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ATENCIÓN A VÍCTIMAS DE DELITOS SEXUALES NIÑOS, NIÑAS Y ADOLESCENTES1

I. Introducción

Desde su implementación, los Centros de Asistencia a Víctimas de Delitos Violentos


del Ministerio del Interior, han sido requeridos para brindar atención reparatoria
especializada a niños, niñas y adolescentes víctimas de delitos sexuales.

Al respecto, de acuerdo al Convenio de Colaboración suscrito entre el Ministerio del


Interior y SENAME, los CAVD sólo prestan asistencia en aquellos casos de delitos
sexuales y maltrato infantil grave cuando los organismos colaboradores de SENAME no
cuenten con plazas disponibles, o bien, cuando el concurso de delitos u otras
circunstancias haga recomendable efectuar la intervención reparatoria en un Centro
de esta naturaleza.

Hasta la fecha, la atención de niños, niñas y adolescentes se ha regido por lo


estipulado en el convenio, no obstante y dada la complejidad de la temática en
cuestión, resulta pertinente analizar los criterios de ingreso que han sido definidos
para la atención de delitos sexuales en la población infanto-juvenil en nuestros
Centros.

En este sentido, el presente documento pretende iniciar una reflexión, con respecto
a las complejidades que acarrean este tipo de delito en la población infanto-juvenil,
así como la posibilidad de los CAVD de generar una respuesta integral y responsable a
las necesidades que presentan los niños, niñas y adolescentes victimas de vulneración
en la esfera de la sexualidad.

II. Antecedentes

Para realizar este análisis, resulta necesario reflexionar en torno a las


particularidades y problemáticas que presentan los delitos sexuales en su abordaje,
desde la segunda línea de intervención de los CAVD.

Tal como sabemos, los delitos sexuales se instalan en una relación de poder,
afectando fundamentalmente a la población más vulnerable, de allí su connotación
de “abusivo”. En este sentido, de acuerdo a las estadísticas del Ministerio Público
(2005), se ha observado que el promedio de edad de las víctimas de delitos sexuales
1
El presente documento recoge el trabajo desarrollado por el equipo del CAVD Zona
Occidente en torno esta temática, labor que ha sido retroalimentada desde la
coordinación técnica del servicio de asistencia reparatoria.

1
durante el año 2005 fue de 17 años; siendo el 70% de los afectados(as) menores de 18
años.

Cabe señalar que el grupo etáreo de las víctimas se vincula estrechamente con la
relación entre víctima e imputado; de este modo, en los delitos sexuales contra
niños, niñas y adolescentes en general el agresor es una persona cercana al niño.
Concordantemente con lo anterior, Elliot, Browne y Kilcoyne señalan (1995) que dos
tercios de los agresores conocían a sus víctimas por ser familiares, amigos o
cuidadores. Por otra parte, Félix López (1999) aporta cifras similares, señalando que
un 57% de las víctimas conocen a sus agresores, pudiendo ser personas conocidas
(33%), amigos de la familia (8%), familiares (11%) o educadores (5%).

Ahora bien, resultan particularmente complejas las agresiones cometidas por un


miembro de la familia, puesto que este fenómeno tiende a darse en sistemas
familiares abusivos, en donde los adultos encargados de la protección, pueden estar
involucrados -de algún modo- en la dinámica abusiva. Junto con esto, se observan
además patrones abusivos de diversa naturaleza (físico, psicológico), por lo que junto
al abuso sexual se pueden dar de manera crónica otras prácticas violentas, que
vulneran derechos fundamentales de la infancia.

Por otra parte, dada la naturalización y normalización de los patrones abusivos en


estas familias, además de la negación y ocultamiento como mecanismos propios de
las diversas expresiones de violencia, existe un importante nivel de resistencia a la
intervención, lo que hace muy difícil la participación voluntaria de los miembros de
la familia en la interrupción y reparación del daño causado al niño o niña. Esto nos
enfrenta a la necesidad de desplegar estrategias de intervención, que en su mayor
parte son de tipo coactivo, vinculada al ámbito legal y acompañado de una fuerte
intervención dirigida al control social.

Al respecto, cabe mencionar que los organismos y/o especialistas en la materia


concuerdan en que no es posible reparar el daño, si no se garantiza en primera
instancia y a lo largo de la intervención, la protección de los niño/as victimas. Es
decir, no habría reparación sin protección.

