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Instituto Bíblico Gilgal

Epístolas Carcelarias

Tarea 2 – Investigación de Salvación, Gozo, Meta,


Misiones de Pablo, Humildad.

Docente: Prof. Jesús Marina Betanco.

Año: II Año

Alumna: María Secundina Amador

No. De Lista: 02

Fecha de entrega: 29 de Abril 2020


¿Qué es la salvación?
La respuesta que da la Biblia
Los escritores de la Biblia utilizan a veces los términos salvar y salvación para
transmitir la idea de librar a alguien de un peligro o de la muerte (Éxodo 14:13,
14; Hechos 27:20). Sin embargo, en muchas ocasiones se refieren con ellos a la
liberación del pecado (Mateo 1:21). Como la causa de la muerte es el pecado,
aquellos que son salvados de este tienen la esperanza de vivir para siempre
(Juan 3:16, 17). *
Cómo se obtiene la salvación
Para obtener la salvación, debemos ejercer fe en Jesús y demostrarla
obedeciendo sus mandatos (Hechos 4:10, 12; Romanos 10:9, 10; Hebreos 5:9).
La Biblia dice que es necesario que la obediencia se traduzca en obras para
probar que nuestra fe está viva (Santiago 2:24, 26). Sin embargo, eso
no significa que nos ganemos la salvación. Esta es una “dádiva de Dios”, un
regalo que nos hace por su “bondad inmerecida” o “gracia” (Efesios 2:8, 9, Reina-
Valera).
¿Es posible perder la salvación?
Sí. Igual que una persona que se ha salvado de morir ahogada podría caer o
saltar al agua nuevamente, quien ha sido salvado del pecado podría perder la
salvación si no sigue demostrando su fe. Por esta razón, la Biblia exhorta a los
cristianos que han recibido la salvación a que “luchen tenazmente por la fe”
(Judas 3). También les aconseja que “sigan obrando su propia salvación con
temor y temblor” (Filipenses 2:12).
¿Es Dios el Salvador o es Jesús?
En la Biblia, a Dios se le llama muchas veces “Salvador” y se indica que la
salvación se la debemos principalmente a él (1 Samuel 10:19; Isaías 43:11; Tito
2:10; Judas 25). Por otro lado, la Palabra de Dios también llama “salvadores” a
los hombres que Dios utilizó en ocasiones para librar a la antigua nación de Israel
(Nehemías 9:27; Jueces 3:9, 15; 2 Reyes 13:5). Asimismo, se refiere a
Jesucristo como “Salvador”, pues Dios nos salva del pecado mediante el
sacrificio de su Hijo (Hechos 5:31; Tito 1:4).
¿Qué es el gozo?

El gozo es algo muy diferente. Es un sentimiento profundo de felicidad o placer


que se experimenta al poseer o esperar algo bueno. Sentir gozo significa
sentirnos felices sin importar que las circunstancias sean buenas o malas
(1 Tesalonicenses - 1:6). De hecho, una persona puede sentirse mal por algo y
aun así sentir gozo. Por ejemplo, los apóstoles recibieron azotes por hablar de
Cristo, pero la Biblia dice que “se fueron de delante del Sanedrín, regocijándose
porque se les había considerado dignos de sufrir deshonra a favor del nombre
de él” (Hech. 5:41). Claro, no sintieron gozo por los azotes, sino por haber
permanecido fieles a Dios.

Nadie nace con gozo ni lo cultiva de manera automática. ¿Por qué no? Porque
el gozo auténtico forma parte del fruto del espíritu santo de Dios. Este espíritu
nos ayuda a cultivar “la nueva personalidad”, que incluye el gozo (Efes. 4:24; Gál.
5:22). Y, cuando tenemos gozo, enfrentamos mejor las preocupaciones de la
vida.
Meta

Todos los seres humanos tenemos muchos anhelos y muchos sueños por
alcanzar, muchas personas se han propuesto diversas metas las cuales
quisieran cumplir en determinado momento; el día de hoy quiero darte unos
cuantos consejos que te ayudarán mucho a alcanzar esto que anhelas.

1) Compromete a luchar por las cosas que anhelas. Pues una persona no puede
alcázar algo si durante ciertos días se esfuerza por lograrlo y durante ciertos días
lo de lado obviamente nunca alcanzará lo que está buscando. Por ello es muy
necesario esforzarse.
“Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente; no temas ni
DESMAYES, porque Jehová tu Dios estará contigo en dondequiera que
vayas” (Josué 1:9)

2) Ten una registro de lo que estas realizando. Es muy necesario tener una
libreta de apuntes donde puedas escribir que es lo que has hecho a favor de la
meta que te has trazado durante dicho día; en este registro también tienes que
escribir algunas metas tuyas a corto y largo plazo que tienes que intentar
cumplir.

