funcionarios, el proyecto de ley y la reforma

En 1966 se produjo el quinto golpe de Estado encabezado por el general Juan


Carlos Onganía, inaugurando una dictadura que se prolongaría hasta 1973. En
1
Si bien este presupuesto ha sido planteado por otros investigadores del área educativa (por
ejemplo, Puiggrós, 2002), creemos que falta realizar un análisis más preciso con respecto a la
continuidad de funcionarios (quiénes fueron) e ideas (qué propuestas se presentaron en uno y
otro período).

185
Laura Graciela Rodríguez

línea con las nuevas ideas, reestructuró el Estado para hacerlo más “racional” y
jerarquizó el área de planeamiento subiendo de rango al Consejo Nacional de
Desarrollo o conade, entre otras medidas (Gomes, 2012; Osuna, 2012; Selser,
1986; Rouquié, 1986). Los ministerios fueron reducidos de ocho a cinco y el de
Educación descendió al nivel de secretaría hasta 1969, que pasó a ser Ministerio
de Cultura y Educación. Dentro de este esquema, las universidades públicas
fueron vistas como extremadamente “politizadas”. Los informes de inteligencia
afirmaban que existían elementos “comunistas” entre estudiantes y profesores
y en algunas facultades fueron reprimidos violentamente (Buchbinder, 2005).
El primer secretario de Educación de Onganía fue el integrante de la Junta
de Historia Eclesiástica Argentina y director del Museo Saavedra, Carlos María
Gelly y Obes (1966-1967). Admirador de Franco y su modelo educativo, intentó
eliminar el sistema mixto de las escuelas públicas.2 En octubre estuvo en España
inaugurando las obras del Colegio Mayor y firmando la incorporación de la
Argentina a la Oficina de Educación Iberoamericana.3 Durante su mandato,
llegó al país el pedagogo del primer franquismo e integrante del Opus Dei,
Víctor García Hoz. Dio dos conferencias en Buenos Aires, organizadas por la
Fundación Nuestra Señora de la Merced, con el auspicio del consudec. Volvió
al país al año siguiente, invitado por el Consejo. A fines de 1966, en un acto
de despedida del año, Gelly y Obes les dijo a los docentes que en la escuela
“deberá tenderse al perfeccionamiento de los sentimientos religiosos” y en esa
tarea, llamarían a “los grupos representativos de la comunidad”. Finalizó su
discurso pidiéndole a Dios que
… ilumine el camino de estos alumnos-maestros formados en estos
claustros iniciales de nuestro magisterio. Que Dios fortalezca la voluntad
y la decisión de quienes hemos asumido la responsabilidad de reformar
nuestras estructuras educativas. Que Dios nos señale con claridad la meta
orientadora del gran destino argentino.4

Junto a Gelly y Obes fueron nombrados, entre otros, Luis Jorge Zanotti (di-
rector general de Enseñanza Secundaria, Normal, Especial y Superior), José
Mariano Astigueta (presidente del Consejo Nacional de Educación o cne),
Alfredo M. Van Gelderen (vicepresidente del cne) y Luis Ricardo Silva (secre-
tario general). Zanotti era maestro normal de la Escuela Normal de Profesores
Mariano Acosta y se graduó de profesor de Pedagogía en la uba. Del Mariano
2
Primera Plana, n° 220, marzo de 1967, p. 14.
3
ABC, 30 octubre de 1966, pp. 59-60.
4
Consudec, n° 81, diciembre de 1966.

186
Continuidades y rupturas en el área educativa nacional entre 1966 y 1983

Acosta eran también Van Gelderen, Silva y Alfredo Tagliabúe (ver infra).5
En ese momento Zanotti era docente en la uba, columnista sobre temas de
educación en el diario La Nación y, desde 1968, rector del instituto católico
Juan xxiii. Astigueta era abogado egresado de la uba, fue representante de los
institutos educativos privados en el Consejo Gremial de Enseñanza Privada
entre 1953 y 1966. Desde 1958 a 1962 fue consejero en la Facultad de Derecho
de la uba. Había sido ministro de Educación durante el gobierno de facto de
José María Guido (1963) y pertenecía al Ateneo de la República. Junto con
Mario Amadeo, en 1965 integró el Consejo Directivo del Instituto Argentino
de Cultura Hispánica.
Van Gelderen era de Córdoba, fue el primer director del Servicio Nacional
de Enseñanza Privada (snep), creado en 1960 durante la presidencia de Frondizi.
Estaba vinculado, igual que Gelly y Obes, al establecimiento católico Escuela
Argentina Modelo. En un reportaje, reivindicó su militancia en la Acción Ca-
tólica: “Fue una escuela de vida que formó dirigentes para el país”.6 A modo
de ilustración, contaba que en el año 1966 el Jurado Nacional de la Cámara
Junior de la Argentina había elegido a diez jóvenes sobresalientes de todo el
país y “cuando nos juntamos los diez resulta que todos nos conocíamos y los
organizadores del concurso se sorprendieron, por eso nos preguntaron de dónde
veníamos y, claro, éramos todos de la Acción Católica”.7 Luis Ricardo Silva era
profesor de Letras del Mariano Acosta y abogado de la uba especializado en
temas educativos. Vinculado a colegios privados, conformaba el gabinete de
“expertos” de la Superintendencia Nacional de Enseñanza Privada. Este grupo
ocuparía distintos cargos hasta el fin de la reforma en 1971.
En junio de 1967 Gelly y Obes fue reemplazado por Astigueta, quien
designó como subsecretario a Juan Rafael Llerena Amadeo. Miembro de una
familia tradicional de San Luis, era militante de Acción Católica, abogado
de la uba, integrante de la Corporación de Abogados Católicos San Alfonso
María de Ligorio y uno de los primeros profesores de la Universidad Católica
Argentina (uca), creada en 1958.
Astigueta presentó un anteproyecto de Ley Orgánica de Educación que
buscaba reemplazar la Ley 1420, vigente desde 1884. Su derogación era un
5
La pertenencia a este colegio público, junto con otros funcionarios de menor rango como
Roberto Burton Meis, los diferenciaba de otros católicos de élite que integraban el gobierno y que
eran egresados de colegios privados como el Champagnat, La Salle o El Salvador. Cfr. Zanca, 2006.
6
http://www.accioncatolica.org.ar/wp-content/uploads/2011/04/MANUEL-VAN-
GELDEREN.pdf (visitado el 1 de abril de 2011).
7
Ídem.

187
Laura Graciela Rodríguez

viejo anhelo de los católicos, ya que había dispuesto la laicidad para el sistema
público, además de la gratuidad y la obligatoriedad del primero al séptimo
grado (siete años). La propuesta terminó siendo rechazada por otros funcio-
narios –católicos y no católicos– del gobierno de Onganía, que criticaron el
elitismo extremo de Astigueta. Entre otras cosas, reducía la obligatoriedad
escolar, punto que iba exactamente en sentido opuesto a las sugerencias de los
organismos internacionales de educación, como los dependientes de unesco
y oea. Asimismo, introducía la escuela o “nivel intermedio” que abrevaba en
una propuesta de los conservadores de los años de 1910, y no de las oficinas
de planeamiento de los países centrales. Se afirmaba que Zanotti y Villarreal
habían impulsado su reactualización (Cirigliano, 1971).8
Dicho anteproyecto de ley –elaborado por la Oficina Sectorial de Desa-
rrollo/Educación en 1968– fue escrito por una “comisión especial” integrada
por los abogados católicos y profesores de la uca, Juan A. Casaubón, Juan M.
Bargalló Cirio y Germán Bidart Campos. Este último había sido decano de la
Facultad de Derecho de esa casa entre 1962 y 1967. También estaba el ingenie-
ro León Halpern, presidente de la Asociación de Institutos Privados y orador
en la Primera Convención Nacional de Enseñanza Privada de 1964. Para esa
época, Astigueta dio una conferencia ante los otros ministros de Educación de
las provincias y explicó que el anteproyecto aplicaba además el “principio de
subsidiariedad” del Estado, favoreciendo al sector privado: “Implanta las escuelas
financiadas por el Estado y los padres, a medias. También permite ceder aulas
a las instituciones (municipalidad, comunidades religiosas), es decir, termina
con el estatismo”.9
Cuando el borrador de la ley se presentó ante el conade, los ministros de
Defensa y Bienestar Social se manifestaron en contra y la propuesta fue devuelta
para ser revisada (Potash, 1994). Las críticas provinieron también de vastos
sectores de la sociedad y particularmente del sindicalismo docente.10 En febrero
8
Esta reforma retomaba un proyecto presentado en 1916 por Saavedra Lamas, que seguía los
trabajos del pedagogo Víctor Mercante sobre los problemas específicos de la “pubertad”, edad
comprendida entre los 11 y los 14 años. La idea original era reformar la Ley 1420 del año 1884,
acortar los años de obligatoriedad de la escuela primaria de siete a cinco y crear una “escuela
intermedia” de cuatro años de carácter optativo. Saavedra Lamas buscaba proporcionar una
enseñanza técnica y especialmente práctica a aquellos niños que se veían obligados a “buscarse la
vida” y con ella podían obtener una ocupación fácil y de suficiente remuneración en la industria.
El proyecto fue rechazado porque acortaba los años de la primaria y segmentaba el sistema
negativamente (Dussel, 1997; Lionetti, 2006).
9
Primera Plana, n° 298, septiembre de 1968, pp. 19-20.
10
Sobre el sindicalismo docente y la reforma, ver Gudelevicius, 2011.

188
Continuidades y rupturas en el área educativa nacional entre 1966 y 1983

de 1969 se dio a publicidad un nuevo borrador que modificaba sustancialmente


lo expuesto en el anterior, estableciendo el nivel intermedio obligatorio, pero
este nunca se aprobó debido al rumbo equívoco que finalmente adquirió la
implementación de la reforma.
En el medio de este episodio, Astigueta diseñó en octubre de 1968 el “An-
teproyecto de Reforma del Sistema Educativo Argentino - Trabajos de Base”,
conocido como “reforma educativa”. El punto más importante del documento
era que implementaba la escuela intermedia, pero esta vez en el marco de la
Ley 1420, que no habían podido derogar y que garantizaba los siete años de
obligatoriedad. Los especialistas partían del diagnóstico que el problema del
sistema educativo era la falta de articulación entre el nivel primario y el medio
(de cinco años) y que esto generaba una importante deserción entre los últimos
años de la primaria y los primeros de la secundaria. Aseguraban que la escuela
intermedia solucionaría la deserción porque brindaría una orientación laboral
que la haría más atractiva para los alumnos. Además, atendería a un período
de la adolescencia específico como la pubertad, que iba de los 11 a los 14 años.
Con respecto a las asignaturas que los alumnos debían cursar, se contemplaban
las siguientes materias “prácticas”: del “área técnica”: carpintería, electricidad,
hojalatería, etc.; “área económica”: contabilidad, dactilografía, archivo, etc.;
“música”: guitarra, coro, banda, flauta dulce, etc.; “artes plásticas”: grabado,
modelado, pintura, cerámica, etc.” (Villaverde, 1971: 297).11
Uno de los defensores de la reforma era Julio González Rivero, pedagogo
que tenía un cargo de inspector en la cartera educativa (González Rivero,
1971). En sus exposiciones públicas, González Rivero evitaba mencionar que
además existía una pretensión, de parte de ciertos funcionarios, de profundizar
el sesgo católico de los contenidos escolares. Por ejemplo, desde el Consudec,
Villarreal afirmaba: “Porque una cosa es cierta: si esta Revolución Argentina
no es capaz de desterrar el laicismo de la escuela pública, no habrá facilitado
el reencuentro del pueblo argentino con su tradición más auténtica y, por lo
tanto, habrá traicionado su razón de ser”.12
De todas las provincias, Buenos Aires fue la que incorporó la mayor canti-
dad de establecimientos con nivel intermedio (4.184 en 1971), representando
el 97,5% del total del país. En esos años era gobernador el general Francisco
A. Imaz, quien nombró a Alfredo Tagliabúe en el Ministerio de Educación en
1967 (el primer ministro fue el maestro normal y profesor en letras Abel Cal-

11
La reforma contenía otros puntos importantes, ver Rodríguez, 2013.
12
Consudec, n° 83, enero de 1967.

189
Laura Graciela Rodríguez

vo). Graduado en la Escuela Normal Mariano Acosta, se había especializado


tomando cursos en la unesco, en 1962 había realizado un curso de planea-
miento integral de la educación en el consudec y en 1964 completó un curso
en Santiago de Chile organizado por la cepal y la unesco sobre planeamiento
educativo.13 Producto de esa formación, escribió el libro Factores modernos de
organización escolar (1966, Editorial Guadalupe, de la Congregación del Verbo
Divino). En el momento de asumir estaba ejerciendo la docencia secundaria
en colegios nacionales y en un privado católico y era miembro del gabinete
de “expertos” del snep. Igual que Llerena Amadeo, había sido delegado de la
Primera Convención Nacional de Enseñanza Privada de 1964 y era profesor
de la uca. El subsecretario de Educación de Tagliabúe fue el profesor Benicio
C. A. Villarreal. Habitual columnista del periódico del consudec, era colega
de Tagliabúe y Llerena Amadeo en la uca. Había recibido el título de Bachiller
en Ciencias Religiosas de la Universidad de Letrán. Tagliabúe y Villarreal se
conocieron en el profesorado de la Congregación del Verbo Divino de Villa
Calzada.14
Como parte de la reforma, se acordó un convenio de transferencia de 224
escuelas primarias nacionales a la provincia bonaerense. Firmaron el documento
el ministro Astigueta, el gobernador Imaz y el general Ovidio A. J. Solari como
titular del Consejo Nacional de Educación Técnica o conet. Tagliabúe y Solari
habían tomado varias medidas para impulsar la educación técnica y la forma-
ción profesional en la provincia. El general Solari fue uno de los fundadores
del conet en 1959, integró el primer Consejo como vocal y fue su presidente
entre 1966 y 1969. En 1967 estuvo como responsable máximo del ii Semina-
rio Iberoamericano de Enseñanza Técnica realizado en Buenos Aires y desde
1968 era miembro del Consejo de la Oficina de Educación Iberoamericana
con sede en Madrid y asesor de la Organización Universitaria de Intercambio
Panamericano, Científico y Cultural. La segunda provincia más comprometida
con la reforma fue Santa Fe, donde su ministro Ricardo P. Bruera involucró a
51 escuelas (Villaverde, 1971).
Los propietarios de los colegios católicos nucleados en el consudec
apoyaron decididamente la propuesta de reemplazar la Ley de Educación y
la ejecución de la reforma. Las razones eran varias: entre las más importantes
estaban el diagnóstico sobre la “excesiva” duración de la escuela primaria y
la secundaria y la noción de que la “pubertad” era una etapa con problemas

13
El Día, 19 de febrero 1967, p. 1.
14
Clarín, 4 de junio 1976, p. 13.

190
Continuidades y rupturas en el área educativa nacional entre 1966 y 1983

específicos que había que atender. Sobre esos temas los católicos del periódico
venían publicando notas propias, de organismos internacionales y de distintos
especialistas extranjeros. En segundo lugar, creían que había que terminar con
el “monopolio del Estado” en la educación, “garantizado” por la Ley 1420.
Por último, veían en la reforma una importante posibilidad de expandir el
sistema privado a través de la creación de escuelas intermedias y de Institutos
de Formación Docente (Rodríguez, 2013).
En mayo de 1969 ocurrió una importante movilización de estudiantes
y trabajadores en Córdoba conocida como el “Cordobazo” y Onganía debió
cambiar su gabinete. Fue designado ministro Dardo Pérez Guilhou, profesor
y rector de la Universidad Nacional de Cuyo (1967-1969). Amigo de Emilio
Fermín Mignone de los tiempos de Acción Católica, lo nombró como subse-
cretario de Educación. Mignone, Van Gelderen y el hermano Septimio Walsh
(secretario del consudec) habían participado en la “resistencia católica” contra
Perón en 1955 (Del Carril, 2011).
Pérez Guilhou llamó a otro mendocino, el desarrollista y católico Antonio
Salonia, egresado de la Universidad Nacional de Cuyo, diputado provincial en
Mendoza por la Unión Cívica Radical Intransigente, subsecretario de Educación
de la Nación de Frondizi entre 1958 y 1962, y fundador en 1969 de la escuela
privada Nueva Argentina 2000. También estaban Van Gelderen, Silva (que
ascendió a presidente del Consejo Nacional de Educación), Zanotti y Gustavo
Cirigliano.15 Este último era profesor de la uba y de la Universidad Nacional de
La Plata. Algunos de estos pedagogos (Salonia, Zanotti, Silva y Van Gelderen)
solían escribir juntos defendiendo la reforma en distintas revistas católicas.
Cuando Onganía se fue del gobierno, asumió el general Roberto Marcelo
Levingston (1970-71) y fue José Luis Cantini como encargado de la cartera.
Abogado por la Universidad Nacional del Litoral, vicerrector de la Universidad
Tecnológica Nacional (1963- 1966), había sido nombrado por Astigueta rector
de la Universidad Nacional del Litoral (1967-1968) y fue el primer rector de la
Universidad Nacional de Rosario (1968-1970). Conferencista en el Ateneo de
la República, conocía a Mignone desde los años cuarenta cuando integraban
el Consejo Superior de la Juventud de Acción Católica, y habían estado juntos
en el partido Unión Federal Demócrata Cristiana (Fares, 2007).

15
Para esa época Cirigliano y Zanotti publicaron: Ideas y antecedentes para una reforma de la
enseñanza media (Buenos Aires: Theoría, 1965); y Enrique Mario Mayochi y Van Gelderen
editaron: Fundamentos constitucionales del sistema educativo argentino (Buenos Aires: Estrada,
1969).

191
Laura Graciela Rodríguez

Cantini continuó implementando los cambios, pero a mediados de 1971


debió renunciar y asumió Gustavo Malek (ex rector de la Universidad Nacional
del Sur), ministro del último presidente de facto Alejandro A. Lanusse, quien
dispuso la suspensión de todo lo realizado. Los católicos vinculados a la reforma
se alejaron de la cartera. Según versiones recogidas por el biógrafo de Mignone,
con el general Lanusse y Malek avanzaron en el campo educativo los funciona-
rios y las posiciones “laicistas y socialistas”, que provocaron el alejamiento de
católicos como Mignone (Del Carril, 2011: 161). En esos años, el periódico
Consudec criticó públicamente los cambios a los contenidos de primaria que
había realizado Malek, porque instauraban “el más crudo y gélido ateísmo”.16
De todos modos, las redes continuaron activas: Mignone fue convocado por el
ex subsecretario Llerena Amadeo para evaluar proyectos en Educación, Ciencia
y Cultura de la oea en la comisión que presidía.

Los educadores católicos y el peronismo

Los militares y civiles que condujeron la “Revolución Argentina” llamaron a


elecciones en 1972 y, en plena campaña electoral, en el Consudec daban por
sentado que con la llegada de un gobierno democrático “nos veremos abocados
en el futuro próximo a una penosa estrategia de defensa”.17 Hacían alusión a
la plataforma de la Unión Cívica Radical, que proponía volver a “un absoluto
monopolio estatal en materia de emisión de certificados y títulos” y a la supre-
sión del aporte estatal a los institutos privados. Si bien estos habían sido los
principios de la Convención Nacional, su presidente, Ricardo Balbín, salió a
suavizar esta aseveración.
Los responsables del Consudec decidieron entrevistar a los principales can-
didatos a presidente. Primeramente se reunieron con el mencionado Balbín y
luego lo fueron a ver a Juan Domingo Perón en su quinta de Vicente López.
Perón les dijo, entre otras cosas, que “la supresión del aporte estatal es una
estupidez”.18 El argumento central del sector privado era que si se suprimía,
subsistirían solo los institutos privados concurridos por alumnos de familias
pudientes y desaparecerían aquellos totalmente gratuitos o con alumnado de
“condición económica no desahogada”.
16
Consudec, n° 220, septiembre de 1972.
17
Consudec, n° 215, julio de 1972.
18
Consudec, n° 225, diciembre de 1972. Para conocer todas las opiniones de los católicos del
Consudec, ver Rodríguez, 2012a.

192
Continuidades y rupturas en el área educativa nacional entre 1966 y 1983

Las elecciones las ganó el candidato de Perón, Héctor Cámpora, quien


nombró como ministro de Cultura y Educación al médico personal del ex pre-
sidente Juan Domingo Perón, Jorge Taiana. Ni bien comenzó su mandato, los
católicos se ocuparon intensamente de cuatro proyectos que habían presentado
distintos legisladores que introducían reformas a la Ley 13047/47 (del Estatuto
del Docente Privado). El Consudec publicó en sendos números los textos com-
pletos y, posteriormente, los debates en la Cámara. En general, los legisladores
coincidían en que la estabilidad laboral del docente en los institutos privados
era extremadamente precaria en tanto estaba sujeta a despidos arbitrarios y sin
justificación, acusaciones que el consudec en pleno rechazaba.
Entretanto, los proyectos sobre estabilidad del docente privado en el
orden nacional y en tres provincias iban avanzando. El Consudec se quejaba
de que, habiendo tantas cosas que legislar, se ocuparan con tanto “apuro” y
“precipitación” de este tema puntual y que no se hubiese consultado al snep
ni al Consejo Gremial de Enseñanza Privada (que funcionaba desde 1951).
En casi todos los casos, se trataba de “textos improvisados, imperfectos y
deficientes”.19 Finalmente, se logró la media sanción del Senado y se aprobó
la Ley 20614/1973 que trasladaba al medio docente privado la estabilidad de
que gozaban los docentes del medio estatal. La norma no tuvo ningún efecto
porque nunca fue reglamentada. Paralelamente, el periódico volvía a publicar
una serie de columnas sobre el “congelamiento” del aporte estatal desde 1969.
A esto se sumaba, decían, que el gobierno peronista había incrementado las
cargas sociales (jubilación, la vivienda, seguros y obra social) que “abrumaban”
a los colegios en forma de impuestos o contribuciones patronales y para los
cuales el Estado “no aportaba”.
En la iv Reunión del Consejo Federal de Educación realizada en Calafate
(Santa Cruz), el gobierno presentó una propuesta de Ley de Educación. Die-
ciséis provincias presentaron documentos sobre el tema y en el periódico se
publicaron las posiciones de algunas de ellas. Al respecto, el director recordaba
que en 1967, durante el gobierno de facto del general Onganía, se había desig-
nado una “comisión de notables” que había elaborado un anteproyecto de Ley
de Educación, pero que finalmente debió ser abandonado.20 En cambio ahora,
comparaban, el esquema de la ley sería elaborado por el Poder Ejecutivo y el
texto sería redactado por el Consejo Federal de Educación, cuestión que no
les parecía adecuada.

19
Consudec, n° 248, noviembre de 1973.
20
Consudec, n° 262, junio de 1974.

193
Laura Graciela Rodríguez

Los católicos opinaron sobre uno de los documentos que circularon para
la elaboración de la futura ley. Allí sostenían que llamaba “poderosamente la
atención la nula importancia” que los autores le daban a la “educación y for-
mación espiritual” y a la “formación moral”.21 En ese sentido era un “proyecto
crudamente materialista”. Asimismo, en el texto se hablaba de “individuo” y
no de “persona”, lo que era indicativo “de una tendencia de raíz positivista y
antipersonalista, es decir, antihumanista”. Era “increíble, casi diríamos que
agraviante e injurioso para la escuela argentina y para los educadores, que sus
dirigentes no hayan pensado en ningún momento formular siquiera un solo
objetivo moral para alguno de los aludidos niveles”. Se trataba, concluían,
“de un anteproyecto inusitadamente monopólico” que parecía redactado “por
nuestros amigos de ctera” porque, según su interpretación, solo defendía a
la escuela pública y pretendía “regresar al régimen de la incorporación de los
institutos privados a los establecimientos oficiales”, proponiendo “la lisa y llana
abolición de la Superintendencia Nacional de la Enseñanza Privada”. Igual que
durante la gestión de Astigueta en el “onganiato”, la nueva Ley de Educación
del peronismo no fue sancionada.
Para esos días había fallecido el presidente Perón y poco tiempo después
asumió como ministro Oscar Ivanissevich, aliado a la derecha peronista.22 Se
dedicó a intervenir las universidades públicas y a cesantear a docentes y estu-
diantes acusados de “subversivos”. Desde mediados de 1975 el tema dominante
en el periódico era la crisis económica que atravesaban el país y los institutos
privados. Dicha crisis hizo que el periódico se redujera de 24 a 16 páginas
debido al aumento de los costos de impresión y distribución. Admitían que
desde el ministerio les habían otorgado un incremento de las partidas pero que
la suma otorgada “no alcanzó a cubrir sino una parte de las necesidades que
se hallaban sin cubrir desde el año 1969”.23 Ivanissevich fue reemplazado por
el nuevo ministro Pedro Arrighi, quien continuó con la política de disciplina-
miento autoritario.

Las continuidades en el Proceso

Durante el autodenominado Proceso de Reorganización Nacional (1976-1983),


hubo solo dos ministerios que estuvieron ocupados desde los inicios por ci-
21
Consudec, n° 267, septiembre de 1974, p. 42.
22
Sobre la interna peronista entre la izquierda y la derecha, ver Franco, 2012.
23
Consudec, n° 290, agosto de 1975.

194
Continuidades y rupturas en el área educativa nacional entre 1966 y 1983

viles: el de Economía y el de Cultura y Educación. A diferencia del primero,


los ministros de cultura y educación cambiaron con mayor frecuencia. Los
primeros cinco días ocupó la cartera, en forma interina, el contraalmirante
César Augusto Guzzetti (24 al 29 de marzo) y posteriormente Ricardo Pedro
Bruera (marzo 1976- abril y mayo 1977). El general Albano Harguindeguy fue
interino entre mayo y junio de 1977. Luego le siguió Juan José Catalán (desde
junio de 1977 hasta agosto de 1978) y nuevamente Harguindeguy (interinato
de agosto a noviembre de 1978). Continuaron Juan Rafael Llerena Amadeo
(de noviembre 1978 a marzo de 1981); Carlos A. Burundarena (de marzo de
1981 a diciembre de 1981) y Cayetano Licciardo (de diciembre de 1981 a
diciembre de 1983).
De todos los ministros, Bruera y Llerena Amadeo fueron funcionarios,
como vimos, en la dictadura anterior. Bruera era egresado de la Facultad de
Filosofía y Letras de la Universidad Nacional del Litoral. Entre 1968 y 1970
fue asesor del ministerio y de 1970 a 1973, ministro de Educación de Santa
Fe, siendo nombrado secretario del comité ejecutivo del Consejo Federal de
Educación desde su creación en junio de 1972 hasta el 25 de marzo de 1973.
Se desempeñaba como profesor universitario en la Universidad del Litoral y
había ganado por concurso la cátedra de Pedagogía i en la Facultad de Filoso-
fía de Rosario, cargo que no llegó a asumir. Era autor de varias publicaciones
referidas a la política educativa contemporánea.
Asumió con Bruera otro grupo relacionado directamente con el “onganiato”:
Tagliabúe (jefe del snep), Villarreal (subsecretario de Educación de la Nación)
y Julio González Rivero (asesor).24 Entre 1976 y 1977 Zanotti participó en
un proyecto de perfeccionamiento de la enseñanza media, contratado por la
Dirección de Enseñanza Media y Superior del ministerio. Tan evidente era
la continuidad, que en la prensa comenzaron a circular versiones de que la
llegada al ministerio de las mismas personas iba a terminar con una “eventual
introducción de un ciclo educativo intermedio destinado a los niños de 12 a
15 años”, cuestión que Bruera salió a desmentir.25 Confirmando estas sospe-
chas, el segundo ministro Catalán explicó que estaba considerando reducir la
educación primaria e incluir “salidas laborales”, “para dejar de lado aquello de
que los estudios primarios tienen por finalidad primordial el aprender a leer y
escribir”.26 En 1979 Llerena Amadeo dio a conocer un anteproyecto de Ley de
24
Carlos María Gelly y Obes fue nombrado en 1977 vocal de la Comisión Nacional de Museos
y de Monumentos y Lugares Históricos.
25
Clarín, 18 de agosto de 1976, p. 9.
26
La Nación, 21 de marzo de 1978, p. 5.

195
Laura Graciela Rodríguez

Educación que incluía el nivel intermedio. Y el último mandatario, Cayetano


Licciardo, anunció que estaban dando “pasos agigantados en camino hacia la
instrumentación del ciclo intermedio”.
Estas últimas declaraciones fueron comentadas por el periódico Consudec,
que sugería que no se estaba “en condiciones psicológicas para aguantar más
ensayos”, ya que “el estrepitoso fracaso de lo lanzado por la Revolución Argentina
en esta materia –elaborado por lo demás por un “cuerpo de expertos y asesores
de excelente nivel”– constituía una “experiencia aleccionadora (y, desde luego
descorazonante y triste), porque se trataba en la ocasión de un intento integral
y muy valioso”.27 Los católicos afirmaban: “Todo es más difícil ahora”.
En la provincia de Buenos Aires, el día 13 de abril el gobernador Saint Jean
eligió como ministro de Educación al general de brigada (retirado) Ovidio J.
A. Solari, quien permaneció en el cargo hasta septiembre de 1980, cuando en
medio de una crisis de gabinete, el gobernador le pidió que asumiera al frente
del Ministerio de Obras Públicas. Completó su mandato el civil Abel Calvo,
hasta marzo de 1981. Calvo era maestro normal y profesor en Letras. Había
sido ministro de Educación de la provincia desde mediados de 1966 hasta fe-
brero de 1967. El general Solari perteneció al “núcleo estable” del Proceso, que
formaron el gobernador Saint Jean, junto con Videla y el ministro del Interior
Harguindeguy. Las redes del pasado continuaban activas: cuando le pidieron
la renuncia a Tagliabúe en 1978, Solari lo nombró asesor en la provincia.28
Mencionaremos brevemente que los ministros Bruera y Catalán estuvieron
dedicados a reforzar el control hacia docentes y alumnos de todo el sistema,
profundizar el sesgo católico de los contenidos, achicar la matrícula universi-
taria y hacer efectiva la transferencia de las escuelas nacionales a las provincias,
tal como había hecho la provincia de Buenos Aires, como ya señalamos. En
la etapa de Llerena Amadeo, se avanzó con la reforma de los contenidos del
primer ciclo de la escuela secundaria, se organizó el operativo nacionalista
“Argentinos! Marchemos a las fronteras” en convenio con la Gendarmería
Nacional y se sancionó la Ley Universitaria (1980). Los últimos años (1981-
1983) estuvieron signados por los conflictos universitarios, ocasionados por la

27
Consudec, n° 448, marzo de 1982.
28
Después de 1981 hubo dos gobernadores, el general Oscar Gallino (1981-1982) y el dirigente
agrario Jorge Aguado (1982-1983), y se sucedieron tres civiles como ministros de Educación:
Julio Raúl Lascano (1981-1982), Gerardo Ancarola (1982-1983) y Carlos Andrés Falco (1983).
Los dos primeros eran abogados, militantes católicos y daban clases en universidades privadas.
Falco había sido responsable de ministerios de Educación de otras provincias (Rodríguez, 2012).

