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Elites políticas

1. La teoría de las élites

1.1. Concepto de élite

La palabra viene del francés elite, que es el conjunto de los mejores en una comunidad,
y ésta de elite, que significa en francés elección o elegir. En sentido amplio, designa un
grupo selecto de personas en el orden político, científico, cultural, económico o de
cualquier otra rama del saber o de la actividad humana.

El concepto élite tiene connotaciones de distanciamiento con el pueblo y de gustos y


preferencias que no son los de la masa. Lleva implícita una dicotomía entre la
sofisticada minoría y la gran masa. Es una contraposición al de multitud y envuelve
ideas de "exclusión" y de "discriminación".

Elite política hace alusión a un reducido e influyente grupo de personas escogidas en


función de su capacidad y formación para dirigir un Estado, un partido o una asociación
cualquiera. Esas personas son las que forman parte de la estructura de poder y tienen
acceso a los procesos de decisión en esas sociedades.

El vocablo elite aparece en 1984 en el Diccionario de la Lengua Española que lo define


como “minoría selecta o rectora”. El concepto de élite, normalmente, es entendido como
sinónimo de elite, clase gobernante o clase política, y hace referencia: “a aquella
minoría que posee en una medida mucho más elevada que el resto de la población una o
más características valoradas socialmente.

Su posesión le permite influir o controlar en diverso grado a todos o a algunos grupos


sociales que componen una sociedad y es la que le reporta privilegios o recompensas
particulares. La traducción clásica de las élites se centró en el estudio de las élites
políticas capaces de ejercer directa o indirectamente un poder o una influencia
desproporcionada respecto a su tamaño numérico.

Su grado de cohesión interna, la superioridad que le confiere su organización, sus pautas


de renovación (la circulación de las élites) y la inevitabilidad de su dominio con los ejes
centrales de argumentación”.

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El concepto de elite es más amplio que el de oligarquía puesto que su dominación no es
necesariamente económica. Y es demás diferente al de camarilla porque exige en sus
integrantes ciertas condiciones personales de preparación y aptitud que no siempre
asisten a los miembros de ésta. Las elites están compuestas de individuos destacados por
ciertas calidades personales.

La élite política reúne a los más destacados hombres públicos. Todo esto
independientemente de su egoísmo, de su sentido discriminatorio de la vida y de las
inicuas exclusiones sociales que generalmente promueven en los campos de su
actividad. Las camarillas, en cambio, no se forman en función de la excelencia de sus
miembros sino de influencias, complicidades y malas artes políticas.

2. El origen de la teoría de las élites

La teoría de las élites parte de la constatación empíricamente observable, de que en toda


sociedad hay una minoría que es la que dirige, manda o gobierna, y una mayoría que es
gobernada o dirigida. El fundamento de esta teoría está en la oposición entre quienes
detentan el poder, las élites, y los que no tienen el poder, las masas, y que son dirigidos
por aquellos.

2.1 Elites y estructura de poder

En la comunidad científica hay varias propuestas o definiciones acerca de las elites de


poder. Cabe citar las siguientes:

a) Definición marxista: los que mandan son los que tienen los medios de producción. El
poder está detentado en las sociedades capitalistas por una clase dominante y
explotadora de la clase proletaria

b) Hipótesis elitista: El poder pertenece a una sola élite, dotada de una cierta unidad que
supera las estructuras constitucionales.

c) Dentro de esta corriente son clásicas las teorías de los italianos Mosca y Pareto. C

Para Gaetano Mosca (1858-1941) es un hecho universal el que las sociedades


están regidas por una minoría organizada: la “clase dirigente”, la “clase
política”. Esta minoría detenta el poder en una sociedad, es asimilable a una
clase dirigente o dominante, que lo que le permite atribuirse ese poder es

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precisamente su organización y estructuración. Para este autor la élite no es
homogénea, está estratificada. Se puede observar en ella un núcleo dirigente,
integrado por un número reducido de personas o de familias que gozan de un
poder superior al resto. Este grupo desempeña unas funciones de liderazgo,
constituye una especie de superélite dentro de la élite.

Wilfredo Pareto define la élite por su superioridad natural, psicológica, es decir


por sus cualidades eminentes o excepcionales. Dentro de esta línea hay otros
autores como Michels, Burnham o Mills. Este autor es quien le ha dado a la
noción de élite carta de ciudadanía en sociología y, a su juicio, está integrada por
miembros “superiores” de una sociedad, aquellos que sus cualidades eminentes
les deparan poder o prestigio.

