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UNIVERSIDAD NACIONAL MAYOR DE SAN MARCOS

FACULTAD DE LETRAS Y CIENCIAS HUMANAS


E. P. ARTE

ESTUDIO DE ARTE Y GÉNERO EN LA OBRA DE FLOR DE MARÍA PADILLA

CURSO
Seminario de Arte I: Arte y Género

PROFESORA
Sofía Pachas Maceda

ALUMNA
Cuadros de Osambela, Alejandra Maria Teresa

Lima
2019

ÍNDICE
Introducción

1. Biografía

2. Formación artística

3. Exposiciones

4. Obra
5.1. Influencias
5.2. Propuesta artística
5.3. Temática
5.4. Técnica

5. Análisis de obra

Conclusiones

INTRODUCCIÓN
El mundo tal cual lo conocemos, no le dio nunca espacio a la mujer para que forme parte de
él. Las mujeres, desde que empieza la historia, fueron dejadas de lado. Aquellas que
perduraron en el tiempo fueron las que la historia reconoció como «casos excepcionales»,
como si fuera un mérito el que lograran imponerse en medio de un mundo ideológicamente
masculino. Este sistema ha pasado por un larguísimo proceso a través del cual algunas
representantes trataron de plantear nuevos procedimientos que modifiquen la historia y su
modo de verla; pero no fue hasta la década de los setenta, que éste movimiento logró
imponerse con fuerza.
La lucha por la revalorización de las mujeres en la historia, para que las que viven
actualmente logren y encuentren su propio lugar, está todavía en sus pasos iniciales. Hay
muchos campos en los que se debe replantear esta nueva proyección; y en la historia del arte,
aunque ya haya empezado, falta todavía expandir las investigaciones y conocimientos para
conseguir un mayor alcance y una nueva perspectiva bajo la cual lograr analizar las obras de
arte.
Este artículo está enfocado en la investigación de una obra de arte de Flor de María Padilla,
artista peruana nacida en la década de los ochenta que actualmente es parte del sistema
artístico y vende su obra con un buen reconocimiento por parte del público. La pintura
escogida de su amplio trabajo pictórico será observada bajo algunos ensayos y artículos
enfocados en el estudio de género, profundizando así el análisis de la obra de arte y
aperturándolo hacia la historiografía del arte peruano con un nuevo foco de estudio.
1. BIOGRAFÍA

Flor de María Padilla Jáuregui es una artista peruana nacida en 1980, en el departamento
de Ayacucho. Es hija de Beltrán Padilla y Reyna Jáuregui, provenientes del distrito de
Soras.
Su primera carrera fue la de Zootecnia, llevada a cabo en la Universidad Agraria La
Molina y terminada hacia el 2004.

2. FORMACIÓN ARTÍSTICA

Después de culminar sus estudios en la universidad Agraria, ingresó cuatro años después
a la Escuela Nacional Superior Autónoma de Bellas Artes del Perú, especializándose en
pintura y graduándose en el año 2013. Hasta la actualidad, se desarrolla en este campo
con un gran reconocimiento público.

3. EXPOSICIONES

En el 2012 participó de dos exposiciones colectivas: una en la galería Índigo «Una


mirada a lo nuevo», y la otra en el Museo Metropolitano de Lima «Visiones
Generacionales». Al año siguiente tuvo su primera exposición individual:
«Reminiscencias», en el Centro Cultural Ricardo Palma, en la sala Raúl Porras
Barrenechea; además de otra exposición colectiva, por el 95 aniversario de la Ensabap en
el Centro Cultural de Bellas Artes.
En el 2014 y en el 2015 tuvo dos exposiciones grupales, respectivamente: «Dos mil
ocho», en el Centro Cultural Peruano Japonés y «Desde mi Luna», en colaboración con
el Fondo de Cultura Económica.
En el 2017 tuvo una gran exposición individual en la sala de exposiciones del Club
Regatas en Chorrillos: «Magical Dreams» y recientemente, a finales de junio del 2019,
empezó la última exposición hasta el momento de la artista en la galería Índigo:
«Soñadoras».
4. OBRA