196
Continuidades y rupturas en el área educativa nacional entre 1966 y 1983

vigencia de la ley que, entre otras cosas, habilitó la posibilidad de cobrar un


arancel (Rodríguez, 2011).
Ahora nos detendremos en el texto del anteproyecto de Ley de Educación
–que nunca se aprobó– pero que fue presentado en reiteradas ocasiones por
Llerena Amadeo. Fue elaborado por una comisión presidida e integrada por
los ex funcionarios del “onganiato” Cantini, Van Gelderen, Silva y Burton
Meis. Uno de los puntos era el que introducía como posibilidad la “forma-
ción religiosa” para todos los niveles de la enseñanza. El texto contenía para
cada capítulo dos o tres “alternativas”. En la “Alternativa A”, se decía que el
Estado reconocía “como fin de la educación” la formación de la personalidad
de cada hombre en sus cuatro dimensiones: “a) la formación psicofísica; b) la
formación intelectual y estética; c) la formación social, cívica y profesional;
d) la formación ético-religiosa o ético-filosófica” (Cantini, 1981: 183). Según
el texto, la formación religiosa específica sería obligatoria y se regiría por las
siguientes normas: a) en los establecimientos educativos oficiales, ella podría
ser impartida por los ministros o docentes delegados de las diversas religiones
a los alumnos de la respectiva comunión; en los establecimientos dependientes
del gobierno federal sería impartida a solicitud y bajo la responsabilidad de las
respectivas autoridades religiosas. La ley contemplaba “alternativas”: se podía
brindar antes o después de los horarios de clase, dentro de los horarios de las
actividades optativas, dentro de los horarios de clase o como actividad optativa.
En los establecimientos educativos privados, dicha formación se regiría por las
normas que estableciese el respectivo reglamento institucional.
Otra cuestión importante que contenía el anteproyecto era el capítulo
que proponía la “estructura” del sistema. Decía que las distintas jurisdicciones
iban a poder optar por las siguientes estructuras alternativas: a) unificación del
nivel primario y del ciclo básico del nivel secundario a fin de organizar un nivel
básico general de nueve años; b) unificación del tercer ciclo de nivel primario
y el ciclo básico del nivel secundario, a fin de de organizar un nivel intermedio
de cuatro años; c) reducción del nivel primario en uno o dos años y extensión
del ciclo básico del nivel secundario en igual número de años (Cantini, 1981:
191-192). Los ítems b) y c) eran similares a la mencionada “reforma educativa”
de Astigueta y, como vimos, fueron los que generaron la mayor de las polémicas
en los años sesenta.
En marzo de 1980 el ministro dio el discurso de apertura de las clases en
Santiago del Estero y fue transmitido por cadena nacional.29 Anunció que se

29
Consudec, nº 400, marzo de 1980.

197
Laura Graciela Rodríguez

iba a aprobar la Ley de Educación y que estaba basada en tres conceptos: “li-
bertad, coordinación y progreso”. Explicó que la ley iba a seguir las nociones
de libertad de enseñar y de aprender, el derecho de los padres a la educación
de sus hijos y por tanto a la elección de la escuela para ellos, la lícita colabo-
ración con la familia de asociaciones y grupos civiles menores, la función de
las distintas comunidades religiosas, y la peculiar misión de la Iglesia Católica
y el lugar tradicional que ella ocupaba en la sociedad argentina. Era una ley
“federal” porque debía ser aplicada a nivel nacional, provincial y municipal
y “orgánica” porque comprendía todos los niveles, desde el preescolar hasta
el universitario. Concluía diciendo que todo estaba “pensado en función del
objetivo del Proceso de Reorganización Nacional, razón de cuanto se ha venido
haciendo en educación desde el 24 de marzo de 1976”. Las distintas medidas
educativas eran “expresiones diversas de una misma y única realidad: la política
del gobierno de las Fuerzas Armadas para la recuperación de la República y el
bien común de la Nación”.
Siguiendo con las continuidades entre una dictadura y otra, destacaremos
que en julio de 1979 el español García Hoz volvió a la Argentina como parte
de un “programa anual de intensificación de los estudios pedagógicos”, que
estaba a cargo de la comisión asesora del Consejo Nacional de Investigaciones
Científicas y Tecnológicas (Conicet). También participó en la organización
del evento el Centro de Investigación y Acción Educativa (cinae).30 Dentro
del área educativa del Conicet se encontraba el primer ministro de Videla,
Ricardo P. Bruera (1976-1977), quien una vez que se alejó del ministerio,
volvió a dar clases en la Universidad de Rosario y se convirtió en director de
un instituto creado en 1977 (Kaufmann, 2001; Doval, 2003). Cuando ejercía
como mandatario, Bruera, igual que Llerena Amadeo, solía citar a García Hoz
en sus discursos públicos.
García Hoz dio conferencias en las universidades nacionales de Buenos
Aires, La Plata, Lomas de Zamora y Luján, la Universidad Católica Argentina
y la Universidad del Salvador. Estuvo en las ii Jornadas Educacionales del cinae
realizadas en las sedes de la uca y del colegio La Salle. Dichas jornadas conta-
ron con la presencia del ministro Llerena Amadeo, la secretaria de Educación
de Santiago del Estero, el director nacional de Enseñanza Media y Superior y
la directora de la Superintendencia Nacional de Enseñanza Privada (snep).31
El acto fue abierto por el director del cinae. A la tarde se organizó un panel

30
La Nación, 14 de julio de 1979, p. 9.
31
La Nación, 18 de julio de 1979, p. 9.

198
Continuidades y rupturas en el área educativa nacional entre 1966 y 1983

sobre “Educación, persona y sociedad” en el que participaron García Hoz y los


profesores Julio R. González Rivero, Luis Jorge Zanotti y Elida de Gueventter,
mientras que el delegado del Opus Dei en Argentina, Marcos Ronchino, actuó
como coordinador.32

Reflexiones finales

En este artículo intentamos precisar en qué sentido hubo continuidad y en


qué sentido hubo rupturas en el área educativa nacional durante el período
que abarca de 1966 a 1983. Hemos visto, por un lado, que existió un grupo
de funcionarios que participó en la dictadura de la “Revolución Argentina” y
en la del “Proceso” ocupando diferentes cargos en los ministerios de la Nación
y de la Provincia de Buenos Aires. En segundo término, observamos la conti-
nuidad de las ideas plasmadas en los dos proyectos de ley presentados en uno y
otro régimen. Básicamente, proponían la introducción del nivel intermedio y
acentuar el catolicismo de los contenidos escolares. Durante los primeros años
de la “revolución”, no se pudo aprobar la ley, pero se pretendió avanzar en una
reforma educativa que modificaba la estructura del sistema con la implemen-
tación del nivel intermedio. La resistencia de los gremios docentes y de un
amplio sector de la población hizo que las medidas debieran suspenderse. Con
respecto a la última dictadura, destacamos que cuatro de los cinco ministros se
pronunciaron nuevamente a favor del nivel intermedio, aunque los resultados
fueron los mismos.
Del lado de las interrupciones, afirmamos que el protagonismo de los
funcionarios católicos se vio disminuido hacia 1971, unos años antes de fina-
lizada la “revolución”. A partir de ese momento, los católicos nucleados en el
consudec comenzaron a criticar las medidas del siguiente ministro por “laicis-
tas”. Cuando llegaron el tercer peronismo y el mandatario Taiana, las quejas se
multiplicaron y lo acusaron de ser contrario a la educación privada. Se sancionó
un nuevo estatuto que buscaba darle estabilidad al docente del sector privado,
se aumentaron las cargas tributarias y se presentó un anteproyecto de ley que
los católicos tildaron de “materialista” y “estatista”. Este malestar duró hasta el
alejamiento de Taiana. Luego hicieron foco en la crisis económica. Antes de
finalizado el Proceso, el sector católico vio frustrada otra vez la posibilidad de

32
A la salida de la última dictadura, Salonia, Van Gelderen, Silva, Zanotti y Cantini integraron
la Academia Nacional de Educación, fundada en 1984.

199
Laura Graciela Rodríguez

sancionar una nueva Ley de Educación que reemplazara la 1420. Sin embargo,
muchos de ellos volverían a recuperar el protagonismo perdido en el Congreso
Pedagógico Nacional (1984-88) y en el proceso de elaboración de la nueva Ley
de Educación que fue finalmente aprobada en 1993.

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202
Dictadura y sociedad en General Sarmiento:
entre la coerción y la búsqueda
de consenso (1976-1983)*
Maximiliano Catoira

Con la convicción de que los vínculos del último régimen militar con la sociedad
están lejos de comprenderse atendiendo únicamente a su dimensión represiva, en
este trabajo me concentraré en las estrategias que se desplegaron para construir
consenso desde arriba. Según Novaro y Palermo, el gobierno militar descon-
fiaba y se extrañaba de la sociedad, por lo que desistió de la idea de movilizarla
(Novaro y Palermo, 2003). Otros autores que indagan sobre las formas de
legitimación social durante la última dictadura entienden que el régimen supo
aprovechar a su favor distintos acontecimientos como el Mundial de Fútbol
de 1978 (Corradi, 1985; Romero, 1994; Malamud Goti, 2000), el intento de
reconquista de las islas Malvinas (Corradi, 1985; Quiroga, 2004; Sirlin, 2006),
el enfrentamiento por el canal de Beagle y la casi guerra con Chile (Romero,
1994; Sirlin, 2006). En los últimos años, la historiografía argentina ha comen-
zado a estudiar los intentos de construcción de consenso examinando escalas de
análisis más restringidas que complejizan el panorama metropolitano o nacional
sobre la cuestión; por ejemplo, las políticas municipales y las prácticas de sus
funcionarios. Estos son los casos de los estudios sobre discursos y expresiones
de consenso en Rosario (Águila, 2008), sobre la política de descentralización
municipal y la incorporación de personal civil en las intendencias (Rodríguez,
2009) y sobre las políticas destinadas a las instituciones vecinales en el Partido

*
Este texto forma parte de la investigación dirigida a la elaboración de la tesis exigida en la
maestría en Historia Contemporánea de la ungs, cursada entre 2012 y 2013.

203
Maximiliano Catoira

de Morón (Lvovich, 2010). Estos trabajos tienen el objetivo de echar luz sobre
cuestiones vinculadas con prácticas y actores escasamente abordados.
En diálogo con dichos aportes, este artículo se propone examinar la rela-
ción entre el gobierno militar y la sociedad civil en el municipio de General
Sarmiento –ex partido ubicado en el noroeste del Conurbano bonaerense y
en el que se halla la guarnición militar Campo de Mayo– durante la última
dictadura militar. Se intentará demostrar que en la escala en la que nos con-
centramos, el régimen militar intentó resignificar diversas políticas municipa-
les previamente implementadas en el partido y se sirvió de herramientas de
regulación propias de los regímenes constitucionales tales como los decretos
y ordenanzas.1 Asimismo, se analizará la dimensión ideológico-discursiva del
gobierno municipal a partir de la lectura de la letra de tales normativas como
así también de algunas declaraciones de funcionarios municipales difundidas
por la prensa. Analizando propiamente los argumentos expuestos en las nor-
mativas y retomando lo que nos sugieren Sigal y Verón (2004), lo importante
es destacar la dimensión ideológica del discurso político.2 En este caso, si uno
atiende a las condiciones de producción de tales aprobaciones (planteadas en
un contexto político dictatorial) entiende que, como veremos, los mecanismos
de enunciación plasmados tienen algunas particularidades específicas.
De esta manera, si nos detenemos en explorar la relación entre los meca-
nismos discursivos empleados y sus condiciones de producción (el contexto
de una dictadura), podemos preguntarnos por qué durante la inauguración de
este tipo de régimen político se resaltan las esperadas formas de relacionarse
con la sociedad civil. Como intentará demostrarse, tanto las medidas aplicadas,
que fueron desde la coerción hasta la promoción de la sociedad civil, como los
discursos de los funcionarios tendieron a buscar la reconfiguración material y
simbólica de la comunidad de General Sarmiento.
1
Partiendo desde su origen, ambos son elaborados por poderes del Estado formalmente
independientes: mientras que los decretos son confeccionados por los propios intendentes, las
ordenanzas son competencias de los concejales. Sin embargo, estas facultades se desenvuelven
mediante tales estructuras bajo gobiernos democráticos. En el caso de los regímenes dictatoriales,
en los que se clausuraron los canales deliberativos-constitucionales en todos sus niveles, el
Honorable Concejo Deliberante dejó vacantes sus funciones inmediatamente y estas fueron
reemplazadas por el ejecutivo municipal, que concentró las funciones.
2
Según los autores, el análisis de los discursos sociales implica el estudio de la dimensión
ideológica y el examen de la relación estratégica que se constituye entre el sujeto de enunciación
del discurso y sus condiciones sociales de producción. Estos análisis de los enunciados, lejos de
desentenderse de los contenidos del discurso, prestan atención a los temas enmarcados dentro
del vínculo enunciador-destinatario (Sigal y Verón, 2004).

204
Dictadura y sociedad en General Sarmiento

Allí, luego del golpe de Estado, se designó como ejecutivo municipal en


carácter provisional al teniente coronel Héctor Horacio Hoffmann, quien
permaneció en el poder solo algunas semanas (hasta fines de abril de 1976). Le
siguieron luego el coronel (retirado) Luis Antonio Ortelli (hasta noviembre de
1979), Orlando Mussano y finalmente el radical José Lombardo nuevamente
(desde mayo de 1981 hasta diciembre de 1983). Este último había sido el
intendente derrocado en 1976.
A fin de ordenar la exposición, en el primer apartado se analizarán norma-
tivas y discursos vinculados con el fomento social y la promoción del bienestar
vecinal. En segundo lugar, nos concentraremos en las políticas de carácter
coercitivo. En último lugar, indagaremos sobre el rol que se construyó sobre
San Martín como motor de búsqueda de comportamientos.

Cambios y continuidades en las medidas para la promoción


vecinal
Dentro de las declaraciones formuladas por Videla, el tipo de relación gobier-
no-sociedad planteado se refería al compromiso por parte de las autoridades
provinciales para:
… imprimir a su gestión, en concordancia con el gobierno nacional, un
estilo adverso a todo aislacionismo [...] La comunicación y el diálogo con
todos los sectores de la comunidad deberán ser fluidos y permanentes. El
hecho de que no exista ninguna apertura del tipo político partidista no
es circunstancia inhibitoria para lograr la colaboración y el consejo de los
argentinos de buena voluntad (La Nación, 1/7/1976. Citado en Canelo
2013: 7, destacados míos).

Meses después, se hacía referencia a la importancia de los distintos niveles


de gobierno provincial y municipal cuando, en la iii Reunión del Ejecutivo
Nacional con los gobernadores, Videla afirmó que “en el ámbito municipal,
en el que la relación entre la autoridad y el ciudadano es más directa, resulta
necesario concentrar una mayor atención en las comunidades locales, a fin de
propender a su participación en la realización de tareas ejecutivas” (La Nación,
16/4/1977, en Canelo, 2013: 7).
Ahora bien, por otro lado, se reconocía tempranamente que había una
dificultad presupuestaria para la aplicación de los recursos estatales destinados
a las políticas comunitarias. Esto puede observarse, por ejemplo, en una confe-

205
Maximiliano Catoira

rencia de prensa brindada por el recientemente designado intendente, coronel


(r) Luis Antonio Ortelli, en el marco de la conmemoración por el Día del
Periodista. En efecto, en dicha oportunidad Ortelli respondió un cuestionario
presentado en torno a la situación del municipio de General Sarmiento y las
políticas a mediano plazo que se irían ejecutando. Frente a la consulta respecto
de la continuidad o no de los subsidios a diversas entidades locales, el flamante
intendente expuso que dichas concesiones debían replantearse en un estudio
más detenido. En principio, dijo el jefe comunal, “se justificarán aquellos que
hacen el bien común y se suprimirán aquellos que representen dádivas que, al no
existir ningún esfuerzo de quien los recibe, producen más daño que el supuesto
bien que se persigue”.3 Se puede vislumbrar aquí el principio de “subsidiarie-
dad del Estado” que proclamaba la descentralización (traducida en reducción)
de servicios y funciones de los aparatos estatales con el objetivo de sanear las
cuentas fiscales correspondientes (Rodríguez, 2009).
La declaración del ejecutivo municipal contiene una serie de supuestos
que no son fácilmente comprensibles si no se rastrean las medidas puestas
en funcionamiento. ¿Qué implicaba ese “bien común”?, o ¿a qué prácticas se
les adjudicaba un esfuerzo en referencia a los que no las demandan? En otras
palabras, ¿cuáles serían los criterios determinantes de la atención estatal? Para
responder a esos interrogantes hemos rastreado a lo largo de las normativas
en cuestión un despliegue de iniciativas tomadas por las nuevas autoridades
con respecto a la sociedad en las que consideramos se ensayan estrategias de
legitimación social.
En dichas normativas se advierte que las políticas de promoción vecinal
desplegadas por el gobierno municipal se dirigieron tanto a personas como a
instituciones civiles a través de subsidios, donaciones y exenciones (parciales
o totales) de tributos municipales. Como ya se sabe, en el caso de las gestio-
nes establecidas en la dictadura, los marcos de definición de medidas fueron
concentrados en la figura del ejecutivo y particularmente del intendente del
municipio, que concentró las facultades ejecutivas y legislativas.
Ahora bien, son necesarias algunas advertencias. En primer lugar, nos en-
contramos ante un conjunto de medidas que tienen antecedentes, es decir, que
podían provenir de gestiones anteriores. A su vez, tales disposiciones no son
exclusivas de General Sarmiento, ya que creemos que podrían formar parte de
una batería de disposiciones de más largo alcance. Un ejemplo de ello es que
las autorizaciones para realizar prerrogativas tributarias se practicaron desde el

3
Síntesis, 22/6/1976, destacados míos.

206
Dictadura y sociedad en General Sarmiento

inicio del primer gobierno interventor en el municipio y varios meses después


se enmarcaron en una ordenanza provincial y pasaron a implementarse en todo
el territorio de Buenos Aires.4
Concentrando el análisis en el grupo de las personas particulares, se puede
observar la asignación de becas para aquellos alumnos que cumplían con una
serie de requisitos: una evaluación socioeconómica por parte de la casa de es-
tudios (en la mayor parte de los casos), y/o la aprobación de dicha asignación
por parte de la Dirección de Cultura de General Sarmiento. De esta forma, se
concedieron becas escolares a aquellos que estuvieran cumpliendo los estudios
de nivel primario y medio tanto en institutos de gestión privada como en esta-
blecimientos públicos. A su vez, se adjudicó otro conjunto a estudiantes del nivel
superior. Un análisis de las becas otorgadas nos da un abanico de profesiones
en las que se concentraron, entre las que se encuentran: Ciencias Económicas,
Derecho, Caligrafía Pública, Técnicas Periciales, Química, Ingenierías, Física
Óptica, Agronomía. A pesar de que el repertorio de las asignaciones se dirige
a un conjunto heterogéneo de carreras de grado, son escasas las otorgadas a
carreras humanísticas y sociales. Hemos podido rastrear como casos aislados el
incentivo, a través de este mecanismo, al estudio de Ciencias de la Educación,5
Asistencia Social6 y el Profesorado de Historia.7
Por otra parte, se eximió de determinados tributos municipales –en su
mayoría las “Tasas de Alumbrado, Limpieza y Conservación de la Vía Pú-
blica”– a aquellos jubilados cuyos haberes mensuales no excedieran el salario
mínimo y fuera la única fuente de sus ingresos.8 Un dato no menor es el hecho
de que debían ser previamente solicitados por los interesados y evaluados por
la Secretaría de Bienestar Social. Sin embargo, hemos podido comprobar que
esta práctica tenía antecedentes en gobiernos anteriores y probablemente fuera
extensiva al resto de los municipios. Un dato a tener en cuenta es que la cantidad
de decretos referidos a esta función fue mucho mayor durante el primer año
del nuevo gobierno, y fue disminuyendo a lo largo de la dictadura.

4
Secretaría de Asuntos Municipales de la Provincia de Buenos Aires, Ordenanza General nº
209, 9/11/1977.
5
Municipalidad de General Sarmiento (en adelante: mgs), Decreto nº 840, 25/3/1977, Libro:
1977, 801-1000.
6
mgs, Decreto nº 1861, 25/4/1977, Libro: 1977, 1801-2000.
7
mgs, Decreto nº 396, 22/3/1978, Libro: 1978, 201-401.
8
mgs, Decretos nº 492/76, 815/76, 833/76, 1002/76, 1481/76, 1491/76, 1884/76, 3204/76,
4101/76, 4297/76, 4778/76, 4846/76, 27/77, 3255/77, 3880/77, 480/80, 534/80, 535/80,
por mencionar algunos.

207
Maximiliano Catoira

En cuanto a las instituciones civiles no solo podemos observar la exención


de ese mismo tributo sino además los correspondientes a “Publicidad y Propa-
ganda” y “Derechos de Edificación”. Las beneficiarias fueron diversas entidades
educativas, culturales y religiosas, sociedades de fomento, asociaciones mutuales,
instituciones deportivas, como la Sociedad Cuerpo de Bomberos Voluntarios
de General Sarmiento, entre otras.
Un análisis de las sociedades de fomento nos permite explorar otras medidas,
además de las políticas de subsidiariedad, donaciones y eximición de impuestos
recién comentadas. Entendemos que durante la gestión de Ortelli se vislumbra
una nueva estrategia de gobierno planteada en una serie de objetivos sobre los
cuales actuar, como por ejemplo:
Obtener un reordenamiento y dimensionamiento del sector público
municipal para el cumplimiento eficiente de sus funciones; Eliminar el
déficit fiscal; Incrementar la proporción de gasto público destinada a obras
y servicios para la comunidad; Racionalizar el gasto público; Determinar
el nivel de capacidad tributaria de los contribuyentes locales; Potenciar las
instituciones locales, descentralizando la acción de gobierno y dinamizan-
do la participación vecinal; Estimular la actividad de las entidades locales
de bien público, como forma de dinamizar la participación vecinal en la
solución de problemas concretos de la comunidad.9

Aquí se demuestra que, además de los intentos por administrar los recursos
municipales como se hacía alusión más arriba, la participación de la comunidad
era evocada en el discurso de las autoridades locales y estaba en su agenda de
preocupaciones. Siguiendo a Lvovich (2010), debemos tener en cuenta que uno
de los objetivos del régimen hacia los municipios apuntaba a aquellas institu-
ciones sociales de carácter cultural, deportivo, vecinal y fomentista. En General
Sarmiento se observa una serie de iniciativas que van desde la intervención,10
su reconocimiento,11 la extensión del radio de su actuación,12 Vale aclarar que
la intervención se desarrolló en forma selectiva, y diversas fueron las razones
planteadas: consideración de irregularidades tales como “transgresión a los
estatutos”, “desorden en el manejo de los libros”, “descontrol en el manejo de
fondos”, “escasa realización de actividades” en algunos casos, como también una
9
mgs, Decreto nº 5979, 28/12/1977, Libro: 1978, 5808-5979.
10
mgs, Decretos nº 3356/76, 4346/77, 5662/77, 53/78, 1058/78.
11
mgs, Decretos nº 3795/76, 4889/76, 1722/77, 2198/77, 2200/77, 332/78, 630/78, 872/78,
954/78, 310/80.
12
mgs, Decretos nº 5307/77, 5912/77.

208
Dictadura y sociedad en General Sarmiento

supuesta nula participación en otros. No obstante, resulta curioso que luego de


manifestarse los objetivos y roles del municipio hacia fines de 1977 se observe
la disolución de sociedades de fomento, práctica no realizada hasta el momen-
to.13 Encontramos, de esta manera, una nueva maniobra que inicialmente era
justificada apelando a motivos como la “inactividad” o la “desintegración de
hecho” en la mayor parte de los casos. Ahora bien, los motivos señalados forman
parte de un aparato de justificaciones formalmente expuestas. Es decir que a
partir de motivos relacionados con la ineficiencia e inactividad se intervienen
dichas instituciones apelando a cuestiones que no hemos observado que se
hayan dado así en la práctica.
Otro de los cambios que logramos advertir se refiere a la autorización
municipal para la realización de corsos14 durante el carnaval y días cercanos.
Dichas concesiones no se advierten sino desde 1979 (durante el gobierno de
Ortelli), transformándose en costumbre para los siguientes años (Mussano
continúa esa práctica).
Durante las primeras semanas del primer gobierno municipal (con Hoff-
man como intendente) se habían tomado políticas que atendían al contexto
económico y particularmente al incremento del costo de vida reflejado en los
precios. Para ello, se había ejecutado el “Plan de Venta de Cortes de Carnes”
a precios accesibles a través de camiones térmicos, en los principales centros
de comercio de la región (las estaciones de los ferrocarriles de Grand Bourg,
José C. Paz y San Miguel).15 También se autorizó a un frigorífico (Quickfood)
a realizar venta de cortes de carne populares a través de sus vehículos móviles,
complementando al decreto anterior.16 Sin embargo, tales opciones parecieron
descartadas con la gestión del siguiente intendente.
Por último, la conferencia con la que iniciamos este apartado finaliza con
una reflexión del intendente sobre los deseos de su gestión y la relación con la
comunidad: “Solo entiendan que no venimos a ofrecer nada y sí a pedir a todos,
esfuerzo y sacrificio para poder salir de los problemas que nos afligen, y entrar
en una etapa de realizaciones fecundas cuanto antes” (Síntesis, 22/06/1976,
destacados míos). Este conjunto de conceptos que van desde el “bien común”,

13
mgs, Decretos nº 128/78, 268/78, 1188/78, 1268/78, 27/79, 28/79, 122/79, 171/79, 172/79,
740/79, 749/79-751/79, 798/79, 799/79, 800/79, 849/79, 1441/79, 1569/79, 1570/79,
1571/79, 1625/79.
14
mgs, Decretos nº 239/79, 240/79, 90/80, 91/80, 92/80, 150/80, 80/82, 81/82, 82/82,
139/82, 139/82, 178/ 82, 182/82.
15
mgs, Decreto nº 71, 7/4/1976. Libro: 1976, 1-200.
16
mgs, Decreto nº 127, 9/4/1976. Libro: 1976, 1-200

209
Maximiliano Catoira

“dádivas”, “esfuerzo” y “sacrificio”, parecen sugerirnos que la atención estaba


puesta en la comunidad a la cual se invitaba a producir y construir de la mano
de la clase dirigente, desatendiendo cualquier auxilio o subvención estatal, pero
además reconociendo qué tipo de sociedad se quiere interpelar y transformar.
En suma, consideramos que si bien varias de las políticas implementadas
provenían de gestiones anteriores, el sello particular de los nuevos gobiernos
municipales fue el intento de buscar la atención de los vecinos (tanto personas
individuales como los nucleados en distintas asociaciones). A través de algunas
herramientas tradicionales de la política pública local, los funcionarios mu-
nicipales del nuevo orden supieron aprovechar los instrumentos normativos
disponibles para intentar construir una legitimidad de su intervención no
amparada en términos legales-constitucionales.

Coerción y moralidad en el discurso y acción del gobierno

Recién tomadas las riendas del Estado Nacional, la Junta de Gobierno difundió
una serie de propósitos entre los que se encuentran:
Restituir los valores esenciales que sirven de fundamento a la conducción
integral del Estado, enfatizando el sentido de moralidad, idoneidad y eficien-
cias, imprescindible para reconstruir el contenido y la imagen de la Nación,
erradicar la subversión y promover el desarrollo económico de la vida
nacional basado en el equilibrio y participación responsable de los distintos
sectores a fin de asegurar la posterior instauración de una democracia.17

También se manifestaron determinados objetivos básicos, como la vigencia


de los valores de la “moral cristiana”, “la tradición nacional”, “la dignidad de
ser argentino”, la seguridad nacional, la erradicación de la “subversión” y las
causas que favorecen su existencia, así como el pleno orden jurídico y social.
Tales lógicas pueden ser rastreadas en determinadas políticas canalizadas desde
el gobierno municipal en cuestión. Tenemos, nuevamente, la posibilidad de
acceder a las premisas construidas desde los sectores dirigentes.
Analizando dichos enunciados, observamos que durante la dictadura militar
los funcionarios intentaron reconstituir a la comunidad local y entendían que
tales discursos podían ser comprendidos no solo en la lógica de lo descriptivo
sino también en el plano de lo performativo. En primer lugar, encontramos

17
La Nación, 25/3/1976, destacados míos.

210
Dictadura y sociedad en General Sarmiento

algunas pautas que podrían abanderarse a partir de argumentos moralistas.


