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PALACIO, J. (2009). MÓDULO III Y IV. PSICOLOGÍA SOCIAL SOCIOLÓGICA.

ESPECIALIZACIÓN EN INTERVENCIONES PSICOSOCIALES


FUNLAM. MEDELLÍN.

UNIDAD III: PSICOLOGÍA SOCIAL CRÍTICA

Antecedentes de la Psicología Social Crítica.

En un marco de protesta amplio y diverso se observa que desde la década de los


60’s surgieron corrientes constituidas por psicólogos, sociólogos y psiquiatras
(Franco Basaglia, Ronald Laing, Thomas Szasz, Erwin Goffman, etc.) que
cuestionan las dinámicas de poder imperantes, siendo la psicología tradicional
una de las que favorece esta continuidad, por lo que plantean la necesidad de
crear una psicología de corte radical, que se hace visible en su diversidad desde la
década de los 80’s con la publicación de Wexler (1983) titulada “Critical Social
Psychology”. Los movimientos y teóricos que se pueden identificar como
antecedentes en su aparición son: el movimiento feminista, la antipsiquiatría, el
movimiento negro en Estados Unidos, el movimiento Gay, la Escuela de
Frankfurt, así como los postulados de Herbert Marcuse, Jurgen Habermas, Karl
Marx y Federico Engels.

Esto se debe a que el enfoque tradicional responde a las necesidades de los


grupos dominantes como el Estado y la Iglesia, los cuales controlan las
Ciencias para mantenerse en el poder. De esta manera surge el movimiento
de la Psicología Radical que critica el modelo medico tradicional de enfermedad
mental, el enfoque psiquiátrico, así como los métodos y técnicas tradicionales
utilizadas por la psicología. En concreto, y desde la salud, desmitifica las etiquetas
de la psiquiatría y se opone a la lógica de la relación médico-paciente por
considerarla un ejercicio de dominación del médico sobre su paciente, que
funcionan bajo una lógica de exclusión, represión y marginación para mantener el
orden existente. La desviación sería más bien un hecho social y la enfermedad
mental sería la expresión de las contradicciones que experimenta el individuo
dentro del sistema productivo dominante.

Desde la Psicología Social, vemos que para Montero (1987), “las acusaciones
arrojadas sobre las teorías psicológicas clásicas, de fragmentar y atomizar el
objeto de estudio, presentan aquí un ejemplo de esos inconvenientes: estudiar un
fragmento de conducta, un comportamiento específico, no explicar la totalidad de
un fenómeno complejo. Más aún, diversas explicaciones parciales, lejos de
conjugarse en una explicación global, muchas veces llevan a concepciones
erróneas y a ocultar causas más profundas” (p. 40). Desde la originalidad y
contexto de aplicación de las teorías, las críticas son también claras y evidentes.
Como lo menciona Casañas y otros, (1984), y Montero (1989), esta Psicología
tradicional se caracteriza generalmente por su carácter dependiente y
reproductor de teorías, métodos y temas de estudio en boga principalmente en
los Estados Unidos y en Europa.
Sobre esta situación, Blanco (1995) menciona que la Psicología Social Psicológica
y la Sociológica incurrieron en el error de no reconocer – lo suficiente - la
importancia de la interacción entre los acontecimientos psicológicos a los que se
les llama sociales y el contexto histórico en el que estos ocurren. De esta manera,
lo psicológico y lo sociológico desarrollaron dos discursos diferentes entre sí que
no se complementaron (Doise, 1979 citado en Blanco 1995. pág. 233), y que no
permitieron dar cuenta de la interacción permanente del ser humano con su
entorno. Es así como Lewin manifiesta que la relación de las cosas y de los
hechos psicológicos no se apoyan en características que los asemejan o los
diferencian de los otros, sino que las personas interactúan y se relacionan de
acuerdo a la experiencia de cada uno, tomando en consideración sus historias y
sus presentes para así poder comprender las situaciones que vivencia el
individuo en un determinado momento.

En este mismo sentido Martín-Baró expresó (1987) la manera en que se hace


evidente la interpretación sesgada de una situación personal desde una mirada
tradicional: “Una forma más sutil de atribuir el fatalismo al carácter o a la
personalidad de los individuos se encuentra en quienes lo vinculan con una baja
motivación de logro. Decir, por ejemplo, que el obrero o el campesino
latinoamericanos, a diferencia de los norteamericanos, no progresan porque
carecen de esa ambición y empuje, es una forma aparentemente más “técnica”,
pero no por ello menos psicologista, de cargar a la víctima con la culpa de la
situación.” (p.145).

