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EL DERECHO SEGÚN SAN AGUSTIN

San Agustín nace en Tagaste, África en 354, ya con un imperio romano de occidente en decadencia y rumbo a su
extinción (según los historiadores el imperio occidental cae definitivamente en 476). El periodo comprendido entre
los siglos II y V marca un periodo de transición en el cual se produce una progresiva disolución del pensamiento y
forma de vida pagana y una creciente adhesión al cristianismo. Un hito importante en ese periodo es la legalización
de la religión cristiana a través del edicto de Milán en 313. Otro hecho fundamental para la expansión del
cristianismo es la conversión del emperador Constantino. No solo se convierte sino que además se radico en
Bizancio, a la cual refunda llamándola Nueva Roma o más conocidamente cono Constantinopla, nombre que
persistirá hasta su caída a manos del imperio otomano en 1452. San Agustín será parte de ese proceso de
transición. SI bien su vida transcurre aun en la antigüedad su obra tendrá fundamental importancia en la
medievalidad. Agustín era hijo de padre gentil y de madre profundamente católica, a tal punto que es considerada
modelo de mujer cristiana por la iglesia y luego es canonizada como Santa Mónica.
La gran obsesión de Mónica era que su hijo abrazara la confesión Cristiana.
San Agustín tenía una mala relación con su padre, quien era jugador, bebedor y engañaba a su madre. Allí ante los
reproches de su madre por esa mala relación Agustín reniega del Dios de su madre, diciéndole porque su Dios no la
ayuda. Esto marca el absoluto descreimiento de Agustín en adolescencia. Agustín en Tagaste escucha un discurso
público de un gran orador llamado Macrobio acerca de por qué se deben pagar impuestos a Roma y queda
fascinado. Agustín comienza con malas acciones como robar fruta a un campesino y allí se da cuenta que solo
saliendo de Tagaste no caerá en la vida que lleva su padre. Le comenta eso a su madre, quien intercede ante
Romaniano quien era un hombre poderoso en Tagaste para que Agustín se traslade a Cartago y pueda estudiar con
Macrobio.Cuando llega a Cartago es recibido por un hombre rico, Valerio Prisco por recomendación de Romaniano
y es albergado en su casa donde conoce a quien sería su sirviente de origen moro llamada Carida, con la que luego
convivirá y tendrá un hijo. También a los 19 años lee el Hortensio de Cicerón y allí nace su afán por la
sabiduría. Macrobio le dice que no tiene vacantes y que solo lo tomara como alumno si logro convencerlo de que lo
tome ya que la retorica es para ello, para convencer a la gente que haga lo que uno pretende. No lo logra pues
enmudece. Al regresar a la casa es golpeado por ser extranjero y en la case se encuentra con una orgía, lo que lo
hace pensar en la maldad y el pecado. Al día siguiente vuelve y convence a Macrobio y es educado en la retorica
por este. Todavía en Cartago se dedica a una vida licenciosa.
En su juventud lee las escrituras pero se ve desilusionado por ellas. Preocupado por el problema del mal es
seducido por el maniqueísmo que es una doctrina que postula el antagonismo absoluto entre el bien y el mal. En
teoría esta doctrina enseña a liberarse de la maldad y la materia. Luego se aproxima a las ideas donatistas, de las
que luego también se aparta y mantendrá una dura polémica. Descreído de maniqueos y donatistas cae en el
escepticismo Va creciendo su fama y se luego se traslada a Roma en 384 y dada su crisis interior abraza el
escepticismo de los académicos.
Allí conoce a San Ambrosio, obispo de Milán, luego San Ambrosio. Este lo introduce e instruye en la doctrina
cristiana. También se dedica a la lectura de Plotino al que admira. Esto va a tener una gran influencia en Agustín y
queda encuadrado en el neoplatonismo. Lo que más de adelante se llamara neoplatonismo agustiniano.
Allí comienza una separación del materialismo y comienza el camino hacia el interior del alma, concibiendo a Dios
como ser inmaterial y al mal como algo negativo, como privación del bien. Relee las escrituras, especialmente las
epístolas de San Pablo.
Finalmente se convierte al cristianismo en 386 y abraza la fe con el fervor de todo converso. Es bautizado por el
propio Ambrosio. Muere en 430 siendo Obispo de Hipona.