Uno de estos casos es el de la prohibición de la habilitación de los “hoteles de
alojamiento” cercanos a establecimientos educativos, hospitales, instituciones
deportivas, culturales, sociales y religiosas. Allí, el decreto firmado por el ejecu-
tivo municipal y los secretarios correspondientes fue redactado utilizándose un
lenguaje que denota una preocupación por ese tipo de emprendimientos ya que
además de las restricciones en cuanto a la ubicación y salubridad establecidas
se anunció que tal marco regulador se realizaría en nombre del “decoro” y el
respeto necesario para la comunidad. Por ejemplo, la misma palabra “hotel” no
puede emplearse en los carteles y publicidades de todo el partido.18
Así también, se prohibió el uso de las máquinas recreativas y electrónicas que
funcionaban mediante el empleo de fichas debido a la “excesiva concurrencia
de escolares dentro y fuera del horario escolar [con el objetivo de] preservar
la educación de los adolescentes, y asistencia a clases” (mgs, Decreto nº 858,
25/3/1977, Libro: 1977, 801-1000). Una batería de similares medidas fueron
observadas en Rosario, en lo que Águila denomina como “una campaña mo-
ralizadora” (2008: 265), que prestó atención a los lugares nocturnos como a
aquellos espacios de entretenimiento (incluidos los casinos pero también los
juegos electrónicos infantiles).
Por otro lado, encontramos una serie de acciones relacionadas con deter-
minadas actuaciones que funcionaron como parte del deber ser. Es el caso, por
ejemplo, de un agente municipal que encontró en el propio Palacio Municipal
la suma de diez mil pesos e inmediatamente la depositó en la Dirección de
Personal para que sea devuelta a su propietario.19 El decreto hace referencia a las
felicitaciones y los agradecimientos ofrecidos por el intendente, y el antecedente
se archivó incluso en su legajo personal.
Ahora bien, se pueden observar medidas coactivas más explícitas como las
que se practicaron en otras escalas del país:
VISTO la necesidad de unificar criterios sobre la identificación de las per-
sonas en la documentación que emiten las diversas reparticiones públicas; y
CONSIDERANDO:

QUE en jurisdicciones nacionales y provinciales se exige que las fotogra-


fías insertas en la documentación aparezcan los interesados sin excesos
capilares que dificulten la identificación; [el Intendente decreta] en toda
18
mgs, Decreto nº 617, 26/4/1976, Libro: 1976, 602-802.
19
mgs, Decreto nº 1815, 25/4/1977, Libro: 1977, 1801-2000.

211
Maximiliano Catoira

documentación que expida esta Municipalidad en la que se exija fotogra-


fía del interesado, la misma deberá ser sin barba y con el pelo cortado o
peinado de tal manera que deje libre la frente y no oculte el perfil de la
cara ni las orejas.20

Por último, el 21 de septiembre de 1976 durante la intendencia de Ortelli se


aplicó una serie de normativas que involucraban distintos aspectos públicos.
Por un lado, una de las ordenanzas disponía que se debía solucionar el incon-
veniente de los grafitis pintados en las fachadas de casas y edificios. En caso
de no cumplir con la normativa se corría el riesgo de ser apercibido con penas
que incluían la prisión. Así, sucedió que las autoridades manifestaron que
“dentro del plazo de 15 días, los propietarios frentistas del Partido de General
Sarmiento deberán eliminar todo tipo de inscripción o leyenda existente en
sus edificios particulares”.21 Las razones ofrecidas giran en torno a que tales
medios formaban parte del “accionar subversivo” tanto con fines propagan-
dísticos como de “acción psicológica” sobre el resto de la comunidad. Por otro
lado, el mismo día se aprobaba una actualización de la escala tarifaria con la
que se regirían las empresas de transporte de colectivo de pasajeros.22 Con esto
queremos indicar el abanico de medidas y tareas que se generaban dentro del
Palacio Municipal, donde se podía discutir desde una política de tránsito hasta
otras de índole ideológica.

Patria y próceres en el discurso y en las prácticas

Por otra parte, en diálogo con el apartado anterior, queremos destacar un con-
junto de menciones sobre la figura del General San Martín y referencias a otros
personajes de la historia considerados relevantes. De acuerdo con lo explorado,
entendemos que este personaje encarnó en el gobierno local la representación
y exhibición de una imagen merecedora de admiración. De este modo, no en-
contramos referencias de semejante importancia ni homenajes detalladamente
organizados a otros personajes de la historia argentina como se dio en el caso
del considerado “libertador de la patria”. Por su parte, Filc (1997) entiende que
José de San Martín encarnó en el discurso de las ff.aa. las cualidades del buen
gobernante, por ser poseedor de coraje, honestidad y humildad, virtudes dignas
20
mgs, Decreto nº 1964, 2/7/1976, Libro: 1976, 1802-2002.
21
mgs, Ordenanza nº 327, 21/9/1976, Libro: 1976, 307-350.
22
mgs, Ordenanza nº 329, 21/9/1976, Libro: 1976, 307-350.

212
Dictadura y sociedad en General Sarmiento

de ser alcanzadas por los ciudadanos. Y esto mismo lo podemos reconocer en el


municipio cuando se señala que “se hace necesario un llamamiento al pueblo
de nuestro Partido, para que se nutra del ejemplo de las figuras, que como el
General San Martín, son derrotero fecundo hacia la Patria”.23
A pesar de que la conmemoración del prócer ya se podía rastrear en el
Partido, es de destacar que durante la última dictadura continuaron y se pro-
fundizaron los homenajes. De esta manera, en cada aniversario del fallecimiento
del General San Martín, se coordinaban actos en su honor.
VISTO la importancia que debe dársele al 17 de agosto […] y CONSI-
DERANDO:
Que es deber de esta comuna rendir el homenaje que merece la esclarecida
personalidad del Prócer;
Que es menester mantener viva en el pueblo su preclara figura;
Que para tal fin esta Comuna, con la Asociación Sanmartiniana de General
Sarmiento […] ha dispuesto conmemorar tal acontecimiento los días 14,
15 y 17 de Agosto próximos. [El Intendente decreta] auspíciese el Acto
Académico con la proyección de la película filmada en España titulada
“Por los senderos de la libertad” a realizarse el 14 de agosto a las 18 en el
Palacio Municipal.24

Así, durante agosto de 1976 se llevaron a cabo múltiples homenajes entre


las jornadas mencionadas, destacándose el acto central realizado en la Plaza
General San Martín de Bella Vista, como también otros llevados a cabo en el
Atrio de la Iglesia Parroquial de José C. Paz y en la Plaza Bouchard de Grand
Bourg, eventos organizados por la Dirección de Cultura e Información Pública,
que debía “[arbitrar] los medios necesarios para dar a los actos el realce que
requieren” (MGS, Decreto nº 2384, 02/08/1976, Libro: 1976, 2204-2403).
Además, el gobierno adhirió a homenajes fuera del distrito. Este fue el caso de
la organización llevada a cabo por la Comisión Permanente de Homenaje al
General San Martín de Don Torcuato en la plaza que lleva su nombre. Así, se
enviaron ofrendas florales y funcionarios como representantes del municipio.25
Incluso, para el bicentenario de su nacimiento –el 25 de febrero de 1978– se
invitó a la comunidad a embanderar los frentes de sus casas y a los comerciantes

23
mgs, Decreto nº 3230, 29/8/1977, Libro: 1977, 3201-3400.
24
mgs, Decreto nº 2384, 02/8/1976, Libro: 1976, 2204-2403.
25
mgs, Decreto nº 2969, 12/8/1976, Libro: 1976, 2705-3104.

213
Maximiliano Catoira

a iluminar las vidrieras de sus tiendas, y se repartieron escarapelas a los peatones,


por mencionar algunas de las iniciativas llevadas a cabo.
De esta manera, además de los tradicionales actos por el 17 de agosto, para
el año del bicentenario de su nacimiento se programó con meses de anticipación
una serie de eventos, entre los que se destacan: un “Acto Patriótico” durante el
mes de mayo, con la presencia de los miembros de establecimientos educativos
(autoridades, docentes y estudiantes) de distintos niveles (primario, secundario
y universitario); un ciclo de conferencias en el que participarían el embajador
de Perú, un miembro de la Embajada de Chile, un representante del Ejército
Argentino y un integrante del Instituto Nacional Sanmartiniano; un concurso
de monografías para alumnos de escuelas primarias y otro para aquellos que
estudiaban en el nivel secundario.26
En la misma línea, tres directores de área de gobierno (de Gabinete, Asun-
tos Sociales y Obras) fueron sancionados por no asistir a la conmemoración
por el bicentenario del nacimiento de Mariano Moreno en Bella Vista.27 Con
ello, no desconocemos los casos de coacción más explícitos extendidos desde
los marcos normativos (y en complemento con aquellas decisiones tomadas
clandestinamente), en lo que creemos fue una búsqueda de determinados
comportamientos.
Como afirman Sigal y Santi (1985), la legitimación de las Fuerzas Armadas
se apoyó sobre la asociación de dicha institución con la “Patria”. Estas tenían,
según su entender, la obligación moral de asumir el Estado para defender los
intereses de la Nación. Así, la Patria abrazaba una organización y un orden
específicos, valores esenciales que debían ser restituidos. Desde la presión moral
hasta los ejemplos de actos y personajes patrióticos, desde los múltiples estados
se dotó de significación y se intentó reconfigurar a la sociedad.

Consideraciones finales

En este trabajo se observó, a partir del caso de la municipalidad de General


Sarmiento, parte del funcionamiento de la última dictadura en los entramados
locales, atendiendo a las políticas públicas desplegadas desde el Estado muni-
cipal en cuestión. Hemos puesto el foco en el interés de las autoridades por la
búsqueda de consenso social frente a una legitimidad no fundada constitucio-

26
mgs, Decreto nº 5588, 23/11/1977, Libro: 1977, 5406-5606.
27
mgs, Decreto nº 1388, 9/11/1978, Libro: 1978, 1206-1406.

214
Dictadura y sociedad en General Sarmiento

nalmente pero que intentó funcionar a través de mecanismos estatales que sí


se practicaban en regímenes políticos democráticos.
Por otra parte, las iniciativas con respecto a la formación de consenso
observadas estrictamente en las fuentes estatales parecieran indicarnos que, a
pesar de la crisis fiscal atravesada en los municipios, desde el gobierno local
se continuaron impulsando políticas de fomento a la comunidad (sea a indi-
viduos particulares o nucleados en organizaciones). Si bien el destino de los
recursos fue problematizado por las propias autoridades municipales, estas no
perdieron de vista la relación que debían entablar con la sociedad local. De esta
manera, los discursos se focalizan en construir una relación “más directa” con
la comunidad mediante la “comunicación” y “diálogos” de forma “continua” y
“permanente”, apelando al “bien común”. Ahora bien, independientemente de
que lo enunciado por parte de las distintas autoridades tanto nacionales como
municipales se haya dado efectivamente o no, se ha intentado demostrar que
los vínculos esperados pretendían configurar algunos comportamientos. Dichos
objetivos exceden el plano del contenido. Nuestro análisis pretende reconocer
un plano más amplio, que atiende a las intencionalidades de los discursos en su
correspondiente acto de enunciación. En este sentido, entendemos que nos dan
pistas para aproximarnos al tipo de ideales y comportamientos que se esperaba
localizar, apelar y establecer en la población local.
Finalmente, mencionamos que se estableció desde el aparato estatal una
empresa encargada de construir las imágenes y los valores morales que el régi-
men perseguía. Desde las campañas que fomentaban algunas prácticas sociales
y desacreditaban otras, pasando por la oficialización del modelo sanmartiniano
como exponente del honor, aquello que no respetara este orden era pasible de
ser penalizado. De esta manera, las intervenciones políticas intentaron formar
un tipo de legitimidad amparada en este tipo de ideales de corte conservador.
Se sabe que el Estado aprovechó los canales constituidos y construyó los
suyos para realizar una multiplicidad de objetivos. No solo el despliegue de la
represión, sino también la búsqueda de consenso social. Ahora bien, creemos
que es necesario profundizar los estudios que iluminen otras caras del régimen,
que se proponía la formación de consenso social, algo que cualquier gobierno
desearía para mantenerse en el poder de manera prolongada. Consideramos que
se debe atender a las problemáticas que toman como único eje el plano represivo
sin perder de vista la problematización de las otras facetas que ha desarrollado la
última dictadura, complejizando el terror y la coerción junto a los intentos que
cualquier régimen construye para la conformación de aceptación y consenso.

215
Maximiliano Catoira

Así, reconocemos que la relación entre dictadura y sociedad está lejos de ser
comprendida solo desde el plano de la coerción y la represión impuestas. Por tal
motivo, hemos intentado complejizar el abordaje y la comprensión del período
de la última dictadura en la Argentina, entendiendo que el horror solo es una
de las caras por las cuales se ejerció el poder, mientras se convivía en escenarios
en los que las continuidades también formaban parte de la cotidianidad de las
sociedades (y no exclusivamente las rupturas). Y en este sentido, los estudios de
casos locales nos permiten pensar en esa dirección, en la que las particularida-
des complejizan el panorama nacional o metropolitano. Subyace a lo largo del
trabajo la percepción de que la última dictadura le concedió a la generación de
consenso un lugar más destacado de lo que tradicionalmente se le ha reconocido.
En este sentido, consideramos que los estudios sobre los discursos políticos
nos permiten comprender el fenómeno más allá de que las decisiones planteadas
se hayan materializado o no. Nos invitan a pensar en el contexto de producción
de tales cuestiones y aproximarnos a los posibles objetivos perseguidos por el
solo hecho de enunciarse en las condiciones observadas (Sigal y Verón, 2004).
Por tal motivo, creemos que el vocabulario empleado tiene objetivos que su-
peran lo netamente nominal para transformarse en un aspecto discursivo que
nos sugiere pensar no solo la búsqueda de consenso social, sino también que
había un objetivo de resignificar y regenerar a la sociedad civil, mediante las
maneras en que se la ha interpelado.

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217
Maximiliano Catoira

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Provinciales:

Ordenanzas del Gobierno de la Provincia de Buenos Aires.


Nacionales:
Diario La Nación.

218
Vale más revista literaria en mano
que escritor volando
El Ornitorrinco: literatura y política
durante la última dictadura

Federico Iglesias

Una impura, viviente, contradictoria


totalidad hecha de palabras y de actos.
(Abelardo Castillo, 2010: 71)

Aproximación a la especie

Una especie se define como un grupo de organismos reproductivamente ho-


mogéneos, muy cambiantes a lo largo del tiempo y del espacio, pero capaces
de entrecruzarse y producir descendencia fértil. Si se aplica esta definición en-
ciclopédica a la “biología literaria” de la segunda mitad del siglo xx argentino,
puede observarse el nacimiento, desarrollo y extinción de una especie particular
de bicho literario: un escarabajo de oro descendiente de un grillo de papel, que
luego muta en ornitorrinco. Estas revistas literarias representaron una forma de
agrupamiento de los escritores e intelectuales que las impulsaron y funcionaron
como grupos con fisonomías estético-políticas definidas que cumplieron un rol
destacado en la intelectualidad y la cultura. A través de ellas pueden observarse
las novedades y los principales debates de la época, que definen posiciones dentro
del campo literario e intelectual y revelan “el pulso de los tiempos en que se
desarrollan” (Gramuglio, 2010: 192). Si se toman en cuenta los seis números
de El Grillo de Papel entre octubre de 1959 y noviembre de 1960, los treinta

219
Federico Iglesias

y ocho números de El Escarabajo de Oro entre junio de 1961 y septiembre de


1974, y los catorce números de El Ornitorrinco entre octubre de 1977 y agosto
de 1986, suman un total de 58 ejemplares que cambiaron dentro de una per-
manencia durante veintisiete años (Gallone, 1999).
Esta filiación, entendida según el concepto de tradición selectiva de Raymond
Williams (1977), es la que otorga identidad a la revista El Ornitorrinco en el
proceso de definición e identificación cultural y social, para ratificar su posicio-
namiento en el presente y a la vez señalar direcciones a futuro, concibiéndose
desde un pasado configurativo como lo fue el de las revistas literarias de los años
sesenta: “No somos milenarios, pero tenemos historia. La más reciente serían las
revistas literarias de los años sesenta” (editorial de El Ornitorrinco, nº 1, 1977).
El núcleo duro de la especie en la que se filia El Ornitorrinco, conformado por
los escritores Abelardo Castillo y Liliana Heker, se identificó desde sus orígenes
con la noción de escritor comprometido a la Sartre (Gallone, 1999; Calabrese,
2006). Esta denominación aludía a la pertenencia profesional de los escritores
y se refería a ellos en cuanto grupo de sujetos especializados en el manejo de
la palabra escrita. La identificación con la noción de “compromiso” permitía a
los escritores una participación política que se fundaba más allá de su escritura
literaria y que a su vez definía a esta escritura como un trabajo siempre, y de
suyo, político (Gilman, 2003). La revista literaria fue el vehículo principal de
esa intervención política.
El parafraseo del dicho popular –extraído de una nota de la sección Margi-
nalia de El Ornitorrinco– que da título a este artículo refleja, como se intentará
demostrar, la posición que asumió la revista a partir de su publicación en 1977
y durante los restantes años de la última dictadura militar, en un momento
histórico de obturación del horizonte de lo decible por parte de la censura y
la represión instauradas (Avellaneda, 1986; Invernizzi y Gociol, 2003). Efec-
tivamente, hay cierto consenso en que esos años representaron un quiebre en
relación con las prácticas y discursos intelectuales, así como una reorganiza-
ción y rearticulación de elementos preexistentes en la sociedad, sobre los que
se imprimió un despliegue de violencia estatal y paraestatal de una naturaleza
novedosa: la desaparición de millares de personas (Terán, 2008; Levín, 2013).
Lo que se operó durante ese período fue la consumación y el paroxismo de un
crescendo de violencia estatal y paraestatal iniciado a comienzos de la década del
setenta (Pittaluga, 2010), que configuró un proceso signado por una progresiva
acentuación de un “estado de excepción”, en el que el ámbito de lo público –y
también de lo privado– se convirtió en una “tierra de nadie entre el derecho
público y el hecho político, y entre el orden jurídico y la vida [lo que permite] la

220
Vale más revista literaria en mano que escritor volando

eliminación física no solo de los adversarios políticos sino de categorías enteras


de ciudadanos que por cualquier razón resultan no integrables en el sistema
político” (Agamben, 2003: 24). A partir del 24 de marzo de 1976 ese sistema
se articuló desde el Estado con un gobierno militar que contó con el apoyo y
la colaboración de sectores civiles.
El terrorismo de Estado desplegado por el régimen dictatorial influyó en
el terreno de la cultura no solo reprimiendo y aterrorizando, sino también
forzando a gestar grupos cerrados, clandestinos y pulsiones creativas diversas,
que conformaron un panorama cultural heterogéneo (Maisello, 1988; Margio-
lakis, 2011). El Ornitorrinco se sitúa en ese contexto represivo, signado por el
miedo y las prohibiciones. De hecho, el 24 de marzo de 1976 la intervención
militar en Radio Municipal prohibió el programa de Abelardo Castillo Otras
aguafuertes porteñas y su nombre aparecería tiempo después en las listas negras
que confeccionaron los militares.1
La situación represiva condicionó la publicación de la revista, produciendo
transformaciones significativas en cuanto a quienes la integraron y a su lenguaje
y contenido en comparación con las revistas de las cuales heredaba una tradición
simbólica y material. Poner la lupa sobre El Ornitorrinco desde este punto de
vista puede complejizar el debate acerca de las actitudes y posicionamientos
políticos de los escritores durante la última dictadura. Teniendo en cuenta el
abanico de actitudes que pueden identificarse en relación con el régimen dicta-
torial, conviene problematizar el planteo maniqueo de resistencia o adaptación
para pensar categorías que permitan dar cuenta de los matices y las actitudes
oscilantes (Lüdtke, 1995; Kershaw, 2004; Traverso, 2012). Muchas veces aque-
llo que es concebido en su momento histórico como un acto de “resistencia
cultural” implica necesariamente una “adaptación” para continuar publicando
en un contexto que se impone por la violencia del terrorismo de Estado y que
obliga a redefinir el discurso y las estrategias editoriales.
Teniendo en cuenta estas consideraciones, el artículo se concentra en la
relación entre literatura y política y su principal objetivo es analizar las páginas
de El Ornitorrinco para abonar a las discusiones sobre los diferentes sentidos
que adquiere la noción de “escritor comprometido” en el contexto particular
1
En la lista fechada el 6 de abril de 1979, de 12 páginas y 285 nombres, todos con la calificación
“Fórmula 4”, figuran Osvaldo Bayer, Abelardo Castillo, Julio Cortázar, entre otros. Bajo esta
calificación, según la descripción hecha por las autoridades militares, se incluía a personas
que registraban “antecedentes ideológicos marxistas que hacen aconsejable su no ingreso y/o
permanencia en la administración pública, no se le proporcione colaboración, no sea auspiciado
por el Estado, etc.”.

221
Federico Iglesias

de la última dictadura. A fin de ordenar la exposición, en el primer apartado


se realiza una presentación de la revista atendiendo a su materialidad y a sus
rasgos estético-literarios para observar similitudes y diferencias de este ejemplar
con los otros “bichos” de la especie. En el segundo se describe la manera en que
los escritores que animaron la revista concibieron y encarnaron la noción del
compromiso sartreano. En el tercer apartado, y siguiendo con la relación entre
literatura y política, se analiza el posicionamiento político de la revista a partir
de examinar cómo se expresan en sus páginas las diferentes intervenciones sobre
el contexto histórico político en el que se sitúa. Finalmente, en las conclusiones
se arriesga una serie de consideraciones acerca de las condiciones de posibilidad
de existencia de la revista, así como de las diferentes categorías analíticas que
se ponen en juego al estudiarla.

Un animal improbable

El Ornitorrinco fue el último ejemplar de esa fauna fabulosa de los años sesenta
y primeros setenta que se despliega en el contexto de la dictadura en un mo-
vimiento doble: como continuidad y ruptura con respecto a sus predecesoras.
Continuidad en cuanto que la literatura seguía siendo el leitmotiv de la revista,
y ruptura en términos discursivos, de estrategias del lenguaje para dirigirse al
lector. Mientras que El Escarabajo de Oro apelaba a un discurso confrontativo
y frontal, El Ornitorrinco se presenta con un discurso oblicuo, elíptico, en el
que se abandona la discusión programática de la izquierda y aparece una ma-
yor pluralidad ideológica entre sus integrantes. Así se presentaba en su primer
editorial en octubre de 1977 haciendo alusión a las características del animal
que metaforiza el espíritu de la revista:
El ornitorrinco no mira en línea recta. Gran defecto, podrá decirse: no
prevé el porvenir, debe de chocar contra las paredes. Puede ser. De todos
modos se las arregla con la inusual sensibilidad de su pico; que el ima-
ginativo lector arme la metáfora. El ornitorrinco ve hacia los costados,
es algo así como él y su circunstancia. Pero, sobre todo, ve hacia arriba.
Pensándolo bien, es quizá el único animal que tiene conciencia de las
estrellas. Además, posee el pelaje más duro que se conoce. Dios, según la
espléndida blasfemia de Lutero, se comporta a veces como un loco. Cuando
hizo el ornitorrinco, estaba, creo yo, en uno de sus mejores días. […] Me
olvidaba. El ornitorrinco tiene dos enemigos: los gusanos y las ratas (El
Ornitorrinco, nº 1, 1977, p. 27).

222
Vale más revista literaria en mano que escritor volando

Este carácter de animal aparentemente inarticulado que da nombre a la revista


es la clave para comprender su estructura y organización.
Según se anuncia en su tapa, El Ornitorrinco es una “revista de literatura”.
Sus tapas y contratapas (con sus respectivos anversos) son a dos colores, el
color varía en cada número y es utilizado para resaltar el nombre de la revista,
los nombres de los autores publicados en tapa y los títulos de las notas de la
primera página, generalmente asignados a los editoriales. El papel de las tapas
es tipo ilustración y de un gramaje mayor que el del resto de la publicación,
que es en blanco y negro y en papel ordinario de revista. Constan de un total
de 26 páginas, más tapas y contratapas, es decir no son revistas muy extensas
aunque la tipografía de los textos es pequeña y a veces apretada. Si bien el tex-
to predomina sobre las imágenes –siempre en blanco y negro, incluso las de
tapa–, estas tienen un lugar en distintas secciones de la revista. Su frecuencia
de aparición era irregular, con períodos de dos o más meses entre un número
y otro. Su tirada, de la cual no hay registros oficiales, fue incrementándose a lo
largo de los números, y según sus directores, oscilaba entre dos mil y tres mil
revistas por número. Estas circulaban principalmente en el circuito de kioscos
de diarios y revistas del centro porteño, en las estaciones de subte, en librerías
y a través de suscripciones.2
Siguiendo la tradición de El Grillo de Papel y El Escarabajo de Oro, una cita
literaria en tapa a modo de encabezado y marca identitaria da un indicio del
carácter de este nuevo ejemplar; desde el primer número y hasta el número 11
se lee la siguiente frase atribuida a Oscar Wilde: “uno debería ser siempre / un
poco improbable”.3
En los tres primeros números, desde octubre de 1977 hasta julio de 1978,
la revista presenta su staff en un recuadro al pie de la primera página, con un
consejo de “redactores” integrado por Abelardo Castillo, Daniel Freidemberg,
Irene Gruss, Liliana Heker, Sylvia Yparaguirre, Bernardo Jobson, Cristina
Klein, Ana de Llosa, Laura Nicastro, Elia Parra, Cristina Piña, Julia Sancho,
Enrique D. Zattara, y a partir del segundo número se suman Annie Haslop y
Ricardo Maneiro. No hay directores, ni secretarios de ningún tipo. Solo figura
una dirección postal y un número de propiedad intelectual. En el número 4,
de octubre de 1978, la revista cambia su presentación, que por esta vez aparece
en la última página. A partir de este número la revista presenta una dirección
compartida entre Abelardo Castillo y Liliana Heker, una secretaría de dirección
2
Entrevistas a Abelardo Castillo y Liliana Heker.
3
A partir del número 12 de agosto/septiembre de 1985 se lee: “lo que no me mata, me hace
fuerte / Nietzsche”, en alusión a lo que habría significado atravesar la dictadura.

223
Federico Iglesias

a cargo de Silvia Yparaguirre y una secretaría de redacción a cargo de Annie


Haslop. En la “redacción” figuran los escritores que habían aparecido en los
primeros números, y se agregan dos secciones: Poesía, a cargo de Cristina Piña,
y Ciencias Humanas, a cargo de Yparaguirre. A partir del número 5, de enero
de 1979, la sección de Poesía es compartida entre Freidemberg y Piña, hasta
que en el número 7, de enero de 1980, queda a cargo del primero. El elenco
de redactores, secretarios y directores se mantiene estable a lo largo de la pu-
blicación, con algunas variaciones en el staff de redactores.
La estructura de la revista está constituida por una nota editorial que ge-
neralmente abre el número, que refiere a temas de la coyuntura política y en la
que se brindan algunas claves de lectura para los textos que se publican en ese
número. El estilo y tono de los editoriales conforman un discurso que oscila
entre lo coloquial y la erudición, entre la literatura y la historia, con las dosis
de humor e ironía que caracterizan la prosa de Abelardo Castillo. Por lo general
estas notas suelen ser ensayos sobre cuestiones argentinas y latinoamericanas
relacionadas con la literatura y con el rol del escritor en la política de su tiempo,
tales como el exilio y la democracia, entre otras. Al editorial le sigue siempre la
publicación de un cuento o un texto literario en prosa de autores contempo-
ráneos que conforman un canon diverso y complejo, que dificulta cualquier
tipo de generalización y cuyo análisis excede los límites de este artículo.4 Los
textos literarios –cuentos, relatos y poemas– se intercalan entre las diferentes
secciones. Se observa un lugar importante otorgado a la publicación de entrevis-
tas a diferentes miembros de la revista, a otros escritores y a artistas nacionales
y extranjeros. La sección a cargo de Sylvia Yparaguirre publica generalmente
notas sobre lingüística y teoría literaria. El teatro y el cine también son objeto
de la crítica e interés. En la sección Bibliográficas se ofrecen críticas de libros
publicados recientemente. Mientras que la sección Marginalia, una de las más
representativas de la especie, está dedicada a las misceláneas existenciales de
los redactores: “El objeto de una marginalia es, por decirlo con suavidad, el
Hombre, el hombre con sus afanes, dudas, angustias: el tono de la marginalia
es la ironía” (El Ornitorrinco, nº 12, 1985).

4
En sus páginas aparecieron textos de autores tan diversos como: Jean-Paul Sarte, Alejandra
Pizarnik, Roberto Juarroz, Stig Dagerman, Ernest Hemingway, J. D. Salinger, Lewis Carroll,
Franz Kafka, Herman Hesse, Malcolm Lowry, César Vallejo, Olga Orozco, Miguel Ángel Asturias,
Roberto Fernández Retamar, Miguel Barnet, Juan Rulfo, Gabriel García Márquez, Julio Cortázar,
Nicanor Parra, Leopoldo Marechal, Dino Buzzati, Juan José Manauta, Vicente Battista, Daniel
Freidemberg, Santiago Kovadloff, Isidoro Blaistein, Roland Barthes, Denise Levertov, entre otros.

224
Vale más revista literaria en mano que escritor volando

Por último, la revista se sostuvo en términos económicos con la venta de


sus ejemplares, las suscripciones, que en el contexto de la dictadura eran ries-
gosas, y los avisos publicitarios. A partir del número 4 la contratapa se dedica
íntegramente a la publicidad de alguna editorial como Corregidor (nº 4, 5 y 6)
o Planeta (nº 7, 8, 10 y 11). Pero no solo había avisos de editoriales y librerías,
como en las revistas anteriores, sino también anuncios de empresas ajenas a la
literatura, como los de Union Carbide S.A.I.C.S.5 o Levi’s6 aparecidos en los
números 12 y 13, ocupando la totalidad de la última página y de la contratapa
respectivamente, y los avisos del certamen Coca-Cola en las Artes y en las
Ciencias aparecidos en los números 7 (enero de 1980), 9 (enero de 1981) y
10 (octubre 1981), ocupando la totalidad de la última página. En este punto
se observa una clara ruptura con respecto a El Escarabajo de Oro, en la que si
bien había publicidades de librerías y editoriales, los avisos de Levi’s, Union
Carbide o Coca-Cola hubiesen resultado difíciles de sostener desde el punto de
vista estético, político e ideológico que sostenía la revista en los años sesenta.