Origen de la Psicología Social Crítica y relación con la Psicología


Comunitaria y de la Liberación.

Esta ola de protestas y movimientos sociales generan en la Psicología una


primera reacción con el surgimiento de la Psicología Social Comunitaria, la
cual se definió como el estudio de los factores psicosociales que permiten
desarrollar y mantener el control y poder que los individuos pueden ejercer sobre
su ambiente individual y social, para solucionar problemas que los aquejan y lograr
cambios en esos ambientes y en la estructura social (Montero, 1982). De manera
paralela (década de los 70’s) tomaba fuerza el Movimiento Crítico a partir de la
Escuela de Frankfurt con un grupo de Neomarxistas insatisfechos con la tendencia
hacia el determinismo económico que estaba generando esta teoría (este grupo
estaba activo desde 1923). Por otro lado también se estaba gestando el
Movimiento de la Psicología Social de la Liberación desde los inicios de los 80’s, y
será evidente en 1986 cuando surge con fuerza frente a las carencias y
desigualdades de las sociedades latinoamericanas. Para Montero (2004), la
Psicología Comunitaria, el Carácter Crítico y la Orientación Liberadora
pueden considerarse como expresiones de una misma conciencia.

El concepto de liberación, tal como lo explica Montero (2004), surge de


Martín-Baró en 1986, con su artículo que expresaba la necesidad de propiciar
una forma de buscar la verdad desde las masas populares, sobre la necesidad
de crear una praxis psicológica para la transformación de personas y
sociedades a partir de sus potencialidades negadas, y la necesidad de dejar
de discutir tanto sobre el estatus científico de la psicología y más bien dedicarse
a resolver los problemas de las mayorías latinoamericanas oprimidas.

Como se observa, el análisis sienta sus bases de acción en las víctimas de


opresión, en quienes sufren carencias y han sido excluidos de los bienes que la
sociedad les debe brindar. La liberación sería el rescate del potencial de
recursos que esas personas tienen para lograr transformaciones que muchas
veces son invisibles para ellas mismas por sus condiciones de opresión histórica,
cultural y social.

Según lo expuesto en Montero (2004), la corriente crítica de la psicología tiene dos


orígenes. El primero generado en la práctica, que trastorna los modos de hacer y
de pensar, surgido en América Latina bajo la influencia de ciencias sociales como
lo es la sociología llamada "militante" o "crítica" (Fals Borda, 1978, citado en
Montero, 2009), la educación popular freiriana y su área de influencia que incluye
a sociólogos, antropólogos y educadores tales como Vio Grossi, Le Boterf, May,
de Witt, entre otros (Vio Grossi, Gianotten & de Witt, 1981, citados en Montero,
2004); la etnometodología, y algunas formas de antropología. En la psicología esta
corriente encuentra expresión en la naciente Psicología Social Comunitaria y en el
movimiento llamado de "alternativa a la psiquiatría". Tales movimientos tienen
lugar en América Latina a partir de mediados de los años setenta y si bien el
segundo de los nombrados no pareció continuar más allá de mediados de los
ochenta, la psicología social comunitaria sí se desarrolló, primero como parte de la
aplicación de la psicología social y luego como rama específica de la psicología,
aunque siempre con un marcado acento psicosocial.

Otro origen comenzó a ser planteado en el campo de la psicología anglosajona a


mediados de los sesenta (Brown, 1973, citado en Montero, 2004), bajo el nombre
de Psicología Radical. Tal psicología era radical en su crítica y en sus
perspectivas sobre cómo intervenir no sólo en la relación con los individuos, sino
también en la sociedad en la que tanto ellos como los psicólogos viven (Brown,
1973, citado en Montero, 2004). Por crítica puede entenderse el someter a
análisis las teorías, conceptos y perspectivas aceptadas como explicaciones
últimas de los fenómenos psicológicos, develando sus contradicciones, sus
lagunas, sus incoherencias y debilidades, así como también sus fortalezas.