Para tal efecto, se requiere de un equipo interdisciplinario dedicado no sólo a la


atención al niño y su familia, sino también a la movilización de medidas de
protección y gestión permanente del riesgo de revictimización, puesto que la
temática proteccional cruza la intervención durante todo el proceso.

Ello implica que los profesionales que prestan asistencia a niño/as victimas de
maltrato grave, son constantemente requeridos por los actores judiciales,
especialmente desde los Juzgados de Familia y Fiscalía. Esta situación se traduce en
solicitudes permanentes de declaración en diversas audiencias y la emisión de
documentos, tales como: Informes periódicos de Situación Actual, Informes de
Evaluación de Daño y de Evaluación de Riesgo; peticiones todas que implican dar
cuenta de los contenidos abordados y trabajados con los usuarios en los procesos de
intervención llevados a cabo. Todos estos, requerimientos que pudiesen implicar
dificultades al intentar sustentar una intervención que se compatibilice con los
lineamientos técnicos basados en la confidencialidad ética, en miras de la reparación
psicosocial de la experiencia de victimización.

III. Conclusiones

2
Sin lugar a dudas, los niños, niñas y adolescentes victimas de Agresión Sexual tienen
el derecho a recibir atención especializada, para así reparar el grave daño causado.
Para tal efecto, resulta imprescindible generar respuesta adaptadas a las
necesidades específicas que requiere este tipo de delito en esta población objetivo.

Al respecto, podemos señalar que el Servicio Nacional de Menores cuenta con


Programas de Reparación en Maltrato Grave, los cuales poseen los recursos
necesarios y adecuados para intervenir en dicha problemática, si bien resultan
insuficientes ante la alta demanda que experimentan.

Ahora bien, dado que la demanda en delitos sexuales excede siempre la capacidad de
atención de la red, tarde o temprano el subvencionar las atenciones que SENAME no
puede satisfacer en este tipo de delitos tenderá a copar las plazas de los CAVD en
atención infanto-juvenil. En este sentido, no debemos olvidar que nuestro foco
principal en al área de infancia son los niño/as victimas (directas o indirectas) de
delitos violentos que no tienen otra oferta de asistencia adecuada para reparar el
daño producido2.

Por otra parte, consideramos que condicionar la atención de niños, niñas y


adolescentes víctimas de delitos sexuales exclusivamente a la disponibilidad de cupos
en la red SENAME no permite incorporar algún criterio técnico, que oriente el trabajo
e incremente la viabilidad de la intervención.

Debido a ello y analizando la particularidad que presentan los delitos sexuales contra
niños, niñas y adolescentes, consideramos que lo más indicado es modificar el
criterio orientador para el ingreso de estos casos al Centro, situando como foco la
protección como condición para generar una intervención eficaz.

Por tanto, en caso de niños, niñas y adolescentes que hayan sido objeto de
vulneración en la esfera de la sexualidad, sugerimos que como criterio de ingreso se
cumpla con uno de los siguientes requisitos, vinculados a la protección:

1. Delito cometido por una persona ajena al núcleo familiar de la víctima


(nuclrear o extensa).
2. Delito cometido por una persona que pertenezca al núcleo familiar de la
víctima, pero en el cual se encuentra garantizada la protección. Esto, debido
a que las figuras cuidadoras son concientes de la vulneración y resultan
eficaces en la protección del niño, o bien por que existen medidas de
protección judiciales eficaces que impiden el riesgo de una revictimización.
3. Que exista un adulto responsable que se haga cargo de acompañar y apoyar el
proceso reparatorio del niño, niña o adolescente.

Considerando todos los elementos de análisis contenidos en el presente documento,


los Centros de Asistencia a Víctimas de Delitos Violentos del Ministerio del Interior

2
Delitos atendidos por los CAVD en población infanto-juvenil: Víctimas indirectas de
Homicidio, Parricidio y Robo con Homicidio; Víctimas directas o indirectas de Robo con
Violencia, Robo con Intimidación, Robo con Violación, Delitos Sexuales, Sustracción de
Menores, Secuestro, Lesiones Graves y Gravísimas.

3
podrían constituirse en una alternativa responsable de intervención para aquellos
casos de delitos sexuales en la población infanto-juvenil que cumplan con los
criterios anteriormente señalados.

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