El compromiso sartreano según El Ornitorrinco

Los escritores que alimentaron la especie en la que se filia El Ornitorrinco


se identificaron con la noción de escritor comprometido a la Sartre (Gallone,
1999; Calabrese, 2006). Entendían el compromiso intelectual y el del escritor
como dos esferas separadas. Para ellos el compromiso político del escritor en
cuanto intelectual, más que en una novela o en un poema, se expresaba en un
manifiesto, en una nota editorial, en un reportaje; en definitiva, se expresaba
más claramente en una revista que además de literatura publicaba ese tipo de
textos. Lo que los comprometía era justamente el hecho mismo de sacar la
revista como un espacio colectivo de acción político-literaria.
Esta forma de concebir el compromiso del escritor y la relación entre
literatura y política se distingue claramente en las notas que Liliana Heker
escribió para el debate con Julio Cortázar.7 Si bien esta polémica fue sostenida

5
Union Carbide Corporation (Union Carbide) es una de las empresas más antiguas (fundada
en 1917) de productos químicos y polímeros de Estados Unidos.
6
Levi Strauss & Co. (Levi’s) es una empresa productora de prendas de vestir, conocida
mundialmente por la marca Levi’s de pantalones vaqueros. Fue fundada en 1852 en Sacramento
(California, Estados Unidos).
7
Esta polémica se originó a partir del artículo de Julio Cortázar “América Latina: exilio y
literatura”, publicado en el número 205 de la revista colombiana Eco en noviembre de 1978, que

225
Federico Iglesias

en términos personales, las afirmaciones y críticas vertidas deben situarse en


el campo ideológico del cual forman parte ambos autores y que expresa “bajo
una forma más o menos transfigurada, la posición de una categoría particular
de escritores en la estructura del campo intelectual, él mismo incluido en un
tipo específico de campo político, que asigna una posición determinada a la
fracción intelectual y artística” (Bourdieu, 2003: 24).
¿Cuál debía ser el rol del escritor que había decidido quedarse en su país? ¿No
era un “privilegio” el exilio para algunos escritores, “privilegio” que la inmensa
mayoría de los argentinos no tenía? ¿Había que callarse y agachar la cabeza o
irse a París para poder expresarse? Estas preguntas sintetizan lo medular del
debate según los términos propuestos por Heker y El Ornitorrinco. Las críticas
de Heker hacia lo que Cortázar había escrito en relación con el compromiso
y con el exilio apuntan fundamentalmente en tres direcciones: a) el punto de
vista de Cortázar y su carácter de exiliado, b) la caracterización de la realidad
cultural durante la dictadura y c) la generalización y dramatización que hace
Cortázar cuando se refiere al exilio de los intelectuales y al rol que estos deben
asumir. Detengámonos brevemente en los últimos dos puntos.
El cuestionamiento de Heker apuntaba hacia la división abstracta y ma-
niquea que hacía Cortázar entre aquellos escritores “que se fueron” y aquellos
“que se quedaron” sin detenerse a evaluar condiciones y situaciones puntuales
en cada caso:
En primer lugar, esto proporciona una coartada y justifica la inacción; si
estamos afuera, el exilio por sí mismo ya supone una “causa” e implica una
“protesta”, ¿para qué intentar algo más? Si estamos en el país, la realidad nos
impone el silencio; nada podemos hacer; sin contar con que “ya cargamos
con nuestra cruz” por el simple hecho de estar acá. En segundo lugar, este
esquema postula implícitamente el congelamiento de la cultura nacional,
su imposibilidad absoluta de desarrollarse en –contra– una nueva circuns-
tancia histórica y, en consecuencia, de incidir sobre esa circunstancia, en
el exterior, la fatalidad misma del exilio impondría la desvinculación con
el proceso cultural argentino, en la Argentina el miedo nos obligaría a la
parálisis (“Exilio y literatura ii”, El Ornitorrinco, nº 10, 1981).

motivó una respuesta tardía de Liliana Heker –“Exilio y literatura”–, publicada en el número 7
de la revista El Ornitorrinco en enero de 1980. La polémica continuó en el número 10, a fines
de 1981, con la publicación de la carta que Cortázar envió como respuesta, acompañada por
una nota de Heker que discutía sus argumentos.

226
Vale más revista literaria en mano que escritor volando

La caracterización de la dictadura que Heker cuestiona a Cortázar tiene que ver


con que, para la autora, este último generalizaba y desconocía la complejidad
del ambiente cultural durante la época, y no reparaba en el hecho de que, aun
en el contexto del terrorismo de Estado, las actividades culturales, así como las
relacionadas con otras esferas de la vida cotidiana, continuaron desarrollándose
a pesar del régimen.
La relación entre política y literatura que sostienen desde El Ornitorrinco
puede apreciarse también en una nota de la sección Marginalia, titulada “Et tu
Brute”, publicada en el número 4 en noviembre de 1978. En la nota se aludía
al existencialismo en general y el compromiso en particular (sic) tomando como
coartada una referencia al match de ajedrez por el título mundial que se jugó
en Baguío en 1978 entre Viktor Korchnoi, un ajedrecista ruso exiliado, y el
por entonces campeón mundial Anatoly Karpov, quien retuvo el título. Si bien
la nota no está firmada, en su estilo se trasluce la pluma de Abelardo Castillo
–un aficionado y apasionado por el ajedrez8– en una crítica a Sartre, quien
había firmado junto a otros escritores una breve misiva en apoyo a Korchnoi,
considerado por el redactor de la nota un pésimo jugador de ajedrez debido a
sus comportamientos y actitudes en partidas anteriores. En este sentido, en la
nota se opta por apoyar a quien se considera que juega mejor, es decir, se co-
loca al ajedrez en cuanto actividad lúdico-intelectual al margen de las disputas
políticas, que en todo caso pueden derivarse del evento y sus circunstancias,
pero no así del juego: “En este match, querido maestro, uno solo está jugando
al ajedrez, y es Karpov”. Esta postura en relación con el ajedrez refleja la misma
posición que la revista sostiene ante la literatura: la autonomía de la obra y el
compromiso del escritor en cuanto sujeto político. De allí la importancia de la
revista literaria para expresar ambas dimensiones.
Si Sartre jamás había sido tan libre como bajo la ocupación alemana,9 el
contexto represivo de la última dictadura militar otorgaba a estos escritores
un sustrato material y un sustento intelectual para publicar la revista en con-
diciones de censura y represión, inscribiéndola en la tradición sartreana de
la que abrevaban. Esto le permitió a la revista ejercer esa ética y esa “libertad
intelectual” que constituía el requisito fundamental que debía cumplir todo
escritor comprometido en los términos sartreanos que este grupo de escritores
reivindicaba.
8
Al respecto ver “El Ajedrez” en Las palabras y los días de Abelardo Castillo (1988).
9
Así comienza La República del Silencio: “Jamás fuimos tan libres como bajo la ocupación
alemana”. En Sartre, Jean-Paul, Situación 3. La República del Silencio, p. 11. Buenos Aires:
Losada, 1960.

227
Federico Iglesias

En síntesis, la autonomía de la obra literaria, es decir, la libre elección


de los temas que toma el escritor para su literatura fue una de las principales
banderas que levantó la revista. Pero a la vez, según la concebían sus directores,
esta debía ser el vehículo a través del cual los escritores, además de practicar el
periodismo literario, se comprometían políticamente poniendo en el espacio
público sus voces en cuanto intelectuales e interviniendo críticamente sobre
diversos temas que excedían el terreno de la literatura. A continuación se ana-
lizarán estas intervenciones revisando cuáles son y cómo se expresan esos temas
extraliterarios en las páginas de la revista.

El Ornitorrinco en su hábitat (“algo así como él


y su circunstancia...”)
En los editoriales puede observarse cómo se filtra la realidad político-cultural
a través de las páginas de la revista. El ambiente de la dictadura no favoreció
la proliferación de debates ni el clima polémico propio de la década anterior.
Sin embargo, esto no significó el silencio y el monólogo, sino la elección de
determinadas estrategias discursivas para intervenir sobre la coyuntura política.
El editorial del primer número de El Ornitorrinco funciona como un ma-
nifiesto de presentación y con él la revista intenta fijar posición en el campo
cultural y literario. Los números 2 y 3 no poseen editorial; en su lugar se publican
notas sobre Jean-Paul Sartre y casi no se encuentran allí menciones a la situación
del país. A partir del número 4 la revista presenta siempre una nota editorial
firmada generalmente por Abelardo Castillo o por La Dirección, salvo las que
firma Liliana Heker en el contexto del debate con Julio Cortázar mencionado
en el apartado anterior. De este conjunto, se analizarán a continuación los que
se consideran los dos ejemplos más contundentes de cómo la revista intervenía
sobre la realidad política en temas trascendentes para la opinión pública como
fueron el conflicto con Chile por el canal del Beagle10 y las denuncias sobre las
violaciones a los derechos humanos y la desaparición de personas.

10
El conflicto del Beagle fue causado por un desacuerdo entre Argentina y Chile sobre la
determinación de la traza de la boca oriental del canal Beagle, que afectaba la soberanía de las
islas ubicadas dentro y al sur del canal, y al este del meridiano del cabo de Hornos y sus espacios
marítimos adyacentes. La intervención del papa Juan Pablo II evitó la guerra y condujo una
mediación que llevó a la firma del Tratado de Paz y Amistad el 29 de noviembre de 1984, que
solucionó el conflicto.

228
Vale más revista literaria en mano que escritor volando

En este sentido, en octubre de 1978, el editorial está dedicado al conflicto


por el canal Beagle. Allí, en un contexto signado por agitaciones belicistas a
ambos lados de los Andes, Abelardo Castillo se preguntaba y respondía:
¿Qué solución podemos dar los intelectuales, suponiendo que el mero
hecho de escribir no nos haga sospechosos de cobardía o deshonra? No
sé. Yo no soy los intelectuales sino uno solo, hablo por mí, y no tengo
soluciones. En cuanto al miedo a la guerra, me gustaría tenerlo (más
bien es repulsión, si he de ser franco) y poder inculcárselo a todos mis
compatriotas, sobre todo a ciertos héroes verbales que por su condición,
senilidad o ineptitud mental, arden de coraje cuando quienes marchan a
hacerse matar son otros. Espero que nadie me acuse de minar la moral de
nuestros ejércitos. Confieso que también me gustaría desmoralizar a los
valerosos cruzados chilenos. Porque una cosa sé. Las islas y el mar no serán
ni más ni menos nuestros por más que matemos o nos maten. Si asesinar
gente diera la razón, la tierra estaría quieta en medio del sistema solar, o
Caín, bien mirado, no habría hecho más que demostrar un teorema (El
Ornitorrinco, nº 4, 1978: 5).

La pregunta con la que Castillo abre la frase transcripta hace referencia al dis-
curso militarista y patriotero del régimen cívico-militar, y encuentra ecos en la
postura que expresaba el antiintelectualismo (Gilman, 2003) en el debate que
tuvo lugar a fines de los años sesenta sobre el rol del intelectual y la militancia
revolucionaria (otrora parteaguas de la “familia intelectual latinoamericana”).
En el contexto en el que se escribe ese editorial, tal “cobardía y deshonra” re-
fiere claramente al discurso bélico instalado desde el Estado. Asimismo, puede
leerse entre líneas una crítica al régimen dictatorial en la denuncia del asesinar
gente para tener razón, en alusión a su política represiva. En otro fragmento, al
comienzo del mismo editorial, Castillo escribe:
Y de pronto se instaló entre nosotros, plena de náusea, como una de esas
garrapatas que viven meses y meses adheridas a un animal y se hinchan hasta
reventar. Guerra. Ahí está, y ahora, siendo escritores deberíamos ser muy
hábiles para fingir que este asunto no concierne al ejercicio de las letras.
Hay que escribir que tanto en Chile como en la Argentina existen quienes
están materializando, con hechos, lo que hasta ayer fue una palabra (ibíd.).

¿Hablaba solo de la posible guerra entre Argentina y Chile o podía leerse una
alusión a las dictaduras de ambos países? ¿Qué era lo que se había instalado
en ambas sociedades si no cierto estado de guerra contra la sociedad? ¿Qué

229
Federico Iglesias

significaba si no la militarización de la vida cotidiana de miles de personas en


la Argentina a través del constante patrullaje y presencia militar en fábricas,
escuelas, universidades, etcétera? El juego que propone el editorial es denunciar
la situación concreta de un conflicto entre ambos países, a la vez que construye
una metáfora para referirse al carácter de los regímenes dictatoriales que los
gobernaban. Que el imaginativo lector arme la metáfora.
Unos años más tarde, en 1981, en un contexto signado por la crisis política
de la Junta Militar, el editorial del número 9, dedicado al tema de los derechos
humanos y el otorgamiento del Premio Nobel de la Paz a Adolfo Pérez Esqui-
vel, se permite un tono más opositor y frontal. Allí se compara lo que hasta
ese momento había sido la “cuestión nacional” en la que se había convertido
la posible entrega del Premio Nobel de Literatura a Borges, que había tenido
en vilo al país, con la reacción del gobierno y la opinión pública oficial ante la
entrega del Premio Nobel de la Paz a Pérez Esquivel, que el gobierno militar
relacionaba con la supuesta campaña para destruir la imagen de la Argentina:
Ese día, Adolfo Pérez Esquivel, recibió un Premio Nobel. Pero era un
premio perverso. Nadie consideró lo civilizado que éramos ahora con
un Premio más. La valoración cuantitativa quedó de lado; de pronto el
Premio Nobel se había vuelto personal e insultante. Y esta actitud es la
que oficialmente adoptó el país (El Ornitorrinco, nº 9, p. 3, destacado
en el original).

En ese mismo número, que se abre con un texto de la poeta Denise Levertov
titulado “Muertes”,11 se reproducen las solicitadas aparecidas en los diarios en
agosto y diciembre de 1980, que reclamaban la publicación de las listas de
desaparecidos e información sobre su paradero. En las páginas siguientes a la
solicitada, se publica un cuento de Dino Buzzati titulado Están prohibidas las
montañas, que funciona como una clara alegoría al ambiente dictatorial.12 En
la sección de inéditos y cuentos se publica un capítulo inédito (el 126) de Ra-
yuela, de Julio Cortázar, uno de los escritores prohibidos durante la dictadura.

11
La poeta norteamericana Denise Levertov desarrolló durante las décadas del sesenta y setenta
una intensa actividad política dentro del movimiento feminista y de izquierda, sobre todo a partir
de la guerra de Vietnam. La política y la guerra tuvieron mucha presencia en su obra poética.
12
Están prohibidas las montañas es un cuento fantástico de Dino Buzzatti. Transcurre en una
comunidad italiana donde por razones misteriosas están prohibidas las montañas. No se puede
mirar hacia el lado de la montaña, ni se puede hablar de la montaña, ni se puede pronunciar la
palabra “montaña”. Entonces se crea un enorme clima de clausura, de prohibición, de desconfianza
y sospechas incluso entre un grupo de amigos que comparten una conversación durante el cuento.

230
Vale más revista literaria en mano que escritor volando

Paradójicamente o, mejor dicho, expresando las transformaciones y rupturas


mencionadas anteriormente, en esa edición también se publica el aviso del
certamen Coca-Cola en las Artes y en las Ciencias aparecido en el número
7 de enero de 1980, ocupando nuevamente la totalidad de la última página.
En este sentido, la revista apeló a lo que Arnaud Rommens denominó una
estrategia de “camuflaje cultural”. Se trata de una suerte de “contracensura” que
revela o anticipa la censura externa de la que es pasible la obra: se dirige al lector
para sugerirle que tiene ante sus ojos una página “en sordina”, por lo que debe
descifrar y recuperar posibles significados subversivos. Al respecto Rommens
afirma que “el lector, en tanto que participante, es invitado a descifrar ‘niveles’
ocultos, y lleva a cabo un acto potencialmente subversivo y que le da poder al
intentar leer buscando significados ocultos que perturben el engañoso discurso
inequívoco del régimen” (Rommens, 2005: 5). El modo de imbricación de estos
“niveles ocultos” es la clave para comprender la significación que asume la revista
en su contexto de publicación en cuanto estrategia para escapar de la censura
y buscar espacios de expresión en los que manifestar oblicua y sinuosamente
diferentes grados de oposición y disidencia al régimen militar.

Conclusiones

La existencia de revistas como El Ornitorrinco probaría las dificultades del


régimen dictatorial para detener la totalidad del movimiento cultural. De esta
manera, determinados escritores lograron un espacio y una palabra públicos
claramente permitidos en esos años (Ollier, 2009). Esos espacios, sin embargo,
no fueron permitidos a priori, sino que el mismo hecho de abrirlos representó
para esos escritores un acto de libertad en un contexto represivo que implicó
al menos correr un riesgo importante, en un panorama cultural censurado,
golpeado y vigilado.
En este sentido hay que entender la posibilidad de existencia de la revista en
el cruce de tres coordenadas: en primer lugar, como impulso creativo del grupo
de escritores que llevaron adelante la revista en un contexto por lo menos hostil;
en segundo lugar, en relación con el grado de masividad y peligro potencial de
la revista en cuanto discurso público frente a otros medios tan poderosos como
la prensa masiva, el cine o la televisión, que sin dudas fueron los principales
objetivos de la censura. En este sentido, la revista circuló en “subcircuitos de
recepción cultural”, según la denominación de Nelly Richard (2007), que si
bien contribuyen a disminuir su impacto social, a la vez la ponen relativamente

231
Federico Iglesias

a salvo de la censura oficial. Y en tercer lugar, en relación con el prestigio –en


términos de posicionamiento dentro del campo literario– que Castillo y Heker
adquirieron cada vez más desde los años sesenta, y que pudo haberles otorgado
cierto respaldo político para publicar y sostener la revista en un contexto tan
difícil. Respaldo político por su notoriedad y reconocimiento internacional y
por el hecho de que Abelardo Castillo escribió y publicó en el contexto del
Mundial de 1978 una serie de notas en el diario La Opinión, que la dictadura
había expropiado al periodista Jacobo Timerman en 1977.
¿Produjo El Ornitorrinco una especiación, es decir, las transformaciones con
respecto a sus antecesoras significaron una diferenciación suficiente como para
convertirse en una nueva especie? ¿O las transformaciones fueron superficiales
y solo para sobrevivir en el nuevo hábitat represivo? ¿Se trató de una revista de
la “resistencia cultural”? ¿O se trató de un caso de despolitización y abandono
de la beligerancia política? Estas preguntas condensan lo sustancial del debate
producido en torno a la significación histórica y cultural de la revista.
En uno de los pocos trabajos que se ocuparon de analizar los editoriales de
El Ornitorrinco, José Luis De Diego (2001) observa contradicciones y caracte-
rizaciones de la revista que la sitúan en una posición de “retirada de la política”
abandonando el ideal del compromiso sartreano pregonado insistentemente por
Castillo en sus revistas. Para este autor, el carácter inarticulado de la estructura
de El Ornitorrinco se expresa en los “supuestos ideológicos” que exhibe en sus
páginas. El análisis que hace De Diego comienza afirmando que la revista pa-
rece abandonar el ideal del compromiso sartreano refiriéndose a un fragmento
del primer editorial que decía poner lo estético en literatura, por encima de cual-
quier otra valoración y deduciendo de esa afirmación que “los nuevos tiempos
parecen haber modificado el imperativo sartreano de quince años atrás” (De
Diego, 2001: 121), lo que conduciría a la revista a un lenguaje hermético o
críptico. Pero más adelante, luego de revisar varios editoriales sostiene que El
Ornitorrinco expresa cierto voluntarismo de “fe sesentista” por su “machacona
fidelidad al compromiso sartreano”, lo que le daría un carácter “anacrónico”,
ya que “no se planteaban empezar a pensar de nuevo a partir de la derrota” y a
revisar las categorías de los sesenta y setenta que habían empezado a ser puestas
en cuestión, en alusión al proyecto de Punto de Vista, la revista dirigida desde
1978 por Beatriz Sarlo, que ha sido considerada una publicación fundamental
de actualización teórica, de difusión y producción de debates culturales, de
historia de las ideas y de los intelectuales.
Eso “anacrónico” que percibe De Diego no es sino la estrategia que elige
El Ornitorrinco para posicionarse en el espectro cultural de la dictadura an-

232
Vale más revista literaria en mano que escritor volando

clándose en sus predecesoras: “Hay que comprometerse, como decíamos ayer”


(editorial, El Ornitorrinco, nº 4, 1978). Este tipo de actitud le habría permitido
a la revista filtrar y sostener algo de ese capital simbólico y discursivo de los
años sesenta que la dictadura se proponía silenciar. A medida que la situación
política fue transformándose, el régimen debilitándose y por ende la censura
disminuyendo, las páginas de la revista funcionaron como voces de denuncia
y fueron acompañando e incentivando la recuperación de nuevos espacios
discursivos y fortaleciendo los existentes.
Paradójicamente el “anacronismo” que según De Diego sostiene El Ornito-
rrinco se hará aún más notorio durante los primeros años de la recuperación de
la democracia. En esa situación la revista parece perder su razón de ser, puesto
que las nuevas condiciones que inauguraba la transición democrática, con su
lectura de corte abrupto y condena de las prácticas y marcos enunciativos de los
setenta (Vezzetti, 2002), parecían exigir otra mutación en la especie que creara
un ejemplar apto para la vida en ese nuevo medio ambiente político-literario.
En este sentido, resulta interesante constatar que aunque de manera irregular
y sin una periodicidad constante, en la dictadura aparecieron, entre 1977 y
1983, 11 números de El Ornitorrinco, mientras que en los años de la transi-
ción democrática se publicaron solo 3 números, entre 1983 y 1986 cuando la
revista deja de salir.
Está claro que la publicación de una revista literaria no constituye per se un
acto de resistencia cultural. Pero lo que no es fácil determinar es qué elementos
probarían y darían el carácter de resistencia a una revista literaria publicada en
un contexto tan particular. Llevando la cuestión a un extremo, quizás podría
impugnarse la noción de “resistencia” para referirse a tales experiencias y refe-
rirse a ellas en términos de oposición o disidencia, que representarían un grado
menor de enfrentamiento con el régimen militar.
De esta manera, plantear la cuestión de la publicación de El Ornitorrinco
en términos de resistencia implica asumir una serie de presupuestos con res-
pecto a la función que la revista desempeñó en el campo cultural. El primero
de estos presupuestos refiere a la propia mirada de los actores que la llevaron
adelante, refrendada por una tradición literaria de ubicarla como un referente
de la resistencia cultural durante la dictadura. Es por tanto necesario despegarse
de esa mirada para problematizar el concepto de resistencia y analizar la publi-
cación de la revista desde una perspectiva histórica. Por otro lado, y desde un
punto de vista teórico, plantear la cuestión en términos de resistencia implica
también asumir una conceptualización del término: ¿se trató de un intento
de combatir al régimen militar en el meollo, en su esencia y en su totalidad?;

233
Federico Iglesias

en suma, ¿se planteó la resistencia en sentido “fundamentalista” a través de sus


páginas? Está claro que no. De lo que se trató fue de generar conflictos desde un
espacio amplio que buscaba algún efecto cuestionador de diferentes facetas del
régimen militar, a la vez que generar o sostener un espacio para la publicación
de literatura y la promoción de escritores jóvenes o inéditos. De este modo, para
escapar a los enfoques dicotómicos de tipo resistencia/adaptación, propongo
hacer hincapié en los conflictos y matices que se ponen de manifiesto en las
prácticas políticas y literarias de la revista, así como en los efectos culturales y
políticos, de ese intento de la revista de articular un espacio de autonomía y
oposición al régimen militar.
Por último, y a modo se síntesis, la tríada retirada, camuflaje y resistencia
puede pensarse como diferentes aristas de la trayectoria de El Ornitorrinco:
fue el último ejemplar de las revistas mencionadas, y por lo tanto representó
una retirada de escena de ese tipo de publicaciones; por otro lado, para poder
sobrevivir debió camuflarse con un discurso oblicuo y metafórico para construir
espacios de expresión alternativos. Y por último, al sostener dicha publicación,
se encomendó la tarea de resistir, es decir, de afrontar el embate cultural de la
represión, generando un discurso crítico en sus editoriales y notas, así como
espacios para la publicación literaria en sus páginas.

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237
Los organismos de derechos humanos
y la denuncia por las desapariciones
en la temprana transición democrática
El caso del cementerio de Grand Bourg

Juan Gandulfo

Era mayo de 1976 y la represión emprendida por la dictadura militar se


encontraba en su punto más álgido. Faltaban pocos minutos para las dos de
la madrugada del día 25 y, en el barrio de Flores, Miguel Ángel Sosa, joven
sindicalista, diligenciador judicial y militante del Peronismo de Base, se en-
contraba descansando junto a su esposa y sus hijos de tres y ocho años cuando
un grupo de jóvenes irrumpió violentamente en la casa de la familia portando
armas largas y con los rostros semicubiertos (solo algunos tenían su rostro des-
cubierto, uno de ellos con boina y abundante barba). Secuestraron a Miguel
Ángel y huyeron en un Torino gris y en otro auto que la esposa de Sosa no
llegó a identificar. Horas después, ella misma acudió a la comisaría de Flores a
denunciar el secuestro. Tanto ese trámite como los habeas corpus que presentó
la familia de ahí en más fueron respondidos negativamente. Alrededor de las
ocho de la noche de ese mismo 25 de mayo, empleados de seguridad de una
fábrica ubicada sobre la vera del río Reconquista, en la localidad bonaerense de
Bella Vista, divisaron un cuerpo, aparentemente sin vida, al lado de un puente
cercano al establecimiento y dieron aviso a la comisaría local. La policía acu-
dió al lugar y realizó el procedimiento habitual en esos casos: constató que la
víctima se hallaba sin vida, tomó fotografías, realizó un croquis del lugar, tomó
impresiones digitales del cadáver, ordenó trasladarlo a la morgue más cercana
para que se realizara la correspondiente autopsia y dio aviso de todo ello al juez
de turno. El médico de la policía corroboró que el cuerpo del difunto tenía

239
Juan Gandulfo

signos de violencia y concluyó que había muerto de un golpe en el parietal


izquierdo. Pocos días después, la Policía Federal notificó que las copias de las
huellas dactilares remitidas correspondían a Miguel Ángel Sosa, detenido en
1969 por portación de arma de fuego. El comisario de Bella Vista mandó dos
pedidos a la comisaría de Flores para que se notificara a la familia, pero nun-
ca fueron respondidos. A partir de allí, el juez estableció que se procediera a
inhumar el cadáver y cerró el expediente. El cuerpo de Sosa fue enterrado en
el cementerio de Grand Bourg, ubicado en las cercanías de Campo de Mayo,
que se había inaugurado durante ese mismo mes.
Al igual que Miguel Ángel Sosa, en el marco del terrorismo de Estado nu-
merosos desaparecidos fueron enterrados como muertos anónimos en distintos
cementerios del país. Un año antes del final de la dictadura militar, en octubre
de 1982, los organismos de derechos humanos denunciaron esta situación. La
presentación fue hecha por el Centro de Estudios Legales y Sociales, organismo
surgido entre los años 1978 y 1979 a instancias de un grupo de miembros de
la Asamblea Permanente Derechos Humanos (apdh).1 Se debe enmarcar esta
iniciativa en el contexto que se abre luego de la derrota en la guerra de Malvinas.2
El fracaso de la iniciativa de ocupación de las islas del Atlántico sur profundizó
los conflictos dentro de las Fuerzas Armadas y dio paso a la intensificación de
los cuestionamientos que el gobierno venía recibiendo por parte de la sociedad
en materia política, social y económica. Hasta ese momento, el discurso oficial
había sido hegemónico, proponiendo una lectura de la represión política en
clave de guerra y refiriéndose a los crímenes cometidos como los “excesos”
propios de las contiendas armadas (Landi y González Bombal, 1995). Luego
de la guerra de Malvinas, ese discurso entró en crisis y ganaron lugar otros
relatos de lo acontecido durante el auge represivo, como el que desplegaron
los organismos de derechos humanos en su denuncia contra el régimen militar
por la desaparición de personas.
El objetivo de este trabajo consiste en estudiar cómo estos grupos impulsa-
ron el activismo político en la temprana transición (junio de 1982-diciembre de

1
Los objetivos que se propuso el cels apuntaban a: iniciar y seguir acciones judiciales individuales
que crearan jurisprudencia y funcionaran como casos testigo; crear un centro de documentación
y la realización de trabajos de investigación que permitieran difundir explicaciones sobre la
racionalidad del tipo de represión diseñado y ejecutado por las Fuerzas Armadas, y la búsqueda
abierta de solidaridad internacional de gobiernos e instituciones (Basualdo, 2011; Bruschtein,
2002).
2
Se suele considerar que en la Argentina la transición a la democracia comienza con la derrota en
la guerra de Malvinas. Para un repaso de la bibliografía que discute esta cuestión, ver Mazzei, 2011.