En definitiva, según Montero (2009), la Psicología Crítica cambia el modo de ver


las cosas, ya que desarticula los mecanismos de poder que sostienen los
enfoques establecidos y abre nuevas perspectivas al conocimiento. Ella es parte
de la complejidad del mundo, usualmente tan difícil de aceptar. Y en este sentido
la crítica es liberadora. Libera de formas y modos pre-establecidos que se
consideraban como los únicos que podían comprender el mundo, explicar lo que
ocurre en su entorno, y además, que mantenían cierta jerarquía y relaciones
basadas en la desigualdad y en la subordinación.
Características de la condición “Critica” en Psicología Social

Es muy difícil definir la condición “Crítica” pero Montero y Christlieb (2003, citados
por Montero, 2004) lo han consignado en los siguientes puntos que se presentan
brevemente:
1. Se parte del término crisis - que se toma de su significado griego - para
representar la acción o facultad de elegir. Es decir que existe crítica cuando se
identifican las diferentes caras o explicaciones que pueden encontrarse en un
fenómeno, identificando el carácter complejo de los hechos.
2. Como un resultado de la crítica, se acepta la existencia de un estado de
molestia o de alteración "clima de perturbación" (Stainton Rogers & Stainton
Rogers, 1997), resultante del proceso de someter al análisis exhaustivo lo que se
considera como la ultima explicación de un objeto, concepto o teoría, lo cual
permite ver sus vacíos, incoherencias y debilidades
3. El proceso de la crítica, implica señalar de dónde parte y por qué la hace así;
mostrar sus sesgos y tendencias, en lugar de presentar el aspecto defendido
como si fuese el único o fuese la norma a seguir. Se debe poder “criticar a sí
misma”.
4. Siempre existirá la crítica, a pesar de lo mal que pueda ser recibida, lo cual le
confiere el carácter de "fatalidad de la vida cotidiana" (Montero & Fernández
Christlieb, 2004), condición que la une a la ciencia y a la esencia de todo
investigador que acepta la no existencia de un principio de autoridad, sino que las
"verdades" de la ciencia lo son sólo hasta que se pruebe lo contrario.
5. Lo crítico es cambiante. El mundo que cambió deviene natural y habitual y será
de nuevo objeto de crítica. La crítica entonces no tiene contenido, ni forma
predeterminada.
6. La crítica no es en sí ni buena ni mala. Es necesaria para cambiar las cosas. Al
igual que las teorías, los métodos y el conocimiento en general, puede ser usada
con los más variados designios, pero siempre mostrará las debilidades y fortalezas
de lo criticado y de quien critica.
7. El movimiento crítico expresa la tesis monista de que el conocimiento no es un
reflejo objetivo de la realidad, sino que está marcado por las condiciones históricas
de su producción, de las cuales forma parte.
Como se observa, la Crítica desencaja los modos de ver habituales y siempre abre
nuevas perspectivas. No se la debe categorizar al interior de una corriente o
tendencia o metodología, ya que la crítica está en todas partes, y sería amarrarla
con una mirada parcializada del mundo, con lo cual la crítica se acabaría. Sin
embargo, la posición crítica se puede identificar en la Psicología Social
Comunitaria y en la Psicología de la Liberación, siempre y cuando se pueda
responder las siguientes preguntas propuestas por Prilleltensky y Fox (1997,
citados casi textualmente de Montero, 2004):

1. ¿Se está promoviendo el statu-quo de la sociedad en la cual se está realizando


la investigación o intervención? Ahogar los aspectos críticos es una de las formas
de expresión del autoritarismo y de sus abusos de poder, que comienzan por
eliminar las disensiones en un campo específico y terminan suprimiendo todo
aspecto crítico, inclusive con desaparición física de quienes los plantean. En el
aplanamiento de la opinión pública y en el rechazo a la diversidad se
reconocen el autoritarismo y el ejercicio abusivo del poder.

2. ¿Se promueve la justicia o la injusticia social en esa investigación o


intervención? Esto puede definirse si nos hacemos otras preguntas
complementarias que ya han sido hechas antes en la literatura de las ciencias
sociales (Fals Borda, 1970/1981), tales como: ¿A quién o a quiénes beneficia lo
que se está haciendo? ¿Se escucha a los supuestos beneficiarios de ese trabajo?
¿Se considera que también ellos tienen algo que decir, y hay el espacio y el
tiempo para que lo hagan? ¿Se toma en cuenta y se discute seriamente lo que
ellos dicen?