Él es el padre de la teoría de la “circulación de las élites” “que predica que la


pertenencia a la élite no es necesariamente hereditaria. Se produce, pues, una
incesante sustitución de las élites antiguas por otras nuevas, salidas de las capas
inferiores de la sociedad. Lo ideal, para Pareto, sería que la élite funcional (los
mejores) y la élite de poder coincidieran. Pero, esto no es necesariamente así,
pues hay quienes gobiernan sin ser élite (por influencia, familias, etc.). Si esto
último se generaliza, la élite en el poder se cierra frente a la nueva elite que
surge de la masa, transformándose en una “aristocracia”.

Esto lleva a una decadencia y al colapso, y a la necesidad de su sustitución, lo


que puede suceder gradualmente o a través de una revolución: “la historia es un
cementerio de aristocracias”. En la circulación de las élites concurre a la vez el
cambio social, porque trae consigo a su vez la circulación de las ideas.

d) F. Hunter y C. Wright Mills son dos sociólogos americanos de los años cincuenta del
siglo XX que investigaron acerca de la teoría "elitista”:

El libro de Hunter, Community Power Structure (1953) se centra en la estructura


de poder de las comunidades locales, consideradas como un laboratorio de lo
que sucedería en el nivel nacional. La principal conclusión de Hunter es que en
la ciudad estudiada, Atlanta concretamente, el poder estaba en manos de un
reducido número de líderes que controlaban los principales resortes decisorios
en la vida de la comunidad.

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En un trabajo posterior, Hunter concluiría diciendo que "los hombres más
influyentes en la formación de la política nacional se encuentran en las grandes
ciudades, manejando las grandes empresas corporativas y usando su influencia
para conseguir que el gobierno se mueva de acuerdo con sus intereses

C. Wright Mills de su obra The Power Elite (1956) intenta demostrar que las
grandes masas de la población americana están dominadas por un reducido
número de personas que configuran la élite de poder en su sociedad: los
propietarios y managers de las grandes corporaciones, los políticos, y los altos
mandos militares; tres grupos que confluyen conjuntamente en las altas esferas
de sus respectivas pirámides institucionales, formando una élite de poder con
múltiples lazos e interconexiones entre sus miembros.

e) Hipótesis pluralista: La realidad socio-política no es la unidad de una clase dirigente,


sino la pluralidad de categorías dirigentes. No existe una élite o clase dirigente sino
varias categorías dirigentes. Así lo sostienen Raymon Aron y Robert Dahl.

Raymond Aron define más profundamente estas categorías en su libro cuando


dice que son las minorías que ocupan posiciones o realiza tales funciones que no
pueden menos de tener un influjo en la conducción de la sociedad

El profesor Robert Dahl con su aproximación pluralista, que surgió como


consecuencia del estudio de la composición de élites locales de la ciudad
norteamericana New Haven nos explicaba que el examen histórico de los grupos
dirigentes de la ciudad permitía aseverar el paso de una oligarquía patricia, que
dominaba todos los recursos de forma acumulativa, al equilibrio de los
diferentes grupos de líderes

En este caso cada grupo tenía un acceso a una combinación diferente de recursos
políticos pero ningún grupo tenía la capacidad de controlar totalmente la
comunidad. Es lo que se ha llamado como “equilibrio de poderes”, característico
de la sociedad democrática.

2.2 Elitismo democrático.

Desde la monarquía hasta los gobiernos autoritarios, quedó en el consciente colectivo la


necesidad de estabilidad política y el control de la masa no especializada en el orden,

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por ende se plantea la forzosa existencia de un grupo compacto en búsqueda del
beneficio de dicha minoría gobernada; si la democracia sigue siendo concebida como un
espacio o sistema donde la masa ejerce poder consecuentemente se presentara la lógica
de la poca legitimación y legalización de los poderes facticos, sin embargo Mosca
visualizaba la existencia de las elites siempre que la clase media contara con las
condiciones morales e intelectuales dentro de una educación política o bien cultura
política que le permitiría una cooperación entre ambas partes.

Peter Barach establece el término de elitismo democrático debido a la fuerte tendencia


que emanaba de las teorías democráticas, el pluralismo y poliarquía en relación a las
teorías elitistas, ambas de material contradictorio pero necesario para el orden y
diversificación social, pues dicho elitismo abarca la competencia de las élites en
procesos electorales buscando siempre legitimación social.