Escribe tres obras fundamentales. La primera “Contra Fastum” en el 397/8 al renegar del maniqueísmo. La misma
es contra Fausto de Milevi, importante difusor de las ideas maniqueas, Confesiones y la Ciudad de Dios.
En 410 mientras los ostrogodos tomaban Roma escriba su obra capital “La ciudad de Dios” “De civitae Dei”. Al año
siguiente mantiene una célebre polémica con Pelagio destacado teólogo que afirmaba la bondad natural de de la
condición humana no mancillada por el pecado original y por ende la posibilidad de alcanzar la salvación sin
necesidad del auxilio de la gracia divina. Así como con Agustín se menciona una corriente Platónica Agustiniana
también se menciona la corriente aristotélica tomista.
Como platonista, Agustín muestra incansable búsqueda de ciertas certezas absolutas impermeables a las
mutaciones de los tiempos. Platón quizás los hallo en el topos uranos mientras que Agustín creyó encontrarlas en el
Dios de la Revelación.
Volviendo a Contra Fasutum San Agustín distingue tres géneros de leyes:
1) La ley mosaica, dado por Dios al pueblo hebreo en el Monte Sinaí.
2) La ley de Cristo en los Evangelios
3) la “lex gentium (natural)”
La ley mosaico es una legislación positiva puesta en el tiempo y el espacio por Dios.
La ley cristiana s la ley de la rectitud moral que aunque es positiva, no se refiera como ley jurídica al reparto de los
bienes terrenales sino al obrar virtuoso signado por la caridad a través del amor.
Hay también una ley eterna que responde a los designios insondables de la providencia divina, conforma el plan de
Dios sobre el universo y se define como “Razón divina o voluntad de Dios que ordena conservar el orden natural y
prohíbe perturbarlo”. La ley eterna se impresa en nosotros como ley natural a modo del sello que del anillo impregna
la cera pero no queda en ella. La noción de la ley eterna está impresa en nosotros como la imagen pasa del anillo a
la cera sin que en el anillo quede.
La ley eterna no es cognoscible por los sentidos ni exclusivamente por la razón. Llega al conocimiento por la fe
mediante la iluminación interior. La ley natural habita en la razón del hombre pero esta naturalmente inscripta en el
corazón.
En Confesiones Agustín busca la verdad, busca a Dios. La obra se compone de trece libros. Del Libro I al IX,
Agustín Scribe el pasado y se corresponde con la búsqueda de Dios. El libro X se corresponde al presente y
concuerda con el encuentra con Dios. Allí básicamente Agustín desarrolla el tema de la memoria. La forma de todos
los objetos que conocemos está en ella e ingresaron a través de los sentidos. Pero también existen las nociones de
las artes liberales que no entraron por las puertas de los sentidos. Agustín dice que están porque siempre
estuvieron allí al igual que la idea de Dios. Justifica eso diciendo si todos querremos alcanzar la felicidad absoluta,
pero nunca la conocimos, entonces como es que la añoramos, y la añoramos porque siempre estuvo allí como un
inconsciente colectivo que proviene del paraíso antes de la caída. El libro XI se refiere al tiempo y los libros XII y XIII
conforman un exegesis bíblica.
Pablo Lombardo el pecado se define como una acción, un dicho o un deseo contra la ley eterna. Lo que Dios quiere
es la justicia misma.  Hay una conjunción de razón y corazón en el conocimiento de la ley natural. Esto ha habilitado
a diversas corrientes agustinianas a sostener el origen del conocimiento, al menos de los primeros principios, en un
acto de iluminación interior.
La Ciudad de Dios es una obra compleja en la que se mezclan la filosófica neoplatónica, la doctrina cristiana, la
historia bíblica y respuestas sobre la caída de Roma. Existe un ingrediente polémico muy importante con el
paganismo. El paganismo de Roma según Agustín fue el origen de su perdición. Su objeto de amor fue un propósito
terrenal y no una misión espiritual. Un pueblo es definido por su objeto de amor. Como lo romanos se amaron solo a
si mismos no formaron una autentica ciudad. Una verdadera ciudad requiere dirigir su amor a Dios. Según Agustín,
Roma no cayó por la llegada del cristianismo, todo lo contrario cayó por su propio paganismo. Frente a esta
imputación acerca de la decadencia del imperio a causa de los seguidores de Cristo justifica que esa caída se