3. ¿Hay conciencia de las repercusiones sociales de las prácticas y teorías del


campo, o se desentiende ese campo de sus efectos negativos potenciales? Esta
es una pregunta que exige un examen crítico de lo que se está haciendo; de los
conceptos y explicaciones a los cuales se acude para explicar o interpretar lo que
se investiga; de los métodos empleados para hacerlo; así como de las reacciones,
alcances y limitaciones que puede tener la tarea que se realiza.

4. ¿Hay declaración explícita de los valores que se asumen al realizar una


investigación o una intervención, por parte tanto de teóricos y de practicantes, o
asumen que lo que hacen está libre de valores? La respuesta en este caso nos
debe indicar si las personas que llevan a cabo un estudio expresan sus sesgos,
sus tendencias, sus creencias y su compromiso con determinadas posiciones no
sólo teóricas, sino políticas, religiosas y en general aquellas que son
fundamentales en la orientación de nuestra conducta.

5. Complementando la pregunta anterior, aparece esta: ¿Cuáles son los


compromisos culturales, morales o de valores y cómo afectan ellos las críticas que
se hacen? Este aspecto es muy importante, por cuanto muchas veces los sesgos
de nuestros estudios se deben a ese tipo de compromisos que pueden haber sido
adquiridos muy temprano en nuestras vidas y pueden derivarse de pautas de
socialización ligadas a la nacionalidad, a la religión, a la etnia, a una época o a
la situación de clase. Su expresión puede explicar el por qué de ciertas ideas,
tanto para mantenerlas como para condenarlas, e incluso la elección misma del
tema de investigación puede depender de tales compromisos.

UNIDAD IV: PSICOLOGÍA SOCIAL POSTMODERNA

Surgimiento de la idea de la postmodernidad y su relación con la psicología


social.

Tal como lo menciona Garrido y Álvaro (2007, pág. 450), “a continuación se


presenta un movimiento heterogéneo, cuyas fuentes psicológicas, sociológicas y
epistemológicas no son en todos los casos coincidentes, pero todos los que aquí
militan comparten su insatisfacción frente a la psicología social tradicional de
origen psicológico, tanto en sus planteamientos epistemológicos como en sus
enfoques teóricos y recursos metodológicos”. Según Collier y cols. (1991, citados
en Ovejero, 2000), es preciso comprender bien la crisis originada por la crítica al
neopositivismo y las que siguieron en la década de los setenta y parte de los
ochenta para entender bien el surgimiento de la Psicología Social
Postmoderna. Esta crisis tiene sus raíces en las reacciones al neopositivismo de
los años sesenta, y en concreto a las transformaciones que sufrió la sociedad
americana a lo largo de esa década, y que se podrían resumir en el fuerte
contraste que supuso la larga prosperidad económica que en los Estados Unidos
siguió a la Segunda Guerra Mundial, y luego la Guerra de Vietnam y sus secuelas
(hundimiento de la economía norteamericana, inflación galopante, etc.).

El neopositivismo (llamado también Círculo de Viena, neoempirismo, positivismo


lógico), se refiere al grupo de discusión formado por Schlick, Frank, Feigl, Hahn y
Neurath alrededor de los años 20’s, en torno a los problemas epistemológicos,
relacionados con la defensa del empirismo, el rechazo de la metafísica y una
orientación unificadora de la Ciencia tanto en sus lenguajes como en sus métodos.
Este movimiento se expandió y se llegó a crear la Sociedad para la Filosofía
Científica en Inglaterra. Se alimentó de las tesis positivistas y de la doctrina
empírico-criticista de Erns Mach que afirmaba que los hechos de la experiencia
constituían el fundamento último del conocimiento, así como de los
postulados de Bertrand Russell y Wittgenstein. Para este último, todas las
cuestiones filosóficas – sobre todo las metafísicas - carecían de sentido si se las
examinaba a la luz de un análisis lingüístico. Con esto, se excluyó de la
investigación científica todo hecho extralingüístico y se depuró a la filosofía de una
gran cantidad de pseudo-problemas, y de paso se sustentó la unidad de las
Ciencias, delimitando y construyendo hasta un lenguaje propio que descartara
toda ambigüedad y error.