Shumpeter en Capitalismo, Socialismo y Democracia, califica y le otorga significado a


la democracia como un método, „el método democrático es aquel sistema institucional
de gestión de las decisiones políticas que realiza el bien común, dejando al pueblo
decidir por sí mismo las cuestiones en litigio, mediante la elección de los individuos que
van a congregarse para llevar a cabo su voluntad (Shumpeter, 1971, p.321).

La ciudadanía consciente o no de los procesos electorales elige a sus representantes para


que ellos puedan ejercer el poder democrático, por ende, que existan o no grupos
compactos con intereses es un proceso natural del hombre, ya que dentro de los ámbitos
políticos se formaran relaciones de amistad, laborales o familiares de la misma manera
que se formarían en cualquier ámbito social del ser humano.

Élite y democracia se han encontrado en constante debate por el choque de conceptos


que unidas representan, pero históricamente ambas han sobrevivido a los cambios del
mundo, la primera existe en cualquier relación de poder y la segunda directa o
indirectamente le confiere valor a la primera en el momento en que se eligen a los
individuos que habrán de congregarse para llevar a cabo la voluntad de los demás, es
decir, supondríamos que el poder del pueblo en la democracia radica en los comicios,
pero las decisiones del Estado finalmente son llevadas por los dirigentes políticos.

A pesar de ello, es cuestionable el ascenso al poder, la minoría y el enriquecimiento a


costa de los intereses del pueblo, sin embargo deslumbrar un poder donde no existiesen

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las relaciones personales-sociales, donde no se ejerza la convivencia ni las relaciones
humanas o divinas (como solía suceder en la monarquía), donde no sucediera el favor,
la influencia y preferencia es imposible.

Como proceso de construcción social el hombre se relaciona para beneficiar o


salvaguardar su existencia, en el ámbito político lo podremos deslumbrar cuando la
democracia deje de ser vista como el poder del pueblo porque la masa es desordenada y
no sabe conducir la vida económica y política del Estado.

La democracia vista como método permite afirmar la existencia de la minoría


gobernante que goza de poder y de beneficios sobre el resto de la población, siempre y
cuando dicha clase política no fuese ni demasiado exclusiva ni demasiado accesible,
donde el ejercicio de la política estuviera en manos de especialistas la conformación de
una élite al interior de una democracia formalmente instituida, el establecimiento de la
teoría de las élites democráticas (Villarreal, 2013:26)

Dicho elitismo democrático se caracteriza de la pasividad de las masas que permiten la


conformación de las élites para el propio beneficio de la sociedad en general, para la
democracia moderna sólo existe la representación como único proceso viable para la
conformación del gobierno, lo cual sólo se logra seleccionando una minoría que
consecuentemente establecería relaciones (redes) y de ello se obtendrían elites, lo único
que le compete a los ciudadanos es la selección de una élite a otra es por ello que
Schumpeter denomina a la democracia como un método.

La existencia de la democracia dentro de las élites es justificada por el hecho de que los
ciudadanos delegan su poder político a sus representantes y acepta de manera consciente
pertenecer a una organización burocrática dividiendo las tareas entre la clase gobernante
y la masa. Consecuentemente el resultado es una separación profunda y desigualitaria
entre la élite y el resto de la población.

3. Clasificación de las élites

Las élites pueden clasificarse en razón de los cuatro problemas funcionales que toda
sociedad debe resolver: consecución de sus objetivos, adaptación, integración y
mantenimiento del sistema y resolución de tensiones. Asimismo, existen cuatro tipos de
elites estratégicas:

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1) Elite política del momento (élites de consecución de objetivos).

2) Elite económica, militar, diplomática y científica (élites de adaptación).

3) Elites que ejercen autoridad moral: sacerdotes, filósofos, educadores y primeras


familias (élites de integración).

4) Elites que mantienen la sociedad unida moral y psicológicamente, compuestas por


artistas, escritores, estrellas del teatro.

La función general de las élites parece ser similar en todas partes: simbolizar la unidad
moral de la colectividad poniendo de relieve los intereses y objetivos comunes;
coordinar y armonizar actividades diversificadas, evitar el faccionalismo y resolver los
conflictos de grupo, así como proteger a la colectividad frente a los peligros exteriores.