produce por los propios dioses romanos y vicios romanos. Además sostiene que de haberse adoptado la nueva
religión por parte del imperio, este hubiera alcanzado mayor grandeza y esplendor.
El orden político no está fundado para San Agustín en la fuerza sino en la justicia. Así traza la famosa diferencia
entre los reinados y las bandas de delincuentes. Si solo se toma como base la espada, la única diferencia sería el
tamaño de sus crímenes y la impunidad con la que se cometen.
Si se remueve la justicia los reinos no son más que bandas de criminales a gran escala.
El hombre pertenece a dos ciudades: La ciudad de Dios y la ciudad terrenal. La distinción entre ellas es la diferencia
entre la virtud y el vicio. La ciudad de dios es la comunidad de los seguidores de Cristo, de los que buscan la
verdad, de los que creen en el verdadero Dios. Ahí está la verdadera justicia. Es una ciudad celestial, no ideal como
la platónica que según Agustín solo existe en las palabras. En contraste la ciudad terrenal está guiada por el amor
propio y vive según los impulsos de la carne.
La ciudad terrenal se glorifica en si mima y la de Dios se glorifica en el Señor.
El hombre es carne y espíritu y de estas dos sustancias se derivan estas dos ciudades.
La ciudad de Dios dibuja lo que podría llamarse el espejo del príncipe cristiano.
Un gobierno sin la inspiración de la justicia divina no es más que una enorme banda de ladrones que da paz
mediante una violencia arbitraria.
Volviendo a Pelagio si la naturaleza humana tiene la capacidad de alcanzar por si misma la salvación para que hubo
de venir Cristo a la tierra y sufrir y la muerte redentora. Era pues absolutamente necesario preservar el poder de la
voluntad de Dios en su plan providencial define la voluntad divina como aquello que es querido por Dios enfatizando
que lo querido por Dios constituye la autentica justicia.
Se evidencia en esta instancia una postura voluntarista en la interpretación del derecho divino y natural. Una acción
no constituye pecado sino cuando ha sido expresamente prohibida por Dios.
Existe también la doctrina de la predestinación. Según ella parte de la humanidad es absuelta de la merecida
condena al ser llamada a la salvación por amor de una justicia divina que ninguna criatura está capacitada para
entender y mucho menos cuestionar. El divorcio entre la ley eterna y la ley humana es tajante. La capacidad natural
de la razón ha quedado extinguida y todo depende de un acto gratuito de misericordia de Dios. Al estar esa
salvación sometida a la voluntad de Dios según esta teoría debe haber señales de quien será salvado. Se toma por
ejemplo como una señal la buena vida terrenal lo que se trata en la obra de Max Weber “La ética protestante y el
espíritu del capitalismo”.
En el mundo del derecho la idea básica de justicia como una acto de voluntad divina en orden a la salvación se
traslada a la legislación positiva como un acto de voluntad estatal en orden a la determinación de los deberes y
derechos de la vida en sociedad.
Para la visión agustiniana la naturaleza humana quedo gravemente dañada y por ende incapacitada de obtener la
salvación por sí misma, pero puede ser auxiliada por la gracia divina, pero la voluntad humana debe aportar lo suyo
y apoyada por el socorro natural puede alcanzar la salvación.
“Dios que te creo sin ti, no te salvara sin ti”
Dios supremo es la verdadera justicia o que aquel Dios verdadero es la justicia suprema.
Loa actos legislativos del estado no merecen ser considerados como leyes que obliguen si no son justos, pero no
hay nada justo ni legitimo sino derivan de la ley eterna.
Entonces el orden jurídico queda entonces ligado y fundamentado en un orden trascendente de naturaleza divina,
es así como tenemos un iusnaturalismo de cuño teológico.
La justicia para San Agustín es el basamento constitutivo de la república y no puede hallarse sino en ella, pero la
verdadera justicia no se halla sino en aquella cuyo fundador y rector es el Cristo mismo.
Bibliografia: Trabajo propio en base a las notas de Clase de la Cátedra de Filosofía del Derecho, UCES, del Dr.
Anibal Maggio.
San Agustín de Hipona: Biografía, Filosofía y Aportes
Por
 Alberto Cajal