240
Los organismos de derechos humanos y la denuncia por las desapariciones...

1983), en busca de reponer las disputas discursivas entabladas en esa coyuntura


en la que comienzan a ganar lugar versiones de los hechos que diferían del
discurso oficial. Argumentaré que, a través de la denuncia por el cementerio de
Grand Bourg, los organismos de derechos humanos configuraron un discurso
que, apelando a presentaciones en la justicia, planteaba la responsabilidad de
las Fuerzas Armadas en acciones que partiendo de la desaparición de personas
culminaban en su enterramiento como cadáveres sin identificar en cemente-
rios. Por su parte, los militares consideraron esas acciones de denuncia desde
la óptica de la “guerra antisubversiva” y sostuvieron que los “cadáveres NN”
hallados en los cementerios correspondían a personas “indigentes”.3 El artículo
se centrará en analizar el caso del cementerio de Grand Bourg.4 Este tuvo una
relevancia particular, ya que fue la primera denuncia de este tipo que los or-
ganismos de derechos humanos presentaron ante la justicia. Los abogados del
cels centraron su esfuerzo en buscar que esta causa avanzara y, de este modo,
impulsar las presentaciones que a partir de allí se hicieron por casos similares
en otros cementerios.5
Se considera que la emergencia de la conformación del movimiento por
los derechos humanos, tanto como la difusión social de sus denuncias no fue
el producto lógico y esperable de la represión dictatorial. A diferencia de los
trabajos que terminan naturalizando la acción de estos activistas, entendemos
que su articulación como movimiento social y la difusión de sus reivindicacio-
nes fueron resultado de un proceso contingente que, como tal, podría haber
fracasado (Barros, 2008; Tiscornia, 2007; Jelin, 1995). En ese sentido, este
trabajo se propone contribuir al conocimiento de las características de dicho
proceso de lucha política.
Se considera, en la línea de otros trabajos, que los expedientes judiciales no
son meros actos administrativos, sino que son la tecnología donde se plasman
los procesos de la justicia, entendida como un espacio social en el que se de-
sarrollan disputas políticas y de poder (Barrera, 2012; Sarrabayrouse Oliveira,

3
La designación NN proviene de la expresión latina nomen nescio que significa “sin nombre”, y
es la forma oficial de nominar a una persona de la que se desconoce la identidad.
4
En mi tesis de maestría he analizado el expediente judicial del caso del cementerio de Grand
Bourg entre 1982 y 1987 (Gandulfo, 2014).
5
En las semanas posteriores a la presentación por Grand Bourg, se denunciaron casos similares
en otros cementerios: La Plata, Lomas de Zamora, Villegas (en San Justo), Morón, Claypole,
Magdalena, Luján, Chacarita, Mar del Plata, Necochea y San Vicente (Córdoba), y en la
Morgue Judicial. Ver Clarín, 29/10/1982, 31/10/1982, 3/11/1982, 10/11/1982, 11/11/1982,
12/11/1982.

241
Juan Gandulfo

2011; Tiscornia et a.l, 2010; Tiscornia, 2008, 2004; Kant de Lima, 1994, entre
otros). Al mismo tiempo, se concibe la justicia como un espacio estratégico de
legitimación de discursos sociales sobre acontecimientos históricos. Además
del expediente del caso de Grand Bourg, se ha utilizado documentación del
gobierno militar hallada recientemente en poder de la Fuerza Aérea.6 También
se utilizó documentación del Archivo del Centro de Estudios Legales y Sociales
y prensa gráfica del período. En primer lugar, se reconstruirá brevemente cuáles
eran las principales informaciones que los miembros del movimiento por los
derechos humanos tenían sobre el entierro de desaparecidos como NN en el
momento de la denuncia de Grand Bourg. En segundo lugar, se analizará el
discurso difundido por los organismos de derechos humanos en torno a la de-
nuncia por el hallazgo de cadáveres sin identificar en el cementerio de Grand
Bourg. Y por último, se examinará la posición asumida por el gobierno militar
frente a dicha denuncia.

Qué se sabía de los entierros de desaparecidos en cementerios

Desde un comienzo, una de las dificultades a las que se enfrentaron los fami-
liares de los desaparecidos fue la falta de información. Como afirma Elizabeth
Jelin (en prensa), “la represión clandestina e ilegal creaba confusión, ya que
no había información certera sobre lo que estaba sucediendo. En ese contexto,
se expresaba la urgencia de verdad, de saber qué había ocurrido, y el deseo de
reaparición de la víctima (o de su cuerpo)”. En efecto, “en un primer momento,
el reclamo central se concentraba en buscar información sobre el destino de
los/as detenidos-desaparecidos/as. ‘Vivos o muertos’ es una de las consignas
que agitaron en los primeros años las Madres de Plaza de Mayo” (Jelin, en
prensa). Frente a esa situación, y como parte de una de las diversas iniciativas
de búsqueda, en el transcurso de 1977, dos miembros de Abuelas de Plaza de
Mayo, María Isabel Chorobik de Mariani, Chicha, y Alicia Zubasnabar de De la
Cuadra, Licha, comenzaron a visitar el cementerio de La Plata bajo la presunción
de que ese podía ser uno de los destinos de las personas que desaparecían por ese
entonces. Adelina Dematti de Alaye, madre de Plaza de Mayo, narra que “con
6
En octubre de 2013, en el edificio Cóndor de la Fuerza Aérea, fueron hallados documentos
militares que comprenden las actas de las reuniones realizadas por la Junta Militar entre 1976 y
1983 y otros documentos internos de la Fuerza Aérea, todos de carácter secreto. Los documentos
se encuentran, en parte, disponibles en www.archivosabiertos.com.ar. El Fondo completo está
abierto a la consulta pública en la Biblioteca de la Fuerza Aérea.

242
Los organismos de derechos humanos y la denuncia por las desapariciones...

la excusa de ir a llevar una florcita, iban con una libretita y anotaban las tumbas
NN” (Indymedia Derechos Humanos, 2014). Esa fue la primera búsqueda,
en este sentido, de la que tenemos registro y que se conecta con una posterior.
En base a las inquietudes planteadas por los organismos, la Comisión Inte-
ramericana de Derechos Humanos (cidh), que visitó el país en septiembre de
1979, realizó indagaciones sobre el entierro irregular de víctimas de la represión
en cementerios.7 En su informe, publicado en abril de 1980, la Comisión relata
su visita al cementerio de La Plata y detalla que, de la verificación del libro de
registro, se desprende que durante los años que van de 1976 a 1979 existió
un número apreciable de personas enterradas bajo la denominación NN, en
su mayoría jóvenes de entre 20 y 30 años, muchos de los cuales habían falle-
cido por “estallido de masa encefálica producido por proyectil de arma fuego”
(Comisión Interamericana de Derechos Humanos, 1980). Sin embargo, es
necesario aclarar que el gobierno de facto prohibió la circulación del informe
en el país y solo tuvieron difusión pública sus conclusiones.
Por su parte, en febrero de 1981, la familia de Miguel Ángel Sosa –cuyo
caso narramos al comienzo– recibió una notificación del Ministerio del Inte-
rior, oficina en la que oportunamente habían realizado una denuncia (Revista
Movimiento, 1982). Se les comunicaba la existencia de una causa judicial por
el “homicidio” de Miguel Ángel en los Tribunales de San Martín. No sabemos
si esta comunicación, tanto tiempo después de aquel acontecimiento, se debió
a algún tipo de activación sobre estos casos luego de la visita de la cidh, pero
es una posibilidad. La familia de Sosa buscó y logró acceder al expediente, en
el que constató que su cuerpo había sido inhumado en el cementerio de Grand
Bourg. Inició entonces los trámites para la exhumación y la confirmación de
la identidad del cuerpo. Cuando esto tuvo lugar, a través de charlas con los
sepultureros, los familiares de Sosa se enteraron de que en ese cementerio ha-
brían sido enterrados muchos otros desaparecidos, probablemente cientos. En
febrero de 1982 esta situación fue comunicada por los Sosa a los organismos
de derechos humanos.8 De este modo, los activistas humanitarios disponían
de algo más que indicios de entierros irregulares, tenían una causa judicial que

7
Guadalupe Basualdo (2011) reconstruye cómo las actividades en la Comisión fueron planificadas
a través de reuniones previas de sus miembros con los organismos de derechos humanos,
principalmente a partir de una serie de viajes a Estados Unidos realizados por el entonces
presidente del cels, Emilio Mignone.
8
Juan Antonio Sosa, hermano de Miguel Ángel, contó en una entrevista: “Yo puse, en febrero
[de 1982], en conocimiento de esto a las distintas organizaciones de derechos humanos, a las
que anteriormente había hecho saber la desaparición de Miguel Ángel. Seguramente ellos habrán

243
Juan Gandulfo

probaba que un desaparecido había sido enterrado como NN y ello ocurría en


un cementerio donde se estimaba que había muchos otros que habían corrido
la misma suerte.

La denuncia de los organismos: vincular los entierros


de desaparecidos con las Fuerzas Armadas
Hacia la segunda mitad del año 1982, los organismos de derechos humanos
probablemente hayan considerado el hecho de que la justicia se estaba mostran-
do más receptiva frente a denuncias que comprometían al gobierno.9 Frente a
esa situación, el día 22 de octubre, miembros de los organismos de derechos
humanos, patrocinados por el cels, denunciaron el hallazgo de cientos de
cadáveres sin identificar que corresponderían a detenidos-desaparecidos en el
cementerio parque de Grand Bourg.10 Los firmantes de la presentación eran seis
padres de desaparecidos quienes, a su vez, eran miembros de distintos organis-
mos de derechos humanos.11 De este modo, se buscaba que los denunciantes
representaran de forma amplia al movimiento.12
La noticia fue difundida por los medios gráficos y ocupó la tapa de los
principales periódicos. Durante los primeros años de la dictadura, cientos de
detenidos-desaparecidos eran asesinados y abandonados en la vía pública. La
prensa reproducía la versión policial de los hechos brindando escuetas infor-
maciones: el lugar del hallazgo, la cantidad y el género de los cadáveres y la
causa física de la muerte (por lo general, herida de bala).13 Destaca Schindel

considerado la oportunidad de hacerlo público” (Revista Movimiento para la Revolución Nacional


y Popular, 1982).
9
Por esas semanas las circunstancias de las investigaciones judiciales por las desapariciones de
Hidalgo Solá y de Elena Holmberg, ambos ex funcionarios de la dictadura, tuvieron una fuerte
difusión en la prensa (Clarín, La Nación y La Prensa, octubre y noviembre de 1982).
10
La presentación fue realizada en la justicia penal de San Martín, dependiente del Poder Judicial
de la provincia de Buenos Aires, y fue tramitada por el Juzgado en lo Penal 4, a cargo de Hugo
Gándara (Causa 10936).
11
Emilio Mignone, Augusto Conte, Alberto Acosta –todos ellos del cels–, Graciela Fernández
Meijide –de la apdh–, Sofía Epelbaum –de Madres de Plaza de Mayo– y Mabel Penette de
Gutiérrez –de Familiares de Desaparecidos y Detenidos por Razones Políticas–.
12
Sarrabayrouse Oliveira (2011) reconstruyó cómo en el caso de la Morgue Judicial, iniciado
por el cels semanas después de Grand Bourg, se utilizó esa estrategia.
13
“Hallan dos cadáveres acribillados en Villa Soldati y en La Boca” (La Prensa, 5/7/76); “Hallan
dos cadáveres carbonizados en Formosa” (Clarín, 3/6/76); “Halláronse los cadáveres de cinco

244
Los organismos de derechos humanos y la denuncia por las desapariciones...

que “no había comentarios, mediaciones o reelaboraciones” por parte de la


prensa (2012: 169). A estos casos se sumaban aquellos en los que las Fuerzas
Armadas informaban que “subversivos” habían sido “abatidos” o “caídos” en
enfrentamientos militares (Schindel, 2012). Respecto de estas situaciones, el
tratamiento de la prensa también apelaba a reproducir la versión oficial sobre
los supuestos enfrentamientos. Sin embargo, ahora la noticia sobre cadáveres
no identificados era incluida en una trama discursiva muy diferente. El discurso
que ganaba un espacio preponderante en las páginas de los periódicos era el
de los organismos de derechos humanos. Tanto la denuncia por Grand Bourg
como varios de los comunicados de prensa emitidos ante esta situación por
los organismos fueron reproducidos casi integralmente por los diarios o eran
tomados como fuente de información.14 La posición de los activistas atribuía a
esos cuerpos una identidad particular que era la de los detenidos-desaparecidos.
Más allá de que la prensa se mostraba dispuesta a difundir la versión de los
organismos de derechos humanos, los activistas se movilizaron para denunciar
dicha situación excediendo el espacio de los tribunales. Al día siguiente de la
presentación judicial, alrededor de cien activistas concurrieron al cementerio de
Grand Bourg y los periódicos que cubrieron este acontecimiento expresaron que
“los familiares protagonizaron escenas de gran dramatismo mientras intentaban
obtener algún indicio para individualizar las tumbas” (Clarín, 24/10/1982).
Por su parte, una delegación de aproximadamente doscientos miembros de
los organismos se movilizó para pedir explicaciones al intendente de General
Sarmiento, el radical José Lombardo, quien los recibió en el Palacio Munici-
pal, y participaron de una audiencia pública reproducida ampliamente por la
prensa (Clarín, La Nación y La Prensa, 26/10/1982). A su vez, más de dos mil
manifestantes marcharon desde la Plaza del Congreso hasta la Plaza de Mayo
y entregaron un petitorio en la Casa de Gobierno afirmando que “ante el grave
descubrimiento de tumbas irregulares en el cementerio de Grand Bourg, una vez
más la respuesta del gobierno fue un silencio ominoso” (Clarín, 29/10/1982).
Y reclamaron al Ejecutivo que se expidiera “con la mayor urgencia respecto del
hallazgo de fosas NN, entre las cuales fue encontrado el cadáver de un joven
detenido-desaparecido en mayo de 1976” (Clarín, 29/10/1982).

hombres asesinados” (La Nación, 5/4/76). Archivo del cels, Serie Víctimas, Corpus “Aparición
de Cadáveres”.
14
A modo de ejemplo, puede mencionarse la difusión de la denuncia por Grand Bourg. La noticia
del diario Clarín reproduce casi textualmente el texto de la denuncia (Clarín, 23/10/1982). Ello
se repite en distintos días, con matices, en los distintos periódicos.

245
Juan Gandulfo

En concreto, el escrito presentado por los abogados del cels sostenía que
por testimonios recibidos de personas que concurren al lugar, vecinos
y empleados, hemos sido informados y constatamos […] existen por
haberse inhumado durante el período comprendido entre los años 1976
(mes de mayo) a fines de 1979 aproximadamente 400 cadáveres en un
área perfectamente determinada y conocida como el “sector de los NN”
[…] Dichas inhumaciones se realizaron en horas nocturnas y los cadáveres
eran transportados en vehículos pertenecientes a las fuerzas de seguridad,
debiendo el personal trabajar de noche, en tandas de seis o siete por noche
(Causa 10936, fs. 1).

Además de los testimonios, la denuncia presentaba como elemento de prueba


un trámite judicial radicado en los mismos juzgados de San Martín afirmando
que, en los libros de la administración del cementerio, no fue registrado el
nombre de un cadáver que había sido identificado, que era el de Miguel Ángel
Sosa. Detallaba en ese sentido,
Que el caso corresponde a un ciudadano que fuera secuestrado por las
fuerzas denominadas de seguridad en mayo de 1976 y figuró como “des-
aparecido” hasta 1981 no obstante su identificación en sede judicial y los
reiterados habeas corpus [presentados]” (Causa 10936, fs. 2).

Por todo ello, concluía que “es fácil presumir […] que se trata de un cemen-
terio donde pueden encontrarse cadáveres de personas ‘desaparecidas’ durante
el período 1976/79” (Causa 10936: fs. 2).
La “presunción” de los abogados del cels tenía que ser corroborada por
el juez y en caso de comprobarse las irregularidades planteadas deberían de-
terminarse las responsabilidades. En este sentido, la denuncia solicitaba que
se proceda a investigar la identidad de los sepultados, determinando el Ente
que dispuso en cada caso la inhumación como así también si dispusieron
en dicha medida conforme lo determinan las disposiciones legales vigentes
[…], y en caso de no ser así, que se investigue el INCUMPLIMIENTO
DE LOS DEBERES DE FUNCIONARIO PÚBLICO y otros delitos
que pudieran ser investigados (Causa 10936, fs. 2).15

El escrito de los abogados del cels, por un lado, establece vínculos directos entre
las “fuerzas de seguridad”, los secuestros y los entierros irregulares, basándose

15
Las mayúsculas son del original.

246
Los organismos de derechos humanos y la denuncia por las desapariciones...

en testimonios y documentos judiciales, y por otro lado, plantea un delito


bastante leve y poco específico como era el “incumplimiento de los deberes de
funcionario público”. Este no es considerado un delito grave y contempla penas
leves –un máximo de dos años de prisión–. Su elección probablemente se haya
vinculado con el objetivo del cels de priorizar el avance de la investigación y la
acumulación de pruebas, y evitar que una acusación más directa a las Fuerzas
Armadas pudiera implicar impugnaciones o que la causa fuera derivada a la
Justicia Federal o a los Consejos de Guerra Estable que el gobierno militar había
puesto en funcionamiento a partir de 1976 (Mignone, 1991: 100-101; Memoria
Abierta, 2010: 44-45).16 Por otra parte, tampoco se tenían datos concretos de
las fuerzas que habían podido intervenir como para hacer imputación.
El juez a cargo de la causa, Hugo Gándara, tomó rápidamente algunas
medidas de investigación y reconoció ciertas irregularidades en los libros de
registros del cementerio que vincularían los entierros irregulares con las Fuerzas
Armadas.
El Juzgado se constituyó en la administración del cementerio y procedió
al secuestro del libro de asientos de inhumaciones de cuyas constancias
resulta que se encuentran asentadas 156 inhumaciones bajo la designa-
ción NN, se observa junto a esta designación en 31 casos se ha asentado
la leyenda “enfrentamiento Militar” o “enfrentamiento Ejército” u otra
similar (Causa 10936, fs. 16).17

A partir de esta constatación, el juez consideró que la “vinculación inmediata” de


las “fuerzas de seguridad” en el caso involucraba “intereses nacionales”, situación
que envolvería a la Justicia Federal, y decidió declararse “incompetente”.18 En
la práctica, esta medida era un modo frecuente de los magistrados de apartarse
de expedientes que podían resultar comprometedores (Gandulfo, 2014). La
Cámara de Apelaciones, sin embargo, tomó como válida la apelación presentada
por el fiscal, quien planteó que no podía darse por probada “la intervención

16
La propia Cámara de Apelaciones planteó que, de surgir otros delitos en el transcurso de la
investigación, el trámite podría ser derivado a los “más excepcionales tribunales militares” (Causa
10936, fs. 26 y 27).
17
Pueden verse los trascendidos de la acción judicial en la prensa gráfica del día 29/10/1982.
18
En el Código de Procedimiento Penal se define como “cuestiones de competencia” los aspectos
que definen qué juez o tribunal debe intervenir en una determinada situación. Ellos son, por un
lado, la jurisdicción en donde se cometió el delito en cuestión –que se debe corresponder con
la del juzgado interviniente– y, por otro lado, las atribuciones de aquel de entender en el delito
a investigar (tipo de delito) (Lozano Baudon, 1975).

247
Juan Gandulfo

que se le imputaba a las Fuerzas Armadas y/o de Seguridad” ya que los libros
sin rubricar encontrados no podían ser considerados como una prueba deter-
minante y, por lo tanto, el juez debía continuar con la investigación (Causa
10936, fs. 18). En su argumentación, el tribunal sostuvo que
las presentes actuaciones se han iniciado por la presunta comisión del delito
de violación de los deberes de funcionario público en el que se encontrarían
incursas las autoridades municipales del Cementerio Parque de Grand
Bourg, la investigación deberá encausarse a los efectos de determinar la
materialidad del ilícito y la individualización de los posibles autores […]
“sin prejuicio de los [delitos] que puedan surgir del curso de la instrucción”
como los mismos denunciantes expresan (Causa 10936, fs. 26).

Así, la Cámara resolvió que el juez era “competente” en el delito que se inves-
tigaba. Por su lado, los abogados del cels, que buscaban presionar a la justicia
para que avanzara en la investigación, manifestaron públicamente que:
Las investigaciones judiciales en los cementerios, con motivo del des-
cubrimiento de centenares de tumbas de NN, están tropezando con las
limitaciones que la mayoría de los jueces intervinientes han impuesto a
los procedimientos […] Las normas penales imponen a los magistrados
el deber inexcusable de identificar a toda persona que haya fallecido por
causas violentas o sospechosas.19

Como hemos expuesto en otro trabajo, estas presiones no tuvieron éxito y tanto
el juez del caso de Grand Bourg como los que estaban a cargo de otras causas
impidieron que los abogados del cels consultaran los expedientes con medidas
como el “secreto de sumario”20 o rechazando sus pedidos de ser tenidos en cuenta
como “parte interesada”21 (Gandulfo, en prensa). Esos límites impuestos a la
19
Comunicado de prensa “Situación de las investigaciones judiciales en cementerios”, cels, 26
de noviembre de 1982, y Clarín, 27 de noviembre de 1982.
20
Esta figura jurídica impone el secreto sobre las diligencias practicadas en un sumario,
restringiendo el acceso a un expediente a las partes interesadas. Su existencia se fundamenta en
evitar el ocultamiento de pruebas u otros elementos que la investigación requiera. Sin embargo,
en la práctica era frecuente la apelación de los magistrados a esta institución procesal para impedir
que otros actores intervenieran en la investigación. Según Sarrabayrouse Oliveira, “la aplicación
del secreto de sumario no fue propiedad exclusiva del Poder Judicial durante la dictadura militar,
sino que constituía una particularidad propia del procedimiento inquisitivo que ha caracterizado
al procedimiento penal en la justicia nacional” (2011: 171)
21
Quienes son reconocidos como “querellantes” o “particulares damnificados” tienen mayores
atribuciones para controlar la marcha de las causas, formular peticiones, proponer pruebas,

248
Los organismos de derechos humanos y la denuncia por las desapariciones...

acción de los organismos tuvieron como resultado que las causas prácticamente
no experimentaran progresos hasta el retorno de la democracia.
Por su parte, los abogados del cels, en base a los pocos datos hechos
públicos por el juez Gándara y a aquellos extraídos de otras causas similares,
sostuvieron que:
Está verificado que las fuerzas armadas y de seguridad transportaban casi
diariamente entre 1976 y 1979 al cementerio de la Chacarita y a otros del
Gran Buenos Aires y de distintos lugares del país, cadáveres sin identificar
[…] con intervención directa de los agentes de las fuerzas armadas y de
seguridad. De esto la responsabilidad alcanza no solo a los ejecutores sino
fundamentalmente a los inspiradores de dicha conducta, ubicados en los
más altos niveles de conducción.22

Desde este modo, desde el cels se responsabilizó a las Fuerzas Armadas por
su intervención en los entierros irregulares de desaparecidos en distintos ce-
menterios del país. Esta acusación de responsabilidad por las desapariciones
a los más altos mandos militares era, para fines de 1982, algo novedoso. La
primera ocasión en que se vinculó directamente al gobierno militar con las
desapariciones fue en el informe de la cidh en abril de 1980, que postulaba
en sus conclusiones:
… que por acción u omisión de las autoridades públicas y sus agentes, en
la República Argentina se cometieron durante el período a que se contrae
este informe –1975 a 1979– numerosas y graves violaciones de fundamen-
tales derechos humanos reconocidos en la Declaración Americana de los
Derechos y Deberes del Hombre (Comisión Interamericana de Derechos
Humanos, 1980).

Por su parte, los dirigentes del cels habían llevado más allá ese planteo al pre-
sentar la “teoría del paralelismo global” en el Coloquio de París de 1981. En esa
ocasión se planteó que del análisis de la acción represiva se desprendía que las
Fuerzas Armadas argentinas habían diseñado y llevado adelante un “peculiar”
sistema represivo “constituido por órdenes y pautas de organización y acción”,
paralelo a las normas legales que tuvo como principal método la desaparición
apelar las resoluciones, etcétera. Tanto el juez como la Cámara de Apelaciones consideraron que
los denunciantes no tenían vínculo “rigurosamente comprobado” respecto de los cadáveres no
identificados (Causa 10936, fs. INCIDENTE).
22
Comunicado de prensa “Los procesos por la tumbas NN. ¿Nos encontramos ante un nuevo
escándalo judicial?”, cels, 19 de enero de 1983, y Clarín, 20/1/1983.

249
Juan Gandulfo

de personas (Conte Mac Donell y Mignone, 2006).23 En este sentido, la de-


nuncia por el cementerio de Grand Bourg fue la primera vez que públicamente
en el país y a través de una presentación en sede judicial se responsabilizaba
integralmente a las Fuerzas Armadas en la desaparición de personas.

La posición del gobierno militar: “intento desestabilizador”


y “rebrote subversivo”
La respuesta pública de la dictadura ante la denuncia del entierro de desapareci-
dos como NN, aunque escueta, consistió en relativizar esa situación extendiendo
la sospecha sobre quiénes y con qué intereses impulsaban esa denuncia. Más allá
de las limitadas palabras oficiales al respecto, es posible reconstruir la posición
del gobierno militar a partir de las actas de las reuniones de la Junta Militar.
Estas evidencian que, si para la sociedad rápidamente estaba cambiando la
clave de lectura de la realidad política, los militares en cambio seguían leyendo
los acontecimientos sociales a la luz de los conceptos que se derivaban de la
Doctrina de Seguridad Nacional (Franco, 2014: 5). En esta línea, consideraban
que los organismos de derechos humanos eran grupos que buscaban desesta-
bilizar al gobierno para impulsar un “rebrote subversivo”. Su análisis también
apelaba a la idea de la “amenaza externa” al concebir situaciones locales como
producto de operaciones que desde el exterior buscaban dañar la imagen del
gobierno y del país.
En declaraciones públicas, el ministro del Interior, general Llamil Reston,
desestimó la posibilidad de entierros irregulares. Sostuvo que en nuestro país
“nunca se hicieron sepelios fuera de horarios” y que “no hay cementerios clan-
destinos”. Desde la óptica del gobierno, los responsables por las denuncias y de
difundir dichas versiones eran “grupos interesados en destruir nuestra imagen,
que actúan desde hace años en el exterior”, en referencia a los organismos de
derechos humanos. Además, afirmó que las tumbas anónimas descubiertas
“pertenecen a pordioseros e indigentes” (Clarín, 6/11/1982).
Siguiendo las actas de las reuniones de la Junta Militar se puede apreciar la
preocupación del gobierno militar por el impacto de las “causas de los cemen-
terios, de sepultados NN y de Grand Bourg” en la opinión pública (Acervo
23
En esa ocasión, frente a la Asamblea Nacional de Francia, se sostuvo por primera vez la idea
de que las violaciones a los derechos humanos habían sido producto de un plan de represión
clandestina con objetivos, una estructura y métodos diseñados por los altos mandos de las Fuerzas
Armadas (Conte Mac Donell y Mignone, 2006; Mignone, 1991: 54-57).

250
Los organismos de derechos humanos y la denuncia por las desapariciones...

Histórico Aeronáutico Nacional –ahan–, Acta 239, 4/11/1982).24 Desde la


óptica del gobierno militar, la prensa era responsable del riesgo que implicaba
la difusión del discurso de los organismos de derechos humanos. Ya en las
semanas previas a la denuncia por Grand Bourg, las actas de las reuniones de
la Junta hablan de la “prevención de excesos de los medios de comunicación”
(ahan, Acta 236, 14/10/1982). Cuando el caso de Grand Bourg cubrió la tapa
de los periódicos, el vocero presidencial acusó a la prensa de formar parte de
una “campaña de desestabilización” orquestada desde el exterior “para evitar las
elecciones y el proceso de democratización”. Además, dijo reconocer la gravedad
del episodio de los cadáveres no identificados del cementerio de Grand Bourg,
pero cuestionó: “Por qué la denuncia se hizo ahora, no antes o después”, lo
que la relacionaría con la campaña de desestabilización (Clarín, 30/10/1982).
Para la Junta, “los medios abusan de su derecho de libertad” y sostiene que “no
permitirá acciones desestabilizantes o disociadoras que posibiliten el rebrote
subversivo” (ahan, Acta 237, 22/10/1982).
Del examen de las actas de las reuniones de la Junta Militar durante el año
1983, Franco concluye que el riesgo que los militares enfrentaban en ese mo-
mento era el avance de las acciones judiciales (2014: 10-12). En este sentido,
el actor castrense consideraba que la principal fuerza de oposición no eran los
partidos políticos –con quienes se buscaba negociar las condiciones de la salida
del gobierno– sino los organismos de derechos humanos (Franco, 2014: 3-5).
Frente a esta preocupación, ya desde fines de 1982 la dictadura estaba prepa-
rando, por un lado, un documento sobre las consecuencias del accionar militar
durante la llamada “guerra contra la subversión” que en los documentos militares
aparece denominado como “documento Delta” sobre “[los] desaparecidos y los
cementerios clandestinos” (ahan, Informe Fuerza Aérea, 28/12/1982),25 y por
el otro, una Ley de Autoanmistía,26 pues entendía que de ese modo quedaría
cerrado el camino jurídico frente a “lo actuado en el combate a la subversión”.
24
Anotaciones manuscritas en una versión borrador del Acta.
25
En el “Documento final de la Junta Militar sobre la guerra contra la subversión y el terrorismo”,
de abril de 1983, las Fuerzas Armadas ofrecieron una versión que justificaba su propio accionar
y declaraba muertos a las personas que para ese momento continuaban desaparecidos.
26
Por su parte, la Ley 22924 de “Pacificación Nacional” consideraba extinguidas las acciones
penales emergentes de delitos cometidos “con motivación o finalidad terrorista o subversiva” y
de los “hechos de naturaleza penal realizados en ocasión o con motivo del desarrollo de acciones
dirigidas a prevenir, conjurar o poner fin a las referidas actividades terroristas o subversivas”,
durante el período de mayo de 1973 hasta junio de 1982 (Boletín Oficial, 27 de septiembre
de 1983). Para un análisis de las tensiones en torno al proceso de elaboración de dicha ley, ver
Franco, 2014.