3) Vive una vida honesta, con carácter, integridad, confianza, amor y


lealtad. Estos valores son muy necesarios para que alcances las cosas que
anhelas pero por tu propio esfuerzo, sin fraudes ni engaños; pues la persona
que alcanza sus sueños a través de fraudes y engaños nunca llega a sentirse
satisfecha y a esta persona no le vale de nada haber logrado aquello.
4) Mantente siempre preparado para el cambio. Si tú quieres lograr algo
grande tendrás que hacer muchos cambios en tu vida mientras vas rumbo a
cumplir este sueño; si no tienes esta disposición en ti de hacer cambios en tu
vida cuando sean necesarios déjame decirte que siempre estarás en el mismo
lugar que estas hoy en día.

5) Cambia los hábitos que serán nocivos para tus sueños. Muchas de las
cosas que en este momento estás haciendo influenciaran de manera negativa a
tu anhelo de cumplir tus sueños o en todo caso se convertirán en un impedimento
para que alcances lo que estás buscando alcanzar; lo que tienes que hacer es
dejar todos los vicios que sean dañinos para ti por ejemplo: Dejar de fumar, beber
alcohol, dormir demasiado, bañarte muy poco, ser impuntual, etc.

6) Vive siempre con la expectativa de que lo que logres te ayudara a ayudar


a otros. Dios bendice y ayuda a todas aquellas personas que quieren usar lo
que tienen para el beneficio de otras personas; por tu parte tienes que tratar de
recordar siempre que hay gente muy necesitada y que puedes ser tú el que les
ayude con las cosas que les hacen falta; como consecuencia de esto Dios te
bendecirá y hará prosperar tus sueños; para que tú puedas ser de bendición
para esas personas.
“Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y
serás bendición” (Génesis 12:2)

7) Confía en que Dios te ayudará. Cuando pones tu confianza en Dios le estas


dando la posibilidad de que pueda obrar en tu vida; pues Dios no te ayudará en
nada si tú no le permites que te ayude a alcanzar las cosas que anhelas tener.

“Fíate de Jehová de todo tu corazón, Y no te apoyes en tu propia prudencia.


Reconócelo en todos tus caminos, Y él enderezará tus veredas”
(Proverbios 3:5)
8) Visualiza de manera constante el triunfo que alcanzaras. Es muy
necesario creer en que si lo lograras y tener mucha fe en que será posible
alcanzar lo que estás buscando; sin importarte lo difícil o complicado que parezca
alcanzarlo; recuerda que con Dios todo es posible y con su ayuda lo lograrás.
Tienes que tener esa misma fe que tuvieron muchas personas a través de la
historia, con la que lograron hacer cosas muy grandes.

9) Aprenda a hacer las cosas en equipo. Siempre es bueno hacer las cosas
entre varios pues así será más fácil alcanzar algo; todo trabajo es mucho más
sencillo si se hace organizadamente con otras personas y así mismo son los
sueños, estos serán más fáciles si todos se apoyan en alcanzar estos sueños y
se podrán motivar y alentar mutuamente.

“Mejores son dos que uno; porque tienen mejor paga de su trabajo.
Porque si cayeren, el uno levantará a su compañero; pero! ay del solo! que
cuando cayere, no habrá segundo que lo levante” (Eclesiastés 4:9-10)
Misiones de Pablo

El Nuevo Testamento registra que Pablo realizó tres viajes misioneros que
expandieron el mensaje de Cristo en Asia Menor y Europa. El apóstol Pablo era
un líder judío bien educado llamado Saulo. Justo después de la muerte y
resurrección de Cristo, vivía haciendo su mayor esfuerzo para aplastar a la
iglesia cristiana. Incluso participó en la ejecución Esteban, el primer mártir
cristiano. (Ver Hechos 7:55-8:4).

En su camino a Damasco buscando apresar a más cristianos, Pablo se encontró


con el Señor. Se arrepintió y cambió a la fe en Jesucristo. Después de su
experiencia en el camino a Damasco, él intentó persuadir a judíos y cristianos de
su conversión y cambio de vida, pero muchos dudaban de él y lo rehuían. Sin
embargo, algunos cristianos tales como Bernabé, lo aceptaron y hablaron a su
favor. Ellos dos se volvieron compañeros de misiones.

En tres diferentes viajes – cada uno de varios años de duración – Pablo


compartió las nuevas de Jesús en muchas ciudades de la costa y pueblos con
rutas comerciales. Esta es una breve crónica de estos viajes misioneros.