San Agustín de Hipona (354-430) fue un filósofo y teólogo cristiano, considerado uno de los santos más influyentes
tanto en el catolicismo como en la filosofía occidental. Escribió más de 232 libros, siendo los más
destacados Confesiones  y La ciudad de Dios.
Sus ideas y escritos fueron importantes para la dominancia del Cristianismo tras la caída del Imperio Romano. A
menudo se le considera como el padre de la teología ortodoxa y el más grande de los cuatro padres de la Iglesia
Latina.

San Agustín fue fuertemente influenciado por las tradiciones filosóficas latina y griega, y las utilizó para comprender
y explicar la teología cristiana. Sus escritos aun siguen siendo pilares destacados de la ortodoxia en la Iglesia. 
Índice [Ocultar]
 1 Biografía
o 1.1 Familia
o 1.2 Estudios
o 1.3 Formación en filosofía
o 1.4 Maniqueísmo
o 1.5 Conversión
o 1.6 Vuelta a África
o 1.7 Vida episcopal
 2 Filosofía
o 2.1 Entendimiento
o 2.2 Niveles de pensamiento
o 2.3 Alma racional
o 2.4 Religión y filosofía
o 2.5 Creación del mundo
o 2.6 Reencarnación
 3 Obras
o 3.1 Confesiones
o 3.2 La ciudad de Dios
o 3.3 Retractaciones
o 3.4 Cartas
 4 Aportes
o 4.1 Teoría del Tiempo
o 4.2 Aprendizaje del lenguaje
o 4.3 Señalamiento de la fe como búsqueda de la compresión
o 4.4 Influyó en el argumento ontológico
o 4.5 Ilustró a Dios como eterno y conocedor de la verdad
o 4.6 Creó una teoría del conocimiento humano
o 4.7 Reconoció a la sabiduría como un todo que conduce a la felicidad
 5 Referencias

Biografía
Agustín de Hipona, mejor conocido en la historia como san Agustín, nació el día 13 de noviembre del año 354 en
África, en la ciudad de Tagaste. Su nombre es de origen latino y significa “aquel que es venerado”.
Familia
La madre de Agustín se llamó Mónica, y la historia de su vida también fue fascinante. Cuando Mónica era joven,
decidió que quería dedicar su vida a la oración y que no quería casarse. Sin embargo, su familia dispuso que debía
hacerlo con un hombre de nombre Patricio.
Patricio se caracterizó por ser trabajador, pero a la vez era no creyente, fiestero y promiscuo. Aunque jamás le
golpeó, solía gritarle y estallar ante cualquier molestia que sintiera.
El matrimonio tuvo 3 hijos, el mayor de estos fue Agustín. Patricio no se había bautizado, y años después, quizá por
convencimiento de Mónica, lo hizo en el año 371. Un año después del bautizo, en el año 372, Patricio murió. En ese
momento Agustín tenía 17 años.

Estudios
En sus años tempranos, Agustín se caracterizó por ser un joven extremadamente desordenado, rebelde y muy difícil
de controlar.
Cuando aún Patricio vivía, él y Mónica decidieron que se trasladara a Cartago, que era la capital del estado, para
estudiar filosofía, oratoria y literatura. Estando allí Agustín desarrollo su personalidad rebelde y alejada del
cristianismo.
Además, en Cartago comenzó a interesarse por el teatro, y tuvo éxitos académicos que le hicieron ganar
popularidad y halagos.
Posteriormente, Agustín viajó a la ciudad de Madaura, en donde estudió gramática. En esta época se vio atraído por
la literatura, especialmente la que tenía origen griego clásico.
El contexto que vivió Agustín en su época de estudiante estuvo enmarcado en la entrega a los excesos y al placer
de la fama y la notoriedad, aunque jamás abandonó sus estudios.

Formación en filosofía
Agustín había destacado en ámbitos como la retórica y la gramática, y había estudiado algo de filosofía, pero no era
su punto más fuerte. Sin embargo, esto cambió en el año 373, cuando Agustín tenía 19 años.
En ese momento tuvo acceso al libro Hortensius, escrito por Cicerón, obra que le inspiró en gran medida y le hizo
querer dedicarse por entero al aprendizaje de la filosofía.
En medio de este contexto, Agustín conoció a quien fuera la madre de su primer hijo, una mujer con quien se
relacionó durante unos 14 años. Su hijo se llamó Adeodato.
En su búsqueda constante de la verdad, Agustín contempló distintas filosofías sin encontrar aquella con la que se
sintiera satisfecho. Entre las filosofías que consideró estuvo el maniqueísmo.