251
Juan Gandulfo

Reflexiones finales

A fines de abril de 1983, las Fuerzas Armadas hicieron público el “Documento


final sobre la guerra contra la subversión y el terrorismo”, donde sostenían que:
Las Fuerzas Armadas asumen la cuota de responsabilidad histórica que
les compete frente a la Nación en el planeamiento y ejecución de las
acciones […]
[En los procedimientos] se cometieron errores que, como sucede en todo
conflicto bélico, pudieron traspasar, a veces, los límites del respeto a los de-
rechos humanos fundamentales, y que quedan sujetos al juicio de Dios […]
Ante la inminencia de la captura algunos terroristas se suicidaron, nor-
malmente mediante la ingestión de pastillas de cianuro. En estos casos, los
cadáveres no fueron reclamados, y ante la imposibilidad de identificarlos,
fueron sepultados legalmente como “NN” […]
En consecuencia debe quedar definitivamente claro que quienes figuran
en las nóminas de desaparecidos y no se encuentran exiliados o en la clan-
destinidad, a los efectos jurídicos o administrativos se consideran muertos,
aun cuando no pueda precisarse hasta el momento la causa y oportunidad
del eventual deceso, ni la ubicación de sus sepulturas.

El texto, planteado como respuesta a las denuncias hechas contra las Fuerzas
Armadas por las violaciones a los derechos humanos, tuvo una crítica recepción
por parte de distintos sectores sociales –incluso aquellos más cercanos al régi-
men, como la Iglesia Católica–. En ese marco, destacamos el lugar que habían
ganado esas denuncias, siendo la de los entierros de desaparecidos como NN
una de las más difundidas en los meses previos. Si la acción de denuncia de los
organismos de derechos humanos aumentó el deterioro de la imagen pública
del gobierno militar, la respuesta oficial no mejoró su situación.
En este sentido, habitualmente se ha destacado la lucha de los organismos
de derechos humanos frente a la dictadura militar. Incluso se ha destacado la
oposición de estos grupos en momentos en que la represión los colocaba en un
lugar de riesgos y frente a una sociedad que mostraba un importante consenso
frente al gobierno militar. Pero se ha prestado poca atención a las iniciativas
jurídicas por parte de los activistas humanitarios durante la propia dictadura.
En ese sentido, en este trabajo hemos planteado la relevancia que tuvieron esas
acciones como instrumento de lucha política.

252
Los organismos de derechos humanos y la denuncia por las desapariciones...

La imagen de “derrumbe” que ha caracterizado la salida de las Fuerzas


Armadas del poder en la Argentina, ha ocluido la visibilidad del proceso de
construcción de discursos alternativos al oficial frente a la acción del terro-
rismo de Estado. Según hemos explorado, un sector de los organismos de
derechos humanos buscó basarse en acciones penales y responsabilizar de
modo institucional a las Fuerzas Armadas por las violaciones a los derechos
humanos. Ello fue producto de identificar los cadáveres NN hallados en los
cementerios como desaparecidos y plantear la participación de los militares
en los entierros.
Por su parte, no se debe desatender el hecho de que cuando se produjo el
juicio a las Juntas Militares, en el año 1985, muchas de las pruebas presentadas
por la fiscalía se basaron en expedientes que, como el de Grand Bourg, habían
sido impulsados por activistas humanitarios durante la dictadura. A su vez, en
el momento del retorno de la democracia se produjeron identificaciones de
cadáveres que habían sido enterrados como NN. Estas no solo implicaron algo
valioso en términos personales para los familiares, sino que además fueron clave
como elementos de prueba en las condenas por homicidio que se aplicaron a
los jerarcas militares en el juicio a las Juntas Militares que se desarrolló durante
el año 1985.

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256
Los modos de reconstruir el pasado en los
documentales dedicados a las trayectorias
de Montoneros y el prt*
Gustavo Aprea y Juan Pablo Cremonte

Dentro del amplio grupo de documentales que revisan el pasado ligado a la última
dictadura militar, una cantidad significativa se relaciona con la trayectoria de las
dos organizaciones político-militares más importantes que se constituyeron como
uno de los objetos centrales de la represión estatal y paraestatal: Montoneros y el
Partido Revolucionario de los Trabajadores (prt).1 Por lo menos una treintena de
filmes2 narran tanto la expansión de los movimientos insurgentes de las décadas
de 1960 y 1970 como la feroz represión que culminó con el aniquilamiento de
ambas organizaciones luego del golpe militar de 1976. Al mismo tiempo que
dan cuenta de las trayectorias de las agrupaciones políticas, los documentales
plantean formas diferenciadas de evocación e interpretación ubicándose frente
a los acontecimientos traumáticos a través de múltiples variantes estéticas. En
el marco de las distintas propuestas se puede observar la presencia de estrategias
*
Este artículo fue desarrollado en el marco del Proyecto de Investigación Científica y
Tecnológica Orientado “Genealogías, continuidades y fracturas en el pasado reciente argentino:
historia, memoria y transmisión” de la Universidad de General Sarmiento, dirigido por Daniel
Lvovich.
1
En la historia de la agrupación y en los testimonios de sus ex militantes existe cierto
solapamiento entre la historia del Partido como tal (el prt) y su brazo armado, el Ejército
Revolucionario del Pueblo. En las lecturas –sobre todo posteriores– de la agrupación prevalece
la referencia al erp como instancia de mayor visibilidad del accionar político y militar. Nosotros
preferimos referirnos al prt dado que constituye una instancia que contiene al erp, pero
que además incluye el accionar político y cultural de la agrupación a la que algunos de los
documentales también se refieren.
2
Ver una filmografía seguramente incompleta pero relevante al final del artículo.

257
Gustavo Aprea y Juan Pablo Cremonte

que articulan de maneras diversas las memorias individuales con las colectivas
y conforman maneras particulares de reconstruir la identidad de cada grupo
político relacionándolo con las modalidades que se plantea la sociedad para
recordar los trágicos acontecimientos de la historia reciente.
Más allá de las especificidades de cada uno de los documentales y las va-
riantes estilísticas que pueden describirse a lo largo de más de quince años de
producción, si se considera el conjunto de los trabajos documentales pueden
observarse algunas regularidades que permiten hablar de la constitución de
memorias grupales que devuelven imágenes diferentes para cada una de las
dos agrupaciones retratadas.
En este sentido, el objetivo de nuestra exposición consiste en describir cómo
se crean en los discursos documentales las identidades de cada organización,
compararlas entre sí y plantear de qué manera se ubican estas memorias grupales
frente a las corrientes hegemónicas en la construcción de la memoria sobre el
pasado dictatorial. Es decir, cómo polemizan con las posturas sostenidas por
sucesivos gobiernos y la prensa, la televisión o el cine de ficción que expresan la
teoría de los dos demonios, la negación del carácter militante revolucionario de
las víctimas de la represión o el fomento del “olvido” por parte del menemismo.
Un aspecto importante para considerar en el análisis que nos proponemos
realizar tiene que ver con el contexto en que se produjeron las obras documen-
tales que forman parte de nuestro corpus. En tal sentido, vale la pena señalar
que el período en que se desarrollan los filmes que narran las historias sobre
Montoneros y el prt coincide con el proceso de institucionalización del campo
documental en la Argentina.3 Dicho proceso implicó: un crecimiento cuan-
titativo de la producción como nunca antes;4 la continuidad dentro de líneas
de trabajo,5 una tendencia a la especialización (en algunos casos, profesionali-
3
En este punto seguimos los análisis de Paola Margulis, 2014.
4
Para dar una idea del crecimiento cuantitativo de la producción documental se puede comparar
la cantidad de estrenos en las pantallas de los cines durante los primeros años de la década de
1990 (alrededor de cinco por año) y los del final del período estudiado. En 2013 y 2014 los
documentales estrenados financiados por el Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales
(incaa) superaron los cincuenta por año. En el marco de la expansión del campo documental
en la Argentina los trabajos que abordan el pasado reciente ocupan un lugar central tanto por
la cantidad como por la variedad de obras. Al respecto, ver Aprea, 2011.
5
Entre ellos podemos mencionar: los documentales de memoria como los que estudiamos aquí;
los de difusión histórica como los producidos por el canal educativo Encuentro; los militantes
como el llamado Cine Piquetero; la consolidación del campo de la antropología audiovisual, y
los documentales de creación realizados por autores como Andrés Di Tella, Carmen Guarini o
Alejandro Fernández Mouján.

258
Los modos de reconstruir el pasado en los documentales...

zación) poco frecuente hasta el momento en nuestro país; la consolidación de


instituciones de enseñanza específica, festivales, organizaciones de realizadores
y, finalmente, el reconocimiento estatal.6
Otro aspecto del contexto a considerar son las diferentes variantes de los
trabajos de la construcción de la memoria social sobre la dictadura militar en
que se producen los documentales que analizamos. Estrenados entre 1994 y
2014, atraviesan dos momentos que, desde el punto de vista de los estudios
sobre la memoria social, se señalan como diferentes. En primer lugar, a mediados
de la década de 1990, las víctimas de la represión comienzan a ser reconocidas
públicamente como militantes revolucionarios. Una serie de eventos señala
esta tendencia: la mayor visibilidad mediática que alcanzan los organismos de
derechos humanos; la aparición de una segunda generación que reivindica el
carácter revolucionario de sus padres en la agrupación hijos; el florecimiento
de trabajos periodísticos y de investigación que recuperan el pasado militante.
En segundo lugar, a partir de 2003 se fortalece la reivindicación de la mili-
tancia revolucionaria gracias al impulso del gobierno nacional. A partir de
la presidencia de Néstor Kirchner surge la reivindicación gubernamental del
pasado militante setentista que se manifiesta en hechos como la apertura del
espacio de la memoria en el ex centro clandestino de detención esma, el sostén
político a los juicios de los ex represores, el apoyo a los organismos de derechos
humanos.7 Más aún, algunos de los documentales que inician las series que
trabajamos son considerados como puntos de inflexión en el modo en que la
sociedad recuerda e interpreta la militancia revolucionaria.
Como se verá, un asunto que vale la pena subrayar es que no hay hasta el
momento documentales de circulación pública que se ocupen de las dos orga-
nizaciones revolucionarias al mismo tiempo. Sí existen referencias aisladas a “los
otros” en algunos documentales que reconstruyen las trayectorias de una de las
organizaciones, pero no hay ningún trabajo que las considere en conjunto. Esta
postura resulta contradictoria con las que sostienen las versiones más críticas de
la violencia revolucionaria, en las que ambas agrupaciones políticas aparecen

6
Puede marcarse como hito del proceso de institucionalización el reconocimiento estatal a través
de una forma de financiación específica del incaa, la Quinta Vía, entre 2007 y 2012.
7
La clasificación en tres períodos sigue lo propuesto por Feld, 2010. A los dos momentos
mencionados en el texto hay que agregar una primera etapa en la que desde la perspectiva estatal
se avala la “teoría de los dos demonios”, se pone énfasis en el rol de víctimas y se minimiza el rol
de militantes revolucionarios de los desaparecidos, presos y exiliados.

259
Gustavo Aprea y Juan Pablo Cremonte

bajo una rúbrica común: “la guerrilla”.8 Resulta un dato significativo sobre la
construcción de la memoria social que aquellas visiones que reivindican o al
menos procuran interpretar estos aspectos del pasado reciente lo hagan desde
miradas sectorizadas. En este sentido puede afirmarse que, pese a que se evoca
un mismo período histórico y muchos acontecimientos conectan los recorridos
de ambas organizaciones revolucionarias,9 se sostienen dos memorias grupales
diferenciadas.
Más allá de la unidad temática, la conformación de dos series relacionadas
con las trayectorias de cada una de las organizaciones político-militares, su
evocación agrupa documentales de diverso tipo. Por una parte, pueden seña-
larse distintas formas de estructuración de los relatos dentro de cada repertorio.
Para evocar la historia de las agrupaciones se apela a biografías de militantes
significativos (por ejemplo Santucho… todavía para el prt y Norma Arrostito,
la Gaby en el caso de Montoneros), evocaciones de trayectorias colectivas (la
trilogía Gaviotas blindadas o Cazadores de utopías) o individuales (Los perros o
Montoneros, una historia), indagaciones de las generaciones posteriores (Papá
Iván o M, en la serie de Montoneros, Encontrando a Víctor para el prt) y la
reconstrucción de aspectos específicos de la militancia (Clase. La política sin-
dical del PRT-ERP en Córdoba o Un arma cargada de futuro. La política cultural
del PRT-ERP). Por otra parte, se reconoce una variedad de modalidades y estilos,
desde documentales que apelan a formas expositivas clásicas como Cazadores de
utopías o Gaviotas blindadas hasta trabajos que enfatizan la mirada personalizada
de los realizadores como Los rubios o M o combinan elementos ficcionales con
testimonios y documentos como Norma Arrostito, la Gaby.
Más allá de las diferencias estilísticas y de enfoque, podemos señalar que el
conjunto de la producción que evoca a las organizaciones armadas revolucio-
narias que actuaron durante la década de 1970 se inscribe dentro de lo que se
conoce como documentales de memoria (Gauthier, 1995; Ferro, 2008)10 que
funcionan como interpretaciones del pasado. Gracias a su carácter testimonial,
8
Esta postura incluye tanto a quienes reivindican la dictadura militar o adscriben a la teoría de los
dos demonios como a quienes desde diversas perspectivas critican la lucha armada protagonizada
por las organizaciones revolucionarias.
9
Un caso en el que se evidencia esta coincidencia es el documental Trelew. La fuga que fue
masacre (Mariana Arruti, 2004), dedicado a la fuga del penal de Rawson, llevado adelante en
conjunto por miembros de las dos organizaciones y de las far.
10
Podemos considerar los documentales de memoria como lecturas del pasado que evidencian
algunas de las condiciones del momento de la evocación. Trabajan con los testimonios como parte
fundamental de la interpretación que realizan resaltando las conexiones entre el pasado recordado
y el presente del rodaje. La utilización de la palabra de los testigos no invalida la presencia de otro

260
Los modos de reconstruir el pasado en los documentales...

tienen una participación activa en la constitución de memorias colectivas.


Dentro de este conjunto genérico podemos recortar con claridad dos series de
documentales diferentes que construyen memorias específicas para cada una de
las agrupaciones revolucionarias. Dadas las diferencias que señalamos, resulta
necesario encontrar elementos que nos permitan comparar los componentes de
estos conjuntos disímiles de documentales. Para ello ponemos énfasis en aque-
llos trabajos cuyo eje del relato está puesto en el desarrollo de la organización,
ya sea desde una narración colectiva o desde una perspectiva que reconstruye
la trayectoria de algunos militantes en particular.11 A su vez tomamos como
términos de la comparación cuatro tipo de factores: los recursos con los que
se construye la historia, el punto de vista desde el que se la narra, el modo en
que se construye la memoria sobre la organización y la distancia tomada con
respecto a los acontecimientos narrados.

El PRT: de la dignidad revolucionaria a la dignidad


audiovisual
Como todos los documentales de memoria, los que evocan al prt presentan
sus interpretaciones sobre la base de dos recursos principales: los testimonios
de participantes en los acontecimientos evocados y la utilización de material
de archivo. En estos filmes la presencia del material de archivo excede el pro-
medio de la producción audiovisual argentina del período. Considerando las
condiciones de producción, esta particularidad se origina en dos fuentes de
materiales concretas: el archivo de las producciones audiovisuales de Cine de
la Base,12 dirigido por Raymundo Gleyzer,13 y el archivo del noticiero televisivo
de la Universidad Nacional de Córdoba.

tipo de recursos como materiales de archivo o diversos tipos de ficcionalización, pero posiciona
al conjunto de la evocación en esta relación explícita entre el pasado y el presente (Aprea, 2014).
11
Por esta razón no apoyamos nuestra ejemplificación en algunas biografías como las de Héctor
Oesterheld, Rodolfo Walsh, Raymundo Gleyzer o Haroldo Conti, en las que la militancia
revolucionaria aparece solo como una parte de una vida más extensa y compleja.
12
El Grupo Cine de la Base actuó como “brazo fílmico del erp” –según las declaraciones de
Raymundo Gleyzer– entre 1971 y 1978. Gleyzer fue la figura alrededor de la que se organizaron los
cineastas afines al prt. Después de su desaparición en 1976, el grupo siguió actuando en el exilio.
13
Muchas de las referencias son conocidas (como la relación del erp con Cine de la Base y con
Raymundo Gleyzer), pero aportamos algunas otras que lo son menos: cuando la organización
decidió publicar un diario entre 1973 y 1974, adquirió el nombre y el archivo de un diario que
había salido de circulación, El Mundo. Ya durante la dictadura militar, cuando Montoneros

261
Gustavo Aprea y Juan Pablo Cremonte

Si bien el hilo de los relatos y las interpretaciones del pasado se sostienen


sobre la palabra de los testigos, las imágenes de archivo se emplean de un modo
abundante y funcionan como validación de lo que se dice, como una prueba.
Esto no implica que se otorgue un valor de verdad incuestionable a las imágenes
de archivo y se relativice el valor de los testimonios, sino que la rememoración
que ejercitan se asienta sobre dichas imágenes: en muchas ocasiones son los
mismos testigos (en particular en Gaviotas blindadas y Errepé) quienes citan
documentos, fotos, publicaciones y fragmentos de videos. La gran cantidad de
material de archivo disponible bastaría por sí mismo para contar una historia
posible del prt. Sin embargo, sus imágenes aparecen apoyando las palabras de
los testigos e ilustrando las interpretaciones que hacen los documentales. En
este sentido sostienen las reconstrucciones de la trayectoria de la organización
sin ser cuestionadas, ni ser objeto de una reflexión crítica.14
Los testimonios, por su parte, funcionan como elemento que organiza la
narración. La sucesión de testigos construye una voz colectiva que relata la
historia de la organización o de sus miembros.15 En esa línea, los usos que se
hacen de dichos testimonios presentan escasas variaciones dentro de nuestro
corpus: en la mayoría de los casos la sucesión de testimonios funciona como
sumatoria de información y detalles de una historia que se narra de un modo
cronológico, transparente y lineal. Las únicas diferencias que aparecen en los
usos de estos testimonios radican en que ciertos militantes ocupan un lugar
protagónico (describen procesos generales, opinan sobre ellos) y otros son
empleados solo para añadir datos concretos (fechas, cifras, lugares) o detalles
de color (anécdotas, curiosidades, etcétera). En tal sentido, se advierte que la
elección de cada testigo y su función en el texto define de antemano la posi-
ción que el documental va a tomar respecto de la agrupación, en un universo
dentro del que los matices son escasos. De esta manera, la combinación entre
los testimonios coincidentes y el material de archivo refuerza el valor de verdad
tanto de los hechos evocados como de la interpretación del documental.

propuso la formación de una organización conjunta, la Organización para la Liberación Argentina


(ola), el prt-erp tendría a su cargo la impresión y distribución de materiales impresos por su
mayor experiencia y equipamiento (De Santis: 2011).
14
En este punto nos referimos a la reflexividad en el sentido de Bill Nichols (1996). En otros
documentales (por ejemplo, algunos sobre la trayectoria de Montoneros como Los rubios o El
tiempo y la sangre) se pone en cuestión el valor documental de las imágenes presentadas.
15
Esto sucede aun en Cuentas del alma. Confesiones de una guerrillera, una película disruptiva en
el plano estético (utiliza un solo testimonio) y político (recoge la visión crítica de una “traidora”
con respecto a la organización).

262
Los modos de reconstruir el pasado en los documentales...

Respecto de la modalidad narrativa, todos los documentales, con excepción


de uno, siguen una linealidad cronológica muy clara.16 El relato lineal acentúa la
perspectiva que cada documental adopta respecto del prt. El posicionamiento
siempre se presenta como una primera persona del plural: un “nosotros” más
que un “yo” unipersonal de autor en sentido clásico.17
El montaje de los documentales sostiene la continuidad de la narración
sobre los testimonios. Las imágenes de archivo se subordinan a las declaraciones
de los testigos, predomina el uso del material registrado previamente como
ilustración excepto en aquellos fragmentos en los que se enlazan las luchas
del prt con los conflictos contemporáneos.18 En los filmes que apelan a este
recurso, la lucha de los setenta tiene un efecto directo en el presente: como
inspiración-legado en las visiones optimistas o como causa de los males del
presente en las visiones pesimistas.
Exceptuando El azúcar y la sangre, todos los documentales se estructuran
como un cúmulo de testimonios que van sumando información en la que no
abundan las contradicciones. Pueden evocar el pasado revolucionario aquellos
que participaron en la lucha, sean militantes o dirigentes. De hecho, la contrapo-
sición de posturas dentro de la organización aparece hacia el final de los relatos
y se concentra en dos aspectos: las acciones llevadas adelante durante los últimos
años (de 1975 en adelante) y la evaluación final de la experiencia. Como casos
emblemáticos podemos señalar Errepé y Gaviotas blindadas, los documentales
que reconstruyen la trayectoria general del prt: el primero es más autocrítico y

16
En Los perros el orden cronológico queda en un segundo plano respecto del seguimiento de
los recuerdos del protagonista
17
El único documental que utiliza voice over (una narración fuera de campo a cargo de un locutor
que organiza y cohesiona los testimonios y las imágenes de archivo) es El azúcar y la sangre, dirigido
por Eduardo Anguita, que se refiere a un aspecto particular del erp: la lucha de los trabajadores
azucareros y la incursión de la Compañía de Monte en Tucumán. En ese sentido, puede incluirse
entre los documentales que relatan alguna faceta particular de la organización como Un arma…
o Clase… De factura claramente expositiva, este trabajo se diferencia claramente de los demás.
De hecho, oscila entre un documental y un informe periodístico extenso (Aprea, 2011).
18
Los perros comienza con imágenes de la crisis y los incidentes de diciembre de 2001 en
Plaza de Mayo. Errepé cierra también con imágenes de la crisis 2001-2002, pero mostrando la
pobreza, no las luchas. Clase… presenta una mirada optimista sobre las fábricas recuperadas y
Gaviotas blindadas III hace lo mismo respecto de colectivos de militancia actuales de la izquierda
revolucionaria como Marabunta. En tanto que Un arma…, en un tono visiblemente más
nostálgico, cierra con un recuerdo sobre los artistas desaparecidos, particularmente Haroldo
Conti y Raymundo Gleyzer, resaltando la vigencia de sus obras en el presente.

263
Gustavo Aprea y Juan Pablo Cremonte

el segundo ofrece una defensa sin concesiones que se prolonga en el tiempo.19


Encontramos que esta divergencia se relaciona con dos lecturas respecto de la
organización, correspondientes a dos ex dirigentes. Por un lado, un conjunto
de documentales reproducen la versión de Enrique Gorriarán Merlo sobre los
acontecimientos, mientras que otro conjunto de documentales presenta la de
Luis Mattini. En el primer caso se presenta una defensa completa de las acciones
desarrolladas por la organización y se discute la posibilidad de una autocrítica.
Por su parte, la otra línea, si bien también defiende lo actuado, expresa algún
nivel de autocrítica respecto del excesivo militarismo de la organización y de
la dificultad para comprender la complejidad política del período 1973-1976.
En consecuencia, predomina en el corpus de los documentales sobre el prt una
interpretación reivindicativa del accionar revolucionario de la organización, más
allá de las diferencias puntuales sobre las razones de su final trágico.20 Esto quiere
decir que, aunque haya variaciones en algunos aspectos de la lectura política,
los documentales siempre asumen la voz de la organización en su conjunto y
recuperan la experiencia revolucionaria.21
Más allá de estas diferencias, existe un elemento claramente aglutinador que
se destaca como el tema dominante en todo el corpus: la dignidad. Este es un
valor que sintetiza la reconstrucción de todas las acciones evocadas: se fue digno
porque se llegó hasta el final, hasta la muerte, hasta la derrota o hasta forzar al
enemigo a ser lo más cruento posible para detener la marcha del pueblo hacia la
revolución. Se advierte una épica que incluye posturas clásicas de las izquierdas
revolucionarias latinoamericanas: un nacionalismo popular mezclado con un
internacionalismo centrado en el proletariado como vanguardia revolucionaria
y el antiimperialismo en clave guevarista. En este sentido la reivindicación total
de la figura de Mario Santucho como dirigente y modelo de militante encarna
la dignidad de los revolucionarios y los valores morales asociados con ella.
En relación con esta reivindicación de la dignidad, se advierte una coin-
cidencia general respecto de la lectura que se realiza de la trayectoria de la
organización Montoneros: se la presenta sumergida en las contradicciones del

19
En ese aspecto, Los perros y Santucho… todavía no presentan conclusiones tan cerradas: en
ambos se realiza una valoración positiva de la experiencia y se remarca la cuestión de la dignidad
en la lucha por lo que se creyó y se sigue creyendo justo.
20
Las dos únicas excepciones que realizan una lectura crítica recogen las interpretaciones de
personajes al margen de la trayectoria grupal: la hija de un militante que vive en México en
Encontrando a Víctor y una “traidora” que vive en Israel en Cuentas del alma.
21
Con la excepción de los filmes que critican la experiencia en su conjunto y que ocupan un
lugar marginal: Encontrando a Víctor y Cuentas del alma.

264
Los modos de reconstruir el pasado en los documentales...

peronismo, que desembocan en un mar de traiciones internas.22 Por contra-


posición, se sostiene que el prt pudo haber chocado contra un poder de des-
medida fuerza, pero no se traicionó internamente y los altos mandos cayeron
del mismo modo que sus bases. En esa misma línea, pero de un modo mucho
más solapado, apenas insinuado, se despliega la representación respecto de la
política actual de derechos humanos. Se la considera una utilización oportunista
de una demanda genuina con el objetivo de cosechar votos y acumular poder.
Los documentales sobre el prt-erp enfatizan su visión sobre la dignidad de
una lucha en la que se pudo haber muerto peleando pero no se retrocedió. No
hubo una rendición, ni una negociación y mucho menos un arrepentimiento.
La postura de mantenerse al margen de las políticas de derechos humanos (al
menos como aparece en estos textos) se presenta como una muestra más de
dignidad y coherencia.

Las historias de los Montoneros

Todos los filmes que reconstruyen la historia de la militancia de la organización


Montoneros trabajan sobre un recurso básico de los documentales de memoria:
los testimonios (Gauthier, 1995; Aprea, 2014). Sin embargo, los modos en
que se apela a los recuerdos y experiencias de aquellos que participaron en los
procesos revolucionarios y sufrieron la brutal represión presentan una variedad
de formas. En algunos casos (Cazadores de utopías, El tiempo y la sangre o Norma
Arrostito, la Gaby y las otras biografías) las evocaciones personales tienden a
organizar una versión compartida de los acontecimientos que sostiene la inter-
pretación del documental. En otros, se confrontan testimonios en búsqueda de
una explicación que puede ser lograda o no como en Montoneros, una historia (la
versión de la protagonista y la oficial de la organización), Papá Iván (en torno
a la delación que provocó la muerte de Julio Roqué) o M (alrededor de la mili-
tancia de la madre del director). Un nivel de conflictividad más fuerte aparece
en películas como Los rubios, donde se rechaza la utilidad de los testimonios de
los compañeros de militancia de los padres de la protagonista-realizadora y se
remarca la de los testigos que narran su desaparición. En Victoria la protagonista
no puede contactarse con el tío que fue responsable de la desaparición de sus
padres y su apropiación siendo un bebé. Pese a estas diferencias importantes,

22
En todos los documentales, explícita o implícitamente, tanto los Montoneros como las far
aparecen casi siempre tratados como “los otros” más que como compañeros de lucha.

265
Gustavo Aprea y Juan Pablo Cremonte

el valor de la experiencia personal resulta central en el armado de la trama y


permite otorgarles un sentido a los sucesos evocados. Otra cuestión común en
los diferentes documentales es quiénes son los que están en condiciones de dar
cuenta de su experiencia. Excluyen, como en el conjunto de los documentales
argentinos sobre la dictadura, las visiones que la defienden.23 Pero, además, le
otorgan un lugar marginal y cuestionado a los testimonios de los miembros de
la conducción montonera24 y excluyen los de su principal dirigente, Mario Fir-
menich, quien en varias oportunidades se prestó a entrevistas televisivas extensas.
El otro componente fundamental de los documentales sobre el pasado re-
ciente, el material de archivo fílmico o fotográfico, también cumple diferentes
funciones en las películas que construyen la serie de la militancia montonera.
Un elemento común es la utilización de documentos que provienen tanto de
los medios de comunicación como de los acervos familiares. Junto con esta
coincidencia puede destacarse que entre los materiales audiovisuales o fotográ-
ficos empleados no se encuentran los producidos por los propios Montoneros.25
Más allá de estas constantes, los modos de utilización de las imágenes y sonidos
que permiten visualizar acontecimientos del pasado juegan diversos roles en su
relación con los testimonios que en la mayor parte de los casos llevan el hilo
de la narración. Algunas veces funcionan como una ilustración (Cazadores de
utopías) que contextualiza las palabras de los testigos. Otras, son utilizadas de
un modo paródico y sirven de contrapunto de las versiones de los militantes,
como en Montoneros, una historia. En algunas oportunidades como Los rubios
o M, se recalca la insuficiencia de los documentos para comprender el pasado.26
En los filmes más próximos a nuestros días (Los rubios, El tiempo y la sangre
23
Como caso contrario se puede mencionar la uruguaya Decirle a Mario que no vuelva de Mario
Chandler (2007) o Chile, la memoria obstinada de Patricio Guzmán (1997).
24
No es la única forma en que ex dirigentes montoneros participan. Por ejemplo Fernando
Vaca Narvaja expresa opiniones que son criticadas en Montoneros, una historia, mientras que
en Trelew (Mariana Arruti, 2004), que narra la fuga de presos políticos en 1972, aparece como
un testigo más.
25
Durante el período dictatorial se produjeron al menos dos documentales que daban a conocer
la línea política de la organización: Montoneros, crónica de una guerra de liberación (Ana Amado
y Nicolás Casullo, 1976) y Resistir (Jorge Cedrón, 1978). Los materiales del Grupo Cine de
Liberación no pueden ser considerados como parte de la versión oficial montonera ya que
algunos de ellos se produjeron antes de la fundación de la organización y solo unos pocos de sus
miembros terminaron militando en ella.
26
En Los rubios de Albertina Cari, pese a la abundancia de palabras que le llegan de sus padres
(libro, cartas, recuerdos de sus compañeros), opta por no reconstruir sus imágenes fotográficas.
En M de Nicolás Prividera hay una gran cantidad de registros familiares de la imagen de la madre
(fotos, filmaciones caseras) que chocan con la ausencia de sus palabras.