4.1. Influencias

El trabajo de Flor de María, tal y como ella ha especificado en la entrevista con Pamo
(2018), tiene influencias de artistas como Mark Ryden, quien ha sido considerado padre
del Lowbrow, un movimiento underground que se originó en Estados Unidos. Otra
artista que también forma parte de esta tendencia y a quien Padilla también toma como
referencia, es a Nicoletta Ceccoli, una representante italiana de figuras oníricas.
La tendencia de representar ojos grandes y bien definidos se hizo famosa durante los
sesentas debido al talento artístico de Margaret Keane, cuya propuesta se consideró
entonces como kitsch y no fue hasta muchos años después que su obra marcó la pauta del
surrealismo pop. Es interesante también señalar que otros representantes de esta
categoría han sido influenciados a su vez por cómics o las actualmente famosas figuras
de mujeres en las animaciones japonesas ―que también tienen un especial cuidado y
detalle con los ojos―, de las que Flor de María también se ha inspirado. Algunos artistas
como Takashi Murakami han hecho de este planteamiento una tendencia famosa.

4.2. Propuesta artística

Su propuesta artística es personal e intimista. Está relacionada con la visión nostálgica


que tiene de su propia infancia y de los juguetes que siempre estuvieron en su mente, así
como de muchos otros aspectos de su propia historia.

4.3. Temática

Desde que empezó con su labor artística, Flor de María ha sido muy explícita en cuánto a
los temas que desarrolla. De carácter intimista, las niñas de grandes ojos son
representaciones de unas muñecas que ella siempre quiso de niña y en éstas plasma los
sueños y fantasías que formaron parte de su infancia, a través de una perspectiva
nostálgica. Cada una de éstas niñas tiene su propio sueño y juega con los símbolos que
las acompañan.
Sus tópicos también son de carácter onírico, mezclando la realidad con la fantasía y los
juegos infantiles, demostrado así también en la recurrente aparición de animales
perfectamente representados.

4.4. Técnica

Flor de María se ha especializado en la pintura sobre lienzo, trabajando los óleos. Su


técnica es de carácter perfeccionista, además de muy detallada, ya que es posible ver en
su obra el extremo cuidado que maneja para cada trabajo.

5. ANÁLISIS DE OBRA

Para profundizar la investigación del trabajo de Flor de María, se eligió una obra en
particular la cual será abordada con análisis de carácter formal, iconográfico y en
contraste a una serie de textos que tratan sobre temas de historia, arte y estudio de
género. Estos textos podrán expandir la visión de la obra escogida y contribuir a
entenderla gracias a esta información, la cual que complementará su significado.
Guardian of dreams (2019)
100 x 100 cm.

Cuadro de formato vertical, forma cerrada, está centralizado y presenta equilibrio. La