Primer Viaje Misionero (Hechos 13-14): Respondiendo al llamado de Dios de


proclamar a Cristo, Pablo y Bernabé dejaron la iglesia de Antioquia en Siria. Al
principio, su método de evangelismo era predicar en las sinagogas de los
pueblos. Pero cuando muchos de los judíos rechazaron a Cristo, los misioneros
reconocieron el llamado de Dios de predicarles a los gentiles.

Por su valiente testimonio de Jesús, Saulo el perseguidor se convirtió en Pablo


el perseguido. Aquellos que rechazaron su mensaje de salvación a través de
Jesucristo, trataron de detenerlo y hacerle daño. En una ciudad, fue apedreado
y dejado por muerto, pero Dios lo salvó. A través de juicios, golpes y
encarcelamientos, él se mantuvo predicando a Cristo crucificado.
El ministerio de Pablo a los gentiles trajo la controversia sobre quién podía ser
salvo y cómo debía ser salvo. Entre su primero y segundo viaje misionero, él
participó en una conferencia en Jerusalén discutiendo sobre el camino de la
salvación. El consenso final fue que los gentiles podían recibir a Jesús sin
sujetarse a las tradiciones judías.

Segundo Viaje Misionero (Hechos 15:36-18:22): Después de otra estadía en


Antioquia y habiendo fundando ahí una iglesia, Pablo estaba listo para hacer otro
viaje misionero. Le pidió a Bernabé que lo acompañara, visitando de nuevo a las
iglesias de su primer viaje misionero. Sin embargo, ocurrió un desacuerdo que
causó su separación. Pero Dios convirtió este desacuerdo en algo positivo,
porque ahora había dos equipos misioneros. Bernabé se fue a Chipre con Juan
Marcos, y Pablo se fue con Silas a Asia Menor.

Providencialmente, Dios redirigió a Pablo y Silas a Grecia, llevando el Evangelio


a Europa. En Filipos, el equipo misionero fue golpeado y encarcelado.
Regocijándose de sufrir por Cristo, ellos cantaban en la cárcel. De repente, Dios
causó un terremoto que abrió las puertas de la celda y los liberó de sus cadenas.
El asombrado carcelero y su familia creyeron en Cristo, pero los oficiales
gubernamentales les rogaron que se fueran.

Viajando hasta Atenas, Pablo predicaba a una inquisitiva audiencia en el


Areópago. Él proclamaba al único y verdadero Dios a quien ellos podían conocer
y adorar sin ídolos hechos por el hombre. Nuevamente, algunos se rehusaron y
algunos creyeron.

Pablo les enseñó a aquellos que creyeron en Cristo y los estableció en iglesias.
Durante este segundo viaje misionero, Pablo hizo muchos discípulos de varias
procedencias: un joven llamado Timoteo, una mujer de negocios llamada Lidia,
y una pareja llamados Aquila y Priscila.
Tercer Viaje Misionero (Hechos 18:23 – 20:38): Durante este último viaje
misionero de Pablo, predicó fervientemente en Asia Menor. Dios confirmó su
mensaje con milagros. Hechos 20:7-12 nos dice de Pablo en Troas predicando
un sermón excepcionalmente largo. Un joven que estaba sentado en un tercer
piso, se quedó dormido y cayó por la ventana. Fue dado por muerto, pero Pablo
lo revivió.

Los nuevos creyentes de Efeso que habían estado anteriormente involucrados


con el ocultismo, quemaron sus libros de magia. Por otra parte, los que
fabricaban ídolos, no estaban contentos con sus pérdidas en el negocio debido
a este verdadero Dios y a Su Hijo. Un platero llamado Demetrio, comenzó una
revuelta en toda la ciudad, alabando a su diosa Diana. Las pruebas siempre
perseguían a Pablo. A última instancia, la persecución y oposición fortaleció a
los verdaderos cristianos quienes propagaron el Evangelio.

Al final del tercer viaje misionero de Pablo, él sabía que pronto sería encarcelado
y probablemente lo matarían. Sus palabras finales a la iglesia de Efeso, muestran
su devoción a Cristo: “Vosotros sabéis cómo me he comportado entre vosotros
todo el tiempo, desde el primer día que entré en Asia, sirviendo al Señor con toda
humildad, y con muchas lágrimas, y pruebas que me han venido por las
asechanzas de los judíos; y como nada que fuese útil he rehuido de anunciaros
y enseñaros, públicamente y por las casas, testificando a judíos y a gentiles
acerca del arrepentimiento para con Dios y de la fe en nuestro Señor Jesucristo.
Ahora, he aquí, ligado yo en espíritu, voy a Jerusalén, sin saber lo que allá me
ha de acontecer; salvo que el Espíritu Santo por todas las ciudades me da
testimonio, diciendo que me esperan prisiones y tribulaciones. Pero de ninguna
cosa hago caso, ni estimo preciosa mi vida para mí mismo, con tal que acabe mi
carrera con gozo, y el ministerio que recibí del evangelio de la gracia de Dios”
(Hechos 20:18-24).