Maniqueísmo
Agustín se unió a la creencia maniqueísta, que era diferente del cristianismo. Cuando volvió a casa de vacaciones y
le contó a su madre sobre ello, esta lo expulsó de su casa, porque no admitía que Agustín no se adhiriera al
cristianismo. La madre siempre albergó la esperanza de que su hijo se convirtiera a la fe cristiana.
De hecho, Agustín siguió la doctrina maniqueísta durante varios años, pero la abandonó con decepción al darse
cuenta de que era una filosofía que apoyaba el simplismo, y favorecía una acción pasiva del bien con relación al
mal.
En el año 383, cuando tenía 29 años, Agustín decidió viajar a Roma para dar clases y continuar con su búsqueda de
la verdad.
Su madre quiso acompañarlo, y al último momento Agustín hizo una maniobra a través de la cual logró abordar el
barco en el que iba a viajar y dejar a su madre en tierra. Sin embargo, Mónica tomó el siguiente barco con dirección
hacia Roma.
Estando en Roma, Agustín sufrió una enfermedad que le hizo estar en cama. Al recuperarse, el prefecto de Roma y
amigo personal, Símaco, intercedió para que Agustín fuese nombrado magister rethoricae en la ciudad que hoy es
Milán. En este momento Agustín seguía siendo adepto a la filosofía maniqueísta.

Conversión
Fue entonces cuando Agustín comenzó a interactuar con el arzobispo de Milán, Ambrosio. Por intervención de su
madre, que se hallaba ya en Milán, asistió a las conferencias dadas por el obispo Ambrosio.
Las palabras de Ambrosio calaron hondo en Agustín, quien admiró a este personaje. A través de Ambrosio, conoció
a las enseñanzas del griego Plotino, que era un filósofo neoplatoniano, así como los escritos de Pablo de Tarso,
mejor conocido como el apóstol san Pablo.
Todo esto fue el escenario perfecto para que Agustín decidiera dejar de seguir la creencia maniqueísta (luego de 10
años de ser adepto) y abrazar la fe cristiana convirtiéndose al cristianismo.
Su madre estaba muy contenta por la decisión del hijo, le organizó la ceremonia bautismal y le buscó a una futura
esposa, que según ella se adaptaba a la nueva vida que Agustín quería llevar. Sin embargo, Agustín decidió no
casarse, sino vivir en abstinencia. La conversión de Agustín se dio en el año 385.
Un año después, en el año 386, Agustín se dedicó por entero al aprendizaje y al estudio del cristianismo. Se mudó
junto con su madre a Casiciaco, una ciudad ubicada cerca de Milán, y se entregó a la meditación.
Fue el 24 de abril del año 387 cuando Agustín finalmente fue bautizado por el obispo Ambrosio; tenía 33 años.
Mónica, la madre, murió poco después.

Vuelta a África
Agustín volvió a Tagaste y, al llegar, vendió sus bienes, donó el dinero a los pobres y se trasladó a una pequeña
casa junto con unos amigos, en donde llevó una vida de carácter monástico. Uno años después, en el 391, fue
nombrado sacerdote, como consecuencia de la postulación hecha por la misma comunidad.
Se dice que Agustín no quería ese nombramiento, pero al final lo aceptó; igual sucedió al ser nombrado obispo, en
el año 395. A partir de ese momento Agustín se mudó a lo que era la casa episcopal, que él convirtió en un
monasterio.

Vida episcopal
Como obispo, Agustín tuvo mucha influencia en diversos tópicos y predicó en distintos contextos. Entre los espacios
más importantes destacan los III Concilios Regionales de Hipona, celebrados en el año 393 y los III Concilios
Regionales de Cartago, que tuvieron lugar en el año 397.
Además, también participó en los IV Concilios de Cartago, celebrados en el 419. En ambos concilios de Cartago,
cumplió las funciones de presidente. En este época fue cuando escribió las obras más importantes de su vida: La
ciudad de Dios y Confesiones.
Agustín murió el 28 de agosto del año 430 a los 72 años de edad. Actualmente, su cuerpo se encuentra en la
basílica de San Pietro in Ciel d’Oro.

Filosofía

Agustín escribió sobre las llamadas instancias arbitrales de la razón, que son las matemáticas, la lógica y el sentido
común.
Estableció que estas instancias no provienen de los sentidos, sino que vienen de Dios, dado que son elementos
universales, perennes y no pueden venir de la mente del hombre, sino de algo que sea superior a este.
La particularidad que tuvo este acercamiento de Agustín a Dios es que le atribuye el origen de las que llamó las
instancias arbitrales de la razón a través del pensamiento, no de elementos de la naturaleza o que pueden ser
percibidos por los sentidos.