Esta postura, unida a la situación de crisis de Norteamérica al final de los años


60’s, provocó el final del sueño americano y del Estado del Bienestar,
radicalizando y polarizando a la sociedad, provocando el surgimiento de
movimientos sociales pacifistas (Ej. hippies), contraculturales, feministas, etc.
Todo ello llevó a que una serie de ideas, que ya defendían autores como los de la
Escuela de Fráncfort, comenzaran a extenderse por toda América y hasta Francia
(Ej. Mayo 68), haciéndose probable y generalizándose una serie de valores y
comportamientos que poco después empezaron a conocerse con el nombre de
postmodernismo o condición postmoderna, y algunos llegan a nombrarlo como
capitalismo tardío o era postindustrial. "Estos movimientos incorporaron los
valores tradicionales basados en una ilimitada libertad personal, con nuevos
ideales contraculturales basados en la oposición a las personas que están en
puestos de autoridad. Estudiantes y adultos jóvenes comenzaron a cuestionar los
valores tradicionales de autosacrificio y de éxito material que habían motivado a
sus padres. Y adoptaron nuevos valores basados en la libertad personal y en la
autoexplotación, combinando una crítica a la tecnología y al progreso con un
fuerte deseo de perfeccionar la sociedad. Ello originó un gran número de
experimentos sociales, tales como comunas y grupos de encuentro, así como
estrategias que favorecían unos estilos de vida más simples y más humanos"
(Collier y cols., 1991, p. 239).

Como se ha mencionado, la postmodernidad surge como respuesta a un


rechazo por los supuestos positivistas y neopositivistas en las que estaban
fundamentadas las ciencias sociales. Incluso, en el campo de la Psicología
Social, el postmodernismo sigue caminos que ciertamente no son marxistas, pero
tampoco son conservadores. Por el contrario, siguiendo las pautas marcadas por
Nietzsche, Heidegger, Wittgenstein y Foucault, los psicólogos sociales
postmodernos van por caminos nuevos, radicalmente contestatarios y
emancipatorios (Ovejero, A. 2000).

Entre los diferentes enfoques que constituyen la época postmoderna esta el


construccionismo social de Kenneth Gergen (1982-2001), el enfoque etogénico de
Ron Harré (1974), el enfoque retórico de Michael Billig (1987), el análisis de las
conversaciones (Sacks, 1989 y otros) y el análisis del discurso (Potter y Wetherell,
1987). Todos comparten rasgo comunes, como la crítica que le hacen a las
prácticas y métodos científicos derivados de la concepción neopositivista de la
ciencia, la idea de que existe una correspondencia entre nuestras ideas y los
hechos externos a los que estas se supone se refieren. Coinciden entonces en
que la validez y la objetividad de la ciencia no solo pueden ser alcanzadas a
través de un proceso de verificación empírica que trata de encontrar la simetría
entre los hechos objetivos del mundo real y las representaciones que tienen los
individuos sobre dichos hechos. También rechazan la noción explicativa y
causalista del conocimiento, así como la noción de acumulatividad y
progreso científico. En este nuevo enfoque la realidad es interpretada, lo que
implica que esta realidad cobre sentido dependiendo del uso que dé el individuo y
el contexto en el que sea utilizado.

La oposición a una filosofía racionalista o realista y su sustitución por una


perspectiva relativista y el abandono de las nociones de validez y objetividad
dan paso a un énfasis en la retorica o el análisis del discurso. Sin embargo se
debe observar su concepto de lenguaje: para Wittgenstein, el lenguaje no tiene la
función de representar el mundo, sino que su significado depende de su uso y del
contexto en el que es utilizado, de allí que toda práctica discursiva, retórica o
textual en ningún caso nos remite a un referente externo, sino a las prácticas de
una comunidad interpretativa, por lo que lo propio del lenguaje para los
psicólogos postmodernos es su carácter relacional y no representacional
(Garrido, Álvaro, 2007).

Conceptos fundamentales de la psicología social postmoderna

- El construccionismo social de Kenneth Gergen

El construccionismo social debe ser entendido como una forma de generar nuevas
formas de conocimientos que ayudan a repensar la sociedad y los individuos que
la constituyen. Justifica el conocimiento teórico en sí mismo, defiende que no hay
ninguna forma privilegiada de acceso a la realidad y considera innecesario buscar
en la correspondencia entre nuestras ideas y la realidad externa, la validez de los
principios que la guían (Garrido, Álvaro, 2007). La teoría construccionista de
Gergen propone reexaminar críticamente todo el conocimiento generado en la
psicología social (cognitiva) y analizarlo como prácticas discursivas. De esta
manera, para los construccionistas, las teorías psicosociales son construcciones
sociales, producto de conversaciones lingüísticas. De esta manera, el lenguaje no
tiene como función la representación objetiva del mundo y tampoco debe ser
entendido como una expresión de una condición interna, sea esta de carácter
cognitiva o emocional, ya que expresar una idea o una emoción implica
relacionarse con alguien.