4. Caracterización de las élites políticas

En el campo de la ciencia política hay una aceptación generalizada sobre el hecho de


que se ha producido una profesionalización de la política y de la actividad intelectual
que gira en torno a ella, es decir la transformación, por un lado, de una serie de
parlamentarios y concejales en funcionarios de partido y, por otro lado, el acceso de
expertos a la actividad política

Hay autores como Weber, Panebianco o Klaus von Beyme, entre otros, que han
investigado acerca “la política como profesión” o la “profesionalización de la política”.
El autor Klaus von Beyme sugiere que la profesionalización de la política es una
realidad, y que hay tres indicadores que la miden: el número de años en el ejercicio
desde el primer cargo político, la actividad profesional correlativa a la política y la
predisposición a regresar a la profesión de partida en el caso que la hubiera.

La esencia de un modelo de elite política marcada por la profesionalización de la misma


tiene mucho que ver con que los partidos políticos se han convertido en organizaciones
de reclutamiento y control de los políticos y de promoción y ascenso social de personas
que quieren ejercer la política y vivir de la misma como si de una ocupación laboral se
tratara. Hay varias investigaciones que caracterizan a las élites políticas sobre qué son,
cual es el origen social, la edad, el género, el modelo de reclutamiento y las líneas de
ascenso social, entre otras.

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El reclutamiento o selección de esta élite la realiza el partido político, a partir de una
serie de variables (origen social, profesional, formación, edad, género, ideología, entre
otras), con un control importante ya que, en muchas ocasiones, las personas candidatas
se presentan en listas bloqueadas y cerradas

El partido político es la principal vía de reclutamiento de la élite política y condición


prácticamente necesaria para llegar a la misma. Normalmente, la carrera política se hace
de dos maneras: con una relación estrecha desde los inicios con el partido político, es
decir comenzando como militante de base y ejerciendo determinados cargos orgánicos e
institucionales hasta conseguir consolidar posiciones políticas más elevadas o también
desde fuera ejerciendo una carrera profesional o una profesión de prestigio, y en un
momento determinado siendo cooptado para el cargo político

4.1 Profesiones de origen

Las profesiones de origen más habituales entre la élite política están relacionadas con
aquellas en las que es esencial el dominio de la palabra hablada y escrita. Esta razón
explica la abundante presencia en política de profesionales de la abogacía, profesorado
o investigadores, de la comunicación, de la sociología y de la politología. Hay otra serie
de rasgos relacionados con estas profesiones como ciertas capacidades útiles en política
tales como: sus redes de relaciones sociales, la flexibilidad horaria, la seguridad
económica, o el estatus social, entre otras, que favorecen una mayor presencia de ciertas
profesiones en la actividad política.

4.2 Los escenarios

Los escenarios en los que la élite política realiza carrera normalmente son diferentes.
Así en el ámbito local, especialmente, los municipios urbanos o ciudades, y el
autonómico son contextos privilegiados en los que una buena parte de las élites han
comenzado a desarrollar su carrera política, sin embargo, el escenario nacional y
europeo es más propicio para la consolidación de esa élite política.

4.3 Nivel de formación

Las investigaciones sobre élites políticas destacan un rasgo de exclusividad en este


grupo social que indica cualificación superior. Es significativo entre las élites políticas
el creciente peso de la educación universitaria. El elevado nivel educativo es un factor

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que facilita el acceso a la carrera política, pero una vez que este se alcanza pierde su
importancia

4.4 Edad

Las personas que componen estas élites, principalmente, tienen una edad madura.

4.5 Género

En política predominan los hombres sobre las mujeres que quedan en un segundo plano.
No obstante, en los últimos años la presencia de las mujeres se está consolidando entre
la elite política ya que se han incorporado en los países democráticos cada vez más
medidas como el sistema de cuotas o las listas cremalleras que favorecen la
participación de las mismas en política.

4.6 Origen social

En cuanto a la extracción social de las elites políticas éstas proceden mayoritariamente


de las clases medias y altas.

El ensanchamiento de las clases medias modifica de manera significativa la


composición de estas elites dando como resultante una mayor homogeneización social
sin grandes diferencias entre la clase política y el conjunto de la sociedad. Existen
diferencias en los orígenes de esas élites según partidos políticos.

El porcentaje de origen de clase baja o media es notablemente superior en los políticos


de partidos de izquierdas que en los de derechas. Además, se da también la
particularidad de origen de profesiones gerenciales y profesionales, y que se reproducen
de padres a hijos, y que tienen que ver con el origen familiar.