266
Los modos de reconstruir el pasado en los documentales...

o Norma Arrostito, la Gaby) los documentos se articulan en una mezcla con


elementos ficcionales.
Sobre la base de la combinación de testimonios y materiales de archivo se
configuran los relatos que dan forma a cada uno de los documentales. Dentro
del ciclo que componen las películas que narran trayectorias militantes se
pasa de una narración más bien lineal a un trabajo de articulación de tramas
y momentos históricos diferentes. En los primeros componentes de la serie
(Montoneros, una historia y Cazadores de utopías) se va siguiendo algún tipo
de cronología que culmina con la etapa de la represión. En los documentales
realizados por la generación de los hijos de los militantes (Papá Iván, Los rubios,
M) la narración se articula alrededor de una investigación que va rompiendo
con la mera sucesión cronológica de las trayectorias militantes, que se alterna
con el relato de la búsqueda que realizan los directores-hijos-protagonistas de
las historias. La puesta en evidencia de la doble temporalidad (la del recuerdo
y la del momento de la recordación) se convierte en un recurso clave para la
legitimación de las narraciones producidas en la última etapa, como en El tiempo
y la sangre, Victoria o Norma Arrostito, la Gaby.
Los relatos construidos por los documentales son la clave para las interpreta-
ciones del pasado que realizan. La instancia que asume tanto la narración como
la explicación de los sucesos presentados se legitima a través de una mirada que
se asocia con la figura del realizador. Aunque en todos los casos se puede señalar
la existencia de esta figura, se manifiesta de diferentes formas a través del tiempo.
En Cazadores de utopías el lugar del realizador alcanza su mayor grado de trans-
parencia. No deja marcas evidentes sobre el texto fílmico. Esto parecería ser una
contradicción. En otras obras de la primera etapa (Montoneros, una historia, Papá
Iván) la presencia del realizador se hace más palpable. Aunque prácticamente
no aparece frente a la cámara, es una referencia visible para quienes participan
en el film y, además, exhibe versiones e imágenes que se contraponen entre sí.
Así, se pasa de una mirada colectiva a una personal que no niega la posibilidad
de establecer conclusiones en el marco de visiones contradictorias.
En Los rubios y M la presencia en cámara de los realizadores-protagonistas
de la búsqueda acentúa la subjetividad de la mirada e impulsa la centralidad
del momento en que se realiza la investigación por sobre la reconstrucción del
pasado dentro de la narración. De ese modo, las conclusiones de la investigación
emprendida se debilitan y se rescata la experiencia de la búsqueda.27 Finalmente
27
Los rubios de Albertina Carri trabaja y remarca la imposibilidad de arribar a una interpretación
cerrada sobre la figura de sus padres. Nicolás Prividera en M narra el fracaso de su indagación
sobre el destino final de su madre.

267
Gustavo Aprea y Juan Pablo Cremonte

en los últimos documentales de la serie (El tiempo y la sangre, Victoria o Norma


Arrostito, la Gaby) la figura del realizador vuelve a desaparecer de la pantalla
pero cobra peso como la instancia que juega con temporalidades distantes (los
recuerdos y el momento de la recordación) y puede llegar a combinar, en Norma
Arrostito, la Gaby, la ficción con los testimonios. A su vez, se permite articular
las diversas experiencias personales para alcanzar una visión del pasado que,
aunque se presenta como el recorte de un detalle, no se priva de exponer una
interpretación cerrada de la historia reciente.
Las diferentes miradas que se construyen en torno a la historia de Monto-
neros no solo se presentan como un acto de recordación sino que además cons-
tituyen intentos por darle un sentido a la militancia revolucionaria y la lógica
de su accionar. En este marco puede afirmarse que la dimensión política de los
documentales resulta fundamental. Como todo texto político, estos trabajos
al mismo tiempo que elaboran una identidad construyen unos oponentes. En
este caso el adversario es doble. Por un lado, todos los filmes se plantean como
una respuesta tanto a la teoría de los dos demonios28 como a los defensores de
la dictadura que ven en los Montoneros la encarnación misma del mal. Por otro
lado, el discurso de los documentales enfrenta al de la conducción montonera.
Se critica la interpretación de la trayectoria de la organización que realizan
dirigentes como Mario Firmenich o Roberto Perdía, que apela a una lógica
militarista. En todos los casos se reflexiona sobre la naturaleza de la militancia
revolucionaria y sobre las consecuencias trágicas de la represión, pero siempre
se cuestiona la conducción política. En un primer momento (Montoneros, una
historia y Cazadores de utopías) la crítica es explícita. La generación de los hijos
tiende a hacerse más intensa y a involucrar al conjunto de la organización, mien-
tras que en los últimos trabajos, aunque menos evidente, la defenestración de
la dirigencia es un hecho que se da prácticamente por supuesto y demostrado.
A partir de las diferentes estrategias de utilización de recursos y narración
de los hechos, se van conformando modalidades que articulan las memorias
individuales con la grupal y se establecen relaciones con las formas hegemóni-
cas de construcción de la memoria social.29 En la descripción de este punto se

28
La llamada “teoría de los dos demonios” presupone que durante la dictadura militar y en los
años previos, la Argentina vivió un contexto de violencia generado por dos posiciones extremas:
la guerrilla y las fuerzas militares y paramilitares. Siempre según esta teoría, en el marco de esta
situación la población civil que no forma parte de ninguno de esos grupos pasa a ser víctima
inocente de los enfrentamientos que se producen entre los dos demonios.
29
Los estudios contemporáneos sobre la construcción de memorias sociales señalan la existencia
de varias memorias en el seno de una misma sociedad. Al mismo tiempo, reconocen que puede

268
Los modos de reconstruir el pasado en los documentales...

perfilan con mayor claridad las diferentes etapas por las que pasa el ciclo que
agrupa al conjunto de documentales sobre los Montoneros. Así, puede hablarse
de un primer período que coincide con la consolidación de la reivindicación
del carácter militante de los desaparecidos a partir de mediados de la década
de 1990 y que enfrenta tanto la teoría de los dos demonios floreciente en el
alfonsinismo como los intentos de silenciamiento y “conciliación” planteados
por el menemismo. En este momento (los casos arquetípicos son Montoneros,
una historia, Cazadores de utopías y las primeras biografías de Rodolfo Walsh)
se asume el lugar de la militancia y se reflexiona sobre él. Dentro de este marco
el trauma generado por las consecuencias trágicas de la represión dictatorial
aparece como el clímax de un relato dramático sobre el que debe construirse
la interpretación de un pasado que se presenta como próximo. Los testimonios
describen las circunstancias traumáticas y se trata de hablar sobre sus conse-
cuencias. La evocación del pasado está planteada como diciendo “Esto nos
pasó a nosotros”.
Las películas que se enmarcan dentro de la post memoria30 (Papá Iván, Los
rubios y M) cuentan la historia desde el trauma que genera la desaparición. El
pasado se presenta como lejano y distante pero con consecuencias ineludibles en
el presente. Con este punto de partida se plantea la imposibilidad de representar
convincentemente un pasado que aparece como cerrado y lejano. Esta dificultad
impide la comprensión y, junto con ella, se genera una crítica a la militancia
colectiva tal como la entendió la generación de los padres de los realizadores.
A partir de esta postura se afirma: “Esto no nos pasó pero nos afecta”.
A partir de 2003 la reivindicación de la militancia revolucionaria es im-
pulsada desde el gobierno nacional. La mirada sobre el pasado que construyen
los documentales no está sostenida por aquellos que participaron en las luchas
revolucionarias o sufrieron sus consecuencias. Se quiebran las visiones de los
involucrados con la militancia y sus consecuencias. De esta manera se comienza
a desarrollar una visión externa de los acontecimientos. Recordar el pasado se
presenta como una obligación moral para la sociedad. Se “debe” hablar tanto

haber relaciones conflictivas entre dichas memorias que logran diversos niveles de legitimidad.
En ese sentido, puede hablarse de memorias hegemónicas y memorias contra-hegemónicas
(Polaco, 2006).
30
Entendida como la memoria de la generación de los hijos de quienes sufrieron una situación
traumática colectiva, tal como lo plantea Ana Amado (2003, 2005). Este período coincide no
solo con el florecimiento de una nueva generación sino que implica una discusión más abierta del
pasado reciente, un reverdecer de la militancia ligada a diversos movimientos sociales (entre ellos,
los defensores de los derechos humanos) y un debilitamiento de la teoría de los dos demonios.

269
Gustavo Aprea y Juan Pablo Cremonte

de la militancia revolucionaria como de sus consecuencias trágicas que aparecen


como parte de un mismo proceso. En este contexto se reivindica la militancia y
el pasado se presenta como un modelo más o menos explícito para el presente.
Documentales como El tiempo y la sangre, Norma Arrostito, la Gaby o Victoria,
al mismo tiempo que levantan la figura del militante y le confieren un grado
de heroísmo a partir de sufrir la represión, parecen decir “Esto les pasó a ellos”.
Sobre la base de estos tres modelos recién descritos, puede hablarse de formas
diferentes de articulación de las memorias individuales, colectivas y grupales.
Durante el primer período los recuerdos personales se articulan para construir
una memoria grupal que se presenta como parcial y a veces contradictoria. En
el segundo, las memorias individuales se presentan como dolorosas y parece
casi imposible sostener memorias grupales. La mirada de una nueva generación
provoca un fuerte enfrentamiento con las versiones más “aceptables” del pasado.
Finalmente, en la etapa reciente las memorias individuales parecen integrarse
con una memoria colectiva oficial que se presenta en una relación de armonía
con la sostenida por el Estado nacional.

Conclusiones

Las obras sobre las que trabajamos consolidan la posición dominante del tes-
timonio como fuente primordial en los documentales argentinos de memoria.
Incluso la multiplicidad de opciones que adquiere en los filmes sobre Monto-
neros muestra que se trata tanto de una fuente que ofrece matices y variantes
a los realizadores para presentar formas diversas de encarar el relato como una
operatoria que permite construir diferentes distancias respecto de los aconte-
cimientos que se reconstruyen.
La serie del prt presenta menos variantes estilísticas en el uso de los testi-
monios: la mayoría funciona en sentido convencional como aporte de infor-
mación u opinión que se armoniza con el resto de los elementos audiovisuales
empleados. En ese caso, las variantes pasan por los sujetos que prestan testi-
monio en las narraciones: existe un acuerdo entre lo que plantean los testigos
y la perspectiva que adoptan los documentales. En el ciclo de Montoneros la
conducción nacional de la agrupación apenas aparece y cuando lo hace se la
presenta con un tono de fuerte cuestionamiento. Lo contrario sucede en el caso
del prt: la figura de Mario Santucho es reivindicada desde todos los sectores y,
entre los que brindan testimonio, los sobrevivientes de la conducción central
del prt aparecen como una palabra autorizada.

270
Los modos de reconstruir el pasado en los documentales...

Respecto de la imagen de archivo, hay diferencias importantes tanto en la


disponibilidad de material como en su uso. Los documentales del prt disponen
del archivo de Cine de la Base, que registró durante un lustro los comunicados e
informes del accionar de la organización. Junto con esas imágenes se muestra una
enorme cantidad de escritos, revistas, publicaciones y material fotográfico que es
utilizado abundantemente, en especial en los documentales que se construyen
como historias generales de la organización. Los trabajos sobre Montoneros
parten de una dificultad: la organización no tuvo una política de conservación
de archivo de imágenes. Más allá de esto, solo se utilizan marginalmente ma-
teriales de la prensa o la televisión en alguno de los documentales analizados.
Las estructuras narrativas replican en parte lo descrito respecto de los usos
de los testimonios: el ciclo de los Montoneros es más diverso y complejo que
el del prt, que se circunscribe al punto de vista “institucional” de la organi-
zación. Los documentales sobre Montoneros, en cambio, se plantean en un
arco que va desde la narración cronológica hasta la negación de toda forma
narrativa lineal, pasando por diversas variantes reflexivas y performativas del
documental (Nichols, 1996) en las que el relato se complejiza y abre diversas
líneas de causalidad.
En general, puede hablarse de un ciclo de documentales sobre los Monto-
neros que abarca más tiempo en cuanto a la producción de los textos (más de
quince años) y que se articula a partir de tres propuestas: una motorizada por
los ex militantes, otra por la generación siguiente (llevada a término por hijos
de desaparecidos) y una tercera que se asocia al planteo sobre el pasado recien-
te que propone el gobierno nacional y de la que ha hecho uno de los puntos
nodales de su construcción identitaria. En este sentido puede describirse un
ciclo: se parte de la construcción de una épica grupal en un primer momento;
se la destruye a través de la exteriorización del trauma de la desaparición y la
ausencia en el segundo momento, y se reconstruye una nueva épica de carácter
colectivo en el tercero.
La coincidencia entre algunos de los documentales de los Montoneros y la
política gubernamental de derechos humanos constituye también un punto de
distanciamiento respecto de los documentales sobre el prt. En ellos se realiza una
crítica (en general de modo elíptico y a través de la ironía) del “oportunismo”
de las políticas de memoria. La crítica es el último eslabón de una propuesta
enunciativa que atraviesa todos los documentales y que marca el sentido que
tiene para los testigos y realizadores el recuerdo de los setenta: la dignidad y la
coherencia. Estos valores atraviesan diversas instancias que se ponen en discusión
en los filmes: las acciones armadas, los muertos propios y los de los enemigos,

271
Gustavo Aprea y Juan Pablo Cremonte

las diferencias con Montoneros y, finalmente, las distancias con las políticas de
derechos humanos del gobierno. Se construye una épica de la dignidad de la
lucha que se prolonga aun en una siempre desigual relación de fuerzas.
Como producto de las diferencias que acabamos de sintetizar, se obser-
van dos maneras diferentes de reconstruir el pasado y elaborar el trauma que
produjo la derrota militar y la brutal represión. La memoria enarbolada en los
documentales sobre el prt construye un relato cerrado, sostenido sobre una
voz coral en la que los testimonios se articulan con la mirada del documenta-
lista en la construcción de un nosotros que se enfrenta en diversos grados con
aquellos que no comparten su fervor militante.31 Por su parte, las memorias
muchas veces contradictorias que se construyen a partir de la evocación de la
militancia montonera conforman un ciclo en el que testimonios, relatos y do-
cumentales discuten entre sí. La existencia de este debate genera una distancia
con respecto a los acontecimientos del pasado traumático. Dicha distancia, en
algunos casos (como ocurre en M o Los rubios), lleva a la impugnación de la
experiencia guerrillera. Aunque parezca paradojal, la crítica a la conducción
de Montoneros y la reivindicación de la lucha (como sucede en El tiempo y la
sangre, Norma Arrostito, la Gaby o Victoria) permiten la construcción de una
memoria que el Estado puede asumir institucionalmente. La reivindicación
del intento de transformación de la sociedad puede sostenerse más allá de las
evidentes discrepancias con la estrategia política de la organización recordada
y la condena de su dirigencia.
Si se comparan las series de documentales que participan de la construcción
de la memoria sobre las dos organizaciones guerrilleras, puede observarse que la
del prt aparece como más homogénea desde el punto de vista tanto político como
estético. La mayoría de los trabajos asumen una voz que reivindica la trayectoria
de la organización. Los documentales que no siguen esta línea asumen voces in-
dividuales que ocupan un lugar marginal. A partir de estas características puede
hablarse de un alto nivel de coherencia y de cierta linealidad en el relato de los
acontecimientos. Por el contrario, los documentales sobre la militancia montonera
se presentan como un grupo más amplio y heterogéneo que va transformando
sus perspectivas y modalidades estilísticas a lo largo de los años. Evidentemente
se trata de dos maneras diferentes de asumir las memorias grupales. Sin duda los
31
Un dato que trasciende lo anecdótico es que la mayoría de los realizadores de la serie del
prt-erp (excepto Adrián Jaime) encaran la realización desde una perspectiva militante y no
filman sobre otros temas. En el caso del ciclo de Montoneros sucede lo contrario, y algunas de
sus documentales pueden considerarse hitos (Montoneros, una historia, Cazadores de utopías,
Los rubios) en el proceso de institucionalización y profesionalización del documental argentino.

272
Los modos de reconstruir el pasado en los documentales...

orígenes ideológicos, las trayectorias y las formas de organización que sostuvieron


a los dos grupos inciden en el modo en que los grupos evalúan su pasado. El prt
asumió una posición ideológica dogmática asociada a la versión guevarista del
marxismo y a un tipo de organización sectaria que le permitieron construir una
identidad aparentemente sin fisuras. O se acuerda con ella o se está afuera. Por el
contrario, Montoneros se fue conformando a partir de diversos orígenes políticos
(cristianismo, marxismo, peronismo) que constituyeron una identidad polimorfa
en constante debate y transformación. Sobre esta base, las interpretaciones en
torno al pasado continúan la discusión y multiplican sus lecturas.
Trascendiendo estas diferencias, las dos series de documentales enfrentan
el pasado traumático y permiten que la sociedad otorgue una pluralidad de
sentidos a una experiencia que se coloca en los límites de lo humano.

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Filmografía sobre Montoneros y PRT

Montoneros, una historia (Andrés Di Tella, 1994)


Cuenta la trayectoria de Montoneros a partir de la experiencia de una sobrevi-
viente de la Escuela de Mecánica de la Armada (esma).
Cazadores de utopías (David Blaustein, 1995)
Narra la historia de Montoneros sobre la base de testimonios de ex militantes
de diversos frentes.
Rodolfo J. Walsh (Gustavo Gordillo, 1998)
Biografía del intelectual y militante montonero.
H.G.O. Héctor Germán Oestrheld (Daniel Stefanello y Víctor Baio, 1998)
Historia de vida del escritor que militó en Montoneros y desapareció con sus
cuatro hijas.
Clase. La política sindical del PRT-ERP en Córdoba (Mascaró Cine Americano,
2000)

275
Gustavo Aprea y Juan Pablo Cremonte

Narra la política sindical del prt en Córdoba durante la década del setenta.
P4R + Operación Walsh (Gustavo Gordillo, 2000)
Cuenta la vida del escritor y militante montonero en diversos aspectos.
Papá Iván (María Inés Roqué, 2000)
La directora busca reconstruir la vida y la muerte de Julio Roqué, dirigente de
las far y Montoneros.
Raymundo (Ernesto Ardito y Virna Molina, 2002)
Biografía del cineasta que dirigió el Grupo Cine de la Base.
Los malditos caminos (Luis Puenzo y Jorge Barone, 2002)
Narra la vida de tres militantes ligados con el peronismo revolucionario: José
Luis Nell, Lucía Cullen y Carlos Mugica.
Errepé (Gabriel Corvi y Gustavo de Jesús, 2003)
Narra la historia del prt-erp desde la perspectiva del grupo ligado a Luis Mattini.
Los rubios (Albertina Carri, 2003)
La directora presenta una exploración de la memoria a partir de la desaparición
de sus padres, intelectuales militantes montoneros.
Hora cero (José Luis Cancio, 2004)
Biografía de Héctor Oesterheld como escritor de historietas y militante político.
El tiempo y la sangre (Alejandra Almirón, 2004)
Reconstrucción de la militancia montonera en Morón a partir de la búsqueda
de una sobreviviente.
Encontrando a Víctor (Lucía Bruschstein, 2004)
La directora reconstruye la figura de su padre, militante del prt desaparecido.
Los perros (Adrián Jaime, 2004)
Historia del prt través de la reconstrucción que hace un ex militante.
Paco Urondo, la palabra justa (Daniel Desaloms, 2004)
Biografía del poeta, periodista y militante montonero.
Gaviotas blindadas 1. Historias del PRT-ERP (1961-1973) (Mascaró Cine Ame-
ricano, 2006)
Primera parte de la historia del prt que sigue la versión de Gorriarán Merlo.

276
Los modos de reconstruir el pasado en los documentales...

Juan Gelman y otras cuestiones (Jorge Denti, 2006)


Biografía del poeta, periodista y militante montonero.
Gaviotas blindadas 2. Historias del PRT-ERP (1973-1976) (Mascaró Cine Ame-
ricano, 2007)
Segunda parte de la historia del prt que sigue la versión de Gorriarán Merlo.
El azúcar y la sangre. La guerrilla rural en Tucumán 1966-1976 (Eduardo An-
guita, 2007)
Narración de las luchas de los zafreros y su relación con el prt.
M (Nicolás Prividera, 2007)
El director realiza una investigación sobre la militancia en Montoneros y la
desaparición de su madre
Gaviotas blindadas 3. Historias del PRT-ERP (1976-1980) (Mascaró Cine Ame-
ricano, 2008)
Tercera parte de la historia del prt que sigue la versión de Gorriarán Merlo.
Victoria (Adrián Jaime, 2008)
Describe el proceso de recuperación de la identidad de Victoria Donda, hija
apropiada de militantes montoneros desaparecidos.
Haroldo Conti, homo viator (Miguel Matto, 2008)
Rescate de la figura del escritor y militante del prt a partir de la recuperación
de sus propias declaraciones.
Norma Arrostito, la Gaby (Luis César D’Angiolillo, 2008)
Biografía de la fundadora y dirigente montonera Norma Arrostito.
Fragmentos rebelados (David Blaustein, 2009)
Biografía del cineasta y militante montonero Enrique Juárez.
Un arma cargada de futuro. La política cultural del PRT-ERP (Mascaró Cine
Americano, 2010)
Rescate de la actividad del prt en el campo de la cultura, en el que se recons-
truyen los debates de la época.
Santucho… todavía (Camilo Cagni y Lucía García, 2010)
Biografía del fundador y dirigente del prt y el erp.

277
Gustavo Aprea y Juan Pablo Cremonte

El retrato postergado (Andrés Cuervo, 2011)


Retrato del escritor Haroldo Conti realizado por el hijo de un amigo.
Cuentas del alma. Confesiones de una guerrillera (Mario Bomheker, 2012)
Testimonio de una militante del prt que abandonó a la organización y la de-
nunció públicamente en 1976.

278
Historia reciente y enseñanza:
entre las prescripciones y las prácticas
María Paula González y Yésica Billán

Introducción
Probablemente uno de los cambios más sustantivos de los últimos años en
la enseñanza de la historia haya sido la inclusión del pasado reciente como
contenido escolar. En la actualidad, esta cuestión aparece con claridad en la
legislación y en los diseños curriculares, resulta visible en diversos materiales
didácticos y se registra en muchas prácticas docentes.1 Con todo, el pasado
reciente no se instaló de una vez ni de modo uniforme en las normativas, ni
en las propuestas pedagógicas ni en las prácticas docentes, como tampoco hoy
esos ámbitos son dimensiones coincidentes de lo escolar.2
Por lo mismo, indagaremos cómo fue definiéndose la historia argentina
reciente en sucesivos marcos legislativos y curriculares y de qué manera está
siendo apropiada y desplegada por los profesores en las aulas hoy. Así, por un
lado, mostraremos que las prescripciones legislativas y curriculares no son el
resultado de la “transposición” de saberes académicos de referencia sino el resul-
tado de una construcción en la que intervinieron las “luchas por la memoria”
(Jelin, 2002), los aportes de otras ciencias sociales y campos culturales además
de la historiografía. Por otro lado, expondremos que las prácticas docentes
son algo más complejo y sutil que la mera aplicación de diseños o propuestas
1
Muchos estudios muestran la incorporación de la historia reciente en los libros de textos
escolares.
2
Retomamos las nociones de cultura normativa, cultura pedagógica y cultura docente que,
según Escolano (1999), conforman la cultura escolar.

279
María Paula González y Yésica Billán

generadas fuera de la escuela mostrándolas como prácticas de significación


activas que generan algo nuevo en y para las aulas. Asimismo, y de manera
conexa, observaremos cómo las prescripciones y las prácticas, lo normativo y
lo docente, se articulan en grados variables de autonomía, correspondencia e
interdependencia.
Para el desarrollo de estas ideas, recortaremos particularmente el período de
la última dictadura militar y consideraremos el nivel secundario de la provincia
de Buenos Aires en la actualidad, aunque, por la mirada propuesta, las fuentes
normativas se remontarán a los años noventa.
La idea que atraviesa este trabajo es que, para comprender las formas de
inclusión de la historia argentina reciente en el campo de la enseñanza, resulta
relevante pensar conjuntamente las normas y saberes que definen los conte-
nidos a enseñar y las prácticas que se desenvuelven para tal fin, pero no para
medir su correspondencia o distancia sino para vislumbrar las “rugosidades”
de los textos normativos y, sobre todo, subrayar el poder activo y creativo de
los haceres docentes.

La historia argentina reciente en la normativa educativa:


leyes y diseños curriculares nacionales y provinciales
de 1993 a la actualidad
La historia argentina reciente (y particularmente el período de la última dicta-
dura) entró en los currículos escolares de manera oficial, a nivel nacional y desde
una perspectiva crítica con la sanción de la Ley Federal de Educación 24195
de 1993. Antes de ello, se había incorporado en algunas disposiciones sobre
conmemoraciones escolares3 y, sobre todo, en las asignaturas de educación cívica
–en las que se estudiaban los sucesivos golpes de Estado– (Finocchio, 2007).4

3
Por ejemplo, en 1988, en la provincia de Buenos Aires se sancionó la Ley Provincial 10671,
que instituyó al 16 de septiembre como “Día de la Reafirmación de los Derechos del Estudiante
Secundario” (Raggio, 2002). En este trabajo no aludiremos a las efemérides escolares –parte muy
importante de la cultura normativa– por razones de extensión.
4
En la modificación del plan de estudios de Historia de tercer año realizada en 1979 –durante
la propia dictadura– se había ampliado el período a estudiar: “1830 a la actualidad” (centrándose
en la historia argentina y estableciendo relaciones con acontecimientos de la historia europea)
(Lanza, 1993) y, de hecho, esto fue plasmado en varios libros de textos escolares que asumieron
el relato de la “guerra sucia contra la subversión” (Born, 2010). No obstante, en la práctica, la
historia escolar no solía avanzar sino hasta la primera mitad del siglo xx (Finocchio, 1999; De

280
Historia reciente y enseñanza

Si hasta ese momento la historia escolar había hecho hincapié en el pasado


glorioso del siglo xix –con sus héroes y batallas por la revolución e independen-
cia–, la reforma curricular fortaleció el espacio de la historia contemporánea e
incorporó la más reciente. Esta inserción no estuvo exenta de polémicas incluso
entre los propios historiadores, quienes, aun reconociendo su relevancia, ad-
vertían que ese pasado no era materia de la historiografía a inicios de la década
de los noventa.5
A pesar de las discusiones, la historia reciente entró en los nuevos diseños
curriculares. En efecto, y sin descartar el papel de la educación en la consoli-
dación de la identidad nacional, la Ley Federal estipuló una política educativa
que buscaba la consolidación de la democracia con la formación de ciudadanos
comprometidos en su defensa.6
A partir de este marco legislativo general, se avanzó en el diseño curricular
de los niveles educativos, como la Educación General Básica (egb) y el nivel
Polimodal a nivel nacional. Así, los Contenidos Básicos Comunes (cbc) para
la egb, sancionados en 1995, incluyeron en el noveno año de la egb3 los
siguientes contenidos: “Inestabilidad política, golpes militares. La violencia
política y los gobiernos autoritarios. El endeudamiento externo. La guerra de
las Malvinas y la crisis del autoritarismo” (mcye, 1995: 199). Por su parte, los
cbc del Polimodal de 1997 abarcaron un período temporal más amplio sin
demasiadas precisiones en relación con el pasado reciente. En el bloque titulado
“La Argentina Contemporánea” se señalaban: “los proyectos políticos en disputa
durante la primera mitad del siglo xix: monarquía y república, centralismo y
federalismo. El Estado Nacional. Estado y cambio político desde 1880 hasta
el presente” (mcye, 1997).
En 2004, como consecuencia de la desigual implementación de la Ley
Federal y con el objetivo de homogeneizar los contenidos de las diversas juris-
dicciones, el Ministerio de Educación inició un nuevo proceso de definición
curricular a nivel nacional identificando Núcleos de Aprendizajes Prioritarios
(nap). Dentro de ellos, los referidos a la historia argentina reciente se incluye-
ron en noveno año del tercer ciclo de egb/Nivel Medio en el área de Ciencias
Sociales, estipulándose:

Amézola, 1999). Asimismo, en el período 1983-1993 no se produjeron modificaciones sustantivas


en la normativa curricular.
5
Sobre los debates y objeciones, ver De Amézola, 1999.
6
Ver particularmente Título ii, Capítulo i, artículo 5, inciso 3 de la Ley 24195 (mcye, 1993).

281
María Paula González y Yésica Billán

La comprensión de las múltiples causas que condujeron a una etapa de


inestabilidad política en la Argentina en el período 1955-1976, identifi-
cando los diversos actores e intereses en juego […] El conocimiento de las
características del terrorismo de Estado implementado en la Argentina por
la dictadura militar de 1976-1983, y de su relación con la Guerra Fría y la
aplicación de un modelo económico y social neoliberal (mcye, 2006: 25).
Finalmente, en 2006, se sancionó la Ley Nacional de Educación 26206, en la
que la historia reciente y la construcción de la memoria adquieren una centra-
lidad especial. Su artículo 92 dispuso como contenidos curriculares comunes
a todas las jurisdicciones:
El ejercicio y construcción de la memoria colectiva sobre los procesos
históricos y políticos que quebraron el orden constitucional y terminaron
instaurando el terrorismo de Estado, con el objeto de generar en los/as
alumnos/as reflexiones y sentimientos democráticos y de defensa del Estado
de Derecho y la plena vigencia de los Derechos Humanos (me, 2006: 19).