Es así como este enfoque propone dispositivos metodológicos diferentes y pone


especial “énfasis en el discurso como vehículo a través del cual el yo y el mundo
se articulan y en el funcionamiento de dicho discurso en las relaciones sociales”
(Gergen, 1999, citado en Garrido, Álvaro, 2007, p.454). Gergen, propone que se
preste atención a las consecuencias que diferentes formas de discurso tienen en
nuestras prácticas cotidianas e intelectuales. Es decir, que se provoque un
potencial polivocal que implica la utilización de las teorías en forma generativa
para cuestionar sus propios supuestos y dar lugar a teorías alternativas que
permitirían proponer acciones sociales relevantes que cambien la sociedad.

Tal como lo señalan Garrido y Álvaro (2007), lo interesante en la propuesta de


Gergen es que nos invita a pensar sobre las prácticas en las que como psicólogos,
sociólogos o psicólogos sociales estamos implicados, sobre la naturaleza histórica
de nuestro conocimiento, sobre nuestras concepciones sobre la verdad y la
objetividad implicadas en nuestros métodos y técnicas de investigación. Sin esto,
corremos el riesgo de convertir la psicología social en un conocimiento
técnico, pero despojado de su carácter reflexivo y crítico.

- El enfoque Etogénico de Rom Harré

La teoría etogénica puede ser considerada como una perspectiva interpretativa de


los actos humanos considerados como el resultado consciente de una acción
planeada según reglas y planes socialmente establecidos. La psicología sería la
ciencia que estudia el sistema de reglas que orientan la acción cotidiana (Harré,
Clarke, De Carlo, 1985). En este sentido parte de un modelo antropocéntrico del
ser humano, en el que la persona no es considerada como un objeto sometido a
las fuerzas del medio – conducta regida por automatismos – sino como un agente
que dirige su propia conducta y es capaz de dar sentido a su acción mediante la
capacidad interpretativa que nos ofrece el lenguaje simbólico – autonomismos o
conductas autodirigidas de acuerdo a los significados dados a nuestras acciones
(Harré, 1974, citado por Garrido y Álvaro, 2007).

Para Harré, el análisis psicosocial de la acción y de las relaciones sociales debe


centrarse en el “orden expresivo” el cual hace referencia a la motivación de los
actores sociales por “mantener su honor y dignidad, obtener el respeto del prójimo
y evitar su desprecio, así como mostrarse moralmente valiosos y estéticamente
atractivos”. Su modelo de análisis es el drama.

Un concepto de gran importancia en el análisis de los actos es la noción de


Episodio, el cual sería cualquier división de la vida social que incluye
comportamientos, sentimientos, intenciones y planes de los participantes. Los
episodios se pueden clasificar en formales y enigmáticos. Los formales son los
que se caracterizan por un conjunto explícito de reglas que son reconocidas por
quienes participan en ellos (Ej. El ritual de una boda). Los episodios enigmáticos
son aquellos que no tienen un conjunto de reglas y causas que determinen su
origen y desenlace (Ej. Los proceso de facilitación social). Ahora, la Psicología
Social Tradicional ha estudiado la manera en que el desempeño de una actividad
se facilita o inhibe por la presencia de otras personas (estudios de Triplett), ya sea
como espectadores o realizando la misma tarea, y considerando al fin y al cabo a
los sujetos estudiados como autómatas. Por el contrario, para el modelo
etogénico, estos episodios enigmáticos deben tratarse como episodios formales
en los que las personas que están involucradas responden, hasta cierto punto, de
forma autónoma y consciente. De esta manera, la facilitación social sería en este
contexto el resultado de procesos que tienen que ver con la activación de la
atención, pero también el proceso sobre los cuales el sujeto puede actuar e influir
sobre el desempeño de la tarea.