5. La Legitimación de la élite.

Finalmente el desarrollo y la propia existencia de la élite deben justificar la legitimación


que el propio régimen le demanda. Como hemos señalado anteriormente, de manera
teórica parece haber una disparidad entre los conceptos de democracia y élite, el propio
carácter y origen de cada uno de ellos tuvo lugar en contextos económicos, políticos y
culturales semejantes; la propia conformación del hombre en sociedad plantea la idea de
capacidad natural de agrupación, por ende, los grupos minoritarios no deben ser

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juzgados como imposibles en una sociedad moderna porque contrario de ello la
existencia de los mismos plantea la diversidad y libertad que tiene el hombre de
expresar y asimilar pensamientos e intereses.

La democracia nació con el fin de obedecer las demandas que el pueblo ejercía, así
mismo como un método para seleccionar a los representantes de la ciudadanía frente al
Estado, los griegos planteaban la capacidad de hombres de dirigir los asuntos públicos,
sin embargo la representación era mínima y los procedimientos menos complejos
debido a las características de la época, más tarde movimientos sociales establecieron el
deterioro de diversos sistemas políticos y económicos que permitieron la conformación
del régimen democrático como lo conocemos en la actualidad.

Dichos sistemas perecieron y declinaron el poder del Estado, no obstante las élites; la
agrupación de personas históricamente se puede entender como el proceso de vincular
intereses y cualidades que permitiera alcanzar un objetivo en común para todos los
integrantes.

Lo anterior corresponde a la naturaleza del hombre de sociabilizar y cohesionarse con


personas de aptitudes semejantes. La división de tareas ha existido desde que el hombre
se organiza para su supervivencia, así los hombres que cazaban se agrupaban, escogían
lideres y dirimían roles, en la monarquía la idea más útil del tirano era la idea de Dios,
en las dictaduras la ideología, el fanatismo e incluso la manipulación fueron las
herramientas de dichos grupos minoritarios para permanecer en el poder; sin embargo la
democracia es un caso excepcional por sus principios de igualdad y bienestar social.

Para explicar la legitimación de las élites es necesario partir del concepto de democracia
no como término romántico e ideal sino como la realidad de su funcionalidad. El Estado
es la aplicación de derecho donde la democracia es un régimen político con pautas
formales e informales que determinan los canales de acceso a los principales cargos de
gobierno y dicho gobierno esta conformado por las autoridades que dirigen, controlan y
administran la conducción del Estado mediante un sistema político que es una
organización que está en un tiempo determinado y donde se distinguen las interacciones
políticas; todo ello confiere el valor que tienen las instituciones y organizaciones de
conformar un rol jerárquico en las obligaciones de cada ámbito público, así pues la

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conformación de un sistema democrático no podría ser posible sin la existencia del
Aparato Burocrático que ejerce las decisiones del gobierno hacia la ciudadanía.

Todo lo anterior conforma una estructura política donde la acción de un ente repercutirá
en la forma que se legitima frente a la sociedad, aunado a la forzosa necesidad de la
existencia de una élite o grupo minoritario, pues ellos mismos son las personas que
están al frente de las organizaciones, a las cuales le es delegado el poder de la
ciudadanía y que tiene la capacidad de tomar las decisiones que atañen a la masa, a
veces imposibles de ver pero que sin duda repercuten en la cotidianidad.

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Conclusiones

El concepto de Élite se puede definir como un grupo minoritario dentro de


una sociedad que tiene un estatus superior al resto de las personas de dicha sociedad.

Dentro de una sociedad el concepto de Élite se diversifica en relación a los diferentes


intereses de las áreas de especialización, consenso y conflicto de la propia sociedad,
generando que los distintos campos sociales, economía, ciencia, política, arte, etc., se
vayan haciendo cada vez más autónomos y que a su vez vayan emergiendo élites
sectoriales que defienden sus  puntos de vista, intentando implementar los mismos en el
conjunto de la sociedad. Desde esta perspectiva dos de los aspectos más significativos y
problemáticos, en relación a las élites, son su grado de integración horizontal, es decir,
el mantenimiento de relaciones armónicas con otras élites y de manera vertical, la
integración total con la sociedad

La élite para los autores del elitismo clásico es un grupo selecto de personas que
detentan el poder en el gobierno, el Estado y las instituciones partidarias. A pesar de que
Pareto introduce un matiz diferente al considerar la existencia de una élite profesional
que tiene las más altas calificaciones en las funciones que desempeña, esta minoría
adquiere mayor relevancia cuando disputa el poder con la minoría selecta de gobierno
dando origen al fenómeno de “circulación de las élites”.

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Bibliografía

Alcántara, M., Martínez, A. y otros. (2001) Política y Gobierno en España. Madrid:


Tirant lo Blanch.

Beltrán, M. (2007) La elite política. Madrid: Fundación Juan March.

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