Las evidencias documentales tomadas hasta aquí –la legislación y los diseños
nacionales de 1993 a la actualidad– permiten trazar un primer balance en torno
a sus prescripciones.
Mientras que la Ley Federal de 1993 resaltaba que la educación debía fa-
vorecer la “consolidación de la democracia”, la Ley Nacional de 2006 no solo
respalda esta función sino que añade “el ejercicio y la construcción de la memoria
colectiva” sobre el pasado reciente. Las luchas por la memoria explican, en gran
medida, que esta mención se encuentre en el cuerpo de la nueva ley. Porque, si
bien estas luchas nunca dejaron de hacer escuchar sus voces, es notorio que a
partir de 2003 forman parte de las “políticas de memoria por parte del Estado”
(Lvovich y Bisquert, 2008) y han dejado una marca insoslayable en la legislación
nacional de educación (una ley de la que puede esperarse la enumeración de
principios generales pero que en este caso avanza en la prescripción de objetivos
y contenidos directamente ligados al pasado reciente). De modo análogo, si
tomamos los diseños curriculares nacionales (cbc para egb3 y Polimodal de
1995 y 1997 respectivamente) y consideramos el derrotero de la historiografía
dedicada al pasado reciente –que comienza a ocuparse sistemáticamente de esta
cuestión hacia fines de los años noventa según señalan Pittaluga (2007) y Franco
(2005)–, queda a la vista que aquella primera inclusión del pasado reciente en
los planes y programas de enseñanza no respondió tanto a los avances de la
historia académica como al empuje de las luchas por la memoria y los aportes
de otras ciencias sociales y prácticas culturales (cine, literatura, etcétera) que en

282
Historia reciente y enseñanza

ese momento estaban disponibles (De Amézola, 1999). De allí, también, que
esas primeras alusiones se realizaran desde definiciones amplias y genéricas tales
como “la inestabilidad política”, “los golpes militares”, “la violencia política y los
gobiernos autoritarios”, “la guerra de Malvinas” –en el caso de los cbc para la
egb–. Tales menciones evidencian el establecimiento del tema desde enunciados
simples y directos (aunque, por cierto, condenatorios de la última dictadura).
El balance es diferente cuando consideramos los nap de 2004. Allí se
registran marcas de la memoria social pero también renovadas perspectivas.
Por ejemplo, el “conocimiento de las características del terrorismo de Estado
implementado en la Argentina por la dictadura militar de 1976-1983” resulta
una definición más taxativa que “golpe militar” o “gobiernos autoritarios” de
los cbc de 1995. No obstante, y allí se registra la marca memorial, se sigue
restringiendo la categoría de “terrorismo de Estado” a la última dictadura. Esto
puede deberse, por un lado, a la sedimentación de la narrativa del Nunca Más7
y, por el otro, a que las investigaciones historiográficas que han comenzado
a problematizar e historizar tal noción son muy recientes.8 En relación con
las renovadas perspectivas, la lectura de la última dictadura en el marco de
la “Guerra Fría” y la consideración de un período más amplio (1955-1976)
dan cuenta de miradas más amplias en el tiempo y el espacio. Así, ya no se la
considera como una experiencia aislada y particular del caso argentino –que
irrumpe y se instala en los años setenta– sino que se la enmarca dentro de
procesos que complejizan y explican sus causas a partir de diferentes escalas:
nacional, mundial y latinoamericana.
Toda la legislación nacional hasta aquí citada tuvo su rediseño jurisdiccional,
por ejemplo, en la provincia de Buenos Aires. Para el caso de los cbc destinados
a la egb3, se estipularon –en 1996– contenidos para el período de la dictadura
y sus años previos con los siguientes enunciados: “La inestabilidad institucio-
nal. Semidemocracia. Proscripción. Golpes militares. Los grupos guerrilleros.
La última dictadura militar: el autodenominado Proceso de Reorganización
Nacional. La violación de los derechos humanos” (pba-dgce, 1996: 102).
Por su parte, en 1999, el diseño bonaerense para el nivel Polimodal pre-
sentaba una Historia Mundial Contemporánea para primer año y una Historia
Argentina Contemporánea para segundo. En este último, la historia argentina
reciente tuvo lugar dentro del recorte temporal que abarcaba de 1850 a la ac-

7
Consideramos, siguiendo a Crenzel (2008), que la narrativa del Nunca Más es aquella que señala
la instalación del terrorismo de Estado por parte de la última dictadura sin historizar ese proceso.
8
Ver, por ejemplo, Franco (2012).

283
María Paula González y Yésica Billán

tualidad. Los contenidos relativos a la dictadura y sus años previos estipulados


eran los siguientes:
1916-1976 - Hacia la crisis económica e institucional. Organización
socio-política... Conflictividad político-social. Golpe militar de 1955 y
proscripción del peronismo: inviabilidad del desarrollismo y el radicalis-
mo. Debilidad de las instituciones democráticas y recurrencia a regímenes
corporativos: golpe militar de 1966. Incremento de sectores sindicales y
políticos radicalizados. El Cordobazo. Los fracasos del último intento
peronista de alianza social. 1976-hasta la actualidad - El desafío de la
restauración democrática. Organización sociopolítica: El golpe militar de
1976. Consolidación del terrorismo de Estado y retracción de la actividad
política. La guerra de Malvinas: fracaso en la construcción de legitimidad
política (pba-dgce, 1999: 50).

El diseño provincial del nivel Polimodal fue renovado en 2005, lo cual –para
el caso de la historia argentina– significó dotar de mayor espacio a los períodos
más recientes, ya que se seleccionaron contenidos de historia latinoamericana
y argentina de los siglos xix y xx. Para el segundo año, que abarcaba de 1930
a la actualidad, los contenidos referidos a la historia argentina reciente fueron
los siguientes:
La dictadura militar en la Argentina, 1976-1983. El terrorismo de Estado:
política de detenciones-desapariciones como metodología central de con-
trol social y político estatal. La “justificación” de la represión ilegal. Los
campos de concentración y exterminio. La vida cotidiana en los primeros
años de la dictadura: miedo, inseguridad, censura, corrupción y exilio.
El deporte y la política: el Mundial de fútbol de 1978. La respuesta de la
comunidad jurídica internacional a los regímenes terroristas de Estado. La
lucha de la sociedad argentina por la aparición con vida de los detenidos-
desaparecidos. La disputa con Chile por el Beagle. La guerra de Malvinas:
de la causa nacional a la guerra absurda. El derrumbe del poder militar
(pba-dgce, 2005: 183).

Hacia 2008, la provincia de Buenos Aires sancionó su propia Ley Provincial


13688 –al amparo de la Ley Nacional 26206– modificando la estructura y los
contenidos del nivel medio. Los temas referidos a la historia argentina reciente
se encuentran ahora en el 5º año de la Educación Secundaria, entre los que se
mencionan:

284
Historia reciente y enseñanza

La última dictadura cívico-militar en la Argentina: represión, disciplina-


miento social y política económica. La Dictadura y la sociedad: la búsqueda
de la subordinación sin consenso. El movimiento de Derechos Humanos
y la resistencia civil. La Dictadura y la economía: auge de la especulación
financiera, crisis y endeudamiento externo (pba-dgce, 2011: 20).
Además, esta misma reforma estableció que para el 6º año de la Escuela Secun-
daria con Orientación en Ciencias Sociales y Artes se retomen contenidos de
historia reciente argentina de los años setenta, ochenta y noventa para abor-
darlos en proyectos de investigación escolar. Ese diseño abre con una unidad
de carácter transversal, dirigida a trabajar los “problemas temáticos, teóricos y
metodológicos de la Historia Reciente”, la “Historia y Memoria” así como el
“surgimiento de la Historia Oral como enfoque historiográfico”. En relación
con la elaboración de proyectos de investigación, se señalan los siguientes temas:
El terrorismo de Estado. La detención-desaparición de personas. La cultura
del miedo. El golpe cívico-militar a la educación pública y la censura. El
problema del exilio. El proceso de desindustrialización y sus consecuen-
cias sobre el mercado y la economía interna. El impacto de las políticas
neoliberales. El endeudamiento externo. Deportes, medios y política. La
guerra de Malvinas. Los movimientos de Derechos Humanos. El rock
nacional. Cine, teatro underground (pba-dgce, 2012: 41).

El balance para el caso de los diseños provinciales es análogo al realizado para


los programas nacionales. En los primeros currículos de la provincia de Buenos
Aires de 1996 y 1999 también se vislumbraban los aportes de las ciencias socia-
les más que de los avances historiográficos (por ejemplo, en la caracterización
del período abierto en 1955 como “semidemocracia”9). Más adelante, en los
diseños de 2005, se incorporaron temáticas que en los diseños anteriores no se
mencionaban –en coincidencia con las cuestiones que habían quedado fuera
de la construcción de la memoria y también de la historiografía en los años
inmediatos al fin de la dictadura–. Es el caso del exilio, por cuanto si bien los
exiliados formaban parte de las víctimas de la represión militar y la violen-
cia política, no habían aparecido en el discurso público ni en los textos que
abordaban la historia reciente hasta fines de los años noventa (Franco, 2008).
Del mismo modo puede verse cómo cambia el enunciado para la cuestión de
Malvinas incorporando un matiz crítico, esto es, los cambios en las representa-

9
Este concepto fue trabajado por el politólogo Miguel Cavarozzi en Autoritarismo y Democracia.
1955-1983. Buenos Aires: Centro Editor de América Latina, 1987.

285
María Paula González y Yésica Billán

ciones sociales sobre la guerra. De hecho, la expresión “de la causa nacional a la


guerra absurda” del diseño de 2005 corresponde al título de la obra de Rosana
Guber (2001). Asimismo, en ese mismo programa, se citan nuevas cuestiones
como el “miedo y la inseguridad”, elementos que aluden a las consecuencias
sociales más vastas de la última dictadura y no solamente a las élites dirigentes,
en consonancia con el derrotero historiográfico (Lvovich, 2007). Del mismo
modo que en el caso de los diseños nacionales, se advierte que, si en 1999 se
hablaba del “autodenominado Proceso de Reorganización Nacional”, en 2005
la dictadura se define con el concepto de terrorismo de Estado, enunciado que
se repite en los diseños publicados a partir de 2008. Finalmente, considerando
los diseños provinciales actualmente vigentes, puede indicarse que la historia
reciente ha ganado un espacio definitivo en la escuela –incluso con el lugar
privilegiado de una asignatura en 6º año de dos modalidades–, incluye con
claridad las consecuencias que tuvo la dictadura en lo cultural y se habla de
dictadura “cívico-militar”, lo que ampliaría la mirada sobre las responsabilida-
des de su instauración (aunque, a la postre, esto podría ser un problema si se
diluye la responsabilidad militar en la instrumentación del sistema represivo).
En términos generales, la historia argentina reciente integrada a la norma-
tiva educativa –desde 1993 hasta la actualidad– fue conquistando más espacio,
densidad y matices, incorporando definiciones más precisas en cada definición
curricular. Ese proceso no fue producto exclusivo de la traducción de los avances
del campo académico historiográfico sino resultado de una construcción en la
que intervinieron también las luchas por la memoria así como los aportes de
otras ciencias sociales y campos culturales.
En el apartado siguiente, veremos cómo esas prescripciones oficiales son
leídas y traducidas por un conjunto de profesores en las aulas.

La historia argentina reciente en las aulas:


saberes y prácticas docentes
La revisión de la normativa educativa muestra una parte de la inclusión de
la historia argentina reciente en el ámbito educativo. Pero, para aludir al
conjunto de la disciplina escolar, resulta necesario dar cuenta del proceso de
“co-construcción” (Rockwell, 2000) que ocurre en la escuela y que transforma
el sentido y los usos de las herramientas culturales elaboradas por fuera de
ella. En este sentido, aquello que se enseña en las aulas es producto de una
prescripción externa a la escuela pero también resultado de las posibilidades

286
Historia reciente y enseñanza

de transformación e invención en contextos escolares específicos por parte de


sus actores, entre ellos los profesores (Goodson, 1991).
Desde luego, la normativa oficial prescribe, posibilita y condiciona. Sin
embargo, estos textos son leídos y reinterpretados por los docentes en función de
diferentes tradiciones pedagógicas y de su trabajo cotidiano (Finocchio y Lanza,
1993). Al mismo tiempo, las estrategias y tácticas que los profesores despliegan
son prácticas de significación activas que producen algo nuevo en y para las
aulas. Particularmente frente a la historia argentina reciente en la escuela, las
prácticas docentes se ven influenciadas por las memorias sociales y personales
así como por los contextos en que se desarrollan, desde la escuela en general y
las instituciones específicas hasta la historia como disciplina escolar y las aulas
en particular (González, 2014). Además, las prácticas se sitúan en coordenadas
temporales y espaciales puntuales que movilizan referencias comunes para los
docentes y los alumnos.
Por lo dicho, y para mostrar esas lecturas e invenciones de la historia ar-
gentina reciente en las aulas, daremos cuenta de las prácticas de tres profesores
a cargo de la materia Historia de sexto año en escuelas secundarias con mo-
dalidad Ciencias Sociales de la Región IX (partidos de Malvinas Argentinas y
San Miguel).10 Tal selección obedece a una opción metodológica que pondera
la voz de los profesores, indaga sus motivaciones y busca vislumbrar sus prác-
ticas cotidianas. Para tal fin, se realizaron estudios de casos que permitieron
desarrollar registros activos de los acontecimientos, participar y dar cuenta de
las situaciones que ocurren en las aulas de historia y esbozar interpretaciones
de tales situaciones. En este sentido, cabe señalar que los estudios de caso de
experiencias educativas se alejan de la ilusión de generalización y la reemplazan
por el objetivo de transferibilidad de sus resultados (Connelly y Clandinin,
1995), no para su aplicación de forma directa a otras situaciones, sino para
abrir nuevas indagaciones, plantear renovados interrogantes, señalar otras aristas
de análisis, fortalecer la formación de profesores e inspirar nuevas prácticas
(Connelly y Clandinin, 1995; Litwin, 2008).
Como se señaló en los apartados anteriores, esa asignatura estipula el
tratamiento de problemas temáticos, teóricos y metodológicos de la historia
reciente y la realización de investigaciones por parte de los alumnos sobre temas
y problemas de la historia argentina de los años setenta, ochenta y noventa.
Paralelamente, los estudiantes secundarios de la mencionada modalidad tienen
10
Tales evidencias han sido tomadas en 2012 y 2013 a partir de observaciones de clases, charlas
con los profesores –antes y después de las clases–, programas elaborados por los docentes, carpetas
y trabajos de investigación de los estudiantes.

287
María Paula González y Yésica Billán

la asignatura Proyecto de Investigación en Ciencias Sociales, que abarca el


trabajo con problemáticas sociales y culturales actuales y otras que interesen y
surjan de los jóvenes.11
Antes de aludir a las prácticas de los docentes, es preciso señalar una serie
de cuestiones que resultan claves para su interpretación.
Los tres profesores poseen trayectorias formativas y laborales distintas y se
desempeñan en instituciones de gestión privada laica (diferenciadas tanto por su
localización como por la población a la que atienden)12 situadas en los partidos
de San Miguel y Malvinas Argentinas, espacios que tienen marcas indelebles de
la última dictadura: Campo de Mayo y el ex Batallón 601. Los rasgos que los
tres docentes comparten son un manifiesto interés por el estudio de la historia
argentina reciente (realizan seminarios de formación continua, asisten a eventos
académicos y son lectores de bibliografía académica actualizada) y su compro-
miso con la transmisión de esos contenidos en el ámbito educativo. Además,
los tres se mueven en instituciones educativas que construyen “atmósferas de
transmisión de aliento” (González, 2014) ya que la comunidad educativa –y
los directivos en particular– habilitan espacios, modalidades y situaciones fa-
vorables para el tratamiento de la historia argentina reciente. Pero más allá de
estos aspectos compartidos por los tres profesores, las clases observadas mues-
tran particularidades derivadas de su memoria personal, de su interpretación
del currículo, del contexto en que desarrollan sus prácticas y del intercambio
con sus alumnos. Para mostrar esto, señalaremos los modos en que organizan
la enseñanza, los recortes temáticos que proponen, las lecturas que seleccionan
y las actividades que plantean a sus estudiantes.
Alberto13 estructura sus clases a partir de exposiciones orales que contex-
tualizan los temas y conceptos buscando dar cuenta de aspectos generales de
la historia argentina reciente con aspectos concretos tales como los cambios
en la masa salarial desde 1955 hasta la actualidad. En las clases observadas,14
sus alumnos escuchan atentamente sus explicaciones: el profesor logra captar

11
Ver el diseño de esta asignatura en http://servicios2.abc.gov.ar/lainstitucion/organismos/
consejogeneral/disenioscurriculares/secundaria/sexto/orientadas/sociales/proyectos.pdf.
12
Que sean escuelas de gestión privada no significa necesariamente que atiendan a una población
socioeconómicamente favorecida. Ver las observaciones de Tiramonti (2004).
13
Como es habitual, los nombres de los profesores han sido modificados para garantizar su
anonimato.
14
Se observaron cuatro clases durante 2012 en la escuela ubicada en el partido de San Miguel.
Asimismo, se mantuvieron charlas con el profesor antes de cada clase y se recogieron diez trabajos
de investigación realizados por los estudiantes.

288
Historia reciente y enseñanza

su atención a partir de un entramado de referencias generales con alusiones


a la historia local y al contexto urbano en que estos jóvenes se socializan. Por
ejemplo, al hablar de los saqueos de 1989, Alberto explica que el epicentro de
se dio en la zona cercana a la escuela, en las localidades de Moreno, José C.
Paz, San Miguel, Malvinas Argentinas. Al mismo tiempo, les explica que estos
últimos tres partidos antes conformaban el distrito de General Sarmiento.
En relación con los textos, Alberto propone a sus alumnos trabajar a partir
de fotocopias de un manual –Historia VI. Historia reciente de la Argentina de la
editorial Maipue– y de noticias periodísticas que él mismo selecciona y aporta.
No parece casual la selección de estos materiales. Por un lado, el manual es el
único que en 2012 se produjo siguiendo el diseño curricular de 6º año. Por
otro lado, Alberto trabajó durante muchos años en el ámbito de la prensa, por
lo que el discurso periodístico le resulta una referencia familiar y adecuada para
trabajar en clase.
Por lo general, los alumnos leen esos materiales, los analizan a partir de
una guía de preguntas en parejas o pequeños grupos y finalmente se realiza
una interpretación colectiva coordinada por el profesor. A partir del análisis
de los marcos generales de la historia reciente argentina, Alberto propone a
sus alumnos seleccionar temas particulares vinculados con esos contenidos y
realizar trabajos monográficos grupales fuera del contexto áulico. En este sen-
tido, Alberto posibilita que sus alumnos elijan libremente los temas a indagar
y ellos optan por centrarse en temáticas relacionadas con el ámbito artístico.
A lo largo de las clases, los estudiantes realizan entregas preliminares a partir
de las cuales el profesor hace un seguimiento del proceso de elaboración de las
investigaciones y orienta reformulaciones. Los trabajos monográficos (vincu-
lados fundamentalmente con el arte, la resistencia durante los años setenta y
la guerra de Malvinas) son entregados al profesor y expuestos frente a todo el
grupo áulico, de manera que se socialice el trabajo realizado.
Catalina organiza sus clases en función de los contenidos ya vistos en 5º año
con el mismo grupo de alumnos durante 2012.15 En ese año, ella había trabajado
los contenidos de historia argentina reciente a partir de sus vínculos con la historia
latinoamericana y mundial. La continuidad que ella logra establecer –entre los
contenidos abordados en 5º año durante 2012 y los contenidos propuestos para
trabajar en 6º año en 2013– le permite organizar de modo diferente la dinámica
de las clases vinculadas puntualmente con el abordaje de la historia argentina
15
Se observaron ocho clases en 2012 y veinte en 2013 en la escuela ubicada en el centro de San
Miguel. Asimismo, se mantuvieron charlas con la profesora y se analizaron trabajos de estudiantes
entregados en forma virtual.

289
María Paula González y Yésica Billán

reciente. En este sentido, ella no se detiene a explicar los marcos generales en


que fue posible la última dictadura militar argentina, sino que centra su interés
en algunos tópicos que surgen en las primeras clases. En ellas, Catalina propuso
a sus alumnos, reunidos en pequeños grupos, seleccionar y analizar canciones
que hicieran alusión al contexto de los años setenta. A partir de dichos análisis,
seleccionó temas recurrentes en las interpretaciones de los diferentes grupos:
terrorismo de Estado, guerra sucia, teoría de los dos demonios, desaparecidos.
Las clases siguientes giran en torno a un texto de su autoría el cual propone
diferentes actividades. En primer lugar, propone la visualización de un video
elaborado por el Instituto Nacional de Formación Docente (infod) donde el
historiador Roberto Pittaluga caracteriza el terrorismo de Estado.16 Luego pro-
pone complementar las ideas del material audiovisual con el análisis de artículos
de la Constitución Nacional, citas de textos académicos y materiales elaborados
por la Comisión Provincial por la Memoria y por el Programa Educación y
Memoria. A partir de estos textos, se trabajan las características generales del
terrorismo de Estado implantado por la última dictadura.
Al igual que Alberto, Catalina propone a sus alumnos realizar proyectos de
investigación. Pero en este caso, la profesora estimula la realización de trabajos
en torno a la memoria local (específicamente en torno a San Miguel, partido en
el que se encuentra la escuela) vinculados con los treinta años de democracia.
Para realizar dichos trabajos, la profesora propone que los estudiantes lean el
material “30 ejercicios de memoria. A treinta años del golpe”, elaborado por el
Ministerio de Educación Nacional en el marco del Programa Educación y Me-
moria.17 Se trata de un material que presenta imágenes significativas (fotografía,
obra artística, objeto, recorte periodístico) elegidas por diferentes personalidades
(actores, periodistas, escritores, artistas, etcétera), a partir de las cuales realizaron
un ejercicio de memoria personal redactando un breve texto acerca de su expe-
riencia durante la última dictadura. Para dicha lectura, cada alumno selecciona
un ejercicio, lo lee, analiza y expone oralmente ante sus compañeros. Luego de
varias clases en que cada estudiante presenta el análisis del contenido y de la
estructura de los relatos, hacen nuevamente una reflexión colectiva acerca de la
actividad realizada y el trabajo que ellos construirán en torno a la democracia.
Asimismo, y casi de manera permanente, los estudiantes –al ser invitados por
la profesora– reflexionan sobre el recorrido que van realizando.

16
http://www.youtube.com/watch?v=KtHxsUQNoyA.
17
http://www.bnm.me.gov.ar/giga1/documentos/EL000191.pdf.

290
Historia reciente y enseñanza

Laura trabaja con el grupo de alumnos de 6º año tanto en Historia como


en Proyecto de Investigación.18 Así, su estrategia es abordar en la primera ma-
teria los contenidos conceptuales mientras que en el segundo espacio orienta y
acompaña a los alumnos en la elaboración de las investigaciones referidas a la
historia argentina reciente centrada en la última dictadura.
A lo largo de las clases observadas, la docente propone diversas lecturas:
un texto escolar (de editorial Maipue, el mismo que utiliza Alberto y que los
alumnos tienen fotocopiado completo), dos textos académicos,19 una serie de
testimonios del Nunca más seleccionados por ella, un capítulo de una serie
televisiva, y un mapa temático (de los centros clandestinos de detención).20
Además de estas lecturas, los estudiantes desarrollan actividades de escritura
mediante cuestionarios, reseñas e informes. Las consignas de esos trabajos
apuntan al análisis de las lecturas pero también a la articulación de los aportes
de estas últimas que provienen de diferentes culturas (masiva, académica, peda-
gógica) y que aparecen también en diferentes lenguajes y géneros (cartográfico,
audiovisual, testimonial, etcétera).
La profesora pone especial énfasis en un conjunto de definiciones concep-
tuales y precisiones temporales. Para esto, construye colectivamente con sus
alumnos una línea de tiempo con los sucesivos golpes de Estado desde 1930 a
1976, en la que se van señalando los gobiernos de facto. Para los conceptos, traba-
ja con los textos mencionados y se van construyendo definiciones de terrorismo
de Estado, dictadura y golpe de Estado. En tal sentido, resulta muy interesante
cómo, a través de exposiciones dialogadas e interpretaciones colectivas de los
textos, Laura va exponiendo, orientando, retomando ideas de los estudiantes
y repreguntando al tiempo que selecciona ejemplos, establece comparaciones
e introduce analogías significativas para sus alumnos con referencias cercanas
en el tiempo y el espacio. De ese modo, los estudiantes van construyendo
significados y sentidos de un modo compartido. Incluso los propios jóvenes
traen referencias de lo local: por ejemplo, cuando se trabaja con el mapa de los

18
Se observaron cuatro clases de dos horas reloj cada una entre mayo y junio de 2013 en la
escuela ubicada en el partido de Malvinas Argentinas. Asimismo, se observaron carpetas de
alumnos y los programas de cada materia elaborados por la docente, con quien se mantuvieron
charlas después de cada clase observada.
19
“Historia y memoria. Notas para un debate” de Enzo Traverso y “El pasado reciente en clave
historiográfica” de Marina Franco y Florencia Levín. Ambos textos están publicados en Franco,
Marina y Levín, Florencia (comps.). Historia reciente. Perspectivas y desafíos para un campo en
construcción. Buenos Aires: Paidós, 2007.
20
Disponible en: http://www.mapaeducativo.edu.ar/images/stories/men/mapa_a2.pdf.

291
María Paula González y Yésica Billán

sitios de los centros clandestinos de detención, consultan a la docente por el


ex Batallón 601 (hoy Predio Municipal Malvinas Argentinas), asentado en el
partido donde se encuentra la escuela y que no está señalado en el mapa como
lugar de memoria.
Lo señalado hasta aquí acerca de las prácticas de tres profesores, apenas trazos
de todo lo relevado y observado, deja a la vista prácticas docentes marcadas por
tiempos, espacios, saberes y culturas.
Sobre las referencias temporales y contextuales, tanto en las propuestas de
los docentes como en las elecciones y demandas de los alumnos se observan
esas señas: en la elección de centrarse en los treinta años de democracia (por la
“fecha redonda” que supone 2013); en la invitación a concentrarse en el ámbito
local para el desarrollo de las indagaciones de los estudiantes; en los ejemplos y
argumentos ponderados en las exposiciones de los profesores; en las preguntas
de los alumnos, etcétera.
Sobre el cruce de saberes y culturas, hemos mostrado que en las prácticas los
docentes toman en consideración la normativa –cuando vemos a los profesores
leer y seleccionar los contenidos– pero también se autonomizan de ella al plantear
sus propios recortes y proponer diferentes rumbos a su alumnos. Asimismo, los
saberes pedagógicos –identificados tradicionalmente con los textos escolares– tam-
bién son retomados por los docentes que incluyen esas lecturas en sus aulas pero
que las superan con creces cuando introducen otros textos en diversos lenguajes
y soportes. Es precisamente allí, en el espacio de los textos y las lecturas, donde
aparece la más interesante conjunción de culturas diversas: la cultura docente, con
su propio campo bibliográfico y sus inscripciones biográficas; la cultura juvenil,
con sus preguntas, elecciones y demandas; la cultura pedagógica –sea de origen
estatal o editorial–; la cultura mediática y digital, en los diversos textos escritos,
visuales y audiovisuales que circulan en las aulas observadas.
En conjunto, interpretamos que las prácticas docentes se construyen en
diálogo con diversos saberes y culturas y que se articulan con diversas referencias
temporales y espaciales.

A modo de cierre

La exploración de la normativa –la legislación educativa y los diseños curricu-


lares nacionales y de la provincia de Buenos Aires desde 1993 a 2013– permite
discutir la noción de transposición didáctica por cuanto los contenidos a enseñar
referidos a la historia argentina reciente no son el resultado exclusivo de los

292
Historia reciente y enseñanza

aportes historiográficos, sino que se fueron construyendo con las aportacio-


nes de otras ciencias sociales y prácticas culturales así como por la presión de
las luchas por la memoria. De hecho, antes que los historiadores abordaran
sistemáticamente la última dictadura, el currículo incluyó estos contenidos al
tiempo que las nociones allí señaladas se fueron reelaborando y dotando de
mayor densidad y matices en cada modificación curricular.
Por su parte, la indagación sobre las prácticas docentes permite afirmar que
los profesores toman en cuenta las propuestas oficiales (así como las pedagógicas)
pero también se emancipan de ellas al ensayar variaciones, recortar contenidos,
formular recorridos, proponer lecturas, etcétera. En esas decisiones, se observan
influencias de las memorias sociales pero también de las memorias, lecturas
y posiciones personales de los docentes. Asimismo, se advierten inscripciones
temporales y espaciales (en los temas que proponen y/o dejan a elección de
sus alumnos para los trabajos de investigación, en los ejemplos y las analogías
que introducen en sus explicaciones, etcétera). Estas prácticas docentes son,
en conjunto, invenciones para el aula y no meras aplicaciones o desviaciones
de algo que se produce fuera de ellas.
A modo de cierre, señalamos que el análisis de las prescripciones y las prácticas
dan muestra de una historia escolar que incluye las regulaciones político-curricu-
lares que han potenciado el tratamiento del pasado reciente; que está marcada por
las luchas por la memoria; que contiene aportes no solo de la historiografía sino
también de otras ciencias sociales; que está influenciada pedagógicamente por
renovados modos de pensar la enseñanza de la historia; que se construye como
espacio de diálogo de múltiples culturas (académica, masiva, digital, docente,
juvenil, etcétera); que tiene señas temporales y espaciales y que es sensible a las
preguntas e intereses de los alumnos. Este último punto es, quizás, el sentido
más importante de enseñar la historia argentina reciente (y –para nosotros- de
investigarla): la transmisión cultural a las jóvenes generaciones.

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