Entendimiento
Para Agustín, el entendimiento solo puede obtenerse a través de Dios. Indicó que el ser humano solo puede
comprender la verdad de las cosas si obtiene ayuda de Dios, dado que este corresponde al origen de todas las
cosas y de las verdades que existen.
Agustín expuso que la obtención de esta verdad se hace a partir de la introspección, a través de lo que denominó
razón o alma, cuya esencia es Dios.
Es decir, que los sentidos no son la vía para comprender la verdad de las cosas. Esto es porque lo obtenido a través
de los sentidos no es permanente ni mucho menos eterno; por lo tanto, este conocimiento no es trascendental.
Otra de las ideas que expuso fue la inconformibilidad del hombre todo el tiempo, en búsqueda de algo que sacie su
sed eterna.
Según Agustín, esto es porque el final de esa búsqueda es Dios; el ser humano viene de Dios, por lo que ya conoció
lo más elevado, y en su estadía en la Tierra no consigue nada que lo sacie porque nada se compara a ese Dios.

Niveles de pensamiento
Agustín determinó la existencia de tres niveles principales de entendimiento: se trata de las sensaciones, el
conocimiento racional y la sabiduría propiamente dicha.
Las sensaciones constituyen la forma más básica y primaria de acercarnos a la verdad y a la realidad. Este
elemento es compartido con los animales, razón por la cual es considerado como uno de los mecanismos más
primitivos para obtener conocimiento.
Por otro lado, el conocimiento racional está ubicado en el punto medio de la escalera. Es propio de los seres
humanos y tiene que ver con llevar a la acción los pensamientos. A través de la sensibilidad, el ser humano obtiene
conocimiento de lo que Agustín denominó objetos sensibles.
El elemento característico de este conocimiento racional es que se toman en cuenta los sentidos para comprender
aquellos elementos tangibles y materiales, pero a través de la mente es posible analizarlos y considerarlos desde
los modelos eternos y no corpóreos.
Por último, en la cúspide de la lista se encuentra la sabiduría, que es tomada en cuenta considerando la capacidad
que llegan a tener los seres humanos de adquirir conocimiento eterno, trascendental y valioso sin hacerlo a través
de los sentidos.
En lugar de utilizar los sentidos, los seres llegan al conocimiento por medio de la introspección y de la búsqueda de
la verdad en el interior de cada quien, que está representado por Dios.
Para Agustín, es Dios la base de todos los modelos y normas que existen, así como de todas las ideas que surgen
en el mundo.

Alma racional
Es importante recalcar un concepto fundamental del pensamiento de Agustín. Consideraba que era el alma el
vehículo a través del cual era posible alcanzar el conocimiento, o las ideas de todas las cosas, encarnadas en la
figura de Dios.
Sin embargo, Agustín determinó que solo el alma racional era capaz de llegar a este conocimiento. Esta concepción
de racionalidad es reflejo de que reconocía ampliamente la importancia de razón, y su concepción de que esta no
era enemiga de la fe.
A la necesidad de racionalidad, Agustín agrega también que el alma debe estar motivada por completo por el amor
a la verdad y el amor a Dios, para que así pueda acceder al verdadero conocimiento.

Religión y filosofía
Agustín indicó varias veces que la fe y la razón no eran incompatibles, sino que más bien se complementaban entre
sí. Para él, el verdadero opuesto de la fe no era la razón, sino la duda.
Una de sus máximas fue “entiende para que puedas creer, y cree para que puedas entender”, haciendo énfasis en
que primero debe comprenderse para luego poder creer.
Además, para Agustín el punto más elevado de la filosofía era el cristianismo. Por esto, para este filósofo la
sabiduría estaba asociada al cristianismo y la filosofía estaba asociada con la religión.
Agustín estipuló que el amor es el motor que mueve y motiva hacia la búsqueda de la verdad. Al mismo tiempo,
indicó que la fuente de ese amor esencial es Dios.
Así mismo, explicó que el autoconocimiento era otra de las certezas de las que puede estar seguro el ser humano, y
que debe estar basado en el amor. Para Agustín, la felicidad plena estaba dada por el amor al conocimiento propio y
a la verdad.

Creación del mundo


Agustín era simpatizante de la doctrina del creacionismo en cuanto a que indicó que fue Dios quien creó todo lo que
existe, y que esta creación se generó de la nada, pues nada pudo haber existido antes que Dios.
Sin embargo, dentro de sus concepciones también había cabida a la teoría de la evolución, dado que consideraba
cierto que fue Dios quien generó los elementos fundamentales de la creación, pero que posteriormente fueron estos
elementos los que siguieron evolucionando y generando todo lo que existió luego.