- El enfoque retórico de Michael Billig

Billig realizó importantes aportes a la teoría de la identidad social de Henri Tajfel a


través del estudio que dio lugar al paradigma del grupo mínimo. Luego de
entrenarse en los procedimientos de investigación más ortodoxos se le hacen
evidentes sus limitaciones para abordar ciertas variables psicosociales, como por
ejemplo el estudio del pensamiento de los fascistas, por lo cual adopta una
metodología cualitativa. De allí que empieza a cuestionar el modelo de sujeto
humano en la psicología social psicológica en el cual prima la consistencia y
no hay lugar para la incertidumbre y la contradicción. Sus trabajos han
contribuido al estudio de diferentes aspectos de la ideología, a la ampliación del
concepto de etnocentrismo y del nacionalismo.

Para Billig (1987), el conocimiento del sentido común y el científico de la


psicología social tienen una fundamentación retórica, que quiere decir que la
psicología tradicional habría fracasado en su pretensión de eliminar los obstáculos
que el sentido común imponía a la pretensión de un conocimiento objetivo de la
realidad, “… ya que cada experimento y su principio justificativo es una discusión
contra el principio opuesto…” (Billig, 1990, citado por Garrido y Álvaro, 2007, pág.
464). La idea básica defendida por él, es que el pensamiento esta modelado por
los procesos de argumentación, resultado de la actividad social y discursiva.

Esta perspectiva concibe las actitudes no como respuestas individuales ante


estímulos externos, ni como proceso cognitivos de carácter interno, sino como
argumentos de un debate en el que se favorece una determinada posición en
contraposición a otra. El significado de una actitud depende entonces del contexto
argumentativo en el que esta se manifiesta, de allí que ninguna fórmula permite
garantizar cuándo una actitud podrá ser cambiada por un proceso de persuasión.
Esta preocupación por el análisis del lenguaje lo acerca a los procesos
metodológicos que utilizan el análisis del discurso.

- El Análisis del discurso

Existen diferentes posturas para considerar el discurso y su análisis, pero aquí se


abordará, tal como lo sugiere Garrido y Álvaro (2007) los planteamientos de Potter
y Wetherell (1987) por su mayor difusión en psicología social. Para ellos, el
Análisis del Discurso puede ser considerado como una teoría postmoderna, con
orígenes ubicados en la teoría de los actos de habla de Austin, la Etnometodología
de Garfinkel, y la Semiótica de Barthes. De Austin retoma su concepción del
lenguaje como representación performativa, es decir que nos orienta para actuar
de una determinad manera y no es posible establecer su falsedad o veracidad. De
la etnometodología, toma la idea que la acción es algo indeterminado que se
construye en el curso de las representaciones y que el sentido de nuestras
representaciones cambia según el contexto. De la semiología recupera el
concepto de mito, para dar a entender que cada signo puede ser interpretado en
niveles diferentes de significación.

Como teoría psicosocial, el Análisis del Discurso se caracteriza por su rechazo a


una concepción representacionista de la mente y por proponerse como una
psicología social no cognitiva, al indicar que el lenguaje no es reflejo de los
estados internos de la conciencia.

La crítica a una concepción realista del lenguaje y su énfasis en la orientación para


la acción del discurso, así como su antimentalismo lo acercan a los postulados de
Wittgenstein, así como al construccionismo social de Gergen. Su enfoque se
diferencia de la etogenia porque el Análisis del Discurso no pretende conocer a
través de los relatos de los sujetos, el sistema de reglas que sustentan la acción.
Potter (1997, citado por Garrido y Álvaro, 2007), califica el Análisis del Discurso
como antifundacionalista, ya que se desarrolla al margen de una concepción de la
verdad y se asienta sobre el carácter retórico de toda argumentación y en su
capacidad de cuestionar el orden establecido.

- El Análisis de las conversaciones

Tal como lo describe Garrido y Álvaro (2007), este enfoque mantiene una estrecha
relación con la teoría del Análisis del Discurso. Su origen se encuentra en el
enfoque sociológico desarrollado por los etnometodólogos, y en especial en el
Análisis de las Conversaciones propuesto por Harvey Sacks en la década de los
60’s. Su objetivo era analizar la forma en que se organiza y estructura la
conversación. Examinar el habla como un objeto de estudio en sí mismo, al
considerarla como una forma de acción. Entre sus objetivos se encontraban el
analizar cómo en el curso de la conversación se produce el entendimiento entre
los participantes, cómo estos construyen en el contexto de la conversación sus
acciones o actividades y cómo dan lugar a la construcción de las acciones o
actividades de los otros.