obra representa a una niña vestida con un traje militar que recuerda al de Simón Bolívar:
pechera bordada en oro representando laureles, el saco azul con hombreras y el cuello
alto y en un brillante color rojo. Esta obra fue presentada en su más reciente muestra
individual: «Soñadoras».
Se podría empezar el análisis de esta obra a través de una concepción general. Linda
Nochlin y su ensayo «¿Por qué no han existido grandes artistas mujeres?» (1971)
plantearon el principio de una nueva perspectiva en la historia del arte que incluía a las
mujeres y su posición frente al sistema establecido. La obra de Flor de María es un
resultado de la lucha ideológica y social que se da desde la década de los setentas y el
auge del movimiento feminista, ya que hay un planteamiento por recuperar la
representación de la mujer desde su propia visión particular. Sin embargo, es importante
mantener también conciencia sobre la situación de la artista latinoamericana en contraste
con el desarrollo externo, ya que de acuerdo al artículo de Sonia Montecino (1996), entre
las ideas relacionadas al ser femenino, se puede mencionar las «vergüenzas» que las
aquejan. La vergüenza a sentirse superior que debe mantener relación con el sufrimiento
y el miedo. La representación que hace la artista en su cuadro está, como se puede
apreciar, abiertamente en contra de esa carga ideológica. La niña que atraviesa la mirada
hacia el espectador tiene los ojos abiertos, aunque ése no sería su caso inicial cuando Flor
de María la pintó anteriormente. La obra se llama Sueños de Libertad (2018) y presenta
a una niña de características físicas muy similares a la Guardiana: con el cabello al viento
y la ropa militar con ramas de laurel cosidas y preciosamente detalladas. La mayor
diferencia entre una y otra salta a la vista: los ojos cerrados. Las mariposas ―que
representan los sueños de cada una― parecen estar mucho más cerca de su niña con los
ojos cerrados, como si tuvieran miedo de volar demasiado lejos. En ese momento, aún
recaía en la artista la
construcción cultural que
sobrevive en la sociedad
peruana, donde lo femenino es
visto de menos, como
dependiente de lo masculino.
Sin embargo, la Guardiana
que nos presenta ahora es
valiente, ha superado la
vergüenza y está dispuesta a
empezar a luchar por sus
sueños.
Se ha destacado el asombroso
dominio en los detalles que
trabaja la artista, así como su
afinidad por las
representaciones de animales e insectos ―esto posiblemente muy relacionado a sus
estudios en Zootecnia―. Es importante remarcar que la calidad de su dibujo y su técnica
es una de sus características formales más importantes; pero bajo la perspectiva patriarcal
y tradicionalista de la historia del arte, estas cualidades han sido tildadas de «femeninas».
En su tesis, Georgina Gluzman (2016) se refiere a este suceso, destacando que la obra de
las artistas de siglos anteriores en Argentina era descrita en base a una discriminación de
su sexo, usando palabras como «ingenuidad» y «delicadeza», las cuales no eran en
mérito de su calidad técnica, si no de una asociación con lo que se considera femenino,
con la presencia de la artista. Esto también recuerda al caso de la pintora Vigée-Lebrun
(1755 - 1842), el cual es mencionado por Patricia Mayayo (2003): una pintora que fue
estudiada y reconocida más por su persona, que por su trabajo, en el cual siempre querían
encontrar rastros de su «sensibilidad femenina». Es importante tener en cuenta al
momento de apreciar la obra de Flor de María, que ahora esta cualidad no debe etiquetar
su arte como femenino, siendo la misma conclusión a la que llega Rosa Martínez (2006),
cuando se refiere a las mujeres artistas y la búsqueda por un replanteamiento de los
valores que formó la Revolución Francesa, los cuales deben estar en función de género,
raza y clase.
Así como en el texto de Adriana Zavala (2007) sobre los cuerpos de María Izquierdo y su
modo de representar a la mujer usando su cuerpo para entender diferentes temas,
dualidades, conceptos sobre lo urbano, lo rural, la ideología mexicana y personal; Flor
de María Padilla también tiene su propia representación del cuerpo femenino. A través de
niñas con grandes y profundos ojos. Es interesante como elige cuerpos infantiles para
hablar de su visión particular, posiblemente porque encuentra en ellas una correlación
con sus sueños de infancia y las convierte así en los personajes principales de sus obras.
Siempre menciona la nostalgia recurrente que tiene de su niñez y como sus cuadros
hablan de ese tema con la dulzura de los cuentos infantiles, mezclando elementos
oníricos con brillantes colores y pequeños animales ―aves por lo general― o mariposas
y libélulas. Respecto a las niñas que pinta, es curioso que todas tengan las mismas
características físicas ―piel blanca, cabellos castaños o negros, ojos expresivos verdes,
pardos o azules como su Guardiana, y labios rojos―, posiblemente porque aluden a unas
muñecas que la misma Flor de María menciona en su blog personal, juguetes que
convierte en personajes, sus «niñas-muñecas».
Este punto sobre la representación de sus personajes, promueve la pregunta de si está
ideológicamente la artista bajo algún canon sobre lo que significan las muñecas en medio