Algunos estudiosos de la Biblia también ven un cuarto viaje misionero, y la


historia cristiana primitiva parece confirmar esta idea. Al mismo tiempo, no hay
evidencia explícita de un cuarto viaje en la Biblia, como si hubiera ocurrido
después de la clausura del Libro de los Hechos.
Ese era el propósito de los viajes misioneros de Pablo: proclamar la gracia de
Dios en el perdón de los pecados a través de Cristo. Dios usó el ministerio de
Pablo para llevar el Evangelio a los gentiles y establecer la iglesia. Sus cartas a
las iglesias, registradas en el Nuevo Testamento, aún mantienen la vida y la
doctrina de la iglesia. Aunque él sacrificó todo, los viajes misioneros de Pablo
valieron la pena (Filipenses 3:7-11).
¿Qué es Humildad?

El concepto bíblico de la humildad se refiere a tener un buen entendimiento sobre


quién es Dios y quiénes somos nosotros. Esto nos lleva a reconocer la obra de
Dios en nuestras vidas y el hecho de que él tiene un propósito para nosotros. La
humildad en el cristiano debe impulsarle siempre a vivir en obediencia a Dios y
a someterse a su voluntad.

En el Salmo 8, el salmista David expresa muy bien lo que fluye de un corazón


humilde: admiración, gratitud hacia Dios y la incredulidad de que le haya
escogido, salvado y que desee tener amistad con él.

Al igual que nosotros, David era imperfecto. Pero él sabía que servía a un Dios
perfecto que podía ayudarlo en todo. David cometió grandes errores, pero los
reconoció delante de Dios, se humilló ante él y permitió que él lo restaurara y lo
guiara dentro de su voluntad. Vemos un claro ejemplo de esto en el Salmo
51 cuando David, luego de cometer uno de sus pecados más terribles, se humilló
y buscó el perdón de Dios.

Ten compasión de mí, oh Dios, conforme a tu gran amor; conforme a tu


inmensa bondad, borra mis transgresiones. Lávame de toda mi maldad
y límpiame de mi pecado.

(Salmo 51:1-2)

David no se justificó. Él reconoció que había pecado y apeló a la piedad y a la


misericordia de Dios. Él expresó su quebrantamiento y su dolor confiando en la
bondad del Padre celestial. Su consuelo fluía de lo que sabía sobre Dios: Dios
es justo y también es misericordioso, piadoso y perdonador. Esa era la confianza
de David.

David entendió que el pecado no solo afecta a las demás personas sino que es
una afrenta directa contra Dios (Salmo 51:3-4). Y así es como debemos verlo
nosotros también. Nuestra perspectiva es diferente y somos mucho más
cuidadosos en todo lo que hacemos y en nuestro trato con los demás cuando
nos damos cuenta de que nuestros pecados son ofensas directas contra Dios.
¡Le duelen a él!

Es ahí que comenzamos a actuar con humildad: al reconocer que solo Dios nos
puede limpiar y que solo él nos puede ayudar a vivir una vida recta, llena de amor
y de perdón. Debemos entender nuestra necesidad de él, de su presencia y de
la profunda transformación que solo él nos puede dar.

Jesús, nuestro mejor ejemplo

Aunque el ejemplo de David es muy bueno y con él podemos aprender mucho


sobre la humildad, el mejor ejemplo que encontramos en la Biblia es el de Jesús,
Dios encarnado. El capítulo 2 de Filipenses nos lo explica muy bien. Ahí se nos
anima a tener la misma actitud que tuvo Jesús.

La actitud de ustedes debe ser como la de Cristo Jesús, quien, siendo


por naturaleza Dios, no consideró el ser igual a Dios como algo a qué
aferrarse. Por el contrario, se rebajó voluntariamente, tomando la
naturaleza de siervo y haciéndose semejante a los seres humanos. Y,
al manifestarse como hombre, se humilló a sí mismo y se hizo
obediente hasta la muerte, ¡y muerte de cruz! Por eso Dios lo exaltó
hasta lo sumo y le otorgó el nombre que está sobre todo nombre...
(Filipenses 2:5-9)

Veamos algunas características sobre la humildad que podemos aprender con


el ejemplo de Jesús. Evaluemos nuestros corazones y pidamos a Dios que nos
ayude a crecer cada día en nuestra semejanza a Jesús.