Para Sacks (1989), en una conversación existe un orden secuencial, una


estructura organizativa de la conversación que se define durante su propio
desarrollo, de acuerdo a las reacciones que se provocan de manera recíproca en
los participantes por la manera en que dicen las cosas, lo cual puede ser un objeto
de estudio en sí mismo. De esta manera, el Análisis Conversacional se podría
definir como el estudio de la forma en que las personas, en el transcurso de sus
conversaciones, producen su conducta, al tiempo que interpretan la de otros
(Heritage, 1988). El Análisis de la Conversación se centra en la construcción
intersubjetiva del sentido, y es el contexto conversacional el que hace inteligibles
los intercambios lingüísticos. Su preocupación se centra en la descriptibilidad de la
actividad interactiva que se da en las conversaciones.

La investigación etnometodológica y el Análisis de las Conversaciones tienen


varios puntos en común:

- Ambas parten de la interpretación que los sujetos hacen de sus actividades, lo


que significa que el analista considere a los hablantes como actores competentes
que tienen un conocimiento de sus acciones.
– Las conversaciones son tratadas en sí mismas como objeto de investigación. –
El análisis de la interacción conversacional se realiza en contextos naturales en
los que no existe manipulación o intervención por parte del investigador.

En general se observa que el análisis de la estructura de las conversaciones


revela un orden secuencial en torno al cual se organiza la interacción. Este orden
permite interpretar el significado de las acciones de los demás y dar sentido a la
propia interacción. En otras palabras, el análisis revela cómo a través de la
conversación, las personas producen un conocimiento sobre la vida cotidiana y
hacen inteligibles sus prácticas cotidianas. El análisis de centra en las mismas
conversaciones, sin referir cada intervención a las características personales de
quienes interactúan, a sus proceso cognitivos o a circunstancias externas al propio
proceso de interacción conversacional. De esta manera, el objetivo principal es
analizar cómo las personas, lingüísticamente competentes, en sus prácticas
conversacionales, construyen intersubjetivamente el sentido de la realidad social
en la que viven.

¿División o integración en la psicología social de hoy?

No hay duda que la división entre las dos psicologías sociales (psicológica y
sociológica) sigue estando al orden del día. Para algunos esta crisis se debe a la
juventud de la disciplina; para otros se debe a su modo particular de instauración
de una disciplina a partir de tradiciones o actitudes intelectuales vividas y de
requerimientos sociales concretos. Para otros es simplemente la falta de
actualización como producto de las dos disciplinas que le dieron origen: la
Psicología y la Sociología.

El debate generalmente se instala en términos dicotómicos: unos enfatizan lo


sociológico y otros lo psicológico, entre los defensores de la observación y los
métodos naturales de recolección de datos, y los defensores de la
experimentación y los métodos controlados de recolección de datos, entre los
defensores del modelo humanista del hombre y los defensores de un modelo
mecanicista del hombre, entre los defensores de un enfoque positivista y los
defensores de un enfoque fenomenológico, entre los estructuralistas y los
culturalistas, entre la psicología social burguesa y la psicología social marxista,
etc. Pero en síntesis esta crisis se enfoca, ya sea desde un punto de vista teórico
– metodológico (posible generalización de resultados), ya sea desde un punto de
vista ideológico (modelo de hombre que subyace).

Sin embargo el enfoque sociológico va ganando cada vez más terreno psicológico,
y aquí es necesario señalar los cambios o evolución de enfoque que en los
psicólogos tradicionales se han llevado a cabo. Los investigadores Snow (1974),
Cronbach (1974), Campbell (1974) y de Cook (1979), modificaron su estricta
concepción positivista y cuestionaron el enfoque exclusivamente cuantitativo y
experimental. Actualmente la perspectiva que tiende a reducir la complejidad a un
pequeño número de leyes es cada vez menor (Prigogine y Stengers, 1979, citados
por Mucchielli, 1996). La ciencia debe hacer frente a un número cada vez más
fragmentado de conocimientos y a una pérdida de certeza (Morin, 1977), a un
examen del lugar del azar y del desorden (Boudon, 1984), así como a tener en
cuenta las evoluciones, mutaciones, crisis y transformaciones en lugar de
los estados estables y permanentes (Prigogine y Stengers, 1979), todo lo cual
favorece cada vez más la postura de la Psicología Social Sociológica y con ella la
preferencia de un enfoque metodológico particular a nuestro objeto de estudio.

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