de la lucha por reivindicar a las mujeres. Para Griselda Pollock (2001) el canon es un
constructo social que ha excluido y subordinado de la historia del arte a las mujeres,
exceptuando a aquellas que en base a diferentes constructos de poder, entraron a la
historia del arte patriarcal como si fuesen seres excepcionales en medio del resto. Las
muñecas han sido por años el ideal de las niñas, el futuro que deberían alcanzar. Eran,
por lo general, efigies de la imponente estética europea de pieles blancas y cabellos
lacios o suavemente ondulados, con ojos de diferentes colores y todas con cuerpos
perfectos. Habiéndose instaurado como un canon, es interesante preguntarse si Flor de
María no se ha librado tal vez de esa carga social que las muñecas impusieron en ella
desde niña, reconociendo el parecido racial que parece haber entre todas las niñas-
muñecas que retrata.
Sin embargo, como lo menciona Cristina Vargas en su artículo (2015), hay que
reconocer en los artistas a seres sociales y, en su obra, las influencias de las experiencias
individuales y colectivas frente a las cuales cada artista demostrará si es partícipe o
detractor de las ideas que plasma. Como recuerdo de la infancia, la identidad de sus
niñas-muñecas plasma un ideal de la niñez, un deseo de superación para cada una de
ellas. Algunas tienen miedo ―mantienen los ojos cerrados― y otras usan máscaras
sobre los ojos abiertos ―no quieren ser notadas, quieren pasar desapercibidas―; pero
hay orgullo y valentía en sus personajes con ojos abiertos, las que tienen sus sueños con
ellas y no temen ir en busca de ellos, dispuestas a enfrentarse al mundo y, por ende, a la
realidad.
Enfocándonos finalmente en la Guardiana representada, la niña que atraviesa con su
mirada la pintura hasta el espectador, es interesante profundizar en ella el porqué de los
detalles como el traje militar que porta. Como peruana, ayacuchana de nacimiento, es
llamativo encontrar motivos patrióticos detrás del significado de la ropa del personaje
que pinta Flor de María. El traje alude al siglo XIX, a los uniformes militares y éste es
especialmente parecido al que se aprecia en la mayoría de retratos de Simón Bolívar. Es
aún más llamativo este si se tiene en cuenta que quien lo usa ahora es una mujer
―especialmente una niña― y esto conlleva a cuestionar sobre las mujeres en la historia
militar. En el Perú, durante la época del mismo Simón Bolívar, resaltó el nombre de
Manuela Sáenz, también llamada «La libertadora del libertador», quien ha pasado a la
historia como una mujer de gran fortaleza que participó del proceso independentista. La
historiografía no fue muy justa con ella y por años su personaje fue tomado a menos,
hasta que su nombre volvió a surgir y se ha tomado actualmente mucho interés en su
personalidad y su posición política, siendo más que sólo la amante de Bolívar. Otra
mujer importante de este período, contemporánea de Manuela, fue Francisca Zubiaga,
«La Mariscala», esposa del presidente Agustín Gamarra, una mujer intrépida con una
gran fuerza de espíritu a quién su gran poder político y sucesivos rivales ganados
finalmente la llevaron al exilio en Chile, donde murió enferma. El artículo de Sofía
Pachas (2014) aunque está centralizado en el estudio de una pintura que retrata a María
Parado de Bellido, también se enfoca en la falta de representación de las mujeres del
período republicano en la historia del arte, aun habiendo algunos datos de varias de ellas,
como lo fueron Francisca Zubiaga y Manuela Sáenz, junto a muchas más. Aunque
conocidas en su mayoría, en los museos y en la historiografía del arte peruano aún
quedan relegadas frente a otras obras. La Guardiana de Flor de María no es físicamente
la representación de ninguna de ellas; pero vestida con su traje militar republicano, y
preparada para enfrentarse a sus miedos y conseguir sus sueños de libertad, se convierte
en una suerte de revalorización de las mujeres en la historia.

CONCLUSIONES

Los estudios de género en el Perú están todavía empezando con investigadoras como
Sara Beatriz Guardia, quien replantea la historia desde las mujeres y su participación en
ella. La historiografía del arte nacional también dejó en el ayer a muchas representantes
mujeres cuya gran técnica y calidad quedó relegada al olvido. En la actualidad, muchas
artistas han logrado ocupar el lugar que merecen en el sistema actual, viviendo de su arte
y entrando en el mercado, representando al país y diversificando la cultura
contemporánea. Flor de María Padilla es una de esas artistas y su trabajo, a simple vista
dulce y nostálgico, puede apreciarse bajo una mayor perspectiva gracias al estudio de
género. Es importante lograr que este conocimiento llegue a las nuevas generaciones de
estudiantes para que la mujer artista sea revalorizada tanto en la historia como en el
presente; pero es evidente que el proceso para «deconstruir» el planteamiento
establecido, será largo y complicado. Esto, sin embargo, sólo motiva a todos aquellos
investigadores ya iniciados en el tema, a seguir adelante y mantenerse firmes frente a la
nueva postura. Parafraseando al icónico César Vallejo, podríamos concluir que, hay,
hermanos y hermanas, muchísimo por hacer.
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