Reencarnación
Agustín estableció que el ser humano ya había conocido a Dios porque se generó en él, y que a ese Dios es a quien
busca regresar durante toda su existencia en el planeta.
Tomando esto en cuenta, dicho argumento puede relacionarse con uno de los preceptos esenciales de la teoría de
la reminiscencia platónica, que indica que conocer es igual a recordar.
Sin embargo, en el caso de la interpretación de Agustín esta consideración no es del todo cónsona con su
pensamiento, pues era férreo detractor de la reencarnación, por lo que se identificaba más con la noción esencial
del cristianismo, según la cual el alma solo existe una vez, no más.

Obras
Las obras de Agustín fueron extensas y variadas. A continuación describiremos sus publicaciones más importantes
y trascendentes:

Confesiones
Esta obra autobiográfica fue escrita aproximadamente en el año 400. En esta Agustín declara el amor por Dios a
través del amor por su propia alma, que en esencia representa a Dios.
La obra consta de 13 libros, originalmente aglutinados en un solo tomo. En esta obra Agustín narra cómo fue su
juventud rebelde y alejada de la espiritualidad, y cómo se convirtió al cristianismo.
Confesiones se considera la primera autobiografía que se escribió en Occidente, y se enfoca en especial en narrar
el proceso de evolución que tuvo su pensamiento desde su juventud hasta su conversión cristiana.
El principal elemento de Confesiones es la importancia dada al ser interior, a observarlo, escucharlo y meditar en
función de este.
Para Agustín, a través del conocimiento propio y del acercamiento del alma es posible llegar a Dios y, por ende, a la
felicidad. Esta obra es considerada una obra maestra de la literatura de Europa.

La ciudad de Dios
El título original de este libro fue La ciudad de Dios contra los paganos. Está conformado por 22 libros, que fueron
escritos al final de la vida de Agustín. Necesitó para escribirlo unos 15 años, desde el año 412 hasta el año 426.
Esta obra se escribió en el marco de la caída del Imperio romano, como consecuencia del sitio perpetrado por los
adeptos al rey visigodo Alarico I. En el año 410 entraron a Roma y saquearon la ciudad.
Algunos contemporáneos de Agustín indicaron que la caída del Imperio romano se debió al auge del cristianismo y,
por ende, a la pérdida de las costumbres esenciales de dicha civilización.

Leyes históricas
Agustín no estaba de acuerdo con esto e indicó que son las llamadas leyes históricas las que determinan si un
imperio se mantiene en pie o si se desvanece. Según Agustín, estas leyes no pueden ser controladas por los seres
humanos, dado que son superiores a estos.
Para Agustín, la historia no es lineal, sino que se mueve de forma ondulatoria, retrocede y avanza, y a la vez es un
movimiento que está predeterminado. El fin último de todo este movimiento de la historia es llegar a lo más elevado:
la ciudad de Dios.
El argumento central de la obra La ciudad de Dios es comparar y enfrentar a la que Agustín llamó la ciudad de Dios,
que corresponde a las virtudes, la espiritualidad y el buen accionar, con la ciudad pagana, vinculada con el pecado y
otros elementos considerados decadentes.
Para Agustín, la ciudad de Dios estaba encarnada dentro de una motivación protagonizada por el amor a Dios,
representado por la Iglesia.
En cambio, la motivación asociada a la llamada ciudad pagana o ciudad de los hombres era el amor a sí mismos, y
el representante de este amor era el Estado.
Como se ha visto, las ciudades a las que hace referencia Agustín no son físicas, sino que se trata de concepciones
y formas de pensamiento que llevan a acercarse o a alejarse de la espiritualidad.

Teología y política
Dentro de este libro Agustín habla sobre el carácter supersticioso y de lo absurdo que es para él creer en un dios
solo porque se recibirá algo a cambio.
Además, en este libro Agustín hace énfasis en la separación que debe existir entre política y teología, dado que
expresó en todo momento que su doctrina no era política, sino más bien espiritual.
Según indican distintos estudiosos del trabajo de Agustín, la mayor importancia de esta obra tiene que ver con el
hecho de que este filósofo presentó allí una interpretación particular de la historia, indicando que existe lo que se ha
denominado progreso.
Se estima que Agustín fue el primer filósofo en incluir el concepto de progreso dentro de la filosofía enmarcada en la
historia.

Retractaciones
Este libro fue escrito por Agustín hacia el final de su vida, y en él analizó las distintas obras que publicó, resaltando
los elementos más relevantes de cada una, así como los elementos que lo motivaron a escribirlas.
Estudiosos de la obra de Agustín han indicado que esta obra, de algún modo compilatoria, es un material muy útil
para llegar a comprender de forma cabal cómo evolucionó el su pensamiento.

Cartas
Esta corresponde a una compilación de índole más personal, en donde se contemplan las más de 200 cartas que
Agustín envió a diferentes personas, y en las que habló sobre su doctrina y su filosofía.
Al mismo tiempo, estas cartas permiten comprender cuál fue la gran influencia que tuvo Agustín en diversas
personalidades, dado que 53 de ellas son escritas por personas a quienes había dirigido alguna epístola.
Aportes

Teoría del Tiempo


En su libro Confesiones, San Agustín señaló que el tiempo es parte de un orden dado dentro de la mente humana.
Para él no hay un presente sin pasado y mucho menos un futuro sin presente.
Debido a ello, menciona que el presente de las vivencias pasadas se mantiene en la memoria, mientras que el
presente de vivencias actuales se establece en un futuro próximo.
Con ello logró dar a entender que incluso al recordar se mantiene el hombre en un presente (revive el momento), y
al soñar con acciones futuras.

Aprendizaje del lenguaje


Aportó grandes pensamientos sobre el lenguaje humano, haciendo referencia a la manera en que los niños
aprenden a hablar por medio del entorno y asociación.
Así mismo, aseguró que mediante el habla solo se busca enseñar, porque al preguntar incluso por algo
desconocido, se le permite a la persona que tiene la respuesta reflexionar sobre lo que dirá y exponer su punto de
vista libremente.
Por otra parte, señaló que mediante el lenguaje se enseña y aprende por medio del recuerdo, que se mantiene
almacenado en el alma y se exterioriza con el pensamiento, para comunicarse con las personas.
También recalcó que la oración era un método de comunicación que se mantenía en el alma, y que servía solo para
comunicarse con Dios de manera directa, para calmar preocupaciones y avivar esperanzas.

Señalamiento de la fe como búsqueda de la compresión


San Agustín afirmó que se debía “creer para entender”, señalando así a la fe como el método perfecto para el
entendimiento, ya que es la base de un testimonio y verdad, mediante la razón del sentir.
Con base en ello, invitó a los cristianos a entender la realidad conforme a su fe y las doctrinas impuestas, para que
notasen así que todo estaba relacionado. Siempre y cuando la fe no fuese indiferente a   la razón, se llegaría un
entendimiento pleno.

Influyó en el argumento ontológico


Sus escritos relacionados con la fe cristiana, dieron fuerza al argumento ontológico, dejando claro que Dios era un
ser como ningún otro podría existir, alguien sublime y supremo, explicando a los creyentes que al conocerle se
sabía la verdad.

Ilustró a Dios como eterno y conocedor de la verdad


Para San Agustín el ser humano era capaz de aprender verdades universales, incluso por encima del propio
conocimiento del hombre. Por tanto al comprender los designios de Dios, se obtenía sabiduría, porque él era la
eterna verdad.

Creó una teoría del conocimiento humano


Debido a su percepción del conocimiento, creo una teoría conocida como “Iluminación Divina”, donde menciona que
Dios es capaz de iluminar y brindar conocimiento a la mente humana otorgándole las verdades divinas.
Por tanto, quien conozca a Dios y tenga seguridad de su verdad universal, puede develar misterios.

Reconoció a la sabiduría como un todo que conduce a la felicidad


Afianzado en la filosofía de Platón, comprendió a la sabiduría como una felicidad única, por tanto aseguró que el
hombre al conocer la verdad sería feliz, porque en esta también estaba el amor.

Referencias

1. Kenneth R. Samples. Top Then Things Agustine Contributed to Philosophy part I. (2012). Publicado en
reasons.org
2. Frederick Copleston, A History of Philosophy, vol. 2. (New York, 1993. Recuperado de minerva.elte.hu
3. Hal M. Helms (editions). The Confessions of Saint Agustin. (USA, 2010). Recuperado en
www.paracletepress.com/ samples/exc-confessions-of-augustine-essential.pdf
4. Stanford Encyclopedia of Philosophy. Divine Illumination (2015). Recuperado en plato.stanford.edu
5. Beryl Seckington. Divine Illuminations and revelation, the agustinian theory of Knowledge. (2005).
Recuperado en agustinianparadigm.com.

https://www.lifeder.com/aportaciones-de-san-agustin/
https://abafernandez.com/el-derecho-segun-san-agustin/

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